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Limina / Limites

Archeologie, storie, isole e frontiere nel Mediterraneo (365-1556) 3

Lo que vino de Oriente


Horizontes, praxis y dimensión material de los
sistemas de dominación fiscal en Al-Andalus
(ss. VII-IX)

Editores

Xavier Ballestín
Ernesto Pastor

BAR International Series 2525


2013
Published by

Archaeopress
Publishers of British Archaeological Reports
Gordon House
276 Banbury Road
Oxford OX2 7ED
England
bar@archaeopress.com
www.archaeopress.com

BAR S2525
Limina / Limites Archeologie, storie, isole e frontiere nel Mediterraneo (365-1556) 3

Lo que vino de Oriente: Horizontes, praxis y dimensión material de los sistemas de dominación fiscal en
Al-Andalus (ss. VII-IX)

© Archaeopress and the individual authors 2013

ISBN 978 1 4073 1143 2

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Lo que vino de Oriente. Horizontes, praxis y dimensión material de los sistemas de dominación fiscal en Al-Andalus
(ss. VII-IX), X. Ballestín y E. Pastor (eds). BAR, Oxford, 2013

Poblamiento de los siglos VII-VIII y conquista musulmana


del antiguo Conventus Asturum
José Avelino Gutiérrez González (Universidad de Oviedo. Área de Arqueología) *

Abstract

The aim of this paper is to show a short overview of the northern Iberian Peninsula (Duero valley and Cantabrian
region) through the settlements and territorial articulation established by local aristocracies in the final times of the
Visigoth Kingdom, as well as the impact of the Muslim conquest and the local response on the eve of the birth of the
Asturian Kingdom.

Keywords

Settlement, Late Antiquity, Visigoth Kingdom, Asturian Kingdom, Muslim conquest, northern Iberian Peninsula.

Introducción los recintos amurallados y diversos acondicionamientos


de edificios y espacios antiguos; en León (Gutiérrez et
El objetivo de este trabajo es presentar sumariamente la alii 2010), Astorga (Gutiérrez y Arias 2009) o Gijón
estructura territorial y las formas de poblamiento en la (Fernández Ochoa y Gil Sendino 2007) se han docu-
región astur a través del registro arqueológico en la épo- mentado arqueológicamente tales cambios, consistentes
ca de transición entre el mundo antiguo y el medieval en reparaciones de las murallas de cubos tardorromanas,
(ss. VII-VIII), al final de la época visigoda, y el momento cierres parciales de puertas bíforas, así como reutili-
de la conquista musulmana del norte peninsular. Frente zaciones y reformas de antiguos edificios romanos o
a antiguos postulados sobre la escasa integración de la construcción de otros nuevos, entre ellos las primeras
región en las estructuras político-administrativas ro- iglesias cristianas. En antiguos espacios romanos, como
manas y visigodas, los nuevos conocimientos que está calles o edificios, se documentan además rellenos de
proporcionando la arqueología nos muestran una clara tierras negras y abundantes hoyos-silos, indicadores de
integración en el Estado romano así como en el reino usos domésticos y actividades agrarias en el interior ur-
visigodo, aun manteniendo particularismos propios de bano, característica generalizada en un gran número de
una zona periférica. La continuidad de los asentamientos, ciudades romanas en época tardoantigua. La aparición
los cambios administrativos, sociales y económicos, así de cerámicas importadas (TSG, TSA, LRC entre otras),
como las nuevas formas de ocupación, marcan los hitos sarcófagos y mármoles ornamentales, metales y mone-
básicos de una región sobre la que incidirá el impacto de das suevas, indica el mantenimiento de cierta actividad
la conquista islámica de una manera más decisiva de lo comercial y su función redistribuidora en la región. La
que la historiografía ha establecido. La trascendencia de creación de sede episcopal en Asturica vendría a refrendar
esta situación es crucial para entender mejor el origen del su función como lugar central del territorio astur. Otros
núcleo de resistencia que acabará configurando el reino núcleos urbanos, como Lancia, Bergidum Flavium o Lu-
de Asturias. cus Asturum registran una menor vitalidad, sin construc-
ción de murallas o nuevos edificios, aunque los hallazgos
de esta época testifican su continuidad habitacional con
Transformaciones de los asentamientos en presencia de aristocracias locales vinculadas a poderes
época tardoantigua centrales de época visigoda.

Después de la desarticulación del Estado romano, en un Igualmente, asentamientos rurales como las villae y las
primer momento – siglos V a mediados del VI – los asen- granjas, que habían sido ampliamente extendidos en
tamientos urbanos y rurales de la región sufren procesos tiempos tardorromanos (Fernández Ochoa y Gil Sen-
de crisis y transformaciones similares a los de otras áreas dino 2008), mudan su dedicación económica. En gran
periféricas. En las ciudades y aglomerados secundarios número de ellos no se documentan evidencias de conti-
del antiguo Conventus Asturum se registran reformas en nuidad, pudiendo interpretarse como abandonos a falta
de mejores registros. Otros se transforman en lugares

* Este trabajo ha sido realizado en el marco del proyecto de investigación del: De Conventus Asturum a Asturorum Regnum. El territorio de la
ciuitas Legione y el asentamiento de Marialba de la Ribera (León) entre época tardoantigua y medieval (Plan Nacional MCINN ref. HAR2011-
23106). Se incorporan aquí algunos resultados de trabajos anteriores (Gutiérrez 2010a,b,c; 2011).
J.A. Gutiérrez González: Poblamiento de los siglos VII-VIII y conquista musulmana del antiguo Conventus Asturum

de producción y asentamiento campesino o en sitios de varría 2005). Quedan aún otros aspectos por determinar,
culto y uso funerario, de modo semejante a otras áreas tales como si se trata de poblados de comunidades cam-
del antiguo mundo romano (Chavarría 2007a y b; López pesinas autónomas o por el contrario dependientes de
Quiroga y Bango García 2006; Brogiolo, Chavarría, Va- la aristocracia terrateniente o monasterios, como parece
lenti 2005). En la región astur estos procesos cuentan con sugerir la contabilidad de rentas en especie documentada
una reciente y completa documentación arqueológica en las pizarras visigodas del área salmantina (Gómez
en la villa de Veranes (Gijón) (Fernández Ochoa y Gil Moreno 1966; Brogiolo y Chavarría 2005; Chavarría
Sendino 2008 y 2009), con una secuencia constructiva 2007b; Castellanos y Martín Viso 2005).
(adaptación del oecus/triclinium absidiado como iglesia),
funeraria y productiva (fraguas, hogares, etc) y mate- A partir de mediados del VI y VII los cambios y rupturas
riales cerámicos y metálicos de los siglos V en adelante, en la trama territorial aparentan mayores consecuencias.
hasta la Edad Media; en otras parcialmente estudiadas La escasez de los registros arqueológicos parece indicar
(como Murias de Paraxuga, Valduno, Paredes, Puelles, una menor vitalidad de los anteriores centros urbanos
Andallón, La Isla o Memorana en Asturias; Navateje- y rurales. En las ciudades de Legio, Bergido y Asturica
ra, Marialba, La Milla del Río, Campo de Villavidel o unos pocos registros materiales (cerámicas, broches y
Cabreros en León; Camarzana, Requejo o la Dehesa de otros objetos de época visigoda) apuntalan las mencio-
Misleo en Zamora, entre otras), se registran reutilizacio- nes literarias a sede episcopal (Asturica), parroquias o
nes, usos funerarios y diversas cerámicas (TSGGT, TSA, cecas (Legio, Bergido, Semure, Petra, Comianca, Ventosa y
producciones regionales) (Gutiérrez 2010a). quizás Lucus Asturum, mencionada como mansio y cuyo
cancel sugiere la existencia de una iglesia tardoantigua).
Algunos asentamientos rurales tardoantiguos no pueden La escasez de los registros materiales denota esa pérdida
calificarse como villae, a juzgar por la falta de estructuras funcional de los centros clásicos; sin embargo el tipo de
edilicias o mobiliario característicos de las mansiones hallazgos sugiere una cierta relación con los poderes cen-
señoriales (mosaicos, mármoles, etc). A partir de su trales estatales del reino visigodo. La reaparición de estos
situación y emplazamiento, estructuras u otros indicios centros –más otros como Cangas de Onís, Flavionavia,
han sido interpretados como mansiones o mutationes Pravia u Oviedo– en las fuentes cronísticas medievales –
viarias –La Doriga en Asturias, sobre la vía entre Lucus cristianas y musulmanas–, alusivas a su importante papel
Asturum y Lucus Augusti a su paso por el puerto de la en la conquista musulmana y en la reorganización astur,
Cabruñana (Estrada 2007b)–, granjas rurales –como sugiere la continuidad de sus funciones jerárquicas en el
Priañes en Asturias, con instalaciones agrarias sobre las territorio, mayores de lo que el registro arqueológico nos
que se registraron enterramientos altomedievales (Re- muestra.
quejo y Álvarez 2008) o San Miguel de Escalada en León
(Larrén 1986)–, castella o turres de vigilancia y control En época tardoantigua avanzada se produce también
viario o territorial –Santofirme (Estrada 2007ª), Palomar una tendencia similar de progresivo abandono y ruptura
o Llongrey en Asturias (Gutiérrez 2010a)–. en los anteriores asentamientos rurales. Parece haberse
producido el final definitivo de las villae como centros
Varios castros presentan ocupaciones tardoantiguas de de explotación agraria señorial, y sólo subsisten aquellas
diversa naturaleza y jerarquía: en unos casos la erección transformadas en centros de culto y enterramiento –Ve-
de potentes murallas tardorromanas, la amplia extensión ranes, Marialba y quizás Valduno, Rodiles, Navatejera,
de los asentamientos y el amplio registro tardoantiguo Escalada, Camarzana (Gutiérrez  2010a)– o estableci-
(construcciones y hallazgos diversos) sugiere la existen- mientos agrarios con carácter diverso –Paraxuga, Pria-
cia de fortificaciones estatales, como pueden ser las de ñes, Magdalena la Llera, Serín, Natahoyo, Baldornón o
Bergidum (Castro Ventosa), que mantendrán funciones Tremañes o Murias de Beloño en Asturias (Fernández
similares a las civitates en época visigoda, o controladas Ochoa y Gil Sendino 2008: 450-462)–.
por poderes locales, como pueden ser las de Comeniaca
(Valencia de don Juan) o Muelas del Pan, que actuarían
como centros jerárquicos en los siglos V-VI; en otros Nuevos centros de poder y asentamientos
podría tratarse de iniciativas locales, a modo de castella o aristocráticos
turres de dominio territorial sobre pequeños asentamien-
tos de un entorno más reducido; a veces, la inexistencia La crisis en los ámbitos poblacionales sugiere una amplia
de nuevas obras de fortificación y la labilidad del registro deserción de los escenarios antiguos y un general empo-
sugiere la idea de asentamientos de altura campesinos, brecimiento de la población, incluida la aristocrática, a
quizás en relación con nuevas tendencias productivas partir del siglo V. La desarticulación de las estructuras te-
de explotación ganadera y forestal de zonas de montaña rritoriales antiguas o la dificultad para imponer el poder
más que con fortificaciones –Cospedal, Robledo de la central por el estado visigodo debió generar o posibilitar
Guzpeña, Coaña o Mohías entre otros (Gutiérrez 2002b, la creación de ámbitos territoriales donde los poderosos
2010a y b)–, similares a tantos otros asentamientos de locales irían implantando sus residencias y centros de
altura del norte peninsular, áreas gálicas, itálicas, etc. poder, como ecclesiae, castella y palatia.
(Quirós et alii 2009; Gutiérrez 2002a; Brogiolo y Cha-

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Castella iglesia (Ibidem). También en el suburbium legionense tar-


doantiguo destaca el conjunto de Marialba de la Ribera
En época tardoantigua avanzada (siglos VII y VIII) se (Hauschild 1970), en proceso de nueva excavación y
constata en estas regiones norteñas el origen de nuevos estudio por nosotros. Una parte del edificio tardorro-
castillos y torres en sitios elevados, con funciones tan- mano es readaptado continuamente entre los siglos V y
to de residencia señorial –en sustitución de las clásicas VII, mediante la construcción primero de una cabecera
moradas tardorromanas en ciudades y villae– como de triconque inscrita en la exedra semicircular, dentro de
control viario y territorial (Gutiérrez 2008). En Asturias la cual se edifican trece tumbas de ladrillo; otro pórtico
contamos de nuevo con el caso paradigmático de la villa con tumbas de ladrillo se adosa a los pies. Los suelos del
de Veranes y su entorno. Al tiempo que se producen los interior y exterior del edificio fueron perforados por
cambios en la villa de Veranes, el centro de poder local sucesivos enterramientos desde época tardorromana y
se desplazaba al cercano oppidum o castillo de Curiel visigoda con características ofrendas (jarritas y olpes ce-
(Gutiérrez 2008 y 2010a). El nuevo castillo, quizás ya rámicos, broches, anillos, cuchillos y lanzas) (Fig. 2). La
existente como una turris en el límite del fundus, se em- construcción de un anexo con pila bautismal y machones
plaza en la cima de un pico que domina los valles y la de ángulo para soportar una cúpula central convierten al
vía entre la costa (Gijón) y el interior (villas de Murias anterior mausoleo-martyrium en una iglesia parroquial,
de Beloño, Veranes, Lucus Asturum, Oviedo...), en una que perduró con fines funerarios en tiempos altomedie-
zona con potencial silvopastoril más que agrícola; en vales (Gutiérrez et alii 2010).
una primera fase se compone de un recinto amurallado,
reutilizando sillares de arenisca seguramente procedentes En época visigoda se construyeron también otros templos
de Veranes, con cabañas y estructuras de madera y barro y monasterios en la región astur, de los cuales tenemos
en su interior, destinadas a trabajos metalúrgicos y do- un conocimiento más fragmentario. Restos constructi-
mésticos (Gutiérrez 2003). La posibilidad de vincular el vos y escultóricos (canceles, capiteles, pilastras, epígrafes
nuevo centro de poder señorial con las élites locales des- entre otros) en Astorga – donde se conocen testimonios
pués del abandono de la villa constituye una sugerente de los monasterios de San Dictino extramuros–, monas-
vía de interpretación sobre el origen de las aristocracias terios fructuosianos de Compludo y Rupiana, Montes
medievales y los nuevos centros de poder (Fig. 1). de Valdueza, San Fiz de Corullón y Tremor del Bierzo;
Villalís, San Miguel de Escalada, Santa Cristina de Lena,
Otros castillos de altura con estructuras, materiales y San Pedro de la Nave o Zamora, entre otros (Gutiérrez
dataciones de época tardoantigua, levantados en cerros y Benéitez 1996). Posiblemente también se creara una
sobre antiguos castros o turres romanas –por ejemplo iglesia en Lucus Asturum, a juzgar por la presencia de un
Raíces, Tudela, San Martín, Doña Palla, Peñe Amanil, cancel (siglo VII o comienzos del VIII) y las referencias
Palomar, Barrios de Luna...–, debieron ir construyéndose escritas a la vieja ecclesiam Sancte Marie de Lugu cum suos
a partir de los momentos más críticos de la Antigüedad muros antiquos. Por otra parte, en las primeras iglesias
Tardía, con la crisis del reino toledano a lo largo del siglo altomedievales de Santa Cruz de Cangas de Onís, San-
VII, la conquista islámica y la constitución de la resis- tianes de Pravia, Oviedo, Naranco, Lena y Valdediós,
tencia local hasta la cristalización del reino de Asturias ligadas a las sedes y palacios de la monarquía asturiana,
(Gutiérrez y Suárez Manjón 2009). se reutilizaron abundantes materiales constructivos an-
teriores (Gutiérrez 2010a). El hecho de que las piezas
Por otra parte, no se conocen aún en la región astur otros reutilizadas no sean sólo de arquitectura civil (columnas,
tipos de residencias aristocráticas, como los palatia que capiteles corintios) sino también canceles, pilastras o
se documentan a partir del siglo IX en Pravia, Oviedo o epígrafes funerarios, permite suponer la existencia de
Liño ligados a los monarcas astures (Gutiérrez y Muñiz templos cristianos tardoantiguos en Asturias, que, por
López 2004; Gutiérrez 2008). otra parte, se documentan ya desde el siglo VI en el
Parroquial suevo y se mencionan en la denominada Pi-
Ecclesiae zarra de Carrio, que sugiere además la presencia de ricos
propietarios en el occidente de Asturias (Diego Santos
Entre la aristocracia local se contarían también titulares 1979: 54-8 y 1993: 28-9; Novo 1992: 358-9; Menéndez
de iglesias y monasterios familiares fundados por pos- Bueyes 2001: 220-1).
sessores en sus fundi, lo que explicaría la adaptación de
antiguas villas romanas, como se documenta bien en Ve- Un carácter excepcional presenta el tesoro de Villafáfila,
ranes, con la reconversión del triclinium en iglesia. En las formado por tres cruces votivas en lámina de oro y un
inmediaciones de Legio se construye en época visigoda incensario de tipo copto-bizantino, aunque se descono-
el monasterio de San Claudio, del que se conocen restos ce cualquier posible asociación a un edificio religioso
funerarios y cerámicos, además de testimonios literarios (Fernández 1990). Así mismo, la generosa concentración
(Gutiérrez y Benéitez 1996; Gutiérrez et alii 2010). En la de jarros y patenas litúrgicas de época final visigoda en
villa de Navatejera se construye en un tiempo indefinido la región asturleonesa se ha ligado habitualmente a la
entre época tardorromana y altomedieval un edificio construcción de iglesias en los siglos VII-VIII. Sin em-
cruciforme con triple cabecera recta, interpretado como bargo, el contexto arqueológico –Astorga, León, mina

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El Milagro de Onís, tumbas en Cueva Huerta de Alesga, presencia de armamento tanto en la fortificación como
Lindes, Pandavenes y quizás Covadonga o su entorno– en las tumbas no indica necesariamente la adscripción
no permite asegurar en todos los casos su relación con militar ni germánica de sus propietarios; como han mos-
lugares de culto rupestres, sino más bien con ocultacio- trado estudios sobre organización social de cementerios
nes o con enterramientos aristocráticos. tardoantiguos, la deposición de armas puede responder
más bien a ostentación de status y rango social, exhibi-
dos por la élite local para afirmar su prestigio y posición
Enterramientos aristocráticos social frente al resto de individuos de la comunidad, en
clara imitación de la más poderosa aristocracia germáni-
En distintos lugares de montaña y valles cantábricos, es- ca, tanto visigoda como franca (Gutiérrez 2010b).
pecialmente cuevas cársticas, han aparecido testimonios
materiales de tipología visigoda o germánica, en con- Una interpretación similar puede extenderse a otros
textos de enterramientos y ocultaciones de armamento, depósitos funerarios en cuevas de la región asturcán-
joyas, metales y otros objetos (puntas de lanzas, hacha, tabra y vascona. En una cueva de Carreña (Cabrales)
puñales y cuchillos, espadas, fíbulas anulares, broches apareció un enterramiento junto con una cerámica y
de lengüeta, anillos, cuentas de collar, jarros de bronce un pequeño cuchillo o navaja de bronce en su interior,
y cerámica, monedas suevas y visigodas, entre otros). con circulitos incisos en la hoja, datados entre los siglos
Junto con los abundantes restos materiales pertenecientes VI-VIII. En Cueva Güerta (Teberga), apareció una
a construcciones religiosas (canceles, placas escultóricas, sepultura de lajas con un enterramiento y un depósito
capiteles...), jarritos de bronce, tremises y otros objetos de formado por un jarro de bronce de la segunda mitad
época visigoda, nos ofrecen algunas claves para interpre- del siglo VII y una espada corta. Un jarrito semejante
tar una importante cuestión hasta ahora desapercibida, apareció también en una cueva de la montaña cantá-
como es la existencia y visibilidad de las élites locales y su brica (en el puerto de Somiedo), acompañado por un
relación con el poder central visigodo o franco. caldero o acetre litúrgico de bronce y dos broches de
cinturón de tipo liriforme y decoración incisa, hebilla
Destacan entre ellos los hallazgos del Monte Rodiles, so- ovalada con aguja de base escutiforme, característicos
bre la ría de Villaviciosa, donde un gran amurallamiento del siglo VII o incluso comienzos del VIII (Gutiérrez
con fosos forma una perfecta atalaya costera. Allí se en- 2010a y b). Otro jarro de bronce de similar cronología
contró un lote de armamento y objetos característicos fue hallado en la mina de cobre denominada El Milagro
de época germánica: dos puntas de lanza, una punta de en Onís. Por el lugar del hallazgo se ha propuesto la
venablo, varios puñales o cuchillos, un hacha de com- posible explotación del cobre de la mina prehistórica
bate, un broche de lengüeta, una cuenta de collar, un en tiempos altomedievales, que sería beneficiado para
alfiler, clavos y otras piezas propias de finales del siglo VI la fabricación de estos objetos litúrgicos en el oriente
o comienzos del VII (Fig. 3). Su asociación a los restos astur, la zona de Cangas de Onís, donde se concen-
constructivos y funerarios en el llano permite suponer tran un bueno número de hallazgos de estos jarritos
que se trata de un destacado lugar en la costa astur (Gon- (Manzanares 1959: 36-7). Sin embargo, no hay pruebas
zález y Fernández-Valles 1976; Gutiérrez 2009). de tal explotación en esta época y el contexto parece
más bien funerario o de escondrijo (Blas Cortina 2004).
Podría tratarse de un enclave portuario de época romana Otros autores han supuesto que éste y los otros jarritos
que, aunque no llegara a prosperar como ciudad tardo- de Asturias habrían sido traidos por los refugiados go-
rromana, mantendría importantes funciones de control dos después de la invasión islámica (Diego Santos 1977:
marítimo, comercial y defensivo. Instalaciones similares, 241; Avello 1986: 24-5). También se ha sugerido que,
con castillos y hallazgos de esa época se encuentran en dado su uso litúrgico, pudieran haber pertenecido a co-
otras rías y enclaves costeros cantábricos: castillo de Raí- munidades eremíticas y, con ello, demostrarían igual-
ces y San Juan de Nieva en la ría de Avilés, castillo San mente la existencia de iglesias rupestres en el oriente
Martín en la ría del Nalón, Gijón, y quizás también los astur, como la misma gruta de Covadonga, que incluso
castros de Mohías y Coaña en la del Navia. El armamen- habrían podido ser anteriores santuarios paganos
to y demás panoplia podrían atribuirse a la guarnición (Fernández Conde 1995: 45-7). Son ideas sugerentes,
militar del puesto fortificado, a la tropa personal de un aunque carentes de constatación. Por el contrario, el
dominus del enclave o a su propio equipamiento militar contexto conocido más habitual para la mayoría de los
y venatorio. Sin embargo, no parece probable que per- casos es funerario, acompañando al sacerdote o diácono
tenecieran a tropas visigodas acantonadas, pues el escaso en su enterramiento. Habida cuenta de la reiterada prác-
número de piezas y de tumbas reconocidas descartaría tica funeraria en cuevas de la región cantábrica durante
que se tratara de una extensa necrópolis semejante a las la época tardoantigua (Bohigas 2003) no sería extraño
de la Meseta (v.g. Herrera de Pisuerga, la situada más que también respondan a enterramientos rupestres los
al noroeste y cercana a la región asturcántabra), Pam- jarros de la mina y grutas naturales cantábricas. En
plona, Aldaieta o Finaga o Buzaga, donde aparece un ese caso, podría tratarse de objetos personales, como
gran número de enterramientos y una amplia cantidad representación del estatus social de la clase sacerdotal
de armamento y objetos de filiación franca. Además, la extendida por la región cantábrica a partir del siglo VII.

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Apuntan también hacia enterramientos tardoantiguos al dominio islámico; o, igualmente, la asimilación a una
rupestres otros hallazgos en la cueva de Valdediós (fíbula cueva que entonces poseería la cámara dolménica de
anular, jarro cerámico y restos humanos); en la cueva de Santa Cruz (Cangas de Onís), sobre la cual construiría
l’Alborá (Perlora) formados por restos humanos acom- Favila, a mediados de esa centuria, la iglesia epónima,
pañados de TSHT, fíbula anular, vidrio, puñal «tipo Si- también conmemorativa de la protección divina a la
mancas» y regatón o lanza de hierro, y quizás las dos se- afirmación del poder local asturcántabro (Gutiérrez y
pulturas excavadas en Vidiago, acampañadas de un anillo Muñiz 2004; Gutiérrez 2007).
(Diego Santos 1979: 40). Los enterramientos en cuevas,
acompañados de objetos como broches de cinturón de Por otra parte, la aparición de monedas visigodas en la
los siglos VI-VII, objetos metálicos (puntas de lanzas de región ha sido relacionada habitualmente con las cam-
hierro, hachas franciscas, herraduras, cuchillos...), jarros, pañas militares contra el reino suevo y los pueblos del
cuentas de collar, cerámicas, monedas, etc., aparecen norte, considerando que las acuñaciones en cecas nor-
extensamente registrados en las áreas cantábricas desde teñas estaban destinadas a pagar al ejército y jalonaban
Asturias al País Vasco. En Cantabria destacan las cuevas los alcances de la conquista (Mateu Llopis 1944: 222-5).
de La Garma, La Hermida, Cudón, Portillo del Arenal, Es factible que las acuñaciones de tremises tuvieran una
Puente Arce, El Juyo, La Castañera, La Pila, Las Peñas finalidad de pago militar, pero también es preciso con-
(Bohigas 2003), Peña Forua en Vizcaya, Los Husos o siderar otros factores como la implantación del sistema
Los Goros en Álava, etc., en las que se documentan fiscal o la emisión de moneda de oro como vehículo de
usos funerarios, domésticos, artesanales y agropecuarios propaganda política en una región periférica y propensa
(Quirós et alii 2009). a la rebelión e insumisión política y fiscal, como es el
norte peninsular (Díaz 1994b). De hecho no todas las
Aparte de los enterramientos rupestres, hay que mencio- monedas y cecas coinciden con campañas militares, sólo
nar el reciente hallazgo –aún en estudio por R. Estrada– las de Pésicos serían coetáneas con el sometimiento de
de un mausoleo tardoantiguo en Argandenes (Piloña), astures y roccones o luggones por Sisebuto, según San Isi-
de planta rectangular, construido con mampostería y doro (Ibidem).
ocupado profusamente por enterramientos de esa época,
acompañados con cuchillos, broches y otros objetos co-
etáneos, indicadores igualmente del uso funerario por las Nuevos asentamientos campesinos
élites locales (Fig. 4).
Además de los asentamientos y enterramientos aristocrá-
En el área leonesa destacan los mencionados enterra- ticos, recientes excavaciones han deparado el hallazgo de
mientos privilegiados en el interior y pórtico de la ba- poblados de llanura en el valle del Duero, construidos
sílica funeraria de Marialba entre el siglo V y el VIII y con estructuras de materiales sencillos (madera y barro,
siguientes, a los que acompañaban otros más sencillos en el hoyos, hogares, silos, fondos de cabaña, etc) atribuibles
exterior del edificio. En otras villas y enclaves de la región a nuevos asentamientos campesinos de esta época, no
(Lucus Asturum, Lancia, León, San Miguel de Escalada, construidos sobre antiguos asentamientos, que indican
villas de Veranes, Murias de Beloño, Valduno, La Milla, tendencias diferentes en la explotación de la tierra así
La Garandilla, Velilla y otras) se documentan igualmente como en la estructura social. En todas las regiones eu-
enterramientos con hallazgos tardoantiguos (broches de ropeas, pero especialmente las centrales y orientales, son
cinturón, jarritas cerámicas con dos asas), que pudieron ya ampliamente conocidos este tipo de poblados. Son
pertenecer a las élites propietarias del lugar, con depósitos asentamientos colectivos formados por un número va-
y objetos de tipo hispanovisigodo, o bien a sus campesinos riable de construcciones (desde unas pocas a centenares
dependientes que ocupan la villa después del abandono de cabañas) con diferentes tipologías, desde las Gruben-
señorial, en enterramientos más sencillos (Fig. 5). häuser a las Longhouses, desde las pequeñas estructuras
semienterradas o con suelo excavado en el terreno, a las
En conjunto, las prácticas funerarias rupestres de época grandes cabañas suprafamiliares o de jefaturas locales.
tardoantigua en la región astur-cántabra constituyen algo En las últimas décadas han ido también documentán-
más que un fenómeno episódico y aislado. Parecen estar dose y estudiándose en regiones europeas occidentales
reflejando enterramientos privilegiados de élites locales, y meridionales –Inglaterra, Francia e Italia (Brogiolo,
como forma de diferenciación social. Los depósitos que Chavarría y Valenti 2005; Valenti  2009)–, así como en
acompañan a los individuos inhumados –armamento, el noroeste y en el interior meseteño peninsular, en los
broches, collares, jarritos, cerámicas...– denotan un alto valles del Tajo –La Indiana, Gózquez, Mejorada y otros
rango social en el contexto regional. Además, no debe en Madrid (Vigil-Escalera 2000 y 2009)– y del Duero
olvidarse el fuerte simbolismo que poseen las cuevas en la medio –La Cárcava de la Peladera en Segovia, La Horra y
región también esta época. En este sentido, cabe recor- Cogollos en Burgos (Palomino 1999; Alonso y Jiménez
dar el carácter proverbial que adquiere la cova dominica, 2010); La Casilla, Las Lagunillas y Langayo en Vallado-
la gruta de Covadonga, en los sucesos de comienzos del lid; Las Escorralizas, El Cementerio, Los Moralinos, Los
siglo VIII y en el origen del reino astur, como lugar sa- Billares y La Huesa en Zamora (Sanz et alii 1996; Martín
cralizado por la ayuda divina a la rebelión cristiana frente

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J.A. Gutiérrez González: Poblamiento de los siglos VII-VIII y conquista musulmana del antiguo Conventus Asturum

et alii 2000; Nuño 2003; Larrén et alii 2003); o El Pe- Rueda del Almirante, etc.); a juzgar por las características
lambre en León (González Fernández 2009), entre otros. de las cuevas y sus hallazgos, es posible atribuir diversas
funciones: domésticas, artesanales, apriscos de montaña,
Poblados de la región astur como los leoneses y zamora- ocultamientos, santuarios o eremitorios, además de las
nos de El Pelambre, Las Escorralizas, El Cementerio, Los funerarias ya señaladas (Gutiérrez 1982 y 2010b).
Moralinos, La Huesa o Los Billares, muestran la ocupa-
ción agraria de las ricas campiñas en terrazas fluviales, En suma, todos estos hallazgos de época visigoda consti-
con una especial concentración en áreas como el entorno tuyen buenos indicadores de la situación de la región así
de Zamora y Toro, mediante asentamientos de llanura, como de la relación de las élites locales con los poderes
abiertos, compuestos por cabañas con fondo excavado estatales centrales. El papel de estas aristocracias locales
en las arcillas del substrato geológico. Su forma ovalada o debió ser crucial en estas áreas, mal y tardíamente integra-
de tendencia curva, asociación a hoyos de poste, general- das en la formación estatal visigoda, periféricas y alejadas
mente perimetrales o centrales, hogares de arcilla rube- de la autoridad central (Díaz y Menéndez-Bueyes 2005;
factada, las equipara con las tan comunes Grübenhauser y Castellanos y Martín Viso 2005; Martín Viso 2002). Esta
cabañas similares centroeuropeas. Los conjuntos excava- situación reforzaría su autoridad, al tiempo que les per-
dos muestran una serie de núcleos diseminados aparen- mitiría jugar un papel de bisagra entre sus comunidades
temente reducidos a unas cuantas estructuras domésticas, y el poder central (suevo, visigodo o franco), basculando
acompañadas profusamente de hoyos-silo, que aparecen entre la integración política y aceptación fiscal o la re-
colmatados con tierras, cenizas, cerámicas finas bruñidas belión e insumisión tributaria, en función de sus pro-
o estampilladas así como otras más groseras de cocina pios intereses de clase. Las fuentes literarias del periodo,
y almacenamiento (Larrén et alii 2003). En La Huesa a relatando periódicas rebeliones y reiteradas campañas
las de una primera fase (siglos VI-VII) les sucede una militares contra las poblaciones norteñas parecen estar
segunda fase (siglos VIII-IX), en la que se superponen refiriéndose a estas tensiones, dirigidas por los señores
cabañas más amplias, de plantas rectangulares más regu- locales en beneficio propio. La alternancia entre colabo-
lares y construidas con bases, zócalos o cimentaciones de ración y pactos o ruptura y hostilidades les situaría en
piedra cogida con arcilla, sin mortero de cal (Nuño 2003 posición privilegiada como gestores de la integración,
y 2006) (Fig. 6). Esta misma evolución y secuencia cons- la recaudación y el pago de tributos. Las acuñaciones
tructiva y ocupacional se registra en numerosos poblados visigodas se inscriben también en este proceso. Las élites
semejantes. Como ejemplo, el de Poggibonsi en Toscana sin duda controlaron y se beneficiaron de la recaudación
(Valenti 2005 y 2009), donde dicha secuencia, asociada a y circulación monetaria, así como del comercio y las im-
los cambios en el mobiliario, pautas de consumo faunís- portaciones que llegan a las costas astures procedentes de
tico, etc, indican una progresiva jerarquización curtense, puertos atlánticos y mediterráneos. Igualmente, estaban
denotando ya la creación o introducción de élites en la en condiciones de controlar la producción metálica y,
sociedad campesina. Cabe pensar que la eclosión de este con ello, la tenencia y distribución de armamento, meta-
tipo de poblados campesinos de llanura esté ligada a la listería y ornamentos, asimilando las formas de ostenta-
colonización agraria de la meseta bajo el control y con- ción de las élites godas y francas. La presencia de armas
solidación del dominio estatal visigodo. visigodas y franco-aquitanas en las regiones cantábricas
y pirenaicas encuentra una lógica explicación bajo estas
En las áreas de montañas y valles cantábricos no han consideraciones, sin que ello signifique necesariamente
sido detectados poblados semejantes; aparte de la menor la presencia de ejércitos germánicos en la región astur,
visibilidad de estas estructuras en áreas montañosas, es sino más bien el intercambio entre las élites locales y las
posible que el patrón de asentamientos campesinos fuera de ambas regiones.
diferente. Las huellas arqueológicas de estos poblados,
carentes de monumentalidad, son menos visibles; tan Las situaciones de resistencia al poder central, la jerar-
sólo un asentamiento en llano, de cronología altomedie- quización social frente a sus súbditos y comunidades o
val, ha sido parcialmente excavado en Corao (Requejo los nuevos espacios residenciales, diferentes de las clásicas
y Gutiérrez 2009). Además, hay que considerar otras moradas urbanas y palaciegas de las villae, justifican y
formas de ocupación, como los castros y asentamientos explican la elección de nuevos asentamientos fortifica-
en altura, que se localizan en los rebordes montañosos dos. Los nuevos castillos encaramados en cerros y alturas
de la Meseta; en estas zonas se documentan también dominantes sobre vías, puertos, costas y territorios serán
múltiples ocupaciones en cuevas cársticas cantábricas, ahora los nuevos centros de poder, erigidos por las aristo-
así como grutas artificiales excavadas en las laderas ar- cracias locales, más que por el poder central.
cillosas de la Meseta (Villasabariego, Villacontilde, Valle
de Mansilla, entre otras), con diversos hallazgos de esta Así mismo, tal actitud de los poderosos locales en función
época: cerámicas, objetos metálicos, escorias, fauna, etc. de sus propios intereses, basculante entre la colaboración
(Gutiérrez 1982 y 1985). Sus usos y cronologías no están política y fiscal con los poderes estatales o la insumisión
perfectamente definidos; en ocasiones es perceptible su tributaria y rebeldía armada no sería exclusiva de estos
relación con castros y asentamientos de altura (Cospedal, momentos, frente a los reinos suevo o visigodo en la sexta
Robledo de la Guzpeña, La Valcueva, Valle de Mansilla, y séptima centurias, sino que se reiterará ante los nuevos

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Lo que vino de Oriente. Horizontes, praxis y dimensión material de los sistemas de dominación fiscal en Al-Andalus (ss. VII-IX)

conquistadores musulmanes a lo largo del siglo VIII. La narración de los acontecimientos de la conquista mu-
Destacan, en este sentido, los testimonios de una rápida sulmana de la Península Ibérica ha sido trazada a partir
aceptación y pacto tributario y jurídico del poder islámi- tanto de los relatos cronísticos cristianos como musul-
co, con la instalación de un gobernador en Gijón y guar- manes (Sánchez-Albornoz 1972; Collins 1991; Chalme-
niciones militares en León, Astorga y otras ciudades del ta 1994, con divergencias interpretativas). La conquista
norte. Al igual que en el valle del Ebro es paradigmática árabe del extremo norte-noroeste de la Península Ibérica
de esta posición la actitud de los Banu Qasi o la temprana debió producirse en las primeras campañas por capitu-
presencia de población islámica y la rápida asimilación de lación y pacto con los gobernantes locales, coincidiendo
ritos y costumbres funerarias musulmanas por la pobla- las fuentes árabes y cristianas en la aceptación de la sumi-
ción cristiana en las necrópolis de Pamplona (Faro et alii sión y pago de tributos, sin alusiones a acciones bélicas
2007), en sustitución de los anteriores depósitos de armas concretas, lo que muestra la inoperancia del sistema
merovingias y ostentosos adornos aquitanos. defensivo militar visigodo, tanto estatal como local. Las
fuentes árabes mencionan la campaña de Ṭāriq el 711
La ruptura del pacto tributario y resistencia armada astur hasta Ŷillīqiya y Ašturqa (Sánchez-Albornoz 1972: 431-
a la conquista musulmana queda patente en la erección 435; Chalmeta 1994: 158; Maíllo 1990 y 2002), dejando
de las clausuras o muros de cierre de los pasos de montaña a Munnuza como gobernador (prefectus) en la ciudad de
o la supuesta rebelión del 722 en Covadonga, que posi- Gijón, lo que apoya la idea de una rápida capitulación
bilita la formación del reino astur. En Pamplona, por el también de Asturias (Sánchez-Albornoz 1972). En 713-
contrario, la alternancia entre la colaboración y resisten- 714 la campaña de Mūsà se dirige desde Pamplona por
cia de los poderosos locales con las fuerzas emirales, los la vía romana a través de Amaya y Astorga hacia Lugo,
Banu-Qasi o los carolingios se prolongará en los tiempos tomando las fortalezas de ḥiṣn Baru (¿Bergido?) y ḥiṣn
siguientes. Lukk (Lugo) (Chalmeta 1994: 195). Desde allí o desde
Astorga envió exploradores y destacamentos por toda la
zona, uno de los cuales alcanzó la Peña de Belay (Pela-
La conquista islámica del Norte Peninsular yo) «sobre el Océano, lugar elevado y muy fuerte/bien
defendido» (Ibn al-Aṯīr, Kāmil, IV; Al-Maqqarī, Nafḥ,
Recientes descubrimientos arqueológicos están mostran- I, 276 en Ibidem: 194-195). Con estas acciones habrían
do evidencias materiales sobre el proceso de conquista y conseguido una sumisión pactada, lo que permitiría a los
ocupación islámica de los territorios más septentrionales locales conservar sus bienes a cambio del pago del im-
del reino hispanovisigodo (Asturias, León, Zamora, puesto (Al-Rāzī; Risāla, 112, apud Chalmeta 1994: 194).
Pamplona, Pirineos o Ruscino en la Narbonense) en un
momento muy temprano (c. 711-722), que renuevan El reconocimiento de la nueva autoridad y el pago de
completamente el conocimiento que hasta ahora existía. impuestos no supondrían, inicialmente, para las élites
Estas evidencias consisten en defensas lineales en los pa- locales una situación de facto diferente de la anterior
sos de montaña cantábricos y pirenaicos, comunicacio- sumisión y pacto con el estado toledano (Collins 1991;
nes ópticas mediante almenaras, guarniciones militares Chalmeta 1994). Los poderosos locales que, como Pela-
en civitates y oppida, precintos de cajas de botín (Rusci- yo, poseían importantes bienes en la región, volverían a
no) y necrópolis (Pamplona). La contundencia de tales encontrar con su intermediación una nueva ocasión de
restos arqueológicos muestra que la ocupación estaba revalidar sus propiedades y su estatus ante sus depen-
planificada y dirigida por un ejército de conquista, cau- dientes (y contribuyentes) al tiempo que negociar una
sando un gran impacto en la población y la estructura ventajosa posición ante el poder musulmán. Así pues,
administrativa y militar del estado visigodo. A partir de tanto las fuentes árabes como las cristianas coinciden en
las fuentes escritas los historiadores venían describiendo la ausencia de resistencia astur ante la conquista en las
un proceso reducido a una ocupación episódica, sin campañas iniciales. Sin embargo, en los años siguientes
apenas trascendencia en el territorio y la población del los gobernadores musulmanes iniciaron una política más
norte peninsular. Sin embargo, a pesar del corto intervalo intensa de ocupación y asentamientos en el norte penin-
temporal, las primeras acciones bélicas de conquista y sular, instalando guarniciones militares en las ciudades y
ocupación islámica de los territorios norteños dejaron realizando más actividades bélicas en Galicia, Asturias y
unas huellas de gran calado que no habían sido detec- Septimania (Crónica de 754 en López Pereira 1980: 69,
tadas hasta ahora. Los grandes esfuerzos en fortificación 84-5), para completar la conquista de todo el reino godo
y defensa de núcleos urbanos, vías y pasos de montaña, y afianzar el dominio político y fiscal (Collins 1991: 46-
tanto por unos como otros contendientes obligan a no 77; Chalmeta 1994: 245-254). Desde 721 el gobernador
soslayar la importancia de estos acontecimientos por su musulmán ataca ciuitates uel castella de los francos, re-
corta duración temporal y por la mayor trascendencia primiendo duramente a los cristianos y duplicando los
que la cronística y la historiografía cristiana han otor- impuestos (López Pereira 1980: 74, 88; Chalmeta 1994:
gado a la reacción y éxito de las rebeliones astures y 267-268). Esta subida de impuestos motivó rebeliones en
merovingias, así como a la empresa conquistadora de los otras regiones (Egipto, Tánger...) y así mismo en Asturias
caudillos astures y francos. y Septimania (Collins 1991: 76-8).

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J.A. Gutiérrez González: Poblamiento de los siglos VII-VIII y conquista musulmana del antiguo Conventus Asturum

Las rápidas y poco contestadas campañas iniciales de Algunas de esas guarniciones encuentran refrendo en
conquista, con Ṭāriq y Mūsà, no parecen haber sido recientes investigaciones arqueológicas. Destacan, por
objeto de respuesta y reacción, ni central ni local, en una parte, los hallazgos de monedas de las primeras emi-
los territorios norteños como Asturias. Sin embargo, las siones y precintos de plomo con caracteres cúficos, que
algaras de 721-722 parecen haber tenido un carácter más sellaban las cajas del botín narbonense, rotos al proceder
agresivo, en pos tanto de un mayor afianzamiento de la a su reparto por las tropas acantonadas en el oppidum de
dominación e imposición fiscal como de ocupación y Ruscino, a dos jornadas de Narbona (Marichal y Sénac
asentamiento. Sería éste el momento de mayor presión 2007). Se trata del primer asentamiento militar docu-
desde las guarniciones militares en ciudades como Legio mentado arqueológicamente en la Galia narbonense que
o Asturica, las principales plazas fortificadas del territo- indica, además, la conquista y ocupación efectiva (con
rio astur, ante las montañas cantábricas, así como desde extracción de botín e impuestos) de la zona en la época
Ruscino y Narbona en la Septimania. Las reacciones y de mayor presión militar y fiscal (c. 720) (Ibidem; Chal-
rebeliones locales se generalizan en las regiones conquis- meta 1994).
tadas; entre ellas, destaca la insumisión y rebelión de los
astures, con Pelayo al frente. Soslayadas, casi despreciadas, De gran trascendencia son también los hallazgos ar-
éstas por los escritores árabes, son los cronistas cristianos queológicos de Pamplona, donde las excavaciones en
quienes las refieren, si bien destacando naturalmente el diversos lugares de la ciudad han exhumado numerosos
éxito de la rebelión en Covadonga más que los efectos enterramientos de rito islámico, datados en el siglo VIII,
de las campañas militares árabes. Los cronistas se limitan además de otros posteriores, cristianos, acompañados de
a apuntar que, una vez conocida la rebelión de Pelayo, objetos andalusíes: jarritas cerámicas pintadas y estampi-
el gobernador envió un gran ejército con Alkama y el lladas y anillos con caracteres cúficos (Faro et alii 2007).
obispo Oppa, quienes persiguieron a Pelayo hasta la cue- Las primeras tumbas deben corresponder a la ocupación
va del monte Auseva. islámica de la ciudad entre el 713 y finales de la centuria
(Faro et alii 2007: 112).
Tanto en las montañas pirenaicas como en las cantábricas
los escritores árabes y cristianos resaltaron las dificultades En el caso de la ciudad de León, se ha documentado la
militares de los ejércitos árabes –a pesar de su mayor ocupación árabo-bereber al interior del recinto amura-
número– para someter a los rebeldes, pertrechados en llado: el área de las termas y la porta principalis sinistra,
angostos desfiladeros y pasos de montaña. Este «dominio que aún mantenía el aspecto y carácter de una ciudad
altimétrico» (Chalmeta 1994) de los locales, conocedores fortificada en esa época. Los hallazgos de la primera
del terreno y de sus ventajas tácticas, bien pudo apoyarse mitad del siglo VIII consisten en cerámicas exógenas, de
en defensas de interceptación o clausuras lineales como procedencia meridional (Gutiérrez y Miguel Hernández
las documentadas arqueológicamente en las montañas 2009) (Fig. 7). No se constatan, en cambio, obras de for-
pirenaicas y cantábricas. tificación o asentamiento, por lo que debieron limitarse a
reutilizar las defensas e infraestructuras existentes, como
ocurrió en otras plazas conquistadas (Zozaya 2002).
Evidencias de época de conquista
En otras ciudades no tenemos aún evidencias arqueo-
Guarniciones militares lógicas de ocupación islámica de esta época, aunque
diversos testimonios literarios e indicios arqueológicos
En distintas fuentes escritas árabes y cristianas se relata la permiten también asegurarla. Astorga, Asturqa, es men-
ocupación de las ciudades del norte peninsular: Zarago- cionada habitualmente en fuentes arábigas junto a León
za, Pamplona, Amaya, Astorga, León, Zamora, Gijón, como ciudades en poder musulmán. Al igual que León,
Bergido o Lugo. Se trata de los principales núcleos urba- su poderoso recinto amurallado con torres constituía
nos amurallados e integrantes del aparato administrativo un bastión de primer orden en la estrategia militar de
estatal; constituyeron, pues, los principales objetivos la conquista (Gutiérrez 1995). En la antigua ciudad ro-
militares de unas campañas dirigidas a tomar el control mana de Lancia, 15 km al sureste de Legio, conocemos
del reino visigodo. En ellas quedarían acantonadas guar- varios indicios que apuntan hacia una utilización mili-
niciones militares, de las que van encontrándose diversas tar islámica, bien constatada en la Crónica Albeldense
evidencias materiales. El momento de asentamiento al narrar las campañas emirales de 878-883. Una torre
de contingentes pudo ser gradual, desde las primeras de planta rectangular construida con grandes sillares en
campañas de Ṭāriq y Mūsà (711-714) y años siguientes las proximidades de la antigua ciudad nos ha permitido
de intensificación militar (718-721) hasta la crisis de identificar aquí el mencionado castro Sublantio y su re-
mediados de siglo, cuando las rebeliones bereberes y las lación con las noticias de castramentación de ejércitos
expediciones cristianas de Alfonso I y Fruela provocan el emirales (Gutiérrez 1995: 2011). Desde la torre, posi-
desalojo militar y gubernativo de las ciudades ocupadas blemente aún funcional como almenara en esta época,
en el valle del Duero. es perfectamente visible el entorno de León, así como
las vías de aproximación hacia los pasos de la cordillera.

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Lo que vino de Oriente. Horizontes, praxis y dimensión material de los sistemas de dominación fiscal en Al-Andalus (ss. VII-IX)

En Zamora han sido documentados igualmente contextos nicaciones que apoyarían el avance y ocupación militar
y materiales de cronología emiral en el área de la catedral musulmana (Martí 2008). Se trata de torres, almenaras o
y castillo, además de los arrabales y vegas del Duero, que atalayas («faros») de transmisión de señales mediante el
permiten afirmar la importancia y extensión de la ocupa- fuego (ahumadas diurnas y fuegos nocturnos), instaladas
ción islámica en la ciudad en un amplio periodo temporal en promontorios con gran visibilidad sobre grandes dis-
(Larrén y Nuño 2006; Zozaya et alii 2010). tancias y especialmente sobre los caminos que cruzan de
la meseta a la cordillera, formando un complejo sistema
En otras ciudades, castra y castella del norte peninsular de alerta y comunicaciones (Ibidem).
como Tiermes, Clunia, Bernardos… se registran ocupa-
ciones islámicas tempranas que pudieran corresponder al Ya hemos referido la torre del castro Sublantio, con am-
proceso de conquista y acantonamientos militares mu- plia visibilidad sobre las vías de Legio hacia Asturias,
sulmanes (Zozaya 2002 y 2005; Zozaya et alii 2010). No Astorga-Lugo y Pallantia-Amaya, y de la que consta
disponemos aún de información arqueológica de este su utilización en la aproximación y castramentación en
proceso en Lugo, Gijón, Bergido, Monte Cildá, Amaya las campañas emirales. Uno de estos faros de interior se
u otras ciudades y fortalezas del norte hispano, aunque localiza en la vía Carisa, cercano a la divisoria de la cor-
no debe excluirse su posible aparición ahora que vamos dillera, en un lugar con amplia visibilidad sobre todo el
conociendo mejor el registro material, sobre todo cerá- centro de Asturias y precisamente, ante la defensa lineal
mico, de esta época. que intercepta el camino. Este muro o clausura de La
Carisa se construyó entre el promontorio denominado El
Itinerario de conquista y ocupación islámica: Homón de Faro, a 1660 m, y otro resalte menor, al otro
vías y comunicaciones lado de la vía, el Portichu o cantu Busián, donde se cons-
truyó una torre con gran visibilidad sobre la vía militar
Desde esas guarniciones de León, Astorga, Zamora, cas- (Camino et alii 2010). Hacia el oeste el Pico del Aguil
tro Sublantio y Lugo partirían los destacamentos militares (1875 m) se encuentra sobre la vía de La Mesa, unos
hacia las montañas cantábricas, reiterando un patrón de cientos de metros al este del collado del Muru donde se
asentamientos campamentales e itinerario similar al de levantó otra defensa lineal (Camino et alii 2010). Aunque
la conquista romana. Precisamente las vías de La Carisa en ninguno de estos picos se han producido hallazgos o
y La Mesa, creadas por las legiones romanas en su con- estructuras que pudieran relacionarse con las almenaras
quista del solar astur trasmontano, seguían siendo los iti- de la conquista árabe, no cabe descartar instalaciones
nerarios con mejores condiciones tácticas para el avance muy someras (hogueras), sin estructuras construidas o
de tropas procedentes del sur, por discurrir a gran altitud conservadas, habida cuenta del corto margen temporal
(1800-1600 m) por las cumbres o cordales de las sierras en que se supone que pudieron utilizarse.
que de sur a norte se extienden desde los puertos de la
cordillera hasta el interior de Asturias, sin descender a los Otros topónimos de Faros sobre montes del interior
encajados valles y evitando así los dificultosos escobios y o en sierras prelitorales de Asturias y Galicia pudieron
vadeos, más propicios además a emboscadas (Uría Riu también ser utilizados en este contexto histórico, si bien
1971; Sánchez-Albornoz 1972). aún no disponemos de comprobación arqueológica
(Martí 2008). A lo largo de los itinerarios militares que
Desde Astorga salieron varias expediciones posteriores hemos reseñado debieron instalarse algunas almenaras o
hacia Asturias por la vía de la Mesa, como las de Hišam faros más, para cubrir distancias apropiadas para las co-
I en 794 (Uría Ríu 1971) relatadas por Ibn ˁIḏārī e Ibn municaciones ópticas mediante fuegos y ahumadas (en
al-Aṯīr. Desde Sublantio y León hacia el norte se dirige la torno a 30 ó 40 km) así como para evitar puntos ciegos
vía Carisa, el camino militar más directo hacia el centro sin visibilidad. Los lugares de Velilla y Alcoba pueden
astur y la ciudad de Gijón a través de las montañas cantá- responder a esta finalidad.
bricas. Cerca de los puertos de la divisoria se encuentran
varios lugares con topónimos significativos: Las Peñas La defensa autóctona del territorio astur:
de Faro (2112 m), Puerta de Faro (2025 m), Portilla de Defensas lineales y clausuras
Faro (1852 m), Collado de Faro (1712 m) y el lugar de
Almuzara. Este, al pie del último escalón de los puertos El avance musulmán desde la meseta hacia la costa can-
montañosos, reúne buenas condiciones para alojar un tábrica se encontró con resistencia organizada mediante
campamento de concentración de tropas, especialmente defensas lineales, a modo de clausurae, en pasos de mon-
de caballería, como indica el topónimo Almuzara (Ajbar taña como El Muru de la vía de La Mesa y El Homón de
Maŷmūˁa: 45, apud Chalmeta 1994: 326) (Fig. 8). Faro sobre la vía de La Carisa (Camino et alii 2007a y b,
2010). Estas barreras se sitúan en zonas estrechas de los
Faros de interior cordales, donde las vías se encajan además entre resaltes
rocosos, interceptando así el paso en puntos de alto valor
A lo largo de ese itinerario de conquista, como en otras táctico y estratégico, de modo que un pequeño número
zonas del noroeste y nordeste hispano, contamos con de defensores puede frenar el avance de una tropa mu-
abundantes indicios de puestos de vigilancia y comu-

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J.A. Gutiérrez González: Poblamiento de los siglos VII-VIII y conquista musulmana del antiguo Conventus Asturum

cho más numerosa y poderosa con un empleo de fuerza en las expediciones visigodas contra los vascones (Suintila
mucho menor (Ibidem). en 621, Wamba en 672, Rodrigo en 711) hasta las cam-
pañas musulmanas del 732 o de Carlomagno en el 778,
La muralla del Homón de Faro, de 6,5 m de anchura, constatada con el hallazgo de varios dirhams de finales
está construida con paramentos de mampostería y re- del siglo VIII en las inmediaciones (Tobie 1997: 134-
lleno interior de cascotes con tierra, compartimentada 6). Otras murallas y fuertes dominando vías romanas en
con muros transversales a modo de cajones. Ante ella pasos angostos han sido igualmente documentadas en
un andén de 4,5 m la separa de un escarpe tallado de los puertos de Perthus y Panissars, sobre la via Domitia
4 m altura. Cerrando el extremo occidental del paso (Tobie 1997: 129).
se edificó una torre cuadrangular de 7 m de lado, que
constituiría, sin duda, una torre vigía con gran dominio Es evidente la reiteración de defensas lineales y clausuras
visual sobre el camino y el entorno a lo largo de varios interpuestas en pasos de montaña cantábricos y pirenai-
kilómetros. Junto a ella y al interior de la muralla se ha- cos, construidas con técnicas y emplazamientos muy
llaron varias acumulaciones de centenares de guijarros semejantes y en cronologías similares, lo que muestra
(con una media de 10 cm de diámetro y 0, 61 kg de peso es un proceso común de defensa, quizás organizada
medio) dispuestos, al parecer, como arsenal para hondas y planificada por un poder central más que de forma
y fustíbalos (Ibidem). Las múltiples evidencias de zapas aislada e independiente por comunidades locales. La
de minado, derrumbes masivos e intensos incendios semejanza, en cuanto a planteamiento táctico, de estas
muestran una rápida acción destructiva, acaecida en un clausuras cantábricas y pirenaicas con otras romanas y
tiempo muy cercano a su construcción, como constatan bizantinas en zonas alpinas, ilíricas, dacias, etc. aboga por
las dataciones radiocarbónicas obtenidas (Ibidem). una ordenación estatal más que por iniciativas locales y
autónomas. Además, tanto las dataciones de las clausuras
La muralla de El Muru, en el Cordal de la Mesa, presen- cantábricas como pirenaicas (con hallazgos de dirhams
ta una coincidente situación (4 km al N del puerto) y cordobeses de mediados y finales del siglo VIII) apoyan
emplazamiento táctico, en el estrechamiento del camino la idea de una resistencia semejante, y quizás organizada
a su paso entre resaltes rocosos, con un amplio control en común, frente a otro poder militar fuerte, procedente
visual del camino y puerto de La Mesa. Ante un peque- del sur y ante el cual resultaría mejor cerrar los pasos
ño foso (1 m de profundidad y 3 m de anchura) se elevó de montaña que presentar batalla en campo abierto. La
una muralla de 5 m ancho, con bloques de mampostería resistencia ante la conquista islámica en ambas zonas de
tomada con tierra (Fig. 9). Las muestras de destrucción las montañas cantábricas y pirenaicas está igualmente
rápida y el arco cronológico (660-710) es también constatada en fuentes escritas cristianas y musulmanas,
coincidente con las dataciones de la muralla del Homón tanto en los primeros años de la conquista (c. 714-722)
de Faro –650-710 AD cal. 1 σ, 620-790 AD cal. 2 σ como en las sucesivas campañas de castigo y de intentos
(Ibidem)–. La calibración de estas dataciones a 1 σ apunta de sumisión (c. 760-795).
más bien a los momentos en que se producen las primeras
campañas árabes entre el 711 y el 714, si bien la calibra- Sin embargo, resulta difícil admitir simplemente que
ción a 2 σ extiende la horquilla cronológica desde 620 a tales obras fueran levantadas por el propio ejército vi-
790, abarcando por tanto desde las campañas visigodas sigodo ante la invasión musulmana, precisamente en su
de Sisebuto (612-621) y Wamba (680), las campañas momento más crítico, derrotado, dividido y teniendo
musulmanas (711-714, 721-722, 794-795), hasta fechas que atender además a rebeliones internas. Más bien cabe
próximas a las campañas de Hišam I (Ibidem). También pensar que la construcción y defensa de las barreras y
en la cordillera cantábrica, pero más al este, hacia territo- clausuras fuera encomendada a los poderosos locales
rio cántabro, en el puerto del Escudo, se han localizado de los respectivos territorios. Bajo la teórica dirección
barreras y fosos de varios centenares de metros intercep- y planteamiento poliorcético de los estrategas militares
tando el paso de la vía (Peralta 1999; Camino, Viniegra centrales –lo que explica las similitudes tácticas y cons-
y Estrada 2010). tructivas entre unas y otras– los trabajos, intendencia
y defensa pudieron correr a cargo de las élites locales,
Otras barreras o clausuras semejantes se han localizado en quienes contarían con una capacidad de organización y
pasos pirenaicos, como la de Arteketa-Campaita, junto a exigencia de prestaciones laborales y militares entre la
la vía romana de Burdeos a Astorga por los puertos de población, suficiente para atender las necesidades de cada
Cize e Ibañeta. El promontorio de Arteketa domina el clausura.
paso culminante de la vía (Tobie 1997: 134-136). Desde
su cima hasta el camino se extiende una muralla de blo- En el caso astur, los poderosos locales, quienes habían
ques de piedra. El hallazgo de armas (hachas disimétricas anteriormente pactado y sucesivamente se habían rebe-
y franciscas; puntas de lanza, jabalina), fíbulas crucifor- lado contra el estado toledano, también habrían acepta-
mes y otras piezas de tipo germánico (Tobie 1997: 130) do inicialmente la sumisión y el pago de tributos a los
prueba la importancia estratégica del control de los pasos conquistadores musulmanes. Sin embargo, disputas de
de montaña mediante clausurae y burgi por el ejército ro- diversa índole (según las crónicas Pelayo, que había sido
mano ya desde comienzos del siglo V, política mantenida enviado en embajada a Córdoba, se enfrenta a Munnuza

111
Lo que vino de Oriente. Horizontes, praxis y dimensión material de los sistemas de dominación fiscal en Al-Andalus (ss. VII-IX)

por desposar a su hermana, otra muestra de alianza entre Brogiolo, G. P. e Chavarría Arnau, A. 2005: Aristocrazie
élites) o insumisión fiscal ante la elevación tributaria lle- e campagne nell’Occidente da Costantino a Carlo
varon a la ruptura y rebelión de los caudillos astures. En Magno, Firenze.
ese contexto, previo a la escaramuza de Covadonga y el Brogiolo, G.P., Chavarría Arnau, A. y Valenti, M. (ed.)
triunfo de la resistencia local, se explica perfectamente la 2005: Dopo la fine delle ville: le campagne dal VI
construcción de las clausuras, con la confluencia de inte- al IX secolo, Documenti di Archeologia, 40.
reses entre las élites locales y los jefes militares visigodos. Caballero Zoreda, L. 1995: Zamora en el tránsito de
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En conclusión, las evidencias arqueológicas de las ac- Historia de Zamora. Tomo I. De los orígenes al
ciones bélicas de la conquista musulmana muestran un final del Medievo, Zamora, 339-430.
proceso bien organizado en tácticas militares, con una Camino Mayor, J., Estrada García, R. y Viniegra Pa-
sistemática ocupación de las principales plazas hispa- checo, Y. 2007a: Un sistema de fortificaciones
nas, donde instalan sus guarniciones, y un sistema de lineales ástures en la Cordillera Cantábrica a
comunicaciones ampliamente extendido incluso por las finales del reino visigodo, Boletín de Arqueología
zonas más montañosas del norte peninsular. A pesar de su Medieval, 13, 229-256.
corta duración, son reconocibles algunas de sus huellas Camino Mayor, J., Estrada García, R. y Viniegra Pache-
materiales, como las guarniciones urbanas, las almenaras co, Y. 2007b: A propósito de las fortificaciones
viarias, los despojos del botín (precintos de plomo) así lineales ástures de El Homón de Faro (La Ca-
como las defensas lineales levantadas por los hispanos en risa) y El Muro (La Mesa), Territorio, Sociedad y
los pasos montañosos cantábricos y pirenaicos, permi- Poder, 2, 53-64.
tiendo recomponer, en cierta medida, los itinerarios del Camino Mayor, J., Viniegra Pacheco, Y. y Estrada Gar-
avance. cía, R. 2010: En las postrimeras montañas con-
tra el sol poniente. Las clausuras de la Cordillera
Estas clausuras ástures, semejantes a otras pirenaicas, Cantábrica a finales del Reino visigodo frente
muestran que además de las primeras capitulaciones y a la invasión islámica, La Carisa y La Mesa.
pactos, los hispanos presentaron una fuerte resistencia en Causas políticas y militares del origen del Reino
el terreno más favorable. Pese a la inicial superioridad mi- de Asturias, Oviedo, 2-29.
litar musulmana, que llegó a minar y superar la muralla Castellanos, S. y Martín Viso, I. 2005: The local articula-
interpuesta en la vía de La Carisa, la rebelión norteña tion of central power in the north of the Iberian
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Lo que vino de Oriente. Horizontes, praxis y dimensión material de los sistemas de dominación fiscal en Al-Andalus (ss. VII-IX)

Figura 1. El oppidum o castillo de Curiel (Peñaferruz, Gijón).


Reconstrucción infográfica de la fase 1 (siglos VIII-X). Inventa Multimedia S.L. (Gutiérrez, 2003).

Figura 2. Marialba de la Ribera (León). Excavaciones arqueológicas 2009-2010. Enterramiento de época visigoda (siglos VI-VII) en fosa
excavada en el pavimento exterior a la basílica. El depósito funerario está compuesto por una jarrita de dos asas junto a la cabeza del difunto
y una lanza en el pecho, además de un anillo de bronce en la mano derecha. (Foto Talactor S.L.).

116
J.A. Gutiérrez González: Poblamiento de los siglos VII-VIII y conquista musulmana del antiguo Conventus Asturum

A
D
B

C E

Figura 3. Armamento y objetos tardoantiguos del Monte Rodiles (Villaviciosa, Asturias)


(a-c: puntas de lanza, d: cuchillo; e: hacha francisca, f: broche de lengüeta: g: cuchara,
fotos: B- García – C. Benéitez, Museo Arqueológico de Asturias).

117
Lo que vino de Oriente. Horizontes, praxis y dimensión material de los sistemas de dominación fiscal en Al-Andalus (ss. VII-IX)

Figura 4. Mausoleo de Argandenes (Piloña, Asturias) con enterramientos superpuestos en sucesivos momentos de época tardoantigua
(excavación arqueológica: R. Estrada 2010-2011).

Figura 5. San Miguel de Escalada (León). Excavaciones arqueológicas 1983-87.


Objetos de época tardorromana y visigoda de los enterramientos tardoantiguos (1-2: TSHt;
3-6: cerámica estampillada y jarrita con asa;
7: broche de cinturón de lengüeta triangular (finales siglo VI) (Larrén 1986).

118
J.A. Gutiérrez González: Poblamiento de los siglos VII-VIII y conquista musulmana del antiguo Conventus Asturum

Figura 6. La Huesa (Cañizal, Zamora). Viviendas con zócalo de piedra de la segunda fase, superpuestas a cabañas de suelo
excavado de la primera fase. Excavaciones arqueológicas de J. Nuño (Nuño, 2003).

119
Lo que vino de Oriente. Horizontes, praxis y dimensión material de los sistemas de dominación fiscal en Al-Andalus (ss. VII-IX)

Figura 7. León. Excavaciones arqueológicas en torno a Puerta Obispo (1996). En los rellenos de hoyos y canales de las antiguas letrinas de
las termas romanas se hallaron cerámicas andalusíes del siglo octavo (Gutiérrez y Miguel, 2009).

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J.A. Gutiérrez González: Poblamiento de los siglos VII-VIII y conquista musulmana del antiguo Conventus Asturum

Figura 8. Itinerarios y fortificaciones de la conquista islámica del norte peninsular (Gutiérrez, 2011).

Figura 9. El Muru (Somiedo, Asturias): foso y muralla de interceptación de la vía de la Mesa. Excavaciones arqueológicas
J. Camino, R. Estrada y Y. Viniegra (2005-2007) (Camino et alii 2010).

121