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LA UNIDAD Y LA DIVERSIDAD DEL ESPAÑOL AMERICANO

PETRELLA, Lila
Facultad de Filosofía y Letras. UBA
lilapetrella@yahoo.com.ar

Este trabajo tiene como objetivos reflexionar acerca de la imposible realidad de una
neutralidad en el lenguaje, plantear los problemas de información y limitaciones de
los diccionarios que describen las variedades hispanoamericanas, presentar un
proyecto de diccionario contrastivo de esas variedades y, finalmente, reflexionar
acerca de la postura de la Real Academia y de la Asociación de Academias de la
Lengua acerca de la diversidad del español.
En 1986 fue promulgada y sancionada la ley 23.316 del castellano neutro en
nuestro país; en 1988 se reglamentó con el decreto 1091 y el 17 de julio pasado la
Presidenta señaló que nunca nadie la hizo cumplir y que a partir de ahora el
gobierno nacional procurará que la programación emitida a través de los servicios
de radiodifusión televisiva esté “expresada en el idioma oficial o en los idiomas de
los Pueblos Originarios” 1. La Autoridad Federal de Servicios de Comunicación
Audiovisual controlará el cumplimiento de la norma y multará a los que la infrinjan.
En el artículo 1° de la ley se afirma que “se considera como idioma oficial al
castellano neutro según su uso corriente en la República Argentina, pero
comprensible para todo el público de la América hispanohablante”. La
reglamentación explicitó el concepto de castellano neutro: “Se entenderá por idioma
castellano neutro al hablar puro, fonética, sintáctica y semánticamente, conocido y
aceptado por todo el público hispanohablante, libre de modismos y expresiones
idiomáticas de sectores”.
Asimismo, en la resolución de 2013 2
se establece que su utilización “no deberá
desnaturalizar las obras, particularmente en lo que refiere a la composición de
personajes que requieran de lenguaje típico”.
Este intento de neutralidad sigue los pasos a la búsqueda que se constituye en la
década del 60 en México al necesitar distribuir en el resto de la América hispana el

1
Discurso de Cristina Fernández de Kirchner con motivo de la inauguración del cine Gaumont. En:
www.latdf.com.ar/2013/07/discurso-de-cristina-en-la-reapertura.htlm.
2
Resolución de la reglamentación incluida en el Boletín Oficial del 17 de julio de 2013.
material doblado y subtitulado en sus centros de traducción y que se extendió a
Venezuela y Puerto Rico y, finalmente, a partir de los 80, se centró en los canales y
centros de doblaje y subtitulado de EEUU (ubicados especialmente en Los Angeles
y Miami). Con motivo de la globalización de la década del 90, muchos medios se
centraron en pocas cadenas de radio y televisión que se interesaron por la
búsqueda de un lenguaje común.
Sin embargo, la insistencia en la puesta en práctica de esta ley de 27 años no
obedece a un intento de un lenguaje global sino más bien a la defensa de una
identidad cultural nacional, como se desprende no sólo del texto de la
reglamentación sino del discurso presidencial al presentarla, en el cual se explicita
que se procura fomentar la producción nacional y así recuperar la industria
audiovisual nacional para “volver a empoderar a los argentinos de sus bienes
culturales”3
Pero el concepto de neutralidad trae aparejados varios inconvenientes y nos
permite enfrentarnos a representaciones contradictorias y desconocimiento
lingüístico.
En principio, no existe un lenguaje neutro. Nunca hablamos en neutro. Siempre
nuestro discurso tiene marcas que obedecen a nuestra variedad regional como
enunciadores, a nuestra variedad social, al registro empleado de acuerdo a la
situación comunicativa en la que nos encontramos, y a la relación que tenemos con
nuestro enunciatario. Aún cuando pueda parecernos que hablamos en neutro en
tanto libre de marca, creyendo que si usamos la “lengua estándar” lo estamos
haciendo, sólo debemos reflexionar acerca de qué otra cosa que una variedad de
prestigio previamente elegida por razones no lingüísticas es la llamada lengua
estándar y, por lo tanto, una variedad marcada regional y socialmente, que obedece
a un registro formal y que da cuenta de una relación formal y distante entre
enunciador y enunciatario.
Entonces, ese idioma oficial al que alude la ley, no es neutro. No puede ser no
marcado, ni libre de modismos ni expresiones de sectores, ni “puro”, palabra
ambigua que podemos suponer apunta al despojo de marca, es decir, de lo que de
componente pragmático tiene un lenguaje, olvidando que el lenguaje lo es en tanto
alguien lo usa para dirigirse a otro en una situación.

3
Discurso referido en la nota 1.
La búsqueda de la comprensión en la comunidad hispanohablante es un objetivo de
la ley argentina, del neutro en Hispanoamérica y de la reglamentación de la ley.
También acá se parte de una idea equivocada. Se presupone que la comprensión
será mayor en tanto mayor porcentaje de palabras se conozcan en un discurso, es
decir, se parte de la idea de comprensión palabra a palabra, sin tener en cuenta que
comprendemos un discurso emitido en un contexto y que hay muchas estrategias
discursivas que nos permiten comprender al otro; es por eso que podemos entender
una película de un país hispanoamericano o española, o al mismo Chavo, aún
cuando a veces desconozcamos términos empleados, o la pronunciación de algún
personaje nos dificulte decodificar la palabra.
Pero en esta resolución del 2013, que tiene un espíritu distinto a las primeras
búsquedas de neutralidad, se señala la necesidad de respetar el lenguaje de
personajes típicos que así lo requieran. Esto es contradictorio: si se busca lo no
marcado, no puede usarse un lenguaje marcado sólo para algunos personajes
porque eso sería caricaturesco.
En suma, debajo de la ley y su reglamentación, más allá de las intenciones, hay un
desconocimiento lingüístico importante ya que no se percatan de las
contradicciones e imposibilidades en las que incurren; no sólo en las señaladas
anteriormente sino en las referidas a ese lenguaje estándar y sin marcas que se
pretende.
Justamente, este trabajo tiene por objetivos no sólo reflexionar acerca de este
concepto de neutralidad, sino, reflexionar acerca de cuáles son los rasgos de este
idioma pretendidamente neutro y los problemas aparejados.
La neutralidad queda ligada a una noción de lengua estándar (como si fuera posible
una única variedad estándar del español tanto peninsular como hispanoamericano)
y esto se concibe erróneamente sin marca, y también se liga a un registro formal, lo
que presupone equivocadamente – como dijimos, antes-, una mejor comprensión y,
por lo tanto, mejores posibilidades de comercialización de películas dobladas y
subtituladas. Así, el español neutro es una construcción comercial. Pero este
español se extiende a textos literarios y científicos traducidos, tanto de ficción como
de no ficción. Lo que lleva a preguntarnos a qué español traducimos.
El pretendido castellano neutro tiene como rasgos fonéticos definidos la
pronunciación de la s clara y sin aspiraciones ni deleciones en todos los contextos y
el yeísmo predominantemente no rehilado y si aparece rehilado, sólo sonoro y
africado (ambos rasgos son los más extendidos en Hispanoamérica y no se
corresponden con la norma rioplatense), y un acento alejado de la variedad
rioplatense. Desde el punto de vista morfosintáctico se caracteriza por el uso del tú,
la ausencia de vosotros, el contraste entre el pretérito perfecto simple y el
compuesto, el futuro morfológico predominando frente al perifrástico, mayor
presencia de la frase verbal con deber frente a tener que, ausencia de leísmo,
respeto por una estricta correlación temporal y modal de acuerdo al registro formal
generalizado en España y América, adverbios y preposiciones correspondientes a
una norma predominantemente madrileña y a veces mexicana. Pero el rasgo
principal reside en el léxico. Y ahí se encuentra su mayor problema.
Se parte de una ilusión: el creer que la diferencia entre las variedades
hispanoamericanas es muy grande y no es así. Lope Blanch, a partir de las
investigaciones del PILEI 4
afirma que “las diferencias nacionales de carácter
gramatical entre las hablas cultas de los diversos países hispanohablantes son
pocas, muy pocas” y agrega que en el terreno lexicográfico la variedad es mayor
pero no tanto como se supone. Investigaciones realizadas por Raúl Ávila (1990)
confirman que el léxico usado en el español culto de México coincide en un 95%
con el vocabulario hispánico general. De acá se desprende que el castellano neutro
se apoya en un mito: considerar que hay grandes distancias léxicas entre las
variedades en sus normas cultas 5.
A partir de mi investigación en castellano neutro y según 1200 horas de grabación
6
sumadas a cotejos con diccionarios de americanismos y el de la RAE hay menos
de 1000 palabras correspondientes a la norma culta diferentes en las variedades del
español de uso cotidiano y frecuente frente a un total de 24000 palabras sin contar
repeticiones y excluyendo pronombres, preposiciones, artículos y conjunciones y
considerando los verbos sólo una vez. De este grupo de palabras cabe citar algunos
ejemplos típicos como fregadero, aparcar, aguacate, sostén, braga, los que se
prefieren por suponerse más extendidos en las áreas del español. Sin embargo,
términos como cajuela, cartera, billete, taquilla, estufa, refrigerador, por citar
algunos, si la comprensión se tratara de un cotejo palabra a palabra, la dificultarían

4
En 1963 se constituyó un Proyecto de estudio coordinado de la norma lingüística culta de las principales ciudades de
Hispanoamérica (PILEI) apoyado al año siguiente por la Asociación de Academias de la Lengua Española, si bien, según
afirma su primer director J. M. Lope Blanch, esto nunca se efectivizó. Lope Blanch reconoce que no hay una sola norma
culta, pero sí hay una norma general que representa la intersección de las mismas.
5
Entiendo por lengua estándar la que se expresa en las hablas cultas de las variedades hispanoamericanas.
6
Los diccionarios consultados son el DRAE en la edición que figura en la bibliografía y los diccionarios de
americanismos, ya sea generales o particulares que allí mismo aparecen.
en nuestra variedad, ya que serían una pequeña caja y no un baúl, un bolso de
mujer y no una billetera, papel moneda y no una entrada a un espectáculo, la
recaudación de un espectáculo y no una boletería, un aparato a gas para calentar el
ambiente y no una cocina, una parte más fría de una heladera y no la heladera
misma. Por otro lado, palabras como fresa, cometa, piscina, periódico, rentar, grifo,
calabaza, columpio, plátano, falda, están suficientemente extendidas en las
variedades hispanoamericanas, algunas en el uso formal y otras no en la
producción pero sí en la recepción.
Con estos ejemplos intento mostrar cómo aún entendiendo la comprensión sin
contexto, es bastante fútil el uso de estos términos.
La idea de un castellano neutro igual en todas partes, más allá de la intención de
homogeneizar y globalizar o la de defender la propia identidad con lo que tiene de
heterogéneo, es un espejismo: en un mismo canal podemos encontrar distintos
tipos de españoles neutros en lo que corresponde al léxico, más cerca del
mexicano, el venezolano o el argentino. Esto ocurre porque no está claro y
sistematizado el alcance de los términos sino que el conocimiento que se tiene es el
de hablantes nativos de una variedad y falta información fidedigna en los
diccionarios, o a veces esta información está pero las entradas no nos permiten
alcanzar la información.
Es por esto que esta fallida búsqueda de neutralidad fue el punto de partida que me
permitió investigar y reflexionar acerca de la información que podíamos o no hallar
en los diccionarios. ¿Existe un diccionario al cual recurrir para saber cómo se
designan algunas de nuestras prendas o de la materia prima de nuestras comidas o
de las partes de nuestra casa o de nuestro mobiliario, en las distintas regiones del
mundo hispanohablante?
A partir de los diccionarios de americanismos consultados, podemos observar que
el concepto de americanismo es contrastivo, a saber, es el término que se
encuentra en el español americano pero no en el peninsular, por lo tanto no se
incluye lo compartido con la metrópoli. Así, si no se encuentra un término no puede
saberse si no ha sido relevado o se trata de un término peninsular. Se necesita
saber cómo se dice un término en español peninsular para poder ubicarlo (si es que
está incluído en el diccionario – que a veces ocurre-), por ejemplo, si queremos
saber cómo se dicen remera, camiseta, sleep o boxer en una variedad se torna
difícil buscarlo si no se sabe el correspondiente peninsular; si se busca y encuentra
el término en la propia variedad, allí se encontrará el equivalente en español
peninsular y luego, en un diccionario como el de Haensch (1993) hay un índice
atrás que coteja el término español con la variedad en cuestión. Pero en este
diccionario la mayoría de estos términos de la norma culta no están presentes, y
además los americanismos no se incluyen en un solo diccionario sino cada variedad
en un tomo. En el diccionario de la Asociación de Academias de la Lengua (2010),
más completo en cuanto a la información de normas cultas, no hay cotejo con la
forma peninsular, con lo cual, si se conoce la palabra en la propia variedad, se
encuentra la difusión del término, pero no los equivalentes en las otras variedades;
además el usuario no puede saber a qué registro y variedad social corresponde un
término y tampoco ninguna información pragmática sobre el mismo.
Entonces, falta información sobre cuál es el término más difundido para nombrar un
concepto, así como saber cómo se dice un concepto en las distintas variedades (a
veces está la información en los diccionarios pero no sabemos cómo encontrarla y
otras veces no está).
Por otro lado, existe en estos diccionarios un problema metodológico: todos
incluyen en sus corpus diccionarios anteriores (con lo cual se pierde de vista el uso
real de un término, y así se incorporan palabras en desuso o con otro significado).
El trabajo de campo realizado por todos los diccionarios consultados toma como
documentación texto escrito en el 90% o el 100% de los términos relevados. Esta
metodología lleva a un alejamiento entre el diccionario y el uso real. 7
Es por eso que en el marco de la cátedra de Dialectología Hispanoamericana de la
Facultad de Filosofía y Letras de la UBA estamos llevando a cabo un proyecto de
un diccionario contrastivo de términos correspondientes a las normas cultas de las
variedades hispánicas en su totalidad (la metropolitana y las americanas). Como
primer paso, hicimos una recolección del corpus a partir de la cantidad de horas de
filmación de español neutro. Elegimos aquellos términos que nos resultaban
“extraños” a nuestra variedad como hablantes nativos. Luego ampliamos el corpus
completando lo que suponíamos faltantes en los distintos campos semánticos

7
La concepción de americanismo de los diccionarios es el de un término que no aparece en España, pero predomina el
término de uso local, de registros informales y de variedades sociales apartadas de un uso apegado a la lengua
estándar, es decir, se piensa como elementos pintorescos de un lugar, denominados frecuentemente modismos, y de
uso más bien restringido, no difundidos. Por otra parte, el método de relevamiento que comparten los diccionarios es el
considerar algunos en su totalidad y otros en alto porcentaje, fuentes escritas, con mucha ausencia del uso oral y
espontáneo. Martha Hildebrandt, desde la Academia Peruana de la Lengua, está llevando a cabo un diccionario de
peruanismos que, aún cuando considera la información de diccionarios anteriores, trata de relevar información usual vía
Internet de aquellos que quieran participar. Si bien es interesante la mirada que presta atención al uso oral y cotidiano,
hay que tener precaución al pedir colaboración indiscriminada porque no se tiene así control sobre los informantes.
consultando diccionarios (DRAE y de americanismos). Desde el corpus con
términos falsamente “neutros” procuramos elicitar las palabras que designan cada
concepto en las distintas variedades del español americano por medio de dos
procedimientos: por un lado, a partir de la consulta de los diccionarios de
americanismos y regionales, pero por otro lado, y para evitar caer en las críticas
metodológicas efectuadas a los diccionarios, constituimos un cuestionario léxico
que estamos implementando en informantes de cada una de las naciones
hispanoamericanas a partir de contactos establecidos en las embajadas, así como a
través de consultas por medio de mails a informantes en cada país. Una vez
relevados estos datos, se volcarán a un diccionario contrastivo, descriptivo,
diferencial y no prescriptivo y detrás del mismo se agregará un glosario con cada
uno de los términos seleccionados entrados desde cada una de las variedades
nacionales y remitiendo a las páginas en que se lo pueda encontrar.
Esto tendrá utilidad para un traductor pero también para la enseñanza de español
para extranjeros, a la hora de desarrollar vocabulario americano.

Según lo señalado más arriba, no se toma en cuenta que las mayores diferencias
entre las regiones hispanoamericanas no se corresponden con la norma culta sino
con variedades sociales de menor nivel educativo, o locales, o con registros
informales. Por eso el uso de castellano neutro en los textos de ficción son los
problemáticos porque involucran estas variedades y registros distintos. En cambio,
los textos de no ficción no ocasionan problemas porque presentan una norma culta
y un registro formal y ahí las diferencias entre variedades hispanoamericanas no es
grande.
En la ficción literaria sin la posibilidad de marca es imposible distinguir entre
personajes y hasta entre personajes y narrador, y, como venimos diciendo, el
castellano neutro se debate en un registro formal y varias normas cultas a la vez,
con total descuido del componente pragmático del lenguaje.
Si ubicamos una palabra en un contexto lingüístico y pragmático podemos llegar a
saber qué significa. En una película, el texto y las escenas nos proporcionan
contexto lingüístico y pragmático. En un libro, ambos contextos se expresan en el
texto y también en las notas de una edición crítica que aclara por qué se selecciona
un término y no otro y el alcance de su significado. Esto ocurre, por ejemplo, en
Psicopatología de la vida cotidiana de S. Freud –texto muy complicado para traducir
por la cantidad de equívocos a partir de juegos de palabras-, en la traducción de
José Etcheverry con notas de James Strachey). De eso se trata la comunicación.
Los cuentos de J. Rulfo presentan muchos mexicanismos no pertenecientes a la
variedad estándar mexicana sino a una correspondiente a un hablante alejado de
las ciudades. Asimismo, F. de Quevedo en El Buscón emplea innumerables voces
de germanía, pero no se nos ocurre pensar el trasladarlas a un castellano neutro.
Podemos comprenderlos y disfrutarlos por el mismo contexto estrictamente
lingüístico y el pragmático, pero si queremos acceder al significado de esos
términos podemos hacerlo con las notas al pie. Por eso es preferible el respeto a las
variedades.
Sería más interesante difundir tanto término incluido e inhallable para el hablante
lego en los diccionarios y ponerlos al alcance de la mano de los hablantes, los
cuales en su mayoría no consultan ni conocen estos diccionarios ciclópeos ya que
son extensos y abarcan todo tipo de vocabulario (localismos, de usos restringidos a
contextos muy pautados, otros caídos en desuso, etc). Interesa para el usuario
común un diccionario cómodo y breve donde aparezcan un conjunto de conceptos
en contraste entre las variedades, también las formas españolas porque muchos de
estos términos se usan en Hispanoamérica o algunos en algunas partes de
Hispanoamérica; entonces si se quiere tener la información de aquellos términos
que ofrecen diferencias en las distintas zonas pero se realizan diccionarios
pretendidamente contrastivos excluyentes 8, esto obliga al usuario a tener que
consultar varios diccionarios a la vez, los que, por su costo, no están accesibles a la
mayoría y además no se encuentran en todas las bibliotecas. Como dijimos antes,
con los diccionarios con los que contamos es muy difícil a partir del conocimiento de
la propia variedad o aún de la peninsular acceder a los usos en otras variedades.
Finalmente, si reflexionamos acerca de cómo se concibe la diversidad en la lengua,
es interesante notar que tanto la RAE como las Academias Americanas entienden la
diversidad como algo ineludible de la lengua pero en cierta medida peligroso y por
lo tanto, lo confinan al estudio de usos regionales, locales, de registros coloquiales,
familiares. La diversidad en la norma culta se presenta como problemática porque
se piensa erróneamente que con ella se pierde la unidad de la lengua y se procura,
para evitarlo, la unificación. El castellano neutro es un intento de esto.
8
Un claro ejemplo de esto es el Diccionario del habla de los argentinos, que se propone no considerar los términos que
aparecen ya incluídos en el DRAE aún cuando sean americanismos, si bien a veces es asistemático e incluye términos
que presenta el DRAE y con la misma definición.
Consideramos que importa difundir la diversidad, hacerla conocer, lo que no quiere
decir necesariamente que un hablante la produzca, sino que ella sea parte de su
competencia lingüística como haber receptivo.

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