Está en la página 1de 3

El legado de Jaime Eyzaguirre a la historia de Chile

Fernando Silva Vargas

 
ANIVERSARIO A 100 años del nacimiento y 40 años de la muerte del gran historiador:

El cerco crítico a Eyzaguirre ha pretendido convertirlo en ideólogo del conservantismo. Prescinden


de la esencia de su aporte: haber entusiasmado a muchos con la investigación del pasado.

FERNANDO SILVA VARGAS

El mismo año en que se cumplen los 40 años de la muerte de Jaime Eyzaguirre se conmemoran
los 100 de su nacimiento. Uno de nuestros grandes historiadores, también fallecido, Mario
Góngora, lo calificó en cierta oportunidad de "empresario intelectual".

En un primer momento me pareció un tanto mezquina tal asimilación, que dejaba en la sombra su
labor historiográfica y, fundamentalmente, su infatigable trabajo en la cátedra. Pero en el intento de
hacer una apreciación del legado de Eyzaguirre se tiene la impresión de que el juicio de Góngora
no estaba descaminado.

El Chile republicano

La obra histórica de Eyzaguirre es considerable, pero primó en ella su interés en conocer de


manera más profunda al Chile republicano. Es cierto que, con poco más de 30 años, publicó en
1942 su biografía de Pedro de Valdivia, personaje que le sorprendía y le apasionaba, pero su labor
más sostenida estuvo dirigida hacia el Chile independiente. De 1946 es su biografía de OHiggins, y
El Conde de la Conquista es de 1951. Con "Ideario y ruta de la emancipación chilena", de 1957,
quiso Eyzaguirre ofrecer otra perspectiva de la emancipación, proceso al que él siempre se sintió
especialmente ligado por razones familiares.

"El alcalde del año 10" se llamó el artículo que publicó en 1960, al conmemorarse el
sesquicentenario de la Independencia, en el Boletín de la Academia de la Historia, y que se refería
a la acción que cumplió en esa compleja coyuntura su antepasado Agustín de Eyzaguirre, alcalde
entonces de Santiago. El libro de Eyzaguirre sobre la emancipación despertó polémica, como era
de esperarlo, pero ella lo estimuló a continuar esa línea de trabajo.

El "Epistolario de la familia Eyzaguirre", publicado en 1962 en una reducida edición en Buenos


Aires, y tal vez por ello poco conocido, resulta fundamental para adentrarse en la intimidad de un
proceso del cual aún sabemos demasiado poco. No es extraño, en consecuencia, que el último y
breve escrito de Eyzaguirre tratara sobre la conducta política de algunos miembros de la elite
santiaguina durante el decenio de 1810.

Un gran polemista

Jaime Eyzaguirre miraba con simpatía el género biográfico. Después del largo destierro a que la
relegaron las modas en la historia, la biografía es hoy reconocida como herramienta fundamental
para lograr una adecuada comprensión del pasado. Y siempre Jaime Eyzaguirre supo valorar su
importancia y su vigencia.

Después, en 1961, dio un salto temporal y abordó al Presidente Federico Errázuriz Echaurren. Lo
movió a ello la posibilidad de usar el rico archivo del Mandatario y, en especial, su otra pasión: la
defensa de la integridad territorial de Chile.
En esa tarea, como es sabido, no rehuyó la polémica, y no vaciló en adoptar posiciones difíciles de
defender, tanto en lo relativo a los límites con Bolivia como con Argentina. Muy alejado de esas
materias, no puede, sin embargo, dejar de sorprenderme al ser testigo de un intercambio de ideas
entre él y un diplomático, que era un reconocido especialista en ellas, y que concluyó con esta
andanada: "Mira, Jaime, tú no sabes de historia de límites". Jaime Eyzaguirre recibió ese juicio con
su risa y sus gestos tan característicos, para advertirme más adelante, con esa humildad que
desarmaba, que su interlocutor era la persona que más conocimiento tenía en Chile sobre el tema.

La publicación del libro sobre Errázuriz Echaurren produjo encontradas y violentas reacciones. Con
seguridad, las críticas a la gestión de Diego Barros Arana, que actuaba como perito en el diferendo
de límites con Argentina, fue el detonador de ellas. Y fue Ricardo Donoso, distanciado de
Eyzaguirre por viejas querellas y probablemente por su doctrinario liberalismo, quien lo atacó con
más saña en un artículo feroz, verdadero modelo en el género panfletario. Jaime Eyzaguirre no
estaba en Chile y no recuerdo si respondió al ataque. Como disfrutaba en esas lides, no pudo sino
reconocer el ingenio de que dio muestra su contradictor al titular su artículo, que como separata
circuló ampliamente en Santiago.

¿Conservador, clasista?

"Combates por la Historia" es el título dado por Lucien Febvre a la recopilación de algunos de sus
sugerentes artículos. Cuando lo recuerdo, veo a Jaime Eyzaguirre como un combatiente de la
historia, tratando, con ingenio, con pasión y con una pluma de excelencia, de argumentar a favor
de lo que estimaba esencial si se quería entender el desarrollo de nuestro país: el verdadero papel
desempeñado por España en América; la función que le cupo a la Iglesia Católica en la formación
de los reinos indianos y en el desarrollo de las repúblicas sucesoras de la monarquía; la
importancia de Diego Portales en la consolidación del Chile independiente. No creo que estas
características hayan bastado para incluir a Eyzaguirre en la categoría de historiador
"conservador", adjetivo éste que hoy tiene un eufemístico sesgo descalificador.

Se ha rastreado cuidadosamente en su intensa labor intelectual en el campo de las ideas, en


especial a través de las revistas Estudios y Finis Terrae, y muy tempranamente lo hicieron quienes
no comulgaban con él.

Así, se nos habla del corporativismo de Eyzaguirre, sin reparar en que esa fue en el decenio de
1930 la doctrina política difundida por la Iglesia Católica, cuya jerarquía suele errar en sus
recomendaciones temporales, y que tanto o más corporativistas que él fueron Eduardo Frei
Montalva, José Antonio Garretón, Radomiro Tomic, Jorge Rogers, Alejandro Silva y los demás
fundadores de la Falange.

Se nos habla del clasismo de Eyzaguirre, tanto por el énfasis puesto por él en las elites en sus
aproximaciones a la historia social como por su supuesto afán de formar círculos cerrados de
discípulos. Pero difícil es intentar una historia de Chile sin considerar el peso que tuvieron los
sectores altos en la configuración de nuestro país.

En cuanto al exclusivismo de que habría hecho gala, necesario es recordar que ello, de ser cierto,
se habría opuesto a su objetivo central, reconocido por tirios y troyanos, que era repartir el mensaje
evangélico, en particular donde éste era objeto de explícito rechazo.

Esta suerte de cerco crítico al pensamiento de Eyzaguirre, que ha pretendido convertirlo en el


ideólogo del conservantismo corporativista y autoritario, prescinde de su compromiso religioso y
deja de lado lo más medular de su contribución a la historia: el haber sabido entusiasmar a muchos
con la investigación; el haber fundado, con escasos 25 años, la Academia Chilena de la Historia,
con un Boletín al que logró consolidar y darle gran jerarquía. Y el haber sido el motor de la revista
Historia, que, nacida al alero de un inexistente Instituto de Historia de la Universidad Católica,
inventado por él, habría de convertirse algunos años después en el órgano científico de esa
entidad, cuando fue establecida.
Dudo de que en el siglo XX haya habido otro historiador con una trayectoria semejante y, sobre
todo, que haya generado un legado como el que Jaime Eyzaguirre dejó.

"Dudo de que en el siglo XX haya habido otro historiador que haya generado semejante legado",
señala Fernando Silva.

_______
FUENTE
http://diario.elmercurio.com/2008/09/21/artes_y_letras/artes_y_letras/noticias/6D882DD5-6B98-
46F8-8629-272B73366A1F.htm?id={6D882DD5-6B98-46F8-8629-272B73366A1F}

También podría gustarte