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Reseñas

Humanos como el Derecho Internacional, en acciones que se consideran «defensivas» o


«preventivas» vendría a ser la trágica prueba.
Estamos, en conclusión, ante una obra notable, que sabe combinar la aguda reflexión polí-
tica con la descripción sociológica, la erudición histórica y la excelente prosa de un buen libro
de viajes.

Carlos LÓPEZ GÓMEZ

KAGAN, Donald: Sobre las causas de la guerra y la preservación de la paz, Madrid, Turner/Fondo
de Cultura Económica, 2003, 557 pp.

La actualidad ha propiciado que esta obra, escrita varios años atrás –concretamente en
1995- aparezca ahora en los escaparates de las librerías, traducida al español. Los recientes
acontecimientos, relacionados con la crisis de Irak, han vuelto a poner relativamente de
moda las ya clásicas reflexiones en torno a los procesos que conducen al estallido de las gue-
rras, y a la forma de evitarlas. Sobre ambas cosas nos presenta Kagan su propia visión, que si
bien puede resultar polémica, e incluso anticuada en algunos de sus puntos –que recuerdan
los postulados de la clásica teoría realista de las relaciones internacionales-, es fruto de un
esfuerzo reflexivo que merece la pena ser recogido aquí.
Donald Kagan, profesor de historia y literatura clásicas en la Universidad norteamericana
de Yale, comenzó centrando sus estudios en las guerras del Peloponeso (S. V a.C.), para de ahí
pasar a interesarse por otros conflictos bélicos que, a lo largo de la historia han enfrentado a
los Estados entre sí, y extraer de todos ellos una serie de constantes que servirían, a su juicio,
tanto para explicar su surgimiento, como para intentar evitar la repetición de guerras simila-
res en el futuro.
Y eso es precisamente lo que lleva a cabo en este libro que hoy tenemos entre manos.
Analizando, desde su propia perspectiva, cuatro enfrentamientos bélicos y una crisis que
finalmente no devino en catástrofe –en este orden, la Segunda Guerra del Peloponeso, la
Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Púnica, la Segunda Guerra Mundial y la Crisis
de los Misiles soviéticos en Cuba- Kagan nos va llevando poco a poco hacia una serie de con-
clusiones que termina asentando, de forma breve, en el último apartado de su ensayo.
Así, comienza por aseverar, siguiendo a la citada corriente realista, que la guerra entre
Estados soberanos es algo inevitable, y que a lo máximo que se puede aspirar es a retrasarla
el mayor tiempo posible. Asimismo, afirma que son inútiles todos los intentos que se hagan
para explicar los conflictos internacionales a partir de criterios exclusivamente pragmáticos
o racionales –en esto se aleja quizás de los realistas más puros, pero, como enseguida vere-
mos, lo hace para seguir las opiniones de Tucídides, considerado como uno de los padres de
dicho realismo-; y eso es porque los Estados no van a la guerra exclusivamente para mante-
ner o acrecentar su poder, sea éste del tipo que sea –económico o político-, sino que pueden

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Reseñas

hacerlo también, como asegura el autor clásico de la Historia de las Guerras del Peloponeso, por
motivos tan poco tangibles como el honor.
Sobre la base mencionada –la imposibilidad de erradicar totalmente las guerras, y la difi-
cultad para entender su surgimiento desde criterios mensurables- el autor asegura que los
Gobiernos nunca pueden abandonarse a la convicción de que la paz es un estado natural del
género humano, que éste logrará perpetuar a través de su desarrollo, y de que basta poner los
términos de aquélla sobre un tratado para que se perpetúe. Por el contrario, cualquier paz se
verá siempre amenazada por algún actor internacional descontento –Cartago en época de la
República romana, Alemania tras la Gran Guerra-, y deberá por tanto estar respaldada por
Estados dispuestos al uso de la fuerza para contrarrestar la amenaza –que es lo que no habrí-
an hecho Francia y Gran Bretaña frente a Alemania en el período de entreguerras, pero sí los
Estados Unidos de Kennedy frente a la acometida soviética.
Desde luego, las teorías que Donald Kagan plasma en este libro son discutibles desde
diversos puntos de vista –toma, siguiendo una vez más visiones clásicas, a los Estados como
los únicos actores internacionales con fuerza y peso efectivos, y sus opiniones pueden con-
ducir fácilmente a la justificación de acciones o guerras preventivas, emprendidas con la
excusa de que resultan necesarias para el mantenimiento de la estabilidad internacional-.
Sin embargo, no por ello se le puede negar valor a este trabajo, fruto, como ha quedado
expuesto, de un encomiable esfuerzo que, cuando menos, tiene el mérito de inducir al lector,
desde la debida distancia, a reflexionar sobre asuntos que gozan de enorme peso a la hora de
configurar nuestra propia actualidad.

José Antonio MONTERO JIMÉNEZ

KLEMPERER, Víctor: Quiero dar testimonio hasta el final. Diarios 1942-1945, Barcelona, Galaxia
Gutenberg/Círculo de Lectores, 2003, 891 pp.

Los diarios de Víctor Klemperer entre 1933 y 1945 fueron publicados por primera vez en
alemán, su lengua original, en 1995. Poco después (1998) aparecieron traducidos al inglés y
al francés. Desde entonces se han convertido en una fuente de estudio e ilustración impres-
cindible para los historiadores especializados en el nazismo y el exterminio de los judíos.
Baste hojear las más recientes publicaciones sobre el tema (cfr. GELLATELY, Robert: No sólo
Hitler. La Alemania nazi entre la coacción y el consenso, Barcelona, Crítica, 2002; BURLEIGH,
Michael: El Tercer Reich. Una nueva historia, Madrid, Taurus, 2002 o JOHNSON, E.A.: El terror
nazi. La GESTAPO, los judíos y el pueblo alemán, Barcelona, Paidós, 2002, entre otros) para
cobrar conciencia del lugar central en el que se ha situado este testimonio de un supervi-
viente del Tercer Reich, desplazando del protagonismo a las numerosas memorias, crónicas
y vivencias de las que ya disponíamos. Al no tratarse en realidad de una obra historiográfica,
no cabe aquí realizar una valoración crítica al uso que resalte sus virtudes y defectos como vía

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