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Esther González Martín

HAY QUE LEER


Miniensayo sobre las lecturas obligatorias en secundaria.
«Creo que la frase lectura obligatoria es un contrasentido» dijo una vez el célebre literato Jorge
Luis Borges [1], en un alegato en el que rechazaba la prescripció n lectora en las aulas. Tal
prescripció n, desenvuelta en listas anuales de libros obligatorios para cada curso, es una de las
manifestaciones del hueco que existe entre el profesorado y el alumnado, un hueco vertical,
jerarquizado, una distancia silente. Hay que fomentar la lectura [2], sí, pero no desde la
obligatoriedad sino desde la elecció n, la curiosidad, el placer.

El alumnado de secundaria se expone, cada curso, a una pléyade de lecturas que alguien, el
cuerpo docente o el departamento, ha elegido previamente para él. Los criterios de selecció n de
su currículo de obras son diversos [3]: la adscripció n de la obra al canon literario españ ol, las
estadísticas y datos sobre los gustos de la població n adolescente, la celebridad de una obra, etc.
En un ejercicio de despotismo ilustrado, el cuerpo docente prepara un contenido curricular que
cree lo mejor para el alumnado, pero sin el alumnado.

En el propio desarrollo de la clase se intenta salvar este hecho y el profesorado pone en prá ctica
distintas estrategias de motivació n para hacer atractiva cada lectura, para hacer coincidir sus
gustos y presuposiciones con los del alumnado. Pero estas didá cticas no suelen incorporar un
plan B para los casos en los cuales las lecturas no generen interés, motivació n o placer. Si una
obra no funciona se anota para repensarla en cursos siguientes, en ese mismo momento en el
que el gobierno docente se junta para decidir las políticas lectoras populares, siempre sin el
pueblo. En el aula, el fracaso de una lectura tiene como respuesta la resignació n impotente del
docente, que no puede volver atrá s y del alumnado, que tiene que seguir adelante y leer algo que
no le gusta.

La desidia de la lectura, su obligatoriedad, operan en contra de la generació n de há bitos lectores.


Como decía Borges, la lectura tiene má s que ver con el placer, con la felicidad; la consecució n de
estos dos estados es diferente para cada persona, para cada alumno/a. Por eso, antes de
prescribir, se debería preguntar, conocer; en vez de obligar, se debería proponer; en vez de una
obra por trimestre, una lista de posibles lecturas; en vez de un gobierno ilustrado un sistema
participativo e inclusivo. En definitiva, el profesorado debería dejar de dar respuestas, lecturas
obligatorias y empezar por sembrar preguntas, interés. Creo que así florecería mejor el há bito
lector, un aprendizaje trascendente y no memorístico.

Bibliografía:

[1] Borges, Jorge Luis; Hadis, Martín y Arias, Martín (2002) Borges profesor: curso de literatura
inglesa en la Universidad de Buenos Aires, Españ a, ISBN 84-95908-34-4
[2] Leandro Molina Villaseñ or (2006) “Lectura y educació n: los há bitos lectores y su
repercusió n académica en Educació n Secundaria Obligatoria”, en Revista OCNOS nº 2, , p. 105-
122. ISSN 1885-446X.
[3] Mendoza Fillola, Antonio (2008) “La renovació n del canon escolar: la integració n de la
literatura infantil y juvenil en la formació n literaria”, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes,
Españ a. Disponible en línea en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-renovacin-del-
Esther González Martín

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