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Analisis Caso de la “Masacre de Mapiripán” Vs.

Colombia

Presentado por: Rosana Paola Caicedo lozano

El caso de la Masacre de Mapiripán, iniciada el 12 de julio de 1997, y fue concluida el 20


de julio de ese mismo año, esta masacre que ha sido una de las más recordadas en la
historia del conflicto de guerra en Colombia, el cual se convirtió en una violación sin
precedente a los derechos humanos.

Este caso es muy importante que nosotros los estudiantes de derecho lo conozcamos y
sepamos los verdaderos conceptos que llevaron a la Corte a fallar en contra de Colombia,
no solo por incumplimiento sino también por omisión en los lineamientos al debido
proceso, de las víctimas de la Masacre del Mapiripan Meta.

Para dar inicio a este análisis voy hacer un recuento de porque la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, interviene no en la sanción del Estado por esta masacre ocurrida en
1999, sino también por el mal proceder del mismo en cuanto a las garantías judiciales
generadas de esa época.

La demanda contra el Estado por la masacre de Mapiripán fue presentada ante la


comisión Interamericana de Derechos Humanos, el 6 de octubre de 1999 por el Colectivo
de Abogados “José Alvear Restrepo” y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional.
Dos años después, en febrero de 2001, la Comisión decidió “que el caso era admisible,
conforme a los requisitos establecidos en los artículos 46 y 47 de la Convención Americana
y en relación con la presunta violación de los artículos 4, 5, 7, 8.1, 25 y 1.1 de la misma en
perjuicio de 49 personas presuntamente ejecutadas en la localidad de Mapiripán.
El 9 de marzo de 2001 la Comisión pone a disposición de las partes la posibilidad de buscar
una solución amistosa, conforme a lo que la Convención Americana determina, pero
ninguna de ellas mostro interés al respecto.

Para el 2002, se presentó un riesgo inminente dirigido a los testigos del caso, por lo que la
Comisión dictó medidas cautelares a favor de Marco Tulio Bustos Ortiz, Jairo Javier Bustos
Acuña y María Esneda Bustos, y también a favor del Teniente Coronel Hernán Orozco
Castro, quien para ese tiempo se desempeñaba como comandante interino del Batallón
“Joaquín París” cuando se presentó la masacre.

El 4 de marzo de 2003 finalmente, la Comisión aprobó el Informe de fondo No. 38/03, en


el cual concluyó que:

“… la República de Colombia es responsable por la violación de los derechos a la vida,


integridad y libertad personales de las víctimas de la masacre perpetrada en Mapiripán
entre el 15 y el 20 de julio de 1997, consagrados en los artículos 4, 5 y 7 de la Convención
Americana. Asimismo, el Estado es responsable de la violación del derecho al debido
proceso y la protección judicial de las víctimas y sus familiares, previstos en los artículos 8
y 25 de la Convención Americana, así como del incumplimiento de su obligación de
asegurar el respeto de los derechos previstos en dicho Tratado” (Masacre Mapiripán,
2005).

Para logar un análisis completo de este caso voy hablar de los hechos ocurridos el 12 de
julio de 1997 varios miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) aterrizaron
en el aeropuerto de San José de Guaviare y fueron recogidos por miembros del Ejército sin
exigirles ningún tipo de control. El Ejército colombiano fue quien facilitó el transporte de
los paramilitares hasta Mapiripán.
Porque eligieron este municipio para llevar a cabo la matanza es por su privilegiada y
estratégica situación geográfica: está sobre el Río Guaviare y tiene salida al Orinoco.
Además, para esa época, las Farc se lucraban allí con la bonanza del cultivo y la raspa de
coca.

El día 15 de julio de 1997, más de cien hombres armados empiezan a rodear a Mapiripán
por vía terrestre y fluvial. Cuando llegan a Mapiripán, los paramilitares comienzan a tomar
el control del pueblo, proceden a intimidar a sus habitantes medios de comunicaciones y
oficinas públicas. Torturan y asesinan a un grupo de habitantes.

El 22 de julio de 1997, después de concluida la masacre llega la fuerza pública a Mapiripán


y con posterioridad a la llegada de los medios de comunicación, cuando ellos llegan ya los
paramilitares ya habían destruido gran parte de la evidencia física. A pesar de los recursos
interpuestos, no se realizaron mayores investigaciones ni se sancionaron a los
responsables.

La comisión Interamericana de Derechos Humanos recomienda al Estado a que realice una


investigación completa, efectiva e imparcial en la jurisdicción ordinaria, con el fin de juzgar
y sancionar a todas las personas que fueron responsables de la masacre cometida contra
un promedio de 49 víctimas en el municipio de Mapiripán, Departamento del Meta; para
logar adoptar las medidas necesarias y que por tal motivo los afectados reciban una
reparación adecuada por las violaciones cometidas por el Estado; también adoptar las
medidas necesarias para evitar que estos hechos se vuelvan a cometer, para logar la
prevención y garantía de los derechos fundamentales.

El Estado de Colombiano da como respuesta, donde afirma que lastimosamente se han


presentado casos en los que algunos miembros de las Fuerzas Armadas son los que han
colaborado a título individual con estos grupos. No sin embargo aclara que el Estado no es
quien debía responder por los actos cometidos por miembros de grupos de autodefensa o
de la narco-guerrilla, pero si el Estado respondería por la omisión de sus autoridades,
porque lo primordial es proteger a la población, no lo hicieron como debía ser.

Hasta la fecha se sabe que el Estado reconoce la participación de sus agentes en los actos
preparatorios y ejecución del violento crimen, como lo afirmo ante la Corte que, estos
hechos de ninguna manera, podrieron haber tenido lugar sin su colaboración, como la
ausencia de los esfuerzos necesarios para auxiliar a las víctimas de la violencia, el
desplazamiento y la ausencia de esfuerzos destinados a esclarecer los hechos y
determinar la responsabilidad penal de los implicados.

El 5 de septiembre de 2003, en conformidad con lo dispuesto en los artículos 50 y 61 de la


Convención Americana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sometió ante
la Corte la demanda de este caso contra el Estado de Colombia, la cual se originó en la
denuncia No. 12.250, recibida en la Secretaría de la Comisión el 6 de octubre de 1999. La
Comisión presentó la demanda en este caso con el objeto de que la Corte decidiera si el
Estado violó los artículos 4 (Derecho a la Vida), 5 (Derecho a la Integridad Personal) y 7
(Derecho a la Libertad Personal) la Comisión solicitó al Tribunal que decidiera si también el
Estado violó los artículos 8.1 (Garantías Judiciales) y 25 (Protección Judicial) de la
Convención, en relación con el artículo 1.1 (Obligación de Respetar los Derechos) del
referido tratado, en perjuicio de las presuntas víctimas de la masacre y sus familiares. Al
momento de presentar la demanda, la Comisión señaló que entre el 15 y 20 de julio de
1997, varios miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia, con la colaboración de
agentes del Estado, privaron de la libertad, torturaron y asesinaron a por lo menos 49
civiles, y luego destruyeron sus cuerpos y arrojaron los restos al río Guaviare, en el
Municipio de Mapiripán, Departamento del Meta. Igualmente, señaló que
aproximadamente 49 personas eran las presuntas víctimas, de las cuales identificó solo a
diez personas y a algunos de sus familiares. De igual modo, la Comisión solicitó a la Corte
que, de conformidad con el artículo 63.1 de la Convención, ordenara al Estado que adopte
varias medidas de reparación, así como el pago de las costas y gastos en que hayan
incurrido los familiares de las presuntas víctimas tanto a nivel nacional como
internacional.

La Corte declaró también que el Estado violó en perjuicio de quienes fueron niños y niñas
desplazados de Mapiripán los derechos de los niños consagrados en dicha disposición de
la Convención, en relación con los artículos 4, 22 y 1.1 de la misma, y en perjuicio de varias
víctimas de desplazamiento el derecho de circulación y residencia consagrado en el
artículo 22.1 de la Convención.

Por último, la Corte declaró que el Estado violó en perjuicio de los familiares de las
víctimas los derechos a las garantías judiciales y a la protección judicial consagrados en los
artículos 8 y 25 de la Convención, en relación con el artículo 1.1 de la misma.

Colombia reconoció la violación de obligaciones internacionales convencionales por los


hechos de julio de 1997 en Mapiripán, pero objetó la atribución al Estado de los actos
paramilitares que ejecutaron dicha masacre. La Corte refiere que, si los hechos que
ocurrieron el 15 y el 20 de julio de 1997 en Mapiripán fueron por miembros de grupos
paramilitares, la preparación y ejecución de la masacre no habría podido perpetrarse sin la
colaboración, manifestadas en varias acciones y omisiones, de miembros de las Fuerzas
Armadas del Estado, inclusive de altos funcionarios. No existen pruebas documentales
ante este Tribunal que demuestren que el Estado dirigiera directamente la ejecución de la
masacre o que existiese una relación de dependencia entre el Ejército y los grupos
paramilitares o una delegación de funciones públicas. Pero, al analizar hechos reconocidos
por el Estado, surge claramente que tanto las conductas de sus propios agentes como las
de los miembros de grupos paramilitares son atribuibles a Colombia porque estos hechos
sucedieron en zonas que estaban bajo el control del Estado. En efecto, la incursión de los
paramilitares en Mapiripán fue un acto planeado desde varios meses antes de julio de
1997, ejecutado con pleno conocimiento, previsiones logísticas y la colaboración de las
Fuerzas Armadas, quienes facilitaron la salida de los paramilitares desde Apartadó y
Necocli y su traslado hasta Mapiripán en zonas que se encontraban bajo su control y
dejaron desprotegida a la población civil durante los días de la masacre.

Por todo esto es la obligación del Estado de investigar los hechos del caso, identificar,
juzgar y sancionar a los responsables, el Estado debe realizar inmediatamente las debidas
diligencias para investigar y para determinar la responsabilidad intelectual y material de
los autores de la masacre, así como de las personas cuya colaboración hicieron posible la
comisión de la misma. El Estado debe llevar a término el proceso penal sobre la masacre
de Mapiripán, de forma que permita el esclarecimiento de todos los hechos y la sanción
de los responsables. Todos estos procesos deberán ser públicamente divulgados por el
Estado, de manera que la sociedad colombiana pueda conocer la verdad acerca de los
hechos del presente caso. Para cumplir la obligación de investigar y sancionar a los
responsables en el presente caso.

En los hechos de Mapiripán no solo participaron los dos oficiales condenados por la Corte
Suprema de Justicia, sino también otros funcionarios del Ejército Nacional de diferentes
rangos que, en conjunto con su acción y omisión, dieron lugar a una estructura de poder
organizado dentro del Ejército.

Pero la existencia de una estructura de poder organizado dentro del Ejército, razón por la
cual estos dos altos funcionarios debieron ser condenados a título de autores mediatos.
les es atribuible responsabilidad debido a su posición de garantes y, en consecuencia,
debían responder por sus omisiones.

Al revisar los hechos, para llegar a la masacre de Mapiripán, más que una “simple
omisión” de parte de los funcionarios mencionados, existió una estructura antijurídica de
poder organizado dentro del Ejército; esta se integró con acciones y omisiones
armonizadas en una serie de cadenas de mando, por esto no debe ser atada a los delitos
de comisión por omisión, sino al conjunto de acciones y omisiones que se ejecutan dentro
de una estructura de poder organizado para cometer crímenes internacionales en esas
unidades del Ejército que permitieron tales acciones y omisiones en favor de los
paramilitares y en perjuicio de la población de Mapiripán actuaron al margen del
ordenamiento jurídico, ya que los órganos directivos y ejecutivos se movieron por esa vía.

Sin embargo, para la Corte siguiendo la réplica de los representantes de las víctimas y lo
sostenido por la Comisión, aún luego de vincular a siete paramilitares a las
investigaciones, la averiguación sobre los altos mandos militares resta desierta, además de
ausencia de ejecución de órdenes de capturas que estaban vigentes aún antes de ser
dictada la sentencia contra Colombia.

Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado Colombiano como


responsable por la masacre, al determinar que servidores estatales y particulares
coordinaron las acciones que producirían el lamentable suceso, por consiguiente
considera la Corte que el Estado violo los derechos a la libertad personal, la integridad
personal y a la vida, igualmente los derechos a los niños, y asimismo al no dar ningún tipo
de apoyo a los familiares de las víctimas violo los derechos a las garantías judiciales y a la
protección judicial consagrados en dicho convenio. Y da las recomendaciones y ordena el
esclarecimiento de la verdad y reparación de las víctimas por el Estado.

La victimas que fueron citadas a testificar ante la Corte Interamericana en una audiencia
fueron amenazadas, y solicitaron a la Corte la adopción de medidas de protección El
Presidente de la Corte adoptó medidas urgentes de protección el 4 de febrero de 2005, y
la Corte en pleno adoptó medidas provisionales el 27 de junio de 2005, para la protección
de los testigos amenazados, sobre la base de las atribuciones que le confiere el Artículo 63
de la Convención Americana.

La Corte es consciente de que los miembros de Mapiripán no desean regresar al pueblo


debido a que tienen temor de seguir siendo amenazados por los paramilitares. Es posible
que esta situación no cambie hasta que se complete una investigación y un proceso
judicial efectivo, que tengan como resultado el esclarecimiento de los hechos y la sanción
de los responsables. En el momento en que los ex habitantes decidan regresar a
Mapiripán, el Estado deberá garantizarles su seguridad. A tales efectos, el Estado deberá
enviar representantes oficiales cada mes a Mapiripán durante el primer año, para verificar
el orden y realizar consultas con los residentes del pueblo. Si durante esas reuniones
mensuales los habitantes del pueblo expresan preocupación en relación con su seguridad,
el Estado debe adoptar las medidas necesarias para garantizarla.

El Municipio de Mapiripán jamás volverá a ser el mismo. El Municipio, el sujeto colectivo


con personería jurídica que la Constitución de Colombia define como la “entidad territorial
fundamental”, perdió en este caso su identidad anterior a la masacre.

El Estado, con una aplicación del principio de colaboración armónica puede lograr que la
autoridad mantenga la prevalencia del poder civil sobre la fuerza pública y garantice el
Estado Democrático y Constitucional de Derecho en los términos de la Carta de la
Organización de Estados Americanos.

La corte manifiesta que el Estado deberá construir un monumento apropiado y digno para
recordar los hechos de la masacre de Mapiripán, como medida para prevenir que hechos
tan graves ocurran en el futuro. Dicho monumento deberá ser instalado en un lugar
público apropiado en Mapiripán, dentro del año siguiente a la notificación de la presente
Sentencia. Tambien, propone que exista educación en derechos humanos, esto quiere
decir que en consideración de que la masacre de Mapiripán fue perpetrada por
paramilitares que actuaron con la colaboración, de agentes estatales, en violación de
normas imperativas de Derecho Internacional, el Estado deberá adoptar medidas
tendientes a formar y capacitar a los miembros de sus cuerpos armados y de sus
organismos de seguridad sobre los principios y normas de protección de los derechos
humanos y del derecho internacional humanitario y sobre los límites a los que debe estar
sometido. Para ello, el Estado deberá implementar, en un plazo razonable, programas de
educación en derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario permanentes
dentro de las fuerzas armadas colombianas, en todos los niveles jerárquicos.
Teniendo en cuenta todo lo anterior y con base a lo investigado Colombia debe proteger
la vida la honra de los bienes de los ciudadanos y no como ocurrió en este caso, en el que
la vida no tuvo el valor suficiente ante estas fuerzas y se convirtió en un trofeo para ellos,
la muerte de los pobladores de Mapiripán. Además de que se generó en otras poblaciones
vecinas el terror y el miedo de la organización político social que debió haber
salvaguardado los preceptos del estado colombiano de libertad, orden y justicia para
todos.

Ninguno de los elementos de juicio presentados por las autoridades públicas desvirtúa la
existencia de la masacre de Mapiripán, su crueldad y la responsabilidad del Estado en
estos gravísimos hechos. La reacción de las autoridades públicas ante los supuestos
nuevos hechos revelados por la Fiscalía ha sido desproporcionada y ha desconocido la
obligación de garantizar los derechos a la integridad y a la seguridad personal de los
integrantes de las organizaciones de derechos humanos.

El Estado Colombiano debe asumir la responsabilidad de acompañar, proteger y


salvaguardar a su nación y no volver a permitir que se vulneren ninguno de sus derechos.
Bibliografía

 Corporacion colectivo de Abogados José Alvear Restrepo. (2007).


Folios de Mapiripan: Para que la vida nos de licencia. Bogotá D.C
Colombia.
 Corte Interamericana De Derechos Humanos, “Masacre De Mapiripán”
Vs. Colombia (15 de septiembre de 2005).
 Defensoría. (2000). Informe de la Alta Comisionado. Bogotá.
 Masacre Mapiripán, “Masacre De Mapiripán” Vs. Colombia (Corte
Interamericana De Derechos Humanos 15 de Septiembre de 2005).
 Resolucion del presidente de la Corte Interamericana de DDHH (Corte

Interamericana de DDHH 08 de 02 de 2012)

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