Está en la página 1de 4

LITURGIA

En la sociedad secreta ABAKUA se realizan complejos y diversos ritos, los más


importantes de los cuales son el APROFA BAKESONGO o rito de iniciación y
el ENYORO o ceremonia funeraria.
Antes de proceder a estudiar estos ritos se hace necesario valorar brevemente
las condiciones que se imponen a sí mismo los miembros de la sociedad
secreta.
Los "mandamientos" del ABAKUA son tres: ser hombre, ser buen hijo y ser
buen amigo. Estos preceptos son interpretados con un criterio muy específico.
A ) Ser hombre: Es una expresión hipertrofiada del machismo que caracteriza
a estas agrupaciones. Esta sociedad sólo acepta como miembros a hombres y
sus miembros deben ser claros exponentes de la hombría. Los rasgos de
afeminamiento o incluso cualquier acción o actitud que "afecte" la hombría del
interesado son suficientes para evitar el ingreso a la sociedad. Así, siguiendo
una rígida ética machista, sus miembros no deben dormir dándole la espalda a
la mujer o realizar el acto sexual de forma que no sea en una posición tal que el
hombre quede siempre sobre la compañera y realice él los movimientos activos
en el coito. A tal punto siguen fielmente estos preceptos que el descubrimiento
de una de estas limitaciones en un miembro de la sociedad puede servir de
base incluso para que éste sea condenado a muerte por la secta.
B ) Ser buen hijo: Se exige "atender" a la madre. Suele pedirse permiso a la
madre del aspirante para iniciarlo como miembro de la sociedad. Este requisito
es algo formal por cuanto, si la madre no otorga el permiso se le trata de
convencer, pero si en definitiva se sigue oponiendo, se inicia a pesar de todo al
Interesado. Para algunos estudiosos es un remanente matriarcal presente en
esta sociedad.
C ) Ser buen amigo: Según el argot de los Abakuá se dice "ser buen ekobio", lo
que implica apoyar sin limitación a sus colegas de "juego", aún en actos
ilegales. Tal precepto es utilizado por los delincuentes que tratan de penetrar
en la sociedad como una vía para recibir apoyo, no ser denunciados e incluso,
para utilizar a los otros miembros de la sociedad como agentes activos de sus
correrías e incluso venganzas contra aquellos que han afectado en algo a un
"ekobio". Este precepto, desde fines del siglo pasado y hasta principios de la
década del 60 de este siglo sirvió de base para que estas sociedades fueran
muy atractivas para todo tipo de delincuentes. Esto incrementó el "matonismo"
de la sociedad. Hoy es un requisito para el ingreso a la sociedad el no tener
antecedentes penales.
Valorados ya los "preceptos" fundamentales de la secta, pasemos a estudiar
sus ritos fundamentales.

1 – “ APROFA BAKESONGO “ : Ceremonia de iniciación .


Para ingresar a .la sociedad y por tanto para la realización de esta ceremonia,
es necesario que el aspirante se someta a un complejo proceso de verificación
de su cumplimiento de los "preceptos" anteriormente estudiados.
Es necesario, en primer lugar, que un abakuá ya consagrado apadrine al
aspirante y solicite a los indiobones o plazas mayores de la potencia el inicio
del proceso de ingreso.
Si éstos aprueban el aspirante, que desde ahora se denomina “Indícime” es
sometido al proceso de verificación y debe prepararse para !a ceremonia de
iniciación.
Para esta ceremonia el indíceme debe comprar dos gallos, mandar a
confeccionar un pañuelo de color propio de la potencia de que se trate y con
los símbolos de la misma bordados. Debe, además, adquirir una "camiseta de
puño" o pieza de algodón blanca y abierta al frente, con la que deberá cubrirse
durante la ceremonia. Deberá pagar además un "derecho de iniciación"
consistente en unos 40 pesos y comprar un chivo que será sacrificado en la
ceremonia.
Satisfechas todas estas exigencias, se realiza un "plante" o reunión de la
"potencia". Allí el padrino presenta al indíceme y se exponen los criterios sobre
el cumplimiento de los "preceptos". Este es un momento crucial pues si alguno
de los miembros del "juego" manifiesta públicamente su duda o inconformidad
de que el aspirante ingrese en la sociedad, el "indíceme" queda vetado y no
podrá ser nunca un abakuá. Si esto sucede se produce una verdadera guerra
a muerte entre el aspirante y su oponente. Si el primero es "hombre" debe
matar a su opositor y de hacerlo tendrá que enfrentarse ulteriormente a todos
los miembros del juego, pues cada uno de estos es buen "hermano" o ekobio
del muerto. Por suerte esta terrible situación ha ocurrido muy pocas veces,
sobre todo en los últimos años en que no se reporta ningún caso. Pero de
ocurrir implicaría la intervención de las autoridades por constituir un delito de
gran responsabilidad penal.
De no haber oposición, como resulta común en estos casos, se inicia la
ceremonia mágico-religiosa que debe realizarse siempre al amanecer.
Junto a una ceiba, planta cubana que los esclavos tomaron e identificaron con
el sagrado baobad africano, se encuentran amarrados el chivo y el gallo. El
chivo ha sido previamente adornado con cintas de colores y cascabeles y ha
sido pintado con los símbolos sagrados. Cerca de estos animales se encuentra
una cazuela y una tinaja con maíz, una escoba, palos y ramas determinados
árboles y arbustos, huevos de gallina y plátanos. El indíceme, conducido por su
padrino entra en el templo. Allí se desnuda de la cintura para arriba, se
descalza y se remanga los pantalones hasta de la rodilla.
Tras todo ello el "Mpego" realiza el "Indiabakuá" o acción de marcar con yeso
amarillo sobre brazos, pecho, espalda, piernas y cabeza los signos o "firmas"
de la iniciación. Realizado esto el "Mpego" golpea su tambor ritual y se le
vendan los ojos al indíceme que no debe ver lo que ocurrirá en esta parte de la
ceremonia.
El indíceme es puesto de pie y se le da a sostener en su mano derecha una
vela o bujía encendida que representa su propia alma. El cuerpo del indíceme
se rocía con aguardiente, vino seco y agua bendita, esta última obtenida en la
iglesia católica y se procede a hacer un "despojo" o limpieza mágica con una
rama de albahaca que se continúa con otra limpieza usando el gallo aún vivo
para que "recoja" todos los males que amenazan al indíceme.
"Limpio" el aspirante se le conduce frente al altar y se le ordena arrodillarse. Es
entonces que se le retira la venda que cubría sus ojos y se le explican sus
deberes y responsabilidades como miembro de la sociedad, manteniendo
durante todo este tiempo la posición de rodilla como signo de acatamiento y
disciplina.
Realizada esta explicación es vendado nuevamente y es conducido al
"FAMBA" o cuarto secreto de la iniciación. Una vez que entra en este aposento
deja de ser “indíceme” para convertirse en “ísongo” ( lo que equivale , según
las creencias africanas originales al estado de muerte espiritual de toda su vida
anterior para , en el resto de la ceremonia , renacer ya convertido en una
nueva persona ) .
El resto de la ceremonia en el interior del Fambá es la parte más secreta y
tenebrosa del ritual . En el interior de este aposento se hace tender al “ísongo”
en el suelo en decúbito supino y con los brazos y piernas extendidos en forma
de cruz . esta posición recuerda la crucifixión de Cristo y constituye una
influencia católica resultante de la identificación del proceso de muerte-
resurrección de Jesús y de lo que se cree sucede al “ísongo” .
El aspirante , siempre con los ojos vendados y en posición ritual , es sometido
al momento culminante de la sacralización abakuá . Sobre su cabeza y sin él
saberlo se sitúa inclinado el tambor sagrado o “Ekué” , y el Iyamba se prepara
a “fragayar” el mismo .
Para fragayar el Ekué es necesario haber sacrificado previamente al gallo de la
limpieza ritual arrancándole la cabeza y recolectando su sangre en un
recipiente. La sangre así recolectada es inmediatamente mezclada con partes
iguales de aguardientes y pólvora, formándose una pasta maloliente y
pegajosa denominada “makuba” . La makuba se divide en tres porciones
destinadas, una a mojar !a cabeza del "ísongo” , otra a untar las manos del
lyamba para fragayar y la tercera será bebida por el propio lyamba, lo que le
produce un estado de semi-embriaguez inmediata.
Ya dividida y utilizada la "makuba" el lyamba procede a fragayar el Ekué. Con
las manos untadas de la pasta pestilente y espesa procede a friccionar la varilla
de caña o güin sobre el porche del tambor sagrado, poniendo la varilla
verticalmente en el centro de la membrana del tambor. Así, la fricción de la
varilla produce una vibración intensa de la membrana y con ello se produce un
ruido ensordecedor e indefinido que imita el rugido del leopardo, la voz de
Tanzé que se repite una y otra vez durante algunos minutos, siempre sobre la
cabeza del "ísongo" que vive así uno de los Instantes más horribles de su vida,
ensordecido, totalmente atemorizado por aquello que oye y no puede ver que
es por estar vendado.
El sonido del Ekué da Inicio, fuera del Fambá, a la ceremonia de sacrificio del
chivo cuya sangre y piel se recogen y la carne se destina a la preparación de la
comida ritual.
Con la sangre se hace un nuevo "makuba", que esta vez será bebido por todos
al final de la ceremonia.
Terminado el fragayado del Ekué, el ísongo es levantado, sacado del Fambá y
se le retira la venda. Ha renacido. Es otra persona. Ha dejado de ser "ísongo"
y ya se ha convertido en "hombre", en un Abakuá. Comienza entonces el baile
y el canto y se realiza la comida ritual.
2 – “NYORÓ" o Ceremonia Mortuoria.
Todo abakuá fallecido es sometido a una completa ceremonia mortuoria que
equivale en el sentido mágico a otra ceremonia de iniciación para la otra vida.
El cadáver es preparado cuidadosamente en el templo. Se le hacen en brazos,
piernas, espalda, pecho y cabeza los mismos signos de la iniciación pero esta
vez con yeso blanco, pues en África el blanco es el color fúnebre.
Una vez el cadáver en el ataúd sobre la tapa de este se hacen nuevos signos,
todo esto realizado por el "Mpego", mientras el resto de los miembros de la
potencia realizan los cantos mortuorios o "bufemas".
Terminada la preparación del cadáver se realizan los ritos mágicos dirigidos a
asegurar al espíritu del muerto la vida eterna en el más allá. En estos ritos se
fragaya el Ekué, pudiendo utilizarse en esta ocasión un sustituto de éste
confeccionado con un cráneo humano que ha sido preparado de tal forma que
retirada la parte superior de la bóveda craneana se sustituye la misma por una
membrana de piel de chivo y de esta forma se logra un Ekué especial que es
fragayado de igual forma que el Ekué original, pero produciendo un sonido
espeluznante producto de la resonancia en el interior del cráneo y la salida de
las vibraciones por los pequeños orificios craneales y el agujero magno. Este
sonido se hace artificialmente lúgubre por cuanto el fragayado se realiza con el
güin, no en el centro de la membrana, sino en el borde de la misma.
Mientras se fragaya el Ekué los ekobios desfilan frente al ataúd. Más tarde será
cargado el sarcófago por seis miembros del juego los más cercanos amigos del
fallecido y en hombros lo trasladan bailando al son de la lúgubre música. Este
"bailar el muerto" era realizado durante todo el trayecto del templo al
cementerio y, por cuestiones comprensibles, se permite solamente hasta el
carro fúnebre.
Tras la inhumación y durante un tiempo posterior, uno de los grandes jefes o
"plazas" del juego entrega dinero a la viuda o madre del difunto. Esta acción
representó la función de socorro a la familia que cumplía esta sociedad en
otros tiempos en los que incluso el juego pagaba los gastos del entierro. Hoy el
gesto es simbólico, pues los servicios mortuorios son gratuitos y la atención
social en Cuba no dejan desamparados a nadie.
El dinero entregado, así como otros gastos hechos para la realización de ésta y
otras ceremonias, proviene de las mensualidades que está obligado a
entregar cada miembro de la sociedad y destinado a sufragar los gastos
rituales mantenimiento del local del templo y a la ayuda simbólica a los
miembros y familiares.
Una variante de especial interés del "Nyoró" es la realizada a un abakuá que
aún está vivo. Esta ceremonia equivale a una condena a muerte, lo cual
analizaremos en los castigos y disciplinas de la sociedad.

También podría gustarte