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LA POESÍA DESDE EL MODERNISMO A LAS VANGUARDIAS

(FUTURISMO, ULTRAÍSMO, SURREALISMO), AUTORES Y OBRAS


REPRESENTATIVOS

INTRODUCCIÓN. CONTEXTO HISTÓRICO Y LITERARIO.


La literatura de principios de siglo (Modernismo y 98) se enmarca en la crisis de la
conciencia burguesa (“malestar de la cultura”). Surgen como reacción contra la vida
burguesa y su espíritu materialista y utilitarista, y buscan un nuevo lenguaje literario y
artístico capaz de expresar un mundo más refinado y complejo, o al menos, una visión más
personal e íntima del que existe. Además, lleva a los artistas a una toma de postura social y
política. La actitud de rechazo del artista hacia el mundo burgués puede traducirse en la
rebeldía política, el aislamiento aristocrático y actitudes asociales o amorales como la
bohemia o el dandismo.
Respecto al contexto histórico, en España, el Desastre del 98 mueve a los intelectuales
a proponer ideas modernizadoras y europeizantes. Pero durante el reinado de Alfonso XIII
siguen alternándose en el poder los partidos dinásticos, que conviven con carlistas,
republicanos y la izquierda pujante de socialistas y anarquistas. El país se sume en
problemas de identidad (nacionalismos) y en tensiones ideológicas y sociales. Mientras
siguen sin resolverse el atraso secular, la escasa industrialización, la explotación del
proletariado, la reforma agraria… Esta situación llevará a la dictadura de Primo de Rivera,
cuyo agotamiento favorecerá la proclamación de la Segunda República. Y los radicalismos
ideológicos terminarán en la Guerra Civil.

EL MODERNISMO Y LA POESÍA ESPAÑOLA A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX.


A finales del siglo XIX ya no satisface la poesía prosaica realista y se siente la necesidad
de un cambio de rumbo en la lírica española. Sin dejar de lado la influencia posromántica de
Bécquer, asimilando corrientes de la lírica extranjera como el esteticismo del
Parnasianismo y la musicalidad y sugerencias del Simbolismo, se inicia con el
Modernismo la búsqueda de una nueva poética que marcará a los poetas hasta 1915.
El Modernismo conduce a una nueva estética en la que se exalta la Belleza como ideal
prioritario. El artista, como en el Romanticismo, siente que participa del poder creador del
universo y que es capaz de penetrar lo absoluto e infinito. El esteticismo es, así, un culto
casi religioso a la Belleza. La poesía se considera el arte supremo, capaz de reunir mediante
la palabra la riqueza expresiva del resto de las artes (sincretismo). El poeta pretende aunar
en sus textos el cromatismo de la pintura, la plasticidad de la escultura y los sonidos de la
música. La poesía se concibe como búsqueda de la armonía, de lo absoluto, de la unidad.
Tales ideas estéticas que exaltan la emoción y la belleza se oponen al utilitario arte burgués,
de forma que el esteticismo debe verse, al igual que los otros rasgos modernistas
(individualismo, irracionalismo, erotismo, escapismo, hastío vital…), como signo más de la
actitud rebelde de los escritores frente a los mitos centrales de la sociedad capitalista
(economicismo, materialismo, pragmatismo).
La poesía modernista se aparta del prosaísmo de la lírica realista. Los poetas buscan
los efectos plásticos con el uso de los colores, unas veces llamativos, otras delicados. Los
efectos sonoros son asimismo muy frecuentes, tanto por el uso de recursos fónicos, como
por la alusión a instrumentos musicales. No faltan tampoco los aromas refinados, por esa
importancia que se da a las sensaciones. De esta manera se explica la abundancia en los
poemas de adjetivos ornamentales, imágenes sugerentes, símbolos variados y atrevidas
sinestesias. El léxico se enriquece con vocablos exóticos, cultismos, neologismos, palabras
esdrújulas… Los ambientes que se recrean son característicos por su valor simbólico:
jardines lejanos y otoñales, fuentes, animales elegantes o fabulosos (cisnes, unicornios…).
El ansia de renovación y el deseo de musicalidad lleva a una gran variedad métrica. Por
influencia de los simbolistas franceses alcanza gran relevancia el uso del alejandrino y
también el empleo del verso libre. No faltan tampoco versos propios de la lírica castellana,
como el octosílabo y el endecasílabo. En cuanto a las estrofas, predominan los sonetos, las
silvas, los serventesios, y también abundan, dado el interés por la lírica popular, coplas,
cuartetas, romances, etc.
Rubén Darío es el mejor exponente del Modernismo y su trayectoria representa también
la de todo el movimiento. A su primera etapa, de gran plasticidad y sonoridad brillante y
temas refinados en la que escribe Azul y Prosas profanas, le sucede un segundo período
de mayor intimismo, angustiado a veces , y una mayor hondura expresiva, cuya obra más
representativa es Cantos de vida y esperanza.
El Modernismo, aunque atenuado, está en los comienzos de casi todos los grandes
poetas de principios de siglo, pero lo irán abandonando conforme vayan encontrando su
propia personalidad poética. Es el caso de Antonio Machado, Valle-Inclán y Juan Ramón
Jiménez.

Antonio Machado concibe la poesía como “una honda palpitación del espíritu”, lo que lo
aleja de los excesos formales modernistas. Él mismo definió su poesía como la “palabra
esencial en el tiempo”, es decir, el verso busca la esencia de las cosas, el “alma” que se
oculta en ellas, en un proceso temporal basado en el sueño y la memoria. Esto implica la
intensa presencia del Simbolismo, pero también de la filosofía y el pensamiento de Bergson
con su noción del tiempo como “aliento vital”.
Podemos diferenciar tres etapas en la poesía de Machado. En la primera etapa,
modernista, pero marcada por el intimismo becqueriano y muy influida por el Simbolismo,
escribe Soledades, galerías y otros poemas. Predomina en sus poemas el tono
melancólico y doliente y los temas son los propios del intimismo posromántico: el amor, el
paso del tiempo, la soledad, la infancia perdida, los sueños. Pretende Machado captar en
sus versos los que él denomina “universales del sentimiento”. Es muy característico el
empleo de símbolos, con los que el poeta quiere escrudiñar el misterio de lo escondido: el
camino, el espejo, la fuente, el río, el mar, la tarde, el otoño… En la segunda edición de
1907 se suprimen los poemas más superficialmente modernistas, se añaden muchos
nuevos y se acentúa la línea intimista. Se incorporan nuevos símbolos, como el de las
galerías del alma, con el que Machado pretende sugerir el interior de la conciencia. Es
notable una sensación general de angustia por el fluir insostenible del tiempo y por la
premonición de la muerte. Dios aparece también, entrevisto en un sentido muy unamuniano
con esa búsqueda entre la duda (“siempre buscando a Dios entre la niebla”). El sentimiento
del paisaje es muy acusado, impregnado del estado emocional del poeta. Esto es así porque
en Soledades la obsesión permanente es la búsqueda del yo, el desazonado interrogatorio
sobre la propia identidad.
En la segunda etapa, representada por Campos de Castilla, se atenúa el subjetivismo y
pasa a primer plano la realidad exterior; las preocupaciones éticas y sociales se aproximan a
las del grupo del 98. Conviven en el libro poemas muy diversos. Abundan los que describen
los paisajes y las gentes de Castilla; desde cierta óptica regeneracionista, se da cuenta del
contraste entre el pasado glorioso de esas tierras y su andrajoso presente. La actitud de
Machado ante los habitantes de Castilla corresponde a una forma de entenderlos
característico del 98. Son los hombres y mujeres que constituyen la verdadera historia
nacional, la “intrahistoria”, en expresión de Unamuno. El cainismo es uno de los tópicos del
98: la maldad intrínseca del hombre, la codicia como origen de todos los males, la
presencia, en definitiva, del alma de Caín en nuestro prójimo. Tras la muerte de Leonor, ya
en Baeza, la visión de las tierras castellanas desde el recuerdo es más lírica y emotiva.
También del período de Baeza son los poemas con cuadros del paisaje y tipos andaluces en
los que presenta una dura visión de la España tradicional. Un nuevo tipo de poesía hace
también su aparición en Campos de Castilla, la poesía sentenciosa y filosófica de Proverbios
y cantares.
La tercera etapa, con Nuevas canciones, supone un cierto decaimiento lírico; el autor
se centra más en sus crecientes inquietudes filosóficas. Entre los últimos textos poéticos de
Machado, merecen destacarse las “Canciones a Guiomar”, en las que expresa su amor por
Pilar Valderrama.
Valle-Inclán es sobre todo dramaturgo y novelista, pero también escribió poesía. En la
línea modernista medievalizante está su obra Aromas de leyenda. La pipa de Kif, de
lenguaje y estética expresionistas, está más cercana al esperpento.

LA POESÍA A PARTIR DEL NOVECENTISMO Y LAS VANGUARDIAS.


A partir de 1910, irrumpen una serie de autores y corrientes artísticas y literarias cuyos
enfoques y perspectivas difieren abiertamente de la generación de fin de siglo (Modernismo
y 98). Se trata de tres promociones literarias distintas, pero íntimamente relacionadas:
Novecentismo; la casi simultánea avalancha de las Vanguardias; y, finalmente, los
herederos directos de los anteriores, el grupo poético del 27.
La poesía novecentista se suele identificar con la poesía pura, es decir, la poesía de la
inteligencia, que anhela la perfección formal, que depura el sentimentalismo romántico, el
prosaísmo anecdótico, la subjetividad impresionista y la ornamentación modernista; se
pretende que la palabra poética sea autosuficiente, que el poema tenga valor en sí mismo
como creación autónoma.
El máximo representante es Juan Ramón Jiménez. La poesía de Juan Ramón Jiménez
se define como un triple deseo: de belleza, de conocimiento y de eternidad. La poesía es
representación de la Belleza, de la Perfección y del mismo Dios, identificado con la
Naturaleza o con la Belleza absoluta, o incluso, con el propio poeta creador. Aunque por
motivos pedagógicos se divida la obra de Juan Ramón en etapas, en él, vida y obra vienen a
ser una misma identidad. Juan Ramón no habla de su poesía, sino de su Obra, con
mayúscula, comparando su labor con la de un dios porque creía en la unidad total de toda
su producción. El poeta siempre está en la búsqueda de la expresión poética perfecta, en
constante creación, por ello, vuelve continuamente sobre los poemas, y los retoca, cambia o
elimina. Hay un aforismo del poeta que muestra claramente esa imposibilidad de dividir su
obra en libros o periodos: Libros, no; Obra. Juan Ramón tiene siempre presente su obra
entera; además, hay otro aspecto que da unidad a todo sus sistema poético: su rigor
estético, su sentido de la obra bien hecha, que presidió siempre su trabajo, que es la
máxima justificación de su vida. Sentada esta unidad global, hay que tener presente su
evolución poética.
En la primera época o sensitiva (1898-1915) el mundo poético es un mundo personal,
apoyado en realidades bien conocidas por el poeta. Abundan las impresiones sensuales y
un sentimentalismo reiterativo, que se manifiesta en una atmósfera melancólica, llena de
vaguedad y tenue musicalidad. El poeta muestra su soledad en medio de paisajes
silenciosos, envueltos en luces de atardecer o amanecer, con colores claros y fríos, y con
gran abundancia de sensaciones. Juan Ramón admira a los poetas modernistas como
Rubén Darío o Valle-Inclán; de Bécquer tomará el sentimentalismo y la sencillez de estilo. Y
del Simbolismo francés procede la forma de sugerir de un modo vago, diluido, con imágenes
intimistas, todo cuanto se halla oculto en el fondo de la realidad. Los temas fundamentales
de este período son el amor (el deseo de un amor perdurable y sencillo) y la muerte, que se
convierte en una obsesión (ante ella el poeta se refugia en la melancolía y su vida parece
perder utilidad ante la amenaza de la nada, aunque la supera escribiendo poemas, creando
belleza, porque sólo lo bello es eterno).En sus primeras obras predominan los versos cortos
asonantes y estrofas como coplas o cuartetas. En la etapa simbolista y modernista,
predomina el alejandrino, dotado de mayor musicalidad, y formando serventesios.
Entre sus obras destacamos Ninfeas y Almas de violeta, de adscripción romántica;
Rimas, de influencia becqueriana y simbolista; Arias tristes y Jardines lejanos, en la
órbita del Modernismo intimista y simbolista. Por último, Elejías, La soledad sonora,
Poemas májicos y dolientes están en la línea de un Modernismo más ornamental.
La segunda etapa o intelectual (1916-1936) viene dada por distintos motivos,: el
encuentro del amor definitivo (Zenobia), y por su viaje a América, que significa un cambio
radical en sus modelos poéticos. Es el momento clave de su acercamiento al Novecentismo,
y al intelectualismo característico de este movimiento. El libro más significativo de esta etapa
es el Diario de un poeta recién casado, donde abandona el Modernismo y evoluciona
hacia la poesía pura. Juan Ramón se aleja del esteticismo modernista; elimina del poema
todo lo superficial y anecdótico dejando paso a una gran condensación conceptual y
emotiva. La paulatina desaparición de la anécdota conduce a una poesía esencial que
busca la expresión de lo inefable casi a la manera de los viejos místicos. En esta poesía el
mar, que adquiere cada vez más importancia, simboliza la vida, la soledad, el gozo del
poeta, el eterno tiempo presente, la unidad cósmica. Esta evolución es paralela a la
espiritual del poeta en busca de la trascendencia: descubre el mar como la belleza que le
pone en contacto con lo universal y lo eterno, por lo que busca su identificación con él en lo
que tiene de trascendente y bello. El tema central es, pues, el ansia de trascendencia. En su
deseo de salvación ante la muerte, el poeta se esfuerza continuamente por alcanzar la
eternidad y, considerando que lo bello es eterno, intentar crear belleza (poesía) de modo
que pueda estar con lo bello y alcanzar trascendencia. Respecto a la versificación, utiliza el
verso libre y utiliza también el poema en prosa, el verso blanco, el collage y otros
experimentos.
La pureza y la abstracción se van haciendo cada vez más evidentes en otros libros de
esta etapa, como Eternidades y Piedra y cielo. Esta tendencia a condensar lo esencial en
el poema deriva en una inevitable conceptualización. Ya no es la inspiración, ni la sola
belleza ornamental y exterior, sino la “inteligencia” la que origina el poema. El poeta no
pretende reproducir realidades, ni siquiera recrearlas, sino crearlas por su alma. En La
estación total salvará su gran problema, la angustia ante la muerte, en una serie de
panteísmo, de comunión total con la belleza de la naturaleza, de la poesía, del amor, de la
eternidad.
La tercera época o etapa suficiente o verdadera (1937-1958) comprende toda su
producción de los años del exilio. Se trata de una poesía cada vez más esencial y desnuda
y, por eso, cada vez más difícil, al estar el contenido concentrado al máximo y al usar
símbolos cada vez más difíciles de comprender. El tema predominante será el de Dios,
entendido como algo que se identifica con la Naturaleza, la Perfección y la Belleza. Es un
dios creado por el poeta para un mundo, su mundo poético, que él mismo ha creado. No se
trata, por tanto de un concepto religioso sino de un concepto artístico. Sus obras
fundamentales son Animal de fondo y Dios deseado y deseante.

Las Vanguardias son el conjunto de movimientos (Futurismo, Cubismo, Dadaísmo…)


que proponen en sus manifiestos una ruptura con todas las estéticas anteriores, en un
intento por transformar radicalmente las concepciones tradicionales del arte y la literatura.
Los –ismos se sucedieron unos a otros con vertiginosa rapidez. Afectan a todas las artes, no
sólo a la literatura, y se caracterizan por un marcado antisentimentalismo, la voluntad de
experimentación así como por la hostilidad hacia la tradición y la negación de todo valor al
pasado artístico. Las diversas vanguardias suelen darse a conocer mediante manifiestos en
los que atacan el arte oficial y afirman sus nuevas propuestas estéticas. El antagonismo
hacia el pasado es inseparable de la crisis general de la sociedad occidental que tiene su
consecuencia más evidente en la Primera Guerra Mundial.
El Expresionismo se distingue del resto de los movimientos vanguardistas en que no
niega radicalmente la tradición artística. Su estética rechaza que el arte sea una mera
representación externa de la realidad, porque ha de revelar la realidad interior, para lo cual
se resaltan hasta la deformación aquellos aspectos que expresen mejor las características
físicas o psicológicas de lo que se describe. El Futurismo, como su nombre indica, defiende
que el arte se debe al futuro y rechaza radicalmente el pasado. Como aportación literaria del
Futurismo debe señalarse que abre el camino a los sucesivos movimientos vanguardistas,
propone liberar el lenguaje de ataduras y cambia toda una mitología literaria al sustituir los
objetos consagrados por la tradición por nuevos motivos extraídos de la vida moderna: las
máquinas, el automóvil, el avión, la luz eléctrica, etc. El Cubismo literario es consecuencia
del Cubismo pictórico al que debe muchas de sus características como la fragmentación de
la realidad para reelaborarla creativamente, la yuxtaposición de planos, el montaje arbitrario
de los elementos del poema, etc. El Dadaísmo y su principal animador Tristan Tzara, como
modo de repulsa a un mundo dominado por la guerra, recurren a la incoherencia absurda
desde una perspectiva nihilista. Estéticamente, se renuncia al significado y se reivindican la
espontaneidad, la ocurrencia imprevista, el lenguaje incoherente…
Las Vanguardias en España son reflejos y ecos de las europeas, si bien se adaptan
convirtiéndose en movimientos como el Ultraísmo y el Creacionismo, cuyos límites son a
veces muy difusos. Sobresale como pionero y promotor Ramón Gómez de la Serna,
fundador de la revista Prometeo. El Creacionismo, impulsado por el poeta chileno Vicente
Huidobro, defiende el arte como un puro acto de creación y no una imitación de la
naturaleza. Para ello, se suprimen los signos de puntuación y se yuxtaponen imágenes
ilógicas, mediante asociaciones arbitrarias creadas por el poeta. El Ultraísmo es definido
por Rafael Cansinos Assens como un “más allá” poético, totalmente alejado del Modernismo
y del sentimentalismo romántico. Se basa en la exaltación de la técnica como manifestación
pura de la belleza (Futurismo), en las metáforas chocantes, ilógicas, procedentes del cine, el
deporte, etc. (Dadaísmo) y la disposición gráfica y pictórica del poema, como los caligramas
cubistas.
El Surrealismo sí tendrá una presencia importante en la poesía española,
especialmente en algunos de los autores del 27. Impulsado por André Breton tras la
decadencia del Dadaísmo y muy relacionado con las teorías de Freud sobre el
subconsciente y los sueños, supuso una renovación estilística importante por sus imágenes
oníricas, asociaciones insólitas de palabras, sorprendentes metáforas... Además,
aparecieron nuevos temas en la literatura como los sueños, la imaginación, lo inquietante y
misterioso, los seres enigmáticos y el gusto por la magia.
La importancia de la Vanguardia radica, fundamentalmente, en la apertura de nuevas
posibilidades temáticas formales y técnicas. Este período de nuestra literatura desde
principios de siglo hasta la Guerra Civil, que se ha dado en llamar la Edad de Plata
culminará con el Grupo Poético del 27.