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Deontología

En Experiments in Ethics, Anthony Appiah presenta el tema de la felicidad humana y el fin último
de la vida, presenta el concepto aristotélico de que la ética se trata sobre eso, acuñando el término
eudaimonia. En las páginas del libro, el autor busca acercarse a ese gran fin de la ética y como darle
significado. También buscará dar cuenta de que significa el naturalismo dentro del reino de los
valores humanos y dentro del proyecto de eudaimonia.

La primer problemática que plantea Appiah es si uno cree que eudaimonia es la felicidad, y ve a la
felicidad sólo como el satisfacer de los deseos sentidos, se queda a mitad de camino. También
menciona que pensadores han demostrado que la felicidad subjetiva no es una meta lo
suficientemente fuerte como para guiarnos indefectiblemente.

Presenta una serie de ideas que circulan por el mundo de hoy. En primer lugar, que la felicidad es un
sentimiento y que se es feliz sólo si uno se siente feliz; que al igual que el dolor, se trata de un
estado y no se puede “tenerlo” sin ser consciente del hecho de tenerlo. Entonces, el ser feliz
depende de los estándares que uno se ponga. Esto construye una idea de felicidad altamente
subjetiva. Así, una persona que siente que su pareja lo ama aunque realmente no sea así, debería ser
feliz. Esta es la concepción subjetiva de la felicidad. Seguramente Aristóteles no se refería a esto
cuando hablaba de eudaimonia.

Decir que las sensaciones o el sentimiento de felicidad no es todo lo que compone la felicidad no
significa irse al otro extremo y decir que no importa en lo más mínimo. Algunas de las experiencias
que uno tiene en sus relaciones son parte de lo bueno que esas son. La vida compartida es un gran
componente de la felicidad. Una vida compartida es una buena vida. El autor también explica que
ser exitoso en lo que uno se propone no significa felicidad asegurada. Además, si depende sólo de
nosotros poner los estándares para nuestra felicidad, podríamos poner estándares moralmente malos
o mediocres y alcanzarlos no nos habrá hecho mejores ni más cercanos a la felicidad entendida
como eudaimonia. Eudaimonia es indisolublemente social.

Otra cosa que advierte Appiah son lo estándares bajos. Le preocupa la gente que cree llevar una
vida exitosa por haber alcanzado esos objetivos. La felicidad y la virtud deben ir de la mano. Si una
persona alcanza sus metas dejando de lado los imperativos morales, no ha sido exitosa de verdad.
No se florece solo por conseguir lo que uno quiere, sino por conseguir lo que vale la pena querer, y
debe ser conexo con al dignidad humana y con valores humanamente inteligibles.

Que no podamos marcar nuestros propios estándares de manera absoluta, no significa que no
tengamos una cierta injerencia. El hombre tiene un gran potencial, tiene la oportunidad de ser
muchas cosas al principio de su vida. El mundo contiene muchas opciones, muchos valores. Y como
no se puede darle el mismo peso a todos, hay que elegir, y así darle forma a nuestras vidas, forjar el
camino de nuestras vidas. Stuart Mill enuncio que cada persona está encargada de armar su
derrotero dentro de esta opciones.

Pero también existen bienes externos. Según Aristóteles, cosas que están fuera de uno y que el
camino de eudaimonia requiere. Algunos de estos bienes son la amistad, la riqueza, el poder
político, entre otros. Estos hacen que el éxito de la vida no depende exclusivamente de la misma
persona sino que exista cierta conexión con el mundo exterior a uno.

El autor agrega que existen formas de reducir la dependencia hacia estos factores externos. Uno
puede proponerse objetivos que no requieran de estos factores o que los rechacen activamente,
como puede ser el caso de un cura o monje renunciando a ser padre de familia. El no tener hijos no
lo hace menos exitoso, al contrario, lo hace mas exitoso ya que su vocación fue el celibato. Como
adulto uno tiene mucho mayor injerencia sobre la forma que tomará la vida.

El autor también habla sobre el valor verdadero de las nacionalidades y como esto se trata de un
elemento que te define. Pero también define mucho de los estándares por los que uno vive y debe
ser evaluado, porque son por lo que uno optó. La raza, nacionalidad , la religión, el género y la
orientación sexual son elementos de identidad. Todos estos están conectados profundamente a quien
uno es y a su propia eudaimonia. Son identidades sociales. Además habla de la obligaciones
sociales que tenemos por ocupar cierto roles, obligaciones que involucran al otro.

En adición, Appiah además escribe sobre el naturalismo. En una larga argumentación el autor
concluye que el naturalismo puede negar la autonomía de la ética. También cree que niega que la
exploración de valores debe proceder sin referencia a los fenómenos que los científicos estudian, a
los sistemas causales del mundo material y a los encuadres de nuestra naturaleza. Insiste en que la
relación entre el cuestionamiento (moral inquiry) moral y un nuevo descubrimiento empírico deba
ser una pregunta abierta.

Según el autor, aquellos que desean proteger la autonomía absoluta de la ética, frecuentemente se
quejan de la seducción que ejerce el scietificismo. Algunos ponen demasiada fe en lo que la ciencia
puede proveer. Dice necesitamos no aceptar la elección entre dejar de lado la moralidad
(surrrendering morality), y sacrificar la ciencia. Podemos, como el propone, abandonar el error de
que la ética es totalmente autónoma.

Otro tema que trata Anthony Appiah son las quandary ethics, que podría traducirse como la ética
del dilema, del la dicotomía, o algo similar. Esta forma de ética pone como tema central de la vida
moral la resolución de dilemas del que hacer. Uno de sus métodos favoritos es examinar escenarios
posibles y resolver que es lo correcto y porque. En el camino del porque, se debería encontrar
teorías del como decidir.

El autor declara no ser un enemigo de este tipo de proceder moral, pero reconoce que posee una
serie de limitaciones. Buscar orientación en este tipo de razonamiento en la arena de la ética es
como tratar de encontrar un camino en la noche utilizando un puntero láser. Además, se olvida lo
única que es cada persona. Descarta pensamientos, pasiones entre otras cosas. Crea un escenario
ficticio donde existe la imparcialidad, como un referí fuera del juego de la vida. Se olvida de esa
concepción aristotélica de la ética como algo cotidiano, para llevarla a un plano de situaciones de
conflicto únicamente. Se trata de una ética de lo que se debe hacer (what we ought to do). Pero, no
se puede negar lo práctica que puede resultar este tipo de ética.

Entonces el autor concluye que no se trata sólo de lo que debemos hacer por otros, sino de hacer
una vida para nosotros. Y si reconocemos que todos tienen una vida que hacer y que estamos
haciendo la vida juntos, está condenada a tomar implicancias morales. El reconocer que cada
persona está inmersa en el proyecto de hacer su vida es lo que revela las obligaciones que tenemos
con respecto a ellos. Nuestra humanidad consiste, precisamente, del tener una vida que hacer, y en
el reconocer y valorar nuestra humanidad.

Cada uno de nosotros está navegando la aguas de hacer una vida. Vivimos haciendo nuestra vida y
la de los demás. Y eso es el verdadero telos del ser humano: el hacer una buena vida y alcanzar la
eudaimonia. El fin de la ética filosófica es dar sentido al proyecto de la eudaimonia. Pero no lo
puede hacer por su cuenta, sino que precisa la asistencia de todas las ciencias morales, desde la
psicología y la economía hasta la antropología y la sociología. Se trata no solo del estudio de la
buena vida, sino de sostener lo que es bueno en nuestras vidas.