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PREMISAS SOBRE EL DESARROLLO PSICOAFECTIVO

ETAPA 6 – 12 AÑOS

De manera global la actividad psicoafectiva del niño de esta etapa responde a las siguientes premisas:

 Dos posturas teóricas generales acerca del desarrollo emocional y su papel en la organización psíquica tendiente a
la adaptación:

1. El proceso de desarrollo emocional es la forma en que las conductas se organizan jerárquicamente en modelos más
complejos, la manera en que evolucionan modalidades y funciones a partir de prototipos anteriores; las
consecuencias que tienen las adaptaciones anteriores sobre la adaptación posterior y finalmente se refiere al flujo
comportamental y a la tendencia que tiene éste de estar cada vez más bajo el control de procesos psicológicos
(ejemplos: anticipación, intencionalidad, valoración) al contrario de procesos fisiológicos (cambio cualitativo más que
cuantitativo y cambio en la función organizadora).
2. Las tendencias generales en el desarrollo emocional se identifican en tres categorías de cambio:
- Diferenciación de emociones específicas que implican: 1) diferenciación a partir de estados de excitación general a
patrones de reactividad emocional (el hipotálamo como un centro de coordinación para la expresión de reacciones
emocionales ya determinadas en un plano cortical perfeccionado), 2) formación de un concepto de sí mismo y de
otros atributos del yo que proporcionen referentes de la personalidad suficientemente notorios como para asegurar
la instigación de estados emocionales y 3) el desarrollo de un perfeccionamiento cognitivo suficiente como para
hacer posible la interpretación diferencial de los hechos percibidos y previstos que impliquen una exaltación o una
amenaza para el individuo.
- Cambios en los factores de excitación: Al crecer, se producen cambios sistemáticos en las propiedades de los
estímulos que provocan reacciones emocionales, o en la susceptibilidad de los niños a distintas categorías de
estimulación emocional, todo esto por acción de: acciones de un “entrenamiento” cultural específico (que señala lo
apropiado o no de la expresión de ciertas emociones), incrementos acumulativos en la madurez cognitiva,
maduración neural y experiencia incidental e, incluso, entrenamiento.
- Cambios en la expresión: Paralelamente a los cambios que se producen en las respuestas a diferentes clases de
excitantes según el nivel de edad, se presentan modificaciones evolutivas en la modalidad de la expresión. En
general, las respuestas emocionales se hacen menos difusas y más específicas, dirigidas y adaptativas al aumentar la
edad. En lugar de reaccionar de forma indiscriminada y con intensidad exagerada y uniforme, frente a todos los
excitantes, el niño de más edad tiende a utilizar una gradación selectiva de la intensidad de respuesta, apropiada a la
situación correspondiente. Al mismo tiempo, la respuesta se hace mucho más diferenciada o distintiva en relación
con los sentimientos que involucre la situación. El entrenamiento cultural dirigido restringe cada vez más la gama de
alternativas aceptables y especifica el tipo de reacción apropiado y el tiempo, lugar y condiciones en lo que es lícito
exponer cada emoción.
 Las preguntas: ¿quién soy?, ¿cómo regulo mi vida? y ¿qué es lo que siento?, todas referidas a la experiencia
subjetiva de la propia existencia a la par de seguir conociendo el mundo externo, significan un desarrollado sentido
de identidad personal únicamente alcanzable a partir de la posibilidad de “verse actuar”, de “autoevaluarse” y
“autorregularse”, características claramente identificables en el niño de edad escolar.
 El niño de la infancia media (6 a 9 años) se da cuenta de que los sentimientos y expresiones pueden ser diferentes
de la conducta y, en consecuencia, que el propio ser puede hasta cierto grado ocultarse a los demás. No puede, sin
embargo, ocultarse a sí mismo (y todas sus posibles consecuencias).
 El niño de la infancia final (9 a preadolescencia) muestran una creciente creencia de que el sí mismo (respuesta a la
pregunta ¿quién soy?) representa un componente estable de la personalidad. Creen que él mismo y el resto de las
personas pueden observar y evaluar su yo interno (y todas sus posibles consecuencias).
 A medida que declinan sus nociones de omnipotencia y aumenta su tolerancia a la frustración, los niños reaccionan
con menos intensidad ante la coartación de su voluntad.
 Cuando el respeto por sí mismo y la autocrítica adquieren mayor primacía en el sistema de la organización de la
personalidad, los niños se vuelven más susceptibles a los sentimientos de “ansiedad” (considerada la base
psicológica de todos los trastornos afectivos).
 A medida que aumenta la capacidad cognitiva, se puede esperar que el alcance la reactividad emocional se extienda
hasta abarcar nuevas situaciones y que ciertos excitantes de respuestas afectivas de las etapas iniciales del
desarrollo pierdan su eficacia.
 La gama de estímulos que provocan reacciones emocionales se amplía inevitablemente en cuanto a su sutileza y
complejidad cuando los niños se hacen más capaces de percibir, prever e imaginar implicaciones potenciales de sí
mismos en situaciones de la vida más intrincadas. Los niños mayores responden más que los menores a los
excitantes emocionales menos tangibles y más simbólicos; reaccionan no sólo ante las propiedades perceptuales
inmediatas de un estímulo emocional, sino también en relación con los efectos de largo alcance que pueden
deducir.
 En tanto que el alcance de la susceptibilidad emocional se va extendiendo hasta incluir excitantes más sutiles,
abstractos y complejos, al mismo tiempo el niño se va desensibilizando frente a otras clases de estímulos
emocionales. Por obra del mismo aumento en la madurez cognitiva, es capaz de desestimar los excitantes –
adecuados- fundado en concepciones erróneas, malas informaciones, inexperiencia y falta de capacidad para
enfrentar problemas. A medida que se vuelve más crítico y menos sugestionable, y que va acumulando experiencias
positivas en el manejo de diversas situaciones, manifiesta menos excitación emocional ante muchos estímulos que
previamente le resultaban provocativos. Al tiempo que se alteran los objetivos e implicaciones del yo y los estados
endocrinos internos –como sucede, por ejemplo, durante la adolescencia-, el niño se torna menos susceptible a
ciertos estímulos (por ejemplo hechos excitantes, aventuras) y más a otros (por ejemplo intereses heterosexuales).
 En todos los niños, la tendencia hacia una expresión más sutil, simbólica e indirecta es un acompañante infaltable
del desarrollo emocional. Pero a pesar de la utilización cada vez más selectiva de componentes expresivos
encubiertos, la correspondencia entre las dos clases de reacciones tiende a mejorar a medida que aumenta la edad,
lo que señala un tipo más integrado de respuesta organísmica total. De modo invariable a medida que los niños
crecen la cultura les va exigiendo un mayor grado de supresión de la emocionalidad manifiesta, a lo cual ellos
corresponden con el aprendizaje de un creciente control emocional.
 Acompañantes inevitables de este proceso de control son el aumento en la potencia del componente autonómico-
humoral y el correspondiente decrecimiento en la fuerza del componente esquelético-motor del comportamiento
afectivo, situación que tiende a hacer que la respuesta emocional sea menos superficial y de efectos más duraderos.
 En términos generales la expresión emocional “incontrolada” en el niño de 6 a 12 es: menor en la escuela que en el
hogar, menor cuando no hay observadores comprensivos y menor también cuando los estímulos son accidentales
más que deliberadamente encausados.
 Las presiones que se ejercen a efectos de que el niño aprenda a controlarse también varían entre las distintas
culturas, subculturas y núcleos familiares en cuanto al tipo de expresión emocional que se debe suprimir y al grado
de inhibición requerido. Los niños de clase media, por ejemplo, son sometidos a mayor presión que los de clase baja
a efectos de que repriman los componentes físicos de la agresión. Se espera que los varones repriman más que las
niñas el miedo y el llanto, pero se les permite una mayor manifestación de agresión física.

Ejemplos del desarrollo de algunas emociones:

 Miedo: cuando aumenta la experiencia física y psicológica del niño mayor con respecto a ciertos excitantes con los
cuales tiene una experiencia directa relativamente escasa (ejemplo: oscuridad, soledad, abandono, animales
salvajes, tormentas, personajes criminales, figuras sobrenaturales, muerte y fenómenos metafísicos) aumenta
también su miedo ante estas situaciones; al mismo tiempo, aprende a temer nuevas amenazas, tales como el
fracaso escolar, el ridículo social y la inadecuación personal. Esta tendencia persiste, e incluso se hace más
pronunciada, durante los años de la escuela primaria. Este período también se caracteriza por el aumento en el
empleo de vocablos indicativos de distintos temores y en la mención de estados corporales.
 Ansiedad: a medida que el refinamiento cognitivo se acrecienta en correspondencia con la edad, y que el
funcionamiento del yo se hace más complejo, el niño se vuelve susceptible a un conjunto más amplio, más sutil, más
abstracto, más remoto y menos identificable de situaciones que amenazan su autoestima. Los retos al status
primario (fracaso escolar, inadecuación personal) pasan a ser los principales excitantes de la ansiedad y, como en el
caso del miedo, son sometidos cada vez más a la represión.
 Afecto: la observación cotidiana y la inferencia lógica sugieren la existencia de ciertos cambios en el desarrollo del
afecto a lo largo de la infancia y hasta su fin. En primer lugar, las condiciones que provocan respuestas afectivas se
van ampliando, desde la simple recepción de auxilio y status derivado, para pasar a incluir la obligación moral, la
gratitud, la lealtad y la noción de la importancia de otros individuos. En segundo lugar, se agregan otros
componentes emocionales a la expresión afectiva. Cuando aumenta la edad, los sentimientos, afectivos se unen a
actitudes altruistas, compasivas y protectoras, a despliegues imitativos del romanticismo adulto, y por último a la
representación de un rol sexual biológico. En tercer término, los objetos destinatarios de la manifestación afectiva
van aumentando poco a poco. Además del que siente por los padres, el afecto se extiende a los hermanos, a otras
personas, a los animales domésticos y a ciertos objetos inanimados del hogar, y más adelante a individuos adultos y
a pares fuera del círculo familiar. No obstante, el desarrollo de esas relaciones más allá del círculo familiar tiende a
restringirse si los lazos afectivos con los padres son ya inexistentes o bien excesivamente fuertes. El niño
sobreprotegido es aislado emocionalmente de otras personas por medio de barreras físicas, miedos inducidos y
manifestaciones agobiantes del amor parental. El niño rechazado está ansioso de establecer relaciones afectivas con
otros, pero tiende a considerarse indigno del cariño ajeno; por consiguiente, trata de no comprometerse
emocionalmente a fin de evitar nuevos desaires traumáticos. Por el otro lado, el niño sobrevalorado está tan
habituado a recibir afecto y alberga un concepto tan grandioso de sí mismo, que desarrolla escasa capacidad para
querer a otros.

DESARROLLO PSICOAFECTIVO ALTERADO


ETAPA DE 6 A 12 AÑOS

 En descripciones de sentido común reciben denominaciones como: “ansiosos”, “miedosos”, “retraídos”, “tímidos”,
“depresivos”, “incontrolados”, “raros”, etc. Parecen ser muy desgraciados y les falta confianza en sí mismos; por
este último motivo es que se les conoce como “trastornos de interiorización”.

 Haciendo una lectura de acuerdo a lo anteriormente analizado en clase:


- Dificultad para “verse actuar”, “saber que es lo siente” y “autorregularse”.
- Limitación importante de la actividad exploratoria que cumpliría con la función de conocerse a sí mismo y a todo lo
demás.
- Una no diferenciación de emociones, cambio(s) no adaptativo(s) en lo factores de excitación de sus afectos y
cambio(s) no adaptativo(s) en la expresión de sus afectos.
- De manera general una desorganización psíquica o falta de equilibrio.

 Antes llamadas “neurosis” han sido catalogadas ahora de manera más específica: fobias, obsesiones, compulsiones,
trastornos de ansiedad y de depresión. Sin embargo existe el gran problema diagnóstico de la alta comorbilidad, lo
que ha llevado a una exigencia que explique la sucesión, procesos base y/o estadios diferenciados, respuesta que
las perspectivas desarrollistas han abordado objetivamente. Como resultado interesante de estas aportaciones está
el hecho de que, hasta el momento, la ansiedad aparece siempre como base de los trastornos de esta índole.

 La ansiedad se define como un patrón complejo de 3 tipos de reacciones ante la percepción de una amenaza:
respuestas motoras (por ejemplo: salir corriendo, voz temblorosa, cerrar los ojos), respuestas fisiológicas (por
ejemplo: cambios en la frecuencia cardiaca, tensión muscular, molestias del estómago) y respuestas subjetivas (por
ejemplo: pensamientos de peligro, pensamientos de falta de capacidad, imágenes de daños corporales).

 La evaluación de la ansiedad se centra en uno o más de los sistemas de respuesta: las respuestas motoras y las
respuestas fisiológicas a partir de observaciones, medidas y experimentaciones. Mientras que las respuestas
subjetivas por medio de autoinformes (generalmente guiados y a partir de inventarios clasificatorios, así como
cuestionarios). OBVIAMENTE hace falta LEER el comportamiento dentro de un contexto INTERACCIONISTA de
DESARROLLO.

 Las clasificaciones clínicas (GNOSOLÓGICAS) (que para nosotros solo tienen valor de referencia comparativa)
dividen así:

- Trastorno de ansiedad por separación: angustia excesiva cuando se aleja de las personas a las que está fuertemente
vinculado, así como por la evitación de situaciones que exijan dicha separación.
- Trastorno por fobias: evitación de objetos o situaciones específicas además de la separación o el acercamiento a
desconocidas.
- Trastorno de angustia: ataques repentinos de intensa ansiedad (y que no correlacionen con fobias).
- Trastorno de ansiedad generalizada: una frecuente preocupación o ansiedad excesiva con respecto a una serie de
actividades o acontecimientos en lugar de centrarse en objetos o situaciones específicas.
- Trastorno obsesivo-compulsivo: pensamientos o impulsos recurrentes e irrazonables o comportamientos repetitivos
e irracionales; la ansiedad se hace patente cuando el sujeto se resiste a los rituales obsesivo-compulsivos.
- Ansiedad postraumática: ligado a un acontecimiento catastrófico, el niño revive de forma persistente dicho
acontecimiento, evita el estímulo relacionado con el mismo y experimenta síntomas persistentes de un aumento de
activación.

 Las clasificaciones empíricas (OBSERVACIONES LONGITUDINALES CON FUNDAMENTO ESTADÍSTICO): señalan una
categoría general de trastornos de interiorización con tres subcategorías: síndrome ansioso-depresivo, síndrome
psicosomático y síndrome por retraimiento.

 Datos interesantes de procesos del desarrollo psicoafectivo alterado:


- Así como hay una diferenciación de emociones en el desarrollo psicoafectivo normal, también hay una
diferenciación de trastornos (ansiedad y miedos) específicos.
- La mayor prevalencia de trastornos en las niñas que en los niños es explicada principalmente por las perspectivas
desarrollistas poniendo especial énfasis en las “expectativas de comportamiento” para cada sexo.
- A mayor edad disminuye tanto el número de miedos como la intensidad de los mismos: por ejemplo de 6 a 9 meses
predomina el miedo a extraños, en el segundo año de vida el miedo a seres imaginarios, a los 4 años el miedo a la
oscuridad y los miedos sociales y al fracaso aparecen primordialmente en niños mayores.
- En los niños entre 7 y 10 años los miedos más frecuentes son “perderse en un lugar extraño” y “ser enviados con el
director”; para los de entre 11 y 13 años estaban el “que mis padres discutan”; con menos puntaje y de manera
general entre los niños de 6 a 12 años se tienen miedos como: “ser atropellados por un coche o camión”, “no poder
respirar”, “sufrir un bombardeo o invasión”, “quemarse”, “caerse desde un lugar elevado”, “que un ladrón entre en
su casa”, “la muerte y los muertos”, “sacar malas notas” y una serie de “animales o alimañas variadas”.
- En otra clasificación se sugieren 5 factores con sus respectivos items: Factor 1: Suspender y recibir críticas: recibir
críticas de mis padres, suspender un examen, recibir críticas de los demás, tener que quedarse en clase después de
la hora de salida. Factor 2: Lo desconocido: fantasmas y cosas sobrenaturales, habitaciones oscuras y armarios,
pesadillas y estar solo. Factor 3: heridas pequeñas y animales pequeños: serpientes, armas de fuego, ver sangre,
ratas y ratones. Factor 4: El peligro y la muerte: fuego, quemarse, ser atropellado, terremotos. Factor 5: Miedos
médicos: tener que ir al hospital, que una enfermera o médico me ponga una inyección, ir al dentista e ir al médico.
- En otra escala diferencial encontramos 3 categorías: Miedo a evaluaciones negativas por parte de los iguales: me
preocupa lo que los otros niños piensen de mí, tengo miedo de no gustarles a los demás niños, me parece que los
otros niños se ríen de mí. Evitación social y malestar ante situaciones nuevas, siento timidez cuando estoy con
niños que no conozco, me pongo nervioso ante la presencia de ciertos niños. Evitación social y malestar general:
siento timidez incluso cuando estoy con niños que conozco muy bien, me cuesta pedir a otros niños que jueguen
conmigo.

En GENERAL una mayor diferenciación entre la realidad interna y la realidad subjetiva (características propias de la
etapa de 6 a 12) aunado a las expectativas sociales y la aceptación del hecho de poder expresar miedos a edades
determinadas, son en sí los factores de CAMBIO que mejor explican el desarrollo psicoafectivo alterado.

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