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placeres

cotidianos

1
Ildiko Nassr
perropila@gmail.com

Editorial Perro Pila


Octubre de 2007
San Salvador de Jujuy
2
placeres
cotidianos

3
Ildiko Nassr
4
salida

La mujer en mí se viste de loba y


sale al mundo a mendigar un cazador.

5
desnudez

Sacate todo, le pide mientras la besa.


Quiero verte desnuda, mientras sigue
recorriéndola con su lengua. En silencio,
ella se saca la ropa con tanta intensidad
que se le sale hasta la piel. Seguí, le
pide apenas dándose cuenta de que el
fuego debajo suyo ya lo cubre todo y no
hay adónde correr.

6
ambición

Ponerle nombre a Dios.

7
después del fin

que haya quedado el silencio permite


escuchar los secretos tan bien
guardados.

8
vergüenza

Fuimos a comprar ropas para cubrir


nuestra vergüenza.
El ladrón se había llevado todo antes
de salir del hotel alojamiento donde me
encontró con su amada esposa.

9
rutina

Abrir la puerta. Entrar. Prender la luz.


Bajar las persianas. Sacarse la ropa, los
pudores, uno a uno. Tocarse el cuerpo,
darle nueva forma con las manos. Meterse
en la cama. Apagar la luz. Dormir. Ser
otro.
No soñar. Dejarse soñar.

10
esperas

Ella lo llama y le dibuja mapas en el


aire. Quiere recordarle el camino de
regreso.

No sabe que él ya ha olvidado y


encontró hogar en otros brazos.

11
hijas del desamparo

Miren a la cámara, como si ella pudiera


salvarlas del desamparo,quitándoles el
alma.

12
sosiego

cuando él llegó, ella estaba sentadita


al borde de la cama con la indefensión
que sólo dan algunas posturas. lloraba
por las tazas nuevas que se le habían
roto al bajar del colectivo.
él quiso consolarla.
ella arrojó sus intentos al vacío. se
impulsó desde atrás de sí misma y se
dejó penetrar por la furia.
cegada, golpeó a su marido hasta
encontrar la calma del momento después.

13
maldición

Cuando salí de la casa, empuñando


mi ramo marchito de flores, asumí mis
dotes de bruja y lo maldije.

–Te condeno a soñar todas las noches


con la ausencia de mi cuerpo en tu cama–

14
pecado capital

Me confieso culpable de todos los


pecados, dijo segundos después de
embadurnar con miel, lamer, matar y
deglutir a la mujer del prójimo que amó
hasta la exasperación.

15
venganza

Ella primero fue una víbora y tuvo


muchos hijos con Adán hasta que Eva
llegó a usurpar su lugar. Basta que yo
quiera a alguien para que se lo lleve
otra.
Y planeó la venganza.
Ella después fue la inconciencia de
Eva y se vengó apelando a la gula.

16
castigo

Tengo que permanecer en la jaula


adonde sólo a veces tus manos vienen a
darme consuelo.

17
certeza

Hotel alojamiento con olor a humedad


y a otros sexos urgentes.
En un rincón, la mujer soltera y, en
otro, un sapo espera ser besado con la
certeza de que jamás se transformará.

18
alumnos

Un alumno me abrazó en clase. Se


levantó de su banco y vino directo a mi
cintura. Me sentí avergonzada. No sabía
cómo taparme. No supe, tampoco, decirle
nada.
Esa noche, soñé que mordía su pene,
lo masticaba (no sin dificultad) y me lo
tragaba.
–Eunuco– le decía y él no sabía cómo
taparse.
Extrañamente no había sangre.
Al día siguiente en clases, evité su
mirada y a él. Saludé antes de irme y
escuché su respuesta. Antes de entrar a
la sala de profesores, no sé cómo, volvió
a abrazarme. Sus abrazos son el consuelo

19
de penas que vienen desde más allá de
mis ancestros más remotos.
No quise mirarlo, para que mi mirada
no delatase las imágenes del sueño.
Me susurró: “nunca más vuelvas a
decirme eunuco.”

20
solución

Ella lo consuela después de cada


pelea.

–Paciencia, hijo, paciencia y


resignación. ¿sabés? Mi papá decía
siempre que si te sentás en la puerta de
casa podrás ver pasar el cadáver de tu
enemigo.–

Se sientan y esperan.

21
la expulsión del
paraíso

–La verdad es que las mujeres ya me


tienen harto: al diablo con ellas.– dijo
Dios, señalándonos la puerta de salida.

22
hechizo
para José María Merino

– Para atraer su amor – explica la bruja


– debes darle la sortija, pasarle una
pluma de pájaro por la espalda y ...

El celular había consumido todo


el crédito disponible.

23
El gigante infeliz

La felicidad está en las pequeñas


cosas, pero él sólo tiene grandes cosas.

24
conserva

La cabeza de la mujer flota en la


gelatina que él preparó para conservarla.
Daniel está recién aprendiendo a
cocinar y ella le brinda toda su ayuda.

25
Mamá siempre me
salva

Mamá, arreglame esta nena, dice,


con el brazo de su amiga en una mano y
el cuchillo ensangrentado en la otra.

26
Mamá siempre me salva
III

El hereje condenado a la hoguera,


como último deseo, llama a su madre para
que promulgue la ley Nº 9.568.456/632
que impone la pena de muerte a los
pirómanos.

27
Mamá siempre me salva
IV

Después de sus pesadillas, Ana Luz


llama a Mamá a su cama: “Cuando me
abrazás, me siento protegida.”
Mamá rescata a la niña de los
monstruos del otro lado. Mamá siempre

28
Mamá siempre me salva
V

Mamá, arreglame, por favor,


arreglame.
Pide con las manos ensangrentadas
y la desesperación.

29
testigo

Desde el asiento de atrás del auto,


veo cómo la luna nos persigue hasta la
casa y se queda afuera.
Mi mamá maneja segura, muy rápido
y la ruta es oscura y está sin señalizar.
Todas las noches es lo mismo.
La luna nos persigue y mi mamá
maneja descalza, en silencio.
Me pregunto: ¿En qué pensará?

Hasta que aparece la mujer vestida de


blanco y se apropia de nuestra luna y
del silencio de mi mamá.

30
Día de la madre

Con prolijo envoltorio y cariñosa


dedicatoria, la niña avanza hacia su madre
con un libro de crónicas y la pertinente
explicación para la familia:
–Yo le regalé el libro de “Mujeres
Asesinas” a mi mamá porque ella a veces
me amenaza con un cuchillo.– y
dirigiéndose a su madre: –¡Feliz día,
mami!

31
combustibles modernos
para Ana Luz

Debajo del auto hay un caracol que lo


impulsa.

32
amares

–Ya no te quiero más– sentenció,


después de que su hermana se terminó
de comer todos los caramelos de la bolsa.

33
cuidados

En su cumpleaños una amiga le regala


“Tres Novelas”, de Joaquín Carrillo. Ella
lee en voz alta la fecha de edición: 1943.
Su hijita, preocupada, le quita el libro
de las manos, como si en él se guardase
algo peligroso y grita: mamá, no leas este
libro, está vencido: te va a hacer mal.

34
regalos de navidad

A los nueve años, mi mamá comenzó


con el engaño.

Me llevó al cuartito del fondo y me


enseñó, diseminados, los que serían
nuestros regalos de Navidad.
–Pero ¿por qué tenemos que hacer el
trabajo de los duendes de Papá Noel,
mamá?
–Porque Papá Noel no existe. Son los
padres.
Yo no entendía por qué mi mamá se
empeñaba en mentirme pero igual la
ayudé. Y me hice la sorprendida cuando
abrí mi regalo.
Ese año, Papá Noel se sintió ofendido
y no llegó a nuestra casa.

35
sobre la fotografía

el recuerdo de la familia que alguna


vez fueron, al menos cuando posaron para
esa fotografía amarillenta.

36
palabras sueltas

Me regaló un envoltijo con palabras


sueltas. –Hacé con ellas lo que quieras –
sugirió. Las guardé en una hermosa caja
de madera de cerezo. Cuando él murió
no pude ir a su velatorio. Un hombre con
tanta fuerza y un cuerpo tan grande,
¿cómo hizo para entrar en un cajón?
Busqué ese regalo y me puse a jugar.
Esas palabras me recordaron a la niña
que aparecía cuando él venía a desayunar
conmigo. Pan con manteca y mermelada.
Risas y abrazos. Barba de algunos días
y su abrazo prometedor.
Me faltan las palabras desde que no
vuelve.
Pérfida muerte que me lo arrebató.
Celosa del amor. Siempre me toca
perder.

37
el llanto

Mi mamá lloraba a la orilla de la cama


mientras yo tenía que conjurar el sueño y
dormir. No sabía, entonces, las palabras
de consuelo y ella dejaba que las lágrimas
le cayeran por la cara y le mojaran las
piernas.
Ella permanecía mansa ante lo salvaje
del llanto. Y yo, oscilaba entre la vigilia
y la pena.
Así crecimos.

38
Argentina (1976-1983)
(ficción verdadera)

Nunca más la noche negra


amordazando nuestro arte.
Nunca más el silencio y la
opresión. No el miedo ni el
desamparo.
Nunca más aquello de que si
digo la palabra muerte, moriré.

nombramos a nuestros desaparecidos


para exorcizarlos.

39
héroe

Mi papá me buscó esta tarde. Había


estado enfermo. Necesitaba una taza de
té ofrecida por las mismas manos que le
rozarían la cara en una breve caricia.
Mi papá ha vuelto a ser niño. Yo soy
su mamá, la mujer que tiene el don de
transformar mágicamente algunos gestos,
una caricia, tal vez, en el remedio más
eficaz.
Yo soy su mamá, la que lo salva
siempre de las enfermedades. Mujer
poderosa con sonrisa mágica y manos
grandes, torpes, amantes. Héroe de sus
fantasías, de mis fantasías.

40
vueltas

ildiko nassr me preguntó esta mañana


dónde había estado todo este tiempo
le respondí que probablemente haya
estado viajando
no sabía qué palabras poner en mi
boca para que no vuelva a usurpar este
lugar que yo estuve ocupando las últimas
semanas
/yo, que ni siquiera recuerdo mi propio
nombre/
y ella se despertó tan alegre y tan
llena de sensaciones traídas desde su
infancia con tantas ganas de volver a ser
ella
que no pude evitar despedirme y
dejarla volver.

41
Flotando en la palma de
la mano de mi madre
(versión libre)

Mi madre se baña desnuda en la


acequia. Espanta pájaros y come ciruelas
rojas. Me avergüenzo de su desnudez.
No puedo dejar de mirar sus pechos y
sus formas distorsionadas bajo el agua.
Parece no verme y chapotea feliz.
En el reflejo, aparece una niña
flotando en la palma de su mano.

42
Placeres cotidianos

Michel Foucault escribe sobre el uso


de los placeres en “Historia de la
Sexualidad”
. Mientras lee, ella evalúa sus
placeres cotidianos (que ya nada, o casi
nada, tienen que ver con la sexualidad):
en cama, totalmente vestida y abarrotada,
tapadísima, toma una sopa de sobre y se
deja seducir por el alivio de una bolsa
de agua caliente. Cierra los ojos para
poder mirar mejor su placer.
El libro cae.

43
Placeres cotidianos II

Atrás los tiempos en que las manchas


de humedad en el techo la distraían de
su rol de actriz. Atrás, la marquesina
desplazándose por su frente cuando él
le preguntaba si había disfrutado.
Manchas de humedad en todas las
paredes, cruces que ayudan a no perder
la cuenta del tiempo. ¿cuántos días faltan?
Afuera alguien la esperará y disfrutará
de su brillante actuación.
Sólo recuerdos de un hombre. Una
mirada en la que zambullirse y el cuchillo.

44
poesía

Vive en un mundo casi inaccesible.


Muchas veces se refugia en los parques
de la infancia y mira a los niños jugar.
No le gusta ser vista por ojos adultos y
camina. Huye cada vez que osan posarse
en su cuerpo de sueño. Camina rápido,
rápido.
Ella disfruta del viaje hacia ninguna
parte cada vez que alguien se acerca.

45
Postales que nunca
fueron enviadas
i. m. Anyu

Mi abuela murió con el deseo de visitar


aquellos lugares que la vieron crecer. Nos
enteramos después de su muerte, cuando
desocupamos su casa para venderla. En
el cajón de su mesita de luz, un montón
de fotos y postales que nunca fueron
enviadas, escritas y con destinatarios;
amarillas, despintadas, sin fecha. Todas
recrean su lugar de infancia: Miskolc. Su
patria, sin embargo, -ella se cansó de
repetirlo- siempre fue ésta, donde
nacieron sus hijos, sus nietas y la pena
por el regreso.

46
vieja

las fechas y los números empiezan a


tener importancia ahora, cuando el tiempo
ya ha borrado todo de su memoria. ella
es una vieja sin ganas de vivir
se queda en su cama de hospital
conversando con la muerte, planeando un
viaje juntas.
y los días, con sus nombres que
nunca pudo aprender, son su única
diversión:
los cuenta y suma cuántos faltan.

47
dicen
popol vuh, a mis alumnos

Dice que ellos crearon su mundo en


trece días. Trece días, señora, recalca.
Dice que los dioses los crearon para
escuchar una alabanza; y ellos supieron
dársela.
Dice que después llegaron esos, como
papagayos gigantescos, y se llevaron
todos los libros. Los libros que alababan
a los dioses, señora, y contaban nuestra
historia. Se los llevaron hasta cerquita
del mar y los quemaron, señora, los
quemaron. Yo no pude salvar ni uno,
señora, nada.
Dice que enamoraron a sus mujeres y
ellos nada pudieron hacer.
Después sobrevino el silencio.
¿Qué pasó después?. Insisto en la
pregunta.
48
Dice, señora, después no hay
después.
Y queda callado, silenciado. La mirada
perdida.
Pero siempre hay un después.
No, señora, dice, hasta eso se
llevaron.

49
Índice
Otra8
vergüenza 9
rutina10
esperas11
hijas del desamparo12
sosiego13
autobiografía 114
pecado capital15
venganza16
castigo17
certeza18
alumnos19
solución21
la expulsión del 22
paraíso22
hechizo23
El gigante infeliz24
conserva25
Mamá siempre me 26
salva26
Mamá siempre me salva III27
50
Mamá siempre me salva IV28
Mamá siempre me salva V29
testigo 30
Día de la madre31
Combustibles Modernos32
amares33
cuidados34
Regalos de Navidad35
sobre la fotografía36
palabras sueltas37
el llanto38
Argentina (1976-1983)39
héroe40
vueltas41
Flotando en la palma de la mano de
mi madre42
Placeres cotidianos43
Placeres cotidianos II44
viaje45
Postales que nunca 46
fueron enviadas46
vieja47
dicen48 51
autobiografía 250
autobiografía 2

Nací en abril de 1976 en una familia


en la que no se podía hablar de nada;
menos aún de política. Mi madre,
embarazada, fue instada a apagar las
luces toda la noche, a vivir en una oscura
noche. Nací en la oscuridad. Supe,
muchos años después, que mi infancia
fue una mentira. Mientras yo jugaba a
comer tortitas de barro, mis artistas eran
silenciados o muertos, los embadurnaban
con miedo y censura. Los obligaban a no
hablar, no nombrar para no crear. Vivía,
sin saberlo, rodeada de muerte y muerta
de miedo, acechada por los sapos que
vigilaban mi sueño; como ellos. sin saber
adónde ir, adónde escapar.

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