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CAPÍTULO 10

LA GENERACIÓN DE LOS AÑOS SETENTA.


LAS FILOSOFÍAS DE LA LIBERACIÓN

1. INTRODUCCIÓN

A finales de la década de los sesenta se va configurando una nueva


generación filosófica, que recoge las inquietudes y problemas que por
aquellos años constituían el palpitar de la sociedad latinoamericana. Es
la generación en la que emerge la llamada «filosofía de la liberación»
(o mejor, «las filosofías de la liberación»), convirtiéndose esta línea de
filosofar en el fruto más representativo de la toma de conciencia de la
identidad latinoamericana.
Pero hay que hacer al respecto una serie de observaciones, para ha-
cer justicia a la realidad. En primer lugar, esta generación no está inte-
grada sólo por la filosofía de la liberación, aunque será esta corriente la
más original y representativa de la producción filosófica latinoamerica-
na; pero también se dan otros muchos filósofos que cultivan otras lí-
neas de pensamiento, como la filosofía analítica, el marxismo, la feno-
menología, etc. Además, dentro de la «filosofía de la liberación» (FL),
se dan varias corrientes o escuelas, que muestran la gran pluralidad
existente dentro de esta corriente de pensamiento. Y, junto a ello, vere-
mos también cómo dentro de la propia filosofía de liberación se da una
permanente y significativa evolución, al menos en los pensadores más
importantes, pudiéndose plantear la cuestión de si no estamos asistien-
do en la actualidad (desde las dos últimas décadas del siglo xx) a la su-
peración de la propia filosofía de la liberación, o al menos, si no se ha
pasado de un modo de haber filosofía de la liberación en confrontación
radical con el pensamiento europeo-occidental, a pensar más bien en

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postura dialógica con el mismo, desde un talante de diálogo intercultu-
ral. En consecuencia, el esquema que vamos a seguir en este capítulo
contendrá tres puntos fundamentales:

a) Una visión panorámica al grupo generacional, para presentar los


filósofos más significativos y las corrientes filosóficas en las
que se hallan ubicados.
b) Descripción del origen, características y comentes de la llamada
«filosofía de la liberación».
c) Presentación de los filósofos más representativos de las filosofías
de la liberación.

2. PANORAMA DE LAS DIVERSAS CORRIENTES FILOSÓFICAS


DEL GRUPO GENERACIONAL

Echando una mirada panorámica a la producción filosófica de esta


generación, resultan certeras las palabras de H. Cerutti sobre la misma:
«La filosofía de la liberación no es, ni de lejos, la única novedad con-
ceptual de mi país (Argentina) y de la Patria Grande»1. Lo que sí es
cierto, como ya lo hemos apuntado, es que la FL representa la corriente
más novedosa y original de esta generación, y la que más repercusiones
hacia fuera y hacia dentro de LA ha tenido.
Durante estos años, se siguen dando las mismas corrientes de pen-
samiento que en las épocas anteriores, aunque con desigual nivel e im-
portancia. No vamos a detenernos en la presentación del amplio abani-
co de pensadores que han cultivado en LA estas diferentes corrientes de
pensamiento. Sólo nos referiremos a alguno que consideramos más re-
presentativo y digno de tenerse en cuenta. Por lo demás, nos contenta-
remos con exponer el abanico más de filosofías que se cultivan en estos
años. Siguiendo a Francisco Miró Quesada2, podemos presentar las si-
guientes líneas o escuelas de pensamiento filosófico:

a) Filosofía de tendencia metafísica, centrada en abordar los temas


metafísicos tradicionales: ser, ente, esencia, existencia, Dios,
cosmos, el hombre, los valores, etc. Los filósofos más influyentes

______________
1
Cfr. «Ubicación política de los orígenes y desarrollo de la filosofía de la liberación la-
tinoamericana», Cuadernos Salmantinos de Filosofía, III (1976), 351-360; 360.
2
Cfr. «Posibilidad y límites de una filosofía latinoamericana», ponencia del IX Con-
greso Interamericano de Filosofía, Caracas, 1979, págs. 167-172.

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son Heidegger, Sartre, Ortega (y la Escuela de Madrid), y la fi-
losofía cristiana (Marcel, Mounier, Teilhard de Chardin, ...).
Sus reflexiones y aportaciones más interesantes se orientan a la
interpretación de la técnica en su relación con el mundo con-
temporáneo. Así, frente a un tecnocentrismo anti-humanista,
propugnan un nuevo tipo de humanismo y de racionalismo
como vía de liberación.
b) Filosofía fenomenológica y hermenéutica. Se ocupa de reflexio-
nar sobre la filosofía misma, considerándola un conocimiento sin
presupuestos. Esta línea de pensamiento estudia las concepciones
racionalistas, la fenomenología, el existencialismo, tanto heideg-
geriano como sartreano, y sobre todo el de la línea de los existen-
cialistas cristianos, mostrando un análisis iluminador del concepto
de filosofía. En este apartado habría que situar al mexicano José
Rubén Sanabria (1920-2002), profesor de la Universidad Iberoa-
mericana, y fundador y director de la Revista de filosofía de dicha
Universidad. Aunque en su primera época se movió en el entorno
del tomismo, su obra se sitúa más bien en lo que puede llamar un
«personalismo existencialista cristiano». Con motivo de su falle-
cimiento, sus discípulos y amigos le tributaron un merecido ho-
menaje, dedicando un número doble de la Revista de Filosofía
que Sanabria fundó y dirigió, a glosar su persona y obra3.
c) Filosofía cristiana4. Con este apelativo queremos hacer referen-
cia tanto a los pensadores que siguen cultivando la escolástica
de una forma renovada, como vimos en capítulos anteriores,
como a quienes cultivan diversas corrientes de pensamiento mo-
derno pero con una clara orientación cristiana. Los dos ámbitos
más importantes donde se ha cultivado esta línea de filosofía
han sido sobre todo Argentina5 y México6, continuando el traba-
jo realizado por otros pensadores de generaciones anteriores.

______________
3
Cfr. Revista de Filosofía, 35 (2002), n.° 104-105. Son de interés los siguientes artícu-
los: VEGA, Juvenal Cruz, «Reflexiones en torno a la filosofía de José Rubén Sanabria»
(199-234); BEUCHOT, Mauricio, «Sobre la naturaleza de la filosofía y la existencia y esen-
cia de Dios en José Rubén Sanabria» (181-196). Al final se presenta una exhaustiva biblio-
grafía de y sobre J.R. Sanabria.
4
Cfr. FABELO, José Ramón, «El pensamiento filosófíco-cristiano contemporáneo en
América Latina», en GUADARRAMA, P. (ed.), Filosofía en América Latina, La Habana,
Edit. Félix Várela, 1998, pp. 408-419.
5
Cfr. CATURELLI, A., Historia de la filosofía en la Argentina. 1600-2000, Buenos Ai-
res, Universidad del Salvador, 2001.
6
Cfr. SANABRIA, José Rubén/BEUCHOT, Mauricio, Historia de la filosofía cristiana en
México, México, Universidad Iberoamericana, 1994.

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d) Filosofía analítica7. Nos detuvimos en el capítulo anterior en pre-
sentar el origen del interés en Iberoamérica por esta corriente de
pensamiento, y sus principales cultivadores. Es una corriente filo-
sófica de gran importancia y en auge permanente, que está siendo
cultivada progresivamente en todas las naciones iberoamericanas,
pero sobre todo en México (UNAM). Ya vimos que su órgano de
expresión más significativo es la revista mexicana Crítica8.
e) Filosofía de la lógica y de la ciencia. Ha avanzado en dos direc-
ciones: hacia la creación de novedosos sistemas axiomáticos,
como las lógicas paraconscientes o diversos sistemas de lógica
deóntica y lógica jurídica, y hacia el desarrollo de una interpre-
tación racionalista (crítica) de la lógica, que rompe con la tradi-
ción empirista y pragmática (operacionalista), y permite una
comprensión más clara del concepto de consecuencia lógica y
de la relación entre la lógica y el conocimiento racional9.
f) Filosofía del Derecho y de los valores10. En esta comente filo-
sófica se da la influencia de la fenomenología, el existencialis-
mo y la filosofía de los valores. Por otro lado, se está también
intentando realizar aplicaciones de la lógica matemática a la fi-
losofía jurídica. Este apartado es uno de los que mayor originali-
dad ha tenido la filosofía en Latinoamérica, y sobre el cual ya
indicamos diversos autores y obras en el capítulo anterior.
g) Filosofía marxistan. Ya vimos en capítulos anteriores cómo la
influencia del marxismo en Iberoamérica ha sido muy amplia y
compleja, debido a que ha estado muy ramificada y su influen-
cia se ha producido a través de fuentes variadas. En el capítulo
anterior ya hicimos referencia a estas sucesivas etapas de pre-
sencia progresiva e irregular del marxismo en Iberoamérica, y

_______________
7
Cfr. VALDÉS GARCÍA, Félix, «Panorama de la filosofía analítica latinoamericana», en
GUADARRAMA, P. (ed.), Filosofía en América Latina, La Habana, Edit. Félix Várela, 1998,
pp. 339-368.
8
Para un estudio más detallado de esta corriente, cfr. GRACIA, Jorge J./RABOSSI, E./VI-
LLANUEVA, E./ÜASCAL, M., El análisis filosófico en América Latina, México, FCE, 1985.
9
NÚÑEZ JOVER, J., «Ciencia y desarrollo: explorando el pensamiento latinoamericano»,
en GUADARRAMA, P. (ed.), Filosofía en América Latina, La Habana, Edit. Félix Várela,
1998, 459-516.
10
FABELO, José R., «La problemática axiológica en la filosofía latinoamericana», en
GUADARRAMA, P. (ed.), Filosofía en América Latina, La Habana, Edit. Félix Várela, 1998,
pp. 369-407.
11
GUADARRAMA, Pablo, «Bosquejo histórico del marxismo en América Latina», en Id.
(ed.), Filosofía en América Latina, o.c., pp. 180-246; FORNET-BETANCOURT, Raúl, O marxis-
mo na América Latina, Sao Paolo, UNISINOS, 1995.

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presentamos la filosofía de Adolfo Sánchez Vázquez. Pero a par-
tir de la mitad del siglo xx la presencia de la filosofía marxista y su
influencia en diversos movimientos revolucionarios (como el
cubano) cobró una especial significación, siendo uno de los in-
gredientes y antecedentes de la filosofía de la liberación, como
vamos a ver. Quizás lo significativo de la influencia del marxis-
mo en los intelectuales iberoamericanos de mitad del siglo fue la
pluralidad de influencias a través de las cuales conformaron su
especial modo de entender y asimilar la filosofía marxista, pues-
to que, como ellos mismos indican, la influencia del marxismo se
va a dar a través también, y sobre todo, de autores críticos, esto
es, de autores denominados neomarxistas12:

—Entre los años 20 y 30, se produce la influencia de G. Lu-


kácks, K. Korsch, W. Benjamín y E. Bloch. Es el momento en
que surgen en Europa, sobre todo en el ámbito alemán, auto-
res críticos que tratan de volver al marxismo auténtico, para
rescatarlo de su cosificación por parte de la ortodoxia de la
Unión Soviética y sus países satélites.
—La segunda línea de influencia vino de Francia, y, en concre-
to, de Sartre, a través de su obra Crítica de la razón dialéctica
y de su revista «Les Temps Modernes». Sartre propugnaba
una síntesis crítica entre existencialismo y marxismo, en línea
parecida, pero no siempre coincidente, con M. Merleau-
Ponty, L. Lefebvre, L. Goldmann, y otros.
—La tercera fuente de influencia se produce a través de la lla-
mada primera generación de la Escuela de Frankfurt, sobre
todo M. Horkheimer, Th. Adorno y H. Marcuse13.
Lo central de la aportación de las diversas corrientes neomarxis-
tas es la preocupación por y la vuelta al Marx joven (el Marx
humanista, el de los Manuscritos económico-filosóficos), y a la
influencia en él de Hegel14.
—Pero también se dio una cuarta influencia, a través de los neo-
hegelianos italianos, como B. Croce y Gentile. Y, más tarde,
de Gramsci15. La presencia de esta corriente se dio sobre todo

______________
12
Cfr. CERUTTI GULDBERG, H., Filosofía de la liberación latinoamericana, México,
FCE, 1982. Cerutti sigue en este punto a Methol Ferré.
13
Cfr. sobre Marcuse, CERUTTI GULDBERG, H., o.c., pp. 159-60.
14
Cfr. GUIJARRO DÍAZ, G., La concepción del hombre en Marx, Salamanca, Sígueme, 1975.
15
Cfr. DÍAZ-SALAZAR, Rafael, Gramsci y la construcción del socialismo, San Salvador,
UCA, 1993.

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en Argentina, a través de Rodolfo Mondolfo; en Brasil, por
medio del Ítalo-brasileño de Sao Paulo, Renato Cirell Czerna;
y en Perú, con la presencia de José Carlos Mariátegui.
—Y una quinta línea de influencia, es la que proviene de los exi-
liados españoles de la guerra civil de 1936-39. Es importante el
influjo de Wenceslao Roces y su traducción al castellano de El
Capital y de otras obras marxianas, así como el influjo de la
obra de Adolfo Sánchez Vázquez16y de J.D. García Bacca17,
autores sobre los que ya hemos tratado en capítulos anteriores.

g) Filosofía de la liberación. Constituye la corriente de pensamien-


to más original de esta generación, como ya lo indicamos. Y por
ello, su historia, características y autores más importantes los
estudiaremos a continuación de modo más explícito y amplio.

3. LA FILOSOFÍA DE LA LIBERACIÓN

Para el análisis de la llamada «filosofía de la liberación» (FL) va-


mos a seguir diversos apartados, que tratarán de darnos una perspectiva
completa de esta rica y compleja corriente de pensamiento. A través de
esta descripción, veremos en qué medida nos hallamos ante una corrien-
te filosófica que dista mucho de ser algo homogéneo y uniforme, tanto
en su momento originario como en su devenir histórico en las ya más
de tres décadas de su existencia.
La bibliografía sobre la FL es demasiado amplia como para preten-
der hacer una referencia exhaustiva de ella. El texto que en la actuali-
dad sigue siendo más completo, a pesar de sus evidentes limitaciones,
es el libro de H. Cerutti, Filosofía de la liberación latinoamericana18. En
muchos aspectos seguiremos los análisis de Cerutti, aunque en otros nos
distanciaremos de él. Los apartados que voy a seguir en este estudio
serán los siguientes: consideraciones introductorias; características

______________
16
Cfr. lo señalado sobre A. Sánchez Vázquez en el capítulo anterior.
17
Cfr. lo indicado sobre la fase marxista de la obra de J.D. García Bacca en el capítulo
anterior. Cfr. además BEORLEGUI, C., García Bacca. La audacia de un pensar, Bilbao, Universidad de
Deusto, 1988; Id., La filsosofia de J.D. García Bacca en el contexto del exilio republicano, Bilbao,
Universidad de Deusto, 2003, cap. 6.°.
18
México, FCE, 1983; 2.a ed., 1992. Cfr. también SÁNCHEZ RUBIO, David, Filosofía,
Derecho y Liberación en América Latina, Bilbao, Desclée de Brouwer, 1999; PLÁ LEÓN, Rafael, «La
filosofía de la liberación en el contexto de la filosofía latinoamericana», en GUADARRAMA, P. (ed.), o.c.,
pp. 256-338.

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fundamentales de la FL; antecesores de la FL; y principales corrientes
de la FL. En un apartado posterior, nos detendremos en analizar la
obra de los filósofos más representativos de esta línea de pensamiento.

3.1. Consideraciones introductorias sobre la FL19

La primera cuestión que tendríamos que tratar es la definición de FL,


pero esta tarea constituye un fenómeno muchos más complejo de lo que
parece y ha solido presentarse. La definición y el contenido de la FL
depende del punto de vista del autor a que hagamos referencia. Así, para
Francisco Miró Quesada la FL se caracteriza por su orientación humanista
y por la utilización de la filosofía como instrumento de liberación, elabo-
rando un posible modelo de sociedad más justa, el «socialismo liberta-
rio», así como la denuncia de todo lo que se opone a la realización de ese
modelo20. Hugo Biagini distingue cuatro modelos de FL, cada uno de los
cuales tiene su propia definición y autocomprensión: la línea de Rodolfo
Kusch, denominada de la «fracción nacional populista»; la de Carlos Cu-
llen, de «influencia hegeliana»; la de Enrique Dussel, «anti-ontologista»,
y la de Horacio Cerutti, defensor de «una visión crítica del propio movi-
miento»21. El propio H. Cerutti es quien primero y más ampliamente estu-
dió los diversos subsectores de la FL, clasificándolos en cuatro: dos popu-
listas, y dos críticos del populismo, como veremos más adelante22.
Para Ofelia Schutte, la FL hay que entenderla, en un sentido am-
plio, como un saber filosófico que buscaba la defensa de la soberanía
nacional, en el ámbito de la cultura y de la historia de las ideas, de los
países latinoamericanos; y, en un sentido más específico, se refiere a un
movimiento intelectual surgido en Argentina a principios de los setenta,
caracterizado por considerar al «pueblo» como sujeto del filosofar, y
por considerar al filósofo como un «intelectual orgánico»23. Siguiendo

______________
19
Cfr. CERUTTI, H., «Posibilidades y límites de una filosofía latinoamericana después
de la «filosofía de la liberación»», Actas del IX Congreso Internacional de Filosofía, Ca-
racas, 1979, pp. 189 y ss.
20
Cfr. MIRÓ QUESADA, F., «La filosofía y la creación intelectual», en GONZÁLEZ CASA-
NOVA, Pablo, Cultura y creación intelectual en América Latina, La Habana, Edit. de Cien-
cias Sociales, 1990, p. 279.
21
Cfr. BIAGINI, Hugo, Filosofía americana e identidad. El conflictivo caso argentino,
Buenos Aires, Editorial Universitaria, 1989, pp. 309-311.
22
Cfr. CERUTTI GULDBERG, Horacio, La filosofía de la liberación latinoamericana, Méxi-
co, FCE, 1983/1992, p. 293.
23
Cfr. SCHUTTE, Ofelia, «Orígenes y tendencias de la Filosofía de la Liberación en el pensamiento
latinoamericano», Prometeo, 3 (1987), n.° 8, p. 19.

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el planteamiento de O. Schutte, los filósofos cubanos R. Pía y M.R. Vila
entienden como FL al movimiento intelectual nacido en Argentina a
principios de los setenta y extendido al resto del continente latinoameri-
cano de la mano de prestigiosos filósofos sobre los que vamos a hablar24.
Como ocurre con todo hecho histórico complejo, a medida que nos dis-
tanciamos históricamente del mismo se aprecia con más objetividad y
con más exactitud, así como se advierte su especial complejidad.
Podríamos alargar la lista de autores con sus personales definicio-
nes y modos de entender este movimiento. Resumiendo todas ellas, se
pueden ordenar todas ellas en dos grupos, que hacen referencia, como
señala O. Schutte, a dos acepciones o sentidos de entender la FL: el
entido amplio y el sentido más estricto y específico.

a) En sentido amplio, la FL comprendería un conjunto bastante ex-


tenso de filósofos latinoamericanos que buscan una nueva forma
de filosofar, desde la situación latinoamericana, y desde la opción
por la liberación del pueblo y de las capas más desfavorecidas. En
este sentido, vamos a tener en cuenta una serie de pensadores que
pueden considerarse precursores y luego integradores del amplio
movimiento de la FL.
b) En sentido estricto (aunque esta indicación, como veremos más
adelante, es muy discutible), la FL está constituida por un grupo
de filósofos argentinos, aglutinados alrededor de las Jornadas
Académicas de la Facultad de Filosofía de la Universidad del
Salvador (San Miguel, Argentina), y cuyos nombres más repre-
sentativos fueron R. Kusch, C. Cullen, M. Casalla, J.C. Scanno-
ne, E. Dussel, E. Ardiles, H. Assmann, H. Cerutti y otros que ve-
remos más adelante.

Hay que tener en cuenta también que esta definición de FL, en sen-
tido estricto, tomada especialmente del libro de Cerutti, peca de un es-
coramiento un tanto indebido hacia el criterio de considerar la línea ar-
gentina como la más original y originante de toda FL (así lo entienden
Cerutti y otros muchos autores con él). Pero a ese escoramiento hay
que oponer la opinión de Feo. Miró Quesada y otros25, que señalan que
el foco originante de la FL estuvo más bien en México, con L. Zea a la
cabeza. Igualmente hay que tener en cuenta, junto a Zea, el trabajo

______________
24
Cfr. PLÁ LEÓN, Rafael/VILA BORMEY, María Teresa, «La filosofía de la liberación en
el contexto de la filosofía latinoamericana», en GUADARRAMA, Pablo (ed.), Filosofía en América Latina,
La Habana, Edit., Félix Várela, 1998, pp. 265-338; 267.
25
Cfr. sus afirmaciones sobre la posición precursora de L. Zea sobre la filosofía de la liberación, en el
capítulo anterior.

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precursor del peruano A. Salazar Bondy, como tuvimos ocasión de ver-
lo en las afirmaciones de David Sobrevilla. Considero que esta segunda
perspectiva es la que más se atiene a la realidad histórica, vista en un
sentido amplio, en la medida en que reconoce el triple foco en el que se
originó este movimiento filosófico: México, Perú y Argentina.
Podríamos decir que la FL, en sentido amplio, partía de una serie
de premisas y características específicas que la hacen aparecer como
una corriente más homogénea de lo que fue en su realidad. Para un gru-
po cada vez más significativo de filósofos latinoamericanos, como afir-
ma Gustavo Ortiz26, pensar desde LA era pensar desde la opresión. Por
tanto, el único pensar posible que les quedaba era un pensar político y
liberador. El lugar donde emerge y se expresa el ser de lo latinoameri-
cano y donde se incide en su liberación, es el ámbito de lo político. Así,
pensar la historia latinoamericana en ese momento era pensar lo polí-
tico, en la medida en que lo político constituye su fibra y su nervio. Y éste
era un pensar verdadero, el único posible para ellos. Este pensar verda-
dero es el que expresa y realiza la estructura fundamental originaria del
existente humano, en cuanto ser-con-otro, estructura radicalmente polí-
tica, y que en LA está sometida a la dominación.
Así, en la FL la teoría filosófica está unida directa e indisoluble-
mente a la praxis. Aunque también hay que tener en cuenta que esta pa-
labra y concepto se emplearán de forma diferente, según el contexto de
su uso: en los grupos marxistas, se emplea praxis al modo ortodoxo del
marxismo; en cambio, en los grupos de orientación cristiana, se utiliza-
rá más la categoría de acción, para desmarcarse del marxismo, dándole
a la palabra los contenidos sacados de la filosofía de M. Blondel27. Lo
importante es que el filósofo de la liberación se identificara con el pue-
blo y su proyecto de liberación. Un proyecto que, vivido por el pueblo,
el intelectual deberá conceptualizar y explicitar racionalmente.

3.2. Etapas de la FL

Aunque la FL surge entre los años que van de finales de la década


de los sesenta y el comienzo de los setenta, algunos autores, como E.
Dussel, tienen también en cuenta sus antecedentes más remotos, y con-
sideran que ya desde el comienzo de la conquista española se pueden

_______________
26
Cfr. CERUTTI GULDBERG, H., o.c., p. 185.
27
Es importante en este sentido la influencia de J. C. Scannone, quien había hecho su te-
sis doctoral en Alemania sobre el pensamiento de M. Blondel, como veremos más adelante.

669
rastrear algunos precursores muy significativos. Así, el propio Dussel
hace una historización del pensamiento latinoamericano, entresacando
las siguientes etapas:

1) Primera filosofía de la liberación implícita: la crítica a la con-


quista (1510 a 1553).
2) La segunda, la justificación filosófica a la primera eman-
cipación (1750-1830): Alberdi y el romanticismo.
3) La tercera se articuló a partir de 1969, y sería la segunda eman-
cipación: la FL.

Esta última es propiamente la primera fase explícita de la FL, que


Dussel llamará también etapa de constitución de la FL (1969-1973).
A partir de 1973, hasta 1976, la FL se encontraría en fase de maduración.
Una tercera fase, desde 1976 a 1983, es denominada fase de persecución,
debate y confrontación. Y una cuarta etapa, que duraría hasta hoy, sería
la etapa de crecimiento y respuesta a una nueva problemática28. Es po-
sible que esta clasificación realizada por E. Dussel siga más bien pará-
metros del desarrollo de su propio pensamiento, más que atenerse al
desarrollo del pensamiento del conjunto de los que pertenecen a este
movimiento, pero no hay pensador que escape a esta tentación de per-
sonalización de la realidad.

3.3. Equívocos a superar sobre la FL29

Estos equívocos nacen de la propia complejidad del movimiento li-


berador y de la pluralidad de fuentes originantes que se atribuyen. Los
más significativos de estos equívocos los define H. Cerutti de la si-
guiente manera: 1) Entender la FL como si fuera un movimiento sin fi-
suras, cuyos integrantes tuvieran ya claras y comunes una problemática,
una metodología, unos presupuestos filosóficos, etc. en los que se apoya-
ría su filosofar. 2) Pensar que la FL fuera la reflexión epistemológica

______________
28
Cfr. DUSSEL, Enrique, «Hermenéutica y liberación. De la fenomenología hermenéuti-
ca a una filosofía de la liberación», Analogía Filosófica, 1(1992); Id, «Retos actuales de la filosofía de
la liberación en América Latina», Liberación-Liberacao, 1(1989), 9-29; CE-
RUTTI, H., «Actual Situation and Perspectives of Latin American Philosophy», Philosophi-
cal Forum, 1-2 (1988-1989), 43-61.
29
Cfr. CERUTTI, H. , Filosofía de la liberación latinoamericana, o.c, pp. 190 y ss, e Id., «Posibilidades y
límites de una filosofía latinoamericana «después» de la filosofía de la liberación», en Id., Filosofías de
la liberación, ¿liberación del filosofar?», México, UAEM, 1997, pp. 25-33.

670
sobre la «teoría de la dependencia» y/o la «teología de la liberación».
Es decir, entender la FL como si fuera la expresión de las consecuen-
cias filosóficas de los postulados ya presentes en las ciencias sociales y
en la teología que en ese momento se estaba haciendo en LA. 3) Se sue-
le también etiquetar a la FL como «marxista» y/o «revolucionaria», o
como un discurso puramente «populista» sobre Latinoamérica. Para
H. Cerutti, las dos cosas no deben ser mezcladas ni confundidas. De
hecho, representan los dos polos más importantes dentro de las diferen-
tes tendencias dentro de la FL, como tendremos ocasión de ver más
adelante. 4) También se le suele etiquetar a veces a la FL de «filosofía
cristiana». Esto se debe a la orientación que algunos autores le han
dado a su modo de filosofar liberador, apoyándose y considerando la
ética como filosofía primera (siguiendo la influencia de E. Lévinas),
así como por entender su pensamiento como una concreción y desarro-
llo de la doctrina social de la Iglesia Católica. Pero estas orientaciones
describen sólo algunas de las tendencias de la FL, y no a toda la corrien-
te. 5) Otro malentendido consiste en entender la FL como el primer lo-
gos latinoamericano, la primera filosofía auténtica de LA (así lo ponía
como primer requisito de autenticidad A. Salazar Bondy). Pero definir
así a la FL supone ignorar y despreciar toda la filosofía que anterior-
mente se ha hecho en LA. 6) Un nuevo equívoco consiste en atribuir a
la FL la exigencia de una nueva y original (de Latinoamérica) lógica y
epistemología, esto es, una nueva racionalidad, que se traduce, en el as-
pecto metodológico, en nuevas propuestas: una ana-léctic, en oposi-
ción a dialéctica (Scannone, Dussel). 7) Por último, es también un ma-
lentendido considerar a la FL como una práctica antiacadémica o e
xtraacadémica, falta de rigor y, en gran medida, irracional e «ideologi-
zada». Aunque cada una de las corrientes de la FL tendrá su propio sue-
lo filosófico de fundamentación, todas ellas tratarán de fundar su re-
flexión sobre firmes bases filosóficas, aunque no todas lo consigan de
la misma manera y con igual profundidad.
En opinión de H. Cerutti, todos estos equívocos se deben a que la
corriente populista es la que se ha impuesto al resto y ha conseguido ma-
yor popularidad, por haber tenido los medios de difusión adecuados y ha-
ber obstruido, por contra, las publicaciones de los representantes de la
comente crítica. Aunque estas duras críticas de H. Cerutti puedan tener
su parte de verdad, otra razón importante de su mayor popularidad con-
siste en que esa línea, sobre todo a través de E. Dussel, y también de
J.C. Scannone, ha elaborado en sus abundante escritos la propuesta más
consistente de todas las diferentes líneas que de la FL se han dado. Pero
es importante insistir en la enorme pluralidad y disparidad existente entre
los diversos autores que se denominan filósofos de la liberación.

671
3.4. Antecedentes históricos y orígenes de la FL

3.4.1. Antecedentes sociopolíticos y culturales30

La primera pregunta que debemos hacernos es por qué surge este


tipo de filosofía en América latina, y en ese momento concreto de su
historia, puesto que los movimientos filosóficos e ideológicos no surgen
porque sí, sino que son fruto de un contexto y situación que los explica
y fundamenta. Todo discurso filosófico es un discurso situado, y la filo-
sofía de la liberación lo es y en grado sumo. La explicación más clara y
definitiva es que la FL surge como resultado de la consciencia de una si-
tuación de opresión de LA, propiciada por un capitalismo dependiente,
y desenmascarado por la llamada «teoría de la dependencia».
Vamos a detenernos en señalar tanto el marco político como el cul-
tural, en sentido amplio y en sus diferentes facetas, en medio de los
cuales se inicia la FL. Con este análisis vamos a mostrar sus apoyaturas
y deudas, y con ello, sus aciertos y limitaciones. Nuestro análisis será
también parcial, puesto que nos apoyamos en unos determinados auto-
res, en vez de en otros, que nos darían otra visión algo diferente. Pero
es una parcialidad inevitable, que procuraremos rebajar huyendo de
todo dogmatismo31.
«Puede decirse, afirma H. Cerutti, que el tema de la liberación ha
sido en los últimos años casi una moda, no sólo de intelectuales a la

_______________
30
Cfr. ORTEGA CAZENAVE, Hugo O., «El surgimiento de la filosofía de la liberación»,
Cuadernos Salmantinos de Filosofía, III (1976), 339-349; Borrat, H., «Liberación, ¿cómo?»,
Stromata, 28 /1972), n.° 1, 8-51; RUBIO CARRACEDO, José, «Modernización y de-
pendencia en Iberoamérica», Cuadernos Salmantinos de Filosofía, XII (1985), 335-354; GONZÁLEZ, A.,
«Orden mundial y liberación», ECA (San Salvador), XLIX (1994), n.° 549,
629-652; DUSSEL, E., «La Filosofía de la liberación en Argentina», Cuadernos Salmantinos
de filosofía, III (1976), 361-366; SEVERINO CROATTO, J., «Cultura popular y proyecto histó-
rico», Cuadernos Salamantinos de Filosofía, III (1976), 367-378; HERNÁNDEZ ALVARADO, J., «¿Filosofía de la
liberación o liberación de la filosofía?», Cuadernos Salmantinos de Filo-
sofía, III (1976), 379-400; LANGON, M., «Filosofar latinoamericano como instrumento y proyecto de
liberación», en HEREDIA SORIANO, A. (ed.), Exilios filosóficos de España. Ac-
tas del Vil Seminario de Historia de la Filosofía Española e Iberoamericana, Salamanca, Universidad
de Salamanca, 1992, 385-396; AA.VV., La filosofía actual en América Latina (ponencias del Encuentro
de Filosofía de Morelia, México, 1975), México, Grijalbo, 1976; DEMENCHOKOV, Edward, «Latín
American Philosophy in Russia», Concordia, 1996, n.° 29,
79-94; MORENO VILLA, Mariano, «Filosofía de la liberación y barbarie del "otro"», Cua-
dernos Salmantinos de Filosofía, XXII (1995), 267-282.
31
Cfr., para esta visión global, CERUTTI, H., «Ubicación política de los orígenes y el
desarrollo de la filosofía de la liberación latinoamericana», Cuadernos Salmantinos de Filosofía, III
(1976), 351-360; también Id, «Filosofía de la liberación latinoamericana», o.c.

672
violeta sino de todo un conjunto de hombres y mujeres en Argentina y
en América Latina que la han sentido como carencia y no han llegado a
elaborarla como "deseo"»32. La FL se elabora en casi todos los países
latinoamericanos, como fruto de una similitud de forma de pensar, pero
sobre todo en Perú, México, Ecuador y Argentina. Y como países pio-
neros, en Argentina y México, debido a su situación histórico-política,
entre los años 1969 y 1974. En ese sentido, en Argentina se produce
una difusión masiva que moviliza a un grupo de intelectuales, bajo el
lema de «liberación o dependencia».
Pero la situación de Argentina fue, en gran medida, paradigmática
de otros países. El antecedente político de Argentina fue el populismo
de Juan Domingo Perón, que se fue apoyando en una serie de intelec-
tuales afines, que le dieron su apoyo teórico y fáctico, frente a otros in-
telectuales más críticos. Las Jornadas Filosóficas de San Miguel (organi-
zadas por Dussel y Scannone) hay que situarlas en este contexto. Pero
antes de hablar del contexto peculiar y específico del grupo argentino,
que acuñó y creó el término y los conceptos claves de la «filosofía de
la liberación», tenemos que ver las coordenadas políticas y las matrices
culturales más importantes que configuran el panorama de Latinoamé
rica de estos años33. Podemos, pues, dividir en dos aspectos el contexto
general a que nos estamos refiriendo: el ámbito político y el cultural.

A) EL CONTEXTO SOCIOPOLÍTICO

La descripción de este contexto puede llegar incluso a finales de la


II Guerra Mundial y la posterior guerra fría, momento en el que se con-
figuran los dos bloques militares, ideológicos y económicos de los Es-
tados Unidos y la Unión Soviética. Estos dos bloques tenderán a ex-
pandirse lo más posible por el mundo y a dividírselo en esferas de
poder e influencia. Iberoamérica, por la cercanía a los Estados Unidos,
es considerada como perteneciente a su zona de influencia, e incluso se
hablaba despectivamente del «patio trasero» de los Estados Unidos. Su
presencia económica e ideológica se quiso concretar a través de la fa-
mosa «Alianza para el Progreso». De este modo, se produce un movi-
miento expansionista de los Estados Unidos, que pretendía encubrirse
como un mero expansionismo económico. Es el momento en que bajan

_______________
32
Cfr. «Filosofía de la liberación latinoamericana», o.c., p. 19.
33
Es una buena síntesis el trabajo de ORTEGA CAZENAVE, Hugo O., «El surgimiento de
la filosofía de la liberación», o.c.; igualmente, CERUTTI, H., «Filosofía de la liberación latinoamericana»,
oc., caps. 2.° y 3.°.

673
los precios de las materias primas, producidas sobre todo por los llama-
dos países «sub-desarrollados».
Las élites burguesas de tales países se convierten en colaboradores
de la metrópoli (USA), recibiendo ayudas y préstamos que no los utili-
zarán en inversiones tendentes a la mejora de sus propios países, sino
en su personal beneficio. De modo que, aunque los préstamos van en su
propio beneficio, las devoluciones se tendrán que hacer con el dinero
público. Así se va generando la conocida y agobiante «deuda externa».
Se va, pues, configurando una burguesía dependiente, confluyendo los
intereses de este grupo con el de los capitales de las empresas del pri-
mer mundo.
Con objeto de luchar contra el endeudamiento y la venta de los paí-
ses a intereses foráneos, van surgiendo los movimientos y partidos po-
pulistas, no sólo en Latinoamérica sino también en otros muchos países
del tercer mundo. El bajón de los precios de las materias primas supone
un fuerte empobrecimiento de las economías de los países del tercer
mundo. Un dato puede ejemplificar esta situación: Argentina, entre
1951 y 1952, experimenta una disminución del 30% de los intercam-
bios comerciales. Esta circunstancia de empobrecimiento y de endeu-
damiento exterior dio lugar, como decimos al surgimiento con fuerza
de los populismos, como expresión del deseo de reaccionar ante esta
situación. Pero aquí está también la causa de su fracaso posterior. Su
nacimiento se debió al deseo de realizar una política autónoma e inde-
pendiente de las influencias de las metrópolis del primer mundo y con-
vertir a cada nación en una fuerza económica y política en el entorno
internacional. Las burguesías, en un primer momento, se quisieron con-
vertir, en su empeño por modernizarse, en punta de lanza de la moder-
nización del país, expandiendo de este modo la ideología nacionalista.
Ya vimos en torno a este punto las fuertes disputas, en el Perú, entre
Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui. De este modo, las clases
medias burguesas consiguieron, en un primer momento con su ideolo-
gía nacionalista y populista, superar los planteamientos ideológicos de
socialistas y de marxistas.
Pero la crisis de los precios de las materias primas supusieron la
quiebra del prestigio de los populismos (burguesía con el apoyo del
pueblo). De este modo, las burguesías se vieron situadas contra la pa-
red, y tuvieron que elegir entre dos alternativas: oponerse al capitalis-
mo primermundista, por lealtad a su nación, o traicionar a su nación y
venderse al capital de la metrópoli, defendiendo al mismo tiempo sus
propios intereses económicos. La elección no era en realidad difícil: se
venden a los que les van a asegurar una importante ganancia económi-
ca y su propia supervivencia.

674
De esta manera, al elegir la supervivencia y la ganancia económica
personal, cosechan el fracaso político, en la medida en que franjas im-
portantes de la nación les abandonan. Son los años del triunfo y poste-
rior fracaso de una serie de importantes líderes del tercer mundo: Vargas
en el Brasil (acabó suicidándose en 1954), Perón en Argentina (1955),
Rojas Pinilla en Colombia (1957), así como Abdel Nasser en Egipto y
Sukarno en Indonesia, entre otros34.
Es entonces cuando los grupos socialistas y marxistas se convierten
en la punta de lanza del proceso emancipador y liberador de los países
latinoamericanos y del Tercer Mundo, en general. En ese momento se
produce la revolución cubana, liderada por Fidel Castro y el Che Gue-
vara, quienes intentarán extender la revolución, con la creación de di-
versos grupos guerrilleros, a otros países. En México, la revolución es-
tancada del PRI llega a su crisis más importante en 1968, cuando se
produce la revuelta estudiantil reprimida con la matanza en la plaza de
Tlatelolco o plaza de las Tres Culturas (México). En casi todos los paí-
ses se producen movimientos similares durante la segunda mitad de los
años sesenta.

B) EL CONTEXTO SOCIOCULTURAL

El contexto sociocultural en el que surge la FL está formado por


una serie de influencias teóricas tanto foráneas como interiores. Vamos
a detenernos más en estas segundas, pero nos referiremos también a las
primeras. Rafael Pía León y María Teresa Vila Bormey señalan hasta
diez fuentes teóricas como configuradoras del suelo intelectual en el
que se apoyó la FL, cinco de ellas corresponden a filosofías europeas, y
las otras restantes al ámbito latinoamericano35.
Entre las influencias europeas hay que considerar, en primer lugar,
el historicismo alemán, en especial el de W. Dilthey, para quien la his-
toria es una experiencia vivida, sólo captable a través del método com-
prensivo, en contraste con el método explicativo de las ciencia naturales.
Dilthey rompió con la cerrada y optimista filosofía de la historia de He-
gel, entendiendo que la racionalidad histórica no es de tipo prospectivo,
sino retrospectivo (en categorías de García Bacca), debiendo limitarse

______________
34
Para el tema del nacionalismo/populismo en Hispanoamérica, sobre todo en Argenti-
na, cfr. LIZCANO, Francisco, Lepoldo Zea. Una filosofía de la historia, Madrid, ICI, 1986;
WERZ, Nikolaus, Pensamiento sociopolítico moderno en América Latina, Caracas, Nueva
Sociedad, 1995, pp. 83 y ss.; CERUTTI, H., La filosofía de la liberación latinoamericana,
o.c.,pp. 145-160.
35
Cfr. PLÁ, R/VILA, A.T., o.c.,pp. 267 y ss.

675
el método histórico a estudiar la racionalidad histórica a posteriori, des-
pués de que los acontecimientos históricos se han sucedido. Este plan-
teamiento histórico suponía el reconocimiento de un policentrismo his-
tórico (no existe un sentido único a priori de la historia), que daba pie y
legitimaba la idea de la originalidad de todos los distintos pueblos y
culturas del planeta.
Estos planteamientos fueron completados y expandidos a Latinoa-
mérica por las teorías raciovitalistas de Ortega y Gasset, a través de su
circunstancialismo y perspectivismo, propagado posteriormente por sus
discípulos a todo el ámbito de la América hispana, en especial en Méx-
ico a través de su discípulo José Gaos. Para Ortega, la filosofía no pue-
de ejercitarse más que «sub especie circunstantiarum», por lo que cada
punto de vista histórico y cultural es necesario e imprescindible, legiti-
mando de esta manera la posibilidad de una filosofía latinoamericana,
elaborada desde el diálogo crítico con su propia circunstancia.
También la fenomenología de Husserl estaba de fondo de esta nueva
corriente filosófica, en la medida en que defendía la vuelta a las cosas
mismas, a través del método fenomenológico, con el que se va acercan-
do a las esencias de las cosas. Dentro de esta corriente fenomenológica,
aunque interpretada de modo muy crítico y superador, se hallaba E. Lé-
vinas, filósofo lituano-francés de origen judío, que tendrá una fuerte in-
fluencia en la línea de la FL a la que pertenecían Dussel y Scannone.
El existencialismo de Heidegger y de Sartre también estuvo de fon-
do en algunos autores de la FL. El centro del ontologismo existencial de
Heidegger fue la pregunta por el sentido del Ser, convirtiéndose esa
cuestión en la ontología fundamental, en la filosofía primera. Pero ese
sentido del ser se expresa histórica y tempóreamente. El ser es tiempo,
es tempóreo, por lo que no se expresa definitivamente en una sola épo-
ca ni en una sola cultura, sino que se expresa de modo plural, necesi-
tándose una hermenéutica existencial para captar el sentido del ser en
cada cultura y en cada época. Además, el medio a través del cual se nos
da la pregunta por el Ser es el Da-sein (el hombre como el ahí del ser), de
ahí que el ser del Da-sein consiste en hacerse cuestión sobre su propio
ser, el estar abierto a la cuestión del ser, el ser «pastor del ser». Todo
esto sintonizaba con el meollo central de la FL, empeñada en poner en
cuestión y en descentrar la postura hegemónica de la filosofía europea,
y en hacer del hombre, de cada ser humano, el sujeto y el protagonista
de su liberación y de su propia realización.
Otra de las corrientes filosóficas europeas que más influyó en el
conjunto de los diversos sectores de la FL fue la primera generación de
la Escuela de Frankfurt. Esta influencia se hizo más fuerte y significati-
vo sobre todo en la etapa de la estancia de los frankfurtianos en los Es-

676
tados Unidos, y su teorización sobre la sociedad de consumo y el hom-
bre unidimensional de H. Marcuse. No cabe duda de que la crítica al
tardocapitalismo, y a sus efectos adormecedores sobre el ser humano
realizada por estos filósofos judíos, impactaron profundamente en los
pensadores latinoamericanos y sus ideas sirvieron de modelo para criti-
car la situación de dependencia en la que los países de la América his-
pana se hallaban respecto a los centros de poder capitalista.
Pero si fueron importantes las influencias de estas corrientes filosó-
ficas europeas, las influencias más decisivas vinieron del propio conti-
nente latinoamericano. La situación de endeudamiento, pobreza y de-
pendencia en la que se hallaba Latinoamérica provocó el surgimiento
de voces que invitaban a comprometerse en la superación de la dependen-
cia y conseguir la liberación de los pueblos del llamado Tercer Mundo.
Este empeño liberador se va a ir gestando de formas distintas pero con-
vergentes en diferentes ámbitos de la realidad social y cultural. Todas
estos ámbitos o matrices son los que están en el trasfondo del surgi-
miento de la FL, que no ejerció una función de liderazgo sino más bien
al contrario, surgió al calor y posteriormente al trabajo concientizador
realizado por las otras matrices. En esta labor de preparación y de conta-
gio, tenemos que referirnos a una matriz económica, la teoría de la de-
pendencia; una matriz pedagógica, la pedagogía del oprimido de Paolo
Freiré; una matriz religiosa, la teología de la liberación; una matriz ar-
tística y literaria, el muralismo mexicano y el boom de la novela lati-
noamericana; y una matriz filosófica, el trabajo precursor de Lepoldo
Zea y de Augusto Salazar Bondy.

1) La matriz económica: la teoría de la dependencia36

Según Fernando Henrique Cardoso, uno de los creadores de esta teo-


ría, en su surgimiento fueron determinantes tres factores: 1) los análisis

______________
36
CERUTTI, H., La filosofía de la liberación latinoamericana, o.c., cap. 2.°; «La teoría
de la dependencia», texto sin autor ni referencia bibliográfica, en Servicio de Prensa de la
CONFER, Madrid, 1997, pp. 8-20; WERZ, N,, Pensamiento sociopolítico moderno en Amé-
rica Latina, o.c., cap.: «Acerca del desarrollo de la sociología y de la ciencia política en
América Latina», pp. 105 y ss.; MORENO VILLA, M., «¿Qué quiere ser la filosofía de la li-
beración?», Stromata, LI (1995), n.° 3-4, 301-318; Número monográfico sobre Pablo GON-
ZÁLEZ CASANOVA, «Sociología latinoamericana»: «Pensar la democracia y la sociedad. Una
visión crítica desde AL», enAnthropos (Barcelona), 1995, n.° 168, septiembre-octubre; Tl-
MASHEFF, N.S., La teoría sociológica, México, FCE, 1961; MONTES, Segundo y otros,
Sociología general (Selección de lecturas), UCA (San Salvador), sin fecha; ALARCÓN, L./
GÓMEZ, Irey, «La tragedia de la sociología latinoamericana. Final y comienzo: La sociolo-
gía clásica y la otra sociología», Utopía y Praxis Latinoamericana, 7(2002), n.° 19, 61-81.

677
inspirados en la crítica a los obstáculos al «desenvolvimiento nacional»;
2) las actualizaciones, desde la perspectiva marxista, de los análisis
sobre el capitalismo internacional en su fase monopolística; y 3) los
intentos de caracterización del proceso histórico estructural de la de-
pendencia en términos de relaciones de clase, que, ligando a la econo-
mía y a la política internacionales a sus correspondientes locales, y
generando, en el mismo movimiento, contradicciones internacionales
en la lucha política, aseguran el dinamismo de las sociedades inde-
pendientes.
La hegemonía militar y económica conseguida por los Estados
Unidos tras la II Guerra Mundial, le lleva a desarrollar sin tapujos su
tendencia imperialista, surgida ya a comienzos del siglo xx, ampara-
dos en un supuesto llamamiento divino, el denominado «destino ma-
nifiesto». Los economistas estadounidenses y del primer mundo habían
generado un modo comprensivo de la situación económica interna-
cional denominada teoría desarrollista, según la cual los países del
planeta se agrupaban en tres grupos diferentes según su nivel de
desarrollo económico. Así, había un primer grupo más avanzado, los
países desarrollados; un segundo grupo intermedio, los países en vías de
desarrollo; y un tercer grupo, los situados a la cola del progreso, los
países sub-desarrollados. Se presentaban estos análisis como si entre
los diferentes países hubiera una disputa sana por el desarrollo de sus
propios países, siendo cuestión de tiempo que los más rezagados pu-
dieran llegar a la situación de los países avanzados, con tal de poner
en práctica las políticas económicas y sociales que habían llevado al
triunfo a los países punteros, y adquieran las tecnologías que los pri-
meros habían desarrollado.
Pero un grupo de economistas iberoamericanos, sobre todo brasileños,
mostraron el mal planteamiento de la teoría desarrollista, proponiendo
como contrapartida su teoría de la dependencia. Entre los intelectuales que
propusieron esta teoría, a principios de los sesenta, se hallan sobre todo
Theothonio dos Santos37, Fernando Henrique Cardoso38, Enzo Faletto39,

_________________
37
«La crisis de la teoría del desarrollo y las relaciones de dependencia en América La-
tina», en La dependencia político-económica en América Latina, México, 1969.
38
Cfr. Cuestiones de sociología del desarrollo en América Latina, Santiago, Editorial
Universitaria, 1968; «Desarrollo y dependencia: perspectiva en el análisis sociológico», en
VV.AA., Sociología del desarrollo, Buenos Aires, 1970; Estado y sociedad en América
Latina, Buenos Aires, 1972.
39
Desarrollo y dependencia, 1970; CARDOSO, F.H./FALETTO, Enzo, Dependencia y de-
sarrollo en América Latina, México, Siglo XXI, 1969; CARDOSO, F.H./FALETTO, E./GRA-
CIARENA, Jorge y otros, Medina Echavarría, y la sociología latinoamericana, Madrid, Edi-
ciones de Cultura Hispánica del ICI, 1982.

678
Celso Furtado40 y A. Quijano41, entre otros. Lo que les advierte de la si-
tuación y les empuja a desarrollar su teoría son una serie de cambios bá-
sicos que se producen en el ámbito de la economía política y de la sociolo-
gía.
Comenzando por el ámbito de la economía política, se produce, en
primer lugar, el desvelamiento de la política de dominación por una
nueva ciencia social, la llamada teoría del desarrollo, inspirada en el
funcionalismo de origen norteamericano42. Esta teoría suponía que los
«países subdesarrollados» están en etapa anterior, atrasada, respecto a
los países «desarrollados», industrializados. Alcanzar esa etapa puntera
se consigue por la industrialización y la modernización de la tecnolo-
gía. Para ello hace falta que los países desarrollados inviertan su dinero
en ayuda a los países subdesarrollados. Por tanto, se da una interpreta-
ción de la historia económico-política desde un modelo de etapismo, en
el que se defiende que el subdesarrollo es un estadio «natural» de los
pueblos, un primer «momento» en la estructura «lógica» del mercado
mundial. Se trata, pues, de un «darwinismo económico» (que Moreno
Villa denomina «pelagiano»), en el que el subdesarrollo es un estadio
pasajero, ya que, puestas unas determinadas bases económicas «cientí-
ficas», se llegará tarde o temprano a la etapa de desarrollo.
Con esta lógica se creó la llamada Alianza para el Progreso, plan
ideado por los USA de conceder préstamos a Latinoamérica, con objeto
de ayudarle a salir de su atraso económico. El resultado fue sin embargo
bien distinto, puesto que supuso un endeudamiento progresivo y mayor
subdesarrollo, aparte de otros efectos negativos43.
En cambio, una serie de científicos sociales veían las cosas de otra
manera, y empezaron a mostrar en sus escritos que a mayor inversión
del capital extranjero, del centro, en la periferia, se producía un doble
efecto perverso: por un lado, una mayor acumulación de dinero en los
países ricos, y, por otro, una mayor dependencia, endeudamiento y po-
breza en los del Tercer Mundo. Por tanto, la brecha entre ambos tipos

______________
40
Cfr. MALLORQUÍN, Carlos, «Las vicisitudes teóricas en la sociología económica de
Celso Furtado», Revista Mexicana de Sociología, LXI (1999), n.° 2, 213-241.
41
Cfr. El proceso de urbanización en Latinoamérica, Santiago de Chile, CEPAL, 1966
(edición mimeográfica); QUIJANO, Aníbal/WEFFORT, Francisco, Populismo, marginaliza-
ción y dependencia. Ensayos de interpretación sociológica, Costa Rica, Ed. Univ. Centro-
americana, 1976. .
42
Cfr. Rosxow, W.W., The Stages ofEconomic Growth, C. Univ. Press, 1962, trad. al
castellano en México, FCE. Otros teóricos eran A. Lewis, A. Barre, etc.
43
El conocido obispo de Recife, Dom Helder Cámara, comentando este programa de
supuesta ayuda a los países sub-desarrollados, decía: «Los norteamericanos por cada dólar
que prestan ganan diez y dejan un muerto».

679
de países, en vez de acortarse, se hacía cada vez mayor. El conjunto de
estas tesis es lo que dio lugar a la «teoría de la dependencia». Entre los
teóricos precursores más importantes de este nuevo paradigma econó-
mico estaban A. Gunder Frank, con Sociología del desarrollo y subde-
sarrollo de la sociología44', donde hacía una crítica certera a Rostow y a
sus tesis sobre el etapismo, y junto a él un conjunto de sociólogos bra-
sileños, como ya dijimos, Fernando H.Cardoso, Enzo Faletto, Th. dos
Santos, y otros.
La tesis que quieren defender, pues, los teóricos de la dependencia
es que el subdesarrollo no es natural, sino consecuencia lógica de la de-
pendencia colonial secular, y resultado, por consiguiente, del orden in-
ternacional. Por tanto, esto suponía una crítica y superación de las
hipótesis sociológicas funcionalistas de Talcott Parsons, habiéndose
considerado su teoría como la mayor elaboración científica de la corrien-
te positivista y empirista norteamericana. Parsons distinguía varios ti-
pos de sociedades, enlazadas todas ellas desde un modelo evolucionista:
sociedades industriales dinámicas y con estructuras sociales abiertas
(EE.UU.); sociedades de estructura autoritaria, con un rígido ideal polí-
tico (Alemania nazi y Rusia soviética); sociedades tradicionalistas, con
predominio de los valores familiares-moralistas, pero con posibilidades
de ascenso en el estrato social (la China clásica); sociedades tradiciona-
listas, con valores individualistas e indiferentes ante los asuntos socia-
les, lo que permite el establecimiento de dictaduras (Latinoamérica).
Así, el paso o ascensión de una sociedad tradicional a la moderna estaría
dado por la introyección social de las pautas de la sociedad industrial.
Ahora bien, los científicos sociales de Latinoamérica advierten crí-
ticamente que la ciencia social de los países del centro, y la común-
mente aceptada en la periferia, tiene su fundamento en el proyecto ins-
taurado en la modernidad por la burguesía ascendente, y que ha
configurado el capitalismo de Europa y de los USA, es decir, el centro
imperial nordatlántico. De este modo, se va configurando una «sociolo-
gía de la liberación»45, que servirá para que los filósofos se pregunten
si no será necesaria también desarrollar una «filosofía de la libera-
ción», que muestre los fundamentos filosóficos de tal sociología.
Por tanto, de la doble negación de la economía política y de la teo-
ría sociológica dominante, se pasa a la formulación de la teoría de la

_________________
44
Barcelona, Anagrama, 1971.
45
Cfr. FALS BORDA, Orlando, Sociología de la liberación; Id., El reformismo por den-
tro en América Latina, México, Siglo XXI, 1972; Id., Cooperativismo. Su fracaso en el
Tercer Mundo, Bogotá, Punta de Lanza, 1977.

680
dependencia. Así, desde ese horizonte se afirma que Latinoamérica ni
es subdesarrollada, ni pertenece a una sociedad tradicional, sino que es
dependiente. Su verdadero ser se explica desde el continuo dominio
que otras naciones han ejercido sobre ella, a partir de que fuera inte-
grada en el ámbito de la cultura llamada occidental. Por tanto, para po-
der ser ella misma, tiene que superar la dependencia y la dominación.
Se hace, pues, necesario vivir de un proyecto propio, y es el que van a
dibujar las diversas teorías de la liberación. Se produce así un cambio
de paradigma epistemológico en el ámbito socio-económico: frente al
binomio desarrollo-subdesarrollo, se propone el de dependencia-libe-
ración.
Es cierto que las limitaciones de la teoría de la dependencia se han
puesto de manifiesto desde diferentes puntos de vista. Por ejemplo, es-
taba claro que, junto a la insistencia de los teóricos de la dependencia,
haya que recalcar que la situación de subdesarrollo de Latinoamérica
no se ha debido sólo y exclusivamente a la situación internacional, sino
también a factores estructurales internos de los propios pueblos de La-
tinoamérica. Pero este elemento de ninguna manera echa por tierra la
visión de dependencia internacional, sino que hace que la teoría tenga
que ser completada y afinada. Además, los propios creadores de la teo-
ría de la dependencia fueron los primeros en darse cuenta y aceptar las
limitaciones de su teoría. Ahora bien, el núcleo central del plantea-
miento ha seguido siendo considerado como convincente por la mayo-
ría de los teóricos de la liberación. De ahí que no haya perdido vigencia
la idea de dependencia y la búsqueda de liberación. Por otro lado, teó-
ricos como E. Dussel han intentado profundizar en las bases de la teoría
de la dependencia con objeto de dotarla de una mejor sistematización y
fundamentación, mostrando el acierto de sus afirmación y su absoluta
valía epistemológica46.

2) Segunda matriz: la pedagogía del oprimido

El pensador brasileño, Paolo Freiré, propuso en Pedagogía del


oprimido41, el modo pedagógico para acompañar al pueblo en la supe-
ración de su dependencia, en la medida en que él mismo tiene que ha-
cerse sujeto de su propia liberación. Sus dos lemas fundamentales son:
escuchar al pueblo, y la escuela significa vida. Su trabajo pedagógico

______________
46
Cfr. DUSSEL, E., La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse de
Marx, México, Siglo XXI, 1885, último capítulo.
47
Montevideo y México, Siglo XXI, 1970.

681
lo inició en Brasil, antes del golpe militar de 1964, organizando un
«movimiento de educación popular», que pretendía a través de la alfa-
betización contagiar una visión crítica de las relaciones de dominación.
Parte del individuo singular y trata de hacerle consciente de la domina-
ción y ganarlo para el proceso liberador, que sólo se conseguirá si se
logra un cambio de estructuras en el conjunto de la nación48.
Freiré estaba influido por una serie de autores europeos, como Ga-
briel Marcel, Erich Fromm, Karl Jaspers y Herbert Marcuse, entre
otros. Sus ideas sobre la situación del Brasil estuvieron influidas por el
Instituto Superior de Estudios Brasileños (ISEB), fundado en 1952, y
cerrado en 1964 con el golpe militar. Había sido fundado por Helio Ja-
guaribe, que lo dirigió hasta 1959. Con Vieira Pinto, se orientó hacia el
desarrollo nacionalista, con tintes antiimperialistas. Defendían el capi-
talismo nacional, con intervención estatal. Tuvieron intentos de fundar
una sociología nacional. En Vieira Pinto había una mezcla de filosofía
de la existencia y nacionalismo (realización personal y de la nación).
Pero no se tenía en cuenta la idea de oposición de clases sociales, sino
la dialéctica «yo-tú», y de «sujeto-objeto», propias de la filosofía dia-
lógica de Martín Buber y otros filósofos judíos, tanto en el plano indi-
vidual como de la nación. Todas estas ideas tuvieron una fuerte in-
fluencia en Freiré, que comenzó con un compromiso a favor de un
nacionalismo que perseguía el desarrollo de la nación. Era una síntesis
de populismo y nacionalismo. Y junto a ello, la opción cristiana.
Pero lo específico de Freiré es que ve la opresión como una cues-
tión de concientización, y trata los aspectos estructurales y económicos
sólo de manera marginal, con el consiguiente peligro de idealismo. Sus
dos obras fundamentales son Pedagogía del oprimido, ya citada, y
Educación para la praxis de la libertad49. Freiré entiende que para
cambiar la realidad hay que estimular el diálogo al interior del pueblo,
y entre el pueblo y sus dirigentes. Parte de la constatación de la alinea-
ción en la que se halla el pueblo brasileño. Para salir de esa situación,
hay que iniciar un proceso de concientización, que supone pasar de una
conciencia ingenua y mágica a una conciencia crítica.
Desde los años setenta, Freiré relaciona siempre el plano individual
con la dimensión colectiva nacional. Su método muestra aspectos de lo
que N. Werz denomina un populismo inductivo. No pretendía divulgar
una ideología o programa, sino extraerlo del pueblo y del saber popular.

_______________
48
Sigo en este punto a WERZ, Nikolaus, Pensamiento sociopolítico moderno en Amé-
rica Latina, Caracas, Nueva Sociedad, 1995, pp. 197-200.
49
México, Siglo XXI, 1972.

682
Ese método educativo inductivo es el que denomina pedagogía del
oprimido. En ese proceso, contrapone la educación bancaria, con-
sistente en una mera transmisión pasiva de conocimientos, a la libe-
radora, en la que el protagonismo y la iniciativa le corresponde al
sujeto educado o a educar. Además, con la toma de conciencia del
oprimido, se libera también al opresor. Porque, según P. Freiré, «sólo
los oprimidos liberándose, pueden liberar a los opresores. Estos, en
tanto clase que oprime, no pueden liberar, ni liberarse»50. Por eso, «la
organización de las masas populares en clase, es el proceso a través
del cual el liderazgo revolucionario (...) instaura el aprendizaje de la
pronunciación del mundo. Aprendizaje que por ser verdadero es dia-
lógico»51.
Las influencias de Freiré son variadas y diferentes. Junto a los teó-
ricos europeos que hemos señalado, también hay que tener en cuenta
al teólogo K. Rahner y al sociólogo del conocimiento K. Manheim,
produciéndose, en opinión de N. Werz. una cierta contradicción entre
la influencia europea y el nacionalismo latinoamericano y la filosofía
de la liberación, puesto que los conceptos de alienación y libertad tie-
nen diferentes contenidos en su aplicación a Latinoamérica. Freiré no
hacía referencia al marxismo, en sus primeros años. Pero luego pasó
del existencialismo al marxismo, mezclando categorías de ambas es-
cuelas filosóficas.
Hemos señalado la importancia en Freiré del populismo y de la la-
bor concientizadora que pretende realizar entre el pueblo. Pero su con-
cepto de pueblo es muy diferente al que maneja la corriente culturalista
de la filosofía latinoamericana, por ejemplo R. Kusch, uno de los teóricos
de la FL en su línea populista, como veremos más adelante. De he-
cho, Kusch le reprochaba a Freiré sus planteamientos porque, según él,
suponían una manipulación del ethos del pueblo. La educación orienta-
da a la formación del sujeto estaría informada por pautas occidentales,
y no podría hacer justicia a las culturas regionales. Según esto, a través
de la concientización, se propagaría la transferencia de una cultura a
otra, sin reflexionar sobre la tensión cultural que con ello se habría de
originar52. En opinión de Kusch, el modelo de Freiré surge de la clase
media, y no contempla adecuadamente el sincretismo religioso de la
cultura campesina.

_______________
50
Ibídem, p. 50.
51
Ibídem, p. 231.
52
KUSCH, G.R., Geocultura del hombre americano, Buenos Aires, Fernando García
Gambeiro, 1976, p. 79.

683
Estas críticas de Kusch son consecuentes con sus presupuestos teó-
ricos populistas, que no coinciden con los de Freiré. Lo que está claro
es que los planteamientos pedagógicos e ideológicos del educador bra-
sileño tuvieran una honda repercusión en Latinoamérica y en el mundo
entero. Y está fuera de toda duda el que su pedagogía del oprimido
constituyó uno de los ingredientes más importantes que contribuyeron
a ponerse en marcha la filosofía de la liberación.

3) Matriz religiosa: la teología de la liberación53

Esta matriz religiosa es un elemento clave e inevitable para enten-


der la problemática de la FL. Se va dando, desde la mitad del siglo, e
incluso antes, una maduración de la reflexión teológica en el campo ca-
tólico, que entiende la fe como reflexión y praxis de liberación, en
compromiso directo con la liberación de los pobres y oprimidos.
Tras la teología de la liberación (TL) hay que tener en cuenta acon-
tecimientos como el Vaticano II (1962-65) y Medellín (1968), y una se-
rie de posicionamientos críticos de diversos obispos latinoamericanos
ante la masiva situación de pobreza de los pueblos latinoamericanos.
En 1970 se realizan en Colombia dos simposios sobre TL y otro más en
Buenos Aires. En 1971, Gustavo Gutiérrez publica su libro sobre la
TL54, y Hugo Assmann publica también Opresión-liberación: desafío a
los cristianos^, definiéndose a la teología naciente como «reflexión so-
bre la praxis histórica de la liberación como una forma latinoamericana
de Teología política»56. Este proceso del cristianismo latinoamericano
tenía su apoyo en el Evangelio y en la matriz histórica de la que surge
la vida del pueblo.

_________________
53
Cfr. ELLACURÍA, Ignacio/SoBRiNO, Jon, Mysterium Liberationis. Conceptos funda-
mentales de la teología de la liberación, Madrid, Trotta, 1990, 2 vols.; San Salvador, UCA Editores, 1991
(2.a ed.: 1992); COMBLIN, J./OONZÁLEZ FAUS, J.I./SoBRiNo, J. (Eds.), Cam-
bio social y pensamiento cristiano en América Latina, Madrid, Trotta, 1993; GONZÁLEZ, A.,
«El significado filosófico de la teología de la liberación», en COMBLIN, J./GONZÁLEZ, J.I./ SOBRINO, J.
(Eds.), o.c., pp. 145-160; América, variaciones de futuro, Carthaginensia (Murcia), 2 vols,, VIII
(1992), n.° 13-14. El vol. 2.° está dedicado a la Teología de la liberación; TAMAYO AGOSTA, J.J., Para
entender la teología de la liberación, Estella (Na-
varra), Verbo Divino, 2001; BOLDA DA SILVA, Marcio, A filosofía da libertacao (A partir
do contexto hisíórico-social da América Latina), Roma, Universidad Gregoriana, 1998; ROWLAND,
Christopher (ed.), La teología de la liberación, Madrid, Cambridge University
Press, 2000.
54
Teología de la liberación. Perspectivas, Lima, 1971; Salamanca, Sigúeme, 1972.
55
Montevideo, Tierra Nueva, 1971.
56
Ibídem, p. 24.

684
A pesar de la gran influencia que la teología de la liberación tuvo
en el surgimiento de la filosofía de la liberación, sólo una parte de los
protagonistas de la filosofía de la liberación son creyentes y parten del
impulso cristiano y teológico en sus reflexiones. Otros se apoyan más
bien en el materialismo histórico del marxismo, tanto en sus análisis
sobre la realidad como en el impulso ético que les lleva al compromiso
por la liberación de los pueblos latinoamericanos.

4) Cuarta matriz: la literatura latinoamericana57

Contemporáneo del pensamiento filosófico, e incluso anterior a él,


van emergiendo diversas obras novelísticas y poéticas, que reflejan el
sentir de dependencia y dominación, así como el deseo de liberación
que se estaba extendiendo en toda Latinoamérica durante la década de
los sesenta y primeros años de los setenta.
Entre estas obras podrían destacarse G. García-Márquez, Cien años
de soledad (1967), escrita desde un sincretismo estético-filosófico, y
un conjunto de obras que se denominaron Novelas de la Guerrilla, entre
las que destacan Julio de la Vega, Matías, el apóstol suplente (1969);
Jesús Lara, Ñaucahuazú. Sueños (1969); Renato Prada Oropeza, Los
fundadores del alba (1969); Gaby Vallejo de Bolívar, Los vulnerables
(1973); Osear Ucín Fernández, La oscuridad radiante (1976), etc.
En este campo literario, que buscaba únicamente la comunicación
humanística, la repercusión fue inmediata. La novela latianoamericana
emerge de golpe, como última manifestación estética de la cultura occi-
dental, que ahora domina ya en un sentido global. En este boom se si-
túan, además de García-Márquez, Vargas Llosa, Julio Cortázar, Octavio
Paz, Carlos Fuentes, José M.a Arguedas, Juan Rulfo, Ernesto Sábato,
etc.Y esta misma literatura latinoamericana se establece como lazo de
unión y punto de transición que aproxima la literatura europea con
aquella de los países hasta ahora marginados culturalmente.
Junto a la literatura hay que situar al arte en general, especialmente
el arte mural mexicano, con autores de fama mundial como Rivera,
Orozco, Siqueiros y otros ilustres muralistas y pintores que pusieron de
moda lo que podríamos llamar la estética indigenista, mostrando que
no sólo se puede producir belleza desde los cánones primermundistas.

_______________
57
Cfr. GÓMEZ-MARTÍNEZ, J.L., «El pensamiento de la liberación: hacia una posición
dialógica», en HEREDIA SURIANO, Antonio (ed.), Mundo hispánico-Mundo Nuevo. Visión
filosófica. Actas del VIII Seminario de Historia de la Filosofía Española, Salamanca,
1995, pp. 359-366.

685
5) Quinta matriz: los antecedentes filosóficos

En los capítulos anteriores hemos ido viendo los contenidos de re-


flexión filosófica presentes en las generaciones filosóficas latinoameri-
canas, desde la emancipación política de España, y en ellas se halla
muy presente una toma de conciencia progresiva de la dependencia cul-
tural y de la necesidad de lograr una autonomía cultural, que complete
y corone la autonomía política.
No es necesario repetir los pasos y etapas por las que el pensamien-
to iberoamericano ha ido pasando en su proceso de toma de conciencia
de su identidad y de la necesidad de filosofar desde sus propios proble-
mas y circunstancias. Ciñéndonos a las últimas décadas anteriores al
surgimiento de la FL, y siguiendo a Leopoldo Zea, podríamos conside-
rar que los hitos fundamentales de la toma de conciencia de la depen-
dencia cultural y filosófica de Latinoamérica, y su correspondiente im-
pulso por filosofar de modo auténtico, se sitúan en los siguientes
aspectos: a) la influencia del historicismo, a través de Ortega y Gasset,
quien señala que toda filosofía parte del hombre concreto y de su cir-
cunstancia; b) la influencia del existencialismo, filosofía de la crisis del
hombre europeo de entre guerras. Se advierte, de este modo, que la fi-
losofía europea es una más entre otras, y que la latinoamericana es ex-
presión de la situación del aquí y ahora de Latinoamérica; c) compren-
sión de la universalidad del pensamiento latinoamericano, revalorizada
y ensañada por J. Gaos, quien llamará la atención sobre el valor univer-
sal de la filosofía de América; d) la comprensión del ser del latinoame-
ricano como el hombre de expectativa, tematizado sobre todo por el fi-
lósofo venezolano Ernesto Máyz Vallenilla. La expectativa sólo puede
culminar creativamente en la acción, que le sacará del empantanamien-
to de una esperanza que nunca se hace presente.
Esos serían los antecedentes más de fondo, pero los más cercanos
se hallan en dos escritos de A. Salazar Bondy y de Leopoldo Zea58, y
en la polémica que mantuvieron entre ambos, como vimos en el capítu-
lo anterior. Vamos a exponer a continuación, de modo esquemático, los
puntos centrales de esta polémica y las diferentes fases por las que
atravesó.

_______________
58
Ya hicimos referencia a esta polémica en el capítulo anterior. Para una síntesis de la
misma, y sus diferentes fases, cfr. CERUTTI, H., Filosofía de la liberación latinoamericana,
o.c., 161-167; PALAZÓN, M." Rosa, «Características reales y posibles de la filosofía latinoamericana», en
VV.AA., La filosofía actual en América Latina, México, Grijalbo, 1976, 99-
114 (Se trata de una de las ponencias del I Congreso Nacional de Filosofía de Morelia, México, 4-5
de agosto, 1975).

686
La polémica se inició, como sabemos, con el libro de Augusto Salazar
Bondy, ¿Existe una filosofía de nuestra América?59. El autor planteaba en
su libro tres interrogantes: a) Si ha habido o no una filosofía de nuestra
América, b) En caso negativo, si podría haberla y en qué condiciones,
c) Hasta qué punto tiene sentido y valor tomar como tema u objeto privi-
legiado de atención filosófica la realidad latinoamericana. Las respuestas
que el propio Salazar Bondy se da a sus cuestiones son bien significativas
de su postura radical, a) A la primera pregunta responde que no. Desde
una óptica cercana a Heidegger y a un cierto marxismo humanista, trata
de enjuiciar la situación latinoamericana como una nueva problemática,
una problemática propia de Latinoamérica. Considera que no hay hasta el
momento una filosofía nuestra, latinoamericana. Y se pregunta por qué.
Su respuesta es que para que haya, tal tipo de filosofía, deben cumplirse
una serie de condiciones como son la originalidad y autenticidad. Hasta
ahora, sólo ha habido recepción y mera repetición de diversas oleadas de
pensamiento europeo, b) A la segunda, responde que es necesario romper,
primero, con el sistema de dominio, subdesarrollo, dependencia y enaje-
nación, antes de producir un pensamiento liberado. La urgencia a la que
se refiere Salazar es indudablemente política, c) Se plantea, en tercer lu-
gar, cómo poseer un objeto privilegiado de reflexión si no hay posibilidad
de tal reflexión, y ni siquiera es accesible el objeto. Latinoamérica es, se-
gún él, una comunidad desintegrada y sin potencialidad.
La respuesta de Leopoldo Zea a estos planteamientos se produjo en
su libro La filosofía latinoamericana como filosofía sin más60. La
orientación de Zea se apoyaba en una valoración positiva de la historia,
considerando que el presente y las propuestas de futuro sólo pueden te-
ner sentido desde la asunción y la valoración del pasado. Por ello, no
podía estar de acuerdo en muchas afirmaciones de Salazar. L. Zea res-
ponde a las tres cuestiones de Salazar Bondy del siguiente modo: a) Ha
habido una tradición de pensamiento auténticamente latinoamericano.
Ignorarlo supone una actitud nefasta de cara al pasado latinoamericano,
y de cara al futuro, b) La filosofía es un elemento que debe colaborar
en el proceso de superación del subdesarrollo y la dependencia presen-
te. Con nuestra filosofía sin más se cambiará radicalmente la situación
actual, c) No sólo cabe pensar en un tema u objetivo específico del pen-
sar latinoamericano, sino que es el componente ineludible y específico
de ese pensar. Un pensar que, según L. Zea, no ha sido más que una

________________
59
México, Siglo XXI, 1968 (recordemos el dato de D. Sobrevilla: el libro lleva fecha de
edición de enero de 1969, aunque siempre se suele atribuir incorrectamente la fecha de 1968).
60
México, Siglo XXI, 1969.

687
antropología, que progresivamente se va desenvolviendo y mostrando
en sus virtualidades expresas facetas del ser del hombre nuestro; y tam-
bién una filosofía de la historia y de la cultura que ha buscado siempre
establecer nuestro lugar en el entorno de las demás culturas.
La polémica fue completada y juzgada por otros autores, como ya
vimos en el capítulo anterior, siguiendo a David Sobrevilla. Entre otros
participantes, Helio Gallardo señala que Zea no asume el cuestionario
de Bondy, porque los supuestos de ambos no coinciden. La categoría de
autenticidad que usan ambos autores, tiene diferente intención y conte-
nido, y son en gran medida irreductibles la una a la otra. Hay varios au-
tores que coinciden en esta apreciación, así como en la posible mala in-
terpretación que Zea hace del escrito de Salazar. Más bien el problema
está en que cada autor parte de presupuestos apreciativos diferentes.
La segunda fase de la polémica se produjo en un encuentro filosófico
en Argentina, donde ambos autores se encontraron. Se trata de las Jorna-
das de Filosofía de 1973, en la Universidad del Salvador, en San Miguel
(Argentina), donde ambos pronuncian sendas ponencias. En su ponencia,
«La filosofía latinoamericana como filosofía de la liberación»61, Leopol-
do Zea empalma con la temática anterior y cuestiona la posibilidad de
empezar a filosofar de modo auténtico, como aún se pretende en nuestros
días, a partir de cero. Cree Zea necesario asumir el pasado en forma
plena y consciente. También en su ponencia, «Filosofía de la dominación
y filosofía de la liberación»62, retoma Salazar Bondy sus interrogantes, y
plantea desde su origen las coordenadas de la cuestión: la existencia de
la filosofía de la liberación como problema, y las condiciones mínimas
de posibilidad de la constitución de esa filosofía. Otros autores conside-
ran que ya se dan tales condiciones y que se halla la filosofía de la libera-
ción ya constituida, aunque matizan algunos aspectos concretos. Todo se
centra en esta pregunta que plantea Salazar Bondy: ¿qué se puede hace
para que nuestra filosofía latinoamericana sea de liberación?
Salazar señala en su ponencia los límites mínimos que tiene que
superar esa filosofía para poder dar cuenta de forma positiva de la pro-
blematicidad en la que se halla situada: 1. Referencia de la filosofía a
la totalidad de la sociedad de un país o de un sistema de dominación.
2. Carácter de práctica de esa totalidad, en el sentido de práctica social.
3. Base económico-social de la práctica social total. 4. Papel deter-
minante, aunque no absolutamente, de esa base. 5. Carácter de siste-
ma, propio de cada sociedad y del conjunto de sociedades o países, con

______________
61
Publicada en Stromata, 29 (1973), n.° 4, 399-421.
62
Stromata, 29 (1973), n.° 4, 393-397.

688
grandes niveles: macro-sistema y micro-sistema (dentro de cada país).
Y la configuración de polos: dominador/dominado, desarrollado o de-
sarrollante y subdesarrollado o subdesarrollante. 6. Estructura social
conflictiva, propia del macro y micro-sistema. 7. Estructura de clases o
«instancias» en el interior de cada país o sociedad. 8. Interrelación de
las acciones o prácticas que se desarrollan dentro del sistema, sobre
todo en el interior de cada sociedad. 9. Papel determinante de la acción
liberadora en su base económico-social respecto de las acciones en los
otros sectores o instancias sociales, en concreto, en el sector de la filo-
sofía. Por tanto, lo que está en cuestión para Salazar es la filosofía y
sus posibilidades epistemológicas mínimas de operar como adyuvante a
un proceso liberador que la excede ampliamente. Sin esas condiciones
mínimas, no es posible una filosofía auténtica, de liberación.
A continuación de las dos ponencias, se desarrolló un interesante
diálogo entre los ponentes y los demás filósofos asistentes, publicado
también en la revista Stromata63, dirigida por J. C. Scannone. Pero la
polémica, como puede imaginarse, no se terminó aquí, sino que conti-
nuó en escritos posteriores, aunque no por mucho tiempo, debido a la
prematura muerte de Salazar Bondy. Con motivo de dicha muerte, Leo-
poldo Zea escribió un artículo, «Dependencia y liberación»64, sinteti-
zando los puntos de la polémica y sintiendo que, con la ausencia de
uno de los dialogantes, no podría continuarse ya más, al menos en las
mismas condiciones. Y debido a dicha ausencia, L. Zea da por zanjada
la polémica, reiterando su opinión de no ser posible desatender el pasa-
do filosófico a la hora de plantearse un auténtico modo de filosofar la-
tinoamericano. Ve tolerables las opiniones (por rectificables) de Salazar
Bondy, y rechaza, en cambio, las posturas de Dussel y Villoro (partici-
pantes posteriores en la polémica), por extremas.
Se continuó de alguna manera, más tarde, la polémica con la aparición
de un libro postumo de Salazar Bondy, Bartolomé o de la dominación65.
En este libro, Salazar retoma el problema ideológico inmerso en una
tradición de lucha sin tiempo y espacio, en el que dialogan por igual
Bartolomé de Las Casas, Frantz Fanón, Francisco de Vitoria y otros

______________
63
Stromata, 29 (1973), n.° 4, pp. 431-445.
64
Dianoia. Anuario de Filosofía del FCE, UNAM, México, XX (1974), n.° 20, 172-188.
65
Ya dijimos en el capítulo anterior que este libro, constituido por diálogos entre di-
versos personajes históricos y ficticios, fue escrito hacia mediados de 1973 y publicado por primera vez
al año siguiente, en Buenos Aires, Ciencia Nueva, 1974. En una segunda edi-
ción, en 1977, Lima, Peisa, con un prólogo de Leopoldo Chiappo. Posteriormente se ha editado con
otros textos del autor, en SALAZAR BONDY, A., Dominación y liberación. Es-
critos 1966-1974, Lima, Universidad de San Marcos, 1995, pp. 191-26.

689
personajes, unos históricos y otros de ficción. En medio de los diálogos,
aparecen temas como el problema racial, la conquista, la visión del venci-
do, la lucha por la liberación, el papel de la mujer, etc.
Con todas estas aportaciones culturales que hemos presentado, en el
ámbito de la economía, pedagogía, del arte y la literatura, de la teología y
filosofía, no se puede por menos que afirmar, como señala Gómez-Martí-
nez, que «Iberoamérica se coloca, por primera vez, a la vanguardia del
pensamiento, pero en su acto de problematizar, deconstruir, el discurso
axiológico occidental, no llega a independizarse suficientemente, y for-
mula su discurso liberador con los mismos presupuestos bancarios que
pretendía confrontar. Se trataba, en efecto, de los mismos presupuestos
bancarios, en cuanto que eran igualmente excluyentes; a la «verdad occi-
dental», que no concebía la posibilidad de diálogo y que, por tanto, se
ofrecía con el valor «depositario» de lo absoluto, de lo que hay que acep-
tar, se oponía ahora, desde Iberoamérica, la «verdad tercermundista»;
pero no se hacía, en su comienzo, como discurso humanitario destinado a
establecer un puente de diálogo, sino como «verdad bancaria» destinada
a sustituir el «discurso del centro» por el «discurso de la periferia»66.

3.4.2. Orígenes más inmediatos de la FL

En realidad, al hablar de la «matriz filosófica» ya hemos hecho re-


ferencia a diversos elementos que nos interesa tener en cuenta aquí.
El inicio de la FL tuvo dos focos precursores, el de México con L. Zea y
el de Perú con A. Salazar Bondy. Pero, en sentido estricto, el comienzo
y el aglutinamiento de un grupo de pensadores bajo la denominación de
filosofía de la liberación hay que situarlo en Argentina. Se había llegado a
una toma de conciencia especial de la realidad latinoamericana que, en fi-
losofía, como señala Hugo O. Ortega67, suponía dos aspectos importantes.
En primer lugar, advertir que la temática dominante en la filosofía hispa-
noamericana había sido importada e impuesta, de modo que el «pensar
como» y el «ser como» se convirtió en «nuestro proyecto natural». No va-
lía ni siquiera la filosofía que, volviendo su atención a nuestra realidad, la
mediatiza a través de los instrumentos de la filosofía occidental. Eso no
dejaría de ser mera filosofía peculiar. Y, en segundo lugar, afirmar nuestro
ser, porque la opresión, asumida y consciente, es el suelo de la liberación.

______________
66
Art. cit.,p. 361.
67
«El surgimiento de la filosofía de la liberación», Cuadernos Salmantinos de Filoso-
fía, III (1976), pp. 344 y ss.

690
El razonar la dependencia lleva a optar, formular y vivir la praxis de libe-
ración. De ese modo, la FL no se concibe como neutral, sino que se une y
empuja a una praxis comprometida. Esta conciencia crítica de la dialécti-
ca «dependencia-liberación» conducirá a un grupo de jóvenes filósofos
hispanoamericanos a descubrir que el tema de la filosofía latinoamericana
no podía ser otro que el entorno humano y cultural de Iberoamérica.
Esta toma de conciencia y decisión de configurar un nuevo estilo
de filosofar cristaliza en un grupo de jóvenes filósofos argentinos, re-
cién llegados de su periplo de formación en diversas universidades eu-
ropeas, a finales de la década de los sesenta. Estos jóvenes van toman-
do contacto entre sí, y acuciados por la situación de dependencia de sus
patrias, toman la iniciativa de confluir en una serie de encuentros filo-
sóficos en los que confrontan sus posiciones, se organizan como grupo,
y llegan a una serie de puntos de acuerdo en los que toma cuerpo la FL.
Estos encuentros fueron sobre todo tres:

1) El II Congreso Nacional de Filosofía (1971), en Córdoba (Ar-


gentina).
2) El II Encuentro Académico de Filosofía de la Facultad de Fi-
losofía de la Universidad del Salvador, en San Miguel (Argenti-
na), en 1972.
3) Y el lanzamiento de la FL al resto de LA, en el Encuentro de Fi-
losofía de Morelia (México), en 197568.

Veamos algunos aspectos centrales de cada uno de estos aconteci-


mientos.

1) El momento clave de los inicios de la FL fue el II Congreso Na-


cional de Filosofía de Córdoba, de 1971. Antes de hablar de su conteni-
do, conviene situarlo en el contexto del I Congreso, celebrado en 1969.
Constituyó un golpe político de Juan Domingo Perón y del Rector de
la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza), Ireneo F. Cruz. Quiso ser
la presentación pública de la «Tercera Posición» (el conjunto de lo que se
llamó los «países no alineados») en los círculos internacionales. Al dis-
curso de clausura de Perón se le denominó «La Comunidad Organizada»,
y es el texto donde supuestamente consideran algunos que expuso los
fundamentos filosóficos de su concepción política. Lo que sí es cierto es
que en ese Congreso se dieron los pasos para crear una imagen hacia el
exterior del modo de pensar de la clase media Argentina de ese tiempo.

_______________
68
En este Encuentro tuvieron sendas ponencias Dussel y A.A. Roig. Una selección de
las ponencias, en la Sección III, se publicó en VV. AA., La filosofía actual en América La-
tina, México, Grijalbo, 1976.

691
Objetivos muy similares se pretendían en el II Congreso: intento de
vender a la opinión pública nacional que Argentina marchaba perfecta-
mente. El lugar elegido, Córdoba, tenía en su haber la referencia al co-
nato insurreccional, llamado el «Cordobazo», de 1969. Los organizado-
res fueron el Rector de la Universidad Nacional, I. Cruz, y el Dr. Alberto
Caturelli, Secretario Ejecutivo del Congreso. Entre sus participantes,
había mayoría absoluta de pensadores tradicionales, un grupo de popu-
listas, y prácticamente ningún marxista. Y no fue aceptada la presencia
de ningún estudiante. En ese Congreso, los populistas consiguen la
oportunidad de constituirse en la alternativa académica al academicis-
mo en el poder. Y así nace a la luz del público intelectual la autodeno-
minada «filosofía de la liberación». La imagen que quisieron dar ellos
fue de unidad y de constituir un pensamiento homogéneo y bien cons-
truido. Pero en su seno comenzaron a mostrarse contradicciones y am-
bigüedades.
2) Pero el movimiento de la FL se asentó y concretó en las Jornadas
de Filosofía de San Miguel, en la Facultad de Filosofía de los jesuítas de
la Universidad del Salvador. La primera se celebró en 1971, con ponen-
cias de Dussel, «Crisis de la Iglesia latinoamericana y situación del pen-
sador cristiano en Argentina»69, A. Caturelli, «El desarrollo del pensa-
miento filosófico argentino desde el punto de vista del ser nacional»70, y
A.Fernández, «Ensayo de interpretación sociológica de las ideologías
argentinas»71. Estas primeras jornadas se habían centrado en el Pensa-
miento argentino, y en las segundas se amplió el punto de vista a toda
Latinoamérica. Las ponencias de las primeras jornadas supusieron un
despertar sugerencias e ideas nuevas, cristalizadas en escritos posterio-
res. Tal es el caso de J.C. Scannone, organizador de las Jornadas, quien
publicó «Teología y política. El actual desafío planteado al lenguaje teo-
lógico latinoamericano de liberación»72, y O. Ardiles, «Contribuciones
para una elaboración filosófica de las mediaciones histórico-sociales en
el proceso de liberación latinoamericanas»73.
En las Segundas Jornadas, celebradas en 1971 bajo el título La libera-
ción latinoamericana14, los ponentes fueron Héctor Borrat, «Liberación,

_______________
69
Stromata, 26 (1970), n.° 3-4, 277-336.
70
Stromata, 26 (1970), n.° 3-4, 337-388.
71
Stromata, 26 (1970), n.° 3-4, 389-425.
72
Revista del Centro de Investigación y Acción Social, 1972, n.° 211, pp. 5-20.
73
Stromata, 28 (1972), n.° 3-4.
74
El resumen de los contenidos de las ponencias podemos verlo en la «Presentación»
de J.C. Scannone al número 1 del 1972 de la revista Stromata, dirigida por él: Stromata, 28
1972),n.°1, pp. 3-5.

692
¿cómo?»75, E. Dussel76, J. C. Scannone77 y H. Assmann78, teólogo bra-
sileño, residente en Solivia en esos años, y a partir de 1972 profesor de
una Universidad de Chile.
Las Terceras Jornadas se celebraron 1973, y los ponentes principa-
les, como ya vimos en el capítulo anterior, fueron A. Salazar Bondy,
«Filosofía de la dominación y filosofía de la liberación»79, y Leopoldo
Zea, «La filosofía latinoamericana como filosofía de la liberación»80.
Completaron en cupo de ponentes el ecuatoriano J. C. Terán Dutari y el
chileno F. Schwartzmann81.
H. Cerutti nos hace observar que el grupo de filósofos de la libera-
ción, denominado por él mismo como «sector crítico» de la FL, se reu-
nió por su cuenta en Salta (1974), llegándose por ello a denominarse el
«grupo de Salta»82. De este modo nos percatamos que no era tan homo-
géneo el conjunto de los filósofos jóvenes que se pretendían «filósofos
de la liberación», sino que formaban grupos bastante dispares. Tendre-
mos ocasión de comprobarlo más adelante.

3.5. Características de la FL83

Es muy difícil, por no decir imposible, señalar una serie de carac-


terísticas que puedan referirse a todas las distintas corrientes de la FL.

______________
75
Stromata, 28 (1972), n.° 1, pp. 7-43. Borrat es uruguayo, y en su ponencia analiza el
trasfondo sociológico-religioso de Latinoamérica en la década de los sesenta.
76
«Para una fundamentación dialéctica de la liberación latinoamericana», Stromata, 28
(1972), n.° 1, pp. 53-89.
77
«La liberación latinoamericana, ontología del proceso auténticamente liberador»,
Stromata, 28 (1972), n.° 1, pp. 107-150.
78
«Liberación: notas sobre las implicaciones de un nuevo lenguaje religioso», Stroma-
ta, 28 (1972), n.° 1, pp. 161-181.
79
Stromata, 28 (1973), n.° 4, 393-397.
80
Stromata, 28 (1973), n.°4, 399-413.
81
La ponencia de Terán Dutari se tituló «La presencia del pensamiento cristiano en la
filosofía latinoamericana de la liberación», Stromata, 28 (1973), n.° 4, 415-421. Por su par-
te, la ponencia de Schwartzmann era «Singularidad de la experiencia y la filosofía ameri-
canas», Stromata, 28 (1973), n.° 4, 423-430.
82
Cfr. CERUTTI, H, La filosofía de la liberación latinoamericana, o.c.
83
Cfr. HERNÁNDEZ ALVARADO, J., «¿Filosofía de la liberación o liberación de la filoso-
fía?», o.c.; SEVERINO CROATTO, J., «Cultura popular y proyecto histórico», Cuadernos Sal-
mantinos de Filosofía, III (1976), 367-378; LANGON, Mauricio, «Filosofar latinoamericano
como instrumento y proyecto de liberación», en HEREDIA SORIANO, A. (ed.), Exilios filosó-
ficos de España, VIII Seminario de Historia de la Filosofía Española e Iberoamericana, Sa-
lamanca, Universidad de Salamanca, 1992, 385-395; MAESSCHALK, M., «Philosophie de la
libération versus philosphie libérale», Science et Sprit, XLV/3 (1993), 283-295.

693
La filosofía de la liberación, como vamos a ver a continuación, se ha
entendido de muy diversas maneras. Cada grupo, o incluso cada autor, en-
tiende a su modo lo específico de un filosofar liberador, su modo de le-
gitimarlo o fundamentarlo, y los autores o corrientes de pensamiento
sobre los que apoya su peculiar modo de filosofar. Por tanto, las carac-
terísticas de la FL sólo las podremos presentar al estudiar cada una de
las diversas corrientes y su idea de «liberación», y de «filosofar» en
función de la liberación.
De todos modos, si tuviéramos que señalar algunos rasgos comunes
en los que podrían coincidir todas las corrientes, tendríamos que hacer
referencia a características muy generales, y un tanto superficiales.
Pero, aun así, suficientemente significativas como para considerar a
este conjunto de filósofos y de corrientes internas como una línea de
pensamiento con muchos aires de familia. Así entre los rasgos en los
que parecen coincidir todos, podríamos considerar los siguientes:

a) Conciencia de la dependencia económica, social y cultural de


LA, respecto a las naciones del Primer Mundo.
b) Aceptación de que la «filosofía» tiene que hacerse desde el aná-
lisis y compromiso con la propia situación latinoamericana, y
entenderse el filosofar como instrumento de iluminación teórica
de la praxis o acción liberadora.
c) En el punto de partida desde la situación concreta Latinoamérica-
na, y desde el compromiso con esa realidad, se darán diferentes
posturas o propuestas, entre las que podríamos ya indicar de en-
trada la línea más populista/nacionalista/culturalista (con sus di-
versas distinciones internas), la línea más marxista (desde la op-
ción de clase), y línea más historicista/existencialista/personalista,
y la línea basada en el cristianismo y en el realismo zubiriano.
d) El método filosófico o el apoyo teórico de cada corriente o filó-
sofo es muy diverso: desde la corriente culturalista/nacionalista,
que configura una teoría filosófica más original (indigenista); la
corriente que se apoya en la filosofía de Lévinas, para configu-
rar una base filosófica denominada «metafísica de la alteridad»,
o «analéctica de la liberación»; el historicismo de L. Zea y de
A.A. Roig, con evolución hacia una dialéctica hegeliana y marxis-
ta, pero entendida críticamente; hasta la línea marxista de H. Ce-
rutti, Santos, Croatto, etc.; y, por otro lado, la línea zubiriana de
I. Ellacuría, y la economicista de Franz Hinkelammert.
e) La utopía liberadora a la que todos apuntan sería también un
rasgo similar en todos ellos. Pero lo que les diferencia es, por un
lado, el sujeto de esa liberación (para unos es el pueblo, para
694
otros, la clase proletaria, y para otros, las mayorías populares);
y, por otro lado, la descripción o el contenido de esa utopía o
meta/objeto de la historia. Respecto a esto segundo, habrá quie-
nes se conformarían con una liberación nacionalista/populista;
otros defenderán el modelo marxista, de una sociedad sin clases;
y otros, un modelo de liberación personal y estructural, con tin-
tes cristianos, pero mediados por una referencia a lo político,
económico y social.

Como puede verse, hay aspectos comunes que se orientan a la su-


peración de la dependencia y dominación en el que se hallan los pue-
blos iberoamericanos, pero se diferencian de forma notable respecto al
sujeto de la liberación, las mediaciones para conseguirla, y las metas o
utopía final a la que apuntar, esto es, los contenidos de la situación fi-
nal de liberación.

4. CORRIENTES Y AUTORES MAS IMPORTANTES DE LAFL

4.1. Las corrientes más significativas

Horacio Cerutti, en su libro ya citado, La filosofía de la libera-


ción latinoamericana, indica cuatro corrientes bien diferenciadas den-
tro de la EL. Consideramos que hay que añadir a estas cuatro corrientes
la iniciada por Ignacio Ellacuría en El Salvador, inspirada en el rea-
lismo metafísico del filósofo español Xavier Zubiri, así como la línea
filosófico-teológica de Franz Hinkelammert. Fueron varios los auto-
res que desde fecha muy temprana dejaron por escrito sus impresio-
nes sobre esta naciente orientación filosófica y sus diferentes corrientes
internas84. Pero quien ha estudiado y dejado por escrito de forma más

_______________
84
Los primeros intentos de resumir y dar cuenta de los orígenes de la FL fueron los si-
guientes: ZEA, L., «Dependencia y liberación en la filosofía latinoamericana», Dianoia.
Anuario de Filosofía, México, UNAM/FCE, XX (1974), n.° 20, 172-188; SANTOS, Manuel,
«Filosofía de la liberación o liberación de la filosofía», Revista de Filosofía latinoamerica-
na, n.° 3; ROIG, A.A., «Función actual de la filosofía en América Latina» (ponencia del
Coloquio de Filosofía de Morelia, México, 1975), en V. AA., La filosofía actual en Améri-
ca Latina, México, Grijalbo, 1976, pp. 135-152; DUSSEL, E., «La filosofía en Argentina:
irrupción de una nueva generación filosófica» (ponencia del Coloquio de Filosofía de Mo-
relia, México, 1975), pp. 55-62; ORTEGA, Hugo, La filosofía de la liberación, Panamá,
1975, tesis de licenciatura; HERNÁNDEZ, L. «¿Filosofía de la liberación o liberación de la
filosofía?», Cuadernos Salmantinos de Filosofía, P.C., pp. 379-399, y en ECA (UCA, San

695
amplia y completa (pero limitada a los grupos argentinos), aunque no
exenta de interpretaciones subjetivas, ha sido H. Cerutti en su libro ci-
tado. Y en él me voy a apoyar de modo más sustantivo, con los añadi-
dos que he indicado respecto a I. Ellacuría y a Fr. Hinkelammert.
Cuando H. Cerutti plantea la clasificación de las cuatro corrientes
de la FL, señala que se basa, en cierta medida, en la clasificación que
presentó J.C. Scannone en la presentación de las Actas de las II Jorna-
das Académicas de San Miguel (1971). El jesuíta argentino señala dos
caminos aparecidos en las reflexiones sobre la FL durante esas Jorna-
das: por un lado, el camino corto, inspirado en la fenomenología exis-
tencial, y que estaría representado por Dussel y el propio Scannone, y,
por otro lado, el camino largo, como uso original y situado del pensa-
miento marxista, representado por Hugo Asmann. El primer camino,
bien sea partiendo de la historia (Dussel) o de la crítica a proyectos his-
tóricos latinoamericanos (Scannone), planteó el problema hasta y desde
su radicalidad ontológica, con el peligro de no terminar de mediarse
con categorías de análisis social y político. El segundo camino (Ass-
mann), partiendo de estas mediaciones, conllevaba una exigencia de
concreción y praxis aun hasta los niveles de opción ideológico-política
y estratégico-táctica, con el peligro de no criticar teológica y/u ontoló-
gicamente hasta su raíz el horizonte de comprensión de donde estas ca-
tegorías psicoanalíticas han sido tomadas85.
En 1975 dedicó Scannone un artículo a esclarecer las diferencias
entre ambas posturas, tanto en lo teológico como en lo filosófico86.
El criterio central desde el que Scannone hace la división de las dos
posturas es la aceptación o no del marxismo. Mientras el primer ca-
mino se apoya en el pensamiento cristiano, el segundo lo hace en el
marxismo.
Otros autores, como N. Werz87, señalan clasificaciones diferentes,
aunque con un cierto parecido de fondo. Werz señala tres fases en el

________________
Salvador), XXX (1976), n.° 334, 365-380; CERUTTI GULDBERG, H., «Ubicación política de
los orígenes y el desarrollo de la filosofía de la liberación latinoamericana», Cuadernos
Salmantinos de Filosofía, III (1976), 351-360; GÓMEZ-MARTÍNEZ, J.L., «Pensamiento his-
panoamericano: una aproximación», Cuadernos Salmantinos de Filosofía, VIII (1981),
287-400: contiene bibliografía pertinente sobre el tema.
85
Cfr. SCANNONE, J.C., «Presentación», Stromata, XXVIII (1972), n.° 1-2, p. 4.
86
«Teología, cultura popular y discernimiento; hacia una teología que acompañe a los
pueblos latinoamericanos en su proceso de liberación», en VV. AA., Cultura popular y fi-
losofía de liberación: Una perspectiva latinoamericana, Buenos Aires, García Cambeiro,
1975.
87
Cfr. Pensamiento sociopolítico moderno en América Latina, o.c.: cap. sobre «Filoso-
fía de lo americano y filosofía de la liberación», pp. 153-189.

696
desarrollo de la FL: una fase inicial populista-nacionalista, una fase
posterior culturalista-americanista, y una tercera fase de influencia
marxista. Pero no está claro si la clasificación que presenta Werz es de
tipo histórico, como una sucesión de fases, o es más bien una referen-
cia a corrientes y enfoques diferentes. Más bien hay que entenderlo en
esta segunda dirección, coincidiendo en gran medida con la clasifica-
ción de Cerutti, aunque no desglosa del populismo la corriente analéc-
tica de Dussel y Sacannone.
Vamos a continuación a presentar de forma esquemática las cinco
corrientes o planteamientos de la FL, para en un apartado posterior de-
tenernos en los autores más significativos de cada una de estas corrien-
tes. Sigo, como he dicho, a H. Cerutti, de quien adopto también las de-
nominaciones de cada una de estas cuatro corrientes básicas.

a) La corriente «ontologista»

Inicialmente Horacio Cerutti la denominó corriente populista de la


ambigüedad concreta. Más adelante, la denominó ontologista, frente a
la postura analéctica de Dussel y Scannone, anteriormente denominada
también populismo de la ambigüedad abstracta.
Ambas corrientes, por tanto, empezaron su andadura intelectual ha-
ciendo referencia a lo popular como sujeto y objeto de la liberación y
de la reflexión filosófica. De ahí la común denominación de populistas.
Este sector populista estuvo integrado por un amplio espectro de auto-
res, según Cerutti: desde populares cristianos, que pasan a simpatizar
con la tendencia revolucionaria del peronismo (Montoneros) y a los pocos
meses con los peronistas ortodoxos de Julián Licastro (tal es el caso de
E. Dussel, según Cerutti), hasta militantes de la ultraderecha peronista,
nucleados por el grupo Reconquista de Salta, como es el caso de Mario
Casalla, y una posición tan difusa como la de J.C. Scannone, peronista
antimarxista, o el indigenista peronista de derecha Gunther Rodolfo
Kusch.
Según Cerutti, los representantes de la derecha del peronismo se
convirtieron en represores, al apoyar la misión Ivanisevich (es el caso de
Casalla y Kusch, en la Universidad Nacional de Salta). Otros, como
Dussel y Ardiles, tuvieron que dejar sus puestos en sus universidades
(Cuyo y Comahue, respectivamente), al no ser renovados sus contratos
o ser expulsados de sus puestos, junto con otros filósofos. La forma-
ción filosófica y las influencias de este sector son muy variadas: desde
la fenomenología de Husserl, Heidegger y Blondel, hasta Ricoeur, Lé-
vinas, e incluso la Escuela de Frankfurt.

697
b) La corriente «analéctica»

Es la corriente liderada por Dussel y Scannone, y denominada ante-


riormente por Cerutti como populismo de la ambigüedad abstracta, y
también populismo ingenuo. Guardaron distancia del peronismo, ante
la posibilidad de que la experiencia populista pudiera naufragar, y con
ella los discursos que se hubieran adherido a ella. Pero, afirma Cerutti,
no lograron mantenerse del todo distantes, afirmación que parece con-
tradictoria con el hecho de que después fueran perseguidos por el pro-
pio peronismo. Cerutti achaca a esta postura un cierto totalitarismo,
puesto que quienes se atrevían a poner en duda su originalidad, su no-
vedad revolucionaria, quedaban fuera de todo tipo de pensamiento libe-
rador. Y, de algún modo, su intransigencia habría sido bastante eficaz,
ya que habrían sido considerados, durante un cierto tiempo, como los
únicos representantes de la auténtica y casi única FL. Ya vimos que no
es cierta esta afirmación, en la medida en que la razón de ser los repre-
sentantes más conocidos se debe sobre todo a sus amplias y valiosas
publicaciones, especialmente en el caso de Dussel, y también de Scan-
none. Junto a estos dos autores mencionados, hay que situar aquí a
O. Ardiles88 y a Humberto Ortega89.

c) La corriente«historicista»

Tanto la corriente historicista como la problematizadora son situa-


das por Cerutti como sectores críticos contra las dos corrientes anterio-
res, populistas. Una limitación de este sector (sobre todo el «problema-
tizador») fue que casi se agotó en la crítica al populismo, sin casi llegar
a proponer y desarrollar una alternativa suficientemente positiva y re-
presentativa. Pero a ello contribuyeron también las dificultades de la si-
tuación concreta en la que se desenvolvieron y los ataques de sus cen-
sores. El sector crítico, en sus diferentes líneas, tuvo un desarrollo
desigual, pero tuvo, con todo, varios puntos en común, en opinión de
H. Cerutti: a) asumir la criticidad del discurso marxista, así como el
discurso freudiano. Tal marxismo era muy plural, como no podía ser de
otro modo. Este punto es central para separar a los dos sectores, populis-
ta y crítico. El populismo era radicalmente anti-marxista, constituyendo

_______________
88
Cfr. ARDILES, O., Vigilia y Utopía, México, Universidad de Guadalajara, 1980.
89
Sobre Ardiles y H. Ortega, cfr. CERUTTI, H., Filosofía de la liberación latinoameri-
cana, o.c., pp. 211-218.

698
este punto un aspecto básico para separar las dos tendencias; b) no fue
un grupo con un programa y un objetivo común, ni con una decisión vo-
luntariamente asumida, sino que se fue formando como reacción al sec-
tor populista, a su doctrina y a sus modos de actuación; c) sus teorías
han ido surgiendo del mismo esfuerzo por pensar la realidad argentina y
latinoamericana, y, así, fueron encontrando similitudes en sus enfoques.
Dentro de este bloque, denominado por Cerutti como «crítico», hay
que distinguir dos sub-sectores: el historicista y el problematizador. El
sector historicista se preocupó sobre todo de la relación de la FL con
sus antecedentes históricos, dentro de la tradición del pensamiento ar-
gentino y latinoamericano. Identificaban, muy hegelianamente, filoso-
fía con historia de la filosofía, centrando su quehacer en una labor his-
toriográfica, o mejor, juzgando desde una sólida labor historiográfica
latinoamericanista las propuestas de la FL, y tratando de mostrar su gé-
nesis, novedad y adecuación a dicha tradición. Sus integrantes más sig-
nificativos ha sido Leopoldo Zea y Arturo A. Roig, así como también
A. Ardao.

d) La corriente «problematizadora»

Esta corriente, según H. Cerutti, uno de sus integrantes, cargó el


énfasis en la dimensión epistemológica de la FL, tratando de cuestionar
radicalmente el propio discurso y, a la vez, verificarlo. Se trataba de sa-
ber hasta dónde era posible, y permisible, la constitución de una tal fi-
losofía liberadora y de liberación, y cómo habría que constituirla, o si
estaba construida ya. De hecho, todo el suelo donde se asentaba tal fi-
losofía se tambaleaba permanentemente, según ellos, y resultaba iluso-
rio el deseo de construir un sistema como resultante de un tal tipo de
reflexión sistemáticamente exigido.
Este sector crítico puso en primer plano el problema del lenguaje,
el de la ideología y el problema metodológico. En cambio, el sector po-
pulista destacó mucho más la dimensión ontológica (metafísica) y ética
de la cuestión. Como representantes de esta corriente hay que conside-
rar a José Severino Croatto, Manuel Ignacio Santos y Horacio Cerutti
(constituyen lo que se llamó el «grupo salteño»). Gustavo Ortiz se unió
a ellos a partir de 1972. Cerutti considera que también habría que situar
en esta postura a Hugo Assmann y a A. Salazar Bondy, con los que
coinciden en diferentes aspectos, aunque no formaron grupo concreto
con ellos.
La línea de I. Ellacuría, como también la de Fr. Hinkelammert, se
originaron y desarrollaron al margen del ambiente argentino al que

699
hace referencia H. Cerutti. Por tanto, no entraron en polémica ni dife-
renciación con ninguno de estas cuatro corrientes señaladas, por lo que
nos referiremos a ellas cuando presentemos el pensamiento de ambos
autores.

4.2. Los autores más representativos de cada una de las corrientes

4.2.1. Corriente ontologista: Casalla, Kusch, Cullen90

Los autores más significativos de esta corriente fueron Gunther Ro-


dolfo Kusch, Mario Casalla, Carlos Cullen y Amelia Podetti. Dentro de
los filósofos europeos que influyeron en ellos, podemos señalar a Hei-
degger, Spengler, Jung, Scheler, Husserl, Mircea Elíade, y algunos au-
tores autóctonos, como Frantz Fanón y la ideología de Perón (La Co-
munidad organizada). Su punto de vista argentino, e incluso porteño, lo
extienden a toda Latinoamérica, aunque, como señala Cerutti, represen-
taban a una clase media bonaerense, un grupo de la intelectualidad por-
teña preocupada por vincularse con el «país real».
La orientación que van a seguir en seguida es desvincularse de toda
influencia europea para originar un pensamiento autóctono, basado en
lo popular, en lo indígena. Como señala Wertz, «sus aportes contienen
una crítica a las pretensiones de validez universal de la filosofía euro-
pea y la exigencia de una toma de partido a favor del pueblo pobre y
sojuzgado»91. Este rechazo de las pretensiones de validez universalista
de la filosofía europea es compartido con la corriente analéctica, e in-
cluso con las otras dos, pero las razones y justificación de esa crítica
difieren notablemente, como tendremos ocasión de comprobar.
Mario Casalla entiende que, como consecuencia de una apreciación
desmedida de la filosofía europea92, se habrían adoptado en Latinoamé-
rica una serie de planteamientos falsos, como son «la tesis no pertinente
de una "normalidad filosófica" alcanzada en América Latina; la idea de
un liberalismo filosófico, según el cual el filósofo trabaja independiente-
mente de la sociedad; el análisis de la sociedad de consumo, que care-
cería de sentido para América Latina; la pretensión de hacer comenzar

________________
90
Cfr. CERUTTI GULDBERG, H., Filosofía de la liberación latinoamericana, o.c., pp. 205
y ss.; Id., «Ubicación política de los orígenes y desarrollo de la filosofía de la liberación lati-
noamericana», o.c., pp. 357 y ss.
91
O.c.,p. 179.
92
Cfr. CASALLA, Mario Carlos, «El concepto de "Pueblo". Algunas precisiones desde la
historia argentina y latinoamericana», en Latinoamérica, México, 1975, n.° 8, pp. 119-158.

700
la reflexión histórico-filosófica en época muy reciente, esto es, en 1492,
con el "descubrimiento" de América»93. La única vía, según Casalla,
para fundar una filosofía auténticamente latinoamericana tendría que
referirse y apoyarse en una filosofía histórico-política del pueblo. El
verdadero sujeto de la filosofía latinoamericana, en opinión de Casalla,
no tiene que ser el individuo abstracto, el intelectual desligado del pueblo,
sino «el pueblo, como sujeto histórico del filosofar», y como «co-
munidad organizada»94. Así, el punto de partida de la filosofía latinoa-
mericana será para Casalla el enajenamiento originario del pueblo
americano, y su intención más profunda se orienta hacia la denuncia de
esa situación y su consecuente necesidad de superación95. Ahora bien,
la situación de dependencia es para Casalla de tipo lógico-ontológico,
no económico-material.
Toda la racionalidad europea no es, para Casalla, más que una ra-
cionalidad de tipo imperial, justificadora de la opresión cultural que ha
ejercido y ejerce Europa sobre Hispanoamérica. Dentro de esta raciona-
lidad europea entra de forma especial, según Casalla, el marxismo. De
ahí su anti-marxismo visceral, por europeo y totalizador.
G.R. Kusch, en opinión de Cerutti, trata de desvincularse de toda
«fuente» europea en la que pueda apoyar y fundamentar su pensamie-
nto. Pero piensa ingenuamente que por afirmarse independiente de todos
no está influido por el conjunto del ambiente ideológico y cultural. Al
igual que Casalla, quiere desvincularse de toda relación con el pensa-
miento europeo y buscar los orígenes del auténtico pensamiento latinoa-
mericano en el pueblo indígena. En sus libros sobre el pensamiento in-
dígena y popular, como América profunda96 y Geocultura del hombre
americano9'', señala que no ha querido seguir las aportaciones de la An-
tropología sociocultural o de la Psicología, y, por tanto, no ha querido
tener en cuenta las ideas de Lévi-Strauss o de Jung. Pretende desmarcar-
se de ellos porque representan, según Kusch, la mentalidad burguesa eu-
ropea, y porque sólo hacen estudios de gabinete. Cerutti hace observar
que para 1970 esos dos autores (Lévi-Strauss y Jung) ya no son la actua-
lidad del pensamiento europeo ni en Antropología sociocultural ni en
Psicología. A pesar de ello, se observan en el libro de Kusch muchas de
las categorías de esos autores que critica y pretende no tener en cuenta.

____________________
93
WERTZ, N., o.c.,p. 180.
94
Aportación de Mario Casalla en ARDILES, Osvaldo y otros, Hacia una filosofía de la
liberación latinoamericana, Buenos Aires, Bonum, 1973, p. 43.
95
Cfr. «Las dos Argentinas», Víspera (Montevideo), 6 (1972), n.° 26, p. 13.
96
Buenos Aires, Librería Hachette, 1975.
97
Buenos Aies, García Cambeiro, 1976.

701
Debido a este alejamiento de los autores de la sospecha europeos,
Kusch es inconsciente del problema de las ideologías que está presente
en todos los autores. Queriéndose situar al margen del pensamiento eu-
ropeo, reniega de la tradición académica y filosófica mundial para asu-
mir en toda su pureza el pensamiento latinoamericano y sus problemas,
aunque, como ya hemos dicho, utiliza para sus reflexiones categorías
que no son suyas sino que están tomadas de los pensadores que rechaza.
Kusch coincide también con Casalla en rechazar el marxismo, y se
opone a las tesis marxistas sobre el factor económico como determi-
nante de la superestructura cultural. Así, llega a afirmar que el proble-
ma central del ser humano no es el comer, sino la indigencia de existir.
«No por la prioridad a la alimentación, afirma Kusch, habremos de re-
solver los problemas del mundo. Pero sí habremos de resolverlo si to-
mamos en cuenta el condicionamiento cultural que implica el hecho de
comer. A nivel etnológico se prueba que el problema no es el de comer,
sino el de recobrar la dignidad del comer. Y éste es el problema de
nuestra área sudamericana»98.
Por tanto, tanto Casalla como Kusch tienen un común punto de par-
tido y apelan a un mismo sujeto de la filosofía latinoamericana auténti-
ca: el pueblo americano, pero entendiendo como tal al pueblo indígena,
depositario de las esencias del americanismo. Por lo demás, su punto
de orientación es culturalista, rechazando el escoramiento materialista del
marxismo.
Además, la metodología con que este grupo opera pretende ser una
fórmula propia, que Kusch denomina «la lógica de la negación», con-
sistente en postulación de varias racionalidades que deben ser «tole-
radas», mientras se avanza en la búsqueda de una racionalidad más
profunda y «más próxima a nuestros conflictos». Para Kusch, la racio-
nalidad más profunda o «seminal» es la que se da en la «lógica de la
negación propia del pueblo o del indígena». Según él, hay enfrentadas
dos concepciones del mundo, con dos lógicas contrapuestas: la lógica
blanca, dominada por la euforia de la afirmación, y la lógica negra, la
del pueblo, impregnada del pesimismo de la negación. Este pesimismo de
la negación irrumpe, según Kusch, en 1820, con el Gobierno de Rosas,
con el de Irigoyen, y con el de Perón. La euforia de la afirmación se da
sólo en figuras como Belgrano, Rivadavia, Sarmientro, Mitre, la oligar-
quía del treinta, y muchos otros más, hasta llegar a esta psicosis de los

_________________
98
«Dos reflexiones sobre la cultura», en Varios, Cultura popular y filosofía de la libe-
ración. Una perspectiva latinoamericana (Estudios Latinoamericanos, 15), Buenos Aires,
García Cambeiro, 1875, p. 208; con ligeras modificaciones, apareció también en su libro
Geocultura del hombre americano, Buenos Aires, García Cambeiro, 1976.

702
economistas y sociólogos actuales, que creen realmente que con su
simple afirmación habrán de determinar qué pasa con el país.
Así, frente al puro racionalismo occidental hay que reivindicar lo
emocional e irracional. Aboga por un pensamiento como intuición pura,
capaz de capturar el pensamiento de la gente en las calles y en los luga-
res donde vive. Sólo de esta manera se tendrá acceso a la América pro-
funda". Para ello se exige también el distanciamiento de las posturas y
perspectivas culturales individualistas, propias de las culturas occidenta-
les. De este modo, Kusch construye una ontología diferenciadora de las
realidades profundas de la cultura indígena americana y de la cultura oc-
cidental. Frente a la lógica occidental griega, apoyada en la categoría
ser (configurada como esfuerzo por llegar a ser), y frente a la categoría
acontecer, como historia y ética, de la tradición judía, está la realidad
indígena, constituida por la categoría central de estar así, que implica
pasividad y mayor cercanía con la realidad. La cultura indígena estaría
constituida, según Kusch, por un contacto previo y emocional con la
realidad. El mundo del estar está configurado por un mundo mágico,
lleno de símbolos, mientras que el mundo del ser, tiene un radical carác-
ter agresivo, conquistador, racional, fuera de todo control.
Kusch se inspira para sus análisis en la cultura quechua, y se iden-
tifica con ella. Pero es importante ser conscientes de que todas las cul-
turas indígenas están ya actualmente muy impregnadas por elementos
de las culturas occidentales. De ahí que se dé permanentemente una
tensión dialéctica entre masas campesinas (estar) y élites urbanas (ser),
pueblo y minoría, piel morena y piel blanca. Sigue diciendo Kusch
que en América domina todavía la simbólica animal, frente a la legali-
dad técnica. Y en medio de esta mezcla y tensión dialéctica, Kusch
considera que lo auténtico consiste en volver y retornar a la vida y a
la comunidad100.
El peligro que Cerutti ve en estos planteamientos de Kusch es el
alejamiento y la negación de toda epistemología y racionalidad crítica,
por considerarlas propias de la mentalidad y racionalidad imperial oc-
cidental. Pero de este modo se cae en no poder discernir entre diversas
posturas y racionalidades, y defender la propia postura desde plantea-
mientos dogmáticos imposibles de rebatir. Tampoco está claro que se
pueda avanzar objetivamente en su postura, puesto que no acepta un
método comprobable y mínimamente objetivable.

___________________
99
Cfr. KUSCH, G. R., América profunda, Buenos Aires, Librería Hachette, 1975.
100
Como veremos en seguida, J.C. Scannone, en su etapa posterior a la de filosofía de
la liberación, con su vuelta a una filosofía inculturada, según lo denomina él, tomará mu-
chos elementos de estos planteamientos de G.R. Kusch.

703
Como ya lo apuntamos, para este grupo de filósofos el sujeto del fi-
losofar liberador es el pueblo, a diferencia del grupo de los críticos
cuyo sujeto será la clase social proletaria. Casalla, en su artículo «El
concepto de Pueblo. Algunas precisiones desde la historia argentina y
latinoamericana»101, se pronuncia contra el elitismo de quienes piensan
que los filósofos son los sujetos del filosofar. Además, tampoco lo es el
individuo, sino el grupo, el pueblo, la comunidad organizada como
pueblo.
Y el papel del filósofo es optar por el pueblo y unir a él su vida. Sin
esa conexión con el pueblo, su filosofar serán palabras huecas, sin raí-
ces. De este modo, la función del filósofo se pone en cuestión. No pue-
de filosofar por su cuenta y al margen del pueblo, pero, como critica
Cerutti, basta que proclame que ha optado por su pueblo, para que su
discurso quede justificado. Además, el propio Casalla indica que la ca-
tegoría Pueblo es un concepto confuso frente a una realidad clara.
También dijimos cómo este grupo de pensadores se caracterizaba
por el rechazo rotundo del marxismo, por considerarlo una teoría que
viene de fuera, de Europa, y, por ello, incapaz de captar las novedades
que caracterizan la cultura popular e indígena. En la medida, en cam-
bio, que uno está en sintonía con la cultura popular, se alcanzan dos ac-
titudes metodológicas certeras: situar el pensar en el pueblo, en lo po-
pular, y trascender la propia cultura, la nordatlántica que nos invade.
De este modo, en opinión de H. Cerutti, se retoma como valor posi-
tivo la ambigüedad conceptual, puesto que, como dicen estos pensado-
res, se trata de «rescatar la rica ambigüedad de nuestro concepto» (pue-
blo). De ahí que Cerutti haya denominado a este grupo populismo de la
ambigüedad concreta. De ese modo, se oponen al protagonismo del in-
dividuo (liberalismo) y a la categoría clase social (marxismo), como
representantes de corrientes provenientes del primer mundo, e hijos de
la misma matriz cultural. Además, acusan al marxismo de no haber en-
tendido el tema de la cuestión nacional.
En definitiva, la tarea que atribuyen estos autores a la filosofía es
una tarea salvacionista, cercana, piensa Cerutti, a la mística y a la teo-
logía. Se centran en una ontología de lo pre-óntico, en una filosofía de
la cultura y de la historia a la búsqueda de la recuperación ontológica
del ser americano. Para Kusch, la filosofía latinoamericana tiene como
tarea la comprensión de lo cotidiano, y, para poder realizarlo, debe
construir su propio arsenal conceptual, sus propias categorías ontológi-
cas, ya que no sirven las de la filosofía griega. Se trata, pues, de realizar

_______________
101
Latinoamérica, 1975, n.° 8, 119-158. 704

704
una traducción de lo cotidiano a un lenguaje filosófico más adecuado.
Así, como señala Kusch, «el problema de América en materia de filo-
sofía es saber quién es el sujeto del filosofar. Evidentemente el discurso
filosófico tiene un solo sujeto y éste será un sujeto cultural. Mejor di-
cho, la filosofía es el discurso cultural que encuentra su sujeto»102.

4.2.2. La corriente analectica: Scannone y Dussel

Estaba representada, como ya dijimos, por Juan Carlos Scannone,


Enrique Dussel, Osvaldo Ardiles y Humberto Ortega, como autores
más significativos. Pero vamos a centrarnos sólo en los dos primeros,
puesto que representan dos figuras de primera importancia no sólo den-
tro de esta corriente sino dentro de todo el conjunto de la FL.
Los rasgos específicos de esta corriente, según Cerutti103, y refi-
riéndose sobre todo a los primeros años del grupo, fueron éstos: a) ne-
cesidad de una filosofía primera ético-política, fundante del discurso
científico y de la praxis política; b) atribución al filósofo liberador de
un rol profetice, en la medida en que, situándose fuera del sistema,
puede realizar desde ahí la denuncia a los opresores, y, ayudando a los
oprimidos a proferir su palabra, corregirles sus desviaciones; c) a pesar
de utilizar el arsenal técnico y conceptual heideggeriano, hegeliano y
levinasiano, entre otros autores, reniegan de la tradición filosófica lati-
noamericana, en la medida en que consideran que ha sido mera copia
desleída de las modas europeas («oleadas»), y se desmarcan del pensa-
miento europeo como modernidad nordatlántica, detrás de la cual actúa
la voluntad de poder imperial de los opresores; d) desmarque del marxis-
mo y del freudismo, pretendiendo haber superado ambos discursos y el
problema de la ideología; e) defienden, como el grupo ontologista, que
el sujeto del filosofar es el pueblo, y se desmarcan del concepto de cla-
se social; f) y, por último, en oposición a la dialéctica (tanto platónica
como hegeliana), construyen un nuevo planteamiento metodológico y
epistemológico que denominan analectica (o ana-dia-léctica). Es por
esto que Cerutti denomina a esta corriente como analectica.
En resumen, entienden que no se trata con su propuesta filosófica
de ocuparse de objetos nuevos del filosofar, sino de plantear una nueva

_______________
102
KUSCH, G.R., «Un reflexión filosófica en torno al trabajo de campo», Revista de Fil-
osofía Latinoamericana, 1975, n.° 1, 90-100; 90.
103
Cfr. CERUTTI, H., «Ubicación política de los orígenes y desarrollo de la filosofía de
la liberación latinoamericana», Cuadernos Salamantinos de Filosofía, Salamanca, III
(1976), 351-360; 357.

705
lógica, una nueva epistemología, un nuevo concepto de ciencia, y una
nueva filosofía ético-política iniciada con ellos. Filosofan, pues, con la
clara conciencia de iniciar una etapa radicalmente nueva en la historia
del pensamiento filosófico latinoamericano, entendiendo que el filoso-
far desde los intereses y el punto de vista del oprimido y del marginado
proporciona un lugar privilegiado en la búsqueda de la verdad y de su
realización práxica.

A) LA TRAYECTORIA FILOSÓFICA DE J.C. SCANNONE104

1. La influencia de E. Lévinas

El pensamiento filosófico de E. Dussel y de J.C. Scannone, aunque


cada uno ha seguido su propia trayectoria y poseen rasgos específicos,
ha experimentado similares influencias y parecidas inflexiones, al me-
nos en las primeras etapas de sus respectivos itinerarios intelectuales.
Para conocer la trayectoria intelectual de Scannone es útil el artículo de
J.R. Seibold, «Nuevo punto de partida en la filosofía latinoamerica-
na»105, donde se nos describen sus estudios de formación en Argentina
y posteriormente en Europa, hasta concluir su tesis doctoral en filosofía
sobre el pensamiento de M. Blondel106.
Con una trayectoria de formación dispar, aunque con abundantes
rasgos paralelos, fruto de su periplo por diferentes universidades euro-
peas, Scannone y Dussel se encuentran a su regreso a la Argentina en
1967. Scannone llegaba muy influenciado por el pensamiento de Blon-
del, de Heidegger y también de Lévinas, tras la publicación en 1961 de
Totalidad e infinito101. De todas las diversas influencias, la de Lévinas
va a ser la más decisiva y duradera. Scannone constituyó el punto de

________________
104
Cfr. SEIBOLD, Jorge R., «Nuevo punto de partida de la filosofía latinoamericana. Las
grandes etapas de la filosofía inculturada de J.C. Scannone», Stromata, 47 (1991), n.° 1-2,
193-204; GALLI, Carlos M., «Evangelización, cultura y teología. El aporte de J.C. Scanno-
ne a una teología inculturada», Stromata, 47 (1991), n.° 1-2, 205-216; CAPURRO, R., «Filo-
sofía, existencia y dialógica cristiana», Stromata, 26 (1970), n.° 3-4, 427-432 (es un co-
mentario a la tesis doctoral de Scannone sobre Blondel); BEORLEGUI, Carlos, «La
influencia de E. Lévinas en la Filosofía de la Liberación de J.C. Scannone y de E. Dussel,
Realidad (UCA, San Salvador), 1997, n.° 57, 1° parte: 243-273.
105
Cfr. SEIBOLD, J.R., «Nuevo punto de partida en la filosofía latinoamericana. Las
grandes etapas de la filosofía inculturada de J.C. Scannone», Stromata, 47 (1991), n.° 1-2,
193-204.
106
Cfr. SCANNONE, J.C., Sein und Inkarnation. Zum ontologischen Hintergrund der
Fürschriften Maurice Blondels, K.Alber, Freiburg-München, 1968.
107
Totalité e infini. Essais sur l'extériorité, La Haya, Martinus Nijhoff, 1961 (trad.
cast.: Totalidad e Infinito, Salamanca, Sigúeme, 1977. Traducción de Daniel E. Guillot).

706
contagio hacia un grupo de jóvenes filósofos argentinos, que gestarán por
estos años lo que ellos van a denominar la «Filosofía de la liberación».
Como señala J.R. Seibold108, el momento clave del inicio de esta
influencia lo constituye el encuentro de Scannone con E. Dussel en San
Miguel (Univ. del Salvador, Argentina), en 1970. De este primer en-
cuentro fructífero, inicio de otros muchos y de una trayectoria intelec-
tual en la que caminarán de la mano en muchos aspectos, «surgió la
idea de organizar unas jornadas filosóficas, con sede en la Universidad
del Salvador, en San Miguel. Las primeras se celebraron en ese mismo
año de 1970, y en años sucesivos se organizaron otras, constituyendo
tales encuentros filosóficos uno de los enclaves más importantes y de-
cisivos para el nacimiento de la filosofía de la liberación»109.
La influencia más determinante fue la de E. Lévinas. Lo que les
aportaba Lévinas era fundamentalmente una radical y bien articulada
crítica a la filosofía occidental en su globalidad, ejemplarmente repre-
sentada en Hegel, Husserl y Heidegger, así como una propuesta filosó-
fica alternativa, centrada en una metafísica y antropología de la alteridad.
La razón de fondo de esta influencia se hallaba en que el pensamiento
de E. Lévinas les aportaba una solución y fundamentación teórica a la
problemática filosófico-práctica en la que se hallaba inmerso un sector
importante de pensadores latinoamericanos, que van a ir configurando
su pensamiento alrededor de la FL. Además, como atractivo o razón
complementaria, estaba el hecho de que la filosofía de Lévinas tenía
una base religiosa determinante, dada su influencia y apoyatura funda-
mental en la Biblia, aun no aceptando su parte neotestamentaria, dato
que resultará así mismo determinante para explicar las diferencias que
habrá entre Lévinas y los dos filósofos de la liberación en su idea de
Dios (su trascendencia, encarnación, redención, etc.) y en aspectos sig-
nificativos de la antropología.
La consciencia de una vanguardia crítica del pensamiento teológico
y filosófico latinoamericano se hallaba inmersa, como señalábamos
más arriba, en una situación de dependencia económica, socio-política
y cultural respecto a los centros de poder «nordatlánticos» (USA y Eu-
ropa), y hacía propicia la adopción del pensamiento de Lévinas para
fundamentar y legitimar teóricamente sus aspiraciones de liberación.
Los puntos claves que la filosofía de Lévinas les aportaba eran de
modo sintético los siguientes:

_______________
108
Cfr. «Nuevo punto de partida en la filosofía latinoamericana. Las grandes etapas de
la filosofía inculturada de J.C. Scannone», Stromata, 47 (1991), n.° 1/2, 193-204; 196.
109
Ibídem, p. 196.

707
a) La acusación a la filosofía occidental de ser una filosofía de la
Totalidad, filosofía que se comporta como dogmática, domi-
nadora y no respetuosa de la alteridad del Otro, sean pueblos,
culturas o individuos. Es cierto que en la filosofía de la Totali-
dad, especialmente en su versión hegeliana, se admite el diálogo
con el otro. Pero ese otro, dentro de la «dia-léctica» hegeliana,
no pasa de ser una proyección de yo y una parte de su propio de-
sarrollo. El otro (no-yo) de tal dialéctica no es nunca respetado
en su auténtica alteridad, pues si así fuera, nunca se podría en-
cerrar tal relación dialéctica dentro de un todo englobante, sea el
Ser o el Espíritu Absoluto. Por ello, frente a la ontología de la
Totalidad, se propone, con Lévinas, una «meta-física de la alte-
ridad». Y frente a la «dia-léctica» de Hegel, la «ana-léctica» de
la liberación110.
b) Como consecuencia de ello, la aplicación del concepto o catego-
ría de exterioridad a las naciones y culturas «tercermundistas», y,
en concreto, a Latinoamérica. La orientación levinasiana de la
exterioridad al nivel interindividual la extienden los filósofos de
la liberación al ámbito socio-cultural y político. Para la EL, Lati-
noamérica ha sido tratada a lo largo de la historia, desde su con-
quista, como un otro siempre postergado, como una exterioridad
con la que el centro nunca ha contado, y una realidad que ha sido
tratada como mero apéndice, algo «irracional» y «bárbaro»111.
Por tanto, se la ha considerado como un «otro» pero dentro del
sistema del Mismo; «dis-tinto» sí, pero como una simple fase o
faceta dentro del proceso dialéctico de la identidad, pero nunca
como una realidad «diferente» (son categorías de Dussel)112 en
el proceso «ana-léctico» de un intercambio entre iguales, que
abriría un proceso infinito, sin metas prefijadas de antemano por
la racionalidad dominante del Mismo.

________________
110
Cfr. DUSSEL, E., Método para una filosofía de la liberación, o.c. En realidad, aun-
que ha sido Dussel quien más ha utilizado y desarrollado esta categoría, el primero que la
utilizó fue J.C. Scannoe, habiéndola tomado de B. Lakebnnk, aunque con otro significado,
como él mismo lo indica en varios de sus escritos: «Hacia una filosofía a partir de una sa-
biduría popular», en SCANNONE, J.C./ELLACURÍA, I. (Comps.), Para una filosofía desde La-
tinoamérica, Santa Fe de Bogotá, Pontif. Univ. Javeriana, 1992, p. 134, nota 14; SCANNO-
NE, J.C., «Filosofía primera e intersubjetividad», Stromata, 42 (1986), 367-386; p. 380,
nota 18; Id., «La cuestión del método de una filosofía latinoamericana», Stromata, 46
(1990), n.° 1-2, 75-81; p. 80, nota 4.
111
Cfr. MORENO VILLA, M., «Filosofía de la liberación y barbarie del otro», Cuadernos
Salmantinos de Filosofía, XXII (1995), 267-282.
112
Cfr. «Método para una filosofía de la liberación», o.c.

708
c) Lévinas aportaba también una base filosófica para justificar ra-
cionalmente la opción que desde la fe cristiana habían tomado
los teólogos y filósofos de la liberación a favor de la liberación
sociopolítica de los pobres y oprimidos, entendidos tanto en su
dimensión individual como social. Esta base filosófica levina-
siana está conformada por varios aspectos: 1) su crítica a una fi-
losofía puramente teorética, cuyo objetivo básico es la apertura
al Ser, a la pregunta por su sentido (Heidegger), y, por tanto,
centrada en una visión ontológica de la realidad, y la propuesta
de hacer de la ética, de la responsabilidad hacia el otro, el centro de
la filosofía, la filosofía primera; 2) la afirmación de la dignidad
absoluta de la persona, y, desde la experiencia de la «infinitud»
del otro, descubierta en el encuentro cara-a-cara con el rostro del
otro, la urgencia de responder a su demanda de ser respetados
sus derechos, que para Lévinas siempre pasan por delante de los
míos propios (la «curvatura del espacio ético»); 3) desde esta base
filosófica (ética como filosofía primera), cobran importancia y
reciben fundamentación y legitimidad las llamadas de la Biblia
a la defensa y acogida del marginado, expresado en el AT con
las categorías de viuda, huérfano y pobre.
d) Y, por último, la filosofía de Lévinas aportaba a la FL una nueva
vía de acercamiento al problema y a la realidad de Dios desde la
experiencia de la infinitud del Otro. En el otro, en su indigencia
que me interpela a través de su rostro, se me muestra y aparece
el enigma de la infinitud, que constituye la «huella» de la infini-
tud de Dios, mostrada solamente a partir del rostro del ser hu-
mano, sobre todo del pobre y marginado. Pero hay que tener en
cuenta que, aunque la idea de Dios en Lévinas se mueve y ar-
ticula dentro de una calculada ambigüedad y escepticismo, les
servirá a los filósofos de la FL, corregida y libremente interpre-
tada, como apoyo filosófico a la bíblica unidad del amor a Dios
y al prójimo, y como camino privilegiado de la noticia y del en-
cuentro con Dios el rostro, la acogida y la acción liberadora a
favor del otro marginado.

A pesar de todas estas concomitancias con el filósofo judío, su pre-


sencia en la FL de Dussel y Scannone pasará siempre por el tamiz per-
sonal y crítico. Es decir, esta influencia es selectiva y no mimética, to-
mando de Lévinas un marco teórico de referencia que les resulta
sugestivo y fecundo, sobre todo aplicado a la situación Latinoamérica-
na, y dentro de ello una serie de categorías que configuran la filosofía
de Lévinas (el mismo y el otro, totalidad e infinitud, metafísica versus
ontología, ética del rostro versus filosofía del ser, trascendencia frente
a inmanencia, etc.) pero entendidas de modo personal, y sobre todo en-
marcadas dentro de un nuevo sistema filosófico, el que caracterizará la
nueva FL.

2. ETAPAS DEL PENSAMIENTO DE J. C. SCANNONE

Siguiendo los datos que nos aporta su amigo y discípulo Jorge R.


Seibold113, advertimos cuatro etapas en su trayectoria intelectual, hasta
el presente:

a) una primera, de formación, que va de 1949, fecha de su entrada


en los jesuítas, hasta 1967, memento de su regreso a la Argenti-
na, tras sus estudios universitarios en Europa;
b) la segunda etapa es la propiamente de elabaración de la FL, y
abarca de 1967a 1976;
c) la tercera, de 1976 a 1981, constituye un intento de ir más allá
de la FL, hacia la construcción de lo que él llama una «filosofía de
la cultura»;
d) y la cuarta, que se extiende desde 1981 hasta el momento actual,
constituye el corolario lógico de la anterior, y en ella intenta cons-
truir una «filosofía inculturada».

2.1. La etapa de juventud

En su regreso a la Argentina, Scannone se encuentra «con una Igle-


sia que busca actualizar su misión a la luz del Concilio Vaticano II y
que para ello prepara con el Episcopado Latinoamericano la histórica
conferencia episcopal de Medellín en 1968. Allí se explicitaba una agu-
da conciencia del estado de precariedad y dependencia socioeconómica
que vive América Latina»114. Fiel a su realidad histórico-social y reli-
giosa, pone en práctica, como señala Seibold, el principio que orientó a
Blondel, autor sobre el que hizo su tesis doctoral: «vivir en cristiano,
pensando como filósofo». Como fruto de esa fidelidad a su tierra lati-
noamericana, y dispuesto a servirla también desde la óptica filosófica,
Scannone se convierte en uno de los dinamizadores más activos y fruc-
tíferos de un grupo de filósofos jóvenes argentinos, conectado a su vez

_________________
113
Cfr. SEIBOLD, J.R., o.c. en nota 15. El autor señala tres etapas en la trayectoria
de Scannone, considerando la primera como una simple preparación a las siguientes más per-
sonales.
114
SEIBOLD, J.R,,o.c., 196.

710
con otros filósofos del resto de Latinoamérica, empeñados con pensar
la situación latinoamericana desde la óptica de los pobres y de la libe-
ración. Frutos de estos esfuerzos son las Jornadas filosóficas de San
Miguel (entre 1970-1971), las Jornadas de Calamuchita, y el II Congre-
so Nacional de Filosofía, en Alta Gracia, ambos encuentros organiza-
dos en 1971.
En los trabajos que Scannone escribe durante estos años, algunos d
e ellos fruto de sus intervenciones en los encuentros arriba menciona-
dos, se advierte la fuerte presencia de Lévinas, pero asimilado de forma
creativa. «Se trataba, comenta Seibold al respecto, de superar su plan-
teo ético, individual e intimista, por un enfoque que tuviera en cuenta
al "nosotros-ético-histórico" de un pueblo como sujeto liberador»115.
No podemos detenernos en hacer un análisis exhaustivo de
toda la producción escrita por Scannone en estos años, sino de referirnos a los
escritos más representativos y adecuados al tema que nos ocupa. Se-
gún estos criterios, esos escritos son: «Hacia una dialéctica de la libe-
ración. Tarea del pensar practicante en Latinoamérica hoy»"6, «La li-
beración latinoamericana. Ontología del proceso auténticamente
liberador»117, y «Teología de la liberación y praxis popular»118.

2.2. La etapa de Filosofía de la Liberación

De los tres trabajos indicados, el que constituye la mejor síntesis de


su pensamiento filosófico y señala con más claridad la influencia de Lé-
vinas es el segundo, «La liberación latinoamericana». Además las dos
primeras partes del texto son un resumen del artículo de 1971 citado
en primer lugar. La intención de Scannone es hacer un análisis crítico de
la situación latinoamericana y proponer un camino teórico-práctico de sa-
lida. Y todo ello desde las categorías centrales de la filosofía de Lévi-
nas. En este análisis y propuesta se apoya además en la «teoría de la
dependencia», aunque Scannone entiende que hay que considerarla en
plural, puesto que según él existen diversas versiones de la misma.
El diagnóstico de J.C. Scannone apunta a que «el decenio del sesen-
ta se caracterizó por la toma de conciencia en América Latina de nuestra
situación de desarrollo en sus distintos niveles: económico, social, político,

_________________
115
SEIBOLD, J.R., o.c., 198.
116
Stromata, 27 (1971), n.° 1, 23-68.
117
Stromata, 28 (1972), n.a 1-2, 107-150.
118
Salamanca, Sigúeme, 1976. Este libro es una recopilación de ocho trabajos escritos
entre 1971 y 1974 sobre TL y FL. Entre ellos se encuentra el trabajo citado arriba en se-
gundo lugar.

711
cultural, etc. Pero ya en los últimos años de la década pasada, y en los
años que llevamos en la década del setenta, el hecho nuevo es la toma
de conciencia de nuestra dependencia, aun en cuanto a nuestro proyecto
histórico en su globalidad. Lo nuevo está precisamente en que esa toma
de conciencia está determinada por la anterior, es decir, por el nexo
que percibimos entre nuestro subdesarrollo como efecto y nuestra de-
pendencia como causa. Ya no lo consideramos como un estadio atrasa-
do del desarrollo como se vio, v.g. en los países nordatlánticos, como
capitalismo dependiente»119.
El autor es consciente de que existen varias versiones de la «teoría
de la dependencia» de Latinoamérica, y que todas han sido también
criticadas por insuficientes. Pero, independientemente de la validez de
ese paradigma en todas sus diferentes versiones, lo incontestable es el
hecho mismo de la situación de dependencia de Latinoamérica, en to-
dos sus aspectos (desde el económico y político, hasta el cultural y re-
ligioso). La consciencia de este hecho ha configurado, según Scanno-
ne, «un nuevo horizonte de comprensión histórica de nuestro por-ser
latinoamericano en cuanto pueblo»120. Los instrumentos de compren-
sión, desde la óptica filosófica, se los aporta E. Lévinas. Y con ellos
realiza un análisis de los principales proyectos teóricos que sobre Lati-
noamérica se presentan en esos momentos. De ahí que la primera parte
del artículo se detiene en exponerlos y criticarlos. Nos advierte Scan-
none que se trata de una crítica «ontológica», pues «se mueve a nivel
de la comprensión del ser y el tiempo»121 que muestran esas teorías
criticadas, por lo que vemos que las categorías y el influjo de Lévinas
resaltan más claramente.
Los cuatro proyectos son, según Scannone, «el proyecto neocolo-
nialista de la generación liberal», «el desarrollista del eficientismo tec-
nocrático», «los inversivamente subversivos», y «los totalizantes, ins-
pirados en la dialéctica hegeliana y/o marxiana». El primero propone
una copia servil o una adaptación a los países más avanzados, Europa y
USA. El segundo, aunque parte de un proyecto propio de desarrollo
para Latinoamérica, considera como meta a conseguir los parámetros
típicos de la modernidad, basados en la «voluntad de lucro y poderío».
Con lo cual, la consecuencia de este proyecto es seguir con la depen-
dencia y explotación de Latinoamérica. El tercer proyecto persigue,
dada la consciencia de explotación existente en Latinoamérica, subvertir

__________________
119
«La liberación latinoamericana...», o.c., 107-108.
120
Ibídem, 108.
121
Ibídem, 108-109.

712
el orden establecido, pero para poner encima lo que estaba debajo.
Con ello, no se sale de la dinámica del sistema de la modernidad. Scan-
none distingue entre una versión cultural («un indigenismo ingenuo o
un latinoamericanismo agreviso que rechace con una negatividad abs-
tracta todo lo que es europeo y norteamericano») y otra político-militar
(«las actitudes de algunos revolucionarios y guerrilleros latinoameri-
canos que no llegan a superar una concepción del poder y la eficacia
propia de la modernidad. Usan contra el sistema las armas que él mis-
mo forjó, sin transformarlas»)122. Y, por último, el cuarto proyecto
tampoco escapa a los modelos de la modernidad, pues sigue pensando
en «el ámbito de la relación sujeto-objeto», y, por tanto, dentro de la
totalidad cerrada a cualquier trascendencia. Cualquier novedad real
dentro del tiempo histórico está vedada.
Los cuatro modelos/proyectos «cierran la temporalidad a lo nuevo
de la historia, no dejando ser al pueblo latinoamericano en su origina-
riedad»123. Esa cerrazón se debe a que cada uno de ellos absolutiza al-
guno de los tres momentos o dimensiones de la temporalidad. El neo-
colonialismo y el desarrollismo absolutizan el pasado. El primero,
«por temor a todo cambio»; y el segundo, «por temor a todo cambio
cualitativo». En cambio, los proyectos revolucionarios absolutizan el
futuro, o su propia idea de futuro, ya que «la pone a los otros y la im-
pone, sin exponerla a la imprevisibilidad del diálogo». Y el cuarto
proyecto «se ubica en la relación de mediación o paso dialéctico entre
pasado y futuro. Pero absolutiza la mediación misma, es decir, se
cierra a la genuina novedad absolutizando, en el fondo, el presente».
Aunque Scannone aclara que no se trata del «presente dado», sino
«del presente de la totalidad dialéctica». Pero todos ellos tienen en
común que «se cierran (...) a la alteridad y novedad históricas del
pueblo latinoamericano»124.
Similar a esta deficiente comprensión del tiempo, se da una inade-
cuada comprensión del Ser, entendido «como sustancia o como sujeto,
hipokeimenon», cuyos rasgos son identidad, necesidad, inteligibilidad y
eternidad, negando con ello la diferencia (la negatividad), la gratuidad,
el misterio y la novedad histórica. En definitiva, tal comprensión del ser
«no hace posible el respeto a la diferencia y a la alteridad del pueblo la-
tinoamericano»125. Y con ello, estos proyectos no sólo constituyen una

_________________
122
Ibídem, 112-113.
123
Ibídem, 118.
124
Cfr. ibídem, p. 118. Todos los subrayados son de Scannone.
125
Ibídem, pp. 118-119.

713
falsa apreciación de la realidad, sino que funcionan como «instrumento
ideológico de opresión»126.
Como contrapartida, Scannone nos presenta a continuación lo que
denomina «la estructura ontológica del proceso auténticamente libera-
dor». Se trata de romper la relación de dominación en la que se halla el
pueblo latinoamericano y los pueblos tercermundistas, en general. Por
tanto, la superación de la dialéctica de la totalidad dominadora sólo se
logrará desde lo que llama Scannone (y también Dussel) el método
analéctico, consistente en una dialéctica abierta, en la que su movi-
miento no queda de antemano encerrado en una estructura prefijada,
cuyo futuro está marcado de antemano, aunque todavía no ha tenido su
cumplimiento en el presente, sino que apunta a un futuro abierto, desde
el respeto al otro, como dialogante e interlocutor. Por tanto, esta deter-
minación abierta no se concibe sólo en términos de negación, o de «ne-
gación de la negación», sino por «la negación de la relación misma de
negación». Se trata de lo que Lévinas llama «relación sin relación»
(esto es, aquélla que no se encierra en una totalidad, ni siquiera de tipo
dialéctico), aunque, como precisa Scannone, «él (Lévinas) no la piensa
analécticamente»127.
Esta relación o dinámica analéctica se configura en el respeto total
y absoluto al otro, especialmente al otro marginado, el «pobre», cuya
otredad y exterioridad indigente la advertimos en el «rostro». Y es ahí,
en el «rostro del pueblo latinoamericano oprimido, en el rostro del po-
bre, donde irrumpe el futuro, el sentido nuevo de la historia, el por-ser
nuestro latinoamericano»128. Precisa Scannone que el contenido que da
a la categoría de «pobre», amplía la intuición de Lévinas, en la medida
en que para Scannone tiene dos significados: pobre es cualquier perso-
na, en cuantro otro, dado que «la persona como persona es pobre»;
pero, sobre todo, pobre hace referencia al oprimido, sea individuo o
pueblo. «Ellos son como el signo, dice Scannone, donde la alteridad de
la persona se muestra más en su desnudez»129.
Pero el problema clave que Scannone se plantea a continuación con
claridad es cómo romper y superar esta relación de dominio entre el
praderoso y el pobre, teniendo en cuenta que no se trata de un simple
dar vuelta a la situación de opresión, sino de romper la propia relación
opresora. Para ello, Scannone introduce la categoría de tercero. Pero es

__________________
125
Ibídem, p. 119.
127
Ibídem, p. 121.
128
Ibídem, 121.
129
Ibídem, 122.

714
importante advertir que, aunque esta categoría nos remite a Lévinas, el
modo como la entiende Scannone no tiene nada que ver con Lévinas.
Es más, Scannone no parece advertir la diferencia ni parece además im-
portarle130.
Hemos advertido claramente que para que se rompa la relación
opresora, hay que dejar ser al otro, al otro oprimido. Pero el opresor no
está por esa labor, sino que su interés se centra en mantener su situa-
ción de privilegio, aunque le despersonalice. Sólo el tercero, según
Scannone, puede romper ese círculo opresor. Ahora bien, el tercero no
es una figura angélica, nos advierte Scannone, sino «el oprimido que
antes no tenía conciencia de la opresión, en cuanto se deja cuestionar
por la opresión de su pueblo, que comparte. Y es también el opresor en
cuanto que, dejándose cuestionar, toma conciencia de la opresión y se
pone de parte del oprimido»131. Por tanto, se entiende por tercero a
todo aquel que tomando «conciencia» de la relación opresora, sea opre-
sor u oprimido, y se apresta a superarla desde la instancia de una nueva
relación ético-política de igualdad y respeto.
Aquí se entiende que, para Scannone, la dialéctica o relación fun-
damental en que está conformada la vida y la realidad del hombre, no
es la de «hombre-naturaleza» (así el marxismo), en la que lo econó-
mico es el factor determinante, sino la relación «hombre-hombre», me-
diada por la naturaleza, y en la que lo determinante es el ámbito social
y político.
El tercero realiza la función de mediador. Pero no cumple tal fun-
ción desde fuera, sino desde dentro, cuestionado por la relación opreso-
ra, y, desde la opción por el oprimido, lucha por la liberación de todos,
del oprimido y del opresor. Por tanto, los diversos terceros que van to-
mando conciencia y pasando a la acción liberadora, forman, según
Scannone, como un «resto» (resonancia bíblica), que se convierte en la
avanzadilla práctica de la liberación. Y de ese modo representan «el en-
tre que se da entre quien pretende serlo todo (el opresor) y aquél a
quien se intenta reducir a nada (el oprimido), a saber, entre el ente en y
como totalidad (todo ente) y la nada»132. O dicho en categorías tempó-
reas: el tercero es «el ente que se da entre aquél que intenta que el pasado

________________
130
La razón de ello quizás estribe en que esta categoría de «tercero» sólo es relevan-
te en el segundo Lévinas, no presente en la base de la FL en este momento. Con todo,
Dussel, en su artículo de estas primeras jornadas de San Miguel dice claramente que no
está de acuerdo con este concepto de tercero de Scannone, y que no coincide con lo que
dice Lévinas.
131
Ibídem,p. 123.
132
Ibídem, p. 124.

715
absorba al futuro, para que no haya cambio del status quo ni novedad,
y aquél que pretende que el futuro que él proyecta e imagina absorba al
pasado, invirtiendo meramente la relación»133. Traducido desde el or-
den de las relaciones sociales, la labor del tercero se encamina a «ins-
taurar al nosotros (yo, tú, él)»134; y no sólo en el ámbito de las relacio-
nes interpersonales y microsociales, sino también en el nivel de la
dimensión estructural, macrosocial. Por tanto, el tercero es quien cons-
truye un futuro auténtico, abierto a la auténtica y radical novedad.
Pero este «juego analéctico» no olvida que sólo se avanza asumien-
do y sacando a flote los conflictos reales, explícitos o latentes. De ahí
que este diálogo analéctico (o «ana-dia-léctica», que dirá luego Dussel)
es un «logos» o un decir que es eficaz, praxis, tal y como lo expresa
el dabar hebreo (palabra que realiza lo que anuncia). Ello implica «el
paso por la situación límite», es decir, la asunción real y eficaz de la
negatividad. Pero Scannone se desmarca de nuevo de la dialéctica he-
geliana y marxiana, puesto que ambos planteamientos no se desprenden
de un discurso y esquema de totalidad. Se trata, pues, de superar cuali-
tativamente a tal dialéctica «por la muerte a y de la voluntad de lucro y
poderío, constitutivo ontológico de la modernidad». De este modo,
piensa Scannone, la transformación analéctica que se propone, «no re-
sulta del mero no a la alienación, sino de la irrupción de trascendencia
que éste deja ser, al liberar la originalidad creadora del pueblo latinoa-
mericano en su alteridad y novedad»135.
Scannone propone a continuación las bases de su proceso analécti-
co, liberador, en el que «la liberación de cada uno de sus miembros
pasa por la angustia de la muerte, la obediencia (ob-audientia) y el tra-
bajo»136. En la tercera parte del trabajo, Scannone dibuja los pasos con-
cretos del proceso de liberación. En la medida en que en las dos partes
iniciales se ha movido con un esquema en que se correlacionaban el or-
den del ser, del tiempo y de las relaciones sociales, en esta tercera con-
tinúa con similar estructura. La estructura dialéctica que propone, abar-
ca tres momentos que confirman una «estructura ontológica de una
única mediación tridimensional», pero que se desmembra en tres mo-
mentos:

1. Primera relación dialéctica: oprimido-tercero, tercero-oprimido.


En ella, en un primer momento, el tercero se deja cuestionar por

_________________
133
Ibídem, 124.
134
Ibídem, 125.
135
Ibídem, 129.
136
Ibídem, 129.

716
el rostro del pobre y oprimido, y esa llamada pro-voca una res-
puesta responsable y eficaz de cara a suscitar un futuro abierto.
Y, en un segundo momento, el tercero concientiza al oprimido
para que asuma su situación. Es la puesta en práctica de una
educación liberadora.
2. Segunda relación dialéctica: tercero-opresor, opresor-tercero.
Frente al opresor, la función del tercero consiste en ejercitar
una denuncia profética ante la violencia que el opresor mantie-
ne sobre el oprimido, y la voluntad de lucro y poderío que le
mantiene a él mismo alienado. Pero el opresor defenderá su si-
tuación de privilegio y responderá reprimiendo las acciones li-
beradoras del tercero y su pedagogía liberadora respecto al
oprimido.
3. Tercera relación dialéctica: oprimido-opresor, opresor-oprimido.
Es el momento en que transparece a las claras la situación de
violencia y opresión. Pero el oprimido ha dejado de ser pasivo y
des-concienciado, para pasar a ser sujeto de su propia libera-
ción, con la ayuda del tercero. Y en esta lucha liberadora, no
sólo se libera él, sino que «su lucha por la emancipación tiene la
chance de ser liberadora para todos»137. Ahora bien, este proceso
liberador no consiste, como quiere dejar claro Scannone, en un
simple dar la vuelta a la relación opresora, sino en superar cuali-
tativamente la propia relación; esto es, hacer que el oprimido
deje de serlo, pero también el opresor.

Todo esto es utópico, pero ello no quiere decir imposible. De todos


modos, es el camino para que el hombre y los pueblos lleguen a conse-
guir su auténtica condición. Por tanto, para Scannone la figura del ter-
cero es el instrumento clave de mediación en la lucha liberadora de
hombres y pueblos. El tercero, tras dejarse interpelar por el dolor de su
pueblo, tiene que promover, a continuación, el proceso de educación li-
beradora conducente al logro de la liberación total. Como consecuencia
de este proceso de liberación «irá surgiendo del pueblo mismo latinoa-
mericano el auténtico proyecto nacional que dé cabida a su novedad
histórica y a la alteridad de su ser, señalándole su misión propia en la
historia»138.
Queda claro, por tanto, que para Scannone el auténtico sujeto de la
liberación tiene que ser el pueblo latinoamericano. El tercero será, por
muy importante que se considere su misión, sólo un mediador y

_________________
137
Ibídem, p. 145.
138
Ibídem, 150.

717
educador del pueblo139. Y del mismo modo, también se considera se
cundario respecto al discurso populista el análisis marxista, basado en
la lucha de clases, por su supuesto reduccionismo económico, y por no
conseguir romper el esquema mismo de la dialéctica de la totalidad. De
ahí que sitúa al marxismo entre los proyectos insuficientes para la libe-
ración latinoamericana, como uno de los considerados «proyectos tota-
lizantes», al igual que el de Hegel140.
Ya nos había indicado Scannone que su análisis se iba a mantener
en un nivel ontológico; en terminología ricoeuriana, se ha movido en el
ámbito de la «vía corta». A instancias de Carlos Cullen se fue adentran-
do en años posteriores en un tipo de «vía larga», consistente en mediar
sus análisis con el estudio de la cultura popular latinoamericana, desde
la óptica de la hermenéutica histórico-cultural simbólica. Con esta
orientación Scannone se adentrará en la etapa en que, como ya dijimos,
J.R. Seibold denomina etapa de la «filosofía de la cultura»141. En ella
no se aleja de los enfoques de la etapa anterior de la FL, sino que trata
de concretarlos y de mediarlos a través de un acercamiento al pensar y
hacer cultural del pueblo, que para él es el único sujeto de su liberación
y de la liberación total. En el desarrollo del pensamiento de esta época,
el trabajo que marca su culminación (la ponencia pronunciada en París,
en el marco del diálogo entre pensadores latinoamericanos y euro-
peos)142, tendrá ocasión de dialogar y de intercambiar puntos de vista
discrepantes con el propio Lévinas.

2.3. Etapa de la filosofía inculturada

Esta etapa se extiende de 1976 a 1981, coincidiendo su término con


el encuentro de París, patrocinado por la Fundación Thyssen143. Su
evolución filosófica se orienta hacia lo que llama, con P. Ricoeur, la

_______________
139
En otros trabajos, en concreto en «Hacia una dialéctica de la liberación. Tarea del pen-
sar practicante en Latinoamérica hoy», Stromata, 27 (1971), n.° 1, 23-60; pp. 54 y ss., Scan-
none considera que el tercero, en LA, estaría personificado en el intelectual, aunque no de
modo exclusivo. Así lo entiende también E. DUSSEL en «Crisis de la Iglesia latinoamericana
y situación del pensador cristiano en Argentina», Stromata, 26 (1970), pp. 277-336.
140
Es por esta insistencia en lo popular por lo que H. Cerutti (cfr. o.c.) sitúa a Scanno-
ne y a Dussel en la corriente que denomina «populismo ingenuo», y más tarde «populismo
de la ambigüedad abstracta».
141
Cfr. SEIBOLD, J.R., o.c., p. 197-198. Cfr. también SCANNONE, J.C., «Un nuevo punto
de partida en la filosofía latinoamericana», Stromata, 36 (1980), n.° 1-2, 25-47.
142
Cfr. SCANNONE, J.C. (Ed.), Sabiduría popular, Símbolo y Filosofía, Buenos Aires,
Ed. Guadalupe, 1984. La intervención de Scannone se titula «Sabiduría popular y pensa-
miento especulativo», pp. 51-74.
143
Cfr. SEIBOLD, J.R., o.c., p. 199.

718
vía larga» de mediación de su reflexión ontológica o metafísica a tra-
vés de la hermenéutica de la cultura popular latinoamericana. En esta
época, las influencias de Cullen y Kusch son determinantes. Del prime-
ro toma la orientación hacia esta «vía larga», y del segundo toma la ca-
tegoría de «estar», presentada en su América profunda. Sus nuevos
planteamientos los presenta en su ponencia parisina, «Sabiduría popu-
lar y pensamiento especulativo»144.
Scannone sitúa el estar como categoría o dimensión metafísica
fundamental, en contraste al ser, perteneciente al horizonte griego, y
al acontecer, del horizonte bíblico. El horizonte del estar agrega, se-
gún nuestro autor, arraigo y pertenencia, dimensiones previas al dis-
tanciamiento reflexivo y ético que implican los dos horizontes del ser
y del acontecer, con cuya síntesis se ha ido conformando la tradición
filosófica occidental. Pero el horizonte del estar se configura como
una realidad difícil de expresar en categorías conceptuales y éticas,
explicitándose más bien como realidad simbólica. Y en esta explici-
tación de lo simbólico, confronta Scannone su pensamiento con P. Ri-
coeur, al igual que con Lévinas, en la medida en que el horizonte del
estar, aunque se expresa simbólicamente, tiene también referencia ne-
cesaria tanto al horizonte conceptual del ser, como al horizonte ético
del acontecer.
Scannone sigue a C. Cullen y su Fenomenología de la crisis mo-
145
ral a la hora de configurar la experiencia que supone la sabiduría po-
pular, como un «movimiento de mediación cuyo sujeto ético-religioso
es el nosotros (el "nosotros-pueblo"), mediación que se da entre el tras-
semántico de arraigo, simbolizado por la tierra en que el noso-
tros está, y, por otro lado, la sabiduría de ese "nosotros-pueblo", cuya
lógica o sintáctica, aunque es universal, se mueve en el elemento sin-
gular del símbolo»146. Con ello se puede entender que «el núcleo de la
cultura de un pueblo (que se dice en símbolos) sea no sólo mítico y éti-
co, sino también sapiencial (lógico) y, por tanto, de valor universal,
aunque geo-culturalmente y éticamente situado»147.
En esta ponencia, el diálogo crítico con Lévinas le surge a Scanno-
ne en dos momentos: a la hora de configurar la dimensión ética y con-
jugarla con el estar arraigado en la tierra del «nosotros-pueblo», y
posteriormente cuando dibuje, en la tercera parte de su trabajo, la rela-
ción entre religión y lenguaje.

________________
144
Cfr. SCANNONE, J.C. (Ed.), Sabiduría popular, símbolo y filosofía, o.c., 51-72.
145
Buenos Aires, S. Antonio de Padua, 1978.
146
SCANNONE, J.C., Sabiburíapopular'y pensamiento especulativo, o.c., 61.
147
Ibídem, 62.

719
Empecemos por el primer aspecto. Las distancias que marca res-
pecto a Lévinas se debe a varios aspectos. El primero se debe a la con-
cepción excesivamente individualista de «la relación sin relación del
cara-a-cara y su trascendencia ética» (Lévinas). La dimensión ética y
sus pretensiones de plantear desde ahí (ética como filosofía primera) el
problema metafísico desde una nueva perspectiva, resulta pertinente y
suficiente para Scannone «dentro de la dimensión del nosotros y en su
referencia intrínseca tanto al estar como al ser»148. Pero, para ello, hace
falta no hipostasiar al nosotros en una categoría colectivista, sino de-
fendiendo dentro de él la irreductibilidad de cada persona y, por tanto,
la irreductibilidad de las relaciones éticas del «yo-tú-él» (del «noso-
tros-vosotros-ellos»; y del «nosotros-El»)149. De este modo, se configu-
ra mejor el ámbito de lo ético, sin perder la condición de la alteridad
del otro y su trascendencia; al igual que la trascendencia del Infinito.
De este modo, es posible, según Scannone (frente al planteamiento
de Lévinas), «pensar la mediación de la instancia ética con el estar, y
así descubrir tanto una dimensión religiosa irreductible a la mera ética,
como una dimensión ético-cultural, ético-política y ético-institucional
irreductible a la mera moralidad (dimensión que es base de todas las ul-
teriores mediaciones ónticas y políticas)»150. Por tanto, la crítica de
Scannone se dirige a la insuficiente distinción de Lévinas entre la ética
y la trascendencia de Dios, así como entre la ética y sus concreciones o
mediaciones sociales y políticas. Es decir, coincidiendo con Lévinas en
la centralidad de la ética, discrepa en el tipo de fundamentalidad y en su
articulación con otros momentos trascendentales de la realidad, como
son el ámbito ontológico, teológico, el logos simbólico de la sabiduría
popular o de arraigo en el estar, y el socio-político.
Estas distancias críticas se repiten y completan al hablar Scanno-
ne de la relación entre religión y lenguaje, en la parte final de su ex-
posición. En este aspecto, los interlocutores con quienes se confronta
y de los que también se separa son Ricoeur y Lévinas. En el lenguaje
sobre Dios, Lévinas, desde su anclaje en la tradición judía véterotes-
tamentaria, insite siempre en el Dios totalmente otro, y en la imposi-
bilidad de hablar sobre El151. Incluso no acepta la teología negativa
_______________________
148
Ibídem, 66.
149
Cfr. Ibídem, 66.
150
Ibídem, 66.
151
Cfr. LÉVINAS, E., Totalidad e infinito, o.c.; Id., De otro modo que ser o más allá de
la esencia, Salamanca, Sigúeme, 1987 (trad. de A. Pintor-Ramos); e Id., De Dios que viene
a la idea, Madrid, Caparros Editores, 1995 (trad. de G. González R.-Arnaiz y J.M. Ayuso
Diez).

720
como tal152. Todo ello es consecuencia de una concepción equívoca
del ser, sin admitir ningún tipo de analogía entis. Tanto Scannone,
como también Dussel, según veremos más adelante, se distancian en
esto claramente de Lévinas, apoyados en la tradición cristiana de par-
tir del dato de la encarnación y defender la posibilidad analógica de
construir algún tipo de lenguaje sobre Dios y la trascendencia. Por
eso, «el logos especulativo que piensa a Dios, afirma Scannone, des-
de la sabiduría popular no es absoluto, sino pobre. Es pobre porque es
contingente al necesitar (en cuanto saber) doblemente al Absoluto
(que lo trasciende por arriba y por abajo) y al necesitar también del
«nosotros que está en la tierra» tanto para su arraigo geocultural
como para la efectividad de su trascendencia ética. Pero, aunque po-
bre, es logos, es decir, inteligible, idéntico y universal, y, por consi-
guiente, analógicamente predicable del Absoluto en forma afirmativa
y propia»153.
Por tanto, sin la mediación ética del reconocimiento del otro, no es
posible una apertura válida a la trascendencia de Dios. Pero no puede
decirse que el conocimiento de Dios se reduzca a la eticidad. A diferen-
cia, pues, del planteamiento de Lévinas, para quien los conceptos teo-
lógicos «son cuadros vacíos y formales sin su significación sacada de
la ética», para Sacannone, «sin las relaciones éticas los conceptos teo-
lógicos no son meros conceptos vacíos, pero su contenido (...) en con-
creto se pervierte en cosificante y hasta idolátrico, si no se convierte
éticamente...»154.
La fórmula conclusiva que Scannone propone es una «relectura tri-
dimensional de la analogía». Relectura de la afirmación, negación y
«eminentia» de la analogía de los escolásticos, acompañado por el «mo-
vimiento ético de trascendencia, alteridad y libertad. Y para ser pleno y
rico de connotaciones hermenéuticas, dicho movimiento debe así mismo
intercruzarse con el dinamismo propio de la significación simbólica»155.
En el diálogo posterior a la ponencia, Lévinas intervino varias veces, en
un tono incisivo y esclarecedor. Sus preguntas a Scannone reflejan sus
presupuestos filosóficos, claramente distintos a los del filósofo argenti-
no. Deduce el filósofo judío que Scannone ha construido todo su argu-
mentación filosófica sobre las bases de la preeminencia de la libertad y
de la justicia, y, por tanto, apoyado en una concepción de la persona

________________
152
Cfr. AGUILAR LÓPEZ, J. M. , Trascendencia y alteridad. Estudio sobre E. Lévinas,
Pamplona, EUNSA, 1992, pp. 271 y ss.
153
SCANNONE, J.C., ídem, 70.
154
Ibídem, 72.
155
Ibídem, 72.

721
como el sujeto autónomo de la modernidad. Advierte, por tanto, Lévinas
que lo que separa su pensamiento del de Scannone es el diferente modo
de entender conceptos tan centrales como libertad, justicia, ética, unici-
dad del individuo,... Al mismo tiempo que pregunta a Scannone sobre
cómo entiende estos conceptos, vuelve a dejar sentada su propia postu-
ra, ya presentada nuclearmente en Totalidaad e infinito, pero madurada
y ahondada en De otro modo que ser o más allá de la esencia.
De todos modos, considero que, aunque en este diálogo vuelven de
nuevo a plantearse las diferencias entre ambos pensadores, se tiene la
impresión de que se ha perdido una ocasión para explicitar y ahondar
en estas diferencias. Scannone afirma que el talante radicalmente ético
coincide con el de Lévinas, señalando que «la lectura de "Totalité et
Inifini" fue decisiva para remarcar lo ético en mi pensamiento, muy
en especial el cara-a-cara como una relación asimétrica, según el cual el
otro se encuentra por encima y yo más abajo»156. No considera Scanno-
ne que haya más diferencia que la reorientación socializante desde el
«nosotros» con la que configura él el encuentro del cara-a-cara más in-
dividualista en Lévinas157.
Pero la ruptura o separación que establecen ambos pensadores entre
este encuentro primordial del cara-a-cara y el ámbito de la libertad, jus-
ticia, autonomía, unicidad del individuo, etc., es radicalmente diferen-
te. Mientras Lévinas, sobre todo en De otro modo que ser...158, entien-
de que hay una ruptura total entre el nivel del cara-a-cara, por un lado,
y el ámbito de la justicia, lo político institucional, y de la ontología (del
pensamiento temático), de la autonomía, la libertad y la unicidad del in-
didividuo, por otro (entre ambos niveles hay una ruptura o diacronía
del tiempo, situándose el primer nivel en un «pasado inmemorial», al
igual que una ruptura metafísica apoyada en una equivocidad óntica y
ontológica)159, Scannone está apoyando su filosofía en una renovada
concepción de la «analogía entis» que utiliza los mismos conceptos
pero con contenidos semánticos notoriamente diferentes.
En Lévinas, como él mismo insiste en el diálogo parisino, lo que cons-
tituye al individuo en su unicidad e irrepetibilidad es la responsabilidad

_______________
156
SCANNONE, J.C., o.c.,p. 78.
157
Así, Scannone afirma que «mi propósito consiste en que el «Nosotros» sea pensado
desde la experiencia ética del cara-a-cara, y desde la disimetría y trascendencia éticas»
(ídem, 78).
158
De ahí que el mismo Lévinas le puntualice: «Usted habló de "Totalité et Infini". Yo
me refiero ahora a "Autrement qu'étre"» (p. 78).
159
Cfr. LÉVINAS, E., De otro modo que ser..., o.c.; Id., Etica e Infinito, Madrid, Visor,
1991.

722
ética hacia el otro. No es mi propia naturaleza, o cualquier elemento de
mi propia condición autónoma (al estilo de la ontología occidental,
de tradición griega), lo que me configura como yo y constituye la base de
mi individuación, sino la imposibilidad de que nadie me puede sustituir
en la responsabilidad para con el otro. De ahí que mi autonomía queda
vaciada y «sustituida» (el concepto de «sustitución» es clave en la an-
tropología de Lévinas)160 por el otro. Para Lévinas, por tanto, yo soy
«el otro en mí». Los demás aspectos antropológicos son subordinados y
posteriores (no sólo cronológicamente sino metafísica y antropológica-
mente) a este primer nivel, que constituye la estructura fundamental
del yo. Y este momento primigenio es el que justifica que los derechos del
otro pasen por delante de los míos, y yo me configure como rehén del otro,
cargado con una deuda que nunca podré pagar del todo, y que me con-
figura con una mala conciencia permanente. El nivel de la justicia, de
la democracia y de la igualdad de trato en el ámbito de lo social y polí-
tico viene después, como consecuencia de la apación del tercero161.
Porque para Lévinas está meridianamente claro que, como le señala a
Scannone, repitiendo lo que afirma en sus escritos más representativos
de su segunda época, «si en el mundo sólo estuviéramos de dos, no
existiría justicia, aunque quedaría comprometido con el otro. Pero en
realidad somos tres o más»162.
La clave de la discrepancia está, como ya lo hemos indicado en pá-
ginas anteriores, en las diferentes tradiciones en que cada filósofo se
apoya: Lévinas en la judía vétero-testamentaria, y Scannone en la gre-
co-cristiana. Lévinas parte de una concepción radicalizada de la alteri-
dad y trascendencia, que tomada de Dios como Infinito, la traslada des-
pués a cada infinito humano. Ello le lleva a sustentar y defender una
concepción quasi equívoca del ser y del contenido antropológico de
cada persona humana. En cambio, Scannone asume la analogía de los
entes, por la que la trascendencia y la alteridad se complementan dia-
lécticamente (analécticamente) con la inmanencia, que conlleva la po-
sibilidad de hablar de Dios (aunque con la corrección de la negación y
la aplicación de la «eminentia») y del otro humano. Este diferente pun-
to de partida filosófico hace que Scannone plantee la autonomía del in-
dividuo, y, por tanto, su noción de libertad y de responsabilidad ética,
desde otras coordenadas, como parece indicar su respuesta a Lévinas:

__________________
160
Cfr. AGUILAR LÓPEZ, J. M., o.c., pp. 185 y ss.
161
Ya hemos visto con antelación la diferente forma de entender esta categoría en am-
bos filósofos. Cfr. para esta categoría: LÉVINAS, E., «La gloria del testimonio», en Etica e
Infinito, o.c., pp. 97-115; e Id., De otro modo que ser..., o.c.
162
Cfr. SCANNONE, J.D. (ed.), Sabiduría popular, símbolo y filosofía, o.c., p. 78.

723
«Yo diría que el otro (y en última instancia, el Otro: Dios) me libera
para la libertad mediante la interpelación ética»163. Aunque no queda
explícito, parece que quiere afirmar que el contenido metafísico del yo
no queda tan «sustituido» por el otro (ni siquiera sustituido por el Otro.
Dios) sino urgido y empujado a la responsabilidad libre, desde el en-
cuentro interpelante del cara-a-cara.
Pienso que este tema de discrepancia tan radical en las bases antro-
pológicas que configuran al yo, y a cada individuo, no es aludida por
Scannone suficientemente. Como tampoco los presupuestos cosmovi-
sionales a que antes hemos hecho referencia y de los que ello es deu-
dor. Quizá la razón está en que para Scannone, al igual que para Dus-
sel, el impacto de Lévinas se centró sobre todo en lo que podríamos
llamar el primer Lévinas, el de Totalidad e infinito, y en menor medida
le han seguido en la segunda época, con De otro modo que ser..., don-
de profundiza y aclara categorías y conceptos que sólo quedaban apun-
tados en su libro anterior.

2.4. Una filosofía de la cultura y de las instituciones

Esta etapa daría comienzo aproximadamente tras el simposio de Pa-


rís. Tras él, y ya iniciado con la etapa anterior, Scannone se orienta a
construir una filosofía de la liberación que se mide y concrete con las
culturas del pueblo latinoamericano. Y junto a esa línea, aparece tam-
bién un interés renovado por dialogar con la filosofía de la «racionali-
dad comunicativa» de J. Habermas y K.O. Apel, que configuran, sobre
todo el segundo, una ética de la «responsabilidad solidaria»164. En estos
últimos años, Scannone ha escrito varios trabajos sobre la ética comu-
nicativa y la fundamentación de las instituciones.

2.4.1. Filosofía de la cultura

Junto a la profundización en una filosofía inculturada, que sigue y


ahonda la mediación a través de la ya señalada «vía larga» de interpre-
tar la sabiduría popular como lugar hermenéutico, Scannone se ha ido
orientando a recoger en ese empeño los aportes de la teoría de la racio-
nalidad comunicativa de J. Habermas y Apel, especialmente de este úl-
timo. El detonante o punto suscitador parece ser lo constituye la ponencia
de M. Olivetti («El problema de la comunidad ética») en el ya mencio-

___________________
163
Ibídem, p. 78.
164
Cfr. HABERMAS, J., Teoría de la acción comunicativa, Madrid, Taurus, dos vols.,
1987; APEL, K.-O,, La transformación de la filosofía, Madrid, Taurus, dos vols., 1985.

724
nado simposio de París de 1981165. En ella, Olivetti establece una es-
trecha, aunque crítica, relación entre Lévinas y Apel. A raíz de esa
sugerencia iluminadora, Scannone escribirá varios trabajos sobre Apel,
relacionando el «apriori de la comunidad de comunicación» (punto
de arranque de Apel) con el «nosotros-ético-histórico» (la propuesta de
J.C. Scannone).
Estos trabajos de diálogo con Apel166 se completan con una am-
pliación de su reflexión hacia la «filosofía de las instituciones»167,
donde el pensamiento de Lévinas sigue siendo un referente básico e
insustituible, como tendremos ocasión de ir viendo. Tras centrase la fi-
losofía, en sus inicios griegos y medievales, en la pregunta por el ser,
y en la modernidad, en la pregunta por el sujeto o conciencia, la filo-
sofía actual está situándose en el horizonte de la lingüística (el llama-
do «giro lingüístico» o «linguistic turn»), recogiendo sintéticamente
desde su orientación o «giro pragmático», las preguntas anteriores por
el ser y el sujeto. Para esta forma de pensar, el nivel trascendental de la
realidad está constituido por el llamado por Apel «apriori de la co-
munidad de comunicación»168, o por J. Habermas, la estructura de la
«acción comunicativa»169.
A Scannone este horizonte le resulta valioso y pertinente, pero a su
vez insuficiente, y trata de recomponerlo y superarlo desde el aporte de
Lévinas y de su propia propuesta del «nosotros ético-histórico», como
ya hemos señalado. Lo que le acerca a Apel (su dialogante más explíci-
to, en detrimento de Habermas) es el planteamiento de la búsqueda de
la verdad teórico-práctica en un horizonte de diálogo simétrico, que
puede referirse tanto a individuos como a colectivos culturales y étni-
cos. Y esta comunicación es normada éticamente. Pero el planteamien-
to apeliano no es, a juicio de Scannone, suficientemente radical, como
se advierte si tenemos en cuenta la concepción de la ética que nos apor-
ta Lévinas, desde la irreductibilidad del otro. Lévinas nos advierte que
en la relación con el otro, en el encuentro originario del cara-a-cara.

________________
165
Cfr. SCANNONE, J.C. (Ed.), Sabiduría popular, símbolo y filosofía,o.c., 209-221.
166
«Filosofía primera e interpersonalidad. El apriori de la comunidad de comunicación
y el nosotros ético-histórico», Síromata, 42 (1986), 367-386; «Racionalidad ética, comuni-
dad de comunicación y alteridad», Stromata, 43 (1987), n.° 3-4, 393-397. Además de en
estos trabajos, el pensamiento de Apel y Habermas se convierte, a partir de ahora, en unos
de los referentes filosóficos permanentes de J.C. Scannone.
167
«Institución, Libertad, Gratuidad», Stromata, 49 (1993), n.° 3-4, 239-252; «Aportes
filosóficos para una Teoría y Práctica de unas Instituciones Justas», Stromata, 50 (1994),
n.°3-4, 157-173.
168
Cfr. APEL, K.-O., La transformación de la filosofía, 2 vols., Madrid, Taurus, 1985.
169
Cfr. HABERMAS, J., Teoría de la acción comunicativa, 2 vols., Madrid, Taurus, 1987.

725
como «relación sin relación», no se da simetría sino primacía del otro
(«curvatura del espacio ético»), lo que supone una superación y des-
trucción desde dentro del planteamiento trascendental de Apel.
La propuesta del «nosotros ético-histórico» que Scannone nos pre-
senta, tiene que evitar una concepción del nosotros que se asemeje a
una totalización que olvide la trascendencia e irrepetibilidad del otro. Y
ello se consigue entendiendo tal «nos-otros» como un colectivo en el
que se da «una relación sin relativización»170, además de entenderlo
también desde la «perspectiva histórica y cultural»171. Estos dos aspec-
tos le permiten superar a Apel, sobrepasando a Lévinas después, desde
las concreciones histórico-culturales de la situación latinoamericana.
La insuficiencia del planteamiento apeliano se halla en la dialéctica
que su teoría establece entre el nivel trascendental (comunidad ideal de
comunicación) y el empírico (la comunidad real fáctica). Para Apel,
tanto el nivel trascendental como el empírico tienen el peligro de en-
tenderse demasiado apriori y estructurados por lógicas al margen de la
libertad concreta e histórica de los interlocutores. Las relaciones inter-
personales concretas, si las vemos desde el análisis del encuentro cara-
a-cara de Lévinas, constituidas por su radical novedad e imprevisibili-
dad de la escucha del otro, no pueden ser nunca deducidas a priori,
sino, a lo más, a posteriori, es decir, «en la historia de la interacción
contingente y libre»172. Esta es la crítica o superación de Apel desde
Lévinas.
Pero, además, ese diálogo interpersonal es también intercultural, y,
por tanto, tiene que respetar también «las diferencias histórico-cultura-
les y sociomateriales implicadas por el carácter empírico de la misma
comunidad en cuanto "histórica", sin sobreasumirlas y sin abstraer ade-
cuadamente de ellas»173. Y aquí es donde de nuevo hay que echar mano
de la analogía, que piensa la unidad en la diferencia174. Sólo desde un
colectivo histórico concreto, estudiado en su facticidad cultural, será le-
gítimo ascender o ahondar hacia una trascendentalidad y universalidad
correcta. Sólo así, piensa Scannone, «es posible reinterpretar la dialéc-
tica que Apel coloca más allá del idealismo y del materialismo, como
una dialéctica (mejor, "analéctica") cuyo principio no es meramente

______________
170
SCANNONE, J.C., «Filosofía primera e intersubjetividad», o.c., 373.
171
Ibídem, p. 372-373.
172
Ibídem, 378.
173
Ibídem, 379.
174
Las concreciones histórico-culturales de lo latinoamericano las vuelve de nuevo a
plantear con mayor profundización en otros trabajos de estos años, como «Sabiduría, filo-
sofía e inculturación», Stromata, 38 (1982), 317-323.

726
ideal o puramente futuro, sino que realmente está en y más allá de la
realidad empírica, dándose actualmente en ella "ya sí, pero todavía
no"»175. Así, pues, desde una mayor concreción histórica de la dimen-
sión real o fáctica de la comunidad de comunicación, Scannone sobre-
pasa la propuesta de Apel. Pero también desde su condición ética. Y
vuelve de nuevo a echar mano de Lévinas, y de su noción de experien-
cia básica: el encuentro con el otro, en el cara-a-cara del rostro. En la
experiencia levinasiana, se da una trascendencia de lo ontológico desde
la ética, en la medida en que «el otro, con su libertad, gratuidad y nove-
dad, no es reductible a ningún apriori del yo ni deducible desde éste: su
trascendencia no es física, sino ética (es libertad) y, por ende, se trata
de una verdadera trascendencia meta-física en un sentido nuevo»176. De
este modo, se trasciende y hace estallar el marco trascendental de Apel.
Además, toda relación interpersonal, al ser histórica, fruto de la de-
cisión libre concreta, puede orientarse en la aceptación o el rechazo del
otro. De modo que se daría un «tertium commune» (Blondel)177, como
estructura constitutiva de toda relación ética intersubjetiva, entendido
analógicamente: su cumplimiento ideal y pleno, y su modo deficiente,
en otros casos. Pero en todos los casos, se da «la irreductibilidad ética
(y, por eso, también histórica) de la alteridad del otro»178.
Esto supone, contra Apel, que no puede postularse con ningún tipo
de apoyo racional la realización histórica de la comunidad ideal de diá-
logo, en la medida en que estamos hablando de comunicación entre in-
dividuos y colectivos libres, por tanto, de una estructura de gratuidad,
tanto en la llamada pro-vocadora del otro, como en la responsabilidad
de la respuesta. De ahí que Scannone proponga como nivel trascenden-
tal de la estructura comunicativa el «nosotros ético-histórico» como
ideal que nunca se da ni se dará completo en la historia. Y esto abre la
trascendentalidad ética a la teológica y al problema de Dios y de lo es-
catológico, tratado repetidas veces por Scannone de modo paralelo a
las reflexiones filosóficas179.
En conclusión, frente a la «síntesis de la comunidad de comunica-
ción», Scannone propone una «symbólesis analógica de la comunicación»,

__________________
175
Ibídem, 380.
176
Ibídem, 381.
177
No hay que olvidar la temprana y persistente (como se ve en este aspecto) influen-
cia de Blondel.
178
SCANNONE, J.C., ídem, 382.
179
Cfr. SCANNONE, J.C., Teología de la liberación y praxis popular, o.c., sobre todo los
caps. 7.° y 8.°; Id, «La lógica de lo existencia! e histórico según Karl Rahner», Stromata,
34(1978), 179-194.

727
en referencia a la nóesis sapiencial unificante propia del nosotros ético-
histórico, que en cuanto da, o pretende dar, razón del sentido último
de la realidad, se configura o presenta como misterio, y, por tanto, con
estructura simbólica (se expresa y se sustrae, al mismo tiempo). En re-
sumen, «se trata de la sabiduría primera de los hombres y las comuni-
dades de hombres (pueblos) como "hecho de razón", saber fundamental
y radical, analógicamente el mismo e irreductiblemente distinto (con
diferencia ética, histórica, cultural y material), cuyo objeto son los no-
sotros ético-históricos (y, en su ser, las personas singulares) en la sym-
bólesis universal-situada de la intercomunicación de sus culturas»180.

2.4.2. Filosofía de las instituciones

La insistencia en la mediación histórico-cultural de la «relación sin


relación» levinasiana y del «apriori de la comunidad de comunicación»
apeliana sigue ahondándose en los últimos trabajos de Scannone, como
ya lo señalamos a través de lo que se viene llamando la filosofía y éti-
ca de las instituciones. Es un ahondamiento que, como cita Scannone,
K. Hohmann ha denominado incluso como un «cambio de paradigma»
en la ética social181.
Siempre ha constituido un problema articular libertad personal y
estructura social. Por un lado, ésta es un obstáculo para aquélla; pero,
a su vez, sin unas instituciones sociales, la libertad resulta etérea y,
en muchos casos, imposible de realizarse. Pero todo depende de cómo
se entienda el sentido y la función de dichas instituciones. Es clásica
la interpretación que A. Gehlen da de las instituiciones como susti-
tutos de los instintos en el mundo de los animales182, cayendo en el
error de entenderlas como mecanismos autónomos de la libertad del
hombre.
Una interpretación correcta de las instituciones las entiende como
«expresión, objetivación, exteriorización de la libertad, que la median y
efectivizan material y socialmente, a la vez que la encuadran y limitan.
Por medio de ellas se da un "estar uno en el otro" antropológico de per-
sona y sociedad, según prioridades diferentes»183. De este modo, las
instituciones son elementos indispensables para nuestra existencia con-
creta, que es social por naturaleza.

_____________
1 80
SCANNONE, J.C., «Filosofía primera e intersubjetividad», o.c., 385.
181
SCANNONE, J.C., «Institución, Libertad, Gratuidad», o.c., 239.
182
Cfr. GEHLEN, A., Urmensch und Spatkultur (Hombre primitivo y cultura tardía),
Bonn, 1956.
183
SCANNONE, J.C., «Institución, Libertad, Gratuidad», o.c., 241.

728
Pero, según Scannone, para que se construya una correcta filosofía
de las instituciones, y su articulación con la libertad de los individuos
concretos, no hay que olvidar el planteamiento levinasiano del encuen-
tro radical del cara-a-cara, en el que la responsabilidad hacia el otro es
anterior a la libertad. Y para subrayar esto, el Lévinas del De otro modo
que ser... afirma que el yo se declina propiamente en acusativo y no en
nominativo, en la medida en que, desde la responsabilidad radical con
la que está troquelado, se descubre como «rehén» del otro, y dispuesto
a hacerse cargo del otro: «¡Heme acá!» («me voila!»)184. Y en la medi-
da en que nadie puede sustituirme en esa responsabilidad hacia el otro,
en ese hecho se configura el principio de individuación, la radical irre-
petibilidad de cada ser humano.
Estos escritos de Scannone sobre la filosofía de las instituciones185
son especialmente significativos, por cuanto aparece por primera vez la
influencia del segundo Lévinas, el del De otro modo que ser... En este
libro es donde Lévinas inicia su reflexión sobre el «tercero» y la «illei-
dad». Como le señalaba Lévinas a Scannone en los diálogos del sim-
posio de París de 1981 y repite en varios escritos186, si no hubiera en
sociedad más que un otro y yo, no se necesitarían leyes, ni institucio-
nes, ni justicia, regulada ésta desde su concepto de la «curvatura del es-
pacio ético». El problema está cuando aparecen las relaciones entre ter-
ceros. Con ellas nace la necesidad de la justicia, de la democracia y de
las instituciones187. Ya hemos dicho que Scannone no está de acuerdo
con el plateamiento tan individualista del encuentro cara-a-cara levina-
siano, y propone, como alternativa, la categoría del «nosotros ético-his-
tórico». Pero ese nosotros ha de entenderse desde la insistencia levina-
siana de la alteridad del otro, en su libertad y novedad de darse. De ahí
que entienda que la lógica de las instituciones y su modo de conjugarse
con la libertad, tiene que configurarse según «la lógica de la gratui-
dad»188. Las instituciones sociales deben, pues, entenderse y organizarse
respetando a cada individuo en su alteridad e irrepetibilidad, y aceptan-
do que la lógica de tales relaciones es el respeto a la apertura gratuita
del uno al otro. Por tanto, la filosofía de las instituciones de Hobbes,

_________________
184
Cfr. LÉVINAS, E., De otro modo que ser..., o.c., p. 145.
185
Tanto «Institución, Libertad, Gratuidad», como «Aportes filosóficos para una Teo-
ría y Práctica de las Instituciones», ambos ya citados
186
Cfr. Etica e Infinito, o.c., y «El Otro, la utopía y la justicia», en Entre nosotros. En-
sayos para pensar en otro, Valencia, Pre-Textos, 1993, pp. 363-281.
187
Cfr. SCANNONE, J.C., «Apuntes filosóficos para una teoría y práctica de las institu-
ciones justas», Stromata, 50 (1994), n.° 3-4, 157-173; 163.
188
Cfr. SCANNONE , J.C., «Institución,...», o.c., 246-247.

729
apoyada en la idea del «homo homini lupus», ni cualquiera otra teo-
ría, como la utilitarista o cualquier otra que no respete esta «lógica de
la gratuidad», no se orienta sobre unas bases antropológicas correc-
tas, y no pueden ser un servicio al ser humano y a su realización
como persona.
Como consecuencia de esto, Scannone señala que la tarea que in-
cumbe a la FL latinoamericana es constituir «estrategias de lo humano»
en el ámbito latinoamericano, que rompa la lógica de la dominación
imperante en la sociedad neo-liberal actual, y vaya implantando institu-
ciones configuradas por la lógica de la gratuidad. Para que esta estrate-
gia tenga éxito y merezca la pena, debe comenzarse por las micro-insti-
tuciones como la familia, y continuarse en ámbitos religiosos, hasta
alcanzar todo el ámbito de lo social y político. Y para que ello sea posi-
ble, se necesita ir constituyendo un «nuevo imaginario colectivo», que
extienda a todo el tejido social los nuevos valores de la lógica de la
gratuidad189. En conclusión, para configurar una sociedad en la que se
conjuguen humanamente la libertad y las instituciones, se precisa
«plantear estrategias (o contraestrategias) anadialécticas de lo humano
hacia la obtención de instituciones más justas y solidarias, en una pala-
bra, instituciones de la verdadera libertad. Pues ésta sólo se autorrea-
liza plenamente en el mutuo reconocimiento y la reciprocidad justa
de libertades, y en la gratuidad de la amistad social»190.
En sus últimos trabajos, Scannone se halla interesado por la rela-
ción entre ética y economía191, y por las exigencias que las circunstan-
cias del momento presente imponen al filosofar192

B) EL DESARROLLO DE LA FILOSOFÍA DE E. DUSSEL193

1. Datos biográficos

La obra de E. Dussel está frecuentemente entremezclada con referen-


cias autobiográficas. Pero el texto más explícitamente autobiográfico lo

______________
189
Cfr. SCANNONE, J.C., ídem, 250-251; y, sobre todo, «Aportes filosóficos para una
teoría y práctica...», 167 y ss.
190
SCANNONE, J.C., «Aportes filosóficos...», 172.
191
SCANNONE, J.C./REMOLINA VARGAS, G. (eds.), Etica y economía, Buenos Aires, Ed.
Bonum, 1998.
192
SCANNONE, J.C./REMOLINA VARGAS, G. (eds.), Filosofar en situación de indigencia,
Madrid, UPCO, 1999.
193
GIBELLINI, R (ed.), La nueva frontera de la liberación de la teología en Latinoamé-
rica, Salamanca, Sigúeme, 1977, pp. 281 y 293 y ss. (datos biográficos sobre Dussel);
BEORLEGUI, C., «La influencia de E. Lévinas en la filosofía de la liberación de J.C. Scan-

730
constituye su biografía intelectual, titulada «Autopercepción de un pro-
ceso histórico»194. En este sugerente escrito autobiográfico nos aporta
nuestro autor datos sobre sus primeros años de vida. Nació en La Paz
(Mendoza, Argentina), en 1934, y sobre sus primeros recuerdos infantiles
nos habla con estas palabras: «La Paz era un pueblo pobre. Fuera de unas
pocas cuadras, con calles de tierra, las chozas de los campesinos, paupérri-
mos, me dieron desde siempre la experiencia del sufrimiento, de la mise-
ria, de la dificultad del pueblo»195. Junto a esa pobreza, el joven Dussel,
hijo del médico del pueblo y de una madre culta y de hondo sentido so-
cial, tuvo en sus propios padres los primeros ejemplos de dedicación
compasiva y efectiva a favor de ese pueblo empobrecido. De su padre
aprendió la dedicación constante a sus enfermos, como esos «médicos a
la antigua» que están a disposición de todos a cualquier hora del día y
de la noche, para llevar el remedio y el consuelo a cualquier sitio, aunque
sea el mismo fin del mundo. «Era un honor ser su hijo», nos confiesa
Dussel. Su madre no le andaba a la zaga en su talante de solidaridad. Si
su padre era agnóstico y positivista, su madre «era una militante católica
con sentido social». «De ella heredamos, nos dice Dussel, los primeros
tres hermanos, su espíritu de compromiso social, político, crítico»196.
Tan excelentes lecciones familiares tuvieron su fruto en los primeros
pasos del adolescente y joven Enrique, una vez asentada la familia en
Buenos Aires y luego en Mendoza, capital. En esos momentos de estrenar
juventud, nos habla de las diversas actividades sociales y religiosas que le
llevaron a tener «en plena adolescencia, a los quince años, una profunda
experiencia de conversión a la responsabilidad por con el Otro»197.
Ya en la Universidad, su compromiso social y político, en un primer
momento contra el peronismo, le llevó a la cárcel. Su trayectoria crítica
posterior en la Universidad de Cuyo, como profesor, es ya más conoci-
da, sufriendo en su propia casa la explosión de una bomba, suceso que
le obliga a exiliarse de Argentina para afincarse en México. Pero antes
había experimentado un largo periplo por diversas Universidades euro-
peas, en medio del cual vivió una estancia de dos años como trabajador

______________
none y de E. Dussel», o.c., 2.a parte: 347-371; FORNET-BETANCOURT, R., Positionem Latei-
nameríkas (G. Gutiérrez, M. Bunge, E. Dussel, L. Zea y otros), Frankfurt, Materialis Ver-
lag, 1988. MARQUÍNEZ ARGOTE, «Enrique Dussel: filósofo de la liberación latinoamericana
/1934-1975)», en DUSSEL, E., Introducción a la filosofía de la liberación, Bogotá, Edit.
Nueva América, 1979 (1995, 2.a ed.), pp. 11-57.
194
Cfr. Anthropos (Barcelona), 1998, n.° 180, pp. 13-37.
195
Ibídem, p. 14.
196
Ibídem, p. 14.
197
Ibídem, p. 15.

731
manual entre pobres obreros en Israel, dentro de una comunidad cristia-
na dirigida por Paul Gauthier.
Resulta curioso que el descubrimiento del Tercer Mundo va a reali-
zarlo Dussel durante el viaje a Europa, empezando por España. Allí va
descubriendo la marginación a que se somete a quien no pertenece a las
naciones ricas. En Madrid descubrió en sus propias carnes, nos dice,
que no era europeo, sino latinoamericano, es decir, un ciudadano de se-
gunda. En Israel descubre, algunos años después, a los pobres en gene-
ral, a los marginados de cualquier continente, el Tercer Mundo. Y cuan-
do regresa de nuevo a Europa, para continuar sus estudios de historia y
filosofía, le impacta y hace meditar la idea clave que obsesiona al mexi-
cano L. Zea en su obra América en la historia (1957): «América Latina
estaba fuera de la historia. Era necesario, desde su pobreza, encontrarle
un lugar en la Historia Universal, descubrir su ser oculto, reconstruir la
historia de otra manera para "encontrarnos un lugar"»198.
Todas estas experiecias existenciales le van a llevar a Dussel a ver
la realidad desde la mirada del Otro, del integrante de las culturas y
grupos sociales marginales, no hegemónicos, dándole pie para ir confi-
gurando un planteamiento filosófico y ético desde el «reverso de la his-
toria», en expresión de Gustavo Gutiérrez. Será el suelo abonado, tanto
en Dussel como en otros teóricos latinoamericanos, para configurar la
luego denominada filososfía de la liberación, a finales de la década de
los sesenta y comienzos de los setenta.

2. Itinerario intelectual de E. Dussel

En diversos escritos nos indica el propio E. Dussel las etapas por las
que ha ido discurriendo su trayectoria biográfica e intelectual199. Entre
estos diversos escritos, quizás el más completo y significativo, a la hora
de descubrir las principales etapas de su pensamiento, sea «Hermenéuti-
ca y liberación». En ese escrito, Dussel señala varias etapas en su tra-
yectoria filosófica. En concreto, tres. Pero en otros escritos, como es el
caso de «Filosofía de la liberación: desde la praxis de los oprimidos»200,

_______________
198
Ibídem,p. 18.
199
Los datos biográficos de Dussel pueden verse en DUSSEL, E. , «Supuestos históri-
co-filosóficos de la teología desde América Latina», en GIBELLINI, R. (ed.), La nueva
frontera de la teología en América Latina, Salamanca, Sigúeme, 1977, 174-198, en espe-
cial, pp. 176-178.; y DUSSEL, E., «Hermenéutica y liberación. De la "Fenomenología her-
menéutica" a una "Filosofía de la liberación" (Diálogo con Paul Ricoeur)», Analogía Filo-
sósifca, 6(1992), n.° 1, 141-181.
200
Carthaginensia, 8 (1992), n.°13-14, 395-413.

732
habla de cuatro: «la primera fase, explícita, transcurre desde 1969 a
1973 (etapa de la constitución); la segunda fase, acontece desde dicha
fecha hasta 1976 (etapa de maduración); la tercera, hasta 1983 (etapa de
persecución, debate y confrontación); la cuarta, hasta el presente (de
franco crecimiento y de respuesta a nueva problemática)»201.
A pesar de esta clasificación, que, repito, aunque se refiere funda-
mentalmente a la FL en general está pensando sobre todo en su propia
trayectoria, creo que es más iluminadora y acorde a los contenidos de
su obra escrita seguirle en la clasificación y ordenamiento que presente
el artículo ya dicho de «Hermenéutica y liberación». En él Dussel
nos indica cuatro etapas:

1. La etapa de formación y de primeros escritos, denominada por


Dussel, «simbólica latinoamericana», que abarca de 1952 a 1968.
2. La correspondiente al surgimiento de la «Filosofía de la libera-
ción», de 1969 a 1976, que recogería en una las dos que él mis-
mo ha separado y denominado «etapa de constitución» y «etapa
de maduración».
3. Etapa de la «económica de la liberación», de 1976 a 1983, en la
que profundiza su FL desde un estudio renovado del «humanis-
mo» marxiano.
4. La cuarta etapa estaría constituida por el diálogo con la «racio-
nalidad comunicativa» de Apel y Habermas, llegando a configu-
rar un sistema propio de pensamiento liberador, constituido por
la triple influencia de Le vinas, Marx y Apel-Habermas. Abarca-
ría desde 1983 hasta el presente.

Y habría que añadir una última, a partir de su más importante


obra: Etica de liberación, en la época de la globalización y de la ex-
clusión (1998), en la que llega a una propuesta madura de fundamenta-
ción pluriprincipial de la ética en clave liberadora, abriendo al mismo
tiempo la posibilitad de una filosofía política crítica, también en clave
liberadora.
Como siempre que se intenta describir las etapas intelectuales de un
autor, hay que advertir que toda propuesta clasificadora es limitada,
corriéndose el peligro de encorsetar y traicionar con ello su pensamien-
to, que es siempre más lábil y proteico de lo que cualquier clasificación
expresa. Para conseguir ser lo más fiel posible a los giros de pensa-
miento de Dussel, seguiremos sus propias impresiones y afirmaciones,
cuando sea posible.

________________
291
Ibídem, pp. 395-396.

733
2.1. La etapa de «simbólica latinoamericana» (1952-1968)

Es la etapa de formación, que comprenderá los años que van desde


su entrada en la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina,
1952), hasta que, tras los años de formación en España, Israel, Francia
y Alemania, en 1967 regresa de nuevo a la Argentina. El mismo Dussel
señala que su preocupación intelectual de esos años se centraba en
construir una «simbólica latinoamericana», bajo la influencia de Paul
Ricoeur y su Simbolique du Mal202. Fruto de ello será la trilogía El hu-
manismo helénico203, El humanismo semita204 y El dualismo en la an-
tropología de la cristiandad2®5. Es la época en que Dussel va confor-
mando su propio pensamiento, a caballo entre la contemplación a
distancia de la condición de su patria latinoamericana (desde la pers-
pectiva europea, «descubría, como indicaba el filósofo mexicano Leo-
poldo Zea, en su obra "América en la historia" (1957), que AL está fue-
ra de la historia. Era necesario, desde su pobreza, encontrarle un lugar
en la Historia Mundial, descubrir su ser oculto»)206, y las variadas in-
fluencias intelectuales de P. Ricoeur, el incipiente pensamiento judío de
F. Rosenzweig y M. Buber (anticipo de la posterior influencia de E. Lé-
vinas), etc.
Pero la perspectiva hermenéutica ricoeuriana entrará pronto en cri-
sis, en la que medida en que, como afirma el propio Dussel, tal modelo
interpretador sólo era «apto para la hermenéutica de una cultura, pero
no tanto para el enfrentamiento asimétrico entre varias culturas (una
dominante y las otras dominadas)»207. Tal «enfrentamiento asimétrico»
lo había captado ya entre las culturas judía y griega, antes que entre la
uropea y la latinoamericana.

2.2. Surgimiento de la «Filosofía de la liberación» (1969-76)

a) El encuentro con Lévinas

Al hablar de la trayectoria de J.C. Scannone tuvimos ocasión de ver


cómo la influencia de Lévinas le llegó a Dussel a través del filósofo je-
uita. Y tal encuentro cambió por completo el rumbo de su pensamien-
to. «Debo además aclarar, dice Dussel, que Lévinas nos sirvió al final

______________
202
Cfr. «Hermenéutica y Liberación», o.c., p. 148 y ss.
203
Escrito en Francia, en 1962, saldrá publicado en Buenos Aires, EUDEBA, 1975.
204
Buenos Aires, EUDEBA, 1969.
205
Buenos Aires, Guadalupe, 1974.
206
«Hermenéutica y liberación», 149.
207
Ibídem, p. 152. Los subrayados son del propio Dussel.

734
de la década de los sesenta para construir una "Filosofía de la Libera-
ción", como Feuerbach pudo servir a Marx (entre 1842 y 1844); nos
despertó del sueño ontológico "cerrado". Pero hubimos de ir "más allá"
ápidamente, por su incapacidad de construir una política de la libera-
ción (...). Véase mi obra "Emmanuel Lévinas y la Filosofía de la libe-
ración", Bonum, Buenos Aires, 1974, donde mostramos los puntos que
debíamos trascender de la filosofía levinasiana»208.
También hemos de tener en cuenta las propias palabras de Dussel
sobre el fuerte impacto que la obra de Lévinas, Totalidad e Infinito, le
produjo. Dussel nos indica, recordando ese impacto, que cuando leyó
«por primera vez el libro de Lévinas "Totalidad e Infinito" se produjo
en mi espíritu como un subversivo desquiciamiento de todo lo hasta en-
tonces aprendido»209.
No vamos a repetir lo señalado al comienzo de este trabajo sobre
las primeras jornadas filosóficas de San Miguel y el revulsivo que la
lectura de Lévinas produjo en ese grupo de jóvenes filósofos argenti-
nos, liderados por Scannone y Dussel. Si estando en su época de for-
mación europea descubre, por contraste, la situación de exterioridad
de Latinoamérica, a su regreso a ella se encuentra sumergido en una
sociedad que comienza a ser consciente de su «dependencia» econó-
mica, soda], política y cultura], y de la necesidad de iniciar un proce-
so de liberación, proceso que tendrá que ser teórico y práxico. Los
matices culturales que estarán impulsando y animando el surgimiento
del pensamiento filosófico de la liberación, serán la «teoría de la de-
pendencia», la «teología de la liberación», la «pedagogía del oprimi-
do» y toda una serie de movimientos práxicos de liberación, que
abarcarán desde los grupos guerrilleros a los movimientos sindicales
y sociales de todo tipo.
El joven Dussel, espoleado por este entorno social y cultural, em-
pezará un período de intensa producción intelectual. No voy a dete-
nerme en indicar exhaustivamente los escritos de estos años, porque
sería una labor ardua y difícil, tanto por su abundancia como por la
dificultad de hallar muchos de ellos, así como por la costumbre de
Dussel de cambiar de título a varios de sus escritos al proceder a su
reedición.
Dussel será un ponente fijo en los principales encuentros filosóficos
de esos años, tanto si se trata del grupo más homogéneo de San Miguel,

________________
208
«La razón del otro...», 1991, p. 10, nota 20.
209
DUSSEL, E., «Palabras preliminares» al libro de Dussel y D.E. Guillot, Liberación
latinoamericana y Emmanuel Lévinas, Buenos Aires, Bonum, 1975, p. 7.

735
como del entorno argentino y del más amplio latinoamericano, cuyo pri-
mer congreso se celebra en Morelia (México, 1975). Así, en los en-
cuentros de San Miguel, Dussel interviene con las siguientes ponen-
cias: en el primer encuentro, «Crisis de la Iglesia latinoamericana y
situación del pensador cristiano en Argentina»210; y en el segundo en-
cuentro, «Para una fundamentación dialéctica de la liberación latinoa-
mericana»211. La ponencia de Morelia la tituló «La filosofía de la libe-
ración en Argentina. Irrupción de una generación filosófica212.
Sería engorroso y repetitivo analizar todos estos trabajos al detalle,
para dar cuenta del pensamiento de Dussel en esta época. Los dos tex-
tos que compendian de un modo emblemático y sistemático su modo de
pensar son Método para una filosofía de la liberación21^ y Para una
ética de la liberación latinoamericana214. Ambas tienen en común ha-
ber experimentado durante su composición y redacción, debido a la in-
fluencia del pensamiento de Lévinas, una auténtica «ruptura epistemo-
lógica», que se advierte en las respectivas estructuras y contenidos,
además de la propia confesión del autor215.
Voy a intentar mostrar lo central del impacto de Lévinas a través de
estos dos textos, centrándome tanto en lo que de Lévinas toma Dussel,
como también la forma personal en que retraduce y asimila las catego-
rías del pensador lituano-francés.

b) Hacia una analéctica de la liberación

Las preguntas que surgen en estos momentos son dos: ¿por qué Lé-
vinas? Esto es, ¿por qué influyó tan fuertemente un pensador tan des-
conocido y periférico, que si hoy va saliendo lentamente de un segundo

_______________
210
Stromata, 26 (1970), n.° 3-4, 3-62.
211
Stromata, 28(1972), n.° 1, 53-89. Este trabajo lo incluyó más tarde en Método para
una filosofía de la liberación, Salamanca, Sigúeme, 1974, 259-288, pero cambiando signi-
ficativamente el adjetivo «dialéctica» por el de «analéctica»,
212
La publicó, además de con el conjunto de las demás ponencias en la revista Stroma-
ta, en Cuadernos Salmantinos de Filosofía, III (1976), 361-365. Para ver los diversos as-
pectos acerca del origen de la FL, cfr. CERUTTI, H., Filosofía de la liberación latinoameri-
cana, México, F.C.E., 1983, 1992.
213
Salamanca, Sigúeme, 1974. Se trata de la segunda edición de una primera titulada
«La dialéctica de Hegel».
214
Sus cinco volúmenes se editaron en diferentes momentos y lugares: los vols. I y II,
en Buenos Aires, S. XXI, 1973; el III, en México, EDICOL, 1977; y el IV y V, en Bogotá,
USTA, 1979-80.
215
Cfr. «Hermenéutica y Liberación», o.c., p. 153; y Método para una filosofía de
la liberación, o.c., en «Introducción a la segunda edición», 11-12.

736
plano del horizonte filosófico, en los años a que nos estamos refiriendo,
era casi un desconocido? Y la segunda: ¿cuáles son los aspectos teóri-
cos en los que se advierte tal influencia?
La primera pregunta la responde, en parte, el propio Dussel: «Por-
que la experiencia originaria de la Filosofía de la liberación consiste
en descubrir el "hecho" masivo de la dominación, del constituirse de
una subjetividad como "señor" de otra subjetividad, en el plano mun-
dial (desde el comienzo de la expansión europea en 1492: hecho consti-
tutivo originario de la "Modernidad"), Centro-Periferia; en el plano na-
cional (élites-masas, burguesía nacional-clase obrera y pueblo); en el
plano erótico (varón-mujer); en el plano pedagógico (cultura imperial,
elitaria, versus cultura periférica, popular, etc.); en el plano religioso
(el fetichismo en todos los niveles); etc. Esta "experiencia" originaria
(vivida por todo latinoamericano aun en las aulas universitarias europeas
de la filosofía), quedaba mejor indicada en la categoría de "Autrui"
(otra persona como otro), como pauper»216.
Esas categorías de la filosofía de Lévinas servían para dar arma-
zón y estructura filosófica a la experiencia de dominación y posterga-
ción de Latinoamérica y de las culturas consideradas «tercermundis-
tas». Y esa estructura filosófica se componía de dos momentos, uno
negativo: de crítica a la cosmovisión filosófica occidental, constituida
por una Totalidad prepotente y egocéntrica, basada en la autosuficien-
cia del Mismo, y otra positiva: el intento de configurar una «metafísi-
ca de la alteridad», alternativa a la ontología de la Totalidad, y basada
en los cimientos teóricos de la experiencia de radical (y en Lévinas
llevada hasta casi la equivocidad del ser) alteridad del otro («Autrui»)
como «pobre».
Frente a la «dialéctica» de la Totalidad, que constituye un mo-
vimiento cerrado a la novedad, Dussel construye un nuevo método:
el «ana-léctico», como camino («método») de realización de la autén-
tica filosofía de la liberación. Y con estos parámetros, reescribe y
completa su obra sobre la «dialética», que se convertirá en Método
para una filosofía de la liberación, como tendremos ocasión de ver
en seguida. Si Dussel sigue casi al pie de la letra a Lévinas en su críti-
ca y deconstrucción del pensamiento filosófico occidental, originado
en Grecia y llevado a su cumbre más recientemente en Heidegger, a
la hora de construir la alternativa como «metafísica de la alteridad», los
caminos entre ambos pensadores ya no van tan parejos y coinciden-
tes. De ahí que afirme que su pensamiento «más será una inspiración

______________
216
Ibídem, 154.

737
en Lévinas que un referir su pensamiento, por otra parte tan profundo,
difícil y personal»217.
Y con ello hemos entrado ya a responder la segunda de las cuestio-
nes, que inquiría los elementos teóricos de Lévinas presentes en la filo-
sofía de la liberación de Dussel. Ya hemos dicho que se acercan más en
lo deconstructor que en las propuestas positivas. En Método para una
filosofía de la liberación, sitúa a Lévinas en el contexto de la filosofía
occidental, como el más original de los pensadores postmodernos,
como crítico de la modernidad egocéntrica, plasmada en Hegel y en
Heidegger principalmente.
Al igual que la filosofía de Lévinas, la filosofía de la liberación se
configura como una «meta-física de la alteridad», frente a la ontología
de la Totalidad europea y nordatlántica. Y es una metafísica que consti-
tuye una alternativa radical a la filosofía hegemónica y pensada como
única. En definitiva, esta nueva filosofía se convierte en «una dialécti-
ca pedagógica de la liberación, una ética primeramente antropológica o
una meta-física histórica»218. Incluso, se deduce de ahí un nuevo acceso
y comprensión de Dios, que ya no se entiende desde la reflexión y pro-
undización en el Ser, sino desde el encuentro responsable con el otro,
el marginado219.
Lévinas aparece en este momento, junto con Zubiri, como uno de los
filósofos superadores de la modernidad, centrada, como hemos di-
cho, en el Ser, y ejemplificada como pensador máximo en Heidegger. Si
Zubiri construye un pensamiento que va más allá del Ser hacia la Reali-
dad, Lévinas trasciende al Ser desde el Otro220. Pero a Dussel le interesa
más el enfoque de Lévinas que el de Zubiri, de quien había sido discípu-
lo en sus años de doctorado de filosofía en Madrid. El enfoque ético de
Lévinas le resulta más adecuado para dar cuenta de la realidad latinoa-
mericana y de la necesidad de entender la filosofía como un momento
teórico de la praxis liberadora. La filosofía se convierte ahora, como
más adelante señalará Lévinas, de «amor a la sabiduría» en «sabiduría
del amor»221. El amor al otro, como consecuencia de la experiencia radi-
cal del encuentro con el rostro indigente del otro, indigente como otro
(en ese sentido, toda persona lo es), pero sobre todo como pobre y

______________
217
Método para una filosofía de la liberación, o.c., p. 170.
218
«Método...», 176.
219
Ibídem, 175.
220
Cfr. Ibídem, 170-171.
221
Cf. AGUILAR LÓPEZ, J. M., Trascendencia y alteridad. Estudio sobre E. Lévinas,
Pamplona, EUNSA, 1992, p. 296 y ss; FINKIELKRAUT, Alain, La sabiduría del amor. Gene-
rosidad y posesión, Barcelona, Gedisa, 1999.

738
marginado, es el punto de arranque del filosofar levinasiano y de la FL.
Pero el otro aparece como alguien que no puedo objetivar con mis cate-
gorías ontológicas, ni someter a mis ansias de dominación, Por tanto,
tengo que estar a la escucha de sus palabras y a la espera de su revela-
ción, a la espera de que él se me abra y me comunique su verdad.
No cabe, por tanto, una comprensión dialéctica de la relación con el
otro, ni de la compresión de la historia, por lo que el método dialéctico
tiene que ser superado por el analéctico. Ana-\écúco, porque la verdad
y la revelación me viene de arriba, de la posición privilegiada del otro
(la «curvatura del espacio ético» de Lévinas). Y ana-léctico también
porque rompe y hace explotar la cerrazón de la dia-léctica hegeliana,
uno de los máximos paradigmas del pensar occidental, en cuya dialécti-
ca «todo está ya dado, es sólo necesario que termine de advenir». En
cambio, «en la novedad del otro como exterioridad, en lo mismo, en lo
dado, irrumpe lo realmente nuevo»222.
Así, pues, de modo conclusivo, expone Dussel la configuración del
método ana-léctico y sus diversos momentos estructurales, frente al mé-
todo dialéctico. Este se ahoga en el círculo vicioso de referir los entes al
fundamento (Ser), y de éste se dirige de nuevo a los entes. En cambio, el
proceso ana-léctico, parte también de los entes, pero no para subsumirlos
en la abstracción y violencia del Ser, sino para descubrir que «entre
los entes hay uno que es irreductible a una de-ducción o de-mostración
a partir del fundamento: el "rostro" óntico del otro que en su visibilidad
permanece presente como trans-ontológico, metafísico, ético»223. De ahí
que concluya que la filosofía primera se afirma como ética y no como
ontología, y desde tal fundamento queda juzgada y comprendida toda la
realidad. A su vez, la incapacidad de someter al otro a categorías inte-
lectuales desde el yo (el Mismo), hace que el diálogo (dia-léctica) tanto
eníre seres humanos individuales como entre pueblos y culturas, no pue-
da quedarse encerrado en la dialéctica, sino abierto a la radical y absolu-
ta novedad. Este horizonte de novedad es denominado por Lévinas el
Infinito, atisbado ya en cada rostro del otro, infinitud que, aunque suge-
rido al filósofo judío por Descartes, no se reduce a repetirlo, como con
excesiva precipitación le acusa Dussel224. Para Dussel, esta postura into-
talizable es lo que marca y posibilita el método ana-léctico225.

__________________
222
Método para una..., o.c., p. 174.
223
Ibídem, 183.
224
Ibídem, 170.
225
Para el estudio de las diferencias teóricas entre Dussel y Lévinas, cfr. BEOR-
a
LEGUI, C., «La influencia de E. Lévinas en la filosofía de la liberación « (2. parte), o.c.,
pp. 353-356.

739
2.3. La profundización «económica» de la FL

El año 1975 constituye un año decisivo en la vida de E. Dussel. El


enrarecimiento de la situación política argentina, y su posicionamiento
militante por las libertades, desencadenan su expulsión de la Universi-
dad y poco después tiene que salir de su país para poder salvar su vida
y la de su familia, exiliándose en México226. Es el momento en que se
produce un viraje importante en el pensamiento de Dussel, ocupándose
a partir de ahora en «clarificar ambigüedades que la FL había conteni-
do en su primera historia»227. Entre tales ambigüedades estaba, como el
mismo Dussel acepta, la clarificación respecto a la disputa entre las ca-
tegorías pueblo y nación, por un lado, y clase social y demás conceptos
propios de la teoría marxista, por otro228. Pero antes de este acerca-
miento al marxismo, Dussel se dedicó durante los primeros años de su
estancia en México a la maduración y expansión en el resto de países
latinoamericanos de su FL. Fruto de este esfuerzo es su libro sintético
Filosofía de la liberación229, escrito sin notas ni bibliografía, en la me-
dida en que todos sus libros habían sido destruidos y los había tenido
que dejar en Argentina. La situación sociopolítica argentina le llevó a
Dussel a desmarcarse de los planteamientos estrictamente populistas
para acercarse a los planteamientos del materialismo histórico marxis-
ta230. Ahora bien, este acercamiento, justificado por el propio Dussel
desde la creciente pauperización y miseria del continente latinoamerica-
no, le lleva a necesitar en sus análisis teóricos de las categorías marxia-
nas «para construir una económica y política firme», y afianzar así su
proyecto filosófico liberador231.
Este giro de Dusssel hacia el marxismo no implica la aceptación sin
más de la filosofía marxista ortodoxa. A los pocos años de su llegada a
México, Dussel se impuso la necesidad de leer directamente a Marx, y
organizó un seminario con objeto de acercarse sin mediaciones distor-
sionadoras al auténtico pensamiento del filósofo alemán. Y como él
mismo nos señala, de esta lectura directa y crítica de Marx fue emer-
giendo «la necesidad de invertir las hipótesis de lecturas tradicionales.

_______________
226
Cfr. «Hermenéutica y liberación», o.c., pp. 160-161; 153.
227
Ibídem, p. 161.
228
Cfr. Ibídem, p. 161.
229
México, Edit. Edicol, 1977.
230
En un texto posterior, E. Dussel ha analizado pormenorizadamente este relativo des-
marque de sus teorías populistas, pero no del todo: Cfr. «Pueblo y hegemonía. Una conver-
sación con Ernesto Laclau», en DUSSEL, E., Hacia una filosofía política crítica, Bilbao,
Desclée de Brouwer, 2001, pp. 183-219.
231
Cfr. «Hermenéutica y liberación», o.c., 162.

740
El Marx antropológico, ético y anti-materialista no era el de la juventud
(1836-1848), sino el Marx definitivo, el de las cuatro redacciones de El
Capital (1857-1882). Un gran filósofo-economista fue apareciendo
ante nuestros ojos»232.
En el decurso de esta relectura de Marx, Dussel descubre lo que
denomina las cuatro redacciones que Marx hizo de El Capital233, y la
profunda orientación filosófica de todos los estudios económicos del
Marx maduro. Los resultados de esta lectura crítica fueron aparecien-
do en los siguientes libros: La producción teórica de Marx (Un co-
mentario a los Grundrisse)234, Hacia un Marx desconocido235, El últi-
mo Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana. Un comentario
a la 3.a y 4.a redacción de El Capital236, y Las metáforas teológicas de
Marx231. Su interpretación de Marx se sitúa en las antípodas del estruc-
turalista L. Althusser, partidario de una interpretación antihumanista
del Marx maduro, desde una supuesta ruptura epistemológica respecto
a la orientación humanista del Marx joven. Esta valoración del pensa-
miento total de Marx le lleva a Dussel a «un cambio en la arquitectóni-
ca categorial de nuestra Filosofía de la Liberación»238.
Desde este impulso marxiano, Dussel se propone escribir su econó-
mica liberadora, entendida como momento fundamental mediador en el
ámbito de las relaciones interhumanas. Es decir, si Scannone estima
como necesaria explicitación de la FL inicial el recorrido de la vía lar-
ga a través de la hermenéutica popular, E. Dussel considera que esa vía
larga pasa por la asunción de la dimensión económica y política de la
realidad humana. Pero se trata de una dimensión económica que no se
halla separada de la dimensión comunicativa o interpersonal. Así es
como lo ve Dussel en el propio Marx, contra la opinión generalizada
tanto de los marxistas ortodoxos como de sus críticos. Si la lectura ge-
neralizada de Marx situaba la preeminencia de la relación hombre-na-
turaleza (con la mediación del trabajo, «homo faber») frente a las rela-
ciones sociales, una lectura más atenta le lleva a Dussel a descubrir en
el propio Marx la preeminencia contraria. Así lo dice expresamente el
mismo Marx: «La propiedad del hombre sobre la naturaleza tiene

________________
232
Ibídem, pp. 162-163. Las cursivas son del propio Dussel.
233
Cfr. DUSSEL, E., El último Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana. Un
comentario a la 3."y 4."redacción de El Capital, México, Siglo XXI, 1990.
234
México, Siglo XXI, 1985 (2.a ed.: 1995).
235
México, Siglo XXI, 1988.
236
México, Siglo XXI, 1990.
237
Estella (Navarra), Ed. Verbo Divino, 1993.
238
DUSSEL, E., «Hermenéutica y liberación», o.c., p. 164.

741
siempre como intermediario su existencia como miembro de una co-
munidad (...), una relación con los demás hombres que condiciona su
relación con la naturaleza»239.
Por tanto, la dimensión económica y la social se conjugan recípro-
camente, sin que ninguna de ellas pueda y deba imponerse a la otra
para anularla o subordinarla. La una sin la otra nos lleva a una simplifi-
cación y mutilación de lo humano; esto es, a un economicismo anti-hu-
manista o a un comunicacionismo abstracto e idealista, como considera
Dussel que es la interpretación que hace Habermas de Marx.
En su nueva arquitectónica, Dussel articula el pensamiento marxis-
ta con la influencia de Lévinas, al servicio de una renovada filosofía
de la liberación. Las claves principales son las siguientes. Si en Marx
se descubre la importancia básica de lo económico, por cuanto el hom-
bre es un animal de necesidades, esa dimensión económica, como he-
mos señalado, no se articula, en el verdadero Marx, en un lugar deter-
minante y al margen de las relaciones sociales, sino como una
dimensión a conjugar dentro del entramado social. Ahora bien, la
aportación de Lévinas se sitúa en el nivel previo a las relaciones eco-
nómicas y sociales, el nivel de la situación ética originaria, conforma-
da por el cara-a-cara con el otro. Aquí se advierte un elemento levina-
siano que no solía aparecer en la fase originaria de la FL, y que
Lévinas presenta en su obra básica Totalidad e Infinito240, pero más
tarde profundizará en De otro modo que ser, o más allá que la esen-
cia2'1'1. Nos referimos al hecho de la preeminencia ética, metafísica y
antropológica del «cara-a-cara» («face-á-face») del yo con el otro, so-
bre las relaciones sociales de igualdad y justicia, necesarias cuando
aparece el tercero.
Se trata, por tanto, de un encuentro que se sitúa en el momento an-
terior al habla, en el silencio previo. Aquí Dussel retoma la distinción
levinasiana entre el decir y lo dicho, tan central en el pensamiento del
filósofo judío Lévinas. El ámbito de lo dicho se conforma por la estruc-
tura concreta y específica de las relaciones humanas, que para Dussel
tiene dos niveles: la lingüisticidad y la instrumentalidad. El primero se
refiere al ámbito de la acción comunicativa, en la línea de Habermas y
Apel (y que en la etapa siguiente serán, junto con Marx, los interlocu-
tores preferentes de la FL de Dussel), y el segundo, a la filosofía eco-
nómica de Marx.

________________
239
MARX, K., Manuscritos del 61-63, MEGA, II, 3, p. 1818, 28-30. Cita tomada de
DUSSEL, E., «Hermenéutica y Liberación», o.c., p. 164.
240
Salamanca, Sigúeme, 1977. Traducción de D.E. Guillot.
241
Salamanca, Sigúeme, 1987. Traducción de A. Pintor-Ramos.

742
Pero veamos cómo se configura el nivel previo en que se sitúa Lé-
vinas. La filosofía occidental, como ya hemos repetido siguiendo la crí-
tica de Lévinas, se ha configurado, por influencia de la tradición grie-
ga, como pregunta por el «ser», como reflexión del «logos», articulado
en el lenguaje. Es el ámbito de lo que Lévinas denomina lo dicho. En
cambio, Lévinas nos descubre la prioridad de la ética frente a la onto-
logía. La filosofía primera no es pregunta por el ser sino ética, respon-
sabilidad por el otro. Pero tal responsabilidad se configura y surge del
encuentro cara a cara con el otro. Luego el momento original queda
constituido por ese momento de silencio y de sorpresa (el traumatismo
del asombro), y ante la infinitud y trascendencia del rostro que me des-
borda y me saca de mi egocentrismo. La palabra posterior (lo dicho),
que trata de definir y expresar al otro, siempre será insuficiente, trai-
ción e impotencia para expresar en conceptos lo que significa el otro y
su mundo. Pero, a la vez que insuficiencia, la palabra, lo dicho, se nos
aparece como algo necesario, como mediación imprescindible para re-
cibir la revelación del otro y responder a su llamada e interpelación.
Pero tiene que quedar claro, como insiste Lévinas, que el nivel del
decir funda y antecede (y se sitúa en un escalón cualitativamente diver-
so) al nivel de lo dicho. Tratando de asimilarlo para su filosofía, Dussel
denomina a este nivel el ámbito de la proximidad, sobre el que se ex-
tiende en su Filosofía de la liberación242. Dussel distingue entre proxi-
midad y proxemia, definiendo el primer concepto como la relación en-
tre dos personas. Proxemia, en cambio, es el acercamiento a las cosas.
El aproximarse a las personas, al otro, es «acortar distancia hacia al-
guien que puede esperarnos y acogernos o rechazamos, darnos la mano
o herirnos, besarse o asesinarse»243.
Ahora bien, tanto en la proximidad como en la proxemia, para Dus-
sel el sujeto humano es siempre activo, cosa que no ocurre en Lévinas,
para quien la subjetividad (anterior a la conciencia) es siempre, en este
nivel previo y originario, pasiva. La responsabilidad ante el otro no es,
para Lévinas, una llamada de un principio ético ante el cual el sujeto
debe responder, sino que es una estructura antropológica y metafísica
con la que el sujeto está troquelado antes de llegar a ser yo, antes de
ser consciencia. Y se trata de un troquelado con el que ha sido configu-
rado el sujeto en un pasado inmemorial, situado en un tiempo antes del
tiempo, un tiempo diacrónico al tiempo de la conciencia.

_________________
242
México, Edit. Edicol, 1977, cap. 2.°, «De la Fenomenología a la liberación», pp. 25
y ss.
243
Ibídem, p. 26.

743
En paralelo a los conceptos proxemia/proximidad, utiliza Dussel los
de poiesis/praxis. La praxis es «un obrar hacia el otro como otro»244.
En cambio, la poiesis es «el trabajo que cumple el hombre en la natura-
leza y por el cual la mera cosa cobra un sentido y un valor: se transfor-
ma en mediación»245. En resumen, se establece un paralelismo de cate-
gorías que puede configurar el siguiente cuadro:

En función de ello, «la filosofía de la liberación, dice Dussel, pre-


tende así formular una metafísica (que no es ontología) exigida por la
praxis revolucionaria y la poiesis tecnológica»246. Ambos niveles de re-
lación configuran la realidad humana, por lo que deben integrarse dia-
lécticamente. Pero la relación fundante y originaria es para Dussel la de
proximidad/praxis, como se supone que también para Lévinas. Pero esa
relación ya no la sitúa Dussel en ese pasado inmemorial, un tiempo an-
tes del tiempo, sino que su configuración antropológica la sitúa más en
los niveles biológicos, históricos y existenciales, por lo que descubre las
bases de la constitución primigenia de lo humano en la relación madre-
hijo. De ahí que afirme que «la proximidad primera, la inmediatez an-
terior a toda inmediatez, es el mamar»247. En ello concuerda con los da-
tos de la antropología bio-psicológica, desde la concepción del hombre
como animal deficiente de Gehlen248, hasta la tesis de la urdimbre pri-
migenia de J.Roff Carballo249, entre otros. Hay, pues, en Dussel una
historización de las bases de lo humano, frente a un despotenciar la
subjetividad, situando su base radical en un pre-tiempo, difícilmente
justificable, aunque sea muy sugerente, como es el caso de Lévinas.
Esta proximidad originaria, arqueológica, se desmembra y concreta
en una proximidad histórica (relación cultura-pueblo, hombre-mujer,
hermano-hermano) y también escatológica, en la medida en que toda
proximidad es limitada, imperfecta y apunta a su última y definitiva

________________
244
Ibídem, p. 27.
245
Ibídem, p. 32.
246
Ibídem, p. 23.
247
Ibídem, p. 27.
248
Cfr. GEHLEN, A. El hombre, Salamanca, Sigúeme, 1980.
249
Cfr. ROFF CARBALLO, J., El hombre como encuentro, Barcelona, Alfaguara, 1973.

744
realización. A esa proximidad utópica, escatológica, apunta la lucha por
la liberación. Pero la proximidad y acercamiento al otro, en el empeño de
atender a la interpelación de su rostro, para responder y atender a su lla-
mada, exige mediaciones. Ahí es donde se sitúa el segundo nivel, com-
puesto, según Dussel, como ya dijimos, por dos momentos centrales,
configurados a priori: la lingüisticidad y la instrumentalidad. Por tanto,
la mediación por el otro se da a través del ámbito del lenguaje y del in-
tercambio económico. Si en estos primeros años de su estancia en Méxi-
co ahonda en el momento económico, de la mano de K. Marx, en la etapa
siguiente, el esfuerzo de Dussel se dirige a integrar críticamente la me-
diación lingüística, de la mano de la teoría de la acción comunicativa de
Habermas y del apriori de la comunidad de comunicación de K.O. Apel.

2.4. En diálogo integrador con la «racionalidad comunicativa»


de Apel y Habermas

Esta fase de la filosofía de Dussel se halla orientada a integrar den-


tro de su FL el giro pragmático de Habermas y Apel, en lo que entien-
de que tiene de valioso y adecuado para una filosofía liberadora. Este
interés progresivo por la racionalidad comunicativa de Apel y Haber-
mas se inicia a partir de los años ochenta. Como ya hemos indicado
anteriormente, Dussel intenta mediar el impulso liberador, basado en el
encuentro originario con el otro, a través de la económica inspirada en
Marx. Pero tal económica no se reduce a lo puramente económico, sino
que tal dimensión se halla integrada en el ámbito de lo social. De ahí que
señale en su sistema filosófico de la época que acabamos de analizar,
que la dimensión humana del estar en el mundo se configura en dos di-
recciones aprióricas: lingüisticidad e instrumentalidad. La primera
hace referencia al ámbito de las relaciones interpersonales, a través de
la mediación del lenguaje, mientras que la segunda hace referencia a la
relación del hombre con la naturaleza, mediada por la poiesis.
Esta estructura filosófica va siendo completada progresivamente
por la teoría de la acción comunicativa y la tesis de la comunidad ideal
de comunicación de Habermas y de Apel, con quienes Dussel dialogará
críticamente durante estos últimos años, especialmente con Apel250.

_______________
250
Cfr. DUSSEL, E., «La introducción de la "Transformación de la Filosofía" de
K.O. Apel y la filosofía de la liberación», en Ensayos, 1989, noviembre, 1-78; Id., «La ra-
zón del otro. La "interpelación" como acto de habla», debate con K. O. Apel, tenido en
marzo de 1991, Anthropos (Venezuela), 1991, n.° 22, pp. 5-41; BEORLEGUI, C, «Diálogo
de éticas. Entre la ética del discurso (Apel), y la ética de la liberación (Dussel)», Estudios
de Deusto, 45/1 (1997), pp. 67-95.

745
Como ocurre con los diálogos que tiene con otros autores, Dussel reco-
ge lo que considera elementos positivos de la línea apeliana (su interlo-
cutor preferente es Apel, frente a Habermas), pero situándolo dentro de
un sistema de pensamiento propio en el que sigue siendo fundamento
básico «la intuición» levinasiana de que «el Otro (Autrui)» es la fuente
originaria de todo discurso posible, esencialmente ético»251.
La corrección que Dussel hace a la teoría de la acción comunica-
tiva (Habermas) y al apriori de la comunidad de comunicación (Apel) es
doble, desbordándolas por abajo y desde dentro. Por debajo, situando
como nivel originario y fundante de todo acto-de-habla y de toda ac-
ción comunicativa el momento «interpelativo» del encuentro con el
Otro (Autrui), en la línea de Lévinas. Se trata de un momento fundante
y previo por cuanto, como ya lo indicamos respecto a la económica de
influencia marxiana, antes que cualquier contenido o mediación comu-
nicativa, sea lingüística o instrumental (ámbito de lo dicho), se sitúa el
cara-a-cara (ámbito del decir), donde todavía hay silencio (momento
previo, dice Dussel, a que se despliegue el «principio de expresabili-
dad» de Searle)252. Este momento previo, originante, anterior al que se
sitúa dentro de la acción comunicativa y a la relación simétrica de los
hablantes, se halla el momento de la interpelación, de la llamada del
Otro, como pobre. Frente a él, como señala Lévinas, el yo está desfun-
damentado (an-árquico, remitido inamisiblemente al otro, del que tiene
que responder). De ahí que el yo se conjuga no en nominativo, sino en
acusativo: «¡Heme aquí!».
Y también hemos dicho que Dussel intenta rebasar la racionalidad
comunicativa tanto de Habermas como de Apel desde dentro, en la medi-
da en que, según él, la simetría de los participantes en el diálogo olvida
la exterioridad del otro, del pobre, que no tiene ni siquiera acceso al ha-
bla. De ahí que acuse a tal racionalidad de una nueva Totalidad opreso-
ra253. La racionalidad comunicativa habermasiano-apeliana, en la medida
en que pretende fundarse en una trascendentalidad formal ideal, tiene el
peligro para Dussel de constituirse en un universo cerrado, defensor de
un sistema o mundo de vida (Lebenswelt) que coincide con el del teórico
que la construye, perteneciente en este caso al primer mundo.

______________
251
DUSSEL, E., «La razón del otro...», o.c., p. 12.
252
Ibídem, p. 14.
253
Así, Dussel dice: «Por "interpelación", entonces, entenderemos un enunciado per-
formativo sui generis que lo emite alguien (H) que se encuentra, con respecto a un oyente
(O), "fuera" o "más allá" (trascendental en este sentido) al horizonte o marco institucional,
normativo, del "sistema" de la Lebenswelt husserliana-habermasiana o de la Sittlichkeit he-
geliana, que fungen como la "totalidad" de un Lévinas»: Ibídem, p. 15.

746
Frente a esa nueva Totalidad, la apertura al Otro, a los otros margi-
nados (individuos o culturas), configura un modelo comunicativo
abierto y no encorsetado por ninguna racionalidad previa y prospectiva.
Esto hace que la propuesta que la FL hace de una sociedad futura, no
sea «ni la "comunidad real" actual ni la ideal (es un tertium quid que
Apel no considera, porque para él sólo hay "sociedad abierta" e "ideal",
para nosotros hay: 1. "sociedad cerrada", 2. "sociedad histórico-posible
de liberación", y 3. "comunidad ideal": esta es la diferencia de estar en
el Norte-rico o en el Sur-pobre. El Norte no necesita cambiar radical-
mente la sociedad en que se encuentra; el Sur en cambio lo necesita ur-
gentemente)»254.
Por ello, la filosofía de la liberación aparece no como «lo otro que
la razón» (como si fuera lo irracional, y aquello a lo que no hay que aten-
der), sino «la razón del Otro», del que nos interpela desde fuera del sis-
tema totalizador de la hegemonía occidental. Este Otro, con su razón
periférica, interpela a la Totalidad, para desfondarla y constituir un
nuevo ámbito comunicativo en el que tengan cabida, en clima de igual-
dad, los «bárbaros», los desposeídos de la tierra. Todo esto «exige, dice
Dussel, que la "Filosofía de la Liberación" transite (e integre adecuada-
mente) de la racionalidad pragmática a otros tipos de racionalidad, que
la filosofía del Norte, del capitalismo desarrollado, pretende abando-
nar: la racionalidad de una economía en su sentido práctico, ético, de
relación comunitaria interpersonal, y no sólo como un "sistema", como
lo hace Habermas y lo acepta Apel»255.
Pero hay un segundo aspecto, capital para Dussel, en el que se
aprecia también la insuficiencia de la racionalidad comunicativa de
Apel-Habermas, y que le lleva a verse desfondada su pragmática
desde la económica. Es decir, el ámbito de las relaciones interhuma-
nas no puede reducirse a unas meras relaciones lingüísticas. Dussel
denomina a este ámbito, como ya dijimos, el nivel de la praxis (fren-
te a la póiesis: proxemia hombre-cosas). Y esta praxis o relación
práctica abarca, según Dussel, más que la acción comunicativa de
Habermas. Es decir: «No hay en la relación práctica otras dimensio-
nes que no son exclusivamente comunicativas, aunque siempre (aun-
que sea virtual o potencialmente) toda relación práctica debe poder
llegar a ser una relación donde la acción comunicativa lingüística o
pragmática se ejerza (...); es decir, la acción comunicativa, lingüísti-
ca, pragmática, argumentativa, siempre puede explicitarse en toda

_______________
254
Ibídem, p. 21, nota 44.
255
Ibídem, p. 32.

747
relación práctica interpersonal»256. En cambio, Dussel considera que
hay aspectos de la «relación práctica» que no son sólo comunicati-
vos: «la lingüisticidad», como la eroticidad o la economicidad de la
«relación práctica» son momentos de dicha «relación»257.
En este sentido, Dussel ve que de modo paralelo a como el «acto-
de-habla» (Searle) presupone, como apriori, una «comunidad de co-
municación» (Apel), de modo paralelo, todo «acto-de-trabajo» también
tiene que presuponer, como apriori, una «comunidad de productores»
(Marx). La conclusión de Dussel es que «si Apel habla de una "prag-
mática trascendental" (en el nivel de la comunicación lingüística), con
el mismo derecho podría hablarse de una "económica trascendental"
(en el plano de la relación práctica productiva). Lo que para un acto-
de-habla es el componente ilocucionario, en el acto-de-trabajo es la
relación práctica con el Otro»258. Por tanto, «la "acción comunicativa"
o "la acción económica" son dos dimensiones de la "relación práctica"
entre personas»259. Pero no ha de olvidarse que debajo, como nivel
fundante de ambas relaciones (comunicativa y económica) se halla la
relación fundante levinasiana del cara-a-cara, en la que el Otro, el po-
bre, me interpela para que lo tenga en cuenta, me responsabilice de él,
y lo saque de su situación de marginación y deshumanización. El otro,
en cuanto pobre, siempre interpela desde fuera del sistema, desde su
«no-lugar». De ahí que las dos comunidades del nivel segundo (la de
comunicación y la de productores) siempre tienen sus excluidos, sus
Otros, los pobres y marginados, tanto individuos como estamentos so-
ciales, pueblos y culturas enteras. El objeto y preocupación de la FL
es, para Dussel, estos excluidos y su punto de vista, su razón. Porque
«estos Otros no tienen sus "razones" para "proponer", "interpelar"
contra la exclusión y en favor de su inclusión en la comunidad en
justicia»260.
En conclusión, si la FL busca la liberación, lo hace con la preten-
sión de que se apoya en la verdad, en un impulso que apunta a lo más
verdadero y racional de lo humano. Porque «no hay liberación sin ra-
cionalidad; pero no hay racionalidad crítica sin acoger la "interpe-
lación" del excluido, o sería sólo racionalidad de dominación, inadver-
tidamente»261.

________________
256
Ibídem, p. 33.
257
Ibídem, p. 35.
258
Ibídem, p. 37.
259
Ibídem, p. 39.
260
Ibídem, pp. 40-41.
261
Ibídem, p. 41.

748
2.5. Una ética pluriprincipial de la liberación

Tras los repetidos contrastes y discusiones con la ética del diálogo


de Apel y Habermas, E. Dussel ha cristalizado su pensamiento en una
espléndida obra, Etica de la liberación, en la época de la globalización
y de la exclusión262, que constituye su trabajo más logrado y su obra de
madurez. En ella trata de articular su particular modo de entender la
fundamentación de su ética de la liberación, en diálogo con las princi-
pales aportaciones éticas y filosóficas del presente. Ahora bien, a pesar
de que dialoga con las éticas más significativas de la actualidad, el in-
terlocutor principal y el detonante de su obra ha sido, como el propio
autor nos confiesa, la ética del discurso de Apel: «La nueva Etica de la
Liberación: en la edad de la globalización y de la exclusión, escrita
desde 1993, a lo largo de los debates antes indicados (se refiere a los
debates entre la ética del discurso de Apel y la ética de la liberación),
intenta responder de manera sistémica (...) al formalismo de la Ética
del Discurso (mostrando la necesidad de un principio "material" uni-
versal, que reemplace definitivamente la búsqueda de una "económica
trascendental")»263.
Dussel ha estado desde 1989 en permanente diálogo crítico con esta
corriente filosófica y ética, centrando sus críticas sobre todo en las in-
suficiencias de su formalismo ético. Tal formalismo procedimental le
hace situarse, a juicio de Dussel, en un nivel demasiado teórico y abs-
tracto, alejado y olvidado de la «materialidad de la vida humana», au-
téntico centro para Dussel de toda ética, y, por tanto, de la Ética de la
Liberación. De ahí que añada que esta Etica «intenta responder de ma-
nera sistemática (...) al formalismo de la Etica del Discurso, mostrando
la necesidad de un principio material, que reemplace definitivamente la
búsqueda de una "económica trascendental"»264.
Pero la Etica del Discurso no es el único dialogante, como ya he-
mos apuntado, sino que Dussel se confronta y se mide con todos los
sistemas éticos más importantes, entre ellos todos los que pueden ser
englobados o denominados como «éticas materiales». Aquí se sitúan
los sistemas ya antiguos, como los utilitalismos, las éticas axiológi-
cas, las éticas de la felicidad, etc., pero también los más recientes,

_______________
262
Madrid, Trotta, 1998.
263
Ibídem, p. 30.
264
Ibídem, p. 30. Sobre el tema de la superación de la económica desde el principio de
la materialidad de la ética, cfr. su artículo «La razón del otro...», en diálogo con Apel. En
la última parte de este artículo, se ve ya el intento de superar esa económica por este prin-
cipio material.

749
como los diferentes comunitarismos (Mclntyre, Taylor, Walzer, etc.).
A estas éticas materiales, Dussel les dará su parte de razón y coincidirá
con ellas en la idea de dotar a la ética de un principio material, pero las
considerará insuficientes desde el modo como él entiende su «principio
material ético».
La mayor insuficiencia que Dussel advierte en todos los sistemas
éticos es lo que podríamos denominar su «uniprincipialidad». Porque,
advierte E. Dussel, «las éticas filosóficas, desde un inicio (desde la Éti-
ca a Nicómaco) se construyen a partir de "un" fundamento, "un" prin-
cipio, "una" instancia última de referencia»265. Por el contrario, Dussel
entiende que una ética bien estructurada y fundamentada tiene que te-
ner varios principios, formando un base amplia y bien armonizada. De
ahí que considere su intento fundamendor de la ética como una arqui-
tectónica. Ahora bien, a pesar de su explícito plentamiento sistémico y
pluripincipial, nos resulta evidente que bajo ello Dussel sigue apoyan-
do su estructura ética en un principio fundamental, que ha sido el prin-
cipio recurrente de sus planteamientos éticos desde su encuentro inte-
lectual con E. Lévinas. Y ese principio originario es el encuentro
cara-a-cara con el Otro. Un Otro que es desglosado por Dussel en sus
diversas facetas: hombre-mujer (erótica), maestro-discípulo (pedagógi-
ca), hermano-hermano (política), Dios-hombre (teológica), etc. Este
principio básico es el que consideramos que sigue hallándose presente
bajo toda la arquitectónica ética dusseliana.
Pero también pensamos que esto no es contradictorio con la pro-
puesta que nos hace ahora Dussel, puesto que hay que distinguir en-
tre lo que pudiéramos denominar la lógica del descubrimiento y la de
la sistematización. El punto de arranque básico de la ética de la libe-
ración dusseliana siempre ha sido el encuentro con el otro, como
marginado por el sistema dominante, surgiendo de este encuentro bá-
sico un momento compasivo («principio compasión») hacia ese otro
marginado y empobrecido. De ahí nacerá la interpelación del otro,
que me pide y exige acogerlo, respetarlo («¡No matarás! ¡Tenme en
cuenta! ¡No pases de largo!»), y hacerme cargo de él. Y todo esto ge-
nera una toma de partida por el pobre y la víctima, y el esfuerzo
comprometido y liberador de luchar por ayudarle a salir de su situa-
ción de opresión.
Ahora bien, en los diálogos con Apel, siempre ha visto Dussel la
importante objeción de hasta qué punto este punto de arranque era

____________________
265
E. DUSSEL, «Arquitectónica de la ética de la liberación en la edad de la globaliza-
ción y de la exclusión», Laval Théologique et Philosophique, 54/3 (1998), 455-471; 457.

750
objetivable y universalizable266. Puesto que se trata de un momento bá-
sico que surge de un choque emotivo-existencia no siempre comuni-
cable en una racionalidad intersubjetiva. Y tendrá por ello serios obs-
táculos para justificar su principialidad y su universalidad. Dussel ha
un intentado repetidas veces mostrar la racionalidad y universalidad de
este principio, desde diferentes puntos de vista. El más socorrido con-
siste en apelar a los argumentos levinasianos de entender este momento
originario del cara-a-cara como situado en un momento trascendental
previo a la exigencia de racionalidad en la que se sitúa la Ética del Dis-
curso y, en general, la reflexión filosófica basada en el paradigma de la
ontología y la racionalidad comunicativa267.
Esta renovada Ética de la Liberación de Dussel constituye precisa-
mente el nuevo y, a nuestro entender, acertado intento de validar racio-
nal y sistémicamente ese punto de arranque ético. De modo que ambos
elementos no se contradicen, sino que hay una estrecha vinculación en-
tre la permanencia del punto de arranque y toda esta arquitectónica que
en esta obra reciente nos muestra Dussel. Eso no quita de todos mo-
dos, que esta doble faz fundamentadora pueda plantear dudas sobre la
validez del paradigma de la pluriprincipialidad en la fundamentación
de la ética.
Entre las características más significativas de esta ética dusseliana
tenemos que destacar, en primer lugar, que se trata de una ética cons-
truida desde el punto de vista de las víctimas, desde los perdedores de la
historia y de todos los oprimidos y excluidos de las decisiones que mar-
can el rumbo de los acontecimientos, y en especial de los oprimidos y
excluidos del sistema hegemónico neoliberal, el sistema-mundo (Wa-
llerstein), que domina este momento histórico en que nos encontramos y
pretende extenderse y globalizar toda la superficie de nuestro planeta.
Una segunda característica es su carácter pluriprincipial. Frente a todos
los demás sistemas éticos, cuya característica permanente ha sido dar
por sentado que la fundamentación tiene que apoyarse en un único prin-
cipio, las exigencias de fundamentación de la ética de la liberación le
han llevado a Dussel a pensar que no es posible una correcta fundamen-
tación más que sobre la base de una bien trabada estructura de prin-
pios. Es lo que el propio Dussel denomina su arquitectónica ética. Pero
ya hemos dicho que puede cuestionarse si esta pluriprincipialidad es tal,

_________________
266
Cfr. APEL, K. O., «La ética del discurso ante el desafío de la filosofía Latinoamérica-
na de la liberación», Isegoría, 1995, n.° 11, pp. 108-125; Beorlegui, C., “Diálogo de éti-
cas. Entre la ética del discurso (Apel) y la ética de la liberación (Dussel), o.c
267
Cfr. DUSSEL, E., «La ética de la liberación ante la ética del discurso”, Isegoría,
1996, n.° 13, pp. 135-149; BEORLEGUI, C, o.c.
o quizás es sólo la envoltura sistémica de un único principio que se ha-
lla de fondo.
La tercera característica que queremos resaltar, es la centralidad
que en la obra tienen dos principios clave: el principio material y el
principio crítico. El primero de ellos se encamina a dar contenido y
base material al principio formal, propio de la Etica del Discurso. El
afianzamiento de la ética liberación en este principio material la con-
vierte en una ética de la vida, en una ética en defensa de la vida huma-
na, de todo ser humano, y más en especial de los que viven en perma-
nente peligro de perder su vida o de vivirla de forma deficiente e
inhumana. El principio crítico, que para Dussel es el más central e im-
portante de los seis que configuran su arquitectónica, se orienta a apun-
talar los principios fundamentadores (material, formal y de factibili-
dad) desde la óptica concreta de la facticidad de nuestra historia, que
nos confronta con la inevitabilidad de la existencia de las víctimas, des-
de la evidencia de que, en la mejor de las eticidades, a lo más que se
puede aspirar es a realizar actos con «pretensiones de bondad», que ge-
neran siempre marginación y exclusión, es decir, víctimas.
Dussel ha estructurado esta obra en dos partes, precedidas de una
introducción. La pretensión de querer construir unas bases seguras que
fundamenten una Ética que sea de la Liberación, obliga a Dussel a con-
frontarse con el resto de los intentos más relevantes de fundamentación
ética, pero también a construir su fundamentación de cara a la situación
cultural y sociopolítica en la que nos encontramos en los estertores del
s. xx e inicios del xxi: la globalización, desde la ideología dominante,
el neoliberalismo. La cuestión que según el autor tenemos que plan-
tearnos es cómo construir una ética universal desde la situación del sis-
tema-mundo actual, que pretende imponer a todo el planeta la unifor-
mización de parámetros culturales y éticos. Ante este reto, Dussel
intenta desenmascarar las pretensiones de la cultura nordatlántica, base
del neoliberalismo imperante, que pretende presentarse ante la opinión
pública universal como la única poseedora de los parámetros desde los
que definir el bien y el mal, lo recto y lo humano, el modelo único para
la realización individual y colectiva, e incluso se considera como la
etapa que marca el «fin de la historia» (Fukuyama)268.
La contrarréplica a estas pretensiones de hegemonismo uniformiza-
dor consiste para Dussel en presentar una interesante panorámica históri-
ca que relativice la centralidad de la cultura occidental y sus pretensiones

______________
268
Cfr. FUKUYAMA, F., El fin de la historia y el último hombre, Barcelona, Planeta,
1992.

752
de aparecer como totalmente original y no deudora de las demás.
Dussel se ha esforzado siempre, y esta introducción es fruto de esas
reflexiones anteriores269, por recuperar los períodos históricos de cultu-
ras diferentes a la europea y occidental, y situar la historia de Europa
dentro de un contexto más omniabarcante y universal. Y dentro de tal
contexto, se advierten dos realidades, que Dussel quiere resaltar: la pri-
mera se refiere a la apreciación de que la filosofía y la cultura griega,
en general, que desde la óptica de los europeos suele ser el inicio de su
historia cultural y se interpreta como un fenómeno que surge casi de
cero, ex novo, no es tan creativa y fontanal, sino fruto de aportaciones
medulares de las culturas limítrofes, como la egipcia, y las múltiples
del Oriente próximo. Y, en segundo lugar, advertir que la llamada cul-
tura occidental o modernidad, convertida en la hegemónica en la actua-
lidad, surge más bien a partir del s. xvi, con la conquista de América270,
y no tanto en la Ilustración francesa y alemana, siendo hasta ese mo-
mento una cultura periférica del imperio y entorno cultural musulmán.
Por tanto, lo que queda claro para Dussel es que el sistema-mundo
cultural europeo-occidental es uno más de los que se han producido en
la historia, y tiene que demostrar racionalmente, y no sólo a través de
su dominio fáctico a través de imposiciones económico-políticas y mi-
litares, sus pretensiones hegemónicas y universalistas. Frente a estas
pretensiones equivocadas, Dussel tratará de construir su Ética de la Li-
beración, como intento de «liberarse del eurocentrismo» y llegar a ser
efectivamente «mundial», «desde la afirmación de su alteridad exclui-
da, para analizar ahora deconstructivamente su "ser-periférico". La fi-
losofía hegemónica ha sido fruto del pensamiento del mundo como do-
minación. No ha intentado ser la expresión de una experiencia mundial,
y mucho menos de los excluidos del "sistema-mundo", sino exclusiva-
mente regional pero con pretensión de universalidad (es decir, de negar
la particularidad de otras culturas)»271.
La tarea frente a este mortal desenfoque está en liberar a la filosofía
occidental, que se presenta como la única filosofía existente, de sus
pretensiones centralistas y construir una nueva filosofía y ética, libera-
dora y de la liberación, que oriente su reflexión precisamente desde la
perspectiva de los excluidos y de las víctimas del sistema dominante.
Como ejercicio de esa tarea fundamentadora, Dussel configura, como

________________
269
Cfr. DUSSEL, E., Hipótesis para el estudio de América Latina en la historia
mundial, Resistencia, Universidad Nacional del Nordeste, 1967.
270
Cfr. DUSSEL, E., 1492, El encubrimiento del otro. Hacia el origen del mito de la
modernidad, Madrid, Nueva Europa, 1992.
271
DUSSEL, E., Ética de la Liberación, o.c., p. 75.

753
ya hemos apuntado anteriormente una arquitectónica de seis principios,
articulados en dos grupos, y que van a configurar las dos partes de su
ambicioso libro. La primera parte está encaminada a presentar los tres
principios que configuran los fundamentos de la ética. Son los princi-
pios que Dussel denomina material, formal y de factibilidad. La segun-
da parte de la obra, encaminada a un apuntalamiento y complementa-
ción de los principios de la primera parte, comprende la visión crítica
de la ética, a través de tres principios que complementan los tres for-
mulados en la primera parte, y que denomina Dussel el principio críti-
co, el de validez anti-hegemónica y el de praxis de liberación.
Es evidente, pues, para Dussel que todo intento de fundamentar la
ética tiene que ser consciente de su dimensión histórico-cultural. Pero
tal convicción no hace más que advertir lo limitada y encarnada que es
toda ética, en la medida en que siempre será deudora de una cultura de-
terminada. La ignorancia de esta realidad ha llevado a determinadas
eticidades y teorías éticas a presentarse como la única existente y a en-
tender que sus criterios son los únicos universales o universalizables,
porque sólo ellos tienen los criterios necesarios para dilucidar qué es el
bien y el mal, y las conductas e instituciones buenas o malas. Es lo que
le ocurre al sistema-mundo europeo y occidental, como acabamos de
señalar.
Esta constatación puede conducir a un relativismo cultural o cultu-
ralismo ingenuo, como ha sido la tendencia de la mayoría de las corrien-
tes «postmodernas», defensoras de la fragmentación de la razón y de la
negación de la razón universal ilustrada, que pretendía equiparar la ra-
zón europea con la razón universal. Dussel es crítico con el sistema he-
gemónico dominante, pero su salida alternativa no consiste en la defen-
sa de una «razón fragmentada» o un «pensamiento débil», porque esta
salida no aboca más que a la irracionalidad y al mantenimiento de la
exclusión de las víctimas de nuestro mundo. Se requiere, por tanto, una
nueva racionalidad con pretensiones de una renovada y correcta univer-
salidad. Y esa es la pretensión de Dussel con su nueva Etica de la Libe-
ración. De tal forma que «una ética crítica desde la periferia del Siste-
ma-Mundo, Sistema-Mundo que globalizándose produce una miseria
creciente en el Sur, es el tema de la ética de la liberación»272.
En la actualidad, E. Dussel se halla en plena elaboración de una fi-
losofía política crítica, explicitación y concreción directa de su ética de
la liberación. De momento, ha publicado varios artículos al respecto,

_______________
272
DUSSEL, E., «Arquitectónica de la Etica de la Liberación en la edad de la globaliza-
ción y la exclusión», Laval Théologique el Philosophique, 1998, n.° 54, pp. 455-471; 459.

754
editados conjuntamente bajo el título significativo de Hacia una filoso-
fía política crítica213, pero la obra que recogerá sus ideas de forma
completa y más sistemática, está todavía por llegar. A la vista de todo
esto, no podemos por menos que reconocer que, al margen de discre-
pancias parciales sobre diversos aspectos de su obra, la filosofía de la
liberación de E. Dussel representa, a nuestro entender, la aportación teó-
rica más densa y consistente de todas las presentados por el conjunto
de los filósofos que se autodenominan filósofos de la liberación.

4.2.3. La corriente historicista: Roig y Zea

Los pensadores fundamentales de esta línea de la FL, como ya diji-


mos en su momento, son Leopoldo Zea, Arturo Andrés Roig y Arturo
Ardao. Horacio Cerutti se centra más en las ideas de A.A. Roig que en
las de L. Zea, considerando al filósofo argentino como el autor más
ejemplificador de este subsector de la filosofía de la liberación, deno-
minado historicista. Como ya hemos tenido ocasión, en el capítulo an-
terior, de presentar las ideas fundamentales de los tres autores, me limi-
taré aquí a detenerme en sus tesis centrales sobre la filosofía de la
liberación, según los rasgos del subsector que ellos representan, ha-
ciendo más hincapié en el pensamiento de A.A. Roig274.
Sus ideas fundamentales las expone en su ponencia («Función ac-
tual de la filosofía en AL») del Coloquio de Filosofía de Morelia, de
agosto de 1975. El parte de la clara conciencia de que se está ya reali-
zando un pensar «latinoamericano». Esta filosofía latinoamericana tie-
ne que volver a reencontrarse con su pasado histórico-filosófico, tanto
continental como mundial. La filosofía presente es deudora críticamen-
te de los intentos filosóficos anteriores. Pero esta práctica teórica sólo
puede surgir a partir de un «compromiso» histórico con la «liberación
social y nacional», y con la «integración» latinoamericana.
La filosofía entendida como «ontología» se delimita frente a sus
contraimágenes: un «saber puramente admirativo y contemplativo», el
«formalismo» y el «ontologismo», con sus variantes «esteticistas» y
«eticistas». La filosofía incluye una dimensión «ideológica» en la medi-
da en que no sólo es «filosofía sin más», dando importancia al «cómo»
filosofar, sino también al «para qué» hacerlo. La filosofía Latinoamérica-
na contemporánea (la FL) surge, según Roig, con posterioridad a la

________________
273
Bilbao, Desclée de Brouwer, 2001.
274
Cfr. CERUTTI, H., La filosofía de la liberación latinoamericana, o.c., 59-65.

755
«quiebra de las filosofías de la conciencia», producida por la crisis
existencialista, y debe asumir rigurosamente (en una nueva modalidad
de «rigor») la filosofías de denuncia (en especial el «freudismo» y el
«marxismo»).
La función del filósofo no es misión individual, ni de élites, sino
que debe enmarcarse en el contexto del «sistema de conexiones» de
una época, y allí operar. La filosofía latinoamericana actual debe to-
mar conciencia de su emergencia, y a partir de un «a-priori-histórico»,
que la determina y condiciona ideológicamente. Así, su punto de parti-
da es «asertórico», es el reconocimiento de una «facticidad», que se
categoriza como «a-priori-histórico». Este «a-priori» incluye elemen-
tos efectivos. En los modelos filosóficos de los «fundadores» o «nor-
malizadores», esta actitud es el «miedo», un miedo ideológico condi-
cionado.
La ontología es concebida como un discurso permanentemente
«onto-crítico» de su génesis, y como «antropología». Considera Roig
que la tarea de esta filosofía tiene distintos aspectos: búsqueda de nue-
vos conceptos integradores, reelaboración de símbolos, y reelaboración
de la «historia de la filosofía». La historia de la filosofía debe ser refor-
mulada como «historia del pensamiento», y deberá incluir tanto el dis-
curso «filosófico» como el discurso «ideológico-político», pues ambos
tienen en común el mismo «status epistemológico». Y esta «ampliación
metodológica» permite reorientar la «historia del pensamiento».
A.A. Roig se define partidario del «historicismo», en la medida en
que el «hacerse» y «gestarse» del hombre por el «trabajo» es una clave
de decodificación del discurso opresor. Se manifiesta contrario a todo
«platonismo», por el cual una pretendida filosofía «puramente» teoréti-
ca intenta desempeñar un papel rector respecto de otros discursos. Des-
de ahí, realiza un intento de reformulación de la tarea del filosofar, en
tanto identificado con la «historia del pensamiento». La tarea es «redu-
cir los metalenguajes» filosóficos a «lenguajes».
Las «ontologías del ser americano o nacional» son, en opinión de
Roig, otras tantas contra-imágenes de la «ontología de la liberación».
En su pretensión de quebrar la racionalidad y la universalidad de un
pensar ontológico que se pretende como tal, estas ontologías caen en
el «irracionalismo». Su «populismo» constitutivo utiliza diversas ca-
tegorías que son «encubridoras», como las de «pueblo» y «ser na-
cional».
Roig insiste también en la dimensión «utópica» del discurso libera-
dor, recuperando su sentido de «voluntad de realidad» (como lo indica
Carlos Astrada). El símbolo de esta filosofía (podría decirse: la simbo-
lización de esta auto-imagen) será para él Calibán, en oposición a Ariel

756
y Próspero. Calibán, según Roberto Fernández Retamar275, es el sím-
bolo de un pensamiento que permita recoger y reivindicar lo autóctono.
Hay que recordar que, por el contrario, para Sarmiento Calibán repre-
sentaba la barbarie. Próspero y Ariel son el símbolo del pensamiento
de élites (Ariel hace referencia, como se recordará, al libro de Rodó del
mismo nombre, y Próspero, al cuento de Robert Arlt, que representa a
un viejo y venerado maestro, en alusión al Próspero de La Tempestad,
de Shakespeare)276.
En opinión de Cerutti, se da una gran diferencia entre los plantea-
mientos filosóficos de las posturas populistas y la historicista. Mientras
en la raíz del sector populista, hay una opción fideísta como exigencia
previa del filosofar, como si hubiera que creer para poder incorporarse
a la praxis y a la tematización de la liberación latinoamericana, la pos-
tura historicista, en cambio, apunta a una toma de posición revolucio-
naria, que se considera ideológica, y susceptible de permanente auto-
crítica. No se excluye la opción de fe, pero ésta no actúa como
condicionante del proceso histórico. La fe es una cuestión a considerar,
y a tematizarse críticamente.
Por lo demás, también esta línea historicista se distingue de las dos
anteriores en el diferente punto de partida de su filosofar, así como en
su metodología, en el sujeto del filosofar, y en la concepción y tareas
que atribuyen a la filosofía, como muy bien señala H. Cerutti277, y no
necesitamos repetir aquí.

4.2.4. La corriente problematizadora: H. Cerutti Guldberg

a) PLANTEAMIENTOS GENERALES DEL GRUPO SLTEÑO27

En esta corriente se sitúa el propio H. Cerutti, autor al que estamos


siguiendo en esta clasificación. Como vimos más adelante, este subsec-
tor queda también englobado, junto con el historicista, dentro de los
críticos del sector populista, con sus dos subsectores correspondientes.
El sector problematizador coincide con el historicista en recuperar y
valorar el pasado histórico, pero se desmarca de él por la diferencia de

_____________________
275
FERNÁNDEZ RETAMAR, R., Calibán. Apuntes sobre la cultura de nuestra América,
México, Diógenes, 1974; 2.a ed.: Buenos Aires, La Pléyada, 1973.
276
CERUTTI, H., o.c., pp. 62-63.
277
Cfr. CERUTTI, H., o.c., pp. 218-222; 240-244, y 264-265.
278
Cfr. Ibídem, pp. 222 y ss. Cfr. también CERUTTI, H., Filosofías para la liberación.
¿Liberación del filosofar!, México, UAEM, 1997.

757
enfoques epistemológicos desde los que se sitúa. Como el propio Ce-
rutti señala en sus análisis sobre los cuatro sectores, el grupo suyo, de-
nominado también el «grupo de Salta», cargó el énfasis en la dimen-
sión epistemológica de la FL, tratando de cuestionar radicalmente el
propio discurso y de verificarlo. Se trataba de saber hasta dónde era po-
sible, y permisible, la constitución de una tal filosofía liberadora y de
liberación, y cómo habría que constituirla, o si estaba construida ya. De
hecho, según ellos, todo el suelo donde se asentaba tal filosofía se
tambaleaba permanentemente y resultaba ilusorio el deseo de construir
un sistema como resultante de un tal tipo de reflexión sistemáticamente
exigido. Este sector crítico puso en primer plano el problema del len-
guaje, el de la ideología y el problema metodológico. En cambio, el
sector populista destacó mucho más la dimensión ontológica (metafísi-
ca) y ética de la cuestión, como ya hemos tenido ocasión de ver.
Los representantes más significativos de esta corriente fueron José
Severino Croatto, Manuel Ignacio Santos y Horacio Cerutti. La deno-
minación de «grupo salteño» se debe al hecho de sentirse discrimina-
dos y no aceptados por el grupo populista y haberse juntado, como al-
ternativa, en la ciudad de Salta, desde donde emitieron un documento
con sus puntos de vista, denominado el Documento de Salta (1975)279.
Gustavo Ortiz se unió al grupo a partir de 1972280. Además de ellos,
Cerutti considera que también habría que situar en esta postura a Hugo
Assmann281 y a A. Salazar Bondy, aunque nunca formaron parte física
del grupo.
No cabe duda que quien se ha convertido desde entonces en porta-
voz y figura más representativa del grupo ha sido H. Cerutti, y será a
través de sus escritos como presentaremos los rasgos más específicos
de la filosofía de este subsector, así como las sucesivas etapas del pen-
samiento del propio H. Cerutti. Según Cerutti, los elementos teóricos
que aglutinaron al grupo salteño, en oposición al populismo, fueron los
siguientes: a) diferenciar, utilizando categorías althusserianas, que no

_______________
279
Cfr. este Documento en CERUTTI, H., Filosofía de la liberación latinoamericana,
o.c.,pp. 301-310.
280
Cfr. ORTIZ, Gustavo, La racionalidad esquiva. Sobre tareas de la Filosofía y de la
Teoría Social en América Latina, Córdoba (Argentina), Universidad Nacional de Córdo-
ba/Universidad Nacional de Río Cuarto/CONICOR, 2000; Id., El vuelo del buho. Textos fi-
losóficos desde América Latina, Córdoba (Argentina), Universidad Nacional de Río Cuar-
to, 2003.
281
Cfr. ASSMANN, Hugo, «Notas sobre las implicaciones de un nuevo lenguaje teológi-
co», Stromata, 28 (1972), n.° 1-2, 161-181 (Fue su ponencia en las Jornadas de Filosofía
de San Miguel, Argentina, 1972); Id., «Presupuestos políticos de una filosofía latinoameri-
cana», Nuevo Mundo, 1973, n.° 1, pp. 25-35.

758
es lo mismo declarar fundada una problemática (como pensaba el gru-
po de E. Dussel), que fundarla efectivamente; b) no es suficiente para
situarse «fuera del sistema» filosófico y cultural hacer una mera expre-
sión de deseos. Para el grupo salteño, el discurso populista no ha efec-
tuado una ruptura con el discurso platónico e idealista, propio de toda
la filosofía occidental, como Derrida lo habría mostrado; c) tal corte
epistemológico no puede darse a nivel filosófico, porque no se ha pro-
ducido un previo corte de tipo político.
El grupo de Cerutti consideraba que postular una filosofía primera
desde la ética y desde una política de liberación, no servía más que
para mantenerse dentro de la filosofía tradicional a superar, filosofía
deudora todavía del aristotelismo. En ese sentido, entendían que la éti-
ca a la que apelaban los analécticos era una ética apresurada, como
discurso metafísico, sospechoso de ser encubridora de la instancia eco-
nómica de las sociedades latinoamericanas. Igualmente, frente a la rup-
tura total con el pasado que propugnaban los populistas, los críticos
sáltenos aceptaban el pasado como algo propio, aunque la aceptaran de
modo crítico, para desde él buscar respuestas a los problemas que nos
propone el presente.
Un tercer aspecto de distancia se refiere al sujeto del filosofar,
puesto que frente a la postura populista, que entienden como sujeto de
ese filosofar una idea mítica de pueblo, del cual son portavoces los in-
telectuales (pero sin demasiado control crítico), los sáltenos entienden
que la filosofía de la liberación llegará a ser tal cuando el pueblo asuma
la tradición de lucha de los oprimidos y del proletariado latinoamerica-
no. Así, pues, la idea mítica y acrítica de pueblo tiene que ser cribada y
transformada en la clase proletaria.
En consecuencia, en el Encuentro de Salta (1974), propugnan la su-
peración de la denominada filosofía de la liberación por los sectores
populistas desde una filosofía de la ruptura, con la incorporación a ella
de un nivel epistemológico crítico, que suponga la reflexión sobre las
condiciones de producción del conocimiento desde la asunción de la
crítica marxista y del freudismo, y en general del conjunto de las filo-
sofías de la sospecha. Desde esos planteamientos, entendían que hablar
de la «fenomenología del rostro del pobre» no pasaban de ser mistifica-
ciones peligrosas, incapaces de ver y enfrentarse a la miseria real, sin
envolturas enmascaradoras, con los planteamientos epistemológicos
adecuados.
Como conclusión, las tareas que consideraban necesarias llevar a
cabo eran, en primer lugar, no renunciar a la crítica y a la autocrítica;
en segundo lugar, intensificar la producción creativa y las aportaciones
positivas, para no quedarse en meros reparos críticos y negativos. Son

759
conscientes de que no han creado ya una nueva problemática, sino que
están sólo comenzando esta tarea, que otros podrán más adelante com-
pletar y juzgar. Lo que sí entienden es que hay que partir de la factici-
dad de la filosofía latinoamericana como punto de partida del filosofar,
una facticidad cultural que consideran ser también una facticidad de
clase. Es decir, en vez de quedarse en la cuestión de la posibilidad y
realidad de la filosofía latinoamericana, hay dar por hecho su existen-
cia y preguntarse por las condiciones de posibilidad de esa realidad in-
negable.
Hemos señalado que, entre todos los integrantes de este grupo sal-
teño, Horacio Cerutti es quien ha realizado de modo más activo y
acertado la labor de extender sus planteamientos, a la vez que ha reali-
zado una posterior filosofía personal sobre la que vamos a tratar a con-
tinuación.

b) LA EVOLUCIÓN FILOSÓFICA DE HORACIO CERUTTI282

H. Cerutti nació en Mendoza (Argentina) en 1950. Estudió la licen-


ciatura y la maestría en filosofía en la Universidad Nacional de Cuyo,
Mendoza, completando sus estudios de postgrado en la «Fundación Bari-
loche» de Río Negro (Argentina) sobre temas de Epistemología de las
Ciencias Sociales. Como hemos tenido ocasión de ver en páginas ante-
riores, fue uno de los creadores de la filosofía de la liberación, dentro del
subsector que él mismo denomina problematizador, o grupo salteño,
comprometiéndose activamente en la crítica al peronismo. Durante los
años sesenta fue profesor en la Universidad Nacional de Salta (Argenti-
na), hasta que por la situación persecutoria del peronismo tuvo que exi-
larse a Ecuador, donde continuó con su labor docente en la Universidad
de Cuenca. Allí realizó tu tesis doctoral, Filosofía de la liberación lati-
noamericana2^. Ha sido becado por la Fundación Humboldt en la Uni-
versidad de Nüremberg (Alemania). Desde los años setenta se afianzó en
México, donde se nacionalizó algunos años después, trabajando como

________________
282
Cfr. MUÉS DE SCHRENK, Laura, «Horacio Cerutti Guldberg (1950)», en JALIF de
BERTRANOU, Clara Alicia (comp.), Semillas en el tiempo. El latinoamericanismo filosófico
contemporáneo, Mendoza, EDIUNC, 2001, pp. 43-53; GARCÍA CLARCK, R./RANGEL. L/
MUTSAKU, K., Filosofía, utopía y política. En torno al pensamiento y ala obra de Horacio
Cerutti Guldberg, México, UNAM, 2001; FLORES GARCÍA, Víctor, «Horacio Cerutti Guld-
berg: El pensamiento filosófico en Latinoamérica», Cultura (Revista del Consejo Nacional
para la Cultura y el Arte), San Salvador, 1997, n.° 79, 35-56; CROCKER, David, «La meta-
crítica de Horacio Cerutti a las filosofías de la liberación», Cuadernos de Filosofía (Uni-
versidad San Carlos de Guatemala), IV (1993), n.° 6, pp. 64-111.
283
México, FCE, 1983, repetidas veces citado.

760
profesor de filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México,
trabajando y promoviendo incansablemente la investigación sobre el
pensamiento filosófico latinoamericano.
Siguiendo el escrito ya citado de Laura Mués de Schrenk, podemos
organizar la trayectoria filosófica de Cerutti alrededor de tres centros
de interés, que constituyen al mismo tiempo como tres etapas de su tra-
yectoria intelectual: su etapa de filosofía de la liberación, sus reflexio-
nes sobre el sentido de la filosofía latinoamericana, y sus reflexiones
sobre la utopía. Seguiremos este esquema para facilitar la presentación.
1. La etapa de filosofía de la liberación. Cerutti, como ya vimos,
fue uno de los creadores de la filosofía de la liberación, a la vez que
uno de los más jóvenes integrantes del grupo, situándose en el sector
crítico del populismo. Su libro Filosofía de la liberación latinoameri-
cana (1983), resultado de su tesis doctoral, constituye el primer trabajo
global sobre esta corriente de pensamiento, y un punto de referencia
obligado sobre los orígenes y contenidos de esta importante corriente
filosófica. Su talante crítico respecto a las insuficiencias epistemoló-
gicas del sector populista, así como su insistencia en la primacía de la
praxis sobre la pura teoría filosófica, le ha llevado a distanciarse de la fi-
losofía de la liberación para proponer más bien una filosofía para la libe-
ración284.
Las influencias de la filosofía para la liberación de Cerutti son las
mismas que para el resto de los demás sectores de la FL, con un espe-
cial énfasis en la necesidad de echar mano de los teóricos de la sospe-
cha, y en especial del estructuralismo de Althusser, para hacer de la FL
una filosofía que delimite correctamente una nueva problemática des-
de una adecuada ruptura epistemológica. Esa nueva problemática hace
referencia a la situación de dependencia y dominación en la que se hallan
las mayorías populares latinoamericanas, y en general las de los llama-
dos países del tercer mundo. En esa situación, el sujeto social e históri-
co es tratado como objeto por los poderes dominantes, aunque no por
ello deja de ser y de actuar como sujeto, en la medida en que experi-
menta su repugnancia por la situación en que se halla y emprende un
proceso de liberación.
Para poder contribuir correctamente al proceso de liberación, la filo-
sofía tiene que cumplir, en opinión de Cerutti, tres condiciones: a) cono-
cer y tematizar la estructura compleja con la que está constituida la
realidad, aplicando a la situación latinoamericana la máxima ilustrada

_______________
284
Cfr. CERUTTI, H., Filosofías para la liberación. ¿Liberación del filosofar!, o.c.

761
de Kant: «Atrévete a conocer la realidad», como camino adecuado para
entenderla y asumirla; b) entender la realidad para así poder corregirla,
a través de la crítica de la propia situación. El ejercicio de la crítica so-
cial lo entiende Cerutti como un ahondar en las causas que producen la
marginación y las ideologías que la justifican y enmascaran, y distin-
guiendo entre las ideologías y lo que es reconocido como efectos de
causas históricas; c) tematizar, en un nivel superior, los principios váli-
dos desde los que se hace la crítica. Toda esta reflexión filosófica tiene
sus repercusiones a la hora de interpretar la historia latinoamericana
y sus expresiones culturales y filosóficas. La historia no es algo inevi-
table y causado por factores naturales, sino fruto de decisiones político-
económicas tomadas por sujetos históricos concretos. De ahí que el rea-
lismo ingenuo y las posturas positivistas se convierten en ideologías al
servicio de los poderes dominantes, en la medida en que favorecen la
ley del más fuerte como propugna el darwinismo social y los plantea-
mientos racistas. Surge, por tanto, la necesidad de estudiar y asumir la
propia historia de modo crítico para descubrir sus puntos negros, pero
también los momentos precursores de los diferentes intentos de libera-
ción y de la búsqueda de la identidad latinoamericana285. De ahí que la
postura de Cerutti se decanta tanto contra los que asumen el pasado
como inevitable, como también contra quienes lo rechazan y olvidan,
considerando que sólo empezando desde cero se puede construir una
verdadera y auténtica historia y filosofía de liberación.
2. La función de la filosofía latinoamericana. La primera de las
funciones, ya hemos visto, tiene que ser una crítica de la sociedad, de
la realidad del filósofo. Y se trata de una tarea en constante realización,
sin que se termine nunca, puesto que nunca se llegará a una sociedad
perfecta en la que ya no haga falta la alerta crítica. En la fase de filoso-
fía de liberación, Cerutti, como el resto de sus compañeros de empeño
filosófico, centró su reflexión en el análisis de la dependencia de los
países subdesarrollados respecto a los países del primer mundo, pero en
esta segunda fase se centra en el análisis de los nuevos movimientos
sociales en todas sus áreas, en sus luchas por la reivindicación de los
derechos humanos básicos. En sus reflexiones se detiene también Ce-
rutti en analizar el papel determinante de los medios de comunicación y
el papel tan determinante que posee el lenguaje y su constante manipu-
lación. Si hemos señalado que una de las funciones inexcusables de la
filosofía es conocer y dar cuenta de la realidad lo más fielmente posible,

_______________
285
Cfr. CERUTTI, H., «Historia de las ideas filosóficas latinoamericanas», Revista de
Hispanismo Filosófico (Madrid), 2001, n.° 6, 5-15.

762
no se puede olvidar ni descuidar la ayuda de las diferentes ciencias so-
ciales, entre ellas la lingüística, a la hora de mediar dicho conocimiento
de la realidad. En consecuencia, frente a la postura epistemológica inge-
nua e ideológica de los positivismos, habrá que ser conscientes de que la
función de la filosofía consiste ante todo en esclarecer y desenmascarar
todos los factores que mediatizan, esclareciendo u ocultando, el acerca-
miento fiel a la realidad286. Y no cabe duda que la mediación del lengua-
je es fundamental e inevitable. La filosofía crítica tendrá, por tanto,
como primera función desenmascarar las diversas ideologías que se
ocultan en lenguajes falaces y enmascaradores de desigualdad y domi-
nación. La ideología dominante que hay que desenmascarar es el neoli-
beralismo, que propugna la libertad de todos, pero que se halla limitada
sin embargo a los que tienen poder adquisitivo. Tras sus reinvindicacio-
nes de libertad irrestricta se oculta un modelo antropológico basado en
el individualismo posesivo, en reducir al ser humano a su faceta mera-
mente económica (producir y consumir: homo oeconomicus), marginan-
do de este proceso a quien no sirva a sus intereses de dominación.
Los estudios de Cerutti sobre la realidad latinoamericana, y la fun-
ción crítica de la filosofía, no se reduce a la situación presente, sino que,
como hemos indicado antes, se orientan al pasado, a la asunción crítica
de la historia latinoamericana, para interpretarla y recuperarla sin en-
mascaramientos ideológicos287. Desmarcándose de la filosofía de la his-
toria hegeliana, defensora de la independencia y de las interconexiones
de las ideas entre sí, Cerutti entiende que la historia y la reflexión filo-
sófica sobre la misma surgió de problemas prácticos, de circunstancias
concretas que exigían ser asumidas y «salvadas» (en expresión de Orte-
ga y Gasset).
Esa relación con la realidad práctica y con las propias circunstan-
cias es lo que ha marcado la historia del pensamiento filosófico latinoa-
mericano en el pasado y también en el presente. Así, si durante la década
de los sesenta la filosofía en cuanto liberadora se centraba en el tema de
la dependencia respecto a las metrópolis del primer mundo, en las dé-
cadas posteriores dicha reflexión se completó con la referencia a otros
poderes internos a los propios países latinoamericanos que contribuyen
a mantener la situación de dependencia. En definitiva, la función de la

_______________
286
Cfr. CERUTTI, H., Hacia una Metodología de la Historia de las Ideas (Filosóficas)
en América Latina, México, Porrúa/Centro Regional de Investigaciones Multidisciplina-
rias, 1986.
287
Cfr. CERUTTI, H, Filosofar desde nuestra América. Ensayo poblematizador de su
modus operandi, México, Porrúa/ Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias,
2000.

763
filosofía es servir a los sectores desprotegidos, marginados y excluidos
de la población, que son los más numerosos, para ayudarles y colaborar
con ellos en el proceso de su propia liberación. De ahí que la filosofía
tiene que estar al servicio de la praxis política, y tiene como misión una
tarea pública y política.
3. La filosofía como utopía. Es la temática en la que Cerutti se ha
ido centrando en los últimos años288. Para Cerutti la utopía representa
un ingrediente esencial de la FL. Pero hay que precisar qué se entiende
por utopía, puesto que no hay que entenderla como algo quimérico e
inalcanzable, ni tampoco en el sentido del género ensayístico clásico
surgido con las obras renacentistas de Tomás Moro y Campanella, sino
que «Cerutti entiende la utopía como un concepto o categoría episte-
mológico-práctica que puede ser pre-consciente, pre-racional, o plena-
mente consciente y racional»289. La utopía es entendida por Cerutti
como un concepto operativo, como ejercicio racional que se apoya en
dos polos para conjugarlos y coordinarlos: la realidad concreta y el
mundo moral ideal hacia el que se la quiere empujar y orientar. Por tan-
to, el ejercicio de poner en práctica la reflexión utópica tendrá siempre
dos momentos: el negativo, como crítica respecto a la realidad, advir-
tiendo los momentos o aspectos de dependencia y opresión, y el positi-
vo, el empeño de luchar por la libertad, autonomía y espontaneidad de
los seres humanos290.
En definitiva, la utopía funciona en el planteamiento de Cerutti
como gozne y bisagra, que ayuda a unir y conjugar dos momentos
opuestos: «Uno de ellos conoce, juzga y valora lo real como situación
insoportable; a este momento, Cerutti lo llama "el diagnóstico crítico
de la realidad". Al segundo lo llama "una propuesta terapéutica", es de-
cir, lo que se desea llegue a ser por la acción colectiva. La utopía sería
ese concepto formal que opera como la mediación que permite relacionar
lo real insoportable y lo ideal deseable, en especial "lo posible" de lo de-
seable»291. En consonancia con su teoría, Cerutti conjuga e incluso trata
de unificar la utopía con el progreso. Pero Cerutti trata antes de desmar-
carse de la tradicional idea de progreso, utilizada por el positivismo y ya

__________________
288
Cfr. CERUTTI, H., Ensayos de Utopía I y II, México, Universidad Autónoma del Es-
tado de México, 1989; Id., De varia utópica (Ensayos de utopía III), Bogotá, Universidad
Central, 1989; Id., «¿Fin o renacimiento del pensar utópico?», Cuadernos Americanos,
Nueva Época, Edición especial, II (1995), n.° 50, marzo-abril; Id., Presagio y tópica del
descubrimiento, México, UNAM, 1991.
289
MUÉS DE SCHRENK, L., o.c., p. 49.
290
Cfr. CERUTTI, H., «¿Fin o renacimiento de la utopía?», o.c.
291
MUÉS DE SCHRENK, L., o.c., p. 50.

764
gastada y desprestigiada. Y su desprestigio vino de que se entendía el
progreso solamente en su aspecto tecnológico y político- liberal. Pero
Cerutti considera que se puede recuperar la idea de progreso en tendido
su influencia posterior en varios de los cultivadores de la FL, sobre
todo en E. Dussel294, ha sido significativa. Al mismo tiempo, Hinke-
lammert ha desarrollado un importante y original sistema de pensa-
miento, que le dan sin ninguna duda el derecho a ser incluido entre los
pensadores más importantes de la actualidad latinoamericana. Conside-
ramos que su referencia constituye, al igual que la de Ignacio Ellacuría,
un punto de referencia obligado para el estudio de la FL Latinoamérica-
na en la actualidad. Como hemos hecho respecto a los demás pensadores,
indicaremos los datos más significativos de su biografía, para después
realizar el recorrido sintético de sus principales etapas intelectuales con
sus textos escritos más relevantes.
Franz Joseph Hinkelammert nació en Alemania, en 1931. Obtuvo el
doctorado en Economía en la Universidad Libre de Berlín. Muy pronto
se instaló en Latinoamérica, empezando por Chile, a donde llegó en
1963, y en donde permaneció hasta el golpe militar de Pinochet contra
el presidente constitucional, Salvador Allende. En Chile desarrolló una
importante labor académica como profesor de la Universidad Católica
de Chile y como miembro del CEREN (Centro de Estudios de la Reali-
dad Económica Nacional). En 1973 vuelve a Alemania, donde continúa
su labor docente como profesor visitante del Instituto Latinoamericano
de la Universidad Libre de Berlín. En 1976 regresó de nuevo a Latinoa-
mérica, afincándose (de forma definitiva, hasta el presente) en San José
de Costa Rica, y al año siguiente fundó, junto con el teólogo de la libe-
ración Hugo Assmann, el Departamento Ecuménico de Investigaciones
(DEI), donde actualmente ejerce su labor docente e investigadora. El
interés de sus estudios ha estado siempre orientado por las relaciones
entre economía y religión, considerado como uno de los más prestigio-
sos teólogos de la liberación. Como señala Alejandra Ciriza, especialis-
ta en el pensamiento de Hinkelammert, «la trayectoria vital de Hinke-
lammert está estrechamente ligada a sus preocupaciones teóricas.
Muchas de las inflexiones en su pensamiento, los énfasis e intereses es-
tán vinculados al modo bajo el cual la historia vivida fue marcando el
rumbo para la construcción de una producción teórica vasta y compleja
que el propio Hinkelammert señala como ligada al conocimiento "del
cielo y la tierra"»295.
Sus trabajos, como he indicado antes, se orientan a desvelar la rea-
lidad latinoamericana desde los puntos de vista socio-económicos, por

______________
294
Cfr. DUSSEL, E., Etica de la liberación, en la edad de la globalización y de la exclu-
sión, Madrid, Trotta, 1998, pp. 258-263: # 3.4., donde hace referencia al principio de «fac-
tibilidad», tomado de F.J. Hinkelammert.
295
«Franz Joseph Hinkelammert (1931)», o.c., p. 117.

766
un lado, y filosófico-teológicos, por otro. Además, su abundante pro-
ducción escrita nos obliga a seguir de forma esquemática el desarrollo
de las diferentes etapas por las que ha ido atravesando su esfuerzo teo-
rizador de la realidad latinoamericana.
A. Ciriza distingue en su trayectoria intelectual tres grandes etapas:
a) La primera abarca la década de los setenta, en la que el pensador ale-
mán se centró en discutir las tesis de las teorías socioeconómicas desarro-
llistas dominantes entonces, antes de que fuera tomando cuerpo la teo-
ría de la dependencia, de la que ya hablamos en su momento. Los libros
escritos en esta época son Plusvalía e interés dinámico. Un modelo
para la teoría dinámica del capital296, La teoría clásica del imperialis
mo, el subdesarrollo y la acumulación socialista297, Dialéctica del de-
sarrollo desigual298, e Ideologías del desarrollo y dialéctica de la his-
toria299, b) La segunda etapa se extiende a lo largo de los años ochenta,
en la que se centran sus debates con los neoliberales y neoconservadores,
en un momento en que estas ideologías, con su propuesta de un nuevo
orden político y económico sobre todo el planeta, supusieron para Lati-
noamérica un aumento importante del endeudamiento exterior y la ne-
cesidad de fortísimos ajustes económicos y políticos que generaron un
fuerte aumento de la pobreza y de la desigualdad, y la destrucción de
toda política de bienestar dirigida a favorecer al conjunto de la población.
Las aportaciones teóricas de estos años fueron Las armas ideológicas de
la muerte300, Crítica de la razón utópica10'', Democracia y totalita-
rismo1'02, La deuda externa de América Latina. El automatismo de la deu-
da303, y La fe de Abraham y el Edipo occidental304, c) La tercera etapa,
que se desarrolla a lo largo de los años noventa, la constituye la preo-
cupación de nuestro autor por los efectos devastadores de la globaliza-
ción, esforzándose por realizar una crítica de la misma, en la medida en
que el modelo globalizador que se está imponiendo, está poniendo
en peligro las condiciones de reproducción de la vida humana, llevan-
do incluso la explotación de los recursos naturales hasta tal extremo que
puede llegarse hasta su agotamiento. Esta actitud global del capitalismo

______________
296
Santiago de Chile, Ed. Ensayos Latinoamericanos, 1969.
297
Buenos Aires, Edic. Nueva Visión, 1970; 2.a ed.: 1973.
298
San José, EDUCA, 1970, 2.a ed. 1983.
299
Buenos Aires, Ed. Paidós, 1970, y Santiago, Ed. Universidad Católica de Chile, 1970.
300
San José, DEI, 1981.
301
San José, DEI, 1984.
302
San José, DEI, 1987.
303
San José, DEI, 1988.
304
San José, DEI, 1988.

767
le hace ver a Hinkelammert que la lógica economicista y de máximos
beneficios a corto plazo del neocapitalismo global le hace cada vez más
incompatible con la vida humana. Entre sus textos más significativos
durante estos últimos años están Sacrificios humanos y sociedad occi-
dental: Lucifer y la Bestia305, Cultura de la esperanza y sociedad sin
exclusión306, El mapa del emperador307, El grito del sujeto. Del teatro
mundo del evangelio de Juan al perro mundo de la globalización309.
Como puede verse, el conjunto de preocupaciones intelectuales del
pensador alemán se apoyan, como indica A. Ciriza309, en dos presu-
puestos básicos: la articulación entre economía y teología, convencido
Hinkelammert de que «cuando alguien habla del cielo no habla del cie-
lo. En términos del cielo no se puede sino hablar de la tierra»; y la rela-
ción entre teoría y praxis emancipatorias. En esta segunda relación, in-
tenta Hinkelammert relacionar y compaginar el pensamiento marxista y
la escatología cristiana, utilizando y analizando toda la simbología que
en ambos campos teóricos se dan.

b) LOS CONTENIDOS TEÓRICOS DE SU PENSAMIENTO

Veremos a continuación los contenidos teóricos más significativos


de las tres etapas que acabamos de mostrar de forma introductoria.

b.l) En la primera etapa, que abarca los años setenta, hemos indicado
que Hinkelammert, desde el horizonte tanto de la economía como de la
teología, se ocupa de desentrañar los entresijos ideológicos de las teo-
rías desarrollistas imperantes durante esos años. Al mismo tiempo, se
interesa por mostrar la relación entre el marxismo y la teología de la li-
beración. Su texto básico es el libro ya citado Ideologías del desarrollo
y dialéctica de la historia, en el que «procura establecer las líneas críti-
cas de articulación entre teología y marxismo a través de la crítica del
carácter tecnocrático de la ideología soviética, a la vez que recupera la
reflexión de Bloch»310. A la hora de echar mano de la teoría marxista,
se debe advertir que la interpretación que de Marx hace Hinkelammert
no es la oficial de la escolástica soviética, puesto que se trata de un

_________________
305
San José, DEI, 1991.
306
San José, DEI, 1995.
307
San José, DEI, 1996. :
308
San José, DEI, 1998.
309
Cfr. o.c.,p. 118.
310
RIZA, A., «Franz Hinkelammert. De las relaciones entre el cielo y la tierra. Teolo
gía de la liberación y marxismo», o.c., p. 196.

768
Marx más humanista, contrario a un modo de entender la sociedad en
el que se está produciendo, por los dos modelos políticos y económicos
imperantes en esos años, la destrucción del hombre por el hombre y el
riesgo de la destrucción ecológica del planeta. Ante una situación so-
ciológica en la que la ideología dominante apenas deja siquiera la posi-
bilidad de vivir, considera Hinkelammert que la revolución es la única
respuesta y salida posible. La lucha por la liberación representa el ejer-
cicio dialéctico de negar la negación a la que el capital somete a la vida
de la gran parte de la población de la tierra. En cambio, para Hinkelam-
mert no hay nada de revolucionario en el empeño de aportar solamente
soluciones técnicas, de mejoras parciales, a la miseria y al hambre de
las mayorías populares. Con eso no se consigue otra cosa que mantener
el sistema.
De ahí que esté también en contra de la ideología soviética de la
planificación tecnocrática de tan cortos vuelos, que además no hace
más que jugar en el mismo terreno que su enemigo, el capitalismo. En
efecto, mientras el marxismo ortodoxo situaba las discusiones y sus
empeños en el plano ideológico, el neocapitalismo le daba la vuelta al
problema y le vencía en el plano ideológico, criticando al socialismo
real su falta de libertad y considerando que la única salida a la miseria
está en la libertad individual y en la iniciativa privada. De este modo,
los marxistas se centraban en el debate de mejorar la producción y de-
jaban el campo ideológico en manos de la demagogia capitalista, apo-
yada en las teorías desarrollistas.
Hinkelammert por el contrario se empeña en hacer ver las im-
plicaciones entre marxismo y cristianismo, y la compatibilidad entre
la escatología cristiana y la utopía marxista de realizar el cielo en la
tierra. «Desde el punto de vista de Hinkelammert, para superar la teo-
ría tecnicista hacían falta dos elementos básicos: el concepto de ma-
durez de los tiempos, que debe concretarse en términos económicos y
sociales, y el elemento místico, capaz de desatar una praxis de libera-
ción. La revolución no resulta del desarrollo inmanente de las estruc-
turas, sino de un salto cualitativo, imposible de lograr sin un elemen-
to extático»311.
En definitiva, para Hinkelammert, sólo se podrá salir de la encerro-
na economicista, que se presenta como pensamiento único y la única
salida posible a los problemas del momento, articulando de modo ade-
cuado la racionalidad científica, la ética humanista y la teología de la
liberación. Con gran lucidez nos advierte Hinkelammert del error de

______________
311
CIRIZA, A., o.c.,p. 197.
creer que el simple desarrollo de la racionalidad científica y tecnológica
podrá solucionar el subdesarrollo y la pobreza, pensando que desde la
inmanencia de tal racionalidad se puede alcanzar el falso infinito de un
desarrollo sin término, habiendo posibilidad de esa manera de que los
pueblos subdesarrollados puedan alcanzar en un momento no muy leja-
no el tren del progreso y del desarrollo. La solución al conflicto entre
ricos y pobres, entre países desarrollados y subdesarrollados o depen-
dientes no está únicamente en un problema técnico, sino que se necesi-
ta un criterio trascendental y humanista, que oriente de forma radical-
mente nueva el sentido de la historia. «La sociedad sin clases no es
viable por la vía de la eliminación técnica de la lucha de clases, sino
por la proyección de la sociedad sin clases al rango de idea reguladora
de la praxis»312. De este modo, considera Hinkelammert que el huma-
nismo de la liberación adquiere un nivel trascendente y se convierte en
cristianismo de la liberación, y, según Hinkelammert, «su grado más
alto de racionalidad lo alcanza cuando se convierte en metafísica de la
historia. Entonces se vuelve cristiana a partir de la toma de conciencia
de que las posiciones del racionalismo ateo son reflexiones cristianas
no conscientes y no explícitas»313.
La articulación entre marxismo y teología es continuada en Las
armas ideológicas de la muerte, viendo la complementariedad
existente entre el fetichismo de la mercancía del marxismo y la teolo-
gía de la liberación. Hinkelammert ve que detrás de las mercancías se
descubren un conjunto de imágenes religiosas proyectadas sobre la
subjetividad que se atribuye a las propias mercancías. El fetichismo
de la mercancía, en la medida en que se mitifica, oculta su realidad
real y auténtica: un entramado de relaciones sociales, de modo que
hace invisible los efectos que la división del trabajo produce en las
sociedades mercantiles. De este modo, el fetichismo de la mercancía
hace creer a los productores que esas relaciones de producción y la
división del trabajo son realidades inevitables, fruto de una ley inexo-
rable, por encima de las voluntades humanas. Y de este modo, las mer-
cancías, convertidas en sujetos, sujetan a su vez a los auténticos suje-
tos, los seres humanos, a las reglas inexorables del mercado. Con ello,
las mercancías son constituidas por encima de los seres humanos, te-
niendo poder sobre su vida y su muerte. Vemos con ello cómo el mun-
do de la vida pierde su dimensión corpórea y se abstractiza en el mundo
inmaterial de las mercancías, convirtiéndose en puro cálculo económico,

_______________
312
Ibídem, p. 197.
313
Ideologías del desarrollo y dialéctica de la historia, o.c., p. 305.

770
donde sólo vale la ganancia. Y ese mundo abstracto y fetichizado de las
mercancías es el que se convierte en los criterios que organizan la
vida de los hombres, en su nueva legalidad. Así, ya no interesa qué
necesidades se dan en la organización del trabajo ni las demandas
que el sujeto humano concreto tiene en ese ámbito de organización de
la vida, sino que «la vida real es sustituida por criterios abstractos
que se levantan contra la posibilidad de reproducción de la vida hu-
mana misma. El sujeto humano queda de este modo sujetado al cálcu-
lo, sometido a la lógica capitalista de maximización de la ganancia, a
la utopía de la optimización del desarrollo de las fuerzas productivas
en el caso del socialismo soviético, a la renuncia al cuerpo que impone
el catolicismo conservador»314.
Para Hinkelammert tanto la teoría marxista como la teología de la
liberación representan herramientas válidas de emancipación, en la me-
dida en que proporcionan criterios para evaluar el tipo de sociedad que
haría posible una vida más humana. Y esos criterios serían «el valor de
uso como clave de lectura y punto de vista crítico sobre la organización
del mundo mercantil y la consideración del sujeto humano corpóreo
como clave de lectura de las promesas de salvación»315.
b.2) La segunda etapa del pensamiento de nuestro autor, la década
de los ochenta, está orientada a la crítica de un modo de entender la demo-
cracia, que espiritualiza el auténtico sentido de la democracia demo-
nizando al mismo tiempo el concepto marxista de «lucha de clases».
De este modo, como señala en Democracia y Totalitarismo (1987), se
rechaza cualquier tipo de lucha transformadora de las desigualdades so-
ciales y se excluye de la toma de decisiones a los sectores marginados.
En este interesante libro, Hinkelammert muestra cómo las nuevas teo-
rías democráticas presentes en América Latina significan una clara es-
cisión entre economía y política. Y de este modo se consigue también
mantener el carácter universal de los derechos democráticos pero entro-
nizando el mercado como mecanismo de distribución de los recursos y
de la riqueza. Así, el mercado se convierte en el mecanismo soberano
que, dejando de lado toda referencia seria a la política, destruye y des-
humaniza tanto a los hombres como a la naturaleza. De este modo, se
sustituye ideológicamente la realidad por «la verdad», una verdad inte-
resadamente construida para defender los intereses económicos domi-
nantes. Esta «verdad» artificial está constituida por los valores absolu-
tos e intocables del mercado y la espiritualización de la religión, que se

_______________
314
CIRIZA, A., «Franz Joseph Hinkelammert», o.c., p. 122.
315
Ibídem, p. 122.

771
limita a orientar la vida interior, al margen de la vida real. Por esta ín-
tima correlación entre economía y religión existente en la vida real,
considera Hinkelammert que se necesita realizar una doble crítica:
«crítica de la tierra bajo la forma de una teoría económica que reconoz-
ca la reproducción de la vida humana como su problema central (...), y
crítica del cielo bajo la forma de teología de la liberación. Teología
que critica la teología oficial de la resignación en la tierra a cambio
de un cielo abstracto donde espera la resurrección de un cuerpo etéreo
y descorporizado»316. Se da, por tanto, una interesada inversión tanto
en el ámbito de la economía como en el de la religión, puesto que en
la economía las relaciones humanas se abstractizan: puro cálculo de
optimización de recursos y de ganancias, dejando de lado el problema
capital de las condiciones de la reproducción de la vida humana. De
igual manera, en el terreno de la doctrina social católica se espiritua-
lizan tanto la pobreza como la riqueza. Por ello, tanto el marxismo
como la teología de la liberación coinciden en ser teorías del cuerpo
liberado, orientadas hacia las necesidades y goces humanos para sa-
tisfacerlos, y se oponen a ver sometidos y resignados a los pobres y
oprimidos. La emancipación que proponen ambas teorías es de los
cuerpos junto con las almas, y no sólo se refiere al más allá, sino tam-
bién a este mundo.
Si durante la década de los setenta Hinkelammert veía en la teoría
del desarrollo la ideología que pensaba resolver los problemas del de-
sarrollo a través de la mera aplicación de recetas técnicas y economi-
cistas, en los ochenta ve que es la teoría de la democracia la que se
convierte en el reclamo engañoso de pensar que todos los problemas
se van a resolver a través de una falaz utopía del acuerdo total. Y es
una propuesta ideológica porque oculta la visión de la realidad, el con-
flicto social, de tal modo que, cuando se quiere presentar y hacer visi-
ble tal conflicto en el ámbito del juego democrático, se le exorciza
como contrario y enemigo de la misma democracia.
En este problema de la falsa democracia ve Hinkelammert una es-
cenificación de la escisión entre economía y política, en la medida en
que «a la vez que se declara a un sujeto como sujeto de derecho, se
desfondan las condiciones materiales que posibilitarían su efectiva
puesta en práctica»317. De este modo, estaríamos en un mundo cada vez
más esquizofrénico, en la medida en que crece cada vez más la retórica
de los derechos humanos, pero, por otro lado, nunca como en el presente

______________
316
CIRIZA, A., «Franz Hinkelammert. De las relaciones...», o.c., p. 198.
317
Ibídem, p. 199.

772
se los está violando de forma más denigrante y sistemática. Frente a
este modo de manipulación de estos derechos humanos, Hinkelammert
considera que «los derechos humanos resultan ser modos de vida y no
simples especulaciones valóricas que se pueden considerar fuera de la
vida humana concreta, corporal, material»318.
Un libro clave de esta época es Crítica de la razón utópica (1984).
Hinkelammert, basado en el principio de factibilidad, considera que
será casi imposible hacer desaparecer definitivamente la desigualdad.
Pero mantiene la idea de una futura sociedad sin clases como idea re-
guladora, al estilo kantiano. Esta referencia a la utopía la entiende
como necesaria para una correcta articulación entre medios y fines, o
también entre una racionalidad formal y una racionalidad material.
Hinkelammert entiende que la forma como en Occidente se ha entendi-
do la racionalidad formal ha conducido al predominio de la razón ins-
trumental, al mismo tiempo que bajo la idea de progreso se ha creído
que manteniendo la estructura sociopolítica capitalista se estaría orien-
tando la historia hacia la realización del ideal social, como una ten-
dencia asintótica de progresivo acercamiento al mismo sin sobresaltos
ni rupturas. Muchas de las ideologías de la modernidad occidental han
defendido estos planteamientos desde diferentes puntos de vista. «Cri-
tica de la razón utópica es un gigantesco esfuerzo teórico por sistema
tizar los marcos categoriales del pensamiento conservador, los avata-
res del pensamiento neoliberal, la concepción propia del anarquismo y
del socialismo soviético. Si conservadores y liberales participan del
horror a la igualdad y la hipótesis de una realidad precaria amenazada
por el caos, revelando de este modo la distancia entre el liberalismo
emancipatorio del siglo xx y las versiones encarnadas por Hayek y
Fridmann, neoliberales y socialistas coinciden en la hipótesis de la
existencia de una quimérica institución perfecta: el mercado para unos
y el plan económico para otros»319. Por tanto, para Hinkelammert, jun-
to a las grandes diferencias entre ambos regímenes políticos se da en-
tre ellos profundas afinidades, en la medida en que el mercado y los
planes económicos coinciden en representar una racionalidad abstracta
que subordina el destino de la humanidad a una legalidad que se halla
por encima de ella. Con la destrucción del muro de Berlín y la caída
del socialismo real, se ha instaurado como única alternativa la neoca-
pitalista, que niega y destruye cualquier esfuerzo por construir otra al
ternativa a su sistema.

_______________
318
Democracia y Totalitarismo, Santiago de Chile, Amerindia, 1987, p. 138.
319
ORIZA, A., «Franz Joseph Hinkelammert», o.c., p. 123.

773
Esta negación de horizontes hace necesario, en opinión de Hinke-
lammert, una nueva reflexión sobre la utopía, así como sobre los
parecidos y diferencias entre los sistemas capitalista y socialismo sovié-
tico. Ante el triunfo del neocapitalismo, la utopía que se nos propone es
la negación de toda utopía, puesto que estamos en el mejor de los mun-
dos posibles o en camino de conseguirlo, y donde, por lo tanto, sobran
los sueños y las esperanzas utópicas. Así, en una sociedad donde domi-
na cada vez más implacablemente la racionalidad instrumental, empe-
ñada en mejorar los medios, se da un total olvido de los fines, sometido
todo lo humano a cálculo económico.
b.3) En la década de los noventa, con el triunfo del capitalismo oc-
cidental sobre su enemigo el socialismo soviético, Hinkelammert ad-
vierte que es ahora cuando muestra este capitalismo su radical falta de
respeto e incompatibilidad con la vida humana. En estos últimos años,
por tanto, se centran sus reflexiones en el nuevo mito secular aparecido
en nuestra cultura: el del progreso, aunque eclipsado a veces por anun-
cios intermitentes sobre la cercanía del fin de los tiempos. Como nos
hallamos en el fin de la historia, ya no hacen falta cambios cualitativos,
sino meros ajustes sobre puntos parciales y periféricos. El capitalismo
ha vencido, pero debido a su borrachera producida por la victoria ha
perdido la capacidad de resolver sus propios problemas. Dominado por
esta ceguera, la burguesía triunfante, como observa Hinkelammert en
El grito del sujeto (1998), no está haciendo otra cosa sino cortar la
rama sobre la que está apoyada.
Contra la lógica de la eficacia y del mercado se tiene que alzar la
lógica de la solidaridad y la del mantenimiento de las condiciones de
la correcta reproducción de la vida para todos, puesto que el criterio
humanista más adecuado es elegir entre la vida o la muerte, y no tanto
seguir la ley de la eficacia. En Cultura de la esperanza y sociedad sin
exclusión (1995), Hinkelammert pretende hacer ver que si el ordena-
miento social en el que estamos conduce a la explotación del hombre
por el hombre y a una vida sin sentido, no se debe a leyes objetivas
sino a que los intereses de la minoría dominante está orientando la
vida hacia el vacío. Como vimos, la burguesía dominante quiere hacer-
nos creer que es la única vía posible, sin que sean posibles ya ningún
tipo de utopías. Si en el siglo xix el capitalismo dominante ocasionaba
superproducción, introduciendo paro y miseria, en la actualidad se
está produciendo un amplio ejército de reserva, los excluidos por el
propio sistema en la medida en que ya no necesita de ellos. De este
modo, el sistema produce crisis en todas partes, pero el propio sistema
no está en crisis, puesto que todas las crisis parciales, desde la super-
población, la destrucción ecológica, el aumento del paro, del hambre,

774
de las enfermedades, etc., no hace más que aumentar la capacidad es-
peculativa del capital y sus ganancias. Y de todo esto surge, en opi-
nión de Hinkelammert, la tendencia de nuestro sistema sociopolítico
hacia el totalitarismo.
La lógica suicida del sistema neocapitalista imperante es descrita
por Hinkelammert con dura claridad en El mapa del emperador (1996).
Nuestro autor afirma que los dominantes del sistema, ante los drama-
ticos problemas sociales ante los que nos encontramos, en vez de afron-
tarlos adecuadamente y tratar de superarlos, adoptan una de estas dos
decisiones o lógicas: la lógica suicida, consistente en primar y seguir
exclusivamente la eficacia, con lo que el más eficiente gana y se mata,
terminando por aserrar la rama en la que estaba apoyado; o bien, crear
un emperador que intenta configurar un mapa del imperio perfectamen-
te diseñado y en el que todo está controlado. Pero este proyecto es im-
posible, no puede más que fracasar y llevar a la ruina total. Esta metá-
fora la aplica a la lucha entre los dos grandes sistemas en los que
estaba la humanidad empeñada hasta finales de los noventa. El sistema
soviético apuntaba hacia este ideal del imperio, pero al fracasar se reti-
ró dejando paso a otras alternativas. Queda ahora el único imperio, el
capitalista, pero es evidente también que está llevándonos a una deshu-
manización progresiva y a un callejón sin salida. Pero el emperador no
se va a retirar en este caso, sino que «declara que el progreso vacío, sin
ninguna meta, es un camino que hay que continuar inexorablemente
hasta el final»320.
Ante esta situación, Hinkelammert entiende que no hay más re-
medio que volver al tema de la utopía haciéndonos caer en la cuenta
de su importancia. Hay que echar mano de las ciencias sociales y es-
tudiar seriamente los mecanismos por los que se consiguen la re-
producción de la vida de los seres humanos o su muerte. Ahí está el pro-
blema básico para Hinkelammert, problema que no es sólo moral
sino que en un primer nivel se trata de un análisis racional y técnico
de los mecanismos que pueden producir en nuestra sociedad la posi-
bilidad de la vida o de la muerte para las personas. Y hay que estu-
diar una seria alternativa global al sistema capitalista, que, según
Hinkelammert, consistiría en «fragmentar el mercado mundial según
una lógica de lo plural como condición indispensable para un pro-
yecto de liberación. El criterio no puede ser sino el de los zapatistas:
una sociedad en la que todos quepan, es decir la interpelación del
universalismo abstracto en nombre de un criterio universal que en su

_______________
320
Ibídem, p. 125.

775
aplicación pluralice sin fragmentar en compartimentos estancos la
sociedad»321.
Pero el capitalismo tiene hoy la fuerza de presentarse como la úni-
ca alternativa a cualquier sistema competidor. Quiere imponernos a to-
dos un nuevo totalitarismo basado en la idolatría del mercado, en don-
de se proclama demagógicamente que todos podemos consumir lo
mismo, todo el mundo puede abrirse paso y triunfar con sus iniciativas
y su esfuerzo, y que los pobres lo son por su culpa y su dejadez. Este
triunfo de la idolatría del mercado y de la racionalidad instrumental,
que atiende sólo a los medios y se olvida de los fines, no hace más que
producir una cultura de la exclusión y de la muerte. Por eso, para Hin-
kelammert la ideología neoliberal no es más la otra cara del funda-
mentalismo religioso que ha renacido últimamente, advirtiéndose de
nuevo una de las tesis fundamentales de nuestro autor: la estrecha re-
lación entre economía y religión. Ello se advierte, según él, en la es-
trecha relación entre la exaltación de la competencia y la invitación a
la resignación. Está claro que para los triunfadores, los conservadores,
esta sociedad es algo que merece la pena conservar, por lo que, como
ya hemos señalado repetidas veces, no tiene sentido ya la utopía y la
esperanza en otra vida mejor. Así, «la mística de la muerte anticipa el
infierno en la tierra sin la promesa de ningún cielo»322. Por ello, una
economía abstracta y que se olvida de las necesidades corpóreas de las
mayorías depauperadas se quiere hacer compatible con una religión
orientada sólo a almas desencarnadas, que predica el sacrificio y la su-
misión al desarrollo fáctico de la historia. Esto es lo que ha llevado a
la teología crítica a proponer una recuperación de lo material y de la
dimensión corporal, releyendo desde ahí los evangelios y el Apocalip-
sis. Por eso es fundamental para Hinkelammert la recuperación de un
Dios que promete la resurrección de la carne, la salvación del universo
en su dimensión material, la insistencia en una fe que incita a la liber-
tad y a no plegarse a la sumisión. «El Dios de la teología de la libera-
ción no es un Dios de sumisión, que obedece la ley de la historia que
exige sacrificios humanos, sino el Dios de hombres libres como Abra-
ham, que en nombre de la fe rechaza los sacrificios humanos. Se nece-
sita fe para poder reivindicar la libertad. Hoy todo un mundo está bajo
la amenaza de ser sacrificado en nombre de la ley de la historia que se
formula como ley del mercado, hoy todo el mundo es Isaac. No obs-
tante el victimario no se quiere reconocer como Abraham, ser humano

_________________
321
Cita tomada de Ibídem, p. 126.
322
CIRIZA, A., «Franz Hinkelammert. De las relaciones...», o.c., p. 201.

776
libre que rechazó sacrificar a su hijo por tener fe, y con el cual Dios
estableció alianza»323.
Las contradicciones de la sociedad en que vivimos se centran en
la tensión entre un universalismo abstracto y un individualismo extre-
mo, que a su vez se expresa en otra serie de contradicciones, como la
que hay entre un sistema económico en el que todo está sometido al
cálculo y las necesidades de los sujetos reales. Esto no puede por me-
nos que desembocar en un tipo de sociedad en la que la mayoría de los
seres humanos quedan condenados al hambre, a la exclusión y la im-
posibilidad de seguir viviendo. Y este sistema tan inhumano y exclu-
yente se presenta como el único posible y refrendado por la ley de
Dios, con lo que de nuevo advierte Hinkelammert que la lectura del
cielo nos proporciona las claves para la lectura de la tierra, y al revés.
Así, vuelve el autor alemán a estudiar las claves de la realidad terrena
desde la teología dominante de fondo en uno de sus últimos libros, El
grito del sujeto. Del teatro mundo del evangelio de Juan al perro mun-
do de la globalización (1998). Advierte Hinkelammert que en el evan-
gelio de Juan la disputa entre Jesús y los jefes de los judíos se centró
en la obediencia a la ley. La forma legalista desde la que los judíos en-
tendían la ley exigía la muerte de Jesús. La forma legalista de entender
y defender la ley es la que mata. La ley mata y exigía inexorablemente
la muerte de Jesús.
Hinkelammert distingue entre la ley del déspota y el despotismo de
la ley. El déspota somete a todos a su ley arbitraria, situándose él por
encima de toda ley. También el déspota tiene límites, pero no se en-
cuentran indicadas ni fijadas por la ley. En cambio, el despotismo de la
ley consiste en que todo se somete inexorablemente a la autoridad de
la ley, que se convierte en un corsé férreo e inquebrantable. El que se
opone a ella tiene que morir. Si en tiempo de Jesús la ley era las pres-
cripciones mosaicas, en el mundo neocapitalista actual la ley es la ley
del valor, el sistema del mercado. Esta ley se ha convertido en una ley
inexorable que da pie a cometer en su nombre todo tipo de crímenes,
en ocasiones realizados con la conciencia tranquila, puesto que se co-
meten en nombre de la ley, de la obediencia debida al sistema.
El sometimiento a la ley es un distintivo del poder de los impe-
rios. Y promete el paraíso a quienes la cumplen. Así ocurría con el
cristianismo imperial (el cielo), el imperio liberal (el éxito y el dinero),

_________________
323
Ibídem, p. 201-202. Cfr. HINKELAMMERT, F., La fe de Abraham y el Edipo occiden-
tal, San José, DEI, 1988; Id., Sacrificios humanos y sociedad occidental: Lucifer y la
Bestia, San José, DEI, 1991.

777
y el socialismo soviético (el cumplimiento del plan económico). Hoy
día ocurre lo mismo con el proyecto de globalización neoliberal. «Las
leyes de la globalización exigen obediencia a la ley del mercado, el
pago de la deuda externa, a partir de cuyo cumplimiento los elegidos y
los exitosos obtendrán más éxito, pero el cielo prometido devora a la
propia humanidad y arroja como resultado la destrucción del plane-
ta»324. No queda más solución, según Hinkelammert, que la afirmación
de la vida frente a la ley. Es cierto que sin ley no hay posibilidad de
vida humana, pero es fundamental que la ley esté al servicio de la vida
no contra ella. Pero esta solución, como insiste siempre Hinkelammert,
no tiene que reducirse a exhortaciones éticas y religiosas, sino que tie-
ne que echarse mano del principio de factibilidad. Es decir, hay que
echar mano de las ciencias humanas y sociales, y meterse de lleno en el
debate económico para ver de qué forma es posible construir un mundo
en el que se mantengan las condiciones necesarias para la reproducción
de la vida humana y de la naturaleza. En definitiva, para Hinkelammert
«no se trata de declarar la irracionalidad de la racionalidad medio-fin,
sino de percibir la irracionalidad de lo racionalizado por medio de la
totalización de la racionalidad medio-fin, para asignarle un lugar cir-
cunscrito por la responsabilidad con el bien común y su utilidad, que es
la utilidad de la paz, de la convivencia humana y del respeto por la na-
turaleza. Una utilidad que escapa al cálculo de utilidades pero que es
fundamento de su posibilidad»325.
Como puede verse, el pensamiento de F. Hinkelammert es un ejem-
plo concreto de cómo un pensar en profundidad sobre la realidad, obje-
to fundamental de la filosofía, conlleva tanto una mirada universaliza-
dora, globalizadora, como la atención a la propia circunstancia, a la
situación de Latinoamérica en el proceso de globalización neocapitalis-
ta en el que nos hallamos insertados. Por eso que una filosofía latinoa-
mericana no puede construirse más que en connivencia con el fenóme-
no de la globalización y de los problemas concretos en los que estamos
inmersos326.
Este es el mensaje crítico que aporta el profundo y sugerente pensa-
dor alemán afincado en Costa Rica, interesante por la novedad de sus
planteamientos, a caballo entre la teología, la filosofía y las ciencias
humanas y sociales, sobre todo la economía. Y un pensador que sabe

__________________
324
ORIZA, A.,o.c.,p. 204.
325
Ibídem, pp 204-205.
326
Cfr. FERNÁNDEZ NADAL, Estela, «El pensamiento de Franz Hinkelammert desde la
pespectiva de una filosofía latinoamericana», o.c.

778
acercarse con seriedad y objetividad a la realidad, y que al mismo tiem-
po entiende que la teoría tiene que ensamblarse con la praxis, con el
empeño de trabajar por un mundo más humano y solidario, lo contrario
de lo que estamos viviendo y experimentando en la actualidad.

4.2.6. La filosofía de la liberación de Ignacio Ellacuría321

Al igual que Hinkelammert, aunque con un enfoque propio, el pen-


samiento de Ignacio Ellacuría está constituido por la confluencia de la
teología, la filosofía y las ciencias humanas. Tampoco estuvo Ellacuría
presente en los núcleos iniciales de los orígenes de la FL, pero su origi-
nal y sólido aporte teórico constituye una de las líneas más interesantes
y sólidas de este movimiento tan amplio y complejo que se denomina
FL, en la medida en que Ellacuría entendía que una filosofía auténtica

__________________
327
Cfr. SOBRINO, J./AuvARADO, R. (eds.), Ignacio Ellacuría. «Aquella libertad esclare-
cida», Santander, Sal Terrae, 1999; ELLACURÍA. I./SOBRINO, J., Fe y Justicia, Bilbao, Des-
clée de Brouwer, 1999; ELLACURÍA, I./SOBRINO, J./CARDENAL, R., Ignacio Ellacuría, el
hombre, el pensador, el cristiano, Bilbao, Edic. EGA, 1994; GIMBERNAT, J.A./GÓMEZ, C.
(eds.), La pasión por la libertad. Homenaje a Ignacio Ellacuría, Estella (Navarra), Verbo
Divino, 1994; SOLS LUCÍA, José, La teología histórica de Ignacio Ellacuría, Madrid, Trot-
ta, 1999; Id., El legado de Ignacio Ellacuría. Para preparar el decenio de su martirio,
Barcelona, Cristianismo y justicia, 1998; Id., «El pensamiento de Ignacio Ellacuría», Igle-
sia Viva, 2000, n.° 203, pp. 95-105; SENENT DE FRUTOS, J.A., Ellacuría y los derechos hu-
manos, Bilbao, Desclée de Brouwer, 1998; MORA GALIANA, José, Homenaje a Ignacio
Ellacuría: De la realidad a la realidad histórica, Huelva, Diputación de Huelva, 2001; SA-
MOUR, Héctor, Voluntad de liberación. El pensamiento filosófico de Ignacio Ellacuría, San
Salvador, UCA, 2002; Id., «Introducción a la filosofía de la liberación», en El compromiso
político de la Filosofía en América Latina, Santa Fe de Bogotá, El Buho, 1994; Id., «His-
toria, praxis y liberación en el pensamiento de Ignacio Ellacuría», ECA (UCA, San Salva-
dor), XLVIII (1993), n.° 541-542, 1109-1128; ALVARADO, R., «Ignacio Ellacuría: De la li-
beración de la filosofía a la filosofía de la liberación», en Voluntad de Arraigo. Seminario
Zubiri-Ellacuría, Managua, UCA, 1994, pp. 13-38; DOMÍNGUEZ MIRANDA, M., «Ignacio
Ellacuría, filósofo de la realidad latinoamericana», ECA (UCA, San Salvador), 1992,
n.° 529-530, pp. 985-998; TAMAYO AGOSTA, J.J., «Ignacio Ellacuría. Fundamentación filo-
sófica del método de la Teología de la liberación», en Id., Para comprender la Teología de
la liberación, Estella (Navarra), Verbo Divino, 1989; ALVARADO PISANI, J.L., «Vida y obra
de Ignacio Ellacuría (1930-1989)», en Voluntad de vida. Ensayos filosóficos. Seminario
Zubiri-Ellacuría, Managua, UCA, 1993; FLORES, Víctor, El lugar que da la verdad. La fi-
losofía de la realidad histórica de Ignacio Ellacuría, México, Miguel Porrúa/Universidad
Iberoamericana, 1997; GONZÁLEZ, A., «El hombre en el horizonte de la praxis», ECA
(UCA, San Salvador), 42 (1987), 57-87, MARTÍNEZ, J. A., «Filosofía e historia según I. Ella-
curía», Pensamiento, 51 (1995), n.° 199, 149-153; ACEVEDO Carlos, «El legado filosófico-
político de Ignacio Ellacuría», ECA (UCA, San Salvador), XLVIII (1993), n.° 541-542,
1089-1108.

779
tiene que ser liberadora, tanto de la realidad como de la propia filosofía.
De ahí que no podemos dejar de lado dentro de la FL los aportes de este
pensador nacido en España (Portugalete, Vizcaya), afincado y nacionali-
zado en El Salvador, y asesinado por su coherencia teórica y vital.

a) SU TRAYECTORIA VITAL

Ignacio Ellacuría Beascoechea nació en 1930, en Portugalete (Viz-


caya, España). Tras sus estudios de secundaria en el colegio de los je-
suitas en Tudela (Navarra), ingresó en el noviciado de la Compañía de
Jesús a los 17 años, continuando su proceso de formación en El Salva-
dor (C.A.). Realizó sus estudios de Humanidades y Filosofía en Quito
(Ecuador) y de Teología en Innsbruck (Austria), donde fue discípulo de
Karl Rahner. En Madrid empezó a colaborar estrechamente con el filó-
sofo donostiarra Xavier Zubiri, realizando bajo su dirección su tesis
doctoral de filosofía, precisamente sobre su propio pensamiento filosó-
fico. Desde este momento, Ellacuría trabajará de forma continuada con
Zubiri, con estancias esporádicas en Madrid. En 1967 regresó a El Sal-
vador, iniciando su labor profesoral en la Universidad Centroamericana
(UCA) «José Simeón Cañas» de San Salvador. Tras varios años como
director del Departamento de Filosofía, en 1969 es nombrado Rector de
la UCA, cargo en el que permaneció hasta que en 1989 fue asesinado.
Aunque se da por hecho que la influencia intelectual básica sobre
Ellacuría es la ejercida por Xavier Zubiri, el conjunto de influencias
que formaron su pensamiento es más amplio, como lo han hecho
constatar, entre otros, Rodolfo Cardenal en su escrito «De Portugalete a
San Salvador: de la mano de cinco maestros»328. R. Cardenal hace re-
ferencia a las hondas influencias ejercidas en el joven jesuíta Ellacuría,
junto a la de Rahner y Zubiri, la de tres de sus formadores: su maestro
de novicios Miguel Elizondo, su profesor de humanidades en Quito,
Aurelio Espinosa Polit, y el poeta navarro, afincado en Nicaragua, Án-
gel Martínez.
La personalidad de Ellacuría fue multifacética, admirando a todos
por su capacidad de trabajo y de poder dedicarse con tanto acierto e in-
tensidad a ocupaciones tan variadas y que exigían tanta dedicación. No
sólo se dedicó al trabajo docente en la UCA, donde simultaneaba la ta-
rea de las clases, con el cargo de Rector y de impulsor de diversos pro-
yectos de publicaciones, sino que también se sirvió de la plataforma

________________
328
En SOBRINO, J./ALVARADO, R. (eds.), Ignacio Ellacuría. «Aquella libertad esclare-
cida», o.c.,pp. 37-49.

780
universitaria para intervenir en la política salvadoreña, lo que le lle-
varía a la muerte, a manos de quienes no aceptaban la sinceridad y va-
lentía con que denunciaba las injusticias y asesinatos indiscriminados
en el ámbito de la sociedad salvadoreña, atravesada por una prolonga
da guerra civil. Su pensamiento se movió tanto en el campo de la teolo-
gía329, como de la filosofía330, de la sociología política331 y de la teoría
universitaria332. De ahí que no sea sencilla la tarea de presentar una sín-
tesis no muy extensa de lo más valioso de su pensamiento. Aunque va-
mos a centrarnos aquí sobre todo en su pensamiento filosófico, es nece-
sario entender que las diversas facetas de su pensamiento no son
compartimentos estancos, sino que constituyen un todo inseparable y
bien trabado.

b) LAS PRIMERAS ETAPAS DE SU PENSAMIENTO FILOSÓFICO333

Es fundamental para conocer el pensamiento global de Ellacuría


acompañarle en las diversas etapas por las que ha ido transcurriendo y
desarrollándose. Roberto Valdés, en su interesante y bien documentado
estudio sobre las primeras etapas del pensamiento de Ellacuría, afirma
que «Ellacuría tenía, al menos desde los 25 años, un proyecto filosófico
bien determinado y delimitado, alrededor del cual giraron sus primeros
trabajos, tanto los que publicó como los que permanecieron inéditos (...).
Podemos formularlo sucintamente así: sentar las bases para una nueva
filosofía cristiana»334. El problema está, como el mismo Valdés apunta,
en delimitar qué hay que entender por filosofía cristiana. El propio
Ellacuría era consciente de esta dificultad, como puede advertirse ya en

_______________
329
Cfr. ELLACURÍA, I., Escritos teológicos, San Salvador, UCA, varios volúmenes;
ELLACURÍA, I./SOBRINO, J., Mysterium Liberationis. Conceptos fundamentales de la libera-
ción, Madrid, Trotta, 1990, 2 vols.
330
Cfr. ELLACURÍA, I., Escritos filosóficos, San Salvador, UCA, 1996-1999, 3 vols.; Id.,
Filosofía de la realidad histórica, San Salvador, UCA, 1990, y Madrid, Trotta/Fundación
Zubiri, 1991 (edición a cargo de A. González).
331
Cfr. ELLACURÍA, I., Escritos políticos. Veinte años de historia en El Salvador:
1969-1989, San Salvador, UCA, 1991, 3 vols.
332
Cfr. ELLACURÍA, I., Escritos universitarios, San Salvador, UCA, 1999.
333
Cfr. VALDÉS VALLE, R., «La búsqueda filosófica inicial», en SOBRINO, J./ ALVARADO, R.
(eds.), Ignacio Ellacuría. «Aquella libertad esclarecida», o.c., pp. 53-78; AL VARADO, R., «Ig-
nacio Ellacuría: De la liberación de la filosofía a la filosofía de la liberación», o.c., pp. 13-38;
GONZÁLEZ, A., «Aproximación a la obra filosófica de Ignacio Ellacuría», o.c., 307-327; GRA-
CIA, D., «Filosofía práctica», en GIMBERNAT, J.A./GÓMEZ, C. (eds.), o.c., pp. 329-352;
SAMOUR, H., Voluntad de liberación. El pensamiento filosófico de Ignacio Ellacuría, o.c.;
MORA GALIANA, J., o.c.
334
VALDÉS VALLE, R.,o.c.,p. 54.

781
el título de un breve escrito de esta época, «La problemática de una fi-
losofía cristiana». Ellacuría estaba convencido de la posibilidad de
construir una filosofía cristiana, y sus reflexiones atravesaron dos mo-
mentos: el que va de 1955 a 1963, y el que abarca de 1963 a 1967. En
el primer período, Ellacuría se inscribe en la órbita neotomista, empe-
ñado en buscar los diversos puntos de convergencia entre el neotomis-
mo y las filosofías contemporáneas, algo parecido a lo que había hecho
Santo Tomás en su tiempo. Y para Ellacuría el filósofo contemporáneo
con el que había que dialogar especialmente era con José Ortega y
Gasset. En definitiva, «el objetivo último de Ellacuría en esta primera
etapa era "cristianizar" a Ortega, rescatar lo esencial de su pensamiento
y ensayar una nueva síntesis entre filosofía tomista y orteguiana»335.
Este objetivo lo manifestaba en su trabajo «Posibilidad y modo de
aproximación entre la filosofía escolástica y la filosofía vitalista mo-
derna», escrito en 1958336, como respuesta al conocido libro del domi-
nico Santiago Ramírez, La filosofía de Ortega y Gasset. Pero pronto el
interés por Ortega será sustituido por el pensamiento de Zubiri.
En su segundo período, cuando Ellacuría se halla estudiando en Inns-
bruck, piensa que la filosofía de Zubiri puede ser la que le permita reali-
zar esa síntesis que busca entre lo escolástico y lo moderno. Para enton-
ces Zubiri sólo había publicado Naturaleza, Historia, Dios, y Ellacuría
se encontrará por primera vez con el filósofo donostiarra en 1961, mo-
mento en que le plantea realizar con él su tesis doctoral sobre algún as-
pecto de su filosofía. Zubiri publicará Sobre la esencia en 1962, y Ella-
curía decide realizar su tesis sobre este libro básico del pensamiento
zubiriano, en la medida en que Ellacuría considera que este texto de Zu-
biri le permite avanzar en sus planteamientos filosóficos e ir más allá de
su objetivo anterior de unir lo escolástico con lo moderno. Por tanto, se
plantea ahora «la posibilidad de una filosofía cristiana trans-escolástica y
trans-existencialista. Y es aquí donde radica, a mi juicio, señala R. Val-
dés, lo novedoso de esta segunda etapa que estamos analizando»337.
En la tesis doctoral que se dispone a escribir, Ellacuría defenderá
que el pensamiento de Sobre la esencia es una clara superación del to-
mismo como de los existencialismos y vitalismos, no constituyendo
una síntesis de ambas tendencias, sino una superación de las mismas y
un replanteamiento de los problemas en los que ellos se sitúan. Lo que
está claro es que el contacto con Zubiri, aunque no le apartan de su

________________
335
Ibídem, pp. 59-60.
336
Cfr. ELLACURÍA, I., Escritos filosóficos, o.c., vol. I, ver pp. 223-250.
337
VALDÉS, R., o.c., p. 63.

782
preocupación sobre la filosofía cristiana, el modo como ahora la en-
tiende cambia radicalmente.
La segunda etapa del desarrollo filosófico de I. Ellacuría (1967-1969)
lo constituye el empeño por pasar de la preocupación por una filosofía
cristiana a adentrarse en el horizonte de la teología de la revolución y
de la filosofía política. R. Valdés hace ver en su artículo citado el curio-
so salto de Ellacuría desde una búsqueda de la filosofía cristiana a la
preocupación por la teología de la revolución (salto de la filosofía a la
teología), aunque se da una fundamental continuidad en esta evolu-
ción. En esta época se dedica a trabajar en profundidad en el pensa-
miento de Zubiri y a divulgarlo a través de diversos artículos338, aparte
de lo que fue su tesis doctoral, Principialidad de la esencia en Xavier
Zubiri339 y el libro de «índices» de Sobre la esencia (1965). Parece que
en Ellacuría existía una seria preocupación de que Zubiri no pudiera
concluir y publicar su obra de madurez, de ahí su preocupación por dar-
la a conocer a través de sus escritos. En las cartas entre Zubiri y Ellacu-
ría se advierte el interés del primero en establecer lazos estrechos de co-
laboración intelectual. Ellacuría correspondió a estos deseos, y esta
dedicación fundamental a la filosofía de Zubiri sería una de las razones
no del abandono pero sí de dejar en segundo plano su preocupación so-
bre la filosofía cristiana. Sólo aparecerá esta preocupación en 1985, en
su artículo «Función liberadora de la filosofía»340.
La segunda razón, según R. Valdés, del abandono de esta preocupa-
ción fue el conjunto de cambios que se estaban dando al interior de la
Iglesia: el Concilio Vaticano II y Medellín, y dentro de los jesuítas, con
la elección del P. Arrupe como general de la orden y su carta a los pro-
vinciales jesuítas exhortándoles a una opción más clara hacia los pobres.
Por estos años, Ellacuría da cursos sobre Medellín, sobre antropología
zubiriana y sobre teología de la revolución (se conserva un esquema de
34 páginas). Ante este cambio, R. Valdés se pregunta cómo explicar
este cambio del que no se tienen muchas evidencias que lo aclaren341.
Un texto de referencia de este tipo de teología es el libro de José Com-
blin, Teología de la revolución342, como un anticipo y preparación de la

__________________
338
R. Valdés indica los siete artículos que escribió en estos pocos años: cfr. o.c., pp. 68-69,
nota 24.
339
Tesis defendida en 1965 en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense
de Madrid, sin publicar. Para las conclusiones de la misma han sido publicadas en el libro de
MORA GALIANA, José, Homenaje a Ignacio Ellacuría, o.c., pp. 76-114.
340
ECA (UCA, San Salvador), 1985, n.° 435-436, pp. 45-64.
341
Cfr. VALDÉS, R., o.c. p. 72.
342
Bilbao, Desclée de Brouwer, 1973.

783
Teología de la liberación. «Ellacuría definía la teología de la revolu-
ción como un someter la revolución al logos teológico, con el fin de
analizarla desde la perspectiva del Dios cristiano; era, entonces, un
estudio de las revoluciones latinoamericanas desde el punto de vista
del Evangelio»343. Ante la situación latinoamericana de pobreza y de
postración, que desde la fe se entiende como una «estructura de pe-
cado», desde la teología de la revolución se consideraban los esfuer-
zos de cambio y de revolución, incluso violentos, como esfuerzos de
«redención cristiana»344. Como decíamos antes, esta nueva orienta-
ción no suponía una ruptura con lo anterior sino una continuidad y
profundización.
A partir de 1969, se orientará su pensamiento hacia la filosofía polí-
tica, ocupándose, ya en El Salvador, de temas de solidaridad y dere-
chos humanos en el ámbito latinoamericano345. En estos trabajos se ad-
vierte una confluencia de la filosofía, la teología y el análisis concreto
de la realidad a través de las diferentes ciencias humanas que la auscul-
tan. Ellacuría se hallaba en estos momentos a la búsqueda de una nueva
filosofía que surgirá de la base filosófica zubiriana y de sus propios
análisis de la realidad ante la circunstancia latinoamericana346. El nue-
vo horizonte donde situarse parece que lo tiene ya bastante claro en las
charlas sobre «filosofía y política» tenidas en Madrid entre 1971 y
1972347. En este trabajo indica Ellacuría que hay que pasar «de la filo-
sofía de lo político a la filosofía política», entendida como no detenerse
en reflexionar sobre el Estado, la ley y otras realidades de lo político,
sino «sobre la realidad más total y concreta». Ahora bien, esta «reali-
dad más total» o «la totalidad de lo real» es algo que para Ellacuría no
está hecho sino que hay que hacer, y «sólo en este hacer podemos des-
cubrir o acercarnos más al carácter más real de la realidad»348. Pero
Ellacuría entiende que se necesita «una profunda dedicación y una téc-
nica de captación para que la contribución a esa efección de la realidad
y a esa iluminación sea estrictamente filosófica»349.

__________________
343
VALDÉS, R., o.c., p. 73.
344
Cfr. ELLACURÍA, I., «Violencia y Cruz», en ¿Qué aporta el Cristianismo al hombre
de hoy?, IV Semana de Teología, Bilbao, 1969, pp. 259-308.
345
Dos artículos de estos años son «Seguridad social y solidaridad humana», ECA,
1969, n.° 253, pp. 357-365, y «Los derechos humanos fundamentales y su limitación legal
y política», ECA, 1969, n.° 254-255, pp. 4353-449.
346
Cfr. ALVARADO, R., «Ignacio Ellacuría: De la liberación de la filosofía a la filosofía
de la liberación», o.c., pp. 14-15.
347
Cfr. «Filosofía y política», ECA, 1972, n.° 284, pp. 373-395.
348
«Filosofía política», o.c., p. 376.
349
Ibídem, p. 380.

784
Esta realidad más total o la totalidad de lo real: «la realidad históri-
ca», es lo que considerará más adelante Ellacuría que es «el objeto de
la filosofía»350. Se trata de un objeto que no es evidente, sino que tiene
que hacerse y aclararse a partir de los análisis filosóficos. Por eso, hay
una íntima conexión entre los trabajos y análisis sobre los hechos polí-
ticos y sociales concretos sobre los que se detiene en sus artículos y la
reflexión filosófica sobre el objeto y el ser de la filosofía realizada en
su artículo «Filosofía y política». Para Ellacuría, este nuevo filosofar
ya no será sólo una filosofía de lo político sino una auténtica metafísi-
ca. Así, pues, «no será sino hasta 1972 cuando alcance una definición
más clara: hacer filosofía política, cuyo objeto último de estudio es la
historia entendida como concreción metafísica. Estamos así ante la pri-
mera caracterización concreta de su filosofía madura»351.

c) LA FILOSOFÍA LIBERADORA DE I. ELLACURÍA352

Esa filosofía madura está, pues, hondamente influenciada por el


pensamiento zubiriano. Pero es inevitable preguntarse cómo es posible
deducir o fundamentar una filosofía política y liberadora desde la filo-
sofía de Zubiri. Está claro, como acabamos de ver, que Ellacuría dio, a
partir de la época anterior que acabamos de analizar, una clara orienta-
ción política a toda su filosofía. Y el modo como va a continuar en esta
época la orientación política de su filosofía es a través de la construc-
ción de una filosofía de la liberación apoyada, entre otros ingredientes,
en la filosofía de Zubiri. Uno de sus trabajos claves para advertir esta
orientación de Ellacuría es su artículo «Función liberadora de la filoso-
fía»353. Y a la hora de señalar cuál sería esa función liberadora que debe
realizar la filosofía, no debiéramos detenernos en aspectos concretos de
este trabajo o de otros más significativos, sino del carácter del conjunto
de su pensamiento. Ahora bien, como indica, A. González, uno de sus
discípulos más cercanos y representativos, podemos decir que «Ellacuría

_________________
350
Cfr. ELLACURÍA, I., «El objeto de la filosofía», 1981, en El compromiso político de
la Filosofía en América Latina, Santa Fe de Bogotá, El Buho, 1994. Cfr. también «La rea-
lidad histórica como objeto de la filosofía», en ELLACURÍA, I/SOBRINO, J./CARDENAL, R.,
Ignacio Ellacuría, el hombre, el pensador, el cristiano, o.c., pp. 91-101.
351
VALDÉS, R., o.c.,p. 77.
352
Cfr. GONZÁLEZ, A., «Aproximación a la obra filosófica de Ignacio Ellacuría», o.c.;
ALVARADO, R., «Ignacio Ellacuría: De la liberación de la filosofía a la filosofía de la libe
ración», o.c.; SAMOUR, H., Voluntad de liberación. El pensamiento filosófico de Ignacio
Ellacuría, o.c.
353
ECA, 1985, n.° 435-436, pp. 45-64.

785
no construyó una filosofía, no elaboró un sistema filosófico...», pero se
puede decir también que «Ellacuría fue un filósofo en un sentido pleno
de la expresión, aunque tal vez no en el sentido usual»354. En ese senti-
do, y viendo en su labor filosófica una honda orientación socrática, te-
nemos que decir que «lo característico de la labor intelectual de Ellacu-
ría no consiste tanto en haber puesto la praxis histórica de liberación en
centro de sus reflexiones filosóficas, sino en haber hecho de la filosofía
un elemento constitutivo de una existencia dedicada a la liberación»355.
La trayectoria de su vida, y su muerte violenta, mostraron claramente
que para Ellacuría la filosofía no es sólo una tarea meramente intelec-
tual y académica, sino que conlleva una exigencia práxica de colabo-
rar en la liberación de lo que él denominaba las mayorías populares.
Ante este sesgo o función atribuido a la filosofía, volvemos a pre-
guntarnos qué relación tiene esta función liberadora con la filosofía de
Zubiri. Es evidente que el pensamiento zubiriano le sirvió a Ellacuría
para fundamentar adecuadamente su filosofía de la liberación, aunque
en esta orientación no sólo existen elementos sacados del pensamiento
de Zubiri sino de su opción cristiana y del conjunto de la situación so-
ciocultural latinoamericana. Pero está claro que lo que a Ellacuría le in-
teresó de Zubiri es el modo como entiende éste la historicidad humana.
Así, vemos que este tema le interesó muy pronto como se advierte en
su artículo de 1966, «La historicidad del hombre en Xavier Zubiri»356.
La razón de interesarle esta temática está en permitirle entablar un diá-
logo con la filosofía marxista. Ahora bien, el sistema marxista ortodoxo
no sólo consiste en una interpretación filosófico-sociológica de la his-
toria a través del materialismo histórico, sino que lo completa (Engels)
con la orientación metafísica del materialismo dialéctico. En este diá-
logo con el materialismo dialéctico le interesarán, como señala A. Gon-
zález, dos temas centrales del pensamiento zubiriano: la noción de es-
tructura, presente en Sobre la esencia, y la radical índole dinámica de
lo real, defendida por Zubiri en Estructura dinámica de la realidad.
«A mi modo de ver, afirma A. González, este estudio (Estructura diná-
mica de la realidad) es de suma importancia, no solamente porque nos
proporciona un interesante acceso a la filosofía zubiriana, sino tam-
bién, en la perspectiva que aquí nos interesa, porque nos proporciona la
clave para entender la evolución filosófica de Ellacuría, quien, más allá
de un diálogo con el materialismo dialéctico y lo que podríamos llamar

________________
354
O.c., p. 308.
355
Ibídem, p. 309.
356
Estudios de Deusto, XIV (1966), n.° 28, pp. 245-286, y n.° 29, pp. 523-548.

786
la "cosmovisión" zubiriana, terminará esbozando una verdadera filoso-
fía de la liberación»357.
Entre los diversos modos de interpretar el pensamiento de Zubiri,
Ellacuría no se sitúa entre quienes lo entienden como situado funda-
mentalmente en el horizonte de la filosofía helénica, aunque corrigién-
dola, aportando un nuevo tipo de naturalismo, en el que el hombre y la
inteligencia serían mero resultado de la evolución del cosmos. Más
bien, por el contrario, para Ellacuría es evidente desde el principio que
la filosofía de Zubiri defiende una íntima correlación entre realidad e
intelección, en la que no se da una prioridad de uno sobre el otro, sino
que son en último término congéneres, respectivos358. De este modo,
Zubiri se sitúa más allá tanto del naturalismo helénico como del subje-
tivismo moderno, abriéndose su filosofía a un nuevo horizonte intelec-
tual, en el cual, concluye Ellacuría, «el hombre no es ni polvo del uni-
verso ni envolvente del mismo; es a la vez ambas cosas en intrínseca
determinación»359.
En opinión de A. González, Ellacuría se orientó al principio, por in-
fluencia de Sobre la esencia, hacia una interpretación más cosmológica
o naturalista de la filosofía de Zubiri. Pero más adelante, tras el curso
zubiriano de 1963, Estructura dinámica de la realidad, se orientó hacia
una filosofía de la realidad histórica, más acorde a la orientación li-
beradora del propio Ellacuría. Entre los diversos dinamismos por los
que está atravesada y constituida la realidad, dinamismos que están
mutuamente referidos respectivamente y ordenados progresivamente,
Zubiri sitúa al dinamismo de la historia como la cumbre de todos ellos,
considerando que en la historia se hacen presentes el resto de los dina-
mismos de lo real. Así, para Zubiri, el mundo en cuanto realidad es
constitutivamente histórico, y por ello «la historia no es simplemente
un acontecimiento que les pasa a unas pobres realidades, como les pue-
de pasar la gravitación a las realidades materiales. No: es algo que
afecta precisamente al carácter de realidad en cuanto tal»360. A la vista
de estas afirmaciones, lo que resulta evidente es que la historia se con-
vierte en el lugar de imbricación entre realidad e intelección, entre
hombre y mundo. Y así es como Ellacuría ve que con esto se abre el

__________________
357
O.c.,pp. 313-314.
358
Cfr. ZUBIRI, X., Inteligencia semiente, Madrid, Alianza/Sociedad de Estudios y Pu-
blicaciones, vol. I, 1983, p. 10.
359
«La idea de filosofía en Xavier Zubiri», en Homenaje a Xavier Zubiri, Madrid,
1970, vol. l,pp. 505-523; 523.
3 60
ZUBIRI, X., Estructura dinámica de la realidad, Madrid, Alianza/Sociedad de Estu-
dios y Publicaciones, 1989, p. 272.

787
tercer horizonte de la filosofía, tras quedar atrás tanto el horizonte helé-
nico como el de la subjetividad moderna, advirtiendo Ellacuría que
«con la historia aparece para la filosofía una nueva concepción de la ul-
timidad»361. Por tanto, el verdadero objeto de la filosofía lo constituye
para Ellacuría la historia, la realidad histórica, como ya lo señala en el
citado artículo de 1972, «Filosofía y política»362.
Ese es, pues, el objeto de la auténtica filosofía, la filosofía de la li-
beración, tal y como lo explicita en otro artículo posterior, «El objeto
de la filosofía»363, donde compara los diferentes objetos del filosofar
según Hegel, Marx y Zubiri, para proponer, apoyándose en ellos pero
«yendo más allá de sus planteamientos», como indica A. González364,
su personal propuesta: la realidad histórica, no simplemente la reali-
dad, en cuanto que no se trata de la historia entendida simplemente
como el conjunto de acontecimientos humanos, sino como último esta-
dio del dinamismo de toda la realidad. Es decir, «es la realidad entera
asumida en el reino social de la libertad; es la realidad mostrando sus
ricas virtualidades y posibilidades»365.
De este modo, la filosofía de la liberación para Ellacuría consistiría
en «una reflexión sobre la praxis histórica, porque es justamente en la
historia donde se actualizan las máximas posibilidades de lo real, en
concreto la posibilidad de una progresiva liberación integral de la hu-
manidad»366. Así que el análisis de las diferentes estructuras dinámicas
que componen la realidad histórica se convierte en el estudio del ámbi-
to trascendental de la actividad liberadora. De ahí que acabe Ellacuría
el artículo a que nos referimos, «El objeto de la filosofía», indicando
que la realidad histórica tiene un carácter de praxis, esto es, «la totali-
dad del proceso social en cuanto transformador de la realidad en tanto
natural como histórica»367. En esa praxis histórica es donde se fusionan
y correlacionan el hombre y el mundo, relaciones que no son unidirec-
cionales, en determinación del mundo sobre el sujeto, como defiende la
filosofía marxista, sino que Ellacuría considera que «es preferible ha-
blar de respectividad codeterminante»368.

_________________
361
Cfr. GONZÁLEZ , A., o.c., p. 317. Ellacuría así lo afirma en su artículo «Función li-
beradora de la filosofía», o.c., p. 52.
362
O.c.,p. 377.
363
ECA, 1981, n.° 396-397, pp. 963-980.
364
O.C.,p. 319.
365
ELLACURÍA, I., «El objeto de la filosofía», o.c., p. 978.
366
GONZÁLEZ, A., o.c.,p. 319.
367
O.c.,p. 57.
368
Ibídem, p. 57.

788
Ahora bien, está claro que para Ellacuría la inteligencia humana
queda también afectada por la historicidad, por lo que se necesita
afrontar el problema del conocimiento desde el punto de vista de la his-
toricidad. O lo que es lo mismo, realizar una «interpretación de la in-
teligencia como inteligencia histórica»369. Eso implica aceptar que la in-
teligencia es una realidad situada e histórica, estableciéndose una
estrecha relación entre teoría y praxis. La teoría de la intelección, pre-
sente en la trilogía sobre la inteligencia de Zubiri, aparece como here-
dera de dos intuiciones de la filosofía del s. xix. Una se refiere a las
afirmaciones de Nietzsche respecto a la superación de la escisión entre
la inteligencia y la sensibilidad, y la segunda se refiere a la teoría de
Marx sobre la naturaleza activa de la sensibilidad en relación con su
medio. Zubiri no habla de sensibilidad sino de «intelección sentiente»,
como proceso en el que se hallan estruturalmente unidos el sentir y el
inteligir, uniendo así las dos intuiciones de que acabamos de hablar. En
consecuencia, «la historicidad constitutiva de la inteligencia humana
tiene su fundamento radical en el carácter práxico del inteligir o, dicho
en términos más rigurosos, en la unidad estructural de la intelección
con un sentir que es en sí mismo activo»370. Ellacuría sólo desarrolló
algunos aspectos de lo que denominó una «inteligencia histórica»371.
Para Ellacuría, el carácter sentiente de la intelección hace referencia a
su primaria función biológica, en la medida en que la inteligencia surge
para sacar adelante a la especie humana, aunque pueda tener más ade-
lante funciones que van más allá de la mera supervivencia372.
Ahora bien, señalar que la función central del inteligir humano tie-
ne un carácter práxico significa, en primer lugar, que la inteligencia se
origina dentro de una praxis social e histórica concreta. Aquí es donde
se plantea el problema de las ideologías, ante las cuales Ellacuría seña-
laba que no hay que entenderlas sólo en su sentido negativo, sino ad-
vertir su estricta necesidad social, precisamente debido a la naturaleza
histórica de la intelección humana373. En segundo lugar, la inteligencia
tiene también un destinación social, no sólo un origen. Con ello no se
quiere negar la autonomía de la inteligencia, sino advertir los intereses

_________________
369
ELLACURÍA, I., «Filosofía y política», o.c., p. 384.
370
GONZÁLEZ, A., o.c.,p. 322.
371
ELLACURÍA, I., «La superación del reduccionismo idelista en Zubiri», ECA, 1988),
n.° 477, pp. 633-650; cfr. MARDONES, J.M., «La historización de los conceptos teológicos»,
en GIMBERNAT, J.A./GÓMEZ, C., La pasión por la libertad», o.c., pp. 189-212.
372
Cfr. ELLACURÍA, I., «Hacia una fundación filosófica del método teológico latinoa-
mericano», ECA, 1975, n.° 322-323, p. 419.
373
Cfr. ELLACURÍA, I., «Función liberadora de la filosofía», o.c., pp. 47-49.

789
adyacentes de la mayor parte de sus contenidos y actuaciones. Además,
en tercer lugar, «dado el carácter activo de la inteligencia y el carácter
asimismo dinámico de todo lo real, la referencia del conocer humano a
la praxis es la condición misma de su propia cientificidad»374.
Es en este tercer aspecto donde más se puede ver la fecundidad de
este pensamiento en orden a una filosofía de la liberación. De este
modo, toda filosofía tiene que ser consciente de su propia historicidad,
de sus relaciones interesadas con la praxis social en la que se halla in-
sertada, y sólo a partir de esa toma de conciencia puede alcanzar un mí-
nimo de objetividad y universalidad, aunque siempre ambas serán limi-
tadas y situadas.
En los últimos años de su vida, Ellacuría estaba redactando su obra
fundamental, Filosofía de la realidad histórica375, que quedó inconclu-
sa, aunque debidamente configurada en su idea central y en sus partes
más importantes. En esta obra Ellacuría pretende sistematizar su pensa-
miento, fundamentado en la filosofía de Zubiri, situando como objeto y
culmen supremo del filosofar la realidad histórica. Sintetizando todo el
pensamiento filosófico de Ellacuría, Héctor Samour, en su tesis docto-
ral Voluntad de liberación316, resume en cinco tesis el pensamiento de
nuestro filósofo. 1) El carácter respectivo de la realidad, es decir, la
realidad intramundana constituye una sola unidad física compleja y
diferenciada, no anulando la unidad sus diferencias ni éstas la unidad.
2) El carácter dinámico de la realidad, de modo que el origen del movi-
miento de lo mundano no es algo advenido secundariamente, sino que
le pertenece per se, por esencia. 3) El dinamismo estructural de la rea-
lidad, lo que supone que la realidad no es necesariamente dialéctica, o
no lo es en todos sus elementos o momentos; esto es, la concepción
dialéctica de la realidad, tanto en su versión idealista (Hegel) como ma-
terialista (Marx), es una concepción menos verdadera y abarcadura que
la concepción del dinamismo estructural. 4) El carácter evolutivo de la
realidad: la realidad no sólo constituye una totalidad dinámica, estruc-
tural y, en parte, dialéctica, sino que se trata de un proceso de compleji-
ficación en el que se producen formas más elevadas que las anteriores,
en las que se apoyan dinámicamente. 5) La «realidad histórica» es el
objeto de la filosofía, el objeto último, como manifestación suprema de
la realidad.

___________________
374
GONZÁLEZ, A., o.c., p. 324. Cfr. ELLACURÍA, I., «Hacia una fundamentación filosófi-
ca de la teología latinoamericana», o.c., p. 421. -.. -
375
Madrid, Trolla, 1991, bajo la edición de Antonio González.
376
Tesis doctoral, UCA, San Salvador, 2000, pp. 30-42. Publicada después con el mis-
mo título en la Edil. UCA, 2002. Las citas serán por el texto de la tesis.

790
En conclusión, si el objeto y horizonte de la filosofía es para Ella-
curía la realidad histórica, es importante entender que la propia filoso-
fía se halla afectada por este horizonte. Lo cual implica, como señala
A. González, que «mientras que la historia como horizonte y como ob-
jeto es algo que comparten varias filosofías contemporáneas, hacer de
la praxis histórica y, en concreto, de la praxis liberadora su propio pun-
to de partida, sería lo propiamente distintivo de la filosofía de la libera-
ción»377, en el modo como la entendió y la ejerció Ignacio Ellacuría.
De ahí que el propio Ellacuría afirmara que «la filosofía sólo podrá de-
sempeñar su función ideológica crítica y creadora a favor de una eficaz
praxis de liberación si se sitúa adecuadamente dentro de esa praxis li-
beradora»378.

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378
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