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Somera presentación de algunos aspectos

de la Obra de S. Ferenczi

El primer dato de interés que aparece en una aproximación a la obra de Ferenczi, corresponde al año
en que se publican sus obras completas: 1968. Ya habían transcurrido más de treinta años desde su
muerte, lapso durante el cual sus ideas tuvieron una relativa difusión entre los círculos
psicoanalíticos de mayor importancia.
En esta llamativa demora convergen razones que se remontan en el tiempo hasta la década del 20,
época en que Ferenczi se aboca al desarrollo de innovaciones en la técnica psicoanalítica. Las
proposiciones de Ferenczi aparejarían con el tiempo cada vez mayores desacuerdos con Freud
hasta llegar a 1932, fecha en la que la ruptura entre ambos se tornó explícita.
Es que lenfant terrible del psicoanálisis, tal era el apodo que recibió Ferenczi entre sus colegas, manifestaría
sobre todo en los últimos años de su vida una autonomía de criterios que era inadmisible, empezando por el
mismo Freud, en una época en que la consolidación del movimiento requería el acuerdo incondicional de
sus miembros respecto de los puntos centrales de la teoría, más que la incorporación de ideas nuevas.
En nuestros días, una lectura de la obra de Ferenczi, particularmente de los escritos que corresponden al
mencionado período, resulta poseer una sorprendente vigencia en cuanto a la descripción, etiología y
consideraciones técnicas acerca de ciertas formas de padecimiento mental cada vez más frecuentes en la
actualidad.
Con el fin de respetar el espíritu de su obra, en la que teoría y técnica no son términos separados sino dos
formas de abordar una misma cuestión, la práctica psicoanalítica, prescindiremos de una clasificación de
sus conceptos principales en tanto teóricos o técnicos. Presentaremos, en cambio, una selección de
aquellos temas a los cuales dedicó mayor atención, con la intención de transmitir lo mejor posible la esencia
misma de su pensamiento, teniendo en cuenta que siempre, pero en pocos casos tanto como en éste, la
tarea de acotar a unas pocas palabras la obra de un autor acarrea un inevitable recorte en cuanto, por
ejemplo, a la imposibilidad de reflejar plenamente la riqueza de sus pensamientos y las derivaciones de sus
aportes al psicoanálisis.

Teoría de la genitalidad

Hacia 1917, Ferenczi y Freud habían sostenido largas conversaciones acerca de las teorías de
Lamarck sobre la evolución de la especie humana. En 1924, y tras varios años de maduración
de las ideas que contiene, Ferenczi publica un artículo en el que presenta sus teorías onto y
filogenética sobre la genitalidad. Continuando las ideas de Freud, estableció una
correspondencia entre biología y psicología. El conocimiento proporcionado por experiencias
previas con animales, junto a datos que tomó de la embriología, le ayudaron a rastrear los
impulsos genitales hasta su origen en la tendencia a la regresión talásica (Thalassa = mar).

Considera que durante el coito se produce una triple identificación: con el órgano genital, con la
pareja y con la secreción genital.

Si consideramos ahora toda la evolución de la sexualidad, desde la succión del pulgar en el


bebe hasta el coito heterosexual pasando por el narcisismo de la masturbación
genital...llegamos a la conclusión de que toda esta evolución, comprendido el coito, sólo puede
tener por objeto una tentativa del ego, primero dudosa y torpe, luego cada vez más decidida, y
por último particularmente acertada, de retornar al cuerpo materno, situación en la que la
dolorosa ruptura entre el ego y el entorno aún no existía.

Según Ferenczi, esto es lo que explicaría, entre otras cosas, la regularidad con la que se
presenta el deseo edípico en el análisis de los hombres neuróticos.
Desde el punto de vista ontogenético, sostiene que el nacimiento puede representar
simbólicamente una catástrofe vivida por la humanidad hace miles de años:

La recapitulación individual de la gran catástrofe que, al secarse los océanos,


obligó a muchas especies animales y por supuesto a nuestros antepasados
animales a adaptarse a la vida terrestre y, en primer término, a renunciar a la
respiración branquial para desarrollar órganos propios con que respirar el aire.

En este sentido, Ferenczi considera que el coito sería una regresión talasal, un retorno al medio
intrauterino, pero también un poderoso deseo inconsciente de retornar al océano abandonado
en tiempos primitivos.
A continuación, veamos el esquema que propone para correlacionar sus teorías onto y
filogenética.

Técnica activa

A partir de 1913 se destaca claramente su creciente interés por la técnica psicoanalítica, interés
que lo movió a formular modificaciones orientadas a lograr un progreso mayor y más rápido. En
este sentido, destacaremos dos de sus conceptualizaciones: la más importante es la referente
a lo que Ferenczi denominó técnica activa; menos desarrollado pero igualmente innovador es el
principio de relajación, concepto que desarrolla en sus últimos años.
Inspirado en cierta medida por las variaciones técnicas que el mismo Freud había realizado en
el tratamiento de pacientes fóbicos, a quienes en determinado momento del tratamiento les
ordenaba afrontar la situación fobígena, Ferenczi introdujo modificaciones a la técnica que
significaban un mayor grado de actividad que el analista exigía al paciente.

Al principio, Freud había recibido con entusiasmo estas ideas, y hasta las había estimulado. Sin
embargo, al transcurrir el tiempo las diferencias entre ambos se acentuaron. Los nuevos
desarrollos de Ferenczi sobre la terapia activa, pero también la importancia que le otorgaba al
fenómeno de la regresión, hicieron pensar a Freud en una nueva amenaza de desviación de
consecuencias imprevisibles.
En el Congreso de Psicoanálisis de 1920 efectúa por vez primera una descripción global de la
técnica activa

Esta técnica era un recurso utilizable únicamente a los fines de disolver los momentos en los
que el tratamiento parecía estar en un impasse. Se apoyaba en la idea de que el agotamiento y
la esterilidad de las asociaciones libres se explicaban, con bastante frecuencia, por un retiro de
la libido del trabajo analítico en beneficio de fantasías o satisfacciones físicas inconscientes.
Esto era el resultado de una crisis en la relación transferencial, y el analista debía entonces
descubrir hacia dónde había sido desplazada la libido para tratar de movilizarla y reconducirla a
la senda del trabajo asociativo.

Tan pronto como sea superado el estancamiento del análisis, que es la única
justificación y único motivo del cambio momentáneo de técnica, el especialista
volverá a asumir la actitud pasiva y receptiva, más favorable para la cooperación
eficiente del inconsciente del médico.

La técnica activa se desplegaba en dos fases sucesivas, destinadas a permitir la actividad y el


control de las actividades eróticas.

Mediante la implementación de órdenes y prohibiciones, el analista esperaba provocar en el


paciente un crecimiento considerable de la tensión psíquica que, a su vez, podría entrañar dos
consecuencias: la irrupción en la conciencia de una moción impulsiva hasta entonces
rechazada, transformando un síntoma fuerte de desagrado en una satisfacción acompañada de
placer, lo que suponía un refuerzo y una expansión de la autoridad del Yo del paciente. La otra
consecuencia podía ser la restauración de las asociaciones del paciente, una vez superadas
las resistencias.

Para ilustrar su exposición, Ferenczi ofreció en su trabajo de 1920 algunos ejemplos clínicos. El
más notable es el caso de una joven música que padecía fobias y estados obsesivos. Al tocar
el piano delante de público la joven se ruborizaba, su digitalización se entorpecía haciendo que
se equivocara constantemente, y finalmente terminaba quedando en ridículo. A pesar de que
había tenido una experiencia psicoanalítica previa, cuando Ferenczi la tomó en tratamiento
notó que tenía una comprensión algo intelectualizada de sus padecimientos y que el grado de
progreso del análisis no estaba en relación a la cantidad de recuerdos ya puestos al
descubierto. Ferenczi tomó la iniciativa e insistió para que la paciente, durante las sesiones, se
manifestara libremente respecto de sus talentos musicales (fase de las órdenes).

Debimos el impulso más notable hacia el mejoramiento al onanismo inconsciente


de la paciente que se hizo manifiesto con ayuda de la actitud activa. Sentada al
piano, experimentaba, a cada movimiento vehemente o apasionado, una
sensación voluptuosa de los genitales estimulados por dicho movimiento. Tuvo
que reconocer esas sensaciones luego de que se le pidió que se comportase de
acuerdo con lo que hacían muchos de ellos, pero tan pronto como comenzó a
gozar de este juego tuvo que abandonarlo siguiendo mi consejo. Como resultado
pudimos tomar conocimiento de los recuerdos y reconstrucciones de juegos
genitales infantiles, tal vez la fuente primordial de un exagerado sentimiento de
verguenza.

De esta manera, la segunda fase, correspondiente a las prohibiciones, funcionaba impidiendo


la satisfacción erótica actual y haciendo que el impulso psíquico provocado hallara el camino
hacia el material originalmente reprimido.
Ferenczi consideraba que el uso de esta técnica tenía algunas contraindicaciones. Los
psicoanalistas principiantes no debían recurrir a ella por el riesgo de no formarse
adecuadamente en la dinámica de las neurosis, objeción que recuerda las críticas de Freud
respecto de los analistas silvestres. Además, no debía ser empleada al comienzo del análisis
ya que el paciente se hallaba suficientemente ocupado en adaptarse a la regla fundamental, y
la introducción de esta técnica podía dificultar la instalación de la transferencia. Advertía,
asimismo, que la utilización poco oportuna de la técnica activa podía ocasionar un proceso de
pseudo-curación, en el que el paciente se cura demasiado rápidamente, y por lo tanto no en
forma completa.

Fueron cinco en total los trabajos que Ferenczi le dedicó al tema de la técnica activa. Uno de
ellos, publicado en 1924, lo escribió junto a Otto Rank. En él, ambos proponían una ampliación
de las medidas activas, por ejemplo, la fijación de una fecha para la finalización del tratamiento.
El último de esa serie de cinco trabajos lo dió a conocer en 1925. Allí, hace una lectura
autocrítica al referirse a algunos casos que había tratado mediante esta técnica y en los que no
había obtenido resultados favorables.

...debemos contentarnos con interpretar las tendencias ocultas del paciente a


actuar y sostenerlo en los débiles esfuerzos que efectúa para superar las
inhibiciones neuróticas de las que hasta entonces ha sufrido, pero esto sin
obligarlo a adoptar medidas violentas ni incluso a aconsejárselas. Si tenemos
suficiente paciencia, el enfermo abordará por sí mismo el problema de efectuar tal
esfuerzo, por ejemplo, afrontar una situación fóbica...Corresponde al propio
enfermo el decidir el momento de la actividad o, por lo menos, proporcionar
indicios evidentes de que tal momento ha llegado.

Este artículo nos muestra a Ferenczi un tanto desilusionado de los resultados obtenidos a
través de la técnica activa. Sin embargo, también parece desprenderse de sus palabras que su
renuncia se restringe a dicha técnica y sólo parcialmente, y no a su convencimiento de que la
técnica psicoanalítica en sí misma debe ser objeto de una permanente investigación. Dicho en
otras palabras, Ferenczi reduce las modalidades de aplicación de la técnica activa, pero no
renuncia al cuestionamiento de la técnica psicoanalítica. Prueba de ello, es el concepto del cual
se ocupa a continuación en sus trabajos.

Principio de relajación

Antes de desarrollarlo, conviene recordar que, por aquel entonces, al consultorio de Ferenczi
llegaban pacientes de todas partes de Europa en busca de su ayuda. Con los años, Ferenczi
se había convertido en un analista de casos difíciles. Probablemente esta experiencia clínica lo
haya motivado en la búsqueda de nuevas alternativas para el tratamiento de estos pacientes,
para los que consideraba que los recursos psicoanalíticos clásicos no eran suficientes.
En 1930 publicó un artículo en el que trata el abordaje de pacientes de personalidad infantil.
Reflota la teoría traumática de las neurosis al plantear que dichos pacientes parecen haber
pasado por experiencias de seducción reales y no fantaseadas. Veremos más detalladamente
estas ideas un poco más adelante, al hablar de las patologías del vínculo temprano.

El principio de relajación se refería a crear una atmósfera de facilitación en la situación


analítica, un clima de una mayor confianza entre analista y paciente. Esto permitiría que
sobrevinieran durante el curso mismo de la sesión, por ejemplo, síntomas histéricos corporales,
que eran considerados como resultados de una neocatársis.
Ferenczi se cuidó de aclarar que al hablar de catársis no lo hacía en el mismo sentido de los
tratamientos iniciales de Breuer y Freud:

La catársis de la que hablo no es, como muchos sueños, más que una
confirmación que proviene del inconsciente, un signo de que nuestro trabajo
laborioso de construcciones analíticas, nuestra técnica de la resistencia y de la
transferencia, han conseguido finalmente alcanzar la realidad etiológica.

Respecto a la finalización del análisis, Ferenczi presentó un artículo en el Congreso de


Innsbruck de 1927, en el que afirma que no sólo es posible sino también deseable.

La terminación correcta de un análisis se produce cuando ni el médico ni el


paciente le ponen fin, sino que, por decirlo así, se extingue por agotamiento...La
renuncia al análisis constituye así la conclusión final de la situación infantil de
frustración que está en la base de la formación de síntomas.

Análisis didáctico

El interés por la formación, y primordialmente por la responsabilidad profesional del


psicoanalista, estuvo en todo momento presente en el ejercicio clínico de Ferenczi, tomando
cuerpo en su obra a partir de la publicación de sus primeros escritos técnicos y hasta el final de
la misma.
Entre sus contemporáneos Ferenczi fue el primero, y durante un largo tiempo el único, en
admitir que no todas las dificultades que existen a lo largo de un tratamiento son atribuíbles a
resistencias del paciente. Sostenía que también el analista podía entorpecer su curso debido a
sus propios conflictos personales, que podían hacer que llegara a actuar sádica o
libidinosamente con su paciente, a sus contra-resistencias, etc. Quizás venga al caso recordar
que Ferenczi fue el primer psicoanalista que se sometió a un tratamiento psicoanalítico, y nada
menos que con el propio Freud.

La sinceridad respecto de la labor terapéutica no fue sólo un postulado teórico. En la


presentación de sus casos clínicos solía incluir una minuciosa descripción de sus
intervenciones, aún cuando éstas no hubiesen sido afortunadas, e inclusive hubieran
provocado un fracaso terapéutico.
En este contexto, sostenía que el análisis del analista es fundamental, pero no desde un punto
de vista meramente didáctico, sino como una forma de abordar sus conflictos de modo tal que
interfieran lo menos posible en su labor profesional. El análisis del analista era, para Ferenczi,
la segunda regla fundamental del psicoanálisis.

Ya he dicho repetidamente, en ocasiones anteriores, que, en principio, no puedo


admitir diferencia alguna entre un análisis terapéutico y un análisis didáctico, a lo
cual deseo todavía añadir lo siguiente: así como con fines terapéuticos no se
precisa llegar siempre a la profundidad de que hablamos al referirnos a un análisis
completamente terminado, el analista, del cual depende la suerte de tantas otras
personas, debe conocer y controlar hasta las más mínimas debilidades de su
carácter, y esto es imposible sin un análisis plenamente acabado.

Ferenczi consideraba que una formación que incluyera el análisis personal, ofrecía la ventaja
adicional de que cada cual pudiera experimentar en sí mismo la bondad de las teorías
enunciadas y la eficacia del método empleado. De esta forma, ponía el carácter supuestamente
didáctico del análisis del analista en un segundo plano.

Desarrollo del sentido de realidad

En 1913 Ferenczi escribe lo que es considerado como el primer artículo psicoanalítico sobre el
desarrollo del Yo. Estudia el sentimiento de omnipotencia como síntoma que se adhiere con
intensidad en el caso, por ejemplo, de los neuróticos obsesivos y la omnipotencia propia de sus
pensamientos, la superstición, y las equivalencias entre pensamiento y acción.

La neurosis obsesiva es un retorno de la vida psíquica a una etapa infantil del


desarrollo, caracterizada entre otras cosas por el hecho de que la actividad de
inhibición, de actualización y elaboración del pensamiento, aún no se ha
interpuesto entre el deseo y la acción, y que el deseo es seguido espontánea e
infaliblemente por el gesto apropiado para realizarlo: un movimiento para evitar la
fuente de desagrado o para acercarse a la fuente del placer.

Para Ferenczi, el sentido de realidad se desarrolla siguiendo una serie de etapas sucesivas:
En otros escritos, Ferenczi llamó a los estadíos de omnipotencia y realidad, como estadío de
introyección y estadío de proyección respectivamente.
Ferenczi considera a la neurosis obsesiva, junto a la supersitición y la magia, como una
regresión a este estadío evolutivo de omnipotencia infantil.
Cabe recordar, dicho sea de paso, que Ferenczi fue el primer analista de Melanie Klein, quien
se apoyó en sus ideas acerca del simbolismo y la identificación como una anticipación del
mismo, surgida de las tentativas del niño por reencontrar en todos los objetos sus propios
órganos y funciones. Alentó a Klein y a otras colegas (Ada Schott y Anna Freud) a dedicarse al
análisis de niños, pues estaba convencido de poder saber más de la neurosis del adulto a partir
del análisis del psiquismo infantil, tal como lo afirmara en 1913 en la publicación de su artículo
Un pequeño hombre-gallo.

El superyo pregenital

Anticipándose varios años a los desarrollos que haría una de sus analizadas, Melanie Klein,
acerca de la existencia de un Superyo previo al complejo de Edipo, Ferenczi presentó en 1925
un trabajo en el cual llama la atención sobre la existencia de ciertos hechos que podrían ser
considerados precursores de dicha instancia del aparato psíquico.
A partir de experiencias de reeducación esfinteriana realizadas por medio de la técnica activa
con algunos de sus pacientes, observó que sus hábitos parecían estar relacionados con la
existencia de un intenso erotismo pregenital. Al hallar que los cambios producidos en dichos
pacientes en el sentido de una mayor capacidad para disfrutar del erotismo pregenital iban
acompañados por un incremento de la capacidad genital, sostuvo que el coraje de enfrentar el
erotismo pregenital es un factor indispensable sin el cual no se puede alcanzar el erotismo
genital en forma satisfactoria.

Asimismo, de sus observaciones dedujo que la identificación del niño con sus padres tiene una
etapa preliminar a la edípica, en la cual el pequeño intenta competir con ellos por medio de
hazañas anales y uretrales en las que los excrementos son identificados como niños y los
órganos sexuales juegal el rol aún sexualmente indiferenciado de progenitor.
La identificación anal y uretral con los padres, a la cual nos hemos referido, parece ser que
forma en que la mente del niño una especie de precursor fisiológico del ideal del Yo o Superyo.
No solamente en el sentido de que el niño constantemente compara sus logros en este terreno
con las aptitudes de los padres, sino que se establece una severa moralidad esfinteriana, cuya
infracción sólo puede ser llevada a cabo a expensas de amargos reproches de conciencia. No
es de ninguna manera improbable que esta moral hasta aquí semifisiológica aún, forme la base
esencial de una posterior moral puramente mental.

Homosexualidad y homoerotismo

Para Ferenzi, la paranoia es una expresión transformada de la homosexualidad. El individuo no


proyecta sobre cualquier objeto, sino exclusivamente sobre una elección de objeto homosexual.

En su artículo de 1911, luego de analizar algunos casos de pacientes que se habían tratado
con él, propone que:

Las observaciones aqui expuestas me permiten ya formular la hipótesis de que en


la paranoia se trata de la reaparición de la homosexualidad hasta entonces
sublimada,en la que el Yo se defiende por el mecanismo mecánico de la
proyección.

Aunque el término homoerotismo no fue creado por él, Ferenczi lo considera más apropiado
que el de homosexualidad, en tanto destaca el aspecto psíquico del impulso más que el
biológico.
Fue el primer psicoanalista en distinguir dos tipos diferentes de elecciones homoeróticas:

El homoerótico pasivo, dice Ferenczi, se siente a gusto en su papel y no consulta acerca de su


conflicto sexual, pues para él tal conflicto no existe.
El activo, en cambio, esta incesantemente atormentado por la conciencia de su anomalía.
Nunca está completamente satisfecho de sus relaciones sexuales, se halla perseguido por
remordimientos de conciencia y sobreestima fuertemente a su objeto sexual.
Considera que el homoerótico pasivo y el activo se diferencian por el tipo de elección que
hacen y por la psicopatología a la que dicha elección remite:

En cuanto a la técnica psicoanalítica en estos trastornos, Ferenczi también tuvo algo que decir.
En el caso de los homoeróticos pasivos, el psicoanalista limita su capacidad terapéutica a la
supresión de los síntomas derivados del cuadro, como podría ser el incremento de la angustia.
El caso de los activos es distinto, puesto que revela a sujetos con mecanismos y rituales
obsesivos típicos, con un gran monto de ambivalencia. Esta especie de homosexualidad no es
en sí misma más que una sucesión de sentimientos obsesivos y actos compulsivos.

Esto significaría, entonces, un cambio correlativo a nivel de la técnica:

Si desde el principio la transferencia es positiva, pueden producirse rápidamente


curaciones inesperadas; pero a la más mínima dificultad el paciente vuelve a caer
en su homoerotismo y sólo entonces, en el momento en el que sobreviene la
resistencia, puede comenzar el análisis propiamente dicho.

Señala que la curación de este tipo de casos está en relación a la gravedad o intensidad del
mismo. En cambio, se pueden notar mejorías muy importantes en los aspectos compulsivos y
también en el despertar de la potencia sexual con las mujeres.

Patologías del vínculo temprano

Desde el interés cada vez mayor que le asignara a las vivencias traumáticas como factor
desencadenante del trastorno mental, Ferenczi abordó este tema en varios trabajos
correspondientes al último período de su obra.
Como habíamos anticipado al mencionar los desarrollos de la técnica activa, la experiencia
clínica llevó a Ferenczi a reconsiderar la teoría traumática de los trastornos mentales. Al
respecto, sus conceptualizaciones pueden ser consideradas anticipatorias de lo que serían,
muchos años más tarde, los descubrimientos de Spitz en torno al hospitalismo y los desarrollos
de Winnicott acerca de las disfunciones en la díada madre-hijo.

Ferenczi estaba convencido de que una primera fase, en general feliz, del niño, podía ser
interrumpida abruptamente por acontecimientos traumáticos, en cuyo caso se producía un
grave desequilibrio entre los impulsos libidinales y los agresivos. Sostuvo que la fuerza vital del
niño al momento del nacimiento es escasa, y que sólo se incrementa mediante un tratamiento y
una educación llevados con tacto. Ferenczi fue elocuente al sugerir las consecuencias que,
para el infante, se pueden derivar de la falta de dichas cualidades en sus primeros vínculos.

He querido indicar la probabilidad de que los niños acogidos con frialdad y sin
cariño mueran fácilmente por propia voluntad.

Estas consideraciones teóricas tenían para él un claro correlato técnico. No olvidemos que en
esta época estaba abocado al empleo de la técnica de relajación, método al cual nos referimos
anteriormente, y que había desarrollado para el abordaje de pacientes con deficiencias de
importancia en su maduración emocional. Es así como Ferenczi opinó que en estos casos es
necesaria una elasticidad en la técnica que permita la instauración de un vínculo terapéutico
suficientemente sólido. Sus elaboraciones parecen coincidir significativamente con los
desarrollos que otros autores psicoanalíticos, años después, propondrían a propósito, por
ejemplo, de los trastornos narcisistas de la personalidad.

El paciente sin conocimiento es como un niño que ya no es sensible al


razonamiento, sino más a la benevolencia materna. Si falta esta benevolencia se
halla sólo y abandonado...en la misma situación insoportable que, en determinado
momento, le condujo a la ruptura psíquica, y luego a la enfermedad.

Del mismo modo, hizo referencia por primera vez a la importancia que tiene para el desarrollo
infantil el contacto corporal temprano entre madre e hijo. Para Ferenczi, los peligros de esta
fase radicaban en una madre para la cual su hijo no alcanzara una existencia por sí mismo sino
en cuanto sustituto materno, o bien en el caso de que se tratara de una madre
sobreestimulante.
Hasta aquí, hemos estado refiriéndonos al pensamiento de Ferenczi acerca de las vicisitudes
de la más temprana infancia: el niño no deseado o mal acogido por su ambiente, ó demasiado
bien recibido y luego rechazado; esto dará lugar a que se presente una neurosis de frustración
como un cuadro que se halla a mitad de camino entre lo endógeno y lo exógeno, y que produce
un aumento considerable de la pulsión de muerte en el niño, convirtiéndose éste en un
depositario del sadismo inconsciente de sus padres.

A una época posterior en la evolución del niño corresponden los traumatismos a los que podría
haber sido expuesto, y que Ferenczi trató en el último artículo que publicara en 1933, año de su
muerte. En él, se refiere al doble lenguaje en el que puede ser aprisionada la infancia: lenguaje
de la ternura y lenguaje de la pasión.
Consideraba que las seducciones incestuosas por parte de los adultos son más frecuentes de
lo que se cree, y se producen cuando los adultos confunden el juego de los niños con los
deseos de las personas sexualmente maduras. La indefensión del niño frente a esta situación
la convertía en patógena.

...la personalidad aún debilmente desarrollada reacciona al desagrado brusco no


mediante la defensa sino con una identificación ansiosa y con la introyección de lo
que la amenaza o la agrede.

De esta manera, Ferenczi desarrolló los conceptos de identificación con el agresor e


introyección del sentimiento de culpabilidad del adulto como nociones que permiten
comprender la escisión en el psiquismo infantil a partir del hecho traumático.
El niño, dividido ya, inocente y culpable a la vez, ha perdido confianza en el testimonio de sus
sentidos. Una vez seducido, se identifica con el agresor y trata de gratificar sus deseos, aún a
costa de renunciar a su propio sentido de la realidad; luego, se desarrolla en él un estado
similar al del sueño, en el que el niño duda que la seducción haya realmente ocurrido.

Sin embargo, Ferenczi hizo hincapié en algo más, que, en su opinión, le confiere al trauma su
verdadero sentido patógeno:

La desaprobación por la madre de lo que ha podido pasar hace al traumatismo


patógeno.