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Módulo 2

Inconsciente Vital y Principio biocéntrico

De este maravilloso segundo módulo, después de esas charlas teórico-prácticas en


las que del caos surgieron ideas muy esclarecedoras, se me quedaron resonando
los dos conceptos principales: la idea de que Biodaza se organiza en torno a la
defensa y sacralidad de la vida y la de que dentro de nosotros está todo lo que
necesitamos saber.

Que en mi día a día la vida va ocupando el lugar primordial ha sido algo de lo me he


dado cuenta a lo largo de este mes. No es que haya sucedido de pronto, sino que se
han ido dado cambios que me lo han hecho evidente. El más obvio es haber tomado
mucha más consciencia en cuanto a nuestra madre tierra y todo el daño que le
estamos haciendo con nuestro progreso occidental. Así que, sin proponérmelo, he
ido cambiando poco a poco las bombillas de mi casa por otras de bajo coste y he
llenado el baño, la nevera y la alhacena con productos naturales. Y como he dicho
no es algo que me haya propuesto, sino que ha ido sucediendo, y de esta forma
pongo mi granito de arena hacia el cuidado de la pacha mama y, con su cuidado, al
de la vida misma desde mi día a día.

Leo las notas que he tomado del cuadernillo y de las sesiones teóricas y me
encuentro con la idea del carácter sagrado de la vida. ¡Dios mío! Si la vida es
sagrada, si entendiéramos de verdad que la vida es sagrada, cómo cambiaría
nuestra forma de estar en el mundo. Debido a mi trabajo últimamente he leído
mucha poesía y hoy precisamente leía una en la que la poeta se mostraba enfadada
por estar viva. Hace tiempo, hace mucho tiempo, probablemente hubiera
seleccionado ese poema para la antología que estoy preparando pero hoy no, hoy
no me interesa esa voz tan alejada de la vida. De esto también me di cuenta el
módulo pasado: de que, también sin ser consciente de ello, el principio que está
debajo de cada texto seleccionado para mi trabajo es el principio biocéntrico. Así
que, sin saberlo, he estado haciendo una antología de poesía biocéntrica. Tuco,
acuérdate de lo que te digo: tienes delante de ti a una de las próximas teóricas,
creadoras y recopiladora de literatura biocéntrica. Ya verás, ya. Porque estoy
cansada de encontrarme con tantos deprimidos e infelices vagando por páginas
que todos tenemos que leer y que no hacen más que mostrar la enfermedad de
nuestra cultura. Como decíamos en el módulo, para sanar nuestra cultura es
necesario que el cambio se dé en todos los sectores y campos, y yo estoy dispuesta
a llevarlo a la Literatura, así, con mayúsculas, y crear textos donde el paradigma de
la nueva sociedad sea palpable: una sociedad hedonística. Porque si el mundo
actual es una construcción, como dijo Jorge, también es modificable y, por lo tanto,
es posible construir uno diferente. Y eso yo lo quiero hacer esto con los textos.
Otra idea que me afectó y resonó del cuadernillo fue del apocalipsis entendido
como mirar a los ojos y no encontrarse. Hace tiempo no hubiera entendido el
significado; hoy creo que no hay una forma mejor de definirlo y de alguna forma
creo que hay parte de esto en las relaciones cuando separamos entre el “yo” y el
“otro” para hablar de este en oposición a mí y entonces, juzgamos. Todo lo que
hablamos de la ecología humana, del salto del individuo a la relación como factor
que permite a la especie avanzar despertó algo en mí. Creo que el escucharlo hizo
que mi parte racional pudiera ponerle palabras a algo que ya estaba pasando
también por dentro. Y algo que sucedió el último módulo en una conversación con
un grupo de compañeras me sirvió para demostrarme a mí misma, por si aún lo
dudaba, que este es un aprendizaje más conseguido. Y es que simplemente mi
cuerpo comenzó a reaccionar ante una conversación en la que se estaba pasando
por alto la relación y se estaba posicionando al “otro” para cargarle con la
responsabilidad de lo que sucede entre ambos. Es la dinámica aprendida, la que
rige las relaciones de nuestra sociedad, pero yo me sentí muy contenta al ver que
era mi cuerpo el que me estaba avisando de que ese no era el camino. Ahora veo
claramente que al centrarnos en la relación, aceptamos nuestra parte de
responsabilidad y lo que hay de nosotros en ella.

Y es que en realidad, todos estos cambios que después de dos años se hacen
patentes, supongo que no son más que el resultado del haber conseguido conectar
con esa sabiduría que todos llevamos dentro, ya que es ahí donde está todo lo que
somos. Me encanta la idea de que el conocimiento está dentro de nosotros; siempre
me ha motivado saber que mi vida depende de mí: es una idea que me da
muchísima fuerza y hace que todo parezca más fácil.

A pesar de todas las ideas que me resonaron ese fin de semana y de las cosas que
sentí que había integrado (lo que yo llamo “hacerse cuerpo”), lo que fue más
fascinante fue descubrir que tras el salto, en el vacío, no hay sufrimiento. (Tengo
que reconocer que me ayuda a explicarlo el haber hablado de la vivencia, de todas
formas voy a intentar no mezclar). Sentir que dejar de tener el control no es
sinónimo de sufrimiento. Y hasta aquí puedo leer. El resto en la próxima
devolución.

Pero antes de terminar quiero dedicar las últimas frases al deseo de vivir ya que ha
sido precioso para mí entenderlo y comprender cómo funciona. La idea de que las
personas viven más porque lo quieren desde sus células me sirve para entender
mejor porqué es tan importante para la felicidad hacer cosas en las que te sientas
realizado. Ahora entiendo que hacer esas actividades es otra forma de activar la
varita mágica de los potenciales genéticos, aumentando el deseo de vivir y
acercándonos un poquito más a esa sabiduría que está esperándonos. La verdad es
que tengo unas ganas de saber más sobre los aspectos biológicos, fisiológicos y
psicológicos de la biodanza... pero bueno, poco a poco.