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Continuación del verdadero sentido de la vida

responsables de ser, responsables de querer vivir en ese estado de gracia, en ese estado de donación, en
ese estado de nobleza, de amistad, de amor.

¿Por qué rechazar lo que desde siempre sabemos que nos va a hacer felices? Dios ya se dio, ya se donó.
En el momento de nuestra creación ya nos dio su esencia. En el bautismo recibe la respuesta de
nuestros padres que quieren que vivamos esa gracia y nos reconocemos como Hijos. Parte de ese Dios
que es Padre, Hijo y Espíritu.

Pero, ¿cómo vivir esa gracia toda la vida? ¿Cómo saber qué hacer para tenerla presente todos los días,
frente a la cantidad de dificultades y de decisiones que tomamos a cada instante?

La respuesta a esto es más simple de lo que parece. Si Dios es el amor que se dona, que nos da a
nosotros, que nos da gratis su gracia para que la vivamos igual que él, lo mejor para que eso crezca y se
aumente, se desarrolle, se manifieste, cada vez con más claridad en nosotros, es buscar la fuente, es
buscar siempre al que me dio la gracia, conocer más sobre Él, escuchar lo que nos dio a conocer
cuando estuvo entre nosotros.
Volver a la fuente, a la raíz, a la esencia de lo que somos nos dará la respuesta para amarnos, para ser
felices y para que nadie pierda la posibilidad de serlo. NO PERDAMOS ESA GRACIA, no perdamos
lo que somos, no perdamos ese, el tesoro más bello que tenemos y que nos hace bellos, lo
compartamos, lo aumentemos, lo vivamos.
Pero esa Gracia que recibimos todos, no puede manifestarse si no hay otro a quien darla. Por eso, no
sólo busquemos la fuente o raíz, la esencia de lo que somos para ser felices, sino que, además, la
entreguemos, para que realmente sea un don que me llega a mí y de mi sale a otro y me hace ser lo que
soy.
Los seres humanos a diferencia de los animales y las plantas tenemos dignidad (valor intrínseco y
supremo no adquirido) es decir un valor supremo somos elevados a una relación yo-tu con el Dios de la
vida trinitaria y solo en esta relación puede encontrar su plenitud como persona. Dios nos diviniza, pero
al mismo tiempo nos hace más humanos.
El realizar la imagen de Dios impresa en nuestro corazón por el Espíritu, nos humaniza, nos
personaliza, porque nos hace vivir en el amor y el amor es la clave de la realización de la persona.
Negarnos al amor nos aleja de ser felices, nos aleja de ser plenos.
La presencia amorosa y creadora de Dios nos vendrá dada normalmente a través de relaciones
interpersonales. En la gracia Dios nos regala mutuamente, es decir, nuestras relaciones interpersonales
son el medio por el cual se nos manifiesta de ordinario la presencia de Dios.

El sentido de la vida es la existencia compartida con Dios y con todos los seres humanos por la Gracia.
La gracia nos lleva a mirar el mundo con los ojos de Dios y a amar al mundo con los ojos de Dios.