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SEXUALIDAD

¿Qué es la sexualidad?

Además de que todos nosotros ser seres humanos, ¡también somos seres sexuales! La
sexualidad es una parte normal, saludable y natural de quienes somos a través de cada etapa
de la vida. Nuestra sexualidad no sólo incluye el comportamiento sexual pero también el
género, los cuerpos y cómo funcionan, y nuestros valores, actitudes, crecimientos y
sentimientos de la vida, el amor y la gente en nuestras vidas. Los jóvenes aprenden sobre su
sexualidad desde el día que nacen. Es importante dejar que los niños se sientan bien acerca
de su sexualidad desde el principio. Así es más fácil que hacen preguntas en el futuro sobre
sexo. Los padres pueden utilizar muchos temas diferentes para iniciar conversaciones sobre
la sexualidad – las relaciones, la comunicación, el respeto, la imagen corporal, la intimidad
y el comportamiento sexual – como una manera de compartir los valores y la información
basado en los hechos que permita a los jóvenes a hacerse cargo de sus vidas, tener
relaciones amorosas y tomar decisiones más saludables, más seguros, y mejor informados
en relación con la sexualidad.

Sexo

 (Biológicas) Las personas nacen como macho, hembra, o intersexuales.


 (Comportamiento sexual) Por lo general, implica tocarse a sí mismo o a otra
persona en maneras que estimulen los sentimientos sexuales y el placer.
Comportamiento sexual incluye muchas formas de tocar que pueden incluir desde
agarrar de las manos o masaje hasta la masturbación o el coito (vaginal/oral/anal).

Sexualidad

Quienes somos como hombres y mujeres. Nuestra sexualidad cambia y crece a lo largo de
nuestras vidas. La sexualidad incluye comportamientos sexuales, las relaciones sexuales, y
la intimidad; cómo elegimos expresarnos como hombres y mujeres (incluyendo la forma en
que hablamos, vestirnos y relacionarnos con los demás); orientación sexual (heterosexual,
homosexual, bisexual), valores, creencias y actitudes como se relacionan con ser barrón o
hembra; cambios que pasan a nuestros cuerpos como las etapas de la pubertad, el embarazo
o la menopausia; si y cómo escogemos tener niños; el tipo de amigos que tenemos; cómo
sentimos con respecto a la manera en que vemos; quienes somos como persona; y la forma
en que tratamos a los demás.

Cuál es la diferencia entre género y sexo?


El sexo viene determinado por la naturaleza, una persona nace con sexo masculino o
femenino. En cambio, el género, varón o mujer, se aprende, puede ser educado,
cambiado y manipulado.
Se entiende por género la construcción social y cultural que define las diferentes
características emocionales, afectivas, intelectuales, así como los comportamientos que
cada sociedad asigna como propios y naturales de hombres o de mujeres.
Ejemplos de esta adscripción de características en nuestra sociedad es pensar que las
mujeres son habladoras, cariñosas y organizadas y los hombres son activos, fuertes y
emprendedores. Podemos decir, usando las palabras de la doctora Victoria Sau, que el
género es la construcción psicosocial del sexo.
Una primera función implícita en el género es la de hacer patente que hombres y
mujeres son más diferentes que similares, y éste es el motivo de que la sociedad
humana haya establecido la existencia de estos dos géneros, fenómeno que tiene una
dimensión universal.

Qué es la identidad sexual


La identidad, en términos absolutos, recoge el modo en
el que el ser humano se comprende y piensa sobre sí
mismo, atribuyéndose una miríada de propiedades mediante
las que define su propia individualidad. Implica tanto lo personal
como lo social; y contempla aspectos tan diversos como la
religión que se profesa, la etnia a la que se pertenece, el lugar
en el que se vive y los aspectos relacionales que surgen al tratar
con los demás (erigiéndose la sexualidad como una función
comunicativa más).

La identidad sexual es un concepto clave para la autodefinición.


Una aproximación adecuada precisa contemplar lo fisiológico, lo
psicológico y lo social; aspectos que además pueden ser
susceptibles de cambio. La percepción de lo que somos no se
mantiene inmutable, pese a que los primeros años de la vida
sean los más relevantes para construir los cimientos sobre los
que se erigirá todo lo demás.

En los últimos años hemos asistido a una notable


reinterpretación y revisión del prisma tradicional, rompiéndose
la dicotomía sobre la que se erigía la comprensión del ser
humano y desplegándose matices muy diversos en los que la
unicidad de cada cual puede hallar un mejor espacio de
representación.

Seguidamente planteamos conceptos afines al de


identidad sexual, los cuales son necesarios para entender en
qué consiste.

Identidad sexual: cinco conceptos


afines
A continuación definiremos el sexo biológico, la orientación
sexual, la conducta sexual, la orientación de género y la
expresión de género.

Si bien son conceptos relativamente independientes, todos ellos


guardan alguna relación con la identidad sexual, por lo que su
conocimiento es muy importante.

1. Sexo biológico
El sexo es un constructo mediante el cual se categoriza
las diferencias fenotípicas de un animal, en lo relativo a
su dimorfismo sexual. En el ser humano se asumió desde
siempre la dicotomía “hombre” o “mujer”; que en general alude
a cuestiones anatómicas, hormonales y fisiológicas diferenciales
entre unos y otros. Así, ha sido entendida como una variable
estrictamente biológica, en la que la genética atribuía los
cromosomas XX para la mujer y XY para los hombres.
No obstante, en la actualidad se reconocen discrepancias en la
disposición cromosómica básica; distinguiéndose la XXX, XXY,
XYY e incluso la XO; así como varones con el patrón XX
(síndrome de la Chapelle) y mujeres con el XY (síndrome de
Swyer). Todo ello parece ser sugerente de que la realidad sexual
no puede reducirse a términos absolutos y lapidarios, sino que
existe una variedad genotípica que obliga a replantear la
utilidad de esta dualidad.

Hace poco tiempo, el nacimiento de un bebé con caracteres


sexuales no diferenciados era motivo de una cirugía casi
inmediata, con el fin de elegir cualquiera de las categorías que
la sociedad podía aceptar (hombre o mujer). Hoy en día se trata
de una práctica mucho menos extendida, pues se reconoce el
riesgo de que suponga perjuicios a nivel psicológico. Además,
muchas corrientes sociales abogan por el reconocimiento
explícito de la condición de intersexualidad como un "tercer
sexo".

2. Orientación sexual
La orientación sexual se define en función del sexo de las
personas por las que sentimos atracción física y/o
romántica. En este sentido, los conceptos de mayor uso en la
actualidad son la heterosexualidad (atracción hacia personas de
sexo opuesto) la homosexualidad (atracción hacia las personas
del mismo sexo) y la bisexualidad (atracción hacia personas de
ambos sexos). Pese a ello, es muy importante recordar que la
orientación es un fenómeno dimensional, y no una categoría en
la que uno pueda inscribirse.

Así pues, la orientación adopta la forma de un continuo o


espectro cuyos extremos serían la homosexualidad y la
heterosexualidad, y en el que cada persona se ubicaría en algún
punto relativo. No existe, por tanto, la posibilidad de clasificar en
términos absolutos esta cuestión, sino siempre desde la
relatividad y atendiendo a cuestiones de grado. Por este motivo,
no se puede asumir ninguna homogeneidad para las personas
en función de su identificación como homo, hetero o bisexuales.

También existen individuos que se consideran asexuales, en el


sentido de que no perciben interés ni por hombres ni por
mujeres. Si bien esta orientación ha sido considerada en algún
caso como una "ausencia de orientación", en muchas
clasificaciones es referida como una forma más de sexualidad,
junto a las clásicas que ya han sido citadas en este mismo texto.

Por último, las personas queer se sentirían atraídas por los


demás sin reparar en absoluto en el sexo o el género al que se
adscriben, al considerar que estas dimensiones implican un
reduccionismo absurdo. El rechazo de estos términos se
acompañaría, asimismo, de cierta reivindicación social relativa a
la existencia de estructuras de poder patriarcal que constriñen
la libertad para amar y sentir.

3. Conducta sexual
La conducta sexual describe la elección libre de otras
personas con las que se mantienen encuentros íntimos,
en función de intereses y circunstancias concretas de cada cual
en cada momento de su vida. De este modo, existen personas
que se consideran heterosexuales pero mantienen relaciones
con hombres de forma ocasional, y viceversa. Lo mismo puede
decirse en sentido contrario, esto es, cuando alguien que se
considera homosexual decide acostarse con un individuo del
sexo opuesto.

La conducta sexual puede asumir una enorme diversidad, y no


siempre se relaciona con la orientación que cada individuo
percibe para sí mismo. Más allá de la complejidad del deseo
como una etapa fundamental de la respuesta sexual humana, y
las infinitas formas en las que este puede expresarse, se han
señalado en la literatura sobre la cuestión una serie de
condiciones extraordinarias que precipitan una conducta sexual
discrepante respecto a la orientación de los implicados.

De este modo, en contextos físicos de gran segregación por


sexos y/o que implican una situación de aislamiento prolongada
(centros penitenciarios, por ejemplo), es relativamente común
que se produzcan encuentros de esta naturaleza entre personas
del mismo sexo (sin que ninguna se describa como
homosexual). No obstante, no es necesario que este hecho se
despliegue en contextos restringidos, sino que es una expresión
más de la libertad con la que el ser humano vive su sexualidad.

4. Identidad de género
El género es una realidad condicionada por el momento histórico
y social, y por ello no se le puede asignar un conjunto de
características definitorias e inamovibles. Se trata de los roles
que el entorno atribuye a las personas según sean hombres o
mujeres, y que corresponden con la conceptualización de la
masculinidad y la feminidad. De forma tradicional, al varón se le
asignó un papel masculino y a la mujer uno femenino, limitando
sus naturales cualidades únicas no vinculadas al sexo biológico.

En la actualidad se reconoce que el sexo y el género son


independientes, por lo que cada persona puede describirse a
sí misma como masculina o femenina únicamente, o referir una
combinación de ambas en cierto grado. Incluso existen personas
que fluyen dentro del espectro, asumiendo una posición
intermedia o ubicándose en alguno de sus extremos en distintos
momentos de su vida. Todo ello con independencia del sexo que
se asignó en el momento del nacimiento.

En el supuesto de que exista una coincidencia entre el sexo


atribuido al nacer (en base al reconocimiento de los genitales
externos) y el género con el que la persona se identifica, se diría
de ella que se ubica en la categoría cisgénero. En el caso
opuesto, el término que tiende a utilizarse es el de transgénero.

No obstante, existen estudios que subrayan que el sexo con el


que se nace tiene un impacto fundamental sobre las actitudes e
intereses. De este modo, se ha indicado que los niños y las niñas
muestran orientaciones atencionales diferentes desde el
momento del nacimiento (ellas se fijan más en los rostros
humanos y ellos en estímulos móviles), y poco después eligen
los juguetes de forma diferente (muñecas para ellas y vehículos
o dispositivos de construcción para ellos).
Estudios en etapas posteriores del desarrollo también muestran
que las niñas, cuando se presenta la instrucción de dibujo libre,
tienden a representar motivos naturales (como flores, paisajes,
personas, animales, etc.), mientras que los niños garabatean
escenas bélicas o medios de transporte (usando además una
paleta cromática menos variada). Pese a que los autores
postulan un efecto diferencial de la testosterona en el proceso
de gestación para explicarlo, a partir de cierta edad puede
existir un condicionamiento social que influya en los hábitos y
las conductas.