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Reflexión feminismo y futura práctica docente

Carolina Henríquez Palma

Como concepción general, se tiende a pensar que la desigualdad entre hombres y


mujeres en el ámbito educacional tiene un carácter netamente cuantitativo, es decir, que
la diferencia radica en la cobertura, esto es, mayor ingreso de los hombres a la educación
en comparación con las mujeres. Sin embargo, la principal directriz apunta hacia la
cualitatividad de la educación recibida por estos, atendiendo a un tipo de educación para
gobernar en el caso de los hombres, y educación servil para las mujeres bajo un modelo
neoliberal y patriarcal.

La Escuela como Aparato Ideológico del Estado, utiliza el curriculum oculto com
principal herramienta que se encarga de transmitir ciertos valores oblicuos a la hora de
poner en práctica cada una de las enseñanzas que los profesores y profesoras emplean
dentro del aula. Estas directrices conforman un área muy difícil de fiscalizar a la hora de
establecer parámetros para el aprendizaje de los y las jóvenes en cuanto a la educación y
los roles de género, que se han transmitido en cada paso de la evolución social a través
de los distintos agentes socializadores que traspasan las creencias, dogmas, cismas y
paradigmas regentes en la sociedad. Este traspaso de información – llevados a cabo
principalmente por la escuela y la familia – fortalece, naturaliza y legitima la creación y
mantenimiento de distintos estereotipos y prejuicios presentes dentro de la “sociedad de
conocimiento”.

Esta mantención de estereotipos y prejuicios se ve muchas veces fortalecido por


los imaginarios de género que corresponden a las idealizaciones de los individuos
presentes en la cultura, y responden a tres mecanismos específicos de justificación y
expansión. La naturalización es la asignación de roles de acuerdo con las funciones
sexuales del hombre y la mujer sosteniendo que la realización personal y éxito vital
consiste en el cumplimiento cabal de estos roles. La esencialización atiende a una
reafirmación de las imágenes ya naturalizadas a través de distintos juicios y
catalogalizaciones morales. La objetivación consiste en la instrumentalización del ser
como ente de realización de actividades sexuales, materiales, etc.

Frente a este escenario, esbozo dos formas a corto plazo para contrarrestar esta
situación. En primer lugar, reemplazar la actual educación sexual impartida en los centros
educativos –la cual deja fuera lo emocional, lo subjetivo y lo singular– por una Educación
Sexual Integral implantada como política de Estado. La UNESCO ya lo planteó en la
edición de las Orientaciones técnicas internacionales sobre educación integral en 2018,
señalando lo fundamental que es dotar a los niños, niñas y jóvenes de habilidades,
actitudes, valores y datos empíricos que les empodere para disfrutar de una salud y
bienestar digno, establecer relaciones sociales y sexuales basados en el respeto y
consentimiento y, conocer, comprender, proteger y defender sus derechos.
Y, en segundo lugar, aplicar la enseñanza para una posterior aplicación de las “Claves
feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres” planteadas por la antropóloga
feminista Marcela Lagarde. Entre ellas cabe destacar:

• Asumir que existe una gran diferencia entre pedir o mendigar nuestros derechos, y
tomarnos y hacerlos valer. Del mismo modo con los espacios, si pedimos permiso,
o cedemos los espacios que nos corresponden, contribuimos a perpetuar las
relaciones de dominación.
• Diferenciar la colaboración del servilismo, que es una forma sumisa de “ayudar”,
por tanto, igualmente mantiene las relaciones de dominación.
• Desarrollar autonomía en distintas áreas: tener un discurso, recursos, juicios
propios, una visión de mundo, un plan de vida y priorizar nuestras acciones en
torno a ello. Se debe diferenciar este desarrollo de individualidad con el
individualismo, pues reconocernos diferentes, reconocer nuestra existencia de la
existencia de otros.
• Analizar cuando efectivamente estamos creando lazos de confianza,
conectándonos a otros, abriéndonos a la experiencia de dar y recibir
recíprocamente.
• Diferenciar las proyecciones de nuestras vidas de las fantasías. Las primeras se
realizan con audacia, inteligencia y realismo, las segundas son un mecanismo de
evasión de la realidad, por tanto, mantiene el estado de las cosas tal cual se
encuentran.

En conclusión, el cambio paradigmático debe dar paso al ingreso de una nueva


generación que ponga por sobre la mesa el dinámico avance de las concepciones
sociales en cuanto a la distribución de roles que hasta el momento se toman como únicas
e irrefutables.

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