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EL TRIDIMENSIONALISMO JURÍDICO

Consideramos que una corriente teórica que permite una superación epistemológica
del dualismo establecido por el positivismo jurídico, es el tridimensionalismo de Miguel
Reale que supera este dualismo y permite tener conciencia de los diversos factores
o dimensiones que interactúan dentro del derecho. Cuyo fundamento no es una
construcción intelectual, sino el resultado de la verificación objetiva de la consistencia
fáctico-axiológica-normativa en cualquier momento de la experiencia jurídica.

Dentro de esta concepción, en la experiencia jurídica como un tipo de experiencia


histórico social, la norma es más que una proposición lógica de naturaleza ideal, es
ante todo una realidad cultural en donde el hecho y el valor se implican y la norma
aparece como proceso culminante dentro de la experiencia jurídica, objetivando y
seleccionando un hecho social en función a ciertos valores derivados del contexto
histórico y cultural. “La norma jurídica no puede ser interpretada como abstracción de
los actos y valores que condicionaron su advenimiento, ni de los actos y valores
sobrevinientes; así como tampoco de la totalidad del ordenamiento donde está inserta;
lo que torna ya superados los esquemas lógicos tradicionales de la comprensión del
derecho”.

Comprensión tridimensional donde el valor adquiere un papel inusitado en la


conformación del derecho, determinando el hecho y su objetivación en la norma a
partir del valor.

En palabras de Miguel Reale:

El valor es un objeto autónomo, que no podemos reducir a objetos ideales,


determinado por la categoría del ser, y siendo el fundamento del deber ser. La
objetividad del valor resulta inconcebible sin ser referida al plano de la historia
entendida como “experiencia espiritual”, en la cual son discernibles ciertas “constantes
axiológicas”, irradiadas de un valor-fuente (la persona humana) que condiciona todas
las formas de convivencia jurídicamente ordenada (historicismo axiológico).
Consecuente es la reformulación del concepto de experiencia jurídica cómo modalidad
de experiencia histórico-cultural, en la cual el valor actúa como uno de los factores
constitutivos de esa realidad (función óntica) y, concomitantemente, como prisma de
comprensión de la realidad por él constituida (función gnoseológica) y como razón
determinante de la conducta (función deontológica).
En virtud de la naturaleza trivalente del valor y de la triple función por él ejercida en la
experiencia histórica, el derecho es una realidad “in ieri”, reflejando, en su dinamismo,
la historicidad misma del ser del hombre, que es el único ente que, de manera original,
es en cuanto debe ser, siendo el valor de la persona la condición trascendental de
toda la experiencia, ético-jurídica (personalismo jurídico).
POSITIVISMO JURÍDICO

El positivismo jurídico está íntimamente ligado al desarrollo del Estado


contemporáneo, y aunque con precedentes en los legistas medievales o en los juristas
de Estado absoluto, surge a principios del siglo XIX. El punto de partida es la
reducción del objeto de la Ciencia Jurídica al conocimiento del conjunto de normas que
constituyen el Derecho vigente o positivo. El jurista se limita en su análisis al Derecho
dado o puesto absteniéndose de cualquier valoración ética o de cualquier
consideración sobre la imbricación de la norma con la realidad. Como señala Ángel
Latorre el positivismo representa una típica actitud mental de “aislamiento” del
Derecho que puede ser estimado como algo separado de la consideración global de
los fenómenos sociales. El positivismo jurídico no es, sin embargo, relativista o
indiferentista pero parte de que el científico del Derecho no puede detenerse en los
valores o principios a que éste responde, aunque lógicamente promueve la crítica del
Derecho positivo para su ajuste a aquellos valores y principios.

LA TEORÍA PURA DEL DERECHO DE KELSEN

El positivismo jurídico culmina en la gran obra de Hans Kelsen, la “Teoría pura del
Derecho” publicada en 1911. Parte de las tesis formalistas de la escuela del Derecho
Público, pero da un paso más para separar radicalmente del ser (“Sian”) y del deber
ser (“sollen”), de la realidad natural y la norma. El Derecho es un orden normativo que
pertenece a la categoría ontológica del deber ser y por ello su análisis debe hacerse
depurado de cualquier elemento histórico, ético, sociológico o político, pues
pertenecen a otros órdenes del conocimiento. El Derecho es un fenómeno autónomo y
por ello debe liberarse su conocimiento de cualquier contaminación externa que impide
su “purificación”.

El Derecho es un orden normativo, un sistema de normas, de “deberes”, cada una de


las cuales constituye una forma de imputación de ciertas consecuencias jurídicas a
ciertos supuestos de hecho. Las normas a través de las cuales se manifiesta el
Derecho se contienen en diferentes instrumentos: desde las leyes hasta las sentencias
o los reglamentos y sus actos de aplicación. Para Kelsen es imprescindible reconducir
ese conjunto de normas a un esquema lógico. Para él desaparece el dualismo Estado-
Derecho. No existe el Estado como entidad distinta del Derecho. El Estado no es más
que la personalización del orden jurídico por cuanto es un orden coactivo de la
conducta humana que es precisamente el orden jurídico. En fin, por ello, todo acto
estatal es un acto jurídico. También Kelsen hace desaparecer la antítesis Derecho
objetivo y subjetivo pues lo que se llama derecho subjetivo es el mismo Derecho
objetivo que en ciertas condiciones se pone a disposición de las personas.
Bibliografía
Reale, M., & Prats, J. B. (1989). Introducción al derecho. Madrid: Pirámide.

Kelsen, H., & Vernengo, R. J. (1979). Teoría pura del derecho.

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