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Introducción:

Conceptos y documentos básicos

1.1 Para situar la Catequesis


La catequesis es como un espejo que refleja la forma en que la Iglesia se entiende a sí misma. En su concepto, sus
métodos y su organización subyace un concepto y un modelo de Iglesia. Es válido decir: “Dime qué catequesis
realizas y te diré qué Iglesia construyes”, y a la inversa. La renovación de la catequesis y la renovación eclesial
se influyen mutuamente.
La catequesis es una de las tareas primordiales de la Iglesia1:
 por el interés y el empeño que de siempre ha puesto en ella la comunidad eclesial, por entender que le iba en
ello su propio futuro;
 porque en la actividad catequística es donde mejor se reflejan los planteamientos bíblicos y teológicos del
momento, así como la visión antropológica y la capacidad de diálogo de la Iglesia con las ciencias humanas;
 porque el quehacer catequístico constituye uno de esos sitios, acaso el único, en la Iglesia, en cuya gestión y
animación participan mayoritariamente los seglares.

En el conjunto de las acciones pastorales de la comunidad eclesial, la acción catequística se considera hoy como un
ministerio fundamental e imprescindible. Pero siempre existe el riesgo de no comprender lo específico de esta
actividad pastoral y de confundirla con otras acciones eclesiales.
En un sentido amplio, se entiende como catequesis toda clase de instrucción en la fe, desde el primer anuncio del
kerigma hasta formas superiores de enseñanza. Igualmente, en sentido amplio, se distinguen en el concepto de
evangelización tres fases: acción misionera (con los no creyentes), acción catecumenal (con los recién convertidos)
y acción pastoral (con los fieles de la comunidad cristiana). Según esos sentidos amplios, la catequesis se extiende
entre la actividad misionera y la actividad pastoral de la Iglesia2.

0.2 Catequética3
Nota terminológica previa.- Los términos ‘catequético’ y ‘catequístico’ y sus derivados se usan muchas veces
indistintamente, o se usa el primero sustituyendo al segundo, quizá para enfrentar un cierto desprestigio y
carácter meramente aplicativo y no científico que a veces se ha dado a la catequesis. Nosotros trataremos de
distinguirlos y usaremos ‘catequístico’ para referirnos a la catequesis o acción de catequizar, y ‘catequético’
para referirnos a la ciencia o reflexión sobre esa acción; del mismo modo que deben distinguirse la educación o
acción educativa y la pedagogía o ciencia de la educación. (Cf. P. MAYMÍ, Pedagogía de la fe, San Pío X,
Madrid 1998, 227).

ORIGEN Y DESARROLLO

El nacimiento de la catequética o ciencia de la catequesis se puede situar en 1774 por disposición de la emperatriz
María Teresa de Austria, cuando se introdujo en las universidades del imperio austro-húngaro la enseñanza de la
catequética como materia o como parte integrante de la teología pastoral. También se podría considerar a J. B.
Hirscher como iniciador de esta ciencia con su obra Catequética, o de la profesión del pastor de instruir y educar
en el cristianismo a la juventud a él confiada, tratada en toda su amplitud, Tubinga, 1831.

La catequética propiamente dicha no se empezó a desarrollar con amplitud y rigor hasta finales del siglo XIX con
el llamado “movimiento catequético”, que trataría de renovar la catequesis bajo el influjo de nuevas corrientes

1
Cf. S. MOVILLA, Catequesis, en Conceptos Fundamentales de Pastoral, Cristiandad, Madrid 1983, 120.
2
Cf. C. FLORISTÁN, Teología práctica. Teoría y praxis de la acción pastoral, Sígueme, Salamanca 19932, 434 s.
3
Cf. E. ALBERICH, Catequética, en Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993, 151-164. Ver también: ID.,
Cateqúetica, en Nuevo diccionario de catequética, Vol. I, San Pablo, Madrid 1999, 411-417.
culturales, especialmente pedagógicas y psicológicas. Eso llevó a una pedagogización de la catequética, insertando
en las ciencias de la educación a una ciencia nacida como disciplina teológica en el marco de la teología pastoral.
El doble punto de referencia, teológico y pedagógico, se ha mostrado con alternancia de acentos a lo largo del
siglo XX, incluso con alternancia de términos entre ‘pedagogía religiosa’ y ‘catequética’.

NATURALEZA Y SIGNIFICADO

2 La catequesis. Para precisar la naturaleza y el significado de la catequética debe precisarse antes su objeto: la
catequesis. Lo haremos mediante descripciones que ha hecho de ella el magisterio de la Iglesia 4, para fijar
luego una definición.

El Vaticano II describió la catequesis como instrucción de la doctrina cristiana, fijándose en su finalidad (CD 14)
o en las tareas que desarrolla (GE 4).

El Directorio Catequístico General (1971) situó a la catequesis en el ámbito del ministerio eclesial de la Palabra y
la entendió como crecimiento de la vida cristiana (madurez de la fe) (DCG 21, 38).

Pablo VI en la exhortación Evangelii nuntiandi (1975) situó la catequesis como un elemento de la evangelización
y la describió como enseñanza religiosa sistemática de los datos fundamentales de la fe (EN 44).

El Sínodo de 1977 la vio como actividad «que consiste en la educación ordenada y progresiva de la fe y que está
ligada estrechamente al permanente proceso de maduración de la misma fe» (MPD 1).

El Documento de Puebla (1979) tomó la descripción anterior (DP 977) y constató que en América Latina hay una
«mayor toma de conciencia de que la catequesis es un proceso dinámico, gradual y permanente de educación en la
fe» (DP 984).

Juan Pablo II en la exhortación Catechesi tradendae (1979) distinguió un concepto amplio (la iniciación global a
la vida cristiana) y uno más restringido (la enseñanza de la fe), incluyendo el primero al segundo (CT 25); y
destacó que es una iniciación sistemática, elemental, orgánica e integral (CT 21).

El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) citó a CT 18 asumiendo la catequesis como educación en la fe y como
iniciación integral de la vida cristiana (CATIC 5).

El Directorio General para la Catequesis (1997) ubica la catequesis en el proceso total de evangelización (DGC
63-64), la vincula al primer anuncio (DGC 61-62) y distingue entre catequesis de iniciación y catequesis
permanente (DGC 65-72). Le atribuye un carácter iniciático, fundante y estructurante, para poner cimientos del
edificio de la vida cristiana del creyente (DGC 57, 62-64).

Juan Pablo II en la exhortación Ecclesia in America (1999) la describe como «un proceso de formación en la fe, la
esperanza y la caridad que informa la mente y toca el corazón, llevando a la persona a abrazar a Cristo de modo
pleno y completo. Introduce más plenamente al creyente en la experiencia de la vida cristiana que incluye la
celebración litúrgica del misterio de la redención y el servicio cristiano a los otros» (EA 69).
Como síntesis de todas las matizaciones anteriores puede decirse:

«Hablando en términos generales, entendemos por ‘catequesis’ la acción educativa y pastoral de la


Iglesia que transmite el mensaje cristiano con el objeto de acompañar el crecimiento y maduración de
la fe de los creyentes y de los grupos eclesiales»5.
«La catequética es concretamente la reflexión sistemática y científica sobre la catequesis con vistas a
definir, comprender, orientar y valorar el ejercicio de esta importante acción educativa y pastoral»6.

4
Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, CELAM, Santafé de Bogotá 1999, 15-21.
5
E. ALBERICH, Catequética, en CFC, 153.
6
E. ALBERICH, Catequética, en NDC, Vol. I, 413.
2 Pero la catequesis, a su vez, puede ser objeto de diferentes tipos de estudio y remitir a una multiplicidad de
saberes (historia, teología, exégesis, pedagogía, psicología, sociología, antropología, etc.). ¿Cuál es el ángulo de
visión sobre la catequesis propio de la catequética?

Se concreta atendiendo a la naturaleza metodológica de la disciplina y a los rasgos esenciales de identidad de la


catequesis en cuanto acción eclesial, que son los siguientes:

 La catequética es la reflexión orgánica de la catequesis como acción eclesial, a fin de analizarla,


interpretarla y guiarla.
 En consecuencia, su eje central es el proceso metodológico que orienta y lleva a realizar la catequesis
como acción. [[En la catequética la cuestión metodológica no es un apéndice marginal, supeditado al problema
central del contenido a transmitir, que sería propio de la teología sistemática. Un planteamiento correcto del tema
metodológico comprende todos los aspectos de la acción catequística, incluido el del contenido]] .

El cometido de la catequética se puede describir con los momentos o etapas característicos de la


metodología:

o cognoscitivo (observación y conocimiento de la situación de partida y análisis de los elementos que


la constituyen);
o interpretativo (evaluación, discernimiento, búsqueda de causas y significados; produce
indicaciones y urgencias operativas con vistas al proyecto a realizar);
o proyectativo (organiza la acción formulando objetivos, agentes, contenidos, métodos, técnicas,
instrumentos);
o operativo (actuación concreta del proyecto);
o valorativo (evalúa lo realizado y replantea la acción futura).
 A su vez, hay determinaciones que permiten precisar qué tipo de acción es la catequesis. Hoy generalmente
se acepta que es una acción:
o de educación de la fe (relación interpersonal, acompañamiento, testimonio, experiencia);
o de enseñanza de la fe (didáctica, aprendizaje);
o de iniciación en la fe (itinerario iniciático);
o de comunicación de la fe (técnicas comunicativas, lenguajes, medios).
 Otro elemento que permite conocer la identidad de la catequética es la determinación de su método. Es
propio de la catequética –y, en general, de la teología pastoral o práctica– el método de ‘reflexión sobre la
praxis’, un esfuerzo sistemático de análisis y profundización de la praxis concreta de la catequesis con el
objeto de interpretarla, evaluarla y mejorarla. Está superado que por mucho tiempo caracterizó a la
reflexión pastoral un método deductivo (las normas de acción pastoral se deducían de la teología
sistemática como simples aplicaciones de ella).

Particularizando más, al recordar las etapas metodológicas y las facetas, arriba descritas, se puede apreciar
la variedad y complejidad de métodos que son propios de la investigación catequética y el abanico de
ciencias que, en una u otra medida, contribuyen a su desarrollo. Por ello, cabe concluir que el método de la
catequética es necesariamente pluridisciplinar (recurre a multiplicidad de saberes y procedimientos) e
interdisciplinar (diálogo e interacción recíproca entre los distintos procesos disciplinares involucrados).

Pero eso deja abiertas cuestiones como: ¿la catequética es una ciencia o un conjunto de ciencias aplicadas a
la catequesis? ¿es ciencia catequética o son ciencias de la catequesis? ¿es ciencia autónoma o es parte de la
teología pastoral o de la pedagogía religiosa?
RELACIÓN CON OTRAS CIENCIAS

Sus mayores vinculaciones las tiene con las ciencias teológicas y con las ciencias pedagógicas.
1 Con la teología sistemática7 la relación se concibió por mucho tiempo como subordinación pura y simple de la
catequesis a la teología. Se empezó a superar con la distinción (catequesis kerigmática, J. A. Jungmann) entre
‘anuncio de la fe’ y ‘doctrina de la fe’. Pero todavía hoy permanece extendido ver la teología sistemática como
ciencia normativa de la que la catequesis recibe los principios fundamentales de acción y los contenidos a
transmitir, reduciendo la catequética a simple aplicación de la teología.

La discusión permanece abierta y se propone una ‘complementariedad en la distinción’. La catequesis no es


divulgación teológica y tampoco debe entenderse sólo como enseñanza religiosa doctrinal. Veremos esta relación
con detalle cuando estudiemos las relaciones de la catequesis con las otras distintas formas del ministerio de la
Palabra.

2 Con la teología práctica resulta la catequética necesariamente vinculada como la parte al todo por razón de
que la catequesis pertenece al ámbito de la acción pastoral de la Iglesia. Esa pertenencia no deja duda de que la
catequética se puede calificar como disciplina teológica. La relación las enriquece mutuamente. En contacto con
la teología práctica, la catequética puede abrir su horizonte a todo el ámbito de la acción eclesial y situarse en la
tarea global de la Iglesia en el mundo, superando el carácter intimista e intraeclesial que a veces adquiere. De la
catequética, la teología práctica puede adquirir mayor sensibilidad pedagógica y respeto a la psicología individual
y grupal en el itinerario de maduración de las personas, es decir, mayor fidelidad a Dios y al hombre.

3 Con las ciencias de la educación. La catequesis posee carácter pedagógico desde una doble vertiente: en cuanto
proceso educativo de maduración de la fe y en cuanto actividad inserta en el crecimiento y maduración de la
persona. Eso justifica la inclusión de la catequética entre las ciencias pedagógicas. En la tensión permanente
entre los polos teológico y pedagógico, la reflexión y la experiencia muestran que la catequesis pierde eficacia si
no la acompaña y sostiene una seria reflexión pedagógica.

4 Con la pedagogía religiosa. Unos las identifican, otros prefieren distinguir ambas considerando una como parte
de la otra, o dos disciplinas independientes o una ‘disciplina doble’. Como criterios de distinción usan el lugar
(ped. rel. en la ERE; catequética, la catequesis extra-escolar); la situación inicial del sujeto (ausencia o no
necesidad de fe en ped. rel.; actitud de fe en catequética); o el objetivo (dimensión religiosa general en ped. rel.;
desarrollo de fe cristiana, en catequética). Nos inclinamos por distinguirlas, porque la pedagogía religiosa existe
también fuera de la connotación cristiana y porque su campo, considerado en globalidad, supera los confines
formales y propios de la catequética.

0.3 Documentos programáticos de la renovación postconciliar de la


catequesis

El Concilio Vaticano II significó en el terreno catequético el paso del ‘catecismo’ a la ‘catequesis’. No abordó
directa y explícitamente el tema de la catequesis, pero sí puntos relacionados esencialmente con ella: la revelación
y la fe (Dei verbum), la evangelización (Ad gentes), una nueva concepción eclesiológica (Lumen gentium,
Sacrosanctum concilium, Ad gentes, Gaudium et spes), nuevos horizontes antropológicos y culturales que abren
relación con la cultura moderna, las confesiones no católicas, las religiones no cristianas, etc. Son perspectivas que
inciden profundamente en la actividad catequística. Prueba de ello es que en el postconcilio se han visto
conmovidos todos los elementos que constituyen la catequesis: contenidos, métodos, lugares, estructuras,
destinatarios, agentes, lenguaje, etc.

7
Puede ampliarse en: E. ALBERICH, Teología y catequesis, en NDC, Vol. II, 2171-2178.
En los últimos treinta años se han dado importantes avances en la acción catequizadora de la Iglesia, que
podemos resumir en los tres siguientes8:

a) El paso de ser considerada fundamentalmente como enseñanza doctrinal a ser vista como proceso iniciático
de estilo catecumenal (MPD y CT).
b) De estar situada en la esfera pastoral a ser un elemento integrante de la acción evangelizadora (DGC 63).
c) De estar polarizada en los niños a considerar la catequesis de adultos como punto de referencia de toda
experiencia catequizadora.
En sintonía con el espíritu del Concilio y con el proceso de renovación de la catequesis, a partir de la década de
1970 la Iglesia ha ofrecido documentos que han hecho aportes muy importantes a esa renovación9:

 El Directorio Catequístico General (DCG) de la Sagrada Congregación para el Clero, de 1971, que
respondió a una petición del Concilio Vaticano II (CD 44). Significó en su momento una clara
legitimación de la catequesis de la experiencia; aunque no dio relevancia a aclarar a qué acción eclesial
en concreto corresponde poner las bases de una formación cristiana iniciatoria y fundante.
 El Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA), de 1972. Fue el instrumento para recuperar el
catecumenado en la Iglesia e inspiró el carácter catecumenal de toda catequesis.
 El Sínodo de los obispos de 1974, asumido en la Exhortación Apostólica de Pablo VI Evangelii
nuntiandi, de 1975. Representó una solemne toma de conciencia de la evangelización como misión
esencial de la Iglesia, ayudó a situar la catequesis dentro de esa misión y la concibió a modo de
catecumenado. La opción evangelizadora fue asumida después por muchas iglesias locales y modificó
sustancialmente la identidad y estilo de la actividad catequística, dándole un impulso hacia la dimensión
misionera.
 El Sínodo de los obispos de 1977, produjo dos documentos. Uno, las Proposiciones (34 en total) en que se
destacan tres rasgos que marcarían el futuro de la catequesis: a) su finalidad es suscitar y hacer madurar la
fe, no se reduce a un tiempo de preparación a los sacramentos; b) tiene carácter iniciatorio a una verdadera
experiencia comunitaria de la vida cristiana; c) la comunidad cristiana es la responsable de la catequesis en
cuanto su origen, lugar y meta. El otro documento fue el Mensaje al pueblo de Dios, que subrayó de forma
oficial la importancia y centralidad de la renovación de la catequesis, destacó el sentido comunitario de
toda catequesis y entendió el hecho catequístico como síntesis armónica de palabra, memoria y
testimonio10.
 Después, la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II, Catechesi tradendae, de 1979, asumiendo las
Proposiciones del Sínodo, estimuló la renovación continua de la catequesis como uno de los momentos
más señalados en el proceso total de la evangelización (CT 18), evitando tanto la repetición rutinaria como
la improvisación irreflexiva (CT 17). Subrayó como características que la catequesis debe ser sistemática,
elemental, completa e integral (CT 21).
En ese mismo marco de reflexión, y guiada por esos documentos, se sitúan numerosos directorios nacionales
publicados desde los años setenta y, en el ámbito latinoamericano, el tratamiento sobre la catequesis en Medellín y
en Puebla, y Líneas comunes de orientación para la catequesis en América Latina, del Departamento de
Catequesis del CELAM, cuya primera edición se hizo en 1985. Se aprecia en estos últimos que desde la década de
los setenta la catequesis antropológica ha fraguado en América Latina y ha marcado el estilo propio de una
catequesis ‘comunitaria’, ‘situacional’, ‘misionera’ y ‘liberadora’11.

0.4 El momento actual de la catequesis

8
Puede verse un desarrollo de los progresos y de las dificultades en: F. GARITANO, Acción catequizadora, en NDC, Vol. I, 37-48.
9
Puede ampliarse en: A. GIL GARCÍA, Documentos oficiales para la catequesis, en NDC, Vol. I, 674-680.
10
Cf. IV SÍNODO DE LOS OBISPOS, Mensaje al pueblo de Dios, 8-10.
11
Cf. DECAT-CELAM, Líneas comunes de orientación para la catequesis en América Latina, CELAM, Santafé de Bogotá 19924, nn. 54-58.
Los documentos citados, a los que se sumaron la encíclica Redemptoris missio, en 1990, y el Catecismo de la Iglesia
Católica, en 1992, justificaron que la mayoría de los episcopados nacionales respondieran afirmativamente a la consulta
de la Congregación para el Clero sobre la conveniencia de un nuevo Directorio General. El momento actual está
marcado por la publicación del Directorio General para la Catequesis, de 1997, que ha sucedido al de 1971; y, en el
campo latinoamericano, por La Catequesis en América Latina, de 1999, también sucesora de las varias ediciones de
Líneas comunes…, pero adaptada al nuevo Directorio.

“DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS”

El DGC se inspira en el mismo esquema del de 1971 y se apoya en la misma fundamentación doctrinal: el
concepto de revelación ofrecido por la constitución Dei verbum. Pero ofrece diferencias y novedades12:
 El concepto de evangelización. En el de 1971 era apenas una forma del ministerio de la palabra; en el de
1997 es sinónimo del conjunto de la acción de la Iglesia (DGC 46) en la que se incluyen los ministerios de
la palabra, litúrgico y de la caridad. Además, es más sensible a la idea de proceso evangelizador.
 La finalidad cristocéntrica. En el anterior la finalidad de la catequesis era conseguir una fe viva, explícita y
operativa, mediante la enseñanza doctrinal; en el nuevo la finalidad es la comunión con Jesucristo, propiciando
una espiritualidad trinitaria, un hondo sentido eclesial y una viva preocupación social (DGC 80-84).
 La Segunda Parte del DGC (El mensaje evangélico) es substancialmente diferente de la que aparecía en el
anterior, debido a la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica al que ahora se remite en cuanto a
contenidos y da criterios para su uso.
 La ampliación de destinatarios de la catequesis. El de 1971 no presentaba más criterio que la edad; el actual
comienza llamando a una adaptación al destinatario y añade al criterio de edad –en el que es novedoso que pone
en primer lugar la catequesis de adultos– los de situaciones especiales, mentalidades y ambientes, el contexto
religioso y el contexto socio-cultural (DGC, Cuarta Parte).
 Es novedoso el énfasis que el DGC hace en la Palabra de Dios como fuente de la catequesis, diferenciándola
de las fuentes inmediatas a través de las cuales aquella llega a nosotros. La tensión entre una y otras es de suma
importancia para la catequesis a la hora de encontrar criterios para transmitir su mensaje (DGC 94-96).
 En la Tercera Parte el DGC trata de superar el dualismo contenido-método que a veces se produce en la
catequesis. En la pedagogía divina no hay tal dualismo, porque en la propia pedagogía (método) se contienen
los elementos teológicos (contenido).
 Es novedoso también el tratamiento de la catequesis en la Iglesia particular (DGC, Quinta Parte). El de
1971 lo presentaba en forma meramente organizativa, mientras el actual pone el énfasis en la Iglesia particular
como lugar donde se realiza la catequesis. Ofrece, además, una reflexión sobre la figura de los catequistas que
necesita la Iglesia e insiste fuertemente en que cada Iglesia particular elabore su proyecto diocesano.
 El DGC recoge las diferentes formas del ministerio de la Palabra que se han consolidado en la historia .
Habla en concreto del ‘primer anuncio’ (a los no creyentes), del ‘catecumenado bautismal’ (para no bautizados),
de una ‘catequesis de iniciación’ (para niños y jóvenes como proceso unitario, y también para los adultos
bautizados que necesitan fundamentar la fe) y de una ‘catequesis permanente’ (para los adultos realmente
iniciados y con una fe madura). También habla de una ‘catequesis perfectiva’ (enseñanza de la teología
impartida a los candidatos al sacerdocio, a los agentes de pastoral y a miembros del pueblo de Dios
especialmente cualificados)13. Una de sus aportaciones más originales es entender ese itinerario de formas de la
Palabra como un proceso cuyos ‘peldaños’ no se pueden ‘saltar’ si se quiere llegar a una formación adulta de
los cristianos14.

Un comentario: Catequesis de iniciación y catequesis permanente

12
Cf. A. GIL GARCÍA, Documentos oficiales para la catequesis, en NDC, Vol. I, 678-680. Un estudio más amplio sobre antecedentes,
elaboración, contenidos, puede verse en: R. LÁZARO, Directorio General para la Catequesis, en NDC, Vol. I, 645-657.
13
Cf. V. M. PEDROSA – R. LÁZARO, Catequesis, en NDC, Vol. I, 303 s.
14
V. M. PEDROSA – R. LÁZARO, El concepto de catequesis en el nuevo Directorio General para la Catequesis, 30 (fotocopia de uso privado).
A propósito de esos ‘peldaños’, puede destacarse que el Directorio, además de haber recogido la reflexión y los
acentos de las últimas tres décadas sobre la acción catequística, ha detectado dos concepciones diferentes de
catequesis, una como acción meramente iniciatoria (catequesis de iniciación), otra que la identifica con todo el
proceso cristiano de educación en la fe (catequesis permanente). Y ha optado por describir la catequesis de
manera integradora (DGC 34-72).

La de iniciación, según el Directorio, pone el fundamento a la primera adhesión a Jesucristo (DGC 63), no es
facultativa sino básica y es un momento prioritario en la evangelización (DGC 64); recupera la capacidad
forjadora de cristianos que tenía el catecumenado primitivo (DGC 66). Sus características fundamentales son: ser
una formación orgánica y sistemática de la fe, una iniciación cristiana integral, una formación básica y esencial
(DGC 67-68). Puede tener modalidades diversas: con los no bautizados, con jóvenes y adultos bautizados que
necesitan de fundamentar su fe, o con los destinatarios de los sacramentos de la iniciación, recibidos o por recibir
(DGC 61, 274).

La catequesis permanente es posterior y supone a la de iniciación (DGC 69). Se hace en el seno de la comunidad que
acoge y acompaña, pero es también para la comunidad (DGC 70). Cuenta con múltiples formas: estudio de la Biblia,
lectura cristiana de los acontecimientos, litúrgica, ocasional, formación espiritual, enseñanza teológica (DGC 71).

Destaca el Directorio que ambas son formas complementarias que deben estar bien trabadas en el proyecto
catequístico de la comunidad cristiana (DGC 72). Esa conexión es especialmente importante hoy día: la de
iniciación necesita de la catequesis posterior por la necesidad de actualizarla y porque vivimos en una cultura
occidental que no es unificadora sino fragmentaria; la maduración de comunidades cristianas se ve muy favorecida
por la recuperación de una forma iniciática catecumenal de catequesis.

El Directorio ha logrado reajustar el concepto teológico de catequesis con un criterio de convergencia:


colaborar a la nueva etapa que se abre al movimiento catequético en la Iglesia evitando la confrontación de la
catequesis de iniciación y la catequesis permanente. Pero sería mejor referirse a la segunda realidad con el
nombre de ‘formación cristiana’ o de ‘educación en la fe’, que son las que requieren ser permanentes como
parte de una acción pastoral, tras una acción catequística. Dándole el nombre de ‘catequesis permanente’ se
corre el peligro de llamar catequesis a todo y diluir el significado estricto de ese concepto.

“LA CATEQUESIS EN AMÉRICA LATINA”

Es una nueva edición de Líneas comunes…«aumentada, enriquecida y ajustada a las nuevas realidades [orientadas
por] nuevas situaciones culturales, sociales y eclesiales que nos envuelven, y algunos documentos importantes que
surgieron en los últimos años [menciona Catecismo, DGC, Santo Domingo y II Semana Latinoamericana de
Catequesis (Caracas 1994)]» (Introducción, 11-12). Las novedades son las siguientes:
 Ha desaparecido el antiguo capítulo III (Descripción de la catequesis en América Latina. Identidad, tensiones,
opciones). Parte de su contenido ha pasado a otros capítulos. Pero no aparece ya, al menos explícitamente, uno
de los elementos que fueron novedosos y característicos en Líneas comunes…: los acentos de la catequesis
latinoamericana como comunitaria, situacional, misionera y liberadora, y las correspondientes tensiones y
opciones a que dan lugar esos acentos.
 Son nuevos los capítulos 4 (La Catequesis en el contexto de la pastoral), 5 (Inculturación y Catequesis), 7 (La
Catequesis es comunicación).
 Tienen cambios considerables, enriquecimiento y reorganización del contenido, los capítulos 3 (Catequesis y
Mensaje, antiguo cap. IV), 6 (Religiosidad popular y Catequesis, antiguo cap. V), 10 (Catequistas, antiguo cap.
VIII) y 11 (El ministerio de la Catequesis en la pastoral orgánica, antiguo cap. IX).
 En esos dos últimos capítulos se aprecia el eco de la novedad de dos de los acentos fuertes en el DGC: los
agentes de la catequesis y su formación, y la organización a partir de la Iglesia particular como lugar propio de
la catequesis (incluso cambia de orden –con respecto a Líneas comunes…– los niveles de organización y pone
en primer lugar el diocesano).
SOMBRAS Y ACENTOS
Aun con su profunda renovación, la situación actual de la catequesis no carece de sombras. Para muchos,
manifiesta incapacidad de responder a los retos de las sociedades actuales:
 Secularización progresiva que margina lo religioso en la sociedad y difunde indiferencia religiosa e increencia.

 Crisis de los procesos de iniciación cristiana, que deberían garantizar para las nuevas generaciones el acceso a
la fe y a la vida cristiana, pero se reducen a preparación sacramental que para muchos es final de toda expresión
religiosa (conclusión más que iniciación).
 Crisis de credibilidad de la Iglesia, sobre todo en su dimensión institucional. Hay grandes ámbitos humanos en
los que está ausente (mundo obrero, amplios sectores de juventud, cultura, universidad, grandes sectores rurales…).
Un estudio centroamericano sobre el paso de católicos a las sectas encuentra como un factor decisivo la decepción
sobre los agentes pastorales de la Iglesia (todos, desde obispos hasta catequistas), en niveles que oscilan entre casi
80% para los sacerdotes y 55% para los delegados de la palabra 15.
 Divorcio entre fe y vida, entre fe y cultura, según Pablo VI el drama de nuestra época (EN 20), que reduce el
cristianismo a irrelevante y culturalmente estéril.
 La opción evangelizadora, a la que se recurre hoy como catalizador de todas las urgencias pastorales del
momento, corre el peligro de quedarse en moda pastoral y no poner realmente a la Iglesia en “estado de
evangelización” que supere una pastoral de mantenimiento.

Ante esas sombras, las realizaciones catequísticas hoy ponen sus acentos de una forma particular en los aspectos
siguientes, que vienen a ser sus retos actuales16:
 El acto catequístico, que consta de la experiencia humana como punto de partida, su interpretación a la luz del
evangelio, y la expresión de la experiencia de fe mediante compromiso, celebración, testimonio, etc.
 El carácter misionero con que debe proponerse la catequesis como un servicio fundamental, interior a la
evangelización de la Iglesia.
 Anunciar los misterios esenciales del cristianismo, promoviendo la experiencia trinitaria de la vida en Cristo
como centro de la vida de fe.
 La integralidad o globalidad de la educación religiosa, que arraigue la fe en convicciones intelectuales pero
también alcance a los componentes afectivo, emotivo, motivacional, comportamental y social. Es decir, que el
catequizado no sólo descubra, profundice e interiorice los contenidos de la fe, sino que logre expresar y vivir esa fe,
y la catequesis sea así una verdadera escuela de pedagogía cristiana donde moldear la personalidad creyente.
 La dimensión comunitaria. La comunidad cristiana es el lugar propio de la catequesis, sólo desde ella, en ella y
para ella adquiere sentido. Se ha acuñado la frase de que la comunidad es “el origen, lugar y meta de toda
catequesis”, pero no implica que haya sido verdaderamente asumido en la praxis eclesial. Por eso es importante una
catequesis creadora de comunidad, que busque crear y potenciar espacios comunitarios en los que educar
adecuadamente en la dimensión comunitaria de la fe.
 La afirmación de la identidad cristiana, que la catequesis hace mediante una doble fidelidad a Dios y al
hombre. «Debe ayudar a los cristianos a ser, para su gozo y para el servicio de todos ‘luz’ y ‘sal’; ello exige que la
catequesis les dé firmeza en su propia identidad y que se sobreponga sin cesar a las vacilaciones, incertidumbres y
desazones del ambiente» (CT 56).
 La catequesis como proceso permanente, continuo, que abarque las distintas edades, con el catecumenado
bautismal (catequesis de adultos) como modelo de toda catequesis 17. Sin embargo, es aceptado que no se puede
mantener siempre el mismo ritmo o forma de catequesis, debe haber momentos fuertes y significativos que jalonen
las etapas de maduración en la fe.
 La inspiración catecumenal de toda catequesis, por ser modelo y porque «las condiciones actuales hacen cada
día más urgente esa modalidad de enseñanza catequética para un gran número de jóvenes y adultos» (EN 44).
Muchos reconocemos hoy el ‘catecumenado’ como particularmente apto y actualizable para re-iniciar a cristianos
bautizados no suficientemente evangelizados y para crear comunidad cristiana.
 Considerar como tarea prioritaria la preparación y formación de catequistas dotados de una profunda fe.

15
Cf. SEDAC, El paso de algunos católicos a las sectas fundamentalistas en Centroamérica, SEDAC-Universidad Rafael Landívar, Guatemala 1995, 88-90.
16
Cf. S. MOVILLA, Catequesis, en CFP, 128-132; DGC 33.
17
Cf. IV SÍNODO DE LOS OBISPOS, Mensaje al pueblo de Dios, 8.
1
La catequesis como etapa de la evangelización

1 Necesitamos situar bien la catequesis dentro de la acción pastoral de la Iglesia para determinar su función
específica y coordinarla con el conjunto de las otras acciones eclesiales.

Para entender y situar el puesto de la catequesis ayuda mucho la escena de Emaús (Lucas 24,13-35). Unos
hombres que habían dado una adhesión inicial a Jesucristo –habían convivido con él– caminan por la vida
frustrados. No terminan de entender el misterio de Cristo. En el camino son catequizados: su catequista, Jesús,
les hace un recorrido de la historia de la salvación, les explica lo que las Escrituras hablan de él; y ellos notan que
sus corazones ardían. Una vez catequizados, hay una total adhesión a Cristo; lo muestran acogiéndolo en su casa
y lo expresan sentados alrededor de la mesa, celebrando la Eucaristía. Un catequizado testimonia su fe: ellos
corren a Jerusalén a comunicar lo que han vivido.
2 En relación con la catequesis, la actualidad del tema de la evangelización (o nueva evangelización) presenta
aspectos que piden un esfuerzo de clarificación18:

 La prioridad de la evangelización parece poner en tela de juicio algunos cometidos tradicionales de


la catequesis. Se habla de catequesis evangelizadora y de catequesis misionera. Da la impresión de que la
actividad propiamente catequística puede ser absorbida y diluida frente a la actividad dominante de la
evangelización y la misión.
 Al comparar la catequesis con otros momentos del ministerio de la palabra en la Iglesia parece a veces
que la acción catequística pierde sus contornos precisos.
 También surgen dificultades porque hay formas muy diversas de catequesis, porque la actividad
catequística toma nombres muy distintos, porque se habla de catequesis refiriéndose a actividades
eclesiales muy dispares.

El itinerario que haremos es: fijar el lugar de la catequesis en la misión de la Iglesia, verla en relación con otras
acciones del ministerio de la palabra, y ver lo que aporta en el proceso de fe de los bautizados.

1.1 El lugar de la catequesis en la misión de la Iglesia


LA IGLESIA EXISTE PARA EVANGELIZAR19

1 La esencia de la misión de la Iglesia es la evangelización, «ella existe para evangelizar» (EN 14), para eso la
quiso y la estableció Jesucristo. Anunciar el evangelio y construir el reinado de Dios en nuestro mundo es para los
cristianos punto de referencia último de cualquier proyecto o acción que emprendamos. Y la catequesis forma
parte, junto a otras acciones y realidades, del proceso total de la acción evangelizadora.

2 La Iglesia ha optado actualmente por la evangelización. A partir del decreto Ad gentes del Vaticano II (1965)
se ha intentado plasmar teológica y pastoralmente un nuevo sentido de misión eclesial, recogido en el concepto de
evangelización. En ese camino aparecen:

 La Congregación de la propagación de la fe (Propaganda Fide) cambió su nombre en 1967 por el de


“Congregación para la evangelización de los pueblos”.
 En la Conferencia de Medellín (1968) los obispos asumieron el compromiso de una evangelización
profética en favor de los pobres, la justicia y la liberación.
 El Sínodo de 1974 tuvo como tema “la evangelización del mundo contemporáneo” y como fruto la
exhortación de Pablo VI Evangelii nuntiandi (1975).

18
Cf. E. ALBERICH, La catequesis en la Iglesia, 40 s.
19
Cf. E. ALBERICH, La catequesis en la Iglesia, 42-45; J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 46-56.
 La Conferencia de Puebla (1979) tomó como tema “la evangelización en el presente y en el futuro de
América Latina”.
 Juan Pablo II trató sobre la permanente validez del mandato misionero en la encíclica Redemptoris missio (1990).
 La Conferencia de Santo Domingo (1992) trató el tema “nueva evangelización, promoción humana y
cultura cristiana”.
 Además, muchos mensajes y publicaciones teológicas y pastorales muestran que en los últimos años la
pastoral ha girado en torno a la evangelización, con un doble sentido: la Iglesia la aprecia como
respuesta adecuada a los retos de una sociedad pluralista y secularista; y en ella ha reformulado su
identidad y misión, que le exige revisar sus estructuras, métodos, medios de acción, etc.

3 Naturaleza de la evangelización. El NT no usa ese término, pero sí el de ‘evangelizar’ con el sentido de


anunciar y testimoniar la Buena Nueva de la salvación.
En los documentos del Vaticano II hay una triple acepción del término ‘evangelización’:

a) la sola predicación misionera a los no-creyentes (AG 6, 26);


b) todo el ministerio de la palabra (LG 35, 18; CD 6, 10; GS 44, 13; AA 2, 20);
c) toda la actividad misionera de la Iglesia (AG 23, 6).

De esa manera, el concilio amplió el término ‘evangelización’ de un sentido restringido (el anuncio a los no
creyentes con vistas a la conversión) a todo el conjunto de la actividad profética de la Iglesia e incluso a todo el
quehacer eclesial en cuanto actividad misionera.

La exhortación EN (17-24) lo amplió más e incluyó el ‘primer anuncio’ y las acciones eclesiales que se dirigen a
los descristianizados y a los que necesitan fortalecer su fe. Confirmó así un significado amplio del término en el
que crece la convicción de que la evangelización no es una tarea más de la Iglesia sino ‘su tarea’.

El DGC en el n. 48 describe la evangelización como un proceso rico, complejo y dinámico compuesto de


elementos variados que hay que saber integrar (testimonio y presencia de la caridad, primer anuncio del evangelio
y conversión, catequesis e iniciación cristiana, educación permanente de la fe, celebración de los signos
sacramentales y apostolado).

Podemos definir, entonces, la evangelización como el anuncio o testimonio del Evangelio que la
Iglesia realiza en el mundo mediante todo cuanto ella dice, hace y es; es decir, con toda su presencia y
con todo lo que cree, celebra, vive y proclama.

Eso significa que la Iglesia no existe para sí misma ni su fin es la propia permanencia. Está al servicio de un proyecto
de Dios dado a conocer por Jesucristo: establecer el reino de Dios en la historia humana. «Evangelizar constituye la
dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (EN 14).

4 Pero decidirse por la evangelización tiene consecuencias que permiten hablar de un verdadero giro histórico en
la vida de la Iglesia:
 Aceptar el desafío de la secularización y de la increencia, de la indiferencia y de ver el cristianismo como un
producto devaluado.
 Aceptar el reto de un pluralismo religioso que ha dejado atrás el régimen de monopolio y expone a la Iglesia y al
cristianismo a la competencia con otras ofertas religiosas.
 Enfrentar la crisis de credibilidad que padece hoy la Iglesia y sus agentes, que exige un gran esfuerzo de
testimonio y de autenticidad cristiana.
 Un esfuerzo de concentración en lo esencial y de redescubrimiento de la identidad cristiana en términos
culturalmente significativos y actuales.
 Redescubrir y reformular la identidad y misión de la Iglesia: ser en el mundo ‘palabra’ reveladora de la novedad
del Reino.
 Descentrar de sí misma la vida de la Iglesia, tendiendo toda ella al anuncio salvador del que es portadora.
(Evangelizar no es una ‘operación rescate’ en clave de restauración, reconquista o proselitismo).
CÓMO REALIZA LA IGLESIA SU MISIÓN

1 Características. La evangelización abarca toda la actividad de la Iglesia y tiene como características


fundamentales las siguientes:

 Anuncia el evangelio de Jesús y la buena noticia del Reino. Su contenido es Jesucristo y no hay
evangelización sin un anuncio explícito de él (Cf. EA 66; EN 22, 27). Es anuncio de una liberación
entendida como salvación integral del ser humano, sin reducciones espiritualistas o temporalistas (Cf.
EN 9, 30; DGC 103-104). Se anuncia con palabras y hechos, se trata de predicar y hacer realidad la buena
nueva del Reino (Cf. EN 4, 30). Se dirige a personas que viven en un determinado ambiente socio-
cultural y en sintonía con su realidad social (Cf. EN 29). Se hace en orden a la conversión, tanto personal
como social y eclesial (Cf. EN 36; DP 252; DSD 24, 30).
 Educa en la fe a todos los que se convierten al evangelio y a la buena noticia.
 Celebra la presencia del Señor en medio de la comunidad de los convertidos.
 Testimonia (tanto personas como comunidades) un nuevo modo de ser y de vivir, según los valores del
Reino y la vida nueva que se anuncia (Cf. EA 67; EN 21, 41, 76, 78; RM 42-43).
 Transforma con su fuerza todo el orden temporal.

2 Desde el principio de la vida de la Iglesia (Hch 2,42-47; 4,32-34; 5,12-16) encontramos que su vida y acción
consistían en: a) el servicio de la palabra, b) la comunión fraterna, c) la eucaristía y la oración en común, d) el
servicio de la caridad hacia los necesitados. La Iglesia ha tomado esos aspectos como norma de lo que debe ser en
cualquier tiempo y lugar la vida de la comunidad eclesial.
En las Iglesias apostólicas consta un ejercicio muy variado y espontáneo del ministerio de la palabra.
Aparecen algunas formas típicas (evangelización, instrucción, profecía, testimonio, exhortación), pero en todas
ellas es la vida concreta de las comunidades el criterio de adaptación y de articulación, dentro de la fidelidad al
mensaje de salvación. En la fluctuación terminológica del Nuevo Testamento cabe destacar una cierta distinción
de base entre un primer momento de lanzamiento del mensaje (gritar, anunciar, evangelizar, testimoniar) y un
segundo momento de explicitación y profundización (enseñar, catequizar, predicar, transmitir)20.

3 Pablo VI (EN 21-24) presentó en la siguiente forma –que ha recogido DGC 49– los pasos de la realización de
la Iglesia:

1 2 3 4
Testimonio y presencia de Anuncio explícito de Catequesis: iniciación en la Formación permanente, cele-
los cristianos. Jesucristo salvador. fe y vida cristiana. bración, oración, compromiso.
 (Acción misionera) (Acción catequística) (Acción pastoral)21
Despertar curiosidad, inte-   
rrogantes, búsqueda. Conversión Profesión de la fe bautismal. Testimonio, construcción del reino
de Dios en el mundo.
_________________________  _________________________ 

No se trata de etapas cerradas y de un orden riguroso y fijo que todo proceso evangelizador deba seguir; más bien,
esas etapas manifiestan el orden lógico de ese proceso y muestran la relación dinámica que guardan entre sí las
distintas acciones eclesiales.

20
Cf. E. ALBERICH, La catequesis en la Iglesia, 46 s.
21
Ese término no es del todo adecuado. ‘Acción pastoral’ es sinónimo de ‘praxis eclesial’ e indica todo el conjunto de acciones de la
comunidad cristiana encaminados a anunciar y hacer presente el Reino de Dios. Los otros tres pasos son también acciones pastorales.
(Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 50).
El paso 1 puede considerarse como algo previo, preliminar a la evangelización (hay autores y el propio DGC que
no lo incluyen), pero es imprescindible para que una persona llegue a acoger el anuncio de Jesucristo. El ‘ser’ y
‘estar’ de los cristianos y de las comunidades en medio del mundo despierta en quienes los contemplan preguntas
sobre el por qué de esa forma de actuar, y así quedan abiertas al anuncio de ese sentido o de ese Dios por el que
preguntan, quizá sin saber expresarlo.
El paso 2, del que encontramos muestras en la primera predicación apostólica (Hch 2,22-39; 3,12-26), contiene
fundamentalmente dos elementos: la proclamación de que Dios Padre ha actuado definitivamente en favor de los
hombres enviando a su Hijo a establecer su reinado y resucitándolo de entre los muertos; y la invitación a
convertirse a él, es decir, la llamada a acoger en la propia vida la intervención favorable de Dios y a transformar
toda la existencia. En la misión ‘ad gentes’ este paso se realiza en el ‘precatecumenado’; en una ‘nueva
evangelización’ se realiza por medio de la ‘catequesis kerigmática’ o ‘precatequesis’22.
La acción misionera la deben hacer quienes están en contacto con alejados, indiferentes, con quienes raramente
vienen a la comunidad. Tienen una función primordial los laicos que viven su fe, gozosa y adultamente, en medio
de ellos; apoyados por el testimonio de una comunidad que vive lo que ellos anuncian, y por los sacerdotes y
quienes entran en contacto con esas personas en los encuentros y celebraciones a los que acuden ocasionalmente.
Es una acción que necesita de obras y palabras, difícil, pero absolutamente necesaria para la evangelización y
para que una comunidad se regenere y mantenga la ilusión y la vida23.

El paso 3 responde a la necesidad de un proceso o itinerario para iniciar en la fe a quien desea llenar de contenido
su ‘sí’ a Jesucristo. Comprende un ‘despertar religioso’ y un desarrollo posterior de iniciación de cuatro
dimensiones: en el misterio cristiano, en la celebración y la oración, en la vida y conducta según el evangelio y en
el compromiso evangelizador y misionero. La catequesis no es una acción más entre las de la Iglesia: «El
crecimiento interno de la Iglesia depende esencialmente de la catequesis» (CT 13).
El DGC asume este paso 3 como catequesis al servicio de la iniciación cristiana o catequesis de iniciación24.

El paso 4 comprende la atención permanente que la Iglesia presta a sus miembros. La catequesis sólo asegura unos
cimientos sólidos sobre los que construir. El cristiano debe llegar a la madurez de fe y vivir en todas las
circunstancias según la fe que profesa. Para ello necesita la oración, los sacramentos, la escucha y reflexión de la
Palabra de Dios, el encuentro con los hermanos y la experiencia de comunidad. Si un catequizado no es acogido y
acompañado de cerca por una comunidad, su vida de fe se debilita y puede llegar a desaparecer.
El DGC añade aún a lo enumerado la lectura cristiana de los acontecimientos, las catequesis ocasionales, la
enseñanza teológica, y hace una práctica identificación –como ya vimos– entre ‘educación permanente de la fe’ y
‘catequesis permanente’25.

Sólo cuando la Iglesia desarrolla esas cuatro dimensiones de la evangelización es cuando es fiel a la
misión de evangelizar. Son todas ellas necesarias y complementarias para una comunidad. Y como se
indica en el cuadro, el testimonio al que lleva la cuarta de las dimensiones es el origen que da comienzo a
un nuevo ciclo o proceso evangelizador.

EL LUGAR DE LA CATEQUESIS EN LA MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA26


3 Es un momento prioritario de la evangelización. Por su naturaleza, la catequesis es parte integrante de la
martyría, es decir, del servicio de la palabra o ministerio profético.

22
Cf. DGC 61-62.
23
Cf. DIÓCESIS DE SAN SEBASTIÁN, Formación de catequistas, Idatz, San Sebastián 1994, 4.4
24
Cf. DGC 63-68.
25
Cf. DGC 69-71.
26
Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 56-58.
Adquiere su razón de ser e inspiración más profunda como parte integrante de la misión evangelizadora de la Iglesia,
como un momento o etapa esencial de ella (Cf. CT 18; DGC 63-64; CAL 95). Es siempre una forma de evangelización.
Es un momento específico del proceso total de la evangelización. Es distinto y sucesivo al del primer anuncio, y es
iniciación y preparación para las otras acciones eclesiales (Palabra, liturgia, diaconía). No tiene sentido si se separa
de ese conjunto.
No se confunde con otras acciones que la anteceden y le son preparatorias (testimonio, primer anuncio, charlas,
convivencias…) o que le siguen y emanan de ella (predicación, celebraciones, servicios, vida de comunidad…).
Se sitúa entre la actividad misionera, dirigida a los no creyentes o a los indiferentes o alejados, y la acción
pastoral, dirigida a los fieles cristianos, para preparar a una participación adulta en la comunidad cristiana. Sin la
catequesis la acción misionera no tendría continuidad y sería infecunda, y las demás acciones eclesiales no
tendrían raíces y serían superficiales.

La catequesis tiene, entonces, la función de capacitar a quien se ha adherido a Jesús para que viva con
plena responsabilidad dentro de la comunidad cristiana.

4 Sin embargo, la realidad es que en muchos cristianos esa adhesión inicial es más producto de una situación
sociológica que de una experiencia personal transformante. (Esos cristianos están más necesitados de un
primer anuncio del evangelio que de una catequesis propiamente dicha). Esa realidad fue considerada por
Juan Pablo II (CT 19) y exige que:
 La acción catequística adquiera un talante fuertemente misionero y evangelizador.
 La tarea (catequística) de profundización progresiva y ordenada de la fe no se separe de la acción
evangelizadora para suscitar la conversión.
 Ambas formas de educar la fe se combinen de tal modo que se consiga una ‘evangelización catequística’
y/o una ‘catequesis evangelizadora’.

1.2 La catequesis dentro del ministerio de la palabra


Todas las acciones eclesiales que se incluyen en el término genérico de ‘ministerio de la palabra’ o ‘profético’ anuncian el
evangelio y desarrollan la fe. La catequesis es una de ellas, pero no todas pueden llamarse ‘catequesis’. No pueden
confundirse aunque la catequesis tenga ciertas resonancias en todas ellas.

Anuncio misionero Teología


Primera proclamación de Jesús Profundización científica para desarrollar la
como Señor, dirigida a no inteligencia de la fe. Expresión en el lenguaje de la
creyentes y a indiferentes. Llama cultura y el pensamiento.
a la fe e invita a la conversión.

Catequesis   Liturgia (homilía)


Dirigida a quienes han recibido Ministerio de la palabra  Actualización de la Palabra proclamada en los ritos
el primer anuncio. Iniciación en litúrgicos para alimentar y hacer crecer la fe de
la fe y en la vida cristiana.   personas y comunidades.
Proceso de maduración en la fe.

Enseñanza religiosa escolar Otras modalidades de


Encaminada a promover el formación cristiana
diálogo entre fe y cultura. Iluminación de la vida cristiana, exhortación a la santidad.

CATEQUESIS Y ANUNCIO MISIONERO

1 Para creer en Jesucristo es necesario oír hablar de él (Rom 10,14). Ese es el origen de la primera urgencia de la
Iglesia: anunciar a Jesucristo. A ese anuncio que se hace a los alejados de la fe se le llama ‘anuncio misionero’,
‘primer anuncio’ o ‘primera evangelización’.
El anuncio debe despertar en el oyente una respuesta: ¿qué debo hacer? (Hch 22,7-10). «El anuncio no adquiere toda
su dimensión más que cuando es escuchado, asimilado y cuando hace nacer en quien lo ha recibido una adhesión del
corazón» (EN 23).
Es a quienes han recibido el anuncio y han dado su adhesión al evangelio a quienes la catequesis inicia progresivamente
para que puedan entender, celebrar, vivir y difundir ese evangelio. Por tanto, presupone la predicación misionera y es
un momento sucesivo a ella; hay entre ellas una «distinción en la complementariedad» (DGC 61). Pero son dos
acciones distintas:
Primer anuncio Catequesis
Suscita la conversión. Hace madurar la conversión inicial.

Anuncia el kerigma evangélico. Profundiza y desarrolla el anuncio kerigmático.

Convoca y llama a la fe. Fundamenta y estructura la vida cristiana.

2 Sin embargo, en la práctica pastoral los límites de ambas acciones no son tan claros. No es raro en nuestros
ambientes que haya personas participando en la catequesis sin haber recibido un primer anuncio, o un elevado
número de bautizados que viven alejados de toda práctica cristiana, o se acercan esporádicamente, o no practican más
que las ‘cuatro estaciones’ (bautismo, primera comunión, matrimonio, funeral). En esos casos, los acercamientos
ocasionales pueden convertirse en oportunidades en que el anuncio misionero puede y debe ofrecerse íntimamente
unido a la acción catequizadora sencilla apropiada a la ocasión, en la cual se les anuncie al Dios viviente y a Jesucristo
salvador y se les invite a la conversión y a la fe. Son situaciones en que la catequesis tiene una ‘tarea misionera’ 27,
aunque eso no dispense a una Iglesia particular de promover una intervención institucionalizada del primer anuncio (Cf.
DGC 62). Quienes en esa forma manifestaran una primera adhesión a la fe y conversión al evangelio deben ser
encaminados a un proceso propiamente catequístico de tipo catecumenal 28.

CATEQUESIS Y ENSEÑANZA RELIGIOSA ESCOLAR


Según países hay diversidad de situaciones y no es posible reducir a una sola forma todas las modalidades que la
enseñanza religiosa escolar tiene o ha tenido en la historia. Muchos tienen la concepción de que la enseñanza religiosa
en la escuela debe ser considerada catequesis y recibir el nombre de ‘catequesis escolar’ (¿?). Debe aclararse que,
aunque sean los mismos los destinatarios y los contenidos de fe que se transmiten, hay elementos que diferencian
claramente ambas acciones:
 La enseñanza religiosa se da en la escuela, entidad que se dirige por normas y leyes civiles (en el caso de la
‘escuela católica’, complementadas con un ideario propio). La catequesis se da en la comunidad eclesial, a la
que se pertenece por la fe y el bautismo.
 La enseñanza religiosa busca hacer posible el diálogo fe-cultura, con sus expresiones y con sus valores, y de
promoverlo en el proceso personal de iniciación, sistemática y crítica, y de encuentro con el patrimonio cultural,
que promueve la escuela (CT 69); no es imprescindible una adhesión previa a la fe. La catequesis –que sólo
puede darse cuando ha habido una adhesión previa a la fe– busca iniciar en ella mediante el conocimiento
vivencial de Jesucristo, inicia en la experiencia religiosa y en la conducta moral y lleva a una incorporación en
la comunidad de los creyentes.
Es cierto que son acciones convergentes y complementarias (no sólo entre sí, sino también con un tercer elemento: la
educación cristiana familiar), pero se debe evitar confundirlas.

CATEQUESIS Y TEOLOGÍA
Puede entenderse por teología «aquella reflexión crítica sobre la Palabra de Dios acontecida en el ‘hoy’
de la comunidad cristiana y orientada a realizar la misión de la Iglesia en el mundo»29.
27
Es mejor hablar de ‘tarea misionera de la catequesis’ que de ‘catequesis misionera’, por ser ésta una expresión ambigua que puede
referirse: al primer anuncio, a la precatequesis, a los dos anteriores, a la catequesis para los no convertidos, a la catequesis en regiones
de misión ‘ad gentes’, a la catequesis en países descristianizados de vieja tradición cristiana, a la catequesis destinada a formar
conciencia misionera, etc. (Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 28).
28
Cf. J. A. RAMOS, Teología pastoral, BAC, Madrid 1995, 271 s.
29
J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 32.
1 Desglosemos los elementos de esa descripción:
 Es reflexión crítica. Quiere decir, investigación científica y reflexión metódica y sistemática sobre los
datos de la fe. Su trabajo es racional y discursivo.
 Es reflexión sobre el Dios revelado en Jesucristo. Su objeto es la Revelación de Dios al hombre en
Jesucristo, mediante la historia de salvación contenida en la Escritura y comunicada por la tradición viva y
activa de la Iglesia.
 Tiene como lugar teológico la existencia actual de la Iglesia. Además de Escritura y Tradición, la vida
concreta de la comunidad cristiana también es lugar revelador de la Palabra de Dios, donde Dios actúa
salvíficamente. Es responsabilidad de la teología descubrir y actualizar reflexivamente la Palabra de Dios
presente en el acontecer histórico de la comunidad eclesial.
 Es reflexión sobre la praxis de la Iglesia. La teología tiene relación directa con la vida cristiana de la
comunidad y con su praxis pastoral; es una ciencia de la práctica eclesial. Sin dimensión pastoral no existe
auténtica teología.

2 La relación entre teología y catequesis ha vivido momentos diversos. Desde el siglo XVII hasta comienzos del
XX se concibió como una subordinación de la catequesis a la teología, entendiéndola como una divulgación
teológica o una enseñanza doctrinal. Con la renovación kerigmática (1945-1965), al distinguir “anuncio de la fe”
de “doctrina de la fe”, se empezó a superar la mentalidad de subordinación. Hoy aún piensan muchos que la
teología sistemática es ciencia normativa de la acción catequizadora y que la catequesis es una simple aplicación
de la teología. Pero la reflexión catequética actual asume que:
 Son dos acciones eclesiales diferentes. Ambas se refieren a la Palabra: la teología para su estudio y
reflexión; la catequesis para su actualización y comunicación. Pero se distinguen por:

Teología Catequesis

Reflexión crítica (inteligencia) sobre la fe. Praxis al servicio del camino de fe de personas y
Identidad grupos.

Lógica Científica. Pedagógica y comunicativa.

La educación de la inteligencia de la fe. Educar en todas las dimensiones de la vida


Finalidad cristiana.

Aproximaciones (filosófica, histórica, hermenéutica…) Usa métodos de las ciencias de la educación y


Metodologí
para ahondar en la comprensión y fundamentación de los de la comunicación para una proclamación
a contenidos de la fe. eficaz del mensaje.

 La teología tiene una función crítica respecto a la catequesis. Tiene la función de clarificar y
fundamentar toda praxis eclesial y, por tanto, de orientar el recto planteamiento del discurso catequético.
Lo hace al reflexionar críticamente sobre los principios teóricos que fundamentan la acción catequizadora,
sobre la mentalidad teológica que subyace en la praxis catequística y sobre las teorías, principios y
enfoques que la catequesis toma de las ciencias humanas para aplicarlas a su trabajo específico.
 La catequesis necesita a la teología. Ella le puede «proporcionar un conocimiento sistemático y completo
del contenido de la fe cristiana; suministrar las normas interpretativas de la tradición de fe; orientar en la
búsqueda del núcleo central y de las dimensiones fundamentales del mensaje cristiano; ofrecer criterios
interpretativos de las fuentes de la revelación y del Magisterio de la Iglesia; aportar aclaraciones y
profundizaciones sobre los distintos temas de la fe cristiana».

 La teología necesita a la catequesis. La praxis pastoral de la comunidad eclesial nutre la reflexión


teológica. La catequesis es parte de esa praxis y constituye una vía genuina y original de acercamiento a la
realidad de la fe, además de contribuir a expresarla y reinterpretarla. La teología necesita confrontarse y
dialogar con la catequesis e incorporar a su ámbito de estudio la praxis catequística como un lugar de
elaboración teológica.
 La teología y la catequesis se complementan. La teología aporta la profundización, sistematización y
fundamentación de los contenidos de la fe; la catequesis aporta la vida y experiencia de fe de las
comunidades cristianas como lugar de elaboración del discurso teológico. Ambas acciones se necesitan, se
reclaman y se complementan. El teológico y el catequético son dos momentos de la tarea eclesial. La
catequesis debería conservar siempre una dimensión teológica y la teología cultivar una dimensión
catequética.
 La catequesis no es una enseñanza teológica. La formación que ofrece es de carácter elemental y se
limita a comunicar las certezas más básicas de la fe. No aborda cuestiones disputadas por los teólogos,
ni se convierte en investigación teológica o en exégesis bíblica. Pero las certezas que la catequesis
transmite y el lenguaje que usa para ello están y han estado siempre originados y avalados por el trabajo
teológico, respaldado y garantizado, a su vez, por el Magisterio de la Iglesia. No se puede considerar la
catequesis como una ‘teología rebajada’ ni tiene como objetivo formar ‘pequeños teólogos’.
 La catequesis no se reduce a una enseñanza doctrinal. Es una enseñanza doctrinal, pero no se reduce a
ella, sino que es una educación integral para la vida cristiana; educa en el conocimiento y en la vida de fe.

3 En el fondo el problema de la relación entre catequética y teología está condicionado por cómo se conciba la
función teológica en la Iglesia: si se reduce a teología sistemática de teólogos profesionales, o se revaloriza la
acción teológica propia de toda la Iglesia.

CATEQUESIS Y LITURGIA (HOMILÍA)

La homilía es «una parte del ministerio de la palabra y de la liturgia, dirigida a los miembros de la
asamblea, en forma de proclamación de las maravillas de la historia de salvación o misterio de Cristo,
inspirada en los textos bíblicos, teniendo en cuenta el misterio que se celebra y las necesidades
particulares de los oyentes»30.

Por tanto, están presentes en ella tres elementos básicos:

 Está al servicio de la Palabra de Dios que se proclama. Tiene una dimensión kerigmática, pues anuncia
la intervención salvadora de Dios, la Buena Nueva del Reino y exhorta a la conversión; y una dimensión
catequética, porque instruye a la comunidad, le ayuda a comprender y a vivir los misterios que está
celebrando, hace crecer la fe de las personas y de la asamblea como comunidad.
 Está al servicio del misterio litúrgico que se celebra. Relaciona la liturgia de la Palabra con la liturgia
sacramental y señala cómo se cumple sacramentalmente lo que el evangelio anuncia. Tiene, pues, una
dimensión mistagógica, porque inicia en los misterios litúrgicos, ayuda a captar la relación dinámica entre
la Palabra y el signo sacramental, y ayuda a comprender y a participar mejor en la misma celebración.
 Está al servicio de las personas que se reúnen para celebrar su fe. Interpela a la asamblea con el
mensaje evangélico en sus circunstancias históricas y culturales, teniendo en cuenta sus aspiraciones y
necesidades reales. Tiene dimensión existencial, porque es palabra viva “hoy y aquí” para orientar la vida
de las personas, y dimensión exhortativa, porque invita a la aplicación a la vida de aquello que se celebra.

La homilía no es catequesis ni la catequesis es predicación homilética. Pero la catequesis (bíblica y litúrgica)


conduce a la celebración y es previa a ella. A su vez, la homilía tiene una dimensión catequética y es un
medio privilegiado para la educación permanente de la vida cristiana. Tienen, pues, puntos de contacto, pero son
dos acciones eclesiales diferentes:

Homilía Catequesis

30
C. FLORISTÁN, Homilía, en FLORISTÁN C. – TAMAYO J. J. (coord..), Diccionario abreviado de pastoral, Estella, Verbo Divino 19973,
213.
Ámbito Dentro de la acción litúrgica. Distintos lugares, espacios y tiempos.

Dependientes de los textos bíblicos y de las Temáticos, unitarios y sistemáticos.


Contenidos oraciones presidenciales de la celebración.

Interlocutore Asamblea litúrgica, bastante heterogénea. Grupo de catequizandos, homogéneo en cuanto a


s edad y situación de fe.

Transmisión oral. Dinámico, creativo, con uso de técnicas grupales y


Método medios de comunicación.

Acompaña al cristiano siempre que participa en la Se sitúa en la etapa de iniciación y maduración de la


Tiempo liturgia, ayudándole a interiorizar y vivir los fe y a su servicio. Es acción temporal, con un
misterios que celebra. comienzo y un final.

CATEQUESIS Y OTRAS MODALIDADES DE FORMACIÓN CRISTIANA

Son modalidades que no están unidas a celebraciones litúrgicas y no se consideran ´homilía’ (retiros, ejercicios
espirituales, charlas, conferencias cuaresmales, triduos, novenas, preparaciones a sacramentos, etc.). Tienen como
objetivo iluminar la vida cristiana de los fieles y exhortarlos a llevarla a la práctica. Son predicaciones que
pueden tener una referencia cateqúetica por cuanto se orientan a despertar y desarrollar la vida de fe y las
exigencias que se derivan del bautismo. Suelen tener un contenido (bíblico, devocional, litúrgico…) que las hace
válidas como formas del ministerio de la palabra que siguen siendo útiles y saludables para el pueblo de Dios.

Pero debe estar claro que esas formas no se pueden considerar propiamente como catequesis, pues no son una
iniciación cristiana ordenada y sistemática.

1.3 Aporte de la catequesis al proceso de fe de los bautizados 31

EDUCACIÓN PERMANENTE DE LA FE

La pedagogía moderna asegura que, en las condiciones sociales y culturales de hoy, la educación no es sólo tarea
de unos pocos años (el período de crecimiento), sino que resulta necesaria una educación permanente que
posibilite la adaptación y desarrollo a las diversas etapas y circunstancias por las que pasa la persona. Igualmente,
en el terreno de la fe, son muy cambiantes las situaciones que vive el creyente como para no necesitar una
educación permanente que le ayude a encontrar las respuestas que Dios espera de él en cada circunstancia.
Sin embargo, «es evidente que, sólo en sentido indirecto e instrumental, se puede hablar de “educación” de la
fe. Es decir, sólo en el ámbito de las mediaciones humanas que pueden facilitar, ayudar o quitar obstáculos en
orden al crecimiento de la actitud de fe, y siempre fuera de toda posible intervención directa sobre la fe misma, que
depende de la acción gratuita de Dios y de la libre respuesta del hombre» 32. Eso no significa que la acción de Dios
y la labor catequística actúen de forma tan dispar que resulte inútil el esfuerzo humano por fomentar el crecimiento
de la fe.

31
Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 58-63.

32
E. ALBERICH, La catequesis en la Iglesia, 100. Presenta un desarrollo amplio de la catequesis al servicio de la fe desde aproximaciones
bíblica y antropológica (101-109).
CATEQUESIS Y EDUCACIÓN (A, EN, DE) LA FE33

1 Los documentos del Magisterio caracterizan a la catequesis como educación de la fe: «La catequesis consiste
en la educación ordenada y progresiva de la fe…» (MPD 1). «Globalmente se puede considerar aquí la catequesis
en cuanto educación de la fe de los niños, de los jóvenes y adultos» (CT 18). «La catequesis es una formación
orgánica y sistemática de la fe» (DGC 67). «La acción catequizadora sigue al kerigma y desencadena un proceso
de iniciación, de crecimiento y de maduración en la fe… Por ser educación de la fe, la catequesis se realiza en
forma gradual y progresiva» (CAL 97).

La catequesis es, por tanto, una acción educativa. Quiere decir que está al servicio del crecimiento de la persona
humana vista en la totalidad de sus dimensiones (psicológica, socio-comunitaria, ética y trascendente); se lleva
a cabo «en el contexto de una educación global de la persona» (DGC 189). Y quiere decir también que está
llamada a crear un ambiente educativo (relaciones interpersonales, libertad, creatividad, participación…) y a
usar métodos tomados de las ciencias de la educación (pedagogía, metodología, didáctica…).

2 Pero educación en la fe es un término más amplio que catequesis. En la misión de la Iglesia todas las acciones
pastorales tienen un carácter educativo de la fe, pero no todas son catequísticas. Veamos en un cuadro las
diferencias:

Educación en la fe Catequesis
Acción permanente de la Iglesia a lo largo de toda la vida Período prolongado que finaliza al recibirse el
Temporalida
del cristiano. bautismo o al adquirirse una madurez básica
d en la fe.

Ayudar y apoyar la vida de fe en todas las etapas y Iniciar en todas las dimensiones de la fe y de la
Objetivo circunstancias del cristiano. vida cristiana.

La coherencia permanente entre fe y vida, testimonio y La profesión de fe bautismal o la opción


Meta compromiso. postbautismal de fe adulta.

La acción pastoral de la Iglesia: celebración, oración, El proceso catequístico, que es básico,


Medios homilía, planes de formación permanente, movimientos sistemático y orgánico.
apostólicos, etc.

La educación en la fe hace referencia a una acción que se realiza de múltiples formas, en ámbitos y por cauces
muy diversos: la predicación, la homilía, la enseñanza religiosa escolar, la educación cristiana en la familia, la
educación escolar de inspiración cristiana, la formación dentro de los movimientos apostólicos o asociaciones, los
medios de comunicación de masas, la enseñanza teológica, los ejercicios espirituales, retiros, cursillos, jornadas de
reflexión y oración… Todas esas modalidades de educación en la fe tienen aspectos catequísticos, pero no son,
propiamente, catequesis.

3 Lo propio de la catequesis, dentro de la educación en la fe, es desencadenar un proceso de iniciación (pone


al creyente en disposición de aprender a escudriñar el misterio de Cristo), de crecimiento (lo sitúa en el ámbito de
la comunidad para que se inserte en su vida) y de maduración en la fe (que expresará en el testimonio y en el
servicio a los hermanos). (Cf. CAL 97). Ese proceso requiere:
 Una iniciación global en las diversas expresiones de fe cristiana. Que sea sistemática (no improvisada,
programada), elemental (no aborda cuestiones disputadas ni se transforma en investigación teológica o
exégesis)34, completa (no es un primer anuncio o kerigma) e integral (abierta a todas las esferas de la vida

33
Cf. J. A. RAMOS, Teología pastoral, 272-274.

34
«Centrada en lo nuclear de la experiencia cristiana, en las certezas más básicas de la fe y en los valores evangélicos más
fundamentales» (DGC 67).
cristiana) (Cf. CT 21). Es un camino que se inicia ordinariamente con la conversión y abarca luego
componentes:

1) cognoscitivo: adquisición de conocimientos básicos de la fe;


2) afectivo: desarrollo de las actitudes y convicciones fundamentales de fe;
3) comportamental: adquisición de formas de conducta y de acción que caracterizan el estilo de vida de
los cristianos;
4) expresivo: uso de lenguajes bíblico, doctrinal-teológico, simbólico-ritual y testimonial.

 Un período intensivo y suficientemente prolongado de formación cristiana. Distingue a la catequesis


respecto de otras acciones un carácter intenso y duradero y no meramente circunstancial u ocasional. Pero
es un proceso con un principio y un fin. Un cristiano está en proceso permanente de educación en la fe,
pero no puede verse sometido a constante iniciación catequística.
 Una presentación orgánica y ordenada. Para que, al ser transmitidos, se descubra la relación que guardan
los diversos elementos entre sí, para ir constituyendo un ‘todo’ en la vida del catecúmeno, ayudándole y
facilitándole para hacer su síntesis vital, en armonía con su personalidad, su experiencia, su cultura, sus
preguntas más profundas.
 Unos pasos definidos, un proceso metodológico, del que forman parte métodos, instrumentos y agentes.

Por esas mismas características, no puede ser una etapa permanente en la vida, tiene duración determinada.
Posteriormente, cuando en la vida del creyente surjan nuevos acontecimientos o situaciones determinantes, un
período intensivo de catequesis podrá ayudarle a re-situarse como cristiano y a re-formular su fe, si fuera
necesario. Entre tanto, la Iglesia acompaña al creyente, alimenta su vida de fe, le sostiene en su propósito de
fidelidad al Señor mediante la acción pastoral ordinaria.

Hay consenso en muchos catequetas sobre la idea de que la catequesis acompaña toda la vida del
creyente y, por tanto, tiene un carácter permanente. Se fundamentan en que la madurez de la fe no puede
ser alcanzada en un momento determinado de la vida ni se logra de una manera total. Incluso el DGC
menciona reiteradamente la ‘catequesis permanente’ (Cf. nn. 51, 56-57, 71-72, 82, 176, 232, 235). Sin
embargo, el argumento no me convence; tampoco se es médico por completo en un momento determinado
ni de una manera total, y no por eso se permanece como alumno en la Facultad de Medicina, sino en una
dinámica de formación permanente.

Mantengo que es lícito hablar de ‘educación permanente de la fe’, pero no es correcto –estrictamente
hablando– pensar en una ‘catequesis permanente’ que acompañe al creyente a lo largo de toda su vida;
se corre el peligro de diluir en un “todo es catequesis” lo que la distingue de las demás acciones
pastorales del ministerio de la palabra.

+ + +

[Puede verse en Evangelización. Catequesis. Catequistas, EDICE, Madrid 1999, 69-107, un comentario (“La
catequesis en la misión evangelizadora de la Iglesia”) a la Primera Parte, capítulo 1, del DGC].
2
La identidad, la finalidad y las tareas de la catequesis

En muchos ambientes se ha tenido (y se tiene todavía) tradicionalmente una idea de catequesis que se percibe en
expresiones como ‘dar catecismo (o doctrina)’, ‘ir al catecismo (o a la doctrina)’, ‘clase de catequesis’, etc. Indica
una cierta percepción de la catequesis como transmisión de la fe. Por otra parte, los propios catequistas no son
capaces en ocasiones de responderse y responder a la pregunta: ¿En qué consiste verdaderamente la catequesis?

La reflexión y los documentos que la Iglesia nos ha ofrecido sobre el tema en los últimos años dan elementos
suficientes para una respuesta que desarrollaremos en pasos: la identidad actual de la catequesis, la inspiración
catecumenal de toda catequesis, la finalidad que persigue y las tareas específicas que cumple.

2.1 La identidad actual de la catequesis

SIGNIFICADO ORIGINARIO

1 En su origen griego la palabra ‘catequesis’ (katejesis) se deriva del verbo katejein, que significa «hacer resonar,
retumbar, producir eco en los oídos de alguien; especialmente el sonido o el eco de la voz humana». Por tanto, en
su raíz etimológica ´catequesis’ evoca una comunicación oral y dialogada, pues se trata de hacer resonar una
palabra en el oído de un oyente-interlocutor.

La voz katejesis no aparece en el NT, pero sí el verbo katejein, dándole el significado de narrar (relatar, informar)
sucesos; de ahí se aplicó luego a la instrucción oral sobre los misterios de la fe y de la vida cristiana que se daba a
quienes deseaban recibir el bautismo.

Se diferencia de keryssein (de donde viene kerygma) que significa proclamar, anunciar. Ya desde el Nuevo
Testamento se aprecian dos momentos distintos y, a la vez, unidos entre sí: uno de anuncio o proclamación del
mensaje, con el fin de suscitar la fe y la conversión inicial; otro de instrucción, orientado a comprender el centro
del mensaje y las consecuencias para la vida. Es importante apreciar que el kerigma proclama un mensaje y la
catequesis lo hace resonar, provoca un eco en el oyente. Muchas veces pretendemos que haya ‘eco’ sin que haya
habido ‘voz’.

2 A finales del siglo II y comienzos del III, al surgir el ‘catecumenado’, es cuando se dio el nombre de
‘catequesis’ a la enseñanza fundamental de la fe y aprendizaje de la vida cristiana con que se preparaba a los
catecúmenos para el bautismo. Pero, al decaer el catecumenado a partir del siglo V, se dejó de hablar de
‘catequesis’ para hablar de ‘catecismo’ y de ‘catequizar’, con una concepción intelectualista: enseñanza de la
doctrina cristiana.
CATEQUESIS EN SENTIDO RESTRINGIDO Y EN SENTIDO PLENO

Es una distinción que resaltó Juan Pablo II en Catechesi tradendae, aunque trató de integrar ambos sentidos.

1 En sentido restringido, catequesis es la enseñanza elemental de la fe o transmisión del mensaje cristiano en


sus elementos fundamentales. «La catequesis tiende a que la fe, ilustrada por la doctrina, se haga viva, explícita y
activa en los hombres» (CT 14).

Este sentido procede de la época en que la catequesis era sobre todo instrucción o memorización de fórmulas,
dando prioridad a los aspectos doctrinales y dando por supuesto que las demás dimensiones de la fe se adquirían
ambientalmente (familia, cultura…).

El mismo Juan Pablo II apreció la insuficiencia de ese sentido restringido para responder a las necesidades de
hoy: «La catequesis no consiste únicamente en enseñar la doctrina sino en iniciar a toda la vida cristiana» (CT 33).
Lo integró en el sentido amplio: «El sentido amplio de la catequesis no contradice, sino que incluye,
desbordándolo, su sentido más restringido, al que, por lo común, se atienen las exposiciones didácticas, es decir, la
simple enseñanza de las fórmulas que expresan la fe» (CT 25). Y propuso una definición: «Globalmente, se
puede considerar aquí la catequesis en cuanto educación de la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que
comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana dada generalmente de modo orgánico y
sistemático, con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana» (CT 18).

2 En sentido amplio o pleno, catequesis es, pues, la iniciación global a la vida cristiana. Inspirados en los tres
grados o etapas y en los caminos para lograr la madurez cristiana, mencionados respectivamente en los nn. 6 y 19
del RICA, podemos describirla así:
Catequesis es un período de búsqueda y maduración durante el cual la Iglesia:
- transmite a los cristianos los contenidos fundamentales de la fe que ella profesa,
- los inicia en la celebración de los sacramentos y en la oración de la Iglesia,
- y les enseña progresivamente a vivir como discípulos de Cristo en el seno de la comunidad cristiana y
en el mundo.

Desglosemos los elementos de esa descripción:

a) El sujeto agente de la catequesis es la Iglesia, la comunidad cristiana. Los catequistas actúan en nombre y
por misión de ella, nunca por cuenta propia.
b) Los destinatarios (interlocutores) son los cristianos, los bautizados (niños, jóvenes o adultos) que van
caminando hacia su madurez de fe. En la antigüedad lo eran los no bautizados; hoy eso sólo es normal en
situaciones de primer anuncio (misión ad gentes), pero puede serlo más en la medida en que crezca el
número de quienes no son bautizados al nacer.
c) La tradición de la fe (de traditio, entregar, pasar algo a otra persona) se transmite según varias
dimensiones:
o Cognoscitiva: entrega la palabra de Dios contenida en los libros sagrados y la fórmula de fe (credo)
acuñada por la Iglesia.
o Celebrativa: entrega la oración (primordialmente el padrenuestro), los signos y ritos sacramentales,
la experiencia religiosa del encuentro con Dios (no sólo en el culto, también en la vida diaria).
o Moral: entrega los valores evangélicos, bienaventuranzas, mandato del amor… encarnados y
vividos por el catequista-testigo y por la comunidad que le envía.
o Misionera: entrega la propia conciencia de comunidad llamada y enviada a anunciar y a construir el
reino de Dios en la sociedad.
Ser cristiano se expresa en esos cuatro lenguajes. Por eso, la Iglesia, al iniciar en esas cuatro dimensiones,
hace ya partícipe de su experiencia cristiana y le introduce en su propia vida.

d) La temporalidad. Se trata de un período (comienzo, etapas, final) de búsqueda (ayuda para asimilar los
contenidos de la fe) y maduración (ayuda para ser discípulo y seguidor del Señor).
e) El carácter fundamentante, básico o de iniciación. Las tres palabras indican que la catequesis pone los
fundamentos o bases que hagan posible y garanticen una posterior vida cristiana adulta, es decir, está al
servicio de la iniciación cristiana integral.

2.2 La inspiración catecumenal de toda catequesis

RECUPERAR EL ESTILO CATECUMENAL


El catecumenado fue una forma de catequesis practicada en los primeros siglos. Se estableció a finales del siglo
II; Hipólito, a principios del siglo III, describe un catecumenado que duraba tres años; con la llegada del bautismo
de grandes masas, en el siglo IV se redujo a un tiempo más breve y perdió vigor; entró en decadencia hasta
desaparecer en los siglos VI y VII35. Su finalidad era la de promover cristianos adultos y maduros en su fe. Las
circunstancias sociales, religiosas y culturales en que vivimos urgen la necesidad de ese mismo tipo de cristianos y
tiene su lógica que la Iglesia promueva una catequesis de estilo catecumenal.

Por eso, el concilio Vaticano II restableció el catecumenado y marcó la orientación sobre cómo plantear hoy la
iniciación a la fe, no sólo de adultos que aspiran al bautismo, sino como referencia normativa para quienes se
bautizaron de niños y hacen después un proceso de iniciación cristiana.
«El catecumenado no es una mera exposición de dogmas y preceptos, sino una formación y noviciado,
convenientemente prolongado, de la vida cristiana, en la que los discípulos se unen con Cristo, su
maestro. Iníciense, pues, los catecúmenos convenientemente: en el misterio de la salvación, en el
ejercicio de las costumbres evangélicas, en los ritos sagrados, que han de celebrarse en los tiempos
sucesivos, y sean introducidos en la vida de fe, de liturgia y de caridad del pueblo de Dios» (AG 14).

La inspiración catecumenal de toda catequesis conlleva que la actividad catequística tienda a la explicitación
de la fe bautismal en todas sus dimensiones. En el antiguo catecumenado el proceso era previo al bautismo y
culminaba en la profesión de fe que lo precedía. Al referirse al catecumenado bautismal, la catequesis debe tener
siempre un carácter catecumenal o iniciático.

RECUPERAR EL CONCEPTO DE INICIACIÓN CRISTIANA

Era un concepto prácticamente perdido que la Iglesia y la catequesis están recuperando en su lenguaje.

Las ciencias antropológicas muestran que, en las diversas culturas, iniciar consiste en introducir a alguien,
mediante un proceso específico, en una realidad vital que resulta nueva, desconocida hasta ese momento (el mundo
adulto, los secretos de la tribu, tradiciones culturales y religiosas…).

En una situación religiosa de ‘cristiandad’ todo el ambiente (cultura, organización social, tradiciones, fiestas,
leyes…) estaba impregnado de cristianismo. No tenía sentido proponer una iniciación a algo en lo que se nacía y
se crecía, ni había una realidad nueva a la que incorporarse. Hoy lo cristiano ya no es tan inspirador del ambiente y
los cristianos que ‘ejercen’ son minoría; el bautizado ‘sociológicamente’ y el no bautizado sí necesitan de una

35
Cf. C. FLORISTÁN, Teología práctica, 460-462.
iniciación que haga de ellos verdaderos creyentes, seguidores de Jesucristo y miembros de la Iglesia. Esa es hoy
una tarea de la catequesis.

Iniciación cristiana es un proceso por el que una persona llega a ser cristiana, mediante un aprendizaje
global y una asimilación de la vida de fe. Culmina en la comunidad mediante tres ritos sacramentales (bautismo,
confirmación, eucaristía). Es acompañado por la comunidad, fundamentalmente pero no de forma exclusiva,
mediante la acción del catequista. Al servicio de ese proceso está la catequesis para hacer al catecúmeno capaz de
una plena adhesión a Jesucristo y de una plena pertenencia a la comunidad eclesial.

LA PRÁCTICA DE LA INSPIRACIÓN CATECUMENAL EN LA CATEQUESIS

La forma en que la catequesis lleva a cabo esa inspiración es:

a) Acerca a las fuentes de la fe. Pone en contacto con las fuentes en las que tiene su origen la experiencia
cristiana: la palabra de Dios (SE y Tradición) (Cf. CT 27); la liturgia; y la propia vida de la Iglesia,
presente y pasada.
b) Introduce en los lenguajes de la fe. Los cristianos comunicamos nuestra experiencia de seguidores de
Jesucristo mediante varios lenguajes que describen nuestro mundo religioso: bíblico (la palabra de Dios, su
comprensión, interpretación y actualización); litúrgico (ritos, gestos, símbolos, de la presencia del Señor,
de su actuación); moral y testimonial (conducta cristiana como forma de valorar la realidad y transformarla
evangélicamente); teológico y doctrinal (fórmulas de fe, su comprensión, su transmisión).
c) Introduce en la totalidad del misterio cristiano. Acerca a la persona de Jesús, que está en el centro de la
catequesis (CT 5), con un conocimiento que no es sólo nocional o doctrinal, sino que pone en intimidad
con Jesucristo (CT 7). Acercarse al misterio cristiano significa, por tanto, encontrarnos con una persona
que ha tenido una historia, muerto y resucitado, que vive para siempre, nos conduce al amor del Padre y
nos introduce en la vida trinitaria. Es un misterio vivo, una realidad dinámica cuyo conocimiento produce
gozo (buena noticia) y cuya participación produce salvación.

2.3 La finalidad de la catequesis36

EN DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO

Al tratar de buscar la finalidad de la catequesis nos referimos a su punto de llegada, a su horizonte ideal o meta
última a la que tiende. Los documentos de las últimas décadas han dado descripciones que reflejan aspectos
diversos y complementarios:

 Unas apuntan a la vinculación a Dios en Jesucristo: «un conocimiento más profundo y vivo de Dios y de
su designio salvífico, que tiene su centro en Cristo» (DCG 1971, 21). «El fin definitivo de la catequesis es
poner a uno no sólo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo» (CT 5; Cf. DGC 80-81).
 Otras descripciones apuntan a la vinculación a la Iglesia: «capacita al cristiano para vivir en comunidad y
para participar activamente de la vida y misión de la Iglesia» (DGC 86).
 Otras, se centran en la fe, y señalan la madurez de la fe: «llevar a la madurez de la fe a los cristianos como
individuos y como comunidades» (DCG 1971, 38; Cf. CT 25).

36
Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 75-87.
O subrayan el aspecto de confesión de la fe en el mundo: «la catequesis tiene su origen en la confesión de
la fe y conduce a la confesión de la fe» (MPD 8); «capacitar a los discípulos de Jesucristo para estar
presentes, en cuanto cristianos, en la sociedad, en la vida profesional, cultural y social» (DGC 86).

O destacan el desarrollo de una fe explícita y activa: «[la instrucción catequética] cuyo fin es que la fe,
ilustrada por la doctrina, se torne viva, explícita y activa tanto a los niños y adolescentes como a los
jóvenes y también a los adultos» (CD 14); «la catequesis es esa forma particular del ministerio de la
Palabra que hace madurar la conversión inicial hasta hacer de ella una viva, explícita y operativa confesión
de fe» (DGC 82).

 Otras descripciones conjugan varias dimensiones: «Formar hombres comprometidos personalmente con
Cristo [finalidad cristológica], capaces de participación y comunión en el seno de la Iglesia [dimensión
eclesial] y entregados al servicio salvífico del mundo [dimensión diaconal]» (DP 1000).

MADURACIÓN DE LA FE DE PERSONAS Y COMUNIDADES

La mayoría de las descripciones ponen en el centro la fe cristiana, como un dinamismo de crecimiento hacia la
maduración plena. Esa centralidad permite afirmar que:
La finalidad última de la catequesis es la maduración de la fe, tanto de las personas como de las
comunidades cristianas.
Y por la inspiración catecumenal de toda catequesis, no debe extrañarnos que la finalidad de ésta es la misma del
catecumenado bautismal. Vista integralmente, «la catequesis trata de favorecer una progresiva vinculación
existencial de las personas con Dios (metanoia), en la comunión eclesial (koinonía), para ponerse al servicio del
mundo (diakonía). Estos tres aspectos –teologal, eclesial y diaconal– son elementos integrantes de la finalidad de
la catequesis, y se implican entre sí»37.

1 La maduración de la fe de las personas. El perfil de un creyente maduro lo constituyen los siguientes aspectos:
 Personalidad equilibrada y armónica. La madurez de la fe se construye desde la base humana y la
catequesis se interesa por formar personas maduras en el aspecto humano. Es Buena Noticia, de la que es
portadora la catequesis, «ayudar al catequizando a que se conozca, que se valore, que se tenga confianza,
que maneje positivamente sus emociones y sentimientos, que conviva cordial y armónicamente con los
demás, que crezca en autonomía personal, que desarrolle sus potencialidades humanas, etc.» 38, como base
para construir identidad y madurez cristiana.

La fe necesitará estar integrada en el conjunto de la personalidad para coordinar y orientar todo el


mundo de ideas, valores y comportamientos de la persona. Si no hay esa integración, el resultado es una fe
marginal, disociada e infantil. Y necesita también estar apoyada en una madurez psicológica y humana,
para no quedar reducida a compensación y que la persona se refugie en la religión buscando satisfacer sus
problemas no resueltos.

 Asumir el estilo de vida y la causa de Jesucristo. El principio unificador y totalizante de la personalidad


de un catequizando es la persona y el mensaje de Jesucristo. La catequesis se orienta a formar personas que
hacen un itinerario de seguimiento del Señor que les supone:
o un encuentro profundo con él;
o el entusiasmo por su persona y su mensaje;

37
L. ZUGAZAGA, Finalidad de la catequesis, en NDC, Vol. I, 993.

38
J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 78.
o un cambio (conversión) en su manera de ver y vivir a Dios, de comprometerse con el prójimo y de
situarse ante la existencia;
o y una opción por Jesús, deseando reproducir en su vida su estilo evangélico y comprometiéndose a
continuar su causa: el Reino de Dios.

Porque la catequesis busca comunión profunda con Jesucristo, privilegia los momentos y elementos que
facilitan la vinculación con él. Son los mismos que manifiestan la madurez de la fe de una persona a través
de su presencia y acción en la Iglesia y en la sociedad. Algunos de ellos son: lectura y meditación de la
Palabra de Dios, oración y celebración litúrgica, fraternidad cristiana, compromiso personal y grupal,
acción evangelizadora, etc.

 Sentido eclesial. La eclesialidad pertenece a la esencia de la catequesis. Ésta busca formar personas que
tengan:
o sentido de pertenencia eclesial y se sientan miembros que forman parte de ella;
o sentido de compromiso y corresponsabilidad eclesial, descubran su lugar determinado y sean
miembros activos, corresponsables en las tareas y servicios de su comunidad;
o sentido de comunión eclesial, unidos y en diálogo y comunicación con quienes presiden el servicio
pastoral, conjugando el agradecimiento por lo que la Iglesia es y guarda, recibido del Señor y de los
Apóstoles, con la crítica positiva de quien quiere que se purifique de sus deficiencias;
o espíritu comunitario, porque experimentan la validez de buscar, compartir y celebrar juntos la fe.
 Agente de cambio social. La experiencia gozosa de la fe y la sensibilidad adquirida en el proceso
catequístico y en la comunión con Jesucristo generan una viva preocupación por las personas de nuestro
tiempo y la presencia y compromiso en la sociedad. La catequesis busca formar personas que:
o conozcan críticamente la realidad socio-cultural en que viven y la interpreten cristianamante;
o den razón de su fe en los lugares y ambientes en que se desarrolla su vida y con su compromiso
socio-político por la transformación de las estructuras de pecado en la sociedad;
o sean sensibles y solidarios con los más pobres y los que más sufren;
o estén atentos a los signos de los tiempos, descubriendo en ellos interpelaciones del Espíritu de
Jesús.

2 La maduración de la fe de las comunidades cristianas. La proliferación de grupos, movimientos y pequeñas


comunidades de creyentes que buscan vivir y celebrar su fe comunitariamente es uno de los signos teológicos y
pastorales más característicos de la Iglesia de nuestros días. Además de creyentes maduros, la catequesis busca
promover comunidades maduras en la fe. Los rasgos básicos de una comunidad cristiana madura serían los
siguientes:

 La vida fraterna. Para que haya una comunidad eclesial madura es necesaria ‘calidad humana’, es decir,
vida fraternal, relaciones interpersonales profundas, cordiales y cálidas de todos con todos, ayuda mutua,
solidaridad, corrección fraterna. Desde el Sínodo de 1977 se ha acuñado en catequesis la expresión ‘grupos
de talla humana’.
 Vivencia comunitaria de la fe. En una comunidad madura se comparte la fe en Jesús a través de la
escucha y reflexión de la Palabra de Dios que ilumina la vida diaria de las personas y la comunidad, y a
través de la oración y celebraciones que actualizan la acción salvadora de Cristo en nuestra vida y en
nuestra historia. Así las celebraciones educan la fe, crean comunidad y generan conversión, compromiso y
testimonio.
 Comunión eclesial. Una comunidad madura se siente afectiva y efectivamente integrada a la parroquia y
a la diócesis y vive en comunión y diálogo con quienes presiden el servicio pastoral. No son eclesiales ni
maduros los grupos autosuficientes, cerrados, desinteresados y sin comunicación con su comunidad eclesial
inmediata o de referencia. Al referirse a las comunidades, los documentos del Magisterio han insistido
mucho en la comunión eclesial (Cf. EN 58; DP155, 641; RM 51; DSD 61; DGC 263).
 Corresponsabilidad ministerial. Como enriquecimiento dado por el Espíritu Santo para beneficio de
todos, la comunidad promueve y organiza diferentes ministerios, carismas y servicios para que los
miembros participen en todas las áreas de la praxis pastoral, y contribuyan así a edificar la comunidad
cristiana y al servicio liberador y transformador de la sociedad. Los viven en armonía y colaboración con
el ministerio ordenado, el cual tiene tareas de animación, coordinación y guía autorizada de la comunidad.
 Compromiso evangelizador-misionero. Es madura la comunidad que ha sido evangelizada y se hace
evangelizadora, anunciando el Evangelio a los que no creen, a los alejados y en todos los ámbitos
antropológicos y culturales (Cf. DGC 211; EA 70-72).
 Praxis liberadora en la sociedad. Es comunidad madura en la fe la que tiene conciencia de su vocación
histórica y se convierte en signo de la presencia liberadora de Dios en la historia. Por eso: ha descubierto la
misión de hacer presente el reinado de Dios en la sociedad; es sensible y solidaria con los problemas
humanos, especialmente de los marginados y excluidos; tiene conciencia crítica ante las situaciones y
problemas sociales; denuncia proféticamente lo que se opone al Evangelio; y orienta a sus miembros al
compromiso social en diferentes campos y ambientes.

2.4 Las tareas de la catequesis39

MÁS QUE UNA ENSEÑANZA TEÓRICA

La finalidad de la catequesis se logra por medio de tareas diversas y complementarias. Con el nombre de tareas se
suele denominar tanto a las acciones orientadas a lograr el fin último de la acción catequizadora, como a los
objetivos específicos que hay que ir alcanzando.

Apoyada en los principios teológicos y pastorales surgidos en las últimas décadas y en las ciencias humanas, la
catequesis es una acción unitaria al servicio de un objetivo único, la iniciación cristiana, que se despliega en
múltiples pasos que, complementándose, logran un objetivo final.

La tarea de la catequesis no es, pues, desarrollar una enseñanza teórica, sino introducir vitalmente en unas
realidades religiosas a las que se va accediendo en la medida en que se crece en la fe.

1 Quiere decir que es algo bastante más amplio y profundo que un planteamiento del catecismo como “lo
que hay que creer (credo)… lo que hay que orar (padrenuestro)… lo que hay que practicar
(mandamientos)… lo que hay que recibir (sacramentos)…”. Iniciar en el conocimiento gozoso del
proyecto salvífico de Dios es mucho más que creer unas verdades; iniciar en el hábito y estilo oracional y
celebrativo de la Iglesia es mucho más que aprender unas oraciones; y así con las demás tareas.

El CATIC conserva el esquema de esos antiguos catecismos y apenas cambia el orden a: credo, sacramentos,
mandamientos, oración. Debe cuidarse no tomarlo apenas como instrumento ni como elenco de contenidos y tener
siempre, al usarlo, una mentalidad iniciática.

2 E. Alberich (La catequesis en la Iglesia, 109-117) presenta como tareas de la catequesis: 1) favorecer y
suscitar la conversión, 2) suscitar y hacer madurar las actitudes propias de la vida cristiana de fe, 3)
llevar al conocimiento pleno del mensaje cristiano (discute ahí los problemas de la integridad del
contenido y de la memorización), 4) iniciar en el comportamiento cristiano (diaconía y koinonía eclesiales,
escucha y anuncio de la Palabra, liturgia eclesial, opción vocacional y ministerial). Es interesante y
significativo que no ponga en primer lugar, sino en tercero, el elemento cognoscitivo y que siga un orden
netamente catecumenal en el que se supone un concepto amplio de catequesis que tiene implicaciones que
abarcan desde el primer anuncio o llamado a la conversión hasta la totalidad del comportamiento
cristiano.

39
Cf. A. ALCEDO, Tareas de la catequesis, en NDC, Vol. II, 2123-2130; J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 87-123.
EN DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO

Desde el Vaticano II para acá los documentos han coincidido en algunas tareas básicas:

 El Vaticano II dice de la instrucción catequética que «ilumina y robustece la fe, nutre la vida con el
Espíritu de Cristo, conduce a una consciente y activa participación del misterio litúrgico y mueve a la
acción apostólica» (GE 4).
 El Código de Derecho Canónico dice de la formación catecumenal: «Por la enseñanza y el aprendizaje de
la vida cristiana, los catecúmenos han de ser convenientemente iniciados en el misterio de la salvación, e
introducidos a la vida de la fe, de la liturgia y de la caridad del pueblo de Dios, y del apostolado» (CIC
788,2).
 El Directorio de 1971 recogió diez tareas específicas: «profundizar en el conocimiento vivo de Dios y de
su proyecto salvífico (Cf. 21); disponer la acogida de la acción del Espíritu Santo y la conversión profunda
(Cf. 22); facilitar la comunión con Dios y los hermanos a través del compromiso activo y la caridad (Cf.
23); iniciar a la lectura de los libros sagrados y al conocimiento de la tradición (Cf. 24); promover la
participación consciente y activa en la liturgia y educar a la oración individual y a la meditación de la
Palabra (Cf. 25); iniciar a la interpretación cristiana de los acontecimientos humanos, especialmente de los
signos de los tiempos (Cf. 26); colaborar en el diálogo ecuménico, favoreciendo el conocimiento de las
otras confesiones (Cf. 27); ayudar a la comunidad a difundir el Evangelio y a dialogar con los no cristianos
(Cf. 28); proyectar a las personas hacia la esperanza escatológica junto con el compromiso de construir una
sociedad mejor (Cf. 29); favorecer el desarrollo de la vida de fe a lo largo de toda la existencia humana (Cf.
30)»40.
 El Directorio de 1997 ofrece una nueva formulación y señala como tareas: propiciar el conocimiento de la
fe, la educación litúrgica, la formación moral, enseñar a orar, la educación para la vida comunitaria, y la
iniciación a la misión (Cf. DGC 85-87). Presenta las cuatro primeras como ‘tareas fundamentales’ y las dos
últimas como ‘otras tareas relevantes’.

En mi opinión:

- Las tareas se implican entre sí, una llama a otra potenciándose mutuamente (por ejemplo, cuanto
más se conoce el proyecto salvífico de Dios, más se capacita uno para la misión).

- Todas ellas son necesarias e igualmente importantes.

- Todas han de estar presentes en el proceso catequístico, pero no todas con la misma intensidad en
las diversas etapas. Quiere decir que no son tareas a cumplir una tras otra. Es un error común
pensar que no es posible una iniciación misionera-apostólica hasta que el catequizando no tenga
una buena madurez en la fe.

- En las tareas caben acentos locales según circunstancias, que deben señalar los directorios
particulares.

Cuestiono, por tanto, la clasificación del DGC en tareas ‘fundamentales’ y ‘relevantes’, más cuando no se
consideran fundamentales la vida comunitaria y la misión.¿No es que la Iglesia existe para evangelizar
(misionar) y esa es su identidad?¿ y que la comunidad constituye el ambiente en el que vive la Iglesia, que
de la comunidad se parte para la misión y hacia ella se dirige?¿cómo no considerarlas tareas
fundamentales y por qué hacer una distinción de estas dos con las otras cuatro?

40
J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 88-89.
UNA OPCIÓN SOBRE LAS TAREAS

Acorde con la finalidad de la catequesis que hemos determinado y descrito, y con los perfiles de madurez en la fe
de las personas y de las comunidades que conocimos, considero que las tareas fundamentales de la catequesis
son las siguientes:
 Humana. Es tarea propia de la acción evangelizadora y no directamente de la catequesis, pero ésta
necesita de ‘calidad humana’ y tiene que contribuir a que la haya, promoviendo en el catequizando su
crecimiento humano integral. «Ayuda a cada hombre y a cada mujer a valorar su dignidad humana, a tomar
conciencia de sus capacidades y habilidades, a despertar y desarrollar sus valores más humanos, y a
situarse de una manera positiva, crítica y responsable ante sí mismo, ante los demás, ante la realidad socio-
cultural y ante Dios»41. Para ello la catequesis debe ofrecer una formación que:
o abarque todas las facultades de la persona (corporeidad, inteligencia, afectividad, voluntad,
operatividad);
o contemple todas las relaciones del ser humano (consigo mismo, con el mundo físico, con los demás
y con Dios);
o incluya todas las dimensiones de la formación humana (psicológica, socio-comunitaria y
trascendente);
o integre los elementos esenciales de la personalidad humana (aceptación de sí mismo, autonomía
personal, control de la vida emotiva, fuerza de voluntad, integración de la sexualidad, relación
positiva con los demás, proposición de metas, vivencia de valores, capacidad de amar y servir);
o eduque en los valores humanos (concienciar sobre su importancia, motivar a un convencimiento
fundado, ayudar a asimilarlos y a ponerlos en práctica en la vida ordinaria);
o presente la formación humana como tarea permanente, nunca terminada.
 Cognoscitiva. La catequesis tiene la tarea de ayudar a las personas a conocer y profundizar el mensaje
evangélico (Cf. DCG 1971, 24; DGC 85). Les ayuda a conocer las verdades nucleares de ese mensaje, a
formular una síntesis de fe, a crear un marco doctrinal coherente al que referir su existencia humana, a dar
razones de su fe y su esperanza.

Lugares primordiales para el conocimiento de la fe son la iniciación bíblica y la entrega y devolución del
Credo (entrega en que la comunidad le abre el misterio de su fe y lo considera digno de compartirla). Un
verdadero conocimiento del misterio cristiano supone asimilar su contenido y penetrar la multiplicidad y la
interrelación de sus elementos; supone que el catequista viva en sí mismo su síntesis personal de fe.

La “jerarquía de verdades” es un principio teológico y pedagógico importante: la fe no se transmite como


sucesión de informaciones, sino desarrollando de manera cada vez más amplia unos núcleos que
constituyen el centro del misterio en el que cree la Iglesia. «Existe un orden o jerarquía de las verdades de
la doctrina católica, ya que es diverso el enlace de tales verdades con el fundamento de la fe cristiana» (UR
11).

 Litúrgica-oracional. La fe es verdadera cuando se conoce, se expresa en la celebración y se manifiesta en


el testimonio de vida. La catequesis no sólo inicia al conocimiento del misterio de Cristo, tiene también la
tarea de ayudar a los catequizandos a celebrar y contemplar dicho misterio. Cumpliéndola,
proporciona una comprensión y vivencia más profunda de la liturgia y los sacramentos, educa a una
participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas, y educa a una actitud orante y
contemplativa (Cf. DGC 71, 85).

Para iniciar en esta dimensión, la catequesis educa actitudes básicas como: gratuidad (capacidad de
aceptar el amor desinteresado que viene de fuera de nosotros mismos); apertura al Otro y a los otros
(básica para una experiencia comunitaria); espontaneidad (capacidad de ofrecer desde el interior de uno
mismo con naturalidad y de dejarse sorprender por lo que llega de fuera ofrecido por otro); gratitud
(reconocimiento de que Dios nos favorece con su don).

41
J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 92.
La acción de Jesús con sus discípulos tuvo como elemento primordial iniciar a la oración. El DGC ha
recuperado un aspecto que ha estado bastante olvidado en la catequesis de la oración: el modelo que Jesús
ofrece de sí mismo a sus discípulos es el de un contemplativo, tanto por el tiempo que dedica a la oración
como por su actitud radical de orante; es un estilo de oración distante de los que durante siglos se han
hecho práctica común de los cristianos. El catequista está llamado a ser maestro de oración y la catequesis a
ser una escuela práctica de oración.

 Moral. La catequesis tiene también como tarea educar a un comportamiento humano responsable,
inspirado en los valores evangélicos. Para ello ofrece unos principios del actuar evangélico, a cuya luz
el catequizando sea capaz de discernir en cada situación la respuesta propia de un cristiano, y le educa en
la puesta en práctica de los valores y de los comportamientos cristianos. La catequesis le acompaña en esa
interiorización y el catequista debe ser testigo y modelo de lo que propone.

El relativismo moral y la radical autonomía del ser humano hacen hoy más necesario iniciar a la vivencia
según el Evangelio. También es hoy inexcusable formar en la dimensión social de la fe para que los
valores evangélicos puedan hacerse presentes en las realidades humanas en que se desarrolla la vida
(cultura, profesión, política, economía, educación…).

 Comunitaria-eclesial. La fe se profesa, se celebra, se expresa y se vive en comunidad. Por eso, es otra


tarea de la catequesis educar para la vida comunitaria, la corresponsabilidad y el compromiso eclesial.

La vida comunitaria está en el origen del grupo de los discípulos de Jesús. Luego, con el paso de la
comunidad a la cristiandad, la pertenencia comunitaria quedó diluida en un carácter más sociológico que
religioso. Hoy, la masificación de la sociedad y la descristianización de la cultura hacen recuperar la
experiencia originaria de la comunidad como identificadora de la pertenencia cristiana. La comunidad es
origen, lugar y meta de la catequesis, con una relación permanente que beneficia a ambas. Es tarea de la
catequesis ejercitar las actitudes que hacen posible la relación comunitaria, en la doble vertiente de
actitudes humanas, que facilitan la convivencia, y de frutos del Espíritu, que construyen la comunidad de
discípulos del Señor.

Pero el cristiano adulto también actúa como creyente y se convierte en anunciador para otros de lo que él
vive. También en ese anuncio necesita iniciación el catequizando. La catequesis debe motivar a la
corresponsabilidad de todos los bautizados y ayudar a discernir los carismas que el Espíritu distribuye
para el bien común. Y hacerlo sin oponer la actividad intraeclesial y el compromiso en el mundo (deben
complementarse en la realización de la vocación cristiana), ni polarizar entre compromiso y anuncio como
si fueran excluyentes (más bien, el compromiso, a través del testimonio, lleva al anuncio). El catequista y la
catequesis deben ofrecer una gama amplia de lugares y situaciones donde ejercer el compromiso
cristiano, tanto extra como intraeclesialmente.

 Social-liberadora. La fe cristiana tiene dimensión y proyección social porque incide en las realidades
temporales (Cf. EN 25-39; DGC 103-104). Por eso es también tarea de la catequesis la promoción y
liberación de la persona humana y la transformación de las realidades temporales a la luz del
Evangelio. La cumple ayudando a las personas a formar cristianamente su conciencia social y a ser capaces
de una presencia evangélica en la vida pública (Cf. DGC 86).

El compromiso social-liberador se funda en la vida y palabras de Jesucristo (Lc 4,18: buena nueva a los
pobres y liberación a los oprimidos). Es compromiso de:

o «vivir como hermanos,


o promover integralmente a las personas y a las comunidades,
o servir a los más necesitados,
o luchar por la justicia y la paz,
o denunciar proféticamente y transformar evangélicamente las estructuras y situaciones sociales
deshumanizantes,
o fomentar una actitud crítica que estimule la búsqueda del bien común,
o ser responsables y solidarios en la construcción de una sociedad que sintonice con los valores del
Evangelio,
o y, en definitiva, trabajar por los demás y por la sociedad para que surja aquí y ahora el Reino de
Dios»42.

2.5 Los acentos latinoamericanos sobre la finalidad y las tareas

Están recogidos en CAL 85-90. Destacamos los siguientes:


«La catequesis es ministerio eclesial que se consagra a ofrecer el mensaje evangélico, como respuesta
de Dios a las aspiraciones del creyente. Pero en América Latina este mensaje sólo podrá ser acogido
por los individuos y las comunidades si subraya los valores que son el objeto de las búsquedas
dolorosas que se hacen en este continente» (87).
«Frente a un hombre con frecuencia no evangelizado, el anuncio kerigmático, dentro de una
presentación de la persona de Jesús, debe ocupar un puesto importante en la evangelización. Este
fundamento no debe darse por supuesto (…) La catequesis de Jesús resucitado, el Primogénito entre
los muertos, el Hombre Nuevo, fundamenta una esperanza capaz de luchar contra toda desesperación»
(88).

Se acentúan algunos temas como respuesta a los anhelos más hondos de sus pueblos: bienaventuranzas y perdón,
creación de varón y mujer, presencia de Cristo en los otros, sentido sacramental del matrimonio, Providencia de
Dios, sentido cristiano del mal y el sufrimiento, reconciliación y perdón (leer 89).

Y se acentúan aspectos que pueden identificar a la catequesis latinoamericana: no presuponer el kerigma, educar
una mejor participación en la Eucaristía, ayudar a crear comunidad, presentar en su mensaje la lucha por la justicia,
llevar a una vida comunitaria más personalizante, estimular participación más activa en los destinos del pueblo,
poner la persona como valor superior, enseñar a derrotar a los ídolos que pretenden sustituir al Dios vivo (leer 90).

42
J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 118.
3
Contenidos de la catequesis

Puede desconcertarnos la diversidad que se puede encontrar hoy de materiales y programaciones catequísticas.
Conviene reflexionar sobre el contenido de la catequesis para determinar bien lo que debemos comunicar, si
queremos realizar adecuadamente esa acción eclesial. El DGC, al enumerar aspectos problemáticos de la
catequesis actual, señala sobre todo defectos relativos a contenido, aludiendo especialmente a algunas lagunas
doctrinales (DGC 30).

Veremos las características generales del contenido catequístico; los elementos fundamentales del mensaje
cristiano; las fuentes de la catequesis; y las relaciones de la catequesis con la Revelación y con la Tradición.

3.1 El contenido catequístico

LO QUE ENTENDEMOS POR CONTENIDO

Si la catequesis quiere crear identidad cristiana es necesario que ofrezca un contenido concreto desde el cual cada
persona y grupo puedan configurar su personalidad de creyentes.
El contenido educativo de la fe abarca el conjunto de verdades, valores, actitudes y pautas de conducta
que integran la totalidad del mensaje cristiano al servicio de toda la persona: inteligencia, afectividad y
operatividad.

CRITERIOS PARA SELECCIONARLO43

Al seleccionar los temas a incluir en un proyecto catequístico, hay dos requisitos o tendencias que se
complementan:

 Funcionalidad: los contenidos no deben ser escogidos por sí mismos, sino orientados a conseguir unos
objetivos formativos y catequísticos determinados y puestos al servicio del contexto existencial
(circunstancias, personas, comunidades, exigencias) de quienes están implicados en el proyecto.

 Integridad: al determinar los contenidos de un proyecto de catequesis se debe ofrecer de forma completa y
auténtica el mensaje cristiano, en toda su integridad y pureza (CT 30), sin quedar nunca comprometido o
sacrificado su carácter orgánico y global (DGC 111 y 114). Lo anterior no excluye el sentido de la

43
Cf. E. ALBERICH, Mensaje cristiano, en NDC, Vol. II, 1448.
gradualidad y de la adaptación (DGC 111). El cristiano está llamado a conocer plenamente el mensaje,
pero de manera gradual y progresiva según su edad, estado social y nivel personal de fe.

Tres exigencias teológico-pedagógicas matizan el criterio de integridad:

a) interesa garantizar la integridad intensiva del mensaje, no tanto y siempre la extensiva (DGC 112);
b) la jerarquía de verdades (UR 11) permite moverse de forma orgánica y selectiva en el conjunto del
patrimonio de la fe cristiana (DGC 114), pues no todo tiene el mismo valor;
c) ofrecer unos contenidos de fe que, sin ocultar nada de lo esencial, sean realmente fundamentales
para vertebrar la personalidad del creyente de hoy.

CÓMO ESTRUCTURARLO44

Si se observan los criterios de funcionalidad e integridad y se respetan las dimensiones fundamentales del mensaje,
es secundario el orden o estructura con que se presenta el contenido. El nuevo Directorio deja abiertas las
posibilidades a razones de método y de pedagogía, o a las circunstancias y situación de fe de los catequizandos,
para usar uno u otro modo (DGC 118), y recuerda que incluso la articulación del Catecismo de la Iglesia Católica
(fe creída, celebrada, vivida y hecha oración) no es un esquema obligatorio (DGC 122).

Sentado lo anterior, conviene constatar que la estructuración más utilizada hoy en los materiales catequísticos es la
‘progresiva’. Presenta en cada ciclo todo lo esencial del mensaje cristiano, pero cada vez desde una perspectiva
diferente, que varía en función de la evolución de los catequizandos y de las diversas facetas del mismo contenido.

CÓMO PRESENTARLO45
1 A lo largo de la historia ha habido maneras muy diferentes de presentarlo46:

 En el Nuevo Testamento se hace con los conceptos básicos de ‘buena noticia’, ‘reino de Dios’, ‘kerigma’
y con los evangelios, que poseen una estructura catequística (DGC 98).
 En los primeros siglos el contenido se polarizó alrededor de dos núcleos fundamentales: el Símbolo de la
fe y la historia de la salvación.
 A partir de la Edad Media y en la Edad Moderna tomó paulatinamente el aspecto de doctrina cristiana,
condensada en los catecismos con su división cuatripartita (credo, sacramentos, mandamientos y oración) o
tripartita (lo que hay que creer, lo que hay que practicar, lo que hay que utilizar).
 Los catecismos fueron cuestionados en el período kerigmático al destacar que el mensaje cristiano es
mensaje más que doctrina.
 La renovación conciliar redescubrió las dimensiones existenciales, antropológicas y experienciales del
mensaje cristiano y la catequesis como iluminación e interpretación de la vida.

2 Según los documentos del magisterio de las últimas décadas el contenido debe ser presentado en forma:

 Significativa: el mensaje revelado es para la persona; debe ser presentado como buena nueva que da
sentido a su vida, a los acontecimientos sociales y a la historia humana. Sólo si la fe interpreta e ilumina la
vida puede presentarse como palabra novedosa y fuerza transformadora.
 Esencial: hoy se siente la imperiosa necesidad de redescubrir los elementos nucleares de la fe de forma
clara y articulada.

44
Cf. E. ALBERICH, Mensaje cristiano, en NDC, Vol. II, 1448 s.

45
Cf. E. ALBERICH, Mensaje cristiano, en NDC, Vol. II, 1449 s.

46
Cf. E. ALBERICH, Mensaje cristiano, en NDC, Vol. II, 1443 s.
 Actualizada: los contenidos deben responder al estado actual de la reflexión e investigación en los
diferentes ámbitos de la teología, la exégesis y las ciencias humanas.
 Inculturada: encarnar el mensaje en las coordenadas culturales de los distintos pueblos y regiones figura
hoy entre los imperativos más urgentes de la comunicación catequística (DGC 109-110). Parte
trascendental en ese imperativo es el lenguaje catequístico. Inculturar la fe no se trata de revestir
lingüísticamente un contenido prefijado, sino del esfuerzo de reinterpretar el mensaje en sí mismo.
 Dialogada: la catequesis no debe fomentar un exclusivismo confesional cerrado al pluralismo y a la
confrontación con otras visiones religiosas y culturales. Hoy el anuncio debe abrirse a dialogar
sinceramente con otras posiciones y confesiones.
 Globalizada: todo el mensaje forma un conjunto armónico, sus elementos son interdependientes y
necesarios, pero no todos igualmente importantes. Forman un conjunto globalizado en torno al hecho
fundamental que es Cristo. Es esta perspectiva global la que da unidad y cohesión al conjunto de los
núcleos de la fe que presenta la catequesis.

3.2 El mensaje cristiano

ELEMENTOS NUCLEARES

Hay unos elementos nucleares y significativos del mensaje cristiano que todo proceso catequístico debe transmitir
y que constituyen «el contenido esencial, la sustancia viva» de lo que se debe transmitir en la catequesis y en la
evangelización (Cf. CT 29; EN 25):

Jesús de Nazaret es el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

Jesús fue crucificado, murió por nuestros pecados y fue sepultado.

Dios Padre resucitó a Jesús.

En Jesús se nos ha revelado el Dios invisible.

En Jesús se nos revela lo que es la persona humana.

Jesús envía el Espíritu desde el Padre.

Dios Padre congrega a su Iglesia en Jesucristo por el don del Espíritu.

La Iglesia peregrinante espera el retorno del Señor.

LÍNEAS TEMÁTICAS
Con esa síntesis básica del mensaje cristiano el creyente estructura su personalidad y su vida de relación con los
demás, con la Iglesia, con la sociedad y con el mundo. Pero hay, además, algunas constantes, líneas temáticas que
han de estar presentes en todo el proceso catequístico, en cuanto características esenciales del mensaje cristiano,
que la catequesis debe transmitir. Con los elementos considerados más comunes y referencias al DGC podemos
distinguir las siguientes47:

47
Cf. E. ALBERICH, Mensaje cristiano, en NDC, Vol. II, 1444-1447.
 Cristocéntrico-trinitaria. En el centro vivo del mensaje cristiano no hay una doctrina sino la Persona de
Jesucristo, que nos revela el misterio trinitario, el misterio fontal que todo ilumina y hacia el que todo
conduce (DGC 98 y 99). De ahí la exigencia de un cristocentrismo y de que sea trinitario. No se trata sólo
de incluir esos temas en los programas de catequesis, sino que la estructura interna de la catequesis sea
cristocéntrico-trinitaria, bajo «riesgo de traicionar la originalidad del mensaje cristiano» (DGC 99).
 Antropológico-salvífica. El mensaje que revela Jesucristo es siempre ‘evangelio’, buena noticia para la
humanidad (DGC 101), en cuanto que toda la intervención de Dios en la historia está en función de las
personas humanas. En ese sentido, el mensaje es y debe presentarse siempre como buena noticia que
resulte significativa, que responda a la búsqueda de sentido y de orientación. Por eso, la catequética
invoca el principio de correlación entre el mensaje cristiano y la realidad existencial.

Otro aspecto importante del mensaje es el carácter central que en él reviste la experiencia; no se puede
subestimar su papel en la determinación y transmisión del contenido de la catequesis, no por razones
meramente pedagógicas, sino por la misma naturaleza del mensaje cristiano. «La relación del mensaje
cristiano con la experiencia humana no es puramente metodológica, sino que brota de la finalidad misma de
la catequesis, que busca la comunión de la persona humana con Jesucristo» (DGC 116).

 Histórico-escatológica. Pertenece a la esencia de la catequesis proclamar un mensaje encarnado en


narraciones históricas, en hechos significativos para la persona humana; es el aspecto de constante
memoria de los acontecimientos salvíficos del pasado que tiene la catequesis (DGC 107). La dimensión
histórica impregna el desarrollo del mensaje cristiano y lo orienta hacia su plenitud escatológica, en una
proyección hacia el futuro y tensión siempre viva entre las realidades ya existentes, en el orden de la
salvación (verdad ya dada), y la promesa de realización futura (verdad prometida).

En consecuencia, la catequesis debe ser comunicación de un mensaje dado y prometido, comunica


certezas y al mismo tiempo se muestra inacabada, abierta a la búsqueda. Esta constante histórico-
escatológica impide concebir el contenido de la catequesis como un depósito inmutable, ahistórico, y pide
la necesidad del proceso de encarnación o inculturación de la fe (DGC 109).

 Eclesial-sacramental. La ley divina de salvación en comunidad (Cf. LG 9) atraviesa todo el contenido del
plan salvador y todo el mensaje cristiano queda impregnado por el aspecto eclesial. No basta tratar el tema
de la Iglesia como parte de un programa de catequesis, es en todas sus manifestaciones donde la fe debe
manifestar el carácter eclesial y comunitario. Y dentro de la dimensión eclesial destaca el organismo
sacramental que estructura la experiencia cristiana en la Iglesia. En la catequesis es esencial la referencia a
ese organismo y revivir los acontecimientos de la historia de la salvación en el hoy de la liturgia (DGC
108).
 Ético-comportamental. El mensaje cristiano tiene siempre una dimensión operativa y una exigencia ética.
La moral no es un añadido al contenido ni un derivado aplicado de las verdades de fe; todo el mensaje
impulsa hacia una conducta coherente con la verdad profesada. En la catequesis es importante que el
mensaje moral no se presente desligado de la experiencia central de fe y de conversión. No se trata de
preceptos que hay que cumplir, sino de un imperativo de actitudes y comportamientos que brotan del
misterio mismo que la fe profesa: la conversión implica seguimiento y la catequesis inculca las actitudes
propias del Maestro (Cf. DGC 85).

3.3 Las fuentes de la catequesis

Fuentes son los lugares, ámbitos, realidades, donde es posible encontrar los contenidos que vamos a transmitir. En
esa búsqueda se requiere garantía de autenticidad, ¿qué es lo genuinamente cristiano? Las fuentes tienen en la
catequesis el mismo lugar que los lugares teológicos tienen en la teología.
CLASIFICACIÓN DE LAS FUENTES
1 Es común hoy la clasificación que se ha recogido en el DGC 96 y en CAL 35, que divide las fuentes en
principales y subsidiarias. En CAL –que desarrolla más este punto que el DGC– las subsidiarias son: las obras de
la creación y la acción del Espíritu Santo en la humanidad (36-39); y las principales son: Tradición, Sagrada
Escritura, Magisterio, Liturgia, y testimonio eclesial comunitario (40-49)48. Recuerda, además, CAL el principio de
la triple fidelidad –a Dios, a la Iglesia y al hombre– como criterio de uso de las fuentes y de la presentación del
contenido de la catequesis (50-52). Ese principio de triple fidelidad es ya clásico en la catequética.
2 Respetando esa clasificación y reconociéndola como válida, presento otra estructuración de los mismos
elementos que resulta más clara e integradora de todos ellos49.

Los documentos oficiales de la Iglesia han coincidido en que la fuente primordial de la catequesis es la Palabra de
Dios. Y que se encuentra en la Sagrada Escritura (fuente escrita) y en la Tradición de la Iglesia (fuente vivida)
(Cf. CT 27-28; 22 y 52; DGC 94).

El Dios que habla y hace alianza con un pueblo particular es el Dios de la historia, por eso la Palabra de
Dios es inseparablemente Escritura e historia.

Además, en la revelación bíblica el acontecimiento de salvación es anterior a la palabra, Dios actúa antes de
hablar.

Por otra parte, para el cristianismo la revelación se concentra en la persona de Jesucristo, que es el
cumplimiento definitivo de la automanifestación de Dios. Así, los dos polos identificables históricamente
(la Biblia y el pueblo) remiten al Resucitado y se hace preciso hablar de una interacción constante entre tres
términos que se reclaman mutuamente: Cristo, la Sagrada Escritura y la Iglesia.

LA SAGRADA ESCRITURA

 Leída en la Iglesia es la fuente primera y principal de la catequesis. No es un subsidio o un recurso, toda


la catequesis tiene que estar totalmente impregnada de ella (CT 27). Es fácil decirlo, pero en la práctica no
sucede así, pues lo dogmático suele predominar sobre lo bíblico.
 En la catequesis, la Sagrada Escritura es una palabra viva y eficaz que funda y recrea constantemente a la
Iglesia y a la historia humana. Es así porque la catequesis narra, ante todo, los acontecimientos
protagonizados por Dios para la salvación de la humanidad en el pasado y, al mismo tiempo, debe
interpretar esos acontecimientos de Dios en Cristo desde el momento actual y descubrir las implicaciones
para la vida de las personas y las comunidades cristianas de hoy.
 Viene a ser, además, un modelo admirable para toda catequesis, porque el hombre y la mujer bíblicos son
personas situadas en un tiempo, pero en un tiempo que está preñado de un pasado y es portador de un
futuro. Cada generación hace una cierta experiencia del cumplimiento de las promesas, sin la cual el relato
no sería verdaderamente transmisible; y debe añadir al relato una página nueva, así es como lo antiguo se
hace nuevo y presenta implicaciones insospechadas.
 Nadie posee la Sagrada Escritura en exclusiva ni puede servirse de ella. Todos los miembros de la
comunidad cristiana están llamados a testimoniarla y a servirla. Todas las acciones pastorales de la Iglesia
«surgen de esta fuente y conducen a ella» (CT 27). La catequesis no puede no ser bíblica.

LA TRADICIÓN

48
Puede encontrarse la misma descripción de fuentes principales en: COMISIÓN NACIONAL EPISCOPAL DE CATEQUESIS (CONEC), Las
fuentes de la catequesis, CONEC, San José 1987.

49
Cf. J. M. OCHOA, Fuente y «fuentes» de la catequesis, en NDC, Vol. I, 1013-1024.
En términos culturales, tradición es la transmisión de algo definitivo ya acontecido pero nunca del todo
descubierto, captado, hecho significativo. Es necesaria porque el hombre es un ser social y vive condicionamientos
históricos como el sentido de pertenencia y el conocimiento de las propias raíces. Ambos dan lugar a la memoria
colectiva. Lo mismo se podría decir de la Iglesia: necesita memoria y raíces.

En términos cristianos, es una fuente inseparable de la Sagrada Escritura: «constituyen un solo depósito
sagrado de la palabra de Dios, confiado a su Iglesia» (DV 10; Cf. DV 9; CT 27; DGC 95-96). Hay entre ellas
unidad orgánica indisociable: brotan de la misma fuente, expresan el mismo y único misterio y tienden al mismo
fin. Se complementan, no por cantidad de contenidos, sino por iluminación y esclarecimiento mutuos.

Se debe entender en un sentido pleno, vital y dinámico, como está descrita en DV 8: «progresa en la Iglesia bajo
la asistencia del Espíritu Santo, puesto que crece la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas».
Aunque la verdad es invariable, la Iglesia avanza en el entendimiento y en la profundización de la misma.
Es la transmisión de la experiencia cristiana (lo que cree, lo que vive, lo que celebra) que va haciendo la
comunidad a lo largo de los siglos. La Tradición «no es solamente la narración o el recuerdo, sino, ante todo, una
realidad viva: la fe de la Iglesia en su actualidad y en continuidad histórica con los Apóstoles y con Cristo»50.

Porque es viva, son frutos o expresiones de la Tradición los siguientes:

 Los santos Padres, comprendidos en la época en que vivieron y actuaron (‘antigüedad tardía’), son los
testigos y agentes de la primera encarnación de la fe en la cultura, a través de las controversias en que el
crecimiento del cristianismo se vio inmerso con el mundo pagano y con el mundo judío. Eso hace que su
reflexión ilumine a todos los tiempos de la Iglesia para una visión sistemática de la Revelación.
 Los credos. El contenido fundamental de la fe es el evangelio de Jesús, acogido e interpretado por la
comunidad creyente a lo largo de la historia. Como única vía de acceso a él disponemos de las expresiones
de fe que la Iglesia ha elaborado a través del tiempo. El símbolo es la expresión verbal de la profesión de
fe, ésta es la expresión de la conversión del creyente y el símbolo viene a ser el signo de reconocimiento
entre los cristianos.

Se convirtieron en la Iglesia antigua, sobre todo, en instrumentos indispensables de la catequesis, aunque


ésta no se reduce a mera enseñanza de fórmulas. La catequesis es palabra que tiene su origen en la
confesión de fe y conduce a la confesión de fe.

 La liturgia, o expresión de fe vivida. Es la actualización constante y celebrativa del encuentro de alianza


entre Dios y su pueblo, en y por Jesucristo. Es «la fuente primaria y necesaria en la que han de beber los
fieles el espíritu verdaderamente cristiano» (SC 14). «La catequesis se intelectualiza si no cobra vida en la
práctica sacramental» (CT 23).

La catequesis es una preparación insustituible para la vida litúrgica: «toda catequesis conduce
necesariamente a los sacramentos de la fe» (CT 23). Y la liturgia puede convertirse en una fuente
inagotable de recursos pedagógicos, además de ser una catequesis en acto, ya que es una profesión de fe y
una comunicación de gracia.

 La historia y la vida de la Iglesia. Para acceder al evangelio no basta la mera experiencia antropológica,
se necesita la experiencia de un cristianismo vivido en la tradición y las comunidades cristianas actuales; la
fe se propaga fundamentalmente por el testimonio.

La historia de la Iglesia manifiesta a la catequesis la forma en que la comunidad eclesial ha ido tomando
conciencia de su fe y la ha vivido, y la catequesis sólo puede comprenderse como un nuevo acto de
interpretación del evangelio a partir de una confrontación crítica entre la experiencia cristiana
fundamental y la experiencia humana de hoy. Para hacer esa interpretación hay dos vías:

50
COMISIÓN NACIONAL EPISCOPAL DE CATEQUESIS (CONEC), Las fuentes de la catequesis, 16.
a) El ‘sensus fidei’ del pueblo de Dios. La Sagrada Escritura, la tradición y las fórmulas de fe son
apenas palabras mientras alguien no las acoja y haga suyas. El sujeto del acto de fe es la persona
concreta y eso da variedad de formas para expresar la fe, porque es sujeto en dos sentidos: en una
adhesión a la persona de Cristo que nadie puede hacer por él y en la expresión con la que cada persona
re-dice a su modo sus convicciones de fe.

Pero el creyente se adhiere a un mensaje que ha oído de los miembros de una comunidad, de un pueblo
que continúa proclamando e interpretando la Escritura y los símbolos de la fe en función de las
condiciones nuevas que aparecen. El pueblo tiene una función en la formulación de la fe. La jerarquía
es la última instancia en la fe de la Iglesia, pero no haría bien esa función sin estar a la escucha del
sentido de la fe (Cf. LG 12) del pueblo creyente depositario del Espíritu Santo.

En consecuencia, el grupo de catequizandos no es sólo asimilador, sino vehículo creativo para expresar
la fe de la Iglesia: «los catequizandos… pueden contribuir con eficacia al desarrollo de la catequesis,
indicando los diversos modos para comprender y expresar eficazmente el mensaje» (DGC 157).

b) El magisterio de la Iglesia. Le corresponde el discernimiento autorizado de las expresiones de la fe


propuestas por los fieles, a través del poder y la tarea de enseñar que la Iglesia reconoce a la jerarquía.

Según el Código de Derecho Canónico se entiende por magisterio de la Iglesia la misión que tiene de
custodiar, profundizar, anunciar y exponer la verdad revelada (c. 747,1), proclamar los principios
morales del orden social o la salvación del hombre (c. 747,2), buscar y alcanzar la verdad (c. 748,1).
Hay un magisterio solemne (c. 749,1 y 2) [concilio ecuménico; consenso universal de obispos y papa;
papa cuando proclama con carácter definitivo una doctrina de fe y costumbres], al cual se debe
sumisión de fe (LG 25). Y hay un magisterio ordinario y universal (c. 750) [lo ejercen los obispos en
el ámbito de la diócesis o de la Conferencia Episcopal], el cual se debe aceptar y adherir con religioso
respeto.

Pero no está en el magisterio la fuente de la fe. Interpretar en esa forma la tarea de enseñar llevó
históricamente a distinguir ‘Iglesia docente’ e ‘Iglesia discente’, cuando en realidad toda ella –y todos y
cada uno de sus miembros– es ambas cosas. Y es que «el Magisterio no está por encima de la Palabra
de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido...» (DV 10) y la jerarquía, como todo
creyente, es discente y servidora de esa Palabra.

Eso no obsta para reconocer la misión especial de la jerarquía respecto a velar por que las expresiones y
los comportamientos sobre las ‘cosas de la fe’ respondan a un anuncio actualizado del evangelio (Cf.
DV 10; DGC 44).

LA CULTURA

La palabra de Dios «se manifiesta en los genuinos valores religiosos y morales que, como semillas de la Palabra,
están esparcidos en la sociedad humana y en las diversas culturas» (DGC 95). El contexto cultural constituye,
pues, una fuente imprescindible de la catequesis, aunque el propio Directorio alude a él como fuente subsidiaria
(DGC 96).

La catequesis, al transmitir la fe, no puede disociar la palabra de Dios de la que da testimonio la Sagrada Escritura
y la palabra de Dios que constituyen los acontecimientos de la vida personal y de la historia, portadores de los
signos de Dios en el mundo. Además de revelar las maravillas de Dios, la catequesis tiene que preocuparse de
interpretar, a la luz de la palabra de Dios, las realidades

 del mundo. Esas realidades y todo lo creado son fuente de la catequesis: naturaleza, historia, arte, cultura,
otras religiones, etc., abarcan el amplio marco de los ‘signos de los tiempos’ (GS 4). Los acontecimientos
ordinarios y extraordinarios, las aspiraciones clamorosas de los hombres y de los pueblos, las situaciones
históricas y humanas con sus aspectos positivos o negativos, son siempre palabra para el hombre creyente y
camino de fe, porque los descubre cargados de significación cristiana a la luz de las experiencias bíblicas
de Israel, de Jesús y de la comunidad cristiana primitiva.
 y de la vida humana. El hombre es también criatura. El mensaje de la catequesis es sobre él y para él y
afecta a su mismo ser. Por eso, ha de anunciarse de tal modo que responda a sus interrogantes, expectativas
y experiencias. Las personas son también fuente y contenido de la catequesis, porque ésta es actualización
de la revelación de Dios en la vida humana.

[Puede verse: COMISIÓN NACIONAL EPISCOPAL DE CATEQUESIS DE COSTA RICA, Las fuentes de la catequesis,
Serie “Orientaciones para la Catequesis en Costa Rica” nº 1, 1987. Es un buen y amplio desarrollo del tema, desde
una perspectiva oficial].

3.4 La catequesis como actualización de la Revelación 51

LA REVELACIÓN

1 La Constitución Dei Verbum presenta la Revelación de Dios como un diálogo de amistad en el que Dios
«movido de su amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos, para invitarlos y recibirlos en su
compañía» (DV 2). Quiere decir:

 Dios, comunidad divina de amor, quiere comunicarse con todas las personas, y su Revelación tiene como
objeto a Sí mismo, que se presenta realizando su plan de amor a favor de la familia humana.
 La naturaleza de la Revelación no es simplemente ofrecer una información de Dios y de su plan de amor,
sino establecer una comunicación vital y amorosa, personal, entre Dios y los hombres.

2 El vehículo privilegiado de esa comunicación es la palabra, pero acompañada de un conjunto de signos


pedagógicos y eficaces (las obras de Dios, los acontecimientos) que son portadores de la amistad que Dios brinda a
la humanidad. Por eso, la Revelación es, a la vez, palabra y acontecimiento, manifestación de Dios que
comunica su mensaje y, al mismo tiempo, realiza su designio de amor. En ese proceso, las obras de Dios
(acontecimientos) manifiestan y confirman el mensaje (palabra), y, a la vez, las palabras proclaman las obras y
explican su misterio (Cf. DV 2).

3 Porque esa comunicación no es mera información, sino encuentro vital y personal entre Dios y los hombres, se
comprende que en la Revelación Jesucristo es:

 Mediador. Su presencia nos da a conocer al Padre y al Espíritu y nos invita a entrar en comunión con la
Trinidad. También nos hace conocer la verdad acerca de nuestra naturaleza y vocación humana y nos hace
hijos adoptivos (Cf. Mt 11,27).
 Plenitud. Es la Palabra encarnada que habita entre nosotros y de su plenitud recibimos todos la gracia y la
verdad (Cf. Jn 1,1-17). Lleva a la perfección las diversas manifestaciones de Dios en el pasado (Cf. Heb
1,1) y está a la cabeza de toda la creación para llevar a su perfección el diálogo de amor entre las creaturas
y el Creador (Cf. Col 1,15-20).

De esa forma:

 La creación entera transformada en Cristo es lugar donde se revela la presencia de Dios.

51
Cf. A. UNZUETA, Tradición y catequesis, en NDC, Vol. II, IV. La tradición en la Dei Verbum, 2219-2221.
 La historia de quienes esperaban a Cristo (antigua alianza) o experimentan su presencia pascual (nuevo
pueblo de Dios) ofrece grandes momentos privilegiados de la comunicación vital de Dios con la comunidad
de sus hijos (Cf. DV 3).

LA CATEQUESIS RECREA LA REVELACIÓN

1 Es cometido de la catequesis comunicar a la humanidad la Revelación de Dios, dar a conocer y reconocer al


Dios de Jesús. Ese objetivo sólo será posible si se actualiza la Revelación en el lenguaje propio de nuestra cultura y
se potencia su comprensión racional y afectivamente. Según DV no se puede hablar de Revelación si no puede ser
captada por la persona, por eso no se puede separar como acontecimiento histórico de su recepción y acogida, y
tiene necesidad constante de ser actualizada desde la conciencia viva de la Iglesia, nunca está totalmente
acabada en la experiencia de la comunidad.

2 La catequesis, por tanto, re-crea la Revelación. No produce una nueva, sino que actúa como mediación eclesial,
testimonio actualizado que hace que el anuncio apostólico se prolongue hasta nuestros días. Actualizar la
Revelación le exige desarrollar:

 La memoria. No como simple recuerdo, ni como reconstrucción histórica de los hechos pasados, ni como
mera repetición mecánica, ni como regreso al pasado. La memoria es revivir el misterio que se esconde en
lo revelado, introducirlo en la vida y aceptarlo en el ahora. Permite reconocer el pasado como pasado, pero
en una forma que cuestiona el presente y prepara el futuro. La Sagrada Escritura y el Credo ayudan a
recordar de forma comprometida.
 La palabra. Como expresión humana que posibilita la comprensión y el entendimiento del mensaje que se
quiere transmitir. Necesariamente, la palabra debe encarnarse en el hombre-en-situación para que pueda
llegar a tener sentido. Por eso, la catequesis debe asumir el vivir la dialéctica entre la fidelidad a lo
irrepetible de la Revelación y la creatividad que supone transmitir una palabra que debe ser creíble y
significativa para quien la escucha.
 El testimonio. Hace que la Revelación pueda ser verificada por los que la escuchan. La catequesis
transmite una palabra que el catequizando tendrá, a su debido tiempo, que ‘decir’ de manera personal,
propia, como expresión de su experiencia humana-creyente. Es la praxis comunitaria la que puede mostrar
lo original de vivir la fe cristiana; el catequista es un testigo que narra en comunión eclesial lo que ha
recibido y ahora transmite en un auténtico acto de tradición.

CRITERIOS QUE DEFINEN LA VERDADERA CATEQUESIS


La forma en que Dios se ha revelado históricamente, manifestándose al pueblo de Israel y dándole capacidad para
descubrir en su propia historia la presencia y la acción divinas, recibe el nombre de ‘pedagogía divina’. La
catequesis es, más que una transmisión, un acto vivo de entrega (tradición) de la revelación. Las leyes que rigen el
proceso de la revelación sirven para discernir la autenticidad de la catequesis. Basados en la constitución Dei
verbum se pueden formular diez criterios que surgen de cinco leyes de la catequesis. Los vemos primero en una
tabla y después los explicamos52.

Leyes de la catequesis Criterios


1ª 1. La catequesis actualiza la acción de 2. La catequesis descubre al catecúmeno
La revelación es una acción Dios en el grupo catecumenal. que la fe es un don de Dios.

52
Amplio desarrollo en COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS, la catequesis de la comunidad, EDICE, Madrid 1983, nn.
106-139.
gratuita de Dios.

2ª 3. La catequesis educa al creyente para 4. La catequesis enseña a descubrir los


Dios se revela en la historia de la insertar la fe en la vida y en los signos de la presencia de Dios en la
humanidad y a través de ella. acontecimientos. Iglesia y en el mundo.


5. La catequesis es la iniciación en el 6. La catequesis transmite el mensaje
Jesucristo es la plenitud de la
seguimiento de Jesús. auténtico del evangelio.
revelación de Dios Padre.


7. La catequesis educa para que la 8. La catequesis se propone una
La fe es la acogida del hombre a
totalidad del hombre responda a Dios. fundamentación integral de la fe.
la revelación de Dios.


La Tradición es la transmisión de 9. La catequesis es esencialmente un
10. La catequesis educa el sentido eclesial.
la revelación de Dios por parte de acto de tradición.
la Iglesia.

La revelación es una acción gratuita de Dios (DV 2)

Al revelarse, Dios se da a sí mismo por obras y palabras capaces de ser comprendidas por el hombre.

1. Dios se sigue comunicando hoy en la catequesis que hacemos. Todo en el acto catequístico (clima, disposición,
actitudes, método…) debe contribuir a que la comunicación de Dios pueda ser percibida como actual. Así, cada
catequizando podrá vivir su propio encuentro con el Señor que le habla.

2. “Dios nos amó (y nos habló) primero” (1Jn 4,19). Podemos conocerle porque se nos ha revelado; Él hace
posible que le reconozcamos como nuestro Dios y Señor, por eso la fe es un don de Dios. En culturas marcadas por
el interés y el comercialismo, es aún más importante que la catequesis eduque a la acogida del amor gratuito de
Dios.

Dios se revela en la historia de los hombres y a través de ella (DV 2)

Lo hace dándoles capacidad de interpretar los acontecimientos como signos de su presencia y de su acción.

3. La catequesis ayuda a descubrir que en la propia experiencia de vida puede leerse la acción y la manifestación
de Dios. Los acontecimientos y experiencias que realizan el proyecto de Dios son ya historia de salvación. Al
educar en vivir una relación permanente con Dios se sientan las bases de una existencia cristiana comprometida en
favor de los demás.

4. Dios se revela mediante realidades que, una vez conocidas e interiorizadas por los creyentes nos hablan de su
presencia y de su intervención en la comunidad eclesial (sacramentos) y en el mundo (acciones que construyen el
reino de Dios).

Jesucristo es la plenitud de la revelación de Dios Padre (DV 2 y 4)

En la vida, obras y palabras de Jesús podemos los hombres conocer al Padre. La catequesis tiene como eje y
núcleo la persona de Jesús.

5. La catequesis no es sólo camino para conocer a Jesucristo como objeto de estudio. Conocerle por la fe es
ponerse en su seguimiento, el cual implica más que imitación. Quien le sigue hace suyas las actitudes profundas de
Cristo respecto al Padre, a las personas y al mundo.
6. En referencia a la palabra bíblica y a la fe de la Iglesia, la catequesis propone el mensaje integral de la fe.
Pretende educar la identidad cristiana, desarrollar y poner en acto todos los elementos que constituyen el ser de un
cristiano.

La fe es la acogida del hombre a la revelación de Dios (DV 5)

La respuesta a Dios no es sólo teórica o intelectual, es adhesión y entrega confiada a un Dios que ama y salva.

7. Al creer, la persona pone en juego su capacidad relacional, que implica conocimiento, afectividad, confianza,
expresividad, toma de decisiones. La armonización y equilibrio de esas facultades hace que no se vea la fe sólo
como aceptación de una doctrina, o la moral como deber de actuar de una determinada forma. A la catequesis le
corresponde crear la respuesta armónica de toda la personalidad ante Dios.

8. La catequesis inicia en el misterio cristiano, que tiene dimensiones de experiencia (encuentro con Dios en vida,
oración, celebración, comunidad), de comportamiento (valores evangélicos y conciencia misionera) y de
conocimiento (mensaje cristiano, historia de la salvación, formulaciones de la fe).

La Tradición es la transmisión de la revelación de Dios (DV 8)

Los cristianos creemos que, con la asistencia del Espíritu Santo, la verdad de Jesús y la fe de la Iglesia han pasado
de una generación a otra hasta llegar a nosotros, sin perder su carácter de verdad revelada. Gracias a la Tradición
tenemos hoy nosotros la fe.

9. En toda catequesis, la comunidad cristiana por medio del catequista entrega algo de su fe (una verdad, un valor
evangélico, un símbolo, un testimonio…). La fe madura se dará cuando el catequizando haya recibido todos los
elementos de la fe, hecho su síntesis personal y optado por llevarlos a su vida; en su momento, podrá ‘pasarla’
(entregarla) a otros.

10. Cuando inicia nuevos cristianos, la Iglesia se re-inicia a sí misma. Su identidad, que transmite al iniciar, se
refiere al evangelio creído y profesado, a su forma de ser comunitaria, a su vocación de presencia y de misión en
medio de la humanidad, como anuncio, signo y prenda del reino.

3.5 La catequesis como acto de la Tradición53

1 Sentido dinámico. Sólo hay Tradición desde la Revelación y ésta –como ya hemos visto– es algo vivo que
continúa constantemente revelándose, en un dinamismo de superación para no repetir mecánicamente la Palabra.

A una comprensión de la Tradición como transmisión de una doctrina revelada correspondería una catequesis con
clara prioridad en la formulación teórica y en la ortodoxia. Al concebir la tradición en sentido dinámico, la
catequesis puede entenderse como iniciación y acompañamiento en el seguimiento de Jesús (CT 29).

2 La catequesis es un acto de la Tradición porque busca posibilitar el acceso a la Revelación y hacer que sea
captada y comprendida; la actualiza en el lenguaje que los hombres puedan entender. No añade nada nuevo a ella,
su especificidad es encontrar el sentido para hoy de la Palabra de toda la vida, como un acto de memoria
meditativa y creativa del pueblo cristiano.

53
Cf. E. PÉREZ LANDÁBURU, La catequesis una tarea eclesial, 63-70. Ver también A. UNZUETA, Tradición y catequesis, en NDC, Vol. II,
IV. La tradición en la Dei Verbum, 2221-2224.
La comunidad eclesial heredó ese sentido de los apóstoles y lo va guardando, lo testimonia y lo actualiza a través
del tiempo. La catequesis trata de hacer resonar esa Palabra en el corazón de los catequizandos y de promover
el diálogo entre Dios y el catequizando para que se dé el encuentro entre ellos.

Si la Revelación, la Tradición y el acto de fe poseen estructura dialogal, el diálogo no es sólo aconsejable sino el
método por excelencia para la catequesis. Al basarse en el diálogo, debe permanecer abierta a lo que sucede en
cada momento y buscar la mejor manera de inculturarse (Cf. CT 53, 59).

3 Cómo hace Tradición la catequesis. El acto catequístico aborda las grandes experiencias humanas; luego las
universaliza y las contrasta con las experiencias fundantes; y así transforma la mente y el corazón, permite
acercarse al misterio y arroja sentido y juicio sobre la realidad vivida por la persona humana. Porque la catequesis
toma esa realidad en serio, hace a la persona caer en la cuenta de su dignidad y la introduce en la tradición viva, la
cual, en virtud de su vitalidad intrínseca, la impulsa a crear tradición.

Podemos decir, entonces, que la catequesis es un acto de la Tradición cuando por medio de un esfuerzo de
imaginación y creatividad (sin repetir formas ni acontecimientos pasados) permite alumbrar nuevas
tradiciones que enriquecen y re-crean la vieja y siempre nueva Tradición eclesial.

La catequesis ha de presentar la Tradición en una tensión creativa entre la fidelidad a los orígenes y la fidelidad a
los signos de los tiempos propios de cada época y lugar. Se deja mover para ello por la creatividad del Espíritu,
que es el que hace resonar la Palabra de forma diferenciada en las personas históricamente situadas. Y los
catequistas son mediadores entre Dios y el catequizando; rastrean, observan y usan lenguaje, símbolos, mitos,
canciones, arte, etc. de la cultura a la que se acercan.

CONCLUSIONES

 Todos en la Iglesia hacemos Tradición. Nadie puede adueñarse de ella o monopolizarla.


 Se hace por medio de la apertura al Espíritu en actitud dócil y creativa.
 En la comunidad cristiana todos somos receptores y creadores de Tradición y se nos pide fidelidad y
creatividad.
 Ningún cristiano puede hacer ‘su tradición’ y no puede existir la Tradición sin escucha y apertura al Dios
que se comunica en la vida, en la realidad, en la historia.
 El catequista recibe y transmite la Tradición con la objetividad de un testigo, capaz de hablar de
acontecimientos pasados y ajenos a él pero experimentados en su vida.
 Los catequistas están llamados a hacer Tradición. Su formación debería fomentarlo y prepararles para ello.
La Iglesia no necesita repetidores de doctrina, sino testigos de la acción salvadora de Dios en sus vidas.

Sólo en esa forma haremos Tradición sin estancarnos en lo tradicional.


4
La catequesis y la dimensión cognoscitiva de la fe

4.1 El conocimiento de la fe como experiencia

1 El conocimiento es un elemento indispensable en el acto de fe. Creer incluye una doble dimensión: creemos
en las palabras, las promesas y el amor de una persona: Dios; y creemos en la misma persona: confiamos en ella,
nos entregamos a ella. Pero no creemos en Dios por nuestra capacidad o por nuestra inteligencia, sino porque Él
mismo hace posible (como un don) esa fe en nosotros.

La catequesis inicia en el conocimiento de Dios, de su revelación y de su obra en favor nuestro. Crecer en ese
conocimiento es poner las bases de una maduración de la actitud de fe: «Este profundizar en el conocimiento de la
fe ilumina cristianamente la existencia humana, alimenta la vida de fe y capacita también para dar razón de ella en
el mundo» (DGC 85). Sólo conociendo la historia de la salvación, el catequizando puede descubrir cómo su propia
historia personal de fe se implica en la historia de la salvación.

2 Puede parecer extraño que hablemos de conocer un misterio al describir la catequesis como iniciación en el
conocimiento del misterio cristiano. Según la concepción de la cultura griega, conocer es una operación del
entendimiento y la realidad conocida es un ‘objeto’ del que apropiarse; para captarlo es necesario distanciarse lo
más posible de él y limitarse a observarlo; conocer es saber, y lo contrario es la ignorancia o error.

En cambio, en la cultura hebrea el conocimiento es experiencia de la realidad. No se trata tanto de tomar


posesión de un ‘objeto’ por medio de la idea como de dejarse alcanzar por una realidad exterior que invade la
propia persona y la propia autonomía. De esa forma, a la concepción griega añaden la dimensión temporal,
porque la implicación de una persona con otra o con un acontecimiento sucede en el tiempo. La persona, al
conocer, implica su inteligencia, pero también su voluntad y su libertad: acoge o rechaza. La historia de la
relación entre Dios e Israel es una historia de alianza: Dios, por su propia iniciativa, ha elegido a Israel y ha
entrado en su vida; Israel ha aceptado ese pacto y se ha convertido en pueblo de Dios.

Decir que la catequesis inicia en el conocimiento del misterio cristiano no es una formulación puramente
ideológica. La revelación de Dios y la acogida que hacemos de ella no están en el terreno de las
operaciones intelectuales; es un encuentro, una experiencia.
4.2 Principios para una pedagogía del conocimiento del misterio
cristiano

CRISTOCENTRISMO

Que el centro del mensaje de la fe es Jesucristo significa que la propuesta de la fe debe hacerse poniendo como
núcleo la persona de Jesús. El siguiente es un ejemplo inspirado en EN 78.

2. Jesús nos descubre el 3. Jesús nos descubre el


misterio trinitario de Dios. misterio de la persona humana.

 
1. JESÚS ES EL SEÑOR
 
5. La Iglesia, luz de las gentes,
4. Jesús nos descubre el
signo de salvación, germen del
misterio del mundo.
reino.

“Jesús es el Señor” es la fórmula clave de fe cristológica. La iluminación que recibimos de ese ‘foco’ se despliega
en que:

 Jesús nos descubre el misterio trinitario de Dios. La plena revelación del Padre y del Espíritu nos ha
llegado por Jesús. «Quien me ve a mí ha visto al Padre» (Jn 14,9).
 Jesús nos descubre el misterio de la persona humana. El pecado ha roto el proyecto de Dios sobre la
persona. Ésta es reconciliada y salvada por medio de Jesucristo: el hombre pasa de la condición de ‘hombre
viejo’ a la de ‘hombre nuevo’.
 Jesús nos descubre el misterio del mundo. Este mundo en el que hemos nacido es un don y una tarea,
tiene un pasado, un presente y un futuro. Entre estas coordenadas se sitúa para el creyente la historia de la
humanidad.
 La Iglesia de los seguidores de Jesús es luz de las gentes y signo de salvación en medio de la humanidad,
constituyendo el germen del reino de Dios en el mundo.

En resumen: es a partir de nuestra fe en el Señor Jesús y de nuestra pertenencia a la Iglesia como cobra sentido
toda nuestra existencia humana y creyente.

ECLESIALIDAD

El misterio cristiano se vive en el seno de la comunidad, que lo guarda como un depósito recibido del Señor. Al
administrarlo:

a) la Iglesia establece los cauces para transmitir ese misterio a los nuevos cristianos;
b) garantiza la verdad y fidelidad de esa transmisión;
c) toda catequesis hace referencia al catecumenado bautismal;
d) todo el proceso de iniciación cristiana se sella con los tres sacramentos de la plena integración en la Iglesia;
e) los que reciben el don de la de fe y se adhieren a Jesucristo encuentran en la Iglesia el acompañamiento
necesario para ser fieles a su compromiso;
f) es como miembros de la Iglesia como los cristianos participan de la misión de evangelizar e instaurar en el
mundo el reino de Dios.
FIDELIDAD A LA PEDAGOGÍA DIVINA

«Dios mismo, a lo largo de toda la historia sagrada, y principalmente en el evangelio, se sirvió de una pedagogía
que debe seguir siendo el modelo de la pedagogía de la fe» (CT 58). Esa pedagogía divina (o pedagogía bíblica) no
es otra cosa que el camino que Dios ha seguido en la historia para dejarse encontrar por la humanidad y
darse a conocer.

La catequesis debe ser fiel a la pedagogía de Dios para acompañar al creyente en su camino hacia la profundidad
de la experiencia religiosa.

ARTICULACIÓN DEL LENGUAJE CATEQUÍSTICO CON EL LENGUAJE BÍBLICO-DOCTRINAL

A pesar de su aparente independencia, se dan entre ambas realidades y lenguajes importantes articulaciones:

 El mismo Espíritu de Dios, que inspiró los textos bíblicos en el pasado, ha continuado inspirando a la
Iglesia para que pueda expresar la fe de forma inteligible a las personas de cada tiempo.
 La misma historia de salvación de los tiempos bíblicos sigue llevándose a cabo y siendo expresada por la
Iglesia con los lenguajes propios del pensamiento humano.
 Si la revelación bíblica es normativa para acercarse al misterio de Dios, las expresiones de fe de la Iglesia
(símbolos, magisterio) son también regla de fe y garantía de comunión eclesial para los que las aceptan y
profesan.

Sin embargo, la catequesis no busca formar pequeños teólogos, sino cristianos maduros y adultos en su fe. Por eso,
la catequesis debe ser capaz de acercar los lenguajes bíblico y doctrinal al nivel de comprensión de todos.

4.3 La pedagogía en la catequesis54

Es un tema de primera importancia en la dimensión cognoscitiva, porque la pedagogía catequística es la esencia


misma de la catequesis. Ésta no es sólo método, pero tampoco es solamente contenido; es la pedagogía necesaria
para que el mensaje de la revelación, conocido y transmitido por la tradición de la Iglesia, llegue a la persona y sea
para ella fuente de salvación.

Que la pedagogía de Dios es fuente y modelo de la pedagogía catequística (Cf. DGC 137-162; CAL 146-163)
ha sido una de las pautas más resaltadas en la renovación catequética de las últimas décadas.

LA PEDAGOGÍA DEL DIOS CREADOR

La naturaleza creada manifiesta ya con toda claridad el estilo pedagógico de un Dios que quiere comunicarse con
la persona humana. Es una obra bien hecha («vio Dios que era bueno…») en la que deja una huella personal por la
que las personas de todas las culturas y de todas las épocas son capaces de conocerle a partir de su obra creada. Su
obra cumbre es la persona humana, a partir de la cual queda claro que quien mira al rostro de la persona, hecha a
imagen y semejanza de Dios, ve el rostro de su creador.

54
Cf. F. X. MORELL I ROM, Pedagogía de Dios. Pedagogía catequética, en NDC, Vol. II, 1780-1796. Puede complementarse con: AA.
VV., Evangelización. Catequesis. Catequistas, EDICE, Madrid 1999, cap. 14: “La pedagogía de Dios, fuente y modelo de la pedagogía
catequética”, 404-429 (especialmente, 415-429).
Un detalle de la pedagogía creadora: la primera manifestación (catequesis) de Dios a la humanidad se da antes
de cualquier palabra; se recibe con apenas abrir los ojos a la luz y es comprensible a toda persona, cualquiera que
sea su raza, condición social o cultura.

LA PEDAGOGÍA DE DIOS EN LA BIBLIA

«En analogía con las costumbres humanas y según las categorías culturales de cada tiempo, la Sagrada Escritura
nos presenta a Dios como un padre misericordioso, un maestro, un sabio que toma a su cargo a la persona –
individuo y comunidad– en las condiciones en que se encuentra, la libera de los vínculos del mal, la atrae hacia sí
con lazos de amor, la hace crecer progresiva y pacientemente hacia la madurez de hijo libre, fiel y obediente a su
palabra» (DGC 139).

El valor pedagógico del Antiguo Testamento se descubre en el hecho de que Dios se formara un pueblo, lo
hiciera caminar a través del tiempo y lo entroncara con una historia de muerte y resurrección, que tiene su punto
culminante en Jesucristo.

Su pedagogía se basa en la experiencia del pueblo y se desarrolla en tres momentos: 1) el pueblo vive una
experiencia; 2) con el tiempo medita sobre lo sucedido; 3) proclama su fe.

El secreto de la pedagogía divina consiste en que Dios ha caminado desde el comienzo junto a su pueblo y le ha
ayudado a convertir su experiencia de vida en experiencia de fe. Es decir, Dios aparece no como una idea, sino
como una Persona, un ser que se hace encontradizo, nos ama y nos habla.

Su pedagogía pone el acento en el hecho de que la revelación de Dios a la humanidad se desarrolla de forma
progresiva. No saca a su pueblo del mundo, le hace vivir los sucesos de cada día y usa como ‘textos’ los
acontecimientos de la vida. No tiene prisa, sabe que su labor tiene un valor de signo que prepara e indica el camino
a seguir para encontrar a Cristo. Más que hacer disquisiciones teóricas, adapta sus formas de educar a las personas
más sencillas y educa por medio de los mismos hombres y mujeres del pueblo.

LA PEDAGOGÍA DE JESÚS

En él, la relación entre la palabra y la vida ofrece el ejemplo de coherencia que permanece como modelo e ideal
para cualquier acción catequística. Como en el Antiguo Testamento, en los evangelios aparece la progresión
pedagógica y el desarrollo gradual en la formación de los discípulos: la acogida del otro, el anuncio genuino del
reino, un estilo de amor tierno y fuerte, los recursos propios de la comunicación interpersonal (Cf. DGC 140). Las
promesas del Antiguo Testamento sólo adquieren todo su significado a la luz de la historia de Jesús.

Es característico que:

 Es pedagogía de la condescendencia (encarnación): Dios, al revelarse, se adapta a la condición y a la


capacidad del ser humano. Las parábolas muestran que, antes de verter su enseñanza en imágenes
populares de valor universal, Jesús había observado hasta en los más mínimos detalles multitud de gestos
humanos.
 Es pedagogía del don (gratuidad): Dios sale a nuestro encuentro porque Él quiere y se nos entrega.
Seguramente a Jesús le tuvieron que doler profundamente cosas como el sueño de los apóstoles en
Getsemaní, las negaciones de Pedro, el abandono y dispersión de los suyos, el verse tentado a creer que
hasta Dios mismo le abandonaba… Pero nada le apartó de su camino y entregó su vida sin pedir nada a
cambio.
 Es pedagogía de los signos: Usa de mediaciones comprensibles; primero actúa, después explica y descubre
el significado (ej.: lava los pies, luego habla del servicio; cura al ciego, luego se manifiesta como luz del
mundo; multiplica el pan, después anuncia el pan eucarístico; come con pecadores y publicanos, después
habla de la universalidad del reino).

Algunas de las actuaciones y signos de Jesús tienen especial importancia para la catequesis: salir al
encuentro (samaritana, Saulo, oveja perdida…); esperar la maduración del fruto (no arrancar la cizaña,
explicar aparte las parábolas a sus discípulos…); crea discípulos, no siervos; cae en tierra y muere (otros
recogerán lo que se sembró, verse superados por aquellos a quienes iniciamos…). Pero el signo definitivo
es la resurrección, prueba de que el grano ha dado su fruto, palabra definitiva de Dios con la que explica el
significado de cada signo evangélico.

La catequesis apostólica continuó en la misma dinámica de la pedagogía de Jesús:

 Se concentró en el misterio de Cristo (cristocéntrica);


 educó en la libertad de los hijos de Dios (liberadora);
 fue a la vez fiel e innovadora al usar la memoria histórica de la que nace su experiencia de fe;
 continuó viviendo primero la experiencia para después formularla en palabras y doctrina;
 se esmeró en no repetir simplemente el pasado, sino en presentar a Jesús de forma a la vez fiel a los rasgos
históricos y elocuente para los creyentes de todas las épocas.

También la Iglesia ha continuado la misión de enseñar y ha generado variedad de vías y formas de comunicación
religiosa (Cf. DGC 141). Muchos obispos y pastores, sobre todo en los siglos tercero y cuarto, consideraron parte
importante de su ministerio enseñar de palabra y escribir tratados catequéticos (Cf. CT 12).

LA PEDAGOGÍA DE DIOS EN LA CATEQUESIS

La pedagogía de Dios, según su misterio de salvación, no es transferible de manera inmediata a pensamientos y


sistemas humanos; es decir, no nos ofrece un arsenal de objetivos, contenidos y métodos. Eso comporta para la
catequesis el pensarla, entenderla y realizarla como participación en la pedagogía de Dios, con fidelidad a las
exigencias reveladas y evitando reducir su alcance educativo a modalidades simplemente humanas, porque «se
trata de comunicar en su integridad la revelación de Dios» (CT 58).

Por lo anterior, convendrá asumir críticamente las indicaciones pedagógicas de la Biblia, intentando llegar a las
motivaciones de fondo que las inspiran, pero no como si fueran preceptos inmutables. El mismo Jesús como
primer catequista, más que un modelo a imitar, es un ejemplo a seguir.

El hecho de que la acción catequística sea una participación en la pedagogía divina, más que una justificación de
su importancia o de su prestigio, da a la catequesis una gran responsabilidad de, inspirada por la fe, estudiar y
practicar las aportaciones de las ciencias de la educación sobre la tarea de ayudar al crecimiento del cristiano.

MODELOS Y CUALIDADES PARA LA PEDAGOGÍA CATEQUÍSTICA

Los modelos

Es común en pedagogía distinguir tres términos que se refieren a tres funciones pedagógicas diferentes: enseñar,
animar y aprender. En forma muy simplificada, se puede ver:

 La ‘enseñanza’ es la forma educativa en la cual el educando no posee nada y todo le llega desde el exterior
(genera una relación de dominador y dominado, y transmite conocimientos sueltos que el alumno no llega
nunca a integrar con un trabajo de apropiación).
 La ‘animación’ renuncia a comunicar un saber determinado, su pedagogía es sobre todo de la expresión,
con un proceso formativo constituido fundamentalmente por los intercambios en el interior del grupo.
 El ‘aprendizaje’ se centra en las operaciones que el sujeto en formación deberá efectuar en el campo de un
saber dado, con el objetivo de asumirlo y usarlo de manera creativa. Comporta: motivación
(responsabilidad de la propia formación y aceptación de un conjunto de tareas a realizar), instrumentación
(conjunto de los medios que uno adopta para realizar un proyecto) y creación de conocimientos (a partir
de lo que le viene dado, el educando realiza un conjunto de operaciones mediante las cuales hace una obra
de apropiación).

Cada una de las tres formas puede aportar algo a la catequesis y en la práctica no aparecen solas, sino en
combinación e interacción. Lo razonable para la acción catequística es que domine el modelo de aprendizaje,
conservando en su interior un lugar para la enseñanza y la animación.

Las cualidades

Inclinarnos por un modelo de aprendizaje y asumir la centralidad de la persona como sujeto de la catequesis, exige
una pedagogía catequística integradora y diferenciadora.

Integradora. Considera a la persona como unidad indivisible y totalidad concreta. Se concibe como un proceso
educativo en función del desarrollo integral de las personas y los grupos, con referencia en la persona real,
concreta e histórica. Por eso la pedagogía catequística:

 Integra las diversas dimensiones de la vida cristiana. Inicia en conocer el misterio de Cristo y el
designio salvador de Dios; inicia en la vida evangélica, o vida en el mundo según las bienaventuranzas;
inicia en la experiencia religiosa genuina, en la oración y en la vida litúrgica; e inicia al compromiso
apostólico y misionero de la Iglesia.
 Integra la fidelidad a Dios y a la persona. Se puede decir fidelidad al pasado, a lo que según la fe Dios
quiso manifestar de sí mismo y de su proyecto salvador, y fidelidad al presente, a aquellos que deben o
pueden acoger esa revelación. No son dos preocupaciones diversas: no podemos hablar de Dios sin hablar
de la persona humana, ni hablar de ésta sin una visión de Dios. La Revelación es, al mismo tiempo,
teología (revela Dios a la humanidad) y antropología (descubre lo que la persona es a los ojos de Dios).
 Da lugar a un acto catequístico integrador de tres elementos fundamentales: la experiencia, la palabra de
Dios y la expresión de la fe. Las experiencias cotidianas son un punto de partida necesario para
comprender la palabra de Dios. Iluminarlas e interpretarlas a la luz de la fe es una tarea permanente de la
pedagogía catequética, posibilitando la interacción entre las experiencias humanas profundas y el mensaje
revelado (Cf. DGC 152-153).

Por su parte, la palabra de Dios ilumina todo el acto catequístico y es el elemento que da conexión a todos
los demás. No tendrá sentido para la persona de hoy si no se presenta como cargada de significado, dirigida
a ella y reclamando una respuesta, de manera que provoque un encuentro con el Señor.

La catequesis conduce también a la expresión de la experiencia de fe. No cumpliría su cometido si no lleva


a los catequizandos a expresar la renovación que se opera en sus vidas. La fe que transforma toda la
personalidad del creyente se expresa mediante la profesión de fe proclamada en la comunidad, la
celebración y el compromiso cristiano.

Diferenciadora. No es posible proponer una pedagogía catequística con independencia de un determinado


contexto cultural, por lo cual ha de ser diferenciadora según varias diversidades:

 Diversidad de métodos. La Iglesia no tiene un modelo metodológico propio ni único, discierne los
métodos de cada época y cultura y los asume con libertad de espíritu.
 Diversidad en gradualidad. Se refiere al mismo tiempo al aspecto de conocimiento, al aspecto afectivo y
a la coherencia de la respuesta en la actuación del catequizando. Una correcta pedagogía catequística
siempre será capaz de ponerse en el nivel en que aquél se encuentre, movilizar sus propias energías y
ayudarlo a avanzar en su vida de fe.
 Diversidad de destinatarios e itinerarios. Las múltiples situaciones humanas llevan a desarrollar
itinerarios catequísticos diversos prestando atención a todos los elementos que entran en juego:
antropológico-evolutivos, teológico-pastorales, progresos de las ciencias humanas y pedagógicas. El DGC
(172-214) considera como factores de diversidad: edades, situaciones, contexto socio-religioso y contexto
socio-cultural.
5
La catequesis y las dimensiones celebrativa y orante de la fe

Entre los elementos del acto catequístico aparece la celebración como una de las formas de expresión de la fe. En
muchas ocasiones, la catequesis se entiende primordialmente como preparación de niños o de adolescentes para
que celebren algún sacramento: eucaristía, penitencia, confirmación. No es raro que en la catequesis se programen
celebraciones con motivo de tiempos litúrgicos, de alguna festividad, al terminar una parte de los temas, etc. ¿Nos
referimos siempre a la misma realidad al hablar, en esos tres casos, de celebración?

Por otra parte, aunque la catequesis lleva a la liturgia (SC 10), muchas veces la celebración no es un punto normal
de llegada sino un ‘añadido’ que resulta desligado del proceso catequístico. Tampoco es raro que la iniciación en la
oración se reduzca a transmitir o memorizar fórmulas oracionales, sin una real iniciación en la dimensión orante de
la vida cristiana.

Celebración y oración, sus relaciones y el servicio que les puede prestar la catequesis son los contenidos de este
tema.

5.1 La celebración cristiana

En la vida humana y en la experiencia religiosa hay celebraciones. Lo supongo conocido al estudiar Fenomenología de
la Religión [Desarrollado en CATapuntes2000, pp. 62-64]. El cristianismo no es ajeno a lo humano ni a lo religioso,
enlaza con sus más profundas y auténticas aspiraciones; lo cristiano es como un símbolo de la plenitud de lo humano y
así es también su celebración.
1 La liturgia –etimológicamente, acción realizada por el pueblo y a favor del pueblo– es para los cristianos el
ámbito de celebración de su fe. «Engloba a la vez todo lo que es celebración, rito, plegaria y sacramento» 55. Se
refiere a todo el conjunto de los actos rituales de la Iglesia a través de los cuales prosigue en el mundo el ejercicio
del sacerdocio de Jesucristo, destinado a santificar a los hombres y a glorificar a Dios (Cf. SC 7). En ella:

 celebramos mediante ritos (sacramentos) el amor de Dios Padre y la salvación que nos ha dado por la
vida, muerte y resurrección de Jesús;
 los que celebramos somos la Iglesia, congregada en y por el Espíritu y presidida por sus ministros;
 y se anuncia la palabra bíblica, inspirada por Dios, que permanece y se actualiza para nosotros en cada
celebración.

2 La mediación. En el tema de la comunicación del hombre con Dios, los sacramentos indican que estamos
inmersos en una constelación de signos, reflejos, ecos o pistas que Dios mismo envía a la persona humana para que
pueda darse esa comunicación. Para referirse a ellos hoy está aceptado el término ‘mediación’.

55
L. MALDONADO, Liturgia, en CFC, 730.
Ésta es una forma de comunicarse de Dios y con Dios a través de realidades creadas autónomas, las cuales
revelan pero no evidencian, tienen transparencia pero también opacidad, y dejan espacio a la decisión libre de
aceptarlas o no. También entre los seres humanos nos conocemos y comunicamos por mediaciones como
corporalidad, palabras, acciones, etc.

El de ‘mediación’ es un concepto semejante al de ‘signo’, pero éste acentúa más el aspecto de revelación, mientras la
mediación insiste en la comunicación.

3 En la liturgia algunos signos y gestos simbólicos están vinculados al cuerpo humano (posturas del cuerpo,
gestos de las manos, movimiento,...) y otros a cosas materiales de las que nos servimos (baño de agua, unción de
aceite, pan, vino, luz, fuego, ceniza, incienso, imágenes, ornamentos,...) o a lugares celebrativos (templo, ambón,
altar, sede,...). Los recursos expresivos que la liturgia ofrece son más numerosos de lo que a primera vista puede
parecer y no se aprovechan suficientemente. De ahí la importancia de la relación entre catequesis y liturgia:
Mientras la liturgia proclama la acción de Dios y llama a responder a ella, educando a los fieles para esa respuesta,
la catequesis educa para la participación activa y consciente en la liturgia.

5.2 La oración cristiana

RELACIÓN CON LA CELEBRACIÓN

Es una experiencia complementaria a la de la celebración. Las comparamos en un cuadro:

Oración Celebración

Experiencia de Necesidad profunda de buscar a Dios, de entrar en Necesidad de expresar la alegría y el


relación con él. reconocimiento porque Dios actúa en nuestro
partida favor, acogiendo su salvación.

Implicación Niveles profundos de la persona en cuanto individuo Es una acción de la comunidad y expresa una
personal (también en la oración comunitaria). realidad comunitaria-eclesial.

Cauces de Generalmente se ora en el silencio interior. A veces Utiliza los lenguajes humanos colectivos: palabra
se acompaña de gestos, palabras, signos siempre proclamada, música, símbolos, movimiento… Hay
expresión sencillos y simples. una componente estética y plástica.

Es una experiencia de gratuidad. Se ora “para orar”. Reconocer y acoger el don de Dios. Consolidar la
Objetivo En esa medida se crece interiormente. comunidad de salvación. Capacitarse para ser
testigos y construir el reino.

Favoreciendo el despertar de la experiencia Iniciando en el lenguaje ritual-simbólico,


La catequesis religiosa, educando las actitudes básicas del orante, favoreciendo la comprensión y actualización de la
inicia en ella entregando las fórmulas de la tradición orante de la palabra y el protagonismo de la comunidad
Iglesia. celebrante.

SITUACIÓN ACTUAL DE LA ORACIÓN

En la vida de un creyente el ámbito de la oración abarca más que el marco concreto de la celebración litúrgica. La
persona religiosa busca la relación personal con el Dios en el que cree. Y las celebraciones tienen siempre una
componente fundamental de oración, sea porque todos participan en ella, o sea porque la hace, en nombre de
todos, quien preside la celebración.
Pero a la persona actual, en sociedades que consideran la eficacia como su eje impulsor principal, le cuesta
comprender lo gratuito, difícilmente se asombra, analiza pero no contempla, compra y vende pero no acoge ni
agradece, se divierte pero no celebra, compite pero no comparte… Además, en nuestros ambientes la fe cristiana
se apoya más en el ámbito sociocultural que en una actitud y compromiso personal, y la oración se limita casi
siempre a la petición.

La catequesis no tiene fácil iniciar en la oración, cuando valores como gratuidad, contemplación, acogida,
agradecimiento, celebración, compartir… –tan ausentes hoy– constituyen la base de una verdadera actitud orante.

Pero no todo es negativo. En los últimos años se ha enriquecido mucho la teología de la oración. El regreso a las
fuentes ha iluminado la espiritualidad, el estudio de la Biblia y la liturgia; y se observa un despertar y recuperación
del hecho mismo de la oración, manifestado en nuevas formas y nuevos grupos.

FUNDAMENTO TEOLÓGICO DE LA ORACIÓN CRISTIANA56

1 La oración cristiana tiene sus raíces en la vida y la historia del pueblo de Israel y, sobre todo, en Jesús de
Nazaret, en quien encuentra su sentido pleno. Nace de actitudes interiores de la persona y es más pura cuanto más
profundas y auténticas son esas actitudes.

La Biblia es, más que nada, un libro de oración: es la historia de un diálogo muy rico entre Dios y el ser humano.
Ahí aparece el Dios que habla con su pueblo, y aparece un pueblo orante, de fe robusta, y muchas oraciones tanto
personales como comunitarias.

Dentro de esa historia surge Jesús, plenitud definitiva de la relación entre Dios y la humanidad.
Consecuentemente, en el futuro toda relación con Dios pasa por Jesús. Es más, porque conoce la tradición de Israel
y porque es portador de una buena nueva, se convierte en Modelo y Maestro de oración para la Iglesia y para toda
la humanidad.

2 Los evangelistas recalcan mucho el lugar que ocupaba la oración en la vida de Jesús. No es posible entender su
vida y actuación sin aceptar la incidencia de la oración en ellas. Es hombre de oración, tanto en la vida cotidiana
como en las situaciones especiales. No es sólo modelo por su actitud orante, también lo es al enseñar a sus
discípulos cómo orar: sin interrupción, con perseverancia y humildad (Lc 11,5-13), en secreto y sin hacerse notar
(Mt 6,5-8), procurando cumplir la voluntad de Dios (Mt 7,21), sintonizando los labios con el corazón (Mt 15,1-9);
y les promete estar en medio de los que lo hagan en comunidad (Mt 18,19-20).

El núcleo o esencia de su oración está en la forma en que se dirige a Dios: ¡Abba! (¡Padre!). Por tanto, para Jesús
orar será: renovar en sí mismo la profunda y gozosa experiencia de ser hijo de tal Padre; conocer en cada momento
la voluntad del Padre para llevarla a la práctica; comentar con el Padre cada situación… Y cuando los discípulos le
piden que les enseñe a orar, les enseña el ‘Padrenuestro’ (Mt 5,9; Lc 11,1).

3 Nuestra oración es consecuencia de creer que, por Jesús y por la fuerza del Espíritu, hemos sido hechos hijos e
hijas de Dios Padre. Todos los métodos de oración cristiana tienen su esencia y se basan en vivir en relación
personal con el Padre que es el Dios vivo y verdadero.

56
Puede ampliarse en: J. C. CARVAJAL BLANCO – M. HERRÁIZ GARCÍA, Oración. Orientaciones pedagógicas, en NDC, Vol. II, sec. III:
“iniciación pedagógica a la oración”, 1692-1695.
ACTITUDES FUNDAMENTALES EN LA ORACIÓN

La escucha de la palabra de Dios. La oración no es pura acción del hombre que se dirige a Dios; es verdadera
cuando es Dios el que habla primero y se dirige al hombre y éste, entonces, puede responder a Dios. Tanto en la
oración individual como en la comunitaria y litúrgica tiene un lugar insustituible la Palabra de Dios como fuente
de inspiración y punto de partida. No oramos para que Dios satisfaga nuestros deseos y propósitos, sino para que
nosotros conozcamos y cumplamos su voluntad.

La conciencia histórica. La Palabra de Dios no está separada de la historia del mundo y de la humanidad. El
verdadero orante lleva con él, al ponerse en contacto con Dios, las situaciones y necesidades de sus hermanos y del
mundo en que vive. Orar es un ejercicio de solidaridad que testimonia la compasión, y lo es también de
compromiso porque aviva el esfuerzo por aliviar las necesidades de los otros.

La persona entera es la que se pone en contacto, con todo su ser y sentimientos, con gestos y manifestaciones
corporales. Toda experiencia y situación es objeto de oración (alegría, dolor, triunfo, fracaso, temores, esperanzas,
progresos, pecado…) y puede convertirse en alabanza, adoración, acción de gracias, confianza, invocación,
súplica, arrepentimiento, ofrecimiento de sí mismo, intercesión…

La apertura al Espíritu. La oración no es sólo consecuencia de esfuerzo humano, exige una apertura interior y un
clima adecuado para estar atentos y abiertos a la acción del Espíritu, que en nuestro interior nos hace clamar
¡Abba! ¡Padre! (Rom 8,15; Gal 4,6). Así se podrá conseguir que lo que debe ser diálogo no sea un estéril
monólogo. Toda oración cristiana debe empezar por pedir la ayuda del Espíritu.

PRINCIPALES FORMAS DE ORACIÓN

En los Hechos de los Apóstoles, la primera comunidad cristiana se reunía para orar; era una oración basada en la
enseñanza de los apóstoles, verificada en el ejemplo de comunión que daban, y alimentada con la celebración de la
Eucaristía (Hch 2,42). Sobre esas condiciones se materializa de muchas maneras el misterio de Cristo que vive y
actúa en la Iglesia, originándose a través de la historia muy diversos caminos de oración y escuelas de
espiritualidad.

La oración cristiana puede ser diversa en el contenido y sentimientos, por la actitud y comportamiento del orante,
o por cualquier otra circunstancia. Sus formas más importantes son:

 Petición. Se dirige a Dios implorando algo. Es la forma más frecuente y para muchos la única. Radica en el
sentimiento de debilidad y limitación que le es propia al ser humano, así como en la plena confianza en
Dios. Enseña a reconocer y aceptar como regalo de Dios la vida misma y toda clase de bienes. Su modelo
más significativo es el ‘Padrenuestro’. Tiene gran valor si se tiene en cuenta que su objetivo no debe ser
pedir que Dios haga lo que nosotros queremos, sino que estemos dispuestos a conocer y cumplir su
voluntad.
 Bendición. Significa ‘bien decir’ de alguien o de algo y, consecuentemente, desearle el bien. Al convertir
ese sentimiento en oración, el orante se une al deseo de bien que tiene Dios hacia toda criatura. Es una
forma común en el Antiguo Testamento y en la Iglesia, pero poco usada por el pueblo. Adopta dos formas:
1) bendecir a Dios (Ef 1,3-14); 2) desear la bendición de Dios (la mayor de ellas es su Hijo, a quien ha
enviado al mundo, y el Espíritu que, por medio de la Iglesia, extiende su bendición al mundo). Detectar las
señales de la bendición del Padre (de arriba abajo) resultará motivo para bendecirle (de abajo arriba).
 Alabanza. La experiencia humana en que se basa es la capacidad de admiración por la belleza y la bondad;
se convierte en oración cuando se siente y confiesa a Dios como fuente y autor de tanta maravilla. Es la
forma que tiene más connotaciones de gratuidad, la más desinteresada y la más libre, porque pone por
completo sus ojos en Dios, en su grandeza y en sus obras. El objeto principal de alabanza siempre será
Jesús y la obra salvífica que Dios ha hecho por medio de su vida, muerte y resurrección. Hay ejemplos
bíblicos de esta forma de oración en los Salmos (8, 95, 98, 144, 145, 146, 150); Dt 32,3-43 (cántico de
Moisés antes de morir); Lc 1,46-55 (cántico de María).
 Acción de gracias. Es la oración de quien sabe que todo cuanto tiene lo ha recibido gratuitamente y, sobre
todo, que el mismo Dios se le ha dado y se le da gratis. Es respuesta agradecida ante acontecimientos
cotidianos y normales (la luz, la vida, las personas cercanas…) y ante los dones sobrenaturales (la gracia, la
fe, la Iglesia…). Al dar gracias, el creyente recuerda los dones que ha recibido, ve en ello un regalo de Dios
y se esfuerza en compartir con los demás la alegría que ello le produce. El mejor modelo de esta forma de
oración lo ofrecen el Prefacio y la Plegaria Eucarística. En la Biblia se encuentran Salmos (18, 65, 138); Jn
11,41-42 (Jesús antes de revivificar a Lázaro); 1Tm 1,12-17 (Pablo agradece su vocación).
 Adoración. El creyente, anonadado ante Dios y su infinito amor, experimenta un doble sentimiento: 1)
reconoce a Dios Todopoderoso que lo ha creado todo de la nada y al Salvador que nos libra de la muerte; 2)
se reconoce obra de sus manos y palpa su nada y su impotencia. En la actitud de adoración que surge de ese
doble sentimiento se destaca el silencio como expresión de lo que no pueden decir las palabras. Para que
sea auténtica oración cristiana se requiere que sólo se dirija a Dios, el único digno de adoración (Mt 4,10),
y que se haga en espíritu y en verdad (Jn 4,23-24).
 Contemplación. En esta forma el cristiano se sitúa ante Dios y la bondad, verdad y hermosura de sus obras
meditándolas en su interior, gozando con ellas, dando gracias… en un encuentro con Dios que sobrepasa
los límites de cualquier reflexión o razonamiento. No es una forma de oración exclusiva de algunos
elegidos, la experiencia contemplativa la puede vivir y es conveniente y necesaria para todo cristiano, a
ejemplo de María que «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). Los ejercicios
que hoy están muy extendidos de contemplación e interiorización pueden ser muy valiosos y verdaderos
métodos de oración cristiana si ayudan a encontrarse con Dios, y no se reducen a ayudarnos a interiorizar y
a encontrarnos con nosotros mismos.
 Fórmulas. La repetición de fórmulas es una forma de oración muy empleada y válida, sea con palabras
aprendidas o leídas. Su fuerza no está tanto en las palabras como en los sentimientos que ellas encierran.
No es sólo para los principiantes o para los poco formados en la vida espiritual, sino una forma que hace
suyas las oraciones que existen de antes, que ayudaron a otros a relacionarse con Dios y pueden ser válidas
para la propia formación al conectar con los sentimientos interiores que tuvieron quienes las compusieron.
Es una forma muy adecuada para orar en grupo. Encierra peligros que deben evitarse, como hacerla
mecánicamente, caer en la rutina, repetir las palabras sin hacerlas propias, etc., pero debe valorarse y
cuidarse porque puede ser la mejor manera para aprender a orar.

5.3 El servicio de la catequesis a la celebración y a la oración 57

El misterio cristiano que se propone en la catequesis pide ser celebrado en la comunidad cristiana. Por eso, la
catequesis invita a los catequizandos a expresar, a través de la oración y la celebración, la iluminación y
reforzamiento que ha podido experimentar su vida de fe.

En la oración no basta repetir las oraciones, palabras, posturas y gestos de otros. Pero eso no quiere decir que no
haya que aprender a orar. Una de las responsabilidades de la Iglesia es enseñar a orar. Cuando la catequesis inicia a
la experiencia de fe, debe incluir la iniciación a las actitudes orantes y a sus expresiones individuales y
comunitarias.

En concreto, para iniciar en la celebración y en la oración la catequesis cumple las siguientes tareas.

57
Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 100-104.
INICIAR EN LA LITURGIA Y EN LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA

La catequesis ayuda a los catequizandos a comprender la naturaleza de la liturgia y su importancia en la vida


de la Iglesia (Cf. DGC 85). La catequesis la presenta tal como es: celebración y expresión de la acción salvadora
de Jesucristo en el ‘hoy’ de la comunidad cristiana. Por tanto, no es apenas culto que se tributa a Dios, ni
ceremonia o rito.

Formar para la celebración litúrgica incluye:

 comprender el sentido de las celebraciones (qué se celebra, por qué, para qué, cómo se estructura la
celebración, qué elementos intervienen, los gestos simbólicos que se realizan, etc.);
 capacitar para la participación plena, consciente y activa;
 educar en las actitudes básicas que exige la celebración (capacidad de reunirse y celebrar juntos, actitud
de fiesta, escucha atenta de la Palabra, silencio meditativo, alabanza y acción de gracias, sensibilidad para
los símbolos y signos, expresión corpórea, etc.).

La catequesis educa también para comprender las categorías de ‘tiempo litúrgico’ y ‘tiempo sagrado’. En concreto:

 el sentido del domingo (día del Señor, de Cristo resucitado, de la comunidad eclesial, de descanso y
solidaridad…);
 el año litúrgico, que es la forma concreta como la Iglesia profundiza y vive los misterios de Cristo en el
correr del tiempo, mediante celebraciones periódicas repetidas con regularidad;
 la Pascua como ‘fiesta de las fiestas’ del cristianismo y cúspide de la vida cristiana.

INICIAR EN EL LENGUAJE RITUAL-SIMBÓLICO

Iniciar en los símbolos corresponde más a la cultura y a la comunicación que a la catequesis, aunque en ésta se
inicia a los símbolos como instrumentos de comunicación en el ámbito religioso. Hoy las cosas se perciben por su
inmediatez y se valoran por su eficacia o su utilidad; todo significado que no entre en un campo de percepción
directa puede presentar dificultades para ser captado por la persona actual.

Por ello, la tarea de la catequesis comienza por abrir al mundo simbólico, enseñar a leerlo, descubrir sus
riquezas de expresión. Puede hacerse en dos etapas:

 ejercitar en captar el lenguaje simbólico y expresarse en él. Naturaleza, cuerpo, gestos, cantos,
silencios… son realidades que expresan algo simbólicamente, para percibirlas, apreciarlas, aprender a
trascenderlas (ej. manos abiertas llevan a percibir una actitud de acogida o de plegaria). Después, a medida
que se dispone de elementos simbólicos, será posible que las personas se expresen en ese lenguaje;
 introducir en los símbolos litúrgicos. Conocer el significado ‘cristiano’ de realidades como el agua, la
luz, el pan, el vino, la unción, la asamblea reunida, algunos gestos corporales, etc. es capacitarse para ser
verdadero actor en la celebración cristiana.

Las celebraciones propias de la catequesis no son las sacramentales. Pueden usarse ‘celebraciones de los
signos’ y ‘celebraciones de la palabra’ en las que cabe mucha creatividad y usar cualquier tipo de lenguaje
apropiado a los participantes y al objetivo que se pretende. Ello no quita que ocasionalmente pueda haber una
celebración sacramental dentro de la catequesis, pero debe distinguirse claramente al creyente como sujeto de
catequesis y como participante en la vida de la comunidad, lugar éste en el que los sacramentos constituyen el
nervio generador y alimenticio para el que la catequesis debe capacitar.
INICIAR EN LA COMPRENSIÓN DE LA PALABRA BÍBLICA

Cuando la liturgia anuncia y actualiza las acciones de Dios en favor de su pueblo y la historia de su Hijo Jesús,
comprendemos mejor que la iniciación litúrgica conlleva una cierta capacitación para leer y comprender el
lenguaje bíblico. Se trata de iniciar en la comprensión de las claves fundamentales para acercarse a la Biblia y de
hacer que la catequesis litúrgica, que precede o acompaña a las celebraciones, ayude a la comprensión,
interiorización y actualización de los textos en cada acto celebrativo. Cuando la palabra sea percibida como la
que da significado y contenido al rito es cuando éste será un verdadero signo de salvación.

INICIAR EN LA CELEBRACIÓN DE LOS SACRAMENTOS

Entre los diversos signos litúrgicos de la Iglesia sobresalen los sacramentos, que son máxima expresión de la
visibilidad de la gracia y actuación salvadora de Jesucristo, y punto culminante de la vida de la Iglesia.

La catequesis debe dar a conocer el significado de los sacramentos como acciones eclesiales que celebran la
acción de Dios en la historia, como lugares donde se realiza el encuentro con Cristo y como anticipaciones
proféticas de la utopía del Reino. «La Eucaristía ocupa en este cuerpo orgánico un puesto único, hacia el que los
demás sacramentos están ordenados: se presenta como ‘sacramento de los sacramentos’» (DGC 115).

Desde un punto de vista catequético, los sacramentos son al mismo tiempo realidades de fe y realidades
humanas que acontecen en la vida de los creyentes. En los primeros siglos de la Iglesia toda la catequesis previa a
los sacramentos de iniciación preparaba para el acontecimiento sacramental; y después, la catequesis mistagógica
daba el sentido espiritual y salvífico de los misterios que se habían celebrado.

Hay un enriquecimiento mutuo entre catequesis y sacramentos:


«La catequesis está siempre en relación con los sacramentos. Por una parte, una forma eminente de
catequesis es la que prepara a los sacramentos, y toda catequesis conduce necesariamente a los
sacramentos de la fe. Por otra parte, la práctica auténtica de los sacramentos tiene forzosamente un
aspecto catequético. En otras palabras: la vida sacramental se empobrece y se convierte muy pronto en
ritualismo vacío si no se funda en un conocimiento serio de los sacramentos. Y la catequesis se
intelectualiza si no cobra vida en la práctica sacramental» (CT 23).

INICIAR EN LA ORACIÓN58

La catequesis tiene la tarea de educar en la oración individual, comunitaria y litúrgica; iniciar a las distintas
formas de oración; capacitar para las diversas expresiones de ella; privilegiar la oración comunitaria basada en la
Palabra de Dios y la oración litúrgica; capacitar para la oración diaria en y desde la vida… Y debe educar a orar
con los mismos sentimientos con que Jesús se dirigía al Padre, reflejados de manera muy especial en el
Padrenuestro, oración por excelencia de la Iglesia y modelo de toda oración cristiana.

Pero, siendo la actitud orante especialmente difícil en el mundo actual, es necesario que la catequesis eduque
primero en el ‘despertar religioso’ o capacitación para la experiencia religiosa, es decir, en las actitudes que
están en la base de la oración; no sólo a niños o a adolescentes, también a jóvenes y a adultos si ese despertar no
ha tenido lugar en un momento previo. Los siguientes son trazos del perfil de una persona abierta y capaz para la
oración:

58
Puede ampliarse en: J. C. CARVAJAL BLANCO – M. HERRÁIZ GARCÍA, Oración. Orientaciones pedagógicas, en NDC, Vol. II, sec. II:
“Claves pedagógicas para iniciar en la oración”, 1690-1692.
 En la relación con Dios. Partir de una actitud de fe que haga capaz de empezar a ponerse en las manos de
Dios. Y una actitud básica de humildad que dé a Dios el protagonismo o prioridad.
 En la relación con los demás. Encontrarse con el ‘tú’ que son los demás ayudará a abrir el ‘yo’ a que se
encuentre con el ‘Tú’ que es Dios. Quien va a orar tiene que ser persona comprometida o abierta de alguna
forma a la solidaridad, pues no puede dejar a un lado el mundo, sus gentes y sus acontecimientos, es decir,
el terreno donde se construye el reino de Dios.
 En la relación con la naturaleza y las cosas. Es imprescindible la actitud de gratuidad en un mundo de
eficacia y resultados inmediatos. Se desglosa en tres capacidades: de admiración, de aceptar lo que viene de
otros, y de contemplación.
 En la relación consigo mismo. La posibilidad de orar empieza por conocerse a sí mismo y aceptarse uno
como es. Y tiene como condición ser amante del silencio e interiorización.

Será después cuando la catequesis pueda enseñar a orar, ofreciendo oportunidades de aprendizaje, recursos,
métodos, fórmulas sencillas y adaptadas a cada persona y su situación. Siempre considerando que enseñar a orar
no es sólo ‘enseñar oraciones’, pues las fórmulas tienen su valor pero no suplen ni suponen la actitud orante.
6
La catequesis y la dimensión moral de la fe

Como consecuencia de conocer el misterio de Cristo (tema 4) y de mantener con él una relación vital y salvífica
dentro de la comunidad eclesial mediante la celebración y la oración (tema 5), la conducta del creyente adquiere un
estilo de vida cristiana. Un discípulo es quien, además de enseñanzas o doctrina, sigue el estilo de vida de su
maestro.

Pero son muchos los cristianos que aceptan con más o menos convencimiento las verdades de fe sin que en sus
actos y decisiones influya esa fe de forma determinante. Puede deberse a deficiencias en la iniciación cristiana,
bien por excesivo hincapié en lo doctrinal, bien por presentar formas de conducta cristiana como obligaciones o
como prohibiciones. De todas formas, constatarlo debe hacernos caer en la cuenta de la importancia de llevar a
cabo en la catequesis una iniciación correcta a la vivencia de la fe o vida moral.

Describiremos primero en qué consiste la vida según el evangelio y daremos después algunas pistas pedagógico-
catequéticas para una iniciación moral.

6.1 La vida según el evangelio

Es preferible esta expresión sobre la de ‘moral cristiana’ porque resalta más que la vida cristiana, más que definirse
por unos comportamientos, se inspira en el evangelio.

CONDUCTA MORAL

Porque la persona es capaz de pensar sobre sí misma y sobre sus actos, refiere sus acciones a un esquema básico
“bien / mal”. Se habla de conducta moralmente buena cuando responde a lo que el sujeto ha descubierto y
valorado como bueno y ha realizado en coherencia con ello; y moralmente mala cuando, valorando algo como
malo, opta por ello, o reconociéndolo como bueno, realiza lo contrario. A la facultad humana que realiza ese
discernimiento o juicio moral sobre la conducta la llamamos conciencia.

A todos nos gustaría tener alguna forma segura y definitiva de juzgar lo bueno y lo malo. Según la condición
inteligente de la persona, cuando llega a la madurez ha adquirido un “sistema de valores” para juzgar las
acciones. Ese sistema se puede fundar en principios filosóficos o en principios religiosos. Si la conducta no se
refiere a unos principios permanentes y estables, sino que obedece a motivaciones inmediatas y variables, diremos
que es una conducta ‘amoral’.
Las dificultades surgen cuando los sistemas de valores de las personas son diferentes: unos pueden no aceptar los
principios filosóficos o religiosos en que otros se apoyan. Hay que afirmar, entonces, que el derecho a la última
decisión corresponde a la conciencia rectamente formada e informada y que es necesario un permanente
ejercicio de respeto y tolerancia con quienes mantienen, honradamente, posiciones diferentes de las propias.

CONDUCTA MORALMENTE CRISTIANA

Cuando el juicio que se hace de la conducta toma como referencia la revelación de Jesucristo que nos llega en el
evangelio, hablamos de conducta moralmente cristiana. Jesús es un modelo de comportamiento (modelo ético que
puede ser compartido con personas no creyentes), pero más allá de ello, un creyente encuentra que toda la
conducta de Jesús sólo tiene explicación posible desde su condición de Hijo de Dios. Se da en él una
coherencia total entre el ser y el actuar.

La conducta cristiana, entonces, no solo reproduce comportamientos de Jesús, sino que procede de la conciencia
que el cristiano tiene de su condición de hijo de Dios (en el Hijo y con el Hijo). La decisión (opción fundamental)
que conforma toda la existencia de Jesús es hacer la voluntad del Padre (Cf. Jn 4,34; 8,29; Heb 10,9). La opción
fundamental del cristiano le determina a orientar toda su existencia en el sentido que le marquen el seguimiento
de Jesucristo y los valores evangélicos como referencia última de la conducta.

Las claves de una conducta cristiana tienen que ver con los grandes momentos en que se realiza el proyecto eterno
de Dios: 1) la llamada a Abraham; 2) la alianza (Ex 34; Lc 1,70-75: Benedictus); 3) la realización definitiva de las
promesas en y por Jesús.

 La llamada o vocación de Dios: Dios toma siempre la iniciativa e invita a la persona a entrar en relación
con él. En el comienzo de toda historia de fe hay un momento en que la persona ha tomado conciencia de
que Dios la ha llamado y le ha manifestado un camino a seguir. Dentro de lo ordinario, la llamada que
alguien sienta a vivir como hijo de Dios es suficientemente ‘extraordinaria’ para llenar de significado la
vida de un creyente. Y a una llamada que, por las mediaciones más diversas, se percibe como de Dios
corresponde la respuesta generosa: «Heme aquí, Señor». Todos los comportamientos del creyente quedan
marcados por la conciencia de la vocación y se convierten en respuesta a ese acto gratuito de Dios. A esa
decisión que compromete toda su vida es a la que llamamos ‘opción fundamental’.
 La alianza: Dios hace con la humanidad un pacto de amistad y relación permanente; cada persona está
llamada a responder a esa alianza ofrecida por Dios. El decálogo entregado a Moisés era el código de la
alianza, vivir conforme a él expresaría la fidelidad a la alianza pactada con Dios (Ex 20,1-17). Todo el
tiempo desde entonces hasta Jesús está presidido por la vigencia de ese código. La nueva alianza en su
sangre y el nuevo código, cuyo destinatario es la humanidad entera (Mt 26,28), consistirá en el seguimiento
de Jesús y en la referencia a los valores proclamados por él: las bienaventuranzas y el mandamiento nuevo
del amor.
 El seguimiento de Jesús: haciéndose discípulo de Jesús, el cristiano responde a la llamada de Dios y vive
en alianza con él. Entramos en la alianza cuando vivimos una adhesión plena a su persona, a su estilo y a su
condición de Hijo de Dios, en comunidad con sus discípulos, es decir, en el seno de la Iglesia. La base de la
moral evangélica que Jesús propone está en las bienaventuranzas (Mt 5,1-12; Lc 6,20-26). Él es el primer
bienaventurado porque su vida consiste en llevar a la práctica ese espíritu y, por su voluntad, son el
programa de vida de la comunidad de sus discípulos.

DINÁMICA DEL SEGUIMIENTO DE JESÚS

En forma muy esquemática, las líneas maestras de esa dinámica son las siguientes:
Dinámica del seguimiento de Jesús
1. Proclamación-anuncio del evangelio.

2. Ruptura con el sistema de valores del mundo:


a) con la riqueza, el tener; Jesús contrapone el compartir;
b) con el dominio, el poder, la manipulación; Jesús contrapone el servicio;
c) con el éxito personal, el triunfar; Jesús contrapone la fraternidad;
d) con las estructuras de pecado establecidas en el mundo; Jesús contrapone el reino de Dios y las bienaventuranzas.

3. Triple opción:
a) por Jesús;
b) por el grupo de Jesús: la comunidad;
c) por los pobres: con ellos Dios establece su reino.

4. Esencia de esta vida nueva:


a) relación filial con el Padre;
b) amor fraternal entre todos.

5. Conciencia de ‘misión’ en medio del mundo:


a) mirándolo con optimismo;
b) compartiendo la vida de la gente;
c) intentando cambiar el sistema de pecado.

6. Asumir el conflicto:
a) búsqueda permanente;
b) vencer la tentación;
c) aceptar la lentitud y el fracaso.

1. La persona busca siempre dar sentido a su vida. El anuncio cristiano consiste en proclamar que con Jesús ha
llegado la plenitud de la vida y siguiendo el camino que él señala se puede encontrar la felicidad: «Yo he venido
para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). El fundamento de la moral evangélica es que la
persona ha recibido el don de la vida y se compromete a vivirla plenamente y comunicarla a quien no la tiene.

2. Para iniciar esa vida nueva el creyente rompe con el sistema de valores del mundo. Los evangelios lo presentan
resumido en el relato de las tentaciones de Jesús (Mt 4,1-11; Lc 4,1-13). Junto a esas realidades de pecado
individual, Jesús ve el pecado social y estructural y opone un nuevo modo de relación y un nuevo sistema de
valores, contenidos en el ‘sermón de la montaña’ (Mt 5-7).

3. A quienes atienden la llamada de Jesús y se convierten se les propone un nuevo estilo de vida que lleva consigo
una triple opción: Por Jesús («llamó a los que quiso para que estuvieran con él», Mc 3,14); por la comunidad,
donde se realiza el modelo de mundo nuevo que Jesús propone e inaugura; por los pobres, cuyo lugar en el reino es
el signo definitivo de que Dios ha establecido su justicia.

4. Esencia de la nueva vida es la doble relación con Dios y con los hermanos, actitudes fundamentales que el
creyente practica desde ya sin esperar al reino definitivo, como una presencia en la historia humana de la realidad
última a la que tendemos.

5. La comunidad de los discípulos es enviada a anunciar y a dar testimonio de Jesús y del reino. Para desarrollar
esa misión mira al mundo como lugar de pecado pero, a la vez, de salvación (Jn 3,16); está entre la gente
compartiendo su vida, invitando («pescadores de hombres», Mt 4,19) a salir del sistema de pecado y a incorporarse
a la comunidad; luchando por cambiar el sistema de pecado para que se acerque el reino de Dios.

6. El seguimiento que propone Jesús se realiza en la dificultad, no se lleva a cabo obedeciendo preceptos o
cumpliendo prácticas religiosas, sino como permanente búsqueda y aceptación de la voluntad de Dios, en un
camino lento, ambiguo y con fracasos. La muerte es camino de resurrección (Jn 12,24).
6.2 Pistas pedagógico-catequéticas para una iniciación moral 59

Conocer y vivir

Iniciar en la vida evangélica no es sólo formación intelectual para conocer los valores evangélicos, sino que
pretende la encarnación y vivencia profunda de esos valores en la vida ordinaria (Cf. DGC 87). Por tanto, la
catequesis debe ayudar a conocer, asimilar, interiorizar y vivir los valores y las exigencias contenidos en el
evangelio.

Jesucristo: fundamento, referencia y norma

Es quien revela la voluntad del Padre y la vocación integral de la persona humana. Y es la norma absoluta y
definitiva de lo humano y, por tanto, norma concreta y plena de toda actividad moral. Por eso, la catequesis debe
insistir en que toda vida y exigencia moral se centra en Jesús, y en que la vida cristiana –más allá de normas y
leyes– es sobre todo vocación al seguimiento de Jesús.

Ofrecer un marco moral

La catequesis debe ofrecer un marco teórico y unos presupuestos básicos de moral que sirvan a los catequizandos
como puntos de referencia para sus actitudes y comportamientos. Comprendería:

o la persona y su dimensión ética;


o la moral cristiana como práctica de la fe, siguiendo a Cristo;
o la responsabilidad humana, expresada en la opción fundamental, las actitudes y los actos;
o los aspectos objetivo (valores y normas) y subjetivo (conciencia moral y discernimiento ético) de la
moralidad;
o el pecado, la conversión y la reconciliación.

El evangelio como propuesta

La vida según el evangelio no se impone, se propone: «Si quieres…» (Mt 19,21). A veces se ha presentado la
moral cristiana como suma de preceptos y prohibiciones, más como código que como alianza. La referencia al
decálogo (código de la Alianza en el Antiguo Testamento) sigue teniendo validez como iluminación de lo que debe
ser una vida orientada hacia Dios, pero no como garantía de que quien cumpla el decálogo ya es cristiano.

El evangelio como opción liberadora

La decisión de seguir a Jesucristo con todas las consecuencias nace en la conversión y se fortalece a lo largo del
proceso catequístico. Aparentemente, entrar por un camino que otro nos indica supone perder la propia libertad. La
decisión de seguimiento de Jesús procede de una opción radical o fundamental que tiene capacidad para
transformar gradualmente toda la vida. En adelante, los actos morales serán expresión del amor al bien y a la vida
que representa Jesús para el creyente, quien se sentirá plenificado y liberado por la opción tomada y por la forma
de vida que le demanda.

Iniciación gradual y progresiva

La iniciación cristiana es un proceso de personalidad creyente. A la madurez moral sólo se llega desde estados
previos de inmadurez o superando los estados de madurez propios de edades inferiores. La pedagogía de la
iniciación moral debe, por tanto, ser gradual, adaptando la llamada a una determinada actitud al nivel de madurez y
al ritmo de crecimiento del iniciando. Es al catequista al que corresponde tener en cuenta los condicionantes de la

59
Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 104-109.
libertad, el desarrollo evolutivo, las variables caracteriológicas, etc., sin que suponga rebajar la radicalidad del
evangelio sino fidelidad al principio de la condescendencia de Dios con la humanidad.

Moral inspirada en las bienaventuranzas y el amor

El ‘sermón de la montaña’ es la enseñanza ética más importante de Jesús, es «una referencia indispensable en esta
formación moral» (DGC 85). En él, las bienaventuranzas recogen los valores más genuinamente cristianos y son
criterio decisivo para que el catequizando realice sus opciones y decisiones. También en ese sermón aparece el
amor al prójimo como compendio de toda la ley (Mt 7,12) y síntesis de la vida evangélica. Por eso, la catequesis
debe presentar el mensaje moral inspirado y centrado en ellos.

Moral social-liberadora

«El testimonio moral, al que prepara la catequesis, ha de saber mostrar las consecuencias sociales de las exigencias
evangélicas» (DGC 85). Por eso, la catequesis está llamada a educar en el conocimiento de los principios éticos de
la Doctrina Social de la Iglesia y en discernir moralmente los problemas relacionados con vida humana, economía,
política, educación, ciencia y técnica, arte, medios de comunicación social, ecología, paz, etc. Y así educa las
actitudes éticas necesarias para un compromiso social: búsqueda del bien común, justicia, opción preferencial por
los pobres, solidaridad.

Madurez moral: autonomía, racionalidad y altruismo

Todas las pistas anteriores conducen a lograr una madurez moral, la cual puede definirise con los siguientes tres
términos:

Autonomía. El proceso de maduración moral va pasando de la ‘heteronomía’ (norma en los otros, padres,
educadores, autoridad) a la ‘autonomía’ (norma en la propia conciencia rectamente formada); por eso, la persona
adulta es responsable, capaz de asumir sus actos con todas sus consecuencias. Pero es muy importante aclarar que
autonomía no significa que uno mismo sea la norma de su propia conducta; la fe y confianza incondicional en Dios
hacen de la autonomía una entrega totalmente libre y crean una necesaria referencia ‘teonómica’ (norma última del
bien y del mal es siempre Dios).

El proceso de iniciación moral trata de enseñar a las personas a ser libres, movidas por el amor que es un don de
Dios, capaces de adherirse al bien por sí mismo. Someterse a la norma por sí misma es esclavitud, igual que
someterse por miedo al castigo.

Racionalidad. Es la capacidad de discernir, utilizando la razón, de forma previa a una determinada conducta,
confrontando los principios con las consecuencias de una acción, adaptándolos a la situación, modificándolos
según los resultados que se prevén. Con ella se trata de evitar un sometimiento pasivo y mecánico a la norma, lo
cual es una forma no adulta e inmadura de actuar moralmente. Pero la racionalidad necesita ser educada a la luz de
la fe (referencia teonómica) por una iniciación moral que corresponde a la catequesis.

Altruismo. Es la capacidad de asumir, de forma operante, la presencia del otro o de los otros en la propia vida
como iguales, cercanos y prójimos. Sólo de quien tiene esta capacidad puede decirse que es moralmente maduro.
La dimensión comunitaria social que tiene la moral cristiana añade todavía a esa capacidad el pensar no sólo en el
otro como individuo, sino en la sociedad como conjunto y en las exigencias de que los valores del reino de Dios se
hagan presentes en ella y en todas sus relaciones.
Conclusión

Vivir según el evangelio es una de las medidas más auténticas de la madurez de la fe de una persona. Pero el
aspecto de iniciadores en esta faceta no suele ser de los más cuidados en la formación de los catequistas. Ante la
inseguridad de muchos cristianos en el paso de una moral de obediencia mecánica a normas inmutables hacia una
moral más autónoma, las ‘certezas de la fe’ no sólo se refieren a las verdades, sino también a las actitudes y
comportamientos cristianos que nacen de esas verdades creídas y que constituyen el nervio del testimonio que el
creyente está llamado a dar en el mundo. Por eso, la dimensión moral de la fe es una de las que hoy aparecen más
urgentes de atender y educar en la catequesis.

+ + +

[Como ampliación de este tema pueden verse:

E. ALBURQUERQUE, Moral fundamental y catequesis, en NDC, Vol. II, 1527-1537

E. ALBURQUERQUE, Conciencia moral. Orientaciones pedagógicas, en NDC, Vol. I, 506-521, especialmente “II.
Exposición sistemática” y “III. Formación de la conciencia moral”]
7
La catequesis y la dimensión evangelizadora de la fe

Además de ser parte de la evangelización, la catequesis tiene como objetivo iniciar en la misión evangelizadora de
la Iglesia. Un cristiano catequizado debe poder «dar razón de su esperanza a aquellos que se la pidieren» (1Pe
3,15). La catequesis debe buscar esa iniciación, para que quien finalice su proceso de iniciación cristiana pueda
sentirse capacitado para vivir su fe en el mundo, siempre apoyado y respaldado por la comunidad cristiana a la que
pertenezca.

Primero repasaremos la relación entre la catequesis y la misión. Después veremos las dos dimensiones de la
evangelización: la comunitaria-eclesial y la social-liberadora; a ambas debe iniciar la catequesis.

7.1 Catequesis y misión

CORRESPONSABILIDAD Y CARISMAS

1 El bautismo incorpora a la Iglesia al nuevo cristiano, lo injerta en Jesucristo. Los cristianos damos fruto en la
medida en que estamos en comunión con Jesucristo en el seno de la Iglesia. En el Nuevo Testamento la alegoría de
la vid y los sarmientos habla de corresponsabilidad para que, unidos a Cristo, demos fruto abundante (Jn 15,1-17).

Injertarse a Jesucristo y seguirle implica asumir su acción evangelizadora: «Es impensable que un hombre haya
acogido la Palabra y se haya entregado al Reino, sin convertirse en alguien que, a su vez, da testimonio y anuncia»
(EN 24).

Por ello, el entrenamiento en la misión apostólica debe estar presente en la catequesis desde un principio.
Traicionaría su propia condición de acción eclesial si no iniciara en la misión evangelizadora de la Iglesia. Es
erróneo pensar que antes de lanzarse a la misión es preciso construir una buena identidad cristiana, porque el
creyente se hace –es decir, compone su identidad– sobre todo en la misión, incluso más que en los propios
procesos catequísticos.

2 San Pablo habla de los carismas concedidos para el bien común (Rom 12,3-13; 1Cor 12). Los carismas son
capacidades para prestar determinados servicios o para responder a determinadas necesidades o urgencias de
cada comunidad y en cada circunstancia. Cada bautizado puede tomar conciencia de los dones que el Espíritu ha
puesto en él, como una llamada y una exigencia de ponerlos en acción al servicio de los demás.

La catequesis, al ayudar a personalizar la fe, debe también ayudar a que cada uno descubra y discierna sus
carismas. Son dones, pero son también llamadas a actuar en determinados campos o situaciones.
CATEQUESIS Y MISIÓN EN LOS DOCUMENTOS RECIENTES60

A partir del concilio Vaticano II (Decreto Ad gentes) se consolidó el cambio en el concepto de misión para no
referirse ya más a ámbitos geográficos (‘misiones extranjeras’) y concebir las ‘misiones’ desde la misión de la
Iglesia, como quehacer de todo el pueblo de Dios.

La exhortación Evangelii nuntiandi, de Pablo VI, 1975, consolidó el nombre de evangelización para la totalidad
de la misión de la Iglesia.

El Mensaje al Pueblo de Dios (MPD, 17) del sínodo de 1977 declaró misionera toda catequesis. Y la exhortación
postsinodal Catechesi tradendae, de Juan Pablo II, 1979, indica cómo «la catequesis debe a menudo preocuparse
no sólo de alimentar y enseñar la fe, sino de suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, de abrir el
corazón, de preparar una adhesión global a Jesucristo en aquellos que están aún en el umbral de la fe» (CT 19).

La Semana Internacional de Catequesis, Medellín 1968, significó en América Latina un momento decisivo para la
renovación catequética y para el acento misionero de la misma. Lo recogió el documento de la II Conferencia
General del CELAM al afirmar que la catequesis «tiene que ser eminentemente evangelizadora, sin presuponer
una realidad de fe, sino después de oportunas comprobaciones» (Medellín 8, 9).

Puebla, en 1979, no fue una asamblea para la catequesis sino para la evangelización, pero es en ese contexto en el
que propugnó una catequesis de nueva evangelización para las nuevas situaciones ( nº 252), y un proceso de
reinformación catequística para los bautizados que viven un catolicismo popular debilitado (nn. 329 y 333).

A partir de los anteriores documentos, el acento misionero ha estado muy presente en la catequesis
latinoamericana (Cf. Líneas comunes de orientación para la catequesis en América Latina, 1985). La IV
Conferencia del CELAM, Santo Domingo 1992, lo confirmó: «Desde la situación generalizada de muchos
bautizados de América Latina, que no dieron su adhesión personal a Jesucristo por la conversión primera, se
impone, en el ministerio profético de la Iglesia, de modo prioritario y fundamental, la proclamación vigorosa del
anuncio de Jesús muerto y resucitado, raíz de toda evangelización, fundamento de toda promoción humana y
principio de toda auténtica cultura cristiana» (nº 33).

De esa manera, la nueva evangelización ha llegado a ser hoy el horizonte pastoral desde el que plantear una
catequesis de talante misionero. Así lo han desarrollado claramente la encíclica Redemptoris missio, de Juan
Pablo II, 1990, y el Directorio General para la Catequesis, 1997; orientación asumida a su vez en La catequesis
en América Latina, 1999 (Cf. 88-90). El Directorio reserva la expresión ‘catequesis misionera’ para la que se
realiza en la ‘misión ad gentes’, por ser el paradigma de todas las demás (DGC 90); y asume la expresión
‘dinamismo misionero de la catequesis’ (59 y 86) para indicar el influjo que la ‘misión ad gentes’ debe ejercer en
toda catequesis. Por eso, podemos hablar de ‘catequesis de carácter misionero’ para referirnos a las distintas
modalidades catequísticas propias de las situaciones en las que se requiere una nueva evangelización.

CONTRAPOSICIONES A EVITAR

Para muchos cristianos resulta más atractivo y menos arriesgado vivir su compromiso dentro de los muros de la
Iglesia que en el mundo, en los ambientes y realidades donde vive la gente. Se hacen, quizá inconscientemente,
contraposiciones que son ficticias.

60
Cf. M. MONTERO, Catequesis de carácter misionero (Catequesis kerigmática), en NDC, Vol. I, 337-347.
Iglesia – mundo

Son términos complementarios y no excluyentes, la Iglesia sólo existe en cuanto está en el mundo, la forman
personas que pertenecen al mundo y está puesta por el Señor al servicio del mundo. El cristiano pertenece a
ambas realidades: al mundo, porque recibió de Dios el ser en ‘este’ tiempo y en ‘este’ lugar; y a la Iglesia por
una opción, supuesta la gracia de la fe recibida de Dios.

Si la catequesis ayuda a vivir con todas las consecuencias la dimensión histórica, facilitará la armonía entre el
compromiso en y con el mundo y el compromiso en y con la Iglesia. Con diversa intensidad y dedicación, y con
diversas respuestas según los carismas, lo importante es que nadie se sienta ajeno al ‘aquí y ahora’ tanto del
mundo como de la Iglesia.

Compromiso – anuncio

Aunque a veces puedan aparecer ambas realidades como independientes y cada una con su propia dinámica, se
trata de acciones complementarias.

En un contexto cristiano, compromiso es la acción en favor de los demás que se realiza, sobre todo, actuando
sobre las estructuras de la sociedad, y que tiene su motivación última en la fe de quien lo asume. Anuncio
misionero es la proclamación del señorío de Jesucristo sobre toda la historia humana, fundado en su misterio de
muerte-resurrección; generalmente, viene a dar razón de la conducta o del compromiso del cristiano.

Compromiso y anuncio se relacionan íntimamente. Porque tiene una visión creyente, el cristiano actúa de una
determinada forma, casi siempre inexplicable para quien no cree; ese es el compromiso. Al dar razón de ese
comportamiento podrá anunciar a Jesucristo, origen de su fe y de su modo de actuar. De ahí que no tendrá fuerza
catequística quien pretenda catequizar sin el respaldo de un compromiso serio de su vida.

7.2 La dimensión comunitaria-eclesial

LA ACCIÓN PARA EL CRECIMIENTO DE LA IGLESIA

La Iglesia crece cuando los elementos que conforman su existencia son promovidos y potenciados: las relaciones
comunitarias, la maduración de la fe de sus miembros, la calidad de sus celebraciones y espacios de oración, la
disponibilidad y servicio hacia los necesitados, el compromiso público de los creyentes. En esos esfuerzos pueden
y deben emplearse los carismas y el servicio de muchos cristianos.

La exhortación de Juan Pablo II Christifideles laici ofrece cuatro sectores en que es posible la acción y el
compromiso de los cristianos: a) evangelización y catequesis; b) celebración litúrgica y oración de la comunidad;
c) atención y asistencia a los necesitados; d) vida comunitaria y relaciones entre grupos, pequeñas comunidades,
parroquia e Iglesia particular (Cf. ChL 25-29 y 32-35).

Es muy de tener en cuenta la necesidad de garantizar el carácter laical de esas participaciones. Los laicos no son
instrumentos del sacerdote, como pudo entenderse su función en tiempos pasados. Hoy la Iglesia les asigna un
lugar específico y un carácter peculiar por su condición de tales. La mejor muestra de una colaboración
auténticamente laical en el quehacer intraeclesial es presentar una imagen de Iglesia que sea comunidad cristiana
no clerical, donde tienen voz, lugar y responsabilidad todos los cristianos, cada uno según su carisma,
construyendo una Iglesia abierta al mundo y capaz de dialogar con él y hacer su oferta salvadora.
LA CATEQUESIS ANTE LA DIMENSIÓN COMUNITARIA-ECLESIAL61

Debe ayudar a los catequizandos a crecer en identidad, vivencia, compromiso y espíritu eclesial. Para ello debe:

Educar el sentido de pertenencia eclesial

La pertenencia es un elemento psicológico importante para todo grupo humano. Quien no tiene ‘conciencia de
pertenencia’ tampoco tendrá ‘conciencia de compromiso’. En la mayoría de los cristianos es muy débil el
sentido de pertenencia eclesial: «Se sienten católicos, pero no Iglesia» (Santo Domingo, nº 96).

La catequesis debe ayudar a los catequizandos a que tomen conciencia de que son miembros vivos de la
comunidad eclesial y sujetos de derechos y deberes.

Educar el sentido de comunidad y de participación en la vida eclesial

Entre otras cosas implica:

 tomar conciencia de la importancia de madurar la fe comunitariamente;


 adquirir las actitudes que fomentan la vida comunitaria (espíritu de fraternidad, capacidad de comunicación
y diálogo, corrección fraterna, oración común, perdón mutuo…);
 participar con frecuencia en la comunidad parroquial (liturgia, evangelización, formación, actividades
culturales o recreativas…).

Educar el sentido de comunión eclesial

La Iglesia es signo e instrumento de comunión y es necesario proclamarlo (Cf. EA 33). La catequesis está llamada
a suscitar y fortalecer:

 la adhesión filial y el afecto cordial a la Iglesia;


 la comunión firme y convencida con los pastores de la comunidad eclesial;
 el aprecio por la tradición viva eclesial;
 la disponibilidad para acoger las enseñanzas del Magisterio;
 el diálogo, comunicación y ayuda entre las distintas comunidades eclesiales.

Educar el sentido de corresponsabilidad eclesial

Para alcanzar sentido de pertenencia a un grupo es necesario sentir que se desempeña una tarea o función a lo
interno de él. La catequesis debe ayudar a los catequizandos a que se descubran como miembros activos de la
Iglesia con una «tarea original, insustituible e indelegable» (ChL 28).Debe ayudarles a que:

 tomen conciencia de que por su bautismo y confirmación están llamados a ser testigos del evangelio;
 conozcan los proyectos pastorales de la Iglesia y se interesen por ellos;
 asuman, según sus talentos y carismas, ministerios y servicios en orden a construir una comunidad más
dinámica y comprometida en el servicio del Reino.

Educar para la opción vocacional y ministerial

Unido a lo anterior, la catequesis debe ayudar a los catequizandos a descubrir y vivir su vocación concreta en la
Iglesia y en el mundo.

61
Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 110-117.
Educar al compromiso misionero

La Iglesia es por esencia misionera y la formación misionera de los fieles «ha de ser entendida no como algo
marginal, sino central en la vida cristiana» (RM 83). La catequesis debe entonces iniciar en la capacidad de
anunciar a Jesucristo, ofreciendo una formación que ayude:

 a tomar conciencia del carácter misionero de la Iglesia; de la necesidad y urgencia de la misión ad gentes
en sus distintos ámbitos (territorial, fenómenos sociales nuevos, ámbitos antropológicos y culturales); y de
que «la actividad misionera es un compromiso básico de todo el Pueblo de Dios» (RM 32);
 y a promover las distintas formas de cooperación misionera y vocaciones misioneras.

La dinámica del anuncio contiene cuatro momentos:

a) narración: anuncia el hecho histórico de Jesús, que transforma la vida de sus seguidores;
b) significado: ese acontecimiento hace comprender que Dios ha intervenido de una forma nueva y plena
en la historia humana: revelándose, salvando y convocando;
c) confesión de fe: se anuncia la identidad de Jesucristo, que es el protagonista de esa historia de
salvación, quien cumple las promesas de Dios, en cuyo nombre se anuncia la salvación y el perdón de
los pecados;
d) llamada a la conversión: ese anuncio singular tiene fuerza para interpelar, es una propuesta apremiante.

Pero anunciar a Jesucristo es más que informar sobre él, es presentarlo de forma significativa, que diga algo a
la persona actual cuando busca un sentido último para su vida. Para hacerlo se necesita:

 Haber sido evangelizado. Sólo quien ha tenido experiencia de un encuentro con el Señor que salva, que
perdona, que ofrece un sentido último a la existencia, puede, a su vez, comunicar a otro su experiencia (Cf.
EN 46).
 Saber formular lo nuclear del anuncio cristiano. Es decir, anunciar a Jesucristo. «Evangelizar es, ante todo,
dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios, revelado por Jesucristo, mediante el Espíritu
Santo» (EN 26).
 Saber encontrar ‘puntos de conexión’. Por muy alejada que parezca, en toda persona se dan algunos
puntos de conexión posible con el anuncio cristiano, aunque a veces sea difícil encontrarlos.
 Aprender a utilizar un lenguaje capaz de comunicar la fe. Muchas veces el lenguaje teológico o el de los
catecismos es poco comprensible. La catequesis debe enseñar a decir la fe con palabras que la persona de
hoy pueda entender y, además, con experiencias de algún modo compartidas por los interlocutores y que
ayuden a comprender las palabras. Llevar a los catequizandos a expresar la fe con las propias palabras es ya
comenzar a habituarles a comunicar a otros la fe, algo que será más difícil si sólo se usan frases hechas o
fórmulas memorísticas.

Educar al diálogo ecuménico

En un mundo de pluralismo cultural y religioso la catequesis debe formar creyentes seguros en su propia fe y
respetuosos de quienes profesan otra religión (Cf. CT 32; DGC 86, 197).

Debe tenerse en cuenta que «es necesario distinguir con claridad las comunidades cristianas, con las cuales es
posible establecer relaciones inspiradas en el espíritu del ecumenismo, de las sectas, cultos y otros movimientos
pseudorreligiosos» (EA 49).

Para la relación con otras Iglesias cristianas la catequesis debe proporcionar una formación ecuménica, la cual
requiere:

 enseñanza clara y completa de la fe cristiana, respetando la jerarquía de verdades y evitando


reduccionismos;
 presentación correcta y leal de las otras Iglesias cristianas, favoreciendo un conocimiento auténtico y un
aprecio justo de ellas;
 explicación clara de lo que nos une y de lo que nos separa, acentuando más lo que hay en común;
 explicación del movimiento ecuménico (origen histórico, significado actual, fundamentos doctrinales,
exigencias, formas de unión y colaboración…);
 capacitación para el diálogo ecuménico y adquisición de actitudes fraternales y respetuosas.

Educar al diálogo interreligioso

La catequesis está llamada también a ofrecer una formación para la coexistencia y el diálogo con los creyentes de
otras religiones no cristianas (Cf. DGC 86; EN 53; RM 55-57). Eso implica:

 reconocer el soplo del Espíritu y la providencia salvífica de Dios en todo individuo, pueblo, cultura y
religión;
 conocer y valorar los componentes esenciales de las otras religiones (creencias, tradiciones, ritos,
expresiones);
 discernir las ‘semillas del Verbo’ y los elementos que entran en confrontación con el mensaje cristiano;
 favorecer actitudes de comprensión, respeto y diálogo para una convivencia constructiva;
 promover colaboración en promoción de valores y proyectos comunes ante los grandes desafíos de la
humanidad (paz, ecología, desarrollo, justicia social…);
 distinguir el anuncio de Cristo y el diálogo interreligioso, sin considerarlos equivalentes: «el diálogo
interreligioso no dispensa de la evangelización» (DGC 86);
 profundizar la propia identidad cristiana y vivir la fe con fidelidad y coherencia.

En relación con los ‘nuevos movimientos religiosos’ (NMR) la catequesis tiene también tareas específicas (Cf.
DGC 201):

 concientizar sobre su presencia y difusión;


 ofrecer información objetiva de ellos (origen, rasgos fundamentales, doctrinas, prácticas);
 ayudar a discernir sus valores y contravalores;
 responder al desafío que presenta su ‘nueva religiosidad’ con una renovada acción catequizadora.

7.3 La dimensión social-liberadora

LA ACCIÓN EVANGELIZADORA EN EL MUNDO

Elementos de esa acción son los siguientes:

 Compromiso social. El cristiano, que vive y actúa en el mundo, forma parte de la organización social, o
estructura de las relaciones mutuas entre las personas en los diversos ámbitos. Pero, por su fe en Jesucristo
y en el proyecto de su reino, es capaz de tomar una distancia crítica y de luchar en una doble dirección:
potenciar lo que descubre como positivo y coincidente con el proyecto del reino de Dios, y esforzarse por
transformar las estructuras y actuaciones que se oponen a ese proyecto.
 Testimonio. Testigo es el que afirma en conciencia una verdad de la que está convencido. Su fuerza está en
su convicción interior o decisión con la que da fe de lo que testimonia. En el testimonio cristiano, la verdad
del testigo es la de Dios mismo. Es un testimonio de valores superiores (compartir, servir, fraternidad,
utopía del reino). Testigo y testimonio adquieren fuerza y poder insustituibles, pues lo único que
tambalea los planteamientos de una persona al intuir una verdad mayor es el testimonio de quien vive y
actúa según esa verdad.
 Denuncia. Identifica y señala las situaciones opuestas al proyecto de Dios y llama a sus responsables a
corregirlas. Es constante en la tradición profética de la Iglesia, el profeta es profundo conocedor de Dios y
de lo que se opone a su voluntad, y de la realidad y sus caminos torcidos. La denuncia no es palabra de
condena sino de salvación, porque desea que el error sea corregido y las personas vuelvan al camino
verdadero.

Campos en los que es posible desarrollar la acción evangelizadora en el mundo son:

 El compromiso individual, mediante la participación política y el ejercicio de la actividad profesional,


laboral, etc.
 El compromiso asociativo, sea para buscar y promover el bien común (partidos, sindicatos, de vecinos, de
padres de familia, asistenciales, etc.), o en otras asociaciones de inspiración cristiana, confesionales o
eclesiales, que tratan de construir la sociedad según el evangelio.
 O bien, según los objetivos que se pretenden o las áreas de acción, puede hablarse del sector de defensa y
promoción de los derechos humanos (dignidad, vida, libertad, justicia, paz), o de las realidades sociales en
que se juega el progreso y el bien común de la sociedad (familia, política, economía, trabajo, ecología,
cultura, educación, comunicación, etc.).

LA CATEQUESIS ANTE LA DIMENSIÓN SOCIAL-LIBERADORA62

Debe ayudar a los catequizandos en lo siguiente:

Conocimiento crítico de la realidad

«Es importante el conocimiento de la situación. No basta una simple descripción de los datos; hace falta una
investigación científica con la que se pueda delinear un cuadro exacto de las circunstancias socioculturales y
eclesiales concretas» (PDV 10). La catequesis tiene que ayudar a descubrir qué sucede a nuestro alrededor y por
qué sucede (causas, consecuencias, tendencias). Ese conocimiento conlleva sensibilización hacia la realidad
social, exige identificarse con las situaciones que se descubren, y cuestiona a nivel personal, grupal y social. Para
ese acercamiento crítico es indispensable la ayuda de las ciencias sociales (Cf. DGC 242).

Lectura creyente de la realidad

«Para el creyente, la interpretación de la situación histórica encuentra el principio cognoscitivo y el criterio de las
opciones de actuación consiguientes en una realidad nueva y original, a saber, el discernimiento evangélico (…)
[éste] toma de la situación histórica y de sus vicisitudes y circunstancias no un simple ‘dato’ que hay que registrar
con precisión y frente al cual se puede permanecer indiferentes o pasivos, sino un ‘deber’, un reto a la libertad
responsable, tanto de la persona individual como de la comunidad» (PDV 10).

No basta conocer la realidad. La catequesis tiene también el cometido de ayudar a leer, juzgar e interpretar los
acontecimientos y situaciones sociales con los ojos de la fe; y de iniciar «en una lectura teológica de los problemas
modernos» (DGC 16) que ayude a hacer la síntesis entre la fe y la vida.

Una lectura cristiana de la realidad es:

 experiencia contemplativa, que ayuda a descubrir la presencia activa de Dios y de su designio salvífico en
la vida y en la historia;
 lectura crítica de la realidad, que cuestiona y juzga desde los valores del Reino –o anti-Reino– las diversas
situaciones sociales;
 práctica profética, que impulsa al deber de denunciar los aspectos deshumanizantes del orden social.

62
Cf. J. GONZÁLEZ RAMÍREZ, Ser y quehacer de la catequesis, 119-123.
Descubrimiento y lectura de los ‘signos de los tiempos’

En relación con lo anterior, la catequesis capacita para descubrir los ‘signos de los tiempos’, examinarlos a fondo e
interpretarlos a la luz del evangelio. Eso implica describir los acontecimientos y hechos significativos que
caracterizan nuestra época; discernirlos evangélicamente descubriendo en ellos la presencia de Dios; y dejarse
interpelar por ellos y buscar las acciones adecuadas para actuar pastoralmente.

Conocimiento, difusión y aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)

Hay una escasa relevancia de la doctrina social en los contenidos catequéticos y es necesaria «una catequesis en
la que la enseñanza social de la Iglesia ocupe su puesto» (DGC 17; Cf. 29, 30, 71, 133, 175, 285, y CAL 80-81).
La DSI es el conjunto de reflexiones doctrinales que hace la Iglesia sobre las realidades sociales, valorándolas a la
luz del evangelio y proponiendo principios, criterios de juicio y orientaciones para la acción. La catequesis tiene la
tarea de darla a conocer y aplicarla en todos los ámbitos de la vida social.

Participación activa

Para que la enseñanza social no se quede en doctrina y principios es necesario que un cristiano asuma opciones
motivadas por la fe, testimonio y acciones liberadoras y transformadoras. Es función de la catequesis suscitar en
los fieles y en las comunidades ese tipo de opciones y acciones, que humanicen a las personas, eliminen lo que
niega la vida y la dignidad humana y promuevan el cambio social inspirado en los valores evangélicos.

Una adecuada pedagogía del compromiso iniciará a los catequizandos de una manera gradual y progresiva hasta
llegar a compromisos estables que brotan de la fe. La gradualidad pide pasar de acciones meramente asistenciales a
otras promocionales y liberadoras. Y pide también detectar espacios sociales en los que vivir la concientización, la
fraternidad y la solidaridad con una presencia cristiana transformadora.

+ + +

[No como ampliación de lo aquí expuesto, sino como lectura complementaria puede verse: E. ALBERICH, La
catequesis en la Iglesia, CCS, Madrid 19973, cap. 6: “Catequesis, caridad y compromiso”, 162-179; o en nueva
edición: Catequesis evangelizadora, CCS, Madrid 2003, cap. 7: “Catequesis, caridad, servicio y compromiso
transformador”, 185-204]

Conclusión

La catequesis debe trabajar para las dos dimensiones: la comunitaria-eclesial y la social-liberadora. Ambas son
parte de la misión evangelizadora de la Iglesia. En una y otra, no se debe esperar a que los catequizandos asuman
compromisos una vez finalizado el proceso catequístico. Sólo se aprende actuando, y la catequesis debe impulsar a
compromisos que los mismos catequizandos puedan llevar adelante.

La realidad es que la pedagogía del compromiso no está en la catequesis tan desarrollada como la pedagogía
de la oración y la celebración, la de la lectura de la Palabra de Dios o la de la vivencia de actitudes evangélicas.
Eso hace más importante abrir caminos de compromisos concretos en todos los niveles de la catequesis (edades,
ambientes, situaciones especiales, etc.), adaptados a cada nivel y ambiente. No le corresponde a la catequesis toda
la tarea de formar militantes cristianos, pero sí poner los cimientos y discernir los carismas de cada uno.
8
El carácter procesual de la catequesis

Cada una de las dimensiones anteriores asume, en la forma de ponerla en práctica, el sentido de proceso o
itinerario marcado por etapas bien diferenciadas. El carácter procesual viene así a insertarse en cada una de esas
dimensiones.

El camino que haremos en este tema pasa por resaltar la inspiración profunda de ese carácter progresivo, el cual le
da a la catequesis el sentido de permanente; analizar los aspectos y manifestaciones de la acción catequística a los
que alcanza la gradualidad o dimensión de proceso; y enumerar algunas conclusiones pastorales.

8.1 El fundamento del carácter progresivo o procesual

1 El actual mundo cambiante pide permanente conocimiento de nuevos datos y análisis de los mismos para tratar
de enmarcar la fe de la mejor manera posible. Además, la fe madura a través de un proceso, tanto por las
diferentes etapas psicoevolutivas de las personas, como por el contenido de la revelación en sí misma, como por el
modo como se acoge y se asimila. Conjuntando esas tres situaciones resulta que el carácter de proceso o
gradualidad en la catequesis es un tema de relevancia singular porque de él depende el avance en el camino hacia
una fe adulta.

2 En el DGC la idea de itinerario o proceso constituye una clave fundamental para interpretarlo correctamente;
las etapas de la revelación (DV) y las etapas de la evangelización (AG) ejercen en el Directorio una influencia
notable. El factor que desencadena en el Directorio su sensibilidad a la idea de proceso está en la misma
pedagogía divina en la Revelación. Presenta tan fundamental el qué de la Revelación como el cómo y pone un
énfasis especial en la gradualidad con la que Dios quiso revelarse a los hombres: «lo hace progresivamente, por
etapas, para mejor acercarse a los hombres» (DGC 38). En esa gradualidad ve la gran ‘condescendencia’ de Dios.
«Este carácter gradual de la Revelación es una exigencia permanente para la catequesis: le obliga a
recordar constantemente las ‘maravillas’ que Dios realizó en el pasado, narrándolas una y otra vez
(narratio); a explicar el misterio de Dios que se esconde tras ellas así como su sentido salvífico
(explanatio); y a mantener vivo el deseo de la plena Revelación futura, cuando veremos a Dios cara a
cara (expectatio)»63.

3 El Directorio incorpora la concepción de evangelización de EN 17 (recogida en DGC 46) como sinónimo del
conjunto de la acción de la Iglesia. Y, más aún, deja clara su gradualidad, es decir, una evangelización concebida
como itinerario (Cf. DGC 48). Lo que le mueve a ello es una preocupación pastoral: quiere que todas las etapas

63
AA. VV., El concepto de itinerario en la catequesis, en Evangelización. Catequesis. Catequistas, 478.
de la evangelización queden incluidas y piensa muy precisamente en la iniciación cristiana como etapa
fundamental, a cuyo servicio está la catequesis. Así, la acción catequístico-iniciatoria, que sigue a la acción
misionera y antecede a la acción pastoral, adquiere toda su importancia.
4 También la fe la define el Directorio como un proceso: «La adhesión a Jesucristo da origen a un proceso de
conversión permanente que dura toda la vida» (DGC 56). La fe crece en todas sus dimensiones (como adhesión,
como conocimiento y como vida) y, en su itinerario, está marcada por momentos importantes, estructuradores de
su dinámica de crecimiento, que tienen una conexión clara con el proceso catecumenal. La secuencia de las
formas de catequesis propias de cada etapa de ese proceso (kerigmática, bíblica, doctrinal, mistagógica) es muy
querida para el Directorio y vuelve varias veces sobre ella (Cf. 88, 107, 128, 129). «La acción catequizadora de la
Iglesia no puede trastocar impunemente ese orden. La catequesis kerigmática es anterior a la catequesis bíblica y
ésta, a su vez, es anterior a la catequesis doctrinal: hay que dejar tiempo a que en el corazón del catecúmeno
madure la pregunta por la identidad profunda de Jesucristo»64.

5 La meta de la catequesis es proponer el contenido del mensaje cristiano como un todo orgánico y vital. Pero el
recorrido catequístico debe tener como correlato el avance en la vida de fe, sabiendo que el progreso cristiano
resulta de la acción de la gracia del Espíritu Santo y la libre respuesta humana. La acogida, comprensión y práctica
de la palabra de Dios es distinta según la edad, disposición interna, madurez y situación de las personas.

El carácter gradual o procesual de la catequesis tiene que ver con un principio general en la metodología
catequística: según la condición de los catequizandos, se puede partir de Dios para llegar a Jesucristo, y viceversa,
y se puede partir del hombre para llegar a Dios, y viceversa.

8.2 El proceso permanente de la catequesis

Durante mucho tiempo la acción catequística se orientó principalmente a la catequesis infantil y se centró en los
sacramentos de Penitencia, Eucaristía y Confirmación. La renovación de las últimas décadas ha llevado a situar la
catequesis no en una etapa de la vida, sino como un proceso permanente de iniciación, profundización y
maduración en la fe de todos los miembros de la comunidad cristiana. «En la Iglesia de Jesucristo nadie debería
sentirse dispensado de recibir la catequesis» (CT 45).

PARA TODOS EN CUALQUIER EDAD Y SITUACIÓN

Ningún cristiano alcanza su perfecta madurez de la fe en una etapa determinada de su vida. Si la catequesis
consistiera sólo en el aprendizaje memorístico de un catecismo o en la preparación inmediata para recibir un
sacramento, terminaría al saberse el texto o al recibir el sacramento. Pero la vida cristiana no termina nunca de
profundizar en los valores evangélicos y el cristiano necesita ayuda para iluminar y vivir todas las dimensiones y
situaciones de su vida desde el mismo evangelio.

Por consiguiente, las comunidades cristianas han de organizar la acción catequística de modo que responda a las
necesidades de sus miembros de cualquier edad o en cualquier situación en que se encuentren.

64
AA. VV., El concepto de itinerario en la catequesis, en Evangelización. Catequesis. Catequistas, 486.
EL CARÁCTER PERMANENTE

Por lo mismo, el carácter de proceso permanente no significa que durante toda la vida se deba mantener el
mismo ritmo, nivel y estilo de catequizar. Ni se debe confundir “proceso catequístico permanente” con
“educación permanente en la fe”. Ésta –como ya vimos– se realiza mediante múltiples acciones y acompaña al
cristiano durante toda su vida. Aquél, en cambio, es
un período intensivo y prolongado de catequesis o formación cristiana integral y fundamental, que se
realiza a lo largo de un tiempo determinado, con un principio y un final, de forma sistemática y
organizada, y se sitúa dentro de la educación permanente en la fe.

Entendido así, comprendemos mejor que la comunidad cristiana debe ofrecer a todos sus miembros la
posibilidad de seguir un proceso catequístico en cualquiera de las grandes etapas de la vida o en situaciones
particulares significativas de la existencia humana. Esos procesos son los que van vertebrando la personalidad del
creyente a lo largo de su vida y favorecen la maduración progresiva y continua de la fe.

Junto a ese proceso, existen formas ocasionales que también tienen su importancia en un itinerario de fe. Están
unidas a determinados acontecimientos de la vida personal (pre-sacramentales, fin de etapas en estudios, etapas de
maduración humana, etc.), social (reivindicaciones, violencia, nuevas leyes, etc.) o eclesial (concilios, visitas
papales, tiempos litúrgicos, etc.). Tampoco estas formas pueden confundirse con el proceso catequístico
permanente ni sustituirlo, pero sí pueden complementarlo o ser punto de partida para el mismo.

Tres claves orientan la programación y desarrollo de un proceso de catequesis permanente:

 No se puede concebir en forma fragmentaria, sea por edades o por ámbitos cerrados, sino en forma de
proceso real coherente y progresivo (Cf. CT 45). Los catequistas deben tener una visión de conjunto del
proceso global de la catequesis y actuar de forma colegiada.
 El proceso debe tener siempre como fundamento y punto de referencia la catequesis de adultos, pues
estos son los verdaderos destinatarios de una confesión de fe madura y plena de significación (Cf. CT 43).
Todas las demás actividades de la catequesis deben ordenarse hacia esa fe adulta.
 Debe concebirse como un verdadero catecumenado, teniendo como referencia el catecumenado
bautismal. Significa que debe asumir sus objetivos básicos, que son: favorecer la conversión, iniciar en la
fe e integrar plenamente a los catequizandos en la comunidad. «Esta riqueza inherente al catecumenado de
adultos no bautizados, ha de inspirar a las demás formas de catequesis» (DGC 68).

8.3 Las formas de gradualidad en la catequesis65

GRADUALIDAD EN LAS TAREAS

Las tareas fundamentales de la catequesis –ya las conocimos– en que debe progresar el catecúmeno son:

 la adhesión a la fe y el conocimiento de los contenidos de la fe (Cf. DGC 36a);


 el conocimiento y participación en la oración y celebración;
 la Palabra vivida como seguimiento de Jesús, los valores evangélicos y la propuesta moral, incluyendo las
exigencias sociales de la fe;
 orar con y como Jesús;
 la iniciación en la vida comunitaria, abriéndose a lo universal y a lo ecuménico;

65
Cf. J. SASTRE, Gradualidad en la catequesis, en NDC, Vol. I, sec. IV: “Gradualidad según el sujeto, los contenidos y circunstancias”,
1051-1057.
 la iniciación en el dinamismo misionero, con sus dimensiones de transformación social y de diálogo
intercultural e interreligioso.

Cada una de esas tareas realiza de forma peculiar la finalidad de la catequesis. «Cada dimensión de la fe,
como la fe en su conjunto, debe ser enraizada en la experiencia humana, sin que permanezca en la persona como
un añadido o un aparte» (DGC 87). La mejor muestra de gradualidad quizá sea la estructura del
catecumenado bautismal, con un nombre propio para cada etapa y otro para quien se encuentra en ella:
precatecumenado – simpatizante (RICA 12); catecumenado – catecúmeno (RICA 17-18); purificación e
iluminación – elegido o competente (RICA 24); mistagogia – neófito (RICA 33-36); fiel cristiano (RICA 39).

Entre nosotros la mayoría de los fieles reciben catequesis después de haber sido bautizados de niños. Elementos
del catecumenado bautismal que deben estar presentes en esa catequesis y usarse con creatividad son: la función de
iniciación, la responsabilidad de toda la comunidad, la índole pascual de la reiniciación, la labor de inculturación y
el carácter de proceso madurativo de la fe (Cf. DGC 91).

GRADUALIDAD POR LAS EXIGENCIAS DE LA PEDAGOGÍA DE LA FE

Ya vimos que la referencia para la pedagogía de la fe es la pedagogía de Dios y el modo de hacer de Jesucristo y
de la acción del Espíritu Santo. La labor de los catequistas a lo largo de la historia es una referencia muy rica en
modos de hacer, materiales, itinerarios, etc., pero también ellos tienen que responder a la situación, sensibilidad y
lenguaje de la humanidad actual.

La doble fidelidad, a Dios y al hombre, lleva a una opción metodológica que busca:

 promover una síntesis progresiva y coherente entre la adhesión plena del hombre a Dios y los contenidos
del mensaje cristiano;
 desarrollar todas las dimensiones de la fe para que sea conocida, celebrada, vivida y hecha oración;
 impulsar a la persona a confiarse entera y libremente a Dios;
 ayudarla a discernir la vocación a la que el Señor la llama (Cf. DGC 144).

La gradualidad en la pedagogía de la fe consiste en secuenciar la acción catequística de modo que el


catequizando se interese en la catequesis, valore todo lo referente a la experiencia humana y de fe, se susciten en él
búsquedas e interrogantes vitales, pueda comprender el contenido del mensaje desde la mediación de la
experiencia, y facilite la acción de la gracia que le llama a la conversión.

Un aspecto en el que se puede apreciar el progreso del catequizando en la maduración de la fe es su capacidad


de relacionar su proceso de fe con la referencia comunitaria. El grupo es una necesidad vital para descubrir la
eucaristía como fuente y cumbre de la vida cristiana. Al llegar a esa situación de fe se da la incorporación plena a
la comunidad cristiana como miembro adulto en la fe y corresponsable de la comunión y la misión de la Iglesia.

GRADUALIDAD EN LA ADAPTACIÓN A LAS PERSONAS Y EN LA INCULTURACIÓN DEL MENSAJE

La encarnación del Verbo lleva a la Iglesia a adaptarse lo más posible, en la evangelización, a la edad, situación y
contextos socioculturales de los destinatarios. En cualquiera de las situaciones en que estos se encuentren, la
catequesis buscará realizar de forma progresiva los siguientes objetivos:

 Que comprueben experiencialmente lo que es y supone llegar a ser creyente maduro. Para unos será un
camino nuevo, para otros una reestructuración del ser cristiano roto o deteriorado.
 El anuncio del evangelio será el elemento que anime toda la acción catequística, siempre en referencia a
los dinamismos personales, relacionales y sociales en que están los catequizandos.
 El acto de fe expresa la confianza plena y total en Dios Padre y la entrega total y gozosa a su plan de
salvación. Ese acto no se da sin dudas y crisis. Principales momentos que marcan el paso a una fe
madura como asentimiento a la persona y la causa de Jesucristo son: 1) armonizar la fe dogmática y la
propia autonomía; 2) asumir los valores evangélicos como camino de liberación; 3) situar la vida en la
referencia eclesial. La fe madura es una actitud global, reflexionada, comunitaria y comprometida.
 La catequesis, por su carácter fundante y sistematizador, procura manifestar la relación entre los
contenidos de la fe. Ésta alcanza todas las facetas de la existencia y les da unidad dentro de la globalidad
de la vida humana; aparece como un ‘plus’ de sentido para vivir lo que todas las personas viven.
 La institución catecumenal siempre ha tenido una liturgia rica y apropiada para celebrar los diferentes
‘pasos’ en la vida cristiana. El año litúrgico es una ocasión privilegiada para entrar en el misterio de Cristo
y conformar nuestros sentimientos a los suyos. La catequesis celebrará el momento que vive el grupo, pero
siempre con relación a Jesucristo, nuestra pascua, de quien recibe significado y por el que se abre a un
horizonte nuevo de sentido.
 Los objetivos anteriores exigen unas determinadas disposiciones en quienes quieren hacer el proceso de fe.
La condición básica es que quieran replantearse la fe en su fundamentación, significado e influencia real en
la vida. De ahí brotará el deseo de búsqueda, diálogo con otros y contraste para revisar las auténticas
motivaciones de la fe.

GRADUALIDAD EN EL DESARROLLO DE LA SESIÓN DE CATEQUESIS

Al proyectar la sesión, el catequista debe ver con claridad en el enunciado del tema del mensaje qué problemática
humana abordará e iluminará desde la palabra de Dios. Por eso, la sesión avanzará en la siguiente manera:

a) Evocación de las experiencias relacionadas con el tema, tratando de llegar a las motivaciones que están tras
las experiencias y a las que se quiere responder.
b) Diálogo en grupo sobre las experiencias personales (lo vivido y lo que provoca la palabra de Dios en
relación con lo vivido) al hilo del desarrollo del tema.
c) La respuesta que Dios da al grupo desde los hechos y las palabras de la historia de la salvación. El avance
se produce al descubrir cómo en lo vivido ya hay conexión con la fe y en lo propuesto hay un ‘plus’ de
significado al que no llegaríamos nunca por nosotros mismos.
d) Los interrogantes que el encuentro con Dios y su palabra en la comunidad eclesial nos ha planteado a cada
uno. Se resuelven en la experiencia de oración y de celebración, y en el compromiso social; ahí es donde se
gusta, celebra y verifica que la fe transforma la vida.

8.4 Algunas conclusiones pastorales de entender la catequesis como


proceso66

1. Tiene importancia fundamental la primera etapa: la acción misionera. En países de antigua tradición
cristiana es frecuente que esa acción no tenga hondura; en ese caso, la acción catequizadora queda
seriamente dañada, pues no puede desarrollarse bien sin un anuncio misionero previo y claro.
Normalmente, la catequesis está suficientemente organizada, pero no así el ‘primer anuncio’, dada la
reticencia de muchos para dar testimonio de su fe; que la catequesis asuma en ocasiones tareas misioneras
no dispensa a una Iglesia particular de organizar institucionalmente el ‘primer anuncio’ (Cf. DGC 62).
2. Como momento esencial, adquiere importancia decisiva la conversión, como decisión firme por el
seguimiento de Jesús. En ninguna catequesis puede darse por supuesta. Haber nacido en un país de honda
tradición cristiana no dispensa al creyente de esa opción fundamental. A veces se pretende impartir

66
Cf. AA. VV., El concepto de itinerario en la catequesis, en Evangelización. Catequesis. Catequistas, 486-489.
catequesis a personas que necesitan antes un tiempo de anuncio que despierte su adhesión a Jesucristo (Cf.
DGC 276).
3. La catequesis de iniciación es imprescindible para los alejados de la fe que deciden volver a creer. Ésta
tiene unas características propias que no se dan en formas posteriores de catequesis. A veces equivocamos
la oferta: ofrecemos formas diversas de catequesis o formación permanente a quienes necesitan de una
verdadera catequesis de iniciación cristiana.
4. Se hace necesidad imperiosa contar con auténticas comunidades cristianas, integradas por fieles capaces
de una profesión de fe sólida. Es un referente que, a la vez, es meta real del proceso catequizador, para que
no sea estéril la catequesis. De ahí la importancia de que la acción pastoral en su conjunto promueva y
forme pequeñas comunidades eclesiales (Cf. DGC 258).
5. Teniendo claras las etapas y carácter procesual de la catequesis, será más fácil y posible la planificación de
la acción catequística global en los distintos niveles de organización (diócesis, parroquia, comunidad
cristiana), así como la coordinación y sentido de complementariedad de las acciones de quienes trabajan
en las diferentes etapas catequizadoras.
9
Panorama de la historia de la catequesis

No pretendemos una historia completa, sino apenas ofrecer un panorama general y acercarnos a los momentos y
formas más importantes que la catequesis ha tenido en la historia.

9.1 Las épocas apostólica y post-apostólica

LA DIFUSIÓN DEL EVANGELIO EN LA IGLESIA APOSTÓLICA

La podemos apreciar desde cuatro aspectos fundamentales:

1. La predicación. Términos que aparecen en el Nuevo Testamento relacionados con esa actividad son
kerýssein (anunciar, proclamar un gran acontecimiento), del que procede kerygma (anuncio, proclamación);
y euangelizomai (anuncio de una buena noticia), del que procede euangelion (buena noticia). Este último es
el vocablo más usado en el Nuevo Testamento, seguido de martyría (testimonio, confirmación).
Los Hechos de los Apóstoles presentan varios ejemplos de predicación en discursos de Pedro y de Pablo
(2,14-40; 3,12-26; 4,9-12; 5,29-32; 10,34-43; 13,16-41). En todos hay elementos comunes que indican un
contenido básico (Cristo condenado, muerto y sepultado; Dios lo resucitó; en su nombre se anuncia el
perdón; somos testigos de esto) y unos desarrollos que, por repetidos, parecen ser también parte de la
enseñanza común.

2. La enseñanza. En un sentido profano original, el verbo katejein significaba hacer eco, resonar, por el
efecto de voz producido mediante las máscaras que los actores usaban en el teatro para ese fin. En el
Nuevo Testamento no hay ninguna expresión específica referida al sustantivo ‘catequesis’, aunque sí
aparecen los términos ‘catecúmeno’ y ‘catequista’ (Gal 6,6). Sí hay, en cambio, vocablos que tienen el
sentido de resonar, instruir, enseñar, narrar, todos relacionados con el ministerio de la palabra y
describiendo acciones que indican progresión. Se debe a san Pablo (1Cor 14,19) la originalidad de aplicar
y precisar el verbo katejein con el sentido exclusivo de instruir en la fe.

Quien recibe el anuncio de Jesucristo y manifiesta su primera adhesión a la fe necesita fortalecer sus
motivaciones y ampliar sus conocimientos. Así se llegó a distinguir un primer momento de lanzamiento
del mensaje (kerýssein, anunciar; euangelizein, evangelizar; martyrein, testimoniar) de un segundo
momento de explicitación y profundización (didaskein, enseñar; katejein, catequizar; homilein, predicar); e
incluso en ese segundo momento se distingue una primera enseñanza elemental (rudimentos) de otra propia
de los adultos en la fe (Heb 5,12-14; 1Pe 2,2).
Consta que en la época apostólica se desarrolló la instrucción con todos los que ya estaban convertidos
(Hch 28,31; 2Tes 2,15; Ef 4,21). En esa forma ‘resonaba’ el primer anuncio y comenzó la catequesis
primitiva67.

3. Primeras fórmulas de fe. Ya en el Antiguo Testamento se usaban para transmitir la fe diversas fórmulas
breves o pequeños credos históricos (Dt 6,21-25; 26,5-10). Con la misma intención –ayudar a la
interiorización y a la memorización de las verdades fundamentales– aparecen algunas fórmulas
principalmente en las cartas de san Pablo (1Cor 15,3-5; Rom 10,9; 1Cor 1,23; 1Cor 12,3; 2Cor 4,5; 1Tes
4,14). Junto a esos contenidos más doctrinales, aparecen exhortaciones morales orientadas a que la vida
de los que han conocido a Jesucristo esté en consonancia con el ejemplo de su maestro (Ef 4,17-6,20; Col
3,5-4,6; 1Tes 4,1-12).
4. Los evangelios en clave catequética. Es claro que los evangelios se compusieron y redactaron al servicio
de unos objetivos catequéticos, para responder a necesidades concretas que tenían entonces las
comunidades68. Hubo primero algunos fragmentos escritos sobre Jesús, sus palabras y sus actos, y muchos
de ellos fueron usados por los autores de los evangelios. Al redactarlos, la Iglesia tenía ya años de
existencia, de modo que en muchos aspectos reflejan la fe que las comunidades tenían y la forma como
la expresaban. Si al trabajar con los evangelios en la catequesis tenemos presente la clave en que fueron
escritos podrán iluminar mejor la vida de las comunidades actuales.

LA ÉPOCA POST-APOSTÓLICA (SIGLO II)

1 Pasada la época de los testigos directos del Señor resucitado, realidades como la confrontación cultural y
religiosa con el mundo pagano, las primeras herejías, y la estructuración de la catequesis en orden a la iniciación
de los convertidos y a la preparación del bautismo, produjeron dificultades nuevas y nuevas formas doctrinales y
organizativas.

2 También fue a partir del siglo II cuando se perfiló el contenido del término ‘catequesis’. Lo empleó por
primera vez san Clemente de Roma, preferentemente para designar la instrucción fundamental dada a los
candidatos al bautismo. En el siglo III san Hipólito de Roma (autor de La tradición apostólica, en torno al año
215) reconoció ese significado como específico y exclusivo del término y quedó consagrado como la enseñanza
cristiana que se daba dentro de la institución catecumenal.

3 Apareció en esa época el género literario de apología (defensa, respuesta a argumentos o cargos contrarios). El
cristianismo se abría paso como grupo religioso minoritario en un medio extraño, necesitaba eliminar los
prejuicios para facilitar la aceptación de la propuesta del evangelio. La apología intentaba demostrar a los judíos
el mesianismo de Jesús y que en él se cumplen las promesas de Dios; y al mundo pagano, que la filosofía es
compatible con la religión y hasta base para un desarrollo teológico nuevo.

4 Se aprecian ya en esa época catequesis específicas:

 Sobre el símbolo, propuesto y desarrollado según una fórmula trinitaria, tal como vemos en la siguiente
formulación del siglo II:

67
Cf. C. FLORISTÁN, Teología práctica, 423-425; A. LÄPPLE, Breve historia de la catequesis, CCS, Madrid 1988, 30-33.

68
Un ejemplo muy claro es el de los relatos de las tentaciones de Jesús en Mc 1,12-13 y Mt 4,1-11. Puede verse un análisis detallado en
A. LÄPPLE, Breve historia de la catequesis, 19 s. También analiza los procesos de crecimiento del texto a través de cómo fue
transmitido el mensaje cristiano a la primera, segunda e incluso tercera generación de cristianos; toma ahí como ejemplos ilustrativos la
escena del huerto de los olivos en Mc 14,32-42 y Lc 22,39-46, y las palabras de Jesús en la cruz tal como aparecen en los cuatro
evangelistas (Cf. Id., 20-24).
Creo en Dios Padre omnipotente;
y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que nació de María virgen por obra del Espíritu Santo,
fue crucificado bajo Poncio Pilato y sepultado,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos, está sentado a la diestra del Padre,
desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos;
y en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia,
el perdón de los pecados
y la resurrección de la carne.
Denzinger 4

 Sobre los sacramentos, centrada fundamentalmente en el rito bautismal como inicio de la nueva vida,
liberación del pecado y de los poderes del maligno y entrada en la historia de la salvación. Junto al
bautismo, aparece como propia del cristiano la oración del padrenuestro.
 Sobre la moral, presentada sobre la base del esquema hebreo de los dos caminos (vida-muerte, Dt 30,15-
20). Así se encuentra en autores como san Ireneo y san Clemente de Alejandría. También la presenta así la
Didajé (o Doctrina de los doce apóstoles), que es la más antigua fuente de normativa eclesiástica que
poseemos69, pero en este caso incluye preceptos netamente evangélicos, tal como podemos ver:

LOS DOS CAMINOS


I.

1 Hay dos caminos.


Uno de la vida; otro de la muerte.
La diferencia entre ambos es grande.
El camino de la vida

2 Este es el camino de la vida:


en primer lugar, amarás a Dios, el Creador;
en segundo lugar, a tu prójimo como a ti mismo.
No harás a otro cuanto no quieras que se haga contigo.

3 He aquí la enseñanza de estas palabras:


bendecid a los que os maldicen
y orad por vuestros enemigos;
ayunad por los que os persiguen.
¿Qué don concedéis si amáis a los que os aman?
¿No lo hacen también los paganos?
Amad a los que os odian y no tendréis enemigo.
9.2 El catecumenado70

No se conocen con detalle los orígenes de esta importante institución de la Iglesia primitiva, pero es claro que
existía ya a comienzos del siglo III como forma establecida para iniciar en la fe y en la vida cristiana a los paganos
que se sentían atraídos por este nuevo camino.

69
Los últimos estudios la sitúan no antes del año 70 ni más tarde de los primeros años del siglo II (Cuadernos Phase nº 75, 3).

70
Puede verse una amplia descripción y análisis en: M. DUJARIER, Breve historia del catecumenado (Bilbao, Ed. DDB, 1986).
RAZONES PARA QUE SE ESTABLECIERA

1 La rápida extensión del cristianismo durante el siglo II obligó a la Iglesia –en un medio pagano– a organizar
con rigurosidad la iniciación de los candidatos al bautismo. Además, la aparición de las herejías (doctrinas falsas o
deformadas sobre las verdades de la fe cristiana, que comenzaron a extenderse desde fines del siglo I) requería de
una transmisión de la fe autorizada y respaldada por la Iglesia.

2 En todas las demás religiones de la época eran comunes las etapas y ritos de iniciación en sus misterios. Eso
pudo inspirar a los cristianos sobre la forma de iniciar a quienes pedían el bautismo. Sin embargo, aun siendo
cierta esa influencia en su origen, al florecer y desarrollarse el catecumenado a partir del siglo II, lo hizo con
perfiles propios inspirados en el evangelio y en la tradición judeocristiana.
Así se puede apreciar en los principales datos que han llegado hasta nosotros, los cuales proceden de la Iglesia de
Roma y de las del norte de África. Destaca la obra La tradición apostólica, de san Hipólito de Roma, presbítero y
mártir (†235), de la que se perdió el texto original griego pero la conocemos a través de versiones y adaptaciones,
con una fijación actual del texto basada en diversas fuentes por un estudio del año 196371.

FLORECIMIENTO Y DESARROLLO

Los siglos II y III fueron el período típico del catecumenado. Creció el número de los que pedían el bautismo y la
Iglesia quiso cuidar bien la preparación. Lo hizo con una visión claramente pastoral: no sólo dar a conocer la
doctrina, sino acompañar a las personas para que aceptaran la fe y la tradujeran en su vida. Para el recorrido se
establecieron etapas:

1. Catecúmenos. Se consideraba que el anuncio del kerygma correspondía también a los laicos, inmersos en
los diversos ambientes sociales. De los oyentes de ese anuncio, quienes deseaban iniciar su camino hacia la
fe (simpatizantes) eran sometidos a un examen sobre sus condiciones de vida, motivaciones e intenciones.
Lo realizaban catequistas especializados que la comunidad designaba para ello. Testimoniaban sobre el
candidato otras personas que le conocían y respondían de él (sponsores, figura antecedente de los
padrinos). Pasado ese examen, daban su nombre para inscribirse en el grupo de catecúmenos (significa ‘los
que son instruidos’).

La duración de esa etapa variaba según las iglesias y el aprovechamiento. La tradición apostólica fijaba,
para la Iglesia de Roma, tres años: «Los catecúmenos escucharán la palabra durante tres años. Si alguno es
celoso y asimila bien la enseñanza, no se juzgará acerca del tiempo sino que se juzgará sólo sobre el modo
de comportarse» (n. 17).

El contenido de su formación era el kerygma ampliado para ofrecer una enseñanza elemental del
cristianismo. Además, con la guía del sponsor iban entrenándose en la conducta moral según el evangelio.
Asistían a la primera parte de la eucaristía y tenían en la homilía una enseñanza prolongada a lo largo de
toda esa etapa.

2. Competentes. Tras una llamada a los catecúmenos que se consideren preparados y decididos a un nuevo
paso, el primer domingo de cuaresma el obispo examinaba a los candidatos sobre sus intenciones y su
conducta en la etapa de catecumenado; respondían ellos y sus sponsores. Si el examen era favorable,
quedaban inscritos como elegidos o competentes. Recibían instrucción diaria durante la cuaresma y se les
hacían los ritos de exorcismos.

Tras una catequesis de contenido bíblico, el obispo les entregaba y explicaba el símbolo (traditio); ellos
debían aprenderlo, comprenderlo y devolverlo (redditio). En la última semana de cuaresma se hacía lo

71
Cuadernos Phase nº 75, 3 s.
mismo con el padrenuestro para iniciarles en la oración cristiana. Como último rito hacían la renuncia a
Satanás y la adhesión a Jesucristo manifestada en la profesión de fe, como puerta al rito bautismal
celebrado en la noche de pascua. Tras él, los nuevos cristianos recibían la imposición de manos
(confirmación) y participaban en la eucaristía.

3. Neófitos. A lo largo de la semana de pascua los recién iniciados recibían la catequesis sobre los
sacramentos (mistagógica, o iniciación en los misterios). Porque la Iglesia entiende los sacramentos como
acontecimientos de gracia más que como conocimientos, prefiere que primero sean vividos por los nuevos
cristianos y después les sean explicados. A esa catequesis solía acompañar un resumen de toda la vida
cristiana.

EL ACOMPAÑAMIENTO DE LA COMUNIDAD

Era muy importante y significativo en el catecumenado primitivo que toda la comunidad acompañaba a los
aspirantes al bautismo durante toda su preparación. Junto al obispo que admitía a los candidatos y les daba la
catequesis a lo largo de la cuaresma; los catequistas que les habían instruido en la fe durante varios años; los
sponsores que testimoniaban sobre su buena intención y preparación… toda la comunidad a lo largo de la
cuaresma oraba por ellos, participaba en los exorcismos y los acompañaba con el ayuno en las vísperas de su
bautismo. Para los nuevos bautizados significaba un testimonio de la acogida cordial que se les dispensaba y una
garantía de que podrían contar con la comunidad en el nuevo camino que emprendían.

El catecumenado no excluía que se bautizara a niños (Cf. La tradición apostólica 21), pero no contenía ritos ni
catequesis infantiles; los padres o algún familiar respondían por ellos.

LA DECADENCIA DEL CATECUMENADO

A lo largo del siglo IV el cristianismo pasó de ser perseguido a ser tolerado (edicto de Constantino, 313) y más
adelante a ser la religión oficial y única autorizada (392). Eso provocó su extensión a los ambientes rurales y que
muchas personas quisieran hacerse cristianas por asegurarse status social. La nueva situación afectó negativamente
a la institución catecumenal. Empezaron a ser más turbias las motivaciones para hacerse cristiano; muchos se
instalaban en la situación de catecúmeno (ya se le consideraba cristiano) y retrasaban el bautismo hasta el final de
la vida.

En torno al año 400 se trató de remediar la clara debilitación del catecumenado con una nueva estructuración de la
cuaresma y de los ritos previos al bautismo. Después se resumió toda la instrucción catequística en una entrega
ritual de las fórmulas (credo, padrenuestro y evangelios). Hacia el año 500 ya había casos en que se celebraban la
entrada al catecumenado y el bautismo en una misma ceremonia.
En fin, entre los siglos IV y V desapareció el catecumenado como proceso de maduración de la opción
de fe y se sustituyó por una institución litúrgico-pastoral, para unos candidatos al bautismo
insuficientemente convertidos y con motivaciones interesadas. La organización catecumenal de la
cuaresma, estructurada en función de la preparación directa al bautismo, intentó remediar la situación,
pero pudo hacer muy poco porque, al condensar las etapas normales del antiguo catecumenado, los
signos litúrgicos no se correspondían ya con el itinerario humano, no expresaban realidades vividas, no
había una etapa previa a la catequesis ni etapas del sacramento que correspondieran con las del
crecimiento de la fe.
Puede concluirse: «…cuando mejor se realizó la autenticidad de esta perspectiva pastoral fue durante
los tres primeros siglos, en los que la Iglesia misionera trabajaba en un mundo hostil. El día en que la
Iglesia fue reconocida oficialmente, tuvo que hacer frente a un contexto social nuevo y no supo
adaptarse a él»72.

Por fin, se confió a los padres y a los padrinos que aseguraran la educación cristiana de los niños ya bautizados,
una vez que a partir del siglo VI se generalizó el bautismo de los niños nacidos en el seno de familias cristianas.
Pero está claro que no es esa la única razón por la que perdió todo su vigor la institución del catecumenado. Prueba
de ello es que en muchas regiones entre los siglos VI al IX la Iglesia estaba aún en situación de misión y bautizaba
más adultos que niños, pero siempre con exagerada rapidez.

En adelante, la instrucción para los fieles adultos quedó reducida a la predicación, que versaba principalmente
sobre las verdades de la fe y la conducta moral, quedando relegados los temas bíblicos que habían estado tan
presentes en la predicación y catequesis patrísticas.

Testimonios escritos.-

Disponemos hoy de muchos testimonios escritos sobre el catecumenado de los primeros siglos. Los más
importantes y conocidos son los siguientes:

- La Demostración de la predicación apostólica, de san Ireneo, obispo de Lyon, de comienzos del siglo III.

- Los tratados Sobre la oración y Sobre el bautismo, de Tertuliano, presbítero de Alejandría, entre finales del siglo
II y comienzos del siglo III.

- Las Obras de Orígenes, catequista y presbítero de la Iglesia de Antioquia, hacia la primera mitad del siglo III.

- Las Catequesis, de san Cirilo de Jerusalén, pronunciadas en el año 348. Son una serie completa de catequesis de
iniciación cristiana.

- Las Catequesis bautismales, de san Juan Crisóstomo, obispo de Antioquía, escritas hacia el año 390.

- El Tratado sobre los misterios, de san Ambrosio, obispo de Milán. Son catequesis mistagógicas escritas sobre el
año 390.

- El Itinerario, de Egeria, una monja gallega que visitó el oriente en el siglo IV y ofrece el relato de todo el proceso
catecumenal y bautismal que conoció en Jerusalén.

- La tradición apostólica, de Hipólito de Roma, aproximadamente del año 215. Recoge toda la reglamentación de
la iniciación cristiana de ese tiempo en la Iglesia de Roma.

- El tratado Sobre la catequesis a los sencillos (De catechizandis rudibus), de san Agustín, en el año 401. Es el
primer escrito de metodología catequética que se conoce, redactado en forma de carta a un diácono y catequista de
Cartago, de nombre Deogracias, que le pedía orientación.

72
M. DUJARIER, Breve historia del catecumenado, 123.
9.3 La Edad Media

Es el período que transcurre desde el siglo VII, cuando desaparece definitivamente el imperio romano y Europa es
conquistada por los bárbaros, hasta el siglo XV, cuando se dan las expediciones al Nuevo Mundo y en Alemania
aparece el protestantismo, que rompe definitivamente la unidad religiosa de Europa.

LA ALTA EDAD MEDIA (SIGLOS VII – XI)

1 Contexto. Destacan los siguientes datos históricos y religiosos:


 La evangelización de Europa, tanto de la pagana como de la cristiana que había recibido las invasiones
bárbaras. Se prolongó hasta el siglo X. «Muchas veces bastó con la conversión del príncipe para que se
convirtiera toda la tribu. Los intereses políticos se mezclaron frecuentemente con los religiosos, y no sería
aventurado decir que se produjeron conversiones a la fuerza»73.
 La generalización del bautismo de niños y el confiar a los padres y padrinos la instrucción catequística,
con contenidos referentes al símbolo y al padrenuestro, y el complemento de la asistencia familiar a
predicaciones con temas moralizantes74.
 La sustitución de la iniciación cristiana por la socialización, al producirse la cristianización de la
cultura.
 Las escuelas monacales. Desde tiempo del emperador Carlomagno (768-814) se mandó que todo
monasterio y catedral tuviera una escuela para aprender salmos, escritura, gregoriano, gramática, el sentido
de las fiestas eclesiásticas, etc. Aunque tuvieron por objetivo la promoción y formación de vocaciones
sacerdotales y religiosas, también prestaron un gran servicio a la catequesis al formar a esos agentes para
que instruyeran religiosamente al pueblo.

2 Catequesis. Hay pocos testimonios escritos de esta época pero suficientes para apreciar diferencias claras
respecto a la era patrística anterior:

 Hay un desplazamiento de una catequesis cristocéntrica (por Cristo caminamos hacia el Padre movidos
por el Espíritu) a otra centrada en la Santísima Trinidad. Y se pasa de una visión de la fe más
esencialista (quién es Dios y cómo es) a otra más dinámica (cómo actúa Dios en nuestro favor y cómo
caminar hacia Él).
 También hay un desplazamiento de Cristo, Señor resucitado, a Jesús como persona histórica, con
especial atención en investigar su infancia y su pasión y muerte.
 En la imagen eclesial predomina la visión de sociedad jurídica sobre la de la Iglesia como madre.
 El sacramento de la eucaristía aparece muy desdibujado, indicando que quizá no se frecuentaba mucho en
esa época.
 Si la catequesis patrística había acentuado la incorporación del creyente a Cristo mediante la iniciación,
ahora se ponía más relieve en la condición pecadora de la persona humana.

EL ESPLENDOR DE LA EDAD MEDIA (SIGLOS XII – XIII)

1 Contexto. Se acentúa la presencia de la Iglesia en todos los ámbitos de la vida:

73
A. MATESANZ, Historia general de la catequesis, en NDC, Vol. I, 1135.

74
«Condenación de la idolatría, existencia de un Dios único y creador que envió a su Hijo para salvar a los hombres, historia de la
salvación, bautismo, vicios y pecados, novísimos» (A. MATESANZ, Historia general de la catequesis, en NDC, Vol. I, 1136).
 Gran difusión de las órdenes monásticas (benedictinos y cistercienses) que imprimieron un cierto estilo
monacal a toda la sociedad. Los centros de cultura unidos a los monasterios hicieron crecer el nivel medio
de formación, tanto religiosa como profana.
 Aparecen las primeras universidades y asumen una fuerte influencia aristotélica en el pensamiento
teológico. Se plantea el estudio de la fe como el de una ciencia y se fija el estatuto epistemológico de la
teología, intelectualizando la instrucción en la fe. La única reacción a ello fue la de Hugo de San Víctor,
quien subrayó como irrenunciable el elemento meditativo y espiritual al proponer su método de tres pasos
sucesivos: Cogitatio (lectio): pensar, comprender; Meditatio: profundización meditativa; Contemplatio
(operatio): realización existencial.
 Se mantienen las tres formas básicas del ministerio de la palabra, e incluso santo Tomás añade otra. Para
él son cuatro: la que suscita la conversión (hoy, primer anuncio), la que educa en los rudimentos de la fe
(hoy, catequesis de iniciación), la que alimenta diariamente la vida cristiana (hoy, educación permanente de
la fe) y la que enseña los profundos misterios de la fe (hoy, enseñanza de la teología). Incluir la cuarta
como acción del ministerio de la palabra tiene muchas aplicaciones teóricas y prácticas; el Directorio ha
asumido esa inclusión y le ha dado el nombre de ‘catequesis perfectiva’ (Cf. DGC 71).

2 Catequesis. Características de esta época fueron:

 Perdió importancia la Sagrada Escritura. Se usaba más como respaldo de las afirmaciones teológicas
que como fuente de verdad en sí misma.
 Se acentuó el moralismo. El interés principal era la salvación de la persona, de la cual el pecado nos aleja.
Se destacaba menos el amor de Dios Padre y su obra salvadora por medio de su Hijo. La salvación se
aseguraba mediante devociones a los santos y a la Virgen como intercesores y protectores.
 La teología capturó a la catequesis. «Por influencia de la teología científica, la catequesis se hace más
árida y discursiva, convierte en temas candentes algunas cuestiones marginales, se hace antropocéntrica y
moralizante, y favorece una concepción mágica de los sacramentos»75.
 Se usó mucho la expresión artística al servicio de la transmisión de la fe. Muestras de ello son: las
“biblias de los pobres” o colecciones de historias bíblicas en ilustraciones y viñetas; y gran número de
iglesias y catedrales, con más sentido de lugar dedicado a Dios que de lugar de reunión. También son
muestras las devociones, como el viacrucis o el rosario, y representaciones teatrales de los misterios
cristianos, llenas de simbolismo y poesía.

EL DECLIVE DE LA EDAD MEDIA (SIGLOS XIV – XV)

1 Contexto. A mediados del siglo XIV el esplendor anterior entró en un declive vertiginoso. Son hechos
característicos:

 La crisis europea. Se manifestó en el cisma de occidente (dos papas simultáneamente); la epidemia de


peste negra que acabó con un tercio de la población del continente; y el descenso en el espíritu evangélico
de las órdenes religiosas.
 El descenso en la práctica cristiana. La crisis privó a la Iglesia de capacidad de acción pastoral y la vida
cristiana del pueblo se redujo a prácticas sacramentales y devociones, muchas veces mezcladas con
supersticiones. En contraste, fue significativo el pensamiento del franciscano inglés Guillermo de
Ockham, quien aseguraba que la perfección suprema del hombre es someterse a la ley, al deber, porque
éste es el vértice del orden moral.

2 Catequesis. Se vio influida por:

75
A. MATESANZ, Historia general de la catequesis, en NDC, Vol. I, 1137.
 Juan Gerson (1363-1429) y su obra Opus tripartitum de praeceptis decalogi, de confessione et de arte
moriendi. Era partidario del conciliarismo y sus perspectivas teológicas y político-eclesiásticas lo
impulsaron a interesarse por la instrucción del pueblo cristiano y a componer un catecismo en el que
incluyó, en una época histórica tan crítica, datos pastorales y catequéticos que orientaran la fe, la oración y
la preparación a la muerte del cristiano sencillo.
 El pensamiento de Ockham, que hizo derivar la enseñanza catequística hacia: a) dar la primacía a la
obediencia de los mandamientos; b) acentuar lo jurídico por encima de la imitación de Jesucristo; c) dar
preferencia a la ley en detrimento de la verdadera libertad cristiana.
«La ausencia del elemento bíblico, el antropocentrismo y moralismo, y el descuido de la liturgia,
defectos que venían caracterizando la vida cristiana de este período, aparecen ahora agudizados (…) A
esta situación, que ha sido calificada como de vacío catequístico, hubo de suceder lógicamente un serio
intento de reforma»76.

3 Los intentos humanistas. El humanismo fue una forma de pensamiento nacida y extendida desde Italia a lo
largo de los siglos XIV y XV. Exaltaba el individualismo, valoraba a la persona por sí misma y remarcaba la
necesidad de cultivarse en todas las capacidades propias, especialmente las intelectuales. Trató de recuperar el
pensamiento y el arte de los clásicos griegos y romanos. Propició una mayor atención a la Biblia y a la literatura
patrística. Nació en buena medida al margen de la Iglesia y muchos lo consideraron arreligioso y pagano.

Erasmo de Rotterdam (1469-1536) fue el exponente más claro del intento de tender puentes entre el humanismo
y la fe. Escribió dos catecismos: uno breve en 1513, y otro en 1533, con un planteamiento cristocéntrico y
abundantes referencias bíblicas. Ambos subrayaban los aspectos místicos y espirituales de la Iglesia por encima de
los jurídicos y la importancia de las intenciones en el campo moral, manifestando la valoración de la conciencia
subjetiva que caracterizó a los humanistas.

9.4 La Edad Moderna

Va de comienzos del siglo XVI a los del siglo XX. También aquí pueden distinguirse etapas.

REFORMA Y CONTRARREFORMA (DEL SIGLO XVI A LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVIII)

Caracterizan a esta fase histórica: La evangelización de América [será parte del próximo tema] y la toma de
conciencia de que los adultos necesitan una formación cristiana básica, a la vista de su gran ignorancia religiosa y
de un serio deterioro moral.

1 La reforma protestante. Con ella se opuso Martín Lutero en Alemania en los primeros años del siglo XVI a
algunos abusos que encontraba en la Iglesia. Fue excomulgado en 1520.

Desde antes le preocupaba mucho la ignorancia del pueblo sobre la fe, por lo que se dedicó a una predicación
catequística y publicó en 1529 dos catecismos: uno (menor) para instrucción de niños y de gente sencilla (también
para pastores y predicadores indoctos), en forma de preguntas y respuestas para aprender; y otro (mayor) para los
párrocos y predicadores (destinado también a los padres de familia cristianos), con sentido escriturístico, como
ampliación del anterior con otros elementos expositivos.

76
A. MATESANZ, Historia general de la catequesis, en NDC, Vol. I, 1138 s.
La estructura de este segundo era: I. los mandamientos, que enseñan al hombre a reconocerse pecador; II. el
credo, que enseña la misericordia que Dios ha ofrecido en Jesucristo; III. el padrenuestro, que enseña cómo desear
y pedir la gracia; IV. sobre el bautismo; V. el sacramento del altar (y un breve aviso sobre la confesión).
Tienen el gran mérito de ser sencillos, no contener doctrinas o afirmaciones polémicas y estar escritos en un
lenguaje cercano y agradable. Han tenido durante siglos mucho éxito y difusión en todas las iglesias reformadas,
ya que en 1580 fueron declarados textos doctrinales vinculantes en la confesión luterana77.

La función que la reforma de Calvino atribuyó a los catecismos fue unificar los diversos movimientos de reforma
que estaban en ebullición. Con esa intención publicó la Institutio religionis christianae (1536) y otras obras.
Calvino no fue un buen pedagogo pero sí un eficaz organizador de la catequesis en la Iglesia de Ginebra.

2 La contrarreforma. Para hacer frente a la expansión del protestantismo, la Iglesia convocó el concilio de
Trento en 1536, comenzó en 1545 y se clausuró en 1563. Pretendió fijar la doctrina católica sobre los puntos
combatidos o negados por los protestantes y sentar las bases de una reforma de la vida de toda la Iglesia. Impuso
obligación a los obispos y a los párrocos de impartir catequesis en los domingos y festividades. Para eso, dispuso
también que se elaborara el Catecismo Romano, que publicó Pío V en 1566. Mantenía la división clásica de las
cuatro partes de la doctrina cristiana (mandamientos, símbolo, padrenuestro y sacramentos).

Las disposiciones de Trento sobre catequesis e instrucción del pueblo cristiano inspiraron numerosos concilios y
sínodos territoriales. Y también la publicación de otros catecismos:
 Tres de Pedro Canisio (1521-1597): Summa doctrinae christianae en 1555, Catechismus minimus en 1556
y Parvus catechismus catholicorum en 1557; todos con gran éxito por su antiprotestantismo, aunque sin
entrar directamente en polémica78;
 Dos de Roberto Belarmino (1542-1621): Dottrina cristiana breve da imparare a mente en 1597, y
Dichiarazione più copiosa della dottrina cristiana en 1598; también de orientación antiprotestante, muy
sistemáticos, concisos y claros;
 Y otros dos que han tenido multitud de reediciones y han orientado durante siglos la acción catequística en
todo el mundo hispano, aunque América Latina tuvo también una considerable producción propia. Son:
Doctrina cristiana con una exposición breve, del jesuita Jerónimo de Ripalda, en 1591; y Doctrina
cristiana y documentos de crianza, del también jesuita Gaspar de Astete, en 1593. Fueron ampliados por
Juan Antonio de la Riva, en 1800, y por Gabriel Menéndez de Luarca, en 1788, respectivamente.

El estilo, acentos y carencias de uno y otro catecismo configuraron la visión religiosa de muchas
generaciones de cristianos. Reducir a preguntas y respuestas el contenido de la fe –lo más central y lo más
periférico– deja a un lado el principio de jerarquía de verdades, rescatado después por el Vaticano II. Y la
escasez de referencias bíblicas hace que la Palabra de Dios resulta un ‘elemento extraño’ a la iniciación
cristiana.
En fin, la aplicación de los decretos de Trento, a través de numerosos sínodos y concilios locales, hizo que se
generalizara el uso de los catecismos y la costumbre de predicar en las celebraciones litúrgicas, como forma
de luchar contra la ignorancia religiosa. Pero «el contenido catequístico adquirió un cierto tono polémico
antiprotestante, prevaleciendo la formulación dogmática sobre la exposición bíblica y el vocabulario
abstracto sobre la narración histórica»79.

77
Puede verse un amplio análisis sobre la figura y la obra catequética de Lutero en: A. LÄPPLE, Breve historia de la catequesis, 79-86.

78
Puede ampliarse sobre su figura y catecismos en: A. LÄPPLE, Breve historia de la catequesis, 87-92.

79
C. FLORISTÁN, Teología práctica, 427.
ILUSTRACIÓN Y RESTAURACIÓN (SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVIII A COMIENZOS DEL XX)

1 La ‘catequesis ilustrada’. Desde finales del siglo XVII las ideas de la Ilustración exaltaban la razón humana y
pretendían relegar a Dios como última referencia de la verdad y de la moralidad. Al extenderse en muchos países
la escolarización infantil, la catequesis era incluida en los planes de estudio y quedó bajo responsabilidad del
Estado. Eso produjo beneficios:

 Los catequistas, influenciados por la pedagogía científica de la Ilustración (J. J. Rousseau, 1712-1778;
Pestalozzi, 1746-1827) se esforzaron por conocer mejor a sus alumnos para graduar la enseñanza según su
modo de ser, según su edad y su capacidad.
 Recurrieron a la inteligencia más que a la memoria.
 Elaboraron el método de preguntas llamado socrático, que ayuda a los niños a descubrir poco a poco la
verdad que en realidad ya poseían.
 Aprovecharon la historia sagrada para hacer asimilar mejor la doctrina.
 La catequesis ganó en organización: el marco escolar aseguraba un tiempo para que todos los niños
recibieran instrucción religiosa.

Pero también tenía inconvenientes:

 La importancia que se dio a la razón y a la ciencia produjo un sintomático cambio de nombre: la catequesis
se convirtió en enseñanza religiosa, en lo que se indica tanto la variación en los contenidos como el
intelectualismo que sobrecargó a esa enseñanza.
 Los padres fueron descansando en el Estado su responsabilidad en la educación cristiana de sus hijos, pero
muchos quedaban sin escolarizar.

Respuesta a esa carencia fueron fundaciones de instituciones que se dedicaron de un modo especial a la
catequesis de los pobres; entre ellas las fundaciones de san Juan Bautista de La Salle (1651-1719) y la de
san Vicente de Paúl (1581-1660).

Para el hombre ilustrado no podía haber revelación sobrenatural ni autoridad eclesiástica que contradijera a la
razón. Sólo era verdaderamente humana una religión natural, sin dogmas, universalmente vinculante por
encima de cualquier división confesional, y fundamento de la única moral que puede hacer felices a todas las
personas.

Muchos catecismos tuvieron influencia ilustrada. Destacaban la primacía de la moral sobre el dogma, de las
verdades descubiertas por el método socrático sobre la revelación, y dejaban en segundo término los sacramentos.
Aunque hacían apología del cristianismo en el sentido de presentarlo como la religión más natural y más humana,
con la moral más santa y más útil para la felicidad individual y la paz social.

2 Reacción a la ‘catequesis ilustrada’. En ella destacan:

 J. M. Sailer (1751-1832). Tuvo el mérito de plantear la pastoral y la catequética a partir del anuncio del
reino de Dios; el catequista, liberado de la especulación y de los conceptos, debe ser un heraldo del
evangelio.
 J. B. Hirscher (1788-1865), seguidor de Sailer, llegó más lejos en sus planteamientos catequéticos: las
verdades de fe tienen distinta importancia y deben ser jerarquizadas según su conexión con el
acontecimiento central, que es el reino de Dios.
 J. H. Newman (1801-1890). Propuso lo que después se ha llamado ‘unidad didáctica’ con un camino
metodológico en tres momentos: presentación del texto bíblico, exposición sintética del contenido religioso
y transposición de este contenido a las condiciones nuevas vitales del momento presente y a los
destinatarios actuales.
3 La Iglesia empleó muchas de sus fuerzas en luchar contra las ideas ilustradas, distanciándose de las corrientes
culturales del momento. Mantuvo una postura conservadora y polemizante durante todo el siglo XIX, y
prácticamente hasta el concilio Vaticano II. Muestra clara de ello –y que mandó pronto al olvido los intentos de
renovación de Sailer y de Hirscher– fueron las obras de H. J. Denzinger (colección de decisiones dogmáticas
aparecida por primera vez en 1854) y de J. Deharbe: Catecismo de la doctrina cristiana, de 1847, una magnífica
divulgación (lógico, claro, completo, ortodoxo, apologético y aparecido en el momento oportuno) de la
neoescolástica entonces vigente, el cual logró gran difusión y numerosas traducciones. Con ella, la catequesis
siguió reducida en esencia al aprendizaje memorístico de los catecismos.
«A pesar de que intenta ser iniciación a la fe, instrucción religiosa, regla de conducta e interpretación
de la tradición, la catequesis del catecismo, propia de la cristiandad (estado confesional católico y
coherencia Iglesia-sociedad), es una reducción de la teología escolástica de los sacerdotes, usa un
lenguaje abstracto alejado de la pastoral, utiliza poco y mal la Biblia, no parte inductivamente de la
vida y se impone memorísticamente desde arriba con un sentido autoritario doctrinal»80.

9.5 La evolución durante el siglo XX81

1 Con el tiempo, la postura conservadora y polemizante de la Iglesia fue produciendo insatisfacción y


preocupación porque no respondía a un fenómeno creciente de descristianización. Cada vez con más firmeza se
invocó la necesidad de revisar a fondo la acción pastoral y catequística. Así se empezó a gestar desde finales del
siglo XIX el que se ha llamado ‘movimiento catequético’.

Fue bien acogido e impulsado desde Roma con varias contribuciones a su gestación:

 El papa Pío X publicó en 1905 la encíclica Acerbo nimis en la que presentaba la catequesis como remedio a
la ignorancia y desorientación en que vivían los cristianos. Y publicó dos catecismos, uno breve
(Compendio de la doctrina cristiana, en 1905) y otro más amplio en 1912.
 En 1917 el papa Benedicto XV promulgó el Código de Derecho Canónico, donde se recogían y
formulaban como ley general para la Iglesia las disposiciones catequísticas de Pío X, y se acentuaban la
catequesis parroquial, la responsabilidad catequística de los padres y la instrucción religiosa escolar.
 El decreto Provido sane, de Pío XI, en 1935, ordenó la creación en todas las diócesis de un Secretariado de
catequesis que promueva la actividad catequística y procure la formación de los catequistas.

2 Pasos en el desarrollo de la renovación catequética fueron:

 1900-1940: La renovación del método desde su contacto con otras ciencias, especialmente las
pedagógicas y psicológicas (cómo enseñar y a quién). La influencia provino, a partir del congreso de Viena
de 1912, del ‘método de Munich’, que proponía cinco estadios formales de los que tres eran principales:
o (Preparación, o creación de una atmósfera que suscite el interés)
o Presentación del tema, intuitiva, a través de narraciones o comparaciones.
o Explicación, procediendo de lo concreto a lo general y en diálogo con los catequizandos.
o (Resumen)
o Aplicación a la vida concreta, que permite una verificación práctica del contenido de la catequesis.
 1945-1965: La renovación de los contenidos, como inquietud más teológica y pastoral. Éstos se hicieron
más bíblicos, desde el convencimiento de que se debe anunciar el mensaje de la salvación de Dios, del cual
el catequista es testigo gozoso (qué enseñar). El contenido prima sobre el método y éste ha de ser fiel a los

80
C. FLORISTÁN, Teología práctica, 428.

81
Cf. E. ALBERICH, La catequesis en la Iglesia, 9-17; S. MOVILLA, Catequesis, en CFP, 121-126.
lenguajes en que nos llega el mensaje (bíblico, litúrgico, doctrinal y testimonial). Responde a la influencia
de la facultad de Innsbruck y la teología kerigmática, recuperadora de las ideas de Sailer y de Hirscher.
Quizá su mayor exponente para la ‘catequesis kerigmática’ fue J. Colomb (1902-1979), quien puso al
servicio de la catequesis los resultados de los movimientos bíblico y litúrgico, equilibró los contenidos
doctrinales del catecismo y los articuló en una perspectiva cristocéntrica.
«En síntesis, los principales documentos magisteriales sobre la catequesis, en este amplio período, se
circunscriben a estos dos centros de interés: 1) Enseñar la doctrina cristiana. Se identifica ‘dar
catequesis’ con ‘dar catecismo’. La ignorancia del pueblo cristiano preocupa a quienes tienen la
misión de gobierno en la Iglesia. De ahí la urgencia por la instrucción catequética. 2) Articular toda la
tarea catequística en torno a normativas que deben cumplir especialmente los párrocos, y al deber de
los ordinarios de vigilar por su cumplimiento»82.

Pero se tomó así conciencia de que la catequesis no puede reducirse a mera enseñanza; debe prestar
atención a todo el sujeto mediante tareas que son, a la vez, de iniciación, de educación y de
instrucción.
 Ya en las últimas cinco décadas la catequesis ha vivido, junto con la Iglesia, una doble inquietud: 1) mirar
a las fuentes de la vida cristiana (Sagrada Escritura, Tradición) y a la catequesis primitiva; 2) mirar al
sujeto y al clima sociocultural en que está inmerso, e incorporar las aportaciones científicas propicias al
servicio de la fe. Con esa doble fidelidad al mensaje y a la persona humana, la catequesis ha adquirido
sentido nuevo y se ha recuperado el catecumenado83.
El giro antropológico que a partir de los años sesenta experimentó la teología dio lugar a la llamada
‘catequesis de la experiencia’84. Insiste en que el mensaje cristiano hay que transmitirlo a personas
concretas, con determinada mentalidad y situación, como buena noticia para la persona en la medida en que
esclarece el sentido de su vida a partir de sus propios interrogantes y aspiraciones profundas.

 El Concilio significó en el terreno catequético el paso del ‘catecismo’ a la ‘catequesis’. No abordó directa
y explícitamente el tema de la catequesis, pero sí puntos relacionados esencialmente con ella: la revelación
y la fe (Dei verbum), la evangelización (Ad gentes, Apostolicam actuositatem), una nueva concepción
eclesiológica (Lumen gentium, Sacrosanctum concilium, Ad gentes, Gaudium et spes), nuevos horizontes
antropológicos y culturales que abren relación con la cultura moderna (Gravissimun educationis, Dignitatis
humanae), con las confesiones no católicas (Unitatis redintegratio), con las religiones no cristianas (Nostra
aetate), etc. Son perspectivas que inciden profundamente en la actividad catequística. Prueba de ello es que
en el postconcilio se han visto conmovidos todos los elementos que constituyen la catequesis:
contenidos, métodos, lugares, estructuras, destinatarios, agentes, lenguaje, etc.

3 En el postconcilio se produjo mucha búsqueda y creatividad, pero también desconcierto y confusión ante
tantas nuevas ideas: catequesis antropológica, situacional, talante catecumenal, catequesis comunitaria, catequesis
de adultos… Novedades tan profundas siempre provocan sospechas, situaciones de malestar, añoranzas del
pasado, deseos de volver al estilo de otros tiempos.

El concilio inspiró logros innegables en la renovación de la catequesis, pero también se han producido por todas
partes polémicas en torno a nuevos catecismos y textos de religión, enseñanza religiosa escolar, institutos y
centros de formación catequética; y también hay un cierto sentimiento de impotencia ante la dificultad de
transmitir la fe a las nuevas generaciones.

82
A. GIL GARCÍA, Documentos oficiales para la catequesis, en NDC, Vol. I, 673.

83
Cf. V. M. PEDROSA – R. LÁZARO, Catequesis, en NDC, Vol. I, 304.

84
Puede verse una descripción y reflexión sobre la catequesis de la experiencia en: A. TROYO CALDERÓN, La catequesis de la
experiencia, expresión actual de la ley de la Encarnación, en CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO (CELAM), Hacia una
catequesis inculturada. Memorias de la II Semana Latinoamericana de Catequesis, Caracas 1994, DECAT-CELAM, Santafé de Bogotá
1995, 305-313.
La creencia firme de que el concilio abría la puerta a un paisaje nuevo con impulsos teológicos nuevos y una
catequesis abierta y equipada para las necesidades del tiempo presente, ha contrastado con los debates sobre el
espíritu del concilio y las interpretaciones que se han hecho de él, mostrando tendencias contradictorias, todas
las cuales lo invocan a su favor.
Sin embargo, es indudable que en los últimos treinta años se han dado importantes avances en la acción
catequizadora de la Iglesia, que pueden resumirse en los cuatro siguientes pasos85:

 De ser considerada fundamentalmente como enseñanza doctrinal a ser vista como proceso iniciático de
estilo catecumenal (MPD y CT).
 De estar situada en la esfera pastoral a ser un elemento integrante de la acción evangelizadora (DGC 63).
 De estar polarizada en los niños a considerar la catequesis de adultos como punto de referencia de toda
experiencia catequizadora.
 De estar muy influenciada por una perspectiva meramente psicológica a tomar conciencia de las
implicaciones sociales y políticas de la catequesis, las cuales son también parte de la experiencia humana
(Semana Internacional de Catequesis, Medellín 1968).

+ + +

[Pueden ampliarse contenidos de este tema en:

A. LÄPPLE, Breve historia de la catequesis, caps. II a VIII, 16-176

V. M. PEDROSA – R. LÁZARO, Catequesis, en NDC, Vol. I, sec. I, 296-298

A. MATESANZ, Historia general de la catequesis, en NDC, Vol. I, sec. I a V, 1132-1147

M. MATOS – V. M. PEDROSA, Catecismos y catecismo, en NDC, Vol. I, sec. II: “El catecismo en la historia de la
Iglesia”, 266-274.

E. ROMERO POSE, Catequesis en la época patrística, en NDC. Vol. I, 362-374

E. ALBERICH, La catequesis en el contexto del concilio Vaticano II y el posconcilio, Medellín 72 (1992) 773-786]

Puede verse una vista panorámica sintética sobre 20 siglos de catequesis en: A. MORIN, La catequesis ayer,
Medellín 72 (1992) 664-669.

85
Puede verse un desarrollo de los progresos y de las dificultades en: F. GARITANO, Acción catequizadora, en NDC, Vol. I, 37-48. Y un
estudio más amplio en: E. ALBERICH SOTOMAYOR, La catequesis en el contexto del concilio Vaticano II y el posconcilio, Medellín 72
(1992) 773-786.
10
La catequesis en América Latina

No se puede delimitar esa historia al margen de la del conjunto de la acción pastoral de la Iglesia en el continente,
en la cual la catequesis fue factor nuclear. Tomaremos las principales referencias de esa historia en la medida
suficiente para contextualizar el movimiento catequético latinoamericano de las últimas décadas.

10.1 Principales hitos históricos86

EVANGELIZACIÓN FUNDANTE

1 Las cristiandades de los indios se organizaron según la práctica pastoral española de la época, con su misma
decadencia catequística y teológica. Funcionó el sistema del patronato, a raíz de las bulas Inter Coetera y
Eximiae devotionis, de 1493, y desde 1524 el Supremo Consejo de Indias.
La primera experiencia evangelizadora fue la de un ermitaño, Ramón Pané, que acompañó a Colón en su
expedición de 1493. Enseñó a algunos caciques de La Española en su lengua taína las principales oraciones y
artículos de fe. En una Relación escrita en 1496 cuenta una dificultad que encontró: los indígenas percibían la fe
cristiana como algo propio de los españoles opresores87.

Los contenidos y métodos pastorales importados de España se introdujeron en un principio literalmente, pero
enseguida se aprecian esfuerzos de adaptación a las nuevas realidades, como un preludio de una catequesis propia
en América.

2 La primera mitad del siglo XVI marca la expansión misionera. Algunas muestras son:

En 1500 llegaron a la isla de Santo Domingo los primeros misioneros franciscanos y en 1510 se estableció la
comunidad dominicana regida por Pedro de Córdoba.

Por iniciativa suya comenzaron los intentos de evangelización pacífica. Los de 1514 (Fray Francisco de
Córdoba y Fr. Juan Garcés) y 1516 (dominicos y franciscanos) en el norte de Venezuela fracasaron por la
presencia de armadas esclavistas. En 1520 Fray Bartolomé de Las Casas emprendió otra experiencia también

86
Cf. J. V. MICOLTA PIÑEROS, “Proceso de la catequesis en la historia de América Latina”, ponencia en: Primera Semana
Latinoamericana de Catequesis (Quito, 3-10 octubre 1982), DECAT-CELAM 1983, 63-156; Cf. E. GARCÍA AHUMADA, La primera
evangelización de América, Medellín 66 (1991) 240-256; Cf. Id., Jalones para la historia de la catequesis latinoamericana, Medellín
68 (1991) 506-534; Cf. J. A. MORIN, Historia de la catequesis en América Latina, en NDC, Vol. I, 1069-1083; Cf. Id., La catequesis
ayer, Medellín 72 (1992) 669-698.

87
Cf. J. A. MORIN, Historia de la catequesis…, 1069.
fracasada. Pero los intentos fueron una buena muestra de lo que los misioneros pensaban sobre la formación
integral de los indígenas.

Entre 1519 y 1533 llegaron a Nueva España (México) el mercedario Fray Bartolomé de Olmedo, los
franciscanos llamados “los doce apóstoles”, dominicos y agustinos.

Pizarro llegó al Perú con un grupo de dominicos en 1529, y poco después llegaron más dominicos y
franciscanos.

En 1537 de nuevo Fray Bartolomé de Las Casas fue quien condujo en la actual Verapaz de Guatemala una
misión pacífica.
3 El modo de evangelización fue de itinerancia. La enseñanza pasó rápidamente de la mímica al gesto, al uso de
intérpretes y al estudio de las lenguas nativas. Tras conocer éstas, los misioneros normalmente escribían juntos
diccionario, gramática y catecismo, y se transmitían de mano en mano entre los sucesivos misioneros de un lugar.
San Francisco Solano y San Luis Beltrán son ejemplos de esa forma de evangelizar. De entre los muchos
catecismos que se escribieron en América en ese siglo (L. Resines, Catecismos americanos del siglo XVI, 2 tomos,
1992, presenta unas setenta cartillas, doctrinas y catecismos de autores distintos) destacan por su originalidad los
siguientes88:

Doctrina cristiana en lengua mexicana, impresa en 1528 en Amberes por Fray Pedro de Gante, ofm, y su
célebre catecismo en pictogramas para los catequistas indígenas.

Doctrina cristiana para instrucción e información de los indios por manera de historia, de Fray Pedro de
Córdoba, op, confeccionada para la Española pero adaptada a México al imprimirse en forma póstuma en
1544.

Doctrina breve muy provechosa de las cosas que pertenecen a la fe catholica y a nuestra cristiandad en
estilo llano para común inteligencia, publicada en 1544 por el obispo Juan de Zumárraga, ofm, para los
doctrineros de México.

Doctrina cristiana breve en lengua mexicana, de Alonso de Molina, ofm, de 1546.

Catecismo en lengua mexicana y española, de Juan de la Anunciación, osa, publicado con su sermonario en
1577.

Coloquios y doctrina cristiana con los que los doce frailes de san Francisco convirtieron a los indígenas de
la Nueva España, de Bernardino de Sahagún, ofm, con autorización para publicarlos desde 1583 pero
inéditos hasta 1924.

Symbolo Catholico Indiano, publicado por Luis Jerónimo de Oré, ofm, en 1598 en siete cánticos en
castellano, quechua y aymara para variar la enseñanza de los sucesivos días de la semana.
4 El contenido era una simplificación y adaptación del común en la época, abarcando ideas generales sobre Dios,
Jesucristo y la Virgen María, y principalmente oraciones, artículos de fe y mandamientos. «Es admirable descubrir
en el siglo XVI tantas traducciones de catecismos al náhuatl, al maya, al tarasco, etc.; pero uno se queda luego un
poco decepcionado cuando constata que se trata, en muchos casos, de meras traducciones o adaptaciones rápidas
de obras europeas (cartillas medievales, Juan de Ávila, Ripalda…)»89. La pedagogía incluía memorización, autos
sacramentales y escuelas conventuales.

88
Cf. E. GARCÍA AHUMADA, La primera evangelización..., 255; Cf. Id., Jalones para la historia..., 511-513.

89
J. A. MORIN, Historia de la catequesis…, 1080 s.
5 Una valoración global de esa primera etapa arroja en la labor catequística los defectos propios de la época:
exceso de memorización y poco testimonio; insuficiente comprensión y pobreza dogmática; pobreza bíblica de la
catequesis, aunque en América se hicieron numerosas traducciones de textos bíblicos para usar en la liturgia. Pero
fueron elementos valiosos:

 los intentos de unir la evangelización a una acción civilizadora y de dignificación del indio;
 la insistencia en una evangelización pacífica aún a costa del martirio;
 el esfuerzo de adaptación a los destinatarios y a las culturas locales; especialmente a través de variedad de
catecismos, antes de imponerse un afán de uniformidad como consecuencia del concilio de Trento;
 la formación de comunidades como fundamento de la labor evangelizadora, con una interesante autonomía
económica y de gobierno, que dieron origen a doctrinas, parroquias y encomiendas, semilla de la fundación
de diócesis para asegurar la continuidad del esfuerzo misionero;

Todo ello indica que en ninguna manera se trató de una evangelización superficial e improvisada.

LA COLONIA
1 Es la época de organización estable de la pastoral de la Iglesia y de su afianzamiento. Influiría durante siglos en
indígenas, españoles y criollos. La organización se realizó a través de concilios provinciales (quince) y sínodos
diocesanos –más de doscientos en esta época– que planearon y adaptaron la acción pastoral a las diversas
circunstancias y momentos históricos90. Entre todos los que se celebraron destacan para la catequesis los
siguientes:
 El I Concilio de México (1555) reservó a los fiscales indígenas la principal responsabilidad de la
enseñanza catequística91.
 El III Concilio de México (1585) convocado por el arzobispo Pedro Moya de Contreras. Fue considerado
como el “Trento Mexicano”. Puso mucho interés en la labor evangelizadora y catequística de los religiosos.
 El I Concilio de Lima (1551) convocado por el arzobispo Jerónimo de Loayza. Fue decisivo para
organizar la que se llamó “Iglesia de los indios” sobre el antiguo imperio inca. Exigió el catecumenado de
adultos, hecho en su propia lengua, antes del bautismo.
 El III Concilio de Lima (1582-1583) convocado por el arzobispo Toribio de Mogrovejo. Fue, sin duda, el
más importante y significativo de los concilios americanos. Su preocupación central fue la instrucción
religiosa de los más pobres, indios, negros y niños; y su fruto un catecismo que se publicó en castellano,
quechua y aymara, sobre un texto original de José de Acosta, s.j. Tuvo varias versiones: Catecismo breve
para rudos y ocupados; Catecismo mayor para los que son más capaces; y Tercero cathecismo y
exposición de la doctrina christiana por sermones, con 31 sermones para uso de los doctrineros. Además,
santo Toribio mandó componer un “Catecismo mínimo para los indios”. Hubo dificultad para comprender
y para llevar a la práctica el impulso de este concilio y se prefirió el uso de las “Cartillas de la doctrina”,
basadas en los catecismos postridentinos de Jerónimo de Ripalda (1591) y Gaspar Astete (1593), las cuales
requerían un menor esfuerzo por parte de los catequistas.

2 Dos problemas discutidos causaron notables tensiones en el campo de la catequesis: la capacidad de los
indígenas para recibir el bautismo y la oportunidad de hacer bautismos multitudinarios con un rito reducido a lo
esencial. Ambos llegaron a que interviniera el papa Paulo III. En el primer caso, con la bula Sublimis Deus (1537)
reconoció a los indígenas como hombres racionales, capaces de propiedad, de libertad y del beneficio de la fe. En
otra bula del mismo año, Altitudo divini consilii, mandó que, salvo en caso de emergencia, no se omitiera la menor
ceremonia en los bautismos.

90
Para ampliar, cf. E. GARCÍA AHUMADA, Jalones para la historia..., 514-516.

91
Cf. J. A. MORIN, Historia de la catequesis…, 1075.
3 Otros aspectos particulares también relacionados con la catequesis son:

 Esa es la época en que se comenzó a fraguar la religiosidad popular latinoamericana. Con orígenes
importados de España (procesiones, imaginería,...) logró ser autóctona e incluir expresiones propias de
cada región, convirtiéndose en una catequesis en vivo.
 Los laicos asumieron una activa participación en la vida cristiana a través de numerosas cofradías,
congregaciones y órdenes terceras, que permitían ejercer un testimonio de fe y un apostolado laical.
 Particular importancia adquirieron las Reducciones de los jesuitas en los países guaraníes, Brasil, Perú,
Colombia, Ecuador y Venezuela, y las de los franciscanos en México. Fueron una experiencia de
integración entre la formación de la comunidad cristiana y la organización social, económica, política, de
defensa, y el cultivo de las culturas autóctonas y de las lenguas indígenas. La expulsión de los jesuitas en
1767 dejó la experiencia en manos de la rapiña de los colonos o del abandono por parte de los indios.

LA INDEPENDENCIA

1 La separación política trajo una crisis en la pastoral y una clara desaceleración en la catequesis. La Santa Sede
desconfió ante los nuevos estados americanos. Los gobiernos de las nuevas naciones fueron en unos casos
prudentes y respetuosos hacia la Iglesia, pero también hubo en muchos países campañas de los liberales contra
ella. Muchos obispos y sacerdotes que no apoyaron la causa fueron desterrados o prefirieron regresar a España,
dejando muchas sedes vacantes y obras eclesiales suspendidas.

Permanecieron comunidades cristianas enucleadas en torno a la parroquia, la familia y la escuela. La parroquia,


porque mantiene su preocupación formativa contando con agentes como el párroco, padres de familia y
catequistas, y con espacios como misa dominical, catecismo permanente de niños, procesiones, retiros, ejercicios
cuaresmales, fiestas patronales, etc. La familia, porque mantiene el ambiente cristiano en el hogar. Y la escuela
porque, aun siendo todavía incipiente como institución, unía la enseñanza de las primeras letras con las primeras
nociones del catecismo tradicional.
2 En la segunda mitad del siglo XIX se dio un soplo misionero en el que numerosas congregaciones religiosas
llegaron a América Latina. «Si bien marcó un paso atrás en la inculturación del evangelio, que de todos modos
siempre había sido muy limitada, aportó, sin embargo, un nuevo ardor en la evangelización y la catequesis» 92. La
poca preocupación de España y Portugal por formar un clero autóctono produjo gran escasez de sacerdotes
después de la independencia. La llegada de las congregaciones y la nueva visión de unidad de la Iglesia dada por el
concilio Vaticano I (1870), produjo en cada nación efectos como la creación de seminarios y colegios,
multiplicación de misiones urbanas y rurales, florecimiento de universidades, acción de laicos, difusión de
publicaciones de inspiración cristiana, preparación de catequistas, etc. Además, muchas comunidades apostólicas
femeninas (antes sólo se habían conocido monjas enclaustradas), asumieron gran carga pastoral en hospitales,
orfanatos, colegios, asilos, parroquias, evangelización, catequesis, etc.

3 El Concilio Plenario Latinoamericano (1899), convocado por León XIII, se reunió en el Colegio Pío
Latinoamericano. En materia de catequesis su finalidad fue establecer los principios de unidad, de solidaridad y
de unificación, de acuerdo con el pensamiento del concilio Vaticano I. Según eso:

 Bajo la línea maestra del Catecismo Romano de san Pío V de 1566, pidió unidad de doctrina, acuerdo
común de solidaridad entre los obispos de una república o provincia para la publicación de un texto, y
solidaridad de los pastores para la defensa de la doctrina.
 Mandó que en cada república o en cada provincia eclesiástica, de común acuerdo entre los obispos, hubiera
un solo catecismo, excluyendo todos los demás, juntamente con un breve sumario de las cosas más

92
Cf. J. A. MORIN, Historia de la catequesis…, 1081.
necesarias; aunque podían conservarse otros catecismos como explicaciones más abundantes de la doctrina
cristiana.

Entre los agentes de pastoral, y principalmente para la catequesis, es importante que el concilio mencionó a los
seglares como llamados a participar en la misión de enseñar en la Iglesia. Muestra que había una gran estimación
del oficio de catequista dentro de la escala de ministerios de la Iglesia.

EL SIGLO XX

Alcanzaron a América las influencias de los sucesos que conocimos en la historia general [encíclica de san Pío X
Acervo nimis (1905) y catecismos; promulgación del CIC; creación de secretariados diocesanos; renovación
metodológica; renovación centrada en el kerigma]. Estimularon la preocupación de los distintos episcopados por la
formación cristiana y el envío de agentes a centros, especialmente en Alemania y Francia, que formaron a toda una
generación de pastoralistas de Europa y de América.

Las influencias anteriores fraguaron luego en inquietudes y en realizaciones propias:

 Desde la década de 1930 se apreció en varios países la inquietud de movimientos apostólicos por
incorporar a los laicos a la misión eclesial, particularmente a la catequesis. Desde iniciativas particulares
surgió en Chile en 1962 el movimiento de madres catequistas que se formalizó en las ‘Orientaciones
pastorales’ de la Conferencia Episcopal, en 1970, como Catequesis Familiar, extendida hoy por
numerosos países.
 El interés por acceder a la proclamación de la Palabra de Dios y acercarla al pueblo dio lugar a los
‘delegados de la Palabra’, surgidos en Choluteca, Honduras, y extendidos ya por muchos países.
 La creación del Consejo Episcopal Latinoamericano (tuvo su primera asamblea en Río de Janeiro en
1955) impulsó la coordinación de esfuerzos pastorales a escala continental. Se concretó en los cursos del
Instituto Catequístico Latinoamericano, con sedes en Santiago de Chile y en Manizales, Colombia, que,
fusionado luego con el Instituto Pastoral Latinoamericano (IPLA), creado en Quito en 1968, dieron lugar al
Instituto Teológico Pastoral del CELAM (ITEPAL), en Medellín en 1974. En los años 60 esas instituciones
prestaron ayuda de un equipo itinerante para establecer los Secretariados Nacionales de Catequesis. La
unificación abarcó también a las publicaciones y revistas de cada uno de los centros, concentradas en la
revista Medellín que publica el ITEPAL.
 La VII Semana Internacional de Catequesis, en Medellín, en 1968, fue patrocinada por esos institutos del
CELAM y marcó pautas en el ámbito mundial sobre una catequesis liberadora. En el ámbito continental se
han celebrado después Semanas Latinoamericanas de Catequesis; una en 1982 en Quito, otra en 1994 en
Caracas.

10.2 Renovación de la catequesis en América Latina


Las influencias europeas y el impulso del concilio Vaticano II fraguaron en un movimiento catequético con
características propias, cuyos pasos y evolución se pueden seguir en las tres Semanas de Catequesis mencionadas
(Medellín, Quito, Caracas), íntimamente relacionadas con las asambleas del CELAM de Medellín, Puebla y Santo
Domingo. Los adjetivos que describen la andadura latinoamericana más reciente de la catequesis son: liberadora e
inculturada93.

93
Puede leerse con provecho: F. MERLOS, La catequesis latinoamericana de cara a las culturas amerindias, a la religiosidad popular y a
la teología de la liberación, Medellín 72 (1992) 787-794.
CATEQUESIS LIBERADORA94

1 El Vaticano II, un concilio pastoral, dio como principio inspirador que no parece posible renovar nada
significativo a través de la acción pastoral si primero no se cuestiona la teología que inspira, nutre y sustenta a la
praxis. La Iglesia latinoamericana recogió ese compromiso y se dio a la tarea de revisar su mentalidad teológica
e iniciar un nuevo modo de hacer teología. La Conferencia del CELAM de Medellín (1968) abrió un nuevo
período histórico que dio paso a una Iglesia con identidad propia que buscaba de manera eficaz y urgente poner en
práctica las orientaciones del concilio.
La catequesis se benefició mucho de ese despertar teológico. «Las líneas que se tomarán, en base al documento de
Medellín, son: catequesis situacional, catequesis evangelizadora y re-evangelizadora, catequesis liberadora,
catequesis pluralista, catequesis unitaria, catequesis comunitaria y catequesis en búsqueda continua. Con dos
polos: fidelidad a Dios y al hombre. Destinatarios especiales: adultos»95.

2 Antes de hacer teología, la liberación –y más en el contexto latinoamericano–es para toda persona un
irresistible anhelo y un estímulo para sobrevivir. Y es un elemento consustancial a la fe cristiana en un Dios
empeñado por crear a la persona espacios de libertad y senderos de liberación. Sin pretender un balance de las
diversas corrientes teológicas inspiradas en la liberación, sí debe reconocerse que han obligado a mirar la teología
de otra manera y han rescatado la tradición de que el quehacer teológico no es patrimonio de grupos privilegiados
sino tarea de la comunidad eclesial. Han proporcionado, además, grandes ejes que dan soporte a una catequesis de
signo liberador:

 Tienen su punto de partida en una inserción solidaria en el mundo de los oprimidos.


 Desencadenan un proceso de reinterpretación del conjunto del misterio cristiano desde la realidad y desde
la óptica de los pobres, como lugar teológico.
 Leen las fuentes (Palabra de Dios, tradición) a la luz del magisterio de la Iglesia, de la fe de todo el pueblo
de Dios y de las situaciones de pecado social.
 Acentúan la congregación en comunidad de creyentes que viven su existencia cristiana en el seguimiento
de Jesús, paradigma de pobreza.
 Recogen la tradición profética que desenmascara todas las formas de idolatría que pretenden sustituir al
Dios vivo.
 Tienen su horizonte en promover un modelo de persona, de sociedad y de Iglesia fundado en los valores
esenciales del evangelio del Reino.
 Deben gran parte de su influencia al método que utilizan: ver analítico (mediación socioanalítica), juzgar
teológico (mediación hermenéutica) y actuar pastoral (mediación práctica).

3 En ese marco, podemos recoger en varias proposiciones –que componen juntas una descripción global– lo que
significa hoy en América Latina la catequesis liberadora:

 El entorno. La catequesis liberadora se inscribe en un contexto latinoamericano de pobreza engendrada por


mecanismos de opresión y de injusticia. El reconocimiento del pecado personal en el pecado colectivo
permite ponerse en camino de conversión.
 La matriz. Se sitúa en el marco de la evangelización como matriz y sustento de toda acción eclesial. Una
comunidad que sabe que debe comenzar por evangelizarse a sí misma como condición para llevarla a otros.
 El mensaje. Anuncia un mensaje cuya fuerza promueve la dignidad integral de las personas, invitándolas a
liberarse de sus esclavitudes. En el centro de la catequesis encontramos esencialmente a Jesucristo. Pero la
fe en él sólo es madura cuando logra penetrar en la vida y en las realidades humanas donde se vive
concretamente el seguimiento de Jesús. La catequesis liberadora busca iluminar a los creyentes sobre su

94
Puede verse y ampliar en: F. MERLOS, Catequesis liberadora en América Latina, en NDC, Vol. I, 398-411; R. E. GRZONA – V. M.
PEDROSA, Movimiento catequético latinoamericano, en NDC, Vol. II, 1587-1611.

95
R. E. GRZONA – V. M. PEDROSA, Movimiento catequético latinoamericano, 1588.
llamada a romper con toda situación de pecado personal y social, pone en manos de todos el evangelio de
la liberación cristiana, y descubre la necesidad de formar la conciencia moral del cristiano hacia la
transformación de lo temporal según los criterios del evangelio.
 La mediación. Desde una Iglesia, sacramento del Reino, solidaria con las causas de la justicia. Una Iglesia
comprometida con la catequesis liberadora llega a sus interlocutores con una palabra persuasiva, con
acciones eficaces de promoción integral, con un vigoroso testimonio de liberación en su interior y con una
evangélica convicción acerca de la persona, especialmente pobre, asumida como el valor supremo de la
creación.
 La pedagogía. A través del ministerio profético de hombres y mujeres que practican la pedagogía
liberadora de Dios, revelada en Jesús. Según ella: Jesús parte siempre de situaciones concretas y de
problemas reales; su presencia, palabra, actitudes y comportamientos cuestionan siempre a las personas,
pero dentro de un gran respeto a su libertad; entrena a los discípulos para el servicio, sirviéndolos; su
pedagogía se opera en estrecha relación con el Espíritu y en un diálogo continuo con el Padre.
 Los propósitos. Para edificar al hombre nuevo y a la nueva humanidad según el designio liberador de
Dios. La catequesis liberadora se realiza bajo la doble exigencia de la dimensión divina y humana del
misterio de Cristo, ambas como consustanciales a la fe: por una parte, busca restituir la dignidad perdida
por el pecado, lo cual le pide una actitud de conversión personal; por otra, induce a la persona a descubrir
su vocación a la justicia y a la fraternidad como expresiones sociales de esa conversión.

CATEQUESIS INCULTURADA96

Las orientaciones y realizaciones concretas de las últimas décadas parten de la VII Semana Internacional de
Catequesis y de la II Conferencia del CELAM, ambas en Medellín en 1968, y se extienden hasta la II Semana
Latinoamericana de Catequesis, en Caracas en 1994, encuentro asumido, a su vez, en La catequesis en América
Latina, en 1999.
1 Medellín. (II Conferencia del CELAM, 1968). Su capítulo dedicado a la catequesis tuvo fuerte influencia de la
VII Semana Internacional, celebrada allí mismo unas semanas antes 97. Entre las prioridades que fijó para la
renovación catequética en el continente destacan:

 Que la catequesis se funde en una teología de la revelación, fiel a la transmisión del mensaje bíblico en su
contenido doctrinal y «sobre todo [fiel] a la realidad vital encarnada en los hechos de la vida del hombre de
hoy» (8, 6).
 Que la catequesis asuma como contenido «las situaciones históricas y las aspiraciones auténticamente
humanas del hombre y de la mujer de Latinoamérica, interpretadas a la luz de las experiencias vivenciales
del pueblo de Israel, de Cristo y de la comunidad eclesial» (8, 6).
 Que la catequesis asuma como tarea, ante los cambios sociales que exige el momento histórico actual,
ayudar a la evolución integral del hombre y la mujer latinoamericanos, orientándolos para que sean fieles al
evangelio (8, 7).
 Que la catequesis adapte sus contenidos y métodos a la diversidad de lenguas y a la variedad de situaciones
y culturas (8, 8).
2 Congreso catequístico internacional (Roma, 1971). Los representantes de América Latina dibujaron la
catequesis con las siguientes características: en medio de tensión ambiental, principalmente por el factor del
desequilibrio económico; situacional (las situaciones humanas analizadas como lugar catequético);
concientizadora; dirigida a la promoción humana y a la promoción evangelizadora; con reflejo político; liberadora;
en revisión de su teoría y de su praxis; fiel a los grupos humanos; abierta a un pluralismo de métodos y de formas,

96
Puede verse como aclaración de los términos: A. Fossion, Catequesis y cultura: el proceso de inculturación, Medellín 72 (1992) 819-
824. También puede verse y ampliar en: J. M. BENÍTEZ, Catequesis e inculturación de la fe en Latinoamérica, en NDC, Vol. I, 353-361;
R. E. GRZONA – V. M. PEDROSA, Movimiento catequético latinoamericano, en NDC, Vol. II, 1587-1611.

97
Cf. Orientaciones generales de la Semana Internacional de Catequesis de Medellín, Catequesis Latinoaméricana 1 (1969)
[seguramente es número monográfico dedicado a esa Semana Internacional].
pero que coincidan en promover un proceso de toma de conciencia y personalización, en búsqueda de una sociedad
más conforme con el designio divino; creativa, para ser fiel a la palabra de Dios y al momento histórico98.

Más tarde, en vísperas del sínodo sobre la catequesis (1977) el CELAM reafirmaba que la catequesis situacional
era la característica de Latinoamérica y que las comunidades eclesiales de base (CEB) eran el lugar preferencial
para realizarla.

3 Puebla. (III Conferencia del CELAM, 1979). Entre las actitudes que revelan la autenticidad de la
evangelización incluye: «La fidelidad a los signos de la presencia y de la acción del Espíritu en los pueblos y en las
culturas que sean expresión de las legítimas aspiraciones de los hombres» (379).

Entre otros aspectos que valora positivamente en el desarrollo logrado a partir de Medellín incluye: «Un
esfuerzo sincero para integrar vida y fe, historia humana e historia de la salvación, situación humana y doctrina
revelada, a fin de que el hombre consiga su verdadera liberación» (979).

Y entre los criterios teológicos incluye el de fidelidad al hombre latinoamericano: «…exige de la catequesis que
penetre, asuma y purifique los valores de su cultura. Por lo tanto, que se empeñe en el uso y adaptación del
lenguaje catequístico» (996).
«El discurso de Medellín era nuevo, dejaba un gran espacio a la creatividad del catequista, pero incluía
sus riesgos; precisamente a partir de él muchos “politizaron el evangelio en vez de evangelizar la
política”. Puebla en catequesis planteó un discurso más sereno, más completo (integrador). Existe un
espacio creativo para el verdadero catequista, pero su creatividad aparece orientada. Puebla añadió a
Medellín, en el campo de la catequesis, que ésta no se debe impartir sólo para liberarnos de la opresión,
sino para construir la comunión y la participación»99.
4 Quito. (I Semana Latinoamericana, 1982). Su documento final con el título La comunidad catequizadora en el
presente y futuro de América Latina100 deja claro que el encuentro buscaba realizar una lectura catequética del
documento de Puebla. Sin usar expresamente el término ‘inculturación’, asume algunos rasgos de una catequesis
inculturada, como son:
 La comunidad catequizadora debe asumir las culturas y la religiosidad popular. «Si la cultura es el
modo propio y original como cada persona y comunidad se relaciona con Dios, con las personas y con el
mundo, la comunidad catequizadora en América Latina estará siempre convencida de que no habrá
educación de la fe profunda y seria, mientras no estudie, discierna y asuma las culturas de sus pueblos»101.
 La catequesis debe asumir el lenguaje del pueblo latinoamericano, su manera propia de expresarse,
sencilla, directa, festiva, espontánea, centrada en la propia experiencia. Para ello, la comunidad debe
escoger y formar catequistas y capacitarles para leer la intervención de Dios dentro de la compleja historia
del pueblo latinoamericano102.

En estos años ya era clara una conciencia de ‘paso del catecismo a la catequesis’, apreciable en los tipos de
catequesis que surgen, en el interés por el catequizando, en el aumento de catequistas y de escuelas para
formarlos, en congresos, en documentos del magisterio local y universal y en abundancia de materiales para
la formación permanente.

98
Cf. Características y posibilidades de la catequesis en América Latina, Catequesis Latinoamericana 13 (1971) 698-706 [es número
monográfico dedicado a actas del Congreso Catequístico Internacional, Roma 20-25 sept. 1971].

99
R. E. GRZONA – V. M. PEDROSA, Movimiento catequético latinoamericano, 1591.

100
DECAT-CELAM, Bogotá 1983.

101
La comunidad catequizadora…, 4.2, p. 40.

102
Cf. La comunidad catequizadora…, 5, pp. 45-48.
5 Santo Domingo. (IV Conferencia del CELAM, 1992). Sus orientaciones sobre la catequesis se sitúan dentro de
las tres grandes líneas pastorales propuestas por Juan Pablo II: la nueva evangelización, la promoción humana
integral y una evangelización inculturada. Pero a la hora de las propuestas catequéticas las presenta principalmente
en torno a la primera línea pastoral. Así, hizo una opción decidida (49) por:

 Una catequesis kerigmática (41) y misionera, en primer lugar, y una catequesis de maduración de la fe,
en segundo lugar. Los sujetos de la catequesis kerigmática son los que se han alejado de la casa paterna, los
bautizados que no orientan su vida según el evangelio (129-130), los indiferentes que consideran a Dios
inútil o nocivo para la vida humana (153-155) y los muchos bautizados que cultivan prácticas
supersticiosas o pseudorreligiosas de carácter orientalista (155-156). Para esa catequesis se requieren más
catequistas y agentes pastorales que «serán instrumentos especialmente eficaces de la inculturación del
evangelio» (49) y como laicos puedan iluminar desde la palabra de Dios su propia realidad personal,
comunitaria y social (94-95).
 Una catequesis como itinerario continuado desde la infancia hasta la edad adulta (49), al insistir mucho
en la formación de laicos integral, gradual y permanente (99), y no olvidar a los niños (221), adolescentes
(115, 119-120) y jóvenes (81, 111, 119), ni situaciones especiales como inmigrantes (189) o religiosidad
popular (38-39, 53, 240). Urge, en fin, la continua educación de la fe por medio de la catequesis (294).
 Los catecismos, como subsidios muy importantes para la catequesis que «son a la vez camino y fruto de un
proceso de inculturación de la fe» (49). Ese proceso tiene su raíz en la encarnación de Cristo, principio que
exige una proclamación que haga más cercano el mismo evangelio de siempre a las nuevas realidades
culturales (30, 298-300, 302). Tiene como protagonistas a los laicos, a quienes se debe capacitar para
encarnar el evangelio en las situaciones específicas donde viven o actúan (60, 103, 251, 254). Tiene un
factor primordial en la liturgia, pues es especialmente a través de ella como el evangelio penetra en el
corazón mismo de las culturas (35).

Y, porque la inculturación del evangelio se refiere no sólo al mensaje sino a toda la vida comunitaria de la Iglesia,
pidió: «realizar una pastoral urbanamente inculturada en relación a la catequesis, a la liturgia y a la organización de
la Iglesia (…) El proceso de inculturación abarca el anuncio, la asimilación y la reexpresión de la fe» (256).

Se aprecia en esta Conferencia una notable preocupación por el gran número de bautizados no
convertidos que desconocen las verdades fundamentales de la fe y están alejados de la Iglesia aunque
cultivan prácticas de religiosidad popular. De ahí la insistencia en una catequesis kerigmática que
preceda a otra de maduración de la fe.

Aunque confiesan la continuidad con las Conferencias anteriores, Medellín y Puebla lograron páginas
más lúcidas sobre la catequesis, una en el marco de la proyección del Vaticano II sobre América Latina,
otra en el contexto de evangelización suscitado por la Evangelii nuntiandi. Aunque asume principios y
líneas catequéticas muy importantes, en Santo Domingo falta precisión en el concepto de catequesis y una
mínima exposición sistemática sobre la acción catequística y sus elementos.

Sin embargo, logra un progreso en el enfoque catequético. Medellín abordó la catequesis en función de la
promoción humana a la luz del Vaticano II. Puebla trató esa promoción humana bajo el prisma de la
evangelización, uno de cuyos ingredientes notables –una etapa– es la catequesis. En Santo Domingo se
asume la urgencia de una nueva evangelización, desde ella se abordan la promoción humana y un aspecto
apenas tocado en las Conferencias anteriores: la inculturación del evangelio, en función tanto de la
missio ad gentes como de la missio ad intra de la Iglesia en países tradicionalmente cristianos.
6 Caracas. (II Semana Latinoamericana, 1994). El título de su documento, Hacia una catequesis inculturada103,
indica su intención de proponer las líneas que deben enmarcar la catequesis inculturada. Las que describe en
sus conclusiones104 son:

103
DECAT-CELAM, Bogotá 1995.

104
Hacia una catequesis inculturada, pp.363-409.
 Las imágenes de Jesús inculturadas en nuestro pueblo que deben ser tenidas en cuenta por la catequesis
para poder hablar del Jesús concreto que cada pueblo reconoce como propio y llevar a un encuentro y
adhesión con él. Entre todas resaltan la del Cristo sufriente, «como respuesta al sufrimiento del pueblo
latinoamericano» (50), y la del Cristo liberador, «que manifiesta la solidaridad de Dios con el pobre» (54).
 Los principios de inculturación utilizados por Jesús, como modélicos. La inculturación no depende de
principios o normas sino de la acción y actitud de sus agentes; la de los catequistas debe ser auténticamente
inculturadora en cuanto actuación (como el Espíritu Santo en la Encarnación, 58), en lenguaje (popular
como el de Jesús, 60), en el uso y significado de elementos comunes (63), en la comunión con los
sentimientos del pueblo (64); en fin, encarnándose en Jesús como él se encarnó en nosotros (68).
 Las lecciones de la historia. Para ello propone: formar a los catequistas en mentalidad de proceso (la fe
nos llega de una cadena de testigos) y ubicarlos históricamente en su pueblo y su cultura (80); y tomar el
ejemplo de los primeros evangelizadores, que defendieron los derechos y dignidad de los aborígenes
(73), apreciaron sus culturas y estudiaron sus lenguas y formaron misioneros indígenas para evangelizar en
sus propios pueblos (74).
 Los fundamentos teológicos para la inculturación de la catequesis. Parte del misterio de la encarnación
(88) hacia el fortalecimiento permanente de la «Iglesia particular con rostro propio y en comunión con toda
la Iglesia» (94).

Señala cuatro criterios metodológicos fundamentales: 1) la búsqueda e identificación con Cristo, Dios
encarnado en el hombre; 2) el carácter situacional de la catequesis, que incluye el ver, juzgar, actuar,
revisar y celebrar; 3) salir al encuentro del catequizando, partir de su realidad y de sus preocupaciones, usar
su mismo lenguaje; 4) catequesis como proceso permanente, sistemático y gradual. (104-107).

En cuanto al contenido, debe incluir: la promoción humana, la espiritualidad del acompañamiento, las
riquezas religiosas y espirituales de las diversas culturas y las legítimas aspiraciones de las personas y
pueblos (108-116).

 Propuestas concretas para la inculturación:


o En cuanto a catecismos e instrumentos propone un catecismo básico para cada etnia o cultura
interétnica (119), la Biblia como «el libro por excelencia de la educación de la fe» (123), los medios
de comunicación (134).
o Propone una atención especialísima a la formación de los catequistas (136-141).
o Referente a contenidos propone «acentuar la opción de Jesucristo por los pobres» (148); su imagen
de evangelizador y profeta (150); su imagen de «resucitado, cercano, viviente, comprometedor al
enviarnos» (151); el discernimiento sobre la presencia de Dios en las situaciones humanas (155)
para «presentar el paso de menos humanas a más humanas como manifestaciones de la acción de
Dios con nuestra participación en la historia» (158); presentar testigos de la fe desde los modelos
autóctonos (160).
o Sobre metodología propone la pedagogía de Jesús (91; 163); apoyar los procedimientos dialogales
(173); respetar el ritmo de asimilación de la fe en personas y comunidades (174); ante situaciones
de sincretismo, acompañar procesos que ayuden a rescatar lo compatible y a superar lo que esté
marcado por pecado e ignorancia (177); asumir la promoción humana, dignidad y derechos de las
personas (186); priorizar la catequesis de jóvenes y adultos orientándolos a participar en las
decisiones transformadoras de la familia, la sociedad y la cultura (187); privilegiar a la familia y a
las pequeñas comunidades (202).

7 La catequesis en América Latina. Dedica al tema el capítulo 5: Inculturación y catequesis, (100-110), que es
completamente nuevo respecto a las ediciones anteriores de Líneas comunes de orientación para la catequesis en
América Latina. Asume con referencia explícita la Semana de Caracas y divide el capítulo en tres secciones:

 Fundamentos. Presenta la inculturación como una realidad que siempre estuvo presente en la misión de la
Iglesia y es consecuencia de los misterios de la Creación y de la Encarnación. Por ser consecuencia del
primero, y a pesar de las desviaciones y pecados de la humanidad, «en las diferentes y múltiples culturas se
encuentra la presencia del Espíritu que alienta y vivifica lo mejor de cada una de ellas» (102).
 Criterios. Alude a un criterio básico con dos vertientes: la integridad de la fe y la comunión con las
iglesias locales, haciendo referencias a DGC 111 y 105, respectivamente. Otro criterio es el de
organicidad y jerarquía de las verdades, y otro es la convicción de fe que toda cultura está de alguna
manera tocada por el Espíritu aun antes de una evangelización explícita. La inculturación es un proceso
profundo y un camino lento, no es moda pasajera (107, cita a DGC 109) y tampoco es sincretismo (108,
cita a Santo Domingo 230).
 Caminos. Asume algunas de las propuestas de la Semana de Caracas sobre los evangelizadores y el
lenguaje.

+ + +

[Para ampliar este tema pueden verse, además de los artículos del NDC citados:

Catequesis latinoamericana del V Centenario al III Milenio. Congreso internacional de catequesis. Sevilla-
España, Medellín 72 (1992) Monográfico.

DECAT-CELAM, Catequesis en América Latina. Dieciocho años de producción catequética 1968-1986,


CELAM, Santafé de Bogotá 1987. Es un elenco que recoge: I. Obras (adultos, jóvenes, niños, escolar,
especializada, familiar, campesinos, CEB, indígenas, obreros, sacramentos, Biblia, familia, liturgia, formación de
catequistas); II. Revistas; III. Material audiovisual catequístico; IV. Centros de formación para catequistas. (Sto.
Tomás, CC-I-16, 1336)

Un seguimiento sistemático de la catequesis entre Medellín y Santo Domingo, recogido en cuadros, en: R.
GRZONA, La catequesis en América Latina. Orientaciones del magisterio, Medellín 72 (1992) 825-850].
11
La renovación catequética posconciliar

Conocimos esta renovación en los temas anteriores al ver los datos más sobresalientes de la historia de la
catequesis en la Iglesia. Constatamos que las formas de catequizar variaron a lo largo de los siglos y que los
acentos de la catequesis no fueron los mismos en cada época. Por cauces diversos se han abierto camino nuevas
líneas de fuerza que hoy enriquecen a la catequesis y la hacen mucho más capaz de responder a las necesidades
históricas del momento.

Es importante caer en la cuenta de que la catequesis actual es heredera de una serie de movimientos de renovación
a lo largo del siglo XX en la Iglesia, los cuales se han integrado en la conciencia de la comunidad evangelizadora y
catequizadora. Ya nos referimos a esos movimientos en el tema introductorio (Cf. 0.3) y en la historia de la
catequesis en el siglo XX (Cf. 9.5). Lo que queremos hacer ahora, para una mayor claridad, es reunir
sintéticamente todas esas fuerzas que han estado en la base y sustentan la renovación que ha vivido la catequesis y
la forma en que se hace hoy. Previamente nos detenemos un momento en el concilio Vaticano II, punto vértice de
la renovación catequética y de toda la vida y reflexión eclesiales.

11.1 El concilio y la catequesis


1 El Vaticano II no trató directamente de la catequesis. Pero fueron las grandes cuestiones del concilio las que
ayudarían a revisar los principios sobre los que se venía reconstruyendo la catequesis. Esas grandes cuestiones
fueron: una teología renovada de la Revelación (DV), una nueva teología de la Iglesia (LG, SC, AG), una nueva
concepción de evangelización y de ecumenismo (AG, UR) y nuevos horizontes antropológicos, culturales y
sociales (GS). Todas esos temas incidieron en la actividad catequística, renovada cuando quedó iluminada por
ellos en lo referente a su identidad, finalidad, mensaje, destinatarios, metodología, ámbitos, sujetos, etc. Además,
el concilio pidió que se elaborara «un directorio de la formación catequética del pueblo cristiano, en el que se
trate de los principios fundamentales y de la organización de esta formación y de la elaboración de los libros que a
ella se destinen» (CD 44). A su vez, el movimiento catequético en toda la Iglesia ha sido una de las acciones que
más ha contribuido a la recepción del propio concilio105.

2 Aun sin ser directa, la influencia del concilio ha hecho que se pueda describir la situación actual de la catequesis
en la forma siguiente:
«De una catequesis eclesial de conservación se ha pasado a una catequesis social de liberación; de la
catequesis de cristiandad se ha llegado a una catequesis evangelizadora. Además de otras direcciones
conservadoras, se dan en muchos países católicos tres tipos de tendencias: la catequesis bíblica,

105
Puede verse un buen desarrollo de la cuestión en: V. M. PEDROSA, Vaticano II y catequesis, en NDC, Vol. II, 2250-2264.
centrada en la historia de la salvación; la catequesis experiencial, basada en la experiencia existencial y
la catequesis liberadora, influida por la teología de la liberación.
En síntesis, puede decirse que la catequesis posconciliar se encuadra en la comunidad cristiana (antes
era individual), pone el acento en los adultos (no exclusivamente en los niños), presenta un nuevo
rostro de Dios (más cercano, misericordioso y entrañable, frente al Dios juez, severo y lejano de otros
tiempos), se sitúa con relación a la justicia en la sociedad que nos toca vivir (antes era el acto
catequístico intemporal y ahistórico), sintoniza con la cultura actual (no con la de otros tiempos ya
pasados) e intenta que la fe arraigue y madure en el humanismo de cada persona y de toda la
comunidad (no sólo en la memoria o en el conocimiento)»106.

11.2 Los impulsos a la renovación de la catequesis

Los podemos sintetizar en el siguiente cuadro:

1. Movimiento bíblico

7. Nuevas síntesis de la fe    2. Catequesis kerigmática

6. Movimiento comunitario  Movimiento catequético  3. Movimiento litúrgico

5. Catequesis política    4. Ciencias del hombre


Catequesis actual:
Nueva evangelización
Catequesis iniciática

LA RENOVACIÓN BÍBLICA

En los primeros siglos de la Iglesia se dio una permanente y abundante presencia de la palabra bíblica en la
instrucción catequística, en la liturgia, la oración, el arte… La situación de cristiandad y el desuso de las lenguas
clásicas (griego y latín) reservó el estudio y lectura de la Biblia a grupos reducidos de ilustrados, sacerdotes y
predicadores. La libre interpretación bíblica promovida por la reforma protestante replegó a la Iglesia a la
defensiva, alejando a los fieles católicos de la lectura y meditación de la Sagrada Escritura.
Esa era la situación cuando a fines del siglo XIX surgió en varios países un movimiento que promovía el estudio e
investigación de la Biblia y su difusión a los fieles. Se avanzó mucho en la interpretación, los papas León XIII
(Providentissimus Deus) y Pío XII (Divino Afflante Spiritu) lo estimularon con sus cartas encíclicas, y se hicieron
numerosas traducciones de la Biblia a las lenguas vulgares. Después, la constitución Dei Verbum del Vaticano II
respaldó esos esfuerzos y vino a ser punto de partida de un resurgimiento bíblico posconciliar. Todo ello ha tenido
una influencia muy positiva en la catequesis (en el tema 4, “La catequesis y la dimensión cognoscitiva de la fe”
vimos la importancia que la catequesis da a la Revelación)107.

106
C. FLORISTÁN, Teología práctica, 443.

107
Puede verse una reseña histórica y sugerencias para la pastoral y la catequesis en: F. PASTOR, Introducción a la Biblia, San Pío X,
Madrid 1995, cap. XIII: “Uso de la Biblia en la Iglesia”, 218-231.
Es claro que hoy la catequesis es nuevamente bíblica. Sin embargo, es importante cuidar el uso correcto de la
Biblia en la catequesis. Se han dado y se siguen dando usos que son parciales y reductivos. Ejemplos: 1) finalidad
moralizante: en un tema se incluyen textos bíblicos para confirmar lo enseñado; 2) apoyo a verdades dogmáticas:
los textos bíblicos no aparecen como fuente o matriz de la fe cristiana, sino como respaldo a las verdades de la
teología; 3) interpretación espontánea del catequista o del grupo, con el peligro de hacer decir al texto lo que no
dice, o con el riesgo de lecturas políticas o sociológicas que olvidan el mensaje religioso central.
Lo anterior lleva a notar que la aportación del movimiento bíblico a la catequesis no es apenas conseguir que la
Biblia esté presente de cualquier manera en el acto catequístico, sino que en la acción de iniciar en la fe puedan
aprovecharse todos los avances de la renovación bíblica. Una forma válida y correcta de uso de la Biblia es la que
se ha llamado ‘antropológico-teocéntrica’ porque intenta ser fiel al texto bíblico, mediante el cual Dios se revela, y
al hombre destinatario, para quien el texto debe ser mensaje encarnado108.

LA CATEQUESIS KERIGMÁTICA109

El acento kerigmático en la catequesis fue propuesto desde finales del siglo XVIII, pero fue en los años anteriores
al concilio cuando tomó fuerza la conciencia de que la catequesis necesita superar su visión de pura transmisión de
doctrina para ser verdadero anuncio de un hecho salvador: el misterio pascual. Ese es su punto de conexión con
la renovación bíblica: la Sagrada Escritura es fuente de la catequesis y no sólo autoridad en la que apoyar una
doctrina.

La clave en esta catequesis es colocar en el centro del anuncio a Jesucristo y así redescubrir toda la dinámica de
la historia de la salvación. Ya no es el estilo de catequesis que presentaba uno tras otro los elementos de la fe,
ahora hay un eje –kerigma– y todos los demás elementos se sitúan orgánicamente a su alrededor. Acerca así la
catequesis a la liturgia, pues un anuncio recibido como buena noticia da lugar a celebración y acción de gracias.

Las principales debilidades de esta catequesis son dos. Una es que el kerigma se anuncia en un mundo secular y
profano sin tener en cuenta la situación humana de los destinatarios, y corre el peligro de quedar como simple
noticia vacía que no encuentra eco porque no hay una preparación o motivación previa. Otra debilidad es que
estrictamente la fase kerigmática es previa a la catequística; primero hay un anuncio o propuesta de Jesucristo al
que sigue la conversión y después es cuando la catequesis puede llenar de contenido ese primer paso de
acercamiento al cristianismo.

Con todo, el acento kerigmático debe estar siempre presente como elemento esencial en toda catequesis y es al
movimiento kerigmático al que se le debe agradecer el puesto central que tiene hoy el anuncio-misión en la
actividad catequística, algo que ha sido perfectamente asumido y reconocido en los documentos que han
acompañado a su renovación.

EL MOVIMIENTO LITÚRGICO110

Igual que el bíblico, nació a finales del siglo XIX y desembocó en la renovación litúrgica promovida por el
concilio (SC). Fue ya en la etapa posconciliar cuando catequesis y liturgia se encontraron, influyeron y

108
Como una aplicación de ese tipo de lectura puede verse una propuesta metodológica para catequistas en: M. NAVARRO, ¿Qué necesita
un/a catequista para conocer e interpretar la Biblia?, San Pío X, Madrid 1994, 52-59. También puede leerse con provecho: G. ESPINA,
¿Cómo hacer de la Biblia el libro de la catequesis?, San Pío X, Madrid 1998.

109
Puede ampliarse sobre el tema en: M. MONTERO, Catequesis de carácter misionero (Catequesis kerigmática), en NDC, Vol. I, 337-
347.

110
Puede ampliarse en: J. LÓPEZ MARTÍN, Liturgia y catequesis, en NDC, Vol. II, 1369-1388, especialmente IV: “Relaciones entre
liturgia y catequesis”, 1379-1384.
enriquecieron mutuamente (recuérdese que gran parte de la catequesis que se hace tiene como motivo fundamental
preparar la celebración de sacramentos).

Aparte de esa razón coyuntural, ya vimos que la catequesis tiene conciencia de que una de sus tareas es iniciar
en la celebración de la fe y en la oración. Una buena iniciación litúrgica en la catequesis hace posible una
iniciación completa en la experiencia religiosa, en el encuentro personal y comunitario con el Señor. Sólo es
posible llegar a él cuando se vive con profundidad la celebración de la fe y se dedica tiempo y esfuerzo a la
oración personal, grupal y comunitaria.

EL GIRO ANTROPOLÓGICO

La falta de atención de la catequesis kerigmática a las situaciones reales de las personas impulsó a los pastoralistas
a profundizar en la persona, en las circunstancias que la rodean y en cómo influyen para su aceptación del mensaje
cristiano. Esa atención se presentó en dos direcciones:

 La experiencia humana. Hoy se acepta que entra en el proceso catequístico por derecho propio: «La
relación del mensaje cristiano con la experiencia humana no es puramente metodológica, sino que brota de
la finalidad misma de la catequesis, que busca la comunión de la persona humana con Jesucristo» (DGC
116; Cf. CAL 23). «Hay que escoger el itinerario pedagógico más adaptado a las circunstancias por las que
atraviesa la comunidad eclesial o los destinatarios concretos a los que se dirige la catequesis» (DGC 118;
Cf. 170).

Ese modo de pensar no se daba hace unas pocas décadas. Ha sido necesario un avance del pensamiento
pastoral, catequético y bíblico para que hoy se considere la experiencia humana un lugar de revelación de
Dios y de encuentro con él. En el proceso han influido filósofos humanistas y personalistas que resaltaron
con fuerza el valor trascendente de la persona humana. También el concilio estuvo claramente abierto a esa
preocupación por el hombre. Y la catequesis ha sido uno de los sectores donde ese ‘giro antropológico’ ha
tenido más influencia, porque complementó el impulso de la catequesis kerigmática: si ésta se
preocupaba de ser fiel al anuncio, referido a la palabra y a la acción de Dios, la catequesis antropológica
destaca la importancia del destinatario, de la persona a quien se dirige el anuncio.

Como método para esta orientación antropológica, la catequesis se fija en la pedagogía de Dios cuando se
revela a su pueblo. Trata de despertar en el grupo, mediante la reflexión sobre su propia experiencia
humana, la fe-convencimiento de que Dios le sigue salvando en su historia personal y concreta, la cual es
lugar de revelación de Dios.

 Las ciencias del hombre. Sus posibles aportaciones a la actividad pastoral han sido aceptadas por la
Iglesia tras una larga tradición de desconfianza. La aceptación se basa en verlas más como ciencias
positivas con misión de aportar y analizar datos que como nuevas visiones filosóficas del hombre o de la
realidad. Las siguientes son algunas de las aportaciones que esas ciencias han hecho a la catequesis.

La psicología ha revelado la estructura de la personalidad humana, las motivaciones y dificultades de la


conducta, el desarrollo evolutivo propio de las etapas de crecimiento, los dinamismos de la religiosidad.

La sociología ha ayudado a situar a las personas en sus entornos, a descubrir las influencias que reciben, a
conocer los fenómenos culturales, sociales y políticos en que participan, a analizar los procesos religiosos
de los pueblos.

Las ciencias de la educación han favorecido que la catequesis actúe mucho más al servicio del desarrollo
humano y creyente de las personas (educación personalizada, pedagogía activa, educación permanente).
La pedagogía y la didáctica han aportado mucho a la catequesis en el campo metodológico
(programaciones, objetivos, elaboración de materiales, diversificación de actividades didácticas, sistemas
de evaluación), aunque la catequesis no puede tener el mismo tratamiento tecnológico que una materia
escolar.
Las ciencias de la comunicación han ofrecido a la catequesis una gran variedad de técnicas comunicativas
para el ejercicio de esa forma de ministerio de la palabra (televisión, radio, prensa, discos, grabaciones,
vídeos y audios…), que no pueden faltar en una catequesis bien programada. «La utilización correcta de
estos medios exige en los catequistas un serio esfuerzo de conocimiento, de competencia y de actualización
cualificada» (DGC 161; Cf. 160-162).111

Los nuevos lenguajes pueden ser, si los catequistas aprenden a servirse de ellos, medios de comunicación
y de expresión de la fe. Pero…
«Uno de los problemas más graves que enfrenta hoy la catequesis es el de la comunicación. En la
Iglesia hay una gran incomodidad, porque su forma de comunicar el evangelio suele ser pobre y sin
calidad. A menudo se tiene la impresión de que utiliza lenguajes que nadie entiende, se dirige a
auditorios que ya no existen y responde a preguntas que nadie tiene o a problemas que nadie vive
(…) Teniendo un mensaje de gran calidad y de gran actualidad no saben cómo entregarlo, o lo
entregan sin fuerza, o simplemente no lo entregan de ninguna manera. Y así el evangelio queda en
desventaja con relación a otros muchos mensajes que se proclaman. Es por eso de suma importancia
dejar bien claro que la catequesis es un acto de comunicación y que los catequistas son
comunicadores públicos, como lo fueron los profetas, Jesús y los apóstoles» (CAL 131)

LA CATEQUESIS POLÍTICA112

Hemos visto cómo los aspectos bíblico, kerigmático y antropológico se complementan mutuamente, pero eso sólo
puede darse en el ámbito personal. Sin embargo, la persona vive integrada en situaciones sociales, culturales,
económicas y políticas que le condicionan en muchos sentidos. Esas situaciones son un reto permanente a la
construcción del reino de Dios en el mundo.

La renovación del mensaje social del evangelio y la reivindicación por parte de la Iglesia de la justicia social han
recuperado a la justicia como contenido de la evangelización y la catequesis. La incidencia de ese planteamiento
en la catequesis fue lo que descubrió y puso de relieve la Semana Internacional que hubo en Medellín en 1968. El
punto clave su planteamiento fue el siguiente: el reino de Dios no se construye sólo en el ámbito de la conciencia
individual, sino que incide en la estructura de la sociedad. Las estructuras sociales, económicas y políticas tienen
importancia en la educación de la fe. Si se descubren como injustas y de pecado, el cristiano está llamado a actuar
para cambiarlas. Una catequesis que inicia y ayuda a madurar en la fe no puede ignorar esta dimensión política de
su acción.

Esa proyección política o de compromiso, ineludible en la catequesis, se apoya en:

 Considerar a la persona en situación. La salvación de Dios es para personas concretas que viven en
situaciones concretas.
 La unidad entre historia de la salvación e historia humana. No son dos realidades superpuestas, son la
misma realidad, pues Dios salva actuando en la historia humana concreta.

111
Puede verse un buen y clarificador trabajo sobre la comunicación actual, sus medios, su presencia en la experiencia cristiana y algunas
claves para la tarea catequética en: M. ESCALERA, Comunicación y catequesis, en NDC, Vol. I, 459-475.

112
Cf. C. FLORISTÁN, Teología práctica, 441 s. Pueden verse buenos estudios en: L. BERROCAL, Compromiso transformador y misionero,
Iniciación al, en NDC, Vol. I, 449-459; J. L. PÉREZ ÁLVAREZ, Compromiso. Orientaciones pedagógicas, en NDC, Vol. I, 436-449.
 Un cambio de perspectiva. El contenido de la catequesis se enriquece con nuevos signos que son las
situaciones históricas en que el grupo vive. El método deberá ser caminar con la ‘persona en situación’
para ayudarle a ahondar sus experiencias más vitales y ofrecerle una salvación integral en Jesucristo.

El Sínodo de los obispos de 1971 (sobre el sacerdocio y sobre la justicia en el mundo) justificó la dimensión
política de la catequesis al afirmar que «la acción a favor de la justicia y la participación en la transformación del
mundo se nos presenta claramente como una dimensión constitutiva de la predicación del evangelio».
Nuestro cristianismo, demasiado individualista y poco comprometido en la sociedad, no deja fácilmente que esta
dimensión política se abra camino en la catequesis. Pero el impulso iniciado en Medellín fue asumido por
algunos de los documentos programáticos de la renovación (Cf. EN 30-38; CT 29)113. Puebla apreció como
positivo «un esfuerzo sincero para integrar vida y fe, historia humana e historia de la salvación, situación humana
y doctrina revelada, a fin de que el hombre consiga su verdadera liberación» (n. 979). El nuevo Directorio ha
explicitado el mensaje evangélico en la catequesis como un mensaje de liberación y ha desglosado la forma en que
la catequesis debe preparar a los cristianos para esa tarea (Cf. DGC 103-104). Y La catequesis en América Latina
ha incluido la dimensión liberadora entre las dimensiones de la revelación y de la catequesis, asegurando que «los
riesgos de desviaciones no son una disculpa para dejar de lado esa dimensión» (CAL 16) y que «no cumple con su
obligación aquel que no se propone condenar los abusos, las injusticias y los ataques a la libertad, donde se
registren y de donde provengan…» (CAL 24).

EL MOVIMIENTO COMUNITARIO114

La nueva conciencia de Iglesia, surgida del concilio, ha potenciado una dimensión eclesial que tiene sus raíces en
el libro de los Hechos de los Apóstoles y corresponde al contexto sociológico en el que la Iglesia vive hoy. El
movimiento comunitario no ha significado apenas que se haya comenzado a usar el nombre de comunidad para
designar a la Iglesia; es el resurgir de un modelo de Iglesia en el que la unidad-base es la pequeña comunidad
eclesial. Su realidad fue asumida por Pablo VI como un lugar de evangelización (EN 58).

Otra parte de su novedad está en que parece que el resurgir de pequeñas comunidades cristianas está unido a la
catequesis de forma que se hace cada vez más fuerte la conciencia de la relación comunidad-catequesis. La
catequesis está llamada a ser promotora y animadora de verdaderas comunidades cristianas, como forma de
renovación de la Iglesia. Ya es una frase bien acuñada que la catequesis encuentra en la comunidad su origen, su
lugar propio y su meta.

De todas formas, es importante disponer de criterios que ayuden a discernir la autenticidad de las pequeñas
comunidades cristianas. La historia reciente ha mostrado muy lúcido y válido el análisis que hizo Pablo VI sobre
las diferentes comunidades y los criterios de discernimiento que aportó (Cf. EN 58).

NUEVAS SÍNTESIS DE LA FE115

Aunque los contenidos de la fe son permanentes e inmutables, sí cambian las situaciones culturales de las personas
y los lenguajes en que se expresan. El cambio que supuso el concilio para la Iglesia –en coincidencia con un gran

113
«La Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de
ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma; de hacer que sea total. Todo esto no es extraño a la evangelización»
(EN 30).

114
Puede ampliarse en: A. BOTANA, Comunidad cristiana, en NDC, Vol. I, 475-490; También es interesante J. MARINS, Comunidades
eclesiales de base, en NDC, Vol. I, 491-506.

115
Buenos estudios para conocer a fondo el tema de catecismos en: J. A. MARTÍNEZ CAMINO, Catecismo de la Iglesia católica, en NDC,
Vol. I, 248-264; M. MATOS – V. M. PEDROSA, Catecismo y catecismos, en NDC, Vol. I, 264-281.
cambio cultural– hizo ver la necesidad de ofrecer fórmulas para expresar la fe más cercanas a la experiencia,
problemas, pensamiento y lenguaje del pueblo de Dios.

Los grandes teólogos del concilio y del postconcilio han hecho intentos de re-formular la fe. Pablo VI proclamó
la profesión de fe del pueblo de Dios, glosando el credo de la Iglesia. El Directorio Catequístico General (1971)
formuló también los principales elementos del mensaje cristiano (Cf. DCG 1971, 47-69). Varias conferencias
episcopales hicieron también, bajo diferentes modelos, presentaciones que trataban de ser adaptación del mensaje
cristiano.

Además de esas síntesis, que sin tener carácter de magisterio solemne tienen el respaldo de la autoridad de la
Iglesia, también un buen número de conferencias episcopales ha publicado en las últimas décadas catecismos
oficiales para sus respectivos países. Y la Iglesia universal publicó el Catecismo de la Iglesia católica (1992), del
que Juan Pablo manifestó:
«Lo reconozco como un instrumento válido y autorizado al servicio de la comunión eclesial y como
norma segura para la enseñanza de la fe (…) les es dado para que les sirva de texto de referencia
seguro y auténtico para la enseñanza de la doctrina católica, y muy particularmente para la
composición de los catecismos locales (…) se destina a alentar y facilitar la redacción de nuevos
catecismos locales que tengan en cuenta las diversas situaciones y culturas, pero que guarden
cuidadosamente la unidad de la fe y la fidelidad a la doctrina católica» (Fidei depositum 4).

Esos catecismos constituyen para sus destinatarios una verdadera regla de fe y orientación básica de la catequesis,
son una aportación inestimable a la acción catequística.

11.3 El resultado en la catequesis actual

En el tema introductorio (0.4 El momento actual) repasamos los acentos y las sombras que hoy se dan en la
catequesis. Tras el recorrido realizado hasta aquí podemos concretar en dos los núcleos sobre los que gira hoy la
acción catequística. Son resultado de los impulsos vistos en el apartado anterior y ellos mismos son, a la vez, otros
más de los impulsos que han renovado la catequesis.

NUEVA EVANGELIZACIÓN

Lanzada por Juan Pablo II en Haití en 1983, ha sonado en forma insistente y apremiante la llamada a una nueva
evangelización. En América la Conferencia de Puebla había enfocado su reflexión desde esa perspectiva
evangelizadora, y la de Santo Domingo asumió de lleno el reto de la llamada papal. Simultáneamente, se ha
extendido con fuerza en la Iglesia la conciencia de que es necesario pasar de una acción pastoral de ‘cristiandad’ a
una pastoral de ‘misión’. Ambas iniciativas tratan de asumir, con realismo y sin nostalgias, la nueva realidad y de
responder a ella.

En una Iglesia de ‘misión’ ya no es posible dar por supuestos una serie de soportes sociales de la fe que, de hecho,
no se dan. Varios documentos de la Iglesia han destacado la necesidad de evangelizar a los bautizados que no
han recibido el primer anuncio de la fe (Cf. EN 44 y 52; CT 44; RM 33).

La influencia que ello tiene en la catequesis no es sólo que se ha hecho el esfuerzo por enmarcarla dentro de la
evangelización (como vimos en el tema 1) y por resaltar su dimensión evangelizadora (como vimos en el tema 7),
sino la conciencia de que la acción catequística tiene que integrar de forma expresa los elementos del anuncio
cristiano, es decir, acentuar su dimensión kerigmática. No es posible que haya ‘eco’ (catequesis) si antes no ha
habido ‘voz’ (anuncio).

CARÁCTER INICIÁTICO DE LA CATEQUESIS

La conciencia de este carácter ha venido tomando cuerpo en la Iglesia y entre muchos catequetas y catequistas.
Procede de la publicación del RICA (1972) que respondió al pedido del concilio de reinstaurar el catecumenado en
la Iglesia (AG 14). Fue ocasión para que se recuperara de la catequesis primitiva el concepto y el planteamiento de
la iniciación cristiana.

Por otra parte, el carácter cada vez más profano y secular de la cultura y sociedad actuales hace necesario un
verdadero proceso de iniciación cristiana para quienes desean vivir la fe de forma adulta y consecuente.

Uno y otro motivo han tenido consecuencias positivas para la acción pastoral: se ha profundizado en el tema de la
iniciación cristiana y en sus implicaciones para la pastoral y para la catequesis; y los mismos procesos
catequísticos han modificado sus planteamientos. Ejemplos de ello son:

 la importancia que se ha empezado a dar a la etapa del despertar religioso;


 la recuperación de procesos catecumenales postbautismales, sobre todo para adultos y jóvenes;
 la urgencia de promover comunidades vivas de fe que sean punto de referencia para los procesos
iniciáticos;
 una cierta desconfianza (a la que personalmente me sumo) de pastoralistas y catequetas sobre el futuro de
una catequesis infantil que corre el riesgo de ser un tanto inútil, a pesar del mucho esfuerzo y buena
voluntad de muchos catequistas, si no hay comunidades adultas que acojan a quienes terminan los procesos
catequísticos y apoyen su perseverancia.

+ + +

Este tema buscaba hacer caer en la cuenta de la importancia que han tenido para enriquecer la catequesis algunas
experiencias eclesiales y el desarrollo de diversas ciencias humanas. Sus contenidos habían ido saliendo un poco
por diversas partes en los temas anteriores. Convenía una síntesis para ver más claro que la catequesis necesita
contar con esas experiencias y esas ciencias, y que la actitud de quienes nos interesamos por ella debe ser abierta a
todo lo que en la historia eclesial y en lo humano hay de riqueza para integrarlo en nuestra propia experiencia
cristiana. Pero no se trataba de desarrollar cada una de esas fuentes que han impulsado a la renovación de la
catequesis; puede hacerse en las referencias bibliográficas que se han dado.
12
El acto catequístico y su metodología

La Semana Internacional de Catequesis, de Medellín (1968), definió la catequesis como «la acción por la cual un
grupo humano interpreta su existencia y trata de vivirla y expresarla a la luz del Evangelio». Es la existencia real
de todos los días la que Dios salva en el ser humano. A ese descubrimiento contribuyen el acto catequístico y la
forma en que se realiza.

Conoceremos primero la noción de acto catequístico, veremos después los elementos que lo constituyen y luego lo
referente a su metodología.

12.1 Concepto de acto catequístico


Es la realización concreta de la acción catequizadora en cuanto integra los diversos elementos que la
componen.

Se distingue del proceso catequístico, pues éste es la acción dinámica desarrollada progresivamente a través de
un programa y unas etapas sucesivas.

Se corresponde, en cuanto a extensión, con el desarrollo de un tema o un aspecto del misterio cristiano, y no
con una sesión de catequesis (un tema puede requerir varias sesiones). En una sesión no tienen por qué estar
presentes necesariamente todos los elementos del acto catequístico.

Desde un punto de vista pedagógico el acto catequístico no se identifica con el método que lo activa. El acto es
uno en sus componentes fundamentales y los métodos son diversos, de acuerdo con los tiempos, el orden o la
intensidad con que esos componentes se ponen en acción. La pluralidad de métodos es un signo de vitalidad y
creatividad en la catequesis (Cf. CT 55; DGC 148-149).

12.2 Elementos constitutivos del acto catequístico

Para que las fidelidades a Dios y al hombre sean posibles y reales, el acto catequístico se desarrolla en torno a tres
elementos: la experiencia humana y religiosa del catequizando; la palabra de Dios; la expresión de la fe. Son tres
componentes que nunca deben faltar; están ensamblados entre sí aunque su combinación no tenga que ser
necesariamente cronológica.
Sin embargo, el acto catequístico tiene una estructura jerarquizada, de cuyo respeto depende en buena medida
la correcta realización de la catequesis. La palabra de Dios y la experiencia humana y cristiana sostienen el peso de
la estructura, mientras que la expresión de fe es un corolario constante que acompaña el proceso de catequización.
La palabra de Dios es el elemento medular del acto catequístico y el que da vida a toda su estructura.

LA EXPERIENCIA HUMANA Y RELIGIOSA DEL CATEQUIZANDO

1 Asumimos no un significado común de ‘experiencia’ (acumulación de realidades vividas en la vida), sino un


significado más técnico y antropológico: la existencia humana ejercida en unas circunstancias concretas,
iluminada por unas evidencias y orientada por unos valores. Según eso, hay verdadera experiencia humana cuando:

 se da un contacto vital y existencial con una realidad o situación (vivencia inmediata);


 ese contacto vital se vive con intensidad y profundidad, implicando a la totalidad de la persona
(dimensiones cognoscitiva, afectiva y comportamental);
 la realidad que se experimenta es reflexionada y valorada por la persona y se convierte en fuente de vida y
orientación para su propia existencia;
 la situación vivida se expresa en formas diversas de lenguaje: palabra, gestos, ritos, cambios de conducta,
etc.

2 Pero la catequesis no se interesa sólo por las experiencias individuales, sino también por las sociales y por los
problemas más acuciantes que preocupan a la humanidad (Cf. DGC 17-21; 211). En la historia de la
consideración de la experiencia humana en catequesis destacan como momentos importantes:

 La sintonía con «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo»
(GS 1), porque en torno a ese momento apareció la llamada ‘catequesis antropológica’ o ‘de la
experiencia’, primero en una versión personalista (en Europa) y después en una versión sociopolítica
(Semana de Medellín, 1968).
 Luego, en 1971 el DCG ratificó la presencia activa de la experiencia humana en la catequesis: «La
catequesis debe ayudar a los hombres a explorar, interpretar y juzgar las experiencias y también a darle un
sentido cristiano a su propia existencia» (DCG 1971, 74).
 La catequesis latinoamericana asumió la experiencia como uno de sus postulados fundamentales: «La
fidelidad al hombre latinoamericano exige de la catequesis que penetre, asuma y purifique los valores de su
cultura. Por lo tanto, que se empeñe en el uso y adaptación del lenguaje catequístico» (Puebla 996).

3 Desde esa base, la experiencia religiosa no es un sector particular de la realidad, es la misma experiencia
humana interpretada y vivida a un nivel más profundo y radical. La máxima comunicación de Dios se dio en la
persona de Jesús de Nazaret, convirtiendo la experiencia humana asumida en su persona en una auténtica
hierofanía. En consecuencia, toda experiencia humana es un posible lugar teológico del encuentro con Dios.
La catequesis de la experiencia es un proceso de profundización y confrontación de la propia vida y de la historia
de la persona humana con las experiencias fundamentales de la palabra de Dios.

4 Ser verdaderamente fiel a la experiencia humana dentro del acto catequístico supone:

 Fidelidad a la persona concreta, entendida como fidelidad a su experiencia y a su historia.


 Fidelidad a la situación que vive el grupo humano a quien se dirige el acto catequístico: situación
individual y psicológica, y también colectiva y social.
 Fidelidad a una pedagogía válida para ayudar a hacer la lectura cristiana de la propia experiencia humana.

5 ¿Qué experiencias interesan en catequesis? Sin duda, las que son nucleares en los destinatarios concretos del
grupo. Parcelas de la vida particularmente significativas para ser privilegiadas en el proceso catequístico son las
siguientes: sentido último de la vida, necesidad de liberación integral, amor y donación, fidelidad al propio
proyecto humano y a los otros, solidaridad, gratuidad, creatividad, fiesta, gozo, esperanza, dolor y muerte…

El DGC ha destacado explícitamente la importancia de la experiencia humana en la catequesis: «La relación del
mensaje cristiano con la experiencia humana no es puramente metodológica, sino que brota de la finalidad misma
de la catequesis, que busca la comunión de la persona humana con Jesucristo» (DGC 116; Cf. 152). También La
catequesis en América Latina ha valorado mucho la experiencia dentro de la pedagogía de la fe en la Iglesia (Cf.
CAL 154-163).

LA PALABRA DE DIOS

La catequesis es un proceso en el que un grupo humano entra en contacto con la palabra de Dios para conocerla
con profundidad, dejarse interpelar por ella y orientar toda su existencia desde ella.

Para realizar esa tarea la catequesis cuenta con una clave de lectura de la vida humana que está contenida
básicamente en la Sagrada Escritura, el Símbolo de la fe y la Tradición viva de la Iglesia. La Escritura contiene
las experiencias religiosas de Israel, de Jesús y de la comunidad apostólica, que manifiestan el proyecto salvífico
de Dios para la persona humana. El Símbolo sintetiza la fe de la comunidad cristiana a lo largo de la historia. La
Tradición continúa la experiencia religiosa de la Iglesia apostólica, y se expresa en diversos documentos y
realidades eclesiales: liturgia, magisterio, testigos, etc.

El acto catequístico tiene como objetivo comunicar esas experiencias fundamentales de la fe, pero no como
simple repetición material. En la catequesis, como acto hermenéutico, de actualización, el encuentro con la
palabra está llamado a renovarse sin cesar en un doble sentido: transmitir fielmente lo recibido (fidelidad a Dios)
y reinterpretar en función de las diferentes situaciones humanas (fidelidad al hombre).

En América Latina se ha dado una especial sensibilización hacia la dimensión bíblica de la catequesis: «La
evangelización dará prioridad a la proclamación de la buena noticia (…) como respuesta al ansia creciente de la
palabra de Dios» (Puebla 99, 150, 179, 347). Y antes Medellín había pedido: «expresar incesantemente de nuevas
maneras el evangelio, en relación con las formas de existencia del hombre, teniendo en cuenta los ambientes
humanos étnicos y culturales y guardando siempre fidelidad a la Palabra revelada» (Medellín 8, 15).

EXPRESIÓN DE LA FE

El encuentro entre la vida humana y la palabra de Dios transforma la personalidad del creyente. Esa experiencia
vivida e interpretada a la luz de la fe necesita de expresiones para que pueda interiorizarse, enraizarse y
ayudar a madurar como creyente. Las expresiones básicas son: la profesión de fe, la celebración y el
compromiso cristiano. Son modalidades que intentan favorecer que el cristiano adquiera una síntesis expresiva del
mensaje cristiano, pueda celebrar la nueva vida que ha irrumpido en él y adquiera actitudes cristianas que se
traduzcan en compromisos de vida.

En realidad, no importa tanto cómo se ordenen los tres elementos que constituyen el acto catequístico, lo que
importa es que pedagógica y metodológicamente, se ensamblen y dinamicen esas tres realidades en orden a lograr
la madurez de la fe del creyente; una fe que sea adulta, significativa para la vida y arraigada en la palabra de Dios.
12.3 La metodología del acto catequístico

Para llevar a cabo el proceso de la catequesis es necesario usar métodos y realizar actividades. Los métodos deben
ser activos para que permitan conseguir los objetivos. Las actividades son necesarias para dinamizar el
aprendizaje.

MÉTODOS

1 Un método es un camino o procedimiento que usamos para influir en un proceso de aprendizaje. Ningún
método tiene valor absoluto, siempre está en función de los objetivos; no es un fin en sí mismo, sino un medio.
Conviene hablar de una diversidad metodológica que considere los objetivos a alcanzar, los contenidos a
transmitir, las edades y ambientes culturales de los educandos y del educador. La catequesis necesita una
metodología concreta, pero también debe estar muy atenta al ritmo de las personas y del grupo y a la acción del
Espíritu.

2 La catequesis actual ha dado mucha importancia a los métodos participativos (Cf. EN 44; CT 58; DGC 150 y
157). También los tiene en cuenta la catequesis latinoamericana: «En muchas comunidades los catequistas están
privilegiando las metodologías participativas que facilitan al catequizando el desarrollo de la capacidad de
construir el conocimiento propio de la fe y propician el desarrollo de una inteligencia emotiva en coherencia con
los valores evangélicos. De conformidad con el papel primordial del educando como sujeto activo en el proceso
educativo de su fe, se están promoviendo métodos que están más al servicio del aprendizaje del catequizando y
menos en función de la enseñanza del catequista» (CAL 166; Cf. 164-170).

3 Según el punto de partida o el contenido principal que se elija, cabe señalar un método bíblico (centrado en la
Sagrada Escritura), uno eclesial (centrado en el símbolo de la fe y en la tradición viva de la Iglesia), o uno
antropológico (centrado en la experiencia humana). Cada uno de ellos es legítimo, si incluye y armoniza los
elementos básicos del acto catequístico.

Desde la dinámica que usan los métodos activos señalamos el itinerario metodológico que normalmente se asume
en la catequesis que se hace desde una perspectiva antropológica o de la experiencia. Sus etapas son las
siguientes:

 Evocación. Se parte de una experiencia humana real conectada con los centros de interés propios de la
edad o situación humana de los catequizandos. Evocarla busca hacer aflorar todas las vivencias profundas
en torno a ella, verse implicado en ella, sentirse aludido. La evocación puede hacerse mediante diversas
formas:
o hacer vivir al grupo in situ una experiencia determinada;
o presentar hechos o situaciones reales de la vida del grupo, de su barrio, etc.;
o presentar experiencias ajenas al grupo, pero que evocan experiencias similares del mismo;
o lectura de un texto, con cuestionario y diálogo que ayude a suscitar experiencias propias;
o técnicas de expresión simbólica: montajes, música, fotopalabra, mimo, video…
 Profundización. Es necesario que la experiencia evocada llegue a los planos profundos de la personalidad
de cada uno, para que descubra las aspiraciones escondidas que buscan ser satisfechas, las raíces y las
causas de lo que nos pasa, la actitud con que se vive esa situación, los valores y contravalores vitales que
pueden dar sentido a su vida y humanizarla, o hacerla inhumana, los límites y posibilidades etc.; también,
tomar conciencia de las implicaciones colectivas (repercusión en la convivencia, la justicia, la paz, el
desarrollo, etc.). Puede hacerse con diversos medios, entre los que destacamos las técnicas audiovisuales
(montaje, mural, video) y el diálogo. El catequista tiene un papel delicado: suscitar y no obstaculizar el
diálogo, crear y mantener un clima que favorezca la expresión personal y la escucha mutua.
Otra forma de profundización es la universalización. Consiste en comprobar la manera que tienen de vivir
esa experiencia otras personas o grupos. Permite llegar a los valores universales comunes.

 Significación cristiana. Pretende ayudar al grupo a interpretar la experiencia vivida desde el mensaje
revelado, a descubrir que la palabra de Dios da sentido a su vida. Para ello hay un triple movimiento de:
o Actualización: desenterrar la experiencia de fe que está en el origen del texto, con la ayuda de la
exégesis; y ponerla en correlación con nuestra vida;
o Interiorización: hacer resonar la Palabra en los catequizandos, «hacer el paso del signo al misterio»
(DGC 108), para que experimenten personalmente cómo Dios se hace presente en sus vidas
(proclamación, silencio, plegaria, meditación…);
o Conversión: respuesta con la fe, adhiriéndose de forma más plena a Jesucristo y a cuanto está unido
a él: Dios, el Espíritu Santo, la Iglesia, la humanidad (Cf. DGC 81).

En esta labor el catequista dispone de la Sagrada Escritura, el Símbolo, la Tradición viva de la Iglesia y
diversos testimonios: el de los cristianos a lo largo de la historia, el de los testigos actuales de la fe, el suyo
propio. En cualquier caso debe buscar que los datos a aportar:

o sean expresivos, claros y fáciles de entender;


o tengan relación directa y significativa con la experiencia vivida y sean adaptados a la edad y
situación del grupo;
o sean básicos y fundamentales;
o sean variados y plurales para que ayuden a adquirir una síntesis orgánica, global y armónica del
mensaje cristiano a lo largo del proceso de catequesis.
 Expresión de fe. Ya vimos que puede realizarse mediante:
o Profesión de fe. Es una síntesis de la experiencia de fe vivida que trata de formular el contenido
básico de la fe comunitaria; la expresión doctrinal que se incluye en la catequesis sirve para que el
grupo se familiarice con la fe de la comunidad y personalice su contenido.
o Celebración. Arranca de la vida y vuelve a ella en un clima de fiesta, espontaneidad, gratuidad y
acción de gracias. La presencia de la celebración en la catequesis no puede ser marginal (Cf. DGC
30). Puede realizarse como encuentro personal con Cristo en la oración: «Cuando la catequesis está
penetrada por un clima de oración, el aprendizaje de la vida cristiana cobra toda su profundidad»
(DGC 85); como celebración comunitaria con cantos, preces, plegarias de acción de gracias, etc.;
como celebración sacramental (Eucaristía, Penitencia…). Los actos celebrativos son una buena
ocasión para la convivencia con otros grupos y desarrollar el sentido eclesial.
o Compromiso. Una experiencia cristiana descubierta y celebrada se transforma –si es verdadera– en
actitud vital y se manifiesta en compromiso de vida. El compromiso es un buen indicador de
calidad para la catequesis. En esta etapa el catequista debe tener especial cuidado en no forzar,
más bien debe sugerir posibilidades reales para que cada persona, o el grupo como tal, las asuma
con libertad. La vida de grupo, pedagógicamente cuidada, es clima y lugar para experimentar el
compromiso primordial de la fe: la comunión; la catequesis inicia a la comunión eclesial ayudando
a vivir como experiencia cristiana la experiencia de grupo (Cf. DGC 159).

ACTIVIDADES, TÉCNICAS Y LENGUAJES116

Además de método, la catequesis necesita actividades, técnicas y lenguajes que le permitan llevar a cabo sus
objetivos.

116
Cf. E. PÉREZ LANDÁBURU, Metodología catequética, en NDC, Vol. II, sec. VI: “Actividades y técnicas metodológicas”, 1460-1465.
1 En forma amplia, entendemos por ‘actividad’ toda acción educativa que permite el aprendizaje. Una
programación es un sistema de actividades previstas y sistematizadas; se formulan y plantean a partir de los
contenidos y de los objetivos. Las más significativas para la catequesis pueden clasificarse en:

 De tipo personal. Buscan acercarse a la experiencia individual, interiorizarla y enriquecerla. Tratan de


potenciar capacidades de creatividad y de relación entre los distintos elementos del mensaje cristiano. Se
proponen objetivos adaptados a las necesidades personales y actividades que respetan el ritmo y modo de
actuación de la persona. «Junto al anuncio del evangelio de forma pública y colectiva, será siempre
indispensable la relación de persona a persona (…) de este modo la conciencia personal se implica más
fácilmente; el don de la fe, como es propio de la acción del Espíritu Santo, llega de viviente a viviente, y la
fuerza de persuasión se hace más incisiva» (DGC 158).
 De tipo grupal. Tienen como finalidad el aprendizaje comunitario de la fe, para que pueda ser acogida y
expresada en grupo. Las ‘técnicas de grupo’ posibilitan un ambiente de motivación, participación, sentido
de pertenencia, capaz de favorecer la interacción y cohesión entre los miembros. «Además de ser un
elemento de aprendizaje, el grupo está llamado a ser una experiencia de comunidad y una forma de
participación en la vida eclesial» (DGC 159).
 De motivación. Su finalidad es desarrollar capacidades cognitivas, afectivas y comunicativas. Pretenden
descubrir y tomar conciencia personal del ‘mundo interior’, enriqueciéndolo con la experiencia de los
demás. Se orientan a tomar conciencia de lo vivido, buscando la asimilación cognitiva y existencial de la
experiencia.
 De interiorización. Son actividades relacionadas con la acogida de la palabra de Dios, buscan una
respuesta personal que pueda traducirse en actitud y decisión creativa. Su función es asimilar el nuevo
contenido e integrarlo en la vida. Suelen ser de carácter imaginativo, capaces de sorprender, suscitar el
silencio, la escucha, permitir la oración, la valoración de las experiencias.
 De expresión. Permiten desarrollar las capacidades de comunicación y las posibilidades expresivas que la
fe proporciona para implicar a la persona en todos los niveles de sensibilidad y racionalidad. Sólo hay
auténtico aprendizaje cuando éste se puede comunicar a los demás a través de distintos lenguajes. Son
actividades como juego, escenificación, técnicas relacionadas con la imagen (dibujo, panel, mural,
fotopalabra…), música, audiovisuales, etc. que permiten expresar la síntesis de lo vivido en la catequesis.
 De evaluación. Tienen como finalidad constatar el resultado de la acción realizada (método, medios) en
función de los objetivos. En pedagogía se distingue evaluación inicial (para conocer el grado de desarrollo
del educando, sus conocimientos y actitudes previas y sus posibilidades reales); evaluación formativa (a lo
largo del proceso, con finalidad eminentemente orientadora); evaluación final (para constatar si se han
conseguido los objetivos propuestos en el proceso de aprendizaje).

2 Las técnicas que se usan en la catequesis se enmarcan en el intento de utilizar todos los recursos disponibles
para que el catequizando pueda acceder a la fe a través del desarrollo pleno de sus capacidades. El mayor desafío
lo constituye la cultura de la imagen; la catequesis no puede prescindir de los medios que esa cultura utiliza. En
una enumeración incompleta de recursos útiles en la catequesis podemos mencionar:

 la imagen, permite desarrollar el lenguaje simbólico, que vela y revela mensajes, experiencias,
sentimientos, etc.;
 la expresión verbal y la búsqueda de soluciones creativas a situaciones conflictivas (un ej. es la “lluvia de
ideas”);
 la representación de situaciones a analizar mediante planteamiento, argumentación, búsqueda de
soluciones (un ej. es el “juego de roles”);
 las fichas, pretenden interiorizar y expresar diferentes contenidos, motivan a dar respuestas personales y
ofrecen un campo muy amplio de ejercicios (enumeración de actividades, dibujo, frases, imágenes, fotos,
mensajes, preguntas, etc.);
 manifiestos, como escritos de síntesis, de compromiso, de postura ante un hecho o situación.
3 El lenguaje es la forma de expresión más completa, comunica entre los seres humanos y sirve en la catequesis
para hablar con Dios y de Dios. En este campo entran las narraciones; los signos y ritos; las formas de conducta,
actitudes, valores, normas; las enseñanzas y argumentos racionales.

La tarea de la catequesis es saber decir hoy lo que en la tradición eclesial se ha expresado a lo largo de los siglos
en los lenguajes narrativo, bíblico, simbólico-sacramental, ético, teórico conceptual. La catequesis integra esos
lenguajes complementariamente, pues cada uno tiene su tarea y finalidad propia.

+ + +

[Los contenidos de este tema pueden ampliarse en:

M. MONTERO, Acto catequético, en NDC, Vol. I, 92-107.

E. PÉREZ LANDABURU, Metodología catequética, en NDC, Vol. II, 1450-1465]


13
Los agentes y sus interlocutores en la catequesis

La catequesis es una acción eclesial. La Iglesia es la responsable última de todo lo relacionado con la catequesis. A
la Iglesia la impulsa el Espíritu Santo (agente divino de la catequesis), y se reserva a los demás el nombre de
agentes eclesiales de ella. Entre estos, hay tareas y responsabilidades diferenciadas pero complementarias,
confluyendo en realizar la misión de la Iglesia mediante la realización de la vocación de cada cristiano.

Tras poner el fundamento del impulso del Espíritu Santo en la catequesis, examinaremos la responsabilidad
fundamental de la comunidad, los agentes de que dispone para la misión catequística y la amplitud de sus
interlocutores en la catequesis.

13.1 El Espíritu Santo, agente divino de la catequesis

1 Los documentos del magisterio que han marcado la renovación de la catequesis han puesto de relieve la función
del Espíritu Santo en la obra evangelizadora. Es «el agente principal de la evangelización» (EN 75), «el
principio inspirador de toda obra catequética y de los que la realizan» (CT 73), «el protagonista de toda la misión
eclesial» (Cf. RM cap. III: 21-30).

Sin pretender un esquema teológico completo sobre la acción del Espíritu Santo, se pueden destacar aspectos más
significativos de su acción desde el punto de vista de la catequesis:

 su presencia constante en la vida y misión de Jesucristo (Lc 1,35; Mc 1,9-11; Lc 4,18; Mc 1,12; Lc 4,14; Jn
7,37-39; Jn 20,22);
 es el verdadero protagonista de la evangelización y del crecimiento de la Iglesia (Hch 2,1-4; 2,16; 11,12;
13,2; 15,28);
 en la primera comunidad cristiana tiene la misión de enseñar y recordar a los creyentes todo lo que ha dicho
Jesús (Jn 14,26);
 es quien suscita los carismas y ministerios en la Iglesia (1Cor 12,1; Rom 12,6-8);
 actúa en el proceso de la catequesis, pues la liturgia a la que la catequesis inicia es «obra común del
Espíritu Santo y de la Iglesia» (Cf. CATIC 1091 ss.)

2 No es algo nuevo, pero sí quizá algo un poco olvidado hacia lo que la reflexión de la Iglesia ha recuperado
sensibilidad en los últimos años. Pero desde muy antiguo la tradición espiritual y teológica de occidente cultivó el
tema del ‘maestro interior’. Como tal, el Espíritu actúa en el catequista y en el catequizando. En el primero para
ayudarle a proponer no su propia palabra sino a Jesucristo, única palabra de salvación y vida, y ayudarle a unificar
su enseñanza y su testimonio. En el segundo disponiéndole a acoger el don de la fe como adhesión vital a
Jesucristo, a comprender su mensaje y a confesarlo con la palabra y con la vida, haciendo en él su configuración
con Cristo.

13.2 La comunidad, sujeto principal de la catequesis

La reflexión teológica actual afirma con convicción que la comunidad cristiana es el eje y centro de toda la vida
eclesial y de su actividad pastoral. La catequesis, por su parte, pone de manifiesto su estrecha relación con la
comunidad cristiana y hace de esa relación uno de los criterios fundamentales para discernir y desarrollar la
auténtica catequesis cristiana.
«El lugar o ámbito normal de la catequesis es la comunidad cristiana. La catequesis no es una tarea
meramente ‘individual’. Se realiza siempre en la comunidad cristiana» (MPD 13).
«Se comprueba que las pequeñas comunidades, sobre todo las CEB, son ambiente propicio para el
resurgimiento de los nuevos servicios eclesiales. En ellas se ha difundido mucho la catequesis y la
educación de la fe de los adultos, en formas más adecuadas al pueblo sencillo» (Puebla 477).
«La catequesis ha sido siempre y seguirá siendo una obra de la que la Iglesia entera debe sentirse y
querer ser responsable» (CT 16).
«La catequesis es una responsabilidad de toda la comunidad cristiana» (DGC 220).

La insistencia en resituar la catequesis dentro de la comunidad cristiana no es un descubrimiento nuevo, sino un


reconocimiento de que sólo dentro de la comunidad es posible vivir la fe cristiana.

LA COMUNIDAD, ORIGEN Y SUJETO DE LA CATEQUESIS


La fe cristiana no es una realidad individual sino comunitaria. Toda comunidad continúa la experiencia en
común de los primeros seguidores de Jesús. Toda actividad eclesial –también la catequesis, como parte del
ministerio de la palabra– es una acción específica de la comunidad cristiana y necesita el respaldo de la comunidad
y el testimonio de sus miembros para dar sentido a la fe que transmite, pues su eficacia no depende sólo del
método y la técnica. «El verdadero sujeto de la catequesis, y por lo tanto el ‘primer catequista’ es la comunidad,
aunque ésta de hecho se apoye en personas o estructuras particulares para el ejercicio de la catequesis»117.

Pero no es raro que la dificultad principal que encuentre la catequesis en la realización de su ministerio sea la
falta del testimonio significativo de una auténtica comunidad de creyentes (Cf. DGC 86).

La catequesis es un ministerio cualificado y la comunidad necesita disponer de agentes capacitados para él. Pero
eso no la excusa de interesarse permanentemente por la tarea de sus catequistas y de apoyarlos mediante
testimonio personal y comunitario, oración por los catecúmenos y los catequistas, ánimo, disposición a ejercer el
servicio de la catequesis si tienen la capacitación adecuada y son requeridos para ello, interés por los distintos
servicios eclesiales, colaboración económica, etc.

117
E. ALBERICH, La catequesis en la Iglesia, 195.
LA COMUNIDAD, LUGAR Y REFERENCIA DE LA CATEQUESIS

1 Es tarea prioritaria de toda comunidad organizar un proceso de formación para sus miembros. Eso
supone que es la comunidad la que designa catequistas, la que los respalda en las vicisitudes por las que pasan y la
que es lugar idóneo para que los distintos grupos vayan madurando su fe. El catequista es un enviado de la
comunidad y toda su tarea está referida a la comunidad que le envió. La Iglesia a la que invita a adherirse no es
una idea, tiene concreción en un grupo donde los cristianos viven, se ayudan, oran, celebran la fe, sirven a los
demás…

En la práctica, para que sea posible la dinámica comunitaria de la catequesis es necesario que los catequizandos:

 se reúnan en grupo, donde es más fácil la vivencia y verificación de la fe personal;


 compartan la propia fe con otros y realicen experiencias del amor fraterno y del sentido comunitario de la
fe;
 adquieran actitudes evangélicas de creativa participación y búsqueda en común, de cara a una comprensión
más profunda de la palabra de Dios;
 participen en una auténtica experiencia de vida eclesial.

2 Todo ámbito comunitario donde se cumplan esas condiciones, exista realmente ‘calidad comunitaria’ y pueda la
fe expresarse y comunicarse, es un ‘lugar de catequesis’. Pero en la práctica, ¿cuál es la comunidad que puede
ser lugar propio de la catequesis? La pregunta es acuciante porque, cuando la comunidad de referencia no está
consciente y convencida de su responsabilidad y no llega a ser ejemplo y testimonio para los grupos de catequesis,
la tarea del catequista se ve seriamente entorpecida.

El DGC señala como lugares: la familia, la parroquia, la escuela, las comunidades eclesiales de base, las
asociaciones, los movimientos y las agrupaciones de fieles (Cf. DGC 255-264). Pero, más en concreto,
actualmente la respuesta apunta a las pequeñas comunidades eclesiales, con un claro desplazamiento de los
lugares tradicionales (familia, parroquia, escuela). No se niega el papel de esas otras instituciones, pero se refuerza
la convicción de que la comunidad eclesial es el ámbito natural y fundamental de referencia para la catequesis.

Hay todavía algo más. Mejor o peor, hoy toda comunidad o parroquia tiene una catequesis organizada, prepara
para los sacramentos, etc. Pero eso no basta como actividad catequizadora de la comunidad. Una real y completa
oferta de catequesis debe ser para todos, diversificada y procesual.

LA COMUNIDAD, META DE LA CATEQUESIS

1 La catequesis tiene siempre una referencia expresa a la fe bautismal (sea en la estricta iniciación cristiana o
sea que se realice después de recibido el bautismo) y el bautismo es el sacramento que da vida nueva en Cristo y
agrega a la comunidad de sus discípulos. No está referido solamente a la realidad espiritual e invisible que
llamamos Iglesia universal; también remite a una Iglesia particular formada por comunidades visibles e
inmediatas: «La Iglesia católica, una y única, se constituye en las iglesias particulares y a base de ellas» (LG 23).

Por su parte, «la catequesis no sólo conduce a la madurez de la fe de los catequizandos, sino a la madurez de la
misma comunidad como tal» (DGC 221).

Uno y otro datos indican la necesidad de que la catequesis eduque en la referencia, en el amor y en el sentido de
pertenencia a una comunidad concreta (parroquia, diócesis) en la que el grupo se integra durante su proceso
catequístico. Esa comunidad tiene la responsabilidad de acoger a los nuevos cristianos y a los que terminan un
proceso catecumenal postbautismal.
2 Pero debe recordarse que el acento comunitario no implica que haya un modelo hecho y acabado que poder
ofrecer, ni existe una comunidad ideal. La catequesis se orienta a una vivencia de fe en comunidad, pero no tiene
un modelo conseguido o uno válido para toda cultura o toda época. En cada situación y contexto los creyentes
deben dar forma a un estilo de vida comunitario, sabiendo que la fe está condicionada por las características
creyentes de la persona y por el modelo de Iglesia que tenga. Por ello, la catequesis –tengamos conciencia de que
así es– no puede hacer más que orientar hacia la comunidad.

Eso más que una limitación es una apertura de posibilidades. Hacer catequesis es hacer Iglesia, es decir,
construir y renovar la comunidad cristiana. La construye integrando en ella a los catequizandos, ayudándoles a
vivir comunitariamente la experiencia de las distintas funciones eclesiales. La renueva en su conjunto por la
presencia de los nuevos miembros a los que ha formado en una función crítica que les lleva a purificar, renovar y
transformar la misma realidad eclesial (Cf. DGC 219, 221; Puebla 992, 995).

En fin, desde la catequesis no se va a promocionar, crear y organizar la vida comunitaria de una Iglesia local, pero
sí se va a iniciar en lo comunitario, a encaminar hacia la comunidad y a insertar en ella nuevos miembros que la
renueven. La comunidad es en sí misma catequesis viviente y espacio indispensable y primario de la catequesis
(Cf. DGC 141). Sin comunidad no habría catequesis.

13.3 Los agentes de la catequesis dentro de la comunidad

En la Iglesia, Dios reparte sus carismas para el bien de todos. A cada carisma corresponde un servicio concreto y
unas responsabilidades. El cuadro siguiente sintetiza el matiz específico de cada agente de la catequesis y su
complementariedad; quedaría afectada la acción catequística si alguno de ellos no aportara su carisma. Al
catequista nos referiremos en el próximo tema.
Agente Carisma Servicios a la catequesis

– Maestro de la fe.  Promover y animar la tarea catequística, asignar los


– Pastor de la Iglesia particular. medios necesarios.
Obispo – Sacerdote y santificador.  Responsabilidad de discernir.
 Crear y garantizar la comunión.

– Colaborador de la tarea del obispo  Organizar, coordinar y animar la tarea catequística en


– Animador de las comunidades. su comunidad.
Presbítero – Educador de la fe.  Ofrecer a los bautizados cauces de iniciación
– Ministro de los sacramentos. cristiana.
 Atender a la formación de los catequistas.

– Consagración de su vida al servicio del  Presencia en la tarea catequística de su testimonio de


evangelio. vida consagrada a Dios.
Religioso/a – Testigo de los valores superiores del reino  Animación, coordinación, formación de los
de Dios. catequistas (supuesta una capacitación).

– Participación plena en los diversos estados  Acción misionera (en la frontera de los alejados de la
de vida y situaciones. fe).
– Presencia cristiana en el mundo y  Padres, promotores del despertar a la fe en sus hijos;
transformación del orden temporal. padres catequistas.
Laico/a – Padres, responsables de la ‘iglesia  Catequesis propiamente dicha en todos los niveles de
doméstica’. edades, situaciones y ámbitos.
– Llamada-vocación de Dios, llamada-  Tareas de responsabilidad en la catequesis según
encargo de la Iglesia, para servir como capacitación.
catequistas.

– Colaborador del obispo en la «alta  No es agente inmediato, sino estrecho colaborador.


Responsable dirección de la catequesis» (CT 63).  Elabora el proyecto diocesano de catequesis.
diocesano – Experto en ciencias que tienen que ver con  No sólo asesora; promociona, impulsa y propone
la catequesis. líneas operativas.

– Servicio al encuentro salvador entre Dios y  No es agente inmediato, pero cumple una función
el hombre. imprescindible.
– Síntesis teológica para una transmisión  Síntesis teológica de lo nuclear del mensaje para
Catequeta significativa de la fe. fundamentar la vida cristiana.
 Atención simultánea a lo permanente de la fe y del
hombre, y a lo nuevo y fluctuante de las situaciones
humanas.

EL OBISPO, PRIMER CATEQUISTA EN SU IGLESIA PARTICULAR

1 En la Iglesia de los primeros siglos era muy directo el protagonismo del obispo en la catequesis, lo cual
indica la importancia que se daba a esa acción.

El concilio Vaticano II señala como deber primordial, dentro del ministerio de enseñar que tienen los obispos, la
predicación e instrucción catequética, «que ocupan, sin duda, el lugar principal» (CD 13; Cf. 14).

El Sínodo de 1977, dedicado a la catequesis, declaró: «El obispo es el primer responsable de la catequesis en la
Iglesia local. Además de la responsabilidad que tiene de coordinar la actividad de todos los dedicados a la
catequesis en su Iglesia particular, el obispo en persona debe colaborar en la realización directa de este ministerio»
(MPD 14).

Juan Pablo II recogió con fuerza esa orientación: «¡Que la solicitud por promover una catequesis activa y eficaz
no ceda en nada a cualquier otra preocupación! Esta solicitud debe llevaros (…) a haceros cargo en vuestras
diócesis de la alta dirección de la catequesis, rodeándoos de colaboradores competentes y dignos de confianza (…)
Tened la seguridad de que, si funciona bien la catequesis en las iglesias locales, todo el resto resulta más fácil»
(CT 63).

2 En concreto, lo que se pide al obispo con relación al ministerio de la catequesis es:

 Promoverla en su diócesis como proceso de iniciación cristiana de carácter catecumenal, sobre todo en los
sectores de edades y ambientes en que está menos implantada. Puede para ello ayudarse de colaboradores
inmediatos.
 Velar por la «autenticidad de la confesión de fe» (DGC 223) para que no falte ninguno de los elementos
que hacen que el acto de fe sea verdadero, es decir, adhesión no sólo a una doctrina sino también a la
persona de Jesucristo. Además de la integridad de la doctrina, deben cuidar de la dinámica propia de la
iniciación, que no sólo transmite contenidos sino que educa creyentes. A la vigilancia debe acompañar el
estímulo.
 Velar por «la calidad de los textos e instrumentos que deben utilizarse» (DGC 223). Deben «saber
conjugar una exquisita fidelidad doctrinal con una profunda adaptación al hombre, teniendo en cuenta la
psicología de la edad y el contexto socio-cultural en que vive» (DGC 283). La publicación de catecismos es
responsabilidad directa de los obispos (Cf. DGC 284).
 Cuidar que los catequistas se preparen de la forma debida para su función, abarcando tanto la doctrina
como leyes psicológicas y disciplinas pedagógicas (Cf. DGC 223).
 «Establecer en la diócesis un proyecto global de catequesis, articulado y coherente, que responda a las
verdaderas necesidades de los fieles y que esté convenientemente ubicado en los planes pastorales
diocesanos» (DGC 223). Implica una labor de discernimiento sobre distintas ofertas catequizadoras que
puede haber en una diócesis.

A lo anterior y a la vista de las condiciones reales de la catequesis en nuestras iglesias añado tres sugerencias
más:

 Atención especial a la formación catequética de sacerdotes, seminaristas, religiosos/as y agentes de


pastoral. Toda la riqueza de la renovación catequética no podrá abrirse camino en nuestras iglesias si no
hay una renovación equivalente en los responsables directos y últimos de esa acción en las comunidades.
 Un discernimiento pastoral de los diversos grupos, caminos y experiencias de inspiración
catecumenal que se dan en nuestras iglesias, buscando una verdadera comunión eclesial dentro de un
legítimo pluralismo. Esta es una función a la que, según Juan Pablo II, no pueden renunciar, no sólo por el
bien de la Iglesia sino por el de las asociaciones laicales (Cf. ChL 31).
 Cuidado especial (personas, medios materiales) del funcionamiento de los secretariados diocesanos y
nacionales de catequesis. Son las entidades que mejor pueden impulsar la renovación mediante acciones y
materiales formativos.

EL PRESBÍTERO

1 Participa en el sacerdocio y ministerio del obispo. Dentro de su función profética, entre las formas de anuncio
del evangelio, aparece el ministerio de la catequesis (Cf. PO 4), y «especialmente se les encomiendan los
catecúmenos y neófitos que han de ser gradualmente educados para que conozcan y vivan la vida cristiana» (PO
6).

También en este caso Juan Pablo II asumió con fuerza esa idea conciliar: «Lo mismo si tenéis un cargo
parroquial que si sois capellanes en una escuela, instituto o universidad, si sois responsables de la pastoral a
cualquier nivel o animadores de pequeñas o grandes comunidades, pero sobre todo de grupos de jóvenes, la Iglesia
espera de vosotros que no dejéis nada por hacer con miras a una obra catequética bien estructurada y bien
orientada (…) no permitáis que… los fieles queden sin catequesis» (CT 64).
2 En concreto, son tareas propias del presbítero en la catequesis (Cf. DGC 225):

 Suscitar en la comunidad la responsabilidad común hacia la catequesis y el aprecio hacia los catequistas.
 Cuidar su orientación de fondo y su programación, contando con los catequistas.
 Fomentar y discernir vocaciones para la catequesis y cuidar su formación. (Los religiosos/as relacionados
con la comunidad tienen ahí un lugar preferente).
 Integrar la catequesis en el proyecto evangelizador de la comunidad, es decir, coordinar su realización
con las otras formas de educación en la fe y actividades formativas que haya en la comunidad.
 Asegurar la vinculación de la catequesis de su comunidad con la pastoral diocesana.

También en este caso, considerando las condiciones reales de nuestras iglesias, añado algunas sugerencias:

 Cuidar que todos los niveles de edad y diversas situaciones humanas, ambientes y culturas, estén
atendidos en sus necesidades de catequesis, tanto en el nivel de iniciación como en el de formación
permanente.
 Procurar la formación cristiana y catequística de los catequistas para las distintas edades, situaciones,
ambientes y culturas, y de acuerdo a las necesidades crecientes de quienes maduran progresivamente en su
fe.
 Facilitar la relación y coordinación entre todos los catequistas de la comunidad y el intercambio con los
de otras comunidades, mediante encuentros, celebraciones, festividades, etc.
 Destinar los medios económicos necesarios para los materiales que requieren tanto la acción catequística
como la formación de los catequistas.

LOS RELIGIOSOS/AS Y SU APORTACIÓN ESPECÍFICA

Muchos religiosos y religiosas son catequistas. A veces asumen también tareas de responsabilidad en niveles
superiores de la animación, coordinación, formación, dentro de las tareas de la catequesis. En la realización
diferenciada de ese ministerio común a todos los cristianos, su participación es peculiar porque brota no de una
responsabilidad ministerial sino de su condición común de bautizados, de su específica condición y estado de vida
en la Iglesia y de la mutua referencia y fecundación entre los diversos estados de vida (Cf. VC 31). Esa aportación
específica a la catequesis consiste en el testimonio de su profesión de los consejos evangélicos como don para
toda la comunidad cristiana (DGC 228) y expresión vivida del deseo de la Iglesia de «entregarse a la radicalidad
de las bienaventuranzas» (EN 69). Esa aportación no puede ser suplida por los presbíteros o por los laicos.

Por ello, los responsables de las comunidades cristianas deben procurar la integración de los religiosos en las
tareas de la catequesis, no en función de suplencia, sino considerando sus carismas, disponibilidad y, en muchas
ocasiones, valiosa preparación. Pueden dar la dedicación que otros miembros de la comunidad no podrían tener,
no porque su amor sea menos intenso, sino por sus condiciones de vida y sus obligaciones familiares y laborales.
Los miembros de familias religiosas dedicadas a la educación pueden aportar una buena preparación y
experiencia en los campos bíblico, teológico y pedagógico, muy enriquecedora para los demás catequistas. Y,
además, su colaboración estrecha en tareas comunes con otros miembros de la comunidad, laicos y presbíteros, es
enriquecedora para los propios religiosos/as.

Juan Pablo II solicitó: «en virtud de la consagración religiosa debéis estar aún más disponibles para servir a la
Iglesia, a prepararos lo mejor posible para la tarea catequética, según las distintas vocaciones de vuestros institutos
y las misiones que os han sido confiadas, llevando a todas partes esta preocupación. ¡Que las comunidades
dediquen el máximo de sus capacidades y de sus posibilidades a la obra específica de la catequesis!» (CT 65).
LOS LAICOS

Ya conocimos que la responsabilidad de todo cristiano en el anuncio del evangelio procede de su incorporación a
Cristo y a la misión de la Iglesia por los sacramentos de la iniciación. Pero hay distintos modos y niveles en el
ejercicio de esa responsabilidad.

El primero es la exigencia universal o vocación común al apostolado, que se realiza mediante el testimonio y el
anuncio personales que todo bautizado puede y debe hacer espontáneamente en las más variadas circunstancias de
la vida.

En un segundo nivel se sitúan los padres de familia. El matrimonio les habilita para ser «los primeros e
insustituibles catequistas de sus hijos» (ChL 34). Lo pueden hacer en diversas formas. Una es propiciar el
despertar religioso y las primeras experiencias de fe en el día a día de la vida familiar. Otra es la modalidad de
catequesis familiar sistemática. Y otra es el acompañamiento al hijo o hija y la colaboración cercana en la
catequesis de la comunidad. Esta última forma puede llegar –y es bueno que así sea– al ofrecimiento como
catequistas (Cf. CT 68; DGC 226-227). Todo ello justifica que «la comunidad cristiana preste una atención
especialísima a los padres. Mediante contactos personales, encuentros, cursos e, incluso, mediante una catequesis
de adultos dirigida a los padres, ha de ayudarles a asumir la tarea, hoy especialmente delicada, de educar en la fe a
sus hijos» (DGC 227).

Otro nivel abierto a todos los laicos es el del ejercicio de la misión eclesial mediante la cooperación como
catequistas. Es una llamada-vocación de Dios (como lo es todo carisma al servicio de la comunidad) y una
llamada-encargo de la Iglesia (Cf. DGC 231). La realizan desde su condición de laicos, es decir, su forma de
transmitir la fe es la de quien la vive en medio de las mismas realidades humanas, sociales, culturales y políticas
que aquellos a quienes catequiza (Cf. LG 35).

El concilio distinguió entre ‘catequistas con plena dedicación’ y ‘catequistas auxiliares’ (Cf. AG 17). El Directorio
de 1997 habla de catequistas ‘a tiempo pleno’ y ‘a tiempo parcial’ (Cf. DGC 233). La catequesis en América
Latina asume a los catequetas como catequistas y entre estos distingue ‘los que se inician’, ‘los de la base’, ‘los
coordinadores’ y ‘los formadores’ (Cf. CAL 203-207). Siendo muy valiosa la aportación de quienes pueden
dedicar un corto espacio de tiempo y durante un período limitado de su vida, es necesario avanzar hacia formas
más intensas y estables, reconocidas públicamente por la Iglesia (Cf. DGC 231).

LOS RESPONSABLES DIOCESANOS

No son agentes de la catequesis en sentido inmediato, pero sí estrechos colaboradores del ministerio episcopal
en la promoción y realización de la catequesis, como expertos en distintas ciencias que tienen que ver con ella.

Ya desde 1935 se mandaron instituir los Secretariados de catequesis como instrumento de esa colaboración. El
Directorio de 1997 ha ampliado mucho, respecto al anterior de 1971, lo referente a la organización de la
catequesis en la Iglesia particular. Atribuye a los Secretariados diocesanos las siguientes competencias: realizar
análisis de situación y detectar necesidades; elaborar, en relación con el obispo y los responsables de la pastoral, el
proyecto diocesano de catequesis y los programas de acción; ofrecer a las parroquias y comunidades cristianas los
instrumentos necesarios para su trabajo en catequesis; promover y coordinar la formación de catequistas y la
actividad catequística de las vicarías y arciprestazgos; colaborar con otras entidades diocesanas (Secretariado para
la liturgia, por la especial relevancia de ésta para la catequesis) y con otros organismos supra e interdiocesanos de
catequesis (Cf. DGC 265, 279-285).

La función de estos responsables no es jerárquica, es técnica como servicio institucional que, en nombre del
obispo y en estrecha relación con él, se encarga de promover y engarzar la pastoral concreta de la catequesis dentro
de la pastoral de conjunto de la diócesis, y de sostener el sentido de responsabilidad de los agentes pastorales hacia
la catequesis. No es un cometido de simple asesoramiento, sino de promoción, impulso y propuesta de líneas
operativas.

LOS CATEQUETAS

Tampoco estos son agentes directos e inmediatos de la catequesis, pero contribuyen a que la catequesis sea
verdadera y significativa. En cuanto estudioso de la catequesis atiende a los dos polos o fidelidades que ésta debe
mantener: a Dios y al hombre, y está al servicio del encuentro salvador entre ambos. Teología y ciencias humanas
son el campo de trabajo de la ciencia catequética:

 Teología. Puesto que la catequesis transmite los contenidos de la fe no de modo analítico sino sintético,
propio del catequeta no es tanto el análisis como la síntesis teológica de lo nuclear del mensaje para la
fundamentación de la vida cristiana.
 Por otro lado, las ciencias humanas (antropológicas, sociales, de la educación, etc.) contribuyen –en un
contexto de pérdida de relevancia social de la fe y de exigencia de inculturación– a un trabajo
interdisciplinar para lograr una transmisión y educación de la fe que sea en verdad significativa para la
persona actual.

Lo que se pide al catequeta es atender a lo permanente de la fe y de la persona, a la vez que a lo siempre nuevo y
fluctuante de las situaciones humanas; es decir, conocer la tradición eclesial y sintonizar con ella, y estar abierto a
la novedad de cada persona y de cada momento histórico. Es un servicio de síntesis humano-religiosa y de
exploración de caminos para transmitir la fe en cada momento, lo cual resulta indispensable para la
posibilidad misma de la catequesis.

13.4 Los interlocutores de la catequesis

1 Justificación. En la pastoral no sólo hay destinatarios, sino sobre todo interlocutores:


«No es posible seguir empleando en la catequesis el simple término destinatarios, pues sería negarle a
la comunicación de la fe justamente su dimensión de reciprocidad. A pesar de que tradicionalmente se
ha usado destinatarios como término que expresa el punto de llegada del mensaje, es más dinámico y
más rico hablar de interlocutores por la idea de diálogo que conlleva. La misma Revelación nos
sugiere no sólo la idea de destinatarios, sino sobre todo de personas vivas y dialogantes, protagonistas
que reaccionan con la densidad de su vida y el genio de su libertad»118.

Hemos olvidado ese modo de proceder de Dios. En la Iglesia muchos no han logrado superar la mentalidad y la
actitud paternalista. Al anunciar el evangelio o al servir a la comunidad, aún actúan creyendo que sólo dan y nunca
reciben, sólo deben hablar sin jamás escuchar, sólo deben enseñar sin nada que aprender, sólo han de evangelizar
sin ser ellos mismos evangelizados… En la obra de salvación todos somos principio y término de evangelización,
maestros y discípulos, damos y recibimos, proclamamos el evangelio y a nosotros también se nos anuncia…
Somos, pues, interlocutores y no sólo receptores pasivos.

118
F. MERLOS, Hablar de Dios con palabras humanas. Comunicación, lenguaje e inculturación de la catequesis, en: SOCIEDAD DE
CATEQUETAS LATINOAMERICANOS (SCALA), Encrucijadas de la catequesis (Primera asamblea ordinaria de SCALA, Sao Paulo,
setiembre 1998), CONEC, San José 1999, 44.
Lo que sí es cierto es que, si la catequesis es para todos los que forman el pueblo de Dios, no puede ser elitista,
debe responder a todas las personas y a todas las situaciones, pero no a todos en la misma forma, sino con ofertas e
itinerarios diferenciados; si bien, en todos los casos debe optarse por un proceso catecumenal.

2 El Directorio de 1997. Comenzando con una justificación de que «el Reino interesa a todos» (RM 15), ha
dedicado su Cuarta Parte completa al tema de los destinatarios de la catequesis (DGC 163-214). En las consultas
previas hubo propuestas de que se cambiara el título de esa Cuarta Parte por “Los interlocutores de la catequesis”;
no prosperó, pero sí se asumió que «en el proceso de la catequesis, el destinatario ha de tener la posibilidad de
manifestarse activa, consciente y corresponsablemente y no como simple receptor silencioso y pasivo» (DGC
167).

Con todo, se encuentra en esa Cuarta Parte una de las ampliaciones más sustanciales respecto al Directorio de
1971, que se limitaba a considerar la catequesis según la edad (Cf. DCG 1971, 77-97). La acertada justificación
que hace de esa ampliación es:
«La necesaria atención a las distintas y variadas situaciones de las personas impulsa a la catequesis a
recorrer múltiples caminos para salir a su encuentro y adaptar el mensaje cristiano y la pedagogía de la
fe a sus diversas necesidades.
Así, si se considera la condición inicial de la fe, se abre el camino a la iniciación de catecúmenos y
neófitos; si se atiende al desarrollo de la fe de los bautizados, se habla de catequesis de profundización
o de fundamentación para quienes todavía necesitan orientaciones esenciales. Si se considera la
evolución física y psíquica de los catequizandos, se trata de la catequesis por edades. Si se tiene en
cuenta, en cambio, los contextos socio-culturales, se presenta una catequesis según categorías…»
(DGC 165).

Son suficientemente indicativos de la ampliación los títulos de los cinco capítulos de esa Cuarta Parte: I. La
adaptación al destinatario: aspectos generales; II. La catequesis por edades; III. Catequesis para situaciones
especiales, mentalidades y ambientes; IV. Catequesis según el contexto socio-religioso; V. Catequesis según el
contexto socio-cultural.

Siendo válida en muchos aspectos la ampliación de destinatarios que hace el Directorio, tiene también
algunos otros aspectos que urgiría mejorar. Cito dos:

1. Abre un abanico tan diverso en tipos de destinatarios que terminan siéndolo todos; y lo mismo hace en
las formas de catequesis. Se corre peligro de que toda actividad formativa sea vista como catequesis, sin
que se aclare suficientemente la diferencia entre acciones evangelizadoras y las específicamente
catequísticas.

2. En el tratamiento por edades es novedosa la consideración de la tercera edad (186-188), pero es muy
preocupante que la catequesis de infancia se describa tan unida a la iniciación a los sacramentos (178) y
que se asuma el recibir el sacramento de la Confirmación durante la preadolescencia (181) cuando es una
edad tan inestable y crítica.

+ + +

[Pueden ampliarse los contenidos de este tema en:

P. JURÍO, Agentes de la catequesis, en NDC, Vol. I, 134-149.

E. ALBERICH, La catequesis en la Iglesia, cap. 5, sec. IV: “La catequesis eclesial: agentes y responsables”, 147-
151.

En referencia a contenidos de este tema pueden leerse comentarios al DGC en:


AA. VV., Evangelización. Catequesis. Catequistas, cap. 6: “La Iglesia: fuente, lugar y meta de la catequesis”, 209-
234; cap. 18: “Los destinatarios de la catequesis: aspectos generales”, 491-518]
14
El catequista y la formación de los catequistas

14.1 El catequista

En la catequesis es importante contar con buenos instrumentos (catecismo, materiales, programas,


audiovisuales…), pero lo es mucho más contar con buenos catequistas.

DESCRIPCIÓN

1 El catequista cumple una función que podemos desglosar así:

 Es un formador de base. Lo original y específico de su tarea viene dado por el carácter propio de la
catequesis dentro de la acción evangelizadora de la Iglesia. Es una tarea de iniciación ordenada y
sistemática a la revelación que Dios mismo ha hecho al hombre en Jesucristo, y de fundamentación con
la que se capacita básicamente al creyente para conocer, celebrar y vivir el evangelio (Cf. DGC 63).
 Es un educador integral. La formación que da el catequista es básica pero concierne a todas las
dimensiones de la vida cristiana (Cf. CT 21): conocimiento del evangelio, celebración y oración,
actitudes evangélicas, compromiso… El catequista es un maestro de vida cristiana y no sólo un profesor.
 Vincula a Jesucristo. Esa vinculación es el núcleo de la vida del cristiano. La tarea del catequista fortalece
ese vínculo: une al creyente con Jesucristo y, desde él, le une a Dios, a la Iglesia y al mundo.

2 El catequista tiene unas responsabilidades, entre las que destacan:

 Su vocación. Es importante acentuarla porque muchos catequistas cumplen su servicio eclesial sin haber
tomado conciencia de su vocación-llamada de Dios ni de su vocación-envío de la Iglesia. Si es así, falta
madurez humana y cristiana, o las motivaciones no son auténticas, o no se tiene claro en qué consiste el
servicio que se presta. Es necesario que cada catequista pueda decir en forma madura que se siente llamado
por Dios y por la Iglesia para ese servicio.
 Su condición. Está definida por tres elementos: seguidor de Jesucristo, movido por el Espíritu, y
vinculado a la Iglesia. El seguimiento de Jesucristo fundamenta su condición de cristiano y su servicio
concreto a la comunidad. El impulso del Espíritu le exige un crecimiento constante en su vida espiritual, en
su escucha de la palabra, en su oración. Su tarea lo vincula con la tradición viva de la Iglesia, por la cual le
ha llegado la fe que ahora él transmite (Cf. EN 60; CT 6).
 Su servicio. El ministerio del catequista no es una actividad privada, sino un servicio eclesial en favor de
la humanidad.
 Su participación grupal. El grupo de catequistas es un verdadero agente colectivo de la catequesis.
Posibilita realizar muchas tareas en común y, sobre todo, experimentar la comunidad, siendo para el
catequista un lugar de formación y un instrumento metodológico. Por otro lado, «en la comunidad
parroquial el grupo de catequistas no puede ser considerado como un ‘grupo apostólico’ más: por el
contrario, su existencia es indispensable y su razón de ser obedece a la eclesialidad de la catequesis» (CAL
209).

3 Pero antes que nada el catequista es testigo y su testimonio se desglosa así:

 Testigo de la fe. Es un pequeño maestro de vida cristiana, pero antes que maestro es testigo de la fe.
Transmite su propia experiencia de fe con vistas a desencadenar en los catequizandos el deseo de la vida de
fe.
 Testigo de ‘alguien’, de ‘algo’. Habla de algo que no es teoría sino vida. Sabe que no es más que un
mediador y que lo que importa es el hecho o la persona del cual testifica. Se sabe un instrumento del
Espíritu cuyo testimonio sirve, sobre todo, para que los catequizandos se fíen de Dios. Y sabe, en fin, que
«llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca que la extraordinaria grandeza del poder es de
Dios y que no viene de nosotros» (2Co 4,7).
 Transmite una experiencia. La catequesis no es proselitismo, sino acto de compartir la propia experiencia
de fe, algo que al catequista le ha plenificado. Si él mismo no ha experimentado la plenitud que le produce
la fe, transmitirá doctrina, pero no evangelio.
 Testigo en diversos ambientes. Como seguidor de Jesucristo, su vida testimonial no se reduce al ámbito
de la catequesis. ES luz y da testimonio en todo momento allá donde se encuentre.
 Urgen testigos. Tenemos el peligro de creer que se puede evangelizar y catequizar a base de razones, de
grandes discursos. Hoy en día no hay ausencia de mensajes religiosos –más bien al contrario–, lo que faltan
son testigos ricos de fe, comunidades vivas llenas de humanidad por haber creído y comprometidas por ello
activamente en el mundo. Uno de los grandes retos como catequistas es enriquecer nuestra vida para
enriquecer la comunidad.

MODELOS DE CATEQUISTAS

Con el peligro de simplificar y sabiendo que no se dan en estado puro sino entremezclados, describimos en el
siguiente cuadro tres modelos que están vigentes en nuestras Iglesias.
Eje de acción

LA DOCTRINA EL MÉTODO LA COMUNIDAD

E Doctrinal Situacional Antropológico y comunitario


s – Preocupado de la ortodoxia – Descubre y valora la situación – Preocupado por hablar a la persona
de los contenidos que de los destinatarios, sus desde su experiencia, como lugar donde
t
transmite. intereses, sus posibilidades. habla Dios.
i – Preocupado de cómo transmitir
l el mensaje a personas
o concretas.

Magisterial Técnica Animadora


P – Instrucción en verdades y – Más atenta al método que a – Valora a la persona tal como es, en la
e prácticas cristianas matices de los contenidos. sociedad donde vive y en su cultura.
d – Memorización de contenidos – Usa diálogo y métodos activos. – Realiza la catequesis desde y para la
a como control de aprendizaje. – Da espacio a la experiencia de comunidad.
g – Directiva y autoritaria, con los catequizandos. – La entiende como proceso continuo
o poco espacio para la que se ofrece a todos, tomando en
g creatividad y la experiencia cuenta la diversidad de edades y de
í del catequizando. situaciones.
a – Prioriza a los adultos y la creación de
nuevas comunidades.

Contexto Muy clericalizado Misionero, corresponsable Comunidad toda responsable


eclesial

C – Auxiliar del clero, que es el – Necesario y verdadero – Realiza una acción ministerial dentro
a verdadero maestro y colaborador del sacerdote, pero de la comunidad y encargado por ella.
t protagonista de la acción sin un reconocimiento pleno de – Particularmente sensible a la necesidad
e pastoral. su ministerio. de su formación integral y permanente
– No siente necesidad de – Siente necesidad de para responder a lo que la comunidad le
q
preparación especial. preparación, sobre todo en pide y espera de él.
u psicología y métodos
i pedagógicos.
s
t
a
EL CATEQUISTA QUE HOY NECESITA LA IGLESIA

Si bien la tarea del catequista es fundamentalmente la misma a lo largo de la historia, cobra acentos peculiares
según las diversas coyunturas históricas y culturales.

1 El Directorio se refiere a algunos tipos de catequista que considera hoy especialmente necesarios (DGC 232):
los de tierras de misión, los de Iglesias de antigua cristiandad con gran escasez de clero, los de situaciones que
reclaman una nueva evangelización, el catequista de niños y adolescentes, el de encuentros presacramentales, el
que se dirija a sectores humanos como la tercera edad, los discapacitados o los emigrantes, etc. Requiere para
todos ellos una madurez humana, cristiana y apostólica (DGC 239).

La catequesis en América Latina presenta una concreción mayor en ambos aspectos (los tipos y las condiciones).
Entre los niveles de catequistas incluye a los catequetas –algo muy poco frecuente–, «los cuales realizan una
labor importante en la investigación catequética, en la elaboración de materiales y en la formación de los
catequistas» (CAL 203).

Atendiendo a las cualidades, preparación y disponibilidad, los clasifica en: catequistas que se inician (ayudan a
otro de más experiencia), catequistas de la base (en los procesos de formación propios de la parroquia o de la
diócesis), catequistas coordinadores (en la organización parroquial, zonal o diocesana) y catequistas formadores
(responsables de la formación de catequistas, incluyendo la elaboración de los materiales necesarios) (Cf. CAL
204-207). También reconoce la diversidad de catequistas de acuerdo a los interlocutores (Cf. CAL 208).

En las “Características que la comunidad eclesial espera encontrar en el catequista”, como condiciones humanas
pide: equilibrio psicológico, capacidad para escuchar a otros, autoestima, capacidad para conocer y respetar el
ritmo de los otros, responsabilidad y constancia, sensibilidad e integración en la realidad económica, social y
política (Cf. CAL 201). Y como condiciones de fe: espíritu evangélico, participación activa en la vida eclesial,
testimonio cristiano, que transmita la fe de la Iglesia y no sus opiniones, capaz de integrarse en una pastoral de
conjunto, conocedor del material que emplea, interesado en formarse, espíritu de alegría y de esperanza, espíritu de
comunión con sus pastores (Cf. CAL 202).

2 En general se puede decir que hoy se necesitan catequistas que sepan actuar en el marco religioso cultural de la
nueva evangelización a la que está convocada la Iglesia, teniendo en cuenta los valores, desafíos y sombras del
actual momento histórico. Para responder a ese marco se requieren catequistas:

 Con una fe profunda. Las formas de vida actuales nos polarizan a disfrutar lo presente y las personas
vamos perdiendo la capacidad de preguntarnos con hondura por el sentido profundo de la vida; nos
convertimos en seres superficiales que viven de manera intrascendente y dejan cada vez más lejana la
pregunta sobre Dios y sobre el más allá. El catequista actual tiene que tener un hondo sentido religioso, una
experiencia madura de fe y un fuerte sentido de Dios, dar testimonio de ello y responder a la inquietud más
honda del corazón humano, muchas veces no consciente.
 Firmes en su identidad cristiana. En un mundo marcado por el pluralismo de formas de pensar, de
criterios morales, de estilos de vida diferentes, de ofertas religiosas, se exige de la Iglesia un modo de
presencia que no es fácil de conseguir: los cristianos han de acostumbrarse a vivir como una comunidad
concreta y bien definida, en medio de grupos humanos que tienen otros valores. Ante ese pluralismo
ideológico y axiológico, se necesita de catequistas que se sientan firmes en sus convicciones cristianas y
capaces de una educación que haga testigos que sepan confesar su fe y dar razón de su esperanza, anclados
en convicciones serias y en los valores evangélicos fundamentales.
 Con sensibilidad misionera. Algunas de las situaciones religiosas actuales en países de antigua tradición
cristiana requieren de catequistas preocupados por la conversión al Señor de bautizados que necesitan
recuperar una fe perdida u olvidada, aunque muchos de ellos vivan –a través de expresiones de religiosidad
popular– momentos de experiencia de lo sagrado. En esa situación se necesita, pero no basta, el testimonio
cristiano: hace falta también anunciar directamente la palabra que interpreta ese testimonio. Por eso son
necesarios catequistas con una mirada de fe sobre el mundo, que crean en esas personas y capaces de
ponerse en diálogo afectivo y lleno de humanidad con ellas.
 Con honda preocupación social. Ya no hay dudas ni antiguas tensiones entre ‘colectivismo’ y
‘liberalismo’: hoy somos víctimas de estructuras económicas deshumanizadoras, con profundas
contradicciones internas y mecanismos económicos y financieros rígidos y ciegos (Cf. SRS 16). El
resultado es un deterioro social generalizado y un inmenso sufrimiento en muchas personas y en muchos
países. Cuando los valores humanos más hondos tienden a oscurecerse, hoy urgen catequistas que sean
capaces de formar cristianos que sepan inculcar el fermento dinamizador del evangelio en una problemática
socioeconómica que crea insolidaridad, y que respondan a la tarea irrenunciable de manifestar la dignidad
inviolable de toda persona humana.

EL MINISTERIO DEL CATEQUISTA

En el significado pleno de ese término –‘ministerio’– confluyen las funciones, responsabilidades, testimonio,
modelos, cualidades… que hemos descrito. El servicio del catequista cumple las características de un ministerio
eclesial, como son:

 Es un don del Espíritu a la Iglesia para el crecimiento de la fe en comunidades ya formadas y en personas


que se deciden a ser seguidores de Jesús.
 Requiere de vocación, que sólo se despierta por la mediación de comunidades que tratan de vivir su fe con
autenticidad. Es la comunidad la que se siente corresponsable de la tarea que encomienda a un catequista y
compromete su apoyo para que pueda desarrollarla.
 Responde a una necesidad permanente y requiere de estabilidad y duración, por lo que es un servicio
importante y decisivo para la comunidad cristiana. Ésta es una de las claves en la renovación catequética
para que la catequesis pueda extenderse de ser mera iniciación a los niveles de formación permanente y a
toda la gama de edades, situaciones y ambientes.
 Necesita de reconocimiento eclesial, que asegure su validez e importancia. Los pasos de ese
reconocimiento son:
o la comunidad descubre en algunos de sus miembros el don del Espíritu que les capacita para esa
tarea;
o esos miembros aceptan con generosidad poner ese don al servicio de la comunidad;
o la comunidad les encomienda como tarea el servicio de la catequesis.

Muchas comunidades cumplen ese dinamismo de reconocimiento y viven el último paso en forma pública,
en el marco de una celebración donde el responsable de la comunidad expresa con un gesto significativo la
misión que se les encomienda y el envío a ella. Son experiencias positivas que, por ahora, surgen de una
iniciativa informal pero que van creando conciencia y costumbre.

Catequista ¿un ministerio instituido?

Un servicio tan claro, tan definido, tan necesario en forma estable y permanente en las comunidades, no ha
recibido de la Iglesia el reconocimiento oficial de ‘ministerio instituido’. Se mantiene en el nivel de oficio eclesial
(Cf. CIC, 226), de encargo (Cf. 228), o de servicio (Cf. 231) que la autoridad de la Iglesia puede encomendar a los
laicos, sea que se dediquen en modo permanente o temporal (Cf. EN 73; ChL 23). Y ello aunque se afirmó de él
que es «si no un ministerio formalmente instituido, sí al menos una función de altísimo relieve en la Iglesia» (CT
71).
Quizá esta sea en Europa una cuestión “relativamente secundaria” 119, pero cuesta comprender, cuando se piensa en
los miles de catequistas entregados a esa labor en América Latina, que se mantenga tal escasez de reconocimiento
y de respaldo eclesial.
El ‘Motu proprio’ Ministeria quaedam (15 de agosto de 1972), con que Pablo VI promulgó la institución de lector
y de acólito, dejó abierto: «…nada impide que las Conferencias Episcopales pidan a la Sede Apostólica la
institución de otros [ministerios] que por razones particulares crean necesarios o muy útiles en la propia región.
Entre estos están, por ejemplo, el oficio de ‘Ostiario’, de ‘Exorcista’ y de ‘Catequista’, y otros que se confíen a
quienes se ocupan de las obras de caridad»120.

Sobre el oficio de catequista había dicho unos años antes el concilio en su decreto sobre la actividad misionera de
la Iglesia: «…para la plantación de la Iglesia y para el desarrollo de la comunidad cristiana son necesarios varios
ministerios que, suscitados por vocación divina del seno mismo de la congregación de los fieles, todos deben
favorecer y cultivar diligentemente; entre tales ministerios se cuentan las funciones de los sacerdotes, de los
diáconos y de los catequistas…» (AG 15). Más adelante, aseguró: «en nuestros días, el oficio de los catequistas
tiene una importancia extraordinaria»… y habló de «procurar, por medio de una justa remuneración, a quienes se
entregan por entero a esta obra una condición de vida decorosa y la seguridad social»… y «donde parezca
oportuno, se confiera a los catequistas debidamente formados misión canónica en la celebración pública de la
acción litúrgica, para que sirvan a la fe con más autoridad delante del pueblo» (AG 17).

Bien. Se podría empezar con los catequistas a tiempo pleno, según la distinción asumida en DGC 233, o los
‘coordinadores’ y los ‘formadores’, en la escala que ofrece CAL 204-207. Las ventajas de institucionalizar el
servicio de catequista en la Iglesia particular son grandes, entre ellas se destacan dos: 1) es la mejor forma de
oficializar el reconocimiento de la comunidad al catequista; 2) mientras otros agentes –especialmente el
presbítero– deben atender a una amplia gama de tareas eclesiales, esos catequistas pueden dedicarse sólo a la
catequesis.

Con todo, esa figura ministerial debería implantarse sólo en la medida en que las necesidades de una Iglesia
particular lo reclamen. En nuestros países centroamericanos, es clara la necesidad en las grandes zonas urbanas
periféricas, y en las áreas campesinas e indígenas.

En fin, el camino no está cerrado para quienes abrigamos la esperanza de ver algún día reconocido, con toda la
formalidad del caso, el servicio del catequista en América Latina como un ministerio eclesial instituido.

+ + +

[Pueden ampliarse los contenidos de este apartado en: R. LÁZARO – V. M. PEDROSA, Catequista, El, en NDC, Vol.
I, 417-427; COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS , El catequista y su formación. Orientaciones
pastorales, parte II: “La identidad del catequista”, 19-67; S. MOVILLA, Catequesis, en CFP, sec. VI: “La misión
del catequista o del educador en la fe”, 137-141.

En referencia a contenidos de este apartado puede leerse:

Comentario al DGC en: AA. VV., Evangelización. Catequesis. Catequistas, cap. 20: “Vocación, identidad y
formación del catequista”, 541-563; Un contraste entre el catequista que tenemos y el que soñamos en: B.
CADAVID, El catequista que soñamos, Medellín 72 (1992) 911-929]

119
Así la considera E. Alberich, aunque añade: «en todo caso, es importante que el servicio de los catequistas goce de explícito
reconocimiento comunitario y de un suficiente rango de oficialidad eclesial» (La catequesis en la Iglesia, 150).

120
COMISIÓN EPISCOPAL ESPAÑOLA DE LITURGIA, Ritual de Órdenes, Coeditores Litúrgicos, Madrid 1977, 14.
14.2 La formación de los catequistas121

Su calidad es necesaria para ellos mismos, para sus catequizandos y para toda la Iglesia; una auténtica
evangelización depende, en buena medida, de la calidad de la catequesis. Formar a los catequistas es más
importante que la calidad de los materiales de trabajo y que la propia organización de la catequesis. «La pastoral
catequética diocesana debe dar absoluta prioridad a la formación de los catequistas laicos. Junto a ello, y como
elemento realmente decisivo, se deberá cuidar al máximo la formación catequética de los presbíteros…» (DGC
234).

CARACTERÍSTICAS DE LA FORMACIÓN
1 La finalidad. La formación trata de hacer apto al catequista para realizar un acto de comunicación, para ser un
transmisor, realizando una entrega (traditio). Puede desglosarse así122:

La formación de catequistas trata de:

 Situar al catequista en la misión evangelizadora de la Iglesia, y de


 capacitarle para poder iniciar en la totalidad de la vida cristiana
 al hombre de hoy
 con la pedagogía original del evangelio;
 todo ello dentro de un clima comunitario y de diálogo
 mientras el catequista va madurando como persona creyente y educador de la fe.

El Directorio asume la misma tónica (Cf. DGC 235) y añade que la formación debe ayudar a los catequistas a
comprender la conciencia viva que la Iglesia tiene hoy del evangelio y a colaborar en su intención de transmitirlo
adaptándolo a todas las culturas, edades y situaciones (Cf. DGC 236).

Los rasgos que componen la finalidad descrita:

 No se consiguen de una vez, sino a lo largo de todo el itinerario formativo. Se van asumiendo
gradualmente.
 Se desarrollan con mayor o menor profundidad y extensión según los diferentes niveles de formación.
 Se interconexionan mutuamente, pues no son compartimentos estancos.

2 Enriquece al catequista. Para ello debe:

 Dirigirse a toda su persona, no estar sólo en función de la misión que realiza: «le ha de ayudar a madurar,
ante todo, como persona, como creyente y como apóstol» (DGC 238). Debe valorar la experiencia personal
de cada uno y llevarle a una relectura de la trayectoria de su vida humana y cristiana, descubriendo el
sentido cristiano de su propia historia, inscrita en la historia de la relación de Dios con la humanidad.
 Hacerle protagonista de su propia formación. No asumir la actitud pasiva de quien recibe saberes,
técnicas y experiencias, sino la de «protagonistas de su propio aprendizaje, situando la formación bajo el
signo de la creatividad y no de una mera asimilación de pautas externas» (DGC 245).
 Cultivar su espiritualidad «de modo que su acción brote en verdad del testimonio de su vida» (DGC
239). Se le debe capacitar en una triple relación: con la palabra de Dios, que culmina en Cristo y le lleva
a la relación con Dios; con la Iglesia, en la que descubre y alimenta su vocación y vive su experiencia de
comunidad; con las personas, sus hermanos y hermanas. Ese es el camino de la madurez en la fe que le

121
Cf. M. NAVARRO, Formación de catequistas, en NDC, Vol. I, 1004-1012.

122
COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS, El catequista y su formación…, 86.
capacita para dar testimonio de la buena nueva: «el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que
dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio» (EN 41).
 Ayudarle a vivir encarnado en la realidad. Atento a las situaciones históricas y personales de grupos y
personas, y haciéndose eco de lo que ocurre en su ambiente social. Requiere capacitación para acoger
dolor, gozo, paz, lucha, inquietudes y esperanzas de los hombres y mujeres, viéndolos como hermanos y no
como extraños.
 Tener en cuenta su condición eclesial. Sea laico, religioso o presbítero. «La formación de los catequistas
laicos no puede ignorar el carácter propio del laico en la Iglesia y no debe ser concebida como mera síntesis
de la formación propia de los sacerdotes o de los religiosos» (DGC 237).

3 Le da espíritu misionero. La reflexión actual sobre nueva evangelización invita a que las acciones eclesiales
acentúen el testimonio de seguidores de Jesús, el anuncio explícito del evangelio, la conversión, y la incorporación
afectiva y efectiva a la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, es consciente de la situación de muchos bautizados que
han perdido el sentido vivo de la fe y no obstante solicitan los sacramentos. No es situación para una catequesis de
talante catecumenal sino de algo previo: una acción de fuerte acento misionero, lenta, progresiva y realista. Esa
acción demanda un catequista que acompañe a la persona y sus ritmos de descubrimiento, le ofrezca el
testimonio de su fe, le comunique con sencillez el mensaje de salvación, ore por ella y la aliente en el camino de su
conversión.

4 Abierta al ecumenismo, la tolerancia y el pluralismo. Nuestros ambientes son hoy multiculturales y


multirreligiosos. En ellos, la catequesis debe ayudar a robustecer la identidad de los bautizados, a descubrir las
semillas del evangelio que hay en otras culturas y religiones, y a promover en los creyentes un vivo sentido
misionero, mediante el testimonio, el respeto y la comprensión mutuas, el diálogo y colaboración en defensa de los
derechos de la persona y a favor de los pobres (Cf. DGC 200). Todo eso supone reconocer las propias
limitaciones y ver los valores propios como partes de un todo y no como absolutos.

Distinto es el caso de los nuevos movimientos religiosos. Ahí la catequesis debe contribuir a «superar el grave
peligro de la ignorancia y del prejuicio, ayudar a los fieles a encontrarse de modo correcto con la Escritura,
suscitando en ellos la experiencia viva de la oración (…) educándolos en la responsabilidad de la fe recibida,
saliendo al paso, con las armas del amor evangélico, de las dolorosas situaciones de soledad, pobreza, sufrimiento»
(DGC 201).

5 En el marco de la pastoral de conjunto. La catequesis forma parte de esa pastoral y capacita a las personas
para ejercerla. La formación de los catequistas habrá de cuidar:

 Estar incluida en la pastoral diocesana. Tener en cuenta sus prioridades, la complementariedad con otras
acciones y sus necesidades evangelizadoras. Debe evitarse la dispersión de planes formativos, aunque se
respete la diversidad de cauces, según los niveles de implicación de los catequistas y sus responsabilidades.
 Ser integral y sistemática. Tener en cuenta y saber estructurar adecuadamente todas las dimensiones del
acto catequístico: experiencia, palabra de Dios y expresión de la fe, y los distintos aspectos que configuran
la vida cristiana: conocimiento de la fe, celebración, seguimiento de Jesucristo y vida comunitaria.
 Contemplar todas las etapas y situaciones de la catequesis. Así lo requiere una formación que quiera
promover la nueva evangelización y la catequesis que hoy propone la Iglesia. «Cada Iglesia particular, al
analizar su situación cultural y religiosa, descubrirá sus propias necesidades y perfilará, con realismo, los
tipos de catequista que necesita. Es una tarea fundamental a la hora de orientar y organizar la formación de
los catequistas» (DGC 232).

6 Que use una pedagogía coherente con la catequesis. Los catequistas se forman a través tanto de los contenidos
que reciben como de la manera con que se les transmiten. Se deben favorecer los aspectos propios de la pedagogía
original de la fe, de forma que los catequistas:

 experimenten la gratuidad de la propia fe y de su llamada a ese ministerio;


 desarrollen sus valores personales en consonancia con los valores evangélicos;
 interioricen el misterio cristiano en el hoy de su situación y de su historia;
 se acerquen a la realidad de Dios y de la salvación, por medio del lenguaje simbólico.

Además, debe crearse entre los catequistas un ambiente acogedor y sencillo que facilite la participación y lleve a
una experiencia de comunión y diálogo.

DIMENSIONES DE LA FORMACIÓN

La formación de un catequista (a la vez, maestro, educador y testigo) debe atender a tres dimensiones: ser, saber y
saber hacer (Cf. DGC 238).

1 Cuidar y alimentar el “ser”. «El ejercicio de la catequesis (…) permitirá al catequista crecer en equilibrio
afectivo, en sentido crítico, en unidad interior, en capacidad de relación y de diálogo, en espíritu constructivo y en
trabajo de equipo» (DGC 239). En el ser del catequista se contienen sus dimensiones humana, cristiana y
apostólica.

También ayuda en la formación del “ser” catequista comunicar en el grupo la propia experiencia de fe, la
mirada creyente a la vida que ayuda a descubrir el ‘paso de Dios’ en nuestro tiempo.

2 Formar en el “saber”. «Esta dimensión, penetrada de la doble fidelidad al mensaje y a la persona humana,
requiere que el catequista conozca bien el mensaje que transmite y, al mismo tiempo, al destinatario que lo recibe y
al contexto social en que vive» (DGC 238). Esa formación implica:

 Conocer a la persona y la realidad en que vive (psicología, sociología, ciencias de la educación y de la


comunicación). Criterios que inspiran el empleo de esas ciencias en la formación de los catequistas (Cf.
DGC 242-243) son: respetar la autonomía de las ciencias; discernir evangélicamente los valores y límites
de las diferentes tendencias o escuelas psicológicas, sociológicas y pedagógicas; tener presente que conocer
la situación de las personas se hace con vistas a la fe en que se les quiere educar; mantener el diálogo
interdisciplinar y mutua fecundación entre la teología y las ciencias humanas, siempre en servicio de una
acción evangelizadora que no es sólo humana.
 Tener una visión general del proceso evangelizador y del concepto actual de catequesis como
formación cristiana integral.
 Un conocimiento de la Biblia y de las verdades cristianas fundamentales. El primero, para leer,
interpretar e integrar en la vida las experiencias fundamentales de creyente; el segundo para dar razón de su
esperanza (Cf. DGC 240).
 Una visión integral de la moral cristiana, del tipo de acciones y comportamientos que conlleva seguir a
Jesús y optar por el reino. Requiere conciencia crítica sobre la realidad para aprender a leer en ella los
signos de Dios y comprometerse con ella como cristiano.
 Experimentar la oración y la celebración cristiana, como ámbitos privilegiados de encuentro con el
Señor.

3 Capacitar para “saber hacer”. «El catequista se prepara para facilitar el crecimiento de una experiencia de fe
de la que él no es dueño. Ha sido depositada por Dios en el corazón del hombre y de la mujer» (DGC 244). Pero él
debe cultivar ese don y ayudarlo a crecer. Para eso necesita (Cf. DGC 245):

 poseer un conocimiento y una praxis de la pedagogía propia del acto catequístico y de su metodología;
 iniciarse en los distintos lenguajes de comunicación de la fe y en aquellos en los que se expresa la persona
actual: experiencial, narrativo, simbólico, audiovisual, corporal, etc.
 ser capaz de animar un grupo, sabiendo usar las técnicas que ofrece la psicología;
 saber programar en grupo la acción educativa, elaborar un plan realista y evaluarlo críticamente.
4 En otra forma123:

Podemos hablar de cuatro dimensiones básicas de la formación, que se recogen en ocho núcleos
temáticos:

CONCIENCIA EVANGELIZADORA

1. Evangelización y catequesis (Catequética fundamental)

FORMACIÓN BÍBLICO-TEOLÓGICA

2. Historia de la salvación (Iniciación bíblica)


3. Síntesis de fe (Símbolo de la fe)
4. La vida del cristiano (Moral)
5. Los sacramentos y su celebración en la Iglesia
6. La oración

FORMACIÓN ANTROPOLÓGICA

7. Conocimiento del hombre (Psicología y Sociología)

FORMACIÓN PEDAGÓGICA

8. Pedagogía catequética

CAUCES PARA LA FORMACIÓN DE CATEQUISTAS

1 La comunidad cristiana y el grupo de catequistas. Es ahí «donde el catequista experimenta su vocación y


donde alimenta constantemente su sentido apostólico» (DGC 246). Ahí procura su maduración en la fe a través de
los cauces normales con que la comunidad educa (procesos catecumenales, celebraciones, encuentros, etc.). Dentro
de ella, el grupo de catequistas es un espacio donde comparte la experiencia creyente y recibe ayuda para
desempeñar mejor su tarea. «…facilita el espíritu de oración y la superación de muchas dificultades que los
catequistas encuentran en su camino. De ahí la importancia del grupo como lugar de formación del mismo
catequista y como instrumento metodológico» (CAL 209). Necesita de un buen animador que ayude a cumplir los
objetivos propios del grupo.

2 Cursos breves. Aportan una formación básica inicial o algún aspecto específico reclamado por el ámbito de
misión en que desempeña su tarea un catequista. Pueden ser de género muy diverso: iniciación básica,
monográficos de actualización, complementarios de algún tema o actividad, de especialización en un nivel o
situación catequística determinada, etc.

3 Escuelas de catequistas y centros superiores. Cada vez es más necesario ofrecer a todos los catequistas
(laicos, religiosos/as, presbíteros) una formación sistemática y estructurada. Según la variedad de catequistas, sus
posibilidades de dedicación y la diversidad de tareas, puede haber escuelas de distintos niveles:

 Nivel básico. Es el inmediato superior al nivel del propio grupo y de los cursillos de iniciación, y el
primero en una formación sistemática. Puede ser para catequistas de base que muestran una dedicación
estable, inquietud y cualidades. Forma en lo esencial de todas las dimensiones del trabajo catequístico y
fomenta comunión eclesial al integrar a catequistas de distintas comunidades (Cf. DGC 249).

123
COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS, El catequista y su formación…, 106.
 Nivel medio. Forma responsables parroquiales o vicariales, animadores de grupos de catequistas,
catequistas con mayor dedicación, etc. Puede ser útil que se dirijan a responsables de las diversas acciones
pastorales como Centros de formación de agentes de pastoral; en ese caso la formación se articula en un
tronco común para todos los agentes y otro específico, según las distintas áreas de la pastoral (Cf. DGC
250).
 Nivel superior. Es una formación de carácter universitario para quienes se dedican a la enseñanza o
investigación catequética, con responsabilidades en ámbitos diocesanos o nacional. Es un nivel muy apto
para la colaboración entre Iglesias. «Es muy conveniente, en el campo diocesano o interdiocesano, tomar
conciencia de la necesidad de formar personas en este nivel superior, como se procura hacer para otras
actividades eclesiales o para la enseñanza de otras disciplinas» (DGC 252).

4 En las condiciones latinoamericanas:


«Fraccionar la formación de catequistas en diversos cursos de pocas horas de duración y separados
entre sí por largos meses, tiene serios inconvenientes y limitaciones. Sin embargo, esta forma, por el
momento, parece ser la única viable en muchos sectores de América Latina. Los cursos más
prolongados y realizados de manera continua ofrecen ventajas sobre la modalidad anterior y por ello no
deben ser abandonados en los lugares en donde sean posibles (…) en los tiempos actuales y para zonas
aisladas, la utilización de materiales y cursos a distancia han mostrado su utilidad en ausencia de la
posibilidad de cursos presenciales» (CAL 198).
«La catequesis de América Latina ha dado muestras de su preocupación por la formación de los
catequistas, a través de la creación y fortalecimiento de institutos y centros de formación en el ámbito
parroquial, zonal, diocesano y nacional. Es recomendable la consolidación y continua actualización de
los centros que ya existen y la creación de otros que faciliten, en la modalidad presencial o a distancia,
las diversas exigencias de la formación. (…) Los centros internacionales existentes y otros que pueden
crearse son un valioso aporte a la capacitación de “catequistas formadores” y para la actualización
catequética de los presbíteros» (CAL 210).

[Pueden ampliarse contenidos de este apartado en:

COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS, El catequista y su formación. Orientaciones pastorales,


parte III: “La formación de catequistas”, 69-134.

AA. VV., Evangelización. Catequesis. Catequistas, cap. 20: “Vocación, identidad y formación del catequista”,
563-586.

Como aplicación práctica puede verse:

COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS, Proyecto marco de formación de catequistas, EDICE,


Madrid 1998]

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