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Cómo hablar con la mirada.

Con la mirada hablamos


más fuerte
Convenimos en ir aportando algunas herramientas que nos hicieran más fácil la tarea de
hablar en público, de poder intervenir en cualquier foro con garantías notables de éxito.
Pues bien, una segunda muleta que me gustaría abordar hoy es la de nuestra mirada y la de
los otros a quien interpelamos. Para todo aquél que puede usar la vista afortunadamente,
que los hay que tienen que desarrollar otros medios aún más sensibles para comprender el
mundo, la suerte de la inmediatez le sonríe a la hora de transmitir un mensaje, ya que tiene
la fuerza del apoyo de la imagen en su discurso: la que él proyecta y la que reciben él de los
demás o los de enfrente de él.

Pero de entre todo aquello que puede proporcionar la imagen, lo que los que escuchando
están reciben de nosotros con mayor potencia para que su atención sea máxima es nuestra
mirada, reflejo directo de nuestra intención y de nuestra sinceridad, básica como advertí el
otro día. Además, hablar con la mirada es un fijador de atención inequívoco: cualquiera que
intercambie una mirada franca y directa con nosotros se resolverá en escuchar lo que le
estemos diciendo en ese momento. De ahí que me guste decir que nuestro discurso tendrá
más fuerza si usamos la expresividad del cuerpo para potenciarlo y, sin duda, repito, la
herramienta de la mirada nos hace “hablar más fuerte”.

Si uno mira así a alguien al hablar, es decir, con la calma profunda que da fijarse en otro ser
a través de su mirar, sean uno o dos oyentes o sean diversos rostros de un auditorio, nota
reciprocidad, y ese punto de apoyo es fundamental para vencer miedos, fobias o prejuicios.
Viene a ser como en las artes marciales de Oriente, pues el maestro siempre inculca que se
debe utiliza la fuerza del otro en tu favor. Pensadlo bien y entenderéis de seguida que
establecer contacto visual es el puente más sencillo para que la atención del otro camine
hacia vosotros, un canal de fuerza del que alimentaros mientras ofrecéis vuestras
reflexiones, comentarios, reacciones o ponencias.

Llegados a este punto, también se ha de destacar que por los ojos entra todo el lenguaje
corporal, todo aquello que los gestos, las posturas o hasta nuestra vestimenta traslada en
décimas de segundo al subconsciente de los demás. Es un conjunto definitivo, que llega a
hacer el discurso más atractivo e inteligible, e incluso más cómodo en su escucha para los
demás, así que no desdeñéis ninguno de esos aspectos tampoco, aunque nada sustituye la
mirada. Y eso no lo olvidemos.

© 2010-2014 José Manuel Sánchez Serrano - @JMSanchezSerran -


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