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R E L A T O S G R Á F I C O S PA R A F E M I N I N J A S

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Clítoris, relatos gráficos para femininjas
© Clítoris, relatos gráficos para femininjas, 2017
© Hotel de las ideas, 2017

www.hoteldelasideas.com
Fb: Hoteldelasideas
Fb: RCHistorietas
hoteldelasideas@gmail.com

Coordinación: Mariela Acevedo

Hecho el depósito que marca la ley 11.723


Impreso en Argentina / Printed in Argentine
La reproducción total o parcial de este libro, en cualquier forma
que sea, idéntica o modificada no autorizada por los editores,
viola derechos reservados; cualquier utilización debe ser
previamente solicitada.

Acevedo, Mariela
Clítoris : relatos gráficos para femininjas / Mariela Acevedo. - 1a ed
.-
Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Hotel de las ideas, 2017.
96 p. ; 20 x 15 cm.

ISBN 978-987-4164-04-9

1. Feminismo. 2. Historietas. I. Título.


CDD 863.0222
R E L A T O S G R Á F I C O S PA R A F E M I N I N J A S
La ilustración de tapa y portadas interiores es de Cecilia “Gato” Fernández (1987-Buenos Aires). Historietista,
ilustradora, guionista y activista feminista. Ha realizado historietas como dibujante junto a los guionistas Pablo de
Santis y Carlos Trillo. También ha trabajado como autora integral en antologías como Fierro (Argentina), Animals
(Italia) y en la revista feminista Clítoris con historietas, ilustraciones y tapas. Actualmente ilustra para diversas
editoriales y trabaja en su primera novela gráfica como autora integral. FB: GatoFernandezHistorietas
Una yegua de Troya
O la oda a las segundas intenciones
por Mariela Acevedo

La primera editorial de Clítoris, allá por 2010 cuando aún era un número cero que quería llegar a ser
revista, iniciaba con una sugestiva frase tomada prestada de una canción de Los Redondos: “¿Cómo
puede ser que te alboroten mis placeres?” le preguntaba a un hipotético lectorado que con curiosidad
o asombro se asomaba a buscar su Clítoris. Hoy luego de cuatro revistas y estrenando segunda
antología decimos que lo que viene después de esta introducción es–con la inocente apariencia de
dibujitos- una bestia potenciada (para seguir con las referencias musicales) que busca inocular un
virus. O mejor, una verdadera yegua de Troya que aunque pueda disfrazar sus intenciones es una
máquina de guerra que opera como una práctica artística-activista.
La tapa e ilustraciones de Gato Fernández, por caso, indican claramente que entre el 2014 de la
primera antología y esta nueva publicación las calles se llenaron de voces y reclamos, de postales
de lucha, de encuentros para poner en palabras -en conjunto- qué hacer, cómo y con quiénes.
Juntas, revueltas, hermanadas. La palabra feminismo está más presente que hace tres años atrás.
La historieta dibujada por la cordobesa Mariana Salina con guión de Maru nació de la invitación a
pensar en cómo somos feministas hoy. Como pasamos de ese “no soy feminista ni machista”
que tantas veces escuchamos en boca de compañeras a la aparición de feministos que vienen a
explicarnos nuestras luchas. La chilena Supnem se cargó la apuesta posterior: luego de asumir que
–al carajo- soy feminista… ¿cómo sobrevivimos sin salir a quemar todo? Hermostras es una bella
palabra que nos regala la autora para pensar en cómo resignificamos los mandatos que recibimos y
nos ponen en contradicciones con las que convivimos a diario.
El cuestionamiento a nuestras prácticas y discursos también viene de la intervención de la talentosa
Verónica García cuyos trazos descubrimos en fanzines y que aquí desnuda –en los pequeños
detalles de una anécdota- la corrección política que recubre las desigualdades. La trama invisible que
generiza y heterosexualiza nuestra existencia se percibe en los destellos de esas conversaciones
cotidianas que con tan buen oído registra.
A la dupla de varones cis1 y heterosexuales del libro le costó encontrar la historia. El disparador con
el que se le extendió la invitación a Nahuel fue “Matá al macho que hay en vos”. La respuesta del
dibujante fue “quiero guionista” y así sumamos a Javier Hildebrandt para pensar una expresión
crítica de las masculinidades. En las dificultades para encontrar la historia resonaba algo de lo
que dice Virgine Despentes en Teoría King Kong: “A los hombres les gusta hablar de las mujeres.
(…) Ellos que son tan locuaces y tan competentes cuando se trata de disertar sobre las mujeres,
¿cómo explicar ese silencio con respecto a sí mismos?” La sátira que hicieron es fruto de esa ardua
búsqueda. Carina Maguregui en cambio, llego con una historia y en el encuentro con Delfina Pérez
Adán la puesta en página de ese episodio surrealista avant la lettre sobre la historia de la joven
Mary Toft adquirió relieves lisérgicos. En la Inglaterra del siglo XVIII –y aunque probablemente esa
no fuera su intención- Mary señaló en dirección hacia la naciente corporación médica ejercida por
varones y puso en ridículo el saber patriarcal expropiado al cuerpo de las mujeres. La SuperParidora
de conejos nos llega hoy como un reencuentro mágico con una ancestra a la que podemos sumar

1 El término cis refiere a las personas no trans. Para ampliar el concepto es útil revisar el artículo de Irass Pocasangre
y Aylin Mainard en este mismo volumen p. 75.

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a la genealogía feminista. Es una reapropiación, cierto. El homenaje invita también a la oportunidad
de preguntarnos por los discursos vigentes en torno a los cuerpos de las mujeres y sobre cómo
impugnar la palabra de quienes no quieren resignar poder ni privilegios.
Una puede adivinar en algunas propuestas gráficas el diálogo que las ficciones entablan con
nuestro presente. Los últimos tres relatos gráficos son la puesta en página de debates y tensiones
muy actuales. Así en “Transtopía” la fauna dibujada por Julia Inés Mamone sobre la historia de
Maximiliano Blanco se proyecta sobre conquistas recientes –como la Ley de Identidad de Género-
y apunta hacia la necesidad de reparación, de construcción de comunidad y de generación de
mecanismos que garanticen pisos de justicia más amplios –como puede constituir las leyes o políticas
de cupo laboral trans-. En “El lenguaje es un virus” Camila Rapetti dibuja una fábula futurista y tan
cercana que resuena en ella argumentos de posiciones contrapuestas en el debate actual sobre los
límites entre decidir y obedecer. Escribí la historieta pensando en poner en diálogo voces que suelen
discutir tratando de prevalecer antes que de hacer el ejercicio de escuchar. No se trata de resolver
las posiciones o de llegar a una síntesis feliz sino de poner en tensión los argumentos, reconocer su
complejidad y no reducir las posturas a acusaciones y sospechas.
Para el final del recorrido gráfico una de amor en las calles. Junto a Maia Venturini recorremos los
últimos veinte años de protesta en las calles de Buenos Aires: ahí están los saqueos y las Madres a
punto de ser arrolladas por la montada de De la Rua en el 2001, ahí están los cuerpos en las plazas
haciendo presente una política del deseo, ahí estamos resistiendo el recrudecimiento neoliberal de
hoy. “Macri gato” se lee en una de las paredes de la ciudad dibujada por la autora. Y tal cómo en una
de las portadas leemos “Solo hay un género: el de cada cual” y nos acordamos de Effy, no podemos
leer “Transtopía” sin recordar la sonrisa de la Sacayán o leer en un cartel “Absolución para Higui”, sin
pensar que estas breves ficciones parecen plasmar una memoria sobre nuestras luchas.
La política no se filtra sin querer, es convocada a hacerse ejercicio de lectura de la realidad. A
pensar en lo conquistado e imaginar lo que falta. Por eso el artículo inicial de Amanda Alma sintetiza
la efervescencia de las calles: el NiUnaMenos, el Paro Internacional de Mujeres y los ya XXXII
Encuentros Nacionales de Mujeres son parte del legado y la plataforma de acción para lo que aún
soñamos conseguir. A la postal que propone la periodista se suma la mirada de Nayla Vacarezza
quien identifica un cambio de sensibilidades en las luchas por la despenalización del aborto:
producciones visuales que usan la sátira o el humor para reclamar el derecho que aún se nos niega
ejercer plenamente. Así como el texto de Lucas Fauno Gutiérrrez es crítico de espacios diversos
que se sumaron a la ola privatizadora de sueños las compañeras de Akntiendz Chik ponen sobre la
mesa las expresiones transfóbicas en espacios lésbicos y/o feministas.
Tras la revista, y junto a Hotel de las Ideas, la publicación se convirtió en proyecto, en la generación
de un espacio coral. La forma de antología que toma hoy y que seguramente continuará mutando
permite ver transformaciones y continuidades: probamos distintos climas, tonos y…sabores.
Intentamos abrir el espacio a la mayor cantidad de colegas que quisieran sumarse, crear unas
coordenadas para discutir, a grito pelado a veces con la pasión que nos caracteriza, sumándole
gotas de humor, argumentos, preguntas. Tras estas páginas se pone en marcha la máquina narrativa.
Comienza a esparcirse en frases y viñetas nuestras formas de deseo: Ahora que estamos juntas,
ahora que sí nos ven….

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Al FEMINISMO no entré.
Me ENTRÓ.

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Un camino irreversible hacia adelante
por Amanda Alma*

Alegra la revitalización que están viviendo las principales demandas de los feminismos en la región. Las
movilizaciones masivas en contra de la violencia machista o las presidentas electas por amplias mayorías
en países del lugar más desigual del mundo, son muestra de lo vigente que es la construcción de sociedades
más igualitarias.Pero también estas acciones dejan en evidencia las deudas que los procesos democráticos
aún no logran saldar y la respuesta agresiva que impone el patriarcado al empoderamiento de las mujeres.
América Latina es el continente más desigual en términos económicos y sociales como bien lo sistema-
tiza la CEPAL en sus informes. Registró que los niveles de pobreza entre 2002 y 2005 alcanzaron por
ejemplo, al 39,8% de la población y como es bien sabido, más de la mitad son mujeres. Muchas son las
que resisten en las calles y en las casas (sean grises o rosadas); las que garantizan el alimento para
sus hogares y para la comunidad, y quienes desde hace años enfrentan las consecuencias del ajuste
económico que imponen los poderosos. Y son ellos, quienes se encuentran al mando de estructuras
empresariales que generalmente limitan la participación de mujeres en la toma de decisiones.
Para escarmentar rebeldías se impone cárcel, destitución o persecución política. Por eso la medida
de fuerza adoptada en el 2016 que sincronizó movilizaciones masivas en el mundo entero mostró
que el feminismo está vivo y en movimiento. El paro internacional de mujeres sacudió cada rincón de
los pueblos, las plazas de cada ciudad donde miles, millones al mismo tiempo se plantaron contra la
explotación de los cuerpos femenizados, la violencia machista y las desigualdades que garantizan
privilegios masculinos.
Sin embargo son muchos los que aprovecharon la masividad que esta movilización alcanzó y que
exigió compromisos más fuertes con la construcción de sociedades más democráticas e igualitarias.
Funcionarios, referentes de la política, jueces y fiscales se alzaron en las redes sociales con carteles,
fotos y mensajes en defensa de los derechos reclamados por las mujeres, pero en definitiva la res-
puesta fue más represión, desamparo y desigualdad. La marcha del día internacional de las mujeres
quedó en Buenos Aires, teñida de golpes, palos y gases policiales. La escena se repitió en más de
un país de la región y dejó en evidencia la reacción al empoderamiento de las mujeres.
Por eso no es casual que en países como Argentina, Brasil o Chile se hayan elegido a las primeras
mujeres presidentas por el voto directo y popular, además reelectas. Sintetiza sin dudas la apuesta
a un proceso irreversible en treinta años ininterrumpidos de democracia, que sin embargo se inició
años atrás, décadas y siglos que acumulan experiencia política y de luchas callejeras. La génesis del
movimiento de mujeres está estrechamente unida a las transiciones latinoamericanas y a su compro-
miso con el establecimiento de parámetros mínimos institucionales democráticos; así como también
con la construcción de las agendas de paz. En la transición de los regímenes militares autoritarios a
procesos de democratización jugaron un papel clave denunciando las atrocidades de las dictaduras y
aportaron testimonio para encarcelar a los responsables. También permitieron entender que la violen-
cia sexual es la forma de tortura más utilizada para controlar y someter a las mujeres rebeladas. En
estos años de pos-dictadura además sus voces fueron fundamentales para transformar los conflictos
armados en procesos de negociación y paz.
Las reacciones misóginas –principalmente emitidas desde los conglomerados de la comunicación- con-
tra quienes ocupan los lugares más altos de la toma de decisiones o la representación popular, buscan
debilitar a las mujeres en la política. Retoman argumentos remanídos sobre las capacidades y virtudes
que debe cumplir una mujer con poder. Son todos intentos de silenciar el grito colectivo emancipatorio

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que se niegan escuchar y que insisten en callar. Pero lo que en el fondo devela todo esto es la profunda
resistencia a abandonar los privilegios de la voz pública que los varones tienen como colectivo social.

En todas partes
En tantos años de lucha, ya no es difícil reconocer a las feministas que disputan el poder. Son muchas, se
inscriben en distintas trayectorias políticas y se expresan en todos los territorios de la organización social
del pueblo. Las encontramos discutiendo en los sindicatos para perforar el techo de cristal que impone
a las mujeres el lugar de las bases como “espacio natural” de las delegadas. Aun hoy las conducciones
gremiales escatiman asientos para sumar mujeres a las mesas donde se cocina la cosa. Pero se empuja
desde abajo y se fuerza a tener que abrir los espacios. La visibilización y la articulación ponen en eviden-
cia que los capitostes del gremialismo deben ponerse al día con las demandas populares y reflexionar so-
bre la división sexual del trabajo, el acoso en los espacios laborales y la brecha salarial que se profundiza.
El tiempo corre y resulta obsceno a esta altura que insistan con la ausencia de mujeres en la conducción
del movimiento obrero. En momentos donde la flexibilización y precarización laboral arremeten con fiere-
za, son las mujeres las principales afectadas por las políticas de ajuste. El ordenamiento cultural reinante
que sobrevive cambios de épocas y siglos, pretende que las mujeres sigan garantizando la supervivencia
familiar, pero además hoy intenta que además agradezcan seguir con vida.
También desde las bancadas parlamentarias primero y en los sillones ministeriales después, las
mujeres empujaron y forzaron cambios. Se avanzó mucho, pero no alcanza. Ya sean feministas li-
berales que mantienen el estatus quo pero demandan mayor protagonismo o feministas del campo
popular que exigen mayor participación las mujeres luchan en conjunto para ampliar los límites que
restringen la legalidad. Como hace veinticinco años ahora van por mayor representación en el parla-
mento y buscan alcanzar la paridad en la institución que debe representar la diversidad social de una
comunidad. En igual medida se enfrentan a reacciones desproporcionadas al interior de sus partidos
que siguen, en términos generales, conducidos por varones. Pero la decisión política de garantizar
mejores condiciones de vida a la mitad de la población, es decir a las mujeres, es lo que posibilita que
esos avances se consoliden o que quede como cáscara vacía con el correr del tiempo. Como ejemplo
de la fragilidad que todavía tienen los mínimos derechos que se lograron reconocer, sólo hace falta
echar un vistazo a la embestida reaccionaria que sobrevino en la región y que busca devolver a las
mujeres al lugar del que nunca deberían haber salido: el hogar.
Mientras, el movimiento callejero se vuelve cada vez más masivo y reacciona ante la respuesta ase-
sina desaforada de la desesperación machista. El avance irrefrenable del empoderamiento femenino
que lleva varios siglos y muchísimas batallas, se filtra en las sobremesas, en las charlas íntimas y
en la conversación cotidiana. Reclaman a viva voz y organizadas con otras, su lugar central en las
organizaciones políticas y la toma de decisiones. Pujan por la representación colectiva en las institu-
ciones de la democracia y se rebelan al lugar secundario aunque hoy muchos pretendan que sigan
sirviendo el café en las reuniones.
Esa fuerza que surge de las entrañas de un sector social altamente explotado por la familia, el Esta-
do y la sociedad se rebela de manera masiva, sigue cortando calles para denunciar a sus maridos,
hermanos e hijos capaces de avanzar criminalmente ante un NO como respuesta. Se enfrentan al
poder de la justicia que las encarcela para callar sus demandas de igualdad y derechos. Pero sin
lugar a dudas, como el magma que desde el interior de la tierra estalla cada tanto y lo invade todo,
los feminismos latinoamericanos transitan hoy una revitalización que reinscribe la lucha contra las
opresiones y la vuelve más viva que nunca.

* Amanda Alma es lesbiana, feminista y peronista. Trabaja como periodista parlamentaria y comunicadora en Ra-
dio Nacional. Coautora del libro “Mujeres que se Encuentran: una recopilación histórica de 20 años de Encuentros
Nacionales de Mujeres”. Recibió el Premio Periodista Parlamentaria de radio en 2014. Integra la Cooperativa de
Comunicación Feminista Manifiesta.

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El feminismo es un hit

Mariana Salina
Es historietista, Licenciada en Grabado (Facultad de Artes - Universidad Nacional de Córdoba) y femininja cordo-
besa. Quiso ser historietista desde que tenía 8 años y dicen que el mundo se detuvo un momento, cuando se dio
cuenta. Siempre cuenta orgullosa que su primera publicación seria, fue con la revista Clítoris. Publicó también en
Llanto de Mudo y en algunos lugares más. Ama la historieta en todas sus formas y reírse a carcajadas como bruja.

Maru
Si Maru hubiese podido elegir cómo ser concebida hubiese sido producto de una orgía entre Fran Dresher, Dan
Harmonn, Oski y Fontanarrosa. Hoy está dando sus primeros pasos como guionista y espera algún día ser una
profesional del humor. Eventualmente morirá y su epitafio rezará: “cuando no pudo reírse de ella misma, se rió de
alguien más”. Palabras que jamás se tallarán en piedra, porque quiere que la entierren en un baldío y que con la
plata que sale un nicho en La Tablada se vayan todos a Disney. Si te gusta su historieta dale trabajo, lo re necesita.
Su correo es marubin@gmail.com

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Soy feminista, ¿y ahora qué?

Katherine Supnem
Es historietista y pintora. Se graduó como profesora de filosofía y se especializó en Estudios en Género, sexuali-
dad y afectividad, todo en la Universidad de Santiago de Chile. Hace cómics desde el año 2012 y lleva más de 20
autopublicaciones de historietas en formato fanzine con temáticas contraculturales sobre géneros y sexualidades
diversas, feminismos, educación sexual (visibilidad de la violencia sexual y el cuidado del cuerpo), marginalidad
entre otros. Ha trabajado en cine y publicidad como dibujante y pintora en varias producciones chilenas. Es direc-
tora del colectivo de historietistas feministas Tetastristes Cómics y gestora del evento #Comiqueras, encuentro de
mujeres autoeditoras de cómics en Chile. Tumblr supnemcomix.tumblr.com

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El MIEDO va
a cambiar de BANDO.

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Postal del neoliberalismo
sudaca al final del arco iris
por Lucas Fauno Gutiérrez*

Camino por la avenida céntrica de una ciudad en el sur del mundo. Voy con las uñas pintadas rojo
furioso. Las miradas se ponen bizcas para ojear y codear a la persona más cercana. No soy una
molotov al género, no: soy un trolo que ama la punta de sus dedos coloreados. Y cuando paso se
desnucan por mirar y dejarme bien claro que me están observando, porque es así, el exterminio
cotidiano al que nos somete el patriarcado tiene mucho de banquillo. Y yo amo vivir en la banquina.
El machismo mata todo lo que no es cisvarón. Teje redes entre sus pares de clase e ideología y
mata al resto. Y con la cuerpa masacrada acuña un texto sobre la piel de quienes sobrevivimos. Nos
obligan a leer el pánico y el castigo. Asesinan con ansias de perpetuarse como especie dominante.
Nos matan física e identitariamente, porque a quienes aún siguen con vida, poco a poco les quitan
seguridad, voluntad y personalidad. Nos quieren moldeadxs a su normatividad.
Y mis uñas carmesí van abrazadas a las tiras de mi mochila por una avenida patriarcal y macha.
En mi closet hay una pollera escocesa re calentita que amo usar, pero no me dan ganas de salir y
pelearme con cuanto idiota me grite PUTO como insulto. La palabra que a mí me da vida en ellos es
humillación. Y es una pollera… un pedazo de mi género.
La calle late tufo fachito. Los Derechos que se escribieron con la sangre de quienes lucharon y el
lomo de quienes seguimos en pie, ahora quieren ser conquistados por la derecha y destruidos. Los,
las, les y lxs amigos que se bajaron del título de aliadxs dejan un hueco en el cual podemos leer
demasiado. Me angustia. Este clima de años setenta les abrió los poros para poder largar todo su
veneno fascista. A les “amigxs” que hicieron de nuestra lucha una moda: unfollow y block.
De repente quiero ser Sakura Card Captor, pegar tres piruetas en el aire y con mi báculo darle en
medio de la frente a todos esos putos diversos que hasta hace algunas décadas ganadas atrás
celebraban y hoy tiran frases fachas. Darles duro en el entrecejo al grito de “regresa a la forma
humilde que merecés”. El aquelarre se nos llenó de yutas cuando se terminó el momento de celebrar.
Ahora ellOs quieren proteger sus privilegios.
Aclaro: Uso la “e” y “x” para evitar pronombres que impongan una lectura binaria, pero cuando quiero
marcar algo opresor, facho y normativo, lo destaco poniénole una gran “o”. Porque lo macho, normado
y patriarcal es masculino. Puede tener genitales femeninos, decirse feminista y/o queer, puede tener
muchas caras, pero eso no le quita lo macho. Y macho no es varón, ni varón es facho. Ni los genitales
ni la manera sexoafectiva de vincularnos definen quiénes somos. Nuestras acciones sí. Así que
cuando lean a algune diverse diciendo “muerte al paki”, inviten a ese diverse a salir de joda y tomar
las calles con algún gay de derecha, porque existen, ¿o no?
Y las uñas carmesí siguen destilando putez por la avenida. Van solitas sin mano que agarrar porque si hay
otra grieta que se abrió en estos tiempos fue la de mi orto. Y ahí se me perdieron varios gays en el camino.
Un logro de los tiempos que corren es el de la obscenidad del capitalismo neoliberal en las relaciones
sexoafectivas. Hay un gran conflicto de intereses en la transacción de hoyos y falos en la ‘gaytud’ actual.
Yo con mi presentación de ‘puto, pasivo, vih positivo y politizado’, me siento como parado en medio del Alto
Palermo queriendo comprarme un tapado de moda y solo tengo 30 patacones y 2 lecops. Y al final del
día después de la cuarta paja lastimera y de pasada por el espejo del baño me quedo mirándome: “pero
si estoy bueno”, y me quedo un rato largo en la ducha haciendo selfies que funcionen de carnada para la
carnaza. Pero nada sucede. Soy un indigente para el sistema comercial de la carne.

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Las uñitas solas hacen sonar las falanges en orgullosa soledad. Saben que tanta personalidad no
puede ni debe ser anulada en el ejercicio de una promiscuidad anónima. Buscan la promiscuidad
que valore quienes son. Ni la monogamia opresora ni el cuento del poliamor para maquillar el cagazo
emocional. ¡Aia! Pero miralas, tan altivas andan ahora mascullando esas. Cada dedo es una estrella de
un color, juntas arman dos constelaciones hechas mano que desafían la mirada dinamitada de quienes
consideran una perversión el esmalte. Rascan la nariz para quedar a la altura de la mirada del que
cobra en RapiPago, se rascan la pija para celebrar esta kundalini que se muerde la propia cola. Casi
que se olvidan que son un poquito de químico coloreado en las manos de un puto, cis con privilegios.
Soy un “no hombre”, no soy la construcción hegemónica y social que se espera de la masculinidad.
Soy varón pero no macho ni facho. Un grito al niño que fui, un empujón al adolescente que viví,
una cicatriz en la nariz que el tiempo casi borró de una trompada del grupito de machos al trolo
que empezaba a nacer en mí, una frustración al no usar mi pollera, y así tanto. Y sin embargo,
sentadito acá en mis privilegios veo mi dolor como una anécdota. Y no se trata de compararnos con
las principales víctimas del patriarcado, no, esto no es una competencia. Pero también es importante
saber desde dónde lloramos, dónde estoy parado mientras me sangran las heridas, quiénes somos
y porqué reclamamos.
Mientras camino y pienso en los metros que me separan de las deseadas y anárquicas chotas que
deseo meterme en los huecos, la sangre escribe manifiestos. Corre la mierda por mi orto penetrado
furiosamente y escribe posturas, más políticas que de kamasutra sudaca. Activo el activismo con mi
pasiva manera de coger. Mientras intento ser consciente del lugar que ocupo en la batalla y defino
mi ser mutante que espero nunca deje de mutar, lato intenso como verga llena de sangre furiosa. Por
momentos soy una molotov antisistema y a los minutos soy un burgués tomando un café capitalista
en su celular emblema de todo lo que está mal. Oscilo entre el amor vincular y la represión personal.
Soy explícitamente contradictorio. Soy un tibio que juega a la revolución sexual pero todavía no se
permite dejarse amar.
Pero a la derecha no la voté. Y ya dejé de odiar a quienes sí lo hicieron. Ahora les invito a tomar las
calles juntxs. Pero sí sigo odiando aún a quienes se manifiestan a los gritos con su silencio.
Yo acá, que con mis uñitas camino flashando un poco de ruptura. Yo que chupando pija siento que le
hago una pequeña rotura al patriarcado. Yo que lloro de impotencia porque siento que nada de lo que
haga llega mucho más allá del primer cordón de mis afectos. Yo que tanto yo que yo-yo. Yo que al final
del día no reconozco a ese yo del que tanto hablo. Yo me leo en ojos ajenos.
Ojos masacrados de una víctima expuesta en una portada de diario junto a la foto protegida y censurada
del asesino. Ojos vidriosos de un pibe que me besa sin conocerme. Ojos llenos de agua que marchan
con furia y tristeza. Me veo en los ojos que temen un panorama político aún peor. Yo, mal de ojo.
Y las uñitas carmesí llegan a casa. Llave uno. Ascensor. Llave dos. Llave tres. Gata malcriada.
Prender la luz. Dejar todas las apps de garche OnLine por si el nuevo amor incorrecto gusta de
garcharnos. Las series para evadirme un rato. La autopsia a la heladera de idealista y pobre que
arroja como resultado un guiso mutante. La pastilla para el virus. Las mil útimas miradas a las redes
sociales antes de dormir. El último pensamiento en la almohada que se pierde en la marea de futuros
perfectos conjugados por mi imaginación.
Dejen de matarnos. Porque vamos a volver. Siempre. Y les juro que la van a pasar mal. Deliciosamente
mal.

* Lucas “Fauno” Gutiérrez es un archipiélago. Entre sus islas están las de: puto, capricorniano, periodista, emo-
cionalmente cagado, performer, VIH+, activista, feminista, etc. Si lo ven por la calle sepan que ven una imagen
macro de todo eso. Cosecha 1981, es un autodidacta que llega a sí mismo por accidente. No se construyó, sino
que es el resultado de una constante deconstrucción. Todavía no supera la peli ‘Mi primer beso’ y es fan de Sailor
Moon y Gabo Ferro. FB Lucas Fauno Gutiérrez

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Distintos

Verónica García
Nació en 1982 en Buenos Aires, Argentina. Estudió un montón de cosas relacionadas con la imagen para terminar
trabajando en algo que nada que ver. Pero en 2013, luego de comer un super pancho con papitas pay en Constitución,
se dio cuenta que quería hacer historietas y desde entonces come sushi todos los sábados. Hoy en día, y gracias a
la guía espiritual de Fer Calvi, sigue aún en este camino hacía el éxito rotundo. Su correo es veronica@nykka.com.
ar y su sitio www.nykka.com.ar

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Extra-Power-Men

Javier Hildebrandt
Es periodista especializado en historieta, guionista y diseñador gráfico. Ha publicado artículos e historietas en las
revistas Comiqueando, Sobre historieta, Maten al Mensajero, Clítoris, Komikku, Comic.ar, Sudestada, DedoMedio
(Perú) y Mono (Italia), entre otros medios. Forma parte de la Cooperativa editorial Hotel de las Ideas y de la Aso-
ciación civil Viñetas Sueltas. Ha publicado historietas en las antologías Creer o reventar (2012, Hotel de las Ideas),
Novelas ejemplares (Mojito, 2013), De Once a Moreno (2014, Hotel de las Ideas), Clítoris: Sex(t)ualidades en viñetas
(2014, Hotel de las Ideas) y Fábulas en viñetas (2017, Loco Rabia).
Su blog es javierhildebrandt.wordpress.com

Nahuel Sagárnaga
Es un aventurero espacial clase 4 y dibujante. Le gustan el ceviche y las historietas. Tiene un perro salchicha que
protagoniza la tira Corré, Wachín! Dibuja Mirina, un webcomic de robots con superpoderes. También hace dibujos
animados. Tiene estos dos sitios
web: mirinasuperherua.tumblr.com y wachindog.tumblr.com

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Que el mundo TIEMBLE,
estamos JUNTAS, REVUELTAS
y HERMANADAS.

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Nos mueve el deseo: producciones visuales
sobre el aborto libres de victimismo
por Nayla Vacarezza*

En el contexto de las luchas por el derecho al aborto en América Latina se han producido contun-
dentes argumentos a favor de la legalización que cuentan con un sólido respaldo científico y jurídico.
Especialistas comprometidas/os provenientes las más diversas disciplinas —desde la medicina y la
bioética hasta la sociología y el derecho— han proporcionado herramientas fundamentales para los
debates públicos en curso.
Sin embargo, sería aventurado afirmar que este amplio y heterogéneo movimiento está impulsado
únicamente por evidencias y argumentos racionales. En sus múltiples manifestaciones y acciones se
despliega un movimiento apasionado y vibrante que está animado por un deseo obstinado de justicia
y de transformación social. Nos mueven las alegrías y también las decepciones que encontramos
en el camino. Nos organizamos para hacer el duelo por las muertas en abortos clandestinos y para
manifestar la rabia que nos provocan estas y otras formas de injusticia y de violencia. Aunque las
contrariedades son tenaces, no perdemos el optimismo y en cada acción colectiva dibujamos el ho-
rizonte de libertad corporal, sexual y reproductiva hacia donde nos dirigimos.
Para mapear el amplio repertorio de afectos políticos que nos impulsa basta con prestar atención a
las producciones visuales y las performances a favor de la legalización del aborto en la región. Las
agujas de tejer, las perchas y el perejil son elementos utilizados desde hace décadas en afiches, ilus-
traciones y obras de arte para denunciar públicamente el sufrimiento que causa el aborto inseguro
y clandestino. También, las performances públicas de duelo se han instalado, desde la década del
setenta, como una forma de protesta y de rememoración de quienes murieron por desobedecer el
imperativo de la maternidad obligatoria. Se puede decir, siguiendo a Athena Athanasiou, que se trata
de “duelos agonísticos” en los cuales se movilizan formas de tristeza y aflicción, pero también de
indignación y de rechazo hacia las injusticias que llevan a las mujeres a morir por abortos inseguros.
En años recientes, la extensión del uso del misoprostol para interrumpir embarazos de manera segu-
ra, el vertiginoso crecimiento de redes feministas que brindan información y acompañamiento para
abortar con medicamentos, junto con la profundización de políticas orientadas a combatir el estigma
del aborto están convergiendo en la apertura de nuevas líneas de experimentación política, estética
y afectiva. Originales propuestas visuales comienzan a expandirse y a poner en circulación afectos
que, hasta ahora, no habían estado asociados con el aborto, como pueden ser la alegría, el orgullo,
el amor y el alivio.
Un ejemplo de estas producciones puede ser la portada de la primera edición del manual Todo lo
que querés saber sobre cómo hacerse un aborto con pastillas (2010), publicado en Buenos Aires
por Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto. En dicha tapa es posible observar
unas llamativas pastillas sonrientes que se destacan sobre bandas que llevan los colores de la ban-
dera del orgullo LGBT. Otra muestra de este giro en las políticas afectivas puede ser el afiche con la
consigna “I aborto” (“yo amo el aborto”) que la colectiva Maraca Pobladora Feminista llevó, en 2013,
a manifestaciones a favor de la legalización del aborto en Santiago de Chile.
Estas disruptivas propuestas visuales generaron polémicas y numerosos interrogantes entre propias/
os y extrañas/os. ¿Acaso el aborto puede causar alegría o ser motivo de orgullo? ¿Se puede amar el
aborto o vivirlo como un acto de amor? Asociar al aborto con la alegría, con el orgullo y con el amor
puede parecer paradójico o causar cierta perplejidad. Esto se debe, quizás, a que ciertas formas

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dominantes del sentir con respecto al aborto se han hecho carne en nosotras/os al punto de que
resulta casi imposible imaginarlo en tonalidades emocionales ajenas al miedo, la desesperación, el
dolor y la culpa.
Lejos de ser naturales, estas formas dominantes de sentir tienen una historia y también tienen claras
consecuencias políticas. Podemos decir que se trata, siguiendo a Raymond Williams, de una “estruc-
tura de sentimiento” largamente sedimentada por el discurso anti-derechos, la iglesia, el Estado y la
corporación médica. Estos repertorios afectivos sombríos tienden a generar rechazo y a disminuir las
acciones posibles de las personas con capacidad de gestar.
Las producciones visuales del movimiento por el derecho al aborto muestran que estas formas insti-
tuidas de sentir están siendo tensionadas, conmovidas y transformadas en nuestra región. La alegría,
el orgullo, y el amor comienzan a aparecer en los discursos visuales a favor de la legalización del
aborto y se componen con otros afectos novedosos como la determinación, la serenidad y el alivio.
Pero el original y necesario trabajo sobre estos afectos “positivos” no hace que otras emociones, ha-
bitualmente consideradas “negativas”, desaparezcan. Las historias de dolor y sufrimiento asociadas
con el aborto clandestino e inseguro siguen palpitando en imágenes y performances. El movimiento
por el derecho al aborto no puede simplemente olvidarse del dolor porque muchas mujeres conti-
núan siendo perseguidas por el poder punitivo del Estado, sufriendo consecuencias graves de salud
y/o muriendo por abortos inseguros. Desvincularse completamente de estas formas de violencia y
de sufrimiento implicaría negar injusticias pasadas y presentes que continúan padeciendo quienes
abortan.
Es significativo observar que, en estas producciones visuales, la vulnerabilidad corporal tanto como
la exposición a la muerte y al poder arbitrario del Estado que impone la clandestinidad del aborto no
se cristaliza necesariamente en una posición victimizante que implica el abatimiento de la capacidad
de acción individual o colectiva. El perejil, las agujas y las perchas son elementos habitualmente utili-
zados para denunciar el sufrimiento asociado con el aborto inseguro, pero también, a través de estos
objetos, se muestra la determinación de quienes abortan y sus formas de afirmarse en la vida que
desean a pesar de la ilegalidad. Las producciones visuales que incorporan estos objetos tienen el
objetivo de hacer un llamamiento político al público que las ve. De manera similar, las performances
de duelo público movilizan el dolor para convocar a la acción política. El descontento, la indignación
y la rabia frente a las injusticias que producen vulnerabilidad corporal, dolor y muerte son afectos
poderosamente movilizadores que están muy presentes en estas producciones visuales.
Mientras que las formas de sentir dominantes asocian de manera simplista a la felicidad con la ma-
ternidad y al aborto con la tristeza y la culpa, las producciones visuales a favor del derecho al aborto
están dando paso a otros repertorios afectivos más complejos y variados. La alegría y el orgullo de
abortar son una respuesta irreverente al ideal reproductivo que instala a la maternidad como único
horizonte de felicidad y realización personal para las personas con capacidad de gestar. Recientes
producciones visuales muestran que un aborto puede producir alivio o vivirse con tranquilidad y sin
culpas. Sin embargo, sabemos que el dolor persiste y que es tan grande como las injusticias que
lo generan. Los aspectos más crueles del aborto clandestino lejos de abatirnos, avivan nuestros
obstinados deseos de transformación social. Nos mueve el deseo y es por eso que persistimos en
la esperanza y apostamos a un futuro de justicia donde las libertades corporales vinculadas con la
sexualidad, el aborto y la reproducción puedan ejercerse gozosamente.

* Nayla Vacarezza se mudó de Ushuaia a Buenos Aires con la intención de estudiar Sociología en la UBA y de
estar más conectada con las movidas feministas. El entusiasmo con todo lo que fue sucediendo en la gran ciu-
dad la llevó a terminar el Doctorado en Ciencias Sociales (UBA) y a encontrar en los feminismos un refugio, un
propósito y una fuente de inspiración constante. Es coautora, junto con July Chaneton, del libro La intemperie y lo
intempestivo. Experiencias del aborto voluntario en el relato de mujeres y varones (Marea, 2011).

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Mary Toft, SuperParidora de Conejos

Carina Maguregui
Es bióloga y periodista (UBA). Diploma en Educación, Imágenes y Medios (FLACSO). Ganó premios y menciones
en concursos nacionales de ensayo, dramaturgia y guión de historieta. Publicó la novela gráfica “Modus Operandi”
en coautoría con Muriel Frega (MalaPraxis, 2017). Es autora del ensayo “Muerte y resurrección del afecto: discurso
televisivo, conciencia y texto fílmico” (Ediciones de la Flor, 2004), de la obra de teatro “Tumbada blanca en blanco”
(2006) y de la novela “Doma” (Alción, 2004), entre otras publicaciones. FB: @ModusOperandiLibro

Delfina Perez Adan


Nació en Bahía Blanca, Argentina y estudió la carrera Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires. Princi-
palmente se dedica a dibujar, desde historietas o ilustraciones varias para publicaciones hasta crear personajes y
fondos para proyectos de animación. FB: @Estampita2D Su página www.estampita.tv

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TransTopía

Julia Inés Mamone


Nació el 14 de Enero de 1989 en Villa Gessell. Se formó en la Escuela OLA con docentes como Quique Alca-
tena, Pablo De Bella, Gustavo Schimp, entre otros. Colaboró en publicaciones autogestivas, ilustró afiches
varios y participó de muestras colectivas. Trabajó como ilustradora para el Ministerio de Educación de La
Nación. Actualmente se encuentra trabajando en proyectos independientes. FB: @femimutancia

Maximiliano Blanco
Es ilustrador, escritor, tallerista sobre sexualidades en su sex shop, Kinky Vibe. Pibe trans, padre, amante de los
gatos y los roedores. Escribe y dibuja fanzines. FB: @kinkyvibe @Maximilianowatercolor

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Para iniciar la REVOLUCIÓN,
solo necesitás una AMIGA
(o algo así)

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¿Dónde están las lesbianas trans?
por Akntiendz Chik (Aylin e Irass)*

“Había oído de las lesbianas trans pero nunca había conocido una” nos dijo una vez una participante
de una reunión lésbica en el centro feminista Tierra Violeta de Buenos Aires. Lo dijo con expresión
de misterio o maravilla como cuando hablas del unicornio, mientras las demás tortas que estaban a
su lado asentían amigablemente, y nosotras del otro lado sonriendo y señalando en nuestra propia
dirección como diciendo, “Ey, ¡pero si aquí mismo hay una!” Y es que desde hace más de siete años
que somos una pareja lésbica formada por dos tortas: una trans y otra cis o no trans.
Aparte de verte en la curiosa situación de tener que demostrar tu propia existencia, ni siquiera pue-
des estar segura de que estás hablando de lo mismo. Aquí diremos lesbiana o torta trans para referir-
nos a las mujeres trans que son lesbianas, lo mismo que a las personas trans no binarias femeninas
y lesbianas. Damos continuidad a los términos ‘trans lesbian’ o ‘trans dyke’ utilizados desde hace más
de 45 años, cuando Beth Elliott, lesbiana trans, activista y cantautora, fue vicepresidenta durante
1971-1972 de la primera organización histórica norteamericana de lucha por los derechos civiles de
las lesbianas, las Hijas de Bilitis, en su seccional de San Francisco, California.
Beth Ellioth también fue la editora de la revista ‘Sisters’ de la organización, todo esto antes que llegara
con fuerza el feminismo radical trans excluyente (las TERfs) a los espacios lésbicos. Hasta entonces
en general alguien como Beth Elliott era considerada una lesbiana más de la comunidad, pero de
repente las activistas radicales vieron en ella no a una compañera que trabajó lado a lado por la
comunidad lésbica, con quien habían convivido o habían amado, sino al enemigo: nada menos que
a un agente del patriarcado infiltrado para destruir desde adentro el movimiento lésbico y feminista.
Y las TERfs (término utilizado por el transfeminismo) actuaron en consecuencia: En 1973 Beth Elliott
fue interrumpida a mitad de su presentación musical ante una concurrida audiencia en la Conven-
ción lésbica de la Costa Oeste, por un comando de feministas radicales trans excluyentes, las Gutter
Dykes, que la increparon en público, acusándola de ‘ser un hombre.’ Beth Elliott prefirió retirarse
para no dividir el movimiento, le siguió todo el equipo editorial de ‘Sisters’ que renunció en pleno en
solidaridad con su directora. Beth Elliott nunca volvió a los grupos lésbicos y siguió como activista
independiente hasta la fecha.
A partir de allí vendrá un ciclo de exclusión de las tortas trans de los espacios de lesbianas y/o femi-
nistas, que con mayor o menor violencia, seguirá repitiéndose incluso hoy día, en todas partes, sin
demasiadas señales que vaya a detenerse o superarse en un corto plazo. Los argumentos ‘térficos’
tienen influencia en nuestras comunidades, a veces matizados con ideas del feminismo queer que
tiende más bien a mascotizar o mistificar a las lesbianas trans como instrumentos de un subversivis-
mo del género, a conveniencia cis, claro.
En 1992 se realizó una encuesta en el Festival Musical de Michigan para Mujeres, el festival más
grande del mundo sólo para mujeres y todo un símbolo histórico lésbico y feminista, donde expresa-
mente se prohibía el ingreso de las lesbianas trans y para el caso, de cualquier mujer transgénero
(los hombres trans y los no binarios masculinos entraban libremente, siempre que fueran conside-
rados como lesbianas). La encuesta preguntaba “¿Crees que los transexuales (sic) de hombre a
mujer deberían ser bienvenidos al Festival Musical de Michigan para Mujeres? SI/NO ¿Por qué sí o
por qué no? Si tu respuesta es no, ¿Cuál sería la mejor manera de determinar si una persona es un
transexual de hombre a mujer?”

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Dejando a un lado lo discriminatorio de adjudicarse el derecho a decidir sobre las lesbianas trans, los
resultados fueron favorables a su admisión en proporción de 3 a 1, sin embargo las organizadoras
tomaron la decisión de seguir adelante con la exclusión de las lesbianas trans y las mujeres trans
en general.
Estas fueron las razones que se dieron para negar el ingreso a las lesbianas trans al Michfest: “No
son mujeres”, “No son mujeres nacidas mujeres”, “Hacen que las demás se sientan incómodas”, “Han
sido socializadas como hombres”, “Han tenido el privilegio masculino”, “Piensan como hombres”, “Tie-
nen energía masculina”, “Tienen penes”, “Se comportan como hombres”, “Son demasiado femeninas.”
Con los años –y los avances del transfeminismo- la presión sobre el Festival creció y en 2015, tras
40 años de celebración continua, el Michfest prefirió clausurarse a sí mismo antes que admitir el
ingreso de lesbianas trans y mujeres trans en general. Sin embargo, sus argumentos son de interés
porque son prácticamente las mismas ideas que subyacen por debajo de la apariencia de inclusión
en muchos espacios lésbicos con discurso queer y que aparecen tal cual hace 45, 30 o 20 años en
las declaraciones de los grupos o redes sociales lésbicos donde predominan las ideas del feminismo
radical trans excluyente o ‘crítica de lo trans’ como prefieren llamarse a sí mismas.
De acuerdo al mayor estudio sobre personas trans realizado a la fecha (‘Injustice at Every Turn’, 2011)
con 6,540 participantes, el 29% de las mujeres trans se declaran lesbianas, un 31% bisexuales y
apenas un 23% son heterosexuales. Entonces, ¿por qué no se ven más tortas trans en espacios lés-
bicos y/o feministas? La pregunta se hace retórica cuando examinamos la exclusión histórica que ha
existido y sigue ocurriendo, donde se asume desde el cisexismo que la lesbiandad de las lesbianas
trans es cuestionable, menos verdadera y menos real, que la de las lesbianas cis, que vendrían a ser
algo así como las auténticas lesbianas.
¿Y qué decir de las parejas de las lesbianas trans, sea con una torta cis o con otra torta trans? Se
invisibilizan, claro. Hablemos de momento de las lesbianas cis que hacen pareja con una lesbiana
trans, que es nuestro caso, no hay espejos que te reflejen dentro de la comunidad, pues las lesbianas
trans son exiladas a causa del cisexismo y la transfobia, que sigilosamente se han infiltrado en el
feminismo y el lesbianismo. Esto impide que la existencia de parejas de lesbianas trans-cis sea más
frecuentes, y que de hecho sean casi nulas.
Es apenas comprensible que una no encuentre la afirmación de su propia lesbiandad en la comuni-
dad, si al buscar reflejo en tus iguales sólo ves hostilidad y miradas huidizas que se niegan a reco-
nocerte empujándote al mundo heterosexual totalmente desprotegida, como si eso es lo que fueras,
y el feminismo que debería ser tu aliado se convierte en tu enemigo cuando te piden excluyas a tu
pareja, a esa lesbiana trans a la que tanto amas y a la que han exilado mucho antes que tú y ella se
encontraran.
Aunque se borre a las lesbianas trans de paso invalidando como lesbianas a sus parejas o compa-
ñeras y te veas en la extraña situación de tener que demostrar tu propia existencia, la verdad es que
sí, aquí estamos, nosotras y muchas parejas como nosotras.
¿Dónde están entonces las lesbianas trans? La mayoría debido al cisexismo viven su lesbiandad
con sus parejas en pequeños círculos de amigas cis y trans que también están fuera de la comu-
nidad L hasta que las cosas cambien. En tanto, más lesbianas trans siguen repitiendo la frase que
emplearon las tortas trans (de las trans dykes en la Marcha de 2017 aclaramos, por aquello de las
apropiaciones cis) y que seguirá resonando cada vez con más fuerza: “Nuestra existencia es un 
acto de resistencia.”

* Akntiendz Chik es un blog y red social transfeminista lésbica que desde hace 8 años prepara y viraliza conteni-
dos para una crítica al ‘cis-tema’ que oprime a las personas trans y a las lesbianas sean trans o cis (no-trans). No
somos una organización pero sí una pareja muy bien organizada de tortas guatemaltecas residentes en Buenos
Aires: Irassema Pocasangre torta o bollo cis, es publicista, entusiasta del anime ciberpunk y estudiante de anima-
ción y Aylin Mainard torta o bollo trans, periodista, productora trans de música trance y DJ.

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El lenguaje es un virus

Mariela Acevedo
Es feminista, docente, licenciada en Ciencias de la Comunicación, editora de Revista Clítoris. Historietas y ex-
ploraciones varias... y coordinadora de las dos antologías de historieta feminista editadas por Hotel de las Ideas
(2014, 2017). Escribe su tesis doctoral sobre autoría y representaciones sociosexuales en las historietas e integra
la colectiva de feminismo gráfico CarnesTolendas. Política Sexual en viñetas. FB: @RCHistorietas @Carnestolen-
dasHistorietas

Cam Rapetti
Nació en Buenos Aires en 1979. Estudió en la escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, de donde
egresó como profesora de escultura. Actualmente trabaja como escultora; ilustradora freelance y docente en Fan-
tastíc Taller. Colecciona botones y las tortas le salen mejor los domingos. FB: @Fantastictaller

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Lucha ama a Victoria

Maia Venturini Szarykalo


Es dibujante lesbiana, herrera y carpintera de oficio, practicante del amor libre, de bdsm y de artes marciales
internas chinas. Empezó a dibujar hace poco más de tres años, dos meses antes de crear su historieta Escenas de
la vida lésbica. La tira –que ya tiene varias temporadas- surgió como una serie de dibujos absurdos para hacer reír
a sus amigas tortas, y fue acogida por la comunidad tortillera como una voz que habla de la cultura lesbiana y grita
contra el heteropatriarcado y el neoliberalismo. FB: @vidalesbica

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Índice
05 Una yegua de Troya. O la oda a las segundas intenciones
por Mariela Acevedo

07 Al FEMINISMO no entré. Me ENTRÓ.

09 Un camino irreversible hacia adelante


por Amanda Alma

11 El feminismo es un hit
Por Mariana Salina, Maru de las Casas

21 Soy feminista ¿y ahora qué?


Por Supnem

29 El MIEDO va a cambiar de BANDO.

31 Postal del neoliberalismo sudaca al final del arco iris


por Lucas Fauno Gutiérrez

33 Distintos
Por Verónica García

43 Extra-Power-Men
Por Javier Hildebrandt y Nahuel Sagárnaga

51 Que el mundo TIEMBLE, estamos JUNTAS, REVUELTAS y


HERMANADAS.

53 Nos mueve el deseo: producciones visuales sobre el aborto


libres de victimismo
por Nayla Vacarezza

55 Mary Toft, SuperParidora de Conejos


Por Carina Maguregui y Delfina Perez Adan

65 TransTopía
Por Julia Inés Mamone y Maximiliano Blanco

73 Para iniciar la REVOLUCIÓN,


solo necesitás una AMIGA (o algo así)

75 ¿Dónde están las lesbianas trans?


por Akntiendz Chik (Aylin e Irass)

77 El lenguaje es un virus
Por Mariela Acevedo y Cam Rapetti

87 Lucha ama a Victoria


Por Maia Venturini Szarykalo

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96 El FEMINISMO va a VENCER.

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