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Ser Madre

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En un estudio, Carlos está sentado observando el teléfono. Suena el timbre de la


puerta y se levanta para abrir. Entra una muchacha.

TERESA.- Hola, ¿tú eres Carlos?


CARLOS.- Sí, claro. Y tú... eres... Clara.
TERESA.- No, me llamo Teresa, aunque... ¿cuánto tiempo quieres que me quede?
CARLOS.- ¿Podría ser toda la noche? ¿Hasta que el sol salga?
TERESA.- Hasta cuando tú quieras, si pagas, me quedo.
CARLOS.- Por supuesto, toma este dinero y por la mañana te doy lo que tú estimes.
TERESA.- ¿Todo este dinero y por la mañana más? Llámame como quieras. ¿Clara?
CARLOS.- Sí, ¿podrías ser Clara sólo por esta noche, sólo por mí?
TERESA.- Sí, hasta que amanezca seré tu Clara.
CARLOS.- No, no puedes ser mi Clara, te perdí hace ya mucho tiempo, solamente eres
Clara.
TERESA.- ¿Quieres hacer el amor?
CARLOS.- No, no quiero hacer el amor.
TERESA.- ¿Prefieres que te haga...
CARLOS.- No, por favor. Esta noche tan sólo quiero hablar contigo. Sólo eso.
TERESA.- Como tú prefieras.
CARLOS.- ¿Recuerdas cuando nos conocimos? No hicimos más que hablar, pero
después de aquella noche... hicimos el amor, todas las noches eran sexo y más sexo. Un
mes más tarde dejaste a tu anterior novio, un mes tuvo que pasar para que se lo contases
todo y formalizásemos nuestra relación, basada en el sexo.
TERESA.- ¿Cómo dices?
CARLOS.- Es lo único que te pido, sé Clara y habla conmigo, escúchame.
TERESA.- De acuerdo, nuestra relación basada en el sexo.
CARLOS.- Eso, pero yo te amaba, aunque tú no pensabas nada más que en el sexo, sexo
y más sexo.
TERESA.- También había más cosas.
CARLOS (abofetea a Teresa, enfurecido).- Nada más, sólo sexo y más sexo. ¿Me has
oído? Sólo sexo y más sexo, sexo y más sexo. ¿Fue así o no?
TERESA (asustada).- Sí, lo que tú digas, fue así, sexo y más sexo, nada más que sexo y
más sexo.
CARLOS.- ¿Te estás riendo de mí? Maldita perra, no te rías de mí, puta de mierda.
TERESA.- No me reía de ti, de verdad, no me estaba riendo.
CARLOS (comienza a pegar a Teresa).- Maldita seas Clara, maldita seas.
TERESA (en el suelo, arroja el dinero).- Hijo de puta, te puedes quedar con tu dinero,
no me vuelvas a tocar, desgraciado.

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CARLOS (recobra el sentido común).- ¿Qué? Lo siento, no quería pegarte, perdóname


por favor. Te llamabas Teresa ¿no? Teresa, perdona mi estupidez, por favor te pido que
te quedes.
TERESA.- Eres un cabrón.
CARLOS.- Lo soy, lo soy.
TERESA.- ¿Quién era esa tal Clara que te hace sentir tanto odio?
CARLOS.- Era la persona que más he amado en toda mi vida, era mi vida.
TERESA.- ¿Qué te hizo?
CARLOS.- Me enamoró, me enloqueció, me hizo sentirme vivo durante dos años.
TERESA.- ¿Y después?
CARLOS.- Después me arrebato lo que yo más quería. Me quitó a mi hijo.
TERESA.- ¿Tu hijo? ¿Tenías un hijo?
CARLOS.- No llegué a tenerlo, lo mató antes de que naciera.
TERESA.- ¿Qué?
CARLOS.- Siempre quiso ser modelo, siempre cuidaba su dieta y hacía ejercicio, y un
día, descubrió que estaba embarazada.
TERESA.- ¿Abortó?
CARLOS.- Pasamos cuatro largos meses ilusionados con el niño, cuatro meses
pensando que seríamos padres, que habíamos creado lo más precioso del mundo, un ser
humano, una persona a la que cuidaríamos y a la que ofreceríamos lo mejor de nosotros
mismos, un hijo, de carne y hueso, un... nuestro hijo.
TERESA.- ¿Y después?
CARLOS.- Su gran oportunidad, un famoso diseñador de moda había visto sus fotos y
le ofreció desfilar con sus creaciones, convertirla en su musa, hacerla famosa, en fin, la
oportunidad que siempre había esperado.
TERESA.- ¿Y el niño?
CARLOS.- Era un obstáculo en su vida, un niño a medio nacer era una barrera entre ella
y su sueño. Abortó sin decirme nada, me dejó y se fue a vivir con el modisto. Mató a
nuestro hijo, el mayor sueño de cualquier pareja puede ser el fruto de su amor, otro ser,
otra persona, la finalidad de cualquiera podría ser dar la vida, crear la vida, lo más cerca
que un mortal puede estar de Dios, cualquier dios de cualquier religión es el creador de
la vida, y ella, maldita Satanás, mató a nuestro hijo.
TERESA.- Yo también estuve embarazada hace más o menos un año, y ahora soy
madre.
CARLOS.- Debe ser ahora un apuesto muchachito o una dulce niña. ¿Cómo se llama?
TERESA.- ¿Su nombre?
CARLOS.- Sí, ¿cómo lo has llamado? A nuestro hijo le íbamos a llamar Teodoro si
fuera chico y sino Lourdes.
TERESA.- Desde el primer momento, supe que sería una chica, quería llamarla Teresa.
CARLOS.- Igual que tú.
TERESA.- No por eso, era por mi madre, se llamaba Teresa, era una gran mujer.
CARLOS.- ¿Era?
TERESA.- Sí, murió cuando me dio a luz a mí, en el parto.
CARLOS.- Debe de ser lo peor, por un instante no poder ver ya a tu hija. Aunque
también tiene su lado milagroso, vivió justo hasta que dejó otra vida en este mundo.
TERESA.- Los médicos ya le habían advertido que era extremadamente peligroso, tenía
ya cincuenta años y había parido a seis niños. Al saber que yo era una niña, la ilusión le

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hizo luchar hasta el último momento, justo cuando yo nací, murió justo cuando me vió.
Pero lo hizo con una sonrisa en los labios y un brillo indescriptible en los ojos, eso
decían mis hermanos.
CARLOS.- ¿Cómo has acabado teniendo una vida así?
TERESA.- Me enamoré de quien no debía, un chico que hizo que me separara
definitivamente de mis hermanos, porque ellos estaban en contra de nuestra relación.
CARLOS.- ¿En contra?
TERESA.- Él era heroinómano, pero no sé cómo acabé enamoradísima de aquel
muchacho.
CARLOS.- Lo único que importa es el amor ¿no?
TERESA.- Sí, pero él no era una buena persona, acabó obligándome a prostituírme y
tuve que dejar la facultad para poder trabajar y así él poderse meter su dosis, una dosis
que cada día era mayor. Ya nunca estaba consciente, siempre puesto, y cuando no... con
el mono, pegándome y gritándome. Entonces tenía que ir a trabajar para conseguir el
dinero y poder llevarle la heroína.
CARLOS.- ¿Es él el padre de tu hija?
TERESA.- Me violaron, una noche cuando había terminado de trabajar. Acababa de
comprar su droga cuando un grupo de chicos se me acercó y me ofrecieron dinero por
acompañarles a su casa, querían una orgía barata, los cinco turnándose conmigo, uno
tras otro. Les dije que no, sabía que él me estaba esperando, bueno, esperando su droga.
CARLOS.- ¿Entonces?
TERESA.- Uno de ellos dijo que era policía y sacó una pistola, me apuntó mientras que
otro me registraba. Encontraron la droga en mi bolsillo y me metieron en una furgoneta.
CARLOS.- Malditos cabrones ¿Allí te violaron?
TERESA.- En la furgoneta.
CARLOS.- ¿Eran policías de verdad?
TERESA.- No, eran unos malnacidos que me violaron y me pegaron, luego me llevaron
a la carretera y me tiraron al suelo. Cuando llegue a casa, fue el turno de él, me pegó
hasta cansarse, me dio una paliza peor que la de ellos, parecía un animal furioso sin su
heroína. Esa noche fue la última vez que le vi.
CARLOS.- ¿Y la niña?
TERESA.- Mi hija.
CARLOS.- Sí, pero y el padre ¿quién es?
TERESA.- Uno de los cinco chicos me dejó embarazada, pero mi hija no tiene padre.
CARLOS.- ¿Y sigues dedicándote a esto?
TERESA.- Seguí trabajando mientras pude, después ingresé en un centro donde estuve
hasta que nació ella, la primera vez que abracé a mi niña, de nuevo creí en Dios, era un
milagro.
CARLOS.- ¿Y luego?
TERESA.- Tuve que seguir trabajando para poder mantenerla, y ya me ves, aquí estoy
mientras que a ella la cuida una niñera.
CARLOS.- Con el dinero que te he dado, cubres lo que ganarías en tres noches. Vete a
casa junto a tu hija.
TERESA.- Pero, ese dinero era por estar aquí toda la noche, hasta el amanecer. Me has
pagado una barbaridad y a cambio tan sólo me has pedido...
CARLOS.- Que me escuchases.

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TERESA.- Pero no te he dejado hablar, te he contado mi vida, has sido tú el que me has
estado escuchando, no puedo aceptar este dinero cuando me has permitido ser yo
misma, sincerarme contigo, por primera vez en mi vida alguien se ha parado a
escucharme, lo siento, no puedo aceptar este dinero.
CARLOS.- Pero si yo quiero dártelo, no puedes rechazarlo, lo necesitas.
TERESA.- En tan sólo unos minutos te has convertido en mi mejor amigo, en lo que
habrían sido mis hermanos mayores si no les hubiera dado la espalda, en apenas unos
minutos, me he sentido tan feliz y a la vez tan libre que incluso contándote mi triste y
desgraciada vida, sentía como si estuviera despertando de una pesadilla.
CARLOS.- ¿No aceptarías la ayuda de un amigo o de un hermano?
TERESA.- Sí, pero no es igual.
CARLOS.- Déjame ser tu amigo, permíteme que al menos a ti te ayude a conservar y
cuidar a tu hija, déjame que te ofrezca lo que un séptimo hermano puede ofrecer a su
pequeña hermana madre de una preciosa hija.
TERESA.- Las adversidades me han hecho dura, la violación consiguió que quisiera
más todavía a mi hija, tal vez fue la única manera de sentir que había ganado a todos
aquellos que se habían aprovechado de mí, y ahora tú, un desconocido ¿te ofreces a ser
mi hermano ficticio? No, lo siento Carlos, a mi hija la cuidaré yo sola.
CARLOS.- Entiendo, no te preocupes, que lo entiendo. Sólo me duele no haber podido
tomar yo la decisión que tú tomaste, me duele no haber podido elegir mi propio destino,
me duele haber perdido a mi hijo. Pero ésta noche mi dolor ha desaparecido, ésta noche
mi dolor se ha aliviado viendo tu sonrisa y el brillo de tus ojos mientras hablabas de tu
hija.
TERESA.- ¿Lo entiendes? No puedo permitir que nunca jamás nadie decida el destino
de mi hija.
CARLOS.- Te admiro, es increíble la fortaleza que tienes, pero yo no quiero decidir
nada, tan sólo quiero poderte ayudar, aunque sólo sea económicamente. Tengo mucho
dinero, podría mantenerte, a ti y a tu hija también. Podrías volver a los estudios y el
resto del tiempo estar junto a ella. Yo cubriría vuestros gastos solamente hasta que
terminases la carrera, ¿te parece bien?
TERESA.- Me parece que no lo entiendes, no quiero ni tu dinero ni tu ayuda.
CARLOS (enajenado, como loco).- No, no voy a permitir que tú sola críes a esa pobre
niña, no, tú no puedes hacerlo sola, podrías tomar decisiones equivocadas, como ahora,
negarle a tu hija tener una vida mejor, negarle estar más tiempo disfrutando de su
madre, y todo por orgullo. No voy a permitir que destroces su vida, igual que hizo Clara
con mi hijo, no, esta vez no.
TERESA (nerviosa).- Clara pudo hacer lo que fuera, puedes odiarla si quieres, incluso
yo sin conocerla la odio, pero ésta es mi hija, y tú no eres más que un desconocido. Me
marcho.
CARLOS (más nervioso).- No, tú no te vas a ningún lado. ¿Dónde está la niña?
TERESA (gritando).- ¡Déjame, suéltame! ¡Socorro! ¡Ayuda!
CARLOS.- Deja de gritar, cállate de una puñetera vez. Dime dónde está la niña o te
mato.
TERESA (rabiosa).- ¿No me has oído todo lo que he dicho? ¿Crees que me importa mi
vida más que la de mi hija?
CARLOS.- No te hagas la víctima, no eres más que una puta.
TERESA.- ¿Tú pretendes juzgarme? Yo no he permitido que me arrebaten a mi hija.

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CARLOS.- Yo no tuve elección, no pude elegir, tú si pudiste. Quiero proteger a esa


niña, protegerla de su mayor enemigo, tú.
TERESA.- ¿Cómo te atreves? No sabes nada de mí. ¿Quién eres tú? Nadie.
CARLOS.- Entonces te mataré, ya encontraré a tu hija y la cuidaré.

Teresa saca un cuchillo y se lo clava a Carlos, recoge sus cosas, se acerca a él.

TERESA.- Ahí, tumbado en el suelo y desangrándote; ahí, tal vez comprendas que no
puedes arrebatarme a mi hija; ahí, espero que comprendas que si no lo hice, no abortaré
a mi hija un año después de haber nacido. Siento que hayas tenido esa vida, te
compadezco pero no por eso seré la víctima de tu rabia y tu venganza.

Teresa arroja el dinero sobre Carlos y se marcha llorando.

Telón.

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