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_C.G. Jung, M. Woodman, J. Campbell, J. Bradshaw, 2 MS. Peck, J. Singer, U.K. Le Guin, B. Bettelheim, Huy —R. ‘Metzner, M-L. von Franz, ~G. Bachelard, A. Lowen, A. Miller, J. Hillman, J. Houston, N. Branden, .--E: Erikson y otros — Ne o ne a 5 af xy Es oe C Mk 75 ~ SB Ya decfa Wordsworth que «el nifio es padre del thre». E] pre- senté libro trata del nifio interior que todos llevamos dentro. El nifto interior, esa parte vital pero sumergida ¢ del Yo que nos conecta con la alegria—y con la tristeza— de nuestra infancia, es precisamente la clave para alcanzar nuestra plenitud en tanto que adultos, E nifio. interior. es el Yo que realmente somos, que siempre he- Pratehann Aa cluye ensayos de psicologtia profunda, literatura, psicoterapia, etc; un fibro que da realidad a una imagen abstracta y muestra al nifio interior como sfmbolo unificado del Yo. En palabras de Carl Thomas que quiere desar Recuperar el nifio inter jor es, asi, un oportunisimo trabajo co- lectivo que apunta a que affore toda la sabidurfa que el «nifion - puede aportar a la conciencia adulta. Muchos de jos capftulos del : libro persiguen objetivos practicos, tales como: - + Realizar las expectativas del nijio. + » Recuperar la inocencia, la alegria y la capacidad de asombro del NAA ASH nifio, + Sanar al-nifio intérior herido o maltratado, resolver é antiguos trau- mas. ~ 1 ~~ + Asumir al nijio como simbolo de nuestra energfa credaiiva. » + Perdonar a nuestros padres. i + Desarroliar una conciencia compasiva. oo, Le + Resolver los innumerables cabos sueltos de 1a nifi Los distintos autores de los diferentes capitulos sont foc versalmente conocidos. Jeremiah Abrams, responsable de la es terapeuta junguiano, escritor y fundador del Mt. Vision Institu. te de California. ab -724S-2ub- 2 dh os atnness NON NN NAAR RRR RR RR RR, | a C. G. Jung, G. Bachelard, J. Singer, R. Metzner, J. Hillman, M. Woodman, M. Scott Peck, U. K LeGuin, J. Campbell, M-L. von Franz, A. Lowen, J. Bradshaw, B. Bettelheim, E. Erikson y otros RECUPERAR EL N INO INTERIOR Edicién a cargo de Jeremiah Abrams UNIVERSIDg) Sentra do Bi, ee DE MANIA gg PROCESOs Te cn roa naaigg editorial airds Numancia, 117-121 08029 Barcelona Titulo original: RECLAIMING THE INNER CHILD ‘Tradueci6n: Carlos Figueras Diseffo portada Ana y Agustin Péniker © 1990 by Jeremiah Abrams © de la edicién en casteltano: 1993 by Editorial Kairés, S.A. icién: Septiembre 1994 : Funio 2001 ISBN: 84-7245-266-2 Dep. Legal: B-25.726/2001 Fotocomposicién: Beluga & Mleka, Cércega, 267, 08008 Barcelona Impresién y encuademacién: {ndice, Caspe, 118-120, 08013 Barcelona ‘Torts los derechos reservados. No esté permitida la reproducei6n total ni parcial de este libro, a 4a recopilacién en un sistema informético, ni Ja transenisién por medios electeSnicos, mecénicos, por fotocopias, por registro o por otcos métodos, salvo de breves extractos 2 efectos de resem, sin Ia autorizaci6n previa y por eserito eel editor o el propietario del copyright. Para Phillip, Rachel y Barbara, mi buen hijo, mi buena hija, su buena madre: ~ “Si no fuera por vosotros, no parecerfa cierto”. Pensé, por tiltimo, que de todas las nostalgias que aco- si bu - petuo anhelo de r lo que hay de més jo- ven con aquello q -miis viejo en cada uno de nosotros. . Laurens Van Der Post J “ wd PROCKOUS YecRices ... ANN RN AGRADECIMIENTOS Un proyecto como éste es el fruto del trabajo de mucha gente, sin cuya cooperacién generosa y creativa no hubiera Ilegado a ver Ja luz. Le debo un agradecimiento especial a mi mujer, Barbara Shindell, quien se sacrificé para que todo siguiera en marcha durante mi reclusién y ha sido, al mismo tiempo, mi sostén, mi lectora principal y mi aliento ifids entusiasta. Le estoy también muy agradecido a mi editora, Connie” Zweig, persona dotada y singular que ademas de buena ami- ga ha ejercido de “madre” y “comadrona” de este proyecto. Hay muchas personas que merecen también un agradeci- miento especial por su contribucién especifica a nuestro li- bro: Bob Stein y Joel Covitz dieron su apoyo intelectual y emocional a este esfuerzo, creyendo en él resueltamente y participando como lectores, crfticos y colaboradores. Mark Dowie y Mark Libarle me ayudaron a encaminar el proyec- to, Bill y Vivienne Howe, me permitieron usar su biblioteca generosamente, como si fuera un centro de investigacién. Sharon Heath me alent6 desde su propio proyecto, paralelo a éste. Lotte Stein, Joanna Karp, Bruce y Carla Burman, y Alice Graveson aportaron su incalculable ayuda como lecto- res y criticos. Kathleen Dickey se encargé amablemente de Agradecimientos Ja preparacién del manuscritd. Jeremy ‘Tarcher y su equipo me proporcidnaron toda su atencién y profesionalidad a lo largo de todo el proyecto. Y, por supuesté; debo dar las gracias también a cada uno de los autores y editores que generosa- mehie permiticron que sus escritos parliculares se entrete~ jierati en la trama de este libro. Quiero reconocer especialmente a aquellos clishtes y ami- gos personales qué a lo largo de los afios han compartido conmigo su ser m4s intimo y que han dotado de realidad a mi propia experiencia del nifio intetior y a las posibilidades curativas latentes en cada uno de fosotros. 10 INTRODUCCION: EL NINO INTERIOR Jeremiah Abrams ifio.que hay en nosotros a quien regresamos. terior es lo‘bastante simple y.osado como para vi- yir el Secreto. Cuyana Tsu La mayorfa de nosotros sentimos una fuerte afinidad ha- cia el nifio interior. Sabemos intuitivamente lo que es, el sig- nificado que tiene para nosotros, Percibimos, tal vez de for- ma encubierta, que una parte de nosotros mismos permanece integra, a salvo de los pesares de la vida, capaz de alegrar- se profundamente y de maravillarse ante las cosas més pe- quefias, Esta imagen del nifio es sutil, compleja y auténtica. Su mensaje es que todos llevamos a un nifio eterno en nuestro SNA ‘ Introduccién interior, un ser hecho de inocencia y asombro. Y este nifio simbélico también nos conduce, a quienes hemos sido por- trode nuestras.experiencias, for- i de nuestros placeres y de nuestros dolores, Como realidad poética y simbélica el nifio interior se ma- nifiesta cn las fantasfas, los suefios, el arte, y Jos mits pro- cedentes de todo el mundo, donde representa la renovacién, Ja divinidad, el entusiasmo vital, la capacidad de asombro, la esperanza, el futuro, la uriosidad, el valor, la saponaneies y la inmortalidad. E eminente erudita y analista junguiana, dic reaccién ii ingenua, soy integra; estoy fntegramente e1 or elk los terapeutas infan- tiles ; dan 1 permiso a. a los nifios para que jueguen y en dos mi- lo su problema, porque en su actividad [nifio interior es al mismo tiempo una realidad de nues- tro desarroflo-y una_posibilidad simbélica. Es el alma de la persona, creada en nuestro interior por medio deta expe- riencia vital, y es la imagen primordial del Yo, el nticleo mis- mo de nuestro ser individual. Como sugirié Carl Gustav Jung, el nifio representa una “plenitud que abarca Jo mds profundo de ta Naturaleza”, “El Nifio es el padre del Hombre”, dijo Wordsworth. El nifio es el padre de la persona entera. a¢ La mayorfa de nosotros, cuando adultos, continuamos en contacto con el nifio mediante. lo: comportamiento infantil, y la relacién que so Se los nifios de verdad. Jung sefialé qi ue la tendencia a. empren- ividads mantenernos gin él, la regresidn es un “intento genuino de alcanzar algo, necesario: el sentimiento universal de inocencia infantil, la 12 El nifio interior sensacién de seguridad, de proteccién, de amor recfproco, de confianza, de fe, algo que tiene muchos nombres’ Todos hemos sido nifios Nuestro nifio interior posee el espfritu de la verdad, la es- pontaneidad y la autenticidad absoluta. Sus acciones mani- fiestan Ja naturalidad que hay en nosotros, la capacidad de ac- tuar adecuadamente y la aptitud para resolver cualquier situacién. Culver Barker, un psicdlogo briténico, observ6 la importancia de conocer al niiio interior, de relacionarse con él de modo consciente y de afianzarse gracias a él. A este res- pecto escribié: Cuando hablo del nifio interior me refiero a ese aspecto del adulto que todavia refteja algunas de las cualidades del nifio divino... Cuando, por el motivo que sea, no somos cons- cientes de él, cuando no estamos en contacto con él, esta fuerza contiene en potencia-toda actividad constructiva o ” destructiva. Toda la dinémica creativa de la personalidad humana, toda su fuerza motriz, esté circunscrita a él? “Sélo cuando escucho la voz del nifio que hay en mi in- terior”, dice la célebre psicoanalista su uiza Alice Miller, “pue- do sentirme auténtica y creativa. pia personalidad alo la Tars gada —y gira en tomo a~la identidad singular.del yo infan- ~ til. Von Franz concuerda con Miller en este aspecto cuando” “sefiala que: “EI nifto interior es Ja parte auténtica, y la parte auténtica en nuestro interior es la que sufre... Muchos adul- + tos escinden esta parte de sf mismos y por ello no alcanzan la individuacién, ya que sélo si se la acepta, y se acepta con Utinys AA Introduccién ella el sufrimiento que conlleva, puede tener lugar el proce- so de individuacién”. Todos y cada uno de nosotros podemos reconocer la voz det nifio interior, puesto que la conocemos bien. Todos hemos sido nifios. Y el nifio que hemos sido pervive en nosotros ~para bien o para mal- como recipiente de nuestra historia personal y como simbolo omnipresente de nuestras esperan- “Zas y NUEStEAS POSibilidades creativas, ~ EI nifio, sea cual sea el procedimiento seguido para esta- blecer contacto con él, es la clave que nos permite alcanzar Ja expresién cabal de nuestra individualidad. Esta entidad in- fantil, el ser que verdaderamente somos y hemos sido siem- pre, vive en nosotros aqui y-ahora. Si, por ejemplo, obser- vamos la imagen que ciertos individuos excepcionalmente dotados tienen de sf mismos, nos sorprende hasta qué punto dicha imagen se halla ligada a la experiencia personal y sin- gular del yo infantil. Albert Einstein es un caso célebre del genio que perma- necié siempre vinculado a la naturalidad del niiio interior, Se dice que-Binstein no empezé a hablar hasta casi cumplir los cinco afios. “Incluso a Ja edad de nueve afios no era capaz de hablar con soltura”, comenta su bidgrafo Ronald W. Clark? La autenticidad de su yo infantil no fue contamina- da por el lenguaje, sino que qued6 inscrita en una sensacién de asombro no verbal, El mismo Einstein reconocié esta cua- lidad del nifio en su interior. Y, frente a la adversidad, supo sendirle fiel homenaje, En sus notas autobiograficas, escri- tas a la edad de setenta y cinco affos, encontramos la si- guiente reflexion: De hecho es casi un milagro que los métodos modernos de ensefianza no hayan sofocado por completo la santa curio- sidad indagadora; porque esta pequefia y delicada planta, ademés de estimulo, necesita sobre todo libertad; sin ella, el naufragio y la ruina son seguros. Bs un error muy grave pen- 14 EL nifio interior sar que el placer de observar ¢ inquirir puede fomentarse mediante la coaccién 0 el sentido del deber.* Esta naturalidad, libertad y perpetua sensacién de asom- bro, puntualmente preservadas a lo largo de su edad adulta, perduraron como rasgos distintivos de la personalidad de Einstein hasta su vejez. La vida de Wolfgang Amadeus Mozart, por el contrario, ejemplifica la inversién unilateral de las tendencias positi- vas del niffo interior, Este es el caso de un genio infantil que, segtin sus bidgrafos, fue incapaz de.equilibrar su personali- dad, porque no supo desarrollar su lado aduito y socializado. Su yo infantil qued6 asf prisionero del amor dependiente, henchido de grandiosidad y compelido a buscar la aprobacién de su padre, de su monarca y de su mundo. Su talento musi- cal brillé sin macula, pero su comportamiento pueril termi- né levéndole a una muerte prematura. Existen también personas dotadas para las cuales el in- greso en la madurez y en la edad adulta trae consigo una dis- minucién de la vibrante fuerza del_nifio. Considérese,. por ejemplo, el-desolador efecto de la maduréz sobre los dones de muchos nifios prodigio. El proceso de socializacién sofo- cade alguna manera las facultades naturales dé la mayoria de los nifios, Este es el dil i Tal vez las cosas suceden del siguiente modo: el nifio real, viéndose forzado a adaptarse, se convierte en un pequefio adulto y se identifica con un yo falso. Los tesoros del au- téntico yo infantil son entonces ocultados y protegidos en un santuario tan bien escondido que cuando el yo adulto madu- ra, es incapaz de recordar y recuperar al nifio interior que, de este modo, termina abandonado y perdido. Con el tiempo, la racionalidad o Ja amargura sustituyen a la espontancidad y transparencia naturales de aquel yo resplandeciente. Como se lamentaba J. Robert Oppenheimer, oscuro y genial ade- lantado de la era atémica: “Hay nifios jugando en la calle UAIVER anion Introduccion que podrfan resolver algunos de mis principales problemas en. el campo de la fisica, porque poseen modalidades de per- cepcién sensorial que yo perdi hace mucho tiempo”. “Donde estdé la vida que hemos perdido viviendo?” Para algunos el nifio interior dista mucho de ser inspira- dor, puesto que apenas es real, Su experiencia infantil ha sido borrada por el dotor y por el tiempo, oscurecida por la ra- cionalidad, expulsada por la ambicién o distorsionada por el apremio a crecer y adaptarse, Son pocos los que gozaron de una infancia sin ansiedad, Ilena de contacto y de participacién compenetrada en el mun- do de Jos adultos; una infancia libre y abierta al juego ima- ginativo o al gozo del esparcimiento; un entorno emocional en el que el hecho de ser vulnerable no era causa de insegu- ridad. Para muchos, ‘el nifio interior es un ser herido y trau- matizado, una victima menoscabada por las ‘experiencias que el adulto prefiere no recordar. mo Seguin la terapeuta infantil Edith Sullwold, el nifio de nues- tra experiencia “es el nifio al que todos deseamos curar para poder recuperar Ja energia necesaria para nuestra actividad adulta, energfa que reside atin en aquellos mecanismos auto- miéaticos de defensa que desarrollamos como respuesta a nues- tras primeras experiencias dolorosas”. Hemos jugado y hemos sufrido, hemos crecido y hemos aprendido, La parte joven y vital persiste, aunque en algunos casos sélo se manifieste en un brillo ocasional de la mirada 0 en cierta entonacién de la voz. Mucha gente experimenta de modo inconsciente al nifio interior como aquél cuyas necesi- dades nunca fueron reconocidas ni satisfechas. Esta experien- cia, y el anhelo que la acompafia, son fuente de humitlacién y vergilenza, dificiles de identificar y de compartir. De este modo, el nifio puede inhibir las retaciones humanas del adulto, 16 E! nifio interior Siempre que nos ligamos estrechamente a alguien, como ocurre, por ejemplo, en el matrimonio, nos enfrentamos al nifio interior, ya que ¢s entonces cuando las heridas afectivas de nuestro pasado se sienten mds profundamente. “Esas he- ridas del alma infantil”, comenta el autor y analista junguia- no Robert M. Stein, “dificultan enormemente, cuando no im- posibilitan, la posibilidad de establecer contactos humanos fntimos y creativos. En este sentido el nifio herido represen- ta también ese aspecto del alma que necesita y exige la unién con el préjimo.” . Es posible sanar al nifio herido y, de hecho, es preciso ha- cerlo si se quiere alcanzar 1a plenitud. El remedio exige una transformacién interior, la adopcién de una actitud positiva que apoye y sustente compasivamente al nifio interior. En su libro El drama del nifio dotado, Alice Miller describe el cam- bio que se opera durante el proceso curativo: Si una persona es capaz... de sentir que de nifio no fue nun- ca “amado” por lo que realmente era, sino por sus logros, sus éxitos y sus buenas cualidades, y que sacrificé su infancia por ese“amor”, padecerd uit profunda conmocién, pero al- gin dfa deseard poner fin a semejante “amor”, Descubriré en- tonces en s{ mismo la necesidad de vivir de acuerdo con su “verdadero yo” y ya no se sentiré forzado a conquistar un amor que en el fondo no puede satisfacerlo, puesto que est destinado a un “yo falso” al que ahora ha empezado a te- nunciar, La luz del mindo brilla a través de él EI nifio interior Neva consigo nuestra historia personal, y es el vehiculo tanto de nuestros recuerdos del nifio real como de! nifio idealizado del pasado, Es la cualidad verdadera- mente viva de nuestro ser interior, Es ef alma, aquello que ex- 17 Introduccién perimenta en nosoiros a través de todos los ciclos vitales. Es Ja victima. Y es el portador de la renovaci6n a través del re- nacimiento, apareciendo en nuestras vidas siempre que nos desidentificamos y que nos abrimos al cambio, En el poema “The Holy Longing” [Selige Schnsucht], Goethe, el gran pensador europeo de los siglos dieciocho y diecinueve, ensalza esta notable cualidad del ser humano: Diselo a una persona sabia o quédate en silencio, porque el hombre ordinario se burlaré en el acto. Celebro lo que vive de verdad, _ ta que.anhela abrasarse hasta la muerte Y si no has tenido esta experiencia ~morir y ast crecer— no eres mds que un huésped aturdido sobre la ascura tierra’ La experiencia de este proceso de renovacién equivale a experimentar las posibilidades oreativas del nifio interior sim- bélico. “Morir” -esto es, entregarse a un perfodo de transi- cién- permite el nacimiento de nuevas posibilidades. “Re- nuncia a lo que tienes y recibirds”, dice el proverbio latino. Cuando algo deja de ser, el nifio aparece como una posibili- dad interna que irrumpe en nuestro mundo pleno de su inge- nua vitalidad. “Al proceso de morir psicolégicamente, mientras uno to- davia est4 vivo, sigue el renacimiento o la renovacién psi- colégica”, sefiala Ralph Metzner en su libro Las gre ‘andes me- tdforas de la tradicién sagrada, Entonces nace un nuevo ser —una nueva manera de ser— imaginado como el resplande- ciente nifio simbélico. “El nifio recién nacido todavia esté vinculado al Tao, a la fuente de su vida y de su manifesta- cién, motivo por el cual deberfamos emularlo”, afiade Metz- er. “Como dice Chuang Tsu: ;Puedes ser como un recién 18 El nifio interior nacido? El bebé Ilora todo el dfa, pero su voz nunca es ron- ca porque no ha perdido la armonfa con Ia naturaleza”. Este nifio eterno y verdaderamente vivo se encuentra en el coraz6n de nuestro ser esperando encarnarse en nuestros actos y nuestras actitudes. Y fa luz del mundo brilla a través de él, “Hacerse joven lleva mucho tiempo” Aunque no es sino en los tiltimos treinta afios que la cul- tura popular ha incorporado este concepto, el tema del nifio interior es al mismo tiempo eterno y contempordneo. Es tan antiguo como la religién y tan actual como una comedia de Hollywood. En la pelicula Big, por ejemplo, un nifio ve sa- tisfecho su deseo de ser adulto instanténeamente y, en su nue- vo cuerpo de hombre, le vemos triunfar en el mundo de los adultos simplemente porque conserva su yo infantil, inocen- te y vibrante. Lo cual no difiere en sustancia de la figura del nifio-dios Hermes de los himnos homéricos, quien (jel dia mismo de su nacimiento!) inventa la mtisica y el canto al fa- bricarse un juguete, una lira, a partir del caparazén de una tor- tuga robado a su hermano mayor, el arquero Apolo, con el cual le apacigua y obtiene la aprobacién de su famoso padre, Zeus. E] nifio interior es un concepto en evolucién cuyos orf- genes se remontan a los tiempos primordiales, a las tempra- nas religiones solares y a los cultos de adoracién a la natu- raleza. Aquellos nifios-dioses dieron origen al surgimiento de las divinidades infantiles mitolégicas de todo el mundo. La fAbula de Rémulo y Remo abrié las puertas a la civiliza- cién romana. El concepto hebreo del mesfas terminé dando lugar al sfmbolo principal del ser interior en nuestros tiem- pos, el nifio Jestis. Durante la Edad Media, cuando ciertas prdcticas religiosas no eran autorizadas, se vieron empuja- 19 Introduccién das a fa clandestinidad, los alquimistas emprendieron la ta- rea de alcanzar la sfntesis de los opuestos, la creacién de un alma infantil, el Hijo del Filésofo. En Oriente, hasta el dfa de hoy, la devoci6n al nifio Krishna impregna la vida fami- liar como conciencia de la presencia divina en la vida coti- diana. En Occidente el pensamiento religioso ha dado paso al pensamiento secular sobre el tema del nifio. En nuestra épo- ca —que la sensibilidad cientifica victoriana lleg6 a imaginar como “el siglo del Nifio”— las ciencias sociales se han desa- rrollado de una manera impresionante y en el pasado més in- mediato hemos presenciado una expansién muy notable del Ambito de las ideas psicolégicas. En la década de tos sesen- ta, tanto la practica como la teorfa de la educacién se vieron conmovidas por ideas modernas acerca de la psicologfa in- fantil y de la teoria del desarrollo. Las aportaciones de la psi- cologia profunda de pensadores como Freud, Adler, Jung, Reich, Reik y otros, cobraron mayor influencia y respalda- ron claramente algo que las tradiciones mfsticas habfan va- lorado desde tiempos inmemoriales -a saber, que nO estamos hechos de una sola pieza, que cada uno de nosotros se ve marcado por una multitud de influencias internas, siendo la infancia y la nifiez la mds inmediata ¢ importante. Este contexto intelectual fomenté la aparicién de la nocién del nifio interior, un concepto que surge en los escritos psi- colégicos, serios y populares, de tos afios sesenta, especial- mente en la obra del eminente psic6logo suizo C.G.Jung (“La Psicologia del Arquetipo Infantil”, publicada en Estados Uni- dos en 1959), quien describio al nifio interior como un sim- bolo de plenitud en ta psique, como un puente entre el 4m- bito personal y el colectivo. El psiquiatra norteamericano, ‘W. Hugh Missildine (Your Inner Child of the Past, 1963) es- cribid uno de los primeros libros de auto-ayuda en el que daba alentadores consejos acerca de cémo reconciliar al nifio interior con la personalidad del adulto exterior. La obra su- 20 El nifio interior mamente popular del psiquiatra californiano Eric Berne (And- lisis Transaccional, 1961) puso al nifio interior en relacién. con el padre interior y el adulto interior, ofreciendo asf un mo- delo flexible que funcionaba bien en contextos psicotera- péuticos y que permitfa al nifio interior asumir un papel cons- tructivo en el restablecimiento de la persona total. Hay varios motivos importantes que explican por qué la noci6n del nifio interior nos resulta tan atractiva en la actua- lidad. Los seis factores siguientes, si bien no agotan la cues- tién, contribuyen a convertir cl tema del nifio interior en un asunto de candente interés, La expansion del interés por la psicologia La psicologfa —hija ella misma de este siglo— nos ha con- ducido a tomar conciencia de {a importancia de Ja infancia hu- mana, subrayando Ia realidad de la experiencia infantil y sv trascendencia en el desarrollo de la persona, Sigmund Freud, cuya lucidez dio origen a la investigacién psicolégica mo- derma, comenté al final de su carrera que “el verdadero va- Jor del psicoanilisis es el de mejorar la relacion entre padres e hijos”. Casi todo el pensamiento subsiguiente en el campo de la psicologfa ha concedido un lugar prominente al nifio y al estudio de la infancia. Jung, cuyos descubrimientos han hecho avanzar de manera decisiva el pensamiento psicolégico, tampoco subestimaba el cardcter promisorio de la psicologfa para el temperamen- to moderno cuando pregunté humorfsticamente: &Por qué serd que justo ahora nos interesamos de manera tari especial por la psicologia? La respuesta es que todo el mundo la necesita con urgencia. La humanidad parece ha- ber alcanzado un punto a partir del cual los conceptos pre- vios ya no son adecuados y empezamos a darnos cuenta de que nos enfrentamos a algo extrafio, cuyo lenguaje desco- 21 AIntroduecién nocemos. Vivimos en una época en la que desciende sobre nosotros la revelacién de que el pueblo que vive al otro lado de la montafia no se compone exclusivamente de demonios pelirrojos responsables de todos los males que aquejan a este lado de ta montajia.” El crecimiento paraleto de la psicoterapia La “cura por la palabra”, que se origind con Freud y sus seguidores, ha evolucionado y ha diversificado sus focos de interés, pero sigue prestando atencién al alma, valorando la vida interior del adulto y reconociendo Ia existencia de un nifio interior necesitado de cuidado. Fn las tiltimas tres décadas el fenémeno del nifio interior ha cobrado preminencia debido en gran parte a un interés creciente en Ja psicologfa junguiana, en general, y en el tra- tamiento de los trastornos narcisistas de la personalidad, en particular. Ambas disciplinas identifican la imagen del nifio interior con-el alma vulnerable, con el! nifio herido que ne- cesita integracién y con el yo lastimado. El psicéloge James - Hillman se adhiere a las opiniones de Jung cuando dice: “Lo que la psicologia profunda llama regresién no es otra cosa més que el retorno al nifio”. Con la creciente popularizacién de 1a psicoterapia, los te- rapeutas han entrado en contacto con su propio nifio interior y se han visto en la necesidad de sanarlo antes de poder ayu- dar eficazmente a otros. Seguin el autor Charles L. Whitfield, muchos terapeutas han extendido este tipo de trabajo a sus pa- cientes y han hecho de la recuperacién del nifio interior la cla- ve de su terapia. El programa de los Hijos Adultos de Alcohélicos Este fenédmeno de r4pido crecimiento, derivado del po- pular movimiento de autoayuda en doce etapas del grupo Al- 22 El nitio interior cohélicos Andénimos, hace buen uso del concepto del nifio interior, Se estima que el programa de los Hijos Adultos de Alcohdélicos crece a'razén de un nuevo grupo diario (en EE.UU.) y su éxito parece descansar en el reconocimiento del sufrimiento, previamente desestimado, de aquellos que se criaron en hogares donde imperaba el alcoholismo y en la constatacién de los efectos desastrosos que semejante vi- vencia tiene sobre el yo infantil de quienes la sufrieron. El modelo de Hijos Adultos de Alcohélicos, que utiliza un en- foque sistemdtico familiar, deja bien clara la idea de que to- das las familias disfuncionales, y no sdlo las afectadas por e1 alcoholismo o la toxicomania, causan dafios incalculables en los hijos y en el nifio interior de sus miembros. Se trata de un fenédmeno muy importante, sobre el que se publican nu- merosos estudios, y que esté contribwyendo a superar el re- chazo de aquella parte auténtica y sufriente de nosotros mis- mos a la que Hlamamos el nifio interior. El creciente reconocimiento del abuso infantil El incremento del numero de casos de abuso infantil ¥ de la atencién piiblica hacia este fenémeno nos obliga a pensar en la perpetuaci6n de semejante comportamiento por parte de Jas vfctimas. El autor y analista junguiano Joe! Covitz, en su libro Emotional Child Abuse, califica de “maldicién fami- fia” a este fenémeno intergeneracional que termina por con- vertir al nifio interior maitratado en el causante del préximo abuso sobre su propia descendencia. Segtin Covitz, cuando observamos al autor adulto del abuso: casi siempre nos encontramos con la misma rafz: una per- sona cuyas necesidades narcisistas sanas no fueron satisfe- chas durante su infancia... y, cuando el nifio crece, el efec- to devastador de este trastorno recae sobre sus propios hijos. Hasta que los padres no comprendan mejor el efecto que sus 23 NAA Introduccién actos tienen sobre sus hijos, las pautas del comportamiento abusivo no serdn modificadas. {Qué rasgos de nuestra cultura se manifiestan en esta epi- demia de abusos infantiles? Se trata de un problema compli- cado que requiere el estudio detallado de nuestras actitudes colectivas hacia el nifio interior. Segtin Robert M. Stein, uno de los pensadores més destacados en este campo y cuyos es- critos nos incitan a reflexionar sobre el asunto con mayor sensibilidad y conciencia: “E} abuso infantil refleja siempre una falta de contacto y de respeto hacia el nifio interior o psf- quico”. La progresiva atencién al fenémeno del abuso in- fantil en nuestra sociedad y Ja comprensién de que la mayo- rfa de los agresores han sido victimas ellos mismos, refuerzan la importancia del estudio del nifio interior. El incremento actual de las obligaciones de los padres La tarea de criar a los hijos encuentra hoy més obstaécu- los que nunca y requiere, por tanto, una mayor atencién y _ apoyo. Las actitudes hacia los nifios y su desarrollo estan cambiando répidamente, Aquello que se hubiera considera- do inapropiado hace treinta afios como, por ejemplo, la préc- tica generalizada de dejar a los bebés de pocos meses al cui- dado de otras personas, es hoy perfectamente aceptado. La répida transformacién de los valores en las sociedades post- industriales ha alterado 1a estructura familiar y est4 afectan- do de manera radical a la manera en que criamos a nuestros hijos. Las mujeres se han incorporado masivamente al mun- - do laborai obligadas por motivos econémicos y por la nece- sidad de reafirmar su identidad y su valor en la sociedad. Esta tendencia, junto al aumento de los casos de madres 0 pa- dres solteros, nos exige teplantear la tarea de los padres de este final de siglo. La nueva generaci6n de padres, mucho mas numerosa que la anterior debido a la expansién demo- 24 El nifio interior grafica que siguié a la segunda guerra mundial, desea y ne- cesita ampliar su conciencia colectiva de lo que es una bue- na crianza. Hoy mas que nunca los padres necesitan toda la ayuda que puedan obtener y, sin embargo, la crianza infantil ~y también nvestros nifios— parecen en la actualidad mds des- cuidados que nunca por la sociedad. Estas circunstancias nos obligan a prestar atencién de ma- nera especial hacia el niiio interior de los padres y hacia ta vida interior del nifio: la calidad y el éxito de la crianza in- fantil aumenta notablemente cuando los padres logran recu- perar su propio nifio interior, previamente descuidado, y cuan- do Jogran transformarlo en una fuente de compasién para el cuidado de sus propios hijos. E] trato que damos a nuestro nifio interior determina fuertemente el trato que damos al nifio exterior. La sed espiritual y la biisqueda de sentido La incertidumbre espiritual de nuestros tiempos insta a un renacimiento de la esperanza y del sentido de la vida en cada uno de nosotros, ~~ Todo se desmorona; el cenira ya no aguanta, Suelta va por el mundo la pura anarquta, Suelta va la marea turbia de la sangre y, por doquier Se ahoga la ceremonia de la inocencia... W.B. Yeats “The Second Coming” (“El Segundo Advenimiento”) [Versin de Manuel Soto} Padecemos lo que Jung lam6 “un empobrecimiento sin precedentes de los simbolos”, Nuestra época siente hambre de espiritualidad y de sentido, anhelando el segundo adveni- miento del nifio divino interior, cuya aparici6n presagiaria el inicio de un nuevo milenio de esperanza. 25 Introduccién A nivel personal sentimos una apremiante necesidad de entrar en contacto y de vivir el destino del nifio interior para encontrar la salvacién espiritual. Segtin Gaston Bachelard: “Nuestra infancia atestigua la infancia del hombre, det ser tocado por la gloria de vivir”, O en palabras de la psicdloga junguiana June Singer: “Ey nifio divino que hay en nuestro interior da sentido a nuestros esfuerzos inmaduros; nos muestra el lado inconsciente de nuestras limitaciones y constituye, en este sentido, una vi- sién de potencialidad floreciente”. En términos psicolégicos podrfa decirse que la aparicién del nifio divino es una manifestacién del Yo que reestructu- ra Ja personalidad y da lugar a una notable expansién vital y a un renovado sentido de la vida. “Cuando se estudian los escritos de los misticos y de los gufas espirituales y las vidas de quienes alcanzaron la au- téntica madurez”, escribe John Loudon en su ensayo “Ha- cerse Nifio”, “se constata la presencia de un objetivo comin: una integracién plena que abarca la totalidad del potencial hu~ mano y que es, al mismo tiempo, natural, sabia, alegre e in- cluso Itidica.” En suma, un retorno al nifio. Este motivo se re- fleja en los grandes mitos de las principales religiones, en Jos que el nacimiento de un nifio especial supuso el despla- zamiento de los antiguos dioses y el advenimiento de un nue- vo comienzo, La aparici6n del arquetipo del nifio divino —el nifio inte- rior colectivo— presagia una transformacién del psiquismo colectivo o individual y la posibilidad de renovarse o crecer, “Hay en nuestro interior”, escribe Edith Sullwold en el pri- mer articulo de este libro, “una potencia creativa que nos in- vita a abandonar nuestra antigua cosmovisién para acoger una nueva.” 26 El nifio interior “;Canta, musa, al nifiol” La atencién que en ta actualidad prestamos a la infancia es un sintoma saludable para nuestra sociedad que augura un futuro positivo para nuestros nifios. De la misma manera que Homero invocé en su tiempo, “jCanta, musa, al nifio!”, tam- bién podemos hoy buscar inspiracién en el nifio interior, Fste libro se ha concebido para satisfacer dicho objetivo. Retine por primera vez escritos importantes sobre el tema del nifio interior. Su intencién es sencilla y clara: estructurar un campo de investigacién urgente y adecuado y proporcionar- le al lector el material més interesante disponible al respec- to, Al proyecto han contribuido la persistencia y la buena fe de mucha gente, sin desdefiar las utiles sugerencias de varios individuos no mencionados directamente en el texto. Una ta- rea como ésta favorece, ademds, en sf misma, el descubri- miento de Ja capacidad de elegir lo correcto y de confianza en la bondad de esa eleccién ingenua. Esta ha sido una ben- dicién inesperada, un don que el nifio interior ha aportado, Cada una de las contribuciones de esta coleccién ha sido seleccionada, después de una investigaci6n exhaustiva, en virtud de su calidad, punto de vista, o interés particular. El libro esté organizado en torno a seis temas principales que constituyen otras tantas secciones. Cada seccién co- mienza con una introduccién que describe y contextualiza los temas principales en ella tratados, Y cada uno de los ar- ticulos es a su vez introducido, de modo mas concreto, por un breve pasaje informativo. La primera parte examina las dimensiones miticas del tema del nifio interior, las im4genes innatas de la infancia que todos llevamos dentro, Es aquf donde encontramos el ar- quetipo del nifio, del nifio divino, ese nifio-dios, misterioso, pottico y pleno de promesas, posibilidades, ensuefio, asom- bro, renovacién y renacimiento; lo mejor y mas sublime en cada uno de nosotros. 27 Introduccién La segunda patte trata el tema del abandono figurado o li- teral, voluntario o involuntario; el nifio abandonado, repri- mido, rechazado, perdido, victima del destino, ‘las circuns- tancias o la negligencia. La tercera parte se centra en el problema paradigmatico de Jos trastornos narcisistas, ese campo minado que la mayoria de los nifios han de atravesar, que constituyen uno de los di- Jemas centrales de nuestro tiempo. Se ilustran aqui los efec- fos que ciertos conflictos intériores tienen sobre la forma- cién de la personalidad, del yo y de la imagen que tenemos de nosotros mismo, Conoceremos aqui al puer aeternits, el joven eterno que, temeroso de perderse, esquiva la vida y vive provisionalmente. Si bien exuberante y encantador, este perturbado nifio interior no se halla todavia en condiciones de tomarse la vida en serio. La cuarta parte trata del nifio herido, el nifio victima, el nifio maltratado, abandonado, descuidado, producto de una fa- milia disfuncional o de una sociedad indiferente. Pero quien ha sido lesionado puede también sanar, y todos los articulos presentados en esta seccién se ocupan de la curacién det nifio interior herido. ~ En la quinta parte salimos de este valle de légrimas y per- juicios para encarar la tarea de recuperar el yo infantil, de ac- tualizar todas sus facultades y de hacernos cargo de su vita- lidad. La sexta parte, por ultimo, explora Ja posible revitaliza- cién de las practicas de Ja crianza infantil por medio del co- nocimiento y la conciencia del nifio interior. Vinimos en esta jornada Para encontrar nuestra vida. Porque todos sonios, Todos somos, Todos somos hijos de... 28 El nifio interior Una flor de colores brillantes, Una flor ardiente. ¥ no hay nadie, No hay nadie, Que se lamente de fo que somos, Canto inpicena HuicHoL? 29 PARTE I: A LA PROMES DEL NINO INTERIOR Unies PROCESos ECN SS SCReeigg ICos INTRODUCCION En el fondo de todo adulto yace un nifio eterno, en continua yo formacién, nunca terminado, que solicita cuidado, atencién y » educaci6n constantes, sta es la parte de la personalidad hu- mana que aspira a desarrollarse y a alcanzar la plenitud. C.G. Jun Empezamos, ante todo, con el arquetipo del nifio que po- drfamos denominar Ia “gran” imagen del nifio interior, ese nifio que todos llevamos dentro como parte de nosotros mis- mos y como codificacién de la experiencia humana colecti- va de la infancia. El nifio adviene al mundo como el ser hu- mano al jardin del Edén, pleno de inocencia, asombro y felicidad, con todas las posibilidades de la vida humana y abierto al futuro. Lo que el nifio promete se halla en nuestro interior. Est4 en nuestro origen y en nuestras esperanzas. Esta promesa se inicia al nacer. Cuando un nifio nace se enciende una estrella y se abre un mundo de posibilidades. Todos los colaboradores de esta seccién examinan las pos bilidades interiores que el nifto aporta tanto a la vida indivi dual como a la vida colectiva del ser humano. 33 i say intent, La promesa del nifio interior Edith Sullwold nos introduce al mundo arquetipico in- fantil y sugiere que todo nacimiento, toda existencia infan- til, es un nuevo experimento en Ja evolucién espiritual de la humanidad. También nos ayuda a diferenciar el mundo per- sonal del nifio interior del Ambito mas extenso del nifio mf- tico. El ensayo de Carl Juhg, henchido de ideas complejas, ‘ es su obra definitiva acerca de las dimensiones miticas del nifio interior. Segiin él, ei nifio es el simbolo que expresa “y na- turaleza global de la plenitud psfquica”. Al describir ‘el ar- quetipo infantil Jung sefiala que “separar un Ginico arquetipo del tejido vivo de la psique constituye una empresa casi de- sesperada; pero a pesar de estar entrelazados, ‘cada uno de ellos forma una unidad de sentido susceptible de ser apre- hendida intuitivamente”, (Es por ello que, a la hora de abor- dar la lectura del artfculo de Jung, recomendamos una apro- ximacion mas intuitiva que analitica.) El pasaje de Gagton Bachelard es un canto al nifio interior, Ul recuerdo de todas las posibles infancias que permanecen latentes en Ja figura de nuestro nifio interior. Es verdadera- Hente un jubiloso joema en prosa donde se nos retilerda he, como dice el Hé¥elista contempordneo Tom Robbins, “Nunca es demas tarde para tener una infaiitia feliz”, June K. Singer tilt al nifio divino como tid, Extensidn « de nuestra concienciti Colectiva e indica que, Sil MBSLCaent re, representa “los ideales de una cultura que ella Hitsmia 16, Bue. de consumar”. Sus estimulantes ideas acerca del 6tiv6 del nifio amplian y elaboran la perspectiva arquetipica jUguia- na. También nos introduce en e} tema del puer aeternits TUS, el arquetipo del nifio eterno del que se trata en ta tercera parte de este libro. ae Esta secci6n concluye con un ensayo sobre el gran mis- terio del renacimiento y Ja nocién de que, mediante un pro- ceso metaf6rico de muerte-renacimiento, se puede volver a ser nifio. Bl breve ensayo de Ralph Metzner aciara ta idea de 34 Introduccién que renovarse equivale a adoptar una nueva actitud espiritual que, a menudo, consiste en realizar al nifio interior. “De la confusién y la negrura de la muerte”, escribe Metzner, “se de- tiva la Juminosa vitalidad del yo recién nacido. Este nuevo yo ge halla vinculado a la fuente eterna de toda vida, la fuen- te de donde proviene nuestra divina esencia interior. De ahf que reciba el apropiado nombre de ‘nifio eterno’. 35 1. UN NUEVO EXPERIMENTO: EL ARQUETIPO DEL NINO INTERIOR — Edith Sullwold Edith Sullwold aporta su energta, su inteligencia y su sen- sibilidad a la dificil tarea de distinguir las cualidades per- sonales de las cualidades arquetipicas del nifio interior. Sus cdlidos sentimientos por la vida del nifio interior se combi- nan aqut con su erudicién, sus habilidades interpretativas, y su capacidad narrativa, La primera version de este ensayo se presenté como el discurso inaugural de un congreso so- bre “El Despertar del Nifio Interior” celebrado en la ciu- dad de Washington el 20 de noviembre de 1987. La doctora Sultwold, terapeuta infantil y supervisora de terapeutas, se ofrecié generosamente a ampliar y adaptar su conferencia para esta compilacién, de modo que volviera a constituir el “discurso inaugural” sobre el nifo interior. 36 Un nuevo experimento: El arquetipo del nitto interior Una de mis citas favoritas acerca de la infancia proviene de una fuente apenas predecible: la pluma de George Ber- nard Shaw, En uno de sus ensayos se pregunta qué es un nifio y responde: Un experimento. Un nuevo intento de producir al hombre justo, al hombre perfecto, es decir, de divinizar a Ja huma- nidad, Pero apenas intentemos imponer la menor imagen de Jo que es un buen hombre o una auténtica mujer... aborta- remos el experimento. E] dafio resultante de subordinar sus aspiraciones mas sagradas a nuestros propésitos particulares es pricticamente ilimitado.’ En esta afirmacién parece ponerse de manifiesto una pro- funda comprensién de 1a naturaleza del nifio exterior y del nifio interior. La idea de que el nifio es un “nuevo experi- mento” implica una percepcién del mismo como un indivi duo con facultades y limitaciones singulares, un ser que pue- de contribuir a la exploracién del sentido de la vida y a ofrecernos nuevas posibilidades vitales. Este nuevo ser, que precisa de orientacién y cuidado, se encuentra en el seno de una familia, una cultura y una edu- cacién concretas, que conllevan valores, reglas y sistemas a los que el nifio debe adaptarse y conformarse. Hasta tal pun- to el nifio se ve moldeado por su entorno que, frecuente- mente, pierde el contacto con aquellos aspectos de su pro- pio ser que no encajan con dichas expectativas y estructuras externas, Para algunos nifios, adaptarse supone encubrir & incluso perder aquellas facultades que no se ajustan o no son valoradas por su entorno, lo que no sélo les afecta a ellos, sino que afecta también a la sociedad de la que forman parte. En otros casos, la vitalidad de las propias facultades es tal que no resulta ffcil sofocarla y sin los conductos apropiados para canalizarse y expresarse, la energfa subyacente a dichas 37 La promesa del nifio interior facultades se convertira en dolor, como ocurre con toda ener— gfa bloqueada que puja por manifestarse. Esta experiencia es comparable a la que describe Words~ worth: “Las sombras de la casa-prisién empiezan a cernirse / en torno al nifio que crece” (“Nifio” se refiere al aspecto di~ vino o al Yo). Cada vez que leo estos versos siento en mi pro~ pio cuerpo la doble tensi6n existente entre las restricciones de) mundo exterior y la presién del desarrollo orgdnico interior. Mientras estaba escribiendo esto, en e! primer dfa radian ~ te de primavera, he salido al jardin para ver cémo nuestros, tulipanes se abrfan al sol y he visto varios lirios que pujaban por abrirse camino entre algunas tablas de madera abando~ nadas. La fuerza vital de estos fragiles brotes era impresio~ nante pero, debido a las restricciones que las tablas imponfan a su desairollo, se los vefa doblados, contorsionados y amarj~ Mentos. Es posible que, una vez libres de las tablas y abier~ tos a la luz, consigan enderezarse, crecer y finalmente flore~ cer pero es probable que nunca alcancen la plenitud de otras flores vecinas que han podido brotar abiertas al aire libre, a] sol y a la Iluvia. Algo similar les ocurre a menudo a Jos nifios. Las tablas que en algtin momento podfan servir de amparo y propor- cionar estructura pueden Iegar a sofocar o distorsionat su vida org4nica natural. Es por ello que debemos permanecer siempre alerta y observar lo que hay debajo de esas tablas: examinar nuestros sistemas de valores y nuestras imagenes _preconcebidas de la realidad. {Dénde encontrar la inspiracién y el aliento para desem- barazarnos de los escombros de las viejas y restrictivas es- fructuras —nuestras ideas acerca del “buen hombre” y la “au- téntica mujer” de las que habla Shaw? Desafortunadamente, estas im4genes suelen formarse a partir de nuestra acepta- cién inconsciente de las definiciones colectivas de lo que es el éxito, la salud y la normalidad. Es aqui donde Ja wiltima frase de Shaw revela su impor. 38 Un nuevo experimento: El arquetipo del nifio interior tancia- la idea de que el niffo tiene sus propias “aspiraciones sagradas” {holy aspirations), su propio camino. En este con- texto la palabra Holy puede tener un doble sentido: por un lado da a entender que la fuente de dichas aspiraciones 0 in- tenciones es sagrada o espiritual; por otro lado holy se rela- ciona con whole, es decir, “todo” o “fntegro”. Es posible que nuestra misién mas “sagrada” sea la de procurar, con cuida- do y con respeto, que el don de la vida que se nos ha dado Hle- gue a desarrollarse “integra” o “totalmente”. Dicho desarro- jlo debe incluir todos los aspectos de nuestro ser individual, no sélo los sancionados por nuestros valores colectivos. El afén de crecer y desarrollarse es tan connatural a cada uno de nosotros como lo es para los lirios el abrirse camino entre las tablas de madera. C.G. Jung sostiene, en su ensayo “Psicolo- gfa del Arquetipo Infantil”, que la imagen del nifio “repre- senta el impulso més fuerte ¢ ineludible de todo ser humano, es decir, el impulso de autorrealizarse”.? El aspecto divino del nifio interior que reside en todos no- sotros puede proporcionamos, si lo reconocemos conscien- temente, el valor y ¢l entusiasmo necesarios para liberarnos de nuestras ataduras. Uso el término “divino” para distin- guirlo del nifio interior formado por ef recuerdo de la expe- tiencia personal —es decir, el nifio abandonado, descuidado, que ha padecido abusos, falta de carifio o exceso de disciplina y de severidad; y también los rasgos de vulnerabilidad y de- pendencia del nifio que fuimos en el pasado. Este es el nifio ~el nifio de nuestra experiencia— al que todos deseamos sa- nar para poder recuperar la energfa necesaria a nuestra acti- vidad de adultos, energfa que reside atin en aquellos meca- nismos autométicos de defensa que desarrollamos como respuesta a nuestras primeras experiencias dolorosas. Sanar a este nifio significa también dejar de yeproducir incons- cientemente dichos mecanismos al tratar con ese “nuevo ex- perimento” que son nuestros hijos. Ya no somos el nifio de nuestro recuerdo, Pero aunque ha- 39 La promesa del nifto interior yamos sobrevivido a él, no es raro que sigamos viviendo se- gxin pautas de comportamiento que adoptamos cuando éramos jévenes, con lo cual limitamos nuestra experiencia vital pre- sente. En los tltimos afios, tanto la teorfa psicolégica como la practica terapéutica han teconocido ampliamente las con- secuencias del dolor, el miedo, la ira y la soledad padecidos en la infancia, Sin embargo, cuando dirigimos la mirada a nuestras primeras experiencias, podemos acceder también a otros recuerdos —imagenes positivas de acontecimientos que alimentaron !a curiosidad infantil, la exuberancia, el espfri- tu aventurero, el disfrute de los sentidos y la riqueza de la imaginacién. A} aflorar, estos recuerdos nos proporcionan un. sentido de Ja historia de nuestros placeres y dolores y nos ayudan a restablecer el contacto con el ser adulto que ahora somos, Nuestro modo de vivir en el presente es consecuen- cia de todos los acontecimientos que se sucedieron en el cons- tante experimento de nuestro vivir. Ademés de los recuerdos de acontecimientos concretos, en nuestro interior se halla a menudo Ja imagen de una infancia ideal, la infancia que nos hubiera gustado tener y que cons- truimos a partir de las limitaciones de nuestra propia éxpe- riencia, Al compararlas, nuestra infancia real nos parece de- ficiente. A veces proyectamos esta imagen ideal sobre otras personas, creyendo que elias sf tuvieron una infancia per- fecta, con lo que afioramos el ideal y reforzamos nuestro dé- lor y nuestra soledad, Y a menudo también proyectamos di- cha imagen sobre nuestros hijos, en la medida en que tratamos, de proporcionarles una infancia perfecta al tiempo y nos con- sideramos padres perfectos. Un antidoto contra esta idealizacién paradisfaca de la in- fancia consiste en compartir nuestra historia y nuestros re- cuerdos con los demas, de ese modo descubrimos que es co- min a la condicién humana el que la relacién entre padres e hijos sea una mezcla compleja de logros y de fracasos, de aptitudes, de limitaciones. 40 Un nuevo experimento: El arquetipo del nifio interior Mas alld de estas imAgenes de la infancia real y de la in- fancia ideal se encuentra la imagen del nifio divino interior antes mencionado, procedente de un profundo nivel arqueti- pico de nuestro ser. La funcién universal de esta imagen ar- guetipica consiste en asegurar que nuestra experiencia vital se renueve. El nifio divino interior posee una inocencia a la que el maestro zen Suzuki Réshi llam6é “mental de princi- piante” y representa la espontaneidad y la profunda necesi- dad del alma humana de expandirse, de crecer y de explorar vastos territorios. A veces este nifio interior tiene exigencias muy fuertes que se presentan en forma de emociones tales como la an- siedad, la depresién, la ira, la desesperanza 0 ciertos sfnto- mas fisicos. A veces nos aporta nuevos brotes sutiles y fré- giles de inspiracién —una idea stibita, un suefio, una fantasia, o el anhelo de algo renovador. La fuerza vital y natural de este arquetipo exige nuestro reconocimiento e ignorarla acarrea graves consecuencias ya que si no asumimos su vivificante energfa, la proyectaremos frecuentemente hacia fuera. Pero si proyectamos al nifio arquetfpico sobre nuestros hijos serén ellos los que carguen con el peso de nuestro propio desarro- Ilo creativo. Esta imagen inspiradora del nifio interior representa los as- pectos creativos de Ja vida, tanto en el ser humano indivi- dual como en el colectivo que se expresa en los mitos, el 4m- bito metaférico de la historia. En toda cultura existen historias acerca del nacimiento del nifio especial —hijo de dioses, dio- sas o héroes~ historias intemporales que pertenecen a la es- pecie. Al escuchar estas antiguas historias tal vez podamos escuchar el eco de nuestros origenes primigenios y redescu- brir y recordar asf las raices de nuestra propia naturaleza, nuestros instintos, y nuestra creatividad reconociendo en- tonces aquellos elementos de nuestro propio ser que alguna vez conocimos instintivamente. De este modo, quiz4s poda- mos recordar nuestra incipiente integridad original. 41 La promesa del nifio interior Tal vez sea mejor proporcionar un ejemplo <¥ una de e historias. Mi favorita, de entre todas las cpifand zy , atiegas Sas. la historia del nifio Hermes. Hermes nacié dex 4 tne. te Zeus con Maia, una ninfa de los bosques. El NOT bre de M. de evoca al mes de mayo; a Marfa, ia madre de Jesus otro nine divino; y a Maya, la madre de Buda. A fin de pry teger alk HO mes de Hera, la celosa esposa de Zeus, Maia 8c Onde al bebe en una cueva, una especie de segundo titero. Zeus abando. na entretanto a su nuevo hijo y regresa al Olimy G junto as ~ antigua familia. , u Maia, un espfritu de la naturaleza, cuida de Hermes. BI nifio, de carécter travieso, escapa de la cueva al amanece del primer dia de su vida, fabrica una lira con ej} caparane r de una tortuga y roba el ganado de su hermano. A polo, quien Jo apresa y lo !leva a juicio ante el tribunal de Zeus, Herme: . ségtin Homero, responde a las acusaciones ommniscientes di Zeus diciendo: “;Cémo podria haber hecho una cosa seme. jante si nacf ayer mismo?”, al tiempo que le guifia yy ojo, ant - lo cual Zeus y todos los que estén con él en e@] Olimpo se echan a reir. El tinico veredicto de Zeus es que gq restablez. ca la armonfa entre los dos hermanos, hazafia. que s6lo se" cumple cuando Hermes tafie su nuevo instrument, cteativo, Ja lira. , En esta historia encontramos los elementos comynes uni- versales a los relatos miticos-que refieren ef Nacimiento del nifio divino. Si bien existen variantes en el argummento, las circunstancias y el decorado, estos dramas Miticgg parecen compartir una misma estructura bésica que defing las cuali- dades y caracterfsticas fundamentales del nifio interjo, atti butos que, a nivel psicolégico, tienen mucho sentidg para no- sotros. : En primer lugar estos nifios son concebidos Y nacen e1 circunstancias inusitadas —inusitadas desde el punto de vista del nacimiento humano corriente. Su concepcién €8, a veces, el resultado de la unién entre un espiritu y un sey humano. 42 Un nuevo experimento: El arquetipo del nifio interior como en el caso de la inmaculada concepcién de Marfa o en el de la madre de Buda, fecundada por un elefante. A veces la unién se produce entre un dios y un aspecto de la natura- jeza, como ocurre en el caso de Hermes, hijo de Zeus y de una ninfa de los bosques. El nacimiento mismo puede ser inusitado: directamente de elementos primordiales, como el agua o el fuego (Venus), de la cabeza de Zeus (Atenea), 0 de su muslo (Dionisios). Estos insdlitos nacimientos expresan metaféricamente el surgimiento en nosotros de un nuevo principio que procede de fuentes insondables, imprevistas y extraordinarias y que da lugar a alumbramientos esponténeos en nuestra propia psi- que, bajo Ja forma de intuiciones, suefios, visiones 0 emo- ciones. Si la personalidad exterior o la cultura se ha desa- rroflado unifateralmente y de manera resiringida, la aparicién del nifio divino interior presagiaré una posibilidad de reno- vacin y expansién. Es posible que el nacimienio interior se deba a un acontecimiento externo que nos sorprenda y so- brecoja. Tal vez, entendido como un accidente de} destino, nos despierte a una revelacién acerca de nuestras posibilida- -des vitales. - El nifio, concebido y alumbrado de modo tan inusitado, in- gresa en una situacién particular, una cultura o un orden ya formados, sea en el 4mbito de los dioses, en el mundo sub- terréneo o en un entorno humano. Este mundo tiene sus pro- pias normas y principios, representados por aquellos que os- téntan el poder, y este nifio, tan ins6litamente creado y tan creativo, se encuentra, en la mayor parte de los casos, en gran peligro, un peligro que procede del antiguo orden. Incluso Apolo trata de destruir a su precoz hermano menor, Hermes. Herodes mata a los nifios a fin de asegurar la destruccion del nifio Cristo, Hera, siempre celosa de los devaneos amorosos de Zeus con nuevos y virginales elementos, procura destruir la progenie surgida de tales encuentros. Estos gobernantes re- presentan en nosotros la antigua estructura que no quiere ce- 43 La promesa del nitio interior der su poder al nuevo ser, divinamente concebido. Pero para poder incorporar lo nuevo, lo viejo debe permitir el cambio. Mantener la capacidad de respuesta y la sensibilidad fren- te a los dictados y las exigencias de este nifio interior, quien nos urge constantemente a ser algo més, nos abre al cambio. Por otro lado, ésta es una experiencia incémoda que suele conducir a intentar aplacar, distraer o tranquilizar a este nifio interior, 0 a olvidarlo, negarle tiempo y atencién. De tal modo, sin embargo, ponemos en peligro nuestras “aspiracio- nes mds sagradas”. Pero ademés del peligro derivado del orden preestableci- do que el poder vigente quiere preservar, estos nifios divinos de los mitos y de la psique son vulnerables porque, con fre- cuencia, son abandonados por uno o ambos padres, como le ocurre a Hermes con Zeus. En el seno de nuestra propia psi- que esto podria indicar que los padres corrientes y familia- res, modelo de lo ya conocido, abandonan a este nifio a ta ta- rea de encontrar su propio lugar, singular y no convencional, entre las cosas y personas de su entorno. Pero aunque haya sido abandonado por sus padres divinos, el nifio encuentra frecuentementé proteccién en guardianes te- rrenales, representaciones de las fuerzas naturales de nuestra propia naturaleza, simple y primitiva, que pueden criar a este nifio especial de manera discreta, con una especie de cono- cimiento ristico-terrestre. Esta fuerza natural permitiré que el nifio se afirme y se encarne en nosotros con su propio rit- mo orgénico. El lugar de nacimiento del nifio suele ofrecer alguna pro- teccién, Hermes nacié en una cueva, una especie de segun- do ttero, lo mismo que su padre Zeus, quien de tal modo evité ser devorado por su propio padre Cronos, Cristo nacié en un establo, dado que no habfa lugar en la posada colecti- va. Y también aquf son animales y pastores los primeros en rodearlo. En este lugar protegido el nifio puede cobrar fuer- zas hasta sentirse preparado para ingresar en un mundo hos- 44 Un nuevo experimento: El arquetipo del nifio interior til. Psicolégicamente, esta proteccién podria representar cier- to desarrollo en nosotros —un idea creativa, un suefio, o una nueva actitud o relacién con la vidat que no puede manifes- tarse o salir a la luz antes de madurar y ser capaz de sobre- vivir de manera aut6noma y, consecuentemente, de cambiar de manera sana y eficaz el antiguo orden. Cristo, por ejem- plo, tiene ya doce afios cuando regresa para hablar con los an- cianos en el templo. Parad6jicamente, este nifio abandonado, amenazado, y ne- cesitado de proteccién, posee ya un poder indestructible y una individualidad creativa. Son las aptitudes extraordina- rias de Hermes las que crean la lira y amenazan a Apolo con el poder mAgico de su astucia. Buda, recién nacido, se aleja siete pasos de su madre y, sefialando al mismo tiempo hacia el cielo y la tierra, se declara principe de todo 'lo que hay arriba y abajo. Y éste es el mismo poder que convoca a los tres reyes de Oriente para adorar al nifio Jestis, De hecho, es precisamente este poder, reconocido, profe- tizado e intuido, el que constituye una amenaza contra el an- tiguo orden. Este nacimiento no es un acontecimiento ordi- nario; en términos psicolégicos podemos verlo como una manifestacién del Yo que exige una reestructuraciOn de la personalidad, lo cual puede abocar en una dolorosa desinte- gracién de la antigua forma y, a menudo, en un perfodo de confusién, soledad y desorientacién, previo al establecimiento de un nuevo orden, El principio gobernante de la personalidad, el ego, perci- be estas tentativas como algo potencialmente amenazador. Puede que el ego, en un intento de silenciar esta nueva voz, erija resistencias pero, siendo divina, no podrd ser silencia- da. Siempre tenemos su Ianto implorando Ja posibilidad de escuchar que la liberemos de su prisién y de unirnos a su movimiento euférico y jubiloso hacia una vida més humana y més abierta. Podremos entonces entrar con ella en el mun- do del juego divino. : 45, La promesa del nifio interior Hermes Ilevé la risa y el sonido de la miisica armoniosa y serena al mundo del Olimpo —un nuevo elemento a reco- nocer y valorar que iba a cambiar ese mundo para siempre. En el adulto contempordneo, la energfa del nifio interior puede dar lugar a cambios radicales, tanto de imagen como de estilo de vida; o puede que sélo conduzca al surgimiento de nuevos h4bitos e intereses, Pero una vez haya nacido en- nuestro interior, este nifio exigiré que ampliemos nuestro mundo para darle cabida, que padezcamos el abandono de nuestras conocidas pautas internas, aquellas que nos sostie- nen, y que toleremos 1a soledad que acompaiiaré a una accion creativa concebida a partir de una relacién inspirada con lo nuevo. El premio a ganar es nuestra totalidad, una totalidad sugerida ya en nuestro origen hacia fa que nos sentimos ine- xorablemente atrafdos. Y también las sociedades y culturas pueden renovarse de este modo, los viejos Grdenes pueden ser revisados y reconstruidos, encaminando a la raza humana ha- cia un mundo mas armonioso. ¢ _ El arquetipo del nifio interior puede, por tanto, aportar ilu- } sin y esperanza a nuestra historia personal y a la historia del mundo. Nos recuerda el origen, €1 momento de la crea- cién, lo nuevo, lo inesperado, la diferencia peculiar que al- tera la totalidad. Bsta es a promesa del “nuevo experimen- to”, la promesa de nifio interior. 46 2. PSICOLOGIA DEL ARQUETIPO INFANTIL C.G, Jung Este es un extracto del estudio pionero acerca del nifio in- terior. Para comprender ig nocién del arquetipo infantil es preciso familiarizarse coi el concepto de_inconsciente co- lectivo, que Jung concibid ‘como el depdsito de liherencia y. de las posibilidades psiquicas de ta huimanidad También se requiere cierto conacimiento sobré'la naturaleza del arque- tipo, uno de los descubrimientos prihcipales de Jung y, tal vez, el conceptd fundamental de fodo sw’ trabajo. Jung desa- rrollé st teorta de los arquetipos por efapas, empezando al- rededor de 1912, La toma de contacto edn sy propio nifio in- terior fue el resultado de ciertas experiencia personales que tuvieron lugar por esas mismas fechas (para mgs detalles, yé- anse los capttulos 6 y 21). Este ensayo contiene (gs refle- xiones primordiales acerca del nifio interior, reflexiones que han terminado dando origen y realidad a nuestro tema; y va- rios de los colaboradores de este volumen se remiten a él en su trabajo. 47 aA RRA La promesa del nifio interior El arquetipo, segiin Jung, “es una forma inconsciente irre- presentable y preexistente que parece formar parte de la es- tructura psiquica heredada. Su forma podria quizd compa- varse al sistema axial de ua cristal que, por ast decir, si bien no tiene existencia material propia, prefigura la estructura cristalina del liquido original... El arquetipo en st estd va- elo y es puramente formal, nada mds que una facultad pre- establecida, una posibilidad de representacién dada a ptio- ri, Las representaciones mismas no son heredadas, s6lo las formas, ya este respecto se corresponden en todo sentido con los instintos, determinados también tinicamente de ma- nera formal. La existencia de los instintos no se puede pro- bar, del mismo modo que tampoco puede probarse la exis- tencia de los arquetipos, en tanto no se manifiesten de modo concrete” . (CW, vol.9, i, para.155) . Jung también escribid: “Los arquetipos fueron, y son to- davia, fuerzas pstquicas vivas... Aportaron siempre protec- cibn.y salvaci6n, y violarlos conlleva aquellos ‘peligros del salma’ que conocemos por la psicologta del hombre primiti- vo. Por otra parte, constituyen la causa indiscutible de tras- tornos neuréticos e incluso psicopaticos, comportdndose exactamente como érganos fisicos o como sistemas orgdni- cos desatendidos o maltratados” . (CW, vol. 9, i, para. 266) The Critical Dictionary of Junguian Analysis (Samuels, et al., 1986) menciona lo siguiente: Todas las imdgenes pstquicas participan hasta cierto punto de lo arquetipico, razén que explica la numinosidad de los suefios, y de tantos otros fenémenos psiquicos. Los compor- tamientos arquetipicos son especialmente evidentes en perfo- dos de crisis, cuando el ego es mds vulnerable. Hallamos cua- lidades arquettpicas en los stmbolos, to que explica en parte su atractivo, utilidad y recurrencia. Los dioses son metdforas de conductas arquetipicas y los mitos representaciones ar- quettpicas, Los arquetipos no pueden ser completamente in- 48 Psicologia del arquetipo infantil tegrados ni encarnados en fornia humana. El andilisis impli- ca una toma de-conciencia progresiva de las dimensiones arquettpicas de ta vida de una persona... El concepto jun- guiano de arquetipo se inscribe en ta tradicién de las Ideas platénicas, presentes en la mente de los dioses y modelos de todas las entidades en el émbito de lo humano. Este ensayo se publicé por primera vez en su versién com- pleta en 1940. El arquetipo como vinculo con el pasado En lo relativo a la psicologfa de nuestro tema, debo se- fialar que toda afirmacién que vaya més alld de fos aspectos estrictamente fenoménicos de un arquetipo es susceptible de critica, No cedamos ni por un instante a la ilusién de que un arquetipo puede explicarse de modo definitivo, Hasta las mejores tentativas de ofrecer una explicacién no son sino traducciones més 0 menos acertadas a otro lenguaje meta- fOrico. (De hecho, el lenguaje mismo no es mds que una imagen.) Lo mas que podemos hacer es volver @ sofar el mito y revestirlo de hébitos modernos. Y cualquier explica- cin o interpretacién que hagamos de él afecta también a nuestra alma, con las correspondientes consecuencias para nuestro bienestar. EI arquetipo —no lo olvidemos nunca— es un érgano psi- + quico presente en todos nosotros. Una mala explicacién im- plica, correlativamente, una mala actitud para con dicho ér- gano, el cual podrfa resultar asi daiiado, Pero el maximo perjudicado es quien interpreta erréneamente. Por consi- guiente, la “explicacién” deberfa respetar la importancia fun- cional del arquetipo, asegurando asf un contacto adecuado y significativo entre la mente consciente y el arquetipo. Porque el arquetipo es un elemento de nuestra estructura psiquica y, 49 La promesa del nifio interior por lo tanto, un componente vital y necesario de nuestra eco- nomfa psiquica. Representa o personifica ciertos datos ins- tintivos de la psique primitiva y oscura, las rafces reales e in- visibles de nuestra conciencia. La preocupacién de la mentalidad primitiva por ciertos factotes “magicos”, que no son sino lo que nosotros Iamarfamos' arquetipos, evidencia ja importancia primordial de la coiiexién con estas rafces. Esta forma original de religio (“re-ligar’”) es la esencia y el fundamento de toda vida religiosa incluso en nuestros dias, y siempre lo ser4, con independencia de la forma que dicha vida adopte en el futuro. No hay tn sustituto “racional” para ef arquetipo, asf como. tampoco lo hay para el cerebelo o los rifiones. Podemos es- tudiar los drganos ffsicos anatémica, histolégica y embrio- Idgicamente, Io que corresponderfa a un perfil de la feno- menologia -arquetfpica y a su presentacién’en términos de historia comparada. Pero s6{0 llegamos al significado de un érgano fisico cuando empezamos a formular preguntas tele- oldgicas. De aqui surge la pregunta: ;Cual és la finalidad biolégica del arquetipo? De ia misma manera que la fisiolo- *. —gfa responde a esta pregunta referente al cuerpo, es asunto de Ja psicologia contestarla en relacién al arquetipo. Afirmaciones como “El motivo del nifio es un recuerdo ru- dimentario de Ia propia infancia”, y otras similares; no hacen mis que dar por sentadas cosas que deberfan ser demostia- das. Pero si, modificando leyemente este enunciado, decla- ramos: “El motivo del mifio es una representacién de ciertds aspectos “olvidados” de nyestra infancia, nos aproximamos mas a la verdad. No obstante, dado qué el arquetipo es siem- pre una imagen que incumbe a toda la razq humana y no s6lo al individuo, tal vez fuera mejor decir: “El motivo del nifio representa el aspecto preconsciente de la infancia de la psi- que colectiva”.! (No creo superfluo sefialar que el prejuicio comiin se in- clina siempre a identificar el motivo del nifio con la expe- 50 Psicologia del arquetipo ¥ nfantil riencia concreta “nifio”, como si el nifto real fuera la causa y la condicién previa de la existencia de este arquetipo, Sin embaigo, en la realidad psicoldgica la idea empfrica_**njjjo” es slo un medio.fy no el tinico] para expresar un 1 hechx9 psi- ~quigo qu ‘que no puede fo: con may Por la migma razén, cabe afitmar de modo categérico que la idea mitolégica del nifio no es una réplica del nifio empitico, ‘sino un simbolo claramente reconocible como tal: es un nifio pro- digio, w un nifio divino, concebido, nacido y criado en cir- cunstancias muy extraordinarias, y no -esto es lo importan- te— un nifio humano. Sus actos son tan milagro sos y monstruosos como su naturaleza y constitucién fisica. Es s6lo a causa de estas propiedades tan poco empiricas que se hace necesario hablar de un “motivo del nifio”. Por otra parte, el “nifio” mitolégico se presenta bajo varias formas: como un dios, un gigante, un animal, Pulgarcito, etcétera, lo cual apun- ta a un tipo de causatidad que es cualquier cosa menos ra- cional o concretamente humana. Lo mismo vale para los ar- quetipos del “padre” o de la “madre” que, desde un punto de vista mitolégico, son simbolos iguaimente irracionales,) No nos equivocaremos si, por el momento, interpretamos este enunciado histéricamente, sobre la analogia de deter- minadas experiencias psicolégicas que muestran que Ciertas fases de la vida de un individuo pueden volverse aut6nomas y personificarse, hasta terminar configurando una imagen de uno mismo en ta que uno, por ejemplo, se ve a sf mismo como un nifio. Este tipo de experiencias visionarias, ya se formen en el suefio ya en el estado de vigilia, dependen, como ga- bemos, de que previamente haya tenido lugar una disocia- cidn entre el pasado y el presente, Tales disociaciones se pro- ducen a causa de distintas incompatibilidades; por ejemplo, el estado presente de una persona puede haber entrado en conflicto con su estado infantil o un individuo puede haber- se escindido violentamente de su personalidad inicial identi- ficdéndose tan s6lo con cierta “persona” arbitraria més de sug MAL CALE s La promesa del nifo interior acuerdo con sus ambiciones. Ha dejado asf de ser ©OTR0 un nifto, se ha vuelto artificial y ha perdido sus rafces. Todd < ello presenta una oportunidad favorable para una confront Aci6n igualmente violenta con la verdad primordial. En vista de que los hombres todavia no han SACI de emitir afirmaciones acerca del nifio-dios, tal vez pod Amos extender la analogfa individual a la vida del género harmano y concluir que, es mds probable que la humanidad entre gj em- pre en conflicto con sus condiciones infantiles, esto es , con su estado original, inconsciente ¢ instintivo, y que el pe} igro del tipo de confticto que da lugar a la visién del “nifio”? exis- te efectivamente. Las practicas religiosas, o sea, la natracign y ritualizacién reiterada del acontecimiento mitico, Sirven por lo tanto para traer una y otra vez a fa vista de la Mente consciente laimagen de la infancia y de todo lo que se Tela- ciona con ella,.a fin de que no se rompa el vinculo con la Con- dicién inicial. La funcion del arquetipo EI motivo del nifio no sélo representa algo que existig, en un pasado remoto, sino también algo que existe ahora, es decir, no se trata simplemente de un vestigio sino de un, Sis- tema que funciona en el presente cuyo propésito es e} de compensar 0 corregir, de manera significativa, la inevitabje excentricidad de la mente consciente, Esta suele concentra, se s6lo en unos pocos contenidos, elevéndolos a un grado maximo de claridad, lo que supone la exclusién de la con. ciencia de otros contenidos potenciales. Esta exclusion darg lugar a ciérta unilateralidad de los contenidos conscientes Puesto que la conciencia diferenciada del hombre civilizaqg, constituye un instrumento eficaz para la realizacion pricticg de sus contenidos, a través de la dindmica de la voluntag existe tanto mayor peligro, cuanto mas ejercita su voluntag’ 52 Psicologta del arquetipo infantil de que se pierda en la unilateratidad y termine ‘desvidndose progresivamente de las leyes y raices de su ser. Esto impli- ca, por un lado, ja posibilidad de la libertad humana pero, por otro lado, es una fuente de transgresiones continuas con- tra los propios instintos. En consecuencia, el hombre primi- tivo, que, como el animal, permanece més préximo a sus ins- tintos, se caracteriza por cl miedo a la novedad y por su apego a la tradicién, Para nuestra manera de pensar, su atraso ¢s muy notorio, mientras que nosotros exaltamos el progreso. Pero nuestro progresismo, aunque puede dar lugar al atrac- tivo cumplimiento de muchos deseos, va generando una deu- da prometeica igualmente colosal, que debemos pagar de tan- to en tanto en forma de catastrofes monstruosas. Durante cientos de afios el hombre ha sofiado con volar, jy lo que ese suefio nos ha deparado son los bombardeos masivos! En la actualidad, la esperanza cristiana de una vida més alla de la tumba nos hace sonrefr, y sin embargo caemos a menudo en milenarismos cien veces més ridfculos que la nocién de un idflico més allé. Nuestra conciencia diferenciada est4 en con- tinno peligro de desarraigo; de ahf que necesite la compen- ~ saci6n del ain vigente estado de la infancia. Desde la perspectiva progresista, los sintomas de la com- pensacién se describen en términos poco halagadores. Dado que, vista superficialmente, parece una operacién dilatoria, la gente habla de jnercia, atraso, escepticismo, erftica, conser- yadurismo, timidez, mezquindad, y asf sucesivamente, Pero en la medida en que el hombre tiene una enorme capacidad para disociarse de sus propias rafces, puede también verse arrastrado inadvertidamente hacia la catdstrofe por su peli- grosa unilateralidad. Et ideal conservador es siempre mas primitivo, més natural (tanto en su sentido positive como ne- gativo) y, en la medida en que conffa en la ley y en la tradi- cién, més “moral”. El ideal progresista, por su parte, es siem- pre més absiracto, menos natural y, en la medida en que es desteal a la tradicién, menos “moral”. Bl progreso impuesto 53 La promesa del nifio interior por la voluntad es siempre convulsive, El atraso podré estar mas préximo a la naturalidad, pero se ve a su vez amenaza- do por peligrosos despertares. La antigua perspectiva se daba cuenta de que el progreso sélo es posible Deo concedente (“si Dios quiere”), mostréndose con ello consciente de la existencia de Jos opuestos y repitiendo en un plano més ele- vado los seculares rites d’entrée et de sortie (“titos de pasa- je”). Cuanto mas diferenciada se vuelve la conciencia, tanto mayor es el riesgo de ruptura con la condicién de partida. La tuptura total se produce cuando se olvida el Deo conceden- te. La psicologia tiene ahora por axioma 1a idea de que cuan- do una parte de ta psique se escindé de la conciencia, sélo queda aparentemente desactivada pero, de hecho, toma po- sesién de la personalidad y falsea los objetivos conscientes del individuo. Por consiguiente, si se reprime el estado in- fantil de lavpsique colectiva hasta excluirlo totalmente, los contenidos inconscientes pueden terminar dominando a los objetivos conscientes e inhibir, falsear e incluso destruir su yealizacién, EJ progreso viable es sdio posible con la coope- racién de ambos. El futuro del arquetipo Uno de los rasgos fuiidamentales del motivo del nifio es su proyecci6n futura, El riifio es futuro potencial, Por consi- guiente, la presencia del motivo del nifio en la psicologfa del * individuo implica una anticipaci6n de tendencias futuras, por mucho que a primera vista parezca una configuracién re- trospectiva, La vida es un flujo, una corriente que discurre ha- cia el futuro, y no un estancamiento o una resaca. No resul- ta sorprendente, entonces, que tantos salvadores mitolégicos sean dioses infantiles, lo cual concuerda exactamente con nuestra experiencia de la psicologfa individual, que muestra cémo el “nifio” prepara el camino para un cambio futuro de 54 Psicologia del arquetipo infantil personalidad. En el proceso de individuaci6n, la figura del , nifio anticipa la sintesis entre los elementos conscierltes e in- conscientes de Ja personalidad. Es, por tanto, un simbolo de unidad de los opuestos’ un intermediario, portador de salud y de plenitud. Siendo éste su significado, el motivo del nifio es capaz de Jas numerosas transformaciones que he mencio- nado previamente: puede encontrar su expresién en lo re- dondo, el cfrculo o la esfera, o en lo cuadrado como repre- sentacién de otra forma de plenitud.* He Hamado “Self” a esta plenitid que trasciende la conciencia.’ El objetivo del proceso de individuacién es la sintesis del Self. Desde otro punto de vista, el término “eritelequia” [entelequia = fuerza vital que impulsa a un organismo hacia la autorrealizacién} seria preferible a “sintesis”. Existe una raz6n empirica por la que, en determinadas circunstancias, el término entetequia re- sulta ms apropiado: los sfmbolos de plenitud suelen apare- cer al principio del proceso de individuacién y pueden ob- servarse frecuentemente en Jos suefios iniciales de ta primera infancia, Esta observacién apunta hacia la existencia @ prio- ride una plenitud potencial,® sugiriendo de inmediato la idea de entelequia, Pero desde ef momento en que, empiricamen- te hablando, tiene lugar el proceso de individuacidn, se pre- senta como una sintesis, Parece pues, paradéjicamente, como si algo que ya existiera se estuviera reuniendo. Desde este punto de vista, el término “sfatesis” también es aplicable, El nifio como principio y fin Después de su muerte, Fausto es recibido como nifio en el “coro de los nifios bienaventurados”. No sé si mediante esta idea peculiar Goethe se estaba refiriendo a los cupidos de las antiguas sepulturas, pero no es una idea descabellada. La figura del cucullatus apunta al encapuchado, es decir, el invisible, el genio de los difuntos, que reaparece en las di- 55 La promesa del nifio interior versiones infantiles de una nueva vida, rodeado de las formas marinas de delfines y tritones. El mar es el simbolo favorito del inconsciente, madre de todo lo que vive, En determina- das circunstancias (Hermes y los Déctilos, por ejemplo) el “nifio” esta estrechamente relacionado con el falo, sfmbolo de * la procreacién y por ello lo vemos también aparecer en el falo sepulcral, como sfmbolo de una nueva concepcién. El “niffo” es por lo tanto renatus in novam infantiam (Cre- nacido a una nueva infancia”); al mismo tiempo principio y fin, una criatura inicial y terminal. La criatura inicial existia antes de que el hombre fuera y la criatura terminal existira cuando el hombre ya no sea. Desde un punto de vista psico- légico, esto quiere decir que el “nifio” simboliza la esencia ~ preconsciente y postconsciente del hombre, Su esencia pre- consciente es el estado inconsciente de su primera ‘infancia; su esencia postconsciente es una anticipacién, por analogfa, de Ja vida después de Ja muerte. En esta idea se expresa la naturaleza global de la plenitud psfquica, Entre los limites de la mente consciente no cabe la plenitud -que incluye la ex- tensién indefinida ¢ indefinible del inconsciente. Empirica- mente hablande; la plenitud es, por consiguiente, una exten- sidn inconmensurable, mds vieja y m4s joven que la conciencia, que se despliega en el tiempo y el espacio. Esto no es una especulacién, sino una experiencia psiquica inme- diata. Los sucesos inconscientes no s6lo acompajian conti- . i * nuamente al proceso consciente, sino que también lo gufan, asisten o interrumpen. El nifio tenfa una vida psiquica antes de tener conciencia. Incluso el adulto sigue haciendo y di- ciendo cosas cuyo significado no comprende hasta més tar- de, si es que llega a comprenderlo. Y, sin embargo, las hizo y las dijo como si supiera qué significaban. Nuestros suefios hablan continuamente de cosas que nuestra conciencia no comprende (motivo por el cual son tan titiles en la terapia de las neurosis). Nos llegan intuiciones e indicaciones de fuen- tes desconocidas. Temores, humores, planes y esperanzas pa- 56 Psicologia del arquetipo infantil san por nosotros sin causalidad aparente. Estas experiencias coneretas se hallan en la base de nuestra impresién de cono- cernos muy poco y constituyen también el fundamento de las perturbadoras conjeturas acerca de las posibles sorpresas que el futuro pueda depararnos, El hombre primitivo no es un enigma para sf mismo. La pregunta “Qué es el hombre?” es la pregunta que el hom- bre siempre ha guardado hasta el final. El hombre primitivo tiene tanta psique fuera de su mente consciente que la expe- riencia de algo psiquico exterior a si mismo le resulta mucho més familiar que a nosotros. De hecho, la vivencia de fuer- zas psfquicas que rodean a la conciencia, sustentandola, ame- naz4ndola o engafidndola, constituye una experiencia secular del género humano, Esta experiencia se ha proyectado en el arquetipo det nifio, expresién de la plenitud humana. El “nifio” es todo aquello que es abandonado y expuesto y al mismo tiempo divinamente poderoso; el principio insignifi- cante ¢ incierto y el fin triunfal. El “nifio eterno” inherente al hombre es una experiencia indescriptible, una incon- gruencia, una desventaja y una prerrogativa divina; un im- ponderable que determina el valor fundamental o Ia falta de valor de una personalidad. 57 3. LOS ENSUENOS SOBRE LA INFANCIA Gaston Bachelard En este pasaje de su libro The Poetics of Reverie [La poétique de la réverie), de 1971, Gaston Bachelard ensal- za repetidaniente lo mejor, lo mas puro y lo mds sublime del nifio. El autor, un destacado pensador de la Francia contemporénea, explora aqui no sélo la experiencia de la niiiez, el nifio que hay en el adulto, y el arquetipo infantil, sino también la infancia no vivida, la promesa del nifio in- terior, el nifio en potencia. Segiin él: “Hay en nuestro inte- rior una infancia potencial. Cuando vamos a su encuentro en nuestros ensueiios, la revivimos més en sus posibilida- des qué en su realidad”. Bachelard no escribe, sino que vuela; no entiende, sino que ve. Leer este ensayo es descubrir el fundamento poético de la realidad infantil: “En nuestro interior, todavia en nues- tro interior, siempre en nuestro interior, la infancia es un es- tado mental”. 58 Los ensueitos sobre la infancia Cuando, estando solos, nos entregamos al ensuefio y nos alejamos del presente para regresar a nuestra nifiez, varios rostros infantiles vienen a nuestro encuentro. Fuimos varios en nuestros primeros ensayos vitales, en nuestra vida primi- tiva. Es inicamente el relato de los otros el que nos ha he- cho conocer nuestra unidad. Al hilo de la historia que nos han contado los demés, afio a aiio, acabamos por parecernos a nosotros mismos y congregamos todos esos diversos seres alrededor de la unidad de nuestro nombre. Pero el ensuefio no es un recuento. O, por lo menos, hay ensuefios tan profundos, que nos ayudan a ahondar en noso- tros mismos y nos libran de nuestra historia. Nos liberan de nuestro nombre. Estas soledades de hoy nos devuelven a la + soledad original. Aquellas soledades primeras, las soledades de la infancia, dejan, en ciertas almas, huellas indelebles. Toda nuestra vida se agudiza en el ensuefio poético, un én- suefio que sabe el precio de la soledad. La infancia conoce Ia desdicha por los hombres. En la soledad puede aliviar sus penas, EI nifio se siente hijo del cosmos cuando la sociedad le deja en paz. Y es asi como en sus soledades y desde él mo- mento en que es amo de su ensuefio, el nifio descubre el gozo de sofiar que constituira mas tarde a dicha de los poetas. 4Cémo no sentir la relacién que existe entre nuestra soledad de sofiador y las soledades de la infancia? Y no és por acci- dente que, en un ensuefio tranquilo, solemos descender fa pen- diente que nos devuelve a nuestras soledades infantiles. Dejemos entonces al psicoandlisis la tarea de curar las in- fancias maltratadas y aliviar los sufrimientos pueriles de una infancia endurecida que oprime Ja psique de tantos adultos. Hay todo un campo abierto a un anilisis-poético que nos ayu- darfa a reconstituir en nosotros el ser de las soledades libe- radoras. Ese anélisis-poético deberfa devolvernos todos los privilegios de la imaginacién. La memoria es un campo de 59 La promesa del nifio interior ruinas psicoldégicas, un amasijo de recuerdos. Toda nuestra in- fancia esté por re-imaginar. Re-imagindéndola tenemos la oportunidad de recobrarla en la vida misma de nuestros en- suefios de nifio solitario. A partir de entonces, las tesis que deseamos defender en este capftulo apuntan al reconocimiento de la permanencia, en el alma humana, de un niicleo de la infancia, una infan- cia inmévil pero siempre viva, ajena a la historia, oculta a los dems, disfrazada de historia cuando es contada, pero que s6lo tiene existencia real en esos instantes de iluminacién, es decir, en los instantes de su existencia poética, Cuando sofiaba en su soledad, el nifio conocia una exis- tencia ilimitada. Su ensuefio no era Gnicamente un ensuefio de huida, Era un ensueiio de vuelo. Hay ensuefios infantiles que brotan con la luminosidad de “ un fuego. El poeta recobra su infancia cuando la nombra con palabra de fuego: Palabra de fuego. Diré lo que fue mi infancia. Cuando exhumdbamos ta luna roja en ta espesura del bosque." Un exceso de infancia es un germen de poema. Nos bur- larfamos de un padre que, por amor a su hijo, fuera a “des- colgar la luna”, Pero el poeta no se arredra ante este gesto césmico, Vislumbra, en su ardiente memoria, que se trata de un gesto de la infancia. El nifio sabe bien que la luna, ese gran pajaro rubio, anida en algtin rincén del bosque. . Asi, ciertas imagenes de la infancia, imagenes que un nifio ha podido concebir, o que un poeta nos dice que un nifio ha concebido, son para nosotros manifestaciones de la infancia permanente, Esas son imagenes de la soledad que nos hablan de la pervivencia de la gran infancia a través de los ensue- fios del poeta, 60 Los ensuefos sobre ta infancie~» il Parece pues que, con la ayuda de las imagenes de los poe— tas, la infancia se revela como psicolégicamente bella. ;Cé6ma no hablar de belleza psicolégica de un acontecimiento atrac— tivo de nuestra vida fntima? Esta belleza est4 en nosotros, ery Jo més hondo de nuestra memoria, Es la belleza de un vue~ Jo que nos reanima, que dinamiza la belleza de nuestra pro~ pia vida. En nuestra infancia, el ensuefio nos daba la Jiber~ tad. Y resulta Hamativo que el 4mbito més favorable para _recibir la conciencia de la libertad sea precisamente el de] ensuefio. Captar esta libertad cuando aparece en un ensuefio infantil sdlo resulta paraddjico cuando olvidamos que segui~ mos sofiando la libertad como Io hacfamos cuando nifios. ,De qué otra libertad psicolégica disponemos sino dela libertad de sofiar? Psicolégicamente hablando, es en el ensuefio don- de hallamos la libertad. Hay en nuestro interior una infancia potencial. Cuando vamos a su encuentro en nuestros ensuefios, la revivimos mas en sus posibilidades que en su realidad, Soflamos todo lo que pudo haber sido, sofiames en la frontera entre Ja historia y la leyenda, Para acceder a los recuerdos de nuestras soledades, idealizamos los mundos en los que fuimos nifios solitarios. Dar cuenta de fa idealizacién realista de los recuerdos de in- fancia y del interés personal que despiertan dichos recuer- dos, supone pues un problema de psicologfa practica. Y ésta es la razén por la que la comunicacién entre un poeta de la infancia y su lector se produce por mediacién de la infancia que perdura en nosotros. Esta infancia sobrevive ademas como una disposicién receptiva y abierta a la vida y nos per- mite comprender y amar a los nifios como si fuéramos pri- migeniamente sus iguales. Un poeta nos habla y somos agua viva, un nuevo manan- tial. Escuchemos a Charles Plisnier: 61 La promesa del nifio interior jAk! Con sélo consentirlo, mi infancia, estds aqui tan viva, tan presente. Firmamento de vidrio azul, Grbol de hoja y de nieve, rfo que corre ga dénde voy?? Cuando leo estos versos, yeo el cielo azul sobre mi rip en los veranos del otro siglo. EI ser del ensuefio atraviesa sin envejecer todas las eda- des del hombre, desde Ja infancia hasta la vejez. Y es por ello que, en el otofio de la vida, uno trata de recyperar los en- Sueffos infantiles redoblando la ensofiacién, Este incremento de la ensofiacién, este ahondamiento en- _sofiador que sentimos cuando sofiamos nuestra infancia, ex- plica que, en todo ensuefio, incluso aquel que nos sobrevie- -ne cuando contemplamos un aspecto hermoso del mundo, -nos, deslicemos pronto por la pendiente de los recuerdos y regresemos imperceptiblemente a antiguos ensuefios, tan an- tiguos que ya no pensamos en fecharlos. De repente, un ful- gor de eternidad desciende sobre el mundo, Nos hallamos ante un gran lago cuyo nombre conocen los geégrafos, ro- deada de altos picos, y hete aquf que. regresamos a un pasa- do remoto. Al sofiar, recordamos y nuestro recuerdo nos de- vuelve la imagen de un rfo que refleja un cielo apoyado sobre Jas colinas. Pero las colinas se agrandan y lo mismo ocurre con la curva del rfo. Lo pequefio se vuelve grande. El mun- do del ensuefio infantil es grande, mas grande que el mundo que se oftece a la ensofiacién de hoy. Del ensuefio poético ins- pirado por el magnifico espectéculo del mundo al ensuefio in- fantil, hay comercio de grandeza. Y es por ello que en el ori- gen de los paisajes més magnificos se encuentra la infancia. Nuestras soledades infantiles nos han dado las inmensidades primitivas. - 62 Los ensuefios sobre la infancia Al sofiar la infancia regresamos a Ja morada del ensuefio, a los ensuefios que nos abrieron al mundo. El ensuefio nos convierte en los primeros habitantes del mundo de la soledad. ¥ habitamos mejor el mundo porque jo habitamos como el nifio solitario habita las im4genes. En el ensuefio del nifio la imagen tiene primacfa sobre todo lo demés. Las experiencias vienen s6Jo més tarde y van a contra corriente de los ensue- fios de vuelo, El nifio lo ve todo grande y hermoso. El en- suefio de la infancia nos devuelve a la belleza de as prime- rasimdagenés. {Puede el nitinds ser ahora tan hermoso? Nuestra adhesin a la belleza priniera fue tan intensa que si el ensuefio nos re- trotfaé U miéstros recuerdos mas amados, el mundo actual queda déséolorido, Un poeta que escribe un libro de poemas titulado Dias de hormigén dice: hp we EE ‘mundo se tambalea cuando oblengo rescato del pasado Io que preciso para vivir en el fondo de mt mismo? jAhL Ge s6lidos serfamos en nuestro interior si pudiéra- mos vivir, volver a vivir sin nostalgia y completamente en- tusiasmados en nuestro mundo primitivo. En suma, esa apertura al mundo de la que se valen jos fi- I6sofos no es acaso una reapertura al fascinante mundo pres- tigioso de las primeras contemplaciones? Dicho de otro modo, esta intuicién del mundo, esta Weltanschauung jacaso es otra cosa que una infancia que no se atreve a pronunciar su nom- bre? Las rafces de la grandeza del mundo se hunden en la infancia. E] mundo empieza para el hombre con una revolu- cién de] alma que a menudo se remonta a la infancia, El si- guiente pasaje de Villiers de L’Isle-Adam nos proporciona un buen ejemplo —procedente de su libro /sis, escrito en 1862, cerca de-su herofna, la mujer dominante—: “El caracter de su itiénte se determiné a sf mismo y, por oscuras transiciones, 63 La promesa del nifio interior atcanz6 las proporciones inmanentes donde e1 yo se afirma como Io que es. La hora sin nombre, la hora eterna en la que los nifios dejan de mirar vagamente el cielo y 1a tierra, Hego para ella a los nueve afios. Aquello que se sofiaba de manera confusa ante los ojos de esta nifia adquirié, a partir de ese mo- mento, un destello mas fijo; parece que experimente su propio sentido en la medida en que despierta en nuestras tinieblas”.* Asi, en “ana hora sin nombre”, el mundo se afirma por lo que es y el alma que suefia es una conciencia de soledad, Al final del relato de Villiers de L’Isle-Adam, la herofna podré decir: “Mi memoria, abismada de repente en Ios profundos dominios del suefto, viva recuerdos inconcebibles”, De este modo, alma y mundo se abren juntos a lo inmemorial, Ast, como un fuego olvidado, la infancia puede volver a prender en nosotros. El fuego de antafio y el frfo de hoy se dan cita en un estupendo poema de Vicente Huidobro: En mi infancia [nace] una infancia ardiente como e} alcohol. Me sentaba en los caminos de la noche A escuchar la elocuencia de las estrellas Y la oratoria del drbol. Ahora la indiferencia nieva en la tarde de mi alma) Estas imagenes que provienen del fondo de la infancia no son propiamente recuerdos, Para valorar toda su vitalidad, harfa falta que un filésofo tal vez pudiera desarrollar todos los razonamientos dialécticos que se resumen en las palabras “imaginacién” y “memoria”. Tratemos ahora de demarcar los confines existentes entre recuerdos e im4genes. il «= .., El pasado no es estable; no regresa a la memoria ni con los mismos rasgos ni bajo la misma luz. Tan Pronto como 64 Los ensueiios sobre la infancia el pasado queda apresado en una red de valores humanos, en los valores intimos de una persona que no olvida, reaparece con la doble fuerza de la mente que recuerda y del alma que se gratifica con su fidelidad, El alma y Ja mente no tienen la misma memoria. Sully Prudhomme, que conocié esta divi- sién, escribe: Oh recuerdo, el alma renuncia, asustada, a concebirte. S6lo nos beneficiamos de la unién entre la imaginacién y la memoria cuando el alma y la mente se unen en un ensue- fio por a ensofiacién, Podemos decir que es en dicha unién cuando volvemos a revivir nuestro pasado. Nuestro ser pasado se imagina volviendo a vivir. A partir de entonces, para constituir la poética de una in- fancia evocada en un ensuefio, es preciso dar a los recuerdos su atmésfera de imagen. Distingamos ahora, para aclarar nuestra reflexién filoséfica acerca del recuerdo del ensuefio, algunos aspectos polémicos entre los hechos psicoldgicos y Jos valores... © — En su estado psiquico originario, imaginacién y memoria aparecen como un complejo indisoluble. Las analizamos mal si las vinculamos a fa percepcién. Fl pasado recordado no es simplemente un pasado percibido. Puesto que se recuerda, el pasado se designa ya en un ensuefio como valor de imagen. La imaginacién colorea desde el principio los paisajes que de- sea volver a ver. Para llegar a los archivos de la memoria hay que redescubrir los valores existentes mds alld de los he- chos. No se analiza la familiaridad contando las repeticio- nes. Las técnicas de la psicologfa experimental no pueden llevar a cabo un estudio de la imaginacién desde el punto de vista de sus valores creativos. Para volver a vivir los valores del pasado hay que sofiar, hay que aceptar esa gran dilatacion psiquica que es el ensuefio en la paz de un gran reposo. En- 65 dae a La promesa del nifto interior tonces 1a imaginacién y la memoria rivalizan para devolver- nos las imagenes que atafien a nuestra vida... Semejante proyecto fenomenoldégico de acoger en su ac- tualidad personal la poesfa de los ensuefios infantiles es, ob- viamente, muy distinto de los titiles estudios objetivos de los psicélogos infantiles, Por mas que se deje hablar libremente a los nifios, por mds que se los observe sin censura mientras disfrutan libremente de sus juegos, por mds que se los escu- che con Ja suave paciencia de un psicoanalista infantil, no se logra necesariamente la simple pureza del examen fenome- nolégico. Estamos demasiado instruidos para ello y, por con- siguiente, demasiado inclinados a aplicar ef método compa- rativo. Mas sabrfa una madre que percibe a su hijo como alguien incomparable. Pero por desgracia una madre no sabe durante mucho tiempo,,. En cuanto un nifio alcanza la “edad de la raz6n’, en cuanto pierde su derecho absoluto a imagi- nar el mundo, la madre, como todos los educadores, asume el deber de ensefiarle a ser objetivo -objetivo del mismo modo simple que los adultos se creen “objetivos”. Entonces lo col- ma de sociabilidad y se le prepara para su vida de hombre conforme al modelo ideal de los hombres estabilizados. Se le instruye también en la historia de su familia. Se te ensefian la mayor parte de los recuerdos de la primera infancia, la his- toria que el nifio podré siempre contar. Se estira la infancia —jesa masa!— en el molde para que el nifio siga sin desvfos el sendero de la vida de los demas. El nifio ingresa asf en la zona de los conflictos familiares, sociales y psicolégicos. Se convierte en un hombre prematuro, que es lo mismo que decir que este hombre prematuro se ha- lla en un estado de infancia reprimida. El nifio interrogado, el nifio examinado por el psicélogo adulto,... no se entrega a la soledad, La soledad del nifio es més secreta que la soledad del hombre. Suele ser tarde en la vida cuando descubrimos, en toda su profundidad, las sole- dades infantiles y las soledades de nuestra adolescencia. Du- 66 Los ensuefios sobre la infancia rante el ditimo cuarto de nuestra vida comprendemos la so- ledad del primer cuarto, al reflejarse la soledad de 1a vejez en las soledades olvidadas de la infancia.* El nifio sofiador se encuentra solo, muy solo. Vive en el riundo del ensuefio, Su soledad es menos social, menos enfrentada a la sociedad, que la soledad del hombre, El nifio conoce un ensuefto natural de soledad, un ensuefio que no hay que confundir’con el del nifio enfurrufiado, En sus dichosas soledades, el nifio sofia- dor conoce el ensuefio césmico que nos une al mundo. En nuestra opinién, es en los recuerdos de esta soledad césmica donde encontraremos el néicleo de infancia que per- vive en el centro de la psique humana. Es allf donde se fun- den Ja imaginacién y la memoria. Es allf donde el ser de la infancia retine lo real y lo imaginario, donde las imagenes de lo real viven totalmente en la imaginacién. Y todas estas im4- genes de soledad césmica resuenan profundamente en el ser del nifio; al margen de su ser para los hombres, se crea, bajo la inspiracién del mundo, un ser para e} mundo. Este es el ser de la infancia césmica. Los hombres pasan, el cosmos per- manece, un cosmos siempre primigenio, un cosmos que ni los espectaculos del mundo conseguirén eclipsar_en el transcur- so entero de la vida, La dimensién césmica de la infancia perdura en nosotros y reaparece en nuestros ensuefios solita- trios, Este micteo de infancia césmica perdura en nuestro in- terior como una falsa memoria. Nuestros ensuefios solitarios son las actividades de una meta-amnesia. Parece que nuestros ensuefios sobre los ensuefios de nuestra infancia nos dan a co- nocer a un ser previo a nuestro ser, toda una perspectiva so- bre los antecedentes del ser. {Eramos, 0 acaso sofidbamos ser, y ahora, al sofiar nues- tra infancia, somos nosotros mismos?... Silos sentidos recuerdan gacaso no encontraran, en cier- ta arqueologfa de lo perceptible, esos “suefios minerales”, esos suefios “elementales” que nos atan al mundo, en una “infancia eterna”? 67 La promesa del nifio interior 1 “Rfo arriba de m{ mismo”, dice el poeta, “rio arriba del | rfo arriba”, dice el ensuefio que procura remontarse a las fuen- i tes del ser;,he aqui las pruebas de Ja antecedencia del ser. | Los poetas buscan esta antecedencia det ser; luego existe. ! Semejante certidumbre es uno de los axiomas de una filoso- fia del onitismo, 4En qué més alld son los poetas incapaces de recordar? jAcaso la vida primera no es un ensayo de la eternidad? Jean Follain escribié: Por los campos de su infancia eterna el poeta pasea y nada quiere olvidar,* jQué vasta es la vida cuando meditamos acerca de sus orf- genes! Pero meditar sobre un origen zacaso no es sofiar? Y sofiar un origen gacaso no supone ir mds alla de é1? Mas allé de nuestra historia se extiende “nuestra inconmensurable me- moria”, segin una expresién ¢ que Baudelaire tom6 prestada —- de Quincey. — Para forzar el pasado, cuando nos atenaza el alvido, los poctas nos invitan a re-imaginar la infancia perdida. Nos en- sefian “tas audacias de la memoria”.’ Hay que inventar el pa- sado, nos dice un poeta: Inventa. No hay fiesta perdida en el fondo de la memoria." Y cuando el poeta inventa esas magnas im4genes que re- - velan la intimidad del mundo, jacaso no recuerda?.., Asi dice el poeta: Infancias tengo tantas que conténdolas me perderta." 68 Los ensuefos sobre ta infancia ... Y siempre regresaremos a la misma certeza onfrica: la infancia es un Agua humana, un agua que brota de la som- bra. Esta infancia en las brumas y fulgores, esta vida en la jentitud del limbo, est4 vinculada con multitud de nacimien- tos, ;Cudntos seres hemos iniciado! ;Cudntos manantiales perdidos de los que, sin embargo, ha brotado agua! Entonces, el ensuefio sobre nuestro pasado, el ensuefio que busca nues- tra infancia, parece restituir a la vida las vidas que nunca su- cedieron, las vidas imaginadas, El ensuefio es una mneménica de Ja imaginaci6n. En el ensuefio restablecemos el contacto con las posibilidades que el destino no supo utilizar, Una gran paradoja se asocia a nuestros ensuefios sobre la infan- cia: en nosotros, este pasado muerto tiene un futuro, el futu- ro de sus imagenes vivas, el futuro del ensuefio que se abre ante toda imagen redescubierta, Vv Toda infancia es fabulosa, naturalmente fabulosa. No por- que se deje impregnar, como nos tienta pensar, por las fabu- las artificiales que se le narran, y que apenas sirven para en- tretener al antepasado que las cuenta, jCu4ntas abuelas toman a sus nietos por tontainas! Pero el nifio, nacido astuto, atiza la manfa de contar, las sempiternas narraciones de los ancia- nos. La imaginacién del nifio no vive de estas fabulas fési- les, de estos fdsiles de fabulas, sino que vive en sus propias fabulas. El nifio encuentra sus fabulas, las fabulas que a na~ die cuenta, en su propio ensuefio, Entonces, la fabula es la vida misma: “He vivido sin saber que vivfa mi fabula”. Este maravilloso verso se encuentra en un poema titulado: “No estoy seguro de nada”.” El nisio permanente es el nifio que puede devolvernos ef mundo de la fébula. Edmond Vander- cammen hace un llamado a la infancia para “segar mds cer- ca del cieto”:" 69 La promesa del nifio interior El cielo espera ser tocado por una mano De infancia fabulosa —Infancia, mi deseo, mi reina, mi arrullo— Por un hdlito de la mafiana. Ademiés, ,c6mo podrfamos decir nuestras fabulas cuando, precisamente, hablamos de ellas como “fabulas”? Ya casi no sabemos lo que es una fdbula sincera. Los adultos escriben - cuentos infantiles con excesiva facilidad y crean as{ fabulas ° pueriles. Pero para ingresar en el tiempo de Ja fabula hay que ser serio como un nifio sofiador, La fabula no divierte, en- canta. Hemos perdido ef lenguaje del ensalmo. Thoreau es- cribid: “Parece que s6lo languidecemos durante la edad ma- dura para contar los suefios de nuesira infancia, suefios que se desvanecen de nuestra memoria antes incluso de que ha- yamos podido aprender su lenguaje”."* Para redescubrir el lenguaje de la fabula es preciso parti- cipar del existencialismo de lo fabuloso, convertirse de cuer- po y alma en un ser que admira y sustituir, frente al mundo, la percepcién por la admiracion, Admirar para recibir los va- . lores de lo que se percibe. Y en el pasado mismo, admirar el recuerdo. Cuando Lamartine regresa en 1849 a Saint-Point, aun paraje donde va a revivir el pasado, escribe: “Mi alma no era m4s que un cdntico de ilusiones”.’* Frente a los testi- gos mudos del pasado, frente a los objetos y parajes que evo- can y precisan los recuerdos, el poeta descubre la unién de la poesfa del recuerdo y de la verdad de las ilusiones. Los re- cuerdos de la infancia revividos en el ensuefio son en verdad “cAnticos de ilusiones” en lo profundo del alma. jAh! jPermanece el nifio que existe en nosotros bajo el signo de la infancia prohibida? Estamos ahora en el ambito de las imagenes, imagenes que son més libres que los re- cuerdos. La prohibicién que debe suprimirse a fin de sofiar libremente no depende del psicoanilisis. Mas alld de los com- plejos relacionados con los padres existen complejos antro- 70 ed Los ensuefios sobre la infancia pocésmicos contra los cuales el ensuefio nos ayuda a reac- cionar. Estos complejos apresan al nifio en lo que podemos lamar, como lo hace Henri Bosco, {a infancia prohibida. To- dos nuestros suefios infantiles deben ser recuperados para que vuelvan a cobrar su intenso vuelo poético. Esta labor co- tresponderia al poético-andlisis. Pero quien lo pusiera en practica deberfa ser al mismo tiempo poeta y psicdlogo, y eso es mucho pedir de un solo hombre. En nuestros ensuefios sobre fa infancia, en los poemas que a todos nos gustarfa escribir para devolver la vida a nuestros ensuefios primigenios, para recuperar el universo de la di- cha, la infancia aparece, a la manera misma de la psicologia profunda, como un arquetipo real, el arquetipo de la felici- dad sencilla. Sin duda se trafa de una imagen que hay en nuestro interior, un centro para las imagenes que atraen a las imagenes dichosas y repelen a las experiencias desdichadas. Pero esta imagen, en su principio, no es enteramente nuestra porque arraiga mds all de nuestros recuerdos. Nuestra in- fancia atestigua la infancia del hombre, del ser tocado por la gloria de vivir, A partir de entonces, los recuerdos personales, nitidos y contados con frecuencia, jam4s explicardn por qué los en- suefios que nos llevan de regreso hacia la infancia poseen tanto atractivo, tanta cualidad anfmica. La causa de esta cua- lidad que resiste las experiencias de la vida es que la infan- cia perdura en nuestro interior como un principio de vida profunda, de vida siempre en armonfa con la posibilidad de un nuevo comienzo. Todo lo que se inicia en nosotros con la nitidez de un comienzo es un arrebato de vida. El gran ar- quetipo del comienzo de la vida aporta a todo comienzo la energfa psfquica que Jung ha reconocido en todo arquetipo. Como los arquetipos del fuego, el agua y la luz, la infan- cia, que es un agua, un fuego que se vuelve luz, da origen a una gran abundancia de arquetipos fundamentales. En nues- tros ensuefios sobre la infancia, de alguna manera, se revita- 7 La promesa del nifto interior lizan todos los arquetipos que vinculan al hombre con el mun- do y armonizan poéticamente al hombre con ei universo. En nuestro interior, todavia en nuestro interior, siempre en nuestro interior, la infancia es un estado mental. 72 4. EL MOTIVO DEL NINO DIVINO. - June Singer El nifto-dios es una manifestacién universal del arqueti- po infantil. Lo advertimos en ejemplos tales como el de la ma- dona y él nifio o el de los miticos héroes divings infantiles. June Singer, analista junguiana y ensayista, se vale de su ex- periencia clinica y de sus vastos conocimientos de mitologta para trazar un perfil de las cualidades divinas del nifo in- terior. Este pasaje proviene de su libro Boundaries of the Soul, un detallado estudio de la psicoterapia desde una pers- pectiva junguiana, El arquetipo del nifio divino suele preceder a una trans- formacién en la psique. Su presencia nos recuerda los mo- mentos de cambio de la historia de! mundo, en los que Sa lle- gada de un nifio divino constituye ei heraldo del derrocamiento del antiguo orden y la instauracién entusias- tae inspirada de uno nuevo. El poema de William Blake A B La promesa del nifio interior Song of Liberty expresa perfectamente la fuerza de este ar- quetipo, La Mujer Eterna, el anima, da nacimiento al nifio divino, un dios solar de cabello flameante, lo que provoca la furia celosa del antiguo rey, el “rey sideral” de la noche y las tinieblas y de la decadencia se precipita sobre el mundo, Si bien e! rey arroja al nifio dios al mar occidental, el niffo no se ahogarda y al término de un viaje nocturno por los mares el hijo de la mafiana ascenderé por el oriente para traer su luz al mundo: jLa Mujer Eterna gimi6! ;Fue escuchada en toda la tierr con temblorosa mano tomé el terror recién nacido, aullando: jEn aquellas infinitas montaias de luz, hoy separadas por el mar atléntico, el fuego recién nacido se presenté ante el rey es- trellado! Marcado por las nieves de las cejas grises y los tormentosos rostros, las celosas alas batieron sobre las profundidades, La mano armada de una lanza ardié en las alturas, desabro- chado estaba el escudo; la mano de la envidia se extendié entre el * cabello Hameante, y lanzé el milagro recién nacido a la estrella- * da noche. ~~ ~ jEL fuego, el fuego cael... Los fogosos miembros y el cabello llameante, cayeron como el sol que se hunde en el mar occidental... Con truenos y fuego, levando a sus huéspedes estelares por el erial baldio, {el tenebroso rey} promulga sus diez mandatos, pa- seando sus radiantes pérpados por las profundidades con oscuro desaliento, Donde el hijo del fuego en su nube oriental, mientras la mafiana dispone sus plumas en su dorado pecho. Desdefando tas nubes de la maldicién escrita, reduce a polvo las leyes de piedra y libera a los corceles eternos de sus guaridas nocturnas, aullando: j¥a no existe el imperio! ¥ en adelante el Leon y el Lobo han de cesar,* 4 El motivo del nifiea giving En el psicoanilisis junguiano el motivo del nifio se pre- senta con frecuencia durante el transcurso del proces = — — Mi propia experiencia de pérdida me habfa transformado. Cuando volvi a trabajar, después de la muerte de mi marido, observé que un invisible velo que haba existido previamen- te, y al que podria denominar “actitud profesional”, habfa desaparecido, Durante mi luto —un estado casi carente de ego- {smo- mi psique se hizo mas permeable, mAs abierta al in- consciente. Me sentfa menos a 1a defensiva y mds presente. Parecfa que hubieran retazos de humo, como los de un fue- go bosquimano, rodedndonos a Anne y a mi. Cobré con- ciencia de la presencia del poder reparador de la madre para el nifio interior. Los suefios de Anne la atemorizaban pero a mi me mos- traban que tenfa la fuerza personal necesaria para emprender el camino y que recorrerlo le iba a Hevar tiempo. De mane- ra gradual, Anne comenzé6 a considerar la idea de que, de al- 105 El nifio abandonado guna forma, atin le era posible incorporar a su vidael sy, efio de ser actriz, que tanto habfa amado y que luego abary cy, ond Aungue el hecho de trabajar en compaiifas teatrales <3 q afi. cionados parecfa desagradarle, a ella le gustaba muchey estu- diar, por lo que se inscribié en algunas clases con profie. Sores locales y empezé a disfrutar el contacto con el mundo tel te. atro. En lugar de sentirse intitil e identificada con la nifiq. tris. te, comenzaba a encontrar a la madre perdida y empe Z6a cuidar de sf misma. Mas que sentirse préxima a las necesidades de su nigja in, terior entristecida, Anne se habfa identificado con ely aL Sut destino estaba ligado a sus padres; tenfa miedo de lo que, pu. diera ocurrirle si ellos morfan. Le asustaba el abandono, pe, si lograba recuperar su objetivo abandonado, tal vez fuera posible iniciar una nueva relacién con su Yo. Recientemey. te, ha comenzado a crecer y a integrarse en el mundo adul- to, un mundo que ella siempre habia identificado con ey pro- ceso de la muerte y el abandono, Esto no significa que Anne haya perdido todos sus miedos ni que su vida sea “perfegtgss sino que participa mds de ella y que se muestra mas abierty ante posibilidades atin desconocidas. . El abandono y la pérdida Un caso de abandono del tipo “nifio triste/madre Perdidg» es la viudez. En ocasiones, los niftos heridos encontramos en nuestro conyuge a la madre o al padre del que hemos estag, 0 privados desde la infancia; pero con su muerte nos hallamog de nuevo sumergidos en el duelo mas profundo. Entonces el “nifio” sale al exterior, desconcertado y dolorido. Es como gj uno conectase con el duelo de Demeter y Perséfone, 0 e] de Jesucristo en la cruz, preguntando por qué Dios le ha aban. donado. Voy a resumir la cuestién de la viudez para intentar acjg_ 106 El secreto cruel del nacimiento rar el problema al que la viuda se enfrenta en relaci6n con el nifio triste. La situaci6n de las viudas en muchas cutturas es una de las més tristes. El simple hecho de nacer mujer ha determinado su destino. A partir del momento mismo de la muerte de su marido se consideraba que su funcién en ta vida habia ter- minado. Frecuentemente evan destruidas para que pudieran acompaiir y servir a sus difuntos esposos en Ja nueva vida ifs all4 de la muerte del mismo modo que Jo habfan hecho en su vida terrenal.™ Si bien en la actualidad somos demasiado civilizados para permitir que las viudas acompafien a sus maridos a la sepul- tura, lo cierto es que muchas mujeres viven su vida a través dc elios, El marido de Sylvia habia fallecido repentina ¢ ines- peradamente, y elia, periodista con una buena posicién eco- némica y amante de su profesién, se encontré sola con sus dos hijos, con su afliccién y con su furia. “¢Cémo se atreve a hacerme esto a m{?”, comentaba enojada. Bl sentido de to que &I “hizo” se aclaré muy pronto: su timida y herida nifia interior habja encontrado un hogar entre los brazos de su ma- rido, un hombre extravestido y dindmico gracias a cuya pro- teccién ella habfa podido enfrentarse al mundo exterior, y ahora habfa sido abandonada. Después de la muerte de su marido, Sylvia ya no se sen- tfa capaz de enfrentarse ‘al mundo, y esa parte de ella fue se- pultada, Su tarea, como Ja de Perséfone, debja consistir en ha- cerla consciente o en encontrar a otro compafiero extravertido y dinémico. Sino encontraba un sustituto, entonces lo que se estaba viviendo inconscientemente a través de éi iba a tener que hacerse consciente. Este paso requiere un cambio enor- me de actitud y un nuevo receptor para cl nifio triste. Es un cambio diffcil porque no es deseado, no es algo que uno bus- que de buena gana. 107 El nifio abandonado La experiencia de la viudez reconstituye e1 arquetipo del nifio abandonado. Los seitimientos que rodean la muerte de un ser querido, en especial de un cényuge, suelen ser de cul- pa, vergitenza, rabia, abandono, depresién, falta de Ifbido y de- sesperanza. En mi opinién, la vergtienza y la culpa se rela- cionan directamente con la tradicién del homicidio de Ja viuda, segiin la cual la persona més préxima al difunto lo acompa- fiaba a la morada de los muertos. Nos sentimos culpables y avergonzados por el mero hecho de continuar vivos y de que para nosotros Ja vida contintie. Quien ha enviudado requiere todo el apoyo posibte para poder dejar atrés la morada de los muertos y regresar a la vida, puesto que la tendencia a sus- traerse a ésta es muy fuerte en ocasiones semejantes, En la vida moderna, la persona que se siente abandonada puede emplear su automévil para pensar en la muerte o para llo- raren privado. Hoy dfa, el coche desempeiia Ja funcién de san- tuario y, como tal, se convierte en un espacio que favorece la reflexién acerca de la muerte y el morir. Esto no implica que el coche se use para provocar la muerte, pero es ahi donde se ta-‘contempta. Si se-pregunta a cualquier persona que ha en- viudado recientemente si emplea ef coche como lugar donde-gri- tar, ltorar y pensar en la muerte, la respuesta serd afirmativa. Otra observacién en torno a los viudos tiene que ver con el dinero. Muchos hombres y mujeres recién enviudados se obsesionan con este tema, y la ansiedad en torno al dinero se convierte en un sustituto del temor a la soledad. He cono: do a personas ricas aterrorizadas ante la idea de que pudie- ran ser engafiadas o robadas por abogados 0 contables, y este hecho es extensible a personas con menos recursos, ya que también éstas se muestran obsesionadas por el dinero cuan- do, en realidad, estén doloridas por la pérdida de su cényu- ge. Es indudable que hay preocupaciones, pero la ocasiona- da por el dinero es un tipo de preocupacién que la persona viuda expresa de un modo especial, debido, segtin creo, a su sentimiento de abandono y a su “nifio” interior. En estas cir- 108 El secreto cruel del nacimiento cunstancias, el ser afligido se siente tan indefenso y desam- parado, tan abrumado por los sentimientos de amor, odio, pérdida, etcétera, que la ansiedad por el dinero se transfor- ma en el recipiente idéneo para todos esos sentimientos, El homicidio de Ja viuda era la consecuencia natural de la cre- encia segtin la cual la vida de la mujer terminaba con la muer- te de su esposo. Y, a menudo, se las mataba de acuerdo a ri- tuales prescritos,.. Hasta 1857 existfa una ley en Oyo, Nigeria occidental, para garantizar que determinadas personas del sé- quito del rey, incluidas su madre oficial, varias sacerdotisas y su mujer favorita, muriesen cuando él lo hiciera, y para que fueran elas mismas quienes se quitaran la vida.* En la actualidad, el homicidio de la viuda se practica de una forma mucho més sutil: no matamos a la viuda, sino que la abandonamos y dejamos que se haga invisible. Cuanto mas se identifica una mujer con su marido, mds propensa es a sentimientos de abandono y desercién. En mi propio caso, yo tenfa “una vida propia”; pero la dolorosa sacudida que su- fri se débfa a que mi matrimonio habia sido un recipiente se- guro para mi nifia interior triste. Cuando estaba sola, evita- ba a esta nifia, mientras que con mi marido no suponia ningtin peligro dejar que se manifestara de vez en cuando. Odiaba la idea de tener que enfrentarme a solas con ella. Sin embargo, o le hacfa frente 0, como una de las viudas de las Nuevas Hébridas, en la Melanesia, donde se usaba un gorro cénico hecho de tela de arafia para asfixiarlas, yo misma me iba a asfixiar, presa del aislamiento y el abandono, Cuando se permitfa que las viudas siguieran vivas, sus fa- miliares, o los familiares de su marido, debian resolver qué hacer con ellas. A menudo se las miraba con suspicacia y se las asociaba con fa brujerfa, dado su contacto con ta muer- te y el... temor a que hubieran sido ellas las causantes de la 109 El nifio abandonado muerte de su esposo. En aquellas sociedacy es gy las que se permitfa que la viuda siguiera con vida, terra que ser libera- da ritualmente de su contacto con el difuntes antes de que los vivos pudieran tocarla o acercarse a ella, POxXque se crefa que la muerte era sumamente contagiosa, Pasact g yj periodo de aislamiento, se le consentfa el reingreso ery gy familia bajo el poco envidiable papel de recién enviuchada Rete aisia. miento de la viuda persiste todavia incluso @ y gy mundo oc- cidental.* En tiempos victorianos, el término que se Usaba para re- ferirse a la ropa de luto era “widow's weeds” , una expresion relacionada etimolégicamente con la palabra yada? que alude a un tejido resistente y que consta de dog partes: yi ad, © sea “un fardo atado”, y mal, “tiempo”. El témino “Wi. dow’s weeds” supone, pues, un limite de tiempo para el pe- tfodo de duelo o para el aislamiento pero, en nj opinién, la connotaci6n de tejido resistente indica que 14 prenda es con- feccionada para durar toda 1a vida. —-Bl hecho-de-que las monjas catélicas tomasen sy pabitg de Ja ropa vestida previamente por viudas no es Muy conocido mis all4 de los circulos religiosos. La hermana Mary Patri- cia Sexton me dijo que en Francia, durante el Siglo xvit, las monjas podfan cumplir con las labores de la igjesia en ‘as- cas portuarias de dudosa reputacién a sabiendas de que, si vestfan como viudas, nadie las molestarfa. Et Simholismo del matrimonio con Cristo en ropa de luto incluye otpog signifi- cados pero, desde el punto de vista del presente articulo es interesante reflexionar acerca de lo que monjas y viudas te- nfan en comin, Muchos de tos primeros conventos, por ejem- plo, fueron fundados por viudas, la ropa que las monjas ves- tfan habia sido disefiada con el fin de ocultar su sexuatidad y se suponfa que tanto su apariencia como su acting ibana permanecer inalteradas para siempre.” En ciertas tribus maories neozelandesas, existtan leyes 110