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RELATO VIVENCIAL ANTECEDENTES MITICOS - ROLANDO TAPIA

Esta maratona fue muy especial. Quiero expresar que los antecedentes en
la mitología me llaman poderosamente la atención. En el pasado año 2012, en un
ciclo preparado por María Gracia para danzar los dioses de la mitología griega,
pude experimentar la fuerza extraordinaria que tiene lo mitológico en mí. Si yo
viviera en Caracas, con toda seguridad emprendiera la formación jungniana. Y
María Marinaro como facilitadora es extraordinaria, toda una maestra de quien
tengo mucho que aprender. Cada vez que vivencio una maratona con Marinaro
salgo transmutado, se revuelven cosas desconocidas en mi inconsciente.

El mito de Orfeo ha quedado resonando en mi alma. Aquello de que Orfeo


recibió la lira de Apolo y las musas le ensenaron a tocarla, es algo que me llega al
corazón. Desde niño me llamaba mucho la atención el coro de la iglesia, forme
parte de los pastores que cantaban las misas de aguinaldos y poco a poco
aprendí a tocar el cuatro. Luego a los 13 años cuando ingrese a las comunidades
de la iglesia aprendí a tocar la guitarra y a partir de allí descubrí que la música
tenía que ver mucho con mi alma, con mi misión de vida. A los 19 años sin
estudios musicales me atreví junto con una amiga a fundar una Coral que hoy está
cumpliendo 24 años continuos dedicados al canto religioso y venezolano, sin
estudios musicales. Lo escribo y me asombro.

Para mí el poder de la música es sanador, transformador. En la música yo


encontré un canal para drenar tantas energías y a la vez es una forma de expresar
sentimientos. Es un profundo acto de creación espiritual, el canto coral es un
sonido creado por un grupo de personas que unidos en una sola voz, son capaces
de crear sinfonía de voces que pueden tocar la fibra más sensible de los seres
humanos. Como director del grupo, me toca seleccionar las mejores piezas
musicales, luego trabajo intuitivamente para montarlas a voces dejándome llevar
por el oído musical hasta lograr que el grupo la interprete con armonía y belleza. Y
a esto le dedico horas de ensayo que demandan esfuerzo, concentración y
dedicación.
En varios momentos he pensado dejar a un lado esa actividad, pero
experimento una fuerza muy grande que me atrae y me atrapa desde la infancia,
es la devoción profunda a la Virgen de Altagracia. A ella va dirigido y le ofrezco en
el mes de diciembre todo el trabajo musical para cantar su fiesta: Bajada de la
Virgen, Misa de Navidad, Serenata en la víspera, Misa Solemne el día de su fiesta
26 de diciembre, y para clausurar, la Fiesta de la Subida en Enero. Entonces, el
cuento de que a Orfeo le arrancaron la cabeza y siguió cantando es algo tan real y
verdadero, como aquello que nunca soltó su lira. Recuerdo el año 2003 cuando
papa cayo en gravedad, y aun en situaciones tan difíciles, yo no abandone mi
Coral. También recuerdo el día en que papa agonizaba, no encontré una mejor
forma de despedirlo de este mundo que cantándole los salmos hasta su último
suspiro de vida. Ahora comprendo lo que decía Marinaro: la energía de los mitos
nos habitan sin saberlo, son parte del inconsciente colectivo. Este mito es muy
poderoso en mí.

El mito de Deméter toca también mi alma de manera profunda. El lamento


de esta diosa ante la pérdida de su hija, ese llanto desgarrado se parece tanto a
mis depresiones cuando se ha ido de mi vida el amor. Yo armo la misma pataleta
y busco de alguna forma de vengarme, caigo en la desesperanza y no deseo dar
fruto, hasta lograr un pacto y un acuerdo con Zeus de volver a encontrarme con el
amor. Este mito tiene la fuerza poderosa de hacerme comprender que la vida y la
naturaleza tienen ciclos, tiene momentos que no me puedo saltar.

A veces tengo la certeza de que aún vive en mi la mirada tierna e inocente


de Perséfone que contempla la vida como un jardín de flores bellas y perfumadas,
el idilio del éxtasis y la eterna felicidad, pero que luego es raptada por Hades el
Dios del inframundo de manera sorpresiva. Así lo he vivido, en mis depresiones he
conocido el inframundo, el sinsentido y el dolor. Entonces he tenido que danzar y
danzar en medio de la oscuridad, hasta que un nuevo pacto me devuelve al
mundo de los vivos, al mundo de la luz, al mundo del amor. Pero de allí en
adelante Perséfone no volvió a ser la misma, con la experiencia se transforma de
niña a mujer y tiene que volver cada cierto tiempo al inframundo. Aceptar los
dulces y los amargos de la vida es parte de mi proceso existencial, y sin duda
alguna, biodanza me está ayudando.

Una vivencia maravillosa fue descubrir como habita en mi Jesús. Para mi


Jesús no es un mito, es una experiencia profunda de vida. Como lo recuerdo?
Cuál es la imagen que viene a mi mente? Fue el gran maestro que vino a
ensenarnos el AMOR, el no juicio, lo recuerdo alegre, danzante, comiendo con
publicanos y pecadores, vino a mostrarnos la otra cara de Dios: el perdón (la
magdalena, el ladrón y otros). En Jesús yo me siento profundamente aceptado y
perdonado de los errores cometidos en la vida.

Un aspecto que me atrae enormemente de Jesús es la ruptura del maestro


con aquellas normas y leyes de su propia religión y de la cultura de su pueblo que
se convertían en una estructura de opresión: curaba en sábado, se acercaba a los
enfermos, enseñaba con libertad y autoridad, no tenía discriminación por los
pobres, y finalmente se proclamó: Soy el Hijo de Dios, razón por la cual fue
enjuiciado y castigado con una muerte dolorosa.

La danza de apertura de pecho abriendo el corazón, me conecto con esa


energía amorosa e incondicional que he aprendido de Jesús. Fue una vivencia
maravillosa, brotaron lágrimas de mis ojos y unos suaves quejidos de dolor
salieron de mi pecho mientras abría mis brazos. Yo lo describo como un dolor
dulce, suave, no era desgarrador. Me sentí tan conectado con su voluntaria pasión
en cruz, el acepto la muerte, el caos, la confusión. Luego abrazar a mis hermanos
y danzar, fue una vivencia que me dejo en profundo éxtasis de amor.

Estos aspectos de Jesús me conmueve de una manera muy poderosa, de


tal forma que con su mensaje yo me siento liberado de la opresión de las normas
morales que la misma Iglesia con el transcurrir de los años ha impuesto a quienes
seguimos a Cristo. Para mi Jesús significa la liberación del yugo de la ley para
abrazar el amor. Mi alma se siente atraída hacia él, a confesarlo como mi Dios y
salvador. No obstante, fueron en mi vida necesaria otras vivencias de tipo
dionisiacas para ampliar las experiencias de liberación y placer.
Por eso otro mito importante fue el de Dionisio. Quiero expresar que mi
vida hasta los 28 años fue muy tranquila, muy familiar dominada por el contexto
religioso. Pero en mi bajada al inframundo con la trombosis de mi padre y la
ruptura con la comunidad cristiana con la que compartí 17 años, el rumbo de mi
vida cambio.

Entonces la energía dionisiaca emergió de mí ser. El alcohol con sus


efectos fue muy liberador, me permití ser más libre, hacer contacto con mis
deseos y creo que ocurrió el milagro: comencé a escuchar mi propia naturaleza y
a responder a mis propios instintos. Gracias a Jesús pude salir victorioso de esa
experiencia, que por los efectos de dependencia que genera el alcohol y las
locuras que me atreví a vivenciar, tuvo su riesgo y su parte destructiva. Hoy en
biodanza me estoy abriendo a la posibilidad de disfrutar de esa energía de una
forma diferente, encuentro tanta alegría en el encuentro con mi tribu, en la danza
de mi propia existencia, en la música de mi vida, que ya no siento tanta necesidad
como antes del alcohol para encontrar el éxtasis y la liberación.