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COMPAÑÍA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD

PROVINCIA LA MILAGROSA: BOGOTÁ - VENEZUELA


EJERCICIOS ESPIRITUALES 2019 - SANARE
¡EPHATA! - Franquear la puerta… Ir hacia… Encontrarse

EL EJERCICIO DE LA CARIDAD EN VENEZUELA1 - Lc 18,1-8

1. LA BUENA NOTICIA DEL REINO


En las situaciones de incertidumbre, de crisis o de dificultad, el Evangelio recupera su total
actualidad. El tema del Reino tiene una funció n central en el mensaje de Jesú s, y está en relació n
estrecha con la misericordia de Dios, siempre con el encargo de llevar una buena nueva a los
pobres, de anunciar a los cautivos su liberació n, y de proclamar un añ o de gracia del Señ or (Lc
4,18ss). Este programa lo resume Lucas en "anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios" (Lc 4,43) 2.
Este reino ha sido anunciado por Jesú s, se ha cumplido en É l y exige de los destinatarios una
respuesta de fe y un compromiso cristiano radical 3. "En el evangelio de Lucas el verdadero
predicador del Reino es indiscutiblemente Jesú s, sin embargo es significativo que sea el propio
Maestro el que especifique lo que tienen que predicar los Doce cuando les confía esa misió n: "los
envió a proclamar el Reino de Dios" (Lc 9,2)"4. Así, pues, esta es nuestra tarea.
La predicació n del Reino aparece también en las instrucciones que Jesú s da a otros
discípulos (Lc 9,60.62; 10,9.11), con lo cual se presenta como la continuació n ló gica de la actividad
de Jesú s a través de sus discípulos (cf. Lc 22,29-30; Hch 1,3) 5. "Jesú s no imparte enseñ anzas
ideoló gicas sobre el tema del Reino de Dios, sino que, partiendo de que comenzaba el Reino de
Dios como un amor radical e ilimitado por parte de Dios, hace un llamamiento a cada persona para
que viva aquí y ahora en el amor" 6. La expresió n Reino de Dios es un concepto importante en su
teología y está unido al tema del camino, como objeto de la obra del profeta Jesú s, que en su
caminar lo va haciendo realidad y llegará a su consumació n cuando llegue a la meta del camino"7.
El seguimiento de Jesú s, como camino para entrar en el Reino de Dios y para proclamarlo,
invita a una transformació n radical de la existencia; de ahí las llamadas frecuentes a la conversió n
(3,3.8; 5,32; 15,7.10). La exigencia de una transformació n de la mentalidad está estrechamente
vinculada a la relació n con Jesú s y sus enseñ anzas. En su narració n el tercer evangelista hace
muchas referencias a la pobreza y a la riqueza; inicia con la declaració n del Magníficat: "ha
colmado de bienes a los hambrientos y a los ricos ha despedido con las manos vacías" (1,53);
continú a con la citació n de Isaías hecha propia por Jesú s al "anunciar la buena noticia a los pobres"
(4,18); pasa luego a las bienaventuranzas y a las advertencias (6,20-26) y a un discurso dedicado
enteramente a la cuestió n de la posesió n de los bienes (12,13-34); la enseñ anza se precisa
también por medio de la pará bola de Lá zaro y del rico (16,19-31). El encuentro con el hombre rico
(18,18-30) está bajo el signo del fracaso, mientras que el encuentro con Zaqueo (19,1-10) es

1
Exhortación del Episcopado Venezolano: “No temas, yo estoy contigo” (Is 41,10). CX Asamblea Plenaria Ordinaria. Los desafíos
pastorales de la Iglesia en Venezuela.
2
Kingsbury, J., Conflicto en Lucas. Jesús, autoridades, discípulos. Córdoba 1992, 95.
3
Cf. Fitzmyer, J. A., El Evangelio según Lucas I, 253-254.
4
Idem, 261-262.
5
Idem, 262.
6
Luz, U., "βασιλεία", Balz, H. - Schneider, G., Diccionario exegético del Nuevo Testamento I (α - κ), 603.
7
Rodríguez Carmona, A. Evangelio según san Lucas, XLVI.

1
paradigmá tico de la actitud de acogida de la oferta de salvació n; por ú ltimo, la viuda que ofrece
dos monedas es indicada como ejemplar de la actitud de confianza en la Providencia (21,1-4) 8.
Esto nos sitú a en una época de la Iglesia en la que se está operando una síntesis de las diversas
tendencias precedentes, contrarrestando el riesgo de convertir la fe en una mera filosofía o en una
especulació n espiritual9.

2. LA MISERICORDIA DE DIOS LLEGA A TODOS LOS PUEBLOS


Con lo dicho acerca del Reino de Dios y sus consecuencias éticas, segú n la concepció n lucana,
resulta ló gico establecer su relació n con el tema de la misericordia. Lucas acentú a en su obra que
la salvació n ofrecida por Jesú s "supera toda clase de distinciones sociales; lo mismo llega a una
‘hija de Abrahá n’ (13,16) que a un ‘hijo de Abrahá n’ (19,9). El mismo Jesú s ofrece una síntesis
extraordinaria de esta apertura del horizonte de la salvació n en la conclusió n de su encuentro con
Zaqueo: ‘El Hijo del hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo’ (19,10) 10. Pues
bien, las "pará bolas de la misericordia", tan características del tercer Evangelio, se insertan en esa
perspectiva11. Es muy probable que Lucas conociera una situació n de desprecio de los cristianos
en la sociedad de su tiempo, y esto lo motivara a presentar a Jesú s precisamente mostrando un
interés particular por los má s oprimidos y marginados, por los que constituyen el desecho de la
sociedad12.
Lo que Dios había prometido hacer en los ú ltimos días se está cumpliendo. Jesú s está
haciendo realidad la era mesiá nica. La característica de esta favorable intervenció n de Dios en la
vida de su pueblo, es sobre todo la respuesta a sus necesidades físicas y espirituales. Sin embargo,
como en la escena programá tica de Nazaret (4,16-30), esta actividad salvífica, dirigida
especialmente al pueblo pecador y despreciado en Israel e incluso a los gentiles, despertó la
sospecha y la total oposició n de los fariseos y los escribas 13. La intervenció n de Jesú s, que evoca
todas las obras realizadas por Dios a lo largo de la historia, culmina justamente en el acto de la
resurrecció n, que él ha cumplido y mostrado como posible volviendo a la vida al hijo de la viuda
(7,11-18). Esta respuesta es el eco del texto de Isaías leído en la sinagoga de Nazaret para
presentar el programa de su ministerio mesiá nico (4,16-30)14.
Los pobres forman un conjunto heterogéneo. Lucas presenta diversas situaciones, la de los
pobres-miserables y la de los cristianos empobrecidos. Los pobres-miserables son los que tienen
carencias materiales de tipo diverso que les impiden vivir como personas, comprenden un grupo
amplio donde está n incluidos los miserables, mendigos, humillados, hambrientos, lisiados, cojos,
mancos, viudas necesitadas, mujeres estériles. Todos ellos, como los anawim, son los destinatarios
privilegiados del reino de Dios y, por ello, de la obra de Jesú s, que ha sido enviado a evangelizar a
los pobres (4,18). La razó n de este privilegio radica en las promesas de Dios que defiende a todos
los que sufren las consecuencias de las injusticias humanas (cf. Is 61,1-2). Dios no quiere este tipo
de carencia y promete la salvació n a los pobres, en el presente urgiendo la cooperació n de los
8
Cf. Crimella, M., Luca, 31.
9
Cf. García-Viana, L. F., “Evangelio según san Lucas”, en S. Guijarro (ed.), Comentario al Nuevo Testamento, Madrid 1995, 185-188.
10
Cf. Fitzmyer, J. A., El Evangelio según Lucas I, 322.
11
Marshall, I. H., The Gospel of Luke, 597. “The thought of God's love, demonstrated in the ministry of Jesus, for the outcasts of society
and the poor has been a frequent topic in the Gospel already”.
12
Cf. Fitzmyer, J. A., El Evangelio según Lucas I, 322.
13
Cf. Marshall, I. H., The Gospel of Luke, 276.
14
Cf. Grasso, S., Luca. Traduzione e commento, Roma 1999, 38.

2
hombres, cuyas obras en favor de los necesitados será n recompensadas por él (14,13) y en el
futuro compensando esa situació n (16,25)15.
Los cristianos empobrecidos (Lc 6,20-23) "son los perseguidos y calumniados en un contexto
cultural en que se concede mucha importancia a la gloria humana, a la fama y al prestigio personal
como un componente importante de la salvació n. En este contexto, Lucas aplica a los perseguidos
las bienaventuranzas de Jesú s, a las que añ ade cuatro antítesis para darles relieve: es
bienaventurado el que es calumniado y reducido a miseria por su fidelidad a la fe; es la suerte de
los verdaderos profetas. Al contrario, ay del que es alabado por los hombres, porque es la suerte
de los falsos profetas" 16. Lucas no alaba el sufrimiento por sí mismo, sino porque es consecuencia
de la fidelidad a Jesú s por parte de cristianos que relativizan el valor de los bienes humanos y los
subordinan al seguimiento de Jesú s. También son destinatarios de esta oferta de salvació n "los
samaritanos, marginados de la vida religiosa de Israel por considerar deformada su religiosidad y
por negarse a dar culto en el templo de Jerusalén", este grupo aparece "en Lucas con un relieve
especial, pues son modelo de agradecimiento (17,11-19) y de misericordia (10,29-37)" 17.
"La comunidad vive rodeada por un ambiente cultural dominado por una visió n pagana de
la salvació n. Este ambiente tiende a filtrarse constantemente en la vida comunitaria. Por ello Lucas
invita a su comunidad a redescubrir y valorar la verdadera salvació n que ofrece Jesú s a todo el que
se une a É l y a entusiasmarse con ella. Es una salvació n radical, porque comienza en la raíz de la
persona, transforma el corazó n, y es total, porque incluye toda la persona, llegando hasta la
resurrecció n de los muertos. Es una salvació n universal que se ofrece a todos, a judíos y gentiles,
en la que no se excluye a nadie, pero que privilegia precisamente a los excluidos de la salvació n
pagana, a los pobres, pecadores, samaritanos y mujeres" 18.
"Al leer este evangelio de misericordia, pero también de arrepentimiento, de profundas
renuncias, pero centrado en el amor; al contemplar esos milagros inspirados por la
magnanimidad, ese perdó n de los pecados que no responde a ninguna clase de condescendencia,
sino que nace de un don divino para santificar; al ir aprendiendo lo que significa que una joven
madre diera a luz, con infinita ternura, al propio Hijo de Dios, y que éste sufriera incluso hasta la
muerte, para reconciliar al hombre con el Padre; ante esa experiencia, Teó filo tuvo que
comprender las causas de la transformació n moral que se producía a su alrededor y que,
indudablemente, ya había comenzado en su propia vida personal, y tuvo que reconocer que esas
razones eran só lidas y fidedignas. El mundo había tenido realmente un Salvador"19. "Un gran
profeta ha surgido entre nosotros" (7,16): Este reconocimiento de Jesú s es un paso importante en
el descubrimiento progresivo de su identidad. De aquí en adelante, los discípulos deben
emprender el camino hacia la ciudad santa, en compañ ía de Jesú s. Ellos, a través de este recorrido,
irá n descubriendo y entendiendo el sentido por el cual "el Hijo del hombre va a ser entregado en
manos de los hombres" (9,44). Para comprender estos “hechos que se han cumplido entre
nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y
servidores de la palabra” (1,1-2), el lector, en actitud de discípulo, y con el encargo de “que
conozca la solidez de las enseñ anzas que ha recibido” (1,4), debe recorrer el mismo camino “que

15
Cf. Rodríguez Carmona, A. Evangelio según san Lucas, LVII.
16
Idem, LVIII.
17
Idem, LXII.
18
Idem, XXXII.
19
Fitzmyer, J. A., El Evangelio según Lucas I, 436.

3
Jesú s hizo y enseñ ó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber
dado instrucciones a los apó stoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo” (Hch 1,1-2).

4
3. MIRADA COMPASIVA Y ACTITUDES PASTORALES COMO IGLESIA Y COMO COMPAÑÍA

Venezuela (“pequeña Venecia”), como todos los países caribeños y tropicales tiene una diversidad cultural y
multiétnica manifestada en la alegría, espontaneidad e informalidad de sus habitantes. Su cultura es una mezcla
de tres procedencias distintas: la indígena, la europea (en particular española, portuguesa e italiana) y la africana.
Aunque el país mayoritariamente habla el idioma castellano, más de una treintena de lenguas son reconocidas
para el uso oficial de los pueblos indígenas. Los inmigrantes, además del castellano, hablan sus propios idiomas,
destacando el árabe, italiano, portugués, inglés, chino y gallego, entre otros. Gran cantidad de inmigrantes
latinoamericanos, atraídos por los abundantes recursos del país llegaron a Venezuela a lo largo del siglo XX.

Como consagrados tenemos el deber y el derecho ciudadano de dirigir nuestra mirada y nuestra
reflexió n hacia el país y su situació n particular, pues afecta a la vida de los destinatarios de nuestra
misió n y en algunas ocasiones y circunstancias bien complejas llega a comprometer seriamente el
futuro de nuestras comunidades. En la actual situació n de nuestro país “el centro de interés debe
estar en el bienestar del pueblo, de la familia humana, en la promoció n de la dignidad humana y de
sus derechos, haciendo énfasis en el cumplimiento de sus deberes cuando las condiciones
normales lo permitan”. “Ante situaciones de dificultad podemos recordemos las palabras del Papa
San Juan Pablo II: ‘Cristo parecía impotente en la cruz. Pero Dios siempre puede má s’; y el amor
vence siempre, ese amor que está clavado en la Cruz, en los crucificados que va dejando esta
perversa ideología y sistema de gobierno; pero ante esto debemos recordar que el amor vence
siempre, y venció desde la cruz, desde los crucificados, desde el no hombre, desde la nada, desde la
muerte”.
En toda circunstancia es necesario favorecer al hombre y a la mujer concretos que sufren y
padecen los males actuales, y anhelan su superació n. Ignorar al pueblo, hablar indebidamente en
su nombre, reducir ese concepto a una parcialidad política o ideoló gica, son tentaciones propias de
los regímenes totalitarios, que terminan siempre despreciando la dignidad del ser humano. Las
actitudes de prepotencia, autoritarismo y abuso de poder, así como la constante violació n de los
derechos humanos, van acumulando sobre sus autores un rechazo que las generaciones futuras les
reclamará n. La Iglesia no alienta los deseos de venganza ni las retaliaciones, pero tampoco
promueve la impunidad de delitos que atentan contra la vida, la dignidad humana y los derechos
fundamentales.

3.1. El mensaje de la Palabra de Dios


La Palabra de Dios nos alecciona al garantizarnos que Dios está siempre al lado de su pueblo, en
especial en sus horas má s difíciles. El libro del É xodo nos enseñ a que Dios guía a su pueblo de la
esclavitud a la libertad, pero que también lo educa, a través de pruebas y dificultades, para que
alcance la madurez necesaria como nació n. Dios, por medio del profeta Isaías, nos invita a no tener
miedo, conscientes por nuestra fe, de que no estamos solos, sino que el Señ or nos acompañ a y nos
fortalece en nuestras vicisitudes. Dios nos quiere decir también que las pruebas, sinsabores y
amarguras de la vida no son señ al de su abandono, sino que pueden ser también ocasió n de
crecimiento y de salvació n. La oració n, el ofrecimiento del sacrificio y de las horas adversas nunca
será n inú tiles, aunque no veamos su resultado de inmediato: la oració n perseverante alcanza lo
que pide, como nos garantiza el Señ or en el evangelio (Mt 7,7).
Necesitamos estar muy cerca de Dios para saber acompañ ar y ayudar a la gente. El camino
no es sencillo y aú n no sabemos todo lo que puedan venir de má s dificultades, pero habiendo
recibido “la primera llamada”: "ven y sígueme", y habiendo escuchado la voz del Señ or: "He visto la

5
opresió n de mi pueblo y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He
bajado a liberarlos (Ex 3,7-8), tenemos que seguir avivando la llama de la vocació n y permitir que
la invitació n de Jesú s nos siga cautivando profundamente y que el clamor de los pobres no deje de
interpelarnos y siga estimulá ndonos para ser capaces de dejarlo todo por entregarnos a Dios” y al
servicio de su pueblo. Hemos de engrosar esa lista de personas que lo han dejado todo y han
contestado: "Heme aquí, Señ or, envíame a mí" (Is 6,8).

3.2. Aporte y respuesta de la Iglesia


La Iglesia, cuya misió n espiritual está claramente señ alada por Cristo en el Evangelio, no pretende
sustituir en su papel y vocació n a quienes conocen y manejan la Política. No aspira dominar el
panorama social, sin embargo, estimula al laicado debidamente formado y consciente de sus
obligaciones y derechos ciudadanos, a hacer oír su voz y a intervenir activamente en la palestra
política, con el fin de que los altos principios y valores que la fe cristiana nos transmite se vivan
también en el á mbito de lo pú blico y se traduzcan en obras de bien comú n.
El Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia nos invitan a ser solidarios. La comunidad eclesial
está llamada a favorecer un cambio estructural en pro de la transformació n de nuestra sociedad y
corresponde a cada Iglesia local buscar los medios, los métodos y las estrategias para contribuir a
ese cambio con acciones concretas. No debemos desanimarnos nunca frente a los desafíos de un
presente incierto y difícil: al contrario, puesta nuestra confianza en Dios, que nos da la fuerza para
el testimonio y para hacer el bien, afiancemos las exigencias en favor de la justicia y la libertad, con
el fin de animar la esperanza y rogar por las necesidades concretas de cada comunidad.
Se necesita espíritu profético para mantener la alegría y la esperanza animando y ayudando a
nuestra gente. Darles esperanza es fundamental, llevarles la alegría y la esperanza de Jesucristo
para que salgan a flote”. Aunque las dificultades nos puedan ir asfixiando poco a poco, y haya
mucha gente que pierda la esperanza y se conforme con la miseria, siempre hay mucha gente que
vuelve a la Iglesia, que busca a Dios en medio de las precariedades.
Nos tiene que apasionar la vida contemplativa y misionera, por la posibilidad de estar muy cerca
de Dios para ayudar a la gente. Es verdad que esta vida, como todo proyecto de vida asumido con
responsabilidad, seriedad y madurez, implica renuncia y obligaciones, pero, ante todo, debe ser
fuente de una gran alegría y de una ilimitada posibilidad de proyecció n y de servicio. También es
importante dejarnos sorprender por el Señ or, siempre con algo nuevo, bueno y mejor.

3.3. Dios quiere para Venezuela un futuro de esperanza 20


En la CXII Asamblea Ordinaria de la CEV, los obispos compartieron su reflexió n con todo el pueblo
de Venezuela sobre la actual situació n del país con la finalidad de poner en evidencia la magnitud
de los problemas que nos aquejan, brindar orientaciones que nos ayuden a darles respuesta, y
animar a todos a comprometernos en la construcció n de un futuro mejor. En está reciente ocasió n,
dijeron que “nuestra realidad está marcada por el sufrimiento y el dolor de las mayorías” y
recordaron que reiteradamente han descrito la compleja y dramá tica situació n política, econó mica
y social que vive Venezuela, y que tiende a agravarse cada día.
Basados en el reciente Informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos (4 de julio de 2019), ratificaron que “existen motivos razonables para creer que se han
cometido graves violaciones de los derechos econó micos y sociales, incluidos los derechos a la
alimentació n y la salud, en Venezuela” (n° 75); “durante má s de un decenio, Venezuela ha

20
Exhortación pastoral en ocasión de la CXII Asamblea Plenaria ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana. Caracas, 11.07.2019.

6
adoptado e implementado una serie de leyes, políticas y prá cticas que han restringido el espacio
democrá tico, debilitado las instituciones pú blicas y menoscabado la independencia del poder
judicial” (n° 76); “miles de personas, principalmente hombres jó venes, han perdido la vida en
supuestos enfrentamientos con fuerzas estatales en los ú ltimos añ os. Existen motivos razonables
para creer que muchas de estas muertes constituyen ejecuciones extrajudiciales perpetradas por
las fuerzas de seguridad” (n° 78); “los pueblos indígenas venezolanos son objeto de graves
violaciones de sus derechos individuales y colectivos” (n° 79); “el Estado ha denegado
sistemá ticamente los derechos de las víctimas de violaciones de los derechos humanos a la verdad,
la justicia y la reparació n.” (n° 80). Ademá s, pone en evidencia que existen abundantes casos de
detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos por parte de organismos del Estado (n°. 41-46) y
sobre el uso excesivo de la fuerza y muertes causadas en el contexto de operativos de seguridad
(n° 47-52).

3.4. El drama de la migración


Una de las situaciones que clama dramá ticamente desde su silencio es el fenó meno de la
emigració n. En muchos países, y en nuestro caso, Venezuela, se ha ido convirtiendo en un país en
diá spora. Manos que construían y producían, mentes que investigaban y enseñ aban, van
dejá ndonos para irse a otros países. La emigració n produce situaciones dramá ticas: la dura lucha
por hacerse un lugar en un país extrañ o; la posibilidad de caer en el vicio o en la prostitució n, o en
manos de redes que explotan a sus semejantes; el estigma del rechazo; la tristeza de quienes aquí
se quedan; el regreso en situació n de fracaso de quienes no han encontrado dó nde colocarse (Cfr.
Comisió n Episcopal de Familia e Infancia, Documento “Familia en Migració n”, 15.06.2018, nn. 6-8).
La migració n de millones de personas para huir de la crisis en su país de origen, “es el grito
desesperado de protesta” del pueblo que no quiere perder su dignidad”.
Un rasgo muy significativo de la actual situació n es el éxodo de má s de un 12% de la població n
venezolana, impulsado por la situació n política, el empobrecimiento de la clase media y el
menosprecio de los pobres. Una generació n de niñ os y niñ as no han visto a sus padres durante
meses. Si la situació n econó mica y social continua en franco deterioro, el país puede perder en los
pró ximos meses parte importante de su població n.
En esta crisis, van ganando terreno el deterioro moral de la sociedad con sus secuelas de violencia,
mentira, corrupció n e irresponsabilidad, y la desesperanza y el miedo de la ciudadanía. La
inmensa mayoría de los habitantes del país rechaza esta situació n porque se encuentra en abierta
contradicció n con los tradicionales valores cívicos, culturales y religiosos que han caracterizado a
nuestro pueblo. Los venezolanos seguimos apostando por una convivencia ciudadana plural,
pacífica, en justicia, libertad y solidaridad, como lo establece la Constitució n.

3.5. La dignidad de la persona y el bien común, valores irrenunciables.


Como personas de fe tenemos que proclamar que Dios quiere lo mejor para Venezuela, así lo
afirma el profeta Jeremías: sus designios son de prosperidad, no de desgracia; él nos da un
porvenir y una esperanza (cf. 29,11). “Una de las grandes tareas de la Iglesia en nuestro país
consiste en la construcció n de una sociedad má s justa, má s digna, má s humana, má s cristiana y
solidaria”. Esto exige el compromiso por la defensa de la dignidad de la persona humana y el bien
comú n.
La renovació n ética y espiritual del país es tarea de todos. Esto nos exige favorecer la educació n en
principios y valores, desterrar la mentira como instrumento de manipulació n, erradicar la
corrupció n administrativa y el aprovechamiento de los bienes pú blicos. Construir adecuados

7
mecanismos para superar la violencia familiar y social. Se hace necesario la participació n de todos
los sectores e instituciones en el diseñ o y realizació n de un proyecto de reconstrucció n
democrá tica del país en la justicia, la libertad y la paz, guiado por metas claras y tareas concretas.
También exige comprender que la política tiene como finalidad el bien comú n y no los intereses
particulares. Es perentorio para la recuperació n de nuestro país que quienes se dedican al
ejercicio de la política, o aspiren a hacerlo, lo hagan como una opció n de servicio, - como “una alta
forma de caridad”-, segú n la expresió n del magisterio pontificio. Con políticos responsables,
generosos, honestos, coherentes, capaces de movilizar la població n a la consecució n de grandes
objetivos, se puede superar la crisis, ya que hay que enfrentar problemas y desafíos de gran
magnitud.

3.6. La tarea de reconstruir Venezuela: decisiones urgentes.


Venezuela clama a gritos un cambio de rumbo. Ante la “emergencia humanitaria” en la que el
sistema econó mico y político vigente ha sumido a toda la població n, es urgente que se permita la
entrada masiva y distribució n de la ayuda de alimentos y medicinas, con participació n y
supervisió n internacional, y deslastrada de las diatribas partidistas y del flagelo de la corrupció n.
La Iglesia Cató lica, a través de sus instituciones, y particularmente las Caritas parroquiales,
diocesanas y nacional, renueva su compromiso de participar, junto a otras organizaciones, en la
recepció n y distribució n de esta ayuda humanitaria.
Para contribuir a esa renovació n nacional, hemos de reiterar nuestro compromiso como Iglesia de
seguir fortaleciendo la fe en Jesucristo que sana y libera, y llevando esperanza a nuestro pueblo, a
través del desarrollo de programas de formació n y organizació n que permitan la defensa de los
derechos humanos, la recuperació n de la institucionalidad democrá tica y la reconstrucció n del
país de una forma pacífica. Desde las instituciones educativas, hemos de seguir brindando una
educació n de calidad que eleve los valores espirituales y ciudadanos de nuestro pueblo.

3.7. Conclusión: Nuestro agradecimiento y oración


Ante la pró xima Asamblea especial del Sínodo de los Obispos sobre la Regió n Panamazó nica, que
tiene como tema “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral”, y que se
realizará en Roma en el mes de octubre, piden la oració n de todos. Y desean que esta Asamblea sea
una ocasió n para impulsar la evangelizació n y atenció n pastoral, reflexionar y evaluar la
protecció n y cuidado de los pueblos indígenas y del ambiente en una ecología integral, que
garantice las fuentes de agua y de otras riquezas naturales que son necesarias para nuestro país.
Agradecen y felicitan a los sacerdotes, diá conos, religiosas y laicos, el esfuerzo que realizan cada
día para mantener viva la esperanza y profundizar la evangelizació n del pueblo venezolano y, en
particular, por las iniciativas para la atenció n de las personas má s vulnerables. Ratifican su “gusto
espiritual de ser pueblo”, buscando estar cerca de la vida de la gente sin excluir a nadie. Agradecen
también el apoyo que nos brindan el Papa Francisco, así como la Iglesia y los gobiernos de otros
países, y, especialmente de nuestros vecinos, para que podamos continuar llevando adelante esta
obra evangelizadora, y por la atenció n que brindan a los venezolanos que han emigrado.
En las visitas de los obispos a las comunidades se les pide constantemente que recen por
Venezuela, y han apoyado y promovido mú ltiples iniciativas de oració n y ayuno para implorar a
Dios por las necesidades de nuestro país y para que podamos resolver en paz los problemas que
hoy nos aquejan. Y nos convocan, una vez má s a no ceder en el buen propó sito de orar con
humildad y trabajar con confianza por el bienestar de nuestro país. ¡Dios es nuestro auxilio! (cfr. Is

8
41,10). Pedimos la intercesió n de Nuestra Señ ora de Coromoto por esta noble causa. Una vez má s,
Dios nos reitera: “No temas, yo estoy contigo”. En sus horas de dolor y prueba, el creyente se toma
con má s fuerza de la mano de su Señ or. En estos momentos de sufrimiento y lucha, invocamos una
vez má s la maternal intercesió n de la Santísima Virgen María, para que Ella, con su oració n ante su
Hijo, nos ayude a superar los males de la situació n actual. Como nos ha dicho el Papa Francisco:
“María es como Dios quiere que sea su Iglesia: Madre tierna, humilde, pobre de cosas y rica en
amor” (Papa Francisco, Fiesta del Inmaculado Corazó n de María, 9 de junio de 2018).

Algunas tareas
 Anunciar el Reino
 Hacer camino
 Formar discípulos y misioneros
 Superar la informalidad y la dependencia
 Evitar el paternalismo y gestionar la autopromoció n
 Trabajar con espíritu eclesial
 Agradecer la internacionalidad de la Compañ ía
 Involucrar y comprometer má s decididamente el potencial de la Familia Vicenciana.
 Acompañ ar y discernir los proyectos de vida, de fe y de los jó venes, de las familias y de los
grupos apostó licos.
 Trabajar por la reconciliació n y la unidad.
 Identificar caminos de reconstrucció n.
 Gestar la nueva generació n…

Pistas para la reflexión personal:


 ¿Cuá les hechos de la realidad venezolana son los que má s te han impactado durante este añ o?
 ¿Có mo te afecta la situació n actual de Venezuela y có mo te solidarizas con los que má s sufren?
 ¿Có mo está s asumiendo la situació n actual por la que atraviesa Venezuela?
 Desde tu condició n de Hija de la Caridad, ¿Cuá l es tu mejor aporte a esta realidad de
Venezuela?