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1.

Introducción

En el ámbito académico y laboral cada vez se valora más la capacidad de poder hacer un discurso oral. No obstante,
generalmente se considera que saber hablar es una competencia fundamental poco enseñada (Santasusana i Castellà,
2014: 15), ya que, como la lengua oral se aprende sin esfuerzo, las instituciones educativas se centran en el aprendizaje
de la escritura y dejan a un lado la enseñanza de la competencia oral. Por eso, hemos considerado que es realmente
importante una entrada del site enfocada al discurso oral.

El discurso oral formal se caracteriza por ser el género más exigente de la comunicación a causa de la riqueza en el
contenido y la implicación de elementos no verbales. El orador, al producir su discurso, persigue diez objetivos básicos.
Concretamente, debe conseguir que la audiencia escuche sus palabras, preste atención al discurso, comprenda los
términos y expresiones que usa, se interese por el tema y los contenidos, valore adecuadamente las ideas expuestas,
comparta sus propuestas, apruebe, acepte y adhiera sus conclusiones, recuerde las conclusiones y los puntos clave,
asimile e incorpore su contenido y mensaje y cambie su forma de pensar, sus valores y conducta. (Prieto, 2006: 39)
Asimismo, desde el punto de vista de las funciones del lenguaje, podemos considerar que las cuatro características más
destacables de los discursos orales son la intención de entretener, de informar, de convencer y de persuadir a la
audiencia.

2. El modo: tipos de discurso

El medio a través del cual se emite, se transmite y se recibe el mensaje impone exigencias en la elaboración del texto. La
diferencia principal se encuentra en el oral y el escrito. (Castellano, 1996:125) Según el canal un texto puede elaborarse
en las distintas situaciones expuestas en la Figura 1.

Figura 1 Distinciones sugeridas en la dimensión de variaciones de situación, clasificadas como la relación entre el
usuario y el medio utilizado. Adaptación de Gregory, 1967. Extraída de Gregory y Carroll, 1986: 82.

Cada modo implica una serie de características. Concretamente, mientras el escrito o la escritura implica un canal visual,
acostumbra a ser diferido en el tiempo, tiene más en cuenta las convenciones normativas y gramaticales y permite una
elaboración más cuidadosa, el oral usa un canal auditivo, que acostumbra a ser efímero, así como también utiliza más
códigos no verbales y normalmente no se cuida con esmero la normativa. Por eso, dependiendo del modo del discurso
tendremos que prestar más atención en unos puntos o en otros.

Asimismo, habitualmente, según el modo, el tiempo disponible, el propósito y el contexto en que se produce, se
distinguen cuatro tipos de discurso: memorizado, leído, improvisado y extempore. Cada tipo de discurso presenta una
serie de ventajas e/o inconvenientes diferentes que hay que tener en cuenta antes de proceder a la preparación del
discurso.

2.1. Discurso memorizado

Primeramente, el discurso memorizado es un discurso que ha sido escrito previamente, pero que se ha memorizado para
parecer un discurso improvisado.

❖  Ventaja: 

 Control absoluto del tiempo.

❖  Inconvenientes:

 Uso de una sintaxis complicada o de un lenguaje artificial.


 Características impropias del lenguaje oral.
 Un problema de memoria en el orador puede afectar gravemente a la coherencia y al hilo conductor del discurso.

 2.2. Discurso leído

El segundo tipo de discurso se caracteriza porque el texto tiene que estar escrito y el orador lo pronuncia leyéndolo.
❖  Ventajas:

 Evita posibles lapsus linguae, que, en determinadas ocasiones, pueden provocar graves consecuencias.
 Recomendable para situaciones en las que se requiera una comunicación muy exacta y concisa, y en las que el
tiempo esté limitado (p. ej. la radio).

❖  Inconvenientes:

 El lector no mantiene el contacto visual con la audiencia, de manera que pierde parte de la comunicación no
verbal.
 El tono en el que se produce es diferente al tono de un discurso directo, ya que es más monótono y eso puede
comportar la pérdida de atención por parte de la audiencia.

 2.3. Discurso improvisado

Como su nombre indica, se trata de un discurso sin preparación previa.

❖  Ventaja:

 El lenguaje que se emplea es natural y espontáneo.

❖  Inconvenientes:

 Requiere tener muy clara la estructura y las ideas que se quieren desarrollar.
 Puede llevar al orador a caer en la redundancia o a hacer un uso excesivo de palabras comodín y, finalmente,
producir un discurso incoherente.

2.4. Discurso extempore

El discurso extempore combina el discurso leído y el improvisado, ya que aunque se estructura y se prepara


detalladamente (AC: añadiría coma) no se llega a memorizar. Aunque no es memorizado, hace falta igualmente
entenderlo, comprenderlo y practicar el mensaje (v. g. clases magistrales).

❖  Ventaja:

 La libertad de expresión del orador en cuanto a la información que se quiere transmitir y la naturalidad del
discurso.

❖  Inconveniente:

 La posibilidad de que el orador no haya estudiado suficientemente el tema para producir un buen discurso o que
el hecho de no haberlo estudiado le produzca nervios.

3. Contenido del discurso

3.1. Estructura del discurso

Generalmente, un discurso se estructura en tres partes: la introducción, el desarrollo y la conclusión, tal y como se puede
observar en la Figura 2.

  ❖   La introducción

Se saluda a la audiencia, se presenta y se justifica el tema, así como se explican los puntos principales de los cuales se
compone el discurso. El objetivo de la introducción es captar la atención de la audiencia mediante el planteamiento del
tema de forma clara y atractiva. Por lo tanto, hay que referirse al tema de manera breve, explícita y práctica, evitando
preámbulos excesivamente largos y difíciles de comprender. Se recomienda utilizar alguna de las siguientes estrategias
para captar la atención del público al iniciar el discurso: explicar una experiencia personal, narrar una anécdota graciosa,
hacer referencia a un acontecimiento actual, empezar con una cita célebre, usar refranes, plantear una pregunta, entre
otros. (Brehler, 1997: 99)

  ❖   El desarrollo, nudo o planteamiento

Se exponen las ideas, los contenidos y la información de manera clara y estructurada; es decir, con coherencia y
cohesionadas entre sí. Asimismo, en el nudo tiene que constar el desarrollo adecuado de cada una de las partes. Con tal
de conseguir estos propósitos es recomendable el uso de conectores, la deixis discursiva y formas de encadenado que
faciliten la comprensión del mensaje por parte de los receptores.

  ❖   La conclusión, cierre o desenlace

Se resumen las ideas principales y se despide a la audiencia con fórmulas de cierre. La conclusión tiene que ser clara,
concisa y precisa, y no debe contener información nueva. Además, conviene destacar que es el punto estratégico del
discurso, ya que las últimas palabras que se pronuncien son las que la audiencia recordará. Por eso, se aconseja, que
además de hacer una síntesis, se acabe con una cita o una pregunta que provoque que los receptores reflexionen o
analicen lo que se expone.

Figura 2. Esquema de la estructura de un discurso. Extraído de:  www.xtec.cat

3.2. Preparación del discurso

Independientemente del tipo de discurso que se trate (improvisado, leído, memorizado o extempore) el proceso de
preparación es igual. Este proceso consta de cuatro fases: la elección del tema, la documentación, la preparación del
guion y la práctica.

  ❖   La elección del tema

En este punto es importante destacar que la selección de la temática no debe basarse en la facilidad que considera el
orador que tendrá para obtener la información sobre un determinado tema, sino que para escoger un tema hay que
realizar un análisis cuidadoso y una reflexión de los propósitos que se quieren conseguir. Además, es importante tener
en cuenta los elementos implicados en el entorno y los medios del discurso, por ejemplo: el contexto, el perfil del público
y el entorno físico de la presentación.

 Por lo que se refiere al contexto, hay que plantearse algunas circunstancias referidas a la delimitación del
tiempo o del espacio. En este punto es importante seguir las instrucciones señaladas por el profesor o por la
figura correspondiente sobre la limitación del tiempo (Sanabria, 1973: 25-30)
 En cuanto a la audiencia conviene realizar un análisis, ya que, como hemos visto en clase, el éxito comunicativo
depende en gran medida del conocimiento que podamos tener del receptor. Por eso, hay que plantearse las
preguntas siguientes sobre los receptores. Por ejemplo: ¿cuáles son sus experiencias previas?, ¿qué nivel
cultural pueden tener?, ¿qué conocimiento tienen sobre el tema que se hablará?, ¿qué formación tienen?, entre
otras cuestiones.
 Respecto al entorno físico, hay que tener en cuenta factores como la sonoridad, la luminosidad, la temperatura
o la ventilación porque, aunque estas variables ambientales vienen dadas y no se puede tener un control sobre
ellas, influyen en el desarrollo del discurso.

Asimismo, una vez escogido el tema conviene delimitar su alcance. Un error común en la preparación de un discurso es
escoger un tema general y no realizar la delimitación pertinente. Sin embargo, la delimitación es un paso imprescindible
para preparar un buen discurso. Por eso, hay que determinar la amplitud del tema y ajustarse estrictamente a los límites
marcados.

  ❖   La documentación

Consiste en la recopilación del material bibliográfico que conforma la base de la preparación del discurso. Para obtener
toda la información necesaria hace falta:

o Realizar una consulta de las fuentes bibliográficas (infográficas o audiovisuales) correcta y equilibrada.
o Llevar a cabo una selección de la información relevante, lo que comporta el proceso de comprensión de
la información recopilada, la toma de notas y la planificación de aquello que se expondrá de acuerdo con
el tema, el espacio y el tiempo, los recursos tecnológicos disponibles y, lo más importante, la audiencia.
o Hacer un listado rápido de las ideas e inquietudes relacionadas con el tema. (Hernández, 2000: 131)

Cuando se llega a tener una gran cantidad de información sobre el tema, hay que seleccionarla, extraer las ideas
principales, jerarquizarlas y organizarlas para darle forma al discurso; es decir, para estructurarlo. En este punto
recordamos que la estructura del discurso tiene que incluir los apartados siguientes: introducción, planteamiento y
conclusión. (véase § 3.1) Asimismo, a la hora de planificar y organizar el discurso es importante aportar, como orador,
pensamientos propios respecto el tema. Según, Carnegie (2001: 42- 52), preparar y organizar un discurso significa reunir
pensamientos propios, ideas propias, convicciones propias, necesidades propias para crear, en la medida de lo posible,
un discurso en el cual se complemente aquello “ajeno” con aquello “propio”.
  ❖   La preparación del guion

Hay que delimitar el objetivo principal, determinar cuál es la manera más adecuada para hacer llegar el mensaje a la
audiencia y, finalmente, dejar reponer el guion para poder añadir las mejoras posteriormente con más claridad. Para
consultar más información sobre la preparación del guion podéis consultar el punto siguiente. (véase § 3.3)

  ❖   La práctica del discurso

Para poder hacer una buena práctica se recomienda pronunciar el guion en voz alta, siguiendo la estructura de las ideas
y practicar hasta que las ideas y las palabras se encadenen en el orden adecuado, de manera natural. Asimismo,
también es aconsejable repasar mentalmente y en voz alta el discurso prescindiendo del guion para asegurar que las
ideas han quedado fijas en la mente. Finalmente, es importante destacar que en el ensayo hay que tener presente una
imagen mental de la audiencia.

3.3. Elaboración del guion

Como hemos indicado, llamar la intención del público es uno de los diez objetivos del discurso oral. “En el momento de
hablar en público, todo orador se tiene que proponer un objetivo previo: captar la atención de la audiencia durante el
tiempo que dure la intervención. Pero será difícil que lo consiga si el contenido de la exposición no pasa de un cúmulo de
datos desordenados y poco relacionados con la audiencia y el contexto. Una buena exposición tiene que partir de un
punto para llegar a un final. La elaboración del guion permite trazar ese camino a partir de las relaciones que se
establecen entre las ideas.” [Argumenta, 2016]

Un guion es como un mapa (o para los más modernos, un GPS) que nos guía por el camino de la buena retórica. Si
no disponemos de uno que sea entendedor y esté actualizado nos perderemos en el desorden absoluto. Pero, ¿cuáles
son los pasos que debemos seguir para elaborar un buen guion?

1. Analizar la situación, es decir, tener en cuenta dónde y cuándo será nuestra intervención, a quién nos dirigimos
y cuáles son los objetivos del coloquio.
2. Confeccionar el esquema o guion con los temas más destacados que queremos abordar. En otras palabras,
hay que hacer un listado de los conceptos relacionados y ordenados, diferenciando las ideas principales de las
secundarias/circunstanciales. Elaborar un guion presenta las siguientes ventajas:

o Da seguridad ante la audiencia


o Constituye el esqueleto y el hilo conductor de la presentación
o Ayuda a evitar repeticiones o vacíos
o Ayuda a destacar las ideas más trascendentales, así como a rechazar aquellas que se alejan del tema
tratado.

Por lo tanto, el guion incluirá todos los puntos a tratar durante la exposición, que demostraran que el orador ha
conseguido sus objetivos. Sin embargo, el contenido de la exposición oral es diferente del texto escrito, ya que es solo un
resumen del estudio, escrito o situación del que queramos hablar. Así pues, no es necesario incluir en el guion todos los
datos de nuestra metodología ni toda la bibliografía existente, sino que tenemos que de seleccionar meticulosamente
aquellas ideas que se pretenden desarrollar, que incidirán sobre la temática concreta.

4. Comunicación no verbal

El 65% de la información que se comunica en el discurso forma parte del lenguaje no verbal. Por eso, consideramos que
en el momento de hacer un discurso oral hay que tener muy en cuenta los elementos no verbales.

Sin lugar a duda, la comunicación no verbal es necesaria para comprender muchos conceptos, ya sea por la intención
del emisor de dotarlos de una connotación determinada o por su naturaleza, es decir, por tratarse de términos abstractos
y difíciles de explicar con palabras.

Imaginemos por un momento que tenemos que hablar sobre algún sentimiento como el odio o el amor. Si recorremos a
ciertas conductas o actitudes nos será mucho más fácil hacernos entender y nuestros gestos o nuestra mirada podrán
ayudarnos a transmitir muchos aspectos difíciles de expresar con palabras.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la comunicación no verbal no siempre es voluntaria. Incluso la mayoría de
veces no nos damos cuenta de que nuestra actitud o estado de ánimo nos delatan y que la comunicación no verbal
puede complementar la verbal o, incluso, sustituirla.

Asimismo, muchos de los componentes de esta comunicación no verbal son diferentes según la cultura y la lengua en la
que se haga el discurso. Por tanto, se trata de convenciones preestablecidas que buscan la proximidad con nuestro
interlocutor y, más que comunicar, interactuar con él.

Acompañar nuestra exposición con gestos ayuda a transmitir los contenidos con más claridad y facilita la comprensión
del mensaje. La expresión corporal transmite ideas de manera inconsciente, lo que se acostumbra a interpretar como un
síntoma de sinceridad. Sin embargo, es mejor no abusar de la gestualidad. Contrariamente, lo mejor es mirar y sonreír al
público mostrándose uno mismo.

Así pues, algunos de los aspectos clave de la comunicación no verbal son la expresión del rostro y la manera de
caminar. En la primera destacamos la sonrisa (que no sea muy forzada) y la mirada (hay que intentar abarcar a toda la
audiencia, aunque a veces fijarse en un punto concreto pueda ayudar a desenvolver nuestras ideas). En cuanto a
nuestra postura, no podemos colocarnos ni muy rígidos ni muy encogidos. Por eso, hay que buscar un punto intermedio
que dé confianza y credibilidad a nuestras palabras.

Nuestra actitud frente a la audiencia delata una serie de pensamientos que también hay que tener en cuenta al hacer
nuestro coloquio. La tabla siguiente, extraída del Manual de consulta Técnicas de comunicación y presentación en
público  de la Diputació de Barcelona, incluye una muestra de algunos ejemplos concretos:

 
Actitudes

SINCERIDAD     

 Tener las manos abiertas hacia arriba


 Desabrocharse la chaqueta

DEFENSIVA  Cruzar los brazos ante el torso


 Apoyar los brazos en la silla
 Cruzar las piernas
 Balancear el pie

ATENCIÓN  Apoyar las manos en el rostro


 Poner los dedos en la barbilla
CONCENTRACIÓN  Inclinar la cabeza
 Tocarse la nariz
 Acariciarse la barbilla

DESCONFIANZA   Mirar de reojo


 Fregarse la nariz con el dedo índice
INCERTIDUMBRE  Rascarse detrás de la oreja
 Restregarse los ojos

DECISIÓN  Poner las manos en el cogote


 Sentarse encima del tobillo
DESENVOLTURA  Ponerse de pie, con las manos encima de la mesa e inclinar el tronco hacia
delante. “Poder personal”

FRUSTACIÓN  Dar un puñetazo o un puntapié al suelo


 Dar un golpe al cogote
AMENAZA  Señalar con el índice
 Tener los puños cerrados (se suelen esconder)
CONGOJA  Apoyar la barbilla sobre los dedos (cruzados o tensados)
 Retorcer algo nerviosamente
TENSIÓN

 Tener las manos unidas sobre la mesa, unidas por la punta de los dedos
(¡no llevar la contraria!)
CONFIANZA EN UNO MISMO  Cruzar las manos y poner la espalda recta (listo para “saltar”)
 Ponerse las manos en el cogote con el tronco echado para atrás
(“fantochada”)
 Ponerse las manos en el bolsillo, con los pulgares hacia afuera
(prepotencia)

AUTODOMINIO   Cruzar los pies


 Cogerse con las manos a los brazos de la butaca
AUTOREPRESSIÓN  Cogerse la muñeca

ABURRIMIENTO  Hacer dibujos


 Hacer ruido con objetos
 Mirar (disimuladamente) el reloj

DELIMITACIÓN DE LA  Poner la pierna sobre el brazo de la butaca


PROPIEDAD  Apoyarse al marco de la puerta, en un archivador, etc.
 Entrar y “tirar” sin cuidado la chaqueta, la cartera sobre la butaca, la mesa,
etc.
 Ir “hablando” con alguien, saludar y continuar hablando en voz alta

Figura 3. Algunas actitudes con los comportamientos no verbales (Extraída de www.diba.cat)

Una vez destacados estos conceptos clave, presentamos algunas sugerencias sobre algunos aspectos esenciales de la
comunicación no verbal. Estos son la mirada, el lenguaje corporal y gestual, la modulación de la voz (volumen,
entonación, ritmo y pronunciación) y, finalmente, el vestuario.

4.1. La mirada
Mirar al público es esencial para mantener la atención de la audiencia y para establecer un vínculo de comunicación
entre el conferenciante y su público, ya que el emisor enviará el mensaje al receptor, quien a su vez le mandará
el feedback necesario para poder adaptar su discurso.

Por eso, es importante que intentemos mirar a todas y cada una de las personas asistentes y evitar fijar la mirada en un
solo punto o un individuo concreto. Al mismo tiempo, tenemos que mirarlos a la cara, con los ojos lo suficientemente
abiertos para que puedan observar la franqueza de nuestras palabras y dotarlas de confianza. Además, se tiene que
intentar no desviar la mirada cuando se cruza con alguien del auditorio, ya que muestra una cierta inseguridad por parte
del orador.

No obstante, se pueden combinar miradas panorámicas y focalizarlas durante el discurso, en función de lo que estemos
exponiendo en ese momento. En cualquier caso, no se tiene que mirar ni al techo ni al suelo si no se hace
expresamente, como tampoco no se tiene que dejar de mirar a los asistentes para leer el guion o las diapositivas.

4.2. Lenguaje corporal y gestual

Tanto los movimientos del cuerpo como la gesticulación complementan el lenguaje verbal. Muchas veces lo enfatizan,
pero también lo pueden sustituir completamente. Se tiene que ir con cuidado porque, si no estamos atentos, nuestros
gestos pueden contradecir nuestras palabras.

Dicho esto, deberíamos suprimir todos aquellos tics gestuales que denoten nerviosismo, como por ejemplo tocarse el
pelo o colocarse bien las gafas muchas veces o jugar con el lápiz o cualquier otro objeto que podamos tener entre las
manos. Tampoco se tendrían que hacer movimientos bruscos, sino que tendrían que ser más bien pausados.

Además, hay que usar gestos abiertos. Por ejemplo, mostrar las manos y la cara (si es necesario, sacar los objetos que
dificulten la visibilidad de estas partes del cuerpo) y no dar la espalda al público. En definitiva, hacerse visible a todo el
mundo. Finalmente, tenemos que hacer gestos que faciliten la comprensión de nuestro discurso, como por ejemplo
señalar un dato o mostrar los dedos de la mano necesarios para referirnos a un número concreto, entre otros.

4.3. La modulación de la voz: volumen, entonación, ritmo y pronunciación

Entre los elementos de la comunicación no verbal, la voz también es un factor imprescindible para que la audiencia se
mantenga atento y entienda el mensaje. Mediante la voz también se observa el entusiasmo del orador, así como su
seguridad al hablar en público. A continuación, remarcamos una serie de pautas que hay que tener en cuenta en cuanto
a la voz del orador.

 En primer lugar, el volumen de la voz tiene que ser variado. Una estrategia para captar la atención de los
asistentes es hablar más fuerte para destacar las ideas clave. Hay que tener en cuenta las medidas de la sala,
así como la presencia o no de micrófonos para que la voz llegue a todo el mundo. Si mientras hablamos
dudamos sobre si se nos escucha bien, sería conveniente preguntarlo directamente para poder corregir este
problema.
 En segundo lugar, la entonación también tiene que ser dispar.  Lo podemos conseguir alternando diferentes
tipos de oraciones. Por ejemplo, podemos empezar con la pregunta, seguir con frases enunciativas e introducir
oraciones exclamativas durante el discurso.
 En tercer lugar, el ritmo tiene que ser el adecuado o, en otras palabras, tiene que permitir seguir el texto
fácilmente. Esto significa que no podemos ir ni demasiado rápido (porque aparentamos que estamos nerviosos)
ni demasiado lentos (para no cargar el discurso de monotonía).
 En cuarto y último lugar, la pronunciación tiene que ser clara. Si procede, podemos hacer pausas que resalten
las palabras más destacadas. Así también conseguimos que el público recupere la atención (en caso que la
hubiera perdido en algún momento del discurso).

4.4. El vestuario

Al contrario de lo que pueda pensar mucha gente, la ropa también es un aspecto que se debe tener en cuenta, ya que se
relaciona tanto con la personalidad del orador como con el contexto comunicativo. Por lo tanto, hay que escoger un
vestuario más formal si la situación lo requiere, pero sin prescindir de aquellos elementos que nos hacen únicos.

5. Estrategias para captar la atención del público

En este apartado incluimos diez consejos para atraer la atención de la audiencia. A veces, es tan difícil captarla como
mantenerla. Así que, si no queréis que vuestro público se aburra, coged lápiz y papel y apuntad estas ideas.

  1.   Empezar con una historia interesante:

Puede ser una anécdota o un cuento, personal o de otra persona, que contenga alguna enseñanza y que no dure más de
2 minutos. Las bromas también pueden ser útiles

  2.   Recurrir al método estadístico:

Los números dan credibilidad y resumen una tendencia rápidamente. Hay que buscar nombres sorprendentes o, mucho
mejor, alarmantes. Generar una inquietud en el auditorio justo empezar es una muy buena técnica para llamar su
atención.
 

3.   Hacer preguntas retóricas:

De este modo haremos que el auditorio piense, se concentre en la exposición e, incluso, se involucre de manera
inmediata. Cuanto más provocativa y menos previsible sea la pregunta, más llamará la atención. Hay que evitar las
preguntas de respuesta sí/no. Consejos: Rozar los límites de la ética, acompañar las preguntas con una pequeña pausa
o modular nuestro tono de voz en función de las partes que queramos resaltar.

  4.   Mostrar LA fotografía:

Tenemos que escoger la que mejor represente el tema tratado. Hay quien dice que “una imagen vale más que mil
palabras” y, a veces, este refrán se cumple. Se tendría que apostar por algo que haga pensar a la audiencia.

  5.   Tener empatía con la audiencia:

“Para aumentar el interés de la audiencia, el ponente puede considerar oportuno no limitarse a reproducir lo que ya está
escrito, sino añadir algo más, como por ejemplo las propias vivencias durante el proceso de investigación, o desarrollar
las conclusiones y proyectarlas hacia el futuro. De esta manera el público receptor del discurso tendrá más elementos
para juzgar el trabajo. Hay que procurar también prever las objeciones que puedan hacer los destinatarios del discurso.”
(Argumenta, 2016)

  6.   No leer el guion: 

No traer preparado el tema denota una falta de interés total por parte del conferenciante. El orador debe mirar a la
audiencia para llamar y mantener su atención, y tiene que contagiar su interés al público que le observa.

  7.   Usar las nuevas tecnologías:

Hoy en día es casi imposible separarnos de las TIC, pero verdaderamente resultan muy útiles al hacer un parlamento.
Una presentación Prezi o PowerPoint o un vídeo de Youtube también puede ayudar a la audiencia a captar su atención y
a seguir nuestro discurso.

  8.   Ser lo más naturales posible: 

La improvisación es uno de los pecados del mal comunicador. Sin embargo, que no se trate de un discurso totalmente
espontáneo no significa que no pueda ser sencillo. Hay que usar nuestras propias palabras, un tono de voz que cambie
en función de aquello que queramos remarcar, haciendo las pausas necesarias para que el público siga el coloquio
fácilmente i con claridad.

  9.   Estar convencidos de lo que decimos: 

Sabemos que, para tener éxito en la venta de un producto, tenemos que creer en las propiedades, como si se tratara del
mejor del mercado. El producto es nuestro texto y nadie mejor que nosotros lo puede defender y “venderlo” al auditorio.
Nos tenemos que creer nuestras propias palabras para que lleguen a todo el mundo.

 10.   Proyectar las conclusiones hacia el futuro:

De la misma manera que el texto tiene que tener una introducción, también tiene que tener unas conclusiones relevantes.
Estas, además de recapitular todo lo que se haya dicho hasta el momento, también pueden orientarse hacia la posteridad
y generar en la audiencia ganas de querer volver a escuchar al orador en una otra ocasión.