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Como bien indica Bustelo en este capítulo, el gran problema de la niñez, en su historicidad y en

la actualidad, es mantenerse en un campo donde sus derechos sean realmente representados


por “adultos responsables”. Para que sea el adulto el que brinde a la infancia su lugar de
expresión y crecimiento, comprendiendo la problemática y proponiendo modelos y valores.
Al instaurar políticas públicas que remarquen la importancia del Estado en la educación y en la
garantía de los derechos de la niñez, se logrará visualizarla como categoría social para su real
emancipación.
El autor considera, retomando conceptos de Foucault desde el escenario del biopoder, que los
adultos pueden llegar a repensar una política para darle voz a esa infancia que implora ser
escuchada; ya que su gran impedimento y obstáculo es no poder auto representarse.
Es importante entonces que se constituyan adultos responsables y competentes a la hora de
comprender cuales son las necesidades de la niñez. Como bien explica Bustelo, es desde el
Estado (actualmente desdibujado) donde se debe dar esta pelea; acompañado con el caudal
legal, teniendo en cuenta sus limitaciones ante la viabilidad y aplicación para hacer cumplir la
Leyes Nacionales que representa a la niñez. Conviene recordar que en la Argentina, uno de los
grandes dramas para la cumplimentación de los derechos de la niñez fue la última dictadura
militar y su ilegal apropiación de menores.
Bustelo remarca que el discurso de mercado avanza más rápidamente que la representatividad
de los derechos del ciudadano y de la niñez. Y que en nuestra sociedad biopolítica los niños son
educados para convertirse en buenos consumidores. Es por ello que el desafío es no quedarse
en el puro discurso de los Derechos Humanos, donde se garantizan los derechos individuales
de los niños y adolescentes, sino dar batalla también en el plano de lo social y del Estado
mediante el diseño de políticas públicas. Porque si bien es imprescindible el trabajo y el
reclamo desde los Derechos Humanos con respecto a la niñez, no podemos quedarnos
solamente en lo jurídico. Puesto que ello implicaría una lucha desde el derecho del niño
solamente en un nivel individual, quedando rezagada “la infancia” como deuda social y como
proyecto a futuro. En nuestras sociedades circula un doble discurso donde se ejercen las
libertades individuales pero haciendo hincapié en los derechos del consumidor más que en el
ejercicio de ciudadanía. Se brindan modelos de personalidades “exitosas” y de “mentes
abiertas”. En este surgimiento de “nuevos ricos solidarios” se abre camino un nuevo concepto
de “solidaridad empresarial”, que incluye también a sectores de la farándula, donde en
términos de Bustelo, se pretende que seamos “todos como la Madre Teresa”, desde un
voluntarismo de los que más tienen para ayudar a los que más necesitan. Además,
comprometido con una niñez no representada, el autor nos introduce en una sociedad que
muchas veces la niega, la oculta, la minimiza, naturalizando las muertes de niños por
situaciones de conflictos bélicos o problemas sociales como la desnutrición, el abandono o la
situación de calle. Es por ello que se destaca la necesidad de ver la temática de la niñez como
el problema de una “infancia” donde la sociedad como tal debe dar respuesta desde un adulto
responsable, ya que es el adulto el que se encuentra en deuda ante su falta de propuestas
políticas para contrarrestar el mal. Desde el concepto tomado de Foucault, en este nuevo
comienzo, el autor nos introduce en los cambios que debe llevar a cabo el adulto para obtener
un discurso franco y claro, ante un niño que se constituye como nuevo sujeto social. El planteo
es cómo ayudar y acompañar a un ser que en la construcción de su subjetividad comienza a
internalizar pautas sociales donde se hace hincapié en fortalecer lo valores materiales y de
consumo, más que los de la vida misma. Hasta aquí y a título de resumen son los ejes
presentados por el autor para tratar de generar un debate que brinde ideas nuevas que sirvan
para la construcción de un nuevo comienzo en un nuevo paradigma. Solo resta leerlo,
reflexionar y disfrutarlo debiendo repensar nuestra educación y la que le brindamos a nuestros
niños, recordando su vinculación y articulación con la sociedad que construimos
cotidianamente. Si podemos recordar ese niño que fuimos, seguramente podremos escuchar y
comprender al niño que tenemos en frente, sabiendo que constituye un sujeto social muy
distinto al que fuimos nosotros de pequeños, podremos tal vez dar prioridad a los actuales
problemas de la infancia. Pues si no podemos ofrecer alternativas reales para el desarrollo de
la infancia, nos estaremos privando todos de un futuro. De esta manera el autor rescata el
debate y la reflexión, teniendo en cuenta que en cada nacimiento de un nuevo niño tenemos
la posibilidad y oportunidad de iniciar un nuevo comienzo. El niño tiene como única
herramienta para defenderse la de expresarse llorando ante el dolor, el hambre o el maltrato.
Cuando este niño es falsamente silenciado se pierden las esperanzas de emancipación. Es así
que para Bustelo, nuestra infancia solo tiene una posibilidad de liberación cuando puede
expresarse y manifestarse, cuando puede reír, jugar, crear y llegar a ser ella misma

BUSTELO
He afirmado la insuficiencia de la familia y la escuela como
las instituciones que "soportan" la infancia y concretan en la
adultez la figura del ciudadano. La familia, presionada
por la economía , con su estructura interna en
desorden, conforma ella misma parte de la fragilidad constitutiva
de la infancia. La escuela, acosada por un mundo material que la supera, en la que concibe alumnos
y no chicos con hambre, padres desempleados, la cual no permite conformar
una subjetividad integrada en un colectivo como ciudadanía. La familia y la escuela se
encuentran, a su vez, superadas por
los medios de comunicación masiva y la industria cultural, que
conforman la subjetividad consumista.Tanto familia y la escuela,
aun con todas sus limitaciones, todavía cumplen el rol biopolítico
de asegurar la transmisión del statu quo.
Los organismos no gubernamentales involucrados
en el "trabajo" o protección de la infancia no logra en el campo mas amplio de la sociedad civil,
tomar a la misma como prioridad, sino que toman como como mero modelo de legitimación
para dominar a los grupos de niños niñas y adolescentes.Por ello resulta insuficiente para el
logro concreto
de una situación de "protección integral" y que, en todo
caso, tal protección sólo sería una base muy provisoria para el
desarrollo "integral" de la ciudadanía. Esto permite leer entre líneas que esas Instituciones diseñadas
para “proteger la infancia”, resulta paradójico porque no hay teoría.
La teoría que plantea el autor es una teoría, pues, interroga,
cuestiona e interpreta lo social. Y al enfrentarme a una
teoría corno construcción social, apelo a categorías que tienen
una larga historia en el campo de la infancia y han sido causas de
intensos debates desde distintas disciplinas. En este
sentido, se trata de poner a la infancia en una situación
de "re-creo". "Re-crear" tiene que ver con salirse de la idea de biopolítica
de la infancia como transmisión en la que ésta asegura el statu quo el statu quo. La infancia
representa el comienzo de la vida, de otro comienzo, estas convergen en el recreo
de la infancia cuyo sentido es social y ernancipatorio: recrear
la infancia es el éxodo de un orden opresor y marcha hacia la
liberación de toda necesidad.
Desde el punto de vista de la transmisión, la infancia
sería corno un paréntesis entre la no vida y la evolución, se plantea la infancia corno
una transición hacia el mundo de los adultos evolucionando
desde un estado prelingüístico hasta el lenguaje concebido como
una gramática de los adultos, la educación
es el proceso biopolítico de disciplinarniento de la vida.
Siguiendo con esta idea el autor reconoce el valor de la infancia no reducido al primer agente
socializador ,sino que lo enriquece como categoría social, colocándola en el juego de relaciones
sociales. Por ello la biopolitica adquiere significación una categoría social y esencialmente
emancipatoria.
La infancia como otro comienzo La infancia como otro comienzo
Estamos inmersos en una cultura en la que se asume una linealidad
temporal comienzo-fin. En tal eje, la temporalidad es
una categoría secuencial que puede ser fragmentada pero en la
cual obtiene una absoluta prioridad el final.
el hombre como ser parlante, como ser
y lenguaje, el poder queda del lado del habla y, por ello, sepasa
muy fácilmente de una situación de silencio de Jacto a una en
la cual el silencio se plantea como deber. Así, niños y niñas deben
estar callados y su única posibilidad es la de oyentes. Por
eso, los adultos sienten seguridad cuando la infancia queda
constreñida a la "oscuridad" pre lingüística de su comienzo, por ello también el lenguaje es una situación
de pura potencialidad
El lenguaje abre a
la infancia al mundo pero, al mismo tiempo, la limita a una gramática
de relaciones entre objetos y significados y a su historicidad.
La infancia representa la apertura del hombre y la superación
de muchas tradiciones pero, sobre todo, la superación
de la gramática hegemónica de un orden opresor.Es decir que al mismo tiempo que entra al mundo del
lenguaje , también lo hace al mundo opresor de la gramatica.
La infancia representa el momento constitutivo del hombre.
la visión de la transmisión: la
infancia tiene la responsabilidad de recibir y asegurar que el
acontecer histórico proseguirá incluso a pesar de ella. La infancia
sería una infancia "continuista", en el sentido de que desciende
y es heredera de algo que la antecede.
La infancia no es como la titular de un ser
"prestado" o como si fuese una fotocopia de lo que la antecede.
Para la biopolítica, la infancia es una página en blanco que
hay que llenar y fijar. Para la biopolítica, la infancia es una página en blanco que
hay que llenar y fijar.
Tomando a la infancia como categoría generativa se la considera como comienzo otro comienzo que
equivale a principio, es decir , los niños
y niñas son los principiantes de lo imposible.
El mundo contrapuesto a un
niño indefenso, y representado como cargado de pura negatividad.
Esa dualidad que se plantea irreconciliable, y más en su
versión de niño-víctima, afecta nuestra visión de la infancia como
comienzo puesto que podríamos plantear, a la manera de
Nietzsche, que estamos ante "la tr tragedia del nacimiento" o "el
nacimiento de la tragedia". En este sentido, no nacer es como
repudiar al mundo.
La infancia
significa también un comienzo hacia un mundo distinto de
los adultos y, por lo tanto, hacia "otra" adultez. La infancia, de
este modo, puede transportar la transformación del statu qua.
Por eso la infancia no sólo es comienzo sino, sobre todo, otro
comienzo. Yla educación se hace crucial ya que, en este sentido,
es el método que enseña cómo comenzar "de otra manera.
Infancia y diacronía
la sincronía representa
la estabilidad asociada al pasado y la tradición en donde el tiempo
se hace una continuidad y su esencia la repetición.
la diacronía
representa la discontinuidad, el ritmo, el movimiento y la
apertura hacia lo nuevo en donde el tiempo es por esencia discreto.
El enfoque sincronizado del tiempo plantea la infancia como
pura repetición. El niño sería un ser-que-precede-a-lo-mismo.
Esto presupone que la única función de la infancia es la
transmisión del pasado al presente asegurando su continuidad.
La infancia se desarrolla como categoría social en un tiempo
como proceso discontinuo. La infancia es juego, cadencia, ritmo,
imaginación y apertura. Es la anunciación del comienzo,
particularmente de otro comienzo que convoca al tiempo de
la emancipación.
La biopolítica pretende el sometimiento
del hombre al tiempo sucesivo y lineal pero de lo que
se trata es de la 1iberación de esa temporalidad. La infancia es
la oportunidad del hombre para emanciparse aprovechando el
momento inicial para el ejercicio de su libertad. Y todo comienzo
es diacrónico o no es comienzo. Por eso, la infancia significa
también una interrupción del orden opresor La biopolítica pretende el sometimiento
del hombre al tiempo sucesivo y lineal pero de lo que
se trata es de la 1iberación de esa temporalidad. La infancia es
la oportunidad del hombre para emanciparse aprovechando el
momento inicial para el ejercicio de su libertad. Y todo comienzo
es diacrónico o no es comienzo. Por eso, la infancia significa
también una interrupción del orden opresor.

Autonomía y heteronomía

La autonomía es el proceso por el cual ,su conciencia, su subjetividad, se diferencia de la generación


adulta y lo que ella representa. La heteronomía está conformada
por los valores socialmente hegemónicos en una sociedad y
las instituciones que los representan, las que intentan imponerlos
sobre niños y niñas. En el caso de la infancia, las instituciones
más significativas son la familia, la escuela y los medios de comunicación
masiva. Se trataría de una heteronomía
pensada en términos sociales y como una categoría no
inclusiva en el statu quo que, por lo tanto, permanece abierta y
permeable hacia el futuro. Una heteronomía no abstracta sino
con conectividad histórica y social. El niño
de acuerdo con su edad, desarrolla progresivamente la conciencia
y, en la medida en que accede al lenguaje, conquista su plena
autonomía. Pero es una autonomía sumisa , ya que el niño es visto como un continuo.
El adulto como categoría, se pone en el lugar de "la" experiencia
y desde allí prohíbe, aconseja y en algunos casos autoriza.
niño es visualizado
tan1bién como un ser en evolución pero esa evolución culminaría
en un proceso autónomo que se define por su diferencia y
oposición al mundo de los adultos. Más particularmente, la infancia
desarrolla su subjetividad como liberación, esto es, como
la superación del mundo adulto. Como afirmé, la infancia se
realiza como un proceso que se hace diaé:rónico y discontinuo. El niño es visualizado
tan1bién como un ser en evolución pero esa evolución culminaría
como un ser autónomo que se define por su diferencia y
oposición al mundo de los adultos. Más particularmente, la infancia
desarrolla su subjetividad como liberación, esto es, como
la superación del mundo adulto.
La igualdad, que implica la
sustentación de una relación sirnétrica con otros, es sólo considerada
igualdad de oportunidades. El niño es un adulto "menor
En el segundo camino, la autonomía como la heteronomía son
definidas como dimensiones constitutivas de la infancia pero
en estado de tensión, entre el adulto y la infancia frecuentemente se corresponden como relación
social ya que los adultos son sustentadores pero también víctimas
del biopoder opresor .
Hablando en términos de los derechos de la infancia ingresa paulatinamente en el lenguaje
pero evoluciona en busca de su autonomía y en el desarrollo
de su subjetividad.
Los derechos de la infancia se corresponden con una
subjetividad social y, por tanto, se trata de derechos transividuales. En este
sentido, la infancia es autonomía pero como principio emancipador
en el cual la autonomía individual coincide con la autonomía
social.
la infancia
como categoría social es fundamentalmente autonomía para la emancipación de un orden biopolítico
opresor.13 Y sin autonomía,
simplemente no hay posibilidades de creación. Así,
la autonomía que expresa la infancia abre la posibilidad de salirse
de la servidumbre de la repetición emancipación de un orden biopolítico opresor. 13 Y sin autonomía,
simplemente no hay posibilidades de creación. Así,
la autonomía que expresa la infancia abre la posibilidad de salirse
de la servidumbre de la repetición

La infancia como categoría emancipadora


La infancia viene al mundo en el que reside la posibilidad
y la oportunidad, de otro comienzo.
La emancipación, en
cambio, es un concepto referido más a la opresión que se deriva
de la materialidad e implica salir de la dominación y de las
necesidades asociadas a ésta. La emancipación se mueve en el eje de la libertad y en el de una
libertad que es secundaria con
respecto al eje igualitario. Por lo tanto, no se puede
pensar a la infancia fuera de una teoría del cambio social, es decir que ignorar a esta infancia, es
renunciar a otro comienzo.

Infancia, la voz y la parrhesía


la infancia, como infancia del hombre y como temporalidad, es la situación previa al lenguaje.
Su introducción es paulatino. El silencio caracteriza
la etapa prelinguística y, en ese sentido, el hombre para
hablar necesita desprenderse paulatinamente de la infancia.
hablar supone el dominio del lenguaje,entrar, en el desarrollo de su subjetividad, se coloca en el
punto de captura en el que funciona la teoría de la transmisión. La infancia ingresa en una
temporalidad “fijada”que aborta su capacidad emancipadora , tienen influencia significativa los
padres, los maestros, los jueces y los medios de comunicación como instancia que gravan en la
infancia las imágenes representativas del mundo como construcción de los adultos.
La pregunta crucial aquí es cuál sería o en qué consistiría
esa mediación infancia-adulto de modo que una relación entre
autonomía y heteronomía quede abierta a la generación de
un proceso emancipatorio.
Para dar respuestas a la compleja situación es oportuno introducir el concepto de parrehesia.
La parrhesía presupone en el receptor una actitud como deber
moral basada en una ética de la escucha, de la lectura y también
de la escritura. Pero, desde el punto de vista del adulto, la
cuestión es mucho más dificil puesto que el hablar implica: "qué
decir, cómo decirlo, siguiendo qué reglas, qué procedimientos
técnicos y a partir de qué principios éticos.
la parrhesía es la forma de asegurar una comunicación
liberada entre adultos e infancia. Aun cuando se
pueda argumentar que es un idealismo irrealizable ya que los
adultos están "contaminados", casualmente, la infancia representa la posibilidad de quebrar la
contaminación. Y hay principios básicos que no podrían ser negados. No podemos ser adultos
y falsos con niños y niñas.
La parrhesía es una actitud demandable especialmente a los
padres, a los docentes, a los trabajadores de la infancia en las
ONG y el Estado, a los abogados, particularmente, a los jueces
y a los medios de comunicación. Supone en el parrhesiastes
una formación ya que la transparencia no es una predisposición
genéticamente adquirida. Y sobre todo, presupone cualidades
morales de modo que quien las posea tenga condiciones
para desarrollar un lenguaje consistente y testimoniar una
conducta.