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Nuestra Misión

Llamados a traer el poder sobrenatural de Dios a esta generación

Poder y Autoridad
para Destruir las Obras del Diablo
Primera Edición: Octubre 2015
ISBN: 978-1-59272-514-4
Todos los derechos están reservados por el Ministerio Internacional El Rey
Jesús/Publicaciones. Esta publicación no puede ser reproducida, alterada parcial o
totalmente, archivada en un sistema electrónico, ni transmitida bajo ninguna forma
electrónica, mecánica, fotográfica, grabada o de cualquier otra manera, sin el permiso
previo del autor, por escrito.
Directora del Proyecto: Addilena Torres
Edición: Gloria Zura
Diseño de Portada: Juan Salgado
Diseño Interior: José M. Anhuaman
Categorías: Crecimiento Espiritual - Sanidad Interior - Liberación
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IMPRESO EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

Índice
Testimonios del poder sobrenatural de Dios
alrededor del mundo 3

Introducción 5

1. La diferencia entre el Cristianismo y las demás religiones 7

2. El origen de la autoridad y el poder espiritual 19

3. Características de la autoridad de Dios 31

4. El propósito de la autoridad espiritual 37

5. Bases para operar legalmente el poder y la autoridad 46

6. Cómo apropiarse del poder de Dios 64

7. El ejercicio del poder y la autoridad en el diario vivir 74

Bibliografía 93

Testimonios
del poder sobrenatural de Dios
alrededor del mundo
MILAGROS DE SANIDAD
● Magali Denarios - Doctora en Psicología - Venezuela

“Durante diez años sufrí Colitis ulcerativa crónica; una


enfermedad que no tiene cura médica y lleva a la muerte porque crea
unos parches que sangran y van destruyendo el intestino. Además
me habían encontrado un tumor en el útero y me iban a operar. Mi
estado era desesperado; no sabía qué más hacer. Tomaba muchas
medicinas pero nada me aliviaba y los químicos solo me causaban
mayores problemas de salud. Mi líder espiritual en la iglesia me dio
el libro “Jesús sana tu enfermedad hoy” del apóstol Guillermo
Maldonado. Empecé a leerlo y recibí la revelación de que “por las
llagas de Cristo yo había sido sanada”; me apropié de la Palabra y el
poder de Dios vino sobre mi cuerpo y me sanó por completo. ¡El
tumor desapareció y la colitis nunca más volvió! ¡Dios está vivo y
Su poder sana hoy!”

● Minnie Melton (64) - Enfermera - Detroit, Michigan


“Yo solo sé que si no hubiera encendido el televisor aquella
noche, no estaría aquí hoy. Tengo 64 años y me habían
diagnosticado cáncer de pulmón en Estado-3. Aquella noche, volví
de la oficina del doctor a mi casa; me senté y comencé a cambiar los
canales en la televisión. De repente, vi a un hombre de Dios, el
apóstol Guillermo Maldonado, que estaba hablando con tal
autoridad que captó mi atención. Durante su mensaje, él dijo: ‘Hay
alguien mirando por televisión que tiene cáncer. Dios la está
sanando ¡ahora!’ Yo corrí hacia el televisor y, por fe, puse mis
manos sobre la pantalla donde se veían las de él y recibí mi milagro.
Pronto volví al médico para oír buenas noticias. ¡Todo rastro de
cáncer había desaparecido! Todo está documentado médicamente.
Desde entonces, he venido siguiendo el movimiento sobrenatural y
testificando que Cristo me sanó, dondequiera que voy”.
● Jexica Alcalá (38) - México

“Yo había pasado tres años tratando de quedar embarazada.


Había sido muy difícil, hasta que Dios nos concedió la dicha.
Estábamos felices esperando a nuestro bebé, y todo iba bien hasta
que el médico nos dijo que el bebé no se estaba desarrollando
normalmente. Tenía cinco meses de gestación y el bebé todavía no
se movía. Los médicos diagnosticaron que el bebé venía con siete
enfermedades y me recomendaron abortarlo. Pero rechazamos todo
diagnóstico de enfermedad y muerte. Estaba asustada y no me sentía
muy convencida del poder de Dios, pero decidí ir a la Casa de Paz
de mi hermana. Ahí oraron por nosotros, y durante la misma oración
sentí un calor muy intenso en mi vientre; tanto que pensé que me
estaban quemando. Pero entonces, el bebé empezó a moverse por
primera vez y supe que todo estaba bien. Cuando fui a mi siguiente
cita médica, los doctores no podían creer lo que había pasado. Todos
los exámenes dieron bien. Mi bebé estaba totalmente sano, ya no
había ningún problema con el embarazo. Agradecida con Dios
empecé a congregarme y ahora toda mi familia es cristiana y sirve al
Señor”.
MILAGROS CREATIVOS
● Oyvind Raahaas (67) - Noruega

“Yo pasé veinte años de mi vida sordo del oído izquierdo debido
a un problema de salud. Un médico cometió un grave error durante
una cirugía correctiva en mi oído y cortó un nervio vital; debido a
esto perdí el sentido de la audición por completo. Durante el
mensaje del apóstol, en una conferencia que se hizo en mi país, el
apóstol Maldonado oró por milagros creativos. Yo sentí como si
algo se hubiera abierto en mi oído y ¡ahora puedo oír claramente!
Dios hizo un milagro creativo dándome un nervio auditivo nuevo
porque ahora puedo oír mejor del oído izquierdo que del derecho”.

● Sebastián Fernández (37) - Argentina

“Durante una conferencia para empresarios en México, el


apóstol declaró que sucederían milagros repentinos. Sebastián estaba
entre los asistentes. Catorce años atrás había tenido un accidente
donde se había herido gravemente un pie. Le habían practicado una
cirugía donde le implantaron placas metálicas y seis tornillos en el
tobillo, para que pudiera volver a caminar. Tantos años después, él
podía sentir la cabeza de los tornillos a través de la piel y le
causaban dolor. En la reunión, luego de la oración, Sebastián pudo
comprobar que los tornillos habían desaparecido por completo y el
dolor había desaparecido. El poder de Dios convirtió los metales en
hueso. ¡Gloria a Dios!”

● Diana Moreno (30) - México

“Toda mi vida me sentí avergonzada cuando mis amigos


hablaban y yo no podía oírlos. Yo nací sorda de mi oído izquierdo.
Cuando supimos de la visita del apóstol a nuestro país, mi esposo y
yo viajamos doce horas desde nuestra ciudad, para llegar a la
conferencia. Aquella mañana, después de que él declaró el poder
sobrenatural de Dios para hacer milagros creativos, yo recibí la
palabra de sanidad y ¡comencé a oír normalmente! Oraron por mí y
yo solo le daba gracias a Dios. Luego, le pedí a mi esposo que me
hablara de ese lado y pude comprobar que oía claramente todo lo
que él me decía. ¡Eso fue un milagro! ¡Era algo imposible y Dios lo
hizo!”

LIBERACIÓN
● Pedro Alvarado - Cuba

“Yo estaba en todo tipo de ocultismo. Consultaba la güija, recibía


orientación de demonios, practicaba brujería, le daba de comer a los
demonios y mucho más. Un día, todo cambió porque los demonios
empezaron a atormentarme hasta el punto que ya no pude soportarlo
más. Asustado y desesperado, fui a una iglesia pero no nada sucedió;
hasta que una madrugada llegué a El Rey Jesús. Allí, la profeta Ana
Maldonado me ministró y fui libre de todas las influencias
demoniacas. Entonces, Dios me dijo: ‘Éste es el lugar donde tienes
que estar’. En ese tiempo, yo llevaba dos años sin ver a mi hijo. Él
estaba hundido en las drogas y la brujería. Al ser libre yo, él regresó
a casa, recibió a Cristo y ahora está en la iglesia, libre de toda
adicción. Por agradecimiento a Dios, entré en la visión de la iglesia,
y hoy tengo una Casa de Paz y mi vida es otra. Ya los demonios no
me atormentan más y Dios es el Señor de mi vida”.

● Nohemí Valentierra (19) - Colombia

“Toda mi vida fui cristiana, pero luchaba con depresión y desde


los doce años comencé a sentir deseos de suicidarme. Oía voces en
mi cabeza diciendo ‘¡tienes que hacerlo!’ De hecho, traté de
suicidarme cinco veces, pero nunca lo conseguí. Siempre algo me
detenía. Una noche, durante un servicio, cuando el apóstol
ministraba acerca del poder de la cruz, sentí algo muy fuerte. Luego
me contaron que tuve una fuerte manifestación. Yo solo sentía que
algo muy fuerte salía de mí. Las voces que oía constantemente
desaparecieron por completo. Por primera vez en mi vida, puedo
decir que soy feliz”.

● Jade Thomas

“Toda mi vida sufrí cortes sangrantes y coágulos de sangre


debajo de mis axilas y cerca del abdomen. Como cristiano, oraba
siempre para ser sano y nada sucedía. Una noche, durante un
servicio especial en Orlando, mientras el apóstol predicaba acerca de
la cruz y las maldiciones generacionales, el Espíritu Santo me reveló
que esa enfermedad era una maldición generacional por inmoralidad
sexual en mi línea sanguínea. Ahí mismo comencé a renunciar a ese
espíritu. Apenas pude fui al baño a revisarme, y los bultos bajo mis
brazos ¡habían desaparecido! Dios rompió la maldición y fui sano en
un instante. ¡Gloria a Dios por Su poder sobrenatural!”

MILAGROS DE RESURRECCIÓN
● Pastor Whatmore Makwara - Swaziland - África

“En junio de 2014 vi al apóstol Maldonado por televisión


ministrando el poder sobrenatural de Dios. Me impactó tanto que
empecé a seguirlo por Internet y a leer sus libros. Así aprendí el
poder del ayuno y la oración, con lo cual comencé a practicar esto
de manera regular. Me encerraba dos días por semana, en ayuno y
oración, leyendo los libros y buscando a Dios. En tres meses vi la
diferencia en mi ministerio. Nuestra membresía creció, nuestras
finanzas se duplicaron y los milagros comenzaron a suceder, la
gente se empezó a liberar, a sanarse de cáncer, a recibir milagros
creativos. Es más, ¡comenzaron a suceder resurrecciones! Estaba
enseñando en la iglesia del libro “El reino de poder, aquí y ahora”
para que la gente lleve el reino y poder de Dios al mundo. Uno de
los líderes que estaba en la clase, volvió a su casa y, esa misma
noche, le llevaron un niño muerto envuelto en una manta. Allí
mismo recordó lo que había aprendido y comenzó a reprender el
espíritu de muerte del cuerpo del niño. De repente, éste estornudó y
se comenzó a sacudir. ¡Volvió a la vida! Toda su familia recibió a
Jesús”.

● Reverendo Samson Paul - La India

“Yo volvía de una conferencia en el Ministerio El Rey Jesús,


donde el apóstol Maldonado había enseñado e impartido el poder de
la resurrección. Yo me sentía desafiado y había recibido la
impartición con todo mi ser. Al llegar a casa, supe de una mujer que
tuvo complicaciones dando a luz. Me llamaron para orar por ella,
porque su bebé acababa de morir. Cuando oré, le ministré lo que
había recibido. Reprendí el espíritu de muerte y declaré el poder de
resurrección, por teléfono. Poco después la mujer me llamó para
decirme que ¡su bebé estaba vivo! Los médicos no salían del
asombro. No entendían lo que había pasado pero quieren mandar
todos los casos complicados para la iglesia”.

PROSPERIDAD / FINANZAS
● Fanny Santos (26) - Honduras

“Yo viví cinco años, aquí, en Estados Unidos, indocumentada.


Un día, en la iglesia, escuché una prédica del apóstol Maldonado
acerca de cómo traer el cielo a la tierra, a través de la oración. Yo
tomé la palabra y le pedía a Dios que me diera la gracia y el favor
para obtener mis papeles migratorios y trabajar y vivir legalmente.
Empecé a pactar con Dios y a honrarlo con mis primicias. Los
abogados me decían que era imposible obtener una residencia o una
visa de estudios; pero yo seguí confiando en Dios y orando. Un día,
la señora a la cual yo le limpio la casa, me preguntó si era residente
y yo le comenté la situación. De su propia iniciativa, ella buscó una
abogada y me tramitó los papeles. Terminando el ayuno de enero,
después de entregar las primicias, recibí una llamada de la abogada
para decirme que mi residencia había llegado”.

● Cristina Pistono - Italia

“Cuando conocí al apóstol Maldonado, durante un viaje


misionero que él hizo a Palermo, Italia, todos mis negocios estaban
bloqueados. Yo pude compartir con él y comentarle que era una
empresaria y lo que estaba sucediendo. El apóstol oró por mí y
declaró que Dios iba a abrir las puertas. Luego, asistí a una
conferencia con uno de sus hijos espirituales, el pastor Ernesto
López y también recibí una Palabra Profética que confirmaba la obra
de Dios. Realmente, necesitaba un rompimiento. Decidí asistir a
Miami a una escuela del ministerio quíntuple, pero sacar el
pasaporte en Italia toma como mínimo un mes; sin embargo me lo
dieron en dos días. Estando aún en Miami, en la escuela, me
empezaron a llegar mensajes de que todos mis contratos pendientes
alrededor del mundo estaban siendo aceptados y firmados.
¡Contratos millonarios se firmaron en cuestión de días para la gloria
de Dios!”

● Christine Fulford - New Hampshire - Estados Unidos

“Yo vivo en New Hampshire y me conecto con los servicios por


Internet. Una noche, mi hija tuvo una reacción alérgica. Los dedos
de sus pies se inflamaron cinco veces su tamaño normal y no podía
caminar. Intentamos varios remedios pero nada funcionó. Viendo el
servicio por Internet, el apóstol se dirigió a los asistentes en línea
para orar por ellos. Y yo oré: ‘Dios, si sanas a mi hija, voy a Miami
a testificar de cómo Tú sanas por Internet’. Esa noche, con mi hija,
repetimos la oración de sanidad; cuando abrimos los ojos, la
inflamación había desaparecido ¡sobrenaturalmente! Así que viajé a
Miami a testificar para cumplir mi pacto con Dios. Pero Dios
todavía tenía más, porque al regresar a casa, me encontré con una
noticia realmente inesperada. ¡A mi esposo le habían pagado una
deuda de $20.000 dólares!
EVANGELISMO
Una noche, después de una impartición en la iglesia, un grupo
de jóvenes salió a las calles a evangelizar. Llegaron a una estación
de combustible, donde encontraron a una chica con un esguince en
una pierna. Era una porrista. Los evangelistas le hablaron del poder
de Dios y le dijeron que Él la podía sanar. Oraron por ella y al
instante se le fue el dolor. La muchacha se quitó el protector de la
pierna y comenzó a saltar. Pero no solo eso, porque no lo sabíamos
pero ella estaba con todo su equipo de porristas de Orlando. Habían
venido a Miami a una competencia. Al ser sana, comenzó a llamar a
todos sus compañeros. Los saludamos y comenzamos a darles
palabra de ciencia y profecía. ¡Todo el equipo recibió a Jesús como
su Salvador! Allí mismo, el Espíritu Santo sanó a todos de diferentes
dolencias: Dolores de espalda, ligamentos cruzados, problemas de
columna, de rodillas. ¡Fue glorioso porque en cuestión de quince
minutos, alrededor de veinte porristas fueron salvos!

● Leonora Rodríguez (64) - República Dominicana

“Yo tenía una enfermedad pulmonar obstructiva que afectaba


gravemente mi salud y mi vida. He estado varias veces internada
en el hospital, con paro respiratorio, en estado de coma, mi corazón
no enviaba oxígeno a mis pulmones. Al final, después de tantos
intentos por salvarme la vida, los médicos me mandaron a mi casa a
morir. Una mujer, oró por mí en su Casa de Paz, un miércoles. El
domingo me trajo a la iglesia en silla de ruedas y conectada a un
tanque de oxígeno. Aquí oraron por mí y ¡Dios me sanó! ¡Me quité
el oxígeno y respiro sin problemas! ¡El poder de Dios hizo lo que
los médicos nunca pudieron!”

● Oficial de Policía Juan Manuel Vizzuett - México


“Hace un tiempo asistí a una conferencia en El Rey Jesús, CAP,
que me impactó mucho. Cuando volví a mi ciudad, recibí una
promoción de uno de los directores del Departamento de Policía. Yo
la acepté con la condición de que me permitieran orar, cada mañana,
con los oficiales. Me lo concedieron, asumí el nuevo cargo y
comencé a orar, todos los días con mis compañeros. Ahora, muchos
de ellos son cristianos, y están ocurriendo cosas sobrenaturales en
nuestro distrito. Los prisioneros están experimentando la presencia
de Dios y aceptando a Cristo como su Salvador. Tuvimos un policía
en coma durante dos meses debido a un derrame cerebral, oramos
por él y el hombre fue restaurado sin secuela alguna. Ahora está
sano y volvió al trabajo”.

Introducción
H oy en día, es importante identificar los tiempos peligrosos que
estamos viviendo. La mayoría de las señales para la segunda
venida de Cristo se han cumplido. Una de ellas es que la maldad o
rebelión aumentaría. Y es difícil negar que la presente generación es
la más rebelde que la tierra haya visto. La causa de esta rebelión es
el espíritu del anticristo, el cual se opone a Dios y a toda autoridad
delegada por Él. La característica más importante del espíritu del
anticristo es la de vivir sin ley; es decir, no someterse a ninguna
autoridad. Es más, no cree en la autoridad; se maneja por
intimidación, miedo y control. El espíritu del anticristo está en
rebelión directa contra Dios, Sus autoridades delegadas, Sus
principios, Su palabra, Su gobierno y orden. Su plan directo es
usurpar esa autoridad para gobernar enteramente sobre la tierra.
Satanás continúa teniendo poder en la tierra, pero ya no tiene
autoridad. ¡Cristo se la quitó! Ahora, usted como hijo de Dios, es
quien tiene el poder y el diablo solo tiene la autoridad que usted le
otorga cuando peca.
En las iglesias, este espíritu ha dividido congregaciones enteras
porque los creyentes han perdido la revelación de lo que es la
autoridad legítima; de cómo vivir bajo esa autoridad, y de cómo
ejercerla correctamente. Para ejercer autoridad sobre Satanás y sus
obras, para someterlo y echarlo fuera, no podemos estar en rebeldía
contra la autoridad de Dios, ni contra ninguna de Sus autoridades
delegadas. Por eso, tenemos tantos líderes que no pueden reprender
un demonio; porque los espíritus malos reconocen tanto la autoridad
como la ausencia de la misma. Saben que si un cristiano, sea un
simple creyente o un pastor, no está sujeto a autoridad, no tiene
autoridad sobre ellos.
Pero ese no es el único problema de la presente generación; además
de vivir sin autoridad o sin revelación de la misma, también ha
perdido el poder que manifestaba la Iglesia primitiva para predicar
el evangelio del Reino. El caminar, experimentar y demostrar el
poder sobrenatural de Dios, hoy en día, en la Iglesia de Cristo,
parece ser algo del pasado porque la gente ha aprendido a vivir sin
Su poder y presencia. Cristo es visto en muchos círculos religiosos
como una figura histórica; en otras como un filósofo o un profeta;
para muchos, sus milagros son un mito o una leyenda. En el
Cristianismo moderno se enseñan los principios que enseñó Jesús,
sin Sus milagros, señales y maravillas.
La industria cinematográfica de Hollywood produce películas
promoviendo lo sobrenatural demoniaco, y como si el mundo
espiritual fuera una ficción. Mientras, la Iglesia solo ofrece un mero
entretenimiento, basado en el carisma humano, en regulaciones
morales humanas, pero sin poder sobrenatural. Pero, debe ser la
Iglesia de Cristo quien presente lo sobrenatural como algo real,
poderoso y genuino. El poder de Dios es real y verdadero. Podemos
decir con certeza que esta generación, necesita un retorno al poder
sobrenatural de Dios y Su presencia, bajo la autoridad legítima del
Padre celestial y de Sus autoridades delegadas en la tierra.

El carisma del hombre ha remplazado el poder y la


autoridad de Dios.
Mucha gente le llama unción al carisma de un hombre porque no
sabe discernir entre éste y el carisma. El poder de Dios es
sobrenatural, en cambio, el carisma es natural. La diferencia entre
ambos está en los resultados, en el fruto. Usted puede ser atraído por
la personalidad de un hombre o su carisma, pero la verdad es que
allí no hay poder para sanar, no hay poder para transformar, no hay
autoridad para perdonar, salvar y liberar. Por eso es que tantos
grupos cristianos están más impulsados por el entretenimiento de
cristianos que no conocen el poder de Dios ni lo que es ejercerlo
bajo una autoridad legal. Usted, como ministro o como padre,
madre, empresario, político, educador y demás, ¿qué le ofrece a esta
generación para que conozca a Dios y siga a Jesucristo?
¿Entretenimiento, optimismo, pensamiento positivo? Creo que
ofrecerles el poder sobrenatural de Dios es la única forma de
producir un cambio en sus corazones y recibir las promesas de Dios
en su vida.

1
La diferencia entre el
Cristianismo y las demás
religiones
A ntes de empezar a tratar el tema del poder y la autoridad de
Dios, me parece importante establecer cuál es la diferencia entre
el Cristianismo y todo el resto de religiones que están a disposición
del ser humano hoy en día. Si éste fuera igual a cualquier otra, en
vano sería tratar de cambiar o de agradar a Dios, pues no habría
razón para hacerlo. Pero el Cristianismo es diferente porque, entre
otras razones, es la única que implica una relación íntima con una
persona viva, santa y sobrenatural, superior a cualquier otra porque
es el Creador de todo lo conocido y más allá. En lo que respecta al
poder y la autoridad para destruir las obras del diablo, veamos en
detalle cuáles son las diferencias entre el Cristianismo y las demás
religiones existentes:

1. La Cruz de Cristo
La obra terminada de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, en la
cruz marca la primera gran diferencia del Cristianismo con otras
creencias. Ninguna otra religión tiene la cruz, porque ninguno de sus
líderes ofreció su vida para ser muerto, siendo inocente, en lugar de
toda la humanidad. Solamente Cristo Jesús, allí en ese madero, hizo
una total provisión de vida plena y eterna para el ser humano, tanto
en este mundo como en la eternidad.

2. El Espíritu Santo

El Espíritu de Dios es el administrador de la obra terminada en


la cruz del Calvario, y quien nos empodera para demostrar todo lo
que Cristo ganó allí. Él es quien nos da la autorización para
demostrar el poder y ejercer la autoridad de Cristo aquí en la tierra.
Cada vez que abrimos la boca para declarar Su voluntad, Su Palabra,
somos empoderados para sanar a los enfermos, libertar a los
cautivos, etcétera. El Cristianismo sin milagros, señales y maravillas
es una religión más.

3. Lo sobrenatural

Ésta es una gran diferencia; yo diría que separa o distingue


claramente lo que tenemos en frente. El Cristianismo de la Biblia
cree que presentar a Cristo sin lo sobrenatural y lo milagroso no es
una verdadera manifestación del evangelio que Él predicó. Si no
tenemos milagros, señales y maravillas estamos predicando otra
religión, porque las otras religiones no tienen lo sobrenatural. La
cultura, la sociedad, el hombre pueden cambiar, modernizarse, darle
valor a la filosofía y el intelectualismo, desarrollar toda la tecnología
que quieran, pero Dios no cambia y Su naturaleza siempre será
sobrenatural; por encima y más allá del intelecto y las habilidades
humanas.

El Cristianismo moderno simplemente cree que Dios ha


cambiado.

Si Dios hubiera cambiado, entonces las estrellas comenzarían a


caerse de su lugar. El sol dejaría de alumbrar, porque todo lo creado
por Su mano depende de Él como fuente y sustentador (Hebreos
1:3). La Biblia testifica que Dios no ha cambiado sino que
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos
13:8). ¡Él salvó ayer, salva hoy y salvará mañana! Sanó, liberó y
prosperó ayer, pues también lo hace hoy y mañana. Hizo milagros
hace cien, mil y dos mil años y ¡los sigue haciendo hoy y mañana!

Nada en el carácter y la naturaleza de Dios ha cesado


nunca de ser.

Dios es sobrenatural hoy como lo fue ayer. Su poder sigue operando


en la tierra con la misma habilidad creativa que cuando creó el
mundo, sostuvo al pueblo de Israel en el desierto sin que le falte
agua ni alimento, con el mismo poder que salvó a Daniel del horno
ardiente, engendró a Cristo en el vientre de una virgen, multiplicó
unos pocos panes y peces para alimentar a una multitud, resucitó
muertos y, sobre todo, levantó a Cristo de los muertos. Es el mismo
poder que actuó a través de los apóstoles en la Iglesia primitiva para
hacer milagros, señales y maravillas. Usted nunca ha oído que un
budista, judío, musulmán o cualquier creyente de otra religión vaya
a su templo y espere ver que un ciego recupere la vista, ni espere ver
que un sordo oiga, ni que un paralítico se levante de una silla de
ruedas. Pero sí vemos cristianos que van a la iglesia esperando que
Dios haga milagros, porque Cristo está vivo y Su poder sobrenatural
es real.

El día que usted no quiera lo sobrenatural, no quiere más a Dios;


porque Él no puede ser definido de otra forma. Dios es un ser
supremo sobrenatural con habilidades sobrenaturales para bendecir a
Su pueblo de manera “no” natural. Cuando usted dice que cree en
Dios, está diciendo que cree que Él es un ser sobrenatural, con una
mente, características y capacidades sobrenaturales.
La Iglesia ha caído en la trampa de creer que lo
sobrenatural es algo del pasado, que ya no necesita.
Rechazar lo sobrenatural de Dios es rechazar a Dios
mismo.

4. Un Dios no histórico, sino un Dios vivo y del ahora

Otro factor que diferencia al Cristianismo de otras religiones es


que su líder está vivo. En las demás religiones, todos saben que sus
líderes están muertos, en una tumba. Muchas de ellas, cada año
hacen peregrinaciones para visitar sus tumbas. En cambio, Cristo
está vivo. Nuestra fe descansa no solo en el hecho de que murió por
nosotros y nos redimió, sino en que también resucitó de los muertos
y ascendió en un cuerpo glorificado a los cielos, y hoy está sentado
junto al Padre celestial, ¡vivo!

Ninguna otra religión tiene un enemigo vencido como lo es Satanás.


Este ángel caído que se rebeló contra el Creador es hoy el enemigo
de la Iglesia de Jesucristo. Todo cristiano que sabe que su Dios es
sobrenatural sabe que tiene un enemigo sobre el cual tomar
autoridad y echar fuera de su vida, de su cuerpo, de sus finanzas, de
su territorio, etcétera. Ninguna otra creencia o filosofía religiosa
tiene poder ni autoridad sobre las obras del diablo; las tratan con
psicología, autoayuda, meditación, claustro, drogas, medicamentos,
etcétera. Jesús nos dio el poder y la autoridad para destruir al diablo
y todas sus obras. Solo el Cristianismo tiene esta habilidad dada por
Dios en el mundo espiritual.

Eso sucedió con el hoy pastor Milad Soleimani, un iraní criado en


Argentina, hijo de Dios nacido de nuevo. En sus palabras, nos contó
lo siguiente: “Nací en Irán en 1981 en medio de la guerra entre Irán
e Irak. Por esa causa, con apenas dos años, mi madre me trajo a la
Argentina; donde crecí y vivo hasta hoy. Le doy gracias a Dios por
esta hermosa nación que nos acogió. Yo soy descendiente directo de
judíos israelitas, mi abuelo era judío y predicaba la Torá, pero se fue
de Israel a Irán y eventualmente dejó el judaísmo y se convirtió en
musulmán. Desde entonces, mis abuelos y sus hijos han predicado el
Islam, incluyendo a mis padres.

“A los 18 años, tuve la bendición de conocer a Jesucristo y aceptarlo


en mi corazón lo cual me dio la paz que nunca nadie me había
podido dar; y me bendijo más allá de lo que cualquier otra religión
muerta hubiera podido. Yo vivía con mi madre en Argentina y mi
padre vivía en Canadá. A los 19 años, lo llamé para decirle que
había conocido a Cristo, y él se molestó muchísimo; reaccionó como
si le estuviera hablando del peor enemigo del mundo. Cuando le dije
que quería predicar el evangelio de Cristo, me contestó que no era
posible, que no podía predicar a Cristo porque todos en mi familia
eran musulmanes. Me dijo: ‘Tú tienes que predicar el Islam, o te
quedarás solo’. Me sentí mal, pero Dios había llenado mi corazón y
no podía renunciar al Dios vivo. Así que le contesté: ‘Si no quieres
volver a llamarme, no lo hagas. Yo prefiero quedarme con mi Padre
celestial, porque el Islam no es la verdad. Cristo es la verdad y es el
único que me ha dado bendición y amor. Yo voy a predicar de Él’.
Automáticamente me cortó de la familia, y de su herencia. Desde
entonces han pasado siete años y, hoy en día, el que está sentado
fielmente, noche tras noche en mi iglesia, escuchando el evangelio,
es mi padre. Él también llegó a encontrar en Cristo, la paz, el amor y
el poder para transformar su vida que el Islam nunca le dio”.

2
El origen de la autoridad y el
poder espiritual
EL ORIGEN DE LA AUTORIDAD

D ios es la máxima autoridad, suprema y absoluta, desde el


principio (Génesis 1:1), y por tanto, es la fuente, origen y
generador de toda autoridad. El hecho de ser el Creador de este
Universo y de todo lo que en él hay, lo convierte también en la
autoridad suprema sobre todo lo creado, por derecho legal. Por ende,
Él es el único que tiene la potestad para establecer y/o delegar
autoridad en los cielos y en la tierra “…porque no hay autoridad
sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido
establecidas” (Romanos 13:1). Es decir, el origen de toda autoridad
es Dios.

Dios odia el desorden y el caos porque son producto de la rebelión.


Su manera de operar es primero poner orden para luego, establecer
la autoridad. Sabemos que eso es así porque en el principio, “…la
tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la
faz del abismo…” (Génesis 1:2) –porque Satanás había sido
arrojado allí y, en su furia, había confundido todo–; tras lo cual, la
primera medida de Dios fue poner orden. Acto seguido, puso una
autoridad, Adán. Desafortunadamente, los nuestros son días de caos
y confusión; el orden no es popular en esta generación. Cada quien
hace lo que mejor le parece; resiste abierta y violentamente
cualquier intento de sujeción, cualquier intento de traer orden,
límites o ley. La rebelión es vociferante y agitadora. Comienza en el
corazón y termina en la boca; se expresa, tiene una voz y demanda
ser atendida.

La palabra “autoridad” es la traducción del vocablo griego exousía,


que significa el derecho legal o autorización para ejercer el poder.
En algunos versículos de la Biblia, se traduce como “potestad”; por
ejemplo, en Lucas 10:19. La autoridad es el derecho legal para hacer
cumplir –enforzar– la obediencia, sobre todo cuando se trata de
Satanás y sus obras. En el ámbito judicial del Reino, nosotros somos
los representantes de la ley en el ahora, llamados a hacerla cumplir
en la tierra.

La autoridad espiritual es la autorización legal para actuar


como Dios aquí en la tierra.
CRISTO RESTAURÓ AL HOMBRE LA AUTORIDAD
Y EL PODER PERDIDOS

Jesucristo trajo consigo el poder del Reino de Dios y recuperó


aquella autoridad perdida – después de toda Su obra de muerte y
resurrección–, y dejó al diablo vencido y despojado. Desde Adán
hasta Jesús, ningún hombre había operado el poder de Dios en
autoridad total. Por esa razón, en el Antiguo Testamento no vemos
la expulsión de demonios; porque Adán había perdido su autoridad a
manos de Satanás en Edén, y había que recuperarla para poder librar
al pueblo de Dios de toda influencia demoniaca. Adán había
ayudado al enemigo a ser legalmente poderoso. Pero después de que
Cristo venció al diablo, esa autoridad fue recuperada y devuelta a la
Iglesia para que ésta operara como
Adán y como Cristo. Por tanto, hoy nosotros podemos y tenemos
que ejercerla.

La obediencia le quita la autoridad al enemigo, la


desobediencia lo autoriza.

Entonces, ¿cuánta autoridad tenía Adán? ¿Podía ser medida? En


nuestros sistemas de gobierno humanos, por ejemplo, un alcalde
tiene autoridad local, un gobernador tiene autoridad estatal, un
senador tiene una autoridad de alcance federal y un presidente tiene
autoridad sobre todos. Cuando Dios hizo al hombre, ¿hasta dónde
llegaba su autoridad? Dios creó todas las cosas y las sujetó a Adán.
Toda la obra de Su mano fue puesta bajo la autoridad del ser
humano (Hebreos 2:8). Eso explica por qué un hombre como Josué
pudo mandar a parar el sol. Si un hombre caído, bajo un pacto de
menores promesas, podía hablarle al sol, ¡cuánto más podría hacer
Adán!

Cristo tuvo que recuperar toda la autoridad perdida por Adán. Al


principio la autoridad de Jesús estaba limitada a Su obediencia; pero
al recuperar la de Adán hizo esta poderosa declaración: “…Toda
autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra” (Mateo
28:18 – RV1977). Esa autoridad, Jesús la repartió a la Iglesia. Hoy,
nuestra autoridad es jurisdiccional, de acuerdo al propósito, llamado
y lugar de asignación de cada uno. Es decir, es una autoridad total
pero sólo donde Él nos ha puesto o plantado. En el territorio al cual
Dios lo asignó, ahí usted gobierna; puede tomar dominio y señorío
sobre esa jurisdicción y ejercer autoridad total.

La autoridad del creyente es dada de acuerdo al territorio,


propósito, llamado y asignación del Padre celestial.
EL ACTUAL ESTATUS DE SATANÁS

¿Cuál es el status de Satanás en el reino de Dios, si es que tiene


alguno? Por ejemplo, el Reino Unido, es un imperio que ha
conquistado varios países. Cada vez que conquistaba un territorio
todo pasaba a estar bajo el trono de la reina. Todo ciudadano nacido
en ese territorio pasaba a ser “súbdito”, porque estaba sujeto al
reino; aunque también podía ser esclavo. La palabra “súbdito”
significa “sujeto a la autoridad de un superior con obligación de
obedecerle”. Cuando Dios puso a Adán en la tierra, le dio un reino
que se llamaba Edén y todo lo creado estaba sujeto a él. Cuando
Adán pecó le dio su autoridad a Satanás, perdió también su poder
sobrenatural para operar en la tierra. Pasó a estar bajo el gobierno
del diablo; pasó a ser súbdito y esclavo de su reino rebelde. Cuando
Cristo recuperó el Reino y venció a Satanás, esa autoridad en Mateo
28:19, y luego, envió al Espíritu Santo para investirnos de poder.
Ahora Satanás es un súbdito de la Iglesia, sin derechos. Es decir, es
un sujeto a nuestra autoridad, como superiores a él, con obligación
de obedecernos. Por tanto, el único derecho que tiene es el que usted
le ceda con su desobediencia. La Iglesia tiene que entender el
verdadero estado de Satanás, para poder ponerlo bajo sus pies y
ejercer la autoridad sobre él y sus obras. El estatus de Satanás es:
destruido, derrotado, vencido, bajo nuestros pies, condenado.

El estatus de satanás: destruido, desarmado, destronado y


derrotado.

Esto me recuerda el testimonio de dos jóvenes de nuestro ministerio


que fueron a predicar el evangelio del Reino de Dios en la zona de la
Bahía de la ciudad de Miami. Con la revelación del estatus de
Satanás hoy en día, y de la autoridad y poder que opera en ellos
como hijos de Dios, manifestaron el Reino de forma poderosa en
medio de la calle. Su testimonio es el siguiente: “Mi amigo Josh y
yo estábamos evangelizando en la zona del centro de Miami, en el
mercado que está cerca de la bahía. Era de noche, y muchos de los
trabajadores de los restaurantes y negocios estaban en la parada
del bus. Un vagabundo se nos acercó pidiendo cambio para volver a
su casa; pero sentimos que en realidad quería el dinero para
comprar drogas. Con cuidado, decidimos confrontarlo con aquello
que sentimos. Su primera respuesta fue defensiva, pero luego dijo:
‘¿Saben qué? Lo que me dicen es la verdad. Les mentí y me siento
culpable. ¿Cómo lo supieron?’ Así que le explicamos que había sido
Dios. Yo le dije: ‘No tenemos dinero para drogas, pero lo que
tenemos te damos’, y comenzamos a hablarle del amor de Dios y de
Su poder para liberarlo en ese momento si él lo creía. Lo guiamos a
repetir la oración del pecador y, con lágrimas en sus ojos y una
profunda convicción, recibió a Jesús en su corazón. Luego de eso,
comencé a orar por él. El Espíritu me mostró que él recurría a las
drogas para ahogar el dolor en su corazón, que le producía el
rechazo de su familia. Supe que lo habían echado de su casa y
llevaba esa ofensa en su interior. Otra vez, las lágrimas en sus ojos
nos mostraron que estaba impactado. Nos seguía preguntando cómo
sabíamos cada detalle de su vida. Josh y yo comenzamos a guiarlo
para que se arrepienta de guardar aquellas ofensas y a renunciar al
resentimiento. Mientras lo hacía, puse mis manos sobre sus
hombros. De repente, comenzó a sacudirse y cayó al suelo tosiendo.
Allí le ordenamos a todo espíritu demoniaco que saliera de él, y
entonces, aquel muchacho comenzó a vomitar en plena calle. De
repente, otro hombre, cerca de donde estábamos comenzó a
manifestar una posesión demoniaca. Comenzó a saltar, mientras
gritaba y se movía como poseído en medio de la calle. En otras
palabras, estábamos presenciando una manifestación del choque de
los dos reinos, el cual estaba impactando a cada persona alrededor.
Josh se quedó con el primer hombre que liberamos y yo fui hacia el
segundo, y comencé a liberarlo. Cuando tomé autoridad sobre las
obras de Satanás, los demonios comenzaron a salir de aquel joven,
el cual gritaba a medida que los demonios salían de él. Luego, vino
una paz sobre ambos y volvieron en sí, como hombres libres.
Aquellos que estaban cerca presenciaron todo aquello, y fue tanto el
impacto que cuando les predicamos, todos recibieron a Jesús.
Todos experimentaron el poder sobrenatural para liberar, ahí
mismo, en un ambiente totalmente mundano”.
EL ORIGEN DEL PODER SOBRENATURAL

“Una vez habló Dios; Dos veces he oído esto: Que de Dios es el
poder” (Salmos 62:11).

Dios es la fuente de todo poder; Él es el originador del poder,


porque en Él reside el poder para crear, para existir, para respirar,
para pensar, sentir, para operar incluso en el mundo natural, pero
sobre todo en el espiritual. Nada se mueve ni existe sin que Dios le
haya dado el poder de hacerlo. El poder para destruir las obras del
diablo también procede del Padre celestial.

No hay duda de que el poder se origina y viene de Dios, le pertenece


a Él. Entonces, ¿por qué los creyentes buscan otras rutas o fuentes
de poder? ¿Qué clase de poder es? Es un poder creativo porque Dios
es creador. Por eso el diablo no es Dios, porque no tiene poder
creativo. Cuando hace algo primero ve a Dios hacerlo y después lo
falsifica. El diablo es un imitador, no es original.

Hoy en día, la última opción que el hombre busca es el poder de


Dios. Esto es porque la naturaleza de pecado de Satanás entró en el
ADN del hombre, por medio de la maldición del pecado y la caída.
Desde entonces, el ser humano busca solucionar sus problemas en
sus propias fuerzas, inteligencia y medios; independientemente de
Dios. El deseo del hombre es no tener que depender de Dios. Sin
embargo, Cristo confirmó que todo poder es de Dios, cuando al
terminar de enseñarles a Sus discípulos a orar, los instruyó a
reconocer frente a Dios que Suyo “…es el reino, y el poder, y la
gloria, por todos los siglos” (Mateo 6:13). Dios es el originador y
creador de todas las cosas. Ese poder original creativo salió de Su
gloria, donde creó todas las cosas de Sí mismo, y creó todo lo que
necesitó para crear lo siguiente.

Si usted cree ahora mismo, ese poder creativo está siendo desatado
mientras escribo este libro, para crear lo que usted no tiene y nadie
puede crear; un órgano en su cuerpo, por ejemplo. Dios está creando
órganos nuevos, riñones, carne, pelo, dientes, huesos. Si necesita un
órgano en su cuerpo, ¡recíbalo ahora mismo! Si necesita un milagro
creativo en otra área solo créalo. Dios suple dinero por Su poder
sobrenatural de la misma manera que multiplicó los panes y los
peces. Crea papeles donde no existían, crea cosas, lugares y
circunstancias que no existían. ¡Ahora mismo en el nombre de Jesús,
reciba su milagro!

Dios es tan Creador hoy como lo fue en el principio de la Creación,


cuando creó los cielos y la tierra. Él puede crear algo de la nada
porque esa parte de Dios nunca ha dejado de existir. Muchos
creyentes lo conocen como Salvador, pero no como Creador, por eso
no reciben su milagro. Reducen a Dios a lo que conocen de Él y no
ponen mayores expectativas en Su poder. Sabemos que el Señor es
sanador, libertador, proveedor y no podemos limitarlo. Dios puede
crear un órgano en su cuerpo que los doctores removieron con
cirugía. Yo he visto eso muchas veces. He recibido testimonios
documentados de hígados, riñones creados donde ya no había; he
visto dedos crecer –con huesos, cartílago, carne, piel y todo– donde
se habían cortado. Ésa es una parte de Dios que no ha parado de
existir.

Si hay alguna parte de Dios que pudiera dejar de existir o


ser, no sería Dios.

“Ahora han sido creadas, no en días pasados, ni antes de este día


las habías oído, para que no digas: He aquí que yo lo sabía” (Isaías
48:7). En este instante, Dios está manifestando otra parte de Sí
mismo que usted no ha visto. ¡Usted está llamado a ver Su gloria en
la tierra de los vivientes cada día, en cada tiempo y edad porque Él
siempre crea algo nuevo! ¿Qué necesita hoy que Dios cree para
usted, su cuerpo, su familia, su negocio o su ministerio?

CARACTERÍSTICAS ESENCIALES
DEL PODER DE DIOS

1. El poder de Dios sustancia quién es Él


Por definición, Dios es sobrenatural y no puede ser definido de
otra manera. El problema de no verlo como el ser supremo
sobrenatural es no verlo como Dios y Todopoderoso. Es muy
interesante como lo sobrenatural y milagroso ofende el pensar
moderno de la teología denominacional, la cual pretende llevarnos a
una fe muerta, vacía de poder. Aquí mismo vemos una
inconsistencia en la religión; muchas iglesias predican a Dios y no
manifiestan Su poder sobrenatural. Predican de Él como si estuviera
muerto o como si no tuviera poder en esta tierra sobre ninguno de
los problemas que enfrentamos, como si Cristo se hubiera ido al
cielo y no pudiera hacer nada más hasta que nos lleve en una nube al
cielo en Su Segunda Venida. ¿Acaso Dios ha cesado de ser el
mismo? ¿Ha cambiado de opinión en cuanto a Sus promesas? ¿Ha
decidido ponernos en espera por todo lo que resta de nuestra vida en
la tierra? La religión se ofende cuando no entiende algo, cuando
alguien desafía sus cánones rígidos de obras muertas; pero Dios no
puede ser limitado por el intelecto humano ni por reglas de hombres.
Él es sobrenatural, es más allá de la razón; Su naturaleza excede el
campo que domina nuestra capacidad mental. Cristo es “…el
resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”,
(Hebreos 1:3) por quien Dios Padre “asimismo hizo el universo”
(1:2); y Cristo realizó milagros portentosos, señales indubitables y
maravillas al ojo humano, con el poder que el Padre le dio. Cristo es
el poder de Dios manifestado, porque Él es el Verbo y el verbo es
acción y movimiento; no es estático, no es religión.
2. El poder sobrenatural de Dios es eterno, ilimitado e ina-
gotable

Su poder soporta la prueba del tiempo, porque fue antes del


tiempo; soporta la prueba del espacio porque ese poder creó el
espacio, y soporta la prueba de la materia porque puede crearla,
alterarla, moverla, trasladarla y/o multiplicarla. El poder de Dios es
infinito, inagotable e ilimitado. Nosotros, a veces, le ponemos
barreras e imposibilidades; limitamos a un Dios que es por
naturaleza ilimitado. Si hoy entendemos esto, tenemos que
comenzar a quitarle los límites que nuestra mente natural le ha
impuesto. Dejemos que Dios sea Dios. No hay nada que esté más
allá y por encima de Su poder. Cuanto más grande sea el obstáculo,
cuanto más difícil sea la circunstancia, el problema, la crisis, la
enfermedad, más grande Dios se hará. Él no conoce lo imposible;
solo sabe que lo imposible es posible.

Sin el poder sobrenatural de Dios somos incapaces de


suplir las necesidades de la gente.

3. El poder de Dios reside en Su palabra

En Jesús “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen


misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la
palabra de su poder…” (Hebreos 1:3) tenemos la expresión más
visible del poder de Su Palabra. El poder de Dios, ha residido y
residirá siempre en Su palabra. A veces, no podemos identificar la
manifestación del poder de Dios porque no sabemos de dónde viene.

“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía,


sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para
que la envié” (Isaías 55:11). La palabra de Dios es eterna, está fijada
para siempre, no conoce fecha de expiración, no conoce tiempo ni
espacio. Dios siempre prospera Su palabra para el propósito con la
cual fue enviada. Creó la tierra, los cielos, los planetas, las estrellas,
el sol, el mar, la luna y todo sigue en el mismo lugar. Eso nos prueba
que la palabra de Dios resiste la prueba del tiempo por el poder que
opera en ella. Es más, la Biblia dice que “el cielo y la tierra
pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). No espere
que alguien le imponga las manos para recibir el poder de Dios; Su
palabra puede sanarlo, liberarlo y prosperarlo ahora mismo.
¡Declárela!

Antes de residir en nosotros, el poder de Dios reside en Su


Palabra.

4. El poder de Dios descansa en la verdad

El poder de Dios tiene una personalidad que no es humana, no


está en una celebridad, en alguien famoso o un predicador
carismático; la personalidad de ese poder es la verdad, porque Dios
no hace nada fuera de la verdad. Sabemos que la verdad es eterna,
sobrenatural y absoluta; es el nivel más alto de realidad que existe.
La verdad no está sujeta a cambio, ni se puede negociar. La verdad
no puede ser menos que una persona, porque la verdad es Cristo, el
verbo hecho carne que dijo de Sí mismo: “…Yo soy el camino, y la
verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6); y
el Espíritu Santo es el Espíritu de verdad (Juan 16:13).

El poder de Dios descansa en la Verdad.

Cuando predicamos la verdad hay poder, porque Dios confirma Su


Palabra. Usted no tiene que ser un pastor, apóstol o evangelista para
operar en lo sobrenatural; puede ser un niño, anciano, hombre,
mujer, viejo, adulto, o un creyente normal que si habla, predica y
testifica la verdad, Dios lo respaldará con milagros, señales y
maravillas. Hay un poder sobrenatural en predicar la verdad. Cuando
usted habla la palabra de verdad bajo la unción del Espíritu Santo, el
espíritu de enfermedad, pobreza y depresión se tienen que ir. Todo
espíritu demoniaco sabe que está sujeto a la autoridad de la Palabra
y que debe obedecer, porque su reino fue derrotado. Recuerde que
Satanás y sus demonios son un enemigo vencido. Por eso debemos
retornar a la palabra de verdad.
La ausencia del poder sobrenatural de Dios se debe a la
falta de revelación de la verdad.

Si estamos predicando la verdad, ¿por qué no vemos los milagros,


señales y maravillas en la Iglesia? A veces, se predica la verdad sin
poder, porque desactivamos ese poder con los límites que le
ponemos a Dios. Preferimos mantener todo en un ambiente o marco
natural, para no arriesgarnos a perder el control o perder nuestra
dignidad delante de los hombres. Entonces, recurrimos a una excusa,
diciendo que los milagros no son para hoy y que Dios no hace más
esas cosas, que los milagros eran solo para el tiempo de los
apóstoles y la Iglesia primitiva. Pero esto es contrario a la Palabra de
verdad; porque allí dice que Dios no cambia, que es el mismo ayer,
hoy y por los siglos. Por tanto, si hizo milagros ayer, los puede hacer
hoy también. Dios no ha cambiado, nosotros somos lo que hemos
cambiado. En Marcos 16:17, dice que “…estas señales seguirán a
los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán
nuevas lenguas”. Esta promesa no especifica la temporada, ni los
cargos, ni ninguna de las excusas que se utilizan hoy en día para
evitar manifestar el poder de Dios. Solo dice que esas señales
seguirán a los que crean; es decir, a quienes no le pongan límites al
poder de Dios.

Entonces, usted puede ir ahora a sanar los enfermos, echar fuera


demonios, resucitar muertos, declarar sobre los elementos de la
naturaleza, operar milagros, y le será hecho porque ¡Dios está
obligado a confirmar Su palabra y la verdad ahora! Por eso, cuando
los discípulos de Jesús salieron a llevar el evangelio, “…predicaron
en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con
las señales que la seguían” (Marcos 16:20). Si le quita los límites al
poder de Dios, no hay nada que no pueda hacer, ¡y ahora mismo!

La Palabra de Dios no es exclusivamente para los cinco


ministerios; Su poder funciona para cualquier creyente.

5. El amor de Dios es Su poder


Dios es amor y tiene poder. Dios no tiene otro poder que no sea
Su amor. Ese amor es sobrenatural, no cambia, va más allá de la
razón, y no es el amor humano. Es decir, no tiene sentidos ni
sentimientos humanos, por eso es sobrenatural.

Muchos dicen que hay que enfocarse en el amor de Dios, no en Su


poder. Pero el amor de Dios es Su poder. Si a un padre se le enferma
un hijo, ¿qué no haría es padre para sanarlo? ¿Hasta qué grado usted
puede ser movido por el amor a su hijo para salvarlo? Lo que mueve
a Dios para sanar, liberar es lo mismo que lo llevó al mayor acto de
amor para salvar, Su amor. Es el amor lo que nos mueve a
compasión. ¿Cómo es posible creer en el amor de Dios y no en Su
poder sobrenatural? El amor de Dios tiene el poder para cambiar
toda realidad adversa. Cristo tenía el poder que respaldaba Su
compasión, porque Su amor es Su poder.

Habrá una nueva dimensión de poder dondequiera que haya una


nueva dimensión de amor. La experiencia del amor producirá una
manifestación del poder para sanar, liberar, etcétera. Cuando veamos
un enfermo, el amor nos llevará a manifestar lo sobrenatural.

Cuando Satanás ve amor, ve poder.


Por eso cuando Satanás vio a Jesús, supo que éste venía de Dios,
porque vio el amor en Él, porque Él sanó, libertó, salvó e hizo libres
a los oprimidos. Y era común oírlo decir: “Tengo compasión de la
gente…” (Mateo 15:32).

LA DIFERENCIA ENTRE AUTORIDAD Y PODER


La autoridad es la autorización legal para ejercer el poder.
El poder es la habilidad para llevar a cabo la tarea
delegada por la autoridad.

El poder sobrenatural es la habilidad milagrosa de Dios. No toda


autoridad tiene poder y no todo poder está investido de autoridad.
¿Ha visto usted un policía de la ciudad con su uniforme, y su placa
identificadora? Cuando un oficial del orden se para en una esquina
de la ciudad y hace una señal para detener el tránsito, los
conductores ven el uniforme y la placa, y de inmediato se detienen,
porque reconocen su autoridad. Pero, si viene un conductor ebrio,
que no quiere detenerse, pasa de largo o incluso arroya al policía.
Con toda la autoridad investida en su uniforme, el oficial no tiene el
poder para detener ese automóvil. Pero ¿qué tal si ese mismo policía
se le atraviesa al borracho con un tanque de guerra? Entonces, sí
tiene la autoridad y la habilidad para detenerlo. Antes, tenía la
autoridad pero no el poder, ahora tiene los dos.

Los creyentes nacidos de nuevo tenemos la autoridad y también el


poder, dados por Dios, para aplastar y subyugar toda obra del
enemigo. ¡La autoridad nos fue dada cuando nacimos de nuevo!
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre,
les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

La autoridad espiritual nos es dada al nacer de nuevo, y el poder


cuando somos bautizados con el Espíritu Santo.
Adán no fue creado con autoridad, sino que le fue dada. Dios lo creó
y luego lo invistió de autoridad y poder para gobernar, porque el
enemigo ya estaba en la tierra y debía ser subyugado legalmente.
Antes de que Adán fuera creado, ya estaba la influencia de Satanás
aquí. Así que Dios creó al hombre, conforme a Su imagen y
semejanza, con un propósito de gobierno para que ejerciera
autoridad sobre aquel rebelde que había querido usurpar Su trono, y
para que estableciera Su reino y dominio en la tierra.

SATANÁS OPERÓ BAJO UNA AUTORIDAD


Y PODER USURPADOS

Ya en el Nuevo Testamento, leemos que Jesús dijo: “…Yo veía a


Satanás caer del cielo como un rayo” (Lucas 10:18) –Cristo vio en
la eternidad, cuando estaba en forma de Dios, no de hombre; lo vio
desde antes porque ya había sucedido–. El diablo se llevó la tercera
parte de los ángeles del cielo; “…su cola arrastraba la tercera parte
de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra” (Apocalipsis
12:4). Tuvo que ser extremadamente influyente para lograr
manipular, controlar y engañar seres angelicales. Por eso a Satanás
se le llama también “engañador” (2 Juan 1:7) o “padre de mentira”
(Juan 8:44). Satanás fue expulsado del cielo por querer usurpar la
autoridad de Dios. Al fallar en su intento, y quedar desterrado, en la
tierra, sólo podía esperar su siguiente oportunidad; la cual llegó
cuando Dios creó a Adán. Él sabía que ya no podía conseguir la
autoridad directa de Dios; entonces su siguiente meta era llegar al
próximo nivel de autoridad. Con eso en mente, se encontró a sí
mismo en un lugar llamado Edén donde un duplicado de Dios había
sido puesto; era uno que hablaba y actuaba como Dios, y lo más
importante, tenía total autoridad sobre toda la Creación: Adán.

Lo que me interesa destacar aquí, para entender este principio de la


autoridad, es que Satanás se fue del cielo con poder, mas no con
autoridad. Desde entonces, todo lo que hace es usurpar autoridad
ajena, porque es un rebelde. Ése es el principio de la rebelión,
usurpar la autoridad legítima de otro. Cuánta gente, hoy en día,
usurpa la autoridad puesta por Dios; y usa el poder como licencia
para hacer lo que le da la gana. Hay líderes que se fueron de sus
iglesias en rebeldía; se llevaron personas de esa congregación y hoy
tienen poder y unción pero no, autoridad. Dicen operar milagros por
la mano de Dios, pero actúan bajo un espíritu de brujería.

Es posible tener poder sin autoridad para operarlo; pero el


poder sin autoridad es brujería. Así opera Satanás su
poder.

Hay gente que está en brujería, sin saberlo, porque no está bajo
autoridad. Cree que los errores de su autoridad le dieron derecho a
irse por su cuenta, y sin advertirlo, se salió del principio de la
autoridad puesta por Dios. Ella misma es su propia autoridad y, sin
advertirlo, se ha salido del reino de luz para operar desde el reino de
tinieblas. Cristo se refirió a estos individuos diciendo: “Muchos me
dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y
en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos
muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí;
apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23). Cristo hace
aquí dos declaraciones importantes: 1) “Nunca os conocí…”.
“Conocer” es la palabra utilizada para referirse a una comunión o
relación íntima, personal y muy cercana. Quiere decir que estas
personas, llamarán “Señor” a Jesús, sin haber tenido nunca una
relación íntima. La autoridad es dada como el derecho legal para
actuar como Dios, y viene por medio de tener una relación con Él. 2)
“…hacedores de maldad”. La palabra “maldad” es iniquidad,
perversión; es una perversión del poder, por medio de la cual el
poder se convierte en brujería. La iniquidad siempre tiene que ver
con perversión y brujería. Es poder pervertido, es decir, sin
autoridad, desconectado de la fuente original; es un poder que ha
sido negociado por el enemigo a cambio de algo.
Satanás tentó repetidamente a Adán hasta lograr que cayera en
pecado, y entonces, le robó la autoridad que Dios le había dado.
Desde ese momento, Satanás pudo operar su poder legalmente en la
tierra, con la autoridad legal. Por eso, antes de Cristo, nadie tenía
autoridad para echar fuera demonios. Mientras estuviera o
permaneciera bajo la autoridad de quien lo creó, el hombre tenía Su
cobertura; pero al salirse, se independizó de esa autoridad y quedó
descubierto, desnudo del poder y la autoridad con que había sido
investido en su creación. El enemigo no buscaba riquezas, oro o
plata en Edén, lo que buscaba era la autoridad que Dios le había
dado al hombre. Él odia a Dios y sigue tratando de usurpar Su lugar,
Su señorío, reino, gloria y poder. Hoy por hoy, es un enemigo
vencido que recupera poder y autoridad solo por medio de la
desobediencia del ser humano a Dios.
Ahora, ¿cuánta autoridad tenía Adán? Adán tenía autoridad sobre la
naturaleza, tenía autoridad sobre el cosmos, la creación entera, las
obras de sus manos, los elementos de la naturaleza, autoridad sobre
la tierra y debajo de la tierra, sobre el sol, la luna, autoridad sobre
todo animal. Pero la perdió cuando se independizó de la autoridad
de Dios. En algún momento de su vida cristiana usted, ¿se salió de la
autoridad, y ahora está ejerciendo poder fuera de ella? Eso es muy
peligroso; porque es rebelión, iniquidad y brujería.

Adán fue el único hombre, fuera de Jesús, que tuvo


autoridad y poder totales.
Hoy, todos los que creemos y hemos sido bautizados con el poder
del Espíritu Santo que Cristo prometió, podemos ejercer la misma
autoridad y poder sobre todo lo creado. Sí, sobre la naturaleza
también. Recuerdo que en el año 2005, el huracán Katrina venía
directo hacia nuestro territorio, en Miami. Estábamos en temporada
de huracanes y había una fuerte actividad climática, con mucho
viento y tormentas. Fue a finales del mes de agosto. Las noticias
decían que el huracán tocaría tierra en Miami; anticipando una
destrucción catastrófica. Ese día, el alerta de huracán estaba al
máximo, y la gente no salía de sus casas. Sólo un pequeño grupo
llegó a la iglesia aquella noche. Pero con esos pocos, yo me puse de
acuerdo para orar. Como apóstol asignado a esta región, tomé
autoridad sobre los aires, y según el Espíritu de Dios me guiaba,
comencé a ordenar que se desviara el huracán. Clamé por la
misericordia de Dios. Ordené a los vientos cambiar su curso y
desviar el huracán hacia el mar. Tal como lo oré, junto al pueblo que
me acompañó, así sucedió; porque tomé la autoridad regional que,
como apóstol, he recibido de Jesucristo.

Hace apenas un par de meses antes de escribir este libro, fuimos a


una misión apostólica a Venezuela. Estando en el hotel, recibí la
visita del gobernador de uno de los grandes estados del país. Él vino
a pedirme que fuera a su estado a orar, porque esa región estaba
padeciendo una sequía que llevaba más de un año y quería que Dios
mandara la lluvia. Yo le respondí que esperaría a oír la voz de Dios
al respecto. Durante la Conferencia sentí un gran amor por
Venezuela y el Espíritu Santo vino sobre para declarar la lluvia. Así
lo hice, e incluso le pedí a Dios que no lloviera aquel día sino dos
horas después de que yo me hubiera ido. Milagrosamente al terminar
el evento, exactamente después de que mi vuelo despegó, la lluvia
empezó a caer. Llovió sin parar por espacio de dos semanas y desde
entonces el periodo de lluvias se regularizó. El poder de Dios
rompió toda maldición de sequía y todas las consecuencias que
estaba sufriendo aquella región. ¡Incluso los periódicos dieron
cuenta del milagro de la lluvia que terminó con la sequía! Usted
también puede tomar autoridad sobre su región y comenzar a tomar
dominio sobre la naturaleza, para traer la bendición de Dios sobre su
tierra.

3
Características
de la autoridad de Dios
P ara utilizar la autoridad que Cristo nos delegó para ejercer Su
poder en la tierra, necesitamos tener conocimiento revelado de
esa autoridad; de lo contrario, la podemos utilizar de manera errada.
Por eso, me parece importante detallar el orden establecido por Dios
en la cadena de mando, o niveles de autoridad delegada, por los
cuales debemos funcionar tanto a nivel natural como espiritual.
DIOS ESTABLECE LA CADENA DE MANDO

“Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el


varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1
Corintios 11:3). Esa fue Su intención original desde el Génesis. Dios
es la cabeza, y a partir de allí continúa o extiende Su cadena de
mandos. En cada ámbito, la cabeza es la autoridad original puesta
por Dios, la que hace las leyes, recibe información del cuerpo,
decide, toma la iniciativa de acción y coordina todas las actividades
de los miembros del cuerpo que dirige. Es la que toma la decisión
final.

La estructura del gobierno de Dios siempre comienza con


una cabeza. Donde no hay cadena de mando hay caos y
confusión; y el cielo no está allí.
Veamos la cadena de mandos establecida por Dios:

● El Padre es la cabeza en los cielos

Esto no significa que el Hijo y el Espíritu Santo sean menores


que el Padre; ellos son iguales en naturaleza, atributos, poder,
majestad, esencia, etcétera. Pero para que haya orden, uno es la
cabeza, el Padre. En todo organismo, si hay más de una cabeza, lo
que se forma es un monstruo, con dos o más voluntades tratando de
imponerse, una sobre la otra. En estas condiciones, cualquier uso del
poder sería ilegal.

En igualdad, Dios siempre da la prioridad a la cabeza. En


Su Reino, la prioridad siempre es para quien fue primero.

● Cristo es la cabeza sobre la Iglesia

Dios el Padre “…sometió todas las cosas bajo sus pies (de
Jesús), y lo dio por cabeza sobre todas las cosas de la iglesia”
(Efesios 1:22). A partir de allí, vemos que se extiende al cuerpo de
Cristo, en la iglesia local al pastor o apóstol, a quien Dios puso
como cabeza.

En el Reino de Dios nadie está en autoridad hasta que está


bajo autoridad, porque así vivió y vive el mismo Jesucristo.

● El hombre es la cabeza del hogar

Dios creó al hombre primero, como rey sobre la Creación; y


después creó a la mujer como la ayuda idónea para ese hombre (1
Corintios 11:13). Así es en el hogar hasta hoy. Si la mujer toma la
posición de cabeza, está fuera de orden y el hogar será caos y
confusión. Recuerde que ese ambiente es el preferido de Satanás, no
el de Dios. Por lo tanto, si usted quiere tomar autoridad sobre
Satanás y sus obras en su hogar, primero debe poner orden. La
mujer es igual al hombre en todo, ambos son co-herederos,
gobernadores juntos; pero aun en esa igualdad, con los mismos
derechos y privilegios, la prioridad de la autoridad está sobre el
hombre, que es la cabeza puesta por Dios. La única excepción en la
sujeción a esta autoridad es que el esposo le pida algo a la esposa
que sea contrario a la voluntad de Dios, por ejemplo, que deje de
congregarse. En el caso de una madre soltera o viuda, ella será la
cabeza del hogar para sus hijos.

● El jefe es la cabeza en el trabajo, sea dueño o por autoridad


delegada del dueño.

“Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden


en todo, que no sean respondones” (Tito 2:9). No importa si el jefe
es bueno o malo, inconverso o cristiano; él es una autoridad
delegada por Dios, a la que usted debe someterse y por la cual debe
orar. En todo lugar donde entre a trabajar habrá una autoridad a la
cual deberá sujetarse. Fuera de ella, no tendrá trabajo por mucho
tiempo. La única excepción para la obediencia a esa autoridad, es
que su jefe le pida hacer algo ilegal o contrario a los principios de
Dios.

● El presidente es la cabeza de una nación o país

“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones,


peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los
reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos
quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es
bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador” (1 Timoteo
2:1-3). Cada ciudadano debe sujetarse a las leyes, estatutos y reglas
de la nación que habita, y debe respetar toda autoridad delegada allí.
Según cada país, la autoridad máxima puede ser un presidente,
primer ministro, rey, etcétera. Recuerde que Dios es quien pone y
quita reyes. Sin embargo, en el caso de gobiernos usurpados por
grupos rebeldes que no se someten a la autoridad puesta por Dios;
esos son gobiernos ilegales. En el mundo ha habido muchos
gobiernos “de facto”, golpes militares, guerrillas, etcétera, que han
tomado por la fuerza un gobierno puesto por Dios. A veces, sucede
como cuando el pueblo de Israel rechazó el gobierno llevado por
Jehová a través de los jueces y profetas, y quiso tener rey como el
resto de los pueblos. Ellos rechazaron a Dios, se rebelaron contra Su
autoridad y quisieron algo diferente. La excepción para esta sujeción
es cuando el gobierno manda a desobedecer la voluntad de Dios o a
negar a Cristo, callar Su evangelio o quebrantar Sus principios.

Si usted actúa fuera de la cadena de mando, está en


rebeldía, su fe se contamina y su poder se pervierte. Así no
tendrá autoridad legal sobre el enemigo y sus obras.

● La autoridad de Dios es espiritual o sobrenatural

Esta autoridad no es de este mundo, no es algo que nos pueda


dar un Presidente o Primer Ministro. Esta autoridad está por encima
y más allá de todo lo natural; suplanta y supera toda autoridad
natural y humana. De hecho, también está por encima de las leyes de
la naturaleza; por eso la Creación debe sujetarse cuando ejercemos
esa autoridad sobre ella dentro de nuestra jurisdicción espiritual.

● La verdadera autoridad espiritual debe ser reconocida

Es importante que usted discierna la posición espiritual de un


creyente o líder, y lo que carga de Dios. Roma era un pueblo
guerrero que tenía muy claro el asunto de la autoridad. Cada soldado
conocía su rango y el alcance de su autoridad delegada; en su caso,
delegada por el César. Uno de los rangos de ese ejército era el de
centurión; éste era un soldado que estaba a cargo de un gran número
de hombres. La cobertura del centurión era Roma; todo lo que él
hacía era conforme a las leyes del gobierno de Roma, según la
asignación y autoridad delegada del mismo. Por eso, era un hombre
bajo autoridad, que no hacía nada independientemente de Roma. El
centurión que vino ante Jesús, a interceder por la salud de su siervo
enfermo, reconoció la autoridad de Cristo y Su posición. Lo vemos
claro cuando le dijo: “…Señor, no soy digno de que entres bajo mi
techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también
yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y
digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto,
y lo hace” (Mateo 8:8-9). Nótese que, al hacer su pedido, aquel
soldado de alto rango se dirigió a Jesús con un nombre muy
significativo. Lo llamó “Señor”. Si observamos, la mayoría de los
que venían a Él lo llamaban “maestro”, “rabino” o “profeta”; pero
este centurión lo llamó “Señor”. Este vocablo en su idioma original
fue registrado en la Biblia como kúrios y significa “Dios”, “amo”.
Lo primero que hizo el centurión fue reconocer el rango de
autoridad de Jesucristo. Aquel militar no era judío; no estaba bajo la
Ley ni tenía conocimiento de Jehová, ni del Mesías prometido a
Israel. Su dios era el César y su devoción era para los diferentes
dioses romanos. Pero, reconoció el señorío de Jesús e identificó cuál
era Su Reino, desde la perspectiva de la fe. Este hombre no tenía la
revelación completa de quién era Cristo pero tenía una idea de Su
autoridad. Dentro de su entendimiento pidió algo, sabiendo que era
la voluntad de Dios sanar, pues conocía la fama de Jesús. Con esto,
le quitó los límites a Dios. El centurión había discernido la autoridad
que Cristo tenía sobre los demonios, sobre la enfermedad y sobre los
elementos de la naturaleza; tuvo la revelación de que esa autoridad
funcionaba en el mundo natural sin tiempo ni distancia y que Jesús
operaba desde Su posición de Hijo de Dios, siendo hombre. En otras
palabras, el centurión supo que Cristo cargaba una autoridad de otro
mundo. Por haber discernido la autoridad del Hijo de Dios, su siervo
fue sano. Entonces, cuando reconocemos la autoridad de una
persona, podemos recibir lo que ella carga y declara.

La fe es el reconocimiento del Rey y Su reino. Si reconoce


el Reino, usted será en la tierra lo que es en el cielo. Eso
aumentará su poder y autoridad.

● La autoridad tiene la característica de ser transparente

Un claro ejemplo de esto es la historia del endemoniado


gadareno (Marcos 5:1-20), que vio a Jesús desde lejos y el demonio
que lo atormentaba comenzó a manifestarse. El demonio vio a Jesús
transparente; lo vio en Su autoridad y la reconoció de inmediato. En
nuestro caso, si no reconocemos la autoridad que alguien carga, no
podemos recibir la bendición que su posición espiritual puede
impartir. Como un apóstol en el Reino de Dios, ¿cómo mido la
autoridad que yo cargo? Cuando la gente está a mi alrededor, los
demonios comienzan a manifestarse, se ponen nerviosos, algunos
maldicen o me miran espantados, llenos de odio. Eso es porque
reconocen la autoridad espiritual que cargo, y desde qué posición la
ejerzo. Por ejemplo, cuando usted se para frente a un presidente,
usted siente la autoridad que carga esa persona. No es por la persona
en sí, sino por la investidura de autoridad que lleva. Así es en el
mundo espiritual.

● La autoridad espiritual es progresiva

David fue ungido rey a los 17 años, pero siguió peleando


batallas y formando su carácter por varios años antes de llegar a
funcionar como tal. Es decir que, al ir ganando las batallas y
madurando, su autoridad fue progresando de nivel en nivel, hasta
que finalmente llegó el día en que se convirtió en el rey de todo
Israel y comenzó a ejercer una autoridad de rey. Se requiere un
príncipe para reprender a otro príncipe. Satanás es el príncipe de la
potestad del aire; y Jesús es el Príncipe de paz.
La autoridad puede ser ganada, y allí es donde aumenta. Y
dado que se pueden ganar diferentes niveles, la autoridad
también es progresiva.

Puedo narrar el testimonio de cómo ocurrió en mi propia vida. Hace


veinte años atrás, cuando comencé a orar por los enfermos de asma,
artritis, depresión y otras enfermedades solo unos cuantos se
sanaban; pero a medida que continuaba orando por los mismos
casos, con cada milagro que sucedía, mi autoridad aumentaba. Ya el
número de gente sanada era mayor. Si en el principio veía uno o dos
sanos, ahora veo veinte, cincuenta, cien personas sanarse; realmente,
hay ocasiones en que los milagros son incontables porque el poder
de Dios se expande de forma masiva cuando la autoridad aumenta.
Cuando comencé la expulsión de demonios, también, me tomaba
mucho tiempo. En un viaje misionero en Latinoamérica, recuerdo
que en una ocasión, tuve que echar fuera un demonio que me opuso
mucha resistencia; me tomó como tres horas. Terminé tarde y muy
cansado, y le pregunté al Señor si siempre iba a ser así. Él me
respondió que no, porque iría ganando autoridad frente a los
demonios a medida que madurara en mi ministerio. Cristo operó en
una autoridad por obediencia y sumisión, como hombre; pero, al
final, ganó toda autoridad al resucitar de entre los muertos. Hoy a
mí, me toma segundos echar fuera demonios porque he ganado
autoridad espiritual tanto sobre enfermedades como sobre espíritus
malos. Es por eso que mi presencia agita la atmósfera espiritual
donde me encuentro. Agita todo lo que hay en ese lugar que no es de
Dios y también atrae Su presencia. Cuando entro en un lugar, yo
espero que las enfermedades desaparezcan; que se vaya la
depresión, que si hay demonios en las personas, ¡se vayan!, y que
Dios sea glorificado. Yo he visto personas en sillas de ruedas
levantarse sanas al yo entrar a un lugar porque hoy camino en una
autoridad que ha progresado de menor a mayor. Pero es importante
que quede claro que esto no es de mi propia humanidad, sino la
autoridad espiritual delegada por Dios que aumenta en mi vida a
medida que voy haciendo la obra que Él me envió a hacer.
Recuerdo el testimonio de un muchacho llamado Daniel Shearis,
que visitó nuestra iglesia un par de veces. Él es de Mobile, Alabama.
Durante un servicio de milagros, él pasó a dar su testimonio y nos
contó lo siguiente: “Yo vine a Miami a visitar a mi hermana y así
conocí esta iglesia. De vuelta en Alabama, donde trabajo para un
centro de niños, tuve un serio accidente. Mientras llegaba en mi
moto al centro, uno de los niños agitó su mano para saludarme y yo
me distraje; en un instante, perdí el control de la motocicleta y uno
de mis pies quedó debajo de la rueda y se quebró a la mitad. Me lo
reconstruyeron con cirugía, la cual incluyó el implante de tres clavos
y tres tornillos. Los médicos me dijeron que, a pesar de la operación,
viviría con las secuelas por el resto de mi vida. Yo no recibí sus
palabras y solo esperaba la hora de poder volver a El Rey Jesús,
porque sabía que aquí fluye el poder de Dios y la autoridad sobre
toda enfermedad e imposible. Al recuperarme de la cirugía pude
caminar pero raro, porque para dar cada paso mi pie se agitaba de un
lado a otro, hasta poder volver a apoyarlo, no podía estar de pie por
mucho rato, y algo que era imposible hacer en esas condiciones era
correr. Unos meses después, pude volver a este ministerio. Entré al
templo con gran expectativa de que Dios haría un milagro en mi pie.
A mitad del servicio, el apóstol oró por milagros y llamó a los que
habían llegado buscando un milagro. Yo fui el primero en ponerme
de pie, pues estaba dispuesto a recibir mi milagro. Lo primero que
hice al subir al altar fue lo que llevaba todo ese tiempo sin poder
hacer, ¡correr! Esa noche corrí alrededor de todo el salón de la
iglesia. Realmente, era algo que no podía hacer antes, de ninguna
manera. ¡Era humanamente imposible! Ahí recordé que Jesús había
dicho que estas señales seguirían a los que creen. ¡Yo creí y recibí
mi milagro!”
LA AUTORIDAD ORIGINAL Y LA
AUTORIDAD DELEGADA EN EL REINO

Dios es la autoridad suprema del Universo. Luego, Él establece una


cabeza para cada ámbito, para formar nuevas cadenas de mando
basadas en la cadena de mando original de Dios. Una vez que Él
pone o establece la autoridad sobre la cabeza, esta última puede y
debe delegar autoridad al cuerpo que dirige, según las áreas, tareas,
asignaciones y propósitos que se deban cumplir.

La autoridad original está sobre la persona que Dios pone por


cabeza; esa será la autoridad principal, la que establezca las leyes e
imparta la personalidad o ADN a todo organismo. Por ejemplo,
Cristo es la autoridad principal de la Iglesia, y delegó Su autoridad a
Sus apóstoles; los cuales, a su vez, delegan autoridad a los distintos
líderes del Cuerpo para llevar adelante la comisión que Cristo nos
dejó a todos. La autoridad delegada siempre debe referirse y dar
cuentas a la autoridad original, porque esa autoridad-cabeza es
responsable ante Dios. Además, una autoridad delegada no puede
asignarse o ponerse a sí misma. La autoridad delegada es la que
pone en cumplimiento o ejercicio las leyes establecidas por la
autoridad original. En el caso de la autoridad delegada por Cristo
dentro de la Iglesia, sobre apóstoles y pastores, viene a ser una
autoridad original en la tierra. A partir de allí, la autoridad delegada
no puede juzgar al hombre puesto por Dios, en quien descansa la
autoridad original.

Sin embargo, para mantener el equilibrio y que todo ser humano esté
sujeto a autoridad y rinda cuentas de sus actos, esa autoridad
original tampoco se pone a sí misma, sino que es puesta por Dios a
través de otro hombre de Dios asignado para eso en la tierra. Y
tampoco hace liberalmente lo que quiere, sino que somete todos sus
asuntos a su cobertura espiritual. La cabeza o autoridad original de
una casa o iglesia es una autoridad delegada por Cristo, pero original
en función de su jurisdicción de operaciones. La autoridad original
sí puede juzgar a la autoridad delegada. Veamos algunas diferencias
entre la autoridad original y la autoridad delegada.

● La autoridad delegada no hace la ley, sólo hace que la ley se


cumpla.

Por ejemplo, en mi caso, como cabeza del Ministerio que Dios


me ha puesto a gobernar, establezco diferentes leyes o mandatos
para funcionar en orden y bajo Su voluntad; no es mi esposa, por
ejemplo, soy yo como cabeza. De igual manera, yo no soy quien se
ocupa de la implementación de los mismos; lo hacen los líderes
sobre quienes he delegado un área de autoridad. Siendo así, si yo
digo que todo creyente que va a ser enviado como líder de una Casa
de Paz, debe pasar por un curso y una liberación, los líderes
encargados de esa área, se ocuparán de cumplir esa ley. Pero a la
vez, yo rindo cuentas de todo lo que hago a mi cobertura o padre
espiritual aquí en la tierra, y a Dios, por supuesto; “…porque sobre
el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos”
(Eclesiastés 5:8). Todos estamos llamados a dar cuentas. Cuando no
lo hacemos nos volvemos nuestra propia autoridad y ese es el
camino que nos lleva a caer.

● La autoridad original descansa en la persona que fue primero


(la cabeza)

Nosotros somos hijos del Padre, pero Cristo es el “primogénito


entre muchos hermanos” (Romanos 8:29). Por la ley de la
primogenitura, la doble porción de la herencia es Suya y la plenitud
de la autoridad descansa sobre Él, porque es el primero. El Padre le
hizo la cabeza de la Iglesia en todo el mundo; por tanto, todos
nosotros estamos sujetos a Su autoridad original y le debemos
cuentas y obediencia.

● La autoridad original siempre debe endosar la autoridad


delegada públicamente

Para que las personas que deberán sujetarse, respetar y obedecer


esa autoridad delegada lo hagan, la autoridad original debe endosar
en público al delegado. Yo siempre afirmo públicamente a las
personas a quienes les delego autoridad. Si ordeno un pastor, un
anciano o diácono, tengo que decírselo a la iglesia, para que no lo
resistan. Ese ejemplo recibimos de Cristo que se sujetó a Juan el
Bautista para ser bautizado y el Padre le delegó la autoridad en el
Jordán hablando desde el cielo y diciendo: “Éste es mi Hijo amado,
en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17).

● La autoridad original delega esferas de autoridad, establece


los límites, y asigna una tarea específica al delegado

Jesús le rendía cuentas al Padre; por eso lo encontramos orando


en Juan 17:12 “…a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de
ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se
cumpliese”. Desde el momento en que se delega autoridad, el
receptor de la misma pasa a ser segundo en la cadena de mando en
esa área; por lo tanto, debe dar cuentas de su accionar y de sus
decisiones a su autoridad original. En el instante en que el segundo
al mando se rebela contra su autoridad original o contra su
asignación, también se rebela contra la autoridad suprema, Dios.

Si usted no tiene intención de dar cuentas a su autoridad


inmediata entonces no acepte responsabilidad ni
autoridad.

● La autoridad delegada no puede actuar independientemente


de la cabeza.

Por ejemplo, en la iglesia, el hecho de que usted reciba autoridad


sobre un área de la visión –porque tiene un don que beneficia el
desarrollo de la misma–, no significa que pueda independizarse de
su pastor. Él sigue siendo su autoridad espiritual y a quien Dios
reveló y encargó la visión completa; y es también quien le extiende
a usted protección espiritual para realizar la tarea asignada. Cuando
usted actúa independientemente de la cabeza y de la visión
establecida en la casa, no está bajo cobertura. En otras palabras, su
autoridad le da protección; pero si usted se independiza, la pierde y
entonces, todo poder que desarrolle será ilegal, bajo brujería.
Además, el enemigo tendrá lugar en su vida.

● La fidelidad o lealtad de una persona siempre es primero


para la autoridad original o la persona que es la cabeza, y
segundo para la autoridad delegada

En la iglesia de Cristo, nuestra fidelidad es primero para Dios,


luego para la autoridad original puesta por Él en cada congregación,
y después para las autoridades que hayan sido delegadas en cada
área.

Este principio de la autoridad delegada es un misterio de Dios que


funciona para extender Su Reino y activar a los cristianos alrededor
del mundo. En nuestro ministerio, somos testigos, constantemente
de cómo opera la autoridad delegada en los hijos espirituales que el
Señor nos ha dado. El siguiente testimonio es de un grupo de
jóvenes de la iglesia. “Una noche, durante una reunión de Casa de
Paz, uno de mis mentores y sus discípulos salieron a evangelizar y
ganar almas. Le pidieron a Dios que los guiara adónde ir y que les
diera palabra de ciencia específica para la gente. Salieron y bajo la
guía de Dios llegaron a la sala de emergencias de un hospital. Al
entrar, vieron a una joven pareja sentada en la sala de espera. Él
tenía un protector en su brazo porque se lo había quebrado en un
accidente. Cuando aquellos jóvenes se acercaron a esa pareja,
supieron que ella llevaba tiempo orando para que él fuera a la
iglesia, pero él no quería. Mi grupo de jóvenes le dio al muchacho
una palabra de ciencia y oraron por él; al instante, el poder de Dios
vino sobre él y sanó su brazo. El muchacho se quitó el protector y
comprobó que no sentía más dolor. De inmediato, recibió al Señor
en su corazón, y una semana más tarde, estaba en la iglesia
comprometiéndose a servir al Dios vivo.

Luego, durante un viaje misionero a Colombia, envié a parte de este


mismo grupo a predicar en una conferencia de jóvenes. Les delegué
la autoridad para que fueran e hicieran lo mismo que me han visto
hacer a mí. Cuando entraron a aquella iglesia, sintieron el espíritu de
religiosidad muy fuerte; la gente estaba dura y su corazón frío. Allí
supieron que la única manera de operar sería manifestando el poder
sobrenatural de Dios. Desataron una palabra de ciencia acerca de
una persona con dolor de espalda, y un joven respondió al llamado.
La líder de mis jóvenes sintió que el muchacho tenía una pierna más
corta que la otra; así que lo sentó en una silla y comprobó que su
pierna derecha era unos centímetros más corta que la izquierda, y
esto le provocaba el dolor de espalda. Oraron por él, y le ordenaron
a su pierna derecha que creciera en el nombre de Jesús. En cuestión
de segundos, el poder de Dios operó sobre su pierna y ésta creció a
la vista de toda la congregación. El dolor de espalda desapareció
luego de muchos meses de intenso dolor. Aquel joven recibió el
fuego de Dios por las almas y la presencia manifestada de Dios;
además, toda la dureza de la congregación se disipó y los corazones
se abrieron a experimentar lo sobrenatural”.

Estos jóvenes, operando bajo una autoridad delegada, pueden hacer


más que muchos pastores, obispos y altos líderes de la Iglesia que no
saben cómo funciona la autoridad delegada de Dios sobre la
enfermedad y los demonios.

4
El propósito de la autoridad
espiritual
E ncree,
Dios, todo se hace por un propósito. No hay nada que Dios
imparta o nos dé sin que tenga un propósito en esta tierra o
en la eternidad. Con lo que hemos visto hasta ahora, a través de los
capítulos anteriores, sabemos que la autoridad dada por Dios tiene
un propósito eterno que se ejerce en la tierra. Aquí es donde se libra
la batalla entre el reino de Dios y el reino de Su enemigo; entre el
reino de la luz y el reino de las tinieblas. Dios creó a Adán y le dio
autoridad sobre la creación para tomar dominio en la tierra; Adán
perdió esa autoridad y quedó preso de maldición, de esclavitud al
pecado y a Satanás. Entonces, vino Cristo y por Su obra en la cruz,
recuperó esa autoridad y la entregó a la Iglesia, para que volviera a
poner a Satanás bajo sus pies y manifestara el poder sobrenatural de
Dios a la humanidad.

Sin la autoridad que Jesús recuperó, todo ejercicio del poder sobre el
diablo era ilegal. El enemigo sabía eso; y desafiaba constantemente
al pueblo de Dios. Sabía que el ser humano no tenía autoridad sobre
él. Hoy por hoy, con la obra de Cristo y el empoderamiento del
Espíritu Santo, lo único que le falta a la Iglesia es la revelación de
esa autoridad y de su posición en el ámbito espiritual. Si vivimos en
derrota en algún área de nuestra vida, es porque no hemos recibido
la revelación de quiénes somos y qué podemos hacer.

¿Quién puede ejercer autoridad espiritual? Creo que la respuesta a


esta pregunta es clave para todo creyente que tiene dudas acerca de
si puede o no ejercer autoridad, y cómo, cuándo y dónde la puede
ejercer. La respuesta es clara y sencilla. Cada creyente nacido de
nuevo que esté bajo sumisión a Dios y a la autoridad delegada puede
ejercer la autoridad que Cristo le delegó a la Iglesia sobre el diablo,
sus demonios, sus obras, las enfermedades, la pobreza y todo lo que
afecte el territorio que Dios le ha asignado, porque todos somos los
representantes de la ley y del gobierno de Dios.

● El propósito principal de la autoridad es ejercer el poder


sobrenatural de manera legal

“De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha


levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en
el reino de los cielos, mayor es que él” (Mateo 11:11) En el ámbito
de la autoridad, el creyente representa a Dios y a Su gobierno. Y
Mateo 11:12 sigue diciendo: “Desde los días de Juan el Bautista
hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo
arrebatan”. El original en griego dice: “…el reino de los cielos ha
sido administrado por la fuerza y los que están en gobierno o en
poder lo controlan”. Es decir, la llave es para los que están en el
gobierno. Éstos son los que tienen la llave para atar y desatar (Mateo
16:19). La palabra “atar” significa restringir, arrestar, cerrar, ligar,
prohibir, declarar ilegal o ilegítimo, impropio. “Desatar” significa
desligar, liberar, soltar, deshacer, permitir, dar permiso a que opere,
desamarrar, declarar algo legítimo o legal, declarar algo propio,
abrir, quitar. No se queje de la circunstancia. Dios está en control a
través de usted. Lo que usted permita sucederá y lo que no permita
no sucederá, porque Dios le ha dado la autoridad de atar y desatar
desde una posición de gobierno espiritual. Cuando el enemigo no ve
gobierno reta su autoridad. ¿Será por eso que usted le ordena que se
vaya de su negocio, familia, hijo y no se va? Ponga en orden el área
de su dominio (hogar, familia, negocio, finanzas, ministerio, iglesia
–si ha sido enviado–), y entonces, comience a atar al enemigo en las
áreas que están siendo atacadas.

En Salmos 8:4-6, el salmista revela: “¿Qué es el hombre, para que


tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le
has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de
honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo
pusiste debajo de sus pies”. Ésta es una de las declaraciones más
poderosas que leemos en la Escritura; nos narra cómo y por qué fue
creado el hombre y con qué autoridad fue puesto en esta tierra. La
intención original de Dios fue duplicarse a Sí mismo en el hombre.
En la Creación, el orden de autoridad fue Dios, el hombre y los
ángeles. La versión original dice: “…lo creó un poco menor que
Elohim, (uno de los nombres de Dios)”. Los ángeles nunca fueron
hechos para estar por encima del hombre sino para servirlo. “¿No
son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de
los que serán herederos de la salvación? (Hebreos 1:14).

Cristo, en la cruz venció la muerte, la enfermedad, el pecado, la


pobreza, el diablo, la opresión, las ataduras, el mundo, a Satanás y
sus demonios; y sobre todo eso, nos dio autoridad. Ahora usted tiene
que tomar esa autoridad. La autoridad es algo que se toma; si usted
no la toma, la gente, el diablo y las circunstancias tomarán el
dominio sobre usted. Y será así, una y otra vez, en una y otra
situación, hasta que diga ¡basta ya! Mientras usted no se canse, no
tomará la autoridad. ¿Cuál será su decisión hoy, después de leer
esto? ¿Tomará autoridad sobre esa enfermedad ahora mismo? ¿Se
decidirá a tomar autoridad sobre esa opresión? Tome autoridad
sobre esas circunstancias que le están arruinando la vida; tome
autoridad sobre todo espíritu inmundo que está destruyendo su
familia y ordéneles que se vayan. ¡Ordénele a ese monte que se
mueva en el nombre de Jesús!

Todo creyente tiene autoridad sobre todo lo que Cristo


venció en la Cruz.

● En el Reino, todo acto de poder y autoridad tiene el propósito


de establecer orden.

Nuestro Rey, Jesús, trae orden en todas las áreas de la vida:


Cuerpo, mente, emociones, finanzas, familia, etcétera. El requisito
para que el Reino venga es el orden. Cuando no lo hay, el Reino no
viene, y por esa causa necesitamos el poder que respalda la
autoridad. El orden siempre es contrario a toda obra del diablo,
porque en él todo siempre es caos y confusión.

● Toda demostración de poder y autoridad es para subyugar a


Satanás.

“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y


sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19).
Lo primero que Cristo les dio a los discípulos al enviarlos, fue
autoridad sobre los demonios; y es también lo primero que nos da a
nosotros. “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio
autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera,
y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (Mateo 10:1). En
este momento, los discípulos recibieron un nivel de autoridad
delegada; ellos todavía no habían recibido el bautismo del Espíritu
Santo, ni habían sido investidos de poder. Pero estaban con Cristo y
fluyeron bajo Su autoridad para ir y hacer lo que Él hacía; aún antes
de que la obra de la cruz fuera completada en la tierra. Jesús fluía
bajo la revelación de Su obra hecha en la eternidad.
Al terminar la obra de la cruz y ascender al cielo, Cristo nos
devolvió la autoridad para lidiar con Satanás, y nos llenó también de
Su poder para operar en el mismo nivel de unción que tenía Adán en
Edén; para que podamos sacar fuera a Satanás como debió haberlo
hecho Adán. El propósito de que usted reciba liberación es que, una
vez libre, tome autoridad y vaya a liberar a otros miembros de su
familia, compañeros de trabajo, amigos en aflicción, a todos los que
estén oprimidos por el enemigo. ¡Usted tiene autoridad! ¡Vaya en el
nombre de Jesús y hágalos libres!

Jesús nunca envió a Sus discípulos sin antes darles poder y


autoridad para expulsar demonios.

● Todo acto de poder y autoridad es para destruir las obras del


diablo

“El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca


desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para
deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Este versículo
evidencia claramente uno de los propósitos principales de la venida
de Jesús a este mundo: Deshacer las obras del diablo. Ese también es
nuestro propósito; es mi propósito y es su propósito. Dondequiera
que usted vea una obra del diablo –enfermedad, muerte, dolor,
angustia, depresión, pobreza, miseria, adición, obsesión, iniquidad,
accidente, robo, violencia, odio, divorcio, abandono, soledad–,
¡destrúyala! Usted es el representante del Padre celestial, tanto como
lo fue Cristo cuando estuvo en esta tierra. Vaya en el lugar de Dios,
actúe como Dios, en Su nombre y Su autoridad, y eche fuera a
Satanás. Él lo va a respaldar con Su poder. Para esto, usted no tiene
que ser una persona perfecta, solo tiene que estar bajo sumisión,
tomar su posición de hijo y creer que Dios lo respalda.

Jesús tenía autoridad sobre los demonios porque Su propósito era


traer el reino de Dios a esta tierra; y para establecerlo, tenía que
desplazar al reino ocupante, que era el reino de las tinieblas. “Mas si
por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el
reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lucas 11:20). Cada vez que
usamos la autoridad que Jesús nos dio, echamos fuera al diablo y
destruimos sus obras, el Reino de Dios viene.

Cuando Jesús estuvo en la tierra, manifestó cinco milagros


específicos: los ciegos veían, los sordos oían, los mudos hablaban,
los paralíticos caminaban y los demonios huían. Durante un viaje
misionero a Europa, visité Noruega, Ucrania e Italia para llevar el
poder sobrenatural de Dios a miles de personas en cada país, y el
Espíritu de Dios me habló diciendo: “Demuestra los cinco milagros
del Reino”. Así que yo hice una oración parecida en cada ciudad:
“En el nombre de Jesús, y por el dedo de Jehová, ato todo espíritu de
enfermedad y hago un comando de fe. A la cuenta de tres, le ordeno
a todo espíritu de enfermedad que ¡suelte a la gente ahora! ¡Ciegos,
vean! ¡Sordos, sean abiertos sus oídos! ¡Huesos sean sanados! ¡Los
metales en los huesos, conviértanse en carne y hueso!” ¡Y Dios
comenzó a manifestar estos cinco milagros! En Noruega, una
anciana llamada Aud, recibió una sanidad tan poderosa que se
levantó de su silla de ruedas. Ella testificó así: “Mi nombre es Aud,
tengo 79 años y vivo en Oslofjord. He vivido enferma por cincuenta
años a causa de un problema médico que arrastraba desde la niñez.
Tenía infección en el páncreas, enfermedad de vejiga crónica y una
infección en todo el cuerpo. Tuve que tomar hasta siete mil
antibióticos en el lapso de un año, y mis intestinos colapsaron.
Llegué aquí en silla de ruedas. Traté de caminar pero el dolor en las
piernas era insoportable. Cuando vine al altar para recibir oración, le
di las gracias a Jesús porque sabía que me había sanado. Cuando
oraron por mí sentí que el dolor se iba. Antes no podía agacharme
sin dolor o ayuda, y acabo de caminar por toda la plataforma
empujando mi silla de ruedas, y de subir y bajar las escaleras del
estadio. Estoy tan feliz de que Dios me sanó que dejé mi silla de
ruedas aquí y volví los siguientes dos días ¡caminando!”
En Ucrania, conocí a Julia, de ocho años. Ella había sido
diagnosticada con visión doble. No podía ver con claridad ni las
líneas de sus manos. Luego de orar por sanidad y echar fuera todo
espíritu de enfermedad, ella testificó que podía ver todo claramente.
Comenzó a mirarse las manos y pudo ver todas las líneas que antes
no podía. ¡Jesús hizo el milagro! Irina, testificó que había sido sorda
de su oído izquierdo desde niña (tenía 34 años). Cuando hice el
llamado de sanidad para los sordos, ella se puso la mano sobre el
oído izquierdo y creyó en su milagro. Testificó que sintió un calor
en su oído y luego un ‘pop’, como si algo se hubiera destapado.
Entonces decidió probar su milagro. Se cubrió el oído derecho y
comprobó que ¡podía oír normalmente con su oído izquierdo! ¡El
poder de Dios la sanó cuando tomé autoridad sobre el espíritu de
sordera y la sanó! Me trajeron otra niña al altar, con su madre. Era
muda; no podía pronunciar las palabras. Yo envié a alguien de mi
equipo a orar por ella; luego, me la trajeron ¡completamente sana!
Allí mismo en el altar, pudo pronunciar varias palabras ¡correcta y
audiblemente! ¡El poder de Dios obró en su vida y transformó toda
una vida de padecimientos físicos en salud divina!

Durante mi parada en Palermo, Italia, los milagros siguieron


sucediendo. Una mujer en particular, testificó: “Mi nombre es
Victoria y nací con una pierna con problemas, que además era varios
centímetros más corta que la otra. Pasé quince cirugías para
alargarla, pero tuve graves problemas después de las cirugías y
ningún resultado positivo. Finalmente, los médicos solo pudieron
implantar unos clavos para sostener mis frágiles huesos y tuve que
recurrir a unas muletas para poder desplazarme. No podía caminar
bien; pero la noche en que el apóstol nos mandó a sostener la mano
de la persona a nuestro lado y que pidiéramos el fuego de Dios, yo
sentí un fuego intenso y un bienestar único. Después de la oración,
me sentí normal y comencé a saltar y dar brincos. Incluso subí y
bajé las escaleras, ¡sin sentir dolor alguno! Y no solo se fue el dolor
sino que la pierna más corta ¡creció! ¡Los metales desaparecieron y,
por primera vez, caminé sin cojear y sin ayuda de ningún tipo!”
Cuando el reino de Dios viene a un lugar, tenemos poder y autoridad
para manifestar el amor del Padre por Sus hijos, aquí en la tierra. Y
como evidencia de eso, los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos
andan, los mudos hablan y los oprimidos por el diablo son libres.

5
Bases para operar legalmente el
poder y la autoridad
T odos los hijos de Dios tenemos el poder que Cristo conquistó y
nos dio, pero necesitamos estar seguros de tener también la
autoridad para operarlo; de estar alineados y cumpliendo los
requisitos para ejercer ese poder legalmente. En Dios, todo funciona
bajo una cadena de autoridad, obediencia, responsabilidad y sentido
eterno. Veamos cuáles son las bases para ejercer la autoridad
espiritual y operar el poder sobrenatural de manera legal:

● La ley de la sumisión

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”


(Santiago 4:7). Aquí vemos que, para que el diablo huya, debemos
cumplir dos condiciones: Someternos a Dios y resistir al diablo. La
falta de sumisión o desobediencia es una condición del corazón por
la cual éste se vuelve impersuasible. No da su brazo a torcer, no se
somete ni obedece. La persona cuyo corazón se encuentra en dichas
condiciones, no puede operar el poder sobrenatural legalmente, con
la autoridad delegada de Dios. Quien no se sujeta a autoridad no
puede ejercer autoridad, porque vivir bajo autoridad significa vivir
bajo sumisión; no existe alternativa.

La falta de sumisión nos descalifica para ejercer


autoridad, y estar bajo autoridad es la llave para ejercerla.

Una de las razones es que cuando uno se enfrenta al enemigo, no


puede ir ni en su propio nombre ni de sí mismo; debe ir bajo la
cobertura y con el respaldo del Reino al que pertenece, porque en
caso de contraataque no está solo. La cobertura de la autoridad es
como una sombrilla que nos guarda y donde el enemigo no nos
puede tocar. Mucha gente no quiere someterse porque ve la sujeción
como un control y manipulación sobre su vida; pero en realidad, es
todo lo contrario. Es una protección. Entonces, la duración del poder
está basada en la sumisión a la autoridad original y a la autoridad
delegada. Recuerde que Dios no se compromete con poder y
autoridad en un estado de rebelión. Mientras usted no esté en
sumisión, no tendrá autoridad de Dios.

La sumisión es obediencia a la autoridad por elección y su


propósito es ponernos bajo influencia, autoridad y
protección divinas.

Los religiosos del tiempo de Cristo, al verlo echar fuera demonios y


el poder con que se movía, entendían que alguien lo había
autorizado a hacerlo y, le preguntaron: “…¿Con qué autoridad
haces estas cosas, y quién te dio autoridad…?” (Marcos 11:28). Era
como preguntarle: “¿Quién te autorizó? ¿Quién te dio permiso? O,
¿quién te respalda?” Ellos no le preguntaron con qué poder lo hacía,
sino con qué autoridad, porque entendían este principio. Cristo
operó como un hombre bajo autoridad, murió bajo autoridad y por
eso, Dios lo resucitó de los muertos. Él tomó el camino de la
humildad para someterse a la autoridad del Padre; eligió la sumisión
como estilo de vida porque tenía revelación de cómo ejercer la
autoridad genuina y todo el poder del Espíritu Santo; “y aunque era
Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5:8). Su
madurez le permitió entender cuál era el camino correcto. Por todo
eso y más, Jesús es nuestro mejor ejemplo de humildad y sumisión;
es más, es nuestro camino al Reino por eso mismo.

Lo que determina su madurez espiritual es su humildad


para someterse a la autoridad. La manifestación de estar
bajo autoridad es la humildad.
● El principio de la posición como hijos de Dios

El poder y la autoridad de Dios no se basan en conocimiento,


experiencia, personalidad, visión, don, edad, sino en la posición
como hijos; porque la clave está en que “…a todos los que le
recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser
hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Antes de ejercer autoridad,
debemos establecer nuestra posición en Cristo; desde allí vamos a
vivir, caminar y operar. Él operó Su autoridad desde Su posición
revelada de hijo de Dios. Satanás conoce este principio, y por eso
una de las áreas que más ataca en todo ser humano, aun cristianos,
es el área de la identidad y la paternidad, tanto natural como
espiritual. Él sabe que un cristiano que tiene revelación de su
identidad, de quién es como hijo de Dios, podrá usar la autoridad
legal y el poder sobrenatural para destruir sus obras y echarlo fuera
de su vida, de su familia, de su iglesia, y de todo territorio que Dios
le haya asignado. Es decir, hará con él lo mismo que hizo Jesús. Un
creyente establecido en su posición en el mundo espiritual
representa el mayor peligro para el diablo y sus planes.
La posición del creyente, como hijo de Dios, debe ser
establecida en el ámbito espiritual antes de ejercer
autoridad.

Los hijos tienen poder, autoridad, privilegios, herencia, y pueden


actuar en lugar del Padre. Si usted sabe quién es como hijo, se
moverá bajo autoridad y con autoridad, por lo que le ha sido
revelado, no por lo que siente. Como hijos de un Dios compasivo,
debemos tener compasión de la gente, de su dolor, pero odio hacia el
diablo y sus obras. Cuando usted ama lo que Dios ama y odia lo que
Dios odia, entra a un lugar y al ver a alguien enfermo, deprimido,
alcohólico, no lo puede soportar. Así como le sucedió a Jesús, siente
compasión por la persona y una ira contra Satanás y sus obras; por
tanto, tomará autoridad y traerá liberación y sanidad, porque es un
hijo de Dios que conoce su posición y vive bajo autoridad. Aquello
que odiamos es la evidencia de nuestro amor a Dios y de nuestra
posición de hijos. La autoridad de Dios es revelación y convicción
de su identidad y propósito.

Los hijos que conocen su posición y caminan en sujeción a


la autoridad pueden ejercer autoridad.

● El principio de la asociación

Por otra parte, la autoridad se puede ejercer por medio de la


asociación. Cuando usted entra en una relación o se pone bajo la
cobertura de alguien con autoridad original, accede a otra dimensión
de autoridad, porque tiene el mismo acceso. Si está bajo mi
cobertura, tendrá acceso a mi dimensión. No significa que es igual
en autoridad, pero sí que tiene el mismo acceso. Tanto en lo natural
como en lo espiritual, yo siempre llevo a mis hijos conmigo. Donde
yo entro, mis hijos entran; lo que yo hago mis hijos hacen; donde yo
voy, mis hijos van y lo que yo tengo, mis hijos tienen. Así es el
Padre celestial con nosotros, porque “…si hijos, también herederos;
herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos
juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”
(Romanos 8:17). Jesús tenía revelación de esto también, por eso
llevaba a Sus discípulos con Él a todo lugar, y oró al Padre diciendo:
“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así
como nosotros somos uno” (Juan 17:22). Él conocía el principio de
la asociación y de la posición como hijos, para transmitir a Sus
discípulos todo lo que el Padre le había dado.

● El principio de la honra

Cuando Jesús les enseñó a Sus discípulos a orar, el primer


principio que les comunicó fue el de la honra: “…santificado sea tu
nombre…” La palabra “santificado” significa “honrado”. El
principio de la honra activa la ley del intercambio del Reino; es un
intercambio entre Dios y el hombre, por el cual cuando lo honramos,
a cambio Él nos da autoridad. Por eso dice: “…yo honraré a los que
me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco” (1
Samuel 2:30). En otras palabras, cuando no hay honra, Dios no nos
puede confiar Su autoridad. Así funciona también con las
autoridades que Él ha establecido en la tierra. Si no las honramos, no
nos pueden delegar de su autoridad.

La honra es otra manera de ganar autoridad. La honra


nos da acceso a la autoridad.

CÓMO ROMPER LA MALDICIÓN QUE PROVOCA LA FALTA DE


SUJECIÓN A LA AUTORIDAD

La condenación representa una cárcel en la cual la persona estará,


hasta que se arrepienta. Es allí donde usted entra en un ciclo, donde
parece que las cosas se ponen mejor pero luego siempre empeoran.
El pecado contra la autoridad le recuerda a Dios lo que Satanás hizo
en el cielo. Por tanto, la maldición provocada por la falta de
sumisión a la autoridad se rompe cuando la persona toma
responsabilidad, se arrepiente de resistir la autoridad, de rebeldía y
falta de humildad. Si el Espíritu Santo le está trayendo convicción
ahora mismo, no deje pasar la oportunidad de alinearse con este
principio de Reino. . Tal vez esté frente a la causa de su enfermedad,
pobreza, tormento, miedo, escasez, desunión familiar, etcétera; en
este caso, el arrepentirse y renunciar a la rebelión hará que se active
el poder de Dios y venza toda circunstancia adversa..

La responsabilidad es la iniciación para comenzar a


ejercer autoridad.

EJEMPLOS DEL EJERCICIO DEL PODER Y LA AUTORIDAD

Dios nos ha dado autoridad para ejercer Su poder sobrenatural de


manera legal en la tierra, para deshacer o destruir las obras del
diablo. Cuando Jesús envió a una parte de sus discípulos por las
casas, de dos en dos, “volvieron los setenta con gozo, diciendo:
Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Lucas
10:17). Los discípulos estaban asombrados porque, hasta entonces,
sólo habían visto que Jesucristo tenía potestad sobre los demonios.
Lo cierto es que los demonios deben sujetarse a nosotros como a
Cristo, porque se trata de la misma autoridad y el mismo poder.
Cristo nos dijo que, en Su nombre, podríamos hacer lo mismo que
Él hizo. Jesús sujetó al diablo a nosotros; si no está sujeto, entonces
nosotros tendríamos que derrotarlo; pero como ya lo está, nuestro
trabajo es subyugarlo y echarlo fuera. “Y estas señales seguirán a
los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios…” (Marcos
16:17). Y esto se hace con la autoridad y el poder delegados por
Dios.

El poder respalda la autoridad; y la autoridad es la


autorización, derecho o permiso que usted recibe de una
autoridad mayor para operar el poder.
Moisés y Aarón, todas las veces que fueron a hablar con el Faraón,
llevaban una vara en su mano. La vara representa la autoridad;
significa que no podemos gobernar con una brocha, sino con una
vara de autoridad. En distintos momentos, Moisés tuvo que tirar su
vara o extenderla –según Jehová le ordenara–. Cuando se presentó
ante Faraón, tuvo que lidiar con el hombre fuerte, el espíritu que
dominaba allí, el cual era representado por la cobra. En la cultura
egipcia la cobra era el símbolo del principado o dominio y el
emblema del Faraón, y un dios al cual adoraban. Cuando Faraón les
requirió un milagro para demostrar el poder de Jehová, Moisés tiró
la vara de Aarón (el sacerdote) y ésta se convirtió en culebra, y
devoró las varas de los sacerdotes y hechiceros del Faraón, que
también se habían convertido en culebras. Allí Moisés estaba
estableciendo su autoridad y atando al hombre fuerte. Después de
eso, pudo entrar y salir de la casa del Faraón libremente. Nunca lo
pudieron tocar. Él representaba un gobierno diferente, el del Dios
todopoderoso. Éste es el principio por el cual, muchos hoy en día
reprenden demonios pero no los pueden echar fuera porque éstos no
ven su autoridad de gobierno en el mundo es-
piritual.

Otro claro ejemplo fue cuando los israelitas llegaron al Mar Rojo y
los egipcios venían a matarlos. Moisés comenzó a clamar a Dios
pero Él le respondió: “…¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de
Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el
mar, y divídelo…” (Éxodo 14:15-16). Lo que Dios quería era que
usara la autoridad y el poder que ya le había dado. A veces, nuestras
oraciones no son respondidas porque pedimos en lugar de decretar,
desde la posición de autoridad espiritual, lo que Dios ya ha hecho.

El profeta Eliseo, cuando recibió la autoridad que descansaba sobre


Elías, tiró el manto sobre el Jordán y éste se abrió (2 Reyes 2:13).
De inmediato, Eliseo comenzó a caminar en un nivel de autoridad y
poder mayor. El manto representa la unción o poder que respalda la
autoridad.
En el libro de los Hechos rara vez vemos consejería, pero
sí vemos la expulsión de demonios.

Estando Pablo y Silas en la ciudad de Filipos, el libro de los Hechos


relata: “Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al
encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual
daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a
Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son
siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de
salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a
Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de
Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora”
(Hechos 16:16-18). Pablo usó la autoridad que le había sido
delegada para ejercer el poder y echar fuera al demonio de
adivinación que operaba en aquella joven. De inmediato, el
demonio huyó.

Recuerdo, hace poco, durante una cruzada para demostrar el poder


sobrenatural de Dios en México, hice la siguiente oración: “Padre,
yo sé que Tu Palabra no vuelve vacía. Ahora, en el nombre de Jesús,
en la autoridad de Jesús, en Su lugar y voluntad, ordeno a todo
espíritu de enfermedad que salga de los cuerpos, ¡ahora! Entre todos
los milagros que sucedieron a partir de esa oración, me impactó el
de una mujer que se paró de su silla de ruedas. María de los Ángeles
había sido diagnosticada con cáncer de útero. Además, la mitad de
su corazón no funcionaba correctamente; tanto así que vivía
conectada a un tanque de oxígeno, día y noche. No podía vivir sin
eso. Durante la cruzada, luego de ponerse de pie por el poder de
Dios, se desconectó del tanque de oxígeno y pasó caminando desde
el fondo de aquel enorme salón hasta la plataforma, para testificar.
Subió diez escalones sola, respirando normal; una vez arriba,
empujó su silla de ruedas dando vueltas por toda la plataforma,
dando ¡gloria a Dios! Sus palabras fueron: “Cada minuto que pasa
me siento mejor y mejor. Antes estaba muy débil, no podía respirar,
ni caminar porque me quedaba sin aire. Ahora, a medida que pasa el
tiempo me siento cada vez mejor y siento que estoy recuperando mi
fuerza”. Con la autoridad de Cristo y el poder sobrenatural reprendí
al espíritu de enfermedad y esta mujer, desahuciada por los médicos,
¡fue sana en un instante!

LAS CONSECUENCIAS DE REBELARSE CONTRA LA


AUTORIDAD

Moisés había sacado al pueblo de Israel de Egipto por el poder de


Dios y Su autoridad delegada; pero una vez en el desierto, había
quienes creían que sabían más que el libertador que Dios había
levantado. Aprovechaban cada oportunidad para desafiar la
autoridad de Moisés. Llegó un momento que la rebelión llegó a su
punto máximo y, liderados por Coré, quisieron quitar a Moisés del
liderazgo. Pero Dios respaldó Su autoridad delegada sobre Su siervo
y “abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos
los hombres de Coré, y a todos sus bienes” (Números 16:32).

Tanto en este mundo natural como el ámbito espiritual, todo lo que


hacemos tiene consecuencias, ya sea para bien o sea para mal. Por la
ley de la siembra y la cosecha, entendemos que todo aquello que
sembremos será lo que cosechemos. Así también, si nos rebelamos
contra la autoridad y/o utilizamos el poder de Dios ilegalmente,
tendremos consecuencias. “De modo que quien se opone a la
autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten,
acarrean condenación para sí mismos” (Romanos 13:2). La palabra
“condenación” es sinónima de maldición; es decir, resistir la
autoridad de Dios y sus autoridades delegadas acarrea o abre la
puerta para la maldición. Si recordamos, ser maldito significa estar
“empoderado para fracasar”. Eso explica la condición de muchos
creyentes hoy en día, que en lugar de prosperar en todo, los vemos
siempre igual y también peor. En un estado de rebelión contra el
pastor, el esposo, y el jefe… se encuentran en maldición, sin acceso
al favor de Dios. Si nos rebelamos contra la autoridad, ¡Dios no nos
bendice!

Cuando usted resiste o se opone a la autoridad puesta por


Dios, se opone a Dios mismo.

Resistir al apóstol, al pastor, al evangelista, al maestro o al profeta


puesto por Dios es resistir a Dios; resistir al esposo en el hogar es
resistir a Dios mismo; y lo mismo sucede cuando los hijos resisten a
los padres. En el momento en que se resiste una autoridad puesta por
Dios se activa una maldición. ¿Por qué la gente tiene problemas para
someterse a la autoridad? 1) A veces, se pierde de vista lo que esa
persona carga de parte de Dios; 2) la gente se familiariza con ella
como ser humano porque conoce sus faltas; 3) no entiende que la
cabeza siempre es escogida y señalada por Dios; 4) ha sido herida
por una persona en autoridad, por abusos de autoridad o malas
experiencias. Cuando usted ve a una persona en eminencia como
igual o menos que usted o se enfoca en sus debilidades, se le hace
difícil someterse y recibir algo de su manto de autoridad, unción y
poder dados por Dios.
OPERAR EL PODER EN REBELIÓN CONTRA LA AUTORIDAD, ES
BRUJERÍA

“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en


tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre
hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os
conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23). La
mayoría de esta gente puede profetizar, hacer milagros. Señor
significa “dueño y amo” pero Jesús dice que no los conoció.
“Conocer” significa “tener intimidad”. Esta gente usaba el poder sin
revelación; porque sin estar sujeto a autoridad y sin una genuina
relación con la fuente del poder, toda operación sobrenatural es
ilegal. Como consecuencia, seremos desechados por el mismo Jesús.
Los milagros vienen de una relación con Dios y de estar sometidos
al Señorío de Cristo. Esté seguro de operar el poder de Dios en
relación con Él y bajo Su señorío.

A menudo, vemos líderes o pastores de iglesias en miseria, que sus


congregaciones no son bendecidas, hay desorden y pecado, nadie
prospera y parecen vivir más en maldición que en bendición.
Cuando indagamos en los motivos, encontramos líderes que no
tienen relación con Dios, pecado, mentira y rebelión contra la
autoridad. Entonces, sabemos por qué el enemigo ha podido destruir
lo que podría ser una iglesia próspera en Dios. Si éste es su caso,
necesita arrepentirse de su rebelión contra la autoridad, renovar su
relación con Dios y poner el orden divino en toda área.

No hace mucho, hice un viaje a Tierra Santa junto a un grupo de


hijos espirituales y creyentes de distintas iglesias hijas de varios
países. Al llegar a la tumba de Jesús, comencé a enseñar acerca del
poder de la resurrección. Entonces, el poder de Dios se manifestó
para sanar; así que declaré milagros y profeticé que la gente allí
presente se comenzaría a mover en el poder de la resurrección al
volver a sus países. Entre la gente, se hallaba Patricia Martínez, que
había llegado desde México, en la que Dios hizo una obra tremenda
y sobrenatural. Su testimonio es el siguiente: “Fui a un viaje a Israel
con el apóstol Guillermo Maldonado. Cuando llegamos a la tumba
de Jesús, el apóstol nos dijo que sentía que el Espíritu Santo quería
hacer sanidades. Yo pasé al frente porque los médicos me habían
detectado un tumor en la silla turca del cerebro; me habían dicho
que solo podía ser removido con una cirugía, pero que ésta era de
muy alto riesgo. Incluso, después de la cirugía, mis posibilidades de
salir bien eran escasas. El apóstol oró y nos dijo que comprobáramos
clínicamente la sanidad. Yo arrebaté con fe mi sanidad y, de regreso
a mi país, me hice todos los estudios y clínicamente puedo
comprobar que el tumor había desaparecido. ¡Ya no existe!
¡Desapareció totalmente! Nunca hice un tratamiento ni cirugía. ¡Fue
el poder de Dios que me sanó! Pero ahí no terminó todo. El apóstol
nos dijo: ‘Ustedes serán de bendición para su nación y para los
enfermos’. Al regresar a México, comencé a moverme en esa
autoridad delegada para operar lo sobrenatural de Dios. Yo soy
enfermera en el área pediátrica, con bebés neonatos; son bebés
prematuros que pesan 3-4 libras y que tienen pocas posibilidades de
vida. Desde que regresé de Israel he estado orando por los bebés que
llegan a mi área, y todos se han sanado y desarrollado
perfectamente. Cada uno ha salido del hospital completamente sano
y sin secuelas. Las personas no pueden creer que esos bebés hayan
nacido prematuros. Luego, me enteré de que mi directora estaba
hospitalizada; fui a verla, le prediqué de Cristo y ella lo recibió en su
corazón, y oré por su salud. Ella sufría de apnea, que son paros
respiratorios, que pueden causar serios daños cerebrales debido a la
falta de oxígeno. Después de la oración, toda enfermedad se fue de
su cuerpo y salió del hospital sana y salva, ¡para la Gloria de
Cristo!”

6
Cómo apropiarse del poder de
Dios
U no de los grandes problemas en la Iglesia de Cristo, es que el
pueblo no sabe apropiarse del poder sobrenatural. A veces, tiene
la teoría pero no la práctica; o sea, no sabe poner en acción ese
poder y operarlo en las necesidades de la gente. Hay medios o
maneras de apropiarse del poder divino, los cuales necesitamos
conocer para ser capaces de traer el poder sobrenatural de Dios a
esta generación y establecer Su Reino en la tierra. Por lo general,
dentro de la iglesia, la gente siempre está buscando un toque físico
para creer que Dios obró. Pero la imposición de manos no es el
único método que Dios tiene para desatar Su poder. Para apropiarse
del poder hay diferentes formas, veamos algunas de ellas:

1. La relación, compañerismo y comunión íntima con Dios

Nuestra relación personal con el Señor es el lugar desde donde


operamos, caminamos y vivimos en esta tierra; de esa relación
depende todo lo que somos y hacemos. Todo en Dios comienza o es
producto de esa relación; la cual es presente, personal y continúa.
Allí es donde conocemos al Padre, donde recibimos el poder de Su
Espíritu y donde aprendemos a vivir o practicar Sus principios. Por
eso el Cristianismo no está basado en reglas, normas y tradiciones
humanas, sino en una relación con Jesucristo. El Cristianismo no es
una religión, es una relación viva con un Dios vivo.
La palabra “poder” es la traducción del vocablo griego dúnamis, que
significa “capacidad o habilidad por virtud de una relación”.
También significa “poder para operar milagros, el cual viene de una
relación”. Por eso, Jesucristo les anunció a Sus discípulos “pero
recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu
Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria,
y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Note que este anuncio
no fue para las multitudes, ni para los religiosos del templo, sino
para aquellos que tenían una relación con Él, que lo seguían, lo
amaban y obedecían. Nuestra relación con Él está establecida en la
obediencia, el temor de Dios, el amor, la comunicación, la oración
diaria, cuya base fundamental es un pacto de compromiso.
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y
yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada
podéis hacer” (Juan 15:5). Cristo vino a enseñar una teología
relacional, no organizacional; porque el Reino de Dios está
estructurado en las relaciones personales entre un Padre y Sus hijos.
El Reino no se trata de una organización ni de una jerarquización
impersonal de funciones mecánicas; allí la ley suprema es tener una
relación personal con el Dios todopoderoso, con nuestro Padre
celestial.
La relación, el compañerismo y la comunión con Dios:
» Producen la entrada o afluencia de poder
» Generan poder

El poder de Dios es nuestra herencia pero solo es legal por


nuestra relación de amistad y comunión con Él.
En nuestra relación continua con Dios habrá una entrada o flujo de
poder hacia nuestro interior, que después va a generar el poder para
hacer todo aquello que Dios nos mandó hacer. Yo vivo y
experimento esta verdad a diario, cada vez que estoy en oración,
adoración y comunión íntima con Él. Siento que mis depósitos
espirituales se llenan del poder que entra por obra de mi relación con
un Padre lleno de poder creativo. En otras palabras, Dios hace un
depósito de poder en mi espíritu, lo cual genera en mí un poder para
predicar, enseñar, sanar los enfermos, echar fuera demonios, y más.
“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder
que actúa en nosotros” (Efesios 3:20). Yo fui llamado a traer Su
poder sobrenatural a esta generación, y puedo sentir cuando ese
poder que Él deposita a diario en mí fluye hacia fuera y es
transmitido a las personas en necesidad de sanidad, de liberación, de
revelación, etcétera. Entonces, ésta es una manera de apropiarse de
ese poder sobrenatural.

Dios da relación antes de dar poder, porque el poder se


origina de una relación; la cual está basada en un pacto de
compromiso.

El poder sin intimidad produce poco placer y, al final, termina en la


carne. La gente busca el poder, desea el poder, pero no una relación
con Dios. El poder que opera en usted es de acuerdo a su relación
con Dios. El poder sin una relación es sectarismo. No busque el
poder ¡busque una relación con Dios! Y a través de esa relación, Él
hará depósitos de poder en su espíritu para cumplir Su voluntad en
la tierra.

2. El ayuno y la oración

Jesucristo tenía una vida donde esta práctica era regular; por eso
sabía que expulsar cierto género de demonios demanda ayuno y
oración. Por eso dijo: “Pero este género no sale sino con oración y
ayuno” (Mateo 17:21). Yo puedo hablar de mi propia experiencia
porque esta práctica es mi estilo de vida; ofrezco a Dios
periódicamente tiempos de ayuno, y la oración es algo diario. El
poder que se genera a través de esto es palpable. Cada vez que
termino un tiempo corto o largo de ayuno y oración y después voy a
predicar, enseñar o ministrar, los milagros toman lugar más rápido y
en mayor cantidad. Las sanidades ocurren instantáneamente, las
personas demonizadas son libres, se desata un mayor peso de poder
sobrenatural para milagros creativos y maravillas. Es claro que eso
ocurre debido a que en ese tiempo de oración y ayuno Dios deposita
un mayor nivel de poder en mí. Éste es el patrón de Cristo: Él se
apartaba a orar por un tiempo y cuando regresaba, venía en el poder
de Dios. “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba. …y el
poder del Señor estaba con él para sanar” (Lucas 5:16-17).

El ayuno y la oración nos liberan de la propia realidad mundana y


egoísta, porque hacen que el mundo espiritual se haga vivo en usted.
También puede hacer lo demoniaco real o más perceptible. La
oración nos lleva más allá de las leyes naturales; esto causa que
trascendamos nuestra realidad natural, nuestros problemas y
circunstancias. Sea un problema matrimonial, un mal reporte
médico, desempleo o desastre financiero, todas son situaciones que
pierden poder cuando oramos y ayunamos. Y no es que neguemos
nuestra realidad, sino que la comenzamos a ver desde la perspectiva
de Dios, donde no hay nada imposible; donde la solución ya fue
provista. Nos damos cuenta de que solo son hechos temporales.
Cuando usted no ora, está preocupado porque sus problemas son su
única realidad; pero cuando ora, crea depósitos de poder que lo
llevarán a vencer en toda circunstancia y a desatar el poder de Dios
que vence al mundo. En la oración, usted se apropia de la obra de
Cristo en la cruz y de todo lo que ya fue hecho a su favor. Entonces,
el ayuno y la oración no son una opción, sino un mandato; y deben
ser la marca de un discípulo de Cristo.
Una generación no se levanta más allá de su vida de
oración y ayuno.

El ayuno y la oración afinan nuestra percepción espiritual (Mateo


16:16-18); por ese medio, morimos a la carne y comenzamos a ver,
oír y percibir claramente en el ámbito espiritual. Así, resulta más
sencillo percibir el corazón de Dios porque hay menos carne que nos
impida ver y percibir el mundo espiritual. El ayuno le dice a la
carne: “Cállate. Ya no te voy a oír. Tú no me vas a mandar; no eres
mi señor, sino mi servidor”.

El hombre más puro que haya vivido sobre la faz de la tierra, Jesús,
tuvo que ayunar y orar para ver, percibir y oír en Su espíritu lo que
sucedía en el mundo del que había venido. Sin embargo, Su Iglesia
hoy no ve la necesidad de orar y ayunar; ésa es la razón por la cual
carece de poder. ¿Cuándo fue la última vez que usted vio un ciego
ver, un sordo oír y un paralítico caminar? ¿Cuándo fue la última vez
que vio una sanidad, un milagro, un demonio salir? Es tiempo de
ayunar y orar como lo hacían Cristo y la Iglesia primitiva para que
los depósitos del poder de Dios aumenten en su interior y fluyan
hacia fuera cuando vaya a hablar, enseñar, ministrar o compartir la
vida de Cristo con los demás.

3. La obediencia a Dios

He aquí una condición vital para apropiarse del poder


sobrenatural de Dios y operarlo correctamente. La obediencia es la
sujeción voluntaria a los principios del Reino y a las demandas de
Dios. Se trata de una decisión voluntaria de someterse a Él, de dejar
que nos persuada o convenza acerca de Su voluntad. Desde la caída
del hombre, Dios siempre ha estado detrás de la voluntad del
hombre; porque le dio a éste un libre albedrío para escoger
voluntariamente a quien adorar y servir. Dios siempre ha buscado
influenciar, persuadir, la voluntad del hombre para que se una a la
Suya voluntariamente. Cristo se rindió voluntariamente en
obediencia al Padre, “plenamente convencido de que era también
poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Romanos
4:21); “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses
2:8).

La obediencia es la sumisión a la autoridad por elección


propia, motivada por fe y amor, y nacida en el corazón, no
en la mente.

Dios no viola el libre albedrío del hombre; es decir, respeta su


voluntad y su condición de ser libre para escoger y decidir. Usted
escoge obedecer a Dios voluntariamente, porque entiende que en Su
amor hacia su vida tiene lo mejor para usted. A algunas personas les
cuesta más obedecer que a otras. Esa desobediencia es lo que
detiene el fluir del poder de Dios en sus vidas. Ser desobediente es
ser impersuasible, no ser convencido acerca de la voluntad de Dios.
La desobediencia rehúsa creer la voluntad de Dios para nosotros; es
la testarudez y rebeldía del hombre caído que quiere hacer todo a su
manera y no está dispuesto a rendirse.

Si hay algún área en la que usted está luchando con Dios y no le ha


rendido su voluntad para obedecerle, éste es el momento para que se
enfrente a su rebeldía y escoja la voluntad de Dios por encima de la
suya. Solo así podrá ver Su poder fluir a través de su humanidad y
cumplir Su propósito aquí en la tierra. La desobediencia siempre lo
llevará a la destrucción, mientras que obedecer le traerá todas las
bendiciones de Dios. No pelee más con Dios. ¡Obedezca ya! Tome
una decisión voluntaria ahora mismo.

En el ámbito espiritual usted cede su voluntad para


apropiarse del poder de Dios.
4. Morir al “yo” o negarse a sí mismo

El poder de Dios no fluye a través de nosotros, a menos que


muramos al yo cada día. “a fin de conocerle, y el poder de su
resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a
ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:10). Todo en Dios es
una muerte continua al “yo”, la carne y el “viejo hombre” para que
Su poder sea lo que alimente la vida del hombre, por medio de su
relación con Él. La muerte a uno mismo debe ser progresiva y
continua, porque cuando se para de morir al “yo”, la carne vuelve a
crecer; el “yo” se recupera y vuelve a tomar el centro de nuestra
vida. “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo
el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida
por causa de mí, éste la salvará” (Lucas 9:23-24).

EL nivel de poder que experimentemos será de acuerdo al


nivel de muerte que muramos a diario. Y de acuerdo a eso
será el poder depositado en nuestro espíritu.

También aquí funciona la ley del intercambio, por la cual, Dios nos
da más poder cuando le rendimos más de ese “yo”. Nadie puede
llevar al pueblo, ningún apóstol, profeta, pastor, evangelista,
maestro, ministro, líder o mentor, a entrar al ámbito del poder sin
morir a sí mismo. Para ser portadores de Cristo y de Su poder, el
“viejo hombre” debe estar muerto y seguir muriendo, cada día.
Cuando se muere a uno mismo es más fácil acceder al poder de
Dios; porque ese poder tiene que ver con la resurrección en Cristo.
Un hombre no puede resucitar y vivir en Cristo más allá de su
habilidad para morir y rendirse a Dios.

Cuando hay una muerte voluntaria al “yo”, el poder de


Dios está garantizado; es decir, Dios no puede negarle Su
poder.
Un hombre que se ha rendido en obediencia, sumisión, sacrificio, y
que le ha dado o cedido su lugar a Dios, es un deleite para el Padre.
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que
presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a
Dios…” (Romanos 12:1). La palabra “sacrificio” significa acercarse
a Dios por medio de la muerte al “yo”. Es decir, presentar el cuerpo
en sacrificio vivo nos acerca más al Padre y nos llena de Su poder.
Las áreas en las que usted todavía lucha son las que aún no le ha
rendido a Dios, donde su “yo” no ha muerto. Por eso el apóstol Juan
decía: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan
3:30).

El poder sobrenatural de Dios requiere una muerte


voluntaria al yo, lo cual consiste en vaciarse de uno mismo
y llenarse más de Dios.

¿Está listo para morir en algunas áreas de su vida? Cada uno de


nosotros sabe las áreas que debe rendirle a Dios. Si usted quiere
apropiarse de Su poder, es imperativo que tome la decisión de morir
a todo lo que va contra Su voluntad. ¡Hágalo ahora mismo!, y será el
lugar donde Dios lo empodere con Su poder sobrenatural. Deje ir
todo aquello que detiene su bendición. Éste es el tiempo de tomar la
decisión de morir a pensamientos, deseos, voluntad propia, cosas
que no son de Dios, relaciones que nos impiden llegar a nuestro
propósito, para entregarnos por completo a Su voluntad.

Yo doy testimonio a diario de lo que Dios puede hacer a través de


una vida rendida a Él, y dispuesta a apropiarse de Su poder para
manifestar Su presencia en esta tierra y cambiar vidas. Al principio
del año, tuve una Conferencia en Venezuela y, desde que llegué al
país, sentí la demanda del pueblo por el poder sobrenatural de Dios.
Incluso cuando la situación económica del país estaba muy mala, la
gente había hecho muchos sacrificios para llegar desde varias
ciudades a la conferencia. Era tanta la demanda del pueblo que la
manifestación del poder y la presencia de Dios fue instantánea e
impactante. Fue tremendo ver el amor de Dios derramarse en Su
pueblo y Su mano sanando y liberando a esas setenta mil personas
en cuestión de segundos. Realmente fue algo sobrenatural. A la hora
de tomar los testimonios, eran tantos que no dimos abasto. Pero de
los que alcancé a saber me sorprendieron los siguientes: Una mujer
llamada Solaida había sufrido un accidente cerebro-vascular, y la
mitad de su cerebro había muerto. Eso le causó la parálisis total de
la mitad de su cuerpo; no podía mover todo el lado izquierdo. En el
momento en que desaté la Palabra y el poder de Dios para sanar, ella
sintió una frescura en su cerebro y deseos de caminar. Al instante,
soltó el bastón en el que se apoyaba y salió corriendo hacia el altar
para testificar que ¡Cristo la había sanado! Otro testimonio
impresionante fue el de Nataly, una niña que tenía secuelas de
parálisis cerebral desde su nacimiento. Además, su cadera estaba
desviada 4 centímetros; era sorda del oído derecho y tenía
estrabismo en sus ojos. Después de la oración, su madre se dio
cuenta de que los ojitos de la niña ya estaban rectos, y de que podía
oír perfectamente. Además, la niña empezó a caminar normalmente,
porque su cadera se había nivelado. ¡Nataly recibió tres milagros en
tan solo segundos! Luego, un hombre llamado Josué pasó a testificar
diciendo que había nacido sordo de su oído derecho, porque los
órganos del sistema auditivo de ese lado no se le habían
desarrollado. Cuando desaté el poder sobrenatural de Dios, también
empezó a oír al instante. ¡Dios le creó los órganos que le faltaban!
Uno de los testimonios que más tocó mi corazón fue el de Luigy
Alejandro Rodríguez. Este niño de nueve años tenía un tumor en el
cerebro. Hacía poco, había pasado por una cirugía, pero no había
quedado bien. Le tuvieron que poner una válvula para drenarle el
líquido que se le acumulaba en el cerebro. Además, seguía bajo
tratamiento de quimioterapia y radioterapia, lo cual le causaba
muchísimo dolor en los huesos y las coyunturas. Sus padres me
habían visto predicar por televisión, y llenos de fe, llevaron al niño a
la cruzada. Lo llevaron cargado porque Luigy no podía caminar ni
moverse; el dolor era demasiado fuerte para su cuerpecito y no podía
soportarlo. Cuando declaré el poder sobrenatural de Dios para sanar,
el Espíritu Santo lo tocó, y el niño sintió un frío muy fuerte en todo
su cuerpo. Al instante, todo el dolor se fue de su cuerpo por
completo y la válvula desapareció. Ahora Luigy puede tener la vida
normal de un niño de nueve años. Puede reírse, caminar, correr y
moverse sin problema. ¡Todo eso y más puede hacer Dios si
aprendemos a apropiarnos de Su poder sobrenatural y lo desatamos
para suplir las necesidades y los imposibles de la gente!

7
El ejercicio del poder y la
autoridad en el diario vivir
LA DEMOSTRACIÓN
DEL FLUIR DEL PODER DE DIOS

D esde el principio siempre ha sido la voluntad de Dios demostrar


Su poder a Su pueblo y con la participación del hombre.
Veamos ese fluir desde el principio, cómo llega hasta nosotros y
cómo lo manifestamos en nuestro diario vivir.

1. Dios como Dios en el principio de la creación

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).


En el principio, Dios hizo una demostración de Su poder, creando
los cielos y la tierra, sin la participación del hombre. Todo fue
original de Dios; es decir, salió de Él porque solo Él tiene el poder
para crear. Y todo lo creado quedó conectado a Su nombre “Yo
soy”; que significa “más que suficiente, el que existe en sí mismo y
no depende de nada ni de nadie para existir”. Dios siempre ha sido
más que suficiente, de lo contrario no sería Dios. En el principio,
hizo una demostración de poder en Su soberanía, para Sí mismo,
porque el hombre todavía no había sido creado.
El estado original de Dios era el de un Espíritu.

2. Dios como hombre en Cristo Jesús

Cuando Cristo vino a la tierra lo hizo como un hombre, Él era


cien por ciento Dios y cien por ciento hombre. Así fue como
representó al Padre en la tierra y como desató el fluir de Su poder
sobrenatural. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre
nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre),
lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).

Cuando Jesús vino a la tierra lo hizo como ser humano, aunque era
Dios. Toda la gente de Su época lo vio como hombre, como el
carpintero. Y la gente decía: ¿Cómo dice este hombre que tiene
treinta años y era antes de Abraham? Lo que ellos no sabían es quién
era antes de venir a la tierra. Él era el “yo soy”, pero para la gente
era difícil de entender porque la eternidad dejó el cielo y se hizo
carne y eso es un misterio que la mente humana no entiende. Cristo
era un espíritu antes de venir en la carne; por eso existía antes de
Abraham. Y el Padre era en Él como hombre, y Su poder fluyó a
través de Su vida y Su humanidad, para que hoy pueda fluir a través
de nosotros.

3. Dios a través del hombre como cada uno de nosotros

Así llegó el poder sobrenatural de Dios a la raza humana. Pero la


gente, hoy en día, tiene un problema cuando ve defectos o errores e
imperfecciones en un cristiano –más aún si es un líder de la iglesia–,
porque no entiende que Dios pueda fluir a través de un ser humano
imperfecto. Si esta persona ha cometido errores o su pasado es
pecaminoso y lleno de errores, duda y se pregunta: ¿Cómo puede
usarla Dios con semejante falta? La gente no entiende cómo un
individuo que insultó a su madre, luego puede ser usado por Dios
santo. Cuando la gente ve esas incongruencias, duda de Dios. Es
más fácil creer en Él sin la intervención de un hombre. En la gloria
nadie interviene, por eso le resulta más fácil creer.
El problema actual es aceptar que Dios trabaja a través de nosotros,
como nosotros. La gente no tiene problema con el hecho de que
Cristo vino como hombre, nació de una virgen, hizo milagros hace
dos mil años atrás, murió y resucitó de los muertos. Ahora, el
problema es creer que Dios está en nosotros, y que opera a través de
nosotros, como nosotros. Pero la Biblia lo afirma así: “Y a Aquel
que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder
que actúa en nosotros” (Efesios 3:20).

Cuando usted tiene la revelación de que es un portador del poder de


Dios en la tierra y logra entender que así como Dios era en la zarza
ardiente, en la nube de fuego y en la columna de humo en el
desierto, lo es hoy en usted, entonces Su poder fluye. Como estaba
en el cuerpo de un hombre llamado Jesús, ahora Dios está en
nosotros y Su poder fluye a través de nuestra vida. Cuando somos
bautizados en el Espíritu Santo tenemos el mismo poder con el cual
Cristo operó. Entonces, el diablo tiene otro problema, porque ya no
es Dios como Dios, si no Dios como nosotros; a través de la
manifestación de Sus hijos. Esto no quiere decir que nosotros somos
Dioses, simplemente somos un vaso por el cual Él fluye y trae Su
voluntad a la tierra.

¿Puede ser Dios el mismo a través de un hombre? ¿Pueden las


debilidades de los hombres obstaculizar Su poder y capacidad de
obrar? Dios, ¿puede ser tan Dios como en Sí mismo, que siendo
Dios como hombre o a través del hombre? Cuando Él viene a
nosotros o a través de nosotros, ¿se supone que sea menos Dios? Él
quiere ser en nosotros tan poderoso como en Sí mismo. Cualquier
creyente puede ser usado para demostrar Su poder. Si seguimos lo
que Dios requiere, que es tener una relación y compañerismo con Él
a diario, ayunar y orar continuamente y morir al “yo carnal”,
entonces Su poder fluirá en nosotros, y a través de nosotros.

Este capítulo tiene la intención de desafiar al creyente que ha sido


libre de las ataduras y opresiones de Satanás, a salir y hacer libres a
otros con el poder de Dios y bajo la autoridad delegada de Cristo.
Para esto, quiero empoderarlo con esa autoridad, la cual usted puede
ejercer y practicar en su diario vivir. Muchos ministros de Dios hoy
no saben funcionar en esta autoridad fuera del ámbito de la iglesia,
de un servicio, de una atmósfera especial. Es decir, sólo ejercen la
autoridad y manifiestan el poder de Dios cuando Su presencia es
tangible; cuando están en la iglesia, el coro está cantando y todos
están sumergidos en la gloriosa presencia del Señor. Cuando van a
otro lugar se hace difícil sentir esa unción y entonces no actúan. Su
fe baja porque no sienten la misma inspiración que en la iglesia. Lo
cierto es que no siempre podemos estar en esas condiciones; y que la
necesidad se presenta de forma permanente fuera del ámbito de la
iglesia y los servicios. Por lo tanto, debemos ejercer esa autoridad
sobre los demonios, la enfermedad y la pobreza a través de la fe,
basados en lo que somos en el Reino aún en ámbitos de completa
oscuridad o incredulidad.

Muchos creyentes se preguntan ¿qué sucede en la práctica diaria


cuando vamos a lugares donde no hay atmósfera de la presencia del
Señor, ni expectativa, donde no está el pastor ni el ministro de Dios?
¿Qué sucede cuando vamos a un restaurante, baño, avión,
estacionamiento, plaza? ¿Qué hacemos? Allí debemos operar en la
revelación de quién es Cristo en nosotros y quiénes somos nosotros
en Él. Mientras vaya en la vida, no sentirá la unción tangiblemente a
cada instante; así que, si solo se mueve por eso perderá la
oportunidad de ministrar a la gente. Cuando usted va a trabajar, a
estudiar, con una convicción de quién es en Dios y en sujeción a sus
autoridades, Su autoridad opera como autoridad delegada; usted va
como embajador del Reino. Es una convicción que tiene por dentro,
sabiendo que Dios le ha dado una asignación. Usted es portador de
Su gloria, poder y autoridad en todo tiempo y lugar. Es un agente
legal de Dios en la tierra, dondequiera que vaya. En esa autoridad,
usted dice: “Yo estoy aquí porque soy hijo de Dios, con un mandato
divino y una asignación de Reino. Voy a actuar en fe, en la
autoridad que se me ha dado”. Y por esa acción, Dios se moverá y lo
respaldará con Su unción y poder.
Lo cierto es que todo cristiano nacido de nuevo, hijo de Dios, sujeto
a autoridad, puede ejercer autoridad dondequiera que vaya, tal como
lo hizo Jesús. En nuestro ministerio, los testimonios de esto son
comunes. Aquí encontrará apenas algunos de los muchos que recibo
cada día, de lo que hacen mis hijos espirituales en su diario vivir,
mientras trabajan, estudian, salen a hacer las compras, trámites,
etcétera. Frank Núñez, jugador de football, tuvo un accidente y
terminó en coma, en la cama de un hospital de West Palm Beach,
Florida. Los médicos ya lo daban por muerto; decían que no saldría
del coma, y en caso de que lo hiciera, tendrían que hacerle varias
operaciones y difícilmente quedaría bien. Un mentor de la iglesia
fue a orar por él; tomó la autoridad e hizo un decreto rompiendo el
espíritu de muerte; luego, declaró la palabra de vida y activó el
poder sobrenatural en medio de un ambiente de total incredulidad. A
los tres días, Francisco salió del coma y pidió comida porque tenía
hambre. En menos de un mes, su salud fue milagrosamente
restaurada; sin cirugías ni secuelas. Hoy ha vuelto a jugar football,
cuando los médicos decían que nunca volvería a poder realizar
ninguna actividad deportiva. ¡Gloria a Dios!

Hace muy poco, la sobrina de uno los líderes de nuestro ministerio,


tuvo una operación a corazón abierto, en España. La niña tiene sólo
ocho años, pero sus arterias eran débiles y estaban obstruidas; por lo
cual no podía caminar, correr ni agitarse. El color de su piel era
siempre morado, por la falta de oxígeno. En medio de la operación,
todo se complicó y la niña quedó en coma. Entonces, la familia de
este líder lo llamó desesperada, desconsolada porque la niña llevaba
ya ocho días en coma, y los médicos decían que sólo un milagro
podía salvarla. Mientras oraba, el líder tomó autoridad y declaró que
esa misma noche su sobrina saldría del coma. Le dijo a su hermana:
“¡Recibe el milagro de parte de Dios, porque ella vuelve a la vida
hoy!” Al día siguiente, lo volvieron a llamar, en shock, porque
Andrea había salido del coma seis horas después de la oración. Y no
solo eso, los doctores estaban atónitos porque los estudios revelaron
que sus arterias y corazón estaban como nuevos, y su circulación era
perfecta. Ahora su piel tiene el aspecto saludable de una niña de
ocho años, como si nunca hubiera estado al borde de la muerte.
¡Dios la sanó con una oración de medianoche, a miles de kilómetros
de distancia, echa con la autoridad que un hijo sujeto a autoridad
puede desatar!

Si la gente acerca de la cual acaba de leer pudo hacer todo esto, en el


nombre de Jesús y en Su autoridad delegada, ¡usted también puede!

DESAFÍO FINAL
El espíritu del anticristo ha venido en esta era, más fuerte que nunca,
para detener el avance del Reino de Dios porque sabe que le queda
poco tiempo. Pero los cristianos debemos establecernos en el poder
y la autoridad que viene de Dios, sujetarnos a la cadena de mandos
que Él estableció para tomar y ejercer la autoridad, perdida por
Adán y recuperada por Cristo, para destruir las obras del diablo.
Cristo nos salvó para que vayamos y salvemos a otros, por el poder
de Su obra en la Cruz; nos sanó para que sanemos a otros, y nos
liberó para que vayamos a liberar a otros. Es tiempo de que la
Iglesia de hoy se levante, llena de poder, a ejercer una autoridad
legal para poner a Satanás bajo sus pies y levantar un ejército de
cristianos radicales, plantados en su identidad de hijos de Dios, que
viven en sujeción y obediencia a Dios y a sus autoridades delegadas,
pero que son violentos contra las obras del diablo.

¡Es tiempo de salir a las calles, de levantarse en el hogar, en la


escuela, en el trabajo, con la “autoridad cruda” y comenzar a desatar
el poder sobrenatural de Dios para salvar, para sanar y para liberar.
Si Dios nos hizo libres, es para que vayamos y hagamos libres a
todos los que están oprimidos por el diablo; es para que tomemos
autoridad sobre él, destruyamos sus obras y desatemos el poder de
Dios sobre esta tierra. ¡Tome hoy la autoridad que Dios le da!
¡Desate Su poder en todo lugar!

Bibliografía
Biblia de Estudio Arco Iris. Versión Reina-Valera, Revisión 1960, Texto bíblico
copyright© 1960, Sociedades Bíblicas en América Latina, Nashville,
Tennessee, ISBN: 1-55819-555-6.

Biblia Revisión 1977 de la Versión Reina-Valera, realizada bajo los auspicios de


CLIE, por un equipo de especialistas en traducción bíblica. © 1977 por CLIE
para la presente Revisión 1977 de la Versión Reina - Valera.

Diccionario Español a Inglés, Inglés a Español. Editorial Larousse S.A., impreso en


Dinamarca, Núm. 81, México, ISBN: 2-03-420200-7, ISBN: 70-607-371-X,
1993.

Strong James, LL.D, S.T.D., Concordancia Strong Exhaustiva de la Biblia,


Editorial Caribe, Inc., Thomas Nelson, Inc., Publishers, Nashville, TN - Miami,
FL, EE.UU., 2002. ISBN: 0-89922-382-6.

Vine, W.E. Diccionario Expositivo de las Palabras del Antiguo Testamento y Nuevo
Testamento. Editorial Caribe, Inc./División Thomas Nelson, Inc., Nashville,
TN, ISBN: 0-89922-495-4, 1999.

Bible Gateway. 2015. www.biblegateway.com.

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● La muerte al “yo”, el camino al cambio y al poder de Dios
● La oración
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Continúa...
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