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Los signos y sus sistemas también pueden clasifi-

carse según los_ sujetos de la volición, es decir, los


personajes que los crean por su voluntad (puesto que
todo signo artificial implica una creación voluntaria).
Ante todo, tenemos el atutor dramático; él es prin-
cipalniente creador de los signos de la palabra, pero
o S o puede inspirar, mediante el texto mismo o partici-
•í pando en los ensayos, signos pertenecientes a todos
-3 los demás sistemas. E l director, en nuestra época, es
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« el maestro todopodeifoso del espectáculo, que puede
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crear~o"suprimir signos de cualquier sistema (incluso
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c tí los de la palabra, haciendo cortes, cambios, o agre-
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lo ^ gando palabras al texto). JEl agtor determina, de ma-
o nera más o menos independiente, los signos del tono,
o o de la mímica y del gesto, parcialmente los del mo-
S vimiento escénico, a veces los del maquillaje, el pei-
H nado o el traje. E l papel del decorador (también lla-
mado autor del aparato escénico o escenógrafo) con-
siste en crear los signos del decorado, los accesorios,
o o "w a veces los de la iluminación; y él mismo o cola-
O 'Cí o rt
tí ;Í! boradores especializados crean los signos del vestuario,
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c/3 rt del peinado, del maquillaje. Mediante la disposición
del espacio escénico, él decorador puede sugerir los
signos del movimiento; Por último él compositor, para
no mencionar sino los principales coautores del espec-
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u táculo teatral, crea los signos de la música y, even-
tualmente, los del sonido; en los casos de la música
de ballet o de pantomima, el compositor inspira los
o signos del movimiento del actor (como lo hace el
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G autor del texto con relación a los diferentes sistemas
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o de signos). En el ballet y los interludios de danza,


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w o coreógrafo es el principal creador de los signos del
gesto y ael movimiento.
Después de estos intentos de sistematizar los fe-
nómenos semiológicos del espectáculo teatral, convie-
ne insistir sobre el hecho de la intercambiabilidad de
los signos entre diferentes sisTémasrrEse"~problema ya
ha surgido en la presentación de tal o cual sistema.
La palabra, en primer lugar, tiene el poder de reem-
plazar la mayoría de los signos de los demás siste-