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La belleza de la decadencia

Newnetmar

Ernesto Alonso

Desde muy niño me he sentido atraído por los edificios viejos, de esos que han soportado el
paso de los años pero que no pudieron enfrentarlos de la mejor manera. Esas edificaciones
que gritan desesperadamente por ser restauradas a su máxima gloria. Vivo en una ciudad
con muchos lugares así, me gustaría comprarlos y restaurarlos.

Cuando era más chico, solía imaginar monstruos viviendo dentro, en especial
hombres lobo, y creía que esa era la razón de mi fascinación con esos edificios. Pero
descubrí que no es así, me di cuenta que, si me gustan esos lugares, es por una razón
completamente diferente. Me encantan porque existe una cierta y particular belleza en este
tipo de lugares. La Belleza de la Decadencia. Esta belleza no es exclusiva de las casas
viejas. Se extiende a cualquier otro ente que luche por no perecer y tratar de regresar a su
mayor esplendor.

Belleza en el auto viejo cuyos dueños van arreglando poco a poco. El proceso de
mejora constante que observan los participantes es cautivador. Ser testigo de la
transformación del automóvil produce una satisfacción profunda. Por eso han tenido éxito
aquellos programas televisivos donde se restauran automóviles, u otros objetos, antiguos.
Pero ser partícipe de esa transformación es una experiencia completamente diferente.
Saber que lo que haces cumple un propósito de mejora a largo plazo es satisfactorio.
Belleza en el paulatino resurgimiento de las características que le dieron gloria al automóvil.

Belleza en aquella señora que, antaño, ella misma se supiera hermosa, y ahora que
el tiempo ha vencido la firmeza de su piel, ahora que la gravedad ha hecho sus estragos
sobre los finos rasgos de su cara, intenta ocultar el paso de los evos sin perder su elegancia
y dignidad que siempre caracterizaron su belleza. Belleza en esa fuerza que la caracteriza e
impulsa a tratar de intimidar al tiempo para que éste haga su retirada.

Belleza en la pareja que intenta salvar una relación porque aún tienen ganas de
estar juntos, que han superado problemas en el pasado, pero esta vez el problema es
demasiado grande y ha llevado la relación a un punto decadente. Un punto donde la
convivencia se resquebraja, pero la tratan de unir con amor, intentando arreglar sus
diferencias con discusiones "sin sentido". Ellos saben que con el amor no basta, saben que
se necesita algo más, y están en su búsqueda, es solo que no saben cómo, ni qué. Les
urge encontrarlo, antes de que el rompimiento sea inevitable, antes de que el problema se
vuelva más grande y poderoso que el amor. Ahí también encuentro belleza.

Belleza en esa amistad que se niega a morir. Belleza en esa amistad que a pesar de
que las personas no se han visto o hablado en mucho tiempo, cuando sucede lo hacen
como si no hubiera pasado el tiempo, como tratando de revivir lo que alguna vez fuera esa
amistad. Belleza porque, aun sabiendo que el re-encuentro será fugaz, tratan de disfrutar el
momento que comparten con su viejo amigo, sabiendo que, a pesar de la distancia, el
próximo encuentro será igual o mejor... solo que no saben cuándo ocurrirá de nuevo.

Belleza en el vetusto guardia de seguridad que resguarda la entrada a uno de esos


viejos edificios. Belleza porque, a pesar de su edad, se mantiene erguido, estoico,
cumpliendo su deber con una sonrisa a todo el que lo mira. Belleza porque su cuerpo ya no
es el mismo, pero su mente sigue recordándole todo lo que fue en un pasado lejano y eso lo
llena con el orgullo suficiente para entablar una encarnizada lucha contra el tiempo.

Belleza en la persona que se siente perdida, que no sabe a dónde va, pero aun así,
sigue luchando cada día, viviendo lo mejor que puede... o al menos intentando. Belleza
porque trata de encontrar su camino de mil formas, porque trata de encontrar aquello que
perdió hace tiempo, a sí mismo. Belleza en cada acto por intentar recuperarse, belleza
cuando va con el Chamán, cuando va con el cura o cuando va a Terapia. Belleza porque no
se deja vencer por la incertidumbre, por la monotonía, por la "Nada" de la que tanto habla
Ende en su "Historia Interminable". Belleza por ganar cada día que se levanta de la cama
con el ánimo de encontrar algo diferente, de hacer algo diferente, con la esperanza de
descubrir su camino.

Se preguntaran ¿por qué encuentras belleza, por qué encuentras placer, en esas
existencias que se antojan de una gran tristeza? Yo también me lo pregunto, y encuentro mi
respuesta. Es bello porque tienen vida, porque tienen fuerza en su interior que les impele a
enfrentar cada día aquello que los quiere derribar, aquello que los quiere consumir. Y lo
hacen a pesar de sentir que la batalla está perdida, que los cimientos del edificio se han
debilitado demasiado, que la juventud no volverá, que la relación no se puede arreglar, que
los repuestos del auto no estarán disponibles, que la distancia separó la amistad de forma
irrecuperable, que no encontrará su ser ni su camino por más que lo busque. En todos ellos
hay potencial, hay la oportunidad de ser algo más, y no solo la hay, sino que la buscan
activamente. Tal vez, lo único que pasa es que su fuerza está mal enfocada, tal vez no se
trata de recuperar lo perdido, lo que alguna vez fue, sino todo lo contrario. Construir algo
nuevo con lo que fue, renacer de las cenizas como esa ave de fuego tan característica de
los griegos.

Tal vez, como los edificios de mi infancia, todos los seres que hemos caído en la
Decadencia alguna vez, tenemos un hombre (o mujer, como quieran) lobo dentro,
esperando a transformarse, esperando pacientemente a sacar toda la fortaleza que yace
dentro de nosotros, únicamente necesitamos el estímulo adecuado, aquello que haga brillar
nuestra fuerza como nunca antes. Necesitamos nuestra propia Luna Llena que nos
transforme, y nos toca a nosotros descubrir qué es.

Ésta fuerza no es una que niegue su debilidad, al contrario, es una fortaleza que se
regocija en sus debilidades, que disfruta sus vulnerabilidades. Es una que ha logrado
convivir, conquistar y manejar todas sus debilidades, que ha logrado aceptar su
vulnerabilidad y le ha sacado provecho. Es una fuerza como ninguna otra, porque su
fortaleza se basa en aquello que la hizo débil.

Como el edificio cuyos cimientos fueron reconstruidos, utilizando lo que todavía era
útil de los anteriores. Imponente como ningún otro, con la belleza de una época pasada,
pero renovado y convertido en un museo que recibe cientos, no, ¡miles! de visitantes al día.
Aceptando su vieja arquitectura pero con un aire nuevo, uno muy cautivante.

Como el coche que renace, los dueños decidieron darle nueva vida con un motor
nuevo, diferente y mucho más potente, pero que al mismo tiempo ahorra gasolina. Y lo ves,
hermoso y rápido como ningún otro, luciendo su belleza de tiempos antiguos en medio de la
carretera, rodeado de coches nuevos que no tienen gracia, producidos en serie, sin el
encanto que solo su antigüedad le otorga.

O la señora que logró aceptar su edad, al final comprendió que la edad no se puede
detener. Ésta idea la impulsó a portar sus primaveras con orgullo, la llevó a aceptar que
éste nuevo período de su vida se caracteriza por algo que ninguna mujer joven y bella tiene.
La experiencia. Con ella puede encantar a cualquier persona que desee, en ella se basa su
nueva belleza, la del alma. Y la ves, paseando por la calle, portando su edad, su
experiencia, con el orgullo que una joven porta la firmeza de su piel. Así se gobierna, ella,
ahora, con la belleza de su nuevo ser.

La pareja comprendió que solo había dos salidas: reinventarse o separarse. Saben
que cualquier resultado hará que su ser se renueve, que haga nuevas cosas y que viva
cosas diferentes. Siguiendo juntos aceptarán el pasado pero empezarán de nuevo, dejando
los problemas viejos en la historia y creando nuevos (¡ah! porque siempre son necesarios),
sabrán que con el amor no basta, por eso hay que hacer un esfuerzo para renacer de las
cenizas, tener una segunda oportunidad sin sacrificarse en el intento. Separándose podrán
reconstruir su persona, su individualidad. Vivirán nuevas cosas, nuevas relaciones, pero
siempre con la experiencia que el otro les dejó, siempre construyendo a partir de lo que
aprendieron juntos en un pasado. De cualquier manera, un renacimiento ha sucedido, un
cambio que los impulsó a mejorar y seguir adelante, cualquiera haya sido el resultado.

O la amistad que logró recuperarse, pero no es la misma. Ha cambiado, mejorado.


Ahora saben que no importa el tiempo, ni la distancia, saben que estarán ahí para el otro
pase lo que pase. Esto los hace buscarse más seguido y atreverse a vivir cosas que nunca
se hubieran aventurado antes, viajar juntos, enfrentar nuevos retos juntos. Así es una
amistad que resurgió de los escombros, así es la amistad que superó la prueba del tiempo.

El viejo guardia de seguridad ha entendido que no importa cuántos años pasen, él


se seguirá sintiendo orgulloso de su ser. Hizo un acuerdo de paz con el tiempo, con su
vejez, “tú me das la experiencia, congruencia y seguridad necesarias para ser quién soy y
yo prometo portarte siempre con orgullo, sin renegar de ti ante nadie”. Ha entendido que su
punto más fuerte radica, ahora, en la dignidad que su tiempo en esta tierra le ha dado. Y lo
vemos, resguardando la entrada al edificio que, como él, se ve orgulloso de su condición.

La persona que se perdió a sí misma entendió uno de los principios básicos de la


vida. Si estás perdido y no sabes cuál es tu destino, no importa a dónde vas, ni por dónde
vas, lo que importa es seguir adelante hasta que encuentres el camino que te llevará a tu
destino. Porque mientras recorres el camino aprendes y sabes dónde quieres y dónde no
quieres estar. Ahora abraza ese sentimiento de confusión, de aturdimiento, y lo vuelve una
calmada y sana búsqueda de aquello que perdió, a sí misma. Esta persona sabe que
solamente al sentirse perdido, tendrá el maravilloso placer de encontrarse y conocerse.
Como dijera una canción de Diablo Swing Orchestra ​"... we cry out for direction, but only
those truly lost, can be found...",​ y cuando se encuentre a sí misma se habrá hecho más
fuerte que nunca, y habrá descubierto cosas de su ser que no tenía idea de su existencia. Y
la vemos, yendo por la vida, aprovechando cada instante para conocerse y sentir ese placer
de hallar un pedazo propio.

Con esta imagen despidámonos de estos casos rebosantes de belleza de la


decadencia, despidámonos de estas situaciones donde la fortaleza se expresa con todo y
sus flaquezas. Y recordemos que todos tenemos el potencial para serlo… todos tenemos el
potencial de dominar nuestras debilidades y vulnerabilidades para convertirlas en el núcleo
de nuestra fortaleza. Todos tenemos un hombre-lobo dentro, listo para cambiar de piel y
vivir una vida diferente. Todos podemos renacer.

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