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ESCENAS DEL QUIJOTE

ESCENA I

(Se abre el telón. El escenario a oscuras. Se centra la luz en el narrador)

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo


vivía un hidalgo de mediana edad. Unos dicen que se llamaba Quijada, otros Quesada, y
otros Quijana, pero poco importa eso para nuestra historia.

(Se va iluminando el escenario. Estamos en la habitación del hidalgo)

Era delgado, sus piernas eran largas y flacas, su cara seca. Le gustaba madrugar e ir de
caza. Se pasaba las horas leyendo libros de caballerías, hasta tal punto, que no hacía
otra cosa. Incluso vendió tierras para comprarse más libros.

Leía de día y de noche las aventuras fantásticas que vivían los caballeros de esos libros:

QUIJOTE: Desde luego, el Cid fue un gran caballero, pero nada que ver con el Caballero
de la Ardiente Espada. Aunque desde luego, Bernardo del Carpio fue el mejor.

Acabó creyendo que todas esas historias eran ciertas, que había gigantes y
encantadores, desafíos y batallas; odiaba a los malos y admiraba a los valientes. Y tanto
se metió en esos libros que decidió algo muy importante:

QUIJOTE: Ya sé lo que quiero ser: un caballero andante. Conseguiré fama, ayudaré a la


gente, y con los años, todo el mundo me recordará como el más grande caballero.

(TELÓN)

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ESCENA II

(Se abre el telón. Mismo escenario.


Narrador)

Pero para ser caballero andante


necesitaba tres cosas: armas, caballo y
una dama a quien servir. Encontró en su
casa las armas de sus bisabuelos: un
escudo, una espada, una coraza y una
lanza. Estaban sucias, pero él las limpió.
Entonces se dio cuenta de que le faltaba
un casco que le cubriera la cabeza.

QUIJOTE: ¡Aquí hay un casco!

El hidalgo se acordó de su caballo, que solo tenía piel y huesos, y pensó que debía
ponerle un nombre, como el Babieca del Cid o el Bucéfalo de Alejandro Magno. Después
de muchos nombres que formó, borró y quitó dijo:

QUIJOTE: Se llamará Rocinante, porque antes fue Rocín y ahora será el primero y más
importante de todos los rocines del mundo.

Se pasó luego ocho días buscándose a sí mismo nombre de caballero, hasta que lo
encontró:

QUIJOTE: ¡Lo tengo! Me llamaré Don Quijote de la Mancha. Así llevaré el nombre de mi
tierra a la gloria eterna.

Esto lo hizo siguiendo el modelo del gran Amadís, que era de Gaula, y por eso fue
conocido como Amadís de Gaula, dando honra a su patria.

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Tenía ya armas, caballo y nombre, pero se dio cuenta de que le faltaba algo esencial: una
dama a quien amar. Porque cuando él venciese a gigantes o a caballeros tendría que
mandarlos a su dama para que se pusieran a sus pies y le contaran cómo los había vencido
el gran Don Quijote de la Mancha.

De pronto, se acordó de que durante un tiempo estuvo enamorado de una labradora de un


pueblo vecino llamada Aldonza Lorenzo. Esa sería su dama. Pero debía cambiarle el
nombre y ponerle uno adecuado.

(Sale Dulcinea a escena).

QUIJOTE: Se llamará Dulcinea del Toboso (señalándola).

(TELÓN)

ESCENA III

(Se abre el telón. El escenario es el campo. Poca luz al principio, irá creciendo a medida
que se narra)

Una mañana del mes de junio, muy temprano, sin decir nada a su sobrina y a su ama, que
vivían con él y lo cuidaban, se puso las armas, se subió a Rocinante, cogió la lanza y salió
(entra en escena Don Quijote) por la puerta del corral al campo.

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Empezó a andar, contento de lo fácil que le había resultado convertirse en caballero
andante. Hasta que, de pronto, se dio cuenta de que aún no lo era, porque no había
sido armado caballero, lo que quería decir que no podría luchar contra nadie.

Se disgustó tanto que estuvo a punto de renunciar, sin embargo, decidió continuar y
armarse caballero en la primera ocasión que tuviera, como había leído en sus libros.

Al anochecer (bajan las luces), después de todo un día sin que pasara nada,
agotados caballo y caballero, muertos de hambre y cansancio, Don Quijote vio una
venta (elevan la venta, la bajan, y suben el castillo), pero a él le pareció que era un
castillo, como salían en los libros, con sus torres y almenas, con fosos y puente
levadizo.

En los libros, el caballero podía entrar en el momento que alguien tocara una
trompeta anunciando su llegada. Por casualidad (hombre aparece en la escena como
si estuviese llevando cerdos) un porquero que andaba cerca recogiendo sus cerdos
tocó un cuerno (toca), y ese sonido fue para Don Quijote la señal que esperaba.
Entonces se dispuso a entrar en el castillo (comienza a andar hacia el fondo del
escenario donde está el castillo).

(TELÓN)

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ESCENA IV

(Se abre el telón. El escenario es el patio de la venta: pozo, abrevadero. En escena las
mozas. También Don Quijote. Sigue narrando)

¡Cuál fue el susto que se llevaron al verlo unas mozas que estaban en la venta! (las
mozas interpretan primero miedo, luego sorpresa, después se burlan).

QUIJOTE: ¡No teman, vuesas mercedes, que non habrá desaguisado alguno, ca en la
orden de caballería que profeso tan altas y bellas doncellas non pueden padecer.

Al oírlo hablar como en los libros de caballerías y ver el aspecto que tenía, empezaron a
reírse de Don Quijote, cosa que empezó a enfadarlo. Suerte que rápidamente salió el
ventero, al que creyó el alcaide de la fortaleza.

VENTERO: Buenos días tenga vuesa merced. Pase usted, que será un gran honor para
mí que tenga descanso y comida en mi humilde posada (Las mozas siguen riéndose).¡Y
vosotras, a trabajar!

QUIJOTE: Muchas gracias, buen hombre. Será un placer pasar a su castillo.

(Las mozas salen de escena riéndose, el ventero las mira y gesticula enfadado)

(TELÓN)

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ESCENA V

(Se abre el telón. El escenario es el interior de la venta: mesa, silla, bebida y comida. En
escena las mozas, el Quijote y el ventero)

Las mozas le ayudaron a desarmarse, pero no pudieron quitarle el casco. Para que no se
le cayera, él tenía que sujetárselo con las manos, así que solo pudo comer con la ayuda
de las mozas, que le ponían la comida en la boca y una caña para que pudiera beber.

(Las mozas salen de escena)

Y dado que a él le parecía que comía en un castillo y le ayudaban bellas doncellas,


decidió que ese era el lugar adecuado para armarse caballero. Y así se lo pidió al
señor del castillo (lo representan sin hablar), que como también era aficionado a los
libros de caballerías, aceptó hacerlo.

(Salen los dos de escena. Se apagan las luces)

(TELÓN)

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ESCENA VI

(Se abre el telón. El escenario es el patio de la venta. De noche (poca luz). Las armas de
Don Quijote junto al pozo)

Pasó la noche velando sus armas, como decían los libros, que había puesto junto al pozo
y el abrevadero del patio de la venta. Con su lanza y su escudo paseó y paseó alrededor
de ellas.

A uno de los arrieros que se alojaba en la venta (entra en escena con un cubo) se le
ocurrió ir a por agua para sus mulas. Se dispuso a quitar las armas. Cuando Don Quijote
lo vio le advirtió:

QUIJOTE: ¡Tú, quienquiera que seas, atrevido, insensato, que tocas las armas del más
valeroso caballero andante! ¡No las toques si aprecias tu vida!

Cuando el arriero, sin hacerle caso, tira las armas al suelo, Don Quijote golpea con su
lanza en la cabeza del arriero, con tal fuerza que lo tumba a plomo.

ARRIERO: ¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Que me matan!

Al oír las voces, otros arrieros que estaban en la venta (entran en escena) acuden para
ayudar a su compañero. Desde lejos, empiezan a tirarle piedras. Don Quijote se protegía
con su escudo:

QUIJOTE: ¡Malditos! ¡Traidores!

VENTERO: ¡Dejadle! ¡Parad! ¿No veis que no está cuerdo? ¡Fuera! Venid buen caballero,
que ha llegado el momento que estaba esperando.

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El ventero, temiendo males mayores, llamó a las mozas (entran) para empezar la
ceremonia que hiciera a Don Quijote caballero.

Primero hizo que se pusiera de rodillas, luego cogió el libro donde anotaba los gastos de
la venta y murmurando entre dientes le dio el espaldarazo. De esta forma Don Quijote
quedó convencido de que el dueño del castillo y las doncellas lo habían ordenado
caballero. Así, contentísimo, se subió a Rocinante y se marchó de la venta.

(TELÓN)

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ESCENA VII

(Se abre el telón. El escenario es el campo. Don Quijote cabalga)

Ya tenemos a Don Quijote como caballero andante. Cabalgando, llegó a una encrucijada,
donde el camino se dividía en cuatro, y dejó a Rocinante que escogiese el que quisiera,
porque había leído en los libros que así lo hacían los caballeros.

A lo lejos vio venir a un montón de gente (entran). Eran mercaderes toledanos que iban a
comprar seda a Murcia con sus criadas. Pero Don Quijote creyó que eran caballeros
andantes y los desafió al modo de los libros de caballerías.

QUIJOTE: ¡Que todo el mundo se detenga y que confiese que no hay en el mundo
doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso!

Cuando vieron su extraña figura y su raro discurso se quedaron primero asombrados,


pero luego le siguieron la corriente como a un loco:

COMERCIANTE 1: Por supuesto, buen caballero, aquí nos paramos.

COMERCIANTE 2: Pero eso que dice, si supiéramos cómo es esa bella dama, podríamos
decirlo con mayor cabalidad.

QUIJOTE: ¡Qué mérito tendría eso, insensato! Decid que es la más hermosa dama o
moriréis aquí mismo.

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COMERCIANTE 1: Está bien, buen caballero, estamos dispuestos a afirmar que esa tal
Dulcinea es la más bella dama, y lo haríamos así estuviera tuerta de un ojo.

Al oír esto Don Quijote se puso muy furioso y se preparó a atacar con su lanza. Pero tuvo
tan mala fortuna que Rocinante tropezó y ambos cayeron a la tierra. Quiso levantarse
Don Quijote, pero no pudo por el peso de las armas.

(Poco a poco empiezan a salir de escena, riéndose del Quijote)

QUIJOTE: ¡Non fuyáis, gente cobarde! Atended. Si he caído ha sido por mi caballo.

Uno de los mercaderes le quitó la lanza a Don Quijote y le golpeó con fuerza en varias
ocasiones.

(Todos se van. Solo queda Don Quijote tirado en mitad del camino)

Cuando todos se marcharon, en medio del camino quedó nuestro caballero andante, sin
poderse mover. Por suerte, un labrador de su pueblo pasaba por allí y le ayudó a
levantarse.

QUIJOTE: ¡Oh, noble marqués de Mantua! Mil gracias le doy por su bondad y gentileza.

LABRADOR: Señor Quijana, yo no soy ese marqués de Mantua, soy vecino de usted.
¿Quién le ha hecho esto, señor?

QUIJOTE: ¡Yo sé quién soy! ¡Soy Don Quijote de la Mancha! ¡Yo sé quién soy y mis
hazañas darán fe de lo que digo!

(Sale don Quijote apoyándose en el labrador, se van apagando las luces)

(TELÓN) 10
ESCENA VIII

(Se abre el telón. El escenario es la fachada de la casa de Don Quijote. Entran Quijote y
el labrador. Esperan el ama, la sobrina, el cura y el barbero).

Así vieron llegar al molido Don Quijote el ama, la sobrina, el barbero y el cura del pueblo,
que eran muy amigos suyos. Todos habían estado muy preocupados porque no sabían
nada de él.

SOBRINA: ¡Eso es por culpa de los libros de caballerías esos!

AMA: ¡Le han secado el cerebro! Nada bueno le han dado, solo locuras y locuras.

CURA: Llevémosle adentro y que descanse, le hará falta.

QUIJOTE: Ha sido por culpa de Rocinante, contra diez estuve peleando, pero cayó...

(Salen de escena mientras se van apagando las luces)

(TELÓN)

ESCENA IX

(Se abre el telón. Mismo escenario de antes. Cura, barbero, ama y sobrina).

A la mañana siguiente, el cura, el barbero, el ama y la sobrina tenían muy claro lo que
querían hacer.

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AMA: No debe quedar ninguno vivo, maese Nicolás. Todos han sido los dañadores de
la cabeza de mi buen señor.

BARBERO: Algunos podrían salvarse. Por ejemplo, estos cuatro de Amadís de Gaula
dicen que son de los mejores que se han escrito. Estos podrían salvarse.

SOBRINA: Pero que sean pocos. Este por ejemplo, a la hoguera, este, también.
Fijaos qué título: Las sergas de Esplandián. ¡Al fuego!

CURA: ¡No, insensata! Merece perdón, pues es del mismo linaje que Amadís, y por
tanto, tiene su mismo valor. Debe salvarse.

SOBRINA: Don Olivante de Laura, ¿qué hacemos con este?

TODOS: ¡A la hoguera!

AMA: Este se titula Florismarte de Hircania. ¿Qué hacemos con este?

CURA: ¡Fuego para él!

BARBERO: Desde luego este sí merece perdón: El caballero de la Cruz. Dicen que
este es muy interesante y no hay cosa en él que no sea entretenida.

Así estuvieron durante un buen rato, leyendo títulos y salvando o castigando con
fuego los bienes más preciados del buen caballero, sus libros, para ellos el origen de
su locura, para Don Quijote el inicio de su libertad.

(TELÓN)

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ESCENA X

(Se abre el telón. En un escenario vacío, solo Don Quijote que debe interpretar angustia,
tristeza, soledad)

Cuando a los dos días Don Quijote se levantó y fue a ver sus libros, no encontró siquiera
la puerta de su biblioteca, porque los guardianes de la razón, el ama, la sobrina, el cura y
el barbero, se habían encargado no solo de quemar sus libros, sino también de tapiar la
puerta de entrada al universo de nuestro caballero.

Estos intentaron convencerlo de que todo había sido cosa de encantadores, del mago
Frestón, que había hecho desaparecer el mayor tesoro de este, los libros que le hacían
vivir otra realidad.

Quince días después, cuando parecía que todo había vuelto a la calma, Don Quijote
volvió a sus sueños. Un labrador vecino suyo, Sancho Panza (entra en escena) se cruzó
en su camino:

QUIJOTE: Eso es así, amigo. Ganaremos varias ínsulas, y de la que elijas, serás
nombrado gobernador.

SANCHO: Mire usted que yo de eso poco sé.

QUIJOTE: Poco hay que saber, porque todo esto se sabe y viene de origen. Que si para
todo lo que se aprende hay que saber poco se habría hecho en el mundo.

SANCHO: No sé, no sé. Mis ambiciones son sencillas, pero si usted dice que es así.

El pobre labrador, ante tales promesas, se comprometió a ser su escudero e ir con él en


busca de aventuras sin decir nada a su mujer y sus hijos.

Por fin, una noche (se aflojan las luces), salieron los dos sin despedirse de nadie, Don
Quijote sobre Rocinante y Sancho sobre su asno. Caminaron para que el amanecer los
cogiera lejos de sus casas. Y así fue.

(TELÓN)

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ESCENA XI

(Se abre el telón. El escenario es el campo. Don Quijote y Sancho sobre sus animales. Es
de día)

Iban los dos hablando de islas por el camino de Montiel cuando se dibujaron en el
horizonte unos molinos de viento (arriba los molinos). Don Quijote, en cuanto los vio, le
dijo a Sancho que iba a emprender una dura batalla contra esos desaforados gigantes
(cambio de gigante por molino).

SANCHO: Pero señor Don Quijote, ¿qué dice de


gigantes? Son molinos.

QUIJOTE: Calla, insensato. Gigantes son, de brazos


largos y fuertes. Míralos.

SANCHO: Perdóneme usted, pero son molinos.

QUIJOTE: Yo sé qué son. Pueda que sea obra de


encantamiento por lo que no los ves.

Como no podía convencerlo, Don Quijote le dijo a Sancho que se apartara. Se preparó y
se lanzó contra ellos sin hacer caso de las voces de Sancho, que le gritaba que por
piedad se quedara quieto.

Se levantó un poco de viento y las grandes aspas del molino se pusieron en marcha y
engancharon la lanza de nuestro caballero, haciendo que este cayera con Rocinante al
suelo. Sancho fue corriendo hacia él.

SANCHO: ¿No le dije yo que eran molinos? ¿Por qué insistió? ¿Está bien? ¿Se
encuentra bien? Si es que se lo había dicho ya, y usted seguía.

QUIJOTE: Sin duda es trabajo de encantamientos, buen Sancho, y es que contra esto
poco se puede hacer.

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NARRADOR: Como esta viviría el buen caballero otras historias, y en casi todas salió
igual. Al final volvió a casa, y al borde de la muerte, reconoció su locura, pidió perdón y
murió en paz. Pero, de verdad, ¿era un loco Don Quijote? ¿Es un loco aquel que sale a
cumplir sus sueños y lo hace? ¿Es un loco aquel que tiene muy claro lo que quiero ser y
al final lo acaba siendo? Dijo que iba a ser recordado por sus hazañas para siempre, y así
ha sido, ¿o no seguimos hablando de él cuatro siglos después de haber aparecido?

Para todos los locos que tienen sueños, para todos aquellos que escuchan cómo muchos
les dicen que es imposible hacer lo que quieren hacer, para esos sacó Cervantes a su
hidalgo convertido en caballero, para que nunca olvidemos que los únicos que pueden
ponerle freno a nuestros sueños somos nosotros mismos.

Muchas gracias, Don Miguel, porque Don Alonso Quijano, Don Quijote de la Mancha
sigue y seguirá vivo mientras haya locos por el mundo que tengan sueños por cumplir.

(TELÓN)

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