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H T i m T T T T T T T T T T T T n T " » 'M '’ 'I T i r i T T T l t T T H ?

T I T » t f T t T n T T T m T m m T m i t T » T H ^ T T M H H » n n i l M M > I I I I I M I I U I lM M M I M > I I M W ff W W W > f W W W W W W W W W W W W W W I W W I W l» W lW

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I jí I ii miro oxplora las Interesantes posibilidades 154i
i|iiu la adopción de la perspectiva de la cons­
trucción social abre para el proceso terapéutico.
ro
La terapia
como construcción
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I,oh adoros do los trabajos Incluidos aquí com-
0 :j
pmlon una protunda preocupación por las vidas o :¡
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fioclalmonlo construidas. Por un lado, nuestra
concopclón dol yo, de la, identidad y del sentido
do la vida están arraigadas en la sociedad y la
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social
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cultura. Por otro, ningún "guión" cultural puede 3
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resultar todopoderoso, En la terapia entendida •+* -
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como construcción social, el cliente y el tera­ c
:o ;
O.;
Sheila'McNfpi.ee
peuta trabajan Juntos para cocrear historias
nuovas y más satisfactorias,.por medio de Oí
El
Keríneth Jííjéfgen
procedim ientos que reconocen su carácter o'
social y relaclonal. : o
A partir de ahí el volumen se dedica a examinar,
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IW I
a.
prlmoro, la base teórica de este proceso, y, des­ ro
»—
pués, las consecuencias que ello puede generar CD
on las relaciones cliente-terapeuta. Luego los ca
auloros discuten los diversos enfoques de la
práctica terapéutica, y presentan simultánea-
ci|',
monlo estudios de casos, algunos de los cuales CD%

si
Incluyen el trabajo con familias. De esta manera, 3
ol toxto acaba convirtiéndose en una lectura
fundamental para terapeutas,;consejeros, psicó­
logos clínicos y todas aquellas personas que
I'
prestan servicios terapéuticos, a sus clientes. i' 1
Sliolla McNamée es profesora asociada de la CD
co,
Unlvorsldad de New Hámpshire, mientras que E;jj
Konnolh J. Gergen, además de enseñar Psico­ oa:p

t|i
logía en el Swarthmore College de Pennsylvania, on
03 autor de El yo saturado: dilemas de identidad
on ol mundo contemporáneo, también publi­ 001
cado por Paldós. ; ' • . Psicología
Psiquiatría
ISBN 8<M93-0217-X Psicoterapia
154
Psicología . V¡ .;. r Sheila McNamee
Psiquiatría , .
Psicoterapia '' 1 ‘ ! Kenneth J. Gergen
Últimos títulos publicados: .

82. O. I’nnkow - Estructura familiar y psicosis


85. R. N. Blnkcney (comp.) - Manual de análisis transaccional
86. J. D. Pase - Manuel de psicopatología

,
LA TERAPIA
87. S. Arlctíy J. Bcmporad - Psicoterapia de la depresión
97. A. Brnuncr y F. Brauner - Vivir con un niño autfstico
104. D. H. Malan - Psicoterapia individual COMO CONSTRUCCIÓN
108. M. A. Malerazzi - Drogadependencia
109. F. Tustiil - Estados autísticos en los niños
111. A. Abcrastuiy 1 El psicoanálisis de niños y sus aplicaciones
115. M. Knobcl - Psicoterapia breve
. SOCIAL
116. L. Ricon y S. Di Segni - Problemas del campo de la salud mental
117. E. Torras de Beá - Entrevista y diagnóstico
118. L, Ricon y otros - Otros caminos
119. J. Poch y otros - La consulta en psicología clínica
120. L. Farré y otros - Psicoterapia psicoanalítica fo ca l y breve .
121. O. Stcvcnson - La atención al niño maltratado _
122. A. Musacchlo De Zan y otros - Drogadicción '
123. A. Fernández Álvarez - Fundamentos de un modelo integrativo en psicoterapia
i 24. P. Clian y otros - Psida ■
125. J. Manzano y F. Palacio-Espasa - Las terapias en psiquiatría infantily en psicopedagogía
126. J. D. Guy - La vida personal del psicoterapeuta '
127. A. T. Bcck y A. Freeman - Terapia cogniliva dé los trastornos de personalidad
128. J. D. Snfran y Z. Segal - El proceso interpersonal en la terapia cognitiva
129. G. Caplan - Aspectos preventivos en salud mental '
130. A, J. Campo - Teoría, clínica y terapia psicoanalítica (1957-1991)
13 I, E. Blnnchí y otros - El servicio social como proceso de ayuda
132. 0. Fclxas y M, T. Miró - Aproximaciones a la psicoterapia
i 33. V. F. Guidano - El sí-mismo en proceso
i 34. V. Bruce y P. Green - Percepción visual
í 35. L. Cancrini y C. La Rosa - La caja de Pandora
136, N. Fcjcnvmn, H . A rroyo, M , Massaro y V . Ruggieri - Autismo infantil y otros trastornos
drl (ksarrollo , '
131. M. Píre?. Pcrtirn y 1. Castro - El desarrollo psicológico de los niños ciegos i
en la primera infancia .
138. ]. Sobral, R. Arce y Á. Prieto - Manual de psicología jurídica
¡3 9 , J. Molzcszovicz - Psicofarmacolagía psicodirtámica III
PIO. J. Corel - Violencia familiar
j/|í, A. M. Wnshton - La adicción a la cocaína ._
142. A. Bltdos López - Agorafobia, 1. Naturaleza, etiología y evaluación
143. A. Dados López - Agorafobia, II, Tratamientos psicológicos y farmacológicos
j 44. M. Pnync- Teorías contemporáneas del trabajo social
145. R, Coraminas y M’ J. Snnz- El minusválido físico y su entomo ,
147. R, J, Stomborg - El libro de estilo del psicólogo ■
141!, S. Vlnogrttdov y S. Ynlnm - Guía breve de psicoterapia de grupo
Í49, L, 8, Oreonborg y otros - Facilitando el cambio emocional
ISO, J,t(, Azcongll y otros - Alteraciones del aprendizaje escolar
152, J.ll. Azcongtl •Los retardos del lenguaje en el niño PAIDÓS
153, J, Coronllmui y otros • Psicoterapia de grupos con niños Barcelona
154, 8, McNamotl y K. J. doraon - La terapia como construcción social Buenos Aires
México
ISSi D. lnlltldsr y J. Plngel • De la lógica del niño a la lógica del adolescente
0 Orlglnsü: Tharapy a s social construction . .
Hefldo en Inglés por SAGE Pubilcati'ons, Londres
KtüOClón de Ofelia Castillo ' ¡ ; ■
© jbloria de V íctor Vlano .

1.a edición, 1996 D ed icam os este libro a la m e m o ria d e H arold G oolish ian
Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del «Copyright»,
bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o pardal de esta obra por cual­
quier método o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento Informático, y la
distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

© 1992 by Sheila MeNamee y Kenneth J. Gergen, para la Intro­


ducción .
© 1992 by Lynn I-loffman, para el cap. 1 '
© 1992 by Harlene Anderson y Harold Goollshlan, para el cap. 2.
© 1992 by Laura Fruggeri, para el cap. 3
© 1992 by Tom Anderson, para el cap. 4
. © 1992 by1Wlllltim D. Lax, para el cap. 5
© 1992 by Glanfranco Cccchln, para el cap. 6 '
© 1992 by David Epston, Mlchael Whlte y Kevin Murray, para el
•cap. 7
© 1992 by Karl Toram, para el cap. 8
© 1992 by WllUam Httdson O’Hanlon, para el cap. 9 ■
© 1992 by Annlbal Coelho de Amorin y Fatima Gongalves Caval-
cante, para el cap. 10
© 1992 by Kenneth G. Gergen y John Kaye, para el cap. 11
© 1992 by Sheila MeNamee, para el cap. 12
© 1992 by Jay' S. Efran y Lcslle E. Clarfleld, para el cap. 13
© 1992 by Dora Frled Schnltman, para el cap. 14.

© de todas las ediciones en castellano, 1


Ediciones Paldós Ibérica, S.A.,
Mariano Cubí, 92 - 08021 Barcelona
y Editorial Paldós, SA1CF,
Defensa, 599 - Buenos Aires ■
ISBN: 84-493-0217-X ^ .
Depósito legal; B. 355-1996
Impreso en Novagráflk, S.L., ••• ' '
Pulgccrdíl, 127 - 08019 Barcelona .
Impreso en España - Prlntcd In Spaln '
SUMARIO

Prólogo a la edición española


Notas sobre los colaboradores
Introducción . ..................... •'

P r im e r a parte
LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO

1. Una postura reflexiva para la terapia fam iliar................................. 2fi


Lynn 'H offm an
2. El experto es el cliente: la ignorancia como enfoque terapéutico 45
H a rlen e A nderson y H a ro ld G oolisbian _
3. El proceso terapéutico com o construcción social del cambio . 61
L a u r a Fruggerl .

S eg u n d a parte
FORMAS DE LA PRÁCTICA

4. Reflexiones sobre la reflexión con fam ilias......................................


Tom A n d ersen . __
5. El pensamiento posmoderno en una práctica c lín ic a ......... ..
W ílliam D. L ax ■ .
6 . Construcción de posibilidades terapéuticas . . ...............................
G ian fra n co Ceccbin __
7. Una propuesta para re-escribir la terapia. Rose: la revisión de su vida
y un com en tario........................................................................................
D a v id Epston, M ichael W bite y Kevin M urray

T ercera parte
LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN89

8 . Distinciones terapéuticas en una terapia en curso .......................


Kart, Cyntbia, A ndrew y Vanessa
9. La historia llega a ser su historia: una terapia en colaboración y
orientada hacia la solución de los efectos secundarios del abuso
sexual ...........................................................................................................
W illiam H udson O ’H a n lo n
10 ' . LA TERAPIA COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL

10. Narraciones del yo: la producción de video en una subcultura mar­ PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
ginada ......................................................................................................... 179
A n n ibal C oelho d e A m orim y F atitn a Gon^alves C av alcan te

C uarta pa rte '


REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN La presente traducción es en gran parte un tributo a la comunidad cada
vez más amplia de académicos y terapeutas del mundo de habla española
11. Más allá de la narración en la negociación del significado terapéu­ que están colaborando en los enfoques, centrados en el lenguaje, de la ac­
tico ......................................................... •.................................................. ^ 9 ción social en general y de la psicoterapia en particular. Sus voces se suman
Kenneth J . G ergen y Jo h n K aye • de un modo significativo a uha red creciente e internacional que representa
12 . Reconstrucción de la Identidad: la construcción comunal de la los diversos intentos de explicar cómo el lenguaje crea los mundos que po­
crisis .............................'..................................................... , ..................... 219 blamos. Este movimiento no sólo plantea críticas a los métodos cognitivo
Sheila M cN am ee . . y conductista de estudio de la vida social, sino que supera la crítica y refor­
13. Terapia construccionista: sentido y sinsen tid o ............................. 233 mula de un modo positivo y fecundo la práctica terapéutica.
J a y S. E fran y L eslie E. C larfield ■ No obstante, el movimiento de reconstrucción del proceso terapéutico
14. Hacia una terapia de lo emergente: construcción, complejidad, no ha surgido de un modo espontáneo. Sus raíces se encuentran en algunos
novedad ......................................................... ........... ..................., . . . . 253 movimientos específicos del mundo terapéutico dirigidos contra las inter­
D ora F ried Schm itm an ' pretaciones tradicionallstas y esenciales de la vida mental. Entre estos pri­
meros movimientos terapéuticos se encuentran la obra pionera de la terapia
índice analítico .................................................................................................. 275 sistémica desarrollada por Minuchin (1974), Watzlawick, Beavin y Jackson
(1967) y Haley (1971), entre otros; la práctica sistémica elaborada por el Gfu-
po de'Milán (Selvini, Boscolo, Cecchin y Prato [1987]; Boscolo, Cecchin, Hoff-
man y Penn [1989]), y las interpretaciones constructivistas inspiradas por Ma-
turana (1988) y von Glasersfeld (1988). Todos ellos son representantes de una
inquietud creciente con respecto a las interpretaciones realistas de la vida
social y mental y han sentado las bases para los enfoques en los que el diálo­
go y la interacción social desempeñan un papel central.
Las colaboraciones que integran este volumen incluyen una amplia gama
de análisis conceptuales, críticos y prácticos del proceso terapéutico. El ob­
jetivo ha sido señalar los intentos de los autores de superar las críticas prece­
dentes de los enfoques tradicionales y objetivistas. El objetivo de este movi­
miento está esbozado en la Introducción del. volumen original. Con todo,
en el contexto de este Prólogo nos alegra especialmente reconocer el traba­
jo meritorio de los que han introducido, desarrollado y extendido estas crí­
ticas en el mundo hispanoparlante. La elaboración de estos movimientos críti­
cos en el mundo de habla española ha estado inspirada especialmente por
un grupo de terapeutas y académicos argentinos, entre los cuales se encuen­
tran Carlos Sluzki, Dora Fried Schnitman y Marcelo Pakman. Agradecemos
especialmente a Dora que nos haya entregado su propia colaboración para
el presente volumen. . _
Sin la aportación de otras muchas personas del mundo hispanohablan­
te, con quienes mantenemos una estrecha relación, no habría sido posible
12 LA TERAPIA COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL

NOTAS SOBRE LOS COLAllOKAimlUW


realizar este volumen. Y, aun cuando no constan explícitamente ni en el vo­
lumen inglés ni en el español, estas relaciones han ejercido una influencia
catalizadora. Estamos agradecidos a Pablo Boczkowskl, Sául Fuks y Christi-
na Ravazolla, de Argentina; a Alfredo Gatin, Eduardo Villar y Roberto Zara-
Tom A n d ersen fue médico clínico y actualmente trabilla eumu ijukiulatra.
nía, de Colombia; a Tbmás Ibáñez y Luis Botello, de España; a Mariane Kraus,
Es también profesor de Psiquiatría Social en la Escuela de Mcdlc nn dc ln 'nl'
de Chile y a Pablo Fernández Christlieb, de México, entre otros muchos. La versidad deTromso. Es conocido por su Innovadora «posición reflexiva». l,n
relación con este extenso grupo ha sido extraordinariamente Valiosa en la
editor de The Reflecting Team (1991)- .
amplLaclón de las fronteras de nuestras concepciones del proceso terapéutico.
Tanto la edición original inglesa de Therapy as Social Construction como H a rle n e Anderson, directora del Houston Galveston Inslltute, es editora
esta traducción son un símbolo de esta amplia gama de relaciones. En la edi­
responsable del Jo u r n a l o fS tra teg ic a n d Syslem íc The,-apios y * * 11"'"'1"
ción Inglesa tuvimos la suerte de contar con Anníbal Coelho de Amorin y
System s: tbe Jo u rn a l o fS y stem ic Consültation a n d Mt:mag<vi «ni. Ra ai a
con Fatlma Gon?alves Cavalcante, com o representantes de algunos de estos Y coautora de numerosas publicaciones profesionales y, junto con llai 1 l
esfuerzos creativos en Brasil. Ahora la presente edición permite ampliar este Goolishian, tiene en preparación el libro titulado A C ollaboralluo I.cm gin-
diálogo. Nos alegramos de antemano :por los diálogos venideros.
g e System s A pproach lo Psychotherapy, en Basic Books. .
. ■. " S h e il a M c N a m ee
G ia n fra n co C ecchin es actualmente codirector del Centre>M ín e s e <in b -
■ . v . - K e n n e t h J . G er g en
rapia della Famlgliay es uno de los fundadores del Mo^ el° f llán dc ‘
■ ’ . ...... Febrero de 1995 de Familia. Es coautbr.de P a ra d o x an d C ou n terp arad ox (Aronson), M ilán
System ic Therapy (Basic Books) y diversos artículos sobre terapia familiai.

L eslie E. C larfield es psicóloga por la Universidad de Vanderbüt y cursa


su doctorado en Psicología Clínica en la Temple University.

A n n ibal Coelho de A m orhn, brasileño, es neurólogo y psicólogo guestálti- _


co Durante los últimos doce años ha trabajado en salud mental y practicas d
rehabilitación en Río de Janeiro. Fue vicedlrector del Hospital Neuropsiquiatr -
co Infantil del Departamento de Salud Mental del Mumsterio de Ssdud^aetual-
mente sigue trabajando en ese hospital. En su trabajo aplica la teoría construc
de vídeo1 trabaia sobre todo con adolesce
Tav S. E fran es profesor de Psicología y director del Psychological Services
CJnter enía Universidad de Temple, Filadelfia. Trabajó como director le clí­
nica y es coautor dcL an g u a g e, Structure, a n d Changa; F ram ew orks o /M a
n in g in Psychotherapy (Norton, 1990).

D av id Epston es codirector del Family Therapy Centre en Auckland, Nueva


Zelanda. Es coautor, con Michael White, de N arrativ a M eans to
tic E nds (1990) [M edios n arra tiv os p a r a fin e s ^ a p eu ticos lPaulóJ 99
N a rrativ e C ontradiction, Experience, a n d I m a g in a r o n (1992). Una c0 ™
pdación^de sus trabajos, ¿ o l d c M Fapers (1989), fue publicada po, Dul wlch
Centre Publications, Adelaida, Australia del Sur.
14 LA TERAPIA COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL NOTAS SOBRE LOS COLABORADORES 15

Lflum Fru ggerl enseña Psicología Social en la Universidad de Parma y es te, Brattleboro, Vermont. Está especialmente interesado'en la aplicación del
profesora en el Centro Milanese di Terapia della Famiglia. Es autora de ar­ pensamiento construccionista social en la práctica clínica y. en la investiga­
tículos y libros sobre el pensamiento sistémico y el método construccionis- ción académica.
tu aplicado ai análisis de las relaciones interpersonales y sociales.
Shella McNamee es profesora asociada y directora de comunicación en la
K en neth J . G erg en es profesor de Psicología en Swarthmore College. Es Universidad de New Hampshire. Ha publicado artículos en los que explora
autor, entre otras obras, de The S atu rated S e lf Basic Books, 1991 [E lyo s a ­ las conceptualizaciones de la investigación como intervención social. Escri­
tu rad o, Paidós, 1993] y Toward a T ran sform ation o f S o cia l Know ledge, bió también sobre los métodos del construccionismo social aplicados a la
Springer-Verlag, 1982. Es un importante exponente del movimiento construc- terapia familiar.
cionista social en la psicología moderna.. .
Kevln M urray se especializó en el área de la construcción de la vida, den­
Fathna Gon qalves C avalcantc es una psicóloga guestáltica brasileña. Jun­ tro del campo psicoterapéutico. Su tesis doctoral en el Departamento de Psi­
to con el doctor Amorim coordinó un taller de terapia por el arte, actividad cología de la Universidad de Melbourne se tituló «Life as Fiction». Es editor
que dio origen a su contribución a este volumen. Actualmente trabaja con de The Ju d g em en t o f P arís: Recant French Thought in a L ocal Context, Alien
pacientes internos y externos en el Hospital Neuropsiquiátrlco Infantil del & Unwin, 1991.
Centro Psiquiátrico Pedro II de Río de Janeiro, Brasil.
K arl Tomín es psiquiatra y terapeuta familiar, y enseña en la Universidad
H arold G o o llsh ían fue director emérito del Houston Galveston Institute. de Calgary. Se interesa profundamente por los desarrollos teóricos posmo­
En 1991, poco antes de su muerte,' fue distinguido por la American Associa- dernistas que brindan posibilidades heurísticas para el proceso clínico de la
tion for Marital and Family Therapy por sus notables contribuciones a la entrevista de intervención. Ha publicado artículos sobre estos temas en F a­
terapia familiar. Es autor de numerosos artículos, muchos de'ellos en cola­ m ily P rocess. . '
boración con Plarlene Anderson, Fue un pionero en los campos de la psico­
terapia y de la terapia familiar. , , , M ichael W hlte es codirector del Dulwich Centre de Adelaida, Australia del
Sur. Su conceptualización de la «exteriorización del problema» en psicotera­
Lynn I-Iofftnan es autora de varios libros, entre ellos P ou n datton s o f Fa­ pia le ha valido un amplio reconocimiento en el campo. Ha escrito artículos
m ily Therapy, Basic Books, 1981; y, con Lulgi Boscoló, GÍanfranco Cecchin sobre este tema y es coautor, junto con David Epston, de N arrativ e M eans
Y Peggy Penn, M ilán Systemic Fam ily Therapy, Basic Books, 1987. Ha escri­ lo T h erap eu tic Ends (1990) [Medios n arrativ os p a r a fin e s terapéuticos, Pai­
to numerosos artículos sobre terapia sistémica de familia. . dós, 1993] y Narrative, Contradiction, Experience, a n d Im ag in ation (1992).

W illlam H udson O ’H anlon es autor y coautor de varios libros. Viaja regu­ D o ra F rie d Schnitm an es doctora en Psicología. Fundadora y directora de
larmente para dirigir seminarlos sobre psicoterapia. Tiene su consultorio clí­ la fundación Interfas, ha impartido la docencia en universidades de Estados
nico en el Hudson Center for Brief Therapy en Omaha, Nebraska, y es pro­ Unidos y Argentina y publicado numerosos artículos. Ha compilado asimis­
fesor adjunto de Psicología en la Universidad de Indiana, Pennsylvania. mo el volumen N uevos p a r a d ig m a s, cultura y su bjetiv id ad (Paidós, 1994)
y es coautora, junto a Saúl I. Fuks, del libro C o m p lejid ad en terapia. Selves
Jo h n Kaye es profesor de Psicología en la Universidad de Adelaida, Austra­
y m u n d o s emergentes.
lia del Sur, donde trabaja también como coordinador del Programa de Maes­
tría en Psicología Aplicada. Con interés en los campos del arte, la literatura,
la metapslcología y el análisis de la narración y el discurso, su enseñanza y
su investigación surgen de una orientación posfundacional de la psicología.
Esta orientación'informa asimismo su trabajo como psicoterapeuta.

W illlam D. Lax es profesor en la Antioch New England Gradúate Scbool,


Keenc, New Hampshire, y director de cursos del Brattleboro Family Institu-
INTRODUCCIÓN

Los problemas y sus soluciones no surgen de la simple obscrvarlón, Lo­


calizar un problema para el que se requiere una solución — por ejemplo, una
enfermedad que se debe curar— no depende tanto de lo que leñemos ame
nosotros como de lo que tenemos detrás. Es decir, llegamos al campo de
la observación con toda una vida de experiencia cultural. Y lo que es míls
importante, no sólo disponemos de lenguajes que nos proporcionan la lógi­
ca para nuestra observación, sino también de vocabularios de descripción
y explicación para lo que observamos. Así, nos enfrentamos a las situado-
nes de la vida provistos de ciertos códigos, estructuras previas de compren­
sión que ya por sí mismas indican cómo habremos de distinguir lo proble­
mático de lo valioso. En nuestro siglo, las profesiones de la salud mental se
han guiado principalmente por un solo código de comprensión, que tiene
sus raíces en la Ilustración y su forma más pura de exposición en el funda-
cionallsmo científico del siglo xx. El presente trabajo plantea un cuestlona-
miento de la estructura imperante, y al hacerlo pretende abrir nuevos pano­
ramas para la teoría y la práctica terapéuticas.
En este siglo, la perspectiva orientadora para la mayoría de los procesos
:• ' ; , .
terapéuticos depende délas opciones individuales. Es decir, que es el Indivi­
duo quien posee la capacidad de conocer el mundo y de actuar adaptatlva-
mente dentro de él. Si las capacidades y los procesos individuales funcionan
normalmente, el individuo afrontará los desaños de la vida tan adecuadamente
como le sea posible. Cuando se advierten fallos para afrontar esos desafíos,
existen razones para pensar que las capacidades y los procesos están funcio­
nando mal. Desde este punto de vista, el científico es el que más cabalmente
encarna las virtudes del funcionamiento correcto: porque es él quien obser­
va más aguda y sistemáticamente, quien aplica los procedimientos más ri­
gurosos y racionales para evaluar y sintetizar la información. El científico
construye defensas contra las emociones, los valores y las motivaciones ca­
prichosas, y se mantiene independiente de los objetos de observación, para
evitar que sus conclusiones se distorsionen o contaminen. Es precisamente
esta imagen del conocedor individual e independiente la que adoptaron la
mayoría de los terapeutas del siglo xx. El terapeuta es el que observa y refle­
xiona cuidadosamente y expone después sus conclusiones acerca de ios acier­
tos y los fallos de otros, también situados independientemente. Y el indivi­
duo común es el que sufre estos fallos, el que puede recuperar una vida
satisfactoria franqueándole el paso al conocimiento de los expertos. Es Inte­
resante señalar que, en opinión de los terapeutas científicos, la mayoría de
18 LA TERAPIA COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL
. in t r o d u c c ió n 19
estos fallos reconocen su origen en las Incapacidades (patologías) del indivi­ influyen sobre el trastorno individual. Desde esta perspectiva, no es posible,
duo para funcionar como conocedor ideal. Así fue com o Freud, por ejem­
separar la «patología individual» del- proceso de la vida en comunidad.
plo, Intentó reemplazar los procesos Inconscientes del ello (fuentes de mal • En cuanto a los feministas, estos estudiosos señalan las diversas ma­
funcionamiento) por los procesos conscientes del yo (la razón); Horney tra­ neras en que las prácticas psicoterapéuticas más corrientes son opresoras y
tó de superar la ansiedad básica de sus pacientes por medio de la percepción
perjudiciales para las mujeres. El sistema de clasificación de los trastornos
racional; los especialistas en las relaciones objetivas y los rogerianos busca­ mentales, la situación de inferioridad en que se coloca a la paciente, y la ten­
ron procesos que permitirían a la persona llegar a ser un agente autónomo; dencia de los psicoterapeutas a culpar a la mujer individual por su disfun­
ios conductistas crearon tecnologías para facilitar el reaprendizaje individual; ción mental, en la medida en que esta constituye una protesta contra las con­ 4
y los terapeutas cognitivos intentan alterar los procesos de la toma de deci­ diciones insatisfactorias en que vive, todo ello sirve para sostener una sociedad
siones por parte del individuo. . ■ - : patriarcal. : .
• Los fenomenologistas pretenden liberar al terapeuta de todo prejui­
cio acerca de la índole de la disfunción individual (por ejemplo, el conoci­
L as c r ít ic a s
miento de los expertos), de modo que pueda comprender la situación del
cliente y_ sus actos en los propios términos de éste.
La mayoría de los lectores de este libro experimentarán un c;.,ro senti­
• Los constructivlstas cuestionan la tradicional separación entre el co­
miento de incomodidad frente a la visión tradicional del terapeuta científi­ nocedor y lo conocido, y argumentan que, en gran medida, son los proce­
co. Esto se debe sobre todo a que durante las últimas décadas tuvo ; jgar una sos inherentes al organismo los que determinan qué se considerará «real».
amplia reflexión crítica dentro de los círculos terapéuticos. Las visiones tra­ El científico nunca es. independiente del mundo que observa. ■
dicionales — llamadas también «modernistas»'— fueron fuertemente cuestio­
• Los hermeneuticistas sostienen que la concepción tradicional, del te­
nadas desde diversos puntos de vista. Actualmente se confía muy poco en rapeuta como un analista objetivo de los estados mentales es errónea y mis­
aquel programa optimista que se proponía transitar por un camino científi­ tificadora. Según ellos, la interpretación terapéutica está fuertemente influi­
camente fundamentado hacia la Identificación de los «problemas» v la pues­ da por los presupuestos del terapeuta.
ta en práctica de las «curas». Éste'no es el contexto adecuado par’ empren­
_ \ Ex pacientes psiquiátricos se organizan contra la profesión de la psi­
der una profunda revisión de las nuevas formas .de crítica y su esfuerzo por quiatría, argumentando que el actual sistema de clasificación de las patolo­
proponer otras alternativas. Sin embargo, es conveniente exponer brevemente gías no sólo es opresor, cosificador y peyorativo sino que, además, favorece
los puntos más destacados del descontento: ¡. - a las diversas ramas de la profesión de la salud mental.

• Los terapeutas que critican afirman que dentro de las principales teo­ _ Cada uno de estos dominios de la crítica ha favorecido la aparición de
rías y prácticas terapéuticas existe un fuerte sesgo ideológico. La' profesión innovadoras e interesantes alternativas a la concepción tradicional del cien­
de la salud mental no es ni política ni moralmenté neutral y tampoco son tífico-terapeuta. En nuestra opinión, algunas de estas alternativas no son to­
neutrales sus evaluaciones. Las prácticas operan con miras a sostener ciertos talmente satisfactorias, porque si bien dejan de lado ciertos aspectos de la
valores, determinado orden político y algunas jerarquías de privilegio. concepción tradicional, mantienen otros (por ejemplo, la idea de que el te­
• Los terapeutas familiares cuestionan la idea de que los individuos son rapeuta es el conocedor experto). También es censurable la manera en que
ei centro de las disfunciones. Afirman, por el contrario, que la «patología in­ algunas alternativas siguen enfatizando los procesos mecanicistas de causa w ’hi
dividual» es sólo una manifestación local del problema Inherente al funcio­ y efecto: por ejemplo, considerar que la acción individual está determinada 'lUtu,1.1!
namiento de la unidad familiar (tanto la inmediata com o la extendida), En por el sistema o por la sociedad. Otras propuestas se acercan a un solipsis- w t|!
este campo se han desarrollado numerosas alternativas sistémicas, informa­
das en gran medida por formulaciones cibernéticas. 1
• Los psicólogos comunitarios amplían el ámbito de las consideracio­
mo inaceptable (como el constructivismo) o a una concepción unilateral y
singular de lo que es una sociedad buena. En realidad, muchos de estos es­ *s¿
¿1 lililíI
fuerzos encaminados a la formulación de nuevas visiones están aún en sus * 7 1111
nes contextúales, con el propósito de incluir los diversos aspectos de la vida comienzos y, por lo tanto, no es posible ofrecer un panorama descriptivo.
de la comunidad, las instituciones educacionales, las condiciones económi­ No obstante, en estos ámbitos está surgiendo una suerte de consenso, la con­ T il!
t
cas, la vida laboral, el entorno físico y otras variables, como elementos que ciencia de que la unificación sería posible. La pregunta que se formula es: UMr

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20 LA TBRAPIA COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL INTRODUCCIÓN 2b

¿sed posible beneficiarse con estas críticas y al mismo tiem po evitar la repe­ ysociólogos creen que el relato textual se tlebc jiciTcceluiiar, I.oh relwtuN Irx*
tición del pasado y sortear otras dificultades? Precisamente, la posibilidad tuales, afirman, no son independientes de las jiersunas. Por el cunliarlo, los
de este tipo de consenso es lo que este libro pretende explorar. El vehículo textos son subproductos de las relaciones humanas y se cargan tIr significa”
lntegrador es el construccionismo social. . - • ' >■ ' . : ción a partir de la manera en que se los usa dentro tic las relaciones Inierpei'"
sonales. En realidad, nuestras construcciones del mundo están llmlladas por
nuestra lengua, pero nosotros somos en gran medida responsables de estas
La a p a r ic ió n d e una c o n c ie n c ia c o n s t r u c c io n is t a 1 , limitaciones, puesto que somos nosotros quienes generamos las convencio­
nes del discurso, tanto en la ciencia como en la vida cotidiana. Y debido a
Simultáneamente, a la creciente pérdida de confianza en la visión del que tenemos la capacidad de generar relatos aceptables, poseemos lamblÓn
científico-terapeuta, se ha producido dentro del mundo académico una ge­ la capacidad de alterarlos.
neralizada deserción de la concepción tradicional de conocimiento científi­ Esto no significa que no haya nada fuera del lenguaje, nada más allá de
co. Dentro de la filosofía de'la ciencia se lanzaron importantes críticas con­ lo que entendemos que hay. Pero significa, sin embargo, que debido ti que
tra la presunción de una fundamentación formal o racional del conocimiento. nuestras formulaciones, conjuntas, sean las que sean, están Incorporadas a
Hace ya mucho tiempo que el empirismo lógico se ha dejado de considerar nuestras, pautas de acción, esas formulaciones tienen enorme Importancia
con seriedad, los racionalistas críticos son una raza en extinción, y los aspi­ para la construcción de nuestro futuro. Nada hay en ciertas alteraciones de
rantes a un «nuevo realismo» no han sido capaces de formular un programa lo que llamamos el cuerpo humano que requiera necesariamente el concep­
alternativo para la ciencia. Después, de los trabajos de Kuhn y Feyerabend, to de «muerte» como «necesidad». Pero una vez que esta concepción es am­
el «filósofo de la ciencia» ha sido prácticamente reemplazado, en el campo pliamente compartida, y que se han establecido las convenientes prácticas
Intelectual, por la historia y la sociología del conocimiento. Ambas discipli­ de manifestación del duelo, la formulación se convierte en un significativo
nas cuestionan la idea de que el conocimiento científico es racionalmente anuncio de hechos futuros. En consecuencia, apoyarse en el cambio social
superior, y rastrean los procesos culturales e históricos que favorecen ciertas significa entrar en las lenguas culturales y, al mismo tiempo, buscar su trans­
concepciones de la naturaleza al mismo tiempo que suprimen otras. Se sos­ formación. Pero esta transformación no se puede entender por una volun­
tiene, en efecto, que lo que tomamos por explicaciones correctas y objetivas tad aislada, por ún experto omnisciente. La transformación es fundamental­
de la naturaleza y del yo es sólo un. subproducto de los procesos sociales. mente una cuestión de relación que surge de innumerables conexiones entre
• En la teoría iiterarla, la retórica y la'semiótica, existen líneas de pensa­ personas. .
miento que han puesto de relieve este creciente énfasis sobre el carácter so­ Para muchos críticos de la visión tradicional del científico-terapeuta, este
cial de lo que tomamos por «lo verdadero y lo bueno». Aunque esta biblio­ énfasis sobre la construcción social de lo que se da por sentado es muy atrac­
grafía es ivasta y multifacética, a los fines de nuestra exposición es posible tivo, porque permite que los teóricos, feministas, ex pacientes mentales y otros
Identificar un mensaje fundamental que está presente en los diversos desa­ grupos, sigan cuestionando los actuales cánones de verdad dentro de la pro­
rrollos: nuestras formulaciones encuentran siempre su: orientación y sus lí­ fesión. El construccionismo favorece el tipo de reflexión crítica que podría
mites en los sistemas de lenguaje en que vivimos. Todo lo que se puede de­ abrir una vía a futuras nuevas formas de comprensión. Junto con el cons­
cir acerca del mundo —incluyendo al yo y a los otros— está determinado tructivismo y la fenomenología, el construccionismo constituye (aunque so­
por las convenciones del discurso. Por ejemplo, no podemos describir la his­ bre bases diferentes) un desafio crítico al dualismo sujeto-objeto sobre el que
toria de un país o la historia de nosotros mismos sobre la base de «lo que se basa la concepción tradicional del terapeuta-científico. Al igual que los
sucedió realmente»; disponemos, en cambio, de un repertorio de procedi­ terapeutas familiares y los pslcólogqs sociales y cibernéticos, el construccio­
mientos narrativos, o formas de narración, y los imponemos al pasado. Fra­ nismo se ocupa más de las redes de relación que de los individuos, y cues­
casar ctl el empleo de los modos tradicionales de contar historias (por ejem­ tiona la posición de superioridad trascendente reclamada por aquellos qu é"
plo, historias de progreso, cambio o fracaso, con una lógica interna y con actúan según el modo científico tradicional.
principio y fin) equivaldría a presentar un relato ininteligible de lo que ocu­ Desde luego, el tema de la mayoría de los capítulos de este libro es la
rrió. Bn efecto, lo que tomamos por «lo real y lo bueno» es, en su mayor manera de alcanzar estos fines. Por razones de comodidad hemos organiza­
parte, un producto de los relatos textuales. do el volumen en cuatro partes, que contienen capítulos que enfatizan de­
filn embargo, muchos psicólogos sociales, teóricos de la comunicación terminados temas. Las divisiones no son en absoluto tajantes, ya que muchos
22 LA TERAPIA COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL

de los capítulos son complejos. Sin embargo, en-la primera serie de capítu­
los se encontrará una reflexión másexhaustiva sobre los antecedentes teóri­
cos y mctateóricos del construccionismo dentro del contexto terapéutico.
En la segunda sección, los capítulos .exponen determinadas prácticas que ilus­
tran una sensibilidad construccionísta; En los cuatro capítulos incluidos en
esta sección se discuten algunas de las orientaciones adoptadas por los tera­
peutas construccionistas. Estos capítulos son distintos de los de la sección
siguiente, donde se ha puesto el énfasis sobre casos reales, con el propósito
de mostrar algunos de los procedimientos creativos utilizados para generar
un espacio discursivo en el que los «problemas» puedan construirse de un P r im e r a pa rte
modo diferente. La sección final del libro, cuestiona algunas elaboraciones
del construccionismo y ciertas formas más populares de la práctica terapéu­
tica. En general, los capítulo.s proporcionan una amplia gama de reflexiones LA CONSTRUCCIÓN
sobre la construcción social y el proceso' terapéutico. DEL CONTEXTO TEÓRICO

N ota ■ '• • . • ■

Los autores desean agradecer a Stuart’Palmer, decano del College of Li­


beral Arts, Universidad de New Hampshire, las becas que contribuyeron a
hacer posible este libro. ' . '■ ' ■■ ■
CAPÍTULO I

UNA POSTURA REFLEXIVA PARA LA TERAPIA I'AMII.IAR

• Lynn Hnffman

En los últimos cinco o seis años surgió en un pequero subgrupo tic te­
rapeutas familiares una concepción que aparece lo suficientemente dlfcrcn-
ciada como para calificarse de nuevo enfoque. Este enfoque es más partid"
pativo que otros y está menos orientado hacia los objetivos: de hedió,
muchos dirían que no tiene objetivos en absoluto. Hay gente que se enfure­
ce y gente que aplaude. La nueva tendencia está representada por algunos
grupos de terapeutas, en Estados Unidos y en otros países; sobre todo el grullo
de Gal ves ton (Anderson y Goolishian, 1988), el grupo Tromso (Andcrsen,
1987), y el grupo Brattleboro (Lax y Lussardi, 1989), aunque sus ideas Llenen
cada vez más partidarios. Como fui una de las personas que avanzaba a tien­
tas hacia ese algo, también me esforcé por encontrarle un nombre; pero son
tantas las corrientes de Ideas que fluyen juntas hacia ese gran caudal, que
resulta difícil identificar un ancestro común para todas ellas.
En ciertos aspectos, nuestro diálogo actual simpatiza con el movimien­
to conocido como posmodernlsmo, que proclama la muerte de la moderni»
dad y la aparición de nuevas perspectivas. Sería posible decir, sin exagerar,
que muchos partidarios del posmodernismo han tomado como propio ei
proyecto de desmantelar los fundamentos filosóficos del pensamiento occi­
dental. El término «posestructural» se usa a veces como sinónimo de «pos­
moderno». Por ejemplo, una visión posestructural de las ciencias sociales
cuestiona todo marco de trabajo que plantee algún tipo de estructura inter­
na para el ente en cuestión, ya se trate de un texto, una familia o un juego.
En terapia familiar esto significó un ataque a la concepción cibernética de
que la familia es un sistema homeostático. Como las ideas posmodernas y
posestructurales se originaron en grupos de personas que trabajaban en se­
miótica y crítica literaria, es cada vez más. frecuente hablar de narración o
de texto en el campo de las ciencias sociales.
Dentro de este contexto, algunos terapeutas familiares, como I-Iariene
Anderson y Harry Goolishian (1988), desertaron de las filas de la cibernética
y se pasaron a las de la h erm en éu tica. La hermenéutica, que uno de sus par­
tidarios llama, con tímida ironía, «el giro interpretativo», es una rama de la
interpretación textual recientemente resucitada. Para los terapeutas familia­
res que han abrazado esta concepción, la curva de retroalimentación de los

i
u LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO UNA POSTURA REFLEXIVA PARA LA TERAPIA FAMILIAR 27

alaternas cibernéticos son reemplazados por la curva intersubjetiva del diálo­ etnógrafos James Clifford y George Marcus (1986), por ejemplo, toman una
go. Así, la metáfora central para la terapia se desplaza a la conversación, re­ actitud de participación con respecto a los pueblos que estudian, y encuen­
forzada por el hecho de que'el medio básico para la terapia es también la tran en la postura de los antropólogos tradicionales una mentalidad colonial
conversación. Inconsciente. Su crítica influyó profundamente sobre la naturaleza de la en­
En mi opinión, existe un enfoque más conveniente: el de la teoría de trevista de.investigación y, por extensión, también sobre la entrevista clíni­
la construcción social (Gergen, 1985). Aunque muchas personas, entre las ca. Las consecuencias de todos estos cuestionamientos al Corpus de creen­
que me cuento, confundieron esta teoría con el constructivismo (von Gla- cias llamado «psicoterapia»1 son asombrosas. Para explicar en detalle lo que
sersfeld, 1984), las dos posiciones son muy diferentes. Existe un terreno co­ quiero decir, permítaseme describir a cinco vacas sagradas de la psicología
mún porque ambas se oponen a la idea «modernista» de, que existe un mun­ moderna y exponer las argumentaciones de sus críticos, muchos de los cua­
do real que se puede conocer con certeza objetiva. Sin embargo, las creencias les pertenecen al campo del construccionismo social.
representadas por el constructivismo promueven una imagen del sistema ner­
vioso como .una máquina cerrada. Según esta idea, las percepciones y los
constructos toman forma a medidaque el organismo se golpea contra su en­
Cinco vacas sagradas de la psicología moderna
torno. Los teóricos de ^construcción social, por el contrario, ,creen que las
Ideas, los conceptos y los recuerdos surgen del intercambio social y son me­
diatizados por el lenguaje. Todo conocimiento, sostienen los construccio-
In v estig ación so cia l ob jetiv a
nistas, evoluciona en el espacio entre las personas, en el ámbito del «mundo
común y corriente». Y es sólo a través de la permanente conversación con
Los construccionlstas sociales no sólo cuestionan la idea de una verdad
sus íntimos que el individuo desarrolla un sentimiento de identidad o una
única, sino que hasta dudan de que la Investigación social objetiva sea posi­
voz Interior. . .. ■■ • . ■
ble. Sostienen que no podemos saber qué es la «realidad social» y, en conse­
Por otra parte, los teóricos de la construcción social se colocan franca­
cuencia, que la investigación científica tradicional, con sus test, sus estadísti­
mente dentro de una tradición posmoderna. Deben mucho a la crítica tex­
cas y sus coeficientes de probabilidad, es sólo una expresión de anhelos,
tual y política representada por las Ideas descon stru ccion istas de críticos li­
terarios como Jacques Derrlda (1978),-en Francia, derivadas de los pensadores cuando no lisa y llanamente una mentira. Naturalmente, la aceptación de esta
neomarxistas de la Escuela de Francfort. Hay que agregar a este contexto in­ afirmación significaría una amenaza directa para el statu quo de la profesión
telectual los trabajos del brillante historiador social francés Michel Foucault de la salud mental. •
(1975), que volvió a dar preeminencia al término «poder», con su análisis de Para tomar sólo un ejemplo: en los Estados Unidos, la cobertura de los
la manera en que las relaciones de dominación y sumisión están incorpora­ seguros de salud para problemas emocionales sólo se brinda si esos proble­
das al discurso social . 1 ■ • , • .■ .b mas pueden clasificarse como'.enfermedades biológicas. La industria del diag­
Debido a estas Influencias, asistimos a una revolución en las ciencias nóstico está en el corazón mismo del sistema de reembolso, pero esos
sociales: y lo que es aún peor, a un cuestionamiento de la Idea de que los diagnósticos,—y los estudios supuestamente científicos en que se basan—
estudiosos de la sociedad deben considerarse científicos. Algunos Investiga­ son muchas veces cuestionables e imperfectos. Téngase en cuenta la catego­
dores sociales, com o Kenrieth Gergen (1991) y Rom Harré (1984), están cues­ ría DSM-III, recientemente inventada para caracterizar a las mujeres que se
tionando a fondo las ideas fundacionales de la psicología y la sociología mo­ agreden o que no pueden dejar de entablar relaciones de agresión (Self-
dernas. Las feministas se han unido al ataque, porque encontraron en los d efeatin g Personality D isord er [Trastorno de Personalidad Autoagreslva]). Un
argumentos de los pensadores posmodernos, especialmente en las teorías diagnóstico similar es el de Trastorno de Estrés Postraumático. Este diagnós­
de Foucault, armas poderosas para apoyar su declaración de que el lenguaje tico evolucionó porque encajaba perfectamente con los problemas de recuer­
mismo de la terapia es tendencioso en contra de las^mujeres. Y los simpati­ dos dolorosos de los veteranos de Vietnam, pero actualmente se utiliza para
zantes del feminismo, como Jeffrey Masson (1990), defienden agresivamente encuadrar a cualquier, persona que haya tenido un trauma en el pasado.
la Idea de que la psicoterapia se-inició como un tratamiento destinado a so­ Mi sentido histórico m e dice que éste no es un buen momento para ex­
meter a las mujeres que se rebelaban contra la manera en que se las trataba. presar pensamientos com o el que antecede, debido a los problemas econó­
En la antropología y en la etnografía .hubo explosiones similares. Los micos de la salud mental. En tiempos de crisis las discusiones acerca del te-
UNA POSTURA REPLBXIVA TARA LA TURARIA UAMII.IAIl V)
28 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO

Psicología- d el desarrollo
rritorlo y la legitimidad se agudizan, y actualmente asistimos a una carrera
por definir las afecciones tratables, establecer maneras correctas de tratarlas
Por lo que yo sé, los construcclonlstas,sociales 1'utTon los prlmcms en
y buscar nuevos y mejores estudios de diagnóstico. Nunca fue más evidente
cuestionar la idea de las etapas de desarrollo. Gergen (1WW) I»';''1''"- 1 'l"'Í¡ ¡!
la idea de que la realidad se construye socialmente; pero al mismo tiempo,
argumentación en contra de las teorías del desarrollo, llalli 1 ' » ' ' <¡
nunca fue tan rechazada. Agreguemos que nunca esta idea fue tan necesaria.
dar por sentada la existencia de pautas universales por medio dt U n • «
los seres humanos pueden medir su funcionamiento, y allrma qut la Idea
misma de la trayectoria normal de la vicia es gravemente dellelenh :
111 y o
es cada vez más evidente para los investigadores en este campo que l;m trjiy*v-
Kenneth Gergen presenta un argumento muy convincente sobre la «cons­ mrias de desarrollo a lo largo del curso de la vida son muy varlal le i; ni ron
trucción social del yo» (1985), en vez de adscribirlo a un tipo de realidad ■ respecto al funcionamiento psicológico ni al comportamiento visible parece
interna irreductible, representada por expresiones como «cognición» o «las haber generalidad transhlstórica en la trayectoria de la duración de la vida
emociones». Los primeros terapeutas familiares también estaban cansados de Parecen posibles una infinidad de formas de desarrollo, Y el sursl.n cmlu de
la idea del yo. Creían que las ideas de una persona acerca de sí misma sólo determinada forma puede depender de una confluencia de detalles, cuya uclfl
cambiaban cuando las ideas de sus allegados cambiaban. Hace veinte años, tencia es fundamentalmente no sistemática (Gergen, 9 ■ )■
cuando descubrí el campo de trabajo de la familia, me embarqué en un pro­
yecto para hacer desaparecer al Individuo. En realidad, sólo reemplacé la uni­ Las palabras de Gergen repiten la idea, propuesta por Uya Prigoginc (1984)
dad «individuo» por la unidad «familia». Lo que hacía falta era cuestionar la y convahdada más tardf por la Teoría del Caos (Gleick, 1987), de que cuan­
estructura misma, concebir al yo com o una extensión de la historia en movi­ do un sistema se ha alejado demasiado del equilibrio -es¡detcip supetn un
miento, como un río o una corriente.- :: ‘ • i ' nnnto de elección en el que puede producirse un cambio de estado entra
Poco a poco llegué a pensar del yo lo que los aborígenes australianos en él un elemento azaroso. El hecho desencadenante que actúa en ese punto
piensan de sus «canciones» (Chatwin, 1987). Las canciones son mapas de ru­ de elección determinará el desarrollo futuro, pero es imposible predecir cu.i
tas musicales que indican los caminos de un lugar a otro en el territorio ha­
bitado por cada individuo. Una persona puede nacer en una de esas cancio­ Segúr^los0teóricos de la evolución, como Stephen Gould (1980), las es­
nes pero conocer sólo una parte de ella, sólo algunas líneas. Los aborígenes pecies se desarrollan discontinuamente, nó progresivamente Um “ Pecie evo­
amplían su conocimiento de determinada canción realizando «caminatas» pe­ lucionará lentamente según la interacción entre su tesen a d g y
dio pero " t o punto puede tener lugar un cambio súbito, como la caída
riódicas que les permiten conocer a otros individuos que viven muy lejos
de un meteoro, que marcará una nueva trayectoria. Entonces puede suceder
y que, por así decir, conocen otras estrofas de la canción. Por lo tanto, el
qurunTespecie desaparezca y. otra tome su lugar. Según esta línea de inves
Intercambio de líneas de canción es un intercambio de importantes conoci­
hmelón se hace cadavez más difícil sostener que dentro de la personalidad
mientos. Además, estas canciones estarían ligadas a los espíritus de diferen­
humana’o dentro de cualquier grupo humano sea posible discernir una v
tes ancestros —animales, plantas o lugares—■que surgieron en «los tiempos
d e desarrollo determinada y óptima, y que toda desviación de ese camino
del sueño», antes de la existencia del hombre. Así, una persona podría com­
augure un mal desenlace. Sin embargo, la práctica psicoterapeutica actual es i
partir un ancestro con gente que vive en otro lugar del territorio.
en gran medida sustentada por cierta versión de esta idea
La belleza de este mito radica en que presenta una Imagen de la identi­ STambién se puede formular otra pregunta: ¿como aconteció que la ps
dad Individual que no está dentro de la persona ni dentro de otra unidad. coloaía moderna adoptara tan masivamente una metáfora vegetal, basac,
Esa identidad está compuesta por flujos temporales que pueden ser simples progmma°para el crecimiento? Una de nuestras más firmes creencias re -
—■como un camino segmentado— o complejos —com o un diseño en un pécm de los seres humanos es que existe algo, llamado personaUdad,^que
tapiz*™, pero que se comprenden cantando y caminando. La mezcla de com­
puede lastimarse o distorsionarse por alguna lesión a ^ 10 I hmo
prensión ecológica y social que esta práctica proporciona es impresionante. o dañarse por la omisión de alguna importante etapa de su desarrollo. Llamo
I.a ofrezco como un ejemplo poético de la construcción social del yo. a este tipo de pensamiento «ciencia por analogía». La teoría del trauma como
^ íi i'íi;
.....
UNA POSTURA REFLEXIVA PARA LA TERAPIA FAMILIAR' 31
•wj
30 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO
....
causa de los problemas emocionales puede ajustarse muy bien a.la situación do natural está representado por cajas chinas, una dentro de la otra, y que
en muchos casos, pero yo no le otorgo un rango incuestionable, ni creo que las más grandes tienen más influencia que las más chicas. ¿Y si ninguna de
explique tocios los problemas. : estas ideas fuera cierta? ¿Y si todos los niveles, capas y nidos no fueran más
que conjuntos de diferentes factores que se influyen mutuamente, iguales
entre sí pero diferenciados por nosotros, descritos por nosotros, clasifica­
Las em o cio n es . ■ . dos en jerarquías por nosotros?
El trabajo de los investigadores de la comunicación Pearce y Cronen
Rom Harré (1986) ha cuestionado la idea de que las emociones existen (1980) ilustra mi razonamiento. Ellos dividen la comunicación en capas, tal
dentro de la gente como estados o rasgos perfectamente distintos, y que son com o Bateson (1972) se valió de Russell y de la teoría de los tipos lógicos
las mismas en todo el mundo. Muchas personas no poseen ni conocimiento de Whitehead para clasificar los mensajes; pero proponen muchas más ca­
ni registro alguno de las emociones a que nosotros nos adherimos; y aun pas. Básicamente, Pearce y Cronen analizan la comunicación en un. orden
en nuestra propia historia la id e a de las emociones es relativamente recien­ ascendente de inclusión (revisado de vez en cuando): el acto de habla, el epi­
te. Los construccionistas sociales las consideran sólo una parte más de la com­ sodio, la relación, el guión de la propia vida, el mito familiar, el programa
pleja red de la comunicación entre las personas y no les conceden un esta­ cultural. Afirman que aunque los niveles más altos ejercen una fuerte pre­
tus especial com o estados interiores.' •. .. : • sión (contextual) hacia abajo, los más bajos también ejercen una presión dé­
Esta concepción tiene un antecedente en los trabajos de los terapeutas bil (deductiva) hacia arriba. Así, el llanto de un bebé (acto de habla) podría
familiares. Tiempo atrás, Haley (1963) atacó la teoría de la represión, que afirma ser el contexto para un ofrecimiento de alimentación (episodio) por parte
que la represión de las emociones en una etapa temprana de la¡vida podría de la madre. Pero también podría ser precisamente lo contrario. _
producir síntomas más adelante. Actualmente una versión de la teoría de la En lo que difiero de Pearce y Cronen es en que yo no creo que necesite­
represión informa muchos supuestos de la psicología de. divulgación: me re­ mos el concepto de niveles. Basta con considerar a cada categoría de comu­
fiero a la difundida idea de que, para ser saludables, tenemos que «entrar en nicación como un contexto posible para cualquier otra categoría. Cuál sea
contacto» con nuestra ira o con nuestra tristeza. Se ..cree que no expresar los más fuerte o más elevada, dependerá de cuál sea la que se defina com o con­
- propios sentimientos es tan peligroso como no defecar; y, de hecho, mu­ texto para la otra en determinado momento. Esta idea tiene para mí un gran
chas madres se preocupan si observan que sus hijos reprimen sus emocio- atractivo, porque durante años me esforcé por encontrar una manera de tra­
hes. En cuanto a los profesionales de la salud mental, han hecho de esta acti­ bajar sin la idea de jerarquías de la comunicación. • _
tud un fetiche, por ejemplo en los casos de desastres sociales, como una En cuanto a las cinco vacas sagradas, quisiera considerar a continuación
inundación o una ola de suicidios de adolescentes. En el pasado, las perso­ una supervaca sagrada: la naturaleza de la relación profesional misma. Para
nas acudían unas a otras en busca de consuelo, pero hoy en día se siente hacerlo me valdré de la metáfora del funcionario colonial, que nos fue lega­
la necesidad de un lamentador profesional (un trabajador social o un psicó­ da por los etnógrafos posmodernos y que los terapeutas familiares utilizan
logo) que ayude a comunidades enteras a «superar» sus emociones. Se afir­ cada vez más. :
ma que, si no lo hacen, las personas quedan condenadas a vivir bajo el efec­
to de consecuencias horribles, vagamente definidas como trastornos psíquicos
o somáticos. .. . El c o l o n ia l is m o d e la SALUD MENTAL

En mi opinión, el cuestionamiento más serio al campo de la salud men­


Los niveles . • ■ tal se desprende de la argumentación posmoderna de que gran parte de la
«ciencia social normal» (como estos teóricos llaman a la creencia occidental
Inspirándome en estos cuestionamientos, empecé a revisar la idea de en la investigación social objetiva) perpetúa cierto tipo de mentalidad colo­
que dentro de los hechos humanos existen capas jerárquicas de estructura. nial en las mentes de los académicos y los clínicos del campo. Los etnógra­
Por ejemplo: el síntoma superficial versus la causa subyacente; el contenido fos posmodernos que he mencionado señalan que en el pasado muchos
manifiesto versus el contenido latente; la comunicación abierta versus la en- investigadores etnográficos «descendieron a estudiar», es decir, eligieron es­
tudiar una sociedad menos '«civilizada» que la suya, o un grupo'considerado

iiiliiiüi ....................................
UNA POSTURA REFLEXIVA PARA I.A TERAPIA FAMILIAR 33
32 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO

pueden encarnar supuestos opresores acerca de los tléllr'll de iierminalldad.


limitado con respecto :i la cultura étnica o la clase social. Del mismo modo, Todos pueden ofrecer al cliente un salvador. Las concepciones eupIrlluallN-
un grupo de Investigadores en el campo de la salud mental (Kearney et al., tas de la terapia suelen tratar de sanar por medio de la palalmi, volviendo
1989) sostiene ahora que la «psicoterapia normal» perpetúa una mentalidad a las tradiciones chamánicas, mientras que las concepciones médicas usan
colonial en las mentes de sus profesionales. Y apelando a la misma analogía la curación por la palabra; pero ambas colocan al cliente en un lugar de su
podríamos decir que la actividad resultante consiste en «descender a practi­
misión.
car la psicoterapia». Con esto se complétala parte teórica de mi ensayo. Pasaré ahora a exjtO'
El historiador francés Michel Foucault (1975) tiene mucho que decirnos ner las aplicaciones clínicas de algunas de las ideas aquí descritas. Describiré
debido a su Importante obra sobre el discurso, y particularmente sobre el algunos formatos reflexivos que, debido a que permiten una alternancia tic
habla y la escritura institucionalizadas que conjuntos de personas compar­ la posición de experto, interfieren con la usual profesionalizado» tic la em­
ten en los grupos, campos de estudios o profesiones, y también en un país presa terapéutica. Concentraré también mi atención en el cambio |3osmo-
o una cultura. Foucault se interesó también en los mecanismos por ios cua­ derno de los métodos de entrevista y hablaré de los cambios que afectan
les un Estado moderno establece su dominio, y estudió el desplazamiento a la conversación terapéutica misma.
desde la peráona o las personas que controlan las relaciones dentro de una
sociedad hacia, el discurso m ism o que da forma a estas relaciones. Una vez
que las personas se adhieren a un discurso dado —religioso, psicológico o
UN CRECIENTE MAL-ESTAR
referido al género— favorecen ciertas definiciones acerca de cuáles son las
personas o los temas más importantes o que tienen legitimidad. No obsten- Hace unos diez años yo me sentía cada vez más preocupada por las pa­
te, ellas mismas no siempre tienen conciencia de estas definiciones implícitas. radojas del poder que afecten a los métodos tradicionales de la terapia fami­
Para los profesionales de la salud mental, las ideas de Foucault (1975) liar. Todos esos métodos se basaban en el secreto, la jerarquía y el control.
acerca del uso disciplinario de lo «confesional» son absolutamente seducto­ Aun en las versiones más flexibles, representadas por muchos terapeutas erlck-
ras. Foucault señala que en la práctica de la confesión, dentro de la religión sonianos, y también por el respetuoso enfoque de los miembros de la Aso­
católica, tal com o en la práctica psicoanalítica de la asociación libre, se per­ ciación de Milán, se mantenía al cliente a distancia y no se compartía el pen­
suade al sujeto de que tiene un oscuro y profundo secreto -generalmente samiento del terapeuta. Había úna buena razón histórica para ello. Desde sus
sexual— que esconder. No obstante, si lo confiesa a la autoridad adecuada, comienzos, la terapia familiar contenía en el meollo mismo de su acción un
•puede recibir la absolución, puede «superar» el posible daño psicológico. espejo de una sola cara: los profesionales eran los observadores; las familias,
Este secreto Inaceptable, este «pecado original» ha sido aceptado por la per­ los sujetos observados. Nunca había una calle de doble sentido. La mayoría
sona confiada como la más profunda verdad de su corazón. Y una vez acep­ de los terapeutas familiares de primera generación parecían ser partidarios de
tada esa idea, ella sigue ejerciendo todo su poder de sojuzgamiento. la idea del control del terapeuta, ejercido abiertamente o no. No sé qué me
En esta concepción, justa o injustamente, -está implícito un cambio de gustaba menos: si empujar a los clientes directamente a hacer lo que yo que­
concepto: de la Idea del terapeuta benévolo a la idea del profesional opre­ ría que hicieran, o actuar solapadamente y lograr con subterfugios que hi­
sor. Pero no es necesario que culpemos a una persona o a un grupo. «El pa­ cieran lo que yo quería que hicieran. _ _
triarcado» no es un conjunto de machos dedicados a oprimir a las mujeres - En este época empezó a abrirse paso en mi mente la idea de una acción
(aunque sea posible percibirlo así); es una manera de experimentar y expre­ más cooperativa. Había leído el libro de Carol Gillian In a D ifferen t Voice
sar Ricas acerca del género que son una herencia cultural para ambos sexos. (1982 ) y me había Impresionado la idea de que al tomar decisiones morales
Naturalmente, de estas ideas se desprende que ahora los terapeutas deben las mujeres sienten la necesidad de proteger las relaciones, mientras que a
Inven ligar de qué modo las relaciones de dominio y sumisióp están incorpo­ los hombres les preocupa más lo que es «correcto». Según este concepción,
radas a los supuestos básicos de la práctica profesional de la psicoterapia. las mujeres aprecian mucho más la conexión que el orden, la justicia o la
(lomo consecuencia, está empezando a producirse un nuevo tipo de con­ verdad. Éste fue sólo la primera de las numerosas intuiciones que me suscitó
ciencia que no perdona a los terapeutas marxistes por ser valedores de los aquel trabajo, que representaba lo que ahora se llama «feminismo cultural».
pobres, ni a los feministas porque defienden a las mujeres, ni a los terapeutas Si bien yo no quería volver a lo que acostumbrábamos a llamar «teiapla
csplrliualliiian pt>r seguir un Ideal..Estos discursos terapéuticos suelen conte­ de la sopa de gallina», empecé a tener mis dudas acerca de la distancia entre
ner Ion mismos supuestos colonialistas que los enfoques médicos. Tbdos ellos
34 U CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓ RICO
UNA POSTURA REFLEXIVA PARA LA TERAPIA FAMILIAR 35

los clientes y los terapeutas implícita en el campo de los sistemas familiares. graba «hacer Zen». Entonces, un colega noruego, Tom Ari'dersen, aportó una
Esto representó un gran cambio para mí.1Yo había sido una terapeuta sisté- idea sorprendente pero en el fondo simple: el equipo de reflexión (Ander-
mica convencida, y creía que las pautas familiares del presente determina­ sen, 1987). El expediente de pedirle a la familia que escuchara las discusio­
ban y mantenían el síntoma. La maquinaria de la patología no residía «en» nes del equipo y requerir después su opinión lo cambió todo súbitamente.
el Individuo sino «en» la familia. Y en la acción terapéutica mi objetivo era El profesional dejó de ser un ser protegido que observaba a las familias «pa­
romper o alterar ese mecanismo. Por lo tanto, no era necesario desarrollar tológicas» desde detrás de un biombo o que hablaba de ellas en la intimidad
una relación personal con los clientes, más allá de la 1necesaria para evitar de una oficina. Un supuesto básico de la ciencia social normal — que el ex­
que abandonaran el tratamiento. 1 .
perto ocupa una posición superior desde la que puede hacer una aprecia­
Cuando empecé a buscar aquella voz diferente llegué a sentirme cada ción correcta de las cosas—■se caía a pedazos. Al menos para mí, el mundo
vez más incómoda con la frialdad tecnomática. En realidad, yo nunca la ha­ de la terapia se alteró de da noche a la mañana.
bía aceptado totalmente. Cuando no me observaban, yo tenía con mis clien­
tes una actitud mucho más afectiva de lo que mi entrenamiento permitía.
'Mostraba mis sentimientos, hasta lloraba..Yo Uamabaa esta práctica «terapia L a PALABRA «REFLEXIVO ■
cursi» y nunca les hablé de ella a mis supervisores. Pero en los últimos años
empecé a pensar: «¿Por qué no?». Otros investigadores, como los del Stone Al tratar de verbalizar lo que estaba experimentando, descubrí que re­
Center de Wellesley, empezaban a creer de nuevo en la empatia. Conversé curría cada vez más a la palabra «reflexivo». Esta palabra ha sido aplicada a
con otras mujeres y descubrí que ellas también hacían secretamente lo mis­ la teoría de la comunicación por Cronen et al. (1982) en su idea del discurso
mo que yo, y que cada una le daba un apodo cariñoso a su práctica. reflexivo; y a la terapia sistémica por Karl Tomm (1987) en su categoría del.
__ También cedí a la influencia de mis experiencias previas en terapia. Qui­ interrogatorio reflexivo. Pero yo no quiero convertir este término en otra pa­
zá no tuve suerte, pero por lo general mi contacto con la clientela me ha inti­ labra de una jerga. The R a m d o m H ouse D iction ary lo define así: «El dobla-’
midado y humillado. Por lo menos, los clientes me hicieron sentir siempre miento o el repliegue de algo sobre sí mismo».
como un pobre ser humano. En parte como reacción ante estas experien­ Un sinónimo gráfico de esa idea podría ser el número ocho, que es el
cias, empecé a buscar maneras de lograr que los clientes se sintieran más có­ signo del infinito y en el que veo un anticipo de la vieja-idea del círculo o
modos. En momentos adecuados contaba episodios de mi vida. Si el cliente espiral. Uno tenía un lugar para el diálogo interior de las personas, com o tam­
tenía alguna queja sobre la terapia, yo .asumía abiertamente la responsabili­ bién una intersección que representaba el foro donde ellas se reunían y ha­
dad, en vez de considerar que la protesta era una manifestación de resisten­ blaban. Si se coloca en el contexto del discurso social, el número ocho indi­
cia al tratamiento. Preguntaba al cliente cuáles eran sus expectativas respecto ca una trayectoria, algo congruente con el nuevo énfasis sobre la narración
de la terapia y le invitaba a hacerme preguntas sobre mi trabajo. Cuando me en las disciplinas humanas y el flujo en las ciencias físicas.
sentía atrapada, especialmente si me parecía que había alguna cuestión per­ Aplicando el concepto de reflexividad a las relaciones, podríamos usar
sonal mía que estaba obstaculizando la terapia, planteaba la Idea en el trans­ el ideal de la asociación. Para mí, la palabra implica que hay una equidad
curso de la conversación: muchas veces ese recurso obró maravillas para po­ en la participación, aun cuando las partes puedan tener posiciones o carac­
ner otra vez en marcha la acción terapéutica. * .
terísticas diferentes. Tomé esta última idea del libro de Riane Eisler, The Cha-
Además, empecé a ver pocas distinciones jerárquicas, excepto las apor­ tice a n d the B lad e (1987), donde se presenta un modelo de asociación para
tadas por la diferencia entre posiciones en un sentido lateral. En otras pala­ las sociedades humanas. Uno de los ejemplos de este tipo de equidad que
bras, el centro y el borde reemplazaron al arriba y el abajo. El intento de presenta Eisler es el de los Juegos Olímpicos del Imperio micénico, donde
respetar el lugar de las personas y su manera de ver las cosas se convirtió hombres y mujeres competían en saltar por encima de los cuernos de un toro.
en una advertencia permanente de que los participantes de la terapia tenían Sin pretender encontrar un título o un símbolo, podríamos decir que
su propia capacitación; De ahí entonces que empezara a valorar la experien­ todos los formatos más característicos de este nuevo enfoque «se repliegan
cia partlcipativa, convalidada por la expresión de muchas voces y no ya por sobre sí mismos»..Los procedimientos elaborados alrededor del equipo de
la confianza en la voz del experto. . :. v •
reflexión, el empleo de conversaciones reflexivas y de interrogatorios refle­
En muchos puntos mi nueva posición excedía con mucho mi capacidad xivos, la preponderancia del prefijo «co» para describir una conversación te­
de inducirla en práctica. Continuaba «pensando Zen» pero no siempre lo­ rapéutica («co-autor, «co-evoluclón»), todo indica una preferencia por un pro-
UNA POSTURA REFLEXIVA PARA LA TUUAPIA FAMILIAR 37
36 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓ RICO

CCSO de Influencia mutua entre consultante e Investigador, en v ez de por un veces el entrevistador habla en voz tan baja qtit* es tlllitMl ofrlti. Huitín Inril-
proceso Jerárquico y unidireccional. Este enfoque cuestiona sobre todo el peutas suelen empezar a hablar preguntando: «¿Podría wr t i u c , n bien «¿Y
elevado estatus del profesional. • si...?». Al principio yo pensé que esta extraña manera de hablar no debía a
sus dificultades con el Idioma inglés o a una diferencia cultural, ettiiMucuen
cia de la conocida modestia de la personalidad noruega. Pero no era aní. 1(1
H a c er d e s a p a r e c e r al e x p e r t o . : ■ : método de entrevista encarna de un modo sumamente gráfico la deliberada
inmolación del yo profesional, y el efecto que tiene sobre los dienten en que
MI primera introducción a la posición del no experto se produjo cuan­ fomenta la participación y la invención.
do empecé a observar las entrevistas de Harlene Anderson y Harry Gooli- Permítaseme cerrar esta sección afirmando que la Idea de reducir el es­
shlan, del Galveston Family Institute. Su enfoque influyó significativamente tatus del entrevistador es también una idea posmoderna. I-Iacc poco tiempo
sobre el mío, pero hubo un momento en que yo simplemente no entendía leí un conjunto de estudios de técnicas de entrevistas de investigación edita­
lo que ellos hacían. Sabía que creían que los modelos de terapia directiva do por el entrevistador posmoderno Eliot Mishler (1986). En uno de Ion ca­
eran pato logizantes, pero sus entrevistas estaban tan poco orientadas hacia pítulos Mishler examina los métodos de Marianne Paget, también entrevista­
objetivos que parecían no hacer nada y no tener rumbo alguno. Sus méto­ dora, y cita su descripción de un proyecto en el marco del cual ella Interroga
dos de entrevistar eran igualmente heterodoxos. Solía suceder que el tera­ a mujeres artistas acerca de su proceso creativo: 1
peuta hablaba con una sola persona de la familia durante toda la sesión, lo
que resulta chocante para una persona que, como yo, se había formado tra­ Examinando con cuidado la forma y la calidad de sus preguntas, que 110
eran estandarizadas ni se determinaron previamente por un programa de en­
bajando dentro de un enfoque estructural.- Buscando siempre el encasilla-
trevistas, [Paget] observa que con frecuencia esas preguntas son entrecortadas
mlento adecuado, llamé a este nuevo estilo «terapia imperceptible». y vacilantes y dan la impresión de que ella busca maneras de preguntar acerca
Ahora bien, el rasgo distintivo del grupo Galveston'es una suerte de ig­ de lo que quiere saber; las preguntas se formulan una y otra vez en el curso
norancia deliberada. Cuando describen lo que hacen o explican cómo ense­ de la entrevista. La entrevistadora señala que esta manera de preguntar permi­
ñan, afirman que vienen de una posición de «no saber». Esto irrita con fre­ te, y posiblemente favorece, respuestas igualmente tentativas y vacilantes, que
cuencia a la gente que los ve trabajar, porque es evidentemente falso que «no se formulan dentro del proceso de respuesta; es decir, que ella crearía una si­
sepan». Sin embargo, su postura encaja muy bien dentro de las ideas posmo- tuación en la que el entrevistado también se compromete en la búsqueda de
. demás acerca de la narrativa. Al vincular la teoría narrativa con la terapia, la comprensión. Paget se refiere también a la importancia de sus silencios para
. Gergen (1991) observó que los terapeutas tradicionales creen que en la expe­ que la entrevistada pudiera contar su historia a su propia manera, y hace notar
riencia humana hay «esencias» que deben captarse en cierto tipo de narrati­ que en muchos puntos, por ejemplo cuando la entrevistada hacía una pausa,
ella permanecía silenciosa, aunque «podría haber entrado en la corriente del
va y ofrecerse a los clientes en lugar de sus viejas e ilusorias narraciones. Desde
habla» (Mishler, 1986: 96-97).
el comienzo, el terapeuta tiene ya cierta idea de lo que son estas esencias.
Los terapeutas posmodernos no creen en esencias. El conocimiento, al
que se llega socialmente, cambia y se renueva en cada momento de la inte­
racción. No hay significados previos escondidos en los relatos o en los tex­ LAS NARRACIONES DEL TERAPEUTA
tos. Un terapeuta con este punto de vista esperará que durante la conversa­
ción salga a la superficie una narración nueva y posiblemente más útil, pero Hay, sobre todo, una curva reflexiva entre profesional y cliente, que in­
la considerará espontánea y no planificada. La conversación, no el terapeu­ cluye la filosofía de trabajo del terapeuta. Los construccionistas sociales apo­
ta, C8 el autor. Creo que es en este sentido que el grupo Galveston usa la ex­ yan firmemente la idea de que no hay verdades sociales incontrovertibles,
sino sólo relatos acerca del mundo, relatos que nos contamos a nosotros mis­
presión «no saber». ■ ■ , ■ 1
Un este modelo, el no saber aparece con frecuencia acompañado del «no mos y contamos a los demás. La mayoría de los terapeutas tienen un relato
h a b la r* i 0 d e l n o hablar de la manera usual. Un buen ejemplo de esa manera acerca de cómo los problemas se desarrollan y luego se re-suelven o di­
CS el e s tilo de entrevista que en Noruega desarrollaron Tom Andersen, Anna suelven. . ■
Ben Furman (en prensa) cuestiona esta idea según la cual primero en­
M a rg a r c ta P la n a, Magnus Hald y otros. Sus preguntas o comentarios son in­
d e c i s o s y v a c ila n te s y s e producen entre largos períodos de silencio. Muchas contramos una hipótesis y después nos apoyamos en ella para hacer una In-

i
UNA POSTURA REFLEXIVA PARA LA TERAPIA FAMILIAR 39
38 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓ RICO

tonces se ve la trabazón de los comportamientos a lo largo del tiempo. Esta


tcrvenclón. Según Furman, por lo general sucede lo contrario. Entram os y a visión suele facultar a la mujer para ser capaz de hacer ciertas cosas de otro
con u n a intervención en la m en te y después en con tram os u na hipótesis q u e
modo; o al menos la libera del apelativo de víctima. ,
la ap o y a. Por ejemplo, si un terapeuta utiliza un marco pslcodinámico, dará Desde luego, no hay un nivel más verdadero que otro; se trata simple­
por supuesto que su tarea consiste en ayudar a alguien a superar un trauma mente de que no se incluyó una solución diferente para el problema en aque-
del pasado; y por lo tanto buscará una mamelón que presente un déficit de Uo en lo que el terapeuta se ha concentrado. Bien puede ser que el nivel de
desarrollo. O bien un terapeuta familiar cree que los problemas existentes episodio supere el nivel de la relación, porque detener la violencia es priori­
se vinculan con jerarquías incorrectas dentro de la'estructura familiar, y pro­ tario. También hay feministas que prefieren entrar en el nivel del programa
pone modificar las coaliciones entre los miembros que se encuentran en di­ cultural, diciendo que tratar a la mujer como una persona que necesita tera­
ferentes líneas generacionales. Hay muchos ejemplos semejantes de narra­ pia equivale a declararse apolítico y apoyar inadvertidamente el statu quo.
ciones de terapeuta. ■' 1 ■ • 'í ^ _
Yo estaba jugando con esta idea en relación con los niveles de comuni­
cación de Pearce y Cronen, mencionados anteriormente, que ellos dividen
F orm as aso ciativa s . ' 1
en acto de habla, episodio, relación, guión autobiográfico, mito familiar y
programa cultural. Todos estos niveles pueden considerarse horizontalmen­ Pero él peligro en todo esquema que divide la interacción social es que
te, es decir, como contextos para los demás. Por ejemplo, determinada se­ con demasiada frecuencia elegimos una categoría y después empezamos a
cuencia entre dos personas puede ser el contexto para que un niño tenga creer en ella. Necesitamos un método que nos impida hacer esa elección,
un berrinche, o bien puede ser lo contrario. El segmento de comunicación excepto cuando la intención y el contexto nos llevan a hacerla. En terapia,
sobre el que el terapeuta concreta principalmente su atención nos dirá más una manera de incorporar la duda necesaria consiste en establecer una situa­
acerca del terapeuta que acerca de la familia. . j ' ción en la que se favorezca la presencia de una pluralidad de relatos y en
Para citar algunos ejemplos, digamos que hay terapeutas, como los del la que los formatos asociativps mantengan los significados individuales. Ac­
Grupo de Milán, que buscan lo que consideran u'n mito familiar. Otros se tualmente esto está sucediendo. Es sorprendente observar que muchos tera­
plantean como objetivo el guión autobiográfico del individuo. Y hay aún otros peutas manifiestan un nuevo Interés por reflejar modos, modos asociativos
que entran en el nivel del acto de habla, devolviendo o reflejando una pala­
y modos metafóricos de hacer terapia. _ .
bra usada por el cliente y desmenuzándola hasta llegar a otra que abra más Tom Andersen, por ejemplo, usa con frecuencia imágenes para descri­
posibilidades. He visto un vídeo de Goolishian y Anderson hablando con bir las ideas.y los actos de las personas. Pienso ahora en una entrevista con
una dienta que había sido'visualizada como una «chiflada» y que se pasaba una pareja mixta, uno budista y el otro cristiano. Durante una reflexión de
la mayor parte del tiempo sentada a oscuras en el lavabo. Durante la conver­ equipo Tom ofreció la imagen de «dos bellos soles sonrientes». Después de­
sación la mujer cambió su queja: dejó de decir que tenía una «sensación de sarrolló esta idea entonando una letanía que-rezaba: «Dejad que el sol se vaya,
aburrimiento» y manifestó que se sentía «desdichada» o «deprimida». Éste dejad que el sol se levante». Para mi prosaica mente, Andersen estaba sugi­
fue uno de los grandes acontecimientos de la sesión, porque permitió dejar riendo que un sistema solancon dos soles podría tener un problema; y sin
de describir a la dienta como una persona «loca» y empezar a describirla duda, ambas personas parecían encontrarse encerradas en una lucha de vo­
como alguien que sufría por estar sola. ■' ‘ luntades. Ahora sé que al pensar así sólo estoy imponiendo mi propia com­
Ciertas consideraciones acerca del nivel de comunicación en que entra prensión. Según el seguimiento realizado después, la pareja recordó la en­
el terapeuta pueden explicar algunos Conflictos en el campo. Tomemos, por trevista como útil, pero no hizo comentario alguno sobre el simbolismo. La
ejemplo, la objeción que los terapeutas y las terapeutas familiares feministas reflexión permaneció ambigua, lo que permitió a la pareja vincularse con
plantean a la práctica sistémica. Ellos creén que en los casos en que el hom ­ las imágenes según sus propias visiones personales.
bre golpea a la mujer, ver a la pareja junta absuelve al hombre de la responsa­ Yo en mi trabajo, aliento a las personas a jugar con los relatos y estoy
bilidad y culpa a la mujer. Esta visión es congruente con entrar en el nivel siempre dispuesta a aportar alguno para impulsar la Idea, Admito que mis
del ep isod io . En este contexto, la violencia está mal y debe terminar. A la historias tienden a ser positivas y transformadoras, lo que quiere decir que
mujer no se la debe entrevistar junto con el hombre, porque ello implicaría trato de convertir lo que se experimenta como difícil en algo que contenga
que ella es tan responsable de las palizas como el hombre. Pero si uno entra alguna esperanza. Con frecuencia, en la comunidad de la New Age donde
en el nivel de la relación, que es lo que los terapeutas sistémicos hacen, en-
40 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓ RICO
UNA POSTURA REFLEXIVA l’AHA LA THIIAl'IA FAMILIAR <11
vivo, surge la Idea del k a rm a , Entonces suelo describir el problema de una
de nuevo marxismo. Aun al apoyar la emancipación, nadie llene la illllina
pareja como una «cuestión kármlca» y sugiero que quizás ese problema ten­
palabra sobre cómo debe ser el discurso Ideal o qué jimbleina norial en mito
ga algo que ver con un dilema que no se resolvió en generaciones pasadas,
urgente. En general, nuestro objetivo debe ser llegar a tener una ponlura crí­
si no en vidas pasadas. Para bien o para mal, ellos tienen oportunidad de
tica que favorezca la toma de conciencia de las relacionen de jinder que ne
trabajar sobre esto. SI les va bien, los hijos de la siguiente generación podrán
ocultan dentro de los supuestos de todo discurso social, Incluyendo al din
plantear un nuevo desafío. ' . ;
curso crítico mismo. Así, no sólo nuestra teoría sino lamblén nuenira jii.leil
Esta manera de Jugar con formas asociativas— relatos, ideas, imágenes,
ca deben reflejar una conciencia de las relaciones de poder ocultan. No lamia
sueños— siempre formó parte de la terapia, pero ahora ha encontrado fun-
con dejar de culpar a las mujeres o con valorar a los grupos étnicos. lil aell
damentaclón en una de las disciplinas humanas descriptivas: .considero que
vismo, especialmente en favor de una «buena causa», corre el riesgo de re
eso es el construccionismo social en su forma más amplia1. Cada vez que par­
forzar las ilusiones de poder de los profesionales.
ticipo en el trabajo de gente que experimenta con estos niodelos nuevos,
Y por último, quiero volver a referirme a los peligros del profcnlonalln*
me sorprende el énfasis sobre el juego lingüístico que se Observa en el cam­
mo. Masson (1990), como ya dije, cuestiona la elevada posición que ocupan
po, y me pregunto si no estaremos asistiendo a una nueva Gestalt para la
los profesionales de la salud, A ese respecto cita un pasaje del libro Prn/as-
consulta sistémica. Actualmente el grupo de Galveston está usando la expre­
sio n o f M edicine (1972), del sociólogo médico Eliot Freidson:
sión «enfoque de sistemas de lenguaje cooperativo»; Gergen ha sugerido «te­
rapia narrativa»; otros terapeutas y yo estamos empleando la palabra «reflexi­ Estoy convencido de que el papel de la profesión en una sociedad libre
va». Pero sin duda se están probando otros términos, mientras se desarrolla debería limitarse a aportar la información técnica que los hombres [sic] nece­
en el tiempo el proceso lingüístico y social que forma nuevos campos de sitan tener para tomar decisiones sobre la base de sus propios valores. Cuando
estudios. . ■■■■■■ el profesional se vale de la autoridad para dirigir y aun constreñir las dcclslo-
nes de los hombres [sic] sobre la base de sus propios valores, ya no es un ex­
perto sino un miembro de una nueva clase privilegiada, disfrazado de experto
UNA ÉTICA DE LA PARTICIPACIÓN 1 .
(Freidson, 1972 : 382). '

Concuerdo respetuosamente con toda la declaración, excepto con el uso


Para terminar, quisiera volver a hacer referencia a la contribución de los de la palabra «hombres» para referirse a todas las personas. Como señala Mas-
etnógrafos posmodernos. Cllfford y Marcus (1986) toman la Idea del obser­ son en su libro, los sujetos de las primeras versiones de la curación por la
vador trascendental u objetivo' y lo reemplazan'po'r la idea de una colabora­ conversación que llamamos psicoterapia fueron principalmente mujeres; y
ción en la que nadie tiene la última palabra. Implícitamente, la naturaleza de todavía lo son. En una sociedad libre, tanto las mujeres como los hombres
la conversación cambia. Según sus propias palabras: deben tener acceso al pensamiento de las personas que consultan, a fin de
evitar que «profesionales disfrazados de expertos» decidan por ellos. Los for­
Debido a que la etnografía posmodema privilegia el «discurso» sobre el matos reflexivo y reflectante que abordo en este capítulo pueden contribuir
«texto», propone el diálogo en oposición al monólogo y destaca la índole coo­ a hacerlo posible. • ■ :1 '
perativa y colaboratlva de la situación etnográfica.!. De hecho, rechaza la ideo-
■ logia basada en el concepto de «observador-observado»', por lo que no hay
nada que observar y nadie que observe. Existe, en cambio, la producción con­ Referencias bibliográficas
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'12 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓ RICO ' UNA POSTURA REFLEXIVA PARA LA TERAPIA FAMILIAR 43

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Illii
CAPÍTULO II

EL EXPERTO ES EL CLIENTEi LA IGNORANCIA


COMO ENFOQUE TERAPÉUTICO

H arlen e A riderson y Harolcl G oollsblan

■Ésa es una pregunta interesante y complicada. Si una persona como usted


hubiera encontrado una rqanera de hablar conmigo cuando yo empezaba a vol­
verme loco... en todos los momentos de mi delirio de que yo era una gran
figura militar... Yo sabía que [el delirio] era algo así como una manera de con­
vencerme de que podía superar mi pánico, mi miedo... En vez de hablar conmi­
go acerca de esto, mis médicos estaban siempre haciéndome esas preguntas
que yo llamo condicionales... [Ante lo cual el terapeuta inquirió: «¿Qué son
preguntas condicionales?»]
Ustedes [los profesionales] están siempre poniéndome a prueba... contro­
lándome para ver si sé todo lo que ustedes saben, en vez de buscar una mane­
ra de hablar conmigo. Ustedes me preguntan «¿Esto es un cenicero?», para ver
si yo lo sé o no. Era como si ustedes supieran y quisieran ver si yo podía...
y eso sólo me asustaba más, me daba pánico. Si ustedes hubieran podido ha­
blar con el «yo» mío que sabía lo asustado que yo estaba. Si ustedes hubieran
sido capaces de entender hasta qué punto yo tenía que estar loco para poder
ser lo suficientemente fuerte para afrontar este miedo mortal... entonces ha­
bríamos podido controlar a aquel general loco.

Éstas son palabras de un hombre de treinta años, Bill, y resumen el fra­


caso de un tratamiento. Bill había estado hospitalizado varias veces con diag­
nóstico de esquizofrenia paranoide. Sus tratamientos anteriores habían fra­
casado. Siguió estando irritado y Heno de desconfianza, y durante cierto
tiempo no pudo trabajar. Durante la mayor parte de su vida adulta recibió,
esporádicamente, «dosis de mantenimiento» de drogas psicoactivas. Cuando
consultó por primera vez a uno de nosotros, los autores de este trabajo, aca­
baba de ser despedido una vez más de un puesto docente. Después este hom­
bre mejoró notablemente y pudo conseguir un empleo. Insistía en afirmar
que su terapeuta de ese momento era diferente de los anteriores y que él se
sentía más capaz de controlar su propia vida. Dentro de este contexto conver­
sacional se formuló la siguiente pregunta: «¿Qué es lo que deberían haber he­
cho sus terapeutas anteriores de otro modo, de un modo más útil para usted?».
En esta conversación, Bill se refirió a su experiencia con la terapia tal
como la practicaban los autores y sus colegas en el Iiouston Galveston Fíl-

taaaam
EL EXPERTO ES EL CLIENTE Al
-16 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO

significado, bajo las denominaciones de sistemas determinados por el pro­


mlly Institute. Se trata de una terapia qué se ha estado desarrollando durante
blema, sistemas disolventes organizadores del. problema, y sistemas de len­
los últimos veinticinco años. En este dempo el pensamiento del grupo se
guaje (Anderson y Goolishian, 1985; Anderson et al., 1986a, b; Anderson
apartó notablemente de las teorías de la ciencia social que usualmente Infor­
y Goolishian, 1988; Goolishian y Anderson, 1987).
man la psicoterapia. Las ideas que se exponen en este capítulo representan Nuestra actual posición narrativa se apoya fuertemente sobre las siguientes
el Interés actual por un enfoque Interpretativo y hermenéutico para enten­ premisas (Anderson y Goolishian, 1988; Goolishian y Anderson, 1990).
der la terapia. Se discuten, específicamente, la posición de «ignorancia» del Primera; los sistemas humanos son al mismo tiempo generadores de len­
terapeuta y su importancia para las ideas sobre la conversación terapéutica
guaje y generadores de significado. La comunicación y el discurso definen
y las preguntas conversacionales. la organización social. Un sistema sociocultural es el producto de la comuni­
cación social y, por ende, ia comunicación no es un producto de la organiza­
ción estructural. Todos ios sistemas humanos son sistemas lingüísticos y quie­
D e LA ESTRUCTURA SOCIAL A LA GENERACIÓN DE SIGNIFICADO HUMANO
nes m ejor pueden describirlos son los individuos que participan en ellos,
y no los observadores externos y «objetivos». El sistem a terapéutico es uno
En las últimas décadas se produjeron ciertos progresos dentro de las te­
d e esos sistem as lingüísticos. . ,■
rapias sistémicas que intentaban crear un marco conceptual para dejar de lado Segunda; el significado y la comprensión se construyen socialmente. No
al anterior empirismo de las teorías acerca de la terapia; Estos desarrollos des­ accedemos al significado ni a la comprensión si no tenemos acción comuni­
plazaron el pensamiento de la terapia familiar hacia lo que se llama ciberné­ cativa, es decir, si no nos comprometemos en un discurso o diálogo genera­
tica de segundo orden y, en última instancia, constructivismo. Últimamente dor de significado dentro del sistema para el que la comunicación tiene rele­
hemos llegado a la conclusión (Anderson y Goolishian, 1988, 1989, 1990a) vancia. Un sistem a terapéutico es un sistema dentro d el cu al la com u n icación
de que hay serios límites para este paradigma cibernético, tal como informa
tien e u n a relevan cia e s p ec ífic a p a r a su in tercam bio dialogal. ■
la práctica terapéutica. Estos límites se encuentran principalmente en las me­ Tercera; en terapia todo sistema se consolida dialogalmente alrededor
táforas mecánicas que sustentan la teoría de la retroalimentación cibernéti­ de cierto «problema». Este sistema tratará de desarrollar un lenguaje y un sig­
ca. Nosotros señalamos que dentro de esta metáfora hay pocas oportunida- nificado específicos del sistema, específicos de sus organizaciones y especí­
• des de tratar con la experiencia misma de un Individuo. Consideramos ficos de su disolución alrededor del «problema». En este sentido, el sistema
también de utilidad limitada a los modelos cognitivo y constructivista, que, terapéutico se distingue más bien por el significado co-creado en desarro lo,
en última instancia, definen a los'seres humanos como meras' m á qu in as de «el problema», que por una estructura social arbitraria, como una familia.
procesam ien to d e la in form ación , y no como seres g en era d o res d e signifi­ El sistem a terapéutico es un sistem a de o rg a n iz a ció n d el p ro b lem a y d e d i­
cad o (Anderson y Goolishian, 1988-, 1990a; Goolishian y Anderson, 1981).
so lu ción d el p ro b lem a . , , , .
Mientras tanto, nuestras teorías de la terapia se desplazan rápidamente Cuarta: la terapia es un hecho lingüístico que tiene lugar dentro de lo
hacia una posición más hermenéutica e interpretativa. Esta concepción des­ que llamamos «conversación terapéutica». La conversación terapéutica es una
taca que los «significados» los crean y experimentan los individuos que con­ búsqueda y una exploración mutuas, a través del diálogo, un intercambio
versan. Apoyándonos en esta .nueva, base teórica, hemos desarrollado algu­ de doble vía, un entrelazamiento de ideas en el que los nuevos significados
nas ideas que trasladan nuestra comprensión y nuestras explicaciones de la se desarrollan continuamente hacia la «di-solución» de los problemas, es de­
terapia a la arena de los sistemas cambiantes, que sólo existen dentro de las cir, hacia la disolución del sistema terapéutico y, por ende, del sistem a de
vaguedades del discurso, el lenguaje y da conversación. Esta postura anida d i-solu ción del p ro b le m a y d e org an ización d el p ro b lem a . _^
en el ámbito de la'semántica y la narrativa. Nuestra actual posición se apoya Quinta; el papel del terapeuta es el de un artista de la conversación un
fuertemente en la idea de que la acción humana tiene lugar en una realidad arquitecto del proceso dialogal— cuya pericia se manifiesta en el campo de
de comprensión que se crea por medio de la construcción social y el diálo­ la creación de un espacio que facilite la conversación dialogal. El terap eu ta
go (Anderson y Goolishian, 1985; Anderson et al.¡ 1986a; Anderson y Goo­ es un p a r tic ip a n te-o b serv a d o r y un p a rtic ip a n le-fa cu ita d o r d e la con v er­
lishian, 1988). Según esta perspectiva, la gente vive; y entiende su vida, a tra­
s a c ió n terapéutica.
vés de realidades narrativas construidas socialmente, que dan sentido a su Sexta: el terapeuta ejercita este arte terapéutico por medio del empleo
experiencia y la organizan. Se trata de un mundo de lenguaje y discurso hu­ de preguntas conversacionales, o terapéuticas. La pregunta terapéutica es el
manos. Anteriormente habíamos hablado ya de estas ideas, de sistemas de
I-A CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO
EL EXPERTO ES El. CU UNTE <19
principal Instrumento para facilitar el desarrollo del espacio conversacional
prensión no hay punto de vista privilegiado» (WadUcrliiiUfier, I'lllfi; ;VW) y
V j?. P,™C, f ° Para ‘ogrario. el terapeu ta ejercita u n a p e r ic ia en la
fo t im itación ele pregu n tas desde u n a p o s ic ió n de «ig n o ra n c ia », en vez d e que «el lenguaje y la historia constituyen tanto las condicionen como Ion li­
mites de la comprensión» (Wacbterhauser, 1986 : 6). El significado y la com ­
p ocfficas >, 0^UnlaS <npormadas P o r un m étodo y q u e ex ija n respuestas es- prensión los construyen socialmente las personas en la convcrmiclrtn, en el
diálogo. Así, la acción humana.tiene lugar dentro de una realidad de com ­
Séptima; los problemas con que nos enfrentamos en la terapia son ac­
prensión que se crea por medio de la construcción social y d didogo, Híiian
ciones que expresan nuestras narraciones humanas de tal modo que dismi­
realidades narrativas construidas soclalmente dan sentido y organización a
nuyen nuestro sentido de mediación y de liberación personal. Los proble­
la propia experiencia (Gergen, 4982; Shotter y Gergen, 1989; Anderson y ( lt >o-
mas son una objeción preocupada o alarmada ante un estado de cosas para
lishian, 1988 ). . .
el que somos Incapaces de definir una acción competente (mediación) pa­
ra nosotros mismos. En este sentido, los p ro b lem a s existen en el lenguaje
n ifk a d o bl<3maS S° n p r o p io s d el c o ^texto n arrativ o d el q u e d eriv an su sig- L a CONVERSACIÓN TERAPÉUTICA: un m o d o d ia l o g a l

Octava: el cambio en la terapia es la creación dialogal de la nueva narra­


Llamamos conversación terapéutica al proceso de la terapia que se basa
ción y por lo tanto, la apertura;de la oportunidad de una nueva mediación.
en esta postura, en esta concepción dialogal. La conversación terapéutica se
El poder transformador de la narración descansa en'su capacidad para re­
refiere a una empresa en la que está en juego una búsqueda mutua de com ­
relatar o re-relacionar los hechos de nuestras vidas en el contexto de un sig­
prensión y exploración a través del.diálogo acerca de los «problemas». La
nificado nuevo y diferente. Vivimos en y a través d e las id en tid a d es n a rra ­
terapia, y por ende la conversación terapéutica, implica un proceso de «par­
tivas que d esa rro lla m o s en la con v ersación . La técnica del terapeuta con-
ticipación conjunta». Cada persona habla «con» el otro, no le habla «al» otro.
camWante P>erlCÍa para ParticiPar en este proceso; Nuestro «yo» es siempre Es éste un mecanismo por el cual el terapeuta y el cliente participan del co­
desarrollo de nuevos significados, nuevas realidades y nuevas narraciones.
Estas premisas ponen gran énfasis en el papel del lenguaje, la conversa­
El papel del terapeuta consiste en poner toda su pericia al servicio de un es­
ción, el yo y el rerato, en la medida en.que Influyen sobre nuestra teoría y
fuerzo por desarrollar un espacio conversacional libre y por facilitar e'1 ini­
nuestro trabajo clínico. Hoy en día los terapeutas se Interesan mucho por
cio de un proceso dialogal dentro del que pueda producirse «lo nuevo». No
estas cuestiones y se esfuerzan por comprender y describir el trabajo clíni­
se pone el énfasis en producir cambios sino en abrir un espado para la con­
co. Sin embargo, constantemente surgen nuevas visiones. Algunos autores
versación. Según esta concepción hermenéutica, en la terapia el cambio está
destacan la estabilidad a lo largo del tiempo de las narraciones personales
representado por la creación dialogal de la nueva narración. A medida que
con que trabajamos en terapia. Nosotros, por nuestra parte, señalamos la base
el diálogo se desenvuelve, se crea la nueva narración, la narración de las his­
dialogal -sie m p re cambiante y en e v o lu c ió n - del relato del yo. Al adoptar
torias «aún no contadas» (Anderson y Goolishian, 1988). El cambio en el re­
este punto de vista, apoyamos la posición de ig n oran cia del terapeuta en
lato y en la autonarración es una consecuencia inherente del diálogo.
la comprensión que se desarrolla a través de la conversación terapéutica. El
■ ■Para lograr este tipo de conversadón terapéutica el terapeuta debe adoptar
concepto de Ignorancia contrasta con la comprensión del terapeuta, que se
una posición de ig n oran cia. La posición de ignorancia implica una actitud
basn en las narraciones teóricas preconcebidas. , .
general, una postura en la que las acciones del terapeuta comunican una abun­
La ignorancia requiere que, en la terapia, nuestra comprensión y nues­
dante y genuina curiosidad. Es decir,'las acciones y las actitudes del terapeu­
tras interpretaciones no estén limitadas :por el conocimiento, las experien­
ta expresan la necesidad de .saber más acerca de lo que se ha dicho, y no
cias previas o ciertas verdades formadas teóricamente. Esta descripción de
transmiten en modo alguno opiniones y expectativas preconcebidas acerca
la posición de ignorancia está bajo la influencia de las teorías hermenéuticas
del cliente, el problema o lo que deba cambiarse. Por lo tanto, así el terapeu­
e Interpretativas y ios conceptos afines de construccionismo social, lenguale
ta está siempre en situación de «ser informado» por el cliente (en este capítu­
y narrativa (Gergen, 1982; Shaplro y Sica, 1984; Shotter y Gergen, 1989- Wach-
lo, la palabra «cliente» se refiere a una o más personas). Esta posición, la de
tcrliauscr, 1986). Esta posición hermenéutica representa la teoría y laprácti-
«mantenerse informado» es fundamental para uno de los supuestos de Ja teoría
Cfl de Ifl Interpretación. Fundamentalmente, se trata de una postura filosófica
hermenéutica: que la creación dialogal de significado es un proceso perma­
que «sostiene que la comprensión es siempre Interpretativa... que para la com-
nente. En la ignorancia el terapeuta adopta una postura interpretativa que des-
51
EL EXPERTO ES EL CLIENTE
LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO
50
dones que el cliente hace de su propia experiencia. Esto sólo puede darse
cansa sobre el permanente análisis de la experiencia, tal com o se da dentro si el terapeuta afronte cada experiencia clínica desde 1a posición de la g
rancia Proceder de otro modo equivale a buscar tes regularidades y el sign
dCl T e ra p e u ta no «sabe», * p rio ri, cuál es la intención de ningún acto, sino ficado común que puedan convalidar 1a teoría del terapeuta, pero que invali­
que debe confiar en la explicación que le da el cliente. ^ a ^ r c n ^ , d é te stoiilaridad Se los relatos de los clientes y, por ello, su Identidad nusma
2 s curioso y toma en serio los relatos, el terapeuta se une al cliente en El desarrollo de un nuevo significado descansa sobre 1a novedad y lo
..WaHrtn de la comprensión y la experiencia de este. Asi, el proceso ae u d i s t i l sobra el no saber qué es lo que el terapeuta
t e r o r e S ó Í a lucha por comprender dentro de la terapia, se convierten en char Esto requiere que el terapeuta tenga una elevada capacidad de atend ,
imaaedón conjúntemele colaboración. Este posición permite al terapeuta man- í " t é l e n l e , teéonversación interior y 1a exterior. Gadamer lo formulo
Z e r siempre a continuidad con la posición del cliente y garantizar la im-
bortenda^detos v S m e s del mundo, los significados y las comprensiones
del diente Esto da a los clientes lugar para el espacio y el movimiento con- Una persona que trata de entender un texto está preparada para que este
versadonal puesto que ya no tienen que promover, proteger o convencer le diga algo. Por eso una mente h erm éticam en te entrenada debe ser sensi­
II empente rem Scto de sus ideas. Este proceso de relajación, de lioeración, ble desde el comienzo' a 1a calidad novedosa del texto. Pero este tipo de sen
es simUar a una idea que se atribuye a Bateson: específicamente, para ocu sibilidad no implica ni «neutralidad» en lo que hace al objeto m la extinción
narse de ideas nuevas o distintas, tiene que haber lugar para lo familiar. Es de“ io y S n o te asimilación consciente de la parcialidad, de: modo que _
To sL S flca qu^enerapeuta desarrolle y ofrezca las nuevas ideas o os nue­ el texto^puJdá presentarse en toda su novedad y sea asi capaz de afirmar su
vos significados' éstos surgen del diálogo entre el terapeuta y el cliente y, propia verdad, frente a nuestros supuestos previos (1975. 238).
así son co-creados. El terapeuta, simplemente, pasa a formar parte del circu­
lo de significado o círculo hermenéutico (sobre las discusiones en t o r • La comprensión y te Interpretación, entonces, son siempre un dialogo
címulo de significado ó círculo hermenéutico, véase Wachterhauser, 1986. entre el terapeuta y el cliente, y no el resultado de narraciones teóricas pre­
determinada^, que son elementos fundamentales del mundo de signiftcació
23 ' 2 l “ a e f círcufoierm enéutico, o círculo de significado, se refiere
al proceso dialogal a través del cual la interpretación empieza con los pre dCl Ih o r T b ie n para tes numerosas narraciones de origen lingüístico y so­
conceptos del terapeuta. El terapeuta siempre entra en la arena terapéutica cial q é operan en la organización del comportamiento son fundamentales
cón expectativas acerca de las cuestiones que se deben eiraminar, basad aeradlas que contienen dentro de sí los elementos articulados como auto-
en s S S L d a s anteriores y en la información obtenida a través de la ^ E é n a r r a c l o n e s en primera persona. El desarrollo de estes na­
derivación La terapia empieza con una pregunta basada en este significado rraciones autodefmidas tiene lugar dentro de un contexto social y local qu^
imnlica la conversación con otras personas significativas, incluso uno mis
mo Es d é é q u e te gente vive en y a través de tes identidades narrativas siem­
pre cambiantes que desarrollan en 1a conversación. Precisamente de es as
narraciones derivadas del diálogo, los individuos extraen su sentido de m
diación social Las narraciones permiten (o impiden) una percepción perso-
n i i e liberted o competencia para dar sentido y para actuar (mediación)
se oueie^considerar qSe los «problemas» que se traten en te terapia emanan
rapC«inorar» n o consiste en tener un juicio infundado o no basado en la de narraciones sociales .y autodefiniciones que no brindan una mediación
experiencia sino que el término se refiere, en un sentido mas amplio al co aue sea eficaz para las tercas implícitas en sus autonarraciones. La terapia brin­
iunto de supuestos, de significados, que el terapeuta lleva consigo a la entre da te oportunidad de desarrollar nuevas y diferentes narraciones que per_ _ -
vista clínica3 Para el terapeuta, la aventura está en aprehender la singularidad ten una gama ampliada de mediación alternativa a te di-solución del «proble
Í teviciad narrativa de cad^ cliente individual, tes verdades coherentes de ma» Y quienes visualizan 1a terapia como exitosa experimentan la realizació
sus vidas relatadas. Esto significa que los terapeutas siempre tienen prejui
esta'nueva' mediación ''11^ ^ ^ * Z. eéonceD to tradicio-
c i s l b do a ir e x p e r le n c t, pero que deben escuchar de te modo que esa
prcvte to les impida el acceso al significado cabal de tes descrlp-
52 U CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO
el experto bs m. cuente 53

iv.ll de separación entre terapeuta y cliente. Vemos al cliente y al terapeuta co no es simplemente interrogar al cliente o recoger Información para con­
Jumos dentro de un sistema que se desarrolla por encima del transcurso validar o apoyar las hipótesis. Por el contrario, el objetivo en permitir al cliente
de la conversación terapéutica. El significado se convierte en una función de cuestionar la gama de comprensión del terapeuta.
su relación. Desde esta perspectiva, cliente y terapeuta influyen mutuamen­ En este sentido hermenéutico, durante el proceso de la psicoterapia el
te en el significado del otro, y el significado se convierte en un.subproducto terapeuta no está aplicando un método de interrogación, sino que está con­
de la cooperación. Cliente y terapeuta dependen uno de otro en la constan­ tinuamente adaptando su comprensión a la de otra persona. Asi, el terapeuta
te creación de nuevas comprensiones. En efecto, ellos generan un significa­ está siempre en proceso de comprensión, siempre en camino a la compren­
do compartido y dialogal que sólo existe momentáneamente durante la con­ sión, siempre en proceso de cambio. Las preguntas formuladas desde la Ig­
versación terapéutica, que sigue cambiando a lo largo del tiempo. norancia reflejan esta posición del terapeuta y este proceso terapéutico, líe
este modo, el terapeuta no domina al cliente con su conocimiento psicológi­
co; al menos, sólo lo domina en la misma medida en que se ve conducido
LAS PREGUNTAS CONVERSACIONALES: m a n t e n e r s e e n c a m in o a la c o m p r e n s ió n por el cliente y aprende de su pericia. La tarea del terapeuta, por lo tan­
to, no consiste en analizar sino en intentar comprender, comprender desde
fradlcionalmente, en terapia las preguntas dependen de la pericia del la cambiante perspectiva de la experiencia vital del cliente. El objetivo de la
terapeuta, pericia que refleja una comprensión teórica y el conocimiento de comprensión hermenéutica es dejar que los fenómenos guíen. Las palabras
los fenómenos psicológicos y del comportamiento humano. Es decir, que de Bill que se citan al principio de este capítulo son, precisamente, una pro­
el terapeuta explica (diagnostica) y trata (interviene) él fenómeno o el 'com­ testa por este tipo de comprensión.
portamiento desde esta base de conocimiento anterior, desde la teoría gene­
ralizada. Al hacerlo, el terapeuta destaca (y protege) su propia coherencia na­
rrativa, no la del cliente. Esta posición de conocimiento es similar a lo que S ig n if ic a d o l o c a l y d iá l o g o l o c a l
Bruner (1984) califica de «postura paradigmática», en oposición a una «pos­
tura narrativa». En la postura paradigmática, el intérprete centra su atención El proceso de la formulación de preguntas nacidas de la posición de «ig­
en la explicación que destaca una comprensión denotativa y establece cate­ norancia» da como resultado el desarrollo de una comprensión construida
gorías generales y reglas amplias. Por ejemplo, dentro del proceso de la com­ localmente (dialogalmente) y de un vocabulario local (dialogal). El término
prensión terapéutica, muchas veces se desarrollan categorías amplias, es de­ «local» se refiere al lenguaje, el significado y la comprensión que se desarro­
cir, conceptos tales como «ello», «super-ego» o «funcionalidad del síntoma». llan entre las personas en el diálogo, y no a las sensibilidades culturales am­
En terapia, hacer preguntas desde una posición de conocimiento encaja muy pliamente compartidas, A través de la comprensión local es como uno expli­
bien dentro de la postura paradigmática de Bruner, en el sentido de que la ca íntimamente los recuerdos, las percepciones y los relatos. Por medio de
respuesta se limita a la perspectiva teórica previa del terapeuta. Por el contra­ este proceso se mantiene abierto el espacio para la continuidad de una na­
rio, la posición de ignorancia —similar a la «postura narrativa» de' Bruner— rración nueva con nuevos relatos; y con ello, para el nuevo futuro.
Indica un tipo diferente de pericia: una pericia que se limita al proceso de La cuestión del significado local y del lenguaje local es importante por­
la terapia y no al del contenido (diagnóstico) y cambio (tratamiento) de la que, al parecer, existe toda una gama de experiencias y una manera de cono­
estructura patológica. • . cer estas experiencias que es lo suficientemente diferente de «conocedor»
La pregunta terapéutica o conversacional es la herramienta más impor- a «conocedor» y que variará de terapia a terapia. Garfinkel (1967) y Shotter
lantc tic que se vale el terapeuta para expresar su pericia. Es el medio por (1990) insisten en sostener que en toda conversación los participantes se ne­
(‘1 cual el terapeuta se mantiene en'cam ino hacia la comprensión. Las pre- garán a entender lo que se dice si no es dentro de las reglas de significado
Hlinias lerapéutlcas surgen siempre de una necesidad de saber más acerca que se han negociado dentro del contexto del intercambio dialogal mismo.
lie lu que acaba de decirse. Así, el terapeuta está siempre informado por los Según Garfinkel, significado y comprensión son siempre materia de nego­
iclultis del cliente y aprende siempre un nuevo lenguaje y una nueva narrati- ciación entre los participantes. El lenguaje paradigmático tradicional de la
vn, LlW preguntas que están abiertamente regidas por una metodología co­ teoría general psicológica y de familia nunca basta para explicar o entender
rren el riesgo de m alograr la oportunidad del terapeuta de que los clientes el significado de origen local. Intentar comprender las experiencias de pri­
le Introduzcan en SUS propios mundos. La base del interrogatorio terapéutl- mera persona —con que el terapeuta trata en el curso de la terapia— por me-
EL EXPERTO ES EL CLIENTE 55
54 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO

dio del uso de modelos generales psicológicos y de familia, como también ba. El hombre había hecho muchas consultas médicas y se había sometido
de los vocabularios a ellos asociados; 'lleva a la reducción a conceptos este­ a psicoterapias diversas, pero nada había logrado-librarlo de su convencimien­
reotipados y teóricos. Al usar esoseonceptos, ese conocimiento previo, para to de que padecía una enfermedad infecciosa, ni del miedo que esa convic­
entender la narración del cliente, los terapeutas suelen perder contacto con ción le producía. Si bien hablaba de dificultades en su matrimonio (su espo­
los significados desarrollados localmente y pueden, así, limitar la narración sa no lo entendía) y de su imposibilidad de trabajar, su principal^preocupación
del cliente. Por lo tanto, el terapeuta se.convierte en un experto en formular era su enfermedad y la permanente contaminación que esparcía. Estaba asus­
preguntas acerca de las historias que se cuentan en terapia, de tal modo que tado, perturbado, y no podía vivir tranquilo por causa del daño y la destruc­
las preguntas se vinculen con las razones de la consulta (por ejemplo, el pro­ ción que, según él, estaba produciendo a su alrededor. __
blema según se registra). Para lograr este objetivo es preciso que el terapeuta Al comienzo de este caso, el cliente, restregándose las manos, dijo que
se mantenga atento al desarrollo del lenguaje del cliente y entienda dentro estaba enfermo y que su enfermedad era contagiosa. El consultor (Goolishian)
de él la narración y las metáforas específicas del problema. le preguntó: «¿Cuánto tiempo hace que tiene usted esa enfermedad?». El hom­
bre pareció quedar atónito e hizo una larga pausa. Después, empezó a contar
su historia. Dijo que todo había empezado en su primera juventud, cuando
LO QUE LAS PREGUNTAS TERAPÉUTICAS NO SON ■ ' ' ' era marino mercante. Durante una permanencia en el Lejano Oriente había
tenido contacto sexual con una prostituta. Después, recordando las confe­
Las preguntas terapéuticas formuladas desde una posición de Ignoran­ rencias sobre enfermedades de transmisión sexual que se daban a la tripula­
cia son, en muchos aspectos, similares a las llamadas preguntas socráticas. ción del barco, tuvo miedo de que su lujuria lo hubiese expuesto a una de
No son retóricas ni pedagógicas. Las preguntas retóricas contienen dentro aquella terribles enfermedades sexuales y pensó que tal vez necesitara trata­
de sí sus propias respuestas: las pedagógicas implican la dirección de la res­ miento. Aterrorizado, acudió a una clínica local. En esa clínica expuso sus
puesta. En la terapia tradicional, las preguntas suelen ser de esta índole. Es temores a una enfermera que pertenecía a una orden religiosa. Ella lo despi­
decir, implican la dirección (corrigen la realidad) y dan un Indicio, una pista, dió diciendo que allí no trataban a pervertidos sexuales y que lo que el nece­
que el cliente.puede aprovechar para formular la respuesta «correcta». sitaba era confesarse ante Dios, no tomar remedios. Después del episodio
Por el contrario, las preguntas formuladas desde la Ignorancia ponen al y durante mucho tiempo, el hombre ocultó su preocupación y no volvió .
descubierto algo desconocido e imprevisto y lo presentan com o posible. Las a confiar sus temores a nadie. , . , , , .
preguntas terapéuticas son Impulsadas por la diferencia de comprensión y Cuando dejó de navegar y volvió a su casa todavía tenia miedo de haber •
se extraen del futuro por la posibilidad aún no realizada dé una comunidad contraído alguna enfermedad sexual, pero no logró reunir coraje para con­
de conocimiento. Al.preguntar desde esta posición, el terapeuta puede avan­ társelo a nadie. Acudió a varios, hospitales: pedía una consulta, le hacían un
zar junto con lo «aún no dicho» (Anderson y Goolishian, 198$). Además, las examen físico y le decían que su salud era excelente. Estos informes negati­
preguntas terapéuticas implican muchas respuestas posibles. En terapia, la vos sólo servían para afianzar su convicción de que su enfermedad era graví­
conversación es el despliegue de estas posibilidades «todavía inexpresadas», sima, puesto que la ciencia médica no la conocía. Poco a poco su preocupa-.
de estos relatos «aún no relatados». Este proceso acelera la evolución de las ción crecía, hasta que empezó a pensar que estaba contagiando a los demas.
nuevas realidades personales y de la nueva mediación que surgen del desa­ El contagio se convirtió en un problema tan grave que finalmente se dio cuenta
rrollo de las nuevas narraciones. El nuevo significado, y por lo tanto, la nue­ de que estaba infectando a otras personas indirectamente; por ejemplo, mi­
va mediación, se experimentan como, cambio en la organización individual rando la televisión o escuchando la radio. Siguió acudiendo a los médicos,
pero los resultados de los exámenes eran siempre negativos. Para entonces
y social. 1 ' '
va habían empezado a decirle que no tenía una enfermedad física pero que
s í padecía un trastorno mental; así, en varias ocasiones fue derivado a la con­
Ejemplo de c a so : «¿Cuánto tiem po hac,e q u e tiene usted e s a en ferm ed ad ?» sulta psiquiátrica. Con el tiempo, este individuo se convenció de que nadie
entendía la gravedad de su contaminación, el alcance de su enfermedad, la
Un colega psiquiatra, frustrado, pidió una consulta sobre un caso inex­ destrucción que él estaba causando.
plicable: un hombre de cuarenta años que creía tener una enfermedad con­ Cuando el consultor siguió mostrándose interesado por su dilema, el
tagiosa y sentía que constantemente infectaba a-los demás y hasta los mata- hombre empezó a-relajarse. Algo más animado, elaboró su relato y respon-
% I.A CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO EL EXPERTO I!S [II, CMIINTU 57
dló a la curiosidad del consultor, El consultor no se limitó a tomar un histo guntó al hombre cómo fue la entrevista. La respuesta fue iñinedliila: «¿Hílhe?
rlal o recolectar hechos del pasado estítico. Su curiosidad en cambio se cen- ¡El me ha creídol». Después, en una charla de seguimiento, el ptilqulmni des­
Uó en a tcalldad de aquel hombre (la enfermedad,y el problema de la cribió el perdurable efecto que la entrevista habla tenido sobre él y sobre
contaminación). No se esforzó por cuestionar el sentido de la reaüdad dd el cliente. Dijo que las sesiones de terapia habían mejorado mucho y que
Z on í h VCrí,ddad dd rdat0- Sin° por «obre este último y la situación vital del hombre también había evolucionado. De algún modo,
de ar que lo contaraicón el fin de generar una oportunidad para que surgie^ dijo, ya no estaba en discusión si el hombre estaba Infectado o no, Un ese
tan la nueva narración y el nuevo significado. En otras palabras, la Intencfón momento el cliente se ocupaba de su matrimonio y de sus problemas labo­
, no m f n f n° T 3Z r ° manlpular al hombre P^a apartarlo de sus ideas rales, y hasta había acudido con su esposa a una sesión conjunta. La Ignoran­
Sino más bien apelar a la ignorancia (no-negación y no-juicio) a fin de apor­ cia del consultor generó un punto de partida, una posibilidad de Intercam­
tar un pumo de partida para el diálogo y abrir el espacio conversacional.. bio dialogal entre el cliente y él mismo, entre el cliente y el psiquiatra y entre
_ 0 egaf que asistier°n a la entrevista criticaron esta posición de coo­ el psiquiatra y él mismo.
peración y criticaron también las preguntas del tipo «¿Cuánto tiempo h ace Esto no quiere decir que las preguntas del consultor produjeran una cura
que tiene usted esa enfermedad?». Temían que las preguntas tuvieran el dec- milagrosa. Tampoco da por supuesto que cualquier otro tipo de Interrogato­
o de reforzar el «delirio hipocondríaco» del paciente. Muchos señalaron que rio hubiera producido un im p a sse terapéutico. No existe pregunta ni inter­
una manera mas segura de preguntar habría sido: «¿Y durante cuánto tiempo vención mágica alguna que pueda tener una influencia única sobre el desa­
cieyú usted que tenía esa enfermedad?», ,V; . P rrollo de una vida. Ninguna pregunta puede abrir un espacio dialogal. NI
.nr¡oPM°v!a P° sición de ignorancia prohibía adoptar la postura de que la his­ tampoco la pregunta misma puede hacer que alguien cambie de significado,
toria dd hombre era Ilusoria. Él había dicho que estaba enfermo. Por lo Un­ que tenga o no tenga una idea nueva. Pero cada pregunta constituye un ele­
to, era necesario oír algo más, informarse acerca de su enfermedad, conver­ mento de un proceso general. ■
sar dentro de esta realidad expresada. Sensibilizarse con. él y tratar de La tarea fundamental del terapeuta es dar con aquella pregunta para la
comprender su .realidad era un paso fundamental que había que dar dentro cual la narración y el relato inmediato de la experiencia son la respuesta. Es­
de un proceso tendente a establecer y mantener un diálogo. Era decisivo que tas preguntas no puede pre-verse o pre-concebirse. Lo que se acaba de con­
el consultor se mantuviera dentro de las reglas del significado tal como se tar, lo que se acaba de relatar, es la respuesta para la que el terapeuta debe
desarrollaba en la conversación local, y que hablara y entendiera el lenguaje encontrar la pregunta, La narración terapéutica en desarrollo está siempre
y el vocabulario corrientes del cliente. Esto no es lo mismo que condonir confrontando al terapeuta con la pregunta siguiente. Desde esta perspectiva,
demrn ÍT Í * df ° tr°' Se tfata de Un desPlazamteMo conversacional en terapia las preguntas están siempre impulsadas por el hecho conversado- ’■
dentro del «sentido» de lo que se acaba de decir. Este desplazamiento no cues- nal inmediato. No saber significa que la experiencia y la comprensión acu­
mnniiinVeH f dd rdat0 d d cliente- sino que la acompaña y se muladas del terapeuta siempre sufren un cambio interpretativo. Entonces, den­
mantiene dentro del sistema de significado localmente desarrollado y ne- tro de este proceso local y permanente de preguntas y respuestas, es cuando
cierta comprensión o determinada narración se convierten en punto de par­
Formular una pregunta más segura, como por ejemplo «¿Cuánto tiem­ tida para lo nuevo y «aún no dicho».
po hace que cree usted que está enfermo?», sólo habría servido para impo­
ner la vlsióp predeterminada —o «sapiente» y «paradigmática»— del consul­
R esu m en
a r * de q! f . k enfermedad era un producto de la Imaginación del
hombre o un delirio y una distorsión que necesitaban ser corregidos. En res­
puesta a tal pregunta, el hombre, receloso, habría actuado desde sus propias La conversación y las preguntas terapéuticas que surgen de la posición
Ideas y expectativas preconcebidas acerca del consultor. Y lo más probable de ignorancia constituyen un esfuerzo solidario encaminado a generar un
f n u Z ’i U?? VCZ maS) SC hublera cu tid o incomprendldo y alienado. El con- nuevo significado, significado basado en el relato lingüístico y explicativo
ü S a PaSad° a ser Un° más’ en la larga flla de profesionales, que del cliente, a medida que éste vuelve a contar y elaborar su historia a través
K S Í ,C / Cer 7 C,a pre8untas 'condicionales». La Incomprensión y del diálogo terapéutico. Este tipo de intercambio dialogal facilita el cambio
1.1 Hllennc:ton son elementos que no abren el diálogo.sino que lo cierran. en la narración en primera persona que es tan necesario para el cambio en
Al fi.illr de la consulta, el psiquiatra (que había estado observando) le pre- la terapia. Las narraciones.en desarrollo producen huevos futuros, dan nuc-
311 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO EL EXPERTO liS EL CLIENTE 59

vos significados y comprensiones a la ¡propia vida y permiten una media­ Anderson, H. y Goolishian, H. (1989), «Conversations at Sulitjelmá», Newsletler, Ame­
ción diferente. Y en la terapia, la m ejor manera de lograrlo es hacer pregun­ rican Family Therapy Association, primavera,
tas nacidas de una auténtica curiosidad por lo que «no se sabe» acerca de Anderson, H. y Goolishian H. (1990a), «Beyond cibernetics: comments on Atkinson
lo que se acaba de decir. 1 '■ . . . and Heath’s 'Further thougbts on second-order family therapy’», Family Procese,
Contar la propia historia es re-presentar la experiencia; es construir la 29: 157-163.
Anderson, H. y Goolishian, H. (1990b), «Chronic pain: the individual, the family, and
historia en el presente. La re-presentación refleja la re-descripción del locu­
the treatment System», Houston Medicine, 6: 104-110.
tor y la explicación de la experiencia, en respuesta a lo que el terapeuta igno­ Anderson, H., Goolishian, H., Pulliam, G. y 'Winderman, L. (4986a), «The Galveston
ra. Ambos evolucionan juntos y cada uno influye sobre el otro y también Family Instituto: some personal and historical petspectives», en D. Efron, comp.,
sobre la experiencia y, por ende, sobre la re-presentación de la experiencia. Journeys: Expattsions o f the Stralegic and Systemic Therapies, Nueva York, Brun-
Esto no significa que en el transcurso de la terapia los terapeutas se limiten ner/Mazel.
a narrar lo que ya se conoce. Ellos no recuperan una descripción o un relato Anderson, H., Goollshlan, H. y Winderman, L. (1986b), «Problem determined systems:
idénticos; por el contrario, exploran los recursos de lo «aún no dicho». La ■ towards transformation in family therapy», Journal o f Stralegic and Systemic The­
gente tiene memoria imaginativa. Al recuperar un relato pasado se invoca rapies, 5: 1-14.
el poder de incontables nuevas posibilidades, de modo que se crean una nueva Bruner, J. (1984), «Narrative and paradigmatlc modos of thought», American Psycho-
ficción y un nuevo relato. La imaginación se constituye dentro del poder de logical Association, Toronto, agosto.
Gadamer, H. (1975), Trulh andM ethod, Nueva York, Continuum (trad. cast.: Verdad
invención del lenguaje y a través del-proceso activo de la conversación: la
y método, Salamanca, Sígueme, 1991).
búsqueda de lo «aún no dicho». * • Garfinkel, H. (1967), Studies in Ethnomelhodologyi, Engtewood Cliffs, N. J.,
En la terapia, la interpretación, la lucha por comprender, es siempre un Prentice-Hall.
diálogo entre cliente y terapeuta. No es el resultado de narraciones teóricas Gergen, K. (1982), Toward Transformation in Social Knowledge, Nueva York,
predeterminadas y fundamentales para el mundo de significado del terapeu­ Springer-Verlag. .
ta. Al intentar entender al cliente, se debe suponer que éste tiene algo que Gergen, K. (1985), «The social constructionist movement in modera psychology»,
decir, y que ese algo tiene sentido narrativo —es decir, afirma su propia American Psychologist, 40: 266-275.
verdad— dentro del contexto de la historia en evolución del cítente. La res­ GUligan, C. (1982), in a Different Voice: Psychological Theory and Woman's Deve-
puesta del terapeuta al sentido de la historia del cliente y sus elementos está lopment, Cambridge, MA, Harvard Unlversity Press.
Goolishian, H. (1990), «Family therapy: an evolving story», Contemporary Family The­
en contradicción con la posición tradicional en terapia, que consiste en res­
rapy: an International Jou rnal, 12 (3): 173-180.
ponder al sinsentido, o patología, de lo que se ha dicho. En este proceso, Goolishian, H. y Anderson, H. (1981), «Including non-blood related persons in treat­
la nueva comprensión conjunta'de la narración se'debe dar dentro del len­ ment: who is the family to be treated?», en A. Gurman, comp., Queslions and
guaje corriente del cliente. Una conversación terapéutica no es más que una Answers in Family Therapy, Nueva York, Brunner/Mazel.
historia vital detallada, concreta, individual, y que evoluciona lentamente, Goolishian, H. y Anderson, H. (1987), «Language systems and therapy: an evolving
estimulada por la posición de ignorancia del terapeuta y por su curiosidad idea», Psycholherapy, 24 (3S): 529-538.
por informarse. Son precisamente esta curiosidad y; esta ignorancia las que Goolishian, H. y Anderson, H. (1990), «Understanding the therapeutic System: from
abren el espacio conversacional e incrementan así el potencial del desarro­ individuáis and families to systems in language», en F. Kaslow, comp., Volees in
llo narrativo de la nueva mediación y la libertad personal. Family Psychology, Newbury Park, CA, Sage.
Shapiro, G. y Sica, A. (1984), Hermeneutics, Amherst, MA: Unlversity of Amherst Press.
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Ideas about the Implications for theory and practice», Family Process, 27:371-393.
I
CAPÍTULO ni
EL PROCESO TERAPÉUTICO COMO CONSTRUCCIÓN
SOCIAL DEL CAMBIO

L au ra Fruggerl

El reconocimiento del papel constructivo del observador en cualcjulei


proceso de observación, descripción o conocimiento representa un punto
de inflexión dentro de un dominio científico más amplio y, específicamen­
te, en las ciencias sociales. En realidad, el reconocimiento de la función cons­
tructiva dé los individuos emsus relaciones con el mundo constituye el fun­
damento para liberar al discurso científico de los elementos mecanicistas,
com o también del uso de metáforas lógicas de inacabables procedimientos
matemáticos (Bateson, 1972,1979; Bateson y Bateson, 1987). El conocimiento
surge como una construcción autorreferencial; una recurrencia de las des­
cripciones que generan.otras descripciones, (von Foerster, 1981). Los indivi­
duos, en sus procesos de construcción del mundo, están limitados por las
creencias, los mapas y las premisas que tienen acerca del mundo (Bateson,
1972; Maturana y Varela, 1987). La definición del conocimiento como un pro­
ceso autorreferencial es el punto de partida para la elaboración de un para­
digma científico que no puede confiar en la objetividad, en un solo lenguaje
descriptivo y exacto o en un marco conceptual universal (Ceruti, 1986). Es
un paradigma que no separa el estudio de un objeto del estudio del sujeto
que conoce (Morin, 1977). . . . .
Esta perspectiva epistemológica es un punto de vista revolucionario que
ha tenido gran influencia en el campo clínico. Parafraseando a Varela (1979)
podemos decir que puso en evidencia que la psicoterapia, como todos los
asuntos humanos, se basa en el círculo hermenéutico de interpretación-
acción. Así como «en cada etapa el observador se relaciona con el sistema
a través de una comprensión que modifica su relación con éste» (Varela, 1979.
57 ), así también los psicoterapeutas construyen, a través de su propia com­
prensión y sus descripciones, el proceso interactivo en el que están invo it­
erados junto con los pacientes. _
El desafío que este pensamiento representa fue recogido por muchos
' especialistas, que actúan dentro de una amplia gama de modelos terapéuti­
cos. La terapia cognitiva, por ejemplo, estuvo inicialmente ligada a la tradi­
ción conductista. Sin embargo, muchos terapeutas cognitivos están ahora des­
plazándose hacia una perspectiva sistémico-constructivista (Guidano, 1987).
62 ■ LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO EL PROCESO TERAPÉUTICO COMO CONSTRUCCIÓN DEL CAMBIO 63

En el campo psicoanalitico, muchos se integran en la tradición típicamente mación que concede al terapeuta el poder de hacer camSiar a los clientes
hermenéutica, con un,.enfoque.,en. d que la construcción de la relación por medio del uso de herramientas técnicas. El concepto de interacción no
paciente-terapeuta se considera él dctnentq fundamental del proceso psicoa- instructiva implica toda una revisión del paradigma causal por el que se ex­
nalítico (Bion, 1983, 1984). La teoría sistémica se emancipó de la perspectiva plica el fenómeno de la psicoterapia. El derrumbe de la omnipotencia del
pragmática reduccionista de ios años 60. Se desarrolló una convincente crí­ terapeuta abre un espacio vacío, porque, ¿qué queda de la psicoterapia si uno
tica a los modelos terapéuticos orientados'hacia el control (Dell, 1982; Kee- de sus elementos constitutivos desaparece?
ney, 1983; Hoffman, 1986). Al mismo tiempo empezó a surgir un marco no
instrumental, basado en principios construccionistas. Los procesos interac­
tivos que cónstruyen los significados sociales se han convertido en una cues­ E l MODELO MÉDICO SE DEJA DE LADO
tión decisiva dentro de la teoría y la práctica de la psicoterapia (Cronen et
al., 1982; Fruggeri e i al., 1985; Ugazlo, 1985; Anderson et a l., 1986; Gooli- Dar por sentado que los individuos construyen sus realidades es una
shian y Anderson, 1987; Andersen, 1987; Cecchin, 1987; McCarthy y Byrne, idea que abre una discusión en el terreno de la descripción de los mecanis­
1988; Hoffman, 1988; Fruggeri y Matteiní, 1988; Fruggeri et al., 1991). mos normales o patológicos. El enfoque construccionista sostiene que las
En el enfoque sistémico, el construccionismo social, generó revisiones regularidades de los individuos o de las familias no son características distin­
conceptuales y metodológicas. Muchos terapeutas, partiendo de posiciones tivas de esa persona o esa familia, sino de las descripciones del terapeuta.
pragmáticas, estratégicas y estructurales, se encuentran actualmente en una Como afirma Dell (1982), hay una enorme cantidad de características de una
fase de transición. Pretenden integrar los modelos viejos y los nuevos, las persona o de una familia, y cada una de ellas se define por una forma de
antiguas certezas y los nuevos conjuntos de premisas.' El nuevo paradigma describirla. Tales descripciones no son del cliente; son algo que el terapeuta
científico plantea algunos interrogantes que no pertenecen meramente a las traslada al cliente. .
técnicas terapéuticas. Por el contrario, cuestionan la idea misma de psicote­ Sin embargo, el modelo médico, sobre el que se basan muchos de los
rapia y la identidad del terapeuta. Es, de hecho, un pensamiento que cues­ principios psicoterapéuticos, heurísticos, nos enseña que la curación de to­
tiona los fundamentos mismos de ja psicoterapia, como fenómeno científi­ dos los estados de malestar está vinculada a la identificación precisa del me­
co y social. '1 1 ’ '' •’*" * ' ....................... canismo patológico. Este mecanismo debe, de hecho, destruirse por medio
■ : •• . ' I ' .
Se trata de una perspectiva epistemológica que cuestiona las premisas del tratamiento adecuado. Así, si afirmamos que el terapeuta no puede tener
ségún las cuales los terapeutas se definen a ellos mismos, elaboran teorías acceso al conocimiento objetivo de ningún mecanismo patológico, ¿podre­
y prácticas, modelos y técnicas, desarrollan relaciones'interpersonales, so­ mos seguir definiendo al terapeuta como curador y seguir afirmando que
ciales e institucionales. En esta transición, los terapeutas se enfrentaron con la práctica es una cura? ■ .
muchos dilemas. Estos dilemas se centran en cuestiones importantes, inclu­
yendo 1), un cuestionamiento'del modelo médico sobre el que se desarrolló
la psicoterapia; 2 ) una desmitificación de las técnicas transformadoras del te­ L a VARITA MÁGICA ESTÁ ROTA ’
rapeuta; y 3) la confusión que rodea las responsabilidades ética y profesio­
nal del terapeuta. '' .. ■ Si se parte de la idea de que los comportamientos de los individuos son
una función de sus procesos cognitivo y simbólico, sus comportamientos
interpersonales no pueden considerarse meras respuestas a lo que los otros
Los PODEROSOS SE VUELVEN IMPOTENTES " ' " ; hacen, sino funciones de los significados que los individuos atribuyen a su
comportamiento y al de los demás. En consecuencia, las intervenciones del
La autorreferencia que caracteriza el proceso de conocimiento implica terapeuta no tienen eficacia por sí mismas, ya que sus esfuerzos están vincu­
que las relaciones entre el individuo y el medio o' entre el individuo y otros lados a los significados que los clientes les atribuyen. ¿Cuál es, entonces, la
individuos no pueden ser interacciones instructivas. Ello equivale a afirmar importancia de las herramientas del terapeuta? ¿Qué sentido tiene aprender
que «nadie puede hacer nada por nadie». Esto es exactamente lo contrario de o usar una técnica cuya fiabilidad no se define a p r io r i, una técnica que ni
la base sobre la que tiene lugar el encuentro terapeuta-cliente y sobre la siquiera puede considerarse una herramienta terapéutica en tanto el cliente
que el terapeuta fundamenta sus actos. És, de hecho, algo contrario a la afir­ no la «reconozca» como tal?. .
M LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO
EL PROCESO TERAPÉUTICO COMO CONSTRUCCIÓN 1)111, CAMIIIO (Ó

A i’ahrcii la duda Utico -profesional


describirse así: las creencias sostenidas por los Individuos ninsiruyni reali­
dades y las realidades se mantienen a través de la Imerneolrtn «odstl, lo que,
, SI I¡i dirección del cambio no se determina unllateralmente, los terapeu­
a su vez, confirma las creencias que, entonces, se originan soeliilmenle,
t a se ven, en cierto sentido, despojados del control de la eficacia de sus he­
Al abandonar una epistemología dualista podemos superar la sensación
rramientas técnicas. Dentro de ese marco, ¿cómo pueden los terapeutas asu­
de parálisis que los anteriores dilemas engendran. La epistemología dualista
mir la responsabilidad de sus intervenciones? ¿Dónde está el espacio para
presenta elecciones entre control e impotencia, eficacia e Ineficacia, conocí-
la responsabilidad que social, Institucional y legalmente se les pide que asu­
miento objetivo e ignorancia. En otras palabras, la lógica de las dualidades
man? ¿De qué es responsable el terapeuta? En resumen, estos dilemas plan­
identifica rígidamente la ausencia de control con la Impotencia, la ciencia
tean Importantes interrogantes. . .. '■ . ■
con la objetividad. Del mismo modo, la ausencia de objetividad se klentltl-
ca con la ignorancia y la utilidad con la eficacia. Es decir, que la eficacia eslá
rígidamente asociada con la objetividad y el control. El enfoque construe*
E stalla un a c r is is d e id e n t id a d ■ ■ , : . ■ ■ ,
cionista ofrece la posibilidad de establecer un nuevo marco de trabajo den­
tro del cual pueden superarse todos los dualismos. De hecho, el construc­
¿Cómo es posible especificar la intencionalidad del terapeuta? ¿En qué
cionismo es un punto de vista del observador en el que el movimiento va
difieren sus conversaciones, sus diálogos, sus relaciones con el cliente de otros desde considerar que el yo mira el universo hasta el reconocimiento de esc
diálogos, de otras conversaciones y relaciones? ' -
yo como parte de un universo social múltiple. Es una perspectiva comple­
mentaria, no dualista. No reemplaza un concepto por el concepto opuesto;
sostiene que el cierre organizacional de los sistemas se mantiene gracias á
H acia la c o n s t r u c c ió n d e una n u e va id e n t id a d ' .
las interacciones, que el cambio se produce a través de la estabilidad, que
la autonomía tiene lugar por medio de las restricciones, y que en los límites
Al enfrentarse con estos dilemas algunos terapeutas rechazan la visión encontramos posibilidades. - '
construccionista, acusándola de sollpsismo; otros se sienten impotentes. Mu­ Adoptando este punto de vista, volveré a considerar las cuestiones clíni­
chos autores, sobre todo von Foerster (1981) y von Glasersfeld (1984), han cas expuestas anteriormente. Según el principio de autorreferencia que ca­
intentado, apoyar la visión construccionista y defenderla de la acusación de racteriza a los procesos de conocimiento, el análisis que el terapeuta hace
sollpsismo. Dado el contexto histórico en que surgieron sus ideas, von Gla­ de la situación del cliente y de las relaciones del cliente no puede conside­
sersfeld y von Foerster destacaron al observador o conocedor. Podemos re­ rarse como una descripción objetiva. No hay ninguna descripción que sea
conocer claramente el importante cambio que este énfasis representó. Sin más exacta o más correcta; no hay instrumentos que puedan usarse para ha-
embargo, ahora — en nuestro contexto histórico— podemos advertir que po­ cerobservaciones más correctas. De hecho, las descripciones de los terapeutas
ner demasiado énfasis en el observador puede llevar a la recapitulación del están ligadas a sus mapas: los terapeutas ven lo que sus puntos de vista les
mismo esquema dualista sujeto/qbjeto presentado por las orientaciones tra­ permiten ver. Sin embargo, esto no es solipsismo. Las descripciones del ob-
dicionales que se centraban en el observado. Es preciso desplazar el enfo­ servador/terapeuta se ven con streñ id as por las descripciones de las propias
que, sacarlo de esta tradición dualista de sujeto y objeto y concentrarlo so­ descripciones del cliente. Por lo tanto, el proceso social, en el que las des­
bre el p ro ceso d e l conocim iento. Al ■hacerlo debemos destacar que el cripciones del cliente y las del terapeuta convergen, actúa como restricción
conocimiento es una construcción social. No podemos ignorar que el círcu­ o ampliación de la posibilidad de continuar con sus puntos de vista indivi­
lo hcrmcnéutlco de interpretación-acción no tiene lugar en un vacío. Las des­ duales o cambiarlos. Esta restricción convierte a la autorreferencia en un pro­
cripciones del óbservador/terapeuta no pueden considerarse abstracciones, ceso constructivo y no en un mero juego solipsista. La observación del tera­
puesto que son realidades construidas soclalmente. No olvidemos que to­ peuta está limitada por el punto de vista del diente y viceversa (Fruggeri, 1990).
dos los días tenemos que habérnoslas con realidades construidas y que, sin Así, las construcciones de los terapeutas están ligadas a la manera en que el
embarco, no experimentamos el mundo como abstracto. Las creencias que diente interpreta los actos de éstos; y también a la manera en que el cliente
construyen calas realidades no son ideas en las mentes de la gente, sino que «oye» las preguntas, los comentarios y las intervenciones de los terapeutas.
se generan en los procesos de comunicación (Moscovicl, 1961, 1982, 1984, Tomemos la situación típica en que un terapeuta familiar, debido a ios
19SB), Por lo tanto, el círculo hermenéutlco de interpretación-acción puede mapas que usa para describir a la familia, «ve», entre muchos rasgos posl-
()(l JLA C O N S T R U C C I Ó N D E L . C O N T E X T O T E Ó R I C O
E L P R O C E S O T E R A P É U T I C O C O M O C O N S T R U C C IÓ N D E L C A M B IO 67

liles, que hay un conflicto entre los padres. Supongamos también que ese ve usted la situación?». Formulo estas dos preguntas a todos los miembros
terapeuta está libre de mapas lineales, tales como que «el conflicto de los pa­ de la familia. Puedo imaginar muchas maneras diferentes de iniciar un diálo­
dres es la causa del síntoma del hijo». La conexión que el terapeuta estable­ go con los clientes, pero he seleccionado estas preguntas entre muchas otras
cerá entre el conflicto de los padres y el sufrimiento del hijo estará determi­ posibles. Podría referirme a comportamientos y no a opiniones, a síntomas
nada no sólo por los mapas del terapeuta sino también por el sig n ificad o en vez de a explicaciones; y podría formular las preguntas a un solo miem­
que los miembros deda familia atribuirán a la búsqueda de una conexión bro de la familia (el cliente o uno de los padres). Pero no elegí esas dos pre­
entre estos «hechos». Si la familia usa explicaciones lineales, independiente­ guntas al azar. Mi elección tuvo que ver con el modelo teórico a que me re­
mente de las intenciones o los mapas que use el terapeuta, la familia «oirá» fiero. Pero ésa no es la única razón. Preguntarles «¿Cómo ve usted la
que el conflicto de los padres causa el sufrimiento del hijo. situación?» a todos no sólo es tina acción coherente con el modelo teórico
Las investigaciones realizadas sobre la relación profesional-cliente en di­ construccionista, sino que además contribuye a reconocer la entrevista como
ferentes contextos de intervención (Fruggeri, 1988, 1991) han identificado un proceso de construcción.-Asimismo, podemos ver que la pregunta «¿Cuál
que el modelo recurrente resumido-en la frase «Mientras más ayuda el profe­ es su problema?» formulada a una sola persona no sólo es expresión de un
sional, más persiste y se amplifica el problema», se vincula con la idea de marco de trabajo objetlvista (da por sentado que existe un problema) sino
la familia de que todos los profesionales son malos, incapaces y están equi­ que puqde también contribuir a construir, junto con la familia, el problema
vocados. No obstante, esa idea de la familia se desarrolló ,en sus interaccio­ como algo objetivo. La palabra «puede» se usa aquí con el propósito de su­
nes con el profesional, y no proviene de una interpretación errónea de la brayar que el tipo de realidad presentada es, en un análisis último, una co-
situación dada, sino de una interpretación correcta, según los sistemas de construcción. El terapeuta no es un observador que simplemente tiene con­
creencias de las personas involucradas. Es una idea que surge de los sistemas ciencia de la reflexivldad que hay entre sus acciones y sus creencias, sino
de creencias que la familia genera a través de su experiencia, es decir, de la que es un observador del yo al mismo tiempo que construye la situación
experiencia de sus integrantes como miembros de una comunidad cultural observada (Fruggeri, 1990). Esto se traduce en un enfoque metodológico se­
y social. Y sobre todo, la pauta recurrente Identificada no se correlaciona gún el cual el terapeuta formula constantemente hipótesis acerca de los sig­
con el problema, con el tipo de intervención, con las modalidades de la de­ nificados que sus acciones pueden asumir en el contexto interactivo que com­
rivación, ni con la manera en que el cliente, la familia o el profesional afron­ parte con el cliente.
tan el problema visible. La pauta 'ni siquiera está vinculada a la manera en En este punto la pregunta obvia es: «¿Cómo sabe el terapeuta qué signi­
que todos se relacionan entre sí. Surge, por el contrario, como el resultado ficados atribuye el cliente a los actos del terapeuta?». La respuesta más breve-
de una coordinación de acciones y de significados atribuidos a las acciones sería que no los sabe, según el marco de trabajo aquí elaborado. Sin embar­
en nombre de todos los involucrados en la-situación. go, creo que esto equivaldría a negar la cuestión metodológica Implícita en
Aquí la psicoterapia se manifiesta como un proceso de comunicación' la pregunta. En cada una de las etapas de la entrevista, y con el propósito
en el que las partes construyen los papeles recíprocos y construyen juntos de ayudar al cliente, el terapeuta toma decisiones acerca de lo que hace, cómo
un contexto interpersonal dentro de un ámbito consensual. Dentro de esta lo hace y si debe hacerlo. Todos los terapeutas utilizan ciertos criterios para
perspectiva queda descartada la definición de conocimiento como una ope­ tomar estas decisiones. El esfuerzo por expresar los propios criterios contri­
ración de descubrimiento. Aderhás, desaparece la concepción de la práctica buye explícitamente a la especificación de una metodología de la psicotera­
psicoterapéutica como manipulación. Con ello se borra-la distinción entre pia y ayuda al terapeuta a reflexionar sobre las maneras de construir la reali­
conocimiento y acción. De hecho, el saber se convierte en un acto para el dad terapéutica.
cual el significado surge a través de la coordinación de las creencias del cliente Esta orientación metodológica (por ejemplo, cuestionar los propios cri­
y del terapeuta. . •; »■. terios) no implica una búsqueda de verdad o de objetividad, y ni tan siquie­
Esto arroja una nueva luz sobre las diferentes fases del proceso terapéu­ ra una aproximación a ello. Teniendo en cuenta las consecuencias involunta­
tico. La distinción entre una entrevista que apunta a comprender la dinámi­ rias de todas las interacciones sociales (Shotter, 1990), esta metodología
ca del oliente y una entrevista dirigida a modificar esas dinámicas parece ser subraya la responsabilidad del terapeuta con respecto a sus construcciones.
artificial. La entrevista dirigida por el terapeuta consiste en recoger y dar in­ Por lo tanto, si la respuesta más breve a la pregunta mencionada es que los
formación simultáneamente. Yo, por ejemplo, cuando inicio una terapia sue­ terapeutas no pueden conocer los significados que el cliente atribuye a sus
lo formularlas siguientes preguntas: «¿Qué lo [la] trajo a usted aquí?» y «¿Cómo actos, la respuesta larga es que los terapeutas no pueden conocerlos de nía-
61) LA CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO EL PROCESO TERAPÉUTICO COMO CONSTRUÍ RtlÓN ORI, CAM11HI 69

nitro olijeilva, pero que formulando hipótesis acerca de esta pregunta cons­ Así com o el poder no se determina unllalcralmunit*, ul l)tu¡illi:tr!mno y el res­
truyen el contexto terapéutico. La toma de conciencia acerca de los criterios peto por los otros tampoco se determinan unllateralmente, 'Hidas estas cosas
tiohre los que los terapeutas formulan hipótesis constantemente se convier­ son el resultado de un proceso interactivo, en el que son necesarios tanto
te, asi, en un instrumento terapéutico. Y habría una respuesta aún más am­ el ofrecimiento de respeto como la accptación/rceonoelmlento de e/ie ofre­
plia: que los terapeutas no pueden dejar de afrontar la cuestión de la cons­ cimiento. . .
trucción social de sistemas de creencias y que, por lo tanto, no pueden
renunciar al estudio de esos procesos, en los que ellos también están pro­
fundamente involucrados. ■ - . ■■ ■ ■ ■ Surgen n uevas c u e s t io n e s

Volvamos ahora a los dilemas del terapeuta. La incomodidad que surge


clel reconocimiento de quemadle puede hacer nada por nadie» o de la duda Desde un punto de vista construccionista, la psicoterapia puede redefi­
ético-profesional que deriva del reconocimiento de que es imposible con­ nirse teóricamente. Liberada ya de la caracterización mecaniclsia que la con­
trolar cómo evoluciona el cliente, se desvanece si vinculamos ambas formu­ fina al ámbito de las técnicas, la psicoterapia surge como un proceso de cons­
laciones con ia discusión metodológica que antecede. El terapeuta carece del trucción interpersonal, Siendo así, no se puede abstraer a la psicoterapia del
poder para cambiar o para determinar unllateralmente la dirección del cam­ contexto social que la determina y dentro del cual tiene lugar. Se define so­
bio. Sólo la redefinición de la psicoterapia como un contexto de construc­ cialmente a la psicoterapia com o un contexto para la resolución de proble­
ción de realidades,sociales pude «re-establecer» la responsabilidad del tera­ mas, la evolución y el cambio. Cada vez que una o más personas acuden a
peuta. Los terapeutas se encuentran en situación de ocuparse de la no un terapeuta y le cuentan su problema, están también, implícitamente, pi­
neutralidad intrínseca de su manera de ser dentro de la relación (Marzari, diéndole ayuda. Acuden llenos de expectativas acerca de lo que recibirán.
1991). Los sistemas de creencia vinculados con la práctica dél terapeuta, y El terapeuta no puede dejar de actuar como el «agente designado del cam­
la manera en que éste coordina sus acciones con las del cliente, no pueden bio» respecto de un «paciente designado» que pide la intervención (Marzari,
en modo alguno darse por supuestos. Además, tampoco pueden seguir sien­ 1991). ■
do invisibles. El desarrollo del proceso terapéutico y sus resultados son ab­ Desde esta perspectiva, controlar la situación psicoterapéutica eficazmen­
solutamente interdependlentes respecto a esos sistemas. . te implica afrontar la designación social que define la identidad del terapeu­
Quedan, así, redefinidos el poder y la responsabilidad del terapeuta. Se ta (es decir, que lo define com o un «experto»). Pero al mismo tiempo, el con­
libera de la idea de control unilateral y se coloca, en cambio, dentro de la trol eficaz requiere también tener en la mente el principio teórico de que
dinámica de la co-construcclón sistémica. La perspectiva teórica que opone el cambio relacional no puede crearse y dirigirse unilateralmente. La idea del
el poder, a la responsabilidad termina con la postura de dar sólo una inter- terapeuta como arquitecto del cambio puede abandonarse sin trauma algu­
1pretación moralista de estos dos conceptos, interpretación en la que el po­ no si abandonamos también la idea afín de un cliente que se resiste-ai cambio.
der es siempre .malo y la responsabilidad es siempre buena. Por otra parte, Dentro del marco construccionista se reconceptualiza no sólo la psico­
el énfasis excesivo sobre la responsabilidad fuera de un contexto interpersonal- terapia sino también la patología. El meollo de la cuestión no es la etiología
soclal termina siempre en omnipotencia, cuando no en poder, reproducien­ de los síntomas, sino los procesos sociales e interpersonales y la dinámica
do así un marco epistemológico orientado hacia el control. No se'debe cele­ que mantiene los síntomas. La investigación no se refiere a las causas de un
brar el poder pero tampoco hay que considerarlo demoníaco. El poder y problema, sino que pertenece a los extraños lazos (Cronen et al., 1982) que
la responsabilidad podrían reconsiderarse usando la distinción de Bateson surgen de la recíproca determinación de creencias y comportamientos den­
entre «el todo» y «el formar parte de». En realidad se podría decir que para tro de la experiencia personal e interpersonal. Se presta, así, atención a la
el terapeuta el problema no consiste ni en ser po'deroso ni en sucumbir ante el función de amplificación y mantenimiento de los extraños lazos a través de
poder, iü terapeuta sólo debe asumir, la responsabilidad de su poder de cons- las comunidades social y científica, los valores culturales y el diagnóstico
tmeelón dentro de las restricciones del dominio relacional/soclal. . y las prácticas terapéuticas.
Por un Indo, el marco construccionista nos desafía a considerar la mani­ Según esta perspectiva,, como señala Keeney, la psicoterapia pretende
pulación co m o una ilusión. Por el otro, requiere que reflexionemos sobre modificar la manera en que el sistema problemático cambia para mantener­
la poilbllldad de que también la actitud democrática e igualitaria unilaterai- se estable. Por lo tanto, «el cambio terapéutico implica el cambio del cam­
monto definida pueda representar una manipulación y, por ende, una ilusión. bio, un cambio de la manera en que el proceso habitual de cambio de un
EL PROCESO TERAPÉUTICO COMO CONSTRUCCIÓN DEL CAMBIO 71
L A C O N S T R U C C IÓ N D H L C O N T E X T O T E Ó R IC O
70 cambio en las premisas, las conversaciones o las narraciones. ¿Qué convier­
dlglcmn lleva a la estabilidad» (Keeney, 1 9 8 3 :177):'La P f otcrap», entone», te una relación en un proceso de deutero-aprendizaje? ¿Que c° nvi“ l™
nuede definirse como un proceso de^deutero-aprendizaje (Bateson, 1972), conversación en ese tipo de conversación que hace cambiar todas las otras
S l í r — co construcción de un contexto en el que sea posi­ conversaciones? ¿Qué hace de una narración un tipo especial de narración,
ble un cambio dentro del conjunto de alternativas de entre las que se elige. que genera nuevas narraciones? En mi opinión, los terapeutas deben respon­
"s”= S ^ S U » , se describe al terapeuta como der f e s t í s preguntas en nombre de un pensamiento construcciomsta no
Darte en la construcción de realidades interpersonales que tienen las carac
terísticas de ser diferentes de la realidad que el cliente y el sistema s ^ id e a ° ne U h f d e í s 1primeros pasos en esta dirección es la investigación que ini­
te del cliente han construido dentro de su historia/experlencia/practica. El ciamos un colega-y yo (Fruggeri y Matteini, 1991). f
terapeutedesencadenará un proceso de cambio si temático de las sesiones de terapia familiar, con el propósito de identinca
, lo tnierna ."xnerlencla que llevó al cliente a la terapia (Maturana, 1988, eventuales regularidades de correlaciones entre los cambios en la manera en
Anderson et a l., 1986 ; Fruggeri et a l , 1985; Fruggeri y Matteini, 1988; Frug- que los clientes (individuales o grupos familiares) describen, explican, atri­
buyen significado a su experiencia y a los tipos de intervenciones (pregunitas
8CrÍ ¿ f i a s orientaciones metodológicas de la psicoterapia se identificar>en o comentarlos) del terapeuta. Hasta ahora el estudio sólo ha tomado en con­
lo siguiente 1) la introducción de diferencias; 2) la propuesta de diferen sideración un número limitado de sesiones. A continuación se exponen las
de S c í o n e s de cierto acontecimiento; 3) las nuevas maneras de vincular regularidades que, persistentemente, surgieron del análisis. _
comportamientos y acontecimientos; y 4) la Introducción de la reciprocidad^ ^ E n primer lugar las intervenciones del terapeuta a las que los miembros
Estos principios metodológicos fundamentales puederi pornanecer de la familia responden con una descripción, explicación o atribución dif
I,n nivel superficial si no abordamos la manera en que los individuos que rente son preguntas o comentarios que cuestionan la coherencia entre des­
estánfneerrados en un circuito de premisas y comportamientos interperso cripciones^ explicaciones y atribuciones y mapas, premisas y sistemas de
nales que no les permite elegir dentro'de ese conjunto de premisas (Bate creencia. Además, cada vez que el terapeuta ofrece una descripción, expllc
son 1972)—■- «ven» las diferencias propuestas por el terapeuta. Difer“ ’^ clon o atribución diferente, los miembros de la familia tienden a integrar te­
vedad reciprocidad no son características intrínsecas de las preguntas o jo s les intervenciones a sus sistemas de creencia, mapas y premisas. Al parecer,
en una relación terapéutica el cuestionamiento de la coherencia entre des­
armella que el cliente «reconoce» como tal. ¿Acaso deberiamo q > cripciones y creencias constituye una perturbación que Invita a los indiv -
S e tm d te m e m e n te de lo que el lenpeuta haga, el resultado del proceso
'c a m S m í-im portante en las conversaciones (es
terapéutico estará'slempre determinado por el cliente, que selecciona lo que
S í S ü ^ m b lo í considero que ese, postura re-lnventa, en su forma decir, un cambio en el tipo de. descripciones, e x p i a c i o n e s ,^ u d o n e s )
onuesta la afirmación de que.el terapeuta determina los resultados del pro se produce en correspondencia con una intervención del terapeuta que
p A nqlmieraoéutlco Y si esto último lleva a un enfoque orientado hacia
vincula las múltiples descripciones, explicaciones y atribuciones ofrecidas
Ueva^ lina-definición muy eaga de, fendmeno que por los individuos en el transcurso de la conversación. En este sentido po­
dríamos suponer que no basta cod ofrecer a los miembros de la familia la
“ m C l n t ó n Í s e t cues.ldn es fundamennrl para el e»foq»«: consl.ue- p ó S / q e v e r ’ e vinculados cnttesf. Ese s61o qe pfoduoe dexpues
rlonista de la psicoterapia. Para afrontarla se necesita una investigación g de que los miembros de la familia han experimentado la posibilidad de ge
i f f o l v a n f f n e n os respuestas para el modo en que las creencias se nerar puntos de vista diferentes. ¡
aeraran socialrnente, y estatuís m is le|os aún de una descripción de cOmo
canddan^as creendás(Afirmamos 'que la psicoterapia eficaz es ^ proceso
en el que los clientes cambian sus premisas o cambian las conv^ j j ° nes C o n c l u s ió n
hs que se involucran, o cambian sus narraciones. Damos por sobreentendido
que las ¿ « a c io n e s , ías conversaciones y las premisas que deben modificar­ De, las consideraciones que anteceden se desprenden algunas orienta-
se constituyen el contexto dentro del cual se presenta el problema Sin em­
bargo aún no tenemos descripciones -co h eren tes con la perspectiva auto- C1° n p rim e rf la práctica de los terapeutas que trabajan desde un marco cons-
pólltea o endógena a que nos re fe rim o s - que expliquen el proceso de

t i* ‘ -

t I I »III
I

72 I.A CONSTRUCCIÓN DEL CONTEXTO TEÓRICO .


EL PROCESO TERAPÉUTICO COMO CONfiTRUOCIÓN UKI, CAMIIIO 73
irucdonlflUl 8C caracteriza por el reconocimiento de sus premisas, puntos de
vl/llíi y piirdíllldsides. A través de este reconocimiento; pueden observar su Bateson, G. y Bateson, M. C. (1987), Angols Fcnr, Nueva York Mnnnllliiii (trad. cnnl.i
E l tem o r d e los á n g eles , Barcelona, Gedlsa, 1989),
manera de construir el fenómeno que están observando y las relaciones de
Bion, V. R. (1983), A U enzione e ¡nterpratazloiw , Roma, A rm ando.
órne con ellos. . ■ . • ; . . Blon, V. R. (1984), D iscu ssion l co n B ion , Tbfín, Loescher.
Segundo, los terapeutas deciden sus actos en función del significado que Cecchin, G. (1987), «Hypothesizing, clrcularity and ncutrallly revlsltetl: un luvliadtm
asume su manera de construir los procesos observados dentro de la co- to curiosity», Fam ily P ro cess, 26: 405-413.
construcclón de la relación con los otros. La historia de los pacientes, sus Ceruti, M. (1986), II v in co lo e la p o ssib ililá , Milán, Fcltrlnclll.
expectativas, Jas modalidades de la derivación, la petición de ayuda, las even­ Cronen, V., Johnson, K. y Lannamann, J. (1982) «Paradoxes, doublc blnds and refle-
tuales experiencias previas con instituciones terapéuticas, las creencias que xive loops; an altemative theoretical perspecdve», F am ily P rocess, 21: 91-112,
comparten dentro de determinado ámbito social, todo ello constituye el con­ Dell, P. (1982), «Beyond homeostasis: toward a concept of coherente», Family l ’ro-
cess, 21; 21-40. ■
texto de significado dentro del cual los pacientes construyen los actos, del
terapeuta.' . . / •
. Fruggeri, L. (1988), «I sistemi di significato nello sviiuppo dellc rclazlonl fra edúcalo-
ri, genitor!, bambino nell asilo nido», en V7. Fornasa, comp., Nido futuro: sim io•
Tbrcero, los terapeutas actúan con miras á crear diferencias o noveda­ g ie e p ossibU ilá, Milán, Angelí, págs. 65-101.
des. Es preciso investigar más para poder decir qué significa esto desde un Fruggeri! L. (1990), «Método, ricerca, construzione: ¡1 cambiamento come cosiruzio-
punto de vista metodológico. A partir de las observaciones realizadas hasta ne per la conoscenza», en M. Ingrosso, comp., Itin e r a r l sistem tcl nallo sclonzo
ahora se podría decir que las diferencias y la novedad son generadas por el s o c ia li, Milán, Angelí, págs. 247-264.
paciente cuando el terapeuta cuestiona la coherencia’ del círculo reflexivo Fruggeri, L. (1991), «Servlzi sociali e famiglie: dalla risposta al bisogno alia conslru-
entre creencias y acciones (construcciones) y cuando el terapeuta adopta un zione delle competenze», O ikos, 4: 175-190.
punto de vista diferente. El contexto de observaclón/construcción no es di­ Fruggeri, L., Dotd, D., Ferrari, R. y Matteini, M. (1985), «The systemic approach in
ferente cuando ios terapeutas cambian el objeto de observación, sino cuan­ a mental health Service», en D. Campbell y R. Draper, comps., A p p lica tio n s o f
S ystem ic Fam ily T herapy, Londres, Gruñe & Strutton, págs. 137-147.
do cambian la manera de observar. Un tipo dlferente-de punto de vista no
Fruggeri, L. y Matteini, M. (1988), «Larger Systems? Beyond a dualistic approach to
se desplaza meramente desde los individuos hacia las relaciones, desde el
the process of change», Irish J o u r n a l o f P sychology, 9: 183-194.
contenido hacia el proceso, desde el paciente hacia el terapeuta, desde los Fruggeri, L. y Matteini, M. (1991), «La struttura della narrazione terapéutica», en V.
actos hacia el significado. El movimiento desde esta perspectiva, aún dualis­ Ugazio, comp., Soggetto, em o zion i, sistem a, Milán, Vita e Pensiero, págs. 67-83.
ta, es hacia la consideración de la relación entre el individuo y la familia, Fruggeri, L., Telfner, U., Castellucci, A., Marzarl, M. y Matteini, M. (1991), N ew Sysle-
hacia la imbricación de contenido y proceso, hacia la reciprocidad de accio­ m lc Id e a s fr o m the It a lia n M ental H ealth M ovem en t, Londres, Karnac Books.
nes de significados, hacia la co-construcción de terapeuta y cliente. Goolishian, H. y Anderson, H. (1987), «Language systems and therapy: an evolvlng
A la luz de estas reflexiones, la idea de que los terapeutas son responsa­ idea», P sycholherapy: Theory, R esearch a n d P ra clice, 24: 529-538.
bles por su poder de construcción no es una simple cuestión de principios. Guldano, V. F. (1987), C om p lex ity o f the S e lf Nueva York, Guilford Press. •
El poder de construcción surge com o una responsabilidad que es científica Hoffman, L. (1986), «Beyond power and control: toward a 'second order’ family systems
therapy» Fam ily System s M edicin e, 4: 381-396.
y, al mismo tiempo, ética y social. . •' ,
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C A PÍT U L O IV

REFLEXIONES SOBRE LA REFLEXIÓN CON FAMILIAS

Tom Anclersen

Este libro me ha otorgado el privilegio de volver sobre mis pasos a tra­


vés de los años para describir y comprender lo que podría definirse como
mi evolución profesional. Mi manera de describir y entender ha cambiado
con el tiempo. Por lo tanto, el relato de mi historia profesional tiene que em­
pezar por el final: por lo que hoy pienso acerca de las descripciones y sus
correspondientes comprensiones, y acerca de la manera en que las construyo.

LO QUE PIENSO HOY

Veo la vida como el desplazamiento hacia el futuro de mi persona, de


mis circunstancias y de las circunstancias de esas circunstancias. Los cam­
bios de la vida alrededor de mí se producen por sí mismos, no por mi. Lo
único que yo puedo hacer es participar en ellos. Participar es aprender a usar
el repertorio de comprensiones y acciones que han surgido de las diversas
experiencias que tuve a lo largo de los años. Y lo más importante es apren­
der lo que no volveré a hacer. Mi relación con I larold Goolishian estimuló
fuertemente esta idea.' Él decía: «Si uno sabe lo que hará, está limitado; pero
si sabe mejor lo que no hará, entonces habrá una enorme cantidad de cosas
que podrá hacer». La manera en que uso mi repertorio se vincula con la ma­
nera en que entiendo el momento de la vida en que participo; y mi com­
prensión se vincula con la manera en que lo describo. Describo a qué presto
atención, describo aquello sobre lo que me concentro. La vida es tan rica
y tan plena que es imposible prestar atención a todo —es decir, concentrar­
se en todo— al mismo tiempo. Lo desee así o no, a cada momento tengo
que seleccionar aquello sobre lo que me concentraré. Por lo tanto, n o p u e d o
describir aquellas partes de la vida a las que n o presto atención y sobre las
cuales, por ende, no me concentro. Mis descripciones y mis comprensionesI.

I. Los intercambios de ideas que tuve el privilegio de mantener con Harold Goolishian
y su colega Harlenc Anderson, del Galveston Family Instilóte, Texas, influyeron decisivamente
en mi pensamiento y mi práctica. Sin esas conversaciones, este capitulo no habría tenido la
forma y el contenido que tiene.
78 FORMAS DE LA PRÁCTICA REFLEXIONES SOBRE LA REFLEXIÓN CON FAMILIAS 79

se forman en el lenguaje, y sólo puedo construirlas según el lenguaje que do una persona estaba enferma, sobre todo si esa persona era un niño, yo
tengo en mi repertorio. En consecuencia, sólo puedo prestar atención a algo me preguntaba cómo podría entender todas las actividades que la enferme­
si dispongo de un lenguaje para describirlo y entenderlo. dad creaba en el entorno del niño enfermo. Pensé que la psiquiatría podría
Cuando la vida viene a mí, me toca la piel, los ojos, los oídos, i: papilas ser un campo en el que encontraría respuestas, y me interne en ese campo.
de la lengua, los orificios de la nariz. Como estoy abierto y soy nsiblc a El segundo interrogante se refería a todos los sufrimientos y dolores en las
lo que veo, oigo, siento, paladeo y huelo, puedo también percibí jspucs- partes móviles de los pacientes, sufrimientos y dolores para los que mis exá­
tas» a esos contactos desde mí mismo, mientras mi cuerpo, «desu entro», menes no bastaban. ¿Cómo se podrían entender? Yo no sabía cuál era el ca­
me hace saber de diversas maneras lo que piensa acerca de los con ¡os con mino ni cóm o encontrarlo; sóLo podía esperar que un día el camino se me
el exterior, me dice sobre qué debo concentrarme y sobre qué no lio. Este mostrara por sí mismo.
estar abierto y sensible a los contactos con la «vida exterior» y al misr tiempo La psiquiatría no me brindó respuestas para la primera pregunta. En rea­
abierto y sensible a las respuestas de la «vida interior» es lo que lia. o «intui­ lidad, planteó nuevos motivos de reflexión: ¿habría alternativas a la creencia
ción». En este momento, en lo que más confío es en la intuición .1 desan­ de que «los pacientes mentalmente enfermos» se podían conducir hacia la
dar mi camino profesional, mi intuición me dice que primero de partici­ salud? ¿Habría alternativas a la práctica de separar a los «mentalmente enfer­
par y después sentarme y pensar en esa participación; no sentarme pensar mos» de su familia, sus amigos, su trabajo? (Ser hospitalizado en el norte de
primero, y participar después. Como estoy seguro de que mi pens ¡miento Noruega significa casi siempre estar muy lejos del hogar.) ¿Sería posible de­
me acompaña mientras participo, siempre me siento cómodo al hacer lo que jar de llamar «pacientes» a los pacientes? ¿Acaso las alternativas a los trata­
mi intuición me sugiere. mientos estándar (por ejemplo, permanecer en habitaciones cerradas con llave,
Esto podría corresponderse muy bien con ciertas ideas que Thomas Kuhn medicarlos contra su propia voluntad, etcétera) podrían ser más coherentes
(1970) sostiene acerca de las teorías. Kuhn dice que toda investigación que con el contexto «paciente»-familia-amigos-trabajo-vccindario? Éstos eran sólo
define objetivos y medios dentro de un paradigma dado producirá resulta­ algunos de los muchos interrogantes que se me planteaban.
dos» que apoyen la teoría sobre la que la investigación se basó. Ku r¡ señala,
indirectamente, que se podrían postergar las aplicaciones de la teoría y dejar
que la práctica sea lo más libre posible en su búsqueda de descripciones y LA BÚSQUEDA DE ALTERNATIVAS
comprensiones «relevantes». Después se discutirían los «resultados» (descrip­
ciones y comprensiones) teniendo en cuenta las diversas teorías existentes. A comienzos de la década de 1970 algunas personas empezamos a reu­
Esto serviría para «cuestionar» y hasta tal vez para ampliar esas teorías. He nimos informalmente, un fin de semana al mes. Leimos a Minuchin (1974),
organizado este trabajo según ese pensamiento. Eso quiere decir que prime­ l lalcy (1963) y Watzlawick et a l. (1974). Tratamos de aplicar sus técnicas, pero
ro hablaré desde la práctica y luego, de vez en cuando, me detendré para no tuvimos mucho éxito en lograr el tipo de cambios que imaginábamos.
examinar la práctica descrita y teorizar sobre ella. Esta postura se correspon­ En aquella época yo me sentía muy incómodo cada vez que, convenci­
de con mi comprensión de ciertas ideas clave que surgieron de la discusión de dos de que entendíamos los problemas mejor que las familias mismas, pre­
la filosofía posmoderna. Bayncs et al. (1987) afirman que la teoría misma es sentábamos una comprensión nueva c «inteligente» del problema o dábamos
una narración. Así, si mi narración transcurre dentro del marco de mi «vieja» directrices «inteligentes» para tratarlo. El libro de Watzlawick el al. (1967) hizo
narración —como, por ejemplo, una repetición— mi narración pierde libertad. que prestáramos atención a Gregory Bateson. Fue una verdadera suerte, y
además un gran alivio, entrar en contacto con el trabajo del equipo de Milán
(Sclvini et al., 1980) a través de dos miembros del grupo: Gianfranco Ccc-
Los PRIMEROS AÑOS: MÉDICO DE CABECERA chin y Luigi Boscolo. Por otra parte, Lynn Hoffman y Pcggy Pcnn, del Insti­
tuto Ackerman de Nueva York, nos ayudaron a elaborar nuestra compren­
Después de terminar mis estudios de medicina en el sur de Noruega sión de la obra de Bateson (Bateson, 1972, 1978, 1979) en general y del
(Oslo), me trasladé a la parte ártica del país para ser médico de cabecera y enfoque del grupo de Milán en particular.
permanecí allí cuatro años. El procedimiento que aplica el grupo de Milán consiste en que un equi­
Durante esos cuatro años se me plantearon muchos interrogantes. Los po se reúne con la familia. Un miembro del equipo conversa con la familia
dos más importantes fueron: primero, el efecto social de la enfermedad. Cuan­ mientras los otros siguen la conversación desde detrás de un espejo de una
80
FORMAS DE LA PRACTICA
REFLEXIONES SOB RE LA REFLEXIÓN CON FAMILIAS 81

sola dirección. La persona que habla con la familia tiene una idea preliminar
será estar casada con un hombre tan obstinado?». Pensábamos que era inevi­
de cómo puede entenderse el problema, es decir, tiene una hipótesis que
orienta la entrevista. En ésta, el entrevistador se aparta de la familia y se reú­ table que en nuestras conversaciones aparecieran expresiones de esc tipo,
y que aparecerían en presencia de la familia. Sin embargo, y a pesar de todas
ne con el resto del equipo para discutir interpretaciones posibles, diferentes
nuestras aprensiones, un día de marzo de 1985 pusimos en práctica la idea.
de la Interpretación de la familia. Después, el entrevistador se separa del equi­
Ese día, un equipo2 que había seguido la conversación desde atrás del es­
po y vuelve a reunirse con la familia para transmitirles la nueva compren­
sión. Esto se llama «la intervención». pejo de una sola dirección, Ies propuso a las personas que participaban de
la conversación terapéutica (una familia y un entrevistador) que escucharan
Cuando mis colegas y yo tratamos de aplicar el método de trabajo del nuestra conversación. Dijimos que hablaríamos sobre lo que habíamos pen­
grupo de Milán, yo me sentía siempre incómodo al transmitirle la interven­ sado mientras escuchábamos la conversación que acababa de tener lugar. Mis
ción a la familia. Siempre era difícil decir: «Nosotros lo vemos así» o «Noso­ temores resultaron injustificados: las «malas palabras» no aparecieron, y no­
tros lo entendemos así» o «Nosotros queremos que hagan esto». Al presentar sotros no tuvimos que esforzarnos para evitarlas. Desde ese día bautizamos
la Intervención de este modo yo tenía la sensación de que nosotros, el equi­ al equipo com o «equipo de reflexión».3
po terapéutico, teníamos una mejor manera de ver y entender el problema. Cuando le sugerimos a la familia que intercambiáramos ideas, nos resul­
Además, teníamos una propuesto acerca de la manera en que la familia debía tó natural decir: «Quizás nuestra charla produzca ideas que podrían ser úti­
tratar su problema, y dábamos por sentado que esa propuesta era mejor que les para vu estra con v ersación ’!. Desde entonces siempre pienso en los len­
la de la familia misma. . guajes que usan los profesionales. Y digo deliberadamente «lenguajes» (en
I*ara evitar estos problemas empezamos, a fines de 1984, a decir: «Ade­ plural) porque, naturalmente, siempre hay un lenguaje «público», para la con­
más de lo que ustedes ven, nosotros vemos esto», o «Además de lo que uste­ versación con las familias presentes, y otro «privado», que los profesionales
des entienden, nosotros entendemos esto», o «Además de lo que ustedes han usan cuando están a solas. Dentro del lenguaje «privado» aparecerán fácil­
tratado de hacer, quisiéramos saber si podrían tratar de hacer esto». En poco mente las «malas palabras» y también todos los términos y conceptos «inte­
tiempo nos dimos cuenta de que habíamos pasado de una postura del tipo lectuales», «académicos» y «extranjeros» que los profesionales suelen usar
«o...o» a otra del tipo «ambos...y». Yo me sentí muy aliviado con el cambio. cuando están con sus pares. Muchas veces me he preguntado si a los profe­
Al parecer, en mi trabajo la incomodidad siempre ha tenido mucho que ver sionales les resulto fácil pasar del lenguaje «privado» que usan en un momento
con el cambio. al lenguaje «público» que usan en otro. Si no es fácil despojar a la expresión
«pública» de los elementos «privados», ¿cómo afectará eso a las conversacio­
nes con los clientes?
REFLEXIONAR: UN CAMDIO IMPORTANTE El modo de trabajo del «equipo de reflexión abierta» favorecía un des­
plazamiento del lenguaje profesional hacia el lenguaje cotidiano. Este len­
Desde fines de 1981, Aina Skorpen (una enfermera especializada en sa­ guaje sólo contenía palabras y conceptos que todos nosotros usábamos en
lud mental con quien estaba trabajando) y yo veníamos debatiendo cierta la vida diaria. Esa manera de relacionarnos con los clientes era algo más que
idea. Esta idea tenía mucho que ver con lo que habíamos observado que la un cambio de lenguaje.
gente nos decía cuando nos reuníamos por primera vez: «¡No sabemos qu é
hacer! ¿Qué debemos hacer?». Entonces empezamos a preguntarnos por qué
Procedimientos
nos separábamos de la familia durante las pausas en las sesiones. ¿Por qué les
o(.tillábamos nuestras deliberaciones? ¿No podríamos, acaso, permanecer con
A continuación introduciré a! lector en la parte práctica del trabajo, si
ellos y permitir que vieran y oyeran lo que n osotros hacíamos y cóm o traba­ bien haré mención a veces del correspondiente pensamiento.
jábamos nosotros sobre el tema? Tal vez si les dábamos acceso a nuestro pro­
ceso les resultaría más fácil encontrar sus propias respuestas. Al principio no 2. Éste fue uno de dos equipos que, entre los años 1984 y 1988, formaron los siguientes
nos atrevíamos a «hacer públicas» nuestras deliberaciones porque pensába­ miembros, que participaron en diferentes períodos: Carsten Bjcrkc, Eivind Eckhoff, Bjorn Z.
mos que el lenguaje que usábamos contendría muchas «malas palabras». Bien Ekclund.John Rolf Ellila, Anna Margrctc Flárn, Magnus Ilald, Torunn Kalstal, Per Lofncs, Torill
podría suceder, por ejemplo, que un miembro del equipo dijera: «¡Me alegro Moc, Trygve Nisscn, Lorcntz Noto, Tivadar Scüzs, Elsa Stiberg, Finn Wangbcrg y Knut Waterloo.
3- En la expresión .proceso de reflexión. [Re/lecting Process], la palabra reflecting alude
de no pertenecer a una familia con una madre ton charlatana!»; o bien «¿Cómo a la acción de reflexionar, y no a la de reflejar.
REFLEXIONES SOBRE LA REFLEXIÓN CON FAMILIAS 83
82 FORMAS DE LA PRÁCTICA

«O...o» versus «am bos...y*


C óm o introducir d iferen c ia s no d em a sia d o in usu ales

Cuando yo trabajaba en medicina general, comentaba con Gudrun 0vrc- Una vez iniciada la modalidad de trabajo del equipo de reflexión, se pro­
berg, fisioterapeuta, todas las preguntas que me hacían mis pacientes sobre dujeron cambios espontáneos en nuestros procedimientos. El equipo que
dolores y molestias. 0vreberg me presentó a su maestra, Aadel Bülow-Hansen, permanecía detrás del espejo —y que hasta entonces conversaba mientras
también fisioterapeuta. Bülow-Hansen había observado que los pacientes que observaba la sesión— se volvió cada vez más silencioso. Tiempo después
están tensos fiexionan el cuerpo hasta adoptar una postura que da la impre­ llegamos a entender que escuchar en silencio ayudaba al equipo a generar
sión como si se «enroscaran» sobre ellos mismos. Al mismo tiempo disminu­ más ideas que antes, cuando charlaba. Se puso en evidencia que antes, cuan­
yen la intensidad de la respiración. Para ayudarlos, Bülow-Hansen los esti­ do conversábamos, nos concentrábamos sólo en una o dos ideas.
mulaba para que se estiraran y «abrieran» el cuerpo. Una de las maneras de También elaboramos algunas normas de acción. La primera fue que las
lograrlo era causar un dolor físico al paciente. La fisioterapeuta había adver­ reflexiones del equipo debían basarse en algo expresado durante la conver­
sación, no en algo tomado de otro contexto. Todas nuestras reflexiones em­
tido que si se pellizca con fuerza un músculo situado, por ejemplo, en la pan­
pezaban más o menos así: «Cuando escuché...» o «Cuando vi...» «Se me ocu­
torrilla, el dolor hace que la persona estire el cuerpo. Cuando estiramos el
cuerpo inhalamos más profundamente. Esta inhalación estimula un mayor rrió esta idea». Muchas veces empezábamos por expresar nuestras dudas: «No
estiramiento y éste, a su vez, provoca una inhalación profunda, y así sucesi­ estoy seguro pero me parece que...» o bien «No estoy seguro pero tengo la
sensación de que...» o «Tál vez ustedes hayan oído otra cosa, pero yo oí...».
vamente, hasta que el tórax se llena de aire, según su flexibilidad. Al exhalar
ese aire, una parte de la tensión corporal desaparece. Ella había notado, sin Después, la reflexión seguía su curso más o menos así: «Cuando pensé en
eso empecé a preguntarme...» o «Pensando que ella hablaba de esto y aque­
embargo, que si el pellizco era demasiado suave, no pasaba nada, ni con el
llo vi que...» o «Cuando pensé en eso o aquello, me vino a la mente esta pre­
estiramiento ni con la respiración. Si, por el contrario, era demasiado brus­
gunta...» o «Cuando advertí que ellos habían hecho esto o aquello me pre­
co o duraba mucho, el paciente respondía con una inhalación profunda pero
gunté qué habría pasado si ellos hubieran hecho...». Poníamos mucho énfasis
la respiración se cortaba, porque la persona retenía el aire inspirado. O sea
en la autonomía de decisión de la familia. A las familias que escuchan se las
que si el estímulo era lo suficientemente doloroso y duraba el tiempo ade­
invita a «entrar» como quieran. Actualmente yo prefiero decir lo siguiente:
cuado, la respiración se hacía más profunda pero sin cortarse.
«Cuando ellos [es decir, el equipo] conversen, ustedes pueden escucharlos,
Lo que yo aprendí de Aadel Bülow-Hansen fue una variante de la famo­
si quieren, o pensar en otra cosa, o descansar, o hacer lo que prefieran ha­
sa frase de Gregory Bateson: «La unidad elemental de información es una
cer». Nos parece importante dejar en claro que escuchar es un ofrecimiento
diferencia que hace una diferencia» (Bateson, 1972: 453). Los que no saben
que se les hace, y que no están obligados a prestar atención. Es fundamental
qué hacer necesitan algo diferente (Inusual), pero ese algo no debe ser de­
dar al oyente la posibilidad de apartarse de la situación si esa situación lo
masiado diferente (inusual). Esto se aplica a lo q u e hablamos con las familias,
incomoda. Es importante para ellos s a b e r decir que no.
a c ó m o hablamos con ellas y a cuál es el contexto de la conversación. ¿Cómo
La segunda regla es que los miembros del equipo, al hablar «pública­
podemos saber cuándo nuestras contribuciones son demasiado inusuales?
mente», deben tratar de no transmitir connotaciones «negativas». Nada es ne­
La respuesta está en la manera en que el cliente participa de la conversación.
gativo en sí mismo, pero cualquier cosa puede convertirse en negativa si el
¿Hay en la conversación signos que me indiquen que para el cliente partici­
oyente así lo percibe. Por lo tanto, mientras conversamos tenemos presentes
par en ella es incómodo? Esos signos varían de una persona a otra. Por lo
estos pensamientos. Si un miembro del equipo dice, por ejemplo, «No en­
tanto, nos enfrentamos al desafío de ser sensibles, receptivos a los signos que
tiendo por qué no intentan esto o aquello», lo más probable es que el co­
los diversos individuos usan. Para advertir esos signos tenemos que confiar
mentario suene a crítica. Pero se podría decir, en cambio, «Me pregunto qué
en nuestra intuición.
pasaría si ellos intentaran hacer esto o lo otro...».
La idea de no ser demasiado inusual se corresponde muy bien con las
La tercera y última regla se refiere al modo de reflexionar cuando todos
ideas de Humberto Maturana y Francisco Varela acerca de las perturbacio­
—la familia y el equipo completo— están en la misma habitación, lo que su­
nes (trastornos) (1987). Necesitamos estar «trastornados», ya que las pertur­
cede cuando no se dispone de un espejo de una sola dirección. Insistimos
baciones nos mantienen vivos y nos hacen capaces de cambiar en corres­
en que cuando el equipo reflexiona se miren entre sí, o sea que no miren
pondencia con el cambiante mundo que nos rodea. Pero si pretendemos
a los que escuchan. Esta práctica permite que los oyentes se sientan en liber­
incluir trastornos demasiado diferentes de lo que nuestro repertorio es ca­
tad de no escuchar.
paz de integrar, nos desintegramos.
84 FORMAS DE LA PRÁCTICA REFLEXIONES SOBRE LA REFLEXIÓN CON FAMILIAS 85

Una vez que el equipo ha expresado sus reflexiones, la conversación se Y la inclusión de algunas preguntas en la terapia crea una relación más igua­
concentra en la familia y el entrevistador. El entrevistador le ofrece a la fami­ litaria.
lia la oportunidad de discutir sus pensamientos mientras escuchan la charla La segunda pregunta es: «¿Cuál es la historia de la idea que está detrás
del equipo. Sin embargo, el entrevistador no presiona a la familia: si prefie­ de esta reunión?». Las respuestas a quién fue el primero que tuvo la idea de
ren mantener en reserva sus pensamientos, pueden hacerlo. Siempre espera­ hacer una reunión, y a cómo los participantes se sintieron afectados por la
mos que se expresen pensamientos que sean puntos de partida para nuevas idea sirven, además, para poner en evidencia quién está más ansioso por ha­
conversaciones o para encontrar nuevas descripciones y comprensiones. Tales blar y quién es más reservado. El punto siguiente se centra en los temas de
cambios pueden producirse una o dos veces durante una sesión, y a veces los que los ansiosos quieren hablar. A los familiares más reservados se les
hasta con más frecuencia. La manera de trabajar que hasta aquí hemos des­ invita a participar, siempre que se sientan cómodos haciéndolo. (...)
crito implica que siempre existen muchas versiones de una situación, lo que
significa que hay muchas maneras de describirla y, por lo tanto, muchas ma­ L a conversación a c e r c a d e esta con v ersación . Pensamos que también es útil
neras de entenderla. Casi siempre los que nos consultan piensan que sólo «conversar acerca de cómo deberíamos conversar». Por ejemplo, analizamos
hay u n a manera correcta — y muchas erróneas— de entender una situación. cuáles son las mejores circunstancias para la conversación: ¿en casa o en un
Las palabras «o...o» parecen sef herencia de Platón. Platón y muchos de despacho? ¿Tendría que haber un equipo de reflexión o no? ¿Quién podría
sus seguidores buscaban la Verdad y el Bien. Se empeñaron en elabora? des­ conversar (con lo cual se pregunta indirectamente quién no debería) con quién
cripciones que fueran represen tacion es de esa Verdad. Esas representacio­
sobre qué tema en qué momento? Se trata sólo de tres de las muchas cues­
nes nos brindarían con ocim ien to para ex p licar y predecir. Habría un cono­
tiones de procedimiento que son importantes. La función de esta conversa­
cimiento correcto y un conocimiento erróneo. La filosofía posmoderna ha
ción es proporcionar un contexto en el que los participantes se sientan
cuestionado la postura que se expresa con los términos «o., o» (Baynes et al.,
cómodos.
1987; d’Andrade, 1986). Esa discusión aporta otros conceptos, además de los
que dominaron el pensamiento durante largo tiempo: los mitos además de
La conversación a c e r c a d e las co n v ersacion es p a s a d a s y fu tu ra s. Ander-
la verdad; la metáfora además del concepto; lo figurativo además de lo lite­
son et al. (1986) introdujeron dos conceptos muy útiles: «el sistema de crea­
ral; la imaginación además de la razón; la retórica además de lá lógica; la na­
ción de problemas» y «el sistema de disolución de problemas». Ellos dicen
rración además del razonamiento.
que con frecuencia un problema atrae a muchas personas, que quieren con­
• Pero, por encima de todo, estas nuevas discusiones introducen la idea
tribuir a solucionarlo. Con el propósito de tratar de resolverlo crean sus sig­
de que nos vinculamos con la vida según nuestras percepciones, descripcio­
nificados acerca de cómo se puede describir, entender y representar. Cuan­
nes y comprensiones del mundo. Dicho brevemente, no nos relacionamos
con la vida «misma» sino con nuestra comprensión de la vida. Esta idea re­ do esos significados no son demasiado diferentes, el intercambio de opiniones
presenta un importante cambio de pensamiento, y esta visión concuerda con suele crear significados nuevos y útiles. Pero si los significados son demasia­
el pensamiento constructivista (llamado también cibernética de segundo or­ do diferentes, el intercambio cesa. Al preguntar sobre conversaciones ante­
den), que afirma que todos nosotros participamos en gran medida en la crea­ riores podemos saber cuáles son los que no se deben repetir. Formulando
ción de nuestra comprensión de la vida(Maturana, 1978; von Foerster, 1984; la pregunta: «¿Quién puede hablar con quién acerca de este tema en este mo­
von Glasersfcld, 1984). Estos autores también destacan especialmente que mento?» podremos, probablemente, llegar a conversaciones más útiles. Los
hay tantas versiones de una situación como personas que la entienden. El participantes que tienen significados convenientemente diferentes introdu­
modo de trabajo del equipo de reflexión trata de incluir la mayor cantidad cirán nuevos significados en el transcurso de la conversación. Los que apo­
posible de versiones. A continuación se exponen algunos ejemplos. yan significados que son demasiado diferentes tendrán grandes dificultades
para entablar conversación, y casi siempre se aferrarán a los significados que
L as dos p rim eras p regu n tas de la reu nión . «¿Cómo les gustaría a uste­ ya poseen, aun cuando se haya demostrado que no sirven. Cuando las per­
des utilizar esta reunión?» Esta pregunta, que siempre es una de las primeras sonas tienen visiones muy diferentes yo no las aliento a conversar entre sí,,
que formulo en una reunión, parece haberse convertido en una consecuen­ sino más bien a conversar conmigo, ya que yo me esfuerzo por no tener sig­
cia natural de haber hecho «pública» la conversación. Es más cóm odo no nificados acerca de sus significados.
tener que elaborar un plan acerca de lo que se hablará y de cómo se hablará.
REFLEXIONES SOI5RE 1.A REFLEXIÓN CON FAMILIAS 87
86
FORMAS DE LA PRÁCTICA

lo que he escrito anteriormente sobre esta manera de preguntar (Anderscn,


Las con v ersacion es interiores y exteriores. La modalidad de trabajo del
equipo de reflexión ofrece a las personas presentes la posibilidad de avanzar 1991).
Mientras escucho las respuestas de mi interlocutor, trato de desarrollar
y retroceder entre hablar y oír, siempre sobre los mismos lemas. Estas dos
un sentido de co-presencia. Esta manera de escuchar se volvió fundamental
posiciones diferentes con relación a las mismas cuestiones proporcionan dos
para mí cuando conocí a un grupo del interior del Estado de 1-innmark. Es­
perspectivas diferentes; y probablemente esas dos perspectivas de lo mismo
tas gentes pertenecen al pueblo sami (llamados, en la literatura inglesa, lapo-
crearán nuevas perspectivas. Existen numerosas maneras de organizar una
nes) que originariamente siguió a sus manadas de renos en su migración en­
conversación para que pueda producirse el desplazamiento entre los actos
tre el interior (de donde salían en invierno) y la costa del océano Artico (donde
de escuchar y hablar. El modo de trabajo del equipo de reflexión es sólo
permanecían en el verano). Según su tradición, la familia entera acude a la
una de muchas maneras posibles. La manera más simple es trabajar sin equi­
casa de aquellos que han sufrido un destino cruel, por ejemplo, la muerte
po. El profesional conversa con una de las personas del grupo, por ejemplo
inesperada de un familiar. Se sientan y permanecen en silencio. Los deudos
durante cjnco o diez minutos, mientras los demás escuchan la conversación.
afligidos saben que sus allegados están allí, co-presentcs, dispuestos a con­
Después les pregunta a los otros qué pensaban mientras escuchaban. Des­
versar si es necesario. ¿Será acaso ésta la contribución más importante que
pués de esta charla con dos otros» se puede volver al primer interlocutor
podamos hacer: escuchar el silencioso pensamiento del afligido?
y preguntarle qué pensó mientras escuchaba lo que los otros habían estado
pensando. El mejor nombre de que disponemos por el momento para estas
charlas cambiantes es: «el proceso de reflexión». Este proceso provoca des­
plazamientos entre conversación «interior» y «exterior». La idea de conversa­ EL LENGUAJE Y LA CONSTITUCIÓN DEL SER
ción «interior» y «exterior» es vieja como la historia de la humanidad. El pro­
ceso de reflexión sólo pone de relieve algo que poseemos pero que no hemos Muchas personas buscan cuidadosamente las palabras para expresarse.
«organizado» en las conversaciones cotidianas. Cuando hablo con otras per­ En todos los casos buscan las palabras más significativas para ellas. En cuan­
sonas, hablo en parte con los otros y en parte conmigo mismo. Gran parte to a mí, cada vez me interesa más hablar con estas personas acerca de la len­
de mi conversación «interior» se refiere a ciertas ideas que tienen lugar en gua qué usan. En esas charías casi siempre surgen matices, detalles de las pa­
la conversación «exterior» y que yo podría «tomar», y también a la utiliza­ labras; y estos detalles de las palabras, de ia lengua, contribuyen a modificar
las descripciones, las comprensiones y los significados que el lenguaje pre­
ción que podría darles.
tende clarificar. .
David E. Lcary (1984) dice que usamos metáforas para construir tocto
Ul flu jo d e la conversación : pregu n tas y co-presen cia lo que decimos:

Cuando entramos en el escenario de un problema es importante locali­ ...nuestra visión d e la com prensión — no só lo en la ciencia y la m edicina sino
zar los significados y las opiniones existentes; y la mejor manera de hacerlo también en la vida cotid ian a— se estructura a través de la m etáfora. Creo que
toda com prensión se basa en un p roceso de com paración de lo d esco n o cid o
es preguntar (Penn, 1982, 1985). Además, las preguntas suelen servir para rea­
con lo co nocid o, de alineación de lo raro co n lo familiar, del em p leo de cate-
nudar una conversación que se ha detenido. Si el profesional expone sus sig­
eorías de co m p ren sió n lomadas de un á m bito de la experiencia c o m o parrillas
nificados y sus opiniones, muy probablemente logrará que los significados o plantillas sobre las cuales analizar la exp erien cia procedente de o tro ámbito.
ya existentes se afiancen aún más. Las preguntas más seguras son aquellas Eso es lo que q u iero d ecir cuando hablo de m etáfora y pensam iento m etafóri­
que se vinculan fuertemente con lo que acaba de decir la persona con quien co. En sentido am plio, la metáfora consiste sim plem ente en dar a una cosa o
hablamos. Actualmente yo prefiero postergar mi pregunta (o mis preguntas) experiencia un n o m b re o una descripción que, por conven ción, p erten ece a
hasta que la persona con quien estoy conversando haya terminado de hablar otra cosa o a otra experiencia; y hacerlo en función de cierta sim ilitud entre
y de pensar. Por lo general mi pregunta se centra en algo acerca de lo cual ambas. Según esta d efinición , que se rem onta a Aristóteles y que se n a convali­
dada por la m ayoría de los eruditos contem p orán eos que estudian el habla y
—así me lo dice mi intuición— es importante que la persona siga hablando.
el pensam iento figurados, la metáfora no se puede diferenciar lógicam ente del
Por otra parte, la intuición me ayuda también a encontrar la pregunta que
tropo en general, y por lo tanto abarca la analogía, el símil, la m etonim ia y,
formularé y la manera en que la formularé. Me permito remitir al lector a
REFLEXIONES SOBRE LA REFLEXIÓN CON FAMILIAS 89
88 FORMAS DE LA PRÁCTICA

desde luego, la metáfora en sen tid o más restringido. Además, según esta defi­
rriente de aire pasa por la laringe, su altura y su tono se modulan; y cuando
nición las fábulas, las parábolas, las alegorías, los m itos y los modelos — in­ pasa por las cavidades de la boca y la nariz, los músculos de esas zonas ac­
cluyen do los modelos cien tífico s— pueden interpretarse y entenderse co m o túan sobre ella para formar las vocales y las consonantes que constituyen
m etáforas extensas o sostenidas. las palabras. Las actividades de los músculos de la lengua, los labios, el pala­
dar, las mandíbulas y la nariz influyen sobre la corriente de aire. Cuando
Basándome en el artículo.de Leary, llego a la conclusión de que no sólo los músculos interfieren con la corriente de aire, se forman las consonan­
construimos con metáforas nuestro habla, sino también nuestro pensamien­ tes. En el idioma inglés las consonantes duras (k, p y t) se forman por inte­
to. Martin Heidegger (1962) y Hans Georg Gadamcr (Warnke, 1987) ponen rrupciones súbitas, mientras que las consonantes más suaves (m, n y l) se
gran énfasis en el uso del lenguaje com o parte de ese proceso. Y, según en­ forman por interrupciones más moderadas. Las corrientes de aire que for­
tiendo, Kenneth J. Gcrgen (1985, 1989) defiende la idea de que la autoexpre- man las vocales no se interrumpen, sino que fluyen libremente. La forma­
sión de una persona a través del lenguaje contribuye poderosamente a que ción de las diversas vocales se logra variando la apertura de las cavidades
esa persona sea quien es. Hablar con nosotros mismo o con otros es una oral y nasal.
manera de definirnos. En este sentido, el lenguaje que usamos nos hace quie­ Existe una interesante correspondencia entre la metáfora y la corriente
nes somos en el momento en que lo usamos. Harlene Andcrson y Harold de aire y,su formación. Algunas palabras, al ser pronunciadas —y por lo tan­
Goolishian (1988) fueron los primeros que llevaron estas ideas a la práctica to, oídas— por el que habla, influyen inmediatamente sobre la actividad de
clínica. la pared abdominal y hacen que la elocución sea suave o fuerte. Por lo tanto,
Tal vez se podría decir que la búsqueda de nuevos significados, que casi si en una conversación el habla es un proceso por el que una persona trata
siempre implica la búsqueda de un nuevo lenguaje, equivale a tratar de que de llegar a ser la persona que quiere ser, esa búsqueda no es sólo mental sino
nuestro yo sea el yo con el que más cómodos nos sentimos. La llamada con­ también fisiológica. Y bien podríamos decir que el habla es una definición
versación «terapéutica» podría considerarse como una forma de búsqueda, mental (metafórica) y fisiológica de uno mismo. Y también podríamos decir
una búsqueda de nuevas descripciones, nuevas comprensiones, nuevos sig­ que los dolores y la rigidez del cuerpo se vinculan con la obstrucción del
nificados, nuevos matices de las palabras; y en última instancia, de nuevas libre fluir del aire a través del cuerpo. En otras palabras, los fenómenos dolo­
definiciones de uno mismo. > rosos tienen que ver con el hecho de que la persona no esté en disposición
Esta comprensión del significado de la conversación hace que me resul­ de expresarse a sí misma. Al tener esto en cuenta me resulta cada vez más
te difícil interrumpir el pensamiento o el habla de una persona, ya que el importante no interrumpir el pensamiento o el habla de una persona. A ve­
proceso de hablar y pensar constituye una búsqueda de lo nuevo, y parte ces, mientras escucho llego a percibir los leves suspiros que se producen cuan­
de eso es la búsqueda del ser que la persona quiere llegar a ser. do una tensión localizada en cierta parte del cuerpo se libera y, por lo tanto,
Ya no me resulta difícil escuchar la conversación de otra persona, aun deja fluir el aire más fácilmente. Mientras más y más intensamente se escu­
cuando transcurran cuarenta y cinco minutos antes de que yo pueda pro­ cha, más se perciben esos pequeños suspiros. Después supe, por Aadel Bülow-
nunciar una palabra. Por otra parte, mis reuniones con Aadel Bülow-Hansen Hansen, que si hay tensión en los músculos de la nariz, el paladar, las mandí­
y Gudrun 0vrebcrg me brindaron también un valioso punto de apoyo para bulas, la lengua y los labios que participan en la formación de las palabras,
modificar mis puntos de vista acerca del habla y el lenguaje. Ellas dicen que hay también una inhibición correlativa de los movimientos respiratorios en
la espiración constituye nuestra expresión de nosotros mismos y también la el abdomen y en el pecho.
liberación de la tensión interior. Toda palabra y toda em oción expresada se Las últimas palabras permiten una metáfora:
canalizan a través de la espiración. El sollozo de tristeza, el grito de ira, el
susurro de miedo, todo lo transporta la corriente de aire que sale de noso­ La pared abdom inal es el fuelle del órgano; la laringe, los tubos; y las cavi­
tros. Esa corriente de aire la producen los músculos de la pared abdominal .< dades de la boca y la nariz son nuestras catedrales, nuestra variable catedral.
y de la parte inferior de la espalda. Estos músculos producen corrientes de Algunas de las palabras qu e llegan a esas catedrales son sagradas, a veces tan
aire lentas y débiles o rápidas y fuertes, según las expresiones sean suaves sagradas que no pueden pronunciarse sino só lo pensarse.
o Intensas.
Cada persona tiene su propio ritmo y su propia velocidad, y yo debo ?
tener en cuenta esos datos al participar en una conversación. Cuando la co­

1
i
90 FORMAS DE LA PRÁCTICA REFLEXIONES SOBRE LA REFLEXIÓN CON FAMILIAS 91

Palabras f in a l e s Gergen, K. J. (1984), «Theory o f the sclf: impasse and evolution», A dvances in E x p e­
rim en ta l S o cia l Psychology, 17: 49-115.
Las conversaciones abiertas que constituyen el «proceso de flexión» Gergen, K. J. (1985), «The social con struction ist m ovem ent in m odern psychology»,
han logrado que profesionales y clientes entablen relaciones más j alitarias. A m eric a n Psycbologist, 40 (3): 266-275.
Y dentro de las relaciones de esc tipo, es natural que hayan centrado su aten­ Gergen, K. J. (1989), «Warranting voice and the claboration o f the sclf», en J. Shottcr
y K. J. Gergen, comps., Texis o f Idcntity, Londres, Sage.
ción en lo que tienen en común: la conversación. Y durante el largo proceso
Haley.J. (1963), Stralegies o f P sycholberapy, Nueva York, Gruñe & Stralton (trad. cast.:
que siguió al lanzamiento del «proceso de reflexión», se hizo evidente que E stra teg ia s en p sic o tera p ia , Barcelona, Toray, 1987).
para un profesional las preguntas son mejores instrumentos de trabajo que las Hcidcgger, M. (1962), Being a n d Tim e, Nueva York, H arpcr & Row (trad. cast.: El
interpretaciones y las opiniones. Y también resultó natural buscar todas s e r y el tiem po, Madrid, FCE, 1989)
las descripciones y comprensiones inmanentes pero aún no usa as de los Kuhn', T. S. (1970), The Structurc o f Scicn tific Revolution, Chicago, Univcrsity o f C hi­
problemas definidos. Y al hacerlo, se percibió la fundamental importancia cago Press (trad. cast.: La estru ctu ra d e las revolu cion es cien tíficas, Madrid, FCF.,
del lenguaje que se emplea para describir y comprender. El lenguas que cada 1990).
uno de nosotros usa es sumamente personal y contiene metáforas cuidado­ Lcary, D. E. (1984), «The role o f m etaphor in scicncc and medicine», trabajo presenta­
do com o parte del Programa para las Humanidades en la Serie de Conferencias
samente seleccionadas. Cuando se pronuncian palabras, tanto éstas como las sobre'M edidna en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yalc, 19 de octubre.
emociones que contienen llegan a los demás a través del acto fisiológico de Maturana, H. (1978), «The b io lo g y o f language: the cpistcm ology o f rcality», en G.
la respiración. Este acto de respirar, que forma parte del acto de crear signifi­ M ille r y E. H. Lcnncbcrg, com ps., Psychology a n d B io lo g y o f L an gu age a n d
cado, también es muy personal: pone en movimiento el aire y crea, así, un T bou gbt, Nueva York, Academ ic Press.
viento que toca a los otros con sus palabras y sus emociones. Maturana, H. y Varela, F. (1987), T he Tree o f K now ledge, Boston, MA, New Science
El oyente no sólo es el receptor de una historia sino que, al estar presen­ L ib ra ry (trad. cast.: Et á r b o l d e l con ocim ien to, M adrid, Debate, 1990).
te, constituye un estímulo para el acto de narrar esa historia. Y ese acto es M in uchin , S. (1974), Fam ilies a n d F am ily Therapy, Londres, Tavistock (trad. cast.:
F a m ilia s y terap ia fa m ilia r , Barcelona, Gcdisa, 1979).
el acto de constituir el propio yo.
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CAPÍTULO V

EL PENSAMIENTO POSMODERNO EN UNA PRÁCTICA CLÍNICA

W illiam D. L ax

En mi opinión, lo que los relatos pueden hacer es poner en evidencia las cosas.
(Tim O’Brien, 1900: 204)

Durante los últimos diez años las ciencias sociales experimentaron cam­
bios importantes debido a la creciente influencia y aceptación del pensamien­
to posmoderno.' Esta línea de pensamiento cuestiona muchas ideas acepta­
das respecto de la teoría y la práctica de la psicoterapia, especialmente la
terapia familiar. En este capítulo se exponen algunos de esos cucstionamien-
tos y se exploran, teórica y prácticamente, las consecuencias de estas transi­
ciones para la terapia familiar. Se ha prestado especial atención a la teoría
de la desconstrucción y al papel que desempeñan la narración, el texto y
la reflexión dentro del discurso clínico. Presentare una idea narrativa de la
terapia, y propondré que las maneras en que los clientes describen sus vidas
los limitan para desarrollar nuevos enfoques de su situación vital. La psicote­
rapia es un proceso que consiste en desplazar el discurso «problemático» del
cliente hacia otro discurso, más fluido, y en hacer posible una gama más am­
plia de interacciones. Desde este punto de vista narrativo, analizaré las limi­
taciones inherentes al intento de aplicar a los sistemas humanos la analogía
textual tomada de la crítica literaria. Y por último, analizaré el trabajo que
se realiza en el Brattleboro Family Institute, donde muchas de estas ideas se
han llevado a la práctica clínica.2

1. El pensamiento posmoderno se puso de manifiesto principalmente en las ciencias so­


ciales: antropología/ctnografía (Gccrtz, 1973); cibernética (von Eoerstcr, 1981); feminismo (Flax,
1990; Harc-Muslin y Maracck, 1988; Frascr y Nicholson, 1990); hermenéutica (Ricoeur, 1979;
Gadamer, 1975), crítica literaria (Barthes, 1979; Dcrrida, 1976, 1978, 1986; Lyotard, 1988) y psi­
cología social (Gergcn, 1985, 1989; Sampson, 1989; Shottcr, 1989).
2. El trabajo clínico en el Brattleboro Family Institute se ha visto fuertemente influido
por Lynn Hoffman (1988, 1990) y por el recurso del equipo de reflexión, elaborado por Tom
Andcrsen (1987, 1991) y sus colegas de Tromso, Noruega. En otro lugar hemos analizado este
trabajo (véase Davidson el al., 1988; Davidson y Lussardi, 1991; Lax, 1989, 1991; Lax y I.ussar-
di, 1988; Millcr y Lax, 1988).
94 FORMAS DE LA PRÁCTICA F.L PENSAMIENTO POSMODF.RNO EN UNA PRÁCTICA CLÍNICA 95

El. PENSAMIENTO POSMODERNO no como sistemas en los que los síntomas desempeñan funciones), y se esti­
ma que los problemas existen en un lenguaje y son mediatizados por él (An­
Los trabajos sobre posmodernismo suelen centrarse en ideas vincula­ derson y Goolishian, 1988, 1990; Epstein y Loos, 1989). Además, los mode­
das al texto y la narración, poniendo énfasis en la importancia de las pers­ los de terapia jerárquicos y orientados hacia el experto se están convirtiendo
pectivas dialogales y múltiples, el autodescubrimiento, las configuraciones en modelos de configuración lateral, en los que cliente y terapeuta tienen
laterales versus las jerárquicas, y especial atención en el proceso y no en los una responsabilidad semejante dentro del proceso terapéutico (véase Ander­
objetivos. Además, en este campo los escritos suelen caracterizarse por po­ sen, 1991; Caesar y Roberts, 1991). Estos cambios requieren una revisión de
ner el acento sobre las siguientes cuestiones: no se concibe el yo como una gran parte de nuestro pensamiento tradicional acerca de la terapia familiar.
entidad cosificada, sino como una entidad narrativa; el texto no es algo a La familia ya no es el objeto del tratamiento, y tampoco se la considera con
interpretar, sino un proceso de desarrollo; no se considera al individuo como independencia del observador o com o fuente de problemas, sino que es una
una entidad intrapsíquica sino que se aborda dentro de un contexto de sig­ entidad flexible, compuesta por personas que comparten significados (Jor-
nificado social; y el conocimiento científico, o los «hechos» considerados genson, 1991).
innegables, contribuyen al conocimiento narrativo, con especial énfasis so­
bre las creencias colectivas acerca del funcionamiento del mundo (véase Ger-
gen y Davis, 1985; Lyotard, 1988; Sampson, 1989; Sarup, 1989). La n a r r a c ió n , la d e s c o n s t r u c c ió n y f. i. t e x t o

Si bien la terapia familiar reconoce al individuo dentro de un contexto


y no lo considera simplemente una entidad intrapsíquica, la mayor parte del Una de las características más importantes de esta naciente perspecti­
pensamiento actual conlleva aún una perspectiva más «moderna» que pos­ va es la forma en que se entiende el papel de la narración en la práctica clí­
moderna.3 Esta perspectiva moderna ve en las estructuras familiares una or­ nica. Sarbin (1986) protagonizó una transición fundamental con su interpre­
ganización jerárquica que les es propia, considera que la familia existe inde­ tación de la narración como metáfora fundamental en la experiencia huma­
pendientemente de un posible observador, coloca al terapeuta en la posición na. El punto de vista narrativo sostiene que el proceso de desarrollo de una
del experto, y defiende el «desarrollo familiar normativo» como signo dis­ historia acerca de la propia vida es lo que se convierte en base de toda iden­
tintivo del funcionamiento y el crecimiento saludables de la familia (véase tidad y cuestiona, por lo tanto, todo concepto del yo com o unificado o
Halcy, 1976; Bowcn, 1978; Minuchin, 1974). estable.
Recientemente el campo ha empezado a tomar un giro más posmoder­ El desarrollo de una narración, de un relato, es algo que hacemos con­
no, debido sobre todo a la aparición del Grupo de Milán y su vueba al pen­ juntamente con otras personas (véase Gcrgcn, 1989; Shottcr, 1989). Es el pro­
samiento de Bateson (Selvini et al., 1980; Boscolo et al., 1987), y trabajo ceso de definir quiénes somos, en interacción con los significados que otros
pionero de teóricos y terapeutas como Tom Andersen (1987, 199 Harold perciben acerca de nosotros. Se trata de un proceso recursivo. Moldeamos
Goolishian y Harlenc Anderson (1987, 1990), Lyn Hoffman (1988. . 90) y Mi- el mundo en el que vivimos y, por ende, creamos nuestra propia «realidad»,
chacl White (White, 1989; White y Epston, 1990). Esta transiciór significó dentro del contexto de una comunidad de otros individuos. Las posibilida­
la incorporación de diversos cambios significativos. Las estructuras y las ver­ des y restricciones políticas, económicas, sociales y culturales fijan los lími­
dades universales ceden el paso a una pluralidad de ideas sobre e! mundo tes de nuestras narraciones, y nuestra posibilidad de elección no es ilimita­
(Maturana y Varela, 1987). La visión de las familias como sistemas homeostá- da, sino que se da dentro de determinados contextos. Esta narración, o sentido
ticos es reemplazada por la idea de que los sistemas sociales son generativos del yo, no sólo surge por medio del discurso con otros, sino que es nuestro
y los estados de desequilibrio son productivos y normales (Elkaim, 1982; Hoff­ discurso con otros. No existe un yo oculto que deba interpretarse. Nos «re­
man, 1981). Se conceptualiza a las familias com o sistemas sociales compues­ velamos» a nosotros mismos en cada momento de la interacción, por medio
tos de sistemas generadores de significado y organizadores de problemas (y de las continuas narraciones que intercambiamos con los otros. Según el fi­
lósofo Emanuel Lcvinas (en Kearney, 1984), «el yo no empieza a existir en
un momento puro de autoconciencia autónoma, sino en relación con el otro,
3. La perspectiva moderna a que se hace referencia aquí es de índole filosói i . y privile­ ante quien permanece siempre responsable». El yo permanente es sólo una
gia al su|cto en la construcción del significado. Este enfoque terapéutico da por sentadas posi­
ciones de pericia y autoridad (véase Darnaby y Straus, 1989; Rclss, 1982).
ilusión a la que nos aferramos, una narración elaborada en relación con los
96
FORMAS DE LA PRÁCTICA
EL PENSAMIENTO POSMODERNO EN UNA PRÁCTICA CLÍNICA 97

S o q u e'so 'm o s.^ 1 tÍemP° V ^ n° S° tr° S " egamOS 3 ¡dentificar aque- tensión crea la posibilidad de que surja una nueva comprensión. Esta nueva
comprensión no es una dualidad del tipo «o...o» entre palabras y significa­
„n v¡í® muy conveniente considerar este énfasis sobre la narración
en vinculación con las teorías de la desconstrucción literaria ja n e Flax al dos, sino un desplazamiento, cuando menos, hacia una posición del tipo «am­
bos...y». Con esta interacción entre lo dicho y lo no dicho, lo presente y lo
m o d e lo PCr mient° P °smodern°. que todos los discursos pos­
no presente, siempre existe la posibilidad de que surja otra posición o pers­
nos ^ « « í n n b3S“:ameme C o n s tr u c tiv o s porque «pretenden distanciar-
no y hacernos escépticos respecto de las creencias concernientes a la ver­ pectiva, que aun no se ha identificado. Derrida afirma que es precisamente
dad el conocimiento, el poder, el yo y el lenguaje, creencias que casi siempre esta otra posición la que continuamente buscamos: una descripción que aún
esta fuera de la perspectiva del tipo «ambos...y». Para Derrida, siempre hay
p o Í n c a ° !l 9 9 ? 4 n \ T ^ T IegUimar la cukura occidental contcm- otra visión posible para nosotros, y siempre debemos tratar de desconstruir
poranc3. (1990: 41). La teoría de la desconstrucción tiene sus raíces en una
tradición filosófica que surge sobre todo de las obras de Kant Husscrl Hci nuestro mundo tal como lo conocemos, buscando lo inesperado que podría
dcggcr y Wittgenstein (véase Eagleton, 1983; Taylor, 1986). Estos pensadores reemplazar esa visión.
. c preguntaron constantemente cómo podemos conocer el mundo (la rcali- En terapia pueden surgir nuevas narracioncs/pcrspectivas por medio de
la interacción de las expresiones y metáforas del cliente con las del terapeu­
dd m unda'5 ^ ^ C" nuestras d^ rip c io n e s ta. Asi, el terapeuta puede percibir lo que no dicen los clientes y devolverles
Según el teórico desconstruccionista francés Jacques Derrida (1976 1978) una visión diferente en forma de reflexión. Por ejemplo: vimos, en terapia,
el lenguaje es un sistema de signos que no tienen un valor positivo o ’negati- una pareja; cada una de las dos personas afirmaba sentirse «perdida» con res­
vo inhercme. Es nuestra construcción de significados lo que les otorga valo­ pecto a la otra.5 El equipo terapéutico que observaba la sesión hizo algunos
res d. fe rentes La existencia de un mundo incluye automáticamente todas las comentarios cn presencia de los clientes. Se preguntaban qué ocurriría si se
distinciones dentro de la misma palabra y dentro de su relación con las otras «encontrasen», y hablaban de que a veces en los viajes se podían perder y
palabras que no están presentes. Así, disponemos siempre de comprensio­ encontrar ideas. Consideraron luego lo que la ¡pareja podría encontrar en un
nes múltiples gracias a la distinción de lo que está presente en el texto en viaje asi y los signos viales que tal vez verían a lo largo del camino Después
relación con las palabras e ¡deas opuestas que no están presentes. Estas otras de estas reflexiones la pareja empezó a hablar de un modo diferente acerca
comprensiones posibles pueden entenderse como huellas en el texto «siern- de su viaje y discutió los signos que tal vez encontrarían. Sus sentimientos
Prc y3’ disponibles para que ,as convoquen. Siguiendo la línea de ’la «res­ de desesperación se convirtieron rápidamente en una sensación de esperan­
puesta del lector» (véase Culler, 1.982), estas nuevas distinciones no son re­ za, a medida que empezaban a desarrollar un nuevo «rumbo» para ellos, que
cursos que esperen un descubrimiento, sino concepciones diferentes al incluía ciertos aspectos del hecho de perderse y de encontrarse, comotam-
bién nuevas ideas propias. Dijeron después que los comentarios del equipo
contempla ^ deSdC ’3 ^ C3d3 —
les habían permitido elaborar un nuevo cuadro de su situación.
Como señala el psicólogo Edward Sampson, existen notables similitu­ La historia diferente del equipo no pretendió reemplazar a la historia de
des entre la Idea de d ifféra n c e de Derrida — que él describe diciendo que la pareja, sino que permitió que entre las dos personas surgiera una d iffé­
«no es ni una palabra ni un concepto» (1968: 4 0 0 ) - y las ideas de Bateson rance, o tensión. Esta tensión fue el comienzo del desarrollo de una nue­
son in srenClai 3mbaS ‘describen relaciones, no entidades» (Samp­ va narración de la pareja, una narración que no era ni de uno ni de otro.
son 1989: 11). Sin embargo, la d ifféra n ce aporta una cualidad adicional a Era, potencialmente, algo nuevo y también una integración/variación de los
la idea bateson,ana de diferencia. Derrida propone que existe lo que se dice otros relatos ya desarrollados. Además, era posible considerar que esta nue­
y o que no se dice; y que la tensión entre ambas cosas es la d ifféra n ce. Esta va historia de la pareja acerca de sys vidas existía ya com o una huella en
el repertorio de ambos, sin que hasta ese momento se hubiera podido iden­
ri, J ' l T bié" SC f UCdC cncontrar un Pensamiento similar en oíros ámbitos, como por eiemnlo tificar.
a fir ! Pr cm ° y 135 enscñanzas budisus- En cl budismo Teravada, por te m p lo se
afirma que sólo «vemos, nuestros conceptos, no lo que realmente está allí. Estos conceptos
no son independientes del contexto, sino que surgen a través de nuestras interacciones (tamo
üno m 'T o 0m° PaSadaS) Cn C‘ mUnd°- U V¡da SC COnS¡dCra incluyendo ,a noción de 5. L0 S terapeutas eran Wliliam Lax y Randye Cohén, y el equipo estaba constituido por
Ron Hollar y Pcrry Williamson.
98 FORMAS DE LA PRÁCTICA EL PENSAMIENTO POSMODERNO EN UNA PRÁCTICA CLINICA 99

De lo s t e x t o s l it e r a r io s a lo s s is t e m a s h u m a n o s truye y no se «recuerda». En nuestras vidas suceden acontecimientos reales,


pero entonces elaboramos alrededor de ellos una narración que a veces los
Desde hace cierto tiempo, en algunas disciplinas se ha pop .rizado la congela. A medida que desarrollamos una nueva perspectiva acerca del acon­
práctica de examinar el texto como una analogía respecto a los temas hu­ tecimiento y nuestra interacción con él, modificamos nuestra narración. Des­
manos. Geertz (1973) y Ricouer (1979) recomiendan el uso del to como de este punto de vista, la intuición de los hechos puede considerarse mera­
una metáfora de la experiencia humana. En la práctica clínica la ¿,. ¿logia del mente una nueva comprensión, que tiene sentido para la persona en ese
texto ha sido utilizada por White y Epston (1990) y Penn y Sheii, rg (1991). momento del tiempo: no es el descubrimiento de cierta verdad acerca de
Gergen también analiza la analogía textual, pero la cuestiona coi: metáfora la propia existencia, sino el desarrollo de una nueva historia, que podemos
útil. Cuestiona el acto mismo de buscar intenciones subyacente: ->las inte­ utilizar para el futuro, hasta que surja una nueva intuición.
racciones humanas y pregunta: «Si las personas son textos, cnton* es, ¿quié­ Si el terapeuta es un co-autor/co-constructor, y su tarea consiste en co-
nes son los lectores?» (1988: 43). Afirma este autor que nunca podemos co­ gencrar un nuevo texto, una nueva historia, ¿cómo se lleva esto a cabo? En
nocer verdaderamente nuestras propias intenciones ni las de los otros. La este punto me parece sumamente conveniente pensar en términos del des­
única posibilidad es aceptar interpretaciones múltiples «aunque ninguna de plazamiento del discurso en el que el cliente está comprometido en ese mo­
ellas es objetivamente superior» (1988: 35). La comprensión no surge de un mento, para llevarlo a otro discurso en el que el problema no existe. Esta
análisis de la estructura profunda, el material latente o inconsciente, sino de visión narrativa de la terapia propone la idea de que las maneras en que los
la interacción entre los individuos. Así, Gergen destaca el papel del contexto clientes describen sus vidas los limitan para elaborar nuevas ideas o enfo­
y la relación entre individuos en el despliegue del significado y la intención ques respecto de su situación vital. El trabajo del terapeuta consiste en unir­
en el comportamiento humano. Por tanto, el desafío está en separar el con­ se a los clientes en el desarrollo de una nueva historia de la vida de éstos
cepto de comprensión del de individuo, para llevarlo al escenario de la inte­ que les ofrezca una visión algo diferente de su situación, pero no demasiado
racción entre el observador y el observado: es decir, hacia un proceso de diferente, para desatascar la conversación. Esta visión no solidifica los pro­
co-construcción de la comprensión. blemas, no toma partido por uno de los participantes por considerar que
Desde este punto de vista, la analogía textual para los sistemas humanos tiene más «razón» que otro, ni le dice a la gente cuál debe ser la respuesta,
adquiere una complejidad mucho mayor que en literatura. Los clientes no la actitud o el comportamiento «correctos». La terapia es el proceso de se­
son textos pasivamente inscritos, que esperan que un lector los interprete, guir interviniendo en una conversación con la intención de facilitar/co-
aun cuando la Interpretación no seáuna idea fija, correcta o privilegiada. Cada crcar/co-escribir una nueva narración, junto con los clientes y sin imponer­
lectura es diferente, según la interacción entre terapeuta y cliente. El cliente les una historia. El punto de partida es siempre el relato del cliente acerca
no tiene una historia singular y «verdadera», independiente del «lector» a quien de su comprensión de! mundo, dentro del contexto de que él le cuenta algo
se la está contando. Es en la interacción misma donde el texto existe y donde al terapeuta como observador/participante. Nuestra historia no debe estar nun­
emerge la nueva narración de la propia vida. El texto que se despliega es siem­ ca por encima de la historia del cliente. El terapeuta ya no se visualiza como
pre algo que ocurre entre personas. Los clientes desvelan la historia de su un experto que posee una visión o una historia privilegiadas, sino como un
vida junto con un lcctor/terapcuta específico; por lo tanto, el terapeuta es facilitador de esta conversación terapéutica, como un maestro o una maestra
siempre un co-autor de la historia que se despliega, y el cliente (o los clien­ en el arte de la conversación (Goolishian, comunicación personal, 21 de ju­
tes) es (o son) el otro co-autor (o los otros co-autores). El texto resultante nio de 1989).
no es ni la historia del cliente ni la del terapeuta, sino una construcción de
ambos.
Adoptar este, punto de vista narrativo no equivale a dar por supuesto que T e r a p ia n arrativa : d is c u r s o y r e f l e x ió n
el cliente no tiene una historia independiente respecto a la del terapeuta. Sin
embargo, la historia se despliega siempre junto a un observador (presente Las ideas de discurso y reflexión son de fundamental importancia den­
o implícito), y ese observador puede ser la persona misma. El relato puede tro de esta visión de las narraciones como procesos de co-construcción y
cambiar con el tiempo, a medida que elaboramos «intuiciones» de nosotros cambio. Vivimos constantemente en el discurso. En terapia podemos parti­
mismos, volvemos a interpretar nuestra historia y la embellecemos dentro cipar junto con los clientes en discursos acerca de las experiencias que ellos
del contexto del otro, de modo que esa historia continuamente se recrca/cons­ tuvieron. Estos discursos conjuntos pueden ser conversaciones de conten ido,
100 FORMAS DE LA PRÁCTICA EL PENSAMIENTO POSMODERNO EN UNA PRÁCTICA CIÁNICA 101

(|ue examinen los recursos específicos que los clientes elaboraron para re­ ce años de edad, James, tenía dificultades en la escuela. La escuela había re­
solver determinado problema, o conversaciones de p r o c e s o , que examinen comendado una terapia, diciendo que el jovencito era inquieto en el aula,
la relación terapéutica y sus similitudes o diferencias con otras relaciones o estaba siempre hablando con los otros niños, nunca hacía sus tareas en el
ideas. Podemos elegir comprometernos en un discurso referente al presen­ hogar y con frecuencia enfermaba, por lo que había que mandarlo de vuelta
te, el pasado o el futuro, según nuestra orientación y nuestro intercambio a su casa. Las autoridades escolares empezaban a considerarlo hiperactivo
con el cliente. Independientemente de la elección, el discurso define y obje- y querían que los padres hicieran una buena consulta médica. La madre des­
tivlza continuamente nuestro mundo. Nuestra elección de un discurso de­ cribió a su hijo como «un niño pequeño» que estaba siempre enfermo y que,
pende de lo que los clientes «nos traen» y de la orientación o discurso que aparentemente, «se buscaba los problemas». Ella pensaba que muchos de los
nosotros, como terapeutas, llevamos a la interacción terapéutica; es decir, cues­ problemas del niño tenían algo que ver con el hecho de que fuera «tan pe­
tiones de género, cultura, perspectivas teóricas, experiencias de vida. Toda queño». Sin embargo, también dijo que era muy afectuoso, que se preocu­
conversación es un discurso diferente, que surge de la interacción de un in­ paba por la salud de su madre, y que en el hogar no era inquieto.
dividuo con otro. La singularidad y la calidad de nuestro trabajo dependen En nuestra conversación inicial la mujer nos informó que ella y el padre
tic estos discursos, que son múltiples. Los discursos nunca deben ser fijos; del muchacho no estaban casados y ya no vivían juntos, si bien James veía
además, los deben dcsconstruir los clientes y terapeutas al unísono, y poste­ a su padre todos los días. Explicó que ella tenía muy mala salud y que perió­
riormente reconstruirlos, también dentro del marco de un trabajo conjunto. dicamente necesitaba atención «de urgencia» del servicio local, por proble­
O sea que el discurso es conversación con otros y también proceso so­ mas respiratorios. El padre de James también tenía mala salud: padecía de
cial. No refleja la realidad, sino que es un elemento del proceso social mis­ presión arterial elevada y tenía una adicción a los medicamentos que lo ha­
mo (Rorty, 1979). Después de los trabajos de Anderson y Goolishian (1990), bía acompañado durante toda su vida de adulto y que hacía poco tiempo
la conversación se puede definir com o toda interacción entre personas en había logrado vencer.
la que hay cierto «espacio compartido» y cierta interacción mutua dentro de La terapeuta, Judy Davis, habló con ellos acerca de quién podría partici­
ese espacio. Dentro de este espacio compartido existe un sentido de com ­ par en la terapia, y la madre y el hijo estuvieron de acuerdo en que sería
prensión en ci que se generan significados de los pensamientos, sentimien­ conveniente incluir al padre. Con cierta reticencia éste asistió a la sesión si­
tos y acciones de los participantes. guiente. El padre y la madre tenían puntos de vista diferentes respecto de
La reflexión es «la capacidad de todo sistema de significación de volver­ su hijo, y decían que era difícil discutir el tema en su presencia. Entonces
se sobre sí mismo, de convertirse en su propio objeto refiriéndose a sí mis­ Judy presentó y analizó con ellos diferentes maneras posibles de conversar.
mo». Esto puede entenderse también como ideas que se repliegan sobre sí Una de sus sugerencias fue que los padres hablaran de su hijo mientras él
mismas (Ruby, 1982: 2). Se trata, en fin, del acto de convertirse en objeto miraba y escuchaba conmigo desde detrás del espejo. Todos estuvieron de
de la propia observación. Por medio de conversaciones reflexivas, en las que acuerdo. Volvieron a la sesión siguiente pero el padre dijo que se sentía muy
una persona hace de su conversación anterior un objeto de observación, uno preocupado y que la terapia le estaba haciendo la vida más difícil, no más
cambia de discurso y, por lo tanto, de perspectiva. Uno llega a ser capaz de fácil. No podía, dijo, afrontar no sólo sus problemas sino además los de su
«apartarse» del discurso en el que participó inicialmente y contemplarlo des­ hijo. Judy volvió a proponer el recurso aceptado en la sesión anterior, y pro­
de otra perspectiva.6 cedieron en consecuencia. Aunque el padre siguió explayándose sobre las
Este proceso se nos apareció claramente al trabajar con una madre y el dificultades que tenía con la terapia, la conversación cambió rápidamente
menor de sus once hijos.7 La mujer acudió a nosotros porque su hijo de tre­ cuando Judy preguntó qué les parecería discutir sus diferentes puntos de visLa
acerca del hijo. Ambos respondieron que querían hacerlo, y James y yo nos
6. El proceso que consiste en utilizar un discurso para observar otro es conocido por los retiramos para asistir a la conversación desde detrás del espejo. La madre dijo
terapeutas desde diferentes perspectivas teóricas. Algunos terapeutas pslcodlnámlcos tratan de que ella veía a su hijo com o un niño pequeño no sólo de edad sino también
desarrollar en sus clientes un -yo observador»; los terapeutas cognitlvos-conductistas se valen físicamente, y que le parecía que necesitaba mucho afecto y atención. El pa­
de Ideas afines a la suspensión del pensamiento, lo que también facilita este cambio en el dis­
dre lo veía mayor y más capaz de ir haciéndose cargo de ciertas responsabi­
curso; y los terapeutas centrados en la solución desarrollan un nuevo discurso de "desenlaces
Inusuales» o "excepciones". Hoffman (en este libro) considera que este proceso es fundamen­ lidades.
tal para todas las buenas terapias y lo describe como "resonancia del contexto". Después James y yo intercambiamos la habitación con los padres, quie­
7. La terapeuta fuejudy Davls y el equipo estaba formado por Williant Lax y Joc Pumilia. nes, junto con la terapeuta, pasaron a observar y escuchar nuestra conversa­
102
FORMAS DE LA PRÁCTICA
EL PENSAMIENTO POSMODERNO EN UNA PRÁCTICA CLÍNICA 103

ción acerca de la charla anterior. James se explayó acerca de sus deseos de


con el cliente, aun cuando sea diferente de la historia original de éste. Mu­
ayudar a sus padres y dijo que lo hacía manteniéndose siempre cerca de am­
chas veces el cliente dice: «Usted ya me entiende». He aquí un ejemplo: con­
bos. Después se refirió a sus planes para el futuro y afirmó que quería ser
versando con una mujer que se describió a sí misma como «agorafóbica» me
«salvavidas, bombero o cualquier otra cosa, siempre que fuera para ayudar
dijo que había sufrido de esa enfermedad durante toda su vida. Yo le pre­
a las otras personas». También dijo que no quería alejarse de su hogar.
gunte qué le parecería si yo tuviera algunas ideas diferentes acerca de su si­
Cambiamos nuevamente de sala yjudy les preguntó a los padres qué
tuación, y ella respondió que «eso dependería de lo raras que fueran esas
pensaban de ¡os comentarios de su hijo. Con lágrimas en los ojos, la madre
ideas». Yo le dije que quizá fueran raras, pero que en todo caso eran só­
declaró sentirse muy impresionada: «Mi muchachito ha crecido, ha crecido
lo ideas, y que si le resultaban demasiado extrañas podíamos descartarlas.
ante mis propios ojos». El padre también respondió emocionalmente y dijo
Entonces ella dijo que podía contarle mis ideas. Yo expuse lo siguiente, no
que nunca había oído a su hijo hablar «como había hablado con Bill». El nuevo
dirigiéndome directamente a la mujer sino como una conversación conmi­
respeto que ahora sentía por su hijo era evidente. Además, el padre anunció go mismo (véase Wangbcrg, 1991):
que le gustaba mucho el procedimiento y que quería continuar con la tera­
pia. Luego se analizaron algunas ideas acerca de futuras conversaciones, en­ Me pregunto si su agorafobia será como una cometa atada con una cuerda
tre ellas una charla acerca acerca de los sentimientos de la madre respecto a la parte de atrás de su cinturón. Usted se olvida de que está allí, pero siempre
de la posibilidad de que su último hijo se fuera del hogar. la'lleva con usted por la vida. A veces sopla más viento y entonces usted se
O cho meses después de la finalización de la terapia nos reunimos con acuerda de la cometa, y la cometa le impide internarse en la tormenia. ¿Qué
la familia en la casa de la made. Tanto el padre com o la madre dijeron que pasaría si desatara la cuerda y dejara que la cometa se fuese? ¿Qué cambiaría
su hijo estaba desenvolviéndose mucho mejor en la escuela y que después para usted? ¿No se ha olvidado a veces de que tenía una cometa atada al
cinturón?
de las clases trabajaba en un hospital local. Sólo había existido un incidente:
el joven había activado indebidamente una alarma de incendio y, como «in­
La mujer escuchó mi relato en silencio. Luego dijo que mi historia era
demnización» tuvo que hacer un trabajo comunitario en la estación de bom ­
importante para ella. Después pasamos a analizar mi relato y el suyo; conver­
beros. Una vez completado su servicio obligatorio, siguió en la estación como
voluntario. samos sobre las cometas y la libertad y también sobre la agorafobia y las res­
tricciones. Ella dijo que después de nuestra conversación sentía que empe­
Creemos que uno de los aspectos más útiles de este trabajo fue el des­
zaba a tener una nueva perspectiva de su situación y que esa perspectiva era
plazamiento de los discursos que los padres y el hijo pudieron hacer gracias menos restrictiva.
a la reflexión, a la observación desde detrás del espejo. Antes sólo tenían un
Yo creo que ella experimentó que yo la comprendía, y esa experiencia
discurso y ninguna otra perspectiva. La separación les permitió observar el
nos permitió a ambos elaborar un nuevo relato y hacerlo conjuntamente. La
contenido del discurso original desde una nueva posición y entablar un dis­
presentación de mi relato no fue un intento de «dar» a la cliente una nueva
curso diferente acerca del anterior. Ni el padre ni la madre tuvieron que con ­
historia de su vida. Al hablar de la forma en que lo hice, ella se colocó en
vencer al otro de que el hijo era grande o pequeño; y el hijo no tuvo que
una posición reflexiva respecto de su conversación anterior conmigo. Sin em­
defender su posición respecto de su conducta en la escuela y en el hogar.
bargo, yo me interné en un discurso diferente que aquel en el que ambos
En nuestras interacciones terapéuticas nos apoyamos en la reflexión para
estábamos involucrados antes de la reflexión. Al escuchar, ella pudo cambiar
que se entablen nuevas conversaciones entre los individuos y para que to­
su posición y desplazar su discurso hacia otro discurso. Nuestras dos «con­
dos los participantes experimenten un cierto grado de comprensión de ellos
versaciones» se replegaron mutuamente, com o una masa de hojaldre, gene­
mismos y de los otros. Los terapeutas traducen constantemente las palabras
rando una posición que era nueva para ambos y que incluía las ideas de'la
de sus clientes a sus propias palabras, se las comunican a ellos y observan libertad y de la restricción.
si hay una correspondencia con el sistema de lenguaje y de construcción
de significado de los clientes. Así, es la comprensión y no la explicación la
que ofrece la posibilidad de que se desplieguen nuevas narraciones, ya que N u estr o t r a b a jo a c tu a l
ofrece una visión ligeramente diferente de la situación/dcscripción inicial.
En la práctica clínica es posible advertirlo cuando un terapeuta le cuenta a
En nuestro trabajo en el Brattlcboro Family Institute llevamos a la prác­
un cliente su versión/descripción de la situación del cliente y ésta «encaja»
tica clínica ciertas ideas del pensamiento posmoderno. Estamos fuertemente
104 FORMAS DE LA PRÁCTICA
El. PENSAMIENTO POSMODERNO EN UNA PRÁCTICA CLÍNICA 105

Influidos por el irabajo y los escritos de Lynn Hoffman (1988, 1990) y por
la «posición reflexiva» desarrollada por Tom Andersen (1987, 1991) y sus co­ dre, el padre y el hijo que describí anteriormente, se sugirieron ideas refe­
lchas en el norte de Noruega. Nuestro trabajo se concentra específicamente, rentes a quiénes asistirían a las futuras reuniones y qué forma adoptarían las
en la rcflcxlvldad entre los participantes de la conversación, incluyendo tan­ conversaciones; y el terapeuta hizo conocer sus ideas a la familia. De este
to a los clientes como a ios terapeutas. En la aplicación práctica utilizo pre­ modo se puede considerar la idea de hablar de ciertas cuestiones, no nece­
guntas, reflexiones y cambios de posición com o principales recursos tera­ sariamente con el objetivo de hacer que los clientes hablen de ellas, sino
péuticos. La entrevista entre el terapeuta y la familia sigue el modelo de con la intención de involucrarse en ese discurso. Desde esta posición resulta
interrogatorio c]uc fue introducido por el Grupo de Milán y ampliado poste­ posible introducir continuamente ideas nuevas y, además, este proceso per­
riormente por Pcnn (1982, 1985) y Tomm (1987). Muchas veces las preguntas mite que tanto los clientes como el terapeuta determinen qué ideas y qué
están dirigidas a lo que Batcson describió com o información o diferencias. cuestiones pueden o no considerarse. Hasta puede suceder que el terapeuta
Las preguntas no pretenden aportar una solución nueva sino crear una ten­ tenga sugerencias directas que hacer a los clientes. Estas sugerencias pueden
sión que pueda conducir a una integración de las diferencias y/o al desarro­ introducirse también com o una id e a , hasta como una idea importante, deci­
llo de un nuevo relato. soria, que podrían tener en cuenta los clientes. Se puede preguntar a los clien­
A lo largo de toda la entrevista se presta especial atención a quién puede tes qué piensan de las idcas/sugercncias y del hecho de que el terapeuta in­
estar hablando con quién, acerca de qué y cóm o (Andersen, 1991). Nuestra troduzca estas ideas importantes.
Intención es mantener la conversación terapéutica y no persistir en una mo­ Al modificar perspectivas e introducir ideas nuevas, no siempre es posi­
dalidad que sea demasiado diferente del estilo, el ritmo o la voluntad de se­ ble incluir en una conversación ciertas descripciones/discusiones. Como en
guir del cliente. Si la conversación es demasiado similar o demasiado dife­ la crítica literaria, suele haber límites contextúales que determinan hasta dónde
rente al modo habitual de interacción y comprensión del cliente, corre el pueden comprenderse o generarse las narraciones. Por ejemplo, si en una
peligro de Interrumpirse. Al comienzo de la entrevista el terapeuta formula familia hay una diferencia de opinión acerca de la idea de que alguien bebe
preguntas referentes al contexto de la reunión y a la historia que condujo demasiado, una conversación detallada acerca del alcohol puede ir mucho
a la idea de acudir a la terapia basando ésta en las relaciones entre las perso­ más allá de lo que las personas son capaces de discutir en ese momento. Por
nas presentes y sus ideas. «¿Cómo surgió la idea de venir a la terapia? ¿A quién el contrario, una conversación sobre la posibilidad de hablar del alcohol o
se le ocurrió primero esa idea? ¿Quién estuvo más (o menos) de acuerdo con una indagación de los diferentes puntos de vista sobre el tema pueden ser
la. ¡dea? Si ustedes ya tenían esa idea en el pasado, ¿cómo explican que no más plausibles para los clientes y quizás hasta les permitan seguir en la tera­
buscaran una terapia entonces? ¿Qué le parecería a cada uno de ustedes que pia. Cuando el terapeuta empieza a presionar a los clientes más allá de lo que
habláramos ahora de estos temas? ¿Creen ustedes que sería conveniente in­ pueden soportar, es posible que abandonen la terapia. Esto no significa que los
cluir a alguien más en esta conversación?» terapeutas deben tratar a sus clientes con «guantes de seda». Pero siempre
Al formular sus preguntas el terapeuta mantiene siempre el punto de vista es conveniente introducir los temas difíciles desde el propio punto de vista
de que en las conversaciones no hay ordenamientos jerárquicos. No se afronta y preguntar a los participantes qué les parecería discutirlos.
la terapia como una manera de ir quitando una a una las «capas de la cebo­ Durante nuestros programas de formación de terapeutas es frecuente que
lla», que es lo que ocurre cuando las conversaciones transcurren en círculos los estudiantes nos interroguen acerca de cuál es el momento adecuado, en
concéntricos y el terapeuta debe atravesar las diferentes capas hasta llegar nuestras conversaciones, para afrontar el «contenido». Muchas veces nos di­
a la «verdadera» materia. Cada discurso se considera relevante si el partici­ cen: «Ustedes están siempre "hablando acerca de hablar”, com o si estuvie­
pante así lo considera, y se asigna tanto valor al contexto de la conversación ran al borde una piscina, probando la temperatura del agua. ¿Y qué pasará
como a su contenido. Un discurso no abarca necesariamente más o menos cuando se tiren a esa piscina?». Inicialmentc yo pensaba que primero necesi­
contexto que otro. Quizá tenga más «importancia» para los participantes, pero tábamos encontrarnos con los clientes «donde ellos estaban» y entrar en la
eso tiene más que ver con el alcance de los significados que cada uno atribu­ «piscina» poco a poco, avanzando a la velocidad con que los clientes eran
ye al discurso que con su naturaleza íntima. capaces de hacerlo, respetando sus propios procesos. Ahora creo, en cam­
A medida que la entrevista avanza y el entrevistador, el equipo o los clien­ bio, que cuando conversamos con nuestros clientes estamos siem p re dentro
tes consideran otras ideas, es posible «poner sobre la mesa» esas ideas y so­ de la piscina. La piscina es la interacción subjetiva entre nosotros, el discur­
meterlas a la consideración de los otros participantes. En el caso de la ma­ so que se produce en cada momento. Esc discurso no es ni más ni menos
importante que cualquier otro; simplemente, es. Por lo tanto, no nos arroga­
106 FORMAS DE LA PRÁCTICA EL PENSAMIENTO POSMODERNO EN UNA PRÁCTICA CLÍNICA 107

mos el derecho de dirigir el curso de la conversación desde una posición concentra en la conversación entre el terapeuta y el cliente; según afirma Rorty,
privilegiada, ni tampoco podemos predecir dónde o cómo se desplegará una «el propósito de la filosofía edificante es mantener la conversación, no en­
conversación. Si bien podemos tener úna idea acerca de lo que podría suce­ contrar la verdad objetiva» (1979: 377).
der o acerca de lo que fue útil para otros clientes en el pasado, esos pensa­ Si es que hay objetivos, éstos consisten en mantener la conversación y
mientos constituyen sólo una visión posible. Todos los puntos de vista pue­ en diferenciar los aspectos que eran potencialmente accesibles pero que an­
den discutirse, pero no debemos imponérselos a nuestros clientes. teriormente no se examinaron, hasta que se desarrolle un nuevo relato. El
Este enfoque de la terapia es coherente con las ¡deas posmodernas por terapeuta busca siempre otras maneras de introducir diferencias: por medio
diversas razones. Es diferente a otros modelos del campo, porque introduce de una historia, un nuevo contexto, una metáfora, o la rcformulación de una
el pensamiento del terapeuta de una manera explícita. No hay conversacio­ sola palabra. No se trata de encontrar un significado «verdadero» ni de ofre­
nes secretas a espaldas de los clientes. Por el contrario, todas las conversa­ cer una nueva historia. No hay mctaposición ni metavisión del terapeuta y
ciones transcurren en presencia de éstos, ya se deba a que el equipo sale de existe, además, un cuestionamiento permanente de ios supuestos, por am­
detrás del espejo o a que un terapeuta habla consigo mismo. El terapeuta se bas partes. La nueva narración que surge de esta interacción la elaboran to­
incluye totalmente com o participante del sistema terapéutico, y hace cono­ dos los participantes.
cer sus ideas a los clientes. Siempre podrían tener lugar otras conversacio­
nes, pero aquella en que están involucrados los participantes se considera
siempre prioritaria. Si el terapeuta dice que una conversación es más impor­ Resumen
tante que otra, esa afirmación se considera sólo como una «parcialidad» del
terapeuta. Esta parcialidad no debe dejar de tenerse en cuenta, pero es preci­ En este capítulo se identifican varias características inherentesál pensa­
so considerarla apenas com o una perspectiva más dentro de la conversación miento posmoderno y se vinculan con la terapia. Es de esperar que sólo sir­
en curso. Por ejemplo: en situaciones de maltrato sexual, puede suceder que van para estimular la conversación, y no para ofrecer otra «manera» de hacer
el terapeuta tenga una posición definida frente a situaciones de ese tipo, po­ terapia. Evidentemente, esta línea de pensamiento y práctica clínica tiene se­
sición que podría tal vez expresarse con la frase «los hombres no deben gol­ rias consecuencias para el papel del terapeuta como experto, así como tam­
pear a las mujeres». En vez de ignorar esta opinión y permitir que se con­ bién para el significado del diagnóstico y de la planificación del tratamiento.
vierta en una influencia subrepticia sobre la conversación, existe la posibilidad Según este modelo, nunca podemos saber cuándo se desarrollará una nueva
de afrontar el tema poniendo abiertamente en situación a los participantes. narración y, por lo tanto, se cuestiona directamente todo modelo terapéuti­
El terapeuta puede poner esta idea «sobre la mesa» para discutirla y formular co que indique etapas específicas para el tratamiento. También se cuestiona
alguna pregunta o hacer un comentario del tipo: «En situaciones com o ésta toda terapia orientada hacia el terapeuta y construida jerárquicamente. Como
suelo tener una fuerte reacción...». O bien: «¿Cómo sería nuestra reunión si da a entender Tom Andcrscn (1991) en su excelente comentario sobre su pro­
yo mantuviera este punto de vista durante la conversación? ¿Quién se opon­ pio trabajo, ésta es una manera de pensar que no tiene una formulación fija
dría a que lo hiciera?». De este modo las ideas se comparten, se exteriorizan, ni un modelo inamovible de trabajo. Creo que nos encontramos en los co­
y los participantes pueden comentarlas, lo que potencialmente lleva a una mienzos de una terapia que se aparta radicalmente de la que conocimos du­
manera diferente de discutir la situación. Este procedimiento mantiene una rante los últimos treinta años. Y esperamos que esta nueva terapia cuestione
actitud respetuosa hacia todos los miembros, ya que los considera colabora­ el modelo del experto, social, política y culturalmcnte.
dores en el proceso de establecer distinciones y tomar decisiones acerca de
las ideas que se abordarán.
Se pone el énfasis sobre el proceso y no sobre los objetivos. Como se Agradecimientos
afirmó anteriormente, uno nunca sabe cuándo sugirá una nueva narración;
y las sesiones no están predeterminadas ni se procede en ellas según un plan
Doy las gracias a mis colegas del Brattleboro Family Instituto y de la Antioch
o una secuencia de pasos establecidos de antemano. Cliente y terapeuta se New England Gradúate School por haberme ayudado a formular las ideas de este ca­
embarcan en una exploración mutua; no siguen un curso de acción orienta­ pítulo. Doy las gracias también a Sydney Crystal, Judy Davis, Eugcne Epstein, Margit
do hacia un objetivo; no tienen en la mente determinado desenlace; y el te­ Epstein, Ken Gcrgen, Lynn Hoffman, Joan Laird, Lindy Norlander, Shcila McNamcc
rapeuta no hace hincapié en mantener su posición de experto. La terapia se y Joe Pumilia por sus comentarios sobre los primeros borradores de este capítulo.
108 PORMAS DE LA PRÁCTICA EL PENSAMIENTO POSMODERNO EN UNA PRÁCTICA CLÍNICA 109

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19 (1): 3-12.
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J. Shotter y K. J. Gergen, comps., Texis o f Identity, Londres, Sage. es muy revelador examinar lo que ha sucedido en el campo de la terapia fa­
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to cnabling self-healing», Family Process, 26: 167-184. rios años de esfuerzos por trabajar terapéuticamente usando el modelo psi-
Von Foerster, H. (1981), Observing Systems, Scaside, CA, Intersystems Publications. coanalítico, empezamos a sentirnos insatisfechos y buscamos un nuevo mo­
Wangberg, F. (1991), «Self rcflection: turning the mirror inward 'Jo u r n a l o f Strategic delo y una nueva manera de trabajar. Nuestra elaboración del modelo
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Adelaida, Dulwich Centre Publications) (trad. cast.: Medios narrativos para f i ­
nes terapéuticos, Barcelona, Paidós, 1994).
De la en e r g ía a la in f o r m a c ió n

Cuando, como equipo, conocimos las nuevas ideas presentadas por Watz-
lawick et al., en 1967, nos pareció que constituían una magnífica teoría. Se-
112 FORMAS DE LA PRÁCTICA CONSTRUCCIÓN DE POSIBILIDADES TERAPÉUTICAS 113

KÚn esa teoría, ya no era necesario usar el concepto de energía. Todo era dríamos jugar nosotros con ellos?». Habitualmentc deseábamos ganar en aque­
comunicación. Todo era mensaje. llos juegos, y estábamos convencidos de que de ese modo podríamos per­
Conocimos entonces una nueva libertad, no la libertad de buscar lo que suadirlos de que pusieran fin a su lucha por el poder. Si era imposible, siem­
podríamos encontrar dentro de una persona, sino la de indagar cómo se re­ pre esperábamos poder convencerlos para que cambiaran de juego o para
laciona la gente en una red de comunicación donde cada persona hace algo llevar toda la situación a un nivel más tolerable, que no necesitara de sínto­
y al mismo tiempo responde a alguien. De allí surgieron relatos y juegos, mas. Dentro de este contexto, era necesario que el terapeuta tuviera el con­
muchos maravillosamente dramáticos y conmovedores, y a veces hasta có ­ trol de la sesión. Por ejemplo: si invitábamos a cuatro personas y sólo acu-,
micos. Nos sentíamos fascinados por aquellos juegos y empezamos a buscar dían tres, mandábamos a todos de vuelta hasta que se presentaran los cuatro.
maneras de poner en práctica el juego «real» en nuestras familias. Era una Ceder equivalía a perder una batalla. La relación no era de cooperación, sino
experiencia agradable y fascinante conversar con una familia y dedicar tiem­ de confrontación.
po, junto con nuestros colegas, a descubrir qué clase de juego estaban ju­ Una de las «armas» que usábamos en aquella época era lo que llamába­
gando aquellas personas. Desde luego, una vez elegida esta postura, se pro­ mos la «intervención paradójica» (Selvini el a l., 1978). Habíamos observado
dujeron ciertas consecuencias. que en las familias y en las parejas las personas luchaban unas contra otras
Empezaron a aparecer algunas perturbaciones y contradicciones. En pri­ valiéndose de la comunicación paradójica. La paradoja era una manera de
mer lugar, notamos que cuanto más patológica era la familia, más fácil resul­ obtener el control, pero al mismo tiempo era una manera de suspender la
taba describirla o describir su juego. Adoptamos una postura que nos permi­ batalla, de llegar a una suerte de tregua. También con nosotros las familias
tía ver a las familias como sistemas mecánicos regulados por realimentación. se comportaban paradójicamente. De modo que nos convertimos en exper­
Entonces se introdujeron subrepticiamente las primeras dudas: «¿Nuestra teo­ tos en la creación de situaciones paradójicas, que surgían de la misma inten­
ría es buena sólo para sistemas que, de algún modo, se asemejan a una má­ sidad de la relación terapéutica. Hasta aquí no había nada nuevo; simplemente
quina? ¿Y los otros sistemas humanos, los que no se parecen a máquinas?». estábamos aplicando las ideas de Watzlawick el al., 1967. Pero se nos llegó
En segundo lugar, como estábamos entusiasmados con la idea del juego, nues­ a conocer como «los que hacen terapia paradójica». Muchas veces, cuando
tras descripciones solían terminar describiendo a las personas como si se reu­ alguien nos visitaba o algún estudiante observaba una sesión de terapia, en
nieran con el único propósito de competir, de ser más listas, o definiendo cierto momento nuestro huésped preguntaba: «¿Dónde está la paradoja?».
sus relaciones desde «arriba» (com o se decía en el lenguaje de la época). A Hacíamos a la familia una pregunta muy simple, como por ejemplo «¿Cómo
veces teníamos la sensación de que las personas permanecían juntas para pe­ están ustedes?» y alguien nos preguntaba: «¿Por qué se supone que esa pre­
lear, porque los episodios de pelea brindaban oportunidades para «ganar». gunta es paradójica?». En una palabra, nos estancamos: nos habían puesto
Tanto en las personas como en las familias veíamos una competencia tremen­ la etiqueta de paradójicos. Todo lo que hacíamos tenía que ser paradójico.
da; y cuando todo estaba tranquilo pensábamos que esa situación era un equi­ Y desde luego, todo se enmarcaba en un juego de poder. Pasado cierto tiem­
librio aparente y temporal, dentro de una situación de enfrentamiento per­ po, advertimos otro giro conceptual. Observamos que, como miembros del
manente. . equipo, luchábamos entre nosotros y nos sentíamos incómodos. Había que
Naturalmente, la batalla no se libraba sólo entre los miembros de la fa­ modificar algo.
milia sino que empezó a incluirnos. Entonces los terapeutas solían retirarse Lo que nos ayudó a superar el estancamiento fue otra teoría. Descubri­
detrás del espejo para planificar su estrategia de contraataque. Usábamos un mos la obra de Bateson Stops lo an Ecology o f M ind (1972). Nos dimos cuen­
lenguaje bélico. Decíamos, por ejemplo: «Esta familia está tendiéndonos una ta de que el Grupo de Palo Alto (Watzlawick el al., 1967) se había inspirado
trampa»; o bien «¿Qué maniobra podríamos idear para contraatacar?». Otra en la obra de Bateson. Entonces empezamos a tomar diferentes ideas de Ba­
descripción posible era: «Creo que el hijo se está aliando con el terapeuta, teson, en su forma original, para salir de aquel impasse.
tal vez pa¿a derrotar a los padres». Y por último: «La esposa es encantadora,
pero trata de humillar a su marido».
Cada movimiento se convertía en una maniobra, y cada formulación se D E LAS ENTIDADES A LAS CONSTRUCCIONES SOCIALES
entendía de diez maneras diferentes. Cuando una familia acudía a nosotros,
nos preguntábamos cosas como: «¿Qué clase de juego están jugando?» o bien Seguimos trabajando sobre aquel desplazamiento desde la energía a la
«¿Qué clase de juego están jugando con nosotros?» y hasta «¿Qué juego po­ información, y nos dimos cuenta de que la comunicación es un proceso de
114 FORMAS DE LA PRÁCTICA CONSTRUCCIÓN DE POSIBILIDADES TERAPÉUTICAS 115

relación en el que la información se construye socialmcnte. Bateson ha for­ vigilarnos. Nuestros alumnos nos ayudaron muchísimo. A los estudiantes que
mulado esta posición en su análisis del poder. El poder, dice Bateson, es se formaban en nuestro centro siempre les había interesado más lo que no­
una idea, una construcción. La gente crea la idea de poder y después se com ­ sotros, los terapeutas, hacíamos que los juegos que realizaban las familias.
porta com o si el poder existiera. El poder lo crea el contexto y lo inventan Mientras nosotros interrogábamos a las familias acerca de su organización,
los protagonistas de la situación. ios estudiantes nos preguntaban qué era lo que estábamos haciendo. Enton­
Al adoptar esta idea dejamos de ver los actos de los miembros de la fa­ ces surgieron dos enfoques con relación al terapeuta: la idea de las hipótesis
milia com o maniobras dentro de un juego de poder. Empezamos a ver que y la postura de la curiosidad.
las personas estaban involucradas en una decisión de permanecer juntas, no
para controlarse mutuamente o para controlar su relación, sino para ex p li­
carse las unas a las otras. Era un giro conceptual interesante. Maridos y espo­ D e la verdad a las hipótesis
sas, padres c hijos no están juntos para derrotarse unos a otros, sino que al
enfrentarse tratan de dar sentido a su relación. De algún modo, esta posición Cuando fijamos nuestra atención en nosotros mismos nos dimos cuen­
del terapeuta era más «humana». Luchar y competir por el poder era sólo ta de que siempre teníamos una idea acerca de lo que ocurría. Esto podía
una de las muchas maneras de explicarse que tiene la gente. Podíamos decir crear cierta tensión con la familia, porque si a nosotros nos gustaba demasia­
que era un intento de explicarse cuando no había otras opciones visibles o do nuestra idea (hipótesis), involuntariamente trataríamos de imponérsela a
accesibles. la familia. Pensamos entonces que, quizá, si los miembros de la familia po-'
Este cambio nos brindó la oportunidad de revisar lo que el terapeuta dían ver las cosas a nuestra manera, el problema desaparecería.
hace dentro del contexto terapéutico. Una vez descartada la metáfora del juego Nos llevó cierto tiempo descubrir que lo que constituía la diferencia no
o de la batalla, desaparecía también la necesidad de ganar. Podíamos, enton­ era la calidad de nuestra hipótesis. Lo que establecía una diferencia, por el
ces, entrar en un proceso autorreflexivo. Cuando identificamos este cambio, contrario, era el contraste (la relación) entre nuestra hipótesis y las de la fa­
tomamos conciencia de un fenómeno muy interesante. Cuándo determina­ milia, o entre las diferentes hipótesis que surgían durante la conversación.
do terapeuta hablaba con una familia, «descubría» cierto tipo de juego, mien­ Nos esforzamos por abandonar nuestras hipótesis, aun cuando las encontrá­
tras que otro terapeuta veía un juego diferente. Un tercer terapeuta veía otro ramos muy atractivas y nos parecieran verdaderas. La hipótesis era una ma­
juego, y así sucesivamente. Nos dimos cuenta de que el juego no dependía nera de construir una conexión con el sistema, y no un paso hacia el descu­
sólo de la familia sino también del terapeuta. Quizá, después de todo, no hu­ brimiento de una historia «real». Por lo tanto, descubrimos que podíamos
biera juego alguno. El juego surgía de la relación entre el terapeuta y la fami­ trabajar durante media hora o más para elaborar una hermosa hipótesis, que
lia. Hecha esta observación, empezamos a dudar de la idea del «descubri­ reuniera todos los elementos del sistema, y podíamos también descartarla
miento». Durante mucho tiempo habíamos creído que nuestra tarea como en pocos minutos, si veíamos que no servía.1
científicos/clínicos era precisamente «descubrir». Sólo después de un descu­ La hipótesis es una manera de contribuir a la construcción de una rela­
brimiento bueno y fiable podíamos hacer algo que fuera médica y éticamente ción terapéutica; es la base para iniciar una conversación. Al hablar, el tera-
correcto. Pero de pronto nos enfrentábamos con la contradicción de que
lo que descubríamos dependía del «descubridor» y del tipo de preguntas 1. Una vez que establecimos que podíamos cambiar de hipótesis muchas veces, se nos
que formulábamos. En lo fundamental, lo que descubríamos era lo que ha­ presentó un nuevo interrogante: «¿De dónde vienen las hipótesis?». Dado que las hipótesis las
bíamos co-construido con la familia. formula el observador en relación con otros obscrvadorcs/participantcs, es obvio que la expe­
riencia acumulada de esos observadores es la que les permite formular ideas, conceptos o hi­
pótesis. Básicamente, son sus -parcialidades» las que construyen la hipótesis. Las parcialidades
de los observadores surgen de sus antecedentes culturales, de su educación y de su forma­
El CAMBIO DE ENFOQUE: DE LA FAMILIA AL TERAPEUTA ción. Para el termino medio del terapeuta familiar, la principal fuente de ideas es el psicoanáli­
sis. Consideremos, por c|cmplo, las bellas historias que salen del complejo de Edlpo. De la
teoría de la triangulación de J. Ualcy (1964) surgió la teoría del límite desarrollada por Minu-
Nos vimos obligados a dar otro giro. Nuestro foco de atención se des­
chin (1974) y la explicación del ciclo vital, y la teoría del juego psicólico de Sclvini el al. (1989),
plazó desde «la familia» hacia «el terapeuta». Durante mucho tiempo no ha­ .y así sucesivamente. Solemos decirles a nuestros estudiantes: -Ustedes deben tener en mente
bíamos cuestionado al observador; pero, convencidos ahora de que lo que 24 hipótesis y 50 historias; y cuando conversen con una familia deben utilizar la primera que
«descubrimos» depende en última instancia del observador, empezamos a se les ocurra».
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1,(1 FORMAS DE LA PRACTICA


CONSTRUCCIÓN DE POSIBILIDADES TERAPÉUTICAS 117

pe uta revela sus ideas acerca de lo que está sucediendo y se compromete, ser útil para construir formas más visibles de vinculación. La curiosidad, como
junto con la familia, en un modo de obrar que repercute en todos los parti­ postura terapéutica, brinda la oportunidad de construir nuevas formas de
cipantes. Este tipo de repercusiones (una combinación de mensajes corpo- acción e interpretación.
tales, formulaciones verbales, ideas e hipótesis) es una invitación a crear un
nuevo sistema. El valor de la hipótesis no está en su verdad sino en su capa-
1 idad de crear una repercusión que incluya a todas las personas involucra­ EL TERAPEUTA IRREVERENTE COMO CONSTRUCCIONISTA SOCIAL
das. Imagino que alguien podría sentirse partícipe de esa repercusión aun
sin hablar, sólo con la conversación analógica. Sin embargo, para manifestar Lo que he descrito hasta aquí es la posición del observador-terapeuta
nuestra ternura los seres humanos usamos palabras. Por ello, las palabras y que usa sus respuestas como instrumento para entrar en un sistema. Pero
las hipótesis son una manera de entrar en contacto con los demás; y su con ­ existen también otras formas posibles de entrar en una historia. Anderson
tenido no Interesa. En resumen, la hipótesis es un modo de crear repercu­ y Goolishian (1988) señalan que la conversación terapéutica es una manera
siones en el sistema de comunicación, independientemente de su valor como de comprometerse con una familia. A mí me gustaría hacer otra sugerencia.
verdad o de su validez com o explicación. Como terapeutas, nos convertimos en actores participantes en el relato tera­
péutico. La separación entre «actor participante» y «conversador» es arbitra­
ria. Sin embargo, para facilitar las cosas separamos artificialmente estas dos
Do la n eu tralid ad a la cu rio sid a d posiciones. Como conversador, un terapeuta intenta «desbloquear» las res­
tricciones lógicas que mantienen el estado de «estancamiento» del sistema
l.a Idea de neutralidad, fundamental para el enfoque sistémico del Gru­ (véase Sluzki, 1992). Esto se logra por medio del uso de preguntas circulares
llo de Milán (Sclvinl et a l., 1980; Cecchin, 1987) también proviene del len­ (Selvini et al., 1980). Como actor participante, el terapeuta utiliza el rol que
guaje bélico. Como no podemos tomar partido en la lucha que estamos ob­ surge en el contexto interactivo para actuar, dar indicaciones, convertirse en
servando, decidimos ser neutrales. De algún modo, la neutralidad pone al un «controlador social» o hasta en un «moralizador». El terapeuta puede ha­
terapeuta en una situación de «poder». ¿Cómo podemos evitar esta contra­ cer todo esto y sin embargo mantenerse leal a una epistemología sistémica
dicción? Nos llevó cierto tiempo advertir que la neutralidad también se po­ sólo si tiene siempre presentes dos principios aparentemente contradictorios.
día contemplar como un «estado de actividad» (véase Cecchin, 1987). El es- En primer lugar, el terapeuta debe recordar que hay diferentes relacio­
lucrzo del terapeuta por buscar pautas y por descubrir lo que encaja con nes que contribuyen a la construcción del terapeuta como moralista, como
el comportamiento, y no sus causas o sus «porqués», es lo que constituye controlador social, etc. Así, si el terapeuta adopta una postura moralizante
el «acto» de ser neutral. con una familia donde el incesto ha sido un problema, está actuando «mo­
En estas circunstancias dos teóricos acudieron en nuestra ayuda. Partien­ ralmente» sólo en la medida en que diversos contextos y una variedad de
do de la descripción de las organizaciones biológicas, Maturana y Varela (1987) relaciones le brindan la oportunidad de realizar tales construcciones. Entre .
llegaron a la conclusión de que las diferentes unidades biológicas no influ­ las relaciones importantes figuran la relación terapéutica (entre terapeuta y
yen sobre su comportamiento recíproco de manera directa, sino a través del cliente) y las condiciones institucionales, culturales e históricas que vienen
acoplamiento estructural. En otras palabras, sucede simplemente que dife­ al caso en el momento terapéutico. También es preciso tener en cuenta la
rentes unidades encajan una con otra; y todo intento de explicar su interac­ orientación del terapeuta, que surge de su historia personal, su orientación
ción de un modo causal es sólo un relato construido por un observador. Este teórica, etc. Estas cuestiones relaciónales encajan con las historias persona­
relato podría ser inútil y hasta perjudicial. Lo que vemos como sistema es les de los clientes.
el acople mutuo de sus miembros, acople que se convierte en una cualidad En segundo lugar, el terapeuta debe recordar que su posición, tal como
estética de la interacción. Lo que vemos que sucede podría no suceder. Si se construye en el complejo momento interactivo, es una co-construcción.
cierto evento no encaja, no debería estar allí. Esta visión estética genera un Por lo tanto, el terapeuta comparte la responsabilidad por el contexto que
sentimiento de curiosidad. Si las personas son desdichadas con su situación surge en la terapia. Por otra parte, los que trabajan con equipos deben recor­
pero están, no obstante, inmersas en ella, debe ser porque hay cierto tipo dar que, colectivamente, los miembros del equipo participan en la situación
desacople», de correspondencia, un acople que no implica «bondad» o va­ terapéutica que desarrollan. Todos los participantes se convierten en miem­
lor, sino simplemente una conexión. Ser curioso acerca de esta conexión suele bros activos en la conversación (aun cuando parezcan pasivos) y así, es posl-
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CONSTRUCCIÓN DE POSIBILIDADES TERAPÉUTICAS 119
ble considerar que todos los participantes están continuamente seleccionando
Creo que un terapeuta construccionista social puede seguir a diferentes
determinadas acciones e interpretaciones. Sin embargo, es importante tener
líderes en diferentes momentos, pero nunca debe obedecer determinado mo­
en cuenta que hacer una selección no implica la viabilidad de una construc­
delo o teoría. El construccionista social es siempre levemente subversivo res­
ción. Para que una interpretación o una acción sean viables, deben ser cohe­
pecto de toda «verdad» cosificada. En este sentido el terapeuta es buen ejem­
rentes dentro del contexto significativo interactivo. Esto requiere una forma
de coreografía social. Además, la selección de determinada interpretación plo de una sensibilidad posmoderna en la que se reconoce que el contexto
por parte de un terapeuta o de un cliente está siempre constreñida por las relacional proporciona las posibilidades y las restricciones terapéuticas. És­
posibilidades que surgen en la situación terapéutica misma. Asimismo, deci­ tas no pueden predeterminarse en virtud de la validez o la superioridad teó­
dir actuar de determinada manera no asegura un desenlace previsible, por­ rica de un modelo. Y sin embargo, el terapeuta irreverente no enlabia una
que nuestras actividades van siempre unidas a las actividades de otros, y por relación terapéutica despojado de ideas, experiencia o construcciones privi­
ello brindan la oportunidad de que se materialicen consecuencias no busca­ legiadas. El terapeuta, al igual que los clientes, acude a la terapia provisto ya
das (Shotter, 1987). ...... de ciertas versiones de la realidad. El desafío está en la negociación y la co­
Un ejemplo ayudará a esclarecer este segundo punto. Supongamos que in s tru cció n de maneras de ser viables y sostenibles, que convengan a la
un terapeuta cierra una sesión con el siguiente comentario: «Estoy convenci­ familia, al terapeuta y a las formas de obrar culturalmentc aceptadas.
do de que muchos problemas de su familia surgen del hecho de que su com­ Por último, los terapeutas son responsables de sus actos y opiniones.
portamiento está regido por un modelo patriarcal que oprime a las mujeres. Se atreven a utilizar sus recursos para intervenir, construir rituales, reenmar­
Algunas de las historias que ustedes me han contado me indujeron a pensar car situaciones, comportamientos e ideas, tanto para los clientes como para
asi. Por lo tanto, les daré algunas instrucciones, con ia esperanza de romper ellos mismos. Después de todo, estos recursos son lo único que tiene el tera­
ese modelo. Sin embargo, algunos de los colegas que están detrás del espejo peuta. Ya no puede confiar en las «verdades» exteriores. Al liberarse de la
me han advertido que no es correcto interferir en la manera en que las fami­ naturaleza co-optativa de la creencia consensual, el terapeuta puede ayudar
lias se organizan, independientemente de lo defectuosa que esa organización a los clientes a tener opiniones propias y a asumir la responsabilidad por esas
pueda parecemos a nosotros. Tlivc una larga conversación con ellos y llega­ opiniones. Al adoptar una actitud de «ironía» el terapeuta trata de entender
mos a la conclusión de que yo seguiré con mi idea, pero sólo durante cinco las historias y los modelos que observa. Los clientes, por su parte, observan
sesiones terapéuticas. Yo deseo tratar de hacer lo que considero correcto la actitud irónica del terapeuta y pueden también empezar, por imitación,
com o terapeuta, aun cuando mis colegas no estén de acuerdo». a utilizar esta perspectiva. Así, los clientes podrían llegar a tener más opinio­
En este caso el terapeuta asume la responsabilidad de sus convicciones, nes propias y, al mismo tiempo, asumir esa responsabilidad, sin cosificarsus
las coloca dentro de un contexto cultural, ofrece una interpretación alterna­ opiniones considerándolas «perogrulladas». Esta postura promueve la flexi­
tiva (lealtad a las pautas patriarcales), coloca la convicción dentro de un mar­ bilidad y la creatividad tanto del terapeuta como del cliente.
co temporal (cinco sesiones) y aclara que estas convicciones no son una ver­ La terapia es un desafío fascinante. Ese desafío consiste en demoler len­
dad independiente del observador y del contexto, sino el resultado de normas tamente la vieja historia y avanzar hacia una nueva historia, construida en
éticas que surgen de la historia personal del terapeuta, de su orientación teó­ colaboración, que abra nuevas posibilidades para los clientes. La historia de
rica y del contexto cultural. la terapia familiar como campo sigue el mismo modelo narrativo. Son las ine­
Si uno cree demasiado en la acción, se puede convertir en un manipula­ vitables contradicciones y disonancias las que brindan la oportunidad de
dor. Si uno cree demasiado firmemente que hay que dejar que el sistema «sea», construir una nueva posición, una nueva explicación o un nuevo relato acer­
se puede volver irresponsable. Si uno está convencido de que todos los sis­ ca de lo que estamos haciendo.
temas tienen aspectos opresivos, puede llegar a ser un revolucionario. Si confía
apasionadamente en los aspectos de control de la terapia, entonces será un
ingeniero social. Pero com o es imposible n o tomar una postura, es precisa­ Referencias bibliográficas
mente este giro reflexivo entre tomar posición y colocarla inmediatamente
después dentro de un contexto más amplio, lo que crea el «llegar a ser» y
Andcrson, H. y Goollshian, H. (1988), «Human sysLems as linguistic Systems: prelimi-
no el «ser» de un terapeuta. Además, esta posición permite al terapeuta lograr
nary and evolving ¡deas.about the implications for clinical theory», Family Pro-
ese saludable estado de leve irreverencia hacia sus «verdades», pese a lo mu­ cess, 27 (4): 371-393. ’
cho que le pudo costar conquistarlas. Bateson, G. (1972), Steps lo an Ecology o f Mind, Nueva York, Ballantinc.
" 12
120 FORMAS DE l.A PRÁCTICA V
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19 (1): 3-12. nas no pueden tener un conocimiento directo del mundo; que la descrip­
Sclvlni, M., Cirillo, S., Selvini, M. y Sorrentino, A. M. (1989), Family Games: Genera! ción objetiva del mundo no está a nuestro alcance; y que nadie tiene el pri­
Models o f Psycbotic Processes in the Family, Nueva York, Norton (trad. cast.: Los vilegio de poder dar nombre a la realidad, sea ésta la que sea.1 Y se acepta
juegos psicóticos en la fam ilia, Barcelona, Paidós, 1990). también que lo que conocemos del mundo lo conocem os sólo a través de
ShotterJ. (1987), «The social construction of "us”: problems, accountability, and na- nuestra experiencia de él; nuestra experiencia del mundo es lo único que
ratology», en R. Burnctt, P. McGee y D. Clarke, comps., Accounling f o r Personal
tenemos, y es lo único que podemos conocer. Lo mejor que podemos hacer
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mily Process, 31- periencia, mientras los demás tratan de interpretarla para ellos mismos.2
Watzlawlck, P. Bcavln, J. yjackson, D. D. (1967), Pragmatics o f Human Communi- «Cualquiera que sea nuestra impresión acerca del estado de la vida interior
cation, Nueva York, Norton. de alguien, la obtenemos por medio de sus expresiones, no por medio de
cierta irrupción mágica en su conciencia. Se trata simplemente de raspar su­
perficies» (Geertz, 1986: 373). Y para interpretar las expresiones (y por lo
tanto, las interpretaciones) de las otras personas, tenemos que valernos de
nuestra experiencia vivida y de nuestra imaginación. Lo más que podemos
hacer es «identificar» nuestra propia experiencia a partir de la experiencia
expresada por los otros. En consecuencia, la «empatia» es un factor decisivo
en la interpretación o comprensión de las experiencias de los demás.
De modo, entonces, que lo único que tenemos es nuestra experiencia
vivida del mundo. Pero esto es muchísimo. Somos ricos en experiencia vivi­
da. Si citamos a Geertz, podemos decir que «todos tenemos muchísimo ma­
terial, pero no sabemos muy bien qué hacer con él, y si no somos capaces
de darle una forma aprehensible, la causa puede ser una falta de medios, no
de sustancia» (1986: 373). t
Toda consideración seria de esta propuesta acerca del mundo de la ex­
periencia plantea ciertos interrogantes:

1. Extractado de M. White (1989/1990).


2. Victor Tlirner escribió que estas expresiones son «las secreciones cristalizadas de nues­
tra experiencia vital» (1982: 17).
UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIBIR LA TERAPIA 123
122 fo r m a s d e la prá ctica

vido (Ricoucr, 1983). Precisamente a través de las historias obtenemos el sen­


— Dado que lo que conocemos del mundo nos es dado a través de nues­ tido de cambio en nuestra vida; a través de las historias somos capaces de
tra experiencia de él, ¿por medio de qué proceso llegamos a una compren­ sentir el despliegue de los acontecimientos de nuestra vida en el curso de la
sión de nuestra experiencia y le damos significado? historia reciente; y al parecer, este sentido es vital para la percepción de un
— ¿Cómo nos explicamos nuestra experiencia y cómo explicamos nues­ «futuro» que sea de algún modo diferente del «presente». Los relatos cons­
tra experiencia a los otros? . . . . truyen comienzos y finales, imponen comienzos y finales al flujo de la expe­
— Si constantemente intentamos articular nuestra experiencia vivida, riencia. «Creamos las unidades de experiencia y significado a partir de una
para nosotros mismos y para los demás, ¿qué procesos intervienen en nues­ continuidad de la vida. Todo relato es una imposición arbitraria de significa­
tra interpretación de esa experiencia? do al fluir de la memoria, porque destacamos ciertas causas y desestimamos
— ¿Qué es lo que facilita la expresión de nuestra experiencia? otras; es decir, todo relato es interpretativo» (E. Bruner, 1986a: 7). Al consi­
— ¿De qué manera la expresión de nuestra experiencia vivida afecta a derar el papel fundamental que desempeñan los relatos en relación con a
nuestra vida y nuestras relaciones? organización de la experiencia, se puede argumentar que:

Estas preguntas nos ayudan a concentrar nuestra atención en la investi­ 1. Los relatos en los que situamos nuestra experiencia determinan3 el
gación de las maneras en que nos explicamos nuestras vidas a nosotros mis­
significado que damos a la experiencia.
mos y las explicamos a los demás; nos ayudan a concentrar nuestra atención 2. Estos relatos son los que determinan la selección de ios aspectos de
sobre los procesos a través de los cuales interpretamos nuestra experiencia
la experiencia que se expresarán.
o le atribuimos significado. 3. Estos relatos son los que determinan la forma de la expresión que
Para dar significado a nuestra experiencia debernos organizaría, enmar­
damos a esos aspectos de la experiencia.
carla o pautarla. Para comprender un aspecto de nuestra experiencia, debe­ 4. Estos relatos son los que determinan efectos y orientaciones reales
mos ser capaces de enmarcarla dentro de un modelo de experiencia que co ­
en nuestra vida y en nuestras relaciones.
nozcamos; debemos ser capaces de identificar aspectos de la experiencia
vivida dentro del contexto de modelos de experiencia conocidos.
La r e p r e s e n t a c ió n c o m o m o d e l a d o r a

H ist o r ia s o n a r r a c io n e s En la exposición que antecede hemos sostenido que la experiencia es­


tructura la expresión. Pero también se podría afirmar que la expresión estruc­
Los científicos sociales que siguen el «método interpretativo» y se apo­ tura la experiencia. Para citar a Dilthcy: «Nuestro conocimiento de lo que
yan en la analogía textual afirman que la «historia», o «narración», brinda el se da en la experiencia se amplía a través de la interpretación de las objetiva­
marco dominante para la experiencia de vida y para la organización y el pau­ ciones de la vida; y la interpretación de éstas, a su vez, solo es posible exp o­
lado de la experiencia vivida. Entre estos científicos figuran J. Druncr, Ger- rando las profundidades de la experiencia subjetiva» (1976: 195). Asi, las his­
gen y Marré en psicología; E. Druner, Gcertz, Clifford, V. Tbrncr y R. Rosaldo torias en las que entramos con nuestra experiencia tienen efectos reales sobre
en antropología; H. White, Mink y Gaillie en historia, por nombrar sólo a nuestras vidas. La expresión de nuestra experiencia a través de estas historias
algunos. modela o construye nuestras vidas y nuestras relaciones; nuestras vidas se
Según esta propuesta, se puede definir la narración como una unidad modelan o constituyen por medio del proceso mismo de la interpretación
de significado que brinda un marco para la experiencia vivida. A través de
las narraciones se interpreta la experiencia vivida. Entramos en las historias; 3 Al cuestionar la propuesta acerca de hasta dónde determinan las historias el significa­
otros nos hacen entrar en ciertas historias; y vivimos nuestra vida a través do atribuido a la experiencia, no estamos afirmando que el contexto de nuestra vida admita
de esas historias. una*sola historia. Por el contrario, creemos que el comexto de nuestra vida esta formad po
Las historias permiten a las personas vincular aspectos de su experien­ varias historias Hay una gama de historias alternativas para la interpretación de la expene
r n la que IOS demís y nosotros podemos simar nuestra vida. Por otra parte a pesar de esta
cia a través de la dimensión temporal. Al parecer, no existe otro mecanismo afirmación sobre la naturaleza del significado determinada por la historia resulta (como se
posible para la estructuración de la experiencia, que así capta el sentido del fizará más adelante) que, en realidad, esas historias están indeterminadas.
tiempo vivido o puede representar correctamente el sentido del tiempo v¡-
124 FORMAS DE LA PRÁCTICA UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIBIR LA TERAPIA 125

dentro del contexto de las historias en las que entramos y en las que otros Siguiendo esta premisa creemos que Iscr, un teórico literario, nos ayuda
nos introducen. a encontrar una respuesta para la pregunta anterior: «¿Cómo es que no so­
Tisto no significa afirmar que vida sea sinónimo de texto. No es suficien- mos réplicas unos de otros?»:
le que las personas cuenten con una nueva historia acerca de ellas mismas,
o que llagan aseveraciones respecto de sí. Por el contrario, la propuesta que los textos de ficción constituyen sus propios objetos y no copian algo que ya
conllevan estas formulaciones acerca del mundo de la experiencia y de la existe. Por esta razón no pueden tener la definición absoluta que tienen los
narración es que la vida es la representación4 de los textos. Y es precisamen­ objetos reales; y es precisamente este elemento de indefinición lo que hace
te la representación de estos textos lo que transforma las vidas de las perso­ que los textos se «comuniquen» con el lector, en el sentido de que lo inducen
nas; sin embargo, estas representaciones deben realizarse frente a audiencias a participar tanto en la producción como en la comprensión de esta intención
relevantes o divulgarse por algún medio de publicación. Los participantes de la obra (1978: 21).
deben tener confianza en su autenticidad, lo que constituye una de las razo­
Es fácil advertir que todos los relatos son indefinidos.5 En todas las his­
nes de que las culturas se representen. No basta con hacer afirmaciones: es
torias hay cierto grado de ambigüedad e incertidumbre, como también cier­
preciso ponerlas en práctica. «Las historias sólo se vuelven transformativas
tas incoherencias y contradicciones. Sin duda, habrán notado este hecho to­
en su representación» (E. Bruner, 1986a: 25). Así, la idea de que las vidas es­
das las personas que hayan leído una novela particularmente fascinante y
tán situadas en textos o historias implica una determinada noción de autenti­
luego, al ver la película realizada sobre la misma novela, hayan descubierto,
cidad: que una persona llega a un sentido de autenticidad en la vida a través
para su decepción, que ¡el director lo entendió todo mal! Dadas las circuns­
de la representación de textos. Este concepto de autenticidad quizá sea una
tancias, es evidente que el director de la película llegó a una interpretación
alienta para muchas convicciones enraizadas en la «verdad» de la naturaleza
diferente del relato, a través de su particular incorporación de la indefini­
humana o la personalidad; para las creencias según las cuales las personas
ción de ese relato.
pueden —en circunstancias ideales de su vida— «liberarse», y llegar a ser real­
Los textos literarios están llenos de brechas que los lectores deben lle­
mente quienes son: es decir, auténticas.
nar para que el relato pueda representarse.6 Y al comparar la interacción en­
tre lectores y textos literarios con la interacción entre las personas y los rela­
La Indole indefinida de los relatos
tos a través de los cuales viven sus vidas, nos damos cuenta de la necesidad
de llenar esas brechas en la interacción cotidiana. Así como las brechas de
Si las vidas de las personas se modelan a través del relato de la experien­ los textos literarios reúnen la experiencia vivida y la imaginación del lector,
cia y a través de la representación de esos relatos, y si existe una reserva limi­ así también las brechas en los relatos que son «vividos» reúnen la experien­
tada de historias familiares acerca de quiénes podríamos ser y acerca de los cia vivida y la imaginación de las personas que se comprometen en repre­
conocimientos culturales sobre la personalidad, ¿cómo es que no somos ré­ sentaciones de significado bajo la orientación del relato.
plicas unos de otros? La mejor manera de abordar esta cuestión es afrontarla Así, con cada representación, las personas recscriben sus vidas y sus re­
desde el punto de vista de la interacción de los lectores con los textos litera­ laciones. Y cada relato se cierra sobre sí mismo pero también es algo más
rios. Al hacerlo ampliamos la analogía textual, en un esfuerzo por entender que el relato anterior. La evolución de las vidas y las relaciones de las perso­
más cabalmente los procesos inherentes a la asignación de significado; y com ­ nas es semejante al proceso de rcescrilura, al proceso que atraviesan las per­
paramos la vida vivida bajo el influjo del texto literario. Y dado que los bue­ sonas al entrar en las historias con toda su experiencia y su imaginación; y
nos relatos transforman en mayor medida la experiencia del lector que los al proceso de adueñarse de esas historias y hacerlas propias.
malos relatos, estas reflexiones podrían llevarnos a revisar la estructura de
5. Al analizar el proceso ritual, Tlirncr (1980) vincula la indefinición con el modo subjun­
los textos de mérito literario.
tivo del verbo: «La indefinición está, por así decir, en modo subjuntivo, ya que es todo aquello
que no está aún establecido o que no se conoce. Es todo lo que puede ser, podría ser, pudo
4. Al discutir los aspectos de la realización [perform ance] del proceso ritual, Tbrner afir­ ser, quizás hasta podría llegar a ser... Sally Falk Moorc va aún más lejos y sostiene que «la cuali­
ma: «El término "realización" deriva de la palabra del inglés antiguo "parfournu" que quiere dad básica de la vida social es de una absoluta indefinición teórica». J. Bruner (1986) también
decir, literalmente, "proveer completa o cabalmente". Por lo tanto, realizar es concretar algo, discute la relación de la indefinición con el modo subjuntivo del verbo.
consumarlo, "llevar a cabo" una obra teatral, un luego, un proyecto. Pero en esc llevar a cabo 6. Si se quiere profundizar en los aspectos de la estructura de las historias que alientan
puede surgir algo nuevo. La realización se transforma a sí misma- (1980: 100) al lector a entrar en la historia, a asumirla y hacerla propia, véase J. Bruner (1986).
126 FORMAS DE LA.PRÁCTICA UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIHIR LA TERAPIA 127

La indefinición de los textos y el aspecto constitutivo de la representa* La r e v is ió n q u e Ro se h iz o d e su v id a " "


ción de los mismos son circunstancias sumamente afortunadas. Clifford
Geertz cita el lamento de Lionel Trilling: «¿Por qué empezamos como origi­ De aquí en adelante Rose y yo le pedimos que se prepare para una serie
nales y terminamos siendo copias?». Al situar nuestro trabajo en el mundo de «respuestas del lector» diferentes, al mismo tiempo que los géneros se di­
de la experiencia y la narración, y al aceptar la idea de que debernos em pe­ luyen. Si lo fáctico y lo ficcional se leen de modo diferente, ¿cómo podría
zar con un relato para asignar significado y dar expresión a nuestra expe­ usted afrontar lo «faccional»? Lo que sigue es un ejemplo de una «terapia de
riencia, tendríamos que invertir la pregunta de Trilling y decir: «¿Por qué em­ reescritura», pero el proceso se describirá brevemente en otro lugar, para no
pezamos como copias y terminamos como originales?». Geertz encuentra perturbar el relato. De modo que usted, lector, ¿podrá encontrar una mane­
una respuesta que es «sorprendentemente alentadora: lo que d . origen es ra de despojarse de las «respuestas de lector» que los textos académicos exi­
la copia» (1986: 380). gen? Tal vez podría dejar este libro por un rato, a fin de romper su línea de
No tenemos casi elección: tenemos que empezar con copia No pode­ pensamiento, y volver a él más tarde. Porque Rose y yo le ofrecemos la opor­
mos representar significados en nuestra vida sin situar nuestra experiencia tunidad de tener una experiencia propia al compartir la experiencia de Rose
dentro de algún relato. Y los relatos son, antes que nada, algo que nos es de introducir los acontecimientos de su vida en un relato «alternativo», en
dado. Sin embargo, la relativa indefinición — la ambigüedad y la iricertidum- un marco de referencia muy diferente del relato «dominante» de su vida. Louis
bfe de todos los relatos sólo la podemos negociar a través de la referencia Mink sostiene que «es evidente que no podemos referirnos a los hechos como
a nuestra experiencia vivida y a nuestra imaginación. Y ello requiere que nos tales, sino sólo a los hechos dentro d e u n a d escrip ció n ; por lo tanto, puede
comprometamos en un proceso de «originación». haber más de una descripción del mismo acontecimiento, y todas esas des­
¿Cuáles serían los efectos sobre la interpretación que una persona hizo cripciones pueden ser verdaderas pero referirse a diferentes aspectos del even­
de los acontecimientos de su vida, si el relato que enmarcó, seleccionó y to o describirlo en diferentes niveles de generalidad. Ahora bien, ¿qué que­
determinó el significado dado a esos acontecimientos tuviera un carácter opre­ remos decir con la expresión «el mismo acontecimiento»? (1978: 145-146).
sor y sus autores hubieran perpetrado actos de abuso sexual o violencia físi­ En cuanto a Rose y a mí, lo que queríamos decir con la expresión «el mismo
ca contra un niño? Kamsler (1990), refiriéndose específicamente al abuso se­ acontecimiento» era algo más que un problema historiográfico. Porque se
xual de niños, señaló una serie de prácticas de «relato de historias» que le demostrará que la manera en que Rose «lee» su vida —bajo la orientación
niegan a la víctima del abuso sus «derechos de narrador de historias»:7 de la historia «dominante» o de la historia «alternativa» co-creada terapéuti­
camente— tiene una considerable influencia sobre el hecho de que viva o
se quite la vida; y sobre cómo pueda vivir esa vida que decide conservar.
1) Generalmente sucede que el perpetrador del abuso ha transmitido, abierta La reescritura será representada ante usted, lector, por medio de las «car­
o encubiertamente, a la víctima el mensaje de que ella tiene la culpa del abuso.
tas» que yo (David Epston) escribí para que ella resumiera nuestras reunio­
[...] 2) casi siempre el perpetrador logrará guardar el secreto obligando a callar
nes, y a través de extractos de las transcripciones de la cuarta y última reu­
a la niña, con el Rn de apartarla de los otros miembros de la familia, 3) y las
diversas formas de control ejercidas por el perpetrador [...] suelen favorecer nión, seis meses después. Me he tomado algunas libertades: he borrado
el desarrollo de respuestas de terror y pánico en las relaciones íntimas, cuan­ muchas de mis preguntas y he unido algunas de sus respuestas. De modo
do la niña llega a adulta (1990: 17-18). que, ¿está usted, lector, preparado para seguir mi relato de la revisión que
Rose hizo de su experiencia, a medida que ese relato cobra vida por medio
del lenguaje?
Además, ¿qué cambiaría si una persona a la que se ha situado dentro de La jefa de Rose me llamó por telefono. Me informó de que, muy a su
un «relato» opresor —que es contado— lograra que se le reconocieran o se pesar y con muchos remordimientos, no tenía otra opción que despedir a
le devolvieran sus «derechos de narradora de historias» y se encontrara en Rose de su empleo com o recepcionista y operadora de vídeo en una agencia
libertad de contar su propia vida y llegar a ser su propia autora? de publicidad. Támbién reconoció con excesiva insistencia que Rose era muy
competente. Sin embargo, ocurría que cada vez que se le pedía que atendiera

8. Consúltese otro estudio de caso, que tiene semejanzas con el que sigue, en Epston (1989b)
7. Esta frase corresponde a Shuman, 1986. con una -consulta» de seguimiento de cuatro anos y medio (Epston, 1989a).
128 FORMAS DE LA PRÁCTICA
UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIBIR LA TERAPIA 12 9

alguna indicación, además de la tarea que estaba realizando, ella se «desmo­


Yo escribí un relato «alternativo», según las notas que había tomado du­
ronaba» y terminaba deshecha en lágrimas. La gerente me se :.dó especial­
rante la reunión, y se lo mandé por correo.
mente el hecho de que Rose tenía un especial talento para pre ar comidas,
larca que se le pedía que hiciera en algún «momento libre». También comen­ Querida Rose:
tó que había tratado de encontrar otro empleo para Rose en abastecimiento Fue una experiencia muy agradable conocerte y escuchar parte de tu his­
de comidas o en un servicio de comedor, hasta que se dio cuenta de que toria, una historia de supervivencia y de protesta contra lo que tú entendías
eso sería imposible. En un servicio de comedor, dijo la directora, Rose esta­ que era un Intento de destruir tu vida. Y ayer llevaste aún más adelante esa
ría constantemente sujeta a requerimientos urgentes y múltipler. También me protesta, al venir y contarme esa historia. Ruedo entender que no quisieras con­
contó que Rose tenía una larga historia de pérdida de empleos por la misma társela a nadie, por miedo a que no te creyeran. Considero un privilegio que
razón. La jefa de Rose me llamaba, dijo, porque Rose estaba inconsolable por me la hayas confiado y espero que hacerlo te haya liberado de una parte del
el despido y ella, por su parte, estaba preocupada por el biene ar de su em­ peso de esa historia. Ahora comprendo que semejante historia pueda haberte
dejado el legado de que me hablaste, esa sensación de «no tener una base».
picada. Le sugerí que diera mi número de teléfono a Rose y le aseguré que
¿Cómo hubieras podido tenerla, dadas las circunstancias en que creciste, cuando
trataría de verla inmediatamente. tu hogar —que para la mayoría de las personas es la «base»— era cl.sitio donde
Rose y yo nos reunimos al día siguiente. Mientras contaba su triste histo­ tu padre intentaba anularle? No es extraño que ahora encuentres difícil la vida
ria laboral, Rose transmitía una callada desesperación. Reconoció que alimen­ y tengas sentimientos contradictorios acerca de confiar en las relaciones con
taba una vieja ambición de llegar a ser chef, pero lo descartaba debido a la los hombres. Considero que, dadas las circunstancias, esto era inevitable. Y no
índole exigente del trabajo. Parecía tan abandonada y sola que le pregunté es extraño que, pese a toda tu capacidad, tus condiciones y tus atributos per­
si su problema consistía en algo más que eso. Ella sonrió tristemente y asin­ sonales, tan obvios para todas las personas con las que has entrado en contac­
tió. «Sí, es algo más que eso. Yo no tengo ninguna base en mi interior», dijo. to durante tu vida, no es extraño, digo, que te sientas interiormente «falsa» y
«¿Se siente usted com o una persona falsa, hueca por dentro?», inquirí yo. vacía. ¡No es de extrañar que quieras esconderte cada vez que otras personas
exigen algo de til
Ella celebró entusiásticamente esta descripción, como si los recursos lingüís­
Me contaste que eres la tercera de cuatro hijos y que tu padre «no quería
ticos que yo le proporcionaba fueran una especie de alivio. Entonces seguí tener hijos», pero que, ya que los tuvo, les exigió «obediencia», y para educar­
diciendo: «Detrás de esto debe haber una historia. ¿Querría contármela?». los siguió la máxima victoriana de educación con los niños, según la cual «a
Ella suspiró y sonrió al mismo tiempo. «He venido para eso... Ya no puedo los chicos se les debe ver pero no oír». Desde el comienzo tú tuviste una fuer­
seguir así.» Entonces nos embarcamos en la narración de una historia, com­ za vital que te impedía resignarte y someterte a su autoridad. Pagaste cara tu
partiendo el papel de narrador-reflector. Mis preguntas reflexivas y sus res­ voluntad de hablar, ya que sufriste castigos físicos. Aun así no quisiste anularte
puestas guiaron su historia a través del tiempo; y además, la libraron de en­ a ti misma, aunque llegaste a pensar que tu padre estaba resuelto a destruirte.
trar en la historia de su padre. Según io que me cuentas, él era recto, violento, soberbio y santurrón. En cier­
ta forma debió de ser un alivio que te mandaran al internado, aunque eso ocu­
Lft autoría del padre sobre la experiencia de Rose con respecto al hecho rrió como consecuencia de la separación de tus padres.
Me parece que tienes derecho a sentir resentimiento hacia tu madre por
de que él ía había sometido a malos tratos físicos era convincente, dada su
no haberte protegido más. Sin embargo, sospecho que tú no sabes hasta qué
autoridad paterna, unida a su autoridad moral como ministro y párroco de punto tu madre soportó violencia c intimidación. Después de cierto grado de
una iglesia cristiana fundamentalista. Este último hecho confundía particu­ maltrato, la persona maltratada empieza a creer que lo merece. Además, tu pa­
larmente a Rose, ya que muchas veces algún feligrés le había dicho, a manera dre tenía autoridad moral, debido a su trabajo. Creo que algún día tu madre
de comentario después del servicio religioso, que ella tenía suerte por tener te hará la confidencia de que sufrió más de lo que tú imaginas. Y lal vez haya
un padre tan bueno y honorable. Su madre era testigo de la violencia y se tenido razón al decir que lo único que podía hacer era guardar silencio, por­
abstenía de intervenir, aduciendo que su silencio era la única manera que que si se enfrentaba a tu padre él hubiera redoblado la severidad de los casti­
tenía de contener la violencia de su esposo hacia sus hijos. Rose todavía le gos. ¿No será que ella tiene una historia que es demasiado terrible para ser re­
guardaba un gran resentimiento, aun cuando reconocía que fue su madre velada, tal vez ni siquiera a ella misma?
quien tomó la decisión de divorciarse cuando ella, la hija, tenía trece años, Pese a los intentos de tu padre por anularte, tú te enfrentaste a él obstina­
damente. Y lo hiciste desafiando su imagen pública de «hombre bueno». Fácil­
insistiendo además en que Rose fuese a un internado lejano. Este acto no
mente podrías haber tomado la opinión que él tenía de ti y haber descartado
tenía precedentes entre las fieles de la iglesia. la tuya. Si lo hubieras hecho, mi impresión es que hoy no estarías aquí. Cierta
UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIBIR LA TERAPIA 131
130 FORMAS DE LA PRÁCTICA

Volvimos a reunimos un mes después. Yo no estaba preparado para todo


especial sabiduría debe haberte dicho que la mala persona era él, no tú. Por­
lo que había sucedido durante ese tiempo. Dos días después de recibir la
que si no, ¿cómo pudiste ver a través de su hipocresía?
A los 18 años volviste a ver a tu padre, pensando quizá que entonces ya carta, Rose había solicitado un puesto de ayudante de che/. No sólo lo consi­
sería capaz de estimarte, una estima que tanto merecías. Pero descubriste, pro­ guió sino que causó tan buena impresión al jefe que este le confío toda la
bablemente sin sorpresa, que «no podías» esperar nada que se asemejara a una responsabilidad del cargo mientras él se iba de vacaciones. Al volver, ascen­
relación cariñosa entre padre e hija. Sin embargo, tú eras capaz de distinguir dió a Rose a chef. Ella sentía que por fin «estaba en el buen camino» y «avan­
entre sus defectos y tu yo. Fue una distinción fundamental, una distinción que, zando». Había reanudado la relación con su madre y sentía por ella afecto
seRÚn creo, te salvó la vida. y una nueva simpatía. También telefoneó a sus hermanas y se reunió con
Aunque debió de resultarte muy difícil, fuiste sin embargo capaz de crear­ ellas, separadamente, para hablar de la carta que había recibido. Sus herma­
te una buena personalidad para ti. Debiste de tener un gran coraje para viajar
nas comprendieron y justificaron sus sentimientos respecto de los malos tratos
al extranjero durante cuatro años y medio y «sobrevivir», como dices. Tu su­
pervivencia en esas circunstancias te demostró, de una vez y para siempre, que que había sufrido y tomaron partido por ella, hasta el extremo de aconsejar­
tenías «agallas». Pudiste sentirte orguilosa de ti misma por haberte controlado le que interrumpiera todo contacto con su padre, com o habían hecho las
tan bien. Dijiste: «Cuando estoy con la espalda contra la pared, algo me hace dos mayores. Sin embargo, en este punto Rose tomó una decisión diferente:
xfcguir adelante... un instinto de supervivencia». Creo que tu «instinto de su­ dejó abierta la relación con su padre. Rose estaba radiante y se sentía llena
pervivencia» es tu fuerza vital, una fuerza que nunca se sometió a la disciplina de alegría al contemplar su futuro, un futuro que ahora le parecía accesible.
y la severidad de tu padre. Esa fuerza vital aumentó muchísimo durante tus Este encuentro se resumió en la carta que sigue.
viajes. Creo que fue entonces cuando llegaste a sentirte más segura como per­
sona y empezaste a creer en ti misma. .
¿Fue entonces cuando empezaste a verte a ti misma a través de los ojos Querida Rose:
de Otras personas, y ya no a través de los ojos de lu padre? ¿Y cuándo fue que La lectura de la carta, que te brindó una historia diferente, parece haber
dejaste de aceptar la definición de tu padre, que siempre había dicho que eras producido muchas cosas: «una sensación de alivio... para mí era normal tener
una «basura»? . . . - . , __ problemas... no fue mi culpa... antes me sentía débil y vulnerable... y hace ya
Eso debió suceder en algún momento; de otro modo, habrías andado pe mucho que debería haberlo arreglado todo». En cambio, empezaste a apreciar
ahí buscando basureros y un vertedero para que te arrojaran en él. De algún más, por ejemplo, que «sentía que había empezado... Estaba decididamente en
modo lograste mantener viva tu propia imagen de ti misma. el buen camino». Y sospecho que ahora estás dándote cuenta de que hace bas­
Y rechazaste el difundido mito de que las mujeres resuelven sus proble­ tante tiempo que estás «en el buen camino»; si no, como tú misma dijiste, te
mas cuando «las rescata un hombre». Me imagino que te debió resultar difícil habrías sentido «desilusionada... y hubiera puesto fin a mi vida». Pues bien,
dlRerir eso, dada la historia con tu padre. También me impresionó tu falta de ¡hay mucha vida en ti, y eso es evidente para todo el mundol
inclinación a buscar simpatía o concesiones especiales. Estás decidida a abrir­ En un espectacular avance, varios días después de nuestro encuentro, te
te paso a través de todo esto y a llegar a ser la persona que quieres ser. Es inte­ presentante como aspirante a un cargo de chef y no permitiste, en modo algu­
resante señalar que empiezas a apreciarte más a ti misma cuando estás sola. no, que «el terror me detuviera». Te pusiste en la fila y descubriste, para tu gran
Me pregunto si el hecho de ver que tus dos hermanas mayores han vivido su satisfacción, que eres muy competente, tanto que te pidieron que te hicieras
vida pese a la violencia que sufrieron a manos de tu padre, no te habrá infundi­ cargo del restaurante durante las vacaciones de tu jefe. Sientes que has aprendido
do la esperanza necesaria para hacer lo mismo. Obviamente, ellas tuvieron ciertas mucho en poco tiempo y que quizás ésta sea la carrera que buscabas. Según
ventajas, porque en una edad temprana encontraron compañeros que las de­ tus palabras: «Me doy cuenta de que tengo todas estas oportunidades... y sólo
bieron de querer realmente, por lo que ellas también pudieron estimarse. estoy empezando». Veo que acabas de abrir una puerta y que ves que afuera
Comenté que tal vez te gustaría pensar cómo fue que tus hermanas mayo­ hay muchísimo terreno para explorar. . ., ,
res pudieron construir relaciones afectuosas y viables, relaciones en las que Al sentirte tan realizada, pudiste apreciar la contribución de tu madre a
fueron capaces de realizarse como personas «buenas». Otra cuestión sobre la tus capacidades. Ella también «tenía una mente curiosa... era capaz de apreciar
que quizá' te gustaría reflexionar es la siguiente: «¿Por qué no te enamoraste otras culturas... era algo que estaba dentro de ella». A pesar de todo, «ella no
de un hombre parecido a tu padre?». tenía confianza en sí misma»; pero, te preguntas, ¿qué habría llegado a ser si
Espero volver a verte para ayudarte a escribir una nueva historia de lo.
tu padre no la hubiera «tratado como a un felpudo?».
hechos de tu vida, una nueva historia que tal vez vaticine un futuro muy dife­ Además, pudiste hablar de cuestiones personales con tu hermano y tus
rente del que tu vieja historia anunciaba. hermanas, y ellos estuvieron de acuerdo con lo que decía la carta. Te aconseja­
’ Sinceramente,
David ron que rechazaras a tu padre como ellos lo habían hecho. Creo que tu actitud
1A2 FORMAS DE LA PRÁCTICA
UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIBIR LA TERAPIA 133

es mis valiente y tendri mejores resultados. Aun así, debe de haber sido satis­ Ser un «consultor de otros» implica que hay una audiencia, y ios testi­
factorio para ellos respaldar tu historia; y quizi, debido a eso, tú te pudiste ver
gos convocados contribuyen a la autentificación de las afirmaciones preferi­
a ti misma a través de otros ojos. El resultado de todo eso es que ahora te apre­
das de las personas derivadas de la asignación de significado a los eventos
cias más y estás desarrollando una relación más cómoda contigo misma.
Y a partir de ahora te propones algo: «Creo que tengo que darme tiempo de sus vidas según la historia «alternativa». Y usted, lector, se ha convertido
para trabajar con Rose... quiero que crezca... quiero que sea fuerte e indepen­ en miembro de esa audiencia. Rose recibió dos versiones de la consulta: una
diente». Has decidido dedicar un mes a la consolidación y no a la experimen­ grabación en audio y una versión escrita. Lo que sigue es un extracto revisa­
tación, especialmente en lo que hace a tu competencia en tu nueva carrera; do de la última.
a fortalecer tu auto-aprecio, a saborear tu éxito; y ese nivel de éxito «es sufi­
ciente por ahora»; y también a resistir la tentación de entregarte a una relación DE. ¿Puedo preguntarte qué diferencia significó para ti tener acceso a tu
insatisfactoria simplemente por causa de la soledad. En este punto tendrás que propia historia?
desmentir una vez más el mito cultural que afirma que las mujeres sólo se com­ Rose: Me ayudó a comprender lo que había pasado y posiblemente por
pletan en relación con los hombres. qué había pasado... mis reacciones ante lo que pasó y el resultado final. Leerla
Me Interesará mucho verte una vez más o saber de tus nuevas aventuras. y seguirla me dio una sensación de alivio y comprensión... Fue un alivio que
Para mí ha sido una experiencia muy agradable saber hasta qué punto estás yo no tuviera la culpa... que hubieran cosas que me habían pasado de niña
siendo cariñosa contigo misma y cuánto has avanzado en tan poco tiempo. y que básicamente yo hubiera estado reaccionando a esas cosas desde enton­
Con mis mejores deseos, ces... Muchos de los sentimientos negativos que yo tenía acerca de mí misma
David me habían sido impuestos en la niñez por una figura paterna (¿padre?). Y yo
tomé esa actitud, consciente o inconscientemente, y seguí pensando así acer­
ca de mí misma. Tener el relato me dio un punto de referencia para revisarlo
Un mes después volvimos a encontrarnos; Rose estaba más llena de vida todo, leerlo de nuevo, pensar acerca de ello, formarme mis propias opiniones
t|iie nunca. Se había hecho cargo del restaurante y además había ampliado y sacar mis propias conclusiones a partir de lo que conversamos. Recuerdo
sus actividades en el mismo campo. Se mostró muy cautelosa al hablar de que saqué la carta del buzón, me preparé una buena taza de té, me senté y em­
su relación con un hombre que acababa de conocer, y afirmó que estaba pecé a leerla. Me dije: «Sí... así es... ¡ésa es la historia completa]*. Volví a leerla,
resuelta a entablar una relación diferente de las anteriores, en las que siem- seguí pensando... y me sentía cada vez mejor conmigo misma, posiblemente
l>rc se había «sentido exprimida». «Ahora entiendo los errores que cometí. me entendía y posiblemente comprendía hada dónde quería ir. Creo que sin
la carta todavía estaría confundida... Sé que todavía estaría confundida y ten­
Estuve malgastando mis fuerzas y exponiéndome a que me maltrataran, sim­
dría los mismos sentimientos de inferioridad como persona y no sabría por qué.
plemente por no hacerme responsable de mí misma.» Dijo que había decidi­ DE: ¿Por qué el hecho de tener tu propia historia te reconfirmó? Si hasta
do evaluar la nueva relación a medida que se desarrollaba, y mantener su entonces habías sentido que eras una impostora, farsante, vacía, sin nada en
autorrespeto expresando sus necesidades y deseos; «Yo decidiré si esta rela­ tu interior, que no eras una verdadera persona, ¿qué pasó para que llegaras a
ción es positiva para mí com o persona... Nunca más me veré despreciada. legitimarte tan rápidamente?
Estoy trabajando activamente para no permitir que eso suceda. Me siento Rose: Fueron muchas cosas. Creo que yo ya percibía todas estas sospe­
mucho mejor conmigo misma». chas flotando en el aire, pero no estaba demasiado segura de lo que era real,
Seis meses después de nuestra primera entrevista invité a Rose a acom­ de lo que estaba bien, de lo que significaba avanzar o quedarme. Posiblemente
el hecho de tener mi propia historia me ayudo a descubrir mis verdaderas acti­
pañarme com o «consultora de otros» y seguí el protocolo descrito en Eps-
tudes, mis verdaderos pensamientos. Y a partir de ahí surgieron tantas cosas...
ton y White (1990). Casi inmediatamente empecé a sentirme mejor conmigo misma. Empecé a sentir
que tenía algún mérito, y que tenía muchísimas oportunidades que nunca me
había atrevido a considerar porque creía que no tenía derecho a tener esas opor­
La terapia concluye con una invitación a las personas para asistir a una
tunidades. Básicamente, al sentirme mejor conmigo misma puedo pensar en
reunión especial con el terapeuta, con el propósito de documentar los conoci­
un futuro diferente. Si esto no hubiera sucedido yo habría seguido siendo una
mientos que se resucitaron y/o generaron en la terapia. Los conocimientos in­ persona desdichada. Había llegado a un estado en que no quería volver a em­
cluirán los alternativos y preferidos acerca del yo, los demás y las relaciones; pezar, volver a competir, buscar otro empleo. Había llegado a un punto en que
y también los que tratan de la resolución de problemas, que permitieron a las se trataba de salir adelante o morir. O tomaba una decisión y hacía algo... o
personas liberar sus vidas (1990: 29). abandonaba toda esperanza y me despedía de la vida... En última instancia,
UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIBIR LA TERAPIA 135
134 FORMAS DE LA PRÁCTICA

Al exteriorizar el problema9 como un problema consistente en vivir se­


creo que lúe porque separé mi yo de las opiniones de mi padre acerca de quién
era yo y me formé mi propia opinión acerca de qué y quién era. Me di cuenta gún la historia relatada por su parte, Rose y yo llegamos muy pronto a dar­
del peligro de que otros te construyan. Tenía que construirme a mí misma, nos cuenta de que gran parte de su experiencia vivida no encajaba en la his­
aunque creía que otras personas contribuirían a esa tarea. No eran las personas toria «dominante». Muchos acontecimientos de su vida, vistos a través de sus
que yo esperaba, las personas con las que contaba, y hay una verdadera sensa­ ojos o de los ojos de los demás, simplemente no encajaban; y así, Rose no
ción de., muchos sentimientos acerca de eso, rabia, resentimiento, mucho dolor. había podido reconocerlos ni registrarlos. La traducción de la experiencia
En algún momento uno tiene que aceptar... ¿aceptar? Aceptar no es la palabra en significado estaba «pre-figurada»10 por la narración estática, en la que cier­
adecuada... comprender y dejar atrás. tos hechos adquirían significado y otros no lo adquirían y ni siquiera eran
registrados. La representación de su vida según la historia «dominante» la lle­
Una vez más resumí esta «consulta» en una carta: vó al autorreproche y a la autoculpabilidad en relación con ella misma como
persona; y al miedo y la inseguridad en relación a la representación de sus
Querida Rose: méritos. Entonces una historia «alternativa» comenzó a hacerse muy plausi­
Te escribo para darte las gracias por haber compartido conmigo tu «cono­ ble cuando se identificaron «desenlaces singulares», se representaron nue­
cimiento» y por tu disposición para transmitirlo también a otras personas. Ht
actitud me permitió ampliar mi reserva de «conocimiento» y me alentó para vos significados alrededor de ellos y se inició la revisión de la historia «do­
seguir trabajando sobre la idea de lo Importante que es que cada persona ten­ minante»." Pensando en una autentificación, Rose convocó sus propios
ga sú propia «historia» y no la «historia» de quien la maltrató. No puedo decirte testigos en la reunión a la que asistió como «consultora de otros».
cuánto me impresionó el hecho de que una vez que tuviste una «historia» que
era más fiel a tu propia experiencia de los hechos de tu vida, llenaras en ti esa 9. La exteriorizaeión es un recurso de la terapia que alienta a las personas para que objeti-
«base» que, según me dijiste antes, te faltaba. En cierta medida, veo que te cons­ vlcen y, a veces, personifiquen los problemas que experimentan como opresoras. Dentro de
truiste a ti misma y que, después de haberlo hecho, pudiste darte cuenta de este proceso, el problema se convierte en una entidad separada y, por lo tanto, exterior a la
que poseías muchas de esas capacidades que eran evidentes para todo el mun­ persona o a la relación que se identificaba com o problema. Las cualidades fijas que se atribu­
do pero invisibles c inalcanzables para ti. Cuando te viste con tus propios ojos, yen a personas y relaciones y los problemas considerados inherentes, resultan ser menos fijos
empezaste a verte cómo te ven los otros. Fue muy agradable para mí ver cómo y menos restrictivos... La exteriorizaeión det problema permite a las personas separarse de las
Iniciabas una relación más amable contigo misma y ver, además, que empeza­ historias dominantes que han estado modelando sus vidas y sus relaciones. Al hacerlo, las per­
bas a dárte cuenta de tus méritos. Creo que con el paso del tiempo lograrás sonas pueden identificar ciertos aspectos vitales pero anteriormente negados de las experien­
muchas cosas más. Si sientes el deseo de mantenerte en contacto con esta evo­ cias vividas, aspectos que no se pudieron prever a partir de la lectura de la historia dominante.
Siguiendo a Goffman (1961), me he referido a estos aspectos de la experiencia denominándo­
lución, me gustaría mucho tener noticias de ti.
los «desenlaces singulares» (White, 1989a,b). [...] Cuando se identifican estos desenlaces singu­
Mis mejores deseos para un futuro construido por ti misma.
Sinceramente, lares, se puede animar a las personas a realizar actualizaciones de significado en relación con
ellos. Para tener éxito se requiere enmarcar el desenlace singular en la trama de una historia
■ David
alternativa sobre la vida de la persona (White y Epston, 1990: 38-41).
10. Ilaydcn White (1973) afirma, desde un punto de vista historiográfico, que las historias
son «prefiguradas» por sus narraciones. E. Bruncr dice más o menos lo mismo acerca de la
etnografía: «En mi opinión, empezamos con una narración que ya contiene un comienzo y
U na t e r a p ia d e r e - e s c r it u r a : p rem isa s y p r á c t ic a s
un final, que enmarca el presente y, por ende, nos permite interpretarlo. No es que inicialmen-
tc tengamos un cuerpo de datos, de hechos, y que después debamos construir una historia
Esta terapia se basa en la premisa de que las vidas y las relaciones de o una teoría para explicarlos. Por el contrario... las estructuras narrativas que construimos no
las personas son moldeadas por los conocimientos y los relatos que usan son narraciones secundarias acerca de datos sino narraciones primarias que establecen lo que son
para dar significado a sus experiencias, y por ciertas prácticas del yo o de los datos. Las nuevas narraciones aportan nuevo vocabulario, nueva sintaxis y nuevos signifi­
cados en nuestras explicaciones etnográficas; definen lo que constituye el conjunto de los da­
las relaciones que se vinculan con aquellos conocimientos y relatos. Una te­
tos de esas explicaciones» (1986b: 143).
rapia de re-escritura pretende ayudar a las personas a resolver problemas por 11. Patraka define la revisión desde una perspectiva feminista: »Rich define la "revisión"
los siguientes medios: 1) permitiéndoles separar sus vidas y relaciones de los como "el acto de mirar hacia atrás, de ver con nuevos ojos, de entrar en un viejo texto desde
conocimicntos/relatos que sean empobrecedores; 2) ayudándoles a cuestio­ una nueva perspectiva crítica", hasta que las mujeres puedan "entender los supuestos en los
nar las prácticas del yo y de las relaciones que sean opresoras; 3) alentando que están atrincheradas" a fin de conocerse a ellas mismas (1979: 35). Dar voz a lo que ya fue
requiere describir, nombrar y rcinterprctar la realidad pasada. Cambiar lo que es exige un aná­
a las personas a re-escribir sus vidas según conocimientos/historias y prácti­
lisis de las fuentes de esa realidad y de las razones de su persistencia» (1983: 1).
cas del yo y de las relaciones alternativas, que tengan mejores desenlaces.
136 HORMAS DE LA PRÁCTICA
UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIBIR I.A TERAPIA 137

C o m en t a r io ,
transformación. ¿Hasta qué punto la terapia de re-escritura diverge de cier­
tos desarrollos recientes del psicoanálisis que enfatizan la reconstrucción de
«l lágase cargo de su vida», «Sea la persona que siempre quiso ser», «De­ las autonarraciones?
clare su independencia». En cierto sentido se podría considerar que todos A lo largo de las últimas dos décadas los psicoanalistas norteamericanos
estos eslóganes de los libros de psicología popular otorgan la posibilidad de han estado incorporando el fenómeno de la narración en su comprensión
modelarse hasta llegar a ser la persona que uno desea ser, pese a lo que uno del proceso terapéutico. A la vanguardia de esta orientación figuran los psi­
imagina que los otros creen.12 ¿La terapia de re-escritura es una versión más coanalistas Roy Schafer y Donald Spence. Schafer (1978) ha examinado cómo
de esta cultura de la autorreconstrucción? Es importante examinar esta cues­ el psicoanálisis se constituye en forma narrativa: como comedia, novela, tra­
tión antes de colocar esta práctica clínica dentro de un ámbito social más gedia y parodia. Según Schafer, la forma narrativa brinda un vehículo para
amplio. i algunas dimensiones fundamentales de la naturaleza humana, tales como la
La primera diferencia —obvia— entre terapia de re-escritura y psicolo­ maleabilidad del carácter, la compatibilidad de individuo y sociedad, y ci
gía popular está en los medios. Si bien la terapia de re-escritura se apoya en potencial para ser feliz en la vida. Según la teoría de Schafer, la introducción
el poder de los documentos textuales, se lleva a cabo bajo la mirada del tera­ de la narración en el psicoanálisis hace que esos supuestos aparezcan como
peuta, como un serv icio de ayuda, mientras que la psicología popular pare­ materias de elección y no como componentes fundamentales de la teoría.
ce ser más bien un p ro d u cto que se lleva al hogar y se realiza en el acto priva­ Las versiones del psicoanálisis narradas de manera diferente pueden adap­
do de la lectura. Ésta es una diferencia entre un proceso d ia lo g a l, en el que tarse a contextos diversos: por ejemplo, el psicoanálisis cóm ico conviene a
uno se refleja en los ojos del otro, y un proceso m on ologal, en el que el una situación de trabajo social, mientras que el psicoanálisis irónico es más
auditorio de la persona es la misma persona.13 Esta distinción no es tajante: apropiado para el análisis a largo plazo. Para Schafer, todo aquel que emplea
el lector de textos de psicología popular tiene una relación, si bien abstracta, el psicoanálisis elige más de una descripción de la realidad y, además, se in­
con el autor. No obstante, es improbable que el autor de un manual de auto- volucra en una visión ética.
ayuda responda a las diversas maneras en que determinado lector toma el Como teórico, Spence (1982) se interesa menos que Schafer por las es­
consejo del libro. Al parecer, lo que distingue a la psicoterapia del autoanáli­ tructuras narrativas formales implícitas en el proceso terapéutico. Enfatiza,
sis tic la psicología popular es la presencia de una persona que es testigo de en cambio, la capacidad del analista para encontrar dentro del lenguaje las
nuestras respuestas. La Importancia de esta diferencia reside en la necesidad estructuras más adecuadas para expresar las ansiedades inconscientes del ana­
de que nuestro cambio lo reconozca una audiencia legítima. En psicología lizando. Spence llama a esta cualidad «verdad narrativa». La verdad narrativa
popular basta con introducir los temas del libro en nuestra narración priva­ no es una representación literal del pasado sino una descripción que, gracias
da, mientras que la terapia de re-escritura implica, en parte, la convocatoria a su «finalidad estética», reúne experiencias no reconocidas y construye con
de una audiencia ante la cual puedan autentificarse las formas del cambio. ellas un todo manejable. Spence presenta una verdad que se mide por su efec­
Pongamos un ejemplo. En una carta dirigida a Rose, David Epston escri­ to terapéutico, no por su exactitud. Esta introduccción de la narración pone
be lo siguiente: «Debe de haber sido satisfactorio para ellos [la familia de Rose] de relieve la capacidad creadora del analista para construir una buena historia.
El psicoanálisis narrativo representado en el mundo de Schafer y Spen­
respaldar tu historia; y quizá, debido a eso, tú te pudiste ver a ti misma a
ce rechaza el paradigma clásico de la verdad histórica dentro del psicoanáli­
través de otros ojos. El resultado de todo eso es que ahora te aprecias más
sis. Según esta orientación, el potencial curativo no estaría en determinado
y estás desarrollando una relación más cómoda contigo misma». En este caso
conjunto de verdades que se revelan en el psicoanálisis, sino en la «forma»
una familia se organiza como un espejo en el que se obliga al cliente a acep­
en que surgen esas verdades. Esta forma es lo que más distingue al psicoaná­
tar una autonarración más poderosa.
lisis narrativo de la «terapia de rc-cscritura». Los factores en juego dentro del
Esta dimensión de la práctica en la terapia de re-escritura plantea ciertos
marco psicoanaiítico se limitan a lo clínico. Esta limitación concuerda con
interrogantes para comprender que és lo que implican las prácticas de auto-
el marco general de la curación psicológica, que es ver el problema princi­
palmente «en la cabeza» del cliente: si uno mira el problema de otra manera,
12. Para un análisis más detallado de los valores de los textos de la psicología popular, aliviará ese problema. Esta interpretación, si bien no hace justicia al refina­
véase Murray (1986). miento del enfoque psicoanaiítico narrativo, tiene la virtud de constituir una
13. Esta diferencia aparece expuesta por completo en el discurso del teórico ruso Mijail importante diferencia entre éste y la «terapia de re-escritura». Spence, al en­
Bakhtin (1981). fatizar el uso del psicoanálisis para encontrar un «lugar» para la experiencia
139
UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIBIR LA TERAPIA

fo rm a s d e LA PRACTICA
138 Este desarrollo genera un espacio en el que se pueden dar otras formas
dentro del lenguaje, considera el lenguaje fuera de su marco dialogal coti­ de terapia familiar. Lo f u n d a m e n t a l ^ U a r
diano. Es decir que, desde este punto de vista no importar.a que sólo el ana­
lizando y el analista entendieran el problema.
Podríamos argumentar que tanto el enfoque del psicoanálisis narrativo
como el de la psicología popular están, fundamentalmente, limitados a este tos M l i a T c s ^ m ™ y™ psSi, >990). Aquí el via¡e actúa como un tito de pa-
estrecho contexto. Si uno considera la instrumemalidad com o un recurso
distribuido por otros - q u e a uno le concedan el derecho de hablar en­

wmmrnm
terneció que los otros piensan de uno se debe tener en cuenta; no basta
con cambiar privadamente nuestra propia imagen personal: ^ m a ^ d e b
mos tener una descripción convincente para exhibirla ante los demas.
Este principio dialogal condiciona también la naturaleza de la terapia de
, « s S a . Hasta e l e ,» pumo, ,a i d e o s a de d i te-api» ^ „c"
la libertad del individuo para construir su propia vida. Uno de los pnne.
p a t o l ó g i c o s de esta terapia es que hay que darle l i b e r n a a tudiv.duo
S e » de “ ,= punto, según su
p“ „ « construye, la historia de su vida.» Todas las libertades plantean ne-
dera que su experiencia es una c o ™ ' “ , Bruncr (1987) descri-
ccsariamcnte cierta exclusión, que las hace posibles: algo negativo construye
mantiene constantemente." El hijo Partlc,Pa ‘ de vista a la con .
algo positivo. Esta limitación se encuentra también en el contexto ^alóglco^
be com o la «mescolanza» que incorpora i ' mesa gn estc punto
P o d e m o s preguntarnos: ¿por qué la nueva historia del cliente es c o n v i d a d a

illIliiiE iiili
por su grupo de conversación? ¿Qué ganan los otros con esa convahdación.
Estos interrogantes están, por así decir, frente a las narices mismas de la ma-
yoda de los análisis de la terapia; y tal vez por eso pasan ^
do un cliente afirma que cambió por medio de la terapia, existen ciertos cru
tcrlos por los cuales la audiencia aceptará su afirmación. Se trata de una vcrp'6
de lo que Gcrgen (1989) llama «las condiciones de la garantía». En este sent
un» autorización que se debe adquirir a una anótenos, po,
medio de intercambios monetarios que se consideran legítimos, El camb o
personal es una economía restringida. Una de las chispas de talento de la a ser untblén P y» »>“ >“
terapia de re-escritura es que reconoce el poder del texto para autent.fic
ciertas formas del cambio personal.16
que, además, escucha a la audiencia.

tiene en una situación. __ i. i.teraDia de re-escritura» N o ta fin a L El análisis introductorio y ia


vid Epston y Michael White; el comentario de las pags. 13 3 ,P
Murray.

hacen de su vida una obra de arte, n vez c una ycz cncontrado transforma nuestra
cxistcnda'” e co^i^^que^a^ida cs “^ ^ ^ ^ ^ n v e se puede moldear según^los^p^i^cipios
estéticos o éticos absoiuú, que ignora " ’ .U .Io .n t .U .Je n
Gooúherlz «. « . su», h

tes »m a“ c L ¿ de, te « p iS u :P.as iievan consigo y las muestran a otras personas.


140 FORMAS DE LA PRÁCTICA UNA PROPUESTA PARA RE-ESCRIBIR LA TERAPIA 141

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T ercera parte

LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN
CAPÍTULO VUI

DISTINCIONES TERAPÉUTICAS EN UNA TERAPIA EN CURSO

Karl, Cynlhia, A ndraw y Vanessa

El texto que sigue es un informe conjunto1 de ciertas distinciones tera­


péuticas que surgieron durante una serie de sesiones de terapia familiar con
una familia. El borrador original lo redactó el terapeuta (Karl) después de que
hubo revisado sus registros clínicos y sostenido con la familia (Cynthia, An-
drew y Vanessa) algunas conversaciones esclarcccdoras. El foco de esas con­
versaciones fue identificar claramente y afirmar las distinciones que habían
sido más útiles para la familia en el proceso terapéutico. El borrador se en­
tregó luego a la familia para su lectura y posteriormente se revisó, sobre la
base de los comentarios de los familiares.
Las conversaciones y los comentarios fueron base suficiente para la co­
autoría con la familia. Sin embargo, la decisión de redactar conjuntamente
este informe no se basó sólo en esta colaboración, sino que fue también con­
secuencia de la convicción del terapeuta de que las contribuciones de la fa­
milia fueron indispensables para desencadenar sus reflexiones dirigidas a pro­
ducir las distinciones terapéuticas que él introdujo en el transcurso de la
terapia. La franqueza y honestidad de los miembros de la familia al presentar
constantemente sus problemáticas experiencias y sus preocupaciones no re­
sucitas permitieron al terapeuta responder finalmente con las distinciones
que fueron útiles. Sin la persistencia y la paciencia de la familia, el terapeuta
no podría haber generado las distinciones que finalmente tuvieron una in­
fluencia terapéutica. Esta cuestión — la medida en que los clientes ayudan
a sus terapeutas a ser terapéuticos en relación con ellos— no es suficiente­
mente reconocida en la bibliografía del campo. Por lo tanto, nos pareció ra­
zonable invitar a la familia a compartir la redacción del capítulo, como un
paso concreto hacia la consecución de tal reconocimiento. Y por último, el
compromiso de esta colaboración se basó también en la esperanza de que,
al esclarecer y validar conjuntamente las distinciones que habían sido útiles
en la terapia, éstas se reforzarían y consolidarían. La consecuencia sería que
i
I. El. autor principal, doctor Karl Tomm, es profesor dei Departamento de Psiquiatría y
director del Programa de Terapia Familiar de la Universidad de Calgary. La familia prefiere per­
manecer anónima. La doctora Carol Liskc, terapeuta familiar de la Universidad de Calgary, y
el doctor Winnic Tomm, coordinador del Departamento de Estudios de la Mujer en la Univer­
sidad de Alberta hicieron valiosos comentarios sobre los primeros borradores de este trabajo.
DISTINCIONES TERAPÉUTICAS EN UNA TERAPIA EN CURSO 147
146 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN

minación en la propia conciencia, se da por sentado que esa distinción se


podrían durar un poco más en las mentes de los miembros de la familia y
arraiga en el proceso social. _
que quizás así podrían recurrir a ellas más fácilmente para afrontar posibles La importancia de este presunto origen social es que cualquier distin­
problemas en el futuro. ción puede ser susceptible de mayor interacción social. Las conversaciones
interpersonales «externas» se convierten en conversaciones in trapersonales
«internas» (en forma de pensamiento y toma de conciencia), que sostienen
C o m e n t a r io s t e ó r ic o s ' más conversaciones externas que modifican el pensamiento interior, y así
sucesivamente. De ello se deduce que en terapia familiar puede empicarse
La idea de una «distinción terapéutica» es fundamental para este capítu­ la interacción social de una conversación terapéutica para modificar las dis­
lo y merece una explicación.2 El aspecto más importante de esta idea es el tinciones que se están usando en una familia. Lo más frecuente es que se
concepto mismo de distinción. Por lo tanto, antes de intentar especificar cuán­ susciten distinciones totalmente nuevas. Y como consecuencia de las distin­
do es terapéutica una distinción, se proporcionará una explicación del con­ ciones nuevas y modificadas, se suelen alterar los modelos de conversación
cepto de «distinción». . . . ... familiar, y suelen cambiar la experiencia y el comportamiento de algunos
Tal como se concibe aquí, una distinción es una discriminación lingüis­ miembros de la familia.
tica que influye sobre la experiencia vivida y la orientación del comporta­ Para comprender este cambio puede resultar conveniente hacer una des­
miento de la persona que hace la discriminación. Se trata de una observa­ cripción más detallada de lo que implica establecer una distinción. Estable­
ción, articulada por medio del lenguaje, que se emplea como una descripción, cer una distinción es diferenciar una entidad, un acontecimiento, un mode­
ya para uno mismo, ya simultáneamente para alguien más. Una distinción tiene lo o cualquier otro fenómeno, destacándolo de un fondo. En términos de
significado, tanto implícita como explícitamente. Así, las distinciones que ha­ la relación familiar guestáltica (o de Gestalt), la «distinción» es la «figura» lin­
cemos en la vida diaria tienen gran influencia en la canalización de nuestra güística específica que se diferencia de un «fondo» general de conciencia in-
experiencia y en la organización de nuestro comportamiento. Todas las dis­ difercnciada y otras discriminaciones potenciales. Lo que sucede habitual­
tinciones existen en el lenguaje y surgen por medio de la conversación. Por mente en el proceso del pensamiento (o en el transcurso de una conversación
otra parte, tienen su sustento en las dinámicas sociales interactivas que dan interpersonal) es que surge un enfoque consciente que se desprende de un
significado a lo que se distingue. , fondo general de experiencia y conciencia indiferenciadas. Este enfoque va
Desde un punto de vista teórico, se supone que la toma de conciencia tomando forma y convirtiéndose en una distinción específica. Para poner
dé una distinción, si bien experimentada como fenómeno individual, es en un ejemplo concreto: «una sonrisa» es la distinción de determinada conste­
realidad el resultado de la interacción social entre seres humanos. Esto se lación de movimientos de los músculos faciales que se diferencia del telón
desprende del supuesto de que en los seres humanos la conciencia, la ob­ de fondo de la actividad facial en curso. No todos los movimientos faciales
servación, la descripción, la explicación y la decisión se dan a través de un se distinguen; y a veces no se distingue expresión facial alguna. Si uno no
proceso de lenguaje (Maturana, 1988). Se considera, por otra parte, que el «ve» la sonrisa, no puede responder a ella (al menos, no puede hacerlo cons­
lenguaje mismo surge a través de una evolución por medio de la interacción cientemente). La distinción «capta» en el lenguaje la experiencia visual origi­
social coordinada y se sostiene y elabora con las conversaciones ¡nterperso- nal, indiferenciada. Y al hacerlo, «se apodera» del hecho específico y lo se­
nales. El pensamiento individual se considera un proceso de conversación para de una corriente de fondo de hechos que están en curso, a fin de que
internalizado: implícitamente, la persona está conversando consigo misma. pueda advertirse, reflejarse, y quizá responderse. En el proceso de toma de
En otras palabras, la perspectiva que se adopta aquí es la de que la «mente conciencia, a la experiencia original se le da cierta forma, cierto aspecto sig­
humana» es fundamentalmente un fenómeno social y sólo secundariamente nificativo; a partir de ahí, y en el mismo acto de establecer la distinción, la
un fenómeno psicológico (Bateson, 1972; Maturana y Varela, 1980). Asi aun experiencia se modifica.
cuando una distinción se experimente psicológicamente com o una discri- Desde un punto de vista terapéutico, es de especial interés el hecho de
que del mismo fondo de interacción humana y experiencia indiferenciada
2 Para la familia, esta parte teórica del capitulo fue de «lectura difícil», pero comprendie­ se puedan extraer diferentes distinciones. La «forma» precisa de la distinción
ron que estaba dirigida a una audiencia profesional. Prefirieron pasarla por alto y entrar de que realmente se extrae tiene una gran influencia sobre nuestra experiencia
lleno en «el corazón, del capitulo. Tal vez a otros lectores les suceda lo mismo. El terapeuta consciente y sobre nuestra disposición para responder. Esta forma es la que
pide disculpas por la Indole algo abstracta de esta sección.
MU I.A CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN
DISTINCIONES TERAPÉUTICAS EN UNA TERAPIA EN CURSO M9

determina las «propiedades» atribuidas a la distinción; y al hacerlo, determi­


acercamiento. La inclinación, u orientación, comportamental específica adop­
na al mismo tiempo su significado. Por ejemplo, la misma sonrisa podría dis-
tada por el observador se asocia con las experiencias adicionales atribuidas
tinguirsc com o «sonrisa amistosa», «sonrisa afectuosa», «sonrisa protectora»,
a la distinción a través de sus propiedades o de su significado.
«sonrisa nerviosa», «sonrisa astuta», «sonrisa falsa», «sonrisa despectiva», etc
La importancia de la orientación/disposición comportamental adoptada
Id significado asignado a la sonrisa lo genera la forma específica de la distin­
en el proceso del establecimiento de distinciones se pone en evidencia cuando
ción original. Y diferencias leves en la forma de la sonrisa que se distingue
reconocemos que, de hecho, las distinciones son políticas. Las distinciones
llevan a respuestas experienciales y comportamentales diferentes en el ob­
pueden considerarse políticas en el sentido de que tienen poder sobre la per­
servador. En consecuencia, la posterior interacción con la persona que son­
sona que las hace (al desencadenar determinada disposición) y también se­
rió podría avanzar en diferentes direcciones, según la particular forma de son­
risa que se haya distinguido. cundariamente sobre otras personas, que se ven influidas por la primera, so­
bre la base de las distinciones hechas. Hablando en general, somos más
Es de especial interés señalar que diferentes observadores suelen obser­
conscientes de las distinciones que hacemos que de su cualidad política. Las
var o «producir» distinciones diferentes. Esto es consecuencia de que las per­
políticas implícitas en las distinciones que empleamos en las conversaciones
sonas tienen hábitos lingüísticos y perceptuales diversos. Esos hábitos, a su
corrientes suelen permanecer no conscientes, hasta que se nos llama la aten­
vez, están determinados por la historia del observador en la interacción so­
ción sobre.ellas. Un ejemplo cultural de este fenómeno en el ámbito de la
cial previa. Por ejemplo, una persona que tiene una fuerte historia de acepta­
lengua inglesa es la distinción tradicional de la palabra m an kitid para referir­
ción y respeto interpersonal muy probablemente se inclinará por distinguir
se a la especie humana. Antes de la crítica feminista del lenguaje, la mayoría
una «sonrisa amistosa» o una «sonrisa afectuosa». Una segunda persona, muy
de nosotros no reconocíamos los matices políticos de esta distinción cen­
lastimada por reiteradas traiciones, tal vez distinga una «sonrisa falsa»; y una trada en lo masculino.*
tercera, expuesta a una gran dosis de culpa interpersonal, podría distinguir
Una de las razones por las que en este trabajo nos concentramos en el
una «sonrisa despectiva». En otras palabras, establecer una distinción es una
proceso de establecer distinciones es el deseo de invitar al lector a prestar
actividad realizada por un observador idiosincrásico. Pero, al mismo tiem­
más atención a los matices políticos de la formulación de observaciones. Si
po, estas distinciones no son fijas e Inmutables. Los observadores que in-
una persona prefiere valerse de cierta descripción (y no de otras, que en la
teactúan se influyen mutuamente al expresar sus distinciones y conversar so­
misma situación también podría haber empleado), esa persona ha elegido im­
bre ellas. Así, la primera persona podría influir sobre la segunda y la tercera
para que distinguieran la «amabilidad» de la sonrisa, describiéndola vivida­ plícitamente determinada posición política con relación al fenómeno que está
mente y otorgando significación al contexto de confianza de la situación. describiendo. Esta afirmación se aplica también a la redacción de este traba­
Por el contrario, la segunda y la tercera persona podrían influir sobre la pri­ jo. Por ejemplo: el primer autor eligió deliberadamente el término «distin­
mera para que distinguiera la «falsedad» o el «desprecio» de la sonrisa, y has­ ción» porque implica una participación activa en la creación de las distincio­
ta podrían sugerirle que fuese menos confiada. nes que usó; y lo prefirió a otro posible, «observación», porque consideró
No obstante, establecer una distinción implica algo más que observar que este último denota una mayor distancia y pasividad por parte de un ob­
pasivamente una entidad o un fenómeno (o que verse influido para llevar servador anónimo.3 Distinguir las distinciones como g en erad a s activam ente
cierta observación al foco de la conciencia). Establecer una distinción impli­ tiene un matiz político conveniente: que a todos nosotros, como observa­
ca adoptar activamente cierta posición, postura o actitud en relación con dores, se nos puede influir para que asumamos mayor responsabilidad en
la entidad o el fenómeno distinguidos. Este último aspecto del proceso de la nuestras observaciones. Y un matiz político del acto de distinguir las distin­
observación — es decir, un observador que se coloca en relación con la ob­ ciones c o m o p olíticas es que contribuye a la comprensión de que en la ge­
servación realizada— se pasa frecuentemente por alto. Sin embargo, es su­ neración y en la utilización de distinciones siempre están implicadas las di­
mamente significativo en la política cotidiana de la experiencia y la interac­ námicas del poder interpersonal. La política de establecer ciertas distinciones
ción social humanas. Por ejemplo, el acto de distinguir en la mirada de otra
persona un «juicio reprobatorio» implica revivir una experiencia de temor * Como en castellano, m an kin d (humanidad) procede de m an (hombre). (T.)
y muestra una inclinación comportamental a rechazar o eludir a las otras per­ 3. Por la misma razón serta más apropiado decir .distinguidor. que -observador*. Pero
sonas. Por el contrario, distinguir en la mirada un «elogio» a nuestra aparien­ el término «distinguidor» es algo engorroso. Además, nos parceló conveniente tratar de asociar
la actividad implícita en el acto de distinguir con las personas entendidas como observadores,
cia implica una experiencia de placer y una inclinación a la aceptación y el
a fin de facilitar una permanente revisión de la ¡dea de observación.
150 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN DISTINCIONES TERAPÉUTICAS EN UNA TERAPIA EN CURSO 151

y no otras (es decir, de hacer ciertas observaciones y no otras) es sumamente consecuencia, corre el riesgo de contribuir a una mayor elaboración o a una
importante en cualquier campo, pero merece una intensa y esmerada aten­ estabilización de la depresión. El intento del cliente de reclutar al terapeuta
ción por parte del terapeuta, debido a que tiene la responsabilidad de ser para que se adhiera a sus puntos de vista casi nunca es intencional, pero se
terapéutico. . produce. Por lo tanto, los terapeutas deben aprender a escuchar con empatia
Teniendo en cuenta este punto de vista general sobre las distinciones, las distinciones que un cliente hace respecto de sus penosas experiencias;
podemos ahora definir la d istin ción terapéutica com o una observación que pero deben aprender también a examinar cuidadosamente las «excepciones»
orienta al observador en dirección de la curación. En otras palabras, para a estas descripciones, con el propósito de empezar a generar distinciones
que una distinción sea calificada de terapéutica, debe ser posible una segun­ terapéuticas.
da distinción acerca de una orientación hacia la curación, como resultado Hay muchas otras fuentes de distinciones paralogizantes. Entre ellas, fa­
de la disposición comportamental producida por la distinción original. La miliares bienintencionados, amigos, parientes, vecinos, compañeros de tra­
segunda distinción se extrae de las consecuencias de la primera, y revela el bajo, profesionales y hasta terapeutas. Y desde luego, muchas observaciones
poder político que actúa en el contexto de la distinción original. El observa­ y distinciones que se hacen dentro de los modelos tradicionales de la eva­
dor que hace la distinción primaria y la secundaria puede ser cualquier per­ luación psiquiátrica no son curativas, sino paralogizantes (Tomm, 1990). Si
sona: un terapeuta, un cliente, un miembro de la familia o un extraño (por los terapeutas no reflexionan sobre los posibles efectos de las distinciones
ejemplo, un investigador o un teórico). La orientación hacia la curación pue­ que introducen, pueden contribuir inadvertidamente a generar más patolo­
de consistir en alejarse del dolor, el sufrimiento, la restricción y la constric­ gía. Por ejemplo: distinguir a un adolescente como «rebelde» equivale a orien­
ción (es decir, de los «problemas») y en acercarse a la felicidad, la alegría, tarse hacia la restricción de la rebeldía y/o el apoyo a la aplicación de contro­
la mayor cantidad de opciones y las nuevas posibilidades (es decir, en mar­ les parentales. Sin embargo, el esfuerzo por ejercer control exterior sobre
char hacia las «soluciones»). Por ejemplo, la distinción de la «opresión» en un adolescente que está elaborando su autonomía tiene por lo general el efec­
relación con una cliente que se presenta con «depresión» puede muy bien to de intensificar el pensamiento y el comportamiento de oposición. De ahí
ser terapéutica, y es probable que lo sea, porque implícitamente orienta a entonces que los problemas empeoren. Dentro de ese contexto, la «rebel­
un terapeuta en la dirección de liberar a la cliente de las opresivas condicio­ día» constituye una distinción paralogizante, porque orienta al clínico y a
nes de nuestra cultura patriarcal que, probablemente, están contribuyendo otras figuras de autoridad en una dirección paralogizante. En otro contexto,
a que experimente la depresión. Distinguir un «intento positivo» detrás del la misma distinción podría ser terapéutica (por ejemplo, cuando se tiene el
acto de «culpar» también puede ser terapéutico, al orientar a un terapeuta cuidado de vincular fuertemente la rebeldía con comportamientos específi­
a mantener su actitud de respaldo de un cliente (como persona que abriga cos, el adolescente se compromete con la construcción de una reputación
la intención de corregir un problema señalando lo que estuvo,mal), sin dejar de persona solidaria y madura, y utiliza la distinción de la «rebeldía» para
por ello de ofrecerle realimentación acerca de los efectos problemáticos del separar su yo de los comportamientos de esc tipo). Dado que es posible que
acto mismo cíe culpar. Sin esta distinción de intento positivo, el terapeuta no esté claro qué impacto político tiene determinada distinción en determi­
podría simplemente «culpar al cliente por culpar», con lo que inadvertida­ nado momento, es importante establecer una segunda distinción acerca de
mente estaría agregando una complicación más al problema. la dirección en que uno se ha embarcado al establecer las distinciones ini­
A continuación se presentarán muchos ejemplos de distinciones tera­ ciales. La participación de la familia en la redacción de este capítulo fue es­
péuticas que se utilizaron en la terapia con esta familia. Pero antes de cerrar pecialmente útil para extraer esta distinción secundaria con cierto grado de
esta sección es importante señalar la existencia de distinciones paralogizan­ autenticidad.
tes y tomar conciencia de que las distinciones hechas por los terapeutas no En resumen, se puede decir que la acción de establecer distinciones «di­
los orientan automáticamente, a ellos y a sus clientes, en dirección a la cura­ rige» el curso de la terapia. Las observaciones que se hacen orientan implíci­
ción. Desde luego, es habitual que los clientes inviten activamente a los tera­ tamente a los clientes y al terapeuta en una dirección o en otra. Los terapeu­
peutas a hacer distinciones paralogizantes. Esto ocurre cuando los clientes tas tienen la responsabilidad de ser selectivos para producir distinciones que
comparten con los terapeutas lás descripciones autopatologizantes en las que sean terapéuticas, a fin de orientarse en una dirección de curación. Eviden­
están inmersos. Por ejemplo, un cliente que está deprimido muy probable­ temente, los clientes participan en el proceso, pero los terapeutas deben apor­
mente se describirá a sí mismo como ineficaz, inútil, carente de motivación, tar cierta pericia especial. Parte de esa pericia consiste en generar una distin­
etcétera. Si el terapeuta se adhiere a estas visiones paralogizantes y actúa en ción secundaria acerca de las direcciones que están estableciendo las
112 I.A CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN DISTINCIONES t e r a p é u t i c a s en una t e r a p i a en c u r s o 153

(llslIliciones primarias. Una vez que la distinción terapéutica está clara, la pue­ de dos años y medio. Como no era fácil conseguir quien cuidara de ella, Va­
den compartir los clientes, de modo que ellos, por sí mismos, puedan adop­ nessa asistía a la mayoría de las sesiones y permanecía jugando tranquilamente.
tar iniciativas curativas. De modo que aproximadamente la mitad de las sesiones se desarrollaron con
toda la familia. La mayoría de las sesiones restantes fueron «individuales»,
aunque Vanessa estaba presente pero apartada, jugando. También hubo algu­
Presentación del caso nas sesiones con la pareja, unas pocas sólo con Cynthia y sólo con Andrew,
una sesión con Andrew y sus padres, y otra con Cynthia y sus padres.
Cynthla, Andrew y Vanessa acudieron a Karl cuando un colega psiquia­
tra los remitió a él en marzo de 1988. El colega estaba tratando a Cynthia
con medicación y apoyo psicoterapéutico, por síntomas de depresión grave, La distinción df. los modelos interpersonai.es
ansiedad y paranoia. Tenía conciencia de que existía un conflicto conyugal
entre Cynthia y su marido, Andrew, pero la preocupación de Cynthia res­ La primera distinción importante establecida por el terapeuta en este caso
pecto de que ese conflicto podría perjudicar el desarrollo de su hija Vanessa sirvió para colocarlo en una dirección importante con respecto al trabajo
fue lo que finalmente impulsó la remisión a terapia familiar. en curso con la familia. El terapeuta distinguió un modelo de interacción com­
Cuando se realizó la primera entrevista, Cynthia tenía treinta y tres años, plementaria que se daba en la pareja y que, al parecer, estaba teniendo un
Andrew treinta y cuatro, y Vanessa dos y medio. La pareja sé había casado fuerte impacto negativo sobre Cynthia. En otras palabras, la estaba patologi-
tres años antes, después de un noviazgo relativamente breve. En sus familias zando como persona y, por lo tanto, estaba minando la relación conyugal.
de origen, tanto Andrew como Cynthia eran los menores de dos hijos. An­ El modelo incluía la tendencia de ambos miembros de la pareja a «cooperar»
drew tenía una hermana cinco años mayor, que vivía en otra ciudad. No la en ver a Cynthia como «el problema». No sólo era Andrew quien veía a
estimaba particularmente, pero estaba muy ligada a sus padres, gente mayor Cynthia como «el problema» y la describía en términos negativos, sino que
que vivían en la misma ciudad. A Cynthia y a su hermana, que era cuatro también ella se veía a sí misma como «el problema» y se describía negativa­
años mayor, las adoptaron cuando eran niñas. Ambas vivían en la misma ciu­ mente. Cada uno escuchaba las descripciones negativas de Cynthia que ha­
dad, pero no había absolutamente ningún contacto entre ellas. La ruptura cía el otro; y casi siempre se reafirmaban mutuamente. Su «cooperación» en
se había producido después de una disputa debida a las acusaciones de este modelo patologizante era involuntaria y transcurría fuera de la concien­
Cynthia respecto a que su padre había tenido una conducta incestuosa con cia (hasta que el terapeuta la distinguió y describió explícitamente).
ella. El padre negó las acusaciones y poco después se mudó a otra ciudad, Sin embargo, se descubrió que el proceso por el que ambos miembros
junto con su esposa. A partir de entonces los contactos entre Cynthia y sus de la pareja controlaban constantemente el comportamiento de Cynthia para
padres adoptivos fueron muy escasos y en las pocas ocasiones en que se vie­ detectar problemas estaba profundamente arraigado en la interacción de los
ron la situación fue sumamente tensa. cónyuges, algo comprensible, teniendo en cuenta los traumáticos aconteci­
Cuando se inició la terapia familiar Cynthia ya había estado bajo aten­ mientos que habían marcado la vida familiar de Cynthia en su infancia y, ade­
ción psiquiátrica con diversos profesionales, durante dieciséis años. Había más, su largo historial de tratamientos psiquiátricos. Pero, al parecer, lo que
sido hospitalizada varias veces por crisis emocionales y la habían abrumado la pareja no tenía completamente claro era que aquel modelo, que consistía
con diferentes diagnósticos psiquiátricos. Cuando me la remitieron, vivía de­ en «mirar a Cynthia», estaba patologizando a la joven dentro de la relación
dicada a su hogar, com o ama de casa y madre a tiempo completo. En cuanto conyugal. Afortunadamente, Cynthia sentía intuitivamente la injusticia de ser
a Andrew, no tenía experiencia alguna en psicoterapia. Sin embargo, en el el único foco de negatividad. Por eso de vez en cuando protestaba y se eno­
trabajo tuvo algunos problemas importantes por su «obstinación», y debido jaba con Andrew. Pero, lamentablemente, sus protestas casi siempre eran des­
a ello algunas preocupaciones económicas y también ciertas dificultades para calificadas y entonces, en una escalada de ira, ella protagonizaba episodios
encontrar empleo. Creía que esas experiencias negativas le habían enseñado de gritos incontrolables y golpes ocasionales, que terminaban por conven­
mucho, y confiaba en no tener problemas similares en su nuevo empleo. cer a todo el mundo, incluida Cynthia, de que, después de todo, el proble­
Cynthia y Andrew se dedicaban intensamente a su encantadora hijita, Vanes­ ma era ella. En otras palabras, sus esfuerzos por protestar contra el modelo
sa, que era fuente de alegría para ambos. sólo servían para reforzarlo. Esto sucedía como resultado de las consecuen­
La terapia constó de unas cincuenta sesiones a lo largo de un período cias políticas de que diversos individuos (familiares y profesionales) distin-
154 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN DISTINCIONES TERAPÉUTICAS EN UNA TERAPIA EN CURSO 155

guieran la «forma» de su comportamiento de protesta como problemática y nada a contrarrestar el gran desequilibrio de atribuir tantas cualidades nega­
no como potencialmente liberadora. tivas a Cynthia, reservando implícitamente todas las cualidades positivas para
Para un terapeuta, distinguir un modelo de interacción com o «patologi- Andrew. Entre la primera y la segunda sesión el terapeuta sugirió una tarca
zante» equivale a adoptar automáticamente una actitud política co n tra la per­ para la pareja. Les pidió que escogieran selectivamente (es decir, que distin­
sistencia de ese modelo. Distinguir la patología como localizada en la inte­ guieran) las cualidades positivas de Cynthia, y que identificaran algunos de
racción orienta al terapeuta contra el modelo y no contra las personas que los hábitos narcisistas de Andrew. Intuitivamente la pareja aceptó la interven­
en él participan. Además, distinguir la participación en el modelo como «in­ ción y la consideró «correcta», lo que solidificó el compromiso original con
voluntaria» abre un espacio para que el terapeuta pueda mantener una autén­ el terapeuta. La respuesta a la iniciativa del terapeuta fue muy positiva, pero
tica compasión hacia las personas que representan el modelo, sin dejar por los esfuerzos por mantener un abandono permanente del modelo patologi­
ello de oponerse al modelo mismo. Por lo tanto, la distinción de modelos zante original resultaron sólo relativamente exitosos. Fue preciso discutir una
de interacción involuntariamente patologizantes puede ser de gran utilidad y otra vez las alternativas curativas, antes de que las distinciones tcapéuticas
clínica. Además, los modelos de interacción patologizante suelen presentar­ pasaran a formar parte de las conversaciones de la familia. En cierta ocasión
se conccptualmente acompañados de modelos interpersonales curativos, que el terapeuta intentó contrarrestar activamente el proceso de «mirar a Cynthia»
pretenden servir com o antídotos específicos para los primeros. Así, al ope­ y entonces se produjo una conversación bastante acalorada ¡entre Andrew
rar dentro de este marco patologizante/curativo (Tomm, 1991), distinguir una y Karl! Afortunadamente, KarI pudo distinguir el «entusiasmo» por su «dis­
interacción patologizante equivale, implícitamente, a crear una invitación para tinción terapéutica» como antiterapéutico en esa oportunidad, y su distin­
distinguir un posible modelo curativo que podría reemplazarla. Cuando el ción de la «resistencia» de Andrew com o patologizante, y retrocedió lo sufi­
terapeuta distingue ciertos modelos de interacción como «curativos» se orienta ciente como para evitar que la relación terapéutica se rompiera. No obstante,
decididamente hacia la afirmación y la defensa de esos modelos. la actitud básica de tratar de evitar que la atención se concentrara exclusiva­
En la práctica, cuando uno trata de crear una distinción de un posible mente en los problemas de Cynthia y de distinguir preferencialmcnte su ca­
modelo de interacción curativo, empieza por identificar los comportamien­ pacidad, siguió siendo un tema útil durante toda la terapia.
tos que tienen significados opuestos a los comportamientos implícitos en el A medida que pasaba el tiempo, Andrew se sentía cada vez más cómo­
modelo patologizante. A veces el comportamiento exactamente opuesto no do, y llegó a reconocer algunos de sus propios problemas. De vez en cuan­
es factible, o no contribuiría a establecer un modelo curativo, pero los com­ do planteaba espontáneamente esos problemas en las entrevistas. Pero lo más
portamientos que se distingan para su inclusión en un modelo potencialmentc importante fue que empezó a comentar regularmente la capacidad de Cynthia
curativo deben ser mutuamente excluyentes respecto de aquellos identifica­ y sus éxitos. Lo hacía de una manera concreta, poniendo ejemplos para que
dos en el modelo patologizante. En otras palabras, los comportamientos cu­ Cynthia percibiera la sinceridad de sus comentarios positivos. Así, las con­
rativos (por ejemplo, afirmar al otro) y los comportamientos patologizantes tribuciones de Andrew al modelo original patologizante fueron gradualmen­
(descalificar al otro) deben ser incompatibles y, por lo tanto, no podrían re­ te desconstruidas, mientras que sus contribuciones a un modelo curativo fue­
presentarse al mismo tiempo. Para construir un modelo curativo que se pue­ ron construidas y reforzadas. Cynthia empezó a internalizar la rcalimentación
da representar y que dure, los comportamientos curativos de los interactuantes constructiva y, con ello, pudo afirmarse como una persona de cualidades po­
deben reforzarse mutuamente. Por ejemplo, la afirmación de una respuesta sitivas y méritos legítimos. Gradualmente se sintió más segura de sí. De este
valorada induce a representar más respuestas de ese tipo; y las respuestas valo­ modo la pareja inició una «nueva forma de cooperación», que consistió en
radas, a su vez, producen mayor afirmación. Si un terapeuta logra abrir espa­ dejar de dedicar tanto tiempo a la representación del modelo patologizante
cio para que surja un modelo curativo com o éste, la interacción1patologizan- («mirar los problemas de Cynthia») para empezar a dedicar una mayor parte
tc ya no podrá ser activa al mismo tiempo. Así, la distinción de modelos de de sus interacciones a vivir dentro de un modelo curativo y más equilibrado.
interacción patologizante y de modelos de interacción curativa brinda un do­ Hubo también otras distinciones, más específicas, que ayudaron a la pa­
ble fundamento orientador de las contribuciones del terapeuta a la conver­ reja a escapar a la intensidad y el dominio del modelo original patologizante.
sación terapéutica. Una de ellas consistió en distinguir los problemas de Cynthia como separa­
Con esta familia, la primera intervención importante del terapeuta se basó dos de su persona; es decir, como diferentes de su identidad personal. Por
en la distinción de un posible modelo curativo que pudiera reemplazar al ejemplo: en el transcurso de las conversaciones terapéuticas se redescribió
modelo patologizante inicialmente distinguido. Esta distinción estuvo desti- a Cynthia com o «una persona bajo la influencia del hábito de gritar», pero


ÍV
IV .
I.A CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN
DISTINCIONES TERAPÉUTICAS EN UNA TERAPIA EN CURSO 157

no ya como una «gritona». Además, se la distinguió como «una persona que


«aia l»a|o el dominio de pensamientos paranoides» o com o «una persona Modelo Andrew minimiza los Cynthia hace hincapié
que se dc|aba atrapar por miedos paranoides», pero ya no com o «una perso­
na paranoide». liste proceso de exteriorización de los problemas (White 1988)
interpuso una distancia conceptual entre Cynthia y sus problemas. Ella em­
Interpersonal
patológico
problemas de Cynthia
/ en sus dificultades

pezó a experimentarse a sí misma com o separada de esos problemas y pudo


visualizarse interactuando con ellos. En otras palabras, una vez que’los pro­ %
blemas se distinguieron como entidades en sí mismos y como algo clara­
mente diferente de ella, Cynthia pudo adoptar una posición de enfrentamien­
to. Poco a poco le resultó más fácil experimentar cierta instrumentalidad
personal para tener alguna influencia sobre los problemas. Desde luego, mu­ Modelo Cynthia reconoce
chas veces se sentía indefensa y se sometía pasivamente a la influencia que Interpersonal Andrew reconoce que Andrew intenta
los problemas; pero otras, tomaba la iniciativa y lograba reducir su influen­ de curación las experiencias positivamente
dolorosas de ayudarla
cia sobre su experiencia vivida. Descubrió, por ejemplo, que salir a caminar Cynthia
a paso ligero al aire libre le permitía no caer bajo el dominio de ciertos pen­
samientos y terrores paranoides. .
/ signo de complementarledad
Estas distinciones exteriorizadoras tuvieron también una influencia po­
r~\ . ..
sitiva sobre Andrcw. Más o menos hacia la mitad de la terapia, comentó es­ iniciativas mutuas estructuralmente emparejadas
pontáneamente que había advertido un cambio en su experiencia con Cynthia l
cuando ella estaba «sintomática». Descubrió que se sentía frustrado con los ■B conductas que se contradicen
problemas (exteriorizados) y sus orígenes históricos, pero no ya con Cynthia.
Este cambio significó un avance importantísimo en la terapia, porque enton­
ces Cynthia y Andrcw pudieron trabajar juntos y esforzarse por reforzar a Figura 8.1.
Cynthia como persona y por fortalecer su capacidad para escapar a la in­
fluencia de los problemas. Además, hizo que a Andrew le resultara más fácil
ver cómo podía ser más solidario con Cynthia. En una ocasión se produjo un episodio sumamente importante: Cynthia
Otro modelo de interacción patoiogizante en la pareja se distinguió cuan­ se sintió fuertemente respaldada y apoyada por su marido al afrontar ciertos
do habían transcurrido unos seis meses de terapia. En sus esfuerzos por ser pensamientos paranoides. Aconteció después de una lucha larga y difícil.
solidario, Andrew empezó a minimizar los problemas de Cynthia. La mujer, Cynthia había tenido terrores recurrentes: creía que había violado ia ley y
en vez de sentirse apoyada por la actitud de su pareja, sintió que su profun­ cometido un delito grave. Andrew pensaba que eran pensamientos paranoi­
do dolor se veía descalificado. Entonces respondió poniendo más énfasis en des, irreales, y que ella debía limitarse a ignorarlos. Pero Cynthia se sintió
sus dificultades, en un intento de que se convalidara su experiencia. Andrew descalificada y desautorizada por esta respuesta. En consecuencia, hubo mu­
interpretó esto com o que Cynthia exageraba sus problemas, y su respuesta chos altercados por causa de esa cuestión, y los miedos persistieron. Una
fue intensificar su actitud displicente. Se produjo un aumento de la recipro­ indagación en profundidad (que en realidad tuvo lugar durante una de las
cidad de este modelo complementario, este modelo de «minimización y ma- conversaciones para revisar este capítulo) reveló en parte la base de los mie­
ximización», lo que produjo grandes disturbios, hasta que se distinguió el dos paranoides. Cynthia no recordaba claramente lo que había hecho du­
modelo patoiogizante y se describió explícitamente, a fin de que fuera posi­ rante algunos de los perturbadores acontecimientos que viviera en el remo­
ble proponer un antídoto curativo. El modelo de interacción curativo impli­ to pasado. En una ocasión, durante su temprana historia psiquiátrica, se había
caba que Andrcw reconociera sus penosas experiencias y su trauma pasado, desmayado después de beber alcohol (potenciado por la medicación que es­
al mismo tiempo que Cynthia reconocía los intentos positivos de su pareja taba tomando). Cuando recobró la conciencia descubrió que tenía varias le­
cuando trataba de apoyarla. Con el fin de conseguir una mayor claridad, se siones graves, incluyendo un hombro dislocado y un golpe en la columna
procedió a yuxtaponer estos dos modelos no sólo verbal sino también’vi­ vertebral. No recordaba cómo se había infligido esos daños. Entonces em­
sualmente, en una pizarra (véase la figura 8.1). pezó a pensar, con gran preocupación, que tal vez había lastimado a alguien
DISTINCIONES TERAPÉUTICAS EN UNA TERAPIA EN CURSO 159
158 E.A CONSTRUCCIÓN F.N ACCIÓN

en un altercado. También se afligía mucho porque creía que si, en realidad, tinción de la reputación de Andrew como «reputación de persona no fiable»
había cometido un delito grave, el hecho podría utilizarse contra ella para (según la experiencia vivida por Cynthia) junto con otras distinciones: «una
privarla dé sus derechos con respecto a Vanessa. Cynthia quería ir a la com i­ oportunidad única» para dar un paso en una nueva dirección construyéndo­
saría para preguntar si tenía historial criminal. Andrew se negaba obstinada­ se una «reputación de persona fiable» al cumplir promesas importantes. An­
mente a permitirle que hiciera tal cosa. Pero finalmente, después de una dis­ drew se dio cuenta de los beneficios psicológicos y de relación que obten­
puta muy fuerte, en vez de aconsejar a Cynthia que minimizara su experiencia, dría haciendo una «inversión» durante esta crisis (pediría un préstamo si era
accedió a acompañarla a la comisaría de policía para comprobar sus antece­ necesario) y confirmó claramente el compromiso ya contraído. Cuando em­
pezó a hablar de este modo durante la entrevista, la ansiedad de Cynthia dis­
dentes. Los oficiales de policía se mostraron muy solidarios y tornaron su
minuyó visiblemente y la crisis empezó a remitir. Finalmente, Andrew cum­
petición con toda seriedad. No encontraron indicio alguno de que Cynthia
hubiera sido acusada de ningún delito, ni de que fuera sospechosa de haber plió y proporcionó los fondos necesarios. El episodio se convirtió en un
punto de inflexión constructivo para la relación y sirvió para brindar a An­
hecho algo ilegal. Como es comprensible, ella se sintió muy áliviada. Ade­
drew una oportunidad de distinguir su creciente reputación de fiabilidad y
más, se sorprendió al darse cuenta de que Andrew era capaz de ser tan soli­
su sensibilidad cada vez mayor hacia las cosas que eran importantes para
dario. Como consecuencia de esta experiencia, aquellos miedos paranoides
disminuyeron. A partir de este desenlace fue posible distinguir el hecho como Cynthia.
En febrero de 1989 estalló inesperadamente otra crisis, esta vez con cierta
un hito significativo en la naciente disposición de Andrew para tomar en se­
violencia física. En los meses anteriores, las pautas familiares habían mejora­
rio las experiencias de Cynthia; y como un hito en la naciente confianza de
do en varias áreas y Cynthia había reducido su medicación por indicación
Cynthia en la flexibilidad, cada vez mayor, de Andrew. Al leer un primer b o ­
del psiquiatra que la había remitido a Karl. Sin embargo, por diversas razo­
rrador de este capítulo, Cynthia llegó a darse cuenta más cabalmente de lo
nes, las tensiones entre los miembros de la familia aumentaban. En su traba­
importante que la experiencia había sido para ella.
jo, Andrew soportaba un estrés enorme debido a que se había puesto en mar­
cha un nuevo proyecto. Cynthia se sentía cada vez más vulnerable en su
matrimonio debido a la falta de intimidad sexual entre ellos. Además, había
Las crisis interpersonales como oportunidades de cambio
ciertas tensiones entre Vanessa y su madre, porque la niña volvía a «ensuciar­
Pocos meses después del comienzo de la terapia se produjo una crisis se» y se negaba a usar el baño.
El incidente violento empezó cuando Vanessa estaba jugando con su pa­
muy interesante. Cynthia tenía miedo de que Andrew no respetara el com ­
dre y se mostró cariñosa con él acariciándolo. Andrew respondió positiva­
promiso de pagar una intervención de cirugía plástica a la que ella había pro­
mente a las demostraciones de afecto de su hija, y lo hizo como nunca lo
gramado someterse el verano siguiente. Ella le pedía reiteradamente a An­
hacía con Cynthia (que estaba observando la interacción entre padre e hija).
drew que confirmase su compromiso y eso hacía que Andrew contestara con
Cynthia se sintió rechazada y desvalorizada. Protestó contra la interacción
evasivas. Esa vaguedad incitaba a Cynthia a plantear más exigencias de con ­
de Vanessa y Andrew tirando furiosamente del pelo a este último. Su gesto
firmación, lo que a su vez favorecía las negativas de Andrew. Así surgió otro
provocó una riña durante la cual ambos cónyuges se golpearon y Cynthia
modelo interpersonal patologizante. A medida que crecía su preocupación
tiró también del pelo a Vanessa. Como represalia, Andrew le pegó un fuerte
por la posibilidad de tener que cancelar la operación, Cynthia se sentía cada
puñetazo en el hombro a Cynthia, que quedó atónita. La violencia física ter­
vez más agitada y perturbada, hasta el punto de tener que luchar contra se­
minó allí, pero los síntomas de Cynthia reaparecieron «con más virulencia
rias ideas de suicidio.
que nunca» (según el médico de la familia que la vio dos días después).
En respuesta a la amenaza de suicidio mantuvimos una conversación te­
Durante la siguiente entrevista con la familia la tensión emocional fue
rapéutica que brindó información adicional que hizo posible la creación de
elevadísima. Los esfuerzos del terapeuta por invitar a Andrew y Cynthia a
algunas distinciones curativas. Los miedos de Cynthia se apoyaban en im­
comprender la experiencia del otro durante el episodio fueron infructuo­
portantes recuerdos de promesas incumplidas. Por ejemplo: Andrew no le
sos. Los dos siguieron enojados, resentidos, amargados. Cuando finalmente
había regalado el anillo de bodas que le prometiera, y tampoco organizó la
el terapeuta cambió el enfoque y pasó a explorar los «aprendizajes» positi­
esperada luna de miel. Andrew reconoció que a él le resultaba difícil cum­
vos que podrían haber surgido del desdichado acontecimiento, la ira empe­
plir sus promesas y dijo que se había mostrado reticente con el último com ­
zó a disiparse. Andrew, por ejemplo, aprendió a ver la importancia de de-
promiso debido a su inseguridad económica. El terapeuta introdujo la dis­
Ion I A CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN DISTINCIONES TERAPÉUTICAS EN UNA TERAPIA EN CURSO 161

mnMi.ii |is|( ámenle su rícito por Cynthia y también aprendió que la venganza so volver a afrontar la cuestión (con su familia de origen) por miedo a dete­
h.tli .1 no mejoraba las cosas, sino que las empeoraba. El terapeuta ofreció riorar sus ya frágiles relaciones. Además, el padre tenía una afección cardíaca
una exposición de una secuencia «normal, de desarrollo en el control per­ y ella no quería agravar su estado. El terapeuta sugirió como alternativa que
sonal de la frustración y la ira. Los pasos de esa secuencia consistían en pa­ escribiera, pero no enviara, una ca ra dirigida a su padre y expresara en ella
sar di' I) sentir una rabia ciega y golpear todo lo que se pone al alcance de todas las cosas vinculadas con su experiencia que ella quería que él recono­
uno, a ¿) atacar físicamente a lo que se percibe como fuente de la frustra­ ciera y entendiera. El recurso resultó ser un excelente ejercicio curativo para
ción; á) dirigir el ataque hacia los objetos y no hacia las personas; 4) no ata­ ella, ya que al escribir las experiencias penosas «fuera de su sistema» (al po­
car físicamente sino vcrbalmente, gritando y aullando; 5) expresar la ira por nerlas en el papel) sentía que podía «arrancarlas de su pecho».
medio de comentarios sarcásticos o gestos hostiles; 6) imaginar acciones o Cynthia había internalizado también ciertos modelos de interacción con
comentarios hirientes pero llevarlos a cabo en la fantasía, no en la realidad; su madre adoptiva que eran muy destructivos para su autoestima y su con­
7) prever las situaciones frustrantes y preparar respuestas adecuadas; y 8) acep­ fianza en ella misma. Uno de esos modelos tenía que ver con las elevadas
tar las injusticias y desigualdades de la vida que uno no puede modificar. expectativas que su madre tenía acerca de ella. Cuando Cynthia era una niña,
El terapeuta explicó que las personas pueden «retroceder» en la secuencia sentía que su madre la desaprobaba claramente cada vez que sus expectati­
de desarrollo y que ello sucede cuando el grado de frustración supera su vas no se cumplían. Y siguió siendo así aun en su edad adulta. La madre an­
capacidad inmediata de control. helaba, por ejemplo, que Cynthia fuera enfermera (la carrera que, al parecer,
Esta sesión terminó en una breve conversación con Vanessa acerca de ella habría querido seguir) y no ocultó su profunda decepción cuando Cynthia
la cuestión de «ensuciarse». El terapeuta distinguió a la «caca» com o «esa cosa abandonó los estudios. No era sorprendente, entonces, que Cynthia hubiera
rara que te baja por el cuerpo y sale cuando menos lo esperas». Vanessa se internalizado (y todavía sufriera) la desaprobación y la decepción de su madre.
identificó inmediatamente con esta distinción, que le sirvió para exteriorizar En la conversación terapéutica se distinguió este modelo com o una per­
el problema (del control de los esfínteres) desde ella misma com o persona manente interacción con su madre que í uc internalizada y elaborada como
y para ofrecerle una experiencia de operatividad para, tal vez, «poner en su una fuerte «crítica interna». En muchas situaciones esta crítica interna podía
lugar a la caca» (véase Tomm, 1989, acerca de este método). reactivarse fácilmente (en el transcurso de la interacción social corriente). En
Cuando volví a ver a la familia, un mes después, las cosas habían mejo­ otras palabras, ella llegó a tener una exquisita sensibilidad para las expectati­
rado mucho. Andrew estaba más comunicativo con Cynthia acerca de su tra­ vas (imaginarias o reales) de cualquier persona, incluyendo ios diversos psi­
bajo, loque hacía que ella se sintiera integrada. Cynthia había tomado la ini­ quiatras que había consultado. A veces los esfuerzos para alentarla —como
ciativa de ser más positiva con sus padres, a quienes quería. Vanessa se había por ejemplo la tentativa de ayudarla a conseguir un empleo a tiempo parcial
acostumbrado a usar el baño y «había puesto en su lugar a la caca», y sus para que entablara algunas relaciones adultas— resultaban contraproducen­
padres estaban muy contentos por eso. tes porque ella los experimentaba como expectativas excesivas. En su fuero
íntimo las expectativas llegaroh a ser cada vez más refinadas, de modo que
casi siempre esperaba «lo ideal» de sí misma y algo «parecido a la perfección»
Desvincular a Cynthia de los modelos patologizantes internalizados de los otros. Por ejemplo, si un profesional le decía «las cosas mejorarán»,
ella lo tomaba com o una promesa autoritaria; y si la «promesa no se cum­
Para Cynthia había una fuente de intenso sufrimiento emocional: la per­ plía, la asociaba con sentimientos de traición. El hecho de que su matrimo­
turbación interior que experimentaba cuando recordaba el comportamien­ nio, tan conflictivo a veces, no fuera «perfecto», suscitaba en ella el terrorífi­
to incestuoso de su padre adoptivo. Si bien no se habían producido episo­ co pensamiento de que podría romperse y de que entonces ella perdería a
dios de relación sexual concreta, ella vivió la actitud de seducción y las caricias su hija. Así, la distinción de que «las cosas no han mejorado todavía» adqui­
sexuales de aquel hombre como una profunda traición a su infantil confian­ ría una enorme importancia y mantenía vivos sus temores paranoides.
za en él. Ese sentimiento-de haber sido traicionada se intensificó cuando, Distinguir la forma de sus expectativas como «un enemigo» y no como
siendo ya adulta, se sintió lo suficientemente fuerte como para afrontarlo y «un amigo» le permitía a Cynthia reconsiderar sus compromisos con ellas.
él negó haber tenido jamás intenciones sexuales hacia ella, con lo que CynLhia Identificar la «crítica interna» como una personificación exteriorizada y como
se vio aislada de toda la familia. El terapeuta legitimó y apoyó su frustración la encarnación de ese enemigo le permitía separar sus expectativas de ella
y su ira en relación con aquel episodio de su infancia, pero Cynthia no qui­ misma y cuestionar la influencia que tenían sobre ella. Dentro de este con­
DISTINCIONES TERAPÉUTICAS EN UNA TERAPIA EN CURSO 163
162 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN

esclarecer su comprensión de la dinámica de la familia y del proceso de la


texto, otra distinción útil fue la de ser «bastante buena» y no necesitar ya ser
terapia. El resultado fue que empezó a generar nuevas distinciones terapéuti­
«ideal». Por ejemplo, fue para ella un alivio tener «un matrimonio bastante cas. Se hizo evidente, por ejemplo, que la vulnerabilidad de Cynthia ante ios
bueno», ya que entonces no debía sentir miedo de fracasar en él por no ser pensamientos paranoides era fomentada por su dependencia de la «autori­
perfecto. No obstante, el tema de las «venenosas expectativas» es aún para dad externa» de su marido, de sus padres, de sus psiquiatras y hasta del tera­
Cynthia una fuente de perturbación y un foco de trabajo permanente. peuta. Se hizo evidente que esa autoridad debe dar paso a una «autoridad
interna» acerca de sus propias experiencias, sus méritos, sus preferencias y
su futuro. Si su autoridad personal sigue nutriéndose y tiene espacio para
Comentarios finales crecer, tal vez algún día pueda ejercerla como ia primera autora de una con­
tinuación de este capítulo.
Evidentemente, este relato de la terapia es limitado. Describe algunas de
las distinciones terapéuticas que se introdujeron durante esta terapia, pero
no las analiza todas. No describe ninguno de los cambios importantes inicia­
Referencias bibliográficas
dos por ia familia por propia iniciativa, fuera de la terapia. Por ejemplo, ellos
vendieron su vieja casa y se mudaron a otra vivienda, en un barrio más ade­ Bateson, G. (1972), Steps to an Ecology of Mind, N ueva York, Ballantine.
cuado para la familia en conjunto. Las relaciones con los anteriores vecinos M aturana, H. (1988), «Reality: thc search Cor o b jcctiv ity o r thc quest for a c o m p e llin g
habían sido tensas y problemáticas. Por su propia iniciativa, Andrew y Cynthia argum ent», Irish Jo u rn a l o f Psychology, 9 (1), nú m ero especial, «Radical con s-
decidieron que la noche del martes sería su «noche de pareja» y otro día de tructivism , autopoiesis an d psychoterapy».
la semana Cynthia saldría sola. Se acostumbraron a ir todos juntos a nadar, M aturana, H. y Varela, F. (1980), Autopoiesis and Cognition. the Relization o f the
como paseo familiar. Vanessa ingresó en un jardín de infancia y empezó a Living, Boston, Reidel.
Tomm, K. (1989), «Extcrnalizing the problem and internalizing personal agen ey» ,/o u r-
hacer amistades. ' , ,
Aunque se hicieron progresos enormes, todavía queda trabajo terapéu­ nat o f Strategic and Systemic Therapy, 8.
Tom m , K. (1990), «A critiq u e o f the DSM», Dulwich Centre Newsletter (Adelaida).
tico. Cynthia se sigue medicando y se siente vulnerable en muchas situacio­
Tom m , K. (1991), «Bcginnings o f a 'HIPs and PIP’s ’ ap p ro ach to psychiatric assess-
nes sociales. Andrew todavía cede a ciertos hábitos de dominación y tozu­
m ent», Calgary Participator.
dez. Pero ambos están mucho más abiertos y dispuestos a compartir sus W hite, M. (1988), «The extcrn alizin g o f thc problem and thc rc-authoring o f lives and
•experiencias con el otro. Manejan sus discrepancias mejor que antes, pue­ re'lationships», Dulwich Centre Newsletter (Adelaida).
den «darle la vuelta a las cosas» cuando «caen» en modelos patologizantes,
y se recuperan en menos tiempo. Pero quizá lo más significativo sea que Va­
nessa está creciendo en este contexto familiar y es una niña muy sensible,
al tiempo que inteligente y fuerte. • ,
Uno de los efectos de la colaboración en la redacción de este capitulo
fue que la alianza terapéutica entre terapeuta y familia se vio reforzada. Tanto
Cynthia como Andrew se sintieron afirmados en los cambios constructivos
que ya habían hecho. Aunque para ambos fue penoso reflexionar sobre al­
gunas de las dificultades del pasado, pudieron ver más claramente que ha­
bían recorrido un largo camino hacia la curación. Además, identificaron me­
jor las distinciones terapéuticas que fueron importantes para algunos de los
cambios que experimentaron. Esta mayor claridad fue para ellos una fuente
de esperanzas; por ejemplo, la esperanza de poder abordar juntos las cues­
tiones que todavía son problemáticas para ambos.
Las conversaciones acerca de la terapia, que estuvieron orientadas hacia
la convalidación de las distinciones terapéuticas descritas en este capitulo,
fueron útiles también para el terapeuta. Esas conversaciones le ayudaron a
CAPÍTULO IX

LA HISTORIA LLEGA A SER SU HISTORIA: UNA TERAPIA EN


COLABORACIÓN Y ORIENTADA HACIA LA SOLUCIÓN DE LOS
EFECTOS SECUNDARIOS DEL ABUSO SEXUAL

W illiam Hudson O 'H anlon

En los Estados Unidos existe un número cada vez mayor de personas


que buscan ayuda por haber sufrido abuso sexual en la infancia. Ello se debe
en parte a un creciente interés terapéutico y en parte a la publicidad que ro­
dea al tema. Sin embargo, la mayoría de los enfoques terapéuticos que apa­
recen en la bibliografía o se analizan en talleres tienen una orientación obje-
tivista y patológica. En este capítulo describiré un enfoque alternativo que
ofrece la posibilidad de realizar un tratamiento más breve, que no implica
necesariamente la catarsis o la rememoración de los detalles del abuso se­
xual como manera de resolver los efectos secundarios. He llamado a este en­
foque «terapia en colaboración y orientada hacia la solución» (O ’Hanlon y
Weiner-Davis, 1988).
El enfoque que aquí expongo sostiene que los terapeutas no pueden dejar
de influir sobre los recuerdos y las opiniones que el cliente tiene mientras
está en terapia, porque es importante influir sobre los clientes en la direc­
ción del reforzamiento y avanzar lo más rápidamente posible. Sostengo tam­
bién que cada persona es diferente de las demás —cada una es una ex­
cepción—, de modo que no podemos tener principios generales que se apli­
quen a todos. El tratamiento de los efectos secundarios del abuso sexual puede
implicar un tratamiento a corto o largo plazo, puede implicar rememorar los
sentimientos o los recuerdos olvidados o reprimidos; pero también puede
no implicar nada de todo eso. Puede, por el contrario, implicar ayudar a la
persona a avanzar y situarse en el presente y en el futuro. I.os principios que
aquí se describen son los que con más frecuencia traigo a colación en mi
colaboración con los clientes. Soy partidario de una orientación hacia las so­
luciones y la competencia y no hacia los problemas y la patología; de reco­
nocer la experiencia y los puntos de vista de las personas sin clausurar las
posibilidades de cambio; de concentrar la terapia en la consecución de los
objetivos del cliente y en negociar los problemas solubles. Estas posturas in­
teractúan con los valores, experiencias, respuestas e ideas de mis clientes,
de modo que a lo largo de nuestras conversaciones terapéuticas construi­
mos en colaboración nuestra realidad y nuestras soluciones terapéuticas.
16 6 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN
UNA TERAPIA EN COI.AIIORACIÓN 167

En este enfoque hay un elemento básico: la idea de que la evaluación


es una Intervención- clientes y terapeutas co-crean el problema que ha de encontrar soluciones haciendo que las personas hagan algo diferente o vean
las cosas de otro modo, propongo que empecemos por perseguir esos obje­
afrontarse en la terapia (O ’Hanlon y Wilk, 1987). Creo que es así, tenga o
tivos más deliberadamente y desde el comienzo de la terapia. Desde este punto
no el terapeuta conciencia de ello, de modo que a él le incumbe controlar
de vista se supone que los clientes tienen recursos y competencia suficien­
la clase de problemas que co-crea. No todos los problemas se crean del mis­
tes para introducir los cambios que desean. La tarca del terapeuta, entonces,
mo modo. Algunos requieren largo tiempo para resolverse y otros un tiem­
consiste en crear un contexto dentro del cual los clientes tengan acceso a
po mucho más breve. Algunos capacitan a las personas para ser expertas en
sus recursos y su competencia. El proceso de entrevistas está destinado a
sus problemas y para tener un sentimiento de operatividad personal; otros,
suscitar y destacar estas competencias (de Shazer, 1985).
en cambio, invalidan y desalientan a los clientes.
Si bien pongo el acento sobre los aspectos del trabajo terapéutico oricn
Los enfoques más corrientes del tratamiento de los efectos secundarios tados hacia la solución, quiero señalar que no pretendo en absoluto minimi­
del abuso sexual sostienen que el tratamiento descubre y revela la verdad zar o desconocer el sufrimiento de las personas ni invalidar sus opiniones
acerca de la infancia del cliente. También dan por sentado que la única ma­ sobre sus dificultades.
nera de que el cliente resuelva estas cuestiones es que recuerde, sienta y ex­
prese los sentimientos y los incidentes vinculados al abuso que hasta enton­
ces había reprimido. Reconocimiento y posibilidad
En este capítulo se incluye la transcripción de una breve intervención
terapéutica con una mujer que sufrió los efectos secundarios de un abuso En terapia es importante que el terapeuta reconozca el dolor y el sufri­
sexual. También expondré algunos de los principios que sustentaron este tra­ miento de las personas, así como también sus puntos de vista acerca de sus
bajo, en forma de tablas y comentarios sobre el caso. problemas; no obstante, es preciso alcanzar un delicado equilibrio para lo­
grar hacerlo dejando al mismo tiempo abiertas las posibilidades de cambio.
A veces una persona tiene una visión de su situación que hace difícil o im­
O rientación hacia la solución posible resolverla.
Una manera de alcanzar este equilibrio es reconocer los sentimientos,
Si es posible negociar diferentes definiciones del problema a partir del las experiencias y los puntos de vista de las personas, sin concordar o dis­
material bruto que los clientes llevan a la terapia, entonces es responsabili­ crepar con ellas; y además, abrir posibilidades de nuevas visiones y nuevos
dad del terapeuta elegir dentro de la terapia maneras de pensar y hablar que sentimientos y experiencias. Un método común para hacerlo es usar el tiem­
permitan,la creación de problemas que tengan solución. Más allá de eso, el po pasado de los verbos al hablar de los sentimientos y puntos de vista que
terapeuta puede crear problemas solubles, y puede hacerlo rápidamente y fueron penosos para el cliente; y el tiempo presente o el futuro al mencio­
apelando sólo a los recursos de que los clientes disponen. nar nuevos sentimientos, objetivos o puntos de vista. Por ejemplo: «De modo
La mayoría de los terapeutas sostienen con sus clientes conversaciones que tuvo usted miedo antes del sexo. Cuando se sienta más cómodo antes
que conducen a la idea de que éstos padecen cierto trastorno patológico, de la relación sexual, ¿qué cree usted que hará con su pareja o qué cree que
psicológico, emocional, neurológico o bioquímico. Concentrarse tanto en le dirá?».
lo malo suele tener un efecto desalentador. La gente tiende a sentirse enfer­
ma y deteriorada. Y así, muchas veces las personas olvidan los recursos, las
posibilidades y las destrezas que poseen. La comisión y quién la da

Estoy tratando de sugerir que el terapeuta mantenga deliberadamente


con sus clientes conversaciones orientadas hacia la solución de los proble­ En un congreso internacional sobre terapia familiar que se llevó a cabo
mas. Hay muchos aspectos del comportamiento y de la experiencia sobre en Irlanda en 1989, escuché a algunos participantes de Suecia (Mia Andcrs-
los que podemos concentrar nuestra atención durante la terapia. El lugar don­ son, Klas Grevelius y Ernst Salamon, del AGS lnstitutc) que hablaron de su
de ponemos la atención y la dirección que imprimimos a nuestras indaga­ trabajo. Discutieron la importancia de descubrir qué es la «comisión» en te­
rapia y quién da esa comisión en cada caso. La idea me encantó. Esta palabra
ciones influirá inevitablemente sobre el curso del tratamiento y los datos que
se presta para un interesante juego de palabras. Lo que yo trato de descubrir
surjan. Dado que toda terapia exitosa intenta siempre, en última instancia,
y crear con mis clientes es una comisión.
I.A CONSTRUCCIÓN UN ACCIÓN UNA TERAPIA EN COLABORACIÓN 169
I< iM

l.l irt.iprul.i lambían tiene una agenda. Parte de esa agenda deriva de los clientes afirman convincentemente que aquello de lo que se quejaban
las n i ii us del Irrapcuta; parte, de sus valores; y parte, de sus preocupaciones ya no está sucediendo, la terapia ha tenido éxito.
legales, ¿deas, financieras o de operatividad. De las agendas del terapeuta La tabla 9.1 resume muchas de las diferencias entre este enfoque y los
y del e'llcnle surgen ciertos objetivos mutuamente aceptados. Si no elabora­ modelos y métodos tradicionales. Lo que sigue es un ejemplo de caso de
mos algunos objetivos conjuntos y mutuamente aceptados, probablemente este enfoque cooperativo.
tendremos una relación pétrea, «resistente». Yo me resistiré a oírlos a ellos
y a trabajar sobre sus objetivos, y ellos no colaborarán con mis agendas. Enfoques opuestos en el tratamiento de los efectos secundarios del
T abla 9.1.
Un este caso particular, tal vez haya más de una comisión y más de una abuso sexual.
persona que «da comisión». Por lo tanto, la tarea del terapeuta consiste en
Enfoques tradicionales Terapia orientada hacia la solución
desarrollar una formulación de una «misión» que puedan aceptar y apoyar
todos los involucrados. El terapeuta es el experto; posee un co­ Cliente y terapeuta tienen determinadas
nocimiento especial sobre el abuso se­ zonas de pericia (modelo cooperativo).
xual y el cliente debe aceptarlo (modelo
Criterios para el tratamiento colonizador/misionero).
Se considera que el cliente fue dañado Se considera que el cliente es influido
Steve de Shazer, del Centro de Terapia Familiar Breve de Milwaukec, tie­ por el abuso (modelo de déficit). pero no determinado por la historia de
ne una frase muy buena para referirse al tema de los criterios: «¿Cómo sabre­ abuso sexual, y que tiene méritos y ca­
mos cuándo se supone que dejaremos de reunirnos?». Si la terapia ha de cul­ pacidades (modelo de recurso).
minar con éxito, es bueno tener alguna idea acerca de cómo sabremos que Recordar el abuso y expresar la afectivi­ Se individualizan los objetivos para cada
ha culminado con éxito. dad reprimida (catarsis) son objetivos del cliente, pero esos objetivos no deben im­
Como ya he dicho que creo que terapeutas y clientes co-crcan los pro­ tratamiento. plicar necesariamente catarsis o rememo­
blemas, es evidente que no creo que tener un problema sea la señal para ini­ ración.
ciar la terapia. Muchas personas tienen dificultades y jamás entran en tera­ Interpretación. Reconocimiento, valoración y apertura
pia. La terapia empieza cuando alguien se queja de estar soportando algo y de posibilidades.
alguien decide que lo que esa persona está soportando es apto para afrontar­ Orientación hacia el pasado. Orientación prescntc/futuro.
lo en terapia. Desde luego, a veces quien está soportando algo no es la per­ Orientación hacia el problema y la pa­ Orientación hacia la solución.
sona que se presenta a la sesión (como, por ejemplo, en los casos de trata­ tología.
miento «involuntario», ordenado por un tribunal de justicia; o cuando los
El tratamiento debe ser prolongado. Duración del tratamiento variable/indivi-
padres llevan a terapia a los hijos que no perciben la dificultad). dualizada.
Por lo tanto, la terapia termina satisfactoriamente cuando quien se que­
Se suscitan conversaciones dirigidas a la Propone conversaciones para el esclare­
jaba de algo deja de quejarse. Esto sucede de dos maneras: una, cuando aque­
Introspección y la indagación. cimiento y la acción y declina las invita­
llo de lo que la persona se quejaba ya no se percibe como problema. La otra ciones a la acusación y la invalidación.
condición para dar por terminada satisfactoriamente la terapia es cuando aque­
llo de lo que el cliente se quejaba ya no sucede con la frecuencia o la intensi­ Puente: partes de esta labia se han adaptado de Durrant y Kowalski (1990).
dad necesarias com o para que la persona diga que es un problema.
Un objetivo, entonces, es el polo magnético que puede orientar la brú­
jula del terapeuta. Una de las dificultades en el campo de la terapia es nuestra Introducción a la sesión

incapacidad para definir lo que es un tratamiento exitoso. En una terapia coo­


perativa orientada hacia la solución, los objetivos deben derivar principal­ Esta sesión tuvo lugar durante el tercer día de un taller que yo estaba
mente de la visión que tenga el cliente de lo que es éxito, visión ésta sujeta haciendo sobre «hipnosis orientada hacia la solución». Dedicamos el día al
a cierta negociación con el terapeuta para asegurar la factibilidad del objeti­ empleo de la hipnosis y la terapia orientadas hacia la solución, con personas
vo. La medida del éxito se desprenderá de los informes de los clientes. Si que se quejaban de los efectos secundarios del abuso sexual.
170 I.A CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN
UNA TERAPIA EN COLABORACIÓN 171
Presento este caso para mostrar la posibilidad de que el tratamiento de
los efectos secundarios del abuso sexual sea breve y no implique necesaria­ sexual y su desinterés a l tener relaciones sexuales, de modo que cuestiono
mente catitrsis o trabajo a largo plazo. Esta mujer, S, una terapeuta que asistía delicadamente su relevancia respecto de! problem a sobre el que vamos a
trabajar.]
al taller, había recordado hacía pocos años que en su infancia había sufrido
S: Bien, creo que me gustaría explicarle un poco las cosas porque hasta
abuso sexual. Entonces vinculó ese abuso a su experiencia de distanciamiento
hace cinco años yo no podía acordarme de nada hasta mis once años de edad.
(disociación) durante la actividad sexual y a sus actividades sexuales com­ Y mi memoria volvió a los once años de edad, y mis recuerdos empiezan cuando
pulsivas e insatisfactorias (que a menudo implicaban peligro, como que la le di mi primer beso a un chico y después, por medio de la hipnosis, en los
golpearan o practicar el sexo con un desconocido en un lugar público). Ya últimos cinco años, poco a poco, retazos de recuerdos de un abuso sexual cuan­
había abandonado el sexo peligroso pero todavía tenía la experiencia de sen­ do yo tenía seis años; fue un primo, él tenía dieciséis. Fue interesante, porque
tirse atemorizada y distanciada durante la relación sexual y también antes de yo estaba leyendo un artículo de la revista People acerca de aquella mujer que
esta. Ambos teníamos conciencia de que sólo disponíamos de aquella sesión se distanciaba, y fue entonces que, ya sabe cómo es eso, cuando uno ice un
para ayudarla a lograr sus objetivos. Negociamos dos objetivos principales libro o algo así y se da cuenta, y entonces me volvió todo, que eso era lo que
para nuestro trabajo. El primero fue ayudarla a estar más presente y a sentir yo había hecho toda mi vida, ¿sabe?, distanciarme en el sexo, o eso de que
tengo partes diferentes, que puedo ser la profesional perfecta, la hija perfecta,
menos miedo antes del sexo y durante éste. El segundo fue recordar más co ­
pero después salgo por ahí y me tiro a un tipo en el ascensor, o cualquier cosa
sas de su hermana menor, que hacía poco había muerto de cáncer. S pensa­ así. Ya sabe usted, esas cosas.
ba que al olvidar el abuso sexual había olvidado también muchas otras cosas WOH: Muy bien, muy bien, o sea que usted reconoció que cuando leyó
de su infancia, incluyendo buenos recuerdos de su convivencia con su her­ eso fue un descubrimiento,: fue como decir «¡oh!». fS responde con historia.
mana. Como ésta había muerto, aquellos recuerdos perdidos eran más pre­ )o no se ta había pedido, p ero y a que ella la planteó, será mejor que la in­
ciosos que nunca y ella quería que la ayudaran a recuperarlos. cluya y la reconozca ]
Empecé, como siempre empiezo, obteniendo una formulación inicial de S: Así es. Que era algo así como lo que ella había hecho y eso me sacudió,
la persona acerca de lo que quiere. y también se me ocurrió que a lo mejor en todo esc asunto había placer, y
que a lo mejor lo que me había hecho olvidar todo era que yo misma lo había
provocado...
WOII-. ¿Cómo puedo ayudarla? Quiero iniciar un terreno de quejas. Cuén­
WOH: Y que no podía controlar eso...
teme algo para que yo pueda orientarme hacia preocupaciones o quejas re­
ciernes y dígame cómo sabrá usted que ha llegado, que ha logrado su objetivo. á"- Y yo siempre más bien había creído eso toda mi vida, parecía ser muy
[Siempre trato de orientarme hacia preocupaciones recientes. El mensaje im­ sexual y... siempre he dicho que soy como el hombre elefante, porque, por
plícito es que el pasado no es tan importante. También quiero una declara­ un lado, parezco así por fuera, pero por dentro siempre he sentido que era
ción inicial acerca de una queja, p ara que podam os em pezar el proceso de una persona diferente a lo que parecía por fuera y realmente no me servía de
mucho...
concentrarnos en la creación de un problema soluble y de objetivos accesibles.]
WOH: Fingiendo.
S-. La queja más reciente, creo, sería una intermitente falta de deseo sexual,
aunque después, sin embargo, haga el amor, pero yo no... 5: Así que yo podía fingir cosas realmente, perfectamente, y simular que
era la gran seductora y cosas por el estilo, pero en realidad yo era...
WOH: Usted no está totalmente presente. No entra en el juego.
WOH: Por dentro.
S: Justo en ese momento tengo miedo, precisamente antes; y después puedo
lograrlo algunas veces, pero otras entro en un estado de apatía. Estoy allí, pero 5: Yo no estaba presente, o era una niñita asustada, o fingía o simulaba.
Por eso pienso que a lo mejor sería otra cosa si pudieran volver algunos re­
realmente no estoy. Y también tengo cólicos menstruales fuertes, y... Mmm...
cuerdos. Ahora me acuerdo de los abusos, aunque nunca me enfrenté con el
WOH. ¿Cómo sabrá usted que ha terminado? [5 empieza'a'agregar más
quejas y y o trato de unificar preguntando acerca de los objetivos.] que abusó de mí. Pero perdí a mi hermana menor por un cáncer hace 2 años,
S: ¿Cómo sabré que he terminado? Pues bien... y me gustaría traer de vuelta algunos recuerdos sólo para tener más de...
WHO: ¿Sentir cómo fue crecer con ella?
WOH: Cuando lo haya atravesado, cuando lo deje atrás, cuando termine S: Sí, eso.
con eso. [5 vaciló y yo reiteré mi petición de form ulación de un objetivo.]
S: Ah, sí, dejar eso atrás y... ' ' . WOH: Y también recuperar lo mejor de todo aquello.
S: Eso sería otra cosa, hacer volver los buenos recuerdos, también.
WOH: Muy bien. Tener menos cólicos menstruales. ¿Eso está relacionado
con usted o usted cree que no está relacionado? [Ato estoy seguro de que los WOH: Muy bien, muy bien. Y ahora, sólo para resumírmelo para mí: el
cólicos menstruales tengan algo que ver con la fa lta intermitente de deseo trabajo que ha hecho durante 5 años, con la hipnosis. ¿Usted recordó algunas
cosas, recordó mucho de los abusos, le parece, o casi todo, o una parte, o...?


LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN UNA TERAPIA EN COLABORACIÓN 173
172

S: Bueno, en realidad recuerdo que tenía un novio en la escuela secunda­ pulso de hacer. Sea lo que fuere. Y escribirlo todo y después, si usted ha deci­
ria, y que una vez yo estaba tirada en una cama y abrí los ojos y él estaba de dido, realmente decide escribir una carta, guardar esa carta o librarse de ella,
pie, a mi lado, justo por encima de mí, con el pene erecto, y yo grité con toda pero guardar los pedazos, lo que realmente mandaría en una carta real.
la fuerza de mis pulmones y él no entendía nada. Fue algo así como la misma 5: Ya pensé en eso; müy amablemente, decir, «Mira, ¿sabes?, he pensado
reacción de la mujer aquella que le gritó a usted: [Esta fra se es una referencia mucho en esto pero si pudieras confirmarme...».
a una historia que yo había contado antes acerca de una colega que me h a­ WOH: Eso es, «¿Podrías contarme lo que pasó?».
bía gritado, pero que en realidad estaba gritándole a alguien con quien es­ S: Como decir «Marque Sí o tVo».
taba enfadada, alguien que no estaba en la habitación.] «¿De dónde vienes?», WOH: Marque Sí o No. Yo hice tal cosa tal día... [Risas]
algo así. S: No contárselo a la familia, no lastimar a nadie más, ni nada.
WOH: Bien. WOH: Bien. Sólo recordar esto y «¿Sucedió esto?» y «¿Me acuerdo bien?
5: Entonces, después de un rato, de pronto, me pareció, como en un re­ ¿Sucedió algo que yo no recuerdo?».
lámpago, ver que alguien se volvía y que yo había estado probablemente como 5: Bien.
al nivel de la cintura de él, y yo creo que lo que pasó fue que él se acercó
así como amablemente y dijo «Ésta es mi cosita y ésta es tu cosita», como un
juego, y después hicimos algo. Y yo creo que tuve una infancia bastante domi­ Hipnosis orientada hacia la solución
nada por mi madre, así que hacer algo que ella no sabía, eso era a lo mejor
como ser un adulto, sentirse mayor, todo eso. No me acuerdo realmente, sa­
Aquí empiezo a praticar la hipnosis. La hipnosis orientada hacia la solu­
bes. Estoy casi segura de que hubo penetración porque yo nunca tuve... Mmm...
ción es uria aventura en colaboración. Como se verá, se trata de un enfoque
cuando una...
WOH: Mimen. permisivo, reforzador y no autoritario de la hipnosis.
S: Sí, himen, algo así. Y yo siempre estuve convencida de que nic lo había El propósito de este tipo de hipnosis es diferente de los enfoques tradi­
hecho haciendo gimnasia o algo por el estilo. [WOH: Sí, sí, el tipo de cosas cionales. En la hipnosis tradicional el hipnoterapeuta trata de descubrir los
que...] Y después yo no sé, porque entonces por qué no tuve alguna conse­ recuerdos y los sentimientos reprimidos, trata de hacer que la persona reac­
cuencia física, como irme llorando, todo eso. Támbién tuve una visión de que cione retrospectivamente, recuerde el abuso sexual. O bien trata de contra­
veía a mi padre, sucedía en un granero, así que a lo me|or habíamos salido (era rrestar las creencias y los mandatos negativos establecidos durante el abuso
en una granja) y jugábamos en el granero, y entonces tuve esta visión de mi reemplazándolos por creencias más positivas, afirmaciones y monólogo in­
padre que pasaba, más allá de la puerta, afuera, y me parece que había venta­ terior.
nas que se veían desde afuera, que había ventanas en la puerta del granero.
La hipnosis orientada hacia la solución intenta convocar los recursos,
Pasó algo así como que nosotros estábamos practicando el sexo y entonces
yo lo vi a él. Después, durante muchos años, yo lo odié. Durante mucho tiem­ las potencias y la capacidad y ayudar a ia persona a re-narrar su situación.
po pensé que a lo mejor había sido él quien lo hizo y lo sentía como un abuso Es una manera de ayudar a las personas a ex p erim en ta r su situación de un
sexual, pero después pensaba que yo estaba haciendo eso y entonces todo... modo diferente, no sólo a hablar de ella de otro modo.
WOH: Bien. Se clan opciones de tipo «elección múltiple» para hacer cambios y se
5: ...de estas consecuencias, estos problemas. proponen nuevas distinciones y conexiones. La persona no debe tomar to­
WOH: Entonces, para usted todavía no está totalmente claro todo lo que das las opciones propuestas, sino que buscará entre las alternativas hasta en­
pasó, pero usted tiene una idea de lo que pasó. , contrar las que le convengan. Lo importante no es hacer que las personas
S: Sí, sí. ; reaccionen retrospectivamente y expresen sus sentimientos y puntos de vis­
WOH: Bien. ta, sino c a m b ia r esos sentimientos y puntos de vista.
S: Y yo no sé en realidad cómo resolverlo totalmente. Me gustaría resol­
I le aquí el trabajo de hipnosis.
verlo dentro de mí, me enfrente con él por ese asunto o no.
WOH: Eso es otra cosa y usted puede hacerlo o no hacerlo. Pero yo he
pensado en algo que podría serle útil. A veces hago que las personas escriban WOH: Bien, de modo que usted ya estuvo en trance muchas veces...
una carta; no, no es que vaya a mandarle una carta a esa persona, el primo o S: Sí. '
quien sea, no es que vaya a mandarla sino a escribirla, como si fuera a mandar­ WOH. Muy bien. Entonces déjese entrar c.n trance y yo hablaré de un modo
la pero no la mande. Escriba esa carta. Todo lo que diría por lo que sabe, aho­ que sea adecuado para usted, seguro para usted, tan seguro como sea posible
ra, o cualquier cosa que quiera decir. Gritarle o disculparse, lo que sienta im- en este entorno. Ir a donde necesite ir para avanzar hacia esos objetivos, hacia
UNA TERAPIA EN COLABORACIÓN 175
LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN
174
conversar con usted mientras está en trance? Entonces, ¿qué está sucediendo
la resolución, hacia el recuerdo exacto de lo que necesita recordar, m mas ni ahora mismo?
menos, y también puede ser que usted ya haya recordado todo lo que necesita 5: Veo casillas.
o quiere recordar y de algún modo encuentre la manera de crear el espacio WOH-. ¿Casillas? _ .
allí, el espacio allí para que usted sea valorada como quien es y tal como es, 5- Sí con el entonces y el ahora, con un signo menos y una flecha toman­
para incluir su historia, su experiencia, las cosas que hizo, las cosas que le i- do todas’las experiencias dolorosas y dejándolas, y entonces es como si atra­
cieron. Ser capaz de dejar el entonces en el entonces y cuando esta en el ahora vesaran el ahora y hubiera pequeños signos de suma, y esos^signos se moví n
ser capaz de saber todo lo que necesita saber de ese entonces, de ese pasado, ran entre las casillas y se superpusieran. Y me doy cuenta de que soy qu
como parte de su trasfondo de aprendizajes y experiencia, y estar realmente soy debido a esos signos. [Después de que ella salió del trance, en
en el ahora [basta a q u í he reconocido las dificultades y abierto nuevas posi­ a una pregunta que le dirigí p ara que elaborase esta experiencia repicó^
bilidades. Una de las sugerencias implícitas ('historia*) y explícitas ('dejar 'Sí vi la experiencia del abuso sexual, como también otras malas eleccio
el entonces en el entonces*) es situar el p a s a d o en el pasado, donde debe es­ ne ’s sexuales que yo había hecho a través de los años, estaban todas presas
tar] y ser capaz de darse permiso... Eso es... para haber sentido las cosas que en esta casilla. Después vi mi vida presente, todas las partes buenas de mi
sintió y separar todo eso de la culpa o la aprobación, y encontrar alguna ma­ Z d apresen te y mis potencialidades y los mecanismos de respuesta y eran
nera de reconciliar y conectar, de un modo que sea significativo para usted, como casi igual que una suma, como ese pequeño signo más y el futuro
el pasado con el presente, con el futuro, y de desconectar las parles que no era bueno. Pero y o sabía que no p o d ía mantenerlo separado, a s í que lo puse
son significativas para usted, o útiles para usted. Conocerlo conscientemente arriba, com o una superposición*.] _
y traerlo al presente y al futuro. Como hemos estado hablando, usted tiene WHO- Bien, y eso ha hecho, de una manera extraña ha hecho una contri­
capacidades, destrezas, recursos, potencialidades, mecanismos de respuesta, bución a lo que usted es. Que en muchos aspectos no es todo malo o todo
maneras de afrontar las cosas, maneras de no afrontarlas, y usted puede reor­ bueno. Bien, eso es, así que usted cierra los ojos y encuentra una manera de
denar todas esas cosas en la forma en que necesite reordenarlas. Y su mano poner aquellas cosas en su lugar y hace que sean la phtaforma en la que usted
puede empezar a levantarse [En este punto uso su dificultad, la disociación, se detiene para mirar a la lejanía, en el futuro, para entrar en el futuro, de un
como su solución. Para levantar la mano automáticamente, uno debe diso­ modo seguro, sintiendo el suelo sólido bajo sus pies. Y también pienso que
ciarla. Mientras sigue subiendo, la vinculo con los cambios que ella, la per­ sedamuy bueno que mientras está en ese trance usted pudiera encontrar un
sona, está haciendo. Así, la disociación lleva ahora a la integración.] y eso manera de llegar a acuerdos con usted misma para estar presente en las partes
puede ser una de aquellas cosas que usted ha hecho en hipnosis antes de aho­ más agradables cuando es seguro, y cuando es una situación en la que UScd
ra y la mano podría levantarse y empieza a levantarse hacia su cara, usted pue­ puede confiar, estar presente para las partes agradables de las relaciones sexu
de estar haciendo el trabajo que necesita hacer. Quizá sea en términos de re­ íes cuando sea adecuado para usted. Ser capaz de estar totalmente en su expe­
solver y quizá sea en términos de recordar o en términos de acordarse de olvidar riencia y saber que lo que pasó entonces fue entonces, y que tuvo toda e s
las cosas que están interfiriendo con sus buenos recuerdos. Los recuerdos que de ramificaciones entonces, tuvo toda clase de significados aquel ent
a usted le gustaría conservar como presente y futuro. Mientras esa mano sigue ces mientras usted crecía. Con los recursos que tiene ahora y con a compren
levantándose, y puede levantarse hasta su cara, no tiene que hacerlo, y podría sión que tiene ahora y que va consiguiendo a medida que pasan los mom
estar levantándose hasta su cara y mientras entra en contacto con su cara, como S los minutos, días, semanas, meses y años, podría llegar a una nueva
lo hace, ésa puede ser la señal para que usted haga lo que necesita hacer para comprensión y hasta una valoración de su historia.
incluirlo dentro de ese trabajo, todas las emociones o experiencias que ha te­ Una de las cosas importantes, para mí, es que yo era muy tímidoy¡ muy
nido y que tiene, que usted necesita tener, lo que usted necesita saber, experi­ desdichado y estaba realmente deprimido, y creo que esa clase de sensibilidad
mentar al ritmo de aquello que podría saber, y usted puede cambiar el tiempo a esa clase de dolor ha sido una de las cosas que me hizo muy sensible, como
para hacer eso de un modo que esté bien para usted. Usted puede dar con algo terapeuta al dolor y al sufrimiento de las otras personas, y también a las posi
que le haga saber que estos cambios se han producido. Y cuando llegue el mo­ biliiiadcs de cambio. Porque yo, yo creía que era un caso perdido y ahora me
mento, en esc proceso, mientras esa mano sigue, arriba, hacia su cara de una doy cuenta de que no era un caso perdido y de que en algún lugar muy aden­
manera adecuada, puede encontrar tos recursos que necesita para resolver eso tro yo sabía que saldría. Que en algún lugar muy adentro haba una fue Y
en una forma que sea buena para usted. Y después de que la mano toque su una resistencia aún en medio de lo que a m. me parcc.a fragilidad, como s.
cara usted puede, en algún momento, cuando esté preparada, tal vez ahora yo no pudiera controlar nada y que yo no podía controlar nada y yoi cstab
mismo tal vez en un minuto o dos, en tres minutos, abrir los ojos y mirarme heno de miedo, pero llegué a valorar la sensibilidad que tema y llegue a inves
cuando esté preparada y yo entonces le hablaré brevemente y me daré cuenta tiga° mis méritos. Y de ese modo llegué a reconciliarme con aquellas expe­
de si hay algo que yo necesite saber o que yo quiera saber. Entonces, ¿hay algo riencias y aquellas heridas. [Aquí ofrezco un nuevo marco de referencia para
que yo necesite saber o decirle a usted que haga, o algo sobre lo que necesite
176 A CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN
UNA TERAPIA EN COLABORACIÓN 177

mi penosa experiencia: que el dolor puede llevar a la sensibilidad frente al T abla 9.2. Terapia cooperativa y orientada hacia la solución, con supervivientes
dolor de los otros listo es Importante p a ra ella como terapeuta.] de abusos sexuales.
Ailrimls, creo que sería bueno que mientras usted está en trance pudiera
realmente traer a su mente algo agradable de su Infancia, de su crecimiento,
quizás algo que tenga que ver con su hermana, creo que eso sería muy bueno. Descubra lo que ci cliente busca en el tratamiento y cómo sabrá que éste ha tenido
Tal vez. sólo un fogonazo, o tal vez un recuerdo olvidado, una experiencia olvi­ éxiio.
dada, o sólo un sentimiento. Yo me acuerdo de mi hermana y de mí cuando Esfuércese por asegurarse de que el abuso sexual no está teniendo lugar en el presen­
éramos niños, nos habíamos metido dentro de un sofá-cama que estaba plega­ te. Si está produciéndose, tome todas las medidas necesarias para ponerle fin.
do y era realmente estrecho y nosotros lo sentíamos como nuestra fortaleza.
No recuerdo realmente cómo era ni dónde estaba, sólo me acuerdo del senti­ No dé por sentado que el cliente necesita retroceder y elaborar ios recuerdos trau­
máticos. Recuerde que cada persona es una excepción.
miento de aquel sofá. Y creo que el cuerpo recuerda esos buenos sentimientos
como una especie de conexión, como un legado que su hermana dejó tras de Utilice las capacidades naturales que el cliente ha desarrollado como consecuencia
sí en su experiencia, sus sentimientos, en los recuerdos que usted tiene de ella. de haber tenido que afrontar el abuso (por ejemplo, la tendencia a disociar). Con­
Anoche, o hace algunas noches, yo estaba mirando la televisión y alguien vierta la anterior debilidad en un mérito.
decía: .Es sorprendente, estaba observando a mi nieto y vi que en algunas co­ Busque recursos y fortalezas. Concentre su atención en subrayar que esos recursos
sas es idéntico a mi padre aunque nunca conoció a mi padre, y es interesante y esas fortalezas han superado el abuso y que desde entonces ayudan ai cliente a afron­
cómo se transmiten esos legados*. De modo que su hermana, aunque ya no tar dificultades, sobrevivir y progresar.
está, probablemente ha influido sobre gente en la que usted influye, gente con
la que usted está en contacto y en vinculación a través del espíritu y el recuer­ Convalide y apoye todas las experiencias de la persona.
do de ella, a través de esos sentimientos. Y usted puede traerlos al presente Concéntrese en los objetivos del tratamiento, en vez de perderse en los detalles.
y también puede llevarlos al futuro. Y tener un poco más dtp posibilidad de
elección sobre eso. Ahora, dentro de un minuto, voy a indicarle que esa mano No transmita el mensaje de que la persona .no tiene remedio* o de que su futuro
deje de moverse hacia abajo o que usted la baje deliberadamente, lo que le está determinado por el hecho de que en el pasado fue objeto de abusos sexuales.
resulte más cómodo. Y que vuelva a apoyarse en su muslo. Muy bien, y ahora
puede empezar a comparar el final de esta experiencia en trance sabiendo que
el final de cada experiencia en trance es también el comienzo de otras cosas Un mes después, S me escribió una carta:
y la apertura hacia otras cosas. Así que haga eso de una manera que esté bien
para usted, cuando esté lista para salir del trance, dejando atrás, en el trance, Querido Bill: .
las cosas que son para el trance. Bien. Gracias. Sólo unas líneas para ponerle al corriente de mis progresos desde nuestra
S: Fue muy bueno. La vi claramente. última sesión. Lo primero que noté cuando mi esposo y yo practicamos el sexo
WOH-. Excelente. Bien. Buen trabajo. durante nuestra luna de miel (una semana después del seminario; la primera
S: Experimenté un buen recuerdo. [5 experimentó algunos vividos recuer­ ocasión que tuvimos de practicar el sexo en toda la semana, porque la casa
dos de su herm ana mientras estaba en trance.] estaba llena de gente que había venido para la boda) fue que no disociaba. Pude
WOH: Eso es muy bueno. Bien, muy bien. sentir el placer físico sin tener que distanciarme. También noté la total extin­
[En la conversación que sostuvimos después, S me dijo que la razón por ción de los miedos previos a la relación sexual. Todos mis objetivos se cum­
plieron automáticamente.
¡a que había querido celebrar la sesión ese d ía era que una sem ana después
Aunque no recuerdo casi nada de lo que usted había dicho durante el trance,
se casaba. Durante su vida adulta ella hab ía tenido muchas relaciones con
recuerdo algo, recuerdo que dijo: .Yo era tímido y estaba deprimido.. Después,
hombres, relaciones que habían sido terribles y dolorosos; y finalm ente h a­ durante varios días, pensé: «¿Así que era tímido? ¡Vaya! No se le nota».
bía entablado una buena relación con un hom bre que no era un perverti­ Todavía no lie escrito la carta al hombre que abusó de mí, pero lo haré.
do y que parecía san o y solidario. Este hom bre conocía su historia de abu ­ Estoy flotando en la niebla matrimonial.
sos sexuales en la infancia y era muy sensible con su miedo y su intranqui­ Sincera y afectuosamente,
lidad frente al sexo. Ella quería, sin embargo, iniciar su vida de casada S.
libre ya del dom inio de su historia de abusos sexuales y de sus efectos secun­
darios.] El seguimiento, que se realizó nueve meses y veintiún meses después,
indicó que los resultados eran duraderos. S dijo que se había dado cuenta
178 L.A CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN

CAPÍTULO X
de que resolver lo que le pasaba era un proceso continuo, pero recuerda nues­
tra sesión como el momento en que se produjo un punto de inflexión en
NARRACIONES DEL YO: LA PRODUCCIÓN DE VÍDEO
ese proceso. EN UNA SUBCULTURA MARGINADA
Nosotros trabajamos juntos para co-crear una nueva visión y una nueva
experiencia para S. Ella había estado viviendo una vida que, en muchos as­
A n n ibal C oelho de A m orim y F atim a Gon^alves C avalcan te
pectos, estaba determinada por su historia, por lo que alguien que había abu­
sado de ella le había hecho, en un pasado lejano. Ella estaba viviendo la his­
toria de ese hombre, la historia de él. Trabajando en colaboración abrimos
entonces la posibilidad de que ella empezara a vivir su historia, la de ella,
la posibilidad de que recuperara su vida y creara nuevos capítulos en el futu­ El corazón de la ciudad no abre los domingos, no ve esta impunidad. Ni­
ro. La tabla 9.2 presenta algunos principios para usar la terapia en colabora­ ños, mujeres y hombres jugando, sonriendo, amándose en el festival de la mar-
ción orientada hacia la solución. ginación.
Luiz Gonzaga, Marginal Hearts

Referencias bibliográficas Pretendemos aplicar terapéuticamente las técnicas del construccionis­


mo social con adultos jóvenes discapacitados en su desarrollo, para ayudar­
De Shazer, Steve (1985), Keys lo Solution ¡n Drief Tberapy, Nueva York,.Nortoni (tirad.
los a reconstruir sus vidas dentro de la comunidad. Más específicamente, lía-
cast.: Claves p a ra la solución en terapia breve, Barcelona, Paidós, 1989).
Durrant M. y Kowalski, K. (1990), .Overcoming the effeets of sexual abuse: dcvclo- bajamos con grupos de personas discapacitadas que producen y representan
ping a sclf-perccption of compctence», en Michacl Durant y Cheryl White, comps., una narración acerca de ellas mismas, en forma de una pieza teatral para títe­
Ideas fo r Tberapy witb Sexual Abuse, Adelaida, Dulwich Centre Publications. res. Filmando el proceso de producción es posible captar un fragmento re­
O'Hanlon, Bill y Wilk, James (1987), Shifting Contexts. the Generation o f Effectlve velador de la vida de un subcultura formada por personas empujadas hacia
Psvcboterapy, Nueva York, Guilford Press. los márgenes de la sociedad por las construcciones incapacitadoras que se
O’Hanlon William H. y Wclncr-Davls, Mlchelc (1988), In Searcb o f Solutions: a New encuentran en acción. En este capítulo analizaremos las diversas maneras en
Direciion in Psychoterapy, Nueva York, Norton (trad. cast.: En busca de solu- que los relatos del yo, sus derivaciones metafóricas y sus alternativas, pue­
dones, Barcelona, Paidós, 1990). den ayudarnos a construir un esquema educacional que tiene aplicaciones
tanto en el campo de la salud mental como en el de la rehabilitación. Lanza­
dos a la búsqueda de técnicas para efectuar cambios sociales con respecto
a la cuestión de la discapacidad, vimos que esta combinación de narración
construccionista y teatro de títeres era potencialmente eficaz, si se empleaba
en aquellos servicios en los que el enfoque principal está en la comunidad
terapéutica y en las comunidades como terapia.
Con el fin de establecer el contexto, consideraremos primero el arte de
hacer títeres y la terapia por el arte; el elemento teatral en la cultura; y la
terapia construccionista social en la psicología moderna. Luego describire­
mos The Slory o f Walter A. Mess [La historia de Waltcr A. Mcss], cuyo subti­
tulo es I t ’s Up lo You\ [¡De ti depende!], una pieza escrita y representada en­
tre junio de 1989 y mayo de 1990, dentro de una organización especializada
que funciona en el este de los Estados Unidos y brinda servicios a indivi­
duos con discapacidades. Trabajamos con «narraciones del yo». Son estas his­
torias de individuos estigmatizados, que encontraron los mitos de la defi­
ciencia construidos y arraigados en nuestras sociedades.
IHO LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN n a r r a c io n e s del yo 181

Acto Primero: Luces... Escena El títere corno in term ed iario entre los actores y los espectadores. He­
mos observado que las personas con discapacidades tienen miedo al fracaso
Escena 1: In trodu cción a l arte d e h a c e r títeres cuando se les pide que participen en una representación. La sociedad occi­
dental valora enormemente las buenas representaciones teatrales y fija obje­
Este tipo de escenificación es enormemente emocionante [debido a] la pre­
tivos excesivamente elevados, lo que alimenta los temores de aquellas personas
cariedad del ¡nterjuego entre la realidad psíquica personal y la experiencia de
controlar objetos reales. que no pueden alcanzar ese nivel de perfección. Según nuestra experiencia,
los títeres mediatizan y, por lo tanto, alivian en alguna medida la presión so­
Joseph Friedman, Therapeia, Play and the Therapeutic Household cial del fracaso. Jenkins y Beck (1942) lo expresaron así: «Si el títere se equi­
voca, se censura o se critica al títere, no a la persona». Por otra parte, en tér­
Todo el mundo sabe lo fascinante que es hacer títeres. Sus travesuras minos freudianos el títere representaría al yo ideal y podría «restaurar» o
deslumbran inevitablemente a quienes se atreven a interactuar con ellos. En­
■curar» simbólicamente un cuerpo «física o mentalmente dañado» (ib íd .). Ade­
tre bambalinas o en el público la excitación es la misma, y cuando la obra más, en el intercambio social el títere es la persona, lo que permite a los lec­
comienza se desata una corriente de sentimientos. Muchas veces el resulta­
tores que los manejan «ampliar su yo y experimentar un sentimiento de do­
do es hipnótico y nos transporta mágicamente al hábitat de los títeres: un
minio» (Lyle, y Holly, 1941).
mundo de historias interminables. La técnica de la representación con títe­
res es conocida en todo el mundo, y desde la antigüedad los títeres han ex­
Los títeres com o m ed io artístico tridim en sion al. Según Woltman
presado actitudes culturales y valores sociales. Independientemente de su
(1972), la tridimensionalidad «da a los títeres un efecto más realista» dentro
origen (religioso, místico, de entretenimiento, etc.), hacer teatro con títeres
del contexto de la fantasía; y la combinación de personajes realistas y fantás­
es una vieja tradición en casi todas las sociedades. .
ticos hace más fácil que el individuo entre en la identidad de la figura del
El arte de construir y manejar títeres asumió formas diferentes en las di­
títere (Woltman, 1951). El arte de los títeres, concebido por Kors como «una
versas culturas (por ejemplo, el teatro de sombras chino, los w ayangs japo­
forma en miniatura del psicodrama» (Kors, 1963, 1964), permitió a nuestros
neses, los g id a y m japoneses, los seh a h selitn persas, los k a r a g o c s turcos, los
m am ulengos brasileños y los b u ra ttin i italianos). En cuanto al movimiento, titiriteros revelar sus conñictos permaneciendo, sin embargo, invisibles. La
a los títeres se les da vida por medio de cuerdas (marionetas), con las manos vida representada en el escenario se convirtió en una extensión del psico­
(títeres de dedos o manos), colocando una fuente de luz detrás de ellos (tea­ drama real que viven las personas con discapacidades en la sociedad actual.
tro de sombras), poniéndoles varas, y también con tecnologías modernas más Estamos convencidos de que los mitos de las deficiencias pueden «expulsar­
elaboradas. La magia de los títeres inmortalizó personajes como Polichinela se» por medio del uso de estos «terceros objetos» intermediarios.
y Guignol en Francia, Punch en Inglaterra, Petrushka en Rusia, Raguin en En el meollo mismo de la utilización que hace Kors de los títeres en te­
Sri Lanka y Joáo Redondo en Brasil. Y en algunos países, hasta los mismos rapia hay tres conceptos: 1) «Representen su obra de modo que yo llegue
titiriteros se convirtieron en héroes populares: Yen Sze (China), Pierre Date- a percibir claramente la naturaleza del mundo en que ustedes viven»; 2) «Con­
lin o Brioche (Francia) y el poético Cheiroso (Brasil). Desde el antiguo teatro versemos acerca de su obra, de modo que el mundo en que ustedes viven
griego hasta los actuales show s de televisión, los títeres han deleitado a filó­ llegue a resultarles claro»; y 3) «Tratemos de descubrir por qué su mundo
sofos (Sócrates y Homero), escritores y poetas (Goethe, Jean-Jacqucs Rous­ es tan diferente de nuestro mundo común socialmente construido, por qué
seau, Shikamatsu Monzamon), reyes (Carlos V de España) y a la gente común vivir en ese mundo común les resulta imposible» (Kors, 1963). Este marco
(como todas las personas que seguían a Joáo Redondo en Pernambuco, Brasil). conceptual es fundamental para nuestro trabajo y creemos que tiene impor­
En 1935, Bender y Woltman empezaron a incorporar el uso de títeres tantes consecuencias para que las intervenciones terapéuticas sean eficaces.
a la psicoterapia. Realizaron un trabajo de vanguardia en el Departamento Basándonos en las aplicaciones de la terapia por el teatro (Axline, 1947), po­
de Niños de la División de Psiquiatría del Hospital Bellevue, en Nueva York, demos decir que a través de la representación teatral los individuos pueden
y desde entonces el inmortal espíritu del arte de los títeres se convirtió en «exteriorizar» las dificultades que afrontan por «ser discapacitados» y explo­
un valioso instrumento de la práctica terapéutica, tanto individual como de rar un vasto repertorio de mecanismos de respuesta para sus luchas sociales.
grupo (Bcrnicr, 1983). Hemos observado que a través de la representación «surgen nuevos signifi­
En cuanto a nuestro trabajo, amplía esta técnica y se inspira en tres prin­ cados» y, en consecuencia, el contorno de la realidad cambia. Para el desa­
cipios de la terapia por el arte. rrollo de estas comprensiones son decisivas las relaciones que se establecen
NARRACIONES DEL YO 183
182 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN

entre los actores, entre los actores y sus papeles y entre los actores y la obra. «una acción que se cumple fuera y por encima de las necesidades y la serie­
Con la obra The Story o f Walter A. Mess fue posible crear un espacio de re­ dad de la vida cotidiana». Según Huizinga, «la representación teatral es una
presentación en el que los individuos «discapacltados» ya no eran personas función significante en la que “está en juego” algo que trasciende las necesi­
pasivas que «recibían servicios» de otras personas,'sino activos «autoprovee- dades inmediatas de la vida». Lo que importa, señala, es «lo que la actuación
dores», que se reubicaban en nuevos roles a través de nuevas narraciones es en sí misma y lo que representa para el actor». En un intento por encon­
trar otras categorías que pudieran ser equivalentes a la esencia de la «diver­
del yo.
sión» inherente a la representación, Huizinga hace referencia a la palabra ho­
El p ro ceso de la n a rra c ió n d e una h istoria. Las historias, o relatos, landesa aardigkeit (derivada de a a r d , que significa «arte») como el equivalente
pueden considerarse en función de sus aspectos formales, su contenido y más próximo a la palabra inglesa fu n . La palabra alemana que denota la di­
el punto de vista psicosocial. La narración que se elaboró para nuestra fun­ versión de la representación, wesen, nos propone la «esencia» o el estado
ción de títeres reveló claramente la manera en que sus autores «recortaban» de «ser», una cualidad «natural» del elemento «diversión». De acuerdo con
o revelaban su mundo. Los personajes elegidos representaban diferentes gra­ Huizinga, creemos que dentro del elemento «representación teatral» habita
dos de actividad y pasividad, reflejando así la lucha cotidiana de ios autores un significado ulterior, algo que se experimenta como mágico o arrebatador
entre «ser supervisados» y «llegar a ser independientes»; su lucha con las nor­ y que rodea.el hecho concreto de la actuación misma. El rito (del griego dro-
mas estructuradas e implícitas del lugar asignado por una comunidad a los m enoti) a que se refiere es «algo actuado». Como señala Huizinga, «el rito
adultos con discapacidades de desarrollo. La historia encarnó los conflictos es una cxteriorización de la acción, una acción para garantizar el bienestar
entre los titiriteros y la comunidad en la que se desarrollaba la representa­ del mundo». Él hace referencia a la representación de ritos en las sociedades
ción teatral. Los autores de esta historia eligieron com o tema los problemas primitivas para ejemplificar la idea de que siempre estuvo en juego una «in­
que deben afrontar las personas discapacitadas en su vida dentro de la co ­ disoluble unidad» entre lo sagrado, lo serio y el «hacer creer», la «diversión».
munidad exterior, lo que concuerda con nuestra observación de que las na­ Dentro del contexto de nuestro trabajo, la actuación representa un rito
rraciones de esta población surgen principalmente de experiencias acaeci­ de paso espontáneo c indispensable; un rito por medio del cual las personas
discapacitadas intentan trascender del estado de incapacidad que los ha lle­
das en el medio y del desarrollo de sus destrezas. Otros autores han señalado
que al trabajar con la narración de historias en esta población la línea del vado a la marginación social. Y al hacerlo, el elemento de diversión de lo
que Huizinga define com o «con realidad» redefine la configuración de las
relato podía muy bien centrarse en experiencias recientes de la vida real
del grupo, especialmente en experiencias perturbadoras (véase, por ejemplo, expectativas de la sociedad respecto de la discapacidad.
Los conceptos de Huizinga describen una perspectiva cultural para apre­
Bagcl, en Robbins y Slbley, 1976). No hemos tratado de concentrar la aten­
hender la representación teatral como una alternativa creativa con el fin de
ción del grupo sobre tales cuestiones, pero creemos que el enfoque de Ba-
extraer significado más allá de nuestra seriedad cotidiana. Nosotros, en cam­
gel podría utilizarse para elaborar conflictos dentro del grupo y toda vez que
bio, formulamos esa perspectiva cultural con otros abordajes teóricos. Algu­
aparezca el conflicto de «ser o no ser discapacitado».
nos teóricos, como Piaget, Henri Wallon, Winnicott y Daniel Stern, han pres­
tado gran atención a las experiencias lúdicas kinestésicas que los niños tienen
en las primeras etapas de su vida. Daniel Stern (1985) ha estudiado ciertas
E scena 2: Luces sobre el teatro
experiencias infantiles, com o el reconocimiento de la forma humana (cara,
Las grandes fuerzas instintivas de la vida civilizada tienen su origen en el voz, pecho) y se ha referido a «cierto tipo de singularidad inherente a la vi­
mito y el ritual: la ley y el orden, el comercio y la ganancia, los oficios y el sión que la persona tiene de otras personas y del yo». Creemos que esta «sin­
arte, la poesía, la sabiduría y la ciencia, todo está arraigado en el suelo primige­ gularidad» desempeña un papel fundamental en el ámbito de nuestra «vin­
nio de la representación teatral. , culación» cotidiana en la sociedad, un proceso permanente que nos permite
construir y ser construidos socialmente. Para los objetivos de nuestro traba­
J. Huizinga, Homo Ludens
jo, lo que más nos interesa específicamente es la pregunta de Stern (1985):
«Cuándo y cómo nuestras construcciones llegaron a vincularse con la subje­
La importancia que el «elemento teatral» tiene en nuestro trabajo puede
tividad humana, de modo que surgieron los yo y los otros». Entonces, articu­
atribuirse en gran medida a la obra H om o Ludens: A Study Element in Cul­
lando esa «suerte de singularidad» con el elemento «representación teatral»
ture. Huizinga (1945) cita a Platón al describir la representación teatral com o
IH'Í LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN NARRACIONES DEL YO 185

de I luizinga, definimos el teatro de títeres com o una acción que difiere cua­ «criaturas» (títeres o personajes autoproyectados). Pudimos entonces obser­
litativamente de la actividad común y corriente de nuestras vidas. La pro­ var un proceso en el que los aspectos de sus narraciones ayudaban a los par­
duce ión que emprendimos fue un acontecimiento de «una suerte de singu­ ticipantes a ver la gama de sus decisiones posibles para vivir en el mundo;
laridad», en el que dominaba el elemento «representación teatral». Y la también advertimos que estas narraciones servían de espejo para sus auto-
i< presentación era acerca de la manera en que un grupo de personas cons­ conceptos y Ies ayudaban a «identificarse con los demás y con ellos mismos»
uma socialmcnte sus vidas. Como actores, no distinguimos entre «ser» y «ac­ (Gergcn y Gergcn, 1988).
tual», es realmente actuando cuando todos nosotros reconocemos «caras»
y "voces» dentro del entorno social. Así, manipulando los elementos teatra­
les dentro de la vida social, la gente puede tomar conciencia del papel fun­ Escena 3: El con stru ccion ista social su b e a l escen ario
damental que el construccionismo desempeña en sus vidas.
AI pasar de lo teórico a lo práctico usamos elementos teatrales como El arte se convierte en el vehículo a través del cual se genera la realidad
orden, tensión, movimiento, ritmo y éxtasis, con la intención de hacer posi­ de la vida. En cierto sentido —y esto es muy importante— vivimos por histo­
ble que los participantes de la obra para títeres funcionaran en un papel dife­ rias, tanto en la narración como en la construcción del yo.
rente del que la sociedad esperaba de ellos: el papel de «retrasados». Dentro Kenneth y Mary Gergcn, «Narrative and the self as rclationship»
del marco de la representación teatral, el grupo desempeñó el papel —so-
cialmcntc inesperado de «equipo de producción de un acontecimiento Hemos examinado ya el elemento de la representación teatral en las cul­
complejo», la obra para títeres. En la obra los participantes asumieron un pa­ turas y hemos tratado de demostrar el valor de la «experiencia estética» para
pel más definido y activo que el que acostumbraban a desempeñar en el mun­ una subcultura marginalizada; pasamos ahora a nuestro tercer enfoque teóri­
do. ¿En qué tipo de escenario cultural surgió esta obra sobre Walter? Duran­ co: el enfoque construccionista social. En el campo de la psicología esta orien­
te décadas las personas con discapacidades «representaron» solamente tación estimula una evolución en la que se coloca el énfasis sobre la cons­
«papeles» institucionalizados, se mantuvieron «fuera de la vista y fuera de trucción del mundo que realizan las personas y sobre los efectos de esa
nuestra mente», porque la sociedad definía su comportamiento com o ina­ construcción sobre sus actos. En nuestro trabajo nos interesa especialmente
ceptable. Las instituciones no ofrecían una amplia variedad de contactos so­ el «lenguaje incapacitador» que usa gran parte de la sociedad (incluyendo
ciales y, por ende, muchas vidas se empobrecieron socialmente. Con el mo­ a los profesionales de la salud mental), al manejar pautas de comportamien­
vimiento para desinstitucionalizar a este grupo de personas, surgió un nuevo to inusuales o no normativas. Nos interesa también la incorporación de estas
orden de «juego», de «representación». Consideramos que las nuevas mani­ creencias a las vidas de aquellos que así se construyen.
festaciones de fortalecimiento y autodeterminación son actividades de auto- La mayoría de las categorías de diagnóstico comúnmente usadas dentro
del campo de la salud mental implican «jerarquías implícitas» (Gergcn, 1990),
afirmación, que brindan a las personas posibilidades reales de activa interac­
ción social. que tienen el efecto de «disminuir» a las personas, asignándoles un estatus
bajo o reduciéndolas a una etiqueta. Como señala Gergen, estas etiquetas
Dentro de este contexto concebimos los juegos de la obra para títeres
«establecen la naturaleza esencial de la persona descrita», por la que enten­
que representamos. En las diferentes fases de la producción vimos juegos
demos a la persona en el mundo. Nos preocupa mucho la amplitud de los
de autodescubrimiento, autoexpresión y autorresolución; y, en última ins­
efectos del vocabulario de déficit y la perpetuación de los problemas que
tancia, oportunidades para desconstruir las construcciones incapacitadoras
intenta describir. Si analizamos la afirmación de Jcff Woodyard (1980) de
y reconstruir identidades nuevas y más fuertes. Trabajando dentro de un pro­
que «la segregación por medio de la institucionalización se ha producido en
grama educacional altamente estructurado y con objetivos comportamenta-
nuestra sociedad como consecuencia de muchos mitos», es evidente que una
Ics claramente definidos para los participantes, llegamos a la conclusión de de las principales causas de la segregación y el aislamiento que experimenta
que era extremadamente importante que nuestras obras de títeres fueran es­ este sector de la sociedad es que siempre se percibió a estos individuos como
peciales y diferentes y estuvieran por encima de las necesidades y la serie­ «peligrosos», «enfermos», «cargas para la sociedad», «amenazantes» y «sexual-
dad de la vida cotidiana. Alentábamos la esperanza de fomentar una especie mente incontrolables». Otra de nuestras preocupaciones es identificar el pro­
de juego, una representación teatral en la que se persiguiera el objetivo de ceso por el que el «lenguaje incapacitador» y sus «efectos peyorativos» son
facilitar una reconstrucción creativa de la realidad entre los «creadores» (titi­ aplicados no sólo por quienes interactúan con las personas discapacitadas
riteros y/o equipo) y por medio de interacciones entre los «creadores» y sus sino también por éstas mismas; y una vez identificado, intervenir en él.

ik .
NARRACIONES DEL YO 187
186 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN

sonas incrementa su capacidad de autodefinirse como individuo humano,


Los teóricos del campo han propuesto explicaciones diversas para la pre­
en lugar de aplicarse la etiqueta abstracta de «discapacitado». La observación
ponderancia del lenguaje de deficiencia utilizado por los profesionales de
de este proceso brinda nuevos recursos y claras intuiciones a personas dis­
la salud mental. T homas Szasz (1961, 1963) postuló que los conceptos de en­
capacitadas y no discapacitadas.
fermedad mental funcionan principalmente com o «mitos sociales» y se utili­
zan como medio de control social. Izidora Blikstein (1983) ha demostrado
la existencia de influencias lingüísticas en la construcción de la realidad so­
Acto segundo: C á m ara, acción... la n a rra ció n se d esp lieg a
cial, señalando que «los corredores semánticos o isotópicos» contienen su­
puestos ideológicos, incluyendo algunos que conllevan valores negativos. Ber-
¡Hable en voz baja, señora! ¿No ve que estoy ocupado?
ger y Luckmann (1967) utilizaron este marco de referencia para describir un
proceso de cosificación por el que las etiquetas aplicadas a las personas dis­ The Story o f Walter A. Mess: tt's Up to Yon!
capacitadas hacen que no se trate a estas personas como seres humanos sino
como objetos. Erving Goffman (1963) ha demostrado que esta cosificación Mucho se ha hecho en el aspecto de los recursos técnicos para ayudar
se presenta acompañada de una pérdida de la Identidad personal y que esto a las personas con discapacidades en el campo de la rehabilitación y en el
produce «rituales de degradación» que arrastran a la persona a lo que se po­ de la salud mental. Desde ese punto de vista (los aspectos técnicos), la utili­
dría llamar «la carrera institucional». Algunos autores, como Duarte (1986), zación de una técnica de videofilmación dentro de una comunidad es un
estudiaron la construcción de las identidades sociales desde una perspectiva recurso terapéutico innovador y eficaz. En el caso que aquí presentamos, dos
etnográfica, analizando el discurso mental de los trabajadores urbanos que grupos de individuos «discapacitados» trabajaron juntos durante once me­
son atendidos en el sistema de bienestar social brasileño. Otros, entre ellos ses para producir y representar una obra de teatro para títeres. El grupo, di­
Gcrgcn (1990), trabajando desde una perspectiva psicológico-social, han re­ vidido en dos subgrupos (uno responsable de la redacción del guión y el
levado «las consecuencias del lenguaje mental» y «sus vastos efectos en la otro de la puesta en escena), se reunía una vez por semana durante unas dos
cultura en general». horas. Gran parte de las situaciones delineadas en el guión resultaron de un
En nuestro trabajo, y desde el punto de vista del construccionismo so­ brainstorm ing previo, y posteriormente se organizaron en una línea argu-
cial, alentamos a las personas etiquetadas com o «discapacitados del desarro­ mental definitiva. Uno de los individuos, que recibía atención en el servicio
llo» a reconstruir sus narraciones personales, revisar socialmcnte la concep­ asistcncial institucional, presentó el «original» tema de «una persona joven
ción errónea y/o las concepciones míticas que causaron su segregación. discapacitada, que siempre se mete en líos dentro del programa comunita­
Pusimos especial énfasis en la idea de Berger y Luckmann (1967) de que «todo rio». El título de la obra, The Story o f Walter A. Mess, es un juego de palabras
rol social conlleva un apéndice de conocimiento definido socialmcnte». Cuan­ con la expresión «¡Qué lío!», frecuentemente usada en nuestra cultura* El
do estudiamos el papel de la discapacidad com o un «apéndice del conoci­ personaje principal se debate entre los consejos de su «ángel bueno» y las
miento» descubrimos que las narraciones reconstruidas permiten a las per­ «malas» influencias de un «demonio». La decisión de filmar la obra se tomó
sonas «discapacitadas en su desarrollo» poner en evidencia los mitos acerca como consecuencia de dos factores. En primer lugar, el grupo tenía miedo
de la discapacidad que todavía les afectan. Vimos que a través del proceso de representar en vivo, porque podían «hacerse un lío» y porque creían que
autonarrativo los individuos seleccionan «acontecimientos autorrelevantes» la película de vídeo les ahorraría la vergüenza y les daría la satisfacción de
que suelen identificar en su experiencia personal los orígenes de los mitos verse como ellos pensaban que podían ser. En nuestra opinión, el vídeo re­
construidos socialmente. Además, como las autonarraciones son «construc­ presenta también la posibilidad de eliminar la presión que las personas «dis­
ciones sociales que sufren una permanente alteración» (Gergcn y Gergen, capacitadas» experimentan cuando se exponen socialmcnte. Y en segundo
1988), es de prever que en el proceso de narrarlas se presenten oportunida­ lugar, existía nuestra convicción de que la estrategia del vídeo era apropiada
des para una saludable reconstrucción de identidades. Escuchamos las pala­ y complementaria para la técnica de terapia por el arte que aplicamos en nues­
bras con que las personas etiquetadas com o «discapacitados del desarrollo» tro trabajo. Examinemos ahora algunos extractos de la obra de títeres, que
reconstruyen socialmente sus experiencias pasadas. Junto con esas personas escribieron y representaron los participantes.
llegamos a ver cómo ciertas «concepciones míticas» internalizadas causaron
su exclusión social. Y también junto con ellas experimentamos radicales rcin-
* En ingles, What a mess! [R.]
tcrprctaciones de estos autoconceptos limitadores. Así, cada una de estas per­
188 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN
NARRACIONES DEL YO 189

Ángel bueno : ¡Levántate, Walt! Es hora de ir al trabajo. Ángel malo: ¿Llamar a Dori! ¡Excelente idea! Es una hora perfecta para
Wall: ¡Oh! Hoy no tengo ganas de ir a trabajar. Creo que estoy enfermo. llamarla. Ella debe estar sentada al lado del teléfono esperando que la llames.
Estoy enfermo, no puedo ir a trabajar. Ahí tienes el teléfono, Walt. ¡Llámala, llámala!
Ángel bueno: Walt, si no te sientes bien y no puedes ir al trabajo, tienes
que llamar por teléfono a tu jefe. Eso es io que tienes que hacer, lo que corres­
ponde hacer. Los rasgos buenos y los rasgos malos de los ángeles guardianes de Wal­
Angel malo: Pero Walt... Es tan bonito quedarse en la cama, con las man­ ter pueden servir también para ilustrar las jerarquías de inferioridad y supe­
tas calcntitas. No tienes que ir a trabajar, ni siquiera tienes que llamar a tu jefe. rioridad que las personas con discapacidades tienen que afrontar cuando se
El comprenderá, Walt. Además, tu jefe es capaz de leerte el pensamiento. exponen al discurso común de la salud mental. Por otra parte, contempla­
dos desde un punto de vista institucional, estos rasgos representan los valo­
El guión constaba de tres actos y a lo largo de todos ellos Walter *se mete res «buenos» y «malos» contenidos en la experiencia de independencia de
en líos» con su compañero de cuarto, con sus compañeros de trabajo, con cada individuo. Las personas con discapacidades de desarrollo que viven en
sus novias y con sus supervisores. En el primer acto, bajo la influencia de programas supervisados tienen que establecer un equilibrio entre sus nece­
un demonio, decide no ir a trabajar, y lo despiden de su empleo. El extracto sidades y las expectativas de la sociedad. Esas expectativas están representa­
que se reproduce más arriba refleja algunas de las reglas implícitas que las das aquí por la estructura, las tareas y las reglas que constituyen la cultura
personas discapacitadas tienen que cumplir cuando viven en una comuni­ normativa de'su programa de residencia. Al expresarse libremente por me­
dad supervisada; es decir, describe «las necesidades y la seriedad» (empleo, dio de los alter ego (los ángeles buenos y los ángeles malos), los participan­
puntualidad, jefes) de su situación cotidiana. tes pueden explorar las opciones para la toma de decisiones y también los
principios que rigen sus acciones, sin miedo a las consecuencias y sin nece­
Je fe : ¡Walt! Conteste el teléfono. sidad de adaptarse a las expectativas de la sociedad. De este modo, avanzan
Walt: ¡Hola! ¿Quién habla?
hacia la recuperación de las partes capacicidoras y discapacitadoras de ellos
Je fe: Pero por favor, señor Walt. Usted sabe muy bien quién habla. ¿Qué
demonios le pasa? mismos. Llegan entonces a ver las partes «buenas» (adaptativas) y las partes
. Walt: Este... Lo siento... Yo... «malas» (inadaptativas) no com o la esencia de su identidad, sino como elec­
Ángel malo: Enfermo, enfermo, dilc que estás enfermo. ciones que pueden hacer y rehacer a medida que crecen y aprenden. En otras
Je fe: Vamos, vamos, Walt. Esta historia ya la he oído antes. Usted conoce palabras, los participantes empezaron a experimentar esta dinámica dialécti­
las reglas. Puede considerarse despedido. ca com o una tensión inevitable en sus vidas. A medida que desarrollan una
Walt: Pero... pero... Bueno, creo que me han echado. sensación de bienestar con el equilibrio de la tensión, pueden identificarse
más objetivamente.
La vida no es fácil para Walt, que se ve empujado de un lado a otro por
sus ángeles buenos y sus ángeles malos. Mientras el ángel bueno le aconseja Walt: ¡Dori! ¡Coge el teléfono! Habla Walt A. Mess. Es una emergencia, una
enderezar su vida, el ángel malo lo incita a «abandonarlo todo» sin preocu­ cuestión de vida o muerte. Coge el auricular, Dori, por favor, cógelo.
parse por las consecuencias. Al procesar nuestro trabajo, Liz (escritora prin­ Dori: Walter, ¿has mirado tu reloj? ¡Son las dos de la mañana! Si no te es­
cipal) observó que los ángeles representan influencias que, en realidad, son tás muriendo, te mataré yo.
■las dificultades que tenemos que vencer para tomar decisiones. Tomar deci­ Walt: Dori, ¡escúchame! Quería avisarte de que esta mañana me han echa­
siones es muy difícil». En este contexto, Walter es la personificación de cuán do del trabajo.
dura puede ser la vida para individuos con discapacidades de desarrollo. Dori: ¿Y no podías contármelo mañana por la mañana? ¿Tenías que espe­
rar que fuera de madrugada para llamarme? TUvc un día terrible y necesito dor­
Ángel bueno: ¡Pero Walt! ¿A dónde quieres llegar? Te has pasado el día mir. Hablaremos del asunto por la mañana. Iré a tu casa a las nueve. Nos vemos.
escuchando música a todo volumen. Y esta mañana te echaron del trabajo.
Ángel malo: Pero Walt, ¡es tan dlvertldol La noche es joven. No tienes por El personaje introducido aquí, Dori, al igual que el llamado Mike, que
qué preocuparte. Tbs vecinos aprecian tu buen gusto en música. Mañana no aparece en la última parte de la obra, es de particular interés. Merece la pena
tienes que levantarte temprano para Ir a trabajar. Eres un hombre libre. señalar que estas personas, cuyas vidas están tan estrictamente supervisadas,
Ángel bueno: Walter, son las dos de la mañana. Esto ha ido demasiado le­ eligieron incluir en su obra a dos supervisores de sus vidas, además de la
jos. Tienes que corregirte. Tienes que irte a la cama y pensar qué le dirás a Dori. figura del jefe, que aparece más adelante. Al escribir estas partes y después
190 1.A CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN NARRACIONES DEL YO 191

representarlas, parece que los participantes se hubieran identificado con los biaría en la vida de Walter (él seguiría siendo un inútil); 2) con el tiempo,
roles de personas que normalmente controlan y organizan sus situaciones Walter enderezaría su vida; 3) un signo de interrogación. Según el grupo, cada
cotidianas. Dentro del marco de la obra, los participantes desempeñan esos vez que se representara la obra «dependería» del público decidir cuál de las
papeles demostrando una comprensión del otro y, por ende, hacen gala de opciones enumeradas sería el final de la historia. Comentando el tema más
su confianza en que pueden manejar sus vidas y controlarlas eficazmente. tarde, Liz expresó una justificación para las opciones:
Al suspender momentáneamente la realidad, la obra de teatro para títe­
res ayudó a los participantes a exteriorizar fantasías hasta entonces inexpre­ Nunca sabemos lo que pasará con nuestras vidas, y por esa razón es posi-
sadas: la posibilidad de equivocarse o de «hacerse un lío» sin tener que so­ 1 ble que el final de la obra sea un signo de interrogación. Por otra parle, depen­
portar las agudas críticas y la actitud de censura de la sociedad. Al estar entre de de cada uno decidir si quiere enderezar su vida. Si Walter decide seguir siendo
bambalinas, los titiriteros pudieron disociarse de la habitual percepción «in- un inútil, un «lío», eso depende de él; y también es posible ver cómo las cosas
capacitadora» que limita sus vidas y las confina en una «condición de disca­ cambian alrededor de nosotros. Entonces, es importante tomar a tiempo la de­
pacidad». Al mismo tiempo, a través de los títeres pudieron experimentar sus cisión de enderezar nuestra vida.
rasgos «buenos» y «malos» sin preocuparse por la «expectativa ideal» de los
«gobernantes» de todos los días. En efecto, la «reunión de los títeres» (así lla­ Es conveniente señalar que la votación marcó un punto de inflexión en
maron los participantes a la elaboración y producción de la obra) fue un lu­ el proceso del grupo. A partir de ese punto el equipo tuvo menos influencia
gar seguro para escapar a la seriedad de los profundos sentimientos de inca­ en la redacción del guión y el diseño de la escenografía. El fortalecimiento
pacidad engendrados por las expectativas de la sociedad. Además, tuvo gran experimentado por el grupo a través del liderazgo de Liz —cuando ella les
importancia el hecho de que estas personas fueron algo más que meros par­ indicó cómo resolver el problema del final de la obra— no sólo excluyó al
ticipantes: con sus propias manos, y por medio de su imaginación, ellos die­ equipo de terapeutas sino que también demostró que los participantes ha­
ron vida a los títeres y los gobernaron a su modo. Fueron «pocas» que coe­ bían tomado la democrática y «arriesgada» decisión de «estar en el mundo
xistían con su «poesía» autoproycctada. Como si fueran dioses «creando al por sus propios medios». Creemos que tomar una decisión por mayoría fue
hombre a su imagen y semejanza», ellos crearon vidas en las que tuvieron una manera de ejercitar un compromiso que puede compararse con los «pun­
que afrontar las «imperfecciones» y los «malos» comportamientos de la vida tos de consenso» terapéutico que algunos grupos adoptan en el proceso de
cotidiana. identificarse com o un cuerpo colectivo compuesto por individuos.
. Desde el comienzo fue evidente cuáles serían los objetivos del grupo. Al aplicar métodos no directivos (como las preguntas vinculadas a los
No tratamos de cumplir programas de productividad ni de alcanzar patro­ textos de los ángeles «buenos» y «malos»), el equipo ayudó a los redactores
nes de calidad, ni manejamos las «pautas» que generalmente aplicamos en del guión a pensar acerca de la evolución de las diferentes situaciones de
el campo de la rehabilitación. Se trataba de una actividad expresiva y decidi­ la obra. Este aspecto fue de suma importancia para estructurar la actuación
mos que el proceso era más importante que el producto mismo. Esto fue de Walt en la obra, sobre todo en la tarea de redactar el guión, y también
terapéutico, porque la metodología, paso a paso, ayudó a los participantes permitió llevar las situaciones imaginarias a un libreto experimentado en la
a discutir y afrontar los problemas que se les presentaban. Un programa de vida «real». Para hacerlo, el equipo les preguntó a los individuos cómo resol­
producción flexible permitió el desarrollo de todas esas discusiones. Todas verían un problema similar al de los personajes principales. La combinación
las fases del proyecto se planificaron por medio de un proceso de toma de de imaginación y confrontación con la realidad resultó eficaz. Dentro del
decisiones en grupo. Cada uno de los participantes puso lo mejor de sí, en contexto de la elaboración de la función de teatro de títeres, estos indivi­
la medida de sus posibilidades, para alcanzar los objetivos de la producción de duos, altamente supervisados y asistidos, pudieron usar sus autonarraciones
la obra. Hubo detalles aparentemente insignificantes, com o arreglar la pata como base para tomar decisiones independientes en nombre de los perso­
de una mesa de la escenografía, que resultaron importantísimos para algu­ najes que estaban creando. Además, el trabajo fue una manera de tomar el
nos individuos y se convirtieron para ellos en verdaderas experiencias de control. Al crear una obra y entretener a otros, estaban cambiando su expe­
aprendizaje vital. He aquí un ejemplo de un acontecimiento importante du­ riencia cotidiana, que consistía en ser atendidos; podemos decir que des­
rante el proceso: la autora del guión (Liz) no sabía cómo terminarlo y deci­ construyeron un rol previsible («gente que recibe servicios») y se reconstru­
dió someter a votación las diferentes opciones. La consecuencia fue que el yeron como más capaces y más activos de lo que habían sido anteriormente.
grupo presentó tres opciones diferentes para el final de la obra: 1) nada cam­ Entendemos que este cambio constituyó un punto de inflexión simbólico
192 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN NARRACIONES DEL YO 193

en nuestro trabajo y creemos que representa una nueva gama de posibilida­ A diferencia de las terapias de visión individual u orientadas hacia la ca­
des para las relaciones entre las personas discapacitadas y las personas que tarsis, nosotros vemos en los títeres (incluyendo la elaboración y la puesta
las apoyan. en escena) un proceso de colaboración mutua. Desde nuestra perspectiva,
Por otra parte, la producción de la película de vídeo permitió al grupo las tres decisiones de Walter encarnan la lucha de todos los participantes,
examinar las construcciones de poder que los discapacitados comparten en que de un modo u otro se vieron enfrentados a su experiencia de «ser» o
sociedad. Además, fue un recurso educativo que permitió a los miembros «no ser» discapacitados. Ellos saben que la decisión debe ser de ellos, y que
del grupo observarse y escucharse y finalmente cuestionar las concepciones no se la deben imponer extraños bienintencionados. Han heredado etique­
míticas. Sostenemos que cuando se pasan fragmentos del vídeo y se discute tas de discapacidad construidas socialmentc; ahora necesitan dcsconstruir
sobre las diversas cuestiones, las personas discapacitadas pueden identificar esas etiquetas y tratar de reconstruir identidades nuevas basadas en su pro­
sus mecanismos de respuesta y enorgullecerse por la evidencia de sus múlti­ pia experiencia. Creemos que ese proceso es una forma de rite d e p a s s a g e
ples capacidades. Algunas de esas conversaciones también se filmaron, por que permite a los participantes desligarse de las construcciones incapacita-
lo que pueden formar la base de un vídeo que pueda exhibirse para perso­ doras a que estuvieron expuestos e indagar más directamente lo que son y
nas «no discapacitadas». Creemos que un vídeo de esas características servi­ lo que no son capaces de hacer con sus vidas. Mientras no se expongan
rá para modificar creencias erróneas muy generalizadas entre el público. Y y representen claramente, las construcciones heredadas confunden y dañan.
confiamos en que las narraciones de personas discapacitadas promoverán Pero una vez que se las exterioriza, es posible examinarlas y reinterpretarlas.
una toma de conciencia acerca de que el lenguaje incapacitador que impera Por lo que respecta a otros públicos, al ver estos vídeos, se sentirán dia­
en nuestro discurso empuja a esta gente hacia los márgenes de la sociedad lécticamente invitados a desconstruir su «desastrosa» realidad e iniciar un
y les impide realizar sus potencialidades de independencia y dignidad. Con­ audaz proceso de reconstrucción por medio de la elección de un final para
fiamos también en que esa toma de conciencia modificará la forma en que la obra. El «signo de interrogación», citado como tercera decisión para Wal­
nosotros y nuestros colegas de profesión formulamos nuestras narraciones ter, implica la apertura de diversas posibilidades; y cualquiera de ellas puede
terapéuticas, y nos ayudará a desconstruir las construcciones discapacitado- surgir como reacción del público ante la obra. A través del proceso de la
ras que se generan en el lenguaje de nuestra práctica, para reconstruir un representación teatral nacen nuevas construcciones. El proceso es dialéctico
discurso nuevo, más enaltecedor y respetuoso, dirigido a aquellos que difie­ en todo su desarrollo, desde el comienzo de la obra hasta la respuesta del
ren de las normas sociales. público a las decisiones finales. Las primeras narraciones del yo, que forman
la base del guión, generan una nueva criatura — el guión— y son, a su vez,
modificadas por ella. Y mientras se teje la historia, la historia misma teje nuevas
Acto tercero: Acción... p ro sig u e la representación historias. No faltarán quienes cuestionen la capacidad de personas con «re­
traso mental» para dcsconstruir y reconstruir construcciones incapacitado-
Una vez terminada la obra para teatro de títeres entrevistamos a Liz y ras. El proceso de la representación teatral y las narraciones del yo se entre­
le preguntamos si la pieza era realmente obra suya. Liz dijo: «Sí, todos estos lazan de tal manera que surgen nuevas comprensiones. En otras palabras,
programas son nuestros. Ustedes, muchachos, están aquí sólo para apoyar­ consideramos que el proceso de la representación es tan importante como
nos, pero de nosotros depende decidir lo que queremos hacer con nuestras el contenido mismo. ■
vidas». Ahora bien, nosotros, los terapeutas, debemos preguntarnos: ¿la re­ Como terapeutas interesados en las técnicas para el cambio social, esta­
presentación termina realmente? ¿Cuáles son las decisiones de Walter? Para mos considerando la posibilidad de utilizar este enfoque construccionista
la gente com o Walter, ¿la vida será realmente como un juego con reglas fijas? con otros grupos: por ejemplo, las familias de los «discapacitados». Estas téc­
El viaje «autonarrativo» no termina aquí sino que sigue, pero por un camino nicas podrían ofrecerles la oportunidad de examinar las construcciones fa­
nuevo. Los participantes dieron un paso muy importante. The History o f Wal­ miliares, directa o indirectamente vinculadas a su relación con sus hijos. En
ter A. Mess captó una porción, un fragmento de las vidas de personas eti­ breve se ofrecerá este método a las familias con parientes asistidos en el Centro
quetadas como «discapacitadas en su desarrollo». Según sus propias palabras, Psiquiátrico Pedro II, de Río de Janeiro. También es posible exponer a esta
■de ellos depende» decidir si abandonarán las etiquetas («inútil», «discapaci­ estrategia de autonarración a los miembros de los equipos de terapeutas, como
tado», «disminuido», «retrasado», etc.) que les impidieron tener una partici­ una manera de evaluar las polaridades de «ser cuidadores» en contraposición
pación real y efectiva en la vida de la sociedad. con lo que una persona con discapacidad llama «persona de apoyo». Las na-
194 LA CONSTRUCCIÓN EN ACCIÓN NARRACIONES DEL YO 195

rraciones del equipo son particularmente importantes para quienes se inte­ Mundo; Moacira V. Silva, de CRAPSI; Ritamaria de Aguiar; José S. S. Filho; Carlos Eduar­
resan por el análisis institucional. Los grupos de personas discapacitadas pue­ do C. Cunha; Virginia Schall, de FIOCRUZ; Aurea Rocha, de FIOC.RUZ; Sergio Lizar-
den explorar temas com o éste: «Cómo es ser discapacitado en una sociedad do; Ivan A. S. Filho; Roberto Fukushi; J. A. Tauil; M. Fatima Alonso, de Crechc Vaga-
no discapacitada». Este método construccionista alienta a los individuos dis­ lumc; Ruth L. Parames. Damos las gracias a Joao Coentro (in memoriam).
capacitados a cuestionar las actitudes llenas de prejuicios que deben afron­ Agradecemos el apoyo emocional recibido tanto de Mariah F. Gladis y Dori H.
Middlemann como de nuestros colegas del Pennsylvania Gestalt Cerner; Ronald E.
tar en una sociedad tecnológica y altamente competitiva. Hays, ATR y el Creative Arts in Therapy Program, Hahnemann University, Filadclfia,
Desde una perspectiva interinstitucional, queremos observar la utiliza­ por ayudarnos a encontrar nuevas dimensiones en la terapia por el arte; y a Ralph
ción de este procedimiento en diversos ámbitos comunitarios, con el pro­ Rosnow, por iniciarnos en el trabajo de Kcnneth y Mary Gcrgcn.
pósito de comparar las autonarraciones y de examinar los efectos de los di­ Dedicamos este capítulo a nuestros hijos, a los titiriteros de todo el mundo (gra­
ferentes medios sociales. Sería muy interesante, por ejemplo, comparar las cias, Cheiroso y Jim Hcnson), y a todas las personas marginadas del mundo, como
narraciones de los emplazamientos comunitarios con las de los medios insti­ un homenaje a sus luchas con las Injusticias de nuestras sociedades; a los pacientes,
tucionales. Sobre una base individual, este trabajo constituye una herramienta familiares y equipo del Hospital Neuropsiquiátrico de Niños de Río de Janeiro; y por
concreta para alentar a las personas estigmatizadas a destruir las concepcio­ último, al pueblo brasileño, como una manera de rendir homenaje a sus movimien­
nes sociales míticas que fueron responsables de su marginación. Desde una tos hacia la equidad social.
perspectiva cultural, este modelo se aplicará en Brasil, dentro del sistema de
salud mental, como una manera de reunir diversas narraciones que consti­
Referencias bibliográficas
tuirán datos para estudios transculturales.
Alentamos la esperanza de que este trabajo influya positivamente sobre Axlinc, V. M. (1974), Play Tberapy, Nueva York, Houghton Mifílin.
los puntos de vista de otros terapeutas, entre ellos nuestros colegas brasile­ Bcrger, P. L. y I.uckmann, T. (1967), The Social Construction o f Reality: a TYealise
ños. Creemos que ya es hora de «reescribir» algunas de las prácti . corrien­ in Ibe Sociology o f Knowledge, Nueva York, Anchor Books.
tes en nuestras relaciones con las personas a quienes llamamos nr stros «pa­ Bernier, M. G. (1983), «Puppetry as an art therapy techniquc with cmotionally distur-
cientes». Ha llegado también el momento de establecer una the> z p e ia , en bed childrcn», tesis doctoral, Hahnemann University, Filadclfia.
el sentido de Friedman (1989), como una «comprensión de que lo funda­ Blikstcin, I. (1983), Kasper Hauser ou a fabricando da realidade, Sao Paulo, Cultrix.
mental es siempre algo más amplio que el individuo y trasciende su aten­ Borba Filho, H. (1987), Fisionomía e espirito do Mamulengo, Río de Janeiro, MinC,
INACEN.
ción, su voluntad, incluso su Imaginación. En esta comprensión no descar­
Duarte, L. F. D. (1986), Da Vida Nervosa ñas Classes JYabalbadoras Urbanas, Río
tamos ni los logros ni los fracasos humanos; simplemente los vemos como de Janeiro, Zahar & C.NPQ.
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Damos las gracias a nuestros colegas del Instituto Bancroft, particularmente Gcor- gers University Press.
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I

CAPÍTULO XI

MÁS ALLÁ DE LA NARRACIÓN EN LA NEGOCIACIÓN DEL


SIGNIFICADO TERAPÉUTICO

Kenneth J. G ergen y Jo h n Kaye

No he sacado conclusiones, no he marcado límites


para abarcar y excluir, para separar el interior
del exterior: no he
trazado líneas:
así .como
los múltiples movimientos de la arena
cambian la forma de las dunas, que no será la misma
mañana,

así quiero seguir, quiero aceptar


el pensamiento
conveniente, no cercar ios comienzos ni los fines,
no levantar muros
A. R. Ammons, Carson's Inlel

Cuando una persona busca una psicoterapia, tiene una historia que con­
tar. Casi siempre es la historia difícil, desconcertante, dolorosa o iracunda
de una vida o de una relación ya arruinadas. Para muchos se trata de una
historia de hechos calamitosos que conspiran contra su sensación de bie­
nestar, de autosatisfacción, de eficacia. Para otros, la historia suele aludir a
fuerzas invisibles y misteriosas que se introducen en las organizadas secuen­
cias de la vida para perturbar y destruir. Y para algunos es como si, en su
ilusión de saber cómo es o cómo debería ser el mundo, hubieran tropezado
con dificultades para las que su relato preferido no los había preparado. Es­
tas personas han descubierto una realidad pavorosa que ahora despoja de
valor a todas las comprensiones pasadas. Sea cual fuere su forma, el terapeu­
ta se enfrenta con una narración: una narración que suele ser agobiante y
persuasiva y puede durar poco tiemyo o prolongarse durante semanas o in­
cluso meses. Pero en algún momento el terapeuta deberá, inevitablemente,
responder a ese relato; y lo que después se produzca dentro del procedi­
miento terapéutico extraerá su significación en respuesta a este relato.
¿Qué opciones tiene el terapeuta como receptor de una realidad narra­
da? Hay por lo menos una que permea toda la cultura y se usa también den-
200 REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN
LA NEGOCIACIÓN DEL SIGNIFICADO TERAPÉUTICO 201
tro del contexto del asesoramiento, las entrevistas de trabajo social y las tera­
pias breves: la opción consultiva. Para el asesor, la historia del cliente sigue po de pensamiento que cuestiona la concepción modernista de la narración,
siendo relativamente inviolable, es decir, no se cuestionan ni los términos y el hacerlo inaugura nuevas modalidades de procedimiento terapéutico. En
de la descripción ni las formas de la explicación. El asesor trata, por el con­ este volumen esta última orientación está bien representada por las diversas
trario, de encontrar formas de acción efectiva «en las circunstancias» narra­ contribuciones construccionistas que contiene. En cuanto a nuestro trabajo,
das. Así, por ejemplo, si el individuo dice que está deprimido por causa de pretendemos desarrollar ciertas dimensiones de la orientación construccio-
su fracaso, se buscan los medios para restablecer la eficacia. Si el cliente no nista que no suelen destacarse en los análisis existentes. Queremos trascen­
puede actuar eficazmente debido a su pesar, se sugerirá un programa de ac­ der el significado de la narración en la construcción de las vidas.
ción tendente a superar el problema. En resumen: se acepta la historia de
la vida del cliente, se la considera fundamentalmente adecuada para él y se
plantea el problema como la búsqueda de formas de acción mejoradoras den­ LAS NARRACIONES TERAPÉUTICAS DENTRO DEL CONTEXTO MODERNISTA
tro de los términos de la historia.
Se puede aducir mucho en favor de la opción consultiva. Dentro del Se ha escrito mucho acerca del modernismo en las ciencias, la literatura
ámbito de lo relativamente corriente, esta opción es obviamente «razonable» y las artes. Por otra parte, no es éste el lugar más apropiado para hacer una
y muy probablemente eficaz. Sin embargo, para el cliente crónico o profun­ reseña del tema.1 Será, sin embargo, conveniente considerar brevemente una
damente perturbado, la opción consultiva tiene serias limitaciones. En pri­ serie de supuestos que han orientado las actividades de las ciencias de la sa­
mer lugar, prácticamente no se intenta atacar los orígenes profundos del pro­ lud mental y de las profesiones afines. Porque este despliegue de supues­
blema o las complejas formas en que se manifiesta. La principal preocupación
tos es el que ha informado principalmente el tratamiento terapéutico de las
consiste en encontrar un nuevo curso de acción. Sea cual fuere la cadena
narraciones de los clientes. La era modernista de las ciencias estuvo com ­
de los antecedentes, éstos siguen siendo los mismos y siguen constituyendo
prometida en primer lugar con la elu cid ación empírica d e las esencias. Ya
una amenaza para el futuro. Además, tampoco se pretende cuestionar el con­
se tratase de la naturaleza del átomo, de los genes o de la sinapsis en las cien­
torno de la historia, determinar su relativa utilidad o viabilidad. ¿Podría aca­
cias naturales; de los procesos de percepción, la toma de decisiones en eco­
so el cliente estar equivocado, definir mal las cosas? Casi nunca se exploran
nomía o el desarrollo organizativo en las ciencias sociales, la preocupación
esos interrogantes. Al aceptar la historia «tal como es contada», la definición
fundamental era siempre establecer cuerpos de conocimiento sistemático y
del problema también permanece fija. En consecuencia, se limita mucho la
objetivo. Se argumentaba que este conocimiento permitiría a la sociedad for­
gama de opciones posibles para la acción. Si se dice, por ejemplo, que el
mular predicciones cada vez más exactas acerca de las relaciones de causa
problema es el fracaso, las opciones más importantes girarán alrededor de
y efecto, y obtener así, por medio de las tecnologías adecuadas, el dominio
los medios posibles para restablecer el éxito. Las otras posibilidades son im­
pulsadas hacia los márgenes de lo plausible. Y por último, en los casos gra­ dü futuro. Según los modernistas, se puede erigir una buena sociedad sobre
los cimientos del conocimiento empírico.
ves o crónicos, la localización de alternativas de acción suele asemejarse de­
masiado a un paliativo superficial. Para un individuo que durante años ha Desde luego, el conocimiento empírico se comunica por medio de dos
estado deprimido, sufrido una adicción o vivido en la autodestrucción, el lenguajes científicos. Estos lenguajes, si están bien fundados en la observa­
simple consejo de que siga viviendo puede parecer apenas un susurro en ción, reflejan o describen el mundo, en la medida en que podemos cono­
el viento. . cerlo. Las narraciones son fundamentalmente estructuras de lenguaje; y dado
En este trabajo queremos explorar dos alternativas a la opción consulti­ que se generan dentro del ámbito científico, pueden, según la explicación
va. La primera está representada por las formas más tradicionales de la psi­ modernista, funcionar como transmisoras de conocimiento objetivo. Así, las
coterapia y de la práctica psicoanalítica. Debido a que se apoya en diversos narraciones de los novelistas se etiquetan como «ficción» y se estima de ellas
supuestos de una neoilustración que son dominantes en las ciencias del pre­ que, según los objetivos científicos serios, tienen escasas consecuencias. En
sente siglo, esta orientación hacia la narración puede considerarse m o d er­ cuanto a las narraciones que las personas hacen de sus vidas, de lo que Ies
nista.* Pero existe también, dentro del campo p osm od ern o, un potente cuer­ ha sucedido y por qué, no son necesariamente ficciones. Pero, según procla­
man los científicos conductistas, son notablemente inexactas y en absoluto
• Del m odern ism Inglés, es decir, sin nada que ver con el modernismo español o latino­
americano. (R.) . ... ... 1. Consúltense otras discusiones sobre el modernismo en: Bcrman, 1982- Frisby 1985-
Frascina y Harrison, 1982; y Gcrgcn, 1991. ’
LA NEGOCIACIÓN DEL SIGNIFICADO TERAPÉUTICO 203

202 REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN


y dudas, es destruida o incorporada (pero en todos los casos reemplazada)
fiables. Por lo tamo, se las considera de valor limitado para comprender la por el relato del profesional. El relato del cliente siempre se transforma: el
vida del individuo; y se estima que es preferible basarse en los relatos de psicoanalista lo transforma en una fábula de la novela familiar; el terapeuta
base empírica del científico formado. Así, a las explicaciones narrativas del rogeriano, en una lucha contra la consideración condicional; etc. Donald
científico se les asigna la más alta fiabilidad y se las separa de los mercados Spence, en N arrative TYuth a n d Histórica! 7Yu.th, describe diestramente este
del entretenimiento y de la interacción cotidiana, considerándolas «teorías proceso de sustitución de la historia del cliente por la del profesional. Según
científicas». Desde la teoría del «Big Bang» sobre los orígenes de la Tierra, Spence,
hasta la teoría evolutiva dentro de las ciencias naturales; y desde la teoría pia-
gctiana del desarrollo racional, hasta las teorías de la recesión económica y el terapeuta está constantemente tomando decisiones acerca de la forma y la
la transmisión cultural en las ciencias sociales, las narraciones científicas son situación del material del paciente. Ciertas convenciones específicas para el acto
historias estructuradas acerca de cómo las cosas llegaron a ser como son. de escuchar... orientan estas decisiones. Si el analista da por sentado, por ejem­
Actualmente la profesión de la salud mental es en gran medida una con ­ plo, que contigüidad significa causalidad, oirá una secuencia de declaraciones
secuencia del contexto modernista y comparte sus supuestos. Así, desde Freud inconexas como si fueran una cadena causal; y después puede hacer una inter­
hasta los terapeutas cognitivos contemporáneos, existe la creencia genera i­ pretación que cxplicite este supuesto. Si supone que lo que predomina es la
transferencia y que el paciente, de manera más o menos disfrazada, está siem­
zada de que el terapeuta profesional funciona (o, idealmente, debería funcio­
pre hablando del analista, «oirá» el material de este modo y hará en consecuencia
nar) com o un científico. En virtud de actividades tales como la formación su evaluación del estado de la transferencia (1982: 129).
científica, la experiencia en investigación, el conocimiento de la literatura cien­
tífica y las incontables horas de observación y reflexión sistemática dentro Estos recursos de reemplazo tienen ciertas ventajas terapéuticas. En pri­
de la situación terapéutica, el profesional está bien provisto de conocimien­ mer lugar, cuando los clientes llegan a una «comprensión real» de sus pro­
to En realidad, el conocimiento contemporáneo es incompleto y siempre blemas, la narración problemática desaparece. Así, se le brinda al cliente una
se requiere más investigación. Pero - s e a firm a - el conocimiento del pro­ realidad alternativa que promete un bienestar futuro. En efecto: la historia
fesional contemporáneo es muy superior al del terapeuu de fines del siglo de fracaso con que el cliente entró en la terapia se puede reemplazar por
pasado y el futuro asistirá sin duda a un perfeccionamiento aún mayor. O una historia de éxito. Y tal com o en la opción consultiva que se describió
sea qué, con pocas excepciones, las teorías terapéuticas (ya sean conductis- anteriormente, la nueva historia sugiere líneas de acción alternativas: formar
tas sistémicas, psicodinámicas o experiencialcs/humanistas) contienen supues­ o disolver relaciones, actuar según determinada rutina cotidiana, someterse
tos’ explícitos concernientes a: 1) la causa subyacente, la base de la patología; a los procedimientos terapéuticos, etc. Hay cosas nuevas y muy prometedo­
2) la localización de esta causa dentro de los clientes o de sus relaciones; ras para hacer. Además, al brindar al cliente una formulación científica, el
3) los medios de que es posible valerse para diagnosticar tales problemas; terapeuta ha desempeñado un papel consagrado por un antiguo ritual cultu­
y 4) los medios para eliminar la patología. El profesional bien preparado en­ ral, según el cual el ignorante, el débil, el fracasado, busca el consejo del hom­
tra en la arena terapéutica con una narración bien desarrollada y fuertemen­ bre sabio, superior y fuerte. Se trata, por cierto, de un ritual reconfortante
te apoyada dentro de la comunidad de sus pares científicos. para quienes quieran someterse a él.
Éstos son los antecedentes que establecen la postura del terapeuta hacia Sin embargo, pese a todas estas ventajas, existen también importantes
la narración del cliente. Porque, después de todo, la narración del cliente esta motivos de preocupación. La orientación modernista de la terapia tiene gran­
hecha de la leve materia de las historias cotidianas; está llena de arbitrarieda­ des lagunas. Hace mucho tiempo que la comunidad científica contempla con
des metáforas, pensamiento afectivo, recuerdos distorsionados. La narración escepticismo el conocimiento que todas las ramas de la salud mental afir­
científica, por el contrario, tiene el sello de la aprobación profesional. Des­ man poseer. Se sostiene, en cambio, que los profesionales de la salud mental
de este punto de vista vemos que el proceso terapéutico debe producir, ine­ tienen escasa justificación para declarar que conocen las patologías y las cu­
ludiblemente, la sustitución lenta pero inevitable de la historia del cliente por ran. Además, los críticos han embestido contra las formas tradicionales de
la del terapeuta. La historia del cliente no sigue siendo un libre reflc|o de la la terapia por su excesiva preocupación hacia el individuo. Argumentan que
verdad sino que, a medida que se formulan y responden preguntas, se en­ tales teorías son ciegas respecto a las amplias condiciones culturales con las
marcan descripciones y explicaciones, y el terapeuta siembra afirmaciones2 que las dificultades psicológicas pueden estar vinculadas (véase, por ejem ­
plo, Kovel, 1980). Los críticos feministas lanzan ataques cada vez más furi­
2. Véase el útil libro de Sarbin (1986) sobre la psicología narrativa.
204 REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN LA NEGOCIACIÓN DEL SIGNIFICADO TERAPÉUTICO 205

bundos, señalando que muchos «trastornos femeninos» se atribuyen erró­ que es tan inalcanzable como el heroísmo de los personajes creados por los
neamente a la mente femenina, cuando en realidad son consecuencia de las medios de comunicación.
condiciones opresoras en que viven las mujeres dentro de la sociedad (véa­ Otra de las lagunas de la orientación modernista es la inmovilidad de
se, por ejemplo, Hare-Mustin y Marecek, 1988). Otros autores manifiestan las formulaciones narrativas. Como hemos visto, los enfoques modernistas
su malestar por las tendencias patologizantes que creen advertir en la profe­ de la terapia empiezan con una narración a p rio ri, lo que se justifica por
sión. Desde el punto de vista modernista, el comportamiento desviado o abe­ la pretensión de que parten de una base científica. Como se sanciona que
rrante se atribuye a las patologías mentales, y se considera que la responsabi­ es científica, esta narración está relativamente cerrada a las alteraciones. Qui­
lidad de los profesionales de la salud mental — como los médicos— es zá puedan introducirse modificaciones menores, pero el sistema mismo se
identificar y tratar tales desórdenes. Pero al aceptar tales supuestos los profe­ ejerce con todo el peso de una doctrina establecida. Del mismo modo, los
sionales de la salud mental están en realidad objetivando la enfermedad men­ biólogos rara vez cuestionan las estipulaciones básicas de la teoría darwinia-
tal, aun cuando hay muchos medios alternativos de interpretar o compren­ na; y los psicoanalistas que cuestionan los fundamentos de la teoría psicoa-
der los mismos fenómenos (véase, por ejemplo, Gergen, 1991)- nalítica corren serio riesgo profesional. En estas condiciones, el cliente debe
Además de todos estos problemas, la orientación modernista respecto enfrentarse con un sistema de comprensión relativamente cerrado. No se trata
de la narración del cliente tiene otras desventajas. En primer lugar, existe un sólo de que en última instancia la realidad del cliente deba ceder el paso a
fuerte sesgo hacia el enfoque modernista. No sólo no se cuestiona nunca la la del terapeuta, sino de que también serán excluidas todas las otras interpre­
narración del terapeuta, sino que los recursos terapéuticos empleados prác­ taciones posibles. En la medida en que la narración del terapeuta se convier­
ticamente aseguran que ésta será reivindicada. Según las palabras de Spence, te en la realidad del cliente, y las acciones de éste se orientan en consecuen­
«el espacio de la búsqueda [dentro de la interacción terapéutica] puede ex­ cia, las opciones vitales del cliente se ven gravemente truncadas. De todos
pandirse infinitamente hasta que se descubra la respuesta [del terapeuta]... los modos posibles de actuar en el mundo se establece uno, que realza, por
y no hay posibilidad alguna de encontrar una solución negativa, de decidir ejemplo, la autonomía del yo, la autoactualización, la evaluación racional o
que la búsqueda [del terapeuta] ha fracasado (1982: 108). O sea que, inde­ la expresividad emocional, según la rama de la terapia inadvertidamente se­
pendientemente de la complejidad, el refinamiento o el valor del relato del leccionada. O, por decirlo de otro modo, cada forma de terapia modernista
cliente, esc relato al final lo reemplaza una narración creada antes de que el conlleva una imagen del Individuo «que funciona cabalmente», del indivi­
cliente realice la terapia y en un ámbito sobre el que no tiene ningún control. duo «bueno». Y esa imagen sirve de modelo orientador para el desenlace
No se trata simplemente de que los terapeutas de determinada escuela terapéutico.
traten de que sus clientes salgan creyendo en su relato (el del terapeuta), sino Esta restricción de las posibilidades vitales se vuelve aún más problemá­
que implícitamente (y por la práctica) el objetivo último de la mayoría de tica porque está descontextualizada. Es decir, que la narración del terapeuta
las escuelas es hegemónico. Todas las otras escuelas de pensamiento, y por es una formalización abstracta, separada de las circunstancias culturales e his­
ende sus narraciones deberían sucumbir. Los psicoanalistas desean erradicar tóricas. Ninguna de las narraciones modernistas se ocupa de las condiciones
la modificación conductista; los terapeutas cognltivo-conductistas conside­ específicas de vivir en un gueto pobre, con un hermano que tiene SIDA, con
ran que la terapia sistémica no es la adecuada, y así sucesivamente. Pero las un hijo con síndrome de Down, con un jefe que practica el acoso sexual,
consecuencias inmediatas y potencialmente más perjudiciales recaen sobre etc. A diferencia de los complejos detalles que llenan todos los rincones de
el cliente. Porque, en última instancia, la estructura del proceder terapéutico la vida cotidiana — y que son, por cierto, la vida misma—, las narraciones
sirve para darle al cliente una lección de inferioridad: se le informa, directa modernistas están virtualmente despojadas de contenido. En consecuencia,
o indirectamente, de que es ignorante, insensible, obtuso o emocionalmente estas narraciones se insertan precariamente én las circunstancias vitales del
incapaz de comprender la realidad. El terapeuta, por el contrario, aparece individuo. En ese sentido, esas narraciones son torpes e insensibles, no re­
com o sensato y sabio, com o un modelo que el cliente debería tratar de imi­ gistran las particularidades de las condiciones de vida del cliente. Es muy
tar. La situación es lamentable debido al hecho de que, al desempeñar el pa­ improbable, por ejemplo, que resulte beneficioso destacar la autorrealización
pel de la persona superior, el terapeuta no manifiesta debilidad alguna. En frente a una mujer que tiene tres hijos pequeños y además vive con su sue­
ningún momento se dan a conocer los débiles fundamentos del relato del gra, que padece el mal de Alzheimer. Del mismo modo que seguramente se­
terapeuta; en ningún momento salen a la luz sus dudas, sus caprichos, sus ría de dudosa eficacia presionar a un abogado de Park Avcnue para que me­
fracasos. Así, el cliente se enfrenta a una visión de las posibilidades humanas jore la expresividad emocional en su vida cotidiana.
206 R E F L E X IÓ N Y R E C O N S T R U C C IÓ N LA NEGOCIACIÓN' DEL SIGNIFICADO TERAPÉUTICO 207

L as r e a l id a d e s t e r a p é u t ic a s en e l c o n t e x t o p o s m o d e r n o y desalienta otros. Entonces las narraciones científicas adquieren significa­


ción en función de las formas de vida que favorecen, racionalizan o justifi­
La bibliografía sobre cultura posmodernista se acumula rápidamente y, can. Más que reflejos de la vida ya vivida, son creadoras de futuro.
además, este trabajo no es el sitio adecuado para reseñarla exhaustivamen­ El desplazamiento posmoderno desde el objeto del conocimiento a su
te.3 No obstante, es conveniente señalar por lo menos un contraste con el representación resitúa también los fundamentos mismos de la justificación.
modernismo, un contraste que es de importancia fundamental para los con­ En el relato modernista, las descripciones científicas son producto de indi­
ceptos de conocimiento, ciencia y terapia. Dentro de la vertiente posmoder­ viduos aislados: científicos cuyas pacientes dotes de observación brindan una
nista del ambiente académico, se está prestando cada vez mayor atención al posibilidad de entenderlo todo. O sea que los científicos son más o menos
proceso de representación, o sea a los medios por los que se presenta la «rea­ autoritarios y más o menos lúcidos respecto de cóm o es el mundo. Desde
lidad»: la escritura, las artes, la televisión, etc. Como en general se acepta, la perspectiva posmoderna, la narración del científico se ve despojada de
los criterios de exactitud y objetividad tienen una relevancia muy cuestiona­ su valorTáctico. El científico quizás «sepa cómo» hacer ciertas cosas (lo que
ble cuando se trata de juzgar la relación entre la representación y su objeto. podríamos llamar, por ejemplo, «fusión atómica»), pero ese científico «no sabe
No hay manera de organizar todos los acontecimientos del «mundo real» por que» lo que se está haciendo es fusión atómica. ¿Qué es, entonces, lo que
un lado y todas las sílabas del lenguaje por el otro, y vincularlos uno por le da al científico el derecho de hablar con autoridad? Del mismo modo que
uno, de modo que cada sílaba refleje un átomo de la realidad. En el caso las convenciones de la escritura permiten que las cosas se digan de una ma­
de la escritura, por ejemplo, cada estilo, cada género literario opera según nera y no de otra, así las convenciones sociales de la comunidad científica
reglas o convenciones locales; y esas convenciones determinan en gran me­ otorgan a sus miembros el derecho de ser autoritarios. Es decir, que el cien­
dida la manera en que entendemos los objetos putativos de la represen­ tífico sólo habla con una seguridad justificable dentro de la comunidad de
tación. Los escritos científicos, por otra parte, tampoco brindan una descrip­ aquellos que respetan esa manera de hablar. O, por decirlo de otro modo,
ción de la realidad más exacta que la de la ficción. Tal vez los textos científi­ las representaciones científicas son productos de la comunidad de los cien­
cos se inserten en la actividad científica de un modo diferente a los textos tíficos: negociar, competir, conspirar, etc. Dentro de un marco posmoderno,
literarios. Sin embargo, ambos tipos de relatos obedecen a convenciones cul­ lo que tomamos por conocimiento es en realidad un producto social.
turales, históricamente situadas, que determinan en gran medida el carácter Este contexto del pensamiento plantea importantes cucstionamicntos a
de la realidad que tratan de describir. ¡ la concepción modernista de la narración científica y, como es lógico, a la
Esta reconsideración de la representación no disminuye la importancia orientación modernista de las terapias. En primer lugar, esta línea de pensa­
de la narración científica. Por el contrario, desplaza el lugar de su significa­ miento elimina la justificación fáctica de las narraciones modernistas acerca
ción, y lo hace de dos maneras. En primer lugar, a diferencia de las narracio­ de la patología y la cura, y transforma esos relatos en formas de mitología
nes que conservan su condición de «relato de la verdad» — y pretenden, por cultura.'. Así socava la condición, nunca cuestionada, del terapeuta, de quien
lo tanto, servir com o predicción que favorece la supervivencia— éstas son se da per sentado que posee autoridad científica y que disfruta de un cono­
importantes porque constituyen marcos de referencia. Es decir, que las na­ cimiento privilegiado de la causa y la curación de la patología. De este modo,
rraciones de este tipo constituyen la realidad como un tipo de cosa y no como las nar teiones del terapeuta establecen su función entre millares de otras
otro tipo; la constituyen como buena o mala en ciertos aspectos, uc se opo­ posibilidades que existen dentro de la cultura, que tal vez no sean trasccn-
nen a otros. Y al hacerlo, proporcionan las justificaciones o las fmdamcnta- dentalmcnte mejores, pero que pueden ser diferentes. Por otra parte, se for­
ciones racionales para ciertas líneas de conducta. Así, si creemos —como mulan importantes cucstionamientos a la práctica terapéutica tradicional, que
los partidarios de la sociobiología— que la acción humana se rige fundamen­ consiste en reemplazar las historias del cliente por las fijas y estrechas alter­
talmente por impulsos de base genética, es probable que nuestr; vida coti­ nativa; del terapeuta modernista. No existe justificación alguna, fuera de la
diana sea diferente que si creyéramos —como los que aceptan la psicología estrecha comunidad de los terapeutas de la misma orientación, para descar­
del aprendizaje— que las acciones de las personas son infinitamente malea­ tar la compleja y rica narración de la vida del cliente con el fin de reempla­
bles. Cada explicación, una vez abrazada, favorece cierto comp ortamiento zarla por otra narración única y preformulada, por una narración que inclu­
so suele resultar escasamente prometedora para las posteriores condiciones
3. Pueden consultarse otras discusiones sobre posm odcm lsm o en Connor, 1989; Gcrgcn, de vida del cliente. Y por último, no hay una justificación válida para la tra­
1991; Harvcy, 1989; y Silvcrm an, 1990. dición; i jerarquía de situación, que disminuye y frustra al cliente. Terapeuta
208 REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN LA NEGOCIACIÓN DEL SIGNIFICADO TERAPÉUTICO 209

y cliente entablan una relación a la que ambos aportan recursos y en fun­ cuanto a su capacidad de reflejar los hechos tal com o se producían. Si los
ción de la cual pueden delinear el futuro. relatos eran exactos, servían también como modelos para la acción adaptati-
Este pensamiento posmoderno es el que informa la mayor parte de los va. Así, en el caso terapéutico, si la narración reflejaba una pauta recurrente
trabajos que constituyen el presente volumen. En casi todos los capítulos de acción inadaptada, uno podía empezar a explorar maneras alternativas de
se percibe un abandono de las narraciones tradicionales de la terapia, al me­ comportamiento. O bien, si se captaban los procesos de formación de deter­
nos como proveedoras de relatos fiables y de base científica acerca de la pa­ minada patología, podían prescribirse paliativos. Dentro de este marco de
tología y la cura. Se advierte también una negación del papel del terapeuta conocimiento, la narración del terapeuta prescribía una mejor manera de vi­
como conocedor superior, que está por encima del cliente como modelo vir. Para la mayoría de los terapeutas que llegan a la era posempirista, la preo­
inalcanzable de una vida buena. Existe, en cambio, un fuerte compromiso cupación modernista por la exactitud ya no es acuciante. Es preciso distin­
de ver en el encuentro terapéutico un hito para la generación creativa de guir la verdad narrativa de la verdad histórica y, cuando se examina de cerca,
significado. La voz del cliente no es meramente un esquema auxiliar para rei­ hasta esta última vemos que es apócrifa. ¿Cuál es entonces la función de la
vindicar la narración predeterminada del terapeuta, sino que constituye un reconstrucción narrativa? La mayoría de los relatos existentes señalan la ca­
elemento fundamental de una realidad construida conjuntamente. En prácti­ pacidad de tales reconstrucciones para reorientar al individuo, para abrir nue­
camente todos los capítulos de este libro se enfatiza la relación de coopera­ vos cursos de acción que sean más satisfactorios y se adecúen mejor a las
ción entre terapeuta y cliente, en su esfuerzo por elaborar formas de narra­ experiencias, capacidades e inclinaciones del individuo. Así, el cliente pue­
ción que permitan al cliente trascender la crisis del momento o las crisis de modificar o descartar narraciones anteriores, no porque sean inexactas
recurrentes. sino porque no son funcionales dentro de sus circunstancias.
Apoyamos decididamente estas exploraciones en las formas construc- Pero queda aún por plantear el siguiente interrogante: ¿de qué manera
cionistas de la práctica. Somos entusiastas admiradores y partidarios de es­ (o maneras) ha de ser «útil» la narración? ¿Cómo un lenguaje de la autocom-
tos esfuerzos por hacer realidad el potencial del pensamiento posmoderno. prensión guía, dirige o informa las líneas de acción? Actualmente son dos
Pero al mismo tiempo, sabemos que las amplias consecuencias de esa em­ las respuestas que dominan los campos posempiristas; y las dos son proble­
presa no están claras en absoluto. Estamos en un punto de partida: asistimos máticas. Por un lado está la metáfora del lenguaje c o m o lente. En este aspec­
a una ruptura radical con los supuestos tradicionales acerca del conocimien­ to, una construcción narrativa es un vehículo a través del cual se ve el mun­
to, las personas y la naturaleza de «lo real». Pero se requerirá más discusión do. A través de la lente de la narración el individuo identifica objetos, personas,
y experimentación antes de que se puedan anunciar los resultados, y aun ' acciones, etc. Y hay quienes sostienen que el individuo no decide el curso
entonces sólo tendremos motivaciones adicionales para una conversación de su acción sobre la base de cóm o es el mundo, sino sobre la base de cómo
que idealmente no debería tener fin. Respondemos a esa inquietud señalan­ se ve. Pero adoptar esta postura equivale a creer que el individuo está aislado
do que quisiéramos, en lo que resta de este capítulo, acentuar la importancia y en una situación de solipsismo, cociéndose en la salsa de sus construccio­
de la narración terapéutica en el contexto posmoderno. Porque tenemos la nes personales. Las posibilidades de supervivencia son mínimas, porque no
impresión de que las actuales discusiones sobre la construcción de significa­ hay manera de escapar al encapsulamiento del sistema interno de construc­
do en terapia mantienen aún importantes vestigios de la visión del mundo ciones lógicas. Además, esta explicación abarca toda una gama de importan­
modernista. Y si las potencialidades del posmodernismo han de realizarse tes problemas epistemológicos. Por ejemplo: ¿cómo desarrolla el individuo
cabalmente, en última instancia debemos presionar más allá de la construcción la lente? ¿De dónde surge el primer concepto? Porque si no existiera mundo
narrativa. En nuestra opinión, el desafío último no consiste tanto en trans­ alguno fuera del que se construye internamente, no habría medios de desa­
formar la realidad como en trascenderla. Para apreciar esta posibilidad, pri­ rrollar o inventar la lente. Todo sería, simplemente, una autojustificación.4
mero es necesario explorar la dimensión pragmática del significado narrativo. Y en última instancia, ¿por qué hemos de creer que el lenguaje es una lente,
que los sonidos y signos que se usan en el intercambio humano circulan de
algún modo hacia dentro de la mente para poner orden en el mundo per-
N a r r a c ió n y u t il id a d p r a g m á t ic a ceptual? El razonamiento es pobre.
La principal alternativa a este punto de vista sostiene que la construc-
Dentro del marco modernista, las interpretaciones narrativas debían es­
tar al servicio de las representaciones de la realidad, verdaderas o falsas en 4. So bre -la lente de la cogn ición -, véase Gergcn, 1989.
2 10 REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN LA NEGOCIACIÓN DEL SIGNIFICADO TERAPÉUTICO 211

ción narrativa es un m o d elo interno, una forma de historia que el individuo los juegos de lenguaje están incorporados dentro de fo r m a s d e v id a más
puede interrogar como una guía para la identidad y la acción. Tampoco en amplias, o —para ampliar la metáfora— dentro de ju eg os d e v id a. Esto equi­
este caso importa la verdad del modelo, que opera simplemente com o una vale a afirmar que las formas de intercambio en que están incorporadas las
forma perdurable que informa y dirige la acción. Así, por ejemplo, un hom­ palabras, y que les dan su valor, no se limitan al ámbito lingüístico. Esos in­
bre que se imagina a sí mismo como un héroe que, con valentía e inteligen­ tercambios pueden incluir todas nuestras acciones, junto con diversos obje­
cia, debe realizar hazañas y vencer todas las dificultades, encuentra que la tos del entorno. Así, para declararse enfadado es necesario no sólo usar cier­
vida es insoportable. Por medio de la terapia se da cuenta de que semejante tas palabras dentro de los juegos de lenguaje, sino ejecutar también ciertos
visión no sólo lo coloca en circunstancias imposibles, sino que además cons­ actos (hacer rechinar los dientes, por ejemplo, y no sonreír resignadamente)
pira contra los sentimientos de intimidad c interdependencia respecto a su que constituyen las formas de vida en las que está incorporado ese juego
esposa c hijos. Se elabora entonces una nueva historia, en la que el indivi­ de lenguaje. Por tanto, involucrarse en la ira es participar en una suerte de dan­
duo empieza a verse no ya como un campeón respecto a sí mismo, sino ha­ za cultural: si uno no ocupa su lugar en la danza, no puede estar irritado.5
cia su familia. Su heroísmo procederá de los sentimientos de felicidad de esas Explicada esta metáfora, volvamos al caso de las autonarraciones. Las
personas y, por lo tanto, dependerá también de la evaluación que ellas hagan historias acerca de uno mismo —nuestros éxitos y fracasos, nuestras limita­
no sólo de sus cualidades, sino también de las circunstancias. Esta imagen ciones y méritos, etc.— son fundamentalmente conjuntos de palabras (pro­
transformada es la que guiará las acciones posteriores. En esta posición hay nunciadas, muchas veces, junto con ciertos movimientos del cuerpo). En cier­
cierta sensatez, pero sin embargo también es problemática. Las historias de to sentido, estas historias son candidatas al significado dentro de uno o más
este tipo son idealizadas y abstractas. Por lo tanto, es difícil que puedan orien­ juegos de lenguaje, una o más danzas culturales. Y si han de tener alguna
tar el comportamiento en la interacción permanente y compleja. ¿Qué dice utilidad, la tendrán dentro de los límites de determinado juego, de cierta dan­
la nueva historia, por ejemplo, de la reacción del héroe ante el deseo de su za. La utilidad derivará de su éxito como movimientos dentro de esos ámbi­
esposa de que pase menos horas en el trabajo y más con la familia? ¿Y cómo tos, en función de lo adecuado de sus reacciones a movimientos anteriores
respondería este individuo a la oferta de un nuevo empleo, interesante y bien o como instigadoras de lo que sigue. Consideremos, por ejemplo, una histo­
remunerado pero lleno de riesgos? Las historias como modelos internos no ria de fracaso, la historia de cómo una persona llegó a la pasividad y la inmo­
sólo carecen de información específica sino que además son estáticas. El in­ vilidad totales. Como hemos visto, la historia no es ni verdadera ni falsa en
dividuo se desplaza a través de numerosas situaciones y relaciones: mucre sí misma; es simplemente una construcción entre otras muchas. Sin embar­
un familiar, su hijo cae en el mundo de las drogas, un vecina atractiva se mues­ go, cuando esta historia se inserta en las diversas formas de relación —en
tra seductora, etc. Pero el modelo narrativo permanece inflexible; rígido y los juegos o danzas de la cultura—, sus efectos son sorprendentemente va­
muchas veces inútil. riados. Si un amigo cuenta un episodio de gran éxito personal, es posible
Hay una tercera manera de entender la utilidad de la narración y, en nues­ que la historia de fracaso de su interlocutor actúe como una fuerza represiva
tra opinión, esa manera es conceptual y pragmáticamente más correcta que y deje solo y decepcionado al amigo que esperaba una felicitación calurosa.
las anteriores. En este caso la metáfora generadora aparece en las In v estig a­ Pero si el mismo amigo anuncia que acaba de sufrir un gran fracaso perso­
cio n es filo só fic a s de Wittgenstein (1953). Según la convincente argumenta­ nal, es posible que el relato de los fracasos del otro sirva más bien para con­
ción de Wittgenstein, las palabras no obtienen su significado de su capaci­ solidar esa amistad. Asimismo, es posible que si una persona le habla de su
dad para describir la realidad, sino de su utilización en la interacción social. inmovilidad y su letargo a su madre suscite en ella una reacción cálida y com­
Nos encontramos, pues, comprometidos en ju e g o s d e lenguaje, y en virtud prensiva. Pero compartir lo mismo con la esposa, que todos los meses sufre
de su uso dentro de estos juegos, las palabras adquieren significado. Por ejem­ por las facturas impagadas, casi seguramente producirá frustración y enojo.
plo: lo que se puede decir acerca de una em oción como el miedo no está Para decirlo de otro modo, una historia no es simplemente una historia:
determinado por «el hecho del miedo» sino por las convenciones con que es también una acción situada, una representación con efectos de elocución.
se habla de las emociones en la cultura occidental. Se puede decir que el La historia actúa de esc modo para crear, mantener o alterar los mundos de
miedo es fu erte pero no bochornoso-, que no ha au m en tad o pero no que la relación social. En estos términos, es insuficiente que el cliente y el tera-
es seden tario. Esto no es así porque el miedo, com o objeto de observación,
sea de esta manera y no de aquélla. Todo se debe, en cambio, a las limitadas 5. Consúltese una discusión más amplia sobre las narrativas del yo en Gcrgcn y Cercen
maneras de hablar que hemos heredado del pasado. Así, para Wittgenstein, 1988.

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212 REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN LA NEGOCIACIÓN DEL SIGNIFICADO TERAPÉUTICO 213

pcuta negocien una nueva forma de autocomprensión que parezca realista, tiempo, estar sobreentrenado o excesivamente preparado en este aspecto —de
estética y estimulante dentro de la diada. Lo que está fundamentalmente en modo que la ira sea prácticamente el único medio de movilizar las relaciones—
juego no es la danza de significado de las dos personas. Por el contrario, la reducirá éstas enormemente. Desde la perspectiva actual, la multiplicidad na­
pregunta importante es si la nueva forma del significado es útil dentro del rrativa es a todas luces preferible.
escenario social, fuera de estos límites. ¿Cómo funcionará, por ejemplo, la Finalmente, ambas concepciones (la de la lente y la del modelo interno)
historia del individuo com o «héroe del grupo familiar» en una esposa que favorecen el co m p ro m iso con la n a rra c ió n o la creencia en ella. Es decir,
odia su situación de dependencia, un jefe que es «una mujer que se hizo a ambas señalan que el individuo vive d en tro de la narración com o sistema
sí misma», o un hijo rebelde? ¿A qué formas de acción invita la historia en de comprensión. Uno «ve el mundo de este modo», se afirma; y por lo tanto,
cada una de estas situaciones, qué tipos de danzas se engendran, facilitan la narración es «verdadera para el individuo». O bien la historia transforma­
o mantienen? Es decisivo, entonces, que terapeuta y cliente hagan una eva­ da de! yo es «la nueva realidad»; ella constituye una «nueva creencia acerca
luación conjunta en este nivel. . , del yo» que apoya y sostiene al individuo. Pero si consideramos la utilidad
social de la narración, creencia y compromiso se tornan sospechosos. Com­
prometerse con determinada historia del yo, adoptarla como «verdadera para
T r a s c e n d e r la n a r r a c ió n • ■ ■ mí por ahorg» es limitar enormemente las propias posibilidades de relación.
Creer que uno es un triu n fad or es tan debilitador, a su manera, como creer
La argumentación crítica del presente capítulo gira alrededor de la aten­ que uno es un fr a c a s a d o . Después de todo, ambas versiones son sólo histo­
ción depositada en el aspecto pragmático de la representación narrativa. Como rias y ambas pueden dar sus frutos dentro de cierta gama de contextos y re­
hemos visto, para muchos terapeutas que están dando el giro posmoderno laciones. Meterse dentro de una de las dos y estancarse allí significa ignorar
en su terapia, la narración sigue siendo, sin embargo, o bien una suerte de la otra y reducir, por ello, la gama de contextos y relaciones en las que uno
lente interna, que determina la manera en que se ve la vida, o bien un mode­ es eficaz.
lo interior que orienta la acción. A la luz de la anterior discusión sobre la Para ponerle otro marco a la cuestión, digamos que la conciencia pos­
pragmática, estas concepciones son insuficientes por tres motivos importan­ moderna favorece un amplio relativismo en las expresiones de la identidad.
tes. En primer lugar, ambas mantienen el molde individualista del modernis­ En un nivel metafórico, invita a formular una multiplicidad de explicaciones
mo, porque la construcción narrativa se desarrolla dentro de la mente del de la realidad, si bien reconoce la contingencia histórica y culturalmcnte si­
individuo aislado. Ahora bien, al poner en tela de juicio la utilidad de la na­ tuada de cada una de ellas. Sólo hay explicaciones de la verdad dentro de
rración, nos hemos desplazado hacia afuera: desde la mente individual hacia conversaciones diferentes y no se privilegia ninguna de esas conversaciones.
las relaciones constituidas por la narración en acción. Las narraciones exis­ Si el terapeuta adopta ese punto de vista en el nivel metafórico, sería un acto
ten en el hecho de relatar, y las relaciones son — para bien o para mal— ele­ de mala fe abandonarlo en el nivel de la práctica. O sea que el terapeuta pos­
mentos constitutivos de formas relaciónales. En segundo lugar, las metáforas moderno favorece una multiplicidad de autocxplicaciones pero no se com­
de la lente y del modelo interno favorecen la sin g u larid ad d e la narración-, promete con ninguna. Por un lado alienta al cliente a explorar diversos me­
es decir, ambas dan por sentada la funcionalidad de una sola formulación dios de comprensión del yo, pero desalienta el compromiso con cualquiera
de la autocomprensión. Se dice que el individuo posee «una lente» para com­ de esas explicaciones como representante de la «verdad del yo». Por lo tan­
prender el mundo, no un depósito de lentes; y a través de la terapia uno llega to, las construcciones narrativas siguen siendo fluidas, abiertas a los cambian­
a poseer «una nueva verdad narrativa», no una m u ltip licid ad de verdades. tes vaivenes de las circunstancias, a las formas de la danza que brindan el
Desde un punto de vista pragmático, la presunción de singularidad opera mejor apoyo.
en contra de la exactitud funcional. Cada narración del yo puede funcionar ¿Puede tolerarse semejante conclusión? ¿Acaso no se reduce así al indi­
muy bien en ciertas circunstancias, pero conducir a desenlaces lamentables viduo a la condición de un falso artista que adopta la identidad que más le
en otras. Tener un solo medio de hacerse autointeligible equivale a limitar conviene? Sin duda, el pensamiento posmoderno enfatiza la flexibilidad de
la gama de relaciones o situaciones en las que uno puede funcionar satisfac­ la autoidentificación, pero esto no implica que el individuo sea ni falso ni
toriamente. Así, por ejemplo, quizá sea muy útil «abrazar la ira» eficazmente intrigante. Hablar de falsedad equivale a dar por sentado que existe una «ex­
y formular explicaciones que justifiquen tal actividad. En ciertos momentos y presión verdadera» del yo que de otro modo podría alcanzarse. Esa idea es
lugares la ira es el movimiento más efectivo dentro de la danza. Al mismo esencialmente modernista y, por lo tanto, la descartamos. Uno puede Ínter-
214 REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN
LA NEGOCIACIÓN DEL SIGNIFICADO TERAPÉUTICO 215

pretar las propias acciones como falaces o sinceras, pero después de todo
M o v im ie n t o s t e r a p é u t ic o s
esas adscripciones son simplemente elementos de historias diferentes. Del
mismo modo, suponer que el individuo posee motivos privados significa que
A la luz de lo expuesto, ahora debe quedar claro que rechazamos la sim­
existe un cálculo racional de la autopresentación, que apoya la idea moder­
ple adopción de la reconstrucción o la sustitución narrativas como metáfora
nista del individuo autocontenido. Desde el punto de vista posmoderno, la
orientadora para la psicoterapia. Estamos más bien a favor de enfatizar la na­
relación tiene prioridad por encima del yo individual. O sea que, según esa
rración y el pensamiento narrativo dentro de una preocupación más amplia
perspectiva, el yo sólo se realiza com o un subproducto de la vinculación.
por la generación de significado a través del diálogo. Esto implica una nueva
No es que los yo independientes se junten para reformar una relación, sino
concepción de la relatividad del significado, la aceptación de la indetermi­
que determinadas formas de relación engendran lo que nosotros tomamos
nación, la exploración creadora de una multiplicidad de significados, y la
por identidad del individuo. En consecuencia, desplazarse en la forma y el
comprensión de que no es necesario ni apoyar una historia estática ni bus­
contenido de la autonarración de una relación a otra no es ni engañoso ni
car una historia definitiva. En nuestra opinión, la «re-escritura» o «restaura­
egoísta. Es, por el contrario, una manera de honrar los diversos modos de
ción» es un procedimiento terapéutico de primer orden, que implica la sus­
relación en que estamos inmersos. Es tomar en serio las múltiples y variadas
titución de una narración maestra disfuncional por otra, más funcional. Al
formas de los contactos humanos que constituyen una vida. Las acciones
mismo tiempo, este resultado contiene las semillas de una rigidez prescripti-
sólo son correctas y satisfactorias en términos de los criterios generados den­
va que podría servir asimismo para confirmar la ilusión de que es posible
tro de las diversas formas de relación. ■
elaborar una serie de principios o códigos que puedan aplicarse invariable­
Los interrogantes subsisten. ¿El construccionista posmoderno abando­
mente, con independencia del contexto. Es posible afirmar que esta rigidez
na esa amada posesión de la cultura occidental, la identidad personal? Si por
forma parte de las dificultades que la gente experimenta en su vida y en sus
identidad se entiende la historia relatada, la acción cumplida, el papel de­
relaciones. Así como los psicoterapeutas pueden estar restringidos por un
sempeñado, la respuesta es «sí». Pero si estamos dispuestos a avanzar más allá
código limitador, así también las personas que experimentan sus vidas como
de estos produ ctos, hasta el p ro ceso subyacente dentro del cual se realizan,
problemáticas están atrapadas dentro de una serie de preceptos, códigos de
entonces debemos decir que aún es posible conservar una idea de anima­
comportamiento y convenciones que son limitadores. Al actuar desde esas
ción individual. James Carse (1986) nos brinda una metáfora muy útil en su
convenciones, a estos individuos no sólo se les impide hacer observaciones
meditación sobre los juegos finitos e infinitos. Según su propuesta, hay un
alternativas, sino que también suelen quedar prisioneros de penosas pautas
número finito de juegos cuyo objetivo es ganar; y es posible compararlos
transaccionales con quienes los rodean.
con el juego infinito en el que el objetivo es seguir jugando. Las reglas son
Heinz von Foerstcr ha señalado agudamente que estamos ciegos hasta
diferentes para cada juego finito, y sólo conociendo esas reglas sabemos cómo
que vemos que no podemos ver. Si el lenguaje proporciona la matriz para
es el juego. Pero en el juego infinito las reglas cambian durante el juego mis­
toda comprensión humana; entonces la psicoterapia puede concebirse per­
mo, cuando los jugadores reconocen unánimemente la amenaza de un de­
fectamente com o «una actividad lingüística en la que la conversación acerca
senlace finito, de la victoria de algunos jugadores y la derrota de otros. Se­
de un problema genera el desarrollo de nuevos significados» (Goolishian y
gún Carse, «los jugadores finitos juegan dentro de los límites; los jugadores
Winderman, 1988: 139). Dicho de otro modo, se puede considerar la psico­
infinitos juegan con los límites... Los jugadores finitos son serios; los juga­
terapia como un proceso de sem iosis, o sea, la construcción de significado
dores infinitos son traviesos». Dentro de esta versión, la autonarración tiene
dentro del contexto del discurso cooperativo. Se trata de un proceso duran­
lugar dentro de los límites del juego finito. Cada descripción del yo opera
te el cual el significado de la experiencia se transforma, con miras a la fusión
dentro de las convenciones de determinada relación. Sin embargo, podemos
de los horizontes de los participantes; se elaboran maneras alternativas de
conservar nuestro lugar en el juego infinito, más allá de la narración. Si en
interpretar la experiencia; y se desarrolla una nueva postura hacia la expe­
este nivel hay identidad, esa identidad no se puede expresar, expuesta ante
riencia. Un elemento fundamental de este proceso es inherente no sólo a
la opinión pública en una descripción o una explicación. Reside en la ¡limi­
las maneras alternativas de comprensión generadas por el discurso, sino tam­
tada e inexpresada capacidad para el relacionamiento.
» bién al orden diferente de significado que, por consiguiente, emerge cuando
nuestros ojos se abren para ver nuestra ceguera.
Ayudar a otro a encontrar una orientación que proviene de ver que no
podemos ver implica, en primer lugar, liberarse dé la tiranía de la autoridad

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216 REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN LA NEGOCIACIÓN DEL SIGNIFICADO TERAPÉUTICO 217

Implícita de las creencias dominantes. Y teniendo en cuenta la constitución podrían vincular su experiencia con diferentes personas de su entorno; para
lingüística de nuestros modelos del mundo, esto requiere, a su vez: 1) un diá­ considerar qué respuesta favorecen a través de sus tendencias interacciona-
logo transformador en el que se negocien nuevas comprensiones, junto con les; para relatar ciertas experiencias de seres queridos, tal como las imagi­
una nueva serie de premisas a c e r c a d el significado-, y 2) la evocación de una nan; para considerar cómo experimentarían su vida si actuaran desde supues­
actitud expectante hacia lo todavía no visto, lo todavía no relaudo, el «signi­ tos diferentes: cómo procederían, de qué recursos se valdrían en los diversos
ficado que precede al texto» (Ricouer, 1971). Según las distinciones de Bate- contextos, qué nuevas soluciones podrían surgir; y para revisar preceptos en
los que alguna vez creyeron y que ahora están cuestionados.
son (1972) entre niveles de aprendizaje, un paso adelante en el aprendizaje
Éstos son sólo algunos ejemplos de los medios por los que las personas
supone reemplazar una puntuación de una situación por otra (nivel 1), apren­
pueden llegar a construir cosas desde diferentes puntos de vista, liberándo­
der nuevos modos de puntuación (nivel 2), y desarrollar lo que Kceney (1983:
se así de la opresión de las creencias narrativas limitadoras y aliviando el con­
159) llama «un cambio de las premisas que sustenün lodo un sistema de há­
siguiente sufrimiento. De este modo, los que acuden a nosotros en momen­
bitos de puntuación» (nivel 3). Es una progresión que nos lleva a aprender
tos difíciles pueden llegar a trascender las restricciones impuestas por su
nuevos significados, a elaborar nuevas categorías de significado, y a transfor­
antigua confianza en determinada serie de significados, y liberarse de la lu­
mar las propias premisas acerca de la naturaleza del significado. cha que resulte de la imposición de sus creencias a sí mismos y a los otros.
Para que ocurra cualquiera de esus transformaciones es necesario esta- Para algunos-aparecerán nuevas soluciones para los problemas; y para otros
blcccr un contexto que facilite su aparición. En principio estamos totalmen­ surgirá una serie más amplia de significados narrativos. Y no faltará quien
te de acuerdo con Anderson y Goolishian (en este volumen) respecto a que desarrolle una postura hacia el significado mismo; una postura que anuncie
hay que crear un clima en el que los clientes tengan la experiencia de ser esa tolerancia hacia la incertidumbre, esa liberación de la experiencia que
oídos, de que se entiendan sus sentimientos y sus puntos de vista, de sentir­ surge de la aceptación de la ilimitada relatividad del significado. Para quie­
se convalidados y aceptados. Ello implica un esfuerzo por comprender el nes la adoptan, esta postura ofrece la posibilidad de una participación creati­
punto de vista del cliente, por transmitir una comprensión del sentido que va en el interminable significado de la vida.
esc enfoque tiene para la persona, teniendo en cuenta las premisas de las
que surge. Al mismo tiempo esto no implica una aceptación o confirmación Trataré
de las premisas del cliente, sino más bien una forma de in d a g a ció n interesa­ de ceñirme al orden ampliando las percepciones del desorden,
da, que abre las premisas a la exploración. • ensanchando el horizonte, pero disfrutando de la libertad de que
Este modo receptivo de interrogación —con su apertura a las diferentes el horizonte eluda mi comprensión, de que no haya una visión definitiva,
maneras de puntuar la experiencia, su disposición para explorar múltiples de que yo no haya percibido nada por completo,
de que mañana un nuevo camino sea un nuevo camino.
perspectivas y favorecer su coexistencia— puede, en la medida en que el otro
la experimenta, desencadenar una postura modificada hacia la experiencia. A. R. Ammons, Carson’s [niel
Y por el mismo motivo puede liberar a los participantes de la terapia de
una inmersión en construcciones del mundo limitadoras. Ello se debe a que
experimentar la receptividad —de la apertura a la experiencia, junto con una Referencias bibliográficas
disposición a adoptar múltiples perspectivas y aceptar la relatividad del sig­
nificado mismo —implica un cambio de perspectiva. Batcson, G. (1972), Steps to an Ecology o f Mind, Nueva York, Ballantinc.
En este libro se ilustran diversas maneras en que el terapeuta puede con­ Berman, M. (1982), Alt that's Solid Mells into Air; the Experience o f Modernity, Nueva
York, Simón & Schustcr (trad. cast.: Todo to sólido se desvanece en el aire: expe­
tribuir a la transformación de la experiencia. No obstante, es preciso prestar
riencia de la modernidad, Madrid, Siglo XXI, 1991).
especial atención al papel que puede desempeñar en la terapia la explora­ Carse, J. P. (1986), Finile and Infinite Carnes, Nueva York, Macmillan (trad. cast.: Juegos
ción de la experiencia desde múltiples perspectivas, sensibilizando al otro fin itos y juegos infinitos, Málaga, Sirio, 1988).
hacia el contexto relacional en el que se sitúa el comportamiento, y por me­ Connor, S. (1989), Postmodernist Culture, Oxford, Basil Blackwell.
dio de una total relativización de la experiencia. A las personas con proble­ Frascina, F. y Harrison, C. (1982), Modern Art and Modernista, Londres, Open Uni-
mas se las puede invitar a perseguir este objetivo, Ínter a lia : para encontrar versity Press.
excepciones a su experiencia predominante; para verse com o prisioneras de Frisby, D. (1985), Fragments o f Modernity, Cambridge, Polity Press (trad. cast.: Frag­
una historia culturalmente inculcada, que no han creado; para indagar cómo mentos de la modernidad, Madrid, Visor, 1992).
218 R E F L E X IÓ N Y R E C O N S T R U C C IÓ N

Gcrgcn, K. J. (1989), «Social psychology and the w rong revolulion», European Jo u r ­ CAPÍTULO XII
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m odernlsm and psychology», A m erican Psychologist, 43: 455-464. la crisis? Si conversamos con alguien que trata de describir una época de cri­
Harvey, D. (1989), The condition o f Postm odernily, O xford, Basil Blackwcll. sis en su vida, es probable que le oigamos expresiones como «Sentía que
Keeny, B. P. (1983), Aeslhetics o f Change, Nueva York, G u ilford Press (trad. cast.: Es­ estaba descentrado», «Estaba al borde del abismo», o bien «Estaba en un cons­
tética del cam bio, Barcelona, Paidós, 1991).
tante estado de confusión, no sabía lo que debía o no debía hacer, pensar
Kovei, J. (1¡980), «The American Mental health ind u stry., en D. Ingleby, comp., Criti-
cal Psychiatry: The Politics o f M ental health, Nueva York, Pantheon (trad. cast.:
o sentir». También son corrientes otras frases que evocan imágenes como
Psiquiatría crítica, Barcelona, C ritica, 1982). desligar, flotar, soltarse; por ejemplo: «Estaba desorientado», «No podía con­
Parker, D. (1990), The Migbty World o f Eye: Stories/Anti-Stories, Brookvale, NSW, Si­ tenerme». Y no hay que olvidar las descripciones de la personalidad, por­
m ón & Schuster. que son de la mayor importancia. Hay expresiones de este tipo que son muy
Ricoucr, P. (1971), «The model o f the text: m eaningful action considercd as tcxt«, So­ frecuentes; por ejemplo, «Yo no era yo mismo»; «No soy lo suficientemente
cial Research, 38: 529-562. fuerte para controlar mi vida»; «No tengo carácter».
Sarbin, T., com p. (1986), Narrative Psychology, Nueva York, Pracgcr. En este capítulo examinaré la idea de crisis. Prestaré especial atención
Silverman, H. J. (1990), Poslmodcrnism - Philosophy an d the Arts, Nueva York, Rou- a la forma en que se construye la crisis, cultural y localmcntc. De esto se de­
tlcdge. ■ duce que lo que describimos como una experiencia límite requiere realmente
Spence, D. (1982), N arrative Truth a n d Histórica! TYutb, Nueva York, Norton. una participación total en el discurso centralizado, local. Esta comprensión
W ittgcnstcln, L. (1953), Philosophical Investigations , Nueva Y ork, Macmillan (trad.
paradójica nos ayudará a examinar cómo sa b em os que estamos en crisis y
cast.: Investigaciones filosóficas, Barcelona, Crítica, 1988).
cómo el terapeuta y el contexto terapéutico pueden participar de la conti­
nuación o la reconstrucción (es decir, el cambio) de la crisis de un cliente.

I ndividualizar la crisis

La primera pregunta que debemos formularnos se refiere a nuestro co ­


nocimiento popular de la experiencia de la crisis. En general, hay dos opcio­
nes para caracterizar estos episodios perturbadores en nuestras vidas. En pri­
mer lugar, podemos apelar a una concepción de la crisis de una persona como
algo que le sucede. Esta orientación externa nos presenta la imagen de un
individuo impotente, a merced de restricciones y mandatos contingentes.
¿Cómo puede uno hacerse cargo de la propia vida teniendo en cuenta las
limitaciones del entorno? Si las circunstancias h an Jjro v o ca d o la crisis en
la p erso n a , ¿de dónde sacará ésta la energía y la fuerza necesarias para modi­
ficar esas circunstancias?
220 R E F L E X IÓ N Y R E C O N S T R U C C IÓ N R E C O N S T R U C C IÓ N D E L A ID E N T ID A D 221

Hay una visión alternativa de esta explicación popular: la idea de que Estos ejemplos señalan que toda idea de separación implica un límite.
la crisis es una extensión natural de lo que somos y de quienes somos. En Pero primero es preciso trazar esos límites, y para, ello hay que establecer
otras palabras, se considera la crisis como casi «previsible», dada la identi­ una distinción entre territorios, ideas,'personas, experiencias, etc. Una vez
dad individual. Debe haber algo en «mí» que produce esas crisis en mi vida. trazado, el límite significa identidad: brinda un indicio del tipo de «cosa» que
Nos preguntamos si la persona que está en crisis es inmoral, inherentemente se está identificando, al señalar aquello de lo que se distingue. En este punto
«mala» o «malvada», o si pertenece al «tipo» de gente desdichada. Pero tam­ surge la posibilidad de construir al «otro». Además, la posibilidad de cam­
bién en este caso podemos pensar que si n osotros entram os en crisis, ¿cómo biar o redefinir ese límite se vuelve más viable cuando los participantes ne­
podemos esperar trascendernos a nosotros mismos, ser otra persona que la gocian solidariamente la necesidad de tal redefinición.
que somos? Los límites indican también distinciones entre centro y margen. Tradi-
Estas dos concepciones de sentido común de la crisis dan prioridad al cionalmcnte hemos dado por sentado que estar en el centro es estar en una
individuo. Ya sea que una crisis sea inherente al individuo, ya sea que se pro­ posición cultural o localmente privilegiada. Hay toda una terminología que
duzca en el debido a acontecimientos del «mundo real», las personas hablan amplifica este supuesto: «tendencias centrales», «centrarse», «administración
de sus crisis como de una co sa que tienen. Se cree que la crisis es una pose­ central». Bakhtin (1981) señala que una concepción de centro requiere una
sión personal de los individuos. concepción de margen, periferia, «otredad». Este sentimiento se refleja en
Sampson sostiene que «se supone que los individuos disfrutan de la pro­ la descripción' de Bateson (1972) de la información como una «diferencia».
piedad personal de las identidades que poseen, incluyendo todos sus atribu­ Para Bateson, sólo reconocemos los datos como «información» cuando se
tos... así como también de los resultados que las realizaciones de sus capaci­ colocan en relación con otros datos.
dades y motivaciones produzcan» (1989-1991). Esta perspectiva, que él Provistos de estos conceptos, nuestra atención se desplaza hacia la rela­
Identifica como «individualismo liberal»; se centra en «la dinámica de los in­ ción entre los centros y los límites. En vez de concentrarnos en el «centro»
dividuos cuyas actividades crean las manifestaciones de la vida humana que privilegiado, reconocemos ahora el margen que permite que el centro «sea».
conocemos» (1989-916). Además, sostiene, si este individuo autosuficiente es Según palabras de Conquergood, «la principal consecuencia epistemológica
el locu s de la vida social, entonces la psicología se convierte en la disciplina del desplazamiento de la idea de centros sólidos y unificados con límites y
legítima desde la cual comprender la condición humana. Y por otra parte, fronteras, es una reformulación de la identidad y la cultura que consiste en
si una crisis es «propiedad» de un individuo — ya se considere inherente al considerarlas construidas y relaciónales, en vez de esenciales» (1990: 10).
individuo o provocada en él por acontecimientos externos— entonces la Si volvemos ahora a las expresiones coloquiales que hacen referencia
psicología sigue siendo la vía apropiada para examinar los fenómenos de a una persona en crisis, advertiremos que no sólo se pone en tela de juicio
la crisis, ya que se concentra sobre las capacidades individuales. Pero ¿qué la identidad, sino que también se ve amenazada la sensación de estar en el
es una crisis? «centro». Por su naturaleza misma, la crisis se define como una experiencia
límite, una experiencia en el margen del comportamiento aceptable. Una cri­
sis puede contemplarse como una identidad descentralizada, y en este caso
l.AS CRISIS COMO UN FENÓMENO DE LÍMITES se piensa que sólo hay dos posibilidades: 1) encontrar una vía d e retorno
hacia el centro; y 2) avanzar m ás a llá del límite, penetrando en otro domi­
El término «crisis» deriva de la palabra griega krinein, que significa «se­ nio (que incluya tanto identidades «más sanas» y sin crisis com o la posibili­
parar». La experiencia límite de la crisis nos separa de los otros en nuestras dad de ingresar en el terreno «anormal»).
comunidades interactivas. Pero para separar es preciso haber establecido lí­ No obstante, estas dos posibilidades presentan una dificultad concep­
mites. En un mapa, la separación entre países está marcada como un límite. tual. ¿Cómo puedo yo afirmar que hay una crisis en mi vida — una situación
Del mismo modo, cuando pensamos en nuestra experiencia vital, marcamos que, por definición, me coloca en el margen— sin una comprensión comu­
el territorio que es «nuestro» —y por lo tanto, diferente del de otra p e rso n a - nal de mi situación com o tal: una actividad que exige mi participación en
refiriéndonos a los «límites de nuestra experiencia». En la bibliografía sobre las comunidades de significación centralizadas y locales? ¿Cómo puedo yo
terapia familiar, Minuchin (1974) conceptualiza la diferencia entre sistemas desplazarme d e reg reso hacia el centro o m á s a llá del margen, si ya estoy
familiares sanos y patológicos como identificables por referencia a los lími­ firmemente arraigado en el discurso que construye mi situación como una
tes incorrectos. Para él, una familia-está en dificultades si, por ejemplo, los crisis? Todo movimiento caería dentro de los límites de este discurso. Y así,
límites entre las generaciones son demasiado vagos o demasiado rígidos. la atención se desplaza hacia las prácticas discursivas.
222 REFLEXIÓN Y RECONSTRUCCIÓN R E C O N S T R U C C IÓ N D E L A ID E N T ID A D 223

La c o n s t r u c c ió n d is c u r s iv a d e la cr isis nes entre padres e hijos. Hoy en día disponemos de otros discursos y tende­
mos más bien a indagar si los problemas de una persona son producto de
Evidentemente, hay formas de conversación social bien negociadas que estímulos ambientales y de un condicionamiento inadecuado (behaviouris-
brindan los recursos necesarios para que yo crea que estoy en crisis. Estas mo) o, por el contrario, derivan de una jerarquía familiar incorrecta (estruc-
formas de conversación se construyen comunalmente en la interacción. En turalismo).
otras palabras, es probable que alguien piense de sí mismo que es «una per­ Todos estos son ejemplos de determinadas crisis, que surgen dentro de
sona en crisis» si se embarca en conversaciones c interacciones con otros cierto ámbito discursivo. Para definir lo que es «correcto» o «incorrecto» es
individuos que, cooperativamente, contribuyen a construir esa identidad. Sin preciso hacer referencia a un contexto discursivo. Y en consecuencia, se dis­
embargo, no todo comportamiento —como, por ejemplo, el bajo rendimiento pone de los medios para «superar» las desviaciones que puedan haber surgi­
en el trabajo— constituye una crisis, a menos que reiteradas interacciones do en relación con las prácticas comunes construidas. Con frecuencia la te­
dirijan la atención de tal manera que las posteriores interacciones y los sub­ rapia es una de esas formaciones sociales ya disponibles, com o también lo
siguientes comportamientos se identifiquen como problemáticos. Y lo que son las instituciones educativas, la legislación, la medicina, etc.
es más importante aún, a menos que una persona participe de determinadas Ahora bien, es paradójico describir la experiencia de la crisis como un
conversaciones (por ejemplo, reiteradas interacciones con un supervisor en fenómeno marginal en virtud de una idea definida com un alm en te, central­
las que la charla se centre en el rendimiento laboral problemático), es difícil mente, acerca de lo que se entiende por comportamiento normal y anormal.
que defina su situación como una situación de crisis. O sea que para que Y es igualmente paradójico reconocer que las instituciones mismas que he­
se defina como en crisis, una persona debe participar lo suficiente en las for­ mos construido com o recursos para afrontar tales situaciones (por ejemplo,
mas centralizadas de discurso de la comunidad y contribuir a la construc­ la terapia) eviten o impidan su resolución de cualquier manera que no sea la
ción de lo que se entiende por crisis. que mantiene las formas privilegiadas del discurso. Tal razonamiento otorga
Si adoptamos una perspectiva histórica, podemos ver muchos ejemplos legitimidad al contexto terapéutico com o un campo viable para tratar con
de los límites de las comunidades lingüísticas. La opresión de las mujeres la crisis. Además, reconoce a la terapia com o una práctica basada en concep­
dentro de la sociedad patriarcal no se consideró como una crisis hasta que ciones modernistas* de la individualidad.
los cambios en el ámbito discursivo brindaron los recursos para discutir las
desigualdades entre hombres y mujeres. Aunque a principios de este siglo
había muchas mujeres que no estaban satisfechas con su situación dentro Las ORIENTACIONES MODERNISTAS Y POSMODF.RNISTAS DE LA TERAPIA
de la comunidad, la mayoría de ellas no afrontaba —y a veces ni siquiera
«conocía»— sus aspiraciones personales, profesionales, políticas y económi­ Se ha escrito mucho acerca de una perspectiva modernista y su influen­
cas no realizadas. Pero el discurso de la época proporcionó los medios para cia en las descripciones de la vida social en el siglo xx (Jencks, 1986; Lyo-
identificar, por ejemplo, los problemas para educar a los hijos com o una im­ tard, 1984; Tbrner, 1990). Expresado brevemente, podemos decir que el mo­
portante crisis de la maternidad. Al mismo tiempo, no se disponía de los me­ dernismo da por sentado que los individuos son inherentemente racionales.
dios para analizar los intereses profesionales o laborales de una mujer en tér­ La capacidad de razonar, unida a una cuidadosa observación del mundo «ex­
minos de lo que podría ser una crisis personal. ' terior», producirá descripciones correctas de ese mundo. El deseo de obte­
A medida que advertimos los cambios en el discurso acerca de las muje­ ner descripciones correctas y exactas de los fenómenos subraya el especial
res, empezamos a ver el desarrollo de nuevas formas de crisis. Ahora una interés modernista por el progreso, los resultados y los objetivos. El movi­
crisis puede incluir ideas de participación política, económica y profesio­ miento hacia adelante, guiado por el razonamiento claro, resolverá todos los
nal. En nuestro contexto social actual, una crisis legítima para una mujer po­ dilemas humanos. Es comprensible entonces que la ciencia sea una metáfo­
dría incluir el equilibrio entre vida profesional y vida familiar. Pero hasta hace ra central para examinar ese progreso.
muy poco tiempo no era así para la sociedad en su conjunto. En gran parte de la bibliografía terapéutica se advierte una adhesión a
Del mismo modo, a principios de siglo la lectura freudiana que se hacía una visión modernista del mundo. En algunas formas de terapia, el trabajo
de los problemas de una persona constituía un verdadero despliegue de des­ terapéutico consiste en que terapeuta y cliente conversen racionalmente so-
cripciones de la crisis, arraigadas en ciertas ideas acerca de la competencia
basada en la energía de las estructuras psíquicas, y de las tempranas relacio­ * Vcasc nota de la pííg. 200. [R.]
224 R E F L E X IÓ N Y R E C O N S T R U C C IÓ N R E C O N S T R U C C IÓ N D E l.A ID E N T ID A D 225

bre los episodios problemáticos. La forma y la dirección de esa charla se ajus­ En un modo donde las economías lo cales dependen de la política y el co ­
tan a modelos, etapas y métodos claramente identificados en textos y en li­ mercio mundiales, y donde las economías m u ndiales deben tener en cuen­
bros y revistas profesionales. Este formato permite acceder a la racionalidad ta los gobiernos locales —de los que también dependen— , enfatizar en los
atribuida a los procedimientos científicos no sólo detallando claramente los individuos autosuficientcs es algo muy poco informativo. En general siem­
pasos correctos a seguir, sino también ejemplificando la investigación que pre se consideró que la psicología era la disciplina desde la que se podía es­
defiende y convalida la eficacia de las técnicas. tudiar la interacción humana en la era moderna, que se caracteriza por ideas
Los enfoques terapéuticos más evidentemente vinculados a la metáfora de eficacia, intencionalidad y autonomía individuales. ¿Es acaso posible con­
científica del modernismo son los que confían en procedimientos médicos. siderar una forma posmoderna de terapia donde la multiplicidad, la diversi­
Estos procedimientos suelen incluir medicación, pruebas y observaciones dad y la relación sean el foco de la atención? Y si lo es, ¿de qué modo tal
de labqratorio, y todo un despliegue de tratamientos administrados clínica­ abordaje informa nuestras ideas acerca de la crisis y de la terapia en general?
mente. Aunque estos enfoques terapéuticos del diagnóstico y el tratamiento Si una crisis depende de vivir tanto dentro como en los márgenes de
varían, todos comparten como rasgo común el énfasis en la racionalidad in­ una comunidad de lenguaje, entonces lo que constituye una crisis se identi­
dividual, las técnicas de observación y la confianza en el progreso. fica (se crea) dentro de una comunidad. Kleinman (1988) destaca la comuni­
El surgimiento del posmodernismo, debido principalmente a los avan­ dad local o «significante» dentro de la cual surgen el significado y la prácti­
ces tecnológicos, trajo consigo el acceso a racionalidades diversas. En resu­ ca. Debemos preguntarnos cómo se construye ese «mundo de la vida local»
men: ahora disponemos de diferentes maneras de hablar de lo que es valio­ (Kleinman, 1988). ¿Qué creencias acerca de las personas y acerca de las legí­
so en la vida humana, de cómo debemos actuar y de los que entendemos timas líneas de acción se mantienen en las diferentes comunidades o cultu­
por progreso. El posmodernismo se caracteriza por su especial énfasis en el ras? ¿Cuáles son los dominios interactivos en los que se consideran viables
lenguaje, es decir, en la interacción mutua para la construcción de los mun­ ciertas comprensiones del comportamiento o determinadas interpretaciones?
dos personales. Este énfasis sobre el lenguaje constituye un cambio impor­ En otras palabras, ¿qué significados y acciones construyen las pautas domi­
tante respecto de la obsesión modernista por la naturaleza esencial de las «co­ nantes o centrales en determinada comunidad y definen, por tanto, lo que
sas». Como ya señalamos, el proyecto modernista consiste en descubrir (por se considerará marginal? En este punto, la idea de comunidad adquiere gran
medio de la observación minuciosa y controlada) la estructura básica, o la importancia porque, como lo demuestran los siguientes ejemplos, no todos
esencia, de lo que se examina, con el fin de poder sacar conclusiones y ela- los participantes de una interacción dada se refieren a la misma comunidad,
■borar principios. El proyecto posmodernista; por el contrario, es examinar al mismo «mundo de vida local».
cómo el proceso de interacción brinda las oportunidades para que determi­
nadas caracterizaciones surjan y desaparezcan. ¿Cómo es que ciertos con­
textos interactivos privilegian una forma de discurso mientras otros contextos Comunidades discursivas divergentes y nuevos problemas de identidad
brindan oportunidades para discursos muy diferentes? He aquí el interro­
gante posmoderno. , . , La idea de crisis, desde una perspectiva discursiva, puede contemplarse
Como vemos, la principal preocupación no es necesariamente el desen­ ahora com o un fenómeno construido comunalmente y no como un «pro­
lace de una interacción dada, sino más bien las maneras en que se coordinan blema» individual. Por ejemplo, la definición o caracterización de la homo­
una pluralidad de perspectivas para formar pautas de interacción, lo que po­ sexualidad com o una forma de patología es un ejemplo más de formas privi­
tencia y al mismo tiempo restringe ciertas formas de acción. Y si tenemos legiadas del discurso y de cóm o las construcciones modernistas de las
en cuenta el énfasis sobre el lenguaje y la construcción social, vemos que instituciones sociales (tales com o la terapia) sirven para mantener esta ima­
«en las condiciones posmodernas, las personas existen en un estado de per­ gen de patología.
manente construcción y reconstrucción» (Gergen, 1991: 7). Kitzinger (1989) llama la atención hacia los procesos sociales que, para­
El surgimiento del pensamiento posmoderno afecta a nuestro actual dójicamente, abarcan comportamientos considerados anormales y los hacen
modo global de interacción y a nuestra necesidad de atender a las cuestio­ «encajar» dentro de las narrativas culturalmcnte aceptadas. En su ejemplo abor­
nes de la diversidad. La confianza modernista en el individuo como princi­ da la cuestión del lesbianismo y aporta una útil reseña de cómo las descrip­
pio organizado de la sociedad es reemplazada en el posmodernismo por un ciones particulares, populares (es decir, centralizadas) del lesbianismo sirven
esfuerzo comunal, relacional, interactivo por comprender el orden social. en realidad para mantener nuestra orientación cultural humanista liberal. Es-
R E C O N S T R U C C IÓ N D E LA ID E N T ID A D 227
r e f l e x ió n y r e c o n s t r u c c ió n
226
restringida por las ideas legitimadas y privilegiadas dentro de un marco tera­
pedficamcnte, Kitzinger ejemplifica la manera en que las ^ c . o n e s lesbia péutico modernista.
ñas pueden describirse en función del amor romántico y de la rcal ^ cl° " Sin embargo, si se presta atención a la idea de la existencia de diferentes
personal. En esas descripciones, se reinstala la orientación md.v.dual.sta de comunidades discursivas se encontrará una vía para analizar las interaccio­
la cultura contemporánea, privilegiando las relaciones que enaltecen e y • nes con una pregunta fundamental en mente: ¿Por qué lo que las personas
Así se socavan las políticas del lesbianismo y el feminismo: políticas que abar­ están haciendo en esta interacción brinda la oportunidad de que surjan d e r­
can un sentido de comunidad y coordinación. Culturalmcntc, el amor ro­ las interpretaciones, explicaciones, descripciones y líneas de acción? Desde
mántico y la autorrealización sirven de bases .legitimas, sobre las que se for luego, esta pregunta indica también que hay líneas de acción, interpretacio­
man las relaciones íntimas. Por lo tanto, al describir el lesbianismo en esos nes, explicaciones y descripciones que no son posibles —que las impide
términos se da a entender que es simplemente una variante mas de la forma por el proceso interactivo. Lo que las personas hacen juntas proporciona la
relacional .normativa-. Las maneras diferentes de interpretar esas relaciones viabilidad y la justificación de determinadas líneas de acción e interpreta­
ción (Gergen, 1990). En consecuencia, las construcciones de la identidad y
SC SÍC o S e L r s S are.aciones poligámicas que no están ampliamente acep­ de la crisis que surgen cuando se coordinan diferentes dominios discursivos
tadas dentro de esta sociedad. Si una persona acude a un terapeuta local con abren la posibilidad de que se den nuevas maneras de actuar.
quejas acerca de sus diversas parejas conyugales y las difíciles relaciones que Los participantes pueden lograr esto cuestionando continuamente sus
mantienen, es difícil que se genere la oportunidad de entablar una conversa­ premisas y sus mundos de vida local. ¿Es posible que el contexto terapéuti­
ción en la que surja una resolución que permita mantener la relación polig. - co alcance una coordinación tal que surjan nuevas construcciones de la iden­
situación es mis que probable ,u= I, .esoiución tontela lo ,™ tidad sin convalidar ninguna de las diversas comunidades discursivas de los
de instrucciones correctivas, dadas por el terapeuta, acerca de la inmoral, participantes?
dad de la poligamia. Si el cliente no acepta esa solución, la crisis se mantiene
(y muy probablemente hasta se expande). El terapeuta modernista, como por-
tlvoz cultural, intentará en primer lugar imponer las construcciones cultura­ El. CONTEXTO TERAPÉUTICO DISCURSIVO
S que contribuyen a la crisis. El cliente que niega esas construcciones es
Últimamente han surgido algunas escuelas de terapia que pretenden
mAS Pero ¿cómo entendemos estos ejemplos desde una posición relacional? adoptar una tendencia posmoderna o construccionísta social. En ellas, las
¿Cómo ^ mantiene y finalmente se transforma, a través de la practica dis­ p rá c tic a s discursivas se convierten en importantes vías de exploración, a
cursiva la -crisis- de ser homosexual o polígamo? No es difícil imaginar el diferencia del énfasis tradicional sobre los aspectos fundamentales del com ­
mantenimiento de la homosexualidad o la poligamia. Sin embargo, el con- portamiento o la motivación. Y cuando se enfatiza el discurso, las comuni­
^ 0 ” u L , paradójicamente, construye lo marginal como centra' £ dades dentro de las cuales se tornan viables y defendibles determinadas for­
leEitimar la crisis dentro del discurso aceptado, com o en el caso del lesb mas de interacción, logran concitar la atención. Cuando se desplaza la
n lm o citado anteriormente. En efecto, el terapeuta participa en la c e n t r a l, atención hacia el proceso mismo de la comunicación, surge la construcción
za ció n de la crisis (que de otro modo se consideraría como un fenómeno relacional de la identidad (y de la crisis). Los primeros trabajos del Mental
Research Institutc (Watzlawick et al., 1967) se basaron en este enfoque, y desde
m3 reconocemos que determinadas formas de conversación mantienen entonces se desarrollaron varias escuelas de terapia (Sclvini et al., 1978; Tomín,
identidades, sistemas de creencias y líneas de acción ^ t a T J u ^ d n d a n 1987a, 1987b, 1988; Anderson y Goolishian, 1988; Andersen, 1987).
imaeinar que hay conversaciones e interacciones significativas que brindan Cuando un terapeuta entra en conversación con un cliente, el terapeuta
la oportunidad de definir una crisis. Las interacciones pueden impedir que acepta la invitación del cliente para hablar de cierto tema (Anderson y G oo­
los participantes representen determinadas autobiografías. Muchas veces las lishian, 1988). En ese momento el tema se construye como «legitimo». Una
conversaciones entre el terapeuta y el cliente ayudan a crear y mantener la vez legitimado como tema de conversación, se presenta la capacidad de exa­
crisis de este último, aceptando interpretaciones que, culturalmente, son mas minar premisas que orienten tanto las creencias y acciones centrales co m o
-centrales-. Suele suceder que las conversaciones terapéuticas proporcionan las marginales. En la terapia construccionísta social, no se centraliza la crisis
el ámbito discursivo dentro del cual la capacidad del cliente para .con oce - a b so rb ién d o la dentro de las prácticas y creencias aceptadas de la cultura en
d I n T o de manera difcren.e (por eiemplo, com o homosexual) se ve
R E F L E X IÓ N Y R E C O N S T R U C C IÓ N R E C O N S T R U C C IÓ N D E LA ID E N T ID A D 229
228

acción. Por el contrario, se centraliza en sus propios términos, merced a la conexiones entre personas, ideas, relaciones y tiempo. Así, iácntro de este
actividad misma de proveer y mantener un espacio discursivo. contexto surgen la información acerca de las p a u la s y los p ro ceso s (no los
La orientación rclacional que esto proporciona supone que cliente y te­ productos o los resultados).
rapeuta están solidariamente comprometidos en la construcción de una na­ Como las preguntas circulares no obligan a los individuos a mantener
rración acerca de la crisis del cliente. Y esta orientación relacional, coopera­ su versión del mundo (incluyendo la versión privilegiada, profesional, psi­
tiva, comunal, es la que distingue un enfoque construcciónista social de un cológica), permiten apartarse de las historias o de la lógica que las personas
enfoque modernista, en el que el terapeuta se mantiene apartado, evaluando viven y representan todos los días. Las preguntas, entonces, permiten el sur­
y diagnosticando la crisis por medio de criterios generales y culturalmente gimiento de descripciones alternativas, que muchas veces abarcan las múlti­
significativos, en vez de hacerlo a través de criterios construidos localmcnte. ples voces que anteriormente compitieron dentro del discurso. Es más pro­
Uno de los ejemplos de terapia construccionista social es el concepto bable oír decir a un cliente «Nunca dejé de pensar que él vería en mi
de interrogatorio circular introducido por el equipo de Milán (Sclvini el a l., comportamiento que yo estaba eludiendo las actividades familiares», que in­
1978). El interrogatorio circular está construido sobre la idea del lenguaje ternarse en debates respecto de la veracidad. El lenguaje rclacional de las pre­
rclacional. En vez de preguntarle a un cliente qué importancia asigna a las guntas circulares proporciona un contexto donde las formulaciones se con­
actividades de grupo con respecto a las relaciones familiares (lo que suscita vierten en curiosidades y no en refutaciones. Las preguntas circulares son
una respuesta que se enmarca como «fáctica» y que simultáneamente adopta sólo un ejemplo de la práctica terapéutica que surge dentro de una concien­
una perspectiva individual), el interrogatorio circular se vale de la idea de cia rclacional, ya que brindan los medios para desplazar lingüísticamente los
información relacional y le pide a una tercera persona (quizás a un niño) que límites de lo que es «central» y de lo que es «marginal». De este modo, la
comente qué importancia asigna a las actividades de grupo con respecto a conversación terapéutica construye activamente las restricciones y las posi­
otro familiar. Por ejemplo, se puede preguntar el cliente: «¿Qué importancia bilidades de una situación de crisis.
asigna su esposo a las actividaedes de grupo para usted?... ¿Cómo diría él Así como las pretcnsiones de formación de la identidad y de definición
que demuestra usted su posición sobre este tema?». Estas preguntas se cen­ de la crisis no son construcciones individuales, lo que cuenta com o diag­
tran sobre las posibles distinciones de interpretación que pueden construir­ nóstico legítimo y consecuente cura es también producto de la construcción
se dentro del mismo contexto interactivo. Al privilegiar las diferentes mane­ solidaria, interactiva. ¿Cómo podría, entonces, abordar estas cuestiones
ras en que cada participante puntúa una situación, las preguntas circulares un contexto terapéutico centrado en las formas relaciónales del discurso? Ese
desvían la atención de lo que se consideran «hechos» centralizados o «inter­ contexto no generaría una conversación acerca de la crisis, la identidad y
pretaciones adecuadas». Las preguntas circulares brindan a los participantes el diagnóstico como posesiones individuales sino, más bien, como descrip­
la oportunidad de convertirse en observadores de sus propias pautas inte­ ciones originadas en un contexto de construcción comunal.
La definición y la identificación de una crisis llaman la atención sobre
ractivas, al facilitar el surgimiento, de modo no fáctico, de diversas interpre­
la centralidad del lenguaje en la construcción de lo que sabemos. La antigua
taciones. Las preguntas circulares permiten que una persona observe cómo
otra podría describir, caracterizar o justificar determinada acción o relación. creencia de que el lenguaje es un espejo de la realidad, conocida com o con­
cepción modernista, da paso a una explicación posmoderna, en la que se
De este modo, es menos probable que los «problemas» los «absorba» una
narración popular (ya sea dentro del contexto relacional significante, o den­ estima que el lenguaje construye nuestros mundos (Gergcn, 1985; Shotter,
tro del discurso psicológico profesional). En cambio, se crea un espacio dis­ 1990). Esta posición concuerda con la idea de Wittgcnstein (1953) de los jue­
cursivo en el que se tornan viables una multiplicidad de interpretaciones y gos de lenguaje, en los que cada acción es un movimiento más en una se­
cuencia permanente que depende de la relación. Las derivaciones de esa idea
dcscripéioncs.
Lo más interesante en la idea del interrogatorio circular es que origina son audaces. Lo que se sugiere es que, en vez de concentrar la atención en
múltiples perspectivas. La divergencia de interpretación se convierte en in­ lo que está en la mente del emisor, orientemos nuestras indagaciones hacia
formación interesante, en vez de ser el territorio en el que se centralizan el el ámbito de las prácticas discursivas; es decir, que examinemos lo que las
debate y la competencia. Las múltiples descripciones que surgen en el pro­ personas hacen juntas y en interacción, y la manera en que realizan diversas
ceso del interrogatorio circular brindan los recursos necesarios para las nue­ «actividades», cuestionando al mismo tiempo las premisas generadas desde
vas conexiones (relaciones). Los «datos» recogidos por medio de este méto­ dentro de nuestras diferentes comunidades.
do de interrogación se convierten rápidamente en información acerca de las
230 R E F L E X IÓ N Y R E C O N S T R U C C IÓ N R E C O N S T R U C C IÓ N D E L A ID E N T ID A D 231

C o n c l u s ió n señar, reconstruir el propio lugar dentro de la narración, dentro de la histo­


ria de la vida en curso. Pero el éxito o el fracaso de esa empresa sólo pueden
Al prestar atención al ámbito relacional, en el que se construye el cono­ darse dentro del ámbito discursivo.
cimiento, dirigimos nuestra atención a la comunidad de observadores. Una Es precisamente este tipo de relació n entre el potencial y la restricción
comunidad de observadores es el conjunto de las personas que interactúan (Ceruti, 1986), entre el centro y el límite (Rosaldo, 1989) y también entre la
y se observan mutuamente para verificar lo que es correcto. En este sentido crisis y lo «normal» lo que se construye en el lenguaje. Una crisis es una cons­
podemos decir que la comunidad es la que identifica lo que se entiende por trucción cooperativa, comunal.
crisis, ya sea que esa comunidad esté constituida por familiares, amigos, co ­ Es conveniente examinar cómo se organizan las narraciones conversa­
legas de trabajo o miembros de la misma profesión (abogados, médicos, psi­ cionales, en ías que participan terapeutas y clientes, con el fin de que la cri­
quiatras, etc.). sis surja, se mantenga latente o desaparezca. Este énfasis supone un cambio
Aunque los construccionistas sociales afirman que la observación se da en el pensamiento tradicional acerca de la salud mental y la interacción so­
en el ámbito del lenguaje, ya que las descripciones de las observaciones es­ cial; el cambio de asumir que las personas tienen problemas (como si los
tán, en última instancia, «en lenguaje», la mayoría de los «observadores» asu­ problemas fueran «cosas» que se tienen) para examinar las prácticas (tradi­
men cierto grado de distanciamiento y, en consecuencia, de objetividad. Con- ciones) interactivas (conversacionales) que permiten el surgimiento de esos
quergood (1990: 8), siguiendo a Rosaldo (1989), propone que reemplacemos problemas. Supone también el cambio de dar por sentado que una buena
«la tendencia visualista del positivismo, que habla de voces, emisiones, ento­ teoría o un buen método podrían descubrir la raíz del problema y eliminar­
naciones, multivocalidad», en un intento por pasar de los modelos de obser­ lo, de reconocer las p rá ctica s discursivas usadas por teóricos e investigado­
vación a los modelos de participación en el lenguaje. Una metáfora de vi­ res —en interacción con sus «sujetos» y clientes, y dentro de determinados
sión (mirada) implica distancia y, por lo tanto, objetividad. Una metáfora de ámbitos culturales e ideológicos— con el propósito de construir explicacio­
sonido implica proximidad. Y, como señala Conquergood, «la vulnerabili­ nes de los fenómenos sociales. En resumen, ahora se enfatiza lo que las per­
dad y el/autodescubrimiento son posibles a través de las conversaciones. Por sonas (terapeutas y clientes) hacen ju n ta s y no los aspectos «esenciales» de
otra parte, el cierre está constituido por la mirada» (1990: 8). En terapia es los problemas o de las personas.
fundamental la participación conversacional (tanto verbal como no verbal),
no la,observación. Además, dentro del contexto terapéutico deben negociarse
muchos dominios discursivos. Referencias bibliográficas
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Family Process, 26 (4): 415-428.
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ción acerca de la historia de la vida en curso? ¿Y es acaso esto lo que tiene nary and e vo lvin g ¡deas about the im plica tion s for clinical thcory», Family Pro­
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de la Universidad de Temple, Filadelfia.
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232 R E F L E X IÓ N Y R E C O N S T R U C C IÓ N

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Wittgcnstein, L. (1953), Philosophical Investigations, trad. G. Anscombc, Nueva York, eliminar algunos de los resabios conceptuales dejados por los primeros in­
Macmillan. térpretes del construccionismo. Y segundo, pretendemos discutir aspectos
centrales de nuestra propia Interpretación (Efran ct al., 1990). Para nosotros,
el construccionismo no es ni un nuevo tipo de terapia ni un conjunto de
técnicas caprichosamente reunidas, sino un contexto dentro del cual apre­
hender y moldear el contrato terapéutico. Y en ese contexto creemos que
el construccionismo puede facilitar la elaboración de diseños mejores y más
claros para la interacción cliente-terapeuta.

1. A partir de aquí, usamos los términos «construccionismo» y «constructivismo» indis­


tintamente. Al citar o analizar las ideas de un autor determinado, usamos los términos tal como
los emplea ese autor.
T E R A P IA C O N S T R U C C IO N IS T A 235
R E F L E X IÓ N Y R E C O N S T R U C C IÓ N
234
Los construccionistas están obligados a responsabilizarse por su adhe­
UNA MENTALIDAD DEL TIPO -TODO VALE» sión a determinadas posiciones. No se les prohíbe tenerlas; más aún, hasta
se les permite que verifiquen sus hipótesis usando las normas de la ciencia,
El número especial sobre el constructivismo del Irisb Jo u r n a l ofP sycbo- siempre que tengan presente que la ciencia es una tradición que implica una
dialéctica entre el observador y lo observado. La ciencia no ofrece jamás ob­
servaciones imparciales. Como afirmó el teórico cuántico John Whecler. «Sin
un observador no hay física» (Overbye, 1981: 66).
Lamentablemente, los críticos del constructivismo no prestan suficien­
te atención a las diferencias entre una lógica «chata», ambivalente, que no
tiene en cuenta al observador, y una lógica autorrefcrencia!, más compleja
I r á s s s s y moderna (Brown, 1972). Como Russcll y Whitehead demostraron, trope­
zar con los niveles lógicos autorreferenciales siempre produce contradiccio­
nes y paradojas. Por ejemplo, la máxima de Whitehead que afirma que «to­
das las verdades son verdades a medias» puede crear problemas de análisis

ÍÍÍÍl= IS = = rS = en la lógica tradicional del tipo o...o; pero tomada en sus propios términos,
constituye una formulación sensata, comprensible y útil. Del mismo modo,
el conocido proverbio de Bateson, «La ciencia nunca prueba nada» (1979:
29), no puede demostrarse científicamente; y tampoco es preciso hacerlo.
Como demuestran los teoremas de Gódcl (véase Hofstadter, 1979), las con­

:= = ~ 5 H = = |Ü tradicciones y paradojas a que aluden los críticos del constructivismo pue­


den encontrarse en todas las formas de teorización, tanto realistas como an­

~ s s .rs s s s s s s s x ti.~ ~ tirrealistas. Son ineludibles. Toda teoría empieza inevitablemente con una
proposición que significa una preferencia del observador y no puede defen­
derse dentro del marco de la teoría misma. Para los constructivistas, la pro­
Sf„ m>s enfrenta claramente con ciertos críticos. Por c|em plo ■*** posición de que no se puede tener acceso a una realidad objetiva es una pre­