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El 29 de mayo de 1970, Día del Ejército argentino, a las nueve en punto, dos

jóvenes vestidos con uniformes militares se presentan en la casa del general


Pedro Eugenio Aramburu y lo secuestran.

El general Aramburu fue uno de los cabecillas de la auto denominada


Revolución Libertadora, que en septiembre de 1955 derrocó el gobierno
constitucional de Juan Domingo Perón. Sus captores lo acusan de ser el
principal responsable de la expatriación del cadáver de Evita y de los
fusilamientos de veintisiete militantes peronistas que se levantaron contra la
dictadura. Tres días después de su secuestro, y luego de ser sometido a la
Justicia revolucionaria, Aramburu es ejecutado. El mismo día, una agrupación
armada hasta ese momento desconocida se adjudica el hecho a través de una
serie de comunicados. Así hace su primera aparición pública la mayor
organización de guerrilla urbana de la Argentina, la agrupación Montoneros.

La historia de la organización político-militar Montoneros comienza dos años


antes de su primera aparición pública. Nace de la confluencia heterogénea entre
militantes de la Iglesia tercermundista, sectores del nacionalismo católico y
comandos del peronismo revolucionario.

El cristianismo revolucionario influye en forma decisiva en Montoneros. Su


origen se remonta al Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII entre 1962 y
1965, que promueve una mayor apertura y renovación de la Iglesia frente a las
necesidades y problemáticas del mundo contemporáneo. Impulsados por los
nuevos aires que llegaban al catolicismo con las reformas de Juan XXIII, en 1967
aparece el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Sus miembros
sostienen la necesidad de comprometer a la Iglesia con la lucha y con la causa
de los explotados. Esta posición tiene su protagonismo más alto en la
Conferencia del Episcopado Latinoamericano, que se lleva a cabo en 1968 en la
ciudad de Medellín, Colombia. Durante aquel encuentro toma fuerza la teología
de la liberación, concepto que sintetiza el carácter político de la Iglesia
tercermundista.

La tarea de la Iglesia siempre debe ser la misma: debe ser fiel, seguir
fielmente las enseñanzas de Jesucristo, que vino a evangelizara todos los
hombres, pero que siempre se movió, porque era pobre, desde los pobres. Por
lo tanto, la misión de la Iglesia debe ser anunciar a todos los hombres que son
hijos de Dios que tienen que luchar por su dignidad de seres humanos, por lo

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tanto, acompañar al pueblo en la lucha por la liberación nacional e interpelar a
los ricos, a los poderosos...

En Argentina, este movimiento se encarna en las figuras del padre Carlos


Mugica y del intelectual y periodista Juan García Elorrio. Múgica es un sacerdote
jesuita proveniente de una familia de clase alta, que ha optado políticamente por
el peronismo, al que asocia con la causa de los pobres. En el Colegio Nacional
Buenos Aires, donde es miembro de la pastoral, conoce a varios de los futuros
miembros de Montoneros, como Fernando Abal Medina, Carlos Gustavo Ramus
y Mario Firmenich, todos militantes de la Juventud Estudiantil Católica. El padre
Mugica se convierte en consejero espiritual de la agrupación, y su interpretación
del cristianismo influye de manera decisiva en muchos jóvenes católicos y en su
posterior elección por el peronismo.

El periodista Juan García Elorrio es otra personalidad que tiene gran


influencia en los primeros Montoneros. Es un exseminarista, del cura guerrillero
Camilo Torres, asesinado en Colombia en 1965. Fundador de la revista
cristianismo y Revolución, García Elorrio lleva adelante desde esa publicación la
línea más radicalizada dentro del catolicismo tercermundista de la Argentina,
promoviendo también el acercamiento al peronismo revolucionario de John
William Cooke. Cooke había sido diputado durante el primer gobierno peronista
y profesor de la Universidad de Buenos Aires hasta el golpe de Estado de 1955.

Desde el exilio, Perón lo designa como su representante y líder de la


resistencia peronista. Cooke considera que el justicialismo debe transformarse
en un movimiento revolucionario y busca separar de su seno al sindicalismo
más permeable a negociar con los militares. En 1960 viaja a Cuba, donde conoce
a Fidel Castro y al Che Guevara.

En 1967, la muerte del guerrillero Ernesto Che Guevara en la selva boliviana,


mientras intentaba propagarla revolución a todo el continente, lo convierte en un
símbolo para los jóvenes idealistas de todo el mundo. Ese mismo año, dos de
los miembros fundadores de Montoneros viajan a Cuba para recibir
adiestramiento militar. En Argentina se organiza el Comando Camilo Torres,
integrado por una treintena de jóvenes, cuyo líder espirituales García Elorrio.
Con la incorporación de nuevos militantes, la mayoría provenientes de Córdoba,
se dividen en células al estilo de los grupos de la resistencia europea contra los
nazis y comienzan a perfilarse sus ideales peronistas.

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Desde 1966, año en que las Fuerzas Armadas derrocan el gobierno
constitucional de Arturo Illia, el país sufre una escalada represiva que se
extiende a todos los niveles de la vida ciudadana. La auto denominada
Revolución Argentina, liderada por el presidente de facto Juan Carlos Onganía,
se ha propuesto erradicar lo que, supone, son los males que afectan al país: el
comunismo y el peronismo. Con este objetivo, Onganía prohíbe los partidos
políticos, interviene las universidades, controla la actividad sindical y ejerce la
censura en los medios de comunicación. Pero detrás de los objetivos políticos,
lo que finalmente se busca imponer por la fuerza es una serie de medidas
económicas que perjudican a la mayoría de la población y benefician a unos
pocos.

Obreros y estudiantes, dos de los sectores más perjudicados por la dictadura,


toman la iniciativa y se manifiestan contra el Gobierno. Obtienen como única
respuesta del Estado una violenta represión. Del encuentro en las calles entre
estudiantes y trabajadores, surge una unión que alcanzará su punto más alto en
Córdoba el 29 de mayo de 1969.Aquel día una manifestación obrera, a la que se
suman los estudiantes universitarios, deviene en un levantamiento popular sin
precedentes y provoca una grave crisis en el gobierno militar.

Con todos los canales de expresión censurados, los estudiantes de Córdoba


buscan ámbitos alternativos para manifestarse políticamente. Muchos de ellos
encuentran en la Iglesia y en los foros católicos que se forman en las facultades
un lugar para desarrollar sus inquietudes. Varios de estos jóvenes, que
equiparan la militancia cristiana con el socialismo, se acercan a Montoneros, y la
provincia se convierte en un lugar importante en la estrategia de la organización.

El secuestro y posterior asesinato de Aramburu por parte de Montoneros


produce un cisma político que termina por derrumbar el ya debilitado gobierno
de Onganía. Días después, la Junta de Comandantes lo depone y designa en su
reemplazo al general Roberto Levingston.

Mientras todavía dura el impacto del anuncio de la muerte de Aramburu y


veinte mil policías intentan encontrar su cuerpo, Montoneros realiza otro golpe
espectacular: en la fría mañana del primero de julio de 1970, un grupo de
veinticinco guerrilleros al mando de Emilio Maza toma la localidad cordobesa de
La Calera, a 23 km de la ciudad de Córdoba y casi pegada al Regimiento de
Infantería Aerotransportada. Divididos en cuatro grupos, asaltan la comisaría,
reducen y encarcelan al personal policial, anulan la central telefónica, toman la

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Municipalidad y roban de la sucursal del Banco de Córdoba alrededor de 26.000
dólares. La operación resulta un éxito para los guerrilleros, aunque pagan un
alto costo por su osadía: durante la fuga son capturados dos de sus integrantes.

Posteriormente, las fuerzas de seguridad realizan un amplio operativo en


barrio Los Naranjos, en la capital cordobesa. La policía allana una vivienda y
detiene a varios miembros de la organización. Tras un intenso tiroteo, muere en
el lugar Emilio Maza, jefe y miembro fundador de Montoneros. A raíz de esto, la
agrupación es casi desbaratada y sus integrantes se ven obligados a
reorganizarse integralmente.

Después de la toma de La Calera, Montoneros emite un comunicado en el que


expresa sus objetivos políticos y convoca a la resistencia armada contra el
régimen. “Compañeros: los hombres y mujeres que componemos los
Montoneros, brazo armado del movimiento peronista, hemos asestado un golpea
la oligarquía gorila ocupando militarmente la localidad de La Calera y
recuperando armas y dinero, que serán destinados a la lucha. Solo peleando
conseguiremos recuperar lo nuestro. Los Montoneros llamamos a la resistencia
armada por una patria libre, justa y soberana, con Perón en la patria”.

Durante los últimos meses del año 1970, con unos pocos integrantes en
actividad, Montoneros se las arregla para hacer algunas incursiones en la
provincia de Córdoba y recaudar pequeñas sumas de dinero. Primero ingresan
al edificio del Jockey Club, símbolo de la oligarquía cordobesa. A los pocos días,
toman una estación de ferrocarril y roban lo recaudado en las boleterías. En
pleno centro de la ciudad, asaltan la sede central del Correo Argentino, hecho
que deja en ridículo a la policía provincial. Con estas acciones exitosas, pero de
poca importancia militar, la organización se mantiene activa, obtiene recursos
financieros, armas y documentación. Pero en medio de esta campaña,
Montoneros recibe otro duro golpe.

Al finalizar el año, el balance para Montoneros parece ambiguo. Si bien la


mayoría de sus integrantes han caído en enfrentamientos con la policía o están
en prisión, los resultados obtenidos son políticamente favorables. Mediante el
asesinato de Aramburu y la toma de La Calera, Montoneros ha conseguido más
publicidad que cualquier otra organización guerrillera en actividad y ha logrado
posicionarse públicamente de manera contundente. Con estas acciones
espectaculares, logran llamar la atención y captar de alguna manera el
imaginario popular.

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Para el año 1971, el clima de agitación popular y el aumento de la actividad de
la guerrilla ejercen una fuerte presión sobre las Fuerzas Armadas. En marzo de
ese año, se produce en la ciudad de Córdoba un nuevo levantamiento popular en
donde las organizaciones armadas participan abiertamente. Conocido como el
Viborazo, este suceso obliga al general Roberto Levingston a renunciar a la
presidencia. En su lugar asume el general Alejandro Lanusse, verdadero hombre
fuerte de la Junta de Comandantes y único jefe militar que, a esa altura, parece
alcanzar la envergadura política que se necesita para negociar una salida
democrática a la grave crisis de gobierno. A pocos días de su asunción, Lanusse
legaliza la actividad de los partidos políticos y anuncia una próxima
convocatoria a elecciones. Las condiciones de la salida democrática se
establecen en el llamado Gran Acuerdo Nacional, un espacio de negociación
que, en principio, incluye a la mayoría de los partidos políticos, pero que
finalmente se convierte en una disputa personal entre Lanusse y Perón.

Desde el exilio en España, Perón ha renovado su discurso, alcanzando el


carácter de mito viviente y convirtiéndose en referente para gran parte de las
nuevas generaciones con inquietudes políticas. Con el correr de los meses, la
movilización popular se identifica cada vez más con el peronismo, y el viejo líder
vuelve a ocupar el centro de la escena política. Desde ese lugar de privilegio,
conduce la negociación con Lanusse, y su mayor carta contra los militares
reside en su influencia sobre la juventud radicalizada, a quienes apoya
públicamente y legitima en el interior de su movimiento.

En noviembre de 1971, reemplaza a su delegado personal Daniel Paladino,


propenso a negociar a sus espaldas, por Héctor Cámpora, cuya mayor virtud la
total subordinación al líder. El nuevo delegado es el encargado de integrar en el
movimiento a los jóvenes que tomaron las banderas del peronismo, y encuentra
en ellos el respaldo que le niegan las viejas estructuras partidarias. Montoneros
aprovecha el clima creado por la inminente salida políticas y el retorno de Perón
para organizar y movilizara sus seguidores en barrios, villas y universidades a
través de la Juventud Peronista. Esta rama partidaria se convierte en el principal
vehículo de masas de Montoneros, lo que les otorga una dinámica social
agitadora e impensable para una organización guerrillera.

En 1972, mientras Cámpora lleva adelante los acuerdos para formar un frente
amplio con vistas a las elecciones, Perón incluye en su comando estratégico al
dirigente más notorio de la Juventud Peronista, Rodolfo Galimberti, y nombra
como secretario del partido a Juan Manuel Abal Medina, hermano del exlíder
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montonero. En pocos meses, Montoneros experimenta un crecimiento
sorprendente a través de su vínculo con la Juventud Peronista. Sus actos y
movilizaciones se convierten en un factor de presión para el retorno de Perón. A
mediados de este año, Lanusse hace pública una cláusula de proscripción que
los inhibe, tanto a él como a Perón, para presentarse como candidatos a
presidente y convoca a elecciones para el 11 de marzo de 1973.

En noviembre de 1972, Perón regresa momentáneamente al país después de


un exilio de más de diecisiete años. Durante su estadía en Buenos Aires,
organiza el Frente Justicialista de Liberación Nacional, alianza partidaria con la
que se presentará en las elecciones, y designa como candidato presidencial a
Héctor Cámpora. Esta decisión representa un duro golpe para los sectores
ortodoxos del peronismo y un respaldo contundente para la juventud del
partido, que rodea al delegado de Perón.

La Juventud Peronista se convierte en el motor de la campaña electoral del


FREJULI, movilizando a miles de personas en todo el país. En marzo de 1973,
luego de una intensa campaña electoral, el FREJULI gana las elecciones con
casi el 50% de los votos. El 25 de mayo de 1973, asume como presidente Héctor
Cámpora. Durante la ceremonia están presentes el chileno Salvador Allende y el
cubano Osvaldo Dorticós, presidentes de los dos países socialistas
latinoamericanos. En las calles, el retorno a la democracia se vive en un clima de
fiesta y euforia. La sociedad movilizada sobrepasa a la policía y a las Fuerzas
Armadas, quienes deben retirarse a los cuarteles ante la presión de la gente. En
Plaza de Mayo, los carteles de Montoneros se destacan sobre el resto, y
miembros de la organización terminan haciéndose cargo de la seguridad del
acto. Luego del discurso de Cámpora, una multitud se dirige hacia la cárcel de
Devoto para pedir la liberación de los presos políticos. Esa noche, bajo presión
de la Juventud Peronista, el nuevo presidente firma un decreto de amnistía que
incluye a los miembros de todas las organizaciones armadas.

En el nuevo gabinete, la izquierda peronista ocupa importantes espacios de


poder y cuenta con el apoyo de los gobernadores de varias provincias, como
Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Pero una vez instalado el peronismo en el
Gobierno, reaparecen con fuerza las diferencias internas. Estas se reflejan en los
enfrentamientos entre la izquierda peronista, representada por Montoneros y sus
aliados–incluida una gran parte del sindicalismo combativo–, y la derecha,
representada por los sectores más ortodoxos y conservadores del movimiento.
Si bien Montoneros y otros grupos guerrilleros no peronistas, como el ERP, han
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hecho un alto provisional en la lucha, la intensa movilización de la Juventud
Peronista crea un clima que algunos medios describen como "vacío de poder”.

La ocupación de edificios públicos genera una sensación de crisis de


autoridad, que se vuelve incompatible con el proyecto de estabilidad política
ideado por Perón. Las tensiones en el interior del peronismo se agudizan, y el 20
de junio de 1973, día en que Perón regresa definitivamente a la Argentina, el
conflicto estalla. En los alrededores del aeropuerto de Ezeiza, se prepara un acto
de bienvenida para recibir al líder. La organización y la seguridad del acto están
a cargo de la derecha del movimiento, liderada por el ministro de Bienestar
Social, José López Rega, pero cuyas caras visibles son el coronel Jorge Osinde,
la dirigente Norma Kennedy y los líderes sindicales José Rucci y Lorenzo
Miguel. La izquierda peronista y la derecha sindical pugnan por lograr el lugar
más cercano al palco de honor. La tragedia no tarda en llegar. Más de mil
hombres pertenecientes a la UOM, la Juventud Sindical y otros sectores
reaccionarios del peronismo se encargan de custodiar el palco. Hacia allí se
dirigen las columnas de FAR, Montoneros, la JP y otras organizaciones
referentes de la Tendencia Revolucionaria. Francotiradores apostados en el
palco y en las proximidades comienzan a disparar a las columnas que se
acercan y generan enfrentamientos armados que tiñen de sangre la jornada. Al
final del día, las diferencias irreconciliables entre la patria socialista y la patria
peronista quedan definitivamente desenmascaradas.

El 13 de julio, acosado por las tensiones dentro del propio Gobierno y la


guerra declarada entre derecha e izquierda, Cámpora renuncia. En su lugar
asume Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de José López
Rega. La renuncia de Cámpora le permite a Perón presentarse por tercera vez
como candidato a presidente. Aunque la izquierda se opone, la presión del
sindicalismo ortodoxo logra imponer como compañera de fórmula a la esposa
de Perón, María Estela Martínez, Isabelita. La derecha gana terreno rápidamente.
El 23 de septiembre de 1973, la fórmula Perón-Perón triunfa con casi el 62% de
los votos. Apenas dos días después, José Rucci es acribillado en un atentado
anónimo atribuido a Montoneros. Esto enrarece el clima de violencia política y
enfurece a Perón, que comienza a distanciarse decididamente de la organización
revolucionaria.

La izquierda peronista critica veladamente la línea política y económica


llevada a cabo por el gobierno de Perón, cuidándose siempre de no provocar
una ruptura con el presidente. Aún se sienten estratégicamente unidos a él y a
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pesar de la brecha ideológica, que comienza a ensancharse, quieren arrancarle
concesiones que los favorezcan para desplazar a la derecha del Gobierno. Sin
embargo, después del enfrentamiento de Ezeiza, Montoneros va perdiendo uno a
uno los espacios de poder conquistados dentro del Gobierno. Sus diputados
son presionados hasta renunciar a sus cargos y las gobernaciones afines son
intervenidas por el poder central, acusadas casi siempre de estar infiltradas por
la izquierda marxista. El 11 de marzo, en un acto en el estadio de Atlanta, y ante
cincuenta mil personas, el dirigente montonero Mario Firmenich señala que el
proceso de liberación ha sido traicionado por la burocracia sindical y llama a
recuperar el Gobierno para el pueblo y para Perón. Pero la ruptura es inevitable.
El primero de mayo de 1974, durante el acto del Día del trabajador, Montoneros
decide dialogar sin cercos con Perón. Ese frío día, concurren a la Plaza de Mayo
cerca de cien mil personas, sesenta mil de las cuales pertenecen a la Tendencia
Revolucionaria. Al salir al balcón de la Casa Rosada, el líder se encuentra con
una multitud identificada con Montoneros que corea consignas contralas
organizaciones sindicales de la derecha y contra Isabelita.

Las palabras del viejo líder son recibidas como una declaración de guerra por
Montoneros, que habían visto caer a sus compañeros por Perón. La dura
respuesta de Perón provoca que la Tendencia se retire de la plaza y el deje
semivacío. La compleja relación entre el líder y los Montoneros se ha roto
definitivamente. Dos meses más tarde, el primero de julio, a los 78 años de edad,
Perón muere. El poder queda en manos de Isabel y de su ministro de Bienestar
Social, López Rega, que intensifica los ataques dela organización terrorista
Triple A hacia militantes de la izquierda peronista y no peronista.

A finales de 1975, los comandos de la Triple A han cometido alrededor de mil


quinientos crímenes. Los Montoneros, principal blanco de la organización
paramilitar, el 6 de septiembre, luego de una conferencia de prensa, pasan a la
clandestinidad. La retirada estratégica o defensiva llevada a cabo por los
Montoneros incluye ataques contra la Triple Ay las fuerzas de seguridad en los
que asesinan a uno de sus jefes, el comisario Alberto Villar, y posteriormente a
varios jefes policiales acusados de represores y torturadores. También llevan
adelante secuestros a empresarios, algunos de ellos en operaciones
espectaculares, como el de los hermanos Born, por el que obtienen un rescate
millonario. Para 1975, la espiral de violencia se encuentra en su punto más alto.
En el plano político y económico, el gobierno de Isabel no encuentra nuevas
recetas para la crisis y nombra a Celestino Rodrigo ministro de Economía. Este

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implementa un feroz plan de ajuste, el Rodrigazo, cuyo fracaso lleva finalmente a
la caída de Isabel.

Mientras tanto, López Rega huye del país. Los Montoneros, víctimas de su
paso a la clandestinidad y de su creciente militarización, quedan aislados de sus
organizaciones de superficie. Luego del sangriento golpe de Estado de 1976, la
organización sufre la persecución y el exterminio de la mayoría de sus cuadros
políticos y militantes. A pesar de que durante un tiempo siguen funcionando
células clandestinas en el país, muchos otros logran exiliarse, entre ellos sus
jefes máximos, quienes forman en Roma el Partido Peronista Auténtico. Entre
1979 y 1980, organizan la Contraofensiva, que será un desastroso intentó de
retorno. Durante este operativo son secuestrados y desaparecidos cientos de
cuadros guerrilleros. Esto acelera la desintegración de la organización que, para
1980, sufre su desaparición definitiva como organización político-militar. De
aquella guerrilla romántica e idealista que había movilizado a miles de jóvenes
para traer a Perón del exilio e instaurar la patria socialista, quedaba solo una
cúpula aislada, sesgada por el militarismo. Pero el final de Montoneros había
comenzado mucho antes; aquel día en que el líder en quien habían depositado
todos sus fieles dio la espalda y perdieron el sustento y la representación con
que habían legitimado su lucha.