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El Guardián Invisible - Sinopsis

«Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así.
Fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal,
restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de
purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi
niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal.»

En los márgenes del río Baztán, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en
unas circunstancias que lo ponen en relación con un asesinato ocurrido en los alrededores un mes atrás.

La inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral, Amaia Salazar, será la encargada de dirigir una
investigación que la llevará devuelta a Elizondo, una pequeña población de donde es originaria y de la que
ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las cada vez más complicadas derivaciones del caso y con
sus propios fantasmas familiares, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un
asesino que puede mostrar el rostro más aterrador de una realidad brutal al tiempo que convocar a los
seres más inquietantes de las leyendas del Norte. (http://www.doloresredondo.com/novelas/el-guardian-
invisible/)

La Novela. El Guardián Invisible

Un asesino implacable, unos bosques primigenios que desprenden un halo inquietante, los mitos y
leyendas de un pueblo navarro y una inspectora de policía con un pasado encarnado en el Valle del Baztán,
constituyen los cuatro pilares fundamentales en los que se sustenta esta primera obra de Dolores Redondo
perteneciente a la Trilogía del Baztán.

Como el propio nombre de la trilogía indica, esta novela de género negro, escrita con una prosa sencilla,
pero con un ritmo trepidante, en la que los acontecimientos se irán sucediendo de una manera vertiginosa
con algunos saltos al pasado oculto de la protagonista, que serán vitales para la comprensión del desarrollo
la obra, está ambientada en el valle del Baztán (pirineo navarro) protagonizada por la inspectora Salazar,
de la policía foral de Navarra.

En la localidad navarra de Elizondo aparecerán los cuerpos de algunas jóvenes, con una puesta en escena
similar, colocados de la misma forma cerca del río Baztán. Para la resolución de estos crímenes rituales
Amaia Salazar, nacida en Elizondo, con un gran drama familiar arraizado precisamente allí, y que ya lucha
con el sentimiento de pesar que le produce una maternidad que se le escapa, deberá utilizar todos los
instrumentos que el sistema policial ponga a su alcance, pero sin dejar de lado los mitos y leyendas a los
que ella por su pasado ancestral está ligada.

Aquí se entrelazarán lo racional con lo irracional, el método de la policía con las costumbres arraigadas de
un pueblo navarro; el análisis exhaustivo de cada prueba, de cada indicio, con las intuiciones de la
protagonista, el odio contra natura de una madre despiadada con el amor por una nueva vida.

Una novela intrigante, una riqueza descriptiva casi fotográfica del territorio, y un profundo conocimiento
de la investigación policial consiguen que el lector se imbuya en la trama intentando encontrar al asesino.
La autora ha esgrimido con impresionante destreza unos hechos que magnetizan a los seres humanos
desde el inicio de los tiempos. Al final de la novela se resolverán los crímenes que se plantean, pero
quedarán flecos que se irán resolviendo a lo largo de las dos entregas siguientes de la trilogía.
Empezaré hoy la entrada con teoría básica para escribir una novela:
Primero, la trama principal de nuestro novela nunca, repito nunca, ha de verse ensombrecida u
oscurecida por las subtramas. Segundo, si tu historia es un thriller policíaco, siempre ha de ser
un thriller policíaco o el lector se sentirá engañado y defraudado. Tercero, todo elemento,
personaje, descripción o acción que no sirva por y para la trama principal y las subtramas, no se
ha de poner porque solo aburrirá al lector y ralentizará la lectura.
Dicho esto, empecemos con la reseña.
Hasta la fecha, no he leído peor novela que Memorias de Idhún. La Resistencia de Laura
Gallego. Gracias a dios, El Guardián Invisible no llega a tanto. Sin embargo, acabo de leerlo y
aún tengo esa sensación de desasosiego y engaño de WTF? que no se va. ¿Dónde demonios está
la estructura en esta novela? ¿Dónde está la novela policíaca para empezar?
Cuando empecé a leerla, me encantó. Un ritmo constante, una lectura ágil y sencilla. Nada de
descripciones enrevesadas y un caso muy llamativo, junto a un misterio que escondía esa
fantasía oscura que a mí tanto me gusta. No pasé del cuarto capítulo cuando, además de haber
acabado harta de la inspectora Salazar y su palo metido en el culo, el drama familiar comenzó a
ganar terreno y ya no paró.
El Guardián Invisible es el claro ejemplo de cómo no escribir una novela. La protagonista
siempre ha de tener un objetivo y un conflicto, en este caso sería descubrir quién es el asesino
o basajaun, (que luego no es un basajaun pero sí hay un basajaun) antes de que vuelva a matar.
Entiendo que para profundizar en el personaje y crear suspense, se ahonden en los demonios
internos de Amaia y, poco a poco, la vayamos conociendo. Pero es que, en cuarenta
capítulos, no pasa absolutamente nada. Mucha paja, eso sí. Da la extraña sensación de que la
autora está escondiendo al verdadero asesino, que para mí se lo acabó sacando de la manga, para
no responder la pregunta dramática hasta el final y que el lector no deje de leer. ¡Es bochornoso!
Son puros capítulos de drama familiar, de descripciones eternas y situaciones y acciones que no
llevan a nada y que solo dan pistas falsas y sin sentido. La autora se ha dedica a hacer que sus
personajes vivan peripecias al más puro estilo de serie mala de televisión.
El estilo va perdiendo su frescura y agilidad, se va volviendo enrevesado y repetitivo, muy
repetitivo. Debe de estar mencionada como diez veces la expresión «estaba apostado en…»,
como si la autora no conociese otro sinónimo; o el adjetivo ominoso. La pobreza de recursos
salta a la vista, esa atmósfera que la autora trata de generar se vuelve cargante y no por el efecto
de sus palabras, sino por la cantidad de veces que se usa mal. Acabé perdiendo la cuenta de las
veces que, ¡oh, casualidad!, empezaba a llover cada vez que un personaje entraba en un edificio.
El azar, ¡ay dios mío, el azar! Habré dicho como ocho veces: «¡qué casualidad!». Cuando
Amaia pilla dos veces a Flora con el inspector Montes en el hotel Baztán, cuando cambian la
harina, cuando supuestamente el padre de Johanna Marquéz ve a Víctor, el cuñado y asesino, en
la moto, después de matar a su propia hija y dejarla tirada en una cabaña. Cuando
el basajuan tiene que ayudar a la inspectora Salazar, que tanto repetir que ha estudiado en el FBI
en Quantico, Virginia y lo único que sabe hacer en toda la novela en dar órdenes y temblar de
miedo. Cuando el espíritu de la naturaleza, Mari, le tiene que decir donde están escondidos unos
huesos humanos con mordiscos, que me imagino será el clickbait para el siguiente libro. ¡Menos
mal que tiene ayuda sobrenatural o no resolvía el crimen ni poniéndoselo delante!
Hay escenas verdaderamente vergonzosas, como cuando la autora nos narra con todo lujo de
detalles la erección repentina del padre de Johanna al recordar como la mató, o el bochornoso
capítulo 24.
Si la autora se hubiese preocupado más en escribir una novela de misterio, con tintes
paranormales, en vez de meternos drama con embudo y sin previo aviso, El Guardián
Invisible sería un buen libro, porque tiene una buena idea. No obstante, cuanto más leía, más
veía las ganas apresuradas de acabar la historia y de rellenar páginas y páginas para que el libro
fuese más voluminoso. ¡El final es tan atropellado y tan poco creíble!
Los personajes: 
Especial mención a ese marido de otro mundo, porque de verdad es tan irreal que ni en las
mejores fantasías de la autora. Yo lo llamaba «la maruja», me lo imagina con rulos y todo,
porque no tenía más vida que ir detrás de la inspectora Salazar, repitiéndole: «¿pero has comido
bien? ¿te has abrigado bien? ¿me duermes? ¿Y los niños pacuando, eh, pa cuándo?» /facepalm
La tía Engrasi que empieza siendo una mujer rural de 93 años, con sus dotes paranormales, y
acaba rejuveneciendo instantáneamente y, de profesión, psicóloga para poder ser ella la que
diagnostique estrés postraumático a Amaia y así no tenemos que meter a ningún otro personaje y
de paso, no la llevamos al loquero. Porque aquí todo queda en familia. El asesino, el cuñado. La
loca, la madre. La hermana amargada, la cómplice. ¡Ey, que así queda más rebonico!
En todo el mundo donde Amaia Salazar decide ejercer como policía, solo está ella. No hay
ninguna policía mujer. Bueno, en realidad, aparece una en dos líneas y ahí queda la cosa. Pero
la supercop, la hembra alfa, ella tiene que vivir en un mundo de hombres pedantes, infantiles,
cotillas, llorones. Ni uno se salva. Todo sea en pos de destacar las cualidades de nuestra chica
Quantico.
El final:
Después de tanto drama, moqueo y lloriqueo. De tratar de generar una atmósfera de terror y usar
el recurso de lo paranormal para que pasen cosas, sin causar más que hastío, sinceramente.
Amaia descubre que las harinas con las que han fabricado el txantxigorri que ponen en el pubis
a las victimas vienen de Mantecas Salazar. Ella hace vida normal como si tal cosa, mientras
Flora, la hermana amargada, que se estaba acostado con el inspector Montes (que solo se nos
describe lo arrogante que es) para sacarle información, va atando cabos, aunque supuestamente
ya sabía que su marido había matado antes a otras mujeres, hasta ir a por Víctor, sorprenderse de
que confiese y cargárselo de dos tiros. Amaia, ¿qué está haciendo Amaia? Pues si no es por
el basajaun que le dice donde tiene que ir, aún estaba dando vueltas por el bosque.
La autora se saca un caso antiguo de la manga, que había mencionado antes a través de Flora,
que tenía unos zapatos de charol rojos (nunca supe cómo llegaron allí). Víctor, que yo pensaba
que tendría como cuarenta años, lleva matando desde la más tierna infancia. Luego resulta que
mata, pero luego lo deja, luego vuelve a matar. ¡Yo que sé! Si le encontrase alguna lógica a esto
lo podría explicar.
Aún estoy preguntándome si ya han pasado las 48 horas que le da el comisario a Amaia para
cerrar el caso, porque había escenas que era de día y al momento era de noche. No tengo ni idea
de cuantos días han pasado en la novela. Y, por cierto, ¿por qué todo pasa en la Primavera de
1989? ¿Es que no habían más estaciones?