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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN SUPERIOR

UNIVERSIDAD CATÓLICA SANTA ROSA

PROCASO CARORA

La Educación Superior en Venezuela y América Latina

Integrante:

Infante Colombo, Eliagny.

C.I. 20.500.785

Carrera: Derecho

Sección: 1DN62

Carora, Marzo 2.020


La Educación Superior en Venezuela y América Latina

La Educación Superior es la que alude a la última etapa del proceso de


aprendizaje académico, es decir, a todas las trayectorias formativas post-
secundarias que cada país contempla en su sistema. Se imparte en las
universidades, en las academias superiores o en las instituciones de
formación profesional superior, entre otros. La preparación que brinda la
educación superior es de tipo profesional o académica. Se distingue entre
estudios de pregrado (bachiller), grado (máster) y posgrado (doctorado),
según el sistema de titulación profesional y grados académicos. Los
establecimientos de educación superior han sido tradicionalmente las
universidades, pero además se consideran otros centros educacionales
como institutos, escuelas profesionales o escuelas técnicas, centros de
formación del profesorado, escuelas o institutos politécnicos, entre otros,
adscritos a una universidad local.

Es un paso posterior a la educación secundaria, y es común, aunque no


imprescindible, que exista una selección de acceso a las instituciones de
enseñanza superior basada en el rendimiento escolar durante la etapa
secundaria o en un examen de acceso a la universidad. Según el país, este
examen puede ser de ámbito estatal, local o propio de cada universidad.

Desde hace dos décadas, el debate internacional ha venido insistiendo


sobre la necesidad de transformación de la universidad, debido
fundamentalmente a la transición hacia sociedades con alto valor educativo.
En estos nuevos contextos, el concepto de “transformación” universitaria
alude a procesos complejos y, por tanto, contrarios al pensamiento
dicotómico, sin matices, que a veces acompaña el discurso del cambio. La
creciente complejidad de las organizaciones del conocimiento, violentan las
burocracias con las que funcionan las organizaciones tradicionales. La
transformación de la universidad debe ser pensada considerando la
hipercomplejidad de su organización, basada en un conocimiento cada vez
más diferenciado, con sobreabundancia de demandas, con un entorno
internacional cada vez más globalizado, todo esto en un contexto que
cuestiona los marcos de referencia que habían identificado a la universidad
desde la aparición del modelo de universidad moderna del siglo XIX.

El actual gobierno venezolano, instaurado en 1999, encuentra un sistema


de educación superior con logros pero también con limitaciones. Por el lado
de los logros es indudable el esfuerzo que en Venezuela se hizo para
expandir el acceso. De hecho, Venezuela tiene una de las más altas tasas de
participación en educación superior de América Latina. Además, esa
expansión fue crucial, no solamente para facilitar a la sociedad profesionales
y nuevos conocimientos, sino también para favorecer valores inherentes a la
condición democrática, derechos humanos, integración social, entre otros.
Sin embargo, por otro lado, el sistema de educación superior se desarrolló de
manera fragmentaria y desarticulada, y en los últimos tiempos el acceso
especialmente a las mejores universidades públicas y las carreras más
prestigiosas se fue haciendo cada vez más selectivo.

El análisis de estas deficiencias ha sido planteado en numerosos


estudios; entre ellas se cuentan: la poca capacidad del Estado para dar
coherencia al sistema (a través de una nueva Ley de Educación Superior),
para ordenarlo (por lo que se necesita contar con sistemas de información
adecuados), y para regular la calidad de las instituciones tanto públicas como
privadas (a través de sistemas de rendición de cuentas). Por su parte, las
propias instituciones académicas tampoco lograron revisar la distorsionada
distribución del presupuesto, la ingobernabilidad que produce la organización
por la que se rige; no lograron incorporar modelos flexibles de evaluación
institucional que respondieran a las necesidades de tomas de decisiones con
información adecuada; no se dio visibilidad a los aspectos académicos
positivos que a pesar de la ingobernabilidad de la estructura administrativa
fueron capaces de producir.

Aunque nuevos marcos legales no garantizan los cambios institucionales,


muchos países han utilizado este elemento para facilitar las
transformaciones. En el caso de Venezuela, las universidades se rigen por
una Ley de Universidades que data de 1958, y que tuvo modificaciones en
1970. Desde esa fecha hubo varias propuestas de leyes, en distintos
gobiernos, que no lograron ser aprobadas.

Con el gobierno de Hugo Chávez, y desde el Ministerio de Educación


Superior (MES), se diseñó una propuesta de Proyecto de Ley de Educación
Superior que fue discutida con múltiples actores de la vida nacional, y contó
con el apoyo del Iesalc/Unesco. Paralelamente, una comisión designada por
el Consejo Universitario de la Universidad Central de Venezuela (UCV)
elaboró otro proyecto. Por tanto, en estos momentos en Venezuela se cuenta
con dos propuestas que de alguna manera representan posiciones
diferentes, aunque no necesariamente contrapuestas en todos sus aspectos.
Sin embargo, la polarización política no permite suponer que puedan
conciliarse.

Por otro lado, el mundo universitario latinoamericano se vio sacudido a


partir de los años noventa con la llegada de una batería de reformas. El
diagnóstico que justificaba la urgencia del cambio remarcaba los problemas
de financiamiento, gestión, organización y rendimiento académico que
acusaban las universidades de la región. A su vez, este crítico cuadro de la
educación superior remitía a problemas más globales que arrastraban los
Estados mismos: déficits constantes, gestiones ineficientes, estructuras
burocráticas y paquidérmicas, etc. Diversos organismos internacionales,
entre ellos el Banco Mundial, se ocuparon de presentar con detalle estos
análisis y de indicar las soluciones para transformar a los Estados mismos y,
por ende, cambiar la situación de la educación superior del continente.

El cambio de siglo ha traído consigo nuevas condiciones para el mundo


universitario latinoamericano; en ese cambio, las transformaciones
económicas y políticas de la región son un dato clave. En efecto, entre 2003
y 2007 las variables económicas de la mayor parte del continente indican un
cambio favorable: aumento del producto por habitante, baja en la tasa de
desempleo, mejoramiento de los salarios reales. En parte esto se debe a una
demanda sostenida de materias primas por parte de los mercados externos,
lo cual a su vez ha permitido que las balanzas de pago se equilibren, que se
saneen las cuentas públicas y que crezcan los ingresos fiscales. La
posibilidad de cancelar pagos internacionales ha permitido una menor
dependencia de los organismos financieros mundiales.

La educación superior en diversas regiones del mundo ha experimentado


un enorme crecimiento en lo que respecta a su matrícula, ese mismo
proceso de masificación, como de diversificación se registra en América
Latina en el último cuarto del siglo XX. Actualmente, este nivel educativo
cuenta ya con más de 12 millones de alumnos matriculados, la mitad de ellos
en México, Brasil y Argentina, pese a que la tasa de asistencia a la
educación terciaria en esos tres países representa tan sólo 20% de los
jóvenes con edades correspondientes a ese nivel educativo. La expansión se
ha manifestado en el incremento de instituciones de educación terciario, pero
de orden privado, de 75 instituciones que había en 1.950 a 330 en 1.975; 450
en 1.985 y se incrementó para 1.995 en 812, de ellas, 319 eran instituciones
públicas y 493 privadas. El número de instituciones no universitarias era de
4.626 en 1.995 de las que 2.196 eran públicas y 2.430 privadas. Esta
situación es claramente diferente a la que había ocurrido hasta la década de
los ochenta, cuando hasta ese momento, la educación superior había sido
predominantemente estatal y los niveles de calidad se mantuvieron
relativamente homogéneos.