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Apocalipsis

Libro de Apocalipsis: Canonicidad, autor y título


El Apocalipsis es una grande y valiosa consumación de las Escrituras. Bien
puede ser considerado como un segundo Génesis: el principio del nuevo mundo de
la vida espiritual perfecta en la ciudad de Dios. Así como el Génesis es el libro
de las primeras cosas, el Apocalipsis es el libro de las últimas.
Este libro fue admitido en el canon de las Escrituras por sus propios
méritos y, con excepción de las dudas sobre su autor, fue aceptado con muy poca
oposición. Como parte integral de las sagradas Escrituras, Apocalipsis no debería ser evadido
debido a su naturaleza predominantemente simbólica.
Aunque los teólogos liberales disputan sobre la paternidad literaria juanina de Apocalipsis,
sus objeciones no nos apartan de la seguridad de que Juan, el discípulo amado
(el que escribió el cuarto evangelio y las tres epístolas que llevan su nombre), fue también
el autor
de este último libro de la Biblia. No se puede ignorar el testimonio de la Iglesia primitiva en
cuanto a la paternidad de Juan. El Apocalipsis es citado con el nombre de su autor en fechas
aun más antiguas que cualquier otro libro del Nuevo Testamento, con
excepción de 1
Corintios. En su evangelio, como también en sus epístolas, Juan escribe en tercera persona,
mientras que en el Apocalipsis se menciona a sí mismo cinco veces y escribe en
primera persona (1:1, 4, 9; 21:2; 22:8).
En la mayoría de los casos, los escritores de las sagradas Escrituras no les asignaron títulos a
sus libros. El título de este libro no es como ponen algunas traducciones
antiguas, El Apocalipsis o Revelación de San Juan el divino, como si se le
atribuyera al apóstol alguna santidad o cualidad especial.
Este libro contiene la revelación de Jesucristo, que le fue dada a Juan (1:1-3). Juan fue el
que recibió la revelación; no su autor. Aunque a menudo se hace referencia a este libro como
"el libro de las revelaciones", y a pesar de que contiene varias visiones que
recibió Juan mientras estaba en el Espíritu, éstas fueron esencialmente una sola que
recibió en un solo día, "el día del Señor" (1:10). La unidad del libro se expresa en sus
primeras dos palabras: La
revelación.

Libro de Apocalipsis: Lectores, fecha y propósito

Lectores originales
Los lectores originales de Apocalipsis fueron los miembros de las iglesias de Asia Menor, la
cual era notable por el número y la riqueza de sus ciudades. Las siete iglesias mencionadas en
el libro fueron centros importantes de los cuales se extendió el Evangelio al este y al oeste. El
Apocalipsis es para la Iglesia de todo el mundo y de todas las generaciones. Aquí Cristo se
manifiesta así mismo a todas las iglesias (2:23; 22:16). ¡Qué poderoso avivamiento espiritual
experimentarían las iglesias de hoy si vivieran a la luz de este último libro de la Biblia!
Fecha
Efeso era el centro desde el cual Juan supervisaba las iglesias de Asia Menor en lo que se
refería a asuntos espirituales. La escritura del libro ocurrió mientras Juan era prisionero de
Roma en la isla de Patmos ya casi al final del gobierno del emperador
Domiciano (probablemente cerca del año 90 d.C.). Sin embargo, Tertuliano, uno de
los padres de la Iglesia primitiva, opinaba que este libro había sido escrito durante la
persecución de Nerón, alrededor del año 64 d.C. Los eruditos modernos suelen preferir esta
fecha más temprana.
Propósito
El propósito del Apocalipsis queda indicado en su prólogo. El libro fue
escrito para mostrarnos "las cosas que deben suceder pronto". Entre las actividades
del Espíritu Santo debemos distinguir las dos siguientes:
--Guiarnos a toda verdad.
-- Manifestarnos las cosas que vendrán (Juan 16:13).
La primera se encuentra especialmente en los evangelios y en las epístolas; la segunda de
estas actividades se halla especialmente en Apocalipsis. En este libro de profecía práctica, el
pueblo del Señor recibe aliento para soportar las pruebas y se siente motivado a ser fiel a
Dios, gracias a la visión de la derrota final del mal y el triunfo eterno de la justicia divina.
En cierto sentido, el Apocalipsis es una visión de filosofía cristiana sobre la
historia del mundo. Sus páginas están repletas de entusiasmo poético y profético. Es un libro
de guerras, pero también lo es de una paz triunfante y eterna. Apocalipsis
significa revelación, descubrimiento, la acción de descorrer un velo para manifestar algo
que ha estado oculto o encubierto. De manera que el libro contiene secretos revelados por
Dios a Cristo y por El a Juan y a la Iglesia.
Por las figuras, el enfoque y las expresiones, el Apocalipsis es muy parecido al
libro de
Daniel. Tanto, que muchos lo han llamado "el Daniel del Nuevo Testamento". En su evangelio
y en sus epístolas, Juan presenta la misma idea dominante de Apocalipsis, es
decir, el conflicto entre la fe y la incredulidad y la victoria final de la fe. Las enseñanzas
básicas del Apocalipsis pueden encontrarse en Mateo 24. El lenguaje usado para la
apertura del sexto sello (Apocalipsis 6:12-17) es el mismo que utilizan los profetas del
Antiguo Testamento en su descripción del día del Señor.
Apocalipsis es un todo unificado y provee un bosquejo profético del curso de la historia de la
Iglesia desde el período apostólico hasta el arrebatamiento al efectuarse la segunda venida de
Cristo, y también de los juicios subsecuentes para mostrar la culpabilidad de un mundo impío
y sin Dios. El estilo de este libro es apocalíptico y las escenas de su incomparable drama se
desarrollan en una escala de grandeza sin par. La tierra se estremece bajo el impacto de la
batalla y bajo los golpes de los juicios de Dios. Son expuestos a la vista
los horrores interminables del abismo y los goces eternales de los cielos. El orden de los
acontecimientos
es como sigue:
-- 1. La presente dispensación culminará en una apostasía y un período de
tribulación sin precedentes.
-- 2. El hombre de pecado se manifestará, asumirá la supremacía política y
reclamará adoración y homenaje religioso.
-- 3. La verdadera Iglesia de Cristo será arrebatada al cielo y el hombre
de pecado establecerá un pacto con los judíos. Pero él violará este tratado con el
pueblo de Israel, reunirá fuerzas de otras naciones contra los israelitas y luchará por
exterminar totalmente al antiguo pueblo de Dios.
-- 4. Cristo aparecerá con gran poder y gloria y destruirá al hombre de pecado y al
falso profeta. Lanzará al diablo que los había estado inspirando, al abismo sin fin, por un
período
de mil años.14 Apocalipsis
-- 5. El período milenial será inaugurado entonces. El pecado será suprimido,
pero no exterminado. Cristo regirá con vara de hiero, disfrutándose entonces de una paz
universal y
de la constante bendición de Dios.
-- 6. La liberación temporal de Satanás tendrá por consecuencia el engaño y el reclutamiento
de las naciones que seguirán al enemigo de Dios en la última revuelta de la
tierra. Esta revuelta será aniquilada por medio de castigos desastrosos que caerán sobre
los rebeldes y sobre su líder.
-- 7. El juicio final será establecido y Cristo, como Juez supremo, presidirá la condenación
definitiva de los impíos.
-- 8. La eternidad futura, con sus destinos permanentes, se iniciará inmediatamente después
de que Cristo le haya entregado el reino al Padre. Entonces Dios será todo en todos.
Hechos y características del Apocalipsis

Palabras clave y pasaje central


Juicio. Apocalipsis es un libro que está repleto de juicios, que empiezan en la casa de Dios y
continúan hasta que los impíos son debida y definitivamente castigados. Las palabras juez y
juicio aparecen quince veces en el Apocalipsis.
Profecía. Esta palabra se usa siete veces, demostrando que el contenido del
libro es dedicado al futuro, más bien que al pasado histórico.
Testigo. Este término se usa seis veces: cuatro veces como testigo y dos como mártir. (Estas
dos palabras son traducidas de la misma palabra griega.) El testimonio de Jesús es dado, ya
por El o por otros acerca de Él. Las palabras testimonio y testificar aparecen doce veces en el
Apocalipsis.
El pasaje central o versículo clave del libro es "He aquí que viene" (1:7). La repetición de
la frase "Yo vengo pronto" nos recuerda que el Cristo resucitado, el que vive para siempre,
viene como el Vindicador para tomar para sí mismo el poder y el reino. Esta esperanza nos
garantiza la aplicación final de la ineludible justicia de Dios. La clave para el futuro está en la
mano horadada de Cristo Jesús, en quien tenemos "nuestro tesoro, el verdadero valor de lo
que aún no somos capaces de imaginar".
Sus características y su Cristología
El Apocalipsis está marcado con la señal de la cruz, con el conflicto
concerniente a la Persona de Jesucristo, como el Cordero inmolado desde antes de la
fundación del mundo. A través de todo el libro persiste una nota de paciencia, de
fe y de sufrimiento, de amor fraternal y de esperanza firme. La cruenta batalla entre la
luz y las tinieblas se describe en vividos colores. Se hace muy poca mención del amor en
Apocalipsis; se habla más de la ira. Cualesquiera que sean los eventos que marquen los
cambios y el desarrollo del conflicto, el resultado final no es incierto. La rivalidad de los
poderes de las tinieblas se ilustra por medio
de una serie de contrastes:
-- Los siervos de Dios son sellados; el anticristo sella a sus seguidores.
-- La Iglesia es descrita como una mujer vestida con el sol; la iglesia apóstata del anticristo se
ve adornada con joyas.
-- El Cordero fue inmolado y volvió a vivir; la bestia recibe una herida mortal, pero vuelve a la
vida.
-- Jehová será adorado; el anticristo reclamará adoración.
-- Cristo tiene testigos verdaderos; el anticristo tiene su falso profeta.
Puesto que ésta es una revelación de Cristo, uno espera que el libro esté lleno de Él... ¡y lo
está! La Persona y obra de Jesucristo dominan sus páginas. El doctor G. Campbell
Morgan observa con toda razón que "cualquier estudio del Apocalipsis que no se concentre en
Cristo y que no vea todas las demás cosas en torno a Él, puede conducir al lector
al más confuso laberinto". Vea el siguiente análisis:
1. Los nombres que recibe
Jesucristo (1:1; etc.)
Jesús (22:26; etc.)
Señor Jesús (22:20; etc.)
Señor Jesucristo (22:21; etc.)
Cristo (20:4, 6)
El Cristo de Dios (11:15; 12:10)
El Cordero (más de veinte veces)
El Rey de reyes (19:16; etc.)
El Fiel y Verdadero (19:11)
La Palabra de Dios (19:13)
El nombre desconocido (19:12)
La raíz y linaje de David (22:16)
La estrella de la mañana (22:16)

2. Su Persona gloriosa
Se le atribuyen atributos y nombres divinos a Jesús, en quien mora toda la plenitud de Dios.
Él es divino y humano; es poseedor de dos naturalezas (5:15; 22:16).
Él es el Primero y el Ultimo, y todo lo demás (1:17; 2:8).
Él es la Palabra viva de Dios (19:13).
Él es el que escudriña los corazones (2:23).
Él es el anciano de días (1:14).
Él es el Señor de los ángeles (1:1; 22:26).
Él es objeto de adoración y alabanza (5:8-14; 7:12).

3. Sus múltiples obras


Él es fiel en su testimonio de Dios y su Palabra (1:5; 3:14).

Él es el conquistador de Satanás (3:21; 5:5; 20:10).

Él es el Crucificado (5:6, 12; 7:14; 13:8).

Él es el Resucitado (1:18; 2:8; 3:21; 22:1, 2).

Él es el Rey exaltado (1:5; 3:7; 17:14).

Él es el que viene (1:7; 19:11, 19; 22:20).

Apocalipsis: Interpretaciones y lecciones


El Apocalipsis ha sido siempre campo de batalla entre los diferentes
sistemas de interpretación. Muchos de los aparentes misterios de Apocalipsis sólo podrán
ser resueltos y entendidos cuando tengan su cumplimiento final. Las siguientes son las
principales en que se agrupan los intérpretes de este libro.
Los preteristas
Los preteristas relegan al pasado todo lo que hay en el Apocalipsis y creen que todas las
profecías que hay en él ya se cumplieron totalmente. (La mayor parte de las profecías son
relegadas a la destrucción de Jerusalén y la caída de Roma durante los primeros siglos de la
era cristiana.) Sin embargo, cuando la profecía se convierte en historia, deja de ser profecía.
El Apocalipsis es considerado clara y distintamente como un libro de profecía.
Los historicistas
Los historicistas interpretan el Apocalipsis como un estudio progresivo de la existencia de la
Iglesia desde su inicio hasta su consumación. Los que sostienen este punto de vista histórico-
continuo aseguran que las profecías se han cumplido parcialmente, pero que hay en ellas algo
que todavía no se ha cumplido. Algunas de éstas, ellos afirman, se están cumpliendo
ante nuestros propios ojos.
Los futuristas
Hay dos grupos principales en esta escuela de intérpretes. Primero están los
simples futuristas, quienes enseñan que los tres primeros capítulos del libro ya se
cumplieron, pero que el resto se refiere al aparecimiento futuro de Cristo.
Luego están los futuristas extremos, quienes consideran que todo el Apocalipsis
se refiere a la segunda venida del Señor, y que los tres primeros capítulos son una
predicción referente a los judíos después de
la primera resurrección.
También están los tríbulacionistas. Algunos tribulacionistas creen que la Iglesia
no será arrebatada al final de lo que se describe en el capítulo 3, sino que se quedará sobre
la tierra durante los primeros tres años y medio de la Tribulación y no será raptada sino
hasta cuando suene la séptima trompeta de 11:15. Los defensores de esta
interpretación enseñan que debemos seguir a la Iglesia a través de los sellos y las
trompetas. La Iglesia visible debe pasar por toda la Tribulación, pero la invisible
deberá ser arrebatada antes de que empiece la segunda mitad de la Tribulación, que
será un período de juicios y castigos terribles que se derramarán sobre los pecadores de la
tierra.
Otros tribulacionistas creen que la Iglesia pasará por toda la Tribulación. Creen que Cristo
no regresará por los suyos sino hasta que regrese con poder y gran gloria. Sin embargo, puesto
que los sellos, las trompetas y las copas están relacionados a los juicios
venideros, y se aplican solamente a judíos y gentiles, en realidad la Iglesia no
puede estar sobre la tierra después de Apocalipsis 3, porque la Iglesia no está sujeta a
juicio. Nuestra posición en esto es que el Señor salvará a los suyos de los horrores de la
Tribulación. "Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré
de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los
que moran en la tierra" (Apocalipsis 3:10; vea también 1 Tesalonicenses 1:10).
Los idealistas
Los idealistas le niegan todo significado histórico o profetice al Apocalipsis y en lugar
de eso, lo ven simplemente como una presentación simbólica del conflicto entre el bien y el mal
y de la victoria final del bien (aplicable a todos los tiempos y épocas).
Los moderados
Quizá la verdad esté en medio de los puntos de vista extremos, ya que la
profecía es frecuentemente progresiva o acumulativa. Por lo tanto, es posible
combinar el sistema interpretativo histórico con el futurista. Los que vivieron en la época
de Juan y fueron objeto
de persecución y sufrimientos a manos de los emperadores romanos experimentaron algo del
cumplimiento de lo que Juan profetizó. Pero las persecuciones del primer siglo no agotaron
las predicciones de Juan, porque éstas señalan hacia un cumplimiento más
completo, tal como el mismo Juan parece indicarlo en la guía de interpretación que nos da
en las propias palabras de Cristo:
"Escribe las cosas que has visto" (refiriéndose a la visión gloriosa que tuvo Juan y describe en
el capítulo 1);"Las que son" (la historia de la Iglesia, tal como está bosquejada en los capítulos
2 y 3);
"Las que han de ser después de estas" (todo lo que ha de suceder después del rapto de la
Iglesia, como se presenta en los capítulos 4—22).
Por lo tanto, el cumplimiento total de esta sección está todavía en el futuro. Entonces serán
realizadas todas las predicciones y las promesas de los profetas, y el reino del Mesías será
establecido.
J. B. Phillips bosqueja cinco lecciones importantes que podemos aprender del Apocalipsis:
1. La soberanía absoluta de Dios tiene por resultado su decisión final de destruir todas las
formas del mal.
2. Los inevitables juicios de Dios serán derramados sobre el mal, especialmente la adoración de
los dioses falsos, entre los cuales se hallan las riquezas, el dominio y la fama.
3. La necesidad de una espera paciente está basada en la seguridad de que Dios controla toda
la historia.
4. La existencia de la realidad (representada bajo símbolos como la Nueva Jerusalén, segura y
alejada de todas las batallas y tribulaciones de la vida terrenal) les promete
seguridad espiritual completa a aquellos que son fieles a Dios y a Cristo.
5. La contemplación de la adoración dirigida constantemente a Dios y al Cordero demuestra
lo que será el reconocimiento final de la personalidad de Dios por parte del hombre, cuando
éste lo vea tal como Él es.

Personajes y escenas del Apocalipsis


EL NUMERO SIETE se repite con mayor frecuencia que cualquier otro
número en el Apocalipsis, pues el libro completo está construido alrededor de series de
sietes. Tal como se usa aquí, el número siete es rico en significado y representa la plenitud.
Este número ocupa
un lugar muy importante en toda la Biblia y a menudo sugiere perfección espiritual.
La palabra hebrea de la cual viene la palabra siete, tiene una raíz que significa
"estar completo", "estar satisfecho," "tener suficiente." La primera vez que aparece el número
siete
en las Escrituras es en un pacto: "E hicieron ambos pacto." Y el pacto estaba basado sobre
"siete corderas" (Génesis 21:27-31). Fue la idea de la perfección de un vínculo la que hizo que
se usara la misma palabra para hablar de un voto y para mencionar el número siete.

Los Siete Espíritus


La séptuplo manifestación del Espíritu Santo (Apocalipsis 1:4).
Sin lugar a dudas, el Apocalipsis es uno de los más fascinantes y valiosos de los libros de la
Biblia, ya que en él Juan pudo divisar el transcurso del tiempo y revelar el programa divino de
las edades. Si bien hay muchas cosas que nosotros podemos entender, no podremos tener un
conocimiento completo del libro hasta que los sucesos futuros esbozados en él
tengan su cumplimiento total.

Es un libro salido de una prisión


¡Cómo ha enriquecido la vida de la Iglesia la literatura carcelaria (incluyendo las epístolas
carcelarias de Pablo y El Progreso del Peregrino, de John Bunyan)! Desterrado en la isla de
Patmos por el emperador Domiciano cerca del año 96 d.C-, en la soledad de aquel
paraje inhóspito, Juan recibió la revelación más maravillosa que jamás se haya dado a la
humanidad.
Roma, la ciudad de las siete colinas, quedaba al oeste de la isla de prisión de
Juan, y Palestina, el río Eufrates y Babilonia estaban al oriente. Fue en esta
situación geográfica donde el apóstol Juan recibió la visión. Todos estos lugares
figuran prominentemente en Apocalipsis.

Es un libro de profecía
Los dos grandes libros profetices de la Biblia — Daniel y Apocalipsis — deben ser estudiados
juntos, porque el uno es la contraparte y el complemento del otro. Por eso el Apocalipsis ha
sido llamado "el Daniel del Nuevo Testamento." El Apocalipsis es
predominantemente profetice. La palabra "profecía" aparece siete veces en él; por
tanto, lleva el sello de la profecía, cuya raíz se encuentra en casi todo el resto de la
Biblia y cuyo fruto se halla en este último libro sagrado.
La profecía representa una verdad declarada que no ha sido cumplida todavía. Cuando una
profecía en particular se cumple, se convierte en historia. Por supuesto, en cierto sentido la
profecía es historia anticipada. Se les hacen solemnes advertencias a aquellos que traten en
alguna manera de adulterar las profecías contenidas en el Apocalipsis. Vea Apocalipsis 22:18,
19.
Es un libro de bendiciones
El Apocalipsis empieza y termina con una bendición. Esa bendición es nuestra si lo leemos
en constante oración y obedecemos lo que leemos (1:3). Esa bendición es nuestra si vivimos a
la luz de la verdad revelada (22:21). Las palabras "bendición" y "bienaventurado"
aparecen siete veces en Apocalipsis, y hay bendiciones y bienaventuranzas dispersas a través del
libro.
Es un libro que debe ser entendido
Algunas personas piensan que debemos considerar el Apocalipsis como un enigma
de la Iglesia. Como dice un crítico: "Mientras más se estudia, menos se sabe de él." Sin
embargo, este es un libro de Revelación — no de misterio, ni de cosas
encubiertas. El nombre "Apocalipsis" significa revelar, descubrir, correr una cortina,
revelar algo que ya no puede estar encubierto. Es verdad que el Apocalipsis es un libro
altamente simbólico, pero es difícil hallar un símbolo en él que no esté explicado en alguna
otra parte de las Escrituras. Por lo tanto, debemos tratar de entender un pasaje de
la Escritura relacionándolo con otro (1
Corintios 2:13). El Apocalipsis contiene unas 300 alusiones a otras partes de la Biblia.
Lo que le fue revelado a Daniel, iba a ser revelado en el período final de la época de los
gentiles: "Los entendidos comprenderán" (Daniel 12:9, 10). Sucesos que sólo
fueron mencionados por Daniel, han sido completamente revelados ahora por Dios a sus
siervos. A la mente sin discernimiento, buena parte del Apocalipsis puede parecer-le oscura,
inexplicable, imposible de comprender; pero para aquellos que confían en el Espíritu que
inspiró a Juan para escribir el libro, su plan y su propósito son muy claros. No
obstante, en nuestros esfuerzos por entender el Apocalipsis debemos tener presente el
sabio comentario del obispo Newton: "Explicar este libro a la perfección no es el trabajo de
un hombre ni de una época, y probablemente no llegará a ser entendido claramente hasta que
se haya cumplido."

Es un libro de esperanza
La desesperación cuelga como una nube negra sobre las aspiraciones de los hombres, porque
las nuestras son las páginas más oscuras de la historia de la humanidad. Con el despliegue
actual de las fuerzas revolucionarias, somos testigos del suicidio de la civilización. Los valores
de la civilización están pereciendo. La barbarie y el crimen son el orden del día.
Nuestro mundo ha sido quebrantado y ensangrentado por el odio humano. Pero el
mensaje claro e inequívoco del Apocalipsis es el triunfo final del bien sobre el mal.
En esto no hay dudas: los lamentos de la tierra han de cesar, porque viene un
Rey que establecerá un reino universal de paz y de justicia. Es aquí, en este maravilloso
libro, donde podemos respirar el aire tranquilo de la victoria decisiva del bien sobre las
fuerzas del mal.

Este libro tiene un plan


Juan declara que recibió órdenes divinas de presentar los hechos concernientes a Uno...
-- que es — presente
-- que era — pasado
-- que ha de venir — futuro
Juan escribe acerca de:
-- las cosas que ha visto — pasado
-- las cosas que son — presente
-- las cosas que han de ser después de éstas — futuro.
Vea Apocalipsis 1:4, 19; 4:1. El libro está estampado con el número siete, que se
repite cuarenta y cinco veces, lo cual sugiere que su estructura se compone de una serie de
sietes.
El Apocalipsis no es un libro compuesto de símbolos indescriptibles y fantásticos, sino
que contiene el único plan digno de confianza sobre los siglos venideros (vea 1:3; 19:10; 22:7,
10,
18, 19).
Ahora concentraremos nuestra atención en el aspecto más necesario y sin embargo
más descuidado del Apocalipsis: su énfasis en la realidad y las actividades del Espíritu Santo,
quien
es figura prominente del libro, especialmente en conexión con la Iglesia que Él
trajo a existencia el día de Pentecostés. Parecería como si se estuviera
presentando una misma relación en siete aspectos diferentes a través de los 22 capítulos del
libro.

Apocalipsis: Su relación con la inspiración


Si bien es cierto que Jesús no dejó un mensaje escrito directamente por Él, y que el mismo
Espíritu Santo nunca compuso directamente una epístola; sin embargo, tanto Cristo como el
Espíritu Santo inspiraron a los profetas y a los apóstoles para que presentaran las verdades
que ellos querían que la Iglesia y el mundo conocieran. Así fue cómo unas mentes humanas
recibieron y unas manos humanas pusieron por escrito la voluntad y la Palabra divina. Como
sabemos, el Espíritu Santo es preeminente como inspirador de la verdad: "El Espíritu habló
por mí" (2 Samuel 23:1-3); "El Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba
de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos" (1 Pedro 1:11);
"Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21).
El apóstol Pablo, más que cualquier otro escritor del Nuevo Testamento
entendió, experimentó y declaró el multiforme ministerio del Espíritu Santo. Pablo se refirió a Él
como:
"el Espíritu de sabiduría y de revelación" (Efesios 1:17). Es el Espíritu Santo quien descorre la
cortina para manifestar el conocimiento de Cristo. En el cumplimiento de esta
función, Él obró en el corazón y en la mente del apóstol Juan, capacitándolo para darnos la
"revelación
de Jesucristo." Juan fue el escritor de este libro, pero el Espíritu Santo fue su
verdadero autor. De ahí que la Trinidad divina esté involucrada en varias partes del libro. El
Apocalipsis procede del Trino Dios: Dios (Padre) (1:1) Cristo (1:5) el Espíritu (1:4)
Juan recibió una orden: "Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que
están en Asia" (1:11). Como hombre santo, escribió mientras era dirigido por el Espíritu Santo.
Es imperativo tomar nota de los verbos de experiencia usados aquí y en varias
partes del
libro:
Lo que ves
Escribe lo que ves
Escribe lo que ves y envíalo.
A. ¡Lo que ves!
Frases como "yo oí," "yo vi," "yo miré" y "yo presencié" abundan en las páginas de Apocalipsis
y a la vez indican las verdaderas experiencias de Juan. Las visiones que él puso por escrito no
fueron producto de su propia imaginación, sino revelaciones de personas y de sucesos que el
Espíritu Santo le dio. El secreto de las revelaciones simbólicas que recibió Juan se halla en
una repetida frase: en el Espíritu (1:10; 4:2; 17:3; 21:10). Como creyente
de mucha experiencia, Juan ya estaba "en el Espíritu" en contraste con su previo estado no
regenerado, cuando estaba "en la carne". (El ya no estaba "en Adán", sino "en Cristo" —
Romanos 8.)
Pero en el sentido en que Juan usa esta frase en cuatro ocasiones distintas, "en el Espíritu" o
"yo estaba en el Espíritu" implica un control sobrenatural de todas sus facultades humanas por
el Espíritu Santo. Se encontraba fuera de toda conciencia de espacio, sentidos y
tiempo y transportado a otro estado de la existencia que no era visible para los demás.
Durante los momentos mencionados por Juan, él sentía que todo su ser interno
estaba absorto por las visiones celestiales. Se sentía abstraído de la conciencia inmediata
de las formas de la vida externas y terrenas.
Se dice que Sócrates tenía la facultad de desligarse de la influencia de su vida exterior y
concentrarse en pensamientos profundos por horas y hasta por días, inconsciente del calor del
día o de las burlas de sus asombrados amigos. Otros hombres de alma noble, preocupados por
el bienestar espiritual de la humanidad, han sido capaces de practicar este
tipo de separación; pero en el caso de Juan, fue el Espíritu Santo quien le dio el poder para
lograr esa abstracción espiritual.
Ciertamente, Juan era un hombre santo y estaba habituado a largos períodos de comunión
con Dios y meditación, y fue en uno de esos períodos de reflexión espiritual, un día del Señor,
cuando se halló transportado por el Espíritu a lugares celestiales. Así fue como su naturaleza
meditativa y los dulces y preciosos recuerdos de Cristo lo prepararon para aquellas visiones
extraordinarias. Esta trasposición del ser interno a otro mundo también fue
experimentada por otros santos de la Biblia, los cuales también recibieron
visiones y revelaciones procedentes de un poder sobrenatural, distinto de sus
propias facultades mentales. Sus poderes naturales eran suspendidos mientras se
encontraban controlados por el Espíritu Santo. Vea 1 Reyes 18:12; Isaías 6; Ezequiel
3:12, 14; 37:1; Hechos 8:39; 2 Corintios capítulo
12.
La combinación de las dos frases "en la isla de Patmos" y "en el Espíritu" (1:9, 10) prueba que
las limitaciones geográficas no son un estorbo para las visiones espirituales. Patmos era
la esfera, pero el Espíritu era la atmósfera. La extremadamente triste e inhóspita isla de Patmos
en el mar Egeo, no constituyó una barrera para que Juan recibiera la revelación de Cristo.
Todo lo que Juan vio mientras se encontraba en aquel estado extático, tenía
autoridad divina. De ahí el frecuente uso de la expresión "Estas palabras son fíeles y verdaderas"
(19:9;
22:6-10).
B. ¡Escribe lo que ves!
Juan tenía que escribir lo que estaba experimentando. Dirigido por el Espíritu,
puso por escrito aquella revelación sublime. Doce veces se le dijo que escribiera.
Es probable que nosotros no seamos capaces de escribir volúmenes, pero lo que escribimos
puede decir tanto como esos volúmenes si somos fieles en escribir lo que recibimos del
Espíritu Santo. Ezequiel tuvo que escribir para decir todo lo que había visto en
visión (Ezequiel 12:21-25). Fue diferente el caso de las revelaciones celestiales de
Pablo: cuando él fue arrebatado al paraíso, escuchó palabras inefables, pero sus labios
fueron sellados para que no dijera lo que había visto y oído (2 Corintios 12:1-7). El aguijón
que tenía en su carne le evitaba exaltarse sobremanera en cuanto a la abundancia de sus
revelaciones. Pero en el caso de Juan, una y otra vez se nos amonesta guardar esas cosas que
él recibió y escribió (Apocalipsis 1:3, etc.).
C. ¡Escribe y envía lo que ves!
¡Cuan desafortunada hubiera sido la Iglesia si Juan no hubiera aceptado la
misión de registrar la Revelación otorgada a él por el Espíritu Santo! Pero el apóstol
obedeció la voz divina y les dio a las iglesias de su tiempo esta preciosa revelación, con la
exhortación de que hay que leerla y con la promesa de que una bendición divina vendrá sobre
todo aquel que lea

Apocalipsis: Su relación con la profecía

A través de la revelación bíblica sobre el ministerio del Espíritu Santo, nosotros sabemos que
Él se identifica particularmente con la profecía. El Señor declaró que la doble misión
del
Espíritu Santo sería guiar a los apóstoles a toda verdad y enseñarles las cosas que habrían de
venir. El resultado de lo primero son los evangelios y las epístolas, mientras que el resultado
de lo último es el Apocalipsis, en el cual se nos muestra la consumación hacia la cual apuntan
anticipadamente otras secciones de la Biblia. Fue el mismo Espíritu Santo quien inspiró a los
profetas del Antiguo Testamento para "testificar de antemano" acerca de los sufrimientos y de
la gloria de Cristo. El Apocalipsis está estampado con el sello de la profecía, porque
esta palabra aparece siete veces en sus páginas. De esta manera, las raíces de la profecía están
en
los demás libros de la Biblia, pero su fruto se ve en este último libro.
En la misma orden de escribir, Juan recibió instrucciones para bosquejar las
principales divisiones de la revelación que había recibido. Escribe:
-- las cosas que has visto
-- las cosas que son
-- las cosas que han de ser después de estas.
(Vea Apocalipsis 1:19.) Las cosas pasadas se refieren a la visión de Patmos del
Cristo glorificado, su Persona y su posición (1:4, 18, 19).
Las cosas presentes se refieren a la historia de la Iglesia desde el día de Pentecostés hasta el
rapto (capítulos 1, 2, 3).
Las cosas futuras se refieren a todo lo que ocurrirá desde el traslado de la Iglesia, cuando
Cristo venga en las nubes (capítulos 4 al 22).
La mayor parte del Apocalipsis es material profetice; contiene la consumación de todas las
tradiciones pasadas y es el único libro del Nuevo Testamento que encierra tanto material de
naturaleza profética. Como miembro de la Trinidad divina, el Espíritu Santo conoce
el fin desde el principio y pudo por lo tanto darle a Juan un panorama de los sucesos
futuros. Aquí tenemos una profecía práctica, en la cual el pueblo del Señor es exhortado a
permanecer fiel, por medio de las visiones simbólicas de la derrota final de todo lo malo. La
victoria final de Jesucristo está profetizada y nuestros corazones reposan tranquilos ante la
seguridad de que
la mano horadada del Cordero tiene la llave de todo el futuro.

Apocalipsis: Su relación con la plenitud


Una frase que asombra a muchos, "los siete Espíritus," aparece cuatro
veces en el Apocalipsis: 1:4; 3:1; 4:5; 5:6. Esto indica la plenitud del poder del
Espíritu y también la diversidad de sus actividades. No hay siete Espíritu Santos,
sino sólo uno. . . "un Espíritu" (Efesios 4:4) Siete es el número de la perfección, y el
Espíritu Santo reúne en sí mismo todos
los atributos de la Deidad. Él es el Espíritu de la unción, y como tal, imparte sus
dones
séptuplos, posee un poder séptuplo y derrama su séptuple gracia. El Espíritu Santo estaba en
el profeta Isaías cuando él se sintió impulsado, en Isaías 11:2-5, a testificar de antemano que
cuando Cristo volviera como Rey, el Espíritu reposaría sobre Él, capacitándolo para ejercer su
función gubernamental en una forma séptuple:
-- 1. como el Espíritu de Jehová
-- 2. como el Espíritu de sabiduría
-- 3. como el Espíritu de entendimiento
-- 4. como el Espíritu de consejo
-- 5. como el Espíritu de poder
-- 6. como el Espíritu de conocimiento
-- 7. como el temor de Jehová
En Zacarías leemos sobre la operación gubernamental del Espíritu, quien a través
de su séptuple ministerio hará que la tierra se regocije (Zacarías 4:6, 10). La frase
apocalíptica "los siete Espíritus" es por lo tanto otra manera de expresar la
plenitud, la perfección y los diversos atributos del Espíritu Santo, que es uno, y quien
debe ejercer su diversificada acción
de gobierno bajo la autoridad del trono de Dios. (Vea Lucas 4:18, 19.)

Apocalipsis: Su relación dentro de la Trinidad


La tercera Persona de la Trinidad divina es igual, coexistente y coeterna con el Padre y con
el Hijo: "tres en uno, bendita Trinidad". Por ser Dios, el Espíritu posee todos los
atributos
divinos, algunos de los cuales son puestos de relieve en el Apocalipsis.
A. Divinidad
El apóstol Juan habla repetidas veces del Espíritu diciendo que es "de Dios":
"los siete Espíritus de Dios". El apóstol también asocia al Espíritu con el Cordero
inmolado (5:6), y descendió en Pentecostés como "el Espíritu de Cristo". El era el Don
prometido, tanto por el Padre como por el Hijo, y era igual a los dos en substancia. El
Espíritu Santo no sólo procede
de Dios, sino que es parte integral de la Trinidad. Lucas se refiere a Él
llamándolo Dios (Hechos 5:3, 4) Por lo que nosotros amamos, adoramos y obedecemos al
Espíritu Santo como a Dios el Espíritu.
B. Autoridad
En vista de que la palabra "trono" aparece más de treinta veces en el Apocalipsis, no hay
duda de que este es "el libro del trono" y nos viene con toda la autoridad del terrible tribunal
de Dios. Se dice que el Espíritu Santo está delante de ese trono y que viene a Juan desde él
(4:5). Junto con los ángeles y los seres vivientes que están alrededor y en medio del trono, el
Espíritu Santo comparte su asociación con la autoridad judicial de Dios. En el libro
de los Hechos vemos la energía y la gracia del Espíritu Santo en los individuos;
en las epístolas vemos su presencia en la Iglesia. Pero el pensamiento principal
en el Apocalipsis es la proclamación que hace el Espíritu de que el hecho de
que Dios gobierne la tierra está totalmente de acuerdo con la justicia de su trono.
Como procedente del trono, el Espíritu Santo gobierna la tierra, llegando a ella desde el
cielo.
No lo vemos en el Apocalipsis como el Consolador que mora en todo creyente (aunque eso
fue Él para Juan en la soledad de su celda en la prisión y también para todos los santos que
sufrían persecución en ese tiempo), sino más bien se nos presenta como "el
Señor, el Espíritu", ejerciendo la prerrogativa divina de la autoridad. Cristo dijo que cuando
el Espíritu viniera a la tierra en su plenitud. El no hablaría de su propia iniciativa
o autoridad, sino únicamente declararía lo que oyera (Juan 16:13-15). Y aquí Juan
escribió que el Espíritu funciona de esa manera; llega a él procedente del trono, con el
mensaje autorizado de Dios.
C. Santidad
Otro atributo de la deidad que comparte el Espíritu es el de la santidad
inmaculada. "Nuestro Dios es fuego consumidor", y por lo tanto no puede tolerar ninguna
cosa ajena a su naturaleza tres veces santa. ¿Cómo podría El soportar algo contrario a su
propio ser? Ocurre lo mismo con el Espíritu, quien es uno con el Padre y con el
Hijo en su aborrecimiento del pecado. Este es el significado de la descripción simbólica
del Espíritu como "siete lámparas de fuego" ardiendo delante del trono (4:5). Como el
símbolo de las siete lámparas de fuego, Él posee la perfección de la santidad
representada por el trono (Salmo 89:14; 6:1-3); una santidad que escudriña y
destruye todo aquello que es contrario a la santa naturaleza de la Trinidad.
Walter Scott observa que el símbolo que se usa aquí denota "la plenitud del Espíritu en su
acción gubernativa. Aquí no se ve al Espíritu salvando a los hombres por
medio de la predicación del Evangelio, ni a través de ninguno de sus diversos ministerios en
la Iglesia, sino que es presentado en armonía moral con el trono mismo. Las lámparas hablan
de iluminación,
y el fuego sugiere un elemento vigorizante de limpieza y purificación. Por ser
la llama inextinguible, el Espíritu ilumina, purifica y destruye. Él posee un
discernimiento activo y perfecto de todos los asuntos y elementos que están enjuicio.
D. Omnisciencia
En latín, omni significa "todo" y scientia, "conocimiento." Sólo la Deidad posee omnisciencia
o conocimiento total. El conocimiento perfecto, el discernimiento, el saber
retrospectivo,
anticipado e introspectivo; todas estas son virtudes exclusivas de la Trinidad. En un pasaje
especial, el número siete se menciona tres veces en conexión con el Espíritu, el "que tenía
siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios" (5:6) Si la frase "los siete
espíritus de Dios" implica la plenitud del gobierno divino, entonces la expresión "siete ojos"
sugiere una perfecta inteligencia. (Vea Zacarías 3:9; 4:10.) El Espíritu séptuplo
representa "los siete ojos del Señor que recorren la tierra de un extremo a otro",
escudriñando todo aquello que merece juicio divino. (Vea Daniel 2:19-30.)
Los ojos son símbolo de conocimiento y sabiduría internos, como se demuestra en Efesios
1:18, cuando Pablo oraba para que los ojos del entendimiento de los efesios
pudieran ser iluminados. De igual manera Pablo no tenía ninguna duda acerca de
la omnisciencia del Espíritu, quien es capaz de escudriñarlo todo, aun las cosas más
profundas de Dios (1 Corintios
2:10, 11) Ninguna cosa puede esconderse de Él, quien lo discierne todo. [Qué serio es pensar
que esos siete ojos del Espíritu pueden escudriñar todos los pensamientos del corazón suyo y
el mío!
E. Omnipotencia
Los cuernos representan reyes o poderes reales (Daniel 7:8; Apocalipsis 13:7) y
también poder, fuerza y gloria (Salmo 75:10; 132:17;
1 Samuel 2:1). En los siete cuernos asociados con el Espíritu Santo, tenemos la verdad del
poder y la fortaleza perfectos (5:6). Job declaró que él sabía que Dios podía hacerlo todo, y
Jesús proclamó que todo poder le había sido dado en el cielo y en la tierra. El libro de los
Hechos es elocuente en cuanto a la omnipotencia del Espíritu Santo; y en el
Apocalipsis, donde se destaca su autoridad judicial, el Espíritu aparece investido con
la perfección del poder para aplicar cada edicto divino pronunciado en contra de los
poderes aparentemente grandes de la tierra.
En estos días en que se ve la impotencia de los gobernantes terrenales,
debemos consolarnos con la gloriosa verdad de la omnipotencia y soberanía divinas. Aun en la
reducida esfera de nuestra propia vida, cuando las dificultades parecen ser
insuperables y surgen necesidades que creemos que no podrán ser saciadas jamás,
recordemos al Espíritu Santo con sus "siete cuernos" y confiemos en Él como "el
Espíritu de poder", quien manifestará su omnipotencia en favor nuestro. El poderoso
Espíritu de Dios no falla en ningún aspecto.
Oh Santo Espíritu, poseedor de un séptuplo poder, Todas las gracias provienen de ti.
F. Omnipresencia
La omnipresencia es la capacidad de poder estar en todo lugar al mismo tiempo. Nuestra
mente finita no es capaz de entender el misterio de este atributo de la Trinidad. Sin embargo
este es un hecho que jamás podremos dejar a un lado al considerar al Espíritu, presente en
todo lugar. Esto era lo que David quería decir cuando preguntaba'
-- "¿Adónde me iré de tu Espíritu?
-- ¿Y a dónde huiré de tu presencia?"
Aun si él hubiera podido tomar las alas del alba para que lo condujeran hasta las
últimas partes de la tierra, ¿qué ocurriría cuando llegara allí? ¡Aun allí estaría el Espíritu para
guiarlo
y protegerlo! (Vea el Salmo 139:9, 10.) Los siete ojos con los cuales el Espíritu transita
la tierra de un extremo hasta el otro nos traen hasta otra frase usada por Juan:
"Los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra" (5:6).
Hay dos frases combinadas en este versículo: "enviados por toda la tierra" y "en medio del
trono", las cuales están relacionadas con las actividades del Espíritu Santo. En esta
era el Espíritu se relaciona con la Iglesia, pero durante los juicios indicados en el
Apocalipsis, Él estará asociado con el gobierno de la tierra desde los cielos. Sus ojos
escudriñarán entonces a todos aquellos que merezcan castigo divino, no importa quiénes
sean, en el mundo entero, y por medio de su poder velará para que los dictados del trono
sean obedecidos. Las rocas a las cuales ellos clamarán para que los escondan de la venganza
del Espíritu no les darán ninguna protección. ¡Ay de los habitantes de la tierra pecaminosa
cuando el Espíritu salga del trono para destruir las fuerzas malignas del mundo!
G. Personalidad
Casi todas las referencias que se hacen al Espíritu Santo en el Apocalipsis tienen que ver con
lo que Él dice: "El Espíritu dice a las iglesias"; "Sí, dice el Espíritu"; "El Espíritu y la esposa
dicen: Ven." Que el Espíritu no es una mera influencia o una emanación de Dios, se prueba
por el hecho de que puede hablar expresa o específicamente, como lo declara Pablo en 1
Timoteo 4:1. La articulación de mensajes sólo es posible donde hay personalidad. Puesto que
el Espíritu Santo posee todos los verdaderos elementos de la personalidad. Él
controló los pensamientos y las emociones de Juan y los utilizó como medios de
expresión. ¡Oh, si la gente de este tiempo pudiera responder a la suplicante voz del
Espíritu cuando llama a los pecadores para que se reconcilien con Dios!

Apocalipsis: Su relación con la Iglesia


Si bien es cierto que la mayor parte del Apocalipsis se ocupa del control gubernamental de
Cristo sobre la tierra y de la asociación del Espíritu con dicho control, vemos por otra parte
que en las cartas a las siete iglesias se repite siete veces la frase "El Espíritu
dice a las iglesias" (2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). La mayor parte de las referencias al
Espíritu se hallan
en estas siete cartas.
Desde que obró para el nacimiento de la Iglesia, la cual es el Cuerpo del Señor, el día
de Pentecostés, el Espíritu Santo ha sido el administrador de todos sus asuntos. En el libro de
los Hechos, donde hallamos la fundación y la expansión de la Iglesia, la presencia y
presidencia
del Espíritu dominan la escena. Si la Iglesia se encuentra espiritualmente impotente
en la actualidad, es porque ha perdido la verdad concerniente al señorío del Espíritu Santo,
quien distribuye sus dones entre sus miembros como Él quiere.
Después de Apocalipsis 2 y 3, el Espíritu realiza desde el trono una labor judicial sobre toda la
tierra. Pero cuando el Señor vuelve a la Iglesia con sus exhortaciones finales, el Espíritu se
identifica nuevamente con la Iglesia, la cual es presentada como la novia. Proclama con ella
el deseo de que Cristo ejecute su promesa de tomar a la novia para sí: "El Espíritu y la esposa
dicen: Ven" (22:17). Esta es la última visión del Espíritu Santo que se nos da en la Biblia, ¡y
qué visión tan gloriosa!
Su relación con los individuos
Mientras se prepara el camino para el reino universal de Cristo durante la Gran Tribulación, el
trato con los hombres es corporativo. Se trata con iglesias, pueblos, lenguas y naciones en
conjunto. Sin embargo, en la sección eclesiástica del Apocalipsis, una característica
muy notable en cada una de las siete cartas es la manera en que el Espíritu está
ligado a los creyentes individualmente. Las cartas son dirigidas por Cristo a
las iglesias, pero es responsabilidad de cada miembro de esas iglesias atender a lo que
Él les dice. Puesto que el ministerio del Espíritu Santo consiste en tomar la verdad y
revelárnosla a nosotros — aclarar
en nuestra mente el significado íntimo de la misma— en cada carta leemos: "El que tiene oído
oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias."
En el día de Pentecostés, el Espíritu se relacionó con los hombres en forma conjunta y como
resultado de su derramamiento, salvó millares de personas a la vez. Pero con la necesidad de
la rectificación espiritual de las siete iglesias, la responsabilidad de escuchar la
voz de reprensión y de arrepentirse recae sobre los miembros como individuos. Al
fin y al cabo, cualquier iglesia está compuesta de individuos y si cada uno de
estos individuos trata de
andar en el Espíritu y experimentar su poder, la Iglesia como un todo será bendecida. ¿Siente
usted que sus oídos están atentos a la voz del Espíritu Santo cuando Él les habla a las iglesias
hoy? Esta misma responsabilidad personal es señalada tanto al principio como al
final del libro:
"Bienaventurado el que lee" (1:3; 22:17, 18, 19). ¡Que la gracia nos haga
responder inmediatamente al llamamiento vivo y privado que hace el Espíritu a cada oído
abierto!

Apocalipsis: Su relación con la eternidad

Cuan inspirador es saber que el Espíritu Santo es el heraldo de la resurrección y de nuestra


eterna bienaventuranza y gloriosa recompensa. Las dos últimas vislumbres del Espíritu, de las
cuales nos ocuparemos ahora, tienen un significado sumamente valioso.
A. El agente de la resurrección
Habiendo participado en la resurrección de Cristo de entre los muertos, el Espíritu Santo es el
agente de la resurrección de los santos. El Espíritu de aquél que levantó de los
muertos a Jesús (Romanos 8:11) también levantará de entre los muertos a aquellos que son
del Señor. Esto nos trae a la resurrección de los dos testigos después de que
han sido sacrificados exactamente en el mismo lugar en el cual Jesús fue crucificado y
volvió a vivir.
La muerte de los dos últimos grandes profetas de Dios, por causa de sus pronunciamientos
sobre el juicio divino, causará gran regocijo entre los inicuos. Como lo expresa
William Neweil: "Se desata después un verdadero tiempo de regocijo infernal que
casi parece una celebración navideña," porque los moradores de la tierra se regocijaron en
la muerte de los dos testigos y se enviaron regalos unos a otros (11:1-12). La identidad de
estos dos testigos (sobre la cual hay muchas conjeturas) no nos interesa mucho por el
momento. Lo que nos impresiona es su valiente testimonio antes de que la tierra
sea entregada a Satanás y al anticristo. Las multitudes, que los escucharon
predicar en contra de las maldades de los humanos en su propia cara, fueron las
que mataron a los valientes heraldos y dejaron sus cuerpos mutilados en las calles de
la ciudad por tres días y medio. Se hicieron excursiones a
la ciudad de Jerusalén para ver los cuerpos insepultos de estos dos profetas de
Dios y recrearse ante ellos.
Pero cuando los hombres hacen lo peor contra los hombres, entonces interviene Dios y hace lo
mejor por aquellos que sufren por su causa. Así leemos que "entró en ellos el espíritu de vida
enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies". Luego fueron arrebatados al cielo mientras
sus enemigos presenciaban asombrados su ascensión. Tal resurrección y ascensión acabaron
con la alegría infernal de los rostros de aquellos que asesinaron a los dos testigos y se llenaron
de espanto. Aquellos dos hombres, muertos en Cristo, se levantaron de la muerte y fueron
arrebatados: un cuadro de lo que ocurrirá cuando Jesús vuelva por su Iglesia verdadera
(1
Tesalonicenses 4:13-18).
Pablo proclamó que Jesús "fue declarado Hijo de Dios con poder, según el
Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos" (Romanos 1:4). Es este
mismo Espíritu de santidad el que habrá de resucitar con vida y energía divinas a aquellos dos
cuerpos muertos y abandonados en las calles de Jerusalén. Lo que nos impresiona con
relación a esta particular actividad del Espíritu Santo es el hecho de que Él resucita a los
dos testigos después de tres días y medio exactamente. Otro medio día más y la
corrupción se habría apoderado totalmente de sus cadáveres. Dios, sin embargo,
no permitió que sus santos sufrieran corrupción. Jesús también resucitó al tercer
día. Seguramente, usted recordará que Marta pensaba que la resurrección de su hermano
Lázaro ya era imposible, porque dijo:
"Señor, hiede ya, porque es de cuatro días" (Juan 11:39). Sin embargo, Dios tiene poder para
resucitar a los muertos, no importa cuánto tiempo lleven en la tumba.
B. El heraldo de las bendiciones eternas
¡Qué visión más preciosa nos da Juan acerca del ministerio del Espíritu Santo en conexión con
la bienaventuranza de todos los santos que han muerto! (Vea Apocalipsis 14:13.)
La voz amorosa del cielo le dijo a Juan: "Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los
muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque
sus obras con ellos siguen."
El Espíritu fue enviado para que fuera el Consolador legado a los cristianos, y
la Iglesia primitiva supo lo que era andar "en el temor del Señor" (Hechos 9:31).
En su calidad de Consolador, el Espíritu Santo dirige su mensaje a todos los santos — un
mensaje que contiene una triple seguridad.
C. El regocijo de los muertos
"Bienaventurados (dichosos) de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor." ¿Hay
algún significado en las palabras de aquí en adelante? Creemos que sí. La expresión "de aquí
en adelante" — un indicador definitivo de tiempo — implica la inminencia del fin
y que
aquellos que se enfrentan a los más terribles sufrimientos en toda la historia humana están a
punto de entrar en la bendición. Pero este mensaje tiene la misma validez para todos los que
mueren en el Señor en cualquier tiempo. Sólo aquellos que mueren en el
Señor tienen derecho a regocijarse, porque ellos saben que aunque sus restos reposen en la
tumba hasta el día de la resurrección, su espíritu pasará de la muerte a la presencia del
Señor para disfrutar
de vida eterna. Tan pronto como se separan del cuerpo, llegan a su hogar, junto al Salvador.
¡Cuan diferente es para aquellos que mueren en sus pecados! Para éstos no hay regocijo; sólo
habrá amargura eterna.
D. El descanso de los muertos
"Descansarán de sus trabajos." Entre "las nubes de testigos" en el cielo, ninguno brillará con
más fulgor que los santos de la gran tribulación, quienes servirán y sufrirán bajo
las más terribles circunstancias. ¡Cuánto apreciarán las palabras de rica consolación del
Espíritu los santos de la tribulación que después de andar en el vigor de su fe
entrarán a su reposo perdurable! La fatiga y las lágrimas, el dolor y el sufrimiento,
habrán pasado para siempre jamás. Descansarán de su trabajo cargado de tribulación, dolor y
muerte al ser trasladados al cielo para disfrutar de un oficio más bienaventurado: el de
servir al Señor día y noche para siempre.
E. La recompensa de los muertos
"Sus obras con ellos siguen." Las obras de aquellos santos resucitados y arrebatados no van
después de ellos, sino más bien los acompañan de manera que reciban por
ellas una
recompensa. El Juez justo analizará el verdadero valor de sus obras y recompensará a cada
santo de acuerdo con su servicio. Como se notará en las cartas a las siete iglesias, el Espíritu
Santo estará definitivamente relacionado con las recompensas otorgadas a los
vencedores (capítulos 2 y 3) Por supuesto, todos los que están en Cristo disfrutarán el
descanso eterno que llega a través de la muerte. Nuestra esperanza es que todavía estemos
vivos cuando Él venga y que por lo tanto tengamos la dicha de ser trasladados al cielo sin
tener que morir. Pero, ya estemos entre los muertos o entre los vivos cuando Cristo
vuelva, nuestras obras seguirán con nosotros y lo que hayamos servido será la base
de nuestra recompensa. "Las obras de cada uno serán probadas por el fuego para
determinar de qué clase son." (Vea Romanos 14:10, 12;
1 Corintios 3:12-15; 2 Corintios 5:9, 10.) ¡Algunos serán salvos como por fuego! Porque están
en Cristo, estarán en el cielo, pero será con un alma salva y una vida perdida. Ningún crédito
se les otorgará cuando el Juez recompense el servicio abnegado de sus santos. ¡Dios garantiza
que habrá una justa recompensa para cada uno de nosotros! Ojalá sea
nuestra la bienaventuranza: "¡Bien hecho, buen siervo y fiel Entra en el gozo de tu Señor!"

La visión séptuple (Parte I)


El cuadro de Cristo dibujado en él cielo (Apocalipsis 1:12-18)
Entre los diversos aspectos del Apocalipsis, es prominente el hecho de que este es un libro
que trata sobre una Persona, Cristo mismo, quien es su tema central. El doctor G. Campbell
Morgan observa:
"Cualquier estudio de Apocalipsis que no se centre en Cristo y que no vea todo lo demás en
relación con Él, conducirá al lector a un laberinto sin salida." Así las primeras cuatro palabras
de Apocalipsis declaran su naturaleza y su propósito: "La revelación de Jesucristo." No es "la
revelación de Juan el teólogo", sino la manifestación de Uno a quien Juan
amaba tiernamente.
Tampoco se trata aquí de "las revelaciones". Es el singular, no el plural el que se usa. Es "la
Revelación", en la cual hay muchas facetas. En el Apocalipsis, Cristo es más
plenamente revelado y exaltado que en cualquier otro libro de la Biblia. Abundan las
alusiones a Cristo, como en las veinte o más referencias a Él como "el Cordero". Una
división amplia del libro sería esta:
• Cristo y sus santos (Capítulos 1—3)
• Cristo y el mundo antiguo (Capítulos 4—19)
• Cristo y el mundo nuevo (Capítulos 20—22).
En los evangelios vemos a Cristo sirviendo y sufriendo. En el libro de los Hechos lo vemos vivo
para siempre, obrando a través de su Iglesia. En el Apocalipsis, es el Héroe
supremo, que derrota a todos sus enemigos.
Al observar la lucha entre el bien y el mal y los puntos más críticos de este drama, recibimos
con profundo aprecio la imagen de Jesús como el futuro ejecutor de la justicia divina y el
dispensador de la retribución y de las recompensas. Aquí se hace la presentación del Rey y su
reino, y de cómo el Rey toma por la fuerza lo que le corresponde.
Cristo es la clave del libro; el Espíritu Santo es nuestro guía y nuestra propia espiritualidad es
la medida de la manera en que podemos apreciar el retrato de cuerpo entero de
nuestro
Salvador.
En muchos sentidos, el primer capítulo es uno de los más importantes del libro, puesto que en
él se da un sumario de todo lo que va a ocurrir. Los nombres, títulos y símbolos que se dan de
Cristo en este capítulo inicial son distribuidos y ampliados a través del libro.
Ningún otro libro de la Biblia descubre la presencia, la Persona y el poder del Señor Jesucristo
como lo hace el Apocalipsis, que se declara como un panorama maravilloso de nuestro Señor
mismo y no meramente de los sucesos relacionados con su triunfo. El libro se abre con Cristo
como el revelador de sí mismo (1:1-3). Puesto que es la revelación de Jesucristo,
el libro adquiere un significado superior y se hace inmensamente importante. Aquí
Él es descrito
como la figura central, que posee las llaves del destino. A pesar de los
demonios y los hombres malvados, Cristo avanza invencible a través del fascinante y veloz
drama del libro. Tome nota de las presentaciones autoritativas de Cristo en los "Yo soy" del
primer capítulo y compárelas con los "Yo soy" que da Juan en su evangelio.
Una de las características especiales de este primer capítulo es el cuadro auténtico que nos
da de Jesucristo. Hay aquí un retrato que ningún artista ha sido capaz de pintar. El capítulo
abunda en títulos y superlativos y los utiliza para describir a Aquél que no tiene comparación.
1. El prólogo (1:1-3)
No simpatizamos con el sistema modernista de interpretar el Apocalipsis. Su falsa afirmación
de que Juan tomó la visión de su libro de la antigua literatura apocalíptica y que sólo nos da
una mezcolanza del folklore pagano, es claramente contradicha por la declaración que hace
Juan acerca del origen y el orden de lo que vio y escribió. El apóstol no nos ha legado una
colección de visiones paganas cristianizadas. Al contrario: Cristo nos presenta un sumario de
su triunfo final sobre todas las fuerzas que se le oponen. Como esta revelación es dada por
Dios, es nuestra solemne obligación inclinarnos reverentemente mientras la estudiamos.
En el Apocalipsis encontramos lo que bien podríamos llamar una escalera con cinco peldaños:

Dios

Cristo

el ángel

Juan

los siervos de Dios

Dios le dio la revelación a Jesucristo, puesto que ésta se refiere a Él. Cristo, a su vez se la dio
a su ángel, después de lo cual los ángeles son prominentes en el libro. El mensajero angelical
le comunicó la revelación a Juan. Juan entonces puso por escrito todo lo que recibió para la
iluminación y edificación de los santos de todas las edades. Ese es el orden que se sigue hasta
la conclusión: "Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los
espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben
suceder pronto" (22:6).
Nadie estaba mejor calificado que Juan para actuar como el canal autorizado de esta sublime
revelación. Esto es evidente por lo que los evangelios relatan acerca de la intimidad de este
apóstol con Cristo. Juan fue amigo íntimo de Cristo y muy amado por Él. También se dice que
él se recostaba sobre el pecho de Jesús. Y fue Juan quien escribió las palabras de
Jesús
concernientes a la capacidad del Espíritu para revelarles a los siervos de Cristo las "cosas que
sucederán."
Antes de seguir adelante en nuestro estudio es esencial que hagamos una pausa
y nos preguntemos: "¿Estoy yo preparado espiritualmente para recibir bendición del Señor a
través
de la lectura de este gran libro?" Nuestra actitud humilde debe ser: "Enséñame tú lo que yo no
veo; si hice mal, no lo haré más" (Job 34:32).
Para poderle transmitir esta revelación a Juan por medio de su ángel, Jesús utilizó símbolos
(1:1). Es decir, usó figuras y señales para impartirle su conocimiento. En nuestro estudio de
estos símbolos, debemos tratar de interpretarlos a la luz de su uso en otras partes
de las Escrituras. Debemos comparar símbolo con símbolo y así protegernos de las
extravagancias de interpretación en las que caen muchos expositores.
Debemos también considerar cuándo fue que Juan vio todas las cosas que
escribió posteriormente en el Apocalipsis. Él indica que se encontraba en la isla llamada Patmos
(1:9)
y que la revelación le fue dada allí durante cierto día del Señor, mientras Él estaba en
el Espíritu (1:10). Dos frases constituyen aquí una interesante combinación: "en la isla" y "en
el Espíritu." Evidentemente, las limitaciones geográficas de Juan no eran un obstáculo para
su visión espiritual. Su oscuro calabozo no era capaz de cautivar su libre espíritu. ¿Así ocurre
con nosotros? Cuando nos encontramos atrapados y confinados en circunstancias que nos
aíslan de
un mundo libre que se halla alrededor de nosotros, ¿nos sentimos más
capacitados espiritualmente para comunicarnos con el cielo? En nuestra isla de
restricciones, ¿estamos nosotros también en el Espíritu?
Hay dos maneras de interpretar "el día del Señor". La interpretación común y corriente es que
este día en particular era un domingo o primer día de la semana, el cual
observaba Juan cuando le llegó la visión. Y ciertamente esta es una designación
apropiada del día que se conoce como "domingo", aunque dicho día no se designa así en
ningún otro lugar de la Biblia.
El primer día de la semana es el día de Cristo: el día de la resurrección, el día que el Señor ha
separado para la adoración de su nombre y la predicación de su Palabra. Y en este día, el
mejor de todos, cuando tenemos la oportunidad de hacer a un lado las cosas del
mundo, podemos escuchar la voz de Dios y dedicarnos a la comprensión espiritual de su
Palabra.
Otros eruditos creen que esa frase no se refiere al primer día de la semana, sino que significa
"el día del Señor", quizá con un sentido más profetice. Estar "en el Espíritu" puede referirse a
alguna clase de preparación por medio de la cual el Espíritu Santo proyectó la mente de Juan
hacia el futuro, como lo declaraban los profetas del Antiguo Testamento cuando profetizaban
acerca del día del Señor. Isaías 2:10-22, por ejemplo, es considerado como un
resumen general de los capítulos 4 al 19 del Apocalipsis. Juan fue llevado hacia el futuro por
el Espíritu hasta el terrible día de los juicios y se le hizo describir detalladamente lo que
Daniel y otros profetas habían visto en general.
Puede ser que la solución se encuentre en armonizar ambos puntos de vista sobre el día del
Señor. Mientras Juan meditaba un primer día de la semana, el Espíritu Santo capacitó a Juan
para que pudiera ver el panorama del futuro y distinguir allí el día venidero del Señor.
Antes de dejar el prólogo debemos considerar dos frases más. Juan recibió una revelación de
"las cosas que deben suceder pronto" (1:1). Esta palabra "pronto" lleva en sí el
sentido de presteza o inminencia. Una vez que comience la acción habrá una sucesión rápida
de eventos.
No existe aquí la idea de que Juan esperara que todo lo que él predijo se
cumpliría casi inmediatamente.
La misma idea está asociada con la declaración "el tiempo está cerca" (1:3). Afirma Walter
Scott: "La profecía aniquila el tiempo y todas las circunstancias que intervienen,
aun las opuestas, y lo coloca a uno en el umbral de su cumplimiento." De acuerdo con nuestra
manera
de pensar, parece como si Dios estuviera deteniendo el cumplimiento de sus
últimos
propósitos esbozados en el Apocalipsis, pero tal demora no significa más que gracia a favor de un
mundo condenado.
2. Las prerrogativas (1:4-11)
Con un estilo autoritativo, el apóstol Juan empieza esta sección con su propio nombre: "Juan,
a las siete iglesias que están en Asia." Igualmente enfática es la expresión que se encuentra
en el versículo 9: "Yo Juan." La palabra griega apostello significa "enviar" y describe
a un
mensajero comisionado para cumplir una misión importante. En este sentido se aplica este
término a Cristo (Hebreos 3:1). Cuando Juan inicia la comunicación de la revelación enviada a
él (1:1), trata de afirmar su autoridad como apóstol, o "enviado". Lo que él está a punto de
anunciar, no procede de su propia creación. Como mensajero enviado por Dios,
Juan va a describir "todas las cosas que ha visto" (1:2). Con la expresión "Yo Juan" del
versículo 9, el apóstol proclama la apertura del libro que contiene la segunda venida de
Cristo. En la frase "vengo en breve" de 22:20, Cristo anuncia su propia venida.
El Señor Jesucristo se presenta en el versículo 4 como el "que es y que era y que ha de venir".
"El que es" se refiere al presente y nos recuerda la inmutabilidad de Dios. Por ser el
Dios
Inmutable, Cristo está capacitado para actuar con independencia en un presente cam-biadizo
y fugaz. "El que era" retrocede hacia el pasado y nos hace volver millares de años atrás. "El
que ha de venir" nos lleva hacia adelante y nos hace recordar que lo que el Señor ha sido,
continuará siéndolo para siempre. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Hay otra importante verdad en la salutación de Juan (1:4, 5). La preposición "de" se usa tres
veces: de Él (1:4), es decir, de Dios, el independiente, el que existe por sí mismo; de los siete
espíritus los cuales están delante del trono (1:4). Por la designación "siete espíritus" podemos
entender (como ya lo hemos explicado) la plenitud de poder y la diversidad de actividades del
Espíritu Santo; de Jesucristo (1:5). De esta manera, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están
ligados en la comunicación de esta revelación. Aquí, como en los demás lugares
de las Escrituras, el Dios trino está obrando en perfecta unidad.
"Jesucristo, el testigo fiel" (1:5), le imparte fuerza al mandamiento del Señor a la iglesia de
Esmirna: "Sé fiel hasta la muerte" (2:10). Su vida mostraba sus enseñanzas y mandamientos
gráficamente. La descripción "Jesucristo el testigo fiel" demuestra la relación de Jesús con el
Padre mientras el Salvador estaba en esta tierra. Como verdadero profeta, El nunca dejó de
declarar todo el consejo de Dios. La palabra "testigo" describe a alguien que ve, sabe y por lo
tanto habla, y es una palabra característica de Juan (quien la usa más de setenta veces en sus
escritos).
"Jesucristo... primogénito de los muertos" (1:5) es un título maravillosamente
descriptivo. "Cristo es tanto las primicias como el primogénito de los muertos," dice
Walter Scott. "El primer título indica que El es el primero en tiempo de la futura cosecha
de los que duermen
(1 Corintios 15:20, 23). El último título significa que Él es el primero en rango de todos los
que se levantarán de entre los muertos. 'Primogénito' es una expresión de
supremacía, de preeminente dignidad, y no de tiempo o de secuencia cronológica (Salmo
89:27). Sin importar dónde, cuándo ni cómo entró Cristo en el mundo, necesariamente
tomará siempre el primer lugar en virtud de lo que Él es." Dicho título también
señala hacia la obra sacerdotal de Cristo.
"Jesucristo... el soberano de los reyes de la tierra" (1:5) retrata el aspecto de realeza dentro
de la obra de Cristo. Los reyes de la tierra han sido siempre monarcas orgullosos y poderosos,
y hasta el momento de la aparición de Cristo, ejercerán una fuerte influencia. Pero cuando
Cristo venga para poner en función sus derechos soberanos, Él tendrá el supremo dominio de
todo. Todos los cetros imperiales serán destruidos y todas las autoridades opositoras
serán desmanteladas. Como el Señor de señores. Cristo dominará sobre todos aquellos que
ejerzan autoridad; como Rey de reyes, reinará sobre todos los que reinen. ¡Qué gobierno
soberano le espera a esta caótica tierra!
"Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin" aparecen en 1:8, 11, pero muchos
eruditos sostienen que la primera parte del versículo 11 no aparece en el texto original tal
como lo escribió Juan. (El título habría sido tomado del versículo 8 y la frase "el primero y el
último" vendría del versículo 17. Aquí nos encontramos con uno de esos divinos "Yo soy"
que hacen resaltar la dignidad y la autoridad de Cristo. Alfa y omega, primera y
última letras del alfabeto griego, sugieren que Cristo es el principio y el final de todo lo
referente a los planes
de Dios con relación a la humanidad. Él es el primero y el último y todo lo que
llena el intermedio.
Cristo aparece nuevamente en el versículo 8 como el Ser de los tres tiempos (como aparece
en el versículo 4), pero esta vez, con dos adiciones: "el Señor", "el
Todopoderoso". Estos títulos constituyen una conclusión apropiada para esta sección tan
abundante en ellos. Con la manifestación del juicio sobre las fuerzas antagónicas del infierno
y de la tierra y todo el odio que se había amontonado sobre los justos, es de mucha
consolación contar con la revelación
de la autoridad omnipotente del Señor, y otros recursos en los cuales apoyarnos
desde el principio del libro.
Como veremos más tarde, las circunstancias en que vivirán los necesitados los
obligarán a hacerle constantes demandas a tan poderoso nombre. Grandes poderes malignos
tratarán de hundir al pueblo de Dios, pero el Todopoderoso estará presto a defenderlo. ¡La
omnipotencia
se enfrentará a esas fuerzas arrogantes y soberbias. . . ¡y triunfará! La gran
pregunta del Apocalipsis es "¿Quién reinará?" Sólo hay una respuesta a esta
pregunta crítica: El Señor Todopoderoso.
La revelación y la enumeración de las dignidades de Cristo figuran en la triunfante doxología
de los redimidos (1:5, 6). Nuestros sentimientos son conmovidos profundamente y asciende
nuestra adoración cuando meditamos en todo lo que el Señor es en sí mismo y de qué manera
son aplicados sus atributos a favor de todos los suyos.
"Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre" (1:5). La liberación está ya
realizada, pero el amor de Dios continúa para siempre. "Como había amado a los suyos. . . los
amó hasta el fin" (Juan l3:l). ¡Qué gran fortalecimiento trae a los redimidos de
todos los tiempos el amor inconmovible y siempre presente del Redentor! Durante
el período de la Tribulación, cuando el fuego de la persecución se amontone alrededor del
pueblo de Dios que haya quedado sobre la tierra, ¡qué cantos de triunfo y de victoria
entonarán los redimidos al descansar confiadamente en el amor de su Libertador!
"Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre" (1:6). Juan no olvida celebrar
la alta dignidad de los redimidos. Cristo, cuya sangre y amor constituyen la
base de nuestra confianza y descanso, ha hecho a su pueblo "un reino para ser
sacerdotes para su Dios, su Padre". La palabra original de la cual viene el término "reyes"
aparece en singular: "reino", lo cual está completamente de acuerdo con todo el libro, e
indica que los redimidos no serán únicamente sujetos gobernados, sino que también
ejercerán soberanía. Los santos han de reinar como sacerdotes. Ahora todos los
creyentes ejercen las funciones sacerdotales aquí en
la tierra (Efesios 2:18; Hebreos 13:15), pero el Apocalipsis prevé el ejercicio de un sacerdocio
real.
Walter Scott pregunta: "¿Cuál es el significado de la dignidad real y la gracia
sacerdotal? Zacarías 6:13 establece exactamente esta posición: 'Se sentará y dominará
en su trono, y habrá sacerdote a su lado.' Como nosotros hemos de reinar con Cristo, el
carácter de su reino determinará la naturaleza del nuestro. Nunca olvidemos nuestro elevado
rango, ni actuemos por debajo de él en la práctica. Pensar en ello constantemente
nos impartirá dignidad de carácter y nos mantendrá por encima del espíritu de
ambición por el dinero que reina en nuestro tiempo (1 Corintios 6:2, 3)." ¡Sí, y notemos
el orden: reyes y sacerdotes! Si queremos interceder con eficacia, debemos reinar
constantemente en la vida. Cuando triunfemos sobre
el mal interno y externo como reyes, entonces tendremos libertad y poder como sacerdotes
para interceder por la causa de los perdidos y de las almas en pecado.
"A él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos" (1:6). En esta atribución de eterna gloria
y dominio a Cristo, vislumbramos el cumplimiento de su gloria visible y su extenso dominio tal
como lo anunciaran los santos del pasado. Conforme se va desarrollando la revelación, esta
doxología aumenta en plenitud. Aquí es doble; en 4:11 es triple; en 5:13 es cuádruple; y en
7:12 es séptuple.
En el versículo 7 hallamos un testimonio sobre la segunda venida de Cristo. William Neweil
designa con toda razón este versículo como el primer gran texto del Apocalipsis.
En 21:5 encontramos el segundo:
"He aquí, yo hago nuevas todas las cosas." El glorioso advenimiento de nuestro
Señor es presentado con la exclamación "¡He aquí!" de pie como centinela en el
umbral mismo del libro.
Aquí Juan está haciendo énfasis en el regreso de nuestro Señor a la tierra.
Esto es, su manifestación pública ante el mundo entero, que terminará con el
establecimiento de su reino. Y todo ojo, en un momento u otro, presenciará su
manifestación personal en público. Por la expresión "los que le traspasaron" podemos
entender los judíos y también los gentiles.
Es Juan quien nos hace recordar que fue un soldado gentil quien abrió el costado del Salvador
(Juan 19:33-37).
Así lo expresa Walter Scott: "El vacilante y débil representante de Roma degradó la grandeza
imperial su jactanciosa reputación de justicia inflexible al ordenar cobardemente
que su augusto prisionero, a quien había declarado inocente tres veces, fuera azotado y
crucificado." Pero, ¿hay aquí una referencia especial a los judíos, ya que ellos aguijonearon
a Pilato para que crucificara al Salvador (Zacarías 12:10)? Cuando el pueblo de Israel vea
aparecer a Cristo, creerá en Él, y cuando el verdadero amanecer haya llegado para los
judíos que moren en la tierra, el pueblo experimentará su nuevo nacimiento como nación.
El gemido general de angustia por la venida del Hijo del Hombre no se debe perder de vista.
No debemos limitar el terror a las dos tribus de Judá y Benjamín, ni tampoco a las otras diez
tribus. La expresión usada aquí no es "las tribus de la tierra de Israel", sino "todas las tribus de
la tierra". El anuncio profetice que describe a los hombres escondiéndose en las cuevas de la
tierra para no presenciar la ira del Señor, llega hoy a su realización (Isaías
2:19; 1
Tesalonicen-ses 5:2, 3; Lucas 21:34, 35). Entonces viene el doble asentimiento al testimonio
profetice: "Sí" y "amén". Cristo viene, tanto para los judíos como para los gentiles,
y para ambos grupos la Palabra de Dios permanece para siempre.

La visión séptuple (Parte II)


Continuación de "El cuadro de Cristo dibujado en el cielo" (Apocalipsis 1:12-18)
3. Su Persona (1:12-18)
En esta sección, Juan presenta una impresionante descripción de Aquél cuya voz él escuchó.
Los símbolos de cargo y de personalidad dados aquí, se identifican con el Hijo del Hombre,
quien es poseedor de una plena y completa divinidad. Las siete partes del retrato de cuerpo
entero de Cristo son fáciles de discernir y todas las características (como lo indicaremos más
detalladamente en nuestra próxima sección) están distribuidas entre las iglesias. Al
seguir adelante, debemos observar que hay una vasta diferencia entre los sufrimientos
pasados de nuestro Señor y su soberanía futura. ¡Al fin vemos al Cristo
escarnecido coronado para siempre como Rey de reyes y Señor de señores!
El Apocalipsis trata sobre la Persona y el poder de Jesucristo, con múltiples símbolos sobre sus
actividades, funciones y carácter. Aquí vemos a Jesús relacionado con el tiempo)
con la eternidad, con judíos, con gentiles y con la iglesia de Dios. La parte del primer
capítulo en la que queremos detenernos, es la que muestra a Cristo como el
personaje celestial con apariencia humana. En Él están combinadas la
deidad y la humanidad y están maravillosamente mezclados lo celestial y lo
terreno (1:9-18). ¡Qué enorme diferencia hay entre los pasados sufrimientos de
nuestro Señor y su futuro reinado! Al fin vemos a Jesús (quien fue una vez objeto
de vergüenza, escarnio y contradicción), coronado de honra y gloria.
A. Su vestidura y su cinto (1:13)
• En medio de los siete candeleros,
• uno semejante al Hijo del Hombre,
• vestido de una ropa que llegaba hasta los pies,
• y ceñido por el pecho con un cinto de oro.
La posición de Cristo — en medio de la Iglesia (simbolizada por los siete candeleros)
— lo declara como la Cabeza y el centro de poder de la Iglesia.
El título de Cristo — el Hijo del Hombre — lo identifica con la humanidad y con el juicio.
La vestimenta y el cinto de Cristo declaran su autoridad real y también la majestad de
su sacerdocio. Es una alusión a las bellas vestimentas de los sumos sacerdotes bajo
el orden levítico e indican las cualidades personales y la posición oficial del Sacerdote.
La vestidura de Cristo le "llegaba hasta los pies", pero no se los cubría. De otro modo, Juan no
hubiera podido distinguirlos para inclinarse a adorar a su Señor, cuya forma glorificada estaba
debidamente vestida. En el Calvario, Jesús fue desvestido y sobre su ropa echaron suertes,
pero ahora aparece vestido con su bella túnica, como el gran Sumo Sacerdote. "Y sus vestidos
se hicieron blancos como la luz" (Mateo 17:2).
Cristo también estaba "ceñido por el pecho con un cinto de oro". Cuando el
cinto está alrededor de los lomos es indicación de preparación para el servicio (como en
Juan 13:4, 5), pero cuando está ciñendo el pecho implica dignidad sacerdotal y juicio. El
hecho de que el cinto es de oro, indica la divinidad de Cristo y su legítima dignidad real. El
pecho bien puede implicar calma y reposo, o preparación para el juicio.
Juan no ve a Cristo vestido como Rey-Sacerdote ante el altar de oro con el incensario y el
incienso ardiendo, sino que lo ve entre los candeleros con la despabiladera, como si estuviera
revisando las lámparas del santuario para ver si pueden seguir alumbrando o si se veía en la
necesidad de quitarlas de su lugar pronto. Todas las figuras del lenguaje que siguen son una
expresión de juicio; una revelación del Sacerdote, no en el altar con el incienso, ni siquiera
junto a la lámpara con el aceite, para ver si era necesario llenarla, sino con la despabiladera en
su mano para juzgar y limpiar los candeleros.
Esta visión inicial recibida por Juan, no se refiere a la gracia pastoral de Cristo, sino
a su autoridad judicial. Esta es la razón por la cual el Apocalipsis debe ser visto como un
libro de juicios. Las palabras "Juez" y "juicios" aparecen quince veces en todo el
libro. Las siete iglesias se presentan como si estuvieran en el lugar de este
juicio, el cual debe siempre empezar por la casa de Dios (1 Pedro 4:17). Si quiere una
enumeración de los diversos juicios del Apocalipsis donde Cristo es Juez, tome nota del
siguiente sumario:
1. Juicio de la historia terrena de la Iglesia (capítulos 2 y 3).
2. Juicio de las naciones rebeldes, especialmente las que adoraron a la bestia (capítulos 4
16).
3. Juicio del sistema de idolatría en la tierra (capítulos 17 y 18).
4. Juicio de la bestia, el falso profeta, los reyes y los ejércitos del Armagedón (19:19-21).
5. Juicio de la actuación que se le ha permitido al diablo sobre la tierra (20:1-3).
6. Juicio de las naciones salvadas (bajo equidad, paz y justicia impuestos)
durante el milenio (20:4-6).
7. Juicio de los que se rebelan en la tierra al ser suelto Satanás (20:7-9).
8. Juicio de Satanás en el lago de fuego para siempre (20:10).
9. Juicio de los no salvos ante el gran trono blanco (20:11-15). Cada uno de estos juicios
enideros presenta un rasgo especial de Cristo en cada etapa.

B. Su cabeza y su cabello (1:14)


Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve. La cabeza blanca de
Cristo, descubierta, distinguía fácilmente a la Persona glorificada que era
revelada. La blancura de la lana y de la nieve, usada por Isaías para describir la limpieza
del corazón de
las manchas del pecado (Isaías 1:18), simboliza aquí la pureza absoluta y
también la
existencia eterna del Salvador, cuya sangre derramada puede limpiarnos de lo vil del pecado
y prepararnos para caminar con Él en ropas blancas.
La majestuosa cabeza descubierta del Hijo del Hombre da la idea de experiencia madura y de
sabiduría perfecta, acompañadas de una santidad inmaculada. Daniel tuvo una visión similar.
Un "como anciano de días" estaba vestido de ropa blanca como la nieve y su cabello era como
la lana limpia (Daniel 7:9).
La transfiguración de Cristo fue una anticipación de la visión de Palmos. Pedro, Santiago y
Juan fueron testigos presenciales de la majestad de Cristo y se espantaron al
ver que "resplandeció su rostro como el sol" (Mateo 17:2). Por un momento, ellos
vieron su gloria, gloria como del unigénito del Padre.
Para nosotros, el cabello blanco es indicio de mucha edad, decadencia y proximidad
a la tumba, pero eso no es lo que implica aquí el Apocalipsis, porque el que tenía la cabeza
blanca
en la visión de Juan es el inmutable, inmortal y eterno. Desde la eternidad
hasta la
eternidad, Jesucristo es el mismo y sus años no tienen fin.
Cristo siempre retiene la frescura y el vigor de su juventud. No obstante, siempre ha
sido venerable en la eterna sabiduría y gloria que ha tenido con el Padre desde
antes de la fundación del mundo. Juan, quien una vez contempló la cabeza y los
cabellos de su Señor coronados con espinas, ahora los ve coronados con la diadema de la
gloria del cielo.
C. Sus ojos como llama de fuego (1:14; 19:12)
• Sus ojos eran como llama de fuego.
La Biblia dice mucho acerca de los ojos del Señor, "porque los ojos de Jehová
contemplan toda la tierra" (2 Crónicas 16:9) y están en todo lugar (Proverbios 15:3). Los ojos
y la lengua tienen una connotación especial; los ojos del Señor, observando lo malo y lo
bueno indican el discernimiento divino, su profunda penetración e íntimo conocimiento. En
lo que respecta a
la "llama de fuego," representa el atributo del entendimiento perfecto y la
capacidad de
escudriñar los pensamientos, las intenciones y las motivaciones del corazón. Todas las cosas
están expuestas ante aquellos ojos penetrantes y nadie puede escapar de su escrutinio.
Todos aquellos que vean al Señor a su regreso en gloria, verán sus ojos centelleantes como
llamas de fuego (Apocalipsis 19:12). El Apocalipsis es un libro de fuego, porque
en él se encuentra diecisiete veces la palabra "fuego". Los llameantes ojos de Cristo
siempre están fijos en las escenas de la vida humana; no se cansan de escudriñar
los corazones de los hombres y el verdadero significado de todos los sucesos y las acciones
de los seres humanos. Por eso quemarán todo lo que sea extraño y contrario a su mirada
santa, cuando su poseedor vuelva a la tierra vestido con ropas ensangrentadas.
"Todas las cosas están desnudas y descubiertas ante los ojos de aquel a quien tenemos
que dar cuenta" (Hebreos 4:13).
Cuando Cristo estaba en la tierra, sus amorosos ojos a menudo se empapaban en lágrimas a
causa de los pecados y sufrimientos de aquellos que lo rodeaban. Seguramente no hay ningún
pasaje tan conmovedor en las Escrituras como aquel que describe la compasión de Jesús por
la muerte de uno a quien El amaba: ¡Jesús lloró!
Pero los ojos que vio Juan aquí en Apocalipsis, no estaban rojos de llorar sino de juicio. Cuan
agradecidos debiéramos estar de que a través de la gracia no tendremos que sufrir la mirada
abrasadora de aquellos ojos que escudriñan y consumen todo aquello que se
opone a la voluntad divina.
D. Sus pies refulgentes como en un horno (1:15)
• Sus pies semejantes al bronce bruñido,

• Refulgente como en un horno

Aunque el Hijo del Hombre glorificado estaba vestido con una ropa "que llegaba
hasta los pies", no los tenía ocultos sino visibles, brillantes como bronce pulido. Aquellos
pies estaban descalzos, así como los sacerdotes de Israel ministraban con los pies descalzos.
Los pies del Señor eran como metal fino bien lustrado. Como lo traduce Phillips:
"Sus pies brillaban como brilla el bronce más fino en el horno." La idea aquí es la blancura que
adquiere el latón blanco cuando está en un horno ardiente. Es casi intolerable para la vista
humana.
El bronce es simbólico, no solo de fuerza y duración (Salmo 107:16;
Zacarías 6:1; Miqueas 4:13) sino también de firmeza y juicio divino, como se puede deducir
del altar de bronce y la serpiente de bronce (Éxodo 27:1-7; Números 21:8, 9). Al
ser una aleación de metales producida por el fuego, el bronce es símbolo de la ira de un
Dios tres veces santo sobre el pecado de los hombres. Lo que sugieren los pies es su
caminar libre y santo, y también su poderoso triunfo en el juicio. Aquellos benditos pies que
anduvieron por
las calles de Jerusalén impartiendo misericordia, los mismos que María lavó con sus lágrimas y
que después fueron perforados con clavos por hombres crueles en el Calvario, son ahora los
pies del Vengador, el que viene a pararse sobre sus enemigos. Vea Ezequiel 22:17-22.

E. Su voz y su boca (1:10, 12, 15, 16)


• Su voz como estruendo de muchas aguas...
• De su boca salía una espada aguda de dos filos.
Agrupamos la voz y la boca en un solo conjunto porque van juntas, puesto que la
una es necesaria para que exista la otra. Las palabras voz y estruendo del versículo 15 son
ambas traducidas de la misma palabra griega, foné. El Apocalipsis es un libro de voces,
término que Juan usa no menos de cincuenta veces. La voz estruendosa que escuchó,
corresponde a la voz del "Anciano de días" descrita por Daniel como "la voz de una
multitud" (Daniel 10:6). Las aguas son símbolo de las naciones furiosas y turbulentas
(Apocalipsis 16:4, 5; 17:15). Cuando Cristo aparezca para juicio, su voz clara, distinta y
autoritaria calmará los clamores de la tierra. Nadie será capaz de resistirse al
poder conmovedor y la firmeza de sus palabras. Cuando Él haga resonar su voz, se
derretirá la tierra.
Cuando Cristo estuvo en la tierra, "nunca habló un hombre como ese hombre". A menudo era
escuchada esa voz divina con fuertes lamentos y lágrimas, y sólo en la cruz sus
enemigos lograron hacerlo callar, matándolo. Pero ahora todo es diferente, porque esa voz
irresistible, clara y autoritaria hace silenciar las ruidosas e insistentes voces de los poderes
inicuos y de
las autoridades malignas de la tierra. Así como esa vibrante voz calló las estruendosas aguas
del mar de Galilea, así también ahora esa misma voz resuena como las ondas del mar, fuerte
y majestuosa, y hace callar "el alboroto de las naciones" (Salmo 65:7; 93:4).
Las imágenes de la Biblia son muy explícitas al identificar la espada de dos filos que procede
de la boca de Cristo como "la espada del Espíritu", que es la totalidad de la Palabra infalible
de Dios (Apocalipsis 2:12, 16; Isaías 49:2; Efesios 6:17; Hebreos 4:12). La
Palabra que
proclama esa voz será el fundamento del juicio y de la sentencia divina cuando Cristo venga
para juzgar al mundo. Al ser más aguda que toda espada de dos filos, esa palabra penetrará y
descubrirá los pensamientos y las intenciones de aquellos que se atreven a hacer
guerra contra el Cordero y contra sus santos. Ninguna arma carnal será usada para
dominar a sus adversarios (Apocalipsis 19:13, 15). Sin embargo, Él los matará con "las
palabras de su boca" (Oseas 6:5).
• La espada con la cual Tú gobiernas
• Está en tu boca, no en tu mano.
Como espada de dos filos, la Palabra puede servir para salvar o para matar y es poderosa, ya
sea para la disciplina o para la destrucción. Los dos filos de esta espada — el Antiguo y el
Nuevo Testamento — tienen poder para quitar el pecado del hombre, o para quitar al hombre
que continúa en sus pecados (Apocalipsis 2:12, 16; 19:15,21;
Isaías 11:4; 2 Tesalonicenses 2:8). La palabra griega que se traduce por espada, aparece seis
veces en el Apocalipsis. En este período de la Iglesia cristiana, todos aquellos que usen otra
arma para hacer avanzar la causa de Cristo, perecerán con las mismas armas que
hayan tomado (Apocalipsis 13:10; Mateo 26:52). Pero los que usen esta espada, descubrirán
que es poderosa en Dios (2 Corintios 10:4).
F. Su mano derecha (1:16, 17, 20)
• Tenía en su diestra siete estrellas...
• Él puso su diestra sobre mí...
• El misterio de las siete estrellas
• Que has visto en mi diestra.
"Su diestra" (la mano derecha) es una expresión muy común en las Sagradas
Escrituras y denota una posición de autoridad suprema o divina, así como protección y
fuerza (Efesios
1:20; Hebreos 1:3). A menudo oímos hablar acerca de una persona con cualidades especiales
como "mi mano derecha", lo cual significa que dicha persona es alguien en
quien se ha delegado autoridad y que por lo tanto es indispensable. Por el hecho de estar a
la diestra del
Padre, Cristo siempre actúa como su Padre lo haría. Que Él nos sostiene con su
diestra
significa que estamos dotados de poder para servir como Él lo haría si todavía estuviera sobre
la tierra.
¡Qué gran sensación de seguridad y consuelo ha de haber experimentado Juan al contemplar
la impresionante visión de su Señor glorificado, sentir su mano derecha sobre sí y escuchar su
tierna voz diciendo: "No temas"! Esta era la misma voz que el apóstol Juan había escuchado
cuando una vez se encontraba con los otros discípulos en el mar, luchando contra las olas, y
Jesús le ordenó que no temiera. Juan sabía mucho acerca de esa poderosa mano derecha de
su Maestro. ¿Acaso no vio él cuando esa mano sanó al leproso, salvó a Pedro de las aguas,
sanó la oreja herida de Maleo y partió y alzó el pan para bendecirlo? Ahora esa misma mano
se había extendido para tocar a Juan y asegurarle que el Maestro a quien él amaba tanto,
vivía para siempre y tenía en su mano las llaves del infierno y de la muerte.
Las siete estrellas que están en la mano derecha de Cristo son los ángeles de las siete iglesias.
¿Quiénes o qué son estas siete estrellas? Algunos han creído que se refieren a los
ángeles
guardianes, pero es muy difícil reconciliar esta explicación con las advertencias
y los reproches (2:4, 5) y con las promesas y exhortaciones de los ángeles (2:10). Otros
toman la posición de que las estrellas o ángeles son la personificación ideal de las fuerzas de
la Iglesia,
así como las fuerzas de la naturaleza simbolizan a los mensajeros de Dios.
La interpretación más común y más ampliamente aceptada en cuanto a las estrellas o ángeles
de las iglesias es que éstas representan a los ministros principales y ancianos que presiden
una congregación, el equivalente a los obispos o ancianos (los supervisores espirituales de la
Iglesia primitiva). Algunos eruditos sugieren que el término tiene su origen en los funcionarios
de la sinagoga judía, donde la posición reconocida del mensajero era expresada por medio del
título "ángel de la sinagoga". Lightfoot hace este comentario:
Es concebible, ciertamente, que un obispo o pastor principal sea señalado como
ángel o mensajero de Dios o de Cristo, pero difícilmente podría ser reconocido como un
ángel de la iglesia a la cual administra.
La figura que Juan usa aquí se aplica en otros lugares también a los maestros,
ya sean verdaderos o falsos (Daniel 12:3; Judas 13;
Apocalipsis 8:10; 12:4). Es una gran esperanza saber que todos los que sirven al
Señor en posiciones de responsabilidad están en su mano derecha, el lugar de posesión y
protección (Juan 10:28-30). Walter Scott dice lo siguiente en cuanto a "las siete estrellas que
están en su mano derecha":
Se declara que las estrellas son los ángeles o representantes de las iglesias. El ángel de la
iglesia es el representante simbólico de la asamblea, como lo son todos aquellos que tienen
responsabilidades en ella (1:20). Las estrellas, como símbolo, son la expresión de:
1. Incontables multitudes (Génesis 15:5).
2. Las personas eminentes en puestos de autoridad civil y eclesiástica (Daniel 8:10;
Apocalipsis 6:13; 12:4).
3. Los poderes inferiores o subordinados en general
(Génesis 37:9; Apocalipsis 12:1). Toda autoridad eclesiástica, todo ministerio y todo gobierno
espiritual en toda iglesia ha sido investido por Cristo. Su capacidad de dar o
retener, de preservar y sostener a todo verdadero ministro de Dios es la idea fundamental
que expresa el que las estrellas estén en su mano derecha. Cuando se duda acerca de la
eterna seguridad de
los creyentes, se dice que éstos están en su mano y en la mano de su Padre, de donde nadie
los puede arrebatar. Pero allí no se dice que ellos están "en su diestra", como se indica aquí.
Los líderes espirituales — no nos referimos a los oficiales, porque no todos ellos
han sido establecidos en la iglesia de Dios — son sostenidos y mantenidos en la mano
derecha del Hijo del Hombre. La mano derecha habla de suprema autoridad y honor
(Salmo 110:1; Efesios
1:20). Qué posición tan responsable y a la vez honorable ocupa todo gobernante de la iglesia.
Daniel 12:3 señala hacia el futuro, a una clase de ministros o gobernantes judíos. Judas 13 se
refiere a una clase de cristianos apóstatas.
Cuando Jesús andaba por el mundo haciendo el bien a todos, sus manos estaban
siempre activas aliviando las necesidades físicas y materiales de los hombres. Sin embargo,
la única recompensa que recibió por todos los beneficios que obró con sus santas manos fue
que éstas fueran horadadas por los clavos. Pero ahora, aquellos que son redimidos por la
sangre que El derramó están seguros en esas manos, las cuales son suficientes para
preservar, proteger y proveer para todos los que están en ellas. ¿Estamos nosotros entre las
estrellas que Él tiene
en su mano derecha? Si es así, entonces la responsabilidad de las estrellas es brillar. Esta es la
noche de la ausencia del Señor en esta tierra y nosotros, los santos,
colectiva e individualmente somos la luz del mundo. Como portadores de luz en medio de
la oscuridad debemos reflejar algo de su gloria.
G. Su rostro como el sol (1:16)
Su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Juan estaba
maravillado al contemplar "el resplandor de su gloria" (compare 2 Tesalonicenses 2:8; Hebreos
1:3). Todas
las cosas de la tierra han de haber quedado extrañamente opacas para el apóstol al ver la
reluciente gloria de Cristo Jesús, de la cual la transfiguración había sido
solamente una vislumbre. ("Resplandeció su rostro como el sol" — Mateo 17:2). Mientras
Cristo estuvo en la
tierra, su eterna majestad estuvo velada, pero ahora, Juan pudo presenciar su gloria
y su
magnificencia imperiales. La apariencia del rostro es la ventana del alma, y ahora, todo lo
que Cristo es dentro de sí mismo irradia en bella y maravillosa gloria.
Existe, por supuesto, una vasta diferencia entre la gloria del sol y la de los
planetas (1
Corintios 15:41). El sol no necesita tomar luz de ninguna otra fuente, sino que es fuente de
luz y energía en sí mismo. En cambio, todos los planetas no son más que meros reflectores de
lo que reciben del sol. Jesús posee una gloria trascendental que proviene totalmente de El
mismo y que se manifiesta en forma triple:
• Para el mundo, Él es la Luz (Juan 8:12).
• Para Israel, Él es el Sol de justicia (Malaquías 4:2).
• Para la Iglesia, Él es la estrella resplandeciente de la mañana (Apocalipsis 22:16).
En la humillación de Cristo, su rostro fue desfigurado más allá de toda apariencia humana. En
un momento dado, su rostro fue escupido y abofeteado (Mateo 26:67), pero ahora una gloria
no creada, más brillante que el sol tropical a mediodía, despide fulgor desde su rostro. [Que
la gloria de aquel bendito rostro esté siempre sobre nosotros! (Vea Números 6:25, 26; Salmos
31:16; 80:3, 7, 19.)
¿Cuál fue la reacción de Juan ante esta resplandeciente visión de Cristo? "Cuando le vi, caí
como muerto a sus pies" (1:17). Las Escrituras registran los poderosos efectos de la
visión gloriosa del Señor en la experiencia de otros santos. Moisés, Josué, Job,
Isaías, Daniel y Pedro; todos supieron lo que era contemplar su gloria; y al contemplarla, se
dieron cuenta de
su pecado y de su debilidad, cayendo postrados a los pies del Señor. Isaías dijo: "¡Ay de mil
porque siendo hombre inmundo de labios. . . han visto mis ojos al Rey,
Jehová de los ejércitos." Juan había reclinado frecuentemente su cabeza sobre el pecho de
su Maestro; sin embargo, ahora cayó a sus pies como muerto. Aunque Juan había sido el
más amoroso y el más amado de los discípulos, nada le servía ahora — ni siquiera
la fuerza de los afectos humanos — a la luz de la magnífica y resplandeciente
gloria de su Maestro. Muchas cosas tienen que morir en nuestras vidas cuando somos
bañados por esa gloria divina.
Después de que Juan hubo caído como muerto a los pies de Cristo, el Señor lo consoló con las
palabras "No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí
que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades" (1:17,
18). Aquella bondadosa mano de Jesús levantó a Juan de donde se encontraba
postrado y entonces escuchó la voz como el sonido de muchas aguas, en un tono
consolador. Hay tres amenes en este primer capítulo, cada uno de los cuales está lleno de
significado espiritual:
• Al que ha muerto en la cruz (1:5, 6)
•Al que vive por los siglos (1:18)
• Al que viene en gloria (1:7).
Tres doctrinas cardinales de la Palabra de Dios están implicadas en estos tres amenes:
• Él murió
• Él vive
• Él viene otra vez.
La orden del Maestro, "No temas", tan repetida por Él, cae otra vez sobre los oídos del apóstol
Juan, confortándolo con el hecho de que su Señor no había cambiado — que el corazón que
latía tierna y amorosamente en Galilea, todavía palpita con amor hacia los suyos — aunque
ahora Él está en su gloria. Como "el primero y el último", Jesús reafirma su
divinidad, su eternidad y su absoluta supremacía. Él es el principio y el fin, y también es todo
lo que ocurre
en el intermedio (1:8). Como el que está vivo, Él se proclamó a sí mismo como la fuente de
vida. La vida de Cristo no comenzó en Belén; su nacimiento solamente reveló al que ya existía
desde la eternidad.
Como el que estuvo muerto. Jesús indicó el aspecto voluntario de su muerte, puesto que su
vida no le fue quitada, sino que Él la puso voluntariamente. Y como tenía poder para poner su
vida, Él fue quien entregó su espíritu (Mateo 27:50).
Como el que vive por los siglos, Jesús proclamó que El nunca más sentiría los dolores de la
muerte. "He aquí que vivo por los siglos de los siglos." Por medio de su propia muerte. Cristo
destruyó el poder de la muerte sobre todos los que creen y sacó a luz la
vida y la inmortalidad. Nuestra gloriosa esperanza es que nosotros también
participaremos de su inmortalidad: "Porque yo vivo, y vosotros también viviréis."
El hecho de que Cristo tenga en su mano las llaves de la muerte y del Hades,
denota su dominio completo sobre los cuerpos y sobre las almas de todos los hombres, con el
derecho y
la autoridad de abrir y cerrar (Apocalipsis 3:7, 8). Walter Scott dice:
Esto demuestra su absoluta autoridad sobre la muerte y el Hades, los carceleros
de los muertos, quienes ejecutan su soberana voluntad. Satanás ya no posee
poder de muerte (Hebreos 2:14). En cuanto al hecho de que las llaves son símbolo de
indisputada autoridad, vea Isaías 22:22 y Mateo 16:19.
Al haber vencido a la muerte, el enemigo a quien el hombre siempre ha temido, y haberse
proclamado a sí mismo Señor de las regiones de oscuridad a donde son enviados los hombres
cuando mueren, Jesús se nos presenta ahora como el Señor de la vida y de la libertad. Como
verdaderos creyentes, vivimos hoy y viviremos siempre, porque Él, dador de la vida no puede
volver a ser atado por la muerte.
Ya entremos al cielo a través de la tumba o que seamos trasladados con la Iglesia, habrá muy
poca diferencia, porque sabemos que por la gracia de Jesucristo vamos a compartir con Él su
vida interminable por los siglos de los siglos.
Los siete candeleros de oro (Parte I)
Apocalipsis 1:20 — 3:22

La parte más importante para los cristianos en el estudio de Apocalipsis es la sección de las
cartas a las siete iglesias (capítulos 2 y 3 del Apocalipsis). Estas interesantes cartas abarcan
casi la octava parte del libro. Que Dios nos dé de su gracia para prestarle atención reverente
al mensaje de las mismas. Aunque estemos muy ansiosos por entrar a la parte especialmente
profética y más espectacular de Apocalipsis (del capítulo 4 en adelante), no caigamos en el
error de querer dominar otras dispensaciones sin prestarle la debida
atención a la dispensación de la gracia, que es la nuestra en la era actual o era
de la Iglesia. Siempre tenemos una gran tendencia a tratar sólo superficialmente con "las
cosas que son".
Las cartas de Cristo dictadas desde el cielo a las siete iglesias forman una sección sobre la
cual se ha escrito más que sobre cualquier otro pasaje del Apocalipsis. Debe hacerse mención
especial de la clásica obra monumental escrita por William Ramsay, titulada The
Seven Chwches (Las siete iglesias). También debemos mencionar el libro de estudio
de Thomas Cosmades, titulado Nothing Beside Remains (No queda nada más).
Entre los excelentes expositores que han estudiado específicamente el Apocalipsis están
Abraham Kuyper, Walter Scott, William Neweil, A. Rice y Christina Rossetti. Ellicott y
Matthew Henry hacen un buen estudio del Apocalipsis en sus presentaciones bíblicas
generales.
Hay varias características comunes esenciales en las cartas a las siete iglesias. En primer
lugar, los diversos aspectos del retrato de Cristo que se nos presenta en el primer capítulo,
están parcelados y distribuidos entre las iglesias, con la adaptación de una
designación específica para cada una de las iglesias. Cristo habló de "mi Iglesia" en Mateo
16:18, y sus
siete cartas comprueban que efectivamente, Él es la cabeza de la Iglesia y por este motivo
está interesado en su bienestar espiritual.
Otra característica notable es el abundante uso del número siete. No sólo tenemos siete
iglesias, sino que las declaraciones y las exhortaciones dirigidas a ellas se repiten también
siete veces. Encontramos un séptuple yo sé y un séptuple el Espíritu dice. También hay un
séptuple mensaje para los vencedores, que es suficiente para satisfacer a cualquier creyente
que tenga el deseo de aplicar la verdad a su propio corazón. Las aplicaciones generales
y personales de cada carta están indicadas con dos frases: "a la iglesia" y "el que tenga oídos".
Estas cartas fueron enviadas a iglesias reales de la época de Juan. Si bien ellas representan
a la Iglesia universal, cada una de estas asambleas es considerada como una entidad con sus
propias bases y suficientemente diferente como para que el Señor la visite y examine. Estas
iglesias no eran siete en una (como los atributos multiformes del Espíritu Santo, presentados
como los siete Espíritus); por el contrario, cada iglesia era responsable independientemente
ante el Señor, quien gobierna y controla a la Iglesia como un todo. Cada iglesia
estaba obligada a andar en la luz, como Él está en la luz. Toda la revelación iba dirigida no
sólo a las siete iglesias mencionadas por nombre sino a todas las iglesias existentes
en ese tiempo (2:23) y hasta el rapto.
El alcance de las cartas
Los lectores inmediatos del Apocalipsis iban a ser los miembros de las siete iglesias de Asia
Menor, desde donde se había extendido el Evangelio hacia el oriente y hacia el occidente. No
es que los miembros de estas iglesias supieran algo acerca de los períodos sucesivos de la
historia de la Iglesia, como nosotros. Estas cartas fueron dirigidas a ellos y han de
haber tenido un efecto humillante.
¿Por qué fueron seleccionadas estas siete iglesias? Sólo dos de ellas se mencionan en
las epístolas de Pablo (Efeso y Laodicea). Se excluyen del grupo las iglesias
prominentes que Pablo fundó en Roma, Galacia, Colosas, Filipos, Corinto y Tesalónica.
Puesto que el siete es
el número de la perfección, quizá debamos entender que particularmente estas siete iglesias
representan a la Iglesia de Dios durante toda la era de la Iglesia.
Las ciudades en las cuales estaban ubicadas estas iglesias, quedaban todas junto a la gran
vía internacional del imperio Romano. Los emperadores romanos a menudo les dirigían cartas
a las ciudades del imperio y en la época de Juan, Efeso, Esmirna y Sardis eran ciudades de
importancia mundial. Por lo tanto, estas siete iglesias no fueron escogidas porque hayan sido
las más grandes o las más importantes de aquel período, sino porque cada una de ellas era
una iglesia representativa.
Geográficamente, estas siete iglesias formaban aproximadamente un círculo, lo cual está
de acuerdo con lo que se dice de la visión de su Señor caminando en medio de
ellas. Sin embargo, la revelación en su conjunto es para toda la Iglesia (22:16). Pablo les
dirigía sus epístolas a las iglesias en particular; sin embargo, todo lo que él escribió era
para todas las iglesias de todos los tiempos. Todo lo que contiene la Biblia fue
escrito para nuestra enseñanza "a fin de que, por la paciencia y la consolación
de las Escrituras, tengamos esperanza" (Romanos 15:4).
Como candeleros (o, más correctamente, como lámparas) su luz se estaba apagando y era
incierta; de manera que el Señor, quien es justo en sus palabras y recto en sus juicios, se
dirigió a estas iglesias para corregirlas. Siete iglesias bastaban para demostrar dichos juicios,
ya que este número indica la séptuple y perfecta expresión de la Iglesia. Algunas de entre las
siete fueron consideradas por Cristo como en mejores condiciones que otras, pero una no era
juzgada por el estado de las otras; cada una era responsable por sí misma. Si bien algunas de
estas iglesias mantuvieron su pureza de vida y doctrina por más tiempo que las
otras, el sentido general de esta sección de la iglesia en el Apocalipsis lleva un mensaje
sobre lo que
va a suceder al final.
¿Por qué fueron seleccionadas y mencionadas estas iglesias en el orden en que un viajero
las visitaría? Una respuesta, sugerida por Walter Scott es digna de ser considerada: "Las siete
asambleas seleccionadas forman un símbolo de la Iglesia en su universalidad en los distintos
períodos sucesivos de su historia, como también en cualquier momento hasta su rechazo final
como testigo infiel de Cristo." Las siete cartas pueden tomarse, entonces, como una especie
de bosquejo de historia de la Iglesia. Las siete iglesias en particular formaban un círculo; y
quizá esto representara el círculo completo de la historia de la Iglesia.
Sin embargo, nunca debemos perder de vista el significado original de estas siete cartas.
Estas fueron enviadas a verdaderas iglesias, dentro de una región específica
indicada por Juan y por lo tanto tienen una aplicación local. No obstante, el
espíritu medular de su instrucción sobrepasa un mero uso local, reducido o restringido.
Las verdades y los principios incorporados en estas cartas han sido dados para todas las
iglesias y todos los creyentes a través de los siglos.
Estas cartas también pueden tener un significado profetice. Algunos intérpretes creen que
el cumplimiento final de las cartas tendrá lugar en las sinagogas o asambleas que existan en
Asia Menor después de que la verdadera Iglesia haya sido arrebatada al cielo. Esta idea puede
ayudar a explicar algunas referencias judías en las cartas. Tanto los elogios
como los reproches citados en ellas han tenido un valor profetice a lo largo de esta era de la
iglesia.
Siempre ha habido
• Iglesias que dejan su primer amor (Efeso).
• Iglesias que sufren persecución y pruebas (Esmirna).
• Iglesias mundanas en la práctica (Pérgamo).
• Iglesias culpables de dar falsas enseñanzas (Tiatira).
• Iglesias que toleran el pecado (Sardis).
• Iglesias con sólo un poco de fuerza (Filadelfia).
• Iglesias que niegan la deidad de Cristo (Laodicea).
La oposición satánica mencionada por Juan en los mensajes a las siete iglesias, nunca ha
cesado. Satanás es mencionado en total ocho veces en el Apocalipsis y cinco de ellas están en
conexión con las iglesias (seis veces, si incluimos el nombre "diablo" de 2:10). La
iglesia profesante a través de toda la historia ha sido tentada por Satanás de muy diversas
maneras.
Explorando la idea de considerar las siete iglesias como un sumario de las siete épocas de la
historia eclesiástica, damos a continuación los períodos y fechas aproximados.
A. Efeso (2:1-7)
La Iglesia del primer amor (Siglo I d.C.)
El nombre "Efeso" significa deseada o primer amor y describe adecuadamente el
primer siglo de historia de la Iglesia, el cual se caracterizó generalmente por un profundo
amor y un ardiente celo por Cristo y también por una inflexible oposición a los falsos
maestros y a las doctrinas erradas. Efeso era el centro de una densa población
cristiana y gracias a los esfuerzos de Juan, el cuerpo principal de los pastores de la
región se mantuvo firme contra toda herejía y unánime en la exclusión de los maestros
falsos de las iglesias. Sin embargo, la iglesia que Juan más conocía y amaba había dejado el
celo del principio. Las flores habían caído del árbol. La primera luz se estaba convirtiendo en
lobreguez. (Vea Hechos 20:17-31.)
Efeso, la famosa capital del estado jónico, era conocida como "la luz de Asia". Era famosa
por su riqueza, su sabiduría y su perversión. La adoración de Diana (vea Hechos
19) se extendió de allí a todo el mundo entonces conocido. Pero la iglesia de Efeso (madre
de todas
las iglesias de Asia) se alza sobre las demás como la más espiritual de todas ellas, según lo
expresa el relato sagrado. Sin embargo, como el doctor Campbell Morgan nos recuerda, "el
origen de la iglesia de Efeso está descrito en Hechos 18 — 20; el ministerio elocuente pero
parcial de Apolos fue suplementado y ampliado por el de Pablo. La carta a Efeso describe la
situación de la iglesia unos treinta y cinco años más tarde."
Efeso estaba entregada a la idolatría y una de las herejías prevalecientes
consistía en afirmar que los cristianos podían participar de las inmoralidades de los
festivales paganos. Por esta razón, muchos cristianos dejaron su primer amor. ¿Somos
nosotros tan ardientes y fervorosos en el Señor hoy como lo fuimos en los primeros
días de nuestra vida cristiana, cuando todo lo llevábamos al altar? Aunque quizá todavía
nos quede un lenguaje teológico,
¿no podría ocurrir que nuestro corazón haya dejado de palpitar con el amor a Jesús
que manifestamos en los primeros años de nuestra vida cristiana?
B. Esmima (2:8-11)
La Iglesia perseguida (92-315 d.C.)
Esta última fortaleza de la cristiandad antes de la conquista musulmana, constituía un serio
rival para Efeso, la cual estaba situada a unos sesenta kilómetros al norte de ella. Esmirna
llegó a ser una de las ciudades más grandes y más importantes de Asia Menor. Muy atractiva
en la época de Juan, era llamada "la bella". Esmirna también es famosa por haber sido
el lugar de nacimiento de Hornero (el poeta griego) y por ser la ciudad de Policarpo (obispo
de Esmirna). Fue aquí donde Policarpo sufrió el martirio a los ochenta y seis años de edad, en
el año 155 d.C.
Puesto que no se menciona a Esmirna en ningún otro lugar del Nuevo Testamento, nada se
sabe acerca de la fundación de su iglesia. La idolatría abundaba en la ciudad y
la férrea persecución que se enfurecía contra la cristiandad en ese tiempo tenía su centro en
Esmirna.
El nombre "Esmirna" significa "mirra," una palabra usada tres veces en los evangelios (Mateo
2:11; Marcos 15:23; Juan 19:39). La mirra era también uno de los ingredientes del ungüento
sagrado (Éxodo 30:23-25) y era igualmente usada para embalsamar muertos. Seiss indica en
su excelente comentario sobre el Apocalipsis: "El nombre describe muy bien a una
iglesia perseguida a muerte, postrada y embalsamada en las preciosas especias de sus
sufrimientos,
tal como ocurría con la iglesia de Esmirna. Esta era la iglesia de mirra o amargura que, no
obstante, fue agradable y preciosa ante el Señor."
Así como la mirra debe ser molida para que despida su fragancia, el testimonio
de esta iglesia molida por la persecución produjo una dulce fragancia que fue muy
agradable para el Señor. La sangre de los mártires de este período se convirtió en
semilla para las iglesias venideras. Durante estos 250 años tenemos el período del
martirio bajo la Roma Imperial. Desde Nerón hasta Constantino hubo una era sangrienta para
la Iglesia. Los "diez días" pueden representar los diez distintos intentos a través de edictos
imperiales para destruir a la joven Iglesia. La última persecución duró exactamente diez
años. El número "diez" puede significar también que Dios reconocía que aun el
sufrimiento tiene sus límites. Las diez grandes persecuciones del Imperio
Romano pueden ser enumeradas de la manera siguiente:
1. Bajo Nerón 64-68 d.C.
2. Bajo Domiciano 90-95 d.C.
3. Bajo Trajano 104-117 d.C.
4. Bajo Aurelio 161-180 d.C.
5. Bajo Severo 200-211 d.C
6. Bajo Máximo 235-237 d.C
7. Bajo Dedo 250-253 d.C.
8. Bajo Valeriano 257-260 d.C.
9. Bajo Aureliano 270-275 d.C.
10. Bajo Diocledano 303-312 d.C.
C. Pérgamo (2:12-17)
La Iglesia estatal (315-350 d.C.)
Esta ciudad era la capital política de Asia y era famosa por su saber, su cultura y su ciencia.
Se jactaba de tener la biblioteca más grande, después de la de Alejandría. Walter Scott nos
recuerda: "Fue aquí donde se perfeccionó el arte de preparar pieles de
animales para escribir y es de este nombre de donde se deriva nuestra palabra
pergamino. Así que el nombre de esta ciudad de mal recuerdo escrituralmente hablando
(Apocalipsis 2:12-17) ha sido perpetuado a través de las edades cristianas e
indudablemente muchos manuscritos literarios de valor han sido escritos en pergamino
preparado en Pérgamo."
La ciudad era el asiento de la adoración al emperador y era preeminente por su idolatría.
De aquí las alusiones bíblicas al "trono de Satanás" y "donde Satanás mora". Pérgamo es ahora
un insignificante páramo repleto de imponentes ruinas. Como muchas otras
ciudades históricas, su gloria ha pasado. Debido a su entrega a la adoración de la
naturaleza, lo cual siempre conduce a la corrupción y a la extinción, Pérgamo ya ha
desaparecido como una ciudad habitable.
El Nuevo Testamento no registra la fundación de la iglesia aquí por ninguno
de los apóstoles. Ya en el tercer siglo, la Iglesia había pasado la época del martirio y se
encontraba disfrutando de los favores imperiales. El emperador Constantino la había unido
con el Estado, haciendo del cristianismo la religión estatal en lugar del paganismo.
Evidentemente, el emperador pensó que la religión cristiana haría avanzar su imperio, por
lo que fue bautizado
él e introdujo el bautismo para todos (incluyendo a los niños). Fue en este tiempo cuando el
"bautismo de infantes" fue conocido por primera vez.
El Concilio de Nicea (325 d.C.) fijó el credo oficial trinitario. Los nicolaítas, palabra que
significa "vencedores sobre el pueblo", ganaron influencia dentro de la Iglesia a través del
surgimiento del sacerdocio. Fue en este tiempo cuando el sistema babilónico
hizo su aparición en la Iglesia.
La palabra pérgamo, que significa "totalmente casada", describe
perfectamente la desastrosa unión entre la Iglesia y el mundo. A partir de este matrimonio
fatal, la Iglesia y el sistema mundial nunca han podido separarse. La decadencia
espiritual ha tenido por consecuencia un aumento de favores mundanos. Este tipo de
unión ilícita paraliza la eficacia espiritual de la Iglesia en muchas partes del mundo en el día
de hoy.
D. Tiatira (2:18-29)
La Iglesia papal (500-1500 d.C.)
Los viajeros aseguran que el camino entre Tiatira y Pérgamo es uno de los más bellos del
mundo. Tiatira, puesto militar de Pérgamo, era famosa por su industria de
teñido de brillantes telas escarlata, las cuales eran muy usadas en toda Asia y Europa.
Dentro de la ciudad había un magnífico templo de Diana. También era el pueblo de
Jezabel, la notable e influyente maestra, quien abierta y militantemente apoyaba la vida
inmoral.
G. Campbell Morgan sugiere que "la historia de la iglesia de Tiatira podría
trazarse retrospectivamente hasta las reuniones de oración a orillas del río mencionadas en
Hechos
16, puesto que Lidia, cuyo corazón fue abierto por el Señor en aquella ocasión, era nativa de
Tiatira. ¿Qué cosa más apropiada que suponer que ella fue el instrumento para la fundación
de aquella iglesia cuando regresó a su ciudad natal?"
Tiatira significa "sacrificio continuo." La palabra implica que es "un
sacrificio cuyo transcendente resplandor queda opacado por la repetición". Ahora
llegamos al surgimiento del papado, con la introducción de la mariolatría. Durante el
siglo séptimo, el obispo de Roma ascendió al lugar de cabeza de la Iglesia entera. La
adoración de la virgen María como Reina del Cielo fue introducida en la Iglesia procedente
del paganismo babilónico y casi todos
los templos paganos fueron transformados en "iglesias cristianas" por el mero hecho de pintar
los nombres de los apóstoles sobre los viejos ídolos y adorar al sacerdote con
una cruz. Apareció el sacerdocio, junto con el altar y el sacrificio. Este período también se
caracterizó por un avance consecutivo y progresivo de la apostasía.
D. Sardis (3:1-6)
La Iglesia reformada (1500-1700 d.C.)
En el siglo VI, Sardis llegó a ser una de las ciudades más importantes y prósperas que
había en el mundo antiguo. Era la capital del reino de Lidia. El nombre actual
de esta ciudad, antes rica y orgullosa, es Sart. Su lugar se halla
desolado por completo actualmente.
"Sardis" significa "remanente" o "piedra preciosa" o "cosas que quedan de antes". El sardio,
sardónice o sardónica, un bello tipo de ágata, lleva el mismo nombre. En la iglesia de Sardis,
la mayoría de los miembros estaban entregados completamente a las prácticas
paganas. Tenían nombre de vivos, pero en realidad estaban muertos. Unos pocos
de ellos, sin
embargo, permanecían fieles al Señor y a su Palabra. Mientras que por una parte tenemos en
Sardis un nuevo principio, por ser éste el período en el cual se dejó atrás la historia asociada
con Jezabel, por la otra, las fuerzas de la Reforma no duraron lo suficiente como para evitar
la caída en un frío formalismo religioso. Satanás detuvo la Reforma a medio
camino, y la Iglesia nunca se ha recuperado. Hoy, en muchos lugares, la
Iglesia es ortodoxa, pero legalista, y lleva una ortodoxia muerta y estéril. Es
como un cuerpo bien vestido, pero carente de vida.
E. Filadelfia (3:7-13)
La Iglesia misionera (1700-1900 d.C.)
Acerca de esta influyente ciudad, escribió el escéptico Gibbon:
"Entre las colonias griegas y las iglesias de Asia, Filadelfia todavía permanece en pie, como
una columna en una escena repleta de ruinas, un agradable ejemplo de que los senderos del
honor y la seguridad a veces son el mismo." La ciudad heredó el nombre de su fundador, Átalo
Filadelfo, rey de Pérgamo. Su nombre moderno es Allah Shehr, o "la ciudad de
Dios". Los turcos, sin embargo, no la miran (hay en ella muchos cristianos
griegos) con ninguna veneración.
La iglesia de Filadelfia en los días de Juan era una iglesia fiel, la cual
constantemente aprovechaba las buenas oportunidades. Walter Scott dice: "La ausencia de
acusación en el contenido del mensaje enviado a su ángel es digna de notarse en conexión
con el hecho de que ésta es la de más larga duración entre las siete ciudades
mencionadas." Aquí nos encontramos con una Iglesia verdadera en medio de una iglesia
profesante.
El nombre "Filadelfia" significa "amor fraternal", y en esa forma se usa en griego en Hebreos
13:1: "Permanezca el amor fraternal". En Filadelfia vemos la iglesia evangelista y misionera
del siglo diecinueve. A partir de los grandes avivamientos de Wesley
surgieron los movimientos de misiones foráneos, seguidos por la aparición de
poderosas empresas evangelísticas.
F. Laodicea (3:14-22)
La Iglesia rechazada (Siglo XX d.C.)
Laodicea recibió su nombre de Laodice, esposa de Antíoco II, el monarca Sirio. Quedaba
cerca de Colosas y los cristianos de allí recibieron una carta de Pablo. Cuatro referencias en
Colosenses (2:1-3; 4:13, 15, 16) prueban que el apóstol Pablo estaba familiarizado
con la iglesia de Laodicea. La ciudad misma era un
gran centro bancario; también era famosa por la ropa de lana negra
satinada que se fabricaba y tenía una gran escuela de medicina, notable por su
polvo utilizado en curas oftálmicas (vea 3:18). Sin embargo, la fama y el esplendor
de Laodicea han caído hasta el polvo, porque la ciudad es ahora un escenario de ruinas y
desolación.
El nombre "Laodicea" es altamente sugestivo. Significa "Derecho del pueblo", "gobierno del
pueblo" o "democracia". Se dice que la iglesia es "de ellos". No sólo es la iglesia que está en
Laodicea, sino que es propiedad de Laodicea. Era una iglesia de ellos, no del
Señor: "La iglesia de los laodicenses." La autoridad de Cristo había sido puesta a un lado y
sustituida por
la decisión de una membresía no regenerada, lo que sugiere el estado de la Iglesia profesante
antes del rapto.
A continuación se da un sumario del significado general de las siete iglesias:
•Efeso indica pretensiones eclesiásticas y abandono del primer amor, y caracteriza el
inal del período apostólico.
•Esmima nos hace pensar en el período del martirio, el cual concluyó con la última
persecución bajo Diocleciano.
• Pérgamo revela el empobrecimiento espiritual y el aumento de lo mundano que tuvo
lugar durante el gobierno del emperador Constantino, resultado de su patrocinio público a
avor de la Iglesia.
• Tiatira representa la Edad Media, con la cruel persecución de los santos de Dios por
la Iglesia papal.
• Sardis fue la intervención de Dios por medio de la Reforma, cuya luz todavía sigue
ardiendo.
•Filadelfia está relacionada con el siglo diecinueve y su vasta expansión de actividades
misioneras.
• Laodicea retrata el estado general presente de la Iglesia profesante, la cual debido a
su tibieza, le produce náuseas a Cristo.
Se ha opinado que la historia de las primeras tres iglesias es consecutiva, mientras que las
cuatro restantes se superponen, transcurriendo paralelamente hasta el rapto. El
elemento divino (sugerido por el número tres) es dominante en el primer grupo de iglesias;
mientras que el elemento humano (sugerido por el número cuatro) domina en el segundo
grupo.
En su introducción a la valiosa obra de Cosmades, "Las Siete Iglesias", W. Stuart
Harris señala:
Cuánto nos entristece el saber que no hay ni un creyente cristiano en Efeso en el día de hoy
y que esto se aplica a todas las regiones de las siete iglesias, con la excepción de la iglesia de
Esmirna, donde hay ahora unos cuantos cristianos. El candelero ha sido quitado de su lugar,
como Cristo anunció.
Los siete candeleros de oro (II)
La estructura de las siete cartas
Una característica notable e impresionante de estas siete cartas es la similaridad
de su
formato. Dirigidas desde el cielo por Cristo a su Iglesia, estas cartas tienen todas una misma
forma, variando sólo en ciertos detalles para adaptarse a cada iglesia. Los encabezamientos
de todas las cartas son similares. La estructura de cada carta parece tener
naturaleza séptuple.
a. La descripción de Cristo
En la mayoría de estas cartas existe la repetición de uno o más títulos o descripciones de
Cristo contenidos en el primer capítulo: un título adecuado al estado de la iglesia en cuestión,
que presente a Cristo con todo poder, como Juez lleno de autoridad.
b. La revelación del estado de la iglesia
Las reiteradas frases "yo conozco", "quitaré", "daré", "vendré" y todas las expresiones
con sentido de futuro implican el conocimiento completo que tiene Cristo de la
situación y su autoridad gubernamental, así como su poder para descubrir lo íntimo
del corazón de cada iglesia. Cristo revela su conocimiento íntimo de la vida y obra de cada
asamblea. Por ser Dios omnisciente, ninguna cosa se puede esconder de Él.
c. El elogio de las virtudes
Todo lo que es agradable es generosamente ensalzado por el Maestro. Él tiene cuidado de
encomiar antes de reprobar. Cristo alaba a cada una de las iglesias (excepto la última) por sus
obras y otras características virtuosas.
d. La condenación de los errores
Cristo sería injusto y cruel si no hiciera mención de todo aquello que le desagrada, así como
habla de lo que le agrada. De manera que estas cartas llevan en sí mismas una fiel exposición
de errores. Cada iglesia, excepto la segunda y la sexta, es más corrupta que la
que le
antecede; la última es la más corrupta de todas. Tanto, que no hay ninguna
virtud que alabar. Cristo censura a cada una de ellas, excepto la segunda y la sexta.
e. La exhortación al arrepentimiento
Nos sentimos muy alentados al leer estas valiosísimas joyas de la literatura,
porque contienen la fragancia de la gracia de Cristo. El se presenta a sí mismo como alguien
lleno de deseos de restaurar. Se notará que la primera, tercera, quinta y séptima iglesias son
llamadas
al arrepentimiento. La segunda y la sexta no tienen nada de qué arrepentirse ya que han sido
purificadas por la persecución. La cuarta
estaba reprobada y ya había ido más allá del arrepentimiento.
f. La declaración de juicio
Puesto que Cristo es siempre fiel en declarar la verdad, advierte el peligro que
entraña continuar en desobediencia. ¡Bienaventurada la iglesia o el cristiano que atiende la
voz de alerta de Cristo! El anuncio de juicio lo dio Cristo a todas las iglesias, a
excepción de la segunda y la sexta.
g. La proclamación de la recompensa
Cada recompensa prometida está de acuerdo con un atributo de Cristo. La
conclusión de cada carta consiste en una bendición de victoria personal y un llamamiento
individual. Hay una promesa en cada carta para el vencedor. Para mayor
comprensión y edificación, examinemos estas cartas a la luz de su séptuple plan.
A. La carta a Efeso (2:1-7)
Veíamos anteriormente que por "ángeles" podemos entender los representantes espirituales
de cada iglesia. Walter Scott considera al "ángel de la iglesia" como "representante simbólico
de la asamblea en su presente estado moral. La idea está en la representación. .. Podríamos
hacer mucho énfasis en que no hay una representación oficial sino moral en la idea derivada de
la palabra 'ángel', tal como se usa en conexión con las siete iglesias".
En cada una de las cartas, el que habla es el Señor resucitado y la revelación de sí mismo es
adaptada a la necesidad de cada iglesia. Como lo hemos indicado ya, Cristo se presenta a sí
mismo en términos simbólicos tomados del capítulo 1. Así es como conectamos el versículo 1
del capítulo 2 con los versículos 12, 13, y 20 del capítulo 1. Se ve a Cristo caminando como
Juez en medio de las iglesias. Cada acto es controlado por Aquél que nunca se descuida ni
duerme. Y siendo Él quien sostiene en su mano los siete candeleros de oro, puede quitar de su
lugar cualquiera de ellos. Realmente es una cosa muy seria pensar en que el Señor conoce
exactamente lo que cada uno de nosotros está haciendo. Él sabía que los efesios no toleraban
a aquellos que hacían lo malo. ¿Los podemos tolerar nosotros? ¿Aborrecemos nosotros todo
aquello que es malo?
Había muchas cosas por las cuales alabar a esta iglesia casi intachable. Su
paciencia fue altamente elogiada (esta palabra aparece dos veces). En el
versículo 2 se refiere a la paciencia en el servicio, mientras que en el 3 se habla de la
paciencia en el sufrimiento. En total, el Señor expresó ocho elogios para la iglesia de Efeso.
Sin embargo, hay un triste "pero" en el mensaje de Cristo a esta iglesia. El
primer amor matrimonial con Cristo había sido abandonado. Había una doctrina pura y un
perfecto orden eclesiástico, pero también existía una lamentable falta de amor. El amor a
Cristo es la única motivación para todo servicio aceptable (Juan 21:15-17). ¿No afirmó Pablo
en 1 Corintios 13 que el mejor de los servicios tiene poco valor cuando no hay
amor? Otros amores había surgido allí y la iglesia de Efeso estaba en peligro de caer.
A esta iglesia se le ordenó recordar de dónde había caído y volverse a sus primeras obras.
Con el primer amor se habían ido las primeras obras. El amor anhela amor, porque donde hay
verdadero amor hay también verdadero servicio.
La exhortación "el que tenga oído" se encuentra en la conclusión de cada carta.
En las primeras tres iglesias esta expresión aparece antes del mensaje de Cristo al que
venciere. En
las últimas cuatro, se halla después de la promesa al vencedor.
El Espíritu Santo es el administrador de los asuntos de la iglesia a través de
todo este período, como se indica en la séptuplo repetición de la frase "el Espíritu dice a las
iglesias". Al vencedor de estas iglesias, Cristo le ofrece la provisión del árbol de
vida, lo cual puede indicar exención de deterioro corporal. El árbol era muy significativo
para los griegos, como símbolo del poder divino, dador de vida. "Paraíso" significa "un jardín
delicioso" y representa
la suma de todos los goces espirituales.
B. La carta a Esmima (2:8-11)
Esta carta tiene la peculiaridad al (igual que la carta a Filadelfia) de no contener ninguna
denuncia de culpa. Estas dos iglesias también eran similares en su experiencia de tribulación
a manos de los paganos (instigados por los judíos), "los que se dicen ser judíos y no lo son,
sino sinagoga de Satanás". ¡De igual manera, hoy hay muchos que dicen ser cristianos, pero no
lo son!
Hay algunas características muy interesantes que deben ser consideradas en esta carta, la
más corta de todas. Primero, cuan apropiado es el título de Cristo como, el que
estuvo muerto y vivió". Muchos de los miembros de esta iglesia iban a morir por su Señor. A
éstos les aguardaba un martirio cruel y terrible, pero el que había vencido a la
muerte, Cristo, les prometía una gloriosa resurrección (2:10, 11).
Luego viene un breve pero valioso paréntesis: "(pero tú eres rico)." Aquellos perseguidores
sin corazón habían reducido a los santos a la mendicidad. Pero aunque los cristianos
eran pobres materialmente, en fe eran muy ricos.
En medio de la creciente oscuridad surge el bondadoso y reanimador "No temas".
Debían cobrar ánimo, porque la tribulación tendría sus límites y el atador finalmente atado.
(20:1-3).
Para esta iglesia heroica no había condenación ni palabras de censura o
reproche. La persecución tiene su modo de mantener a los cristianos cerca del
corazón de Dios. Como habían permanecido en la verdad, a los cristianos de
Esmirna no se les ordena que se arrepientan, ni se emite contra ellos ningún juicio.
Cicerón describió a Esmirna como "la ciudad de nuestros más fieles aliados" y es interesante
observar que la única carta, entre las siete, en la cual Cristo usa el término fiel es la que se
dirige a la iglesia situada en una ciudad tan alabada por su fidelidad patriótica.
Así como Esmirna era leal a su monarca, la iglesia de allí lo era a su Señor, a pesar de
los intensos sufrimientos. Esmirna fue llamada "la puerta de los mártires", ya que muchos de
ellos pasaban por sus puertas cuando eran conducidos a Roma. . . y al martirio.
Policarpo, obispo de Esmirna, fue ejecutado allí en el año 155 d.C., a la edad de 86 años.
Como recompensa, recibirían una corona de vida, que era el emblema de realeza y triunfo.
La posibilidad de escapar de la segunda muerte (lo cual implica una muerte distinta
de la
física) puede ser un mensaje a los hombres malvados de Esmirna, quienes estaban empeñados
en destruir a los santos. Es probable que sean reprendidos aquí para ver si
atienden el mensaje y se arrepienten. La recompensa de los de Esmirna está contenida en los
versículos 8
y 10. A través de la carta hay un intercambio entre la vida y la muerte. Para alentar a los
perseguidos, el Señor les hace recordar que hay algo más terrible que la muerte física. Está la
muerte segunda, la cual no tendrá potestad sobre ellos, porque han recibido la corona de la
vida.
C. La carta a Pérgamo (2:12-17)
Cristo es presentado a la iglesia de Pérgamo como el que tiene una espada aguda de dos
filos, lo cual es símbolo de juicio y de ejecución de la verdad. Una comparación entre
los versículos 12 y 16 demuestra claramente cuan bien se adaptaba este título a la
iglesia de Pérgamo. La espada aguda penetra, divide, separa, ordena, descubre, escudriña y
vence. La profecía de Isaías es muy apropiada para Cristo en este punto: "Puso mi boca
como espada aguda" (Isaías 49:2). El cónsul romano en Pérgamo llevaba la espada
como símbolo de su oficio y de poder militar y poseía "el poder de la espada": la autoridad
de pronunciar la pena
de muerte. Pero la espada del Señor es más grande que todas las espadas de los cesares, y
cuando Él la use finalmente (Apocalipsis 19:15), será para dominar los imperios de la tierra.
Evidentemente, Satanás tenía su centro de operaciones en esta ciudad, un
hecho que contribuía a que la posición de los creyentes fuera más peligrosa. El "trono"
permanente de Satanás está en el aire, mientras que sus centros de
actividad pueden cambiar constantemente. La Biblia lo describe como el que
"anda en derredor, buscando a quien devorar". (Compare 2:9 con 2:12, 24).
A pesar de la oposición satánica, los santos de Pérgamo son elogiados por su
lealtad al
"nombre", lo cual significa el carácter o la Persona de Cristo, y "a la fe", que
significa las
enseñanzas y la obra de Cristo. La fidelidad de estos santos, a pesar de tener frente a ellos la
amenaza del martirio, es ilustrada con el fiel Antipas, quien murió por su Señor, a quien tanto
amaba. Pérgamo era uno de los centros importantes de la adoración al
emperador y la tentación de caer en el error de dar a otro la adoración que sólo le
corresponde a Dios era grande. Cuando los cristianos sucumbían, triunfaba Satanás; cuando
ellos eran firmes en la fe, casi siempre el martirio era el precio que debía pagar por su lealtad
a Cristo.
Aunque Antipas quizá pasó inadvertido y desconocido entre los millares de
personas de Pérgamo, y quizá sin una tumba que guardara sus restos, Cristo, sin embargo,
menciona el nombre de este mártir con un amor y con un vislumbre de gloria
únicos en este libro de Apocalipsis. El nombre Antipas significa "uno contra
muchos"; este valiente cristiano se atrevió a salir al frente solo y sellar con su propia
sangre el testimonio de su alma.
Desafortunadamente, aunque en general la iglesia de Pérgamo era buena,
entre sus miembros se había tolerado el error. La falta de disciplina se hace claramente
notable al ver cómo algunos habían seguido a Balaam y a los nicolaítas: "Pero tengo unas
pocas cosas contra ti." Este triste reclamo se encuentra tres veces (2:4, 14, 20).
¿Tiene el Señor alguna cosa contra usted? El doctor Campbell Mor-gan dice que el
balaamismo y el nicolaísmo "parecen describir lo que posteriormente llegó a conocerce como
el 'antinomianismo', la terriblemente errónea enseñanza de que los propósitos del pacto de
Dios se realizarán con toda seguridad y por lo tanto no importa la forma en que los sujetos a
dicho pacto se conduzcan".
Balaam fue el profeta mercenario que amó las riquezas injustas. Representa la unión de la
Iglesia con el mundo, lo cual es equivalente a la corrupción espiritual. La doctrina
de los nicolaítas representa a aquellos que tratan de dominar a la membresía e iniciaron el
negocio del clero. La preponderancia sacerdotal es detestable ante Cristo, quien es
el Gran Sumo Sacerdote.
En el llamado al arrepentimiento tenemos lo que podríamos llamar "el ataque sorpresivo de
Cristo": "Vendré a ti pronto." Y cuando Él venga, la base del juicio será su Palabra. Para los
vencedores habrá "maná escondido" provisto divinamente y una piedrecita blanca de triunfo.
Muchas han sido las interpretaciones que se han dado acerca de la piedra blanca. Se dice
que se daba una piedrecita blanca al triunfador en los juegos olímpicos. Esta llevaba en sí
ciertas distinciones y privilegios. También se daba una piedra como evidencia de absolución y
llevaba inscrito el nombre de la persona absuelta. J. A. Robertson dice que en las cortes de
justicia se utilizaban pequeñas piedras: una piedra negra era señal de que el
reo era condenado, mientras que una blanca era indicación de absolución. La piedra blanca
también era símbolo de amistad: la piedra se quebraba en dos pedazos y cada uno de los dos
amigos se quedaba con la parte que contenía el nombre de la otra persona, en
prueba de unión y comunión permanentes.
El mensaje dado a la iglesia de Pérgamo es muy necesario para la Iglesia de
hoy. "El descuido y las concesiones en cuanto a doctrina y por ende en cuanto a
conducta, hacían indispensable la disciplina en las iglesias," dice G. Campbell
Morgan. "Parece ser que el verdadero enriquecimiento se adquiere a través de restas y no
de sumas."
D. La carta a Tiatira (2:18-29)
Es más que seguro que esta iglesia tuvo su origen en aquella reunión de oración a la orilla
del río en la cual Lidia, nativa de Tiatira, fue convertida cuando el Señor le abrió el corazón
(Hechos 16). Quizá ella misma fuera el instrumento para fundar la iglesia allí a su regreso. En
Apocalipsis l,Juan vio a Cristo como el Hijo del Hombre, pero un Hombre investido con todos
los atributos y actividades de la deidad. Aquí el Mensajero divino se introduce a sí
mismo como el Hijo de Dios, y como tal revela su omnisciencia y autoridad. La descripción
de sus ojos y sus pies, tomada de 1:14, 15, ilustra el aspecto terrible de juicio que El
asume hacia esta iglesia. Los poderes más penetrantes e impresionantes de Cristo están
frente a nosotros
en 2:23, 27, lo cual es un desarrollo del versículo 18.
Afortunadamente, el que "conoce" de grados de importancia, piensa primero en las cosas en
que sobresale esta iglesia. Si aquellos que hacen juicios tan equivocados de los
cristianos siguieran este ejemplo divino, ¡cuan diferente sería el mundo! El servicio, el amor,
la fe y la paciencia son sus virtudes y son justa y equitativamente elogiadas.
Luego viene el reproche por permitir el mal en la iglesia; es un mal personificado en una
mujer real. (La Jezabel del Antiguo Testamento es mencionada como prototipo de esta mujer
en cuanto al pecado.) Esta es la única carta en la que se menciona a una mujer. El nombre
"Jezabel" significa "casta", ¡pero qué contrariedad había entre su conducta y su
propio nombre! La Jezabel del Antiguo Testamento era una mujer
brillante, atrevida e inescrupulosa, quien reconocía a Dios, pero realmente servía a
Baal. En la carta anterior el Señor comparó a los falsos maestros con Balaam, quien les
enseñó a los israelitas a participar
en festivales idolátricos. Ahora los compara con Jezabel, la esposa pagana de Acab,
quien estableció la idolatría en Israel. La forma particular del mal en Tiatira era el
espiritismo: aquella Jezabel afirmaba que recibía revelación divina en sus
actividades ocultistas. Su malvada influencia era multiplicada por el hecho de que
enseñaba e inducía a los siervos de Cristo a que la imitaran.
En esta carta, la más larga de las siete, se da una solemne advertencia a
aquellos que insistentemente toleran y participan en la prostitución espiritual. Si no se
arrepienten, ellos también participarán de la condenación de Jezabel. Pero el Señor es muy
bondadoso, aun con
los más malvados: "Y le he dado tiempo para que se arrepienta." El arrepentimiento
es el camino de salida que Dios ofrece.
A aquellos de Tiatira que no se habían dejado influir por Jezabel y sus fornicaciones (unidas
a sus profundidades satánicas), se les promete tener parte en el reino de Cristo (2:26). Las
obras basadas en la fe ocupan una parte prominente en esta carta (2:19, 26). Las obras de
maldad y las profundidades (2:22, 24) pertenecen a Satanás. La Estrella de la
mañana es Jesucristo mismo y todos los que vencieren tendrán completa posesión de Él. ¡Qué
gran futuro
les aguarda a todos aquellos que tienen a Cristo en su corazón como el heraldo de ese glorioso
día que vendrá, y a todo aquel que venciere! Si somos fieles, sabremos lo grande que será
participar en el reino de nuestro Señor.
Efesios 2:6 nos recuerda que Cristo nos ha hecho participar ya del poder de su
reino celestial, pero el Salmo 2:8, 9, el cual es citado aquí por el Señor resucitado, todavía
espera
su cumplimiento. Cristo es la Estrella de la mañana (22:16), cuya resurrección
anuncia el amanecer de Dios cuando su pueblo se levante con Él. Los lectores de este
mensaje que estén tentados a sucumbir en las profundidades de Satanás, deberían recordar
lo que se dice del diablo en Isaías 14:12, como el lucero caído del cielo. También
nosotros debemos escoger entre lo alto y las profundidades.
Se reserva la autoridad sobre las naciones para todos los verdaderos vencedores,
quienes participarán del reino de Cristo sobre el mundo. Como lo expresa Alexander
Maclaren: "La vida moldeada de acuerdo con el modelo de Cristo es aquella que
es capaz y digna de participar con Él en su reino."
E. La carta a Sardis (3:1-6)
En esta quinta carta parecería como si Cristo estuviera empezando de nuevo. Y Sardis en
realidad marca un notable cambio en la serie.
En las cartas anteriores lo bueno era la regla y lo malo la excepción. Pero aquí en Sardis es
todo lo contrario: sólo un pequeño remanente merecía los elogios de Cristo,
cuyo "yo conozco" consiste ahora en escrutinio y condenación.
Tanto el Espíritu como los líderes espirituales están bajo el control de Cristo y
son sus canales de operación. Toda la plenitud de poder y sabiduría, de las cuales
carecía Sardis, estaban en posesión de Cristo. Aunque esta iglesia parecía perfecta a los ojos
de los hombres,
no lo era ante los ojos de Dios. Tenía un nombre y una reputación en lo que
respecta a organización y ortodoxia, pero se encontraba desposeída de vida espiritual.
¡Tenía obras sin vida!
Dice G. Campbell Morgan: "Es muy probable que existiera en ella conformidad con el modelo
de la Iglesia según Hechos 2:41, 42 en lo que respecta a reglamentos y
adherencia a la doctrina. La forma de adoración y la generosidad estaban libres de
reproche. Pero ante los ojos del Señor todo era un mero andamiaje, como un sepulcro
blanqueado, o como las flores artificiales."
En vista de la segunda venida, la iglesia recibe la exhortación al arrepentimiento. Como un
ladrón, Cristo les quitaría todo lo que poseían si no hacían caso y no se
volvían de su ortodoxia muerta y estéril. Dos veces había sido conquistada la ciudad de
Sardis por no estar alerta. Cristo le dice a la iglesia cual sería el resultado de que
no estuviera atenta a su llegada.
Sin embargo, aún había unos pocos en Sardis que no habían contaminado sus vestiduras y
constituían la manifestación de la justicia en victoria. El nombre "Sardis"
significa "remanente" y viene de una raíz hebrea que tiene el sentido de "aquellos que
escapan o han escapado". En la iglesia de Sardis se podían encontrar unos pocos
creyentes que habían escapado de la contaminación que les rodeaba, que tenían un
nombre al cual hacían honor valientemente, con su vida por Cristo.
¿Estamos nosotros entre los pocos que se han separado para el Señor y
mantienen una perfecta fidelidad a Él? Si es así, entonces también participaremos de las
recompensas que Él tiene para aquellos que son dignos. Debe aclararse que el "borrar el
nombre" (3:5) tiene que ver con la profesión de la fe de la persona, y aquél en quien ha
creído. Compare esto con
13:8; 17:8; 20:15.
Sardis era una iglesia de títeres muertos, que realizaban todas las acciones del cristianismo,
pero producían únicamente obras muertas, porque los miembros no eran animados por la vida
que fluye de Dios. De manera que el Señor les habla como Aquél en quien se
encuentra avivamiento. Él está dispuesto a derramar su Espíritu en su séptuplo plenitud, y
el gobierno
de las iglesias está en sus manos (1:20).
A Sardis se le da un mandamiento similar al que se le dio a Efeso en 2:5. Esta iglesia debía
volverse a aquellas cosas que le habían sido de estima en los primeros tiempos. A la luz de lo
que antes era vida para ella, debía dejar de hacer lo que estaba haciendo actualmente, para
que la chispa de luz que todavía tenía no llegara a morir definitivamente. La condición para
mantenerse con vida era velar, mantenerse despiertos; la otra alternativa eran el sueño de la
muerte y el repentino e inesperado juicio del Señor.
Todo cristiano verdadero tiene la seguridad de que su nombre está en el libro de la vida
(Lucas 10:20). Sin embargo, aquellos que adulteren o falsifiquen la autoridad y veracidad de
la revelación, verán su parte quitada del libro de la vida (22:19). Aquí la palabra
"parte"
significa "herencia." Todos tenemos una herencia o recompensa, que nos puede ser quitada.
La maravilla de maravillas es que Cristo va a confesar el nombre de sus santos victoriosos
delante del Padre y sus ángeles. ¡Y qué gran día será para nosotros si somos
hallados cubiertos de vestiduras blancas, que son la justicia de los santos!
F. La carta a Filadelfia (3:7-13)
Esta iglesia comparte con la de Esmirna la distinción de no ser acusada de ninguna culpa.
Aquí el mensajero divino, quien se manifiesta a sí mismo como el "Santo y
Verdadero", es descrito como el poseedor de la llave de David. Si a alguien se le entregan
las llaves de una ciudad, eso significa que esta persona está investida de libertad y de
privilegios. Y aquí la llave es símbolo del derecho indisputable a entrar y ejercer
toda la autoridad necesaria. Puesto que la revelación como un todo mira hacia el reino,
Cristo hace destacar sus derechos reales como el Señor y Cabeza de la casa de
David. Todas las promesas davídicas serán cumplidas por Él.
La iglesia de Filadelfia es alabada por su fidelidad de acuerdo con sus capacidades. Había
sido fiel en lo poco. Y aunque no parecía de gran importancia a los ojos del mundo a pesar de
su obediencia y su fe, el administrador divino, quien abre y cierra las puertas,
abunda en alabanzas por la manera en que la iglesia de Filadelfia había entrado
por la puerta de la oportunidad que Él había abierto.
Filadelfia es una de las dos iglesias que solamente recibieron alabanzas y aliento; porque sus
miembros fueron fieles, se les dan a realizar nuevos trabajos. Mientras estemos sobre esta
tierra, la recompensa por ser fíeles no es la inactividad sino la entrega de
mayores responsabilidades. Aquellos que se encuentran ya desocupados y sin hacer nada,
deben volver
a la comunión con Dios antes de que Él pueda usarlos. Por esto, el Señor le habla a la iglesia de
Filadelfia como el que abre las puertas de la oportunidad.
Cristo habla de su "poca fuerza" en un sentido no condenatorio. Humanamente hablando, su
fuerza era pequeña, porque ellos eran una pequeña minoría entre judíos y
paganos. No obstante, puesto que su fuerza estaba basada en el nombre de Cristo, ellos
podían entrar por
la puerta abierta. No dice exactamente a qué puerta se refiere.
Consecuentemente, este versículo ha sido muy precioso para muchas generaciones de
cristianos en todas las esferas de servicio en las cuales se han abierto nuevas puertas.
A esta iglesia se le hace la promesa de que será guardada de la hora de la prueba, lo cual
puede significar estar libre de la gran Tribulación. La palabra "de" significa "fuera de" y lleva
en sí la idea de que será guardada fuera de la tribulación (no únicamente a través de ella,
como algunos afirman). No será sino hasta el tiempo en que esta prueba invada a la tierra,
cuando se entenderá o se experimentará la importancia de este mensaje de preservación.
En esta carta también la segunda venida de Cristo es usada como un
incentivo para mantenerse firme. ¡Ojalá estemos determinados a retener nuestra
corona! Los vencedores serán hechos columnas en el templo de Dios. Aunque en la tierra
tienen poca fuerza, serán tallados como pilares fuertes y gloriosos en el cielo y
participarán en la victoria final de Cristo. Entonces, la identificación con el Rey será
completa. Aunque en este mundo no tengan nombre, tendrán un nombre nuevo y
secreto en el cielo. También se promete a los vencedores una completa libertad
en la Nueva Jerusalén: "Y nunca más saldrá de allí." ¿por qué? Porque Cristo es la llave y
guarda a sus santos en eterna seguridad. Todos los que son vencedores, verdaderamente
salvos por gracia, están en el registro de los vivientes, porque son poseedores de vida
eterna.
G. La carta a Laodicea (3:14-22)
Esta última carta es la más triste entre las siete. Contiene la severa desaprobación de Cristo
contra una iglesia apóstata; sin embargo, nos trae una revelación del corazón del Señor como
no puede hallarse en ninguna de las otras cartas. Para describirse a sí mismo, Cristo no utiliza
aquí ningún símbolo. Se declara como "el Amén", un título tan expresivo de su gloria como "el
Verdadero". Como testigo fiel y verdadero, se revela en perfecta armonía consigo mismo. "El
principio de la creación de Dios" indica la autoridad del mensaje de Cristo, el
cual es interpretado en Colosenses 1:15: "Él es la imagen del Dios invisible, el
primogénito (el preeminente) de toda creación." Todo lo que va implicado en estos títulos
había sido negado por los laodicenses, quienes por lo tanto merecían el desagrado y la
condenación de parte del Señor.
El nombre de "Laodicea" viene de dos palabras griegas que significan "pueblo" y "juicio" o
"costumbre". Este nombre implica que la iglesia de este lugar era gobernada
por las decisiones, los juicios y las costumbres de la gente, en lugar de ser gobernada por la
Palabra
de Dios.
El estado de esta iglesia era completamente desfavorable, por lo que no se elogia ninguna
virtud. ¡Cuan trágico es que no existan buenos hechos que permitan elogiar a una iglesia! Por
supuesto, los laodicen-ses poseían cantidades de cosas buenas, cosas que podían decir de sí
mismos. Tenían confianza en sí mismos y se sentían orgullosos y satisfechos. Sin
embargo, para el Señor eran tibios y le causaban náuseas. La primera iglesia había dejado
su primer amor, pero esta última era considerada como tibia.
La iglesia laodicense no estaba cargada de deudas, pues tenía abundancia de
riqueza material; sin embargo, Cristo la declaró miserable y en bancarrota. Aquí
encontramos la expresión "tú eres", refiriéndose a la tibieza espiritual y "tú
dices," refiriéndose a la autocomplacencia (esta iglesia carecía de pasión y de emoción),
y finalmente hallamos el "tú eres" de la terrible e infalible denuncia del Señor. Como
muchas de las iglesias modernas, Laodicea era correcta, pero sin conciencia. El disgusto
que le causaba a Cristo dicho estado se
ve en su forma drástica de tratar a la iglesia: "Te vomitaré de mi boca." El contagio de la
iglesia con el mundo es nauseabundo para Cristo.
Aun para el que lea el Apocalipsis superficialmente, es obvio que el tema básico de
este libro es la segunda venida de Cristo. En su valiosa obra titulada Interpreting
Revelation (Interpretación del Apocalipsis), Merrill C. Tenney hace esta iluminadora
observación:
La creciente inminencia de la venida del Señor se refleja en sus mensajes de corrección a
estas iglesias:
• Efeso: "Pues si no, vendré pronto a ti y quitaré tu candelero de su lugar" (2:5).
•Pérgamo: "Pues si no, vendré pronto a ti" (2:16).
• Tiatira: Retenedlo hasta que yo venga" (2:25).
•Sardis: "Vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti" (3:3).
• Filadelfia: "He aquí, yo vengo pronto" (3:11).
•Laodicea: "Yo estoy a la puerta y llamo" (3:20).
La visión de las siete cartas gira en torno a la segunda venida de Cristo y el efecto que este
suceso tendrá sobre las iglesias. Pero la gracia también se manifiesta en el juicio, porque el
juicio es el resultado del amor de Cristo. Al mismo tiempo que exhorta a la iglesia hacia un
nuevo celo espiritual, está buscando a un hombre, posiblemente de poca importancia para la
iglesia; alguien que esté dispuesto a recibir al Señor. Para tal persona existe
la gran recompensa de participar de la provisión de Cristo y de su trono. El
huésped divino se convierte en el divino anfitrión y prodiga sus dones
gloriosos entre aquellos que voluntariamente vienen y cenan con El (3:20).
En el oro, las vestiduras blancas y el colirio para los ojos, los cuales la iglesia debe comprar
de Cristo según su consejo, encontramos ilustraciones o símbolos que eran conocidos para los
laodicenses, cuya ciudad tenía la fama de poseer tales cosas. (Vea "Las siete iglesias" por Sir
William Ramsey.)
Al final del capítulo 3 nos encontramos con que los santos son arrebatados, mientras que los
practicantes son vomitados. Aunque Juan no describe el rapto, lo da por sentado, puesto que
ya no vuelve a mencionar la palabra iglesia hasta que termina la revelación en sí y llega a las
exhortaciones finales (22:16, 17). En estas cartas a las siete iglesias, el Señor divide
a los miembros en dos clases: los que vencen y los que no vencen. En cada carta hay un
llamado, una advertencia y una promesa:
Un llamado para que se vuelvan al Señor mientras Él se presenta a sí mismo a cada iglesia.
Una advertencia si se desatiende el llamado.
Una promesa si dicho llamado es obedecido.
Desde el 22:6 hasta el 22:21, Juan reanuda lo que ha dejado en los primeros tres capítulos
del libro. Después del capítulo 3 ya no se ve a Cristo entre los candeleros,
sino como Sacerdote-Juez sobre el trono, actuando desde el cielo hasta que regresa a la
tierra.

Los siete sellos


Apocalipsis 4:1—8:5
1. El lugar del trono (4:1.11)
Para estudiar los siete sellos es necesario conocer la atmósfera y la
presentación de la verdad que hay en los capítulos 4 y 5. Cuando finalizan los
juicios del sexto sello, las aterrorizadas multitudes claman en 6:16 que quieren
ocultarse "del rostro de aquél que está sentado sobre el trono" (el Señor Dios Todopoderoso
del capítulo 4) y de "la ira del Cordero" (Aquél que es retratado vivamente en el capítulo 5).
El Apocalipsis es una de las partes más dramáticas de la Biblia. Como literatura simbólica y
como una demostración del triunfo del bien sobre el mal, los capítulos del último de los libros
de la Biblia son inigualables. Por fin vemos a Jesucristo echando abajo y destruyendo, hasta
que toma el poder que le corresponde legítimamente y reina sobre todas las cosas.
El capítulo 4 empieza con el arrebatamiento de Juan al cielo para recibir los planes de Dios
para el futuro. Al finalizar el capítulo tres, vimos que se invitaba al hombre para
que le abriera su puerta a Cristo; ahora una puerta se abre en el cielo para que entre el
hombre. Con esta puerta abierta comienza la parte realmente profética del libro, aunque la
verdadera acción profética no empieza sino hasta en el capítulo 6. Los capítulos 4 y 5 con
sus escenas celestiales parecen ser una introducción a la primera serie de juicios, los cuales
son descritos detalladamente en el capítulo 6.
La frase inicial "después de esto" o "después de estas cosas" (4:1) se refiere a lo que se acaba
de estar considerando en los capítulos 2 y 3. Ahora nos encontramos con un nuevo principio.
Juan pasa de los asuntos de las iglesias a un tema enteramente diferente. La escena también
es diferente, porque ahora Juan está en el cielo. Desde lo alto se le hace entender lo que va
a ocurrir abajo. Puesto que la profecía tiene su origen en el cielo, por encima de la niebla y
de las nubes, Juan debía recibir de la mente de Dios todo lo relacionado con los
sucesos futuros. Cuando estamos parados en la tierra no podemos ver muy lejos. Pero ¡qué
panorama
se despliega ante nosotros cuando subimos a un sitio elevado! Esto también es verdad en lo
relacionado con las cosas de Dios. Los asuntos celestiales, aun cuando se refieran a la tierra,
sólo pueden ser entendidos cuando se consideran desde un punto de vista celestial.
Doce veces es mencionada la palabra "trono" en este capítulo. En total, este término aparece
38 veces en todo el Apocalipsis, haciendo de éste "el sitio del trono" en la Biblia. Los "tronos"
del Apocalipsis pueden proporcionarnos un estudio bíblico de mucha importancia. El
libro empieza (1:4) y termina (22:3) con un trono. El trono de 4:2 es una
preparación para los juicios que se inician en el capítulo 6 y terminan en el capítulo 20. Y
de esa manera vamos desde el juicio de los impíos vivos hasta el juicio de los impíos
muertos. El trono que estamos considerando estaba en el cielo (4:2), para significar los
juicios justos y santos. "El Señor ha preparado su trono en el cielo" (Salmo 103:19).
De este trono no emana más que juicio perfecto y sin engaños.
Por la "primera voz" (4:1) entendemos la voz del Señor ya escuchada (1:10). Ahora esta voz
habla desde el cielo como una trompeta. Hay seis referencias a trompetas en el Apocalipsis,
que están asociadas con tronos y juicios. En el Antiguo Testamento, las trompetas eran usadas
para convocar asambleas. Aquí en el Apocalipsis parecen preparar el camino para el juicio. El
divino ocupante del trono, que no tenía forma física y nunca antes había sido
visto, es llamado "el Señor Dios Todopoderoso" (4:8). Dos piedras preciosas, el jaspe y la
cornalina, son usadas para describir las cualidades de este maravilloso personaje que estaba
sentado en el trono. Consideradas en conjunto, las piedras son emblemas de las diversas
excelencias de la personalidad y la perfección de Dios. El jaspe es translúcido y es
el emblema de la luz, mientras que la cornalina o ágata de color rojo, es el emblema del
amor. De esta manera, el que está sentado en el trono está caracterizado tanto
por los principios como por los sentimientos.
El arco iris que estaba alrededor del trono (4:10) nos hace recordar que Dios será fiel a su
pacto y que una tormenta está a punto de desatarse. Aquí tenemos un
arco iris completamente circular, no semicircular como los que estamos
acostumbrados a ver. Y en lugar de los múltiples colores del arco iris común, este arco
iris celestial lleva el bello color verde de la esmeralda. El color verde nunca cansa la vista y
puede simbolizar el hecho de que
no nos cansaremos jamás de mirar la gloria de Dios manifestada. El arco iris
completo es símbolo de esperanza.
La identificación de los veinticuatro ancianos (4:4) es asunto de disputa entre los teólogos.
Algunos aseguran que estos ancianos son los líderes de un sacerdocio angélico. Por
tener coronas y vestiduras blancas probablemente sean sacerdotes y reyes
de un orden gubernamental. Otros comentaristas identifican a estos ancianos como
santos del Antiguo y del Nuevo Testamento; por el número se cree que tengan que ver con
las doce tribus y los doce apóstoles.
Walter Scott dice que resulta incongruente "imaginar espíritus sentados,
vestidos y coronados, y por lo tanto deben representar al cuerpo general de los redimidos
en el cielo" (5:9). Notaremos que estos "tronos" están subordinados al trono del versículo
2. El número veinticuatro está asociado con la adoración y con el gobierno en el cielo. Doce
es el número gubernamental en la tierra. Si los ancianos son los redimidos —y Juan dice que sí
lo son (5:9)— entonces las coronas de oro señalan la dignidad real y la autoridad
que todo santo va a compartir.
El trono es el centro de acción e interés y señala el desencadenamiento de las
fuerzas naturales como precursoras del juicio venidero. El perfecto ministerio escrutador del
Espíritu está simbolizado por las siete lámparas de fuego (4:5). Presentado como "los siete
Espíritus de Dios", el Espíritu Santo se presenta ante nosotros en la perfección de su ser,
inteligencia y actividad. Identificándose con los justos juicios del trono, Él pondrá
al descubierto todo
aquello que es ajeno a la pureza absoluta del trono. El "mar de vidrio semejante al cristal"
declara la santidad eterna y la pureza del divino ocupante del trono.
Los "cuatro seres vivientes" (4:6) equivalen a los querubines del Antiguo
Testamento. (La palabra traducida como seres viene del griego zoon, que significa
"ser vivo".) Estos cuatro seres simbolizan los atributos judiciales y la autoridad del que
está sentado sobre el trono y están conectados con Cristo, el que está vivo. Los "seres
vivientes" son presentados también como poseedores de perfecta sabiduría y se
encuentran rindiendo incesante adoración y servicio. Además proclaman la santidad y la
eternidad de Aquel que está sentado en el trono.
Como representantes de este trono y ayudantes del tribunal, están listos para ejecutar la
voluntad del Juez. Son seres reales, llenos de vida. El cuatro es el número de la creación; por
lo tanto, los cuatro seres vivientes son representantes de la creación animal de este mundo.
Los "seres vivientes" son descritos como poseedores de plena inteligencia; están
"llenos de ojos delante y detrás" (4:6). Ven hacia adelante y hacia atrás. Tanto el pasado
como el futuro están expuestos ante ellos como un pergamino
abierto. También pueden ver introspectivamente ("llenos de ojos").
En el simbolismo de los rostros, Cristo es presentado como Rey, Siervo, Hombre y Dios (4:7).
El rostro de león sugiere omnipotencia y majestad; el rostro de becerro simboliza
servicio paciente a favor de los hombres; el rostro de hombre manifiesta inteligencia y
compasión y el
de águila denota visión penetrante y rápida acción. Estas maravillosas criaturas
también rinden incesante servicio y constante alabanza. Nunca dejan, ni de día ni de noche, de
actuar
y de rendir adoración. Este capítulo del trono termina con el himno de los ancianos (4:10,
11). La alabanza que asciende al Señor lo proclama como el Creador de todas las cosas. En el
siguiente capítulo. Cristo, como Redentor, recibe la honra merecida. Al rendir sus
coronas ante el trono, los ancianos indican que únicamente el Señor es digno de reinar.

El libro de los siete sellos (5:1-14)


Especialmente en los tiempos en que estamos viviendo, este libro final de la Biblia debería
estar en nuestras manos continuamente. Los sucesos de hoy, pictóricos de
significado profetice, deben cotejarse con el programa divino. El comunismo totalitarista,
con su pasión por el dominio mundial, cobra un profundo significado para nosotros al iniciar
el estudio de esta sección del Apocalipsis, con la manifestación de Aquel que es el
único poseedor del derecho a gobernar al mundo entero.
En el capítulo 5 tenemos el desarrollo del dominio del gobierno celestial sobre la tierra. El
libro no abierto contiene el programa divino, pero está "sellado". Esto no significa que dicho
libro no pueda ser leído, sino simplemente que no se ha hallado a nadie capaz de llevar a
cabo el programa celestial.
En lo que respecta a este libro de siete sellos, en primer lugar estaba "en la mano derecha
del que estaba sentado en el trono" (5:1). La Biblia habla mucho acerca de "la mano derecha",
una posición de autoridad y poder. También el libro estaba "sellado" (5:1). ¿Por qué sellado?
El sello es señal de finalidad y privacidad. También requiere autorización legal para ser roto.
¿Quién podría estar autorizado para abrir este libro? ¿Tendría que fracasar el drama
de la
historia en este preciso momento crucial? Hay algo verdaderamente humano en la referencia
a las lágrimas de Juan. Su tristeza fue abrumadora al darse cuenta de la incapacidad total de
la creación, aun para mirar el libro (5:3). Nadie, arriba, abajo ni más abajo, era digno
de abrir los sellos y poner en acción aquellas fuerzas de liberación del reino
largamente esperado. Así fue como Juan prorrumpió en un llanto de angustia, porque
parecía como si Satanás y el pecado fueran a seguir controlando todos los asuntos del
mundo.
El libro estaba sellado con "siete sellos", que simbolizan el plan perfecto de Dios con relación
al mundo. Cada porción estaba sellada individualmente y el séptimo sello sujetaba la parte
exterior del rollo entero. Sin embargo, las lágrimas de Juan fueron enjugadas muy pronto,
porque uno de los ancianos clamó diciendo: "¡No llores!" Con gozo ilimitado, Juan mira ahora
a Aquél que puede y quiere abrir el libro (5:5, 6). Los sellos del juicio divino, que no pueden
ser abiertos por el hombre, únicamente pueden ser rotos por Aquél en cuya mano horadada
yace el título de propiedad del dominio mundial. La apertura de los sellos es una
de las prerrogativas del Cordero y ninguna otra cosa puede suceder fuera
de su voluntad gubernativa.
En respuesta a aquella exhortación, Juan alza sus ojos para contemplar al león descrito por
el anciano, pero en lugar de eso, lo que ve es un cordero (5:6). ¡El león y el cordero El Señor
Jesucristo es ambas cosas. En lo que respecta a su humanidad. Él es el león de la tribu de
judá, la raíz de David. "El cordero" es su designación más frecuente en el Apocalipsis, donde
el término aparece más de veinte veces. Juan usa aquí una palabra que
significa "el
corderito", sugiriendo así la inocencia y la ternura de Cristo. Esta palabra es usada para hacer
ver el contraste con la malévola "bestia." Nótese también el énfasis que se hace
sobre el cordero inmolado, que está en pie (5:6). De modo que Cristo es presentado aquí
como vivo y resucitado. El león vence en forma de cordero inmolado. La soberanía está
basada sobre el sacrificio. La corona viene desde la cruz. La centralidad de la figura de Cristo
reaparece en la frase en medio (5:6). En los siete cuernos y los siete ojos encontramos la
sabiduría y el poder perfectos como atributos tanto del Cordero como del Espíritu Santo.
Una escena dramática se realiza en el acto de tomar el libro de la mano de Dios (5:7). Cristo
es descrito aquí como si estuviera tomando el poder gubernamental profetizado: "Miraba yo
en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre,
que vino hasta el Anciano de días y le hicieron acercarse delante de él. Y le
fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas
le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será
destruido" (Daniel
7:13, 14). Como lo veremos muy pronto, la apertura de cada sello revela el cumplimiento de un
propósito divino en Cristo y por medio de Él.
Después de que tomó el libro, hubo un acto de adoración de parte de los 24 ancianos, cada
uno de ellos con un arpa de alabanza y con copas de oro llenas del incienso de la intercesión
(5:8). La adoración de los ancianos está basada en la redención (5:5, 9, 12). Cristo
fue el único que pudo morir, porque El mismo no necesitaba de un salvador; ahora estaba
siendo enaltecido como Redentor. No se pudo encontrar ningún pariente-
redentor entre los humanos, ni entre los ángeles; ni siquiera en el mundo de los muertos
(5:3). El uso de arpas nos habla de una celebración de victoria (5:8). En el Antiguo
Testamento unas 43 veces se observa el uso del arpa, uno de los instrumentos más dulces
que se conocen y siempre está conectado con el canto. Las arpas colgadas en los
sauces eran demostración de que la cautividad anulaba el canto del pueblo (Salmo
137:2). Las oraciones de los santos (5:8) son mencionadas por Juan porque ellas contribuyen
a la investidura de Cristo como Juez y Señor
de todos. Sólo basta pensar en los millones de oraciones acumuladas todas en torno
a la
petición de los siglos: ¡Venga tu reino!
El canto de la redención es llamado nuevo (5:9) porque nunca ha existido nada semejante.
Todo el grupo de adoradores le rinden homenaje al Cordero y bendice su sagrado nombre.
¡Qué maravilloso coro de aleluyas!
Este cántico de los glorificados contiene tres temas. Está el tema de la redención: Con tu
sangre nos has redimido para Dios; está el tema de la realeza: Nos has hecho para nuestro
Dios reyes; y también está el tema de la consagración: y sacerdotes. Los santos han de reinar
en la tierra y sobre ella (5:10). El Cordero es el centro del místico y resplandeciente libro del
Apocalipsis, como se hace notar en la séptuple nota de triunfo (5:12). Aquí en este capítulo
tenemos el plan divino para el juicio. Todos los juicios empiezan ahora con
este himno universal. Se ha agotado la paciencia de Dios y el castigo de los
sellos está a punto de empezar. La paciencia divina llega a su fin y la hora de Dios ha
venido. Los capítulos 4 y 5 forman una impresionante introducción a los sellos. Son terribles
los sucesos que van a tomar lugar en breve. El capítulo concluye con el cántico nuevo y
miríadas de ángeles se unen al reverente tributo de alabanza. La creación entera también se
une en el acto de adoración al Cordero, siendo ésta la consumación de sus gemidos de
angustia.

Los siete sellos (6:1 — 8:5)


Al entrar a esta parte estrictamente profética del Apocalipsis, hallamos lo que
ha sido denominado como "el proceso que precede a la victoria". Una de las
características del capítulo 6 es que Juan escribe como un testigo ocular intensamente
observador. "Yo vi" y "Yo
oí" son expresiones de experiencia personal que no podemos pasar por alto al estudiar todo el
libro. En los capítulos 4 y 5, todo ocurre en el cielo, donde tenemos el privilegio de ver los
secretos de la presencia de Dios y la preparación del juicio venidero. Pero del capítulo 6 en
adelante, nuestra atención se dirige a la tierra, con el inicio de sus juicios. Cristo, el Cordero,
por derecho de compra y poder de redención, ahora ejerce un control total. La
soberanía basada en el sacrificio está a punto de manifestarse.
El período total de juicios se extiende desde el capítulo 6 hasta el 20, y es muy importante
notar la conexión entre los sellos, las trompetas y las copas. Los juicios de los sellos y las
trompetas no son simultáneos, sino sucesivos. Los sellos cubren una zona más amplia que las
trompetas, pero éstas son más severas. El Cordero abre los sellos, los ángeles
tocan las trompetas y Dios derrama las copas. Los siete sellos, por tanto, incluyen el
período total de juicio.
De los sellos surgen las trompetas; de las trompetas, las copas. Las trompetas y las copas
presentan en detalle todo lo que los sellos denotan en general. Se podría usar la ilustración
de un telescopio de tres secciones. La sección exterior o cubierta contiene a la
segunda
sección interior, la central. Esta sale de la primera y la tercera sale de ella, como se ve en el
siguiente diagrama:

El séptimo sello contiene las siete trompetas y las siete copas. La séptima trompeta contiene
las siete copas.
Como lo indicamos previamente, algunos expositores bíblicos le dan un sentido "histórico" a
los capítulos 6 al 20 (sugiriendo que los juicios cubren desde la apertura de la era cristiana
hasta el tiempo presente). Pero nuestra posición es que la Iglesia no estará sobre la tierra
cuando estos juicios apocalípticos se derramen, y que están relacionados con los judíos como
nación y con los gentiles también como naciones. Puesto que la Iglesia no es judía ni gentil,
sino "un nuevo hombre" (y por lo tanto no está sujeta a los juicios), se encontrará fuera de la
tierra cuando llegue el día de la visita de juicio. Con este sexto capítulo
empieza la ministración divina del Cordero y no terminará hasta que haya puesto a todos
sus enemigos por estrado de sus pies (Salmo 2).
Una queja muy común en el día de hoy es: "¿Por qué Dios no interviene y hace algo
para remediar el estado pecaminoso y caótico de este mundo?" Si los que hablan en estos
términos leyeran el Apocalipsis, sus preguntas quedarían inmediatamente
contestadas y sus interrogantes acerca de la no intervención divina quedarían
resueltas. Aquí el Señor está a punto de manifestar su mano.
¡Y qué acción será aquella! En los capítulos 4 y 5 se afirma el trono. En el capítulo 6 empieza
a cumplirse la última semana de Daniel (Daniel 9:26, 27). Daniel no fue invitado a subir al
cielo, pero Juan lo fue. Daniel lo vio todo en visiones nocturnas, pero no
comprendió el significado completo de sus visiones. De esta manera, el Apocalipsis
complementa el libro de Daniel. Actualmente, un usurpador controla al mundo, pero ya
pronto viene el día de Cristo. Esta corrupta tierra está lista y madura para el juicio.
Las fuerzas del mal, que por tanto tiempo han permanecido invictas, están ahora
a punto de enfrentarse a su Señor. Los instrumentos humanos y materiales de
venganza ya van a ejecutar la tarea que Dios les ha asignado.
Dios algunas veces podrá parecer muy lento en arreglar cuentas, pero siempre lo arregla todo
al final. Si bien nos parece que los molinos de Dios muelen muy despacio, podemos estar muy
seguros de que ciertamente molerán. Durante este tiempo, El ha estado
extendiendo su gracia para con los habitantes de la tierra. Es lento para
reprender, pero cuando la vara caiga, ¡ay de las hordas de la tierral

El sello del caballo blanco (6:1, 2)


En el sonoro llamamiento que sirve de introducción a los sellos hay un
punto muy significativo que debe ser considerado. Juan oyó algo como con "voz de
trueno". La palabra "como" indica que está usando un lenguaje figurado. Lo que él
oyó fue una voz fuerte y estruendosa que llamaba su atención a la apertura de los
sellos. Algunas versiones suprimen con mucha razón las palabras “y mira" de los versículos 1,
3, 5 y 7, (pues en el texto griego no aparecen). Retener dichos términos hace que se
conviertan en un llamado a Juan para que venga y mire los caballos.
Pero, ¿a quién se dirigía tal llamado? No a Juan, por cierto, ya que él no necesitaba la sonora
voz como de trueno. ¿Para quién era la orden de venir? No era para Juan, porque él estaba
cerca y había presenciado la apertura de los sellos. ¡Fueron los jinetes de los cuatro caballos
quienes vinieron en obediencia al llamado de uno de los seres vivientes: "Ven"!
Este es el llamado (a los instrumentos humanos empleados en estos castigos
terrenales) a venir y actuar. Y el mandamiento imperativo del ser viviente fue
instantáneamente obedecido.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis son símbolos del poder divino en el juicio. Los caballos son
usados figurativamente en Zacarías 1 y 6; el Apocalipsis casi nunca usa nada que
no sea bíblico. Casi todos los símbolos de este libro nos son interpretados en alguna otra
parte de las Escrituras. Debemos tener presente una regla de oro enunciada por Walter Scott:
"De ninguna manera trate de hallar la interpretación de ninguna parte del Apocalipsis fuera
de su Biblia.
El significado de cada símbolo debe ser buscado en la misma Palabra." Comparando pasaje
con pasaje de la Biblia, llegamos a la conclusión de que los caballos son símbolos proféticos
de las fases finales del dominio mundial por el hombre y también anuncian los instrumentos
humanos que utilizará Dios en sus juicios providenciales sobre la tierra.
Hay todavía otros dos importantes pensamientos al acercarnos a los sellos:
primero, el Cordero abre los sellos mientras todavía está en el cielo en medio
del trono. Oficial y gubernativamente, Cristo está ya a punto de empezar a ejercer el
dominio que su muerte, resurrección y ascensión le otorgaron. La apertura de los sellos es
una de las prerrogativas del Cordero, porque nada puede suceder sin su voluntad
gubernamental. En segundo lugar, los cuatro seres vivientes están conectados con la
ejecución del juicio divino. Debido a su pleno conocimiento de la voluntad divina, están en la
capacidad de ayudar en este juicio.
La identidad del jinete del caballo blanco es un asunto de exposición controversial. Algunos
dicen que lo que tenemos aquí es una visión de las huestes santas y los ejércitos celestiales, y
que el jinete está simbolizando la totalidad de los ejércitos celestiales que se oponen a la
corrupta tierra. Otros ven en los jinetes fuerzas impersonales que se lanzan a sus tareas. Las
ideologías anticristianas se expresan en varias fuerzas y movimientos. De manera que aquí en
el capítulo 6, se ve al primer jinete como símbolo de guerra espiritual, mientras el segundo
representa una guerra real y sangrienta. Pero nuestra respuesta a esta posición es que una
figura generalmente antecede a una fuerza, y detrás de todos los poderes
existe una personalidad dominante. Otros escritores afirman que el jinete es Cristo mismo
y relacionan
los versículos 1 y 2 con 19:11.
Pero creemos que el jinete de este primer sello no es la misma persona que aparece como
Rey de reyes y Señor de señores en 19:11-16. Estos dos jinetes no tienen nada en
común, excepto el color del caballo. El hecho de que ambos caballos sean blancos,
no es prueba evidente de que sean simbólicos de Cristo, como tampoco lo son los
caballos blancos que menciona Zacarías en Zacarías 1:8 y 6:3-6. No cabe duda de que el
caballo blanco siempre ha sido símbolo de realeza y poder triunfador (Napoleón siempre
montó un caballo blanco), y esta característica es una realidad, tanto para el jinete del
primer sello como para Cristo.
El jinete del capítulo 6 no tiene nombre ni título. En cambio, el del capítulo 19 es llamado
"Fiel y Verdadero" y "la Palabra de Dios" y además ostenta el título de "Rey de reyes y Señor
de señores." Cristo, como Cordero, es el que abre los sellos y por lo tanto no
puede ser ninguno de los jinetes de los cuatro primeros sellos. El jinete del caballo blanco
tiene una corona, la cual le ha sido dada (no sabemos por quién). El hecho de que posea
una corona indica meramente su subida al poder como uno de los diez reyes que reinarán por
medio de la operación de los poderes satánicos (Daniel 8:25; 11:36-39; 2
Tesalonicenses 2:8-10; Apocalipsis 13:1-4). A Cristo no se le da ninguna corona; muchas
diademas adornan su frente,
las cuales ha adquirido por derecho divino y por conquista (Apocalipsis 19:2).
Otros contrastes que notar: El jinete del primer sello viene de la tierra, mientras que Cristo
desciende de los cielos abiertos (13:1; 19:11). El primer jinete provoca guerra,
hambre, epidemias, muerte y terror y es seguido por ellos. Estos horrores siempre
acompañan el gobierno de un conquistador ambicioso y cruel. Cristo, en cambio, es seguido
por los ejércitos del cielo cubiertos con finas vestiduras, blancas y puras. También leemos
acerca del primer jinete, que sale venciendo y para vencer. Los dictadores conquistan y
adquieren territorios y posesiones por medio de guerras e invasiones. Pero Cristo no viene
para conquistar. Cuando El aparezca, tomará para sí el poder y el reino que por derecho
legítimo le pertenecen. El no irá
cabalgando hacia la victoria sino desde la victoria que alcanzó en el Calvario cuando exclamó
"¡Consumado es!" Su autoridad judicial y su reino, presentados en el Apocalipsis, son los frutos de
su obra consumada en la cruz.
Creo poder afirmar que el jinete del caballo blanco es el anticristo (la primera
bestia de Apocalipsis 13:1-10). A través de los siglos, el espíritu del anticristo se ha
manifestado en individuos que han tenido un poder grande y terrible. Ahora
llega a su culminación el persistente conflicto. Cristo y las mayores obras satánicas se
enfrentarán. En el primer jinete vemos la primera manifestación del hombre de
pecado, el líder aceptado por las diez naciones confederadas. La corona dada al
anticristo representa su reconocimiento como jefe del imperio revivido. Otros pasajes que se
deben comparar con éste son Salmo 110:6; Daniel
7:8; Isaías 14:16, 17; y Apocalipsis 13:1-10.
El color blanco del caballo denota el poder victorioso del jinete. Los ejércitos de
Persia siempre eran acompañados por caballos blancos sagrados. El anticristo, un gran líder
político
y estratega militar, tendrá la habilidad de producir una serie de conflictos sin
derramar sangre. Con su genio para tratar con los conflictos y las conquistas, este dictador
universal tendrá la sabiduría suficiente para controlar todos los levantamientos y desórdenes
nacionales
e internacionales. Entonces los hombres clamarán: "¡Paz y seguridad!" Pero en lugar de eso,
los rodeará terrible destrucción, como lo indica el segundo jinete:
"Y le sucederá en su lugar un hombre despreciable, al cual no darán la honra del reino; pero
vendrá sin aviso y tomará el reino con halagos" (Daniel 11:21). Todo lo que se relaciona con
este jinete del caballo blanco está caracterizado por una autoridad falsa.
A mediados del período de los siete años, esta brillante figura se convierte en la bestia, la
cual será responsable por muchas atrocidades. Entonces la espada tomará el lugar del arco, y
cuando la espada sea tomada, los seguidores de la bestia perecerán por ella (13:10; 19:20,
21). Ya hay bestias entre nosotros, y están destruyendo los fundamentos de la sociedad. El
aumento del alcoholismo, las drogas, la legalización de la sodomía y el
aborto, y la indulgencia carnal, todo es anticipo del tiempo que vendrá, cuando la
iniquidad estallará sin control

El sello del caballo bermejo (6:3, 4)


Los diferentes colores de los caballos simbolizan los distintos agentes utilizados
en la ejecución de los juicios divinos. Los seres vivientes y los caballos
únicamente están conectados con los cuatro primeros sellos. El color rojo representa
Figurativamente la pérdida
de la vida, seguido por los colores negro y amarillo.
Así como el caballo blanco anunciaba victorias sin derramamiento de sangre, el
bermejo (rojo) trae victorias sangrientas. El rojo tiene el significado de juicio,
sangre y venganza (Jeremías 25:15-33). Con el segundo jinete viene una guerra global, una
horrible sombra de lo que experimentó el mundo durante la Segunda Guerra Mundial. El rojo,
por ser el color de la sangre es simbólico de luchas, violencia y guerra. El arco cede el paso a
una enorme espada. Todas las guerras pasadas y presentes son únicamente un anticipo de
la terrible carnicería que habrá bajo el segundo sello. En este tiempo presente hay
Alguien que "detiene" tales acontecimientos y mantiene restringido el
desbordamiento de las pasiones humanas (2
Tesalonicenses 2:7), pero con el caballo bermejo vendrá un derramamiento de sangre
sin paralelo. Ahora la espada es desenvainada para venganza, no meramente para victoria.
La frase "le fue dado poder" nos presenta la voluntad permisiva de Dios. Este terrible jinete
tiene el mandato divino de "quitar la paz de la tierra": la paz ficticia que él mismo había
instituido. Dios le prometió la paz a Israel si era obediente, y espada, si era desobediente. La
guerra ("espada") es uno de los cuatro furiosos juicios de Dios (Ezequiel 14:21; Joel 3:9, 10).
La devastación de las guerras modernas es asombrosa, y si el mundo
experimentara una guerra nuclear, la destrucción de vidas y propiedades sería
colosal. Los tratados, pactos y convenios serán rotos como hojas de papel. La
vida humana será terriblemente barata, porque los hombres serán considerados
como basura o estiércol para la tierra, útil únicamente para fertilizarla (vea
Ezequiel 39).
El sello del caballo negro (6:5, 6)
Este jinete del caballo negro tiene "una balanza en la mano" con el propósito de pesar los
alimentos; es el símbolo de un hambre espantosa. En Lamentaciones 4:8 y 5:10 descubrimos
que el color negro es la descripción que usa el Antiguo Testamento para el
hambre y la indigencia. Un agotamiento y una desolación terribles son el resultado de las
conquistas del príncipe romano. Durante la guerra no hay tiempo para sembrar, de
manera que lo negro sigue a lo rojo.
El hambre es el resultado natural de los actos de esos conquistadores ambiciosos que quitan
la paz de la tierra. La política de devastar la tierra introducida por los chinos y practicada por
los ejércitos en retirada en años recientes es otro ejemplo de pillaje y saqueo a consecuencia
del hambre que todavía le espera a la humanidad. Este estado simboliza la lamentación y el
llanto que se oirán de parte de aquellos que sufrirán hambre durante la gran
Tribulación, cuando se venda una libra de trigo por el precio del salario de un día de un
obrero o soldado romano.
Muchos de los ricos, según parece, podrán protegerse por un poco de tiempo. El castigo aquí
es particularmente para la mayoría, para los que apenas tienen para vivir (de ahí la mención
del trigo, un artículo de primera necesidad para los pobres). La gente pobre es la que primero
sufre cuando viene una revolución. Los más solventes o ricos son los últimos en sufrir: "No
dañes el aceite ni el vino." (El aceite y el vino, como artículos de lujo sólo aparecen sobre las
mesas de los ricos.) El pan, el vino y el aceite a menudo se mencionan juntos en la Biblia para
dar la idea de abundancia (Proverbios 21:17; Jeremías 31:12; Salmo 104:15). (Las amarguras
de los ricos vienen más tarde; vea Santiago 5:1-5.)
Nadie escapará de la retribución que todos merecen. Los príncipes y los pobres
estarán juntos en el juicio (Mateo 24:6, 7). A menudo Dios utiliza el hambre como
instrumento de juicio. Así leemos, por ejemplo, sobre el hambre en Egipto, y también
cuando los babilonios tenían sitiada la ciudad de Jerusalén, y otra vez más cuando Tito
conquistó a Jerusalén en el año 70 d.C. Ezequiel nos recuerda que el hambre es usada como
juicio sobre aquellos que han pecado (Ezequiel 14:13).
En contraste con esto, observe la diferencia que hay en Ezequiel 36:29, 30: "Y os guardaré de
todas vuestras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré
hambre. Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, para que
nunca más recibáis oprobio de hambre entre las naciones." (Creemos que la Iglesia
estará fuera de la tierra antes de que los sellos sean abiertos.)
Si los sucesos del futuro son anunciados por algunos ejemplos de la actualidad, entonces las
terribles condiciones en las que se encuentran las regiones del mundo azotadas
por el hambre, donde miles de personas mueren diariamente por la falta de
alimentos, son un presagio de los trágicos sucesos de la Tribulación. Entonces, cuando se
manifieste el caballo negro, grandes multitudes perecerán de hambre.

El sello del caballo amarillo (6:7, 8)


Estos juicios iniciales aumentan en severidad, como lo implican estos nuevos presagios
de juicio. Aquí por primera vez se da el nombre del jinete. ¡Y qué nombre más terrible el que se
le da: muerte, con el hades actuando como "carroza fúnebre," como lo expresa
Bengel! Estrictamente hablando, el "amarillo" sería "pálido", "incoloro", con el mismo
sentido con el que describimos un rostro como "pálido como la muerte." Es el color
amarillo-verdoso de un
semblante cadavérico, de aspecto enfermizo, agonizante, o de un cuerpo muerto.
La muerte y el infierno o hades son los custodios respectivos de los cuerpos y las almas de los
hombres. La muerte se adueña de los cuerpos, mientras que el hades recibe las almas. (Vea
1:18; 6:8; 20:13 y también Isaías 5:14.) Bajo este sello, los cuatro juicios
predichos en
Ezequiel 14:21 son manifiestos: "Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: ¿Cuánto más cuando
yo enviare contra Jerusalén mis cuatro juicios terribles, espada, hambre, fieras y pestilencia,
para cortar de ella hombres y bestias?" Los días más amargos para Israel, anunciados mucho
tiempo atrás, han llegado.
Uno de los horrores de la Tribulación será la espantosa ola de muerte. La guerra, el hambre,
la persecución, la peste y los terremotos aportarán su cuota al reino del rey de los terrores.
El caballo amarillo y su jinete se convertirán en la figura central cuando las sombras de los
juicios finales se amontonen sobre un mundo condenado. La peste de la Edad
Media era conocida como "la muerte negra". (Vea Deuteronomio 28:1; Salmo 49:14; Salmo
91:6). Todo castigo enviado sobre Israel a causa de su desobediencia se repetirá en la
Tribulación y será reconocido como enviado por Dios (Levítico 26:22). En este sello
de la muerte, hasta las bestias salvajes se convertirán en instrumento de muerte y juicio
(Jeremías 5:6; 8:7).
D. M. Panton nos hace recordar que "aun en este tiempo de gracia, los
animales son mantenidos en sujeción por el pavor que les tienen a los hombres, y que Dios puso
en ellos en
el pacto de Noé. Lo que ha de ocurrir durante la Tribulación es obvio. El
hambre traerá escasez de alimentos tanto para los hombres como para las bestias y éstas
estarán furiosas de hambre. La despoblación también les dará más auge, porque
siempre que los hombres desaparecen, las bestias del campo se multiplican; y Dios,
incrementando el número de ellas
y desencadenando su ferocidad, tratará de razonar con los hombres carnales con los únicos
argumentos que los carnales entienden. Lo que podrá ocurrir cuando sea quitado
de los animales el temor que tienen del hombre, aun del buey y del perro, es inimaginable.
Dios ha advertido una vez por todas en la historia de Israel cómo puede usar esta
terrible arma (Daniel 6:16-24).
El color cadavérico del caballo está de acuerdo con las obras del jinete. La muerte y el hades
o infierno son compañeros inseparables y ahora operan juntos como instrumentos de juicio y
también para dividirse los despojos. El infierno, como consorte y compañero de la muerte, se
encarga de recibir a aquellos que la muerte elimina.
Las bestias de la tierra (6:8) son las bestias salvajes que completarán la destrucción. Todas
estas bestias hallan la culminación de su crueldad en "la bestia". En medio de su ira, Dios se
acordará de su misericordia, por lo que la autoridad del jinete es limitada. El
jinete del caballo amarillo, con el hades como compañero, estará limitado a la
"cuarta parte de la tierra", es decir, el imperio político. El cuarto imperio mundial
fue el imperio romano y abarcó una gran parte de la tierra. En el mundo romano de aquel
entonces se hablaba de "una tercera parte". Espada, hambre, muerte y bestias: ¡Qué medios
de juicio tan terribles! ¡Ojalá esto hiciera despertar a los no cristianos, al conocer los
días tremendos que les aguardan! Finalmente, la muerte y el hades han de ser lanzados al
lago de fuego para siempre, lo cual
es realmente un apropiado y merecido fin para este jinete y su acompañante
(Apocalipsis
20:14).

El sello de los mártires (6:9-11)


Ahora pasamos de los caballos a los héroes; de corceles a santos. La escena se obscurece y la
intervención pública de Dios en los asuntos de los hombres se hace más obvia. En
los tres últimos sellos encontramos la expresión plena de la ira de Dios sobre
una humanidad culpable.
¿Quiénes son estos santos mártires? Algunos expositores afirman que este
grupo está compuesto de dos clases de personas: judíos y cristianos. Pero
difícilmente puede estar incluida la Iglesia aquí, puesto que, para este tiempo los
creyentes estarán con el Señor, y habrán recibido un nuevo cuerpo en el rapto. Estos
mártires serán principalmente judíos, aunque habrán muchos mártires gentiles también. En
la pregunta "¿Hasta cuándo, Señor?" del versículo 10, encontramos el clamor de los mártires
de la Tributación pidiendo venganza por
su sangre, actitud judía que está en armonía con los salmos imprecatorios. (Vea Salmo 13;
74:9, 10; 79:5; 89:46; 94:1-3. Vea también Deuteronomio 32:40-43.)
Esta petición de juicio sobre los asesinos prueba que los mártires han sido
ejecutados recientemente y que sus verdugos están vivos todavía. El clamor por venganza, que
no estaría
en consonancia con esta época de gracia, sí será adecuado entonces. Lo que tenemos aquí es
el remanente pidiendo venganza. A los mártires se les responde que esperen sosegadamente
hasta el momento correcto del juicio, ya que muchos otros mártires tendrán que agregarse a
ellos. Dios acepta su actitud y le pone un sello de aprobación.
El término "alma" del versículo 9 se usa a veces como una figura para referirse a la persona
entera, como ocurre en el texto griego de Hechos 7:14: "Y enviando José, hizo venir
a su
padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco almas
(personas)." El blanco ha sido llamado "el uniforme del cielo" y es un color que figura
prominentemente en Apocalipsis.
Las almas de los que habían sido muertos fueron vistas debajo del altar, el lugar
de los sacrificios. "Bajo el altar" significa que estaban cubiertos por los
sacrificios. El clamor antiguo: "¿Hasta cuándo triunfará el impío?" había permanecido sin
respuesta hasta cuando le fue dada a Juan esta visión de los que estaban debajo
del altar. Él escuchó la pregunta "¿Hasta cuándo?" y también recibió la respuesta en las
vestiduras blancas. En días de triunfo militar, los ciudadanos romanos caminaban por
las calles de la ciudad vestidos de blanco siguiendo a algún general que había
regresado del campo de batalla con trofeos. ¿No es verdad que Cristo prometió a sus
vencedores que caminarían con El vestidos de blanco? Las "vestiduras blancas" nos hacen
volver al Antiguo Testamento, en el cual se nos habla de las vestiduras en relación con
honores y recompensas.
La "Tribulación" mencionada en 2:10 solamente puede entenderse a la luz de este sello. La
persecución de los judíos que está profetizada en Mateo 24:9-14 alcanzará una fuerza terrible
bajo la bestia, de la misma manera en que millones de judíos fueron asesinados en masa por
Adolfo Hitler. Sin embargo, aun en este sello se pone a la vista la paciencia de Dios.
Este quinto sello cierra los primeros tres años y medio de la Tribulación. Aún
quedan por realizarse las formas más terribles de tribulación, cuando las multitudes
que se nieguen a rendir adoración a la bestia sean muertas, completándose con ellas la lista
de los mártires.

El sello de la ira (6:12-17)


La escena que se describe ahora es tan terrible como excelsa. Cuando se abre el sexto sello
tenemos el presentimiento de que habrá nuevos sucesos: convulsiones en la
naturaleza y consternación entre los hombres. Como un cuadro de caos social en el cual la
naturaleza sufre una violenta desorganización, catástrofe general y terror universal, estos
versículos no tienen paralelo. ¿Este lenguaje, es literal o simbólico? Es probable
que ambos modos estén entretejidos en la descripción de Juan sobre el colapso
moral y gubernamental y sobre desastres y disturbios tanto en lo social como en lo
material.
En este horripilante cuadro de los terribles resultados de la apostasía, se observa a los reyes
tratando de conducir a los agonizantes ejércitos de la tierra. Ahora hemos llegado a la ira del
Cordero, en el momento en que está produciendo terror sin límites entre los hombres. Los
disturbios en los cielos y en la tierra traen como resultado la completa
destrucción y el desmoronamiento de todo el orden civil y moral. La estructura
completa se desploma. Los truenos y los terremotos son símbolos de levantamientos en las
esferas sociales, eclesiásticas
y políticas. El color negro de la tela de cilicio (ropa de lamentación) representa
el poder obscurecedor de Satanás. El sol representa completa o plena autoridad de
gobierno, la luna simboliza la autoridad dependiente y las estrelléis denotan unas
autoridades de rangos más inferiores aún. ¡Cómo fallarán los corazones de los hombres, a
consecuencia del temor!
Ahora está a punto de empezar la gran Tribulación. "El guarda enojo para sus
enemigos" (Nahum 1:2). Los días de revoluciones y masacres en los que estamos viviendo, son
solamente
un anticipo del trágico tiempo de la Tribulación. Los hombres clamarán, pero no a Dios, de
cuyo rostro huirán las aterrorizadas multitudes. Por el contrario, la gente clamará
a las montañas (6:16). Su única protección sería esconderse en el Cordero, no de Él. Hay
solamente
un Refugio: la Roca de los Siglos, pero El no ofrecerá refugio al no arrepentido y ya el tiempo
de gracia habrá pasado. No es un clamor de arrepentimiento el que se oye de parte de estas
atemorizadas multitudes; no hay una súplica por su liberación del pecado y de la condenación
venidera. Sólo les preocupa pedir por su seguridad física.
Siete clases de personas son mencionadas en el versículo 15. En ellas están incluidas todas:
• los reyes y grandes de la tierra (los gobernantes)
• los capitanes (los militares)
• los ricos y poderosos (la clase influyente)
• los siervos (los oprimidos)
• los libres (el resto de la humanidad). El impulso de esconderse del rostro de Dios fue el
resultado de la primera desobediencia. Adán trató de ocultarse de Dios detrás de los árboles
del huerto del Edén. Tal como trató de hacerlo Adán, así ocurrirá con este mundo pecador
cuando el Señor se prepare para venir en gloria. (Observe cómo este sexto sello corresponde
con la profecía de Isaías 2:12, 17-22; 13:6-13; 24:1-6. Note también el Salmo 2.)
¿Quién permanecerá delante de su ira?
¿Quién quedará en pie en el ardor de su enojo?
Su ira se derrama como fuego,
Por él se hienden las peñas (Nahum 1:6).
Las oraciones de los mártires son ahora parcialmente contestadas. Al fin, el Rey
Guerrero está empapado en sangre. Con razón Walter Scott concluye este capítulo diciendo
que todo lector debiera sentir pavor ante "la magnificencia y sublimidad" de la escena que
está a punto
de empezar, la cual se revela en términos tan claros, que su significado difícilmente podrá ser
malentendido.

Un paréntesis de gracia (7)


El capítulo 7 del Apocalipsis es un paréntesis de gracia. En este capítulo tenemos dos visiones
diferentes: la primera visión está relacionada con Israel (7:l-8)y la segunda, con los gentiles
(7:9-17). Hay aquí dos grupos de santos redimidos. No todo es juicio en estos
días de tribulación que estamos considerando. Juan nos da un episodio profundamente
interesante de bendición tanto para judíos como para gentiles. El curso de los juicios
es suspendido y se corre la cortina para que podamos ver el corazón de Dios.
Exactamente cuándo ocurre esta visitación de bendición, no lo sabemos. Pero sí sabemos que
el regreso de Cristo por su Iglesia producirá una profunda impresión en el mundo y que
después del arrebatamiento y traslado
de los santos. Dios obrará en gracia con su pueblo antiguo, los judíos y también
con los gentiles. Muchos serán salvos después del rapto y éstos tendrán que
soportar la hostilidad activa y cruel de la gente incrédula que los rodea.
Muchos de estos convertidos, se encontrarán entre el primer grupo de testigos que
predicará el Evangelio del reino venidero por todo el mundo romano (Mateo 24:14). También
serán los primeros mártires.
Este paréntesis en medio de los juicios de Dios ocurre para que pueda haber una emanación
de la gracia de Dios. Cuatro ángeles aparecen ahora ante nuestra vista. Estos cuatro ángeles
están relacionados con las cuatro direcciones principales de la brújula (Isaías
11:12; Apocalipsis 20:8). Controlan los cuatro vientos, lo que implica que a través
de ellos, Dios puede retener y desatar juicios. El quinto ángel, el del sello del versículo
2, no puede ser Cristo, como algunos lo han sugerido. El ángel-sacerdote de 8:3-5 y el ángel
fuerte de 10:1-10
sí se refieren a Cristo, porque los términos usados y las acciones descritas verdaderamente no
podrían ser aplicadas a ningún ser creado, ni siquiera por estar exaltado. El ángel del sello
evidentemente es un ser espiritual distinguido, que está autorizado para sellar a los siervos
de Dios. Aparece por el este, la dirección desde donde Dios se manifiesta a sí mismo.
En Apocalipsis 7:4-8 los judíos sellados (distintos de la multitud gentil) son numerados y las
tribus son distinguidas cuidadosamente. En números precisos, hay 144.000 judíos
sellados. Estos judíos son salvados antes de la gran Tribulación y son sellados para pasar a
través de ella. Cualquier alteración de un sello oficial lleva en sí la responsabilidad
del castigo. De manera que este sello habla de la protección que tendrán para no ser
molestados. Doce es el número de Israel y tenemos aquí en este acto de sellar, un número
completo pero limitado de
los hijos de Israel: el remanente judío preservado del martirio. Este grupo de 144.000 no es
idéntico con el número de personas mencionado en Apocalipsis 14. Aquí tenemos 144,000 de
todo Israel. En el capítulo 14 tenemos 144.000 de Judá solamente, quienes salen
de los horrores de la hora de prueba que vendrá.
No se nos indica cuándo tiene lugar el acto de sellar a ese número específico de gente de las
doce tribus de Israel. Pero en vista de que el sello lleva el nombre del Cordero y el nombre
del Padre, los judíos numerados que son descritos aquí ya habrán aceptado al Cordero como
Mesías y ahora son protegidos debido a la decisión que han tomado. Aquellos israelitas que
fueron fieles a Dios a pesar de las abominaciones cometidas por otros en medio de su nación,
fueron protegidos por una marca en su frente (Ezequiel 9:4). De manera que los 144,000 están
entre aquellos a los cuales se refiere Daniel cuando dice que están "escritos en
el libro" (Daniel 12:1). Vea también Malaquías 3:16, 17. Un sello representa reconocimiento y
posesión oficiales y cualquier violación del mismo está sujeta a la penalidad de la ley y del
gobierno. Dios tendrá un pueblo sellado al cual Él protegerá y librará a
través de los trágicos acontecimientos que invadirán toda la tierra. Este sello también
protegerá a aquellos que lo posean, de los demonios que serán liberados del abismo
(Apocalipsis 9:4).
La vasta e innumerable multitud de gentiles de Apocalipsis 7:9-17 está en contraste total con
el número más limitado y exactamente definido de israelitas. Esta multitud de gentiles con
palmas en las manos no debe ser confundida ni con la Iglesia ni con Israel. Esta es la grandiosa
reunión de almas que predijo Joel cuando dijo que en el día del Señor, todo aquel que
lo invocara sería salvo (Joel 2:30-32). La incontable compañía representa los
frutos de un extenso trabajo de gracia iniciado inmediatamente después del
traslado de la Iglesia y continuado a lo largo de la siguiente semana profética de
siete años. Anteriormente, Juan había descrito el tributo de alabanza de parte
de aquellos redimidos de toda nación (Apocalipsis 5:9, 10). Esta gran multitud es
identificada claramente en el versículo 14 como
los salidos de "la gran tribulación". Tres preguntas surgen en torno a esta extensión de la obra de
gracia:
... a. ¿Qué ocurrirá con los paganos? La suerte de millones de personas no evangelizadas es
un asunto de seria preocupación. ¿Será condenada toda esta gente una vez que la Iglesia se
haya ido al cielo en el momento del rapto? Es alentador descubrir que grandes
multitudes serán salvas: la "gran multitud" que vendrá de todas las naciones, tribus, pueblos y
lenguas. Y
de esta manera, aunque la Iglesia haya fracasado seriamente en su obra misionera durante
esta dispensación, los confines de la tierra podrán ser alcanzados con el mensaje de la sangre
de Cristo.
... b. ¿Se salvarán algunas almas después del rapto? Cuando la verdadera Iglesia se haya
ido, ¿se habrá terminado toda oportunidad para los perdidos? ¿Tenemos nosotros
suficiente base para decir que los no salvos estarán fuera de toda esperanza de salvación
cuando el día
de gracia, tal como lo entendemos actualmente, haya terminado? Todos los que
tengamos seres queridos no salvos cuando Cristo vuelva para el rapto, podemos pensar que
es posible que estén entre el número de aquellos que saldrán de la gran
Tribulación, lavados por la sangre del Cordero.
Pasajes como 5:8 y 8:3, los cuales tienen que ver con las oraciones acumuladas,
pueden significar que aquellas oraciones por los seres queridos que ahora no son
salvos, serán contestadas en ese tiempo. Tal esperanza, sin embargo, no debe crear
indiferencia acerca de
los perdidos. Si a los perdidos se les hace difícil responder al Salvador en estos días de luz y
libertad, será mucho más difícil que crean en el Señor cuando el anticristo esté en acción.
Pensando en las multitudes que han de ser destruidas por la guerra, el hambre, la peste y la
anarquía en los días del hombre de pecado, es imperativo que luchemos por que los perdidos
se arrepientan y sean salvos mientras la puerta de la misericordia permanece abierta y las
condiciones circundantes todavía contribuyen para una decisión por Cristo.
... c. ¿Se irá el Espíritu Santo con la Iglesia? Algunos enseñan que el Espíritu Santo será
retirado completamente de la tierra una vez que la Iglesia sea arrebatada para encontrarse
con el Señor en el aire. Pero en vista de que el Espíritu Santo siempre está
conectado vitalmente con la salvación de los humanos, Él deberá ser el Agente
activo en el gran avivamiento entre los que estén en la tierra después del rapto. En
7:14, la expresión "han venido" es traducida de una palabra que denota una acción continua,
no pasada, y estos que siguen viniendo de la gran Tribulación están lavados en la sangre del
Cordero, de manera que
el Espíritu Santo debe estar cerca, ya que es Él quien siempre aplica la sangre
eficaz del
Cordero de Dios.
La frase "en la sangre del Cordero" debe entenderse como "por medio de la
sangre del Cordero," implicando el sentido de causa. Ninguna cosa puede quedar
blanca lavándola en sangre. Todos los que se encuentran delante del trono de Dios están
cubiertos con la justicia
de Cristo y están eternamente seguros debido a todo lo que Él hizo por ellos y porque lo han
aceptado como Salvador personal.
Esta gran multitud salva no formará parte de la Iglesia, pero tendrá un lugar delante
del trono. C. I. Scofield enfatiza que, "no serán parte del sacerdocio, la Iglesia, con
la cual
tendrán una relación muy parecida a la relación que tenían los levitas con los sacerdotes bajo
el pacto mosaico." Tampoco podemos reconocer a esta compañía de salvos
como una compañía celestial, porque lo que se nos presenta aquí es una
escena terrenal. Las bendiciones del milenio han de ser compartidas también por esta
multitud vestida de blanco (7:15, 17). Para estos santos de la Tribulación habrá múltiples
recompensas, como lo indica Juan con toda claridad. Entre ellas están las siguientes:
• Estar delante del trono de Dios
• Servir a Dios continuamente en su templo
• Tener a Dios para siempre en medio de ellos
• Ser guardados de hambre y sed en el futuro
• Estar protegidos del sol y del calor
• Tener al Cordero como Pastor para alimentarlos y guiarlos
• Gozar de que Dios enjugue todas sus lágrimas
• Experimentar el descanso de sus obras
• Ser alabados por su fiel trabajo
• Estar en pie sobre el mar de vidrio con las arpas de Dios
•Reinar con Cristo para siempre (7:14-17; 14:13; 15:2-4; 20:4).

El sello del silencio (8:1)


¿Por qué razón hay un capítulo entero entre el sexto y el séptimo sellos? ¿Por
qué este paréntesis interrumpe la secuencia ordenada de sucesos? Una respuesta a esto
sería que el sexto sello (6:12-17) anuncia juicios tan espantosos, que la gente
podría pensar que este horror es el gran día de la ira del Cordero. Pero no lo es. Así,
cuando es abierto el séptimo sello, el cual es una preparación para la aplicación de más
juicios y mucho más severos, se corre el velo para permitir que dos grandes grupos de
gente redimida sean introducidos al escenario como el resultado de una obra de extensión
de la gracia llevada a cabo aun en el tiempo en que los juicios están desolando la tierra.
Cuando se abre este séptimo sello y todo lo que está descrito en los seis sellos anteriores se
ha cumplido, entonces se observa un período de silencio en el cielo, no en todo lugar. Este
sello del silencio es asombroso, ya que no se observa mucho silencio en el libro en general.
Apocalipsis es un libro de mensajes, truenos, voces y acciones de rápido movimiento.
¿Cuál es el significado de este silencio, el único contenido del sello? Esto representa
una breve pausa durante la cual los juicios divinos son suspendidos. Dios no quisiera herir, por
que
El no se complace en la muerte de los impíos. El silencio también indica una pausa entre dos
series. Este séptimo sello es una conclusión especial de todos los juicios de los otros sellos y
constituye un apropiado interludio entre éstos y los terribles sucesos de las siete trompetas
que están a punto de llegar. Es la calma que precede a la tormenta, la quietud antes de la
catástrofe. Es una señal solemne de que el Señor está a punto de dejar su lugar santo para
castigar a la tierra. Esto anuncia la terrible naturaleza de la angustia que ha de venir.
Este silencio tiene lugar en el cielo, indicando que la fuente y origen de todos los juicios de
la tierra está en el trono establecido en el cielo. En cuanto a "la media hora",
algunos
expositores se preguntan si este período de tiempo es literal o simbólico. Es suficiente decir
que representa un breve período durante el cual la acción judicial es suspendida. Media hora
será un tiempo suficiente. ¡Este período parecerá como si fueran siglos para
aquellos que esperan sin respiración a que el Señor empiece a herir la tierra! Al terminarse
el silencio, su obra de juicio será breve. "El Señor es lento para la ira" (Nahum 1:3).
Las siete trompetas
Apocalipsis 8:6 — 11:19
El hecho de que la palabra ángel aparezca más de setenta veces en el Apocalipsis prueba
cuan prominente es el ministerio de los ángeles en el proceso de la
revelación de los propósitos finales de Dios para el mundo. Sus ángeles son los instrumentos
para la realización
de sus múltiples operaciones. Mientras que en esta época de la Iglesia, no
tenemos que depender de los ángeles (ya que el Espíritu Santo es el Administrador de
los asuntos de la Iglesia y el ejecutivo de la Divinidad, el verdadero Vicario de Cristo),
después del rapto de la Iglesia, los ángeles nuevamente sobresalen en la ejecución de los
edictos divinos. Aquellas "cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles" serán ahora
entendidas perfectamente por ellos, cuando sean enviados para llevar a cabo la misión
que les ha sido dada en el cielo, y que deberán realizar entre los hombres. Mientras
más leemos el Apocalipsis, más nos impresiona y nos asombra la obediencia, dignidad
y autoridad de estos seres angélicos, que son más mencionados en el Apocalipsis que en
cualquier otro libro de la Biblia.
La palabra griega de la cual viene el nombre "ángel" significa simplemente mensajero y se
usa tanto para hablar de heraldos humanos como para hablar de los celestiales.
Las siete estrellas (1:20) se usan para simbolizar a los ángeles de las siete iglesias, y estos
ángeles no describen la naturaleza sino el oficio de los líderes espirituales de las iglesias,
quienes eran responsables de mantener brillando la luz gloriosa del Evangelio durante la
obscura noche de
la historia de la Iglesia.
El contexto en el cual se usa la palabra "ángel" ayuda a determinar si se aplica
a seres humanos o celestiales. Vea Lucas 7:24; 9:52; 2 Corintios 12:7; y Santiago
2:25. En estos pasajes la palabra "mensajero"—la misma palabra griega traducida
"ángel"— se usa para designar a aquellos que son enviados con mensajes de varias
clases. Cuando el término es usado para designar específicamente a los seres
celestiales, implica a la vez sus características especiales de servicio (Salmo
103:20, 21; Hebreos 1:13, 14). Hay otras referencias en las cuales la palabra
"ángel" lleva en sí la idea de "representación" o "guardianía" como en el anuncio
de nuestro Señor acerca de sus pequeñitos, quienes tienen ángeles para que los representen
en el cielo. "Su ángel" en Hechos 12:15 y Apocalipsis 1:1 era
un ser celestial de gran prominencia dentro de las jerarquías del cielo, quien en cumplimiento de
su misión representaba al Señor de los ángeles.
En esta era del Evangelio, los ángeles son espíritus ministradores, enviados para ministrar a
aquellos que serán herederos de la salvación (Hebreos 1:13, 14). En
Apocalipsis, particularmente en la parte más prominente del libro, la cual trata sobre la
preparación para
la ejecución de la autoridad judicial de Cristo, casi cada frase tiene su ángel o ángeles, como
se demuestra en este breve sumario:
• Un ángel fue el intermediario entre Cristo y Juan para la transmisión del Apocalipsis (1:1-
4).
•Son ángeles los representantes morales de las siete iglesias (1:20; capítulos 2 y 3).
• Un ángel desafía al universo para ver si hay Alguien con suficiente competencia como para
cumplir los justos designios de Dios con relación al mundo (5:2).
• Los ángeles, en multitud innumerable, adoran y glorifican a Cristo como el
Cordero inmolado (5:11, 12).
• A los ángeles se les ha dado el poder de controlar los elementos naturales (7:1).
• Los ángeles tienen autoridad para sellar a aquellos que son verdaderos siervos de Dios (7:2,
3).
• Los ángeles tocan las siete trompetas, cada una de las cuales tiene su ángel
respectivo
(capítulo 8).
• Los ángeles se identifican con las siete copas de la ira divina (capítulo 16).
• Los ángeles aparecen como aliados de Dios en la guerra celestial contra las
fuerzas infernales (capítulo 12).
• Un ángel proclama el Evangelio eterno (14:6).
• Un ángel anuncia las terribles noticias de la caída de Babilonia (14:8).
• Un ángel proclama a gran voz la terrible sentencia contra los adoradores de la
bestia
(14:9).
• Un ángel sale del templo (14:15), y otro sale del altar (14:18).
• Un ángel es el guardián de las aguas, símbolo de las muchedumbres de la tierra, las cuales
son controladas por él bajo la mano gobernadora de Dios (17:15). Este ángel está de acuerdo
con los juicios divinos. El término "otro ángel" se usa tres veces en el Apocalipsis (8:3; 10:1;
18:1) y le daremos especial atención cuando nos encontremos con él en nuestra exposición de
las referencias aquí mencionadas.
Hay dos grupos diferentes de siete ángeles, a los cuales se refiere Juan como
"los siete ángeles". Se enfatiza el artículo en el texto original para indicar su alta y
honorable posición ante el trono de Dios. Están los siete ángeles asociados con los
juicios de las trompetas (capítulos 8 — 14) y los siete ángeles relacionados con la ira
divina, o las últimas plagas (15:1;
16:1). En vista de que a los ángeles de las plagas no se les pone artículo definido, es probable
que no sean del mismo orden de los que tocan las trompetas, quienes tienen el honor de estar
delante de Dios (8:2). Otros dos grupos numerados de ángeles son los cuatro ángeles de 7:1 y
los doce ángeles de 21:12.
Los ángeles de las siete trompetas
Si bien es cierto que el trono de Dios está rodeado por un ejército incontable de ángeles —
"Millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de Él" (Daniel 7:10)—,
tal pareciera que estos siete ángeles de las trompetas son ángeles presenciales, o "ángeles de
su faz" (Isaías 63:9) y pertenecen, por lo tanto, a un orden exaltado. Cuando Gabriel describió
su posición, dijo que él estaba "delante de Dios" (Lucas 1:19). ¿Será posible que estos siete
ángeles sean todos arcángeles?
El número siete indica que estos seres angélicos de tan alto rango representan la plenitud del
poder Dios en asuntos judiciales y que ellos son los ejecutores de la voluntad de Dios respecto
a los juicios. Detrás de sus pronunciamientos y acciones está la autoridad del trono, ante cuyo
Ocupante divino están siempre ellos. Que hay distinciones entre los ejércitos angelicales, es
algo que indica Pablo en Efesios 6:12. Pero aunque los ángeles de Dios están distribuidos en
varias órdenes y rangos ninguno de ellos deberá usurpar jamás la posición de los demás, sino
que ofrecen conjuntamente a Dios obediencia total y actividad en su servicio.
Las siete trompetas
Las siete trompetas de cuernos de carnero que tocaron los siete sacerdotes en
siete días consecutivos, anunciaron y lograron la destrucción y toma de Jericó (Josué 6).
Aquellos siete sacerdotes tocaron sus trompetas lodos juntos, pero los siete ángeles no las
tocan al unísono, sino uno por uno. Pareciera como si un ángel fuera el equivalente de siete
sacerdotes, y por
lo tanto, "mayor en fuerza y poder", como lo expresa Pedro.
Las trompetas servían para muchos propósitos en los tiempos del Antiguo Testamento y eran
utilizadas para los viajes, los llamados de alarma, los anuncios públicos y la preparación de
los ejércitos de Dios en contra de sus enemigos (Números 10:1-9; Jeremías 1:14-18; 4:19; Joel
2:1; Mateo 24:31). Walter Scott afirma: "Las siete trompetas significan un anuncio perfecto y
completo. Las trompetas místicas de Apocalipsis no deben ser confundidas con las trompetas
del Antiguo Testamento." Cuando los hombres escuchen estos sonidos de trompetas, no serán
confundidos con el significado de sus terribles mensajes.
¿No se piensa en algo majestuoso y solemne cuando estos trompetistas angélicos se preparan
para tocar? Ellos están en pie, trompeta en mano, esperando el momento de
ejecutar sus respectivos juicios (8:6).
De lo profundo del silencio impresionante del séptimo sello, emergen estas siete trompetas
con su misión de carácter judicial, y la serie de siete va aumentando en severidad. Respecto a
los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, no son juicios idénticos ejecutados al
mismo tiempo. Más bien representan tres series diferentes de juicios experimentados durante
la gran tribulación, o la septuagésima semana de Daniel. Los juicios realizados bajo los sellos,
trompetas y copas no serán contemporáneos sino sucesivos.
Las primeras cuatro trompetas describen el estado civil y eclesiástico del Imperio Romano
Occidental resucitado. La quinta trompeta, o primer ay, está relacionada con el
judaísmo apóstata. La sexta trompeta o segundo ay está asociada con los
habitantes inicuos y pecadores del mundo romano. La séptima trompeta o tercer ay sugiere
los efectos universales
de los juicios de Dios.
Antes de examinar más de cerca los anuncios de los siete ángeles, debemos
identificar al ángel separado — "otro ángel" — que aparece en compañía de ellos (8:3-5). ¿Es
simplemente otro ángel, o es alguien en particular? Siempre que se usa la
frase "otro ángel" en el Apocalipsis, la palabra griega "altos" es traducida como
"otro de la misma clase". Muchos comentaristas creen que la frase "el ángel del
Señor", no importa dónde aparezca, lleva implícita la idea de la presencia de la Deidad
en forma angélica y algunas veces aun en forma humana (Génesis 18:1-14, etc.). Se hace
referencia a esto como las apariciones teofánicas de Cristo antes de su encarnación. Cristo
es como los ángeles con respecto a su ser espiritual y celestial, pero también es
infinitamente mejor que los ángeles porque Él es el Hijo de Dios y Señor de los ángeles,
que para poder salvar a la humanidad se hizo un poco inferior a los ángeles.
Algunos expositores del Apocalipsis afirman que el ángel especial que aparece ministrando
ante el altar es simplemente uno de los ángeles de las huestes celestiales, y no
el Señor Jesucristo. Sostienen que Él es el Cordero que abre los sellos y dirige el proceso de
los juicios
y que su misión durante la Tribulación no es interceder sino aplicar su
programa de
condenación. Además explican que a este ángel prominente se le da el incienso, pero que
Cristo no habría tenido necesidad de que se le diera ningún incensario.
Sin embargo, estamos convencidos de que ningún ángel está capacitado, no importa cual sea
su rango, para interceder en el altar celestial delante de Dios a favor de los
hombres y a ninguno se le confiere el derecho de ejercer funciones sacerdotales. Ningún
querubín podría dar su corazón, sus manos o su cuerpo por nosotros. Sólo las manos de
Jesús fueron heridas por nuestro bien.
Como hay solamente un Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre, quien se dio
a sí mismo en precio del rescate por todos, estamos convencidos de que
este Ángel- Sacerdote, cuya acción ante el altar tiene un carácter de intercesión, es Cristo,
nuestro Gran Sumo Sacerdote.
La gloria del Ángel de Jehová que desciende se ve de tres maneras:
• Como el Ángel-Sacerdote que intercede en favor de su remanente que sufre (capítulo 8).
•Como el Ángel-Redentor que toma posesión de su heredad (capítulo 10).
• Como el Ángel-Vengador de su pueblo que toma venganza sobre Babilonia (capítulo 18).
Las descripciones del Ángel-Redentor no son las de un ángel común y corriente.
Esto se prueba por el hecho de que El se refiere a los dos profetas martirizados
como "mis dos testigos" (11:3), lo cual no se podría escribir acerca de ningún ángel. Además
de esto, el arco iris nunca se usa en la Biblia separado de Dios. Por lo tanto, este ángel
debe ser el Hijo de Dios (10:1). La frase "como ruge un león" se refiere a Él como "el león
de la tribu de Judá" (5:5).
Este Ángel-Sacerdote debe ser el Mediador, Cristo Jesús, porque nadie más puede
agregar eficacia a las oraciones de los santos. En la escena celestial que recibió y puso por
escrito Juan, aparecen las características inteligibles de un simbolismo judío.
Por ejemplo, solamente los sacerdotes servían tanto en el altar de bronce como en el de
oro. El altar de las ofrendas quemadas o del holocausto, el cual estaba en el atrio del templo,
es el representado
en el lenguaje que usa Juan.
Las oraciones de los santos inspiradas por el Espíritu Santo nunca son olvidadas.
Si tales oraciones no reciben respuesta mientras viven los que las han hecho,
a menudo son contestadas después de que sus intercesores se han ido al cielo.
El Señor jamás olvida a ninguno de los suyos. Ellos siempre están en su memoria delante
de Él.
El incienso representa la vida y las obras del Salvador. Su dulzura es el incienso y junto con
su muerte y su resurrección eficaces hacen aceptables delante de Dios nuestras
oraciones inspiradas por el Espíritu. El altar es el lugar de la redención sustitutiva,
mientras que el fuego habla del juicio divino sobre el pecado (y el juicio sobre la tierra es lo
que anuncian los ángeles de las trompetas: 8:5, 6). Debe observarse que los ángeles
únicamente anuncian el juicio; ellos no lo ejecutan ni lo administran. En cambio el Ángel-
Sacerdote realiza los juicios (8:5).

Primera y Segunda Trompetas


La Primera Trompeta (8:7)
En los días de la Tribulación se volverán a ver las plagas de Egipto que
experimentaron Faraón y sus huestes. Los agentes de la destrucción están a punto de invadir la
tierra, y lo que ocurre después de que suena la primera trompeta corresponde a la séptima
plaga del tiempo
de Israel (Éxodo 9:18-26). Las Escrituras no guardan silencio acerca del significado simbólico
de las figuras que usan. A. T. Robertson, eminente conocedor del griego, escribió:
"En las visiones y a través de todo el Apocalipsis hay un constante uso de símbolos. Estos
símbolos eran entendidos por los primeros lectores del libro, aunque su clave no
ha llegado hasta nosotros." Pero con todo el respeto que se merece este sabio expositor,
nosotros no hemos perdido dicha clave, porque las Escrituras se interpretan a sí mismas.
El granizo que viene de arriba prueba que es Dios el ejecutor de esos severos juicios que
causarán una calamidad repentina, cruel y abrumadora. (Vea Josué 10:11; Isaías 28:2,
17;
30:30; Ezequiel 13:13, etc.)
El fuego, que se usa simbólicamente para representar a Dios, a Cristo y al Espíritu Santo, se
emplea frecuentemente como una expresión de la ira de Dios sobre el hombre a causa de su
pecado. (Vea Deuteronomio 32:22; Isaías 34:14; Mateo 25:41.) El fuego también se refiere a la
influencia purificadera de la Palabra de Dios (Vea Jeremías 23:29; Malaquías 3:2.)
La sangre se refiere a una terrible matanza, vidas corrompidas por el pecado y ajusticiadas
por un Dios santo, debido a la apostasía y la separación de Dios y de la verdad. (Vea Levítico
3:17; 17:10-14; Apocalipsis 14:20; 16:3.)
El granizo y el fuego combinados con la sangre hacen una horrorosa combinación.
Dicha trinidad expresa una terrible manifestación de la ira divina sobre la tierra y sus
habitantes.
En cuanto a los juicios de las siete trompetas, los primeros cuatro caen sobre lugares, cosas
materiales y las cosas secundarias de la vida. Los tres últimos juicios son derramados sobre
las personas: sobre la gente y sobre la vida misma.
Bajo el primer juicio, una tercera parte de los árboles será quemada. En distintas partes del
mundo se han visto devastadores incendios forestales, pero la historia no registra un suceso
como éste, en el cual la tercera parte de los árboles del mundo entero será destruida por el
fuego. Por lo tanto, la interpretación histórica del Apocalipsis queda eliminada de
acuerdo con este dato. Las doce repeticiones de la frase "una tercera parte" son
impresionantes. La forma en que Juan usa esta frase parece hacerla equivalente al
poderío romano revivido. Walter Scott afirma: "La parte occidental de la tierra
profética se designa aquí como la tercera parte." No debemos olvidar que la
sombra de Roma, pasada y futura se proyecta sobre el Apocalipsis. Las doce
referencias a la tercera parte pueden representar la venganza
de Dios sobre Roma, puesto que el 12 es el número gubernamental de Dios concerniente a la
parte más pecaminosa de la tierra.
Los árboles simbolizan la grandeza y el orgullo humanos. (Vea Ezequiel 31;
Daniel 4; Apocalipsis 8:7.) Nuestro Dios justo aborrece el orgullo del hombre y derribará la
grandeza y
la fuerza de la tierra con sus juicios.
La hierba, que simboliza la prosperidad de carácter temporal (y por lo tanto la fragilidad y
debilidad humanas) describe aquí la desolación de muchísima gente, aunque se
trate de "hierba verde" en muy prósperas condiciones. (Vea Isaías 40:6, 7; Santiago 1:10; 1
Pedro 1:24; Apocalipsis 8:7.)
La segunda trompeta (8:8, 9)
Comparando entre sí los pasajes de las Escrituras encontramos que el mar se
usa para describir la inquietud e intranquilidad de la naturaleza humana. También
representa a los pueblos en un estado de anarquía y confusión (Isaías 57:20; Apocalipsis 8:8;
13:1).
Las naves representan el transporte y el comercio (Génesis 49:13; Apocalipsis 8:9; 18:19).
Las frases como una, o como de, u otras frases similares, aparecen con mucha frecuencia en
el Apocalipsis e indican que se está hablando en lenguaje figurado. (Vea Jeremías
51:25, donde una montaña es el símbolo de un reino. Vea también Salmo 46:2 y Zacarías 4:7.)
Todo
el mundo gentil deberá sufrir la justa venganza de Dios.
El mar convertido en sangre es correspondiente con la plaga que azotó al río Nilo
(Éxodo
7:17-21). Así como el intranquilo mar representa las masas de la humanidad en
constante rebelión por la ausencia de una mano fuerte que las gobierne, el mar de sangre
representa la terrible destrucción que les sobrevendrá. Si se hace al mar intransitable, la
vía principal de comercio en el mundo quedará en ruinas. Pero los usos y los
productos del mar están indeleblemente estampados con el signo de la muerte. El
símbolo de una montaña ardiendo lanzada al mar, denota que esta destrucción no es causada
por ninguna cosa que esté dentro
de las capacidades del hombre, sino que viene directamente de Dios como una advertencia de
juicio.
La destrucción de la tercera parte de las naves revela cómo el comercio y las comunicaciones
se sentirán afectadas por el juicio divino. Las exportaciones e importaciones serán seriamente
reducidas. Durante la Segunda Guerra Mundial hubo pérdidas colosales en
hundimientos; cerca de la tercera parte de todas las naves de las naciones
involucradas en la guerra se fueron al fondo del mar. Un tremendo programa de
construcción de barcos reemplazó esta terrible pérdida de naves hundidas. En los días de la
Tribulación, en cambio, cuando hombres
y materiales hayan sido destruidos, tal reposición de pérdidas no será posible.

Tercera y Cuarta Trompetas

La tercera trompeta (8:10, 11)


Los ríos y los manantiales de agua sugieren las fuentes de placer y también simbolizan a las
naciones que actúan bajo influencias turbulentas (Apocalipsis 16:4, 5; 17:15; Jeremías 2:13;
Joel 3:18). Pero cuando el tercer ángel toque su trompeta, habrá llegado a las fuentes del
placer en la tierra la orden de levantarse en guerra contra los hombres rebeldes. El meteoro,
con sus vapores gaseosos que cubrirán las fuentes de agua fresca, será absorbido
por una tercera parte de las aguas, ríos y manantiales y nos recuerda lo que ocurrió en
la primera plaga de Egipto.
En este juicio de terrible severidad, cae del cielo una gran estrella, la cual
simboliza el instrumento del poder de Dios.
Esta estrella en particular no debe ser confundida con la estrella que cae bajo la
quinta trompeta (9:1). Sin embargo, estas dos estrellas distintas son gobernantes espirituales
y son vistos como moralmente caídos de su alta posición. El cielo es el centro y
origen de toda autoridad divina ("El cielo gobierna" — Daniel 4:26) y estos distinguidos
gobernantes apóstatas están sujetos a este gobierno. Quién será ése de rango
elevado, nosotros no tenemos información para saberlo. (Pero lea Isaías 14:12.)
El término ajenjo no es tanto el nombre de la persona a la que se refiere, sino más bien la
descripción de su maligna influencia. Algunos escritores identifican a la gran
estrella con Satanás o el anticristo. El ajenjo es una planta de la familia de la salvia y es la
fuente de un aceite esencial, que se obtiene de las hojas secas y las puntas de la
planta. Como tal, el ajenjo es símbolo de amargura (Deuteronomio 29:18; Jeremías 23:15).
El uso continuo de este líquido produce el deterioro mental y hasta la muerte
(Lamentaciones 3:15, 19). Salomón habla del fin de una mala mujer el cual viene a ser
"amargo como el ajenjo" (Proverbios 5:4).
La tierra deberá cosechar los frutos amargos del pecado, ya que esta
planta habrá contaminado toda materia prima y toda fuente de producción. En
tiempos de guerra, las naciones han experimentado el detrimento que resulta de que sus
manantiales y lugares de
abastecimiento de agua para el uso de sus comunidades, sean contaminados o cortados. Como
lo expresa William Ramsey: "Cuando observamos que estos ingredientes amargos son diluidos
y mezclados con el agua por la caída de esta gran estrella, lo realmente asombroso
no es cuántos mueren, sino más bien cuántos quedan con vida."
Todas las cosas comestibles agradables al paladar estarán contaminadas con el
amargo ajenjo. Durante los juicios de la Tribulación una tercera parte de la tierra, en lugar
de hallar vida en las fuentes del preciado líquido, el agua, encontrará la muerte. A
la inversa, Dios puede hacer que las aguas amargas se conviertan en aguas dulces (Éxodo
15:25-27). La zona geográfica afectada por la plaga de la sustancia amarga es la tercera
parte de la tierra, lo cual sugiere que los pasos de Dios de la misericordia al juicio son
siempre lentos, tomados con renuencia y muy mesurados."
La cuarta trompeta (8:12, 13)
El juicio de la cuarta trompeta será terrible para aquellos que aman la astrología y creen que
su vida está regulada por el movimiento del sol, la luna y las estrellas. Las declaraciones de
los horóscopos en lo que concierne a nuestra vida presente y futura son puras ocurrencias.
¡Nuestro tiempo no está envuelto en las estrellas, sino que está en las manos de Aquel que
hizo las estrellas! La astronomía es un estudio más fascinante y legítimo, pero la astrología es
un mero asunto de artimañas y suposiciones de necrománticos inspirados por el
amor al
dinero.
El hombre habla acerca de la estabilidad de las leyes de la naturaleza, pero el mando que
Dios ejerce sobre los astros y los cuerpos celestiales declara que Él es el Señor del universo.
Cuando se trata de luz o tinieblas, sólo Dios puede hacer lo que le place,
como lo descubrieron los egipcios cuando sufrieron una terrible oscuridad mientras
veían que los israelitas tenían luz en sus moradas. Cuando fueron creados el sol, la
luna y las estrellas, fueron comisionados para proveer luz a la tierra. Su poder ha
sido grande para bien del universo. Sin embargo, ahora el beneficio que viene de
ellos sufre una disminución de la tercera parte, porque el edicto de Dios ordena que sea
destruida una tercera parte de ellos.
Durante la Segunda Guerra Mundial los británicos llegaron a acostumbrarse a los apagones
durante las desastrosas incursiones aéreas. Pero todo lo que el hombre puede
hacer es extinguir las luces artificiales. El no puede hacer que las luces celestiales dejen
de brillar. Durante un apagón parecería irónico escuchar a un guardia ordenando al
dueño de casa: "¡Apaga esa luz!" mientras encima de ellos está una luna más brillante que
nunca derramando
su radiante luz y dejando todo visible ante los incursores. Pero un apagón divino
está por llegar, y cuando Dios retire los rayos del sol, la luna y las estrellas, la tierra
experimentará una oscuridad aterradora.
El último versículo de este capítulo contiene el anuncio sonoro y universal de tres ayes que
han de ser traídos por las tres últimas trompetas. Estos solemnes ayes indican la severidad de
los juicios restantes y sus aterrorizantes efectos. Estas tres últimas trompetas
presentarán una nueva calidad y grado del disgusto divino con sus consecuentes desastres. Aquí
tenemos
un triple ay, porque los que han de venir son los tres juicios peores con sus terribles efectos.
Al sonido de las primeras cuatro trompetas, el hombre es revelado en sus
relaciones terrenales. Los hombres podrán buscar las cosas que son para
placer personal o su sostenimiento donde ellos quieran, pero tendrán que ver por
todas partes las marcas del juicio divino que han merecido sus propios pecados.
La Quinta Trompeta (9:1-12)

Al sonido de las tres últimas trompetas pasamos de lo visible a lo invisible. En las trompetas
anteriores el hombre era visto en su ambiente material y relacionado con cosas vistas por el
ojo humano, pero ahora en esta quinta trompeta ya no estamos en el ámbito material, sino
en el espiritual. Un panorama triste se presenta bajo este juicio, pero lo peor está todavía
por venir. En los versículos que estamos considerando tenemos las
descripciones más horrorosas jamás escritas, concernientes a lo que ocurrirá cuando el
quinto ángel salga para ejecutar su terrible misión.
Aquí también, la estrella que cae a la tierra ha sido identificada de varias maneras. Algunos
dicen que representa a Satanás cuando éste fue lanzado del cielo, o al anticristo, o al falso
profeta, o a algún sistema político o religioso. Por alguna razón, creemos que esta estrella
caída es el anticristo, el instrumento escogido por Satanás para provocar tales
escenas de crueldad y de derramamiento de sangre como las que describe Juan.
A este personaje expulsado "se le dio la llave del pozo del abismo," el lugar de
prisión de los demonios. La posesión de "la llave" significa la concesión de poder y
autoridad para ejecutar muerte. Del humo que sale del abismo sale el más devastador de
los ejércitos de langostas. Por el humo podemos entender el efecto de confusión y
ceguera causado por el engaño satánico. El retrato de la imitación demoníaca
presentado por Pablo en 2 Tesalonicenses 2:9-12 corresponde al poder que Satanás
le confiere a este ejército de langostas.
Las langostas con poder como el de los escorpiones simbolizan aquellas hordas de agencias
diabólicas que traerán venganza sobre los condenados, descritos como "los hombres que no
tuviesen el sello de Dios en sus frentes" (9:4). Así como son sellados los 144,000 de Israel y
por dicho sello son preservados del juicio (7:3,4), son las multitudes gentiles no selladas las
que deberán beber de la copa de la venganza. Como lo explica Swete: "Así como escapó Israel
en Egipto de las plagas que castigaban a sus vecinos, de la misma manera el nuevo
Israel estará exento del ataque de las langostas del abismo."
La descripción de estas langostas está llena de significado. Esta plaga de
langostas está basada en plagas similares en el Éxodo y en Joel, donde se nos
hace recordar la terrible naturaleza de los estragos producidos por las langostas sobre el
reino vegetal. Pero bajo la quinta trompeta, las langostas son símbolo de la
horrible naturaleza del juicio que les sobrevendrá a los hombres. Las langostas reales
devastaron el reino vegetal de Egipto bajo la mano de Moisés, pero aquí vemos un cuadro del
juicio de estas langostas abismales sobre los hombres no sellados.
A las langostas se les dio poder como el de los escorpiones (9:3). Los que viajan al oriente,
donde los escorpiones son muy comunes, les temen a estos animales que se mantienen debajo
de las piedras sueltas y bajo las ruinas y que pican aguda y fuertemente cuando
se los
provoca. Estos escorpiones tienen una apariencia similar a las langostas y segregan
veneno por la cola. Sus terribles armas producen un atormentador dolor, acompañado de
sufrimiento mental y en muchos casos aun de muerte. Los nativos les temen a
sus picaduras por el terrible dolor que provocan. El Señor asociaba a las serpientes y los
escorpiones con el poder
de Satanás (Lucas 10:19).
A las langostas se les dio orden de no dañar la hierba (9:4). ¿Cuál fue la razón
de esta prohibición específica? Dios, como Creador, interviene en las leyes naturales
nuevamente y suspende el hábito natural de las langostas por la comida. Normalmente,
estos insectos se alimentan de hierba, cosas verdes y hojas de árboles. Esta preservación
del mundo vegetal sugiere una protección temporal de los artículos de mayor necesidad.
Bajo la octava plaga egipcia las langostas devastaron toda cosa verde (Éxodo 10:12-15).
Pero ahora sus deseos de consumir cosas verdes están suspendidos y sólo se dedican
a herir a los hombres que no pertenecen a Dios.
A las langostas se les dio poder para atormentar a los hombres por cinco meses (9:5). ¿Por
qué sólo cinco meses? Este límite de tiempo implica que el juicio de esta
trompeta no separará a los inicuos de Dios para siempre y es dada principalmente con el
objeto de advertir
a los pecadores acerca de la condenación final que les aguarda a menos que se arrepientan.
El número específico de meses está igualmente relacionado al tiempo de vida de las langostas
mismas, porque esta es la duración de la vida adulta de dichos animales (desde mayo hasta
septiembre). El tiempo total de su duración normal va en relación con los
límites de la angustia en los hombres. Aquí tenemos un breve pero determinante
período del ay para aquellos designados para la tortura. ¡Qué alivio para los atormentados
al ver que las langostas
no viven más de cinco meses! Durante la actividad de estas criaturas la angustia humana será
tan indescriptible, como imposible su alivio. Será una terrible plaga que carcomerá y que será
temida en extremo. En esos días los hombres buscarán la muerte y no la hallarán (9:6). El
pecado produce tormento, destruye todo el placer de vivir y a menudo hace
que los pecadores deseen la muerte. Pero aquellas fuerzas autorizadas para causar tormento
físico no tendrán permiso para causar la muerte total de los hombres. Esta prevención es un
llamado al arrepentimiento. La muerte sería bien recibida para alivio de los
hombres que sean tan gravemente afligidos, pero huirá de ellos. El suicidio no será posible,
y el poder de matar será retirado de las mismas langostas, pues su función es
únicamente torturar. ¡Qué gran
desesperación tendrán aquellos que deseen poner fin a su angustia quitándose la vida, pero
no lo lograrán!
Las langostas tenían forma de "caballos preparados para la guerra" (9:7). El
pecado trae siempre su propio castigo y siempre hay fuerzas listas para atacar al hombre
cuando peca, como se hace destacar en esta descripción adicional de las
langostas. Como caballos preparados para la guerra, las langostas permanecen en
formación y listas para obedecer el mandato de su rey. Los ejércitos hostiles, especialmente
de caballería, son simbolizados por una invasión de langostas en Jeremías 51:27 y Joel 2. En
Italia y otros países donde abundan
las langostas, éstas son llamadas caballitos, por la forma de sus cabezas, parecidas a las de
los caballos. "Su aspecto, como aspecto de caballos, y como gente de a caballo
correrán" (Joel 2:4).
Las langostas tenían en sus cabezas como coronas de oro (9:7). La característica frase "como
coronas" sugiere una soberanía supuesta. Las "coronas" representan victoria y dominio; el "oro"
denota divinidad. El hombre nunca será capaz de pecar sin tener que sufrir,
porque por decreto divino siempre le será aplicada la pena por el pecado. Una corona
conferida por Dios lucirá sobre la cabeza de Cristo (Apocalipsis 14:14), pero aquí la dignidad
y la pretensión de autoridad real son falsas. Satanás siempre ha sido un imitador de lo real.
Las langostas tenían caras como de hombres (9:7). Aquí aparece nuevamente la
palabra "como". Estos animales no tenían verdaderas caras humanas, sino una mera
imitación. Esta descripción está subrayada con la idea de que el dolor que estas
langostas infligen no es indiscriminado, sino regulado inteligentemente de acuerdo con el
pecado cometido. Las caras con apariencia humana de estas hordas demoníacas sugieren la
inteligencia y capacidad del hombre, lo cual las hará objeto de más terror. Sin embargo,
como les falta la inteligencia humana, no pueden apelar a la razón, sino que son manejadas
mecánicamente.
Las langostas tenían "dientes como de leones" (9:8). ¿Qué cosa sugiere mejor la
idea de destrucción que los dientes de los leones? Cuando el pecado es cometido
con todas las fuerzas, termina por destruir al pecador como si su cabeza fuera molida
literalmente entre
las mandíbulas de un león. El significado de todo este simbolismo es que esas
langostas nacidas del humo del abismo serán crueles, salvajes e implacables en los
tormentos que causarán.
Las langostas tenían corazas "como corazas de hierro" (9:9). Estos agentes
infernales de tortura serán inmunes a la destrucción material. Por carecer de
sentimientos, atacarán sin piedad. Los hombres no serán capaces de defenderse.
Cualquier esfuerzo para hacerlas retirarse resultará inútil. Ninguna arma que el hombre
pueda fabricar será lo suficientemente fuerte para ahuyentarlas. Pero para el hijo de Dios
hay siempre una protección contra todas
las fuerzas de las tinieblas. Pablo se refiere a esta protección como "la coraza de justicia"
(Efesios6:14).
Las alas de las langostas hacían un ruido como de carrozas en batalla (9:9). ¡Qué vivido es el
símbolo en este punto! "El ruido de sus alas era como el estruendo de muchos
carros de caballos corriendo a la batalla." El hombre nunca podrá vencer o hacer que
retrocedan sus merecidos juicios y castigos con la fuerza de sus propias armas, ni será capaz
de evadir dichos juicios o escapar de ellos, porque los ejércitos del terror se lanzarán sobre él
de todas partes. Joel emplea una descripción similar para la desesperación y la resistencia
contra las huestes venideras de destrucción (Joel 2:5).
Las langostas tenían aguijones en sus colas (9:10). Los naturalistas nos dicen
que los escorpiones usan la cola para picar y que el dolor causado por las picaduras de estos
animales
es muy fuerte. En Apocalipsis 9:10 dice además: "También aguijones, y en sus colas tenían
poder para dañar a los hombres." Atraído alevosamente hacia su pecado, sólo
para ser destruido por los dientes del león, el pecador de seguro recibirá también una
picadura como
de escorpión.
Las langostas tenían un rey (9:11). Salomón, uno de los más grandes naturalistas del pasado
nos dice que las langostas ordinarias no tienen rey (Proverbios 20:37). En cambio los horribles
escorpiones descritos por Juan tienen un líder cruel. En Joel aprendemos que las
huestes invasoras no andarán errantes, sino que cada una se dirigirá por la ruta que se le
señale. Las fuerzas destructivas que Juan describe están bajo el control del diablo, quien es
el rey de los
poderes infernales del abismo. Mientras que el anticristo será la personificación de Satanás y
su influencia maligna, el comandante del ejército de langostas es Satanás mismo,
descrito como Abadón y Apolión (nombres que son similares en significado).
Abadón significa "perdición" y es un nombre dado al lugar de destrucción. "El Abadón
(del hebreo, destrucción) no tiene cobertura." Esto es, delante de Dios (Job 26:6). Vea
también Proverbios 15:11.
Apolión es la forma griega que traduce el nombre hebreo y significa "destructor". Satanás es
el rey de estas hordas de langostas y es el espíritu de destrucción que inspira a estas terribles
huestes. Este vivido cuadro retrata a Satanás como "el destructor de los gentiles" (Jeremías
4:7). No únicamente del cristianismo corrompido, sino también del judaísmo apóstata.
Cuan significativa es la declaración "el primer ay pasó". ¡Qué gran alivio será salir de aquella
noche oscura de terrores y tormentos! Pero aquellos que hayan rechazado a Dios no tendrán
tregua; lo peor les aguarda todavía: "He aquí, vienen aún dos ayes después de esto."

La sexta trompeta (9:13-21)


El juicio de esta trompeta del segundo ay, aunque es parecido al juicio de la
trompeta anterior, es de una naturaleza mucho más grave. Aquí se agregan nuevas fuerzas
desoladoras
a las numerosas huestes, a la fuerza de los caballos, al león y a los
escorpiones. Las
multitudes son más numerosas y las cabezas de los caballos son como cabezas de
leones. Cuando el sexto ángel tocó su trompeta, Juan escuchó "una voz de entre los cuatro
cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios" (9:13). El altar de oro estaba en la
presencia inmediata de Dios y recibía el incienso ofrecido, el cual era símbolo de
las oraciones y la adoración del pueblo de Dios. Aquí el altar de oro nos recuerda que
los juicios que siguen vendrán en respuesta al clamor de los santos perseguidos y
martirizados: "¿Hasta cuándo, Señor?"
El cuarteto especial de ángeles tiene una ominosa tarea que cumplir y su voz
unificada y autoritativa llevaba la respuesta de Dios a los clamores de sus sufrientes hijos.
Ahora van a ser vindicados. El número cuatro es significativo, porque es el número de la
tierra y sugiere universalidad. Hay cuatro estaciones en el año y la tierra tiene cuatro
ángulos. Los cuatro metales y las cuatro bestias de Daniel 2 y 7 representan los
cuatro imperios mundiales: Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma. Las cuatro divisiones de
la raza humana son naciones, tribus, pueblos y lenguas (Apocalipsis 7:9).
El cuerno simboliza fortaleza y poder (Salmo 132:17) y el altar de oro habla del privilegio de
la adoración y la comunión que únicamente eran posibles a través de la sangre
que era derramada sobre el altar de bronce. Habiendo estado encadenados al altar en
obediencia de amor hasta que se necesitara de ellos, los cuatro ángeles (esclavos de Dios
por amor) ahora son liberados para llevar a cabo su tarea mortal. Este cuarteto
angélico es diferente de aquellos cuatro ángeles que detenían los cuatro vientos en 7:1-3,
donde su misión consistía en detener las fuerzas del mal y mantenerlas bajo control.
Aquí los cuatro ángeles liberan poderes destructivos y operan en la región cercana al río
Eufrates.
El río Eufrates es digno de ser llamado grande, porque tiene cerca de 2850 kilómetros
de largo y es el río más largo e importante de toda el Asia occidental. En la frontera nordeste
de Palestina, este famoso río constituía una línea de defensa contra los poderosos enemigos
de Israel, los asirios. Algunas veces sus aguas se desbordaban, barriendo todo lo que tuvieran
por delante. Por esto, Isaías lo usó como símbolo de las fuerzas destructivas de los asirlos,
que ejecutaban los juicios divinos sobre Israel (Isaías 8:5-8). De acuerdo con la manera en
que lo usa Juan, este mismo río es el sitio de los juicios de Dios sobre el mundo no salvo,
aunque el elemento destructivo estará limitado a "la tercera parte". El Eufrates fue
el lugar donde empezó el pecado humano y donde dominó Satanás por mucho tiempo.
Ahora ese lugar sufre
el azote divino (Apocalipsis 9:14; 16:12).
Los ministros angélicos de retribución no pueden actuar sin la señal de Dios.
Están bajo control para "una hora, día, mes y año". Estos períodos de tiempo se refieren al
control de los ángeles, y no a la duración del ministerio de destrucción. No
sabemos por qué fueron mantenidos bajo control por tanto tiempo. Todo lo que
sabemos es que no podrían actuar hasta la hora fijada en el programa de Dios. Siempre
estuvieron listos para realizar su tarea,
pero no se les soltó hasta que llegó el momento exacto, señalado en la mente de Dios (9:15).
Los juicios de Dios son mantenidos dentro de las limitaciones por Él impuestas.
Este sexto juicio será agudo y abrumador. Se ve por el hecho de que "una tercera parte de
los hombres" será exterminada. Bajo el tercer sello, una cuarta parte fue muerta
(6:8), y
ahora perece una tercera parte de las tres cuartas partes restantes. ¡Qué baño de sangre el
que les aguarda a los habitantes de todo el territorio asociado con el Eufrates!
En 9:16-19 Juan describe doscientos millones de jinetes. Dios envía sus reservas
para la terrible matanza de los impíos, y esas huestes invasoras y vengadoras no están
constituidas por seres humanos, sino por encarnaciones demoníacas. Las guerras
globales nos han acostumbrado a hablar y actuar por millones y también a ver
morir millones de personas.
¡Piense en los millones y millones de muertes asociadas con la Segunda Guerra Mundial!
En el tiempo que ve Juan en su visión, Dios permitirá que un vasto y sobrecogedor ejército
invada la tierra de aquellos que por mucho tiempo han estado en contra de Él. Uno de cada
tres seres humanos caerá bajo estos jinetes infernales, cuyas armas del infierno
son una combinación de fuego, zafiro y azufre, símbolos de tormento perdurable. Como lo
expresa J. Slafford Wright:
Juan ve ahora todos los horrores de la guerra. En su tiempo los ejércitos de caballería eran
las fuerzas más terribles, y él ve esto en primer lugar. Pero cuando ve bien se da cuenta de
que no son caballos ordinarios, sino monstruos extraños que destruyen con el humo que sale
de su boca, como también de otras bocas situadas al final de sus colas, que
son como serpientes. No hay duda de que a Juan se le permitió ver los instrumentos
destructores en forma de artillería. Bajo la inspiración de Satanás, el hombre hace
que todas las cosas se tornen para su destrucción, y una guerra sucede a otra.
Las referencias bíblicas sobre las cualidades del caballo son numerosas, pero poco se dice de
su uso como bestia de carga o para propósitos de agricultura. A los judíos se les
prohibía multiplicar los caballos por el riesgo de que éstos hicieran apartar los
corazones de los hombres de Jehová (Deuteronomio 17:16). Egipto era muy famoso por sus
caballos de guerra,
y en las Escrituras el caballo es reconocido como símbolo de guerra, mientras que el
asno
simboliza la paz. El poder del triunfo y la conquista se asocia con los caballos
que Juan describe (Apocalipsis 6:1-8; Zacarías 6:1-8). Bajo esta sexta trompeta, las
langostas con su destrucción y agonía ceden el paso a los caballos: temibles y espantosos,
agentes militares agresivos de rapiña y mortandad.
Los caballos tenían como cabezas de leones (9:17). ¿Alguna vez se ha detenido
usted a estudiar la cabeza de un león en un zoológico o en una fotografía? ¡Qué
majestad, coraje, fuerza y valor se describen en su estampa! Con razón se dice que el león es
el rey de la selva. Estos caballos de juicio con cabezas como de león son investidos con todas
las cualidades de temeridad de los leones.
De sus bocas salían fuego, humo y azufre (9:17). Satanás equipará a sus cuadrúpedas huestes
con una trinidad de fuerzas ofensivas y destructoras: fuego, humo y azufre. Estos elementos,
salidos de las bocas de los caballos, darán a los impíos una prueba de lo que será el lago de
fuego. Expidiendo gases infernales, los caballos manifestarán gran placer en
cumplir su diabólica tarea. Pueden hallarse referencias adicionales a estos símbolos de
angustia en 2:18;
14:10; 19:20.
Tenían colas semejantes a serpientes (9:19). En las Escrituras la cola es símbolo de los falsos
profetas y las falsas enseñanzas (Isaías 9:14, 15). Tal como se usa aquí en el Apocalipsis, la
cola es símbolo de la influencia maligna de Satanás, su falsedad y su engaño (12:4). "Tenían
cabezas, y con ellas dañaban" (9:19), lo cual demuestra que las artimañas de
Satanás son dirigidas inteligentemente. La cabeza es emblema del asiento del
gobierno moral, de la inteligencia y de poder (Isaías 7:8, 9; Zacarías 6:11; 1
Corintios 11:3-10). ¿Qué esperanza tiene un pecador en sí mismo contra tal
combinación de sutileza satánica y sabiduría engañosa?
El hecho de que la tercera parte de los hombres sean muertos por el fuego, el humo y el
azufre que salen de las bocas de los caballos, no surte efecto positivo en el
resto de los hombres. La paciencia divina ha llegado a su límite y así es como Dios permite
que aquellos que merecen su ira cosechen lo que han sembrado. El persistente
olvido o desafío a Dios
termina en el abandono al destino merecido. Los apóstatas sobrevivientes persisten
en la dureza de su corazón, a pesar de los terribles horrores de los jinetes infernales. Dos
veces leemos: "Y ellos no se arrepintieron." Por esta razón, al pecado se le permite
elaborar su propia ruina.
Describiendo el período final de la era de los gentiles, Jesús declaró que "la
iniquidad abundará". Aquí hacemos un resumen de algunas de las horrendas formas de
iniquidad que existirán durante aquellos últimos días.
Adorarán demonios. El demonismo, la adoración a Satanás y la magia
negra están diseminadas hoy. Vivimos en un mundo demonizado. Juan predice el tiempo
en el cual las huestes demoníacas serán adoradas abierta y universalmente.
Adorarán ídolos. El resto de los hombres poseen ídolos muertos, de acuerdo con su posición
en la vida. Los ricos tienen dioses de oro y plata. Los de la clase media tienen
ídolos de bronce y de piedra. Los pobres tienen ídolos de madera. De esta doble forma de
idolatría, Satanás y los ídolos, surgen las obras malignas.
Serán homicidas. "Y no se arrepintieron de sus homicidios." El Señor dijo que Satanás ha sido
un homicida desde el principio; él fue el instigador del asesinato de Abel por
Caín su hermano. Desde aquel primer asesinato en el mundo, incontables millones de seres
humanos han sido asesinados incluyendo a una vasta hueste de creyentes, martirizados por
su fe. En nuestro tiempo la cantidad de asesinatos es alarmante, pero en el tiempo que Juan
describe aquí, cuando los hombres actúen por la energía directa de Satanás,
el asesinato será practicado aun más habitualmente.
Serán hechiceros. La hechicería y el trato ilícito con los espíritus (que son parte integral del
espiritismo o espiritualismo) han tenido un avance rápido durante los pasados cincuenta años
y arrojan una espantosa sombra sobre el futuro. La hechicería, fuertemente condenada en las
Escrituras, llega a su ruina cuando descienden los juicios sobre todos los que
trafican con "espíritus familiares". Un hecho interesante que debemos observar es
que nuestra palabra "hechicería" viene del original griego fármakon, de donde viene la
palabra "farmacia". A partir
de una raíz que significa "encantamiento", se formó la palabra que significa
actualmente
"medicamento".
A. T. Robertson, en su obra Word Pictures (Análisis de palabras) dice: "Nuestra
palabra farmacia, aplicada a las drogas y medicinas ha tenido una larga trayectoria para
salir de su mal ambiente, pero todavía les queda cierto olor desagradable a las medicinas."
Ciertamente, hemos llegado a una época en la que numerosos tipos de drogas están
perjudicando la mente
de multitudes de personas, especialmente muchos de los jóvenes de nuestro
tiempo. El arrepentimiento estará lejos de los adictos a los narcóticos de la era de la
Tribulación.
Serán fornicarios. Cuando Dios y la justicia son rechazados y cuando prevalece la maldad en
general, ¿qué más puede esperarse sino indulgencia en las formas más viles de
placeres desenfrenados? La facilidad de los divorcios hace mofa del principio de
salvaguardar y defender el lazo matrimonial. Las uniones se rompen casi con la misma
facilidad con que se hacen. Nuestras bajas normas morales son una sombra del estado
corrupto del mundo cuando
se toque la sexta trompeta.
Serán ladrones. (Vea el 9:21.) Nunca antes en la historia del mundo se había propagado tanto
el robo como en nuestros días. Los ladrones de tiendas, de bancos y de otros tipos de negocios
han llegado a un número espantoso. La masa de los hombres no muertos por aquellos jinetes
infernales tendrá muy poco respeto por los derechos de los demás. El evangelio del día será:
"Cada cual a lo suyo y el diablo que se encargue de los demás." El hombre
vivirá para enriquecerse a sí mismo a expensas de su prójimo. Los ladrones
internacionales que no reconocen los derechos de nadie, aumentarán en gran
manera conforme la época vaya empeorando. Sin embargo, su ruina está más que segura.
Antes de entrar al paréntesis que hay entre la sexta trompeta y la séptima,
hagamos un repaso del significado de las primeras seis trompetas:
Las primeras cuatro trompetas nos muestran al hombre como ciudadano de un
mundo arruinado en el pecado; todo lo que está por encima y alrededor de él pone de
manifiesto la maldición que ha traído la caída del hombre.
La quinta trompeta presenta al hombre como un pecador en todo el sentido de la palabra y
nos muestra al mundo entero hundido en el engaño del diablo. El hombre peca; por lo tanto
es del diablo y esto le trae como consecuencia los tormentos del infierno.
La sexta trompeta nos advierte claramente que los juicios vienen sobre los
pecadores en virtud de la ley establecida de que el pecado debe inevitablemente
traer sufrimiento. Los juicios divinamente aplicados nos hacen recordar la verdad de que
"Dios está airado contra el impío cada día". Bajo esta trompeta la aplicación segura
de los juicios de Dios sobre el hombre es simbolizada. Puesto que el hombre queda sin
excusa, es imposible que escape del castigo.

El Interludio / El Angel Fuerte

El interludio (10:1 — 11:14)


Entre la sexta trompeta y la séptima tiene lugar un impresionante y significativo paréntesis,
el cual contiene una de las secciones más profundas y a la vez más sencillas del Apocalipsis,
en la cual Juan vio al Ángel poderoso, al librito, la vara de medir, los dos
testigos y el
terremoto.
Ahora todo está señalado al final. La primera mitad de la septuagésima semana de Daniel
está casi cumplida, pero los últimos días muestran al mundo en abierta rebelión contra Dios y
su pueblo, contra quienes la bestia y el anticristo derraman toda su furia. Pero antes de que
los apóstatas gentiles y judíos y sus seguidores beban el residuo de la venganza
de Dios, aparece esta consoladora visión en medio de la obscura nube de los juicios. Este es
un severo recordatorio al mundo de que, a pesar de la furia de los inicuos, el gobierno del
mundo le pertenece en toda justicia al Creador, y esto será demostrado con
poder. Pero la visión también está destinada a fortalecer y consolar a los creyentes,
especialmente a los que están sufriendo, porque el mismo poder que aplastará al
enemigo, exaltará el honor de los que sufren.
El ángel fuerte (10:1-7)
¿Quién es este ángel glorioso que ocupa el cielo, la tierra y el mar? Dios pone las nubes por
su carroza (Salmo 104:3) y envía a este ángel que viene con gloria. Algunas versiones hablan
de él como "un ángel fuerte". Algunos escritores ven en él el heraldo angélico que anuncia la
solemne crisis que vendrá bajo el tercer ay o séptima trompeta (11:15-19). En vista de que la
palabra "ángel" no denota exactamente a un miembro de la raza angélica, sino que a menudo
denota una cosa o persona en servicio activo, ¿pudiera ser que este "ángel fuerte" se refiera a
Cristo mismo, que sale para actuar a favor de su pueblo fiel? Observemos las
diferentes características del Personaje maravilloso que domina el universo.
Cristo no sólo deja el cielo como punto y lugar de partida, sino que "desciende del cielo", que
es su hogar natural (10:1). Los tratos de la Providencia con la tierra están por terminarse, así
que el Señor deja su habitación celestial para establecer su reino universal una
vez su programa de juicios esté consumado. ¡Cómo le alabarán las huestes de redimidos y de
ángeles cuando Él salga de la presencia de ellos para tomar el poder para sí mismo y reinar!
Cristo está "envuelto en una nube" (10:1). La nube es un símbolo que
requiere poca interpretación, ya que en las Escrituras las nubes figuran mayormente como
indicación de la presencia y majestad de Jehová. ¡Cómo dependía Israel de la nube, la
shekina de gloria! El estar vestido de una nube, entonces, es una señal pública y visible de la
majestad del Señor.
Cristo tiene un arco iris sobre su cabeza (10:1). El arco iris, descrito como "la cumbre de la
divinidad" que rodeaba el trono (4:3), ahora circunda la cabeza del ángel fuerte. Simboliza
que hay un pacto en vigencia y por medio de él, el remanente fiel de Dios recibe garantías de
que aun en medio del cruel conflicto estará seguro y no tiene qué temer. Cristo viene como el
Mensajero del Dios que guarda sus pactos y convocará a la tierra para que sea testigo de que
a causa del rechazo del hombre, Él está a punto de romper su pacto con el
mundo. ¡Qué aspecto tan glorioso presentará el Señor con su cabeza coronada con un
esplendoroso arco iris!
El rostro de Cristo es como el sol y sus pies como el fuego (10:1). Aquí nos encontramos con
una repetición de lo que vimos en la visión de Patmos (1:15, 16). La doble metáfora del sol y
el fuego nos habla del carácter supremo, penetrante y firme del mensaje que se va a dar.
Tomados en conjunto, el rostro como el sol y los pies como columna de fuego pueden sugerir
la suprema majestad de Cristo y su estabilidad eterna al experimentar la tierra la inflexible
santidad de su misión judicial.
Cristo tenía un librito en su mano (10:2). La palabra "libro" viene de biblos,
de donde sacamos también la palabra Biblia. Aquí tenemos una "pequeña
Biblia", una versión amplificada de la cual es el libro de los siete sellos del capítulo 5. El
"librito" estaba abierto, mientras que aquel libro grande estaba sellado y fue abierto por el
Cordero. Este está abierto para que todos lean su mensaje inconfundible.
El pie derecho de Cristo estaba sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra (10:2). En esta
descripción clara y gráfica que nos da Juan acerca del ángel fuerte. Él es presentado como
una figura colosal que está de pie, y abarca tanto la tierra como el mar. Como Señor de la
creación. Él domina la escena completamente. Se ha preguntado si acaso
hay algún significado especial en la posición de los pies. ¡Ciertamente lo hay!
El mar — turbulento, agitado e intranquilo — representa el estado caótico y revolucionario de
las naciones.
La tierra, la cual ha estado dominada parcialmente por el hombre, simboliza el
gobierno organizado de la gente educada y civilizada. Tres veces se dice que el ángel
estaba parado sobre mar y tierra (10:2, 5 y 8) y esta repetición denota énfasis
divino. La fuerte y firme pisada de los pies de bronce bruñido de Cristo significa la
sujeción completa de todos los pueblos y fuerzas del mundo a Él. Los hombres y las
fuerzas naturales de todo el universo reconocerán su dominio cuando Él ejerza tanto su
derecho como su poder.
La voz de Cristo era como rugido de león (10:3). Aquí tenemos otra característica de la "voz
como de muchas aguas". Ninguna voz es más temida por el hombre y por las bestias en
la selva que el rugido de un león. Las voces fuertes y rugientes no siempre son inteligibles.
Sin embargo, no habrá ningún malentendido en el significado del rugido del león de la tribu
de Judá, pero causará intenso terror y desesperación entre los hombres (Salmo
68:33; Oseas
11:10; Joel 3:16). En el maravilloso Salmo de las voces, se nos dan siete descripciones de la
majestuosa voz del Señor (Salmo 29).
Si el rugido de león es indicativo de poder irresistible, los siete truenos (10:3) hablan del
terror que producirá el Señor en toda su plenitud cuando venga para aplicar juicio. Cuál será
la naturaleza de este juicio, no se nos dice, porque a Juan se le dio orden de sellar lo que oyó
y no escribirlo (10:4). Diez veces aparecen los truenos en el Apocalipsis, y
como los
estruendos proceden del trono, contienen un mensaje y un mandato divinos. Job habla del
"trueno de su poder" (Job 26:14), y mientras Jesús estaba aquí en la tierra, la voz de Dios les
parecía voz de trueno a los que la oyeron (Juan 12:28, 29). El trueno es la voz de Dios en el
juicio y la expresión de su autoridad para juzgar.
Como las visiones de Daniel, el contenido de estos siete truenos tenía que ser
cerrado y sellado. Juan los entendió y sabía que significaban la perfección de la intervención
de Dios en juicio, pero el mandamiento divino en cuanto a la naturaleza de los
truenos fue: "No las escribas." Gran parte de la sección profética del
Apocalipsis no podrá ser entendida completamente hasta que los sucesos predichos
tengan cumplimiento.
Cuando Jesús ascendió al cielo, levantó sus manos en un acto de bendición sacerdotal sobre
su pueblo. Ahora, cuando asciende, levanta las manos al cielo (10:5) como
jurando que cumpliría con los justos juicios del trono de Dios. La mano levantada al
cielo era el gesto acostumbrado para hacer un juramento (Génesis 14:22;
Deuteronomio 32:40; Daniel 12:7). Aquí tenemos una de las visiones más sublimes del
Apocalipsis. Trate de visualizar la escena:
El Ángel fuerte de Jehová, con el mar y la tierra bajo sus pies; El volumen de la profecía final
en su mano izquierda y su mano derecha levantada al cielo, jurando por el Dios de los siglos y
Creador del universo que el juicio sobre los inicuos sería inmediato.
¿Cómo debemos entender la frase "que el tiempo no sería más", o como traducen
algunas versiones, "no se demoraría más"? ¿Podría ser que el clamor de toda una vida por
venganza, "¿hasta cuándo, Señor?" (Salmo 13:1, 2; Apocalipsis 6:10), está a punto de ser
contestado y
que el día del hombre terminará ahora en un fuerte y severo juicio? Como hemos visto, el
número siete sugiere perfección, y las siete trompetas y los siete truenos
significan la plenitud perfecta de las advertencias de juicio de parte de Dios. No queda
lugar para que ocurra ninguna cosa antes del juicio final, del cual todos los juicios
anteriores han sido un anticipo. En virtud de su derecho natural y su obra
redentora, Cristo vuelve ahora para consumar el juicio que le ha sido comisionado por el
Padre (Juan 5:22, 27).
La palabra revelación (griego, apokálipsis) implica el descubrimiento de un misterio, y
en este acto del drama el misterio de Dios (10:7) que fue predicho por los profetas y
apóstoles está a punto de ser consumado (Romanos 16:25, 26; Efesios 1:9, 10,
etc.). Ahora vemos muchas cosas por espejo oscuramente (por ejemplo, el misterio del
aparente silencio de Dios cuando sus santos son maltratados y cruelmente
perseguidos). Puesto que es un Dios de justicia, ¿por qué permite El que los terribles
pecados de los hombres queden sin castigo, y por qué no interviene El para corregir los
errores de la tierra?
El misterio del cual habla Juan puede ser el brutal martirio de los santos de la Tribulación y
el silencio del cielo hacia este terrible mal que se está perpetrando. Pero el misterio está
llegando al final. Cristo aparece para arrebatar el gobierno mundial de la mano de Satanás,
para expulsar al diablo, al usurpador, y poner fin a su tiranía sobre la tierra. El misterio de la
paciencia divina por más de seis milenios está ahora a punto de terminar. La hora del juicio
ha llegado para que Dios vengue completa y definitivamente a sus elegidos, que han estado
clamando a El día y noche.
Cuan conmovedor es el elocuente tributo de Hervey a la descripción inigualable de
Juan acerca del "ángel fuerte" (del libro de Hervey llamado Meditaciones):
Observe el aspecto de este augusto personaje. Toda la brillantez del sol resplandece en su
rostro y toda la furia del fuego arde en sus pies. ¡Vea sus vestiduras! Las nubes forman su
túnica y las cortinas del cielo ondulan sobre sus hombros; el arco iris forma su diadema y toda
la redondez de los cielos con un círculo de gloria es el ornamento de su cabeza. ¡Contemple
su actitud! Un pie descansa sobre el océano y el trono sobre la tierra. La ancha y extensa
tierra y el mundo de las aguas sirven de pedestal a aquellas columnas poderosas. ¡Considere
su acción! Su mano está alzada hasta la altura de las estrellas; El habla y las regiones del
firmamento hacen eco con poderoso acento, como resuena el desierto a media noche con el
rugido del león. La artillería de los cielos se descarga como señal; el estrépito
de siete truenos propaga la alarma y prepara al universo para recibir sus órdenes. Para
terminar, y darle un toque de la más sublime grandeza y de la más
profunda solemnidad a la representación, jura por el que vive por los siglos de los siglos.

El Libro Amargo / La Caña de Medir

El libro amargo (10:8-11)


Ahora Juan recibe la orden de tomar y comer el librito que ha visto en la mano del ángel
fuerte. Podemos suponer con toda confianza que el contenido de este volumen
eran las advertencias y profecías del resto de las Escrituras, desde Génesis hasta Judas. Ha
llegado el tiempo de declarar el consejo divino a los pueblos, naciones, lenguas y
gobernantes. Juan debía digerir mentalmente el mensaje del libro y luego declararlo.
Varias veces se compara en las Escrituras la Palabra de Dios con el alimento que debe ser
asimilado. Ezequiel, igual que Juan, experimentó el sabor agridulce de una profecía (Ezequiel
2:8; 3:1-3). Jeremías, de la misma manera, tuvo que comerse la palabra divina
(Jeremías
15:16). El primer efecto de la comunicación profética fue tan dulce como la miel en la boca y
le produjo a Juan un enorme placer el ver que las predicciones del pasado estaban ya para ser
cumplidas. Fue dulce a su paladar el reconocer que al fin el gobierno de la tierra iba a pasar
de Satanás a Cristo, que una época mala estaba a punto de terminar y una nueva empezaría.
Pero luego, el apóstol meditó en el efecto de los juicios sobre las multitudes sin Dios y pensó
en la ira final bajo las siete copas y los terrores del Señor que estaban ya para ser derramados
sobre los impíos. Mientras analizaba la ruina final de los perdidos, la angustia se apoderó de
su corazón. Aquello que era dulce a su paladar tendría un efecto amargo sobre los rebeldes
moradores de la tierra. Se había renovado su misión y ahora tenía que salir a profetizarles a
las multitudes acerca del juicio que vendría.
Para todos los predicadores de este tiempo de gracia está en pie el mismo
principio. Un mensaje dado por Dios debe primero ser recibido y absorbido en su propio ser.
Una verdad de segunda mano, no experimentada, nunca puede ser dinámica. Tanto lo dulce
como lo amargo del Evangelio revelado por Dios deben ser parte del entrenamiento espiritual
de los heraldos. Las verdades que ellos se complacen en recibir exigen que muera
el yo personal y que experimenten la amargura que viene de los sufrimientos y
las desilusiones que se sufren cuando se testifica de verdad.
La caña de medir (11:1, 2)
La caña, un instrumento de medir de cerca de tres metros de largo, es
mencionada frecuentemente por los profetas del Antiguo Testamento. Ezequiel habla de aplicar
al templo
la vara de medir (Ezequiel 40:3; 42:16-20). En la Nueva Jerusalén un ángel mide a la Iglesia
glorificada con una vara de oro (21:15) y aquí Juan usa una caña de madera para medir el
templo. Este acto de medir sugiere que Dios se apropia, preserva y acepta el templo, el altar
y a los adoradores. La expresión "como una vara" (o medida firme) puede significar la firmeza
y estabilidad de las acciones mencionadas.
Lo que es medido pertenece a Dios y será preservado por Él. La orden consistía en medir no
sólo el templo, sino también a aquellos que adoraban allí. ¿Qué implica esta extraordinaria
expresión? Seguramente no eran la estatura y el grueso de estas personas lo que él tenía que
medir. La palabra usada para "templo" es naos y significa "el lugar santísimo", la parte más
interna del santuario, "el templo de Dios, el cual sois vosotros," dice Pablo en 1
Corintios
3:16, 17; 2 Corintios 6:16; Efesios 2:21. Medir a aquellos que adoran allí significa medir a los
hijos de Dios que creen en Él, aquellos en los cuales El mora. En cuanto a los gentiles impíos,
la orden era: "No los midas." Ellos serán rechazados.
La mención del "patio" y el "templo" revela que nos estamos acercando a campo judío. De
hecho, todo el capítulo es de carácter preventivo. Los judíos estarán ya de regreso
en su propia tierra y el templo ya estará reconstruido. En general, las trompetas están
relacionadas con la devastación de naciones y pueblos gentiles cristianizados, pero ahora los
juicios están a punto de ser transferidos de los gentiles a los judíos.
Los tratos de Dios con la parte apóstata del mundo gentil están por concluirse. Los tiempos
de los gentiles ya habrán terminado su curso. Ahora nos estamos acercando a la
segunda mitad de la septuagésima semana de Daniel, la cual es la última parte
de la era de la Tribulación. El hombre de pecado hace un pacto de siete años
con los judíos, pero se convierte en un traidor a medio camino de dicho período. Lo que
aquí se describe es la agonía
de la hora final de incredulidad de Israel durante este tiempo.
Este período que cubre la devastación de los gentiles se presenta en cuatro
diferentes formas. Cuarenta y dos meses de treinta días cada uno, lo cual corresponde a los 1260
días de
los dos testigos. Estos cuarenta y dos meses o 1260 días hacen tres años y medio, lo cual es
equivalente a un "tiempo" (un año), "tiempos" (dos años) y "la mitad de un tiempo" (medio
año), como se da en Daniel 12:7. (Vea también Apocalipsis 11:3; 12:6, 14; 13:5.) Este período
se usa para describir la duración de la blasfemia y el poder de la bestia.
También es designado como "la mitad de la semana" (Daniel 9:27). La agonía venidera de
Israel, entonces, estará limitada a cuarenta y dos meses. Y este será un período
suficientemente largo para que el pueblo beba la copa de la indignación del Señor.

Los Dos Testigos (11:3-14)

En el capítulo que estudiábamos sobre los siete Espíritus de Dios nos referimos brevemente a
estos dos profetas martirizados, que fueron resucitados por el Espíritu de vida.
Ahora los veremos más detalladamente, teniendo en cuenta que estamos pasando de los
adoradores del santuario a los testigos en la ciudad y que, tanto los adoradores
como los testigos, dan testimonio del sacerdocio y de la realeza de Aquél de quien se dijo:
"Se sentará y dominará en
su trono, y habrá sacerdote a su lado" (Zacarías 6:13).
En cuanto al número e identidad de los dos testigos, muchas explicaciones
han sido propuestas. Algunos expositores son de la opinión de que debemos
interpretar a estos dos testigos como un número competente de siervos fieles de
Cristo. El número dos, se dice,
representa testimonio: "Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se
mantendrá la acusación" (Deuteronomio 17:6; 19:15). Por lo tanto, con el número
de testigos lo que se pretendería es que hubiera un testimonio completo y
adecuado. Sin embargo, nosotros rechazamos esta suposición. El lenguaje usado aquí
señala a dos personajes bien conocidos. Los términos son definitivos y enfáticos:
"Mis dos testigos." Por lo tanto, éstos deben haber sido conocidos por lo menos para Juan.
Además de esto, las palabras "testigos" y "profetizar" se aplican de ordinario a individuos, no a
abstracciones.
Los dos inspirados testigos, quienes han de ser resucitados para administrar consolación a los
afligidos, han sido identificados de varias maneras: como Moisés y Elías, Enoc y
Elías, el Antiguo y el Nuevo Testamento, la Ley y el Evangelio, judíos y gentiles, etc. Si los
dos testigos son Enoc y Elías, esto les haría evadir la dificultad de morir por segunda vez,
porque estos dos santos del Antiguo Testamento nunca han muerto y por lo tanto
quizá pudieran ser los testigos muertos por la bestia. (Vea Hebreos 11:5.)
Juan no nos da ninguna clave en cuanto a su identidad, sino simplemente los describe como
testigos, olivos, candeleros, profetas. (Un testigo podría ser el mismo Juan. Vea 10:11.) "Los
dos olivos" nos hacen recordar a Josué y Zorobabel (Zacarías 4:3, 12), quienes ministraron al
pueblo judío, tal como las dos ramas de olivo vertían de sí el aceite en el
depósito de la lámpara. Los "dos testigos" en el período de la tribulación serán como
canales de aceite que alunen taran al remanente, y como símbolos de la paz
venidera. El Espíritu Santo será el aceite que habrá dentro de ellos, el cual hará que su
ministerio de consolación sea posible. Como "candeleros" o "lámparas", estos testigos
deberán dar un testimonio claro y firme. El ministerio de ellos se llevará a cabo a la luz
clara de Dios, porque están en pie delante del Señor de la tierra.
Como portadores de luz típicos, estos testificarán que aquél que ha sido negado por doquier
está ahora a punto de ser reconocido universalmente como el legítimo Rey sobre todos. Como
"profetas" (11:10), predicarán en forma tan fiel que harán que las conciencias de los hombres
sean sacudidas. El pecado con sus consecuencias trágicas es un tema atormentador aun para
las conciencias más duras y cauterizadas. De manera que estos testigos tendrán un ministerio
de tormento por medio de las plagas que podrán infligir y también por el testimonio
que darán en contra de su ambiente humano.
Los dos testigos deberán profetizar vestidos de cilicio. Esto es, con un vestido de acuerdo
con su mensaje (Mateo 11:21). El cilicio era el vestido que usaban los profetas
cuando llamaban al pueblo a arrepentirse de sus pecados. Su apariencia externa iba de
acuerdo con sus palabras (Joel 1:13; 1 Reyes 20:31). Puede ser que el vestido de cilicio de los
testigos sea una expresión clave, para conectar este episodio bajo la sexta
trompeta con el sol ennegrecido como tela de cilicio (en un acto de justa retribución
contra los apóstatas que rechazan la justicia de Dios), bajo el sexto sello (6:12).
Los días de su profecía, o predicación bajo la inspiración del Espíritu (un mensaje de juicio
contra los apóstatas) serán mil doscientos sesenta. En estos días ellos ejecutarán su misión
profética. La duración de su misión ya está establecida. No darán un testimonio intermitente.
Predicarán todos los días hasta que el período aludido se termine. Según creemos, cubrirá la
última mitad de la semana de Daniel, o la gran Tribulación propiamente dicha.
También es evidente que a estos testigos se les otorgará un poder ilimitado.
Estarán capacitados para realizar milagros "cuantas veces quieran" (11:6) y
aplicar con juicio inexorable su misión sobre los rebeldes (Salmo 68:18). Estos testigos
repetirán los milagros que Moisés y Elías realizaron contra la esclavitud y la apostasía.
Tal como lo hizo Elías, la lluvia será detenida (Santiago 5:17, 18) y como lo hizo Moisés,
las aguas se convertirán en sangre (Éxodo 7:17),
Pero los dos predicadores vestidos de cilicio serán "inmortales hasta que su
trabajo haya terminado". La garantía inmediata del cumplimiento de su misión se indica
con las frases "si alguno quiere dañarlos", "si alguno quiere hacerles daño" y
"cuando hayan acabado su testimonio". Profetizarán en Jerusalén, el centro de interés
profetice y político durante los últimos tres años y medio de la Tribulación y serán
invencibles hasta que hayan terminado su dinámica y espectacular tarea.
La conclusión del ministerio profético de los dos testigos les vendrá a través de una muerte
violenta. "Acabado su testimonio" es una frase en la que se usa el mismo verbo usado en la
descripción del final del ministerio de Pablo, también por muerte violenta. "La
bestia (o bestia salvaje, como aparece en el original) sube del abismo." Sólo el
anticristo, quien es mencionado aquí por primera vez en el Apocalipsis, encaja en
este cuadro. Esta bestia es descrita detalladamente en Daniel 7:8, 11 y Apocalipsis 13:1,
prueba innegable de la unidad
de las Escrituras. El triunfo de esta bestia, quien excede en crueldad y blasfemia a
toda maldad que haya aparecido jamás sobre la tierra, evidentemente es total, porque logra
callar
y matar a los dos testigos. Todo el martirio y la masacre de santos de todas las generaciones
alcanzan su punto cimero aquí. Con la muerte de aquellos testigos revestidos de poder divino,
aparecen fuerzas brutas para triunfar sobre la verdad y la justicia.
Para aumentar la humillación y el menosprecio hacia los dos testigos, se permitirá que sus
cuerpos permanezcan en la calle un número de días igual al número de años que
duró su ministerio. Por tres días y medio los espectadores se regocijan al ver los
cadáveres de los testigos con un deleite infantil y diabólico a la vez.
Los nombres "Sodoma y Egipto" se aplican a Jerusalén para simbolizar la opresión
y la esclavitud. "Sodoma" representa la inmundicia y la maldad (Génesis 18:20, 21;
Judas 7; 2
Pedro 2:6-8). "Egipto" fue la nación donde Israel fue oprimido.
La jubilosa celebración por haber cesado las actividades de los dos profetas fue universal; los
términos "pueblos, tribus, lenguas y naciones" indican la cuádruple distribución de la familia
humana. Los hombres se envían regalos entre sí como si se tratara de un alegre festival. La
causa del regocijo público es la muerte de la verdad. Sin embargo, la venganza divina estaba
a la puerta. Pronto, el regocijo sería reemplazado por el remordimiento. El día de la risa de
Dios estaba por llegar.
El envilecimiento público ahora cede el paso a la vindicación pública. El Espíritu de vida de
parte de Dios hace revivir los huesos muertos de los testigos y entre los espectadores cunde el
pánico. Muchas similaridades pueden trazarse con los huesos secos de Israel (Ezequiel 37:10,
11; Oseas 6:2) y la resurrección de nuestro Señor después de tres días.
La ascensión de Cristo tuvo lugar en presencia de sus amigos (Hechos 1:9). Y lo mismo ocurrió
con Elías (2 Reyes 2:11). Pero la ascensión de estos dos testigos resucitados se llevó a cabo a
plena vista de sus enemigos. (Compare 11:12 con 4:1.) Ahora, la justicia
retributiva se derramará muy pronto sobre el pueblo y la ciudad para el
malicioso y perverso derramamiento de la sangre de los dos testigos. Un
terremoto, calificado como "grande" debido a la asombrosa destrucción que ocasiona, al
hacer que se derrumbe la décima parte
de la ciudad y que siete mil personas pierdan la vida. En el número partitivo
"décimo" tenemos la idea de juicio completo, porque el diez es símbolo de perfección
en cuanto al orden divino. En los siete mil muertos vemos la lista negra de Dios. Estos
hombres estaban designados ya como muy merecedores del justo castigo de Dios.
En forma de contraste, recordemos a los siete mil que Dios había reservado para sí mismo
en Israel (1 Reyes 19:18).
En este número definido de la gente que perece nos encontramos con los dos
números
perfectos y comprensivos siete y mil, que implican así la destrucción plena y total de los no
arrepentidos.
Haciendo un resumen del valiente ministerio de los dos testigos, vemos que
declaran que Cristo, a quien los impíos habían rechazado, es el Señor de toda
la tierra. Denuncian severamente la iniquidad humana, por lo cual incurren en
el odio de los pecadores. Proclaman el carácter justo del Juez, haciendo ver a la gente
la justa retribución que estaba por llegarles, deplorando las blasfemas pretensiones de la
bestia salvaje y predicando contra Jerusalén (la cual, aunque santa según el
propósito de Dios, está corrompida y en destrucción).
De "los demás" (es decir, los israelitas que habían sobrevivido) se dice
que están aterrorizados y dan gloria al Dios del cielo, a donde son llevados los dos testigos.
Después de tanto, el Dios del cielo es reconocido también como Dios de la tierra.
Septima Trompeta (11:15-19)

Ahora llegamos al tercer ay el cual corresponde a la última trompeta. El seis está muy cerca
del siete, pero no lo alcanza. Los juicios mundiales se terminan en el seis, pero para cuando
el siete queda cumplido, todos los reinos mundiales pasan a poder de Cristo. El número seis
es el número del mundo cuando éste es dado al juicio. Es la mitad de doce, el número de las
tribus de Israel y también de los apóstoles, así como tres y medio es mitad de
siete, el número de la plenitud divina.
Los expositores que afirman que la Iglesia continúa a través de la mayor
parte del
Apocalipsis, conectan esta última trompeta con la que Pablo menciona en 1 Tesalonicenses
4:16 y 1 Corintios 15:51, 52. De esa manera, se dice, el rapto de la Iglesia coincide con el
retorno de Cristo, ocurrido en este momento. Pero Donaid G. Barnhouse ha refutado con toda
habilidad esta interpretación.
El doctor _ _ _ _ _ _ es muy conocido por sus meditaciones profundamente espirituales. . . y
ahora ha escrito un libro tratando de interpretar el Apocalipsis.
Desafortunadamente, su interpretación gira en torno a la teoría de que el rapto de la Iglesia
tendrá lugar a la mitad de
la septuagésima semana de Daniel, y no al principio de ella. El ha explicado, por supuesto, la
falacia de la teoría post-tribulacionista, pero creemos que comete un gran error y que su libro
pierde casi todo su valor por el hecho de colocar el rapto en el capítulo 10 del Apocalipsis y
no al principio del capítulo 4. Su error se hace mayor cuando trata de hacer que la trompeta
de 1 Corintios 15:52 concuerde con la séptima trompeta de la serie apocalíptica. Pregunta:
"¿Qué quiere decir 'última trompeta'? 'Ultima' puede significar una de estas dos cosas: última
en relación con el tiempo, o última en secuencia." Sin embargo, el doctor _ _ _ _ _ _ no se ha
dado cuenta de que "última" puede significar una tercera cosa, es decir, última en cualquier
serie. Tanto Malaquías como Apocalipsis son "últimos" en la Biblia. Deuteronomio también es
último e igualmente el evangelio de Juan. De manera que, así como puede haber
muchos "últimos" libros (el significado debe ser interpretado de acuerdo con el contexto), así
también
la trompeta final para reunir a la Iglesia y la última de las siete trompetas de los juicios son
dos cosas completamente diferentes.
La bestia había subido del abismo para perpetrar su obra mortal y ahora Cristo desciende del
cielo para asumir su gran poder como el bendito y único Potentado. ¡Qué
escena tan dramática la que se nos presenta dentro del panorama de Dios
para el futuro y los acontecimientos finales!
En cuanto al ángel que toca la séptima trompeta, algunos escritores opinan que se trata de
Gabriel, cuyo nombre está compuesto de Él ("Dios") y Geber ("hombre fuerte")
y quien precisamente anunció a María el advenimiento del poderoso Dios-
hombre. Sería muy apropiado que este arcángel anunciara también el triunfo final del
Cristo de Dios.
Las grandes voces en el cielo están en contraste con el silencio en el cielo de 8:1. Resuenan
abundantes alabanzas de triunfo por el establecimiento de la soberanía del cielo
sobre la tierra en forma visible, la cual cuando se ha ejercido en forma invisible,
siempre ha sido rechazada por los gobernantes de la tierra hasta este momento. Es la
expectación anticipada por el Reino (antes que su verdadero establecimiento) lo que motiva
el regocijo celestial en este pasaje.
Esta séptima trompeta se asemeja al séptimo sello en el sentido de que no se anuncia ningún
juicio inmediato. No se registra ninguna cosa como resultado inmediato del toque
de la trompeta. Simplemente se nos da un resumen de las fases finales, que nos lleva al
portal de
la nueva creación. El establecimiento del reino universal se da como un hecho, como puede
apreciarse en las palabras de 11:15: "Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor
y de su Cristo."
Y por supuesto, esta es la lección cumbre del Apocalipsis. La absoluta soberanía de Cristo es
la segura y gloriosa consecuencia del conflicto de toda una era. El Señor no quiso compartir
con Satanás el gobierno del mundo y ahora está a punto de ejercer sus derechos soberanos y
reinar como emperador mundial. La tierra está por entrar a sus últimos dolores de agonía y
pronto llegará el amanecer del milenio sobre ella, con Cristo como Rey de todos. ¡Su benéfico
gobierno producirá un feliz contraste con los sistemas de gobierno pasados y presentes! Un
reino universal cubrirá todo el globo, teniendo a Cristo como único Monarca.
Una perspectiva tan sublime como ésta demanda la adoración de parte de los ancianos. Una
actitud de profunda adoración es su respuesta a las jubilosas voces celestiales.
Sigue una doxología en la cual los veinticuatro ancianos glorifican a Dios y a Cristo por
haberse unido para tomar el reino. Walter Scott llama la atención al hecho de que hay siete
doxologías en el curso de estas visiones apocalípticas, de las cuales ésta es una. Son
introducidas solamente en ocasiones de profundo interés: 5:12-14; 7:12; 11:15; 12:10-12; 14:2,
3; 15:2-4;19:1-3.
La ira del cielo será tan fuerte como lo ha sido la de la tierra. Se observa
un temible progreso en estas palabras, porque la desatada furia de las naciones será
aplastada por el enojo divino. Observe la diferencia que hay en los tiempos de los
verbos: las naciones se airaron, mientras que la ira de Dios ha venido. ¡Cuan
insignificante es la impotente ira del hombre puesta aquí frente a frente con la ira de Dios!
(Vea Éxodo 15:9-16; 2 Reyes 19:26, 28; Salmos 2 y 99:1, pasajes en los que se hacen alusión a
esta doble ira.)
El "juicio" al cual se hace referencia en 11:18 es el juicio de los incrédulos. Ahora se nos lleva
hasta la conclusión del reino, con el gran trono blanco. Entre los muchos juicios, estos cuatro
deben destacarse:
El juicio de la tierra durante todo el curso de su historia (Hechos 17:31).
El juicio de los creyentes en la "bema" (1 Corintios 3:12-15).
El juicio de las naciones al principio del reinado de Cristo (Mateo 25:32).
El juicio de los muertos impíos al final del reinado de Cristo (Apocalipsis 20:11, 12).
Se otorgarán recompensas a todos los santos de Dios que las merezcan. En el reino habrá una
variedad de grados y posiciones de honor. Si bien habrá reposo y gloria para todos los santos,
se otorgarán coronas especiales únicamente a aquellos que las hubieren
ganado. Los creyentes fieles de todas épocas de la historia de la Iglesia
serán generosamente recompensados.
La retribución aguarda a todos los destructores. Satanás, la bestia. El falso profeta y todos
aquellos que los hayan seguido, deberán recibir la recompensa que merecen sus iniquidades
(Daniel 7:14-18; Lucas 19:27; Apocalipsis 16:5-7). Les llegará la destrucción a
todos los destructores. Es aquí donde podremos entender muchos de los salmos
imprecatorios.
"El templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo" (11:19).
Este "templo" es una señal de que Dios estará haciendo suyos la causa y los intereses de Israel
y que será en el cielo donde estará ocupado con su pueblo, que para entonces estará en la
tierra. El arca de su pacto es un símbolo de la presencia de Jehová entre su pueblo terrenal y
su fidelidad inmutable hacia ellos. Dios se acordará de su pacto con Israel.
Es interesante observar las siete grandes "aperturas" que hay en Apocalipsis:
1. Una puerta es abierta en el cielo (4:1).
2. Los sellos son abiertos (6:1-9).
3. El abismo es abierto (9:2).
4. El templo de Dios es abierto (11:19).
5. El tabernáculo del testimonio es abierto (15:5).
6. El cielo es abierto (19:11).
7. Los libros son abiertos (20:12).
Los juicios de las trompetas concluyen con una acción de juicio sobre toda la tierra. Aquí es
donde aparece la tormenta de ira divina que se ha originado en el cielo. Por la combinación
de elementos destructivos se indica juicios cortos, severos y decisivos. Las fuerzas naturales
son desencadenadas por su Creador para aplicar su justa ira sobre todos los que insisten en
resistirse a su mensaje. Dios opera ahora en terrible poder y majestad. A través de la séptima
trompeta aprendemos que las advertencias de Dios son perfectas y completas, para que el
hombre no tenga ninguna excusa cuando la condenación final e irreversible caiga sobre él.

Los Siete Personajes del Apocalipsis


Apocalipsis 12:1 —13:18
| 1. La mujer vestida del sol | 2. El dragón escarlata | 3. El Hijo varón | 4. Miguel y sus
ángeles |
| 5. El remanente y su simiente | 6. La Bestia del Mar | 7. La bestia de la tierra | ¿Qué
significa el # 666 |
El final de Apocalipsis 11 nos dejó con la tragedia y el triunfo de los dos testigos fieles. Los
capítulos 12 y 13 nos traen al surgimiento y reinado de las dos horribles bestias. Se notará que
casi cada versículo de estos dos capítulos altamente dramáticos comienza con la conjunción
"y" (31 en total), mostrando la unidad prevaleciente a través de esta sección del Apocalipsis.
Los capítulos 12, 13 y 14 forman una sola profecía enlazada.
Llegamos ahora al corazón del Apocalipsis. El escenario está arreglado y el drama de
los siglos va a comenzar. Vamos ahora a presenciar el choque de las fuerzas celestiales, humanas
e infernales. Cristo recibe autoridad y adoración en los capítulos 4 y 5, donde
tenemos el escenario divino para juicio. Aquí, en los capítulos 12 y 13, Satanás recibe la
adoración del hombre, y tenemos el escenario diabólico del juicio.
Dos veces tenemos la palabra "maravilla" (12:1, 3), que en el griego significa
"señal". Las señales que fueron antes profetizadas están ahora aquí. El término
significa verdades y sucesos portentosos. La palabra aparece de nuevo en 13:3 ("y se
maravilló toda la tierra en pos de la bestia") y en 13:13 ("También hace grandes señales").
Maravilla significa "señal" y está asociada con el significado y la naturaleza de la obra
realizada. A Juan le fueron dadas estas señales desde el cielo (1:1). Por supuesto el
elemento de maravilla está en la cosa misma. (Vea Mateo 24:3, 24; Juan 4:48; Hechos
2:22; 5:12.) Las dos señales aparecieron en el cielo, para indicar que todas las
intenciones de Dios son conocidas allí. Aparecieron no simplemente en el espacio sino
en el cielo, más allá (11:19). El adjetivo granad, una palabra característica del Apocalipsis,
se usa seis veces en el capítulo 12, y lo revela como un capítulo
de grandes temas.
1. La mujer vestida del sol (12:1, 2)
La primera aparición de una figura femenina en el Apocalipsis es en 2:20. En total tenemos
cuatro mujeres representativas en el Apocalipsis, cada una de las cuales es la expresión de
una corporación de personas dentro de un sistema.
1. Jezabel (2:20) — La iglesia corrupta del pasado.
2. La mujer investida con la plenitud de autoridad gubernamental (12:1)—Israel.
3. La gran ramera (17:1) — La iglesia corrupta del futuro.
4. La novia, la esposa del Cordero (19:7) — La Iglesia glorificada en el cielo.
Se proponen varias identidades para "la mujer vestida del sol." Algunos dicen que es María.
(María fue de hecho la mujer judía que dio a luz al Hijo Varón, Jesús.) Otros identifican a la
mujer vestida del sol como la Iglesia, la madre de todos nosotros. También hay quienes dicen
que lo que se indica aquí es la cristiandad.
Pero nosotros creemos que la mujer es Israel. La nación de Israel es designada a
menudo como una mujer casada (Isaías 54:1-6; Jeremías 3:1-11; Oseas 2:14-23). Jesús
procedía de la tribu de judá. Es verdad que tanto Israel como la Iglesia están íntimamente
relacionados con Cristo: Israel como madre y la Iglesia como esposa. Fue Israel, sin embargo,
quien llegó a ser
la madre del Mesías (Isaías 9:6; Miqueas 5:2; Romanos 9:5; etc.). Un pasaje como Isaías 54:1
es muy expresivo:
"Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que
nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha
dicho Jehová." Sostener que la mujer es la Iglesia, significaría que ella habría dado a luz a
Cristo. Pero, ¿no fue la angustia de El la que hizo nacer a la Iglesia? "El la compró con
su sangre."
El simbolismo del sol, la luna y las estrellas sugiere un sumario de la historia de Israel, como
se da en Génesis 37:9, donde la familia completa es representada en forma similar. En las
luminarias celestiales tenemos la presentación de un completo sistema de gobierno.
Estas luminarias simbolizan las doce cabezas tribales vistas en la perspectiva de la
restauración nacional.
A. Vestida del sol
Aquí tenemos a la nación de Israel descrita como portadora de luz y autoridad
divinas y sobrenaturales. Aún será "Israel mi gloria". O bien, el sol puede representar a
Cristo, a quien Israel reconocerá como el Sol de justicia.
B. La luna debajo de sus pies
Así como la luna está subordinada al sol y deriva su luz de él, toda la gloria e influencia de
Israel se derivan de Aquél que le dio existencia. La luna brilla en la noche, e Israel va a dar su
luz, su brillante testimonio, en medio de la oscuridad mundial de la Tribulación.
C. Una corona de doce estrellas sobre su cabeza
Por las doce estrellas nosotros entendemos las doce tribus de Israel. En el sueño de
José
(Génesis 37:9) la futura gloria de estas tribus está simbolizada en la misma forma. La gloria y
el gobierno futuros de Israel, por consiguiente, están representados aquí. La nación israelita
será investida con el esplendor y la plenitud de la autoridad gubernamental sobre la tierra. El
doce, como sabemos, es el número referente al gobierno.
D. Los dolores de parto
La metáfora del nacimiento de un niño es común en las Escrituras (Juan 16:21; Gálatas 4:19;
etc.). El dolor, tal como es usado por Juan, no es literal, porque la mujer es un símbolo. Con
un pasaje como Isaías 66:7 ante nosotros, no tenemos dificultad en reconciliar la
angustia maternal como la que se aplica a Israel.
"La angustia y el dolor se refieren a la hora de prueba que vendrá sobre Israel," dice Walter
Scott. "Pero antes de la gran Tribulación, nace el Mesías, el Hijo varón. El profeta Miqueas
confirma esto en un pasaje claro e inequívoco. Después de referirse al nacimiento del Mesías
(5:2), añade: 'Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto
de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel' (v. 3). El dolor de parto de la mujer tiene
lugar por lo menos dos mil años después del nacimiento del Mesías y se refiere a su angustia
en la Tribulación venidera. Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le
viniesen dolores, dio a luz un hijo."
Las angustias de Israel han sido numerosas en su historia pasada y presente y culminarán en
la peor angustia jamás experimentada. Terrible dolor será el suyo después de que el hombre de
pecado rompa el pacto de siete años que garantizaba su protección.
¿Por qué, entonces, está la angustia de la mujer relacionada de esta manera especial con el
nacimiento del Mesías?
Primero, notemos que el largo período presente del rechazo de Israel, el cual tiene
lugar entre el nacimiento y la angustia, pasa desapercibido en el capítulo que estamos
estudiando. Este es un paréntesis cuya historia no se da en la profecía, pero se encuentra en
otras partes.
Segundo, muestra el profundo interés que el Mesías tiene por su pueblo. El
preparó la
Tribulación e hizo provisión para que se conociera con claridad desde hace siglos
(Mateo
24:15-22).
Tercero, en los tiempos en que los sucesos de nuestro capítulo tengan lugar, la nación judía
sufrirá su terrible dolor, y el objeto de volver en la historia al nacimiento de
Cristo es conectarlo con ella. La angustia, por tanto, señala los sufrimientos de
Israel durante la Tribulación. Los judíos han sido y son cruelmente perseguidos, pero días
todavía más oscuros esperan al pueblo escogido de Dios.

2. El dragón escarlata (12:3, 4)


Sin duda este gran dragón escarlata representa a Satanás en sus peores características. Juan
identifica expresamente al diablo como el dragón en 20:2. Tanto a Faraón
como a Nabucodonosor, se les llama "grandes dragones" a causa de su
crueldad y arrogante independencia (Ezequiel 29:3; Jeremías 51:34). (Es posible que en
el Antiguo Testamento el reptil descrito sea el cocodrilo o leviatán.) La palabra
"dragón" aparece diez veces en el Apocalipsis y es un símbolo apropiado del
principal adversario de Dios en su papel de implacable perseguidor y asesino de
multitudes de santos y pecadores. Job nos da una descripción más notable de un
dragón: "Un rey sobre todos los hijos de soberbia" (Job 41:1-34; vea también Isaías 27:1). El
término se usa para Satanás solamente en el Apocalipsis y sugiere
la fealdad y el horror de su gobierno (12:9). En el Salmo 74:13 tenemos una
referencia a "cabezas de monstruos (dragones)" porque verdaderamente Satanás dirigirá
toda la violencia insaciable representada por el dragón.
El escarlata, por ser el color de la sangre, indica la naturaleza asesina del diablo, porque él
ha sido un homicida desde el principio (Juan 8:44). El color escarlata también
puede representar la falsa santidad:
"¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar?" (Isaías 63:2). El
que una vez fue el más hermoso de los seres angélicos. Satanás, es ahora objeto de aversión.
Es el imitador de Cristo, quien como Vencedor llevará muchas diademas; por eso,
Satanás
está adornado con sus coronas o diademas. Las siete cabezas coronadas significan el cruel y
despótico ejercicio de poder y autoridad terrenales, mientras que los diez cuernos sin coronas
pueden significar los límites futuros del imperio, distribuidos entre diez reinos. (El gobierno
de Satanás tendrá la forma de diez reinos.) Satanás delega su poder y autoridad en la primera
bestia, que será descrita también en 13:1.
La cola representa la parte más dañina de un dragón, es como un gran cometa
en este monstruo (Daniel 8:10). Así como un profeta mentiroso es igualado a una
cola por Isaías (9:15), el poder e influencia malignos de Satanás como mentiroso y
engañador se describen similarmente. Combinando el poder y la sabiduría, Satanás causará
la completa ruina moral
de una tercera parte de las estrellas del cielo, las que quizá representen a eminentes líderes
en lugares de autoridad. Puede haber también en las palabras de Juan una referencia a todos
aquellos ángeles que se rebelaron con Satanás.
Como a un perro amarrado, al diablo le son permitidas ciertas operaciones
prescritas. El solamente puede producir colapso moral en este tiempo entre aquellos "de la
tercera parte", identificados por algunos escritores como la parte occidental del imperio
Romano. El acto de arrastrar las estrellas con su cola, que agita a uno y otro lado en su furia,
implica que Satanás trata de persuadir hacia la apostasía.
El terrible espectáculo del dragón parado ante la mujer, esperando para devorar a su niño
recién nacido, es interpretado fácilmente. No era a la mujer, sino a su simiente a quien el
monstruo estaba resuelto a destruir, tal como Faraón trató de asesinar a todos
los niños varones de Israel (Éxodo 1:15-22). ¡Qué fascinante estudio es seguir la huella de los
esfuerzos
de Satanás para destruir a Israel, la simiente real que iba a producir a Cristo, y
después destruir al mismo Cristo! Tan pronto como Jesús nació, hubo un
esfuerzo satánico por destruirlo durante la matanza de los inocentes (Maleo 2:16).
3. El Hijo varón (12:5, 6)
El hijo varón o niño varón ("un hijo, un varón" como lo expresa el original)
seguramente representa a Cristo, quien nació para regir (Génesis 3:15; Salmos 2:9; 110:1, 5;
Daniel 4:26; Apocalipsis 12:5;
19:15). Sin embargo, hay maestros que ven en el hijo varón a un grupo que sale de Israel, las
primicias de Israel para Dios, que salen de la Tribulación. Los 144,000 judíos
sellados, por ejemplo, se identifican con Cristo en una forma especial y, debido a
su relación con la persecución, se piensa algunas veces que ellos son el niño aquí
mencionado.
Pero la siguiente profecía de un gobierno universal nulifica tal interpretación. Fue la virgen
quien dio a luz al Hijo varón prometido, que respecto a la carne procede de Israel (Romanos
9:4, 5; Gálatas 4:4, 5). A El fue a quien Herodes trató de matar cuando tenía menos de dos
años de edad. Los persistentes enemigos de Cristo — los escribas y fariseos —
también trataron de destruirlo. Cristo, nacido como Rey, vino al mundo con un dominio
universal que
todavía está por ejercer (Salmo 8).
El gobierno de hierro de las naciones será quebrado por El, que viene a pastorearlas con una
vara de hierro. Aquí la palabra "gobernar" significa "cuidar como un pastor", y
en esta capacidad, Cristo romperá los poderes consolidados de la tierra reunidos contra El
mismo y contra su pueblo. Con poder irresistible, emitirá juicio contra los reyes
culpables y los pueblos del occidente (Apocalipsis 19) y después tratará con los del norte y
el este (Isaías 10). Además, el acto de gobernar con una vara (porque la prolongada
obstinación se convertirá al
fin en sumisión y obediencia) revela la naturaleza del reino de Cristo. La revuelta al final del
milenio manifiesta el involuntario sometimiento que caracterizará a grandes segmentos de la
humanidad durante su reinado.
La ascensión de Cristo es expresada en estas palabras: "Y su hijo fue arrebatado para Dios y
para su trono" (12:5). (Vea Marcos 16:19; Lucas 24:50, 51; Hechos 1:9; 7:56.) Nada se dice
aquí de la muerte del Hijo varón, en vista de que El está relacionado con Israel
y con el gobierno de todas las naciones, que dependen de su nacimiento y su ascensión al
trono. Y sin embargo, en esa mano de pastor que sostiene la vara estarán las marcas
de los clavos. El reina como el Cordero inmolado.
Rechazamos la interpretación que ve en este versículo el rapto de aquellos
que sean suficientemente santos cuando Jesús venga. Aquellos que sostienen la
teoría del "rapto parcial" algunas veces emplean la última parte de este quinto
versículo para enseñar la doctrina errónea de un rapto de selectos. Todos los que son de
Cristo, sin importar su estado, serán arrebatados para encontrarse con el Señor. Si no
estuvieran en las mejores condiciones, sufrirán pérdida con relación a su recompensa.
Entre los versículos 5 y 6 tenemos todo el período de la historia que va desde la
ascensión de Cristo hasta la Tribulación (el tiempo de la congoja de Jacob).
Por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, un lugar de
seguridad y sustento es provisto para el remanente. Hay quienes sugieren que este lugar
de refugio es Petra, en el monte de Seir, en la tierra de Edom y Moab. Petra o Sela significa
"roca" o "sostén fuerte" y como tal puede acomodar miles de personas. La rápida huida y el
viaje de la mujer perseguida reciben también ayuda de Dios.
Entre el relato interrumpido del versículo 12:6 y su nuevo inicio en el
versículo 12:14 tenemos el episodio de la batalla en el cielo, y el regocijo
celestial por su triunfo. La cuidadosa enumeración de días, mil doscientos sesenta,
testifica del tierno cuidado de Dios por su afligido pueblo. Esta última mitad de la
semana de profética aflicción de Israel, despertará el cuidado y la provisión del Señor.
El desierto se usa algunas veces para designar
un estado desprovisto de recursos naturales, un lugar de aislamiento. En Ezequiel 20:35, 36
encontramos el desierto empleado no literalmente y localmente sino espiritualmente, como
un estado de disciplina y prueba entre los pueblos gentiles. Fue en un desierto donde nuestro
Señor fue tentado por el diablo.
4. Miguel y sus ángeles (12:7-12)
Después del cuadro completo de los seis primeros versículos dado bajo las dos
señales, llegamos al punto culminante del antagonismo de toda una era. El Apocalipsis es un
libro de batalla y aquí en la batalla del cielo tenemos una de las más dramáticas.
Finalmente, la palabra profética de Isaías está por cumplirse: "Acontecerá en aquel día, que
Jehová castigará
al ejército de los cielos en lo alto y a los reyes de la tierra sobre la tierra" (Isaías 24:21).
La batalla más significativa en toda la historia del mundo, está ahora por escenificarse. ¡Qué
espectáculo! Las fuerzas celestiales y las infernales van a chocar en este fiero conflicto. Las
ideologías opuestas formarán dos grupos. Juan presenta a los Aliados (Miguel y sus ángeles) y
al Eje (Satanás y sus ángeles). Del desenlace no hay duda. La declaración de victoria
final contra Satanás fue dada por Cristo en Lucas 10:18 y Juan 12:31. ¡Ciertamente, tal
esperanza nos debiera impulsar al trabajo de ayudar a salvar almas!
La frase "batalla en el cielo" es algo sorprendente. Después del "silencio en el cielo" (8:1),
tenemos "batalla en el cielo." Por "cielo" no debemos entender la presencia
inmediata de Dios, sino la esfera que Satanás ha ocupado desde que fue arrojado de la
morada de Dios a causa de su rebelión. El es el príncipe de la potestad del aire, y
los / cielos atmosféricos están habitados por multitudes de seres celestiales e
infernales. En alguna parte, entre la tierra y el cielo, Satanás tiene su lugar de
operaciones y es aquí donde se librará la batalla que terminará con su expulsión a la tierra,
desde la cual Satanás será consignado al abismo
sin fondo por mil años y finalmente al lago de * fuego.
A. Miguel y sus ángeles
Miguel es el príncipe o ángel que preside a la nación judía. Este gran líder de los ángeles
guerreros no caídos, quien echará al usurpador de los cielos, es mencionado cinco veces en la
Escritura (Daniel 10:13, 21; 12:1; Judas 9; Apocalipsis 12:7). Este líder de la
jerarquía angélica está siempre relacionado con los santos del Antiguo Testamento. Su
nombre significa
¿Quién corno Dios? A Miguel le es asignada la seguridad del pueblo de Dios y en
el fiero conflicto descrito en este capítulo del Apocalipsis, él se encargará de que Israel no
perezca. Miguel y sus ángeles, cuyas fuerzas son superiores, vencerán al dragón y a sus
ángeles en una sola batalla.
B. El dragón y sus ángeles
Nuestro Señor se refiere a Satanás y los ángeles rebeldes que se hallan bajo su comando en
Mateo 25:41, mientras que Pablo nos recuerda la habilidad de Satanás para aparecer como un
ángel. El es el arcángel de los ángeles caídos (2 Corintios 11:14). Se ha indicado
que los movimientos de las naciones — sus guerras, su política y sus normas
sociales — son condicionados y dictados por poderes superiores espirituales. Hay ángeles
buenos y malos que influyen constantemente sobre hombres y gobiernos, y Daniel 10 es un
claro ejemplo de esto. Las guerras y las contiendas en la tierra son meramente el reflejo de
la lucha entre poderes espirituales opuestos en los cielos inferiores. Debido a que
estos cielos son la morada de Satanás, "el príncipe de la potestad del aire," Dios tiene
que declarar que "las estrellas no son puras a sus ojos".
Las luchas invisibles entre los poderes de la luz y de las fuerzas de obscuridad son reales y
serias (1 Samuel 16:13-15; 1 Reyes 22:19-23) y el mundo es gobernado sobrenaturalmente por
la influencia de estos seres espirituales. Con esta "batalla en el cielo" se llega
al punto culminante de la lucha entre fuerzas invisibles y visibles y el desenlace de esta
batalla es el derrocamiento del dragón y sus ángeles. Satanás sufre una derrota ignominiosa y
es expulsado
de los cielos con la rapidez de un relámpago. Frustrado y vencido, el dragón entonces vagará
por este escenario arruinado y vomitará su ira contra el remanente judío.
La séptuplo descripción que se da de Satanás y su obra es digna de especial atención. Se le
dan por lo menos seis nombres prominentes:
El gran dragón. Este enemigo diabólico siempre ha sido notable por su
crueldad sin remordimiento. La leyenda pinta al dragón como un monstruo de forma y
apariencia fuera de
los límites del reino animal; una combinación de destreza superhumana y crueldad. ¡Qué día
tan triste será éste para los habitantes de la tierra, cuando el enemigo infernal ande suelto!
Aquella serpiente antigua. Aquí se hace alusión a Génesis 3:1 y 4, donde tenemos el relalo
del primer y exitoso atentado de Satanás en su intento por destruir los propósitos de Dios y
estropear la felicidad del hombre. "Vieja" o "antigua" se refiere a la primera
intervención histórica de Satanás en la rama humana. El título serpiente habla de la sutileza,
el engaño, la sagacidad y la astucia de nuestro enemigo (2 Corintios 11:3). La degradación de
la serpiente, aun en los días del milenio se sugiere en Isaías 65:25.
El diablo. Este nombre personal viene de alabólos, uno que hace daño, que calumnia, que
tienta. Tal nombre representa todo lo que el diablo significa. El diablo derriba, pervierte y
destruye, pero Cristo eleva del muladar a una posición entre los príncipes.
Satanás. "Diablo" es el término griego, mientras que "Satanás" es el término hebreo que lleva
la idea de adversario, especialmente en un tribunal de justicia. Esta doble
designación,
griega y hebrea, marca el objeto de su acusación, que incluye a los gentiles escogidos y a los
judíos escogidos. Ambos nombres prueban que Satanás es un ser real e histórico.
El engañador. Aquí el trabajo especial de Satanás queda al descubierto. Con la
sabiduría acumulada y la astucia de milenios, es capaz de engañar la tierra habitada. Actuar
como el principal engañador es la meta y ocupación del diablo. Acertado en su seducción,
triunfa a menudo al lograr que nos engañemos a nosotros mismos (1 Juan 1:8).
En los días de la Tribulación, tratará de engañar a los escogidos con señales
milagrosas (Mateo 24:24; 2
Tesalonicenses 2:7-12). La última imagen de Satanás en la Biblia lo presenta
como el engañador (Apocalipsis 20:7, 8).
El acusador. En alguna forma misteriosa, Satanás es capaz de presentar sus
acusaciones contra los santos ante Dios (Job 1:6; 2:1). A menudo nos acusa
ante nuestra propia conciencia, pero podemos apelar a la sangre eficaz de Jesús (1 Juan
2:1, 2).
El es el acusador que ruge, recordándonos nuestras maldades. Ciertamente, las conocemos
muy bien. Sin embargo, si fueron lavadas en la sangre del Cordero, ya Dios no las encontrará.
Nuestra solemne obligación es vivir de tal forma que nunca demos a Satanás alguna causa de
queja o base para acusarnos.
En la escena descrita en 12:9, Satanás está completamente vencido y destronado.
Nunca jamás sus acusaciones, justas o injustas, serán escuchadas en los tribunales del cielo.
Los tres elementos decisivos en la victoria sobre Satanás se ponen de relieve en 12:11: la
sangre del Cordero, la palabra del testimonio de ellos y su sacrificio personal. La
preciosa sangre de Cristo es el fundamento y medio de la victoria. Por medio de su sangre
tenemos libertad ante Dios, lo que a su vez produce libertad ante los hombres. El testimonio
aquí es de naturaleza profética. El espíritu del testimonio reta al diablo para que haga lo
peor que pueda, ya que una gloriosa resurrección aguarda a todos los que están
dispuestos a arriesgar su vida por amor a Cristo. .
Todos los redimidos en el cielo y todos los santos sobre la tierra se unen ahora en regocijo
por la completa expulsión de Satanás. "Ahora ha venido la salvación. . . de su Cristo."
Surgen los aleluyas más profundos porque la derrota del diablo ha sido consumada completa
y finalmente.
Aunque la doxología de 12:10-12 anuncia que el reino ha venido, es solamente en un sentido
anticipatorio. Un paso necesario y preliminar en el establecimiento del reino
milenial de Cristo es lanzar a Satanás de los cielos; el derrocamiento del príncipe de la
potestad del aire. Ahora que el poder del reino ha sido tan gloriosamente vindicado en el
cielo, todo se anuncia "allí" como ya hecho. Con el encarcelamiento de Satanás
en el abismo, el reino será establecido en la tierra. Los postmilenialistas
(quienes dicen que nosotros los cristianos seremos los que haremos surgir el reino)
debieran recordar que no puede haber reino sin Rey
y que el reino no será inaugurado hasta que el Rey aparezca en poder y gloria y tome el poder
por la fuerza. En la actualidad, está completando su Iglesia, su cuerpo místico.
El contraste en la derrota de Satanás es extraordinario: música en el délo contra miseria en
la tierra: "Alegraos, cielos" contra "ay de los moradores de la tierra". Sabiendo que su tiempo
en la tierra es corto, Satanás manifiesta gran furia, excediendo hasta la ira de las naciones
que él mismo ha inspirado (11:18). "Ira" aquí significa "furia hirviente". Gran enojo hay
en
Satanás a causa de su exilio de la región celestial y porque su espacio de tiempo permitido
para hacer daño sobre la tierra está ahora drásticamente limitado. ¡No es extraño
que el diablo odie el Apocalipsis, el libro que estamos considerando, ya que su destino está
escrito prominentemente en sus páginas!
5. El remanente y su simiente (12:13-17)
Después del episodio de 12:7-12 continuamos el hilo del discurso en 12:6. Con su esfera de
operación ahora restringida a la tierra, Satanás se entrega a la destrucción de la mujer, el
linaje de Judá del cual vino el Hijo varón. La amarga persecución de la última mitad de la
semana profética de Daniel comienza ahora (Daniel 7:25). Ahora que está
confinado a la tierra, el dragón busca ejecutar venganza sobre Judá, ya
restaurado a su tierra y representante de toda la nación de Israel ante Dios. (Efraín y
las diez tribus perdidas desde hace mucho tiempo, todavía no aparecen.)
Perseguida ferozmente, la mujer se ve obligada a huir (12:6, 14) pero es ayudada en forma
milagrosa en su huida. Recibe "las dos alas de la gran águila". Nosotros no podemos estar de
acuerdo con aquellos que interpretan estas alas de águila como los poderes
mundiales de Babilonia y Egipto (Ezequiel 17:3, 7). El águila simboliza la protección de
Dios para con su propio pueblo. Su cuidado y liberación en el pasado de peligros inminentes
se indican de esta forma en Éxodo 19:4 y Deuteronomio 32:11, 12. "Vosotros visteis lo que
hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí."
"Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los
toma, los lleva sobre sus plumas, Jehová solo le guió, y con él no hubo dios extraño."
Las alas dan la idea de movimiento rápido y protección garantizada y nosotros
atribuimos esto sólo a Dios. Las dos alas pueden significar ayuda y seguridad.
Sugerir que las "alas" simbolizan las partes remotas de la tierra y que las "dos" alas
simbolizan las divisiones este y oeste del Imperio Romano es destruir el aspecto
providencial de esta parte del capítulo. Recibe la providencia divina por mil doscientos
sesenta días (12:6) o "un tiempo, y tiempos, y
la mitad de un tiempo," lo que expresa la misma duración de tiempo que cuarenta
y dos meses (o tres años y medio). Todas estas expresiones cubren la última mitad de una
semana
de angustia, el tiempo de aflicción de Jacob.
Respecto al desierto (el lugar preparado por Dios donde El ejercerá su cuidado por la mujer y
su simiente), los eruditos presentan diferentes opiniones. La interpretación más sensata
es que el remanente tiene un destino terrenal y por lo tanto se le provee un refugio
terrenal. Sale Harrison, en su magnifica exposición The Great Unfol-ding ("La gran
revelación"), tiene
un interesante capítulo que describe a Petra, la ciudad en las rocas que es
una de las maravillas del mundo (situada al suroeste del mar Muerto), como un escondite
posible. Con su capacidad para acomodar un cuarto de millón de personas, sus maravillosos
edificios cavados
en la roca podrían darles una excelente protección.
La huida de "delante de la serpiente" (12:14) ofrece un fuerte contraste con la tierra y el
cielo, los cuales huyen de la presencia del que se sienta en el gran trono blanco (20:11). La
naturaleza astuta de Satanás se pone de manifiesto en el esfuerzo de la serpiente por destruir
a la mujer por medio de una inundación. El hecho de que la tierra se trague al río
puede representar aquellas naciones amistosas dispuestas a amparar a los judíos, que
neutralizan y burlan así el método astuto de Satanás de reforzar a otras naciones en contra
de los judíos. Estas naciones que protejan al remanente judío serán las "naciones ovejas" en
el juicio de las naciones (Mateo 25:31-46).
Estas frustraciones sobrenaturales que harán nulo el plan diabólico, despertarán la furia del
dragón, haciendo que en su frustrado enojo, haga guerra contra el remanente
fiel en Palestina. Guardar los mandamientos de Dios y tener el testimonio de Jesucristo es
algo que siempre agita la ira del diablo. La frase "hacer guerra" puede implicar todas las
formas de ataque contra los santos, ya sea por persecución o por guerra. Bajo esta expresión
técnica se hace referencia al daño físico y toda clase de mal de que el diablo es capaz. (Vea
11:7; 16:14;
17:14; 19:19). Pero tanto el Hijo varón como los judíos temerosos de Dios serán librados del
odio asesino del diablo.
6. La Bestia del Mar (13:1-10)
Todo Apocalipsis 13 está dedicado a una descripción de la naturaleza y actividades de dos
bestias temibles y aterradoras. La tierra es ahora el escenario de las operaciones satánicas, y
los judíos y gentiles temerosos de Dios se convierten en objeto de las intenciones homicidas
de Satanás. Sus principales ministros de engaño y crueldad son dos bestias, hombres reales
que usan eficientemente sus poderes delegados a favor de su infernal maestro.
La primera bestia — la bestia del mar — es aparentemente un gentil, y ejerce un gobierno
caracterizado por la fuerza bruta. La segunda bestia —la bestia de la tierra (13:11-18)— es
probable que sea un judío apóstata y será notable debido a su sutil influencia religiosa. Más
tarde, estos ciegos e incautos se levantarán en orden de batalla contra Cristo y sus ejércitos
celestiales (19:11-19).
Debido a que la palabra "bestia" se usa para designar un poder o reino (o el jefe personal de
un poder o reino), el término es usado indiferentemente para un imperio o
para su representante personal. Por lo que dice la Escritura, parecería como si el
concepto be.ftia llevara un doble significado: primero, la necedad de
actuar sin sentimiento de responsabilidad hacia Dios (Daniel 4:16; 1 Corintios
15:32), y segundo, el error del poder imperial actuando sin referencia a Dios
(Daniel 7). El término del cual viene la palabra "bestia" en este capítulo no es zoon,
"ser viviente" (como en el capítulo 4), sino zerión, "bestia salvaje", y es por consiguiente
descriptiva del reino de terror bestial, demoníaco y lleno de rencor de parte de las dos
bestias.
Con la aparición de la primera bestia, tenemos la obra maestra de Satanás y el más horroroso
personaje jamás aparecido en la tierra. Será una mezcla de todas las bestias que han existido
antes, la encarnación de todo desgobierno y anarquía, la personificación de la iniquidad. Cada
detalle de su retrato es pintado en el Salmo 10 y Daniel 7:3, 7. Con la aparición de esta bestia
salvaje y feroz vendrá la última batalla por el dominio del mundo, el choque
final de ideologías opuestas. Tratemos de entender la persona y prestigio de
este superhombre satánicamente inspirado como Juan lo vio en Patmos, desde su
lugar estratégico sobre la arena de la,orilla.
En primer lugar, esta bestia surge del mar, lo que puede representar el desordenado estado
de la humanidad. El mar se usa de una manera figurativa, para representar una gran multitud
(Génesis 22:17) y es empleado por Juan como un símbolo de las
fuerzas caóticas revolucionarias que operan cuando la bestia aparece, que serán dirigidas
por él como fuerza bruta. Del colapso general de toda autoridad gobernante (bajo el sexto
sello, 6:12-17) surgirá
la bestia. Un escritor sugiere que puede ser el mar Mediterráneo, ya que los cuatro grandes
imperios del mundo surgieron de los alrededores de sus aguas (Daniel 7:1-3). Las
naciones gentiles, o pueblos, están simbolizadas en la Biblia por las muchas aguas o
el mar (Isaías
57:20;
Apocalipsis 17:15).
No debemos perder de vista el hecho de que esta bestia es una persona real, y no un mero
principio o fuerza. Prueba adicional de este hecho es su presencia en el lago de fuego (19:20;
20:10). Esta primera bestia es una personalidad tan definida como Jesús, a quien él
busca imitar. Siendo inspirada y apoyada satánicamente, la bestia será también
satánicamente sostenida y controlada por el diablo y será el último rey de la forma final de
gobierno gentil. Entre los muchos títulos que lo identifican, es descrito como "el
cuerno pequeño", "el blasfemador", "el rey del Norte, de Siria", "el gran Asirio" y "el hombre
de pecado", en quien el pecado del hombre alcanzará su punto culminante. Esta bestia que
será revelada después del rapto de la Iglesia, es "el príncipe que ha de venir" (Daniel 9:26, 27;
2 Tesalonicenses 2:6-8).
El será el último gobernante mundial antes de Cristo. En cuanto a su origen y
nación, el énfasis de Daniel sobre este último gobernante de los gentiles y opresor de Israel se
concentra
en la provincia de Siria (del antiguo imperio griego, que comprende Asiría, e
incluso Babilonia, más antiguas aún). Surgiendo de esta provincia con ayuda judía,
desplazará a tres gobernantes de la confederación de los diez y revivirá la Grecia clásica.
Llegando al simbolismo de las cabezas y los cuernos de la bestia, la identificación exacta de
éstos será bastante simple cuando Dios en su plan sobrenatural los lleve a su cumplimiento.
Ralph Brown, en su Outline of Bible Prophecy. (Bosquejo de profecía bíblica), nos dice que las
siete cabezas representan siete naciones gentiles que han gobernado o gobernarán
en el mundo bíblico e Israel. "Cinco han caído," desde Abraham hasta Cristo. Estas cinco que
se han levantado y caído son Egipto, Asiria, Babilonia, Medo-Persia, y Grecia. "Uno es:"
Roma, que gobernaba cuando Juan escribió. "El otro aún no ha venido:" la
confederación de las diez naciones, simbolizada por los "diez dedos de los pies" y los "diez
cuernos". Las siete enronas significan falsa supremacía y los diez cuernos significan falsa
fuerza. "La bestia. . . es también
el octavo; y es de entre los siete" (Apocalipsis 17:11) se refiere al renacimiento de uno de los
siete que también será el último gobierno gentil. "El es el octavo" implica que
usurpa la autoridad y forma un gobierno distinto de los diez reyes. Pasajes que ayudan para
el estudio cuidadoso de Apocalipsis 13:1-8 serían Daniel 7:7, 8, 23-26;
Apocalipsis 17:8-18.
La forma de la primera bestia es parecida a un leopardo, un oso y un león (opuesto al orden
de Daniel 7). Daniel ve hacia adelante, a través de las edades, mientras que Juan ve hacia
atrás. El anticristo reunirá en sí mismo las características opuestas a Dios de los tres reinos
precedentes, asemejándose respectivamente al leopardo, al oso y al león. La vigilancia alerta
del leopardo, el poder lento y aplastante del oso y la temible fuerza del león
son rasgos distintivos familiares a los pastores en Palestina.
Combinadas en esta temible criatura están la infamia y la ferocidad de imperios
pasados:
Macedonia, rapidez y estrategia para conquistar;
Persia, tenacidad y poder masivo; Babilonia, voracidad y el más autocrático dominio gentil
nunca conocido. Todo el poder civil y legal será conferido a esta despótica cabeza, cuyo trono
será de iniquidad (Salmo 94:20). Los nombres de blasfemia que están sobre su
cabeza, o cabezas, hablan de su expreso desafío a Dios. Los títulos blasfemos
asumidos por los emperadores romanos de los siglos primero y segundo (y
ciertos líderes romanos subsiguientes) son anticipo de los nombres que la bestia ostentará
orgullosamente. Nerón, por ejemplo, era saludado como "el eterno". La desafiante y notoria
oposición a Dios y su Cristo ante los ojos de los hombres se nos presenta en la conducta
blasfema de la bestia.
El dragón delega a la bestia el gobierno constitucional. Por encarnar toda la
fuerza y brutalidad de los imperios babilónicos y medo-persa, la bestia es un agente
apropiado para el uso de Satanás. La soberanía que le fue ofrecida a Cristo por el
príncipe del mundo (Juan
12:31) fue rechazada por El (Lucas 4:5, 8). Aquí se le ofrece a la bestia, quien la acepta.
Aquí se habla de la muerte y la resurrección de la bestia, que provoca una
adoración universal. Aunque fue "herida de muerte", la herida mortal fue sanada. La
expresión "como muerta" se usa en Otras siete ocasiones en el Apocalipsis.
El milagro de traer a la bestia de la muerte y de que lleve en sí las
marcas de su resurrección, prueba cuan tremendo será el poder de la bestia y
cuan fácilmente será engañado el mundo.
En la sanidad de la cabeza herida de muerte, algunos escritores ven la muerte
política y resurrección de la bestia. El imperialismo, representado por el dominio
mundial de los cesares, ha estado bajo la amenaza de una muerte política desde 476 d.C.
Pero Dios permitirá que surja un imperio de en medio de la pasión y el conflicto
revolucionarios. Faber explica la sanidad de la herida de muerte como el resurgimiento de la
dinastía napoleónica, después de
su derrocamiento en Waterloo. Pero, puesto que la mayor parte del Apocalipsis es profética,
la interpretación histórica debe ser excluida (excepto como medio de ilustración). Juan ve
aquí como un hecho consumado una forma imperial revivida del imperio romano,
el cual desapareció hace más de un milenio y medio. Es fascinante observar
el hilo de los acontecimientos del día actual, e investigar en los movimientos de
las naciones de hoy la preparación del mundo para la influencia universal y
dominante de la bestia. La falta de capacidad para gobernar adecuadamente está
preparando el camino para este dictador satánicamente inspirado.
En la adoración del dragón y de la bestia, vemos otro aspecto de imitación. Satanás quería
que Cristo se postrara y lo adorara, pero el Maestro no dobló su rodilla ante ninguno, sino
ante Dios. En contraste con "¿Quién como Tú, oh Señor?" tenemos "¿quién como la
bestia?" Miguel y sus ángeles hacen guerra con el diablo y sus ángeles y los
vencen, pero aquí un pueblo engañado desafía: "¿Quién podrá luchar contra la bestia?"
¡Esta bestia, con su herida
de muerte sanada, seguramente es inmune a la destrucción! Aunque él reinará
solamente sobre uno de los diez reinos durante la primera mitad de la semana profética,
reinará sobre todos ellos hasta el fin de los últimos tres años y medio.
La bestia — criatura superhumana y satánica, el "voluntarioso rey" de Daniel 11:36 —
será cruelmente antisemita y actuará en el poder superhumano del dragón.
Manifestará una proeza bélica que no perdona ni conoce compasión. La presencia de tan
terrible dictador, con
el destino de millones en sus manos, será la señal de que se precipita el juicio para todos los
que lleven su marca.
Fines Jennings Dake resume el poder multiplicado de la bestia como sigue. Tiene poder para:
1. Blasfemar contra Dios. Apocalipsis 13:5, 6; Daniel 7:8, 11, 20, 25; 11:36.
2. Vencer a los judíos. Apocalipsis 13:7, 15; Daniel 7:21; 12:7.
3. Atribular a los santos. Apocalipsis 7:9-17; 14:13.
4. Conquistar muchas naciones y gobernarlas como él desea. Ezequiel 38; Daniel 7:8, 20-24;
11:36-45.
5. Destruir la Babilonia misteriosa. Apocalipsis 17:12-17.
6. Vencer y matar a los dos testigos. Apocalipsis 11:7.
7. Cambiar tiempos y leyes. Daniel 7:25.
8. Entender misterios. Daniel 8:23.
9. Proteger o castigar a los judíos por un tiempo. Daniel 9:27; 2
Tesalonicenses 2:4; Apocalipsis 11:1, 2.
10. Obrar señales y maravillas. Daniel 8:24; 2 Tesalonicenses 2:8, 9; Apocalipsis 13.
11. Causar la prosperidad del engaño. Daniel 8:25.
12. Controlar el dinero y las riquezas en su propio dominio. Daniel 11:38-43.
13. Causar grandes engaños. Daniel 8:25; Juan 5:43; 2 Tesalonicenses 2:10-12.
14. Obrar de acuerdo a su voluntad. Daniel 11:36.
15. Controlar la religión y la adoración. Daniel 9:36; 2 Tesalonicenses 2:4; Apocalipsis 13.
16. Controlar la vida de todos los hombres en su dominio. Apocalipsis 13:12-18.
17. Controlar a los reyes como él quiera. Apocalipsis 17:12-17.
18. Hacer que todas las otras naciones le teman. Apocalipsis 13:4.
19. Inducir a los hombres a pelear contra Cristo. Apocalipsis 19:14, 19-21.
20. Continuar en completo control del poder cuarenta y dos meses Daniel 7:25; Apocalipsis
13:5.
El autor arriba mencionado da este resumen de la persona de la bestia y sus cualidades:
Será un hombre que poseerá el talento y el atractivo de todos los conquistadores y líderes
anteriores. Además de estos dones naturales, poseerá el milagroso poder de atraer gente de
toda clase, fascinándola con su maravillosa personalidad, éxitos, sabiduría
superhumana y capacidad administrativa y ejecutiva, poniéndola bajo su control
por medio de unas adulaciones bien dirigidas y una diplomacia magistral. Estará dotado
con el poder de Satanás
en el ejercicio de estos dones; tanto, que el mundo se maravillará de él y lo adorará como a
un dios.
Lo que sigue en 13:5-7 es una extensión de lo que se implica en "un nombre blasfemo" y "su
boca como boca de león" (13:1, 2). El antiguo imperio romano fue culpable de blasfemia en
que asumió nombres divinos en documentos públicos. El menosprecio y la burla de cualquier
cosa divina serán practicados libremente cuando la adoración del diablo sea
reconocida ampliamente. La jactancia y la blasfemia se incluyen entre las "grandes cosas" que
salen de la
boca de león de la bestia: "Una boca que hablaba grandes cosas" (Daniel 7:8).
La bestia maldice a Dios mismo, incluyendo su nombre y su lugar de
habitación con todos sus habitantes. Podemos comprender la blasfemia contra los que
están en el cielo, ya que ellos se regocijaron por la expulsión del dragón desde el cielo
(12:10).
Los santos fieles sobre la tierra serán entregados al poder de la bestia, a quien
le será permitido infligir su venganza sobre ellos y vencerlos. Su autoridad para
matar o perdonar será ilimitada en alcance y extensión, como se ha visto en la mención de
las tres divisiones de
la raza humana (13:7). La furia del dragón por su derrota en la guerra del cielo se derrama
ahora sobre los santos de la tierra.
Los adoradores de la bestia se definen claramente como aquellos cuyos nombres no están en
el registro divino que pertenece al Cordero inmolado. Los elegidos "moran en el cielo" (13:6) y
son celestiales; los adoradores de la bestia "moran en la tierra" y son
terrenales. El humanismo, ampliamente proclamado en la actualidad, es simplemente
autoadoración y sólo está a un paso de la adoración al diablo. Para un estudio del "libro
de la vida del Codero" (13:8), vea nuestro comentario posterior en este libro, al hablar del
gran trono blanco (20:11-
15). En la exhortación personal "Si alguno tiene oído, oiga", tenemos las propias palabras de
admonición de Cristo, usadas tanto en los evangelios como en Apocalipsis. Tal
como se emplea aquí, este es un llamado a entender completamente los juicios
apocalípticos que están a punto de desatarse.
El castigo y la retribución adecuada son los principios indicados para amigos y enemigos por
igual. Seamos santos o pecadores, de cierto cosecharemos lo que hemos sembrado. Los santos
sometidos bajo el dominio de la bestia no se deben resistir. Aquí se ve la paciencia de los
santos. Deberán soportar los sufrimientos que les hubieren sido asignados y triunfar por medio
de ellos. Puesto que sus nombres están escritos en el cielo y el cielo es su morada, las armas
que esgrimen no son carnales sino espirituales. Como disfrutarán de una seguridad eterna, no
habrá guerra infernal ni poder humano que pueda despojarnos de sus victorias. Confiados en
la venganza de Dios, los santos de la Tribulación usarán su cautividad como un
medio de gracia, sabiendo que la eterna cautividad en el lago de fuego será la porción de
la bestia. Todos los que causen sufrimiento al pueblo de Dios deberán
enfrentarse a la justicia retributiva. Con la medida con que midan se les medirá (Mateo
7:2; Jeremías 15:2).
Concluimos este estudio de la bestia del mar con varios contrastes sugeridos por
Ralph
Brown:

Cristo El anticristo

Hijo del Hombre Hijo de pecado


Hijo de Dios Hijo de Satanás
Hijo de la justicia Hijo de perdición
Sobrehumano Superhombre
Verdadero Dios Pretende ser Dios
Redentor Destructor
Rey de reyes Dictador mundial
Agente de Dios Agente de Satanás
Humilde Altivo
Sacrificial Tiránico
7. La bestia de la tierra (13:11-18)
Para iniciar nuestro estudio de esta segunda bestia, el monstruo como cordero (o
el que pretende ser cordero), consideremos los contrastes que hay entre las
dos bestias de Apocalipsis 13:

Primera bestia Segunda bestia

Sale del mar (desorden) Sale de la tierra (gobierno ordenado)


Instrumento de Satanás Instrumento de la primera bestia
Vice-regente de Satanás Vicario de la bestia
Poder secular Poder espiritual
Tiene diez cuernos Tiene dos cuernos
¿Un gentil? ¿Un judío?
Supremo en autoridad Subordinado a la primera bestia
Se glorifica a sí mismo Desafía a la primera bestia
Aparece primero Segunda en surgir
Gobierna desde Roma gobierna desde Palestina
Notable por su poder brutal Notable por su sabiduría astuta
Cabeza política Cabeza eclesiástica
Falsa deidad Falso profeta

Ambas bestias son de abajo, no de arriba.


Ambas bestias son fieles aliadas. Actúan como una.
Ambas bestias van a sufrir la misma condenación.
Ambas bestias son imitadoras del Cordero.
Ambas bestias son personas reales.
Hagamos un resumen de la enseñanza de las Escrituras acerca de esta segunda bestia, la cual
por ser una bestia religiosa es más peligrosa que la primera. Aunque esta segunda bestia es
mencionada después de la que sale del mar, esto no significa que el tiempo de su existencia
será después de la primera bestia. La forma en la que la bestia de la tierra obra para exigir la
adoración de la primera bestia, prueba que aparecen juntas y ejecutan poderes similares y
simultáneos. En cuanto la bestia del mar toma el escenario, inmediatamente es seguida por
su compañera.
A. El origen de la bestia de la tierra
La segunda bestia que vio Juan salió del caos y de la revolución, pero rápidamente produjo
un estado social civilizado, consolidado y ordenado. El jinete del caballo blanco
pronto se sobrepone a las agitaciones y disturbios y logra victorias sin derramar
sangre entre los distintos pueblos. Es de este orden establecido de gobierno civil y
político de donde surge este peligroso agente ejecutivo del diablo.
Con su aparición se completa la atrevida y arrogante imitación de la santa Trinidad, porque
opuestos a Dios, a Cristo y al Espíritu Santo tenemos al dragón, el anticristo y el falso profeta.
La expresión griega usada para designar al falso profeta es pseudoprofetés
(16:13;
19:20;20:10). Ambas bestias son falsos profetas; el segundo es el que lleva a cabo lo que dice
el primero. Las palabras "tierra" o "mundo" son términos simbólicos de los pueblos que están
sobre la tierra. Si la parte de la tierra de donde surge esta segunda bestia es Israel, entonces
es muy probable que se trate de un judío apóstata.
"Subía de la tierra" identifica a este personaje con la gente ordinaria. El surgimiento de la
segunda bestia coincide con la sanidad de la herida mortal de la primera
bestia y su resurrección. Con la aparición de la bestia como cordero, quedan pervertidos
los tres oficios
de Cristo. La primera bestia es el falso reinado; la ramera representa el falso sacerdocio; la
segunda es el falso profeta. Auberlen observa que la bestia es el poder corporal,
el falso profeta el intelectual y la ramera es el poder espiritual del anticristianismo.
B. Las características de la bestia de la tierra
Los "dos cuernos semejantes a los de un cordero" señalan a esta bestia como el falso Mesías.
Las dos bestias imitan al Cordero de Dios: la primera, en que fue herida de muerte y resucitó
y la segunda, en que tiene dos cuernos semejantes a los de un cordero (difiere del Cordero de
Dios en que éste tiene siete cuernos, 5:6). El cordero se encontraba afuera, mientras que el
dragón estaba adentro. Al verdadero profeta le pertenece la plenitud del poder, mientras que
el falso profeta tiene un poder limitado. Un escritor del siglo sexto dice del falso
Mesías: "Finge ser un cordero para poder agredir al Cordero, el cuerpo físico de Cristo." Sin
embargo, sus actividades están confinadas a los seguidores del Cordero sobre la tierra, ya que
antes de
su aparición, la Iglesia habrá sido arrebatada al cielo.
El cuerno es símbolo de poder físico, moral o real, por lo que los dos cuernos de la bestia de
la tierra representan la combinación de rey y profeta. Estos dos cuernos pueden
significar también el poder combinado de las religiones naturales y aquellas que operan
milagros. Este falso Mesías tiene sólo dos cuernos, en contraste con los diez cuernos de la
primera bestia. Su autoridad cubre dos ámbitos, el religioso y el milagroso. En ambos
campos observamos el lenguaje de la bestia con apariencia de cordero, pero con un
engañador poder satánico. Los cuernos también le proporcionarán al falso profeta una fuerte
atracción religiosa y será capaz
de reunir a todos los grupos religiosos en conflicto, en una sola iglesia universal.
Mencionado específicamente como "falso profeta" (16:13), desempeñará el papel de siervo.
Un profeta es alguien que habla en lugar de otro y actúa en nombre de otro. De esta manera,
el falso "cristo" de Satanás tendrá su falso "Elias". Como lo expresa Ralph Brown,
el falso profeta será "el Elias del anticristo". Malaquías anunció que Elias vendría entes
del día del Señor (Malaquías 4:5). (Veremos más acerca de esto cuando lleguemos a los
milagros de la bestia.)
El carácter multiforme de este falso profeta es sugerido por nuestro Señor en su descripción
de los últimos días: "Y muchos falsos profetas se levantarán" (Mateo 24:11, 24).
Bajo este título, el falso profeta (16:13; 19:20; 20:10) ejercerá gran autoridad
espiritual entre los judíos y en general entre los que estén relacionados con el cristianismo.
En su papel de falso profeta, está siempre al lado del anticristo. Estos dos
inicuos son inseparables. El dragón le confiere su poder externo a la primera bestia
(13:2) y le da su espíritu a la segunda bestia, porque ésta "habla como dragón"
(13:11). Empleará la misma sutileza y el mismo engaño que utilizó Satanás cuando
engañó a Eva y utiliza actualmente para engañar a un mundo impío. Si bien es cierto que
el falso profeta tendrá la apariencia de
un cordero, sin embargo lo delatarán sus palabras como ministro de Satanás. En vista de que
el objetivo principal del dragón lo constituyen la ruina moral y la física, él utiliza a la bestia
para cumplir sus propósitos políticos y civiles, mientras que por otra parte utiliza
al falso profeta para sus fines morales y espirituales. De manera que las dos
bestias serán los subalternos inmediatos de Satanás al acercarse al final.
C. Las actividades de la bestia de la tierra
Comparando un pasaje con otro nos encontramos con las siguientes características en
las actuaciones de la bestia terrenal:
• Ejerce el poder de la bestia.
• Lleva a cabo la voluntad de la bestia.
• Le da poder a la imagen de la bestia.
• Demanda absoluta adoración para la bestia.
• Participa de la condenación de la bestia.
Ejerce el poder de la bestia. Aquí tenemos una expresión muy específica, pero también muy
temible: "Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella" (13:12). La
frase "en presencia de ella" implica "delante de ella", como sirviendo y apoyando a la bestia.
El falso profeta es un servidor activo de la bestia y ejerce un poder subordinado. El lenguaje
utilizado aquí no da la impresión de que la primera bestia sea solamente una mera autoridad
pasiva y que todo el poder esté concentrado en la segunda bestia. La primera bestia es la
cabeza titular y plenipotenciaria de una fuerte confederación de naciones (17:9-13) y como
gobernante imperial, seguirá siendo atrevido y blasfemo hasta ser derrotado por
Cristo, el más fuerte.
El ejercicio del poder de la primera bestia por el falso profeta consistirá en el empleo de la
fuerza y el prestigio de la autoridad de aquella para hacer que la gente de todo
lugar la adore. El falso profeta es la peor de las dos bestias, porque influye sobre los
hombres en el aspecto religioso. Como un lobo con piel de oveja, logrará que lo engañoso de
sus actividades
le produzca grandes victorias. En su descripción del "cuerno pequeño", Daniel dice que "tenía
ojos como de hombre" y también una boca blasfema (Daniel 7:8). La frase "ojos
como de hombre" simboliza ingenio y cultura intelectual, las mismas características que
poseía el falso profeta.
Con todo tipo de persuasión, logrará el triunfo de su pretensión de recibir
adoración exclusiva para sí mismo en la tierra de Israel, dentro de cuyos límites
será desafiado y menospreciado en forma blasfema. Reclamará para sí mismo adoración
divina y se sentará en
el templo que será construido por la nación incrédula. Se constituirá a sí mismo como
por encima de toda autoridad, divina o humana, y tomará el lugar de Dios hasta donde
le sea posible. Fuera de la Tierra Santa, el falso profeta también ejercerá autoridad,
forzando a las naciones para que adoren a su gran confederado, la primera bestia.
Lleva a cabo la voluntad de la bestia. Suscitado para representar a la bestia, de manera que
recibe su misión de esta criatura inspirada por el dragón, el falso profeta vivirá, se moverá y
rendirá todo su ser a la voluntad de la bestia. Desempeñará el papel de un sirviente devoto.
Posteriormente, como veremos, inspirará a las naciones para que se unifiquen y den todo su
poder y su fuerza a la bestia (17:13). Y en ésto estará remedando a Cristo,
quien podía referirse a su entrega a la voluntad de su Padre diciendo lo siguiente: "Mi
deleite es hacer tu voluntad, oh mi Dios." El falso profeta hallará sumo placer en obedecer
a los deseos de la bestia e imponer esos deseos sobre todo el mundo en general.
La entrega de Cristo a la voluntad de Dios fue recompensada de muchas
maneras. Por ejemplo, su milagroso ministerio es evidencia de su identificación con los fines
y propósitos
de Dios: "Nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con
él." Y aquí tenemos al falso profeta realizando grandes maravillas a la vista de los
hombres. Las señales que ejecuta son milagros de naturaleza satánica, no trucos
únicamente. Por medio de la ayuda de los demonios son hechas maravillas y
"señales", las cuales están preparadas para engañar a las mentes terrenales, aunque no
engañará a los escogidos en esta precisa ocasión. Los seguidores del verdadero Cordero
sabrán que un milagro no es suficiente para garantizar
la creencia en una revelación profesada, a menos que dicha revelación esté en armonía con la
voluntad ya revelada de Dios.
Públicamente, "delante de los hombres", produce fuego del cielo el falso profeta y de esa
manera engaña a los hombres. Otros milagros, que son realizados "a la vista de la bestia" o
"delante de la bestia", producirán el mismo engaño. Con tal usurpación de las prerrogativas
divinas, el juicio retributivo debe empezar y empezará a derramarse sobre aquellos que ya
han sido entregados por Dios. Esos que hayan sido dados al "poder engañoso" para que crean
"la mentira" (2 Te-salonicenses 2:11) serán culpados de adorar al diablo en una forma triuna,
y por lo tanto, estarán maduros para el juicio.
Le da poder a la imagen de la bestia. En la fabricación de una notable imagen de la bestia,
tenemos el establecimiento de una representación real y literal de la misma, por medio de la
cual será adorada. Esta imagen será tan real como la que erigió Nabucodonosor en las llanuras
de Dura, al principio de la supremacía gentil, cuando los hombres eran obligados bajo pena de
muerte a adorar a una imagen que representaba el poder y la majestad del
primer gran imperio mundial (Daniel 3). Ahora vemos el final del dominio gentil
con el rechazo de la adoración a la imagen. El falso profeta le da vida o aliento a la
imagen de la bestia. Nadie puede dar verdadera vida sino Dios; por lo tanto, la imagen
recibe energía de una fuente de vitalidad espuria. Se le da aliento para que pueda
hablar, produciendo un ven-triloquismo similar al de Hechos 16:16, 17. Hasta la ciencia
puede ahora imitar la voz y la apariencia del hombre por medio de robots mecánicos.
Demanda absoluta adoración para la bestia. Los tres jóvenes hebreos fueron
lanzados al horno ardiente por negarse a adorar la imagen de Nabucodonosor.
Plinio, en su carta a Trajano, declaró que él había hecho castigar a aquellos cristianos
que se oponían a adorar la imagen del emperador con incienso y vino. Estas y
muchas otras imágenes que han sido erigidas a través de la historia como prueba
de lealtad secular y espiritual son un mero anticipo de la adoración de la imagen de la
bestia que demandará el falso profeta bajo pena
de muerte. Así como el Espíritu Santo en la actualidad dirige nuestra atención a Cristo como
objeto de nuestra adoración y honra, de igual manera el falso profeta dirigirá a las multitudes
para que adoren a la bestia y todos los que rehusen doblar la rodilla ante la imagen serán
asesinados.
También será impuesta la sujeción universal a la bestia por medio del control comercial más
rígido que haya sido jamás practicado. El boicot más estupendo que jamás
haya sido instituido sobre los alimentos y el comercio operará universalmente. Nadie podrá
comprar ni vender, sea rico o pobre, a menos que tenga la marca oficial de ración: el
emblema del reino del hombre de pecado. Entonces tendrá que tomarse una decisión
entre la idolatría y el hambre. Y el falso profeta será el encargado de ver
que no haya mercado negro o contrabandistas. Será establecido entonces el
cuerpo policial secreto más temible para aplicar las normas económicas de la
confederación, tanto para el comercio como para la vida diaria. La más despreciable
sumisión a la más vil tiranía jamás experimentada se hará evidente por medio de
una marca mística en la mano derecha o en la frente, en la misma forma en que han sido
marcados los animales y los esclavos con el nombre de sus amos.
La carencia de la marca de la bestia tendrá como resultado un inexorable
ostracismo o exclusión de la vida social. Esta marca será indispensable para la vida y para
toda relación social y comercial. En efecto, será una licencia comercial diabólica. La marca
estará a plena vista en la mano, indicando que la persona marcada es esclava
activa de la bestia. Una manera romana de saludar es levantar la mano abierta; cuando
las manos se levanten hacia la imagen, inmediatamente se verá si aquellos que
saludan a la bestia son sus verdaderos adoradores y si están calificados para
comprar y vender. La marca sobre la frente será la señal de la más miserable sumisión
a la bestia.
El nombre de la bestia es otra fase de imitación satánica. Cristo tiene un
nombre que verdaderamente es sobre todo nombre, pero el falso profeta luchará por hacer que
el nombre
de la bestia sea honrado por sobre cualquier otro nombre. Un nombre, como bien lo sabemos,
puede llegar a ser un emblema de lealtad. Los fieles que creen en Cristo, sin embargo, se
negarán a llevar dicho nombre. En un acto de protesta firme y solemne, se
negarán a ser marcados con ningún símbolo de sumisión a la bestia. Antes escogerán morir
que inclinarse hacia ella. Habiendo sido sellados por Dios, aborrecerán toda imitación. En
aquellos días el Salmo 23 será extremadamente precioso, porque a pesar de la
inminente escasez de alimentos, el Señor preparará una mesa para sus siervos fíeles en
presencia de sus enemigos
y, aunque anden en valle de sombra de muerte, no temerán ningún mal. El buen
pastor
preservará a las suyas de las crueles decepciones del "pastor inútil" (Zacarías 11:15-17).
Se necesitará mucha sabiduría espiritual para poder resolver el misterio de la iniquidad y no
ser engañado por él. El significado pleno del nombre y número de la bestia sólo se les dará a
conocer a aquellos santos que estén sobre la tierra cuando ésta se manifieste en persona. De
una cosa sí estamos seguros: nadie en el presente posee tanta sabiduría como para entender
el número de la bestia. Lo que significa esa trinidad de seises ha sido tema
de mucha investigación y mucho debate. Muchos nombres griegos y hebreos tienen un
valor numérico correspondiente con el número 666. Muchas ingeniosas interpretaciones
han sido sugeridas para este número simbólico.
Ellicott en su muy valioso comentario, dedica mucho espacio al significado de este número
simbólico, pero muy sabiamente concluye su exposición del mismo diciendo: "Yo
estoy dispuesto a interpretar el número seicientos sesenta y seis como simbólico,
representativo de todo aquello que es posible para la sabiduría y el poder humanos cuando
son dirigidos por un mal espíritu, e indicador de un estado de maravillosa perfección terrenal,
cuando el poder de
la bestia haya alcanzado su máximo desarrollo; cuando la cultura, la civilización, el arte, la
música, la ciencia y la razón se hayan combinado para producir una época muy cercana a la
perfección — una época de oro — al grado de que los hombres empezarán a decir que la fe en
Dios es una impertinencia y que la esperanza de una vida futura es una
difamación de la felicidad de la vida presente. Entonces el poder mundanal habrá
llegado al cénit de su influencia; cuando solamente la sabiduría venida de arriba será
capaz de detectar la infinita diferencia entre un mundo con fe y un mundo sin fe, y el
enorme golfo de diferencia que puede haber entre una edad y otra por el
desesperado deseo de un poquito de amor celestial."
Los expositores han hecho uso de destreza, erudición y en varios casos mucha investigación
sobre la posible respuesta a la pregunta:
"¿Qué significa el número 666?"
Hay mucha sabiduría divina encerrada en este número simbólico (el único caso
en que aparece en las Escrituras) y requiere entendimiento espiritual para descubrir el
misterio que hay en él. No cabe duda de que su solución completa, precisa y final será bien
clara para los sabios y los santos durante los días de la Tribulación, cuando el poder de la
bestia bajo el artificio de Satanás exhibirá lo más elevado del desarrollo humano en orgullo,
en impiedad y
en oposición político-religiosa combinada contra Dios y su Ungido. En general este
es el significado moral del número 666. El significado completo será obvio para los
santos de la Tribulación y provocará el repudio inmediato de la bestia y sus pretensiones
en su papel de ministro político de Satanás, en blasfema oposición a Dios.
El número 666 es número de hombre, ya que la unidad seis fue impresa sobre
él en su creación y en su historia subsiguiente. El hombre fue creado en el
día sexto. Sus días señalados de fatiga son seis a la semana. El esclavo hebreo
debía servir por seis años. La tierra debía ser cultivada por seis años. Bajo el sexto sello
en el sexto capítulo del Apocalipsis tiene lugar un asombroso deterioro universal de toda
autoridad y poder de gobierno, que se llevará a cabo durante los días» de la Tribulación.
El número siete es número de Dios y generalmente denota lo que es perfecto o completo,
pero el seis queda incompleto y significa la imperfección y las dificultades humanas. En el
desarrollo de la historia del hombre, éste va de mal en peor, y seis combinado
con seis aumenta en significado moral hasta que el ser humano llega a
oponerse abierta y directamente a Dios.
Hay una conexión obvia entre el primero y el último de los cuatro principales
poderes mundiales. Son idénticos en carácter, con la excepción de que el último es
el peor de los cuatro. La imagen de oro hecha por Nabucodonosor para su propia gloria
medía sesenta codos
de alto y seis de ancho (Daniel 3). No cabe duda de que la imagen de la llanura de Dura tenía
el propósito de consolidar y unificar las numerosas y diversas religiones del poderoso imperio
babilónico. Bajo amenazas y crueles asesinatos, la imagen de oro tenía que ser
adorada. Ciertamente Daniel 3 es un anticipo del mal más profundo y
totalmente satánico de Apocalipsis 13.
Participa de la condenación de la bestia. Ambas bestias reciben la misma condenación al
mismo tiempo. Habiendo existido juntas en su terrible reino, ahora son consignadas juntas al
infierno y finalmente al lago de fuego. Ambas son derrotadas en Armagedón cuando aparece
Cristo con poder y ahora son echadas de la tierra para ir a sufrir el tormento que merecen sus
crímenes (Apocalipsis 17:13, 14; 19:19-21). Cuando lleguemos a las siete
condenaciones, tendremos más qué decir sobre el destino final de la trinidad del mal. ¡Qué
limpieza la que ocurrirá cuando Cristo tome para sí su poder y reine! Si el regreso de Cristo
por los suyos no está muy lejos, entonces estas bestias ya deben estar vivas hoy en la
tierra. Pero antes de que sean reveladas totalmente al mundo, nosotros seremos arrebatados
para recibir al Señor
en el aire. ¡Gloria a Dios; la Iglesia no verá la adoración de la bestia ni la agonía de la gran
Tribulación! Nuestro deber ahora es buscar y salvar a los perdidos que nos rodean
para librarlos de los horrores de la hora que viene y del destino eterno más terrible.

Las Siete Intervenciones Divinas


Apocalipsis 14:1-20

Los cantores El primer ángel y su Evangelio El segundo ángel y la caída de Babilonia

El tercer ángel y la condenación El cuarto ángel y su bienaventuranza

El quinto ángel y la siega El sexto ángel y la vendimia

Este capítulo de Apocalipsis es en su mayor parte un paréntesis de carácter anticipatorio. Los


capítulos 14 al 16 describen los preparativos para el juicio mesiánico y ofrecen una mezcla de
cantos y lamentos, música y miseria, gozo y juicio, gloria y abatimiento, cielo e infierno. El
capítulo 14 contiene una serie de siete intervenciones divinas de gracia y juicio y constituye
una respuesta al clamor del remanente: "¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el
tiempo de tribulación?" (Salmo 10:1). El repetido lamento "¿Hasta cuando, oh
Señor?" encuentra aquí una respuesta, una nota de consuelo al corazón, pensando en la
mortandad, la miseria y la angustia que sufrimos en nuestros días abrumados por la maldad
y destrozados por la guerra. ¿Será posible que Dios nunca muestre su mano? ¿Estará siempre
la victoria de parte de las fuerzas de iniquidad? ¿Ha abandonado Dios a sus
santos a la voluntad del enemigo? ¿Cuándo intervendrá el Señor?
Este capítulo prueba que Dios tendrá su día. Es probable que los molinos de nuestro
Dios parezcan demorarse en triturar, pero podemos estar totalmente seguros de que sí
triturarán.
El capítulo está bien ubicado en el libro, ya que sirve como preludio a
los juicios sobrenaturales de Dios. Los capítulos 12 al 14 forman un episodio de interés
dramático; una sola profecía enlazada. Los capítulos 12 y 13 describen los hechos del dragón
y las bestias. La verdad ha caído hasta las calles; la sangre de los mártires corre
abundantemente como el agua; el desafío público a Dios es el orden del día. El bien está
casi eliminado de la tierra (Salmo 4:6) y la fe ha desaparecido (Lucas 18:8). La escena
profética en su totalidad se ha convertido en el campo de juego de Satanás.
Pero se respira con mucha más libertad en el capítulo 14. El segador divino está a la puerta.
La horripilante iniquidad de la tierra está por terminar. Por encontrarse entre las trompetas y
las copas, este capítulo catorce contiene el sonido del toque de muerte para gobernantes y
hombres crueles, arrogantes y blasfemos. La carga acumulada de angustia y
desesperación desaparecerá ahora del corazón del pueblo perseguido de Dios.
Este capítulo, como un todo, contiene un contraste entre el Cordero y los 144.000
judíos sellados, las naciones y el anticristo, los seis ángeles y los mensajes que anuncian y
las dos hoces y su vendimia.
1. Los cantores y su canto (14:1-5)
En estos cinco versículos tenemos una de las escenas más notables del Apocalipsis. Esta es
una vista brillante y encantadora, una calma después de la tempestad: ¡De la tiranía de la
bestia al triunfo con el Cordero! Es en verdad una transición bienvenida. Consideremos ahora
a estos santos, quienes no estarán más expuestos a la prueba, sino que se les hará sentar en
una posición de realeza.
A. Su Salvador
Se le da prominencia al Cordero en el monte de Sión, y alrededor de El se congrega
esta multitud de cantores. El Apocalipsis es esencialmente un libro del Cordero.
El Señor es presentado como tal unas veintisiete veces. Y es visto como el Cordero
inmolado. Por las heridas que hay en su cuerpo le será otorgada la soberanía.
Aquí en este capítulo nos encontramos con una visión anticipada de la venida
de Cristo en poder. El cordero
ensangrentado es ahora el Cordero que marcha hacia su última victoria. Sus escogidos
han sido como corderos en medio de lobos, y el rebaño ha sido hostigado por la "bestia
salvaje". Pero ellos vencieron por la sangre del Cordero y ahora se encuentran felices a su
lado.
B. Su ubicación
Esta distinguida multitud se encuentra de pie sobre el monte de Sión, el lugar elegido como
sede del glorioso reino de mil años de Cristo y sus santos. El Cordero ha dejado su posición en
medio del trono y se encuentra ahora en el monte de Sión. Aquí se encuentra el asiento del
poder real, de la intervención de Dios en gracia, de la soberanía de Dios, todo lo relacionado
con Israel. El nombre "Sión" sólo se menciona una vez en el Apocalipsis y es un
término extremadamente interesante. Así lo expresaba un escritor: "De las ciento diez
veces que se menciona a Sión, noventa de ellas se refieren al gran amor y el afecto del Señor
por ella, por
lo que el lugar tiene un significado muy grande." Para el judío, Sión es rica en
recuerdos sagrados (Isaías 2, Salmo 2:6). ¡Después de tanta espera, el Rey de Dios se
encuentra por fin sobre el monte de Sión y alrededor de El están sus redimidos
como súbditos y servidores amantes y fieles!
C. La cantidad de redimidos
Aquí se menciona un número específico de redimidos. Nos encontramos con otras
144.000 personas y la pregunta es: "¿Quiénes son estos cantores sellados?" ¿Es esta gran
multitud el mismo grupo de 144.000 del capítulo 7? Un expositor ha sugerido que este grupo
del capítulo
14 representa solamente una parte de la gran cosecha de los santos
redimidos de la Tribulación, una "primera entrega" distinguida por sus excelentes
servicios espirituales. Se pueden trazar similaridades entre estas dos compañías. En
cada una tenemos el mismo número, 144.000. Ambos grupos se encuentran en el monte
Sión, son sellados en sus frentes y
se encuentran felizmente a salvo de la prueba.
La repetición del número, sin embargo, no prueban que estas dos corporaciones
sean una misma. Walter Scott opina que "los 144.000 aquí descritos son de Judá;
una compañía de número similar de todo Israel (7:4) forma una visión separada. . . Estos
son los judíos que se mantuvieron firmes con respecto a los derechos de Dios y el Cordero;
ahora son declarados públicamente como posesión de El. . . Son 144.000 judíos santos que
ocupan los puestos de mando en el reino terrenal del milenio." El 144.000 indica plenitud y
número de gobierno.
D. Su sello
En contraste con los 144.000 del capítulo 7, quienes fueron sellados como los
"siervos de nuestro Dios", estos 144.000 del capítulo 14 son sellados en sus frentes con el
nombre del Cordero y el nombre de su Padre. El sello, por supuesto, constituye una señal de
propiedad y
de garantía o preservación. En cuanto a su bello emblema de bienaventuranza,
William
Neweil asegura que declara a quién pertenecen, describe su persona y anuncia su destino.
Es evidente que el sello de estos confesores de Cristo está en contraste con la marca de la
bestia en cada uno de sus adoradores. "Se nos ocurre," dice Neweil, "que la presencia de ese
sello celestial sobre las frentes de los del remanente del capítulo 7 en adelante
es tan evidente para los hombres, que Satanás se ve obligado a intervenir para
contrarrestar su influencia demandando el sello opuesto en la frente de sus devotos. Esto es
más significativo especialmente cuando nos damos cuenta de que Dios cuida (como se ve en
9:4) de aquellos que tienen su sello, el cual los preserva de los ayes a los cuales los demás
están expuestos.
E. Su canto
Las voces que Juan escuchó en el cielo eran como el estruendo de muchas aguas y como la
voz de un gran trueno. Como es la voz de Dios, así es la de los arpistas celestiales, quienes
están en armonía con los que están sobre el monte de Sión. La multitud de los
arpistas- cantores del cielo y la compañía preservada dejudá forman un gran coro. Las arpas
asociadas con los cantores componen la alabanza coral de los redimidos y las huestes
celestiales. Los cantos y la música de arpas están tan bellamente combinados, que se los
describe como voz majestuosa de muchas aguas y poderosa como un gran trueno.
La canción que sabían los arpistas celestiales y que solamente los 144.000 sellados podían
aprender es descrita como "un cántico nuevo". El cántico viejo estaba relacionado
con la
creación: "Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de
Dios" (Job 38:7). Este cántico nuevo tiene como tema central la redención. Es la razón por la
cual se hace referencia a él como el cántico de Moisés y del Cordero. Dios está
unido al cántico viejo. Mientras que es el Cordero quien está unido al
cántico nuevo. Las manifestaciones del poder de Dios para Israel, combinadas con su
gracia actual para con su pueblo judío y para con nosotros parece ser el pensamiento
tanto en el cántico de Moisés como en el del Cordero (Apocalipsis 15:3).
A. R. Fausset, en su comentario sobre este cántico nuevo dice: "Este es un cántico de victoria
después del conflicto con el dragón, la bestia y el falso profeta; nunca había sido entonado
porque nunca se había librado semejante conflicto; así que es nuevo: hasta hoy el reino de
Cristo sobre la tierra ha sido usurpado. Ellos cantarán el cántico nuevo anticipándose al acto
mediante el cual Cristo tomará posesión con sus santos del reino que compró con sangre." La
palabra en griego es "cantan", lo cual indica la acción continua de cantar.
No debemos olvidarnos de que los 144.000 se regocijaban porque habían sido "redimidos de
entre los hombres". Tenemos aquí una doble frase: "redimidos de entre los hombres
de la tierra" (un lugar de pecado) y "redimidos de entre los hombres" (una raza pecadora).
Algunas versiones usan la palabra "comprados" en lugar de "redimidos". Esta elevada
posición es un privilegio de los 144.000, porque han sido redimidos, no porque hayan
obtenido la victoria contra la bestia. Los ángeles no pueden cantar este cántico
nuevo porque ellos no saben personalmente lo que es venir de la gran Tribulación y estar
vestidos de ropas lavadas en la sangre del cordero (7:14).

F. Su separación o santidad
En 14:4, 5 se nos da una maravillosa descripción de la vida y el testimonio de esta
parte victoriosa de Judá, los que han salido de la gran Tribulación y están ahora de pie
triunfantes con el Cordero en el monte de Sión, el asiento del reino y de la gracia soberana.
Han pasado a través de una terrible prueba. La más vil corrupción, la idolatría pública, el
orgullo vanidoso,
la blasfemia irreverente y la más escandalosa iniquidad los han estado circundando.
Sin
embargo, al igual que los judíos de Sardis, estos 144.000 logran escapar con sus vestidos no
contaminados.
Eran vírgenes. Esto debemos entenderlo en sentido espiritual (Mateo 25:1), en contraste con
la iglesia apóstata (14:8), la cual era espiritualmente una "ramera" (17:1-5; Isaías
1:21 en contraste con 2 Corintios 11:2; Efesios 5:25-27). El hecho de que "no se
contaminaron con mujeres" significa que ellos no fueron extraviados de la fidelidad al Señor
por los tentadores, quienes en conjunto constituyen la ramera espiritual. William Neweil
sugiere que estos son "nazarees completos para Dios en cuanto a sus relaciones
con las mujeres". Pero una interpretación de esta naturaleza restringiría esta
compañía descrita al sexo masculino solamente. ¿No implica el lenguaje usado que los
144.000 representan a aquellos que vivieron
y anduvieron en pureza espiritual en un mundo entregado a todo lo vil? "se conservaron a sí
mismos limpios del mundo." El amor virginal — un afecto de todo corazón por el Cordero —
era su actitud, entre tanto que el resto de los moradores de la tierra seguían a la bestia. Ellos
experimentaron una separación completa e inexplicable de sus pecaminosos contornos. Eran
almas vírgenes, revestidas de pureza inmaculada.
Seguían al Cordero. Estar cerca del Cordero en el monte de Sión era la
recompensa apropiada por su lealtad a El mientras estaban en la tierra. Por todos
lados los rodeaban aquellos que habían andado tras la bestia y su falso profeta, pero la
obediencia de los 144,000 era tan completa e indudable como su absoluta separación del
mundo. Habiendo seguido al Cordero en su rechazo, ahora participan de su reino. El
verbo "siguen" está en el tiempo presente, lo que indica una obediencia incesante.
Eran las primicias. Si bien es cierto que aquí se usa un lenguaje similar al que se
usa en cuanto a la iglesia, no debemos confundir las "primicias" aquí mencionadas con los
redimidos que formarán la nueva creación. "Primicias para Dios y para el Cordero"
son palabras del reino, no meras palabras de salvación. Por haber sido "redimidos de entre
los hombres", estos
144.000 constituyen una compra simbólica — una prenda — de entre los hombres para el reino
de los cielos sobre la tierra. Ellos representan una demostración de lo que será la cosecha
plena y final.
Eran sinceros. En varias versiones antiguas se lee la palabra "falsedad" en el versículo 5, "Y en
sus bocas no fue hallada mentira." Las falsas maravillas y las mentiras caracterizarán los días
del anticristo. "La mentira" (que Satanás es dios y que la bestia es su cristo y que por lo tanto
debe ser adorada) fue aceptada generalmente, pero en las bocas de los 144.000
no fue hallada ninguna mentira. Ellos eran veraces en palabra y en hechos. A pesar de la
más feroz persecución, confesaron al verdadero Mesías (1 Juan 2:21-27) y
permanecieron fieles a su Palabra.
Eran sin mancha. En su conducta externa y en su modo de ser ante los hombres, estos santos
eran sin falta alguna en la tierra. Varias versiones omiten las palabras "delante del trono de
Dios". Este apropiado y condensado epítome de su carácter y de su vida práctica se refiere a
su vida sobre la tierra. Se negaron a acatar los edictos de la bestia en lodos los aspectos. En
lo que respecta a la sinceridad de su fidelidad al Cordero, no tenían defecto alguno. No es
que fueran absolutamente intachables en sí mismos; sin embargo, así fueron
reconocidos sobre la base de la justicia del Cordero, el único en quien ellos confiaban y a
quien seguían y servían con toda fidelidad. ¡Cuánta alegría les da este remanente a Dios y al
Cordero!
2. El primer ángel y su Evangelio (14:6, 7)
Ahora llegamos al testimonio público de Dios por medio de seis ángeles contra el reino del
anticristo y en relación con el inminente juicio que éste se merece. La expresión "otro ángel"
implica una nueva escena en este drama revelador, cuyos acontecimientos coinciden con la
aparición de cada ángel (7:2; 8:3, 13; 10:1). Este ángel-evangelista en particular fue
visto "por en medio del cielo", lo cual significa que fue visto y oído por toda la gente de la
tierra. Otro ángel había sido visto anteriormente volando "por en medio del
cielo" (8:13) y anunciando ayes, mientras que éste anuncia gozo. Este ángel que volaba
por en medio del cielo era un mensajero de misericordia y manifestaba la
gracia en medio del juicio. Representaba el último llamado al arrepentimiento para los
que moran en la tierra.
A. Un anuncio feliz
No debemos olvidar que este ángel no viene proclamando condenación sino Evangelio, lo cual
significa buenas nuevas. Anuncia las buenas nuevas del sempiterno reino de Cristo, el cual
empezará inmediatamente después del juicio sobre las fuerzas del mal (anunciado
como inminente en 14:7). Mientras que por una parte los predicadores humanos del
Evangelio del reino serán judíos convertidos, por la otra, habrá también ángeles que
serán comisionados para llevar a todos los rincones de la tierra providencialmente la
declaración de las buenas nuevas durante los últimos días de la semana profética.
En un lenguaje inconfundible, este poderoso ángel apremia a todos los humanos para que se
aparten de la bestia y vuelvan a Dios. La hora del juicio divino ha llegado y los hombres deben
arrepentirse de su crasa idolatría si no quieren sufrir la ira de las copas.
Aquí nos encontramos con un llamado urgente a temer a Dios, lo cual es el principio de la
sabiduría, y
a darle gloria a El en lugar de dárselas a la bestia y a su imagen. El Creador de todas las cosas
reclama por última vez la adoración. Así como la raza humana se describe en cuatro fases —
naciones, tribus, lenguas y pueblos — así también la creación es designada aquí en
cuatro términos: cielo, tierra, mar y fuentes.
B. Una gran audiencia
El ángel que volaba en medio del cielo predicaba su evangelio sobre toda la tierra y toda
clase de gente escuchaba su mensaje. No se nos dice, sin embargo, si hubo algún
tipo de respuesta al llamado angelical. Nuestro Señor declaró que algunos estarían tan
abandonados
en su rechazo de Dios que no creerían ni aun cuando alguien se levantara de los muertos y
fuera a ellos con un mensaje de gracia. Un gran predicador como Noé tuvo poco éxito en que
las multitudes se percataran del juicio que vendría. Los humanos, absortos en sus
propias cosas, siguieron viviendo en sus maneras corruptas hasta que vino el diluvio y se los
llevó a todos.
3. El segundo ángel y la caída de Babilonia (14:8)
La prominencia de los ángeles en este capítulo indica que ellos desempeñan un
papel de primera importancia en la economía u orden providencial y gubernamental no sólo
antes, sino también durante el reino milenial de Cristo. En 14:8 aparece
un prefacio de los acontecimientos que están a punto de ocurrir. Este es un anuncio
preliminar y preparatorio del juicio descrito en los capítulos 17 y 18. La destrucción de
Babilonia es celebrada en el cielo, donde el juicio se considera como ya consumado.
La intensidad de las palabras en la repetición "ha caído, ha caído" no es un mero hebraísmo,
sino habla de un doble juicio. Babilonia va a ser destruida no sólo como sistema, sino también
como ciudad. La expresión "ha caído" considera la caída de Babilonia como una destrucción
segura. Desde el punto de vista del cielo. Babilonia ya ha caído, aunque su destrucción real
no ha ocurrido todavía.
El babilonianismo, como lo demostraremos detalladamente más tarde, representa un vasto
sistema que esclaviza a los cristianos profesantes. Está caracterizado por el orgullo mundano,
la idolatría y el adulterio espiritual. La razón por la cual cae Babilonia se expresa en estas
palabras: "Porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación." El
vino de la ira de Dios es la consecuencia de esta fornicación de Babilonia. Debido a que ella
ha embriagado a las naciones con el vino de su fornicación, ella misma será embriagada con
el vino de la ira de Dios. Aquí se nos da el cumplimiento final de Isaías 21:9: "Y he aquí vienen
hombres montados, jinetes de dos en dos. Después habló y dijo: Cayó, cayó Babilonia; y todos
los ídolos de sus dioses quebrantó en tierra."
William Neweil dirige su atención hacia los tres distintos elementos de esta terrible frase:
vino, ira y fornicación. El vino de Babilonia:
"Copa de oro fue Babilonia en la mano de Jehová, que embriagó a toda la tierra; de su vino
bebieron los pueblos, se aturdieron, por tanto, las naciones" (Jeremías 51:7). La
ira de Babilonia: "Porque así me dijo Jehová Dios de Israel: Toma de mi mano la copa del
vino de este furor, y da a beber de él a todas las naciones a las cuales yo te envío" (Jeremías
25:15).
^fornicación de Babilonia: "Porque todas las naciones han bebido del vino del furor
de su
fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se
han enriquecido de la potencia de sus deleites" (Apocalipsis 18:3). Los reyes de la tierra han
cometido fornicación con ella. La ardiente ira de Dios, reservada a través de los siglos, está
ahora a punto de desatarse sobre la corrupción acumulada.
4. El tercer ángel y la condenación (14:9-12)
La terrible condenación para los adoradores de la bestia, tal como se anuncia en
estos versículos, es temible en extremo. Un juicio inigualable en su severidad, y en proporción
con
las maldades y la horrenda iniquidad que se ha practicado abiertamente, está ahora a punto
de derramarse. Con gran voz, este tercer ángel anuncia el interminable tormento que han de
sufrir todos aquellos que han seguido a la bestia.
A. La adoración de la bestia
En seis distintas partes del Apocalipsis se describe la adoración de la bestia, el
diablo encarnado, como dirigida a su imagen. Cristo vino como "el resplandor de su gloria (de
Dios),
y la imagen misma de su sustancia" (Hebreos 1:3). Pero ahora les sobrevendrá un tormento
inagotable a todos los que han escogido deliberadamente al falso cristo de Satanás,
quien ordenaba a todas las gentes de la tierra que adoraran a su imagen. Esta retribución
justa e inevitable tendrá que ser individual. La justicia retributiva será aplicada por igual a
cada una
de las personas que han seguido a la bestia y que llevan su marca.
B. La ira de Dios
No será permitida ninguna circunstancia de alivio. Con una fuerte voz, para que
todos puedan oírlo, el ángel declara que el derramamiento de la ira va a ser sin ninguna mezcla.
A.
R. Fausset escribe: "El vino era mezclado con agua con tanta frecuencia que en griego se usa
la expresión 'mezclar vino' en igual sentido que 'echar vino'; pero este vino de la ira de Dios no
se diluye; no hay ni una gota de agua que pueda enfriar su calor. Nada de gracia o esperanza
se mezclará con él. Esta terrible amenaza puede elevarnos sobre el temor a las amenazas de
los hombres. Esta copa de vino puro ya ha sido mezclada y preparada para Satanás
y los seguidores de la bestia."
C. El lamento de los condenados
El fuego y el azufre son símbolos de una inefable angustia (Isaías 30:33; Apocalipsis 20:10) y
este castigo eterno va a ser aplicado a los impenitentes o no arrepentidos. "El azufre," dice
William Neweil, "es la sustancia más terrible. . . en su acción sobre la carne humana, en el
tormento que produce al tener contacto con el cuerpo. Cuando se combina con el fuego, el
azufre es una absoluta agonía, una angustia indescriptible. Y ese es su propósito, porque esa
será la ejecución de la venganza divina ilimitada."
El tormento eterno de los adoradores de la bestia queda descrito en el terrible lenguaje de
14:11: "El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos." Se hace mención ahora de
una multitud entera: "su tormento." La angustia será continua e interminable. La expresión
"por los siglos de los siglos", con el sentido de "edades eternas", se usa en el Apocalipsis para
hablar de:
La existencia eterna de Dios (4:9, 10; 5:14; 10:6; 15:7).
La gloria eterna del Cordero (5:13).
El reino eterno de los creyentes (22:5).
El castigo eterno del diablo (20:10).
El castigo eterno de los perdidos (14:11).
Para aumentar el dolor de los atormentados, existe el hecho de que no tendrán "reposo de
día ni de noche". No podrán morir ni dormir. Habrá tormento para ellos día y noche (20:10);
no podrán buscar tregua ni alivio a su angustia. Tan interminable horror y tan
incesante
agonía aturden nuestra comprensión. ¡Que Dios nos dé gracia y poder para persuadir
a los pecadores para que se libren del inevitable y eterno castigo que aguarda a todos los
que no están cubiertos con la sangre del Cordero!
Sumándose al horror sentido por los inicuos, está además el hecho de saber que los santos
ángeles y el Cordero los están observando. Esto intensificará lo repugnante que resultará la
maldición. Estos testigos santos que presenciarán los tormentos de la condenación no estarán
regocijándose acerca de los sufrimientos por los que pasarán los condenados. Su presencia allí
solamente indicará la terrible y santa aprobación de la sentencia divina. Los santos ángeles,
una vez testigos de los espantosos actos de maldad de la bestia y sus
seguidores, ahora presenciarán la venganza de Dios. Cada una de las personas atormentadas
estará consciente
de que los ángeles están observando su angustia. También los observará el Cordero, a quien
ellos una vez menospreciaron y cuya sangre rechazaron perversa y
maliciosamente. La asociación de los santos ángeles con el Cordero indica que
operan conjuntamente en la ejecución de la venganza del Dios santo.
D. El bienestar de los santos
En contraste con los rebeldes que se han buscado su propia condenación
tenemos a los pacientes escogidos de Dios, quienes claman ser librados del
adversario (Lucas 18:1-8). La doble marca del remanente fiel en un período de
inigualable tribulación es el guardar los mandamientos de Dios y mantenerse en la
fe de Jesús. Ahora su fe y su paciencia son recompensadas abundantemente.
5. El cuarto ángel y su bienaventuranza (14:13)
¡Qué agradable alivio el que trae esta bienaventuranza! Viene como una tregua en medio de
tanto juicio y tormento. Nos detenemos y respiramos aire fresco después de que se nos ha
revelado tan indecible tormento. Pero tan pronto como dejamos esta bella descripción del
eterno reposo de los santos, nos encontramos nuevamente en la terrible atmósfera de ira y
venganza.
La meditación de Juan fue interrumpida por la orden de escribir. La bienaventuranza de los
fieles debía ser registrada y conservada para siempre. Lo que el apóstol dejó escrito, debe ser
atesorado en el corazón. La orden de escribir se repite doce veces en el Apocalipsis
para indicar que todas las cosas a las cuales este libro se refiere son asuntos de gran importancia.
Aunque el mensaje que Juan escuchó tiene aplicación para todos los santos,
tiene una relación muy especial con aquellos que han de ser martirizados por
su fe. En muchos manuales para ceremonias fúnebres se da este alentador versículo
como uno de los pasajes escritúrales apropiados para la recitación en el sepelio de los
cristianos. Sin embargo, en esta bienaventuranza se tiene en consideración una clase
especial de santos mártires en un período particular de la historia humana. "De aquí
en adelante" es una expresión que indica
un fin inminente, y que se está a punto de entrar a la bienaventuranza expresa.
El tema central es el martirio bajo la bestia. Todos los que mueran en el Señor,
es que estaban dispuestos a morir por el Señor.
Pero después de todas estas torturas que sólo la bestia es capaz de inflingir a aquellos que no
le quieran rendir adoración, vendrá el descanso. Llegará a través de la muerte.
Para los adoradores de la bestia no habrá descanso de día ni de noche; en cambio, para los
que sean fieles hasta la muerte, habrá vida y descanso eterno. El descanso de los
trabajos, de las preocupaciones y de la oposición satánica no incluye el descanso de la
actividad para aquellos que pasan del martirio al cielo. El lugar de descanso no será un
lugar de pereza, sino que ofrecerá la forma más sublime de servicio espiritual.
Todos los creyentes que no tienen oportunidad de trabajar aquí o que no son apreciados
en su servicio cristiano aquí en la tierra serán ampliamente utilizados por el Señor en el cielo.
6. El quinto ángel y la siega (14:14, 15)
El Armagedón está a punto de empezar y se nos da aquí un breve resumen que es amplificado
en los capítulos que siguen. Para introducir este pasaje, Walter Scott escribe: "El juicio divino
está a punto de barrer a la inicua tierra con la escoba de la destrucción para limpiarla del
mal. La siega y la vendimia son figuras familiares empleadas para expresar las
últimas operaciones de Dios. La primera representa el juicio por discriminación; la segunda se
refiere
a la ira indiscriminada. En la siega, el trigo es separado de la cizaña. En la vendimia, la cizaña
queda sola en la escena profética y es sujeto de la justa venganza del Señor."
A. El segador de la cosecha
El segador celestial a quien Juan vio, no cabe duda de que era el Señor Jesucristo, quien es
designado aquí como "el Hijo del Hombre". Bajo este título es como Cristo trata con el estado
de cosas que hay sobre la tierra y juzga a los inicuos (Mateo 25:31-33; Juan 5:22-27). Debido a
su relación con la raza humana, Cristo pone en ejercicio todas aquellas características que lo
capacitan para el dominio universal.
Para introducir la visión del segador, Juan utiliza otro "he aquí", ya que está a
punto de tratar sobre asuntos de interés especial. El primer objeto en atraer la atención
del apóstol fue una nube blanca, lo cual es algo muy familiar en las tierras mediterráneas.
Esta nube era similar a la nube resplandeciente de la transfiguración de Cristo
(Mateo 17:5). Las nubes simbolizan la presencia divina (Ezequiel 10:4; Apocalipsis 10:1). El
color blanco constituye un color prominente en Apocalipsis e indica la pureza y la absoluta
justicia del segador en sus acciones.
El Creador de todas las nubes está sentado sobre una nube blanca. Con una
nube como carroza, el Señor se dirige a su cruel tarea. El estar sentado sobre lo blanco
sugiere calma y juicio deliberativo. Con la debida precisión, el segador recoge su cosecha.
La corona de oro que lleva sobre su cabeza es una guirnalda de victoria, y no su diadema de
Rey. La victoria completa de Cristo se describe en detalle en 19:11-21, cuando
muchas coronas ceñirán su frente. Su dignidad y sus derechos reales son sugeridos por sus
coronas de oro — "como coronas de oro" (9:7) — pero la corona de oro de Cristo expresa la
justicia divina
en sus acciones victoriosas y no se trata de meras imitaciones de coronas. El hecho de que
estas coronas le son conferidas por Dios, hace que ejerza autoridad real.
La aguda hoz que está en la mano del segador celestial es un símbolo de sus derechos sobre
la siega. La ley mosaica ordenaba: "No aplicarás hoz a la mies de tu prójimo." Cristo con su
hoz quiere decir que El segará el campo sobre el cual tiene autoridad. Lo "agudo" de la hoz
indica que la acción de la siega será hecha de prisa y será completa. Es muy significativo que
el emblema nacional de la Unión Soviética esté formado por el martillo y la hoz, los cuales
está usando con temible eficacia para recoger una gran cosecha para el credo
ateo del comunismo. Pero Dios usará su martillo — su Palabra (Jeremías 23:29) —
para aplastar las hordas de la confederación del norte (Ezequiel 38; 39; Apocalipsis
19:15). Entonces su hoz recogerá una siega de juicios.
Otro ángel, distinto de los que ya han sido mencionados, sale del templo y llama a acción
inmediata al segador. Este ángel no le da una orden al Hijo del Hombre,
sino que es solamente un mensajero que anuncia al Hijo la voluntad del Padre Dios, en
cuyas manos están
los tiempos y las sazones. Todo el tiempo había estado esperando Cristo este
mensaje, y ahora lo escucha (Hebreos 10:12, 13; Salmo 2:7-9). Dios comienza a actuar y el
ángel sale del templo; el Segador del juicio está a punto de invadir la tierra. El templo y el
trono, términos usados con mucha frecuencia en Apocalipsis, representan la presencia y la
autoridad de Dios.
B. La cosecha madura
El Hijo del Hombre actúa con presteza, porque la cosecha está madura, "más que madura" o
"seca". William Neweil nos dice: "La palabra griega usada aquí es la misma que se usa para la
higuera de Marcos 11:20; mientras que en Lucas 23:31 se usa la forma adjetival:
'¿En el seco, qué no se hará?' refiriéndose a lo terrible de los últimos días de Israel."
"La hora de segar ha llegado" es una terrible declaración que nos hace retroceder
a los profetas del Antiguo Testamento, quienes nos describen el tiempo de la siega de los
obreros
de iniquidad, ya maduros al final del período del dominio gentil. Joel 3:13 dice:
"Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended, porque el lagar está lleno,
rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos." Esto solo puede indicarnos que la
mies madura no son los santos salvos, maduros para la gloria, sino los impíos, quienes están
ya listos para el juicio.
C. Los segadores de la cosecha
Cinco palabras son suficientes para describir el terrible fin de todo aquello en lo cual se ha
gloriado el hombre: "Y la tierra fue segada." ¡Qué siega! Esta es la temible segunda venida del
Rey de reyes en el gran día de su ira.
El Hijo del Hombre usa a los ángeles como segadores directos (Maleo 13:39), y ellos actúan
con rapidez y presteza en su tarea de segar. Un proceso de separación tiene lugar: se observa
la discriminación entre el trigo y la cizaña y entre los peces buenos y los malos. No se habla
de una ejecución de castigos en esta siega, porque eso se llevará a cabo durante la vendimia.
En esta siega se verificará un proceso de juicio discriminativo, previo al establecimiento del
reino. Aunque se describen como un solo acto de segar, escos acontecimientos tienen lugar
durante un período considerable y emplean varios agentes de parte de Dios.
7. El sexto ángel y la vendimia (14:17-20)
Hay dos ángeles en la visión de la viña de la tierra y su juicio. En 14:17 tenemos al ángel del
templo con su hoz aguda. En relación con la descripción que se da sobre el Hijo del Hombre
en 14:14, este "ángel de venganza" significa la asociación de los ángeles con Cristo en su obra
judicial. Y así es como tenemos al "ángel que sale del altar" (14:18).
Qué clase de altar sea éste, no se dice. Sí representa al altar de bronce (el
altar de los juicios), entonces la idea que se quiere dar es el juicio puro, no mezclado: el
juicio divino sobre la viña de la tierra (Deuteronomio 32:31-35). Pero si este altar está
representando aquí
el altar del incienso (8:3-5; 9:13), entonces tiene un significado diferente. Fue
sobre este altar donde se ofreció el incienso acompañado de las oraciones de los santos, lo
cual trajo los terribles juicios de Dios sobre sus enemigos. El clamor de las almas de los
que habían sido martirizados y que estaban debajo del altar (6:9) va a ser contestado
completamente ahora.
El falso profeta hizo grandes maravillas e hizo caer fuego del cielo, pero ahora el ángel del
altar, que tiene poder sobre el fuego, sale y se dirige hacia los inicuos de la tierra. La cizaña
será lanzada ahora al horno de fuego (Mateo 13:40-42).
El recipiente del juicio es "la viña de la tierra", porque sus uvas no fueron lo que el Creador
esperaba, considerando todo el cuidado con el cual El la cultivó. La expresión "viña
de la
tierra" cubre el sistema religioso en su totalidad durante la visitación venidera de la ira de
Dios. Las uvas de la apostasía mundial son "uvas silvestres". Al gran lagar de la ira de Dios
deberán ser lanzados los apóstatas judíos y también los apóstatas gentiles. Este es el día de la
venganza de nuestro Dios y no habrá esperanza de misericordia (Isaías 63:1-3; Jeremías 25:15,
16;Joel 3). Cristo, la verdadera viña, trata directamente con las uvas de iniquidad producidas
tras siglos de cultivo y cuidado. Dichas uvas están completamente maduras
para ser quemadas. La frase "las uvas están maduras", tal como se usa en 14:18 significa "han
llegado a
su colmo".
La expresión "fuera de la ciudad" indica la esfera donde será derramada la plenitud de
la venganza de Dios. Jerusalén es la ciudad, y el valle de Josafat (donde se verificará la batalla
de Armagedón) queda inmediatamente fuera de la ciudad. "Muchos pueblos en el valle de la
decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión" (Joel 3:14). "Fuera
de la ciudad" también puede implicar que el escenario del derramamiento de la sangre
de Cristo y de su pueblo será el mismo donde se verificará el juicio divino sobre todos los
que rechazaron a Cristo.
Hay algo terriblemente repulsivo en la descripción que nos da Juan acerca de que los ríos de
sangre humana llegan hasta los frenos de los caballos, por una distancia de casi trescientos
kilómetros. La frase "del lagar salió sangre" es un lenguaje simbólico que describe la terrible
matanza de los inicuos cuando el Señor los aplaste en su furia. Cuando Dios
manifieste su poder, aplastará vastas multitudes, reduciéndolas a una pulpa sangrante. La
bestia y el falso profeta juntamente con todos sus engañados seguidores y adoradores
serán exterminados para siempre.
En la actualidad, cuando observamos el movimiento de ejércitos contrarios, nos parece como
si el oriente estuviera preparándose para convertirse muy pronto en un importante teatro de
guerra. Alrededor de Israel se están reuniendo gigantescas fuerzas militares.
¿Es esta conglomeración de poderes un anticipo de lo que sucederá cuando el
Libertador de Israel aplaste a todas las naciones de la tierra que estén involucradas
en la batalla? Sin lugar a dudas, la tierra está llegando a su punto de maduración para la
vendimia de Dios en su forma más fuerte. A medida que nosotros observemos que ese
día se acerca, se nos hace más imperativo que persuadamos a los pecadores para
que huyan de la ira que vendrá. Hoy todavía estamos en el día de la gracia, y cada
día que ésta se extienda debemos usarlo para rogarles a los incrédulos que nos rodean que se
reconcilien con Dios.

Las Siete Copas


Apocalipsis 15:1 — 16:21

1a Copa | La Ira de Dios | Las Arpas de Dios | La Gloria de Dios | 2 a Copa | 3 a Copa |

4a Copa | 5 a Copa 6a Copa | Las 3 ranas | La batalla de Armagedón | 7 a Copa |Tres Símbolos
de Ira | Las 3 partes de la Ciudad

Ahora llegamos a dos capítulos de horror excepcional. Después de haber considerado a los
instigadores de la horrenda iniquidad de la tierra, ahora llegamos a los terribles juicios de
las copas. Están a punto de ser aplicados una serie de juicios severos y definitivos en una
sucesión rápida y precisa. Como el pecado del hombre llegó a su punto
máximo en el hombre de pecado, así ahora los juicios divinos van a descender del Dios de
Justicia sobre la inicua tierra. Dentro de estos capítulos que tenemos por delante se
encuentran los detalles concernientes a los juicios de Dios previos al gran día de
su ira. Como lo veremos, el derramamiento de la séptima copa completa la ira de Dios.
Luego sigue la ira del Cordero.
Con relación a esta doble ira, William Neweil dice lo siguiente:
"Recuerde siempre que Cristo debe venir personalmente al final y pisar el lagar solo, en su
furor (Isaías 63:3-5). La ira de Dios es general, mundial y tiene como punto de
mira la iniquidad del hombre y su idolatría. La ira del Cordero es particular, contra el
anticristo y su rey y contra los ejércitos reunidos con el doble propósito de destruir a
Israel como nación
(Salmo 83:4) y hacer la guerra contra el Cordero... (Apocalipsis 19:19; Zacarías 12:10) para
evitar que rescate al asediado Israel."
Estos dos capítulos deben estudiarse juntos, porque proporcionan los detalles de lo que se
dice en términos generales en las palabras introductorias de 11:18: "Y se
airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos..." En el
capítulo 15 se nos
da la preparación para las copas, pero en el capítulo 16 tenemos el derramamiento de las
copas.
La señal o milagro del capítulo 15 se extiende hasta el final del capítulo 16. De hecho, 15:1
es un resumen de todo lo que sigue. Los ángeles propiamente no reciben las copas sino hasta
el 15:7, pero aquí en el versículo introductorio se ven anticipadamente como si
ya las tuvieran. En esta gran maravilla que vio Juan encontramos la consumación
de un trío de señales. La "gran señal" de la mujer (Israel) es presentada en
12:1. "Otra señal," la del dragón, el antagonista de Cristo se presenta en 12:3. Y aquí
tenemos "otra señal en el cielo, grande y admirable". Las tres señales son vistas en el cielo,
el lugar inmediato de la morada
de Dios. Esta tercera señal (más solemne que las dos anteriores debido a su asociación con
la ira de Dios sobre la bestia) es "grande" porque algo de trascendental importancia va a ser
revelado. La palabra "admirable" indica que la paciencia divina ya se ha agotado, y que la
terrible visitación de los juicios divinos está a punto de caer sobre los apóstatas de la tierra.
Parece como si el contenido del capítulo 15 girara alrededor de tres expresiones
muy fuertes: la ira de Dios (15:1, 7), las arpas de Dios (15:2) y la gloria de Dios (15:8).
1. La ira de Dios
Los siete ángeles y las siete plagas constituyen el medio por el cual se expresa la ira de
Dios. Esta expresión, "la ira de Dios," la cual aparece seis veces en el Apocalipsis (14:10, 19;
15:1,7; 16:1, 19), es en realidad una frase terrible, que debería causar terror
en los corazones de los no salvos que viven hoy en esta tierra.
"Los siete ángeles" (diferentes de aquellos siete altamente honorables, relacionados con las
trompetas) salen del templo (15:6), la residencia inmediata de Dios y de los ángeles. Del
templo antiguo salían los sacerdotes como ministros de gracia. Pero ahora los
ángeles emergen como ministros de juicio.
"Templo" o "tabernáculo del testimonio" es una frase muy sugestiva. Para
Israel esto representaba una garantía de la presencia de Dios con el pueblo, y de su
providencia para con él. Pero ahora la santidad de Dios demanda el castigo de los
malvados, y por lo tanto tenemos el "testimonio" de juicio, de acuerdo con la naturaleza
de Dios, contra la bestia y contra todos los enemigos de su pueblo. David Brown dice: "El
tabernáculo del testimonio surge a la vista aquí apropiadamente, porque la fidelidad de
Dios está tomando venganza por su pueblo con juicios que están ya para ser ejecutados
sobre sus enemigos. Necesitamos echar una mirada dentro del Lugar Santo para
comprender los propósitos y los planes secretos de los rectos juicios de Dios."
Los siete ángeles estaban vestidos en forma apropiada para el carácter justo de su misión y
también para aparecer en la misma forma en que estaba vestido el Señor
(1:13). Si comparamos esto con 19:8 nos daremos cuenta de que el lino puro es indicativo
de justicia, mientras que el cinto de oro alrededor del pecho (no de los lomos) sugiere que
la obra de juicio es compatible con la naturaleza santa de Dios.
Las "siete plagas postreras" o "siete últimas plagas" sugieren algo definitivo y terminado; por
lo tanto, la aparición de los siete es especialmente apropiada. Hemos llegado al ciclo Final
de la visitación de los juicios. Por supuesto, las copas no constituyen el final de la ira divina,
ya que caerán nuevos golpes de venganza cuando Cristo venga en persona (19:11-21). Lo que
vemos aquí es la conclusión de los juicios providenciales de Dios. Estas copas se encuentran
"llenas de la ira de Dios". "Llenas" significa completas o consumadas. Para Dios el futuro es
tan cierto como si fuera ya pasado; así de firme en su cumplimiento es su Palabra.
2. Las arpas de Dios
Este prefacio a los últimos juicios devastadores de Dios incluye una bella descripción de los
mártires victoriosos que están con el Señor. El párrafo del 15:2 al 15:4 está
repleto de
victoria, alabanza y adoración. Las alabanzas corales del cielo están representadas por el
arpa, la cual, con su combinación de notas profundas y solemnes y melodías
tiernas y suaves, representa la alabanza y adoración a Dios (1 Crónicas 25:6). Las arpas de
Dios (esto indica que los instrumentos, los músicos y los cantos son suyos)
eran parte de los instrumentos del cielo, usados exclusivamente para la alabanza de
Dios. Parece como si los dos grupos de arpistas cantores mencionados en 14:2 y 15:2
representaran la misma hueste victoriosa.
La tribuna sobre la cual están de pie los arpistas es parecida a un mar de vidrio mezclado
con fuego. En el mar de vidrio Walter Scott ve un estado inalterable de santidad, de pureza
interior y exterior. El mar sugiere inmensidad y el vidrio sugiere una calma sólida y estable,
una paz serena y permanente. Dice Wordsworth: "El mar de vidrio expresa tranquilidad
y brillantez; y este mar celestial es de vidrio (4:6) para declarar que la calma del cielo no
es como los mares de la tierra, encrespados por los vientos, sino que éste se halla
cristalizado
en una eternidad de paz." Al describir a los mártires en pie sobre el mar de vidrio, se está
sugiriendo que esta compañía de santos ya ha llegado a su reposo y a su nueva
posición como vencedores y adoradores.
El mar de vidrio mezclado con fuego introduce otro elemento. Estos santos han
salido victoriosos de su terrible prueba. Tenemos tres enemigos a los cuales
enfrentarnos: el mundo, la carne y el diablo. Pero estos músicos tenían un
cuarto enemigo con el cual pelear: la bestia. Se alcanzó la victoria sobre la bestia,
sobre su imagen, sobre su marca y sobre "el número de su nombre", y ahora ellos
triunfan, porque su victoria es completa y definitiva.
El canto que acompaña a las arpas tiene en sí un toque de gran poesía. Es un
canto de victoria como el de Moisés después de cruzar el mar Rojo. Dos cánticos se
combinan aquí: el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero. El
cántico de Moisés es de triunfo sobre el mal por medio de los juicios de Dios.
Este es un cántico que celebra la derrota de Faraón y sus ejércitos en el mar Rojo
(Éxodo 15). (Este canto mosaico no debe confundirse con el canto profético de
Deuteronomio 32:1-44.) El cántico de Moisés, aunque muy hermoso, solamente celebraba
una redención terrenal. La gracia y gloria del canto que fue entonado en la orilla
oriental del mar Rojo estaban asociadas con el poder sobre los enemigos de Israel en
Egipto, a través de los juicios de Dios.
El cántico del Cordero, en cambio, es de una naturaleza muy diferente. Este canto, dirigido
por el Cordero como Capitán de nuestra salvación, lleva implicada la exaltación del Mesías
rechazado, del Mesías sufriente. Al ser entonado por el remanente fiel y
martirizado en medio del Israel infiel y apóstata, este cántico celebra a Dios y al
Cordero de parte de aquellos que sufrieron pero que ahora se encuentran en el cielo.
Al estudiar el contenido de este doble canto, nos damos cuenta de que en él se glorifica a
Dios de varias maneras. En primer lugar son alabadas sus obras. La frase
"grandes y maravillosas" se repite en 15:1, 3, para señalar la vindicación de la
justicia de Dios de manera que El sea glorificado al final de sus tratos con los
hombres. En el título divino combinado Señor Dios Todopoderoso tenemos una
inmensa reserva de fortaleza y de consolación para los santos, pero de malos
presagios para los enemigos de Dios.
Los caminos de Dios son ensalzados como "justos y verdaderos" o "rectos y verdaderos". En
el acto de castigar a sus enemigos. Dios actuará de acuerdo con su propia personalidad. El
juicio equitativo será ejecutado por el "Rey de las naciones" (no "el Rey de los santos," como
lo traduce RV). Algunas versiones traducen esta expresión como "el Rey de los siglos."
El punto importante en la controversia del Señor con la tierra es dilucidar quién es el rey de
las naciones. El o la bestia que es agente de Satanás. En la víspera del derramamiento de las
copas sobre el reino de la bestia, los cantantes victoriosos alaban al Señor
como el verdadero Rey de las naciones.
La adoración a Dios también forma parte de este estupendo cántico. Las tres
veces que aparecen las razones por la cuales el Señor debe ser glorificado se hallan
en este mismo versículo:
"Pues sólo tú eres santo," Los cantores, de pie sobre el mar de vidrio, celebran la santidad
de Dios. Le temen y lo glorifican como el único digno de ser llamado santo. La bestia se
había puesto a sí misma como dios, pero el coro de victoriosos escogió la santidad frente a
este mundo lleno de pecado, y ahora se encuentran donde reina la verdadera santidad.
"Por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán." Los juicios de Dios llenarán de temor
a sus enemigos. Anticipándose al dominio universal del Señor, los santos se
dedicarán a
celebrar con regocijo el reconocimiento universal de la supremacía divina. Aquí vemos que
tiene lugar el cumplimiento definitivo de profecías tales como Salmo 148; Isaías 2:2-4; 56:6,
7; Zacarías 14:16, 17.
"Porque tus juicios se han manifestado." Otra traducción dice: "Porque tus justicias han sido
manifestadas." El plural "justicias" indica la manifestación de los actos justos de su juicio.
Puesto que El es justo, aun mientras está aplicando juicio y venganza, debe ser glorificado.
Estas son palabras verdaderamente bellas, que son expresadas por aquellos que han pasado
a través de los horrores de los tormentos de la bestia.
Al comentar esta excepcional escena, F. B. Meyer dice: "Aquellos que existieron
bajo la dispensación de Moisés, los seguidores del cordero en la presente dispensación, y
con ellos todas las almas de los santos que han vencido, constituirán un inmenso coro. Pero
por más que escudriñe el cántico de Moisés, no se encontrará en él ni siquiera una nota que
se iguale con éste en sublimidad. Aquí tenemos a los santos de Dios, que han aprendido a
distinguir y apreciar lo bueno de la justicia y de una conducta y gobierno santos,
capacitados por su posición ventajosa en relación con la eternidad para considerar
la historia completa del programa divino, adorándolo a El como el Rey de los siglos, y
reconociendo que todos sus caminos han sido justos y verdaderos. ¡Qué confesión! ¡Qué
reconocimiento!"
3. La gloria de Dios
La última sección de este interesante capítulo (15:5-8) es introducida por otro "he
aquí" (omitido por algunas versiones). Este párrafo empieza con la morada de Dios y concluye
con
la gloria de Dios. Como todo el contenido del párrafo está relacionado con la gloria de dios,
examinemos estos versículos teniendo esto en cuenta.
William Neweil opina a favor de un templo real de Dios en el cielo, pero nosotros creemos
que la palabra "templo" es usada debido a lo que representa simbólicamente; es decir, el
lugar de la morada de Dios, en donde se le debe buscar y adorar. Del templo salen los siete
ángeles, los cuales tienen las siete plagas, la última visitación de juicios de parte de Dios
sobre las naciones.
El hecho de que uno de los seres vivientes les haya entregado las copas a los ángeles indica
que estos seres vivientes son los ejecutores del gobierno judicial de Dios. Por estar "llenas
de ojos", estas magníficas criaturas poseen un profundo entendimiento acerca
de los propósitos de Dios y por lo tanto preparan a los ángeles para la ejecución de los
temibles acontecimientos. Se ha indicado que hay tres pasos en la operación de los juicios de
Dios:
1. Los ángeles reciben órdenes y vestiduras adecuadas en el ^ santuario (15:6).
2. Reciben las copas llenas de la ira de Dios de parte de uno de los seres vivientes (15:7).
3. No pueden dar ni un paso en el proceso del juicio hasta que Dios les da la
orden de hacerlo (16:1).
Todo esto sugiere que las obras y los caminos de Dios aun en la aplicación de sus juicios son
realizados con calma y mesuradamente. Y es esto precisamente lo que
nosotros esperaríamos de Dios, quien "vive por los siglos de los siglos." Es el Dios eterno
quien está a punto de inundar la inicua tierra con las plagas de su ira. Nunca debemos
olvidar que Él es glorificado tanto en juicio como en gracia.
Antes de dejar este capítulo preparatorio, se nos introduce a la cortina de humo de Dios
que lo cubre todo en el santuario momentáneamente. El humo, por supuesto, es un símbolo
de la presencia de Dios (Éxodo 19:18; Isaías 6:4). Nadie podía entrar en el templo debido a
la presencia de Dios en la manifestación de su gloria y poder durante la ejecución de los
juicios de las copas. El humo de la gloria y el poder de Dios llenaba el templo. Moisés no
podía entrar al tabernáculo del testimonio (ni los sacerdotes podían entrar en el
templo) cuando se manifestaba la gloria del Señor (Éxodo 40:34, 35; 1 Reyes 8:10, 11). Lo
que vemos aquí no es la gloria misma, sino humo que provenía de la gloria. No es que el
incienso haya
llenado el templo, sino él humo que es la gloria de Dios manifestada enjuicio. Ciertamente,
en torno a esta escena completa que llena nuestros corazones de temor, hay una finalidad.
Dios está a punto de tratar con los rebeldes de la tierra.
El versículo inicial del capítulo 16 es rico en significado. En primer lugar está la "gran voz
del templo", la cual ha sido interpretada de varias maneras. Es posible que se trate de la voz
de Dios, ya que nos trae a las copas de la ira de Dios. Cristo no es mencionado sino hasta
después de que Dios haya ejecutado personalmente sus juicios. Como lo hemos señalado con
anterioridad, el Apocalipsis es el libro de las voces y siempre que se encuentra una
"voz" esto implica una comprensión inteligente del asunto en cuestión. Leemos
acerca de una gran voz, sonora y fuerte. Tales adjetivos describen el carácter de
la voz y también la naturaleza de lo que anuncia.
Aquí la gran voz sale del templo, del lugar santísimo. Debido a que la santidad
de Dios demanda la ejecución de los juicios sobre este mundo apóstata, la
ira de Dios arde furiosamente: "Id y derramad sobre la tierra las siete
copas de la ira de Dios." Un mandamiento muy diferente provino de Cristo
cuando El estaba a punto de dejar a los suyos: "Id por todo el mundo y predicad el
evangelio a toda criatura." Pero ahora la gracia es retirada. Ya no se habla más de la copa de
salvación sino de la copa de la ira de Dios.
Pentecostés fue testigo del derramamiento del Espíritu Santo, y con tal efusión
vino la manifestación de las bendiciones. Pero ahora hemos llegado a otro tipo de
derramamiento:
el enojo puro está ya a punto de descender sobre la tierra. La plenitud de la ira divina es
vaciada en cada una de las copas, las cuales en su debido orden serán derramadas sobre
este mundo pecador. El clamor del remanente judío sufriente es contestado en las
siete plagas terribles que están por caer: "Y devuelve a nuestros vecinos en su seno siete
tantos
de su infamia con que te han deshonrado, oh Jehová" (Salmo 79:12).
En las copas de oro podemos vislumbrar de nuevo el furor de Dios. La palabra de donde
viene el término "copas" es "tazones" o "redomas" y representa los recipientes redondos que
se usaban en el santuario, donde eran llenados con el incienso fragante.
Ahora los recipientes consagrados para uso y servicio del templo están llenos con la justa
ira de Dios y son dedicados al juicio. Y la forma de la boca de estos tazones permite que su
contenido sea derramado todo de una vez, lo que indica la asombrosa rapidez de los ayes.
4. La primera copa — sobre la tierra (16:2)
Hay algo muy expresivo en relación con la ejecución de estas siete plagas. Las copas en su
totalidad implican acción violenta. Con un leve ataque destruyen el reino de la bestia, la
cual se había investido a sí misma con el poder mundial. La destrucción
repentina les sobrevendrá a la bestia y a sus adoradores y no escaparán.
Los juicios de las trompetas estarán limitados más o menos al mundo romano,
pero los juicios de las copas cubrirán toda la tierra y constituirán la guerra total de Dios
sobre el mundo. Las trompetas son la respuesta de Dios a Satanás, cuyo imperio
será aplastado. Durante las trompetas, el poder de Satanás es desatado para
alcanzar nuevos objetivos. Durante las copas, en cambio, es Dios quien desata su
poder para concluir con su cruel operación. A los ángeles se les otorga el
control directo sobre todas las fuerzas de la naturaleza y ellos a su vez ejecutan el
juicio que está escrito.
En la primera copa o tazón de ira vemos una plaga muy parecida a la sexta plaga egipcia
(Éxodo 9:8-12), la cual fue la primera plaga en afligir los cuerpos de los
egipcios. David Brown recalca: "La razón por la cual la sexta plaga egipcia viene a ser la
primera aquí es porque fue dirigida contra los magos egipcios Janes y Jambres
para que no pudieran competir contra Moisés; de la misma manera esta plaga es enviada
sobre aquellos que en la adoración de la bestia habían practicado hechicería. Puesto que se
sometieron a la marca de
la bestia, ahora también deberían llevar la marca de la venganza de Dios."
En conexión con esto, nos preguntamos si acaso la "úlcera maligna y pestilente" no afectará
el lugar exacto del cuerpo donde los hombres llevaban la marca de la bestia, es decir, la
frente y la palma de la mano. "Los sufrimientos físicos indudablemente se
sumarán a la angustia sufrida por los hombres, pero la característica principal y
predominante será lo judicial, lo que tendrá que ver con el alma y la conciencia, un
sufrimiento que excede en
gran manera a cualquier aflicción física." ¡Pero seguramente no podrán huir de las úlceras
reales: heridas malignas, pestilentes y supurantes!
La palabra traducida "úlcera" significa una fea llaga que supura en una forma terriblemente
maloliente. En Éxodo 9:8, Moisés y Aarón esparcieron las cenizas de un horno hacia el cielo
a la vista de Faraón, y descendieron sobre hombres y animales en forma de horribles llagas.
Tanto aquellas plagas como éstas deben ser interpretadas literalmente, como se prueba por
el hecho de que las terribles heridas de la primera copa todavía atormentaban a los hombres
durante la quinta copa, la de la oscuridad, donde leemos "dolores y úlceras" (16:11). Estas
llagas no curadas implican desesperación y espanto. Estas heridas son
incurables (Deuteronomio 28:27, 35) y deberán ser sufridas como un anticipo de
las angustias del infierno.
5. La segunda copa — Sobre el mar (16:3)
Una característica sobresaliente de las copas es que no sólo se parecen a las
plagas de Egipto, sino también a las plagas de las trompetas. Con las copas, sin embargo,
no existe la limitación de juicio, como con las trompetas. En esta segunda copa de
ira se nos da el cuadro de un hombre asesinado en medio del charco formado por su
propia sangre. El mar y todo lo que está en él se convirtió en sangre, "como de muerto".
Bajo la tercera trompeta, sólo la tercera parte del mar se convirtió en sangre (8:8),
mientras que aquí la destrucción
no es parcial sino completa. Cuando los juicios se hayan terminado, solamente
quedarán unos pocos humanos vivos para entrar en el milenio.
Debido a que el mar cubre la mayor parte de la tierra, esta será una plaga que extenderá
su poder mortífero universalmente. La bestia hizo derramar sangre en abundancia, lo cual
es la marca distintiva de la muerte. Pero esa sangre de mártires es ahora vengada. La bestia
está empezando a cosechar todo lo que ha sembrado.
¡Sangre por sangre! Faltan palabras para describir lo terrible que será que
millones de animales del mar mueran y cubran la superficie de los océanos.
La hediondez será desesperante. ¡Con todos los animales del mar muertos, qué
putrefacción y enfermedades podrá contener semejante mar empapado en sangre!
6. La tercera copa—Sobre los ríos (16:4-7)
El tercer ángel, que preside las aguas, derrama su copa sobre los ríos y las fuentes de agua.
Es decir, las fuentes del mar. Todas las fuentes del progreso y del bienestar nacional caen
en crisis, ya que el comercio y la vida en general dependen en gran manera de ríos, canales
y corrientes. Rechazamos la aplicación totalmente simbólica de "ríos" como si se refiriera a
la vida ordinaria de una nación caracterizada por principios de gobierno
conocidos y aceptados, y "fuentes de agua" como las fuentes de prosperidad y bienestar
convertidas en sangre (moralmente contaminadas). Sostenemos que el ángel
guardián que controla las aguas las contamina instantáneamente.
Dos ángeles se combinan en esta declaración de los juicios rectos, recíprocos y retributivos
de Dios. Primero, el ángel de las aguas (16:4) usa el lenguaje peculiar que
describe la eternidad de Dios: "El que eres y que eras." Como Dios es justo, nunca descuida
en el menor grado la medida correcta de la más estricta justicia. Los apóstatas han
derramado la sangre
de los santos y de los profetas, pero ahora opera la justicia retributiva al hacer
que los asesinos del pueblo de Dios beban agua hecha sangre. Una condenación terrible es
la que se merecen. Son dignos de una muerte terrible, la cual les viene ahora como un
anticipo de lo que será la muerte segunda en el lago de fuego.
El segundo ángel es descrito como el ángel que sale del altar (16:7). Más propiamente, es el
mismo altar el que habla; "que sale" es una frase omitida en los mejores
manuscritos. Podríamos traducir esta oración: "También oí al altar (personificado) que
decía." Sobre este altar se han ofrecido las oraciones de los santos, presentadas a Dios, y
debajo de él están
las almas de los mártires clamando venganza sobre sus enemigos y los enemigos de Dios. De
esta manera el ángel y el altar, que representan la totalidad del cielo, están de acuerdo en
que los juicios de Dios son justos y verdaderos. Todos los que se encuentran
dentro del templo celestial están de parte de Dios mientras El actúa como el gran
Vengador por los suyos. Los lamentos desde los altares desde el tiempo de Abel en
adelante son vindicados ahora para siempre jamás (Mateo 23:35).
7. La cuarta copa — Sobre el sol (16:8, 9)
Bajo la cuarta trompeta se obscurece la tercera parte del sol (8:12), pero aquí el poder
abrasador del sol es intensificado. Le fue dado poder al sol para quemar con gran calor. Esto
va a ser cuando Dios libere su bomba H. No interpretamos al sol simbólicamente en este
pasaje (como la autoridad gobernante suprema, representada por el mundo
romano revivido), sino como el mismo sol natural, de cuyo calor nada escapa (Salmo 19:1-6).
Puesto que Dios tiene control sobre todas sus obras creadas, Él intensifica el calor del sol y
por ese medio causa una terrible mortandad. El profeta Joel, al describir el día grande y
terrible del Señor, declaró: El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su
resplandor (Joel
2:10).
Bajo la primera trompeta, los árboles y la hierba verde fueron quemados, pero ahora Dios
aplica su castigo abrasador a los cuerpos de los hombres. ¿Podemos imaginar la
terrible angustia que experimentarán las multitudes mientras son quemadas por este gran
calor? "Y
los hombres se quemaron con el gran calor." Es decir, los que se mencionan en
16:2, de quienes se dice que tenían la marca de la bestia. Así como ocurrió con las plagas
de Egipto, también en estos juicios el pueblo de Dios será inmune. En la misma forma en
que los tres jóvenes hebreos fueron preservados mientras permanecieron en el horno
ardiente, así el remanente fiel será guardado por Dios (Apocalipsis 7:16; Daniel 3:27).
Así como el corazón de Faraón fue endurecido a pesar de la demostración
del poder absoluto de Dios sobre su creación, de igual manera aquí el sufrimiento físico
extremo no es capaz de producir ningún cambio en los corazones: "Y no se arrepintieron
para darle gloria."
En lugar de estar amedrentados por los juicios de Dios y clamar a El por su misericordia,
estos hombres solamente blasfemarán del nombre de Dios. El castigo merecido entorpece
los labios y endurece el corazón; el fuego del juicio no puede purificar. Puesto que es la
bondad de Dios la que conduce al arrepentimiento (Romanos 2:4), los hombres que no sean
ganados por la gracia, jamás podrán serlo.
Solamente podemos especular sobre lo que podría haber ocurrido si hubiera
habido un verdadero arrepentimiento de parte de estos hombres cuya carne ardía. Con
la autoridad que Dios tiene sobre las plagas, ¿hubiera detenido la tormenta de su ira para
bendecir una vez más a los arrepentidos con su gracia? La tragedia será la absoluta ausencia
de humildad
y dolor de parte del hombre con relación a su pecado. Este doble juicio de calor ardiente y
falta de agua limpia para tomar no será suficiente para producir algún cambio de corazón.
Como toda esta gente es totalmente réproba, Dios la abandona totalmente.
8. La quinta copa— Sobre el trono de la bestia (16:10, 11)
En esta quinta copa de la ira, el juicio se derrama sobre el trono de la bestia, el cual había
sido establecido en una imitación arrogante del trono de Dios. El dragón le dio su trono a la
bestia (13:2). La obra maestra de Satanás es herida ahora en el centro y base de su poder.
La bestia como una persona real está condenada, por ser el instrumento de Satanás. Y es
evidente que los súbditos de este falso reino y también su cuerpo ejecutivo
sentirán el impacto de la venganza divina. William Neweil sugiere que el trono
de la bestia es la Babilonia reconstruida sobre la ribera del río Eufrates, la antigua
capital de Satanás en la tierra de Sinar, donde será puesta la maldad "sobre su base" al final
de los tiempos (Zacarías
5:5-11).
Al fin el impío e insolente desafío "¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?"
(13:4) es contestado para siempre. Usando a la bestia, Satanás construye un vasto imperio,
pero Dios no será superado: Ahora hiere el reino de la bestia con oscuridad. Puesto que ellos
aman las tinieblas más que la luz, unas tinieblas físicas tan negras como la plaga egipcia
(Éxodo 10:21-23) caen ahora sobre los seguidores de la bestia. Esta terrible
oscuridad sugiere que la negrura y las tinieblas han de permanecer para siempre.
Esta densa oscuridad hará que los hombres se muerdan la lengua en su angustia. Este juicio
parece realizarse simultáneamente con los efectos de otras plagas anteriores. Los dolores y
las úlceras de la primera copa quedan de manifiesto en forma más asombrosa
por la oscuridad. William Ramsey nos recuerda que la expresión "mordían de dolor sus
lenguas" es
la única de su clase en toda la Biblia, e indica la más intensa y aguda agonía. Tal acción
sugiere furia y enojo a causa de la frustración de sus esperanzas y el derrocamiento de su
gobernante y de su reino. Inmediatamente quieren vengarse, pero no pueden realizarlo; de
allí su furia. Se morderán los labios y la lengua debido a su sufrimiento mental y su agonía
física.
Es interesante notar que la parte del cuerpo con la cual estos rebeldes pecaron es ahora el
lugar donde están siendo atormentados con terrible angustia. Blasfemaron del nombre del
Dios del cielo, el que controla la luz y las tinieblas. Terribles expresiones brotaron de sus
labios contra Dios y contra su nombre. ¡Ahora estos blasfemos se muerden la lengua!
Ni siquiera la acumulación de plagas, en lugar de una mera sucesión, logra
producir un cambio en el corazón de ellos, porque como dice la Escritura, ellos no se
arrepintieron de sus hechos. Su voluntad permanece endurecida. No se
derrama ninguna lágrima de arrepentimiento. Como han sido abandonados a sus malas
acciones, golpes aún más fuertes deben descender de parte de Dios para quebrantar su
soberbia voluntad.
Debe señalarse que esta copa de oscuridad no debe ser confundida con el oscurecimiento
de los cuerpos celestes poco antes de la aparición de Cristo en 19:11-16. Lo que vemos en
esta quinta copa es una de las señales que el Señor dio en su descripción del período de la
Tribulación (Lucas 21:8-38). Para el remanente fiel sobre la tierra habrá abundancia de luz,
de la misma manera en que Israel tuvo luz en sus moradas durante las plagas egipcias.
9. La sexta copa — Sobre el río Eufrates (16:12-16)
Los eruditos difieren en cuanto a la interpretación de este pasaje. Un comentarista sugiere
que al hablar de que se seca el río Eufrates se está hablando en figura de Babilonia, la cual
está ubicada al lado de dicho río. Pero nada se adapta mejor al contexto que el río Eufrates
mismo, cuyo ancho cauce es difícil de ser atravesado por individuos o por ejércitos. El acto
de secar este río antiguo permitirá a los ejércitos asiáticos (como se describe en el capítulo
19) marchar sin estorbos hacia la Tierra Prometida, de la cual el Eufrates es la
frontera oriental.
El asunto más importante a recordar aquí es que tanto el río Nilo como el río Eufrates han
de quedar total y realmente secos (Isaías 11:15). De manera que tanto la
frontera occidental como la oriental de Israel serán abiertas a los invasores e
Israel quedará al descubierto para ser atacado por los cuatro ángulos. Cuando el río
Eufrates haya quedado seco, los ejércitos orientales bajo sus respectivos reyes podrán
alcanzar su objetivo.
Estos reyes, procedentes de "donde sale el sol" (una bella expresión oriental que
se usa para hablar del este u oriente), marcharán sin que nada se lo impida
hacia la Tierra Prometida. Puesto que el emblema nacional de Japón es el sol naciente,
pudiera ser que esta nación participara en el avance de las hordas del Asia. ¿No es
terrible pensar en que millones incontables de asiáticos van a cruzar el cauce seco del
río Eufrates y unirán sus fuerzas con la bestia contra Israel? Una avalancha unida de
naciones como ésta antes del gran día de la ira es temible en gran manera. Estos se
lanzarán ciegamente para realizar una matanza en grande, hasta que la sangre suba a la
altura de los frenos de los caballos.
Note el frecuente uso de la palabra "grande" en este capítulo. A través del
ministerio milagroso de la bestia, las multitudes terminarán acostumbrándose a las cosas
grandes. El sensacionalismo estará de moda entonces. Grandes acontecimientos ocurrirán
cada día con
su influencia atractiva y engañadora. Dios personalmente le va a dar a la gente unas pocas
cosas "grandes," pero no para divertirla, sino para disciplinarla:
• Gran voz (16:1)
•Gran calor (16:9)
•Gran río (16:12)
•Gran día (16:14)
•Gran voz (16:17)
• Gran temblor de tierra (16:18)
•Gran ciudad (16:19)
• Gran Babilonia (16:19)
•Gran granizo (16:21)
•Gran plaga (16:21)
En el 16:13-16, que algunos escritores consideran como un paréntesis,
encontramos la trinidad satánica dirigiendo la más gigantesca combinación de
fuerzas enemigas jamás reunida sobre la tierra. Los grandes poderes mundiales,
supervisados directamente por Satanás, se habrán reunido para su propia desgracia.
Dentro de esta copa de ira tenemos una trinidad maligna — el dragón, la bestia y el falso
profeta — supervisando a todos los reyes de la tierra para su batalla, no sólo para luchar
contra Israel, sino también para tratar de derrocar a Dios mismo. "Se levantarán los reyes de
la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido,
diciendo; Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas" (Salmo 2:2, 3).
A. Las tres ranas
La trinidad maligna del misterio de iniquidad está ligada a tres espíritus inmundos
como ranas (16:13). Aunque aparecían tres ranas en el escudo de armas original de
Francia, un país que ha sido centro de infidelidad, socialismo y espiritismo,
no creemos en la interpretación exclusivamente histórica de esta sección (ni de
ninguna otra sección) de los capítulos 4 al 22. Debido a que la profecía
frecuentemente es progresiva o acumulativa, existe un punto de vista moderado en
cuanto a los principios de interpretación, que busca la manera de combinar el sistema
histórico con el futurista. En esa forma puede haber un cumplimiento parcial de
algunas secciones del Apocalipsis sin agotar todo su significado. Secciones así
señalan hacia el futuro para su cumplimiento total. Los intérpretes que
pertenecen a este doble punto de vista ven en el nazismo, el fascismo y el comunismo las
tres ranas que vio Juan.
Muchos de los mejores manuscritos dicen "como ranas". Aquí tenemos el antitipo de la plaga
de ranas enviada a Egipto, un milagro que los magos egipcios fueron capaces de duplicar
(Éxodo 8:7). Una característica sobresaliente del ministerio de la bestia serán las grandes
señales y maravillas realizadas por medios satánicos. El dragón, la bestia y el falso profeta
están ligados con toda justicia a estas horribles ranas. Así como las ranas croan
por las noches en pantanos y cenagales, también estos espíritus inmundos en la oscuridad
del error enseñan mentiras en el fango de los deseos impuros. Alford habla de "la
inmundicia y el ruido pertinaz de las ranas". Las ranas eran consideradas por los escritores
y poetas griegos como los habitantes apropiados del lago Estigio, o río del infierno. Estos
espíritus salen de
las bocas de los tres inicuos que forman la trinidad infernal (la boca, por ser el
asiento
principal de la influencia). De acuerdo con varios pasajes de la Biblia, deducimos
que la boca es la fuente y el medio de destrucción (Apocalipsis 1:16; 2:16; 9:17;
19:15; Isaías
11:4). El dragón será consumido con el espíritu de la boca del Señor (2 Tesalonicenses 2:8).
El espíritu inmundo salido de la boca del dragón simboliza la arrogante infidelidad contra el
Señor y contra su Ungido (Cristo). El espíritu inmundo que sale de la boca de
la bestia representa el espíritu del mundo en la política de los hombres, ya
se trate de una democracia sin ley o del despotismo en el cual el hombre se sienta en
lugar de Dios o por encima de Él. El espíritu inmundo que sale de la boca del
falso profeta describe al espiritualismo mentiroso y las religiones falsas muy de
moda en los días de la falacia satánica.
En esta trinidad satánica con su ministerio de obrar milagros tenemos una combinación de
poder infernal directo, la fuerza apóstata bruta y una terrible influencia maligna
con el odioso propósito de reunir a los millones de hombres de la tierra para la
guerra. Entrará entonces en efecto el último esfuerzo del infierno por destruir el cielo,
cuya consecuencia final será la toma de posesión de parte de Cristo sobre el dominio del
mundo (19:17-21). A
su regreso, El tratará con eficacia con estos tres espíritus inmundos, tal como lo hiciera con
aquellos que se opusieron a El cuando estuvo en la tierra.
Puesto que la reunión de los reyes del mundo con la bestia es una señal de la venida de
Cristo para destruir a sus enemigos, los santos reciben una exhortación para que velen su
venida. Un mensaje de aviso y aliento se envía al remanente fiel: "He aquí, yo vengo como
ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean
su vergüenza" (16:15). Aquí nos encontramos con un paréntesis de suma
importancia espiritual. Debe entenderse claramente que este no es un mensaje para
la Iglesia; sin
embargo, los principios contenidos en él acerca de la bienaventuranza asociada
con la actitud de velar (y la vergüenza para los que vivan descuidadamente) es
aplicable a los santos de todas las generaciones.
Las expresiones "he aquí" y "bienaventurado" están relacionadas definitivamente
con los santos de la Tribulación. Alrededor de ellos, las multitudes estarán durmiendo en
oscuridad moral y espiritual. Estarán viviendo en un estado de seguridad falsa y se
congratularán a sí mismos por el aparente estado de "paz y seguridad". Pero repentina e
inesperadamente, el Señor, como un ladrón en la noche sorprenderá y destruirá a todas
las gentes congregadas por la actividad satánica contra el Señor y contra su
Ungido. Aquellos que creen que la Iglesia deberá pasar a través de la gran
Tribulación, hacen mucho alarde sobre este versículo. Pero Cristo no vendrá por su
Iglesia como un ladrón. El regresa por su Iglesia como
un novio, ya que la Iglesia es su novia. Con la llegada de un ladrón hay pánico y
miedo,
puesto que viene a despojarnos de nuestras posesiones y a destruir nuestras propiedades (1
Tesalonicenses 5:2, 4; Mateo 24:43; 2 Pedro 3:10). Nosotros no somos de la noche ni de las
tinieblas y por lo tanto no tenemos miedo del regreso de nuestro Señor.
Por supuesto, en lo que concierne a nuestro andar, debemos esforzarnos siempre por tener
nuestras vestiduras sin mancha y llevar una vida en la que no haya
nada de qué avergonzarnos y sin estar expuestos a desnudez moral. El peligro que
confrontarán aquellos que vivan durante el tiempo en que los espíritus inmundos
estén operando, será el de descuidar la esperanza venidera y por lo tanto exponerse a
la mirada de los ángeles y de un mundo impío "desnudos": carentes de dirección y protección
divinas.
El obispo Lightfoot sugiere que bien puede haber en esta exhortación a velar, una alusión a
una costumbre judía en el servicio del templo. Veinticuatro turnos o compañías de guardia
eran nombrados día y noche para vigilar las diversas entradas a los atrios sagrados. Uno era
nombrado como capitán o jefe de los demás y era conocido como el "hombre del monte de
la casa de Dios". Su deber era hacer ronda por las diversas puertas durante la noche para ver
que sus subordinados fueran fieles a su cargo. Era precedido por otros hombres que llevaban
antorchas encendidas, y se esperaba que cada centinela que estuviera despierto lo saludara
con la contraseña "¡Hombre del monte de la casa de Dios, la paz sea
contigo!" Si por descuido o por dormitar, alguien no cumplía con esto, era
azotado, sus vestidos eran quemados y quedaba marcado por la vergüenza.
B. La batalla de Armagedón
¡Cómo temblamos al tratar de imaginar lo que ocurrirá con las naciones que
se hayan confabulado con odio insaciable contra Dios y contra su Cristo cuando sean
reunidas por los espíritus inmundos para la batalla de aquel día del Dios Todopoderoso! ¡La
mortandad será universal! La historia testifica que hay ocasiones en que las naciones están
entregadas a la guerra con una pasión tal, que los historiadores son incapaces de
explicarla. Esta será la manera en que tendrá lugar esta guerra contra Dios.
¡Cuan ciegamente las hordas de la tierra serán conducidas contra Aquel que las ha creado!
(Vea el Salmo 2; Apocalipsis 17:14 y 19:19.) La frase: "Y los reunió" (16:16)
puede ser traducida: "Ellos (los espíritus inmundos de los versículos 13 y 14) los
reunieron." Si se mantiene el pronombre personal "él" se entenderá que se
trata de Dios, y es El efectivamente quien los pone a las órdenes de los espíritus
inmundos. Nadie puede leer el Apocalipsis en su totalidad sin darse cuenta de que Dios
está detrás de la escena y de los actores en todo el proceso judicial del libro. En un acto
de justa retribución, El permite a
los apóstatas gobernantes de la tierra que aglomeren a las multitudes en las montañas de
Meguido.
Debido a que el Armagedón será testigo de la batalla más sangrienta de toda la historia,
debemos considerar brevemente el significado histórico y profetice del campo de
batalla más terrible de la tierra. El Armagedón está situado al pie del monte Carmelo, el
escenario
de la mayoría de las matanzas del pasado. Armagedón significa "montaña de la destrucción"
o "matanza" y el nombre está bien puesto. En realidad, su nombre es Har Magedon: "Har",
que significa "montaña", y Magedon o Meguido, de una raíz que tiene el
significado de "cortar" o "matar". La limitada zona de Meguido no permitirá la
presencia de un vasto número de hombres, pero este nombre puede también referirse a
la más extensa vecindad
de Israel, donde por medio de la actividad satánica las naciones de la tierra vendrán para
ser aplastadas.
Meguido fue el escenario de la derrota de los reyes cananeos por la interposición milagrosa
de Dios bajo la dirección de Débora y Barac. Como aliado de Babilonia, Josías fue derrotado
y muerto en Meguido. Las lamentaciones de los judíos un poco antes de que Dios intervenga
a favor de ellos contra todas las naciones que se han juntado contra ellos, es semejante a los
lamentos por Josías en Meguido (Jueces 5:19, 20; Zacarías 12:11; 2 Crónicas 35:22-25).
Sin embargo, se puede hacer la pregunta: "¿Por qué es escogido Armagedón como el lugar
de reunión?" Bueno, ¡las naciones se reúnen allí para atacar y destruir a Israel! "Contra tu
pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo
contra tus protegidos. Han dicho: Venid y destruyámoslos para que no sean
nación, y no haya más memoria del nombre de Israel. Porque se confabulan de corazón
a una, contra ti han hecho alianza" (Salmo 83:3-5). Dios, sin embargo, domina e
interviene. Aunque las naciones se arrojan en un esfuerzo combinado contra el
Señor y contra su pueblo, el furor divino se desata y la destrucción invade a las
hordas arrogantes. Israel es liberado y sus crueles enemigos son destruidos. En esta
derrota total de las naciones se decide la soberanía de la tierra, así como el derecho de
Israel a poseer su propia tierra.
10. La séptima copa—En el aire (16:17-21)
Todo lo que se ve durante la copa anterior es preparatorio para el derramamiento final de
la ira de Dios, el gran día de la ira de Apocalipsis 19:11-16. Entonces y sólo entonces, los
rebeldes serán destruidos y quitados de la tierra (Mateo 13:40-43). En la sexta copa tenemos
la reunión de las naciones de la tierra en Israel para realizar una verdadera guerra contra
Dios y contra el remanente de su pueblo (Isaías 11:15, 16). Ahora se acerca una destrucción
que excederá en magnitud a todo lo que se ha experimentado desde que el hombre inició su
triste historia fuera del jardín del Edén.
El séptimo ángel derramó su copa en el aire. Debido a que todos los hombres respiran aire,
el cual es esencial para la vida, tenemos aquí un juicio divino que afectará el aliento de vida
de la gente. Además, puesto que Satanás es descrito como el príncipe de la potestad del
aire (Efesios 2:2), también vemos en esta copa la consumación del juicio sobre
todas las influencias perniciosas del diablo. El mundo de Satanás sufre bajo esta
terrible plaga. La "gran voz" es la voz de Dios, como la del 16:1, con la excepción
de que aquí se unen el templo y el trono. En el templo es donde El reside, mientras que
en el trono es donde reina.
La voz divina clama diciendo: "¡Hecho está!", refiriéndose a toda la serie de
plagas que ahora queda completa. ¡Hecho está! Ya ocurrió. Compare la voz
de Dios en esta consumación final con la voz de Cristo sobre la cruz, cuando fue
consumada la obra de la redención: "¡consumado es!" Aquel "Consumado es" del
Salvador fue rechazado, así que ahora viene el Juez con su exclamación "Hecho está"
con relación a la retribución divina.
El final de la ira de Dios ha llegado. Un poco más tarde vendrá la terrible exhibición de la
ira del Cordero. Bajo esta séptima copa, Dios le está dando a Babilonia "la copa del vino del
furor de su ira". Esta frase sugiere tanto ira hirviente como enojo reposado, dos ideas que
están implicadas en Jeremías 30:23, 24. Aquí ya se da por realizada la
destrucción de Babilonia. En los capítulos 17 y 18 tenemos una descripción separada del
breve resumen que
se nos ha dado bajo esta copa. Dios es el Creador y por lo tanto puede producir convulsiones
de tal magnitud que pueden lanzar a la tierra al estado caótico previo a la
creación del hombre.
A. Tres símbolos de ira
En los "relámpagos y voces y truenos" (siempre simbólicos de poder grandioso en el juicio)
tenemos una fórmula de visitación divina preparada para llevar el terror a los corazones de
los hombres. Estas señales y representaciones de enojo retributivo son enviadas a la tierra
en la forma del más fuerte terremoto que la tierra haya jamás experimentado. Todos los
terremotos ocurridos hasta ese momento parecerán insignificantes frente a este inigualado
temblor de tierra. (Vea Hebreos 12:25, 26.)
B. Las tres partes de la ciudad
Tan destructivo será este terremoto, que la ciudad de Jerusalén se dividirá en tres partes.
Roma y todas las grandes ciudades de la tierra son reducidas a ruinas. Toda la
soberanía sobre los reyes de la tierra que Roma y Babilonia habían representado es
destruida para siempre. La "gran Babilonia" es descrita como madura y lista para un "gran
terremoto" y una "plaga... extremadamente grande". Su lugar y su grandeza son
condenados a eterna destrucción (Jeremías 51:62-64), destrucción que es celebrada en
el cielo según Apocalipsis
19:1-4.
Además del terror de esta hora, viene el desplomamiento de islas y montañas. Bajo el sexto
sello éstas fueron removidas "de su lugar" (6:14). Aquí se dice que "toda isla
huyó, y los montes no fueron hallados". ¡Será una gigantesca catástrofe!
El acto que sirve para coronar los juicios es el descenso de enormes granizos sobre la tierra.
El granizo, como lo veíamos anteriormente, es un símbolo de la ira divina
(Isaías 28:2; Ezequiel 38:22). (Con respecto a otras granizadas, vea Apocalipsis 8:7
y 11:19.) Nadie se puede imaginar con exactitud cómo serán los efectos de esta violenta y
desastrosa tormenta
de granizo. La destructiva y asombrosa naturaleza de este juicio se nos hace más evidente
cuando recordamos que los granizos son "como del peso de un talento" cada uno. Un talento
tiene entre 47 y 82 kilogramos, de manera que la severidad del juicio reservado para el día
de la batalla y la guerra "en los tesoros del granizo de Jehová", es temible en extremo (Job
38:22, 23; Salmo 105:32).
¡Pero estos juicios solamente provocan blasfemia en lugar de provocar arrepentimiento! El
endurecimiento de la conciencia es el resultado de la persistencia en el pecado. La tragedia
consistirá en que los hombres no se sentirán quebrantados para arrepentirse,
sino que permanecerán sin cambio alguno. Con tal demostración del poder
judicial de Dios, los hombres deberían sentirse arrepentidos y glorificarlo a Él, pero en
lugar de eso, perecerán maldiciendo a Dios Qué diferente es el efecto que produce la
manifestación del poder de Dios sobre los suyos: estos dan gloria al Dios del cielo (11:13).

Los Siete Juicios


Apocalipsis 17:1 - 20:15

La condenación de Babilonia | La gran ramera domina a la bestia | La verdadera Iglesia |

La madre de las rameras |La bestia destruye a la gran ramera | Juicio de reyes y ejércitos |
Condenación de la bestia | Juicio del falso profeta |El juicio del diablo | Condenación de Gog
y Magog | Condenación de los perdidos |El trono del juicio |El Juez | El juicio |

En los capítulos altamente trágicos que vamos a considerar ahora, Cristo actúa rápidamente
como conquistador y somete a todos sus enemigos. ¡Qué acción tan rápida y precisa la que
tenemos en esta sección! ¡Cuan majestuosa es la escena en que nuestro omnipotente Señor
toma para sí todo poder y reina por encima de todos! Una vez que Él se levante para tratar
contra todas las fuerzas antagónicas, nadie será capaz de soportar su poderío. Con una vara
de hierro, desmenuzará aun al más poderoso enemigo. Los gobernantes
orgullosos y arrogantes, tanto infernales como humanos, han de ser despedazados como vaso
de alfarero.
Ya se trate de sistemas, ciudades, o ciudadanos, todas las cosas y todas las
personas
contrarias a su voluntad y gobierno han de caer ante su mirada y sus juicios
poderosos. Aunque es el amante Cordero, Cristo ahora revela su poder como león.
Los tronos de la tiranía y los santuarios idolátricos son destruidos. El Salvador entra en su
reino y se ciñe la corona de este pobre mundo.
Fue una ocasión memorable aquella cuando Jesús llegó a la sinagoga de Nazaret, tomó el
rollo del Antiguo Testamento de la mano del ministro y leyó del profeta Isaías un pasaje que
relacionó con su propio ministerio:
El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado... a
proclamar el año de la buena voluntad de Jehová (Isaías 61:1, 2).
Entonces Él cerró el libro en este punto, sin terminar la cita. Es decir, sin leer la parte que
dice: "Y el día de venganza del Dios nuestro."
"El año de la buena voluntad de Jehová" abarca la venida del Señor como
Salvador y la dispensación de gracia durante la era de la Iglesia (Apocalipsis, capítulos 1
al 3). "El día de venganza del Dios nuestro" tiene que ver con lo que sigue al día de salvación:
el día del juicio durante la gran Tribulación (Apocalipsis, capítulos 4 al 20). Con llamas de
fuego, el Dios justo toma venganza sobre los inicuos (2 Te-salonicenses 1:8). Esta es
la razón por la cual se menciona el amor en esta sección judicial del Apocalipsis. Puesto
que el amor del Cordero ha sido rechazado, el día de su ira viene sobre todos los que aman
y practican la mentira. Su amor por los suyos es mencionado en la sección de gracia (1:5;
3:10; vea también 2:4; 12:11).
Sofonías fue uno de los profetas que testificaron anticipadamente por medio del
Espíritu Santo (1 Pedro 1:11) sucesos que estaban muy distantes de su propio tiempo.
Describiendo "el gran día del Señor", dijo que sería:
• Día de ira y de angustia,
• Día de aprieto y de alboroto,
• Día de asolamiento y de tiniebla,
• Día de nublado y de entenebrecimiento,
• Día de trompeta y de algazara,
• Día de la ira de Jehová (Sofonías 1:15-18).
1. La condenación de Babilonia (17:1 — 18:24)
Se necesitan unas palabras de introducción sobre la relación íntima que hay
entre los capítulos 17 y 18, ya que ambos tratan sobre Babilonia, pero desde distintos
ángulos. Se dan breves informes sobre la destrucción de Babilonia en 14:8 y 16:19, pero los
capítulos 17 al 19 están llenos de todos los detalles del juicio de Dios sobre un sistema
religioso pecador. Es esencial tomar todos estos pasajes en conjunto y leerlos como si fueran
uno solo.

En el capítulo 17 hallamos: En el capítulo 18 hallamos:

la Babilonia mística; la Babilonia material.


un sistema corrupto; una ciudad condenada.
un cristianismo apóstata; un comercialismo impío.
la ramera y la bestia; a Dios y Babilonia.
el fingimiento religioso; el orgullo mundano.
el deleite de los reyes de la los gobernantes y mercaderes de la
tierra con la ramera borracha, "El tierra lloran y se lamentan por
misterio de Babilonia"; la destrucción de la Babilonia
comercial.

Es muy apropiado que uno de los siete ángeles encargados de derramar las siete copas de la
ira sea quien le explique a Juan el juicio que acaba de pronunciar sobre Babilonia
(14:8;
16:19). Dos frases muy significativas parecen dividir este capítulo 17:
• "Te mostraré la sentencia" (17:1);
•"Te diré el misterio" (17:7).
El doble desarrollo de este capítulo es de por sí claramente manifiesto:
• La gran ramera controla a la bestia (17:1-7);
• La bestia destruye a la gran ramera (17:7-18).

A. La gran ramera domina a la bestia (17:1-7)


Una mujer y una ciudad son usadas ambas como símbolos de la Iglesia (2
Corintios 11:2; Apocalipsis 21:2, 9, 10) y ambas figuras son usadas en esta
descripción del cristianismo apóstata. En 17:18 la mujer es identificada como la ciudad:
"Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra." La mujer
vestida de escarlata, una de las maravillas profundas de las Escrituras, es la obra maestra
de falsificación de Satanás. ¡Qué gran farsa y falsificación de la verdadera Iglesia es la madre
de las rameras!
La verdadera Iglesia es una virgen casta;
la iglesia apóstata es una ramera.
La Iglesia está desposada con un solo esposo;
la iglesia apóstata se enreda en actos promiscuos con los reyes de la tierra.
La verdadera Iglesia es el misterio de la santidad;
la iglesia apóstata es el "misterio de Babilonia",
La verdadera Iglesia es "columna y apoyo de la verdad";
la iglesia apóstata es llamada Babilonia: "confusión."
La verdadera Iglesia ofrece la copa de la salvación;
la iglesia apóstata sostiene la copa de oro llena de abominaciones.
La verdadera Iglesia ha sido comprada con la sangre de Cristo;
la iglesia apóstata está ebria con la sangre de los mártires de jesús.
Se dice que la mujer está "sentada". Por lo tanto, nos llama la atención el asiento de ella.
"Está sentada sobre muchas aguas" (17:1);
"siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer" (17:9). El hecho de estar "sentada sobre
muchas aguas" recibe la siguiente exposición de parte de Juan en 17:15: "Las aguas que has
visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y
lenguas." Las "muchas aguas" tipifican las vastas multitudes de la raza humana sobre
quienes la mujer ha lanzado sus hechizos. La antigua Babilonia poseía una riqueza que
provenía del río Eufrates y sus numerosos canales de irrigación. La iglesia apóstata se
alimenta de las naciones que gobierna.
El estar "sentada sobre muchas aguas" (Jeremías 51:13) indica que la gran ramera gobierna y
domina a las naciones religiosamente, así como la bestia sobre la cual ella va
montada, gobierna políticamente. Como representante de un vasto sistema religioso, la
mujer tiene un séquito universal de seguidores. La gran ramera y la bestia son
compañeras en iniquidad y apostasía. Combinadas, representan el poder eclesiástico y el
gubernamental.
Que esté sentada "sobre la bestia" (17:3) significa que la ramera cabalga sobre la bestia. Ella
no sólo ejerce dominio religioso sobre las multitudes, sino que también es capaz de manejar y
dirigir a la bestia. Todos los reyes vasallos y los gobernantes humanos, especialmente los que
estén dentro del imperio romano revivido, estarán bajo su control. Los poderes
políticos y civiles estarán sujetos a su gobierno y supremacía. Y tal dominio total y
completo sobre el vasto poder imperial apóstata encabezado por la bestia ya se está
formando.
Dos ideas contradictorias están representadas en la mujer y en la bestia. Podríamos expresar
los dos contrastes de la manera siguiente:
La mujer personifica la corrupción de la verdad;
la bestia representa el desafío abierto a Dios.
La mujer incorpora todo aquello que es licencioso;
la bestia incorpora todo lo cruel y despiadado.
De esta manera, la corrupción y la violencia que ocasionaron el diluvio (Génesis 6:11) han de
alcanzar su punto culminante en la mujer y en la bestia. La expresión "sentada
sobre una bestia" es una profecía de que la iglesia apóstata será llevada y sostenida por las
naciones, y que reinará y gobernará con poder temporal.
Los siete montes sobre los cuales la mujer se sienta (17:9) representan siete reyes o siete
formas sucesivas de gobierno político. De los siete emperadores romanos, "cinco han caído"
(lo cual puede referirse a muerte por medios violentos) antes del tiempo de Juan. Estos cinco
casi siempre se enumeran de la manera siguiente: Julio César, Tiberio, Calígula, Claudio
y Nerón. El sexto, el cual reinaba cuando Juan escribió el Apocalipsis, era el
blasfemo
Domiciano, quien terminó siendo asesinado. Puede ser considerado como el "uno es". El otro
emperador, el cual todavía no había reinado hasta el tiempo de Juan, será el
séptimo cabecilla romano. La bestia será el octavo, "y es también de entre los siete". Mientras
que por una parte la bestia será distinta en carácter y obras, por la otra
continuará la forma de gobierno autocrático del séptimo rey. Y es la mujer quien
dominará esta última expresión soberana de todo movimiento y secta anticristiana
que exista en ese momento, bajo la consolidación y el control de Satanás. Los
siguientes contrastes pueden ser útiles:

La verdadera Iglesia La madre de las rameras

Virgen casta Gran ramera


Sujeta a Cristo Sujeta a Satanás
Pertenece al cielo Pertenece a la tierra
Adornada divinamente Adornada satánicamente
Preservada por Cristo Destruida por la bestia
Le espera la gloria eterna Le espera eterna ruina
Verdadera novia Imitación de iglesia
Tiene un llamamiento celestial Codicia posesiones terrenales
La obra maestra de Cristo La obra maestra de Satanás
Habitada por el Espíritu Santo Poseída por el mal espíritu
Misterio de los siglos Misterio de iniquidad
Sumisa a Cristo No se sujeta a nadie
Arrebatada al aire Lanzada a la perdición
Ejerce poder espiritual Busca poder secular.
Exhibe la gloria de Cristo Se gloría en lo sensual

La bestia va a ser la cabeza de un imperio confederado. El poder ejecutivo, que comenzó con
Nimrod ha de concluir con la bestia, y ambos están relacionados con Babilonia. Dios va a
permitir que la tierra profética posea poder ejecutivo. Esta tierra profética estará constituida
por las naciones que encierran al mar Mediterráneo con aliados del imperio de los cesares.
Todos estos formarán la confederación de la bestia. Todas estas naciones "que moran en la
tierra" tendrán una mente terrenal. El dominio de la bestia es tanto externo
(porque se extenderá a todas las naciones) como interno (que se conformará al mundo).
El sistema pagano babilónico era una doble mezcla de la unión de los poderes
civiles y religiosos y de las costumbres y formas externas. Se usaban ritos secretos de
iniciación y los adoradores eran consagrados por ceremonias de purificación, aun cuando
fueran culpables de cometer maldades. La mujer, el misterio de la iniquidad, es el símbolo de
una religión pagana
con un sacerdocio que ejercía dominio sobre toda autoridad civil. Sus maquinaciones
son secretas e internas, mientras que las de la bestia son manifiestas a todos. En el conflicto
por
la autoridad y el control supremos, la bestia sale victoriosa.
Quitar a la ramera equivaldrá a quitar de sobre las naciones una carga espiritual, mental,
política y económica. Aunque todas las naciones se regocijarán por la destrucción
de la ramera, sin embargo, todas cometieron fornicación con ella y le tributaron reverencia.
La palabra misterio implica un hecho espiritual intrínseco escondido e imposible de
ser descubierto por el mero uso de la razón, pero que ahora es revelado. La unión entre Cristo
y
su Iglesia es un misterio. En contraste con el misterio de la piedad estará el
misterio de iniquidad. Esta parte del nombre místico estampado indeleblemente en la frente
de la mujer describe perfectamente al terrible sistema que ella representa: una falsificación
de la Iglesia verdadera. El lugar de supremacía de Cristo sobre las naciones es usurpado. En
lugar de ser la depositaría de todo lo que es verdadero y santo, la mujer es descrita como la
materialización del error y la maldad.
"Babilonia la grande" es llamada grande debido a su reputación terrible y
por ser la representación personal de la confusión general. Esta descripción de la
mujer sugiere un extendido sistema de maldad espiritual que representa la culminación de
todos los males que operan en contra de la verdadera Iglesia mientras ésta esté en la tierra.
El babilonianismo del capítulo 17 es el sistema eclesiástico de la iglesia apóstata. Esa es la
religión de la bestia. Dicho sistema es llamado "Babilonia la grande" para distinguirlo de la
Babilonia de Nabucodonosor, conocida como "la gran Babilonia". La palabra
"Babilonia" significa confusión y está asociada con Babel y su torre inconclusa. Usado para
designar a la mujer, el nombre Babilonia representa el cristianismo apóstata desde
el punto de vista divino. Desde este punto de vista, dicho babilonianismo es el misterio
de la abominación. El cristianismo profesante, sin miembros nacidos de nuevo, y
totalmente sin Dios se va a expandir hasta completar el plan de la mujer
babilónica vestida de escarlata. Este babilonianismo será una religión que los
reyes de la tierra considerarán como una pesada carga, por lo que finalmente se unirán
a la bestia en un esfuerzo por liberarse de un sistema que los ha convertido en esclavos.
¿Cuál es el significado de la expresión "la madre de las rameras y de las abominaciones de la
tierra"? En la antigua Roma las rameras llevaban en la frente un rótulo con su nombre. Vale la
pena describir y comparar nombres en la frente. En 19:16, Cristo tiene un nombre sobre sus
vestiduras y en su muslo. Los redimidos tienen el nombre de Dios en sus frentes. El nombre de
la ramera en su frente es otro ejemplo de la farsa de Satanás. Todos los nombres que lleva la
mujer están en agudo contraste con la mitra del sumo sacerdote con su inscripción "Santidad
a Jehová". La descendencia de esta madre de las rameras será numerosa. El
cristianismo
apóstata será el padre de toda suerte de religiones, idolatrías y artes usados por Satanás para
apartar a los hombres de Dios. Bajo la figura de la madre de las rameras encontramos lo peor
de la religión y la fuente de todo lo que es moralmente repugnante.
El cristianismo apóstata será una abominación sobre la tierra y a los ojos del Señor debido a
la amalgama que ofrecerá. La parábola de la mujer que mezcla la levadura hasta que toda la
masa está bien leudada, podría describir también el veneno de un sistema maligno que está a
punto de permear el mundo religioso. Babilonia, como ya lo hemos hecho notar,
significa mezcla o confusión. "Ba-bel," que significa "la puerta hacia Dios", fue un lugar donde
se dieron cita los pecadores sin ley. Sin embargo, Dios intervino con la mezcla y confusión de
lenguas y desparramó a la gente por doquier. Abraham fue llamado de una civilización
apóstata para fundar una nueva raza. De manera que Babilonia, la principal de las ciudades
idolátricas es un emblema apropiado de la monstruosa maldad y de la extendida
influencia de cristianismo apóstata de los últimos días. Pero la destrucción de este malévolo
sistema ocurrirá cuando la bestia rechace y desafíe las exigencias de la mujer que
tiene la autoridad y el control supremos.
Dos frases describen la abominable naturaleza de la gran ramera:
"El vino de su fornicación" (17:2) y "la inmundicia de su fornicación" (17:4). Fornicación es
una relación ilícita, y la fornicación espiritual es el equivalente a la idolatría. "Han fornicado
con sus ídolos" (Ezequiel 23:37). La solemne acusación contra los habitantes de la tierra es
que ellos sucumbieron ante la brillantez seductora y la atractiva exhibición de la ramera. Se
dice que los reyes y los pueblos fueron atrapados por los encantos corruptos y licenciosos de
la mujer escarlata. Pero todos los que hayan bebido de su copa, sin importar que sea de oro,
deberán perecer junto con ella.
Juan presenta a la mujer sentada sobre una bestia vestida de escarlata, con una copa de oro
en su mano, llena de las abominaciones e inmundicias de su fornicación (17:4).
Ocurrió lo mismo con la Babilonia antigua. Mientras todavía disfrutaba de toda su gloria,
su ruina fue proclamada por Jeremías: "Copa de oro fue Babilonia en la mano de Jehová,
que embriagó a toda la tierra; de su vino bebieron los pueblos; se aturdieron,
por tanto, las naciones" (Jeremías 51:7).
Como la bestia escarlata está llena de nombres de blasfemia (17:3), así la copa de oro está
"llena de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación". La última fase de la religión
apóstata estará caracterizada por la idolatría y la corrupción, y la influencia mundial de esta
monstruosa ramera se puede deducir del hecho de que ella hace que otros se embriaguen con
el vino de su fornicación.
Se dice de la bestia de color escarlata que estaba llena de nombres de blasfemia y que tenía
siete cabezas y diez cuernos. Aquí tenemos al último rey, el caudillo federal de las naciones,
un rey de reyes y señor de señores. Que está lleno de nombres de blasfemia implica que todo
el dominio de la bestia es totalmente corrupto, caracterizado por la blasfemia
abierta y escandalosa (13:1-10). En los diversos nombres tenemos las varias formas de
rebelión y de obstinación. De manera que tanto la bestia como su imperio son blasfemos e
impíos.
"Llena de nombres" también puede significar por dondequiera; no sólo en las cabezas sino por
todas partes. En las "siete cabezas" se nos da la idea de poder administrativo total,
(13:1) cubierto por medio de formas o sistemas efectivos de gobierno. Los
"diez cuernos" representan personajes reales, quienes reinan con autoridad real con
la bestia, el cuerno pequeño de Daniel 7:8, 20. Esta bestia de color escarlata es
identificada con la cuarta bestia
de la visión de Daniel (Daniel 7:23, 24).
Para poder ver a la mujer montada en la bestia, Juan nos dice que el ángel lo
tuvo que transportar al desierto, esto es, a un lugar de soledad y de evidente desolación.
¿Qué era lo que Juan quería decir con el término "desierto"? Una explicación dice que el
esplendor de la mujer y de la bestia cautiva el corazón y los sentidos físicos de toda la
gente, con excepción
de los del remanente fiel, para quienes esta atractiva exhibición no es más que un desierto,
porque Dios no está en ella.

B. La bestia destruye a la gran ramera (17:7-18)


La expresión "te mostraré" de 17:1 es modificada en el "te diré" de 17:7. Ahora se le da a
Juan la interpretación divina del misterio de la mujer y de la bestia que la lleva. El apóstol se
había maravillado por esto con el asombro de una horrible sorpresa; pero ahora era la tierra
la que se maravillaba al ver el juicio de Dios derramándose sobre la mujer y sobre la bestia
(17:18). Aquí se revela un doble misterio:
• El misterio de la bestia (17:7-14)
• El misterio de la ramera (17:15-18).
La mujer y la bestia son tratados separadamente, ya que son distintos (a pesar de que son
compañeros en iniquidad y en apostasía). La mujer da la idea de poder eclesiástico, mientras
que la bestia personifica el poder civil. Cuatro fases de la historia de la bestia (17:7-14) le son
explicadas a Juan. En cuatro breves y enérgicas expresiones, Juan conoce el
curso y la consumación del imperio más grande del mundo:
• "Era"
• "No es"
• "Está para subir del abismo"
• "Ir a perdición"
"La bestia que has visto, era" (17:8), refiriéndose al pasado. Aquí tenemos el antiguo imperio
romano como existió en la forma imperial hasta el tiempo de Juan y hasta su destrucción en
476 d.C. Bajo una larga sucesión de gobernantes imperiales, la bestia existió como un vasto y
consolidado imperio. Aunque la bestia será una persona real, también se usa como la cabeza
figurada de un sistema apóstata, así como la mujer. De esta manera, la bestia (o el imperio
que ella representa) es una parte integral de la profecía bíblica.
"La bestia que has visto, no es" (17:8), refiriéndose al presente. Aunque
los países incorporados al antiguo imperio de fama mundial todavía permanecen, el imperio
consolidado como tal ya no existe. Fragmentos de la antigua vida y las leyes
romanas caracterizan a muchas de las naciones que una vez fueron parte de este poderoso
imperio.
"La bestia que has visto.. . está para subir del abismo e ir a perdición" (17:8), refiriéndose al
futuro. Al levantar el telón, Dios capacita a Juan para que vea a través del corredor de los
siglos y observe el avivamiento satánico del imperio romano. Dando un salto en el tiempo,
Juan puede ver en forma de visión el atardecer de dicho avivamienlo: "Está para subir
del abismo." La bestia misma se levanta al principio de la septuagésima semana
profética. Su imperio surge a la mitad de la semana. La esposa del Cordero viene del cielo,
mientras que el imperio de la bestia (para sorpresa de todos los hombres) surge de en medio
del abismo.
En este maravilloso panorama histórico del futuro de la bestia se nos dan nociones de la fase
final del apóstata poder civil de los gentiles. La hora de la venganza ha llegado. La bestia y su
Babilonia están a punto de ser destruidos. Se hace mucho énfasis en su ruina perdurable en la
repetida frase: "Va a la perdición" (17:8, 11). En 17:11 se hace énfasis en el griego
en "la bestia". Peculiar y preeminentemente, es ella la que está señalada para la
destrucción. Este cuerno pequeño, con ojos como de hombre y con una boca que habla
grandes cosas, va a ser lanzado vivo al lago de fuego; vivo y acompañado de sus socios en el
crimen (19:20). La frase "va a la perdición" se usa también con respecto a otro individuo:
Judas (Juan 17:12). Esto ha inducido a algunos escritores a afirmar que la bestia es la
encarnación de Judas. El imperio mismo será destruido por Cristo en su venida, cuando Él
aparezca para tomar todos los reinos del mundo y los convierta en su imperio mundial.
Dos veces se nos dice que el malvado y engañado mundo se asombrará por la aparición de la
bestia (13:3; 17:8). Pero tan asombroso fenómeno no sorprenderá a los escogidos,
quienes entienden con exactitud la personalidad de la bestia. Serán únicamente
aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida quienes
contemplarán con asombro las artimañas de Satanás. Los escogidos poseen una
mente dotada de sabiduría y por lo tanto entienden el significado profetice de todo lo
que está escrito.
Entre las características prominentes de la bestia destacan su historial político y su guerra en
contra del Cordero. Ya hemos escrito algo acerca de las siete cabezas. Los diez cuernos, se
nos dice, representan a diez reyes o sus reinos. Las siete cabezas expresan formas sucesivas
de gobierno, mientras que los diez reyes son contemporáneos, y se ve como si
estuvieran dominando un territorio real durante el período de la bestia. Los diez reyes son
coexistentes con la bestia e indican la apariencia de su imperio, el cual existirá en forma de
diez reinos.
Las respectivas cabezas de estos reinos reciben poder como reyes, lo cual
significa que conservan sus derechos reales. Tienen un poco de reyes, pero no son
poseedores del poder total de sus reinos. Inclinándose en obediencia total ante la voluntad de
la bestia, estos reyes
le darán todo su poder y su fuerza a ella. Con un mismo sentir, llevan a cabo la voluntad de la
bestia y se convierten en sus aliados dependientes.
Estos diez reyes reinarán por "una hora" con la bestia. La duración de los reyes es medida con
relación al reino de la bestia. "Una hora" representa un tiempo definido de corta duración. La
bestia, aunque se establecerá a sí misma como un rey de reyes, será depuesta muy en breve
por el verdadero Rey a su venida. La victoria del Cordero sobre la bestia y su coalición de
reyes será violenta y completa.
En el versículo 17:14 se anticipa la victoria final y completa de Cristo en el
mensaje del ángel, una victoria que se describe más detalladamente en 19:19-21. Esta
guerra y la ira del Cordero son específicamente: contra el anticristo y sus reyes,
congregados con el doble propósito de destruir a Israel para que deje de existir
como nación (Salmo 83:4) y hacer guerra contra el Cordero como una expresión de su
odio hacia Él.
Note que el Cordero es visto como el Señor de señores y Rey de reyes. La palabra griega de
la cual viene el término "cordero" es el diminutivo armón, "el corderito." En contraste con la
arrogancia y la malignidad de la bestia tenemos la mansedumbre y la inocencia del Cordero.
Sin embargo, el Cordero Todopoderoso triunfa sobre la bestia. Los títulos que se usan para
designar a nuestro Señor combinan su mansedumbre con su poder, su ternura con su fuerza.
El Apocalipsis es esencialmente un libro del Cordero. El libro en su totalidad gira en torno de
Cristo como Cordero.
• Capítulo 1: la visión del Cordero
• Capítulos 2 y 3: el mensaje del Cordero
• Capítulos 4 y 5: la adoración del Cordero
•Capítulos 6 al 19: la ira del Cordero
•Capítulo 19:7-10: las bodas del Cordero
•Capítulo 19:11-22: el reino del Cordero.
El nombre "cordero" aparece veintisiete veces en el Apocalipsis y se
presta para un estudio extremadamente valioso:
•El Cordero inmolado (5:6; 7:14)
•El Cordero adorado (5:8; 21:22)
• El Cordero digno (5:12)
•El Cordero eterno (5:13, 14)
• El Cordero revelador (6:1)
•El Cordero airado (6:16, 17; 14:10)
• El Cordero reinante (7:10)
•El Cordero sustentador (7:17)
• El Cordero que escribe (13:8; 21:27)
• El Cordero que vendrá (14:1)
• El Cordero que es seguido (14:4)
•El Cordero victorioso (12:11; 14:10; 17:14)
• El Cordero desposado (19:7-9; 21:9)
• El Cordero iluminador (21:23-25)
• El Cordero que refresca (22:1)
• El Cordero obedecido (22:3, 4).
¡Cuan cierto será que "el Cordero será la gloria en toda la tierra de Enmanuel"!

Este decimoséptimo capítulo del Apocalipsis está lleno de "señales". Podría elaborarse otro
bosquejo del libro con referencia a la palabra "señal":
• La señal en el cielo (12:1)
•La señal de la personalidad de Satanás (12:3; 13:3)
• La señal del poder de la bestia (13:13)
• La señal de la iglesia ramera (17:6)
• La señal de un mundo inicuo (17:8).
Las tres características de aquellos que participan en la victoria del Cordero las
poseen también todos sus santos: "Ellos están con Él." Así como la bestia comanda sus
ejércitos, así también Cristo cuenta con sus huestes militantes que lo asisten. Los
ejércitos celestiales, constituidos por el cuerpo completo de los santos redimidos,
acompañan a Cristo cuando Él desciende del aire a la tierra. ¡Qué escena! La bestia y sus
ejércitos están a un lado, y el Cordero con sus ejércitos al otro, y del resultado de esto no
hay ninguna duda. Cristo será exaltado entre las naciones. Será exaltado sobre la tierra.
En "las aguas donde se sienta la ramera" (17:15-18) puede verse que las fuerzas
del mal montan una blasfema parodia de Jehová sentado sobre el diluvio. Las aguas
que vio Juan (17:1) tipifican, según se le explicó, "pueblos, muchedumbres,
naciones y lenguas". Aquí podemos ver la inmensa influencia moral de un cristianismo
apóstata sobre las vastas masas
de la humanidad.
"Estos aborrecerán a la ramera" (17:16). ¡Qué abyecta desolación la que le espera a la iglesia
apóstata! Habiendo determinado liberarse a sí mismo y a su imperio de la influencia sutil y
empobrecedora de la ramera, la bestia se torna ahora contra ella y la
desmonta de su exaltado trono. Los gobernantes del imperio confederado despojan a la
ramera de todos sus ornamentos vistosos y seductivos. Las naciones confederadas con
su cabecilla principal se confabularán aborreciendo a la ramera. La caída de la gran ramera
ocurre debido a un cambio repentino ocurrido en los pueblos esclavizados. No sólo habrá
repugnancia hacia la ramera y pillaje sobre sus riquezas y adornos, sino que también su
carne será devorada. La expresión "sus carnes" en plural como se da aquí tiene el sentido de
grandes cantidades: las posesiones terrenales, la plenitud de la carnalidad. Pero la bestia y
los diez reyes, antes admiradores y esclavos de la ramera, son ahora sus más crueles y
amargos enemigos y se hartan con todas
las posesiones de la ramera.
Después la ramera será quemada "con fuego". En todo este proceso gradual de castigo puede
hacerse referencia al castigo legal de la abominable fornicación. En tiempos antiguos, a veces
las rameras eran quemadas. La voluntad permisiva de Dios es enfocada nuevamente en
el perfecto acuerdo que hacen los reyes con la bestia. En el fondo de la alianza de las naciones
y su unión con la bestia (y la destrucción final de la ramera) está la voluntad de Dios. Él ha
decretado la destrucción del dominio gentil y del cristianismo apóstata, y triunfará.
Dios
puede usar aun a hombres malos para hacer que sus propósitos se cumplan. La ira del hombre
puede servir para glorificarlo a Él.
Estamos de acuerdo con lo que dice Walter Scott: "Dios obra en forma invisible
pero no menos real, en todos los cambios políticos del día de hoy. El estadista astuto y el
diplomático inteligente son simplemente agentes en las manos del Señor, aunque ellos
no lo sepan. El egoísmo y las tendencias en la política pueden influir en la acción, pero
Dios está obrando firmemente hacia un fin: manifestar las glorias celestiales y terrenales de
su Hijo. O sea que,
en lugar de estorbar los planes de Dios, los legisladores y los gobernantes mas bien los llevan
a cabo inconscientemente. Dios no es indiferente, sino que está tras la escena de las acciones
humanas. Los hechos de los diez reyes del futuro en relación con Babilonia y la bestia — el
poder eclesiástico y el secular — no solo están bajo el control directo de Dios, sino que todo
es realizado en cumplimiento de su Palabra." En un tiempo tan crítico como este, debemos
mantener nuestros ojos atentos a las evidencias de que la mano gobernante de Dios se halla
entre las naciones.
Seguidamente dirigimos nuestra atención a la destrucción de la Babilonia material. Tanto la
historia bíblica como la secular nos proveen una descripción adecuada de la antigua ciudad de
Babilonia, la cual alcanzó su mayor gloria y magnificencia durante el
reinado de Nabucodonosor (604-562 a.C.). Con sus altas murallas, sus torres,
avenidas, jardines y palacios, la antigua Babilonia debe haber sentido la
fascinación de ser dominante e insuperable. Que sus fortunas han sido objeto
tanto de maravilla como de desgracia es un hecho que enfatizan profetas e
historiadores por igual. Actualmente no existe Babilonia, lo cual ha hecho que
algunos expositores afirmen que todas las profecías del Antiguo Testamento
relacionadas con la destrucción de esta ciudad ya se cumplieron y que, por lo tanto, ya
no podrá ser reedificada. En la actualidad, el territorio que cubría la Babilonia de la Biblia es
conocido con el nombre de Hillah.
Babilonia, donde Alejandro Magno se embriagó hasta morir, fue el tercer reino mundial que
oprimió a Israel en los tiempos de la supremacía gentil. El nombre "Babilonia", derivado de
"bab-el", que significa la puerta de Dios, se convirtió en "Babel", que significa confusión. De
manera que la puerta de Dios vino a convertirse en el lugar de reunión de rebeldes pecadores
donde, para detener la creciente apostasía, Dios intervino con la confusión de las lenguas.
La historia y la profecía de Babilonia pueden ser bosquejadas brevemente:
1. Nimrod fue su fundador (Génesis 10:10, 11). Su primera reina (y símbolo de una ciudad y
un sistema malvados) fue Semíramis I. Babilonia, por ser la primera de todas las
ciudades idólatras, es el emblema más apropiado para declarar la enorme maldad
y la influencia extensa y abrumadora del cristianismo apóstata.
2. Como reino secundario bajo el dominio de Asiría, Babilonia ayudó a esta última a atacar a
Israel y Judá (2 Reyes 17:24-31; 2 Crónicas 33:11).
3. Se profetizó que Babilonia sería la captora de Judá (2 Reyes 20; Jeremías 25:9-14).
4. Fue escogida por Dios para castigar a Judá (1 Crónicas 9; Jeremías 25:9).
5. Tendría que ser castigada severamente por sus maldades (Jeremías 25:9-14; Daniel 5).
6. Babilonia fue la opresora de Israel, como se simboliza en Daniel capítulos 2 y 7 bajo "la
cabeza de oro" y "el león".
7. Babilonia volverá a ser prominente otra vez como símbolo bajo el anticristo (Apocalipsis
17:5, 18).
Después de la destrucción de Nínive, la gran metrópoli del mundo vino a ser Babilonia, la
cual, de acuerdo con el gran historiador Herodoto, tenía cien puertas de bronce sólido, con
muros de más de diez metros de altura y tan anchos que bien podían correr sobre ellos seis
carrozas a la par. Los profetas anunciaron la destrucción de Babilonia (Isaías
13:1-22; Jeremías 50:9-46). Alejandro Magno trató de restaurar a Babilonia, pero Dios había
declarado: "La barreré con escobas de destrucción" (Isaías 14:24), y desde entonces ha
permanecido en ruinas.
Babilonia fue el instrumento divino de juicio sobre Egipto, Judá, Edom, Moab, Amón, Tiro,
Sidón, Asiria, Hazor y Nínive. Isaías, Jeremías y Ezequiel son notablemente claros
en sus declaraciones sobre Babilonia en su relación con Judea.
La Babilonia del Apocalipsis ocupa la misma relación con respecto a la Babilonia
de los profetas del Antiguo Testamento que la que ocupa la Nueva Jerusalén con
respecto a la Jerusalén de los profetas. En el Apocalipsis, ambas ciudades son usadas en un
sentido místico, mientras que en los profetas las ciudades deben ser tomadas en su
significado literal. Debido
a que no tenemos informes de una iglesia cristiana en medio de las ruinas de la
antigua Babilonia, entendemos que la Babilonia desde la cual Pedro envió su primera
epístola debe haber sido Roma (1 Pedro 5:13), donde su hijo espiritual, Marcos, estaba con
Pablo (Filemón
24).
La restauración de Babilonia como una verdadera ciudad es una cuestión muy discutida. Hay
muchos eruditos bíblicos que afirman que todas las referencias del Apocalipsis a
Babilonia deben entenderse simbólicamente. La Biblia anotada de Scofield, por ejemplo,
dice: "La idea
de que Babilonia será reedificada literalmente en el sitio de la antigua Babilonia se halla en
conflicto con Isaías 13:19-22. . . El profeta ve de cerca y de lejos a la vez, y
predice la destrucción de la Babilonia literal, la cual existía en aquel entonces,
con la advertencia adicional de que una vez destruida, Babilonia nunca sería
reconstruida. Todo esto se ha cumplido ya al pie de la letra."
No cabe duda de que el anticristo se nos presenta aquí como "el rey de Babilonia", sobre el
cual triunfará Israel.
Regresando a las profecías, descubrimos de la misma manera que Jeremías presenta
una doble profecía acerca de Babilonia. Vemos por una parte la invasión de la ciudad por parte
de
los medos y persas, pero también está la profecía acerca de un futuro enemigo
(Jeremías
50:1-7). La referencia aquí concerniente a la repartición de Israel y Judá es
futura definitivamente. En Jeremías 50:8-16 las plagas son similares a las de
Apocalipsis 18. El
pasado y el futuro de Babilonia vuelven a presentársenos en Jeremías 50:21-46. En Jeremías
51:5-10 encontramos un lenguaje idéntico al que se usa en Apocalipsis 14:16; 16:17-21; 18:1-
24.
La antigua Babilonia, con todo su misticismo y paganismo será destruida repentinamente con
el derramamiento de la séptima copa (Apocalipsis 14:8; 18:1-24; Isaías 21:9).
Zacarías es otro de los profetas del Antiguo Testamento que predijeron el
retorno del babilonianismo. El significado figurado del lenguaje usado en Zacarías
5:5-11 puede ser expresado en esta forma:
El "efa", una medida equivalente a unos 37 litros, se refiere al comercio que se
mueve a través de toda la tierra.
La "tapa de plomo", de un peso como de 72 kilogramos, simboliza lo pesado del tráfico y las
riquezas del comercio.
La "mujer" se interpreta aquí como representando la maldad dentro del efa. La
palabra hebrea rasha significa agitación, 'a naturaleza caída del hombre tal como se
manifiesta en toda ilegalidad y desenfreno (Job 3:17; Isaías 57:21).
Las alas "como de cigüeña" (un ave inmunda) y el "viento" que traían las alas representan los
rápidos logros y el desarrollo de la Babilonia material como el gran centro
comercial del mundo.
A Juan se le dio una completa y detallada revelación sobre la destrucción de una ciudad real
(18:1-3). Las profecías del Antiguo Testamento acerca de Babilonia presentan una mezcla de
los destinos pasado y presente, pero Juan presenta una declaración completamente profética
de ruina. La frase de apertura, "después de esto" (19:1), implica un nuevo principio
y nos introduce a una revelación distinta. El capítulo 17 nos da la descripción del
poder y de la perdición de la Babilonia mística. En el capítulo 18 continúa la séptima
trompeta (16:17-21), interrumpida por el paréntesis sobre la Babilonia mística o eclesiástica.
La frase introductoria enfatiza la unidad total de los temas revelados. Mientras que el tema
de Babilonia es traído desde el capítulo 17, el capítulo 18 ofrece una revelación distinta y
subsecuente. Después de
la perdición de la Babilonia mística o eclesiástica viene la destrucción de la Babilonia material
o comercial.
Evidentemente, el ángel autoritativo que anuncia la ruina de Babilonia no es el guía de Juan
del 17:1, 7, 15. Varias características de este importante, mensajero angélico
deben ser consideradas. En primer lugar, él desciende "del cielo", lo cual sugiere el
carácter celestial del juicio de Babilonia y el interés que demuestra el cielo por los
asuntos de la tierra. No importa quiénes sean los agentes humanos de la destrucción de
Babilonia; es el cielo el que la juzga en última instancia.
El "gran poder" del ángel de la destrucción sugiere que existen órdenes y grados entre las
huestes angélicas. Algunos ángeles son más distinguidos que otros, y algunos
reciben autoridad para actuar por Dios en circunstancias especiales. Que este
no es un ángel ordinario, se demuestra claramente por el hecho de que "la
tierra fue alumbrada con su gloria" o "a causa de su gloria". Tan poco tiempo hace que
este ángel salió de la presencia de Dios, "que al pasar arroja una ancha ráfaga de luz a
través de la oscura tierra". Pero, ¿existe aquí la noción de una gloria inherente, además de
una gloria recibida? Walter Scott sugiere que este ángel no puede ser nadie más que Cristo
mismo (como en 8:3 y 10:1). Combinando estos pasajes encontramos a:
• Cristo, el Angel-Sacerdote, intercediendo a favor de su sufrido remanente (8:3);
• Cristo, el Ángel-Redentor, tomando posesión de su herencia (10:1);
• Cristo, el Ángel-Vengador de su pueblo, tomando venganza sobre Babilonia (18:1 — 19:5).
Puesto que los ángeles son "poderosos en fortaleza" (Salmo 103:20), el fuerte clamor de este
ángel anunciando el juicio de Babilonia no es prospectivo sino retrospectivo. Desde el punto
de vista del ángel, el poderoso e inicuo sistema ya está destruido (18:2). La
repetición es
como el solemne canto fúnebre de los condenados: "¡Ha caído! ¡Ha caído!"
• Un estado degenerado se ha convertido en bestia.
• Una iglesia apóstata se ha convertido en ramera.
• Un cristianismo apóstata, incapaz de cambiar, debe ser destruido.

En el capítulo 17, un sistema religioso corrupto es despojado de sus posesiones y riquezas,


las cuales a su vez son transferidas a los tesoros de los gobernantes del imperio.
Pero las
autoridades civiles apóstatas que hayan triunfado sobre la gran ramera enfrentarán días más
terribles que los que impusieron sobre la mujer del capítulo 17, ya que tendrán que rendirse
ellos mismos y sus reinos ante la voluntad bestial y brutal del anticristo.
El vocabulario usado en esta sección inicial nos presenta la razón por la cual Babilonia
es destruida. Las relaciones ilícitas sostenidas con naciones y reyes bajo la
dirección de la religión del capítulo 17 se convierten en relaciones ilícitas en el ámbito
del comercio en el capítulo 18. Casi no podemos creer que se pueda concebir a una ciudad
que se ha convertido
en habitación de demonios y cuyo hogar definitivo sea el abismo del mundo
infernal. Babilonia es también centro de inigualable maldad y degradación y capital del
demonismo. Por "espíritus inmundos" y "aves inmundas y aborrecibles", podemos
entender los diversos agentes de Satanás de una naturaleza altamente perniciosa que
cooperarán para hacer que Babilonia se hunda en un fango de iniquidad y abominación ante
los ojos del Dios santo.
También se incluye en esta grave acusación contra Babilonia el juicio sobre aquellas naciones
(extendidas por una zona geográfica considerable) que caerán como presa fácil
bajo los encantos y la seducción de una metrópoli atea. "Los reyes de la tierra" no deben
confundirse con los representantes personales de los diez reinos. Ofreciendo un bocado
tentador a todos aquellos que quieran asociarse con Babilonia con el objetivo de adquirir
ganancias meramente mundanas, los mercaderes de la tierra trafican con sus riquezas. Su
abundancia le había sido arrebatada a la gran ramera por la fuerza civil apóstata que la
codiciaba. Pero tal desarrollo
de intereses personales será de corta duración, porque estos mismos comerciantes llorarán y
se lamentarán por la pérdida de sus fuentes de riqueza.
De todas las plagas que consumirán la tierra, las que caerán sobre Babilonia serán las peores
debido a que, en toda su intensidad, invadirán la ciudad "en un día" (18:4-8). Las plagas de
Egipto vinieron por etapas, pero aquí la muerte, el llanto, el hambre y el fuego
reciben autorización de parte del fuerte Juez para llegar juntas y repentinamente (16:19-21).
La voz celestial que llama al pueblo de Dios para que salga de la ciudad es
diferente de aquella voz angelical de 18:1. Posiblemente es Dios mismo quien invita a su
pueblo a dejar los pecados y las plagas de Babilonia (Jeremías 50:4-9; 51:5-8, 45).
Semejante llamado a la separación es válido en todo momento y lugar donde existe
la presencia del espíritu y los principios babilónicos (2 Corintios 6:17). "No seáis
partícipes de sus pecados" significa: "No tengáis comunión con Babilonia, y no recibiréis
sus plagas." Así le ocurrió a la mujer de Lot que se detuvo cerca de la ciudad
contaminada y condenada y pereció por detenerse y volverse a mirar. Este solemne
llamado también sugiere que Dios tiene su propio pueblo, aun
en una ciudad apóstata, pero que la única seguridad que puede haber para ellos
sólo la pueden obtener separándose del mundo.
Por "sus pecados" debemos entender la evidente y terrible corrupción del estado moral de
Babilonia, un estado que requiere el severo juicio de Dios: "Porque sus pecados han llegado
hasta el cielo." La primera confederación de Babel fue atea: la torre de piedras se proponía
alcanzar el cielo (Génesis 11:4). Pero aquí es una torre de pecados la que ha llegado al cielo.
¡Qué monumento de vergüenza! Aquí tenemos una torre de Babel, no de piedras
sino de
pecados. Tan horrendos e impíos que provocan el juicio severo y total del cielo.
Los ejecutores de la ira de Dios recibieron órdenes de darle a Babilonia la medida completa
de juicio que se merece: "Pagadle doble según sus obras." La copa de
destrucción debe llenarse al "doble". La copa de lujuria y prominencia debe ceder el paso
a la de tormento y humillación. La muerte debía tomar el lugar de la vida; el
lamento debía destronar a la exaltación; el hambre sustituiría la abundancia de
deliciosas comidas; el fuego debía consumir todas las ostentosas obras de Babilonia.
"El doble" significa una porción completa, una doble recompensa de acuerdo con la ley
levítica. La venganza aquí va mucho más allá del antiguo "ojo por ojo". En la justicia
retributiva de Dios, la medida es duplicada. Sin embargo,
estos terriblesjuicios no serán una mera venganza rencorosa. Como todos los juicios divinos,
este será justo y bien merecido.
Aquí se nos presenta una descripción peculiar de la confiada jactancia de
seguridad de Babilonia en las palabras "Ella se ha glorificado y vivido en deleites." La
presunción es otro crimen más que se le achaca a Babilonia. La ciudad no es
juzgada únicamente por su conducta sino también por su carácter. El orgullo interno se
indica por el pretencioso estado
de reina. Pero cualesquiera que sean las esperanzas que tenga de recuperar su
antigua grandeza, la destrucción de Babilonia ya está sellada: "Será quemada con fuego." Su juez
será
el Dios Todopoderoso. Su destrucción es segura debido a la justicia y el poder de Dios.
Uno no puede leer Apocalipsis 18:9-19 sin reconocer la concentración de lujos y riquezas en
la gran ciudad de Babilonia. La riqueza de las naciones aumenta y por doquiera se siente la
gran influencia de dicha capital. Los potentados, los regentes del comercio y todos los que
transitan el mar en embarcaciones mercantes participan de la prosperidad
económica de Babilonia, pero también, como ella, serán tomados por sorpresa
en el holocausto de destrucción. Se pueden ver separadamente tres clases de personas
a las que afecta la ruina
de Babilonia.
Los reyes sobresalen en los lamentos, ya que ellos eran los que se estaban beneficiando de la
influencia económica mundial de Babilonia (18:9, 10). Y esta expresión "reyes de la tierra" se
entiende como la designación de jefes y gobernantes en general; no sólo los
diez reyes confederados a los cuales se refiere el capítulo 17 como asociados con la
bestia. Todos los gobernantes asociados con la lujuria y el libertinaje de la Babilonia material
hasta la hora de
su derrocamiento se lamentarán y llorarán al presenciar su incendio. Bajo el impacto del gran
terremoto (16:17-21) estos reyes corruptos huirán de la arruinada ciudad en un
estado de frenesí, clamando: "¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte;
porque en una hora vino tu juicio!" (18:10). Asi es como los juicios de Dios provocan temor
aun en los más impíos.
Debido a que el comercio juega un papel de gran importancia en la grandeza de la ciudad,
los comerciantes aparecen también entre los que más se lamentan (18:11-16).
La gran variedad de mercancías mencionadas especialmente en los versículos 12-14
demuestran que Babilonia llega a ser una gran metrópoli comercial en un período como de
tres años después
de que la ramera ha sido destruida. En los días del anticristo, el mercado será
controlado desde este centro comercial de las naciones. En esta encrucijada
del mundo estará centralizado todo el negocio mundial. El lenguaje de este pasaje
sugiere un lujo extremo. Todo lo que una persona pudiera desear existe en este emporio
universal. Joyas carísimas, muebles muy costosos, perfumes exóticos, suculentos banquetes,
centros comerciales llenos
de gente, ropa muy fina. . . todo se encuentra allí. Compra y venta, pasiones desbordadas,
placeres, centros de deleite musical que reproducirán los días de Noé y Lot.
En total se especifican unos 29 artículos comerciales, indicando que una gran
parte del mercado mundial será afectada seriamente por la ruina de Babilonia.
Todos los artículos vendidos en este almacén mundial podrían agruparse en siete categorías:
1. Valores y adornos
2. Indumentaria costosa
3. Muebles suntuosos
4. Olores fragantes
5. Vida abundante
6. Espectáculos triunfantes
7. Infame tráfico humano
Oro, plata, piedras preciosas y perlas.
Lino fino, púrpura, seda y escarlata. Es interesante notar el contraste que hay entre el lino
fino mencionado aquí y el de la novia según (19:8).
Muebles fabricados con madera olorosa, marfil, metales, etc. Es probable que la
madera olorosa mencionada aquí sea el gálbano aromático, árbol de Cirene cuya resina es
uno de los ingredientes del incienso.
Canela, especias aromáticas, incienso, mirra y ungüentos. Aquí se ve que los ingredientes del
sagrado aceite de la unción son profanados por usos viles. Vino, aceite,
harina, trigo, animales, ovejas, etc.
Caballos y carros. Abundarán los vehículos más veloces en la tierra y en el aire.
Esclavos ("cuerpos") y almas de hombres.
A los traficantes de esclavos se les llama a veces "comerciantes de cuerpos", y Babilonia va a
tener su propio mercado de esclavos. Las mujeres venderán su cuerpo y los hombres venderán
su alma para la satisfacción de su concupiscencia. Indudablemente serán esclavos voluntarios,
atraídos por el esplendor y la influencia seductora de la ciudad de Babilonia. Sin embargo, en
el término de una hora todas esas grandes riquezas serán destruidas. Con
razón, los millonarios de la tierra, cuyo poder comercial venía del oro, la plata, las piedras
preciosas,
los animales, los esclavos y las almas, llorarán y se lamentarán por la destrucción de todas las
fuentes de sus riquezas. Toda la mercadería quedará completamente arruinada. Todo aquello
que alimentaba el orgullo y la prosperidad perecerá al movimiento repentino e inesperado de
la mano divina.
Como centro mundial de finanzas y comercio, Babilonia estará involucrada en un
intenso movimiento mercantil en los mares. Naves repletas de toda suerte de mercaderías
entrarán y saldrán de sus puertos. Los patéticos lamentos de los pilotos y marineros nacen
del hecho de que la desolación de Babilonia significa el fin del tráfico marino y por ende,
el final de su único modo de ganarse la vida (18:17-19). ¡Con razón, todos aquellos que se
han enriquecido por medio de las naves en el mar lloran, se lamentan y echan polvo sobre
sus cabezas! Su testimonio es el siguiente: "¿Qué ciudad era semejante a esta gran
ciudad?" Para todos los navegantes, nada se podía comparar con Babilonia. Ella era el
emblema del prestigio y el poder mundanos. Su influencia universal había sido
ganada a través de la política, la diplomacia y los medios deshonestos. Su dominio
se había extendido amplia y extensamente por medio de la espada y el dinero. Pero
toda esa grandeza inicua es barrida y destruida repentinamente por Aquél que es capaz
de lanzar a los poderosos de sus tronos de poder.
Al considerar conjuntamente las lamentaciones de los monarcas, los
mercaderes, los marineros y los músicos (18:22), nos damos cuenta del terror que
caracteriza al juicio de Babilonia.
El doble ay de los monarcas termina con la expresión: "En una hora vino tu juicio" (18:10).
Aquí nos damos cuenta de lo repentino de la acción divina. El golpe de venganza de la mano
del Señor será rápido e inesperado.
El doble ay de los mercaderes da su punto de vista sobre la ruina de Babilonia: "En una hora
han sido consumidas tantas riquezas" (18:17). Indica el desvanecimiento total
de toda prosperidad material orgullosa.
El doble ay de los navegantes nos describe otra fase de la angustia experimentada a causa de
la caída de la ciudad: "En una hora ha sido desolada" (18:19). Se encontraba
repleta de grandes riquezas en un momento, pero en pocos instantes fue dejada totalmente
despojada
de todas sus posesiones.
En la absoluta ruina que le sobreviene a la Babilonia literal (18:21-24), la
violencia destructora ejecutada por el ángel poderoso es descrita en las siguientes
palabras: "Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será
hallada." Esta es una frase que aparece seis veces en el Apocalipsis. La
desaparición de la ciudad es el cumplimiento de todas las declaraciones profélicas
que se refieren a su destrucción. Dos capítulos, Jeremías 51 y Apocalipsis 18, deben ser
estudiados y comparados cuidadosamente.
El fuego y el terremoto serán los medios por los cuales será destruida la ciudad
desde su
centro hasta las orillas, y esto ocurrirá sin previo aviso. (Compare Isaías 13:19 con Apocalipsis
18:8, 9, 18).
Debido a una visitación directa de Dios, Babilonia será destruida
completamente. Los mejores cantantes y músicos del mundo quedarán silenciosos, pues no
se oirá nada más que gritos de angustia y dolor. Los artistas que prostituyeron el
arte para perfeccionar la adoración sensual del cristianismo apóstala no podrán reparar el
mal. Ni siquiera la luz de una lámpara podrá encontrarse.
En esta notable sección del Apocalipsis nos encontramos con un excelente ejemplo
de la interpretación de las Escrituras por medio de las mismas Escrituras. Leemos
acerca de un poderoso ángel que toma una piedra, como una gran piedra de molino y la
arroja en el mar clamando:
Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será
hallada
(18:21).
Volviendo a Jeremías, vemos que Dios le da instrucciones al profeta para que ate al libro una
piedra y lo eche a la mitad del río Eufrates, y luego dice:
Así se hundirá Babilonia, y no se levantará del mal que yo traigo sobre ella (Jeremías 51:64).
Al estudiar la profecía de Daniel referente al último imperio mundial, observamos al profeta
prediciendo el momento en que es cortada una piedra, sin la intervención de la
mano del hombre. Esta destruye completamente la imagen que representa la gran era de
los gentiles (Daniel 2:44, 45). El mar es un símbolo de la intranquilidad y la turbulencia de
las naciones gentiles y sabemos que la "gran ciudad, Babilonia" es la expresión final de la
dominación de la monarquía gentil. Por esto no es difícil ver en Cristo la Piedra que sale de la
montaña de Dios para realizar la destrucción de la civilización pagana.
Comparando un pasaje bíblico con otro, podemos hacer un resumen de las diversas causas de
la ruina absoluta de Babilonia:
1. Por el orgullo de su corazón y por su posición (Isaías 13:19; 14:4;
Jeremías 50:29-34; Apocalipsis 18:7, 8).
2. Por la opresión y supresión de Israel (Isaías 14:2-22; Jeremías 51:24, 25).
3. Por su lujuria y sus deseos mundanos (Isaías 47:8-11; Apocalipsis 14:8; 18:3, 9).
4. Por sus hechicerías y su demonismo (Isaías 47:12, 13; Apocalipsis 18:2, 23).
5. Por la idolatría (Jeremías 50:2; 51:47; Apocalipsis 18:6-24).
6. Por la persecución de los santos (Apocalipsis 18:6-24).
Las Escrituras designan a Babilonia como sujeta a la venganza de Jehová, en vista de que es
prominente como enemiga y esclavizadora de su pueblo Israel. El martirio de los justos, que
empezara con la muerte de Abel y sigue aumentando en intensidad con el correr de los siglos,
llega a su punto máximo cuando se convierte en la concentración final de los martirios y el
centro de terror en Apocalipsis 17 y 18. Pero la destrucción de ambas Babilonias constituye la
venganza de la sangre de los santos y también la culminación de la ira de Dios (18:24).
La orden divina de destruir a Babilonia es seguida por un llamado divino a los santos para que
se deleiten en la destrucción total de dicha ciudad (18:20 — 19:6). La expresión
"Alégrate sobre ella" se usa en el sentido opuesto al regocijo de la compañía
de 11:10, donde observamos el gozo de los inicuos por la muerte de los dos testigos. Al
fin Dios ha dado su aprobación a este hecho celestial. Regocijarse por tan terrible
ruina no parecería muy celestial, pero la ejecución de la justicia divina siempre evoca
la aprobación del pueblo de Dios. El cielo se regocija por la venganza contra la gran
ramera y la bestia. Es aquí donde llegamos a entender algo sobre los salmos imprecatorios,
llenos de expresiones de gozo de parte de los santos por el juicio ejecutado sobe
los impíos. Una traducción literal del versículo 18:20 diría:
"Regocíjence sobre ella cielos y santos y ustedes los profetas, porque Dios ha llevado a cabo
el juicio que ustedes deseaban sobre ella."
En 18:24 vemos que la sangre de los profetas, de los santos y de todos los que
fueron martirizados sobre la tierra, clama por venganza. Tras la caída de Babilonia son
vindicados
todos los que han sido perseguidos. Este coro de aleluyas entre el primer juicio y el segundo
es una extensión del 18:20. Lo que les ha producido dolores y lamentaciones a los hombres
notables de la tierra, causa gran regocijo en el cielo. Es muy interesante notar que el primer
aleluya en el Nuevo Testamento es el que surge ante el juicio de la gran ramera (19:12). Los
cuatro aleluyas que pronuncian la gran multitud, los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos
constituyen una exclamación de victoria en la cual se atribuye alabanza y gloria a Dios. Al fin
llega la desolación eterna para Babilonia, tal como fue profetizada en el Antiguo Testamento
(Isaías 13:1-22; Jeremías 50:13, 23, 29-40; 51:26, 37, 62).
El humo que de ella sube por los siglos de los siglos es una señal de la ruina de Babilonia,
como testimonio permanente del justo juicio de Dios derramado sobre todas las fornicaciones
y la persecución contra el pueblo de Dios realizada por ella. El término "sube", con referencia
al humo del 19:3, viene de una palabra que tiene un significado diferente al que se da en el
caso del incienso de 8:4. Algunos escritores aseguran que el significado de este pasaje que
señala que el humo continúa subiendo por los siglos de los siglos, puede implicar que el lago
eterno de fuego y azufre estará expuesto a la vista de los moradores de la tierra en la nueva
creación después del milenio (Isaías 62:22-24; Apocalipsis 14:9-11).
La frase inicial del capítulo 19: "Después de esto", describe una
secuencia de acontecimientos y el punto culminante de los capítulos anteriores. Por fin,
la venganza de Dios entra en acción. La destrucción de Babilonia anunciada en 14:18 es
cumplida totalmente aquí. Las razones por las cuales son derramados los juicios de Dios se dan
en 15:3 y 16:7.

Al repasar brevemente esta sección de los aleluyas, la cual celebra la eterna y


definitiva ruina de Babilonia, nos damos cuenta de que la misma destrucción es
considerada desde puntos de vista distintos en el cielo y en la tierra. En la tierra se escucha
una lamentación de dolor y tristeza; en cambio en el cielo lo que se oye es
una exclamación de triunfo y alabanza. La bella palabra "aleluya" significa "alabado sea
Jehová", y ése es el sonido que se desborda en el cielo. Debe hacerse énfasis también en el
hecho de que en el original griego hay un artículo definido antes de cada una de las
posesiones divinas mencionadas en 19:1, como sigue:
• La salvación — liberación divina del juicio.
• La gloria — gloria moral divina en el juicio.
• El poder — la potencia divina manifestada en el juicio.
La base del triunfo de los redimidos y de los ejércitos celestiales es la verdad divina y la
justicia de Dios: "Sus juicios son verdaderos y justos." Un principio fundamental es que todos
los tratos de Dios con sus criaturas, ya sea en gracia o enjuicio, son realizados en medio de la
manifestación de sus atributos esenciales, tal como se ve en estos capítulos de juicio.
El segundo aleluya está relacionado con lo definitivo y perpetuo que es un juicio ejecutado
divinamente. Otros dos aleluyas incrementan el volumen de la alabanza. Dios es el Juez de
Babilonia, así como Cristo es el Juez de la bestia. Finalmente una voz angélica
exhorta a todos los siervos de Dios a que se unan en la alabanza antifonal a Dios, y sus voces
unidas son como el rugido estruendoso de muchas aguas. Del trono de Dios, el verdadero
centro y fuente
de toda acción judicial, sale el llamado a alabar al Señor Dios Todopoderoso:
"¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reinar"
Detengámonos a considerar este título dado a Dios: "El Señor nuestro Dios." Él es el Señor de
la creación, de la compasión y de la perfección. Él es nuestro Dios. Cuando el apóstol Juan
escribió estas palabras había cientos de dioses falsos en Roma, pero este es "nuestro Dios".
Este es el canto final en la Biblia y lo más correcto es que este sea el canto del triunfo total
de Dios sobre sus enemigos. Este canto tiene mucha relación con el primer canto
bíblico, especialmente el de Éxodo 15:11: "¿Quién como tú, oh Jehová?" Hay un
desafío en estos cánticos. En el Salmo 43:3, 10 la incredulidad pregunta: "¿Dónde está tu
Dios?" Esta es una pregunta que muchas personas se hacen hoy. Pero en aquel día
habrá gran estruendo y alboroto cuando todo el mundo reconozca que Dios está sobre su
trono y reina por toda la eternidad.
Nuestro Dios es todopoderoso; frente a Él no existe ninguna limitación. Esa es una de
sus atribuciones supremas. Ni el diablo ni ningún otro dictador puede
reclamar estas características; tampoco podrá reclamarlas el anticristo. La
omnipotencia le pertenece solamente a nuestro Dios. En Efesios 1:19, 20 el
apóstol Pablo escribe acerca de "la supereminente grandeza de su poder. . . la cual
operó en Cristo, resucitándole de los muertos
y sentándole a su diestra en los lugares celestiales." Entonces procede a hablar
de la supremacía de Cristo "sobre todo principado y autoridad".
El amor de Dios es tan omnipotente como eterno (Jeremías 31:3). Sus planes son también
omnipotentes; no pueden ser frustrados, no importa cuánto lo intenten los humanos
o las fuerzas malignas espirituales e invisibles. La voluntad de Dios también es
omnipotente. La voluntad de Dios es la fuerza más grande en todo el universo.
Nabucodonosor declaró, después de haber estado por siete años con los bueyes y
las bestias: "Él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la
tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?" (Daniel 4:35). Lo más
que podemos hacer en estos días de sufrimientos trágicos sobre la tierra es exclamar:
"¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios todopoderoso reina!"
Nuestro Dios ejerce dominio también sobre todo el universo. No solamente existe, sino que
existe y reina. Cuando nos enteramos de esta realidad suprema, todo lo demás no importa
nada. El trono de nuestro Dios está intacto; el apóstol Juan escuchó a una gran multitud que
decía: "Gócemenos y alegrémonos." A pesar de todo lo que está trayendo desolación y muerte
sobre los que moran en la tierra, mantengamos los ojos de nuestra fe puestos en el trono de
Dios, un trono que jamás podrá ser conmovido.
El capítulo 19 del Apocalipsis es un interludio en el cual Juan se desvía para
enfatizar la descripción de todo lo que oyó y vio como reacción del cielo ante la
manifestación de la venganza divina. En cierto sentido este es uno de los capítulos más
impresionantes de todo el Apocalipsis, pues empieza con el cielo abierto y Cristo
descendiendo como el Juez-Guerrero, para concluir con su tarea de juicio final. En el
bautismo de Jesús hubo un cielo abierto, y Ezequiel inició su ministerio en una
manera similar (Mateo 3:16; Ezequiel 1:1). En este paréntesis hay tres secciones
claramente marcadas:
• Los cuatro aleluyas (19:1-6)
• La cena de bodas del Cordero (19:7-10)
• El regreso del Redentor en gloria (19:11-21).
En cuanto a los cuatro aleluyas, es interesante notar que este es el único lugar en el cual se
usa esta palabra en el Apocalipsis. La repetida frase del Antiguo Testamento "Alabado sea el
Señor", viene de la palabra hebrea aleluya, un término favorito para los
judíos de la antigüedad. El primer "aleluya" o "alabado sea el Señor" se usa aquí para
celebrar el castigo
de Dios sobre los inicuos (Salmo 104:35), y los cuatro aleluyas surgen como respuesta a los
ejércitos celestiales y los santos de la tierra ante la destrucción de Babilonia.
Los dos primeros aleluyas son una extensión de la sección anterior, en la cual el
cielo se regocija por la caída de Babilonia. Vienen de un poderoso ejército
celestial que alaba y glorifica a Dios por sus juicios justos y verdaderos. El tercer aleluya
es prolongado por el eco
de los 24 ancianos y los cuatro seres vivientes, quienes agregan un fuerte amén a su tributo
de alabanza. El cuarto aleluya proviene de la multitud de la tierra y de la
creación al
bendecir éstos a Dios por su omnipotencia.
La fiesta de bodas del Cordero es una preciosa revelación de Dios a los corazones
de sus hijos. ¡Qué gran momento será aquél cuando "la Iglesia de los primogénitos"
se una para siempre con Aquél que la redimió con su propia sangre! Esa será la
fiesta de bodas del Cordero. Nuestra presencia allí será posible solamente por su gracia,
y únicamente aquellos que hayan sido lavados por la sangre del Cordero estarán
presentes en esa celebración nupcial.
Esta cena será de delicias, mientras que "la cena del gran Dios" (19:17) será de destrucción.
En esta última cena las aves de rapiña vendrán y comerán carne de reyes, mientras que en la
cena de la boda del Cordero los santos comerán con Cristo, el Rey de reyes. Nuestros bellos
vestidos de bodas representan la justicia, que el Cordero atribuye e imparte a sus santos.
En cuanto al regreso del Redentor en gloria, no hay ninguna duda sobre quien será el jinete
del caballo blanco. Sus nombres corresponden a todo lo que Él es en sí mismo, y también a la
naturaleza de sus juicios. Él es llamado:
• Fiel y verdadero
• El Verbo de Dios
• Rey de reyes
• Señor de señores.
Las diademas que ciñen su frente son diademas reales, totalmente diferentes en carácter a
las coronas falsas que lleva en la cabeza el anticristo. En cuanto a ia
conmovedora frase "vestiduras teñidas en sangre," entendemos que se refiere a la
sangre de los enemigos de Cristo, los que no han sido lavados en la sangre del Calvario.
Uno de los nombres de Cristo, EL VERBO DE DIOS, ofrece uno de los más fuertes argumentos
a favor de su encarnación (Juan
1:1-3, 14). Jesús mismo es la revelación definitiva y perfecta de Dios (Hebreos 1:1-4).

2. El juicio de reyes y ejércitos (19:17, 21)


1.a promesa y la profecía dadas a Cristo por su Padre fueron que cuando Él viniera
para reinar, sus enemigos serían desmenuzados (Salmo 2:9). Aquí en la batalla del Armagedón
con
su carnicería, se ve el cumplimiento de la terrible profecía concerniente a la catástrofe que
desmoronará los poderes gentiles en el mundo entero. Tenemos ante nosotros el día terrible
del Señor predicho por los profetas (Joel 2:11; Miqueas 1:6). También debemos considerar en
relación con esto aquellos dos capítulos que tratan acerca del período final del
dominio gentil: Ezcquiel 38 y 39.
En la reunión para la cena del gran Dios, Juan nos presenta un cuadro claro y
fuerte del campo de batalla después de la victoria de Cristo: "Un festín sacrificial ofrecido en
la mesa de Dios para todos los buitres de la tierra." (Para una descripción de los hábitos de
los buitres, vea Maleo 24:28). En este terrible conflicto hay algunos contrastes muy
interesantes que deben ser considerados.
Las aves del cielo se comerán la carne de los hombres grandes y poderosos de la tierra. Para
hacer frente a los ejércitos de la bestia y de los reyes de la tierra, aparecen las huestes de
aquel jinete que cabalga en su caballo blanco. No hay ni asomo de duda de lo que resultará
(19:14-19). Aun los pocos que escapen de aquí, serán capturados por Aquél que está sentado
sobre su caballo blanco. En contra de los desesperados esfuerzos de Satanás por destruir al
resto de los judíos, Dios protegerá al remanente de la simiente de Israel (12:17), mientras
que los pocos que hayan quedado de los ejércitos de los reyes no serán protegidos por nadie,
sino que serán destruidos por la venganza del Rey de reyes.
3. La condenación de la bestia (19:20; 20:10)
Por fin este "desolador" (Daniel 9:27), la "abominación desoladora" (Maleo 24:15) y "hombre
de pecado" (2 Tesalonicenses 2:3-10) recibirá su recompensa por el odio diabólico
que ha desplegado contra Dios y contra sus santos. Como el último y el más
terrible de todos los tiranos de la tierra, recibirá su castigo bien merecido. Leemos: "La
bestia fue apresada." Esta expresión es distinta a otras expresiones griegas. Tiene el
sentido de tomar por la fuerza, prender (como lo hace un policía cuando captura a un
criminal y lo lleva obligadamente y por
la fuerza a la prisión). ¿Quién es ese que captura a la bestia y su compañero de crimen, el
falso profeta? ¡Nada menos que el poderoso y triunfante Hijo de Dios, el que tiene ojos como
llama de fuego, que irradian su justo enojo!
"Estos dos serán lanzados vivos a un lago de fuego que arde con azufre" (19:20). A estos no se
les permite morir ni ser inmolados (como ocurre con sus aliados), sino que son lanzados vivos
al castigo eterno. Los tres jóvenes hebreos del libro de Daniel fueron lanzados vivos al horno
ardiente, pero Dios detuvo la acción del fuego y preservó con vida a los tres
valientes
jóvenes. En cambio, la bestia y el falso profeta son echados vivos al lago de fuego del cual
nunca se podrán librar.
En lo que respecta al lago de fuego, no pretendemos saber todo lo que está implicado en
dicho castigo eterno. Suponiendo que el lenguaje sea simbólico, la realidad tendría que ser
mucho más terrible que la Figura presentada aquí. Jesús era un predicador que hablaba del
fuego del infierno. Para Él, el castigo eterno era una terrible realidad y no le agradaba nada
el sufrimiento eterno de los pecadores. Él dio su vida en la cruz para que los hombres
no tengan que ser condenados, sino que tengan vida eterna. Es nuestra tarea urgente exhortar a
los perdidos a huir de la ira que vendrá.
4. El juicio del falso profeta (19:20; 20:10)
Estos dos poderosos y perniciosos aliados que se unieron una vez en una lucha inicua contra
Dios, ahora van también unidos hacia un mismo castigo. Aunque será responsable de asesinato
y persecución contra las multitudes que no querrán adorar a la imagen de la bestia, al falso
profeta no se le permitirá morir. Ni su pretendido poder de obrar milagros lo podrá librar de
ser lanzado vivo al lago de fuego. No cabe duda de que el castigo eterno del falso profeta
será terrible, debido a su fingimiento religioso. La condenación de la bestia y
del falso profeta representará el final de las falsedades políticas y de un falso sacerdocio.
Estos dos personajes sufrirán juntos, porque pelearon juntos contra el Cordero.
5. El juicio del diablo (20:1-3, 10)
Por fin la cabeza de la serpiente es totalmente aplastada (Génesis 3:15). La victoria ganada
sobre el diablo en el Calvario al fin es puesta en total operación. El que fue una vez lanzado
del cielo por su rebelión y luego echado del aire a la tierra (12:9), ahora es lanzado al abismo
sin Fin por mil años (Apocalipsis 20:3). Su libertad de andar alrededor viendo a quién devorar
(1 Pedro 5:8) será abolida cuando un ángel del cielo lo encadene y lo ate, confinándolo al
abismo por un milenio. Juan dice que el dragón fue aprisionado "para que no engañe más a las
naciones hasta que mil años sean cumplidos".
Los mil años de permanencia de Satanás en el abismo no producirán ningún cambio en
su malévola personalidad. Cuando sea nuevamente suelto, demostrará que sigue siendo el
mismo diablo antiguo. Pero mientras él se encuentre atado, la tierra respirará un aire más
puro y el reino milenial de Cristo hará que la tierra se cubra de paz y justicia, como las aguas
cubren la mar. Seis veces se menciona la frase "mil años", y este período será la
época gloriosa del establecimiento del reino de Cristo predicha por los profetas, por
Cristo mismo y por los apóstoles.
Después de su obra postmilenial de engañar y seducir, el diablo será lanzado (como se indicó
anteriormente) "al lago de fuego y azufre" en donde se reunirá con sus frustrados seguidores,
que ya habrán experimentado las mismas llamas por mil años. Allí entrará
para sufrir juntamente con ellos el tormento eterno (20:10). Al fin la trinidad satánica,
que ha estado tratando de imitar a la trinidad divina, recibe su castigo implacable. El
diablo, la bestia y el falso profeta quedarán confinados eternamente al lago de fuego y
azufre. ¡Con cuánta razón
el diablo trata de hacer que la gente no lea este último libro de la Biblia, fuerte y claro en
describir su merecida ruina y su castigo! No quiere que aquellos a quienes él ha engañado,
sepan cuál será su terrible futuro.
6. La condenación de Gog y Magog (20:7-9)
La mención de Gog (el príncipe) y Magog (la tierra) nos lleva a Ezcquiel 38,
donde Gog representa a todas las naciones que forman la gran confederación del norte.
Llegamos ahora a
la revuelta final de las naciones y su destrucción. Algunos se preguntan por qué soltará Dios a
Satanás del abismo sin fin después del glorioso reino milenial de Cristo, durante el cual este
león rugiente ha estado encadenado. ¿Por qué soltar al diablo, aunque sea por
un breve período, para que forme una revuelta? La única respuesta es que el Señor quiere
probar hasta dónde llega la depravación de la humanidad.
Cualquiera supondría que después de mil años de disfrutar de ese bendito y glorioso reino de
Cristo, nadie en la tierra querrá hacer guerra contra Dios. Pero así como Adán pecó
en el ambiente más perfecto del huerto del Edén, así también grandes
multitudes de estos participantes del milenio se rebelan contra Cristo a pesar de
la paz y la abundancia que
acompañarán al gobierno del Rey. Por supuesto que Él los gobernará con vara de hierro y ellos
se postrarán ante Él. Sin embargo, su respuesta instantánea al llamado de Satanás demuestra
que esa obediencia a Cristo era fingida. Reconocían el poder de Cristo y se doblegaban ante
Él, sólo porque tenían que hacerlo.
Pero el juicio será tan instantáneo como la revuelta de las naciones de los cuatro ángulos de
la tierra; descenderá fuego de Dios desde el cielo y devorará a las multitudes (20:9). El fuego,
como sabemos, está relacionado con todos los juicios de Dios, incluso el juicio
de los creyentes ante el trono de Cristo (en el cual nuestras obras tendrán que ser
probadas por fuego: 1 Corintios 3:13). En este conflicto final no habrá batalla;
no se peleará. Dios Todopoderoso, que es fuego consumidor, destruirá
instantáneamente a las engañadas y embrutecidas naciones. El último ataque del
hombre contra Dios y contra "el campamento de
los santos sobre la santa ciudad" termina en un completo fracaso, y el infierno
abrirá su
gigantesca boca para tragarse las hordas terrestres que el diablo haya engañado y conducido a
la revuelta. ¡Por eso leemos después acerca de una tierra nueva libre del diablo para siempre!
7. La condenación de los perdidos (20:11-15)
Los tribunales de justicia de la tierra han presenciado algunas escenas tensas y
terribles, pero aun los juicios más famosos palidecen en significado al ser
comparados con las asombrosas escenas del juicio final que estamos a punto de
considerar. Antes de entrar a estudiar el sombrío escenario de este gran juicio,
familiaricémonos con el lenguaje usado en
la narración.
Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde
estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los
siglos. Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron
la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y
pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el
libro de la vida; y fueron ju/gados los muertos por las cosas que estaban escritas en los
libros, según sus obras.
Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos
que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron
lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro
de la vida fue lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 20:10-15).
Este juicio tendrá lugar después del milenio y la condenación final de Satanás, y después de
que hayan sido desechados los cielos y la tierra actuales. Será el más solemne y terrible que
jamás se haya visto. Por fin llega el momento en que el Juey. eterno arregla
todas las cuentas. Después de eliminar a Satanás, el dios de este siglo, Cristo ahora se
prepara para tratar con todos los pecadores de este mundo. Aquí llega al Fin del mundo,
porque la creación huye de delante de la faz de Aquél que está sentado sobre el
trono. Hay muchos que se refieren a esto como un juicio "universal", pero el
Apocalipsis no habla de ningún juicio "universal". Todo juicio descrito aquí es particular.
En este juicio no comparecerán todos los hombres de toda la historia de la humanidad. Aquí
sólo estarán los impíos muertos, así como ante el juicio de Cristo sólo comparecerán los
creyentes.
La visión de Juan se divide en dos partes, indicadas por la frase "Y vi"
• 20:11 — Y vi al trono y a su Juez
• 20:12-15 — Y vi a los muertos y su juicio.

A. El trono del juicio


Este libro tan especial que es el Apocalipsis, es un libro de tronos y juicios. En
19:11-21
tenemos el juicio de Cristo contra las personas vivas. Aquí en 20:11-15 aparece el juicio sobre
los muertos. En 4:2 vemos el trono desde donde es gobernada la tierra. Mateo 25:31 nos habla
del "trono de su gloria", el cual está relacionado con el juicio de Cristo sobre las
naciones vivas. Pero entre todos los tronos de las Escrituras, el que se conoce como
"el gran trono blanco" es el más terrible y severo.
¿Qué clase de trono es este que no será establecido ni en la tierra ni en el cielo? No es el
trono de un soberano a punto de reinar y dar órdenes, sino el de un juez que está a punto de
pronunciar juicio sobre los culpables. Es un trono establecido con un propósito específico; no
es un trono permanente, porque deja de operar tan pronto como son aplicados los
juicios sobre los condenados. En este trono las posiciones serán opuestas a las del juicio de
Pilato. Allá el Creador fue juzgado por una criatura, pero ahora, la criatura
comparece ante el Creador para recibir su sentencia. En la sala de Pilato, Dios
permanece callado ante el hombre; pero aquí, el hombre queda ep silencio
delante de Dios. Aquél que un día fue condenado ante un tribunal de la tierra, ahora
será quien tendrá que decidir los destinos de
la raza humana y revelar los principios del gobierno divino.
Por haber rechazado la gran salvación ofrecida por Cristo, ahora los pecadores tienen que
comparecer ante el gran trono blanco. Este será un trono grande por muchas razones:
• Por la dignidad del juez mismo.
• Por la grandeza e inigualable solemnidad de la ocasión.
• Por lo grandioso de la escena: aquí amanece la eternidad.
• Por las eternas consecuencias del juicio.
• Por los grandes destinos determinados allí.
El color blanco del trono corresponde a la personalidad del que lo ocupa. Él es
quien "ha dispuesto su trono para juicio. Él juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos
con rectitud" (Salmo 9:7, 8). El infinito ante quien los finitos deben comparecer, es santo y
justo en "el día
de la ira y el justo juicio de Dios" (Romanos 2:5). No se tratará a nadie con
injusticia o ingratitud, como le sucedió a Él a manos de Pilato. La blancura del trono simboliza
la pureza
y rectitud de los juicios del Juez. Aquí vemos el fulgor de la santidad, justicia y
pureza
divinas. ¡Cuan terrible será para los pecadores tener que enfrentarse al resplandor irresistible de
la presencia del Señor!

B. El Juez
El Juez es el Señor nuestro Dios, el Salvador, quien declaró que su Padre le había dado toda
"autoridad de ejecutar juicio" (Juan 5:27). En vista de que la salvación fue planeada por Dios,
adquirida por Cristo y aplicada por el Espíritu Santo, es probable que las tres Personas de la
Trinidad estén presentes en el juicio de aquellos que hayan menospreciado tal salvación. Sin
embargo. Cristo será quien pronunciará el solemne juicio contra los perdidos. (Vea Juan 5:22;
Hechos 10:42; 17:31; 2 Timoteo 4:2.)
Con sus ojos como llamas de fuego, Cristo escudriñará y abrasará a los que estén frente a Él
(1:14; 19:12). Todo y todos se marchitarán ante su penetrante y ardiente mirada de justicia y
juicio. Esos ojos no parpadearán con misericordia en esos momentos, porque con
ilimitada majestad, el dueño de esa mirada penetrante ha adquirido el derecho de disponer
del destino
de sus voluntariosas criaturas. Puesto que el Juez es el justo, su juicio estará de acuerdo con
su naturaleza. "¿El juez de toda la tierra, no hará lo que es justo?" Por supuesto que sí lo hará,
como lo hace siempre. "Con justicia juzga y pelea." "Tus juicios son verdaderos y
justos" (Apocalipsis 19:11; 16:7).
La mención del rosfo del Juez es digna de notarse. En 12:13-16 Israel se ve forzado a huir
"delante de la serpiente", pero aquí "la tierra y el cielo" tienen que huir de delante del rostro
del Señor, que es ahora el juez. Una vez ese rostro fue escupido, abofeteado y desfigurado,
pero ahora luce adornado con una temible majestad. Y será en este rostro donde los inicuos
verán su terrible sentencia de condenación.
¡Cuan diferente será la mirada de la Iglesia hacia aquel rostro! "Y verán su
rostro, y su nombre estará en sus frentes" (22:4). Los santos del Señor tendrán el honor de
participar en el juicio. "Para ejecutar en ellos el juicio decretado; gloria será esto
para todos sus santos. Aleluya" (Salmo 149:9; compare con 1 Corintios 6:2, 3).
C. El juicio
Los tribunales de los países democráticos tratan de ofrecer a los criminales un juicio justo.
Este tribunal del cielo no se ha establecido para discutir sobre los pros y los contras en el caso
de un pecador, sino para llevar a cabo una sentencia ya declarada. Los incrédulos del mundo
de hoy ya están condenados, porque no han creído (Juan 3:18). En aquel día los
muertos resucitarán y comparecerán ante el juez, no para juicio que compruebe su
culpabilidad o su inocencia, sino para recibir la ratificación de una condenación ya
pronunciada.
El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha
creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios (Juan 3:18). El que cree en el Hijo tiene vida
eterna; pero el que rehusa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre
él (Juan 3:36).
Este juicio es llamado "eterno" (Hebreos 6:2), porque sus consecuencias son
eternas. También sirve como garantía de que el pecado nunca invadirá la nueva creación de
Dios. El cristiano se regocijará al saber que no tendrá que enfrentar jamás tal condenación:
"Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Romanos 8:1).
Por haber aceptado a Jesús, que llevó nuestra condenación, y haber permanecido en Él,
somos salvos del pecado y de su justo castigo.
D. Los juzgados
Son varios los objetos de juicio que se mencionan en el terrible relato del juicio del gran
trono blanco, y es muy importante notar sus respectivos juicios.
La tierra y los cielos. Ocurrirá una desaparición instantánea de la antigua creación, porque el
que está sentado en el trono fue su Creador. Por eso mismo, obedece inmediatamente a su
mandato. ¿Por qué se desvanecerá la tierra? Porque fue el escenario del pecado y la rebelión,
y sobre ella se derramó la sangre del Juez. Los hombres se aferraron a ella por muchos siglos,
pero aliora desaparece. ¿Por qué desaparece el cielo también? Los cielos aéreos no pueden
permanecer porque fueron contaminados por Satanás, el príncipe de la potestad del
aire.
¿Cómo pueden permanecer los cielos si no son puros ante Dios? Entre las nuevas erial uras
tendremos los nuevos cielos y la tierra nueva (Apocalipsis 21:11). (Vea también Isaías 65:17;
66:22; 2 Pedro 3:7, 10-13; Hebreos 1:10-12).
Los ángeles caídos. Como ya se decidió la suerte del principal rebelde (20:10), Cristo procede
ahora a tratar con todos aquellos sobre quienes influyó Satanás. Si bien no tenemos pruebas
en esta narración de que las huestes satánicas hayan de comparecer ante este trono, creemos
que será en esta ocasión cuando serán juzgados todos los espíritus malignos. "Y a los ángeles
que no guardaron su dignidad sino que abandonaron sus moradas, los ha
guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día" (Judas 6). Si,
como Pablo afirma, nosotros hemos de juzgar a los ángeles (es decir, a los caídos), entonces
tal parece como que
los santos estarán en este tribunal realizando una labor judicial. No es difícil entender por
qué Satanás aborrece tanto el Apocalipsis y lucha por hacer que los creyentes no lo lean ni lo
estudien. Él no quiere que sepamos cómo va a ser su terrible juicio, y el severo castigo que
les aguarda a sus aliados angélicos y humanos.
Los muertos. En este grupo debemos agrupar a todos los muertos en pecado, ya
sea que estén muertos espiritual o físicamente. Los impíos que estén en la tierra en estos
momentos serán transferidos inmediatamente a este juicio, mientras que los muertos que se
encuentren
en el infierno serán levantados para que comparezcan con los otros ante este tribunal. Aquí
comparecen ellos como prisioneros, esperando su sentencia de condenación eterna.
Los muertos en Cristo fueron resucitados cuando el Señor regresó por su Iglesia (1
Tesalonicenses
4:16, 17). Pero esta resurrección no será "de entre los muertos" (para los creyentes), sino la
resurrección de todos los muertos impíos para su juicio final. Todos los que
murieron en pecado antes de que Cristo viniera al mundo serán juzgados de
acuerdo al libro de la ley (Romanos 2:12; 3:19). Todos los que murieron después de
Cristo serán juzgados de acuerdo con el Evangelio eterno. No se verán allí infantes
ni débiles mentales, porque ellos no tuvieron conciencia de responsabilidad. Por esto,
la sangre de Cristo, que cubre el pecado adánico, garantiza su presencia en el cielo.
Ante este trono terrible comparecerán pecadores de todas las categorías, como se indica en
la frase "grandes y pequeños", expresión que aparece cinco veces en el
Apocalipsis.
Actualmente existen varias clases y distinciones, sociales y raciales. Pero toda distinción será
eliminada cuando el Juez se siente en su trono, porque no hay acepción de personas en Él.
Los grandes y poderosos, igual que los pobres y los insignificantes, entrarán al lago de fuego y
azufre.
Los cobardes. Estos son los que vivieron en la tierra llenos de temores. Siempre
tuvieron miedo de confesar a Cristo, de identificarse con el Evangelio y vivir para el Señor. Les
fallaba
el corazón debido al miedo. Aunque quizá fueran valientes y fuertes en otros
aspectos, cuando se trató de recibir a Jesucristo como su Salvador, fueron cobardes.
Los incrédulos. Aquí tenemos a la clase más numerosa, que se encuentra en todos los grupos
sociales. Jesús mismo declaró que los que andan por la senda ancha son muchos. Es
triste pensar que la mayoría de los seres humanos son incrédulos. Muchos de nuestros
centros de educación secular producen paganos pulidos. La mente natural simplemente no
está dispuesta
a recibir y creer el mensaje del Salvador crucificado y resucitado.
Los abominables. En este grupo se encuentran todos los moral y físicamente
depravados. Aquí se ve nuevamente la corrupción de los días de Noé. Las guerras han dado
oportunidad de que se liberen distintas clases de pecados detestables.
Los homicidas. Las estadísticas nos informan que los homicidios están aumentando.
Jesús llamó a Satanás homicida. Él es el padre de todos los que destruyen las vidas de otros.
¡Qué día tan terrible el que les aguarda a todos los asesinos y verdugos del mundo que han
matado
a hombres, mujeres y niños inocentes!
Los fornicarios. La Escritura usa la palabra "fornicación" para referirse a la
inmoralidad sexual de toda clase. El adulterio, el incesto y la idolatría son considerados como
fornicación (Mateo 5:32; 1 Corintios 5:1; 2 Crónicas 21:11). También las
doctrinas no bíblicas se consideran como fornicación espiritual (Apocalipsis 19:2).
Los hechiceros. Anteriormente hicimos mención del hecho de que esta
palabra está conectada con la palabra "farmacia". En el pasado las drogas
jugaban un papel muy importante en la hechicería. Una vez más nos
encontramos en una sociedad alcohólica, drogada y esclava de toda clase de
estimulantes y calmantes. En esta categoría podemos colocar a todos los que se
identifican con el espiritismo y el demonismo.
Los idólatras. La interpretación general de esta clase es que représenta a los
paganos adoradores de ídolos de madera o de piedra. Sin embargo, no todos los
idólatras están en África o en la India; hay incontables multitudes de idólatras alrededor de
nosotros en nuestros países "cristianos". Estos se adoran a sí mismos, su dinero, sus negocios,
sus deportes. ¿Que es
un (dolo? Un ídolo es cualquier cosa o persona que toma el lugar de Dios en la vida de un
individuo.
Los mentirosos. Toda clase de mentirosos deberán comparecer ante el trono
de Dios. Satanás, el padre de la mentira, ya estará en el lago de fuego, y ahora sus hijos van
al mismo lugar. Todos los que niegan o contradicen a Dios y a su Palabra son mentirosos.
Ninguno de los condenados podrá apelar en contra del juicio que pesa sobre ellos.
Todos estarán totalmente conscientes de su culpabilidad. Si bien los castigos serán
proporcionales
en intensidad, es decir, según la culpa de cada uno, la duración del castigo será por toda la
eternidad en todos los casos.
El mar. Al describir la nueva creación, Juan declara que el mar no existe más. Esto era muy
significativo para Juan, quien en su prisión de Palmos sabía que el mar Egeo lo separaba de
aquellos a quienes deseaba ver y ministrar. Pero, ¿cual es el sentido total de la frase
que indica que el mar entregará a los muertos que están en él? ¿Debemos interpretar aquí
"mar" como símbolo de la intranquilidad y agitación de la humanidad, y por tanto, un
anuncio de que las masas y todos los alborotadores serán apaciguados en el juicio? ¿O
debemos aceptar la interpretación común: que todos los que han muerto ahogados en el mar
deberán salir de su tumba submarina? A nuestro parecer la siguiente frase, la cual indica que
"la muerte" entregó "los muertos" que estaban en ella incluye a todos los que han muerto y
han sido sepultados en
la tierra y en el mar.
George Pember, en su interesante libro Earth's Earliest Ages (Las edades primitivas
de la Tierra), sugiere que el mar es la prisión de un vasto número de demonios
que siguieron a Satanás en su expulsión del cielo, y quienes, cuando fue
formado el mar, quedaron aprisionados en él. Es probable que a estos se refiera el
versículo 6 de Judas al indicar que Dios "los ha guardado en obscuridad, en prisiones eternas,
para el juicio del gran día". Cuando pasen el cielo y la tierra, también el mar
pasará. Por lo lanío, todos los seres que se encontrasen allí tendrían que comparecer
ante el que creó los mares.
La muerte y el infierno. La muerte o la tumba encerraba los cuerpos de los
perdidos, mientras que el Hades encerraba sus espíritus. Ahora se unen los espíritus a los
cuerpos y en esos cuerpos eternos de perdición y en esos espíritus eternos de
condenación salen a la muerte de la muerte. Pronto este monstruo será
destruido: "El último enemigo en ser destruido será la muerte." El Hades o infierno es
la morada actual de los pecadores muertos. Pero esa habitación temporal desaparecerá y en
su lugar existirá el lago de fuego, que será un sitio de sufrimientos terribles y eternos. Se
habla de esta resurrección como de vergüenza y confusión perpetua (Daniel 12:2); de los
injustos (Hechos 24:15); de condenación (Juan 5:29).
¡Cuan diferente será la resurrección de los creyentes cuando Cristo venga por su Iglesia! (Vea
1 Tesalonicenses 4:16, 17; Eilipenses 3:21; 1 Corintios 15.)
La muerte y el infierno siguieron inmediatamente a sus anteriores ocupantes en el lago de
luego (Apocalipsis 20:14). Puesto que existen como consecuencia de la
introducción del pecado en el mundo por obra de Satanás, ahora lo siguen al lugar de
eterna condenación. Ya que las llaves del infierno y de la muerte cuelgan del cinto de
Cristo, Él puede actuar como quiera con ellos. "Yo soy. . . el que vivo y estuve muerto; mas
he aquí que vivo por los siglos
de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades" (Apocalipsis 1:17, 18) El lago
de fuego viene a ser el depósito final de todos los que fueron desobedientes a Dios y Cristo
Jesús. El terrible nombre "lago de fuego" aparece cinco veces en el Apocalipsis, y debiéramos
considerar el significado de esta morada final de Satanás, la bestia y el
infierno.
¡Indudablemente, tan terrible expresión nos hace ver que este indescriptible
castigo es eterno y definitivo!
Hay quienes aseguran que aquí el lenguaje es figurado solamente y que no se refiere a llamas
verdaderas. Si esto es así, entonces la realidad simbolizada debe ser aún más terrible que la
figura. "Hay que recordar," dice Broadus, "que el lenguaje puede ser altamente figurado sin
ser ficticio. Solamente es necesario entender qué se quería decir con las figuras
de las Escrituras, y dicho significado será tan real y verdadero como si se dijera en lenguaje
común y corriente. De manera que el fuego que nunca se apaga puede ser
considerado como una figura, si asi se prefiere; sin embargo, siempre significará que en el
infierno habrá algo tan terrible como el fuego; tan cruel y atormentador como lo es el
fuego al cuerpo material. Es más: la realidad del infierno, como la del cielo,
sobrepasa enormemente a los cuadros imaginativos que las cosas y figuras terrenales
puedan evocar." A esto podemos agregar el hecho de que Cristo jamás hizo una falsa
amenaza, de modo que al hablar del fuego eterno.
Él estaba previniendo al hombre contra un castigo real descrito con unas figuras tan vivas,
que indican el más extremo sufrimiento.
Este juicio de fuego fue preparado para el diablo y sus ángeles:
"Entonces dirá también a los de la izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego
eterno preparado para el diablo y sus ángeles" (Maleo 25:41). Ellos serán los primeros en
sufrir el tormento de las llamas.
El lenguaje usado para describir la morada eterna de los perdidos es
suficiente para horrorizar el corazón del pecador. El lago de fuego; la muerte segunda;
tinieblas; abismo y obscuridad para siempre; llanto y crujir de dientes. La enseñanza de
Cristo indica claramente que el tormento será eterno (Lucas 16:24-26). En el lago de
fuego los condenados estarán totalmente conscientes, lo cual hará su angustia más intensa
aún. No existe un purgatorio, ni medio de escape alguno. "Además de todo esto, una gran
sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera (pie los que quisieren pasar de aqui
a vosotros, no pueden, ni de allá pasar para acá" (Lucas 16:26). Todos los condenados serán
atormentados para siempre jamás (Apocalipsis 20:10).
La repetida frase la muerte segunda se explica muy fácilmente. La primera muerte es física:
la separación del espíritu y el cuerpo. La segunda muerte es eterna: la separación definitiva
entre espíritu y Dios. Esta segunda muerte no tendrá potestad sobre los salvos (Apocalipsis
20:6). Donaid G. Barnhouse, en su libro God's I.ast Word (La última palabra de Dios) afirma:
"Como para darles una palabra final de consolación a aquellos cuyos nombres están escritos
en el libro de la vida del Cordero y a la vez, una palabra final de advertencia a aquellos que
no conocen a Dios, se presenta una vez más la distinción: ''Todo aquel que no fue
hallado
inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.' "
E. Los libros del juicio
Ahora llegamos a la complicada cuestión de los diversos registros que según la declaración de
Juan están delante del Juez cuando Él juzga a los condenados que estarán de pie delante del
trono. "Los libros," "otro libro," "el libro de la vida" y "el libro de la vida del
Cordero" son términos que deben ser distinguidos e interpretados.
"Los libros" (20:12) es una expresión que implica la existencia de más de un registro en el
cielo. Se puede entender claramente que son el registro de las obras de todos los que están a
punto de ser juzgados. "Y fueron juzgados los muertos por las cosas que están escritas en los
libros, según sus obras" (Apocalipsis 20:12). El Señor mantiene un registro fiel de todos los
pensamientos, obras y palabras de los pecadores. Nada es tan insignificante como para que no
sea registrado.
Este no será un juicio general; los méritos de cada persona serán considerados: "cada uno
según sus obras". El rico de Lucas 16, cuando murió y fue al Hades,
clamaba: "Estoy atormentado en esta llama." Pero Abraham respondió: "Hijo,
acuérdale." Entonces el rico empezó a recordar las oportunidades pasadas y perdidas.
Recordó lo que Moisés y los profetas habían dicho. Se acordó del mensaje de la Santa
Palabra de Dios. ¡Se acordó, pero ya era demasiado tarde!
Aunque una persona tenga un buen historial de vida, es evidente que lo único que realmente
cuenta es si Cristo ha inscrito su nombre en "el libro de la vida" (Apocalipsis 20:12). "Pero no
os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres estén
escritos en los cielos" (Lucas 10:20). La base para la condenación no es que haya ausencia de
obras, sino que sus nombres estén ausentes. "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y
entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7:22,
23).
Cristo ejerce autoridad sobre este registro, como se indica en Apocalipsis 3:5. (Vea también
13:8; 21:27). El libro de la vida del Cordero es el registro dorado de aquellos que pertenecen
al Señor. Esos nombres fueron escritos en estos libros mucho tiempo
antes de los acontecimientos del gran trono blanco. Donaid G. Barnhouse señala
los puntos siguientes sobre los diversos libros que hay en el cielo:
"Los libros" es un plural. Hay más de un libro en los registros que se llevan en el cielo. Hay
por lo menos dos libros relacionados con los que han creído en el Señor Jesucristo. Existe uno
que es el rollo de los escogidos en Cristo y es conocido como "el libro de la vida del Cordero"
(Apocalipsis 21:27) o simplemente "el libro de la vida" (Filipenses 4:3; Apocalipsis 13:8). De
esto estaba hablando el Señor Jesucristo cuando les dijo a sus discípulos
que debían regocijarse de que sus nombres estuvieran escritos en el cielo (Lucas 10:20).
Hay otro libro que también tiene que ver con los creyentes. Contiene el registro de todos sus
pensamientos
y meditaciones relacionadas con su Señor. Esto lo leemos en el bello pasaje de Malaquías 3:16
que dice: "Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová
escuchó y oyó, y fue escrito libro de memorias delante de Él para los que temen a Jehová, y
para los que piensan en su nombre." Es muy posible que este libro sea el que
contiene la diferencia entre aquellos que son salvos y reciben la recompensa y la corona y
aquellos que son salvos como por fuego, cuyas obras serán quemadas (1 Corintios 3:14, 15).
En el pasaje que estamos considerando en el Apocalipsis se hace evidente que también hay
libros que tienen que ver con los no salvos... El más fácil de describir es el libro que recoge la
vida y las obras de los que no serán salvos. Aquí leemos en términos nada dudosos que las
obras de los incrédulos están registradas en los cielos. Cómo se realiza todo
esto, no pretenclemos saberlo ni nos arriesgamos a adivinarlo. Está en el secreto
de Dios, pero no resulla difícil creerlo, ya que los mismos hombres han alcanzado la
capacidad de grabar en discos grandes sinfonías y elocuentes discursos, y han podido
reducir enormes bibliotecas y
conservarlas en microfilms. Aquí se nos presenta una realidad. Dios la declara. El incrédulo
puede mofarse de ella, pero por este mismo registro tendrá que ser juzgado.
Tal parece que en el "libro de la vida" habrá algo así como el registro de un censo, en el cual
se encontrarán todos los nombres de los humanos que han existido, y que los nombres de los
que no han creído en Cristo serán borrados del libro, dejando la lista de los
escogidos en
Cristo. Ya hemos visto (Apocalipsis 3:5) que una de las promesas hechas a los que vencieren
es que sus nombres nunca serán borrados del libro de la vida. Esto indicaría que algunos si
han sido borrados; indudablemente, son los nombres de los perdidos. Esto se indica con mayor
énfasis en la declaración que se hace en el último párrafo de la Biblia (Apocalipsis 22:19). Los
nombres de aquellos que quiten algo de la revelación de Dios en las Escrituras, serán quitados
a su vez del libro de la vida.

Las Siete Cosas Nuevas


Apocalipsis 21:2 - 22:1

Un cielo nuevo | Una tierra nueva | La nueva Jerusalén | La nueva comunión


|
El nuevo templo | La nueva luz | El nuevo Paraíso |
Cuando Satanás y los pecadores hayan sido echados de la tierra, cuando la
muerte y el infierno hayan sido derrotados y Cristo haya sido reconocido y venerado
como el Señor de todos, dará inicio una nueva era en la cual Dios será el todo en todo.
¡Por fin, la eternidad! Las sombras habrán pasado y la gloria empezará. Un eterno y
glorioso amanecer anunciará una nueva creación, porque el último día oscuro del mundo
habrá terminado. La historia del hombre estará consumada y empezará el nuevo orden de
Dios.
Estos últimos capítulos del Apocalipsis contienen una conclusión perfecta de los
planes eternos de Dios y su maravillosa providencia por su pueblo (Efesios 2:7). ¡Habremos
llegado a
la meta de toda la revelación! El deseo y los esfuerzos de Satanás a través de los siglos han
sido dirigidos a separar a Dios del hombre, pero al final es Dios quien hace su voluntad. Por
fin, los planes divinos para el eterno bienestar del hombre son realizados y toda
promesa divina es cumplida.
Con sublime e inigualable lenguaje, Juan describe la transición de los glorificados al pináculo
de la paz eternal. La competencia moral del apóstol para presenciar y entender las glorias de
la eternidad no venía de él mismo, sino del Espíritu Santo. Bajo el control
absoluto del Espíritu de Dios, Juan vivió y se movió en otro ámbito de la existencia y fue
preparado así para recibir la visión de las realidades del cielo.
Sentimos que estos capítulos invitan a la contemplación más que a la interpretación; a
la reverencia más que a la investigación. Nos vemos invadidos del deseo de que
se supiera mucho más acerca de nuestra morada eterna. Una de las razones por las cuales
escasean los detalles acerca del estado eterno, es la limitación del lenguaje para expresar lo
que Juan vio
y vivió. Las mejores palabras son únicamente palabras, un medio inadecuado de
expresión cuando se trata de la gloria eterna. Una vez en el cielo, en medio
de aquel esplendor maravilloso, haremos nuestra la exclamación de la reina de Sabá: "Ni
aun se me dijo la mitad"
(1 Reyes 10:7).
La frase clave en la sección final del Apocalipsis está en 21:5: "He aquí, yo hago nuevas todas
las cosas." Algunos sugieren que aquí se confunden la época milenial y la eternidad
para constituirse en un cuadro perfecto de la gloria interminable. (Cronológicamente,
Apocalipsis
21:9-27 podría preceder a 21:1-8. Los versículos 7 y 8 apuntan hacia un período
previo al amanecer de la era eterna.) La escena presentada es magnífica en verdad. Por fin
Cristo es el héroe de los siglos y está a punto de entregar el reino a su Padre. ¡Qué
conmovedor va ser éste acto de rendimiento, tanto para el Padre como para el Hijo!
¡Cuan necesario es que vivamos más el futuro Como lo hizo el apóstol Pablo, aprendamos a
equilibrar el triste "ahora" con el glorioso "mañana".
1. Un cielo nuevo (21:1)
"Vi un cielo nuevo.. . el primer cielo pasó" (Apocalipsis 21:1). Al comparar todo este versículo
con el 20:11, encontramos el orden invertido. Delante del gran trono blanco la tierra y
el cielo huyeron. Este cambio de orden es significativo. En la creación antigua, que termina
en
20:11, Dios estaba íntimamente relacionado con la tierra, sobre la cual El tenía un templo
para su pueblo. Pero ahora que su pueblo mismo es el templo (21:3), todo tiene naturaleza
celestial.
Por "cielos" en 21:1 no se quiere dar a entender la presencia inmediata de Dios,
sino los cielos aéreos; es decir, todo lo que está entre la tierra y la morada de Dios. El cielo
antiguo
es el lugar desde donde operaba Satanás, por lo que no era limpio ante los ojos de Dios. El
cielo nuevo habrá de ser constituido de una manera tan diferente, que el sol, la
luna, las estrellas y todas las propiedades atmosféricas actuales no serán necesarios. Por fin
habrá un amanecer sin que haya anochecer.
En las Escrituras se mencionan tres cielos:
1. El tercer cielo, o cielo verdadero, es el lugar al cual fue arrebatado Pablo en la presencia
inmediata de Dios. Esta es la región de la gloria divina y también es la morada de los ángeles
y los santos (2 Corintios 12:1-5).
2. El segundo cielo o cielo astronómico, es la zona donde se encuentran el sol, la luna y las
huestes de estrellas y demás cuerpos celestes (Job 38:31-33).
3. El primer cielo o cielo atmosférico, es el aire que está alrededor de nosotros y
sobre nosotros. Se dice que Satanás es el príncipe de esta región (Efesios 2:2).
Puesto que el tercer cielo (la morada de Dios) es eterno, no estará sujeto a cambio alguno.
"Los cielos nuevos" nos sugieren una transformación de los cielos atmosféricos y astronómicos.
Con nuestro cuerpo celestial, podremos recorrer el nuevo cielo y la nueva tierra.
Es necesario un nuevo cielo intermedio debido a que el actual ha sido contaminado por la
presencia de Satanás, el príncipe de la potestad del aire. Esta es la razón por la
cual las estrellas no son limpias a los ojos de Dios (Job 25:5). El espacio situado entre
nosotros y la morada de Dios ha sido invadido también con cohetes, satélites y toda
clase de desechos espaciales lanzados por los hombres del siglo XX.
2. Una tierra nueva (21:1)
"Una tierra nueva. . . la primera tierra pasó" (Apocalipsis 21:1). Realmente pasará sin que lo
lamentemos mucho. La tierra antigua debe desaparecer porque ha sido escenario del pecado
y la violencia del hombre. También se ha empapado con la sangre de millones de mártires y
ha sido teñida con la sangre del Redentor. Además ha sido inundada con mares de lágrimas
por los hombres y las mujeres de Dios. La tierra nueva nunca experimentará el pecado, el
dolor ni la muerte. Algunos eruditos creen que el cielo nuevo va a ser la habitación de los
santos redimidos en gloria, mientras que la tierra nueva será la morada de los redimidos que
serán salvos durante la Tribulación, quienes pasarán por el milenio.
Una notable omisión en la nueva creación de Dios serán los océanos: "El mar ya no existía
más" (21:1). ¡Cuánto ha de haberse consolado el corazón de Juan con tal revelación, ya que
en la isla de Patmos el apóstol sufría la separación más triste que el mar puede causar! En el
cielo, sin embargo, nada nos podrá separar de nuestros seres queridos. Todos los que son del
Señor estarán unidos para siempre.
Hay una diferencia de opinión entre los eruditos bíblicos en cuanto a si la nueva creación (la
cual no aparecerá antes que desaparezca la antigua) va a ser totalmente nueva, o si sólo será
una renovación de la antigua. Algunos señalan que el fuego no simboliza aniquilación, sino
sólo purificación y que Dios únicamente va a purgar la creación vieja para convertirla en un
lugar de habitación adecuado para sus santos glorificados. Otros escritores dicen
que el lenguaje usado por el Nuevo Testamento es claro y enfático, y que habrá una
desaparición total de la antigua creación. Esta huirá, "pasará con gran estruendo" y será
quemada, lo cual implica (según ellos) no una mera transformación, sino una
destrucción. La vieja creación será desechada como ropa inservible, como andrajos
completamente inútiles.
Pero, ¿no hay una forma de hacer que la ropa vieja reaparezca como nueva? Cuando Dios
dijo: "He aquí yo hago nuevas todas las cosas" (21:5), la palabra que usó para "nuevas" no fue
la que tiene el significado de nuevo en cuanto a tiempo o de aparición reciente, sino nuevo
en forma o calidad, de una naturaleza diferente a la antigua. Así es como se usa esta misma
palabra en el "hombre nuevo" de Efesios 4:24, que implica un hombre totalmente distinto del
primer Adán. Pablo describe el nuevo carácter del hombre, el cual es espiritual y moral de
acuerdo con el modelo de Cristo. Y así ocurrirá con el cielo nuevo y tierra nueva, los cuales
diferirán completamente en forma y calidad de los originales.
Sin importar cuál sea nuestro punto de vista, el período que transcurre entre la primera y la
antigua creación es el que está incluido en la Biblia. La primera creación es la
esfera y escenario de las primeras cosas. El pecado, iniciado en el cielo por Lucifer, ha
devastado a la primera creación. La nueva creación será totalmente diferente, como puede
verse a través de
un estudio de los males que no existirán más, según Juan. Al describir las bendiciones de la
nueva creación, Juan sólo pudo usar una serie de frases negativas:
• No habrá más enfermedad
• No habrá más dolor
• No habrá más hambre
• No habrá más sed
• No habrá más tristeza
• No habrá más lágrimas
• No habrá mar
• No habrá más muerte
• No habrá más pecado
• No habrá más noche
Y no estando presente Satanás, tampoco habrá tentación. A las puertas de las
edades eternas, alcanzaremos un mundo sin tragedias, sin tribulación y sin maldad. Allí
morará "la justicia" (2 Pedro 3:13). Compárese esto con los pasajes de Mateo 24:35;
Hebreos 1:1-12;
12:25-29; 2 Pedro 3; Isaías 34:4; 65:17; 66:22. Con tan gloriosa perspectiva, ¿no deberíamos
luchar por llevar una vida de acuerdo a los principios y valores de la eternidad? Las pruebas y
desilusiones del presente no pueden compararse con la gloria que será manifestada en aquel
dichoso e interminable día.
3. La nueva Jerusalén (21:2, 9-21)
En su descripción perfecta sobre la unidad perfecta, Juan nos hace ver la
relación de gobierno que hay entre la Iglesia y todo lo demás. (Aquí también debemos
tomar nota de los verbos que usa Juan para describir su experiencia: Vi y oí.) Aquí se hace un
contraste entre la nueva Jerusalén y la antigua. La presente Jerusalén terrenal, la
llamada "Ciudad Santa" es una ciudad que tiene poco de santa, mientras que la
nueva Jerusalén será una ciudad perfecta procedente del cielo. Como una esposa
ataviada con su bella vestidura nupcial, la Iglesia desciende con toda su gloria. Formada
por el solícito afecto del Espíritu Santo en el desierto de este mundo, fue raptada por el
Esposo al cielo y ahora, después de sus bodas con
El, aparece adornada con todos los encantos de la eternidad.
Algunos escritores creen que Apocalipsis 21:1 tiene relación con la cena de bodas del Cordero
(19:7). La primera boda de la Biblia (Génesis 2:18-24) puede ser usada como un cuadro típico
del origen de la Iglesia y su relación con Cristo. La novia falsa, la ramera (17:5), lucía una
gloria terrenal, pero la novia del Cordero resplandece por la belleza y la gloria que proceden
de Dios. Aun en su estado eterno la Iglesia no posee ninguna gloria inherente, "teniendo la
gloria de Dios" (21:11). (Véase también Filipenses 3:20, 21).
Juan también compara a la Iglesia con una ciudad (vea también 3:12). William Neweil tiene
una útil exposición de la sociedad de los redimidos como una ciudad. A continuación se da un
resumen adaptado de algunos de sus puntos:
Será una ciudad verdadera. En este pasaje se da una descripción literal de todas las cosas:
oro, calles, medidas, piedras, etc. Esta ciudad desciende del cielo, porque sería
imposible construir una ciudad santa aquí. En esta nueva morada de la Iglesia todos los
materiales son provistos por Dios. (La ramera y la ciudad de Babilonia son una falsificación
que había hecho Satanás de 21:2, que es un sumario de 21:9-11.)
Será una ciudad celestial. Esta ciudad desciende del cielo porque es para un
pueblo celestial. Sin una naturaleza celestial (la cual es provista por el
Espíritu Santo en la regeneración), no se podría vivir en ese ambiente eterno. "Pero
anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de
llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad" (Hebreos 11:16).
Será una ciudad residencial. La ciudad que Juan describe con lujo de detalles
será la residencia eterna de Cristo y de los suyos, cuyos cuerpos glorificados serán
semejantes al de Cristo. Los demás, por supuesto, también compartirán esta gloria (21:24-
26), pero la iglesia será como una esposa en su casa. La palabra morar (Salmo 23:6)
significa estar en su casa.
¡Qué gloriosa esperanza: estar en nuestra propia casa con el Señor para siempre!
Será una ciudad enorme. La descripción de las medidas de esta ciudad
sorprende a la imaginación humana. La longitud, la anchura y la altura de esta
ciudad son exactamente iguales: 12.000 estadios (cerca de 3.300 kilómetros). La perfección
de gobierno se sugiere en
la constante repetición del número doce. Hay doce puertas, doce ángeles, doce tribus, doce
fundamentos, doce apóstoles, doce piedras preciosas y doce perlas. Las doce puertas están
relacionadas con Israel (Mateo 19:28) y los doce fundamentos, con la Iglesia (Efesios 2:20).
Será una ciudad gloriosa. La gloria de Dios será la luz de esta ciudad:
"Teniendo la gloria de Dios; y su fulgor será semejante al de una piedra preciosísima, como
piedra de jaspe, diáfana como el cristal" (21:11). El Cordero será su lumbrera; es decir, la
fuente de toda la iluminación necesaria. No habrá necesidad de luz natural. La mención de
"una caña de medir" (21:15), implica que cuando Dios mide una cosa es porque le pertenece y
la quiere usar. Todo será medido para que esté de acuerdo a sus requisitos para bien de sus
santos glorificados; su Iglesia estará adornada con todos los encantos eternos del cielo.
Será una ciudad capital. La eterna morada de Dios se encontrará en esta ciudad capital y
será más resplandeciente que todas las capitales modernas del mundo. Este será el centro de
la presencia y el gobierno divino en el universo de Dios y del Cordero. Cada vez que se habla
de la ciudad, se menciona el nombre del Cordero, y las siete referencias que se hacen de El
(21:9, 14,22,23,27; 22:1, 3), indican que aunque Cristo le entrega el reino_al_Padre,
El lo comparta también con los" redimidos.
4. La nueva comunión (21:3-7)
Por fin aquella comunión que fue rota en el huerto del Edén (Génesis 3), es restaurada plena,
total y eternamente. Nunca jamás podrán ni Satanás ni el hombre romper dicha comunión.
¿Qué es el cielo? ¿No es una sociedad de almas completamente restauradas en
comunión espiritual ininterrumpida con Dios? Entonces aquí tenemos un cielo que desciende del
cielo.
Pero Dios no descenderá a morar con los hombres hasta que la antigua creación desaparezca.
La tierra actual está muy corrompida para ser la morada de Dios. La frase "con los hombres"
aparece tres veces, sugiriendo que habrá una eterna y bendita comunión entre Dios
y los hombres. El deleite de Dios es habitar con los hijos de los hombres
(Proverbios 8:31). El resultado de esta preciosa comunión será un mundo sin
lágrimas, porque sólo Dios puede enjugar nuestras lágrimas: "Enjugará Dios toda lágrima
de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni dolor, ni clamor;
porque las primeras cosas pasaron" (21:4).
¡Qué glorioso día!
5. El nuevo templo (21:22)
Por fin las sombras y figuras ceden el paso a la realidad, a la substancia (Hebreos 9:23, 24).
Todas las cosas que estaban relacionadas con el tabernáculo y el templo solamente tenían el
propósito de tipificar a Jehová Dios y al Cordero. El templo milenial de Ezequiel era el centro
de adoración en la ciudad terrenal, pero ahora todo está centralizado en torno al trono, al
cual todos tienen acceso. En tiempos antiguos, Dios tenía un templo para su pueblo y durante
la época de la Iglesia, tiene un cuerpo de redimidos como templo. Juan describe
ahora la edad eterna, en la cual Dios se ofrecerá a sí mismo como templo para su pueblo.
Cuando Juan habla de que el templo de Dios está abierto en el cielo, usa la palabra griega
que significa "el lugar más santo", el lugar santísimo, al cual sólo el sumo sacerdote entraba
una sola vez al año. Dios manifestará su gracia inmutable en medio de su pueblo. Su trono y
su santa presencia sobrepasarán gloriosamente al arca del pacto que estaba en el tabernáculo
y en el templo. Esta referencia, junto con la anterior acerca de la maldición del
templo
(11:1,2), indica que será en ese momento cuando se revelará la morada secreta de los hijos
de Dios.
En medio de la demolición de imperios y la desaparición del mundo antiguo,
Juan nos asegura que todos los santos estarán bajo la sombra del Omnipotente y
que habrá acceso inmediato a Dios sin la intervención de un sacerdote o mediador.
La ausencia de templo implica pleno y libre acceso para todos los verdaderos
adoradores. Walter Scott lo expresa apropiadamente:
¿Qué necesidad habrá de templo? Dios en la grandeza de su ser y como el que ha
estado activo y gobernado al mundo por los siglos, es revelado ahora en gloria por el
Cordero. La presencia divina se difunde por igual a todas partes. Dios y el Cordero se harán
manifiestos en todos lo» rincones de la enorme ciudad de oro.
Dios ha reconocido a su pueblo como templo, pero ahora él es su templo vivo y verdadero, la
verdadera arca y el eterno maná escondido. Así como hubo relámpagos y
truenos en la cumbre santa del monte Sinaí, donde fue erigido el primer tabernáculo —
señales divinas a favor de la ley santa que el poder del mundo había desafiado — también
la morada de Dios estará siempre abierta como un santuario de la fe, pero al
mismo tiempo será un Sinaí cubierto de nubes y fuego consumidor para todos los que
rechacen a Dios (Hebreos 12:18-24).
6. La nueva luz (21;23-25; 22:5)
La ciudad eterna y santa tendrá un sistema especial y sobrenatural de iluminación.
Ahora tenemos la luz natural que proviene del sol, la luna y las estrellas. El sol es la fuente de
vida
y luz para todo lo que existe sobre la tierra. La luna y las estrellas son sólo reflectores de su
luz. Pero estos cuerpos celestes que fueron creados para desempeñar ciertas
funciones, habrán pasado con los cielos antiguos y a no existirán. En la actualidad también
tenemos una iluminación artificial, porque la tecnología ha logrado producir nuevas
fuentes de luz para iluminar la oscuridad de la noche. Pero en la nueva Jerusalén, Dios y
el Cordero emanarán toda la luz que sea necesaria. Cristo declaró que El era la luz del
mundo, y será la luz del mundo eterno también. Juntamente con el Padre, El será la luz del
nuevo mundo como lo es del antiguo. En esa gran ciudad no habrá más noche; será un
eterno amanecer, un día sin final.
Las puertas de la ciudad nunca se cerrarán. No habrá necesidad de policías para que cuiden a
los moradores de la ciudad, porque tampoco habrá ladrones. Las naciones podrán
salir y entrar libremente. Todo lo que pertenece al pecado y a las tinieblas habrá
desaparecido. Todo lo natural y artificial se habrá desvanecido. ¡Verdaderamente, la
perspectiva de algo tan perfecto nos asombra! En medio de este mundo, debemos
resplandecer como antorchas (Filipenses 2:15), pero en aquel mundo brillaremos más al
reflejar la eterna gloria de Cristo.
7. El nuevo paraíso (22:1-5)
Hay muchas características importantes que debemos tener en cuenta al estudiar
este capítulo.
1. Un libro sólo posee valor en proporción al valor de la verdad que revela. "Y me dijo: Estas
palabras son fieles y verdaderas" (22:6). Aquí tenemos una solemne afirmación
de la veracidad de las Escrituras. Un ángel del cielo viene a autenticar las profecías del
Apocalipsis. Todos los profetas de antaño actuaron bajo el control del Espíritu de verdad.
2. Un libro siempre está íntimamente relacionado con su escritor. El nombre de Juan aparece
cinco veces en el Apocalipsis, mencionándolo como su escritor: "Escribe en un libro lo
que ves" (1:11), y todo este dramático libro fue escrito por Juan, quien estaba
acostumbrado a escribir (2 Juan 12; 3 Juan 13). La "alta crítica" niega que Juan haya escrito el
Apocalipsis y lo
atribuye a otro Juan que no era el apóstol, pero como bien dice Hilgenfield:
"Un Juan desconocido, cuyo nombre ha desaparecido de la historia, dejando
escasos rastros de sí, difícilmente pudo haber sido el que escribiera mandamientos
expresos en el nombre de Cristo
y del Espíritu Santo para las siete iglesias." Las cinco veces que se usa el nombre de
Juan demuestran que quien escribió el cuarto evangelio y las tres epístolas que llevan su
nombre, fue también e] que escribió el Apocalipsis, tal como se le ordenó que lo hiciera
(1:1, 4, 9;
21:2; 22:8).
3. Un libro no sellado no es más que un libro que está abierto para que pueda ser leído y
usado. Lo que fue había estado sellado desde el tiempo de Daniel (Daniel 12:4) queda ahora
expuesto. No olvidemo que Apocalipsis significa revelación, y esto es justamente
lo que contiene todo el libro. Mientras más nos acercamos a los acontecimientos que se
registran en
él, más claras nos parecen sus profecías (22:10).
El punto culminante de la redención, que se alcanza aquí, es el milagro de un huerto del cual
han sido excluidos para siempre la serpiente y el pecado. Observemos brevemente
alguna característica del glorioso futuro del pueblo de Dios. En la antigua creación
todos los ríos corrían hacia el mar, pero aquí tenemos un río sin mar; un río que proveerá
la fertilidad y la vegetación de la nueva creación. Los ríos abren la Biblia (Génesis 2:10) y la
cierran (22:11). Este río corre desde el trono, el cual es su origen y manantial. El agua de
este río divino es clara como el cristal, es decir, completamente pura. No requerirá ningún
tratamiento para purificar. Todos los tronos ceden su lugar al trono de Dios y del Cordero
(1 Corintios 15:24-
28).
La Biblia también empieza con un árbol de vida y termina con otro. Este estará en medio de
una calle, lo cual significa que no habrá aislamiento ni exclusión. Todos podrán tener acceso
a este árbol de sanidad. Las hojas de este árbol producen salud y vida. Los frutos son para los
santos (Ezequiel 47:12). Puesto que toda enfermedad y muerte han desaparecido (21:4), la
sanidad provista por ese árbol no está asociada con el cuerpo. Como la existencia de sanidad
implica la de la enfermedad, la traducción "para la salud de las naciones" es preferible.
En Génesis 2:8-15 Dios creó un hogar material para el hombre en el huerto.
Pero aquel huerto original presenció la rebelión de Satanás y la transgresión del hombre
(Génesis 3:1-7). Ahora tenemos aquí un huerto que sobrepasa al primero en todo sentido.
Nada se marchitará
ni morirá jamás. Habrá desaparecido para siempre la maldición que Dios pronunció sobre el
primer huerto de la tierra. La calamidad del Edén nunca volverá a ocurrir, ya
que ha desaparecido el pecado para siempre y tampoco habrá más maldición. La última
palabra del Antiguo Testamento es maldición: "El hará volver el corazón de los padres hacia
los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra
con maldición" (Malaquías 4:6). Pero el Nuevo Testamento empieza con Jesucristo, el que
vino para llevar la maldición sobre sí mismo (Gálatas 3:13). En el glorioso final de la
Biblia encontramos una bendición en lugar de una maldición (Apocalipsis 22:3, 21).
El triunfo de Cristo puede ser presentado de la manera siguiente:
• En el Génesis: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra." En el Apocalipsis: "Vi un cielo
nuevo y una tierra nueva."
• En el Génesis: "A las tinieblas llamó noche." En el Apocalipsis: "Allí no habrá noche."
• En el Génesis: "De cierto morirás."
En el Apocalipsis: "No habrá allí más muerte."
• En el Génesis: "Multiplicaré en gran manera tus dolores." En el Apocalipsis: "Ni habrá más
llanto, ni clamor, ni dolor."
• En el Génesis: "Maldita será la tierra por tu causa." En el Apocalipsis: "No habrá allí más
maldición."
• En el Génesis: Fueron apartados del árbol de la vida. En el Apocalipsis: Aparece el árbol de
vida.
• En el Génesis: Aparece Satanás. En el Apocalipsis: Desaparece Satanás.
• En el Génesis: "Abraham buscaba la ciudad con fundamentos." En el Apocalipsis: Se ve una
ciudad de perfección y gloria definitivas.
Juan sigue declarando que en la nueva creación los siervos de Dios estarán
activos incesantemente. Nosotros reinaremos para siempre jamás con El: "Y reinarán por los
siglos de
los siglos" (22:5). Esto significa que los santos no permanecerán sentados tocando arpas todo
el tiempo. Provistos de cuerpo y mente perfectos y glorificados, tendremos el gozo de servir
al Señor como no lo podemos hacer ahora debido a la perturbadora influencia del pecado.
Tendremos privilegios nunca imaginados en aquella tierra que será más esplendorosa que el
mismo día: allí veremos su rostro. ¿El rostro de quién? ¡El del Cordero (22:3,4)!
¿Estamos viviendo ya en la esperanza gozosa de ese momento conmovedor, cuando
por primera vez contemplemos con nuestros ojos al Rey en toda su belleza y resplandor?
Inefable maravilla la que contemplaremos al ver la faz ante la cual han huido el cielo y la
tierra. Pero el mayor portento ocurrirá cuando seamos transformados a su
semejanza. "Su nombre," dice Juan, "estará en sus frentes" (Apocalipsis 22:4). Por el
término "nombre" debe entenderse al carácter y la naturaleza de Dios. El sello, por
supuesto, es un distintivo de propiedad y seguridad. Pero, ¿por qué la referencia a la
frente? El sello estará en un lugar donde todos puedan verlo con facilidad. Vamos a reflejar
perfecta y públicamente el carácter
de Dios (7:3). ¡Cuan impresionante es pensar que nuestra frente será sellada por
El y luciremos ese sello para siempre!
Antes de terminar su maravillosa descripción de la resplandeciente herencia de los santos,
"la Jerusalén de arriba," Juan dice algo más sobre su radiante gloria y su incomparable luz:
"No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque
Dios el Señor los iluminará" (22:5). No habrá noche, ni lámpara ni sol: una gloriosa ciudad de
luz que se yergue en contraste con el presente mundo de densas tinieblas. Ahora sólo la mitad
del mundo puede tener luz a la vez, pero cuando el Señor irradie su luz, ésta brillará en todo
lugar al mismo tiempo. Esta luz eterna está fuera del alcance de toda investigación científica;
trasciende nuestra comprensión humana y limitada. ¡Qué ciudad! ¡No habrá allí noche con sus
tinieblas y su terror; no habrá necesidad de servicio de iluminación; no habrá más amanecer
ni anochecer!
La revelación de Cristo se ha consumado. Su gloriosa manifestación como el
Cordero omnipotente no sólo es ratificada, sino también aplicada. Después de mostrar el
maravilloso panorama de su gloria, gracia y gobierno, el Apocalipsis concluye
con una doxología sumamente sencilla, tierna y breve. Tanto en el prólogo como en el
epílogo del Apocalipsis,
se habla de la segunda venida (1:7; 22:20). En el epílogo (22:6-21) encontramos un
estilo conciso y breve que le da una impresionante conclusión a este extraordinario libro. Al
hacer
un análisis cuidadoso de las palabras, nos damos cuenta de que encierran un resumen de los
temas de primordial importancia tratados a través de todo el libro. Esto es, la certeza del
cumplimiento de la profecía y la inminencia de dicho cumplimiento.
El ángel que aparece, habla de sí mismo en tercera persona y agrega una bienaventuranza a
la promesa del regreso de Cristo (22:6). Existe un admirable paralelismo entre estas palabras
y las del prólogo (1:1-8).
Juan queda tan sobrecogido al contemplar la santa ciudad, la nueva Jerusalén
que cae postrado sobre su rostro a los pies del heraldo angélico para rendirle adoración. Sin
embargo, éste le recuerda que la alabanza y la reverencia pertenecen exclusivamente a Dios.
Entonces se le indica con toda claridad que considere muy cercana la segunda venida
de
Cristo. Las cosas que se le manifestaron no eran para ser guardadas en secreto, como si el día
de su cumplimiento estuviera todavía lejos. Estas visiones pertenecen al presente,
porque
Cristo está a punto de aparecer.
Hay una solemne declaración sobre el destino fijo e inalterable de la decisión
humana deliberada. El carácter humano sigue produciendo su inevitable desarrollo y
su fruto; la condenación está sellada para los impíos (22:10, 11).
En la repetida declaración "Yo soy el Alfa y la Omega" (1:8, 11; 22:13),
tenemos una contundente evidencia de la divinidad de Cristo.
En lo que respecta a los perros, éstos simbolizan la repugnante y ofensiva
inmundicia de todos aquellos que rechacen la limpieza de la sangre del Cordero y queden
fuera de la Ciudad Santa (22:15).
La estrella resplandeciente de la mañana brilla con más intensidad un poco
antes del amanecer. Es un símbolo perfecto del regreso de Cristo, quien traerá el amanecer de
una era
de luz radiante (22:16).
De la misma manera en que se pronuncia una bendición para los que hagan un uso apropiado
de este libro, así también hay una solemne advertencia para los que abusen del mismo. Se
pronuncia un ay contra todos los que adulteren cualquiera de estas
enseñanzas. Esta advertencia se refiere a aquellos que voluntariamente y a sabiendas
distorsionan y pervierten sus grandes verdades. Todos los que amen este Libro de Dios
deberán velar por su integridad (22:18, 19) y declarar todo el consejo de Dios.

Las siete cosas últimas


Apocalipsis 22:8-21

El último testimonio de que la visión es cierta | La última bienaventuranza apostólica | El último


testimonio divino |La última invitación celestial | La última promesa de su venida |La última oración
sincera | La última bendición
El Génesis es el libro de las primeras cosas, y el Apocalipsis es el de las cosas postreras. Es
muy importante comparar los principios con las conclusiones. En esta última
sección del último libro de la Biblia hay siete cosas últimas que deben ser consideradas.
1. El último testimonio de que la visión es cierta (22:8)
Los verbos que denotan experiencia son prominentes en este versículo: "Yo. . . soy el que oyó
y vio. . . Me postré." Es probable que esta sea una referencia a la suprema visión del nuevo
paraíso (22:1-7). Pero estos verbos que describen experiencias también
confirman la autenticidad del Apocalipsis como un todo.
2. La última bienaventuranza apostólica (22:14)
Anteriormente describimos todas las bienaventuranzas del Apocalipsis. Aquí se nos recuerda
que la obediencia a todo lo que Dios ha revelado trae consigo ricas recompensas (Juan 13:17).
Los creyentes debemos caminar sobre dos pies: la confianza y la obediencia.

3. El último testimonio divino (22:16, 18, 20)


Cristo, quien vive para siempre jamás, confirma todas las profecías del Apocalipsis, salidas
de la mente divina para revelarlo a El en toda su gloria y majestad. Tres veces encontramos
la expresión "dar testimonio", "testifico". La expresión "Yo, Jesús", declara que El es el Jesús
de toda la historia. ¡Qué declaración tan sobria, pero a la vez tan enfática: Yo,
Jesús! El pronombre personal es enfático. El Apocalipsis es el libro de la revelación de
Jesucristo y El
es el tema central de todo su mensaje. La raíz pertenece a la tierra y
simboliza su humanidad, pero la estrella -es del cielo y simboliza su divinidad. Puesto que
las palabras de Jesús significan exactamente lo que dicen, entonces la falsificación de
cualquier parte de este libro sublime tiene que ser algo trágico. La mutilación de una parte
de este libro (o de la Biblia) merece el juicio divino.
4. La última invitación celestial (22:17)
Para entender correctamente las tres formas en que Juan usa el verbo venir,
debemos examinarlas a la luz del contexto. Las primeras dos veces realmente
significan "¡Ven!" El primer ven es doble: El Espíritu y la esposa dicen "¡Ven!" ¿A quién se
dirigen? Al que dice tres veces en el capítulo: "Yo vengo pronto" (22:7, 12, 20). El Espíritu
Santo habla a través de la esposa de Cristo, la Iglesia, y se une a ella en respuesta
a la voz del que viene como la estrella de la mañana. Entonces cada cristiano, tanto
individual como colectivamente, dice:
"¡Ven!" ¿Tenemos nosotros el deseo ferviente de dar la bienvenida al Señor a su regreso? El
tercer ven está relacionado con el pecador que como alma sedienta, debe buscar el agua de
vida antes de que sea demasiado tarde.
5. La última promesa de su venida (22:20)
Antes de su muerte, resurrección y ascensión, el Señor prometió regresar por su
Iglesia verdadera (Juan 14:1-3). Aquí, por última vez, confirma su promesa con las
palabras "Yo vengo pronto". La Biblia está llena de promesas, como lo he demostrado en mi
libro titulado Todas las promesas de la Biblia. Pero ésta es la promesa más bienaventurada
entre todas.
6. La última oración sincera (22:20)
La Biblia está inundada de oraciones. Esta es la última. Juan se hace eco del anhelo de los
santos a través de todas las edades en su corta pero sincera súplica: "Sí, ven. Señor Jesús."
7. La última bendición (22:21)
El último libro de la Biblia, tan lleno de juicios, termina en gracia y no en maldición, como
terminaba el Antiguo Testamento. "Amén." Así sea. La certeza absoluta de la verdad queda
confirmada, y toda la gloria de la eternidad será nuestra solamente a través de su gracia.
El Apocalipsis empieza con "la revelación de Jesucristo" y termina con "la gracia de Cristo
Jesús". Así lo expresa Christina Rossetti:
"Todo lo que hay entre estas dos frases no cumple su propósito en nosotros, a menos que le
demos culminación a todo en la gracia que nace del temor de Dios y de la obediencia a sus
mandamientos."
Se está haciendo tarde y el tiempo está a punto de vencerse. ¡Ojalá el Señor nos encuentre
viviendo como hijos del día, con nuestro rostro vuelto hacia el eterno amanecer! ¡Que todas
las cosas de este mundo se nublen ante la luz de semejante gloria! En medio de las sombras,
caminemos con la seguridad de que tenemos una herencia de dicha que aún no podemos ver.
Las mismas manos que se dejaron clavar en una cruz por nosotros, esperan el momento de
podérnosla entregar.

Los Números en el Apocalipsis

El uno | El dos | El tres | El cuatro | El cinco | El seis | El siete | El ocho | El diez | El doce |
El cuarenta y dos |
El simbolismo de los números en la Biblia es uno de los aspectos más fascinantes del estudio
de las Escrituras. Sin embargo, pasa inadvertido para muchos. Desde tiempos muy antiguos,
las personas instruidas han hallado gran deleite en el estudio de los
números. Las
supersticiones y filosofías del antiguo mundo pagano están relacionadas con
extrañas fantasías y extravagantes especulaciones en cuanto a su uso. Muchas de sus
declaraciones en cuanto a los significados de los números eran completamente
falsas. En cambio, la numerología bíblica nos proporciona una gran ayuda en los
descubrimientos de las glorias morales, dispensacionales y proféticas. No hay lugar
para la especulación en el uso que el Espíritu Santo hace de los números.
Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: que de Dios es el poder, y tuya, oh Señor, es la
misericordia; porque tú pagas a cada uno conforme a su obra (Salmo 62:11, 12).
Ellicott observa que este es el modo habitual hebreo de enfatizar una declaración numérica.
Va aumentando en intensidad natural sobre la estructura misma del versículo, hasta llegar a
su punto culminante. La unión del poder y el amor queda comprobada ante el poeta por la
mención hecha en la última cláusula acerca de la misericordia y la justicia.
Salomón también usa la culminación numérica cuando enumera las seis cosas que
Dios aborrece y la séptima que abomina su alma (Proverbios 6:16-19). Limitándonos únicamente
al
libro de Apocalipsis, busquemos el significado literal y simbólico de los números empleados
por Juan para expresar muchas facetas de la verdad.
1. El uno
Existe un acuerdo universal sobre el significado de este número. En todos los idiomas es el
símbolo de la unidad, y en las Escrituras es considerado como el signo de la unidad divina y su
supremacía absoluta:
"No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Éxodo 20:3). Esta orden da a entender que en Dios
hay una suficiencia absoluta y una independencia que no necesita de nadie más. En Efesios
4:3-6, el apóstol Pablo describe un círculo completo, que consta de siete unidades distintas:
un cuerpo, un espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios.
El tres es el signo de la manifestación divina, y el siete es símbolo de perfección espiritual.
Las primeras tres unidades son manifestaciones internas de Dios; mientras que
las tres siguientes son sus manifestaciones externas. La unidad y la supremacía de
la divinidad de todas es afirmada por Dios, quien es "sobre todo", "por todo" y "en todo".
Bullinger, en su obra erudita Numbers in Scripture (Los números en la Biblia) dice:
"Como número cardinal, el uno denota unidad; como ordinal, denota primacía.
La unidad es indivisible, y no está constituida por otros números. Por lo tanto, el uno es
independiente de todos los demás. El uno excluye toda diferencia, porque no hay segundo
con el cual entre en armonía o en conflicto.. . El primero es el único. No puede haber dos
primeros."
La unidad de los atributos gubernamentales de Dios se puede ver en los querubines de oro,
que eran de un mismo tamaño y de una misma hechura (1 Reyes 6:25). ¿No necesita la Iglesia
profesante recordar el significado de este número divino? ¿No es verdad que
se está apartando gradualmente del sacrificio único de Cristo y del altar único,
su unidad en la adoración?
Entre las referencias al número uno en el Apocalipsis, mencionamos a
continuación las siguientes frases sobresalientes:
• "Uno semejante al hijo del hombre" (1:13).
• "Por una hora recibirán autoridad con la bestia" (17:12).
•"Tienen un mismo propósito" (17:13).
•"En una hora vino tu juicio" (18:10).
• "En una hora han sido consumidos" (18:17).
• "En una hora ha sido desolada" (18:19).
Parece como si la "una hora" de los tres pasajes últimos no se limitara a una hora de sesenta
minutos exactos. Es probable que el repetido clamor mencionado aquí sea el mismo período
designado como un "breve tiempo" o "un día" (17:10; 18:8). La brevedad de dicho
período indica lo terrible y repentino del juicio de Dios.
La expresión "un mismo propósito" se refiere a la unidad de los reyes que estarán en sujeción
a la autoridad y voluntad de la bestia.
Cada una de las doce puertas estaba hecha de una perla (21:21). Aunque cada
perla era distinta, había unidad en la variedad: unidad, pero no uniformidad.
2. El dos
Mientras que el número uno afirma que no hay otro, el dos indica que sí lo hay. Es un número
que tiene un doble colorido, de acuerdo con su contexto. Un escritor sugiere que esa cifra
puede significar responsabilidad, debilidad o gracia. Dos pueden ser uno en compañerismo y
en testimonio, aunque sean diferentes en personalidad. Nos sentimos tentados a prestarles
más atención a los pares que se hallan en las Escrituras, a partir de las dos tablas de piedra
del pacto (Deuteronomio 4:13) y de esta manera probar que en la mayoría de referencias a
este número existe la expresión de un testimonio amplio y competente.
Considere el ministerio de los dos profetas (Elías y Eliseo) y los dos soldados (Josué y Caleb),
quienes son reconocidos como fieles testigos de la verdad de la Palabra de Dios. En los días de
la gran Tribulación, darán testimonio de los derechos reales y sacerdotales de Cristo un par
de valientes mensajeros que son descritos como:
•"Dos testigos" (11:3).
•"Dos olivos" (11:4).
• "Dos candeleros" (11:4).
•"Dos profetas" (11:10).
Los dos corazones de estos aguerridos heraldos laten como uno solo en su testimonio total por
la causa de Cristo. Cuando dos seres humanos se unen en santo matrimonio, hablamos de ellos
como una sola carne. Los dos testigos martirizados serán uno en su testimonio, en los malos
tratos en la muerte, la resurrección y la ascensión.
3. El tres
Este número tiene una asociación sagrada, porque representa la Trinidad: Padre,
Hijo y Espíritu Santo (Mateo 28:19). Pablo usa la frase estas tres cuando se refiere a las
virtudes cristianas: la fe, la esperanza y el amor (1 Corintios 13:13). El número tres, que
aparece con tanta frecuencia en las Escrituras, ofrece al expositor de la Biblia una
inmensa riqueza de material para usarlo en el pulpito o en el aula. Aquí, por ejemplo, se
dan algunos de sus usos, para despertar el apetito de los estudiosos:
• Tres hombres se le aparecieron a Abraham (Génesis 18:2).
• Tres ciudades de refugio (Deuteronomio 4:41).
• Tres veces al año (Deuteronomio 16:16).
• Triple bendición sacerdotal (Números 6:24-26).
• Triple clamor del serafín (Isaías 6:3).
• Tres llamamientos a la tierra (Jeremías 22:29).
• Tres veces al día oraba Daniel (Daniel 6:13).
• Tres veces negó Pedro a Cristo (Marcos 14:72).
• Tres medidas de harina (Mateo 13:33).
• Tres días y tres noches (Mateo 12:40).
• Tres veces vio Pedro la visión (Hechos 10:16).
• Tres veces rogó Pablo al Señor con respecto al aguijón en su carne (2Corintios 12:18).
La tríada es una parte muy importante de las Escrituras y dondequiera que se
encuentre puede ser considerada como símbolo numérico de lo divino (como en el caso del
frecuente saludo de Pablo: gracia, misericordia y paz). Con este número también
se enfatizan el testimonio divino y la perfección divina. Sin embargo, hay algunos
pasajes en los cuales el número tres puede ser considerado como el símbolo de la
resurrección moral, física y espiritual, como en:
• El tercer día de la creación
• El tercer día en la resurrección de Cristo.
Puesto que se necesitan las tres dimensiones — largo, ancho y alto— para formar un objeto
sólido, el número tres puede ser considerado como el símbolo del cubo, y por
lo tanto, representativo de todo lo sólido, real, substancial, completo y entero. En total
hay cuatro números perfectos que sugieren la idea de algo acabado y completo en las
Escrituras:
• El tres, que representa la perfección divina.
• El siete, que representa la perfección espiritual.
• El diez, que representa la perfección en el orden.
• El doce, que representa la perfección en el gobierno.
La sección introductoria del Apocalipsis, la Revelación de Jesucristo, está
señalada especialmente por este gran sello divino del tres que se halla estampado en ella.
Esta revelación es
• dada por Dios
• enviada por Dios
• declarada por Dios (1:1).
Juan dio testimonio de
• la divina Palabra de Dios
• el divino testimonio (el testimonio de Jesucristo)
• la divina visión (todo lo que vio — 1:2).
La bienaventuranza es para
• el lector
• el oyente
• el que guarda las cosas escritas (1:3).
El ser divino,
• el que era
• el que es
• el que ha de .venir (1:4, 8).
El Señor que vendrá se presenta como
• el profeta divino (el testigo fiel)
• el sacerdote divino (el primogénito de entre los muertos)
• el rey divino (el soberano de los reyes — 1:5).
El pueblo de Dios es
•amado
• lavado
•coronado (1:5, 6).
Cristo es representado como el
• divinamente eterno
• divinamente vivo
• divinamente poderoso (1:17, 18).
La revelación divina fue triple:
• las cosas que te visto
• las cosas que son
• las cosas que serán después (1:19).
4. El cuatro
Debido a que los acontecimientos mundiales son tan prominentes en el Apocalipsis, el número
cuatro se usa unas treinta veces. Al contemplar el mundo o la escena
completa de la creación, cuando se tienen en perspectiva lo largo y lo ancho, el cuatro es
el número que se usa para describirlo, ya que este número está relacionado con la tierra, con
sus cuatro puntos cardinales y sus cuatro estaciones. En cuanto a los que moran en la tierra,
éstos han formado parte de las cuatro monarquías que describió Daniel. La
plenitud de las bendiciones materiales en la tierra se describe de esta cuádruple forma:
• en vez de bronce traerá oro,
• y por hierro plata,
• y por madera bronce,
•y en lugar de piedras hierro (Isaías 60:17).
Si el tres es la marca de Dios, el cuatro es la marca del mundo, el cual está constituido en
cuatro divisiones: naciones, tribus, pueblos y lenguas (7:9). El cuatro es la señal del hombre y
la creación material. Hay un antiguo proverbio judío que indica que hay cuatro cosas
que ocupan el primer lugar en el mundo:
• el hombre entre las criaturas,
• el águila entre las aves,
• el buey entre el ganado,
•el león entre las bestias (Compare con Apocalipsis 4:7, 8.)
5. El cinco
Aunque no se usa con la frecuencia con que se usan otros números, el cinco tiene su propio
significado. Hay varios casos en los cuales se hace un contraste entre la debilidad y la fuerza
usando el número cinco: David usó cinco piedras lisas para vencer al gigante
Goliat; cinco perseguirán a cien; cinco panes para alimentar a cinco mil. Sin embargo, otros
pasajes como Números 5:7 y Mateo 25:2, implican la idea de la responsabilidad humana. El
número cinco y sus múltiplos ocupan un lugar prominente en las medidas y la distribución de
aquellas partes del tabernáculo y el templo que expresan responsabilidad humana y
testimonio ante los hombres. Hay cinco grandes misterios:
• el misterio de Dios
• el misterio del Hijo
• el misterio del Espíritu
• el misterio de la creación
• el misterio de la redención en la cruz
6. El seis
El hombre fue creado en el sexto día de la creación, por lo tanto está sellado con el número
seis. Seis días son dados al hombre para que trabaje y seis es el número estampado en todas
las cosas que están conectadas con las actividades humanas. Las frecuentes referencias a seis
días de trabajo muestran lo incompleto de la obra humana, que jamás podrá
alcanzar un resultado pleno y definitivo. El trono de Salomón tenía seis gradas (1 Reyes
10:19) y, debido a
la imperfección de su gobierno, su reino fue dividido. Su gloria era imperfecta. El
sexto
mandamiento está relacionado con el asesinato, el peor pecado del hombre contra el hombre.
Puesto que seis es siete menos uno, y el siete es el número de la perfección, el seis tiene que
ver con el hombre, e implica la idea de su imperfección. Este es el número del hombre sin
Dios. Las seis tinajas de piedra llenas de agua (Juan 2:6) hablaban de la
imperfección del hombre y la incapacidad de sus normas para producir bendición. De manera
que el seis indica
la limitación del hombre: lo mejor que él puede hacer sin Dios.
7. El siete
El constante uso en las Escrituras del número siete, demanda un estudio cuidadoso de parte
de todos los amantes de la Palabra de Dios. El papel tan importante que este
número desempeña en el Apocalipsis se comprueba con el hecho de que Juan lo usa
no menos de cincuenta veces en sus veintidós capítulos. El siete tiene gran significado; se
usa en la Biblia con referencia a lo completo y lo perfecto, más que cualquier otro número
simbólico. El siete también aparece en varios múltiplos, como en "setenta veces
siete". En la creación. Dios reposó de su obra el día séptimo: el sábado o día de reposo.
Como se indicó anteriormente, la palabra siete viene en hebreo de una raíz que
significa
"estar completo, satisfecho, tener suficiente" y da la idea de perfección o plenitud, ya sea de
lo bueno o de lo malo. Pablo enumera siete dones y siete unidades asociadas con la verdadera
iglesia (Romanos 12:6-8; Efesios 4:4-6). Había siete fiestas de Jehová (Levítico 23). Además
de los sietes ya señalados, queremos presentar una lista de perfecciones que aparecen en el
libro y están asociadas con el número siete.
• Los siete espíritus de Dios — las perfecciones de la divinidad.
• Los siete candeleros de oro — la perfección de la luz y la verdad y del testimonio dado
por Cristo.
• Las siete estrellas — la perfección en el gobierno y la supervisión.
• Las siete lámparas — la perfección en la iluminación del Espíritu.
• Los siete sellos — la perfección de seguridad y autoridad.
• Los siete cuernos — la perfección del poder divino.
• Los siete ojos — la perfección del discernimiento.
• Las siete trompetas — la perfección de jurisdicción.
• Los siete truenos — la perfección del juicio.
• Las siete plagas — la perfección de la ira divina.
• Las siete copas — la perfección de la destrucción.
• Los siete montes — la perfección del poder terrenal.
• Los siete reyes — la perfección de la realeza terrenal.
8. El ocho
El origen de este número sugiere en hebreo la idea de superabundancia. Viene de una raíz
que significa "engordar", "sobreabundar". De esta forma da la idea de
"fertilidad superabundante" o "satisfacción". Debido a que Cristo se levantó de entre
los muertos el primer día de la semana, que es también el octavo, este número representa
la resurrección.
El ocho también es símbolo de la eternidad y de una nueva época. Vea Génesis 21:4; Levítico
14:23; 1 Pedro 3:20; 2 Pedro 2:5.
9. El diez
El cinco indica nuestra responsabilidad hacia los hombres, y dos veces cinco mide
nuestra responsabilidad hacia Dios, como se comprueba por el uso del diez en
muchas partes del tabernáculo. La misma idea existe en los diez mandamientos.
Las caídas de Israel en el desierto se dice que fueron diez. Este fue el número
de veces que el pueblo tentó a Dios (Números 14:22, 23). Faraón endureció su corazón
diez veces y experimentó el juicio de las diez plagas.
Puesto que es uno de los números perfectos de las Escrituras, el diez significa la perfección
del orden divino: no falta nada; el cielo está completo y terminado. Así en
los diez mandamientos encontramos la revelación completa de las exigencias de Dios sobre el
hombre.
En lo que respecta a nuestro físico, ¡qué bien nos sentimos con diez dedos en las manos y diez
en los pies!
Cuando hablamos acerca de las siete iglesias, presentamos la sugerencia de que los "diez días"
de extrema tribulación de los que se le habla a la iglesia de Esmirna, tenían relación con los
diez períodos de persecución sufridos bajo diez emperadores romanos. El
significado inmediato de esta frase, sin embargo, es que el Señor sabía cuánto era lo más que
sus santos podían soportar y de acuerdo con eso limitó la duración de sus sufrimientos. "Con
medida lo castigarás en sus vástagos. Él los remueve con su recio viento en el día del aire
solano" (Isaías
27:8).
10. El doce
Este número, o sus afines, aparece más de cuatrocientas veces en toda la Biblia.
Dios lo escogió para expresar la administración perfecta del gobierno divino en el mundo,
Israel y la Iglesia (Mateo 19:28; Apocalipsis 21:12-21). A la edad de doce
años, Jesús anunció públicamente su relación celestial y su misión en un mundo
necesitado (Lucas 2:42). Doce legiones de ángeles eran señal de la perfección de los
poderes angélicos (Mateo 26:53). En el Antiguo Testamento también encontrará el
lector mucho material para meditar sobre el frecuente uso del número doce:
• Las doce tribus de Israel.
• Los doce panes de la proposición (Levítico 24:5).
• Las doce Fuentes de agua (Éxodo 15:27).
• Las doce piedras preciosas del pectoral (Éxodo 28:21).
• Los doce patriarcas (Hechos 7:8).
• Las doce piedras (Josué 4:8, 9).
• Los doce bueyes (1 Reyes 7:25).
• Las doce puertas (Ezequiel 48:31-34).
Este número, que aparece unas veinte veces en el Apocalipsis, tiene que ver con el gobierno
patriarcal, el apostólico y el nacional. Así hallamos:
• Las doce estrellas (12:1).
• Los doce ángeles (21:12), que representan a la jerarquía del cielo.
• Las doce tribus (21:12), que representan a Israel como nación.
• Los doce fundamentos (21:14), que representan la fe.
• Los doce apóstoles (21:14), que representan a la Iglesia de Cristo.
• Los doce Frutos (22:2), que representan la bondadosa provisión del cielo.
• Las doce puertas (21:12, 21), que representan la libertad para entrar.
• Las doce perlas (21:21), que representan la gloria de la ciudad.
Entre los múltiplos del número doce tenemos:
• Doce mil estadios (21:16), las dimensiones de la nueva ciudad.
• Doce mil sellados (7:5-8): 12.000 de cada tribu; 144.000 en total.
Mucho de lo que se relaciona con Israel está indicado por medio de este número: los 144.000
señalados (7:4; 14:1) es un número constituido por doce veces doce mil, y
sugiere la perfección y la plenitud del propósito de Dios con relación a su pueblo.
• Veinticuatro es dos veces doce y significa la plenitud de autoridad y representación.
• Los veinticuatro ancianos (4:4, etc.), son los representantes de la luz y la gracia.
• Los veinticuatro tronos (4:4; 11:16) representan el lugar de poder y de juicio.
11. El cuarenta y dos
Seis veces siete es un número de significado profetice que lleva la idea de limitación.
• Hollarán la ciudad cuarenta y dos meses (11:2).
• Autoridad por cuarenta y dos meses (13:5).
Este período que representa 2.260 días, tres años y medio, o tiempos (dos años), tiempo (un
año) y medio tiempo (seis meses), está asociado con el anticristo y el tiempo de la congoja de
Jacob. Esta es la segunda mitad de la semana de Daniel (Daniel 9:24, 27). La duración de la
persecución de Israel ha sido fijada. Bullinger hace notar: El cuarenta y dos debe tener alguna
conexión con la perfección espiritual, porque es un múltiplo de siete. Pero es el producto de
multiplicarlo por seis. Por lo tanto, como el seis es el número de la oposición del hombre a
Dios, el cuarenta y dos cobra un significado muy importante en lo concerniente al resultado
final de la oposición del hombre hacia Dios.

Los Símbolos en el Apocalipsis

En nuestro estudio del Apocalipsis hemos tratado de explicar muchos de los símbolos que se
usan en este libro. En esta sección queremos indicar el valor del simbolismo y dar
algunos principios que orienten en cuanto a su interpretación. También queremos
presentar una clasificación de los numerosos símbolos usados por Juan.
Nunca debemos olvidar que la Biblia fue escrita en el Oriente, donde el lenguaje
es más colorido y pintoresco que en el occidente. Esta es la razón del uso de
símbolos, tipos y metáforas. Puesto que la Biblia es un libro inspirado por Dios y sus
escritores fueron dirigidos por el Espíritu de verdad, tuvieron su asistencia al escoger
el simbolismo y el estilo que usaron.
Debido a que es infinito, Dios tuvo que recurrir a un lenguaje que nosotros
pudiéramos entender. Esta es la razón para el amplio y variado uso de ilustraciones tomadas
del mundo que nos rodea para iluminar y reforzar las verdades divinas. Por
ejemplo, Dios que es "inmortal, invisible y el único sabio," parece estar fuera del ámbito
de nuestra comprensión y nuestro entendimiento. Nuestra mente, débil y deficiente, no
puede penetrar tal sublimidad. Pero cuando utiliza los símbolos para decirnos todo lo
que El es en sí, entonces nuestro corazón es bendecido y nuestra mente recibe
iluminación.
¡Cuan cerca de nosotros sentimos a Dios cuando nos dice que El es "sol y escudo"! (Salmo
84:11.) No podríamos vivir sin la luz, el calor y la energía del sol. La tierra depende en gran
manera de esta fuente celestial de energía. De la misma manera, nosotros
vivimos, nos movemos y somos en Dios. Así como no podemos vivir sin los
beneficios del sol, tampoco podemos subsistir ni somos nada sin Dios.
Para el salmista el escudo significaba una sola cosa: defensa o protección en la
guerra. Cuando el escudo se interpone entre el luchador y el enemigo, lo defiende
del filo de la espada y las puntas de las flechas. En verdad, Dios es el escudo de su propio
pueblo; se coloca entre él y el enemigo de su alma. Con mucha frecuencia, es
presentado en las Escrituras como la defensa de aquellos que confían en El. Israel estaba
seguro de que Jehová estaba alrededor de él, como las montañas rodean a Jerusalén.
Los símbolos son ventanas que dan luz; sugieren las verdades y las ideas de acuerdo con su
relación o asociación. La palabra símbolo viene de dos palabras griegas: Syn, que significa
"con", y ballein, que significa "lanzar," y en combinación sugieren "lanzar juntos".
A menudo los símbolos son una señal visible de una cualidad o idea invisible. Por ejemplo, el
león es símbolo de coraje; la paloma, de paz; el cordero, de humildad. Los
símbolos representan personas, cosas y atributos, gracias a algún rasgo de parecido entre el
símbolo y
el objeto simbolizado.
No siempre es fácil determinar la diferencia entre lo literal y lo Figurado. El Espíritu Santo,
sin embargo, proporciona el entendimiento espiritual necesario para interpretar
como es debido este bello y expresivo lenguaje simbólico de la Biblia. Un principio muy
seguro que debe ser observado, es tomarlo todo literalmente, a menos que se indique lo
contrario en el texto. Las langostas tenían en sus cabezas como coronas de oro
(9:7). No eran coronas verdaderas, sino que sólo tenían la semejanza de coronas.
Otra cosa que debemos tener presente en la interpretación de un símbolo es averiguar cuál
es su uso a través de las Escrituras y luego comparar los pasajes entre sí para determinar su
pleno significado. Si tomamos como ejemplo una figura usada con mucha frecuencia, como el
fuego, descubriremos que representa a Dios, a Cristo, al Espíritu, a la Palabra, a la autoridad
profética, al juicio, etc.
Al agrupar los símbolos del Apocalipsis, tomando en cuenta que hay casi trescientas citas del
Antiguo Testamento en él, nos damos cuenta de que las raíces de este último
libro de la Biblia se hunden en el pasado y de que el pasado puede ayudar a interpretar el
presente y el futuro.
1. Símbolos procedentes de la creación animal
a. El águila — Las invasiones repentinas hechas por los reyes (Ezequiel 17:2-7). También es
tipo de Cristo (4:7). Representa seguridad, bondad y cuidado para con Israel (12:14).
b. Las aves — Agentes veloces para hacer bien o mal (18:2). A veces representan la maldad
espiritual.
c. El becerro — Símbolo de vigor, juventud y actividad (Salmo 29:6; Oseas 14:2). Es un tipo de
Jesús, quien sirvió tanto a Dios como al hombre (4:7).
d. La bestia — Del griego zeríon, "bestia salvaje". Este término aparece unas treinta y cinco
veces (6:8; 11:7, etc.). Se aplica a los poderes imperiales que actúan sin sometimiento a Dios
(Daniel 4:16).
e. El caballo — Los caballos están relacionados con guerras y conquistas (6:1-8;
19:19). Tipifican el poder y la fuerza (Salmo 66:12; Oseas 1:7).
f El cordero — Este es un animal manso, frágil y apacible (Isaías 11:6; Lucas
10:3). Es mencionado cerca de treinta veces, principalmente refiriéndose a Cristo (5:6, etc.).
g. El dragón — El cruel poder de Egipto (Ezequiel 29:3). El dragón es tipo del
poder de
Satanás (12:7; 13:2-4; 20:2).
h. Las langostas — Tipifican a los enemigos destructores permitidos por Dios (Isaías 33:4).
Son usados como agentes para la ejecución de los tormentos sobre los impíos (9:3, 7).
i. El león — Símbolo de gobernantes, justos o injustos (5:5; 13:2; 1 Pedro 5:8); la grandeza
imperial de Babilonia (Daniel 7:4).
j. El leopardo — Símbolo de ferocidad, violencia, tenacidad y venganza (Jeremías 5:6; Daniel
7:6). Este animal representa al último tirano cruel de la tierra (13:2).
k. El oso — Una criatura de pelo largo y tosco (13:2). Vea Proverbios 17:12. Es un enemigo
fuerte y destructor; el imperio persa (Daniel 7:5).
l. Las ovejas — Tipo del pueblo de Dios. Se usan en relación con Cristo en el Salmo 79:13 e
Isaías 53:6, 7. Se mencionan también entre las mercaderías codiciables
destruidas en Babilonia (18:13).
m. El perro — Esta es una expresión de fuerte repulsión (Mateo 15:27; Filipenses 3:2). Los
perros representan a los perdidos, quienes carecen de sentimientos y de conciencia (Salmo
22:16; Apocalipsis 22:15).
n. La rana — Los egipcios fueron castigados con una plaga de ranas porque creían que los
reptiles eran inspirados por los dioses (Éxodo 8:2). Las ranas son tipo de los
espíritus inmundos (16:13).
o. Los seres vivientes — Del griego zóon. Aparece dieciocho veces en el Apocalipsis (4:6-9,
etc.) para referirse a seres angélicos de alto rango.
p. La serpiente — En hebreo, de una palabra que significa "siseo, silbido". Es griego de una
raíz que significa "astucia", "ardid".
Simboliza el artificio y la astucia satánicas y la sabiduría meramente humana (19:9; 20:2, 3).
2. Símbolos procedentes de los colores
a. El amarillo — Este color representa la palidez del rostro, como en Isaías 29:22 y Jeremías
30:6. Es símbolo de la muerte y de los "ayes" futuros (6:8).
b. El blanco — Este color es mencionado diecisiete veces en el Apocalipsis. Se aplica a Cristo
y a los santos. El blanco es símbolo de justicia y de victoria (19:14).
c. El negro — Usado para el luto y la lamentación personales y nacionales (Jeremías 4:28).
Símbolo del hambre y la miseria bajo el hombre de pecado (6:5, 12).
d. El púrpura — El color de la realeza y las riquezas (Éxodo 25:4, Lucas 16:19; Juan 19:2). En
la vestimenta de la gran ramera es símbolo del cristianismo apóstata.
e. El rojo — El color de la sangre representa la furia con la que se llevarán a
cabo las terribles guerras que ensangrentarán a la humanidad. Este es
también el color correspondiente a Satanás (12:3; 17:4).
3. Símbolos tomados del reino mineral
a. El bronce (cobre) — Soporta la prueba de fuego, por lo que simboliza la
resistencia (Deuteronomio 33:26) y la fuerza. Representa el juicio sobre el pecado
(Números 21:4-9; Apocalipsis 1:15).
b. El hierro — Da la idea de fuerza y poder irresistibles (Salmo 2:9; Daniel 7:7). El hierro es
símbolo de una conciencia y de un poder endurecidos y difíciles de quebrantar (2:27;
9:9;
12:5).
c. El oro — El más precioso de los metales. Se relaciona especialmente con la deidad. El oro
también simboliza la riqueza y el reinado (4:4; 9:7; 18:9-12).
d. Las piedras preciosas — Se encuentran entre los minerales de la tierra. Las
piedras preciosas y las perlas adornan la ciudad eterna (12:11; 19:21). A menudo
se usan para referirse al pueblo de Dios, su tesoro especial (17:4; 18:12; Malaquías 3:17).
e. La plata — Este material era utilizado en el dinero de redención (Éxodo 30:12-16; Levítico
5:15). La plata aparece entre las cosas corruptoras e idolátricas que Babilonia perdió a causa
del juicio (9:20; 18:12).
4. Símbolos tomados de las luminarias
a. El candelero — Símbolo de la Biblia, del conocimiento y de la salvación (Salmo 119:105;
Isaías 62:1). Representa el testimonio y el mensaje proclamados (1:12-20; 2:1, 5; 11:4).
b. Las estrellas — Las luminarias menores simbolizan los gobiernos subordinados
(Daniel
8:10-12). Tipifican a los seres celestiales, buenos y malos (1:16-20; 3:1; 22:16).
c. La luna — Refleja la luz del sol. Se habla de luna nueva en el Salmo 81:3 y en Ezequiel
46:1. Simboliza el testimonio del pueblo de Dios (Cantares 6:10; Apocalipsis 6:12; 8:12; 12:1;
21:23).
d. El relámpago — Símbolo de la obediencia relacionada con el poder judicial
de Dios (Ezequiel 1:13, 14; Nahúm 2:4). Simboliza también la majestad de Dios
(Daniel 10:6), la venganza y la ira divina (4:5; 8:5; 11:9; 16:18).
e. El sol — La supremacía en el cielo. El término hebreo equivalente significa
"brillante" (Malaquías 4:2; Hechos 26:13; 1 Corintios 15:41).
5. Símbolos tomados del cuerpo humano
a. La boca — Parte del cuerpo relacionada con la respiración, con el habla y
con la alimentación (Job 33:2; Éxodo 4:11). Se usa con referencia a Cristo, a los santos, al
anticristo
y Satanás (1:16; 3:16; 9:17; 12:15; 14:5).
b. El cabello — Los nazareos tenían el cabello largo (Jueces 16:17). El cabello
corto era distintivo de energía y dignidad masculinas (Números 6:18; 1 Corintios 11:14).
Simboliza la humanidad glorificada de Cristo y su edad incalculable (1:14).
c. El corazón — Es el asiento de los sentimientos, los afectos, la pureza (Salmo 40:8-12; 1
Timoteo 1:5). Dios puede escudriñar las motivaciones, los deseos y las emociones
(2:23;
17:17; 18:7).
d. La mano —La mano derecha implica posición y prestigio. Las manos
representan el trabajo. Son símbolos de posición, fuerza, acción y servicio (1:16; 9:20; 10:5;
14:9, 14).
e. La mente — La parte perceptiva y pensante de la conciencia (Ezequiel 11:5). Es símbolo de
unidad de decisión (17:13) y de sabiduría celestial (17:9).
f. Los ojos — Las ventanas del alma. Representan el conocimiento y la comprensión (Números
10:31; Salmo 123:2). Es símbolo de la dirección, la percepción y la inteligencia divinas (1:14;
4:6, 8; 21:4).
g. El pecho — El término hebreo significa "parte firme". Es representativo de salud
física, vigor, fuerza (Job 21:24). El pecho tipifica el afecto de Cristo y nuestro amor por El
(1:13;
15:6).
h. Los pies — Nos permiten detenernos, caminar, correr. La expresión "bajo los pies" significa
sujeción (Efesios 1:22). Simboliza el caminar como Cristo y el carácter y la
conducta cristianas (Efesios 6:15; Juan 13:1-10; Apocalipsis 1:15, 17; 3:9; 11:11; 12:1; 13:2).
i. El rostro — Indicador de carácter o expresión (Génesis 3:19; Proverbios 21:29). Simboliza
la gloria, la inteligencia y la omnisciencia reflejadas (1:16; 4:7; 21:4).
j. La voz — Se encuentra cuarenta y seis veces en Apocalipsis. Es una de
las grandes maravillas del cuerpo. Representa principalmente las amonestaciones
divinas (4:5; 8:13; etc.).
6. Símbolos tomados de la naturaleza
a. El ajenjo —- Una planta que representa la amargura y la depresión (Jeremías
9:15; Lamentaciones 3:15; Amos 5:7). Es símbolo de la maldición divina que provoca la amargura
de
los enemigos (8:11).
b. Los árboles — Hay tantas aplicaciones y significados como de veces se mencionan en la
Biblia. Son símbolo de sustento eterno (2:7; 7:1, 3; 8:7; 22:2, 14).
c. La cebada — La harina de cebada hecha pan (Jueces 7:13; Números 5:15; Ezequiel 13:19).
Es símbolo de pobreza, humillación y escasez (6:6).
d. Los frutos — Las cosas materiales que anhela el alma (18:14). Son símbolos de riqueza,
ganancias y bendiciones celestiales (Salmos 21:10).
e. La harina — La palabra hebrea viene del verbo "moler". La harina es molida y pulverizada
(Números 28:20) y tipifica a Cristo en sus sufrimientos (Números 28:28). Se encuentra entre
las mercaderías que Babilonia pierde en el juicio (Apocalipsis 18:13).
f. La hierba — En hebreo, "heno verde". Simboliza la fragilidad de la carne (Salmo 90:5; Isaías
40:6-8). Es símbolo del juicio como parte integrante de la vida (8:7; 9:4).
g. La higuera — Es símbolo de la vida nacional y política de Israel (Mateo 21:19-21; 24:32,
33). Simboliza también la seguridad, la prosperidad y la paz (Zacarías 3:10; Apocalipsis 6:13).
h. La madera — La provisión abundante de la naturaleza. Observe alrededor de usted
los usos de la madera. Es símbolo de idolatría y juicio (9:20; 18:12).
i. Los olivos — Tipo de Israel (Salmo 52:8; Romanos 11). Vea también Jueces
9:8, 9 y
Jeremías 11:16. Describen los frutos y el testimonio de los testigos (11:4).
j. Los olores — La fragancia de la adoración ofrecida a Dios (Levítico 26:31; Filipenses 4:18).
Simbolizan el perfume de las oraciones que ascienden hacia Dios (5:8; 18:13).
k. Las palmas — En hebreo su nombre significa "erecta". Símbolo del florecimiento de
los justos (Salmo 92:12; Cantares 7:7, 8).
l. El trigo — Es una figura usada para representar a Cristo, la Palabra de Dios y la profesión
de los santos (Jeremías 23:28; Mateo 13:24-30). Este artículo de primera necesidad para la
vida estaba asociado con el juicio (6:6; 18:13).
m. Las uvas — Sangre, o fruto de la vid (Génesis 49:11); representa a Israel (Jeremías 2:21).
Simboliza el juicio de los apóstatas (14:18). n. El vino — En hebreo,
"exprimido". En Apocalipsis el vino es símbolo del juicio divino (14:8, 10; 16:19; 19:15).
7. Símbolos tomados de las fuerzas de la naturaleza
a. El abismo — Hebreo, "prisión". Se usa en relación con el seol, o lugar a donde van
los espíritus (Isaías 14:15; 24:22). Es símbolo de la morada de los malos espíritus y de la prisión
de Satanás por mil años (9:1, 2; 20:1).
b. Las aguas — El término aparece unas dieciocho veces en el Apocalipsis. Se usa
para referirse a las influencias buenas y malas (Salmo 1:3). Es símbolo de bendición y también
de
las naciones agitadas satánicamente (8:11; 16:4, 5; 17:15; 21:6; 22:1).
c. El arco iris — En hebreo, "arco en las nubes" (Génesis 9:3). Está entre el cielo y la tierra.
Es símbolo de gracia y misericordia y representa la fidelidad de un Dios que guarda su pacto
(4:3; 10:1).
d. Los cielos — Palabra que aparece cincuenta y siete veces en el Apocalipsis. Tiene un triple
significado: el cielo atmosférico, el cielo de los astros y el cielo espiritual. Es
símbolo de Fuente de autoridad y de luz (6:13; 8:10; etc.).
e. El diluvio — En hebreo, "inundación". Se asocia con el juicio de Dios en la época de Noé
(Génesis 6:17). Es símbolo del odio de Satanás contra Israel (12:15, 16).
f. El granizo — Azote usado para describir el poder de Dios en su actuación como Juez (Isaías
30:30). Símbolo de la destrucción de las obras de los malvados (8:7; 11:9; 16:21).
g. El lago — La frase "lago de fuego" aparece cinco veces en el Apocalipsis. Vea
también
Números 16:32-34; Isaías 5:14. Es símbolo de la inmersión en una agonía interminable (19:20;
20:10, 15).
h. El mar — Se hace mención del mar unas veinticinco veces en el Apocalipsis. Se usa literal y
simbólicamente. Es símbolo de transparencia celestial y también de pueblos en
estado de confusión (4:6; 5:13; 8:8; 21:1).
i. La montaña — Representa estabilidad y grandeza política y moral (Daniel 2:35;
Salmo
125:1, 2). Simboliza el derrocamiento de la prominencia nacional (6:14, 16; 8:8; 14:1; 17:9;
21:10).
j. Las nubes — Debido a su naturaleza transitoria, las nubes representan los
movimientos divinos (Salmos 18:11; 104:3). También simbolizan la presencia divina, la
majestad y la gloria encubierta de Dios (1:7; 10:1; 11:12; 14:14-16).
k. El río — Símbolo de dones y bendiciones espirituales (Salmo 36:8; Juan 7:38, 39). Simboliza
el refrigerio eterno de los santos (8:10; 9:14; 16:4; 22:1).
l. Los terremotos — En hebreo, "vibración". Representan las calamidades y
tragedias repentinas (1 Reyes 19:11). El terremoto simboliza la convulsión y el trastorno
en el orden establecido en la tierra (6:12; 11:13; 16:18).
m. El trueno — En hebreo, "choque". Es evidencia de poder divino (1 Samuel 2:10). Es símbolo
de la voz de Dios en el juicio. Aparece diez veces en el Apocalipsis (4:5; 6:1; 14:2; etc.).
n El viento — Usado para representar el poder invisible y grandioso de Dios (Isaías
11:15; Juan 3:8; Hechos 2:2). El viento simboliza las operaciones divinas, invisibles pero
poderosas (6:13; 7:1).
8. Símbolos tomados de Personalidades
a. El anciano — Este término se usa en total unas doce veces en el Apocalipsis. Se aplica a
los líderes y supervisores, tanto judíos como cristianos. Es símbolo de edad,
experiencia v sabiduría (1 Pedro 5:1-3) y de los santos del cielo en su carácter de
sacerdocio real (4:4; etc.).
b. El hijo varón — Una frase usada para indicar el sexo de un niño (Levítico 12:2; Job 3:3;
Isaías 66:7). Representa a Cristo como el hijo nacido de María (12:5, 13).
c. El juez — Administrador de justicia y de veredictos (1 Reyes 3:9). Representa los justos
juicios que vendrán sobre santos y pecadores (16:10; 18:8; 19:2, 11; 20:13).
d. El profeta — Los profetas presentan los mensajes y las advertencias de Dios. Este término
se usa doce veces en el Apocalipsis, tanto para designar a los verdaderos profetas como a los
falsos (2:20; 10:7; 16:13; 20:10).
e. La ramera — En griego, pome, de donde viene la palabra pornografía.
Simboliza la corrupción religiosa y el adulterio espiritual (17:1-16; 19:2; 21:8).
f. El rey — En hebreo, "gobernante". Se usa veintiún veces (como "reino", seis
veces). Poseedor del poder supremo y la autoridad (1 Timoteo 1:17). Este título es
símbolo de la dignidad de Cristo y de sus santos (1:5, 6; 17:14; 19:16).
g. El sacerdote — En el orden sacerdotal de Aarón sólo habían varones; esto es tipo de Cristo
(Hebreos 3:1). Todos los redimidos, hombres y mujeres, están incluidos en el sacerdocio real de
los creyentes (1:6; 5:10; 20:6).
9. Símbolos tomados de los objetos inanimados
a. La coraza — Usada para la defensa (Éxodo 25:7; Isaías 59:17;
Efesios 6:14). Simboliza la protección y la seguridad para el corazón y la
conciencia (1
Tesalonicenses 5:8; Apocalipsis 9:17).
b Los cuernos — Representaban el poder y la gloria de los reyes (Salmo 75:10;
132:17; 1
Samuel 2:1). También simboliza el poder y la autoridad del hombre de pecado (5:6;
13:1;
17:12, 16).
c. La espada — Representa la autoridad y el poder de los magistrados (Romanos 13:4). Es
símbolo de la Palabra de Dios, del juicio administrado por Cristo y también de la guerra (1:16;
2:12, 16; 6:8; 19:15-21).
d. Los libros — Representan un relato o un registro escrito o impreso. Aparece el término
unas veintiocho veces en Apocalipsis. En los libros mencionados se incluyen
registros de hechos, decisiones y recompensas (1:11; 10:2; 17:8; 20:12; 22:18).
e. El lino fino — En hebreo, "cardado, blanqueado, torcido" (Génesis 41:42).
Simboliza la justicia de Cristo y la pureza nuestra. /. Las llaves — Las llaves sugieren el
derecho a ejercer autoridad y simbolizan la posesión de conocimiento (Isaías 22:22;
Mateo 16:19; 18:18). Simbolizan además conocimiento, autoridad y gobierno divinos (1:18;
3:7; 9:1; 20:1).
g. Las puertas — En hebreo, "aperturas". Una puerta abierta denota seguridad y
acceso (Isaías 60:11). Las puertas no sólo son símbolo de gobierno (Génesis 19:1), sino
también de entrada libre en la ciudad (21:12-14).
h. El sello En hebreo, procede del verbo "cerrar". Casi siempre se usa para referirse a una
transacción consumada (Ester 8:8; Efesios 1:13). El sello es símbolo de
seguridad, conservación y juicio (5:1-10; 6:1-17; 7:2; 9:4).
i. El tabernáculo — Una estructura temporal (2 Corintios 5:1, 4; 2 Pedro 1:14) y la morada
corporal de Jesús (Juan 1:14). Representa el lugar donde Dios hace sentir su presencia (13:6;
15:5; 21:3).
j. El Templo — Morada permanente, separada para la adoración (1 Reyes 6:1-14;
Salmo
68:29). Este término aparece dieciséis veces en el Apocalipsis. Simboliza la habitación eterna de
Dios en medio de su pueblo (3:12; 7:15; 11:19; 21:22).
k. La trompeta — Las trompetas se usaban por múltiples razones en las
actividades y reuniones públicas (Isaías 27:13; Zacarías 9:14). La trompeta es símbolo del rapto
de la Iglesia
y del juicio (1 Tesalonicenses4:16; Apocalipsis 1:10; 8:2; 9:14).