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Universidad Nacional de Colombia

Departamento de Sociología
Sociología temática: Genealogía de las prácticas de sí
Estudiante: Estefanía Díaz Ramos (Cód.423850)
10 de septiembre de 2015

Reflexión texto:
Foucault, M. (2003). Introducció n y Capítulo 1: La problematizació n moral de los placeres. In Historia de la
sexualidad 2- El uso de los placeres (pp. 5–62). Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI Editores, Argentina S.A.

Dentro de este texto Foucault presenta un acercamiento a la concepció n de la moral sexual como
experiencia en Occidente, que agrupa tanto có digos de comportamiento (implícitos o explícitos),
como formas de subjetivació n, atravesadas por las formas en los que los sujetos actú an sobre sí
mismos para transformarse, reconociéndose así “como sujetos de una “sexualidad”, abierta a
dominios de conocimientos muy diversos y articulada con un sistema de reglas y
restricciones”(Foucault, 2003). Este acercamiento se realiza a partir del estudio de textos
“prescriptivos”1 que de una u otra manera terminan problematizando la actividad sexual; y que a
su vez han cambiado a lo largo de la historia, no en el sentido evolutivo propiamente, sino en la
forma de concepció n del sujeto como objeto de deseo u objeto deseante, y han determinado así
diversas maneras de agenciar las prá cticas de los individuos consigo mismos, en relació n con el
contexto en el que se desenvuelven.
Ahora bien, tomando como ejemplo dos de las formas de concepció n de los sujetos como sujetos
de deseo; a decir: la forma cristiana y la concepció n propia de la Antigü edad; se hace posible
hablar de la importancia que tiene la determinació n del uso de los placeres en las acciones que los
individuos realizan sobre sí como estéticas de sí. Esto debido a que allí es posible relacionar tanto
la sustancia ética (el objeto sobre el que se va a actuar), que en el caso de la Grecia Antigua caso
sería la denominada Aphrodisia; como la forma de subjetivació n denominada allí Enkrateia, que
hace referencia la forma de relació n con uno mismo; frente a la imposició n tanto en forma como
en contenido, sobre los sujetos del dominio del deseo y el placer, estipulada por la sociedad
cristiana, que promueve una renuncia a sí mismo y una obediencia de cará cter pastoral por parte
de los sujetos.
Podemos observar que la relació n con las Aphrodisia en la Antigü edad no se encontraba bajo un
sistema de có digos cerrado y explicito que determinara el actuar se los sujetos consigo mismos,

1
Que establecen reglas de conducta o bien dan a conocer funciones éticas de los sujetos.
sino que, bajo la finalidad de una bú squeda de la Sôphrosyne o Templanza, promovía una relació n
de dominio sobre los placeres; en tanto estos, al tener un cará cter inferior y a la vez generar una
energía que de por sí lleva al exceso; generaban la posibilidad de sobrepasar a los sujetos,
privá ndolos así de la libertad, entendida como un manejo de las pasiones y un buen uso de los
placeres (a través de la necesidad y la determinació n de un Kairos o momento oportuno) que
llevaría a la felicidad y al reconocimiento de los otros como un ser viril y masculino 2, con
capacidad para gobernar o tener un alto rango en las ciudades.
Cabe aclarar que esta relació n de dominio del deseo y los placeres por parte de los individuos, a
pesar de tener una gran importancia y requerir no solo de la disposició n de los sujetos, sino
también de un constante entrenamiento de la unidad cuerpo y alma; no buscaba nunca
condicionar a los sujetos de manera generalizada bajo una forma especifica de actuar sobre sí. Al
no entender las Aphrodisia dentro del dominio del mal, cada sujeto tenia la capacidad de actuar
sobre sí de manera deliberada, y en caso de no dominar los placeres, no existía pues la
culpabilidad o el temor infundado por el cristianismo en épocas posteriores.
A partir de esto, podría llegar a pensar que lo que se pretendía plantear dentro de la Antigü edad
como estrategias de Enkrateia en los sujetos, era una estética de sí en donde estos tuviera la
posibilidad de actuar sobre sí transformá ndose, partiendo ú nicamente de un nú cleo comú n con
una suerte de principios que buscaban especialmente posicionarse sobre la “animalidad” y las
necesidades que no podían diferenciar de manera tajante al ser humano de los otros seres vivos.
La continencia entonces vendría siendo la manera propicia de sobrepasar las limitaciones de los
placeres sin abolirlos, reafirmá ndose así como seres humanos y sujetos viriles, con derecho a
gobernar sobre todo aquel que se encuentre en un estatuto inferior.
Creo entonces que la preocupació n por los placeres en la Antiguedad, a pesar de no promover,
como en el cristianismo un dominio absoluto sobre los sujetos, con formas especificas de actuar
sobre sí y sobre los demá s; si estaba atravesada por la bú squeda de un orden social en donde los
sujetos por medio de la continencia llegará n a una “verdad” y una forma de libertad, a grandes
rasgos, preestablecida. ¿La preocupació n por los placeres en la Antiguedad devenía siempre en un
orden moral que terminaba por determinar los regímenes de saber-poder dentro de los grupos

2
En la Grecia antigua se puede afirmar que las leyes eran realizadas por hombres y para hombres; quien no
lograra una “victoria” sobre sus deseos y no tuviera un uso apropiado de los placeres se consideraba
femenino, en tanto inferior.
sociales o podía también centrarse ú nicamente en procesos específicos de subjetivació n de los
individuos como rupturas a los juegos de poder de los grupos sociales? ¿Era posible que como
seres inferiores, los sujetos (mujeres, muchachos y esclavos) actuaran deliberadamente sobre sí
para transformarse y fugarse así del dispositivo, o esto solo viene a ser posible con el cambio de
concepció n de los sujetos en otros momentos histó ricos y la inclusió n de aquellos “inferiores” a tal
categoría?.