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Academia de Promoción de la Salud 2011

TEMAS SELECTOS DE
PROMOCIÓN DE LA SALUD
Compiladora: Juanita Ochoa

Fotografía: Rafael Doníz. Heroes Anónimos.

Ramón Vera Herrera


Concepción Tonda
Andrés Barreda Marín
Jorge Veraza Urtuzuástegui
Gonzalo Flores Mondragón
Guadalupe Alejandrina Cabrera Muñoz
Academia de Promoción de la Salud 2011

TEMAS SELECTOS DE
PROMOCIÓN DE LA SALUD
INDICE

I. Introducción.
Juanita Ochoa Chi. .................................................. 5

II. Ivan Illich. La creatividad social no pide permiso.


Ramón Vera Herrera .................................................9

III. La Teoría crítica de la cultura de Bolívar


Echeverría y de Paulo Freire. La intervención
en homenaje a Bolívar Echeverría.
Concepción Tonda.....................................................26

IV. La Producción de enfermedades como forma


de dominio capitalista.
Andrés Barreda Marín y
Jorge Veraza Urtuzuástegui.......................................38

V. Salud pública y alimentación en el capitalismo actual.


Gonzalo Flores Mondragón ..................................... 96

VI. La medicina social y la salud colectiva desde la


experiencia de trabajo en salud en Chiapas.
Guadalupe Alejandrina Cabrera Muñoz ...................101


UNIVERSIDAD AUTONOMA
DE LA CIUDAD DE MEXICO

ACADEMIA DE PROMOCION DE LA SALUD


SEMINARIO DE TEMAS SELECTOS DE PROMOCION
DE LA SALUD

Los artículos que a continuación se presentan son parte y com-


plemento del Seminario Temas Selectos de Promoción de la
Salud realizado en el Plantel Centro Histórico de la Universidad
Autónoma de la Ciudad de México durante el periodo febrero-
junio del 2011. El objetivo de dicho Seminario fue ofrecer al
estudiante de la Licenciatura de Promoción de la Salud y licen-
ciaturas afines, un amplio panorama de las diferentes disciplinas
que implican un estudio crítico de la salud de los individuos, de
las poblaciones y las comunidades en nuestros días. Cultura y
contracultura, lenguaje y comunicación, filosofía y pedagogía,
economía y política, alimentación, medicina y salud colectiva
fueron los temas que abordamos a través de amenas y calificadas
exposiciones.
La primera conferencia titulada El pensamiento de Iván
Illich y la crítica a la cultura, abordó la vida y obra de uno de
los humanistas clásicos del siglo XX que han reflexionado en
torno a la critica a la cultura y la construcción colectiva del sa-
ber. Rompiendo patrones convencionales Ramón Vera expuso
conceptos importantes que Illich emplea para la construcción
de un pensamiento crítico y una praxis libre y autónoma. La
Sociedad descolarizada, Nemesis médica y La convivencialidad
son tres de las obras más conocidas de Illich en las que expresa
su carácter humanista y crítico comunitario.
La Segunda ponencia versó en torno al pensamiento y obra
de dos importantes filósofos Latinoamericanos: Paulo Freire y
Bolívar Echeverría. En ella se examina la definición del con-
cepto de cultura desde la perspectiva crítica marxista de ambos
autores, en la cual la cultura tiene un carácter total e histórico


concreto. Lejos de ser algo dado la cultura se presenta como un
proceso, con un carácter político y con una significación social
determinada. Empleando la metodología de Marx, Concepción
Tonda, siguiendo a Bolivar Echeverria, aborda con seriedad el
concepto de cultura en su sentido transhistórico y en su confi-
guración histórica, alienada con lo cual se hace posible com-
prender con rigor teórico el puente que existe entre la critica a
la economía política y la crítica de la cultura y de las políticas
modernas.
La tercera ponencia titulada Producción de salud y enfer-
medad en el capitalismo aborda desde la perspectiva marxista
los aspectos mas relevantes de la producción y reproducción
humana en el capitalismo contemporáneo, tanto desde la pers-
pectiva de la producción de objetos como la de sujetos a través
del consumo, dando como resultado una tendencial decadencia
de la producción de la salud de la población trabajadora que se
manifiesta en su enfermedad. Dada la importancia y originali-
dad del tema presentamos un amplio texto de Andrés Barreda y
Jorge Veraza que será una herramienta indispensable para que
los estudiosos de la salud puedan caracterizar a la salud humana
en el marco del desarrollo capitalista contemporáneo y enfrentar
mejor sus desafíos.
La cuarta ponencia Salud Pública y alimentación en el ca-
pitalismo actual nos habla del la estrecha relación que guarda la
moderna dieta industrial capitalista con las enfermedades mo-
dernas. Cáncer, diabetes, obesidad, etc. son resultado directo de
una subordinación alimentaria llevada a cabo por el sistema para
lograr un mayor rendimiento productivo de su población como
fuerza de trabajo a costa de su propia salud. Gonzalo Flores
afirma que la salud es un bien común que ha sido expropiado
debido a que nuestra relación con los alimentos y la propia tierra
ha sido rota.
La quinta ponencia nos habla del trabajo teórico y práctico
de la Medicina Social y la Salud Colectiva desde la experiencia
de trabajo en salud en Chiapas. Haciendo un recorrido histórico
de la Medicina Social desde sus orígenes en Europa, Alejandrina


Cabrera reconstruye el proceso a partir del cual es posible adop-
tar, reinterpretar y construir una mirada crítica latinoamericana
en salud, y desde un ejemplo concreto en Chiapas explica en
que consiste esta nueva mirada que va mas allá de la atención a
las enfermedades y que abarca la comprensión de las dinámicas
autónomas y libertarias propias creadas, creativas y creadoras de
las colectividades zapatistas.
Con estas exposiciones los estudiantes y asistentes tuvieron
un acercamiento interdisciplinario e integral a los problemas y
las condiciones de posibilidad que demanda el desarrollo de una
promoción de salud humana, mas allá del asistencialismo mez-
quino, piadoso y filantrópico capitalista. Tuvieron la experiencia,
además, de reflexionar en colectivo sobre diferentes alternativas
que existen, y que están en construcción, en todos los diferentes
países del mundo para enfrentar humanamente los retos presen-
tes y futuros de la promoción de la salud.
En hora buena que tales ponencias y textos también han po-
dido ser reunidas para facilitar la comprensión de una disciplina
tan innovadora y necesaria para la sociedad en su conjunto como
lo es la Promoción de Salud.

Responsable del Seminario


Juanita Ochoa Chi
Profesora investigadora de la
Academia de Promoción de la Salud
de la UACM


Iván Illich
La creatividad social no pide permiso

Ramón Vera Herrera*


Hay una dificultad al hablar de la salud, porque cuestionan
muchos los formatos en los que estamos inmersos, incluso el
mismo formato de una universidad. Por fortuna esta universidad
ha tratado romper con los formatos más convencionales, pero
básicamente la aproximación de la quisiera hablar (no hablarles
a ustedes, sino con ustedes), es en realidad una postura bastante
radical: la de uno de los filósofos más importantes del siglo XX,
Iván Illich.
Desde principios de los años 60 cuando él expresó su pen-
samiento, y hasta su muerte hace unos cinco años, su pensa-
miento tuvo tan fuerte significado que prefiguró eso que ahora
llamamos la sociedad civil. Muchos de los planteamientos que
él hizo junto con un grupo —porque él mismo siempre enfatizó
no estar hablando solo y que su pensamiento no era producto de
un pensamiento a solas sino de un pensamiento configurado en
colectivo. Todo su grupo, el llamado Cidoc (Centro Intercultural
de Documentación) prefiguró muchas de las cuestiones que
apenas hoy empezamos a entrever como importantes, cruciales,
urgentes, casi que 30, 40 o hasta 50 años después de que él las
dijera.
El suyo es un pensamiento visionario y conforme pasan los
años lo vamos viendo más y más visionario. Es decir, en su
momento la gente no lo vio así, era un pensamiento intenso e
interesante pero la gente no alcanzó a ver de golpe lo que él y su
grupo estaban viendo.
Hoy se vuelve más y más pertinente retomar el análisis hecho
por Iván Illich. Y algo que a lo mejor a ustedes les parece de
lo más común, por Este centro de documentación que fundara
* Ramon Vera Herrera. Escritor y critico literario, Editor del suplemento
Ojarasca del diario la Jornada.


Iván Illich en 1961 y que existió en Cuernavaca durante los 60’y
70’ sobre todo, el Cidoc fue uno de los centros de documentación
pioneros.
La diferencia entre un centro de documentación y una biblio-
teca es que esta última tiene muchos libros, archivos y documen-
tos almacenados y espera la llegada de alguien que consulte todo
el acervo ahí almacenado durante años. Sólo entonces existe una
comunicación entre el acervo y el público que va a buscarlos.
Un centro de documentación es como una biblioteca activa, que
no espera que vayan a solicitar los documentos, sino que activa-
mente produce información, documentación, trabajo de análisis
de sistematización y lo está poniendo activamente al servicio de
la comunidad, y está promoviendo que la comunidad lo consulte
intentando un trabajo de difusión y contacto con la comunidad.
Eso antes de los 60 no existía. Existían las bibliotecas, y de
pronto a gente como Iván Illich y su grupo, y grupos en Brasil
se les ocurrieron los centros de documentación, curiosamente
ligados siempre a procesos de la teología de la liberación en ese
momento.
Para la gente que de pronto creen que la iglesia católica sólo
son pederastas y cosas tremendas, hay un enormísimo bagaje
de procesos muy cercanos a lo comunitario y a la liberación de
los pueblos, y al muy profundo planteamiento de lo que son los
procesos y el análisis comunitario.
Iván Illich habría de ser uno de los pioneros de la idea de la
reflexión conjunta como formación de todo saber que antes no
era común.
Con eso podemos hacer una nueva lectura de lo que son los
años 60. Seguramente ustedes han oído hablar de todo lo que
ocurrió en los 60 a lo mejor muchos de ustedes lo vivieron, pero
muchos simplemente lo tienen como una referencia lejana de
hippies, de música de rock de comunas y tal, pero no es muy
sabido que fue un proceso crucial para la historia actual porque
ocurría la primera globalización consciente del mundo; los me-
dios de comunicación de pronto llegaban a todos lados, había in-

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terconexiones, metodologías informáticas muy tentativas, pero
de pronto se conectaba el mundo completo y había por primera
vez la posibilidad de entender que no estábamos solos en el pla-
neta, que México no era nada más parte de América Latina sino
parte de toda una serie de procesos de lo que después se llamaría
la globalización: la interconexión de eventos y la posibilidad real
de cualquier evento, o proceso alcanzara una escala planetaria o
llegara al último confín.
El mundo en realidad obedecía a ciertos supuestos implícitos.
Todavía a finales de los 50’, la Revolución Cubana sorprendió
a la gente de formas muy contundentes, lo mismo que las revo-
luciones africanas. Fueron las primeras revoluciones que empe-
zaban a adquirir un carácter digamos de mundialidad, para no
decirle globalidad. Y de pronto la gente se daba cuenta que había
algo ahí que no se habían dado cuenta, y que podíamos empezar
a ver eventos más allá de nuestras fronteras, no sólo nacionales
sino culturales que empezaban a ser eco en uno y otro lado.
Si me detengo un poco en todo esto antes de entrar de lleno
al trabajo de Iván Illich es porque sólo así se entiende su figura,
producto del momento, y su propuesta —que de pronto pudo
llegar a ser tan visionaria.
Tenemos que entender lo que fue México en ese rompeca-
bezas de globalización, y lo que todavía es hoy México puesto
que todavía no lo acabamos de reconocer con todos los cambios
y tremendeces que hoy vive México y con toda la oscuridad tan
profunda que ha caído sobre nuestro país en el último sexenio en
particular y con todo lo desgarradora que puede ser la realidad,
con todo el horror que vivimos hoy, México sigue teniendo esos
signos que seguramente Iván Illich vivió.
En el momento en que los Beatles, un grupo de músicos naci-
dos en Liverpool (una ciudad devastada por la guerra, totalmen-
te derruida e incluso casi que dos terceras partes abandonada),
le decían al mundo por primera vez de una manera muy frontal
que le estaban hablando al mundo entero, cosa que antes de los
60 no se entendía; en el momento en que el rock rompía estruc-
turas culturales en todas partes, en Cuernavaca se reunían per-

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sonas como Iván Illich, Eric Fromm, monseñor Méndez Arceo,
obispo de Cuernavaca inmerso en la teología de la liberación y
el benedictino Lemercier que a su modo intentaba romper las
estructuras más anquilosadas de la iglesia, a partir de analizar la
posibilidad de que los sacerdotes pudieran recibir terapia como
parte de su formación de sacerdotes.
Entre todos ellos, que habían leído muchísimo a los marxistas
y a los anarquistas, y a mucha gente de diversas formaciones,
desde Mao y Marx a Rosa Luxemburgo, Hannah Arendt y Walter
Benjamin, comenzaron a detallar una crítica de la vida cotidiana,
algo que se promovía por todas partes a partir de los trabajos
de Marcuse y de una crítica dentro de la academia a Freud y la
misma idea de la locura.
De pronto en todo ese caldo de cultivo, con toda esa gente que
se reunía en Cuernavaca se rebasó incluso la idea de lo que era la
sociedad civil según la había planteado Gramsci, para el Cidoc
y todos los amigos que se reunían en torno a Fromm, Méndez
Arceo, Illich y Lemercier eso tenía un contenido concreto de
autogestión en los barrios, se impulsaba un enfoque de género,
un enfoque integral, y la idea central en Illich de que la gente
común que no tenía representación en ningún lado, era y es en
realidad el motor de todos los cambios posibles.
Si en la historia de las transformaciones sucesivamente se
reivindicó la clase media ciudadana, o el proletariado, o el
campesinado como motores del cambio, para Illich es claro que
viniendo de donde viniere, es la gente común la que finalmen-
te está ahí esperando, mientras mira pasar a todos los sistemas
impuestos que se van sucediendo. En ese sentido podemos de-
cir que Illich es uno de los fundamentos contemporáneos de lo
que otra gente conoce como autogestión y que para Illich no era
sino creatividad social, lo que él conoce como convivialidad o
“convivencialidad”.
He querido primero hacer un perfil de Illich para los que no
han tenido nunca un contacto con su trabajo, antes de hablar de
su pensamiento. Para que ubiquen el momento exacto en que es-
taba ocurriendo esto, y el caldo de cultivo que era Cuernavaca.

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Cuernavaca en ese momento fue algo muy fuerte en el mundo
porque de pronto, de la organización más profunda de los barrios
de esa ciudad y sus poblados aledaños que hoy conforman la
megaurbe presa del narco, surgió gente que trabajaba teología de
la liberación y que sin embargo era gente que no tenía ninguna
intención de convertir al catolicismo a nadie. Era gente que de
algún modo estaba inmersa en procesos sociales muy desde la
base social, desde los barrios o de las comunidades indígenas
aledañas a Cuernavaca, y que lo que intentaban intentaron NO
era llegar a aleccionar a la gente, no era llegar como los exten-
sionistas de siempre a decirle qué hacer a la gente.
Lo que plantearon desde el primer momento era que llegaban
a escuchar lo que la gente decía, a escuchar la reflexión antigua
de la gente, a escuchar lo que de algún modo la gente estaba
en su efervescencia cotidiana intentando entrever, intentando
entender, y a partir de eso comenzar un proceso de reflexión
conjunta. Ese proceso de reflexión conjunta que los llevara a po-
der entender las posibilidades reales que tenían de incidir en los
procesos y en las luchas y en los problemas y en los obstáculos
que se les presentaban, les podría posibilitar tomar el futuro en
sus manos e intentar transformar su realidad de un modo justo
y equitativo, porque para el pensamiento de la época era im-
portante ya el método de lograr las cosas. El fin NO justificaba
ya los medios. Se trataba además de que fuera gozoso, que no
fuera sacrificado. Que fuera gozoso, que fuera un proceso que de
algún modo incidiera en la vida cotidiana de las personas.
Eso, ellos nunca le llamaron autogestión. Ellos le llamaban
convivialidad o convivencialidad.
Lo curioso es que la Cuernavaca de ese momento toda esa
conjunción llenó de procesos autogestionarios Cuernavaca y los
valles aledaños. Y por eso desde entonces a la fecha siguen exis-
tiendo en Cuernavaca y en todo Morelos procesos autogestiona-
rios: unos fallidos, unos muy exitosos que siguen promoviendo
asuntos de género, de mujeres específicamente otros, de salud,
de educación, de información y de reflexión conjunta y por
supuesto trabajo de base ya muy concreto en las comunidades

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indígenas y en los barrios más deprimidos de Cuernavaca y de
todo Morelos, tanto en Cuautla como del oriente de Morelos.
Todo eso hizo nacer, por lo menos en México, yo creo que a
nivel mundial, eso que llamamos sociedad civil.
Hasta antes de la Cuernavaca de los años 60 y de ciertos pro-
cesos en Brasil de esa misma época, el termino sociedad civil
estaba muy circunscrito a Gramsci y a los círculos académicos,
o a los Consejistas de la Alemania de los 20’, pero no había
tenido una concreción (no atada a un proceso revolucionario en
curso) tan popular, tan vasta y tan suelta como la que se le dio
desde México. Si hiciéramos la historia de Cuernavaca tendría-
mos muchas historias que recuperar de estos años.
La autogestión iniciaba en Cuernavaca en un momento en
que en el mundo estallaba la globalidad por ver primera. Y en-
tonces Iván Illich comenzó a hablar directamente de algo que
muy central en Marx y que finalmente pocos han jalado ese hilo
como para tenerlo muy presente todo el tiempo (una de las tantas
tesis de Marx), que es que cuando hay un exceso de producción
de un bien y por ende de un servicio, de pronto ese exceso de
producción se torna en contra del mismo sistema que lo creó.
Estamos hablando de un problema del capitalismo y de un
problema de lo que se le ha llamado industrialización. Es decir,
que de pronto se crean demasiadas herramientas y procesos,
llamémosle herramientas a los procesos y procesos a las herra-
mientas. De pronto, tenemos un exceso de mediaciones; estoy
tratando de ponerlo todo en los lenguajes más llanos. Y al tener
ese exceso de mediaciones a todo lo que nos compete se produ-
ce un estado de enormidad que hace que la gente no sepa para
donde hacerse, hace que la gente no sepa qué sigue, hace que
no tenga su destino, su futuro inmediato, en sus manos. Y ahí es
donde incide Illich en una crítica a la cultura.
Cuando la sociedad capitalista se mete en el camino de lo
industrial, empieza todo a ser de un modo industrial, hasta llegar
a eso que Ilich llama monopolio radical, es decir que lo indus-
trial monopoliza toda la producción, incluso el pensamiento y

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la imaginación. Ese monopolio es tan radical porque llega un
momento en que a nadie en el mundo se le ocurre que haya otras
maneras de pensar, otras maneras de idear las situaciones, otras
maneras de solucionar problemas, otras maneras alternativas de
cómo proceder en el mundo. El único modo es lo industrial, y
en lo industrial esta todo: la ciencia, la medicina, la educación.
Incluso para los años sesenta Ilich fue tan radical que la gente
se pasmó y también por eso hasta ahora está siendo entendido
su pensamiento. Illich i produjo dos libros clave que asustaron
mucho a la gente. El primero fue La sociedad desescolarizada y,
más tarde en 1975, Némesis médica.
La gente decía: cómo, si todo mundo está proponiendo más
educación para más personas, para los que no la han tenido cómo
es que llega un señor a decirnos que la educación es uno de los
males del mundo; cómo cuando todo mundo propone servicios
de salud viene un señor y nos dice que la forma en que la me-
dicina ha homologado y erosionado la atención a la salud es un
problema cuando que esa estandarización es la que ha permitido
que haya salud en muchos lugares en donde no había ni siquiera
el asomo de que pudiera haber una salida.
Entonces se le satanizó mucho en ese momento. A la gente le
pareció tan aberrante que se le satanizó sobre todo porque tenía
razón pero su razón era tan preclara y abarcadora que la socie-
dad no supo cómo asir sus propuestas desde el ámbito de una
opinión pública en los canales de la llamada cultura dominante
(algo que sigue siendo muy difuso y confuso). Lo curioso que
satanizarlo era justamente responder de un modo industrial de
pensar donde a esos mismos críticos no les parecía posible un
modo diferente de aproximarse a los problemas. Otros tenían
su sesgo: obedecer a los intereses de las grandes empresas, a los
intereses de la industria medica, a los intereses de la industria
educativa.
Que quería decir en realidad Iván Illich con estas dos pro-
puestas. Por ahí es por donde tiene que caminar nuestra reflexión
hoy.

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Lo que planteaba en la educación es lo que él llamaba el currí-
culum oculto de la educación: que lo que la educación promueve
realmente no es que sepamos más, o no necesariamente; lo que
promueve es que haya un escalafón donde vamos trepando una
escalera de conocimiento de grado en grado, hasta el momento en
que lleguemos a los grados más altos de la educación (que serían
los de posgrado), en un acumulativo modo de convertir el saber
en conocimiento, es decir, de convertir el saber en mercancía.
Uno adquiere ésos que son normalmente saberes en las relacio-
nes cotidianas, pero ahora los adquiere mediante su relación con
alguien que es un especialista o que está calificados (por otros)
como especialista; alguien que califica a otro de especialista de-
cide que ese calificado como especialista va a venir a juzgar si la
persona sabe o no sabe. En el momento que juzga pertinente que
la persona sabe, en ese momento la promueve al grado siguiente,
conforme la persona va adquiriendo más y más de esos conoci-
mientos certificados que la van a promover de grado en grado,
va adquiriendo la posibilidad de tener más estatus social y como
tal la posibilidad de conseguir más herramientas, más dinero,
más prebendas, más posibilidades de moverse, más vínculos
—acumulando no sólo conocimientos sino poder. Hay además
el aliciente de poder juzgar también a otros que están en grados
inferiores y a los que la persona (convertida ahora en experta
certificada) va poder certificar y contener en su inferioridad.
Entonces, lo que en realidad es la educación —decía Illich—
es un sistema de certificación paulatina de unos a otros, con lo
cual lo principal y más grave que adquiere el educando, es la idea
de que siempre hay alguien superior al que hay que obedecer y
al que hay que acatar; todo para poder ir trepando en la escalera
de la educación hasta llegar a estar en los estratos más altos de la
misma y poder entonces llegar a ser conocido plenamente dentro
del conjunto de la sociedad que certifica a otros, como experto,
como sabio, como luminaria de la ciencia, la política, la cultura:
puro poder acumulado y convertido cuando conviene a dinero.
¿Hubo en ese proceso conocimientos que realmente sirvieron
a otros?, seguramente. Pero lo principal es que, desde la Edad
Media en adelante con las universidades, se estableció en el
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mundo un grado piramidal por el cual poder trepar socialmente.
Algo que no ocurría cuando había un sistema feudal. La educa-
ción permitió poder ir trepando en la escala social, poder ir ac-
cediendo a más y mas vínculos. La educación proveyó al poder
de una manera certificada de crear los vínculos y las conexiones
necesarias para llegar a un nivel ideal de “grado-sabiduría”, de
grandes conocimientos certificados.
¿Será esto lo ideal para la sociedad? Finalmente no. Se están
creando especialistas que fragmentan la sociedad de modos muy
brutales y, sobretodo, fragmentan el conocimiento, fragmentan
el sistema de saberes, implícito en las relaciones sociales, para
entonces producir estratificaciones nunca antes vistas.
Illich entonces nos propone: lo que tendríamos que lograr es
zafarnos de este sistema educativo y emprender relaciones de
aprendizaje reales, donde las relaciones sociales más cotidianas
sean un sustrato concreto y de largo plazo para que la gente
aprenda mutuamente y se sorprenda mutuamente proponiéndose
soluciones, alternativas, figuraciones, concatenaciones, nuevas
herramientas, métodos y sobre todo relaciones más plenas, en su
complejidad y en la justicia y gozo que conllevan.
Tal como reconocían los pensadores anarquistas que promo-
vieron las más profundas vertientes de la educación en el mundo
como Freinet hasta llegar a Freire (que no creo que fuera anar-
quista) lo importante para cualquier enseñanza-aprendizaje son
las relaciones sociales pertinentes, es decir, en donde ocurren las
cosas, en donde ocurren los problemas, en donde está realmente
la posibilidad de solucionar los asuntos, es donde hay que tener
gente que pueda responder de una manera sabia, con aprendizaje
y saberes, a las situaciones y problemas, a veces terribles, que se
les presentan.
Illich sostiene que en la escuela, se torna artificial el aprendi-
zaje, la educación, llegando un momento en que las situaciones
de la escuela nunca pueden emular (por cercanas que sean) a la
sociedad. Nunca pueden emular lo que ocurre en las situacio-
nes cotidianas. Incluso llegaba al extremo de afirmar que otras
vertientes de la educación, aparentemente más sueltas, como la

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escuela activa, que en realidad son maneras suaves o amables
de acceder a una educación pero sin retirar la idea de trepar en
el escalón, en el escalafón. Nunca logran una situación en que,
como dirían los sufíes, la verdadera relación maestro-alumno es
que nadie sabe quién es quién.
Esta idea de que nadie sabe quién es quién (y por eso to-
dos reconocen la individualidad del otro u otra) es la idea más
concreta de la autogestión y, al mismo tiempo, de la creatividad
social. Algo implícito en Illich es que la creatividad más grande,
la creatividad más profunda más vasta, más útil, diversa y suge-
rente es poder hacer a otros creativo.
Si eso es mutuo, estamos hablando de creatividad social.
Creatividad social no es más que otra forma de llamarle a la
autogestión: cualquier grupo que se organice o reflexione en co-
mún, intente entender en común los problemas que le aquejan e
intente darle solución a esos problemas.
Puestos como nosotros estamos en una institución educativa,
donde nos estamos formando, en este caso como promotores de
salud, como médicos, como enfermeras, como asistentes, como
trabajadores sociales, como terapeutas, tendríamos que estar
promoviendo esa misma creatividad social y relaciones donde la
gente entienda (de una manera muy cercana y pertinente) como
hacer funcionar entre todas y todos el entorno donde nos move-
mos. Entender y dilucidar los entornos lejanos y distantes que
están conectados con el entorno en el que nos movemos y que
inciden en este entorno cercano.
Poder hacer funcionar nuestro entorno y hacer de eso algo go-
zoso, organizado, equitativo y justo porque es común y mutuo, es
algo que nos roba la educación, la medicina, las instituciones.
El modo industrial de operar, funcionar y pensar nos roba
los ámbitos comunes, nos roba la posibilidad de ejercer esos
ámbitos comunes y entenderlos. Ya no los entendemos. Todo es
tan industrializado que finalmente acabamos no entendiendo que
eran ámbitos comunes. Un ejemplo es el agua. Siempre fue un
ámbito común y ahora nos parece natural tener agua embote-

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llada, es decir privatizada por alguien, y que no la vendan nos
parece normal. Ya no entendemos otra manera de pensar en el
agua, cuando por muchos milenios el agua fue uno de los bienes
comunes más importantes del mundo.
¿Cuántos ámbitos comunes podríamos nombrar aquí?, que
siempre han estado ahí y que deberían estar ahí como ámbitos
comunes y que los están privatizando, que nos están despojando
de ellos y ya ni nos damos cuenta porque estamos presos de
ese monopolio industrial de pensamiento, que nos separa, nos
disgrega, nos hace ser simples productores de instrumentos
en vez de gente pensante que está en relación con otros seres
pensantes.
En realidad nos la pasamos tratando de armar el rompecabe-
zas general entre muchos seres pensantes y emotivos, intuitivos,
integrales aunque no lo reconozcamos. Ya no nos vemos así
porque nos están robando, nos están despojando de esos ámbitos
comunes.
¿Podemos nombrar aquí algunos ámbitos comunes? Hay un
ámbito común fundamental que olvidamos porque lo utilizamos
todo el tiempo, y es el lenguaje. Vivimos en el lenguaje y, ojo:
parte de lo que nos ha hecho pensar este monopolio industrial,
hasta del pensamiento, es que vemos al lenguaje común como
un instrumento de comunicación.
Eso es tremendo, es una de las tergiversaciones más com-
plejas que nos han hecho: cuando vemos al lenguaje como un
instrumento de comunicación ya lo tenemos puesto fuera de
nosotros, y ya no lo vemos como común. Parte de este mono-
polio industrial de pensamiento es que muchas cosas que nos
son comunes, y como tal inherentes, las vemos como fuera de
nosotros. El lenguaje es un ejemplo. Decirle un medio de comu-
nicación, un instrumento de comunicación, es ponerlo fuera de
nosotros y entonces lo tenemos que adquirir. ¿Cómo? Mediante
la educación que además la tenemos que pagar. Porque hasta la
educación se paga. La mercancía nos la dan poco a poco, con
los conocimientos para llegar a ser doctores, etcétera, y tener

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entonces el estatus, más alto que nos sea posible, que no siempre
es el más alto posible.
Pensemos el lenguaje por un momento. Y pensemos el pensa-
miento, la emoción, el sentimiento, la intuición, como algo que
es inherente a nosotros como un todo: ¿alguien puede pensar
algo solo, no; el lenguaje, el pensamiento, son algo colectivo, de
toda la humanidad, aunque tengamos muchos idiomas diferen-
tes; y eso que es tan común es porque vivimos en ese lenguaje,
el lenguaje son nuestras relaciones; es tan vasto que, finalmente,
cuando lo pensamos como nuestro ser más tangible, cuando nos
percatamos de que la cultura no es sino lenguaje, eso que llama-
mos lenguaje no es sino nuestras relaciones.
Si nosotros lo ponemos fuera, lo estamos cosificando de una
manera tan absoluta que por supuesto se puede ensamblar, se
puede acomodar, es pensamiento industrializado, y como tal nos
cosifica y enajena haciéndonos exteriores a nuestro entorno y a
nuestras relaciones con los demás. Acabamos pensando que todo
son esencias y por lo tanto cosas, cuando que todo son procesos,
flujos, relaciones sociales.
Si empezamos a pensar el mundo como flujos, procesos, rela-
ciones, empezamos a entender que todo está interrelacionado y
que todos somos parte de todo. Ésas son las cosas que se nos han
olvidado con la educación o con una cierta educación.
Para rescatar conscientemente el aprendizaje que podemos
darnos en las relaciones sociales, tendríamos que acceder a otras
maneras de ver el mundo y empezar a imaginarnos otras mane-
ras de ver el mundo.
Un ejemplo muy concreto es el problema de la medicina.
Antes, todo mundo era potencialmente alguien que curaba a los
demás. En las sociedades más antiguas que ahora les llaman pri-
mitivas, pre-modernas, pre-capitalistas, la gente se curaba una a
la otra. Incluso, gracias al capitalismo y a otras tantas suertes de
desdichas, los mismos curanderos en las comunidades han em-
pezado a adquirir un cierto estatus, pero durante mucho tiempo
la gente no fue alguien especial por ser curandero. La gente era

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curandera y además todo lo demás. Es muy importante que us-
tedes como promotores, promotoras de salud, ubiquen eso. Ser
sanadoras o sanadores era parte de los saberes cotidianos que la
gente tenía. De pronto la gente era más hábil para algunas cosas
y entonces la gente la consultaba y a lo mejor lograba cierto
reconocimiento pero nada más; eso no lo hacía alguien con un
poder absoluto sobre la vida de los demás, como ahora los médi-
cos, las enfermeras, los trabajadores sociales, los terapeutas.
Esta situación de poder se ha producido también por un
sistema del cual tenemos que zafarnos para poder zafarnos (si
estamos trabajando en el ámbito de la medicina de la salud, de
la sanación), empezar a entender los males terribles provocados
por la industria médica y su institucionalidad. El modo industrial
de producción todo lo convierte en institución. Al convertirlo en
institución inmediatamente le da el carácter de especialista a ese
otro que ya trabajó para recibir su certificado en conocimientos
y por eso, supuestamente, sabe más y puede más.
En La convivencialidad Iván Illich dice: “En el primer pla-
no de los desórdenes que inducen la profesiones es necesario
colocar su pretensión de fabricar una salud mejor. Las primeras
víctimas de este mal iatrogénico es decir, engendrado por la me-
dicina, fueron los planificadores y los médicos. Pronto la aberra-
ción se extendió por todo el cuerpo social. En el transcurso de
los 15 años siguientes [está hablando de después de la Segunda
Guerra Mundial-] la medicina especializada se convirtió en una
verdadera amenaza para la salud. Se emplearon sumas colosales
para borrar los estragos inconmensurables producidos por los
tratamientos médicos, no es tan cara la curación como lo es la
prolongación de la enfermedad”.
Es decir, la acusación de Illich a los médicos y a todo el sis-
tema de salud es que administran la salud: ojo, no curan, admi-
nistran la salud, la dosifican, la balancean para que siga un cierto
estado de dependencia funcional constante. Los médicos se eri-
gieron como administradores de la salud y al hacerlo crearon un
estado de no-salud no-enfermedad: justamente la relación entre

21
el especialista y el “paciente” —esa persona que fue convertido
en “paciente”.
Entonces la relación especialista-paciente sustituyó lo que
antes era la cotidianidad de una persona. Illich insiste: “los mori-
bundos pueden vegetar por mucho tiempo aprisionados en un pul-
món de acero, dependientes de un tubo de percusión o sometidos
al funcionamiento de un riñón artificial”. Y fíjense lo que dice en
los años 60’, a ver si les suena conocido de la ciudad de México:
“sobrevivir en ciudades insalubres y a pesar de las condiciones
de trabajo extenuantes cuesta cada vez más caro, mientras tanto
el monopolio médico extiende su acción a un número cada vez
mayor de situaciones de la vida cotidiana. No sólo el tratamiento
médico sino también la investigación biológica han contribui-
do a esta proliferación de las enfermedades. La invención de
cada nueva modalidad de vida y de muerte ha llevado consigo
la definición paralela de una nueva norma, y en cada caso la de-
finición correspondiente de una nueva desviación, de una nueva
malignidad. Finalmente se ha hecho imposible para la abuela,
para la tía o para la vecina, hacerse cargo de una mujer encinta,
de un herido, de un enfermo, de un lisiado o de un moribundo,
con lo cual se ha creado una demanda imposible de satisfacer. A
medida que sube el precio del servicio, la asistencia personal se
hace más difícil, y frecuentemente imposible. Al mismo tiempo
cada vez se hace mas justificable el tratamiento para situaciones
comunes a partir de la multiplicación de especializaciones, y
para profesiones cuyo único fin es mantener la instrumentación
terapéutica bajo el control de las corporaciones”.
Esto quiere decir que en el momento en que renunciamos a la
relación donde nos podemos curar unos a otros, en ese momen-
to le entregamos a las corporaciones la posibilidad de atender
nuestros problemas y nos ponemos a disposición de esos espe-
cialistas. Renunciamos así a una potestad, que no derecho.
Y ahí es necesario abrir un paréntesis. El derecho es a la jus-
ticia lo que el dinero es a la comunidad, es decir un sustituto;
cuando la relación está rota y como no podemos tener justicia in-
vocamos un derecho, como no podemos tener comunidad invo-

22
camos el dinero. Esto es un pensamiento marxista y quiere decir
que cuando sustituyo las relaciones sociales con dinero, en ese
momento me desafano de la relación y simplemente intercambio
dinero; eso es lo que pasa con la educación y con la medicina: yo
le pago a alguien para que me atienda, para que me instruya. En
ambos casos yo pago porque me enseñen a obedecer y por ende,
porque me erosionen mi capacidad de pensar alternativas.
Antes los mismos monjes Zen nunca cobraron, nadie que se
dedicara a trabajar con la espiritualidad podía estar cobrando
porque era algo que trastocaba la relación. Con los derechos
pasa lo mismo, uno invoca derechos cuando ya no hay posibili-
dad de tener una relación real, en una comunidad antigua nadie
invocaba derechos porque todo mundo estaba junto con los otros
haciendo cosas, tratando de entender.
Invocamos derechos porque los aparatos de justicia, son otro
modo industrial de administración de gestiones.
Por eso la palabra autogestión es tan bonita. Porque todas las
instituciones nos están gestionando todo el tiempo, en cambio la
autogestión quiere decir que nosotros mismos nos propiciamos
la resolución de nuestros problemas, de nuestras necesidades y
de nuestro entendimiento del mundo.
Eso es totalmente subversivo. Ni siquiera el socialismo de la
Unión Soviética y de los países socialistas lo buscó, porque en
realidad intentaban sustituir una institucionalidad por otra. La
institucionalidad del mercado la sustituyeron por la institucio-
nalidad del Estado y de las grandes burocracias, que no son sino
más procesos metidos en el asunto.
Por eso fueron tan radicales Illich y Méndez Arceo y la socie-
dad civil en todo este proceso de Cuernavaca. Ochenta y cinco
años después del nacimiento de Illich empezamos a entender
apenas de que hablaba. Es necesario darnos cuenta que ni el
socialismo o comunismo como lo entendió la Unión Soviética,
ni el capitalismo como está arrasando por todo el planeta (con
todas sus maneras de lavarle la cara a la delincuencia), nos van
a resolver los problemas.

23
La gente común sigue ahí viendo pasar sistema tras sistema,
tratando de entender qué sigue, siendo que podía organizarse de
una manera más fácil, en lo cotidiano y en el ahora.
No se trata de esperar una revolución que a lo mejor no lle-
ga. Además, para qué esperar a que llegue una revolución para
después empezar la tarea, si la tarea empieza hoy, ahorita. No se
trata de ser bonitos, ni de que los cambios empiecen ahora por-
que somos buenos. Se trata de que como somos malos tenemos
que empezar los cambios ahora, para poder empezar a entender
entre todos qué sigue y cómo podemos empezar a organizar-
nos en nuestros ámbitos más comunes, en nuestros ámbitos de
trabajo, abriendo espacios de diálogo como éste por ejemplo.
Inaugurando la posibilidad de volver a tener nuestros propios
alimentos, sin necesidad de recurrir a comprarlos.
Me acuerdo de una persona de una comunidad que estaba
avergonzado porque había nacido en un hospital. Decía que era
una de las cosas que más le había marcado en la vida,; que nació
en un lugar para enfermos. Obviamente equivocado o tal, podía
haberlo superado, pero es muy sintomático que antes era un or-
gullo que cada quien hubiera podido tener a sus bebés en casa,
ahora las cesáreas se programan y los partos naturales son otra
forma de la resistencia.
Tenemos que organizarnos, abrir espacios de diálogo. Entender
que nuestro trabajo, como gente relacionada con la salud, no
es volvernos el especialista que va a cobrar más y más, sino
más bien cómo abrir la posibilidad de que otros también puedan
solucionar sus propios problemas de salud. Si nosotros como
promotores de salud nos convertimos en agentes autogestiona-
dores de todos los demás, es decir, propiciamos la creatividad
de otros y otras para poder subsanar y mejorar y prevenir todos
sus problemas de salud, estaremos promoviendo una sociedad
informada, consciente, organizada, y que al mismo tiempo va a
estar “educándose”, es decir, aprendiendo una persona de la otra.
Eso también nos va a permitir tener una sociedad donde no nos
vamos a dejar de las cosas horribles que nos quieran imponer, y
por otro lado vamos a estar promoviendo que haya mucho mas

24
justicia en nuestros ámbitos cotidianos, hoy, no en un futuro
distante que no sabemos cuándo va a llegar, cuando otros pue-
dan venir a salvarnos, cuando en realidad lo que tendríamos que
estar haciendo es organizarnos de una manera muy concreta y
muy puntual, a cada momento, en los ámbitos en los que nos
movemos. Y desde ahí empezar a cambiar y transformar toda la
horrible perspectiva que nos tienen programada quienes tienen
este modo industrial de pensar y que finalmente han acaparado
dinero y poder, es decir más y más relaciones, más vínculos en
aras de sus propios interese, y en contra de intereses generales
de todas y todos nosotros.

25
La teoría crítica de la cultura
de Bolívar Echeverría y de Paulo Freire.
intervención en homenaje a bolívar
echeverría

Concepción Tonda*
Intentaré explicar la teoría de la cultura de Bolívar Echeverría que
quizá para muchos lectores resulta de difícil comprensión; me re-
feriré a su vinculación con el ámbito educativo en tanto que es
mi ámbito de trabajo. Considero importante que los alumnos de
nuestras universidades públicas se apropien de esta teoría y puedan
desarrollarla desde sus diferentes ámbitos.
En el primer apartado de esta intervención me referiré a la defi-
nición del concepto de cultura de Bolívar Echeverría ; en el segun-
do apartado me referiré a la crítica de la cultura moderna que, sobre
esa base, realiza; en el tercer apartado referiré su coincidencia con
la teoría de la cultura de Paulo Freire.

1. Definición del concepto de cultura


¿Qué es para B.E. la cultura?
La cultura es la forma concreta de la praxis social en un mo-
mento histórico dado.
¿Qué es la praxis?
La praxis es la actividad transformadora del entorno social y
natural, actividad que define esencialmente al hombre, que define
su comportamiento frente al mundo. Esta actividad transforma-
dora es una actividad teleológica, una actividad guiada por fines,
por proyectos que el hombre traza previamente en su mente para
después realizarlos prácticamente.


Véase, Adolfo Sánchez Vázquez, “Qué es la praxis”, en Filosofía de la
praxis, Grijalbo, México, 1972.
* Mtra. Concepción Tonda Mazón. Egresada de la carrera de Estudios Lati-
noamericanos, Facultad de Ciencias Política de la UNAM. Coordinadora de
la UPN, Plantel Cuautla, Morelos.

26
Cuando el sujeto realiza sus fines le imprime un sentido deter-
minado a la realidad, la forma; cuando la transforma la forma, for-
ma objetos y forma sujetos.
Los elementos constitutivos de la praxis son: el sujeto transfor-
mador, el objeto a transformar —la naturaleza, un objeto o, en el
caso de la educación, un sujeto—, los medios y el nuevo resultado
final que, en el caso de la praxis educativa es un sujeto modificado,
educado.
Existen diversas formas de praxis: praxis económica, artística,
política, educativa, etc.
La praxis social constitutiva de la cultura incluye a todas las for-
mas de praxis — que son individuales y sociales paralelamente—
existentes en un tiempo y en un espacio histórico determinado. En
este sentido la cultura tiene un carácter total e histórico concreto.
También tiene un carácter creativo, la transformación del mun-
do, la formación de objetos y de sujetos requiere, necesariamente,
el despliegue de la creatividad inherente al hombre. Según el grado
de despliegue de esta creatividad la praxis tendrá un carácter más
o menos creativo o más o menos reiterativo. Hay formas de praxis
que implican un mayor grado de creatividad como es el caso de la
praxis artística o de la praxis educativa. Es oportuno recordar aquí
la admirable calidad pedagógica de los diversos cursos que durante
cuarenta años impartió B.E. en la Universidad Nacional Autóno-
ma; no cabe duda de que el aula fue el espacio político principal
de nuestro querido maestro.
La cultura para B.E. no es algo ya dado, es producida y reprodu-
cida diariamente por los sujetos sociales. No es esencialmente algo
ajeno a ellos, que se les impone sino que es su propio producto, es
el resultado y el proceso mismo de su creación. A ello se refiere
la crítica de B.E. a las definiciones “sustancialistas” de la cultura
En este sentido la cultura tiene un carácter procesual, está siendo
permanentemente construida y reconstruida por los sujetos socia-
les. Está aconteciendo en este mismo momento en el que yo les
transmito un mensaje que ustedes escuchan; mensaje que modifica
sus conocimientos previos sobre el concepto de cultura.La cultura
es pues un proceso.
27
Otro rasgo constitutivo de la cultura es su criticidad. Al impri-
mirle un sentido a la realidad a través de la praxis el sujeto toma
necesariamente una distancia crítica frente a lo real y decide, elije,
conferirle uno u otro sentido; la modifica en función de un nuevo
sentido que él ha elegido previamente.
La praxis puede estar centrada en la producción de objetos, de
la riqueza objetiva —resultante de la praxis económica— o en la
formación de los sujetos sociales, en el desarrollo de la riqueza
subjetiva ­­­­–ámbito de la educación; ambas formas de praxis están
estrechamente interrelacionadas.
La praxis económica es la forma básica de praxis en tanto que
está centrada en la producción de los objetos satisfactores de las
necesidades básicas de la sociedad para su sobrevivencia.
B.E. se refiere también al carácter político de la cultura: la praxis
es un proceso social, transformamos el mundo junto con los otros
y para los otros. La cultura es un producto social, una herencia so-
cial que los sujetos retoman, cuestionan y recrean conjuntamente.
Este proceso de recreación implica la libre elección de una signi-
ficación social determinada, de un sentido concreto, de una forma
concreta. Los sujetos eligen libremente, por ejemplo, una forma de
educar, deciden educar a sus alumnos y a sus hijos de cierto modo,
de acuerdo a ciertos principios que ellos han elegido libremente,
que no les han sido impuestos. Tienen pues la capacidad esencial
de elegir libremente la mejor manera de educar, la mejor manera de
comer, de reproducirse, de vivir.
B.E. insistirá en este sentido en el carácter esencialmente políti-
co libertario de la cultura entendida como libre gestión colectiva de
la satisfacción de las necesidades sociales y libre desarrollo de las
capacidades sociales. Retomará en este sentido la filosofía existen-
cialista de Jean Paul Sartre.
B.E. plantea también una estrecha vinculación entre cultura y
semiótica.
La cultura es un proceso semiótico en tanto que es un proceso de
comunicación social de sentidos, de significados.

28
Interpreta a la praxis —a toda forma de praxis— como una ac-
tividad productora emisora de mensajes que van a ser interpretados
en el momento de ser consumidos. La praxis social es pues un pro-
ceso cíclico de producción y consumo de mensajes, de significa-
ciones.
A manera de resumen de este primer apartado podemos decir
que la cultura tiene un carácter praxeológico, en tanto que es un
producto de la praxis social; total, en tanto que comprende a la vida
social en todas y cada una de sus manifestaciones; crítico, en tanto
que presupone la transformación o reiteración de las significacio-
nes heredadas; político, en tanto que implica la libre elección de
una forma concreta de educar, de comer, de vivir, de existir; semió-
tico puesto que es un proceso de comunicación de significaciones,
de sentidos otorgados a la vida.
Podemos afirmar que el sentido transhistórico —común a toda
historia, a cualquier sociedad— de la cultura esencialmente positi-
vo es la formación social de los sujetos, el desarrollo libre e ilimita-
do de la riqueza subjetiva, de la comunidad humana materialmente
fundada; es decir fundada en el conjunto de la riqueza material, en
el mundo de los objetos. En este sentido, la definición de la cultura
de B.E. es una definición materialista dialéctica. La cultura tiene
una existencia objetiva, está ante nosotros para ser recreada, cues-
tionada, transformada, humanizada.

2. Crítica de la cultura moderna


B.E. derivará su definición del concepto de cultura en su sentido
transhistórico y su crítica de la cultura moderna, de esta configura-
ción histórica alienada de la cultura, del capítulo V de El capital de
Marx que es el capítulo medular del tomo I que aborda al proceso
de producción. Este capítulo está dividido en dos apartados. El pri-
mer apartado se titula “Proceso de trabajo” y el segundo “Proceso
de valorización”.
En continuidad con sus Manuscritos económico filosóficos de
1844 Marx define al trabajo como la actividad esencial del hombre.
A través del trabajo el hombre se realiza junto con los demás hom-

29
bres mediante un intercambio metabólico con la naturaleza de la
cual forma parte; es decir que transforma a la naturaleza y se trans-
forma y desarrolla a sí mismo como parte de la naturaleza —no
contra la naturaleza, destruyéndola. Así pues el hombre mantiene
esencialmente una relación armónica con la naturaleza, existe para
cuidarla y para cuidarse a sí mismo como parte de ella.
B.E. integra en un esquema los elementos del proceso de trabajo
que nos expone Marx, a saber: el sujeto transformador, el objeto
a transformar, los medios de producción —correspondientes a la
mediación pedagógica en el caso de la educación— y el resultado.

Producción

Objeto
Medio Naturaleza Resultado
S
s Sujeto
o

El proceso de trabajo o proceso de producción es un ciclo en


tanto que inicia con la producción y termina con el consumo para
volver a reiniciar.
Así pues la cultura refiere al proceso de producción y reproduc-
ción de la riqueza social objetivo-subjetiva —es decir unitariamen-
te objetiva y subjetiva.
En un segundo momento, B.E. integra al esquema anterior del
proceso de trabajo —que comprende a la praxis social en su con-
junto— el esquema de la acción comunicativa en la que el produc-
tor emite un mensaje mediante cierto código (correspondiente al
medio de producción) que el receptor decodifica para poder apro-
piárselo, consumirlo.

30
De este modo B.E. vincula los procesos de comunicación con la
praxis, con la actividad transformadora del mundo.

SI Código Mensaje SII

Emisor Receptor
Codifica Decodifica

Así pues, en primer término, B.E. interpreta al proceso de traba-


jo como forma natural de la reproducción social, de la praxis social
en su conjunto; como el valor de uso social global, constituido
por el conjunto de los valores de uso particulares; como estructura
transhistórica del proceso de reproducción. Y, en segundo término,
y sobre esta base interpreta a la praxis social como proceso semió-
tico, como proceso de comunicación de significados.
En el segundo apartado del capítulo V de El capital titulado
“Proceso de valorización” o proceso de producción de plusvalor,
de plusvalía, Marx criticará el modo de existencia capitalista del
trabajo en tanto que contradice su sentido esencial anteriormente
referido. En la sociedad capitalista el trabajo, la praxis social en su
conjunto se encuentra enajenada en tanto que está subordinada a
una finalidad, a un sentido ajeno a su sentido positivo natural, esen-
cial: el desarrollo pleno, integral e ilimitado de los sujetos sociales
en armonía con la naturaleza. 
Así pues, según interpreta B.E., la alienación del proceso de trabajo ,
implica la enajenación del conjunto de la praxis social que existe
de manera alienada en tanto que toda ella –en todas sus formas­-
está subordinada a una finalidad ajena, exterior, impuesta: la acu-
mulación creciente de capital mediante la explotación creciente del
trabajo humano reducido a plusvalor.
La cultura moderna es la cultura que se encuentra creciente-
mente subordinada a la producción de mercancías portadoras de
plusvalor acumulable.

Véase al respecto, Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844,
“El trabajo enajenado”, OME, Grijalbo, Barcelona, 1978.

31
B.E. referirá el fenómeno de la cosificación de la cultura moder-
na como paralelo al fenómeno de su enajenación.
La cosificación refiere el hecho de que en las sociedades mer-
cantil-capitalistas propias de la modernidad, el factor central del
proceso de trabajo es el objeto producido, la producción de mer-
cancías, reduciendo al propio trabajo humano a una mercancía más
(a fuerza de trabajo abstracta que se vende en el mercado). El sujeto
no es ya el factor central del proceso de trabajo en concordancia con
su estructura básica sino que, en contradicción con ella, el objeto,
la producción de cosas pasa a ocupar el lugar prioritario. Lo prio-
ritario no es ya la formación de los sujetos —la educación— sino
la producción de miles de mercancías que la sociedad no necesita
para que a través de su venta en el mercado —fomentando el con-
sumismo— la clase capitalista pueda acumular inmensos capitales
a través de la explotación y la miseria creciente de las mayorías.
La educación ha dejado de ser por ello prioritaria para los es-
tados neoliberales; se convierte en una carga de la cual hay que
deshacerse paulatinamente mediante la serie de reformas que han
venido imponiendo los estados neoliberales en complicidad con el
Banco Mundial.
En el caso, por ejemplo, de la praxis educativa, la evaluación
mediante exámenes estandarizados que se aplican indistintamen-
te a los niños de zonas urbanas y a los niños de zonas indígenas,
implica una cosificación del educando que es tratado como una
mercancía más, sin considerar su contexto. Otro claro ejemplo es
la privatización creciente de la educación, particularmente de la
educación superior.
Bajo su configuración moderna la cultura se encontrará crecien-
temente enajenada y cosificada.
La cultura moderna mercantil se consolida en Europa en el siglo
xvi con la integración de un mercado mundial y de estados nacio-
nales; se expande en América Latina a través de la conquista, que
en la región mesoamericana implicó el exterminio de la población
indígena. La revolución industrial inglesa del siglo XVII sienta las
bases del modo de producción propiamente capitalista fundado en

32
un permanente revolucionamiento tecnológico, de los medios de
producción.
Como podemos observar Marx critica al proceso de producción
capitalista desde el proceso de trabajo. El proceso de producción
de plusvalor contradice el sentido positivo básico, esencial del pro-
ceso de trabajo, de la praxis social en su conjunto, en tanto que no
reconoce al sujeto social –su formación‑ como factor prioritario.
B.E. deriva su propuesta metodológica para la crítica de la cul-
tura moderna de la metodología implícita en el capítulo v de El
capital explicitada y desarrollada por él.
Funda su crítica de la cultura moderna en el significado positivo
transhistórico de la cultura para mostrar por contraste qué es lo que
está siendo reprimido, cosificado y enajenado por la modernidad
capitalista; qué es pues lo que tiene que ser liberado del yugo del
capital. La formación misma de los sujetos, los sujetos mismos,
junto con el mundo de los objetos, tienen que ser liberados de esta
subordinación a las necesidades de la acumulación capitalista que
se han convertido en hegemónicas subplantando a las necesidades
reales de los sujetos, a los sujetos reales. Se trata de la liberación
de la praxis social en todos y cada uno de sus elementos y en todas
y cada una de sus formas; de la liberación de los sujetos sociales
en todos los aspectos de su vida; de la liberación del valor de uso
global y particular, social e individual respecto del capital, ade-
cuándolo crecientemente al desarrollo integral y armónico de los
sujetos sociales.
B.E. construye así un puente entre la crítica de la economía
capitalista desarrollada por Marx y la crítica de la cultura y de las
políticas modernas. Abre, en ese sentido, una línea de investigación
para el desarrollo de análisis críticos concretos de la cultura con-
temporánea, del modo de vida actual.

3. Paulo Freire
La concepción de la cultura de B.E. es muy cercana a la con-
cepción de Paulo Freire desde la cual éste último reflexiona la
praxis educativa.

33
Ambas concepciones retoman centralmente a Marx y a la fi-
losofía existencialista de Sartre.
Retomemos la concepción de la cultura de Paulo Freire onto-
lógicamente fundada:
La palabra cultura deriva de la acción del hombre, tal y como la
consideraban los antiguos, se relaciona estrechamente con todo
aquello que forma parte de su vida diaria, su forma de pensar, de
alimentarse, de convivir, del desarrollo de la comunidad.
El hombre es un ser que humaniza el entorno y no el animal
no se sabe ahí y que no es capaz de reflexionar.
El ser humano se estimula a través de los problemas que
va viviendo cada día y corre riesgos en cada una de sus accio-
nes, observando aquello que requiera la toma de decisiones que
le llevarán a una acción transformadora de su entorno y de su
persona.
La cultura es creada por el hombre con su acción diaria, acción en
la que reflexiona sobre lo que vive, sobre lo que es, sobre lo que
deseaalcanzar, sobre lo que merece como ser humano.
Las características de la cultura, la forma de educar, etc.
dependen de la reflexión del sujeto, de saberse un sujeto dentro de
una realidad y de tomar decisiones que le lleven a una praxis
encaminada a la libertad.
En base al trabajo, a la praxis, se constituyen juntos el mundo y
la conciencia, dialécticamente. A través de la praxis, del trabajo
individual y social se irán alcanzando metas y una transformación
paulatina del entorno, una transformación encaminada al
beneficio de los hombres, como un acto de amor hacia los demás.
Recordando el debate sobre el concepto de cultura que pro-
puso a sus alumnos en los 60’s Freire afirma que “…trabajando
el mundo de la naturaleza que no hicimos, interviniendo en él,
terminamos por crear el mundo de la cultura; en último término,
la cultura es la expresión del esfuerzo creador del ser humano.
En este sentido, es tan cultura el pozo que, empujados por la ne-

34
cesidad, cavan los campesinos en el suelo, su forma de hacerlo,
como las Bachianas de Villalobos”.
En este sentido y, al igual que B.E., Freire define a la cultura
desde la praxis, como proceso o praxis social en curso. Y tam-
bién define a la cultura como un acto esencialmente creativo,
como estetización.
Si mediante nuestra praxis transformamos la objetividad, la
subjetividad cambia de forma automáticamente, nos dice Freire:
“En una perspectiva ni objetivista mecanicista ni subjetivista,
sino dialéctica, el mundo y la conciencia se dan, como decía
Sartre, simultáneamente.”
La intervención en el mundo tiene para Freire un sentido
esencialmente crítico. Subraya, al igual que B.E., la importancia
de la postura crítica inserta en la naturaleza humana:
“…es preciso que sea, lo más críticamente posible, conscien-
te de mi papel en el mundo, papel de quien, al tener vedada su
intervención en el mundo, se ve privado de estar siendo.”
La praxis educativa será más eficaz en la medida en que po-
sibilitando a los educandos el acceso a los conocimientos fun-
damentales para el campo en el que se formen, “…los desafía
a construir una comprensión crítica de su presencia en el mun-
do.”
La práctica educativa, por ser histórica, no puede estar ale-
jada de las condiciones concretas del espacio-tiempo histórico
concreto en el que se da “…tiene que ver fundamentalmente con
la manera de entender nuestra presencia —la de los seres huma-
nos— en el mundo, nuestras relaciones con la historia y la cultu-
ra: si somos seres determinados o simplemente condicionados,
capaces, por tanto, de ir más allá, reconociendo no sólo el con-
dicionamiento, sino su fuerza. Si estamos siendo seres de pura


Paulo Freire, Desafíos de la educación de adultos ante la nueva reestruc-
turación tecnológica, Morata, México, 1996.

Ibidem.

Ibidem.

Ibidem.

35
adaptación a la realidad, miméticos, o si, por el contrario, somos
activos, curiosos, capaces de correr riesgos, transformadores y
terminamos por hacernos aptos para intervenir en el mundo, en
vez de limitarnos a acomodarnos en él.”
Los que se deciden por la transformación de la realidad ne-
cesitan organizar sus tácticas en coherencia con su estrategia, es
decir, nos dice Freire, con su sueño posible o su utopía.
Al igual que B.E., Freire subraya el carácter político de la
cultura:
“No es posible estar en el mundo, como ser humano, sin estar
con él, y estar con el mundo y con los otros es hacer política. Por
tanto, hacer política es la forma natural de estar los seres huma-
nos en el mundo y con él. Saber que es posible cambiar el mundo
es un conocimiento tan indispensable para quien hace política
como lo es para quien estudia a Marx saber la importancia del
concepto de “praxis” en su pensamiento.”
Cuanto mayor va siendo la importancia de la tecnología en
el mundo moderno más se afirma la necesidad de una “rigurosa
vigilancia ética” sobre ella; de una ética al servicio de los hom-
bres, de su vocación ontológica —nos dice Freire—, la de ser
más, y no de una ética estrecha y perversa como la del lucro, del
mercado.
En coincidencia con B.E. para Freire la cultura tiene un ca-
rácter praxeológico que engloba: su carácter materialista, histó-
rico, dialéctico, estético, ético, crítico y político.
El objeto de reflexión específico de P. Freire será la praxis edu-
cativa en su sentido transhistórico desde donde realizará la críti-
ca radical de su alienación en el contexto cultural capitalista.

En el caso de la praxis educativa el objeto de transformación


y su resultado es el sujeto mismo. Se trata de una forma de praxis
encaminada a la formación integral de los sujetos sociales me-

Ibidem.

Ibidem.

36
diados por los objetos o bienes materiales producidos que fun-
cionan aquí como meros medios de producción, de formación
del sujeto.
Para Freire la praxis educativa es esencialmente práctica de
la libertad. Se trata para él de una forma cultural natural y privi-
legiada porque recae sobre el sujeto mismo. El acto de enseñar
es para Freire “una especificidad humana”; un acto que define al
hombre como lo que esencialmente es, como un ser social, que
se da desinteresadamente a los otros en un acto de amor.
El acto pedagógico implica una dimensión estética, crítica,
ética y política: “enseñar exige comprender que la educación es
una forma de intervención en el mundo”; implica también una
dimensión afectiva o “amorosa”: “educar exige querer bien a los
educandos.”


Paulo Freire, Pedagogía de la autonomía, Siglo XXI, México.

37
La producción de enfermedades como
forma de dominio capitalista10

Andrés Barreda Marín* y


Jorge Veraza Urtuzuástegui**
1. La acumulación de capital como punto de partida para el
análisis de la producción capitalista de enfermedades
Si lo que interesa es la fundamentación de la <<producción ca-
pitalista de enfermedades>>, debe situarse el problema no en
referencia de la estructura de clases de la sociedad burguesa11
; estructura que influye efectivamente en el caso, pero que ella
misma es relativa y subordinada respecto del despliegue de la
acumulación mediante fuerzas productivas precisas. En efecto
el resultado teórico de los análisis contemporáneos acerca de la
relación entre enfermedad y modo de producción y estructura
capitalista consiste en indicar nítidamente el hecho de que la
acumulación de capital es el principio explicativo de la modali-
dad de enfermedades suscitadas en y, mejor aún, producidas por
el capitalismo. El resultado de las investigaciones contemporá-
neas12 debe convertirse en el punto de partida de todo el análisis
* Dr. Andrés Octavio Barreda Marín. Doctor en Estudios Latinoamericanos,
egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Profe-
sor de Economía Política, Facultad de Economía, UNAM.
** Dr. Jorge Veraza Urtusuástegui. Doctor en Estudios Latinoamericanos,
egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Profe-
sor de la carrera de psicología social de la UAM-I.
10
Se trata de un aspecto de la subsunción formal del proceso de trabajo in-
mediato bajo el capital propiciado por el alto desarrollo deformado de la sub-
sunción real del proceso de trabajo inmediato y del consumo bajo el capital.
En lo que sigue demostramos esta idea y explicamos sus términos.
11
Asa Cristina Laurell en Revista Latinoamericana de Medicina; Editorial
Nueva Imagen, número 2. Al momento de definir la relación salud-enferme-
dad Asa Cristina Laurell comete el error formalista de adscribir a la estructura
de clases la producción –distribución de enfermedades entre la población, no
ve los contenidos productivos como la determinante más que de palabra, pero
no en tanto estructura de cada aspecto concreto.
12
Muy bien entresacado y expuesto por José Luis Villa Agijosa en su Salud
y enfermedad en el proceso de acumulación de capital. Su fundamentación;
Tesis de licenciatura en Economía, UNAM, México, 1986.

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y de la tematización de la exposición de los problemas: la acu-
mulación de capital en desarrollo, no la estructura distributiva
de las clases: menos aún la mirada “natural” ingenua respecto
de la enfermedad, como si el capital no modelara a la población,
como si no tuviera su propia Ley de población y ésta no implica-
ra la correlativa ley de producción de salud y enfermedad de di-
cha población sujeta al capital —producción o reproducción—.
La enfermedad y la salud son determinaciones de la repro-
ducción de los sujetos humanos. Una vez procreados ocurre la
reproducción de su corporeidad y, allí, —del modo en que ocu-
rra tal reproducción— depende la generación resultante: la salud
o enfermedad. Por supuesto, las premisas de la nueva creatura
engendrada dependen de las condiciones de reproducción de la
corporeidad de sus padres y de las condiciones de gestación re-
productiva en el seno materno. La enfermedad y la salud son,
pues, momentos de la reproducción humana corporal mejor que
de la sola producción corporal. Ello implica que si se estudia
la relación salud/enfermedad en una situación histórica deter-
minada, como es la capitalista, debemos observarla también en
referencia a la reproducción social material mejor que en refe-
rencia a la producción material. Sabido es que la reproducción
de la sociedad se encuentra sometida bajo el capitalismo a la
reproducción del capital (Cfr. Carlos Marx, El Capital, Tomo II,
Sección III); así la reproducción de capital rige a la reproducción
social y, por allí, rige la reproducción corporal y de salud, enfer-
medad de cada individuo.
Ahora bien, no obstante haberse ya observado el hecho de
que la reproducción de capital rige a la reproducción social (y
por ende corporal) de los humanos, constantemente se expone el
problema de la producción de enfermedades conectándolo con
el proceso de trabajo capitalista mejor que con el proceso repro-
ductivo; en especial con lo que ocurre fuera del trabajo.
De tal modo, el error formalista politicista de analizar la en-
fermedad fundamentalmente en relación con la <<estructura de
clase>> mejor que con el proceso de producción y reproducción
ampliada de capital, se complementa con un error economicista

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inespecificante: aquél consistente en situar a la producción de
enfermedades fundamentalmente en conexión a la producción
de objetos dejando así inespecífica la producción de que se trata:
la producción de salud/enfermedad: cuya ocurrencia debe situar-
se, en primer lugar, en el ámbito de la reproducción y fuera del
proceso laboral y sólo derivadamente en conexión con este pro-
ceso. Esta paradoja la puntualizaremos más abajo.
Los dos errores se combinan a la hora de observar la produc-
ción de salud/enfermedad en relación al progreso de la sociedad,
en especial al progreso del capitalismo. José Luis Villa ha cri-
ticado certeramente la óptica subordinada de aquellos (incluida
Asa Cristina Laurell) que miran a la situación “saludable” de los
países desarrollados como modelo a alcanzar por los subdesa-
rrollados: perspectiva que implica el ver a la salud del burgués
como meta para el proletario y el pueblo en general. La supera-
ción de las enfermedades subdesarrolladas (las infecciones, por
ejemplo) se alcanzaría cuando arribemos a las enfermedades de-
generativas desarrolladas. La distribución de la riqueza entre los
países y entre las clases parece ser lo definitorio en esta perspec-
tiva que observa distribuida desigualmente (clasistamente) a la
enfermedad. Todos los problemas históricos parecen reducirse al
de la deficiente distribución de la riqueza. A la vez, sería el desa-
rrollo del proceso de producción capitalista el que subsanaría la
falla, debido a que esta perspectiva democrático-liberal le parece
que tal desarrollo productivo tiende a nivelar las desigualdades
sociales. Por contra, hay quien indica, por supuesto, que el pro-
ceso de producción capitalista desarrollado también nocivo —y
ciertamente lo es— y por allí intenta zafar a las clases subalter-
nas de los modelos de salud de la burguesía etcétera, pero si sólo
se critican las condicione del proceso laboral —suponiendo que
éste fuera el núcleo de la producción de salud y enfermedad— no
se ve bien más allá de la mera intención— hacia dónde y cómo
nos zafaríamos efectivamente del modelo burgués e imperialis-
ta. O bien, se presupone que sólo después de la revolución socia-
lista deberíamos ocuparnos en serio de mejorar la salud ya que
entonces existirá otro tipo de proceso productivo; pero mientras,
no cabría sino criticar el actual proceso productivo y apenas si

40
reformarlo, pero el mejoramiento de la salud se encontraría en lo
fundamental encadenado.
Así, si la primera versión de esta perspectiva formalista/ines-
pecíficamente) no observa claramente la profundidad productiva
y reproductiva —determinada por la acumulación de capital—
de sometimiento del sujeto social a ciertas condiciones social-
mente producidas de enfermedad y (cada vez menos salud); la
segunda versión implica una situación de absoluto encadena-
miento al aparato productivo capitalista que no permite mejorar
la salud del proletariado, etcétera sino después de la toma del
poder. Aunque quizá ésta no llegue, debido a que el progreso
capitalista avanza y en su momento buena parte de la clase revo-
lucionaria se encontrará hospitalizada o postrada en la cama de
su casa, o bien circulando en la calle pero en condiciones físicas
y psicológicas que le imposibiliten tomar el destino individual y
de la humanidad en sus manos. Pero es que para resolver el caso
debemos fijarnos en el proceso de reproducción y, en particular,
en el momento del consumo.
Según lo dicho hasta aquí, nos es posible ahora poner orden
en la perspectiva general para concebir el desarrollo histórico ge-
neral de la salud y la enfermedad. Ya que las nociones generales
que a continuación exponemos se han visto deformadas y desta-
zadas por haberse proyectado en ellas al interior del discurso de
otros autores una concepción falsa acerca del punto de partida de
la producción de enfermedades bajo el capitalismo. Hasta aquí
hemos visto que es falaz situar este punto de partida, sea en el
proceso de trabajo inmediato, sea en la estructura clasista de la
sociedad; ahora veremos cómo también es falaz situarlos a nivel
de los cambios culturales. Falacia en la que se incluyen —aun-
que a veces sólo implícitamente— las dos anteriores.

1.1. La salud como producto histórico


Al momento de considerar la salud debemos poner sumo
cuidado en no enfocar la cuestión desde los paradigmas ideoló-
gico-burgueses que formulan de todas las maneras posibles las
escisiones del sujeto-objeto, sujeto-sujeto. La salud no es una

41
cuestión puramente biológica, pero tampoco una realidad pura-
mente social, es, como el cuerpo mismo de los hombres, un pro-
ducto natural-social. El cuerpo humano es producto histórico
de la praxis —después de ser producto de la evolución natural;
y la salud no es más que el funcionamiento esencial del cuerpo.
Su estado de equilibrio sustancial y energético, en proceso de
perfeccionamiento histórico.
No existe, por tanto, ninguna fórmula médica singular ca-
paz de garantizar la salud de los hombres independientemente
de la época o el tipo de sociedad que se trate. Por el contrario,
la salud siempre se la produce en condiciones ecológico-histó-
ricas específicas. Lo cual no debe hacernos creer que se trata
de una pura determinación artificial que impone éste o aquel
otro patrón de cultura. La salud y la enfermedad, no por ser un
producto histórico social deja de ser la salud o la enfermedad
del cuerpo humano naturalmente determinado, de sus órganos,
sistemas, tejidos, etcétera. La salud y la enfermedad del cuerpo
descansan en la capacidad metabólica (anabólica y catabólica)
del organismo, en su capacidad de intercambiar sustancias ma-
teriales y energía con el medio ambiente. En la medida en que
la vida es una realidad evolutiva, la salud es una realidad pro-
cesual en curso de perfeccionar su capacidad metabólica. La
evolución de los organismos vivos perfecciona cada vez más su
capacidad de interiorizar los elementos exteriores o inorgánicos
del medio, a través del crecimiento cualitativo y cuantitativo de
sus poderes metabólicos. El desarrollo histórico de la vida hu-
mana perfecciona cada vez más su capacidad de interiorizar los
elementos exteriores o inorgánicos del medio. A través del creci-
miento cualitativo y cuantitativo de sus poderes metabólicos. El
desarrollo histórico de la vida humana perfecciona y profundiza
esta tendencia vitalista de la evolución de los organismos vivos.
No flota por tanto en el aire. No es una convención artificial de
la cultura. La salud de éste o aquel grupo étnico, de éste o aquel
otro modo de producción descansa en el control material que el
sujeto social logra establecer sobre la realidad procesual evolu-
tiva de la vida: que tanto logre mantener y/o perfeccionar, repro-
ducir y/o desarrollar éste o aquel modo metabólico del cuerpo.

42
El flujo evolutivo del cuerpo y su salud en curso de perfeccionar
la vida, es el sustrato material energético transhistórico sobre el
cual descansan todas las operaciones culturales históricas que
dan forma social al cuerpo, la salud y la enfermedad.
Por lo mismo la salud del organismo humano depende de los
efectos sustanciales y energéticos de los valores de uso especí-
ficos. El cuerpo material y el aura energética de los valores de
uso concretos de los medios de producción, pero, sobre todo, de
los medios de subsistencia, es el fundamento de la salud.
De la configuración histórica del cuerpo y del aura de los va-
lores de uso depende entonces la configuración histórica de la
capacidad metabólica del cuerpo, de su salud y enfermedad. Por
lo mismo los valores de uso no son objetos neutros, todos de-
mocráticamente poseedores de un cierto carácter benigno, que
sólo depende formalmente del “color del cristal” o la perspectiva
cultural, con los que se los mire. Son objetos históricos-concre-
tos cuyo significado varía efectivamente de una época o cultura
a otra. Y a la par todos los valores de uso médicos y de salud no
dejan de girar en torno al mismo fundamento transhistórico: la
garantía de la supervivencia, así como el perfeccionamiento de
la vida.
Pero además, la determinación material de la salud no sólo
proviene de la relación que el sujeto mantiene con sus condi-
ciones naturales externas. Evidentemente proviene, también, del
contenido material energético de las relaciones intersubjetivas
de la comunidad. La configuración histórica de estos contenidos
al igual que la configuración de los medios de subsistencia, in-
tervienen directamente en la configuración histórica específica
de la salud y la enfermedad. No se trata tan sólo de una realidad
social-natural por el hecho de que las diferentes culturas produz-
can valores de uso específicos sino, también, por el hecho de que
la configuración material energética específica de las relaciones
comunitarias determina también la salud y la enfermedad.

43
2. Observar la reproducción/observar el consumo
Ciertamente, entre la multiplicidad de factores que contribu-
yen a la producción de enfermedades debemos priorizar el con-
sumo, pues es a partir de éste que el cuerpo humano es reproduci-
do/repuesto material y energéticamente. No podemos quedarnos
sólo con la multiplicidad indiferenciada ni con el exaltamiento
de un factor inespecífico como lo es el del proceso de trabajo
o, peor aún, la distribución clasista: ninguno produce/repone la
corporeidad vital efectiva del ser humano.
Observar la producción de salud/al interior del proceso de
reproducción social sometida por el capital significa observar a
la fuerza de trabajo como capital variable (CV) que circula entre
el sector de la economía productor de los medios de producción
y el sector productor de medios de consumo y así, circulando,
los comunica.13 Significa observar este desglosamiento sectorial
de la economía como las planchas de la prensa que exprimen la
salud del obrero según las proporciones de su mutuo intercam-
bio —a través del que se realiza la plusvalía contenida en los
productos de cada sector, plusvalor explotado a esa misma clase
obrera— se define la constante regulación y reordenamiento de
los factores productivos y circulatorios, así como el sistema de
necesidades de producción consuntivas de la sociedad; es decir
de la clase burguesa, de la obrera y del resto. Se definen media-
tamente las condiciones del consumo a través del que deberá
reproducirse la corporeidad de los individuos.
El capital productivo somete a la fuerza de trabajo a la explo-
tación. He aquí un sometimiento real y forzado de la actividad
productiva vital.
Pero el sometimiento no se detiene allí. El capital —bajo la
forma de dinero en manos del obrero (salario cubierto con ca-
pital variable)— somete al obrero a llevar a cabo una operación
circulatoria de compra de medios de subsistencia (previa venta
de su fuerza de trabajo); según la cual el obrero queda sometido
13
Karl Marx; El Capital. Crítica de la Economía Política, Editorial Siglo
XXI, México, 1979. Tomo II, Sección tercera: “El proceso de circulación de
capital”.

44
a la producción de forma de las relaciones burguesas, no sólo a
las de la producción del contenido productivo en el que se inclu-
ye el plusvalor; este sometimiento a la producción de la forma
capitalista de tráfico implica el sometimiento real de la actividad
o de asociación del obrero.
Así pues, en la producción capitalista se somete la actividad
productora de los contenidos materiales de la vida social, en la
circulación capitalista se somete la actividad genérico asociati-
va creadora de la forma de la vida social. Pero el sometimiento
de la reproducción de la fuerza de trabajo mediante la forma
de dinero —núcleo del mecanismo circulatorio— implica el so-
metimiento no sólo de la conciencia a las formas fetichizadas
del salario y de las mercancías, y así una disfuncionalidad psi-
cológica sino que se implica, con ello, el sometimiento de una
forma de consumo impuesta por el capital: a) la manipulación
del consumo según la figura abstracta del dinero, para la cual
no importa la satisfacción cualitativa, pues la cualidad del valor
estriba en contener como límite (o satisfacción) sólo la cantidad
dada pero estando en disposición de abrirse a nuevas compras; o
en nuestro caso nuevos consumos no importa de qué objeto. Así
el consumo pierde cualidad a la vez que es manipulable cuanti-
tativa y eclécticamente; consumo inespecífico/consumo indife-
rentista: “consumismo” ampliado o insatisfecho por esencia. Lo
que conduce a un desquiciamiento fisiológico del comprador.
Pero el capital somete al obrero a una forma de consumo no
sólo determinado por la forma dinero (subsunción formal del
consumo), sino b) determinado en su contenido y cantidad preci-
sos y por el desarrollo de capital en cada momento (subsunción
real del consumo). Lo cual ocurre en referencia a la proporción
de intercambio entre los sectores de la producción y, en particu-
lar, a la comparación por ramas de la producción, vieja y nueva.
Así pues, la alienación del consumo según la estructura de la
forma dinero sólo inicia el sometimiento del consumo humano
a las necesidades de consumo productivo de el capital, para las
que es imprescindible un tipo preciso de consumo individual ca-
pitalistamente formado y, entonces, alienado.

45
Ahora bien, en gracia a que las necesidades de consumo pro-
ductivo de el capital se reparten entre necesidades del sector I y
del sector II, no puede ocurrir sino que la ideología del ahorro
(en relación con el sector I, productor de medios de producción)
y la del consumo (en relación con el sector II, productor de me-
dios de consumo) del capital se contrasten entre si y se contra-
digan en sí mismas cada una. Y como el consumo humano no
es idéntico al consumo individual capitalistamente determinado,
debido a que éste responde o está sometido al consumo produc-
tivo capitalista —no regido por el valor de uso y ni siquiera por
el valor, sino por el plusvalor— no puede ocurrir sino que el
consumo individual capitalista sea estructuralmente nocivo para
los individuos humanos.
Y lo que dijimos para el sometimiento de la clase obrera pre-
sionada y tensada entre los dos sectores de la producción capita-
lista y entre dos ideologías de consumo contrapuestas, vale tam-
bién para las demás clases incluida la burguesía. Porque, como
ya dijimos, es la forma dinero que circula —y es portada por los
individuos— entre un sector y otro de la producción la que inicia
el sometimiento que la acumulación de capital impersonalmente
determinada redondea en contenido y cantidad. Por supuesto, el
tipo de valores de uso comprado por burgueses y obreros varían
y cambian cualitativamente las restricciones y hambres de todo
tipo, pero la forma enajenada del consumo —determinante de un
desquiciamiento de la salud del ser humano— es común a toda
la sociedad. Ese tipo de valores de uso y de consumo enajenado
son acordes con una cierta medida histórica de tiempo de trabajo
socialmente necesario cada vez y que rige para toda una época.
Detallemos como se implementa a partir del proceso de tra-
bajo capitalista —inicio del proceso de acumulación capitalis-
ta— la enajenación del consumo que deforma a la corporeidad
del obrero; veamos las prioridades del consumo capitalista de
fuerza de trabajo.

46
2.1 El doble valor de uso de la fuerza de trabajo
En la sociedad burguesa cuando el obrero trabaja construye
valores de uso y plasma valor. Su trabajo se despliega como tra-
bajo concreto y abstracto. Esto significa que su capacidad para
trabajar —aquello que aprecia el capital— es igualmente de esta
doble naturaleza: tanto abstracta como concreta. El valor de uso
de la fuerza de trabajo es doble. En efecto, la mercancía fuerza
de trabajo no sólo tiene el doble carácter (valor y valor de uso)
que cualquier otra mercancía. Además su propio valor de uso, su
capacidad laboral es doble; la utilidad de la fuerza de trabajo se
desdobla en acuerdo al doble carácter del trabajo.
Su utilidad referida al trabajo concreto consiste en la capaci-
dad de producir valores de uso concretos. Esta capacidad fisioló-
gica concreta descansa: 1) En la habilidad específica del trabaja-
dor a través de la cual despliega su fuerza física y espiritual, así
como en su experiencia y calificación específicas. También 2)
En la calidad específica de los medios de producción que utiliza:
calidad de herramientas, materias primas, condiciones natura-
les y ecológicas, grado de desarrollo de las fuerzas productivas
técnicas, etcétera. De todo esto depende no sólo la calidad de
los valores de uso producidos sino, también, el tipo de desgaste
fisiológico del trabajador, y por ende su salud. Qué tanto se des-
gasta física y espiritualmente, qué tantos accidentes padece, si se
intoxica o no, si deforma o no sus músculos y huesos, etcétera.
Pero el valor de uso que al capital le interesa, sobre todo, es la
producción de plusvalor; por ello el lado cualitativo y concreto
de la capacidad laboral, en un principio, sólo significa para el ca-
pital una condición previa del proceso de valorización. Lo que al
capital le interesa es aquella otra capacidad productora de valor
que sólo en condiciones históricas mercantiles se adhiere a todo
trabajo concreto socialmente necesario: la capacidad de producir
valor conforme transcurre el mero y simple desgaste fisiológico
del trabajador; producir claro esta una cantidad de valor superior
a la empleada en la compra de esta misma mercancía fuerza de
trabajo. Desde esta otra perspectiva lo que interesa es el des-
pliegue abstracto del trabajador, su capacidad y disponibilidad

47
psicológica para participar uniformemente en el desenfrenado
proceso de producción de plusvalor. Este despliegue abstracto
del trabajador depende, por su parte, de la resistencia corpórea
de la salud fisiológica del trabajador, así como la disposición
cultural y psicológica del obrero para participar sostenida, pare-
ja, insensiblemente en el proceso de su consumición.
Por tales razones el capital despliega un doble interés, un do-
ble tratamiento tanto del alma como del cuerpo del trabajador.
Doble tratamiento al cual habrá que corresponder duna doble
apreciación, una doble mirada social —concreta y abstracta—
sobre la salud y la enfermedad de la clase obrera. Doble perspec-
tiva donde, por supuesto, el plano concreto de la salud obrera se
encuentra subordinado virulentamente al plano abstracto.
Al capital le interesa, sobre todo, asegurar el desgaste fisioló-
gico de sus trabajadores en vistas a sustraer plusvalor: la entrega
de energía vital como mera energía abstracta; y en menor medi-
da asegurar la corporeidad concreta del trabajador de donde está
mandando esta energía abstracta. No obstante este peculiar valor
de uso de la fuerza de trabajo sólo puede ser eficazmente consu-
mido en la medida en que el consumo de valor de uso concreto
de la fuerza de trabajo esté igualmente garantizado. Tal es la ra-
zón por la cual, si bien al capital le interesa, ante todo, manipular
la salud abstracta de la clase obrera, debe, no obstante “asumir”
la salud concreta de los pacientes. Sin embargo ésta última sólo
será “asumida” en la medida en que suscite una salud física y
mental que efectivamente satisfaga las necesidades de valoriza-
ción abstracta, mucho más que la mera calidad de vida y salud
del obrero. Estos vericuetos conforman la racionalidad médica
del capitalismo, como veremos.
Ahora bien, desde el punto de vista del valor de uso concreto
de la fuerza de trabajo lo que interesa al sujeto social es la repro-
ducción y el desarrollo pleno de sus capacidades y necesidades
concretas.
Lo cual requiere que el trabajador consuma los valores de
uso necesarios que garantizan la reposición y el desarrollo fí-
sico y mental de su cuerpo, así como su despliegue equilibrado

48
y pleno. Sin embargo, en el modo de producción capitalista la
producción y el consumo de este aspecto concreto de la de la
fuerza de trabajo entra en conflicto con la producción y el con-
sumo abstracto mecánico del valor de uso abstracto capitalista
de la fuerza de trabajo. Veamos. Desde la perspectiva del uso
abstracto de la fuerza de trabajo al capital le preocupa tanto la
producción abstracta como el consumo abstracto de esta mer-
cancía. Desde el punto de vista de la producción del trabajador
le preocupa que sea lo más barato posible. Para ello manipula
doblemente el sistema de necesidades de la clase obrera: recor-
tándolo directa y brutalmente, o bien abaratando el valor de los
medios de subsistencia. El primer camino pertenece a los mé-
todos de sobreexplotación de la fuerza de trabajo, el segundo a
la obtención de plusvalor relativo. De ambos movimientos se
desprenden modificaciones diferenciales de la salud.
Puesto que el recorte del sistema de necesidades puede pro-
ducir inmediatamente desnutrición y todo lo que esta trae apa-
rejada; mientras que el abaratamiento de los medios de subsis-
tencia no implica necesariamente detrimento de la salud obrera.
El que sean o no nocivos los medios de subsistencia depende,
más bien, de la específica calidad de las fuerzas productivas que
ahora están elevando la productividad de los medios de subsis-
tencia. Así, si por ejemplo se eleva la producción de alimentos
por mejoramiento en la rotación de cultivos, etcétera, repercute
en la salud de la población de manera diametralmente opuesta
a aquella otra elevación de la producción de alimentos lograda
mediante el empleo de fertilizantes artificiales, fumigantes, et-
cétera.
Desde la perspectiva del consumo abstracto de la fuerza de
trabajo, lo que al capital le interesa es un trabajador capaz de
entregar autodestructivamente su cuerpo al proceso de valoriza-
ción. Requiere entonces de un cuerpo que introyecte sobre sus
diferentes órganos y sistemas fisiológicos el principio thanático
de la valorización.
Introyección que no sólo se puede sostener a través de un en-
loquecimiento de la conciencia; sino que requiere, ante todo, el

49
desequilibrio y enloquecimiento de cada uno de los órganos del
sistema fisiológico del cuerpo.
Dicha introyección acontece propiamente en el proceso de
producción del cuerpo humano, es decir, en el proceso de consu-
mo personal de los trabajadores, fundamentalmente en la esfera
doméstica. Es ahí donde no sólo se garantiza el abastecimiento
de los nutrientes vitales que preparan el cuerpo sino, también, el
abastecimiento de las substancias que envenenan al cuerpo. De
suerte que se induce en éste el principio thanático apuntalador
del consumo capitalista de la mercancía fuerza de trabajo.
Así pues, el recorte del sistema de necesidades, el desarrollo
nocivo de las fuerzas productivas y la manipulación thanática del
contenido material de los medios de subsistencia son los modos
en los que el capital deforma a la salud de la clase obrera en vis-
tas a consumir su capacidad abstracta para producir plusvalor.

2.2 Cómo producen las fuerzas productivas procreativas la


salud
El proceso de producción del cuerpo es el fundamento ma-
terial inmediato del proceso de producción de la salud y la en-
fermedad. El cuerpo entendido no como realidad “cósica”, sino
como materialidad procesual energética, conectada por lo mis-
mo material y energéticamente a su contexto natural y social.
Así pues el cuerpo se produce no sólo a través de la alimenta-
ción, el cobijo, el vestido, etcétera. Sino que a través de estos
procesos y otros más sutiles de intercambio de materias con el
medio, el cuerpo también obtiene energía (calórica, electromag-
nética, etcétera) que igualmente le beneficia y equilibra o bien
lo desequilibra.
Por tal razón se puede afirmar que el proceso de producción
del cuerpo humano acontece en el proceso individual de con-
sumo. Éste acontece fundamentalmente en la esfera familiar, o
bien en aquellos espacios sociales que en la época actual están
dedicados a sustituir emergentemente la destrazada forma fami-
liar (restaurantes, bares, hospitales, lavanderías, etcétera).

50
Pero con esto no se quiere afirmar que dicho proceso de pro-
ducción del cuerpo acontece únicamente en los espacios expre-
samente dedicados al consumo. Bien sabido es cómo la clase
obrera se ve obligada a comer en la fábrica misma. No sólo la
respiración —proceso consuntivo básico— acontece permanen-
temente en todo momento y lugar fuera y dentro del mismo pro-
ceso de producción. Ésta es, precisamente, la razón por la cual
el intoxicado proceso técnico de producción puede convertirse
en productor de enfermedades. Aquí el proceso de producción
determina directamente la salud de la clase obrera, pero no por
lo que tiene de proceso de producción sino por lo que tiene de
proceso de consumo personal.
Por lo mismo: la salud y la enfermedad del cuerpo no es re-
sultado inmediato del proceso técnico de producción evidente-
mente depende indirectamente de éste en función de la calidad
de los valores de uso que emergen de él. O bien, en función de
las relaciones sociales de producción e intercambio que se pro-
ducen a partir de él, etcétera. Pero se trata siempre de determi-
naciones mediatas que acontecen sólo a partir del proceso inme-
diato de producción del cuerpo humano. Proceso de producción
que como decimos acontece en el proceso de consumo mismo.
En la Introducción de 185714, cuando Marx analiza la compleja
relación entre la producción y el consumo comienza señalando
que existe una identidad inmediata entre la producción y el con-
sumo.
Es decir, que todo proceso de producción es proceso de con-
sumo productivo. Insistimos en este punto con objeto de subra-
yar nuestra crítica al generalizado error consistente en querer
abordad el problema de la producción de la salud centrando el
análisis en el examen de las condiciones del proceso de trabajo
inmediato. Numerosos estudios de este tipo, creyendo que por
esta vía se encaminan al análisis de las condiciones de las cuales
depende fundamentalmente la salud de la población se restrin-
gen irónicamente al examen de la salud fabril, cuando enormes
masas de población se están muriendo por enfermedades del co-
14
Karl Marx; Introducción general a crítica de la economía política de 1857;
Ediciones Pasado y Presente; México, 1982.

51
razón, cáncer y últimamente SIDA. Dejando con ello intactas
las condiciones del consumo capitalista contemporáneo (degra-
dación alimentaria, smog, represión sexual, etcétera). Con este
proceder se pasa por alto la profunda crisis por la que actual-
mente atraviesa la salud mundial y con ella toda la medicina
contemporánea. Mejor puntualicemos las condiciones materia-
les y culturales de las cuales depende directamente el proceso de
producción del cuerpo, y su salud o enfermedad.
Por lo mismo la solución al problema debe buscarse exami-
nando, en primer lugar, el conjunto de fuerzas productivas que
se despliegan al momento del consumo como productores del
cuerpo humano.
Así resulta evidente que la salud depende, en primer término,
de las condiciones materiales objetivas del proceso de consumo.
Tanto de los objetos como de los instrumentos a través de los
cuales se hace posible dicho consumo. Alimentos, vestidos, edi-
ficios hogareños, laborales, etcétera. Condiciones urbanas, me-
dios de transporte, etcétera, son condiciones objetivas del consu-
mo y por ende de la salud y la enfermedad de la población. Tanto
más importante cuanto más directa y frecuentemente intervienen
en el intercambio metabólico del cuerpo con su ambiente. De ahí
la primacía de los alimentos y el aire.
Pero a ello se deben añadir igualmente las condiciones subje-
tivas del consumo. Ya que también todos los sujetos constituyen
objeto de consumo entre sí: sexual y, por lo tanto, energético,
principalmente. Si bien, también solidario, afectivo y cultural.
De las relaciones materiales intersubjetivas depende la salud
de cada individuo. No sólo por la protección material que mu-
tuamente se brindan los hombres, por la salud mental que esto
ocasiona, etcétera. Sino, sobre todo, por el tipo de sexualidad
desplegado en el curso de estas relaciones. La salud depende de
la sexualidad, no sólo por las condiciones de higiene necesarias
para desplegarla sino, sobre todo, por el modo en que la sexua-
lidad se despliega.

52
Ya que de ella no sólo depende la riqueza genética del cuerpo,
vale decir su punto de partida; sino, sobre todo, en función de
la regularidad e irregularidad, apertura o represión, etcétera, de
los intercambios sexuales, se determina básicamente la circu-
lación genética en los individuaos. De la sexualidad depende
directamente la fuerza vital del cuerpo. Fuerza de la cual brota
la capacidad del cuerpo para enfermarse y limpiarse de las toxi-
nas que física y químicamente lo lastiman y energéticamente lo
desequilibran.
Pero las fuerzas productivas-procreativas, no sólo cuentan
con estas condiciones materiales objetivas y subjetivas para la
producción del cuerpo. Finalmente debemos añadir que también
las condiciones culturales, en tanto dan pie a la educación de
cada individuo, determinan el proceso de producción de la sa-
lud. A través del lenguaje y el recuerdo se codifican y transmiten
todos los conocimientos sobre la salubridad o insalubridad de los
alimentos, las condiciones climáticas, hogareñas, la sexualidad,
etcétera, etcétera. Por lo mismo, la manipulación capitalista del
cuerpo y la salud necesita de la represión sistemática de todos
los conocimientos médicos pre capitalista… que los individuos
ya no sepan cuál es el tipo de alimentos, de aire de vestidos, el
tipo de cosas que hacen bien o mal a la salud, etcétera.
Aquellas investigaciones marxistas que han puesto el acento
en el examen del proceso de trabajo como determinante funda-
mental en la producción, evidentemente intentan mantener en pie
un principio metodológico esencial del materialismo histórico.
Ello contra las paradigmáticas aproximaciones de la sociología
burguesa, etcétera, que intentan localizar el problema de la salud
en el examen de las relaciones sociales. No obstante, por esta vía
dichos investigadores desespecifican cuál es el verdadero lugar
donde acontece la producción de la salud. Ello como resulta-
do de haber recortado previamente el concepto marxiano de las
fuerzas productivas. Identificando a éstas con las fuerzas pro-
ductivas técnicas, excluyendo de éstas a las fuerzas productivas
procreativas. Reivindicar el primado de la producción, previo
recorte del complejo contenido de este fundamento, es un ca-
mino que por sus graves insuficiencias sólo reconduce de modo
53
tortuoso hacia las tesis que se pretendía originalmente criticar,
es decir a aquellas tesis que buscaban explicar el problema de la
salud partiendo de determinaciones superestructurales.

3. El consumo es lo determinante
3.1. Lo que no debe descuidarse, (temas y bibliografía)
Porque el consumo es el momento determinante de la repro-
ducción en vista de comprender la producción capitalista de las
enfermedades (y de las salud) es esencial, entonces, recordar no
sólo los planteamientos de Marx a propósito de la jornada de
trabajo y de la maquinaria y gran industria (capítulo VIII y XIII
respectivamente de El Capital); ni siquiera restringirnos a com-
pletarlos con los de la División del trabajo (capítulo XII). O en
otros términos no es suficiente la perspectiva de la explotación
de la plusvalía absoluta (jornada de trabajo) ni de la plusvalía
relativa (cooperación/división del trabajo/maquinaria) para cap-
tar la producción capitalista de enfermedades, ni siquiera para
las enfermedades propias de la clase obrera. Sino que debemos
asumir las determinaciones del consumo capitalista; el cual ocu-
rre como consumo alimenticio (incluidos el agua y el aire), de
abrigo, habitacional-espacial, sexual y cultural.
Pero, a la vez, estos diversos aspectos del consumo humano
no pueden sino ocurrir asentados en el espacio; así que ésta es su
premisa general, y en el tipo de habitación y el tipo de urbe en
que queda localizado todo consumo. Por ello, debe recordarse
aquel capítulo de El Capital perteneciente a la sección dedica-
da a la reproducción simple y ampliada de capital el capítulo
XXIII (La ley general de la acumulación capitalista) en especial
su parágrafo 5, titulado “Ilustración de la ley general de acumu-
lación capitalista”, donde Marx observa el sometimiento de la
clase obrera bajo el capital fuera de la fábrica; por ejemplo, en
los nacimientos humanos en viviendas estrechas y poco ventila-
das donde el volumen de aire es mucho menor que el requerido
normalmente, etcétera.

54
A partir de aquí, del momento consuntivo de la reproducción
—el cual, como decimos, está esencialmente localizado espa-
cialmente— cabe observar que los ejemplos acerca de enferme-
dades y de consumo humano expuesto por Marx en los referidos
capítulos VIII, IX y XII y XIII, obedecen al hecho de que al
interior del proceso de producción y a veces incluso simultá-
neamente a la ocurrencia del proceso de trabajo el obrero no
sólo produce mercancías sino que también consume por ejemplo
aire —las más de las veces contaminado— del recinto laboral,
o agua o aún comida. Además de que el consumo productivo de
los medios de producción es, a la vez, consumo o desgaste del
cuerpo obrero, así que es una “forma de consumo humano” que
implicaría la reproducción del fondo fisiológico desgastado; re-
posición que generalmente es escamoteada y recortada, sea en lo
correspondiente a reposo o de oxigenación y alimentación.
Así pues, e la ocurrencia simultánea —y en el mismo espa-
cio— tanto del proceso de trabajo en el que se explota al obrero
como de parte del consumo obrero lo que lleva a creer que es
el proceso de producción el determinante esencial de la produc-
ción capitalista de enfermedades y no más bien el consumo ca-
pitalista. Pero incluso, por ejemplo, la nocividad de un cierto
proceso laboral al contaminante es contrarrestado, a veces, en
la actualidad, obligando a los obreros a consumir o beber leche
de vaca antes de iniciar labores como medio de prevención del
envenenamiento. Es el consumo, y la modalidad del consumo
determinado por el contenido de los valores de uso, lo decisivo
para la producción de salud/enfermedad.
Por supuesto, los trabajos de Engels “Acerca del problema de
la vivienda” y, sobre todo, el de La situación de la clase obrera
en Inglaterra15 son esenciales al respecto; así como los Manus-
critos de 184416 de Marx donde es tematizado de diversos mo-
dos el concepto de enajenación, en particular la enajenación de

15
Friedrich, Engels; La situación de la clase obrera en Inglaterra; Ed. Akal;
Madrid, 1976.
16
Karl Marx; Manuscritos filosófico económicos de 1844, Editorial Colihue,
Buenos Aires, 2010.

55
las necesidades17 y del consumo y de la reproducción del cuerpo
humano y, por lo tanto de la generación de salud/enfermedad. El
estudio de la nutrición, y en especial de las formas alternativas
de nutrición —alternativas al modelo capitalista— es esencial
para la captación del fenómeno de producción de enfermedades
y, sobre todo, para su erradicación. No es casual que las distintas
alternativas ofrezcan como medicina la selección adecuada de
alimentos, no sólo como “apoyo del nutriólogo” a los medica-
mentos prescritos por el médico. “El alimento, su mejor medici-
na”, reza el subtítulo de un famoso libro: Curándonos a nosotros
mismos.18
Pero esta constatación central debe conducirnos a observar la
necesidad de definir la enfermedad y la salud no sólo a partir de
las diversas definiciones dadas a partir de la medicina alopática
desde su óptica (concepto de salud de la Organización Mundial
de la Salud (OMS); de George Canguilhem; de Milton Terris;
de Asa Cristina Laurell, etcétera). Sino, más bien, que para cap-
tar el tema fuera de una racionalidad fetichizada —y funcional
con el sometimiento del consumo y de la salud enfermedad al
capital— es necesario estudiar las así llamadas “Medicinas Al-
ternativas”, en particular la definición de salud/enfermedad de
las medicinas no alopáticas alternativas. Tal por ejemplo de la
Homeopatía y la medicina china.
Finalmente, la captación de la manipulación y represión
sexual de la población —base de la represión y la manipulación
cultural (consumo cultural)— permite observar no sólo un aspec-
to importante del consumo humano deformado nocivamente por
el capital; sino, además, aquel aspecto que permite determinar
modularmente los mecanismos y la finalidad del sometimiento
de la sociedad bajo el capital. En especial de la producción de
enfermedades (físicas y mentales) por el capital como medio de
sometimiento anterior a la aniquilación, anterior a la violencia

17
Cfr. Jorge Veraza U.; Subsunción real del consumo en la posmodernidad y
los Manuscritos de 1844, UNAM, México, 1994.
18
Naboru Muramoto; Curándonos a nosotros mismos, Editado por la Asoci-
ación macrobiótica del Uruguay, Montevideo, 1983.

56
física militar/policiaca, etcétera. Anterior no sustitutivo; sino
complementario pero ya desde ser premisa.
Forma normal de sometimiento y canalización de la actividad
humana por el capital. Es esencial al respecto recordar la célebre
Psicología de masas del fascismo de Wilhelm Reich, cuya suge-
rente lectura crítica será imprescindible para la conformación de
una teoría acabada del fenómeno “Producción capitalista de en-
fermedades” como mecanismo particular de dominio en el curso
del desarrollo de la acumulación de capital. Por aquí podremos
tematizar extensamente la siguiente definición: la producción de
enfermedades es un mecanismo particular y sutil de la subsun-
ción real de las fuerzas productivas procreativas bajo el capital,
en particular del sujeto proletario, parte esencial de las fuerzas
productivas procreativas. Y es producida la enfermedad a partir
de los valores de uso generados por las fuerzas productivas téc-
nicas específicas sometidas formal y realmente a la acumulación
de capital.

3.2 Las fuerzas productivas técnicas capitalistamente


formadas son lo determinante, no la estructura de clase.
En efecto, en la producción capitalista de las enfermedades
(y de la salud) lo determinante no es la así llamada estructura
de clases, determinación formal y distributiva de los conteni-
dos sociales humanos. Sino que lo determinante son las fuerzas
productivas técnicas capitalistamente formadas, las cuales son
el contenido productivo de las relaciones estructurales de la acu-
mulación de capital. Desde ellas se producen enfermedades y
se producen condiciones productoras de otras enfermedades. La
subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital
(SR del Pti/K) es subordinación de la salud del sujeto social por
el capital.
Sabido es que las fuerzas productivas capitalistas no son neu-
trales o progresivas sin más, sino que son progresivas y enajena-
das a la vez; el progreso humano es propiciado por el capital sólo
en tanto aquél le beneficie y así mismo la salud. Por lo que la
producción de enfermedades se vuelve sistemática conforme la

57
ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia más determina
al todo social; es decir, cuanto más el capital deviene en sistema
mundial de explotación e intercambio.
En efecto, son las condiciones materiales capitalistamente
determinadas y no las formas sociales (clasistas, etcétera) las
determinaciones esenciales y englobantes —las formas sociales
son sólo determinaciones mediadores— de la producción de en-
fermedades y de salud.
Las condiciones materiales producen enfermedades o salud
en tanto son tomadas en referencia al consumo humano; es decir,
en tanto las consideremos como productoras y sostenedoras del
cuerpo no en tanto las consideramos como productoras de los
bienes materiales, es decir, en referencia al consumo productivo.
Así que incluso las enfermedades que se suscitan al interior de la
fábrica o que se conectan directamente con las condiciones labo-
rales de obreros y empleados son generadas en tanto en esos ám-
bitos y condiciones ocurren formas de consumo: de oxígeno, de
poluciones químicas, de temperaturas elevadas y/o contrastadas,
de pigmentos, que se adhieren a la piel, etcétera, de comida al
pie de la máquina, etcétera. Y por supuesto el propio despliegue
laboral en tanto ejercita las capacidades humanas y entonces las
fomenta y propicia su regulación, constituye una forma de con-
sumo productivo del cuerpo o que inmediatamente lo reproduce;
así que el estrujamiento excesivo de la fuerza de trabajo —sea
en su globalidad o en alguna de sus funciones unilateralmente
tensada constituye un consumo humano nocivo, así que gene-
rador de enfermedades. Pero no es directamente el proceso de
trabajo en su función productiva el que genera las enfermedades
—según venimos insistiendo— ni siquiera por el proceso de tra-
bajo capitalistamente enajenado forzado. Esta enajenación es la
condición para que ocurra el consumo enajenado, sea directo, al
desplegar trabajo, o sea indirectamente al usar los productos o
valores de uso emanados de las fuerzas productivas capitalistas
o sus residuos incontrolados, etcétera.

58
La distribución clasista de la riqueza y las condiciones mate-
riales propiciadas por la <<estructura clasista>> de la sociedad
burguesa (por ejemplo, en cuanto al tiempo excesivo a que se so-
mete al trabajador a un trabajo deleznable e insano, de suerte que
difícilmente se repone después de cada sesión de desgaste, la es-
tructura clasista de la sociedad burguesa, decíamos, determina la
frecuencia y la forma en que el sujeto social estará expuesto a los
contenidos materiales nocivos. Determina la dimensión cuanti-
tativa y formal de la producción de la salud/enfermedad, no su
contenido y fundamento, nos dice Juan Luis Villa.19 La división
en clases da forma segunda a este contenido de suyo específico
y con forma. De hecho, las clases no hacen sino personificar
masivamente las contradicciones de la acumulación de capital
y, allí, la contradicción entre las fuerzas productivas técnicas y
el valor de uso para el consumo, o más generalmente dicho, la
contradicción en la que la anterior se proyecta, la contradicción
de las fuerzas productivas procreativas capitalistas entre sí, in-
cluida allí, toda la población, no sólo la obrera.
El consumo de bienes alimenticios, de vestido (y medicación);
el consumo de habitación y de entorno (espacial en general); el
consumo sexual o dicho resumidamente <<consumo>>, <<há-
bitat>> y <<sexualidad>> ofrecen los tres momentos generales
del consumo humano y, entonces, las tres fuentes de producción
de salud/enfermedad.
Es importante subrayar que el <<consumo>> se encuentra di-
rectamente relacionado con la economía mientras que el <<há-
bitat>> con la sociedad así como la <<sexualidad>> con la po-
lítica y la cultura básica de la sociedad ocurre en la intervención
de la sexualidad por parte de las determinaciones económicas,
sociales, políticas y culturales de la sociedad capitalista; y la ma-
nipulación social en la definición del hábitat —progreso o no por
parte del capital, etcétera. Por supuesto, el consumo de bienes
objetivos es el momento básico de subordinación no sólo econó-
mico sino social, político y cultural del sujeto social bajo el ca-
pital. Así como el hábitat y la sexualidad no sólo tienen que ver

19
Op. Cit.

59
con la subordinación social uno y con la subordinación política
y cultural la otra. Cada uno determina así mismo la subordina-
ción económica, redondeando lo logrado por el <<consumo>>;
y cada uno como pivote específico de cada momento y tipo de
sometimiento del sujeto social.

3.3. El doble valor de uso de la fuerza de trabajo


Cuando hablamos anteriormente del doble valor de uso de
la fuerza de trabajo, alcanzamos a sugerir implícitamente cómo
el desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad burguesa
produce un determinado tipo de enfermedad. Este condiciona-
miento en el desarrollo capitalista de la enfermedad y la salud
sólo resulta si se tiene en cuenta cómo, conforme el capital des-
pliega la subsunción formal o real del consumo, distorsiona de
un modo u otro el doble valor de uso de la fuerza de trabajo.
Así pues, la concepción burguesa respecto de lo que es la
energía vital y cómo gastarla, deriva directamente de la explota-
ción capitalistas de la clase obrera. Y este modo de “consumir”
la mercancía fuerza de trabajo es lo que determina el modo espe-
cífico de producir esta misma mercancía; vale decir, el modo de
procrear la población trabajadora.
De suyo en la sección VII del tomo I de El Capital Marx ex-
pone cómo el desarrollo del modo específico de producción ca-
pitalista, es decir el desarrollo de las subsunción real del proceso
de trabajo inmediato bajo el capital (SR del Pti/K) impone una
ley de población que naturaliza y da juego a todas las contradic-
ciones propias del proceso de industrialización. La producción
del Ejército Industrial de Reserva (EIR), la diversificada masa
de obreros desocupados y miserables, constituye la piedra clave
que garantiza la producción de población obrera. En los perio-
dos de auge se producen condicione materiales que exigen el
incremento de la población. Ello forma un incremento tenden-
cial que en los períodos de contracción económica, se contrasta
con otra tendencia contraria, hacia la reducción de la población.
No obstante, las rápidas oscilaciones auge/crisis que acontecen
en el desarrollo de la acumulación llevan siempre una velocidad

60
que no coincide con las lentas oscilaciones en el crecimiento y
contracción de la procreación obrera. Este dominio formal de
la población acontece mediante el EIR, es decir, mediante la
producción de una masa de obreros que absorbe el desempleo
constante a la vez que alimenta al capital durante los períodos
de auge con obreros baratos y descompuestos moralmente. Y
decimos que se trata de un dominio todavía formal de la procrea-
tividad obrera, en la medida en que el capital no resulta capaz de
intervenir directamente en la manipulación de la sexualidad de
toda la clase obrera; quedando ésta todavía regida por principios
morales, educativos, etcétera, correspondientes a períodos pre-
vios de organización social.
No obstante, como ya hemos venido señalando, el propio de-
sarrollo capitalista exige la inclusión de la subsunción real del
consumo a fin de garantizar la adecuación completa del proceso
de reproducción al desarrollo de la subsunción real del Pti/K.
Lo cual permite perfeccionar hasta las últimas consecuencias,
la adecuación entre el modo de “consumir” la mercancía fuerza
de trabajo y el modo de producirla. De suerte que todas las ma-
nipulaciones que efectúe el capital sobe la forma y el contenido
de la alimentación, el vestido, la habitación, la sexualidad, la
educación y la salud puedan ser organizadas sistemáticamente
en vistas a la producción de una mercancía fuerza de trabajo apta
para la insaciable valorización del valor.
Así pues, con objeto de reflexionar el problema específico
de la salud y la energía vital del cuerpo en la sociedad burgue-
sa, resumamos la proposición del siguiente modo: el modo de
producir la energía vital de la fuerza de trabajo (durante el pro-
ceso de consumo doméstico) se organiza en referencia al modo
de consumir esta energía (durante el proceso de producción de
plusvalor).
Y como este modo de consumo es esencialmente dilapida-
torio, la organización formal y real de la procreatividad obrera
debe girar básicamente en torno a los principios thanáticos. El
ejército industrial de reserva hace posible tanto el sobre traba-
jo del ejército obrero en activo (EDA), como el estancamiento

61
y degradación energética, física, moral, etcétera de los obreros
desempleados. Durante todo un gran período inicial del desa-
rrollo capitalista, al empresario y al Estado no les interesa en
absoluto la “recuperación” energética del obrero. Se trata de una
etapa inicial puramente dilapidatoria de la fuerza de trabajo (cfr.
cap. VII de El Capital). Pero llegado cierto punto del desarrollo,
dicha dilapidación directa y masiva de la clase obrera resulta
antieconómica, por gastos de salud, hospitales, medicina, casas
de beneficencia, etcétera), así como fuente peligrosa de subver-
sión proletaria. Al igual que acontece con la regulación legal (y
por tanto estatal) de la jornada laboral, el problema de la recu-
peración de la energía vital se impone como una necesidad al
propio desarrollo capitalista. Lo cual ha expuesto Marx en el
capítulo XIII del tomo I de El Capital al hablar del modo en que
aparece la llamada Legislación Fabril Inglesa. Llega entonces
el momento en que el capital debe controlar la dilapidación cre-
ciente de energía vital del cuerpo del obrero, por otros medos
más sutiles.
El capital, conforme desarrolla las condiciones materiales de
vida, hace posible la producción de cuerpos fuertes e impulsi-
vos; pero a la vez requiere manipularlos sobreexcitándolos e in-
sensibilizándolos, de suerte que los mismos quedan dispuestos
para la autodestrucción. El capital promueve una suerte de “for-
taleza suicida” en la clase obrera. Para ello debe echar mano de
un conjunto de valores de uso domésticos (alimentos, vestido,
habitación, sexualidad y educación) que nutran y promuevan
una vitalidad acrecida pero desequilibrada, necesitada siempre
de peores desequilibrios que la neutralizan pasajeramente. En la
fase de dominio real del consumo capitalista, el capital requiere,
por tanto, de alimentos, vestido, cultura, etcétera, que anestesien
y cosifiquen el organismo.
Así pues el capital manipula el consumo doméstico en tanto
vista a producir obreros aptos a la valorización, en tanto invade
el tiempo de consumo con “horas extra” de trabajo, tanto dentro
como fuera de la fábrica. Una primera manipulación de duración.
Se reduce con ello el tiempo de recuperación del obrero. Pero el
capital también requiere manipular el modo o contenido mismo
62
del consumo, el modo de recuperación de la energía. También la
producción de plusvalor exige un tipo peculiar de producción de
mercancía fuerza de trabajo conforme el propio capital ya desa-
rrollando la figura concreta de lo que entiende por obrero medio
a consumir. Así, por ejemplo, el capital requiere manipular per-
manentemente la impulsividad (la libido) de la clase obrera con
objeto de adecuarla a la permanentemente intensificación del
trabajo; requiere manipular permanentemente atención y educa-
ción de la clase obrera con objeto de subordinarla a la unilateral
y obsesiva monotonía del proceso de producción; requiere ma-
nipular permanentemente la conciencia y emotividad con objeto
de neutralizar toda organización comunitaria del proletariado,
etcétera, etcétera.
En términos generales, se podría afirmar que la tendencia
general de subordinación capitalista del cuerpo del obrero re-
quiere cada vez más del dominio de su conciencia; de ahí que
las manipulaciones psicológicas, y con ellas, la producción de
enfermedades mentales sea requisito indispensable del desarro-
llo capitalista. Lo cual se hace patente no sólo en el hecho, hace
años denunciado por la antipsiquiatría, referente al vertiginoso
acreciento de camas de hospitales psiquiátricos; sino también al
reciente recorte de la duración de la jornada de trabajo en Ca-
lifornia realizado por los mismos empresarios capitalistas, con
el objeto de economizar desembolsos de capital destinados a la
salud mental de los empleados.
Pero también el proceso de reproducción capitalista deter-
mina el modo de producir la fuerza de trabajo, no sólo en tanto
establece una ley general de población que divide a los obreros
en EIR y EDA. De esto mismo se deriva la complejización de
las exigencias capitalitas en referencia a la explotación y la pro-
creación de la clase obrera. No cualquier individuo reúne los
requisitos para ser empleado. El capital exige la profundización
del carácter psicológico autodestructivo de la clase obrera. Muy
especialmente los períodos de crisis perfeccionan aquel tipo de
“fuerza suicida” que exige el consumo capitalista de fuerza de
trabajo. Pero además de esta nueva manipulación de los emplea-
dos, también exige nuevas manipulaciones sobre los desemplea-
63
dos, al obligar a la jubilación cada vez más prematura de los
trabajadores. Ello mediante la consideración de límites de edad
cada vez menores (60, 50, 40 años) como óptimos para el des-
envolvimiento productivo de los obreros. Esta temprana jubila-
ción de la clase obrera, a diferencia de lo que afirma la ideología
burguesa, no manifiesta la producción de un tiempo libre mayor
para la clase obrera, sino más bien la vertiginosa velocidad con
la que el capital succiona la vitalidad juvenil de la población.
Antes de explicar un poco más esto último, señalaremos que
conforme la masa de jubilados crece, esta inmensa población
improductiva, recluida en la esfera del consumo doméstico, re-
quiere ser controlada. La producción de una riqueza excedente
cada vez mayor permite el crecimiento de ramas y sectores po-
blacionales improductivos. Ello obliga a la manipulación cada
vez mayor de una industria del ocio (diversiones, deportivas y
culturales, educación superflua, viajes turísticos, etcétera.) que
esencialmente está centrada en la aniquilación de la energía or-
gásmica de la población. De suerte que sólo así sea sistemática-
mente controlada toda la potencia subversiva del ocio. El ocio
imbécil, vacuo, de los turistas jubilados es paradigmático. Al
igual que la extracción del plusvalor, el control del ocio forzado
del EIR se centra igualmente en la manipulación thanática de la
energía vital del cuerpo.

4. El capital social es el propietario de la salud


4.1. Apropiación virtual y apropiación actual de la salud por
el capital social
Por supuesto, el capital no es un amo esclavista sino sólo un
amo explotador de la fuerza de trabajo, así que el sujeto social
—en particular el proletariado— es “libre” fuera de la fábrica en
el resto de dimensiones de su reproducción vital. Por ello hablo
de propiedad virtual, porque la imposición de un tipo de fuerzas
productivas y de un tipo de consumo concomitante determinado
por el tipo de valores de uso producidos por esas fuerzas produc-
tivas, ponen al capital en situación de ser el propietario virtual
del la salud del sujeto social, aunque realmente el obrero es libre

64
de elegir el derrotero de su vida dentro de las condiciones capi-
talistamente producidas.
Esta propiedad virtual presenta las siguientes características:
es difusa y mediada; a veces, incluso, intencionalmente propi-
ciada. No por ello deja de ser eficaz, real; verdadero instrumento
de sujeción, condición de sometimiento. Así que el capital la
promueve aunque sólo le satisface parcialmente. El capital se
encuentra limitado por sus propias condiciones, por las propias
condiciones de explotación e intercambio con la fuerza de traba-
jo, etcétera; pero siempre transgrede la limitación dada aunque
no pueda revocar la prohibición general sin auto abolirse. En
todo caso, es mejor para el capital no ser amo esclavista sino
utilizar y mediatizar sus figuras de sujeción. Veamos cómo pasa
de una forma de propiedad virtual (difusa, mediada, intencional)
a una propiedad actual es decir activa (concentrada, inmediata,
intencional) de la salud.
El capital social vuelve actual su propiedad sobre la repro-
ducción de la salud —y la enfermedad— del sujeto social bajo el
modo del sistema hospitalario y farmacéutico incluyendo aquí
como parte resaltante al Sistema de Seguro Social. Es a través de
la institución médica capitalistamente determinada, subespecie
individual y masiva, que el capital interviene directamente en la
producción de salud/enfermedad de la población. Ni qué decir
que es a partir de tal institución (secretarías de salubridad inclui-
das), que se establece el acuerdo de la composición de la dieta
nacional (Confrontar las recomendaciones dietéticas del Depar-
tamento de Salud de los Estados Unidos), no sólo de la dieta
para los pacientes internos y externos de los hospitales. Dieta ca-
pitalistamente determinada20, complemento y basamento de una
medicación capitalistamente determinada a través de las que se
incide directamente en la producción de enfermedades (y salud)
sobre la base de un contexto de producción de enfermedad/salud
difuso mediado e inintencional, así como inespecífico.

20
Cfr. Andrés Barreda; “Estructura del sistema alimentario capitalista ‘en
México’”, en Economía Política: No. 5; Junio de 1987.

65
En efecto, el capital logra, a través de la apropiación actual
de la salud/enfermedad de la población, ser específico en su
acción. Ya que el consumo (extra hospitalario), el hábitat y la
sexualidad no se encaminan directamente a producir enferme-
dad o salud, sino a mantener vivo al sujeto social, suponiéndose
que saludable. Pero la oposición funcional salud/enfermedad es
actual sólo cuando aparece una determinación negativa precisa
sobre la fisiología, sólo cuando tiene lugar una intervención pre-
cisa para producir enfermedades o para producir salud, sea que
se logre o no el resultado apetecido.
Así, el sistema de seguro social representa al capital social en
su dimensión estatal como propietario actual de la salud del su-
jeto social; mientras que el sistema hospitalario y farmacéutico
representa al capital social en su dimensión privada y múltiple
en tanto propietario actual de la salud. La disposición infatuada
y paternalista —por supuesto también procreante y generosa—
de los médicos presentándose como propietarios de la salud del
paciente —reducido al mero espectador y, a veces, aplicador de
órdenes y medicinas sobre su <<propio>> cuerpo— no hace
sino actualizar la propiedad del capital sobre la salud. El médico
se ofrece como personificación de esta relación social de pro-
ducción sutil y compleja inherente al capital social.
Bajo el modo de seguro social y sistema hospitalario y far-
macéutico el capital social logra efectivizar redondamente su
propiedad sobre el capital variable y sobre la fuerza de traba-
jo comprada por éste. En efecto, tal y como el capital —cada
capital individual— es propietario del capital variable y de la
fuerza de trabajo, el capital social lo es de toda la clase obrera
y de todo el sujeto social— pero, además, el gozne preciso de
la reproducción diferencial ora de enfermedad ora de salud; por
ello, el dominio de este gozne confiere al capital social —y en
consecuencia al capital individual múltiple— la efectiva propie-
dad sobre el capital variable y la fuerza de trabajo, porque puede
entonces determinar —sea intencional o inintencional— el sen-
tido preciso de su salud y de su enfermedad: el tipo de vitalidad
acorde con la acumulación de capital. Caso resaltante. La cam-
paña contra el SIDA es una extensión del sistema hospitalario
66
y farmacéutico a través de los medios de comunicación. Es por
ende instrumento de sometimiento directo de la salud sobre el
capital social.
Ahora bien, en tanto que en la actualidad vivimos una situa-
ción de expropiación de la salud por cuanto se ha convertido en
propiedad actual del capital —y no sólo virtual—, ocurre que
no sabemos qué es la salud, y no lo sabemos porque tampoco lo
sentimos y no lo sentimos porque no gestionamos la reproduc-
ción de nuestra corporeidad sino que es el sistema de consumo,
el habitacional y el de relaciones sexuales capitalistas listamente
erigidas, los que, —incluyendo al sistema de consumo de me-
dicamentos y servicios médicos— determina la subordinación
actual (real) de la salud bajo el dominio del capital.
La enajenación real, práctica, de la salud es la base material
que explica la forma de conciencia enajenada respecto de la sa-
lud y la enfermedad en el capitalismo.

4.2. La concepción burguesa de la energía vital y la salud.


El funcionamiento vital del cuerpo depende no sólo de la ca-
lidad de las sustancias materiales (proteínas, grasas, carbohidra-
tos, minerales, agua, etcétera) de las que se alimenta. Depende
igualmente de la calidad energética de las mismas. No sólo por
la cantidad de calorías que contengan los carbohidratos o las
grasas, sino igualmente por la calidad eléctrica (ionización) y
electromagnética de casa sustancia. La concepción del cuerpo
que ha predominado en occidente durante los últimos siglos es
especialmente siega al hecho de que un cuerpo saludable no
sólo es aquél que se alimenta en base a proteínas, carbohidratos
y se asea adecuadamente, etcétera —logre establecer una circu-
lación equilibrada y plena de su energía electromagnética. De
todas la medicinas pre capitalistas, tal vez es la acupuntura china
la que más y mejor ha captado y tratado este funcionamiento
electromagnético unitario de todo el cuerpo vivo. Una pregunta
esencial que la historia crítica de la tecnología deberá responder
cuidadosamente es por qué la mirada médica sobre el cuerpo en

67
occidente se fiscaliza, mientras que en oriente capta, sobre todo,
la dimensión energética del cuerpo.
Pero ¿el materialismo histórico se encuentra preso dentro del
horizonte fiscalista occidental; o, bien, tiene la posibilidad de
incluir dentro de sí la problemática energética de la medicina
oriental? La consideración de Marx acerca de la relación meta-
bólica entre la sociedad y la naturaleza (capítulo V del tomo I de
El Capital) contempla la producción, el intercambio y el consu-
mo de energía como uno de sus aspectos esenciales. Lo cual es
a tal punto cierto que la teoría del valor-trabajo centra su expli-
cación de metabolismo social-mercantil en la consideración del
desgaste del trabajo abstracto, vale decir, en el seguimiento del
modo en que el trabajador objetiva y representa en los produc-
tos del trabajo su desgaste fisiológico energético. Convirtiendo
a esta propiedad abstracta del objeto en una propiedad aparte
y principal de la cosa misma y que sirve para su socialización,
vale decir, para su intercambiabilidad con otras cosas. La obje-
tivación cósica de la energía fisiológica del trabajador, he ahí el
núcleo de la teoría marxista del valor. La fatiga del trabajador al
finalizar la jornada laboral no sólo es resultado de la pérdida de
sustancias (proteínas, carbohidratos, etcétera). Puesto que ma-
teria y energía son dos realidades indisolublemente unidas, el
metabolismo de una implica forzosamente el metabolismo de la
otra.
Evidentemente, este principio ha quedado completamente
claro para los occidentales con la teoría de Einstein acerca de la
identidad entre la masa y la energía (E=mc2). Pero muchísimo
antes de llegar a esta certeza científica todo mundo ha sabido
siempre que la fatiga del trabajador representa, además de des-
gaste de sustancias, desgaste de energía vital. Tal vez, entonces
por la aparente trivialidad de la afirmación —el valor es desgas-
te energético objetivado— no se ha reparado en sus importan-
tes implicaciones. Y ello es así, repetimos, porque la noción de
energía —muy especialmente la noción de energía vital— cons-
tituye el principal punto ciego del pensamiento materialista de
occidente.

68
Así pues, la salud de los individuos no sólo depende de cómo
la sociedad produce y distribuye los objetos materiales que de-
terminan qué y cómo se consume (individual y productivamen-
te), es decir cómo se producen los cuerpos humanos. Para re-
dondear esta tesis que hemos venido demostrando a lo largo de
todo el ensayo deberemos evidenciar ahora que la salud de los
individuos también está en función de cómo, una u otra forma-
ción social produce, distribuye y sobre todo consume la energía
que sirve para la producción de la energía vital del cuerpo.
La economía política clásica y la vulgar (incluida en esta úl-
tima el marginalismo el neoricardianismo, etcétera) han mira-
do siempre el problema de la economía desde una perspectiva
predominantemente fisicalista. Desde la misma perspectiva han
leído a Marx interpretando esta concepción como una metáfora
a lo más, como idea abstracta sin un referente material. Lo cual
está relacionado con su enorme dificultad para mantenerse co-
herentemente, o bien para comprenderme simple y llanamente,
la teoría del valor.21 A estas escuelas del pensamiento económico
les ha preocupado el intercambio, la producción o el consumo de
cosas, si bien, sobre todo, la producción y el intercambio de las
cosas por excelencia, el dinero.
Ha sido George Bataille en La parte maldita quien ha puesto
el acento en la necesidad de estudiar la producción, el intercam-
bio y sobre todo el consumo de la energía. Si bien para Bataille
la fundamentación de una nueva Economía General debe cen-
trarse no en el estudio de la producción de la energía (incluida
la vital), sino sobre todo en el estudio de su consumo entendido
éste como pérdida, como dilapidación gratuita.
Curiosamente, Bataille, quien por su peculiar interés por el
estudio del consumo, visto desde una perspectiva energética, po-
dría haber considerado de modo muy certero el problema de la
producción de salud, es el pensador occidental que más lejos se
21
Dicho sea de paso, ésta ha sido una de las razones por las cuales se ha mal
comprendido la teoría del valor de Marx. Se lo interpreta en clave fisicalista,
y las palabras de Marx son explicadas como metáforas o como ideas abstrac-
tas sin referentes materiales concretos, que sería necesario trascender para ir
logrando “aproximarse sucesivamente” a la “realidad”.

69
encuentra de esta problemática, dada la perspectiva thanática de
su pensamiento. Lo que a él le preocupa no es el afianzamiento
y engrandecimiento de la energía vital de los trabajadores, sino
la dilapidación autodestructiva supuestamente gloriosa de esta
energía vital. En lo que se refiere a funciones excretoras depura-
doras del organismo, su idea puede resultar benéfica; pero no en
referencia a la calidad de la ingestión y del equilibrio fisiológico
base de las funciones excretoras y depuradoras.
Ciertas escuelas materialistas de la etnología contemporánea
—el materialismo culturalista principalmente— han incursiona-
do en el estudio de la economía de las sociedades primitivas
atendiendo el estudio de los intercambios energéticos entre la
sociedad y su entorno natural. Si bien se trata de estrategias de
investigación e interpretación antagónicas a la perspectiva batai-
lleana, preocupadas sobre todo por el problema de la producción
de la energía alimenticia, se han centrado en el estudio de la
cuantificación de las calorías necesarias para la producción de
centros ceremoniales, sistemas de riego, etcétera. Con lo cual
la antropología económica ha retornado nuevamente a la pers-
pectiva productivista del pensamiento económico tradicional,
introduciendo una noción recortada de la relación energética de
la sociedad con l naturaleza como energía calorífica y no como
energía total, primordialmente electromagnética. Se trata de una
visión de la energía que se mantiene subsumida a la visión fisica-
lista, pues hace depender directa y unilateralmente los quantums
de energía de carbohidratos y grasas consumidas.
El materialismo histórico de hoy en día no debe ignorar la
discusión contemporánea del problema. Este cuenta con los
fundamentos necesarios para trascender las antinomias fisica-
lismo/idealismo, productivismo/consumismo, etcétera con que
la teoría social burguesa se aproxima al problema de la ener-
gía vital. De hecho, y ya entrando de lleno en el problema de
la producción de la salud y la enfermedad, podíamos indicar la
siguiente hipótesis: el modo general en que la sociedad concibe
su propia energía vital determina esencialmente el modo en que
cada individuo administra para su propio cuerpo la generación y
circulación de energía. No sólo porque el monto global de toda
70
la energía producida y naturalmente disponible para la socie-
dad limita las cuotas individuales de energía consumible; sino,
también y sobre todo, porque la forma social en que circula,
en que se intercambia entre unos y otros la energía, condiciona
esencialmente la forma en que circula al interior de cada cuer-
po individual su energía vital, vale decir, su energía alimenticia,
sexual, intelectual, etcétera.
Esta es una de las mediaciones esenciales que el marxismo
debe de considerar al momento de reflexionar cómo es que se
encuentran interrelacionados el proceso de trabajo técnico y la
conformación de la salud de los individuos. Ya que, como hemos
venido insistiendo, no se trata de una relación directa; puesto
que la salud depende más bien del proceso de consumo, lugar
donde acontece propiamente la producción del cuerpo. Ahora
bien, el nuevo argumento que aquí estamos añadiendo consis-
te en lo siguiente: El modo en que las fuerzas productivas pro-
creativas administran la producción, circulación y consumo de
la energía vital de cada individuo está esencialmente conectada
con el modo en que las fuerzas productivas técnicas administran
la producción, circulación y consumo de toda la energía vital de
la sociedad.
Para la consideración marxiana del fenómeno de la salud re-
sulta esencial recordad que tanto el proceso de trabajo técnico
como el proceso de alimentación y la actividad sexual (procrea-
tiva o no) de los individuos constituyen actividades energéticas
principalísimas de tosa la vida social. Por ello, el modo como se
organice la forma energética de las fuerzas productivas técnicas
y desde ahí las fuerzas productivas procreativas, determinará de
modo esencial el despliegue energético, vale decir, el modo de
estar sano o enfermo de los individuos.
Para la mejor demostración de lo antedicho, expliquemos el
modo en que se establece la correlación entre lo energético téc-
nico y lo energético procreativo en el caso de las sociedad mer-
cantil simple y de la sociedad capitalista.

71
Sólo cuando el desarrollo de las fuerzas productivas técnicas
ha logrado cierta cima, es decir, cuando la sociedad dispone de
cierta riqueza material excedente, se encuentra en condiciones
históricas concretas para disolver los lazos comunitarios de de-
pendencia que fungían como su principal fuerza productiva.
La relación de la cantidad de población asentada en un terri-
torio, vale decir, la relación entre el actor subjetivo y el factor
objetivo de las fuerzas productivas no s siempre una y la misma
relación. En función de la escasez de la riqueza material, que
unas veces puede concretarse como escasez de población y otras
como escasez de territorio de alimentos, vestidos, etcétera se es-
tablece la alternancia histórica en el predominio y subordinación
de las fuerzas productivas técnicas y las fuerzas productivas
procreativas.22 La automatización de la sociedad en propietarios
privados que sólo logran sintetizar su socialidad y reproducción
a través del intercambio, presupone una sociedad donde la he-
gemonía de las fuerzas productivas técnicas se ha desarrollado
enormemente, subordinando a su lógica toda producción social
procreativa.
Esto quiere decir que las relaciones intersubjetivas de la co-
munidad (sexuales, afectivas, de cuidado cotidiano, comunica-
tivas, educativas, etcétera) han perdido su papel primordial: la
producción de cosas, de objetos prácticos; al mismo tiempo en
que subordina toda la lógica de la producción intersubjetiva de
individuos a la lógica cosificada de la técnica del mercado.
En el proceso de producción de individuos que comienza for-
zosamente con la producción sexual de niños salta forzosamente
a la vista la dimensión energética de las fuerzas productivas. La
vida sexual de la sociedad se centra primordialmente en la pro-
ducción intercambio y consumo de la energía electromagnética
de los cuerpos. Por supuesto la excitación sexual de los indivi-
duos, el embarazo de las mujeres así como la crianza de los in-
fantes, implica consumo de sustancias físicas, calorías, etcétera;
22
Cfr. Jorge Veraza U. “Materialismo histórico en El origen de la familia,
la propiedad privada y el Estado de Engels”; en: Revista Itaca, número 2,
invierto, 1984.

72
pero siempre subordinado al funcionamiento electromagnético
de los cuerpos. De ahí que una sociedad primitiva, que organi-
ce la totalidad de sus metabolismos partiendo, por ejemplo, de
las relaciones de parentesco (Levi Strauss) presente una intensa
sensibilidad por la dimensión energética de cada uno de los as-
pectos de las fuerzas productivas procreativas (por la energía de
los alimentos, de los medicamentos, de las conversaciones, de la
educación, de los ceremoniales religiosos, etcétera). Las perso-
nas sólo pueden producirse en el proceso de consumo a través
de la relación con otras personas. Las relaciones comunitarias
intersubjetivas —como lo ha puesto de manifiesto Marx—23 son
relaciones que intervienen directamente en la producción y re-
producción de la energía vital constituye uno de los núcleos cen-
trales de las fuerzas productivas procreativas.
Una sociedad técnica y mercantil es fuertemente insensible al
aspecto energético de su vida social por el hecho de fraccionar
sus relaciones intersubjetivas en propietarios privados aislados
e independientes que sólo alcanzan a cohesionarse a través de
relaciones cósicas entre sus objetos técnicos, los cuales se dis-
tribuyen bajo el funcionamiento automático del mercado. Una
sociedad así, necesariamente debe organizar su peculiar trata-
miento represivo de todos sus lazos energéticos comunitarios
procreativos. Sobre la base de esta percepción deficiente es que
se levanta una concepción recortada y cosificada de la energía
vital de cada individuo. Así por ejemplo del mismo modo en que
la energía de la experiencia social intersubjetiva sólo es captada
como desgaste fisiológico individual y aislado de cada trabajo
privado, sin percibirse nunca el movimiento el movimiento ge-
neral de la energía comunitaria y la interconexión de ésta con la
energía global de la naturaleza, del mismo modo cada desplie-
gue energético del individuo (la actividad sexual, comer, emo-
cionarse, etcétera) es aislado y desconectado de la producción
del equilibrio energético global del cuerpo. Más aún porque
existe una negación emocional para reconocer las necesidades
y capacidades del otro para abandonarlo a su suerte y no sentir
23 Cfr. Karl Marx; El Capital; Ed. Cit. Tomo I, vol. 2. Capítulo XI
“Cooperación”.

73
remordimiento por su miseria etcétera. Envidia, indiferencia y
desprecio son las experiencias emocionales constantes.
Pero el problema en verdad es mucho más complejo por cuan-
to una sociedad mercantil no sólo fracciona su vida comunitaria
(y por tanto energética). Contra este movimiento de dispersión
y captación aislada de la propia energía, el mecanismo cósico-
socializante del mercado organiza la administración centralizada
de la energía vital del siguiente modo:
1) Establece sólo al trabajo medio —y por tanto a la energía
promedial de los individuos— como lo socialmente necesario;
2) Haciendo además de esta energía social laboral media una
determinación invisible; 3) Que sólo alcanza representación tan-
gible al momento en que se expresa mistificada mente, ya no
como energía procesual sino como cosa, en un producto ma-
terial intercambiable como mercancía. De suerte que la ley del
valor formulada por Marx describe críticamente por Marx todo
describe todo un modo peculiar de administrar y concebir repre-
sivamente la energía vital del cuerpo social.
Evidentemente, en una sociedad pre capitalista, sonde sólo se
han desarrollado determinadas relaciones mercantiles simples,
se mantienen vivos modos comunitarios de producción y con-
sumo. De ahí que en estas formaciones predominen formas pre
mercantil de producir y administrar la energía vital y, por ende,
la salud. Pero, a pesar de que estas relaciones sociales mercan-
tiles simples no conforman un modo de producción específico y
autónomo con un modo propio de producir la salud, una vez que
se conforma el modo de producción capitalista nos encontramos
con la generalización de estas relaciones mercantiles. En ese
momento histórico, toda la mecánica cosificada de la energía
operada por el mercado se desarrolla plenamente convirtiéndose
en determinante esencial de la salud. Quiero decir: la atomiza-
ción, la cuantificación, la promediación abstracta y la cosifica-
ción de la energía laboral propia del intercambio mercantil, es-
tablece un modo peculiar de gestionar el cuerpo y la salud; que
tiene por fundamento la atomización, abstracción y cosificación
de la circulación de la energía en el cuerpo; vale decir, un modo

74
bloqueado de circular la energía. Como si la circulación de la
energía vital al interior del cuerpo se organizara al modo como
acontece el caótico metabolismo de las sustancias materiales al
interior del mercado en el cuerpo social.
En la sociedad mercantil capitalista la cosificación indirecta
de la energía laboral propia del intercambio se desarrolla has-
ta convertirse en cosificación directa del cuerpo del trabajador.
Este último convierte a su fuerza de trabajo, al cuerpo que des-
pliega la energía vital subjetiva, en mercancía. La atomización,
abstracción y cosificación mercantiles se convierten aquí en
determinaciones inmediatas del proceso de trabajo. Cada traba-
jador vende aisladamente su fuerza de trabajo, bloqueando su
conexión comunitaria. El uso laboral que se hace de esta energía
es igualmente abstracto; es decir, al margen de las diferencias
naturales propias del tiempo vital (al margen de las horas del
día o las estaciones del año que son favorables al trabajo o al
descanso).
El trabajador se vende como cosa y por ende pasa a gestionar
la producción de su energía laboral como si se tratara de una
mercancía. Labor en la que el capital habrá de apoyarlo entu-
siastamente.
Esta es la razón esencial por la cual la cosificación de la
energía del cuerpo propia del intercambio debe, en el curso del
desarrollo capitalista, invadir no sólo el ámbito de la produc-
ción, sino también necesariamente la cultura consuntiva de la
sociedad: estableciendo la producción del cuerpo como cosa. A
partir de este momento, por ejemplo, se comen “cosas” para ali-
mentar un cuerpo-cosa. Lo que significa que la conciencia social
debe profundizar su represión en torno a la conciencia energé-
tica del mundo, como represión de la conciencia energética de
todos los valores de uso, de los alimentos, del vestido, etcétera.
Así, por ejemplo, la sociedad burguesa debe reprimir todos los
conocimientos pre capitalista que giran en torno a esta dimen-
sión energética de los alimentos, tenidos antes por sagrados. Nos

75
vestimos, habitamos, transportamos, etcétera como si fuéramos
cosas, también se conversa, se piensa y se despliegan relaciones
amorosas y sexuales como si fuéramos cosas. La experiencia
energética del mundo en la producción, la distribución y el con-
sumo se reprime sistemáticamente. Sólo así se garantiza la pro-
ducción de hombres —cosas aptos para el intercambio mercantil
y la producción de plusvalor.
La cosificación del contenido energético de todos los valores
de uso constituye entonces, el fundamento esencial del bloqueo
cosificante de la circulación energética del cuerpo individual.
Por ello decimos que conforme acontece el desarrollo de la so-
ciedad burguesa la circulación de energía vital se mimetiza cada
vez más perfectamente con la circulación mercantil de los valo-
res de uso: destazada, caótica, abstracta, confirmada mediante
retenciones parciales en ciertos órganos del cuerpo que estallan
en crisis cíclicas, en enfermedades continuas, etcétera, la energía
de los cuerpos logra finalmente circula: “the curse of true love,
never does run smooth”.24
________________ *_________________

Pero además, en la sociedad burguesa, tal y como acontece


en todas las sociedades que se reproducen en condiciones mate-
riales de riqueza escasa, se da un modo artificial de reproducir
la vida. Es decir, donde la muerte directa de algunos individuos
elegidos como sobrantes, o bien la mortificación permanente y
sistemática de la masa de trabajadores explotados, constituyen
mediaciones esenciales a través de las cuales se produce riqueza.
Por supuesto la sacrificialidad de la sociedad burguesa se organi-
ce básicamente por y en torno a las exigencias de la producción
del plusvalor y la acumulación de capital.
En acuerdo a esto la sociedad burguesa establece un modo es-
pecífico de producir y circular desequilibradamente su energía
vital no sólo por su adecuación a las atomizaciones y cosifica-
24
W. Shakespeare; El sueño de una noche de verano, Citado por Marx en el
capítulo III de El Capital, a propósito del análisis de la metamorfosis de la
mercancía en dinero.

76
ciones propias del intercambio mercantil. En el capitalismo se
vive también bajo la permanente y creciente rapiña organizada
de la energía vital de los trabajadores. La explotación del plus-
valor constituye el secreto energético último de este modo de
producción. La dilapidación de la energía no sólo se suma a la
cosificación, atomización y abstracción energética precedentes;
sino que las reorganiza en torno de sí.
De ahí que para la sociedad capitalista el proceso global de la
reproducción se funde en el desgaste dilapidador de la energía
vital del cuerpo de los trabajadores, en detrimento permanente
del proceso de su recuperación. Por ello se establece aquí un
peculiar “equilibrio” entre el desgaste y la recuperación de la
energía vital tendiente al envejecimiento del cuerpo. Tendencia
destructiva que no se manifiesta directa y nítidamente, en gracia
al hecho de quedar oculta bajo la otra tendencia de sentido con-
trario; y que consiste en la producción burguesa de condiciones
materiales que permiten a prolongación del periodo de vida.
Esta paradoja tiene por fundamento otra más esencial: la con-
tradicción entre la producción de una riqueza material, cada vez
mayor y mejor, fundado en el desarrollo permanente de las fuer-
za productivas técnicas, por un lado y, por el otro, en la explo-
tación y dilapidación de los trabajadores y la naturaleza, fuentes
de esta misma riqueza; explotación y dilapidación cada vez más
profunda y despiadada. Dicha contradicción —expresada en la
ley general de la acumulación capitalista— se concreta, enton-
ces, en el plano específico de la salud como contradicción entre
una tendencia a producir condiciones materiales (alimentos, ha-
bitación, servicios médicos, medicinas, etcétera) que permiten
la prolongación permanente del período de vida; y otra tenden-
cia a dilapidar cada vez más violentamente la energía vital del
cuerpo humano, que potencial o realmente resulta ser cada vez
más longevo. El resultado general de tal contradicción es la pro-
longación general del período de senilidad de los individuos. La
prolongación del sufrimiento físico y mental. El capital roba de
esta suerte el ímpetu energético juvenil de la clase obrera. Por
descontado que resultados parciales multitudinarios consisten
en depredar sin que envejezca.
77
Tales contradicciones son nítidas en la organización social
burguesa. En efecto, la medicina del capital puede presenciarse
del progreso alcanzado haciendo valer la mejora de las condi-
ciones materiales que posibilitan la prolongación del período de
vida. Pero se olvida siempre de explicar cómo el capital se en-
carga de que este aumento absoluto de riqueza, de vida humana,
no quede bajo la libre disposición de los individuos. El capital
nos apremia desde la infancia para incorporarnos dentro del apa-
rato productor de plusvalor. Urgentísimo que no tarda en mani-
festar múltiples efectos envejecedores prematuros (fisiológicos,
psicológicos, morales, etcétera) entre los jóvenes. Ciertamente,
la moderna civilización prolonga el período de vida, pero ello al
precio de prolongar el período de vejez, no sólo durante la fase
terminal de la vida, sino también carcomiendo relativa e incluso
absolutamente el período de juventud.
Explico esto último: si es período global de vida se prolonga,
ello debe tener por consecuencia lógica que el periodo de for-
mación fisiológico y espiritual de los jóvenes se prolongue. Sin
embargo, a contrapelo, el capital fija períodos abstractos e inmu-
tables en el desarrollo de la personalidad que obligan a los indi-
viduos a irse incorporando dentro del aparato de producción y la
reproducción del capital. Esta rígida fijación de fases evolutivas
al interior del elástico período de una vida cada vez más longeva,
es un modo sutil en que le capital logra robar imperceptiblemen-
te cada vez mayor energía juvenil a la clase obrera. Esta peculiar
hambre por la sangre joven se manifiesta de modo brutal con el
crimina empleo de trabajo infantil, justo en el momento en que
la introducción de la gran industria comenzó a liberar al sujeto
social de la necesidad del trabajo forzado. Hambre vampiresca
de energía infantil y juvenil denunciada por Marx en El Capital
(capítulo XIII, tomo I).
En la sociedad burguesa ya fundada sobre la gran industria,
el equilibrio entre el desgaste y la recuperación energética del
obrero no se establece de modo que resulte un acortamiento ab-
soluto del período de vida. Ello sólo acontece durante ciertas fa-
ses extraordinarias del desarrollo en que el capital logra imponer

78
la explotación de plusvalor absoluto por medio de la prolonga-
ción desmesurada de la jornada de trabajo.
Pero tampoco se establece un equilibrio entre la recuperación
y el desgaste en referencia a la prolongación afirmativa y salu-
dable de la vida. La posibilidad de alcanzar condiciones técnicas
y procreativas que desarrollen la longevidad se ven sistemáti-
camente mermadas por la dilapidación de la energía corpórea
durante el proceso global de producción de plusvalor.
En la fase contemporánea del desarrollo capitalista, la dis-
torsión del contenido de los valores de uso que ingresan al con-
sumo doméstico tiene igualmente por centro la dilapidación de
la energía vital del cuerpo humano. El objetivo central de las
subsunción real del consumo tiene por centro la neutralización
del desarrollo de las fuerzas productivas procreativas; de ahí que
dicha subsunción se centre en la fuerza productiva fundamental:
la energía vital, es decir la salud de los individuos.
Así pues, en la sociedad burguesa no hay un equilibrio entre
la recuperación y el desgaste en vistas a la prolongación del pe-
ríodo de vida. Si la vida se alarga ello acontece como resultado
de manipulaciones médico-farmacológicas del metabolismo y
no mediante la promoción de la circulación óptima y equilibrada
del cuerpo. El capitalismo, por el contrario prolonga la vida pero
en vistas a perfeccionar el gasto de la energía vital, dirigiéndolo
cada vez más en dirección al gasto gratuito. Cada vez más gra-
tuito conforme avanza la automatización del proceso de trabajo,
que reduce el tiempo de trabajo necesario para la producción de
los valore de uso.
El capital toma la vida del obrero para producir plusvalor; le
devuelve mejores condiciones de vida por medio del desarrollo
de las condiciones de subsistencia, para finalmente volver a to-
mar en una medida incrementada la energía del proletariado. La
fórmula general de la salud capitalista se corresponde entonces,
con la fórmula general del capital. De ahí que en términos abso-
lutos pueda afirmarse que el capital usa sin reponer (agandalla),
toma sin regresar la vitalidad del obrero.

79
5. ¿Qué es enfermedad y qué es salud?
Pregunta curiosa.
5.1. El objeto expropiado por el capital: la salud
Ya la pregunta revela una situación problemática de la fisiolo-
gía y la psicología humanas en un momento histórico determina-
do. Por supuesto esta problematicidad propia de toda la época de
escasez de fuerzas productivas se vuelve virulenta en la sociedad
capitalista y, en especial, hoy, como parte ideológica del sistema
hospitalario/farmacéutico capitalista en sus versiones tanto pri-
vadas como estatales.
Por supuesto, la ideología sobre la salud/enfermedad no es
mera ficción, así que contiene la posibilidad de una construc-
ción teórica rigurosa al respecto porque contiene ideas verdade-
ras, correctas, no sólo mera <ideología>>. posibilita de suyo la
crítica de la ideología de la salud/enfermedad. Cuerpo teórico
tanto más necesario para el sujeto social contemporáneo, espe-
cialmente si su intención es revolucionaria y de sobrevivencia;
ya que el ataque físico que sufre la población tanto por los valo-
res de uso del consumo capitalista como por sus complementos,
las medicinas, ha llegado a niveles alarmantes. Supervivencia,
lucha por la salud y revolución coinciden cada vez más en un
mismo movimiento.
Como parte del movimiento expropiatorio de la salud por
parte del capital y las clases dominantes ha ocurrido la forja his-
tórica de una noción de enfermedad como pasividad sufrida es
decir, se piensa que las enfermedades “nos llegan”, nos poseen”
y no que es nuestra praxis precisada como despliegue metabóli-
co con el entorno físico/químico el que genera la salud o enfer-
medad. Las cosas se ven como si nosotros no fuéramos sujetos
pero sí la enfermedad, que “nos sale al paso” y, claro, el médico
que la combate en nuestro cuerpo, reducido, ahora a mero cam-
po de batalla entre el bien y el mal, los únicos sujetos. Virus,
bacilos, y todo tipo de microorganismos una vez descubiertos
por el microscopio vinieron a confirmar esta visión maniquea,
heterónoma, enajenada, expropiatoria y pasivizante de la enfer-
medad. Sin ver —o sólo de reojo, pero sin subrayar— el hecho

80
de que es la condición fisiológica siempre activa del cuerpo la
que reproduciéndose de un modo atrae a los microorganismos
patógenos o, bien, —según otro modo de reproducción— los
repele y sala al cuerpo si es que estaba enfermo.
Georges Canguilhem es su célebre Lo normal y lo patológi-
co25 expone la génesis histórica —desde los egipcios y griegos—
de la concepción pasiva acerca de la enfermedad y como venida
de fuera; así como, también la génesis de la noción activa de la
enfermedad y la salud, a la que él correctamente se adscribe.
Es esencial derivar de esta noción la responsabilidad que como
sujetos tenemos la gestión de nuestra salud individual y de la de
la sociedad; así mismo, es esencial derivar de aquí el papel de la
intervención del modo de relaciones sociales opresivas para que
no sea asumida tal responsabilidad y para determinar formas de
conducta y consumo generadoras de enfermedades.
Ha sido Samuel Hahnemann, el padre de la homeopatía, quien
ha construido un concepto dinámico, el más desarrollado, acerca
de la enfermedad y la salud del cuerpo. No es casual que junto
con la noción activa de la enfermedad, insiste en la armonía o
desarmonía de las fuerzas vitales para determinar la salud o a
enfermedad. Pues el equilibrio y la armonía son resultados a
lograr activamente no meras pasividades muertas. Y sólo son
asumibles y formulables consecuentemente si se los refiere en
interioridad con la actividad productivo/consuntiva del sujeto y,
entonces, con la relación metabólica que mantiene con su entor-
no, determinante de las relaciones intrafisiológicas.
Sin embargo, ha ocurrido que cuando actualmente se insiste
en equilibrio y adaptación al medio para hablar de salud (véa-
se por ejemplo a Hernán San Martin; Salud y enfermedad; Ed.
Prensa Médica; México, 1981) se lo hace dentro de una concep-
ción que implica observar al equilibrio en exterioridad respecto
de la actividad del sujeto y no como el resultado de sus actos y
relaciones. Sino como cierta situación objetiva dada o perdida y
que para recobrarla sólo la medicina y el médico caben. El sujeto
25
Georges Canguilhem; Lo norma y lo patológico; Ed. Siglo XXI; México,
1976.

81
aparece, pues, doblemente expropiado y el equilibrio pretendido
aparece como una imposición más.
La medicina —en especial la alopatía— haría bien en retomar
el concepto de salud/enfermedad de Hahnemann y su insistencia
en que es el propio organismo el que se enferma o se cura, sien-
do el medicamente y el médico sólo un auxiliar de la dinámi-
ca del metabolismo natural. La medicina alopática es teológica
cuando se pretende sujeto que interviene como deux ex machina
y <<crea>> ex nihilo salud como el aprendiz de mago pudo crear
fuegos de artificio. No respeta la materialidad/naturalidad del
proceso sino que avanza con premisas idealistas, presa en una
consciencia mágica/chamánica del problema.
Por el contrario —y en consonancia con la homeopatía— la
milenaria medicina oriental china ofrece conceptos valiosos para
la noción general de enfermedad/salud en términos de equilibrio,
dinamismo y actividad responsable del sujeto. Y si hay maneras
según las cuales la misma noción activa de enfermedad/salud es
manipulable para fines pasivizadores/expropiadores (por ejem-
plo, al moralizar sobre la responsabilidad del individuo respecto
de su cuerpo sin hacer referencia a la forma de reproducción so-
cial que lo contextualiza y oprime) está claro que están contados
los días de las visiones pasivizantes crasas y que el desarrollo
por la vía activa/armónica es esencialmente trascendente respec-
to del capital. Y si el capital accede marginalmente a asumirla o
hasta retomar algunas tesis para señalarlas como normas gene-
rales, es sólo porque su interés actual se subraya en la subordi-
nación del consumo social. Pero corresponde a los sujetos vivos
arrebatas el fuego de los “dioses” para su uso propio.
Cuando G. Canguilhem habla acerca de la normatividad bio-
lógica y social en vista de matizar el problema de lo normal y lo
patológico se mantiene formal e insuficiente. La norma social
aparece como aquella reiteración —o deber a realizar— según
la cual proporciona o no al cuerpo los elementos requeridos para
satisfacer los requerimientos naturales para cumplir la norma
biológica. Así mismo, permite observar la distribución social
clasista de quiénes sí y quiénes no proporcionan lo necesario

82
para la satisfacción de la norma biológica; y permite preguntar
acerca del por qué de tal situación. Permite describir el modo en
que una sociedad cumple o suspende la normatividad biológica
y, entonces, el modo en que produce enfermedad y salud. Sin
embargo, la norma biológica aparece —en G. Canguilhem—
tautológicamente definida como mera constante funcional y re-
lativa a la norma social, sin subrayar la relación del ser vivo
con su medio ambiente como relación real metabólica, es decir,
como relación en la que los contenidos reales del organismo
son repuestos y excretados. Es decir, como relación de conte-
nido equilibrante. De suerte que es el consumo metabólico de
elementos externos el rector de la reproducción corporal, el que
norma la vida para no enfermarse o enfermarse. G. Canguilhem
no asume la sustantividad y especificidad.
Sin embargo, el modo de reproducción de la normatividad
social no puede quedar suficientemente observado mientras no
se haga referencia a los contenidos precisos del consumo de una
sociedad en acuerdo a las fuerzas productivas y las relaciones de
producción que lo generan. Seríamos acríticos respecto de los
contenidos materiales con los que el cuerpo es regenerado.
El objeto expropiado por el capital, nuestra salud, quedaría
siempre en manos del capital, pues el contenido del objeto que
sirva para producir nuestro cuerpo saludable lo estaría determi-
nando el capital Mientras seamos acríticos respecto de los obje-
tos de consumo, especialmente alimenticio —tanto en calidad
como en calidad— la enfermedad permanecerá como ámbito de
manipulación del capital para la pasivización heterónoma de los
sujetos sociales en vista de canalizarlos mejor bajo la “norma
social”.
Pues si un resultado sintomático de dominio de la reproduc-
ción social por la reproducción del capital es la constitución del
capital social como propietario de la salud, ello sólo tiene en el
cuerpo hospitalario/farmacéutico forma de administración pero
tiene en la producción de unos contenidos materiales a consu-
mir su fundación. Tal y como el policía, el juez y el abogado
sólo llegan a posteriori para administrar justicia, pero la in-

83
fracción es producida por el modo de producción y vida social-
mente determinado según que requiere de cierto grado y modo
de delincuencia y de represión carcelaria de la misma. También
el cuerpo hospitalario/farmacéutico “administra salud”. Pero la
enfermedad y la salud se producen en el modo de consumo se-
gún contenidos reales. Y es el tipo de fuerzas productivas el que
determina un tipo de consumo acorde con las relaciones sociales
de producción que somete a las fuerzas productivas técnicas y a
las fuerzas productivas procreativas.
No obstante, todavía hay quien cree que la producción de en-
fermedades no le es esencial al sistema capitalista, sino a lo más
una lacra que todavía hereda el capitalismo de modos de produc-
ción anteriores. Como si la cosa se restringiera a la “milenaria
lucha de la humanidad contra la enfermedad y la miseria”. Pero
vista así la “humanidad” es un término equívoco sin determi-
nación precisa y que saca fuera de sí a cada uno de nosotros y
nuestras verdaderas relaciones; es la traducción de <<capital>>,
pero que encubre su identidad llamándose bonachona y románti-
camente como “humanidad”. Es una forma sutil de expropiar la
salud y la enfermedad a los individuos sociales. El bien (la huma-
nidad) y el mal (la enfermedad) luchan en regiones metafísicas
una gigantesca contienda que la sociedad burguesa sufre además
de echarle porras al bien — a al humanidad— y mantenerse lo
más exterior posible respecto de la enfermedad. Ascéticamente
exterior. Manía de limpieza que encubre la verdadera acción e
imbricación de esencia en la producción de enfermedades por
parte de la sociedad burguesa. “Escurriendo sangre y lodo” apa-
reció en la escena histórica el capital y así prosigue su recorrido,
pero hete allí que lo recorre manchándose hasta las cachas en
el caldo de cultivo de las múltiples enfermedades; él mismo ha
encendido el fuego y ha puesto la olla del caldo a cocer.

5.2. La mirada médica burguesa y la función social del


médico
Ya expusimos anteriormente cómo la sociedad burguesa esta-
blece un modo específico de circular y desequilibrar la energía
vital del cuerpo. Modo que obedece a las necesidades organiza-
84
tivas de la producción de plusvalor y del mercado capitalista. La
circulación mercantil de la riqueza se organiza, sobre una consi-
deración abstracta y cosificada de la energía vital. Ya que para
funcionar requieren de la consideración del tiempo de trabajo, la
energía procesual desplegada en él, se abstractifica y como tal
se cosifica. Tal el secreto energético de la organización mercan-
til simple del proceso de reproducción. Ahora bien, la sociedad
mercantil capitalista no sólo opera bajo esta cosificación abs-
tracta del desgaste energético; se organizan, además, por medio
de una permanente y creciente rapiña de la energía vital de los
trabajadores.
Tales las razones de fondo por las cuales la mirada médica
sobre el cuerpo se modifica radicalmente conforme se instaura
la civilización material capitalista. La reducción de las dimen-
siones energéticas del cuerpo a realidades cósicas se expresa en
el ámbito de la medicina como el destasamiento unilateralmente
analítico de la percepción médica del cuerpo como mera suma
de partes. No casualmente la anatomía del cuerpo como mera
suma de partes. No casualmente la anatomía de cadáveres ha
constituido una de las principales fuentes gnoseológicas de la
medicina burguesa. La insensibilidad de los propietarios priva-
dos por toda relación comunitaria se expresa en la insensibilidad
médica por toda relación energético vital sea pal interior del or-
ganismo, sea entre las relaciones vitales de los organismos, muy
específicamente en la relación entre el médico y el paciente. De
ahí la repelencia “instintiva” que siente la medicina burguesa
hacia todos los conocimientos médicos pre capitalistas fundados
en la precepción energética y entre los cuerpos vivos.
Pero en la sociedad burguesa no sólo se cosifica la energía y
el cuerpo humano, La reducción del trabajo concreto a abstracto
también exige la homogenización del tiempo concreto y dife-
renciado de vida a un tiempo homogéneo de vida, sólo cualita-
tivamente representable. Desconociendo con ello la específica
diferencia entre los tiempos (estacionales, o durante el transcur-
so del día) en que el organismo asimila nutrientes, elimina toxi-
nas o simplemente descansa. Para la mirada medica del capital,
el tiempo es formal y hueco; tanto sirve para el trabajo diurno
85
como el nocturno; e, igualmente, sirve para el coito dilapidador
de semen, sobre todo, nocturno.
Este empleo abstracto e indeterminado de la energía vital co-
necta sustancialmente con la necesidad burguesa de dilapidar la
energía vital del trabajador. La insensibilidad médica hacia lo
energético comunitario se transforma aquí en la insensibilidad
por la fatiga física y mental de los trabajadores. Insensibilidad y
abuso médico que se oculta hábilmente bajo un supuesto cono-
cimiento médico paternal de la verdadera “fortaleza” del cuerpo.
Contra la posible autosugestión de la salud de los pacientes, el
médico determina de modo abstracto exterior, virulento y pro-
ductivista cuántos días de incapacidad otorga y, en fin, cuando es
tiempo de que los enfermos regresen al proceso de producción.
El bloqueo, la descomposición analítica, la abstracción y la
dilapidación de la circulación de la energía vital constituyen los
fundamentos básicos sobre los que descansan los conocimien-
tos, instrumentos y operaciones de la medicina del capital y la
mirada del médico que nos ausculta. Los valores de uso me-
dicinales burgueses (anatomía de cadáveres, bisturís, cirugías,
analgésicos, antiestamínicos, antibióticos, etcétera.) son objetos
cuya estructura práctico-material se encuentra adecuada funcio-
nalmente a la subsunción de la salud del cuerpo bajo el capital.
Son intrínsecamente nocivos para los seres humanos.
No casualmente el médico constituye la personificación que
administra la relación general del capital con la salud de los in-
dividuos. De ahí que los médicos del capital no sólo vigilen po-
liciacamente el tiempo de recuperación de los obreros enfermos,
también vigilan, restringen y reprimen todos los modos alternati-
vos y autogestivos de curación de la población. En santa cruzada
contra el oscurantismo y la brujería se encargan de descalificar
todas las prácticas y saberes médicos pre capitalista mediante
los cuales la humanidad se ha venido curando durante milenios,
así como los conocimiento y experiencias médicas espontáneas
que logra ir produciendo la población. La monopolización del
saber médico no sólo obedece entonces al interés privado del
propietario que ha de ocultar su conocimiento como prerrequi-

86
sito para su venta; sino, también, obedece al interés general del
capital por expropiar sistemática y permanentemente la gestión
directa de los medios de producción y de subsistencia a la clase
obrera. Y con ello la autogestión directa de la salud de cada uno
de nosotros.
De esta manera la moderna civilización burguesa, con todo su
profundo racionalismo y su altísimo desarrollo tecnológico sólo
ha servido para producir una población cada vez más ignorante
de su propio cuerpo e incapaz de curar las enfermedades más
sencillas (jaquecas, catarros, caries, etcétera); la salida que resta
es recurrir a los arsenales tóxicos de los botiquines. Cada indivi-
duo sólo logra cierto conocimiento médico en la medida en que
memoriza el uso particularizado de una serie verdaderamente
infinita de fármacos. Pastillas que sólo sirven unas cuentas ve-
ces, pues las enfermedades evolucionan siempre en direcciones
nuevas que requieren nuevas e interminables manipulaciones
farmacológicas. De nueva cuenta se refleja en estos aspectos de
la vida cotidiana la determinación de la salud por el capital.

6. ¿La enfermedad no es esencial al sistema capitalista?


¿Por qué se nos dice que es más bien algo propio de toda
la humanidad? Curiosa manera en que el capital le confiere la
propiedad a la humanidad, aunque previamente la expropie de
la verdadera propiedad material. Riqueza desde la que se deter-
minan las posibilidades de reproducción vital y, por supuesto, el
modo sano o enfermo de ésta. Pero ¿de qué es propia la enfer-
medad de verdad?
La enfermedad es lo propio de las situaciones materiales y
esenciales en las que el cuerpo funciona inadecuadamente en
acuerdo a su edad, sexo y medida. El funcionamiento adecuado
es gozoso, creativo y equilibrado y no es, en verdad, creativo
sin ser equilibrado y gozoso, no gozoso sin ser equilibrado y
creativo; y el equilibrio es goce y creación. La creación es trans-
formación material (goce) y reciprocidad social (equilibrio). Así
puede ser definida globalmente la salud, aunque cabe —por su-
puesto— matizarla en términos estrictamente fisiológicos en los

87
que tampoco la armonía deja de ser el principio. Pero aquí in-
teresa situar históricamente la ocurrencia de las enfermedades
según que las condiciones de vida crean insania.
La enfermedad, es pues, en primer lugar, la condición perma-
nente del cuerpo que funciona en medio de un marco de escasez.
Pero el cuerpo es activo y vivo, así que combate: la enfermedad
es un estado alternante y vario que caracteriza la dinámica del
cuerpo en medio de la época de escasez. El cuerpo logra salud
precaria y vive estados pasajeros de enfermedad aguda, luego
vueltos crónicos pero en medio de los cuales hay momentos
críticos. No debe confundirse la enfermedad con el proceso de
“decadencia” del cuerpo determinado por la edad. No debe con-
fundirse enfermedad con proceso que avanza hacia la muerte.
Pero quien dice que la enfermedad es lo propio de la huma-
nidad y no del capitalismo, implica primero que no es lo propio
de las situaciones escasas pre capitalistas y capitalistas (y de los
inicios del postcapitalismo) y, en segundo lugar, que decaden-
cia por edad es lo mismo que enfermedad: que proceso hacia la
muerte es igual a enfermedad. Por aquí es que no se ve la espe-
cífica escasez del modo de producción capitalista, su especifico
modo de producir escasez determinada.
El capitalismo es el modo de producción de la enajenación
total (Marx, 1857) y, entonces, de la producción de escasez total
o absoluta; pues la escasez de fuerzas productivas no es sino la
condición para que se ofrezca la enajenación total. Así que si te-
nemos a la mano la enajenación total —cosa que pocos negarán
si hablamos del capitalismo— tenemos allí la expresión neta de
la producción de una escasez total, cosa que parece imposible en
medio de las abundantes riquezas y progreso técnico. No se ve
que para que se ofrezca la enajenación y la escasez calificadas de
absolutas, ello sólo puede ocurrir al modo de proceso. En medio
del cual cada vez más hombres sufran, cada vez más hombres
sean producidos y alimentados entonces y cada vez más valo-
res de uso sean su alimento, cada vez más capacidades y ne-
cesidades sean desplegadas y satisfechas pero de modo tal que
implique no sólo el incremento cuantitativo y la variación indi-

88
ferente sino que ofrezca la ilusión de goce extremo identificado
con cada vez más dolor y más sutil dolor. Mayor falseamiento
en lo que se creía realización. Así que el sujeto se encuentre en
impostura práctico existencial. Y, por allí, en suspenso o en vilo,
amenazado con la llegada de la “verdad”. La que no puede ser
sino la de esos estados alienado; enfermedad, dolor, asesinato,
destrucción por bombardeo nuclear, etcétera. Pero mientras tan-
to, todo parece lo mejor.
La situación suspensiva propia de los estado de enajenación
—en especial de la enajenación y la escasez total— posibilita
islas liberadas y desde allí la crítica desde plataformas positivas;
es decir, la crítica que complementa y redondea a la crítica nega-
tiva en tanto se alza en medio del refuego como revuelta.
La enajenación total retrata el círculo de la enajenación ca-
pitalista desde la producción hasta el consumo. Ofrece una pro-
ducción enajenada pero asimismo un consumo enajenado que
produce sistemáticamente cuerpos enfermos: “enajenados” de
su vitalidad. Quien no vea la enfermedad como lo propio de la
escasez y como propiedad de la escasez específicamente capita-
lista, tampoco ve a la enfermedad como distinta a muerte y cree
que la muerte es algo así como una enfermedad. Tampoco ve que
el mecanismo a través del cual el capital logra producir siste-
máticamente enfermedades es la subsunción real del proceso de
consumo bajo el capital —la subordinación que redondea el pro-
ceso de enajenación total. Pero quien no ve esto tampoco puede
captar que la posibilidad de sanía y de enfrentamiento radical a
la enfermedad y a las premisas consuntivas y productivas siste-
máticas que la generan se guarda, precisamente, en el ámbito de
proceso de subordinación real del consumo bajo el capital. Que
en medio de la subordinación real del consumo bajo el capital
ocurre la preocupación y se dan las condiciones de posibilidad
y los contenidos positivos para definir un consumo alternativo
idéntico con la producción de una medicina alternativa. De todo
ello tenemos hasta hoy sólo esbozos, pero cabe reconocerlos y
no, más bien, seguir presos en las nociones de salud/enfermedad
fabricadas por el sistema hospitalario/farmacéutico capitalista.
Y, sobre todo, presos en los contenidos del consumo capitalista.
89
Comida chatarra, dieta extremosa, cancerígena y patógena en
general, aire y agua contaminados, etcétera, amenazas de des-
trucción nuclear y de desempleo, encarcelamiento y represión
de todo tipo, comenzando con la sexual. La enfermedad física
se produce a la par de la neurosis y la esquizofrenia y el valor
de uso para consumo humano es el nido de las enfermedades
todas.
El capitalismo de hoy es el de la subsunción real del consumo
bajo el capital como manifestación redonda de la subsunción
real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital; y, por ello,
cada vez más la manipulación de la salud es su condición esen-
cial de vida.
“Fuerza de trabajo enajenada: (“Trabajo enajenado”, Marx,
1844) es concretamente entendido un concepto que hace referen-
cia a determinaciones materiales. Fuerza de trabajo enajenada,
materialmente entendido —y recuérdese que “materialmente”
hace alusión al modo culminante de entender concretamente, es
decir, de entender completamente lo que se dice, insisto, fuerza
de trabajo enajenada es fuerza de trabajo enferma.
Sin embargo, parece que el capital requeriría fuerza de trabajo
sana y fresca para explotarla más y mejor. Así que, otra vez, no
pareciera que la producción de enfermedades fuera esencial al
capital. Si el consumo capitalista parece producir necesariamen-
te enfermedades, otro parece ser el requerimiento de la produc-
ción capitalista. Puede creerse que sólo ocurre que producción
capitalista y consumo capitalista se contradicen; sin bien siendo
la producción lo determinante en última instancia, se tenderá a
producir cada vez más salud. Nada más falso aunque caracterís-
tico de ciertos periodos de acumulación. Pues además de contra-
decirse la producción y el consumo sometidos al capital como lo
están, ocurre que están coordinados, se complementan y son la
pinzan de dominio del capital.

90
6.1. ¿Cuál es la función de la manipulación capitalista de
la salud?
El problema de la salud de la clase obrera no constituye, en-
tonces, un mal pasajero en la organización de la sociedad bur-
guesa. 1) Porque se trata de una realidad permanente que sis-
temáticamente reproduce el capital mediante la manipulación
represiva de la energía vital. 2) Porque, bien vistas las cosas, la
enfermedad no constituye solamente un obstáculo a la valoriza-
ción del valor, en tanto obliga al capital a desembolsar en seguro
médico, hospitales, etcétera, para la población obrera. Otra ope-
ración mucho más sutil y esencial se oculta por debajo de esto:
mediante la manipulación de la salud el capital alcanza a domi-
nar el fundamento mismo de la clase obrera: su energía subjetiva
mismo. De la circulación de la energía del cuerpo depende no
sólo la capacidad fisiológica de laboral de divertirse, también
de ella depende la capacidad emotiva o imaginativa del cuerpo
para elaborar deseos, asó como la capacidad intelectual de los
individuos en la cual se localiza la posibilidad de comprender y
transformar eficazmente el mundo. Por lo mismo, la circulación
de energía subjetiva no sólo es fuente cotidiana del plusvalor
sino, también, necesidad y posibilidad de trascender el modo de
producción capitalista. La energía vital del sujeto constituye una
realidad secundaria y peligrosa para el capital. Por ello el domi-
nio del cuerpo subjetivo constituye la específica manipulación
a lograr mediante la subsunción de la salud, médicos, etcétera,
bajo el capital.

7. ¿Para qué le sirve al capital enfermar a la gente?


O dicho en términos más profundos, ¿para qué sirve y en qué
consiste la dominación del capital sobre el sujeto social bajo el
modo de enfermedad? En efecto, actualmente ocurre la existen-
cia del dominio capitalista mediante enfermedad.
La modificación fisiológico-corporal ocurrida durante la
enfermedad es evidente, conlleva una modificación de la sen-
soriedad y ésta una modificación de la conciencia. De suerte
que la conducta toda, las disposiciones y necesidades quedan

91
remodeladas. Y si la enfermedad ofrece un esquema corporal de
desarrollo que espontáneamente tiene a sanía, la reproducción
social permanente de las condiciones patológicas suspenden el
desarrollo fisiológico normal y la insania artificialmente produ-
cida se convierte en condición “normal” del organismo, de las
necesidades, las disposiciones y la conducta. La vida en vilo o
suspenso por ocurrir una interdicción fundamental en ocasión de
hallarse dentro de un esquema de necesidades según el cual sus
esquemas de libertad —correlativos con sanía— quedan dete-
nidos, la vida en vilo no es la misma vida pero esperando. Sino
otro modo de vida; uno en el que la libertad es imposible pero
aparece como horizonte permanente, como ilusión que presiona
al esquema de necesidad que apunta a salir de insania, lo presio-
na hacia unas conductas y satisfacciones que de nuevo someten
al cuerpo y reactualizan un nuevo esquema de necesidades (es-
quema patológico) sin haber concluido el anterior.
La determinación de la sensoriedad implica la suspensión o
anquilosamiento/formalización de la conciencia, especialmente
la conciencia revolucionaria. El dominio de la población me-
diante enfermedad no suprime su consciencia revolucionaria co-
dificada en libros, en la tradición de la lucha, etcétera, sino que
le roba la médula viva al socavar las condiciones de la vitalidad
del ser humano. El resultado es una destrucción neta de la cons-
ciencia revolucionaria pero mediante enredo. Un girar en círculo
y vacío; un creer avanzar pero sin asidero y un retroceder tenido
como evidencia final y segura. Un practicar desaforado sin re-
sultado positivo. Es, en fin, un retroceder respecto de formas de
conciencia revolucionaria anteriores pero de mayor profundidad
y radicalidad que las posteriores y un creer avanzar por encima
de ellas. ¡Cuántas veces no se ha ido más allá de Marx! ¡Cuántas
veces no se ha pretendido revocar por inservible! En medio de
este zigzag/ retroceso y avance apenas si efímera y marginal-
mente va habiendo progreso en quienes sostienen la conciencia
revolucionaria original. En parte por sanía, en parte por encon-
trarse pasando por un punto especial en su recorrido patológico
zigzagueante y retrógrado/trascendente. La fuerza revoluciona-
ria, queda, así, ralentizada y puesta en jaque sin ser abolida.

92
La detención de la consciencia revolucionaria condiciona
—y es condicionada por— una extensión del tiempo en que las
contradicciones capitalistas se espigan, Ocurre una distribución
temporal de las contradicciones según un circuito de largo re-
corrido análogo al de la conducta neurótica que repite errores y
obsesiones y sólo a momentos se permite resolverlos. Explique-
mos esta idea.
Cuando hay territorio geográfico en el cual distribuir/polari-
zar las contradicciones del sistema, el expediente de distribución
temporal de las contradicciones capitalistas se logra a través del
dominio de la vitalidad mediante enfermedad, mediante subsun-
ción real del contenido de los valores de uso para el consumo,
entonces.
En otros términos, la premisa para la modificación del sistema
de necesidades sociales —sustrato, a su vez, de la configuración
determinada de tiempo de trabajo socialmente necesario— más
allá de las medidas humanas cualitativas, apropiadas y armóni-
cas, es la infracción del equilibrio físico, lógico y psíquico del
sujeto humano: la producción ampliada de enfermedades. Lo
cual permite remodelar las relaciones entre tiempo necesario y
tiempo excedente funcionales con la tasa de explotación de plus-
valía y con la tasa de ganancia. Una vez que nos encontramos
con un desarrollo capitalista maduro y cuando el expediente de
expansión territorial es secundario o ya nulo, la modificación del
sistema de necesidades sociales mediante infracción patológica
pasa a primer plano.
La distribución temporal de las contradicciones propiciada
por la modificación en el contenido del consumo social conduce
—y conlleva de por sí— a una ampliación de las ramas produc-
tivas. Ya que no esos nuevos contenidos de los valores de uso
sólo pueden provenir de nuevas empresas productivas. La sub-
sunción real del consumo bajo el capital aparece entonces como
“sociedad del consumo”; el valor de uso ampliado formalmente
—pues realmente su utilidad deja mucho que desear— implica
la ampliación de lo socialmente necesario en términos capita-
listas, así que demarcar un horizonte más basto para la vida del

93
capital, del valor que se valoriza, asentado como todo valor en
el tiempo de trabajo socialmente necesario inmediatamente plas-
mado (Grundrisse Pág. [529]). Las posibilidades de producir va-
lor —y, entonces, plusvalor absoluto y relativo— se fortalecen,
Así sea que internamente ese valor sea de tiempo de trabajo so-
cialmente necesario falseado: enfermo. Ello simplemente signi-
fica que sus efectos cualitativos materiales se cargan a cuenta de
la fisiología del sujeto social, y ya no sólo la tasa de explotación
cuantitativamente determinada.
El capitalismo se eterniza a costa de la salud del sujeto social.
Ya no sólo lo mata de miseria o de trabajo extenuante, síntomas
ambos referidos a premisas externas de la producción capitalis-
ta. No, ahora, se eterniza a costa de la salud del sujeto social en
tanto que produce de cierto modo su cuerpo.
El sujeto social podría ser ya revolucionario si fuera otro, si
hubiera otro consumo que lo propiciara sujeto. Pero, como de-
cimos, el dominio capitalista maduro o específico ocurre como
dominio de la economía, de la sociedad, de la política y de la
cultura mediante enfermedad o alienación fisiológica del sujeto
social, esto es, mediante alteración nociva de lo que es sujeto
materialmente determinado.

7.1. ¿La gestión de la salud para después de la toma del


poder?
Puesto que la función específica de la moderna manipulación
capitalista de la salud descansa en la subsunción de la energía
vital trascendente de la subjetividad, el problema de la autoges-
tión anticapitalista de la salud no constituye una cuestión que
pueda ser postergada hasta después de la conquista por cuenta
de la clase obrera. Semejante representación pasaría por alto el
hecho de que hoy en día la subsunción de la salud obrera implica
directamente la manipulación de la energía vital y con ella de
las emociones, la imaginación, las esperanzas, y la conciencia
revolucionarias de la clase obrera. La enfermedad física y men-
tal de la clase constituye un grillete absoluto a la trascendencia
subjetiva del proletariado. De ahí que en la fase de la subsunción

94
real del consumo bajo el capital resulte irrisoria toda tentativa
revolucionaria que no contemple como ingrediente revolucio-
nario esencial la autogestión defensiva de las condiciones más
saludables tanto en el proceso de producción, en los espacios
urban
La medida en la que puede ir siendo lograda la transforma-
ción revolucionaria de las condiciones de salud está en relación
directa con la medida en que el sujeto revolucionario está dis-
puesto a autogestionar su propia energía vital y, por tanto, su
salud. No se trata, en efecto, de solucionar la salid de toda la
población, par sólo después, pasar a la acción revolucionaria.
De inmediato basta con la autogestión directa de la salud de los
islotes revolucionarios, más importantes capaces de autorrepro-
ducirse y difundir acrecidamente y con eficacia modos antica-
pitalistas de promover la energía vital subjetiva y la conciencia
revolucionaria hacia toda la población. A partir de aquí se puede
pensar, para después. en procesos políticos de masas centrados
en demandas de condiciones materiales saludables que pongan
en alto a la subsunción real del consumo bajo el capital.
Por supuesto, caben dos estadios de gestión de la salud. Uno
completo y que es al que recién hicimos referencia como precon-
dición revolucionaria. Otro parcial y que bien puede ser promo-
vido a nivel masivo. Es más que por sobrevivencia mera deberá
y es ya promovidos. Siendo también precondición revoluciona-
ria si no específica o suficiente como la anterior, sí básica.
Finalmente, la subversión masiva del consumo capitalista
será la llamada de ataque definitivo y masivo contra la subsun-
ción real del procedo de la producción.

95
Salud Pública y alimentación en el
capitalismo actual.

Gonzalo Flores Mondragón*

A principios del siglo XXI, cada vez resulta más difícil captar y
entender la complejidad de la crisis actual del capitalismo. An-
teriormente, cuando se presentaba una crisis de sobreacumula-
ción26, se lograba mirar con mayor claridad las contradicciones
del sistema. Los momentos de crisis funcionaban a manera de
momentos excepcionales en los que el sujeto social reconocía
los límites y contradicciones del modo de producción.27

La dimensión y complejidad de la crisis del Mercado Mun-


dial tiene un conjunto de aspectos poco o nada comprendidos
como lo son las nuevas formas de subsunción del Trabajo bajo
el capital, que se presentan bajo la figura de una subsunción del
proceso de consumo social e individual28. Esta crisis presenta
* Mtro. Gonzalo Javier Flores Mondragon. Maestro en Sociologia de la Fa-
cultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Profesor de la UPN,
Cuautla, Morelos.
26
Concepto formulado por Marx y recuperado por Henri Grossmann en su
obra La ley general de acumulación y el derrumbe del sistema capitalista,
Siglo XXI Editores. México. Una crisis de sobreacumulación no es lo mismo
que una crisis de sobreproducción. Aquélla implica una sobreproducción de
medios de producción, de medios circulación (financieros y comerciales) y
de medios de consumo; mientras que la segunda se refiere solo a una sobre
producción de medios de producción. Por tal motivo la crisis por sobreacu-
mulación de capital implican una crisis del proceso de reproducción social y
del desarrollo del sistema capitalista.
27
Barreda Marín Andrés, intervención realizada el 8 de noviembre de 2010
dentro del Seminario internacional “Crisis económica-ecológica”, organiza-
do por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Huma-
nidades y la Facultad de Economía de la UNAM
28
La psicología social y la sociología han intentado dar cuenta de este fenó-
meno bajo la figura de “sociedad de consumo”, (Erich Fromm La sociedad
actual industrializada (1954), El corazón del hombre (1964); Herbert Mar-
cuse, Eros y civilización (1955), El hombre unidimensional (1964), La socie-
dad opresora (1972); Vance Packerd, Los artífices del derroche, Las formas
ocultas de la propaganda (1953), etc.) sin embargo no logran captar la figura
completa y articulada del proceso de sometimiento que lleva a acabo el capi-
tal sobre todo el proceso de Trabajo de la sociedad

96
además una gigantesca acumulación de causas contrarrestantes
de las cuales surgen callejones sin salida de carácter tecnológi-
co, social y ambiental: la energía nuclear, el neoliberalismo, la
geoingeniería, la biotecnología, el desarrollo sustentable, etc.
Y es que en realidad hablamos de una crisis económica, una
crisis social, una crisis ecológica; y dentro de cada una de ellas
están contenidas un gran número de crisis puntuales: financiera,
comercial, productiva en lo que a la economía se refiere. Cri-
sis del agua, de la biodiversidad, del clima, dentro del ámbito
ecológico. Y también crisis de la seguridad, de la basura, de las
ciudades, de la alimentación, de la salud si hablamos del ámbito
social.
Se trata por lo tanto de un momento de convergencia de va-
rias crisis que propician una crisis mundial sin precedentes en la
historia y que nos presentan un contexto de explotación y enaje-
nación sin paragón en donde la organización y la lucha social por
defender las condiciones de vida de la población es más urgente
y necesario que nunca. De ahí que hoy, para toda la población,
solo se pueda vivir luchando y ello implica saber que podemos
hacer por nuestra salud aquí y ahora en términos individuales y
sociales.
Cómo podemos, de manera concreta, abordar una estrategia
inmediata de uso de instrumentos y medios para estar más sanos
o –por lo menos- no tan enfermos. Son múltiples instrumentos
y acciones, pero la alimentación, que es una relación social y un
instrumento primerísimo para la gestión de la salud, se nos pre-
senta de manera cosificada; como simples cosas que tomamos y
nos metemos a la boca.
Es preciso decir que si las relaciones sociales son de explota-
ción, los alimentos también registran este hecho. A nosotros se
nos impone el comer productos que generan diabetes, obesidad,
cáncer, hipertensión bajo la figura de harinas, azúcares, grasas
refinadas mediante una política de producción, una política de
circulación y una política de consumo y salud.

97
Esto nos exige una guía práctica e inmediata para comenzar a
gestionar la salud. Para ello es preciso entender cómo funciona
nuestro cuerpo, qué le ocurre cuando se intoxica. Hay que dis-
tinguir entre la intoxicación producida por el medio ambiente
y la intoxicación por alimentos. La primera es más difícil de
gestionar, pues requiere una organización mayor y de más lar-
go alcance, aunque no es imposible. Sin embargo la segunda
se puede enfrentar de manera es más directa, más personal y
más radical. Cada quien puede decidir a qué producto le abre la
boca y a cual no. Es más, gestionando la alimentación mejor y
equilibrada podemos contrarrestar los efectos que nos genera la
intoxicación ambiental.
En México la insuficiencia renal está creciendo a un ritmo
frente al cual los recursos y presupuesto del sector salud son
ampliamente insuficientes para atender a la población afectada.
Existen 130 mil personas con insuficiencia renal en etapa termi-
nal, pero de forma general, son cinco millones de mexicanos los
que padecen enfermedades renales. Además los costos de pade-
cer una enfermedad crónica son muy altos, pues en el caso de
una insuficiencia renal terminal, el tratamiento de diálisis peri-
toneal llega a costar hasta 150 mil pesos al año sin contar gastos
de hospitalización, medicamentos o complicaciones. Lo mismo
sucede con la diabetes29.
Pero lo más grande es que la gente no sabe qué hacer ante el
problema. La gestión de la salud nos ha sido expropiada porque
nuestra relación con los alimentos y con la naturaleza en general
ha sido rota. Nosotros ya no sabemos de dónde vienen los ali-
mentos, como se producen. Tampoco sabemos qué pasa con la
basura que generamos, hacia dónde se confina, qué efectos causa
su concentración en grandes basureros, en dónde están.
Hablamos de una profunda herida en el cuerpo del sujeto so-
cial producto del desgarramiento de su relación con la naturaleza
y con los otros miembros del colectivo social.
29
Véase “Enfermedades crónicas problema de salud pública”, conferencia
impartida por José Ángel Córdova Villalobos en la Universidad de Guanajua-
to el 16 de marzo de 2011.

98
S≠S
H≠N
Que es igual a:
S≠O
Y esto es producido por la escisión
Trabajador ≠ Medios de Producción

Esta es la regla básica en el capitalismo. Ha nacido en la his-


toria bajo esta condición, pero el problema es que al capitalismo
aún no acaba de nacer. En África el 70% de la población vive
en el campo como propietario de su tierra. En Asia el porcentaje
llega al 50%. En América Latina alcanza el 25% y en México el
20%.
Hablar de capitalismo, de trabajo enajenado es hablar de la
quintaesencia de la separación del hombre con la naturaleza; y
solo se tolera la unidad entre el hombre y la naturaleza si prime-
ro se le pone a esta relación la marca de la propiedad privada.
Así es como pensamos la salud ahora. No como una relación de
interioridad y reciprocidad con aquello que funge como nuestra
condición de vida, sino como una relación de explotación en
dónde la naturaleza o el otro sujeto están ahí para saquearlos.
Y el dinero es la seudo cura que el capitalismo nos brinda.
Pensamos que con dinero nosotros podemos resarcir nuestra
relación con el medio ambiente. Esto es falso
La forma en que se alimenta cada persona es el resultado par-
ticular de una compleja interacción de factores económicos, his-
tóricos, fisiológicos, ambientales, psicológicos, culturales, indi-
viduales y sociales. El acto de comer es, en esencia, voluntario
y consciente, aunque finalmente lo regulan mecanismos fisioló-
gicos, en especial las sensaciones de hambre y la saciedad. El
hambre “avisa” al organismo que necesita reponer su provisión
de nutrimentos y la saciedad le indica que dicha provisión ha
sido debidamente satisfecha. El hambre y la saciedad son de una

99
precisión sorprendente para controlar la cantidad de alimentos
que se ingiere de manera que equivalga al requerimiento ener-
gético. Pero la alimentación da lugar a la cocina. Cocinar repre-
senta formas precisas y concretas de administrar lo doméstico lo
íntimo, que no lo privado, pues podemos cocinar para nosotros
y/o para los otros.
Hervir los alimentos implica todo un espacio y un tiempo de
cuidados, atención y preparación centrados en el trabajo de la
mujer. Asar la carne, en contraposición, implica una gestión del
fuego que es frecuentemente una operación masculina muy sim-
ple y directa, de dominio inmediato sobre las fuerzas naturales.
Cuando se usa una olla se piensa en el ahorro, en la conservación
y en recuperar los nutrientes del alimento que quedan en el agua
en la que hierven. Requiere de una olla –o sea de una manufac-
tura, de un producto cultural.
El uso del fuego y las demás prácticas de cocina transforman
los alimentos, mejorándolos desde la perspectiva de las necesi-
dades humanas, el resultado es la obtención de productos más
seguros y saludables. Quizá el uso del fuego en la preparación de
los alimentos tuvo como objetivo en un inicio hacer la comida
más sabrosa y más higiénica. Por lo tanto, la preocupación por
la dieta y la nutrición, algo distinto a saciar el hambre –que des-
pués se convirtieron en disciplinas científicas-, no comenzaron
como parte de la ciencia médica, sino en la cocina.
La gestión de la salud pública comienza por la recuperación
del espacio doméstico y –dentro de él- de la recuperación de la
cocina. El mismo conocimiento hipocrático reconoce el mismo
vínculo: “que tu alimento sea tu medicina; que tu medicina sea
tu alimento”, expresando una medicina preventiva y curativa.
Si bien la dinámica actual que el capitalismo nos impone hoy
obstaculiza esta gestión es necesario desarrollar formas de orga-
nización familiar, barrial, educativas, institucionales para poder
recuperar y defender este espacio y dimensión de vida.
Mismo camino podrían seguir la lucha en contra de las otras
crisis sociales, económicas y ecológicas mencionadas anterior-
mente: la defensa de los espacios colectivos/públicos.

100
LA MEDICINA SOCIAL Y LA SALUD COLECTIVA
DESDE LA EXPERIENCIA DE TRABAJO EN SALUD
EN CHIAPAS.
A la memoria de Edmundo Granda…
..nuestro compañero de lucha y maestro.

Gpe. Alejandrina Cabrera Muñoz


Jesús Santiago Reza Casahonda
Joel Heredia Cuevas

INTRODUCCION
A nombre de ALAMES queremos agradecer la invitación a par-
ticipar al XV Congreso Nacional y X Congreso Científico Gra-
mal en donde la corriente de la Medicina Social será el tema de
reunión.
Esta presentación realizará un recorrido de varios momentos
para relatarles el por qué fue posible y sigue siendo, crear nue-
vas prácticas en salud en contextos sociales de poblaciones o
colectividades en donde se conjuntan grandes contradicciones,
expresadas en desigualdades e inequidades en salud, pero que
como pueblos luchan día a día por proteger la vida y conservar
el sentido de comunidad del “buen vivir” de los autonombrados
pueblos originarios de Chiapas, los pueblos mayas.
1. Para realizar estas afirmaciones se habrá de buscar en el
pensamiento crítico en salud latinoamericano tejido a lo largo
de casi 30 años en el continente y una de sus expresiones es la
Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES).
“Quien es una asociación que une a personas e instituciones
ubicadas en diferentes ámbitos: academia, movimientos socia-
les, políticas y servicios de salud, investigación; que dirige su
atención a la producción de conocimientos en el campo, pero
que a su vez tiene una definida intencionalidad política y que
obra como engarce solidario entre sus miembros”
* Mtra. Alejandrina Cabrera Muñoz. Maestra en Salud Pública. Profesora de
Metodos de investigación de la Escuela Superior de Medicina del IPN.

101
2. El relato tendrá momentos de tejido de ideas tratando de
explicar los hechos que conformaron la plataforma de salud co-
munitaria que se formó a lo largo de casi 30 años en el Estado
de Chiapas y para ello el pensamiento médico social y colecti-
vista ofrece herramientas de análisis para explicar los hechos de
producción de salud desde las poblaciones al mismo tiempo que
estas experiencias contribuyeron a ampliar el campo de conoci-
miento de la medicina social y la salud colectiva a través de las
diversidad interdisciplinaria que las componen .
3. Por último colocaré algunos puntos que se están trabajan-
do aún en la plataforma de salud comunitaria y los elementos
analíticos que de esta experiencia se desprenden para seguir en-
riqueciendo las bases teóricas del pensamiento médico social.
Con este trabajo quiero demostrar que la elaboración de las ideas
críticas en salud son posibles a la luz de una práctica social,
de un contexto específico y principalmente colocando la mirada
desde los sujetos sociales como protagonistas de la producción
de salud y generación de conocimientos.

1. Un poco de historia y algunas claves del pensamiento crítico


en salud.
Es probable que para alguno/as de ustedes las palabra medi-
cina social (MS)sea nueva o poca usada en su práctica profe-
sional o que hubiera sido incluida en alguna materia en su for-
mación médica como sociología medica ó antropología médica
; es común que en las curriculas de formación de las médicas en
América Latina esta definición se nombre sin contexto y como
una información funcional, si es que existe, ya que predomina la
corriente de pensamiento médico hegemónico en la formación
del personal de salud en los diversos ámbitos de competencia
tanto clínicos o individuales como poblacionales o colectivos;
basan la explicación de los problemas de salud explicando los
hechos sociales de salud a través de la biología , por eso es que
se ha llamado modelo biomédico y otros le dicen biologisista.

102
Primero empezaré colocando algunas claves que identifican
el pensamiento crítico en salud inmerso en la medicina social y
la salud colectiva a través de un poco de historia del concepto,
los rasgos que lo distinguen de la salud pública moderna o medi-
cina preventiva u otros campos, cuyo objeto de trabajo también
es la salud/enfermedad de las poblaciones . Estas claves como
herramientas de análisis de un contexto social como el que abor-
daremos a mediados de esta exposición.
Este pensamiento nace o resurge en momentos de agudo su-
frimiento humano, el concepto de Medicina Social se empieza a
nombrar en diversos países de Europa de manera simultánea en
el año 1848 .La razón es la misma que ahora, a propósito de una
de las primeras crisis del capitalismo de entonces. En ese año, en
ese continente surgieron grandes movimientos revolucionarios
que cuestionaron el orden general de la sociedad y el deseo de
transformación de la misma y desde la práctica algunos médicos
que se sumaron a esta crítica como el patólogo Rudolf Virchow
en Alemania, o Inglaterra con William Farr y dieron cuenta de
los estragos que la economía capitalista hacía en la vida y la
muerte de las nuevas ciudades industriales de Europa.
Según nos cuenta uno de los fundadores de ALAMES el mé-
dico ecuatoriano Juan Cesar García “En ese entonces el concep-
to de medicina social, a pesar de ser utilizado de manera ambi-
gua, trataba de señalar que la enfermedad estaba relacionada con
los “problemas sociales” y que el Estado debería de intervenir
activamente en la solución de los problemas de salud…… Su
uso siempre tiene un carácter combativo, apoyando principios
fundamentales de la revoluciones de 1848”.
Los aportes de los médicos de este tiempo se resumían en cua-
tro puntos pues consideraban que: a) existía la naturaleza social
de la enfermedad, b) la responsabilidad del Estado en la solución
de la misma; c) la posibilidad de ser analizada cuantitativamente
y d) el carácter combativo y revolucionario de la propuesta.

103
En nuestro continente, a mediados de los 50s y 60s del siglo
XX se iniciaron serios debates de los alcances de la salud públi-
ca y medicina preventiva buscando responder teórica y metodo-
lógicamente a los rápidos cambios en las estructuras económicas
de los países y sus efectos en la salud de las poblaciones, forjan-
do el concepto latinoamericano de medicina social a través de
un modelo que reunió entonces las siguientes características:
• Centrarse en el análisis del cambio
• Investigar la realidad en términos de sus contradicciones
internas
• Permitir el análisis tanto de niveles específicos de la rea-
lidad como de niveles estructurales y las relaciones entre
ellos.
Con las características anteriores la MS se diferenciaba del
funcionalismo de las ciencias sociales que hasta estos tiempos
alimenta la salud pública moderna y la medicina preventiva y la
promoción de la salud predominante.
Los médicos sociales de entonces se adscribieron al marxis-
mo porque decían que esta corriente crítica de pensamiento “po-
sibilitaba el conocer objetivamente la esencia de los objetos del
mundo exterior…. daba primacía a la relaciones de producción
y ve que el compromiso político con el cambio debería ser asu-
mido por el método histórico-estructural”.
Más tarde desde Brasil en los 80´s los médicos sociales que
se asumen como colectivistas proponen analizar y explicar “lo
colectivo” en sus manifestaciones histórico-concretas…como
objeto de análisis y campo de intervención y colocan una cla-
ve central al abandonar a los individuos únicamente biológicos
instantáneos sin relaciones sociales, y mirar los hechos desde
los sujetos sociales, desde su perspectiva histórica.
Desde la Salud Colectiva (SC) de Brasil se propone no solo
reconocer los procesos salud enfermedad sino todas las prácti-
cas en salud médicas y no médicas de una sociedad, que ayudan
a promover la salud y producir y cuidar la vida.

104
A mediados de los 80´s el campo de la MS y SC continua-
ba en constantes transformaciones y renovaciones teóricas que
exigían los cambios sociales de los países latinoamericanos. La
Región salía de un periodo de dictaduras de Estado en diversos
países, se experimentaba la democracia desde diversos puntos
de vista, el campo se nutrió de diversas corrientes que buscaban
abordar los proceso de enajenación que anulaban al sujeto so-
cial ;por ejemplo dieron la batalla de las ideas desmarcándose
de la salud mental y entendiendo al sujeto en su intimidad donde
se interioriza , a través del sistema de símbolos y significados
la cultura, en el territorio de la subjetividad se podría entender
el sufrimiento humano y también la posibilidad o capacidad de
emancipación del sujeto
Otros aportaron al campo, las ideas de Ivan Illich quien rei-
vindicaba “la capacidad autónoma de lidiar, como una capaci-
dad del “hacer” con AUTONOMIA. Se reconocía la creatividad
espontánea del ser humano socializado que es siempre capaz de
inventar formas de vivir mejor”. Este aporte duró poco en el
discurso teórico latinoamericano en los 80 y 90, y se ha vuelto a
retomar en estas épocas.
Desde Argentina con Juan Samaja, Mario Testa y otros, Bra-
sil con Gasta Wagner y Ayres y Ecuador con Edmundo Gran-
da aportaron tres claves importantes debido a la urgencia de las
prácticas en salud de la gestión pública, ya que se requerían un
diseño de políticas de salud diferentes que buscaran no sólo el
“éxito técnico sino el logro practico” es decir no solo reducir la
enfermedad (enfermologìa) sino producir salud, vida, humani-
dad. Se requería diseñar políticas para un cambio de horizontes
que tocaran:
• La discusión del ejercicio del poder a través de otras
formas de ver la planeación estrategia, pensando siempre en
salud y no sólo en la enfermedad, pensando en el control
social desde las poblaciones hacia las instituciones.
• Para ellos en MS y SC l@s trabajador@s de la salud
debían tener un papel protagónico en la producción de salud
y representar uno de los símbolos solidarios del Estado, esto

105
exigía renunciar a la formación e imagen técnico-político e
interventora del representante de un Estado que vé la salud
pública como uno un territorio más de control social hacia
las poblaciones ,y en ocasiones en contra de las poblaciones
o colectividades (ver ej. sexualidad-VIH homosexualidad)
y pasar a recuperar en el espacio creativo del trabajo, su ser
sujeto convirtiendo su quehacer en interprete mediador de
la realidad entre los poderes de la ciencia, de la sociedad y
las lecturas cotidianas de las afectaciones económicas. Es
decir entre el conocimiento y la práctica social.
Son los contextos económicos y sociales de los países y sus
repercusiones en las colectividades los que renuevan constante-
mente el andamiaje teórico y explicativo del campo de la medi-
cina social. En él se asoman las diversas contradicciones y ten-
dencias que las propias ciencias sociales fueron viviendo, aún
las corrientes críticas materialistas.
No nos extenderemos más en todos los aportes teóricos que
acogió las MS y SC de otras disciplinas, solo nombraré aquellas
claves que necesitamos conocer del campo para mostrar la expe-
riencia de salud en Chiapas.
Como varios sabemos, desde los años 80`s en América Lati-
na se realizaron diversos virajes de 180`^ en la dirección, de-
sarrollo, e inversión de los sistemas de salud, resultado de las
medidas de ajuste económico estructural aplicados en todos los
países de la región.
Este cambio coyuntural permitió que se enriqueciera el cam-
po teórico metodológico del pensamiento médico social y colec-
tivista con otras prácticas. En la década de los 90, desde la aca-
demia se produjo en casi todos los países, herramientas teóricas
y metodológicas para descifrar la nueva emergencia en:

• La polarización epidemiológica,
• en el campo de las políticas,
• su repercusiones en los sistemas de atención,

106
• las transformaciones de las formas de sostenimiento eco-
nómico de los sistemas, cuya sentido principal ha sido desde
entonces avanzar en la mercantilización de la enfermedad, pro-
duciendo así nuevas formas de acumulación de riqueza y como
mecanismo constante, privatizando los servicios de atención in-
dividual; de esta manera quedaba cancelada y anulada la ruta de
alcanzar sistemas de salud universales, y solidarios a excepción
de algunos países.

2. LA FORMACION DE LA PLATAFORMA COMUNITARIA


EN SALUD EN CHIAPAS.

2.1 Chiapas datos generales.


Para comprender porque en Chiapas fue posible construir en
30 años una plataforma de salud comunitaria desde los pueblos
se requiere ver algunos datos que nos hablan del sujeto social
al que antes nos referimos teóricamente un sujeto histórico-
social.
México cuenta con 105 millones de habitantes, de esta po-
blación los pueblos originarios representan un poco más de 10
millones y de estos 10 millones alrededor de 900 mil personas
se consideran indígenas, podemos decir que de cada 10 mexica-
nos uno es indígena y de cada 10 indígenas uno es chiapaneco.
De los 2.5 millones de habitantes en el estado, más de 900 000
son mayas. En el último censo que reclasificó la condición de
indígena /no indígena el porcentaje de la población maya subió
al 60%.
En Chiapas se hablan 14 lenguas diferentes, solo dos no son
de origen maya .Cuando se habla entre diferente pueblos origi-
narios no se habla “los otros indígenas” sino se nombra su len-
gua por ejemplo, el pueblo tzeltal, pueblo tzotzil, chöl, pueblo
tojolabal, pueblo zoque, pueblo mam, pueblo kanjobal, pueblo
jacalteco, pueblo cakchiquel, pueblo quiché y mochó, entonces
podemos decir que habitan 14 pueblos originarios

107
El pueblo maya ocupa gran parte del sureste del país junto
con Guatemala, Honduras y el Salvador y representan 25 pue-
blos originarios ( Jan de Vos). Este dato nos obliga a repensar la
manera de delimitar el área geográfica y nombrarlo como “te-
rritorio” en la medida en que los sujetos que hacen habitable la
región lo logran con su cultura, con su organización social, con
su cohesión identitaria.
Esta es una primera clave con la que podemos leer y expli-
carnos quienes son los que forman la actual plataforma de salud
comunitaria, a diferencia de la salud pública donde se delimita
geográficamente a la población en base a los criterios adminis-
trativos y demográficos de los estados federales.
Otro elemento clave del sujeto histórico social es el recorri-
do económico de la mayoría de la población chiapaneca. México
tuvo una Revolución Mexicana en 1910 que pretendió cambiar
las relaciones sociales y regular la propiedad privada como p.e.
la tenencia de la tierra, y con satisfacer las necesidades, de ma-
nera progresiva, construyendo lentamente los que ahora en es-
tos tiempos desde 1985 se llamaba ciudadanía.
En Chiapas este imaginario de Estado no llegó sino hasta los
años 70`s. Hasta entonces se continuaban con formas de explo-
tación en el trabajo a través de salarios miserables bajo la figura
de peones acasillados, despojo histórico de las tierra a los pue-
blos originarios y modelo de fincas o latifundios como forma
económica básica. Desde los 40 hasta los 70 existieron grandes
tensiones por la lucha por la tierra. Una de las primeras medidas
de gobierno fue la distribución de tierra en la selva chiapaneca,
desde 1950 hasta los 80´s encontraron en el monocultivo del
café una de las principales formas de subsistencia económica.
Las relaciones económicas estaban marcadas por el racismo
y la discriminación por clase y por etnia, y se manifestaba desde
las políticas de gobierno y en las relaciones económicas de todo
tipo. El racismo sigue estando naturalizado en la sociedad chia-
paneca como un rasgo colonial constante hasta la fecha, pero
ahora fuertemente cuestionado por los pueblos.

108
Otro elemento importante es la riqueza natural de Chiapas en
petróleo (en las zonas de la selva), agua, electricidad, biodiver-
sidad, y minerales. Así como su ubicación geopolítica de fron-
tera que coloca al estado dentro de los proyectos estratégicos de
anexión con Centroamérica implementados desde hace 15 años
desde el gobierno mexicano.
La composición económica marcó la forma en que las des-
igualdades sociales se manifestaron p.e. en salud un dato an-
tiguo, pero relevante fue que para 1995 el estado chiapaneco
apenas estaba alcanzando los 70 años de esperanza de vida que
el país en su conjunto alcanzó en 1980; es decir que había un re-
traso de 15 años. Al interior del estado la esperanza de vida de la
población indígena es casi 25 años menos que la no indígena.
La brecha de la mortalidad infantil es también grande
que es de 44% menores de año contra 28.3% para el país y
para el estado de Nuevo León es de 14.3%. En mortalidad
materna………………
Para una población actual de 105 millones alrededor de 57
millones no tienen acceso a instituciones de seguridad social y
en el estado de Chiapas la cobertura de servicios de atención a la
salud es del 40% teniendo regiones que solo alcanzan el 17%.
El desarrollo del Sistema de Salud en Chiapas históricamen-
te ha tenido diferencias con el resto del país. Durante los años
50^60^s el Instituto Nacional Indigenista (INI) y las institucio-
nes de salud orientaban sus acciones al control de enfermedades
transmisibles mientras que a nivel nacional se promovían pro-
gramas para la atención materno infantil.
Desde 1966 a nivel nacional se desarrollaron programas de
extensión de cobertura (PAC) para otorgar servicios básicos de
salud de primer nivel para población de alta y muy alta margi-
nalidad. Este tipo de programas fue apoyado discursivamente
en el estado chiapaneco desde los años 80¨s cuando se introdu-
jo la estrategia de Atención Primaria a la Salud (APS)*Uno de
los problemas que continúan desde entonces hasta ahora es que
los recursos económicos en este nivel de atención son limitados

109
para el cumplimiento de los objetivos, hasta estos días represen-
tan el .22% del gasto total social y el 2.05% del gasto social en
salud del estado.
Desde 1988 cambia la política de salud a nivel nacional con
programas de focalización de la pobreza con diversos nombres.
Actualmente el programa que focaliza las acciones llamado
Oportunidades “pretende garantizar mejores condiciones para
las familias que viven en pobreza extrema a través de ayuda
monetaria para acciones de educación, salud y alimentación.” y
el Seguro Popular.
Por otro lado como casi todos los países latinoamericanos,
México firmó las Metas del Milenio en 1999 que incluye com-
promisos como igualdad de género, reducción de la mortalidad
infantil, mortalidad materna, combate al SIDA, TB etc. Sin em-
bargo para Chiapas representa doble reto ya que ocupa los pri-
mero lugares nacionales en estos rubros. Y como dicen algunos
médicos que en el 2005 denunciaron su situación de trabajo
”…un enfermo de tuberculosis tiene que esperar varios
meses para inicial el tratamiento porque no hay medicinas
y los resultados de la detección de cáncer cervico/uterino
se entregan en seis meses porque las pruebas se tienen que
hacer fuera del estado….” También denunciaron que de
los 29 hospitales en el estado, al menos 8 no están traba-
jando como resultado de las limitaciones en equipamiento
y recursos humanos”.
Desde el 2003 entró en vigencia la Ley de Protección Finan-
ciera a la salud que representa la estrategia de aseguramiento y
la conversión del derecho a la salud en un servicio comprable.
En Chiapas su implementación ha sido mínima, es decir el ase-
guramiento por familia sin embargo para el gobierno represento
recursos para el fortalecimiento de la infraestructura hospitala-
ria. Derivado de esta política sirvió para construir dos hospitales
de alta especialidad, los cuales operan de manera insuficiente.

110
Hemos querido resumir los rasgos principales del contexto
Chiapaneco, su territorio, los hechos históricos que lo hace sin-
gular, la situación económica, la situación de enfermedad de las
colectividades, y las debilidades de los programas de gobierno
en el campo salud; con la finalidad de contextualizar la forma-
ción de la plataforma comunitaria en salud en el estado
Ahora pasaremos a revisar el procesos de conformación de la
plataforma comunitaria en salud a través de dividirlo en cuatro
momentos. Cada momento corresponde a hechos del sociopolí-
tico del estado que fueron marcando la ruta y dirección del tra-
bajo organizativo; así como las políticas de salud implementadas
desde el gobierno. Y por supuesto la respuesta de los sujetos.

1°. Momento
Generalmente cuando hablamos de una situación particular
de una población, desde la salud pública los hacemos en nuestra
carácter técnico-político-normativo- interventor y representante
de las políticas del Estado; por tanto hablamos desde el quehacer
del gobierno, pero en este caso para hablar de la plataforma co-
munitaria habrá que marcar el hecho más significativo desde los
sujetos sociales que lo conforman, me refiero al Congreso Indí-
gena “Fray Bartolomé de las Casas” realizado en 1974 que contó
con la presencia del gobernador. Era la primera vez que existía
una comunicación directa con las autoridades, planteando los
problemas de tierra, comercio, educación y salud.
En ese espacio se expresó la insuficiencia de los médicos, el
maltrato y la discriminación, la falta de reconociendo a los sabe-
res curativos que poseían como pueblos los representantes de los
pueblos tzeltal, tzolzil, cho ´les, tojolabales decían:
“que no les inculquen prejuicios a los médicos contra la
medicina indígena, que le oriente (a la gente) en higiene
y medicina preventiva para que se acabe el miedo…”, de-
mandaba les respetaran, comités de salud en las comuni-
dades, médicos y enfermeras que hablaran la lengua “que
nos traten como la gente”, que se conociera la medicina
tradicional con investigaciones.

111
El Congreso se dio en un momento de grandes tensiones de
lucha por las tierras en el estado. Como respuesta de gobierno
fueron reprimidos la mayoría de los representantes de los pue-
blos originarios que asistieron, otros asimilados en las nuevas
estructuras indigenistas de gobierno y otros iniciaron las organi-
zaciones campesinas independientes, en donde salud fue siem-
pre un punto de su agenda.
Por otra parte la iglesia católica, que también participó y or-
ganizó el Congreso Indígena asumió como suyos los acuerdos
del congreso e inició un trabajo de pastoral social intensivo y
creó una fuerte de estructura religiosa que permitió la formación
de personal en salud comunitaria a lo largo de casi 20 años.
Otro proceso que influyó fuertemente en la creación de la
plataforma comunitaria fue el conflicto armado en Guatemala
a mediado de los 80´s y el refugio que ofreció México a las po-
blaciones guatemaltecas desplazadas, ubicándolas en la frontera
sur del país. Los refugiados también eran mayas, e iniciaron un
proceso organizativo en salud e intercambiaron experiencias de
todo tipo con otros programas comunitarias campesinas de las
regiones del estado.
De 1974 a 1988 las respuestas estatales fueron mínimas, a
nivel federal por medio del INI y bajo la estrategia de la APS
como forma de extensión de cobertura, se inició la formación de
promotores de salud, la vinculación con el personal de salud de
la mínima a través de casas de salud...
Cuatro fueron los procesos que confluyeron para el inicio de
la plataforma comunitaria en salud. Eran modelos diferentes de
atención, pero coincidían en el propósito de extender la cobertu-
ra de los servicios de primer contacto. Sólo curativos y preven-
tivos básicos con inversión mínima. Desde la MS y SC este tipo
de proyectos fueron criticados fuertemente por representar un
desarrollismo que suplía las responsabilidades del Estado. Los
médicos sociales de entonces olvidaron que quienes implemen-
taban las acciones eran sujetos sociales e históricos, quienes to-
maban la mayoría de las iniciativas y que el contexto de lucha
por la tierra les colocaba en una situación de poder diferente.

112
El promedio de capacitación y seguimiento al personal co-
munitario era de aproximadamente tres años. Tiempo suficiente
para realizar acciones curativas en las comunidades, desarrollar
experiencia, descubrir los talentos del cuidado humano, indivi-
dual y colectivo y crear un nuevo espacio de servicio comunal
además de los/as médicos tradicionales. La diferencia es que
lo comités de salud y los promotores de salud eran elegidos en
asambleas y se consideraba como un servicio dentro del espacio
de comunalidad que hace vivir a los pueblo originarios cotidia-
namente.

2º. Momento
La propuesta se extendió a las demás regiones de estado por
diferentes vías ahora en zonas campesinas/mestizas, pero gol-
peadas por la crisis de los precios agrícolas producto del cambio
del modelo al campo de 1985 a 1994. Desaparece la figura de
ejido*, ya se podía vender la tierra, pero sin buenos precios las
poblaciones iniciaron la migración hacia EU. (primer éxodo) y
empieza el abandono del campo. Continuaba la política de salud
sin posibilidades de extensión de cobertura reales.
Los programas de salud comunitaria en su mayoría entran a
una etapa de financiamiento por organismos internacionales, con
políticas desarrollistas claras de y de sustitución de las respon-
sabilidades del Estado. Las necesidades de capacitación se ex-
tienden con diversas necesidades de atención e incluyendo gran
variedad de terapéuticas; también nacen nuevas de organización
de los programas comunitarios como la formación de personal
para la renovación de la plataforma, así como nuevos retos para
la planeación, programación, seguimiento, evaluación, de los
programas comunitarios.
Esta segunda etapa fortaleció a los representantes del área de
salud como sujetos políticos; pues la organización comunitaria
empezaba a tener visibilidad a nivel de las regiones y reque-
ría un entrenamiento para la toma de decisiones colectivas, que
avalara las acciones de los representantes. Las organizaciones
comunitarias o programas tenían entre sus miembros un número

113
que oscilaba desde 50 hasta 400 promotores de salud. La ten-
dencia desde las organizaciones financieras y algunas ONGS era
que estos procesos se sumaran a aquellos espacios de repre-
sentación y dialogo con las instituciones del estado. Desde las
comunidades esta apuesta no existía ya que tenían acumulada
buena parte de la historia en esta relación con el gobierno con
pocos resultados.

3°. Momento.
Previo a levantamiento zapatista la tensión sobre la tierra era
mayor, pues en los 10 años anteriores la luchas por ella se habían
resuelto con la redistribución de selva antes conservada, pero
esta medida llegó a su fin , no había más tierra que distribuir lo
único posible era la expropiación de latifundios.
Por otro lado, el estado retira los subsidios a los campesi-
nos de mediana producción y de apoyo al café. Se introduce la
agroindustria a la que pocos que tienen acceso como la señal
de la integración a la economía global por medio del Tratado
de Libre Comercio. Dejando sin opciones al grupo mayoritario
campesino como bien lo narra un dirigente campesino y promo-
tor de salud de la región del centro de Chiapas ahora dirigente
de salud:
“…hablar de salud es muy amplio, ahora lo que tenemos
que hacer es buscar soluciones, buscar los acuerdos con
las distintas comunidades, organizaciones, regiones, par-
tidos políticos ,con la gente que lo necesita, un sistema
de salud adecuado…todo eso necesitamos que lo vayamos
trabajando, si queremos tener un sistema de salud que co-
rresponda a las necesidad del pueblo…..Nunca hemos te-
nido apoyo del gobierno por eso en alguna vez analizamos
que la lucha del zapatismo (es porque) ya no había forma
de cómo reclamarle…..”
La experiencia acumulada de más de 15 años en la formación
de promotores de salud en la mayoría de las regiones del estado
y el contexto de lucha social que surgía permitió la reagrupación
de casi todas las organizaciones comunitarias en salud que antes

114
realizaban acciones de atención de primer contacto , reproduc-
ción de la propia plataforma de promotores con acciones de edu-
cación y capacitación continua, en algunas regiones ya existían
campesinos dedicados a la organización en salud con acciones
de planeación, coordinación, instrumentación de proyectos de
salud formados en el momento anterior.
En fin se reunió toda tipo de talentos humanos campesinos/
indígenas que dieron posibilidad de instalar un sistema de sa-
lud comunitario sostenido por las comunidades, estuvieran en
resistencia o no. En ese momento se trataba de dar respuesta a
las necesidades de atención médica inmediata ante la inminen-
te situación de un conflicto armado de alta intensidad, el cual
se detuvo quedando solo en acciones de hostigamiento de baja
intensidad que continúan hasta la fecha.

4°. Momento
Desde 1994 a la fecha, el movimiento zapatista ha ido colocando
un proyecto político alternativo llamado los “Caracoles “que
representan el proyecto político administrativo de otra forma de
gobernar “MANDAR-OBEDECIENDO” y esto también tiene
que ver con las prácticas en salud de las regiones autónomas
Muy lentamente se ha ido conformado el proyecto de salud
desde los municipios autónomos *(explicar que es un municipio
autónomo que es autonomía). Cuya composición contempla un
plan a largo plazo de un sistema de salud autónomo cuyo sentido
principal sea la vida, reconozca y no subsuma otras formas de
producir salud, recupere los diversos saberes que han sostenido
la vida de los pueblos. Se instale en una lógica que busca el
“buen vivir” y cuestiona el desarrollo a la modernidad con el
slogan de “un vida mejor” que tiene una difícil congruencia
de paz, justicia, democracia, desarrollo, pensamiento científico,
etc. Y que en el caso de los pueblos originarios de Chiapas y los
campesinos pobres sin tierra solo han significado discursos de
procesos continuos de despojo, discriminación y racismo.

115
Dentro de esta lógica de búsqueda en el proyecto político
zapatista confluyen muchas luchas independientes que se van
encontrando dentro del estado de Chiapas, a nivel nacional e
internacional sean de los pueblos originarios o de otros lugares
del mundo, sean de los campesinos sin tierra, de l lucha de las
mujeres, l@s trabajador@s, de las luchas contra todas formas
de discriminación sean por orientaciones sexuales, de los mi-
grantes, de los ecologistas, etc. Este constante intercambio que
de manera cotidiana se realiza entre los movimientos sociales,
básicamente en América Latina; forma parte del enriquecimien-
to de la propuesta en salud que se está llevando a cabo actual-
mente.

3. EL APRENDIZAJE DE LA MEDICINA SOCIAL Y SALUD


COLECTIVA DESDE LA EXPERIENCIA DE CHIAPAS.
Coinciden los dos procesos de producción de conocimiento
latinoamericano al mismo tiempo del desarrollo de la plataforma
comunitaria de salud chiapaneca y nos preguntamos ¿en donde
estuvieron los vínculos o puentes entre estos procesos de pro-
ducción de conocimiento y el de creación de poder en una plata-
forma comunitaria de salud? Existen muchas respuestas a esta
pregunta solo tocaremos algunas:
• La clave que unió a los procesos organizativos comunitarios
fue que reconocían que los problemas de salud estaban rela-
cionados con los problemas sociales. Este es el lazo principal
del concepto de la medicina social
• Reconocer que los procesos partieron de la capacidad de los
sujetos por ejercer su autonomía, como decía Illich “que es
siempre capaz de inventar una vida mejor”.
• La búsqueda de la autonomía es un proceso social y colectivo,
no parte o depende de la voluntad individual (ni de un líder
espontáneo), lo determina en gran medida la ubicación eco-
nómica de los sujetos y la historia colectiva.

116
• Por tanto si los sujetos son sociales e históricos, capaces y
tienden a la autonomía, las prácticas en salud, aún las más
sencillas y modestas realizan en el sujeto que las ejecuta un
ejercicio continuo de poder, que en un contexto de comunali-
dad, mes un poder colectivo.
• El ejercicio del poder está relacionado con el conocimiento
y el saber, por eso es muy importante el cuestionamiento del
papel de trabajador de la salud como un mediador e intérprete
capaz de realizar el vínculos entre la ciencia, los otros saberes
de los pueblos y la práctica social.
• En el recorrido de los 30 años de la conformación de la plata-
forma comunitaria en salud el instrumento de vinculación de
conocimiento fue la ciencia, como la razón más importante.
Sin embargo esta afirmación impidió escuchar otras formas
de producir salud. Aún a los técnicos de salud, médicos, en-
fermeras, promotores, más comprometidos con las comuni-
dades.
Los vínculos o puentes que faltan por tender entre el pensa-
miento medico social- colectivista y este tipo de procesos socia-
les inmersos en un gran movimiento social podrían ser:
• Se requiere que la Medicina Social y la Salud Colectiva se
sume al cuestionamiento crítico latinoamericano del eurocen-
trismo a través de las promesas de la modernidad instalada
en nuestro continente desde hace 500 años. El eurocentrismo
basado en un ideal de hombre (ojo masculino, joven fuerte
y blanco) en un humanismo universal que elimina todas las
formas de ser humano en el planeta. Solo una forma de ser,
aspirar a ser un consumidor potente, esa es la propuesta de la
modernidad y en esa aventura much@s dejan la vida.
• Movimientos sociales como el que describo ahora nos ense-
ñan a vernos como parte del mundo, no como el centro del
mundo .De ahí se marca otra lógica de vivir, otro “modo de
andar por la vida” o como decimos en MS otro “modo de
vida” que lo es lo mismo que el estilo de vida.

117
• Una relación no depredadora de la naturaleza, que actualmen-
te amenaza la vida. Este es el tipo de retos que la medicina
social debe repensar y aportar teórica y metodológicamente.
• En MS y SC se ha avanzado mucho en documentar cómo
los procesos de explotación y despojo afectan la vida de las
colectividades. Ahora el pensamiento medico social tiene el
reto de buscar como realizar prácticas diferentes o en contra-
sentido.
• Se ha documentado desde MS todas las formas posibles de
ejercicio de poder, desde la subjetividad de los cuerpos, hasta
las formas de poder desde los Estados de todo tipo. Lo que
enseñan estos procesos como el de Chiapas a los campos de
conocimiento como la MS es cómo construir otras formas de
poder colectivo.
• Por último otro reto que la MS debe aprender de estos movi-
mientos es estrechar un gran puente intercultural. La historia
antes narrada desde los sujetos que la hicieron posible nos in-
vita a preguntarnos ¿Por qué si existieron políticas de control
social a través del campo de la salud y de inclusión de valores
de la modernidad como el desarrollo, la paz, la justicia, etc.
desde diversos instituciones como el gobierno – limitado y
a veces hostigador-la iglesia, las ONG, las agencias financie-
ras, dieron fruto en sentido contrario? es decir en el sentido
de emancipación y autonomía : No caminaron en el rumbo de
Gastao Wagner y los brasileños habían marcado tratando que
las colectividades controlaran a las instituciones. ¿Por qué
van en otro sentido?
• Consideramos que la enseñanza fundamental de esta propues-
ta está en el campo de la interculturalidad, en esos puen-
tes que debemos de construir entre las culturas, sin perder el
aporte fundamental que dio la medicina social al campo de la
salud como es la ubicación de tipo de sistema económico en
que vivimos. Reconocer también que existen otras formas de
conocer el mundo y darse en él, con las siguientes claves:

118
+ Ver el tiempo entre las culturas
+ Ver que nos relacionamos con la naturaleza de otra ma-
nera.
+ Ver que el reconocimiento de las diferencia entre hom-
bres y mujeres, grupos etéreos, puede ser posible en una
situación de iguales.
+ Ver tan importante la vida y la cultura local como la
nacional y global
+ Ver todas las formas de saberes y producción de conoci-
miento que resuelvan los problemas de la humanidad.
Con esto queremos terminar la participación, invitarles a ver
con otros lentes su trabajo como médicos y medicas, a reconocer
que existe una gran potencialidad de trabajo creativo en nues-
tro día a día, si es que consideran que su papel es de mediador
e intérprete entre la realidad social donde se desempeñan y la
ciencia.
Invitarles a ver que su relación con las poblaciones es una
relación social con una colectividad que tiene capacidades re-
sultado de su historia. Que en ese espacio intimo de la consulta
médica, de la acción educativa se dibuja una relación mayor a la
que ustedes pueden alanzar a ver en un solo acto médico.
Para terminar quisiéramos comentarles que es para nosotros
muy emocionante venir a la tierra de un medico social muy im-
portante que fue contemporáneo de otro cubano también médi-
co, pero que ambos tuvieron una práctica social comprometida
que nos recuerda lo que dice Foucault que la medicina es social,
que no existe una medicina no social, y ello dieron cuenta en
Dr. Salvador Allende y Dr. Ernesto Che Guevara, para que no lo
olvidemos.
Compañeras y compañeros, para ALAMES la salud es un
derecho no una mercancía.
RECIBAN DE ALAMES UN FRATERNO Y SORORAL
SALUDO
MUCHAS GRACIAS

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BIBLIOGRAFÍA

1. (García Juan César. Pensamiento Social en salud en América


latina, México: McGraw-Hill-OPS/OMS, 1994)

*En la Conferencia de Alma Ata (OMS_UNICEF, 198), la aten-


ción básica en salud se define como:” la asistencia básica basa-
da en métodos y prácticas tecnológicas, científicas y socialmente
aceptables garantizadas para todos los individuos y familias de
la comunidad, con su participación y con un costo que la comu-
nidad y el país puede cubrir…. con un espíritu de auto-responsa-
bilidad y autodeterminación”. Este enfoque es parte fundamen-
tal del Sistema Nacional de Salud.

Tomada del libro La medicina invisible. Introducción al estudio


de la medicina tradicional de México, Xavier Lozoya y Carlos
Zolla (Eds.), Folio Ediciones, 1983.
*Declaración tzotzil sobre salud (Documento) San Cristóbal de
las Casas, Chiapas, 197430

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Tomada del libro La medicina invisible. Introducción al estudio de la me-
dicina tradicional de México, Xavier Lozoya y Carlos Zolla (Eds.), Folio
Ediciones, 1983.

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