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La pérdida y el duelo en los niños

Resumen

En este ensayo se aborda la perdida y el proceso de duelo en los niños desde el enfoque
sistémico y la terapia Gestalt. El enfoque sistémico y la terapia Gestalt abordan intervenciones en
el ‘aquí’ y en el ‘ahora’, valorizando las vivencias subjetivas de las personas, no solo las
conductuales. De ahí, esta terapia desde este enfoque es adecuada para tratar el duelo, se centra
en la relación y conexión niño-terapeuta, mediante las estrategias que utiliza permite comprender
al niño, sus conflictos respecto a la perdida y que este exprese sus sentimientos.

Abstract

In this essay the loss and the process of mourning in children is addressed from the systemic
approach and Gestalt therapy. The systemic approach and Gestalt therapy address interventions
in the 'here' and in the 'now', valuing the subjective experiences of people, not only behavioral
ones. Hence, this therapy from this approach is appropriate to treat grief, focuses on the
relationship and connection child-therapist, using the strategies used to understand the child,
their conflicts regarding the loss and that this expresses their feelings.

Desarrollo

El rasgo fundamental del enfoque sistémico es su visión de los problemas y la actividad


humana como inter-personal. La teoría sistémica propone considerar al individuo relacionado
con su medio ambiente. Esta teoría propone que las personas forman parte de sistemas más
amplios que los determina y a los cuales determina simultánea y recíprocamente. La terapia
familiar sistémica basa su trabajo en estas ideas y plantea que la generación de un cambio en el
contexto, como una perdida, siempre va a influir en los miembros de la familia y que, cuando un
individuo genera un cambio, éste influye en el sistema total.

Una perspectiva sistémica implica tomar en cuenta distintas áreas y niveles, entender las
características del duelo, entender la perdida y el duelo como un todo interdependiente términos
del estilo relacional del sistema familiar, su organización, la historia personal y compartida, el
particular sistema de creencias, etc (Minuchin, Wai-Yung Lee, Simon, 1998).
Es importante mencionar que desde principios de los años ochenta, se planteó que el modelo
sistémico podría aplicarse a un solo individuo aunque no asistiera toda la familia.

El duelo es una reacción normal después de una perdida, es un proceso más o menos largo y
de aceptación de una nueva situación. Hacer el duelo implica entrar en contacto con el vacío que
dejo la perdida, valor su importancia y encontrar la manera de sobrellevar el sufrimiento y la
frustración que trae.

La característica fundamental del duelo se refiere a que aquello que se ha perdido tiene un
gran valor sentimental para la persona, lo que causa un dolor profundo, y explica la reacción de
la persona y su necesidad de reelaboración (Gómez y Estanley, 1998).

Considerando que la muerte de un individuo produce cambios en las vidas de las personas de
su entorno, y que la mayoría de las pérdidas significativas se producen en el contexto de una
unidad familiar, siendo esta una unidad de interacción en la que todos los miembros se influyen
entre sí. En la familia la muerte de uno de sus miembros supone, no solo enfrentarse a la pérdida,
sino dotar de nuevo significado, reorganizar y reestructurar las funciones que juegan cada uno de
sus componentes, en esta tarea el enfoque sistémico de la terapia familiar puede ayudar.

El enfoque sistémico se centra en la forma en la que el individuo participa en la danza


interaccional, y se orienta la intervención para que éste influya de manera decisiva en dicho
patrón interaccional. Se interesa por el componente relacional y la interacción a la adaptación al
contexto, teniendo en cuenta el ciclo de vida y las diferencias generacionales. La terapia Gestalt
se articula con este enfoque, esta terapia es una propuesta apropiada para tratar la perdida
dolorosa y el duelo en niños dado que es direccional y focalizadora esto porque en esta terapia se
considera el nivel de desarrollo, capacidad, receptividad y nivel de resistencia del niño para
decidir si la terapia será breve o de mayor duración, y las acciones a seguir para satisfacer mejor
las necesidades terapéuticas del niño, buscando dar la mejor experiencia posible en las sesiones.

La terapia Gestalt trabaja la conciencia individual y su desarrollo, incluyendo los parámetros


relacionales. Por su parte, el enfoque sistémico se centra más en la conciencia colectiva y trans-
personal, pero ambos modelos se centran en la correlación entre las conciencias individuales,
colectivas y trans-personal (Guzmán, 2015). Al asumir el duelo desde el enfoque sistémico y la
terapia Gestalt es posible tener una comprensión perceptiva, emocional y comportamental del
niño, y permite llegar a un conocimiento que hace posible profundizar la relación entre el
terapeuta, el niño y el conflicto del niño.

Ahora bien, el duelo tiene unas etapas. Worden (1991) se refiere a las etapas del duelo
individual, estas son: Aceptar la realidad de la pérdida, elaborar el dolor del duelo, adaptándose a
un entorno en el que el fallecido está ausente, recolocar emocionalmente al difunto y continuar la
vida (Pereira, 2001).

Según Bowly y Parkes definen las etapas de duelo como: conmoción y aturdimiento que
implica que la persona quede en shock con la noticia de la perdida, el equilibrio de la vida se
pone en riesgo; anhelo y búsqueda en la que la persona se da cuenta de que la ausencia, es
definitiva y desea que las cosas vuelvan a ser como antes; desorganización y desesperanza en la
que se hacen preguntas por la identidad propia y hay incapacidad de concentración en tareas
diarias; y reorganización en el que se empieza a vivir su propia vida y a llevar un nuevo orden.

Lenore Terr, en su libro Too Scared to Cry (1990), analiza el proceso de duelo descrito por
John Bowlby en Attachment, Separation, and Loss (1973-1983) en cuatro fases que se relacionan
especialmente con los niños: negación, protesta, desesperación y resolución. Terr sostiene que
los niños hacen un proceso largo en cada una de estas etapas por lo que el terapeuta debe tener
paciencia y no debe forzarlos a superarlas, pero si les debe ayudar en el proceso de pasar de una
a otra etapa.

Según Kroean (2002, citado por Trujillo et al., 2008, pag 83) “los niños no comprenden la
muerte pero si la perciben. Perciben los sentimientos y emociones de las personas que están a su
alrededor, y sienten como estos están preocupados y ansiosos”. Los niños se dan cuenta de lo que
pasa, realizan el proceso de duelo, Cid (2011) comenta que las situaciones de perdida afectan
más a los niños que a los adultos, puesto que el niño aún está en construcción, sus capacidades
cognitivas, sus emociones, y sus estrategias de afrontamiento aún están en desarrollo.

Ingercarless y cols (2005) proponen el concepto de percepción específica, el cual hace


referencia a la percepción de la muerte como un incidente concreto, centrándolo en la persona o
animal que ha muerto, sin realizar abstracciones o generalizaciones. La muerte “puede ser
comprendida por los niños en forma literal referencia todas las fuentes que proporcionan
información sobre ésta, como palabras, imágenes y experiencias vividas, por lo cual la muerte se
construye como un aspecto serio sin posibilidad de significados diferentes al asignado” tal como
lo expresa Ingercarless y cols (2005, p 84).

Durante la perdida y el duelo, los niños se enfrentan a diferentes situaciones o conductas que
se deben abordar en la terapia, tales como confusión, abandono, perdida de sí mismo, culpa,
miedo, pérdida de control, sentimientos de traición, sentir la necesidad de cuidar a los padres,
sentimientos inexpresados de tristeza, rabia, vergüenza e ideas equivocadas. A partir de las
emociones y sentimientos que presente el niño, el terapeuta deberá evaluar los problemas del
niño para enfocar la terapia (Oaklander, 2006).

Varios autores (Sierra y Rendón, citado por Ganuza, 2011, p 15) (Cid, 2011) (Trujillo et al.,
2008) coinciden en que los niños pueden actuar de varias maneras ante la pérdida, los puntos de
coincidencia, son:

-Niegan lo ocurrido, como consecuencia el niño se vuelve más juguetón, están más activos, el
niño sufre, pero este medio es el único recurso que tiene para protegerse.

-Tienen miedo a la muerte de otro ser querido: Se preocupan por quedarse solos en la vida. Se
preocupan por el bienestar de su familia y amigos.

-Sentimiento de culpa: Se sienten responsables de la muerte debido a determinados


comportamientos, enfados. Estos pensamientos les generan inquietud y malestar.

- Idealización: Atribuyen virtudes al ser querido para mantener una relación imaginaria

-Tristeza

- Malestar físico: Dolores de cabeza, inapetencia, sueño, fatiga, etc.

-Irritabilidad y mal humor: Pueden actuar de manera agresiva, presentando poca


motivación, con inconformidades.

Por su parte, Ingercarless y cols., (2005) comentan que la muerte puede causar que los niños
se sientan vulnerables, en especial cuando fue violenta e inesperada. El fallecimiento de un
hermano, compañero de clases o amigo puede causar sentimientos de enojo hacia la muerte, por
“llevarse” a la persona; hacia Dios, por permitir que sucediese; hacia el fallecido, por irse; e
incluso, hacia sí mismos por no haber sido capaz de impedirlo.
John Bowlby (1960) afirma que después de una pérdida, por lo general, los niños se
manifiestan con ansiedad y estallidos de cólera. La ansiedad se da porque al niño le da miedo
sufrir una nueva pérdida, lo que lo hace más sensible a toda separación de la figura que
desempeña las funciones maternales (Lozano y Chaskel, s.f).

Siguiendo a Dunning, (2006, citado por Trujillo et al., 2008, p 84). Los niños entre los tres y
seis años, ante una pérdida manifiestan tristeza y baja motivación hacia la realización de
actividades y cada niño responde de acuerdo a su experiencia religiosa o cultural. Los niños entre
los seis y los diez años saben que la muerte es un hecho real, mientras que los mayores
construyen conceptos más claros a medida que avanza su desarrollo psicosocial y cognitivo, el
entendimiento de la muerte y su significado. Por su parte, Kroen (2002, citado por Trujillo et al.,
2008, p 84) también se refiere a las diferencias a nivel de desarrollo. Plantea que los niños
piensan, reflexionan y lloran de manera distinta la muerte, sin que por ello la muerte deje de
ejercer impacto a cualquier edad.

Los niños puede enfrentarse a muchos tipos de pérdidas, por ejemplo pérdida de un juguete
favorito, un amigo, un barrio, un profesor querido, una mascota, un progenitor por divorcio o
separación, la pérdida derivada de algún tipo de daño físico, y la muerte de uno de los padres,
hermano, amigo o abuelo siendo la más traumática. Frente a esta última, desde un punto de vista
Sistémico, la pérdida, o amenaza de pérdida de un miembro de la familia es la mayor crisis que
tiene que afrontar un sistema familiar. Ante la crisis, si el sistema tiene suficientes recursos,
reaccionará con un cambio adaptativo. Si no los tiene, el sistema puede desaparecer, tal como lo
expone Bowen, (1976, citado por Pereira, 2001, p 1).

Frente a cualquiera tipo de pérdida es esencial que los niños hagan una adecuada expresión
del dolor porque de no hacerlo estas se van acumulando y afectan el desarrollo normal del niño.
Al respecto es importante mencionar que no es sano trasmitir a los niños mensajes equivocados
respecto a las expresiones necesarias para atravesar el proceso de duelo, por ejemplo decirles “no
está bien llorar”, esto entorpece la capacidad del niño para realizar el proceso de duelo. Por el
contrario, se les debe ayudar a expresar sus sentimientos respecto a la perdida, darles apoyo y
orientación durante el proceso de duelo.

Ahora bien, la terapia Gestalt plantea que dependiendo de la duración de la terapia, el niño
puede conducirla o el terapeuta, por ejemplo, si es de corta duración puede conducir el niño en
ciertos momentos, si la terapia es de duración larga conduce el terapeuta. Además, el terapeuta
debe actuar con prudencia, no debe ser dominante ni transgredir los límites del niño.

El trabajo terapéutico breve debe hacerse sin presiones y sin expectativas para ayudar al niño
en el proceso de duelo, para ayudarlo a mejorar las cosas ya que al trabajar con la presión de
conseguir que el niño supere la perdida rápido, se intimida al niño y no se le deja hacer el
proceso de duelo a su ritmo. El trabajo breve es recomendado en casos en los que el niño antes
de la perdida estaba equilibrado emocionalmente. Es muy importante que entre el niño y el
terapeuta exista una relación y contacto permanente y se les debe hacer sentir que no se tiene
control sobre las cosas, que pasara lo que tenga que pasar. Por tanto, en la terapia breve es
importante considerar algunos aspectos para que sea efectiva: se le debe aclarar al niño que hay
poco tiempo para solucionar las cosas, planificar lo que se hará en cada sesión, no involucrarse
con el niño, tener claros los aspectos más importantes a trabajar con el niño y priorizar, incluir a
los padres en algunas sesiones.

También es muy importante que al iniciar la terapia se realice una evaluación del duelo. Al
respecto Goldman (2000), propone una guía para la realización de dicha evaluación en la cual
propone considerar antecedentes de pérdida, participación en los rituales terapéuticos,
acompañamiento y entorno familiar y una revisión por áreas de ajuste del comportamiento del
niño antes y después de la pérdida.

Del mismo modo, Montoya (2004, citado por Trujillo et al., 2008, p 86) construye el
Cuestionario de aproximación al concepto de muerte en el niño (Cacmun) que permite abordar el
significado y las implicaciones de la muerte en varias etapas del desarrollo del niño, lo que
permite identificar lo que piensa y la explicación que ha construido sobre el evento, también
ayuda a definir las áreas prioritarias a intervenir y la forma de realizarla.

Es muy importante que durante las sesiones se estimule al niño a tomar la iniciativa de lo que
quiere hacer, bien sea jugar, pintar, etc., esto permitirá identificar que le atrae, porque le atrae,
cuando se abre o se cierre y al cerrarse se podrá identificar sentimientos importantes que están
afectando al niño. Es importante realizar actividades que permitan la proyección mediante lo cual
el niño expresa sentimientos muy profundos, que le permitan centrarse en los sentimientos
negativos que tiene a causa de la pérdida que ha sufrido, y que también permitan que el niño
involucre y exprese todos sus sentimientos para que se facilite trabajar con ellos. El objetivo de
las actividades que se desarrollan con los niños es lograr que expresen sus sentimientos, esto se
logra de manera eficaz mediante las prácticas y filosofía de la Terapia Gestalt.

En síntesis, lo más importante a tomar en cuenta durante una terapia breve es no presionar al
niño hacer o expresar algo que no quiere, el niño debe sentirse seguro y expresar sus
sentimientos a su tiempo. Para lograr resultados es indispensable que el niño y el terapeuta se
conecten y cuando se rompe esta contacto se debe prestar atención en que circunstancia ocurrió
para poder detectar situaciones y emociones en el niño. El acercamiento del terapeuta al niño
debe ser suave, respetuoso, debe ser sensible al niño.

Referencias

Cid, L. (2011). Explícame que ha pasado. Guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte
y el duelo con los niños. Fundación Mario Losantos del Campo. Madrid. Recuperado en
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Oaklander, V. (2006). Pérdida y Duelo. En: el tesoro escondido: la vida interior de niños y
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