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El efecto de la novedad sobre el aprendizaje

Por Fabricio Ballarini

¿Dónde se localiza la memoria?

Para responder esta pregunta nos debemos remontar a los maravillosos descubrimiento de la
Doctora Brenda Milner y su famoso paciente llamado H.M. Cuando, allá por la década del 50, H.M.
era sometido a una cirugía para terminar con una severa epilepsia que lo atormentaba. Para ello,
el neurocirujano Willam Scoville removió gran parte de su lóbulo temporal medial en ambos
hemisferios cerebrales. El lóbulo temporal medial es la porción del cerebro que se encuentra a la
altura de la sien, y que hoy sabemos que está netamente relacionada con el procesamiento de las
memorias declarativas (En los humanos, incluye un grupo de estructuras como el hipocampo y las
cortezas entorrinal, perirrinal y para hipocampal).

Si bien la operación redujo considerablemente sus ataques epilépticos, inmediatamente se hizo


notar que el paciente H.M. padecía un serio deterioro de la memoria reciente sin otro detrimento
intelectual. Fue así que las evaluaciones post quirúrgicas del grupo de investigación encabezadas
por Milner pronosticaron algo increíble. El paciente H.M presentaba amnesia anterógrada, es decir
que a diferencia de la popular amnesia retrógrada (en la cual no podemos recordar cosas del
pasado) no podía formar nuevos recuerdos. Situaciones habituales como saber llegar al baño del
hospital donde se alojaba o simplemente recordar si hacía un par de minutos si había almorzado
le eran imposibles de recordar. H.M. era capaz de registrar la información perceptual normalmente
pero esa información dejaba de ser accesible luego de 30 o 40 segundos. Es decir, solo podía
guardar los recuerdos unos pocos segundos luego de ese tiempo esas memorias nuevas, se le
escurría de su mente. Henry Gustav Molaison (el verdadero nombre de H.M., que recién se dio a
conocer el día de su muerte en 2008) vivía en un continuo pasado, un pasado que jamás lograba
alcanzar al presente.

Fue así que gracias a la magnífica predisposición de H.M. los investigadores notaron que el déficit
en sus capacidades no era total. Henry podía aprender y recordar determinadas tareas de manera
completamente normal, como por ejemplo andar en bicicleta o dibujar una estrella reflejada en un
espejo. Estos notables descubrimientos permitieron discernir que H.M. conservaba intacta un tipo
de memoria que no dependía del lóbulo temporal medial, región que le había sido extirpada.

Estas primeras aproximaciones le permitieron a la Dra. Milner demostrar algo absolutamente


brillante y novedoso: la memoria no era un sistema único y distribuido, sino que por el contrario
existen distintos tipos de memorias guardadas en diferentes regiones de nuestro vasto cerebro.
De esta manera, y para sumar más adjetivos a su curriculum vitae, Milner sentenció que la región
del cerebro llamada hipocampo tiene una función crucial en la formación de las memorias
declarativas. Es por ello que un H.M. carente de hipocampos solo podía recordar eventos
anteriores a su cirugía. Aquellos recuerdos añejos de Henry no se hallaban en el hipocampo, ellos
estaban consolidados en otras regiones que habían quedado intactas. Henry solo podía vivir del
recuerdo.

Como una mueca del destino, mientras el reloj de H.M. se había detenido para siempre aquella
mañana de 1953, la neurociencia comenzaba el período de expansión más grande de su larga
historia.

Ahora que sabemos que nuestra memoria está codificada en conexiones sinápticas de regiones
específicas de nuestro cerebro, podremos entender que confiar el guardado de un recuerdo a una
neurona que se encuentra alojada plácidamente sobre el hipocampo es un poco jugado. Aún más,
si consideras que ella difícilmente sepa si las vacaciones en San Bernardo aquel verano del 96
fueron geniales o si tu ex novia se quedó con el juego de llaves del departamento que compartían.
Por lo cual surge un

nuevo interrogante, ¿como hace una neurona para decidir que sinapsis mantener en el tiempo?,
¿Qué mecanismo permite formar determinadas memorias y descartar otras?

Etiquetado conductual, marcando memorias.

Uno de los más grandes desafíos que puede plantearse un científico es entender el todo a partir
de sus partes. Hallar las piezas y el mecanismo que le da forma a un proceso global, es sin duda,
una de las particularidades más hermosas, complejas y exigentes que tiene nuestro trabajo.
Componer ideas, unir conceptos e intentar encontrar cierta lógica dentro de un marco conceptual
pre establecido. Romper con todo ello y comenzar de nuevo. Lograr comprender que detrás de
aquella pregunta "¿Por qué tenemos más recuerdo del 11 de septiembre de 2001 que de nuestro
último desayuno?" existe un posible mecanismo neuronal que explique los motivos y brinde las
pautas para generar, a partir de esos hallazgos, una nueva estrategia educativa.

A través de una paciente observación de la conducta de roedores nuestro resultado fue, luego de
muchos años, descubrir que una memoria de corto plazo podía promocionarse a una de largo
plazo si dicho aprendizaje era asociado a un situación novedosa. Nada más similar a nuestra
preciada formación de memorias en seres humanos, o evolución si usted quiere llamarlo así. A
nivel metodológico esto básicamente quiere decir, que si luego (o también puede ser antes) de un
aprendizaje basado, por ejemplo, en la distribución en el espacio de objetos (latas de gaseosa
situadas en medio de un superficie blanca) sorprendíamos a los animales colocándolos en un
contexto que jamás vieron por un breve período de tiempo. La memoria relacionada con la
posición de las latas era significativamente mejor que la de un grupo de animales que solo
tuvieron el aprendizaje espacial (llamado grupo control o simplemente ratas no sorprendidas).
A partir de estos descubrimientos replicamos nuestra hipótesis en cuatro tipos diferentes de
aprendizajes con resultados similares. Donde tres de ellos dependían de la actividad del
hipocampo y el otro de la corteza insular (área que procesa el sentido del gusto y su memoria).
Esto nos permitió sugerir fuertemente la existencia de un mecanismo general en la formación
de memorias de largo término. En otras palabras, la memoria en roedores era mejorada gracias
al efecto de una novedad, pero ¿como lo hace?.

La memoria, como hemos definido anteriormente, puede clasificarse temporalmente en memorias


de corto y largo plazo. Esta división está obviamente determinada por el tiempo que van a
permanecer en nuestro cerebro. Pero existe una característica más, un rasgo distintivo y
fundamental. Las memorias de largo plazo son dependientes de la síntesis de proteínas. Admito
que en este momento usted se detenga y se haga la pregunta, ¿Cómo proteínas en el cerebro?

Si, nuestro cerebro, más precisamente nuestras neuronas necesitan la síntesis (el sinónimo
científico de producción) de proteínas para el proceso de consolidación de la memoria. Estas
moléculas complejas compuestas por cadenas de aminoácidos que cumplen funciones celulares
tan diversas también cargan con la enorme responsabilidad de ser parte del guardado de los
recuerdos. A ese grupo específico de proteínas las denominamos PRP o proteínas relacionadas
con la plasticidad. Recapitulando, las memorias de largo plazo son dependientes de síntesis de
proteínas, por la tanto las memorias de corto término son independientes de estos aliados
proteicos.

Entonces la diferencia entre una memoria que dura unos pocos minutos con respecto a una que
quizás dure toda la vida está fundada en las proteínas. Dentro de este supuesto, podríamos
sencillamente pensar que la demanda proteica es el único limitante que nos separa entre recordar
y olvidar. Con lo cual, si encontramos la forma de sintetizar proteínas dentro de las neuronas
podríamos transformar una memoria de corto a largo plazo.

"La novedad genera la síntesis de proteínas relacionadas con la plasticidad", me gustaría


susurrarle al oído con cierta complicidad. Es tan simple como evolutivamente genial. Vivir una
experiencia novedosa brinda las proteínas necesarias no solo para consolidar su propio recuerdo
(el del evento novedoso en sí) sino que, dada su alocada y frenética distribución por dentro de la
neurona (en el citoplasma celular), para ayudar a consolidar los recuerdos que se estarían
formando.

"¿Usted me quiere decir que todas esas memorias de corto plazo que se iban a perder en el
olvido, se pueden consolidar y transformar en una memoria de largo plazo si son alcanzadas por
la proteínas proporcionadas por el efecto de la novedad?", si querido lector.
Dichas proteínas sintetizadas a partir del estímulo novedoso, y necesarias para la consolidación
de la memoria, van a ser capturadas por lo que hipotéticamente llamamos Etiqueta conductual.
La etiqueta conductual la podemos imaginar como una bandera que flamea cercana a una
conexión sináptica señalizando fisiológicamente que en ese preciso momento esa sinapsis está
formando un recuerdo. Es decir, una señal de tránsito celular que les indica a las proteínas a
donde deben ir. Descartando, de esta forma, la posibilidad de dirigirse hacia otras sinapsis. Las
proteínas una vez sintetizadas van a ser

atraídas por esa bandera o etiqueta logrando sostener el recuerdo en el tiempo. Las proteínas son
el sustrato necesario para guardar memorias.

Entonces, ¿Qué sucede si no existe síntesis de proteínas? Bajo nuestra hipótesis, sin proteínas, la
etiqueta (o bandera) dejará de flamear lentamente hasta desaparecer. Como consecuencia de
este mecanismo fisiológico de nuestras neuronas, esa conexión sináptica se desconectará
perdiendo aquel recuerdo que guardaba, para siempre. En otras palabras, así funciona el
guardado efímero de una memoria de corto plazo, que carente de la síntesis de proteínas su
destino es el pronto olvido.

Neuro-recapitulando, hasta el momento sabemos que:

1) Las memoria de corto plazo: son independiente de síntesis de proteínas y etiquetan conexiones
sinápticas.

2) Las memorias de largo plazo dependen de la síntesis de proteínas y etiquetan conexiones


sinápticas.

3) Las situaciones o eventos novedosos, disparan la síntesis de proteínas y etiquetan conexiones


sinápticas.

Combinando esta información podremos darnos cuenta muy fácilmente que el aprendizaje de una
tarea que solo deja una memoria de corto plazo, va a establecer una etiqueta conductual que
capturará las proteínas recientemente sintetizadas a raíz de la experiencia novedosa. De esta
manera, las proteínas producto de esa novedad, lograrán sostener dicha conexión de forma
duradera, permitiendo que aquel recuerdo de corto plazo pueda promoverse y dar lugar a una
memoria de largo plazo.

La novedad como estrategia educativa

Si un evento novedoso nos ayuda a “almacenar” información de sucesos cercanos e


intrascendentes que simplemente caerían en el olvido, ¿Sería posible mejorar la memoria de los
estudiantes a partir de un efecto sorpresa? Sin duda transformar un
conocimiento puramente neurocientífico en una posible estrategia educativa nos fascinaba pero
cuál sería el protocolo adecuado para poder resolverlo.

Como primer paso, y obviamente sin basarnos en precedente alguno (dado que jamás habíamos
trabajo analizando la memoria de seres humanos), elaboramos una serie de actividades muy
simples y acordes a los escasos tiempos que teníamos para desarrollar nuestra investigación
dentro de las escuelas. Sin perturbar el dictado normal de clases y como parte de la rutina escolar,
pensamos que sería ideal generar un modelo de trabajo que se independizara de nuestra
participación. Que no necesite de grandes cambios, ni infraestructura, ni de presupuesto. Que se
pueda realizar en cualquier institución que desee hacerlo, sin ninguna otra ayuda que la
comprensión de la idea. Queríamos pensar en un proyecto que pueda viralizarse rápidamente.

De aquella simpleza nació la idea de intentar mejorar un aprendizaje literario asociándolo con una
situación novedosa. Fundamentalmente basados en que, si los alumnos no conocían el cuento,
todos se encontrarían en el mismo grado de conocimiento: Nulo.

De igual manera y coherentes con el minimalismo experimental confiamos en dictar una clase
novedosa de la única temática que puede manejar un científico: Ciencia. Fue así que de esta
manera y cruzando los dedos muy fuerte logramos plantear el siguiente protocolo:

Como parte normal de la clase, las maestras de dos divisiones de un mismo año, debían leer un
cuento a sus respectivos alumnos por única vez. Al contar con dos cuentos de nivel de dificultad
similar la docente de la división A, por ejemplo leía "Dientes", y la de la división B leía "Gervasio, el
hombre bala" (Ambos cuentos de la autora Emma Wolf). Luego de la lectura, las indicaciones eran
claras, proseguir con la cursa como sin nada raro hubieses ocurrido. Para ese entonces,
sabíamos que para esa edad, les era cotidiano escuchar un cuento de la maestra.

Una de las divisiones, luego de la lectura, prosiguió de manera regular con su día escolar. En
cambio, al otro grupo de alumnos sin previo aviso, se les brindó la posibilidad de tener una clase
novedosa de ciencia una hora después de la lectura. Pero... ¿Qué implicaba que una actividad/
clase sea novedosa? Básicamente debía cumplir con los siguientes puntos:

1) Que fuese realizada sin previo aviso.

2) Que se dictase fuera del aula (por ejemplo en el laboratorio, en el patio, en otra aula).

3) Que fuese dada por profesores totalmente desconocidos (por ejemplo, los integrantes del
laboratorio de memoria).

4) Que su temática sea nueva, es decir, que no hayan desarrollado esos conceptos o por lo
menos no de esta forma.
5) Que fuese breve, entre 15 a 20 minutos.

Para cumplir con nuestro compromiso educativo y metodológico la clase novedosa de ciencia fue
realizada con los materiales mínimos y que en su mayoría se pueden encontrar en cualquier
laboratorio de una escuela primaria. Probetas, agua, huevos duros, sal, globos, gomitas
masticables e imanes. Nada más simple que experimentar por qué flotamos más en agua salada,
por qué no podemos unir los polos iguales de un imán o jugar con los sentidos del gusto y el
olfato. Nada que un docente con 5 minutos de capacitación y ganas no pueda hacer.

Al día siguiente, para evidenciar los efectos de la novedad sobre la memoria literaria, ambos
docentes evaluaron de forma anónima cuánto recordaban los alumnos sobre los contenidos del
cuento mediante una sencilla actividad de 10 preguntas. De esta forma, mediante esas
respuestas, podríamos comparar la memoria que tenían los alumnos que recibieron la clase de
ciencia novedosa contra la memoria de los que no la tuvieron.

Los resultados de estas primeras experiencias fueron asombrosos: tal como habíamos
hipotetizado, los alumnos que recibieron la clase novedosa recordaban con mucho más detalle el
cuento que les había sido relatado.

Contando con estos prometedores resultados, nos animamos a dar un paso más en la
investigación. Expandimos el estudio a 8 instituciones de la Provincia de Buenos Aires. Entre ellos
Colegios Privados, públicos, bilingües y religiosos de distintas fracciones sociales y culturales. Un
total de 1600 alumnos de entre 7 y 9 años. Un esfuerzo que se sostuvo gracias al incansable
trabajo de más de 45 docentes involucradas en un proyecto sin precedentes para la educación
Argentina.

El aula como laboratorio

Rápidamente, a fuerza de buenos resultados, avanzamos y variamos las condiciones de la


experiencia novedosa incorporando nuevos horarios de separación entre la novedad y la lectura
del cuento y hasta nos jugamos a modificar la temática de la misma (en vez de ciencia, probamos
también con una clase de música ¡y funcionaba!).

El paquete de resultados publicados recientemente muestran un aumento superlativo de la


memoria, en aproximadamente un 60%, cuando se brinda una clase novedad 1 hora antes o 1
hora después del aprendizaje. Un efecto promotor de la memoria es absolutamente simétrico
cuando ésta se proporciona a tiempos cercanos. Sin embargo, cuando la novedad es dada 4
horas previas o posteriores a la lectura de la historia, no se observan mejoras en la memoria de
los alumnos. Esto quiere decir que el efecto promotor de la novedad sobre una memoria presenta
un curso temporal preestablecido que coincide con la hipótesis del etiquetado conductual
previamente presentada en el capítulo anterior.
Dentro de esos descubrimientos y con el fin de confirmar que el efecto promotor sobre la memoria
se debía a la exclusivamente a la novedad en sí y no que estaba relacionado con la temática de la
clase (en este caso, de ciencia). Probamos reemplazar las probetas y los juegos con imanes por
una temática musical. Cumpliendo con las mismas premisas establecidas que debe tener la
novedad. Así a través del uso de palos, baldes, bolsas, radiografías y pelotas de fútbol, la
musicoterapeuta Magdalena Díaz Pérez compuso una orquesta muy poco convencional.

Simulando la metodología utilizada anteriormente, vimos que el aumento de la memoria literaria


asociada a la novedad musical seguía un patrón similar. La mejora de la memoria era
independiente de la temática novedosa. La clave estaba en la sorpresa.

Una de las formas más simples de controlar si un experimento representa fielmente un resultado,
es modificar drásticamente la variable que lo genera. En nuestro

caso, la novedad. Por ello razonamos que si el efecto de la novedad es el responsable de la


mejora en el aprendizaje de los alumnos, ante una clase “familiar” por más entretenida que sea,
dicha mejora ya no sería evidenciable. Con esta premisa aburrimos decenas de alumnos durante
3 semanas consecutivas realizando la misma clase de música. Transformando la novedad en una
rutina. El resultado fue contundente, bajo esta condición rutinaria no hay mayor memoria. Sin la
sorpresa no había mejoras.

Obtener una mejora del 60 por ciento gracias a una actividad tan simple fue desde luego algo muy
alentador, fundamentalmente porque acorta la brecha entre desaprobar y aprobar. Sin embargo, el
resultado más sorprendente se manifestó analizando las preguntas con mayor profundidad.

A la hora de plantear el protocolo pensamos en diseñar las evaluaciones de tal forma que
contuvieran preguntas de diferente nivel de dificultad. Donde existiesen preguntas de baja
dificultad las cuales podrían hacer referencia a personajes y situaciones repetidas, preguntas de
mediana dificultad sobre distintos segmentos de la trama y finalmente preguntas de alto nivel de
dificultad. Estas últimas consultaban detalles insignificantes, situaciones momentáneas e
intrascendentes para comprensión de la historia. De esta manera, y gracias a esta característica,
percatamos que el porcentaje de respuestas correctas de las preguntas con un alto grado de
dificultad solo eran resueltas por el 20% de los alumnos que no habían tenido una clase
novedosa.

En cambio, y he aquí nuestra grata sorpresa, cuando la lectura del cuento se asociaba 1 hora
antes o 1 hora después a la novedad, dicho porcentaje aumentaba un 200%. Repito un 200%.
Este increíble aumento nos permitió concluir que el efecto del evento sorpresivo va a consolidar
recuerdos que de otra forma si hubiesen olvidado. Nada más parecido a todos aquellos recuerdos
de situaciones rutinarias cercanos a la
caída de las torres gemelas, que de no haber ocurrido un evento inesperado fácilmente se
olvidarían.

Un efecto general

Todo resultado presenta, en mayor o menor medida, virtudes y por sobre toda las cosas:
limitaciones. Aplicación fácil e inmediata en el ámbito educativo, sustentabilidad, bajo costo
económico se pueden sumar a la lista que tiene subrayado en color rojo valores tales como un
60% de aumento de la memoria declarativa gracias al efecto de la novedad. Pasada esa columna
virtuosa, las limitaciones estaban fundadas en que la temática a mejorar era solamente literaria.
La razón por la cual dicha actividad fue elegida radica principalmente en la independencia que
posee sobre conocimientos previos que puedan ayudar a los alumnos a la hora de la comprensión
o de la evocación de ese aprendizaje. Probablemente el uso de otra asignatura como por ejemplo
matemáticas o historia, estaría influida notoriamente por los distintos niveles de conocimientos
previos que poseen los alumnos, lo cual dificultaría este tipo de evaluación donde lo que se
persigue es la consolidación de información recientemente adquirida.

Considerando estas cuestiones, y con el fin de generalizar el aprendizaje a mejorar, consideramos


interesante testear los efectos de la novedad sobre la memoria de una tarea independiente al
conocimiento intelectual. Para ello, reemplazamos la memoria literaria por un paradigma gráfico
llamado Test de Rey- Osterrieth. El mismo consiste en recordar figuras geométricas dibujadas en
un papel para poder evocarlas 24 horas más tarde. Este ejercicio mental paralelamente presenta
entre sus ventajas el hecho que la evaluación del gráfico en la sesión del test se realiza
computando puntajes preestablecidos asignados a cada figura. Es decir, la evaluación en este
caso no es un test propuesto por el grupo de trabajo, sino que es un test estandarizado y validado
por la comunidad científica.

Como marca nuestro estricto protocolo se les presentó a los alumnos las figura geométricas y una
hora después se les dictó la clase de ciencia novedosa. Como esperábamos, el resultado mostró
una diferencia significativa de los alumnos que tuvieron una clase novedosa asociada comparado
con los controles (alumnos sin novedad).

Sobre el final es valioso discutir el hecho de que todos resultados fueron replicados con éxito en
un número elevado de alumnos de distintas edades (desde 7 hasta 9 años de edad) y en distintas
instituciones (de niveles socio-culturales diversos). Como así también, hay que prestar
fundamental atención al hecho de que todas las actividades fueron realizadas durante tres años
consecutivos (2009, 2010, 2011), resultando altamente exitoso tanto en turnos de mañana como
de tarde, durante el primer o segundo cuatrimestre. De esta manera podemos descartar la
posibilidad que la promoción de estas memorias estuviera relacionada con un tema estacional o
temporal durante el día escolar.
A modo de conclusión, podemos inferir que la novedad, cualquiera que sea, cambia la forma
de aprender mejorando la memoria independientemente de la temática. Sugiriendo una
translación directa e innovadora del fenómeno neurofisiológico observado directamente al salón
de clases. Generando, de esta manera, un nuevo abordaje para la retención de contenidos
curriculares de alto grado de dificultad mediante una estrategia fácilmente aplicable.

Información extra

1) Video ¿Neuro qué? sobre la memoria. Si bien el video es simple y didáctico es una buena
introducción hacia la comprensión de la memoria https://www.youtube.com/watch?
v=Zv1MhVzQA1w&t=320s

2) Charla sobre esos resultados (es un poco larga)

https://www.youtube.com/watch?v=dGwQSnyi_b4

3) Charla TEDx

https://www.youtube.com/watch?v=Qf3qhsTfo50&t=274s

4) A partir de estos resultados hemos publicado recientemente un paper que relacionada el estrés
dentro de las aulas, producto de una evaluación con al aprendizaje

Paper Exams at classroom have bidirectional effects on the long-term memory of an unrelated
graphical task

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6220208/pdf/41539_2018_Article_36.pdf

Charla de las autoras

https://www.youtube.com/watch?v=-VTvCfgGyAQ&t=984s

5) Adjunto links con notas periodísticas sobre el tema

https://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20161113/fabricio-ballarini-las-sorpresas-
nos-ayudan-a-consolidar-los-recuerdos-5621314

https://www.bbc.com/mundo/noticias/
2013/08/130820_argentina_mejorar_memoria_vsgaleria

https://elpais.com/elpais/2016/11/11/ciencia/1478889960_323043.html