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EL PROCESO PENAL ACUSATORIO

Problemas y soluciones
ELKY ALEXANDER VILLEGAS PAIVA

EL PROCESO
PENAL ACUSATORIO
PROBLEMAS Y
SOLUCIONES

Av. Angamos Oeste Nº 526, Urb. Miraflores


Miraflores, Lima - Perú / ((01) 710-8900
www.gacetajuridica.com.pe
EL PROCESO PENAL ACUSATORIO
Problemas y soluciones

© Elky Alexander Villegas Paiva


© Gaceta Jurídica S.A.

Primera edición: febrero 2019


2300 ejemplares
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú
2019-02641
ISBN: 978-612-311-617-0
Registro de proyecto editorial
31501221900203
Prohibida su reproducción total o parcial
D. Leg. Nº 822
Diagramación de carátula: Martha Hidalgo Rivero
Diagramación de interiores: Nora Villaverde Soldevilla

Gaceta Jurídica S.A.


Av. Angamos Oeste Nº 526, Urb. Miraflores
Miraflores, Lima - Perú
Central Telefónica: (01) 710-8900
E-mail: ventas@gacetajuridica.com.pe / www.gacetajuridica.com.pe
Impreso en: Imprenta Editorial El Búho E.I.R.L.
San Alberto Nº 201, Surquillo
Lima - Perú
Febrero 2019
Publicado: marzo 2019
INTRODUCCIÓN

Si miramos unas décadas atrás, podremos percatarnos –sin mucho esfuerzo–


que la jurisprudencia en nuestro ordenamiento legal era casi ignorada y su impor-
tancia era muy relativa en torno a su comprensión como elemento de predictibi-
lidad y seguridad jurídica.
El uso de la jurisprudencia por parte de los operadores jurídicos para funda-
mentar su posición respecto de casos similares a lo resuelto en aquella era escaso.
Asimismo, quienes producían obras jurídicas no tomaban en cuenta en sus análi-
sis lo que se decía en la jurisprudencia. La separación entre teoría y práctica era
evidente en muchos casos.
Este panorama quizá era coadyuvado por la escasa publicidad de las resolu-
ciones judiciales. Hasta hace unos cuantos años era muy difícil poder acceder al
texto completo de alguna jurisprudencia. Y hasta el día de hoy no existe –por lo
menos desde el ámbito estatal– una sistematización periódica que recoja los prin-
cipales pronunciamientos jurisprudenciales, más allá de su publicación en el Dia-
rio Oficial El Peruano.
Sin embargo, debe reconocerse que esta situación ha cambiado actual-
mente; hoy se reconoce el papel fundamental de la jurisprudencia, la posibilidad
de acceder a ella es tarea mucho más sencilla que antes, aunque no con la facili-
dad deseada; de todas maneras, el panorama es distinto. También la academia se
ha volcado a la sistematización, compilación y publicación, y, claro está, al aná-
lisis de los criterios jurisprudenciales.
Así, existen ya en el mercado diversas obras sobre este tema, las cuales
con diferentes criterios de sistematización se encuentran disponibles al público.
En este contexto, hay un mayor número de trabajos compilatorios sobre la
jurisprudencia.
Estas obras son importantes porque permiten conocer el texto íntegro de
las resoluciones judiciales y comprender el contexto en que se han emitido; sin
embargo, a veces el tiempo con el que cuenta el operador jurídico es demasiado
limitado para leer el texto completo de la resolución y poder encontrar en ella lo
que realmente necesita en su labor diaria.

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El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Ante ello, en la presente obra –que trata también sobre jurisprudencia, par-
ticularmente del proceso penal seguido bajo las reglas del Código Procesal Penal
de 2004, es decir, bajo un modelo procesal penal acusatorio-garantista de rasgos
adversariales– se ha buscado simplificar la labor del lector y operador jurídico,
pues se han extraído los criterios relevantes de la jurisprudencia seleccionada.
Además, todo el contenido jurisprudencial relevante ha sido ordenado y clasi-
ficado sobre la base de los distintos institutos que regula dicho Código Procesal
Penal, teniendo como nota esencial, para la cabal comprensión y aplicación de
los criterios jurisprudenciales mencionados a lo largo de la presente obra, la for-
mulación de preguntas que permitan conocer los alcances interpretativos de estos
institutos jurisprudenciales.
En tal sentido, mediante las interrogantes formuladas, quedarán en claro
aspectos tales como la naturaleza, definición, interpretación, aplicación y límites
de las instituciones procesales penales, conforme a lo que han dicho hasta el
momento los tribunales de justicia.
Por ello, la metodología de preguntas y respuestas que sigue este libro le
otorga un carácter eminentemente práctico, sin perjuicio de su rigor jurídico.
Ahora bien, las respuestas son extraídas de la jurisprudencia nacional de la
Corte Suprema y el Tribunal Constitucional, pero no solo de ellos, sino también,
de acuerdo con lo que se ha considerado pertinente, de la jurisprudencia emitida
por lo que hasta hace poco era el Sistema Nacional Especializado en Delitos de
Corrupción de Funcionarios y por la Sala Penal Nacional, hoy convertidos en la
denominada Corte Superior de Justicia Especializada en Delitos de Crimen Orga-
nizado y de Corrupción de Funcionarios. Asimismo, en cuanto a lo que a jurispru-
dencia nacional se refiere, también se han añadido decisiones jurisprudenciales
de algunas otras Cortes Superiores de Justicia del país.
Para complementar lo dicho por los tribunales nacionales, se ha creído con-
veniente tomar en cuenta la jurisprudencia emitida por la Corte Interamericana
de Derechos Humanos. De esta manera se ha querido presentar a la comunidad
jurídica un cuadro completo de la jurisprudencia procesal penal emitida por los
órganos de administración de justicia nacionales y los supranacionales, en espe-
cial lo resuelto por la mencionada Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Como en otras oportunidades, antes de finalizar esta introducción, deseo
expresar mi mayor agradecimiento a Dios por su amor eterno. A mi familia cómo
no estarle agradecido si es mi apoyo incondicional en cada circunstancia de la
vida.
Asimismo, este libro no hubiera podido ser culminado en el tiempo reque-
rido por la editorial si no hubiese contado con el importante apoyo de mis asisten-
tes académicos. En este sentido, en esta oportunidad expreso mi agradecimiento
a Herbert César Palacios Fuentes, estudiante de la Universidad de San Martín de

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Introducción

Porres-Filial Norte por su ayuda en la sistematización y selección de los extrac-


tos jurisprudenciales utilizados a lo largo de la presente obra.
Finalmente, como en otras tantas oportunidades, mi agradecimiento a los
doctores Manuel Muro Rojo y Juan Carlos Esquivel Oviedo por la confianza
depositada en mi persona, la que hace posible que mis trabajos académicos sean
publicados bajo el prestigioso sello editorial de Gaceta Jurídica.

Elky Alexander VILLEGAS PAIVA

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CAPÍTULO I

PRINCIPIOS RECTORES
DEL PROCESO PENAL PERUANO
ADOPTADOS POR EL CÓDIGO
PROCESAL PENAL DE 2004
CAPÍTULO I

PRINCIPIOS RECTORES DEL PROCESO


PENAL PERUANO ADOPTADOS POR
EL CÓDIGO PROCESAL PENAL DE 2004

I. EL DERECHO A LA TUTELA JURISDICCIONAL EFECTIVA

Base legal Constitución Política: art. 139.3.


Código Procesal Penal de 2004: arts. I.2, I.3 del Título Preliminar, 1.2, 1.3,
11, 12, 99, 104, 105, 107, 109.
Convención Interamericana de Derechos Humanos: arts. 8, 25.1, 25.2.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: arts. 2.3.a, 2.3.b.

001 ¿
En qué consiste el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva y cuál es
su naturaleza?
“El derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, reconocido por el artículo 139, inciso
3 de la Constitución, implica que cuando una persona pretenda la defensa de sus
derechos o intereses legítimos, ella debe ser atendida por un órgano jurisdiccional
mediante un proceso dotado de un conjunto de garantías mínimas” (STC. Exp.
N° 0004-2006-AI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 22).
“[L]a tutela judicial efectiva es un derecho constitucional de naturaleza proce-
sal en virtud del cual toda persona o sujeto justiciable puede acceder a los órga-
nos jurisdiccionales, independientemente del tipo de pretensión formulada y de la
eventual legitimidad que pueda, o no, acompañarle a su petitorio. En un sentido
extensivo, la tutela judicial efectiva permite también que lo que ha sido decidido
judicialmente mediante una sentencia, resulte eficazmente cumplido. En otras pala-
bras, con la tutela judicial efectiva no solo se persigue asegurar la participación o
acceso del justiciable a los diversos mecanismos (procesos) que habilita el orde-
namiento dentro de los supuestos establecidos para cada tipo de pretensión, sino
que se busca garantizar que, tras el resultado obtenido, pueda verse este último
materializado con una mínima y sensata dosis de eficacia.” (STC. Exp. Nº 00763-
2005-PA/TC-Lima, del 13 de abril de 2005, f. j. 6).

002 ¿
El derecho a la tutela jurisdiccional efectiva entendido como derecho
continente qué derechos engloba?
“[La tutela jurisdiccional efectiva] constituye un derecho, por decirlo de algún
modo, ‘genérico’ que se descompone en un conjunto de derechos específicos enu-
merados, principalmente, en el mencionado artículo [artículo 139], o deducidos

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El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

implícitamente de él (…)” (STC. Exp. N° 0004-2006-AI/TC, del 29 de marzo de


2006, f. j. 22).
“Por ello, todo órgano que posea naturaleza jurisdiccional (sea ordinario, consti-
tucional, electoral, militar y, por extensión, los árbitros) debe respetar, mínima-
mente, las garantías que componen los derechos a la tutela jurisdiccional ‘efec-
tiva’ y al debido proceso, entre las que destacan los derechos al libre acceso a la
jurisdicción, de defensa, a la prueba, a la motivación de las resoluciones judicia-
les, a la obtención de una resolución fundada en Derecho, a la pluralidad de ins-
tancias, al plazo razonable del proceso, a un juez competente, independiente e
imparcial, a la ejecución de resoluciones judiciales, entre otros derechos funda-
mentales” (STC. Exp. N° 0004-2006-AI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 8).
“[L]a tutela jurisdiccional es un derecho ‘continente’ que engloba, a su vez, dos
derechos fundamentales: el acceso a la justicia y el derecho al debido proceso
(Cfr. STC Nº 0015-2001-AI/TC). Tal condición del derecho a la tutela jurisdic-
cional se ha expresado también en el artículo 4 del Código Procesal Constitu-
cional que, al referirse al derecho a la tutela procesal efectiva, ha establecido
en su primer párrafo que este “(…) comprende el acceso a la justicia y el debido
proceso (…)” (STC. Exp. Nº 4719-2007-PHC/TC-Callao, del 3 de octubre de
2007, f. j. 3).
“Que uno de los derechos que integra el contenido constitucionalmente garantizado
de tutela jurisdiccional (artículo 139, inciso 3, de la Constitución) –de carácter pres-
tacional y configuración legal– es tanto acceder libremente al órgano jurisdiccional
a través de un proceso –y a todas sus instancias– y obtener una resolución definitiva,
razonada y razonable, fundada en Derecho, congruente y, a ser posible, de fondo,
que ponga fin irrevocablemente al conflicto, cuanto el acceso pleno al recurso legal-
mente previsto (GIMENO SENDRA, VICENTE: Introducción al Derecho Proce-
sal, Editorial Colex, Madrid, 2004, p. 224). Una aplicación de la legalidad que sea
arbitraria, manifiestamente irrazonada o irrazonable no puede considerarse fundada
en Derecho –la motivación debe atender al sistema de fuentes normativas– (PICÓ I
JUNOY, JOAN: Las garantías constitucionales del proceso, J. M. Bosch Editor, Bar-
celona, 1997, p. 61)” (Sala Penal Permanente. Casación Nº 1184-2017-Del Santa,
del 22 de mayo de 2018, considerando 3).
“En relación a la tutela jurisdiccional efectiva es pertinente recordar: a) que este
derecho comprende, entre otras cosas, el derecho a la efectividad de las resolucio-
nes judiciales, es decir que el fallo judicial se cumpla y que al justiciable vence-
dor en juicio justo y debido se le restituya su derecho y se lo compense, si hubiere
lugar a ello, por el daño sufrido; y b) que el derecho a la efectividad de las reso-
luciones judiciales exige no sólo que quienes hayan resultado vencidos en juicio
cumplan todos los términos señalados en la sentencia firme, sino también impone
deberes al juez y, en particular, a aquellos que están llamados a ejecutar lo resuelto
en la sentencia. En particular, la responsabilidad de ejecutarlas, para lo cual tie-
nen la obligación de adoptar todas las medidas necesarias y oportunas destinadas

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Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

a dar estricto cumplimiento a la sentencia, las que deberán tomarse sin alterar su
contenido o su sentido (Cfr. STC Nº 01334-2002-AA/TC, fundamento 2)” (STC.
Exp. Nº 00750-2011-PA/TC, del 7 de noviembre de 2011, f. j. 3).
“El Código Procesal Constitucional consagra el derecho a la ejecución de las reso-
luciones judiciales –entre otros– como expresión del derecho a la tutela proce-
sal efectiva cuando en el tercer párrafo de su artículo 4 prescribe que ‘se entiende
por tutela procesal efectiva aquella situación jurídica de una persona en la que se
respeten, de modo enunciativo su[s] derechos a la actuación adecuada y tempo-
ralmente oportuna de las resoluciones judiciales (...)’”.
En tanto que, la doctrina jurisprudencial del TC, ha entendido que el derecho a la
ejecución de resoluciones, constituye parte inseparable de la exigencia de efectivi-
dad de la tutela judicial. En efecto, en la Sentencia Nº 0015-2001-AI, 0016-2001-AI
y 004-2002-AI este Colegiado ha dejado establecido que ‘[e]l derecho a la ejecu-
ción de resoluciones judiciales no es sino una concreción específica de la exigen-
cia de efectividad que garantiza el derecho a la tutela jurisdiccional, y que no se
agota allí, ya que, por su propio carácter, tiene una vis expansiva que se refleja
en otros derechos constitucionales de orden procesal (…). El derecho a la efecti-
vidad de las resoluciones judiciales garantiza que lo decidido en una sentencia se
cumpla, y que la parte que obtuvo un pronunciamiento de tutela, a través de la
sentencia favorable, sea repuesta en su derecho y compensada, si hubiere lugar a
ello, por el daño sufrido’ [Fundamento jurídico 11]. En esta misma línea de razo-
namiento hemos precisado en otra sentencia que, ‘la tutela jurisdiccional que no
es efectiva no es tutela’, reiterando la íntima vinculación entre tutela y ejecución
al establecer que, ‘el derecho al cumplimiento efectivo y, en sus propios términos,
de aquello que ha sido decidido en el proceso, forma parte inescindible del dere-
cho a la tutela jurisdiccional a que se refiere el artículo 139.3 de la Constitución’
(STC Nº 4119-2005-AA/TC, f. j. 64)” (STC. Exp. Nº 01820-2011-PA/TC-Piura,
del 21 de marzo de 2012, ff. jj. 7 y 8).
“El artículo 25 de la Convención establece que [t]oda persona tiene derecho a un
recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tri-
bunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos funda-
mentales reconocidos por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun
cuando tal violación sea cometida por personas que actúen en ejercicio de sus
funciones oficiales.
El artículo 25 de la Convención también consagra el derecho de acceso a la justicia.
Al analizar el citado artículo 25 la Corte ha señalado que este establece la obliga-
ción positiva del Estado de conceder a todas las personas bajo su jurisdicción un
recurso judicial efectivo contra actos violatorios de sus derechos fundamentales.
Y ha observado, además, que la garantía allí consagrada se aplica no sólo respecto
de los derechos contenidos en la Convención, sino también de aquéllos que estén
reconocidos por la Constitución o por la ley. La Corte ha señalado, asimismo, en
reiteradas oportunidades, que la garantía de un recurso efectivo ‘constituye uno de

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El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

los pilares básicos, no sólo de la Convención Americana, sino del propio Estado de
Derecho en una sociedad democrática en el sentido de la Convención’, y que para
que el Estado cumpla con lo dispuesto en el artículo 25 de la Convención no basta
con que los recursos existan formalmente, sino que los mismos deben tener efec-
tividad, es decir, debe brindarse a la persona la posibilidad real de interponer un
recurso que sea sencillo y rápido. Cualquier norma o medida que impida o dificulte
hacer uso del recurso de que se trata constituye una violación del derecho al acceso
a la justicia, bajo la modalidad consagrada en el artículo 25 de la Convención Ame-
ricana” (Corte IDH. Caso Cantos vs. Argentina. Fondo, reparaciones y costas.
Sentencia del 28 de noviembre de 2002. Serie C, Nº 97, párr. 51 y 52).
“En lo que se refiere al ejercicio del derecho a las garantías judiciales consagrado
en el artículo 8 de la Convención Americana, la Corte ha establecido, inter alia,
que ‘es preciso que se observen todos los requisitos que sirvan para proteger, ase-
gurar o hacer valer la titularidad o el ejercicio de un derecho, es decir, las con-
diciones que deben cumplirse para asegurar la adecuada representación o ges-
tión de los intereses o las pretensiones de aquellos cuyos derechos u obligaciones
estén bajo consideración judicial’. Asimismo, esta disposición de la Convención
consagra el derecho de acceso a la justicia. De ella se desprende que los Estados
no deben interponer obstáculos a las personas que acudan a los jueces o tribu-
nales con el fin de que sus derechos sean determinados o protegidos. Cualquier
norma o práctica del orden interno que dificulte el acceso de los individuos a los
tribunales, y que no esté justificada por las razonables necesidades de la propia
administración de justicia, debe entenderse contraria al precitado artículo 8.1 de
la Convención. Esto tiene particular relevancia en casos de desaparición forzada
de personas, dado que el derecho a las garantías judiciales comprende también el
derecho de los familiares de la víctima a acceder a estas” (Corte IDH. Caso Tiu
Tojín vs. Guatemala. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 26 de noviem-
bre de 2008. Serie C, Nº 190, párr. 95).

003 ¿
El derecho a la tutela jurisdiccional efectiva en su vertiente subjetiva
qué aspectos presupone?
“El derecho a la tutela judicial efectiva está reconocido en nuestro ordenamiento
constitucional en el artículo 139, inciso 3, donde si bien aparece como principio
y derecho de la función jurisdiccional, es claro tanto para la doctrina unánime
como la para propia jurisprudencia de este Tribunal que se trata de un derecho
constitucional que en su vertiente subjetiva supone, en términos generales, un
derecho a favor de toda persona de acceder de manera directa o a través de un
representante, ante los órganos judiciales; de ejercer sin ninguna interferencia los
recursos y medios de defensa que franquea la ley; de obtener una decisión razo-
nablemente fundada en derecho; y finalmente, de exigir la plena ejecución de la
resolución de fondo obtenida” (STC. Exp. Nº 4080-2004-AC/TC-Ica, del 28 de
enero de 2005, f. j. 14).

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Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

004 ¿
Cuáles son las etapas en que el derecho a la tutela jurisdiccional efec-
tiva despliega sus efectos?
“La tutela efectiva se resume en el derecho a que se ‘haga justicia’; (…) el dere-
cho a la tutela judicial efectiva despliega sus efectos en tres etapas, a saber: en
el acceso al proceso y a los recursos a lo largo del proceso en lo que la doctrina
conoce como derecho al debido proceso o litis con todas las garantías; en la ins-
tancia de dictar una resolución invocando un fundamento jurídico y, finalmente,
en la etapa de ejecutar la sentencia” (STC. Exp. Nº 1546-2002-AA/TC-Lima, del
28 de enero de 2003, f. j. 2).

005 ¿
Cuándo se produce una vulneración al derecho a la tutela jurisdic-
cional efectiva?
“Por tanto, el Tribunal es de la opinión que, en la medida que el derecho a la tutela
jurisdiccional no tiene un ámbito constitucionalmente garantizado en forma autó-
noma, como tampoco la tiene el derecho al debido proceso, sino que su lesión se
produce como consecuencia de la afectación de cualesquiera de los derechos que
la comprenden, dentro del cual se encuentra el derecho de defensa, un pronun-
ciamiento sobre el fondo en relación a aquel derecho presupone, a su vez, uno en
torno al derecho reconocido en el inciso 14 del artículo 139 de la Constitución”
(STC. Exp. Nº 4719-2007-PHC/TC-Callao, del 3 de octubre de 2007, f. j. 5).
“(…) La vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva puede tener lugar,
entre otras situaciones, cuando se produce el rechazo liminar de una demanda
invocándose una causal de improcedencia impertinente; con la inadmisión de un
recurso ordinario o extraordinario; con la aplicación de la reformatio in peius;
y con la ejecución de la sentencia modificándose sus propios términos, o con su
inejecutabilidad.
(…)
Es necesario subrayar que la violación de la tutela judicial efectiva no sólo se pro-
duce por acción o inacción de un operador jurisdiccional, sino que también se con-
suma por el hacer o no hacer de la parte vencida en un proceso judicial, o por un
tercero con interés respecto a lo resuelto en la sentencia” (STC. Exp. Nº 1546-
2002-AA/TC-Lima, del 28 de enero de 2003, f. j. 2).

006 ¿En qué consiste la tutela procesal efectiva y cómo se configura?


“(...) la tutela procesal efectiva está consagrada en la Constitución y en el Código
Procesal Constitucional, y su salvaguardia está relacionada con la necesidad de
que, en cualquier proceso que se lleve a cabo, los actos que lo conforman se lle-
ven a cabo en los cauces de la formalidad y de la consistencia, propias de la admi-
nistración de justicia. Es decir, se debe buscar que los justiciables no sean some-
tidos a instancias vinculadas con la arbitrariedad o los caprichos de quien debe
resolver el caso. El derecho a la tutela procesal efectiva se configura, entonces,

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El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

como una concretización transversal del resguardo de todo derecho fundamental


sometido a un ámbito contencioso (...)” (STC. Exp. Nº 6712-2005-PHC/TC, del
17 de octubre de 2005, f. j. 13).
“Tal y como viene definida en el artículo 4 del Código Procesal Constitucional,
la tutela procesal efectiva es aquella situación jurídica de una persona en la que
se respetan de modo enunciativo sus derechos de libre acceso al órgano jurisdic-
cional, a probar, de defensa, al contradictorio e igualdad sustancial en el proceso,
a no ser desviado de la jurisdicción predeterminada ni sometido a procedimien-
tos distintos de los previstos por la ley, a la obtención de una resolución fundada
en derecho, a acceder a los medios impugnatorios regulados, a la imposibilidad
de revivir procesos fenecidos, a la actuación adecuada y temporalmente oportuna
de las resoluciones judiciales y a la observancia del principio de legalidad proce-
sal penal” (STC. Exp. Nº 5396-2005-AA/TC, del 6 de setiembre de 2005, f. j. 8).

007 ¿
Cuáles son los planos que abarca el derecho a la tutela procesal efec-
tiva?
“El derecho a la tutela procesal efectiva comprende tanto el derecho de acceso a
la justicia como el derecho al debido proceso. Asimismo, tiene un plano formal y
otro sustantivo o sustancial. El primero se refiere a todas las garantías del proce-
dimiento, de tal forma que en el presente caso deberá analizarse si el procedimiento
de vacancia, en tanto restrictivo de derechos, fue realizado respetando todas las
garantías del debido proceso. El segundo se refiere al análisis de razonabilidad
y proporcionalidad de la medida adoptada de tal forma que deberá analizarse la
relación existente entre la sanción impuesta y la conducta imputada” (STC. Exp.
Nº 5396-2005-AA/TC-San Martín, del 6 de setiembre de 2005, f. j. 8).

008 ¿Qué derechos comprende el derecho a la tutela procesal efectiva?


“La tutela procesal efectiva como derecho protegible dentro del ordenamiento
constitucional tiene un claro asidero en el artículo 4 del Código Procesal Cons-
titucional, reconduciendo y unificando lo dispuesto en el artículo 139, inciso 3,
de la Constitución, pues en este se incluye separadamente el derecho al debido
proceso y a la tutela judicial. (...)” (STC. Exp. Nº 6712-2005-PHC/TC, del 17 de
octubre de 2005, f. j. 8).
“(…) Es pertinente recordar que, según la doctrina de nuestro ordenamiento cons-
titucional la tutela jurisdiccional es un derecho ‘continente’ que engloba, a su vez,
dos derechos fundamentales: el acceso a la justicia y el derecho al debido pro-
ceso (Cf. STC Nº 0015-2001-AI/TC). Tal condición del derecho a la tutela juris-
diccional se ha expresado también en el artículo 4 del Código Procesal Constitu-
cional que, al referirse al derecho a la tutela procesal efectiva, ha establecido en
su primer párrafo que este (...) comprende el acceso a la justicia y el debido pro-
ceso (...)” (STC. Exp. Nº 03938-2007-PA/TC, del 5 de noviembre de 2007, f. j. 1).

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Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

009 ¿
La lista de derechos que ha previsto el legislador como parte del de-
recho a la tutela procesal efectiva es enunciativa o tiene el carácter de
numerus clausus?
“(…) la enunciación de una lista de derechos que el legislador ha establecido como
atributos de la tutela procesal efectiva, para efectos de controlar la actuación de
los jueces o incluso de los fiscales en el ámbito de sus respectivas competen-
cias relacionadas con los procesos judiciales, no agota las posibilidades fácticas
para el ejercicio de dicho control, ni tampoco quiere significar una lista cerrada
de derechos vinculados a la cláusula general de la tutela procesal efectiva. Esto
se desprende además de la propia lectura del artículo 4 del CPConst. que al refe-
rirse a la tutela procesal efectiva lo define como ‘aquella situación jurídica de una
persona en la que se respetan, de modo enunciativo, sus derechos…’. Una lista
enunciativa supone una referencia sobre los alcances de tal derecho, más no debe
interpretarse como una lista cerrada de posibles infracciones, puesto que no se
trata de un código de prohibiciones sino de posibilidades interpretativas para su
mejor aplicación. Resulta por tanto razonable pensar que con tal enunciación no
se está estableciendo la imposibilidad de que otros bienes constitucionales, y no
solo la tutela procesal, puedan también resultar afectados mediante la actuación
del poder jurisdiccional del Estado” (STC. Exp. Nº 1209-2006-AA/TC, del 14 de
marzo de 2006, f. j. 26).

II. EL DEBIDO PROCESO


Base legal Constitución Política: arts. 139.3, 139.14.
Código Procesal Penal de 2004: arts. I.2, IX del Título Preliminar, 80, 84,
104, 105, 107, 109, 113, 517.2.d
Convención Interamericana de Derechos Humanos: art. 8.2.
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos: arts. 14.1, 14.3.

010 ¿Cómo ha sido concebido el derecho al debido proceso?


“Este derecho se encuentra contenido en el artículo 139 inciso 3) de la Constitu-
ción, en cuanto establece que ‘Son principios y derechos de la función jurisdic-
cional: 3. La observancia del debido proceso y la tutela jurisdiccional. Ninguna
persona puede ser desviada de la jurisdicción predeterminada por la ley, ni some-
tida a procedimiento distinto de los previamente establecidos, ni juzgada por órga-
nos jurisdiccionales de excepción ni por comisiones especiales creadas al efecto,
cualquiera sea su denominación’.
Mediante ambos derechos se persigue garantizar que cuando una persona pre-
tenda la defensa de sus derechos, la solución de un conflicto jurídico o la aclara-
ción de una incertidumbre jurídica sea atendida por un órgano jurisdiccional me-
diante un proceso dotado de un conjunto de garantías mínimas. Asimismo, estos

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El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

derechos poseen un contenido complejo (pues se encuentran conformados por


un conglomerado de mecanismos que no son fácilmente identificables) que no se
limita a los derechos fundamentales reconocidos en el artículo 139, el segundo
párrafo del artículo 103 u otras disposiciones de la Constitución, sino también a
aquellos derechos que resulten esenciales para que el proceso pueda cumplir con
su finalidad y que se deriven del principio–derecho de dignidad de la persona
humana (artículo 3 de la Constitución)” (STC. Exp. Nº 00023-2005-PI/TC, del
27 de octubre de 2006, ff. jj. 41 y 42).
“(…) el derecho al debido proceso (…) significa la observancia de los derechos
fundamentales esenciales del procesado, principios y reglas esenciales exigibles
dentro del proceso como instrumento de tutela de los derechos fundamentales”
(STC. Exp. Nº 9518-2005-PHC/TC-Cusco, del 6 de enero de 2006, f. j. 2).
“El debido proceso, (…), es ‘un derecho fundamental de carácter instrumental
que se encuentra conformado por un conjunto de derechos esenciales (como el
derecho de defensa, el derecho a probar, entre otros) que impiden que la libertad
y los derechos individuales sucumban ante la ausencia o insuficiencia de un pro-
ceso o procedimiento, o se vean afectados por cualquier sujeto de derecho (inclu-
yendo al Estado) que pretenda hacer uso abusivo de estos’. [Bustamante Alarcón,
Reynaldo, ‘El derecho a probar como elemento esencial de un proceso justo’, Cit.
por Javier Dolorier Torres en Diálogo con la Jurisprudencia, Año 9, número 54,
marzo 2003, Gaceta Jurídica, Lima, pág. 133]. Con similar criterio, Luis Marcelo
De Bernardis define al debido proceso como ‘el conjunto mínimo de elementos que
deben estar presentes en cualquier clase de proceso para hacer posible la aplica-
ción de la justicia en el caso concreto’” (STC. Exp. Nº 00090-2004-PA/TC-Lima,
del 5 de julio de 2004, f. j. 22).
“(…) el debido proceso está concebido como el cumplimiento de todas las garan-
tías, requisitos y normas de orden público que deben observarse en las instancias
procesales de todos los procedimientos, incluidos los administrativos, a fin de que
las personas estén en condiciones de defender adecuadamente sus derechos ante
cualquier acto del Estado que pueda afectarlos. Vale decir que cualquier actua-
ción u omisión de los órganos estatales dentro de un proceso, sea este administra-
tivo –como en el caso de autos–, o jurisdiccional, debe respetar el debido proceso
legal” (STC. Exp. Nº 00090-2004-PA/TC-Lima, del 5 de julio de 2004, f. j. 24).
“En la sentencia del Tribunal Constitucional en el expediente número cero cua-
tro mil novecientos cuarenta y cuatro-dos mil once-PA/TC, de dieciséis de enero
de dos mil doce, se estableció (…) El derecho al debido proceso previsto en el
artículo 139.3 de la Constitución Política del Perú, aplicable no solo a nivel judi-
cial sino también en sede administrativa e incluso entre particulares, supone el
cumplimiento de todas las garantías, requisitos y normas de orden público que
deben observarse en las instancias procesales de todos los procedimientos, inclui-
dos los administrativos y conflictos entre privados, a fin de que las personas estén
en condiciones de defender adecuadamente sus derechos ante cualquier acto que

18
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

pueda afectarlos” (Sala Penal Permanente. Casación N° 426-2015-Sullana, del


18 de octubre de 2017, considerado 1).
“En un Estado Constitucional de Derecho; no es posible determinar derechos u
obligaciones de las personas o limitar sus derechos individuales, sin que exista
un proceso previo, en el que se cumplan unos requisitos mínimos. Estos se agru-
pan contemporáneamente, bajo noción de ‘debido proceso’; que está constituido
por un conjunto de parámetros o estándares básicos, que deben ser cumplidos en
todo tipo de proceso [penal para nuestros efectos] para asegurar que la discusión y
eventual aplicación de sanciones, se haya realizado en un entorno de razonabilidad
y justicia de las personas que intervienen en su desarrollo; particularmente de
quien se ve expuesto a dichas sanciones. En la Opinión Consultiva OC-9/87 de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de fecha seis de octubre de mil
novecientos ochenta y siete, señala: ‘El artículo 8 reconoce el llamado “debido
proceso legal”, que abarca las condiciones que deben cumplirse, para asegurar la
adecuada defensa de aquéllos, cuyos derechos u obligaciones, están bajo consi-
deración judicial; dentro del cual, se reclama el derecho a ser juzgado por un juez
natural, imparcial e independiente’, lo cual es aplicable al presente proceso; en
el cual, tanto el acusado como la parte civil están sometidas a las mismas reglas
establecidas en el Código Procesal Penal; las cuales se aplican de forma general,
sin excepción alguna” (Segunda Sala Penal Transitoria. Transferencia de com-
petencia N° 8-2017-Ayacucho, de 16 de mayo de 2017, considerando 5).
“La Corte ha señalado que el derecho al debido proceso se refiere al conjunto
de requisitos que deben observarse en las instancias procesales a efectos de que
las personas estén en condiciones de defender adecuadamente sus derechos ante
cualquier acto del Estado, adoptado por cualquier autoridad pública, sea adminis-
trativa, legislativa o judicial, que pueda afectarlos. El debido proceso se encuen-
tra, a su vez, íntimamente ligado con la noción de justicia, que se refleja en:
i) un acceso a la justicia no sólo formal, sino que reconozca y resuelva los fac-
tores de desigualdad real de los justiciables, ii) el desarrollo de un juicio justo, y
iii) la resolución de las controversias de forma tal que la decisión adoptada se acer-
que al mayor nivel de corrección del derecho, es decir que se asegure, en la mayor
medida posible, su solución justa” (Corte IDH. Caso Ruano Torres y otros vs.
El Salvador. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 5 de octubre de 2015.
Serie C, N° 303, párr. 151).

011 ¿Cuál es el alcance del derecho al debido proceso?


“De conformidad con la separación de los poderes públicos que existe en el
Estado de Derecho, si bien la función jurisdiccional compete eminentemente al
Poder Judicial, otros órganos o autoridades públicas pueden ejercer funciones del
mismo tipo. Es decir, que cuando la Convención se refiere al derecho de toda per-
sona a ser oída por un ‘juez o tribunal competente’ para la ‘determinación de sus
derechos’, esta expresión se refiere a cualquier autoridad pública, sea administra-
tiva, legislativa o judicial, que a través de sus resoluciones determine derechos y

19
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

obligaciones de las personas. Por la razón mencionada, esta Corte considera que
cualquier órgano del Estado que ejerza funciones de carácter materialmente juris-
diccional, tiene la obligación de adoptar resoluciones apegadas a las garantías del
debido proceso legal en los términos del artículo 8 de la Convención Americana”
(Corte IDH. Caso Tribunal Constitucional vs. Perú. Fondo, reparaciones y cos-
tas. Sentencia del 31 de enero de 2001. Serie C, N° 71, párr. 71).
“Si bien el artículo 8 de la Convención Americana se titula ‘Garantías Judicia-
les’, su aplicación no se limita a los recursos judiciales en sentido estricto, ‘sino
[al] conjunto de requisitos que deben observarse en las instancias procesales’ a
efectos de que las personas estén en condiciones de defender adecuadamente sus
derechos ante cualquier tipo de acto del Estado que pueda afectarlos. Es decir,
cualquier actuación u omisión de los órganos estatales dentro de un proceso, sea
administrativo sancionatorio o jurisdiccional, debe respetar el debido proceso legal.
La Corte observa que el elenco de garantías mínimas establecido en el numeral 2
del artículo 8 de la Convención se aplica a los órdenes mencionados en el nume-
ral 1 del mismo artículo, o sea, la determinación de derechos y obligaciones de
orden ‘civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter’. Esto revela el amplio
alcance del debido proceso; el individuo tiene el derecho al debido proceso enten-
dido en los términos del artículo 8.1 y 8.2, tanto en materia penal como en todos
estos otros órdenes.
En cualquier materia, inclusive en la laboral y la administrativa, la discrecionali-
dad de la administración tiene límites infranqueables, siendo uno de ellos el res-
peto de los derechos humanos. Es importante que la actuación de la administra-
ción se encuentre regulada, y ésta no puede invocar el orden público para reducir
discrecionalmente las garantías de los administrados. Por ejemplo, no puede la
administración dictar actos administrativos sancionatorios sin otorgar a los san-
cionados la garantía del debido proceso” (Corte IDH. Caso Baena Ricardo y otros
vs. Panamá. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 2 de febrero de 2001.
Serie C, N° 72, párr. 124, 125 y 126).
“La Corte ha establecido que, a pesar de que el citado artículo no especifica garan-
tías mínimas en materias que conciernen a la determinación de los derechos y obli-
gaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter, las garantías
mínimas establecidas en el numeral 2 del mismo precepto se aplican también a
esos órdenes y, por ende, en estos el individuo tiene derecho al debido proceso en
los términos reconocidos para la materia penal, en cuanto sea aplicable al proce-
dimiento respectivo.
Atendiendo a lo anterior, la Corte estima que tanto los órganos jurisdiccionales
como los de otro carácter que ejerzan funciones de naturaleza materialmente juris-
diccional, tienen el deber de adoptar decisiones justas basadas en el respeto pleno
a las garantías del debido proceso establecidas en el artículo 8 de la Convención

20
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

Americana” (Corte IDH. Caso Ivcher Bronstein vs. Perú. Fondo, reparaciones
y costas. Sentencia del 6 de febrero de 2001. Serie C, N° 74, párr. 103 y 104).

012 ¿Cuál es la naturaleza del derecho al debido proceso?


“(…) el debido proceso es un derecho fundamental de naturaleza procesal con
alcances genéricos, tanto en lo que respecta a los ámbitos sobre los que se aplica
como en lo que atañe a las dimensiones sobre las que se extiende. Con relación a
lo primero, queda claro que dicho atributo desborda la órbita estrictamente judi-
cial para involucrarse o extenderse en otros campos como el administrativo, el
corporativo particular, el parlamentario, el castrense, entre muchos otros, dando
lugar a que en cada caso o respecto de cada ámbito pueda hablarse de un debido
proceso jurisdiccional, de un debido proceso administrativo, de un debido pro-
ceso corporativo particular, de un debido proceso parlamentario, etc. Por lo que
respecta a lo segundo, y como ha sido puesto de relieve en innumerables ocasio-
nes, las dimensiones del debido proceso no solo responden a ingredientes formales
o procedimentales, sino que se manifiestan en elementos de connotación sustan-
tiva o material, lo que supone que su evaluación no solo repara en las reglas esen-
ciales con las que se tramita un proceso (juez natural, procedimiento preestable-
cido, derecho de defensa, motivación resolutoria, instancia plural, cosa juzgada,
etc.) sino que también, y con mayor rigor, se orienta a la preservación de los están-
dares o criterios de justicia sustentables de toda decisión (juicio de razonabilidad,
juicio de proporcionalidad, interdicción de la arbitrariedad, etc.). Así las cosas,
el debido proceso es un derecho de estructura compleja, cuyos alcances corres-
ponde precisar a la luz de los ámbitos o dimensiones en cada caso comprometidas.
(…)” (STC. Exp. Nº 10034-2005-PA/TC-Tacna, del 26 de marzo de 2007, f. j. 8).

013 ¿Cuál es la función del derecho al debido proceso?


“(…) el debido proceso tiene por función asegurar los derechos fundamentales
consagrados en la Constitución Política del Estado, dando a toda persona la posi-
bilidad de recurrir a la justicia para obtener la tutela jurisdiccional de los dere-
chos individuales a través de un procedimiento legal en el que se dé oportunidad
razonable y suficiente de ser oído, de ejercer el derecho de defensa, de producir
prueba y de obtener una sentencia que decida la causa dentro de un plazo prees-
tablecido en la ley procesal” (Sala Civil Transitoria. Casación Nº 1772-2010-
Lima, del 20 de junio de 2011, considerando 1).

014 ¿
Cuáles son las principales características del derecho al debido pro-
ceso?
“Dentro de las características principales del derecho al debido proceso cabe des-
tacar las siguientes:
a) Es un derecho de efectividad inmediata. Es aplicable directamente a partir
de la entrada en vigencia de la Constitución, no pudiendo entenderse en el

21
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

sentido de que su contenido se encuentra supeditado a la arbitraria voluntad


del legislador, sino a un razonable desarrollo de los mandatos constituciona-
les. Como lo ha sostenido el Tribunal Constitucional, ‘Un derecho tiene sus-
tento constitucional directo, cuando la Constitución ha reconocido, explícita
o implícitamente, un marco de referencia que delimita nominalmente el bien
jurídico susceptible de protección. Es decir, existe un baremo de delimita-
ción de ese marco garantista, que transita desde la delimitación más abierta
a la más precisa. Correspondiendo un mayor o menor desarrollo legislativo,
en función de la opción legislativa de desarrollar los derechos fundamentales
establecidos por el constituyente’.
b) Es un derecho de configuración legal. En la delimitación concreta del conte-
nido constitucional protegido es preciso tomar en consideración lo establecido
en la respectiva ley. Al respecto, el Tribunal ha sostenido en la precitada sen-
tencia que los derechos fundamentales cuya configuración requiera de la asis-
tencia de la ley no carecen de un contenido per se inmediatamente exigible a
los poderes públicos, pues una interpretación en ese sentido sería contraria al
principio de gobernabilidad y fuerza normativa de la Constitución. Lo único
que ello implica es que, en tales supuestos, la ley se convierte en un requi-
sito sine qua non para la culminación de la delimitación concreta del conte-
nido directamente atribuible al derecho fundamental. Y es que, si bien algunos
derechos fundamentales pueden tener un carácter jurídico abierto, ello no sig-
nifica que se trate de derechos ‘en blanco’, sino que la capacidad configuradora
del legislador se encuentra orientada por su contenido esencial, de manera tal
que la voluntad política expresada en la ley debe desenvolverse dentro de las
fronteras jurídicas de los derechos, principios y valores constitucionales.
c) Es un derecho de contenido complejo. No posee un contenido que sea único
y fácilmente identificable, sino reglado por ley conforme a la Constitución.
Al respecto, el contenido del derecho al debido proceso no puede ser inter-
pretado formalistamente, de forma que el haz de derechos y garantías que
comprende, para ser válidos, no deben afectar la prelación de otros bienes
constitucionales” (STC. Exp. Nº 00023-2005-PI/TC, del 27 de octubre de
2006, f. j. 47).

015 ¿El derecho al debido proceso es un derecho continente?


“El derecho fundamental al debido proceso, tal como ha sido señalado por este
Tribunal en reiterada jurisprudencia, es un derecho –por así decirlo– continente
puesto que comprende, a su vez, diversos derechos fundamentales de orden pro-
cesal. A este respecto, se ha afirmado que (...) su contenido constitucionalmente
protegido comprende una serie de garantías, formales y materiales, de muy dis-
tinta naturaleza, que en conjunto garantizan que el procedimiento o proceso en
el cual se encuentre inmerso una persona, se realice y concluya con el necesario
respeto y protección de todos los derechos que en él puedan encontrarse compren-
didos (STC. Exp. Nº 07289-2005-AA/TC, f. j 5).

22
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

Al respecto, es importante precisar que, sin perjuicio de esta dimensión procesal,


el Tribunal Constitucional ha reconocido en este derecho una dimensión sustancial,
de modo tal que el juez constitucional está legitimado para evaluar la razonabilidad
y proporcionalidad de las decisiones judiciales. De ahí que este Colegiado haya
señalado, en anteriores pronunciamientos, que el derecho al debido proceso en
su faz sustantiva ‘se relaciona con todos los estándares de justicia como son la
razonabilidad y proporcionalidad que toda decisión judicial debe suponer’ (STC
Nº 9727-2005-HC/TC, f. j. 7)” (STC. Exp. Nº 07022-2006-PA/TC-Lima, del 19
de junio de 2007, ff. jj. 5 y 6).

016 ¿Cuáles son las dimensiones del derecho al debido proceso?


“El debido proceso tiene, a su vez, dos expresiones: una formal y otra sustantiva;
por la primera, los principios y reglas que lo integran tienen que ver con las forma-
lidades estatuidas, tales como las que establecen el juez natural, el procedimiento
preestablecido, el derecho de defensa, la motivación; por la segunda, se relaciona
con los estándares de justicia, como son la razonabilidad y proporcionalidad que
toda decisión judicial debe suponer” (STC. Exp. Nº 9518-2005-PHC/TC-Cusco,
del 6 de enero de 2006, f. j. 3).
“[…] el derecho fundamental al debido proceso no puede ser entendido desde una
perspectiva formal únicamente; es decir, su tutela no puede ser reducida al mero
cumplimiento de las garantías procesales formales. Precisamente, esta perspec-
tiva desnaturaliza la vigencia y eficacia de los derechos fundamentales, y los vacía
de contenido. Y es que el debido proceso no sólo se manifiesta en una dimen-
sión adjetiva que está referido a las garantías procesales que aseguran los dere-
chos fundamentales, sino también en una dimensión sustantiva –que protege los
derechos fundamentales frente a las leyes y actos arbitrarios provenientes de cual-
quier autoridad o persona particular–. En consecuencia, la observancia del dere-
cho fundamental al debido proceso no se satisface únicamente cuando se respe-
tan las garantías procesales, sino también cuando los actos mismos de cualquier
autoridad, funcionario o persona no devienen en arbitrarios” (STC. Exp. Nº 3421-
2005-HC/TC, del 19 de abril del 2007, f. j. 5).
“El artículo 139, inciso 3), de la Constitución establece como derecho de todo
justiciable y principio de la función jurisdiccional la observancia del debido pro-
ceso. Dicho atributo, a tenor de lo que establece nuestra jurisprudencia, admite
dos dimensiones; una formal o procedimental y otra de carácter sustantivo o mate-
rial. Mientras que en la primera de las señaladas está concebido como un derecho
continente que abarca diversas garantías y reglas que garantizan un estándar de
participación justa o debida durante la secuela o desarrollo de todo tipo de proce-
dimiento (sea este judicial, administrativo, corporativo particular o de cualquier
otra índole), en la segunda de sus dimensiones exige que los pronunciamientos
o resoluciones con los que se pone término a todo tipo de proceso respondan a
un referente mínimo de justicia o razonabilidad, determinado con sujeción a su

23
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

respeto por los derechos y valores constitucionales” (STC. Exp. Nº 04509-2011-


PA/TC, del 11 de julio de 2012, f. j. 3).
“[…] El derecho a un debido proceso supone desde su dimensión formal la obser-
vancia rigurosa por todos los que intervienen en un proceso, de las normas, de los
principios y de las garantías que regulan el proceso como instrumento de tutela
de derechos subjetivos, cautelando sobre todo el ejercicio absoluto del derecho
de defensa de las partes en litigio. Desde su dimensión sustantiva se le concibe
cuando la decisión judicial observa los principios de razonabilidad y proporcio-
nalidad” (Sala Civil Transitoria. Casación N° 178-2009-Huancavelica, del 17
de enero de 2011, considerando 2).

017 ¿
Qué aspectos se pueden controlar a través de la dimensión sustancial
del debido proceso?
“(…) la dimensión sustancial del debido proceso abre las puertas para un control
no sólo formal del proceso judicial, sino que incide y controla también los con-
tenidos de la decisión en el marco del Estado Constitucional. Es decir, la posi-
bilidad de la corrección no sólo formal de la decisión judicial, sino también la
razonabilidad y proporcionalidad con que debe actuar todo juez en el marco de
la Constitución y las leyes. Como lo ha precisado la Corte Constitucional Colom-
biana en criterio que en este extremo suscribimos, ‘El derecho al debido proceso
es un derecho fundamental constitucional, instituido para proteger a los ciudada-
nos contra los abusos y desviaciones de las autoridades, originadas no sólo en las
actuaciones procesales sino de las decisiones que adoptan y pueda afectar injus-
tamente los derechos e intereses legítimos de aquellos’.
Por nuestra parte, hemos expresado que a partir del debido proceso también es
posible un control que no es sólo procesal o formal, sino también material o sus-
tancial, respecto de la actuación jurisdiccional vinculado esta vez con la propor-
cionalidad y razonabilidad de las decisiones que emite en el marco de sus potes-
tades y competencias. En este sentido hemos establecido que, ‘el debido proceso
no es sólo un derecho de connotación procesal, que se traduce ... en el respeto de
determinados atributos, sino también una institución compleja, que no alude sólo
a un proceso intrínsecamente correcto y leal, justo sobre el plano de las modali-
dades de su tránsito, sino también como un proceso capaz de consentir la conse-
cución de resultados esperados, en el sentido de oportunidad y de eficacia’.
El debido proceso en su dimensión sustancial quiere significar un mecanismo de
control sobre las propias decisiones y sus efectos, cuando a partir de dichas actua-
ciones o decisiones se afecta de modo manifiesto y grave cualquier derecho funda-
mental (y no sólo los establecidos en el artículo 4 del CPConst.). No se trata desde
luego que la justicia constitucional asuma el papel de revisión de todo cuanto haya
sido resuelto por la justicia ordinaria a través de estos mecanismos, pero tampoco
de crear zonas de intangibilidad para que la arbitrariedad o la injusticia puedan
prosperar cubiertas con algún manto de justicia procedimental o formal. En otras

24
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

palabras, en el Estado Constitucional, lo ‘debido’ no solo está referido al cómo se


ha de actuar sino también a qué contenidos son admitidos como válidos. Tal como
refiere Bernal Pulido, el Estado Constitucional bien puede ser definido en su dimen-
sión objetiva como un “conjunto de procesos debidos” que vinculan la actuación
de los poderes públicos a los principios, valores y reglas del Estado democrático.
De este modo, también a partir de la dimensión sustancial del debido proceso, cual-
quier decisión judicial puede ser evaluada por el juez constitucional no sólo con
relación a los derechos enunciativamente señalados en el artículo 4 del CPConst.
sino a partir de la posible afectación que supongan en la esfera de los derechos
constitucionales. (…)” (STC. Exp. Nº 1209-2006-AA/TC-San Martín, del 14 de
marzo de 2006, ff. jj. 28-31).

018 ¿Qué derechos comprende en su dimensión formal el debido proceso?


“El debido proceso dentro de la perspectiva formal, cuya afectación se invoca en el
presente caso, comprende un repertorio de derechos que forman parte de su con-
tenido esencial, entre ellos, el derecho al juez natural, el derecho al procedimiento
preestablecido, el derecho de defensa, el derecho a la pluralidad de instancias, el
derecho a la motivación de las resoluciones, el derecho a los medios de prueba,
el derecho a un proceso sin dilaciones indebidas, etc. La sola inobservancia de
cualquiera de estas reglas, como de otras que forman parte del citado contenido,
convierte el proceso en irregular legitimando con ello el control constitucional”
(STC. Exp. Nº 04509-2011-PA/TC-San Martín, del 11 de julio de 2012, f. j. 4).

019 ¿
Qué diferencias existen entre el derecho a la tutela jurisdiccional
efectiva y el debido proceso?
“(…) existen dos referentes de los derechos de los justiciables: la tutela judicial
efectiva como marco objetivo y el debido proceso como expresión subjetiva y espe-
cífica, ambos previstos en el artículo 139, inciso 3, de la Constitución Política del
Perú. Mientras que la tutela judicial efectiva supone tanto el derecho de acceso
a los órganos de justicia como la eficacia de lo decidido en la sentencia, es decir,
una concepción garantista y tutelar que encierra todo lo concerniente al derecho
de acción frente al poder-deber de la jurisdicción, el derecho al debido proceso,
en cambio, significa la observancia de los derechos fundamentales esenciales del
procesado, principios y reglas esenciales exigibles dentro del proceso como ins-
trumento de tutela de los derechos subjetivos” (STC. Exp. Nº 8123-2005-PHC/
TC-Lima, del 14 de noviembre de 2005, f. j. 6).
“Así, mientras que la tutela judicial efectiva supone tanto el derecho de acceso a
los órganos de justicia como la eficacia de lo decidido en la sentencia, es decir,
una concepción garantista y tutelar que encierra todo lo concerniente al derecho
de acción frente al poder-deber de la jurisdicción, el derecho al debido proceso,
en cambio, significa la observancia de los derechos fundamentales esenciales
del procesado, principios y reglas esenciales exigibles dentro del proceso como

25
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

instrumento de tutela de los derechos subjetivos (…)” (STC. Exp. Nº 09727-2005-


HC/TC-Lima, del 6 de octubre de 2006, f. j. 7).
“El derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, reconocido en el artículo 139.3 de
la Constitución, implica que cuando una persona pretenda la defensa de sus dere-
chos o de sus intereses legítimos, ella deba ser atendida por un órgano jurisdic-
cional mediante un proceso dotado de un conjunto de garantías mínimas. Como
tal, constituye un derecho, por decirlo de algún modo, ‘genérico’ que se descom-
pone en un conjunto de derechos específicos (...), entre otros, el derecho de acceso
a la justicia y el debido proceso, siendo que jurisprudencialmente se han desa-
rrollado en cada caso particular derechos relacionados en forma directa a estos,
como los derechos al juez natural, la ejecución de las resoluciones judiciales, la
independencia judicial, entre otros.
Asimismo, también se ha establecido que el derecho de acceso a la justicia se con-
figura como aquel derecho de cualquier persona de promover la actividad juris-
diccional del Estado, sin que se le obstruya, impida o disuada irrazonablemente
(...), siendo que su contenido protegido no se agota en garantizar el derecho al pro-
ceso, entendido la facultad de excitar la actividad jurisdiccional del Estado y de
gozar de determinadas garantías procesales en el transcurso de é1, sino también
garantiza que el proceso iniciado se desarrolle como un procedimiento de tutela
idóneo para asegurar la plena satisfacción de los intereses accionados.
Por su parte, el derecho al debido proceso está concebido como el cumplimiento
de todas las garantías, requisitos y normas de orden público que deben observarse
en las instancias procesales de todos los procedimientos, incluidos los administra-
tivos, a fin de que las personas estén en condiciones de defender adecuadamente
sus derechos ante cualquier actuación del Estado que pueda afectarlos. Vale decir
que cualquier actuación u omisión de los órganos estatales, dentro de un proceso,
sea este administrativo (...) o jurisdiccional, debe respetar el debido proceso legal”
(STC. Exp. Nº 00005-2006-AI/TC, del 26 de marzo de 2007, ff. jj. 23-25).

020 ¿
Cuál es la vinculación entre el derecho al debido proceso y el derecho
de acceso a la justicia?
“Según el artículo 8.1 de la Convención [t]oda persona tiene derecho a ser oída,
con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal
competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley,
en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella, o para la
determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de
cualquier otro carácter. Esta disposición de la Convención consagra el derecho de
acceso a la justicia. De ella se desprende que los Estados no deben interponer tra-
bas a las personas que acudan a los jueces o tribunales en busca de que sus dere-
chos sean determinados o protegidos. Cualquier norma o medida del orden interno
que imponga costos o dificulte de cualquier otra manera el acceso de los indivi-
duos a los tribunales, y que no esté justificada por las razonables necesidades de la

26
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

propia administración de justicia, debe entenderse contraria al precitado artículo


8.1 de la Convención” (Corte IDH. Caso Cantos vs. Argentina. Fondo, repara-
ciones y costas. Sentencia del 28 de noviembre de 2002. Serie C, Nº 97, párr. 50).
“En lo que se refiere al ejercicio del derecho a las garantías judiciales consagrado
en el artículo 8 de la Convención Americana, la Corte ha establecido, inter alia,
que ‘es preciso que se observen todos los requisitos que sirvan para proteger, ase-
gurar o hacer valer la titularidad o el ejercicio de un derecho, es decir, las condi-
ciones que deben cumplirse para asegurar la adecuada representación o gestión
de los intereses o las pretensiones de aquellos cuyos derechos u obligaciones estén
bajo consideración judicial’. Asimismo, esta disposición de la Convención con-
sagra el derecho de acceso a la justicia. De ella se desprende que los Estados no
deben interponer obstáculos a las personas que acudan a los jueces o tribunales
con el fin de que sus derechos sean determinados o protegidos. Cualquier norma
o práctica del orden interno que dificulte el acceso de los individuos a los tribu-
nales, y que no esté justificada por las razonables necesidades de la propia admi-
nistración de justicia, debe entenderse contraria al precitado artículo 8.1 de la
Convención103. Esto tiene particular relevancia en casos de desaparición forzada
de personas, dado que el derecho a las garantías judiciales comprende también el
derecho de los familiares de la víctima a acceder a estas” (Corte IDH. Caso Tiu
Tojín vs. Guatemala. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia de 26 de noviem-
bre de 2008. Serie C, Nº 190, párr. 95).

021 ¿Cuándo se produce una lesión al derecho al debido proceso?


“(…) el derecho al debido proceso no tiene un ámbito constitucionalmente garan-
tizado en forma autónoma, sino que su lesión se produce a consecuencia de la
afectación de cualesquiera de los derechos que lo comprenden, dentro del cual se
encuentra el acceso a los medios impugnatorios (…)” (STC. Exp. Nº 05194-2005-
PA/TC-Lima, del 14 de marzo de 2007, f. j. 2).

022 ¿
La determinación de la responsabilidad penal puede efectuarse vul-
nerando las garantías del debido proceso?
“(…) en el actual contexto de constitucionalización de los procesos a través de
los cuales se materializa la aplicación del Derecho –entre ellos el proceso penal–
la determinación de la responsabilidad penal de una persona no puede realizarse
desconociendo los derechos fundamentales que a esta le asisten o inobservando
las garantías mínimas que debe reunir todo proceso judicial, ello exige imperati-
vamente el respeto irrestricto del debido proceso –principio constitucional consa-
grado en el inciso cinco del artículo ciento treinta y nueve de la constitución Política
del Estado y en el artículo doce del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del
Poder Judicial–. (…)” (Sala Penal Transitoria. R. N. Nº 2019-2010-Cajamarca,
del 11 de marzo del 2011, considerando 3).

27
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

023 ¿
El debido proceso se proyecta a la etapa prejurisdiccional del proce-
so penal?
“(…) el debido proceso se proyecta también al ámbito de la etapa prejurisdiccio-
nal de los procesos penales, es decir, en aquella cuya dirección compete al Minis-
terio Público (Exp. Nº 1268-2001 HC/TC). Por tanto, las garantías previstas en el
artículo 4 del Código Procesal Constitucional serán aplicables a la investigación
fiscal previa al proceso penal siempre que sean compatibles con su naturaleza y
fines, los mismos que deben ser interpretados de conformidad con el artículo 1 de
la Constitución, según el cual ‘la defensa de la persona humana y el respeto de su
dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado’” (STC. Exp. Nº 06167-
2005-PHC/TC-Lima, del 28 de febrero de 2006, f. j. 32).
“Asimismo, la posibilidad de que el Tribunal Constitucional realice el control
constitucional de los actos del Ministerio Público tiene, de otro lado, su sustento
en el derecho fundamental al debido proceso. Por ello, el derecho al debido pro-
ceso despliega también su eficacia jurídica en el ámbito de la etapa prejurisdic-
cional de los procesos penales; es decir, en aquella fase del proceso penal en la
cual al Ministerio Público le corresponde concretizar el mandato previsto en el
artículo 159 de la Constitución. Claro está, las garantías previstas en el artículo 4
del Código Procesal Constitucional (debido proceso y tutela jurisdiccional), que
no son sino la concretización de los principios y derechos previstos en el artículo
139 de la Constitución, serán aplicables a la investigación fiscal previa al pro-
ceso penal siempre que sean compatibles con su naturaleza y fines, los mismo
que deben ser interpretados de conformidad con el artículo 1 de la Constitución,
según el cual la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el
fin supremo de la sociedad y del Estado” (STC. Exp. Nº 02725-2008-HC/TC-
Lima, del 22 de setiembre de 2008, f. j. 7).
“En lo que respecta al derecho al debido proceso, reconocido en el inciso 3) del
artículo 139 de la Constitución, cabe señalar que dicho atributo fundamental
forma parte del ‘modelo constitucional del proceso’, cuyas garantías mínimas
deben ser respetadas para que el proceso pueda considerarse debido. En ese sen-
tido, la exigencia de su efectivo respeto no solo tiene que ver con la necesidad de
garantizar a todo justiciable determinadas garantías mínimas cuando- este par-
ticipa en un proceso judicial, sino también con la propia validez de la configu-
ración del proceso, cualquiera que sea la materia que en su seno se pueda diri-
mir, como puede ser la actividad investigatoria que desarrolla el fiscal penal en
sede prejurisdiccional. De esta forma, el debido proceso no solo es un derecho
de connotación procesal que se traduce, como antes se ha dicho, en el respeto de
determinados atributos, sino también una institución compleja que desborda el
ámbito meramente jurisdiccional” (STC. Exp. Nº 02521-2005-PHC/TC, del 24
de octubre de 2005, f. j. 5).
“En términos convencionales el debido proceso se traduce centralmente en las
‘garantías judiciales’ reconocidas en el artículo 8 de la Convención Americana.

28
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

La referida disposición convencional contempla un sistema de garantías que condi-


cionan el ejercicio del ius puniendi del Estado y que buscan asegurar que el incul-
pado o imputado no sea sometido a decisiones arbitrarias, toda vez que se deben
observar “las debidas garantías” que aseguren, según el procedimiento de que se
trate, el derecho al debido proceso. Asimismo, otras disposiciones de dicho ins-
trumento internacional, tal como los artículos 7 y 25 de la Convención, contienen
regulaciones que se corresponden materialmente con los componentes sustanti-
vos y procesales del debido proceso. En el Caso Cantoral Huamaní y García Santa
Cruz vs. Perú, que se refería a las ejecuciones extrajudiciales de líderes sindicales,
la Corte Interamericana sostuvo que las exigencias del artículo 8 de la Convención
‘se extienden también a los órganos no judiciales a los que corresponda la inves-
tigación previa al proceso judicial […]’. Por lo tanto, desde el inicio de las prime-
ras diligencias de un proceso deben concurrir las máximas garantías procesales
para salvaguardar el derecho del imputado a la defensa. Asimismo, deben con-
currir los elementos necesarios para que exista el mayor equilibrio entre las par-
tes, para la debida defensa de sus intereses y derechos, lo cual implica, entre otras
cosas, que rija el principio de contradictorio” (Corte IDH. Caso Ruano Torres y
otros vs. El Salvador. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 5 de octu-
bre de 2015. Serie C, Nº 303, párr. 152).
“Todas las exigencias del debido proceso previstas en el artículo 8.1 de la Conven-
ción, así como criterios de independencia e imparcialidad, se extienden también a
los órganos no judiciales a los que corresponda la investigación previa al proceso
judicial, realizada para determinar las circunstancias de una muerte y la existen-
cia de suficientes indicios para interponer una acción penal. Sin el cumplimiento
de estas exigencias, el Estado no podrá posteriormente ejercer de manera efec-
tiva y eficiente su facultad acusatoria y los tribunales no podrán llevar a cabo el
proceso judicial que este tipo de violaciones requiere” (Corte IDH. Caso Favela
Nova Brasilia vs. Brasil. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y cos-
tas. Sentencia del 16 de febrero de 2017. Serie C, Nº 333, párr. 185).
“En cuanto respecta a las garantías contempladas en los artículos 8.2 y 8.3 de la
Convención Americana, observa el Tribunal que si bien parecen contraerse al
amparo de personas sometidas a un proceso judicial (artículo 8.2) o inculpadas
en el marco del mismo (8.3), a juicio de la Corte también se tienen que respetar
en procedimiento o actuaciones previas o concomitantes a los procesos judicia-
les que, de no someterse a tales garantías, pueden tener un impacto desfavorable
no justificado sobre la situación jurídica de la persona que se trata” (Corte IDH.
Caso Maritza Urrutia vs. Guatemala. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia
del 27 de noviembre de 2003. Serie C, Nº 103, párr. 120).

024 ¿
Cuál es la sanción que lleva aparejada la vulneración al debido pro-
ceso?
“[E]s sancionada ordinariamente por el juzgador con la nulidad procesal, y se
entiende por ésta, aquel estado de anormalidad del acto procesal, originado en

29
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

la carencia de alguno de los elementos constitutivos, o en vicios existentes sobre


ellos, que potencialmente los coloca en situación de ser declarado judicialmente
inválido; existiendo la posibilidad de la sanción de nulidad de oficio cuando el
vicio que se presenta tiene el carácter de insubsanable” (Sala Civil Transitoria.
Casación N° 2190-2010-Lambayeque, del 25 de mayo de 2011, considerando 9).

III. LA GRATUIDAD DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA


PENAL

Base legal Constitución Política: art. 139.16.


Código Procesal Penal de 2004: arts. I del Título Preliminar, 80.
Convención Americana de Derechos Humanos: arts. 8.1, 25.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: arts.14.3.d,
14.3.f.

025 ¿
El principio de gratuidad en la administración de justicia forma par-
te del contenido constitucionalmente protegido de qué derechos?
“Que, dicho principio, (…), forma parte tanto del contenido esencial del derecho
al debido proceso como del derecho a la tutela jurisdiccional efectiva. Con rela-
ción a este último cabe destacar que este principio tiene especial relevancia en los
que se refiere al acceso a la justicia, por cuanto el pago de los aranceles o tasas
judiciales no debe constituirse en un impedimento para que todos los ciudadanos
se encuentren en posibilidad de recurrir a las autoridades jurisdiccionales para la
tutela de sus derechos” (Sala Penal Permanente. Casación N° 172-2011-Lima,
del 7 de agosto de 2012, considerando 12).

026 ¿
El principio de gratuidad de la administración de justicia es un me-
canismo de realización del derecho a la igualdad?
“(…) el principio de gratuidad en la Administración de Justicia se constituye en
un mecanismo de realización del principio-derecho de igualdad, establecido en el
artículo 2 inciso 2 de la Constitucional Política del Estado, por cuanto debe pro-
curarse que las diferencias socioeconómicas entre los ciudadanos no sean trasla-
dadas al ámbito del proceso judicial, en el cual las controversias deben ser diluci-
dadas con pleno respeto al principio de igualdad entre las partes y a la igualdad
de armas, de modo que el hecho de que una de ella cuente con mayores recursos
económicos que la otra no devenga necesariamente en una ventaja que determine
que la autoridad jurisdiccional vaya a resolver a su favor. Consideraciones por las
que debemos fijar como criterio rector que: el Ministerio Público expida copias de
las actuaciones principales, siempre y cuando la defensa técnica cumpla con acre-
ditar la condición específicoa del beneficiario y adjuntar la verificación socio-eco-
nómico del beneficiario” (Sala Penal Permanente. Casación N°172-2011-Lima,
del 7 de agosto de 2012, considerando 13).

30
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

“Que, el sistema judicial afronta una situación preocupante y constante, el acceso


a la justicia, garantía que podría quedar vacía de contenido si quienes carecen de
recursos económicos suficientes para litigar no tuviesen reconocido el derecho
a la justicia gratuita (Pico i Junoy, Joan, Las garantías constitucionales del pro-
ceso, J. María Bosch Barcelona, 1997, p. 172). Este constituye un derecho de natu-
raleza prestacional, lo que implica que el legislador deba determinar el contenido
y concretas condiciones de ejercicio, atendiendo los intereses públicos y priva-
dos implicados. Asimismo, forma parte tanto del contenido esencial del derecho
al debido proceso como del derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, debiéndose
destacar que este último nombrado tiene especial relevancia en lo que se refiere
al acceso a la justicia, por cuanto el pago de los aranceles o tasas judiciales no
debe constituirse en un impedimento para que todos los ciudadanos se encuen-
tren en posibilidad de recurrir a las autoridades jurisdiccionales para la tutela de
sus derechos (Sentencia del Tribunal Constitucional Nº 1606-2004AA/TC). Cabe
afirmar que el principio de gratuidad en la administración de justicia se constituye
en un mecanismo de realización del principio - derecho de igualdad, establecido
en el artículo segundo inciso segundo de la Constitución Política del Estado, por
cuanto debe procurarse que las diferencias socioeconómicas entre los ciudada-
nos no sean trasladadas al ámbito del proceso judicial, en el cual las controversias
deben ser dilucidadas con pleno respeto al principio de igualdad entre las partes
y a la igualdad de armas, de modo que el hecho de que una de ellas cuente con
mayores recursos económicos que la otra no devenga necesariamente en una ven-
taja que determine que la autoridad jurisdiccional vaya a resolver a su favor (Sen-
tencia del Tribunal Constitucional Nº 5644-2008-PA/TC, del 17 de setiembre de
2009)” (Sala Penal Permanente. Casación N° 171-2011-Lima, del 16 de agosto
de 2012, considerando 12).

027 ¿
Cuáles son los supuestos por los cuales la administración de justicia
es gratuita?
“Ahora bien, cabe determinar si el contenido del artículo 18 del reglamento de Car-
peta Fiscal, entra en conflicto con la gratuidad de la justicia. Al respecto, de igual
manera en el fundamento jurídico octavo de la Sentencia del Tribunal Constitu-
cional referida en el considerando precedente, se precisó que es un principio de la
función jurisdiccional, que la justicia será gratuita cuando así lo disponga la ley y,
respecto de quienes acrediten insuficiencia de recursos para litigar; por tanto, se
trata de un derecho prestacional y de configuración legal, cuyo contenido y con-
cretas condiciones de ejercicio, corresponde delimitarlos al legislador atendiendo a
los intereses públicos y privados implicados y a las concretas disponibilidades pre-
supuestarias. Asimismo, la Ley Fundamental, en su numeral dieciséis del artículo
139 prevé como principio y derecho de la función jurisdiccional la gratuidad de la
administración de justicia y de la defensa gratuita (1) para las personas de escasos
recursos; y (2) para todos, en los casos que la ley señala; apreciándose de su conte-
nido, que existen dos supuestos en los cuales la administración de justicia es gra-
tuita; el primer supuesto comporta una concretización del principio de igualdad

31
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

en el ámbito de la administración de justicia, por la que sólo se garantiza la gra-


tuidad a aquellos que tengan escasos recursos (Sentencia del Tribunal Constitu-
cional N° 1607-2002-AA/TC, del 17 de marzo de 2004); de otro lado, el segundo
supuesto requiere que sea la ley quien establezca aquellos sujetos procesales que
pueden acceder de manera gratuita a la administración de justicia; así tenemos
que el artículo veinticuatro de la Ley Orgánica del Poder Judicial, establece que
la administración de justicia común es gratuita, en todas sus especialidades, ins-
tancias y manifestaciones, para las personas de escasos recursos económicos y
se accede a ella en la forma prevista por la ley” (Sala Penal Permanente. Casa-
ción N° 171-2011-Lima, del 16 de agosto de 2012, considerando 11).

028 ¿Cuándo la fiscalía debe expedir copias gratuitas de la carpeta fiscal?


“Estando a lo antes expuesto, habiéndose establecido bajo los criterios de una
norma que la expedición de copias –simples o certificadas– por parte del Ministe-
rio Público deberán estar sujetas al cobro de una tasa judicial, no vulnera el dere-
cho a la gratuidad de la administración de justicia que le asiste a todo justiciable,
en tanto que, dicho cobro será motivo de exención siempre que el solicitante acre-
dite la condición específica del beneficiado y adjunte la verificación socioeconó-
mica de éste, respecto a que no cuenta con recursos económicos necesarios para
efectuar dicho pago; por tanto, este criterio deberá ser considerado en adelante
como doctrina jurisprudencial de cumplimiento obligatorio” (Sala Penal Perma-
nente. Casación N° 171-2011-Lima, del 16 de agosto de 2012, considerando 13).

IV. EL DERECHO AL JUEZ NATURAL O PREDETERMINADO


POR LEY

Base legal Constitución Política: arts. 139.1, 139.3.


Código Procesal Penal de 2004: arts. 16, 17, 24.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 8.1.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.1.

029 ¿En qué consiste el derecho a ser juzgado por un juez natural?
“El artículo 8.1 de la Convención garantiza el derecho a ser juzgado por ‘un tri-
bunal competente (…) establecido con anterioridad a la ley’. Esto implica que las
personas ‘tienen derecho a ser juzgadas por tribunales de justicia ordinarios con
arreglo a procedimientos legalmente establecidos’, razón por la cual el Estado no
debe crear tribunales que no apliquen normas procesales debidamente estableci-
das para sustituir la jurisdicción que corresponda normalmente a los tribunales
ordinarios. Con esto se busca evitar que las personas sean juzgadas por tribuna-
les especiales, creados para el caso, o ad hoc” (Corte IDH. Caso Apitz Bar-
bera y otros. Corte Primera de los Contencioso Administrativo vs. Venezuela.

32
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

Excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 5 de agosto


de 2008. Serie C, Nº 182, párr. 50).
“El artículo 8.1 de la Convención garantiza el derecho a ser juzgado por ‘un tri-
bunal competente […] establecido con anterioridad a la ley’, disposición que se
relaciona con el concepto de juez natural, una de las garantías del debido pro-
ceso, a las que inclusive se ha reconocido, por cierto sector de la doctrina, como
un presupuesto de aquél. Esto implica que las personas tienen derecho a ser juz-
gadas, en general, por tribunales ordinarios, con arreglo a procedimientos legal-
mente establecidos.
El juez natural deriva su existencia y competencia de la ley, la cual ha sido definida
por la Corte como la ‘norma jurídica de carácter general, ceñida al bien común,
emanada de los órganos legislativos constitucionalmente previstos y democráti-
camente elegidos, y elaborada según el procedimiento establecido por las cons-
tituciones de los Estados Partes para la formación de las leyes’. Consecuente-
mente, en un Estado de Derecho sólo el Poder Legislativo puede regular, a través
de leyes, la competencia de los juzgadores” (Corte IDH. Caso Barreto Leiva vs.
Venezuela. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 17 de noviembre de
2009. Serie C, Nº 206, párr. 75 y 76).
“Constituye un principio básico relativo a la independencia de la judicatura que
toda persona tiene derecho a ser juzgada por tribunales de justicia ordinarios con
arreglo a procedimientos legalmente establecidos. El Estado no debe crear ’tribu-
nales que no apliquen normas procesales debidamente establecidas para sustituir
la jurisdicción que corresponda normalmente a los tribunales ordinarios’” (Corte
IDH. Caso Castillo Petruzzi vs. Perú. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia
del 30 de mayo de 1999. Serie C, Nº 52, párr. 129).
“El derecho a ser juzgado por tribunales de justicia ordinarios con arreglo a pro-
cedimientos legalmente previstos constituye un principio básico del debido pro-
ceso. Por ello, para que se respete el derecho al juez natural no basta con que esté
establecido previamente por la ley cuál será el tribunal que atenderá una causa
y se le otorgue competencia” (Corte IDH. Caso Palamara Iribarne vs. Chile.
Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 22 de noviembre de 2005. Serie C,
Nº 135, párr. 125).
“El derecho al juez predeterminado por ley o juez natural, está expresamente
reconocido en el inciso 3), del artículo 139 de la Constitución Política del Estado,
cuyo texto señala: ‘Ninguna persona puede ser desviada de la jurisdicción pre-
determinada por la ley, ni sometida a procedimiento distinto de los previamente
establecidos, ni juzgada por órganos jurisdiccionales de excepción ni por comi-
siones especiales creadas al efecto, cualquiera sea su denominación’. Asimismo,
el artículo octavo de la Convención Americana de Derechos Humanos establece
como garantía judicial que: ‘toda persona tiene derecho a ser oída por un tribunal
competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley,

33
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

en la sustentación de cualquier acusación penal formulada contra ella’. El dere-


cho al Juez natural, garantiza objetivamente el derecho al juzgamiento imparcial,
por parte del operador de justicia abstracta y objetivamente predeterminado por
el texto de una ley previa. Al respecto, Gimeno Sendra señala: ‘El derecho al juez
natural es un derecho fundamental, que asiste a todos los sujetos del derecho a ser
juzgados por un órgano jurisdiccional creado conforme a lo prescrito por la ley
orgánica correspondiente y perteneciente a la jurisdicción penal ordinaria, respe-
tuoso de los principios constitucionales de igualdad, independencia, imparciali-
dad y sumisión a la ley y constituido con arreglo a las normas comunes de com-
petencia preestablecidas’” (Segunda Sala Penal Transitoria. Transferencia de
Competencia N° 8-2017-Ayacucho, del 16 de mayo de 2017, considerando 6).

030 ¿
Cuáles son las exigencias que impone el respeto al derecho al juez
natural o predeterminado por ley?
“La Constitución Política del Perú en el artículo 139 establece los principios y dere-
chos de la función jurisdiccional, estableciendo en el inciso 3) ‘la observancia del
debido proceso y la tutela jurisdiccional’ y que ‘[n]inguna persona puede ser des-
viada de la jurisdicción predeterminada por la ley, ni sometida a procedimiento
distinto de los previamente establecidos, ni juzgada por órganos jurisdicciona-
les de excepción ni por comisiones especiales creadas al efecto, cualquiera sea su
denominación’. Es decir, garantiza al justiciable, ante su pedido de tutela, el deber
del órgano jurisdiccional de observar el debido proceso y de impartir justicia den-
tro de los estándares mínimos establecidos por los instrumentos internacionales
y el derecho al juez natural o juez predeterminado por ley.
Al respecto, este Tribunal Constitucional ha señalado en reiterada jurisprudencia
que el contenido del derecho al juez natural o juez predeterminado por ley presenta
dos exigencias; en primer lugar, que quien juzgue sea un juez o un órgano que
tenga potestad jurisdiccional, garantizándose, así, la interdicción de ser enjuiciado
por un juez excepcional, o por una comisión especial creada ex profeso para desa-
rrollar funciones jurisdiccionales, o que dicho juzgamiento pueda realizarse por
comisión o delegación, o que cualquiera de los poderes públicos pueda avocarse al
conocimiento de un asunto que debe ser ventilado ante órgano jurisdiccional. En
segundo lugar, que la jurisdicción y competencia del juez sean predeterminadas
por la ley, por lo que la asignación de competencia judicial necesariamente debe
haberse establecido con anterioridad al inicio del proceso, garantizándose así que
nadie pueda ser juzgado por un juez ex post facto o por un juez ad hoc (Cfr. STC
Exp. Nº 00290-2002-HC/TC, Eduardo Calmell del Solar)” (STC. Exp. Nº 02092-
2012-PHC/TC-Lima, del 25 de junio de 2013, f. j. 3.3).
“El derecho al juez predeterminado por leyes reconocido en el artículo 139, inciso 3,
de la Constitución, en el sentido de que ‘Ninguna persona puede ser desviada de la
jurisdicción predeterminada por la ley, ni sometida a procedimiento distinto de los
previamente establecidos, ni juzgada por órganos jurisdiccionales de excepción ni
por comisiones especiales creadas al efecto, cualquiera [que] sea su denominación’.

34
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

Al respecto el referido derecho establece dos exigencias: 1) En primer lugar, que


quien juzgue sea un juez o un órgano que tenga potestad jurisdiccional, garanti-
zándose así la interdicción del juzgamiento por juez excepcional, o por comisión
especial creada ex profeso para desarrollar funciones jurisdiccionales, o que dicho
juzgamiento pueda realizarse por comisión o delegación, o que cualquiera de los
poderes públicos pueda avocarse al conocimiento de un asunto que debe ser ven-
tilado ante órgano jurisdiccional; 2) En segundo lugar, exige que la jurisdicción y
la competencia del juez sean predeterminadas por la ley, por lo que la asignación
de competencia judicial necesariamente debe haberse establecido con anteriori-
dad al inicio del proceso, garantizándose así que nadie pueda ser juzgado por un
juez ex post facto o por un juez ad hoc” (STC. Exp. N° 03790-2008-HC/TC, del
9 de enero del 2009, f. j. 2).

031 ¿
El derecho al juez natural impide la entrada en vigencia de normas
que modifiquen la competencia del órgano jurisdiccional con posterio-
ridad al inicio del proceso?
“En la sentencia recaída en el Expediente Nº 00290-2002-HC/TC, en la que se cues-
tionaba la legitimidad de las salas y juzgados penales especiales (anticorrupción)
de la Corte Superior de Justicia de Lima, por haber adquirido competencia en
fecha posterior al proceso penal que se seguía contra el recurrente, este Tribunal
señaló que la predeterminación de la competencia que exige el derecho al juez
natural no impide la entrada en vigencia de normas que modifiquen la competen-
cia del órgano jurisdiccional con posterioridad al inicio del proceso, siempre que
se trate de órganos investidos de jurisdicción antes del inicio del proceso y que
la norma en cuestión revista criterios objetivos y generales, de modo tal que no
se busque atentar contra la imparcialidad del órgano jurisdiccional” (STC. Exp.
Nº 02092-2012-PHC/TC-Lima, del 25 de junio de 2013, f. j. 3.3).

V. EL PRINCIPIO DE INDEPENDENCIA JUDICIAL

Base legal Constitución Política: art. 139.2.


Código Procesal Penal de 2004: arts. I del Título Preliminar, 53.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 8.1.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.1.

032 ¿Cómo debe ser entendido el principio de independencia judicial?


“El inciso 2 del artículo 139 de la Constitución consagra este principio en los
siguientes términos: ‘Ninguna autoridad puede avocarse a causas pendientes ante el
órgano jurisdiccional ni interferir en el ejercicio de sus funciones. Tampoco puede
dejar sin efecto resoluciones que han pasado en autoridad de cosa juzgada, ni cor-
tar procedimientos en trámites, ni modificar sentencias ni retardar su ejecución’.

35
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Como bien afirma Enrique Álvarez Conde [Curso de Derecho Constitucional. Vol. II.
Madrid. Tecnos, 2000, p. 243]: ‘La consagración de la independencia del Poder
Judicial se entronca históricamente con la propia doctrina de la separación de
poderes’. Añade que dicha proclamación [Ob. cit. p. 244] (...) ‘debe ser considerada
como un requisito indispensable para poder hablar de un auténtico Poder Judicial
y de un verdadero Estado de Derecho’. De allí que la independencia se encarame
como en el valor capital de la justicia.
La independencia judicial debe ser entendida como aquella capacidad autodeter-
minativa para proceder a la declaración del derecho, juzgando y haciendo ejecutar
lo juzgado, dentro de los marcos que fijan la Constitución y la Ley. En puridad, se
trata de una condición de albedrío funcional” (STC. Exp. N° 0023-2003-AI/TC,
del 9 de junio de 2004, ff. jj. 26-28).
“(…) Como lo señalara la Corte Europea, la independencia de cualquier juez supone
que se cuente con un adecuado proceso de nombramiento, con una duración esta-
blecida en el cargo y con una garantía contra presiones externas” (Corte IDH.
Caso Tribunal Constitucional vs. Perú. Fondo, reparaciones y costas. Senten-
cia del 31 de enero de 2001. Serie C, N° 71, párr. 75).

033 ¿Cómo se concibe el principio de independencia judicial?


“Juan Cano B. [Derecho Constitucional. Volumen II. Obra Colectiva. Madrid: Tec-
nos, 1999, p. 441] lo concibe como la ausencia de vínculos de sujeción o de impo-
sición de directivas políticas por parte del Ejecutivo o el Legislativo, así como la
imposibilidad de intromisión de los órganos intrainstitucionales superiormente
jerárquicos tendientes a orientar o corregir la actuación jurisdiccional del juez
competente de una causa, en tanto no se haya agotado la instancia o se haya pre-
sentado un recurso impugnativo.
La independencia judicial debe, pues, percibirse como la ausencia de vínculos de
sujeción política (imposición de directivas por parte de los órganos políticos) o de
procedencia jerárquica al interior de la organización judicial, en lo concerniente
a la actuación judicial per se, salvo el caso de los recursos impugnativos, aunque
sujetos a las reglas de competencia” (STC. Exp. N° 0023-2003-AI/TC, del 9 de
junio de 2004, ff. jj. 30 y 31).

034 ¿
Qué exigencias le impone al legislador el principio de independencia
judicial?
“El principio de independencia judicial exige que el legislador adopte las medidas
necesarias y oportunas a fin de que el órgano y sus miembros administren justicia
con estricta sujeción al Derecho y a la Constitución, sin que sea posible la injeren-
cia de extraños [otros poderes públicos o sociales, e incluso órganos del mismo
ente judicial] a la hora de delimitar e interpretar el sector del ordenamiento jurí-
dico que ha de aplicarse en cada caso” (STC. Exp. N° 0023-2003-AI/TC, del 9
de junio de 2004, f. j. 29).

36
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

035 ¿
Cuáles son las perspectivas bajo las cuales debe entenderse el princi-
pio de independencia judicial?
“El principio de independencia judicial debe entenderse desde tres perspectivas;
a saber:
a)   Como garantía del órgano que administra justicia (independencia orgánica),
por sujeción al respeto al principio de separación de poderes.
b)   Como garantía operativa para la actuación del juez (independencia funcional),
por conexión con los principios de reserva y exclusividad de la jurisdicción.
c) Como capacidad subjetiva, con sujeción a la propia voluntad de ejercer y
defender dicha independencia. Cabe precisar que en este ámbito radica uno
de los mayores males de la justicia ordinaria nacional, en gran medida por la
falta de convicción y energía para hacer cumplir la garantía de independen-
cia que desde la primera Constitución republicana se consagra y reconoce”
(STC. Exp. N° 0023-2003-AI/TC, del 9 de junio de 2004, f. j. 31).

036 ¿
Cuáles son las dimensiones del principio de independencia de la fun-
ción jurisdiccional?
“[E]l principio de independencia de la función jurisdiccional tiene dos dimensiones:
a) Independencia externa. Según esta dimensión, la autoridad judicial, en el
desarrollo de la función jurisdiccional, no puede sujetarse a ningún interés
que provenga de fuera de la organización judicial en conjunto, ni admitir
presiones para resolver un caso en un determinado sentido. Las decisiones
de la autoridad judicial, ya sea que esta se desempeñe en la especialidad
constitucional, civil, penal, penal militar, laboral, entre otras, no pueden
depender de la voluntad de otros poderes públicos (Poder Ejecutivo o Poder
Legislativo, por ejemplo), partidos políticos, medios de comunicación o
particulares en general, sino tan solo de la Constitución y de la ley que sea
acorde con esta.
En el caso de los poderes públicos, estos se encuentran prohibidos por la
Constitución de ejercer influencias sobre las decisiones judiciales, ya sea
estableciendo órganos especiales que pretendan suplantar a los órganos de
gobierno de la organización jurisdiccional, o creando estatutos jurídicos
básicos distintos para los jueces que pertenecen a una misma institución y se
encuentran en similar nivel y jerarquía, entre otros casos.
Ahora bien, la exigencia de que el juzgador, en el ejercicio de la función
jurisdiccional, no admite la influencia de otros poderes o personas, sean
públicos o privados, no implica que el juez goce de una discreción abso-
luta en cuanto a las decisiones que debe asumir, pues precisamente el prin-
cipio de independencia judicial tiene como correlato que el juzgador solo se
encuentre sometido a la Constitución y a la ley expedida conforme a esta, tal
como se desprende de los artículos 45 y 146 inciso 1), de la Constitución,

37
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

que establecen lo siguiente: ‘El poder del Estado emana del pueblo. Quienes
lo ejercen lo hacen con las limitaciones y responsabilidades que la Constitu-
ción y las leyes establecen (...)’; ‘El Estado garantiza a los magistrados judi-
ciales: 1. Su independencia. Sólo están sometidos a la Constitución y la ley’,
respectivamente.
De otro lado, es importante precisar que lo expuesto en los parágrafos pre-
cedentes no implica que la actuación de los jueces, en tanto que autorida-
des, no pueda ser sometida a crítica. Ello se desprende de lo establecido en
el artículo 139, inciso 20, de la Constitución, que dispone que toda persona
tiene derecho ‘de formular análisis y críticas de las resoluciones y sentencias
judiciales, con las limitaciones de ley’; y del artículo 2, inciso 4, del mismo
cuerpo normativo, según el cual toda persona tiene derecho a la libertad de
opinión, expresión y difusión del pensamiento. El derecho a la crítica de las
resoluciones judiciales es el derecho de toda persona de examinar y emitir
juicios públicamente respecto de las decisiones que adoptan los jueces en
todas las especialidades e instancias. Sobre la denominada ‘crítica social’,
Luigi Ferrajoli ha sostenido:
Es por esta vía, mucho mejor que a través de las sanciones jurídi-
cas o políticas, como se ejerce el control popular sobre la justicia, se
rompe la separación de la función judicial, se emancipan los jueces de
los vínculos políticos, burocráticos y corporativos, se deslegitiman los
malos magistrados y la mala jurisprudencia, y se elabora y se da conti-
nuamente nuevo fundamento a la deontología judicial. [FERRAJOLI,
Luigi. Derecho y razón. Trotta, Valladolid, 1995, p. 602].
Tal derecho a la crítica de las resoluciones judiciales también tiene límites,
entre los que destaca, entre otros, que esta no deba servir para orientar o
inducir a una determinada actuación del juez, pues este solo se encuentra
vinculado por la Constitución y la ley que sea conforme a esta.
b) Independencia interna. De acuerdo con esta dimensión, la independencia
judicial implica, entre otros aspectos, que, dentro de la organización judicial:
1) la autoridad judicial, en el ejercicio de la función jurisdiccional, no puede
sujetarse a la voluntad de otros órganos judiciales, salvo que medie un medio
impugnatorio; y, 2) que la autoridad judicial, en el desempeño de la función
jurisdiccional, no pueda sujetarse a los intereses de órganos administrativos
de gobierno que existan dentro de la organización judicial.
En cuanto al primero de los puntos mencionados, cabe mencionar que el
principio de independencia judicial prohíbe que los órganos jurisdiccio-
nales superiores obliguen a los órganos de instancias inferiores a decidir de
una determinada manera, si es que no existe un medio impugnatorio que de
mérito a tal pronunciamiento. De este modo, siempre que medie un medio
impugnatorio las instancias superiores podrán corregir a las inferiores res-
pecto de cuestiones de hecho o de derecho sometidas a su conocimiento,
según sea el caso.

38
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

En cuanto al segundo punto, el principio de independencia judicial


implica, en primer término, la separación de las funciones jurisdiccionales
de las funciones administrativas que eventualmente pudieran desempeñar los
jueces dentro de la organización judicial, de manera que las funciones pro-
pias de esta administración no puedan influir en la decisión judicial que se
adoptará en un determinado proceso. En efecto, si un magistrado ha sido ele-
gido por sus iguales como su representante para desempeñar funciones de
naturaleza administrativa, entonces resulta evidente que, para desempeñar
el encargo administrativo, mientras este dure, debe suspender sus activida-
des de naturaleza jurisdiccional, de modo tal que no pueda influir en la reso-
lución de un determinado caso. Así sucede, por ejemplo, en el ejercicio de
la labor de los presidentes de la Corte Suprema, de las Cortes Superiores de
Justicia, de la Oficina de Control de la Magistratura, entre otros” (STC. Exp.
Nº 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 18).

037 ¿
El principio de independencia judicial rige aun cuando se ha decre-
tado un estado de excepción?
“El principio de independencia judicial constituye uno de los pilares básicos de
las garantías del debido proceso, motivo por el cual debe ser respetado en todas
las áreas del procedimiento y ante todas las instancias procesales en que se decide
sobre los derechos de la persona. La Corte ha considerado que el principio de inde-
pendencia judicial resulta indispensable para la protección de los derechos funda-
mentales, por lo que su alcance debe garantizarse inclusive, en situaciones espe-
ciales, como lo es el estado de excepción” (Corte IDH. Caso Reverón Trujillo
vs. Venezuela. Excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia
del 30 de junio de 2009. Serie C, N° 197, párr. 68).

VI. EL PRINCIPIO DE IMPARCIALIDAD

Base legal Constitución Política: arts. 139.1, 139.2.


Código Procesal Penal de 2004: arts. I.1 del Título Preliminar, 53, 54, 56,
61, 62.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 8.1.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.1.

038 ¿Cómo se define la imparcialidad?


“La imparcialidad es un elemento básico dentro de cualquier proceso jurisdic-
cional para afirmar la existencia de un proceso justo o debido proceso. Es una
garantía que informa la función jurisdiccional y que se obtiene por la suma del
factor de la neutralidad del magistrado y su desinterés en el objeto del litigio. Asi-
mismo, tiene una conexión con la confianza de los ciudadanos en el Poder Judicial.

39
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Esta garantía procesal tiene una doble connotación: de un lado, es un atributo del
juez y, del otro, es una garantía de los justiciables, pues determina que el caso
sometido a su conocimiento se resolverá sin existir dudas sobre el desempeño
transparentemente equidistante en su función jurisdiccional” (Salas Penales Per-
manente y Transitoria. Sentencia Plenaria Nº 01-2015/301-A.2-ACPP, del 5 de
mayo de 2015, considerando 8).
‘La imparcialidad puede definirse, entonces, como la situación en que se encuen-
tra el juez, fuera por completo, real y aparencialmente, de los intereses de las par-
tes y del propio proceso en sí mismo. No basta con que un juez sea auténticamente
imparcial, o que se sienta así incluso. Para la conservación de su auctoritas ante
la ciudadanía es imprescindible que también ‘parezca’ imparcial.
En los supuestos de intervención del juez en ámbitos propios de la decisión sobre
un concreto objeto procesal, lo que se pretende evitar es la incidencia del ‘sesgo
de confirmación’ (explicado por la psicología), que se produce cuando una per-
sona que ya ha tenido oportunidad de sentar previamente criterio sobre una mate-
ria, se le pone a posteriori en disposición de tomar una nueva decisión sobre el
mismo asunto.
El sesgo confirmatorio se afirma en el sopesamiento subconsciente del costo del
error para quien se ve forzado a replantear lo que antes decidió’” (Salas Penales
Permanente y Transitoria. Sentencia Plenaria Nº 01-2015/301-A.2-ACPP, del
5 de mayo de 2015, considerando 9).
“[E]l diccionario de la Lengua Española define la imparcialidad como: ‘Falta de
designio anticipado o prevención a favor o en contra de alguien o algo, que per-
mite juzgar o proceder con rectitud’; por tanto, la imparcialidad en materia juris-
diccional, está dirigida a evitar que en la resolución de los casos incidentales o
de fondo, quien ejerza la función jurisdiccional no se guíe por algún interés dis-
tinto a la adecuada aplicación del Derecho –su conducta debe ser la de un tercero
ajeno a los específicos intereses de las partes procesales–, lo cual tiene correspon-
dencia con la razón de ser de los Jueces y Tribunales, esto es la necesidad de que
alguien distinto a las partes y a sus intereses sea quien decida respecto al conflicto
social que se ha suscitado declarando la existencia de un hecho e imponiendo la
consecuencia jurídica que resulte adecuada al Derecho, siendo en cada caso par-
ticular o concreto en donde se tendrá que exigir, controlar y garantizar que quien
imparte justicia (Juez o Tribunal) no se encuentre contaminado por intereses aje-
nos a la legítima resolución del caso que ha sido puesto en su conocimiento” (Sala
Penal Permanente. Casación Nº 106-2010-Moquegua, del 3 de mayo de 2011,
considerando 4).

039 ¿En qué consiste el derecho a ser juzgado por un juez imparcial?
“Es una manifestación del derecho al debido proceso legal, en específico de la
tutela procesal efectiva. Tan es así, que la imparcialidad judicial es considerada,

40
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

principio de principios; identificable con la esencial del juez en un Estado Cons-


titucional de Derecho; no es una garantía más, ya que constituye un principio
básico del proceso penal, pues su inobservancia impide que tenga un juicio penal
justo. El derecho al Tribunal imparcial, garantiza un proceso adecuado y una sen-
tencia justa sin contaminación procesal; esto es, sin consideraciones personales,
sentimientos, pasiones, prejuicios u otros, que pueden incluso inconscientemente,
impedir o dificultar al magistrado tomar decisiones con serenidad de juicio, obje-
tividad y neutralidad, solamente condicionado por la ley” (Segunda Sala Penal
Transitoria. Transferencia de Competencia N° 8-2017-Ayacucho, de 16 de mayo
de 2017, considerando 6).
“[…] el derecho a ser juzgado por un juez o tribunal imparcial es una garantía
fundamental del debido proceso. Es decir, se debe garantizar que el juez o tribu-
nal en el ejercicio de su función como juzgador cuente con la mayor objetividad
para enfrentar el juicio. Esto permite a su vez, que los tribunales inspiren la con-
fianza necesaria a las partes en el caso, así como a los ciudadanos en una socie-
dad democrática” (Corte IDH. Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica. Excepcio-
nes preliminares, fondo, reparaciones y costas, del 2 de julio de 2004. Serie C,
N° 107, párr. 171).
“La imparcialidad del tribunal implica que sus integrantes no tengan un interés
directo, una posición tomada, una preferencia por alguna de las partes y que no
se encuentren involucrados en la controversia” (Corte IDH. Caso Palamara Iri-
barne vs. Chile. Fondo, reparaciones y costas, del 22 de noviembre de 2005.
Serie C, N° 135, párr. 146).
“[E]l derecho a ser juzgado por un juez o tribunal imparcial es una garantía funda-
mental del debido proceso, debiéndose garantizar que el juez o tribunal en el ejer-
cicio de su función como juzgador cuente con la mayor objetividad para enfrentar
el juicio. Este Tribunal ha establecido que la imparcialidad exige que el juez que
interviene en una contienda particular se aproxime a los hechos de la causa care-
ciendo, de manera subjetiva, de todo prejuicio y, asimismo, ofreciendo garantías
suficientes de índole objetiva que inspiren la confianza necesaria a las partes en
el caso, así como a los ciudadanos en una sociedad democrática. La imparcialidad
del tribunal implica que sus integrantes no tengan un interés directo, una posición
tomada, una preferencia por alguna de las partes y que no se encuentren involu-
crados en la controversia” (Corte IDH. Granier y otros [Radio Caracas Televi-
sión] vs. Venezuela. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas.
Sentencia de 22 de junio de 2015. Serie C, Nº 293, párr. 304).

040 ¿El derecho al juez constitucional tiene rango de derecho fundamental?


“Que, conforme a lo anotado, el derecho al Juez imparcial se basa en el derecho
a la dignidad del hombre, por tanto, en nuestro país tiene rango de derecho fun-
damental constitucional en aplicación del artículo tres de la Constitución Política
del Perú –Protección a Futuro de Nuevos Derechos–, en donde se establece que

41
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

“La enumeración de los derechos establecidos en este capítulo (artículo dos); no


excluye los demás que la Constitución garantiza, ni otros de naturaleza análoga
o que se fundan en la dignidad del hombre, o en los principios de soberanía del
pueblo, del Estado democrático de derecho y de la forma republicana de gobierno”
(Sala Penal Permanente. Casación N° 106-2010-Moquegua, del 3 de mayo de
2011, considerando 3).

041 ¿
Es el derecho a ser juzgados por jueces imparciales un derecho cons-
titucional expreso?
“En los fundamentos cuarenta y ocho y cuarenta y nueve, del Expediente
N° 6149-2006-AA/TC, del once de diciembre de dos mil seis, el Tribunal Cons-
titucional sostuvo que:
‘48. Ciertamente, el derecho a ser juzgado por jueces imparciales no se
encuentra reconocido expresamente en la Constitución. Ello, sin embargo, no
ha impedido a este Tribunal reconocer en él a un derecho implícito que forma
parte de un derecho expreso. A saber, del derecho al debido proceso, recono-
cido en el inciso tres, del artículo ciento treinta y nueve, de la Constitución.
49. El estatus del derecho al juez imparcial como uno que forma parte del
debido proceso, se deriva de la Cuarta Disposición Final y Transitoria de la
Constitución, que exige que las disposiciones constitucionales mediante las
cuales se reconocen derechos fundamentales se interpreten y apliquen de
acuerdo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los tratados
y acuerdos internacionales sobre las materias que hayan sido ratificadas por
el Estado peruano’” (Primera Sala Penal Transitoria. R.N. N° 2395-2017-
Sala Penal Nacional, del 20 de junio de 2018, considerando 1.14).

042 ¿
El derecho a ser juzgado por un juez imparcial es una garantía del
debido proceso?
“El derecho a ser juzgado por un juez imparcial es una garantía constitutiva y
primordial del debido proceso que, en forma análoga al derecho a ser juzgado
por un juez independiente, asegura a toda persona sometida a un proceso judi-
cial que no se verá perjudicada por la intromisión o injerencia de sujetos o cir-
cunstancias ajenas al caso. La imparcialidad se asocia a la necesidad de que se
observe ciertas exigencias dentro del mismo proceso, como es la necesidad de
que el juez no tenga mayor vinculación con las partes, pero también con el objeto
del proceso mismo.
Respecto al magistrado que deberá de conocer y resolver un caso concreto, deben
verificarse dos tipos de condiciones, la primera es la imparcialidad subjetiva
que hace referencia que un juez no debe tener ningún tipo de interés con el resul-
tado a que un juez no debe tener ningún de interés con el resultado a que pueda
llegar el proceso por alguna de las partes, esto es, se refiere a su convicción per-
sonal respecto del caso concreto y de las partes, así se precisa en la Casación

42
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

N° 106-2010-Moquegua y también en el mismo sentido se ha pronunciado el Tri-


bunal Constitucional cuando señala que la imparcialidad subjetiva es cualquier
tipo de compromiso que pidiera tener el juez por las partes procesales o en el
resultado del proceso. En cuanto a la imparcialidad objetiva está referida a que
el sistema judicial debe brindar las condiciones necesarias para evitar que el juez
caiga en el vicio de la parcialidad, es decir que las normas que regulan su actua-
ción deben de buscar que le juez no tenga prejuicios o favorezca a alguna parte
sobre traen base al contacto que ha tenido con la causa. Al respecto la Corte Su-
prema en el Recurso de Casación N° 106-2010-Moquegua ha señalado en rela-
ción a la imparcialidad objetiva que si el juzgador ofrece las garantías suficientes
para excluir cualquier duda razonable respecto de la corrección de su actuación;
siendo que para que el juez se parte del conocimiento del proceso en dicho caso,
por fuera de la concreta conducta personal del juez, permitan poner en duda su
imparcialidad, no exigiéndose la corroboración de algún hecho que haga dudar
fundadamente de su imparcialidad, dado que, un juez cuya objetividad en un pro-
ceso determinado está puesta en duda, no debe resolver en ese proceso, tanto en
el interés delas partes como para mantener la confianza en la imparcialidad de la
administración pública” (Segunda Sala Penal de Apelaciones Nacional, en adi-
ción a sus funciones Sala Penal Especializada en Delitos Aduaneros, Tributa-
rios, de Mercado y Ambientales, Exp. N° 299-2017-37-5001-JR-PE-01, Resolu-
ción N° 10, del 12 de noviembre del 2018, considerandos 1.3 y 1.4).

043 ¿Qué exigencias impone al juez el principio de imparcialidad?


“(…) la imparcialidad exige que el juez que interviene en una contienda particular
se aproxime a los hechos de la causa careciendo, de manera subjetiva, de todo pre-
juicio y, asimismo, ofreciendo garantías suficientes de índole objetiva que per-
mitan desterrar toda duda que el justiciable o la comunidad puedan albergar res-
pecto de la ausencia de imparcialidad. La Corte Europea de Derechos Humanos
ha explicado que la imparcialidad personal o subjetiva se presume a menos que
exista prueba en contrario. Por su parte, la denominada prueba objetiva consiste
en determinar si el juez cuestionado brindó elementos convincentes que permitan
eliminar temores legítimos o fundadas sospechas de parcialidad sobre su persona.
Ello puesto que el juez debe aparecer como actuando sin estar sujeto a influencia,
aliciente, presión, amenaza o intromisión, directa o indirecta, sino única y exclu-
sivamente conforme a –y movido por– el Derecho” (Corte IDH. Caso Apitz Bar-
bera y otros vs. Venezuela. Excepción preliminar, fondo, reparaciones y cos-
tas. Sentencia del 5 de agosto de 2008, Serie C, Nº 182, párr. 56).
“Finalmente, cabe precisar que, en general, “[e]l sometimiento del juez a la ley
supone su no sometimiento a cualquier otra voluntad, incluida la suya propia, en
forma de preferencias personales (lo que más bien podría denominarse imparcia-
lidad). En realidad, la justificación del juez como tercero imparcial se reconduce
a la justificación del juez en cuanto sujeto a la ley. Todas las garantías del proceso
se orientan a que se haga posible la realización de la voluntad de la ley, elimi-
nando aquellas distancias que pudieran resultar de la falsificación, o supresión, de

43
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

los supuestos en los que la aplicación de la ley debía basarse” [LÓPEZ GUERRA,
Luis. El Poder Judicial en el Estado Constitucional, Palestra Editores, Lima, 2001,
pp. 45 y 46]” (STC. Exp. N° 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 19).
“El derecho a ser juzgado por un juez o tribunal imparcial es una garantía fun-
damental del debido proceso. Es decir, se debe garantizar que el juez o tribunal
en el ejercicio de su función como juzgador cuente con la mayor objetividad para
enfrentar el juicio. Al respecto, este Tribunal ha establecido que la imparcialidad
exige que el juez que interviene en una contienda particular se aproxime a los
hechos de la causa careciendo, de manera subjetiva, de todo prejuicio y, asimismo,
ofreciendo garantías suficientes de índole objetiva que permitan desterrar toda
duda que el justiciable o la comunidad puedan albergar respecto de la ausencia
de imparcialidad. La imparcialidad del tribunal implica que sus integrantes no
tengan un interés directo, una posición tomada, una preferencia por alguna de las
partes y que no se encuentren involucrados en la controversia. La imparcialidad
personal o subjetiva se presume a menos que exista prueba en contrario. Por su
parte, la denominada prueba objetiva consiste en determinar si el juez cuestionado
brindó elementos convincentes que permitan eliminar temores legítimos o funda-
das sospechas de parcialidad sobre su persona” (Corte IDH. Caso Usón Ramírez
vs. Venezuela. Excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia
del 20 de noviembre de 2009. Serie C, N° 207, párr. 117).

044 ¿Cuáles son las dimensiones del principio de imparcialidad?


“El principio de imparcialidad posee dos acepciones:
a) Imparcialidad subjetiva. Se refiere a cualquier tipo de compromiso que
pudiera tener el juez con las partes procesales o en el resultado del proceso.
El caso de la jurisdicción especializada en lo militar constituye un supuesto
especial en el que se pueden presentar serios inconvenientes para la impar-
cialidad. Así pues, “El riesgo reside en el grado y en el distintivo militar,
peligroso según Venditti para la formación de la voluntad judicial; puesto
que el militar en tanto que integrante de una jerarquía, es llevado por su pro-
pia naturaleza y forma mentis a ser sensible a las directrices superiores. La
extracción militar de todos los miembros de la jurisdicción militar puede
provocar el predominio de sentimientos, tales como el espíritu de casta o
la defensa de los intereses castrenses. (...) Más allá de las causas previstas
legalmente como posibles atentados a la imparcialidad del juez, el entorno
de la justicia militar puede arrastrar al juez a resolver los asuntos con par-
cialidad por la especial situación de juez y parte con que ejerce su función.
Esta parcialidad se nutre de valores militares como la jerarquía, disciplina,
obediencia y subordinación, pero especialmente el de unidad” [DOIG DÍAZ,
Yolanda. “La Justicia Militar a la luz de las garantías de la jurisdicción”.
En: La reforma del Derecho Penal Militar. Anuario de Derecho Penal 2001-
2002. PUCP, pp. 57-58].

44
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

b) Imparcialidad objetiva. Está referida a la influencia negativa que puede


tener en el juez la estructura del sistema, restándole imparcialidad, es decir,
si el sistema no ofrece suficientes garantías para desterrar cualquier duda
razonable (STC. Exp. N° 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006,
f. j. 20).
“[R]especto al Magistrado que habrá de conocer y resolver un caso concreto, deben
ventilarse dos tipos de condiciones: i) imparcialidad subjetiva; que se refiere a su
convicción personal de un magistrado se presume hasta que se pruebe lo contra-
rio, por tanto, para dar lugar al apartamiento del juez del conocimiento del pro-
ceso en dicho caso, tiene que haberse corroborado que este adoptó posición a
favor de alguno de los interés en conflicto; y ii) imparcialidad objetiva; referido a
si el juzgador ofrece las garantías suficientes para excluir cualquier duda razona-
ble respecto a la corrección de su actuación; siendo que para que el juez se aparte
del conocimiento del proceso en dicho caso, tendrá que determinarse si existen
hechos ciertos que, por fuera de la concreta conducta personal del juez permitan
poner en duda su imparcialidad, no exigiéndose la corroboración de que el juez
haya tomado partido por alguno de los intereses en conflicto, basta la corrobo-
ración de algún hecho que haga dudar fundadamente de su imparcialidad, dado
que un juez, cuya objetividad en un proceso determinado está puesta en duda,
no debe resolver en ese proceso, tanto en interés de las partes, como para mante-
ner la confianza en la imparcialidad de la administración pública” (Primera Sala
Penal Transitoria. R.N. N° 2395-2017-Sala Penal Nacional, del 20 de junio de
2018, considerando 1.15).
“Que conforme a lo establecido por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos
(Caso Piersack C. Bélgica), respecto al Magistrado que habrá de conocer y resol-
ver un caso concreto, deben verificarse dos tipos de condiciones: i) imparcialidad
subjetiva; que se refiere a su convicción personal respecto del caso concreto y las
partes; siendo que la imparcialidad personal de un Magistrado se presume hasta
que se pruebe lo contrario, por tanto, para dar lugar al apartamiento del Juez del
conocimiento del proceso en dicho caso, tiene que haberse corroborado que éste
adoptó posición a favor de alguno de los intereses en conflicto; y, ii) imparciali-
dad objetiva; referido a si el Juzgador ofrece las garantías suficientes para excluir
cualquier duda razonable respecto de la corrección de su actuación; siendo que
para que el Juez se aparte del conocimiento del proceso en dicho caso, tendrá que
determinarse si existen hechos ciertos que, por fuera de la concreta conducta per-
sonal del Juez, permitan poner en duda su imparcialidad, no exigiéndose la corro-
boración de que el Juez haya tomado partido por alguno de los intereses en con-
flicto, basta la corroboración de algún hecho que haga dudar fundadamente de
su imparcialidad, dado que, un Juez cuya objetividad en un proceso determinado
está puesta en duda, no debe resolver en ese proceso, tanto en interés de las par-
tes como para mantener la confianza en la imparcialidad de la administración de
justicia” (Sala Penal Permanente. Casación N° 106-2010-Moquegua, del 3 de
mayo de 2011, considerando 5).

45
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

“La imparcialidad, como ha quedado consagrada por la doctrina del Tribunal


Europeo de Derechos Humanos –así, Sentencia Piersack contra Bélgica, del 1 de
octubre de 1982; y, Sentencia Herrera Ulloa contra Costa Rica, del 2 de julio
de 2004, párrafo 170– tiene, aunque la doctrina procesalista tiende a relativizarla,
dos dimensiones, una de carácter subjetivo y vinculada con las circunstancias del
juzgador, con la formación de su convicción personal en su fuero interno en un
caso concreto –test subjetivo–; y otra objetiva, predicable de las garantías que
debe ofrecer el órgano jurisdiccional y que se establece desde consideraciones
orgánicas y funcionales [la primera debe ser presumida mientras no se demues-
tre lo contrario; y, la segunda reclama garantías suficientes para excluir cualquier
duda legítima sobre su imparcialidad] –test objetivo–” (Salas Penales Perma-
nente y Transitoria. Acuerdo Plenario Nº 3-2007/CJ-116, del 16 de noviembre
de 2007, considerando 6).
“La Corte Europea ha señalado que la imparcialidad tiene aspectos tanto subje-
tivos como objetivos, a saber:
Primero, el tribunal debe carecer, de una manera subjetiva, de prejuicio
personal. Segundo, también debe ser imparcial desde un punto de vista
objetivo, es decir, debe ofrecer garantías suficientes para que no haya
duda legítima al respecto. Bajo el análisis objetivo, se debe determinar si,
aparte del comportamiento personal de los jueces, hay hechos averigua-
bles que podrán suscitar dudas respecto de su imparcialidad. En este sen-
tido, hasta las apariencias podrán tener cierta importancia. Lo que está en
juego es la confianza que deben inspirar los tribunales a los ciudadanos
en una sociedad democrática y, sobre todo, en las partes del caso” (Corte
IDH. Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica. Excepciones preliminares,
fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 2 de julio de 2004. Serie C,
N° 107, párr. 170).

045 ¿
Cómo se entiende la imparcialidad en el ámbito del Ministerio
Público?
“(…) La imparcialidad en el ámbito del Ministerio Público es entendida como
deber de objetividad, es decir, el deber de hacer del asunto investigado un objeto
de conocimiento en el que no pueden ser determinantes intuiciones subjetivas,
sino elementos de valoración lo más objetivos posibles sobre si existe mérito o no
para atribuir a una persona responsabilidad sobre determinado hecho” (STC. Exp.
Nº 04968-2014-PHC/TC-Lima, del 4 de noviembre de 2015, f. j. 75).

046 ¿
Cuál es la relación y cuáles son las diferencias entre el principio de
independencia judicial y el principio de imparcialidad?
“[L]a garantía de la independencia del juez está íntimamente ligada al derecho a
ser juzgado por un juez imparcial, que si bien ‘no se encuentra reconocido expre-
samente en la Constitución. Ello, sin embargo, no ha impedido a este Tribunal

46
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

reconocer en él a un derecho implícito que forma parte de un derecho expreso. A


saber, del derecho al debido proceso, reconocido en el inciso 3) del artículo 139
de la Constitución’ [Cfr. STC Nº 6149-2006-AA/TC, f. j. 48]. De allí que, este
mismo Tribunal ha reconocido la relación de complementariedad que existe entre
ambas garantías al expresar que ‘mientras la garantía de la independencia, en tér-
minos generales, alerta al juez de influencias externas, la garantía de la imparcia-
lidad se vincula a exigencias dentro del proceso definidas como la independen-
cia del juez frente a las artes el objeto del proceso mismo. De este modo, ambas
deben ser entendidas como una totalidad, por lo que no puede alegarse el respeto
al principio de independencia mientras existan situaciones que generen dudas
razonables sobre la parcialidad de los jueces’ [Cfr. STC N° 02465-2004-AA/TC,
f. j. 9]” (STC. Exp. N° 00512-2013-PHC/TC, del 19 de junio de 2013, f. j. 3.3.3).
“En la sentencia recaída en el Expediente Nº 0023-2003-AI/TC, el Tribunal Cons-
titucional estableció que mientras el principio de independencia judicial, en térmi-
nos generales, protege al juez frente a influencias externas al proceso, ya sea que
provengan de fuera de la organización o de dentro de ella, el principio de impar-
cialidad, estrechamente ligado al principio de independencia funcional, se vincula
a determinadas exigencias dentro del proceso [Expediente Nº 0023-2003-AI/TC,
f. j. 34]” (STC. Exp. N° 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 20).
“Al respecto, la Corte resalta que si bien es cierto que la independencia y la impar-
cialidad están relacionadas, también es cierto que tienen un contenido jurídico
propio. Así, esta Corte ha dicho que uno de los objetivos principales que tiene
la separación de los poderes públicos es la garantía de la independencia de los
jueces. Dicho ejercicio autónomo debe ser garantizado por el Estado tanto en su
faceta institucional, esto es, en relación con el Poder Judicial como sistema, así
como también en conexión con su vertiente individual, es decir, con relación a
la persona del juez específico. El objetivo de la protección radica en evitar que
el sistema judicial en general y sus integrantes en particular se vean sometidos a
posibles restricciones indebidas en el ejercicio de su función por parte de órga-
nos ajenos al Poder Judicial o incluso por parte de aquellos magistrados que ejer-
cen funciones de revisión o apelación.
En cambio, la imparcialidad exige que el juez que interviene en una contienda
particular se aproxime a los hechos de la causa careciendo, de manera subjetiva,
de todo prejuicio y, asimismo, ofreciendo garantías suficientes de índole obje-
tiva que permitan desterrar toda duda que el justiciable o la comunidad puedan
albergar respecto de la ausencia de imparcialidad. La Corte Europea de Derechos
Humanos ha explicado que la imparcialidad personal o subjetiva se presume a
menos que exista prueba en contrario. Por su parte, la denominada prueba obje-
tiva consiste en determinar si el juez cuestionado brindó elementos convincen-
tes que permitan eliminar temores legítimos o fundadas sospechas de parcialidad
sobre su persona. Ello puesto que el juez debe aparecer como actuando sin estar
sujeto a influencia, aliciente, presión, amenaza o intromisión, directa o indirecta,
sino única y exclusivamente conforme a –y movido por– el Derecho” (Corte IDH.

47
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Caso Apitz Barbera y otros vs. Venezuela. Excepción preliminar, fondo, repa-
raciones y costas. Serie C, Nº 182, del 5 de agosto de 2008, párr. 56).

047 ¿
La imparcialidad y la independencia son garantías para qué sujeto
procesal?
“Debe tomarse en cuenta que si bien, prima facie, la imparcialidad e independen-
cia son garantías consustanciales y necesarias para una correcta administración
de justicia, estas deben entenderse, a su vez, como garantías para los imputados
(garantía a ser juzgado por un Tribunal independiente e imparcial), configurán-
dose, de este modo, su doble dimensión [Cfr. STC N° 00023-2003-AI/TC, f. j. 34]”
(STC. Exp. N° 00512-2013-PHC/TC, del 19 de junio de 2013, f. j. 3.3.9).

048 ¿
Cómo se desnaturaliza la imparcialidad como esencia del rol del
juez?
“[S]olo un tercero puede asegurar que el conflicto puesto a su conocimiento sea
resuelto con objetividad. Esta posición de neutralidad implica un compromiso de
respeto hacia las partes, por lo que crear desajustes durante el proceso que incli-
nen la balanza a favor o en contra del imputado resultaría una grave violación
a esta responsabilidad y desnaturalizaría la esencia del rol del Juez [Cfr. STC
N° 02568-2011-PHC/TC, f. j. 14]” (STC. Exp. N° 00512-2013-PHC/TC, del 19
de junio de 2013, f. j. 3.3.4).

049 ¿
Qué aspectos deben considerarse para valorar la quiebra de la pre-
sunción de imparcialidad subjetiva?
“[L]a imparcialidad subjetiva se presume salvo prueba en contrario; en consecuen-
cia, no basta la sola afirmación de la interposición de la demanda o queja ni la pre-
sentación del documento en cuestión para estimar lesionada la imparcialidad judi-
cial. Se requiere, por consiguiente, indicios objetivos y razonables que permitan
sostener con rigor la existencia de una falta de imparcialidad. El Tribunal, en este
caso, debe realizar una valoración propia del específico motivo invocado y decidir
en función a la exigencia de la necesaria confianza del sistema judicial si el juez
recusado carece de imparcialidad; debe examinar, en consecuencia, la naturaleza
de los hechos que se le atribuyen como violatorios de la Constitución o del orde-
namiento judicial, y si su realización, en tanto tenga visos de verosimilitud, pudo
o no comprometer su imparcialidad” (Salas Penales Permanente y Transitoria.
Acuerdo Plenario Nº 3-2007/CJ-116, del 16 de noviembre de 2007, considerando 8).

050 ¿
Qué se entiende por “contaminación procesal” como motivo genérico
de quiebra de la imparcialidad objetiva?
“[E]l motivo genérico denominado ‘contaminación procesal’ surge de la razona-
ble impresión de que el contacto anterior con la causa, según –claro está– la enti-
dad de ese contacto, que puede influir en la calificación y en la culpabilidad de

48
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

los presuntos autores, está en condiciones de originar en el ánimo del juez, prejui-
cios y prevenciones respecto de la culpabilidad del imputado –de las partes acu-
sadas en general–, quebrándose así la imparcialidad objetiva y, en consecuencia,
el derecho a ser juzgado por un juez imparcial que es inherente a un debido pro-
ceso jurisdiccional” (Sala Penal Transitoria. Casación Nº 674-2015-Arequipa,
del 20 de octubre de 2016, considerando 5).

051 ¿
Se vulnera el principio de imparcialidad si el tribunal obtiene sus
conclusiones desde una óptica puramente subjetiva?
“De este modo, no puede invocarse el principio de independencia en tanto exis-
tan signos de parcialidad, pues según el entero del Tribunal Europeo de Derechos
Humanos, el cual comparte este Colegiado: ‘[Un] Tribunal no podría, sin embargo,
contentarse con las conclusiones obtenidas desde una óptica puramente subjetiva;
hay que tener igualmente en cuenta consideraciones de carácter funcional y orgá-
nico (perspectiva objetiva). En esta materia, incluso las apariencias pueden reves-
tir importancia (...); debe recusarse todo juicio del que se pueda legítimamente
temer una falta de imparcialidad. Esto se deriva de la confianza que los tribunales
de una sociedad democrática deben inspirar a los justiciables (...)’ [Tribunal Euro-
peo de Derechos Humanos, Caso De Cubber contra Bélgica, del 26 de octubre
de 1984]” (STC. Exp. N° 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 20).

052 ¿
La vulneración de los principios de independencia e imparcialidad
implica una vulneración a la tutela jurisdiccional efectiva?
“Cuando se vulneran principios como la independencia o imparcialidad del juz-
gador, también se afecta el derecho a un juez independiente e imparcial y conse-
cuentemente, la tutela jurisdiccional ‘efectiva’. En el caso de los miembros de las
fuerzas armadas y policiales militares y policiales, ellos gozan, como todo ciu-
dadano, del derecho a que el Estado les proporcione todas las garantías que les
asegure un proceso debido. En ningún caso, se puede equiparar el ámbito de la
‘administración militar’ en el que imperan los principios de orden y disciplina,
entre otros, con el ámbito de la ‘jurisdicción militar’, en el que imperan la Consti-
tución –que reconoce, entre otros, el derecho a la tutela jurisdiccional ‘efectiva’–
y la ley que sea expedida conforme a ella” (STC. Exp. N° 0004-2006-PI/TC, del
29 de marzo de 2006, f. j. 24).

053 ¿
La teoría de la “apariencia” es aplicable para determinar una vulne-
ración al principio de imparcialidad judicial?
“Esta teoría, llamada de la apariencia y formulada por el Tribunal Europeo de
Derechos Humanos con el brocardo ‘justice must not only be done; it must also
be seen to be done’ [no solo debe hacerse justicia, sino también parecerlo que se
hace] (Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Caso Delcourt vs. Bélgica, de
17 de enero de 1970, párrafo 31), no consiente que, en abstracto, este Tribunal
pueda establecer cuáles son esas condiciones o características de orden orgánico

49
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

o funcional que impiden que un juzgador pueda ser considerado como un ente
que no ofrece una razonable imparcialidad. Su evaluación, por el contrario, debe
realizarse en cada caso concreto [Cfr. STC Nº 06149-2006-PA/TC, f. j. 59].
Cabe aclarar que la teoría de la apariencia aplicada a la imparcialidad de los jue-
ces, es perfectamente aplicable […] En lo que se refiere a la ‘imparcialidad’, exis-
ten dos aspectos que deben tenerse en cuenta con relación a este requisito. En pri-
mer lugar, el tribunal debe hallarse subjetivamente libre de cualquier prejuicio o
tendencia personal. En segundo lugar, debe ser imparcial también desde el punto
de vista objetivo, es decir, debe ofrecer las suficientes garantías para excluir cual-
quier duda legítima al respecto (...) [Caso Morris vs. Reino Unido].
Bajo la teoría de la apariencia, ha de exigirse que el juez se encuentre en una rela-
ción lo razonablemente equidistante de ambas partes, de manera que el proceso
judicial cumpla mínimamente con las exigencias derivadas del derecho a un juez
independiente e imparcial” (STC. Exp. N° 00512-2013-PHC/TC, del 19 de junio
de 2013, ff. jj. 3.3.6-3.3.8).

054 ¿
Cuáles son los instrumentos que prevé el ordenamiento jurídico para
hacer prevalecer el principio de imparcialidad judicial?
“La recusación y la inhibición son instrumentos para afirmar y hacer prevale-
cer la imparcialidad judicial –que afecta a la jurisdicción como función, que no
como potestad que es propia de la independencia–, y, con ello, integra la garan-
tía del debido proceso, regulada en el artículo 139, apartado 3 de la Constitución,
de un juicio justo. En este sentido, la inhibición como la recusación son técnicas
de garantía de la imparcialidad judicial que tienen por objetivo común preservar
la legalidad de las decisiones judiciales y evitar que motivos extraños al Derecho
puedan llevar al juez a desviarse de la legalidad en la toma de decisiones” (Salas
Penales Permanente y Transitoria. Sentencia Plenaria Nº 01-2015/301-A.2-
ACPP, del 5 de mayo de 2015, considerando 10).
“Respecto a la inhibición del juez superior demandado, (…), y el derecho a ser juz-
gado por un juez imparcial, este involucra uno de los requisitos indispensables del
principio del debido proceso y a la tutela jurisdiccional efectiva, en tanto garan-
tiza una limpia y equitativa contienda procesal a que tienen derecho los justicia-
bles y constituye también un deber de los jueces velar por el cumplimiento de tales
garantías, es por ello que ante las situaciones en las que se cuestione la imparcia-
lidad de los magistrados existen las instituciones de la inhibición y la recusación
como medidas para garantizar el derecho al juez imparcial” (STC. Exp. N° 2139-
2010-PHC/TC, del 31 de mayo de 2011, f. j. 2).
“Que, a manera de introducción la institución de inhibición o recusación garan-
tiza la ausencia de la parcialidad en las decisiones judiciales, y, como tal cons-
tituye una garantía específica que integra el debido proceso penal –numeral 3
del artículo 139 de la Constitución–, y tiene como finalidad alejar del proceso

50
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

a un juez que, aun revistiendo las características de ordinario y predetermi-


nado por la ley, se halla incursos en ciertas circunstancias en orden a su vincu-
lación con las partes o con el objeto del proceso –thema decidendi– que hagan
prever razonablemente un deterioro de su imparcialidad” (Sala Penal Perma-
nente. Recurso de Queja (N.C.P.P.) N° 287-2011-Lima, del 23 de abril de
2012, considerando 2).
“La vigencia del debido proceso es uno de los principios fundamentales de la jus-
ticia, y tiene como uno de sus presupuestos que el juez que interviene en una con-
tienda particular se aproxime a los hechos de la causa de modo imparcial, es decir,
careciendo, de manera subjetiva, de todo prejuicio personal y, asimismo, ofreciendo
garantías suficientes de índole objetiva que permitan desterrar toda duda que el
justiciable o la comunidad puedan albergar respecto de la ausencia de imparcia-
lidad. Al respecto, una de las formas de garantizar la conducción imparcial del
proceso es mediante el instituto procesal de la excusa, la cual compete al juzga-
dor cuando se estima impedido para conocer de un determinado asunto por con-
siderar que, debido a que se presenta alguna de las causales previstas por la ley
para ello, podría verse afectada su imparcialidad” (Corte IDH. Caso Ibsen Cár-
denas e Ibsen Peña vs. Bolivia. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del
1 de setiembre de 2010. Serie C, N° 217, párr. 177).

055 ¿En qué consiste la inhibición?


“[L]a inhibición constituye el apartamiento voluntario, que realiza el Juez, al cono-
cimiento de un proceso, cuando advierte que está incurso en alguna de las causales
de recusación (…); que planteada esa excusa por un Juez Superior, son los demás
miembros del Colegiado quienes deben emitir un pronunciamiento al respecto,
cuya decisión no puede ser cuestionada por aquel, en tanto que la interposición de
cualquier impugnación constituye un acto exclusivo de las partes procesales, y que
al estar regulado por el principio de legalidad implica que solo son recurribles las
resoluciones que establezca la ley y únicamente pueden hacerlo las personas taxa-
tivamente autorizadas por esta. En efecto, el inciso seis del artículo ciento treinta
y nueve de la Constitución recoge el principio de pluralidad de instancias como
uno inherente a la función jurisdiccional, en dicho sentido el Texto Único Orde-
nado de la Ley Orgánica del Poder Judicial desarrolla el citado principio consti-
tucional, puntualizando en el segundo párrafo del artículo once lo siguiente: ‘La
interposición de un medio de impugnación constituye un acto voluntario del jus-
ticiable’; es decir, restringe la vía recursal como una acción destinada solo a las
pates procesales –y, excepcionalmente, a los terceros que puedan resultar afecta-
dos–, circunstancia que, por lo demás, ha sido establecida por el Tribunal Consti-
tucional al señalar: ‘5.b) (…) el derecho a la pluralidad de instancias, cuya titulari-
dad y ejercicio está previsto solo para el caso de las personas que deciden someter
sus diferencias ante el Poder Judicial’” (Sala Penal Transitoria. R.N. N° 2810-
2011-Lima, del 19 de enero de 2012, considerando 2).

51
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

056 ¿En qué consiste la recusación?


“La recusación es una institución procesal de relevancia constitucional. Garan-
tiza, al igual que la abstención o inhibición, la imparcialidad judicial, esto es, la
ausencia de prejuicio; y, como tal, es una garantía específica que integra el debido
proceso penal –numeral tres del artículo ciento treinta y nueve de la Constitución–,
(…)” (Salas Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario Nº 3-2007/
CJ-116, del 16 de noviembre de 2007, considerando 6).
“[L]a recusación es un instrumento procesal orientado a garantizar el derecho
a ser juzgado por un órgano imparcial. En efecto, la recusación “otorga el dere-
cho a las partes a instar a la separación de un juez cuando, más allá de la con-
ducta personal del juez cuestionado, existen hechos demostrables o elementos
convincentes que produzcan temores fundados o sospechas legítimas de par-
cialidad sobre su persona, impidiéndose de este modo que su decisión sea vista
como motivada por razones ajenas al Derecho” (Primera Sala Penal de Ape-
laciones Nacional. Exp. Nº 249-2015-42-5001-JR-PE-01, Exp. Nº 249-2015-
45-5001-JR-PE-01 (acumulado), Resolución Nº 10, del 22 de octubre de 2018,
considerando 5.1.).
“[L]a recusación constituye un derecho de las partes reconocido en la ley adjetiva,
que busca proteger la garantía constitucional específica de la Imparcialidad Judi-
cial –derecho contenido en la garantía genérica del Debido Proceso–. Esta persi-
gue alejar del proceso a un juez que, aun revistiendo las características de ordina-
rio y predeterminado por la ley, se halla incurso en ciertas circunstancias en orden
a su vinculación con las partes o con el objeto del proceso –el tema decidendi-
que hacen prever razonablemente un deterioro de su imparcialidad. La recusa-
ción es, por tanto, el medio que se tiene para apartar al juez sospechoso de par-
cialidad (iudex suspectus)” (Primera Sala Penal de Apelaciones Nacional. Exp.
Nº 249-2015-42-5001-JR-PE-01, Exp.Nº 249-2015-45-5001-JR-PE-01 (acu-
mulado), Resolución Nº 10, del 22 de octubre de 2018, voto singular, conside-
rando 4.1).

057 ¿Cuál es el fin que persigue la recusación?


“Persigue alejar del proceso a un juez que, aun revistiendo las características de
ordinario y predeterminado por la ley, se halla incurso en ciertas circunstancias
en orden a su vinculación con las partes o con el objeto del proceso –el thema
decidendi– que hacen prever razonablemente un deterioro de su imparcialidad”
(Salas Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario Nº 3-2007/CJ-116,
del 16 de noviembre de 2007, considerando 6).
“Se puede afirmar que la recusación es una institución procesal de relevancia cons-
titucional, pues garantiza la imparcialidad judicial, entendida, como la ausencia de
prejuicio, y como tal, es una garantía específica que integra el derecho al debido
proceso penal. Si bien el ordenamiento procesal reconoce a las partes procesa-
les la facultad de formular recusación; lo cierto es que su finalidad no se agota

52
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

en tutelar los derechos de estos; sino que, ‘tiene una doble finalidad: por un lado,
actúa como una garantía para las partes en el proceso, y por el otro, busca otor-
gar credibilidad a la función que desarrolla la jurisdicción’” (Primera Sala Penal
de Apelaciones Nacional. Exp. Nº 249-2015-42-5001-JR-PE-01, Exp. Nº 249-
2015-45-5001-JR-PE-01 (acumulado), Resolución Nº 10, del 22 de octubre de
2018, considerando 5.2.).

058 ¿Dónde encuentra su fundamento el instituto de la recusación?


“[L]a recusación tiene su fundamento en la garantía de imparcialidad u objeti-
vidad judicial –inherente a todo proceso justo y equitativo, esto es, al principio
general del debido proceso– a la que específicamente hace referencia el artículo
ocho, numeral uno, de la Convención Americana de Derechos Humanos, en cuya
virtud el Juez debe ser ajeno a toda vinculación relevante con las partes o con el
hecho objeto del proceso que, al respecto, la jurisprudencia del Tribunal Europeo
de Derechos Humanos, acogida por la Corte Interamericana de Derechos Huma-
nos (Sentencia recaída en el Asunto Herrera Ulloa contra Costa Rica del veinti-
siete de julio de dos mil cuatro, párrafo ciento setenta), en los Asuntos Piersack
contra Bélgica del 01 de octubre de 1982, párrafo treinta, y de Cubber contra Bél-
gica del 26 de octubre de 1984, párrafo veintisiete, distinguió entre la imparcia-
lidad ‘subjetiva’ que trata de averiguar la convicción personal de un Juez deter-
minado en un caso concreto –determinar la ausencia de prejuicios personales e
indagar su comportamiento personal–, y un aspecto ‘objetivo’, que se refiere a si
este, con independencia de su conducta personal, ofrece orgánica y funcional-
mente garantías bastantes para excluir cualquier duda razonable sobre el particular
–si hay hechos averiguables que podrán suscitar dudas respecto de su imparciali-
dad–; que, asimismo, la doctrina procesalista, sobre la base de la jurisprudencia
del Tribunal Europeo de Derechos Humanos iniciada en las sentencias antes cita-
das y reproducidas, entre otros, en las recientes sentencias recaídas en los Asuntos
Pabla Ky contra Finlandia y Morris contra Gran Bretaña (del 26 de junio 2004 y
26 de febrero de 2002) también acogió, siguiendo el aforismo inglés ‘justice must
not only be done: it must also be seen to be done’, la denominada ‘teoría de la
apariencia’, en cuya virtud es suficiente para estimar relevante un motivo de recu-
sación la apariencia que se advertía de la conducta personal o funcional del Juez
en ambos supuestos, en tanto en cuanto se puede temer legítimamente su falta de
imparcialidad, porque ‘… lo que está en juego es la confianza que deben inspirar
los Tribunales a los ciudadanos en una sociedad democrática y, sobretodo, en las
partes del caso’ (con antecedentes en el Asunto Hauschildt contra Dinamarca del
24 de mayo de 1989)” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 2458-2004-Puno, del
3 de noviembre de 2004, considerando 2).
“[R]ecusación, la que es concebida como un derecho de las partes procesales para
interesar el apartamiento del conocimiento o intervención en un determinado pro-
ceso de los jueces en quienes concurra alguna circunstancia que afecte su necesa-
ria imparcialidad u objetividad, cuyo fundamento radica en la necesidad de ase-
gurar un juicio con todas las garantías, en consecuencia constituye un elemento

53
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

esencial del derecho al debido que exige la concurrencia de dos elementos conexos
y coexistentes: por una parte, la justicia ha de ser impartida por jueces imparciales
y, por otra parte, además, la sociedad ha de constatar que así es (…).”. (Primera
Sala Penal Transitoria. R.N. A.V. Nº 23-01-2009 (Incidente de recusación)-
Lima, del 22 de junio de 2009, considerando 2).

059 ¿Cuáles son las causales para interponer una recusación?


“Para cumplir el propósito de la recusación, el inciso 1 del artículo 53 del CPP
establece una lista tasada de causales que permiten evidenciar en un determinado
caso eventual menoscabo a la garantía de imparcialidad judicial, siendo estas:
a) ‘Cuando directa o indirectamente tuviesen interés en el proceso o lo tuviere
su cónyuge, sus parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad o
segundo de afinidad, o sus parientes por adopción o relación de convivencia
con alguno de los demás sujetos procesales. (…)’
b) ‘Cuando tenga amistad notoria, enemistad manifiesta o un vínculo de com-
padrazgo con el imputado, la víctima, o contra sus representantes. (…)’
c) ‘Cuando fueren acreedores o deudores del imputado, víctima o tercero civil.
(…)’
d) ‘Cuando hubieren intervenido anteriormente como Juez o Fiscal en el pro-
ceso, o como perito, testigo o abogado de alguna de las partes o de la víctima.
(…)’
Las citadas causales incluyen situaciones de diversa índole, teniendo en común
(…) la capacidad para generar, conforme a las reglas de la experiencia, influen-
cia sobre el sentido de una decisión en el ámbito de un hombre normal, por lo
que ha de colegirse que también incidirán en el ámbito de un juez, generando una
relevante dificultad para resolver con serenidad, objetividad, ponderación y total
desapasionamiento así como desinterés por cualquiera de las partes, la cuestión
litigiosa que se le somete (…)” (Primera Sala Penal de Apelaciones Nacional.
Exp. Nº 249-2015-42-5001-JR-PE-01, Exp. Nº 249-2015-45-5001-JR-PE-01
(acumulado), Resolución Nº 10, del 22 de octubre de 2018, voto singular, con-
siderandos 4.2 y 4.3).

060 ¿
En qué consiste la causal genérica de recusación referida al temor de
parcialidad?
En nuestro sistema procesal existe una causal abierta que engloba de modo gené-
rico todas aquellas circunstancias que, por su gravedad, obligan a la abstención del
juez de la causa (art. 53.1, literal ‘e’ del CPP). Estos motivos aun cuando no estén
típicamente reconocidos, son integrados en lo que en la doctrina y jurisprudencia
comparada han reconocido como la recusación por temor o duda de parcialidad.
Al respecto para su comprensión deben tenerse en cuenta las siguientes notas
esenciales:

54
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

a) Se trata de una causal excepcional, que configura una ampliación de las


demás circunstancias taxativamente mencionadas en el Cuerpo Adjetivo
Penal. Por esta razón se sujeta a una interpretación teleológica, a modo
de flexibilización de las causas legales ya previstas, de suerte que se admi-
tan extensivamente todas las circunstancias graves que sean susceptibles de
afectar la imparcialidad judicial.
b) De otro lado, los motivos que la sustentan deben siempre estar apoyados en
datos objetivos debidamente contrastados. En ese contexto, ‘(…) [p]or más que
hayamos reconocido que en este ámbito las apariencias son importantes, (…)
[empero] no basta (…) que las sospechas o dudas sobre su imparcialidad surjan
en la mete de quien recusa, sino que es preciso determinar, caso a caso, más allá
de la simple opinión del acusado, si las mismas alcanzan una consistencia tal
que permita afirmar que se hallan objetiva y legítimamente justificadas’.
c) Cabe resaltar que toda causal vinculada al temor o duda de imparcialidad
debe ser preexistente (extra proceso) a la sola expedición de una sola deci-
sión judicial. No es válido decir que se pierde imparcialidad únicamente por
el sentido resolutivo de una decisión –menos aún por los argumentos, pues
ello ‘(…) linda con una afectación a la independencia judicial, en tanto que,
si no media motivo externo que influencie a un juez a eludir su deber de
imparcialidad, lo que realiza con el ejercicio de su función jurisdiccional–
solución de controversias jurídicas mediante la expedición de resoluciones-
es la expresión genuina de la independencia judicial con la que cuenta cada
magistrado dentro del sistema judicial’” (Primera Sala Penal de Apelacio-
nes Nacional. Exp. Nº 249-2015-42-5001-JR-PE-01, Exp. Nº 249-2015-
45-5001-JR-PE-01 (acumulado), Resolución Nº 10, del 22 de octubre de
2018, voto singular, considerando 4.4).
“Explicamos. La causal genérica de recusación referida al temor de parcialidad,
hace referencia, como la propia defensa lo destacó durante la audiencia, a un
estado subjetivo –psicológico– del imputado, que se fundamenta en la existencia
de hechos que ponen en cuestión la imparcialidad del Juez, como pueden ser los
sentimientos de temor, duda, desconfianza, animosidad, etc.; que se basen a refie-
ran a cuestiones ajenas a la garantía de la imparcialidad.
En efecto, la recusación genérica exige que el acto que genera el temor de par-
cialidad no pueda ser cualquier hecho, sino solo aquel que tiene una la vincula-
ción con el atributo del juez, referido a su imparcialidad; solo así cabría admitir
como razonable y fundado el temor del imputado de que el juez se comportará en
el futuro al margen de dicha garantía que siempre debe regir su actuación. Por el
contrario, si el hecho que se alega como causa de temor no tiene vinculación con
la imparcialidad del juez, no cabría afirmar que exista un razonable y fundado
temor de parcialidad. Esto por ejemplo se presenta, cuando a criterio de los justi-
ciables el juzgador no desempeña sus funciones con la idoneidad que ellos espe-
ran; sin embargo, parece claro que estos reparos y cuestionamientos a la conducta
funcional del juez en ningún caso darían lugar a una recusación –que siempre debe

55
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

vincularse al principio de imparcialidad–; sino a otros mecanismos de control de


la actividad jurisdiccional que, dependiendo de la gravedad de los yerros judicia-
les, podrían dar lugar al apartamiento del Magistrado, no solo del conocimiento
de una causa en específico, sino incluso de la propia actividad jurisdiccional (Pri-
mera Sala Penal de Apelaciones Nacional. Exp. Nº 249-2015-42-5001-JR-PE-
01, Exp. Nº 249-2015-45-5001-JR-PE-01 (acumulado), Resolución Nº 10, del
22 de octubre de 2018, considerandos 5.12 y 5.13).

061 ¿
Qué implica el “temor de parcialidad” como consecuencia de la ac-
tuación funcional como causal genérica para la interposición de la re-
cusación?
“[L]a causal genérica de ‘temor de parcialidad’, prevista en el artículo 31 del Código
de Procedimientos Penales, exige que como consecuencia de la actuación funcio-
nal en la causa de un magistrado se advierta razonablemente que ésta expresa una
afectación al deber de imparcialidad y una lesión consiguiente de los derechos e
intereses legítimos de las partes procesales; que la emisión de una resolución judi-
cial, luego enmendada, corregida o anulada por el Tribunal Superior en grado, en
sí misma, no puede ser fundamento para construir la causal genérica antes refe-
rida, si es que ella no está acompañada de razones o datos, siquiera periféricos o
indiciarios, que permitan inferir una vinculación incompatible con una de las par-
tes; (…)” (Primera Sala Penal Transitoria. R.N. N° 3726-2005-Lambayeque,
del 7 de noviembre de 2005, considerando 2).

062 ¿
Qué aspectos comprende el test de apreciación judicial como baremo
para evaluar el temor de parcialidad como causal de recusación?
“[U]n supuesto genérico de recusación vinculado al ‘temor de parcialidad’ y su
apreciación requiere que exista un motivo fundado para que pueda dudarse de
la imparcialidad del juez de la causa –es suficiente constatar que la imparciali-
dad del juez podía ser sometida a una duda razonable y fundada–, lo que obliga
al órgano jurisdiccional competente al examen concreto de las circunstancias del
caso –es lo que se denomina ‘examen objetivo-concreto’ en el segundo nivel del
test de apreciación judicial (el primer nivel en el test es la denominada ‘teoría
de lo apariencia’)–, no a una apreciación en abstracto, es decir, debe apreciar la
concurrencia de algunos hechos relevantes relativos a su actividad funcional que
permitan poner en duda su imparcialidad, en el que incluso las apariencias son
importantes, en tanto lo que está en juego, como ya se anotó, es la confianza que
los jueces de una sociedad democrática deben merecer a los que acuden a ellos
(conforme: Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos recaída en el
asunto Hochschild contra Dinamarca, del veinticuatro de mayo de mil novecien-
tos ochenta y nueve (fundamento citado en la ejecutoria suprema de fecha ocho
de febrero de dos mil siete, recaída en el recurso de nulidad número cinco mil
quinientos sesenta y uno - dos mil seis, en el caso Jacinta Margarita Toledo Man-
rique” (Primera Sala Penal Transitoria. R.N. A.V. Nº 23-01-2009 (Incidente
de recusación)-Lima, del 22 de junio de 2009, considerando 3).

56
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

063 ¿
La causal genérica de temor de parcialidad debe estar objetivamente
justificada?
“(…). Como precisa el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en la sentencia
Hauschildt contra Dinamarca del veinticuatro de mayo de 1989, lo relevante es
que los temores estén objetivamente justificados, deben alcanzar una cierta con-
sistencia –no basta la simple opinión del acusado o de la parte recusante–; y, la
respuesta de si existe parcialidad o no varía según las circunstancias de la causa,
a cuyo efecto debe valorarse la entidad o naturaleza y las características de las
actuaciones procesales realizadas por el Juez” (Salas Penales Permanente y
Transitoria. Acuerdo Plenario N° 3-2007/CJ-116, del 16 de noviembre de 2007,
considerando 7).
“Asimismo, la causal genérica de ‘temor de parcialidad’ exige que como conse-
cuencia de la actuación funcional en la causa de un magistrado se advierta razo-
nablemente que esta expresa una afectación al deber de imparcialidad y una lesión
consiguiente de los derechos e intereses legítimos de las partes procesales con-
forme lo establece el artículo cincuenta y tres del Código Procesal Penal; que la
relación entre jueces, en sí misma no puede ser fundamento para construir la cau-
sal genérica antes referida, si es que ella no está acompañada de razones o datos
siquiera periféricos o indiciarios, que permitan inferir una vinculación incom-
patible con una de las partes; (…)” (Sala Penal Permanente. R.Q. (N.C.P.P.)
N° 287-2011-Lima, del 23 de abril de 2012, considerando 2).

064 ¿
Cualquier decisión jurídica que ha sido reputada como arbitraria
por el Tribunal Constitucional, puede servir para fundamentar una
recusación?
“En el presente caso, el recusante realiza una inferencia según la cual toda decisión
judicial calificaba de arbitraria, permite a su vez, formular un cuestionamiento
razonable y fundado sobre la imparcialidad del Juez. Al respecto, esta Sala consi-
dera que no existen razones jurídicas válidas para establecer una relación necesa-
ria, ni siquiera probable, entre una decisión arbitraria y la pérdida de imparciali-
dad del juez, aun cuando esta sea real o tan solo aparente. En efecto, no negamos
la posibilidad de que algunas decisiones judiciales arbitrarias se vinculen o ten-
gan su causa en la parcialización del órgano judicial; sin embargo, consideramos
que tales supuestos son absolutamente marginales en la práctica judicial. Antes
bien, dichas decisiones cuestionadas por arbitrarias, de ordinario, se vincular a
errores judiciales que puede referirse al incorrecto entendimiento y aplicación
de la ley, como al error en la apreciación de los hechos que fundamentan el jui-
cio del Magistrado.
En ese orden de ideas, no admitimos que del hecho de calificar una decisión judi-
cial como arbitraria, se pueda derivar sin más, la duda razonable o fundada sobre
la imparcialidad el juez, como lo pretende la defensa. Antes bien, consideramos
que a efectos de declarar fundada una recusación por temor de parcialidad es

57
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

necesario que se aporten mínimos indicios que le permitan al imputado dudar,


específicamente, sobre la neutralidad del juez respecto de los sujetos y el objeto
del proceso; no siendo suficiente el hecho de que una resolución haya sido cali-
ficada de arbitraria” (Primera Sala Penal de Apelaciones Nacional. Exp.
Nº 249-2015-42-5001-JR-PE-01, Exp. Nº 249-2015-45-5001-JR-PE-01 (acumu-
lado), Resolución Nº 10, del 22 de octubre de 2018, considerandos 5.14 y 5.15).

065 ¿
El simple error o una discrepancia jurídica puede fundamentar una
recusación?
“[E]l simple error o la discrepancia jurídica en la dilucidación de una causa, por
sí mismos, no resultan óptimos para censurar o poner en tela de juicio la impar-
cialidad del operador judicial. Por otro lado, no es aceptable que se pretenda apar-
tar a un juez legal por la sola alegación o invocación de agravios por una persona
procesal, teniendo en cuenta que en el proceso penal peruano se ha previsto un
abanico de vías impugnativas para revertir o cuestionar los posibles defectos de
una resolución (reposición, apelación, casación y queja). En tal sentido, las deci-
siones de justicia ordinaria deben ser cuestionadas, de ser el caso, por las partes
a través de los recursos legales previstos en nuestro ordenamiento jurídico para
tal fin; siendo, pues, éstos los cauces procedimentales apropiados para denunciar
el gravamen advertido por quien considere afectados sus intereses procesales.
Este este escenario, cabe señalar que todos los argumentos del Ministerio Público
invoca para cuestiona la imparcialidad delos jueces superiores recusados inciden
directa e indirectamente sobre los propio términos de la Resolución N° 04 expe-
dida por la Segunda Sala Penal de Apelaciones, Nacional en el incidente N° 299-
2017-35, censurándose cómo fue motivada, si la Sala recusada debió introducir
nuevos argumentos o si debió consentir solo los que fueron objeto de debate, inclu-
sive se pretende que este Colegiado Superior evalúe si en ella se lesionó alguna
norma procesal con alguna prescindencia absoluta de alguna vía impugnativa de
por medio. Así, pues, los postulados por el Representante del Ministerio Público
devienen en proposición inapropiada para la recusación, no siendo aplicable al
caso que esta Sala Superior ingrese a evaluar el mérito o el procedimiento otor-
gado para la emisión de la eludida decisión judicial. Mucho menos sustentar en ello
un alegado temor de parcialidad. En consecuencia, el motivo por el cual se insta
el apartamiento de los jueces Sahuanay Calsín, Quispe Aucca y León Yarango
debe ser desestimado” (Primera Sala Penal de Apelaciones Nacional. Exp.
Nº 299-2017-38 (Redistribución), Resolución Nº 05, del 5 de noviembre de 2018,
considerandos 8.2 y 8.3).

066 ¿
Procede la recusación por el solo hecho de haber interpuesto un
hábeas corpus o queja contra el juez de la causa?
“Es recurrente en nuestra práctica forense que con motivo de una demanda de
hábeas corpus o de amparo interpuesta contra una concreta decisión o actuación
del juez de la causa y también cuando se ha interpuesto una queja ante el órgano

58
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

disciplinario judicial, paralelamente se recuse al magistrado al amparo de la cau-


sal genérica de temor de parcialidad prevista en el artículo 31 del Código de Pro-
cedimientos Penales. Se cuestiona en esos casos que el juez, como consecuencia
de esas acciones legales, no ofrecería garantías suficientes para excluir cualquier
duda legítima a este respecto.
En estos supuestos se está ante una causal de imparcialidad subjetiva, en cuya
virtud se entiende que la convicción personal del juez como consecuencia de la
aludida acción legal le restaría apariencia de imparcialidad. Pero, como ya se
anotó, la imparcialidad subjetiva se presume salvo prueba en contrario; en conse-
cuencia, no basta la sola afirmación de la interposición de la demanda o queja ni
la presentación del documento en cuestión para estimar lesionada la imparcialidad
judicial. Se requiere, por consiguiente, indicios objetivos y razonables que per-
mitan sostener con rigor la existencia de una falta de imparcialidad. El Tribunal,
en este caso, debe realizar una valoración propia del específico motivo invocado
y decidir en función a la exigencia de la necesaria confianza del sistema judicial
si el juez recusado carece de imparcialidad; debe examinar, en consecuencia, la
naturaleza de los hechos que se le atribuyen como violatorios de la Constitución
o del ordenamiento judicial, y si su realización, en tanto tenga visos de verosimi-
litud, pudo o no comprometer su imparcialidad” (Salas Penales Permanente y
Transitoria. Acuerdo Plenario N° 3-2007/CJ-116, del 16 de noviembre de 2007,
considerando 8).

067 ¿Cuál es el plazo para formular la recusación?


“El artículo 54 inciso 2 del Código Procesal Penal señala que: ‘La recusación será
interpuesta dentro de los tres días de conocida la causal que se invoque. En nin-
gún caso procederá luego del tercer día hábil anterior al fijado para la audiencia,
la cual se resolverá antes de iniciarse la audiencia. No obstante ello, si con poste-
rioridad al inicio del a audiencia el Juez advierte –por sí o por intermedio de las
partes– un hecho constitutivo de causal de inhibición deberá declararse de oficio’.
Asimismo, el inciso 3) señala que: ‘Cuando se trate del procedimiento recursal, la
recusación será interpuesta dentro del tercer día hábil del ingreso de la causa a esa
instancia’. Que debe interpretarse sistemáticamente y teleológicamente el inciso
segundo del artículo 54 del Código Procesal Penal referido a que la recusación
será interpuesta dentro de los tres días de conocida la causal que se invoque, con
el inciso 3 del mismo dispositivo e inclusive la última parte del inciso segundo
del mismo artículo cuando señala ‘Si con posterioridad al inicio de la audiencia
el Juez advierte, por si o por intermedio de las partes, un hecho constitutivo de
causal de inhibición deberá declararse de oficio’, conforme al Artículo VII inciso
3, última parte, del Título Preliminar del Código Procesal Penal, en cuanto señala
‘La interpretación extensiva y la analogía quedan prohibidos mientras no favorez-
can la libertad del imputado o el ejercicio de sus derechos’.
a) De tal forma que en segunda instancia también corresponde computar el
plazo de recusación dentro de los 3 días de conocida la causa que se invoque,

59
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

b) Correspondiendo a la parte recusante demostrar tal fecha de conocimiento


reciente de la causal que invoca, cumpliendo con la diligencia profesional, que
permite el equilibrio entre garantías y eficiencia, para no afectar el derecho de
defensa de la contraparte, generando incidencia que dilaten la solución del pro-
ceso cuando ya precluyo tal derecho.
(…)
c) En la Apelación N° 02-2009-La Libertad, de la Sala Penal Permanente, del 26
de junio de 2010 - Proceso Especial contra el ex Fiscal Provincial Eduardo Gus-
tavo Segura Rojas de Pacasmayo, ante una solicitud de prueba nueva, estableció
en su considerando cuarto: “Que el encausado recurrente afirma que la prueba
que ofrece no pudo presentarla al inicio del juicio oral porque recién la conoció
en pleno desarrollo del plenario. Sin embargo, es de tener en cuenta que en este
supuesto el proponente ha de demostrar que la falta de proposición oportuna se
debió a circunstancias ajenas a su voluntad. En el presente caso es evidente que
este supuesto excepcional no se presenta. Esta prueba pudo y debió ser propuesta
en primera instancia, desde que se trata de un documento que aparecía colgado
en el portal electrónico de Frecuencia Latina –de acceso público– desde antes del
inicio del juicio y además había sido propalado debidamente. No es lógicamente
creíble el alegado desconocimiento. Por tanto, debe inadmitirse la prueba ofre-
cida. (…)” (Sala Penal Permanente. Casación N° 458-2015-Cajamarca, del 3
de mayo de 2017, considerandos 7-9).
“En cuanto a la oportunidad procesal, el artículo, 54.2 del CPP señala que: La recu-
sación será interpuesta dentro de los tres días de conocida la causal que se invo-
que. En ningún caso procederá luego del tercer día hábil anterior al fijado para la
audiencia, la cual se resolverá antes de iniciarse la audiencia. No obstante, ello, si
con posterioridad al inicio de la audiencia el Juez advierte –por sí o por intermedio
de las partes– un hecho constitutivo de causal de inhibición deberá declararse de
oficio. Este plazo mencionado en la norma procesal es en puridad una sanción de
caducidad, esto es, de extinción, consunción o pérdida de un derecho o de facul-
tad que se produce ante su vencimiento, siendo un supuesto previsto en la ley.
Es a la parte recusante que le corresponde demostrar en qué fecha fue de su cono-
cimiento la causal que invoca, lo que implica que debe cumplirse con la diligencia
profesional, que permite el equilibrio entre garantías y eficiencia, para no afectar
el derecho de defensa de la contraparte, generando incidencia que dilaten la solu-
ción del proceso cuando ya precluyó tal derecho (Casación N° 458-2015-Cajamarca
considerando octavo)” (Segunda Sala Penal de Apelaciones Nacional, en adi-
ción a sus funciones Sala Penal Especializada en Delitos Aduaneros, Tributa-
rios, de Mercado y Ambientales. Exp. Nº 299-2017-37-5001-JR-PE-01, Reso-
lución Nº 10, del 12 de noviembre de 2018, considerando 4.4).

60
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

VII. E L PRINCIPIO DE LEGALIDAD

Base legal Constitución Política: arts. 2.24.b, 2.24.d, 103, 139.10.


Código Penal: art. II del Título Preliminar.
Código Procesal Penal de 2004: arts. VI, VII del Título Preliminar.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 9.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.1.

068 ¿
Cuáles son los alcances del principio de legalidad en un Estado cons-
titucional de derecho?
“[E]l principio de legalidad, en sentido general, se entiende como la subordina-
ción de todos los poderes públicos a leyes generales y abstractas que disciplinan
su forma de ejercicio y cuya observancia se halla sometida a un control de legiti-
midad por jueces independientes” (STC. Exp. Nº 02302-2003-PA/TC, del 13 de
abril de 2005, f. j. 32).
“El principio de legalidad constituye una garantía constitucional de los derechos
fundamentales de los ciudadanos, consagrado por la Constitución en su artículo
2, inciso 24, literal d), con el siguiente tenor: ‘Nadie será procesado ni conde-
nado por acto u omisión que al tiempo de cometerse no esté previamente califi-
cado en la ley, de manera expresa e inequívoca, como infracción punible; ni san-
cionado con pena no prevista en la ley’” (STC. Exp. Nº 00197-2010-PA/TC, del
24 de agosto de 2010, f. j. 2).
“[E]l principio de legalidad en el Estado Constitucional no significa simple y lla-
namente la ejecución y el cumplimiento de lo que establece una ley, sino también,
y principalmente, su compatibilidad con el orden objetivo de principios y valores
constitucionales; examen que la administración pública debe realizar aplicando
criterios de razonabilidad, racionalidad y proporcionalidad (…). Esta forma de
concebir el principio de legalidad se concretiza, por ejemplo, en el artículo III del
Título Preliminar de la Ley del Procedimiento Administrativo General, cuando
señala que la actuación de la administración pública tiene como finalidad la pro-
tección del interés general, pero ello solo es posible de ser realizado ‘(...) garan-
tizando los derechos e intereses de los administrados y con sujeción al ordena-
miento constitucional y jurídico en general’ (…).
De lo contrario, la aplicación de una ley inconstitucional por parte de la adminis-
tración pública implica vaciar de contenido el principio de supremacía de la Cons-
titución, así como el de su fuerza normativa, pues se estaría otorgando primacía
al principio de legalidad en detrimento de la supremacía jurídica de la Constitu-
ción, establecido en los artículos 38, 51 y 201 de la Constitución; lo cual subvierte
los fundamentos mismos del Estado constitucional y democrático” (STC. Exp.
Nº 03741-2004-PA/TC, del 14 de noviembre de 2005, ff. jj. 15 y 16).

61
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

069 ¿Cuáles son las garantías que comprende el principio de legalidad?


“[El] principio [de legalidad] comprende una doble garantía; la primera, de orden
material y alcance absoluto, tanto referida al ámbito estrictamente penal como al
de las sanciones administrativas, que refleja la especial trascendencia del principio
de seguridad jurídica en dichos campos limitativos y supone la imperiosa necesi-
dad de predeterminación normativa de las conductas infractoras y de las sancio-
nes correspondientes; es decir, la existencia de preceptos jurídicos (lex praevia)
que permitan predecir con suficiente grado de certeza (lex certa) aquellas con-
ductas y se sepa a qué atenerse en cuanto a la aneja responsabilidad y a la even-
tual sanción; la segunda, de carácter formal, relativa a la exigencia y existencia
de una norma de adecuado rango y que este Tribunal ha identificado como ley
o norma con rango de ley” (STC. Exp. Nº 00197-2010-PA/TC, del 24 de agosto
de 2010, f. j. 4).

070 ¿
El principio de legalidad como principio constitucional propiamente
dicho y como derecho subjetivo constitucional que aspectos garantiza?
“[E]l principio de legalidad penal (…) busca limitar y racionalizar a través de la
ley la reacción y aplicación de las penas por los órganos institucionalizados del
Estado, constituyéndose así en una valiosa garantía para que las personas puedan
instruirse con antelación y precisión respecto de qué conductas están prohibidas
y amenazadas con la imposición de una sanción punitiva.
Pero el principio de legalidad penal, consagrado en nuestro ordenamiento en el
literal d) del inciso 24) del artículo 2 de la Constitución, se configura también
como un derecho subjetivo constitucional, con lo cual no solo informa y limita
los márgenes de actuación de los que dispone el Poder Legislativo al momento de
determinar cuáles son las conductas prohibidas, así como sus respectivas sancio-
nes, sino que también garantiza a toda persona sometida a un proceso o proce-
dimiento sancionatorio que lo prohibido se encuentre previsto en una norma previa,
estricta, y escrita y también que la sanción se encuentre contemplada previamente
en una norma jurídica (STC Nº 02758-2004-PHC/TC, fundamento 3)” (STC. Exp.
Nº 00469-2011-PHC/TC-Lima, del 12 de diciembre de 2012, ff. jj. 5 y 6).

071 ¿Cuáles son las manifestaciones del principio de legalidad?


“El principio de legalidad que rige al Derecho Penal tiene cuatro manifestacio-
nes, dentro de las cuales se cuenta el mandato de determinación –lex certa– por el
cual se exige que la conducta punible esté descrita en la ley penal para poder ser
sancionada tal como lo prescribe el artículo II del Título Preliminar del Código
Penal” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 1623-2014-Lima, del 20 de octubre
de 2015, considerando 3).
“El principio de legalidad exige que por Ley se establezcan los delitos y que
las conductas prohibidas estén claramente delimitadas previamente por la Ley.
Como tal, garantiza la prohibición de la aplicación retroactiva de la ley penal

62
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

(lex praevia), la prohibición de la aplicación de otros derechos que no sea el escrito


(lex escripta), la prohibición de la aplicación de analogía (lex estricta) y de cláu-
sulas legales indeterminadas (lex certa)” (STC. Exp. N° 2758-2004-HC/TC, del
23 de noviembre de 2004, f. j. 2).
“Nullum crimen sine lege certa
La garantía de lex certa impone al legislador la obligación de formular de manera
clara y precisa las conductas que decide tipificar, esto es, la ley penal no debe dar
lugar a ambigüedades al momento de su aplicación, evitando la actuación arbitraria
del juzgador. En esa línea los tipos penales han de redactarse con la mayor exactitud
posible, evitando los conceptos clásicos, recoger las inequívocas consecuencias jurí-
dicas y prever solo marcos penales de alcances limitados. La razón del mandato de
determinación radica en que la reserva de la ley únicamente puede tener completa
eficacia si la voluntad jurídica de la representación popular se ha expresado con tal
claridad en el texto que se evite cualquier decisión subjetiva y arbitraria del juez.
Nullum crimen sine lege previa
La garantía de lex praevia se manifiesta en la prohibición de aplicación retroac-
tiva de la ley penal, esto es, para que una conducta pueda sancionarse como delic-
tiva, la misma debe estar prevista como delito con anterioridad a su realización;
en tal sentido, la ley penal creadora de delitos solo tiene efectos ex nunc (desde el
momento en que se crea hacia el futuro: por regla general hasta que sea derogada)
–vid. Polaino Navarrete, Miguel. Derecho Penal, Modernas Bases Dogmáticas,
Editora Jurídica Grijley. Lima Perú. 2004, primera edición, página 330–: garan-
tizando al ciudadano que una acción no sancionada como delito al momento de
su comisión no podá ser sancionada como delictiva con posterioridad a esta. Con
dicha garantía se restringe también la aplicación de consecuencias jurídicas que
no hayan estado previstas con anterioridad a la comisión del delito y que agraven
la situación jurídica del imputado. La referida prohibición presenta su excepción,
en materia penal, cuando favorece al reo, evitando el castigo o la agravación de
una conducta que la sociedad ha decidido dejar sin reproche o atenuar el mismo.
Debe precisarse además, que esta garantía tiene reconocimiento constitucional y está
regulada en el artículo ciento tres de la Constitución Política del Estado, que pre-
cisa: ‘… la ley, desde su entrada en vigencia, se aplica a las consecuencias de las
relaciones y situaciones jurídicas existentes y no tiene fuerza ni efectos retroac-
tivos; salvo, en ambos supuestos, en materia penal cuando favorece al reo…’,
además, reconocida en el artículo quince del Pacto Internacional de Derechos Civi-
les y Políticos y en el artículo quince del Pacto Internacional de Derechos Civiles
Políticos y en el artículo nueve de la Convención Americana de Derechos Humanos.
Nullum crimen sine lege scripta
Esta garantía erige a la ley como única fuente de creación del delito y excluye a
la costumbre como fuente para calificar una conducta como delito. La costumbre

63
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

puede, en el mejor de los casos, influir en la formación de nuevas leyes penales –


vid. Percy García Cavero. Derecho Penal Parte General, Jurista Editores, Lima
Perú, página 143–. Debe precisarse que no se trata de cualquier tipo de ley, sino
de aquella que cumpla los requisitos previstos para su validez.
Nullum crimen sine lege estricta
La garantía de lex stricta impone un cierto grado de precisión en la formulación
de la ley penal y excluye la analogía en cuanto perjudique al reo; exigiéndose que
la ley determine de forma suficientemente diferenciada las distintas conductas
punibles y las penas que pueden acarrear. La función de garantía de la ley penal
en su faceta de prohibición de la analogía comprende todos los elementos del pre-
cepto penal que determinan su contenido de merecimiento de pena y la conse-
cuencia jurídica, es decir, los elementos del tipo del injusto y de la culpabilidad,
las causas personales de exclusión y anulación de la pena, las condiciones obje-
tivas de punibilidad y todas las sanciones –vid. Hans– Heinrich Jescheck. ‘Tra-
tado de Derecho Penal Parte General’. Editorial Comares, Granada-España, 1993,
p. 121” (Sala Penal Permanente. Casación N° 456-2012-Del Santa, del 13 de
mayo de 2014, considerandos 2.3.1-2.3.4).

VIII. EL DERECHO AL PLAZO RAZONABLE

Base legal Constitución Política: art. 139.3.


Código Procesal Penal de 2004: art. I del Título Preliminar.
Convención Interamericana de Derechos Humanos: arts. 7.5, 8.1.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.3.c.

072 ¿Cuál es la finalidad del derecho al plazo razonable?


“(…) Tal principio tiene como finalidad impedir que el acusado permanezca some-
tido a un proceso judicial por un tiempo excesivo y el efecto jurídico de su vio-
lación es la reducción prudencial de la pena” (Sala Penal Permanente. R. N.
N° 2580-2017-Lima, del 21 de febrero de 2018, considerando 3.20).
“(…) La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que ‘el princi-
pio de plazo razonable tiene como finalidad impedir que los acusados permanez-
can largo tiempo bajo acusación y asegurar que esta se decida prontamente’ (Corte
IDH, Caso Suárez Rosero vs. Ecuador, sentencia del doce de noviembre de mil
novecientos noventa y siete). Igualmente, el Tribunal Constitucional del Perú ha
señalado, en anterior oportunidad, que el atributo en mención tiene como finali-
dad impedir que los acusados permanezcan durante largo tiempo bajo acusación y
asegurar que su tramitación se realice prontamente (Sentencia recaída en el Expe-
diente número tres mil quinientos nueve, guion dos mil nueve guion PHC/TC), ello
como fundamento a que los cuestionamientos al estado de inocencia del procesado

64
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

sean breves (…) (Sala Penal Transitoria. R. N. N° 3679-2013-Arequipa, del 10


de junio de 2015, considerando 8).
“[E]l plazo razonable no solo debe ser entendido al trámite que existe entre la
presentación de una denuncia y la decisión sobre el fondo, sino que dicho con-
cepto debe ser entendido también como una exigencia para lograr un efectivo pro-
nunciamiento judicial, así como que los acusados no permanezcan durante largo
tiempo bajo acusación y asegurar que su tramitación se realice prontamente, en
tal sentido todo proceso debe tener un límite de duración sin vulnerar los dere-
chos humanos. [...]” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 984-2010-Loreto, del 20
de abril de 2011, considerando 5).
“Entre los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos, rati-
ficados por el Estado, que reconocen expresamente este derecho, se encuentran
la Convención Americana, que establece que ‘[t]oda persona tiene derecho a ser
oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tri-
bunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la
ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella, o para
la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o
de cualquier otro carácter’. De la cita se infiere que el derecho a un “plazo razo-
nable” tiene como finalidad impedir que los acusados permanezcan durante largo
tiempo bajo acusación y asegurar que su tramitación se realice prontamente. En
consecuencia, el derecho a que el proceso tenga un límite temporal entre su ini-
cio y fin, forma parte del núcleo mínimo de derechos reconocido por el sistema
internacional de protección de los derechos humanos, y, por tanto, no puede ser
desconocido” (STC. Exp. N° 618-2005-HC/TC, del 8 de marzo de 2005, f. j. 10).

073 ¿
Cuáles son los criterios que se deben analizar para determinar una
vulneración al derecho al plazo razonable?
“El derecho a ser juzgado en un plazo razonable constituye una manifestación
implícita del derecho al debido proceso establecida en el artículo 139, inciso 3, de
la Constitución Política del Perú. El Tribunal Constitucional ha dejado estable-
cido que sólo se puede determinar la violación del contenido constitucionalmente
protegido del mencionado derecho a partir del análisis de los siguientes criterios:
a) la actividad procesal del interesado; b) la conducta de las autoridades judiciales;
y, c) la complejidad del asunto. Estos elementos permitirán apreciar si el retraso o
dilación es indebido, lo cual, como ya lo ha indicado el Tribunal Constitucional,
es la segunda condición para que opere este derecho” (STC. Exp. N° 02736-2014-
PHC/TC, del 29 de setiembre de 2015, f. j. 3.3).
“La violación del plazo razonable en el proceso se interpreta a partir de la concu-
rrencia de varios criterios orientadores, que deben ser evaluados sensatamente por
los juzgadores en cada caso en concreto. Entre estos se encuentran los siguientes:

65
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

- La conducta del imputado, en cuanto haya podido influir en el retraso del


proceso. La demora solo puede ser imputable al acusado, si este abuso de
su derecho a utilizar los recursos procesales disponibles con la intención de
atrasar el procedimiento.
- El comportamiento de las autoridades, es decir, la forma como la investiga-
ción y el juzgamiento han sido realizados. Será necesario evaluar el grado de
severidad con el que se tramito el proceso.
- La gravedad del derecho y la complejidad del hecho generado por ejemplo,
por los defectos de la redacción de la prohibición, por el tipo penal, el modo
de comisión del hecho, las dificultades para la investigación y obtención de
la prueba, cantidad de testigos, inculpados, etcétera.
Esto no significa que cada uno de ellos sea decisivo individualmente, sino que
deben ser combinados, sin descartar la presencia o consideración de otros ele-
mentos adicionales que puedan surgir” (Primera Sala Penal Transitoria. R. N.
N° 1142-2015-Lima, del 7 de marzo de 2017, considerandos 14 y 15).
“En relación con la razonabilidad del plazo, este Tribunal ha señalado que el
derecho de acceso a la justicia no se agota con el trámite de procesos internos,
sino que éste debe además asegurar, en tiempo razonable, el derecho de las pre-
suntas víctimas o sus familiares a que se haga todo lo necesario para conocer la
verdad de lo sucedido y para que se sancione a los eventuales responsables. Cier-
tamente la Corte ha establecido, respecto al principio del plazo razonable con-
templado en el artículo 8.1 de la Convención Americana, que es preciso tomar
en cuenta tres elementos para determinar la razonabilidad del plazo en el que se
desarrolla un proceso: a) complejidad del asunto, b) actividad procesal del inte-
resado y c) conducta de las autoridades judiciales. No obstante, la pertinencia
de aplicar esos tres criterios para determinar la razonabilidad del plazo de un
proceso depende de las circunstancias de cada caso. (…)” (Corte IDH. Caso de
la Masacre de Pueblo Bello vs. Colombia. Sentencia del 31 de enero de 2006.
Serie C, N° 140, párr. 171).
“[N]uestro órgano del control de la constitucionalidad ha establecido que el carácter
razonable de la duración de un proceso, se debe apreciar en cada caso y teniendo
en cuenta la complejidad del asunto, la actividad procesal del interesado y la actua-
ción de los órganos jurisdiccionales (…)” (Sala Penal Transitoria. R.N. N° 322-
2011-Lima, del 8 de agosto de 2011, considerando 5).
“El derecho a ser juzgado en un plazo razonable constituye una manifestación
implícita del derecho al debido proceso establecida en el artículo 139, inciso 3 de
la Constitución Política del Perú. El Tribunal Constitucional ha señalado que sólo
se puede determinar la violación del contenido constitucionalmente protegido del
mencionado derecho a partir del análisis de los siguientes criterios: a) la activi-
dad procesal del interesado; b) la conducta de las autoridades judiciales; y c) la
complejidad del asunto. Estos elementos permitirán apreciar si el retraso o dila-
ción es indebido, lo cual como ya lo ha indicado el Tribunal Constitucional, es la

66
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

segunda condición para que opere este derecho” (STC. Exp. N° 01922-2012-HC/
TC, del 22 de abril de 2013, f. j. 15).

074 ¿
Qué criterios se deben tomar en cuenta en relación con la compleji-
dad del asunto como elemento para determinar el plazo razonable del
proceso?
“Respecto de la complejidad del caso, este Tribunal ha tenido en cuenta diver-
sos criterios, entre los cuales se encuentran la complejidad de la prueba, la plu-
ralidad de sujetos procesales o la cantidad de víctimas, el tiempo transcurrido
desde la violación, las características del recurso consagradas en la legislación
interna y el contexto en el que ocurrió la violación. Asimismo, el Tribunal Euro-
peo ha indicado que la complejidad debe determinarse por la naturaleza de las
acusaciones, el número de acusados y la situación política y social reinante en
el lugar y tiempo de la ocurrencia de los hechos. En este sentido, respecto a los
criterios tomados en cuenta por este Tribunal en aras de determinar la compleji-
dad del caso se observa la presencia de: 1) un amplio número de acusados; 2) una
situación política y social compleja, y 3) dificultades en la obtención de prueba”
(Corte IDH. Caso Arguellos y otros vs. Argentina. Excepciones preliminares,
fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 20 de noviembre de 2014. Serie C,
N° 288, párr. 190).
“En relación al primer elemento, este Tribunal ha tenido en cuenta diversos cri-
terios para determinar la complejidad de un asunto. Entre ellos se encuentra i) la
complejidad de la prueba; ii) la pluralidad de sujetos procesales o la cantidad de
víctimas; iii) el tiempo transcurrido desde la violación; iv) las características del
recurso contenidos en la legislación interna, y v) el contexto en el que ocurrieron
los hechos” (Corte IDH. Caso Andrade Salmón vs. Bolivia. fondo, reparacio-
nes y costas. Sentencia del 1 de diciembre de 2016. Serie C, N° 330, párr. 158).
“Este Tribunal ha tenido en cuenta diversos criterios para determinar la compleji-
dad de un proceso. Entre ellos, se encuentra la complejidad de la prueba, la plura-
lidad de sujetos procesales o la cantidad de víctimas, el tiempo transcurrido desde
la violación, las características del recurso consagradas en la legislación interna
y el contexto en el que ocurrió la violación” (Corte IDH. Caso Furlan y fami-
liares vs. Argentina. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas.
Sentencia del 31 de agosto de 2012. Serie C, N° 246, párr. 156).

075 ¿
Qué criterios se deben tomar en cuenta en relación con la actividad
procesal del interesado como elemento para determinar el plazo razo-
nable del proceso?
“En relación con el segundo elemento, es decir con la actividad procesal del inte-
resado, la Corte ha evaluado si los sujetos realizaron las intervenciones en los pro-
cesos que le eran razonablemente exigibles” (Corte IDH. Caso Andrade Salmón

67
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

vs. Bolivia. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 1 de diciembre de 2016.


Serie C, N° 330, párr. 158).
“Las reglas a considerar en la evaluación de la razonabilidad del plazo han sido
agrupadas por el Tribunal Constitucional en dos criterios: i) el objetivo referido
a la naturaleza de los hechos objeto de investigación; es decir, a la complejidad
del objeto a investigar. Al respecto, es del caso señalar que la complejidad puede
venir determinada no sólo por los hechos mismos objeto de esclarecimiento, sino
también por el número de investigados, más aún si se trata de organizaciones cri-
minales internacionales; la particular dificultad de realizar determinadas peri-
cias o exámenes especiales que se requieran, así como los tipos de delitos que se
imputan al investigado. También debe considerarse el grado de colaboración de
las demás entidades estatales cuando así lo requiera el Ministerio Público. ii) En
cuanto al criterio subjetivo, ha de comprender la actuación tanto del investigado
como del fiscal a cargo de la investigación prejurisdiccional. En el caso del inves-
tigado, se debe tener en cuenta la actitud obstruccionista, la cual puede manifes-
tarse en 1) la no concurrencia, injustificada, a las citaciones que le realice el fiscal
a cargo de la investigación, 2) el ocultamiento o negativa, injustificada, a entregar
información que sea relevante para el desarrollo de la investigación, 3) la recu-
rrencia, de mala fe, a determinados procesos constitucionales u ordinarios con el
fin de dilatar o paralizar la investigación prejurisdiccional, y 4) en general, todas
aquellas conductas que realice con el fin de desviar o evitar que los actos de in-
vestigación conduzcan a la formalización de la denuncia penal. En cuanto a la
actividad del fiscal, el primer criterio a considerar es la capacidad de dirección de
la investigación y la diligencia con la que ejerce las facultades especiales que la
Constitución le reconoce. En principio, se parte de la presunción de constitucio-
nalidad y legalidad de los actos de investigación del Ministerio Público. No obs-
tante, es una presunción iuris tantum, en la medida que puede ser desvirtuada”
(Sala Penal Permanente. Casación N° 528-2018-Nacional, del 11 de octubre
de 2018, considerando 17).

076 ¿
Qué criterios se deben tomar en cuenta en relación con la conducta
de las autoridades judiciales del interesado como elemento para deter-
minar el plazo razonable del proceso?
“En cuanto al tercer elemento, es decir la conducta de las autoridades judiciales,
la Corte ha entendido que los jueces, como rectores del proceso, tienen el deber
de dirigir y encausar el procedimiento judicial con el fin de no sacrificar la justi-
cia y el debido proceso en pro del formalismo. En relación con el cuarto elemento,
es decir la afectación generada en la situación jurídica de la persona involucrada
en el proceso, la Corte ha establecido que las autoridades deben actuar con mayor
diligencia en aquellos casos donde de la duración del proceso depende la protec-
ción de otros derechos de los sujetos del proceso” (Corte IDH. Caso Andrade
Salmon vs. Bolivia. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 1 de diciem-
bre de 2016. Serie C, N° 330, párr. 158).

68
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

077 ¿Cómo debe realizarse el cómputo del inicio y fin del plazo razonable?
“La Corte ha establecido que el derecho de acceso a la justicia requiere que se
haga efectiva la determinación de los hechos que se investigan en tiempo razona-
ble. Este Tribunal ha señalado que el “plazo razonable” al que se refiere el artículo
8.1 de la Convención se debe apreciar en relación con la duración total del proce-
dimiento que se desarrolla hasta que se dicta la sentencia definitiva. Asimismo, ha
considerado que una demora prolongada constituye en principio, por sí misma, una
violación a las garantías judiciales” (Corte IDH. Caso Vásquez Durand y otros
vs. Ecuador. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas. Senten-
cia del 15 de febrero de 2017. Serie C, N° 332, párr. 159).
“En cuanto a la celeridad del proceso, este Tribunal ha señalado que el “plazo razo-
nable” al que se refiere el artículo 8.1 de la Convención se debe apreciar en rela-
ción con la duración total del procedimiento que se desarrolla hasta que se dicta
la sentencia definitiva. El derecho de acceso a la justicia implica que la solución
de la controversia se produzca en tiempo razonable, ya que una demora prolon-
gada puede llegar a constituir, por sí misma, una violación de las garantías judi-
ciales” (Corte IDH. Caso Favela Nova Brasilia vs. Brasil. Excepciones pre-
liminares, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 16 de febrero de 2017.
Serie C, N°333, párr. 217).
“El Tribunal Constitucional, en la sentencia dictada en el Expediente N° 0295-
2012- PHC/TC (caso Arce Páucar), ha hecho precisiones sobre el inicio y fin del
cómputo del plazo razonable del proceso Al respecto, ha determinado que el
cómputo del plazo razonable del proceso penal comienza a correr desde la aper-
tura de la investigación preliminar del delito, la cual comprende la investigación
policial o la investigación fiscal; o desde el inicio del proceso judicial en los casos
de delitos de acción privada, por constituir el primer acto oficial a través del cual
la persona toma conocimiento de que el Estado ha iniciado una persecución penal
en su contra. En relación con el momento inicial, ha dicho que este puede coin-
cidir con la detención policial o con otra medida restrictiva de derechos, pero
que tal supuesto no constituye requisito indispensable para habilitar el inicio del
cómputo del plazo, pues es claro que aquel momento comienza con la indicación
oficial del Estado de una persona como sujeto de una persecución penal. Por lo
que respecta a la finalización del cómputo del plazo, el Tribunal ha indicado que
el momento final del cómputo del plazo razonable del proceso penal opera en el
momento en que el órgano jurisdiccional expide la decisión definitiva que resuelve
la situación jurídica de la persona” (STC. Exp. N° 02736-2014-PHC/TC, del 29
de setiembre de 2015, f. j. 3.3).
“El Tribunal Constitucional, en la sentencia recaída en la STC Nº 0295-2012-PHC/
TC, respecto de la determinación de los extremos dentro de los que transcurre el
plazo razonable del proceso penal, es decir, el momento en que comienza (dies
a quo) y el instante en que debe concluir (dies ad quem) ha señalado que: ‘... el
cómputo del plazo razonable del proceso penal comienza a correr desde la apertura

69
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

de la investigación preliminar del delito, el cual comprende la investigación poli-


cial o la investigación fiscal; o desde el inicio del proceso judicial en los casos de
delitos de acción privada, por constituir el primer acto oficial a través del cual la
persona toma conocimiento de que el Estado ha iniciado una persecución penal en
su contra (...). En relación a la finalización del cómputo del plazo (...) el momento
final del cómputo del plazo razonable del proceso penal opera en el momento en
que el órgano jurisdiccional expide la decisión definitiva que resuelve la situación
jurídica de la persona...’ [...]”.
[E]1 plazo razonable del proceso penal comienza a computarse cuando se pre-
senta el primer acto oficial a través del cual la persona toma conocimiento de que
el Estado ha iniciado una persecución penal en su contra. En el caso de autos el
recurrente se encontraba en calidad de no habido, por lo que recién tomó cono-
cimiento del proceso en su contra el mismo día de su detención; esto es el 18 de
enero del 2012, fecha a partir de la cual se comienza a computar el plazo razona-
ble del proceso penal cuestionado porque es cuando se presenta el primer acto del
proceso en su contra como probable responsable del delito imputado. Por tanto,
desde la referida fecha hasta la interposición de la demanda, el plazo razonable
no había sido vulnerado” (STC. Exp. N° 03559-2012-PHC/TC, del 25 de marzo
de 2015, ff. jj. 10 y 13).
“La razonabilidad del plazo al que se refiere ese precepto se debe apreciar en rela-
ción con la duración total del proceso, desde el primer acto procesal hasta que se
dicte sentencia definitiva. La Corte se pronunció en el sentido de que, en mate-
ria penal, el plazo comienza en la fecha de la aprehensión del individuo. Cuando
no es aplicable esta medida, pero se halla en marcha un proceso penal, dicho
plazo debiera contarse a partir del momento en que la autoridad judicial toma
conocimiento del caso” (Corte IDH. Caso Tibi vs. Ecuador. Excepciones pre-
liminares, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 7 de setiembre de 2004.
Serie C, N°114, párr. 168).
“El plazo razonable al que se refiere el artículo 8.1 de la Convención se debe apre-
ciar en relación con la duración total del procedimiento penal que se desarrolla
en contra de cierto imputado, hasta que se dicta sentencia definitiva. En materia
penal este plazo comienza cuando se presenta el primer acto de procedimiento
dirigido en contra de determinada persona como probable responsable de cierto
delito” (Corte IDH. Caso López Álvarez vs. Honduras. Fondo, reparaciones y
costas. Sentencia del 1 de febrero de 2006. Serie C, N° 141, párr. 129).
“En efecto, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha señalado en reite-
radas oportunidades que “los procedimientos de ejecución deben ser considera-
dos como una segunda etapa de los procedimientos”. En ese orden de ideas, en
el caso Silva e Pontes vs. Portugal, dicho Tribunal estableció que las garantías
establecidas en el artículo 6 del Convenio Europeo de Derechos Humanos apli-
can tanto a la primera etapa de los procedimientos como a la segunda. Asimismo,
en el caso Robins vs. Reino Unido, ese Tribunal concluyó que todas las etapas de

70
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

los procedimientos para determinar derechos y obligaciones civiles, “sin excluir


etapas subsiguientes a la sentencia de fondo”, deben resolverse en un plazo razo-
nable” (Corte IDH. Caso Furlan y familiares vs. Argentina. Excepciones pre-
liminares, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 31 de agosto de 2012.
Serie C, N° 246, párr. 150).

078 ¿
Cuáles son las consecuencias derivadas de la constatación de la vul-
neración del derecho a ser juzgado en un plazo razonable?
“En cuanto a las consecuencias jurídicas derivadas de la constatación de la vulne-
ración del derecho a ser juzgado dentro de un plazo razonable, el Tribunal Consti-
tucional, en la sentencia pronunciada en el Expediente N° 0295-2012-PHC/TC, ha
declarado que, en el caso de un proceso penal, no puede establecerse la exclusión
del procesado, el sobreseimiento del proceso o el archivo definitivo del proceso
penal, sino que el órgano jurisdiccional debe emitir el pronunciamiento definitivo
sobre el fondo del asunto en el plazo más breve posible, declarando la inocencia o
la responsabilidad del procesado, y la consiguiente conclusión del proceso penal. El
plazo más breve posible debe ser fijado según las circunstancias concretas de cada
caso” (STC. Exp. N° 02736-2014-PHC/TC, del 29 de setiembre de 2015, f. j. 4).

079 ¿
Un proceso extremadamente breve también vulnera el derecho al
plazo razonable?
“Un proceso excesivamente extenso y prologando (o indefinido), no es compati-
ble con las particularidades de la justicia en un Estado de Derecho, que preside
toda la estructura del proceso; así como tampoco uno extremadamente breve, pues
aquel solo debe circunscribirse al tiempo necesario para satisfacer el ejercicio de
los derechos y garantías del imputado y las expectativas de los demás involucra-
dos en la causa, para garantizar la confianza en el sistema de derecho y brindar
seguridad jurídica” (Primera Sala Penal Transitoria. R.N. N° 1142-2015-Lima,
del 7 de marzo de 2017, considerando 12).

IX. EL PRINCIPIO ACUSATORIO

Base legal Constitución Política: arts. 139.3, 159.


Código Procesal Penal de 2004: arts. IV del Título Preliminar, 1.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 8.1.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.1.

080 ¿En qué consiste el principio acusatorio?


“Que dentro de este nuevo proceso penal, propio de un Estado Constitucional,
que se caracteriza por el respeto al debido proceso, uno de los principios proce-
sales que lo informan es el principio acusatorio.

71
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Que la vigencia del principio acusatorio como elemento que integra el contenido
constitucionalmente garantizado del debido proceso, exige, entre otras cosas, pero
de manera fundamental, que no puede existir juicio sin acusación, que debe ser
formulada por persona ajena al órgano jurisdiccional sentenciador, de manera que
si el fiscal no formula acusación contra el imputado, el proceso debe ser sobre-
seído necesariamente, sin que ello obste el procedimiento para formular acusa-
ción. En ese sentido, se advierte que la primera de las características del principio
acusatorio guarda directa relación con la atribución del Ministerio Público, reco-
nocida en el artículo 159.5 de la Constitución Política del Estado, de ejercitar la
acción penal, siendo exclusiva su potestad de incoar la acción penal y de acusar,
por lo que a falta de esta el proceso debe llegar a su fin” (Sala Penal Permanente.
Casación N° 54-2009-La Libertad, del 20 de julio de 2010, considerando 6).
“El orden constitucional encomienda exclusivamente al Ministerio Público la
persecución del delito. Desde esta perspectiva, se ha sustraído a los jueces de la
función de acusar para recuperar, en esencia, su exclusiva labor de juzgamiento,
con lo que constitucionalmente se clausura la posibilidad de construir o permi-
tir el funcionamiento de un sistema inquisitivo. El sistema acusatorio exige, con-
forme a la doctrina especializada, que alguien inste la constitución de un proceso
penal, que la actividad jurisdiccional se promueva externamente al propio Poder
Judicial y que, por tanto, queden separadas las funciones de acusar y de juzgar”
(Sala Penal Permanente. R.N. N° 610-2018-Lima Sur, del 7 de agosto de 2018,
considerando 5).
“En efecto, el Ministerio Público es el órgano al que la Constitución Política del
Perú ha encomendado la función persecutoria, destinada a la aplicación del dere-
cho penal a los infractores de las normas jurídico-penales, es trascendente obser-
var los alcances del proceso penal esencialmente acusatorio, que se han fijado
al atribuir a la Fiscalía la titularidad de la acción penal en régimen de monopo-
lio” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 2392-2017-Puno, del 10 de setiembre de
2018, considerando 4).

081 ¿Cuál es el fundamento para la aplicación del principio acusatorio?


“(…) A través del principio acusatorio, se determina bajo qué distribución de roles
y bajo qué condiciones se efectuará el juzgamiento de la pretensión penal. La
fundamentación reside en la preservación de la imparcialidad del juez, que podría
verse comprometida si se le atribuyeran, a él mismo, las funciones de descubrir,
investigar y perseguir los hechos posiblemente constitutivos de delito. Convergen
dos elementos característicos:
El primero se refiere al desdoblamiento de las funciones de investigación y de
decisión, a cargo de dos órganos públicos distintos, el juez instructor o penal, en
el Código de Procedimientos Penales, y el Ministerio Público, en el Nuevo Código
Procesal Penal, sustentado en el artículo ciento cincuenta y nueve, numeral cua-
tro, de la Constitución Política del Estado. 7.2. El segundo incide en la distribución

72
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

de las funciones de acusación y decisión, en armonía con el aforismo nemo iudex


sine acusatore, el cual, incluso, se extiende a la promoción de la acción penal, a
la inculpación penal, y a la propia incoación de la instrucción o de la investiga-
ción preparatoria” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 610-2018-Lima Sur, del 7
de agosto de 2018, considerando 7).
“En este sentido, tomando en cuenta lo precedente, debe señalarse que la con-
ducción de la investigación, el ejercicio de la acción penal y la interposición de la
acusación corresponde a un ente autónomo y jerarquizado, como lo es el Minis-
terio Público. De ello se decanta el reconocimiento constitucional del principio
acusatorio como garantía medular del proceso penal, concerniente al objeto del
proceso penal. (…)” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 610-2018-Lima Sur, del
7 de agosto de 2018, considerando 9).

082 ¿Cuáles son los alcances del principio acusatorio?


“Principio Acusatorio.- La función jurisdiccional no es absoluta sobre la acredi-
tación del objeto procesal. La decisión judicial debe observar las garantías y prin-
cipios inherentes al debido proceso, uno de los cuales lo constituye el principio
acusatorio. Los alcances de este principio han sido puntualizados en importante
jurisprudencia, tanto judicial, como constitucional. Es pertinente destacar los
siguientes pronunciamientos: i) El Recurso de Queja Excepcional N° 1678-2006/
Lima, de fecha trece de abril de dos mil siete, emitido por la Sala Penal Perma-
nente, donde se señala que la acusación fiscal es privativa del Ministerio Público
y el presupuesto del juicio jurisdiccional es la imputación del fiscal [f. j. sétimo];
ii) Recurso de Nulidad N° 2358-2009/Lima, de fecha veintiuno de diciembre de
dos mil nueve, expedido por la Sala Penal Permanente, que reconoce su integra-
ción al contenido esencial de la garantía al debido proceso, conforme al artículo
139, numeral 3, de la Constitución Política del Estado, e informa el objeto del
proceso penal. A través de este principio, se determina bajo que distribución de
roles y bajo qué condiciones se efectuará el juzgamiento de la pretensión penal.
La fundamentación reside en la preservación de la imparcialidad del juez, que
podría verse comprometida si se le atribuyeran, a el mismo, las funciones de des-
cubrir, investigar y perseguir los hechos posiblemente constitutivos de delito. A
la vez, comprende dos elementos característicos: Uno, alusivo al desdoblamiento
de las funciones de investigación y de decisión, a cargo de dos órganos públi-
cos distintos, el juez instructor o penal, en el Código de Procedimientos Pena-
les, y el Ministerio Publico en el nuevo Código Procesal Penal, sustentado en el
artículo 159, numeral 4, de la Constitución Política del Estado. Y otro, referente
a la distribución de las funciones de acusación y decisión, en armonía con el afo-
rismo nemo iudex sine acusatore, el cual, incluso, se extiende a la promoción de
la acción penal, a la inculpación penal, y a la propia incoación de la instrucción o
de la investigación preparatoria [f. j. segundo]; iii) STC N° 4552-2013-PHC/TC-La
Libertad, de fecha veintiséis de junio de dos mil catorce, donde se precisa que:
a) No puede existir juicio sin acusación debiendo ser formulada esta por persona
ajena al órgano jurisdiccional sentenciador, de manera que si el fiscal no formula

73
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

acusación contra el imputado, el proceso debe ser sobreseído necesariamente;


b) No puede condenarse por hechos distintos a los acusados, ni a persona distinta
de la acusada; c) No pueden atribuirse al juzgador poderes de dirección material
del proceso que cuestionen su imparcialidad [f. j. quinto]; y, iv) STC N° 2005-
2006-PHC/TC-Lima, de fecha trece de marzo de dos mil seis, estableciéndose
que: ‘La primera de las características del principio acusatorio […] guarda directa
relación con la atribución del Ministerio Público, reconocida en el artículo 159 de
la Constitución, entre otras, de ejercitar la acción penal. Siendo exclusiva potes-
tad del Ministerio Publico de incoar la acción penal y de acusar, a falta de esta,
el proceso deber llegar a su fin […]’. [f. j. sexto y sétimo]” (Sala Penal Perma-
nente. R.N. N° 1969-2016- Lima Norte, del 20 de julio de 2010, considerando 6).

083 ¿
El principio acusatorio impone una distinción de roles entre los suje-
tos procesales?
“(…) A través [del principio acusatorio] se determina bajo qué distribución de roles
y bajo qué condiciones se efectuará el juzgamiento de la pretensión penal. Su fun-
damento estriba en la preservación de la imparcialidad del juez, que podría verse
comprometida si se le atribuyeran a él mismo las funciones de descubrir, investi-
gar y perseguir los hechos posiblemente constitutivos de delito. En la que es rele-
vante al caso, una primera nota esencial de este principio es el desdoblamiento de
las funciones de investigación y de decisión, a cargo de dos órganos públicos dis-
tintos (el Juez Instructor o Penal en el Antiguo Código de Procedimientos Pena-
les y el Ministerio Público en el nuevo Código Procesal Penal con fundamento
supremo en la Ley Fundamental: artículo 159 inciso 4). Una segunda nota esen-
cial del principio acusatorio es la distribución de las funciones de acusación y de
decisión, en armonía con el aforismo nemo iudex sine acusatore –que incluso la
ley ordinaria con base en la Constitución extiende o la promoción de la acción
penal, a la inculpación penal, y a la propia incoación de la instrucción o de la in-
vestigación preparatoria–. (…)” (Segunda Sala Penal Transitoria. R.N. N° 2358-
2009-Lima, del 21 de diciembre de 2009, considerando 2).

084 ¿Cuáles son las características del principio acusatorio?


“(…) La vigencia del principio acusatorio imprime al sistema de enjuiciamiento
determinadas características: ‘a) que no puede existir juicio sin acusación,
debiendo ser formulada esta por persona ajena al órgano jurisdiccional senten-
ciador, de manera que si ni el fiscal ni ninguna de las otras partes posibles for-
mulación acusación contra el imputado, el proceso debe ser sobreseído necesa-
riamente; b) que no puede condenarse por hechos distintos de los acusados ni
a persona distinta de la acusada; c) que no pueden atribuirse al juzgador pode-
res de dirección material del proceso que cuestionen su imparcialidad’” (Gómez
Colomer, Juan-Luis. El proceso penal en el Estado de Derecho. Diez estudios
doctrinales. Lima, Palestra, 1999).

74
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

La primera de las características del principio acusatorio mencionadas guarda


directa relación con la atribución del Ministerio Público, reconocida en el artículo
159 de la Constitución, entre otras, de ejercitar la acción penal. Siendo exclusiva
la potestad del Ministerio Público de incoar la acción penal y de acusar, a falta de
ésta, el proceso debe llegar a su fin. (…)” (STC. Exp. N° 2005-2006-PHC/TC,
del 13 de marzo de 2006, ff. jj. 5 y 6).
“Este principio forma parte de las garantías básicas del proceso penal e implica
la existencia de una contienda procesal entre dos partes contrapuestas (PICO I
JUNOY, Juan. Las garantías constitucionales del proceso. JM Bosch Editor, Bar-
celona, 1997, pág. 112), constituye además una garantía fundamental de la impar-
cialidad del órgano jurisdiccional, propia de una Estado democrático de Derecho,
siendo una de sus características esenciales la distribución de las funciones de
acusación y decisión, por el cual se presupone que la acusación sea previamente
formulada y conocida, así como el derecho del imputado a ejercer su defensa y
consiguientemente, la posibilidad de contestar o rechazar la acusación. Es por
ello que, la figura del fiscal se relaciona necesariamente con el sistema acusatorio,
según el cual no puede haber juicio sin acusación (BINDER, Alberto M. Intro-
ducción al Derecho Procesal Penal, 2ª edición, Ad - Hoc, Buenos Aires, 1999,
pág. 323)” (Sala Penal Permanente. Casación N° 215-2011-Arequipa, del 12 de
junio de 2011, considerando 4.1).
“El sistema acusatorio exige que alguien inste la constitución de un proceso penal;
que la actividad persecutora del delito se promueva externamente al propio Poder
Judicial y que, por tanto, queden separadas las funciones de acusar y de juzgar.
El Ministerio Público es un órgano estatal que desarrolla una función pública,
ello permite diferenciar, al interior del Estado, esas dos funciones y evitar que un
mismo órgano concentre ambos roles” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 2392-
2017-Puno, del 10 de setiembre de 2018, considerando 5).
“Sobre la vigencia del principio acusatorio, el Tribunal Constitucional ha dise-
ñado las siguientes características:
- No puede existir juicio sin acusación, esta debe ser formulada por per-
sona ajena al órgano jurisdiccional sentenciador, de manera que si el fis-
cal no formula acusación contra el imputado, el proceso debe ser sobreseído
necesariamente.
- No puede condenarse por hechos distintos de los acusados ni a persona dis-
tinta de la acusada.
- No pueden atribuirse al juzgador poderes de dirección material del proceso
que cuestionen su imparcialidad. Del mismo modo, se estableció que: “La
primera de las características del principio acusatorio […] guarda directa
relación con la atribución del Ministerio Público, reconocida en el artículo
159 de la Constitución, entre otras, de ejercitar la acción penal. Siendo exclu-
siva la potestad del Ministerio Público de incoar la acción penal y de acusar,

75
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

a falta de esta, el proceso debe llegar a su fin […]’” (Sala Penal Permanente.
R.N. N° 610-2018-Lima Sur, del 7 de agosto de 2018, considerando 6).
“Al respecto, cabe resaltar lo expuesto por el Tribunal Constitucional en el fun-
damento seis de la Sentencia número dos mil cinco-dos mil seis-PHC/TC, el cual
precisó que: ‘La primera de las características del principio acusatorio guarda
directa relación con la atribución del Ministerio Público, reconocida en el artículo
ciento cincuenta y nueve de la Constitución, entre otras, de ejercitar la acción
penal. Siendo exclusiva la potestad del Ministerio Público de incoar la acción
penal y de acusar, a falta de esta, el proceso debe llegar a su fin’. Así, se verifica
que en el presente caso, y a la vista de la insuficiencia probatoria contra la proce-
sada Palomino Malpartida, el Fiscal Superior consideró pertinente no continuar
con el ejercicio de la acción penal en su contra” (Sala Penal Permanente. R.N.
N° 332-2018-Callao, del 30 de abril de 2018, considerando 5).
“[…] el objeto del proceso se concreta en la acusación fiscal y es delimitado por
el Ministerio Público –titular de la acción penal y responsable de la carga de la
prueba–, lo que otorga al sistema de enjuiciamiento determinadas característi-
cas: (i) no existe juicio sin acusación, (ii) no puede condenarse por hechos dis-
tintos de los acusados ni a persona distinta de la acusada, y (iii) no pueden atri-
buirse al juzgador poderes de dirección material del proceso; que, en tal virtud,
si el Fiscal no acusa, más allá de la posibilidad de incoar el control jerárquico
–regulado en el artículo doscientos veinte del Código de Procedimientos Pena-
les–, el órgano jurisdiccional no está facultado a ordenar al Fiscal que formule
acusación […]” (Sala Penal Transitoria. R.N. N° 1029-2010-Tacna, del 20 de
enero de 2011, considerando 3).

085 ¿Cuál es la expresión fundamental del principio acusatorio?


“Que una de las expresiones del principio acusatorio, que concreta el objeto proce-
sal y define los roles de los sujetos procesales al interior del proceso penal mismo,
es precisamente la formulación de la acusación por parte del representante del
Ministerio Público. Al respecto el Acuerdo Plenario Nº 6-2009/CJ-116, del trece
de noviembre de dos mil nueve, ha establecido como doctrina legal que: “La acu-
sación fiscal es un acto de postulación del Ministerio Publico que promueve en
régimen de monopolio en los delitos sujetos a persecución publica (…). Mediante
la acusación la Fiscalía fundamenta y deduce la pretensión penal; esto es, la peti-
ción fundamentada dirigida al órgano jurisdiccional para que imponga una san-
ción penal a una persona por la comisión de un hecho punible que se afirma que
ha cometido (…)” (Sala Penal Permanente. Casación N° 54-2009-La Libertad,
del 20 de julio de 2010, considerando 7).
“(…) la función de acusación es privativa del Ministerio Público y, por ende, el
juzgador no ha de sostener la acusación; que esto último significa, de acuerdo al
aforismo nemo iudex sine actore, que si el Fiscal no formula acusación, más allá
de la posibilidad de incoar el control jerárquico, le está vedado al órgano juris-
diccional ordenar al Fiscal que acuse y, menos, asumir un rol activo y, de oficio,

76
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

definir los ámbitos sobre los que discurrirá la selección de los hechos, que sólo
compete a la Fiscalía: el presupuesto del juicio jurisdiccional es la imputación del
fiscal; que, por tanto, si el órgano judicial está conforme con el dictamen no acu-
satorio del Fiscal Provincial y, por ello, no decide incoar el procedimiento para
forzar la acusación, y si a continuación, con motivo del recurso de apelación de la
perta civil, el Fiscal Superior igualmente emite un dictamen no acusatorio, ratifi-
cando el parecer del Fiscal Provincial –es de recordar al respecto que el Ministe-
rio Público, a nivel institucional, está regido por el principio de unidad de la fun-
ción y dependencia jerárquica, de suerte que, en estos casos, prima el parecer del
Superior jerárquico y si este coincide con lo decidido por el Fiscal inferior con-
creta y consolida la posición no incriminatoria del Ministerio Público– no existe
posibilidad jurídica que el órgano jurisdiccional de alzada dicte una resolución
de imputación; (…)” (Sala Penal Permanente. R.Q. N° 1678-2006-Lima, del 13
de abril de 2007, considerando 4).
“Que, como se ha dejado expuesto, el objeto del proceso se concreta en el dicta-
men final del Ministerio Público, que cuando es acusatorio introduce la preten-
sión penal, que a su vez está definida, en su aspecto objetivo, por la denominada
Fundamentación fáctica, esto es, el hecho punible, el hecho histórico subsumi-
ble en un tipo penal de carácter homogéneo –esos hechos son formulados por el
Ministerio Público a una persona determinada, y en su definición o concreción no
puede intervenir el órgano jurisdiccional–; (…)” (Sala Penal Permanente. R.Q.
N° 1678-2006-Lima, del 13 de abril de 2007, considerando 5).
“Que la acusación fiscal es un acto procesal que, en virtud del principio acusatorio
y lo dispuesto en el artículo ciento cincuenta y nueve, numeral cinco, de la Consti-
tución, corresponde exclusivamente al Ministerio Público, en virtud del principio
acusatorio. Ella contiene la pretensión procesal del Fiscal –pretensión punitiva del
Estado, que incluye además una pretensión resarcitoria–, y da lugar, previo control
judicial, al auto de enjuiciamiento que vincula al órgano jurisdiccional encargado
del juzgamiento. En tal sentido, debe existir una relación de congruencia entre el
contenido de la acusación y lo resuelto en la sentencia final” (Sala Penal Perma-
nente. Casación N° 09-2010-Tacna, del 13 de octubre de 2010, considerando 4).
“Que, en ese sentido, se advierte que la primera de las características del principio
acusatorio guarda directa relación con la atribución del Ministerio Público, recono-
cida en el artículo ciento cincuenta y nueve de la Constitución Política del Estado,
de ejercitar la acción penal, siendo exclusiva su potestad de incoar la acción penal
y de acusar, por lo que a falta de esta, el proceso debe llegar a su fin; que, siendo
así, la inexistencia de acusación impide cualquier emisión de sentencia condena-
toria, máxime si en el caso de autos, la Fiscal Adjunta Suprema en lo Penal tuvo
la opción de revocar el dictamen (…) o en todo caso, solicitar la ampliación de
la instrucción; en consecuencia, al haberse desistido la titular de la acción penal
de formular acusación, el proceso debe llegar a su fin” (Sala Penal Permanente.
R.N. N° 1764-2009-Cusco, del 6 de julio de 2010, considerando 4).

77
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

086 ¿
Qué implicancias tiene para el órgano juzgador respetar el principio
acusatorio?
“Que, aun cuando el representante de la Procuraduría Publica expone las razo-
nes por las cuales existirían elementos de convicción que vinculan a los encau-
sados con el delito en cuestión, es menester señalar que por mandato consti-
tucional corresponde al Ministerio Público la persecución del delito –Véase
inciso quinto del artículo ciento cincuenta y nueve de la Constitución Política
del Estado–, no siendo posible que este Supremo Tribunal valore el fondo de la
controversia, pues no sólo se vulneraría el principio acusatorio que impide al
órgano jurisdiccional asumir funciones acusatorias, reservadas solo al Minis-
terio  Público, sino que se lesionaría el ámbito propio de las atribuciones de
esta institución como órgano autónomo de derecho constitucional reconocido
por el artículo ciento cincuenta y ocho de la Constitución Política del Estado;
que, en este mismo sentido se ha pronunciado la jurisprudencia constitucional
en el expediente número dos mil cinco dos mil seis-PHC/TC, señalando que:
‘(...) la primera de las características del principio acusatorio mencionadas
guarda directa relación con la atribución del Ministerio Público, reconocida en
el artículo ciento cincuenta y nueve de la Constitución, entre otras, de ejercitar
la acción penal. Siendo exclusiva la potestad del Ministerio Público de incoar
la acción penal y de acusar, a falta de esta, el proceso debe llegar a su fin. (…)
Si el Fiscal Supremo coincide con la opinión del Fiscal Superior respecto del
no ha lugar a juicio y archiva el proceso, se pronunciará ene se sentido, devol-
viendo la causa a la Sala Penal para que dicte la resolución de archivo. Contra
esta resolución no cabe recurso alguno, pues la decisión del Ministerio Público,
titular de la acción penal, ha sido la de terminar con la persecución del delito,
consecuentemente, no cabe disposición expresa en sentido contrario por otra
autoridad (…)’” (Sala Penal Permanente. R. N. N° 2330-2012-Junín, del 30
de enero de 2013, considerando 3).

087 ¿
Cuándo opera una excepción a la vigencia del principio acusatorio en
relación con las decisiones fiscales?
“La Fiscalía Suprema opina que se declare haber nulidad en el extremo de la con-
dena por el delito de robo agravado. Si bien este Supremo Tribunal en reiterada
jurisprudencia sostiene la vigencia del principio acusatorio y de jerarquía institu-
cional, también ha establecido como una de las excepciones a esta regla es que la
decisión fiscal incurra en notorias incoherencias, contradicciones o defectos de
contenido que ameriten un nuevo pronunciamiento fiscal. De ello se deriva que
la eficacia del principio de jerarquía debe validarse en lo adecuado, lógico y sufi-
ciente de la argumentación del Fiscal Supremo, siendo en todo caso más exigible
el principio de legalidad” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 2812-2007-Lima
Sur, del 30 de abril de 2018, considerando 3).

78
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

088 ¿
El principio acusatorio impide que el órgano jurisdiccional realice
un control de la legalidad de las resoluciones fiscales impugnadas por
la víctima?
“Que, en el presente caso, se estimó que el principio acusatorio impide que el
órgano jurisdiccional pueda realizar un control de legalidad sobre la resolución
impugnada en función a la alegaciones de las partes, en especial de la víctima
recurrente. El principio acusatorio no tiene esa dimensión. Se limita a garantizar
que el juez mantenga su imparcialidad, para lo cual es necesario una clara separa-
ción entre quien acusa, quien se defiende y quien enjuicia; una distinción precisa
entre las etapas de investigación preparatoria y de enjuiciamiento y su atribución
a órganos distintos; la prohibición de que se puede condenar más allá de la acusa-
ción formulada; y, la interdicción de la reforma en peor en sede de impugnación
(BUJOSA VADELL, Llorenc y otros. Nociones preliminares de Derecho Proce-
sal Penal. Barcelona: Atelier, 2016, p. 20)” (Sala Penal Permanente. Casación
N° 1184-2017-Del Santa, del 22 de mayo del 2018, considerando 4).

089 ¿
Cómo opera el principio de jerarquía institucional con relación al
principio acusatorio?
“En este escenario, la jurisprudencia de la Corte Suprema –considerando cuarto
del Recurso de nulidad número mil trecientos cuarenta y siete-dos mil trece-
Lima–, al desarrollar el principio acusatorio y de jerarquía que rige la institucio-
nalidad y actuación procesal del Ministerio Público, estableció lo siguiente: “Por
el primero, corresponde a la Fiscalía no solo investigar, inculpar formalmente al
imputado, acusar, sostener la acusación y, en su caso, mantener el recurso para
su absolución por el Tribunal de revisión. Si no hay acusación y no se mantiene
el recurso hasta el final, en la propia sede recursal, este decae. Por el segundo,
la posición del superior en grado prima sobre la expuesta en la sede anterior por
el fiscal inferior” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 1221-2016-Lima, del 8 de
agosto de 2018, considerando 3.2).
“Que, en efecto, rigen el principio acusatorio –que integra el contenido constitu-
cionalmente garantizado del debido proceso y define el objeto procesal– y el prin-
cipio institucional de jerarquía. Por el primero, corresponde a la Fiscalía no sólo
investigar, inculpar formalmente al imputado, acusar, sostener la acusación y, en
su caso, mantener el recurso para su absolución por el Tribunal de Revisión. Si no
hay acusación y no se mantiene el recurso hasta el final, en la propia sede recur-
sal, este decae. Por el segundo, la posición del superior en grado prima sobre la
expuesta en la sede anterior por el fiscal inferior” (Sala Penal Transitoria. R.N.
Nº 1347-2013-Lima, del 1 de abril de 2014, considerando 4).
“Conforme es línea jurisprudencial sobre los principios acusatorio y de jerarquía
institucional del Ministerio Público, se tiene que, en primer término, por impe-
rio del principio acusatorio, no solo corresponde que el Ministerio Público, como
titular de la acción penal o institución que detenta el monopolio de su ejercicio

79
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

(cfr. artículo ciento cincuenta y nueve de la Constitución Política del Estado), for-
mule, de ser el caso, acusación para el respectivo pronunciamiento jurisdiccional
sobre responsabilidad penal; también manda que, de haberse formulado acusación
–lo que importa, en lo sustancial, un pedido de concreción o materialización de
ius puniendi o potestad punitiva del Estado (sanción penal de responsables de un
hecho delictuoso)–, el persecutor del delito sostenga o persista en ella a lo largo
del proceso penal, lo cual implica que, en el caso de una sentencia absolutoria de
primera instancia expedida en el marco de un proceso ordinario (Código de Pro-
cedimientos Penal de mil novecientos cuarenta), el representante del Ministerio
Público debe impugnarla mediante el respectivo recurso de nulidad y, en el caso
de corresponder pronunciamiento de su superior jerárquico, este debe manifestar
su acuerdo con dicha impugnación o persistencia en la acusación.
En el supuesto de que el representante del Ministerio Público no impugne la sen-
tencia absolutoria, la observancia material del cumplimiento del principio acusa-
torio determina que su superior jerárquico exprese su desacuerdo con la absolu-
ción o, lo que resulta implicante, su conformidad con la impugnación planteada
por la parte civil en torno al aspecto punitivo de la sentencia absolutoria en sal-
vaguarda de sus derechos e intereses legítimos –lo contrario daría cuenta de un
desistimiento o renuncia a persistir en la acusación o al ejercicio de la acción
penal por parte del titular su promoción por antonomasia–. Solo así se habilitaría,
legítima y constitucionalmente, el conocimiento y pronunciamiento, de segundo
grado, del órgano jurisdiccional sobre responsabilidad penal. Debe recordarse que,
por regla, el principio institucional de jerarquía al interior del Ministerio Público
–en el cual se encuentra implicado el de unidad– importa que la posición expuesta
por el fiscal del que se trate se subordina a la de su superior jerárquico en grado”
(Sala Penal Permanente. R.N. N° 2573-2017-Huánuco, del 24 de julio de 2018,
considerandos 3.4 y 3.5).
“Que la Fiscalía Suprema no aceptó la posición de veintidós años de privación
de libertad fijada como pretensión impugnativa por el Fiscal Superior. Por tanto,
el reclamo impugnativo del Fiscal Superior ha quedado sin base por la posición
del Fiscal Supremo en esta sede al abogar por que la nueva pena debe ser de sólo
dieciséis años de pena privativa de libertad. Rige, por consiguiente, el principio
de jerarquía, de suerte que, como se está ante un órgano público jerarquizado, la
posición del Fiscal Supremo prima por sobre la del Fiscal Superior; de lo contra-
rio sería aceptar el principio de independencia, que no es de recibo en la orga-
nización institucional del Ministerio Público” (Sala Penal Transitoria. R.N.
N° 3099-2013-Callao, del 8 de mayo de 2014, considerando 4).
“Que es evidente, entonces, la primacía del principio institucional del Ministerio
Público de jerarquía, que en el presente caso deja vacío de contenido el recurso
acusatorio del Fiscal Adjunto Superior. No seguir esta concepción equivaldría a
asumir, sin amparo legal, que en la organización del Ministerio Público rige el
principio de autonomía de cada Fiscal (artículo 5 de la Ley Orgánica del Ministe-
rio Público) y que la intervención del Superior no refleja la posición institucional,

80
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

en el propio recurso, del Ministerio Público, la cual sería meramente ilustrativa


sin ninguna relación con la posición procesal que se asuma en la causa” (Sala
Penal Transitoria. R.N. N° 1975-2013-San Martín, del 28 de mayo de 2014,
considerando 6).

090 ¿Cómo se relaciona el principio acusatorio con el contradictorio?


“[S]e integran y complementan, toda vez que el primero identifica los elemen-
tos necesarios para individualizar la pretensión penal e individualizar al pro-
cesado, mientras que el segundo custodia que el acusado pueda alegar y/o pre-
sentar todas las pruebas que estime necesarias para su interés. De ahí que el
derecho del procesado de conocer la acusación tiene como correlato el principio
contradictorio, cuya máxima expresión garantista es la inmutabilidad de la acu-
sación, en virtud de la cual el juez puede dar al hecho imputado una definición
jurídica diferente, pero no puede modificarlo. Empero, cuando, a consecuencia
de lo anterior, tuviera que acudir a otro tipo penal, tal modificación implicaría
la variación de la estrategia de defensa –si esta no se encuentra implícita en la
nueva disposición– que su vez exige el conocimiento previo del imputado para
garantizar su defensa y el contradictorio, tanto más si, constitucionalmente, está
proscrita la indefensión” (STC. Exp. N° 0402-2006-2006-PHC/TC-Lima, del
23 de marzo de 2007, f. j. 14).

X. EL DERECHO A LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA E IN


DUBIO PRO REO

Base legal Constitución Política: arts. 2.24.3, 139.11.


Código Procesal Penal de 2004: art. II y VII del Título Preliminar.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 8.2.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.2.

091 ¿Cuáles son los alcances del principio a la presunción de inocencia?


“En el Sistema Internacional de Protección de los Derechos Humanos, el derecho
a la presunción de inocencia aparece considerado en el artículo 11.1 de la Decla-
ración Universal de los Derechos Humanos, en el sentido de que ‘Toda persona
acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se
pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan
asegurado todas las garantías necesarias para su defensa. (...)’. De igual modo, el
citado derecho es enfocado en el artículo 14.2 del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos y el artículo 8.2 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos. En relación con esta última, ‘(...) la Corte ha afirmado que en el princi-
pio de presunción de inocencia subyace el propósito de las garantías judiciales, al

81
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

afirmar la idea de que una persona es inocente hasta que su culpabilidad es demos-
trada’” (STC. Exp. N° 01768-2009-PA/TC-Cusco, del 2 de junio de 2010, f. j. 3).
“El artículo 8.2 de la Convención dispone que ‘[t]oda persona inculpada de delito
tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente
su culpabilidad’. Por ello, la Corte ha señalado que el principio de presunción de
inocencia constituye un fundamento de las garantías judiciales. La presunción de
inocencia implica que el imputado goza de un estado jurídico de inocencia o no
culpabilidad mientras se resuelve acerca de su responsabilidad penal, de modo tal
que debe recibir del Estado un trato acorde con su condición de persona no con-
denada” (Corte IDH. Caso Zegarra Marín vs. Perú. Excepciones preliminares,
fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 15 de febrero de 2017, párr. 121).

092 ¿
En dónde reside el fundamento del derecho a la presunción de ino-
cencia?
“En concordancia con estos instrumentos internacionales de protección de los
derechos humanos, el artículo 2, inciso 24 de la Constitución establece que ‘Toda
persona es considerada inocente mientras no se haya declarado judicialmente
su responsabilidad’. De esta manera, el constituyente ha reconocido la presun-
ción de inocencia como un derecho fundamental. El fundamento del derecho
a la presunción de inocencia se halla tanto en el principio-derecho de dignidad
humana (“La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin
supremo de la sociedad y del Estado”, artículo 1 de la Constitución), como en el
principio pro hómine” (STC. Exp. N° 01768-2009-PA/TC-Cuzco, del 2 de junio
de 2010, f. j. 4).

093 ¿
Cuál es el contenido constitucionalmente protegido del derecho a la
presunción de inocencia?
“En cuanto a su contenido, se ha considerado que el derecho a la presunción de ino-
cencia (cf. STC Nº 0618-2005-PHC/TC, fundamento 22) comprende: ’(...) el princi-
pio de libre valoración de la prueba en el proceso penal que corresponde actuar a
los Jueces y Tribunales; que la sentencia condenatoria se fundamente en auténti-
cos hechos de prueba, y que la actividad probatoria sea suficiente para generar en
el Tribunal la evidencia de la existencia no sólo del hecho punible, sino también
la responsabilidad penal que en él tuvo el acusado y así desvirtuar la presunción’”
(STC. Exp. N° 01768-2009-PA/TC-Cuzco, del 2 de junio de 2010, f. j. 6).

094 ¿
La presunción de inocencia exige que no solo se debe probar el hecho
delictivo sino también la vinculación del imputado con tal evento ilícito?
“[E]n un Estado constitucional de derecho, la justicia penal exige no solo que se
pruebe el hecho delictivo, sino también la vinculación del imputado con tal evento
para legitimar la privación de libertad de un ser humano. En otras palabras, que
se pruebe un hecho delictivo no implica necesariamente que el imputado sea su

82
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

autor o haya participado en su perpetración” (Sala Penal Permanente. R.N.


N° 169-2018-Cajamarca, del 25 de octubre de 2018, considerando 9).
“Aunado a la verificación de la concurrencia del delito, adicional y necesaria-
mente debe probarse la responsabilidad penal del imputado, ello implica acredi-
tar la existencia del hecho delictivo y la vinculación del imputado utilizando para
ello pruebas suficientes que logren superar la garantía constitucional de presun-
ción de inocencia. Así, la Convención Americana de los Derechos Humanos, en
su artículo 8, inciso 2, preceptúa que: ‘(…) 2. Toda persona inculpada de delito
tiene derecho a que se presuma su inocencia, mientras no se establezca legal-
mente su culpabilidad en cuanto a su contenido la Corte Interamericana de Dere-
chos Humanos ha precisado que (…) el principio de la presunción de inocencia,
tal y como se desprende del artículo ocho punto dos de la Convención exige que
una persona no pueda ser condenada mientras no exista Prueba Plena de su res-
ponsabilidad penal, si obra contra ella prueba incompleta o insuficiente, no es
procedente condenarla, sino absolverla (…)’” (Sala Penal Permanente. R.N.
N° 515-2016-Lima, del 11 de enero de 2017, considerando 4.1).

095 ¿
Cuáles son las vertientes en que se despliega la presunción de inocen-
cia, en tanto derecho subjetivo del ciudadano?
“El derecho a la presunción de inocencia es un derecho subjetivo del ciudadano,
la misma que despliega una doble vertiente: temporal y material. La primera parte
de una verdad inicial, la inocencia del procesado, que no se destruye hasta que
culpabilidad no haya quedado establecida en sentencia firme; y, la segunda radica
que a partir de la presunción inicial de inocencia, la condena solo puede fundarse
en una prueba plena o prueba indiciaria sin contra indicios que acredite fehacien-
temente su culpabilidad, por lo tanto enerve dicha presunción, y si no se produce
aquella deberá absolvérsele de la imputación penal” (Sala Penal Permanente.
Casación Nº 724-2014-Cañete, del 12 de agosto de 2015, considerando 3.3.6).

096 ¿
Desde qué momento empieza a regir el principio de la presunción de
inocencia?
“Se ha señalado en anterior oportunidad (cf.  STC Nº 0618-2005-PHC/TC,
fundamentos 21 y 22) que el derecho fundamental a la presunción de inocencia,
en tanto que presunción iuris tántum, implica que ‘(...) a todo procesado se le con-
sidera inocente mientras no se pruebe su culpabilidad: vale decir, hasta que no se
exhiba prueba en contrario. Rige desde el momento en que se imputa a alguien la
comisión de un delito, quedando el acusado en condición de sospechoso durante
toda la tramitación del proceso, hasta que se expida la sentencia definitiva’. De
igual forma, se ha dicho (vid. STC Nº 2915-2004-PHC/TC, fundamento 12) que ‘la
presunción de inocencia se mantiene ‘viva’ en el proceso penal siempre que no
exista una sentencia judicial que, como corolario del cauce investigatorio llevado a
cabo con las garantías inherentes al debido proceso, logre desvirtuarla (...)’” (STC.
Exp. N° 01768-2009-PA/TC-Cuzco, del 2 de junio de 2010, f. j. 5).

83
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

097 ¿
Cuáles son las exigencias de la presunción de inocencia en su dimen-
sión extraprocesal?
“El derecho a la presunción de inocencia exige que el Estado no condene infor-
malmente a una persona o emita juicio ante la sociedad, contribuyendo así a for-
mar una opinión pública, mientras no se acredite su responsabilidad penal con-
forme a la ley. Por ello, ese derecho puede ser violado tanto por los jueces a cargo
del proceso, como por otras autoridades públicas, por lo cual estas deben ser dis-
cretas y prudentes al realizar declaraciones públicas sobre un proceso penal, antes
de que la persona haya sido juzgada y condenada” (Corte IDH. Caso Pollo Rivera
y otros vs. Perú. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 21 de octubre de
2016. Serie C, N° 319, párr. 177).

098 ¿
La presunción de inocencia en su dimensión procesal a qué ámbitos
se aplica?
“En el contexto del proceso penal, la presunción de inocencia adquiere diversa
connotación, lo que permite disgregarla en derechos más específicos que rigen
ámbitos de aplicación distintos. Será concebida, entonces, como un principio
informador de los procedimientos de investigación, como regla de tratamiento
del imputado durante el proceso penal, como regla de prueba y como regla de jui-
cio” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 169-2018-Cajamarca, del 25 de octubre
de 2018, considerando 4).

099 ¿
La presunción de inocencia como principio informador del proceso
penal qué exigencias implica?
“Para la Corte Interamericana, este derecho también ‘exige que una persona no
pueda ser condenada mientras no exista prueba plena [entiéndase prueba sufi-
ciente y pertinente] de su responsabilidad penal. Si obra contra ella prueba incom-
pleta o insuficiente, no es procedente condenarla, sino absolverla’ (Caso Cantoral
Benavides vs. Perú, sentencia del 18 de agosto de 2000).
De la jurisprudencia citada, puede concluirse que el derecho a la presunción de ino-
cencia se configura como una regla de tratamiento del imputado y como una regla
de juicio. Sobre la extensión de este derecho, conviene tener presente que el Tribu-
nal Europeo ha precisado que ‘no se limita a una simple garantía procesal en mate-
ria penal. Su alcance es más amplio y exige que ningún representante del Estado o
de la autoridad pública declare que una persona es culpable de una infracción antes
de que su culpabilidad haya sido establecida [en forma definitiva] por un tribunal’
(Caso Lizaso Azconobieta c. España, sentencia del 28 de junio de 2011)” (STC. Exp.
N° 00156-2012-PHC/TC-Lima, del 8 de agosto de 2012, f. j. 43).

100 ¿
La presunción de inocencia como regla de tratamiento impide la
adopción de medidas cautelares personales?
“El artículo 8.2 de la Convención Americana dispone que:

84
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

Toda persona inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia


mientras no se establezca legalmente su culpabilidad.
En la sentencia del Caso Suárez Rosero vs. Ecuador, de fecha 12 de noviembre
de 1997, la Corte Interamericana destacó que en el derecho a la presunción de
inocencia ‘subyace el propósito de las garantías judiciales, al afirmar la idea de
que una persona es inocente hasta que su culpabilidad sea demostrada’. De este
principio se deriva ‘la obligación estatal de no restringir la libertad del detenido
más allá de los límites estrictamente necesarios para asegurar que no impedirá
el desarrollo eficiente de las investigaciones y que no eludirá la acción de la jus-
ticia, pues la prisión preventiva es una medida cautelar, no punitiva’” (STC. Exp.
N° 00156-2012-PHC/TC-Lima, del 8 de agosto de 2012, f. j. 42).

101 ¿
Cuándo se produce una vulneración al derecho a la presunción de
inocencia como regla de tratamiento?
“Como regla de tratamiento del imputado, los incisos 1 y 2 del artículo II del Título
Preliminar del Código Procesal Penal, prescriben que ‘[t]oda persona imputada
de la comisión de un hecho punible es considerada inocente, y debe ser tratada
como tal, mientras no se demuestre lo contrario y se haya declarado su responsa-
bilidad mediante sentencia firme debidamente motivada’ y que ‘[h]asta antes de
la sentencia firme, ningún funcionario o autoridad pública puede presentar a una
persona como culpable o brindar información en tal sentido’.
La violación del derecho a la presunción de inocencia como regla de tratamiento
del imputado fue comprobada por la Corte Interamericana en el Caso Cantoral
Benavides vs. Perú, por cuanto ‘el señor Cantoral Benavides fue exhibido ante los
medios de comunicación, vestido con un traje infamante, como autor del delito de
traición a la patria, cuando aún no había sido legalmente procesado ni condenado’.
Lo mismo ha ocurrido en el Caso Lizaso Azconobieta c. España, en donde el Tri-
bunal Europeo consideró la violación de este derecho porque ‘sólo tres días des-
pués del arresto y detención del demandante en el marco de una operación poli-
cial llevada a cabo contra la organización terrorista E.T.A., el Gobernador civil
de Guipúzcoa organizó una rueda de prensa’ en la que lo identificó ‘por su nom-
bre en dos ocasiones’ y se refirió al él ‘sin matices ni reservas, como uno de los
miembros de un comando terrorista que habían sido detenidos en una operación
policial’ aun ‘cuando la investigación policial no había finalizado en el momento
en el que se celebró la rueda de prensa’. Es más, la ‘rueda de prensa convocada por
el Gobernador civil tuvo lugar cuando el demandante no había sido aún puesto a
disposición del Juez para hacer su declaración’, es decir, antes ‘incluso de la aper-
tura de diligencias penales contra el demandante’. Por dicha razón, se concluyó
que ‘[l]a rueda de prensa así realizada, de una parte, incitaba al público a creer
en la culpabilidad del demandante y, de otra, prejuzgaba de la apreciación de los
hechos por los jueces competentes’” (STC. Exp. N° 00156-2012-PHC/TC-Lima,
de 8 de agosto de 2012, f. j. 44).

85
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

102 ¿
Qué implicancias tiene la presunción de inocencia como regla de
prueba en el proceso penal?
“El derecho a la presunción de inocencia es un elemento esencial para la reali-
zación del derecho a la defensa y acompaña al acusado durante toda la tramita-
ción del proceso hasta que una sentencia condenatoria que determine su culpa-
bilidad quede firme. Este derecho implica que el acusado no debe demostrar que
no ha cometido el delito que se le atribuye, ya que el onus probandi corresponde
a quien acusa” (Corte IDH. Caso Ricardo Canese vs. Paraguay. Fondo, repara-
ciones y costas. Sentencia del 31 de agosto de 2004 Serie C, N° 111, párr. 154).
“Uno de los elementos que integra el contenido esencial de la presunción de ino-
cencia como regla de prueba es que la actividad probatoria realizada en el pro-
ceso sea suficiente, (…) ello quiere decir primero, que las pruebas –así conside-
radas por la ley y actuados conforme a sus disposiciones– estén referidas a los
hechos objeto de imputación –al aspecto objetivo de los hechos– y a la vincula-
ción del imputado a los mismos, y, segundo, que las pruebas valoradas tengan
un carácter incriminatorio y, por ende, que puedan sostener un fallo condenato-
rio” (Sala Penal Permanente. Casación N° 03-2007-Huaura, del 7 de noviem-
bre de 2007, considerando 7).

103 ¿
En virtud de la presunción de inocencia como regla de prueba quién
tiene la carga de la prueba en el proceso penal?
“Este estado jurídico de inocencia se proyecta en diversas obligaciones que orien-
tan el desarrollo de todo el proceso penal. Así, la demostración fehaciente de la
culpabilidad constituye un requisito indispensable para la sanción penal, de modo
que la carga de la prueba recae en la parte acusadora. Es más, el principio de pre-
sunción de inocencia implica que los juzgadores no inicien el proceso con una idea
preconcebida de que el acusado ha cometido el delito que se le imputa.
En este sentido, la Corte estima que la presunción de inocencia exige que el acu-
sador deba demostrar que el ilícito penal es atribuible a la persona imputada, es
decir, que ha participado culpablemente en su comisión y que las autoridades judi-
ciales deban fallar [con un criterio] más allá de toda duda razonable para declarar
la responsabilidad penal individual del imputado, incluyendo determinados aspec-
tos fácticos relativos a la culpabilidad del imputado” (Corte IDH. Caso Zegarra
Marín vs. Perú. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas. Sen-
tencia del 15 de febrero de 2017. Serie C, N° 331, párr. 123 y 124).
“Uno de los principios dentro de un proceso penal enmarcado en un Estado de
derecho debe regirse dentro de los principios de presunción de inocencia, lo cual
presenta dos ámbitos de manifestación: el ser tratado como inocente mientras no
haya sido condenado con sentencia firme y el derecho a defenderse. La primera
de sus manifestaciones en sentido amplio implicaría que para destruir el statu quo
de este principio involucra, como en el caso concreto, que la Fiscalía debe pro-
bar cada elemento descriptivo y normativo que integra el tipo penal materia de

86
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

imputación” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 71-2018-Callao, del 6 de agosto


de 2018, considerando 9).
“En virtud del derecho a la presunción de inocencia garantizado constitucional-
mente en el literal e del numeral vigesimotercero del artículo segundo de la Cons-
titución Política del Perú, el procesado no tiene que demostrar su inocencia; es el
Ministerio Público quien tiene la carga de probar, más allá de toda duda razona-
ble, su responsabilidad penal en el ilícito que le imputa” (Sala Penal Permanente.
R.N. N° 413-2017-Lima, del 21 de junio de 2018, considerando 3.1).
“La Corte considera que el derecho a la presunción de inocencia es un elemento
esencial para la realización efectiva del derecho a la defensa y acompaña al acu-
sado durante toda la tramitación del proceso hasta que una sentencia condenato-
ria que determine su culpabilidad quede firme. Este derecho implica que el acu-
sado no debe demostrar que no ha cometido el delito que se le atribuye, ya que el
onus probandi corresponde a quien acusa” (Corte IDH. Caso Ricardo Canese vs.
Paraguay. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 31 de agosto de 2004.
Serie C, N° 111, párr. 154).

104 ¿Qué implicancias tiene la presunción de inocencia como regla de juicio?


“El derecho a la presunción de inocencia se configura, en tanto que regla de juicio
y desde la perspectiva constitucional, como el derecho a no ser condenado sin prue-
bas de cargo válidas, lo que implica que exista una mínima actividad probatoria,
realizada con las garantías necesarias, referida a todos los elementos esenciales
del delito y que de la misma quepa inferir razonablemente los hechos y la partici-
pación del acusado en ellos, conforme lo recalca la doctrina consolidada de esta
suprema instancia (…)” (Sala Penal Permanente. R.N. Nº 3521-2015-Huánuco,
del 20 de abril de 2017, considerando 3.1.1).
“En conclusión, la presunción de inocencia como principio significa: ‘que la cul-
pabilidad debe ser jurídicamente construida y que esa construcción implica la
adquisición de un grado de certeza […]’. En consecuencia, en el presente caso
no existen suficientes elementos de convicción que destruyan el statu quo del
principio de inocencia del imputado. Por lo tanto, en un Estado constitucional
de derecho, la justicia penal debe tener certeza de la comisión del hecho delic-
tivo para legitimar la privación de libertad de un ser humano. Así, no hay prue-
bas suficientes como para emitir un fallo condenatorio en resguardo del dere-
cho a la presunción de inocencia de la que goza toda persona de acuerdo con el
literal e del inciso veinticuatro del artículo dos de la Constitución Política del
Estado” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 71-2018-Callao, del 6 de agosto de
2018, considerando 11).
“Que esta singular declaración no es suficiente e idónea para destruir la presun-
ción de inocencia del encausado, pues no ha sido exacta y concreta en todas las
ocasiones que el testigo declaró en el proceso, lo que genera duda en cuanto a la
validez y realidad de lo que declaró –afectando la credibilidad–; que, asimismo,

87
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

para que se estime prueba de cargo eficaz –más allá de toda duda razonable– debe
estar corroborada con pruebas directas o aún indicios periféricos externos que lo
doten de objetividad y confirmen mínimamente su contenido, lo que no sucedió
en el caso concreto; que, en ese sentido, no genera convicción y tampoco con-
firma de modo alguno la participación del inculpado, pues no es contundente, no
se corroboró con otras pruebas que acrediten la veracidad de los hechos que relató;
que desde esa óptica procesal no tienen la entidad suficiente para generar certeza
judicial de culpabilidad” (Sala Penal Transitoria. R.N. N° 1647-2012-Amazo-
nas, del 17 de enero de 2013, considerando 4).
“[L]a Corte resalta que el principio de presunción de inocencia es un eje rec-
tor en el juicio y un estándar fundamental en la apreciación probatoria que esta-
blece límites a la subjetividad y discrecionalidad de la actividad judicial. Así, en
un sistema democrático la apreciación de la prueba debe ser racional, objetiva e
imparcial para desvirtuar la presunción de inocencia y generar certeza de la res-
ponsabilidad penal” (Corte IDH. Caso Zegarra Marín vs. Perú. Excepciones
preliminares, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 15 de febrero de 2017.
Serie C, N° 331, párr. 125).
“[E]l derecho a la presunción de inocencia, se configura en tanto que la regla de
juicio y desde la perspectiva constitucional, como el derecho a no ser condenado
sin pruebas de cargo válidas, lo que implica que exista una mínima actividad
probatoria, realizada con las garantías necesarias, referida a todos los elementos
esenciales del delito y que de la misma quepa inferir razonablemente los hechos
y la participación del acusado en ellos, conforme lo recalca la doctrina consoli-
dada de esta Suprema Instancia (…)” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 1862-
2010-Lima, del 25 de abril de 2011, considerando 3).
“La Corte ha señalado que el artículo 8.2 de la Convención exige que una per-
sona no pueda ser condenada mientras no exista prueba plena de su responsa-
bilidad penal. Si obra contra ella prueba incompleta o insuficiente, no es pro-
cedente condenarla, sino absolverla. En este sentido, la Corte ha afirmado que
en el principio de presunción de inocencia subyace el propósito de las garantías
judiciales, al afirmar la idea de que una persona es inocente hasta que su cul-
pabilidad sea demostrada” (Corte IDH. Caso Ricardo Canese vs. Paraguay.
Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 31 de agosto de 2004. Serie C,
N° 111, párr. 153).

105 ¿
En qué etapa del proceso penal se puede generar prueba idónea para
quebrantar la presunción de inocencia?
“(…) La fase del juicio oral viene (…) celebración del juicio, que como acto con-
centrado es la máxima expresión del proceso penal. Únicamente la actuación de
los medios probatorios durante el juicio oral puede generar una prueba idónea para
quebrantar la presunción de inocencia que le asiste al procesado. Asimismo, la
actuación de pruebas durante el juicio oral implica respetar el derecho a la defensa

88
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

que le asiste al procesado al tener la posibilidad de oponerse y contradecir dicha


prueba, adicionalmente, es el único momento en el cual el Juez puede entrar en
contacto con la prueba, apreciarla plenamente y, por tanto, hacer una valoración
completa de ella” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 515-2016-Lima, del 11 de
enero de 2017, considerando 4.5).

106 ¿
Cuál es la implicancia del principio in dubio pro reo como manifesta-
ción de regla de juicio de la presunción de inocencia?
“El principio in dubio pro reo, por otro lado, significa que en caso de duda sobre
la responsabilidad del procesado, debe estarse a lo que sea más favorable a este
(la absolución por contraposición a la condena). Si bien es cierto en el principio
in dubio pro reo no está expresamente reconocido en el texto de la Constitución,
también lo es que su existencia se desprende tanto del derecho a la presunción de
inocencia, que sí goza del reconocimiento constitucional, como de la defensa de
la persona humana y el respeto de su dignidad, fin supremo de la sociedad y del
Estado (artículo 1 de la Carta fundamental).
Ahora bien, cabe anotar que tanto la presunción de inocencia como el in dubio pro
reo inciden sobre la valoración probatoria del juez ordinario. En el primer caso,
que es algo objetivo, supone que a falta de pruebas aquella no ha quedado des-
virtuada, manteniéndose incólume, y, en el segundo caso, que es algo subjetivo,
supone que ha habido prueba, pero esta no ha sido suficiente para despejar la duda
(la suficiencia no se refiere a la cantidad de pruebas incriminatorias, sino a la enti-
dad y cualidad que deben reunir estas). La sentencia, en ambos casos, será abso-
lutoria, bien por falta de pruebas (presunción de inocencia), bien porque la insu-
ficiencia de las mismas –desde el punto de vista subjetivo del juez– genera duda
de la culpabilidad del acusado (in dubio pro reo), lo que da lugar a las llamadas
sentencias absolutorias de primer y segundo grado, respectivamente” (Sala Penal
Permanente. Casación Nº 724-2014-Cañete, del 12 de agosto de 2015, conside-
randos 3.3.11 y 3.3.12).
“Ahora bien, cabe anotar que tanto la presunción de inocencia como el in dubio pro
reo inciden sobre la valoración probatoria del juez ordinario. En el primer caso,
que es algo objetivo, supone que a falta de pruebas aquella no ha quedado des-
virtuada, manteniéndose incólume, y en el segundo caso, que es algo subjetivo,
supone que ha habido prueba, pero esta no ha sido suficiente para despejar la duda
(la suficiencia no se refiere a la cantidad de pruebas incriminatorias, sino a la enti-
dad y cualidad que deben reunir estas). La sentencia, en ambos casos, será abso-
lutoria, bien por falta de pruebas (presunción de inocencia), bien porque la insu-
ficiencia de las mismas –desde el punto de vista subjetivo del juez– genera duda
de la culpabilidad del acusado (in dubio pro reo), lo que da lugar a las llamadas
sentencias absolutorias de primer y segundo grado, respectivamente” (STC. Exp.
N° 00728-2008-PHC/TC-Lima, del 13 de octubre de 2008, f. j. 37).

89
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

107 ¿
Qué consecuencias conlleva la aplicación del in dubio pro reo como
manifestación de la presunción de inocencia como regla de juicio?
“Al respecto, el Tribunal reitera que ‘la demostración fehaciente de la culpabi-
lidad constituye un requisito indispensable para la sanción penal, de modo que
la carga de la prueba recae en la parte acusadora y no en el acusado’ (supra
párr. 123). En este sentido, ‘el acusado no debe demostrar que no ha cometido el
delito que se le atribuye, ya que el onus probandi corresponde a quien acusa’ y
cualquier duda debe ser usada en beneficio del acusado. En consecuencia, al pre-
sumir la culpabilidad del inculpado, requiriendo que sea este quien demuestre su
inculpabilidad, se vulnera el derecho a la presunción de inocencia” (Corte IDH.
Caso Zegarra Marín vs. Perú. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones
y costas. Sentencia del 15 de febrero de 2017. Serie C, N° 331, párr. 138).

108 ¿
El derecho a la debida motivación permite garantizar el respeto a la
presunción de inocencia?
“La Corte subraya la relevancia de la motivación, a fin de garantizar el princi-
pio de presunción de inocencia, principalmente en una sentencia condenatoria, la
cual debe expresar la suficiencia de prueba de cargo para confirmar la hipótesis
acusatoria; la observancia de las reglas de la sana crítica en la apreciación de la
prueba, incluidas aquellas que pudieran generar duda de la responsabilidad penal;
y el juicio final que deriva de esta valoración. En su caso, debe reflejar las razo-
nes por las que fue posible obtener convicción sobre la imputación y la respon-
sabilidad penal, así como la apreciación de las pruebas para desvirtuar cualquier
hipótesis de inocencia, y solo así poder confirmar o refutar la hipótesis acusato-
ria. Lo anterior, permitiría desvirtuar la presunción de inocencia y determinar la
responsabilidad penal más allá de toda duda razonable. Ante la duda, la presun-
ción de inocencia y el principio in dubio pro reo, operan como criterio decisorio al
momento de emitir el fallo” (Corte IDH. Caso Zegarra Marín vs. Perú. Excep-
ciones preliminares, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 15 de febrero
de 2017. Serie C, N° 331, párr. 147).

XI. EL PRINCIPIO DEL NE BIS IN IDEM

Base legal Constitución Política: art. 139.13.


Código Procesal Penal de 2004: art. III del Título Preliminar.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 8.4.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.7.

109 ¿En qué consiste el principio del ne bis in idem?


“Este principio busca proteger los derechos de los individuos que han sido pro-
cesados por determinados hechos para que no vuelvan a ser enjuiciados por los

90
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

mismos hechos. A diferencia de la fórmula utilizada por otros instrumentos inter-


nacionales de protección de derechos humanos (por ejemplo, el Pacto Internacio-
nal de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, artículo 14.7, que se
refiere al mismo ‘delito’), la Convención Americana utiliza la expresión ‘los mis-
mos hechos’, que es un término más amplio en beneficio de la víctima” (Corte
IDH. Caso Loayza Tamayo vs. Perú. Fondo. Sentencia del 17 de setiembre de
1997. Serie C, N° 33, párr. 66).
“La Corte reitera que el principio ne bis in idem, consagrado en el artículo 8.4 de
la Convención, se sustenta en la prohibición de un nuevo juicio sobre los mismos
hechos que han sido materia de la sentencia dotada con autoridad de cosa juzgada.
La Corte considera que el señor Mohamed no fue sometido a dos juicios o pro-
cesos judiciales distintos sustentados en los mismos hechos” (Corte IDH. Caso
Mohamed vs. Argentina. Excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas.
Sentencia del 23 de noviembre de 2012. Serie C, N° 255, párr. 125).
“[E]l derecho a no ser sancionado dos veces por un mismo hecho o el de no ser pro-
cesado dos veces es parte de la garantía genérica del debido proceso y tiene íntima
relación con los principios de legalidad y proporcionalidad, por lo que no se puede
aplicar múltiples normas sancionadoras a una misma persona o enjuiciarla por el
mismo hecho por el cual se expidió una resolución con efecto de cosa juzgada;
que este principio resulta de aplicación cuando concurren los supuestos de iden-
tidad de hecho, identidad de sujeto y unidad de fundamento” (Sala Penal Tran-
sitoria. R.N. N° 561-2011-Lima, del 7 de diciembre de 2011, considerando 4.1).
“Sobre el particular, este Tribunal ha señalado, en diversas ocasiones, que el
derecho de no ser sancionado dos veces por un mismo hecho o el de no ser pro-
cesado dos veces (non bis in idem), constituye un contenido implícito del dere-
cho al debido proceso reconocido en el inciso 3) del artículo 139 de la Constitu-
ción. Dicho principio, en su vertiente procesal, se encuentra contemplado en el
artículo 14.7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que declara
que ‘nadie podrá ser juzgado ni sancionado por un delito por el cual ya haya sido
condenado o absuelto por una sentencia firme de acuerdo con la ley y el proce-
dimiento penal de cada país’; y en el artículo 8.4 de la Convención Americana,
según el cual ‘El inculpado absuelto por una sentencia firme no podrá ser some-
tido a nuevo juicio por los mismos hechos’” (STC. Exp. N° 0729-2003-HC/TC-
Lima, del 14 de abril de 2003, f. j. 2).

110 ¿Cuáles son las dimensiones del principio del ne bis in idem?
“Por otra parte en la sentencia recaída en Expediente N° 2050-2002-AA/TC, este
Tribunal ha señalado que dicho principio se encuentra implícito en el derecho al
debido proceso reconocido por el inciso 3) del artículo 139 de la Constitución Polí-
tica del Perú, el mismo que debe identificarse en función de sus dos dimensiones
(formal y material). En tal sentido se sostuvo que el principio ne bis in idem en su
vertiente material garantiza el derecho a no ser procesado por la infracción a un

91
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

bien jurídico por el cual ya se fue sentenciado (pronunciamiento judicial firme),


siempre y cuando exista identidad de sujeto, hecho y fundamento, pues dicho
derecho presupone la interdicción de un nuevo proceso penal a un mismo impu-
tado, por la misma conducta y con igual fundamento que en el proceso penal ante-
rior en el que fue sentenciado, protegiéndolo de esa manera frente al riesgo de
la imposición de una doble condena. Ello se yergue como límite material frente
a los mayores poderes de persecución que tiene el Estado, que al ejercer su ius
puniendi contra una determinada conducta delictiva debe tener una sola oportu-
nidad de persecución, lo que guarda conexión con los principios de legalidad y
proporcionalidad, puesto que de configurarse los tres presupuestos del aludido
principio y llevarse a cabo un nuevo proceso penal y/o imponerse una nueva sen-
tencia, se incurriría en un exceso del poder sancionador contrario a las garantías
propias del Estado de Derecho” (STC. Exp. N° 02890-2010-PHC/TC-Lima, del
12 de noviembre de 2010, f. j. 3).
“El Tribunal Constitucional ha señalado que el ne bis in idem es un principio que
informa la potestad sancionadora del Estado, el cual impide –en su formulación
material– que una persona sea sancionada o castigada dos veces por una misma
infracción cuando exista identidad de sujeto, hecho y fundamento. En su ver-
tiente procesal, en cambio, tal principio comporta que ‘nadie pueda ser juzgado
dos veces por los mismos hechos’, es decir, que un mismo hecho no pueda ser
objeto de dos procesos distintos o, si se quiere, que se inicien dos procesos con
el mismo objeto. Con ello se impide, por un lado, la dualidad de procedimientos,
así como el inicio de un nuevo proceso cuando concurra la referida triple iden-
tidad entre ambos procesos [Cfr. STC Exp. N° 10192-2006-PHC/TC]. Entonces,
el principio ne bis in idem se yergue como límite material frente a los mayores
poderes de persecución que tiene el Estado, que al ejercer su ius puniendi contra
una determinada conducta delictiva debe tener una sola oportunidad de persecu-
ción, lo que guarda conexión con los principios de legalidad y proporcionalidad,
puesto que de configurarse [de manera concurrente] los tres presupuestos del alu-
dido principio y llevarse a cabo un nuevo proceso penal y/o imponerse una nueva
sentencia, se incurriría en un exceso del poder sancionador contrario a las garan-
tías propias del Estado de Derecho [STC Exp. N° 04765-2009-PHC/TC]” (STC.
Exp. N° 01415-2010-PHC/TC-San Martín, del 19 de octubre de 2010, f. j. 3).
“El Tribunal Constitucional ya ha señalado que el ne bis in idem es un principio
que informa la potestad sancionadora del Estado, el cual impide –en su formula-
ción material– que una persona sea sancionada o castigada dos (o más veces) por
una misma infracción cuando exista identidad de sujeto, hecho y fundamento. En
su vertiente procesal, en cambio, tal principio comporta que nadie pueda ser juz-
gado dos veces por los mismos hechos, es decir, que un mismo hecho no pueda
ser objeto de dos procesos distintos o, si se quiere, que se inicien dos procesos con
el mismo objeto. Con ello se impide, por un lado, la dualidad de procedimientos,
así como el inicio de un nuevo proceso cuando concurra la referida triple identi-
dad entre ambos procesos (Cfr. Expediente N° 2050-2002-HC/TC, Carlos Ramos

92
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

Colque, fundamento 19)” (STC. Exp. N° 05560-2009-PHC/TC-Lima, del 3 de


marzo de 2011, f. j. 2).
“Así, el ne bis in idem es un derecho que tiene un doble contenido. Por un lado
ostenta un carácter procesal y por otro un carácter material. Entender a este prin-
cipio desde su vertiente procesal implica ‘(…) respetar de modo irrestricto el dere-
cho de una persona de no ser enjuiciado dos veces por el mismo hecho (…)’ o no
‘(…) ser juzgado dos veces por los mismos hechos, es decir que un mismo supuesto
fáctico no puede ser objeto de dos procesos penales distintos o si se quiere que se
inicien dos procesos penales con el mismo objeto (…)’ (STC Exp. Nº 2050-2002-
AA/TC). Mientras que desde su vertiente material ‘(…) expresa la imposibilidad
de que recaigan dos sanciones sobre el mismo sujeto por la misma infracción,
puesto que tal proceder constituiría un exceso del poder sancionador (…)’” (STC
Exp. Nº 2050-2002-AA/TC).
Ello supone que un mismo hecho no puede ser objeto de dos procesos distintos, ni
merecer persecución penal múltiple. Consecuentemente la protección se vincula
a los hechos que fueron materia de un primer pronunciamiento y sobre los cuales
no corresponde una nueva revisión.
Pero la sola existencia de dos procesos o dos condenas impuestas, o si se quiere
dos investigaciones fiscales no pueden ser los únicos fundamentos para activar la
garantía del ne bis in idem, pues se hace necesario previamente la verificación de
la existencia de una resolución que tenga la calidad de cosa juzgada o cosa deci-
dida. Una vez verificado este requisito previo será pertinente analizar stricto sensu
los componentes del ne bis in idem, esto es: a) Identidad de la persona física o
identidad de sujeto; b) Identidad del objeto o identidad objetiva; y, c) Identidad de
la causa de persecución o identidad de fundamento” (STC. Exp. N° 01887-2010-
PHC/TC-Lima, del 24 de setiembre de 2010, ff. jj. 13-15).
“En la misma STC N° 2050-2002-AA/TC, este Tribunal recordó que el principio
ne bis in idem tiene una doble dimensión:
a) Por un lado, una dimensión procesal, en virtud del cual se garantiza que
‘nadie pueda ser juzgado dos veces por los mismos hechos’; es decir, que en
un mismo hecho no pueda ser objeto de dos procesos distintos o, si se quiere,
que se inicien dos procesos con el mismo objeto. Con ello se impide, por un
lado, la dualidad de procedimientos (por ejemplo, uno de orden administra-
tivo y otro de orden penal), y, por otro, el inicio de un nuevo proceso en casa
uno de esos ordenes jurídicos (dos procesos administrativos con el mismo
objeto, por ejemplo) [Fund. Jur. 19].
b) Por otro, una dimensión material, según la cual el enunciado ‘nadie puede
ser castigado dos veces por un mismo hecho’, ‘expresa la imposibilidad de
que recaigan dos sanciones sobre el mismo sujeto por una misma infracción,
puesto que tal proceder constituiría un exceso del poder sancionador contra-
rio a las garantías propias del Estado de derecho. Su aplicación, pues, impide

93
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

que una persona sea sancionada o castigada dos (o más) veces por una misma
infracción cuando exista identidad de sujeto, hecho y fundamento’.
Esa última dimensión tiene conexión con los principios de legalidad y proporcio-
nalidad, ya que si la exigencia de lex praevia y lex certa que impone el artículo 2,
inciso 24, literal d) de la Constitución obedece, entre otros motivos –como lo ha
expresado este Tribunal en la STC N° 0002-2001-AI/TC, Fund. Jur. 6– a la nece-
sidad de garantizar a los ciudadanos un conocimiento anticipado del contenido
de la reacción punitiva o sancionadora del Estado ante la eventual comisión de un
hecho antijurídico, tal cometido garantista devendría inútil si ese mismo hecho, y
por igual fundamento, pudiese ser objeto de un nueva sanción, lo que comporta-
ría una punición desproporcionada de la conducta antijurídica.
De ahí que se considerase que “el elemento consistente en la igualdad de funda-
mentos es la clave que define el sentido del principio: no cabe doble sanción del
mismo sujeto por un mismo hecho cuando la punición se fundamenta en un mismo
contenido injusto, esto es, en la lesión de un mismo bien jurídico o un mismo inte-
rés protegido” (STC. Exp. N° 2868-2004-AA/TC-Áncash, del 24 de noviembre
de 2004, f. j. 4).
“El ne bis in idem es un principio que informa la potestad sancionadora del Estado,
el cual impide –en su formulación material– que una persona sea sancionada o
castigada dos (o más veces) por una misma infracción cuando exista identidad
de sujeto, hecho y fundamento. En su vertiente procesal, en cambio, tal princi-
pio comporta que ‘nadie pueda ser juzgado dos veces por los mismos hechos’, es
decir, que un mismo hecho no pueda ser objeto de dos procesos distintos o, si se
quiere, que se inicien dos procesos con el mismo objeto. Con ello se impide, por
un lado, la dualidad de procedimientos, así como el inicio de un nuevo proceso
cuando concurra la referida triple identidad entre ambos procesos (Cfr. Expe-
diente N° 2050-2002-HC/TC, Carlos Ramos Colque, fundamento 19)” (STC. Exp.
N° 01674-2010-PHC/TC, del 6 de enero de 2011, f. j. 3).

111 ¿
Cómo se desarrolla la conexión que existe entre el ne bis in idem ma-
terial con los principios de proporcionalidad y de legalidad?
“Que el principio ne bis in idem material tiene conexión con los principios de pro-
porcionalidad y de legalidad, el primero se encuentra vinculado a la llamada ‘prohi-
bición de exceso’, esto es , sancionar más de una vez por el mismo contenido injusto
implica imponer una sanción no prevista en la ley, puesto que el artículo VIII del
Título Preliminar del Código Penal establece que la pena no puede sobrepasar la
responsabilidad por el hecho; y, el principio de legalidad garantiza la seguridad
jurídica debido que solo se puede sancionar conductas que se encuentran tipifica-
dos previamente” (Sala Penal Permanente. R.N. Nº 2090-2005-Lambayeque,
del 7 de junio de 2006, considerando 5).

94
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

112 ¿
Qué es lo que garantiza el principio del ne bis in idem en su vertiente
procesal?
“En su vertiente procesal, el principio non bis in idem garantiza que no se vuelva
a juzgar a una persona que ya lo haya sido, utilizando similar fundamento. Y ello
con la finalidad de evitar lo que la V Enmienda de la Constitución Norteamericana
denomina double jeopardy, es decir, el doble peligro de condena sobre una persona.
Este principio contempla la prohibición de la aplicación de múltiples normas san-
cionadoras, la proscripción de ulterior juzgamiento cuando por el mismo hecho
ya se haya enjuiciado en un primer proceso en el que se haya dictado una resolu-
ción con efecto de cosa juzgada” (STC. Exp N° 0729-2003-HC/TC-Lima, del 14
de abril de 2003, f. j. 3).
“En su vertiente procesal, tal principio significa que ‘nadie pueda ser juzgado dos
veces por los mismos hechos’, es decir, que un mismo hecho no pueda ser objeto
de dos procesos distintos o, si se quiere, que se inicien dos procesos con el mismo
objeto. Con ello se impide, por un lado, la dualidad de procedimientos (por ejem-
plo, uno de orden administrativo y otro de orden penal) y, por otro, el inicio de un
nuevo proceso en cada uno de esos órdenes jurídicos (dos procesos administra-
tivos o dos procesos penales con el mismo objeto, por ejemplo). Desde esta ver-
tiente, dicho principio presupone la interdicción de un doble proceso penal por la
misma conducta. Lo que pretende es proteger a cualquier imputado del riesgo de
una nueva persecución penal, con abstracción del grado alcanzado por el proce-
dimiento, simultánea o sucesiva por la misma realidad histórica atribuida. Lo
inadmisible es, pues, tanto la repetición del proceso como una doble condena o el
riesgo de afrontarla, lo cual se yergue como límite material frente a los mayores
poderes de persecución que tiene el Estado, que al ejercer su ius puniendi debe
tener una sola oportunidad de persecución” (STC. Exp. N° 8123-2005-PHC/TC-
Lima, del 14 de noviembre de 2005, f. j. 25).

113 ¿
En qué consiste el criterio de la triple identidad para determinar una
vulneración o no al principio del ne bis in idem?
“Por ello es que para que la prohibición de doble enjuiciamiento por la infrac-
ción de un mismo bien jurídico pueda oponerse a la segunda persecución penal,
es preciso que se satisfaga irremediablemente una triple identidad: a) identidad
de persona física; b) identidad de objeto y, c) identidad de causa de persecución”
(STC. Exp. N° 4587-2004-AA/TC-Lima, del 29 de noviembre de 2005, f. j. 69).
“Ahora bien, verificar la existencia o no de una persecución penal múltiple requiere
la conjunción de tres identidades distintas: identidad de la persona perseguida
(eadem persona), identidad del objeto de persecución (eadem res) e identidad de
la causa de persecución (eadem causa petendi)” (STC. Exp. N° 02890-2010-PHC/
TC-Lima, del 12 de noviembre de 2010, f. j. 5).

95
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

“El primer requisito a ser cumplido para que opere el principio que nos ocupa es
el de identidad de sujeto, lo que significa que la persona física a la cual se le per-
sigue tenga que ser necesariamente la misma. Entendida así esta exigencia, debe-
mos sostener que dicho requisito se cumple a plenitud, pues es perfectamente veri-
ficable que tanto en la investigación fiscal efectuada por el titular de la Décimo
Quinta Fiscalía Provincial Penal en la denuncia identificada con el número de
registro de denuncia 452-2004 (primera investigación) como la reaperturada por
el representante de la Décimo Cuarta Fiscalía Provincial Penal de Lima a la cual
se le asignó el número de registro 038-2007 (segunda investigación) figura el favo-
recido como investigado, esto es la persona de Hipólito Guillermo Mejía Valen-
zuela aparece como sujeto pasivo de la investigación.
En cuanto al segundo requisito, esto es la identidad objetiva o identidad de los
hechos, que no es más que la estricta identidad entre los hechos que sirvieron de
fundamento para la apertura tanto una como otra investigación, es decir, se debe
tratar de la misma conducta material, sin que se tenga en cuenta para ello su cali-
ficación legal.
Finalmente, concluyendo con el análisis del ne bis in idem, debemos verificar
la concurrencia del elemento de identidad de la causa de persecución, lo cual se
presenta en el caso de autos, por cuanto el fundamento de los ilícitos supuesta-
mente realizados por el demandado están referidos por igual a bienes jurídicos de
la Administración Pública (estafa, asociación ilícita para delinquir, fraude en la
administración de personas jurídicas, apropiación ilícita, receptación) que fuera
materia de denuncia de parte y de las resoluciones que al respecto se dictaran en
sede fiscal (STC. Exp. N° 01887-2010-PHC/TC-Lima, del 24 de setiembre de
2010, ff. jj. 25-26 y 31).

114 ¿
Cuáles son los elementos constitutivos de la dimensión formal del
principio del ne bis in idem?
“Por lo que se refiere a los elementos constitutivos de la dimensión procesal del
ne bis in idem, de acuerdo a la doctrina jurisprudencial de este Tribunal, es posi-
ble señalar los siguientes:
a) El procesado debe haber sido condenado o absuelto.
b) La condena o absolución debe sustentarse en una resolución judicial firme.
c) La nueva persecución penal debe sustentarse en la infracción del mismo bien
jurídico que motivó la primera resolución de absolución o condena” (STC.
Exp. N° 00286-2008-PHC/TC-Ayacucho, del 6 de febrero de 2009, f. j. 8).
“Para que se configure una violación del artículo 8.4 de la Convención Ameri-
cana: (i) el imputado debe haber sido absuelto; (ii) la absolución debe ser el resul-
tado de una sentencia firme, y (iii) el nuevo juicio debe estar fundado en los mis-
mos hechos que motivaron la sustanciación del primer juicio” (Corte IDH. Caso J.

96
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

vs. Perú. Excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 27


de noviembre de 2013. Serie C, N° 275, párr. 262).

115 ¿
Se vulnera el principio del ne bis in idem si el doble juzgamiento se
debe a que el primer proceso se declaró nulo por cuanto había sido
tramitado ante un juez que carecía de competencia?
“Dado que la exigencia primaria y básica de la dimensión procesal del ne bis in
idem es impedir que el Estado arbitrariamente persiga criminalmente a una per-
sona por más de una vez, el Tribunal considera que tal arbitrariedad no se genera
en aquellos casos en los que la instauración y realización de un proceso penal se
efectúa como consecuencia de haberse declarado la nulidad del primer proceso,
tras constatarse que este último se realizó por una autoridad jurisdiccional que
carecía de competencia ratione materiae para juzgar un delito determinado. Y es
que la garantía al interés constitucionalmente protegido por ese derecho no opera
por el solo hecho de que se le oponga la existencia fáctica de un primer proceso,
sino que es preciso que este sea jurídicamente valido” (STC. Exp. N° 4587-2004-
AA/TC-Lima, del 29 de noviembre de 2005, f. j. 74).
“Asimismo, este Tribunal Constitucional ha desarrollado el concepto de ne bis
in idem, precisando que en aquellos casos en los que el primer proceso seguido
contra el procesado fue declarado nulo, no existiría tal vulneración del derecho.
En efecto, dado que la exigencia primaria y básica de la dimensión procesal del
ne bis in idem es impedir que el Estado arbitrariamente persiga criminalmente a
una persona por más de una vez, este Tribunal considera que tal arbitrariedad no
se genera en aquellos casos en lo que la instauración y realización de un proceso
penal se efectúa como consecuencia de haberse declarado la nulidad del primer
proceso, tras constatarse que este último se realizó por una autoridad jurisdic-
cional que carecía de competencia ratione materiae para juzgar un delito deter-
minado. Y es que la garantía al interés constitucionalmente protegido por este
derecho no opera por el solo hecho de que se le oponga la existencia fáctica de un
primer proceso, sino que es preciso que este sea jurídicamente válido (Expediente
N° 4587-2004-AA/TC, caso Santiago Martín Rivas, fundamento 74)” (STC. Exp.
N° 05560-2009-PHC/TC-Lima, del 3 de marzo de 2011, f. j. 3).

116 ¿
La existencia de un proceso penal enerva la potestad de la
Administración para procesar y sancionar administrativamente al
funcionario o servidor que ha incurrido en graves irregularidades en
el desempeño de sus funciones?
“Que el principio ne bis in idem contempla el contenido material y procesal y
debe contener como presupuesto un mismo hecho, siempre que se trate del mismo
sujeto y fundamento; que, además, se admite acumulación de sanciones prove-
nientes de diferentes órdenes cuando ellas obedecen a diferente fundamento, es
decir, si son bienes jurídicos distintos, si el interés jurídicamente protegido por
la infracción administrativa sea distinto al de la infracción penal, que, en este

97
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

supuesto, la responsabilidad penal es independiente de la responsabilidad admi-


nistrativa en que incurrió el funcionario por haber cometido graves irregulari-
dades en el desempeño de sus funciones, la existencia de un proceso penal no
enerva la potestad de la Administración para procesar y sancionar administrati-
vamente al servidor o funcionario que ha incurrido en falta disciplinaria porque
ambos ordenamientos jurídicos cumplen distintos fines o sirven a la satisfacción
de interés o bienes jurídicos diferentes –posibilidad que admite el artículo dos-
cientos cuarenta y tres de la Ley numero veintisiete mil cuatrocientos cuarenta y
cuatro–; el procedimiento administrativo tiene por objeto investigar y, de ser el
caso, sancionar una conducta funcional, mientras que el proceso penal conlleva
a una sanción punitiva que puede incluso derivar en la privación de la libertad,
siempre que se determine la responsabilidad penal, como así lo reconoce también
el Tribunal Constitucional en sus sentencias de fechas dieciséis de abril de dos
mil tres, veinticuatro y veinticinco de noviembre y veintiocho de diciembre de dos
mil cuatro, emitidas en los expedientes números veinte cincuenta –dos mil dos–
AA/TC, veintiocho sesenta y ocho –dos mil cuatro -AA/TC, veintitrés veintidós
-dos mil cuatro-AA/TC, treinta y uno noventa y cuatro -dos mil cuatro-HC/TC,
respectivamente” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 2090-2005-Lambayeque,
del 7 de junio de 2006, considerando 6).

117 ¿El principio del ne bis in idem rige también en sede fiscal?
“[E]l principio de la interdicción de la persecución penal múltiple, conocido como
ne bis in idem igualmente rige los dictámenes expedidos por los señores fiscales,
esto es que el fiscal, no puede investigar el mismo hecho, cuando ha emitido un
pronunciamiento de fondo, considerando primigeniamente que el hecho denun-
ciado ‘no constituye delito’, pues ello constituiría un flagrante atentado al principio
de ne bis in idem; pues si bien es cierto el Ministerio Público, ostenta el monopo-
lio del ejercicio público de la acción penal, es quien finalmente decide qué per-
sona debe ser llevada ante los tribunales por la presunta comisión de un delito,
por lo que sus decisiones aun y cuando tiene la naturaleza de ‘cosa decidida’, no
es menos cierto que deben estar revestidas de seguridad jurídica, acorde con las
reglas del debido proceso.
Sin embargo, este principio no alcanza cuando la decisión del fiscal que dispone
el archivamiento, ha obedecido a razones de deficiencia o falta de elementos de
prueba, por cuanto la existencia de nuevos elementos probatorios, no conocidos
con anterioridad por el Ministerio Público, permitiría al titular de la acción penal
reabrir la investigación preliminar, hecho que no ha sucedido en la presente causa,
por lo que procede estimar la pretensión del beneficiario” (STC. Exp. Nº 01887-
2010-PHC/TC-Lima, del 24 de setiembre de 2010, ff. jj. 5 y 6).

118 ¿En qué casos no procede la aplicación del principio del ne bis in idem?
“(…) Al respecto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha precisado
también: ‘En lo que toca al principio de ne bis in idem, aun cuando es un derecho

98
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

humano reconocido en el artículo 8.4 de la Convención Americana, no es un dere-


cho absoluto y, por tanto, no resulta aplicable cuando: i) la actuación del tribunal
que conoció el caso decidió sobreseer o absolver al responsable de una violación
a los derechos humanos o al Derecho Internacional obedeció al propósito de sus-
traer al acusado de su responsabilidad penal; ii) el procedimiento no fue instruido
independiente o imparcialmente de conformidad con las debidas garantías proce-
sales; o iii) no hubo la intención real de someter al responsable a la acción de la
justicia. Una sentencia pronunciada en las circunstancias indicadas produce una
cosa juzgada ‘aparente o fraudulenta’. Por otro lado (…) considera que si apare-
cen nuevos hechos o pruebas u puedan permitir la determinación de los respon-
sables de violaciones a los derechos humanos, y más aún, de los responsables de
crímenes de lesa humanidad, pueden ser reabiertas las investigaciones, incluso si
existe una sentencia absolutoria en calidad de cosa juzgada, puesto que las exigen-
cias de la justicia, los derechos de las víctimas y la letra y espíritu de la Conven-
ción Americana desplaza la protección del ne bis in idem’ (Corte Interamericana
de Derechos Humanos, Caso Almonacid Arellano y otros vs Chile, Sentencia de
26 de setiembre de 2006, párrafo 154)” (Segunda Sala Penal Transitoria. R.N.
N° 4780-2007-Lima, del 11 de julio de 2008, considerando 5).
“En lo que toca al principio ne bis in idem, aun cuando es un derecho humano
reconocido en el artículo 8.4 de la Convención Americana, no es un derecho
absoluto y, por tanto, no resulta aplicable cuando: i) la actuación del tribunal que
conoció el caso y decidió sobreseer o absolver al responsable de una violación a
los derechos humanos o al derecho internacional obedeció al propósito de sus-
traer al acusado de su responsabilidad penal; ii) el procedimiento no fue instruido
independiente o imparcialmente de conformidad con las debidas garantías pro-
cesales, o iii) no hubo la intención real de someter al responsable a la acción de
la justicia. Una sentencia pronunciada en las circunstancias indicadas produce
una cosa juzgada ‘aparente’ o ‘fraudulenta’. Por otro lado, esta Corte considera
que si aparecen nuevos hechos o pruebas que puedan permitir la determinación
de los responsables de violaciones a los derechos humanos, y más aún, de los
responsables de crímenes de lesa humanidad, pueden ser reabiertas las investi-
gaciones, incluso si existe un sentencia absolutoria en calidad de cosa juzgada,
puesto que las exigencias de la justicia, los derechos de las víctimas y la letra y
espíritu de la Convención Americana desplaza la protección del ne bis in idem”
(Corte IDH. Caso Almonacid Arellano y otros vs. Chile. Excepciones preli-
minares, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 26 de setiembre de 2006.
Serie C, N° 154, párr. 154).
“Específicamente en relación con la figura de la cosa juzgada, recientemente la
Corte precisó que el principio non bis in idem no resulta aplicable cuando el proce-
dimiento que culmina con el sobreseimiento de la causa o la absolución del res-
ponsable de una violación a los derechos humanos, constitutiva de una infracción
al derecho internacional, ha sustraído al acusado de su responsabilidad penal, o
cuando el procedimiento no fue instruido independiente o imparcialmente de con-
formidad con las debidas garantías procesales. Una sentencia pronunciada en las

99
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

circunstancias indicadas produce una cosa juzgada ‘aparente’ o ‘fraudulenta’”.


(Corte IDH. Caso La Cantuta vs. Perú. Fondo, reparaciones y costas. Senten-
cia del 29 de noviembre de 2006. Serie C, N° 162, párr. 153).
“Asimismo, es necesario señalar que el principio de cosa juzgada implica la intan-
gibilidad de una sentencia sólo cuando se llega a esta respetándose el debido pro-
ceso de acuerdo a la jurisprudencia de este Tribunal en la materia. Por otro lado,
si aparecen nuevos hechos o pruebas que puedan permitir la determinación de
los responsables de esas graves violaciones a los derechos humanos pueden ser
reabiertas las investigaciones, incluso si existe una sentencia absolutoria en cali-
dad de cosa juzgada” (Corte IDH. Caso de la Masacre de la Rochela vs. Colom-
bia. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 11 de mayo de 2007. Serie C,
N° 163, párr. 197).

XII. E L DERECHO DE DEFENSA

Base legal Constitución Política: arts. 139.14, 139.15.


Código Procesal Penal de 2004: arts. IX del Título Preliminar, 65.4.
Convención Interamericana de Derechos Humanos: art. 8.2.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 4.3.

119 ¿En qué consiste el derecho de defensa?


“Sobre el derecho de defensa, este Tribunal ha señalado en su jurisprudencia que
constituye un derecho fundamental de naturaleza procesal que conforma, a su
vez, el ámbito del debido proceso, y sin el cual no podría reconocerse la garantía
de este último. Por ello, en tanto derecho fundamental, se proyecta como princi-
pio de interdicción para afrontar cualquier indefensión y como principio de con-
tradicción de los actos procesales que pudieran repercutir en la situación jurí-
dica de algunas de las partes, sea en un proceso o procedimiento, o en el caso de
un tercero con interés (Cfr. SSTC Exp. Nº 5085-2006-PA, 4719-2017-HC, entre
otras)” (STC. Exp. Nº 07731-2013-PHC/TC, del 9 de diciembre de 2015, f. j. 4).
“El inciso catorce del artículo ciento treinta y nueve de la Constitución reconoce la
garantía de defensa procesal. Es una garantía, desarrollada legalmente en el artículo
IX del Título Preliminar del Nuevo Código Procesal Penal, que importa que todo
justiciable pueda tomar posición frente a los reproches o cargos formulados en
su contra y que se consideren en la obtención de la sentencia los puntos de vista
sometidos a discusión; es decir, permite instrumentalmente el esclarecimiento de
la sospecha mediante un proceso dialéctico, en el que se pone a debate aspectos
inculpatorios y exculpatorios, así como los argumentos y contra argumentos pon-
derados entre sí” (Sala Penal Permanente. Casación N° 14-2009-La Libertad,
del 5 de febrero de 2010, considerando 9).

100
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

120 ¿Cuáles son las fases del derecho de defensa?


“El derecho de defensa tiene dos fases: i) es un derecho subjetivo que es inalie-
nable e irrenunciable, es una manifestación de la libertad de las personas; ii) es
una garantía procesal constitucional que impide el uso arbitrario o desmedido de
la coerción penal al garantizar entre otras cosas, que una persona sometida a una
investigación tenga la oportunidad para contradecir y contra argumentar en el
proceso, en igualdad de condiciones, en defensa derechos e intereses, usando los
medios de prueba que resulten pertinentes para su tesis de defensa.
En consecuencia, en un Estado de derecho, la vigencia del debido proceso prohíbe
toda forma de juzgamiento en el que previamente se haya trasgredido la garantía
de defensa que asiste a toda persona sometida a un proceso penal. Lo mencionado
es una cuestión de orden público porque la sociedad tiene interés en que se reprima
penalmente al culpable mas no al inocente” (Sala Penal Permanente. Casación
Nº 864-2016-Del Santa, del 27 de diciembre de 2017, considerandos 5.2 y 5.3).

121 ¿Qué principios forman parte del derecho de defensa?


“Así, son parte importante del derecho a la defensa ciertos principios, como el de
concordancia entre la acusación fiscal y la determinación del tipo penal en la sen-
tencia, el derecho a participar del contradictorio; a ofrecer medios probatorios; a
obtener resoluciones judiciales debida y suficientemente fundamentadas que per-
mitan un ejercicio eficaz del derecho a la pluralidad de instancias; a ser asesorado
por abogado de su elección; a ser informado eficaz y oportunamente de los car-
gos que sustente tanto una detención como una acusación. Este último derecho
implica también el derecho a ser notificado en forma debida de todas las diligen-
cias que se actúen al interior de un proceso, de las cuales se pueda desprender,
en mayor o menor grado, una limitación para ejercer dicho derecho” (STC. Exp.
N° 7811-2006-PHC/TC-Lima, del 20 de setiembre de 2006, f. j. 4).

122 ¿En qué etapas del proceso se extiende el derecho de defensa?


“El Derecho de Defensa en el nuevo Código Procesal Penal está regulado en el
Art. IX del Título Preliminar, estableciendo que: Toda persona tiene derecho invio-
lable e irrestricto a que:
- Se le informe de sus derechos.
- Se le comunique de inmediato y detalladamente la imputación formulada en
su contra.
- Ser asistido por un abogado defensor de su elección o de oficio, desde que es
citado o detenido por la autoridad.
- Se le conceda un tiempo razonable para que prepare su defensa.
- Ejercer su autodefensa material.

101
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

- A intervenir en plena igualdad, en la actividad probatoria y en las condicio-


nes previstas por la ley.
- A utilizar los medios de prueba pertinentes.
En el mismo artículo se especifica que el ejercicio del derecho de defensa se extiende
a todo estado y grado del procedimiento, en la forma y oportunidad que la ley
señala. Como se aprecia, el imputado tiene derecho a defenderse desde que se le
hace la imputación, con el inicio de las primeras diligencias de investigación hasta
la culminación del proceso penal y siempre asistido de un defensor de su elección
o defensor público; quien puede informarse de los cargos, intervenir en las inicia-
les diligencias de investigación, participar de las mismas, presentar pedidos, ofre-
cer la actuación de pruebas y demás posibilidades que la ley permite en igualdad
de condiciones” (Sala Penal Permanente. Casación N° 413-2014-Lambayeque,
del 7 de abril de 2015, considerando 40).
“El derecho a la defensa es un componente central del debido proceso que obliga
al Estado a tratar al individuo en todo momento como un verdadero sujeto de ese
concepto, y no simplemente como es objeto del mismo. El derecho de defensa debe
necesariamente poder ejercerse desde que se señala a una persona como posible
autor o partícipe de un hecho punible y solo culmina cuando finaliza el proceso,
incluyendo, en su caso, la etapa de ejecución de la pena. El derecho de defensa
se proyecta en dos facetas dentro del proceso penal: por un lado, a través de los
propios actos del inculpado, siendo su exponente central la posibilidad de ren-
dir una declaración libre sobre los hechos que se le atribuyen y, por lo tanto, que
medio de la defensa técnica, ejercida por un profesional del Derecho, quien cum-
ple la función de asesorar al investigado sobre sus deberes y derechos y ejecuta,
inter alia, un control crítico y de legalidad en la producción de pruebas. La Con-
vención Americana rodea de garantías específicas el ejercicio tanto del derecho
de defensa material, por ejemplo, a través del derecho a no ser obligado a decla-
rar contra sí mismo (artículo 8.2.g) o las condiciones bajo las cuáles una confe-
sión pueda ser válida (artículo 8.3), como a la defensa técnica, en los términos que
se desarrollarán a continuación” (Corte IDH. Caso Ruano Torres y otros. vs. El
Salvador. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 5 de octubre de 2015.
Serie C, Nº 303, párr. 153).
“Ahora bien, el derecho a la defensa debe necesariamente poder ejercerse desde
que se señala a una persona como posible autor o partícipe de un hecho punible y
solo culmina cuando finaliza el proceso, incluyendo, en su caso, la etapa de eje-
cución de la pena. Sostener lo opuesto implicaría supeditar las garantías conven-
cionales que protegen el derecho de defensa, entre ellas el artículo 8.2.b, a que el
investigado encuentre en determinada fase procesal, dejando abierta la posibili-
dad de que con anterioridad se afecte un ámbito de sus derechos a través de actos
de autoridad que desconoce o a los que no puede controlar u oponerse con efica-
cia, lo cual es evidentemente contrario a la Convención. En efecto, impedir que
la persona ejerza su derecho de defensa desde que se inicia la investigación en su
contra y la autoridad dispone o ejecuta actos que implican afectación de derechos

102
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

es potenciar los poderes investigativos del Estado en desmedro de derechos fun-


damentales de la persona investigada. El derecho a la defensa obliga al Estado a
tratar al individuo en todo momento como un verdadero sujeto del proceso, en el
más amplio sentido de este concepto, y no simplemente como objeto del mismo”
(Corte IDH. Caso Barreto Leiva vs. Venezuela. Fondo, reparaciones y costas.
Sentencia del 17 de noviembre de 2009. Serie C, Nº 206, párr. 29).

123 ¿
El derecho de defensa garantiza la concesión de tiempo y medios ra-
zonables para ejercer la defensa?
“El numeral 8 de los Principios Básicos sobre la función de los Abogados relativo
a las salvaguardias especiales en asuntos penales, que fija los estándares pertinen-
tes para el ejercicio adecuado de la defensa en estos casos, establece que
[a] toda persona arrestada, detenida, o presa, se le facilitará oportunidades, tiempo
e instalaciones adecuadas para recibir visitas de un abogado, entrevistarse con él y
consultarle, sin demora, interferencia ni censura y en forma plenamente confiden-
cial. Estas consultas podrían ser vigiladas visualmente por un funcionario encar-
gado de hacer cumplir la ley, pero no se escuchará la conversación” (Corte IDH.
Caso Castillo Petruzzi y otros vs. Perú. Fondo, reparaciones y costas. Senten-
cia del 30 de mayo de 1999. Serie C, Nº 52, párr. 139).
“Uno de esos derechos fundamentales es el derecho a contar con el tiempo y los
medios adecuados para preparar la defensa, previsto en el artículo 8.2.c de la Con-
vención, que obliga al Estado a permitir el acceso del inculpado al conocimiento
del expediente llevado en su contra. Asimismo, se debe respetar el principio del
contradictorio, que garantiza la intervención de aquel en el análisis de la prueba.
Si el Estado pretende limitar este derecho, debe respetar el principio de legalidad,
argüir de manera fundada cuál es el fin legítimo que pretende conseguir y demos-
trar que el medio a utilizar para llegar a ese fin es idóneo, necesario y estrictamente
proporcional. Caso contrario, la restricción del derecho de defensa del individuo
será contraria a la Convención” (Corte IDH. Caso Barreto Leiva vs. Venezuela.
Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 17 de noviembre de 2009. Serie C,
Nº 206, párr. 54 y 55).

124 ¿Cuáles son las dimensiones del derecho de defensa?


“Asimismo, este Tribunal, en reiterada jurisprudencia, ha señalado que el dere-
cho a la defensa comporta en estricto el derecho a no quedar en estado de inde-
fensión en cualquier etapa del proceso penal, el cual tiene una doble dimensión:
una material, referida al derecho del imputado o demandado de ejercer su propia
defensa desde el mismo instante en que toma conocimiento de que se le atribuye
la comisión de determinado hecho delictivo; y otra formal, que supone el dere-
cho a una defensa técnica, esto es, al asesoramiento y patrocinio de un abogado
defensor durante todo el tiempo que dure el proceso” (STC. Exp. N° 03238-2014-
PHC/TC-Tacna, del 1 de marzo de 2018, f. j. 6).

103
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

“El derecho a la defensa comporta en estricto el derecho a no quedar en estado


de indefensión en ningún estado del proceso. Este derecho tiene una doble
dimensión: una material, referida al derecho del imputado o demandado de
ejercer su propia defensa desde el mismo instante en que toma conocimiento
de que se le atribuye la comisión de determinado hecho delictivo; y, otra for-
mal, que supone el derecho a una defensa técnica; esto es, al asesoramiento y
patrocinio de un abogado defensor durante todo el tiempo que dure el proceso”
(Sala Penal Permanente. Casación N° 413-2014-Lambayeque, del 7 de abril
de 2015, considerando 36).

125 ¿
La dimensión formal del derecho de defensa o también llamada
defensa técnica qué aspectos comprende?
“A su vez, el Principio décimo séptimo para la Protección de Todas las Personas
Sometidas a Cualquier Forma de Detención o Prisión, afirma que:
1. Las personas detenidas tendrán derecho a asistencia de un abogado. La auto-
ridad competente les informará de ese derecho prontamente después de su
arresto y les facilitará medios adecuados para ejercerlo.
2. La persona detenida que no disponga de asistencia de un abogado de su elec-
ción tendrá derecho a que un juez u otra autoridad le designe un abogado en
todos los casos en que el interés de la justicia así lo requiera y sin costo para
él si careciere de medios suficientes para pagarlo” (Corte IDH. Caso Tibi vs.
Ecuador. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas. Sen-
tencia del 7 de setiembre de 2004. Serie C, Nº 114, párr. 191).

126 ¿Desde qué momento se debe garantizar el derecho a la defensa técnica?


“Si el derecho a la defensa surge desde el momento en que se ordena investigar
a una persona (supra párr. 29), el investigado debe tener acceso a la defensa téc-
nica desde ese mismo momento, sobre todo en la diligencia que recibe de su decla-
ración. Impedir a este contar con la asistencia de su abogado defensor es limitar
severamente el derecho a la defensa, lo que ocasiona el desequilibrio procesal y
deja al individuo sin tutela frente al ejercicio del poder punitivo.
El derecho a la defensa técnica que no puede ser satisfecho por quien a la postre
realizará acusación, esto es, el Ministerio Público. La acusación afirma la preten-
sión penal; la defensa la responde y rechaza. No es razonable depositar funciones
naturalmente antagónicas en una sola persona” (Corte IDH. Caso Barreto Leiva
vs. Venezuela. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 17 de noviembre de
2009. Serie C, Nº 206, párr. 62 y 63).

127 ¿
Qué consecuencias acarrea la vulneración del derecho a la defensa
técnica?
“El derecho a la defensa técnica, constituye un derecho instrumental vinculado a
la defensa procesal y se halla consagrado en el inciso catorce del artículo ciento

104
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

treinta y nueve de la Constitución Política del Perú. Es un derecho fundamental


e imprescindible en el debido proceso. Su restricción acarrea la nulidad absoluta,
conforme se halla previsto en el literal d del artículo ciento cincuenta del Código
Procesal Penal” (Sala Penal Permanente. Casación Nº 864-2016-Del Santa, del
27 de diciembre de 2017, considerando 5.1).

128 ¿
Cuándo se afecta el contenido constitucionalmente protegido del de-
recho de defensa?
“La Constitución reconoce el derecho de defensa en su artículo 139, inciso 14, en
virtud del cual se garantiza que los justiciables, en la protección de sus derechos
y obligaciones, cualquiera que sea su naturaleza (civil, mercantil, penal, laboral,
etc.), no queden en estado de indefensión. El contenido constitucionalmente pro-
tegido del derecho de defensa queda afectado cuando, en el seno de un proceso
judicial, cualquiera de las partes resulta impedida, por actos concretos de los
órganos judiciales, de ejercer los medios necesarios, suficientes y eficaces para
defender sus derechos e intereses legítimos. Sin embargo, no cualquier imposibi-
lidad de ejercer esos medios produce un estado de indefensión que atenta contra
el contenido constitucionalmente protegido de dicho derecho, sino que es consti-
tucionalmente relevante cuando se genera una indebida y arbitraria actuación del
órgano que investiga o juzga al individuo (Expedientes 0582-2006-PA/TC, 5175-
2007-HC/TC, entre otros)” (STC. Exp. N° 03238-2014-PHC/TC-Tacna, del 1 de
marzo de 2018, f. j. 5).

129 ¿
El nombrar a un defensor de oficio para el solo cumplimiento de una
formalidad procesal vulnera el derecho de defensa?
“(…) Sin embargo, el nombrar un defensor de oficio con el sólo objeto de cumplir
con una formalidad procesal, equivaldría a no contar con defensa técnica, por lo
que es imperante que dicho defensor actúe de manera diligente con el fin de prote-
ger las garantías procesales del acusado y evite así que sus derechos se vean lesio-
nados” (Corte IDH. Caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México. Excep-
ción preliminar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 26 de noviembre
de 2010. Serie C, Nº 220, párr. 155).

130 ¿
Qué características debe tener la defensoría pública de un país para
garantizar el derecho de defensa?
“(…) es necesario que la institución de la defensa pública, como medio a través
del cual el Estado garantiza el derecho irrenunciable de todo inculpado de delito
de ser asistido por un defensor, sea dotada de garantías suficientes para su actua-
ción eficiente y en igualdad de armas con el poder persecutorio. La Corte ha
reconocido que para cumplir con este cometido el Estado debe adoptar medidas
adecuadas. Entre ellas, contar con defensores idóneos y capacitados que puedan
actuar con autonomía funcional” (Corte IDH. Caso Ruano Torres y otros vs. El

105
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Salvador. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 5 de octubre de 2015.


Serie C, Nº 303, párr. 157).
“Toda vez que la defensa pública corresponde a una función estatal o servicio
público, pero aun así se considera que debe gozar de la autonomía necesaria para
ejercer adecuadamente sus funciones de asesorar según su mejor juicio profesio-
nal y en atención a los intereses del imputado, la Corte estima que el Estado no
puede ser considerado responsable de todas las fallas de la defensoría pública,
dado la independencia de la profesión y el juicio profesional del abogado defen-
sor. En este sentido, la Corte considera que, como parte del deber estatal de garan-
tizar una adecuada defensa pública, es necesario implementar adecuados proce-
sos de selección de los defensores públicos, desarrollar controles sobre su labor
y brindarles capacitaciones periódicas” (Corte IDH. Caso Ruano Torres y otros
vs. El Salvador. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 5 de octubre de
2015. Serie C, Nº 303, párr. 163).

131 ¿
Se vulnera el derecho de defensa y la pluralidad de instancias si la
Sala declara la inadmisibilidad del recurso de apelación por inasisten-
cia justificada del abogado de la parte impugnante?
“En el presente caso, se advierte de la constancia de fecha 6 de mayo de 2013
(fojas 39) que no se pudo instalar la audiencia de apelación de sentencia de fecha
6 de mayo de 2013 debido a la inasistencia del abogado defensor del favorecido,
inasistencia que fue justificada. Don Juan Carlos Cancce Guillen sí estuvo pre-
sente en la audiencia de apelación. Por ello, en principio, dicha audiencia podría
haber sido realizada si se designaba al defensor de oficio en reemplazo del abo-
gado del favorecido. Sin embargo, el favorecido expreso su negativa a ser defen-
dido por el abogado de oficio que le propuso la Sala demandada.
Al respecto, este Tribunal considera que la Sala superior ante la renuncia expresa
del favorecido a un defensor de oficio, debió disponer por única y última vez la
reprogramación de la audiencia bajo apercibimiento de –a pesar de su negativa–
nombrársele defensor de oficio o declarar la inadmisibilidad del recurso de ape-
lación, pero no declarar inmediatamente la inadmisibilidad del recurso de apela-
ción, pues con dicha decisión se le impidió al favorecido contar con una defensa
que le permita exponer sus argumentos contra la sentencia condenatoria de fecha
30 de enero de 2013.
En consecuencia, este Tribunal Constitucional considera que la Resolución 9, de
fecha 6 de mayo del 2013 (fojas 40), no constituye una decisión razonable y justi-
ficada, atendiendo a que el favorecido quedó en estado de indefensión para susten-
tar oral y técnicamente los argumentos de la apelación contra la sentencia que lo
condeno, lo que vulnero el derecho de defensa y también conllevo a que se afec-
tara el derecho a la pluralidad de la instancia” (STC. Exp. N° 03238-2014-PHC/
TC-Tacna, del 1 de marzo de 2018, ff. jj. 8-10).

106
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

132 ¿
El uso de un idioma nativo o extranjero se encuentra dentro del ám-
bito constitucionalmente protegido del derecho a la defensa?
“En cuanto al derecho al debido proceso el Tribunal Constitucional en el funda-
mento 6 de la sentencia recaída en el Expediente Nº 8125-2005-PHC/TC, Caso
Jeffrey Immelt, ha indicado que este derecho significa la observancia de los
derechos fundamentales esenciales del procesado, principios y reglas esencia-
les exigibles dentro del proceso como instrumento de tutela de los derechos
subjetivos.
Respecto a la vulneración del derecho de defensa el Tribunal Constitucional en el
Expediente Nº 6998-2006-PHC/TC estableció que el mencionado derecho requiere
que el justiciable se informe de la existencia del proceso penal, en atención a su
derecho de conocer de forma cierta, expresa e inequívoca los cargos que pesan
en su contra. De ahí que el derecho de defensa sea, entre otros, una manifestación
del derecho al debido proceso, derecho irrenunciable dado que la parte no puede
decidir si se le concede o no la posibilidad de defenderse; e inalienable pues su
titular no puede sustraerse a su ejercicio. Asimismo este Tribunal ha precisado
que este derecho tiene una doble dimensión: una material, referida al derecho
del imputado de ejercer su propia defensa desde el mismo instante en que toma
conocimiento de que se le atribuye la comisión de determinado hecho delictivo;
y otra formal, que supone el derecho a una defensa técnica, esto es, al asesora-
miento y patrocinio de un abogado defensor de su elección desde que la persona
es citada o detenida por la autoridad y durante todo el tiempo que dure la inves-
tigación preliminar o el proceso mismo.
La Constitución Política del Perú, en el artículo 2, inciso 19), reconoce el derecho a
la identidad étnica y cultural, e incluso en el segundo párrafo establece que ‘Todo
peruano tiene derecho a usar su propio idioma ante cualquier autoridad mediante
un intérprete. Los extranjeros tienen este mismo derecho cuando son citados por
cualquier autoridad’. Esta disposición asegura el respeto de los derechos culturales
y las garantías mínimas de los procesados a fin de que puedan ejercer sus derechos
fundamentales, como es el caso del derecho de defensa. Por consiguiente, el derecho
de defensa no sería posible si, en el seno del proceso, no se hubiera nombrado
intérprete al recurrente teniendo este como idioma propio uno distinto al castellano
y, en consecuencia, no tuviera la posibilidad de entender el idioma usado en los
tribunales, a fin de ejercer su derecho de defensa constitucionalmente protegido
(Exp. Nº 4789-2009-PHC/TC).
Asimismo, cabe recordar que ‘[E]l contenido esencial del derecho de defensa
queda afectado cuando, en el seno de un proceso judicial, cualquiera de las par-
tes resulta impedida, por actos concretos de los órganos judiciales, de ejercer los
medios necesarios, suficiente y eficaces para defender sus derechos e intereses
legítimos’ (cf. Exp. Nº 06648-2006-PHC/TC).
Cabe resaltar además que este Colegiado, en la sentencia recaída en el Exp.
Nº 03875-2008-PHC/TC señaló que: ‘El requisito de un juicio con las debidas

107
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

garantías tampoco obliga a los Estados Partes a proporcionar servicios de inter-


pretación a una persona cuya lengua materna no sea el idioma oficial del Tribunal
si esa persona puede expresarse adecuadamente en el idioma oficial y comprender
ese idioma. Solo es obligatorio proporcionar servicios de interpretación si al acu-
sado o los testigos de descargo les resulta difícil comprender el idioma del Tribu-
nal o expresarse en ese idioma’ (Comité de Derechos Humanos, caso Cadoret y
otros c. Francia, párr. 5.6 - 1991)” (STC. Exp. Nº 04745-2012-PHC/TC-Callao,
del 31 de octubre de 2013, ff. jj. 4-8).

133 ¿
Un procesado que no tiene la calidad de abogado puede ejercer por sí
solo y de forma integral su derecho de defensa?
“[R]econocer el ejercicio del derecho de defensa en forma integral a un proce-
sado que no ostenta la calidad de abogado, implicaría someterlo a un estado de
indefensión por ausencia de una asistencia letrada, versada en el conocimiento
del Derecho y de la técnica de los procedimientos legales, situación que, además,
quebranta el principio de igualdad de armas o igualdad procesal de las partes”
(STC. Exp. Nº 6260-2005-PHC/TC-Lima, del 12 de setiembre de 2005, f. j. 5).

134 ¿
Una defensa técnica ineficaz constituye un supuesto de estado de in-
defensión?
“La indefensión no solo se produce cuando se priva a las partes de manera irrazo-
nable o desproporcionada de la posibilidad de hacer valer sus derechos o se sitúe
a una de ellas en la posición prevalente sobre la contraria; sino también cuando el
procesado no cuenta con una defensa eficaz, materializada en la falta de un defen-
sor con los conocimientos jurídicos que exige el caso para la etapa respectiva”
(Sala Penal Permanente. Casación Nº 864-2016-Del Santa, del 27 de setiembre
de 2017, considerando 5.14).

135 ¿
El juez tiene el deber de suspender la audiencia si considera objetiva-
mente que el procesado tiene una defensa técnica ineficaz?
“Si durante la audiencia el juez advierte que el abogado defensor del imputado, no
ejerce una defensa adecuada y mínima de los derechos e intereses de su patroci-
nado, debe advertir a las partes de dicho proceder y suspender la sesión a efecto
de evitar supuestos de indefensión que vicien de nulidad a las etapas posterio-
res. Que el imputado se encuentre asistido por un abogado, no constituye funda-
mento suficiente para presumir la defensa eficaz, tanto más si el representante del
Ministerio Público, como defensor de la legalidad, advirtió en el presente caso una
manifiesta indefensión formal en la que se hallaba el imputado. El juez es quien
conoce el Derecho, y el quien debe velar para mantener, en cualquier momento
de la causa la igualdad entre las partes” (Sala Penal Permanente. Casación
Nº 864-2016-Del Santa, del 27 de setiembre de 2017, considerando 5.15).

108
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

136 ¿
El ofrecimiento probatorio, como parte del derecho de defensa, pue-
de ser restringido por el incumplimiento parcial de una formalidad?
“La jueza de investigación preparatoria tuvo el deber de evitar eventuales estados
de indefensión y permitir, más allá de una situación formalista, que la defensa del
encausado ofrezca sus medios probatorios oralmente –inciso cinco del artículo
veintinueve del Código Procesal Penal–. Los formalismos vencibles no prevale-
cen sobre un derecho fundamental pilar del debido proceso, como lo es el dere-
cho a la defensa, más aun si esto no significaba lesión o desventaja al Ministerio
Público porque este ya los conocía desde la etapa de investigación preparato-
ria, tanto más si no existe mandato de prohibición expreso para inadmitir prue-
bas ofrecidas con defectos en el sumillado del escrito que lo contiene. Debiendo
tenerse presente lo señalado en el sexto considerando de los fundamentos de dere-
cho de la sentencia casatoria número diez-dos mil siete-Trujillo, de fecha vein-
tinueve de enero de dos mil ocho: ‘la necesidad del pleno esclarecimiento de los
hechos acusados exige que se superen interpretaciones formalistas de la ley pro-
cesal, sin que ello signifique desde luego, una lesión a los derechos de las partes’”
(Sala Penal Permanente. Casación Nº 864-2016-Del Santa, del 27 de setiembre
de 2017, considerando 5.16).

137 ¿
La prohibición de un abogado defensor de participar en la declara-
ción del imputado que no defiende, en la etapa de investigación prepa-
ratoria, vulnera el derecho de defensa?
“[L]a pretensión del recurrente consiste en que su abogado defensor asista a la
declaración que su coimputado prestará en la etapa de investigación preparatoria,
y pueda interrogarlo. Esta materia, lejos de estar reconocida como una prerroga-
tiva a favor del abogado defensor, tiene previsión expresa en el Código Procesal
Penal en un sentido diametralmente opuesto.
En efecto, el artículo 84 del ordenamiento procesal establece un catálogo enun-
ciativo de derechos de naturaleza instrumental que le asisten al abogado defen-
sor, entre ellos, el previsto en el numeral 4 del citado artículo, que habilita al abo-
gado defensor a participar en todas las diligencias. No obstante, la misma norma
exceptúa su participación cuando la diligencia se refiera a la declaración prestada
durante la etapa de investigación por el imputado que no defiende. En consecuen-
cia, tenemos que la restricción impuesta por el órgano fiscal, respaldada en la reso-
lución recurrida, tiene sustento expreso en nuestro sistema jurídico. Incluso el con-
tenido del numeral citado, se reitera en el artículo 89 del Código Procesal Penal
que entre otros aspectos señala que el imputado declarará siempre libre en su per-
sona y sin la presencia de otras personas que las autorizadas para asistir. Esto sig-
nifica que en la declaración del imputado en la investigación preparatoria, solo se
permite la participación del Fiscal y del abogado que lo defiende, como se prevé
también en el numeral 2, artículo 86 del Código Procesal Penal.

109
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

En ese orden de ideas, el Colegiado comparte el criterio expresado por la repre-


sentante del Ministerio Público en audiencia, en el sentido que la medida adop-
tada por el Fiscal del caso, de no permitirla intervención del abogado defensor
en la ampliación de declaración de un coimputado es legal; no obstante, la res-
puesta del recurrente en la réplica respectiva, fue aseverar que si bien la medida
tenía previsión legal en el Código Procesal Penal, esta disposición legal debía
inaplicarse en este caso, por ser contraria a la Constitución, esto es, planteó la
aplicación de un mecanismo de control de constitucionalidad de las leyes, en
concreto el control difuso. Propuso que se declare, en este caso en concreto, la
prevalencia del numeral 14 del artículo 139 de la Constitución, que reconoce el
derecho de defensa, sobre el numeral 4, artículo 84 del Código Procesal Penal,
que niega la participación del abogado defensor en la declaración del imputado
que no defiende.
En este ámbito, cabe precisar que se encuentra fuera de toda discusión que la
Constitución del Estado constituye la base normativa de todo el ordenamiento
jurídico nacional; por tanto, sus normas son parámetros de legitimidad de las
leyes penales sustantivas y procesales, a la vez que orientan su interpretación.
De ahí que pueda hablarse de un Derecho Procesal Penal constitucionalizado.
Según esta óptica, la interpretación aplicación de la Ley Penal tanto material
como procesal, debe guardar armonía con las normas constitucionales, caso
contrario, son de aplicación las reglas de prevalencia previstas en el artículo 51
de la Constitución.
No obstante, es lugar común sostener que la aplicación de estas reglas se encuen-
tra condicionada a que exista incompatibilidad insalvable entre la norma de rango
constitucional y otra norma de jerarquía distinta. De ahí que no puede entenderse
que toda restricción o limitación a un derecho constitución, de por sí, constituye
una restricción inconstitucional; pues estos, al no ser absolutos, admiten algunas
restricciones legales que son legítimas, siempre claro está, tengan un sustento
objetivo y razonable, por un lado; y no afecten el contenido esencial del derecho
fundamental, por otro.
En este caso, la restricción que prevé el numeral 4 del artículo 84 del Código Pro-
cesal Penal, de no permitirá los abogados defensores participar en las declaracio-
nes de todos los imputados, tienen un sustento objetivo concuerda con la lógica
propia de todo nuestro proceso penal enmarcado en un modelo acusatorio garan-
tista con ciertos rasgos adversariales. En efecto, con esta medida, el legislador ha
otorgado al Ministerio Público, como director de la investigación, cierta reserva
e independencia para llevar a cabo sus actos de investigación, circunstancia que
además es congruente con el carácter reservado de las diligencias prelimina-
res e investigación preparatoria. Que sin perjuicio de las comunicaciones a que
se refiere la Ley, se enmarca en el principio de la búsqueda de la verdad de los
hechos en el proceso.

110
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

Por otro lado, la medida cuestionada permite que las actuaciones fiscales, en este
caso, la declaración de imputados, sean más céleres, lo que no sería posible si
estas diligencias tuvieran que realizarse con participación de todos los abogados
defensores; lo que resultaría especialmente gravoso para el éxito de la investiga-
ción del delito en procesos seguidos contra presuntas organizaciones criminales,
como sucede en la investigación que se sigue al recurrente. Desde esta perspec-
tiva, la restricción cuestionada incluso redunda en favor del imputado en tanto
permite un procesamiento más célere y acorde a su derecho de ser juzgado en un
plazo razonable.
Por otra parte, tenemos que esta restricción legal no anula ni afecta el conte-
nido esencial del derecho de defensa, que tiene todo investigado, pues el abo-
gado defensor está habilitado por ley a participar de todas las demás diligencias
preliminares e investigación preparatoria. Asimismo, tal restricción no afecta
en nada el derecho de defensa, si por otro lado, se reconoce en forma expresa
el derecho de solicitar al fiscal una copia del acta de la declaración, apenas con-
cluya la declaración de un coimputado, conforme lo prevé el numeral 7, artículo
84 del Código Procesal Penal; y, de esa forma, tener acceso a toda la informa-
ción expresada por el coimputado. Si su intención es interrogar a los coimpu-
tados de su defendido, el legislador ha reservado ese derecho para materiali-
zarlo en la etapa considerada como la más importante el proceso penal, como
es el juzgamiento, tal cual, así lo prevé el numeral 3, artículo 88 del Código
Procesal Penal” (Sala Penal Nacional de Apelaciones Especializada en De-
litos de Corrupción de Funcionarios, Colegiado A. Exp. N° 00004-2015-41-
5001-JR-PE-01, Resolución N° 02, del 22 de mayo de 2017, considerandos
4.2.4-4.2.11).

138 ¿
La variación de la calificación jurídica sobre los mismos hechos ma-
teria del proceso vulnera el derecho de defensa?
“‘[L]a descripción material de la conducta imputada’ recogida en la acusación
constituye “la referencia indispensable para el ejercicio de la defensa del impu-
tado y la consecuente consideración del juzgador en la sentencia. De ahí que el
imputado tenga derecho a conocer, a través de una descripción clara, detallada y
precisa, los hechos que se le imputan. La calificación jurídica de estos puede ser
modificada durante el proceso por el órgano acusador o por el juzgador, sin que
ello atente contra el derecho de defensa, cuando se mantengan sin variación los
hechos mismos y se observen las garantías procesales previstas en la ley para lle-
var a cabo la nueva calificación” (Corte IDH. Caso Fermín Ramírez vs. Guate-
mala. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 20 de junio de 2005. Serie C,
Nº 126, párr. 67).

111
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

XIII. EL DERECHO A SER INFORMADO DE LA IMPUTACIÓN

Base legal Constitucional Política: arts.139.3, 159.


Código Procesal Penal de 2004: arts. IX.1 del Título Preliminar, 71.2,
87.1, 271.3, 336.2, 349.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 8.2.b.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.3.a.

139 ¿Qué exigencias plantea el derecho a ser informado de la imputación?


“En este sentido, en la Observación General Nº 13 relativa a la ‘igualdad ante
los tribunales y derecho de toda persona a ser oída públicamente por un tribunal
competente establecido por la ley (art.14)’, el Comité de Derechos Humanos de
las Naciones Unidas señaló que:
El derecho a ser informado ‘sin demora’ de la acusación exige que la información
se proporcione de la manera descrita tan pronto como una autoridad competente
formule la acusación. En opinión del Comité, este derecho debe surgir cuando,
en el curso de la investigación, un tribunal o una autoridad del ministerio público
decida adoptar medidas procesales contra una persona sospechosa de haber come-
tido un delito o la designe públicamente como tal. Las exigencias concretas del
apartado a) del párrafo 3 pueden satisfacerse formulando la acusación ya sea ver-
balmente o por escrito, siempre que la información se indique tanto la ley como
los supuestos hechos en que se basa.
El artículo 8.2.b de la Convención Americana ordena a las autoridades judiciales
competentes notificar al inculpado la acusación formulada en su contra, sus razo-
nes y los delitos o faltas por los cuales se le pretende atribuir responsabilidad, en
forma previa a la realización del proceso. Para que este derecho opere en plenitud
y satisfaga los fines que le son inherentes, es necesario que esa notificación ocu-
rra antes de que el inculpado rinda su primera declaración. Sin esta garantía, se
vería conculcado el derecho de aquél a preparar debidamente su defensa” (Caso
Tibi vs. Ecuador. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas. Sen-
tencia del 7 de setiembre de 2004. Serie C, Nº 114, párr. 186 y 187).
“Para satisfacer el artículo 8.2.b convencional el Estado debe informar al inte-
resado no solamente de la causa de la acusación, esto es, las acciones u omisio-
nes que se le imputan, sino también las razones que llevan al Estado a formu-
lar la imputación, los fundamentos probatorios de esta y la caracterización legal
que se da a esos hechos. Toda esta información debe ser expresa, clara, integral
y suficientemente detallada para permitir al acusado que ejerza plenamente su
derecho a la defensa y muestre al juez su versión de los hechos. La Corte ha con-
siderado que la puntual observancia del artículo 8.2.b es esencial para el ejerci-
cio efectivo del derecho a la defensa” (Caso IDH. Caso Barreto Leiva vs. Vene-
zuela. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 17 de noviembre de 2009.
Serie C, N° 206, párr. 28).

112
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

“En armonía con las normas convencionales y constitucionales, el CPP reconoce


a todo imputado el irrestricto e inviolable derecho a que se le informe de sus dere-
chos, a que se le comunique de inmediato detalladamente la imputación formu-
lada en su contra, así como una serie de derechos que se detallan en los numera-
les 1 al 3 del artículo 71. En caso de inobservancia o respeto (sic) de los mismo,
puede acudir vía tutela al juez de investigación preparatoria para que subsane la
omisión o dicte las medidas de corrección o de protección que correspondan”
(Sala Penal Nacional de Apelaciones Especializada en Delitos de Corrupción
de Funcionarios. Colegiado A. Expediente Nº 046-2017-5201-JR-PE-01, Reso-
lución Nº 2, del 15 de marzo de 2018, considerando 5).

140 ¿Qué aspectos garantiza el derecho a ser informado de la imputación?


“Por otra parte, esta Corte recuerda que para garantizar el derecho a la defensa
es necesario que en la formulación de una acusación criminal se expongan todos
los fundamentos probatorios de esta. (…)” (Corte IDH. Caso J. vs. Perú. Excep-
ción preliminar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 27 de noviembre
de 2013. Serie C, N° 275, párr. 293).
“El derecho a contar con comunicación previa y detallada de la acusación en mate-
ria penal contempla que debe realizarse una descripción material de la conducta
imputada que contenga los datos fácticos recogidos en la acusación, que consti-
tuyen la referencia indispensable para el ejercicio de la defensa del imputado y
la consecuente consideración del juzgador de la sentencia. De ahí que el impu-
tado tenga derecho a conocer, a través de una descripción clara, detallada y pre-
cisa, los hechos que se le imputan. (…)” (Corte IDH. Caso Maldonado Ordóñez
vs. Guatemala. Excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia
del 3 de mayo de 2016. Serie C, N° 311, párr. 80).

XIV. EL PRINCIPIO DE LA IMPUTACIÓN NECESARIA O


CONCRETA

Base legal Constitución Política: arts. 139.3, 159.


Código Procesal Penal de 2004: arts. IX.1 del Título Preliminar, 71.2,
87.1, 271.3, 336.2, 349.
Convención Interamericana de Derechos Humanos: art. 8.2.b.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.3.a.

141 ¿
En qué consiste el derecho a la imputación necesaria, concreta o su-
ficiente?
“[E]s de relievar que el artículo 159 de la Constitución Política del Perú, establece
que el Ministerio Público es el titular del ejercicio de la acción penal pública y
tiene el deber de la carga de la prueba, bajo el principio de imputación necesaria,
como una manifestación del principio de legalidad y del principio de la defensa

113
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

procesal (art. 2.24 ‘d’ y 139.14 de la Constitución). La imputación necesaria, en


palabras de Cáceres Julca consiste en que: ‘la imputación es la afirmación clara,
precisa y circunstanciada de un hecho concreto, con lenguaje descriptivo, refe-
rido al pasado, que permite afirmar a negar en cada caso o agregar otros hechos
que conjuntamente con los afirmados, amplíen, excluyan o aminoren la signifi-
cancia penal’. Julio Maier se refiere al principio de la imputación necesaria en
los siguientes términos: ‘La imputación correctamente formulada es la llave que
abre la puerta de la posibilidad de defenderse eficientemente, pues permite negar
todos o algunos de sus elementos para evitar o aminorar la consecuencia jurí-
dico-penal. (…) La imputación concreta no puede reposar en una atribución más
o menos vaga o confusa de malicia o enemistad con el orden jurídico, esto es, en
un relato impreciso y desordenado de la acción u omisión que se pone a cargo del
imputado, y mucho menos en una abstracción (cometió homicidio o usurpación),
acudiendo al nombre de la infracción, sino que por el contrario debe tener como
presupuesto la afirmación clara, precisa y circunstanciada de un hecho concreto,
singular de la vida de una persona. Ello significa describir un acontecimiento –
que se supone real- con todas las circunstancias de modo, tiempo y lugar que
lo ubiquen en el mundo de los hechos (temporal y espacialmente) y la propor-
cione su materialidad concreta’” (Segunda Sala Penal Transitoria. Casación
N° 392-2016-Arequipa, del 12 de setiembre de 2017, considerando 14).
“[l]a imputación necesaria (…) debe ser entendida como la exigencia de un relato
detallado y preciso que los hechos con relevancia penal, que se atribuyen a una
persona, a la que el titular de la acción penal, le comunica la acción punible que le
atribuye, detallando su relación histórica e indicando las circunstancias de modo,
tiempo y lugar, así como los elementos de convicción existentes” (Primera Sala
Penal Transitoria. Casación N° 814-2015-Junín, del 19 de octubre de 2017,
considerando 6).
“Ahora bien, la garantía de defensa procesal, desarrollada por el artículo IX del
Título Preliminar el NCPP, incluye, aparte de los llamados derechos instrumen-
tales (derecho a la asistencia de abogado, utilización de medios de prueba perti-
nente, a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable), los denominados
derechos sustanciales, que son presupuestos básicos de su debido ejercicio, entre
ellos la comunicación detallada de la imputación formulada contra el imputado.
Su efectividad, sin duda, como correlato del conocimiento de los cargos (artículo
72.2, ‘a’ NCPP), requiere inexorablemente que los hechos objeto de imputación en
sede de investigación preparatoria (vid: artículo 342.1 NCPP) tengan un mínimo
nivel de detalle que permita al imputado saber el suceso histórico que se le atri-
buye y la forma y circunstancias en que pudo tener lugar.
Tal dato es indispensable para que pueda ejercer una defensa efectiva, la cual no
puede quedar rezagada a la etapa intermedia o a la etapa principal de enjuicia-
miento: la defensa se ejerce desde el primer momento e la imputación (vid: artículo
139.14 de la Constitución) que es un hecho procesal que debe participarse a quien
resulte implicado desde que, de uno u otro modo, la investigación se dirija contra

114
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

él, sin que haga falta un acto procesal formal para que le reconozca viabilidad”
(Salas Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo Plenario N° 2-2012/CJ-116,
del 26 de marzo de 2012, considerando 10).
“El principio de imputación necesaria tiene directa relación con el derecho de
defensa, al punto de que la Corte Interamericana, en la sentencia del Caso Fermín
Ramírez vs. Guatemala, preciso que la descripción material de la conducta impu-
tada en la acusación constituye ‘la referencia indispensable para el ejercicio de la
defensa del imputado y la consecuente consideración del juzgador en la senten-
cia. De ahí que el imputado tenga derecho a conocer, a través de una descripción
clara, detallada y precisa, los hechos que se le imputan’. En la misma línea, Julio
Maier enseña que la imputación correctamente formulada es la llave que abre la
puerta a la posibilidad de defenderse eficientemente, pues permite negar todos o
alguno de sus elementos para evitar o aminorar la consecuencia jurídico-penal
que se pretende, o, de otra manera, agregar los elementos que, combinados con
los que son afirmados, orientan también a evitar las consecuencias graves o, en
su caso, reducirlas” (Sala Penal Nacional de Apelaciones en Delitos de Corrup-
ción de Funcionarios - Colegiado A. Exp. N° 00004-2015-48-5201-JR-PE-01,
Resolución N° 02, del 16 de abril de 2018, considerando 3).

142 ¿
Cuál es la finalidad de la imposición del respeto al derecho a la impu-
tación necesaria?
“La imputación debidamente formulada posibilita a las partes ejercer su derecho
de defensa, debiendo exigirse una afirmación clara, precisa y circunstanciada del
hecho fáctico, esto es, una descripción de todas las situaciones de la forma como se
desarrollaron los hechos (imputación necesaria)” (Segunda Sala Penal Transitoria.
Casación N° 392-2016-Arequipa, del 12 de setiembre de 2017, considerando 5.E).
“Asimismo, el texto constitucional en el artículo ciento cincuenta y nueve esta-
blece que el Ministerio Público es el titular del ejercicio de la acción penal publica
y tiene el deber de la carga de la prueba, bajo el principio de la imputación necesa-
rio como una manifestación del principio de legalidad y del principio de defensa
procesal (art. 2.24 ‘d’ y 139.14)” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 956-2011-Uca-
yali, del 21 de marzo de 2012, considerando 2).

143 ¿
Qué exigencias impone el principio de progresividad a la imputación
necesaria en las distintas fases del proceso penal?
“Otro aspecto importante de resaltar es sobre el estándar exigido para el procesa-
miento de una persona en armonía con el respeto de las garantías procesales que
aseguren el debido proceso y especialmente el derecho de defensa. La actividad
procesal, conforme su propia naturaleza y así ha sido reconocido por la Corte Su-
prema, atraviesa por varias fases, cada una sometida a sus respectivas exigencias
que, conforme al principio de progresividad, se van incrementando; es decir, están
sometidas a exigencias distintas. En mérito a ello, se ha establecido que ‘para la

115
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

emisión de la disposición de diligencias preliminares solo se requiere de sospecha


inicial simple’; mientras que ‘para la expedición de la disposición de formalización
de la investigación preparatoria se necesita sospecha reveladora, esto es, indicios
reveladores de la existencia de un delito, que la acción no ha prescrito, que se ha
individualizado al imputado y que, si fuera el caso, se ha satisfecho los requisitos
de procedibilidad (…)’” (Sala Penal Nacional de Apelaciones Especializada en
Delitos de Corrupción de Funcionarios Colegiado A. Exp. N° 46-2017-7, Reso-
lución Nº 2, del 15 de marzo de 2018, considerando 7).
“Conforme al principio de progresividad en el desarrollo de la acción penal durante
el procedimiento penal, atraviesa varias fases y en cada una de ellas las exigen-
cias son mayores –unificados bajo el concepto muy difuso de ‘prueba semiplena’–,
hasta exigir el grado de convicción pleno del órgano jurisdiccional, más allá de
toda duda razonable, cuando se trata de pronunciar una sentencia condenatoria
[Conforme: PÉREZ-CRUZ MARTÍN, Agustín-Jesús y otros: Derecho Procesal
Penal, Editorial Civitas, Pamplona, 2009, p. 452]. Seguridad, certeza y ‘verdad’
existen recién al final del juicio oral cuando el juez arribó a un convencimiento
sobre el curso de los acontecimientos; mientras tanto, todas las decisiones hasta la
sentencia son adoptadas o fundadas con base en la sospecha [VOLK, Klaus. Curso
Fundamental de Derecho Procesal Penal, Editorial Hammurabi, Buenos Aires,
2016, pp. 78 y 79]. Esta, por lo demás, se sustenta en el principio de proporciona-
lidad –a tono con la magnitud del interés persecutorio del Estado–, que permite
justificar la formulación de disposiciones y resoluciones intermedias en el curso
del proceso penal que puedan afectar la libertad del imputado hasta antes de la
sentencia, sin vulnerar la garantía de presunción de inocencia, porque no es una
consecuencia de ella [LLOBET RODRÍGUEZ, Javier. Proceso penal comentado,
6ª edición, Editora Dominza-Editorial Jurídica Continental, San José, 2017, p. 393].
Así se tiene lo siguiente:
- Primera, para la emisión de la disposición de diligencias preliminares sólo se
requiere sospecha inicial simple, para ‘(...) determinar si han tenido lugar los
hechos objeto de conocimiento y su delictuosas, así como asegurar los ele-
mentos materiales de su comisión, individualizar a las personas involucra-
das en su comisión (...), y, dentro de los límites de la Ley, asegurarlas debi-
damente’ (artículo 330, apartado 2, del CPP).
- Segunda, para la expedición de la disposición de formalización de la inves-
tigación preparatoria se necesita sospecha reveladora, esto es, ‘(...) indicios
reveladores de la existencia de un delito, que la acción no ha prescrito, que
se ha individualizado al imputado y que, si fuera el caso, se han satisfecho
los requisitos de procedibilidad (...)’ (artículo 336, apartado 1, del CPP).
- Tercera, para la formulación de la acusación y la expedición del auto de
enjuiciamiento se precisa sospecha suficiente, vale decir, ‘(...) base sufi-
ciente para ello (...)’ o ‘(...) elementos de convicción suficientes para solici-
tar fundadamente el enjuiciamiento del imputado’ (artículo 344, apartado 1

116
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

y apartado 2, literal d a contrario sensu, del CPP)’” (Salas Penales Perma-
nente y Transitorias. Sentencia Plenaria Casatoria N° 1-2017/CIJ-433, del
11 de octubre de 2017, considerando 24).

144 ¿En qué casos la imputación necesaria puede ser relativizada?


“Es obvio que la relación clara y concreta del hecho objeto de imputación, así
como sus circunstancias, se efectuara cuando ello sea materialmente posible. No
en todos los casos se exigirá al titular de la acción penal precisa en forma deta-
llada los hechos imputados, pues la realidad y la experiencia crudamente nos
demuestran que existen casos en los cuales difícilmente puede llegarse a identifi-
car determinados aspectos o circunstancias del caso. A este tipo de casos los nor-
teamericanos lo denominan ‘casos duros’.
En efecto, puede ocurrir en los delitos contra la administración pública, pues, al
ser clandestinos, es difícil llegar a determinar todos los detalles de su realiza-
ción. En algunos casos, solo nos acercamos a detalles del hecho delictivo, cuando
el agente es intervenido en flagrancia delictiva, o cuando ha sido filmado come-
tiendo el ilícito o si el investigado se somete a la confesión sincera. No obstante,
en la mayoría de casos, tales circunstancias no se producen y el fiscal para acusar
tiene que recurrir a la concurrencia de indicios. Cuestión más problemática ocurre
en los delitos cometido por organización criminales. En estos casos, excepcional-
mente la exigencia de imputación necesaria plena se relativiza. Sostener lo con-
trario generaría impunidad que de modo alguno puede aceptarse pacíficamente.
En estos casos no es que las exigencias de imputación necesaria desaparezcan,
sino que excepcionalmente se reducen a su mínima expresión en tanto única-
mente se exige la atribución de una conducta penalmente prohibida por la norma
penal, sin la consignación de sus particulares circunstancias” (Sala Penal Nacio-
nal de Apelaciones en Delitos de Corrupción de Funcionarios - Colegiado A.
Exp. N° 00004-2015-48-5201-JR-PE-01, Resolución N° 02, del 16 de abril de
2018, considerandos 6 y 7).

XV. EL DERECHO A SER OÍDO

Base legal Constitución Política: art. 139, inc. 3.


Código Procesal Penal de 2004: arts. I.2, I.3 del Título Preliminar
Convención Interamericana de Derechos Humanos: art. 8.1.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.1

145 ¿
Cuáles son los alcances del derecho a ser oído en sus vertientes mate-
rial y procesal?
“El examen requerido en el presente caso amerita que la Corte precise el alcance
del derecho a ser oído establecido en el artículo 8.1 de la Convención Ameri-
cana. Ese derecho implica, por un lado, un ámbito formal y procesal de asegurar

117
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

el acceso al órgano competente para que determine el derecho que se reclama en


apego a las debidas garantías procesales (tales como la presentación de alegatos
y la aportación de prueba). Por otra parte, ese derecho abarca un ámbito de pro-
tección material que implica que el Estado garantice que la decisión que se pro-
duzca a través del procedimiento satisfaga el fin para el cual fue concebido. Esto
último no significa que siempre deba ser acogido sino que se debe garantizar su
capacidad para producir el resultado para el que fue concebido” (Corte IDH. Caso
Barbani Duarte y otros vs. Uruguay. Fondo, reparaciones y costas. Sentencia
del 13 de octubre de 2011. Serie C, Nº 234, párr. 122).

146 ¿El derecho a ser oído es equiparable a un procedimiento judicial justo?


“(…) El Tribunal ha desarrollado el derecho a ser oído, protegido en el artículo 8.1
de la Convención, en el sentido general de comprender el derecho de toda persona
tener acceso al tribunal u órgano estatal encargado de determinar sus derechos y
obligaciones. Respecto al derecho a ser oído, consagrado en el artículo 8.1 de la
Convención, la Corte reitera que las garantías establecidas en el artículo 8 de la
Convención Americana suponen que las víctimas deben contar con amplias posi-
bilidades de ser oídas y actuar en los procesos respectivos, de manera que pue-
dan formular sus pretensiones y presentar elementos probatorios y que estos sean
analizados de forma completa y seria por las autoridades antes de que se resuelva
sobre hechos, responsabilidades, penas y reparaciones.
Sobre el particular, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha señalado que
la exigencia de que una persona ‘sea oída equitativa, públicamente y dentro de un
plazo razonable, por un tribunal independiente e imparcial’ es equiparable al dere-
cho a un ‘juicio’ o a ‘procedimientos judiciales’ justos. Al respecto, el Tribunal
Europeo ha desarrollado el criterio según el cual un procedimiento justo supone
que el órgano encargado de administrar justicia efectúe ‘un examen apropiado de
las alegaciones, argumentos y pruebas aducidas por las partes, sin perjuicio de
sus valoraciones acerca de si son relevantes para su decisión’” (Corte IDH. Caso
del Tribunal Constitucional (Camba Campos y otros) vs. Ecuador. Excepcio-
nes preliminares, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 28 de agosto de
2013. Serie C, Nº 268, párr. 181 y 182).
“Es clave en un Estado Constitucional y Democrático de Derecho garantizar
el derecho de defensa prescrito en el inciso catorce del artículo ciento treinta y
nueve de nuestra Carta Magna, que prescribe: ‘son principios y derechos de la
función jurisdiccional: El principio de no ser privado del derecho de defensa en
ningún estado del proceso. Toda persona será informada inmediatamente y por
escrito de la causa o las razones de su detención. Tiene derecho a comunicarse
personalmente con un defensor de su elección y a ser asesorada por este desde
que es citada o detenida por cualquier autoridad’, ello en coherencia con los Tra-
tados Internacionales de Derechos Humanos, en el que el Perú es parte como es
el artículo 8.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos, que prevé un
conjunto de garantías judiciales de carácter general de obligatorio cumplimiento

118
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

por los agentes estatales; más aún si en un proceso penal donde la consecuencia es
una condena, como en este caso, es de cadena perpetua. El citado numeral pres-
cribe: ‘Toda persona tiene derecho a ser oída, (…), por un Juez o Tribunal (…)’.
Así la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha afirmado que la exigencia
de que una persona sea oída ‘es equiparable al derecho a un ‘juicio’ o a ‘procedi-
mientos judiciales justos’. Siguiendo al Tribunal Europeo de Derechos Humanos,
en los casos Kraska vs. Switzerland, Van de Hurk vs. the Netherlands, Van Kück
vs. Germany y, Krasulya vs. Russia, la Corte ha establecido que un procedimiento
justo supone que el órgano encargado de administrar justicia efectúe “un examen
apropiado de las alegaciones, argumentos y pruebas aducidas por las partes, sin
perjuicio de sus valoraciones acerca de si son relevantes para su decisión”. Así
la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que el estándar ju-
risprudencial supone que un juicio justo es aquél en el cual una persona ha sido
oída con las debidas garantías (Segunda Sala Penal Transitoria. R.N. N° 2871-
2015-Junín, del 6 de abril de 2017, considerando 5.2).

147 ¿Qué es lo que se busca garantizar con el derecho a ser oído?


“El Tribunal Constitucional ha tenido la oportunidad de pronunciarse respecto del
derecho a ser oído, dada su envergadura como derecho fundamental que asume en
tanto conforma parte del derecho de defensa. Su identificación como tal se deriva
de una interpretación de los derechos fundamentales de conformidad con los tra-
tados internacionales de derechos humanos, prescrita en la IV Disposición Final
y Transitoria de la Constitución. Son pertinentes, a ese respecto, el inciso 3) del
artículo 139 de la Constitución, que reconoce el derecho de defensa, y el artículo
8.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos, que garantiza que:
‘Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y den-
tro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente
e imparcial, establecido con anterioridad por la ley, en la sustanciación de
cualquier acusación penal, civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter’.
Así, mediante el derecho a ser oído por un juez o tribunal se garantiza que cada
una de las partes que participan en un proceso judicial puedan ofrecer, de manera
efectiva, sus razones de hecho y de derecho que consideren necesarias para que
el juez o tribunal resuelva el caso o la controversia en la que se encuentren parti-
cipando. Se encuentra comprendido dentro de su contenido constitucionalmente
protegido el contradictorio argumentativo, el cual exige que este se lleve a cabo sin
que alguna de las partes, por acción u omisión del juez o tribunal, pueda encon-
trarse en una evidente situación de desventaja respecto de la otra.
La titularidad del derecho a ser oído corresponde a todas las partes que partici-
pan incluso en el seno de un proceso constitucional, de modo que no sólo todos
los jueces y tribunales tienen la obligación de no afectarlo, sino de procurar por
todos los medios que su ejercicio sea efectivo.

119
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Sin embargo, su ámbito protegido no sólo comporta deberes de abstención o de


acción destinados a no afectar la posición ius fundamental de las partes en el pro-
ceso. También comporta, desde una perspectiva institucional, que los poderes
públicos, y entre ellos el propio Tribunal Constitucional, establezcan un sistema
organizativo y procedimental adecuados para que el principio de inmediación,
que subyace detrás del derecho de defensa, pueda quedar efectivamente garanti-
zado” (STC. Exp. N° 1078-2007-PA/TC, del 12 de octubre de 2007. Fundamen-
tos de voto del magistrado Fernando Calle Hayen, ff. jj. 4-6).

148 ¿
Se genera un estado de indefensión si no se le permite ser oído al pro-
cesado que se encuentra presente en el juicio?
“Es clave en un Estado Constitucional y Democrático de Derecho garantizar el
derecho de defensa, prescrito en el inciso catorce, del artículo ciento treinta y
nueve de nuestra Carta Magna, que prescribe: ‘son principios y derechos de la
función jurisdiccional: El principio de no ser privado del derecho de defensa en
ningún estado del proceso. Toda persona será informada inmediatamente y por
escrito de la causa o las razones de su detención. Tiene derecho a comunicarse
personalmente con un defensor de su elección y a ser asesorada por este desde que
es citada o detenida por cualquier autoridad’, ello en coherencia con los Tratados
Internacionales de Derechos Humanos, en el que el Perú es parte como es el artículo
8.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos, que prevé un conjunto
de garantías judiciales de carácter general de obligatorio cumplimiento por los
agentes estatales; más aún si en un proceso penal donde la consecuencia es una
condena, como en este caso, es de cadena perpetua. El citado numeral prescribe:
‘Toda persona tiene derecho a ser oída, (…), por un Juez o Tribunal (…)’. Así la
Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha afirmado que la exigencia de que
una persona sea oída ‘es equiparable al derecho a un ‘juicio’ o a ‘procedimientos
judiciales justos’. Siguiendo al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en los
casos Kraska vs. Switzerland, Van de Hurk vs. the Netherlands, Van Kück vs.
Germany y, Krasulya vs. Russia, la Corte ha establecido que un procedimiento
justo supone que el órgano encargado de administrar justicia efectúe ‘un examen
apropiado de las alegaciones, argumentos y pruebas aducidas por las partes, sin
perjuicio de sus valoraciones acerca de si son relevantes para su decisión’. Así la
Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que el estándar jurispru-
dencial supone que un juicio justo es aquél en el cual una persona ha sido oída con
las debidas garantías.
(…)
La obligación constitucional y convencional de los jueces es hacer efectiva esas
garantías de los derechos fundamentales, con mayor intensidad en un proceso
penal. (…) a pesar de encontrarse presente el imputado Ricardo Julián Calzado
Crispín en todas las sesiones de juicio oral, y haberse negado a someterse a la
conclusión anticipada del proceso por ser inocente, no fue examinado, ni oído, lo
que evidentemente genera un estado de indefensión, transgrediéndosele su derecho

120
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

fundamental de defensa que integran el debido proceso, conforme así, lo señaló


la normativa internacional, la Constitución y el inciso dos del artículo doscientos
cuarenta y tres del Código de Procedimientos Penales, que prescribe: ‘(…) Acto
seguido, el Director de Debates invitará al Fiscal para que inicie el interrogato-
rio directo, sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos 244. (…)’, restringién-
dole su derecho a declarar, y de defenderse sobre los cargos graves atribuidos en
su contra, máxime la pena que se le impuso fue de cadena perpetua” (Segunda
Sala Penal Transitoria. R.N. N° 2871-2015-Junín, del 6 de abril de 2017, con-
siderandos 5.2-5.4).

149 ¿Las víctimas tienen también el derecho a ser oídas en el proceso?


“Así interpretado, el mencionado artículo 8.1 de la Convención comprende
también el derecho de los familiares de la víctima a las garantías judicia-
les, por cuanto ‘todo acto de desaparición forzada sustrae a la víctima de la
protección de la ley y le causa graves sufrimientos, lo mismo que a su fami-
lia’ (...) (Declaración de las Naciones Unidas sobre la Protección de Todas las
Personas contra las Desapariciones Forzadas artículo 1.2) (Caso IDH. Caso
Blake vs. Guatemala. Fondo. Sentencia del 24 de enero de 1998. Serie C,
Nº 36, párr. 97).
“Por otra parte, del artículo 8 de la Convención se desprende que las víctimas
de las violaciones de los derechos humanos, o sus familiares, deben contar con
amplias posibilidades de ser oídos y actuar en los respectivos procesos, tanto en
procura del establecimiento de los hechos y del castigo de los responsables, como
en busca de una debida reparación” (Corte IDH. Caso de los “Niños de la Calle”
(Villagrán Morales y otros) vs. Guatemala. Fondo. Sentencia del 19 de noviem-
bre de 1999. Serie C, Nº 63, párr. 227).
“De conformidad con el derecho reconocido en el artículo 8.1 de la Convención
Americana, en relación con el artículo 1.1 de la misma, este Tribunal ha estable-
cido que los Estados tienen la obligación de garantizar que, en todas las etapas de
los respetivos procesos, las víctimas puedan hacer planteamientos, recibir infor-
maciones, aportar pruebas, formular alegaciones y, en síntesis hacer valer sus
intereses. Dicha participación deberá tener como finalidad el acceso a la justicia,
el conocimiento de la verdad de lo ocurrido y el otorgamiento de una justa repa-
ración. En tal sentido, la Corte ha establecido que la ley interna debe organizar el
proceso respectivo de conformidad con la Convención Americana. La obligación
estatal de adecuar la legislación interna a las disposiciones convencionales com-
prende el texto constitucional y todas las disposiciones jurídicas de carácter secun-
dario y reglamentario, de tal forma que pueda traducirse en la efectiva aplicación
práctica de los estándares de protección de los derechos humanos” (Corte IDH.
Caso Radilla Pacheco vs. México. Excepciones preliminares, fondo, reparacio-
nes y costas. Sentencia del 23 de noviembre de 2009. Serie C, Nº 209, párr. 247).

121
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

XVI. EL DERECHO A SER ASISTIDO POR UN INTÉRPRETE

Base legal Constitución Política: arts. 2.19, 139.14.


Código Procesal Penal de 2004: art. 114.3.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 8.2.a.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.3.

150 ¿
En qué consiste el derecho a usar el idioma propio ante las autorida-
des mediante intérprete como manifestación del derecho de defensa?
“Aquí es necesario precisar la dimensión cultural de la Constitución en el sentido
de que ‘( ... ) no es solo una obra normativa sino también expresión de un estado
de desarrollo cultural, medio de la autorrepresentación cultural del pueblo, espejo
de su patrimonio cultural y fundamento de sus esperanzas’, que contiene en su
seno reglas culturales; por cierto, el derecho a usar el idioma propio es una expre-
sión de su identidad cultural.
(…) respecto al derecho lingüístico, lo siguiente: ‘(...) se proclaman como dere-
chos individuales, no puede desconocerse la dimensión colectiva que se asocia a
la mayoría de ellos, puesto que el uso de una lengua no tiene sentido individual-
mente y porque la lengua no solo es una forma de comunicarse sino que también
es una forma de expresar una identidad y un sentir colectivo’.
De esta manera y buscando la defensa de este importante derecho, la Constitu-
ción Política del Perú, en el artículo 2, inciso 19), reconoce el derecho a la identi-
dad étnica y cultural, e incluso en el segundo párrafo establece que ‘Todo peruano
tiene derecho a usar su propio idioma ante cualquier autoridad mediante un intér-
prete. Los extranjeros tienen Este mismo derecho cuando son citados por cualquier
autoridad’. Y precisamente lo establece para asegurar el respeto de los derechos
culturales y las garantías mínimas de los procesados a fin de que puedan ejercer
sus derechos fundamentales, como es el caso del derecho de defensa.
En este sentido, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en el artículo
14.3, establece las siguientes garantías mínimas: ‘a) A ser informada sin demora,
en un idioma que comprenda y en forma detallada, de la naturaleza y causas de la
acusación formulada contra ella’, y ‘f) A ser asistida gratuitamente por un intér-
prete, si no comprende o no habla el idioma empleado en el tribunal’; y la Con-
vención Americana sobre Derechos Humanos (en adelante la Convención) esta-
blece en el artículo 8.2; ‘a. derecho del inculpado de ser asistido gratuitamente por
el traductor o intérprete, si no comprende o no habla el idioma del juzgado o tri-
bunal’; cabe precisar que la Convención establece una condición para ser asistido
en juicio por un intérprete, en el caso que no se comprenda o no hable el idioma
del juzgado o tribunal.
Así lo ha establecido la Corte Interamericana de Derechos Humanos: ‘La evolu-
ción del procedimiento ha sido constante y notable en el medio siglo transcurrido

122
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

después de la Segunda Guerra Mundial. De esto hay abundantes testimonios.


El derecho a contar con defensa en el proceso se ha visto ampliado y enrique-
cido por el derecho a disponer de abogado desde el primer momento de la deten-
ción. El derecho a conocer los motivos del procedimiento se ha ensanchado con
el derecho a disponer de traductor cuando no se conoce el idioma en el que aquel
se desarrolla’ (Opinión consultiva OC-16/99 de 1 de octubre de 1999. El Derecho
a la Información sobre la Asistencia Consular en el Marco de las Garantías del
Debido Proceso Legal). Así mismo establece: ‘c) (D)erecho de Defensa: incluye
varios derechos, contar con el tiempo y los medios para preparar la defensa, tener
intérprete o traductor, ser oído, conocer la acusación e interrogar y presentar tes-
tigos’ (Opinión Consultiva OC-17/2002, del 28 de agosto de 2002, solicitada por
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos).
Por tanto, se desprende de lo expuesto que el ejercicio del derecho de defensa no
es posible si al recurrente no se le designa traductor o intérprete, y –acorde a la
Convención– que este derecho es una garantía mínima del procesado para el res-
peto de su derecho al debido proceso y a su identidad cultural, en consecuencia,
para su validez, así lo ha señalado la Comisión Interamericana de Derechos Huma-
nos: ‘( ...) toda declaración de una persona que no comprenda o no hable adecua-
damente el idioma en el cual esta le es tomada, carece de valor’ (Informe sobre la
situación de los Derechos Humanos de un sector de la población nicaragüense de
origen Mismito, 1983. Parte II, secc., D, párr. 17 d)” (STC. Exp. Nº 4719-2007-
PHC/TC, del 3 de octubre de 2007, ff. jj. 12-17).

151 ¿
La presencia de un intérprete constituye un acto para garantizar la
igualdad y defensa eficaz?
“Para alcanzar sus objetivos, el proceso debe reconocer y resolver los factores de
desigualdad real de quienes son llevados ante la justicia. Es así como se atiende el
principio de igualdad ante la ley y los tribunales y a la correlativa prohibición de
discriminación. La presencia de condiciones de desigualdad real obliga a adoptar
medidas de compensación que contribuyan a reducir o eliminar los obstáculos y
deficiencias que impidan o reduzcan la defensa eficaz de los propios intereses. Si
no existieran esos medios de compensación, ampliamente reconocidos en diversas
vertientes del procedimiento, difícilmente se podría decir que quienes se encuen-
tran en condiciones de desventaja disfrutan de un verdadero acceso a la justicia
y se benefician de un debido proceso legal en condiciones de igualdad con quie-
nes no afrontan esas desventajas.
Por ello se provee de traductor a quien desconoce el idioma en que se desarrolla el
procedimiento, y también por eso mismo se atribuye al extranjero el derecho a ser
informado oportunamente de que puede contar con la asistencia consular. Estos
son los medios para que los inculpados puedan hacer uso de otros derechos que
la ley reconoce a todas las personas. Aquellos y estos, indisolublemente vincu-
lados entre sí, forman el conjunto de garantías procesales y concurren a integrar
el debido proceso legal”.

123
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

(…)
“Cabe señalar que el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en el
artículo 14.3, establece las siguientes garantías mínimas: ‘a) A ser informada sin
demora, en un idioma que comprenda y en forma detallada, de la naturaleza y cau-
sas de la acusación formulada contra ella; y, f) A ser asistida gratuitamente por un
intérprete, si no comprende o no habla el idioma empleado en el tribunal’; y la Con-
vención Americana sobre Derechos Humanos establece en el artículo 8.2: ‘a. (…)
derecho del inculpado de ser asistido gratuitamente por el traductor o intérprete,
si no comprende o no habla el idioma del juzgado o tribunal’; cabe precisar que la
Convención establece una condición para ser asistido en juicio por un intérprete,
en el caso de que no se comprenda o no hable el idioma del juzgado o tribunal.
De lo anteriormente expuesto se desprende que el ejercicio del derecho de defensa
no es posible si al inculpado que no comprende o habla el idioma del órgano judi-
cial que lo juzga no se le asigna un intérprete o traductor, omisión que invalida-
ría la declaración o interrogatorio así recabado.
El Código Procesal Penal en su artículo 114, inciso 3, señala: ‘Deberá proveérse-
les traductor o intérprete, según corresponda, a las personas que ignoren el caste-
llano, a quienes se les permita hacer uso de su propio idioma, así como a los sordo-
mudos y a quienes tengan algún impedimento para darse a entender’, concibiendo
este Tribunal que la finalidad de esta norma legal es que el inculpado pueda enten-
der y ser entendido por el órgano fiscal o judicial que lo procesa.
En el caso de autos, se alega que pese a que el favorecido padece de una deficien-
cia auditiva, no se le asignó un intérprete, lo cual no le permitió ejercer su dere-
cho de defensa en el proceso penal Nº 07212-2009, es decir, debido la disminución
de la percepción auditiva no pudo entender al órgano judicial que lo venía proce-
sando (y por tanto defenderse)” (STC. Exp. N° 3861-2012-PHC/TC-Sullana, del
25 de setiembre de 2013, ff. jj. 2.3.2-2.3.4).

152 ¿
Se vulnera el derecho de defensa del recurrente si no se le asigna un
traductor o intérprete?
“De esta manera y buscando la defensa de este importante derecho, la Constitu-
ción Política del Perú, en el artículo 2, inciso 19), reconoce el derecho a la identi-
dad étnica y cultural, e incluso en el segundo párrafo establece que ‘Todo peruano
tiene derecho a usar su propio idioma ante cualquier autoridad mediante un intér-
prete. Los extranjeros tienen este mismo derecho cuando son citados por cualquier
autoridad’. Y precisamente lo establece para asegurar el respeto de los derechos
culturales y las garantías mínimas de los procesados a fin de que puedan ejercer
sus derechos fundamentales, como es el caso del derecho de defensa.
En este sentido, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en el artículo
14.3, establece las siguientes garantías mínimas: ‘a) A ser informada sin demora,

124
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

en un idioma que comprenda y en forma detallada, de la naturaleza y causas de la


acusación formulada contra ella’, y ‘f) A ser asistida gratuitamente por un intér-
prete, si no comprende o no habla el idioma empleado en el tribunal’; y la Con-
vención Americana sobre Derechos Humanos (en adelante la Convención) esta-
blece en el artículo 8.2; ‘a. derecho del inculpado de ser asistido gratuitamente por
el traductor o intérprete, si no comprende o no habla el idioma del juzgado o tri-
bunal’; cabe precisar que la Convención establece una condición para ser asistido
en juicio por un intérprete, en el caso que no se comprenda o no hable el idioma
del juzgado o tribunal.
Así lo ha establecido la Corte Interamericana de Derechos Humanos: ‘La evolu-
ción del procedimiento ha sido constante y notable en el medio siglo transcurrido
después de la Segunda Guerra Mundial. De esto hay abundantes testimonios.
El derecho a contar con defensa en el proceso se ha visto ampliado y enrique-
cido por el derecho a disponer de abogado desde el primer momento de la deten-
ción. El derecho a conocer los motivos del procedimiento se ha ensanchado con
el derecho a disponer de traductor cuando no se conoce el idioma en el que aquél
se desarrolla’ (Opinión consultiva OC-16/99 del 1 de octubre de 1999. El Derecho
a la Información sobre la Asistencia Consular en el Marco de las Garantías del
Debido Proceso Legal). Así mismo establece: ‘e) (D)erecho de Defensa: incluye
varios derechos, contar con el tiempo y los medios para preparar la defensa, tener
intérprete o traductor, ser oído, conocer la acusación e interrogar y presentar tes-
tigos’ (Opinión Consultiva OC-17 /2002, del 28 de agosto de 2002, solicitada por
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos).
Por tanto, se desprende de lo expuesto que el ejercicio del derecho de defensa no
es posible si al recurrente no se le designa traductor o intérprete, y –acorde a la
Convención– que este derecho es una garantía mínima del procesado para el res-
peto de su derecho al debido proceso y a su identidad cultural, en consecuencia,
para su validez, así lo ha señalado la Comisión Interamericana de Derechos Huma-
nos: ‘(...) toda declaración de una persona que no comprenda o no hable adecua-
damente el idioma en el cual esta es tomada, carece de valor (Informe sobre la
situación de los Derechos Humanos de un sector de la población nicaragüense de
origen Mismito, 1983. Parte. II, secc. D, párr. 17 d)’” (STC. Exp. N° 4719-2007-
PHC/TC, del 3 de octubre de 2007, ff. jj. 14-17).

XVII. EL DERECHO A LA NO AUTOINCRIMINACIÓN

Base legal Constitución Política: art. 139.3.


Código Procesal Penal de 2004: art. IX.2 del Título Preliminar.
Convención Interamericana de Derechos Humanos: art. 8.2. g.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.3, literal g.

125
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

153 ¿En qué consiste el derecho a la no autoincriminación?


“Que el derecho a no autoincriminarse constituye derecho interno y ostenta fuerza
normativa directa, conforme lo establecen los artículos 1 y 55 de la Constitución,
en tanto derecho de la persona humana que se encuentra reconocido de manera
expresa en el ordinal g) del artículo 8 de la Convención Americana de Derechos
Humanos, que como parte de las ‘Garantías Judiciales’ mínimas que tiene toda
persona procesada, reconoce el derecho a no ser obligado a declarar contra sí
mismo ni a declararse culpable. Al respecto, se debe señalar que a través del
hábeas corpus es susceptible de controlarse todo acto u omisión de actos de cum-
plimiento obligatorio que incidan de manera negativa y directa en el derecho a
la libertad individual, y del cual, a su vez, se denuncia su agravio constitucional; 
v.gr. del pronunciamiento judicial que, vulnerando el derecho a no autoincrimi-
narse, restringe el derecho a la libertad individual” (STC. Exp. N° 00897-2010-
PHC/TC-Apurímac, del 25 de mayo de 2010, f. j. 3).

154 ¿El derecho a no autoincriminarse constituye un derecho funda-


mental?
“Con relación al derecho a no ser obligado a declarar o reconocer la culpabilidad
contra sí mismo o derecho a la no autoincriminación, este Tribunal ha tenido la
oportunidad de pronunciarse en el Expediente N° 03-2005-PI/TC disponiendo lo
siguiente:
(...) El derecho a no autoincriminarse no se encuentra reconocido expresa-
mente en la Constitución. Sin embargo, se trata de un derecho fundamental
de orden procesal que forma parte de los derechos implícitos que conforman
el derecho al debido proceso penal, este último reconocido en el inciso 3)
del artículo 139 de la Constitución. Su condición de derecho implícito que
forma parte de un derecho expresamente reconocido, también se puede infe-
rir a partir de la función que los tratados internacionales en materia de dere-
chos humanos están llamados a desempeñar en la interpretación y aplicación
de las disposiciones por medio de las cuales se reconocen derechos y liber-
tades en la Ley Fundamental (IV Disposición Final y Transitoria). Así por
ejemplo el artículo 8 de la Convención Americana de Derechos Humanos,
que reconoce expresamente como parte de las ‘Garantías Judiciales’ míni-
mas que tiene todo procesado, el ‘g) derecho a no ser obligado a declarar
contra sí mismo ni a declararse culpable (...)’.
(…) Lo mismo sucede con el ordinal ‘g’ del artículo 14.3 del Pacto Interna-
cional de Derechos Civiles y Políticos, que establece que entre las garantías
mínimas que tiene una persona acusada de un delito, se encuentra el derecho
g) A no ser obligada a declarar contra sí misma ni a confesarse culpable” (STC.
Exp. N° 03021-2013-PHC/TC-Tacna, del 20 de junio de 2015, ff. jj. 2.3).

126
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

155 ¿
Cuáles son las obligaciones que debe cumplir el Estado en aras de
garantizar el derecho a la no autoincriminación?
“(…) Dicho derecho garantiza a toda persona no ser obligada a descubrirse contra
si misma (nome tenetur se detegere), no ser obligada a declarar contra sí misma
(nemo tenetur edere contra se) o, lo que es lo mismo, no ser obligada a acusarse
a sí misma (nemo tenetur se ipsum accusare). Sin embargo, su ámbito normativo
no se agota en garantizar la facultad de no ser obligado a declarar contra sí mismo
o a confesar su propia culpabilidad, de modo que pueda entenderse que, respecto
a sus coinculpados, el imputado sí tenga la obligación hablar o acusar. La incoer-
cibilidad del imputado comprende ambos supuestos y, en ese sentido, debe indi-
carse que este derecho garantiza la potestad del imputado o acusado de un ilícito
penal a guardar silencio sobre los hechos por los cuales es investigado o acusado
penalmente, tanto en lo que le atañe como en lo que incumbe a terceros.
(...) Por cierto, el contenido prima facie protegido por el derecho a no declarar la
culpabilidad contra sí mismo se encuentra relacionado con una serie de derechos
fundamentales, de cuyo registro es posible individualizar una serie de obligacio-
nes de abstención a cargo del Estado. Como ha recordado el Comité de Derechos
Humanos, al examinarse este derecho
‘(...) Debe tenerse presente las disposiciones del artículo 7 y del párrafo l del
artículo 10 [del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, con-
cordante con el artículo 2.24. “h” de la Constitución] (...)’, según los cua-
les ‘Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes. En particular, nadie será sometido sin su libre consentimiento
a experimentos médicos o científicos’; y, ‘Toda persona privada de su liber-
tad será tratada humanitariamente y con el respeto debido a la dignidad inhe-
rente al ser humano’, respectivamente.
(...) Por tanto, para los efectos de que este derecho no sufra un menoscabo que
pueda ser calificado como arbitrario, el Estado está prohibido de ejercer violen-
cia psíquica o física sobre el inculpado o acusado y ejecutar métodos engañosos o
de naturaleza análoga que pudieran estar destinados a obtener involuntariamente
información sobre los hechos criminales por los cuales se le investiga o acusa en
un proceso penal. Del mismo modo, si el derecho a no autoincriminarse comprende
el derecho a guardar silencio, en el ámbito jurisdiccional, los jueces y tribunales
tienen la obligación de no asumir una aceptación tácita del silencio, pero sí a darle
un sentido interpretativo del mismo que pueda ayudar a dilucidar la causa. Y es
que sí existe un deber de respetar, cumplir y defender la Constitución y el orde-
namiento jurídico de la Nación, según dispone el artículo 38 de la Constitución.
(…) Desde luego, los jueces y tribunales también tienen la obligación de negar
valor a las declaraciones obtenidas por la violencia, lo que no debe entenderse en
términos restrictivos, con referencia únicamente a la violencia psíquica o física,
sino en un sentido amplio, como omnicomprensiva de toda información obtenida
del investigado o acusado sin su voluntad. Como se ha dicho antes, el derecho a

127
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

no confesar la culpabilidad garantiza la incoercibilidad del imputado o acusado.


Sin embargo, dicho ámbito garantizado no es incompatible con la libertad del pro-
cesado o acusado para declarar voluntariamente, incluso autoincriminándose”
(STC. Exp. N° 03021-2013-PHC/TC-Tacna, del 20 de junio de 2015, ff. jj. 2.3).

156 ¿
Cómo se relaciona el derecho a la no autoincriminación con el dere-
cho a la presunción de inocencia?
“(...) El derecho a no declarar contra sí mismo, a no autoinculparse o autoincrimi-
narse, entronca en una de las manifestaciones más claras del derecho a la presun-
ción de inocencia, cual es la que sitúa en la acusación la carga de la prueba, que
no puede desplazarse hacia el imputado haciendo recaer en él la obligación de
aportar evidencias que conduzcan a desvirtuar su responsabilidad. Son diversas
las previsiones supranacionales que complementan esta prescripción, el moderno
Derecho dedos tratados de rango constitucional exhibe diversas cláusulas con fór-
mulas aún más explícitas. Este es el caso del artículo 8.2.g, de la Convención Ame-
ricana sobre Derechos Humanos, donde se consagra el derecho a no ser obligado a
declarar contra sí mismo ni a declararse culpable; en el mismo orden se encuentra
el artículo 14.3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en cuanto
establece que la persona acusada de un delito goza del derecho a no ser obligada
a declarar contra sí misma ni a confesarse culpable” (Sala Penal Permanente.
Casación N° 375-2011-Lambayeque, del 18 de junio de 2013, considerando 9).

157 ¿
El derecho al silencio, como parte del derecho a la no autoincrimina-
ción, tiene efectos retroactivos?
“Que, finalmente, es de acotar que el derecho al silencio es un derecho de uso
actual, que se activa y puede ejercitarse en cada momento procesal pero no retroac-
túa sobre los ya transcurridos, ni tiene, por tanto, en ellos, la incidencia que pre-
tende el que recurre. El acusado puede guardar silencio en el juicio, pero no hacer
que este se proyecte hacia atrás, con la eficacia de cancelar otras manifestaciones
precedentes. Lo adquirido en el curso de la investigación forma parte definitiva-
mente de los autos, de la que solo podría ser expulsado formalmente por razón de
licitud (STSE 95/2010, de 12 de diciembre). Esta doctrina, que no vulnera el con-
tenido constitucionalmente garantizado del derecho a la no autoincriminación, es
la que recoge el citado artículo 376, numeral 1, del Código Procesal Penal” (Sala
Penal Permanente. Casación N° 1462-2017-Lambayeque, del 15 de febrero de
2018, considerando 7).

158 ¿
Si el procesado se identifica con un nombre falso, ello constituye un
indicio de culpabilidad o solo una manifestación del principio de no
autoincriminación?
“Teniendo en cuenta la imputación táctica, el hecho de que el encausado se haya
identificado con un nombre falso, supuesto o de persona real, como este caso, el
nombre de su medio hermano –Gianmarco Ocampo Peña–, materializa el principio

128
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

de no autoincriminación, aspecto que no ha sido analizado por la Sala Superior


Penal, y que afecta el derecho al debido proceso (principio de tipicidad); como
consecuencia de ello, el encausado Reyes Peña no puede ser responsabilizado
penalmente por dicho acto” (Sala Penal Transitoria. R.N. N° 3093-2013-Lima
Norte, del 22 de mayo de 2014, considerando 2.8).

XVIII. EL DERECHO A LA IGUALDAD DE ARMAS

Base legal Constitución Política: arts. 2.2, 138.2.


Código Procesal Penal de 2004: art. I.3 del Título Preliminar.
Convención Interamericana de Derechos Humanos: arts. 8.1, 8.2.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: arts. 14.1, 14.3.

159 ¿Cómo se configura la igualdad en la Constitución peruana?


“[L]a igualdad se configura en nuestra Norma Fundamental, como principio y
como derecho fundamental. De este modo:
(...) la noción de igualdad debe ser percibida en dos planos convergentes. En el pri-
mero, se constituye como un principio rector de la organización y actuación del
Estado Social y Democrático de Derecho. En el segundo, se erige como un dere-
cho fundamental de la persona.
Como principio implica un postulado o proposición con sentido y proyección
normativa o deontológica que, como tal, constituye parte del núcleo del sistema
constitucional de fundamento democrático. Como derecho fundamental com-
porta el reconocimiento de la existencia de una facultad o atribución conformante
del patrimonio jurídico de la persona, derivada de su naturaleza, que consiste en
ser tratada igual que los demás en hechos, situaciones o acontecimiento coinci-
dentes; por ende, deviene en el derecho subjetivo de obtener un trato igual y de
evitar los privilegios y las desigualdades arbitrarias. Entonces, la igualdad es un
principio-derecho que instala a las personas, situadas en idéntica condición, en
un plano de equivalencia. Ello involucra una conformidad o identidad por coinci-
dencia de naturaleza, circunstancia, calidad, cantidad o forma, de modo tal que no
se establezcan excepciones o privilegios que excluyan a una persona de los dere-
chos que se conceden a otra, en paridad sincrónica o por concurrencia de razo-
nes. Por consiguiente, supone la afirmación a priori y apodíctica de la homologa-
ción entre todos los seres humanos, por la identidad de naturaleza que el derecho
estatal se limita a reconocer y garantizar. Dicha igualdad implica lo siguiente:
a) La abstención de toda acción legislativa o jurisdiccional tendiente a la diferen-
ciación arbitraria, injustificable y no razonable, y b) La existencia de un derecho
subjetivo destinado a obtener un trato igual, en función de hechos, situaciones y
relaciones homólogas. [Expediente N° 0018-2003-AI/TC]” (STC. Exp. Nº 0004-
2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 116).

129
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

“(…) El principio de igualdad reconocido por el artículo 2, numeral 2, de la Consti-


tución Nacional, (i) es un derecho subjetivo de las personas a obtener un trato igual,
que obliga y limita a los poderes públicos a respetar y que exige que los supuestos
de hecho iguales, sean tratados idénticamente en sus consecuencias jurídicas. Esta
cláusula constitucional, empero, (ii) permite incorporar un elemento diferencia-
dor de relevancia jurídica en tanto en cuanto se ofrezca y posea una justificación
objetiva y razonable para ello según criterio o juicio de valor generalmente acep-
tados, y que las consecuencias jurídicas que se derivan de tal distinción sean pro-
porcionadas a la finalidad perseguida, de suerte que se eviten resultados excesi-
vamente gravosos o desmedidos. Como el principio de igualdad tiene, además, un
carácter relacional, (iii) es necesario, de un lado que el precepto cuestionado intro-
duzca directa o indirectamente una diferencia de trato entre grupos o categorías de
personas y, de otro, que las situaciones subjetivas que quieran traerse a la compara-
ción sean, efectivamente, homogéneas o equiparables, es decir, que el término de
comparación no resulte arbitrario o caprichoso” (Sala Penal Permanente. Casación
N° 250-2018-Ucayali, del 22 de noviembre de 2018, considerando 2).

160 ¿En qué consiste la igualdad como derecho fundamental?


“De este modo, como derecho fundamental, la igualdad se encuentra reconocida
en el artículo 2, inciso 2, de nuestra Norma Fundamental. Al respecto, el Tribu-
nal Constitucional ha sostenido que el derecho fundamental a la igualdad:
(...) comporta el reconocimiento de la existencia de una facultad o atribución con-
formante del patrimonio jurídico de una persona, derivada de su naturaleza, que
consiste en ser tratada igual que los demás en relación a hechos, situaciones o
acontecimientos coincidentes; por ende, como tal deviene en el derecho subjetivo
de obtener un trato igual y de evitar los privilegios y las desigualdades arbitra-
rias (…) [Expediente N° 0261-2003-AA/TC. f. j. 3.1]” (STC. Exp. Nº 0004-2006-
PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 117).
“En tal sentido, el derecho a la igualdad se constituye, prima facie , en aquel dere-
cho que obliga, tanto a los poderes públicos como a los particulares, a encontrar
un actuar paritario con respecto a las personas que se encuentran en las mismas
condiciones o situaciones, así como a tratar de manera desigual a las personas
que estén en situaciones desiguales, debiendo dicho trato dispar tener un fin legí-
timo, el mismo que debe ser conseguido mediante la adopción de la medida más
idónea, necesaria y proporcional” (STC. Exp. N° 0004-2006-PI/TC, del 29 de
marzo de 2006, f. j. 118).

161 ¿En qué consiste la igualdad como principio fundamental?


“En tanto que principio fundamental, la igualdad, entendida como regla de obli-
gatorio cumplimiento para el Legislador, entre otros, se encuentra reconocida
en los artículos 103 y 2.2. de la Constitución. El primero establece que ‘Pueden
expedirse leyes especiales porque así lo exige la naturaleza de las cosas, pero no

130
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

por razón de las diferencias de las personas’ (...), y el segundo que ‘Toda persona
tiene derecho: 2. A la igualdad ante la ley ( ... ). Analizando ambas disposiciones
en función del principio de interpretación constitucional de concordancia práctica
se desprende que:
El principio de igualdad en el Estado constitucional exige del legislador una vincu-
lación negativa o abstencionista y otra positiva o interventora. La vinculación nega-
tiva está referida a la ya consolidada jurisprudencia de este Colegiado respecto
de la exigencia de ‘tratar igual a los que son iguales’ y ‘distinto a los que son dis-
tintos’, de forma tal que la ley, como regla general, tenga una vocación necesaria
por la generalidad y la abstracción, quedando proscrita la posibilidad de que el
Estado, a través del legislador, pueda ser generador de factores discriminatorios
de cualquier índole. Sin embargo, enfocar la interpretación del derecho a la igual-
dad desde una faz estrictamente 001
liberal,
supondría reducir la protección constitu-
cional del principio de igualdad a un contenido meramente formal, razón por la
cual es deber de este Colegiado, de los poderes públicos y de la colectividad en
general, dotar de sustancia al principio de igualdad reconocido en la Constitución.
En tal sentido, debe reconocerse también una vinculación positiva del legislador
a los derechos fundamentales, de forma tal que la ley esté llamada a revertir las
condiciones de desigualdad o, lo que es lo mismo, a reponer las condiciones de
igualdad de las que la realidad social pudiera estarse desvinculando, en desmedro
de las aspiraciones constitucionales. [Expediente N° 0001-2003-AI/TC, f. j. 11]’”
(STC. Exp. Nº 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 120).

162 ¿
En qué consiste el carácter relacional del principio-derecho a la
igualdad?
“[E]l principio-derecho de igualdad se constituye en un presupuesto indispensa-
ble para el ejercicio de los derechos fundamentales. Posee además una natura-
leza relacional, es decir, que funciona en la medida en que se encuentre relacio-
nada con el resto de derechos, facultades y atribuciones constitucionales y legales.
Dicho carácter relacional sólo opera vinculativamente para asegurar el goce, real,
efectivo y pleno del plexo de derechos que la Constitución y las leyes reconocen y
garantizan” (STC. Exp. Nº 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 121).
“En efecto, el examen sobre la vulneración del principio-derecho de igualdad,
siempre va a estar relacionado con el examen sobre la vulneración de otros dere-
chos. Con mucha frecuencia, y tal como ha tenido oportunidad de constatar este
Colegiado, han sido frecuentes los casos en los que se vulneraba el derecho a la
igualdad y, a su vez, derechos como a la libertad de empresa o al trabajo, entre
otros. Al respecto, el Tribunal Constitucional ha sostenido que, en función de su
carácter relacional, el derecho a la igualdad:
funciona en la medida [en] que se encuentre conectado con los restantes
derechos, facultades y atribuciones constitucionales y legales (...); pre-
cisamente, opera para asegurar el goce real, efectivo y pleno del plexo de

131
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

derechos que la Constitución y las leyes reconocen y garantizan. [Expediente


N° 026l-2003-AA/TC. f. j. 3.1.]” (STC. Exp. Nº 0004-2006-PI/TC, del 29
de marzo de 2006, f. j. 122).

163 ¿Cuáles son las manifestaciones de la igualdad “ante la ley”?


“El principio-derecho de igualdad, a su vez, distingue dos manifestaciones rele-
vantes: la igualdad en la ley y la igualdad en la aplicación de la ley. La primera
manifestación (igualdad en la ley) constituye un límite para el Legislador, en tanto
la actividad de legislar deberá estar encaminada a respetar la igualdad, encon-
trándose vedado establecer diferenciaciones basadas en criterios irrazonables y
desproporcionados. En otros términos, el actuar del legislador tiene como límite
el principio de igualdad, en tanto que dicho principio le exige que las relaciones
y situaciones jurídicas determinadas que vaya a determinar deban garantizar un
trato igual y sin discriminaciones” (STC. Exp. Nº 0004-2006-PI/TC, del 29 de
marzo de 2006, f. j. 123).

164 ¿
Cuáles son las manifestaciones de la igualdad “en la aplicación de la
ley”?
“Respecto de la segunda manifestación: la igualdad en la aplicación de la ley, (…),
cabe mencionar, de modo referencial, que se configura como límite al actuar de
órganos públicos, tales como los jurisdiccionales y administrativos. Exige que
estos órganos, al momento de aplicar la ley, no deban atribuir una consecuencia
jurídica a dos supuestos de hecho que sean sustancialmente iguales. En otros tér-
minos, la ley debe ser aplicada de modo igual a todos aquellos que estén en la
misma situación, sin que el aplicador pueda establecer diferencia alguna en razón
de las personas o de circunstancias que no sean las que se encuentren presentes
en la ley” (STC. Exp. Nº 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 124).

165 ¿
Cuál es la vinculación existente entre el juicio de igualdad en la ley y
el principio de proporcionalidad?
“Ya en el plano de la igualdad en la ley, cabe mencionar que el respectivo jui-
cio de igualdad sobre la actuación del legislador requiere de la verificación entre
otros, del principio de proporcionalidad, toda vez que si bien el legislador puede,
en base a sus atribuciones constitucionales, establecer un trato diferente ante situa-
ciones que sean diferentes, debe también tomar en consideración si la medida dic-
tada resulta proporcional con el fin que se pretende obtener. Por ello, el principio
de proporcionalidad se constituye en uno de los elementos esenciales a evaluar
en el juicio de igualdad.
En efecto, no basta que el legislador verifique que dos situaciones jurídicas son
diferentes y que por tanto les puede aplicar un tratamiento legal diferente, sino
que también debe verificar si el fin que se pretende obtener con la diferenciación
legislativa es constitucional y si en todo caso la diferenciación legislativa resulta
proporcional con el fin que se pretende obtener, de manera que resulte razonable.

132
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

Y es que el principio de proporcionalidad ‘está integrado por un conjunto de cri-


terios o herramientas que permiten medir y sopesar la licitud de todo género de
límites normativos de las libertades, así como la de cualesquiera interpretaciones
o aplicaciones de la legalidad que restrinjan su ejercicio’. Seguidamente, se ana-
lizarán los diferentes pasos o niveles que comprenden el test de igualdad, para
lo cual se tendrá en consideración la sentencia expedida por este Colegiado en el
Expediente N° 00045-2004-PI/TC” (STC. Exp. Nº 0004-2006-PI/TC, del 29 de
marzo de 2006, ff. jj. 125-127).

166 ¿
A qué evaluación debe someterse una medida que limita derechos
para determinar si resulta conforme con el principio del derecho de
igualdad?
“Con la finalidad de evaluar si una medida limitativa de derechos o principios
constitucionales resulta conforme con el principio-derecho de igualdad estable-
cido en la Norma Fundamental, es necesario someter esta medida a una evalua-
ción estructurada en distintos pasos. Dicha evaluación es entendida, a juicio de
este Tribunal, como un test de igualdad, el cual será desarrollado a continuación,
para luego aplicarlo en el examen de la disposición legal cuestionada.
Primer paso: Verificación de la diferenciación legislativa
Segundo paso: Determinación del nivel de intensidad de la intervención en la
igualdad.
Tercer paso: Verificación de la existencia de un fin constitucional en la
diferenciación.
Cuarto paso: Examen de idoneidad
Quinto paso: Examen de necesidad
Sexto paso: Examen de proporcionalidad en sentido estricto” (STC. Exp.
Nº 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo de 2006, f. j. 128).

167 ¿
En qué consiste el primer paso del test de igualdad denominado “ve-
rificación de la diferenciación legislativa”?
“En este primer nivel, debe analizarse si el supuesto de hecho acusado de discri-
minación es igual o diferente al supuesto de hecho que sirve de término de com-
paración (tertium comparationis). De resultar igual, la medida legislativa que con-
tiene un tratamiento diferente deviene en inconstitucional por tratar diferente a
dos supuestos de hecho que son similares. De resultar diferente, entonces debe
proseguirse con los siguientes pasos del test de igualdad, pues el hecho de que
se dé un tratamiento legislativo diferente a dos situaciones jurídicas distintas no
implica que tal medida sea constitucional, pues debe aún superar los siguientes
pasos del mencionado test.

133
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Sobre el particular, cabe mencionar que el Tribunal Constitucional Federal Ale-


mán, ha sostenido, en criterio que comparte este Colegiado que ‘el derecho fun-
damental a la igualdad ante la leyes violado cuando un grupo de destinatarios de
la norma, por comparación a otros grupos, es tratado de forma distinta, siempre
que entre estos grupos no existan diferencias de tal clase y de tal peso que per-
mitan justificar la diferencia de trato’. En este primer paso, el juicio de igualdad
se identifica con la necesidad de determinar la semejanza o diferencia entre las
situaciones jurídicas que se comparan.
En este punto, cabe preguntarse ¿qué es una situación jurídica? Una situación jurí-
dica es la relación existente entre un supuesto de hecho (o categoría de persona) y
su consecuencia jurídica (norma que regula a una categoría de persona). Así por
ejemplo, P1 y P2 constituyen dos personas y N1 y N2 constituyen dos normas que
regulan la actuación de las mencionadas personas, de modo tal que P1 y N1 for-
man una situación jurídica y P2 y N2 forman otra situación jurídica. Lo que se
exige en el presente juicio es realizar una apreciación comparativa entre las alu-
didas personas y las normas que las regulan, es decir, comparar P1Nl (situación
jurídica en la que se cuestiona N1) con P2N2 (término de comparación). Como
N1 y N2 son diferentes (normas que establecen diferencia de trato), en este jui-
cio se debe determinar si P1 y P2 son iguales o diferentes. Sin son iguales y se
cuestiona N1, entonces N1 es inconstitucional por regular un trato diferente a dos
personas (P1 y P2) que son iguales. Si P1 y P2 son diferentes entonces efectiva-
mente les corresponde una regulación normativa diferente: N1 y N2, por lo que si
se cuestiona N1 ésta ya ha superado el primer paso, quedando pendiente la evalua-
ción de los siguientes pasos” (STC. Exp. Nº 0004-2006-PI/TC, del 29 de marzo
de 2006, ff. jj. 129-131).

168 ¿Cuáles son los alcances del principio de igualdad de armas?


“El derecho de igualdad procesal o de igualdad de armas se deriva de la interpre-
tación sistemática del artículo 2, inciso 2 (igualdad) y del artículo 138, inciso 2
(debido proceso), de la Constitución. En tal sentido, todo proceso, judicial, admi-
nistrativo o en sede privada, debe garantizar que las partes del proceso detenten
las mismas oportunidades de alegar, defenderse o probar, de modo que no se oca-
sione una desventaja en ninguna de ellas respecto a la otra. Tal exigencia cons-
tituye un componente del debido proceso ya que ningún proceso que inobserve
dicho imperativo puede reputarse como ‘debido’. (…) Esta situación tiene como
consecuencia que el denunciado se encuentre en desventaja con respecto al denun-
ciante, en relación con la posibilidad de probar (probar algo de difícil acreditación
y que, por el contrario, puede efectuarlo fácilmente el denunciante) y, con ello, con
la posibilidad de defenderse de manera efectiva; dicho de otro modo, la disposi-
ción cuestionada coloca en desventaja al denunciado frente al denunciante, con
respecto al ejercicio de su derecho a probar y de su derecho de defensa. Esta cir-
cunstancia es por sí misma lesiva del derecho de igualdad procesal” (STC. Exp.
N° 06135-2006-PA/TC-Lima, del 19 de octubre de 2007, ff. jj. 5-7).

134
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

XIX. EL DERECHO A LA PLURALIDAD DE INSTANCIAS

Base legal Constitución Política: art. 139.6.


Código Procesal Penal de 2004: arts. I.4, IX del Título Preliminar, 404,
405, 407, 408, 409, 413, 414, 415, 416, 420, 421, 427, 437, 439.
Convención Americana de Derechos Humanos: arts. 8.2.h, 25.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.5.

169 ¿Cuál es la finalidad del derecho a la pluralidad de instancias?


“[E]l derecho a la pluralidad de la instancia tiene por objeto garantizar que las
personas, naturales o jurídicas que participen en un proceso judicial tengan la opor-
tunidad de que lo resuelto por un órgano jurisdiccional –incluso en la etapa de eje-
cución– sea revisado por un órgano superior de la misma naturaleza, siempre que
se haya hecho uso de los medios impugnatorios pertinentes, y formulados dentro
del plazo legal. De modo similar este Tribunal tiene establecido que el derecho
a la instancia plural es un derecho fundamental de configuración legal, es decir,
que corresponde al legislador el crear los recursos procesales estableciendo los
requisitos que se debe cumplir para que estos sean admitidos, además de prefi-
gurar el procedimiento que se deba seguir” (STC. Exp. N° 02171-2012-PA/TC-
Cusco, del 28 de enero de 2014, f. j. 9).
“Con relación al contenido del derecho a la pluralidad de la instancia, el Tribunal
ha estado que se trata de un derecho fundamental que tiene por objeto garanti-
zar que las personas, naturales o jurídicas, que participen en un proceso judicial
tengan la oportunidad de que lo resuelto por un órgano jurisdiccional sea revi-
sado por un órgano superior de la misma naturaleza, siempre que se haya hecho
uso de los medios impugnatorios pertinentes, formulados dentro del plazo legal.
El derecho a la doble instancia reconoce de manera expresa que todo justiciable
puede recurrir a una sentencia que pone fin a la instancia, especialmente cuando
ella es condenatoria (cfr. Expedientes N°s 5108-2008-PA/TC y 5019-2009-PHC/
TC). En esa medida, el derecho a la pluralidad de instancia guarda también cone-
xión estrecha con el derecho fundamental al defensa, reconocido en el artículo
139, inciso 14, de la Constitución” (STC. Exp. N° 03238-2014-PHC/TC-Tacna,
del 1 de marzo de 2018, f. j. 7).
‘El derecho a la pluralidad de instancias forma parte del debido proceso judicial y
goza de reconocimiento a nivel internacional en la Convención Americana de
Derechos Humanos, la cual en su artículo 8 inciso 2 parágrafo h) ha previsto que
toda persona tiene el “Derecho de recurrir del fallo ante juez o tribunal superior (…)’.
(…)
Con relación al contenido del derecho a la pluralidad de la instancia, este Cole-
giado tiene establecido que se trata de un derecho fundamental que ‘tiene por
objeto garantizar que las personas, naturales o jurídicas, que participen en un pro-
ceso judicial tengan la oportunidad de que lo resuelto por un órgano jurisdiccional

135
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

sea revisado por un órgano superior de la misma naturaleza, siempre que se haya
hecho uso de los medios impugnatorios pertinentes, formulados dentro del plazo
legal’ (Cfr. RRTC N°s 3261-2005-PA, fundamento 3; 5108-2008-PA, fundamento 5;
5415-2008-PA, fundamento 6; y STC Exp. N° 0607-2009-PA, fundamento 51). En
esa medida, el derecho a la pluralidad de la instancia guarda también conexión
estrecha con el derecho fundamental a la defensa, reconocido en el artículo 139,
inciso 14, de la Constitución.
Ahora bien, cabe señalar que este Tribunal ha advertido que el derecho sub exá-
mine, también denominado derecho a los medios impugnatorios, es uno de confi-
guración legal conforme lo ha establecido en la STC Exp. N° 4235-2010-HC/TC:
‘(…) el derecho a los medios impugnatorios es un derecho de configuración legal,
mediante el cual se posibilita que lo resuelto por un órgano jurisdiccional pueda ser
revisado por un órgano jurisdiccional superior’ (Cfr. STC Exps. N°s 5194-2005-PA,
fundamento 4; 10490-2006-PA, fundamento 11; 6476-2008-PA, fundamento 7).
Ha precisado también que: ‘(…) El hecho de que el derecho a la pluralidad de la
instancia ostente un contenido esencial, y, a su vez –en tanto derecho fundamental
de configuración legal–, un contenido delimitable por el legislador democrático,
genera, entre otras, una consecuencia inevitable, a saber, que el referido derecho
no implica un derecho del justiciable de recurrir todas y cada una de las resolu-
ciones que se emitan al interior de un proceso’ (Cfr. STC Exps. N°s 1243-2008-
PHC, fundamento 3; 5019-2009-PHC, fundamento 3; 2596-2010-PA; fundamento 5, 
STC N° 4235-2010-PHC, fundamento 13)” (STC. Exp. N° 05410-2013-PHC/
TC-La Libertad, del 18 de marzo de 2014, f. j. 2.3).

170 ¿
La facultad de recurrir el fallo forma parte del derecho a la plurali-
dad de instancias?
“El Tribunal Constitucional tiene expuesto, en uniforme y reiterada jurispruden-
cia, que el derecho de acceso a los recursos o a recurrir las resoluciones judiciales,
es una manifestación implícita del derecho fundamental a la pluralidad de la ins-
tancia, reconocido en el artículo 13, inciso 6, de la Constitución, el cual, a su vez,
forma parte del derecho fundamental al debido proceso, reconocido en el artículo
139, inciso 3, de la Norma Fundamental (Cfr. STC Exps. N°s 1243-2008-PHC, fun-
damento 2; 5019-2009-PHC, fundamento 2; 2596-2010-PA; fundamento 4)” (STC.
Exp. N° 05410-2013-PHC/TC-La Libertad, del 18 de marzo de 2014, f. j. 2.2).
“El Tribunal Constitucional tiene expuesto, en uniforme y reiterada jurispruden-
cia, que el derecho de acceso a los recursos o a recurrir las resoluciones judicia-
les, es una manifestación implícita del derecho fundamental a la pluralidad de la
instancia, reconocido en el artículo 139, inciso 6, de la Constitución, el cual, a
su vez, forma parte del derecho fundamental al debido proceso, reconocido en el
artículo 139, inciso 3, de la Norma Fundamental (Cfr. STC Exps. N°s 1243-2008-
PHC, f. j. 2; 5019-2009-PHC, f. j. 2; 2596-2010-PA; f. j. 4)” (STC. Exp. N° 4235-
2010-PHC/TC-Lima, del 11 de agosto de 2011, f. j. 8).

136
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

171 ¿
A parte de la facultad de recurrir el fallo, qué otros componentes
forman parte del contenido esencial del derecho a la pluralidad de
instancia?
“De otra parte, si bien una interpretación aislada del artículo 14, inciso 5, del
PIDCP, puede llevar a la conclusión de que el contenido esencial del derecho a la
pluralidad de la instancia se agota en la posibilidad de recurrir los fallos conde-
natorios emitidos en los procesos penales, el Tribunal Constitucional aprecia que
no es ese un criterio acertado. No solo porque, según se ha sostenido supra, él
cobija también el derecho de impugnación de otras resoluciones judiciales, como
aquéllas que limitan seriamente la libertad personal, sino también porque, a dife-
rencia del PIDCP, la CADH no es tan exigua al delimitar los alcances del dere-
cho. En efecto, según quedó expuesto, su artículo 8, inciso 2, literal h), expresa
que ‘[d]urante el proceso’ (sin precisar cuál), ‘toda persona tiene derecho, en plena
igualdad’, como garantía mínima, ‘a recurrir del fallo ante juez o tribunal supe-
rior’ (sin aludir a un fallo condenatorio). Es en dicha línea que la Corte Interameri-
cana, se ha preocupado en precisar ‘que a pesar de que el [artículo 8 de la CADH]
no especifica garantías mínimas en materias que conciernen a la determinación
de los derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier otro
carácter, el elenco de garantías mínimas establecido en el numeral 2 del mismo
precepto se aplica también a esos órdenes y, por ende, en ese tipo de materias el
individuo tiene también el derecho, en general, al debido proceso que se aplica en
materia penal’ (Cfr. Caso Tribunal Constitucional vs. Perú, Fondo, reparaciones
y costas. Sentencia del 31 de enero de 2001, párr. 70).
A la luz de estos criterios, el Tribunal Constitucional considera que el contenido
esencial del derecho a la pluralidad de la instancia, comprende el derecho a recu-
rrir la sentencia emitida en procesos distintos del penal, entendida como la reso-
lución judicial que, por vía heterocompositiva, resuelve el fondo del litigio plan-
teado, así como toda resolución judicial que, sin pronunciamiento sobre el fondo
del asunto, tiene vocación de poner fin al proceso” (STC. Exp. N° 4235-2010-
PHC/TC-Lima, del 11 de agosto de 2011, ff. jj. 20 y 21).
“En resumen, a criterio del Tribunal Constitucional, prima facie y sin perjuicio
de ulteriores precisiones jurisprudenciales que pueda ser de recibo realizar, per-
tenece al contenido esencial del derecho fundamental a la pluralidad de la instan-
cia, el derecho de toda persona a un recurso eficaz contra:
a) La sentencia que le imponga una condena penal.
b) La resolución judicial que le imponga directamente una medida seria de
coerción personal.
c) La sentencia emitida en un proceso distinto del penal, a menos que haya sido
emitida por un órgano jurisdiccional colegiado y no limite el contenido esen-
cial de algún derecho fundamental.

137
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

d) La resolución judicial emitida en un proceso distinto del penal, con vocación


de poner fin al proceso, a menos que haya sido emitida por un órgano juris-
diccional colegiado y no limite el contenido esencial de algún derecho fun-
damental” (STC. Exp. N° 4235-2010-PHC/TC-Lima, del 11 de agosto de
2011, f. j. 25).

XX. EL DERECHO A LA DEBIDA MOTIVACIÓN

Base legal Constitución Política: arts. 2.10, 2.24.f, 139.5.


Código Procesal Penal de 2004: arts. II.1, IV.3, VI del Título Preliminar,
64, 122.5, 155, 203.1, 203.2, 230.6, 250.1, 265, 266.3, 271.3, 278.2, 280,
286, 303.1, 349.1, 357.1, 394.3, 398.1, 460.3, 497.2.
Convención Americana de Derechos Humanos: art. 8.1.
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos: art. 14.1.

172 ¿Cuál es la naturaleza del derecho a la debida motivación?


“El derecho a la debida motivación de las decisiones judiciales es uno de natu-
raleza formal o procesal. Está referido al derecho que tienen las partes a que la
decisión judicial precise o exprese mínimamente los motivos o la razones que le
permitan conocer los criterios jurídicos que sustentan la decisión judicial” (Sala
Penal Permanente. Casación Nº 1313-2017-Arequipa, del 29 de mayo de 2018,
considerando 5.1).

173 ¿
En qué consiste el derecho a la debida motivación de las resoluciones
judiciales?
“La motivación es la justificación razonada que permite llegar a una conclu-
sión. El deber de motivar las resoluciones es una garantía vinculada con la
correcta administración de justicia, que protege el derecho de los ciudadanos
a ser juzgados por las razones que el Derecho suministra, y otorga credibilidad
de las decisiones jurídicas en el marco de una sociedad democrática. Por ello,
las decisiones que adopten los órganos internos que puedan afectar derechos
humanos deben estar debidamente fundamentadas, pues de lo contrario serían
decisiones arbitrarias. En este sentido, la argumentación de un fallo y de cier-
tos actos administrativos debe permitir conocer cuáles fueron los hechos, moti-
vos y normas en que se basó la autoridad para tomar su decisión, a fin de des-
cartar cualquier indicio de arbitrariedad. Además, debe mostrar que han sido
debidamente tomados en cuenta los alegatos de las partes y que el conjunto
de pruebas ha sido analizado. Por todo ello, el deber de motivación es una de
las debidas garantías incluidas en el artículo 8.1 para salvaguardar el dere-
cho a un debido proceso” (Corte IDH. Caso López Mendoza vs. Venezuela.
Fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 1 de setiembre de 2011. Serie
C, N° 233, párr. 141).

138
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

“La Corte ha señalado que la motivación ‘es la exteriorización de la justificación


razonada que permite llegar a una conclusión’. El deber de motivar las resolucio-
nes es una garantía vinculada con la correcta administración de justicia, que pro-
tege el derecho de los ciudadanos a ser juzgados por las razones que el Derecho
suministra y otorga credibilidad de las decisiones jurídicas en el marco de una
sociedad democrática” (Corte IDH. Caso Apitz Barbera y otros (“Corte Pri-
mera de lo Contencioso Administrativo”) vs. Venezuela. Excepción prelimi-
nar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 5 de agosto de 2008. Serie C,
N° 182, párr. 77).
“El Tribunal ha resaltado que las decisiones que adopten los órganos internos,
que puedan afectar derechos humanos, deben estar debidamente fundamentadas,
pues de lo contrario serían decisiones arbitrarias. En este sentido, la argumenta-
ción de un fallo debe mostrar que han sido debidamente tomados en cuenta los
alegatos de las partes y que el conjunto de pruebas ha sido analizado. Asimismo,
la motivación demuestra a las partes que estas han sido oídas y, en aquellos casos
en que las decisiones son recurribles, les proporciona la posibilidad de criticar la
resolución y lograr un nuevo examen de la cuestión ante las instancias superio-
res. Por todo ello, el deber de motivación es una de las ‘debidas garantías’ inclui-
das en el artículo 8.1 de la Convención para salvaguardar el derecho a un debido
proceso” (Corte IDH. Caso Tristán Donoso vs. Panamá. Excepción prelimi-
nar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 27 de enero de 2009. Serie C,
N° 193, párr. 153).
“Para este Tribunal, una exposición clara de una decisión constituye parte esencial
de una correcta motivación de una resolución judicial, entendida como ‘la justi-
ficación razonada que permite llegar a una conclusión’. En este sentido, la Corte
ha considerado que el deber de motivar las resoluciones es una garantía vincu-
lada con la correcta administración de justicia, que otorga credibilidad de las de-
cisiones jurídicas en el marco de una sociedad democrática. Por ello, las deci-
siones que adopten los órganos internos que puedan afectar derechos humanos
deben estar debidamente fundamentadas, pues de lo contrario serían decisiones
arbitrarias. En este sentido, la argumentación de un fallo y de ciertos actos admi-
nistrativos deben permitir conocer cuáles fueron los hechos, motivos y normas en
que se basó la autoridad para tomar su decisión. Además, debe mostrar que han
sido debidamente tomados en cuenta los alegatos de las partes y que el conjunto
de pruebas ha sido analizado. Por todo ello, el deber de motivación es una de las
‘debidas garantías’ incluidas en el artículo 8.1 para salvaguardar el derecho a un
debido proceso, no sólo del imputado sino, en casos como el presente, también
de los familiares de la presunta víctima en relación con sus derechos de acceso a
la justicia y a conocer la verdad, en relación con el artículo 25 de la Convención”
(Corte IDH. Caso García Ibarra y otros vs. Ecuador. Excepciones prelimina-
res, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 17 de noviembre de 2015. Serie
C, N° 306, párr. 151).

139
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

“El derecho a la debida motivación de las resoluciones importa que los jueces, al
resolver las causas, expresen las razones o justificaciones objetivas que los lle-
ven a tomar una determinada decisión. Esas razones (…) deben provenir no solo
del ordenamiento jurídico vigente y aplicable al caso, sino de los propios hechos
debidamente acreditados en el trámite del proceso” (STC. Exp. Nº 0728-2008-
PHC/TC-Lima, del 13 de octubre de 2008, f. j. 6).
“(…) Toda decisión jurisdiccional, de primera y de segunda instancia, debe ser
fundada en derecho y congruente, (…) ha de estar motivada mediante un razo-
namiento jurídico que exprese de modo claro y que permita entender el porqué
de lo resuelto basta con que se exprese o explique las razones jurídicas en que se
apoya para adoptar su decisión, sin entrar a debatir cada uno de los preceptos o
razones jurídicas alegadas por la parte. Este deber incluye la obligación de fun-
damentar los hechos y la calificación jurídica, así como la pena y reparación civil
finalmente impuestas. Los órganos jurisdiccionales deben hacer explícitos los
elementos de convicción que sustentan la declaración de hechos probados, a fin
de acreditar la concurrencia de prueba de cargo capaz de enervar la presunción
constitucional de inocencia, y asimismo ofrecer un razonamiento jurídico lógico
y sustentado en valores jurídicamente aceptables de la fundamentación que sos-
tiene la subsunción en la norma penal aplicable” (Sala Penal Permanente. Casa-
ción N° 49-2009-Tacna, del 23 de abril de 2010, considerando 5).

174 ¿El derecho a la debida motivación también vincula a los fiscales?


“Respecto a la posibilidad constitucional de controlar los actos expedidos por el
Ministerio Público, este Tribunal Constitucional ha destacado que las ‘faculta-
des constitucionales de los actos del Ministerio Público no se legitiman desde la
perspectiva constitucional en sí mismos, sino a partir del respeto pleno del con-
junto de valores, principios constitucionales y de los derechos fundamentales de
la persona humana, de conformidad con el artículo 1 de la Constitución’ (Cfr. STC
N° 3379-2010-PA/TC, f. j. 4).
Asimismo se tiene dicho que la  motivación de las resoluciones salvaguarda
al justiciable frente a la arbitrariedad judicial, toda vez que ‘garantiza que las
resoluciones judiciales no se encuentren justificadas en el mero capricho de los
magistrados, sino en datos objetivos que proporciona el ordenamiento jurídico
o los que se deriven del caso’ (Cfr. STC Nº 3943-2006-PA/TC, f. j. 4), criterios
que, mutatis mutandis, son aplicables a las decisiones y pronunciamientos emitidos
por los representantes del Ministerio Público” (STC. Exp. Nº 03090-2012-PA/
TC-Lima, del 4 de noviembre de 2013, f. j. 2).

175 ¿
Cuál es el contenido constitucionalmente protegido del derecho a la
motivación de las resoluciones judiciales?
“(…) el contenido del derecho a la motivación de las resoluciones judiciales exige
que exista: a) fundamentación jurídica; que no implica la sola mención de las

140
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

normas a aplicar al caso, sino la explicación y justificación de por qué tal caso
se encuentra o no dentro de los supuestos que contemplan tales normas; b) con-
gruencia entre lo pedido y lo resuelto; que implica la manifestación de los argu-
mentos que expresarán la  conformidad entre los pronunciamientos del fallo y las
pretensiones formuladas por las partes; y c) que por sí misma exprese una sufi-
ciente justificación de la decisión adoptada, aun si esta es breve o concisa, o se
presenta el supuesto de motivación por remisión” (STC. Exp. N° 03244-2010-
PHC/TC-Lima, del 12 de diciembre de 2012, f. j 6).

176 ¿
Cuál debe ser la extensión de motivación para que se pueda decir es
suficiente o debida?
“Para que exista una adecuada motivación, no depende de la extensión de aque-
lla, ni del avocamiento por parte del magistrado a responder cada una de las ale-
gaciones formuladas por las partes, puesto que de lo que se trata es que la deci-
sión final esté precedida de una argumentación racional que la fundamente, lo cual
dependerá del caso en concreto. No se trata de exigir a los órganos jurisdiccio-
nales una argumentación extensa, exhaustiva o pormenorizada que vaya respon-
diendo, punto por punto, a cada una de las alegaciones de las partes, ni impedir
la fundamentación concisa o escueta que en cada caso estimen suficiente quienes
ejercen la potestad jurisdiccional.
En sentido el Tribunal Constitucional, ha señalado que la Constitución no garantiza
una determinada extensión de la motivación, por lo que su contenido esencial se
respeta siempre que exista fundamentación jurídica, congruencia entre lo pedido
y lo resuelto y, por sí misma, exprese una suficiente justificación de la decisión
adoptada, aun si esta es breve o concisa, o se presenta el supuesto de motivación
por remisión. Tampoco garantiza que, de manera pormenorizada, todas las alega-
ciones que las partes puedan formular dentro del proceso sean objeto de un pro-
nunciamiento expreso y detallado. Esto es así en tanto hay grados de motivación,
pues la motivación ausente resulta inconstitucional, sin embargo la fundamentación
jurídica que presente una suficiente justificación que sustente lo resuelto no resulta
inconstitucional, lo que debe ser apreciado en el caso en particular” (STC. Exp.
N° 1230-2002-HC/TC, del 20 de junio de 2002, f. j. 11).
“La motivación, por cierto, puede ser escueta, concisa e incluso, –en determinados
ámbitos– por remisión. La suficiencia de esta analizada desde el caso concreto, no
apriorísticamente, requerirá que el razonamiento de contenga, constituya lógica y
jurídicamente, suficiente explicación que permita conocer, aún de manera implí-
cita, los criterios fácticos y jurídicos esenciales fundamentadores de la decisión.
Basta, entonces, que el órgano jurisdiccional exteriorice su proceso valorativo en
términos que permitan conocer las líneas generales que fundamentan su decisión.
La extensión de la motivación, en todo caso está condicionada a la mayor o menor
complejidad de las cuestiones objeto de resolución, esto es, a su trascendencia. No
hace falta que el órgano jurisdiccional entre a examinar cada uno de los preceptos
o razones jurídicas alegadas por las partes, solos e requiere de una argumentación

141
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

ajustada al tema en litigio, que proporcione una respuesta al objeto procesal tra-
zado por las partes” (Salas Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo Plena-
rio Nº 6-2011/CJ-116, del 6 de diciembre de 2011, considerando 11).
“La Corte ha precisado que el deber de motivar no exige una respuesta deta-
llada a todo argumento de las partes, sino que puede variar según la naturaleza
de la decisión, y que corresponde analizar en cada caso si dicha garantía ha sido
satisfecha” (Corte IDH. Caso Tristán Donoso vs. Panamá. Excepción prelimi-
nar, fondo, reparaciones y costas. Sentencia del 27 de enero de 2009. Serie C,
N° 193, párr. 154).
“En ocasiones anteriores, al analizar las garantías judiciales, el Tribunal ha resal-
tado que las decisiones que adopten los órganos internos que puedan afectar dere-
chos humanos deben estar debidamente motivadas y fundamentadas, pues de lo
contrario serían decisiones arbitrarias. Las decisiones deben exponer, a través
de una argumentación racional, los motivos en los cuales se fundan, teniendo en
cuenta los alegatos y el acervo probatorio aportado a los autos. El deber de moti-
var no exige una respuesta detallada a todo argumento señalado en las peticio-
nes, sino puede variar según la naturaleza de la decisión. Corresponde analizar en
cada caso si dicha garantía ha sido satisfecha. En los procedimientos cuya natu-
raleza jurídica exija que la decisión sea emitida sin audiencia de la otra parte, la
motivación y fundamentación deben demostrar que han sido ponderados todos
los requisitos legales y demás elementos que justifican la concesión o la negativa
de la medida. De ese modo, el libre convencimiento del juez debe ser ejercido res-
petándose las garantías adecuadas y efectivas contra posibles ilegalidades y arbi-
trariedades en el procedimiento en cuestión” (Corte IDH. Caso Escher y otros
vs. Brasil. Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas. Sentencia
del 6 de julio de 2009. Serie C, N° 200, párr. 139).

177 ¿El fallo por remisión vulnera la garantía de la debida motivación?


“Es claro, por lo demás, sostener que la sentencia de segunda instancia no vulne-
raría la garantía de motivación –en concreto, de motivación suficiente–, cuando
utiliza la técnica denominada del ‘fallo por remisión’, es decir, cuando el Tribu-
nal Superior se remita a la sentencia de primera instancia, siempre y cuando esta
resuelva con rigor y motivadamente la cuestión planteada. En todo caso, los moti-
vos del recurso deben haber sido respondidos cabalmente y de los argumentos del
fallo de vista puede inferirse válidamente que se pronunció acerca de las alega-
ciones del recurrente” (Sala Penal Permanente. Casación Nº 05-2007-Huaura,
del 11 de octubre de 2007, considerando 6).

178 ¿
Cuáles son las pautas interpretativas para determinar que una reso-
lución se encuentra debidamente motivada?
“La motivación de las resoluciones es una exigencia constitucional específica
reconocida por el artículo 139.5 de la Ley Fundamental, y a la vez es un derecho

142
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

que integra el contenido constitucionalmente garantizado de la garantía proce-


sal de tutela jurisdiccional, que impone al juez la obligación de que las decisiones
que emita han de ser fundadas en Derecho. Las resoluciones judiciales deben ser
razonadas y razonables en dos grandes ámbitos: 1) En la apreciación –interpre-
tación y valoración– de los medios de investigación o de prueba, según el caso
–se ha de precisar el proceso de convicción judicial en el ámbito fáctico–. 2) En
la interpretación y aplicación del derecho objetivo. En este último ámbito, si se
trata de una sentencia penal condenatoria –las absolutorias requieren de un menor
grado de intensidad–, requerirá de la fundamentación (i) de la subsunción de los
hechos declarados probados en el tipo legal procedente, con análisis de los ele-
mentos descriptivos y normativos, tipo objetivo y subjetivo, además de las circuns-
tancias modificativas; y (ii) de las consecuencias penales y civiles derivadas, por
tanto, de la individualización de la sanción penal, responsabilidades civiles, cos-
tas procesales y de las consecuencias accesorias” (Salas Penales Permanente y
Transitoria. Acuerdo Plenario N° 6-2011/CJ-116, del 6 de diciembre de 2011,
considerando 11).

179 ¿
Cuándo se vulnera el derecho a la debida motivación de las resolucio-
nes judiciales?
“(…)
a) Inexistencia de motivación o motivación aparente. Está fuera de toda
duda que se viola el derecho a una decisión debidamente motivada cuando
la motivación es inexistente o cuando la misma es solo aparente, en el sen-
tido de que no da cuenta de las razones mínimas que sustentan la decisión o
de que no responde a las alegaciones de las partes del proceso, o porque solo
intenta dar un cumplimiento formal al mandato, amparándose en frases sin
ningún sustento fáctico o jurídico.
b) Falta de motivación interna del razonamiento. La falta de motivación
interna del razonamiento [defectos internos de la motivación] se presenta
en una doble dimensión; por un lado, cuando existe invalidez de una infe-
rencia a partir de las premisas que establece previamente el Juez en su deci-
sión; y, por otro lado, cuando existe incoherencia narrativa, que a la postre
se presenta como un discurso absolutamente confuso incapaz de transmitir,
de modo coherente, las razones en las que se apoya la decisión. Se trata, en
ambos casos, de identificar el ámbito constitucional de la debida motivación
mediante el control de los argumentos utilizados en la decisión asumida por
el juez o tribunal; sea desde la perspectiva de su corrección lógica o desde su
coherencia narrativa.
c) Deficiencias en la motivación externa; justificación de las premisas. El
control de la motivación también puede autorizar la actuación del juez
constitucional cuando las premisas de las que parte el Juez no han sido
confrontadas o analizadas respecto de su validez fáctica o jurídica. Esto
ocurre por lo general en los casos difíciles,  como los identifica Dworkin,

143
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

es decir, en aquellos casos donde suele presentarse problemas de pruebas o


de interpretación de disposiciones normativas. La motivación se presenta en
este caso como una garantía para validar las premisas de las que parte el juez
o tribunal en sus decisiones. Si un Juez, al fundamentar su decisión: 1) ha
establecido la existencia de un daño; 2) luego, ha llegado a la conclusión de
que el daño ha sido causado por ‘X’, pero no ha dado razones sobre la vincu-
lación del hecho con la participación de ‘X’ en tal supuesto, entonces estare-
mos ante una carencia de justificación de la premisa fáctica y, en consecuen-
cia, la aparente corrección formal del razonamiento y de la decisión podrán
ser enjuiciadas por el juez (constitucional) por una deficiencia en la justifica-
ción externa del razonamiento del juez.
Hay que precisar, en este punto y en línea de principio, que el hábeas corpus
no puede reemplazar la actuación del juez ordinario en la valoración de los
medios de prueba, actividad que le corresponde de modo exclusivo a éste,
sino de controlar el razonamiento o la carencia de argumentos constitucio-
nales; bien para respaldar el valor probatorio que se le confiere a determi-
nados hechos; bien tratándose de problemas de interpretación, para respal-
dar las razones jurídicas que sustentan determinada comprensión del derecho
aplicable al caso. Si el control de la motivación interna permite identificar
la falta de corrección lógica en la argumentación del juez, el control en la
justificación de las premisas posibilita identificar las razones que sustentan
las premisas en las que ha basado su argumento. El control de la justifica-
ción externa del razonamiento resulta fundamental para apreciar la justicia y
razonabilidad de la decisión judicial en el Estado democrático, porque obliga
al juez a ser exhaustivo en la  fundamentación de su decisión y a no dejarse
persuadir por la simple lógica formal.
d) La motivación insuficiente. Se refiere, básicamente, al mínimo de motiva-
ción exigible atendiendo a las razones de hecho o de derecho indispensables
para asumir que la decisión está debidamente motivada. Si bien, como ha
establecido este tribunal en reiterada jurisprudencia, no se trata de dar res-
puestas a cada una de las pretensiones planteadas, la insuficiencia, vista aquí
en términos generales, sólo resultará relevante desde una perspectiva cons-
titucional si es que la ausencia de argumentos o la ‘insuficiencia’ de funda-
mentos resulta manifiesta a la luz de lo que en sustancia se está decidiendo.
e) La motivación sustancialmente incongruente.  El derecho a la debida
motivación de las resoluciones obliga a los órganos judiciales a resolver las
pretensiones de las partes de manera congruente con los términos en que ven-
gan planteadas, sin cometer, por lo tanto, desviaciones que supongan modi-
ficación o alteración del debate procesal (incongruencia activa). Desde
luego, no cualquier nivel en que se produzca tal incumplimiento genera de
inmediato la posibilidad de su control. El incumplimiento total de dicha obli-
gación, es decir, el dejar incontestadas las pretensiones, o el desviar la deci-
sión del marco del debate judicial generando indefensión, constituye vulne-
ración del derecho a la tutela judicial y también del derecho a la motivación

144
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

de la sentencia (incongruencia omisiva). Y es que, partiendo de una concep-


ción democratizadora del proceso como la que se expresa en nuestro texto
fundamental (artículo 139,  incisos  3 y 5), resulta un imperativo constitu-
cional que los justiciables obtengan de los órganos judiciales una respuesta
razonada, motivada y congruente de las pretensiones efectuadas; pues preci-
samente el principio de congruencia procesal exige que el juez, al momento
de pronunciarse sobre una causa determinada, no omita, altere o se exceda
en las peticiones ante él formuladas” (STC. Exp. N° 00728-2008-PHC/TC-
Lima, del 13 de octubre de 2008, f. j. 7).

180 ¿Cuándo se da una falta de motivación de las resoluciones judiciales?


“Un supuesto de falta de motivación lo constituye la motivación incompleta o insu-
ficiente, que comprende, a su vez, entre otros supuestos de ausencia de motiva-
ción, la falta de examen respecto a aspectos centrales o trascendentes del objeto
del debate, o de pruebas esenciales o decisivas para su definición y entidad –sin
las cuales pierde sentido la actividad probatoria, y las postulaciones y alegacio-
nes de las partes procesales–. Asimismo, otro supuesto de falta de motivación se
encuentra comprendido por la motivación aparente, que es aquella que incorpora
razonamientos impertinentes sobre los puntos materia de imputación o de descargo
(objeto del debate), o que introduce razonamientos vagos, genéricos o imprecisos,
al punto de que no explique la causa de su convicción” (Sala Penal Permanente.
Casación Nº 1313-2017-Arequipa, del 29 de mayo de 2018, considerando 5.2).

181 ¿Cuándo se considera que una motivación es ilógica?


“Por su parte, la motivación ilógica está conectada con la valoración de las prue-
bas lícitamente incorporadas al proceso. La valoración probatoria exige el res-
peto de las reglas de la lógica, las máximas de la experiencia y las leyes científi-
cas. La razonabilidad del juez descansa en la corrección de la inferencia aplicada.
El enlace que media para la conclusión probatoria debe estar conforme con las
reglas de la lógica, las máximas de la experiencia o las leyes o conocimientos
científicos” (Sala Penal Permanente. Casación Nº 1313-2017-Arequipa, del 29
de mayo de 2018, considerando 5.3).

182 ¿
Cuándo una resolución judicial incurre en una motivación incomple-
ta o insuficiente?
“[U]n defecto constitucional de motivación tiene lugar cuando esta es incompleta
o insuficiente. Este defecto, en el ámbito específico del juicio histórico de la sen-
tencia (aspecto cuestionado en este recurso de casación), se presenta cuando el
órgano jurisdiccional de mérito omite la apreciación de determinadas fuentes-
medios de prueba actuados en la causa –la interpretación y/o valoración– impres-
cindibles para decidir un punto o extremo vital del factum histórico objeto del
debate, y que permitirá explicar en lo relevante la presencia o ausencia, según
los casos, del injusto penal, del sujeto responsable y/o de la sanción penal” (Sala

145
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Penal Permanente. Casación Nº 300-2018-Sullana, del 4 de diciembre de 2018,


considerando 3).

183 ¿Cuándo una resolución judicial incurre en una motivación aparente?


“Uno de los contenidos del derecho al debido proceso, es el derecho de obtener
de los órganos judiciales una respuesta razonad, motivada y congruente, en torno
a las pretensiones oportunamente deducidas por las partes en cualquier clase de
procesos. Así, la necesidad de que las resoluciones judiciales sean motivadas no
solo es un principio que informa al ejercicio de la función jurisdiccional, sino, ade-
más, es un derecho fundamental; mediante la cual, se garantiza, por un lado, que
la administración de justicia se lleve a cabo de conformidad con la Constitución
y las Leyes (artículo 138 de la Constitución Política del Estado), y por otro, que
los justiciables puedan ejercer con efectividad su derecho de defensa. Respecto a
la debida motivación, consagrada en el artículo 139, numeral 5), de la Constitu-
ción Política del Estado, el Tribunal Constitucional ha señalado que el derecho-
garantía de la motivación, ‘incluye en su ámbito constitucionalmente protegido,
entre otros aspectos, el derecho a una decisión fundada en derecho’; añadiendo
que el contenido esencial de esta queda asegurada con la proscripción de una moti-
vación aparente, esto es, de aquella decisión jurisdiccional que no da cuenta de
las razones mínimas que la sustentan, o que, en estricto, no responde a las argu-
mentaciones de las partes del proceso” (Segunda Sala Penal Transitoria. R.N.
N° 1273-2016-Lima Norte, del 14 de marzo de 2018, considerando 4).

184 ¿
En qué consiste la arbitrariedad y cómo esta vulnera el derecho a la
debida motivación?
“El concepto de arbitrario apareja tres acepciones igualmente proscritas por el
derecho: a) lo arbitrario entendido como decisión caprichosa, vaga e infundada
desde la perspectiva jurídica; b) lo arbitrario entendido como aquella decisión des-
pótica, tiránica y carente de toda fuente de legitimidad; y c) lo arbitrario enten-
dido como contrario a los principios de razonabilidad y proporcionalidad jurídica.
En un sentido moderno y concreto, la arbitrariedad aparece como lo carente de
fundamentación objetiva; como lo incongruente y contradictorio con la realidad
que ha de servir de base a toda decisión. Es decir, como aquello desprendido o
ajeno a toda razón de explicarlo” (STC. Exp. N° 0090-2004-AI/TC-Lima, del 5
de julio de 2004, f. j. 12).

185 ¿
Cuándo se cumple con la exigencia de los requisitos del principio ló-
gico de razón suficiente que requiere el derecho a la debida motiva-
ción?
“La motivación constitucionalmente exigible requiere de una argumentación que
fundamente la declaración de voluntad del órgano jurisdiccional y que atienda al
sistema de fuentes normativas establecido. El Tribunal debe expresar de modo

146
Principios rectores del proceso penal peruano adoptados por el Código Procesal Penal de 2004

claro, entendible y suficiente– más allá que, desde la forma de la misma, sea
sucinta, escueta o concisa e incluso por remisión las razones de un concreto pro-
nunciamiento y en las cuales se apoya para adoptar su decisión no hace falta, por
cierto, que entre a debatir cada uno de los preceptos o razones jurídicas alegadas
por la parte, pero sí que desarrolle una argumentación racional ajustada al tema
en debate Desde la perspectiva del juicio de hecho o de culpabilidad, para que
la sentencia no vulnere el principio lógico de razón suficiente debe cumplir dos
requisitos: a) consignar expresamente el material probatorio en que se fundan las
conclusiones a las que se arriba, describiendo el contenido de cada elemento de
prueba que seleccione como relevante (basados en medios de prueba útiles, deci-
sivos e idóneos) requisito descriptivo; y, b) valorarlo debidamente, de suerte que
evidencie su ligazón racional con las afirmaciones o negaciones que se incorporen
en el fallo requisito intelectivo” (Sala Penal Permanente. Casación N° 03-2007-
Huaura, del 7 de noviembre de 2007, considerando 9).

186 ¿
En qué consiste el principio de congruencia como criterio para deter-
minar la debida motivación?
“El principio de congruencia o conocido también como de correlación, importa
un deber exclusivo del juez, por el cual debe expresar los fundamentos de una res-
puesta coherente en su resolución que dicta, basado en las pretensiones y defen-
sas traducidas en agravios formulados por los justiciables en su recurso impug-
nativo, y que de esa manera se pueda justificar la decisión arribada en razones
diversas a las alegadas por las partes. Este principio tiene una cierta vinculación
con el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, al principio acusatorio y al con-
tradictorio” (Sala Penal Permanente. Casación N° 215-2011-Arequipa, del 12
de junio de 2012, considerando 6.1).

187 ¿Qué garantiza el principio de congruencia?


“El Tribunal Constitucional afirma que el principio de congruencia, forma parte
del contenido constitucionalmente protegido del derecho de motivaciones de las
decisiones judiciales, y este principio garantiza que el juzgador debe resolver cada
caso concreto sin omitir, alterar o exceder las pretensiones formuladas por las par-
tes” (Sala Penal Permanente. Casación N° 215-2011-Arequipa, del 12 de junio
de 2012, considerando 6.2).

188 ¿Cuándo se vulnera el principio de congruencia?


“Cuando se produce discordancia entre el pronunciamiento judicial con el conte-
nido de los agraviados efectuados por las partes en forma oportuna, se produce el
vacío de incongruencia. Este puede ocurrir por exceso –ultra petita–, por defecto
–citra o infra petita– o por exceso o defecto –extra petita–. En la primera, se con-
ceda más de lo pedido, en la segunda, omitiendo injustificadamente pronunciarse
sobre alguna de las cuestiones del debido, y el tercero cuando se sale del tema liti-
gioso para de esa manera, otorgar o denegar lo que nadie le ha pedido, y al propio

147
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

tiempo no responder a lo que se ha pedido” (Sala Penal Permanente. Casación


N° 215-2011-Arequipa, del 12 de junio de 2012, considerando 6.4).

189 ¿
En sede casacional, la debida motivación permite el control de logici-
dad de la resolución impugnada?
“Que es preciso acotar que, positiva y doctrinariamente el recurso de casación, por
su propia naturaleza no constituye una nueva instancia, por tratarse de un medio
impugnatorio de carácter extraordinario con motivos tasados que tiene caracte-
res que están determinados en la ley y han merecido una serie de disquisiciones
en el campo de la doctrina; en ese contexto, constituye una de sus finalidades el
control de logicidad en la motivación de las resoluciones judiciales, que pueden
resumirse en lo siguiente: en falta de motivación, deficiente motivación, insufi-
ciente motivación, aparente motivación y la incongruencia entre la parte conside-
rativa y la parte decisoria de la resolución” (Sala Penal Permanente. Casación
N° 08-2007-Huaura, del 13 de febrero de 2008, considerando 4).

148
CAPÍTULO II

JURISDICCIÓN
Y COMPETENCIA
CAPÍTULO II

JURISDICCIÓN Y COMPETENCIA

I. JURISDICCIÓN

Base legal Constitución Política: art. 139.1.


Código Procesal Penal de 2004: arts. 16, 17, 18.

190 ¿
En qué consiste el principio de exclusividad de la función jurisdic-
cional?
“(…) Enrique Álvarez Conde [Curso de Derecho Constitucional. Vol. II Madrid:
Tecnos, 2000, pág. 245] expone que: ‘El principio de unidad jurisdiccional es una
consecuencia del principio de división de poderes […]’. De allí que, como vere-
mos adelante, genere las manifestaciones de exclusividad y de asiento de la orga-
nización y funcionamiento de la administración de justicia.
La unidad ha de ser comprendida, en principio, como la negación de la idea de
la fragmentación jurisdiccional; y esto porque, por motivaciones derivadas de la
esencia, carácter y calidad de la función de dirimir en los conflictos interindivi-
duales de contenido estrictamente jurídico, se hace patente la necesidad, dentro
de lo razonable, de asegurar la individualidad y unidad de dicho atributo sobe-
rano a favor del Poder Judicial.
El principio de unidad permite que la función jurisdiccional sea ejercida por una
entidad ‘unitaria’, a efectos de asegurar el cumplimiento del principio de igual-
dad ante la ley, previsto en el inciso 2 del artículo 2 de la Constitución; y, con ello,
que todos los justiciables se encuentre, en principio y como regla general, some-
tidos a los mismos tribunales, sin que se considere constitucional la existencia de
fueros especiales o privilegio en ‘razón’ de la mera e inadmisible diferenciación
de las personas o de cualquier otra consideración absurda.
En la sentencia recaída en el Exp. N° 017-2003-AI/TC, este Tribunal sostuvo que
el principio de unidad de la función jurisdiccional: ‘(…) se sustenta en la natura-
leza indivisible de la jurisdicción, como expresión de la soberanía. Según esta,
la plena justiciabilidad de todas las situaciones jurídicamente relevantes han de
estar confiadas a un único cuerpo de jueces y magistrados, organizados por ins-
tancias, e independientes entre sí, denominado Poder Judicial (…)’” (STC. Exp.
N° 0023-2003-AI/TC, del 29 de junio de 2004, ff. jj. 15-17).

151
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

191 ¿
Cuáles son las vertientes del principio de exclusividad de la función
jurisdiccional?
“[F]uertemente vinculado con el principio de unidad se encuentra el mencionado
principio de exclusividad de la función jurisdiccional. En general, conforme al pri-
mer y segundo párrafos del artículo 146 y el artículo 139 inciso 1, de la Constitu-
ción, y como se desprende de lo expuesto en las aludidas sentencia de este Cole-
giado, este principio posee dos vertientes:
a) Exclusividad judicial en su vertiente negativa: se encuentra prevista en el
artículo 146, primer y segundo párrafos, de la Constitución, según la cual los
jueces no pueden desempeñar otra función que no sea la jurisdiccional, salvo
la docencia universitaria. En efecto, en el desarrollo de la función jurisdic-
cional los jueces solo pueden realizar esta función, no pudiendo laborar en
ninguna otra actividad ya sea para el Estado o para particulares, es decir, que
un juez, a la vez que administra justicia, no puede desempeñar otros empleos
o cargos retribuidos por la administración pública o por entidades particu-
lares. Esta vertiente del principio de exclusividad de la función jurisdiccional
se encuentra directamente relacionada con el principio de imparcialidad de la
función jurisdiccional, pues tiene la finalidad de evitar que el juez se parcia-
lice en defensa del interés de una determinada entidad pública o privada.
En el caso de la jurisdicción especializada en lo militar, el principio de exclu-
sividad de la función jurisdiccional implica, en su vertiente negativa, que los
jueces militares no pueden desempeñar ninguna otra función que no sea la
jurisdiccional para el conocimiento de materias como los delitos de la fun-
ción exclusivamente castrense, salvo la docencia universitaria, es decir, no
podrán desempeñar ninguna función de carácter administrativo militar o de
mando castrense, entre otras.
b) Exclusividad judicial en su vertiente positiva: se contempla en el artículo
139, inciso 1, de la Constitución, según la cual solo el Poder Judicial puede
ejercer función jurisdiccional, salvo el caso de las excepciones ya menciona-
das del Tribunal Constitucional, el Jurado Nacional de Elecciones y la juris-
dicción militar, entre otros. En otras palabras, en un Estado Constitucional
de Derecho, ni el Poder Ejecutivo ni el Poder Legislativo pueden arrogarse
la función jurisdiccional, pues, como se ha mencionado, esta actividad le
corresponde exclusivamente al Poder Judicial, al Tribunal Constitucional, al
Jurado Nacional de Elecciones y a la jurisdicción, entre otros.
En el caso de la jurisdicción especializada en lo militar, el principio de exclu-
sividad de la función jurisdiccional implica, en su vertiente positiva, que sólo
los jueces de la jurisdicción especializada en lo militar –ya sea que esta se
encuentre dentro o fuera del Poder Judicial– podrán conocer los denomina-
dos ‘delitos de la función militar’” (STC. Exp. N° 0004-2006-PI/TC, del 29
de marzo de 2006, f. j. 1.15).

152
Jurisdicción y competencia

II. COMPETENCIA

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 19, 21, 26, 27, 28, 29, 31, 32, 34, 35,
39, 42, 43.

192 ¿Qué se entiende por competencia?


“La competencia hace referencia a un poder conferido por la Constitución y demás
normas del bloque de constitucionalidad para generar un acto estatal. (…)
En principio, dicho concepto alude a la aptitud de obrar político-jurídica o área de
facultades de un órgano u organismo constitucional, lo cual conlleva a calificar la
actuación estatal como legítima o ilegítima en función de que el titular responsa-
ble de aquel hubiese obrado dentro de dicho marco o fuera de él.
La competencia deviene en la atribución de autoridad otorgada para generar una
manifestación de poder. Su otorgamiento no sólo comprende el ejercicio de dispo-
sición, sino también el límite de su uso como potestad. En ese contexto, el Estado,
a través de uno de sus órganos u organismos constitucionales puede manifestar
válidamente, fruto de una competencia imperativa o discrecional –según lo dis-
pongan la Constitución o las normas del bloque de constitucionalidad–, su volun-
tad política.
La competencia de los titulares de los órganos u organismos estatales, para reali-
zar actos estatales válidos, se manifiesta en los ámbitos personal, material, tem-
poral, territorial y procesal” (STC. Exp. N° 0013-2003-AI/TC, del 29 de diciem-
bre de 2003, f. j. 10.5).

193 ¿
Qué instituto procesal constituye una excepción al principio del juez
natural o predeterminado por ley?
“El principio constitucional del juez natural predeterminado por la ley, tiene una
excepción; cual es, la transferencia de competencia. Al respecto el artículo 39 del
nuevo Código Procesal Penal, establece lo siguiente: ‘La transferencia de compe-
tencia, se dispone únicamente cuando circunstancias insalvables impidan o per-
turben gravemente el normal desarrollo de la investigación o del juzgamiento; o
cuando sea real o inminente el peligro incontrolable contra la seguridad del pro-
cesado o su salud, o cuando sea afectado gravemente el orden público’” (Segunda
Sala Penal Transitoria. Transferencia de Competencia N° 8-2017-Ayacucho,
del 16 de mayo de 2017, considerando 7).

194 ¿En qué consiste la transferencia de competencia?


“La transferencia es una excepción a las reglas de competencia establecidas en
el título II de la sección III del libro primero del NCPP. Se halla vinculada con el
derecho al juez legal que tiene toda persona –imputada o agraviada–, cuya base
constitucional se halla en el inciso tres del artículo ciento treinta y nueve de la

153
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Constitución Política del Perú. Por ello, los supuestos en los que sea parte de la regla
deben ser declarados expresamente sobre una base normativa en cumplimiento del
principio de proporcionalidad” (Sala Penal Permanente. Transferencia de Com-
petencia N° 3-2018-Ayacucho, del 7 de setiembre de 2018, considerando 4.3).

195 ¿
Cuáles son los supuestos que estipula la ley para la transferencia de
competencia?
“[E]l legislador ha establecido solo tres causales para admitir su solicitud de trans-
ferencia de competencia; a saber: i) cuando circunstancias insalvables impidan o
perturben gravemente el normal desarrollo de la investigación o del juzgamiento;
ii) Cuando sea real o inminente el peligro incontrolable contra la seguridad del
procesado o su salud: y iii) Cuando sea afectado gravemente el orden público. En
este sentido, la transferencia de competencia solicitada por otra causal distinta,
no señalada en la ley, devendrá en improcedente; por cuanto debe respetarse los
principios constitucionales, de legalidad y de juez natural, previsto en el artículo
139, inciso 3, de la Constitución Política del Perú” (Segunda Sala Penal Tran-
sitoria. Transferencia de Competencia N° 8-2017-Ayacucho, de 16 de mayo de
2017, considerando 8).
“La procedibilidad de la pretensión de transferencia de competencia se halla regu-
lada en el artículo treinta y nueve del nuevo Código Procesal Penal –en adelante,
el Código Procesal o NCPP–, que establece:
- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando circunstan-
cias insalvables impidan o perturben gravemente el normal desarrollo de
la investigación o del juzgamiento, o cuando sea real o inminente el peli-
gro incontrolable contra la seguridad del procesado o su salud, o cuando se
afecta gravemente el orden público”.
“El mencionado precepto establece nueve supuestos por los que se produciría la
transferencia de competencia, los cuales son:
- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando circunstan-
cias insalvables impidan gravemente el normal desarrollo de la investigación.
- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando circunstan-
cias insalvables impidan gravemente el normal desarrollo del juzgamiento.
- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando circunstancias
insalvables perturben gravemente el normal desarrollo de la investigación.
- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando circunstan-
cias insalvables perturben gravemente el normal desarrollo del juzgamiento.
- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando concurra un
peligro incontrolable real contra la seguridad del procesado.

154
Jurisdicción y competencia

- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando concurra un


peligro incontrolable real contra la salud del procesado.
- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando concurra un
peligro incontrolable inminente contra la seguridad del procesado.
- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando concurra un
peligro incontrolable inminente contra la salud del procesado.
- La transferencia de competencia se dispone únicamente cuando se afecte
gravemente el orden público” (Sala Penal Permanente. Transferencia de
Competencia N° 3-2018-Ayacucho, del 7 de setiembre de 2018, conside-
randos 4.1 y 4.2).

196 ¿
El peligro para la vida o la salud de la agraviada es una causal válida
para admitir una solicitud de transferencia de competencia?
“Pues bien, la agraviada Contreras Bautista, en su solicitud de transferencia de
competencia al Distrito Judicial de Lima, alega como causal la existencia de cir-
cunstancias insalvables que ponen en riesgo su vida y su salud. Asimismo, sos-
tiene que existen circunstancias insalvables que impiden o perturben gravemente
el normal desarrollo del juzgamiento; es decir, se ampara en la causal i) del artículo
39 del Código Adjetivo acotado.
La causal de riesgo en la vida y salud de la agraviada, no está comprendida en
el artículo 39 del nuevo Código Procesal Penal; el mismo que solo se refiere a la
seguridad o la salud del procesado, por lo que dicha causal debe ser desestimado.
En cambio, el impedimento o perturbación grave del desarrollo del juzgamiento,
si está contemplado como causal de transferencia de competencia; sin embargo,
para ampararla deben existir hechos objetivos o acontecimientos graves e inevi-
tables que harán fracasar el normal desarrollo del proceso” (Segunda Sala Penal
Transitoria. Transferencia de Competencia N° 8-2017-Ayacucho, del 16 de mayo
de 2017, considerandos 9 y 10).
“En cuanto al peligro real e inminente contra la seguridad de la víctima, denun-
ciado por esta última; este Supremo Tribunal no deja de tenerlo en cuenta; sin
embargo, para la debida protección de la víctima, el legislador ha establecido los
mecanismos legales en los artículos 247 y 248 del Código Procesal Penal; no
existiendo ningún impedimento para que la agraviada solicite dichas medidas de
protección, ya sea al Fiscal o al Juez. Cabe mencionar, de otro lado, que la asis-
tencia del actor civil al proceso es facultativa y si desea declarar en el juicio oral
puede asistir a la respectiva audiencia; sin embargo, no es necesaria su presen-
cia física durante todo el acto oral, pudiendo ser representado por un abogado;
para la defensa de los derechos que le corresponda” (Segunda Sala Penal Tran-
sitoria. Transferencia de Competencia N° 8-2017-Ayacucho, del 16 de mayo de
2017, considerando 15).

155
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

197 ¿
La resolución de un pedido de prisión preventiva o la prohibición a
la agraviada de declarar a la prensa constituyen supuestos que pertur-
ben gravemente el desarrollo del proceso por lo que se debería trans-
ferir la competencia?
“Al respecto no se ha probado que los motivos expuestos por la agraviada, estén
impidiendo o perturbando gravemente el normal desarrollo del juzgamiento. No se
ha mencionado, que el nuevo juicio oral esté paralizado o gravemente perturbado
por los hechos señalados por la agraviada. En todo caso, no entendemos cómo es
que la resolución de un pedido prisión preventiva; la prohibición de la agraviada
de declarar a la prensa; la puesta en conocimiento del Colegio de Abogados de
Lima sobre la presunta inconducta profesional de la abogada de dicha agraviada
y la opinión de un diario oficial, pueda estar impidiendo gravemente el normal
desarrollo del juzgamiento. Este supuesto se daría cuando, por ejemplo, hay ame-
naza contra la vida de los jueces a cargo del proceso, incluso del representante del
Ministerio Público; quienes son los principios actores del juicio oral, conjunta-
mente con el abogado defensor del procesado. También puede darse por otros fac-
tores, como fenómenos naturales, catástrofes, grave conmoción social, amenaza
contra la vista de los órganos de prueba (testigos), etc.; lo que no ocurre en el pre-
sente proceso” (Segunda Sala Penal Transitoria. Transferencia de Competen-
cia N° 8-2017-Ayacucho, del 16 de mayo de 2017, considerando 12).

156
CAPÍTULO III

SUJETOS PROCESALES
CAPÍTULO III

SUJETOS PROCESALES

I. EL MINISTERIO PÚBLICO

Base legal Constitución Política: art. 159.


Código Procesal Penal de 2004: arts. 60, 61, 62, 63, 64, 65, 66.

198 ¿
El principio de oficialidad y el principio acusatorio qué exigencias le
conllevan al Ministerio Público?
“Sin duda el objetivo institucional del proceso penal es la averiguación de la ver-
dad. Dicho propósito, sin embargo, no tiene contenido ilimitado; por el contra-
rio, se enmarca en el cumplimiento de ciertos principios procesales que orientan
la secuencia del proceso investigativo. Dos son los principios de mayor significa-
ción: El Principio de Oficialidad y el Principio Acusatorio.
- Principio de Oficialidad.- El ejercicio de la acción penal y la formulación de
una pretensión punitiva, son prerrogativas ejercidas a instancia privativa del
Ministerio Público, como órgano constitucional público especializado. La
obtención de la verdad requiere del cumplimiento de vías formalizadas, por
lo tanto, la persecución delictiva debe ser promovida por organismos oficia-
les del Estado, no quedando librada a la voluntad del lesionado en el delito.
Esto implica que el Estado no tiene únicamente la pretensión penal material,
sino también el derecho y la obligación de perseguir penalmente. De ello se
derivan dos tipos de beneficios: De un lado, constituye una garantía de que
las investigaciones se realicen en forma debida y correcta, mediante la actua-
ción de las diligencias convenientes para la comprobación del delito, en un
escenario formal de averiguación. Y de otro lado, cumple una finalidad pro-
teccionista, es decir, se busca que las investigaciones, como parte de la perse-
cución delictiva se realicen con la mayor moderación posible, legitimando el
resultado de la indagación criminal y la posible aplicación de una consecuen-
cia jurídico-penal. Con ello, se busca abstraer a la parte ofendida en el delito,
de la posibilidad de ejercer justicia de modo particular (método auto compo-
sitivo), encomendándosele dicha facultad a órganos dotados de imparciali-
dad y legitimidad publica: Ministerio Público y Poder Judicial personifica-
dos en el Fiscal y el Juez (método heterocompositivo). Y es que, el delito con
arreglo al principio de intervención mínima, ha de ser siempre indisponible,
perteneciendo al Estado su persecución, aunque el sujeto pasivo de la acción
no muestre voluntad favorable. De ahí que se conciba al delito como un fenó-
meno público, y no un acto privado.

159
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

- Principio Acusatorio.- La función jurisdiccional no es absoluta sobre la acre-


ditación del objeto procesal. La decisión judicial debe observar las garantías
y principios inherentes al debido proceso, uno de las cuales lo constituye el
Principio Acusatorio. Los alcances de este principio han sido puntualizados
en importante jurisprudencia, tanto judicial como constitucional. Es perti-
nente destacar los siguientes pronunciamientos: i) Recurso de Queja Excep-
cional N° 1678-2006-Lima, (…) donde se señala que la acusación fiscal es
privativa del Ministerio Público y el presupuesto del juicio jurisdiccional es
la Imputación Fiscal (f. j. sétimo); ii) Recurso de Nulidad N° 2358-2009-
Lima, (…) que reconoce su integración al contenido esencial de la garantía
del debido proceso, conforme al artículo 139, numeral 3), de la Constitución
Política del Estado, e informa el objeto del proceso penal. A través de este
principio, se determina bajo que distribución de roles y bajo qué condicio-
nes se efectuara el juzgamiento de la pretensión penal. La fundamentación
reside en la preservación de la imparcialidad del Juez, que podría verse com-
prometida si se le atribuyeran, a el mismo, las funciones de descubrir, inves-
tigar y perseguir los hechos posiblemente constitutivos de delito. A la vez,
comprende dos elementos característicos. Uno, alusivo al desdoblamiento de
las funciones de investigación y de decisión, a cargo d dos órganos públicos
distintos, el Juez Instructor o Penal, en el Código de Procedimientos Pena-
les, y el Ministerio Publico, en el Nuevo Código Procesal Penal, susten-
tado en el artículo 159, numeral 4), de la Constitución Política del Estado.
Y otro, referente a la distribución de las funciones de acusación y decisión,
en armonía con el aforismo nemo iudex sine acusatore, el cual, incluso, se
extiende a la promoción de la acción penal, a la inculpación penal, y a la
propia incoación de la instrucción o de la investigación preparatoria (f. j.
segundo); iii) STC N° 4552-2013-PH/TC-La Libertad, (…) se precisa que:
a) No puede existir juicio sin acusación, debiendo ser formulada esta por per-
sona ajena al órgano sentenciador, de manera que si el Fiscal no formula acu-
sación contra el imputado, el proceso debe ser sobreseído necesariamente;
b) No puede condenarse por hechos distintos de los acusados, ni a persona
distinta de la acusada; c) No pueden atribuirse al juzgador poderes de direc-
ción material del proceso que cuestionen su imparcialidad (f. j. quinto); y,
iv) STC N° 2005-2006-PHC/TC-Lima, (…) la primera de las características del
principio acusatorio (…) guarda directa relación con la atribución del Minis-
terio Público, reconocida en el artículo 159 de la Constitución, ente otras, de
ejercitar la acción penal. Siendo exclusiva la potestad del Ministerio Público
de incoar la acción penal y de acusar, a falta de esta, el proceso debe llegar a
su fin (…)”. (f. j. sexto y sétimo); entre otras” (Sala Penal Permanente. R.N.
N° 1969-2016-Lima Norte, del 1 de diciembre de 2016, considerando 6).

199 ¿
Cuáles son los roles que el CPP de 2004 le ha asignado al Ministerio
Público?
“El Código Procesal Penal de 2004, confiere dos roles concurrentes pero suce-
sivos al Ministerio Público en cuanto titular del ejercicio de la acción penal:

160
Sujetos procesales

i) Conductor de la investigación desde su inicio [Tres consecuencias acarrea esta


posición institucional: 1) Tomar las decisiones acerca del futuro de la investiga-
ción: necesidad de realizar ciertas diligencias de investigación, provocar audien-
cias ante el juez de la investigación preparatoria, impulsar la continuación de los
actos de investigación, declarar su cierre, 2) Conseguir autorizaciones judiciales
–medidas limitativas de derechos en general–, 3) Responder frente a los perjui-
cios generados por la actividad de investigación y responder por el éxito o fracaso
de las investigaciones frente a la opinión pública] y iii) Acusador en el juicio oral.
Por estas razones, al ser el conductor de la investigación preparatoria conforme a
las atribuciones concedidas por el artículo 61 del Código Procesal Penal, practi-
cará u ordenará practicar los actos de investigación que correspondan” (Juzgado
Supremo de Investigación Preparatoria. Tutela de Derechos A.V. N° 19-2018,
Resolución Nº 1, del 16 de noviembre de 2018, considerando 9).

200 ¿
El Ministerio Público como titular de la acción penal pública qué
facultades y deberes tiene?
“Nuestra Constitución Política del Estado, en su artículo ciento cincuenta y nueve,
establece que el Ministerio Público es titular del ejercicio de la acción penal pública,
y como tal tiene el deber de la carga de la prueba, que se traduce en los actos de
investigación tendientes a corroborar su teoría del caso, a fin de enervar la presun-
ción de inocencia del procesado; ello bajo el principio acusatorio y de imputación
necesaria, los cuales son una manifestación del principio de legalidad, debido pro-
ceso y defensa procesal” (Primera Sala Penal Transitoria. Revisión de Senten-
cia NCPP Nº 312-2015-Lambayeque, del 13 de marzo de 2017, considerando 3).
“Al Ministerio Público se le reconoce varias facultades, como son la de ser titular
del ejercicio público de la acción penal en los delitos, tiene el deber de la carga de
la prueba en el proceso instaurado, así como el control de legalidad de las actua-
ciones policiales –inciso 5 del artículo 159 de la Constitución Política del Estado,
art. 322.1 y art. IV del Título Preliminar del Código Procesal Penal, concordante
con el art. 14 de su Ley Orgánica, Decreto Legislativo Nº 52, y art. 68.2 del men-
cionado código procesal–, asumiendo la conducción de la investigación desde su
inicio, como son la investigación preliminar y la preparatoria, para lo cual previo
estudio de los hechos, elementos probatorios recaudados, determinará si la con-
ducta incriminada se encuentra enmarcada dentro de un tipo penal, para luego
determinar y acreditar la responsabilidad o inocencia del imputado, a través de la
acusación o la solicitud de sobreseimiento de la causa.
Dentro del contexto del nuevo proceso penal, el sostenimiento de una acusación
recae exclusivamente en el Ministerio Público, por ser el órgano constitucional
encargado, debido a que es el único que podía generar la apertura de una investi-
gación penal, excepto por el cual tiene que aportar todos los elementos de prueba
para poder destruir la presunción de inocencia de una persona, a la vez que tiene
que orientar y coordinar con la policía cómo debe realizarse la investigación

161
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

criminal” (Sala Penal Permanente. Casación Nº 724-2014-Cañete, del 12 de


agosto de 2015, considerandos 3.2.1. y 3.2.2.).

201 ¿
La carga de la prueba en el proceso penal que recae sobre el Ministerio
Público, puede variar hacia la defensa del acusado en algún supuesto?
“Respecto, a los cuestionamientos formulados de la posibilidad de establecer si la
carga de la prueba la tiene únicamente la Fiscalía o en algún momento varía hacia
la defensa, cabe precisar que tal como lo establece el artículo IV del Título Prelimi-
nar del Código Procesal Penal, en concordancia con el inciso dos del articulo sesenta
y uno del mismo cuerpo legal, el Ministerio Público es el titular de la acción penal
en los delitos y tiene el deber de la carga de la prueba, debiendo actuar con objeti-
vidad, indagando no solo los hechos constitutivos de delito, sino también los que
determinen y acrediten la responsabilidad o inocencia del imputado; sin embargo,
ello no impide que el procesado pueda defenderse de la imputación fáctica que pesa
en su contra, presentando medio de prueba de descargo, más aun cuando se trata de
una defensa afirmativa, donde el Juez exigirá que el encausado descubre todos los
elementos probatorios e información que posea y que se sustente la misma (véase:
LEÓN PARADA, Víctor Orielson. El ABC del nuevo sistema acusatorio penal: El
juicio oral. ECOE, Bogotá, 2005, página 104)” (Sala Penal Permanente. Casación
N° 353-2011-Arequipa, del 4 de junio de 2013, considerando 4.6).
“(…) el colegiado de instancia concluyó que la defensa técnica de los recurren-
tes no actuó prueba para acreditar su tesis exculpatoria respecto a que el muelle
se encontraba en reparación y por tanto había chatarra para recolectar. Si bien el
Ministerio Público tiene la carga de la prueba de la pretensión punitiva y sus fun-
damentos, cuando la defensa propone un hecho extintivo o exculpatoria de la res-
ponsabilidad penal, le corresponde acreditarlo, pues de trata de un contraargu-
mento que no se condice con la tesis del ente acusador” (Segunda Sala Penal de
Apelaciones Nacional, en adición a sus funciones Sala Penal Especializada en
Delitos Aduaneros, Tributarios, de Mercado y Ambientales. Exp. N° 299-2015-
42, Sentencia de Vista N° 11-2018, del 3 de diciembre de 2018, considerando 34).

202 ¿Qué clase de resoluciones dicta el Ministerio Público?


“Que, se encuentra establecido que la Constitución Política del Estado y el Código
Procesal Penal otorgan al Ministerio la titularidad de la acción penal, esto es,
plena facultad de persecución de delitos y el deber de la carga de la prueba, para
lo cual asume la conducción de la investigación desde su inicio; precisándose que
en el ámbito de su intervención en el proceso, dicta Disposiciones y Providen-
cia, y formula Requerimientos, siendo que una vez realizada las diligencias ini-
ciales o preliminares de investigación, y si de la denuncia, del informe policial
o de las diligencias preliminares que el Fiscal realizó aparecen indicios revela-
dores de la existencia de un delito, que la acción penal no ha prescrito, que se ha
individualizado al imputado y que, si fuera el caso, se han satisfecho los requisi-
tos de procedibilidad, emitirá la disposición de formalización y continuación de

162
Sujetos procesales

la investigación preparatoria, lo cual le deberá comunicar al Juez de la investiga-


ción Preparatoria (…)” (Sala Penal Permanente. Casación N° 01-2011-Piura,
del 8 de marzo de 2012, considerando 3).

203 ¿
Qué implicancias para el proceso penal tiene el principio de jerar-
quía que rige en el Ministerio Público?
“En segundo lugar, de acuerdo con el artículo 5 de la Ley Orgánica del Ministe-
rio Público, se reconoce también un principio de jerarquía, según el cual los Fis-
cales pertenecen a un cuerpo jerárquicamente organizado y deben sujetarse a las
instrucciones que les impartan sus superiores. Tal disposición, si se quiere que
sea conforme a la Constitución, solo se justifica si de lo que se trata es de dotar de
coherencia y unidad al ejercicio de las funciones constitucionales que establece el
artículo 159 de la Constitución. De ahí la necesidad de que se establezcan también
relaciones de coordinación conjunta entre los Fiscales de los distintos niveles, en
atención a que la política de persecución criminal no puede ser definida por cada
fiscal o juez en particular, pues ello corresponde al propio Estado” (STC. Exp.
N° 6204-2006-PHC/TC, del 9 de agosto de 2006, f. j. 17).
“Que si se entiende que el Ministerio Público es la única autoridad que puede deter-
minar la persecución del delito, persecución que incluso se proyecta en sede de
impugnación –presentación de recursos acusatorios–, no es posible rebasar, como
órgano autónomo que es, lo que dispongan sus autoridades en ese ámbito especí-
fico. Son dos los principios institucionales que rigen al Ministerio Público: jerar-
quía y unidad en la función. Entre otros efectos, el principio de jerarquía afirma
que el Ministerio Público es un cuerpo jerarquizado y que la posición del supe-
rior prima frente a la del inferior.
En el caso de los recursos –que obedecen al principio dispositivo– interpuesta
la impugnación por un determinado Fiscal –y solo respecto de él–, su viabilidad
dependerá si el Fiscal superior en grado comparte el criterio del inferior. Si no
acepta su pretensión impugnativa el recurso del inferior decae automáticamente,
sin afectar por cierto a las otras partes procesales, y debe optarse –se comparta
o no su criterio– por la posición del superior” (Sala Penal Transitoria. R.N.
N° 1614-2013-Pasco, del 5 de marzo de 2014, considerando 6).
“Que, aun cuando el representante de la Procuraduría Pública expone las razo-
nes por las cuales existirían elementos de convicción que vinculan a los encausa-
dos con el delito en cuestión, es menester señalar que por mandato constitucional
corresponde al Ministerio Público la persecución del delito –véase inciso 5 del
artículo ciento 159 de la Constitución Política del Estado–, no siendo posible que
este Supremo Tribunal valore el fondo de la controversia, pues no sólo se vulnera-
ría el principio acusatorio que impide al Órgano Jurisdiccional asumir funciones
acusatorias, reservadas solo al Ministerio Público, sino que se lesionaría el ámbito
propio de las atribuciones de esta Institución como órgano autónomo de dere-
cho constitucional reconocido por el artículo 158 de la Constitución Política del

163
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

Estado; que, en este mismo sentido se ha pronunciado la jurisprudencia constitu-


cional en el Expediente N° 2005-2006-PHC/TC, señalando que: ‘(...) La primera
de las características del principio acusatorio mencionadas guarda directa rela-
ción con la atribución del Ministerio Público, reconocida en el artículo 149 de la
Constitución, entre otras, de ejercitar la acción penal. Siendo exclusiva la potes-
tad del Ministerio Público de incoar la acción penal y de acusar, a falta de esta, el
proceso debe llegar a su fin. [...] Si el Fiscal Supremo coincide con la opinión del
Fiscal Superior respecto del no ha lugar a juicio y archiva el proceso, se pronun-
ciará en ese sentido, devolviendo la causa a la Sala Penal para que dicte la resolu-
ción de archivo. Contra esta resolución no cabe recurso alguno, pues la decisión del
Ministerio Público, titular de la acción penal, ha sido la de terminar con la perse-
cución del delito, consecuentemente, no cabe disposición expresa en sentido con-
trario por otra autoridad’ [...]. ‘En atención a que el control de la legalidad sobre el
dictamen fiscal tiene su límite en el principio acusatorio [...] únicamente es posi-
ble revocar el auto de sobreseimiento y disponer que el Fiscal formule acusación,
si es que el Fiscal que interviene en la absolución del grado discrepa del dictamen
en referencia; de no hacerlo, se debe sobreseer la causa sin más, dada la base per-
secutoria constitucionalmente impuesta al proceso penal […]’” (Sala Penal Per-
manente. R.N. N° 2330-2012-Junín, del 30 de enero de 2013, considerando 3).

204 ¿
La desvinculación jurídica del órgano jurisdiccional requiere la con-
sideración previa del Ministerio Público?
“No siempre la desvinculación jurídica del órgano jurisdiccional requerirá la con-
sideración previa del Ministerio Público referente la opción alternativa de subsun-
ción típica. Puede realizarse independientemente de dicha consideración previa,
si el delito objeto de readecuación resulta –a consideración del órgano jurisdic-
cional– ostensiblemente más favorable, si se ha garantizado el derecho de defensa,
si los delitos –el de la acusación originaria y aquel al cual se efectúa la readecua-
ción– pertenecen a un mismo grupo o familia de delitos” (Sala Penal Permanente.
Casación N° 1313-2017-Arequipa, del 29 de mayo del 2018, considerando 4.2).

205 ¿El Ministerio Público tiene facultades coercitivas?


“Configurada, constitucionalmente y legalmente, la obligación del Ministerio
Público, y de su ayudante principal, la Policía Nacional, se erige como facultad
del ente persecutor la conducción compulsiva dispuesta por el fiscal en concor-
dancia con el artículo 66 y 71.3 del Nuevo Código Procesal además de 126, CPP;
en efecto, dichos dispositivos otorgan al Ministerio Publico la facultad coerci-
tiva, traducida en la facultad de ordenar la conducción compulsiva de quien hace
caso omiso a su citación, orden de la fiscalía que debe ejecutar la policía contra
quien se niega a concurrir para prestar su declaración, siempre y cuando hayan
sido válidamente notificados; debiendo puntualizarse que es una medida provisio-
nal con la finalidad d que se cumpla el mandado, por tanto, no se vulnera ningún
derecho constitucional del imputado, solo se le notifica para que concurra a pres-
tar su declaración ante el despacho fiscal, y si decide no declarar debe constar en

164
Sujetos procesales

acta” (Sala Penal Permanente. Casación N° 375-2011-Lambayeque, del 18 de


junio de 2013, considerando 7).

206 ¿Los actos del Ministerio Público son inatacables o incuestionables?


“[S]i bien los actos de investigación realizados por el Ministerio Público gozan
de amparo legal por tratarse de la autoridad pública encargada de la persecución
del delito, ello no implica que sean inatacables o incuestionables, puesto que han
de sujetarse a la ley y al principio de objetividad. Es decir, estos actos de investi-
gación podrán quedar viciados o excluidos, según el caso, si se vulneraron dere-
chos fundamentales que se encuentran recogidos en el artículo 71 NCPP, esto es,
si por ejemplo se efectuó su detención sin haberle puesto en conocimiento al impu-
tado de los derechos fundamentales que le asisten, por lo que el Juez en audiencia
de tutela dictará las medidas que correspondan de acuerdo a ley” (Salas Pena-
les Permanente y Transitorias. Acuerdo Plenario N° 4-2010/CJ-116, del 16 de
noviembre de 2010, considerando 16).

II. LA POLICÍA NACIONAL DEL PERÚ

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 60, 67, 68, 68.a, 69, 70, 331, 333.
Constitución Política: art. 166.

207 ¿Cuáles son las atribuciones que tiene la Policía Nacional del Perú?
“Que, al respecto debe indicarse que el artículo sesenta y ocho del Código Proce-
sal Penal establece las atribuciones de la Policía Nacional del Perú en función de
la investigación, entre estas, la que se indica en el inciso e) ‘practicar las diligen-
cias orientadas a la identificación física de los autores y partícipes del delito’; en
dicho sentido se advierte de autos lo siguiente:
i) luego de ocurrido el hecho investigado, en base a información proporcionada
por testigos respecto al sujeto que disparó con arma de fuego al agraviado
Willy Benavente y sustrajo la cartera con el dinero a la agraviada Alicia Gui-
llén Pilco, se logró confeccionar el retrato hablado número trescientos cin-
cuenta y siete, del cual mostraron su conformidad a nivel preliminar los tes-
tigos Samuel Leónidas Espino Benavente y Teresa Espino Benavente;
ii) que ante dicho hecho la Policía Nacional realizó un trabajo de inteligen-
cia operativa que tuvo como resultado que las características físicas del
sujeto retratado presuntamente coincidirían con las de Jhon Maldonado Flo-
res, quien con anterioridad –veintiuno de diciembre de dos mil siete– había
sido detenido policialmente en compañía de otros dos sujetos por la presunta
comisión del delito contra el Patrimonio –robo agravado– cuya investigación
se encuentra en trámite;

165
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

iii) que por dicho motivo con fechas treinta de setiembre y veintiuno de octu-
bre de dos mil ocho –en presencia del representante del Ministerio Público–
se realizaron las diligencias de reconocimiento fotográfico –a través de foto-
grafías extraídas de fichas del Registro Nacional de Identificación y Estado
Civil– por parte de los testigos Samuel Leonidas Espino Benavente y Teresa
Espino Benavente, respectivamente, en donde al mostrárseles las fotografías
consignadas en las actas respectivas, coincidieron en reconocer al encausado
Jhon Maldonado Flores como la persona que le disparó con arma de fuego al
agraviado Willy Benavente y le sustrajo la cartera a la agraviada Alicia Gui-
llén Pilco;
iv) que ante dicha circunstancia se solicitaron las autorizaciones pertinentes
para la ubicación y posterior detención preliminar del encausado Jhon Mal-
donado Flores; y,
v) con fecha trece y catorce de noviembre de dos mil ocho –en presencia del
representante del Ministerio Público y abogado defensor– se realizaron las
diligencias de reconocimiento físico por parte de los testigos Teresa Basy
Espino Benavente y Samuel Leónidas Espino Benavente, respectivamente,
quienes volvieron a reconocer y sindicar al encausado Jhon Maldonado Flo-
res como la persona que le disparó con arma de fuego al agraviado Willy
Benavente y le sustrajo la cartera a la agraviada Alicia Guillén Pilco” (Sala
Penal Permanente. Casación N° 78-2010-Arequipa, del 26 de abril de
2011, considerando 4).
“En un nivel más específico, la aplicación de los principios de aportación de
parte y de investigación de los hechos corre paralelo a la vigencia de los prin-
cipios dispositivo y de oficialidad. La singularidad del proceso penal –en su
relación con el proceso civil– estriba que en este el interés público –ínsito en el
Derecho Penal– tiene una singular trascendencia, por lo que es obvio de que,
predominantemente, ha de inspirarse en el principio de investigación oficial.
Tal es su fundamento.
La aportación y comprobación de los hechos es un deber y obligación, constitu-
cionalmente impuesta, que incumbe al Ministerio Público y a la Policía Nacio-
nal –la investigación de oficio es propia de la etapa de investigación preparatoria,
conforme consta de los artículos 61.2 y 67.1 NCPP. Ambos órganos del Estado
deben investigar las conductas presuntamente delictivas, a través de una multi-
forme actividad investigativa, regulada legalmente y con una fuerte relevancia
del interés público. Una vez incoada la inculpación formal –en la que tiene un
rol importantísimo el Informe Policial (artículo 332 NCPP)– y, posteriormente,
con motivo de formulación de la acusación –siempre que haya materia criminis–
(artículo 349.1 y 2 NCPP), corresponde al Fiscal introducir no solo los hechos y
circunstancias fácticas con relevancia penal –sin excluir ningún elemento factico
relevante, y siempre que hayan sido determinados en la investigación preparatoria
(artículo 349.2 NCPP)– sino también las evidencias o medios probatorios al pro-
ceso, bajo estricto control jurisdiccional, todo lo cual se ha de materializar en la

166
Sujetos procesales

etapa intermedia” (Sala Penal Permanente. Casación N° 375-2011-Lambayeque,


del 18 de junio de 2013, considerando 6).

III. EL IMPUTADO

Base legal Constitución Política: arts. 139.14, 139.15.


Código Procesal Penal de 2004: arts. 71, 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 263.

III.1. La tutela de derechos

208 ¿Cuál es la finalidad de la audiencia de tutela de derechos?


“La finalidad esencial de la audiencia de tutela es, entonces, la protección, res-
guardo y consiguiente efectividad de los derechos del imputado reconocidos por
la Constitución y las leyes. Desde esta perspectiva, el Juez de la Investigación Pre-
paratoria se erige en un Juez de Garantías durante las diligencias preliminares y la
investigación preparatoria ejerciendo su función de control de los derechos ante la
alegación del imputado de que se ha producido la vulneración de uno o varios de
sus derechos reconocidos específicamente en el artículo 71 del NCPP, responsa-
bilizando al Fiscal o a la Policía del agravio. En otras palabras, su finalidad esen-
cial consiste en que el Juez determine, desde la instancia y actuación de las partes,
la vulneración al derecho o garantía constitucional prevista en la citada norma y
realice un acto procesal dictando una medida de tutela correctiva –que ponga fin
al agravio–, reparadora –que lo repare, por ejemplo, subsanando una omisión–
o protectora” (Salas Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo Plenario
N° 4-2010/CJ-116, del 16 de noviembre de 2010, considerando 11).
“El modelo procesal penal vigente incorpora una institución de notable inciden-
cia garantistas, como es la ‘audiencia de tutela de derechos’, que encuentra plena
legitimidad en un sistema encaminado a reforzar los derechos y garantías que el
entramado normativo consagra a lo largo de su listado legal. Es decir, el imputado
tiene expedita una específica garantía de tutela jurisdiccional, concebida como
una protección jurisdiccional especial a cargo del juez de la investigación prepa-
ratoria frente a las actuaciones de persecución penal, que no tengan origen juris-
diccional. La finalidad esencial es la protección, resguardo y consiguiente efec-
tividad de los derechos del imputado reconocidos en la Constitución y las leyes,
consiste además que el juez determine, desde la instancia y actuación de las par-
tes, la vulneración al derecho o garantía constitucional prevista en la norma y rea-
lice un acto procesal dictando una medida de tutela correctiva que ponga fin al
agravio” (Juzgado Supremo de Investigación Preparatoria. Tutela de Derechos
N° 202-2018-1, Resolución Nº 1, del 20 de diciembre de 2018, considerando 1).

167
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

209 ¿
En qué etapas del proceso penal se puede solicitar la audiencia de
tutela de derechos?
“En síntesis, es de afirmar, que la Tutela de Derechos es una garantía de especí-
fica relevancia procesal penal, que puede usar el imputado cuando ve afectado y
vulnerado uno o varios derechos establecidos específicamente en el artículo 71
del NCPP, quien puede acudir al Juez de Investigación Preparatoria para que con-
trole judicialmente la legitimidad y legalidad de los actos de investigación prac-
ticados por el Ministerio Público y repare, de ser el caso, las acciones u omisio-
nes que generaron el quebrantamiento del derecho de las partes procesales. La
vía de tutela judicial sólo podrá hacerse efectiva durante las diligencias prelimi-
nares y en la investigación preparatoria propiamente dicha” (Salas Penales Per-
manente y Transitorias. Acuerdo Plenario N° 4-2010/CJ-116, del 16 de noviem-
bre de 2010, considerando 19).
“[E]l nuevo Código Procesal Penal establece en beneficio del imputado la audien-
cia de tutela de derechos, en ese sentido, cuando se considere que de las diligencias
preliminares o que en la investigación preparatoria no se ha dado cumplimiento
a estas disposiciones (relativas a sus derechos), o que sus derechos no son respe-
tados, o que es objeto de medidas limitativas de derechos indebidos o de requeri-
mientos ilegales, puede acudir en vía de tutela al juez de la investigación prepara-
toria para que subsane la omisión o dicte las medidas de corrección o de protección
que corresponda según lo establece el apartado cuatro del artículo setenta y uno
del código adjetivo, esta solicitud la resolverá este mismo juez previa audiencia,
en la cual el abogado defensor expondrá los argumentos por los cuales cree que
su patrocinado ha sido afectado en sus derechos, le seguirá en turno el fiscal con
sus alegaciones de descargo y el juez resolverá al final.
Esta facultad que otorga la norma procesal al imputado puede hacerse valer siem-
pre y cuando se vulnere alguna garantía constitucional, sustantiva o procesal, caso
contrario no procede la acción de tutela de derechos” (Sala Penal Permanente.
Casación Nº 14-2010-La Libertad, del 5 de julio de 2010, considerandos 8 y 9).

210 ¿Qué significa que la audiencia de tutela sea un mecanismo residual?


“Dicho de otro modo, la tutela de derechos es un instrumento idóneo para salva-
guardar las garantías del imputado y, a su vez, regular las posibles desigualdades
entre perseguidor y perseguido. Esta institución procesal penal es por tanto uno de
los principales mecanismos para realizar el control de legalidad de la función del
fiscal, quien deberá conducir y desarrollar toda su estrategia persecutoria siempre
dentro del marco de las garantías básicas, siendo consciente que cualquier acto que
traspase el marco de los derechos fundamentales podrá ser controlado por el Juez
de la Investigación Preparatoria. Queda claro entonces que en el nuevo modelo pro-
cesal penal es fundamental la idea de control en el ejercicio del ius puniendi esta-
tal. [RODRÍGUEZ HURTADO, Mario. Ponencia presentada para la Audiencia
Pública del VI Pleno Jurisdiccional de las Salas Penales de la Corte Suprema].

168
Sujetos procesales

En este sentido, aquellos requerimientos o disposiciones fiscales que vulneran


derechos fundamentales constitucionales pero que tienen vía propia para la denun-
cia o control respectivo, no podrán cuestionarse a través de la audiencia de tutela.
En efecto, ocurre que el NCPP ha establecido en varios casos mecanismos espe-
cíficos para ventilar asuntos relativos a los derechos básicos del imputado, como
sucede con las audiencias de control del plazo de las diligencias preliminares o de
la investigación preparatoria formalizada (artículos 334. 1, 343.2) o con aquella
que sustancia el reexamen de la intervención de las comunicaciones telefónicas o
análogas (artículo 231.3). Por ello no es errado afirmar que la audiencia de tutela
es residual, esto es, opera siempre que el ordenamiento procesal no especifique un
camino determinado para la reclamación por un derecho afectado [RODRÍGUEZ
HURTADO, Mario. Ponencia presentada para la Audiencia Pública del VI Pleno
Jurisdiccional de las Salas Penales de la Corte Suprema]. En esa misma línea,
no podrá cuestionarse a través de la tutela la inadmisión de diligencias sumaria-
les solicitadas por la defensa durante la investigación, pues, para este efecto rige
lo dispuesto en el artículo 337.4 del NCPP.
Ahora bien, lo expuesto en el fundamento jurídico precedente no significa que
el imputado o su abogado defensor puedan cuestionar a través de la audiencia de
tutela cualquier tipo de disposición o requerimiento que haga el fiscal, pues sola-
mente se pueden cuestionar los requerimientos ilegales que vulneran derechos
fundamentales relacionados con los enumerados en el artículo 71 numerales del
1 al 3 del NCPP. Por lo tanto, aquellos requerimientos o disposiciones fiscales
que vulneran derechos fundamentales pero que tienen vía propia para la denun-
cia o control respectivo, no podrán cuestionarse a través de la audiencia de tutela.
En efecto, ocurre que el NCPP ha establecido en varios casos mecanismos espe-
cíficos para ventilar asuntos relativos a los derechos básicos del imputado, como
sucede como las audiencias de control del plazo de las diligencias preliminares o
de la investigación preparatoria formalizada (artículos 334.1, 343.2) o con aque-
lla que sustancia el reexamen de la intervención de las comunicaciones telefóni-
cas o análogas (artículo 231.3). Por ello no es errado firmar que la audiencia de
tutela es residual, esto es, opera siempre que el ordenamiento procesal no especi-
fique un camino determinado para la reclamación por un derecho afectado [Mario
Rodríguez Hurtado]” (Salas Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo Ple-
nario N° 4-2010/CJ-116, del 16 de noviembre de 2010, considerandos 13 y 14).
“[E]l Acuerdo Plenario N° 04-2010/CJ-116, del 16 de noviembre de 2010, establece
que esta institución procesal penal es por tanto uno de los principales mecanis-
mos para realizar el control de legalidad de la función fiscal, quien deberá con-
ducir y desarrollar toda su estrategia persecutoria, siempre dentro del marco de
las garantías básicas, siendo consciente que cualquier acto que traspase el marco
de los derechos fundamentales podrá ser controlado por el Juez de Investigación
Preparatoria; asimismo, la audiencia de tutela es residual, esto es, opera siem-
pre que el ordenamiento procesal no especifique un camino determinado para la
reclamación de un derecho afectado. Por lo tanto, aquellos requerimientos o dispo-
siciones fiscales que vulneren derechos fundamentales pero que tienen vía propia

169
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

para la denuncia o control respectivo, no podrán cuestionarse a través de audiencia


de tutela” (Juzgado Supremo de Investigación Preparatoria. Tutela de Derechos
N° 202-2018-1, Resolución Nº 1, del 20 de diciembre de 2018, considerando 3).

211 ¿
Debido a su carácter residual, la audiencia de tutela qué derechos
protege?
“Los derechos fundamentales deben gozar de mayor protección y por ello es que
a nivel procesal la Audiencia de tutela es uno de los principales aportes del nuevo
sistema procesal. Los derechos protegidos a través de esta Audiencia son los que
se encuentran recogidos taxativamente en el artículo 71 del NCPP. Son los siguien-
tes: (i) conocimiento de los cargos incriminados, (ii) conocimiento de las causas
de la detención, (iii) entrega de la orden de detención girada, (iv) designación de
la persona o institución a la que debe avisarse de la detención y concreción inme-
diata de esto, (v) posibilidad de realizar una llamada, en caso se encuentre dete-
nido, (vi) defensa permanente por un abogado, (vii) posibilidad de entrevistarse en
forma privada con su abogado, (viii) abstención de declarar o declaración volun-
taria, (ix) presencia de abogado defensor en la declaración y en todas las diligen-
cias que requieran su concurso, (x) no ser objeto de medios coactivos, intimidato-
rios o contrarios a la dignidad, ni ser sometidos a técnicas o métodos que induzcan
o alteren la libre voluntad, (xi) no sufrir restricciones ilegales, y (xii) ser exami-
nado por un médico legista o por otro profesional de la Salud, cuando el estado
de salud así lo requiera. En salvaguarda de su efectiva vigencia, de esta audiencia
de tutela pueden emanar resoluciones judiciales que corrijan los desafueros come-
tidos por la Policía o los Fiscales, así como también protejan al afectado” (Salas
Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo Plenario N° 4-2010/CJ-116, del
16 de noviembre de 2010, considerando 10).
“La tutela de derechos como institución procesal, tiene una finalidad protectora
del imputado, quien en su calidad de parte acusada se ve sometido al aparato esta-
tal durante la investigación del delito a cargo de la Policía Nacional del Perú y el
Ministerio Público, que por el especial papel que desempeñan en la lucha contra
la criminalidad, en ciertos casos, incurren en excesos o negligencias, las cuales no
pueden adjudicarse gratuitamente al procesado, por ello, el legislador ha estable-
cido esta institución procesal, para que sea el juez quien controle estas falencias
en el propio aparato estatal. No obstante, no toda afectación se puede reclamar a
través de la audiencia de tutela de derechos, por cuanto, al ser una institución pro-
cesal, el legislador y la jurisprudencia han establecido mecanismos específicos
para determinados actos (v. gr. el exceso de plazo en la investigación se discute
a través del control de plazos). Esta Corte Suprema a través de los Acuerdos Ple-
narios N° 04-2010-CJ-l 16 y N° 02-2012-CJ-l 16 de las Salas Penales Permanente
y Transitoria de la Corte Suprema de Justicia de la República, ha desarrollado la
institución de la tutela de derechos, habiéndose establecido como derechos legi-
timados para ser recurridos en vía de tutela los establecidos en el artículo 71 del
Código Procesal Penal de 2004, constituyendo esta una lista cerrada de derechos”

170
Sujetos procesales

(Sala Penal Permanente. Casación N° 136-2013-Tacna, del 11 de junio de 2014,


considerando 3.4).
“La tutela de los derechos del imputado se convierte en ‘un instrumento idóneo
para salvaguardar las garantías del imputado y, a su vez, regular posibles desi-
gualdades entre perseguidor y perseguido’. No obstante, es necesario aclarar que,
si bien es un mecanismo eficaz para el respeto de los derechos del imputado, por
su naturaleza residual solo se pueden cuestionar a través de la audiencia de tutela
‘los requerimientos ilegales que vulneren los derechos fundamentales relaciona-
dos con los enumerados en el artículo 71 numerales 1 al 3 del NCPP’. Por lo tanto,
aquellos requerimientos o disposiciones fiscales que vulneren derechos fundamen-
tales pero que tienen vía propia para la denuncia o control respectivo, no podrán
cuestionarse a través de la audiencia de tutela” (Sala Penal Nacional de Apela-
ciones Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios, Colegiado A.
Exp. N° 46-2017-7, Resolución Nº 2, del 15 de marzo de 2018, considerando 6).
“Los derechos protegidos son los que se encuentran recogidos taxativamente en
el artículo 71 del Código Procesal Penal, como son:
a) Conocer los cargos formulados en su contra y, en caso de detención, a que
se le exprese la causa o motivo de dicha medida, entregándole la orden de
detención girada en su contra, cuando corresponda.
b) Designar a la persona o institución a la que debe comunicarse su detención y
que dicha comunicación se haga en forma inmediata.
c) Ser asistido desde los actos iniciales de la investigación por un Abogado
Defensor.
d) Abstenerse de declarar; y, si acepta hacerlo, a que su Abogado Defensor esté
presente en su declaración y en todas las diligencias en que se requiere su
presencia.
e) Que no se emplee en su contra medios coactivos, intimidatorios o contrarios
a su dignidad, ni a ser sometido a técnicas o métodos que induzcan o alte-
ren su libre voluntad o a sufrir una restricción no autorizada ni permitida por
Ley.
f) Ser examinado por un médico legisla o en su defecto por otro profesional de
la salud, cuando su estado de salud así lo requiera” (Juzgado Supremo de
Investigación Preparatoria. Tutela de Derechos N° 202-2018-1, Resolu-
ción Nº 1, del 20 de diciembre de 2018, considerando 2).

212 ¿Cuáles son los ámbitos que abarca la tutela de derechos?


“[E]l objeto de esta garantía procesal abarca tres ámbitos: a) El derecho de infor-
mación de los derechos legalmente reconocidos –y su concreción en un acta–, pre-
vistos en el apartado 2 del citado artículo 71 del Código Procesal Penal, b) El reco-
nocimiento y efectividad de los derechos legales, que obviamente son aquellos seis

171
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

fijados en el citado artículo 71.2 y 87 del Código Procesal Penal; y, c) La imposi-


ción de medidas limitativas de derechos indebidas o de requerimientos ilegales”
(Juzgado Supremo de Investigación Preparatoria. Tutela de Derechos N° 202-
2018-1, Resolución Nº 1, del 20 de diciembre de 2018, considerando 4).

213 ¿
La tutela de derechos solo se debe utilizar cuando ya se haya consu-
mado una infracción a los derechos del imputado?
“Un aspecto vital que es de destacar es que la tutela de derechos es un mecanismo
eficaz tendiente al restablecimiento del statu quo de los derechos vulnerados,
que encuentra una regulación expresa en el NCPP, y que debe utilizarse única y
exclusivamente cuando haya una infracción –ya consumada– de los derechos que
asiste al imputado. Como puede apreciarse, es un mecanismo o instrumento pro-
cesal que se constituye en la mejor vía reparadora del menoscabo sufrido, y que
incluso puede funcionar con mayor eficiencia y eficacia que un proceso constitu-
cional de habeas Corpus [ALVA FLORIÁN, César A. (2004), La tutela de dere-
chos en el Código Procesal Penal de 2004. Lima, Gaceta Jurídica, p. 13]” (Salas
Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo Plenario N° 4-2010/CJ-116, del
16 de noviembre de 2010, considerando 12).

214 ¿
A través de la audiencia de tutela se pueden ventilar aquellas solici-
tudes de diligencias de investigación propuestas por las partes y que
hayan sido rechazadas por la fiscalía?
“[E]l Código Procesal Penal, prevé una vía específica para controlar judicial-
mente dichas decisiones fiscales –rechazar solicitudes para realizar diligencias–,
distinta a la tutela de derechos que es residual; para estos efectos, nos remitire-
mos al numeral 5 del artículo 337 del Código Procesal Penal, según el cual ‘Si el
Fiscal rechazare la solicitud, se instará al Juez de la Investigación Preparatoria a
fin de obtener un pronunciamiento judicial acerca de la procedencia de la diligen-
cia. El Juez resolverá inmediatamente con el mérito de los actuados que le pro-
porcione la parte y, en su caso, el Fiscal’. Es decir, existe un procedimiento deter-
minado por la norma procesal penal, para que los sujetos procesales, a quienes el
Fiscal les ha rechazado la solicitud de diligencias en la investigación, acudan al
Juez de Investigación Preparatoria para que emita un pronunciamiento judicial al
respecto” (Juzgado Supremo de Investigación Preparatoria. Tutela de Derechos
N° 202-2018-1, Resolución Nº 1, del 20 de diciembre de 2018, considerando 9).

215 ¿
A través de la audiencia de tutela de derechos se puede solicitar la
exclusión de la prueba ilícita?
“Asimismo, a través de la audiencia de tutela se podrá solicitar la exclusión del
material probatorio obtenido ilícitamente –en los casos en que esta sea la base de
sucesivas medidas o diligencias– siempre que no exista una vía propia para alcan-
zar este propósito y que tenga que ver con la afectación o vulneración de alguno
de los derechos fundamentales del imputado reconocido en el artículo 71 NCPP

172
Sujetos procesales

La posibilidad de atacar el material probatorio obtenido ilegalmente deriva del


reconocimiento del principio de legitimidad de la prueba –axioma que instruye
que todo medio de prueba será valorado sólo si ha sido obtenido e incorporado
al proceso por un procedimiento constitucionalmente legítimo, y que carecen de
efecto legal las pruebas obtenidas, directa o indirectamente, con violación del con-
tenido esencial de los derechos fundamentales de la persona– que se encuentra
establecido en el artículo VIII del Título Preliminar del NCPP y de la utilización
de la prueba –regulado en el artículo 159 del acotado Código– que establece que
el Juez no podrá utilizar, directa o indirectamente, las fuentes o medios de prueba
obtenidos con vulneración del contenido esencial de los derechos fundamentales
de la persona. Lo anotado hace viable que en la Audiencia de tutela se cuestionen
los elementos probatorios obtenidos mediante procedimientos ilegales o viciosos y
que una vez comprobada su ilicitud el Juez determine su exclusión, como medida
correctiva o de protección” (Salas Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo
Plenario N° 4-2010/CJ-116, del 16 de noviembre de 2010, considerando 17).

216 ¿
La formalización de la investigación preparatoria puede ser cuestio-
nada a través de la audiencia de tutela?
“Otro de los problemas recurrentes que es del caso abordar en el presente acuerdo
es el relativo al cuestionamiento de la Disposición de Formalización de la Investi-
gación Preparatoria a través de la Audiencia de Tutela, es decir, si es posible acti-
var –desde la defensa– una vía de control judicial de la referida disposición fiscal.
Sobre el particular y, en principio, debemos descartar esta posibilidad, fundamen-
talmente porque, como se ha enfatizado, la vía de la tutela sólo está habilitada para
aquellos casos en los que se vulnere algunos de los derechos esenciales asociados
en términos amplios a la defensa. Por lo demás debe quedar claro que la Dispo-
sición en cuestión es una actuación unilateral del Ministerio Público y no puede
ser impugnada ni dejada sin efecto por el Juez de la Investigación Preparatoria.
Cumple una función esencialmente garantista: informa al imputado de manera
específica y clara acerca de los hechos atribuidos y su calificación jurídica, esto
es, el contenido de la imputación jurídico penal que se dirige en su contra. Ade-
más, ya en el proceso formalmente iniciado, las partes pueden hacer uso de los
medios de defensa técnico para evitar un proceso en el que no se haya verificado
los presupuestos esenciales de imputación. Piénsese por ejemplo en la declara-
ción de atipicidad a través de la excepción de improcedencia de la acción o en la
de prescripción ordinaria, si es que antes de la Formalización de la Investigación
Preparatoria se cumplió el plazo correspondiente” (Salas Penales Permanente
y Transitorias. Acuerdo Plenario N° 4-2010/CJ-116, del 16 de noviembre de
2010, considerando 18).
“(…) vi) Que el Acuerdo Plenario N° 4-2010/CJ-116 (….), trato el tema de ‘Audien-
cia de Tutela’, estableciéndose como doctrina jurisprudencial en su décimo octavo
fundamento, que no era posible cuestionar la Disposición de Formalización de la
Investigación Preparatoria a través de una Audiencia de Tutela, esto es, activar
una vía de control judicial de la referida disposición fiscal, por cuanto, la vía de

173
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

tutela solo está habilitada para aquellos casos en los que se vulnere algunos de los
derechos esenciales asociado en términos amplios a la defensa que se encuentran
enumerados en el artículo 71 del Código Procesal Penal, indicándose que la vía
de tutela judicial solo podrá hacerse efectiva durante las diligencias preliminares
y en la investigación preparatoria propiamente dicha; siendo relevante para el pre-
sente caso, cuando se precisó lo siguiente: ‘(…) debe quedar claro que la dispo-
sición en cuestión es una actuación unilateral del Ministerio Público y no puede
ser impugnada ni dejada sin efecto por el Juez de la Investigación Preparatoria.
Cumple una función esencialmente garantista: informa al imputado de manera
específica y clara acerca de los hechos atribuidos y su calificación jurídica, esto
es, el contenido de la imputación jurídico penal que se dirige en su contra. Ade-
más, ya en el proceso formalmente iniciado, las partes pueden hacer uso de los
medios de defensa técnico para evitar un proceso en el que no se haya verificado
los presupuestos esenciales de imputación. Piénsese por ejemplo en la declaración
de atipicidad a través de la excepción de improcedencia de acción o en la de pres-
cripción ordinaria, si es que antes de la Formalización de la Investigación Prepa-
ratoria se cumplió el plazo correspondiente’” (Sala Penal Permanente. Casación
N° 01-2011-Piura, del 8 de marzo de 2012, considerando 2).
“La tutela de derechos es una garantía de específica relevancia procesal penal
que puede usar el imputado cuando ve afectado y vulnerado uno o varios dere-
chos establecidos específicamente en el artículo 71 del NCPP, quien puede acu-
dir al Juez de Investigación Preparatoria para que controle judicialmente la legi-
timidad y legalidad de los actos de investigación practicados por el Ministerio
Público y repare, de ser el caso, las acciones u omisiones que generaron el que-
brantamiento del derecho de las partes procesales. La vía de tutela judicial solo
podrá hacerse efectiva durante las diligencias preliminares en la investigación
preparatoria propiamente dicha.
La audiencia de tutela es residual, esto es, opera siempre que le ordenamiento pro-
cesal no especifique un camino determinado para la reclamación por un derecho
afectado. El Juez de la Investigación Preparatoria está habilitado para realizar un
control preliminar de la petición respectiva, y en su caso disponer el rechazo limi-
nar, cuidando siempre de verificar cada caso en particular para no dejar en inde-
fensión al imputado. Excepcionalmente, cuando el agravio puede constituirse en
irreparable puede resolver de manera directa y sin audiencia.
En la audiencia de tutela no se puede cuestionar la Disposición de Formalización
de la Investigación Preparatoria, ya que esta vía solo está habilitada para aquellos
casos en los que se vulnere algunos de los derechos esenciales asociados en tér-
minos amplios a la defensa. Además, ya en el proceso formalmente iniciado, las
partes pueden hacer uno de los medios de defensa técnicos para evitar un proceso
en el que no se hayan verificado los presupuestos esenciales de imputación” (Sala
Penal de Apelaciones de la CSJ de Lima. Incidente N° 00040-2011-1-1826-SP-
PE-01, del 9 de junio de 2011, considerando 6).

174
Sujetos procesales

217 ¿
A través de la audiencia de tutela se puede cuestionar el nivel de los
elementos de convicción o su fuerza indiciaria para anular la disposi-
ción de la formalización de la investigación?
“Es evidente, por lo demás, que el nivel de precisión de los hechos –que no de
su justificación indiciaría procedimental–, atento a la propia naturaleza jurídica
de la DFCIP y del momento procesal de ejercicio o promoción de la acción penal
por el Fiscal, debe ser compatible –cumplidos todos los presupuestos procesa-
les– con el grado de sospecha inicial simple, propia de la necesidad de abrir una
instancia de persecución penal –es decir, que impulse el procedimiento de inves-
tigación–. Tal consideración, como se sabe, ha de estar alejada de las meras pre-
sunciones, y fundada en puntos de partida objetivos y asentada en la experiencia
criminalística de que, en pureza, existe un hecho de apariencia delictiva perse-
guible –presupuesto jurídico material– atribuible a una o varias personas con un
nivel de individualización razonable y riguroso. Lo expuesto explica que una de
las características del hecho investigado es su variabilidad durante el curso de la
etapa de investigación preparatoria –o, mejor dicho, ‘delimitación progresiva del
posible objeto procesal’–, y que el nivel de precisión del mismo –relato del hecho
histórico y del aporte presuntamente delictivo de los implicados por la Fiscalía–
tiene un carácter más o menos amplio o relativamente difuso. No es lo mismo un
delito flagrante, que uno referido a sucesos complejos y de determinación inicial
algo incierta y, por tanto, de concreción necesariamente tardía. En iguales térmi-
nos, como no podía ser de otro modo, se ha pronunciado la STC N° 4726-2008-
PHC/TC, del 19 de marzo de 2009, aunque es de aclarar que el nivel de detalle del
suceso fáctico está en función a su complejidad y no necesariamente a su gravedad.
En nuestro nuevo sistema procesal penal no corresponde al órgano jurisdiccional,
como en otros contados modelos procesales, un amplio control de los presupues-
tos jurídico-materiales en sede de investigación penal preparatoria, cuyo señorío
ejerce a plenitud el Ministerio Público –distinto es el caso, por cierto, de las otras
etapas o fases procesales– (verbigracia: artículo 1.3 del Estatuto de Roma de la
Corte Penal). Bastaría, en principio, la mera afirmación por el Fiscal de un suceso
aparentemente típico para la configuración formalmente válida del proceso penal
–el acto de imputación, si bien procesal, no es jurisdiccional–. Sólo en definidos
momentos y precisos actos procesales está reservado al órgano jurisdiccional
intervenir para enmendar presuntos desafueros del Fiscal a propósito de la expe-
dición de la DFCIP. Este sería el caso, por ejemplo, de la delictuosidad del hecho
atribuido y de los presupuestos procesales, en que el NCPP prevé vías específi-
cas para su control jurisdiccional –el supuesto más notorio es el de la excepción
de improcedencia de acción: artículo 6.1, ‘b’ NCPP–.
Es evidente, asimismo, que no puede cuestionarse en vía de tutela jurisdiccional
penal el nivel de los elementos de convicción o su fuerza indiciaría para anular
la DFCIP, puesto que se trata de un presupuesto procesal –bajo cargo exclusivo
de la jurisdicción ordinaria (así, STC N° 4845-2009-PHC/TC, del 7 de enero de
2010)–, cuyo control está reservado al requerimiento fiscal que da por conclusa

175
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

la fase de investigación preparatoria e inicia la etapa intermedia, en cuyo caso se


exige, ya no sospecha inicial simple, sino ‘sospecha suficiente’ –se ha de espe-
rar una condena con fuerte probabilidad, sospecha que a su vez alcanza a un con-
vencimiento por el órgano jurisdiccional de la existencia de los presupuestos pro-
cesales y de la punibilidad de la conducta imputada–, plenamente controlable en
este caso (vid: artículos 344.1, 346.1, 350.1,‘a y 352.2 y 4 NCPP). Así las cosas,
se entiende que el parágrafo 14 del Acuerdo Plenario N° 4-2010/CJ-116 limite el
ejercicio de la acción de tutela, a la que califica de ‘residual’, a los derechos taxa-
tivamente enumerados en el artículo 7 NCPP, y que el parágrafo 18 fije como cri-
terio base la irrecurribilidad de la DFCIP.
Muy excepcionalmente, ante la desestimación del Fiscal o ante la reiterada falta
de respuesta por aquél –que se erige en requisito de admisibilidad–, y siempre
frente a una omisión fáctica patente o ante un detalle de hechos con entidad para
ser calificados, de modo palmario, de inaceptables por genéricos, vagos o gaseo-
sos, o porque no se precisó el aporte presuntamente delictivo del imputado, cabría
acudir a la acción jurisdiccional de tutela penal.
En este caso la función del Juez de Investigación Preparatoria –ante el incumpli-
miento notorio u ostensible por el Fiscal de precisar los hechos que integran los
cargos penales– sería exclusiva y limitadamente correctora –disponer la subsa-
nación de la imputación plasmada en la DFCIP, con las precisiones que luego de
la audiencia sería del caso incorporar en la decisión judicial para evitar inútiles
demoras, pedidos de aclaración o corrección, o cuestionamiento improcedentes–.
Bajo ningún concepto el auto judicial puede ser anulatorio y, menos, de archivo
o sobreseimiento anticipado de la investigación” (Salas Penales Permanente y
Transitoria. Acuerdo Plenario Extraordinario N° 2-2012/CJ-116, del 26 de
marzo de 2012, considerandos 7-11).

218 ¿
El derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales puede ser so-
licitado a través de la audiencia de tutela de derechos?
“Siendo que con anterioridad ya se ha determinado qué derechos pueden ser objeto
de tutela, el derecho de ejecución de las resoluciones judiciales (comprendido den-
tro de la tutela procesal efectiva) no ha sido considerado dentro de dicho listado
cerrado, por lo cual discrecionalmente los órganos jurisdiccionales no puede incor-
porar nuevos supuestos de procedencia, al dejar abierta la posibilidad de que se
haga un uso abusivo, ilegítimo, se desnaturalice la figura de tutela y se permita al
órgano jurisdiccional un control total tanto de las actuaciones de la Policía como
del Ministerio Público.
En ese sentido, el recurso debe ser declarado fundado, por cuanto el derecho que
se ha pretendido tutelar no se encuentra dentro de los previstos para la proceden-
cia de esta institución jurídica, debiéndose reiterar que solo pueden ser objeto de
tutela las afectaciones a los derechos comprendidos en el artículo 71 del Código

176
Sujetos procesales

Procesal Penal” (Sala Penal Permanente. Casación N° 136-2013-Tacna, del 11


de junio de 2014, considerandos 3.6 y 3.7).

219 ¿
El juez de la investigación preparatoria puede resolver una solicitud
de tutela de derechos sin convocar a audiencia?
“Siendo ello así, el Juez de la Investigación Preparatoria está obligado a convocar
a audiencia de tutela si se presenta una solicitud para la tutela del respeto a dere-
cho fundamental que no tiene vía propia. No obstante, debe de realizar una califi-
cación del contenido de la solicitud porque eventualmente el agravio puede consti-
tuirse en irreparable si se cita a audiencia, por lo que en este caso excepcionalmente
puede resolver de manera directa y sin audiencia. Asimismo, no está obligado a
convocar a audiencia de tutela en los casos que aprecie manifiesta intención del
imputado o de su abogado defensor de obstruir la labor de investigación de la fis-
calía en vez de debatir sobre la existencia de un agravio de derechos. El Juez, por
tanto, está habilitado para realizar un control de admisibilidad de la petición res-
pectiva y, en su caso, disponer el rechazo liminar, cuidando siempre de verificar
cada caso en particular para no dejar en indefensión al imputado” (Salas Pena-
les Permanente y Transitorias. Acuerdo Plenario N° 4-2010/CJ-116, del 16 de
noviembre de 2010, considerando 15).
“El Juez de Investigación Preparatoria está obligado a convocar a audiencia de
tutela si se presenta una solicitud para la tutela del respeto a un derecho funda-
mental que no tiene vía propia. No obstante, debe de realizar una calificación del
contenido de la solicitud porque, eventualmente, el agravio puede constituirse en
irreparable si se cita a audiencia; por lo que, en este caso, excepcionalmente, puede
resolver de manera directa sin audiencia. Asimismo, no está obligado a convocar
a audiencia de tutela en los casos que aprecie manifiesta intención del imputado o
de su abogado defensor de obstruir la labor de investigación de la fiscalía en vez
de debatir sobre la existencia de un agravio de derechos. El Juez, por tanto, está
habilitado para realizar un control de admisibilidad de la petición respectiva y,
en su caso, disponer el rechazo liminar, cuidando siempre de verificar cada caso
en particular para no dejar en indefensión al imputado” (Juzgado Supremo de
Investigación Preparatoria. Tutela de Derechos A.V. N° 19-2018, Resolución
Nº 1, del 16 de noviembre de 2018, considerando 7).

III.2. La identificación del imputado

220 ¿
Cuáles son los aspectos básicos que debe contener la individualiza-
ción del imputado?
“La individualización de imputado, por imperio de los artículos 19 al 22 del Código
Civil, importa que a la persona a quien se le atribuye un hecho delictuoso determi-
nado se la identifique con el nombre y sus apellidos, de los padres –si es hijo matri-
monial– o progenitores que los hayan reconocido –si es hijo extramatrimonial– o

177
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

adoptantes –si es adoptado–, según el caso. Cualquier determinación sobre el


particular importa un problema probatorio que debe merecer la decisión jurídica
correspondiente en el modo y forma de ley. A los efectos de la inculpación penal,
que da lugar al a primera resolución de imputación, basta esa referencia completa
para estimar cumplido el mencionado requisito de admisibilidad.
El artículo 3 de la Ley N° 27411, modificado por la Ley N° 28121, del 16.12.2003,
estipula que el mandato de detención dictado por el órgano jurisdiccional deberá con-
tener, a efecto de individualizar al presunto autor, los siguientes datos obligato-
rios: 1) nombre y apellidos completos, 2) edad, 3) sexo, y 4) características físi-
cas, talla y contextura [la policía que reciba la requisitoria u orden de captura en
casos de omisión de uno de esos datos, está facultada a solicitar la correspondiente
aclaración al órgano jurisdiccional].
Como se desprende de su texto, lo que se persigue con esa legislación es evitar los
casos de homonimia –de quien tiene los mismos nombres y apellidos de quien se
encuentre requisitoriado por la autoridad competente (artículo 2, Ley N° 27411)–,
pero de ninguna manera introducir, a los efectos del procesamiento, un requisito
de admisibilidad de la acción penal.
Desde luego, la identidad del requerido por la justicia penal está en función a la
consiguiente requisitoria que la autoridad judicial ha de cursar a la policía contra
las personas a quien se ha dictado, legalmente por una u otra razón, mandato de
detención. Es evidente, entonces, que la debida identidad del requerido guarda
relación con el presupuesto material de indicios de criminalidad –y las consiguien-
tes situaciones procesales que puedan tener lugar en el curso del proceso penal–
respecto a la persona a quien se atribuya ser autor o partícipe de un hecho puni-
ble, pero no necesariamente con la necesidad de individualización del imputado
como requisito de admisibilidad de la promoción de acción penal. Ambos ele-
mentos, si bien están relacionados entre sí, no guardan correspondencia absoluta,
porque para abrir instrucción solo se requiere de una persona identificada con sus
nombres y apellidos completos, y para dictar una requisitoria se necesita que el
imputado, además de sus nombres y apellidos completos, registre en autos otros
tres datos: edad, sexo, y características físicas, talla y contextura” (Salas Pena-
les Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario N° 7-2006/CJ-116, del 13 de
octubre de 2006, considerandos 7 y 8).

III.3. Contumacia y ausencia

221 ¿En qué consiste la institución de la contumacia?


“El citado artículo 3 del Decreto Legislativo numero 125 define la institución de
la contumacia. El contumaz en términos generales, es el imputado que conoce
su condición de tal y que está o estará emplazado al proceso para que responder
por concretos cargos penales, y pese a ello deja de concurrir, se aparta volunta-
riamente del proceso [el encausado es consciente de la existencia de un proceso

178
Sujetos procesales

penal dirigido contra él y decide no acudir a la llamada del órgano jurisdiccional].


Es significativo a estos fines el literal a) del citado artículo, que precisa que se
reputa contumaz: ‘Al que habiendo prestado su declaración instructiva o estando
debidamente notificado, rehúye el juzgamiento en manifiesta rebeldía o hace caso
omiso a las citaciones o emplazamientos que le fueran hechos por el Juez o Tri-
bunal’. A estos efectos, el artículo 1 de la Ley N° 26641 exige que el auto que
declara la condición de contumaz del imputado –sin esa resolución judicial no es
posible calificar a un acusado de contumaz– solo se dictara desde que ‘(…) exis-
ten evidencias irrefutables que el acusado rehúye del proceso (…)’” (Salas Pena-
les Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario N° 5-2006/CJ-116, del 13 de
octubre de 2006, considerando 9).

222 ¿
Cuáles son los presupuestos materiales para la declaración de contu-
macia en la etapa de enjuiciamiento?
“Siendo así, son presupuestos materiales para la declaración de contumacia en
la etapa de enjuiciamiento: a) que el acusado presente, con domicilio conocido o
legal, sea emplazado debida o correctamente con la citación a juicio [se entiende
que si el propio emplazado proporciona un domicilio falso, ello acredita su inten-
ción de eludir la acción de la justicia y justifica la declaración como reo contu-
maz, tal como ha sido ratificado por el Tribunal Constitucional en la sentencia
N° 4834-2005-HC/TC, del 08.08.2005]; b) que la indicada resolución judicial, pre-
supuesto de la declaración de contumacia, incorpore el apercibimiento expreso de
la declaración de contumaz en caso de inasistencia injustificada; y, c) que el acu-
sado persista en la inconcurrencia al acto oral, en cuyo caso se hará efectivo el
apercibimiento previamente decretado, esto es, la emisión del auto de declaración
de contumacia, y se procederá conforme al juicio contra reos ausentes.
En tal virtud, el órgano jurisdiccional deberá examinar cuidadosamente el debido
emplazamiento al imputado, la correcta notificación y sobre esa base proceder en
su consecuencia [El Tribunal Constitucional en la sentencia N° 3411-2006-HC/
TC, del 12.05.2006, ha insistido en que si no se notifica debidamente al impu-
tado no es legítimo declararlo reo contumaz]. Para la declaración de contumacia,
acto seguido, es central la nota de ‘persistencia’ en la incomparecencia volunta-
ria del acusado al acto oral, la cual significa mantenerse firme o constante en una
cosa o, más concretamente, ante el emplazamiento judicial, es decir, no cumplirlo
deliberadamente.
Ahora bien, si el párrafo analizado está en función a la iniciación del acto oral o a
su continuación, esto es, si la norma procesal precisa que se señalará nueva fecha
para la audiencia siempre que no hayan otros reos libres que se hubieran presen-
tado o en cárcel, a partir de lo cual se hace mención a la persistencia del acusado
en su incomparecencia, entonces, es evidente que la resolución judicial de contu-
macia se dictará una vez que el acusado incumpla este segundo emplazamiento,
a mérito de lo cual se renovarán las órdenes para su captura, se le emplazará por
edictos y se reservará el proceso hasta que sea habido, tal como lo dispone, en lo

179
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

pertinente, el artículo 319 del Código de Procedimientos Penales. Es claro, asi-


mismo, que si el acto oral tiene lugar por la concurrencia de otros acusados, la
declaración de contumacia se hará efectiva una vez se cite al acusado inconcu-
rrente para la continuación del juicio oral, aplicando en lo pertinente las normas
antes invocadas” (Salas Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario
N° 5-2006/CJ-116, del 13 de octubre de 2006, considerando 12).

223 ¿
Cuándo se incurre en la situación de contumacia y cuándo en la de
ausencia?
“El Tribunal observa, sin embargo, que la ausencia de una persona en el desarro-
llo del proceso y, en forma particular, durante el juicio, no sólo puede tener por
causa el desconocimiento que tenga de aquél, sino también la rebeldía o renun-
cia expresa a la comparecencia. En el ámbito del proceso penal, el desconoci-
miento que el acusado tenga de la existencia de un proceso genera un supuesto
de ‘ausencia’; mientras que la resistencia a concurrir al proceso, teniendo conoci-
miento de él, se denomina ‘contumacia’” (STC. Exp. N° 003-2005-PI/TC, sen-
tencia del 9 de agosto de 2006, f. j. 168).
“Así las cosas, a juicio de este Tribunal Constitucional, en la determinación del
ámbito de protección del principio-derecho a no ser condenado en ausencia ha
de distinguirse diversos supuestos: (a) los procesados rebeldes, (b) los procesa-
dos que desconocen o ignoran el proceso y (c) los imputados con grave compor-
tamiento en el proceso.
a) Rebeldía o contumacia del procesado
Este supuesto tiene lugar cuando el procesado que tiene conocimiento del
proceso, y ha sido válidamente citado, decide sustraerse u ocultarse su desa-
rrollo, y en forma particular, del juicio, lo que implica la rebeldía o renun-
cia expresa o tácita a la comparecencia al proceso. Una actuación rebelde o
renuente del imputado a comparecer al proceso, en principio, solo supondría
el incumplimiento del deber de comparecer al llamamiento del Tribunal. Sin
embargo, también podría generar dilaciones innecesarias y/o maliciosas en
perjuicio del interés de la acción de la justicia, y concretamente en perjuicio
del interés en la investigación y sanción del delito.
Por ello, en casos como estos, es admisible el juicio o condena en rebeldía o
contumacia del procesado, eso sí, siempre que se sujete a la observancia de
ciertas garantías mínimas. Entre ellos está que el imputado conozca del pro-
ceso penal o de los cargos formulados en su contra; que haya sido regular
y válidamente citado al proceso; que haya sido informado de la fecha y del
lugar del juicio; que haya participado en algunas de las actuaciones o haya
tenido la oportunidad de ofrecer y cuestionar pruebas, siempre que se garan-
tice el derecho de defensa.
En este sentido, no se infringe el derecho a no ser condenado en ausencia
cuando el imputado debidamente citado decide libremente renunciar a su

180
Sujetos procesales

presencia en el proceso o en el juicio, siempre que cuenta durante el mismo


con la asistencia de un abogado para su defensa; puesto que el hecho de que
un procesado, a pesar de haber sido citado, no se comparezca al proceso, el
juez penal no puede, incluso aunque tal ausencia resulte injustificada, pri-
varle de su derecho a ser defendido mediante un letrado.
La compatibilidad con la Constitución de la condena en ausencia queda
también garantizada si el procesado tiene la posibilidad de impugnar aquella
condena dictada en su contra, permitiendo no solo su revisión, sino también
la subsanación del déficit de garantías al interior del proceso: es decir, si el
imputado tiene la posibilidad de acceder a un recurso que permita la revisión
de la condena, tanto respecto del fondo del asunto, como con el propósito de
remediar alguna irregularidad procesal o arbitrariedad que afecten sus dere-
chos fundamentales. Dicho de otro modo, no es compatible con la Consti-
tución la condena in absentia que prescinda de la posibilidad posterior de
impugnar, y que el empleo de los recursos resulten eficaces para subsanar
el déficit de garantías que la falta de la presencia del imputado haya podido
ocasionar (Cfr. STC 91/2000).
b) Falta de conocimiento del proceso
Este supuesto tiene lugar cuando el procesado o imputado desconoce de la
existencia del proceso penal y, por tanto, carece de toda posibilidad para ejer-
cer cualquier acto de contradicción en defensa de sus intereses. Cabe distin-
guir entre el procesado que se declara rebelde (o se resiste a comparecer al
proceso penal), y el procesado que desconoce o no tiene oportunidad de ente-
rarse de la existencia del proceso, a los efectos de determinarse los derechos
que les asiste.
Dado que la exigencia del derecho de defensa alcanza su máxima intensidad
en el proceso penal, debido a la trascendencia de los derechos y principios
comprometidos en el (presunción de inocencia, derecho a la prueba, princi-
pio de inmediación, etc.), el derecho en cuestión queda afectado si el impu-
tado desconoce la existencia del proceso. Cuando no ha comparecido a él, no
ha participado en los actos procesales, no ha sido regular y válidamente noti-
ficado, no se ha defendido por sí mismo o a través de su defensor, tampoco ha
tenido la posibilidad de ofrecer y cuestionar pruebas y, no obstante, se le con-
dena en ausencia, ello genera la existencia de un proceso penal nulo, inde-
pendientemente de si existe posibilidad de impugnar dicha condena o no.
c) Grave comportamiento del procesado
Este supuesto tiene lugar cuando el procesado o imputado conoce de la exis-
tencia del proceso penal, ha comparecido a él, ha ejercido su derecho de
defensa, e inclusive se encuentra a disposición del juez. No obstante, por
diversas razones, como cuando por ejemplo este incurra en una falta grave,
es posible dictarse una sentencia condenatoria sin contar con su presen-
cia. En este caso no estamos en el supuesto de una condena en ausencia o

181
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

contumacia, sino que, como se señaló en la STC N° 0003-2005-PI/TC, fun-


damento 169:
‘el acusado no ha sido ajeno a la existencia del proceso. Tampoco ha sido
rebelde a participar en él, conociendo de la existencia del proceso. El acu-
sado ha estado presente en el desarrollo del proceso y aun en el acto proce-
sal de lectura de sentencia, en la que incluso h podido expresar los argumen-
tos que mejor han convenido para su defensa. Su desalojo, que presupone su
participación en la audiencia de lectura de sentencia, por el contrario, se ori-
gina en una falta grave por el cometida, que perturba la culminación eficaz
del proceso‘.
Para tales supuestos, este Tribunal ha señalado que:
‘en primer lugar, el desalojo de la sala de audiencia está establecida como
una medida excepcional, de aplicación sólo en casos particularmente gra-
ves y extremos. En segundo lugar, se trata siempre de una medida tempo-
ral, que no comporta la exclusión del acusado del proceso, sino sólo para
la realización del acto procesal cuya realización se pretendía perturbar. En
tercer lugar, siendo una medida excepcional y temporal, adicionalmente,
[se] ha previsto que la lectura de la sentencia condenatoria necesariamente
deba realizarse con la presencia del abogado defensor del acusado o del
abogado nombrado de oficio, de modo que no se postre al acusado en un
estado de indefensión. Finalmente, se ha previsto la obligación de notificar
la sentencia condenatoria bajo determinadas exigencias de orden formal, a
fin de que el condenado decida si hace uso o no de los medios impugnato-
rios que la ley procesal pueda haber previsto’ (STC N° 0003-2005-PI/TC,
fundamento 172).
La expedición de una sentencia condenatoria en estos casos, pese a la prohi-
bición del artículo 139.12 de la Constitución, se justifica tanto en la optimi-
zación de otros fines constitucionalmente relevantes (ejercicio efectivo del
ius puniendi estatal, protección penal de bienes jurídicos constitucionales,
etc.) que podrían afectarse si es que dicha prohibición se conceptualizase
como una regla del todo o nada, corno por el hecho de que su dictado viene
acompañado necesariamente de determinadas garantías que impiden que el
acusado quede postrado en indefensión” (STC. Exp. N° 01691-2010-PHC/
TC-La Libertad, del 9 de diciembre de 2015, ff. jj. 13-21).

224 ¿
Se puede desarrollar el juicio oral si el sujeto está en la condición de
ausente o en contumacia?
“El artículo 139, numeral 3), de la Ley Fundamental garantiza el derecho de las
partes procesales a acceder al proceso en condiciones de poder ser oído y ejer-
citar la defensa de sus derechos e intereses legítimos. En tal sentido, como pos-
tula Pico I Junoy, los actos de comunicación de las resoluciones judiciales –noti-
ficaciones, citaciones y emplazamientos–, en la medida en que hacen posible la
comparecencia del destinatario y la defensa contradictoria de las pretensiones,

182
Sujetos procesales

representan un instrumento ineludible para la observancia de las garantías cons-


titucionales del proceso [Las garantías constitucionales del proceso. J.M. Bosh
Editor, Barcelona, 1997, página 54].
La contumacia está íntimamente vinculada a esa institución procesal de relevancia
constitucional, cuya definición legal se encuentra en el artículo 3, inciso I), del
Decreto Legislativo N° 125, y que a su vez ratifica que el imputado tiene la carga
de comparecer en el proceso penal, y si no lo hace se expone a una declaración
de contumacia. El ordenamiento procesal penal nacional reconoce, además, la
ausencia, y en ambos casos, como es evidente, consagro como dogma la impo-
sibilidad de desarrollar el juicio oral –fase angular del sistema acusatorio– sin la
necesaria presencia del acusado [en este sentido, el Código –acota Gimeno Sen-
dra– llevó hasta sus últimas consecuencias el principio general del Derecho, con-
forme al cual nadie puede ser condenado sin haber sido previamente oído, inter-
pretando dicho precepto como exigencia de comparecencia física del imputado en
el proceso a fin de que pueda ejercitar su defensa privada y, en último término, su
derecho a la ‘última palabra’: Derecho Procesal Penal, Editorial Colex, Madrid,
2004, página 215]” (Salas Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Plena-
rio N° 5-2006/CJ-116, del 13 de octubre de 2006, considerando 8).
“La prohibición de que se pueda condenar in absentia es una garantía típica del
derecho al debido proceso penal. Es el corolario de una serie de garantías vincu-
ladas con el derecho de defensa que tiene todo acusado en un proceso penal. Como
ha expresado el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, si un acusado tiene el
derecho a defenderse por sí mismo, a interrogar o hacer interrogar a testigos, a
hacerse asistir gratuitamente por un intérprete si no comprende o no habla la len-
gua empleada en la audiencia, el ejercicio de esos derechos
‘(...) no se concibe apenas sin su presencia’ [Sentencia del 12 de febrero de
1985, Caso Colozza c/. Italia, párrafo 27; Sentencia del 1 de marzo de 2006,
Caso Sejdovic c/.Italia, párrafo 81].
La cuestión de si la prohibición de condena en ausencia se extiende a la realiza-
ción de todo el proceso penal o sólo al acto procesal de lectura de sentencia conde-
natoria, el Tribunal ha de absolverla en los términos que lo hace el ordinal ‘d’ del
artículo 14.3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, según el cual
‘Durante el proceso, toda persona acusada de un delito tendrá derecho, en
plena igualdad, a las siguientes garantías mínimas:
(...)
d) A hallarse presente en el proceso y a defenderse personalmente o ser asis-
tida por un defensor de su elección (...)’.
De esta forma, el derecho en mención garantiza, en su faz negativa, que un acusado
no pueda ser condenado sin que antes no se le permita conocer y refutar las acusa-
ciones que pesan en su contra, así como que no sea excluido del proceso en forma
arbitraria. En su faz positiva, el derecho a no ser condenado en ausencia impone

183
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

a las autoridades judiciales el deber de hacer conocer la existencia del proceso,


así como el de citar al acusado a cuanto acto procesal sea necesaria su presencia
física” (STC. Exp. Nº 003-2005-PI/TC, del 9 de agosto de 2006, ff. jj. 165-167).

225 ¿
El desalojo del abogado defensor de la audiencia de lectura de sen-
tencia, basado en causas objetivas, vulnera el derecho a no ser conde-
nado en ausencia?
“Ciertamente, el principio/derecho reconocido en el artículo 139.12 de la Ley Fun-
damental también garantiza que un acusado esté presente en el acto de la lectura
de una sentencia condenatoria. Pero este derecho no puede entenderse en térmi-
nos absolutos, al extremo de que el acusado pueda frustrar indeterminadamente
la lectura, valiéndose para ello de la realización de actos graves cada vez que se
programe el referido acto procesal. La expulsión del acusado, en tales circuns-
tancias, no tiene la finalidad de dejarlo en indefensión, sino de impedir indebidas
perturbaciones con la impartición de la justicia penal. En ese sentido, el desalojo
de la sala, prima facie, no puede considerarse como una exclusión arbitraria, en
los términos del artículo 139.12 de la Constitución.
El Tribunal no pierde de vista que tras la expulsión de la audiencia y la subsiguiente
lectura de la sentencia condenatoria, se encuentra también en cuestión el ejerci-
cio de otros derechos fundamentales de orden procesal, que pueden resultar res-
tringidos. En particular, el derecho a la interposición de medios impugnatorios y,
con ello, el derecho de defensa, que, como este Tribunal ha señalado, es uno que
atraviesa transversalmente todo el proceso judicial. Sin embargo, en cualquiera
de los tres derechos intervenidos con una medida como la dispuesta en el ordi-
nal ‘c’ del artículo 12.9 del Decreto Legislativo Nº 922, el Tribunal advierte que
el legislador ha previsto la adopción de medidas razonables que hacen que dichas
restricciones no puedan considerarse como una afectación del contenido esencial
de los derechos comprometidos.
Así, en primer lugar, el desalojo de la sala de audiencia está establecida como una
medida excepcional, de aplicación sólo en casos particularmente graves y extre-
mos. En segundo lugar, se trata siempre de una medida temporal, que no comporta
la exclusión del acusado del proceso, sino solo para la realización del acto pro-
cesal cuya realización se pretendía perturbar. En tercer lugar, siendo una medida
excepcional y temporal, adicionalmente, el legislador ha previsto que la lectura
de la sentencia condenatoria necesariamente deba realizarse con la presencia del
abogado defensor del acusado o del abogado nombrado de oficio, de modo que
no se postre al acusado en un estado de indefensión. Finalmente, se ha previsto
la obligación de notificar la sentencia condenatoria bajo determinadas exigencias
de orden formal, a fin de que el condenado decida si hace uso o no de los medios
impugnatorios que la ley procesal pueda haber previsto” (STC. Exp. Nº 003-2005-
PI/TC, del 9 de agosto de 2006, ff. jj. 170-172).

184
Sujetos procesales

III.4. La declaración del imputado

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 86, 87, 88, 89.

226 ¿
El derecho a la no autoincriminación impide la declaración volunta-
ria del imputado?
“Finalmente, debemos subrayas que si bien, el imputado es el sujeto del proceso
que suele estar en la mejor posición para efectuar aportes probatorios respecto
del hecho que se le atribuye; ello no obstante, su colaboración únicamente puede
obtenerse a partir de una actitud estrictamente voluntaria, lo que constituye una
de las notas distintivas del proceso penal moderno en contraposición a la meto-
dología inquisitiva dominante en el pasado, donde el objetivo primordial de las
actuaciones judiciales en materia criminal consistía en lograr la confesión del acu-
sado. En el marco de esta metodología procesal, la dignidad humana convierte al
imputado en un sujeto incoercible e impone a los funcionarios encargados de la
persecución penal el deber de atenerse a lo que aquel decida en cuento si habrá
o no una declaración y al contenido de ella. Si bien hablamos aquí del derecho a
no declarar, la garantía contra la autoincriminación comprende más latamente la
liberación de la obligación de suministrar al adversario armas que sean emplea-
das contra uno mismo.
El derecho a no declarar contra sí mismo, a no autoincriminarse, entronca en una
de las manifestaciones más claras del derecho a la presunción de inocencia, cual
es la que sitúa en la acusación la carga de la prueba, que no puede desplazarse
hacia el imputado haciendo recaer en el la obligación de aportar evidencias que
conduzcan a desvirtuar su responsabilidad.
Son diversas las previsiones supra nacionales que complementan esta prescrip-
ción, el moderno Derecho de los tratados de rango constitucional exhibe diver-
sas clausulas con fórmulas aún más explicitas. Este es el caso del artículo 8.2.G
de la Convención Americana de Derecho Humanos, donde se consagra el dere-
cho a no ser obligado a declarar contra sí mismo ni a declararse culpable; en el
mismo orden se encuentra el artículo 14.3.g del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, en cuanto establece que la persona acusada de un delito goza
del derecho a no se obligada a declarar contra sí misma ni a confesarse culpable”
(Sala Penal Permanente. Casación N° 375-2011-Lambayeque, del 18 de junio
de 2013, considerando 9).

227 ¿
Si en las diferentes etapas del proceso el imputado ha brindado dis-
tintas declaraciones, qué aspectos debe valorar el juez para determi-
nar cuál resulta más fiable?
“Que la Sala Penal Permanente en la Ejecutoria Suprema correspondiente al
Recurso de Nulidad número tres mil cuarenta y cuatro - dos mil cuatro, Lima,

185
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

de fecha uno de diciembre de dos mil cuatro, determinó como precedente vincu-
lante el fundamento jurídico quinto de la mima, estableciendo que cuando se trata
de imputados que han declarado indistintamente en ambas etapas del proceso,
‘tienen libertad para conceder mayor o menor fiabilidad a unas u otras de tales
declaraciones’ y aun cuando la sentencia vinculante en comentario se refiere a
que en ocasiones se puede dar mayor valor a las declaraciones prestadas durante
la instrucción que a las del juicio oral –en principio, porque esta última se fun-
damenta en el principio de inmediación con el juzgador que emite la sentencia–,
lo cierto es que en ella se establece una facultad discrecional del juez para deci-
dir cuál de ellas será la más creíble, para ello expone como juicio de discerni-
miento, que la declaración más convincente será aquella que haya sido sometida
‘a contradicción con las garantías de igualdad, publicidad e inmediación y tra-
sunta una mayor verosimilitud y fidelidad’, no está por demás recurrir en estos
casos, también al criterio de conciencia o íntima convicción –denominada sana
crítica en el proceso civil–, basado en el sistema de libre valoración de la prueba”
(Sala Penal Transitoria. R.N. Nº 2925-2010-Lima, del 3 de diciembre de 2010,
considerando 3).

228 ¿
Las mentiras que manifieste el encausado en su declaración, en tanto
indicio de mala justificación, resulta suficiente para que quede ener-
vada la presunción de inocencia?
“Que, como se sabe, el que un encausado mienta para excluir toda sospecha en
su contra no es un indicio necesario o, mejor dicho, grave y suficiente de que, en
efecto, cometió el delito imputado –el indicio de mala justificación siempre es
de carácter contingente–. La mentira sería, en todo caso, un suceso verosímil,
pero no cierto como para erigirse en indicio base de una inferencia probatoria
categórica, la cual requiere de datos adicionales, sobre una concreta interven-
ción delictiva.
Que el indicio de móvil es también complementario –el contexto de los hechos
hace verosímil un tal indicio en el presente caso–, pero aisladamente no es sufi-
ciente –tener un móvil no determina necesariamente la comisión del delito–.
Unir móvil y mala justificación aún resulta insuficiente para acreditar el hecho
delictivo atribuido al imputado. Hace falta, además de los indicios de móvil y
de mala justificación, algún dato externo próximo que ubique al encausado en
el lugar de los hechos o una referencia fiable que se reuniría en condiciones de
clandestinidad o que establezca la decisión homicida del imputado. La actitud
sospechosa, a la que se refiere la Fiscalía Suprema, no se circunscribe a las pro-
pias explicaciones del imputado, sino a lo que éste hizo en momentos previos,
concomitantes y/o posteriores al hecho delictivo y que no sean razonables o lógi-
cas por parte de quien dice no estar vinculado a su comisión. Sobre este indicio,
así definido, no existe la mínima información que así lo revele. No se trata, en
suma, de que el imputado mienta sobre un hecho previo al propio crimen y que
sea verosímil que tiene un motivo identificado para delinquir –la verosimilitud

186
Sujetos procesales

se refiere a la normalidad de acontecimientos o conductas que han ocurrido o


pueden ocurrir–. Verosimilitud, desde luego, no es lo mismo que probabilidad
o verdad, que hacen mención a la existencia de elementos cognoscitivos –desde
las pruebas– que acreditan la realidad de un enunciado sobre un hecho determi-
nado [TARUFFO, Michele. Simplemente la verdad, Madrid, 2010, pp. 105-107]”
(Primera Sala Penal Transitoria. R.N. N° 152-2015-Junín, del 21 de febrero
de 2017, considerandos 10 y 11).

229 ¿
Qué requisitos debe cumplir la sindicación del coacusado para ener-
var la presunción de inocencia de otro coimputado?
“Cuando declara un coimputado sobre un hecho de otro coimputado, y que a la
vez se trata de hechos propios ya que ellos mismos los han cometido conjunta-
mente, por lo que su condición no es asimilable a la del testigo, aun cuando es
de reconocer que tal testimonio puede ser utilizado para formar la convicción
judicial –no existe por ese hecho descalificación procedimental–, corresponde
valorar varias circunstancias, que se erigen en criterios de credibilidad –no de
mera legalidad–, y que apuntan a determinar si existen datos relevantes que
las desnaturalizan situaciones que explicarían que el coimputado pudiese men-
tir. Las cautelas que ha de tomarse en cuenta resultan del hecho que el coimpu-
tado no tiene obligación de decir la verdad, no se le toma juramento y declara
sin el riesgo de ser sancionado, sin la amenaza de las penas que incriminan el
falso testimonio.
Las circunstancias que han de valorarse son las siguientes:
a) Desde la perspectiva subjetiva, ha de analizarse la personalidad del coimpu-
tado, en especial sus relaciones con el afectado por su testimonio. También
es del caso examinar las posibles motivaciones de su delación, que estas no
sean turbias o espurias: venganza, odio, revanchismo, deseo de obtener bene-
ficios de cualquier tipo, incluso judiciales, que por su entidad están en con-
diciones de restarle fuerte dosis de credibilidad. Asimismo, se tendrá del cui-
dado de advertir si la finalidad de la declaración no sea, a su vez, exculpatoria
de la propia responsabilidad.
b) Desde la perspectiva objetiva, se requiere que el relato incriminador esté
mínimamente corroborado por otras acreditaciones indiciarias en contra del
sindicado que incorporen algún hecho, dato o circunstancia externa, aún de
carácter periférico, que consolide su contenido incriminador.
c) Asimismo, debe observarse la coherencia y solidez del relato del coimpu-
tado; y, de ser el caso, aunque sin el carácter de una regla que no admita
matizaciones, la persistencia de sus afirmaciones en el curso del proceso.
El cambio de versión del coimputado no necesariamente la inhabilita para
su apreciación judicial, y en la medida en que el conjunto de las declaracio-
nes del mismo coimputado se hayan sometido a debate y análisis, el juzga-
dor puede optar por la que considere adecuada” (Salas Penales Permanente

187
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

y Transitoria. Acuerdo Plenario Nº 2-2005/CJ-116, del 30 de setiembre de


2005, considerandos 8 y 9).
“[E]l Acuerdo Plenario número dos-dos mil cinco-ciento dieciséis del Pleno Juris-
diccional de las Salas Penales Permanente y Transitoria de la Corte Suprema de
Justicia, de fecha treinta de setiembre del dos mil cinco, que versa acerca de los
requisitos que debe cumplir la sindicación del coacusado, testigo o agraviado
a efectos de tener por enervada la presunción de inocencia de los imputados,
que son señalados como intervinientes en un delito y justificar la declaración judi-
cial de culpabilidad; así señala como circunstancias que deben valorarse: a) desde
una perspectiva subjetiva, las posibles motivaciones de su delación, esto es, que
estas no sean turbias o espurias, basadas en la venganza, odio, revancha, deseo
de obtener beneficios de cualquier tipo, incluso judiciales, b) desde una perspec-
tiva objetiva, que el relato incriminador esté mínimamente corroborado por otras
acreditaciones indiciarias en contra del sindicado; c) debe observarse coherencia y
solidez del relato del coimputado. Resalta el Plenario en comentario, que “el cam-
bio de versión del coimputado no necesariamente la inhabilita para su apreciación
judicial, y en la medida en que el conjunto de las declaraciones del mismo coimpu-
tado se hayan sometido a debate, el juzgador puede optar por la que se considere
adecuada” (Sala Penal Transitoria. R.N. Nº 2925-2010-Lima, del 3 de diciem-
bre de 2010, considerando 3).
“Que, en ese contexto, cabe precisar que es un presupuesto para destruir la pre-
sunción de inocencia, que la prueba de cargo de signo incriminatorio genere con-
vicción sobre la participación del acusado en el hecho punible; que, en tal sen-
tido, la declaración de un coimputado para ser considerada como prueba idónea,
a efectos de destruir la presunción iuris tantum de inocencia y generar certeza en
el juzgador, debe reunir entre otros requisitos –además de la ausencia de incredi-
bilidad subjetiva [perspectiva subjetiva]– la verosimilitud, persistencia y concor-
dancia –coherencia y solidez– en la incriminación, es decir, tiene que corroborarse
entre sí y con otros elementos de prueba o indicios [perspectiva objetiva], tal como
lo exige el Acuerdo Plenario N° 2-2005/CJ-116” (Sala Penal Permanente. R.N.
N° 1004-2010-Tacna, del 27 de abril de 2011, considerando 4).
“Se debe recordar que es doctrina vinculante expresada por las Salas Penales de
la Corte Suprema que la declaración incriminatoria de un coimputado es prueba
legítima desde la perspectiva constitucional, pero no es prueba suficiente de
cargo si es la única existente, si su contenido no queda mínimamente corroborado
(Acuerdo Plenario número dos-dos mil cinco/CJ-ciento dieciséis). Antes de ese
mínimo de exigencia de una adición a la declaración del coimputado, no puede
hablarse de base probatoria suficiente o de injerencia suficientemente sólida o con-
sistente desde la perspectiva constitucional que demanda la presunción de ino-
cencia” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 1510-2017-Apurímac, del 2 de julio
de 2018, considerando 6).

188
Sujetos procesales

IV. EL ABOGADO DEFENSOR

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 80, 81, 82, 83, 84, 85.

230 ¿
Cuál es la finalidad de una adecuada notificación de los actos proce-
sales como manifestación del derecho de defensa?
“La notificación judicial es aquel acto procesal cuyo principal objetivo es que las
partes intervinientes en un proceso judicial tomen conocimiento de las resolucio-
nes judiciales emitidas en el marco del mismo, a fin de que estas puedan ejercer
su derecho a la defensa, en el ámbito del debido proceso.
En ese sentido, desde una perspectiva de contenido y aplicación del debido pro-
ceso, se puede decir que los actos judiciales deben tener como requisito de validez
la notificación, con la finalidad de que el procesado tenga la posibilidad de cono-
cer el contenido de los pronunciamientos y diligencias judiciales; pero solo en el
caso de que se apliquen sanciones o se restrinjan derechos de la persona, incum-
plir este requisito vulnerará además el derecho de defensa, lo cual implica que
dicho proceso resultará susceptible de revisión en la vía constitucional” (STC. Exp.
Nº 7811-2006-PHC/TC-Lima, del 20 de setiembre de 2006, ff. jj. 5 y 6).

231 ¿
El cuestionamiento a la notificación constituye per se una vulnera-
ción al debido proceso?
“[L]a notificación es un acto procesal cuyo cuestionamiento o anomalía no genera
per se violación del derecho al debido proceso o a la tutela procesal efectiva; así,
para que ello ocurra, resultará indispensable la constatación o acreditación indu-
bitable de parte de quien alega la violación del debido proceso, de que con la falta
de una debida notificación se ha visto afectado de modo real y concreto el dere-
cho de defensa u otro derecho constitucional directamente implicado en un caso
concreto. Esto se entiende desde la perspectiva de que los procesos constitucio-
nales ni son una instancia a la que pueden extenderse las nulidades o impugna-
ciones del proceso judicial ordinario, ni pueden convertirse en un medio para la
articulación de estrategias de defensa luego de que una de las partes haya sido
vencida en un proceso judicial” (STC. Exp. Nº 7811-2006-PHC/TC-Lima, del
20 de setiembre de 2006, f. j. 7).

V. LAS PERSONAS JURÍDICAS

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 90, 91, 92, 93.

232 ¿
Cuál es la finalidad de incorporar a las personas jurídicas al proceso
penal?
“Al respecto, el NCPP ya considera a la persona jurídica como un nuevo sujeto
pasivo del proceso penal en el Título III, de la Sección IV, del Libro Primero. Pero

189
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

ya no para afrontar únicamente eventuales responsabilidades indemnizatorias,


directas o subsidiarias, sino para enfrentar imputaciones directas o acumulativas
sobre la realización de un hecho punible y que pueden concluir con la aplicación
sobre ella de una sanción penal en su modalidad especial de consecuencia acce-
soria [SÁNCHEZ VELARDE, Pablo. El nuevo proceso penal. Editorial Idemsa,
Lima, 2009, página 80]. Esta orientación legislativa, además, dispone, para todo
ello, la realización de un proceso penal de corte unitario que comprenderá tanto
a personas naturales como jurídicas, aunque con formulación de cargos y reque-
rimientos diferenciados en atención a la naturaleza particular del sujeto impu-
tado y de las necesidades específicas del thema probandum que le conciernen
[ESPINOZA GOYENA, Julio César. Obra citada, página, 314].
En el NCPP las normas relativas a la persona jurídica y a su rol en el proceso penal se
encuentran comprendidas entre los artículos 90/93. Cada una de estas normas legisla
aspectos específicos vinculados con la capacidad procesal, los derechos y garantías
reconocidos a las personas jurídicas, así como sobre la actividad procesal que estas
pueden desplegar. La morfología y función de tales disposiciones es la siguiente:
A. El artículo 90 NCPP identifica a las personas jurídicas que pueden ser partes
procesales y objeto de emplazamiento por la autoridad judicial. En él se fijan
los presupuestos necesarios para el emplazamiento y la incorporación for-
mal de una persona jurídica en un proceso penal. Al respecto, el presupuesto
esencial que exige dicha norma se refiere a la aplicación potencial sobre el
ente colectivo de alguna de las consecuencias accesorias que contemplan los
artículos 104 y 105 CP. Esta disposición también concede al Fiscal legitima-
ción exclusiva para requerir ante la autoridad judicial dicho emplazamiento e
incorporación procesal. Tal norma, por lo demás, no obsta a que, respecto del
artículo 104 CP y en sus estrictos marcos, el actor civil tenga legitimación
activa conforme a la concordancia de los artículos 11, 104 y 105 NCPP. (…)”
(Salas Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo Plenario N° 7-2009/
CJ-116, del 13 de noviembre de 2009, considerandos 20 y 21).

233 ¿
Cómo debe realizarse el emplazamiento e incorporación de la perso-
na jurídica al proceso penal?
“B. El artículo 91 NCPP disciplina la oportunidad y la tramitación del emplaza-
miento e incorporación procesal de la persona jurídica como parte procesal.
Esta norma señala que la solicitud de emplazamiento del Fiscal se debe for-
mular ante el Juez de la Investigación Preparatoria, luego de comunicarle su
decisión formal de continuar con las investigaciones y hasta antes de que se
declare concluida la investigación preparatoria. En este artículo se detallan
también los datos básicos de identificación que deberá contener la solicitud
fiscal y que son los siguientes:
(i)  La identificación de la persona jurídica (razón social, naturaleza,
etcétera).
(ii)  El domicilio de la persona jurídica (sede matriz o filiales).

190
Sujetos procesales

La solicitud, además, debe señalar, de modo circunstanciado, los hechos que


relacionan a la persona jurídica con el delito materia de investigación. Por
tanto, se debe referir la cadena de atribución que la conecta con acciones de
facilitación, favorecimiento o encubrimiento del hecho punible. Y, en base
a todo ello, se tiene que realizar la fundamentación jurídica que justifique
incluir al ente colectivo en el proceso.
La tramitación que deberá darse a la solicitud será la misma que deta-
lla el artículo 8 NCPP para el caso de las cuestiones previas, cuestiones
prejudiciales y excepciones.
C.  El artículo 92 NCPP trata de la representación procesal de la persona jurídica.
La norma establece que el órgano social de la persona jurídica debe designar
un apoderado judicial. Sin embargo, se excluye de dicho rol a toda persona
natural que esté comprendida en la misma investigación y bajo la imputación
de los mismos hechos que determinaron el emplazamiento y la incorporación
procesal de la persona jurídica. La norma dispone, además, un plazo de cinco
días para que el órgano social de la persona jurídica cumpla con designar al
apoderado judicial. Si al vencimiento de dicho plazo no se hubiera realizado
tal designación la hará el Juez de la Investigación Preparatoria.
D.  En el artículo 93 NCPP se detallan los derechos y garantías procesales que
se reconocen a la persona jurídica dentro del proceso penal. Al respecto,
se reconoce a la persona jurídica procesada, en tanto resulten compatibles
con su naturaleza, los mismos derechos y garantías que corresponden, en un
debido proceso legal, a toda persona natural que tiene la condición de impu-
tado. Principalmente, el derecho a una defensa activa, a la posibilidad de
contradicción procesal, a la impugnación dentro de la ley de toda resolución
que la cause gravamen.
E.  El apartado 2 del artículo 93 NCPP regula una situación especial de contu-
macia o rebeldía de la persona jurídica procesada la cual, sin embargo, en
ningún caso, puede generar que se afecte o suspenda la continuación del
proceso.
La vigencia escalonada del NCPP en el país, como se ha destacado, limita la uti-
lidad de las normas procesales alusivas a la persona jurídica y, por ende, dificulta
la aplicación judicial de las consecuencias accesorias en muchos Distritos Judi-
ciales. Por tal razón y tomando en cuenta las reglas y el procedimiento fijado por
aquel para dicha finalidad, corresponde postular un conjunto de criterios operati-
vos en aplicación directa de los principios procesales de contradicción, igualdad
de armas y acusatorio, conforme a lo dispuesto, en lo pertinente en el artículo III
del Título Preliminar del Código Procesal Civil, aplicable supletoriamente al pro-
ceso penal, a cuyo efecto se tendrá en consideración, en cuanto sea legalmente
compatible con la estructura del ACPP, los siguientes criterios operativos, inspi-
rados en el NCPP:
A.  El Fiscal Provincial ha de incluir en su denuncia formalizada o en un reque-
rimiento fundamentado en el curso de la etapa de instrucción a las personas

191
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

jurídicas involucradas en el hecho punible imputado, incorporando en lo pro-


cedente los datos y contenidos a que alude el artículo 91.1 NCPP, necesarios
para su identificación y el juicio de imputación correspondiente a cargo del
Juez Penal.
B.  La persona jurídica denunciada ha de ser comprendida en el auto de aper-
tura de instrucción o en un auto ampliatorio o complementario en condición
de sujeto pasivo imputado. En esta resolución, que deberá notificársele a la
citada persona jurídica, el Juez Penal dispondrá que ella designe un apode-
rado judicial en iguales términos que los referidos en el artículo 92 NCPP.
C.  La persona jurídica procesada tiene, en lo pertinente, los mismos derechos y
garantías que la ley vigente concede a la persona del imputado durante la ins-
trucción y el juicio oral.
D.  La acusación fiscal, si correspondiere, debe pronunciarse específicamente
acerca de la responsabilidad de la persona jurídica. En su caso, solicitará
motivadamente la aplicación específica de las consecuencias accesorias que
corresponda aplicar a la persona jurídica por su vinculación con el hecho
punible cometido. En todo caso, corresponderá al órgano jurisdiccional el
control de la acusación fiscal en orden a la intervención en el juicio oral de la
persona jurídica.
E.  La persona jurídica deberá ser emplazada con el auto de enjuiciamiento, pero
su inasistencia no impide la continuación del juicio oral. El Juez o Sala Penal
competente, de ser el caso, impondrá la consecuencia accesoria que resulte
pertinente al caso con la debida fundamentación o la absolverá de los cargos.
Rige en estos casos el principio acusatorio y el principio de congruencia pro-
cesal o correlación” (Salas Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo
Plenario N° 7-2009/CJ-116, del 13 de noviembre de 2009, considerandos
21 y 22).

VI. LA VÍCTIMA O AGRAVIADO

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 94, 95, 96, 97.

234 ¿Quién tiene la condición de agraviado en el proceso penal?


“[E]ntendemos por agraviado, aquel sujeto que resulta directamente ofendido por
un delito o perjudicado por las consecuencias del mismo; teniendo entre otros dere-
chos, el de impugnar el sobreseimiento y la sentencia absolutoria. Asimismo, por
su condición de perjudicado, en un proceso penal podrá ejercer su acción repara-
toria, para lo cual debe estar legitimado debiéndose constituir en actor, a efectos
de poder reclamar la reparación, y en su caso los daños y perjuicios producidos
por el delito” (Sala Penal Permanente. Casación N° 342-2011-Cusco, del 2 de
julio de 2013, considerando 4.4).

192
Sujetos procesales

235 ¿
Cuándo la sociedad es la agraviada por la comisión de un delito,
quién detenta su representación?
“(…) Siendo así, Sociedad y Estado se influyen y afectan mutuamente; es por eso
que cuando la Sociedad es agraviada por la comisión de un delito, le corresponde
ser representada por el Estado, que tiene la organización política para hacerlo y
lo hará a través de sus órganos definidos conforme a Derecho.
(…) En realidad, en ningún proceso debe consignarse como agraviada a la Socie-
dad, porque es un ente gaseoso y abstracto, que no tiene personería jurídica; en
ese sentido, el inciso 1, del artículo 94 del Código Procesal Penal, no considera
como agraviada a la Sociedad, solo hace referencia al Estado. Por tanto, en los
procesos en que se ha considerado como agraviada a la Sociedad, entendida como
asociación o grupo de personas, es decir, un ente abstracto que está formado por
la colectividad de personas regidas por normas –Derecho– para su convivencia;
corresponde su representación al Estado, que es la organización social, política,
coercitiva y económica, conformada por un conjunto de instituciones (como las
Fuerzas Armadas, la Administración Pública, los Tribunales y la Policía, asu-
miendo el Estado las funciones de defensa, gobernación, justicia, seguridad y otras,
como las relaciones exteriores) que tiene el poder de regular la vida en la sociedad.
(…)
Comprender a la Sociedad como agraviada no resultará adecuado para los fines
del proceso por cuanto nadie la defenderá respecto de su pretensión civil y estará
limitada en los derechos que asisten a todo agraviado. En efecto, si se niega al
Estado la representación de la Sociedad, como sostuvo el Juez de Investigación
Preparatoria; el Ministerio Público asumiría su representación y tendría que
constituirse en acto civil para ejercer sus derechos como agraviado. El Ministe-
rio Público no podría solicitar su constitución en actor civil, por cuanto asumiría
dos posiciones procesales; una de persecutor y otra de actor civil; el persecutor no
puede ser agraviado a la vez, salvo el caos de la querella de particulares. Enton-
ces, lo racional y practico es considerar al Estado como agraviado, en todos los
delitos cuyos agraviados no sean personas naturales o jurídicas” (Segunda Sala
Penal Transitoria. Casación N° 103-2017-Junín, del 15 de agosto de 2017, con-
siderandos 18, 19 y 21).

236 ¿
En los casos en que el Estado representa a la sociedad como agravia-
do, a través de quién lo hace?
“En consecuencia, estando a los argumentos antes esgrimidos, este Supremo Tri-
bunal considera que debe establecerse como doctrina jurisprudencial:
1) En todos los procesos penales donde figura como agraviada la Sociedad,
sin perjuicio de modificarse el auto de apertura de instrucción, o, en su caso
la Disposición Fiscal de Formalización de Investigación Preparatoria, pre-
cisando al Estado como agraviado; el representante legal será el Estado,

193
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

que se apersonará al proceso a través de sus Procuradores correspondientes,


teniendo todos los derechos del agraviado y actor civil, según sea el caso.
2) En todos los delitos en que el agraviado no sea una persona natural o jurí-
dica; tendrá tal condición el Estado como Sociedad políticamente organi-
zada” (Segunda Sala Penal Transitoria. Casación Nº 103-2017-Junín, del
15 de agosto de 2017, considerando 23).

237 ¿
Cuándo existe una sola entidad del Estado como agraviada cabe que
intervengan simultáneamente múltiples procuradores en el proceso
penal?
“En caso de duda o superposición funcional, será la Presidencia del Consejo de
Defensa Jurídica del Estado, conforme con las atribuciones y obligaciones, estable-
cidas en el literal h), del artículo 8, del Decreto Legislativo Nº 1068, quien resol-
verá los problemas de competencia que puedan presentarse entre los procurado-
res públicos; tanto en su aspecto positivo como negativo, estableciendo el modo
y la forma de apersonamiento en el proceso penal. Corresponde también a dicho
órgano rector precisar si la defensa del Estado será única o colegiada; la ley ha
previsto la intervención del Procurador Público Especializado en Tráfico Ilícito de
Drogas, Procurador Público Especializado en Delitos de Terrorismo, Procurador
Público Especializado en Delitos de Lavado de Activos y Procesos de Pérdida de
Dominio, Procurador Público Especializado en asuntos de Orden Público, Procu-
rador Público Especializado en Delitos de Corrupción, y los que mediante Reso-
lución Suprema se designe, en las causas por delitos de tal connotación.
No cabe admitir, en el supuesto relativo a un solo agraviado (V. G. una munici-
palidad), la intervención simultánea y múltiple de procuradores, salvo en caso de
perpetración de distintos delitos, cuya persecución integra a diversos procurado-
res, aunque cabe la coordinación entre estos. Fuera de ese marco, se generan efec-
tos en materia de ofrecimiento y actuación probatoria, alegaciones y recursos; el
principio de igualdad de armas corre riesgo de ser afectado.
La designación de un solo procurador concentrará el ejercicio defensivo y, al
mismo tiempo, evitará la probabilidad de proliferación de audiencias de consti-
tución de actor civil en las diversas Cortes Superiores, en las que se encuentra
vigente el Nuevo Código Procesal Penal, lo que repercutirá a su vez a favor de la
programación de audiencias de otro tipo” (Salas Penales Permanente y Transi-
toria. Acuerdo Plenario N° 4-2012/CJ-116, del 24 de enero de 2013, conside-
randos 12-14).

238 ¿
Se deben garantizar ampliamente los derechos de la víctima o agra-
viado en el proceso penal?
“En primer lugar, cabe resaltar que el Estado debe garantizar y establecer las con-
diciones mínimas de los derechos de la víctima y/o agraviado, debiendo facultar
su activa participación dentro del proceso penal para lograr el restablecimiento

194
Sujetos procesales

de su pretensión, esto es, resarcimiento del daño causado por parte del autor de
la comisión del delito.
Sin embargo, lo expuesto, no supone que los poderes de la víctima en el proceso
penal, son absolutos y omnímodos, toda vez que está sometido al principio del con-
tradictorio que deriva del derecho constitucional a la igualdad de armas, el dere-
cho de defensa y del debido proceso. Tampoco implica que la víctima o el perjudi-
cado puedan desplazar a la fiscalía, titular de la acción penal, según lo previsto en
el artículo ciento cincuenta y nueve de nuestra Carta Magna o al Juez en el cum-
plimiento de sus funciones constitucionales o que su participación transforme el
proceso penal en un instrumento de represalia o venganza contra el procesado.
En efecto, se advierte con claridad que el agraviado del delito se encuentra en
condiciones de ser un protagonista del proceso penal, encontrándose facultado
por el Código Procesal Penal para participar activamente en el desarrollo del pro-
ceso, siendo necesario que el agraviado actúe con todos los derechos y garantías
que le aseguran la satisfacción de su pretensión, por ello, se advierte que en el
artículo noventa y cinco del Código Procesal Penal, específicamente, en el lite-
ral d), del numeral uno, establece que: ‘el agraviado tendrá como derecho impug-
nar el sobreseimiento y la sentencia absolutoria’; en concordancia con el artículo
trescientos cuarenta y siete del mismo Cuerpo legal, señala que contra el auto de
sobreseimiento procede recurso de apelación; motivo por el cual, la Sala Supe-
rior debe emitir nuevo pronunciamiento” (Sala Penal Permanente. Casación
N° 353-2011-Arequipa, del 4 de junio de 2013, considerando 4).

239 ¿
Qué requisitos debe cumplir la declaración incriminatoria del agra-
viado para enervar la presunción de inocencia de un imputado?
“Tratándose de las declaraciones de un agraviado, aun cuando sea el único tes-
tigo de los hechos, al no regir el antiguo principio jurídico testis unus testis nullus,
tiene entidad para ser considerada prueba válida de cargo y, por ende, virtualidad
procesal para enervar la presunción de inocencia del imputado, siempre y cuando
no se adviertan razones objetivas que invaliden sus afirmaciones. Las garantías
de certeza serían las siguientes:
a) Ausencia de incredibilidad subjetiva. Es decir, que no existan relaciones
entre agraviado e imputado basadas en el odio, resentimientos, enemistad u
otras que puedan incidir en la parcialidad de la deposición, que por ende le
nieguen aptitud para generar certeza.
b) Verosimilitud, que no sólo incide en la coherencia y solidez de la propia
declaración, sino que debe estar rodeada de ciertas corroboraciones periféri-
cas, de carácter objetivo que le doten de aptitud probatoria.
c) Persistencia en la incriminación, con las matizaciones que se señalan en el
literal c) del párrafo anterior” (Salas Penales Permanente y Transitoria.
Acuerdo Plenario Nº 2-2005/CJ-116, del 30 de setiembre de 2005, conside-
rando 10).

195
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

240 ¿Cuál es la diferencia entre las nociones de agraviado y actor civil?


“[B]astaría diferenciar entre las nociones de agraviado y parte civil. La diferen-
cia operativa entre estos radica básicamente en que el primero gozaría de dere-
chos de carácter general: a impugnar el auto de no ha lugar a abrir instrucción, a
impugnar el sobreseimiento o la sentencia absolutoria, a ser informado del resul-
tado del proceso penal, etc., mientras que el segundo además de estos gozaría de
derechos de carácter específico: deducir la nulidad de actuados, a participar en los
actos de investigación y de prueba, etc. Así, bien entendidas las cosas no existe
una justificación razonable para exigir como requisito indispensable el inicio del
proceso penal muchos menos la constitución en parte civil para que el agraviado
pueda impugnar los actos procesales que de modo general le afectan sus derechos.
En efecto, la opción interpretativa de que también el agraviado puede impugnar el
auto de no ha lugar a abrir instrucción resulta plenamente congruente con la dife-
renciación aludida entre agraviado y parte civil en el sentido de que el primero
puede impugnar el auto de no ha lugar a abrir instrucción, como resulta obvio, sin
que exista proceso penal en trámite y más aún sin la necesidad de que se consti-
tuya en parte civil. Por los demás, esta parece ser la lógica del Nuevo Código Pro-
cesal Penal de 2004 que reconoce a la víctima determinados derechos según su
posición jurídica concreta en el proceso penal” (STC. Exp. Nº 02171-2012-PA/
TC-Cusco, del 28 de enero de 2014, f. j. 13).

VII. EL ACTOR CIVIL

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 98, 100, 101, 102, 104, 106.

241 ¿Quién se puede constituir en actor civil?


“Actor civil es el perjudicado que ejerce su derecho de acción civil dentro del pro-
ceso penal. Es decir, es quien ha sufrido en su esfera patrimonial los daños pro-
ducidos por la comisión del delito, siendo titular, frente al responsable civil, de un
derecho de crédito, bien a título de culpa, bien por la simple existencia de una res-
ponsabilidad objetiva que pudiera surgir con ocasión de la comisión de un delito
[GIMENO SENDRA, Vicente. Ibídem, p. 181]. Dicho de otro modo, en palabras
de San Martín Castro, se define al actor civil como aquella persona que puede ser
el agraviado o sujeto pasivo del delito, es decir quien directamente ha sufrido un
daño criminal y, en defecto de él, el perjudicado, esto es, el sujeto pasivo del daño
indemnizable o el titular del interés directa o inmediatamente lesionado por el
delito, que deduce expresamente en el proceso penal una pretensión patrimonial
que trae a causa de la comisión de un delito [Derecho Procesal Penal. 2ª edición,
Editorial Grijley, Lima, 2003, p. 259].
El artículo 98 del Código Procesal Penal prevé la constitución del actor civil y sus
derechos. Esta figura legal está regulada en la Sección IV ‘El Ministerio Público y

196
Sujetos procesales

los demás sujetos procesales’, Título IV ‘La Víctima’, Capítulo II ‘El Actor Civil’
del Libro Primero ‘Disposiciones Generales’. Prescribe la citada norma que: ‘La
acción reparatoria en el proceso penal solo podrá ser ejercitada por quien resulte
perjudicado por el delito, es decir, por quien según la Ley civil esté legitimado para
reclamar la reparación y, en su caso, los daños y perjuicios producidos por el delito’.
El citado artículo 98 del Código Procesal Penal establece como premisa inicial que
el actor civil es el titular de la acción reparatoria, y luego precisa que esta acción
solo podrá ser ejercitada por quien resulte perjudicado del delito. No debe olvi-
darse que la naturaleza de la acción reparatoria es fundamentalmente patrimonial
y es por ello la denominación del titular de ella: ‘actor civil’.
Este deberá, en primer término, sustentar en el proceso cómo es que ha sido perju-
dicado por la conducta imputada al investigado y cómo el daño sufrido puede ser
resarcido. Si bien en muchos casos se admite que hay un componente moral en la
colaboración del actor civil en el proceso a fin de aportar con elementos que per-
mitan probar la comisión del ilícito, lo cierto es que todas las facultades de este
apuntan formalmente a la acreditación, aseguramiento y pago de una reparación
civil” (Salas Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario N° 5-2011/
CJ-116, del 6 de diciembre de 2011, considerandos 11-13).
“El Código Procesal Penal establece que el ejercicio de la acción civil derivada
del hecho punible corresponde al Ministerio Público y, especialmente, al perju-
dicado por el delito. Además, estipula que, si este último se constituyó en actor
civil, cesa la legitimación del Ministerio Público para intervenir en el objeto civil
del proceso: artículo once, apartado uno del citado Código. En tal virtud, la par-
ticipación del Ministerio Público será por sustitución, esto es, representa un inte-
rés privado. Por ello, su intervención cesa definitivamente cuando el actor civil
se apersona al proceso.
Se define al actor civil como aquella persona que puede ser el agraviado o sujeto
pasivo del daño indemnizare o el titular del interés directa o inmediatamente
lesionado por el delito, que expresará una pretensión patrimonial en el proceso
penal” (Sala Penal Permanente. Casación N° 1437-2017-Cusco, del 2 de agosto
de 2018, considerando 13).

242 ¿Cuáles son los requisitos para constituirse en actor civil?


“Ahora bien, para poder constituirse en actor civil (el agraviado que actúa
procesalmente para hacer valer su derecho a la reparación civil por el daño cau-
sado con el delito) deben reunirse los requisitos puntualizados en el artículo 100
del Código Procesal Penal. En efecto, ocurre que el citado cuerpo de leyes ha esta-
blecido lo siguiente:
1. La solicitud de constitución en actor civil se presentará por escrito ante el
Juez de la Investigación Preparatoria.

197
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

2. Esta solicitud debe contener, bajo sanción de inadmisibilidad:


a) Las generales de Ley de la persona física o la denominación de la per-
sona jurídica con las generales de Ley de su representante legal;
b) La indicación del nombre del imputado y, en su caso, el tercero civil-
mente responsable, contra quien se va a proceder;
c) El relato circunstanciado del delito en su agravio y exposición de las
razones que justifican su pretensión; y
d) La prueba documental que acredita su derecho conforme al artículo 98.
Como se advierte del parágrafo precedente, si bien se está frente a una pre-
tensión de índole resarcitoria, la Ley procesal exige que el perjudicado –que
ejerce su derecho de acción civil– precise específicamente el quántum indem-
nizatorio que pretende. Ello conlleva a que individualice el tipo y alcance de
los daños cuyo resarcimiento pretende y cuánto corresponde a cada tipo de
daño que afirma haber sufrido. Con esta medida la norma procesal persigue
dar solución a un problema sumamente grave en nuestro ordenamiento judicial,
pues con el transcurrir del tiempo la práctica tribunalicia revela que los mon-
tos dinerarios que se establecen por concepto de reparación civil en sede penal
son relativamente menores y no guardan relación ni proporción con el hecho
que forma parte del objeto procesal” (Salas Penales Permanente y Transito-
ria. Acuerdo Plenario N° 5-2011/CJ-116, del 6 de diciembre de 2011, consi-
derandos 14 y 15).
“Ahora bien, para poder constituirse en actor civil (el agraviado que actúa
procesalmente para hacer valer su derecho a la reparación civil por el daño cau-
sado con el delito) debe reunir los requisitos puntualizados en el artículo cien del
Código Procesal Penal. En efecto, se ha establecido lo siguiente:
14.1. La solicitud de constitución en actor civil se presentará por escrito ante el
Juez de la Investigación Preparatoria.
14.2. Esta solicitud debe contener, bajo sanción de inadmisibilidad:
a) Las generales de Ley de la persona física o la denominación de la per-
sona jurídica con las generales de Ley de su representante legal;
b) La indicación del nombre del imputado y, en su caso, el tercero civil-
mente responsable, con quien se va a proceder;
c) El relato circunstanciado del delito en su agravio y exposición de las
razones que justifican su pretensión; y
d) La prueba documental que acredita su derecho conforme al artículo
noventa y ocho” (Sala Penal Permanente. Casación N° 1437-2017-
Cusco, del 2 de agosto de 2018, considerando 14).
“Según el artículo 11 del CPP, el ejercicio de la acción civil corresponde al Minis-
terio Público y especialmente al perjudicado por el delito. Esta disposición debe

198
Sujetos procesales

ser concordada con el artículo 98 del CPP, que efectúa una remisión a la ley civil
a efectos de determinar quién es el legitimado para reclamar la reparación y, en
su caso, los daños y perjuicios producidos por el delito.
En cuanto a los requisitos para constituirse en actor civil, se encuentran fijados
en el artículo 100 del CPP, y son los siguientes: i) las generales de Ley de la per-
sona física o la denominación de la persona jurídica con las generales de Ley de
su representante legal; ii) la indicación del nombre del imputado y, en su caso,
del tercero civilmente responsable, contra quien se va a proceder; iii) el relato cir-
cunstanciado del delito en su agravio y exposición de las razones que justifican
su pretensión; y, iv) la prueba documental que acredita su derecho, conforme al
artículo 98 del CPP.
En el fundamento 15 del Acuerdo Plenario N° 05-2011/CJ-116, se desarrolla lo
concerniente a la constitución en actor civil, reiterando los jueces de las Salas
Penales de la Corte Suprema lo establecido en el artículo mencionado, en el cual
además se requiere que se precise específicamente el quantum indemnizatorio
que se pretende, lo que conlleva a que se individualice el tipo y el alcance de los
daños, cuyo resarcimiento pretende, y cuanto corresponde a cada tipo de daño
que afirma haber sufrido. Señalan que con esta medida la norma procesal persi-
gue dar solución a un problema sumamente grave en nuestro ordenamiento judi-
cial, pues los montos dinerarios que se establecen por conceptos de reparación
civil en sede penal son relativamente menores y no guardan relación ni propor-
ción con el hecho que forma parte del objeto procesal” (Sala Penal Nacional de
Apelaciones Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios. Exp.
N° 00011-2017-7-5201-JR-PE-03, Resolución N° 03, del 7 de agosto de 2017,
considerandos 8-10).

243 ¿
El presuntamente perjudicado por el delito debe acreditar legitimi-
dad para constituirse en actor civil?
“En cuanto al cuestionamiento del literal d), inciso 2, artículo 100 del CPP se tiene
que esta disposición regula uno de los requisitos de admisibilidad de la constitu-
ción en actor civil, exigiendo que la solicitud contenga: ‘La prueba documental que
acredita su derecho, conforme al artículo 98’. A criterio de la defensa del impu-
tado Salazar Delgado, la solicitud de actor civil debe acompañar ‘prueba docu-
mental que acredite el daño sufrido por el perjudicado por el delito’, criterio que
no compartimos, pues dicha interpretación rebasa el sentido de la norma. Y es
que, en efecto, en una interpretación sistemática del artículo 98 y la disposición
en comentario, ambas del CPP, permite arribar a la conclusión de que la prueba
documental que se exige, se refiere a la acreditación de la legitimidad del presun-
tamente perjudicado por el delito para reclamar la reparación civil” (Sala Penal
Nacional de Apelaciones Especializada en Delitos de Corrupción de Funciona-
rios. Exp. N° 00011-2017-7-5201-JR-PE-03, Resolución N° 03, del 7 de agosto
de 2017, considerando 15).

199
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

244 ¿
La constitución en actor civil se encuentra únicamente referida a la
reparación civil?
“[L]a constitución como actor civil no se encuentra referida únicamente a la pre-
tensión civil, dado que el así constituido en responsable, representación de los
intereses del Estado, también debe colaborar en el esclarecimiento de los hechos
sometidos a proceso, y aportar elementos que permitan demostrar la comisión
delictiva y la magnitud del daño causado, por lo que se requiere que el Procura-
dor Público participe activamente durante el desarrollo de las etapas del proceso
penal y haga valer, responsablemente, el derecho de impugnar, para no saturar
innecesariamente a los órganos judiciales y no judiciales del sistema penal” (Salas
Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario N° 4-2012/CJ-116, del 24
de enero de 2013, considerando 16).

245 ¿Cuál es la oportunidad para constituirse en actor civil?


Otro de los problemas recurrentes que es del caso abordar en el presente Acuerdo
Plenario es el relativo a la oportunidad para constituirse en actor civil. El artículo
101 del Código Procesal Penal expresa que la constitución en actor civil deberá
efectuarse antes de la culminación de la Investigación Preparatoria. En este punto
lo que cabe dilucidar es si la petición de constitución en actor civil puede hacerse
en la fase de diligencias preliminares –que integra la investigación preparato-
ria–, o si resulta necesario que se haya formalizado la continuación de la Inves-
tigación Preparatoria.
Es de descartar la primera posibilidad fundamentalmente porque, como bien se
sabe, al momento que se vienen realizando las diligencias preliminares el Minis-
terio Público aún no ha formulado la inculpación formal a través de la respectiva
Disposición Fiscal; esto es, no ha promovido la acción penal ante el órgano juris-
diccional, por lo que mal podría acumularse a ella una pretensión resarcitoria en
ausencia de un objeto penal formalmente configurado. Por lo demás, debe que-
dar claro que con la formalización de la Investigación Preparatoria propiamente
dicha el Fiscal recién ejerce la acción penal, acto de postulación que luego de ser
notificado al Juez de la Investigación Preparatoria (artículos 3 y 336.3 del Código
Procesal Penal) permite el planteamiento del objeto civil al proceso penal incoado
(Salas Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario N° 5-2011/CJ-116,
del 6 de diciembre de 2011, considerandos 16 y 17).

246 ¿
Es necesario que el agraviado se haya constituido en actor civil para
exigir la ejecución o pago de la reparación civil fijada en una sentencia?
“Que, en efecto, como ya ha sido establecido por esta Suprema Sala al amparar el
presente recurso de queja, no hace falta que la víctima, declarada así por senten-
cia firme de condena, haya estado previamente constituida en parte civil desde el
proceso penal declaratorio de condena para intervenir en el proceso de ejecución y,
como tal, participar en su desarrollo con la finalidad de garantizar el cumplimiento

200
Sujetos procesales

de la reparación civil fijada a su favor; que la constitución en parte civil del agra-
viado solo tiene sentido, desde una perspectiva de tutela su derecho de partici-
pación procesal, en tanto persiga una concreta indemnización o reparación civil,
que solo una sentencia firme de condena puede estipular (…); que declarado judi-
cialmente el derecho indemnizatorio de la víctima no puede limitarse y, menos,
exigirse al agraviado que con anterioridad se haya constituido en parte civil, pues
ello vulneraria –como se hizo– el derecho constitucional a la tutela jurisdiccional
(ver: artículo ciento treinta y nueve, apartado tres de la Ley Fundamental), que
garantiza el acceso a los Tribunales a toda persona en resguardo de sus derechos
e intereses legítimos; que a ello tampoco obsta que el agraviado haya promovido
un juicio civil, en tanto que no está discusión la determinación del monto de la
reparación civil sino su cobro efectivo, respecto del cual, por cierto, debe tenerse
en cuenta lo declarado y ejecutado en sede civil” (Sala Penal Permanente. R.N.
N° 1538-2005-Lima, del 20 de junio de 2005, considerando 4).

247 ¿
Se puede fijar una reparación civil en la sentencia aun cuando el
agraviado no se haya constituido en actor civil?
“Por un lado, si bien, en el presente caso el actor civil –los representantes lega-
les o herederos legales del agraviado– no se han constituido en Parte Civil, esto
no constituye a prima fase un obstáculo para negar la fijación de la misma en la
sentencia, pues, el NCPP ha previsto que ante la no constitución del Actor Civil
como sujeto procesal, el Fiscal en su formulación de acusación solicitará el monto
de la reparación civil, esto de conformidad con el artículo trescientos cuarenta y
nueve, literal ‘G’, del citado Código adjetivo; esta lógica procesal, implica que la
legitimidad de constitución de Actor Civil, en primer orden es del actor civil, y
en segundo orden, es secundaria y le corresponde al Ministerio Público” (Sala
Penal Permanente. Casación N° 164-2011-La Libertad, del 14 de agosto de
2012, considerando 5.4.1).

248 ¿
Cuál es la normativa que reconoce la legitimidad de los procuradores
públicos para constituirse en actor civil para la defensa de los intere-
ses estatales?
“En el caso de los delitos materia de nuestra competencia, es la constitución y
la normativa de desarrollo, la que reconoce a los procuradores públicos la legiti-
midad para ejercer la defensa de los intereses estatales. Y en ese sentido, la Pro-
curaduría Pública ad hoc, en su pedido de constitución en actor civil, acompañó
copia de la Resolución Suprema N° 029-2017-JUS, que resuelve designar a la abo-
gada Katherine Milagros Ampuero Meza, como Procuradora Pública ad hoc para
que ejerza la defensa jurídica del Estado en los procesos de corrupción de fun-
cionarios y lavado de activos, y otros conexos en que habría incurrido la empresa
Odebrecht y otras. Por lo que no se ha afectado el principio de legalidad” (Sala
Penal Nacional de Apelaciones Especializada en Delitos de Corrupción de Fun-
cionarios. Exp. N° 00011-2017-7-5201-JR-PE-03, Resolución N° 03, del 7 de
agosto de 2017, considerando 16).

201
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

249 ¿Cuáles son las facultades que tiene el actor civil en el proceso penal?
“El artículo ciento cuatro del Código Procesal Penal establece que las facultades
del actor civil son: deducir la nulidad de actuados, ofrecer medios de investiga-
ción y de prueba, participar en los actos de investigación y de prueba, participar
en los actos de investigación y de prueba, intervenir en el juicio oral, interponer
los recursos impugnatorios que la Ley prevé; correspondiendo precisar sin per-
juicio de aquellos derechos, también le son atribuidos los derechos que le asiste al
agraviado; así, tenemos que el articulo noventa y cinco de la citada norma señala
como derechos –entre otros e su inciso d)– impugnar el sobreseimiento y la sen-
tencia absolutoria.
De lo anotado precedentemente, se tiene que existe una definición clara del rol pro-
tagonista que le corresponde al actor civil. Esta línea jurisprudencial se plasmó en
la Casación N° 353-2011-Arequipa, del cuatro de junio de 2013, que en su funda-
mento jurídico 4.5, señala que: ‘(…) el agraviado del delito se encuentra en con-
diciones de ser un protagonista del proceso penal, encontrándose facultado por el
Código Procesal Penal para participar activamente en el desarrollo del proceso,
siendo necesario que el agraviado actúe con todos los derechos y garantías que le
aseguran la satisfacción de su pretensión (…)’; por consiguiente, no existe duda
que al actor civil le asiste el derecho de apelar en resguardo de sus intereses pues
bajo ese contexto legitimado para impugnar la sentencia absolutoria” (Sala Penal
Permanente. Casación N° 413-2014-Lambayeque, del 7 de abril de 2015, con-
siderandos 17 y 18).

VIII. EL TERCERO CIVIL

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 111, 112, 113.

250 ¿
Cuáles son los requisitos que se deben cumplir para que una persona
sea considerada como tercero civil?
“Que para ser considerado tercero civil responsable de un hecho delictivo que causó
daño a una persona se requiere: a) que el responsable directo esté en una relación
de dependencia –este no ha debido actuar según su propio arbitrio, sino sometido,
aunque sea potencialmente, a la dirección y posible intervención del tercero–; y,
b) que el acto generador de la responsabilidad haya sido cometido por el depen-
diente –en este caso, por el imputado Alfaro Luque– en el desempeño de sus obli-
gaciones y servicios” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 705-2018-Huancavelica,
del 17 de mayo de 2018, considerando 6).
“Es decir, el Código Procesal Penal citado, contiene como presupuestos para ser
considerado como tercero civilmente responsable, lo siguiente: a) Acreditar la
existencia de responsabilidad civil generada como consecuencia del delito. b) La

202
Sujetos procesales

responsabilidad debe tenerla conjuntamente con el imputado, lo que significa, la


necesidad de su vínculo jurídico con el imputado.
Respecto al primero, debe precisarse que el fundamento de la responsabilidad
civil, que genera la obligación de reparar, es la existencia de un daño de natura-
leza civil, causado por un ilícito penal, que no puede identificarse como ofensa
penal. De ahí que, el daño civil debe entenderse como aquellos efectos negativos
que derivan de la lesión de un interés protegido. En este sentido, como lo señaló la
Corte Suprema a través del Recurso de Nulidad número mil novecientos sesenta y
nueve-dos mil dieciséis, en su fundamento jurídico vigésimo: ‘La reparación civil
abarca el resarcimiento del daño y la indemnización de los perjuicios materiales
y morales, cuya funcionalidad debe corresponderse con las consecuencias direc-
tas y precisas que el delito generó a la víctima, por lo que su estimación debe ser
proporcional al daño causado’.
Ahora bien, para determinar la existencia de la responsabilidad civil y que esta
recaiga sobre el imputado o sobre el tercero civilmente responsable, se deben pre-
sentar los siguientes elementos: a) El hecho causante del daño está constituido
por la conducta del agente, que en su accionar afectó al bien jurídico. b) El daño o
perjuicio. c) Relación de causalidad, que se constituye en el nexo o vínculo exis-
tente entre la acción y el resultado. Producido el daño o constatada su materiali-
dad, es necesario determinar si existió un causante. d) Factores de atribución de
responsabilidad, subjetivos (dolo y culpa) y objetivos (riesgo y peligro creados)”
(Segunda Sala Penal Transitoria. Casación N° 67-2017-Lima, del 11 de julio
de 2017, considerandos 19-21).

251 ¿Cómo se entiende el criterio del vínculo jurídico entre el imputado y una
persona, para que esta sea incorporada como tercero civil responsable?
“[P]ara incorporar a una persona como tercero civilmente responsable, es necesaria
la existencia de un vínculo jurídico con el imputado. Ahora bien, este vínculo jurí-
dico, es interpretado desde la normativa prevista en el Código Civil, contenida en
el artículo mil novecientos ochenta y uno, que prevé lo siguiente: ‘aquel que tenga
a otro bajo sus órdenes, responde por el daño causado por este último, si ese daño
se realizó en el ejercicio de su cargo o en cumplimiento del servicio respectivo’.
Esta figura regula la denominada responsabilidad vicarial; constituida como un
criterio de imputación, para definir la relación que existe entre el responsable y el
sujeto que causó el daño; en este sentido, puede afirmarse que existe un vínculo
jurídico cuando se presenta: a) Una relación de subordinación del tercero. b) Que
el subordinado cause daños. c) Que el daño se realice en el ejercicio de un cargo
o en cumplimiento del servicio respectivo. De ahí, que como lo afirma un sector
de la doctrina ‘la norma solo ha sido concebida para los casos en que, el actuar ilí-
cito ha sido realizado por una persona que se encuentra bajo las órdenes de otra,
ejecutando solo las decisiones de esta última’” (Segunda Sala Penal Transito-
ria. Casación N° 67-2017-Lima, del 11 de julio de 2017, considerandos 22 y 23).

203
CAPÍTULO IV

LA ACCIÓN EN EL
PROCESO PENAL
CAPÍTULO IV

LA ACCIÓN EN EL PROCESO PENAL

I. LA ACCIÓN PENAL

Base legal Constitución Política: art. 159.


Código Procesal Penal de 2004: arts. IV, 1, 2.

I.1. Titular de la acción penal

252 ¿Quién ejerce la titularidad de la acción penal?


“[A]corde con el inciso uno del artículo ciento treinta y nueva de la Constitución
Política del Estado, la titularidad de la acción penal corresponde al Fiscal, pues es
el perseguidor público o requirente de la acción penal, a través del cual se garan-
tiza una función acusadora imparcial y objetiva, independiente del Órgano judicial.
Precisamente, el principio acusatorio supone, entre otros aspectos, la atribución
de la función acusadora a un órgano distinto al Órgano Jurisdiccional. Es decir, la
separación de funciones y roles entre los órganos públicos encargados de acusar
(Fiscales) y los encargados de juzgar y decidir la causa penal (Jueces); (…) el Fis-
cal (…) normativamente está obligado a que la hipótesis que postula como cargo
criminal –el hecho como probabilidad– debe ‘contener el conjunto de elementos
fácticos que dan vida al delito, a su grado de participación, al grado de desarro-
llo, a las circunstancias agravantes o cualificativas del tipo, ya que son estos ele-
mentos de hecho de los que se deriva la concreta responsabilidad’ (…); de ahí la
exigencia que estos deban ser expuestos en forma explícita, delimitada, expresa
e individualizada (propia), no implícita, por tanto se requiere al representante del
Ministerio Público que: i) postule un hecho con contenido penal; ii) efectúe la cali-
ficación del mismo (tipo penal); iii) establezca cuál es el nexo de causalidad entre
los elementos fácticos y el tipo penal que incrimina; y, iv) determine la acción
que el agente realizó y resultó idónea para concretar o coadyuvar la consumación
o materialización del delito, describiendo, para ello, siempre a título de hipótesis,
qué actos fueron efectivos y adecuados para que cometiera el delito y qué tipo de
conducta llevó a cabo: activa, neutra o de ayuda” (Sala Penal Transitoria. R.N.
N° 1299-2011-Loreto, del 6 de marzo de 2012, considerando 6).
“En el proceso penal peruano la titularidad de la promoción de la acción penal
–que se concreta en la expedición de la disposición de formalización y continua-
ción de la investigación preparatoria– corresponde en exclusiva en los delitos
públicos a la Fiscalía –que es un derecho-deber del Ministerio Público–, y en los
delitos privados al perjudicado por el delito. El ciudadano frente a la comisión de

207
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

delitos públicos sólo tiene un derecho de petición, debidamente reglado, de acudir


al Ministerio Público para dar cuenta de la notitia criminis” (Salas Penales Per-
manente y Transitoria. Acuerdo Plenario N° 5-2011/CJ-116, del 6 de diciem-
bre de 2011, considerando 9).

I.2. El principio de oportunidad

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 1, 2.

253 ¿En qué consisten los acuerdos reparatorios?


“Atento a los motivos casacionales, especialmente, primero, en cuanto a una correcta
interpretación del artículo 2, incisos 6 y 7 del Código Procesal Penal, referidos a la
postulación de acuerdos reparatorios una vez iniciada la Investigación preparato-
ria, se debe señalar lo siguiente: El proceso penal es un conjunto de actos tendien-
tes a la investigación y esclarecimiento de hechos punibles con el fin de determinar
la responsabilidad penal de las personas involucradas en tales delitos y establecer
su culpabilidad o reiterar su inocencia. Dentro de esta finalidad se han introdu-
cido figuras, que anteriormente no habían sido consideradas tendientes a colabo-
rar con los principios que rigen al derecho procesal penal, permitiendo la celeri-
dad y economía procesal, así como una mayor humanización dentro del proceso.
Así que se han incorporado mecanismos en los cuales las víctimas pueden ejerci-
tar derechos que conlleven a una solución justa de su caso. Es decir, se tiende al
reconocimiento más amplio del derecho de las víctimas en el sistema de justicia
penal. Bajo estos lineamientos, se inscribe el Acuerdo reparatorio regulado en el
artículo 2 incisos 6 y 7 del Código Procesal Penal, como una fórmula alternativa
de solución de conflictos ‘que busca la reparación de la víctima en determina-
dos supuestos en los que sea posible’. Este acuerdo, viene a constituirse como un
mecanismo legal, que solo responde a sus demandas o necesidades reales de jus-
ticia frente a la afectación de sus derechos y bienes jurídicos protegidos, así como
el daño causado; además, pretende la evitación de un daño mayor, como resultado
directo del proceso mismo o de la posible actuación negligente de las institucio-
nes del sistema de administración de justicia, a efecto de no incurrir en la llamada
re-victimización institucional, como puede producirse a consecuencia de un pro-
ceso penal prolongado u oneroso –a pesar de la gratuidad, si se tiene en cuenta
los recursos empleados, tales como: legales, tiempo, emocionales, etc.–, o de cir-
cunstancias que conlleve a la víctima a revivir situaciones traumáticas, entre otras.
Por su parte en el ámbito internacional, los ‘Principios y directrices básicos sobre
el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales
de derechos humanos y de violaciones graves del derecho internacional huma-
nitario a interponer recursos y obtener reparaciones’, establece que las víctimas
merecen una reparación plena bajo cinco formas, tales como: restitución, indem-
nización, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición.

208
La acción en el proceso penal

Estas figuras alternativas a la prosecución del proceso, se conciben como modos


de autocomposición procesal, que tienen la misma eficacia que la sentencia, pero
se originan en la voluntad de las partes (fiscal, investigado y/o víctima), o bien en
la declaración unilateral de una de ellas; que al igual, que la solución judicial de
la litis, por el Juez, existe la solución convencional por el cual, las partes elevan
directamente ante el Juez sus respectivas peticiones, para poner fin al proceso,
con el efecto de cosa juzgada propio de la sentencia.
Estos medios alternativos a la prosecución del proceso son consideradas como for-
mas anticipadas de solución del proceso penal y definidas como situaciones que
ponen fin al juzgamiento antes de la sentencia, dentro de las que se encuentran el
principio de oportunidad y los acuerdos reparatorios.
Los Acuerdos reparatorios se han introducido con el cambio del ordenamiento
procesal. Se consideran, como una forma de autocomposición procesal de las par-
tes, en la cual se afecta menos la integridad personal y se evita la estigmatización
del imputado y se ofrece a la víctima una respuesta de tipo económica que, de
alguna manera, le permite subsanar el derecho vulnerado, catalogado en una
norma, como delito.
En este sentido, deben ser entendidos como un convenio, que se puede celebrar,
entre quien sea víctima de un delito y la persona a quien se le impute participación
en dicho delito (imputado), con el objeto de que el segundo, se obligue a satisfacer
la responsabilidad civil proveniente de dicho delito, vale decir, que el imputado
se obligue a pagar los daños materiales y morales, y los perjuicios que su acción
delictiva haya acarreado. La manifestación de la voluntad debe ser libre y cons-
ciente, entre el imputado y la víctima, por medio del cual, los mismos llegan a
una solución sobre el daño causado por el hecho punible, mediante la restitución,
la reparación del daño causado a la indemnización de perjuicios, que son someti-
dos a la jurisdicción del Juez para que los apruebe o rechace antes de la sentencia
definitiva” (Sala Penal Permanente. Casación N° 437-2012-San Martín, del 19
de setiembre de 2013, considerando 10).

254 ¿Cuál es la naturaleza jurídica de los acuerdos reparatorios?


“La naturaleza jurídica de estos tipos de Acuerdos, es que son convenios de carác-
ter consensual, bilateral, que se encuadra bajo los principios de celeridad y eco-
nomía procesal, en donde prevalece la auto disposición de las partes y existe una
mínima intervención del Estado” (Sala Penal Permanente. Casación N° 437-
2012-San Martín, del 19 de setiembre de 2013, considerando 10).

255 ¿Qué sujetos pueden postular un acuerdo reparatorio?


“En este contexto, cuando en el artículo 2, incisos 6 y 7 del Código Procesal Penal,
regula el acuerdo reparatorio, dada su finalidad y naturaleza, una vez iniciada la
etapa de investigación preparatoria, se debe entender que este mecanismo puede
ser postulado por el inculpado o por la victima (conforme a la forma prevista en

209
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

el citado artículo, inciso 3, parte in fine, ‘acuerdo entre el imputado y la víctima,


que conste en instrumento público o documento privado legalizado’) de forma
directa ante el Juez de la Investigación Preparatoria, especialmente, porque el pro-
pósito del acuerdo reparatorio radica en el interés de la víctima y el imputado en
celebrar el acuerdo reparatorio, cuyo objeto es la resolución alternativa del con-
flicto surgido, indemnizándose a la víctima con una justa reparación, además de
lograrse la extinción de la acción penal, que por razones de economía procesal,
constituye una solución para evitar un proceso largo y costoso.
Esta petición, planteada por el imputado y agraviado, debe ser necesariamente
trasladada al Fiscal Provincial, a cargo de la investigación preparatoria, para que
con su opinión de conformidad u oponibilidad, el Juez de la Investigación prepa-
ratoria, sin necesidad de audiencia de acuerdo –en tanto, son las partes quienes
lo han celebrado– expida la resolución correspondiente, quien, no solo homolo-
gará el acuerdo, sino que deberá examinar, evaluar y realizar un análisis que com-
prenda el cumplimiento de los requisitos que contempla la ley, además y de forma
primordial, que quienes concurran al acuerdo, hayan prestado su consentimiento
en forma libre, y voluntaria con pleno conocimiento de sus derechos, y que efec-
tivamente se está en presencia en el contexto de la imputación de un hecho puni-
ble, de los señalados en el artículo 2 en comento, inciso 6, del indicado Código
Procesal, y de cualquier otra situación que directa o paralelamente tenga inciden-
cia dentro de los fines que justifican la existencia de dicho convenio para su pos-
terior homologación.
No obstante, lo señalado respecto al traslado necesario al despacho del señor Fis-
cal Provincial, en el presente caso, en atención a que, tanto el Fiscal Provincial de
la Investigación Preparatoria y el Fiscal Superior se encuentran de acuerdo con
el sobreseimiento, y además a, que el representante del Ministerio Público es el
que interpuso este recurso d casación, consideramos que por economía y celeri-
dad procesal, este trámite, debe entenderse por cumplido.
En esta línea de ideas, queda claro que el imputado como la víctima, una vez pro-
movida la acción penal, tienen legitimidad material como procesal para postu-
lar el sobreseimiento en base al acuerdo, porque de un lado, el imputado pretende
extinguir la responsabilidad penal, y del otro, la víctima al recurrir al sistema de
justicia criminal busca obtener algún tipo de reparación o compensación de los
daños causados por el delito que ha sido objeto.
Esta posición reposa no solo en las consideraciones antes expuestas, sino también,
en la habilitación legal contendida en el artículo 330, inciso d), respecto a que los
sujetos procesales pueden peticionar el sobreseimiento del proceso. Distinta es la
legitimidad para solicitar el sobreseimiento teniendo como presupuesto el retiro
o desistimiento del ejercicio de la acción penal, respecto a la cual, qué duda cabe,
que recae única y exclusivamente en el representante del Ministerio Público.

210
La acción en el proceso penal

Por todo lo cual se concluye, que la postura del procesado César Vicente Horna
Tirado, en postular de forma directa ante el Juez de la investigación preparatoria
el acuerdo reparatorio es válido y acorde con la finalidad y naturaleza del mismo,
sin que se le sea exigiéndole una finalidad determinada, más que el consenso con
la víctima de resarcirle el daño en la forma y el modo que ellos pacten, pues el pro-
nunciamiento de retiro de las consecuencias jurídicas penales por el hecho delic-
tivo corresponden tanto al Fiscal Provincial como al Juez encargado de resolver
el pedido” (Sala Penal Permanente. Casación N° 437-2012-San Martín, del 19
de setiembre de 2013, considerando 10).

II. LA ACCIÓN CIVIL

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 11, 12, 13, 14, 15, 98, 102,104, 106.

256 ¿En qué consiste la reparación civil?


“La reparación civil, entonces, es una de las consecuencias jurídicas del delito, que
impone, conjuntamente con la pena, a la persona responsable de la comisión de un
delito, con la finalidad de resarcir el daño ocasionado a la víctima, en razón de res-
tituirle al status anterior al desarrollo del suceso delictivo, conforme lo establece el
artículo 93 del Código Penal” (Juzgado Supremo de Investigación Preparatoria.
Cuaderno Terminación Anticipada N° 07-2018-“02”, Sentencia de Terminación
Anticipada, Resolución Nº 5, del 27 de noviembre de 2018, considerando 15).
“(…) La reparación civil importa el resarcimiento del bien o indemnización por
quien produjo el daño delictivo cuando el hecho afectó los intereses particulares
de la víctima. Que conforme lo estipulado por el artículo 93 del Código Penal, la
reparación comprende: a) la restitución del bien o, si no es posible, el pago de su
valor, y b) la indemnización de daños y perjuicios.
La reparación civil no es una pena. Así pues, esta es la responsabilidad civil arro-
gada al autor del delito frente a quien soporta las consecuencias económicas de
su acto delictivo. Lo que nos interesa en el caso concreto es el segundo supuesto
señalado, es decir, que la reparación comprende también la indemnización por
daños y perjuicios. En este caso, resulta oportuno considerar lo que dispone el
artículo 101 del Código Penal que señala: ‘La reparación civil se rige, además,
por las disposiciones pertinentes del código Civil’. La indemnización por daños
y perjuicios es la reparación civil a favor del agraviado, esto es el derecho que
tiene la víctima sobre el autor de una conducta dañosa a que este reparte las con-
secuencias dañosas del delito” (Juzgado Supremos de Instrucción de la Corte
Suprema. Ejecución de Sentencia N° 00011-2001-0-5001-SU-PE-01, del 15 de
octubre de 2018, considerandos 4 y 5).

211
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

257 ¿
Cuál es la naturaleza jurídica de la reparación civil tramitada en
sede penal?
“El Código Penal –Título VI, capítulo I, Libro I– regula el instituto de la repa-
ración civil. El Código Procesal penal –Libro I, Sección II–, por su parte, pres-
cribe el procedimiento necesario para su persecución eficaz. Con independencia
de su ubicación formal, la naturaleza jurídica de la reparación civil es incuestio-
nablemente civil, y que aun cuando exista la posibilidad legislativamente admi-
tida de que un Juez Penal pueda pronunciarse sobre el daño y su atribución, y
en su caso determinar el quantum indemnizatorio –acumulación heterogénea de
acciones–, ello responde de manera exclusiva a la aplicación del principio de eco-
nomía procesal. Gimeno Sendra sostiene, al respecto, que cuando sostiene que el
fundamento de la acumulación de la acción civil a la penal derivada del delito es
la economía procesal, toda vez que dicho sistema permite discutir y decidir en un
solo proceso, tanto la pretensión penal, como la pretensión civil resarcitoria que
pudiera surgir como consecuencia de los daños cometidos por la acción delictuosa
y que, de ser decidida con absoluta separación en un proceso civil produciría mayo-
res gastos y dilaciones al perjudicado por el delito, debido a la onerosidad, lenti-
tud e ineficacia de nuestro ordenamiento procesal civil (Derecho Procesal Penal.
2ª ed., Editorial Colex, Madrid, 2007, p. 257).
(…)
Como se advierte, nuestro sistema procesal penal se ha adherido a la opción de
posibilitar la acumulación de la pretensión resarcitoria, de naturaleza civil, en el
proceso penal. En tal sentido Gómez Colomer expresa que, una vez aceptada la
existencia de la permisibilidad de la acumulación al proceso penal de uno civil,
toca determinar el objeto del proceso civil acumulado, que no es otro que la pre-
tensión y la resistencia, siendo el contenido de la referida pretensión, casi siempre
de naturaleza patrimonial (Derecho Jurisdiccional III. Proceso Penal. El objeto
del proceso. 12ª ed., Editorial Tirant lo Blanch, Valencia, 2003, p. 110). En otras
palabras, la acumulación de la acción civil al proceso penal, responde sencilla-
mente a un supuesto de acumulación heterogénea de pretensiones, con fines pro-
cesales estrictos. Esta tendencia encuentra un beneficio en el hecho de que, con el
menor desgaste posible de jurisdicción, se pueda reprimir el daño público causado
por el delito y reparar el daño privado ocasionado por el mismo hecho” (Salas
Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario N° 5-2011/CJ-116, del 6
de diciembre de 2011, considerandos 8 y 10).
“De esta manera, al emitirse una sentencia penal el Juzgador está obligado a pro-
nunciarse sobre la responsabilidad penal del agente y su respectiva responsabi-
lidad civil, las cuales fundamentan la imposición de una pena y la fijación de una
reparación civil, respectivamente. No obstante, resulta necesario precisar que la
responsabilidad penal y civil posee una naturaleza jurídica diferente, pese a tener
un presupuesto común que ocasiona la vulneración de un bien jurídico, el mismo
que normativamente infringe una norma penal y fácticamente ocasiona un daño a

212
La acción en el proceso penal

la víctima y/o perjudicado. De esta manera, resulta prudente señalar que no toda
responsabilidad penal genera una responsabilidad civil y viceversa, por lo que,
es necesario que en el caso concreto se analice las responsabilidades –penales y
civiles– que concurren en el acto ilícito del agente justiciable. Al respecto, corres-
ponde precisar que la responsabilidad civil es ‘como una técnica de tutela (civil)
de los derechos (u otras situaciones jurídicas) que tiene por finalidad imponer al
responsable (no necesariamente el autor) la obligación de reparar los daños que
este ha ocasionado’ –ESPINOZA ESPINOZA, Juan. Derecho de la responsabi-
lidad civil. Lima: Editorial Rodhas, 2006, p. 42–.
En ese sentido, la consecuencia jurídica de la responsabilidad civil en nuestra nor-
mativa penal se denomina ‘reparación civil’, que está instaurada en el artículo 92
del Código Penal al establecer que ‘La reparación civil se determina conjunta-
mente con la pena’. La reparación civil, entonces, se constituye como una de las
consecuencias jurídicas del delito, que se impone –conjuntamente con la pena–
a la persona responsable de la comisión de un delito, con la finalidad de resarcir
el daño ocasionado a la víctima, en razón de restituirle al status anterior al desa-
rrollo del suceso delictivo, conforme lo establece el artículo 93 del Código Penal.
En ese sentido, este Supremo Tribunal entiende a la ‘restitución’ como aquella
‘forma de restauración de la situación jurídica alterada por el delito o devolu-
ción del bien, dependiendo del caso, al legítimo poseedor o propietario’ –GUI-
LLERMO BRINGAS, Luis Gustavo. La reparación civil en el proceso penal.
Lima: Pacífico Editores, 2011, p. 94–, siempre que se hayan vulnerado derechos
patrimoniales; asimismo, se entiende por “indemnización de daños y perjuicios”
a la forma de reestabilización de los derechos menoscabados por el delito, siem-
pre que ‘se ha vulnerado derechos no patrimoniales del perjudicado o, incluso,
habiéndose realizado la sustracción del bien’ –GUILLERMO BRINGAS, Luis
Gustavo. La reparación civil en el proceso penal. Lima: Pacífico Editores, 2011,
p. 100–” (Sala Penal Permanente. Casación N° 657-2014-Cusco, del 3 de mayo
de 2016, considerando 11).

258 ¿
Cuál es el principio que, en el proceso penal, sustenta la acumulación
heterogénea de acciones civil y penal?
“[E]l ordenamiento jurídico nacional admite que en el marco del proceso penal
se ejerciten dos acciones de distinta naturaleza: la penal y la civil, orientadas a la
consecución de fines punitivos y reparatorios, respectivamente. Y esto es así, por-
que tratándose del pago de la reparación civil en el proceso penal, la normativa
se rige por el principio de la acumulación heterogénea de acciones, conforme
lo disponen los artículos 92-101 del Código Penal, y 11-15 del CPP. Lo que sus-
tenta esta acumulación es el principio de economía procesal, criterio que ha sido
reiterado jurisprudencialmente por los Acuerdos Plenarios de la Corte Suprema”
(Sala Penal Nacional de Apelaciones Especializada en Delitos de Corrupción
de Funcionarios. Exp. N° 00011-2017-7-5201-JR-PE-03, Resolución Nº 03, del
7 de agosto de 2017, considerando 7).

213
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

259 ¿A quién le corresponde el ejercicio de la acción civil en sede penal?


“El Código Procesal Penal de 2004 establece que el ejercicio de la acción civil
derivada del hecho punible corresponde al Ministerio Público y, especialmente,
al perjudicado por el delito; además, estipula que, si este último se constituye en
actor civil, cesa la legitimación del Ministerio Público para intervenir en el objeto
civil del proceso: artículo 11, apartado 1), del citado código adjetivo. En tal virtud,
la participación del Ministerio Público será por sustitución, esto es, representa un
interés privado. Por ello, su intervención cesa definitivamente cuando el actor civil
se apersona al proceso” (Salas Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Ple-
nario N° 5-2011/CJ-116, del 6 de diciembre de 2011, considerando 7).

260 ¿
Cuál es el fundamento para la imposición de una reparación civil en
sede penal?
“La reparación civil, que legalmente define el ámbito del objeto civil del proceso
penal y está regulada por el artículo 93 del Código Penal, desde luego, presenta
elementos diferenciadores de la sanción penal; existen notas propias y finalidad y
criterios de imputación distintos entre la responsabilidad penal y responsabilidad
civil, aun cuando comparten un mismo presupuesto: el acto ilícito causado por un
hecho antijurídico, a partir del cual surgen las diferencias respecto de su regulación
jurídica y contenido entre el ilícito penal y el ilícito civil. Así las cosas, se tiene
que el fundamento de la responsabilidad, que origina la obligación de reparar, es
la existencia de un daño civil causado por un ilícito penal, el que obviamente no
puede identificarse con ‘ofensa penal’ –lesión o puesta en peligro de un jurídico
protegido, cuya base se encuentra en la culpabilidad del agente– (la causa inme-
diata de la responsabilidad penal y la civil ex delito, infracción/daño, es distinta);
el resultado dañoso y el objeto sobre el que recae la lesión son distintos” (Salas
Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo Plenario N° 6-2006/CJ-116, del
13 de octubre de 2006, considerando 7).
“Al respecto, es preciso traer a colación la disposiciones doctrinales establecidas
en el Acuerdo Plenario Nº 06-2006/CJ-116, de fecha trece de octubre de dos mil
seis, que al respecto, señala: ‘(…) el fundamento de la responsabilidad civil, que
origina la obligación de reparar, es la existencia de un daño civil, el que obvia-
mente no puede identificarse con ‘ofensa penal’ –lesión o puesta en peligro de un
bien jurídico protegido– cuya base se encuentra en la culpabilidad del agente (…)’
[f. j. sétimo]. Acorde con ello, queda claro que el delito, en cuanto hecho lesivo,
constituye también un hecho civilmente relevante que autoriza al agraviado o
afectado a exigir el pago de una reparación civil. Toda acción criminal apareja
no solo la imposición de una sanción punitiva, sino, además, da lugar a una res-
titución y/o indemnización. No es posible tomar en cuenta las posibilidades eco-
nómicas del procesado, sino, únicamente, la afectación sufrida por la víctima en
atención a las lesiones inferidas” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 1969-2016-
Lima Norte, del 1 de diciembre de 2016, considerando 21).

214
La acción en el proceso penal

“Mediante Acuerdo Plenario Nº 1-2005/ESV-22, (…) se estableció como Ejecuto-


ria Suprema Vinculante, el Recurso de Nulidad N°948-2005-Junín (…) que consi-
dero, ‘la naturaleza de la acción civil ex - delito es distinta, (con relación a la pena)
pues tiene como finalidad reparar el daño o efecto que el delito ha tenido sobre
la víctima y, consecuentemente, debe guardar proporción con los bienes jurídico
que se afectan (…)’; que, al respecto, este Tribunal Supremo considera pertinente
precisar además qué la fijación del monto de la reparación civil debe guardar rela-
ción no con el bien jurídico abstractamente considerado, ‘sino con la afectación
concreta sobre dicho bien jurídico’; de igual forma, la fijación de dicho monto no
se regula en razón a la capacidad económica del procesado, al respecto, el prof.
García Cavero, afirma que: ‘el punto de mira de la reparación civil derivada del
delito debe centrarse en el daño producido y no en el agente o sujeto activo de
dicho daño’ (vid, La naturaleza y alcance de la reparación civil (…) en: www.itaiu-
sesto.com)” (Sala Penal Permanente. Casación N° 164-2011-La Libertad, del
14 de agosto de 2012, considerando 5.2).

261 ¿Cómo debe ser entendido el daño civil?


“[E]l daño civil debe entenderse como aquellos efectos negativos que derivan
de la lesión de un interés protegido, lesión que puede originar consecuencias
patrimoniales y no patrimoniales. Una concreta conducta puede ocasionar tanto
(1) daños patrimoniales, que consisten en la lesión de derechos de naturaleza eco-
nómica, que debe ser reparada, radicada en la disminución de la esfera patrimo-
nial del dañado y en el no incremento en el patrimonio del dañado o ganancia
patrimonial neta dejada de percibir –menoscabo patrimonial–; cuanto (2) daños
no patrimoniales, circunscrita a la lesión de derechos o legítimos intereses exis-
tenciales –no patrimoniales– tanto de las personas naturales como de las personas
jurídicas –se afectan, como acota ALASTUEY DOBÓN, bienes inmateriales del
perjudicado, que no tienen reflejo patrimonial alguno– (Conforme: ESPINOZA
ESPINOZA, Juan. Derecho de la responsabilidad civil. Gaceta Jurídica, 2002,
págs. 157-159)” (Salas Penales Permanente y Transitorias. Acuerdo Plenario
N° 6-2006/CJ-116, del 13 de octubre de 2006, considerando 8).

262 ¿
Los delitos de peligro pueden generar daños civiles y por ende se po-
dría fijar una reparación civil en tales casos?
“Los delitos de peligro –especie de tipo legal según las características externas
de la acción– pueden definirse como aquellos en los que no se requiere que la
conducta del agente haya ocasionado un daño sobre un objeto, sino que es sufi-
ciente con que el objeto jurídicamente protegido haya sido puesto en peligro de
sufrir la lesión que se quiere evitar [el peligro es un concepto de naturaleza nor-
mativa en cuanto a que su objeto de referencia es un bien jurídico, aunque su fun-
damento, además de normativo, también se basa en una regla de experiencia o de
frecuente que es, a su vez, sintetizada en un tipo legal], sea cuando se requiere
realmente la posibilidad de la lesión –peligro concreto– o cuando según la expe-
riencia general representa en sí misma un peligro para el objeto protegido –peligro

215
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

abstracto– (BACIGALUPO ZAPATER, Enrique. Derecho Penal - Parte Gene-


ral. ARA Editores, Lima, 2004, pág. 223). Los primeros son, siempre, delitos de
resultado, y los otros son delitos de mera actividad.
A partir de lo expuesto, cabe establecer si los delitos de peligro pueden ocasionar
daños civiles y, por tanto, si es menester fijar la correspondiente reparación civil,
más allá de las especiales dificultades que en estos delitos genera la concreción
de la responsabilidad civil. Como se ha dicho, el daño civil lesiona derechos de
naturaleza económica y/o derechos o legítimos intereses existenciales, no patri-
moniales, de las personas. Por consiguiente, aun cuando es distinto el objeto sobre
el que recae la lesión en la ofensa penal y en el daño civil, es claro que, pese a
que no se haya producido un resultado delictivo concreto, es posible que existan
daños civiles que deban ser reparados.
En los delitos de peligro, desde luego, no cabe negar a priori la posibilidad de que
surja responsabilidad civil, puesto que en ellos –sin perjuicio, según los casos, de
efectivos daños generados en intereses individuales concretos– se produce una
alteración del ordenamiento jurídico con entidad suficiente, según los casos, para
ocasionar daños civiles, sobre el que obviamente incide el interés tutelado por la
norma penal –que, por lo general y que siempre sea así, es de carácter supraindi-
vidual–. Esta delictiva alteración o perturbación del ordenamiento jurídico se debe
procurar restablecer, así como los efectos que directa o causalmente ha ocasionado
su comisión [el daño como consecuencia directa y necesaria del hecho delictivo]
(conforme: ROIG TORRES, Margarita. La reparación del daño causado por el
delito. Editorial Tirant lo Blanch, Valencia, 2000, págs. 124-125).
Por consiguiente, no cabe descartar la existencia de responsabilidad civil en esta
clase de delitos, y, en tal virtud, corresponderá al órgano jurisdiccional en lo penal
determinar su presencia y fijar su cuantía” (Salas Penales Permanente y Tran-
sitorias. Acuerdo Plenario N° 6-2006/CJ-116, del 13 de octubre de 2006, con-
siderandos 9 y 10).

263 ¿
Qué elementos deben acreditarse para la existencia de la reparación
civil?
“En ese sentido, como presupuesto para la fijación de la reparación civil, corres-
ponde analizar la existencia o no de responsabilidad civil para lo cual deberá recu-
rrir al desarrollo de los elementos de esta institución, que son los siguientes: a) El
hecho ilícito se define como aquella conducta humana que contraviene el orden
jurídico y constituye, a su vez, delito. Esta manera de obrar permite reconocer dos
mecanismos para vulnerar la norma jurídica: 1) violación de deberes que tienen
su origen en relaciones jurídicas ya existentes entre el autor y la persona afectada,
y 2) violaciones de deberes de carácter general; b) El daño ocasionado entendido
como aquel perjuicio generado a consecuencia del hecho ilícito, sea patrimonial o
extrapatrimonial. El Código Civil en sus artículos 1984 y 1985, desarrolla los crite-
rios que permiten establecer la existencia de daño; por lo que, para la cuantificación

216
La acción en el proceso penal

de los daños patrimoniales se establece criterios como el ‘lucro cesante’ [aque-


llo que ha sido o será dejado de ganar a causa del acto dañino] -MANZANARES
CAMPOS, Mercedes. Criterios para valuar el quantum indemnizatorio en la res-
ponsabilidad civil extracontractual. Lima: Editora Jurídica Grijley, 2008, p. 43–
y ‘daño emergente’ [entendido como el perjuicio efectivo sufrido en el patrimonio
de la víctima, que ha perdido un bien o un derecho que ya estaban incorporados a
ese patrimonio] –MANZANARES CAMPOS, Mercedes. Criterios para valuar
el quantum indemnizatorio en la responsabilidad civil extracontractual. Lima:
Editora Jurídica Grijley, 2008, p. 40–, mientras que para la cuantificación de los
daños extrapatrimoniales el criterio es el ‘daño moral’ [aquel perjuicio moral que
afecta el mundo inmaterial, incorporal, de los pensamientos y de los sentimien-
tos] –MANZANARES CAMPOS, Mercedes. Criterios para evaluar el quan-
tum indemnizatorio en la responsabilidad civil extracontractual. Lima: Editora
Jurídica Grijley, 2008, p. 75–, el ‘daño a la persona’ [aquel que lesiona la integri-
dad física del sujeto, su aspecto psicológico y/o proyecto de vida] –MANZANA-
RES CAMPOS, Mercedes. Criterios para evaluar el quantum indemnizatorio en
la responsabilidad civil extracontractual. Lima: Editora Jurídica Grijley, 2008,
p. 50–. Cabe mencionar que el ‘proyecto de vida’ es aquel ‘daño de tal magni-
tud que afecta, por tanto, la manera en que el sujeto ha decidido vivir, que trunca
el destino de la persona, que le hace perder el sentido mismo de su existencia’
–MANZANARES CAMPOS, Mercedes. Criterios para evaluar el quantum
indemnizatorio en la responsabilidad civil extracontractual. Análisis a partir de
la jurisprudencia. Lima: Editora Jurídica Grijley, 2008, p. 64–. En consecuen-
cia, se entiende que el daño es ‘todo menoscabo contra los intereses de los indi-
viduos en su vida de relación social, que el Derecho ha considerado merecedores
de la tutela legal’ –TABOADA CÓRDOVA, Lizardo. Elementos de la Responsa-
bilidad Civil. 3ª edición. Lima: Editora Jurídica Grijley, 2013, p. 39–; c) La rela-
ción de causalidad es entendida como la relación de causa-efecto (antecedente -
consecuencia) que debe existir entre la conducta antijurídica del agente y el daño
causado –TABOADA CÓRDOVA, Lizardo. Elementos de la responsabilidad civil.
3ª edición. Lima: Editora Jurídica Grijley, 2013, p. 39–; y, d) Los factores de atri-
bución, que consisten en considerar a alguien como responsable del hecho anti-
jurídico, ya sea a título de dolo o culpa o mediante un bien riesgoso o peligroso,
advirtiéndose que en este extremo se refiere a institutos de naturaleza civil.
En ese sentido al ser la reparación civil una institución regulada por el proceso
penal, cuyo sistema de atribución de responsabilidad es netamente de carácter
civil, esta encuentra protección y regulación en todos los niveles de un proceso
judicial, inclusive en la impugnación extraordinaria: recurso de casación. Así, se
tiene que el inciso tercero del artículo 427 del Código Procesal Penal señala: ‘(…)
Si la impugnación se refiere a la responsabilidad civil, cuando el monto fijado en
la sentencia de primera o de segunda instancia sea superior a cincuenta Unida-
des de Referencia Procesal o cuando el objeto de la restitución no pueda ser valo-
rado económicamente. (…)’” (Sala Penal Permanente. Casación N° 657-2014-
Cusco, del 3 de mayo de 2016, considerandos 14 y 15).

217
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

“El hecho ilícito para efectos de la responsabilidad civil se define como aquella
conducta humana que contraviene el orden jurídico y constituye, a su vez, delito
esta manera de obrar permite reconocer dos mecanismos para vulnerar la norma
jurídica: 1) violencia de deberes que tienen su origen en relaciones jurídicas ya
existentes entre el autor y la persona afectada, y 2) violaciones de deberes de
carácter general (Casación Nº 657-2014-Cusco, de 03/05/2018, vinculante, f. j. 14).
El daño ocasionado es entendido como aquel perjuicio generado a consecuencia del
hecho ilícito, sea patrimonial o extrapatrimonial. El Código Civil en sus artículos
1984 y 1985, desarrolla los criterios que permiten establecer la existencia de daño;
por lo que, para la cuantificación de los daños patrimoniales se establece crite-
rios como: el lucro cesante (aquello que ha sido o será dejado de ganar a causa del
acto dañino) y daño emergente (entendido como el perjuicio efectivo sufrido en
el patrimonio de la víctima, que ha perdido un bien o un derecho que ya estaban
incorporados a ese patrimonio). Mientras que para la cuantificación de los daños
extrapatrimoniales el criterio es el daño moral (aquel perjuicio moral que afecta
el mundo inmaterial, incorporal, de los pensamientos y de los sentimientos) y el
daño a la persona (aquel que lesiona la integridad física del sujeto, su aspecto psi-
cológico y/o proyecto de vida). Cabe mencionar que el proyecto de vida, es aquel
daño de tal magnitud que afecta, por tanto, la manera en que el sujeto ha decidido
vivir, que trunca el destino de la persona, que le hace perder el sentido mismo de
su existencia. En consecuencia, se entiende que el daño es todo menoscabo con-
tra los intereses de los individuos en su vida de relación social, que el Derecho ha
sido considerado merecedores de tutela legal (Casación Nº 657-2014-Cusco, del
03/05/2016, vinculante, f. j. 14).
La relación de causalidad, es entendida como la relación de causa efecto (ante-
cedente-consecuencia) que debe existir entre la conducta antijurídica del agente
y el daño causado. De otro lado, los factores de atribución, consisten en consi-
derar a alguien como no responsable del hecho antijurídico, ya sea a título de
dolo o culpa o mediante un bien riesgoso o peligroso, advirtiéndose que en este
extremo se refiere a institutos de naturaleza civil (Casación Nº 657-2014-Cusco,
del 03/05/2016, vinculante, f. j. 14)” (Tercera Sala Penal Superior-CSJ de La
Libertad. Expediente N° 2249-2015-19 - Resolución N° 17, del 17 de setiembre
de 2018, considerandos 9 y 12-13).

264 ¿Qué aspectos comprende la reparación civil en sede penal?


“La reparación civil abarca el resarcimiento del daño y la indemnización de los
perjuicios materiales y morales, cuya funcionalidad debe corresponderse con las
consecuencias directas y precisas que el delito género en la victima así, la estima-
ción de su cuantía debe ser razonablemente proporcional al daño causado, esta-
bleciendo el artículo 93 del Código Penal, que la misma comprende: a) la restitu-
ción del bien o, si no es posible, el pago de su valor, y b) la indemnización de los
daños y perjuicios” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 1969-2016-Lima Norte,
del 1 de diciembre de 2016, considerando 20).

218
La acción en el proceso penal

“En lo que respecta a la reparación civil, el artículo 93 del Código Penal esta-
blece: i) La restitución del bien o –de no ser posible– el pago de su valor; y, ii) la
indemnización de los daños y perjuicios. Asimismo, cabe precisar los alcances de
la Ejecutoria Vinculante N° 948-2005, del 7 de junio de 2005, en cuyo conside-
rando tercero precisó: ‘(…) la naturaleza de la acción civil ex delito es distinta,
pues tiene como finalidad reparar el daño o efecto que el delito ha tenido sobre
la víctima y, consecuentemente, debe guardar proporción con los bienes jurídi-
cos que se afectan’. Es decir, debe existir una adecuada proporción entre el monto
fijado como reparación civil y los bienes jurídicos lesionados mediante el delito
sancionado. Sin embargo, no debe dejarse de lado, la entidad de la afectación con-
creta del bien jurídico al momento de establecer el monto de la reparación” (Juz-
gado Supremo de Investigación Preparatoria. Cuaderno de Terminación Anti-
cipada N° 07-2018-“02”, Sentencia de terminación anticipada, Resolución
Nº 5, del 27 de noviembre de 2018, considerando 14).
“En ese sentido, la reparación civil comprende: 1.- el bien o su valor económico,
y 2.- el pago de daños y perjuicios. Centrándonos en lo primero, al demostrarse
el daño de un bien este deberá ser restituido por su responsable en las mismas
condiciones previas a su afectación, o en todo caso deberá pagar el valor moneta-
rio del mismo; en concreto, la devolución del bien o su pago. No obstante, corres-
ponde precisar que si el bien es restituido fácticamente o a través de su valor eco-
nómico, también existe la posibilidad del pago de un monto dinerario por concepto
de daños y perjuicios” (Sala Penal Permanente. Casación N° 657-2014-Cusco,
del 3 de mayo de 2016, considerando 17).

265 ¿
Cómo debe ser entendida la restitución del bien y la indemnización
de daños y perjuicios como componentes de la reparación civil?
“[E]ste Supremo Tribunal entiende a la ‘restitución’ como aquella ‘forma de res-
tauración de la situación jurídica alterada por el delito o devolución del bien,
dependiendo del caso, al legítimo poseedor o propietario’, siempre que se hayan
vulnerado derechos patrimoniales. Asimismo, se entiende por ‘indemnización
de daños y perjuicios’ como aquella forma de reestabilización de los derechos
menoscabados por el delito, siempre que ‘se ha vulnerado derechos no patrimo-
niales del perjudicado o incluso habiéndose realizado la sustracción del bien’
(Juzgado Supremo de Investigación Preparatoria. Cuaderno de Terminación
Anticipada N° 07-2018-“02”, Sentencia de terminación anticipada. Resolución
Nº 5, del 27 de noviembre de 2018, considerando 15).

266 ¿Qué aspectos comprende la indemnización del daño?


“El artículo 93 del Código Penal debe concordarse con el artículo 1985 del Código
Civil que señala ‘La indemnización comprende las consecuencias que deriven de la
acción u omisión generadora el daño, incluyendo el lucro cesante, el daño a la per-
sona y el daño moral, debiendo existir una relación de causalidad adecuada entre
el hecho y el daño producido. El monto de la indemnización devenga intereses

219
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

legales desde la fecha en que se produjo el daño’. En el caso de autos, el daño a la


persona comprende el daño emergente, el daño corporal y el daño psicológico”
(Sala Penal Permanente. R.N. N° 1969-2016-Lima Norte, del 1 de diciembre
de 2016, considerando 22).

267 ¿Qué aspectos abarca el daño emergente?


“El daño, en sentido jurídico, constituye todo menoscabo, pérdida o detrimento
de la esfera jurídica patrimonial o extra patrimonial, erigiéndose, en tal sentido,
como uno de los presupuestos de la responsabilidad civil extra contractual. La
cuantificación del daño emergente no debe perder de vista, en principio, los efec-
tos materiales del delito. Y asimismo, las secuelas en la personalidad de la víc-
tima” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 1969-2016-Lima Norte, del 1 de diciem-
bre de 2016, considerando 23).

268 ¿Qué aspectos deben ser considerados en el lucro cesante?


“Lucro cesante.- La medición del lucro cesante surge a partir de ciertos indicado-
res objetivos, entre ellos, la ocupación laboral o vocación estudiantil, que permi-
tan fijar una suma proporcional con la pérdida de ingresos económicos futuros.
Se refiere, concretamente, a la falta de ganancias que lícitamente se hubiera pro-
ducido a favor del perjudicado, en caso que el delito no se hubiera perpetrado”
(Sala Penal Permanente. R.N. N° 1969-2016-Lima Norte, del 1 de diciembre
de 2016, considerando 25).

269 ¿Qué aspectos abarca el daño moral?


“Daño moral.- El daño moral, cuya incidencia no repercute en el patrimonio, entraña
una perturbación a las condiciones anímicas, canalizadas mediante sentimientos
de angustia, tristeza y desánimo, entre otros, siendo una característica común el
padecimiento emocional o psicológico del afectado por el delito, sea el agraviado
directamente con la acción delictiva, o en su caso, los familiares con una íntima
vinculación afectiva. El artículo 1984 del Código Civil señala: ‘El daño moral es
indemnizado considerando su magnitud y el menoscabo producido a la víctima
o a su familia’. Aun cuando no existan parámetros para cuantificar los perjuicios
morales, conforme a la doctrina, conviene destacar los siguientes criterios y pau-
tas para evaluar el daño moral: i) La gravedad del daño, que es más grave, mien-
tras más intensa sea la intervención del responsable en el hecho; ii) La intensi-
dad del padecimiento anímico, debiéndose valorar la duración del dolor que está
en función a la edad y sexo del afectado; iii) La sensibilidad de la persona per-
judicada; iv) El vínculo de parentesco o convivencia. En base a lo expuesto, el
perjuicio moral está suficientemente probado y deviene de la naturaleza aflictiva
del delito y las consecuencias que acarrea [deformación grave y permanente del
rostro, no rectificables naturalmente], generando en la agraviada Lizeth Rosario
Socla Guillén una percepción de minusvalía e inferioridad, así como un intenso
sufrimiento. Son datos de la realidad, extraídos de la experiencia común y están

220
La acción en el proceso penal

avalados por las conclusiones del Protocolo de Pericia Psicológica Nº 020032-


2012-PSC, de fojas ciento cincuenta y tres. El hecho delictivo en su perjuicio le
ocasiono intranquilidad e inseguridad, sensaciones de amenaza, autopercepción
de vulnerabilidad y temor al agresor; todo ello relacionado con el contexto de vio-
lencia familiar descrito, requiriendo terapia psicológica. El padecimiento por la
agresión física afecto severamente la psiquis de la víctima, percibiéndola como
estigmatizada a nivel social. Los hechos tuvieron lugar en el contexto de una rela-
ción de convivencia. Es preciso reconocer que toda agresión física y psicológica
contra la mujer es un acto especialmente grave y reprobable. Generalmente, estos
hechos son cometidos aprovechando su estado de vulnerabilidad y abusando de la
posición del poder que despliega el agresor. El artículo 5 de la Convención Ame-
ricana sobre Derechos Humanos, estipula que ‘Toda persona tiene derecho a que
se respete su integridad física, psíquica y moral’. En concordancia con ello, el Cri-
terio Axiológico asumido por esta Sala Penal Suprema para la determinación de
la pena, debe ser también aplicado para la cuantificación de la reparación civil.
Constituye un criterio generalizado para la aplicación de las consecuencias jurí-
dicas. Y es que, según se indicó anteriormente, tiene como finalidad generar un
efecto inhibitorio de la violencia de género y, además, se impulsa en una pers-
pectiva de justicia por la sensibilidad social del hecho punible y de reivindicación
por los daños ocasionados. Si bien el daño moral es incuantificable, su estimación
está sujeta a la discrecionalidad del órgano jurisdiccional, dado su carácter ideal
y subjetivo, tomado en cuenta los factores expuestos. Por lo tanto, asumiendo una
función tuitiva, debe fijarse equitativamente la suma de treinta mil nuevos soles
por concepto de daño moral” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 1969-2016-Lima
Norte, del 1 de diciembre de 2016, considerando 26).

270 ¿
En qué etapa del proceso penal la pretensión civil debe estimarse
como postulatoria?
“[E]l Colegiado comparte la argumentación del Juzgador en el sentido que la pre-
tensión de carácter civil en un proceso penal, específicamente, en la etapa de in-
vestigación preparatoria, debe estimarse como postulatoria, inicial y, por tanto,
de carácter provisional. Y es que, en efecto, tenemos en cuenta que el avance de
las etapas procesales tiene incidencia en el nivel de fundamentación que es del
caso exigir a los actores del proceso, fundamentalmente, al Ministerio Público y
al actor civil, como titulares de la acción penal y civil, respectivamente. Que al
igual que en la imputación penal, en la imputación civil también transcurre una
delimitación progresiva del posible objeto procesal, cuya versión acabada deberá
ser cumplida luego que el fiscal decida si efectúa un requerimiento de sobresei-
miento o de acusación.
[E]l Colegiado considera que la Procuraduría Pública ad hoc no está ejercitando
su pretensión resarcitoria dentro de un proceso civil, sino en un proceso penal,
y se encuentra vinculada a la comisión de un hecho delictivo. Es por esta razón
que el inciso 2, artículo 100 del CPP, establece como uno de los requisitos de la
constitución en actor civil, el relato circunstanciado del delito en su agravio y la

221
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

exposición de las razones que justifican su pretensión; y que además se precise el


nombre del imputado, o en su caso del tercero civil contra quien se va a proceder.
Que es a partir de su constitución como parte en el proceso, y conforme prescribe
el artículo 104 del CPP, que el actor civil contará con una serie de prerrogativas
de índole procesal que le facultan a participar en los actos de investigación y de
prueba, y ejecutar las demás facultades que se le reconocen” (Sala Penal Nacio-
nal de Apelaciones Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios.
Exp. N° 00011-2017-7-5201-JR-PE-03, Resolución N° 03, del 7 de agosto de
2017, considerandos 11 y 12).

271 ¿Quién tiene la carga de la prueba sobre el objeto civil en sede penal?
“Teniendo la pretensión de reparación civil acumulada al proceso penal una natu-
raleza jurídica estrictamente civil, la carga de probar corresponde a quien afirma
los hechos que configuran su pretensión (artículo 196 del Código Procesal Civil),
esto es, el actor civil sobre el objeto civil del proceso (artículo 11.1 del Código
Procesal Penal); por consiguiente, si la parte no acredita con medios probatorios
los hechos que h afirmado en su demanda, estos no se tendrán por verdadero y
su demanda será declarada infundada (artículo 200 del Código Procesal Civil).
Si bien se está frente a una pretensión de índole resarcitoria, la Ley Procesal exige
que el perjudicado –que ejerce su derecho de acción civil– precise específicamente
el quantum indemnizatorio que pretende. Ello conlleva a que individualice el tipo
y alcance de los daños cuyo resarcimiento pretende y cuanto corresponde a cada
tipo de daño que afirma haber sufrido. Con esta medida la norma procesal persi-
gue dar solución a un problema sumamente grave en nuestro ordenamiento judi-
cial pues con el transcurrir del tiempo la práctica tribunalicia revela que los mon-
tos dinerarios que se establecen por concepto de reparación civil en sede penal
son relativamente menores y no guardan relación ni proporción con el hecho que
forma parte del objeto procesal (Acuerdo Plenario N° 5-2011/CJ-116, del 06/12/2011,
f. j. 15)” (Tercera Sala Penal Superior-CSJ de La Libertad. Expediente N° 2249-
2015-19 - Resolución N° 17, del 17 de setiembre de 2018, considerandos 18 y 19).

272 ¿
El sobreseimiento de la causa o la absolución del imputado impiden
la determinación de la imposición de la reparación civil?
“Sin lugar a dudas, la modificación más importante del Código Procesal Penal en
el ámbito de la acción civil incorporada al proceso penal se ubica en el artículo 12,
apartado 3), del referido código, que estipula que la sentencia absolutoria o el
auto de sobreseimiento no impedirán al órgano jurisdiccional pronunciarse sobre
la acción civil derivada del hecho punible válidamente ejercida, cuando proceda.
Esto significa, en buena cuenta, que cuando se sobresee la causa o se absuelve al
acusado no necesariamente la jurisdicción debe renunciar a la reparación de un
daño que se ha producido como consecuencia del hecho que constituye el objeto
del proceso, incluso cuando ese hecho –siempre ilícito– no puede ser calificado
como infracción penal” (Salas Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Ple-
nario N° 5-2011/CJ-116, del 6 de diciembre de 2011, considerando 7).

222
La acción en el proceso penal

“Que es de dilucidar lo relativo a la reparación civil –en cuanto derecho de la víc-


tima–, bajo el entendimiento de que una absolución o un sobreseimiento no nece-
sariamente importa o motiva la improcedencia de su declaración y ulterior deter-
minación. La opción normativa que admitió el artículo 12, apartado 3, del Código
Procesal Penal, no solo ratificó la diferencia entre la acción penal y civil –los cri-
terios de imputación son propios, no necesariamente coincidentes, en tanto que
la acción civil es ex damno y se sigue por las reglas del Código Civil (preceptos
de naturaleza civil), al tratarse incluso de un proceso civil acumulado al penal–.
Además, el sistema que acepto el Código Procesal Penal, a diferencia del que asu-
mió el Código de Procedimientos Penales (accesoriedad estricta), es el de auto-
nomía de la acción civil en relación a la suerte de la acción penal, por lo que, sin
perjuicio de lo determinado en relación al objeto penal, corresponde al juez deci-
dir si se presentan los criterio de imputación propios de una conducta ilícita que
ocasionó un daño indemnizable, conforme al artículo 1969 el Código Civil. En
estas condiciones, el órgano jurisdiccional penal aun cuando sobreseyera la causa
o absolviera al imputado, mediando una pretensión civil, debe examinar, desde
las bases del Derecho Civil, si se produjo un daño indemnizable y proceder en su
consecuencia” (Sala Penal Permanente. Casación N° 1535-2017-Ayacucho, del
26 de setiembre de 2018, considerando 3).
“Que, de la revisión de los actuados se advierte que los argumentos alegados por
la querellada Cáceres Calderón, como sustentación del recurso de casación, mate-
ria de calificación, carecen de sustento y no resultan atendibles por cuanto, en
primer lugar, el inciso tercero del artículo doce del Código Procesal Penal, esta-
blece que ‘la sentencia absolutoria (...) no impedirá al órgano jurisdiccional pro-
nunciarse sobre la acción civil, derivada del hecho punible válidamente ejercida
cuando proceda’, por tanto, correspondía al Juez Unipersonal fijar en la sentencia
absolutoria de primera instancia, el monto por concepto de reparación civil fijada
por la querellante en la denuncia de parte (…)” (Sala Penal Permanente. Casación
N° 179-2011-Arequipa, del 20 de enero de 2012, considerando 4).

273 ¿
Si se descarta la tipicidad dolosa en la conducta imputada, ello impi-
de la atribución de la responsabilidad civil por culpa?
“(…) Si bien la actora civil sustento la responsabilidad civil en una conducta dolosa
de la referida imputada, a tono con los cargos que se formularon contra ella desde
el Informe Especial de la Contraloría General de la República y la Fiscalía Provin-
cial, el hecho de que en segunda instancia se descartó la tipicidad dolosa en modo
alguno impide sostener su pretensión impugnatoria en sede de casación bajo una
atribución culposa. Se trata de una misma petición de condena y, desde la causa
de pedir, de los mismo hechos empíricos tal como acontecieron en la realidad –la
norma material asocia efectos jurídicos a la modalidad tanto dolosa cuanto cul-
posa–: lo sucedido con el retraso o demora –al retener la documentación que se
le envió a su Despacho– para contestar la solicitud de ampliación del plazo para
la entrega de los gaviones comprometidos” (Sala Penal Permanente. Casación
N° 1535-2017-Ayacucho, del 26 de setiembre de 2018, considerando 5).

223
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

274 ¿
Cuándo se emite una sentencia absolutoria, el órgano jurisdiccional
debe realizar un examen autónomo y específico sobre la reparación
civil?
“(…) La imprudencia imputable a la encausada Huancahuari Paucar es evidente,
no tuvo el cuidado debido de pronunciarse inmediatamente y seguir, con rapidez,
la tramitación de un pedido en el que las instancias técnicas no lo habían consi-
derado viable. Su atraso injustificable e indisculpable dio lugar a que se conceda
un plazo que no correspondía y que se ejecuten las penalidades correspondientes.
Que, por tanto, el Tribunal Superior al haber dictado una sentencia absolutoria no
cumplió con realizar un examen específico acerca de la reparación civil, bajo el
entendido de que si media una absolución no cabe la imposición de la reparación
civil. La sentencia, en este punto, no es fundada en derecho y, en pureza, incu-
rrió en un error iuris respecto de las reglas, materiales y procesales, ya mencio-
nadas sobre la reparación civil.
La encausada Huancahuari Páucar, en consecuencia, es responsable civil por el
daño ocasionado a la institución que dirigía. El monto, en su día, fue fijado por el
Juzgado Penal. Este no fue impugnado por la Procuraduría Pública del Estado y
en sus alegaciones la parte acusada no incidió en el mismo. Siendo así, solo cabe
confirmarlo, pues no hace falta para ratificar un nuevo debate” (Sala Penal Per-
manente. Casación N° 1535-2017-Ayacucho, del 26 de setiembre de 2018, con-
siderandos 6 y 7).

275 ¿
Qué aspectos relacionados a la reparación civil se pueden impugnar
en sede penal?
“La reparación civil, como se precisó, por una cuestión de economía procesal-
judicial busca resolver dentro del proceso penal, y si así lo decide la parte per-
tinente, el cuestionamiento de carácter civil, es decir, verificar la existencia de
un daño y determinar su responsable. Ello se hace con el único fin de celeridad,
mas cabe la posibilidad que se opte por una resolución en la Orden Jurisdiccional
Civil, siendo esta excluyente de la vía penal y viceversa. Así, se puede afirmar
que en un proceso penal se puede impugnar dos aspectos: 1.- la existencia de res-
ponsabilidad civil, o 2.- el monto dinerario que se impone por concepto respon-
sabilidad civil” (Sala Penal Permanente. Casación N° 657-2014-Cusco, del 3
de mayo de 2016, considerando 18).

276 ¿
La calidad del bien restituido como parte de la reparación civil podrá
analizarse en sede del proceso penal?
“En ese sentido, si la responsabilidad civil está demostrada, prima facie se orde-
nará –de ser posible– la devolución del bien, sino su valor monetario. Si el bien
es restituido no se podrá discutir la calidad de este bien en un proceso penal, y
solo podrá cuestionarse el monto que se imponga por daños y perjuicios, dejando
a salvo la posibilidad de que la parte civil cuestione, en lo pertinente, la calidad

224
La acción en el proceso penal

del bien en un proceso judicial diferente –jurisdicción civil–, buscando así satis-
facer sus intereses legales.
Analizar la calidad y características del bien que se ordena restituir como parte
de la reparación civil dentro de un proceso penal implica un mayor bagaje proba-
torio, que no es competencia del Juez Penal; es decir, emitir un pronunciamiento
jurisdiccional referido al bien –en sí mismo discutido– resultaría ir más allá de
un proceso de determinación de responsabilidad civil, pues ello sería entrar en
un proceso distinto al de la determinación de su responsabilidad. Resultando ello
imposible, dado que la importación de la institución de la responsabilidad civil al
proceso penal surge por estricta necesidad y en base a un principio de celeridad
con la finalidad de evitar la peregrinación de jurisdicciones; característica que no
se cumplen para la importación de alguna otra institución –por ejemplo, derechos
reales–” (Sala Penal Permanente. Casación N° 657-2014-Cusco, del 3 de mayo
de 2016, considerandos 20 y 21).

225
CAPÍTULO V

MEDIOS TÉCNICOS
DE DEFENSA
CAPÍTULO V

MEDIOS TÉCNICOS DE DEFENSA

I. LA CUESTIÓN PREVIA

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 4, 7, 8, 9.

277 ¿Cuándo procede una cuestión previa?


“La cuestión previa procede cuando no concurren los requisitos de procedibi-
lidad, en ese sentido, la cuestión a determinar es si al momento de formalizar
denuncia penal (…) tenía que cumplirse con algún requisito de procedibilidad,
el mismo que debe entenderse como condiciones legales para ejercer la acción
penal” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 184-2013-Lima, del 24 de setiembre
de 2014, considerando 4.2).
“[C]onstituye un medio de defensa técnico dirigido contra la acción penal al
haberse inobservado un requisito necesario previsto taxativamente en la ley
para iniciar debidamente el proceso judicial” (Sala Penal Permanente. R.N.
N° 1660-2010-Lambayeque, del 8 de junio de 2011, considerando 4).
“La cuestión previa procede cuando el Fiscal decide continuar con la Investiga-
ción Preparatoria omitiendo un requisito de procedibilidad explícitamente pre-
visto en la Ley [numeral uno, del artículo cuatro, del Código Procesal Penal de dos
mil cuatro]. ‘Constituye un obstáculo al inicio del proceso penal, a su promoción.
Como tal, controla el debido cumplimiento de las condiciones, legalmente pre-
vistas, para una correcta iniciación del proceso penal’” (Sala Penal Permanente.
Apelación Suprema N° 15-2017, del 14 de marzo de 2018, considerando 2.5).
“[L]as cuestiones previas se declaran procedentes, aun de oficio, cuando en la
acción penal no concurre algún requisito de procedibilidad. Por su parte, la doc-
trina estableció que este es aquel requisito especial y expresamente previsto por
la Ley que condiciona el ejercicio de la acción penal en ciertos presupuestos fác-
ticos, pues es solo a partir de su verificación que el ilícito penal es perseguible”
(Sala Penal Transitoria. R.N. N° 892-2013-Huaura, del 11 de noviembre de
2014, considerando 3).
“La cuestión previa procede cuando no concurren los requisitos de procedibi-
lidad, en ese sentido, la cuestión a determinar es si al momento de formalizar
denuncia penal (…) tenía que cumplirse con algún requisito de procedibilidad,
el mismo que debe entenderse como condiciones legales para ejercer la acción

229
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

penal” (Sala Penal Permanente. R.N. N° 184-2013-Lima, del 24 de setiembre


de 2014, considerando 4.2).

II. LA CUESTIÓN PREJUDICIAL

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 5, 7, 8, 106.

278 ¿Cuándo procede una cuestión prejudicial?


“La cuestión prejudicial es un medio técnico de defensa que resulta operante cuando
fuera necesaria una declaración en vía extrapenal acerca del carácter delictuoso
del hecho incriminado, lo que supone que el factum denunciado se encuentre
vinculado a cuestiones de carácter civil o administrativo que previamente deban
ser resuelto para la continuación del proceso judicial penal” (Sala Penal Perma-
nente, Casación N° 11-2011-Huara, del 9 de noviembre de 2011, considerando 6).
“(…) la Cuestión Prejudicial (…) establece que cuando se ha declarado fundada,
se suspende el proceso, hasta que en la vía respectiva se resuelva en forma defini-
tiva, reiniciándose el plazo de prescripción a partir de ella” (Sala Penal Perma-
nente. Casación N° 76-2010-Arequipa, del 27 de abril de 2011, considerando 5).

279 ¿
Qué consecuencias conlleva el que se declare fundada la cuestión pre-
judicial planteada?
“1. La cuestión prejudicial procede cuando el fiscal decide continuar con la In-
vestigación Preparatoria) pese a que fuere necesaria en vía extra-penal una
declaración vinculada al carácter delictuoso del hecho incriminado.
2. Si se declara fundada, la Investigación Preparatoria se suspende hasta que en la
otra vía recaiga resolución firme. Esta decisión beneficia a todos los imputados
que se encuentren en la misma situación jurídica y que no la hubieren deducido”
(Salas Penales Permanente y Transitoria. Acuerdo Plenario Extraordinario
N° 3-2012/CJ-116, del 25 de marzo de 2012, considerando 10).

280 ¿En qué oportunidad se puede interponer una cuestión prejudicial?


“Respecto a la oportunidad de 1a proposición de una cuestión prejudicial, el artículo
7 del CPP precisa de modo general que la cuestión previa, cuestión prejudicial y
las excepciones se plantean una vez que e1 Fiscal haya decidido continuar con las
investigaciones preparatorias o al contestar la querella ante el Juez y se resolve-
rán necesariamente antes de culminar la Etapa Intermedia (numeral 1)” (Tercer
Juzgado Penal de Investigación Preparatoria de Trujillo. Exp. Nº 1827-2008,
Resolución del 20 de octubre de 2008, considerando 3).

230
Medios técnicos de defensa

III. LAS EXCEPCIONES

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 6, 7, 8, 9, 84.10, 323.2.c.

281 ¿Cuál es el fundamento primario de las excepciones procesales?


“El fundamento primario de las excepciones procesales previas radica en la con-
veniencia y necesidades de su planteamiento y resolución antes de la entrada al
juicio, para evitar las consecuencias que resultarían si se obligase al imputado a
permanecer innecesariamente sujeto al proceso, cuando existen circunstancias
que autorizan a impedir –provisoria o definitivamente– la constitución de la rela-
ción jurídica procesal” (Juzgado Supremo de Investigación Preparatoria. Exp.
N° 8-2018-“02”, Resolución Nº 2, del 4 de diciembre de 2018, considerando 3).

282 ¿En qué consisten las excepciones procesales?


“Para nuestro ordenamiento procesal penal, las excepciones son mecanismos
legales otorgadas al imputado para obstaculizar la acción penal, anulándola
(en caso de existir alguna causal de extinción de la acción penal) o regularizando
su tramitación (en caso de existir algún error en la vía procedimental), y han sido
calificados como una manifestación del derecho de acción (contradicción) y de
defensa del imputado, por medio del cual solicita a la autoridad judicial lo libere
de la pretensión punitiva formulada en su contra” (Juzgado Supremo de Investi-
gación Preparatoria. Exp. N° 8-2018-“02”, Resolución Nº 2, del 4 de diciem-
bre de 2018, considerando 4).

III.1. Excepción de improcedencia de acción

Base legal Código Procesal Penal de 2004: arts. 6.1.b, 6.2.

283 ¿Cuál es el objeto de la excepción de improcedencia de acción?


“Una de las excepciones establecidas por el Código Procesal Penal vigente, es la
de improcedencia de acción que tiene a extinguir la acción penal cuando se alega
a los hechos denunciados no constituyen delitos o no son justiciables penalmente,
como lo establece el artículo 6, inciso b), del Código Procesal Penal. Es un medio
de defensa técnico que tiene por cometido atacar el ejercicio de la acción penal
para extinguirlo o anularlo mediante su archivo definitivo” (Juzgado Supremo
de Investigación Preparatoria. Exp. N° 8-2018-“02”, Resolución Nº 2, del 4 de
diciembre de 2018, considerando 5).
“La excepción de improcedencia de acción, como los demás medios técnicos de
defensa, tiene por objeto atacar la acción penal o, con más precisión, la relación
jurídico-procesal que surge a partir de su ejercicio. Para tal fin, el artículo 6, apar-
tado 1, literal b), del Código Procesal Penal (CPP), establece su procedencia en los
siguientes supuestos: i) cuando el hecho no constituye delito y ii) cuando el hecho

231
El proceso penal acusatorio. Problemas y soluciones

no es justiciable penalmente. El análisis de ambos supuestos implica contrapo-


ner el contenido fáctico de la imputación fiscal, normalmente contenida en la dis-
posición de formalización y continuación de investigación preparatoria o, como
en este caso, contenida en la acusación fiscal, conforme a la descripción norma-
tiva que la ley penal material prescribe” (Sala Penal Nacional de Apelaciones
Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios-Colegiado A. Exp.
N° 4-2015-51/Resolución N° 3, del 5 de diciembre de 2018, considerando 1).

284 ¿
Bajo qué criterios procede interponer una excepción de improceden-
cia de acción?
“El artículo 6, literal b) del Código Procesal Penal de 2004, regula el instituto pro-
cesal de la improcedencia de acción. La referida excepción es un medio de defensa
contra la acción penal que procede, cuando el hecho denunciado no constituye
delito o no es justiciable penalmente. La improcedencia de acción, por tanto, com-
prende dos supuestos; el primero, relacionado a todos aquellos casos de atipicidad
penal absoluta o relativa del hecho objeto de imputación o de la concurrencia de
una casa de justificación; y un segundo supuesto, que hace referencia a la ausencia
de una condición objetiva de punibilidad o a la presencia de una causal personal
de exclusión de pena o excusa absolutoria” (Segunda Sala Penal Transitoria.
Casación N° 392-2016-Arequipa, del 12 de setiembre de 2017, considerando 12).
“Que desde ya cabe afirmar que la excepción de improcedencia de acción pre-
senta dos alcances, conforme lo establece el artículo 6, apartado 1, literal b, del
Nuevo Código Procesal Penal: 1. El hecho no constituye delito. 2. El hecho no es
justificable penalmente. El primer punto abarca la antijuricidad penal del objeto
procesal: tipicidad y antijuridicidad. El segundo se ubica en la punibilidad y com-
prende la ausencia de una condición objetiva de punibilidad o la presencia de una
causa personal de exclusión de la pena o excusa absolutoria –son circunstancias
que guardan relación con el hecho o que excluyen o suprimen la necesidad de
pena– [SAN MARTÍN CASTRO, César Eugenio. Derecho Procesal Penal. Lec-
ciones, Lima: INPECCP, 2015, página 284]” (Sala Penal Transitoria. Casación
N° 407-2015-Tacna, del 7 de julio de 2016, considerando 4).
“La excepción de improcedencia de acción, como los demás medios técnicos de
defensa, tiene por objeto atacar la acción penal o, con más precisión, la relación
jurídico-procesal que surge a partir de su ejercicio. Para tal fin, el artículo 6, apar-
tado 1, literal b), del Código Procesal Penal (CPP), establece su procedencia en
los siguientes supuestos: i) cuando el hecho no constituye delito y ii) cuando el
hecho no es justiciable penalmente. El análisis de ambos supuestos implica con-
traponer el contenido fáctico de la imputación fiscal, normalmente contenida en
la disposición de formalización y continuación de investigación preparatoria o,
como en este caso, contenida en la acusación fiscal, conforme a la descripción
normativa que la ley penal material prescribe” (Sala Penal Nacional de Apela-
ciones Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios, Colegiado A.

232
Medios técnicos de defensa

Expediente Nº 0004-2015-5201-JR-PE-02, Resolución Nº 3, del 5 de diciem-


bre de 2018, considerando 1).

285 ¿
Qué aspectos concernientes al principio de legalidad deben ser anali-
zados al interponerse una excepción de improcedencia de acción?
“Esta excepción nos evoca directamente al principio de legalidad, el cual consa-
gra que solo son delitos o faltas, aquellas acciones u omisiones que al momento
de su comisión se encontraban sancionadas como tal en la ley penal (nullum cri-
men nullun poena sine lege praevia). Es la garantía de un estado de derecho que
los ciudadanos únicamente puedan ser sancionados con la pena estatal, cuando
sus configuraciones conductivas en el momento de su realización se describían
en definiciones legales, que son denominados: tipos penales. La reserva de la ley
como única fuente productora de convenciones penales se deriva del Estado Cons-
titucional de Derecho, donde el monopolio de la criminalización primaria es exclu-
siva función del poder legislativo y se constituye en la máxima garantía –tanto
política como jurídica de los ciudadanos–. El significado político del principio de
legalidad vigente: representa una valla para la evocación punitiva del Estado, una
garantía que protege al individuo frente al poder penal.
No podrá procederse penalmente si la imputación no refiere a una acción u omi-
sión definida con anterioridad a la comisión del hecho como delito en ley (en sen-
tido formal y material) vigente. En consecuencia, si la acción u omisión descrita
en la conducta humana imputada se subsume formalmente en el tipo penal –tanto
en sus elementos constitutivos objetivos como subjetivos– y si esta luego