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Informe de Política Monetaria a marzo de 2019

Existe consenso a nivel internacional que la mejor contribución que la política


monetaria puede hacer al crecimiento ordenado de la economía de un país es el
mantenimiento de la estabilidad en el nivel general de precios, es decir, una
inflación baja y estable. Durante el primer trimestre de 2019, conforme el
calendario previsto, la Junta Monetaria, se reunió en febrero y marzo para decidir
sobre el nivel de la tasa de interés líder de política monetaria. En dichas sesiones,
la Junta Monetaria decidió mantener dicha tasa en 2.75%, tomando como base el
análisis integral de la coyuntura tanto externa como interna, expresado en un
balance de riesgos de inflación.

A nivel internacional, la inflación se moderó durante el primer trimestre del


presente año, debido, en gran medida, a la disminución del precio de los
energéticos y a la moderación del crecimiento económico, en algunas de las
principales economías a nivel mundial, la actividad económica continúa
expandiéndose, aunque a un ritmo menos dinámico y con niveles elevados de
incertidumbre y riesgos a la baja. En el entorno interno, el PIB real creció 3.1% en
2018, superior al crecimiento del año anterior (2.8%). Para 2019, se estima que la
actividad económica crecería en un rango entre 3.0% y 3.8%, apoyada por el
aumento de la demanda interna, principalmente, el gasto de consumo del gobierno
general y en la formación bruta de capital fijo.

Desde un panorama general durante el primer trimestre de 2019, la actividad


económica mundial evidenció una moderación en su ritmo de crecimiento. En
efecto, los indicadores de corto plazo apuntan a que el crecimiento, tanto en las
economías avanzadas como en las economías de mercados emergentes y en
desarrollo, continuaría desacelerándose de manera generalizada durante el
presente año, al tiempo que prevalecen los riesgos a la baja, principalmente
relacionados con las controversias en las políticas comerciales, principalmente
entre los Estados Unidos de América y la República Popular China, así como las
tensiones geopolíticas; sin embargo, las medidas de estímulo previstas en la
República Popular China y la mejora en las condiciones financieras
internacionales contribuirían a alcanzar un mayor dinamismo en 2020. Ante este
panorama, el FMI prevé un crecimiento económico mundial de 3.3% para 2019 y
3.6% para 2020, reflejo de que las economías avanzadas se expandirían a un
ritmo de 1.8% y 1.7%, respectivamente; mientras que las economías de mercados
emergentes y en desarrollo crecerían 4.4% y 4.8%, en su orden.

En los últimos años, la economía de los Estados Unidos de América se ha


caracterizado por un crecimiento económico robusto, una política fiscal expansiva,
una tasa de desempleo que se ubica por debajo de su tasa natural y un entorno
externo favorable. De persistir dicho comportamiento (hasta julio del presente
año), la actual expansión económica sería la más prolongada que se haya
registrado en la historia moderna de dicho país. Sin embargo, desde finales del
año anterior, los riesgos a la baja para la actividad económica mundial han
aumentado, en un contexto en el que prevalece la incertidumbre en algunas de las
economías avanzadas, las condiciones financieras a nivel mundial son más
restrictivas, la economía china se ha desacelerado y las tensiones comerciales se
han agudizado.
De acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI), se prevé que el crecimiento
en Estados Unidos de América disminuya a 2.5% en 2019 y posteriormente a
1.8% en 2020, conforme se desvanezcan los efectos del estímulo fiscal y la tasa
de los fondos federales supere temporalmente la tasa de interés neutral.

En ese sentido, si bien no se trata necesariamente del inicio de una


desaceleración importante, hay que considerar diversos riesgos que han ido
intensificándose y que podrían afectar no sólo a Estados Unidos de América, sino
también a los países del grupo de economías emergentes y en desarrollo.

En lo interno, la actividad económica para Guatemala en 2018, medida por el


Producto Interno Bruto (PIB), registró un crecimiento de 3.1% (2.8% en el año
previo). Dicho crecimiento se explica, por el lado del gasto, por el aumento de
4.5% de la demanda interna, en particular, del consumo privado; mientras que por
el origen de la producción, destaca el desempeño positivo de las ramas de
actividad económica siguientes: comercio al por mayor y al por menor; industrias
manufactureras; servicios privados; transporte, almacenamiento y
comunicaciones; y agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca. Dichas
actividades económicas, en conjunto representaron alrededor de 85% de la tasa
de crecimiento del PIB para 2018.