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LITERATURA Y ENTORNOS DIGITALES

Alberto Sánchez Argüello

A inicio de los noventas mi madre y yo empezamos a insistirle a mi padre que se


metiera a un curso de computación, pero el hombre siempre decía que más
adelante, que no tenía tiempo, que ya vería él. Para esa época los lugares que
prometían el paraíso informático florecían como hongos en toda la ciudad. Algunos
incluso se autoproclamaban certificados, sin que nunca quedara claro
exactamente quien los certificaba.

Algunos años atrás mi madre había comenzado a aprender el MS-DOS de la


mano de unos tíos que aspiraban a hacer negocios en Managua. La empresa
nunca se concretó y mi mamá no pasó de un manejo básico del Word perfect -que
con el tiempo y la falta de práctica murió evaporado en su mente-. En mi caso las
tonterías con las que nos entreteníamos con la IBM de mi hermano de
bachillerato, el Ingeniero Manuel Chávez Hassan, me permitieron familiarizarme
desde temprano con las computadoras para nunca salirme de su embrujo, desde
el uso de office, pasando por programas gráficos hasta llegar a la era del IRC
(Internet Relay Chat) páginas web y redes sociales.

Mi padre nunca aprendió a usar una computadora…

El shock del futuro

En los ochentas, en alguna de mis interminables vacaciones escolares,


entretenido en ordenar y desordenar los libros que habitaban las repisas de las
casa de madera de mis padres, me encontré con uno que tenía un título muy
llamativo. Se llamaba el shock del futuro y por su portada siempre pensé que era
otra novela de ciencia ficción como esas de Arthur C. Clarke o Paul Anderson que
mi padre guardaba en su cuarto.

Una década después descubrí que era una obra futurista de Alvin Toffler que
aborda el estado psicológico de desorientación que produciría en las personas los
rápidos cambios tecnológicos de nuestros tiempos, el trauma social del traspaso
fugaz de sociedades industriales a sociedades post industriales.

Mi generación nunca se enteró de esto, para nosotros -los nacidos en una clase
media con capacidad para comprar estos nuevos aparatos- sólo fue cosa de
empezar a teclear y aprender en la marcha a vivir bajo un nuevo paradigma social
y tecnológico. Para nuestros padres fue un asunto entre decidir aferrarse a sus
máquinas de escribir y calculadoras de mano o saltar a bordo de un tren en
movimiento que no esperaba a nadie.

MacLuhan describe cada innovación tecnológica como extensiones al cuerpo y


capacidades humanas: el ferrocarril y luego el automóvil extendieron nuestras
capacidades de movilización como si de cuerpos de metal se tratase, el telégrafo y
luego la radio y el celular extendieron nuestra capacidad de escucha y de palabra,
la televisión la capacidad de ver y escuchar más allá y ahora, en el mundo virtual,
nuestros cuerpos enteros son replicados bajo la figura de identidades digitales que
leen, escriben, hablan y escuchan un click a la vez.

Pero las extensiones no existen sin amputaciones: si amplificamos una parte de


nuestro cuerpo siempre habrá algo que usaremos menos, alguna parte de
nosotros y nosotros que se irá atrofiando.

¿Somos conscientes de estas extensiones y amputaciones? probablemente no.

Aún recuerdo con cariño la máquina de escribir Olimpia que usaba en la


universidad, pero en su momento no me costó nada guardarla en un armario para
pasar alegremente a escribir todos mis trabajos en mi primer computadora
personal, una “clon” que mi hermano Chávez me ayudó a seleccionar –y luego a
convencer a mi padre de lo útil que era-

Veinte tres años después no concibo mi vida sin una computadora, tanto así que
cuando me siento ante mi máquina experimento un tipo de placer que bien podría
resumirse con la frase cumbre del romanticismo expresada por Jerry MacGuire:
“Tú me completas”

De los cuadernos rayados a la comunidad de yahoo geocities

Mucho tiempo antes de convertirme en un ciborg, yo fui un niño que pasaba los
recreos escolares escribiendo en cuadernos rayados. Mis primeros cuentos eran
sobre robots que se vuelven asesinos. Mi afán era llenar hojas y hojas con seres
mecánicos, científicos obsesivos, colonias extra terrestres, seres vegetales –
seguramente mucha influencia de perdidos en el espacio- y desastres nucleares –
la guerra fría estaba en su apogeo-

Escribía a mano por supuesto, con una letra grande bien torneada que hoy soy
capaz de reconocer pero incapaz de imitar, al menos no por mucho tiempo –mi
mano se queja si la pongo a escribir mucho tiempo, he ahí una clara amputación-.
Leer mis manuscritos siempre me daba una sensación de intimidad, como si
fueran los diarios de mi imaginación.

Por muchos años más fui un ilustre ciudadano de la república de la letra


manuscrita, hasta que las exigencias de la universidad y la rapidez con la que se
debían entregar los trabajos de la carrera de psicología me llevaron a comprar una
máquina de escribir –lo que es igual a decir rogarle a mi padre que me soltara la
plata para conseguirla- Así que la lleve a casa y sin ningún entrenamiento me
puse a aporrear las teclas sin piedad. Eso explica que mis teclados sigan
sufriendo el ataque simultáneo de mis dedos índices con el acompañamiento
ocasional de anulares y pulgares.

Y así sin más, mi letra paso de ser manuscrita a digital, producto de un artefacto
mecánico que destruía el apacible silencio del hogar de mis padres en las brisas.
La sensación tranquila y concentrada de escribir en mis cuadernos pasó a
convertirse en una de fuerza aplicada, un arriesgado flujo de contenido en el que
una frase mal dicha o un error ortográfico significaba parar las prensas y proceder
a colocar la cinta de corrección. La Olimpia me hacía sentir fuerte, con manos
poderosas que eran capaces de producir ensayo, cuento y poesía a puro golpe, y
por supuesto, me ayudó a escribir con mejor ortografía y redacción.

Ya se imaginarán entonces la maravilla que fue pasar al computador. Aunque


extrañaba el sonido explosivo de las teclas mecánicas al golpear la hoja, el trabajo
de edición y corrección que posibilitaba era soñado. Lo mismo para el tema de
almacenamiento y organización. Una de las primeras cosa que hice fue tomar la
segunda camada de cuentos –escritos en los noventa- y los digitalicé uno por uno,
corrigiendo y editando de paso.

Para cuando entró internet y descubrí las comunidades digitales de Yahoo-


Geocities esos fueron los primeros habitantes de uno de los tantos espacios que
abrí online en aquellos lugares que fueron los antecesores de los blogs.

Ver mis textos al otro lado de la pantalla alojados en algún servidor lejano fue una
experiencia alucinante. Me sentía como un colono descubriendo vastos
universos…

Redes sociales: no se puede vivir con ellas, no se puede vivir sin ellas…

El 26 de octubre del 2009 Yahoo Geocities formateó todos sus servidores. Cuatro
meses atrás, el 14 de julio, yo había creado “El santuario de las ideas”, un espacio
creado a través de blogger para alojar mis cuentos de la tercera camada y alguno
que otro poema.

La experiencia del blog -a diferencia de las páginas de los barrios de Geocities-


más que ser una bodega de mis creaciones, adquirió una dinámica más viva: Lo
que iba escribiendo lo iba subiendo online. El blog me llamaba a escribir.

En febrero de ese mismo año había entrado a Facebook –dejando atrás Hi5- y
allá por el 2011 me lancé a las aguas oscuras de Twitter. No tardé mucho en
descubrir el potencial de las redes sociales para divulgar el blog.

Una experiencia similar la tuvo María del Carmen Pérez, escritora nicaragüense
radicada en Chile. Ella me contaba que ha aprendido que un blog funciona para
proyectarse como autor o autora pero que también consume demasiado tiempo y
energía.

“La experiencia me dice que es necesario tener claro qué se sacrificará (la familia,
la relación de pareja, la salud personal, los hijos, los amigos reales… etc.) con tal
de tener ese espacio de tiempo dedicado a satisfacer la voracidad de la Red
porque fácilmente después del blog surge la “necesidad arrolladora” de
mantenerse actualizado en Twitter, YouTube, Facebook… y muchas redes
parecidas o asociadas. Siendo así ¿Con qué tiempo se va a vivir? Pero también,
debo contar que a pesar de mirar de manera crítica el surgimiento de las redes
sociales digitales he tenido la dicha de vivir experiencias positivas porque alguna
de estas redes me ha servido para dirigir talleres y motivar a nuevas escritoras a
publicar su trabajo en papel. También, las redes sociales son muy útiles a la hora
de establecer contacto con otros autores, para hacer convocatorias y difundir
actividades de carácter literario”
María del Carmen Pérez
Santiago 2015

Yo quisiera ser más consciente del uso de mi tiempo como María del Carmen, la
verdad es que por ciertos períodos he cumplido con el perfil del adicto a la vida
online, sobre todo en mis días perdidos allá por el 2004, en el foro literario de la
que fuera nuestra primera red social en Nicaragua: Bacanalnica.

Convertir las redes sociales en canales de contenido propio no es algo tan fácil,
implica tiempo y dedicación. Pero la oportunidad existe: los entornos digitales
pueden funcionar como un espacio de divulgación y proyección importante,
particularmente si se entrelazan los blogs con las redes sociales personales.

“Algo que quizá suene a prehistoria digital es que yo monté primero un blog, luego
no sabía qué hacer con él, porque entonces lo más cercano a una red social era
Hi5, un espacio que no tardó en desaparecer. Luego de conocer facebook entendí
la relación tan íntima de mi blog con mi perfil en facebook. Eso me gustó mucho y
creo que creció un enamoramiento profundo, pero postear un enlace en facebook
no significa en ningún momento que tu blog será visitado, creo que los «likes» no
representan ninguna estadística de fiar”
Martín Cálix
Tegucigalpa 2015

Ese ejercicio de divulgación vía redes sociales me llevó en el 2012 –una vez
aclarado que el fin del mundo se había pospuesto- a crear PARAFERNALIA
ediciones digitales, un sello editorial personal que funcionara como un canal para
diagramar y publicar obras propias y ajenas en formato PDF. Eran mis primeros
pasos hacia la autopublicación.

Pero la dinámica de los entornos digitales no se reduce a la posibilidad de


amplificar los canales de divulgación y autopublicarnos. También se abren canales
de comunicación con múltiples lectores en nuestro marco geográfico y fuera de él.
Emila Persola lo resume muy bien:

“La relación con el receptor es lo principal. Es positivo, recuerdo que eso ya lo


había identificado Sergio Ramírez en el prólogo de su libro-blog hace unos años.
Descubrir el comentario del receptor es un elemento ‘moderno‘ para el escritor. El
paso de una escritura monológica a dialógica es quizás lo esencial: no sabría
identificar a la fecha si es positivo o negativo, quizás es sólo diferente”
Emila Persola
México D.F 2015

Uno recibe comentarios, críticas y hasta sugerencias. Puede que nos guste o no,
que estemos de acuerdo o no lo estemos, pero la publicación de nuestros textos
en los entornos digitales abre la posibilidad de ser retroalimentados de manera
directa por quienes nos leen, y si nos anímanos, podemos establecer
conversaciones con lxs lectorxs, algo poco probable con los canales clásicos de la
obra impresa, ya sean diarios, revistas o libros.

“La lectura se ha vuelto un proceso de apropiación. Un día fantaseaba con escribir


una novela sólo de comentarios de Facebook a partir de un post. O incluso
publicar una antología de los mejores comentarios. Me interesa ese frenético
intercambio de roles entre el autor y el lector. El autor escribe y mide los
comentarios; y un lector transforma al escritor en su lector. Y dentro de un post
existen conversaciones paralelas que se transforman en auténticos debates
acalorados y en los que, como en una pelea de box, uno puede ir viendo quién va
cobrando más fuerza por la cantidad de likes que le adjudican a las respuestas.
Hoy en día los lectores puros son una raza en extinción”
Carla Pravisani
San José 2015

En una conversación con Simone Montiel ella agregaba a estos aspectos de


divulgación, autopublicación e interacción, la posibilidad de tener múltiples voces,
de acuerdo a lo que se quiere narrar. Para Simone las redes sociales y entornos
digitales posibilitan la construcción de identidades diversas, desde las cuales
emitir contenidos.

Estas ventajas y posibilidades del uso de redes sociales con fines literarios se
hicieron evidentes para mí después de tres años de trajinar entre el timeline y
grupos, pero podemos estar seguros que lo más interesante escapa a nuestro ojo.

De la muerte del autor al nacimiento del selfie

Nicholas Carr en su ensayo Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con


nuestras mentes? afirma que la red además de modificar nuestros hábitos
lectores, su velocidad y superficialidad actúa sobre nuestro cerebro formateándolo
como si fuera un disco duro y haciendo que perdamos por completo la capacidad
de concentración. 

No sé ustedes, pero yo sí he sentido el efecto. No es como si toda mi vida hubiese


sido un sujeto en extremo atento y concentrado. Normalmente siempre he sido
asediado por un hambre voraz de estímulo, viviendo ciclos intensos de creación
entre escribir y dibujar. Mis primeras experiencias con internet también fueron
creativas armando múltiples páginas en yahoo-Geocities con Microsoft Frontpage.
Me la pasaba de lo más bien creándoles –de puro humo- páginas a Roger
Sánchez y Manuel Guillen, escaneando imágenes y aprendiendo a diagramar de
manera empírica. Se podría decir que nací para el mundo de los blogs y las redes
sociales.

Pero mi atención fragmentada se ha acentuado – ¿otra amputación?- de eso no


me queda duda, resultado de estar escribiendo mientras consulto Facebook,
Twitter y busco música en YouTube. Menos mal que no he perdido mi capacidad
de concentración voluntaria, con algo de esfuerzo y mucha motivación por
supuesto.

¿Qué otras novedades nos ha traído internet?

En 1967 Roland Barthes publica La muerte del autor, instaurando toda una serie
de polémicas alrededor de la desaparición de un Autor-Dios que guía un
significado –mensaje unívoco del texto. Bajo una postura postmodernista Barthes
explicaba que un texto no pertenece a su autor, más bien pertenece a la cultura en
general y al lector. Al final todo texto no es más que una suma de citas infinitas
que a su vez son parte de una herencia cultural que nos engloba.

La hipertextualidad de la literatura en los entornos digitales se ha convertido en el


paradigma de la muerte del autor. Antes de internet podíamos encontrar escasos
ejemplos de hipertexto: los libros juego o de hiperficción explorativa –que yo
felizmente descubrí en la biblioteca infantil del parque Luis Alfonso Velásquez
flores a mediados de los ochenta- y el siempre citado Rayuela de Cortázar. Ahora
cualquier texto digital puede contener en su cuerpo múltiples links que extiendan,
corroboren, contradigan o complementen su discurso, sumando a esto las infinitas
posibilidades de lo multimedia.

Se me viene a la mente la sensación de la red como algo efímero que me contaba


Simone Montiel, el como ella siente que al escribir un texto en su blog se está
desprendiendo de él, que a diferencia de los libros impresos que son atesorados,
lo publicado online ya no le pertenece.

“(el impacto de los entornos digitales en la literatura es) positivo porque permite la
entrada de millones de usuarios y debilitan la autoridad del emisor. Al publicar en
blogs y luego en las redes, he visto que los usuarios son ricos en diferencias y que
el grado de una expresión emitida desde un autor, puede llegar a ser “rebajada” a
una simple opinión, sin mayores privilegios epistémicos. Creo que esta es la
fuente de esa molestia que resiente toda alta cultura y los autores que siempre
han cabalgado a lomos de ella.”
Freddy Quesada
Managua 2015
La muerte del autor tiene como contraparte el nacimiento del lector y la lectora por
supuesto. Y nuevamente es el entorno digital donde las posibilidades de emitir
nuestra opinión y es interpretaciones acerca de un texto se multiplican
exponencialmente. En las redes sociales los comentarios se extienden más allá de
la centena y los debates a veces no paran hasta que se cumple la ley de Godwin.

Umberto Eco planteaba en su ensayo Opera abierta en 1962 -diez y ocho años
antes que la world wide web se extendiera por nuestro planeta- la existencia del
lector activo, idea que terminó por perfilar en Lector in fabula en 1979. Eco
hablaba de un lector que no se limitaría a llenarse de información. Sino que
tendría que participar activamente, evaluar, valorar, elegir sus propios trayectos de
lectura, hacer que el texto esté bajo su control o incluso construir su propio texto.

Este tipo de lector y lectora activos, cómplices del texto y capaces de desarrollar
sus propios textos, son propios de géneros literarios que se han renovado en el
mundo digital como es el caso de la minificción con el uso de la elipsis y los
cuadros cognitivos.

“Autor: lo ha hecho un animal mucho más común. La facilidad que otorgan estos
entornos y en general las TICs, ha hecho que se multiplique el número de
personas que se ven a sí mismas como autores, ya que de pronto se han
desdibujado los filtros para la publicación de obra, tanto física como virtual.
También ha obligado a muchos autores a adoptar las herramientas electrónicas
para lograr presencia mediática y promocionar, difundir o simplemente vender su
“producto” o “venderse” como autor, esto desde diferentes maneras y éticas:
desde las puramente de consumo y fama, hasta las de contenido esencial. Todo
mezclado aún.

Lector: ha pasado de ser un receptor pasivo a ser un protagonista activo que


busca interrelación e intercambio. Tiene la percepción de ser un crítico y de influir
con su opinión en la interpretación de las obras, así como el poder de difundir
contenido como nunca antes lo ha tenido, haciendo uso precisamente de esa
nueva red de comunicaciones (redes sociales, blogs, espacios virtuales de
opinión, etc.) que tiene a su disposición, menoscabando lo que era considerado
antes como la autoridad y potenciando el boca-a-boca y el subproducto literario.
Como también suele ser un generador de contenidos e incluso de obras, promotor
de la misma, de sus grupos de interés, productor y gestor de opinión, también se
ha vuelto un ser con un déficit de atención bastante alto, por lo que los otros
protagonistas del proceso de producción, edición, distribución y difusión de
literatura deben llamar constante y creativamente su atención”
Mauricio Orellana Suárez
San Salvador 2015
María del Carmen Pérez podría agregar a esta descripción que la era digital está
moldeando al escritor del momento, exigiéndole nuevos formatos acordes a la
preferencia del público que consume no desde la librería o un lugar físico si no
desde sus objetos tecnológicos.

La impudicia de la literatura impulsiva

En agosto del 2011, en uno de los tantos viajes que me tocó hacer con una
agencia de cooperación, me puse a travesear con mi Smartphone y surgieron mis
primeros textos escritos en tiempo real en la forma de estados de Facebook. Antes
de eso mis cuentos siempre habían seguido un proceso de creación en Word, un
par de ediciones posteriores y la publicación en mi blog supeditada a la calidad
que le asignaba un par de semanas después de haberlo escrito. Pero aquellos
estados de Facebook -de 150 palabras o menos- eran como disparos directos,
algo así como pasar por GO sin cobrar los 200. De repente el borrador y la versión
final se encontraban cara a cara sin espejo de por medio.

Emocionado con la experiencia de la publicación inmediata, empecé a escribir


frenéticamente para luego ir compilando y seleccionando -como si de una cosecha
de café se tratase- los textos que me parecían más prometedores para mi blog.
Aquellos primeros experimentos recibieron el nombre de hiperbreves.

No tardé en recibir comentarios, la mayoría positivos, pero también una que otra
sugerencia de edición y algunos de plano señalando vergonzosos errores
gramaticales y ortográficos.

“Tenemos muchas potencialidades, y muchos riesgos también, el peor de todos


es descuidar la calidad literaria por la premura o inmediatez que permiten estos
nuevos entornos y tecnologías de la información”
Ulises Juárez Polanco
Managua 2015

Mi colega y contemporáneo Roberto Carlos Pérez cuenta que le tomó trece años
terminar Alrededor de la medianoche y otros relatos de vértigo en la historia. Yo no
podría dedicarle tanto tiempo a un texto –o varios- me consume la necesidad de
tener resultados y eso es lo que me temo que la web y sobre todo las redes
sociales, tienen de tentador para alguien como yo. Aunque parece que no estoy
solo…
“La fórmula está en un eje de dos conceptos: paciencia vs. prisa. Y en ese
sentido, sí habría que notar que la prisa está desafortunadamente ganando
terreno, se está perdiendo la paciencia para empolvar los textos, dejarlos
descansar, abandonarlos en el inconsciente, incluso en el sueño, o como
analogía: tener citas con los textos y no sólo un one-night stand, que por ejemplo,
siento que es algo que promueven las redes (ya no hablemos de los usuarios de
las redes, sino de los escritores de literatura); escribir al bolsazo es algo en el que
todos los escritores de la red hemos caído”
Emila Persola
México D.F 2015

Las redes sociales y entornos digitales nos inducen a movernos en otro tipo de
tiempo, nos aceleran. Por momentos parecería que existe una lucha entre
mantenernos vigentes con audiencias crecientes vs la calidad –tanto de forma
como de contenido- de nuestros textos. La trampa implícita en esta lucha es que
un decrecimiento de la calidad terminará por afectar nuestra vigencia y por ende
generará un decrecimiento de nuestra audiencia.

Yo por mi parte, después de un par de años de compartir textos en tiempo real, fui
lentamente regresando a esquemas menos impulsivos de publicación, se podría
decir que recuperé un poco de pudor.

De ciberliteratura y otros demonios

Después de 3,671 palabras dedicadas a este tema, me pregunto hacia dónde


vamos con todo esto, si además de las ventajas de divulgación, interacción y
autopublicación ¿existe una literatura electrónica? Una literatura que se nutra de
este nuevo medio, aprovechando sus recursos, experimentando con sus
posibilidades.

Inicio haciendo un breve recuento del panorama de experiencias literarias en el


entorno digital que tengo más fresco en mi memoria: la publicación extensa de
textos en 400 elefantes revista nicaragüense de arte y literatura; múltiples blogs
que experimentan con prosa, ensayo y poesía como Polares metafísicas de
Eunice Shade, La Nata escuchándome de Nathalia Hernández, Gabriela Kame de
Simone Montiel; El inmóvil movimiento del cielo, la primera novela nicaragüense
publicada por entregas en la web publicada en El nocturno diurno por Luis Báez; el
libro Blog to Rosario de Emila Persola, escrito previamente en el blog homónimo,
obra ganadora de la Convocatoria 2011 del Centro Nicaragüense de Escritores
(CNE) y un experimento similar con Hiperhumano (Leteo, 2015) del mismo autor.
Mauricio Orellana Suárez agregaría a esta lista la revista Carátula; los libros de
Arquímedes González en Amazon, la revista Istmo y Buensalvaje. Ulises Juárez
Polanco incluiría a Noticultura, Managua Furiosa y Altanto como nuevas
plataformas culturales.

Pero más allá de este panorama –resumido excesivamente- que se nutre sobre
todo de las posibilidades de divulgación a bajo costo, con la posibilidad de
conectar con audiencias heterogéneas a lo largo del globo –al menos en la parte
del mundo hispanoparlante- existe algo que se ha dado en llamar ciberliteratura,
que más que englobar textos digitalizados, se define como obras que no podrían
existir fuera de la red. Esto incluye la narrativa hipertextual, compuesta por
conjuntos de textos conectados por enlaces, entre los que podemos encontrar la
hiperficción constructiva, la hiperficción explorativa (un buen ejemplo es el juego
textual de Terence Eden en twitter A dreadful start https://twitter.com/wnd_go) y la
narrativa Hipermedia, así como la ciberpoesía, que engloba muchos experimentos
textuales con uso de multimedia como Silencio vacío de Rodolfo Mata
https://www.youtube.com/watch?v=gqhiMpHGPNo&feature=youtu.be

Aunque no todos estamos de acuerdo en que este tipo de literatura posea


características que la vuelvan nueva o intrínsecamente diferente a la literatura
analógica tradicional.

“(…) Se dice que la literatura electrónica o ciberliteratura ofrece lecturas


interactivas multifocales, según el lector escoge caminos o toma decisiones
mientras lee (camino que se va haciendo a través de hipervínculos), pero este tipo
de experimentos ya lo hizo Cortázar en Rayuela, o incluso la serie de literatura
juvenil “Escoge tu propia aventura”, ambas en formato de papel. Es decir, a mí
como género literario no me parece que exista, pues la forma de difundir la
literatura no implica cambios “literarios”, la literatura es la misma”
Ulises Juárez Polanco
Managua 2015

Más allá de si podemos considerar o no la ciberliteratura como un nuevo tipo de


literatura, me parece que estamos ante un horizonte amplio de posibilidades más
allá de la literatura impresa, ¿no les parece?

El futuro, mi padre y yo

Simone Montiel me mencionaba como la red le permite divagar y moverse entre


múltiples recursos y estímulos, abriendo la posibilidad de explorar otras
realidades, pero sin olvidar que esto no significa que hemos alcanzado el paraíso,
que las desigualdades de nuestra sociedad analógica se replican en la sociedad
digital.
Eso me hace pensar en lo necesario que es ubicarse críticamente en nuestro
hábitat digital, y a la vez imaginar cuáles son las tendencias que nos depara el
futuro. Veamos lo que nos dicen algunxs de nuestrxs colegas al respecto.

“Se creará literatura a partir de los nuevos formatos y los productos que nazcan
serán muy diversos y tendrán públicos cada vez más heterogéneos pero siempre
y cuando la red sea accesible a todos. Creo que en este instante estamos frente a
un auge de las microficciones y las novelas mínimas (micronovelas)”
María del Carmen Pérez
Santiago 2015

“Kindle y las tablets van a triunfar. Ya es bastante cómodo leer un libro en ellas (o
al menos pasar la página). A su vez, el libro electrónico se va volver un ensamble
con otras expresiones mientras el libro impreso será relegado al estatus de
museización. Pasarán unas décadas entre ese juego de cosas, y un día, una
generación se cansará de todo ello, y querrá, como hace ésta con el long plate,
regresar al libro para recuperar la experiencia de su aislamiento y su
individualidad”
Emila Persola
México D.F 2015

“También pienso en algunas tendencias: el texto performativo, el acercamiento a


un proceso y no a un resultado, la navegación como lugar de elección y creación,
los trailers de libros o la transformación de la crítica literaria como por ejemplo la
aparición de los booktubers, adolescentes que se graban y comentan los libros
que leyeron. En fin hay tantas cosas que suceden que debería dedicar el 100% de
mi tiempo para lograr identificarlas a todas”
Carla Pravisani
San José 2015

Por mi lado yo empecé a experimentar con prezi algunas de mis microseries de


microrelatos escritos originalmente en twitter, generando un efecto muy diferente a
la lectura lineal a la que estoy acostumbrado (aquí un ejemplo
https://prezi.com/sui9mk_3en6o/apartamentos/)

Volviendo a mi padre lo llamé la semana pasada y después de contarnos un poco


como van nuestras respectivas vidas me dijo que se sentía muy orgulloso, cuando
le pregunté por qué, me contó que la esposa de uno de sus amigos le había dicho
que leía mis cuentos online y que la parecían geniales. Un poco avergonzado me
despedí afectuoso y me quedé con una sonrisa que me dura hasta el día de hoy.
Fuentes

Lectura en la era digital: la literatura ergódica


Alejandro Gamero
http://lapiedradesisifo.com/2013/04/09/lectura-en-la-era-digital-la-literatura-erg
%C3%B3dica/

Muerte del autor y literatura digital


Rocío Badía Fumaz
http://belengache.net/pdf/44-07.pdf

La muerte del autor, de Roland Barthes


Simón Marchán Fiz
http://www.elcultural.com/revista/arte/La-muerte-del-autor-de-Roland-
Barthes/25808

De lo analógico a lo digital. El futuro de la enseñanza de la composición


Daniel Cassany
http://www.lecturayvida.fahce.unlp.edu.ar/numeros/a21n4/21_04_Cassany.pdf

¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?. Superficiales


Nicholas George Carr
Editorial Taurus 2011

Y mis agradecimientos a Martín Cálix, Simone Montiel, Freddy Quesada, Emila


Persola, Ulises Juárez Polanco, María del Carmen Pérez, Mauricio Orellana
Suárez y Carla Pravisani que fueron muy amables en contestar cinco preguntas
necias que les pasé por Facebook.

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