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ZINDO&GAFURI

omordónac
canódromo

bárbara belloc
ISBN

Ilustración de cubierta: Claudio Parentella


claudioparentella.net

zindo.gafuri@gmail.com

Diseño de portada: Patricio Grimberg


Diseño de interior: Sebastián Bruzzese
sebruz@gmail.com

Hecho el depósito que marca la ley 11.723.

Impreso en Argentina
Mi cariño y gratitud enormes a Piedad y Cristóbal

A la memoria de Roberto, que me leía el diccionario


como canción de cuna

Para Teresa: deusa


La cabeza y los pies de la dialéctica:
Ante las piedras de riesgo darwiniano, de que están construidos los
palacios de las Tullerías, de Postdam, de Peterhof, el Quirinal, la Casa
Blanca y el Buckingham, sufro la pena de un megaterio que meditase
parado, las patas traseras sobre la cabeza de Hegel y las delanteras
sobre la cabeza de Marx.

César Vallejo

Nuestro sistema nervioso central nos proporciona una visión


convencional de la realidad que la mayoría de la gente acepta
simplemente con el fin de afrontar el día a día y las operaciones más
básicas, como caminar por una habitación, subir una escalera...
Quiero decir: si no aceptáramos ese alto grado de convención, la
realidad sería imposible. No se puede empezar cada día diciendo:
“¿Qué significa esta estructura blanca frente a mí?
Ah, es una pared”.

J.G. Ballard
CÓMOHACERLO
1

Como el perro que persigue su cola antes de echarse,


lamiéndose, rascándose el lomo con los dientes mientras
gira, girando como la falda de un derviche. Como el perro que
persigue su cola y sin voluntad repite la figura del ouroboros
mítico, ignorante de la leyenda del retorno de Ra y del significado
de lo que hace porque la pureza es un mito.1
Como todos los perros que hemos visto y conocido.

Como una nube con dientes que se come el cielo visible desde
aquí, desde cualquier punto. Como un punto gris que es el
símbolo del caos como no-concepto.
Como el ojo de la tormenta cuando se abre y permanece
momentáneamente en su esplendor, que es tal vez el de la
devastación próxima o remota.
Como el palo que se frota en círculos, rápido, para provocar el
fuego y cuya huella será ceniza en la ceniza, un anillo dentro de
otro anillo y así sucesivamente. Como un recuerdo fundido en
la materia de un objeto.
Como un objeto perdido en la memoria.

1. Hélio Oiticica, “Penetrable PN2” (1967).


11
Como el perro de Klee, el de Diógenes, el de Diana, el niño-
fiera de la tribu acorazada en The Outback y el perro-topo de
Hefesto. Con miedo y sin mirar atrás.

Como un cachorro huérfano, extraviado, cuando no tiene qué


hacer ni buscar, está cansado y cierra el ciclo cumpliendo como
un autómata el ritual (la mímica de preparar el nido), y antes de
entregar el cuerpo y la conciencia husmea su propio olor, da
vueltas en el lugar, lo impregna, se deja caer, cierra los ojos y los
dedos, estira y separa los dedos de las patas, respira, resopla,
se ausenta. Rodeado de seres humanos. Como nosotros.
Ahora lo vemos.

Ahora ya no lo vemos.

Como un artificio natural. Un caballo de Troya. Un caballo


monstruoso y de aspecto real, plantado como un tornado
en un paisaje de postal (palmeras que dibujan un oasis en el
pentagrama de arenas), que con ladridos en vez de relinchos
dijera: no hay que perder de vista que a pesar de mi extrañeza,
traslúcida como la luz, sigo perteneciendo a mi especie.2 (¿A
quién se lo dice? ¿A qué le ladra?)

2. Franz Kafka, “Investigaciones de un perro” (1922).


12
*

También, como la paseadora que sujetaba las correas de sus


perros a un cinturón ancho, de cuero negro y anillas de metal
incrustadas en el cuero (como el cinturón de un levantador de
pesas o un sadomasoquista), y caminaba a ritmo lento y firme
llevando su tropa como un vestido de novia bordado en pieles
sobre el miriñaque estrafalario, improvisado cada día según se
repartían las sogas y los nudos, y cada vez era distinto el dibujo
y la mezcla de los pelos, todo virtualmente distinto excepto su
resolución de líder, alfa, motor, matriz, y la de su grupo, que la
seguía rodeándola y entrampándola como en la ofensiva del
círculo cántabro.
Un cosmos-perro antropocéntrico que yo iba a ver pasar, todas
las tardes, por el borde de una plaza porteña en el año 2003.

La luz del sol concentrada en un rayo apuntado a ella, el prisma


proyectando sombras, mambas africanas, perros, manchas
de colores, y ella en el centro móvil, frágil como un cristal de
hueso o un hueso humano vivo engarzado en otro. Aunque de
golpe ya no pareciera eso sino un perro más, un perro bípedo,
carnívoro y probablemente antropófago, un Anubis hembra

13
pertrechado con clavos y ganchos de montañismo en vez de
ank y cetro de oro puro, con su aura canina.3

Una medusa en movimiento en un acuario — un balde — una


jarra — un vaso — un cubo de hielo. Una gota ácida que se
desliza hasta la herida y la penetra.

Lo que hacía que todo lo demás (autos, ómnibus, ruidos, gente)


se escurriera en un centrifugado hasta los límites de la imagen,
perdiendo el peso y la nitidez de la materia como el sueño que
se apaga al tañir lejos,
muy lejana,
una campana.

3. “Mujer: Una sociedad en la que la clase dominante le habla de amor


a la clase dominada. La clase dominante concede importancia a que
la clase dominada jamás adivine que está siendo dominada. La clase
dominada idolatra a la clase dominante. / Hombre: Creo que se refiere
a mí. Si alguien me mirara ahora, diría 'este hombre oculta algo'.” Teresa
Arijón y Manuel Hermelo, El perro continuo (2006).
14
2

Un hombre llamado Ovidio, autor de una tragedia en latín de


tema contemporáneo, actual, que no se conserva (Medea),
escribió que toda turba, multitud animosa o jauría es cupidine
predae, expresión que puede traducirse como “presa del deseo
de predar” y “Cupido de las presas”.

Un poeta ruso del siglo XX al fin entendió que una mujer tiene
amor, y por ese amor busca amantes.4

Un poeta conocido antes en occidente como Li Po, y ahora


como Li Bai, Li Bo, Taibai y Li Tai-bai cantó, en el ápice

4. Víktor Shklovski, La tercera fábrica (1926).


15
puntiagudo de la edad dorada de su civilización y bajo el influjo
(hsien, el lago sobre la montaña) del vino, sub rosa, es decir, por
obra y gracia de los perpetuos oficios de Horus, dios del silencio
en todo otro tiempo y lugar, el cielo borracho y entintado, papel
de calcar y encima papel secante, estos dos versos inmortales:

¿Qué hay que pensar?

¿Qué hay que dudar?

El poeta cantaba sus ocurrencias cuando iba por los caminos


aullando en círculos y acercándose a la luna, ebrio como un
perro que roe las piedras para arrancarles el tuétano,5 porque
así son los poetas: incivilizados, y su oficio es contra natura.

Y toda la noche, la noche larga, desnuda y enmarañada como


una viña (era la primera vez), mientras la perra con sangre de
coyote llamaba a su manada en la montaña más alta como
una metafísica, como una diosa desatada, como cuando las

5. “Cuanto más profundo vayas, más bestias vienen a ti.” Richard Gwyn,
Walking on bones (2000).
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montañas volaban, yo temblaba de frío al pie de la tierra negra,
en el valle hondo como un cráter, y para consolarme mezclaba
en mi recuerdo lo que perdí con lo que quise abandonar, como
un ratón en su madriguera separa los granos distintos en parvas
distintas, yo mezclaba.

17
3

Fogatas para combatir el frío y la intemperie, cocinar, festejar el


lugar recuperado y vuelto a poblar; fuegos que señalan dónde
se ha perdido la batalla y quedan cuerpos dando coletazos
como peces fuera del agua, como poemas que fueron escritos
y destruidos, quemados, un día inhóspito o dichoso ¿qué
sabemos? ¿Qué sabemos de esa quema, que fue copiosa
y dio luz y calor suficiente hasta que se encendiera el nuevo
amanecer, que en comparación se veía anémico?
Poemas como cometas con su cabellera desplegada aun si
su núcleo está extinto, porque así son los poemas, que rasgan
el cielo y las vidas en dos. Luces sin sombra en la tierra. Un
esqueleto expuesto a los elementos. Océano sólido. Sin brillo.
La veta mineral y adentro la gema suculenta y virgen, sin tasar,
guardada en su capuchón de berilo y cromo por miles y miles
de años, como la nuez antes de nacer, la que no es para comer.
En carne viva, en silencio.
En el más absoluto silencio, poemas: los peligros del bosque.
Y lianas, donde no hay palabras, como fogatas, fuegos. Como
la rosa de los vientos fraguada en plata con forma de Cruz del
Sur, llamada de Agadez, que los padres tuareg dan a sus hijos
“porque no se sabe adonde iremos a morir”, antes de salir al
desierto a seguir las rutas como los perros el rastro, a lomo de
camello. Porque el fuego devora la vida del aire y el aire vive del
cuerpo vivo que lo devora.
Lianas porque no hay palabras porque hay poemas.

19
4

Una mañana, Baka Dalbhya salió del monasterio y se dirigió al


bosque para estudiar los Vedas en soledad. Llevaba consigo,
era la costumbre, el libro y su manta, iba casi desnudo. Estuvo
vagando una hora, o tal vez más, hasta encontrar un arroyo
donde bebió, se lavó las manos, los pies y la cabeza, y allí
cerca, atraído por el aroma de los mangos, se acomodó a la
sombra de un árbol.

Al poco tiempo de estar leyendo y meditando en silencio, se


presentó ante él un perro blanco. Un perro-lobo caleidoscópico
como una advertencia de significado ambiguo: un corazón (o
un círculo, o un puño vacío) rodeado de sangre.
El animal se mantuvo a distancia del monje.

Después llegaron allí otros perros. Perros sin raza y sin futuro
que se reunieron a su alrededor y dijeron: “Necesitamos
alimentarnos, estamos hambrientos. Sabemos que el alimento
se obtiene cantando. Por favor, canta para nosotros”. Los
vagabundos estaban flacos y nerviosos. (Baka Dalbhya, como
si no existiera.) El perro blanco les respondió: “Váyanse y
vuelvan mañana temprano a reunirse aquí conmigo”.

21
Como los sacerdotes antes de empezar a entonar el himno se
toman las manos y juegan, dejando pasar el tiempo y creando
en el tiempo un hueco, así se alternaban los perros en las
entrañas de la noche, gruñendo y chocándose sin irse del lugar,
rondando, a la espera.

Pero al despuntar el sol se sentaron cada uno donde estaba


y comenzaron a cantar hin [el sonido que se utiliza para
acompañar los intervalos musicales en los himnos],6 lo cual
quiere decir, interpretó Baka Dalbhya, que el perrerío ladró por
magia o hambre, siempre el hambre, para marcar el sitio del
ayuno incompleto, el festín incompleto y la desobediencia.

Alimentar deseos es antiguo.

6. En el poema anónimo Chandogya Upanishad (circa VII a.C.), hin es


después el mundo (1.13), la mente (2.11), la frotación que empieza
el fuego (2.12), el que llama (2.13), la salida del sol (2.14), las nubes
cargadas de lluvia (2.15), la primavera (2.16), la tierra (2.17), las cabras
(2.18), el cabello (2.19), el fuego (2.20), el triple conocimiento [de los tres
Vedas] (2.21).
22
5

Ya que fuera de lo divino no hay nada, está solamente Áyax, /


una especie de despojo de manicomio que anda a tientas en
la oscuridad,7

a veces teníamos ganas de encontrarnos.

Él [mi perro] me hablaba de temas muy profundos.


Del hambre, el amor, la saciedad.
Pero jamás sintió nostalgia de la tierra, de la patria.
Ese es asunto mío.8

7. Milo de Angelis, Poesía y destino (1982).


8. Nazim Hikmet, “Elegía a Sheytan” (1936).
23
6

Caballos.
Caballos con manchas.
El planeta Marte.

La vida después de la vida,


la ideología después de la ideología,
la religión, en su sentido lato o no,
y el pescador chino tallado en marfil
fijo en su pose, sobre el estante:

“Dale un pescado a un hombre y lo alimentarás un día;


enséñale a pescar y lo alimentarás para siempre”.

Escamas.
Del color.

Escamas del color del arcoiris.


El efecto de. La falta de.

Caballos.

Caballos con manchas


de los que corrieron una, cinco, diez batallas
como una prolongación natural de las políticas
de las instituciones,
del comercio,
del ocio, que desconocen.

25
Los que sobrevivieron son libres.

Si hay sequía y los pastos están amarillos


van al río, se meten
y comen peces. Como osos.

26
7

La primera comunidad cristiana organizada, en el siglo I, fue


la de Egipto, y la iglesia de Alejandría aventajó a la de Roma,
extendiendo la influencia de la nueva fe entre los bárbaros y los
celosos clanes del cercano oriente hasta la distante Antioquía,
ciudad portuaria cuyo trazado replicaba el plano original de
Alejandría, cuna del perro continuo y rival de Atenas, cuna
del cinismo que Antístenes impartía en un gimnasio conocido
como Cynosarges, nombre que significa “perro blanco” o
“perro veloz”, en un círculo de vacío perfecto perfectamente
completo; como en una cacería.
Era una carrera desenfrenada.

Tan solo un siglo más adelante, Panteno, su seguidor Clemente


y el poeta Orígenes ya habían establecido allí un centro de
irradiación teológica perseverante y sutil como el Khamsin, un
viento que sopla en paralelo al Zonda: una corriente cálida,
turbadora, envolvente.

Las hordas nativas de hombres menudos, de piel oscura y


áspera e idiomas guturales que habitaban ciudades, pueblos
y campamentos en construcción y destrucción permanente, y
los viajantes marítimos, esclavos de los esclavos de las sedes

27
imperiales, todos ellos homúnculos o casi animales por no
haber sido iniciados todavía, eran persuadidos en masa con el
minucioso tramado de tapiz de fiestas, conjuros y terrores para
asumir un nuevo orden de la carne, y con ello del espíritu, como
hombres–perros detrás de una jugosa pata de cordero o un
amo más protector, más poderoso, un rey de reyes.

Cristóbal de Licia, mártir del siglo III y santo patrono de los


viajeros y el granizo, habría sido bautizado en la magnífica
ciudad de Alejandro.
Habría nacido en África del norte, en los territorios móviles del
Tamazgha o en la Media Luna fértil, primogénito y gigante.
Y habría sido un cynocéfalo (con cabeza y rasgos físicos de
perro) o de alguna de esas subespecies, a causa del prodigio
natural tan frecuente en esas regiones o en castigo por su
belleza lobuna, encarnada en una figura de hombre enorme,
de suavidad salvaje y brutalidad semisalvaje, tentadora para
los ejemplares del otro sexo y las aguas femeninas de los ríos
que él cruzaba mordiendo el aire, los remansos tramposos que
olfateaba mientras cargaba a los creyentes, uno por uno, a
través del tamiz del río.
Hasta que se presentó en la orilla el propio Cristo infante,
aseguran las versiones no canónicas, el peso más pesado,
inamovible, quizás el lastre espiritual definitivo.

28
Entonces Cristóbal, además de perro, monstruo y hombre, fue
héroe.

Pero como nada es eterno, las tierras que habían estado por
los siglos de los siglos apartadas de Dios pronto volverían a
estarlo.
Y los perros, a pasar hambre.

29
8

Dice una noticia en internet (The Georgia Inquire, 10 de mayo


de 2015): “Michael Hammons es un sobreviviente de Desert
Storm que días atrás hizo justicia por mano propia. / En el
agobiante calor primaveral de Georgia, que supera los 82° F, los
compradores de un supermercado de productos de descuento
vieron que en el estacionamiento había un cachorro encerrado
en un auto. / Eran las 2 PM. / De manera que, sin esperar el
rescate por parte de las autoridades, y en vistas del riesgo para
la salud del can, Hammons retiró una parte de la silla de ruedas
de su esposa y rompió la ventana del Mustang para liberar al
animal. / Cuando el cronista le preguntó por qué lo había hecho,
Hammons respondió: ‘Ya vi demasiada muerte y destrucción’,
refiriéndose sin duda a su experiencia en combate”.

31
9

Nacida para morir


(no por decir, porque es un hecho)
siento tu cuerpo
la vara del helecho que se abre
la Vía Láctea

33
10

Metamorfosis de Acteón

El primero en atacarlo fue Melanquetes, por la espalda. El


segundo fue Terodamante, que le hincó las nalgas y lamió la
sangre de los huecos que dejaron sus dientes.
A estos dos los siguió Oresítrofo, rompiéndole el hombro, y así
con furia, o con la insólita temeridad que promueve el terror,
se abalanzó la jauría de perros veloces, ariscos, incansables,
nacidos en distintas ciudades, en campos liberados, azulinos,
azabache, mestizos, tuertos, hembras y cachorros con los
dientes gastados prematuramente, sin apetito, cada cual
aportando al destrozo, la masticación sin digestión, el descarte,
hasta que el último en morder y quebrar los huesos de la mano
que sobresalía del macizo de carne ya irreconocible en que se
había transformado el amo fue Hilactor, “de ladrido insufrible”,
aunque para entonces Acteón, salvo su mano derecha, que
parecía pujar inútilmente la piel tirante (era su propia piel) del
blanco vientre preñado en el que él era la cría y la madre, se
había convertido en un ciervo.

(ciervo)

(fantasma)

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11

El coro espontáneo de Villa Unión, La Rioja: por lo menos 200


perros, los escuché una noche.

Mentalmente no podía tomar nota de la partitura, sentimentalmente


miraba la luna llena con cara de liebre, observando medio
mundo simultánea e instantáneamente, próxima la Madre de
los Metales, opaca y poderosa, en combustión mi corazón
salvaje, en espíritu, la palmera transparente.

37
12

Ese mismo día, el discípulo escribió lo que le había dicho el


maestro: el discípulo puede ser superior al maestro como el
perro puede ser mejor que el cazador, el ciervo mejor que el
perro que lo persigue, el caballo que el jinete, el instrumento
que el músico, los súbditos que el rey.9

Y a continuación fue anotando este listado de personajes:


“Pordioseros, nómades llegados del desierto, desplazados
por las guerras, hombres que trabajan de zapatero debajo de
una sombrilla raída en cualquier calle, en el hueco de cualquier
escalinata de Bab El Oued, zurciendo las suelas de los que
tienen un solo par de zapatos y esperan descalzos, mujeres
con hiyab que revuelven las parvas de desechos, verdura y
fruta podrida, en los alrededores del mercado que ocupa una
manzana y tiene cuatro puertas, cuatro bocas o anos, mancos
y ciegos cantores, niños sin piernas que hacen teatro con las
manos por monedas, hijos e hijas mendigos, padres y madres
mendigos, abuelos mendigos con sus nietos, vendedores de
revistas ajadas en francés (Paris Match, Vogue), de enchufes
usados, suelas de goma, plantillas, cordones y botones,
cualquiera de los que en un buen día comen arroz seco
embutido en un pan, y entre ellos ningún ladrón, porque robar
es pecado”.

9. Epícteto, Enchridion (enseñanzas del estoico anotadas por Flavio


Arriano, c. 120).
39
Cuando levantó la vista, el discípulo vio que se había hecho
de noche mientras redactaba, pausada y memorísticamente,
lo que después tituló “la lista solar”, porque eran todos hijos
del sol infalible, que día a día los baña, los ama y les tiñe la piel
hasta dejarla oscura como la almendra, la canela, la seda de la
piel de la almendra cocida con vapor de agua y canela al sol.

La lista era toda suya; no del maestro. Podía modificarla,


falsearla, hacerle tachaduras, incluso contar una historia.
Inventada por él. Encontrada por él, no el maestro.

Y apurado por el hambre, como quien pone la pesca del día


sobre la piedra caliente sin ver lo que está haciendo, el discípulo
escribió lo que había estado pensando sin pensarlo: “Odio. El
odio al otro. / El amor al semejante”.

40
OTROS
1

Clamando al cielo de la pampa


“santo santo santo” pasaron
las nubes, pasó mi hora, pasaste,
mi pasado pasó — sin dejar rastro,
sin seguir huella, llegaron santas
las estrellas

43
2

Ramas del nogal


cargadas de nudos,
estrellas que brillan
noche y día, cada cual
su suerte, verte es
todo el tiempo en todas partes
y tenerte agua que se escurre
entre mis dedos

45
Índice

CÓMOHACERLO 9
1 11
2 15
3 19
4 21
5 23
6 25
7 27
8 31
9 33
10 35
11 37
12 39

OTROS 41
1 43
2 45
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ben lerner
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indeterminación

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no hay más

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niño cacharro

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mayorías de uno

selva dipasquale
la sombra de la mano

diego gerzovich
consumo personal

carlos battilana
el lado ciego

mercedes álvarez
imitación de los pájaros

carlos martín eguía


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Araujo 3293
octubre de 2015