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Cadete Multiuso

Por fin salgo del Banco, siempre los mismos trámites. Ahora voy al cyber a ver unas fotos de tipos
en slip y en boxer. Me encanta ver esos bultos o una buena cola, esas espaldas, esas piernas. Este
de acá tiene cara de turro, se parece a mi jefe. Está de cuerpo entero, vestido sólo con un bóxer
blanco, las manos en la cintura, amaga que se los va a bajar, está al palo y se le nota un buen
pedazo. Me lo comería con bóxer y todo. En esta otra foto está más vestido, lástima, pero con
traje y la bragueta abierta es igual de excitante. Ya miré demasiado, tengo la pija dura y mojada,
voy a volver al trabajo o me van a extrañar.

Soy el cadete de un abogado mañoso, está fuerte el tipo. A veces me distraigo mirándole los
brazos ahora que anda en camisa de mangas cortas. Trato de que no se de cuenta. No quiero
perder el trabajo.

Ahí está, se llama Ulises. Tiene puesta una camisa rosa, perdón, color salmón, que le queda
buenísima. Con dos botones desabrochados, se me para... el corazón.

-Diego, llegaste al fin. Tengo otro trabajo para vos.

-¿Un desalojo?

-No.

-¿Un embargo?

-No. Ahora venís conmigo a hacer unas compras.

Vamos a la tienda de Joshua, Ulises elige un slip y entra al probador. En el camino Joshua le
observa el trasero. Me quedo imaginando cómo le quedará.

-No vas a tener suerte con él.

-¿Porqué?

-Se le nota lo hétero.

-Bueno, nadie es perfecto.

-Si te quedás con ganas tenés mi pija a tu disposición.

-A ver... ¡A la pelota! Qué grande.

-Es que practico todos los días.

-¡Shhhh! No me digas con qué. Acá sólo veo maniquíes.

Ulises desde el probador: ¡Dieeeego!

Entro al probador y mi jefe está con ese slip blanco, bien ajustado a su anatomía, despojado de su
pantalón y descalzo. Mi boca se quedó abierta.

-¡CA-DE-TE!

Mi corazón latió al ritmo de esas tres sílabas y se detuvo un momento.


-Me queda chico.

-Bueno, me parece que...

-¿Qué estás mirando? Andá a decirle al Joshua ese que te de otro un talle más grande. ¿Qué
esperás?

-Sí, claro, ya mismo.

Voy con Joshua y traigo el nuevo slip. Ulises me espera en la misma posición.

-¿No serás trolo vos?

-No, para nada.

-Viste como me miraba el culo ese tipo, me daba vuelta y me estaba viendo, no tiene vergüenza.

-No, no me di cuenta.

-Me pareció que me mirabas vos también.

Negué con la cabeza. Mis ojos se iban a ese bulto apretado mientras extendía mi mano con el
calzoncillo un talle más grande.

-Diego, siempre obedecés mis órdenes en forma impecable, pero tengo que ponerte a prueba. Soy
un abogado importante y no puedo tener como cadete a alguien incapaz.

-Yo...

-¡Shhh! Sacame el calzoncillo.

Tragué saliva. Dejé el slip y puse mis manos en el que él tenía puesto. Temblaban. Lo bajé
suavemente y ante mi cara tenía una pija alzada, no lampiña como los modelos, mucho pelo y de
huevos peludos. Mis dedos rozaban sin querer los pelos de sus piernas. Apoyé el slip en el suelo y
levantó los pies para sacarlo. Tomé el otro slip y lo miré a los ojos para colocárselo. Empezaba a
transpirar.

-¿Estás bien Diego?

-Sí, estoy bien.

Un hilo de baba me cayó del labio. Me limpié enseguida. Coloqué un pie, luego el otro y otra vez
subía y rozaba esas piernas con mis nudillos. El corazón me latía aceleradamente. Cuando el slip
cubrió la mitad de su culo y cubría sus huevos me dijo: ¡Alto!

Me detuve. Su pija quedó erguida afuera.

-Diego, parate.

Me paré y él se inclinó y me tocó el bulto.

-Estás excitado Diego. ¿Ves que yo también? ¿Y quién tiene la culpa? ¡Vos! Hace rato que me
mirás con ganas. Acercate y acariciame los huevos.
Me acerqué y toqué el slip sobre sus huevos. Eso me excita más, y a él también. Le agarré la pija.

-No. No hagas lo que quieras, sólo lo que te digo.

-Sí señor.

Ulises se acomodó el slip.

-¿Cómo me queda?

-Bien, está perfecto.

-Dale besitos.

Me estaban gustando las nuevas órdenes. Le dí unos besitos a esa poronga dura. Me refregó el slip
por la cara y me tomó de la cabeza para que no me aleje.

-Diego, sos muy bueno. ¿Qué te gustaría hacer?

-Quiero chuparla.

-Eso es chancho Diego. Pero te voy a dejar darle tres chupadas. Nada más.

Sacó su pija afuera y la metí en mi boca. Me salió mucha saliva para lubricarla toda. La saqué.

-Una- contó él.

La metí de nuevo en mi boca, tratando de llegar hasta el fondo, aguardé unos segundos y la saqué
de nuevo sintiendo el roce de mis labios con esa suave piel.

-Dos.

Abrí de nuevo mi boca. Mi lengua palpó su glande y sentí un ligero temblor. Llegué hasta la base
de nuevo, apreté mis labios y la sacudí un poco. Al sacarla un hilo de semen pegajoso se quedó en
mi labio inferior.

-¡Tres! Sos bueno Diego.

Se sacó el slip.

-Decile que lo llevo y que quiero probarme un bóxer.

Le traigo un bóxer, se lo prueba, da una vuelta para mí y su exaltada pija sale por la abertura.

-Me parece que este también me lo llevo. ¿Te gusta?

-Sí, mucho.

-Acercate y pajeame.

Me acerco y tomo su pija con mi mano. Empiezo a subir y bajar por ese palo. Mi otra mano acaricia
su hombro.

-Más rápido Diego.

Mis dedos apretan más fuerte y acelero la acción.


-Más rápido- suspira.

Lo hago lo más rápido que puedo. Mi mano hierve. Sus huevos se agitan. Mi boca se llena de
saliva. Mi pija se retuerce en mi calzoncillo.

-Haaaa, ha, ¡haaa!

Acabó, la verga lanzó la leche caliente. Sus labios se abrieron para gemir, antes estaban apretados.
Puedo ver su lengua y deseo tanto besarlo y probar su boca.

-¡Chupala! ¡Chupala!

Me tiro sobre su pija para beber las últimas gotas. Apreto sus huevos para

que salga más, muevo mi boca sobre su pija con locura para saborearla toda y sacarle toda la
leche.

Salimos del probador, Ulises paga las prendas y sale. Joshua lo observa irse para verle el culo.

-Y Diego, ¿quedaste con ganas?

-Sí, pero...

-Te entiendo, no te preocupes.

-Te dejamos un regalito en el probador.

-¡Ho no!

Pasaron dos semanas y nada. Yo lo miro un poco más pero no me da ninguna señal. A veces lo
rozo y se aleja. Paso más tiempo en el cyber. Me anoté en un grupo llamado "Carlos en
Calzoncillos" y veo esas fotos de tipos garchando y me queda el culo palpitando pensando en lo
que mi jefe me puede hacer.

-¡Dieeeego! Vamos a salir. ¡Ahora!

¿Vieron alguna vez un perro de dos colas? Se parece a mí, de contento.

-¿A dónde vamos?

-A lo de Joshua.

Casi salto en mi sitio por la emoción. Me contuve, como todo un caballero.

Llegamos.

-Joshua, dame un slip blanco, como para Diego.

Joshua sacó uno y Ulises lo tomó.

-Vamos al probador.

-¡Al probador no! -gritó Joshua-.

Ulises se bajó el pantalón y le mostró el culo.


-¡Ho cielos! Está bien, pasen.

Entramos al probador y me dijo que él se lo iba a probar por mí. Se desnudó, se puso el slip y yo
sólo quería pasarle la lengua por todo el cuerpo.

-Te gusta ¿no Diego? Mostrame cuánto, abrí tu bragueta.

Abrí el cierre de mi pantalón y me bajé el slip para que viera lo excitado que estaba.

-Estás excitado, ahora quiero ver tus tetillas.

Me saqué la camisa. Mis tetillas estaban duras. Se acercó a tocarlas. Su pija mostraba grandes
señales de excitación.

-Quiero que te pajees para mí.

Me agarré la pija y sentí gran placer en hacerme la paja, sentía como que se la hacía a él.

-¡Cómo se mueven esos huevos! ¡Qué linda mano tenés!

-Haaa -mi pija estaba a punto-.

-Tenés una cara de putito ahora, apuntá a mi pija, quiero tu leche acá.

Seguí dándole. Apunté a su pija y entre gemidos le heché toda mi leche.

-Date vuelta, ponete contra la pared.

Me apoyé en la pared, con las manos en alto. Me bajó los lienzos con fuerza, apoyó su cuerpo
contra el mío y frotó mi propia leche contra mi culo.

-Sacate el pantalón.

Lo hice, de espaldas a él. Él tomó el cinturón y me golpeó con él en las nalgas.

-Ho.

Y otro cinturonazo en la espalda. Y otro en el culo.

-Se te puso rojo.

Soltó el cinto y pasó su lengua por mi espalda, luego bajó y pasó su lengua por las marcas del
cinturón.

-¿Sentís alivio?

-Siiii...

Metió su lengua en mi hoyo. Empecé a gritar de excitación. Y más movía su lengua. Entonces se
paró y me puso un dedo.

-¿Esto te gusta también?

-Sí, sí, sí.


Y puso dos dedos y los sacudía. Y como yo seguía pidiendo más se bajó el slip y me abrió el horto
con las dos manos.

-¡Sentí esto!

Apoyó su poronga y empujó para adentro. Me sujetó bien y empujó de nuevo hasta colocarla
toda.

-¡Haaaa!

-Putito mío, qué hermoso culo.

No podía creer tener ese pedazo dentro, no podía creer que mi sueño se hiciera realidad. Estaba
shoqueado de placer.

-Ahora sos mío.

Se movía en mi culo y yo no podía moverme. Estaba preso de su pija. De los dos yo gemía más
fuerte, estaba loco de calentura. Él entraba y salía, me serruchaba el culo con una devoción...

Yo no quería que esa tarde acabara nunca, pero como todas las cosas, acabó, su leche caliente
inundó los calabozos de mi horto, que lo querían tener a él preso para siempre. Pero escapó.
Mordió mi cuello y me di vuelta para morderle los labios, sentir su lengua junto a la mía y sentir
que no existía nada más en este mundo. Ni siquiera los ojos de Joshua que espiaban detrás de la
cortina.

Diego López