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La poesía me convierte en nosotros

Entrevista1 a Frank Báez


Christiane Quandt [ChQ]: Vives y trabajas en Santo Domingo, en la República
Dominicana, un lugar que desde Europa o el mundo “occidental”, se asocia
más a la idea de vacaciones que a la de poesía. ¿Qué significa para ti ser
poeta dominicano, o sea, escribir desde la República Dominicana?

Frank Báez [FB]: El año pasado, la Revista de Occidente dedicó un número a


Marcel Duchamp y me pidieron que participara. Les mandé un poema titulado
“Memoria de un vanguardista” que empieza de la siguiente manera:

Cuando cumplí los veinte

reuní a mis padres

y les dije que había llegado la hora

de marcharme al extranjero

a convertirme en artista de vanguardia…

El poema parodia la idea de que, para ser vanguardista, es decir, para encontrar lo
nuevo, uno debe dejar su hogar y mudarse a los grandes centros culturales del
mundo. Sin embargo, como era tan complicado conseguir visas o becas, el poema
planteaba que no quedaba otra opción que hacer la vanguardia en Santo Domingo,
una ciudad que de vanguardista no tiene nada, es más, es todo lo contrario, una
ciudad que está a la retaguardia. Por lo que el poema ilustra este dilema entre irse o
quedarse que muchos artistas dominicanos tenemos. A veces, me tumbo en la
cama y hago cálculos pensando en lo que ganaría yéndome y lo que perdería
quedándome. Supongo que en el extranjero tendría mayores oportunidades y todas
las facilidades que ofrece una gran urbe. ¿Qué perdería? Bueno, la ciudad. Ya no
la podría tocar, no pisaría sus calles y no la sentiría en mi habitación, a mis
espaldas, cuando me siento a escribir y ella lee lo que escribo y me sopla
cosas al oído.

[ChQ]: ¿Es tan difícil hacer poesía desde Santo Domingo?

1 Entrevista originalmente publicada en: » La poesía me convierte en nosotros. Entrevista a


Frank Báez
[FB]: Me imagino que como en todas partes. A pesar de las limitaciones, contamos
con grandes poetas. Pero no solo eso, sino que también hemos recibido escritores y
poetas extranjeros que se han revitalizado con nuestro sol, con nuestra historia y
nuestros paisajes. Te pongo el ejemplo de una poeta alemana del siglo pasado:
Hilde Domin. Como bien sabes, cuando escapó de Europa, tras la llegada de los
Nazis, intentó buscar asilo en varios países y terminó aquí en la República
Dominicana. Estuvo tan agradecida por el cariño que le brindaba la gente y lo
colorido y divino de nuestros paisajes, que terminó adoptando el apellido de Domin
en homenaje a la República Dominicana.

[ChQ]: Cuando presentas tus textos fuera de tu país, ¿te sientes más como
poeta hispanoamericano, latinoamericano, centroamericano, caribeño o
dominicano?

[FB]: Esto me hace pensar en un libro del escritor haitiano


Danny Laferriere que se titula: Yo soy un escritor japonés.
Bueno, me imagino que como la mayoría de los que asisten a
estos eventos no han leído mi obra, se usan estas
denominaciones para darle una idea de donde procede el
poeta que van a escuchar. Claro, yo quisiera que me traten
como a los poetas de los países grandes y que en vez de
preguntarme acerca de geopolítica y de la crisis de
nuestros países, me preguntaran como a ellos sobre el
lenguaje, sobre el rumbo de la poesía y sobre la
creación. Me gustaría que se refirieran a mí sencillamente
como poeta. Pero por otro lado, esto también es un poco
ingenuo y hasta egoísta, si uno piensa en el mundo desigual
y segregado en el que vivimos.

Ya de por sí es un lujo que nos inviten a un festival y que uno pueda poner en el
formulario de migración que su ocupación es poeta, y decirle al oficial de migración
que uno viene invitado a un festival de poesía. Anteriormente, los poetas
dominicanos tenían pocas posibilidades de viajar y de intercambiar libros con poetas
de otros países. Por lo que es todo un privilegio poder beberse una cerveza con
poetas, con artistas y con lectores de otras latitudes. Además, de alguna manera,
creo que los poetas están hermanados, por el mero hecho de que crecieron
admirando los mismos libros y poemarios. Por lo que uno encuentra un montón de
afinidades con un poeta de Taiwán, de Marruecos o de Bulgaria.

Ese acercamiento y esa camaradería que surgen en los festivales contribuyen a


crear diálogos entre los poetas de diferentes países, de diferentes culturas, y que
sin duda expandirán lo que conocemos como literaturas nacionales o regionales.
Dicho diálogo incentiva la lectura, la traducción, las reseñas, el ensayo, y envuelve
al poeta en una experiencia literaria más amplia y más universal. A mí los poetas
que más me interesan son esos que sirviéndose de influencias de diferentes
culturas y diversas tradiciones, logran pintar su aldea y hacerla universal.

[ChQ]: En cada poeta suele haber un gran lector. ¿Cuáles autores y autoras te
acompañaron al mundo de la poesía o lo abrieron para ti? ¿Hubo
“descubrimientos” que te marcaron más que otros? ¿Dirías que tienes
modelos literarios? En caso afirmativo, ¿de qué regiones geográficas y
lingüísticas provienen?

[FB]: Llegué a la literatura a través de mi padre que me leía novelas y que


recitaba poesía. Pese a que ya había leído mucha poesía, aún no encontraba un
poeta o un verso que me impactara. Una tarde mi padre estaba leyendo poesía en
voz alta. Tenía el primer tomo de las obras completas de Neruda en las manos, un
libro rojo, de tapa dura, que publicó Losada antes de la muerte del poeta chileno y
que contiene una cariñosa dedicatoria que le hizo mi mamá a mi papá en los
setenta. En un momento, mi padre se detuvo y fue a buscar otro libro. Al regresar
trajo consigo un libro negro que mostraba en la portada a un muchacho de la misma
edad que yo tenía entonces, con el pelo revuelto y un suéter de lana, bebiendo
cerveza en lo que aparenta ser una taberna. Antes de leer el primer poema que
escuché en mi vida de Dylan Thomas, el poema «Si me hiciera cosquillas el roce del
amor», mi papá dijo que el autor había muerto tras beberse dieciocho whiskies
seguidos y que antes de quedar inconsciente para siempre señaló que se trataba de
un récord. Entonces procedió a leer el poema. Puedo evocar el instante como si
sucediese ahora mismo. Recuerdo cuando leyó: «la mitad del mundo es del
demonio y la otra mitad es mía». ¿No es impactante? No sé con qué compararlo, es
como si alguien empujara una silla de ruedas por una escalera. Pero ese tampoco
sería el símil, y por supuesto que no existe, ya que ese verso contiene toda la
adolescencia mía y la de no sé cuántas personas más.

[ChQ]: También eres traductor, editor de la revista Global y de la revista de


poesía Ping Pong que divulga a poetas latinoamericanos, norteamericanos y
europeos. ¿Cómo se relacionan entre sí las tareas del escritor, editor,
traductor y demás actividades?

[FB]: Creo que esas tareas conforman la experiencia literaria. Es el entusiasmo por
la literatura y por la poesía que te llevan a traducir, a editar, a escribir reseñas,
ensayos y crónicas.

En el 2006, junto a Giselle Rodríguez Cid, empecé a editar la revista Ping Pong
(http://revistapingpong.blogspot.com/). Al principio, teníamos planeado hacer una
publicación impresa, pero poco a poco nos fuimos decantando por las
oportunidades que ofrecía el internet, sobre todo la de los blogs que estaban en
boga entonces y las redes sociales. De inmediato la revista atrajo la atención de esa
“inmensa minoría”, como diría Juan Ramón Jiménez, y empezamos a recibir correos
de poetas, de académicos y de lectores de poesía.

Como te puedes imaginar, fue un proyecto que surgió porque ambos teníamos
curiosidad por saber qué estaba pasando en el panorama de la poesía
contemporánea. Al principio fue una revista mensual y dedicábamos cada número a
un país distinto. Con esto en mente, contactábamos poetas y les pedíamos que nos
ayudaran a realizar un muestrario. El resultado era una antología, poemarios
reseñados, así como ensayos, crónicas y entrevistas.

Por otro lado, traducíamos poemas, textos y ensayos para estar al tanto de lo que
estaba pasando en otras lenguas. También organizábamos talleres sobre escritura y
poesía contemporánea. En el 2012, hicimos un proyecto titulado «CONFLUENCIA:
Poetas por Webcam» (https://www.youtube.com/watch?v=mbkKHk77tFo&t=31s),
una antología audiovisual de poesía, donde poetas de distintos países de
Latinoamérica enviaban sus poemas leídos frente a sus webcams.

[ChQ]: ¿Ha incidido la revista en tu relación con otros/as escritores/as y en tu


manera de ver la poesía actual?

[FB]: Bueno, fue una ventana para ver la poesía actual. Me parece que ofrecíamos
una panorámica bastante amplia, ya que veíamos el
fenómeno poético de una manera heterogénea y nos
interesábamos por todas las tendencias, todas las corrientes
y todos los estilos. Sin embargo, con el tiempo, esto empezó
a cansar, ya que, con ese afán de mostrar el panorama
poético, publicamos cosas como para cumplir cuotas y esa
emocionante empresa que habíamos iniciado ya no nos
causaba el mismo entusiasmo y el mismo furor. Poco a poco
nos fuimos desligando y por más que intentamos revivir el
proyecto, terminamos desistiendo.

Por supuesto, el interés y el amor por la poesía persisten,


aunque de una manera distinta, que supongo que se debe a
que no tenemos la misma energía de hace doce años y a
que preferimos dedicar esa energía a nuestros proyectos
personales.

A través de Ping Pong, conocí un montón de poetas y muchos de ellos son grandes
amigos. También, debo señalar, que ese amor por la poesía me ha llevado por
muchos festivales de poesía. Fue en la revista donde inicié a publicar crónicas sobre
poetas y eventos literarios. Por esta razón, los tres libros de crónicas noveladas
sobre los festivales de poesía en Latinoamérica que he publicado, surgen
básicamente de ese mismo interés que me llevó a editar con Giselle Rodríguez la
revista Ping Pong. Los tres libros se encuentran recopilados en “La trilogía de los
festivales” y son muestrarios divertidos y jocosos de festivales literarios celebrados
en Argentina, en Nicaragua y en Puerto Rico. En la contraportada del libro hay un
blurb de Washington Cucurto que reza: “Ese es el único libro que conozco que
aborda los festivales de poesía en Hispanoamérica. Me reí y me divertí bastante”.

[ChQ]: Justamente en los últimos años se observan desarrollos políticos que


determinan un agravamiento, más que un alivio, de las tensiones sociales. En
Centroamérica y México hay un clima de violencia alimentado por los carteles
de narcos y caracterizado por un sinnúmero de homicidios, feminicidios,
violaciones, secuestros… etc. ¿Cómo concibes tu papel de poeta en ese
contexto? ¿En qué medida tu trabajo como psicólogo afecta tu percepción de
ese tipo de violencia cotidiana? ¿En qué medida todo ello afecta tu escritura?

[FB]: Alguien escribió que en Latinoamérica la crisis y la violencia es lo normal, y


que la ausencia de estos sería lo anormal. No estoy para nada de acuerdo. Cada
vez que escucho un disparo a mitad de la noche, siento lo mismo que sentí la
primera que lo escuché: miedo. Acá se vive en continuo estado de alerta. Por otra
parte, creo que la manera de abordar la violencia no es como un reportero,
escribiendo y describiendo los crímenes y los asesinatos, más bien creo que esa
rabia, esa impotencia, esa tensión, esos aullidos, esos quejidos, esos lamentos y
esa brutalidad que flotan en el aire uno los debe atrapar y crear con eso un nuevo
lenguaje.

[ChQ]: En tus poemas y cuentos manejas una y otra vez el humor y elementos
de la cultura popular, de modo que figuras icónicas de Hollywood aparecen
distorsionadas por el prisma de tu escritura. “La Marilyn de Santo Domingo”
difiere mucho de su “original”, ícono de los años cincuenta. Este acto de
traducción y apropiación cultural puede leerse como una reverencia irónica a
la cultura estadounidense por un lado, y por el otro, como una protesta a la
hegemonía cultural de los EEUU. ¿Cómo surgió “La Marilyn de Santo
Domingo”? ¿Cómo podemos entenderla? ¿Y cuál es la relación que tú como
poeta guardas con este y otros personajes creados en tus textos?

[FB]: A ver, “La Marilyn Monroe de Santo Domingo” es un poema que escribí a
principios del milenio y que era una respuesta a algunos textos sobre la metapoesía
y la intertextualidad que había escrito en esa época. Yo estaba interesado en
mezclar la figura del poeta con la nación dominicana de una manera simbólica, pero
no quería que fuera aburrido ni pretencioso, como toda esa poesía que parecen
manifiestos o que a veces son tan herméticas que resultan imposibles de leer.

Una noche estaba viendo un recital de poesía en la Zona Colonial y subió a leer
alguien con tacones, un vestidito rosado ajustado, el pelo suelto como Gloria Trevi y
mucho maquillaje… me imaginé que era un travesti. Entonces comprendí que esas
relaciones de la dominicanidad con la poesía, de la globalización, de la hegemonía
cultural de los Estados Unidos y de la migración que me estaban martillando la
cabeza en esos días, todo eso tenía que ser contado a través de la voz de un
travesti. Un día me topé con la poeta que yo pensaba que era un travesti, pero no
era un travesti, era una mujer que se vestía de manera estrafalaria y que usaba
mucho maquillaje.

Escribí el poema y me tomó un tiempo asumirlo como mío. Al principio le leía ese
poema a la gente diciendo que no era el autor y que pertenecía a un travesti. Luego
comprendí que asumir ese poema como mío, aunque se hablara con la voz de
un travesti, era lo que lo hacía posible, lo que lo hacía absurdo y lograba darle
vuelta a esa metáfora sobre la identidad que estaba buscando. Porque el
poema lo que intenta es poner en riesgo la identidad tanto de la poesía, de la
dominicanidad y de mí mismo. Creo que ahí es que está la riqueza, ya que esos tres
conceptos están en perpetua construcción y transformación, y mi intención era
resaltarlos y traerlos a colación en el contexto de la poesía dominicana.

[ChQ]: También la música tiene una significación cultural esencial en toda la


región caribeña, cosa que también aparece en tus textos de una u otra forma.
Hay por ejemplo un poema muy importante en el que cotejas la identidad del
poeta y la del DJ. Finalmente queda abierto si está bien escribir poemas, si
sirve de algo. Sin embargo, el texto señala al mismo tiempo la performatividad
de la poesía, un aspecto en que también eres muy activo. ¿Qué importancia
tiene para ti la palabra hablada (spoken word) o representada en forma
performativa? ¿Cuáles son las dimensiones adicionales que allí se abren?

[FB]: Anteriormente te contaba, con relación a Puerto Rico, lo disgregadas que


están las islas del Caribe. Quizás usé la metáfora de los músicos porque me
imagino que la música es el puente que comunica las islas del Caribe. Es lindo
imaginar que la música es lo que nos une y nos convierte en un continente de ritmos
armoniosos y sincopados.

Siempre me ha interesado la música y el performance. En el 2008 fundé, junto al


poeta Homero Pumarol, el colectivo de spoken word El Hombrecito. La propuesta
consiste en mezclar nuestra poesía con sonidos del caribe, del rock y de la
electrónica. A la fecha hemos producido dos álbumes: “Llegó el Hombrecito” (2009)
y “La última vuelta” (2012). A partir de este último álbum lanzamos un concierto en
vivo titulado “El Hombrecito. La última vuelta. En vivo en el Palacio de Bellas Artes
de República Dominicana” (2013). Además de presentaciones en diversos lugares
del país, nos hemos presentado en escenarios de Madrid, Miami y Boston.
Actualmente estamos produciendo nuestro tercer álbum que lanzaremos este año.

[ChQ]: En otro lugar has comparado la poesía con un tren que nos puede
salvar. ¿A dónde va ese tren? ¿De qué nos debe salvar? ¿Y será todavía
posible esa salvación?

[FB]: Es que creo que lo más similar a una experiencia mística hoy en día la
tenemos cuando estamos en una estación esperando por el tren. Afuera está
nevando, la estación está llena y tienes el celular descargado. No hay nadie a quien
puedas recurrir. Lo único que puedes hacer es esperar por el tren y rezas porque
aparezca y te lleve sana y salva a casa. Bueno, así, de esa misma manera, yo
espero que vengan los poemas. Desciendo en una de las estaciones de la mente a
esperarlo. En ocasiones, me desespero y creo que no va a venir más y que estoy
perdiendo el tiempo, pero entonces aparece, lo abordo y me lleva de vuelta a casa.
¿De qué me salva? De mí. La poesía me convierte en nosotros.