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LITERATURA LATINA.

2º BACHILLERATO

LA POESÍA LÍRICA ROMANA

La lírica latina comienza en Roma mucho más tarde que la épica o el teatro,
concretamente a finales del siglo II a.C., en plena influencia helenística y cuando las
circunstancias políticas y sociales habían dirigido los ánimos de los ciudadanos cada vez más
hacia la intimidad y la vida privada.

En el reinado de Augusto, pacífico en Italia y en las provincias asentadas, hubo


un florecimiento de la cultura. La «época de Augusto» de la literatura latina, fue la Edad de Oro
cultural de Roma. El mismo Augusto se interesaba mucho por la literatura y estimulaba y apoyaba
a los escritores. Es en este ambiente cultural en el que emergen las grandes figuras de la poesía
romana, entre los que se sitúa Horacio.

Quinto Horacio Flaco (65-8 a.C.) que nació en Venusia (Apulia), hijo de un liberto que
ejercía el cargo de recaudador de impuestos, y contemporáneo de los elegiacos y de Virgilio,
representa el momento culminante de la lírica en latín.
Fue protagonista de los años finales de la República romana, luchador al lado de los
asesinos de César, pero después amigo de Mecenas y Augusto. Su producción poética entre los
años 40 y 20 a.C. es muy abundante y variada, Sátiras, Epístolas; las Odas (Carmina) y los
Epodos (Epodi.), aunque de ella vamos a tratar sólo la que corresponde a la poesía lírica;
poemas los de Horacio que imitan en toda su extensión y con todos sus matices la lírica griega,
tanto arcaica como alejandrina, tanto monódica como coral y que en Roma recogen y enriquecen
la herencia neotérica.
ÉPODOS

Llamados por Horacio “Iambi”, fueron escritos en el intermedio de las batallas de Filipos
(42 a.C.) y Accio (31 a.C.), es decir, contemporáneos de los Sermones e inmediatamente
anteriores a las Odas. Están a media distancia entre la poesía satírica y lírica y con ellos Horacio
aspiró a convertirse en el Arquíloco romano. Efectivamente, adopta la estrofa yámbica,
mezclándola con otros ritmos y fijando desde aquí las reglas de la métrica latina. Reúne aquí 17
poemas cortos, de tono violento y agresivo sobre temas muy diversos: junto a las deprecaciones
contra las guerras civiles, aparecen ataques contra personas de la vida pública o privada, contra
sus enemigos literarios o contra mujeres perversas... No obstante, también hay un poema de
tema bucólico, el conocidísimo “Beatus Ille”, en el que canta la vida del campo frente a las
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complicaciones de la vida urbana, y que se convertiría en un famosísimo tópico de la


literatura occidental posterior

ODAS (CARMINA)

Escritas entre el 30 y el 20 a.C., se trata de composiciones líricas agrupadas en cuatro


libros, adaptadas -y algunas, imitaciones directas- de los poetas Anacreonte, Alceo y Safo. En
ellas pone de manifiesto su herencia de la poesía lírica griega y predica la paz, el patriotismo, el
amor, la amistad, el vino, los placeres del campo y la sencillez. Estas obras no eran totalmente
políticas y de hecho incorporan bastante mitología griega y romana. Se nota la influencia de
Píndaro y son famosas por su ritmo, ironía y refinamiento.

En los primeros libros de Odas, Horacio apoya las intenciones morales y religiosas de
Augusto, incluyendo una temática muy variada:

Temas político-nacionales, centrados en el valor educativo de la guerra y en la


predicación de la vida serena y la aurea mediocritas, como medio de freno para las ambiciones y
ansia de novedades provocadas por la guerra civil. Igualmente habla del sometimiento de los
pueblos bárbaros para garantizar la paz de Roma y dedica también poemas de alabanza a
Augusto. Tanto gustaron al "princeps" estos cantos, entre los que se encuentran las llamadas
Odas Nacionales, que pidió a Horacio que compusiera un himno para los Juegos Seculares del
17 a.C. (destinados a conmemorar la paz definitiva en Oriente, tras el sometimiento de los
Parthos), al que se denominó Carmen Saeculare.

Temas religiosos, donde Horacio usa a los dioses y las historias mitológicas como un
mero artificio literario.

Temas de ética y moral, donde se pueden incluir también alguno de tipo erótico y otros de
tipo profano (la alegría de los banquetes, la tranquilidad de la vida del campo, amores propios y
ajenos...), pero donde fundamentalmente se deja ver la influencia de la filosofía epicúrea que
Horacio profesaba, en clara contradicción con su carácter típicamente romano: se ha de vivir el
presente, disfrutando de la vida ("carpe diem"), pero de una manera sensata, con calma y
tranquilidad, evitando el ansia de riqueza y las esperanzas infundadas, que fueron, según él, las
causantes de la crisis romana. En el fondo Horacio entiende el deber por encima de los placeres
del alma.

En cuanto a sus odas de amor (no se nota vivido), están muy lejos de la pasión
desaforada de Catulo y, sobre todo, de los elegíacos Tibulo y Propercio. En ellas muestra la
misma templanza que en otras facetas de su vida. Incluso la mejor de ellas “contigo querría vivir,
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contigo me gustaría morir” carecen de la sensación de poesía vívida que brota en cualquiera de
los versos de Catulo. En Horacio las pasiones son contempladas con un espíritu de observación
casi objetivo como si el autor no estuviera implicado en ellas.

Por otro lado, en el libro IV de las Odas Horacio se nos presenta de forma diferente a los
anteriores: es un libro más personal e íntimo, en el que, ya anciano, que ve pasar su vida y
agudiza sus sentimientos; ante la tristeza de la muerte busca la inmortalidad que puede
concederle la poesía y, como tal instrumento de recuerdo, la alaba. Aquí desaparece el
anonimato y se confiesa abiertamente sin seudónimos. En este libro se muestran algunos de los
famosos tópicos de la lírica horaciana, como el “ubi sunt?” sunt (¿Dónde están ahora?) la
muerte inexorable llega y todo lo iguala invitando a gozar de los pocos años que nos concede la
vida.

En realidad toda la lírica de Horacio, en sus aspectos más elevados, no es otra cosa que
una meditación en torno a la muerte: ésta es el hilo conductor de su mundo. Pero su pesimismo
no es absoluto, como lo demuestra su evolución fatigosa desde el epicureísmo al estoicismo,
manifestada en su producción lírica donde supo aunar los aspectos ambiguos de la vida
humana.

CUESTIONES ESTILÍSTICAS Y PERVIVENCIA

La posición de Horacio como uno de los mayores poetas latinos se basa en la perfección
formal que muestra su poesía. Las características de ésta y su estilo de composición así como
los temas por él tratados son expuestos por el poeta en su obra “Epistula ad Pisones”, que
acabó siendo considerada un auténtico tratado poético.

Los temas y formas usadas por Horacio no constituyen una innovación en sí dentro de la
lírica romana, pues ya se tenía el precedente de Catulo. Pero lo que sí supone una aportación
original es su estilo en el que sintetiza la tradición romana arcaica con las nuevas tendencias
alejandrinas de su época, apoyándose en los líricos griegos antiguos y recreándolos, frente a los
"Poetae Novi" que siguieron los modelos helenísticos.

 Horacio es insuperable en la descripción tanto de motivos de la naturaleza, como de sus


ideas y sentimientos, personificándolos si es necesario por medio de divinidades
alegóricas: intenta llegar al entendimiento a través de los sentidos.

 Intenta llevar a la literatura la idea epicúrea de la moderación que cultivó durante toda su
vida. Insiste en la importancia del orden y combinación de las palabras como principio
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fundamental del lenguaje poético. La "callida iunctura", como definición del estilo de
Horacio, se ha convertido en frase proverbial: la acertada e inteligente combinación del
acervo lingüístico cotidiano para lograr un efecto nuevo.

 Horacio utiliza en todo momento la palabra o construcción exacta, trabaja una y otra vez
los versos hasta dejarlos perfectos; la estructura de sus composiciones es armónica y
rigurosa, todo en consonancia con la alta misión social que el poeta se atribuye, de ser
educador e intérprete de los sentimientos de la sociedad.

La lírica de Horacio, por su singularidad, no tuvo continuidad en la literatura latina; pero


los temas y tópicos creados por Horacio gozarán de un respaldo universal a lo largo de la
literatura posterior, especialmente a partir del Renacimiento, y han sido una gran fuente de
influencia para autores como Garcilaso de la Vega, Fray Luís de León, Lope de Vega, José
Cadalso, Moratín, etc. Más adelante, en la Generación del 27, también encontraremos influencias
horacianas en poetas como Jorge Guillén.