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Universidad de Londres

Guerra Gómez Magdalena

Reflexiones sobre Melanie Klein


El origen

Al comienzo de la vida el bebé se encuentra en un estado de angustia proveniente de la

amenaza destructiva desde dentro, esto a causa de la desmezcla pulsional que desencadena

el nacimiento. (Moya, Del Palacio, 2019).

Sí pensamos en el nacimiento es un proceso delicado en el cual el bebé tanto como la

madre sufren, el bebé de estar en un lugar equilibrado que es el útero pasa a otro estado en

el cuál sus ansiedades se pondrán en juego; la incomodidad y el dolor que generan el

laborioso trabajo de parto y pronto surgiría el estado del hambre, es decir, tantos factores

internos como externos generan ansiedad de tipo persecutoria.

Durante el proceso de nacimiento ocurre un big-bang psíquico, el equilibrio pulsional se

perturba; la pulsión de vida y la pulsión de muerte producirían una desmezcla. El yo aun

inmaduro careciente de integridad tiene que expulsar o desviar la pulsión de muerte ya que

es un monto de intensa angustia que se vive como una aniquilación hacia la muerte. (Moya,

Del Palacio, 2019).

Los restos que quedan frente a esta lucha pulsional formaran parte constitutiva del sujeto,

para la expresión de amor y odio, nunca se separan por completo y puede predominar una u

otra que más adelante tratare de describir para la envidia y gratitud propuesta por Klein.

Klein considera que lo constitucional es innato y no cuantificable, es decir, cada sujeto

tendrá de manera diferente una dotación mezclada de pulsión de vida y muerte y que junto
con las experiencias de gratificación y frustración ayudarán a la cohesión y formación del

núcleo del yo.

La angustia es la primera emoción humana necesaria para la movilización de la psique pues

pone en marcha el mecanismo defensivo del yo llamado proyección para poder sacar dentro

de si la angustia proveniente de la pulsión de muerte

Pero ¿A dónde se proyecta la pulsión de muerte? Klein menciona que a la madre, pero solo

a una parte de ella que es el pecho. Desde el nacimiento ya existe una relación de objeto de

característica parcial.

La primera relación Objetal

El recién nacido siente inconscientemente que existe un objeto de bondad del que podría

obtener una máxima gratificación que es el pecho de la madre, ya desde su nacimiento esta

en la espera de este encuentro con el pecho y es entonces que la primera satisfacción que el

bebé tiene proviene del mundo externo y consiste en ser alimentado.

Durante este periodo se ponen en marcha procesos defensivos del yo pues se proyectan los

propios impulsos agresivos provenientes de la pulsión de muerte a un depositario que es el

pecho de la madre, este pecho toma el nombre de pecho “malo”. Al ser atacado el pecho

surge en el bebé la fantasía de ser atacado por este; la retaliación genera angustia

persecutoria.

Cuando la angustia logra colmarse él bebé atribuye este estado placentero a un pecho de

carácter “bueno” que lo tranquiliza. Este proceso de escisión bueno/malo es fundamental

para el favorecimiento del desarrollo del yo, pues hay que recordar que se nace con yo

fragmentado e insipiente.
Klein (1936) denomina pecho “bueno” a lo que se convierte en el prototipo de lo que a lo

largo de la vida será beneficioso y bueno y pecho “malo” representa todo lo malo y

persecutorio.

Un pecho bueno y un pecho malo están basados en un interjuego de factores externos-

ambientales y factores psíquicos internos; esto quiere decir que toda disminución de

estímulos dolorosos o bien todo incremento en la capacidad para adaptarse a ellos ayudará a

disminuir la fuerza de fantasías terroríficas. La disminución de fantasías terroríficas permite

al bebé protegerse de la adaptación a la realidad.

Cada experiencia gratificadora y de amor contrarrestara la ansiedad persecutoria y los

sentimientos de pérdida. La introyección del objeto bueno actúa como punto central del yo,

contrarresta el proceso de escisión y dispersión, ayuda a la cohesión e integración del yo.

Estadios tempranos del conflicto Edípico

La escena originaria esta presente en la conflictiva edípica y la determina. Quedar fuera de

la escena originaria es una herida narcisista, pues da pie a la exclusión que contrae

sentimientos de odio, envidia, celos, voracidad, frustración, rivalidad, añoranza, duelo, etc.

Entre más intolerante, más voraz y envidioso sea el sujeto, más violenta y sádica será la

fantasía.

El instinto sádico se activa por el surgimiento de las tendencias edípicas ya que el bebé

experimenta la frustración con el destete; alrededor el primer año de vida y principios del

segundo y que además se refuerzan por las frustraciones anales sufridas por el aprendizaje

de hábitos higiénicos.
El sadismo alcanza su punto culminante en esta fase pues se inicia el deseo oral-sádico de

devorar el cuerpo de la madre y destruirla con las armas que el sadismo tiene. El bebé

espera encontrar en el interior del cuerpo de la madre el pene del padre, bebés, excremento,

de este modo el ataque sería a ambos padres a quienes muerde, despedaza y tritura.

Los ataques fantaseados a ambos padres que gozan de aquello de lo a él se le privó,

despiertan angustia por ser el temor de ser castigado por los padres unidos, la angustia se

internaliza a consecuencia de la introyección oral-sádica y anal-sádica de los objetos

dirigiéndose hacia un superyó temprano.

El deseo de apropiarse del cuerpo y sus contenidos le hace sentir curiosidad por saber que

contiene, el impulso epistemofílico hace que el niño quiera saber y responder a las

interrogantes, pero no comprende el lenguaje y muchas cosas carecen de respuesta por lo le

hace surgir un extraordinario odio de no saber. Tanto en la niña como en el niño el

complejo de castración es acentuado por el sentimiento de ignorancia.

El instinto epistemofílico y el deseo de tomar posesión se conectan junto con el sentimiento

de culpa provocado por el conflicto edípico anunciaran pronto una primera identificación

femenina con la madre.

Complejo edípico masculino

En el estadio sádico-anal el niño pasa un segundo trauma grave que refuerza su tendencia a

alejarse de la madre pues además de frustrar sus placeres orales también los anales, hace

que el niño utilice su sadismo anal para tomar posesión de las heces de la madre,

penetrando en su cuerpo, cortándolo, devorándolo y destruyéndolo. Bajo la influencia de


sus impulsos genitales el niño comienza a dirigirse a su madre como un objeto de amor al

mismo tiempo que sus impulsos sádicos están activos.

El deseo edípico genera un temor al ser castrado por el padre al mismo tiempo que la madre

prepara el terreno de la castración robándole sus tesoros (heces). Este temor esta unido

tanto al padre como a la madre.

La fase femenina es seguida por una prolongada lucha entre la posición pregenital y genital

de la libido entre los 3 y 5 años de edad que se conoce como conflicto edípico. La ansiedad

sentida durante la fase femenina conduce al niño a la identificación con el padre.

Complejo edípico femenino.

A consecuencia del destete la niña se ha alejado de la madre, movida por un intenso deseo

de gratificación, la envidia y el odio a la madre poseedora del pene del padre parecen ser el

periodo donde surgen los primeros impulsos edípicos, motivos para que niña se vuelque

hacia el padre, sus caricias se vuelven seductora.

Tanto en la niña como el niño la primera identificación con la madre se da por poseer y

destruir a la madre, las tendencias oral-sádicas y anal-sádicas estarán presentes de tal

manera que surgirá un superyó materno primitivo. Este miedo conducirá a la niña a la

identificación con el padre.

El impulso epistemofílico en la niña despierta por el complejo edípico y descubre su falta

de pene a lo que vive como castigo por el odio que siente y también le genera culpa.

La identificación con el padre esta menos cargada de ansiedad que la identificación con la

madre; el sentimiento de culpa hacia ella impulsa a una nueva relación amorosa con ella. El
odio y la rivalidad con la madre la llevan nuevamente a abandonar la identificación con el

padre y acercarse a él como objeto para amar y ser amada.

Teoría de las posiciones

M. Klein empleaba el término posición para describir la organización de las ansiedades y

las defensas relacionadas con los dos periodos de sadismo intenso, sádico-oral y sádico-

anal. Podía referirse así a una posición obsesiva, una posición depresiva, una posición

maníaca, una posición paranoide, etc. Estas se caracterizan por una conjunción constante de

angustias, objetos determinados, defensas, relaciones intrapsíquicas. (Moya, Del Palacio,

2019).

Características de la posición paranoide-esquizoide

En los primeros meses de vida el bebé experimenta ansiedad predominantemente junto con

el miedo de persecución, esto contribuye a ciertos mecanismos de defensa característicos de

esta posición. En este periodo se encuentran los puntos de fijación sobre toda perturbación

psicótica.

Las fantasías de ataque oral-sádico y anal-sádico son importantes para el desarrollo de la

paranoia y de la esquizofrenia pues estas fantasías influyen vitalmente en la estructura del

yo. Cuanto más sadismo prevalece en el proceso de incorporación del objeto y cuando más

se siente que el objeto está hecho pedazos, tanto más está el yo en peligro de escindirse en

relación con los fragmentos del objeto internalizado.

Para contrarrestar la angustia el bebé se ve movilizado a utilizar mecanismos defensivos de

carácter omnipotente que le ayuden a manejar la angustia, entre los cuales se encuentra la

proyección, introyección, escisión, idealización.


La proyección le ayuda a desviar hacia el exterior el instinto de muerte aquello peligroso y

malo. La escisión separa al pecho frustrador del pecho gratificador, permite dirigir la

ansiedad persecutoria y odio a un objeto. La idealización se liga a la escisión del objeto ya

que se exageran los aspectos buenos del pecho como salvaguarda contra al temor del pecho

persecutorio y también una gratificación alucinatoria que aspira una fuente ilimitada, se

crea un pecho ideal. La introyección del objeto bueno es también utilizada por el yo como

una defensa frente a la ansiedad

La introyección de un objeto refuerza agudamente el temor a los perseguidores internos y

externos, y dependiendo a los montos de agresión proyectados serán los internalizados. La

melancolía, paranoia y manía sus objetos se internalizaron de la siguiente manera:

Melancolía: La fijación melancólica se ha internalizado el objeto perseguido como el

perseguidor.

Paranoia: En la fijación paranoide se introyecto un objeto perseguidor.

Manía: El objeto introyectado perseguido es proyectado al mundo externo.

Estos mecanismos de defensa primitivos ayudaran para la formación y cohesión del yo pues

a medida que el bebé crece cognitivamente va obteniendo conciencia de su alrededor lo

que favorece su transición a la posición depresiva.

A medida que el yo adquiere mayor capacidad para tolerar la ansiedad, los métodos de

defensa se modifican paralelamente. A ello contribuye el creciente sentido de la realidad y

variedad de gratificación, intereses y relaciones de objeto, disminuye la fuerza de las

pulsiones destructivas y ansiedad persecutoria y se llega a una ansiedad depresiva.

La Posición depresiva
Las gratificaciones e intereses se amplían junto con la capacidad de expresar sus emociones

y comunicarse con la gente. Estos cambios son evidencia de que el yo se ha desarrollado.

Cuando el bebé introyecta una realidad externa más tranquilizadora, mejora su mundo

interno; esto por proyección mejora la imagen del mundo externo, por lo tanto, a medida

que el bebé introyecta una y otra vez el mundo externo de manera realista y tranquilizador

también establece dentro de sí objetos totales.

En este estadio entra en juego el deseo de reparar al objeto dañado ligado a un sentimiento

de culpa, al sentir que sus pulsiones y fantasías de destrucción están dirigidos contra la

persona total de su objeto amado.

La tendencia a reparar deriva del instinto de vida que formara parte de todas las

sublimaciones.

Envidia y gratitud

Klein menciona que la expresión de la pulsión de muerte será la envidia y la expresión de la

pulsión de vida será la gratitud, por lo tanto, son de carácter innato.

La envidia es el sentimiento de rabia de que otra persona posea y disfrute de algo deseable.

El impulso envidioso es quitárselo o arruinarlo.

La envidia no solo busca robar como la voracidad si no también colocar maldad con la

finalidad de destruir. Mientras la bebé vacía y se apodera de los contenidos de la madre

también deposita sus excrementos y partes malas de sí mismo para destruirla, es decir,

destruye su creatividad.
La envidia surge desde el interior, es insaciable (voraz) y siempre encuentra un objeto al

cual dirigirse. La envidia es resentimiento maligno por la bondad del objeto (Likierman,

2001:175; citado por Moya, 2019).

Por el contrario, la gratitud es la expresión del amor proveniente de la pulsión de vida, se

relaciona con la capacidad instintiva de amar. Transforma la satisfacción oral en

gratificación y por ello se dirige hacia un pecho nutricio. Constituye el fundamento de la

esperanza, la confianza, la creatividad y la creencia en la bondad.

La escena originaria tiene una versión de un coito creativo y quedan establecidos los

fundamentos para la formación del carácter, para el desarrollo exitoso y para la salud

mental.

La envidia alude a lo destructivo, lo ominoso y siniestro, cohabita la omnipotencia y el

resentimiento junto con la rivalidad, la avaricia, la voracidad, la avidez, los celos, odio,

agresión, etc.

Conclusiones

 En conclusión, los estados más patológicos de la mente se relacionan con la carga

constitucional, si predomina la pulsión de muerte la expresión del odio

predominara, disminuyendo la capacidad creativa y de amar. El amor y odio son

ambivalentes y la tolerancia a la frustración permite la regulación del pasaje entre

estos estados.

 A menor tolerancia a la frustración mayor predominancia de objetos malos

 A mayor tolerancia a la frustración mejor capacidad creativa y fuerza yoica.


 La relación temprana con la madre constituye el prototipo de los futuros vínculos

objetales.

 Las fantasías originarias, la dotación constitucional y las condiciones del entorno

configuran la realidad psíquica.

Bibliografía

M. Moya, J. del Palacio (2019) Melanie Klein Envidia y gratitud La matriz del odio y del

amor. Analitike Ediciones.

M. Klein (2008) Amor, culpa y reparación 1. Paidós.

M. Klein (2009) Envidia y gratitud y otros trabajos 3 1. Paidós.