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SALVADOR MALDONADO MARTÍNEZ

ABOGADO
Francisco I. Madero #205 Tel. 1182674 ID. Nextel 52*196648*4
Código Postal 38000 Zona Centro Celaya, Gto.

C. MAGISTRADO QUE INTEGRA LA CUARTA SALA CIVIL


SUPREMO TRIBUNAL DE JUSTICIA DEL ESTADO
GUANAJUATO, GTO.
DEMANDA DE AMPARO
TOCA No. 664/2009

SILVIA SILVA ESTRADA, parte demandada en el juicio


ejecutivo mercantil M-21/2008 del índice del Juzgado Segundo Civil del Partido Judicial de
Dolores Hidalgo, Gto., y parte apelante dentro del toca a la apelación 664/2009 al rubro
referido, señalando como domicilio para oír y recibir notificaciones en CALLE ASHLAND
No. 1, INTERIOR 2, (FRENTE A LA FARMACIA ESCUELA ISSEG PASTITOS) DE
GUANAJUATO CAPITAL, autorizando para recibirlas, consultar el expediente y recibir todo
tipo de documentación, en los términos de la primera parte del segundo párrafo del artículo
27 de la Ley de Amparo a los abogados SALVADOR MALDONADO MARTÍNEZ y
ENRIQUE JESÚS ALEJANDRO SOSA CAMPOS, y en términos de la segunda parte a los
CC. EMMANUEL SALVADOR MALDONADO CARREÑO y MARÍA LUISA GUILLÉN
MARTÍNEZ, ante usted con el debido respeto y en forma legal comparezco y expongo:

Con fundamento en los artículos 103 y 107 de la Constitución


Política de los Estados Unidos Mexicanos; 5, 12, 13, 14, 20, 21, 23, 24, 44, 46, 80,158,
163, 166 a 169, 170, 173, 177 a 182, de su Ley Reglamentaria y 37-C) de la Ley Orgánica
del Poder Judicial de la Federación, DEMANDO JUICIO DE AMPARO DIRECTO y, en
debido cumplimiento a los dispuesto por el artículo 166 de la Ley en la materia, BAJO
PROTESTA DE DECIR VERDAD, manifiesto:

I.- Mi nombre y domicilio ya se encuentran escritos;

II.- Es tercero perjudicado la C. María Soledad Rivas Toledo,


con domicilio en Callejón del Gallito #6, en Guanajuato capital;

III.- Es autoridad responsable el Magistrado Propietario que


integra la Cuarta Sala Civil del Supremo Tribunal de Justicia del Estado.

IV.- Es acto reclamado la sentencia definitiva de fecha 16 de


diciembre de 2009, dictada por la autoridad responsable en los autos del Toca 664/2009.

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V.- Dicha sentencia me fue notificada por instructivo el día 17


de diciembre de 2009.

VI.- Los Preceptos Constitucionales que estimo violados son


las garantías individuales de legalidad y de seguridad jurídica contenidas en los numerales
14 y 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

VII.- Las Leyes conculcadas en el acto reclamado son


diversas disposiciones del Código de Comercio y del Código Federal de Procedimientos
Civiles; de conformidad con los conceptos de violación que en infralíneas se expresan.

TEMPORALIDAD

La presente demanda de garantías se encuentra interpuesta


en tiempo y forma en virtud de que el acto reclamado me fue notificado, mediante
instructivo, el día 17 de diciembre de 2009, surtiendo efectos dicha notificación el día 18
siguiente, por lo que el término para su interposición comenzó a correr a partir del 8 de
enero de 2010 y fenece hasta el día 28 de enero de 2010. Sin incluir en el cómputo los
días sábados y domingos así como el periodo comprendido entre el 19 de diciembre de
2009 y 7 de enero de 2010, por tratarse de días en que la autoridad responsable no laboró.
Sirve de apoyo la siguiente tesis jurisprudencial por contradicción:

Registro No. 205395
Localización: 
Octava Época
Instancia: Pleno
Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la Federación
86-2, Febrero de 1995
Página: 11
Tesis: P./J. 5/95
Jurisprudencia
Materia(s): Común
DIAS INHABILES. PARA LA INTERPOSICION DE LA DEMANDA DE AMPARO, DEBEN
EXCLUIRSE TANTO LOS QUE CONTEMPLA LA LEY DE AMPARO AUNQUE HAYAN
SIDO LABORABLES PARA LAS AUTORIDADES RESPONSABLES, COMO LOS
CONTEMPLADOS COMO HABILES POR LA PROPIA LEGISLACION CUANDO LAS
AUTORIDADES RESPONSABLES SUSPENDIERON SUS LABORES.
Una correcta interpretación de los artículos 21 y 23 de la Ley de Amparo, conduce a
estimar que del plazo para interponer la demanda respectiva, deben excluirse los días que
expresamente se encuentran consignados como inhábiles en la citada ley, aun cuando
hayan sido laborables para las autoridades responsables ante quienes deba hacerse la
promoción, puesto que dichas disposiciones provienen de la Ley Reglamentaria de los

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Artículos 103 y 107 Constitucionales que por ser la especializada en la materia es de


observancia obligatoria para el trámite del juicio de amparo; lo cual no impide que en
concordancia con el contenido de los diversos artículos 24 y 26 de la misma legislación,
deban además excluirse de dicho término los días que aunque contemplados como hábiles
por el citado artículo 23, hubiesen suspendido las labores el juzgado o tribunal en el que
deba hacerse la promoción.

Contradicción de tesis 16/94. Entre las sustentadas por el Tercero y Sexto Tribunales
Colegiados en Materia Civil del Primer Circuito. 6 de octubre de 1994. Unanimidad de
diecinueve votos. Ponente: Carlos Sempé Minvielle. Secretaria: María del Rosario Parada
Ruiz.

El Tribunal Pleno en su sesión privada del jueves veintisiete de abril de mil novecientos
noventa y cinco asignó el número 5/1995 a esta tesis de jurisprudencia aprobada al
resolver la contradicción de tesis número 16/94. México, Distrito Federal, a veintiocho de
abril de mil novecientos noventa y cinco.
Genealogía: 
Apéndice 1917-1995, Tomo VI, Primera Parte, tesis 222, página 151.

CONCEPTOS DE VIOLACIÓN

PRIMERO.- Resulta de trascendental importancia desmentir,


con antelación a cualquier otro de los motivos de disenso que en infralíneas se esgrimirán,
las atrevidas y falsas afirmaciones realizadas sistemáticamente por la autoridad
responsable dentro del acto reclamado relativas a que la suscrita reconocí tanto el pagaré
base de la acción cuanto el contrato de asociación en participación agregado a los autos
con posterioridad. Como ese Tribunal Colegiado podrá fácilmente advertirlo, lo que en
realidad dije, como puede leerse en mi escrito de apelación (véase agravio primero, tercer
párrafo), fue que aún y cuando haya impugnado de falsas las firmas del pagaré base de la
acción y del contrato de asociación en participación que supuestamente le dio nacimiento
al primero y cuyos estampados se me atribuyeron (falsedad que sigo sosteniendo), por un
deficiente patrocinio no se pudieron comprobar dichas excepciones ni objeciones, lo que
derivó –únicamente para aspectos intraprocesales del juicio ejecutivo mercantil- en que se
tuvieran por ciertos, insisto, sin que implique mi reconocimiento formal y expreso sobre
tales firmas que jamás plasmé.

Ahora bien, partiendo de lo anterior y considerando el debido


pronunciamiento de la autoridad responsable, omitido por el Juez natural, relativo a que
quedó demostrado en autos que el pagaré base de la acción fue suscrito con motivo de un
préstamo amparado en el contrato de asociación en participación aludido, al que también
se le otorgó pleno valor probatorio, resulta claro que tal vinculación entre ambos sí conlleva

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a la improcedencia de la vía ejecutiva mercantil y de la acción cambiaria directa. Esto es


así, pues si bien es cierto que el pagaré de marras contiene todos y cada uno de los
requisitos de contenido que exige la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito,
también lo es que al hacerse una valoración integral de las pruebas rendidas y los hechos
probados durante la secuela procesal (omitida por la autoridad responsable, quien se
abstuvo de abordar íntegramente los planteamientos litigiosos, desacatando
flagrantemente los principios de completitud y congruencia que toda sentencia debe
observar así como el principio de adquisición procesal en materia probatoria, que consiste
en que todas las probanzas incorporadas al proceso favorecen y perjudican a todas las
partes, sin distinción de quien las hubiere presentado) se obtiene que al haberse
acompañado el acto jurídico subyacente que dio nacimiento al citado título valor, quedó
demostrado a cabalidad el vínculo indisoluble existente entre ambos y, por ende, la
injerencia y relevancia que dicha relación causal tiene con el pagaré. En esta tesitura, la
validez y eficacia del documento base de la acción, desde el momento mismo en que se
acompañó a los autos el contrato de asociación en participación (de valor probatorio
pleno), dejaron de depender de la presunción iuris tantum de previa determinación del
derecho que trae incorporado el propio documento –como lo dice la Magistrado
responsable- para, en cambio, ligarse por completo a la causa típica que lo originó; en
pocas palabras dejó de ser un título abstracto para convertirse en un título causal,
perdiendo sus características de abstracción, literalidad e incorporación lo que obligaba a
que sendos documentos, pagaré y contrato, se analizaren de manera conjunta.

No basta con “argumentar”, como infundada e


inmotivadamente se dice en la sentencia cuya inconstitucionalidad se reclama, que los
títulos de crédito no pierden su ejecutividad cuando se extienden en garantía por el simple
hecho de que no existe disposición que así lo prevenga. Nada más apartado de la realidad.
Al ser un hecho incontrovertible el origen como garantía de un contrato primitivo que se le
dio a ese título de crédito, se debe resolver, previo a poderlo ejecutar (sin que ello implique
que pierda su ejecutividad), el derecho plasmado en el acuerdo de voluntades subyacente
aplicando las normas legales idóneas en congruencia con la naturaleza del acto. Así
entonces, de la lectura del tantas veces aludido contrato de asociación en participación se
advierte con notoriedad, en primer lugar, el otorgamiento del pagaré que nos ocupa como
garantía para su cumplimiento, y al mismo tiempo, dentro de su cláusula novena, una pena
convencional conforme al artículo 1840 del Código Civil para el Distrito Federal, para el
caso de que alguna de las partes incumpliere con sus obligaciones derivadas del pacto

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volitivo, consistente en un pago por el equivalente al 20% veinte por ciento que se obtenga
sobre la inversión efectuada a los inmuebles allí especificados. Por consiguiente, no cabe
duda que para hacer efectivo el título de crédito otorgado en prenda la tenedora debió
colmar dentro de un juicio ordinario civil y enderezando la acción sobre cumplimiento de
contrato, entre muchas otras cosas, todos y cada uno de los extremos de los numerales
1840 al 1847 del ordenamiento legal referido, otorgándoseme en ese momento a la
suscrita oportunidad para controvertir o, incluso, justificar cualquier supuesto
incumplimiento de mi parte del contrato de asociación en participación; y sólo una vez que
la aquí tercero perjudicada hubiere acreditado mi incumplimiento conforme a la regla
general de que la parte actora debe demostrar los hechos constitutivos de su acción
independientemente de que la demandada demostrare o no sus excepciones, mi supuesta
acreedora podría acudir a reclamarme, ahora sí, a su elección, en la vía ejecutiva mercantil
el pago de dicho pagaré (haciendo uso del mismo como prueba preconstituida) o, en la vía
ordinaria civil citada, el cumplimiento de la pena convencional. Pero no al revés, como
indebidamente se hizo.

Sobre este mismo concepto de violación, tampoco pasa


desapercibido el yerro en que incurre la autoridad responsable, a fojas 14, 15 y siguientes
de la sentencia de segunda instancia, en confundir entre sí los elementos de autonomía y
abstracción. La autonomía significa que cada adquisición del título de crédito y, por ende,
del derecho incorporado, es independiente de las relaciones existentes entre el deudor y
los poseedores anteriores. Cada poseedor adquiere, ex novo, como si lo fuera
originariamente, el derecho incorporado en el documento sin pasar a ocupar la posición
que tenía su transmitente o los anteriores poseedores. O sea que la posición jurídica de los
adquirentes sucesivos surge de la posesión legítima del título y su derecho existe en
función de ella y del tenor literal del propio documento y no por las relaciones personales
que ligaban al anterior poseedor con el deudor. Así, cuando el título de crédito ha salido a
la circulación, el nuevo poseedor del título puede ejercer el derecho incorporado en razón
de su derecho al documento, con independencia de las relaciones que ligaron a los
anteriores poseedores con el deudor de la prestación en él contenida. En resumen, el
derecho que el título de crédito transmite en su circulación a cada nuevo adquirente es un
derecho autónomo, es decir, desvinculado de la situación jurídica que tenía el transmitente;
de modo que cada nuevo adquirente del título de crédito recibe un derecho que le es
propio, autónomo, sin vínculo alguno con el derecho que tenía el que se lo transmite y, por
ende, libre de cualquier defensa o excepción que el deudor demandado para el pago

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podría haber opuesto a un poseedor precedente. Como se ve, y toda vez que en el caso
concreto el pagaré base de la acción ejecutiva jamás salió a la circulación, ninguna
trascendencia ni injerencia tiene dicha característica, lo que resulta en una deficiente
fundamentación sobre la que se sustentó el acto reclamado.

Por su parte, la abstracción consiste en la desvinculación del


documento respecto de la relación causal. Así se facilita y asegura la adquisición y
transmisión del documento abstracto -y del derecho a él incorporado-, para evitar que su
causa entorpezca el ejercicio de los derechos emergentes del título. Cuando el título es
abstracto, al portador no se le pueden oponer defensas emergentes de la causa del
documento. El título abstracto no menciona la causa en el título, ni dicha causa tiene
relevancia al negocio fundamental. No obstante, si se encuentran frente a frente el deudor
y el primer tomador, la abstracción se desvanece, no opera. En esta hipótesis, el deudor
cartular puede referirse al negocio fundamental, por lo que puede alegar, para negarse al
pago, entre otras defensas causales, por ejemplo, la falta de la causa, su ilicitud, la
ausencia de exigibilidad, etc. En otras palabras, cuando el título no ha pasado a terceros,
el fundamento de la obligación en él contenida no es más que un acto contractual derivado
de las relaciones entre suscriptor y primer tomador, esto es, la relación subyacente,
teniendo total relevancia jurídica el negocio fundamental que llevó a emitirlo. De ahí que en
el caso particular el título de crédito sea causal y no abstracto, debiendo existir siempre
vinculado al contrato que lo formó y por lo mismo, su cobro debe estar supeditado a la
demostración judicial del incumplimiento de la relación causal ya que los derechos
derivados del pagaré no se pueden ejercitar o cumplir separadamente del contrato de
asociación en participación que le dio origen, debiendo sujetarse la actora a las normas
sustantivas que regulan dicho contrato y, a las adjetivas que regulan la vía y jurisdicción en
que debe demandarse su cumplimiento.

SEGUNDO.- Es completamente violatoria de garantías


constitucionales la determinación de la Magistrado que integra la Sala responsable al
estimar que, en lo medular: “ …para que tenga lugar el vencimiento de un pagaré de cuya
literalidad se advierte como fecha de su vencimiento el día ocho de diciembre de dos mil
seis, no se precisa formular un requerimiento de su pago de manera previa a la
presentación de la demanda, a efecto de que la demandada incurra en mora, con la
consecuencia de que se genere a su cargo la obligación de cubrir los intereses moratorios
causados.”. Es cierto, como lo aduce la Magistrado responsable, que conforme al artículo

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79 de la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito, el pagaré con vencimiento a día


fijo es exigible a partir del día siguiente de dicha fecha convenida, cuando el deudor no
haya cubierto su pago. Sin embargo, se equivoca al concluir que en el presente asunto no
hay necesidad de que el actor formulare requerimiento previo en el domicilio de la deudora
para que ésta (yo) incurriera en mora. Una cosa es que sea completamente innecesario el
requerimiento de pago prejudicial del título de crédito ya vencido (lo que es obvio, puesto
que el propio emplazamiento hace las veces de una interpelación judicial conforme al
artículo 328, fracción IV, del Código Federal de Procedimientos Civiles, aplicable supletorio
a la Codificación Mercantil), y otra muy distinta es que también sea innecesario dicho
requerimiento para que la deudora incurra en mora; veamos: Los numerales 171, segundo
supuesto, 174, en relación con el 77, 126, fracción I, y 127 también de la Ley General de
Títulos y Operaciones de Crédito, son claros al establecer que en el pagaré que no indique
el lugar de su pago se entenderá como tal el del domicilio del suscriptor (deudor), siendo
dicho domicilio el lugar donde será exigible el título, es decir, donde se debe presentar (el
título) para su pago obviamente al día siguiente al de su vencimiento (si es antes, no es
exigible). Desde luego, ese requisito de presentación deviene estéril, inocuo, cuando se ha
señalado un domicilio de pago distinto al de la suscriptora (normalmente el del propio
acreedor), pues sería ella (yo) la obligada a acudir a ese sitio a pagar en la fecha del
vencimiento, so pena de incurrir en mora (retraso).

Bajo esta perspectiva, tenemos que del texto mismo del


pagaré base de la acción se obtiene que se estableció como lugar de pago a la ciudad de
Dolores Hidalgo, Guanajuato., misma en donde la suscrita quejosa tengo mi domicilio (lo
que se corrobora al calce del mismo documento y con la diligencia de requerimiento de
pago, embargo y emplazamiento que obra en autos), por lo que atendiendo a las razones
ya expuestas era en ese lugar, mi domicilio particular, y no en el de ella –aún y cuando el
pagaré no haya salido a la circulación-, donde la tenedora debió acudir a presentarme el
pagaré base de la acción para su pago a partir del día siguiente al de su vencimiento, y si
no lo hizo no puede concluirse que la suscrita me retrase en su pago, se insiste, pues
ninguna prueba consta que acredite la presentación del pagaré en mi domicilio particular
(donde yo iba y debía pagarlo) sino hasta el 22 de septiembre de 2008, fecha en que se
me hizo el requerimiento de pago judicial; reitero, sin que ello deba confundirse con la
exigibilidad judicial de dicho título de crédito –pues nadie cuestiona que bien pudo
demandarme a partir del día después del vencimiento (cosa que tampoco hizo sino hasta
mucho tiempo después)-. Luego entonces, sin perjuicio a lo alegado en mi primer concepto

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de violación, suponiendo sin conceder que la acción y la vía ejercitadas fueron las
correctas, la condena al pago de intereses moratorios, en todo caso, debió cuantificarse a
partir del 22 de septiembre de 2008, fecha en que se me requirió por primera vez del pago
en mi domicilio (como lo estipula la Ley atendiendo la ausencia de lugar de pago expreso
en el texto del pagaré), y no del 9 de diciembre de 2006, un día después de la fecha de
vencimiento del pagaré, como injusta e ilegalmente se hizo.

Así pues, en nada modifican a lo anterior la norma instituida


en el artículo 173 del ordenamiento legal en estudio, así como la tesis jurisprudencial (si
bien de observancia obligatoria, completamente inaplicable al caso específico) que se
transcribe en el acto reclamado de rubro “ ACCIÓN CAMBIARIA DIRECTA. LA FALTA DE
PRESENTACIÓN DEL PAGARÉ PARA SU PAGO, NO ES OBSTÁCULO PARA SU
EJERCICIO.”, pues como ya se anotó, ninguna controversia hay respecto de que el
beneficiario o tenedor del título de crédito no está obligado a presentar al suscriptor el
pagaré a su vencimiento para conservar sus acciones y derechos contra este último, ni a
protestarlo por falta de pago. Son cosas distintas la exigibilidad y la mora. El pagaré fue
exigible a partir del día siguiente en que se venció, pero no incurrí en mora sino hasta el 22
de septiembre de 2008, cuando por primera vez se me requirió y se me emplazó. Y al igual
que lo planteé en mis agravios de la apelación, reitero que el hecho de que el propio
pagaré sea una prueba preconstituida no alcanza para demostrar, así automáticamente
(como lo hizo pasar el Juez natural y ahora lo pretende hacer la Magistrado responsable),
que a su vencimiento se me requirió de pago en mi domicilio, sino que tal hecho ajeno,
extraño al propio documento base de la acción debió acreditarse por la actora, aquí tercero
perjudicada, con los medios legales a su alcance, cosa que no hizo, debiendo por esa
simple cuestión soportar las consecuencias jurídicas de sus omisiones. Asimismo, son
arbitrarias y completamente ilegales las razones que la autoridad responsable blande en el
segundo párrafo de la foja 21 y primeros dos renglones de la foja 22. Es increíble, por decir
lo menos, que para terminar de fundamentar su ilegal sentencia, en la parte sobre la que
se ocupa este concepto de violación, la autoridad responsable pretenda imponerme con
calzador la norma genérica del artículo 362 del Código de Comercio por sobre las
especiales consagradas en la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito, ya
revisadas y delimitadas, todo con el único fin de imponerme a “rajatabla”, sea como sea, la
ilegal condena de intereses moratorios a partir del vencimiento del pagaré. La ley especial
prevalece sobre la general y por esa única cuestión no es aplicable dicho artículo 362 del
Código de Comercio.

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Finalmente, tampoco se me puede reprochar la ausencia de


depósito alguno conforme al ordinal 132 de la Ley analizada, pues tal disposición no
constituye una obligación sino una prerrogativa, discrecional, a mi favor. Cito como apoyo
las siguientes tesis de la otrora Tercera Sala de nuestro máximo Tribunal y de un Tribunal
Colegiado de Circuito aplicables por analogía en lo que interesan:

Registro No. 269676
Localización: 
Sexta Época
Instancia: Tercera Sala
Fuente: Semanario Judicial de la Federación
Cuarta Parte, CXVII
Página: 59
Tesis Aislada
Materia(s): Civil
TITULOS DE CREDITO. EL DEPOSITO HECHO POR EL DEUDOR IMPIDE QUE SE
CAUSEN INTERESES MORATORIOS.
Los artículos 126 y 127 de la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito, disponen
que, cuando en un título de   crédito  se señale el domicilio del deudor, ahí deben
presentarse para su pago el día siguiente al de su vencimiento, sin que obste que ya no
estén en poder del beneficiario original y, cuando no se cumple con esta obligación, como
el deudor no esta obligado a conocer los endosos que se hayan realizado, ignora quien es
su acreedor, por lo que, al no hacer el pago en las fechas de vencimiento del documento,
no pueden incurrir en mora, pues por otro lado, el depósito a que se refiere el artículo 132
del ordenamiento citado, es un derecho que se concede al obligado y no una obligación
que se le imponga, y así, aun cuando tal depósito se haga en fecha posterior al
vencimiento, tiene efecto liberatorio y no se causan intereses moratorios.

Amparo directo 2266/65. Carlos Soto de la Peña. 13 de marzo de 1967. Cinco votos.
Ponente: Mariano Ramírez Vázquez.

Novena Época
Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
X, Julio de 1999
Página: 915
Tesis: I.8o.C.204 C
Tesis Aislada
Materia(s): Civil
TÍTULOS DE CRÉDITO CON VENCIMIENTOS SUCESIVOS, SE ENTIENDEN
PAGADEROS A LA VISTA, Y SU PRESENTACIÓN AL DEMANDADO EN LA DILIGENCIA
DE EMPLAZAMIENTO A JUICIO EJECUTIVO MERCANTIL, SURTE EFECTOS DE
INTERPELACIÓN JUDICIAL, CONSTITUYÉNDOLO EN MORA A PARTIR DE LA FECHA
DE LA PRÁCTICA DE TAL DILIGENCIA.
De conformidad con el artículo 79, último párrafo de la Ley General de Títulos y
Operaciones de Crédito, los títulos de crédito con vencimientos sucesivos, se entenderán
pagaderos a la vista por la totalidad de la suma que expresen; tomando en consideración
esa circunstancia, se estima que para hacer incurrir en mora al deudor de

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un título pagadero a la vista, es menester presentarle el documento y requerirlo de su


pago, para que en el supuesto de que dicho deudor no pague su importe a partir de ese
momento se estime que ha incurrido en mora, sin embargo, no es necesario que
previamente al ejercicio de la acción cambiaria directa en el juicio ejecutivo mercantil, se
realice tal acto de interpelación, pues de conformidad con el artículo 1392 del Código de
Comercio, la orden de exequendo dictada en un juicio de esa naturaleza tiene como
primera finalidad requerir de pago al deudor del   título; y conforme al artículo 259, fracción
IV, del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, aplicable supletoriamente
a la materia, uno de los efectos del  emplazamiento  como medio de interpelación judicial,
es constituir en  mora  al deudor requerido de pago; por consiguiente, basta que haya sido
éste requerido de pago al diligenciarse el auto de exequendo y emplazársele al juicio
natural para que a partir de ese momento, por virtud de la falta de pago del adeudo se
constituya en  mora.

OCTAVO TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA CIVIL DEL PRIMER CIRCUITO

Amparo directo 53/98. Aerotransportación Comercial, S.A. de C.V. 6 de febrero de 1998.


Unanimidad de votos. Ponente: María del Carmen Sánchez Hidalgo. Secretaria: María
Concepción Alonso Flores.

Nota: Por ejecutoria de fecha 26 de abril de 2000, la Primera Sala declaró improcedente la
contradicción de tesis 93/99 en que participó el presente criterio.

TERCERO.- En distinto orden de ideas, me irroga severos


perjuicios el acto reclamado, en su foja 23, en donde atentando gravemente contra la letra
de la ley, la jurisprudencia y contra la razón y la impartición de justicia determina que no
me ocasiona ningún perjuicio la abstención del Juez de origen en dictar dentro de la
sentencia de primera instancia alguna de las prevenciones que establece el “artículo 1250,
fracción V, del Código de Comercio” , pues “tales prevenciones son potestativas mas no
obligatorias para el juzgador” y por tanto “no puede estimarse ilegal que se hayan dejado
de aplicar”, “sobre todo cuando las circunstancias particulares del caso se tiene que sobre
la falsedad aducida por la demandada se tuvieron por insatisfechos los extremos del
artículo 1250 del Código de Comercio, quedando firme por falta de impugnación dicha
determinación”, “lo que conjugado con el hecho de que la demandada en sus agravios
asume la suscripción del pagaré base de la acción.” .

Vuelve la autoridad responsable a inventar por enésima


ocasión que la suscrita asumí en mis agravios de la apelación la suscripción del pagaré
base de la acción; yo nunca lo suscribí, jamás lo he reconocido. Valgan, para controvertirla,
las precisiones manifestadas en el primer párrafo de mi concepto de violación primero, a
las que me remito en su integridad en obsequio a la economía procesal y brevedad de
exposición. Del mismo modo ilícita y defectuosamente fundamenta la sentencia combatida,
con flagrante descuido, en el artículo 1250, fracción V, del Código de Comercio, siendo que

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dicho numeral, conforme a la reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación del 17


de abril de 2008, y que entró en vigor el 16 de julio siguiente (aplicable a nuestro juicio
ejecutivo mercantil), dejó de tener fracciones; y peor aún, la fracción V citada por la
autoridad responsable, suponiendo que se refiriera al citado artículo con antelación a su
reforma, en lo absoluto contempla las prevenciones cuya aplicación a la sentencia reclamé.
Finalmente, y para terminar “con el clavo ardiendo” de la deficiente fundamentación refiere
que se tuvieron por insatisfechos los extremos del artículo 1250 del Código de Comercio,
generando aún más confusión en esta parte quejosa, pues desconozco si se quiso referir
al vigente artículo 1250 o a su equivalente anterior a la reforma, y por lo mismo
desconozco a qué extremos se refiera.

Ahora bien, sobre lo que sí no hay duda es que la aplicación


en la sentencia de las prevenciones establecidas en el vigente artículo 1250 bis, fracción
VI, en lo absoluto se encuentra condicionada a la satisfacción favorable de los extremos
del artículo 1250 del Código de Comercio (ni del vigente, ni del derogado, según sea al se
quiera referir la autoridad responsable); así lo estableció el legislador federal conforme a la
interpretación literal, sistemática y teleológica de la norma. Se obtiene lo anterior del
análisis de la redacción del ordinal y su fracción de mérito, conjugados con lógica y sentido
común, ya que establece que: “En el caso de impugnación y objeción de falsedad de un
documento, además de lo dispuesto en el artículo anterior, se observará lo dispuesto en
las siguiente reglas…VI. Si durante la secuela del procedimiento se tramitare diverso
proceso penal sobre la falsedad del documento en cuestión, el tribunal, sin suspender el
juicio y según las circunstancias, podrá determinar al dictar la sentencia si se reservan los
derechos del impugnador para el caso en que penalmente se demuestre la falsedad ó bien
puede subordinar la eficacia ejecutiva de la sentencia a la prestación de una caución.” (lo
subrayado y resaltado en negritas es mío); así entonces, lógicamente, la aplicación de
sendas prevenciones cobra relevancia y peso jurídicos únicamente cuando en la sentencia
se condenó a la parte demandada al pago de las prestaciones reclamadas (de lo contrario,
si no fuera así, ninguna necesidad habría de plasmar dichas prevenciones, puesto que es
obvio que la parte demandada fue absuelta de la reclamación); y si en la sentencia se
condenó a la parte demandada fue porque no demostró los hechos constitutivos de sus
excepciones; ergo, la insatisfacción de los extremos del artículo 1250 del Código de
Comercio, a diferencia de lo que argumenta la autoridad responsable, no es causa
justificante para dejar de aplicar las prevenciones de marras, sino por el contrario, es
precisamente la ausencia de demostración de la excepción de falsedad del documento

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durante la secuela procesal del juicio ejecutivo mercantil la que origina e importa la
aplicación obligada de una u otra, como más adelante se verá.

Consecuentemente, si en el caso particular la suscrita


impugné desde la contestación a los hechos de la demanda el documento base de la
acción argumentando la falsificación de mi firma (independientemente de que no se
hubieren acreditado mis excepciones ni objeciones, pues lo verdaderamente trascendental
es que yo haya impugnado el documento, tal y como se hizo), el Juez de Partido –al haber
conocido plenamente la tramitación de la averiguación previa mediante el escrito fechado
el 11 de junio de 2009, que fuera presentado al expediente el 17 del mismo mes y año por
la propia Lic. Lilia Silva García, Agente del Ministerio Público I de la ciudad de Dolores
Hidalgo, y acordado en auto del 18 subsecuente-, o incluso, ante la omisión de éste, la
Sala responsable al momento de resolver mi recurso de apelación (en virtud de ni existir la
figura del reenvío), debieron obrar conforme al mencionado dispositivo y determinar al
momento de dictar su sentencia si se reservaban mis derechos como impugnadora para el
caso de que se llegare a demostrar penalmente la falsedad del pagaré, o bien, debieron
subordinar la eficacia ejecutiva de la sentencia a la prestación de una caución; que es lo
mínimamente justo y precavido frente al marcado y evidenciado intento de fraude por parte
de la actora, aquí tercera perjudicada, demostrado con el fuerte indicio que representa el
dictamen emitido por el perito criminalista Sergio Gerardo Martínez Mata, integrante de la
Coordinación General de Servicios Periciales de la Subprocuraduría de Justicia del Estado,
por el que contundentemente se concluyó que “LA FIRMA CUESTIONADA DEL PAGARÉ
OBJETO DE ESTUDIO EN ESTE DICTAMEN NO CORRESPONDE AL PUÑO Y LETRA
DE LA C. SILVIA SILVA ESTRADA, POR LO QUE ES FALSA” , y de cuya existencia se
tuvo conocimiento desde el auto del 7 de agosto de 2009. Conclusiones tan contundentes,
delicadas y trascendentes para la condena a mi cargo en el juicio ejecutivo mercantil que
de suyo obligaban tanto al Juez de la causa cuanto a la Autoridad Responsable, por
elemental respeto a la justicia, a hacer la reserva o la subordinación ordenadas en el
Código de Comercio.

En este sentido, esta parte quejosa considera que dicho


dispositivo 1250 bis, en su fracción VI, no consagra siquiera una facultad discrecional con
el alcance tan amplio como lo quiere hacer pasar la Magistrado de la Cuarta Sala Civil del
Supremo Tribunal de Justicia del Estado, quien pretendiendo dar cátedra de justicia
aprecia una supuesta y malentendida discrecionalidad omnímoda y caprichosa que se

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aventura a afirmar que ninguna obligación había del Juez natural en ejercitar la norma
precitada y que por lo mismo ningún agravio se me causó, aún y cuando ninguna
fundamentación y motivación se hizo al respecto omitiéndose expresar las razones lógicas
y jurídicas que condujeron a omitir la aplicación del referido artículo.

Una facultad es discrecional cuando la ley otorga a la


autoridad un amplio campo de apreciación para decidir si debe obrar o debe abstenerse,
para resolver cuándo y cómo debe obrar, o aun para determinar libremente el contenido de
su posible actuación. Su ejercicio implica, necesariamente, la posibilidad de optar, de
elegir, entre dos o más decisiones, sin que ello signifique arbitrariedad, ya que la autoridad
sigue sujeta a los requisitos de fundamentación y motivación exigidos por el artículo 16
constitucional, lo cual permite que los actos discrecionales sean controlados por la
autoridad jurisdiccional; siempre hay un marco legal que razonablemente debe respetarse,
un interés legítimo que no debe transgredirse y una finalidad que debe mantenerse. La
flexibilidad concedida tiene como único fin la igualdad mediante la adaptación de la ley a
circunstancias imprevistas que concurren en un caso determinado y que no pueden ser
reguladas de antemano. Mientras que, por su parte, la facultad obligatoria o reglada
constituye la mera ejecución de la ley, el cumplimiento de una obligación que la norma
impone cuando se han realizado determinadas condiciones de hecho. En esta clase de
facultades la ley determina exactamente no sólo la autoridad competente para actuar sino
también si ésta debe actuar y cómo debe actuar, estableciendo las condiciones de su
actividad de modo de no dejar margen a diversidad de resoluciones según la apreciación
subjetiva que se haga de las circunstancias del caso.

Conforme a lo anterior, volviendo a la redacción de tal


numeral, fácilmente se puede percibir que cuando se ha impugnado y objetado de falsedad
un documento (–hipótesis que se debe actualizar- independientemente de que dicha
impugnación llegue a prosperar, por las razones que se han dejado establecidas en el
párrafo inmediato anterior) además de lo dispuesto en el artículo 1250, se observarán las
reglas dispuestas en sus fracciones subsecuentes. Luego, es inobjetable que, atendiendo
a la literalidad de dicho enunciado, la facultad de la autoridad responsable para observar y
ejecutar la norma del artículo 1250 bis-VI es reglada y, por ende, de aplicación obligada
ciñéndose a lo que ella establece. En efecto, pues lo que dice tal dispositivo legal es que
una vez impugnado y/o objetado de falsedad un documento no se debe únicamente
tramitar dicha objeción conforme a la normativa del artículo 1250 del ordenamiento legal en

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cita, sino que también -obligadamente- cuando se llegare a tramitar diverso proceso penal
sobre la falsedad del documento y se dictare sentencia (como es el caso), el Juez de los
autos, deberá observar –también obligadamente- la fracción VI del artículo 1250 bis y, con
base en ello, entonces sí, podrá –discrecionalmente- elegir si se reservan los derechos del
impugnador para el caso de que penalmente se demuestre la falsedad ó si subordina la
eficacia ejecutiva de la sentencia a la prestación de una caución; insisto, pero siempre
optando por una u otra, fundando y motivando su decisión conforme a su prudente arbitrio
en concordancia con las circunstancias imperantes en el caso y con la justicia y la equidad.
Es esta última la única facultad discrecional que se consagra en el artículo 1250 bis en
comento, y sobre la que la autoridad responsable, ahora sí conforme a su libre apreciación,
deberá pronunciarse para reservar mis derechos como impugnadora para el caso de que
penalmente se demuestra la falsedad del pagaré o para subordinar la eficacia ejecutiva de
la sentencia a la prestación de una caución. Así se ha establecido en múltiples
jurisprudencias como las que a manera de apoyo, por elemental identidad y mayoría de
razón, procedo a transcribir:

No. Registro: 910,971


Jurisprudencia
Materia(s): Administrativa
Sexta Época
Instancia: Segunda Sala
Fuente: Apéndice 2000
Tomo III, Administrativa, Jurisprudencia SCJN
Tesis: 38
Página: 45
Genealogía: APENDICE AL TOMO XXXVI NO APA PG.
APENDICE AL TOMO L NO APA PG.
APENDICE AL TOMO LXIV NO APA PG.
APENDICE AL TOMO LXXVI NO APA PG.
APENDICE AL TOMO XCVII NO APA PG.
APENDICE '54: TESIS NO APA PG.
APENDICE '65: TESIS 102 PG. 128
APENDICE '75: TESIS 396 PG. 653
APENDICE '85: TESIS 372 PG. 628
APENDICE '88: TESIS 842 PG. 1397
APENDICE '95: TESIS 70 PG. 49
FACULTADES DISCRECIONALES. APRECIACIÓN DEL USO INDEBIDO DE ELLAS EN
EL JUICIO DE AMPARO.-
El uso del arbitrio o de la facultad discrecional que se concede a la autoridad administrativa
puede censurarse en el juicio de amparo cuando se ejercita en forma arbitraria o
caprichosa, cuando la decisión no invoca las circunstancias que concretamente se refieren
al caso discutido, cuando éstas resultan alteradas o son inexactos los hechos en que se
pretende apoyar la resolución, o cuando el razonamiento en que la misma se apoya es
contrario a las reglas de la lógica.

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Sexta Época:

Amparo en revisión 6489/55.-Fábricas de Papel de San Rafael y Anexas, S.A.-16 de


octubre de 1957.-Unanimidad de cuatro votos.-Ponente: Felipe Tena Ramírez.

Amparo en revisión 3294/56.-Farmacéuticos Lakeside, S.A.-12 de febrero de 1958.-Cinco


votos.-Ponente: Felipe Tena Ramírez.

Amparo en revisión 4249/52.-Cía. Internacional de Comercio, S.A.-28 de febrero de 1958.-


Unanimidad de cuatro votos.

Amparo en revisión 4862/58.-Adrián Garcini Navarro.-12 de enero de 1959.-Unanimidad de


cuatro votos.-Ponente: José Rivera Pérez Campos.

Amparo en revisión 136/57.-Antonio Mardegain Simeón.-21 de enero de 1959.-Unanimidad


de cuatro votos.-Ponente: Felipe Tena Ramírez.

Apéndice 1917-1995, Tomo III, Primera Parte, página 49, Segunda Sala, tesis 70.

Registro No. 326323
Localización: 
Quinta Época
Instancia: Segunda Sala
Fuente: Semanario Judicial de la Federación
LXXIII
Página: 5523
Tesis Aislada
Materia(s): Constitucional
FACULTAD POTESTATIVA O DISCRECIONAL.
El uso de la facultad discrecional, supone un juicio subjetivo de la autoridad que la ejerce.
Los juicios subjetivos escapan al control de las autoridades judiciales federales, toda vez
que no gozan en el juicio de amparo de plena jurisdicción, y, por lo mismo, no pueden
sustituir su criterio al de las autoridades responsables. El anterior principio no es absoluto,
pues admite dos excepciones, a saber: cuando el juicio subjetivo no es razonable sino
arbitrario y caprichoso, y cuando notoriamente es injusto e inequitativo. En ambos casos
no se ejercita la facultad discrecional para los fines para los que fue otorgada, pues es
evidente que el legislador no pretendió dotar a las autoridades, de una facultad tan amplia
que, a su amparo, se lleguen a dictar mandamientos contrarios a la razón y a la justicia. En
estas situaciones excepcionales, es claro que el Poder Judicial de la Federación puede
intervenir, toda vez que no puede estar fundado en ley un acto que se verifica evadiendo
los límites que demarcan el ejercicio legítimo de la facultad discrecional.

Tomo LXXIII, página 8533. Indice Alfabético. Amparo en revisión 3090/42. "Fomento
Industrial y Mercantil", S. A. 4 de septiembre de 1942. Unanimidad de cinco votos. La
publicación no menciona el nombre del ponente.

Tomo LXXIII, página 5523. Amparo administrativo en revisión 4753/42. Bonnet Rodolfo. 3
de septiembre de 1942. Unanimidad de cuatro votos. Ausente: Alfonso Francisco Ramírez.
Relator: Gabino Fraga. 

Registro No. 184888

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Localización:
Novena Época
Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
XVII, Febrero de 2003
Página: 1063
Tesis: XIV.2o.44 K
Tesis Aislada
Materia(s): Común
FACULTADES DISCRECIONALES Y REGLADAS. DIFERENCIAS.
Para determinar si la autoridad goza de facultades discrecionales o regladas debe
atenderse al contenido de la norma legal que las confiere. Si ésta prevé una hipótesis de
hecho ante la cual la autoridad puede aplicar o no la consecuencia de derecho prevista en
la misma, según su prudente arbitrio, debe afirmarse que la autoridad goza de facultades
discrecionales. Empero, cuando la autoridad se encuentra vinculada por el dispositivo de la
ley a actuar en cierto sentido sin que exista la posibilidad de determinar libremente el
contenido de su posible actuación, debe concluirse que la autoridad no goza de facultades
discrecionales sino regladas.

SEGUNDO TRIBUNAL COLEGIADO DEL DÉCIMO CUARTO CIRCUITO.

Amparo directo 191/2002. Joaquín Pacheco Medina. 31 de mayo de 2002. Unanimidad de


votos. Ponente: Alfonso Gabriel García Lanz, secretario de tribunal autorizado por la
Comisión de Carrera Judicial del Consejo de la Judicatura Federal para desempeñar las
funciones de Magistrado. Secretaria: Leticia Evelyn Córdova Ceballos.

Registro No. 197908


Localización:
Novena Época
Instancia: Segunda Sala
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
VI, Agosto de 1997
Página: 217
Tesis: 2a. LXXXVI/97
Tesis Aislada
Materia(s): Administrativa
PODER. EL USO DE ESTE VERBO EN LAS DISPOSICIONES LEGALES, NO
NECESARIAMENTE IMPLICA UNA FACULTAD DISCRECIONAL.
En el ámbito legislativo el verbo "poder" no necesariamente tiene el significado de
discrecionalidad, sino que en ocasiones se utiliza en el sentido de "obligatoriedad", pues
en tal hipótesis se entiende como un deber. Sin embargo, no siempre es claro el sentido
en el que el legislador utiliza el verbo "poder", por lo que para descubrir la verdadera
intención del creador de la ley, los principios filosóficos de derecho y de la hermenéutica
jurídica aconsejan que es necesario armonizar o concordar todos los artículos relativos a la
cuestión que se trate de resolver, máxime en aquellos casos en que el verbo, por sí solo,
no es determinante para llegar a la conclusión de que la disposición normativa en que se
halla inserto, otorga una facultad potestativa o discrecional a la autoridad administrativa.

Contradicción de tesis 26/96. Entre las sustentadas por el Segundo Tribunal Colegiado del
Sexto Circuito y el Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito.
21 de mayo de 1997. Unanimidad de cuatro votos. Ausente: Mariano Azuela Güitrón.
Ponente: Guillermo I. Ortiz Mayagoitia. Secretaria: Angelina Hernández Hernández.

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Nota: Esta tesis no forma jurisprudencia porque no corresponde al criterio que resolvió la
contradicción.

CUARTO.- Por último, es conculcatoria de mis derechos


fundamentales contenidos en los artículos 14 y 16 constitucionales la determinación de la
autoridad responsable de condenarme al pago de las costas procesales en ambas
instancias conforme al artículo 1084, fracción IV, del Código de Comercio, en virtud de que,
conforme se dejó precisado en el primer concepto de violación, resultan completamente
improcedentes la acción cambiaria directa entablada y la vía ejecutiva mercantil por la que
se encausó, por lo que la autoridad responsable debió absolverme de las prestaciones
reclamadas y, en tal sentido, debió condenar a María Soledad Rivas Toledo, por resultar
parte perdidosa en el juicio ejecutivo mercantil instaurado, al pago de los gastos y las
costas procesales generadas.

No obstante lo anterior, en el supuesto jamás concedido de


que mi primer concepto de violación no prosperare, me sigue causando perjuicios la
condena al pago de las costas procesales en la segunda instancia, en virtud de que como
he dejado asentado y demostrado en mis conceptos de violación marcados como segundo
y tercero, no le asiste la razón a la autoridad responsable en concluir que he sido
condenado por dos sentencias conformes de toda conformidad, debiéndose modificar la
sentencia condenatoria de segunda instancia en beneficio de la suscrita, lo que de suyo
excluye su completa identidad con la de primera instancia y se traduce en la improcedencia
de la condena.

Por todo lo anterior, solicito se me conceda el amparo y protección


de la Justicia Federal solicitada, para el efecto de que la autoridad responsable deje
insubsistente la resolución reclamada y dicte otra en la que declare la improcedencia de la
vía y de la acción cambiaria directa; o, para el caso de que mi primer concepto de violación
no prospere, para que se modifique la condena al pago de intereses moratorios y,
conforme al artículo 1250 bis fracción VI, la autoridad responsable, a su elección, reserve
mis derechos para el caso de que penalmente demuestre la falsedad del pagaré base de la
acción o subordine la eficacia ejecutiva de la sentencia a la prestación de una caución.

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Por lo anteriormente expuesto y fundado a usted C. Magistrada


que integra la Cuarta Sala Civil del Supremo Tribunal de Justicia de Guanajuato,
atentamente pido:

1.- Se dé entrada a la presente demanda de garantías;

2.- Se rinda informe justificado y se remitan los autos de


ambas instancias del juicio al Tribunal Colegiado en materia Civil del Décimo Sexto Circuito
en turno, haciendo constar al pie de este escrito de demanda la fecha de su presentación y
la fecha en que me fue notificada la resolución reclamada, en términos del artículo 163 de
la Ley de Amparo;

3.- En su momento, se me conceda el amparo y la protección


de la justicia Federal;

PROTESTO LO NECESARIO

SILVIA SILVA ESTRADA

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