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La Poesía Hebrea

 “Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco”.

1 Reyes 4:32

               La poesía hebrea es un género literario que está presente en al menos la tercera parte de toda
la Biblia, específicamente en el Antiguo Testamento. Encontramos la poesía hebrea en los libros de los
Salmos, Proverbios, Job (con excepción del prólogo y del epílogo) y el Cantar de los Cantares. También
encontramos numerosos pasajes que tienen poesía hebrea en los libros proféticos tales como Isaías y
Jeremías, Ezequiel, casi la totalidad de Oseas, Joel y Amós, y la totalidad de Abdías, Miqueas, Nahúm,
Habacuc y Sofonías, así como el libro de las Lamentaciones. Aun en el Pentateuco y en los libros
históricos encontramos porciones que son pura poesía, tales como los cánticos de Moisés, Débora y Ana
o los canticos tristes de David por Saúl y Jonatán. En este sentido el estudio de la poesía hebrea es
sumamente importante para comprender de una mejor forma la palabra de Dios.

CARACTERÍSTICAS DE LA POESÍA HEBREA


                Cuando se piensa en poesía lo primero que viene a la mente es la rítmica y la métrica, sin
embargo, la poesía de origen hebreo es muy diferente. La poesía hebrea es la presentación de
ideas a través del lenguaje figurado en forma de paralelismos y acrósticos.
En muchas culturas la poesía suele ir acompañada de un sentido rítmico tal y como ocurre en la música,
pero en algunas culturas como la hebrea, acadia, la egipcia y china, la rima no existe. También otro
elemento importante en la poesía contemporánea es la métrica la cual es la estructura interna de sus
versos (número de sílabas y lugar de los acentos), pero en la poesía hebrea no existe la métrica.
Prácticamente la poesía hebrea se caracteriza por el uso de paralelismos y acrósticos las cuales
estudiaremos un poco más en detalle.

PARALELISMOS
                   La característica principal de la poesía hebrea es el paralelismo. Compuesta de símil,
metáforas, prosopopeyas y otros tropos, la poesía hebrea expresa sus
ideas en dos partes de estrofas, donde la primera tiene relación con la
segunda, ya sea en forma análoga, antónima o consecutiva. Actualmente uno
puede encontrar muchas formas de clasificar los paralelismos en la poesía hebrea, sin embargo,
nosotros veremos los básicos.

Paralelismo Sinónimo.
Se llama paralelismo sintético cuando la segunda línea contiene un
pensamiento idéntico o semejante al del anterior con diferente ropaje
verbal. Veamos algunos ejemplos en la Biblia de paralelismos sintéticos.

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

Un día emite palabra al otro día,  una noche a otra noche declara sabiduría”,

Salmo 19:1-2
“No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades,

Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados”.

Salmo 102:10

 “Te has enlazado con las palabras de tu boca,

Y has quedado preso en los dichos de tus labios”.

Proverbios 6:2

Paralelismo Antitético.
Paralelismo antitético es aquel donde la segunda parte del verso expresa
un pensamiento relacionado con el primero pero en forma de contraste.
Veamos algunos ejemplos en la Biblia:

“Mi carne y mi corazón desfallecen;

Más la roca de mi corazón  y mi porción es Dios para siempre”.

Salmo 73:26

“La justicia engrandece a la nación;

Mas el pecado es afrenta de las naciones”.

Proverbios 14:34

“La lengua de los sabios adornará la sabiduría;

Más la boca de los necios hablará sandeces”.

Proverbios 15:2

Paralelismo Sintético.
Un paralelismo sintético o constructivo, es aquel en el cual la segunda
línea del verso añade un pensamiento a la primera como para completarla,
aumentarla o intensificarla. Los dos versos pueden tener una relación de causa y efecto,
premisa y conclusión, proposición y suplemento, etc. Veamos unos ejemplos en la Biblia.

“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?

El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con
engaño”.

Salmo 24:3-4

“Mejor es la comida de legumbres donde hay amor,

Que de buey engordado donde hay odio”.

Proverbios 15:17

“Responde al necio como merece su necedad,


Para que no se estime sabio en su propia opinión”.

Proverbios 26:5

Paralelismo Climático o Escalonado.


El paralelismo climático o escalonado es un vigoroso tipo de paralelismo
sintético en el cual se repiten y se vuelven a usar una palabra o frase
clave, o varias palabras o frases, hasta que se completa el pensamiento al
final del prolongado paralelismo. Una línea tras otra van complementándose hasta lograr
un clímax o dar un resumen

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los
labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los
corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”.

Habacuc 3:17-18

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los
cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se
adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano
derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; el guardará tu
alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”.

Salmo 121:1-8

Paralelismo Emblemático.
                Se llama paralelismo emblemático cuando la primera parte del verso expresa
el pensamiento en forma figurada, mientras que la segunda lo hace en
forma literal, o viceversa. Veamos algunos ejemplos en la Biblia.

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,

Así clama por ti, oh Dios, el alma mía”.

Salmo 42:1

“No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.

Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán”.

Salmo 37:1-2

“Serán avergonzados y vueltos atrás todos los que aborrecen a Sion.

Serán como la hierba de los tejados, que se seca antes que crezca”.

Salmo 129:5

LOS ACRÓSTICOS EN LA POESÍA HEBREA


                   Un acróstico es una composición, en verso o en prosa, en el cual
ciertas letras de cada verso o frase, leídas en forma vertical, forman una
palabra o mensaje. En la poesía hebrea es utilizada cada letra del alfabeto hebreo para comenzar
con la enseñanza de cada verso. Por ejemplo, el Salmo 119 tiene 22 grupos de ocho versos cada uno. A
cada grupo corresponde una letra del alfabeto hebreo y cada verso comienza en el original con la letra
correspondiente del grupo. En el Salmo 37 cada tercer verso empieza con una letra de ese mismo
alfabeto. El capítulo 3 de Lamentaciones es un ejemplo notable de la composición acróstica, y así
algunos capítulos del libro de los Salmos. Sin embargo, no toda la poesía hebrea que aparece en la Biblia
está en forma de acrósticos.

LOS GÉNEROS DE LA POESÍA HEBREA


                 Podemos clasificar la poesía que se encuentra en la Biblia en cuatro géneros básicos: la lírica, la
didáctica la dramática y la elegíaca. Se conoce como poesía lírica a aquella que está en
forma de cantos de alegría como por ejemplo cántico triunfal de Moisés y María en Éxodo
15:1-21, el cántico de Moisés al fin de su vida en Deuteronomio 32:1-43, o el cántico de Débora en
Jueces 5:1-31. La poesía didáctica es aquella que tiene el propósito de enseñar.
Los libros de Job, Proverbios, Eclesiastés y varios de los Salmos son de carácter didáctico. La poesía
dramática en su forma pura no se encuentra en la Biblia, pero hay elementos de dramatismo en los
libros de Job y Cantares. El drama es una forma de arte que cuenta una historia
mediante el diálogo y acciones de los protagonistas. Finalmente, La poesía
elegíaca expresa los lamentos por los muertos. Las elegías de David por Saúl y Jonatán
en 2 Samuel 1:19-27 son un ejemplo de ello, así como el lamento por Ábner que esta 2 Samuel 3:33,34,
y el libro de Lamentaciones de Jeremías puede clasificarse en este género de poesía. Cada uno de los
libros poéticos tiene su género literario propio, aunque a veces se entremezclan los diversos modos de
expresión.

……………..
Poesía hebrea
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I

Jorge Luis Borges ha señalado en varias ocasiones la gran importancia que tienen los textos
bíblicos para occidente (1977), pues la conformación de lo que hoy se conoce como nuestra
cultura occidental (incluyendo a la conquistada América) se debe a la filosofía griega, al
derecho romano y las herencias religiosas judeo-cristianas.

La poesía hebrea pertenece a esta herencia. De impronta religiosa y también su conformación


estética.

De allí que varios investigadores sostengan que “la Biblia es literatura” (Alonso Schökel, 2006).

Literatura no porque sea menos que religión. Todo lo contrario. Porque ella es sendero de
revelación y ocultamiento. Palabra sagrada, decirse que invoca la ausencia y grita lo humano.

Y es en esta medida y dimensión que se nos adentramos a la poesía hebrea: como fenómeno
literario del que brotan importantes preguntas filosóficas.

No es extraño que la literatura hebrea haya sido una fuente de diálogo para filósofos tan
diversos y diferentes entre sí como Agustín, Hegel, Kierkegaard y Paul Ricoeur; y que, además,
haya tenido una gran influencia en el arte a través de la historia: Miguel Ángel, Rembrandt,
Rubens, Shakespeare, Goethe, Dostoievski, Celán, Trakl.

II

A diferencia del Nuevo Testamento[1], la Biblia Hebrea contiene una sección de libros
dedicados exclusivamente a la poesía. Sección conocida como libros poéticos o sapienciales.
Pero también encontramos poesía en los profetas –quienes combinan con frecuencia la prosa y
el verso, la retórica y el arte dramático[2].
No es extraño, entonces, que un traductor como Alonso Schökel, en su Biblia del Peregrino,
dediqun tres tomos a la traducción y el comentario del Antiguo Testamento, y que dos de ellos
sean dedicados a la poesía: prosa (los profetas) y verso.

La poesía hebrea es antigua. Hace parte especialmente de una concepción religiosa del
mundo, que podríamos llamar sagrada y mítica. El mundo en el que brota aún está encantado,
poblado de dioses y demonios, de fuerzas espirituales y, sobre todo, de la fe en el Dios de los
hebreos que irá tomando diferentes formas literarias a lo largo de la colección de escritos.

Por esto los diferentes géneros que abraza esta poesía reflejan aquellos contenidos:

Poesía litúrgica: se usa en las fiestas de Israel, en las peregrinaciones por las montañas, para
llegar al templo:
¡Jerusalén!, edificada como ciudad
totalmente armoniosa,
adonde suben las tribus,
las tribus del Señor;
según la ley de Israel,
a dar gracias al Nombre del Señor
(Salmo 122,3-4)
Poesía profética: el grito desgarrados de hombres poseídos de lo divino que ven en la realidad
presente una contradicción constante con los deseos de justicia:
Retiren de mi presencia

el ruido de los cantos,

no quiero oír la música de la cítara;

que corra como el agua el derecho

y la justicia como arroyo inagotable.

(Amós 5,23-24).

Poesía didáctica: busca enseñar a Israel el sendero de sus tradiciones. Su temática principal


es la sabiduría, personificada en una amante sensata.
La Sabiduría proclama por las calles,
en las plazas levanta la voz;
grita en lo más ruidoso de la ciudad,
y en las plazas públicas pregona:
¿Hasta cuándo, inmaduros, amarán la inmadurez,
y ustedes, insolentes, vivirán en la insolencia,
y ustedes, necios, odiarán el saber?
(Proverbios 1,20-22).
Poesía sapiencial: se pregunta por el sentido de la vida, muchas veces sin respuestas
sensatas. Ofrece textos que, sorprendentemente, se apartan de toda dogmática religiosa:
Los vivos saben… que han de morir; los muertos no saben nada, para ellos no hay retribución,
porque su nombre cayó en el olvido. Se acabaron sus amores, odios y pasiones, y jamás
tomarán parte en lo que se hace bajo el sol. Anda, come tu pan con alegría y bebe contento tu
vino, porque Dios ya ha aceptado tus obras; lleva siempre vestidos blancos y no falte el
perfume en tu cabeza, disfruta la vida con la mujer que amas, todo lo que te dure esa vida
fugaz, todos esos años fugaces que te han concedido bajo el sol; que ésa es tu suerte mientras
vives y te fatigas bajo el sol. Todo lo que esté a tu alcance hazlo con empeño, porque no se
trabaja ni se planea, no hay conocimiento ni sabiduría en el Abismo adonde te encaminas
(Eclesiastés 9,5-10).
Poesía erótica: el canto a la sacralidad del cuerpo. La celebración de las pasiones humanas,
más allá incluso de los nombres con que se intenta controlar la belleza del encuentro:
Ya me he quitado la túnica,
¿cómo vestirme otra vez?
Ya me he lavado los pies,
¿cómo mancharlos de nuevo?
Cuando mi amado metió
la mano en la hendidura,
mis entrañas se estremecieron.
Ya me he levantado para abrirle a mi amado:
mis manos destilaban mirra,
mis dedos goteaban mirra,
en el pestillo de la cerradura.
(Cantares 5,4-5).
Poesía real: muchos textos fueron compuestos en la corte para cantar a los reyes y
engrandecer sus gestas. Aparecen salmos de entronización y bodas reales, de celebraciones y
batallas:
Entra la princesa, esplendorosa,

vestida de tisú de oro y brocados.

Llevan ante el rey a las doncellas,

sus amigas la siguen y acompañan;

avanzan entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real.

(Salmo 45,14-16).

III

La poesía hebrea no tiene rima, pero sí ritmo[3]. Esta es su característica principal. Además de
la forma, también está el contenido, muy diferente al de las leyes israelitas y la historia hebrea.
En cuanto a forma, el paralelismo es la característica principal de la poesía hebrea. Este
consiste en elaborar sentencias que se repiten mediante imágenes distintas. Ocurre cuando
dos líneas poéticas son semejantes, ya sea forma gramatical o semántica.

Hay tres clases comunes de paralelismo:

El paralelismo sinonímico, en el que el sentido de las dos versos seguidos paralelas es


prácticamente idéntico.
«El que mora en los cielos se reirá;

El Señor se burlará de ellos» (Sal 2.4).

Soy la burla de ellos,

al verme menean la cabeza

(Sal 109,25).
El paralelismo antitético ocurre cuando entre dos líneas hay un contraste u oposición de
ideas[4]. A veces se repite en forma negativa el pensamiento del primero:
Quien cierra los ojos trae sufrimientos,

quien reprende abiertamente trae remedio.

(Proverbios 10,10)

Es tercero, el paralelismo sintético o progresivo, aparece cuando la segunda línea completa


el pensamiento de la primera, extendiéndolo o explicándolo más.
Porque soy humilde y pobre,

y mi corazón ha sido traspasado;

me desvanezco

como una sombra que declina,

me espantan como a la langosta;

se me doblan las rodillas por el ayuno,

y, sin grasa, enflaquece mi carne.

(Salmo 125,22-24).

Una forma más compleja de paralelismo es el quiasmo, una estructura en forma de “X” en que
se relacionan los términos de las líneas A y B en forma de “X”. La parte A de la primera línea es
paralela con la parte B de la segunda línea; y viceversa:
o Dios del universo, (B) escucha mi súplica,
o atiéndeme, (B) Dios de Jacob.
(Salmo 84,9)

Como sucede también en la tragedia griega, algunos poemas hebreos tienen estribillos,
muchas veces cantados por un coro, que se repiten de tanto en tanto en el poema. Esto da
énfasis a lo que se quiere decir. Cantar de los cantares tiene un estribillo que es frecuente:

¡Les conjuro, muchachas de Jerusalén,


por las gacelas y ciervas del campo
que no despierten ni desvelen al amor
hasta que a él le plazca!
(Cantares 2:7; 3:5; 5:8; 8:4).
Varios poemas están compuestos en forma de acróstico, siguiendo al alfabeto hebreo. Las
líneas se ordenan conforme a la letra Alef, luego Bet, y así sucesivamente hasta completar las
22 letras del alfabeto hebreo. Como sucede en el caso del Salmo 111[5]:
A Doy gracias al Señor de todo corazón

B en la reunión de los justos, en la asamblea.

G Grandes son las obras del Señor,

D ponderadas por quienes las aprecian.

H Su actuación es magnífica y espléndida,


W su justicia dura por siempre.

Z Dejó un memorial de sus proezas:

H el Señor es bondadoso y compasivo.

T Dio el alimento a sus fieles,

Y acordándose siempre de su alianza.

K Mostró a su pueblo la eficacia de sus obras

L dándole la heredad de los paganos.

M Sus obras son verdad y justicia,

N todos sus preceptos, fiables,

S válidos por siempre jamás,

‘ se han de cumplir fiel y rectamente.

P Envió la redención a su pueblo,

S ratificó para siempre su alianza,

Q su Nombre es santo y temible.

R Principio de la sabiduría

es respetar al Señor,

S son inteligentes los que lo practican.

T ¡La alabanza del Señor

permanezca para siempre!

La poesía hebrea es dialógica. A diferencia del mundo moderno –especialmente a partir del
romanticismo-, el poeta hebreo antiguo no es un solitario sentado en una montaña escribiendo
acerca de su propia soledad y su vacío –aunque también hay solitarios tales-. El poeta hebreo
festeja en la comunidad, escribe para la corte, tiene oyentes, y estos oyentes algunas veces
participan de forma activa en los poemas.

Sobra decir, de la presencia de metáforas, símiles, tropos y demás figuras de la poesía. Estas
pretenden brindar una atmósfera. De allí que haya poemas inmersos en una atmósfera mítica,
como el Salmo 29; y otros donde las imágenes metafóricas destacan el realismo de un hombre
que sufre a causa de la enfermedad y de la relación con sus enemigos.

IV

Pero detrás de la poesía hebrea no solamente hay estructuras retóricas o construcciones


literarias. Hay un mundo. La vida del pueblo que se contaba el sentido al calor de una hoguera,
el grito solitario de un profeta ante un pueblo arrodillado ante los imperios, la música de la
corte, con sus intrigas y excesos, y el amor en el campo.

Dentro de los géneros en los que pueden agruparse los salmos[6], el exégeta alemán Hermann
Gunkel distingue diversos motivos literarios, es decir, los elementos menores en que puede
descomponerse un poema. La historia de los géneros indica poemas que los textos que ahora
tenemos eran en principio muy breves, y fueron ganando volumen por mano de diferentes
autores.
La mayoría de los Salmos, por ejemplo, en el principio fueron poemas cúlticos, en un ambiente
de religión no institucionalizada, donde los oferentes llegaban a un altar determinado y rendían
allí su ofrenda; las divinidades eran entonces diversas, aunque Yahvé fuera el Dios nacional.

Estos poemas privados o de cultos familiares se convirtieron luego poemas públicos y


nacionales, adoptados en nombre del yahvismo oficial y amparados bajo la tutela de los reyes y
los sacerdotes.

Finalmente, a estos poemas se les dio el toque tardío de piedad personal que al encuentro con
un mundo ajeno al ambiente aldeano que hasta entonces conocían. Cuando los hebreos se
encontraron con catástrofes sociales y políticas, transformaron su fe en un Dios nacional a la
creencia en un Dios universal que los acompañaba en el exilio y les proponía una religión de la
oración personal y comunitaria –el nacimiento de la sinagoga y la decadencia del templo-.

Así, la poesía hebrea se ha ido nutriendo de la influencia de las diversas épocas por las que ha
ido pasando, tanto en el nivel religioso como en el social, cultural y político.

Esta poesía traza un mundo ya desaparecido. Si la poesía griega nos lleva al teatro y la
rapsodia, la poesía hebrea nos transmite inicialmente a las hogueras donde se narraban las
gestas del desierto; a los hogares donde se adoraba a los dioses familiares todavía no
unificados bajo un solo nombre y una moral; a la corte, donde poco a poco se fue estableciendo
una unidad social bajo reyes y sacerdotes llamada Israel; y, de nuevo al individuo y los
hogares, en el exilio, buscando al Dios que migra con su pueblo y les da una ley como símbolo
de identidad.

Al escarbar los Salmos vemos, por ejemplo, las fiestas majestuosas que celebraban los reyes
para mostrar su esplendor y la grandeza de su reino, los anuncios de entronización de un
nuevo rey, las bodas reales, las memorias funerarias del templo y el palacio, el día en el que el
rey declaraba una guerra, o la muerte de algún príncipe.

Como escribe Gunkel, a propósito del Salmo 110:

Mientras que el poeta ensalzaba la figura del monarca, que escuchaba complacido sus
palabras, el conspirador afilaba su daga y el profeta levantaba su voz de protesta en las plazas.

La escritura hebrea aparece inmersa en el marco de Antiguo Cercano Oriente. Esta poesía,
como también sucedía en Egipto, Babilonia, Persia, e incluso Grecia, tiene como temática
principal: la relación del hombre con el mundo dentro de un universo sacralizado. La literatura
del Antiguo Cercano Oriente es un inmenso escenario en el que la literatura hebrea entra a
jugar apenas la última partida.

A lo largo del siglo XX se ha recopilado una gran cantidad de textos poéticos, narrativos y
legislativos que aparecen como paralelos de la Biblia Hebrea[7]. Ellos permiten mostrar el
diálogo que estos textos establecieron con la literatura de su época, por lo que sería ingenuo
decir que la religión israelita nace en medio de la nada, y que es única con respecto al Antiguo
Oriente.
El Diálogo de un desesperado con su alma es un relato egipcio que refleja la angustia humana
ante la existencia, el problema del sufrimiento, y la dificultad de la incomprensión de los
amigos. Muy similar al libro de Job. Refleja una concepción de la muerte, en la que el hombre
puede dialogar con su alma, pero no separarse de ella, con la cual se va incluso hasta la
tumba.
Job es un drama poético que se pregunta por qué el mal y la injusticia parecieran triunfar y
fueran tolerados por Dios; cómo Dios, que dice recompensar a los justos, permite que un justo
sufra hasta caérsele la piel. Historia de Oriente que fue adaptada por un gran poeta hebreo
para plantearse el problema del dolor. Ante todos los cuestionamientos levantados por Job a lo
largo del poema y las desatinadas respuestas por parte de sus amigos que pretenden ser
sabios, el texto se queda con las preguntas.

El Diálogo de un desesperado con su alma también es similar a Eclesiastés, pues su alma le


llama a vivir bien sin pensar en qué pasará después, a experimentar el ahora (Ec. 9,7-10).
También este consejo se encuentra en las palabras de Siduri a Guilgamés, en el relato
babilonio de la Epopeya de Guilgamés: ante la pregunta por la muerte, se invita a vivir día a
día. Es valioso ver que este drama existencial, escrito aproximadamente en el 2500 a.C. en
Egipto, es un eje temático transversal de la literatura, donde se combinan la fe, la
desesperanza, la angustia, la muerte y la pregunta. Siempre la pregunta. Una cuestión del
drama de la vida, que va desde este relato egipcio a Job, y de allí a Hölderlin, Kierkegaard y
Sartre.
Eclesiastés es el nombre griego del libro llamado en hebreo Qohélet (“uno que habla en medio
de la asamblea). El nombre de Salomón no se menciona en el texto. Sólo hay alusiones
veladas al rey (1,1; 12,16). Estas alusiones sirven precisamente para hacer una crítica a los
excesos que cometen los reyes. Este texto, escrito probablemente en el siglo II a.C., es un libro
supremamente realista: “Todo en la existencia es vano” (1,2; 1:14), especialmente el trabajo
impuesto por los opresores a la gente sencilla. Pero también invita a la alegría de las pequeñas
cosas: Comer, beber y disfrutar del cuerpo propio y el de la pareja, pues todo es regalo de Dios
(2,24; 3,12; 5,17; 8,15; 9,7-10).

Otro relato egipcio interesante es el de las Quejas de un Campesino elocuente. En él se refleja


la concepción desde la sabiduría acerca de la vida, el trabajo y la pobreza. Tal sensibilidad por
los pobres no era solo de Israel. También se refleja en la cultura circundante, donde se
condena a quien abusa del pobre, y donde se espera siempre del dios que haya justicia para
con quienes sufren a causa de los poderosos. De igual forma se puede hablar del Diálogo del
doliente con su amigo, que es una experiencia de fe a partir de la pregunta, un reclamo por la
justicia de los dioses desde la perspectiva del pobre.
Las enseñanzas de Ptah-Hotep, texto también egipcio, enseñan otra perspectiva, en que la
habla un hombre rico. Es la perspectiva de la corte, que se interesa por las preocupaciones de
la corte, tales como la riqueza o las tierras adquiridas. Son un reflejo muy valioso de la
concepción de la vida, y dan luz para leer los libros bíblicos de sabiduría dentro del marco de la
enseñanza del maestro como padre.
Las Enseñanzas de Khety se ensalzan la profesión del escriba sobre otras: “Hazte escriba,
satisface las necesidades de otros y nunca serás pobre”.
Las Enseñanzas de Amenemope difieren de estas otras dos colecciones de proverbios, en su
inclinación por la gente pobre. No podría decirse que en Egipto no haya habido preocupación
por los pobres, porque en un período anterior a la mayoría de los textos bíblicos (1250 – 1.000
a.C.), ya se venía pensando en los excluidos, en las viudas y los obreros de a pie.
Este es el marco en el que surge el libro bíblico de los Proverbios. Este es una colección de
pequeños dichos populares o sentencias de los sabios del antiguo Israel. El conocimiento y la
vida práctica son el eje fundamental de este tipo de sabiduría. El redactor final, que vivió en el
siglo III a.C., se tomó en serio trabajo de recoger lo que el pueblo percibía y sentía acerca de
la Hokmah y lo embelleció con poesía y aforismos.
Por otro lado, hay textos que evidencian su influjo en otros textos bíblicos. Uno de ellos es
el Himno a Atón, que se refleja en el Salmo 104 como en un espejo. El Salmo que aparece en
la Biblia Hebrea es una re-interpretación yahvista de tan bello poema. Esto muestra que no sólo
la cultura trae parecidos y cosmovisiones similares, sino que también hay relaciones literarias
entre los pueblos, intercambios y re-interpretaciones, particularmente con las culturas más
avanzadas de la época en que se escribiera la poesía hebrea: Egipto y Babilonia.
El libro de los Salmos es una polifonía de música y poesía. Recoge voces de diferentes épocas
y regiones, por lo menos de quinientos años de experiencias de fe en Israel. Colecciona himnos
tan primitivos como el del Dios de la tormenta (Sal 29), hasta textos más recientes como la
dislocación social de Israel en el exilio babilónico (Sal 127). Por esto, no podemos hablar de
que haya un solo autor, sino diversas voces, pueblos y hasta creencias contenidos en los
Salmos. Hay unos de agradecimiento por la salvación de los peligros (Sal 107), y suelen ser
comunitarios. Hay otros de súplica y oraciones personales (Sal 63). Aparecen también Salmos
de confesión de pecados (Sal 51). Surgen algunos cantados en viajes y peregrinaciones (121).
Emergen los salmos de Sabiduría, que son profundas meditaciones acerca del sentido de la
vida (Sal 39; 73); muchos de éstos son didácticos (Sal 119). Y hay Salmos reales, que se
ocupan de los reyes en sus batallas, administración de la justicia, boda, coronación, elección de
la dinastía, y hay un momento en que estos salmos empiezan a cargarse de expectación
mesiánica (Sal 110).

Los cantos de amor egipcios traen luz sobre el libro de Cantar de los cantares y sobre el
concepto de amor que ellos reflejan. Lejos de una lectura maniquea o puritana de la Biblia,
abren la puerta para ver que, en el mundo bíblico, la actividad sexual era cuidadosamente
pensada, preparada, y realizada. Se comprende entonces que el Cantar sea un libro como el
Kama-Sutra, con mucha más elaboración poética que instructiva, pero con el cuidado por el
bienestar sexual, y por el arte de hacer el amor bajo la bendición divina.
Es notable que exista un libro como el Cantar de los Cantares en la Biblia. En el libro sagrado
de la tradición judeo-cristiana, hay un solo texto acerca del amor erótico, y debe ser muy
importante, muy significativo. No es una alegoría acerca de la relación entre Cristo y la Iglesia.
Es más bien la sacralización de los cuerpos, la valoración del erotismo y la ruptura con los
discursos moralistas que consideran que el cuerpo y la sexualidad son malos. En ella aparecen
dos personajes, la Sulamita, la protagonista principal del libro, una mujer atrevida que toma la
iniciativa en el amor; y su amado, al parecer un pastor de ovejas, un campesino que tiene su
encuentro amoroso con la mujer (1,7-8). Ante todo, se privilegia el lenguaje del cuerpo,
incluyendo alusiones explícitas a los lugares más eróticos y lo que sucede allí. Esta obra es un
desafío a cualquier dogmática espiritualista que pretenda negar la carne como lugar de lo
sagrado.

Las visiones de Neferti traen una clara memoria a los lectores de Jeremías. Es interesante no
ver ya a Israel, el país pequeño, temiendo por la invasión, el robo o la sequía. Ahora se trata de
Egipto, el país grande, y del vidente Neferti, que ven la llegada del caos en la soledad de la
noche, pero también mantienen la esperanza mesiánica de un rey que venga a poner en orden
las cosas tal como Isaías (Is. 9).
Así aparecen también, dentro la poesía hebrea, los profetas escritores, quienes se valieron del
lenguaje poético, de la narrativa y de la representación dramatúrgica para comunicar su
mensaje. Arrebatados por lo que consideraban un poder superior e inexplicable, escribían para
cantar tal posesión divina, denunciar las injusticias cometidas por los poderosos, cantar al amor
humano y dolerse con el exilio del pueblo. Heraldos de lo sagrado, anunciaban también
cambios en el tiempo, esperaban la restauración de su pueblo, y la imaginaban mediante
figuras de un valle de huesos secos de los que naciera carne (Ez 37) o la descripción detallada
de un retorno a la patria cargado de los tesoros orientales (Is 60).

Así como la tragedia griega aún no es filosofía, la poesía hebrea tampoco es teología, ni
siquiera judaísmo o cristianismo, tal como los conocemos ahora. Es la memoria de
comunidades extintas que, en un mundo encantado, rogaron a sus dioses, especialmente a su
dios nacional, Yahvé, para que orientara sus senderos.

Los textos han sido recogidos en esa colección de libros – la Biblia es una biblioteca decía un
rabino- considerados sagrados. Al ser compilados allí, y usados por diferentes tradiciones
religiosas, tales poemas han ganado en sentido existencial a lo largo del tiempo pero han
perdido en sentido estético. Una mirada detenida, una lectura pausada pueden permitir ver allí
la belleza y el dolor, sin dejar por ello de preguntarse por la vida y por el sentido, por la
sacralidad de lo profano y la creencia. Porque la Biblia es literatura, permite ver mucho más
que un mensaje homilético, el encuentro con el arte revelatorio.

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